492 El Complot


492 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

414c Invectiva contra fariseos y doctores en el convite en casa del Anciano Elquías.

Nahúm, doctor de la Ley, se pone de pie y lo interrumpe…

Es el más alto dignatario después de Annás..

Nahúm está muy enojado, pero se controla,

y dice:

–           Maestro.

Al hablar así, nos ofendes.

Y no te conviene, porque nosotros debemos juzgarte…

Jesús dice con severidad:

–          No.

No vosotros…

¡Vosotros no podéis juzgarme!

Vosotros sois los juzgados, no los jueces.

Vosotros podéis hablar, emitir sonidos con vuestros labios.

Pero ni la más potente de las voces llega a los cielos, ni recorre toda la Tierra.

Después de un poco de espacio es silencio…

Después de un poco de tiempo es olvido.

Quién juzga es Dios.

Y el Juicio de Dios es una Voz que permanece… 

Y tampoco el olvido puede sepultarla…

 Siglos y siglos han pasado desde que Dios juzgó a Lucifer y juzgó a Adán.

La Voz de aquel juicio, no se ha apagado.

Están las consecuencias de aquel juicio…

Y si ahora he venido para traer de nuevo la Gracia a los hombres, mediante el Sacrificio perfecto,

el juicio sobre la acción de Adán permanece igual…

Y siempre será llamado «pecado original».

Los hombres serán redimidos, lavados con una purificación que supera todas las demás;

pero nacerán con esa marca, porque Dios ha juzgado que esa marca debe estar en todos los nacidos de mujer,

menos para Aquel que, no por obra de hombre, sino por Espíritu Santo fue hecho.

Y para la Preservada y el Presantificado, vírgenes eternamente:

la Primera, para poder ser la Virgen Deípara;

el segundo, para poder preceder al Inocente,

naciendo ya limpio por un disfrute anticipado de los méritos infinitos del Salvador Redentor.

Y Yo os digo que Dios os juzga.

Y os juzga diciendo: «¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque cargáis a la gente con pesos insoportables,

transformando en castigo el paterno Decálogo del Altísimo para su pueblo».

El Decálogo fue dado con amor y por amor;

para que una justa guía sostuviera al hombre…

Al hombre:  al eterno, imprudente e ignorante niño, tuviese un guía seguro.

Dios lo hizo para que sus hijos pudiesen caminar por su sendero y llegar a su Corazón Paternal.

Y vosotros, habéis cambiado la amorosa pollera con que Dios había abrazado a sus criaturas,

por montañas de puntiagudas piedras, pesadas, angustiosas;

un laberinto de prescripciones, una pesadilla de escrúpulos;

por lo cual el hombre pierde sus fuerzas, se abate, se pierde, se detiene;

y tiene miedo de Dios…  Como si fuera un enemigo.

Vosotros impedís que los corazones vayan a Dios…

Obstaculizáis la marcha de los corazones hacia Dios.

Separáis al Padre de los hijos.

Negáis con vuestras imposiciones esta dulce, bendita, verdadera Paternidad.

Pero vosotros no tocáis ni con un dedo esos pesos que cargáis a los demás.

Os creéis justificados sólo por haberlos dado.

Necios, ¿No sabéis que seréis juzgados precisamente por lo que habéis considerado necesario para salvarse?

¿No sabéis que Dios os va a decir: “Juzgabais como sagrada, justa, vuestra palabra.

Pues bien, también Yo la juzgo así.

Y os juzgo con vuestra palabra, porque se la habéis impuesto a todos y habéis juzgado a los hermanos conforme a cómo la acogieron y practicaron.

Quedad condenados porque no habéis hecho lo que habéis dicho que había que hacer»?

Y me odiáis porque Yo Soy la Palabra de Sabiduría y querríais encerrarme en un sepulcro para que no hable más.

Pero seguiré hablando hasta que mi Padre quiera.

¡Ay de vosotros, que erigís sepulcros a los profetas asesinados por vuestros padres!

¿Es que creéis disminuir con ello la dimensión de la culpa de vuestros padres?,

¿Cancelarla ante los ojos de la posteridad? No.

Al contrario.

Dais testimonio de estas obras de vuestros padres.

No sólo eso, sino que las aprobáis, dispuestos a imitarlos,

elevando luego un sepulcro al profeta perseguido para deciros a vosotros mismos:

«Lo hemos honrado».

¡Hipócritas!

Por esto la Sabiduría de Dios dijo: “Les enviaré profetas y apóstoles.

A unos los matarán, a otros los perseguirán;

para que se pueda pedir a esta generación la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo en adelante,

desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, asesinado entre el altar y el santuario.

Sí, en verdad, en verdad os digo que de toda esta sangre de santos se pedirá cuentas a esta generación, que no sabe distinguir a Dios en donde está…

Y persigue al justo y lo aflige porque el justo es el vivo cotejo con su injusticia.

¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, que habéis arrebatado la llave de la ciencia y habéis cerrado su templo para no entrar.

Y así no ser juzgados por ella… 

¡Y tampoco habéis permitido que otros entraran!

Porque sabéis que, si el pueblo fuera instruido por la verdadera Ciencia, o sea, la Sabiduría santa, podría juzgaros.

De forma que preferís que sea ignorante para que no os juzgue.

Y me odiáis porque soy la Palabra de la Sabiduría.

Y quisierais encerrarme prematuramente en una cárcel, en un sepulcro…

Para que ya no siguiera hablando.

Pero hablaré hasta que plazca a mi Padre que lo haga.

Y luego hablarán mis obras, mucho mejor que mis palabras…

Hablarán mis méritos, más aún que mis obras…

Y el Mundo será adoctrinado… Y sabrá y os juzgará.

Este es el primer juicio contra vosotros.

Luego vendrá el segundo, el juicio particular para cada uno de vosotros que muera.

Y finalmente el último: el Universal.

Y después del Juicio Universal, os acordaréis de este día y esta hora…

Recordaréis este día y estos días… 

Y vosotros, sólo vosotros, conoceréis a ese Dios terrible que os habéis esforzado en agitar,

como una visión de pesadilla, ante los espíritus de los sencillos,

mientras que vosotros, dentro de vuestro sepulcro, os burlasteis de Él y no habéis tenido ningún respeto;

Ni habéis obedecido ni respetado ninguno de los Mandamientos desde el primero y principal del Amor,…

Hasta el último que fueron dados en el Sinaí…

Inútilmente Elquías, tu casa carece de figuras.

Inútilmente en vuestros hogares no hay esculturas.

En el interior de vuestro corazón tenéis el ídolo:

el de creeros dioses.

Así como también los ídolos de vuestras concupiscencias…

Jesús se vuelve a los apóstoles,

y ordena:

–           Venid.

Vámonos.

Y haciendo que los Doce salgan antes que Él…

Sale al último…

Queda un silencio sepulcral…

Luego los que han quedado forman un alboroto diciendo:

–          ¡Hay que perseguirlo!

–           ¡Cogerlo en falso!

–           ¡Atraparlo pecando!

–            ¡Deshacernos de Él!

–            ¡Tenemos que callarlo!

–             ¡Encontrar motivos con qué acusarlo!

–             ¡Hay que matarlo!…

Estas palabras son seguidas por un silencio muy largo.

Y luego…

Daniel el pariente de Elquías y el otro que dos veces defendiese al Maestro

objetan:

–           ¡Creo que estáis sobrepasando la medida!

–           ¡Eso es una infamia y no estoy de acuerdo!

Y salen muy disgustados…

Mientras ellos se marchan con la náusea del odio y de los propósitos farisaicos –

Luego, los que se han quedado en la casa, rompen en un clamor,

diciendo todos juntos: 

–           ¿Y cómo?…

–           ¿Cómo lo haremos?

–           ¡No podemos permitir que vuelva al pueblo contra nosotros!

–            Terminará por hacer que salgamos perjudicados…

Otro silencio.

Enseguida, con una carcajada ronca y una risita llena de veneno…

Elquías dice:

–          Hay que trabajar a Judas de Simón. 

Sadoc observa:

–           ¡Hombre, buena idea!

Ismael ben Fabi:

–            Pero lo acabas de ofender…

Simón Boetos interviene:

–            De eso me encargo yo y Eleazar el hijo de Annás.

Eleazar:

–            Lo engatusaremos…

Nahum y todos los demás agregan:

–             Unas cuantas promesas…

–             Que tendrá un cargo importantísimo en el Templo…

–             Un poco de miedo…

–             Mucho dinero…

–             No, mucho no…

Promesas… promesas maravillosas  de ‘muchísimo’ dinero…

–             ¿Y luego?

Elquías:

–             ¡Cómo qué luego!

Calascebona:

–            ¿Qué tratas de decir?

Elquías:

–             Bueno.

Luego cuando todo se haga…

Sadoc:

–            ¿Qué le diremos?…

Elquías dice con lenta crueldad:

–            Pues… ¡Nada!

La muerte. Así…

Sadoc confirma:  

–           No hablará más…

Samuel el esposo de Rosa de Jericó:

–             ¡Uh!…

Eleazar ben Annás:

–             La muerte…

Varios dicen al mismo tiempo:

–            ¿Te horroriza?

–            ¡Cómo eres!

–            Si mataremos al Nazareno que es un Justo…

–            Con mayor razón podemos eliminar también a Judas de Keriot que es un ‘gran’ pecador…

Empieza una algarabía de desacuerdos…

Hay vacilaciones…

Pero Elquías, poniéndose de pie,

dice:

               Se lo diremos también a Anás…

Y veréis como… juzgará buena la idea. 

Y LA PERFECCIONAREMOS

Vendréis también vosotros…

¡Claro que vendréis!…

Salen todos detrás del amo de la casa, que se marcha diciendo:

¡Vamos!…

Y salen todos hacia la Casa de Annás…

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