Archivos diarios: 17/02/22

472 Los Detalles Divinos


472 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

403 Una lucha y victoria espiritual de Simón de Jonás

Jesús desciende por los caminos escarpados hacia el fértil valle,

dejando a tus espaldas el castillo de Béter, aún luminoso en este día que ya muere,

allá arriba, en lo alto de su collado florido… 

Dejando allá arriba el amor de las discípulas, de los niños, de los humildes

y bajando hacia los caminos que van a Jerusalén, hacia el mundo, hacia abajo…

Y no son más oscuros que las cimas sólo porque sean «valle» y por tanto, el sol, la luz,

desde hace un rato se han ido.

sino porque abajo, en el mundo, está la emboscada, el odio…

Mucho mal hay esperando al Señor…

Jesús va delante de todos:

Una forma blanca y silenciosa que incluso descendiendo por los senderos incómodos y abruptos,

El Rey de Reyes puede caminar igual sobre los Cuatro Elementos: Ël los creó....

tomados para acortar el recorrido, camina majestuosa.

En la bajada, la larga túnica, el amplio manto, rozan el suelo de la pendiente

y Jesús parece ya envuelto en regio manto que forma cola tras sus pasos.

Detrás de Él, menos majestuosos, pero igualmente silenciosos, los apóstoles…

El último es Judas, un poco distanciado, feo con su sombría rabia.

Alguna vez los más simples – Andrés, Tomás – se vuelven a mirarlo…

Y Andrés incluso le dice:

–         « ¿Por qué estás tan solo y tan atrás?

¿Te sientes mal?»

Lo cual provoca un áspero:

–          « ¡Preocúpate de ti!»

Que sorprende a Andrés, mucho má…  

considerando que la frase va acompañada de un epíteto vulgar.

Pedro es el segundo de la fila de los apóstoles, detrás de Santiago de Alfeo, que sigue

inmediatamente al Maestro

Pedro oye, en medio del gran silencio de la noche en los montes.

Y como impulsado por un resorte, se vuelve.

Está ya para volver hacia atrás impulsivamente, para ir donde Judas…

Pero se queda clavado con sus dos pies.

Piensa un momento, corre donde Jesús.

Le agarra un brazo bruscamente y lo menea inquieto,

diciendo:

–          Maestro, ¿Me aseguras que es exactamente como me has dicho la otra noche?

¿Qué sacrificios y oraciones no quedan nunca frustrados, aunque parezca que no sirvan?…

Jesús manso, triste, pálido, mira a su Simón,

que suda por el esfuerzo de no reaccionar inmediatamente al insulto.

Que está lívido, que incluso tiembla, que quizás le hace daño por lo rudamente que le tiene tomado por el brazo…

Y con una sonrisa de triste paz,

Jesús responde:

–          No quedan nunca sin premio.

Puedes estar seguro de ello.

Pedro lo deja, y ya no regresa a su sitio.

Sino que va a la pendiente del monte, se mete entre los árboles y se desahoga rompiendo arbustos

y árboles jóvenes con una violencia que estaba dirigida a otro lugar… 

Y que se descarga ahí, en los troncos.

Varios le preguntan: 

–         ¿Pero qué haces?

–          ¿Estás loco?

Pedro no responde.

Rompe, rompe, rompe.

Se deja pasar por toda la fila de los apóstoles, por Judas…

Y sigue rompiendo.

Parece como si trabajara a destajo, de tanta velocidad como imprime.

A sus pies hay un haz que sería suficiente para asar un ternero.

Se lo carga con dificultad y se pone a dar alcance a sus compañeros.

Es incomprensible cómo lo logra, tan obstaculizado como está por el manto, el peso, la alforja,

el sendero incómodo…

Pero camina muy curvado, como bajo un yugo…

Y Judas se ríe al verlo venir,

y dice:

–         ¡Pareces un esclavo!

Pedro tuerce con dificultad la cabeza desde debajo de su yugo y está para decir algo…

Pero calla….   

Aprieta los dientes y sigue adelante.

Andrés le dice: 

–           ¿Te ayudo, hermano? 

–           No.

Santiago de Zebedeo, 

observa: 

–            Pero para un cordero es demasiada leña 

Pedro no responde.

Prosigue así.

Debe estar que no puede más, pero no cede.

Por fin, cerca de una gruta que está casi al final de la bajada,

Jesús se detiene y con Él todos.  

El afligido Maestro dice:

–          Nos detendremos aquí.

Reanudaremos la marcha con las primeras luces.

Preparad la cena.

Entonces Pedro arroja al suelo su carga y se sienta encima,

sin explicar a nadie el motivo de ese gran esfuerzo suyo.

Hay leña por todas partes.

Pero, cuando unos van a un sitio y otros a otro, para tomar agua de beber,

para limpiar el suelo de la gruta o para lavar el cordero que será asado…

Y Pedro se queda sólo con su Maestro;

entonces Jesús de pie, pone la mano en la cabeza entrecana de su Simón,

y acaricia esa cabeza honesta…

Entonces Pedro aferra esa mano y la besa.

La mantiene contra su cara, vuelve a besarla y la acaricia..

Una gota desciende a la mano blanca, una gota que no es sudor del rudo y honesto apóstol,

sino que es su llanto silencioso de amor y aflicción,

de victoria después del esfuerzo.

Jesús se inclina, lo besa,

y le dice:

–           ¡Gracias, Simón!

Pedro la verdad, no es un hombre guapo;

pero sucede que cuando echa hacia atrás la cabeza para mirar a su Jesús, que lo ha besado…

Y le ha dado las gracias porque ha comprendido;

sólo Él ha comprendido.

Entonces la veneración y la alegría lo hacen verse guapo…

Cuando todos se reúnen para disfrutar la cena, todo transcurre con la normalidad de siempre.

Y luego se retiran al lugar que han acondicionado para descansar…

Al amanecer del día siguiente…

Jesús sale de la gruta y mira…

Luego se lava en el torrente, se asea, se viste de nuevo, echa una ojeada dentro de la gruta…

No llama…

Sube al monte y va a orar encima de un pico que sobresale,

ya tan elevado que concede un vasto radio de visibilidad sobre el oriente todo róseo de la aurora.

Y sobre el occidente aún penetrado de añil.

Ora… ora ardientemente, de rodillas, apoyados los codos en la tierra, casi postrado…

Y ora así hasta que desde abajo suben las voces de los Doce, que se han despertado.

Y lo llaman.

Jesús se levanta.

Responde:

–           ¡Voy!

Y el eco del angosto valle repite varias veces el eco de la voz perfecta.

El valle parece propagar a la llanura, que se vislumbra al oeste,

la promesa del Señor: «Voy», para que exulte anticipadamente.

Jesús se encamina con un suspiro…

Y una frase que compendian su larga oración,

y la explican:

–          Y Tú, Padre, confórtame…

Baja a buen paso y al llegar abajo,

con una sonrisa dulcísima a sus apóstoles y con las palabras habituales,

saluda diciendo:

–          La paz sea con vosotros en este nuevo día.

Todos los apóstoles responden:  

–          También a ti, Maestro.

Todos. ‘

También Judas que, no sé sabe si es porque el silencio mantenido por Jesús, que no le ha reprendido.

Y que lo trata como a los demás, lo ha tranquilizado…. 

O si es porque durante la noche ha meditado un plan en favor propio, está menos torvo y menos apartado.

Es más, es precisamente él el que por todos,

hace la pregunta:

–           ¿Vamos a Jerusalén?

Y agrega señalando: 

Si vamos, hay que recorrer un poco de camino hacia atrás y tomar aquel puente;

al otro lado hay un camino que va recto a Jerusalén.

Jesús responde: 

–            No.

Vamos a Emaús de la llanura.

-¿Pero por qué?

¿Y Pentecostés

–          Hay tiempo.

Quiero ir a ver a Nicodemo y a José, por las llanuras hacia el mar…

–          ¿Pero para qué?

–          Porque no he estado todavía allí y ese pueblo me espera…

Y porque así lo han deseado los buenos discípulos.

Tendremos tiempo para todo.

–           ¿Te dijo eso Juana?

¿Para eso te llamó?

–           No había necesidad de ello.

Me lo dijeron directamente a Mí en los días de la Pascua.

Y Yo cumplo.

–           Yo no iría…

Quizás estarán ya en Jerusalén…

La fiesta está cercana…

Y además…

Podrías encontrar enemigos, y…

–            En todas partes encuentro enemigos.

Y los tengo siempre cerca…

Jesús lanza una mirada que es una saeta al apóstol de su dolor…

Judas no dice nada más.

¡Demasiado peligroso es seguir adentrándose!

Lo percibe y calla.

Vuelven Juan y Andrés con unas frutas de pequeño tamaño,

que parecen de la familia de la frambuesa.

O fresas grandes, pero son más oscuras, casi como moras no maduras;

se las ofrecen al Maestro,

diciendo:

–        Te gustan

Las vimos ayer al anochecer y hemos subido a tomarlas para Ti.

Cómelas, Maestro.

Son buenas.

Jesús acaricia a los dos buenos y jóvenes apóstoles,

que le ofrecen sus frutos en una ancha hoja lavada en el torrente.

Y que más que los frutos, le ofrecen su amor;

escoge las frutitas mejores y da un poco de ellas a todos, que las comen con el pan.

Andrés dice disculpándose: 

–           Hemos buscado leche para Ti.

Pero todavía no hay ningún pastor…  

–            No importa.

Vamos a ponernos en marcha para estar en Emaús antes del calor intenso.

Y van caminando…

Llos que tienen más apetito siguen comiendo, mientras avanzan por el fresco valle,

que se va haciendo cada vez más ancho y termina por desembocar en una fértil llanura,

en que ya bulle el trabajo de los segadores.

Bartolomé observa: 

–            No sabía que Nicodemo tuviera casas en Emaús. 

Jesús explica:    

–            No en, sino después de Emaús.

Tierras que ha heredado de parientes… 

Tadeo exclama: 

–           ¡Qué bonita campiña! 

Efectivamente, es un mar de espigas de oro,

en que están intercalados huertos de ensueño

y viñas que ya prometen una gloria de racimos.

Estando bien regada por los cercanos montes que vierten en ella innumerables torrentes

en los meses más necesitados de irrigación.

Y ciertamente dotada de venas de agua subterránea,

que lo convierten es un verdadero edén agrícola. 

Pedro dice:

–            ¡Mmm! Está más bonita que el año pasado.

Al menos hay agua y fruta…

Zelote responde: 

–             La de Sarón está más bonita incluso. 

–           ¿Pero no es ya ésta?

–           No.

Viene después de ésta.

Pero en ésta ya se presiente la Llanura de Sarón…

Los dos apóstoles se ponen a hablar entre sí, alejándose un poco.

Señalando la bonita campiña, Santiago de Zebedeo

pregunta: 

–           ¿Esto es de fariseos, no? 

Recordando los bienes paternos de Judea, de los cuales fueron expulsados,

perdiendo mucho bienestar… 

Tadeo le responde: 

–           De judíos, sin duda.

Han escogido los mejores lugares usurpándoselos, con mil maniobras, 

a los primeros propietarios. 

Judas dice con sarcasmo:

–           Si han sido escogidos, es porque vosotros galileos, sois menos santos, inferiores…

Santiago de Alfeo, previniendo la respuesta punzante de su fogoso hermano.

Y señalando al Señor, que está hablando con Mateo y Felipe.

Responde con serenidad:

–           Te ruego que recuerdes que Alfeo y José eran de la estirpe de David.

Tanto que el edicto les hizo ir a apuntarse a Belén de Judá.

Y Él nació allí por esto.  

Bondadoso y justo,

Tomás, agrega.

–          ¡Ah! ¡Bueno!

Yo lo que pienso es que buenos y malos hay en todas partes.

En nuestras compraventas hemos tenido contacto con personas de todas las razas.

Y os aseguro que en todas he encontrado honestos y deshonestos.

Además…

¿Por qué enorgullecerse de ser judíos?

¿Acaso lo hemos querido nosotros?

Pedro dice: 

–          ¡Mmm!

¡Sí tenía yo mucho conocimiento, cuando estaba en el seno de mi madre;

de lo que era ser judío o galileo!

Estaba allí… y estaba conforme.

Luego, cuando nací, estuve entre  pañales, muy calentito;

sin preguntarme si el aire que respiraba era judío o galileo…

Lo único que conocía era el pezón materno…

Y como yo, todos nosotros.

Ahora, ¿Por qué tomarse tan a pecho el que uno haya nacido más arriba y el otro más abajo?

¿No somos igualmente de Israel? 

Juan responde: 

–         Tienes razón, Tomás.   

«Y además ahora somos de una única estirpe, la de Jesús».

Dulce y firme, Santiago de Alfeo, 

concluye diciendo: 

–          Sí, el cual y creo que así lo quiso el Altísimo,

para enseñarnos que las divisiones atentan contra el amor al prójimo y que ha sido enviado a

recoger a todos como la amorosa clueca de que hablan los libros santos…

Es de estirpe judía, pero fue concebido en Galilea y ha vivido allí, después de nacer en Belén.

Como si quisiera decirnos, con la voz de los hechos, que es el Redentor de todo Israel,

del septentrión al mediodía.

Por el simple hecho de que le llamen «el Galileo» ya no se debería sentir desprecio por los galileos. 

Jesús, que parecía distraído hablando, unos metros más adelante, con Mateo y Felipe,

se vuelve y dice:

–           Bien has hablado, Santiago de Alfeo.

Comprendes la Verdad, las verdades y la justicia de cada acto de Dios.

Porque Dios, recordad esto todos y siempre

no hace nunca nada sin una finalidad.

Como tampoco deja sin premio nada de lo que hacen los que tienen recto corazón.

¡Bienaventurados los que saben ver las razones de Dios en las cosas que suceden,

incluso en las más insignificantes.

¡Y las respuestas de Dios a los sacrificios de los hombres!

Pedro se vuelve y hace ademán de hablar.

Luego cierra de nuevo la boca y se limita a sonreír a su Maestro,

que ahora, siendo el lugar por donde van una ancha vía de primer orden entre campos de oro,

se une al grupo de sus apóstoles.

Prosiguen hacia Emaús, que está ya cercana:

Una aglomeración de un blanco cegador en medio del oro de los cereales maduros

y el verde de los óptimos huertos.

 

471 La Jugada al Descubierto


471 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

402 Judas Iscariote se siente descubierto durante el discurso de despedida en Béter.

Jesús  está en la parte delantera del palacio de Juana en Béter.

Ahí el jardín que precede a la casa se ensancha,

formando como dos alas verdes en forma de tenaza,

creando así una pequeña explanada semicircular, desnuda de árboles en el centro

pero limitada en los bordes por árboles muy altos y añosos, frondosos,

que, con la brisa que corre por esta cima de colina,

susurran levemente su frufrú y proyectan una propicia sombra

para protección del sol cuando éste está en occidente.

Debajo de los árboles, un seto de rosas,

pone un semicírculo de colores y fragancias como linde de la explanada.

La hora se acerca al ocaso,

porque el sol, que – estando este castillo sobre un lugar elevado – se ve

nítidamente descender por un buen arco de horizonte,

está para ocultarse detrás de los montes que hay a occidente

y que Andrés señala a Felipe recordando el miedo de los dos, allí,

en Bet Yinna, por tener que anunciar al Señor.

Se comprende que en estos montes está Bet Yinna,

donde el Señor, hace un año, curó a la hija del posadero,

al principio de su peregrinaje hacia las orillas mediterráneas.

Están presentes todos los apóstoles.

Y todo fluye normal, porque no hay caras serias ni alteradas.

Judas se muestra desenvuelto, alegre, como si no pasara nada;

tanto que es todo amabilidad incluso con los subalternos más humildes…  

La posesión demoníaca perfecta, causada por la impenitencia y el egoísmo desenfrenado; provocan la ceguera moral, emocional y espiritual que Satanás necesita, para hacer capaces a sus instrumentos de cometer los más atroces crímenes….

Cosa que no es muy fácil en él y que desaparece del todo, cuando está inquieto.

Está todavía Elisa junto a Anastática, que ha venido con los apóstoles y la sierva de Elisa.

Y está Cusa, muy respetuoso con Matías de la mano;

Juana, junto a Elisa, con la pequeña María al lado.

Y Jonathán está detrás de su ama.

Un toldo tendido sobre unas cuerdas y unos postes, como un baldaquino,

Protege del sol, que todavía cae sobre esta fachada occidental, a Jesús;

que está frente a todos, incluidos los siervos y jardineros de Béter.

Y no son sólo los habituales, sino también los adventicios, tomados del pueblo que depende del castillo.

Están a la sombra fresca del frondoso semicírculo, protegidos del sol,

silenciosos, alineados, esperando la bendición de Jesús,

que parece ya próximo a la partida

en espera sólo de que el ocaso señale el final del sábado.

Jesús habla ahora con Cusa;

están un poco retirados, conversando en voz baja…

Y Cusa se prodiga en reverencias y en declaraciones de garantías,

poniéndose la mano derecha en el pecho como para decir:

«Empeño mi palabra, quédate seguro de que por mi parte» etc. etc.

Los apóstoles, discretos, se han reunido en un ángulo.

Pero ninguno les puede impedir observar y si en el rostro de Pedro y Bartolomé,

se ve la sencilla mirada de quien sabe ya un poco de qué se trata,

en el rostro de los otros, menos Judas, hay aprensión, una expresión triste,

especialmente en Santiago de Alfeo, Juan, Simón y Andrés,

mientras que Tadeo, 

parece casi inquieto y severo…

El otro Judas, que quiere aparecer desenvuelto, mira más que todos,

y pareciera querer descifrar, por los movimientos de las manos, de los labios,

lo que Jesús y Cusa dicen.

Las discípulas, calladas, respetuosas, también observan y Juana sonríe involuntariamente,

con un poco de ironía en medio de su tristeza, pareciendo compadecer a su esposo,

cuando Cusa, alzando la voz al final del coloquio, proclama:

–        Mi deuda de gratitud es tal—

que de ninguna manera podré jamás quedar desobligado.

Por tanto, te concedo lo que más amo: a mi Juana…

Pero debes comprender mi prudente amor por ella…

El enojo de Herodes… su legítima defensa…

Se habrían descargado en forma de represalias contra nuestros bienes, contra…

Contra nuestro poder..

Y Juana está habituada a estas cosas, está delicada…

Necesita estas cosas…

Yo tutelo sus intereses.

Pero te juro que ahora que estoy seguro de que Herodes no se va a enojar conmigo,

como contra un siervo suyo cómplice de un enemigo,

te voy a servir con absoluta alegría y nada más.

Y concederé a Juana toda libertad…

–        Está bien.

Pero recuerda que trocar los bienes eternos por un breve honor humano,

es como trocar la primogenitura por un plato de lentejas.

Y mucho peor todavía…

Las discípulas han oído estas palabras.

Pero también los apóstoles.

Y, mientras que a la mayor parte les sabe a discurso academico,

Judas de Keriot percibe en ellas un sabor especial:

Cambia de color, de expresión, lanzando una mirada entre asustada e irritada a Juana.

Parece que hasta este momento Jesús no ha hablado de cuanto ha sucedido.

Y que sólo ahora Judas tiene la primera sospecha de que su juego,

ha sido descubierto.

Jesús se vuelve hacia Juana,

y le dice:

–         Bueno, pues ahora vamos complacer a la buena discípula.

Voy a hablar, como has deseado, a tus dependientes antes de partir.

Da unos pasos hacia adelante,

hasta el límite de sombra que se va alargando cada vez más,

debido a que el sol va descendiendo lentamente..

Parece ya una naranja cortada por la base…

Y cada vez más se va ensanchando el corte, a medida que el astro va

bajando por detrás de los montes de Bet – Yinna,

dejando un enrojecimiento de fuego en el cielo terso. 

Jesús dice:

–        Amados amigos Cusa y Juana…

Y vosotros, servidores buenos de ella, que ya conocéis al Señor por boca de mi discípulo Jonathán, desde hace muchos años.

Y por boca de Juana desde cuando es fiel discípula mía,

escuchad.

Me he despedido de todos los lugares judíos donde tengo mayor número de discípulos,

por obra de mis primeros discípulos, los pastores.

Y también por la respuesta coherente al Verbo, que ha pasado instruyendo para salvar.

Ahora me despido de vosotros, porque no volveré nunca más a este Edén

bellísimo, no tanto por los rosales y la paz que reinan en él.

Y no sólo por la buena ama que en él es reina,

cuanto porque aquí se cree en el Señor y se vive según su Palabra.

¡Un paraíso! Sí.

¿Qué era el paraíso de Adán y Eva?

Un espléndido jardín donde se vivía sin pecado y donde resonaba la voz de Dios,

amada, acogida con alegría por sus primeros dos hijos…

Ahora bien,

Yo os exhorto a vigilar para que no os suceda lo que sucedió en el Edén:

no suceda que se introduzca la serpiente de la mentira, de la calumnia, del pecado.

Y os muerda en el corazón y separe de Dios.

Vigilad y manteneos firmes en la Fe…

No os turbéis

No hagáis actos de incredulidad,

lo cual podría suceder porque el Maldito entrará,

tratará de entrar por todas partes, como ya ha entrado

en muchos lugares, para destruir la obra de Dios.

Y mientras que entre en los lugares, el Perspicaz, el Astuto, el Incansable,

Escudriñando se ponga a la escucha, tienda asechanzas, su desbabe

y trate de seducir, poco mal será todavía.

Nada ni nadie pueden impedirle que lo haga.

Lo hizo en el Paraíso Terrenal…

Pero un mal mayor es dejarlo estar y no echarlo.

El enemigo que no se expulsa acaba haciéndose amo del lugar,

porque se instala en él, en él construye sus defensas y sus ofensas.

Id a la caza de él enseguida, ponedlo en fuga usando el arma de la fe

de la caridad, de la esperanza en el Señor.

Pero es sumo mal cuando no sólo se le deja vivir tranquilamente entre los hombres,

sino que se le deja penetrar desde el exterior hasta el interior,

y se le deja hacer un nido en el corazón del hombre.

¡¡Ah, entonces!!

A pesar de todo, ya muchos hombres lo han acogido en su corazón, contra Cristo.

Han acogido a Satanás con sus malas pasiones, arrojando fuera a Cristo.

Y si no hubieran conocido todavía a Cristo en su verdad;

si su conocimiento hubiera sido superficial,

como se conocen unos viandantes que se ven por casualidad en un camino,

muchas veces sólo mirándose un momento;

desconocidos que se ven por primera y última vez,

otras veces intercambiando solamente algunas palabras para preguntar el camino procedente,  

para pedir un poco de sal, yesca para encender el fuego,

el cuchillo para preparar la carne;

si así hubieran conocido a Cristo estos corazones que ahora y más mañana,

cada vez más, arrojan a Cristo para dejar espacio a Satanás…

Aún podrían ser compadecidos…

y tratados con misericordia, por ser ignorantes respecto a Cristo.

Pero, ¡Ay de aquellos que me conocen como lo que Soy,

realmente, que se han nutrido de mi palabra, de mi amor…

Y ahora me arrojan afuera, acogiendo a Satanás,

que los seduce con falaces promesas de triunfos humanos,

cuya realidad será la eterna condenación

Vosotros;

vosotros que sois humildes y no soñáis tronos ni coronas,

vosotros que no buscáis las glorias humanas,

sino la paz y el triunfo de Dios, su Reino, su amor, la vida eterna y sólo esto, no los imitéis jamás.

¡Vigilad!

¡Vigilad! Conservaos limpios de corrupciones,

fuertes contra las acusaciones malignas, contra las amenazas, contra todo.

Judas, que ha comprendido que Jesús sabe algo,

ha tomado el aspecto de una máscara térrea de hiel.

Sus ojos lanzan fulgores malignos contra el Maestro y contra Juana…

Se retira, detrás de sus compañeros,

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

como para apoyarse en la pared.

En realidad lo hace para que no se vea su contrariedad.

Jesús prosigue después de una breve interrupción,

colocada como para separar la primera parte del discurso de la segunda.

Dice:

Hubo un tiempo en que el yizraelita Nabot tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Una viña de sus padres, muy apreciada, por tanto, por su corazón,

casi sagrada para él porque era la herencia que su padre le había dejado

tras haberla heredado a su vez de su padre y éste del suyo.

Y así sucesivamente.

Generaciones de parientes habían sudado en aquella viña,

para que fuera cada vez más pujante y hermosa.

Nabot la apreciaba mucho.

Ajab le dijo:

«Cédeme tu viña, que está pegando a mi casa y me servirá

para hacerme una huerta para mí y los que viven conmigo

Yo en cambio te daré una viña mejor, o dinero si lo prefieres».

Pero Nabot respondió «Siento no complacerte, oh rey.

No puedo complacerte.

Esta viña me viene en herencia de mis padres y me es sagrada.

Dios me guarde de darte la herencia de mis padres». (1 Reyes 21)

Vamos a meditar esta respuesta.

Se medita en ella demasiado poco,

y demasiados pocos en Israel meditan en ella.

Los otros, la mayoría, los que he mencionado antes, que con facilidad

arrojan afuera a Cristo para acoger a Satanás,

no tienen mucho respeto hacia la herencia de sus padres.

Y con tal de tener mucho dinero, mucho terreno

o sea, los honores y la seguridad de que no los suplanten fácilmente,

aceptan ceder la herencia de sus padres,

ya sea, la idea mesiánica en lo que ella es verdaderamente,

como ha sido revelada a los santos de Israel y que debía ser sagrada

en todos sus detalles sin manipular en ella, sin alterarla, sin rebajarla

con limitaciones humanas.

¡Cuántos, cuántos, cuántos truecan la luminosa idea mesiánica,

enteramente santa y espiritual,

por un títere de regiedumbre humana, agitado como un espantajo

para perjuicio de la autoridad o blasfemo contra la verdad!

Yo, Misericordia, no llego a maldecirlos,

con las tremendas maldiciones de Moisés contra los transgresores de la Ley.

Pero detrás de la Misericordia está la Justicia

¡Deben recordarlo todos!

Yo, por mi parte, les recuerdo a éstos…

Y si entre los presentes hay alguno de éstos,

que reciba la corrección con corazón bueno,

les recuerdo otras palabras de Moisés, dichas para los que querían ser más

de lo que Dios había establecido para ellos.

Dijo Moisés a Coré, Datán y Abirón, que se consideraban santos,

al igual que Moisés y Aarón.

Y se oponían a ser sólo hijos de Leví en el pueblo de Israel:

«Mañana el Señor dará a conocer quién le pertenece y dejará que se acerquen a El los santos; 

aquellos a quienes haya elegido se acercarán a Él.

Meted fuego en vuestro incensario y en el fuego, incienso delante del Señor,

y venid vosotros y los vuestros con Aarón

Y veremos a quién elige el Señor.

¡Os ensalzáis un poco demasiado, hijos de Leví!». (Números 16)

Vosotros, buenos israelitas, conocéis cuál fue la respuesta de Dios

a los que se querían ensalzar un poco demasiado,

olvidándose de que el único que destina los puestos de sus hijos y elige es Dios.

Elige con justicia, y elige hasta el punto exacto.

Yo también tengo que decir:

«Hay algunos que se quieren ensalzar un poco demasiado,

y serán castigados de forma que los buenos comprendan,

que aquellos han blasfemado contra el Señor».

Los que truecan la idea mesiánica, tal y como la ha revelado el Altísimo,

por la pobre idea suya, humana, onerosa, limitada, vindicativa

¿No son, acaso, semejantes a aquellos que querían juzgar la santidad de Moisés y Aarón?

¿No os parece que los que, con tal de alcanzar su objetivo, la realización de su pobre idea,

quieren tomar propias iniciativas motu proprio,

considerándolas soberbiamente más justas que las de Dios,

no os parece que quieren ensalzarse un poco demasiado

y que quieren pasar ilegalmente de estirpe de Leví a estirpe de Aarón?

Aquellos que sueñan con un pobre rey de Israel y lo prefieren al Rey de reyes espiritual,

aquellos que tienen por pupilas enfermas, la soberbia y la ambición –

por lo cual ven deformadas las verdades eternas que están escritas en los libros santos

Y a los cuales la fiebre de una humanidad concupiscente les hace

incomprensibles las palabras clarísimas de la Verdad revelada,

¿No son acaso, los que truecan por una insignificancia sin valor,

la herencia de toda la estirpe, la más sagrada herencia

Pero, aunque ellos lo hagan, Yo no trocaré la herencia del Padre y de los padres,

y moriré fiel a esta promesa, que vive desde cuando la redención fue necesaria,

fiel a esta obediencia que existe desde siempre, porque Yo no he defraudado nunca a mi Padre…  

y nunca lo defraudaré por temor a la muerte, por horrenda que sea.

Se procuren los enemigos los falsos testigos, finjan celo y práctica perfectas.

No cambiará esto su delito ni mi santidad.

Mas aquel y aquellos que cómplices suyos después de haber sido sus corruptores,

crean poder extender la mano sobre lo que es mío,

hallarán en la Tierra a perros y buitres para ingerir su cuerpo y su sangre,

y en el Infierno a demonios para ingerir su sacrílego espíritu,

sacrílego y deicida.

Os he dicho esto para vuestro conocimiento.

Para que todos tengáis conocimiento

Y quien sea malvado pueda arrepentirse mientras pueda hacerlo, imitando a Ajab,

y quien es bueno no sea turbado en la hora de las tinieblas.

¡Oh, hijos de Béter, adiós!

Que el Dios de Israel esté siempre con vosotros y la Redención haga

descender su rocío sobre un campo limpio, para que en él se abran

todas las semillas que el Maestro, que os ha amado hasta la muerte,

ha esparcido en vuestros corazones.

Jesús los bendice y los mira,

mientras ellos se marchan lentamente.

Ya se ha puesto el sol, del cual como recuerdo,

queda sólo un color rojo, que se va apagando lentamente,

pasando a violáceo.

El reposo sabático ha terminado

Jesús puede partir.

Besa a los pequeños;

saluda a las discípulas;

saluda a Cusa.

Y en el umbral de la cancilla se vuelve y dice fuerte, para que todos oigan:

–            Hablaré, cuando pueda, a esas criaturas.

Pero tú, Juana, preocúpate de hacerles saber que en Mí sólo se halla e», enemigo del pecado y el rey del espíritu.

Y recuérdalo tú también. Cusa.

Y no temas.

Ninguno debe tener miedo de Mí.

Ni siquiera los pecadores, porque soy la Salud.

Sólo los impenitentes hasta la muerte, deben tener miedo de Cristo,

Juez después de haber sido el Todo Amor…

La paz sea con vosotros.

Y es el primero en salir.

Y empieza a bajar…