Archivos diarios: 16/02/22

470 El Amor de Pedro


  1. 470 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

401 Pedro y Bartolomé en Béter por un grave motivo. 

Jesús pasea entre las florestas de rosas, donde bulle el trabajo de los recolectores.

Halla así la manera de hablar con uno o con otro.

Y también con la mujer viuda y sus hijos, a la que Juana en la Pascua ha tomado

por su amor, a su servicio después del banquete de los pobres.

Ya no parecen los mismos.

Con nueva vitalidad, serenos, cumplen su trabajo con alegría,

cada uno según sus propias capacidades.

Y los más pequeños, que verdaderamente no saben todavía ni siquiera

distinguir una rosa de otra por el color

O por la lozanía para escogerlas,

juegan con otros pequeñuelos en los sitios más tranquilos y sus

gorjeos de pajarillos humanos todavía en el nido,

se unen a los de los implumes que pían, que chillan entre las frondas

de los árboles para saludar a sus padres que regresan con la comida

para sus bocas.

Jesús se acerca a estas pequeñas nidadas humanas, y se agacha, se interesa,

acaricia, calma pequeñas riñas, levanta al que se ha caído y gimotea,

sucio de tierra, arañadas con el suelo la frente o las manitas.

Y los llantos, las riñas, los celos, cesan de golpe con la caricia

y la palabra del Inocente a los inocentes,

o se transforman incluso en el ofrecimiento del objeto causa de la

discusión o de la caída…

(el escarabajo dorado, la piedrita de color o brillante, una flor cortada, etc.)…

Jesús tiene llenas de estas cosas las manos…

Y el cinturón.

cuando deposita escarabajos y mariquitas entre el follaje,

restituyéndolos así a la libertad, lo hace sin ser visto.

¡Es verdaderamente notable, el perfecto tacto de Jesús incluso en los más pequeños,

para no herirlos, para no defraudarlos!

Tiene el arte y el atractivo para saber mejorarlos y para hacerse querer,

con cosas aparentemente insignificantes, aunque en realidad son

perfecciones de amor adaptado a la pequeñez del niño…

Entonces llegan los apóstoles…

Vienen con paso veloz….

Tanto que sus vestiduras se mueven como una vela azotada por el viento,

Pedro, seguido por Bartolomé, que camina más tranquilo

Se presentan repentinamente a espaldas del Maestro, que está agachado

acariciando a unos lactantes,

– los cuales son, sin duda, hijos de recolectoras –

puestos en unos traspuntines a la sombra fresca de las plantas.

Lo llaman:

–         ¡Maestro!

Jesús exclama:

–         ¡Simón!

¿Cómo es que estás aquí?

¿Y tú, Bartolomé?

Teníais que partir mañana por la tarde, después de la puesta de sol del sábado…

–       Maestro, no nos regañes…

Escúchanos antes.

–       Os escucho.

Y no os regaño, porque pienso que habréis desobedecido por un grave motivo

Solamente aseguradme que ninguno de vosotros está herido o enfermo.

Bartolomé se apresura a decir:

–         No, no, Señor.

No nos ha sucedido ningún mal.

Pero Pedro, siempre sincero e impulsivo,

dice:

–          ¡Mmm!

Yo por mí digo que hubiera sido mejor si tuviéramos todos las piernas rotas.

O incluso la cabeza, antes que…

–         ¿Qué ha sucedido entonces?

Bartolomé empieza a explicar:

–       Maestro…

Hemos pensado que era mejor venir para acabar con..

Pero Pedro lo interrumpe,

diciendo:

–       ¡Pero habla más deprisa!

Y termina:

–       Judas es un verdadero demonio, desde que te has marchado.

Ya no podíamos hablar, no razonaba

Ha discutido con todos…

Y ha escandalizado a todos los dependientes de Elisa y a otras personas…

Bartolomé dice:

–        Quizás se ha puesto celoso porque has tomado a Simón contigo…

Queriendo disculpar, al ver que la cara de Jesús se pone muy severa.

–          ¡Qué van a ser celos!

¡Deja de una vez de disculparlo!…

O me pelearé contigo para desahogarme de no haber podido reñir con él…

¡Porque Maestro, he logrado estar callado!

¡Fíjate! ¡Estar callado!

Por pura obediencia y amor a Ti…

¡Pero qué esfuerzo!

Bien.

En un momento en que Judas se marchó, dando portazos,

hemos deliberado entre nosotros…

Y hemos pensado que era mejor partir para poner fin al escándalo en Betsur.

Y… evitar… darle unos guantazos…

Y yo y Bartolomé nos hemos marchado inmediatamente.

He rogado a los otros que me dejaran marcharme enseguida,

antes de que él volviera… porque…

Porque sentía realmente que no me iba a contener ya más…

Esto es. He dicho.

Ahora corrígeme, si te parece que he cometido un error.

–        Has hecho bien.

Habéis hecho todos bien.

–       ¿También Judas?

¡Ah, no, mi Señor!

¡No digas esto!

¡Ha dado un espectáculo indigno

–       No.

Él no ha hecho bien.

Pero no lo juzgues.

–      …No, Señor…
El «no» sale con mucho esfuerzo.

Un momento de silencio.

Luego Pedro pregunta:

–        ¿Me dices, al menos, por qué Judas, de repente, se ha vuelto así?

¡Parecía haberse vuelto tan bueno!

¡Se estaba portando tan bien!

Yo había hecho oraciones y sacrificios para que continuara…

Porque no puedo verte afligido.

Y Tú estás afligido cuando nos causamos daño…

Y, desde las Encenias,

sé que incluso el sacrificio de una cucharada de miel tiene valor..

Esta verdad me la ha tenido que enseñar un discípulo.

El más pequeño de los discípulos, un pobre niño, a mí, tu apóstol necio.

Pero no la he desatendido.

Porque he visto su fruto.

Porque también yo, que soy un zopenco, he comprendido algo por luz

de la Sabiduría que se ha inclinado benigna hacia mí,

que ha bajado hasta mí, hasta el rudo pescador,

hasta el hombre pecador.

He comprendido que es necesario amarte no sólo con las palabras,

sino salvándote las almas con nuestro sacrificio.

Para darte una alegría.

Para no verte así como estás ahora, como estabas en Sebat.

Tan pálido y triste,

mi Maestro y Señor…

que no somos dignos de tenerte,

que no te comprendemos: nosotros, gusanos al lado de Ti, Hijo de Dios;

nosotros, lodo al lado de Ti, Estrella;

nosotros, tinieblas al lado de ti, Luz.

¡Pero no ha servido para nada!

¡Para nada! Es verdad.

Mis pobres ofrendas…

Tan pobres; tan defectuosas…

¿Y para qué iban a servir?

Ha sido soberbia mía, creer que pudieran servir…

Perdóname.

Pero te he dado cuanto tenía.

Me he ofrecido para darte todo lo que tengo.

Y creía estar justificado porque te he amado, Oh mi Dios, con todo mi ser,

con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, como está escrito

Y ahora comprendo también esto y lo digo yo también como dice

siempre Juan, nuestro ángel, y te ruego…

(y se arrodilla a los pies de Jesús)

Que aumentes tu amor en tu pobre Simón, para que aumente mi amor por Ti, Oh mi Dios.

Y Pedro se agacha a besar los pies de Jesús.

Y se queda así.

Bartolomé, que ha estado escuchando, admirando y asintiendo, hace lo mismo.

–       Levantaos, amigos.

Mi amor crece sin pausa en vosotros…

Y crecerá cada vez más.

Y benditos seáis por el corazón que tenéis.

¿Cuándo van a venir los otros?

–         Antes de la puesta del sol.

–         Está bien.

También Juana, Elisa y Cusa volverán antes del ocaso.

Pasaremos el sábado aquí y luego partiremos.

–        Sí, Señor.

¿Pero para qué te ha llamado Juana con tanta urgencia?

¿No podía esperar?

¡Estaba ya concordado que vendríamos aquí!

–        ¡Con su imprudencia ha causado un buen jaleo!…

–        No la acuses, Simón de Jonás.

Ha actuado por prudencia y amor.

Me ha llamado porque había almas cuya buena voluntad había que confirmar.

–          ¡Ah! Entonces ya no hablo más…

Pero, Señor, ¿Por qué Judas se ha alterado de esa forma?

¡         No pienses en ello!

¡Ya no pienses en ello!

Goza de este Edén, todo flores y paz

Goza de tu Señor.

Deja, y olvida, las formas peores de la Humanidad,

sus asaltos contra el espíritu de tu pobre compañero.

Lo único que debes recordar es orar por él, mucho, mucho.

Venid.

Vamos donde están aquellos pequeños que nos miran asombrados.

Hace poco les estaba hablando de Dios, de alma a alma, con el amor,

y a los más grandecitos con las bellezas de Dios…

Y echa sus brazos alrededor del talle de sus dos apóstoles,

para dirigirse a un círculo de niños que lo esperan….  

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