463 Los Más Amados


463 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

396 En Yuttá, con los niños. La mano de Jesús obradora de curaciones.

Es un lugar de montaña.

Hay una angostura formada por montes,

que entran y salen con sus ramales

en un valle por cuyo lecho corre un riachuelo torrentoso,

lleno de saltos y espumas.

Es estrecho, pero como todos los cursos de agua montanos

es rápido, todo un sonar de cascaditas.

Hay otros montes más lejanos, tras otra ladera de pendiente

muy pronunciada, tras otro valle.

Es un grupo de montes, no muy altos;

pero más elevados que las colinas.

Como son nuestros Apeninos en el valle de la Magra o hacia Porretta.

La vegetación es más adecuada para el pastoreo que para cultivos.

También hay prados verdes que descienden o suben, arriba

y abajo, por las escarpas;

que en esta hora cercana al ocaso, parecen teñirse,

en las partes más bajas, de un violeta añil.

La estación del año es un comienzo de verano, porque la hierba

está hermosa (ya alta, pero todavía no agostada).

Un camino de herradura que sube hacia un pueblo…

Y entra por entre sus casas.

Un típico camino de montaña, pedregoso y con continuos desniveles.

Sube de sur a norte de forma que entra en esa dirección en el pueblo

y corre al encuentro del arroyo, que va en la dirección contraria,

pero no por el pueblo sino abajo, por el valle.

Hay también otro camino, que desde el valle trepa hacia lo alto

de este espolón donde se anida el pueblo.

Un caminito que es más un sendero que un camino…

Y que sigue exactamente la cresta del monte.

Por debajo de este sendero…

la montaña desciende en pronunciado declive;

con pastos verdes que llegan hasta el torrentillo espumeante,

allende el cual hay más pastos que acometen otros montes agrupados al este.

Por el sendero sube Jesús junto con cuatro de los discípulos.

Están Pedro, Andrés, Juan y Judas Iscariote.

Los otros fueron enviados a otros lugares. 

Jesús está vestido de blanco y envuelto en un manto azul marino.

Va con la cabeza descubierta y sube ágilmente, solo.

Detrás, en grupo, los cuatro apóstoles hablando entre sí.

Jesús los precede unos metros.

Piensa.

Mira en torno a Sí, pero no dice una palabra. 

En un cierto lugar;

el camino bordea un murete de piedra que delimita una propiedad,

como para impedir que la tierra de ésta se deslice hacia el valle.

Jesús entra en esta propiedad, de pastos muy bien cuidados…

En los cuales hay diseminados manzanos, nogales e higueras;

árboles todos ellos cuidados con esmero y ya cargados de frutos.

Jesús se detiene un instante… 

Justo en el punto donde el espolón del monte;

forma como un triángulo puntiagudo.

semejante al tajamar de un barco.

Se apoya en el murete y mira detenidamente hacia abajo, hacia arriba, alrededor… 

Espera a los apóstoles que suben, especialmente Pedro;

que va más bien lentos.

Luego una vez juntos, les da unas indicaciones.

Se inclina ligeramente para hablar,

porque es mucho más alto que ellos. 

Judas Iscariote se dirige a buen paso,

hacia una casa que se levanta al final del murete.

Es una casa muy distinta de la de Caná.

Ésta no tiene terraza en el tejado,

sino que está coronada por una especie de cúpula de doble curvatura,

para impedir que las nieves invernales se depositen en el tejado,

porque dada la zona, el invierno debe ser sin duda nevoso…

O por lo menos muy lluvioso.

En vez de la terraza que falta, tiene un ala que sobresale por un lado;

en la que termina la escalera, externa pero protegida,

como por un techo saliente.

Esta ala tiene: en el bajo un pórtico;

encima, una galería cubierta.

La casa es toda blanca y destaca contra el verde que la rodea.

Tiene en la parte delantera una explanada herbosa,

con un pozo en el centro,

rodeado de árboles frutales plantados ya con la intención, de hacer un jardín;

porque hay florecillas sembradas alrededor de ellos,

formando parterres circulares

Parece una casa de personas acomodadas y más finas, que las de la casa de Caná.

El camino de herradura pasa por el frente de la casa;

de forma que se puede acceder a ésta, tanto por el atajo como por este camino.

El seto de espinos no es una barrera infranqueable y mucho más si se considera

que las dos toscas cancillas que en él se abren, están sólo un poco entornadas.

Judas entra libremente en la casa, como si conociera muy bien a sus habitantes.

Y sale enseguida una lozana mamá, rodeada por tres niños

y con el más pequeño en brazos.

Se dirige sonriendo hacia Jesús,

que entretanto se ha acercado hasta el pozo.

Es notable que esta mujer muy morena, de formas hermosas y agraciadas.

Tiene unos treinta años.

Lleva el pelo rizado negrísimo, recogido en dos trenzas que rodean su cabeza.

También sus ojos son negros y grandes.

La nariz aguileña; su boca con labios más bien gruesos y muy rojos.

Es alta, y bien modelada. mujer

Va vestida de forma muy particular, diferente de las demás mujeres hebreas.  

Lleva una larga túnica de un azul casi blanco; pero está toda envuelta

en una especie de chal, azul oscuro, ceñido, que resalta sus formas y.

un extremo superior, pasa por detrás del hombro izquierdo, subiendo

hasta velar la cabeza, para caer luego su punta franjeada sobre la frente.

El conjunto hace pensar que es de otra región;

porque los caracteres somáticos y el vestido,

son distintos de los observados en las mujeres galileas.

El pequeñuelo que está en sus brazos, morenito como ella,

tendrá unos dos años.

Es un niño lindo, vestido con una camisita de lana blanca.

Los otros niños son:

una niñita de seis años, de pelo muy rizado rubio castaño,

vestida de color rosa pálido;

y dos chiquillos más pequeños, que llevan túnicas de lana azul claro,

como la de su mamá.

Al parecer conocen muy bien a Jesús,

porque se arremolinan risueños alrededor de Él.

La joven mamá muy sonriente,

lo saluda diciendo:

–        Entra, Maestro, que mi casa es tuya. 

Jesús le responde:

–         El Señor te recompense.

Jesús tiene recogido con la mano izquierda, un extremo del manto…

Y alarga el brazo derecho,

para acariciar con su bonita mano la frente del pequeñuelo,

que se pone mimoso y esconde su cabecita riendo,

contra el cuello de su mamá.

Y desde ese nido mira a Jesús y ríe…

ríe para invitarle a repetir la caricia.

Cerca del pozo…

bajo un manzano cargado de fruta que ya empieza a madurar,

hay un banco de piedra, dispuesto para sentarse a descansar.

Jesús se sienta allí…

mientras la mujer entra en la casa y vuelve con un ánfora.

Jesús le dice que le deje el niñito.

Y lo sienta en sus piernas mientras la mujer saca el agua.

Y después vuelve con una copa colmada de agua y otra de leche.

Y se las da a Jesús.

Eligiendo para Él manzanas maduras (entre otras agrias)

que le ofrece también…

disponiendo todo en una bandeja colocada encima del banco, al lado de Jesús.

Se comprende que ya otras veces lo ha hecho así.

Sabe lo que le gusta a Jesús.

Los apóstoles han seguido a Judas y también beben bajo el pórtico.

Jesús bebe primero el agua;

sigue teniendo al pequeñuelo en sus piernas…

Y ríe, porque el niño lo toma del pelo y la barba.

Los otros tres están alrededor de Jesús.

Jesús coge las manzanas y da, una a una, a los tres más grandes.

Y por último, toma Él también una y se la come.

Al pequeño sin embargo le da de beber de la leche que hay en la copa

y luego bebe Él también.

Jesús está contento.

Ríe con una risa franca y abierta, como nunca lo he visto reír.

La niña se echa contra sus rodillas y confiada,

le pone la cabecita encima de las piernas.

Jesús le acaricia los rizos.

Los dos chiquitos, que se habían alejado corriendo, vuelven:

uno con una palomita contra su pecho;

el otro arrastrando de una oreja, a un corderito de pocos días,

que bala desesperadamente.

Muestran a Jesús sus tesoros.

Jesús se interesa;

pero, apiadado de la condición de los dos pobres animales,

pide que le den la palomita.

Y después de admirarla,

la deja volar a su nido:

Entonces sube al corderito al banco;

lo acaricia y lo tiene custodiado… 

hasta que la mamá de los niños vuelve…

y lo lleva de nuevo a su sitio.

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