Archivos del mes: 29 abril 2022

510 Una Misión Imperial


510 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

426b La joven esclava salvada.

Jesús está hablando con las romanas en casa de Simón el cordelero, en Cesárea marítima.

Plautina pregunta:

–            ¿Podemos servirte?

Jesús responde:

–            No necesito nada más que fe y amor.

Pero hay una criatura que se encuentra en gran peligro…

Y que esta noche tendrá el alma muerta.

Claudia podría salvarla. 

–           ¿El alma muerta.

¿De quién se trata?

Jesús dice:

–            Un patricio vuestro da un banquete y…

Livia contesta:

–           ¡Ah, sí!

Ennio Casio.

También mi marido fue invitado.

Valeria confirma con energía:

–           También el mío.

También nosotras…

Pero como Claudia se abstiene, también nosotras nos abstendremos.

Habíamos decidido retirarnos inmediatamente después de la cena, si es que íbamos…

Porque nuestras cenas terminan en orgías que ya no podemos soportar…

Y con el enojo de que nuestros maridos no se ocupan de nosotras;

Nos salimos…

Jesús corrige:

–            No por enojo, sino por piedad de su miseria moral…

–            Es difícil, Maestro.

Sabemos lo que pasa allí dentro…

–           Yo también sé muchas cosas que suceden en los corazones y sin embargo perdono…

–            Tú eres Santo.

–             Vosotras debéis serlo.

Porque lo quiero y porque a ello os empuja vuestra voluntad…

–             ¡Maestro!…

–             Sí.

¿Podéis afirmar que sois felices como antes de conocerMe?

¿Felices en la miserable y brutal felicidad animal;

en la sensualidad de paganas que ignoran, que no son solo un pedazo de carne…

ahora que conocéis un poco a la Sabiduría?

–           No, Maestro.

Lo confesamos.

Lo tenemos que decir claro.

Estamos descontentas.

Nos sentimos insatisfechas.

Inquietas…

Como uno que busca un tesoro y no lo encuentra.

Jesús exclama:

–            ¡Y está ante vosotros!

Pues lo tenéis delante…

Lo que os pone inquietas es el anhelo de Luz de vuestro espíritu…

La impaciencia de vuestro espíritu por vuestra tardanza…

En darle lo que os pide…

Lo que os inquieta es el ansia de vuestros corazones por la Luz.  

Sigue un silencio, porque ninguna se decide a responder.

Después Plautina dice:

–           ¿Y qué podría hacer Claudia?

–            Salvar a esa pobre criatura.

Una niña que el romano compró para su placer.

Una virgen que mañana no lo será más.

–          Si la compró…

Le pertenece.

–          No es un mueble.

Dentro de su cuerpo hay un alma…

Ellas objetan:

–           Maestro.

–           Nuestras leyes…

Jesús rebate:

–           Mujeres:

¡La Ley de Dios!…

–            Claudia no va a ir a la fiesta…

–            No le digo que vaya.

Os digo que le trasmitáis lo siguiente:

El Maestro para asegurarse de que Claudia no tiene nada contra Él,

le pide que le ayude a favor de esta alma-niña…”

Plautina, Valeria y Livia:

–            Se lo diremos, pero no podrá hacer nada.

–            Esclava adquirida…

–            Objeto del que se puede disponer…

Jesús se muestra lleno de majestad,

al decretar:

–            Mi religión enseñará que el esclavo tiene un alma semejante a la del César;

mejor en muchos casos…

Que esa alma pertenece a Dios.

Y la maldición pesa sobre quién la corrompa.

Jesús lo dice con severidad y energía.

Las mujeres se sacuden a la voz severa de la orden.

Se inclinan sin replicar.

Y se ponen otra vez los velos y los mantos.

Se despiden:

–           Lo trasmitiremos.

Salve, Maestro.

–           Hasta pronto.

Plautina, antes de salir dice:

–            Para todos, éramos mujeres griegas.

¿Entendido?

–           Entendido.

Id tranquilas.

Jesús se queda solo bajo el portal.

Y ellas se van por donde vinieron.

Los cordeleros siguen trabajando.

Luego, Jesús regresa despacio al almacén y se queda pensativo.

Se sienta sobre un montón de cuerdas enrolladas.

Ora intensamente…

Los once apóstoles continúan durmiendo profundamente.

La vida en el puerto se desarrolla con la misma pacífica rutina,

de las provincias gobernadas por el imperio más poderoso del mundo.

Roma es una máquina de eficiencia y disciplina…

Una hora después, el cordelero asoma la cabeza en el depósito.

Y le dice a Jesús que vaya a la puerta,

porque:

–           Hay un esclavo que te quiere ver.

El esclavo.

Un númida, está parado junto al platanar, en la plaza llena de sol…

Cuando ve a Jesús, se inclina.

Y sin hablar, le entrega una tableta encerada.

Jesús la lee…

Y dice:

–           Dirás que esperaré hasta antes del alba.

¿Entendiste?

El esclavo mueve la cabeza asintiendo.

Y para que vea por qué no habla, abre su boca y le enseña la lengua tronchada.

Jesús mueve la cabeza con un gesto lleno de tristeza,

y dice:

–           ¡Infeliz!

Acariciándolo con mucha compasión.

Por las mejillas del esclavo corren dos lágrimas.

Toma la mano blanca entre las suyas negras y se la pone en la cara.

La besa, se la lleva al pecho y se echa en tierra.

Toma el pie de Jesús y se lo pone en la cabeza…

Un lenguaje mudo para expresar su agradecimiento por ese gesto de amor.

Y Jesús repite:

–           ¡Infeliz!

Pero no lo cura.

El esclavo se levanta y pide la tableta encerada.

Claudia no quiere dejar huellas de su contacto epistolar.

Jesús sonríe y devuelve la tableta.

El númida se va.

Y Jesús se acerca a donde está el cordelero…

El Maestro dice:

–          Simón, debo quedarme hasta antes del alba.

¿Me lo permites?

Simón contesta:

–            Todo lo que quieras.

Me desagrada ser pobre…

–           Me agrada que seas honrado.

–           ¿Quiénes eran esas mujeres?

–           Unas extranjeras que necesitaban de consejo.

–           ¿Están sanas?

–            Como Yo y tú.

–            Entonces está bien.

Ahí están tus apóstoles.

Los once salen del almacén, somnolientos.

Pedro dice:

–           Maestro, hay que cenar antes de partir.

Jesús contesta:

–            No.

No partiremos hasta el amanecer.

–            ¿Por qué?

–            Porque me pidieron que así lo hiciera.

–           ¿Por qué?

¿Por quién?…

Es mejor caminar de noche…

luna es nueva.

–           Espero salvar a una criatura.

Y esto es más luminoso que la luna y más refrescante que las frescuras de la noche.

Pedro lo lleva aparte:

–           ¿Qué pasó?

¿Viste a las romanas?

¿Qué humor tienen?

¿Son ellas las que se van convertir?

¡Dímelo!…

Jesús sonríe:

–           Si me dejas responder te lo diré, hombre curiosísimo.

Vi a las romanas.

Muy lentamente caminan hacia la Verdad.

Pero no retroceden…

Lo que ya es mucho.

–           Y…

Acerca de lo que dijo Judas,

¿Hay algo?

–            Que continuarán venerándome como a un sabio.

–           ¿Por causa de Judas?

¿Es él el que lo ha hecho?

–           Vinieron a buscarme a Mí.

No a él…

La posesión demoníaca perfecta siempre «argumenta» para su RECHAZO A DIOS…

Pedro pregunta inquieto:

–           Entonces… 

¿Por qué Judas tuvo miedo de encontrarse con ellas?

¿Por qué no quería que vinieras a Cesárea?

–            Simón, no es la primera vez que Judas tiene caprichos estrambóticos…

–           Es verdad.

¿Y van a venir esta noche las romanas?

–           Ya vinieron.

–           Entonces…

¿Por qué esperamos hasta que amanezca?

–            ¿Por qué eres tan curioso?

–            Maestro, sé bueno…

Por favor dime todo.

–            Te lo diré para quitarte toda duda.

También tú escuchaste la conversación de aquellos tres romanos…

–           ¡Claro que la oí!…

Inmundos.

Apestosos.

¡Demonios!

Pero a nosotros, ¿Qué nos importa?…

¡Ahh!

¡Entiendo!…

Las romanas van a ir a la cena y luego vendrán a pedirte perdón;

por haber estado en medio de la inmundicia…

Me maravilla que consientas en ello.

–           Yo me maravillo de que te formes juicios temerarios.

–           ¡Perdóname, Maestro!

–           Sí.

Pero ten en cuenta que las romanas van a ir a la cena.

Y yo pedí a Claudia que interviniese a favor de esa muchachita…

–            ¡Ahh!

¡Pero Claudia no puede hacer nada!…

El romano compró a la muchacha y tiene todo el poder sobre ella.

–           Pero Claudia tiene mucho más poder sobre el romano.

Y Claudia me mandó decir, que no parta hasta antes del alba.

No hay otra cosa.

Estás contento ahora?

–           Sí, Maestro.

Pero no has descansado nada.

Ven.

Estás muy agotado.

Vigilaré para que te dejen en paz.

Ven. Ven.

Y amorosamente tiránico lo jala, lo empuja…

Y lo obliga a tirarse en el montón de cáñamo.

Pasan las horas.

El sol se oculta.

Cesa el trabajo.

Empiezan las primeras sombras…

Entra la noche.

Las golondrinas van a sus nidos y los niños a la cama.

Uno tras otro van muriendo los ruidos.

Hasta que solo queda el estrépito de las olas, al estrellarse sobre la playa…

509 El Profeta Romano


509 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

426a Con las romanas en Cesárea Marítima. Profecía en Virgilio.

Jesús tiene un aspecto serio y pálido…

Y dice con una sonrisa de disculpa:

–           No es un lugar apropiado para ustedes.

Pero no dispongo de otra cosa.

Ellas se quitan el velo y el manto.

Y se descubre que son Plautina, Livia, Valeria y la liberta Álbula Domitila.

Plautina responde:

–             No vemos al lugar, sino Al que en estos momentos está en él.

Jesús sonríe y dice:

–             Por esto entiendo que pese a todo;

todavía me consideráis como a un hombre justo.

–             Y más que eso.

Y Claudia nos manda precisamente porque cree que eres más que un justo.

Y no toma en cuenta lo que se oyó…

Pero quiere tu confirmación al respecto, para tributarte doble veneración.

Y hacerlo con mayor razón.

–              O para no hacerlo si me muestro a ella como quisieron pintarme.

Pero decidle que  no hay nada de eso.

No tengo miras humanas.

Mi Ministerio y mi deseo es tan solo sobrenatural.

Y nada más.

Quiero, sí; reunir a todos los hombres en un solo reino.

¿A qué hombres?

¿A los que están hechos de carne y sangre?

¡No!

Eso lo dejo, materia frágil, cosa corruptible…

A las monarquías que pasan;

a los reinos que se tambalean.

Quiero reunir bajo mi único cetro, sólo los corazones de los hombres;

espíritus inmortales en un reino inmortal.

Cualquier otra versión la rechazo como contraria a mi Voluntad.

Quienquiera que sea que la haya dado.

Y os ruego que creáis y que digáis a quien os envía;

que la Verdad tiene solamente una palabra…

–           Tu apóstol habló con mucha seguridad.

–           Es un muchacho exaltado…

Y como a tal hay que escucharlo.

Plautina dice enojada:

–            ¡Pero te hace daño. !

¡Repréndelo!

¡Despídelo!

La negativa para rechazar el MUNDO es la señal más preocupante, de la posesión demoníaca perfecta…

Regáñalo…

Arrójalo de Ti…

–           ¿Entonces dónde estaría mi misericordia?

Él lo hace llevado de un amor equivocado.

¿No debo acaso compadecerlo?

¿Y qué cambiará si lo arrojo de Mí?

Se haría doble mal a sí mismo y me haría doble mal a Mí.

–             ¡Entonces para ti es como una bola atada al pie!…

Como una zancadilla constante…

–             Es para Mí un infeliz a quién tengo que redimir…

Plautina cae de rodillas con los brazos extendidos,

diciendo:

–             ¡Ah!

¡Maestro más grande que cualquier otro!

¡Qué fácil es tenerte por Santo, cuando se siente tu corazón en tus palabras!

¡Qué fácil es amarte y seguirte,

debido a esta caridad tuya, que es mayor que tu inteligencia!

Jesús objeta:

–            No mayor.

Sino que es más asequible y comprensible a vosotros…

Que tenéis vuestro intelecto estorbado por demasiados errores…

Y no tenéis la generosidad de despojarlo de todo…

Para acoger la Verdad.

Livia dice:

–           Tenéis razón.

Eres tan adivino como sabio.

–            La sabiduría, porque es una forma de santidad…

Da siempre luminosidad de juicio…

Ya sobre hechos pasados o presentes, ya sobre premoniciones…

Bien se trate de cosas.

O bien de la advertencia previa a hechos futuros.

–             Por esto vuestros profetas…

–             Eran unos santos.

Dios se comunicaba a ellos con una gran plenitud.

–             ¿Eran santos porque eran de Israel?

–              Por eso y porque fueron justos en sus acciones.

Pues no todo Israel es y ha sido santo, pese a ser Israel.

No es el pertenecer por casualidad a un pueblo o a una religión,

lo que puede hacer santos a los hombres.

Estas dos cosas pueden ayudar grandemente a serlo.

Pero no son el factor absoluto de la santidad.

–             ¿Cuál es ese factor?

–             La voluntad del hombre.

La voluntad que hace que las acciones del hombre sean santas, si es buena.

Perversas, si es mala.

–             Entonces entre nosotros puede ser que haya justos.

–             Así es.

Y no cabe duda de que entre vuestro antepasados hubo justos.

Y los hay entre los que viven actualmente.

Porque sería muy horrible que todo el mundo pagano, perteneciese a los demonios.

Quienes de entre vosotros se sienten atraídos hacia el Bien y la Verdad.

Sienten repugnancia hacia el vicio y la degradación que produce…

Y huyen de él y de las malas acciones que envilecen al hombre.

Creedme que estáis ya en el sendero de la justicia.

–            Entonces Claudia…

–            Sí.

Y vosotras también…

Perseverad.

–             Pero…

¿Si muriéramos antes de convertirnos a Tí?

¿Para qué serviría el haber sido virtuosas?

–             Dios es justo en el juzgar.

Pero, ¿Por qué aplazar el ingreso al Reino?

¿Por qué debéis dar la espalda al Dios Verdadero?

Las tres bajan la cabeza.

Sigue un silencio…

Y luego hacen la confesión que dará la clave de la crueldad romana…

Y su resistencia al cristianismo:

–            Porque nos parece que al hacerlo, traicionaríamos a la patria. 

–           Al revés.

La serviríais.

Pues la haríais moral y espiritualmente más grande.

Porque tendría la FUERZA, con la posesión y protección de Dios;

además de su ejército y sus riquezas.

Roma la Urbe del Mundo;

la Urbe de la Religión Universal…

Pensadlo…

Un silencio.

Luego Livia, encendida como una llama,

dice:

–           Maestro, hace tiempo te buscábamos a Tí, aun en los escritos de nuestro Virgilio.

Porque para nosotros tienen más valor las…

Profecías de los completamente vírgenes respecto a la fe de Israel,

que las de vuestros profetas…

En los cuales podemos ver la sugestión de creencias milenarias…

Y hemos discutido de ello…

Comparando las diversas personas que en todo tiempo, nación y religión, te han presentido.

Pero ninguno te sintió con tanta exactitud como nuestro Virgilio…

porque nadie mejor que él te presagió…

¡Cuánto hablamos aquel día con Diomedes el liberto griego…

astrólogo a quién quiere mucho Claudia!

El sostuvo que esto sucedió porque los tiempos eran más cercanos.

Y los astros lo decían con sus conjunciones…

Pero no nos convenció, porque…

En más de cincuenta años ningún otro sabio de todo el mundo ha hablado de Ti por noticia de los astros…

A pesar de estar más próximos aún a tu manifestación actual.

Para apoyar su tesis adujo el hecho de los tres Sabios de los tres países de Oriente,

que vinieron a adorarte cuando eras un infante.

Y con ello provocaron la matanza de la que la misma Roma se horrorizó;

pues cuando se supo, Augusto dijo:

Que Herodes era un cerdo sediento de sangre…’

Claudia exclamó: “

¡Hace falta el Maestro!

Nos diría la verdad.

Y el destino de nuestro más grande poeta…

Querrías decirnos para Claudia…

Algo que nos muestre que no estás irritado contra ella.

–             He comprendido su reacción de romana.

Y no le guardo ningún rencor.

Decidle que esté tranquila.

Y escuchad:

Virgilio no fue grande solo como poeta.

¿No es así?

–             ¡Oh, no!

También lo fue como hombre.

En medio de una sociedad que estaba corrompida y viciada…

Fue un faro de pureza espiritual.

Nadie lo vio lujurioso, ni amante de orgías, ni de costumbres licenciosas.

Sus escritos son castos y mucho más casto fue su corazón.

Tanto es así que en los lugares donde vivió, se le llamó ‘La doncella’,

para vergüenza de los viciosos y veneración de los buenos.

–            ¿Y en el alma pura de un hombre casto, no habrá podido reflejarse Dios…

aun cuando ese hombre fuese pagano?

La Virtud Perfecta, ¿No habrá amado al virtuoso?

Y si se le concedió amar y ver la Verdad debido a la belleza pura de su corazón…

¿No podrá haber tenido un fulgor de profecía?

¿De una profecía que no es más que la Verdad que se descubre…

a quién merece conocerla como premio e incentivo para una virtud mayor?

–             ¡Entonces profetizó de Ti!

–              Su inteligencia prendida en la pureza y en el genio;

logró ascender y conocer una página que se refiere a Mí.

Y puede llamársele al poeta pagano y justo…

Un hombre dotado de espíritu profético y anterior a Mí, por premio de sus virtudes.

Valeria y Plautina exclaman,

preguntando:

–           ¡Oh, nuestro Virgilio!

–          ¿Y tendrá algún premio?

–           Ya lo dije.

Dios es justo.

Pero vosotras no imitéis al poeta, deteniéndoos hasta donde él llegó.

Avanzad…

Porque la Verdad, no se os ha mostrado por intuición y en parte;

sino completa…

Y os ha hablado.

Plautina sin dar respuesta,

dice:

–           Gracias, Maestro.

Nos retiramos.

Claudia nos dijo que te preguntásemos si te puede ser útil en asuntos morales.

–            Y os mandó que me preguntaseis si soy un usurpador…

–            ¡Oh, Maestro!

¿Cómo lo sabes?

–            ¡Soy más que Virgilio y que los profetas!…

–            ¡Es verdad!

¡Todo es verdad!

¿Podemos servirte?

508 Visitantes Inesperadas


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

426 Con las romanas en Cesárea Marítima. 

Jesús es huésped de la humilde familia del soguero.

Una casita baja…

Y salitrosa por la proximidad de las aguas marinas.

Detrás de la casa, unos almacenes poco fragantes,

donde se descargan las mercancías antes de que los distintos compradores las retiren.

Delante, un camino polvoriento, surcado por pesadas ruedas.

Rumoroso a causa de los descargadores, de los muchachos traviesos, de los carreteros…

De los marineros que van y vienen ininterrumpidamente.

Al otro lado del camino, una pequeña dársena, de agua oleaginosa por los detritos arrojados en ella…

Y por su inmovilidad.

De la dársena sale un pequeño puerto-canal;

que desemboca en el verdadero, amplio puerto capaz de recibir naves grandes.

Por la parte occidental, hay una plaza arenosa donde se fabrica la cuerda;

en medio de un fuerte rechinar de cabrestantes de torsión movidos a mano.

En la parte oriental otra plaza mucho más pequeña, aún más ruidosa y desordenada,

donde hombres y mujeres apañan redes y velas.

Luego casuchas bajas y salitrosas, llenas de niños semidesnudos.

Ciertamente no se puede decir que Jesús haya elegido un lugar señorial como alojamiento:

Moscas, polvo, batahola, olor de agua estancada y cáñamo puesto a remojo,

antes de ser usado son los soberanos del lugar.

Y en la casita del cordelero está el Rey de reyes…

echado con sus apóstoles encima de un montón de cáñamo sin elaborar.

Duerme, cansado…

En ese humilde cuarto,  que es medio trastero, medio almacén;

que está en la parte de atrás de la casita.

Y a través del cual se entra, por una puerta negra como el alquitrán, a la cocina también negra.

Por una puerta carcomida y corroída por el polvo y el salitre;

que le dan una tonalidad blanco-gris de pómez, se sale a la plaza donde se fabrica la cuerda.

Y de donde llegan hedores de cáñamo en maceración.

El sol azota la plaza a pesar de cuatro enormes plátanos:

dos a un lado, dos al otro, de la plaza rectangular;

bajo los cuales están los cabrestantes para retorcer el cáñamo.

No es posible saber la palabra correcta para nombrar la máquina que usan.

Los hombres, cubiertos con una túnica reducida a lo esencial para tapar lo que la decencia impone;

empapados de sudor como si estuvieran debajo de una ducha;

dan vueltas y vueltas a su cabrestante,

con movimiento continuo como galeotes condenados…

Hablan sólo lo suficiente para decir las indispensables palabras inherentes al trabajo.

Por tanto, si se quita el chirrido de las ruedas de los cabrestantes y el del cáñamo estirado en la torsión,

no hay ningún otro ruido en la plaza,.

Esto es un extraño contraste con el que hay en los otros lugares de alrededor de la casa del soguero.

Los trabajadores dan vueltas a su malacate y no se oye otro ruido al estirar el cáñamo.

Por eso sorprende, la exclamación de uno de los sogueros:

–           ¡¿Mujeres?!

Los demás lo miran,

exclamando: 

–              ¿A estas horas tan tremendas?

–             ¡Mirad!…

El sol fustiga sin piedad, en la pequeña plazoleta;

pese a los cuatro gigantescos plátanos que están en cada ángulo de la plaza rectangular.

–            Vienen justamente hacia aquí…

Bromeando, un joven soguero,

dice:

–           Tendrán necesidad de cuerdas para atar a sus maridos…

–              Tal vez pueden necesitar también cáñamo para labores.

–             ¡Mmm!

¿Del nuestro, tan tosco como es, cuando hay quien lo ofrece ya espadillado?

–             ¿Del nuestro, cuando pueden conseguir uno muy fino?

–             El nuestro cuesta menos.

¿Ves?

Son pobres…

–           Pero no son hebreas.

Mira cómo el manto es diferente.

–               Así es.

–              Acá en Cesárea Hay de todo un poco…

–              Tal vez busquen al Rabbí…

–              Estarán enfermas…

–              Mira como vienen cubiertas y con este calor.

El soguero al que todos obedecen,

dice:

–           Con tal de que no sean leprosas…

Miseria sí, pero lepra no;

no la quiero ni siquiera por resignación a Dios.

–             ¿Pero oyes lo que dice el Maestro?:

«Hay que aceptar todo lo que Dios manda».

–           Pero Dios no manda la lepra.

La mandan los pecados, los vicios y los contagios…

¡Lo único que me faltaría sería lepra en casa, con todos los hijos que tengo!…

El soguero patrón, dejando de mover el cabrestante;   

Se adelanta, para ir a su encuentro.

Y se pone en camino.

Sus compañeros lo siguen…

Diciendo:

–           Vamos también a oír qué dicen,.

–           Para saber lo que quieren…

Las mujeres han llegado ya por detrás no de estos que hablan.

Y que están en el lado opuesto de la plaza;

sino de los que están en la parte cercana de la casa…

Y a las mujeres les quedan más próximos, para llegar a ellos.

Una de ellas se inclina, para decir algo a uno de los sogueros…

El cual se vuelve, asombrado.

Y se queda un momento donde está…

Como atolondrado.

Luego va con el capataz de los trabajadores.

Y habla con él…

El cordelero capataz, dirigiéndose al soguero patrón,

cuando éste ha llegado hasta el pequeño grupo;

Le informa:

–             Simón, esta mujer desea algo…

Pero habla en una lengua extranjera.

Háblale tú que has navegado…

Tratando de ver su cara, bajo el velo oscuro,

Simón pregunta con voz ronca,

en latín culto:

–           ¿Qué quieres?

Ella responde en un griego clásico:

–           Al Rey de Israel.

Al Maestro.

–           ¡Ah!

Comprendo.

¿Pero… sois leprosas?

–               No.

–               ¿Quién me lo puede asegurar?

–               Él mismo.

Pregúntale a Él.

El hombre duda…

Realmente no sabe qué hacer…

Luego dice:

–            Bien.

Haré un acto de Fe y Dios me protegerá.

Lo voy a llamar.

Quedaos aquí.

dudando

Las cuatro mujeres, no se mueven:

Son un grupo extraño, ceniciento y mudo.

Que son observadas con estupor y con manifiesto temor, por parte de los sogueros;

que se han agrupado a algunos pasos de distancia.

E1 hombre va al almacén y toca a Jesús…

Que duerme.

Le dice:

–            Maestro…

Sal afuera.

Te buscan.

Jesús se despierta y se levanta enseguida,

preguntando:

–            Quién?

–            ¡Mmm!…

Mujeres griegas.

Tapadas completamente…

Dicen que no son leprosas…

Y que Tú me lo puedes asegurar…

Jesús dice:

–            Voy enseguida.

Se anuda las sandalias que se había quitado.

Se ata la túnica en la parte del cuello y se ciñe el cinturón.

Que también se había quitado para estar más libre y poder dormir mejor.

Y sale al encuentro de las mujeres.

Caminando junto con el soguero.

Las mujeres hacen ademán de ir hacia Él.

Simón les ordena:

–            ¡Estad ahí, os digo!

No quiero que caminéis por donde juegan mis hijos…

Primero quiero que Él diga que estáis sanas.

Las mujeres se detienen.

Jesús se acerca a ellas.

La más alta, que no había hablado antes.

Dice en voz baja una palabra.

Jesús se vuelve al soguero:

–            Simón, puedes estar tranquilo.

Las mujeres están sanas y necesito escucharlas en paz.

¿Puedo entrar en la casa?…

–            No.

Está la vieja, que es más charlatana y curiosa que una urraca.

Ve allá al final, debajo del cobertizo de los pilones.

Hay también una pequeña bodega.

Allí estarás solo y en paz.

Jesús dice a las mujeres:

–             Venid…

Y va con ellas al final de la plaza, debajo del hediondo cobertizo,.

Dentro del cuarto, estrecho como una celda;

donde guardan herramientas rotas, trapajos, sobras de cáñamo, telas de araña gigantescas.

Donde el olor de la maceración y del moho raspan la garganta, de lo penetrantes que son.

Jesús, que está muy serio y pálido;

con una sonrisa de disculpa…

Mientras dice:

–         No es un lugar apropiado para ustedes.

Pero no dispongo de otra cosa.

Ellas se quitan el velo y el manto.

Y se descubre que son Plautina, Livia, Valeria y la liberta Álbula Domitila.

 

507 El Tiempo y la Libertad


507 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

425a Parábola de los hijos con destinos distintos.

Jesús sigue caminando.

Triste, porque oyó las últimas palabras de Ennio.

Y desde lo alto de su estatura, mira con infinita compasión a los esclavos que corren bajo sus pesos.

Se vuelve en torno a sí, busca otras caras de esclavos de romanos…

Ve algunas, mezcladas entre la turba que le aprieta, temblorosas de pavor.

Porque los esclavos tienen miedo a ser sorprendidos por los encargados u obligados por los hebreos a marcharse.

Y deteniéndose, dice:

–             ¿No hay entre vosotros alguno de aquella casa?

Los esclavos responden:

–            No, Señor.

–           Pero los conocemos.

Jesús se vuelve hacia su apóstol:

–           Mateo, dales abundante limosna.

Lo repartirán con sus compañeros, para que sepan que hay quien los quiere.

Y vosotros sabed…

Y decídselo a los otros, que con la vida cesa el dolor sólo para los que fueron buenos y honestos en sus cadenas.

Y con el dolor cesa la diferencia entre ricos y pobres, esclavos y libres.

Después hay un único y justo Dios para todos.

El Cual, sin tener en cuenta riquezas ni cadenas, dará premio a los buenos y castigo a los no buenos.

Recordadlo.

Un anciano, al que todos escuchan como jefe,

dice:

–             Sí, Señor.

Pero nosotros los de las casas de Claudia y Plautina vivimos bastante felices, como también los de Livia y Valeria.

Y te bendecimos porque has mejorado nuestra condición.

–             Para mostrarme que me estáis agradecidos, sed cada vez más buenos.

Y tendréis al verdadero Dios como vuestro eterno Amigo.

Jesús levanta la mano como para despedirse y bendecir.

Luego se pone junto a una columna y empieza a hablar, en medio del atento silencio de la muchedumbre.

Y ya no se marchan los esclavos, sino que se quedan a escuchar las palabras que salen de la boca divina.

–              Oíd.

Un padre que tenía muchos hijos dio a cada uno de ellos, ya adultos, dos monedas de mucho valor,.

Y les dijo: «No pienso seguir trabajando para cada uno de vosotros.

Ya estáis en la edad de ganaros la vida.

Por tanto os doy a cada uno una cantidad igual de dinero,

para que la empleéis como más os plazca y para vuestro interés.

Yo estaré esperando aquí, dispuesto a aconsejaros;

dispuesto también a ayudaros,

si por una involuntaria calamidad perdierais todo el dinero que ahora os doy o parte de él.

Pero recordad bien que seré intransigente con el que lo disipe con malicia voluntaria

y con los holgazanes que lo gasten o lo dejen como está, con el ocio o con los vicios.

A todos os he mostrado el Bien y el Mal.

Así que no podéis decir que vais ignorantes al encuentro de la vida.

A todos os he dado ejemplo de laboriosidad sabia y justa y de vida honesta.

Por tanto, no podéis decir que os haya pervertido el espíritu con mi mal ejemplo.

He cumplido con mi deber.

Cumplid vosotros ahora con el vuestro,

que ni sois tontos ni estáis sin la necesaria preparación ni sois analfabetos. Idos»

Se despidió de ellos y se quedó solo, a la espera, en su casa.

Los hijos se dispersaron por el mundo.

Tenían todos las mismas cosas:

dos monedas de gran valor, de las que podían libremente disponer,…

Y un tesoro mayor de salud, energía, conocimientos y ejemplos paternos.

Por tanto, habrían debido llegar todos de la misma forma a un resultado positivo.

Pero ¿Qué sucedió?

Que entre los hijos hubo quien hizo buen uso de las monedas y consiguió pronto un grande

y honesto tesoro con el trabajo asiduo y honesto.

Y una vida moderada, conformada a las enseñanzas del padre.

Hubo quien al principio se enriqueció honestamente, pero luego despilfarró la fortuna con el ocio y las orgías.

Hubo quien hizo dinero con usura y comercio indigno.

Y hubo quien no hizo nada, porque fue pasivo, perezoso, vacilante…

Y acabó las monedas de mucho valor sin haber podido encontrar todavía una ocupación cualquiera.

Después de un tiempo,

el padre de familia mandó servidores a todas las partes donde sabía que estaban sus hijos.

Y dijo a los servidores:

«Diréis a mis hijos que se reúnan en mi casa.

Quiero que rindan cuentas de lo que han hecho en este tiempo…

Y hacerme idea directa de sus condiciones».

Y los servidores fueron por todos los lugares.

Encontraron a los hijos de su señor;

transmitieron el mensaje y cada uno de ellos regresó con el hijo de su señor encontrado.

El padre de familia los recibió con mucha solemnidad.

Como padre, pero también como juez.

Y todos los parientes de la familia estaban presentes.

Y con los parientes los amigos, los conocidos, los criados, los convecinos y los de los lugares limítrofes.

Una reunión solemne.

El padre estaba en su sitial de cabeza de familia.

En torno, en semicírculo, todos los parientes, amigos, conocidos, servidores,

convecinos y habitantes de zonas limítrofes.

Enfrente, alineados, los hijos.

Incluso sin preguntas, su diverso aspecto daba respuesta acerca de la verdad:

Los que habían sido laboriosos, honrados, morigerados…

Y habían construido una santa fortuna;

tenían el aspecto lozano, pacífico y holgado propio de quien tiene abundantes medios,

buena salud y serenidad de conciencia.

Miraban a su padre con una sonrisa buena, agradecida, humilde pero al mismo tiempo triunfadora;

esplendorosa por la alegría de haber honrado al padre y a la familia.

Y por haber sido buenos hijos, buenos ciudadanos y buenos fieles.

Los que habían derrochado sus haberes en la negligencia o en el vicio;

estaban apesadumbrados, mustios, deslucidos la cara y el vestido, con las señales de las orgías

o del hambre claramente imprimidas en todos ellos.

Los que se habían enriquecido con maniobras delictivas tenían la agresividad, la dureza, en su rostro,

la mirada cruel y turbada de fieras que temen al domador y se preparan a reaccionar…

El padre empezó el interrogatorio por estos últimos:

«¿Cómo es que vosotros, que teníais un aspecto tan sereno cuando os marchasteis…

ahora parecéis fieras preparadas a despedazar?

¿De dónde os viene ese aspecto?».

Los hijos malos, respondieron:

«Nos lo ha dado la vida.

Y tu dureza de mandarnos fuera de casa.

Tú nos pusiste en contacto con el mundo».

«.Bien.

¿Y qué habéis hecho en el mundo?»

«Lo que hemos podido para obedecer a tu orden de ganarnos la vida con la nada que nos diste.”

«Bien.

Poneos en aquel rincón…

Luego miró a los holgazanes, diciendo:

Y ahora a vosotros, delgados, enfermos y mal vestidos.

¿Qué habéis hecho para acabar así?

Cuando os marchasteis estabais sanos y bien vestidos».

«En diez años la ropa se deteriora…» objetaron los holgazanes.

«¿Es que ya no hay telares en el mundo que hagan telas para los indumentos de los hombres?».

«Sí… Pero se necesita dinero para comprar estas cosas…».

«Lo teníais.”

«En diez años… se terminaron.

Todo lo que tiene principio tiene fin».

«Sí, si se saca sin meter.

Pero, ¿Porqué habéis sólo sacado?

Si hubierais trabajado, podíais meter y sacar sin que se terminara el dinero;

es más, consiguiendo que aumentara.

¿Habéis estado enfermos?».

«No, padre».

«¿Y entonces?».

«Nos sentimos desorientados…

sin saber qué hacer, sin saber qué fuera lo bueno…

Temíamos actuar mal, y para no actuar mal no hicimos nada'».

«¿Y no estaba vuestro padre a quien dirigirse para ser aconsejados?

¿Es que he sido alguna vez un padre intransigente, amedrentador?».

«¡Oh, no!

Pero nos avergonzábamos de decirte:

No somos capaces de tomar iniciativas’.

¡Tú has sido siempre tan activo!…

Nos hemos escondido por vergüenza».

«Bien. Id al centro de la estancia. 

El padre miró a otro grupo:

¡A vosotros!

¿Qué me decís vosotros, vosotros que al aspecto del hambre unís el de la enfermedad?

¿Quizás os ha enfermado el excesivo trabajo?

Sed sinceros y no os regañaré».

Algunos de los interpelados se hincaron de rodillas golpeándose el pecho y diciendo:

«¡Perdónanos, padre!

Ya Dios nos ha castigado…

Y nos lo merecemos.

Pero tú, que eres nuestro padre, perdónanos…

Habíamos empezado bien, pero no perseveramos.

Viéndonos fácilmente ricos, dijimos:

`Pues bien, ahora vamos a gozar un poco, como nos sugieren los amigos…

Luego volveremos al trabajo y reconstruiremos lo perdido’.

Y queríamos hacerlo así de verdad.

Volver a las dos monedas y luego volver a hacerlas producir, como por juego.

Y dos veces – dos dicen dos, uno dice tres – lo conseguimos.

Pero luego la suerte nos abandonó…

Y consumimos todo el dinero».

«Pero ¿Por qué no os corregisteis después de la primera vez?”

«Porque el pan condimentado con el vicio corrompe el paladar…

Y ya uno no puede prescindir de él…”

«Estaba vuestro padre…”

«Es verdad.

Y te anhelábamos con añoranza y nostalgia.

Pero te hemos ofendido…

Suplicábamos al Cielo que te inspirara llamarnos para recibir tu reprensión y tu perdón…

Esto pedíamos y pedimos, más que las riquezas que ya no queremos porque nos han extraviado».

«Bien.

Poneos también junto a los de antes, en el centro de la estancia.

¿Y vosotros, enfermos y pobres como éstos, pero que estáis silenciosos y no mostráis dolor, qué decís?».

«Lo que han dicho los primeros.

Que te odiamos porque con tu imprudente modo de actuar nos has causado la ruina.

Tú, que nos conocías, no debías lanzarnos a las tentaciones.

Nos has odiado y te odiamos.

Nos has preparado esta trampa para librarte de nosotros.

¡Maldito seas!».

Bien.

Id junto a los primeros a aquel rincón.

Y ahora a vosotros, de lozano aspecto:

serenos, ricos hijos míos.

Decid.

¿Cómo habéis alcanzado esto?».

«Poniendo en práctica tus enseñanzas, ejemplos, consejos, órdenes, todo.

Resistiendo a los tentadores por amor a ti, padre bendito que nos has dado la vida y los conocimientos».

«Bien.

Venid a mi derecha.

Y oíd todos mi juicio y mi defensa.

Yo he dado a todos igual en dinero, ejemplo y conocimientos;

mis hijos han respondido de formas diferentes.

De un padre trabajador, honrado, morigerado, han salido algunos semejantes a él.

Luego ociosos, luego débiles que con facilidad caen en tentación.

Que han sido crueles,.

Que odian a su padre, a sus hermanos y al prójimo, contra quien – aunque no lo digan, lo sé –

han ejercitado usura y han cometido delitos.

Y en los débiles y los ociosos están los arrepentidos y los impenitentes.

Ahora juzgo.

Los perfectos ya están a mi derecha, a mi nivel en la gloria como en las obras.

Los arrepentidos estarán de nuevo sujetos, como niños que han de instruirse todavía;

hasta que alcancen el grado de capacidad que los haga de nuevo adultos.

Los impenitentes y culpables, que sean arrojados fuera de mis fronteras

y perseguidos por la maldición de quien ya no es su padre,

porque su odio a mí anula las relaciones de paternidad y filiación entre nosotros.

Y recuerdo a todos que cada uno se ha construido su destino,

porque yo he dado a todos las mismas cosas,

que, en los que las han recibido, han producido cuatro desenlaces distintos.

Y no puedo ser acusado de haber querido su mal».

La parábola ha terminado.

¡Oh vosotros que habéis escuchado!

Ahora os doy sus equivalencias.

El Padre de los Cielos está oculto en el padre de familia numerosa.

Las dos monedas dadas por el padre a todos los hijos antes de mandarlos al mundo,

son el tiempo y la libre voluntad, que Dios da a cada uno de los hombres,

para que los use como mejor le parezca,

después de haber sido adoctrinado y edificado con la Ley y los ejemplos de los justos.

A todos, iguales dones.

Pero cada hombre los usa como su voluntad quiere:

Quién atesora el tiempo, los medios, la educación, la riqueza;

todo, en el bien y se mantiene sano y santo,;

rico con una riqueza multiplicada.

Quién empieza bien y luego se cansa y disipa los bienes;

quién no hace nada pretendiendo que sean los demás los que hagan las cosas;

quién acusa al Padre de los propios errores;

quién se arrepiente, dispuesto a ofrecer reparación;

quién no se arrepiente.

Y acusa y maldice, como si su ruina hubiera estado forzada por otros.

Y Dios a los justos les da inmediatamente premio;

a los arrepentidos, misericordia…

Y tiempo de expiar para alcanzar el premio por su arrepentimiento y expiación.

Y da maldición y castigo,

a quien pisotea el amor con la impenitencia después del pecado.

A cada uno le da lo suyo.

No malgastéis nunca las dos monedas:

el tiempo y el libre arbitrio.

Antes bien, usad éstos con justicia, para estar a la derecha del padre.

Y si habéis faltado, arrepentíos y tened fe en el misericordioso Amor.

Idos.

¡La paz esté con vosotros!

Los bendice y los mira mientras se alejan bajo el sol que inunda la plaza y las calles.

Pero los esclavos están todavía allí…

–            ¿Todavía aquí, pobres amigos?

¿Y no os van a castigar?

–             No, Señor…

Si decimos que te hemos estado escuchando a Ti.

Nuestras amas te veneran.

¿A dónde vas ahora, Señor?

Desean verte desde hace mucho…

–           A casa del cordelero del puerto.

Pero me marcho esta noche.

Y vuestras amas estarán en la fiesta…

–             Lo diremos igualmente.

Nos tienen ordenado, desde hace meses y meses, que señalemos todas las veces que pases.

–             De acuerdo.

Marchaos.

Y también vosotros haced buen uso del tiempo y del pensamiento;

que es siempre libre aunque el hombre esté encadenado.

Los esclavos se prosternan y se marchan hacia los barrios romanos.

Jesús y los suyos, por una callecita modesta, van hacia el puerto.

506 Una Conversación Mundana


506 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

425 En Cesárea Marítima. Los romanos mundanos

Desde la cima de las colinas, se ve la costa mediterránea.

Las ciudades marítimas aparecen envueltas en la blancura de sus casas entre el verdor de la floresta y el azul del mar…

En el que se refleja el azul del Cielo.

Acaba de amanecer y después de haberse pintado la aurora de color rosado, la tiñe después de azul.

Y la brisa matinal sacude el rocío con las primeras caricias del sol, esparciendo el aroma de las flores y del mar.

La ciudad de Cesárea se ve recostada en la orilla.

Hermosa como lo son todos aquellos lugares en que la gloria de la cultura romana ha echado raíces.

Termas y palacios de mármol blanquean, como bloques de nieve aprisionada en los barrios más cercanos al mar.

A estos palacios hace guardia una torre blanca, alta, cuadrada, situada en dirección al puerto…

Que parece vigilarlo montando guardia.

Alrededor hay muchas casas más modestas de estilo hebreo, con viñas y jardines colgantes sobre las terrazas.

Y muchos árboles con el follaje cuidadosamente arreglado.  

Cesárea tiene vastos mercados cerca de las plazas, donde forma una imagen calidoscópica de rostros, colores y géneros…

A los que afluyen productos alimenticios finos para las refinadas mesas romanas.

Junto con los alimentos más comunes, traídos de las ubérrimas campiñas que rodean al puerto.

De esta forma se concentran ordenadamente, los almacenes para los alimentos más ricos, importados de todas partes. del mundo.

Bien sea de las distintas colonias romanas o de la distante Italia…

Para hacer menos penosa la ausencia de la lejana Patria.

Y los almacenes de los vinos o de las exquisiteces culinarias traídas de otros lugares, están bajo profundos pórticos.

Porque a los romanos no les gusta que el sol los queme, ni que los mojen las lluvias;

mientras buscan para sus paladares refinados los alimentos que consumirán en los banquetes.

Pues al ser epicúreos en el gusto del paladar…

Ello no debe faltar al respeto a los otros miembros de la sociedad, que tan cuidadosamente custodian.

Así que las sombras de pórticos frescos, arcos protectores para las lluvias que conducen desde el barrio romano…

Pues casi todo está construido en torno al palacio del Procónsul.

Que de esta manera está circundado entre la vía litoral y la plaza de los edificios militares y telonios.

En los almacenes romanos cercanos a los mercados de los judíos.

Hay mucha gente bajo estos pórticos…

Que, si bien no son bonitos en esta parte extrema suya que desemboca en los mercados;

cómodos sí que son;

tanto para transitarlos, como para encontrar lo que el cliente desea.

Se puede ver gente de todos los tipos:

Esclavos y libertos.

Y también algún que otro epicúreo señor circundado de esclavos…

Que dejando su litera en la vía, va indolente de una tienda a otra…

Comprando cosas que los esclavos recogen para llevarlas a casa.

Los mercados de Cesárea están llenos de todo género de artículos y de mercaderías traídas de todas partes del imperio. 

Hay mucha gente en la parte sur de los mercados y en sus cómodos pórticos.  

Son de todas las clases sociales y realizan sus compras con algarabía y disfrutando de todo lo que hay.

De esta manera, se escuchan…

Las consabidas ociosas conversaciones, cuando dos patricios romanos se encuentran:

Hablando del tiempo…

Del aburrimiento de la ciudad, que no ofrece las satisfacciones de la Italia lejana…

Añoranzas de espectáculos grandiosos, programas de festines y conversaciones licenciosas.

Un romano muy elegante a quién preceden unos diez esclavos cargados con bolsas y paquetes…

se encuentra con los dos patricios.

Al aproximarse, hay saludos mutuos:

–             ¡Salve, Ennio!

–             ¡Salve, Floro Tulio Cornelio!

–             ¡Salve, Marco Heracleo Flavio!

–             ¿Cuándo regresaste?

–             Anteayer al amanecer y rendido de cansancio.

El joven llamado Floro le dice con sorna:

–           ¿En qué te has fatigado?

¿Desde cuándo te has puesto a trabajar?

–            No te burles, Floro Tulio Cornelio.

Todavía ahora estoy sudando a causa de mis amigos.

El mayor, llamado Marco Heracleo Flavio,

le replica:

–           ¿Por tus amigos?

No te hemos pedido nada.

¿Por qué somos causantes de tu fatiga?

Ennio contesta:

–            Porque mi corazón está pendiente de vosotros.

¡Qué duros sois conmigo, que me preocupo por vosotros!

Y señalándolos, agrega:

¿Veis vosotros, crueles que os burláis de mí, esta fila de esclavos cargados con mercancías?

Otros los han precedido con otros pesos.

Y todo para vosotros.

Para daros honores.

Los otros antes que ellos, ya se fueron.

Los amigos protestan ruidosamente:

–           ¿Es esto lo que llamas trabajo?

–           ¿Un banquete?…

–           ¿Y por qué razón?

–           ¡Pssst!

¡Qué gritería entre nobles patricios!

¡Chist!

¡No es correcto un alboroto como éste entre nobles senadores!

Os parecéis a la plebe de esta ciudad donde nos consumimos en…

Marco replica:

–            Orgías y ocio.

Que no hacemos sino eso.

Todavía me pregunto:

¿Para qué estamos aquí?

¿Qué misiones tenemos?

Entre sí respectivamente se responden:

–            Morir de aburrimiento es una.

–            Enseñar a vivir a estas plañideras quejumbrosas es otra.

–            Y…

Sembrar a Roma en los sagrados senos de las mujeres hebreas es otra más.

–             Y otra es gozar aquí como en otras partes, de nuestra riqueza y poder;

al cual todo le está permitido.

Los tres se alternan como por una letanía….

Y ríen finalizando: 

–           Os parecéis a esta gente…

Sólo en que todos morimos.

–          Orgías y descanso que son nuestros compañeros inseparables.  

–           Todavía me pregunto,

¿Por qué estamos aquí?

¿Qué es lo que debemos hacer?

–            Una de las cosas que tenemos que hacer es morir de fastidio.

–             Porque enseñar a vivir a estas lloronas, es otra cosa muy distinta.

–           Y gozar aquí como en cualquier otra parte de nuestras rentas;

de nuestro poder al que todo se permite, es cosa muy diversa.

Los tres se entrelazan en  una conversación llena de intención y de picardías…

De la que brota la carcajada abierta…

De pronto, el joven Floro deja de reír.

Se pone serio.

Y frunciendo el ceño, su expresión se oscurece,

mientras dice:

–           Hace ya algunos meses que una sombra ha caído sobre la alegre corte de Pilatos.

Las mujeres más hermosas, parecen castas vestales.

Y sus maridos las secundan en su caprichosa extravagancia;

lo que roba demasiado placer a nuestras holganzas.

Ello quita mucho a las habituales fiestas…

–            ¡Ya!

Ennio dice:

–         Es cierto…

Y todo por seguir el capricho de ese burdo campesino Galileo…

Pero pronto se les pasará…

Marco responde:

–           Te engañas Ennio.

Tengo entendido que también Claudia ha caído en sus redes.

Y por eso…

Una estrambótica moderación de costumbres se ha apoderado de su palacio.

Pareciera que ha revivido la austera Roma Republicana…

–             ¡Ufff!

¡Qué aburrimiento!

–            Sí, una verdadera desgracia.

–            ¿Pero desde cuándo?

Floro contesta:

–          Desde el dulce Abril, propicio a los amores.

Tú no lo sabes, estabas ausente.

Nuestras damas regresaron tan fúnebres, como las plañideras de las urnas cinerarias.

Y nosotros los pobrecitos hombres, tenemos que buscar en otras partes, muchos consuelos…

Que ni siquiera se nos permiten en presencia de las que se han vuelto tan púdicas.

–          Una razón más para que os socorra.

Esta noche haré una gran cena…

Y además tendremos una grandiosa orgía en mi casa.

Estuve en Cintium y allí encontré delicias que estos apestosos tienen por inmundas:

Pavos reales, perdices, grullas y zancudas de todas clases.

Jabalís pequeños para nuestros gustos refinados…

La madre cazada y ellos cogidos vivos y criados para nuestras cenas.

Y ¡Tantos vinos!…

Vinos exquisitos de las colonias romanas.

¡De mis posesiones en las playas asoleadas de Aciri!…

Perfumados vinos de Quío y de la isla de la que Cintium es la piedra preciosa.

Vinos generosos de Iberia, tan buenos para poner fuego en las venas, para cuando llega la hora culminante…

¡Ah, delicados, preciosos vinos de las colinas romanas, de mis cálidas pendientes de Liternum!

También aromáticos vinos de Quío y de la isla en que Cintium es la gema.

¡Sin que falten los embriagadores vinos de Iberia, propicios para encender la sensualidad para el goce final….!

¡Oh, tiene que ser una gran fiesta!

Para sacudirnos el aburrimiento de este exilio.

¡Para sentir que estamos vivos!

Para persuadirnos de que somos todavía viriles…

Marco pregunta:

–             ¿Habrá también mujeres’?

–              ¡Bastantes!…  

Entre los que vienen mujeres bellas y blancas, como las azucenas…

Y mucho más bonitas que las rosas.   

Hermosas mujeres de todos los colores y… sabores.

Un tesoro me ha costado adquirir todas las mercancías.

¡Oh!

Y entre ellas las hembras…

¡Porque soy generoso para los amigos…!

Acabo de hacer aquí las últimas compras;

que no hice antes, para que no se echaran a perder en el viaje. 

¡Después del banquete…!

¡Ah! Nosotros nos deleitaremos con el el amor!…

–             ¿Has tenido buena navegación?

–             Magnífica.

Venus marina me fue propicia.

Por lo demás es a ella a quién dedico el rito de esta noche…

–           ¡Oh!

¡Será una gran fiesta para ahuyentar el fastidio de este destierro!…

–           ¡Para convencernos de que todavía somos viriles!…

Los tres ríen alegremente gustando por anticipado sus sensuales fantasías…

Floro pregunta:

–          ¿Por qué motivo harás esta fiesta tan extraordinaria?

–           Por tres motivos:

Mi amado nieto se pondrá en estos días la toga viril y debo dar solemnidad a este acontecimiento.

Y luego festejarlo cómo es meritorio. 

Una obediencia al presagio que me decía que Cesárea se transformaría en dolorosa morada…

Y había que conjurar el hado con un rito a Venus, para disipar la tristeza.  

El tercero…

Os lo diré en voz baja:

Estoy de bodas…

Los dos amigos dicen al mismo tiempo:

–           ¿Tú?

–           ¡Eres un mentiroso!

Ennio hace un gesto de deleite anticipado,

y afirma:

–           De veras.

Está uno de bodas cuando se da el primer sorbo a un ánfora cerrada.

Esta noche lo haré.

He pagado por ella veinte mil sextercios o, si lo preferís, doscientos áureos.

Porque en realidad es lo que he terminado por desembolsar entre intermediarios y… similares. 

La compré con doscientas monedas de oro.  

Pero no la habría encontrado más hermosa y pura;

ni aunque la hubiera dado a luz Venus en una aurora de Abril.

Y la hubiera hecho de espumas y rayos de oro.  

Un capullo, un verdadero capullo cerrado…

¡Ah, y yo soy su dueño! 

Ni Venus hubiera sido capaz de parir tal preciosidad:

Es bella como la aurora.

Blanca y de cabellos rubios como el oro.

Pura y hermosa como ninguna.

¡Es un botón!

Un capullo cerrado.

¡Ah!

¡Y  yo soy su dichoso dueño!…

Marco Heracleo dice bromeando:

–           ¡Profanador! 

–           ¡No la hagas de censor, que eres igual que yo…!

Cuando se fue Valeriano aquí languidecíamos de aburrimiento.

Todos nos moríamos de fastidio y de cansancio.

Yo entro ahora en su lugar

Los tesoros de los antepasados están para esto.

Y no voy a ser como él;

tan necio que espere a que la más rubia que la miel, Gala Ciprina, la he llamado así…

Sea corrompida por las melancolías y filosofías de los enervados que no saben gozar de la vida…

Los tesoros de nuestros antepasados para esto sirven:

Para disfrutarlos.

No esperaré a que ese capullo de Alhelí, se me muera de nostalgia…

Floro exclama:

–            ¡Bravo!

Pero…

La esclava de Valeriano era docta y…

Ennio lo interrumpe:

–          ¡Y estaba desquiciada con la lectura de sus filósofos!

Pero, ¿Quién piensa en el alma, en la otra vida y en virtudes?…

¡Vivir es gozar!…

Y aquí se vive.  

Y nosotros estamos vivos.

Ayer eché al fuego, todos esos funestos rollos.

Y bajo pena de muerte he ordenado a los esclavos, que no vuelvan a acordarse de míseros filósofos y galileos.

Ese capullo tan solo me conocerá a mí…

–            ¿Dónde la encontraste?

–            Hubo alguien sagaz que compró esclavos después de las guerras gálicas.

Los eligió con perfección y los usó tan solo como reproductores;

alimentándolos bien y tratándolos mejor.

Lo único que tenían que hacer era procrear flores nuevas de suprema belleza…

Y Gala es una de éstas.

Ya es púber.  

El dueño me la vendió…

Y yo la compré…

¡Ja, Ja, Ja!…

–            ¡Libidinoso!

–             Si no la compraba yo, otro la hubiera comprado…

Por eso no debió haber sido mujer…

–          Si te oyese…

De pronto el patricio se interrumpe y…

Marco exclama:

–           ¡Oh! ¡Míralo!

Enio pregunta:

–           ¿A quién?

–            El Nazareno que ha hechizado a nuestras damas.

Está detrás de ti…

Ennio se vuelve como si en la espalda tuviese un áspid.

Mira a Jesús, que avanza lentamente entre la gente que se apiña alrededor de Él. 

Gente pobre en la que hay también esclavos romanos.  

Y riendo maliciosamente, lanza una sarcástica carcajada…

Enio pregunta:

–          ¿Ese andrajoso?

Las mujeres son unas depravadas.

Pero vámonos antes de que nos hechice también a nosotros.

Y volviéndose a por fin a sus pobres esclavos, que han estado todo el tiempo bajo sus cargas;

semejantes a cariátides para las cuales no hay piedad,

agrega:

–            Vosotros habéis estado perdiendo el tiempo hasta ahora…

¡Raudos!  

Que los preparadores están esperando las especias y los perfumes. 

Daos prisa.

¡Corriendo!

Acordaos que está el látigo, si no está todo listo para el crepúsculo.

Los esclavos se van a la carrera.

Y con toda lentitud, los siguen los tres patricios.

Jesús, que oyó las últimas palabras de Ennio; 

sigue caminando triste…

Viendo con infinita compasión a los esclavos, que corren con su carga. 

La Gran Tribulación


PROFECÍAS Y REVELACIONES

Febrero 14 de 2012   2:05 P.M.

Llamado urgente de la Santísima VIRGEN  MARÍA 

Hijitos de mi corazón, que la paz de Dios esté con todos vosotros y mi protección maternal os acompañe siempre.

Cada día que pasa se acerca más la Humanidad a los acontecimientos descritos en la Santa Palabra de Dios.

El brazo de mi Padre ha comenzado a descargarse sobre muchas naciones;

gritos de guerra comienzan a escucharse,

el hombre en su egoísmo y soberbia traerá la muerte y la desolación.

Orad mis pequeñitos, porque los reyes de este mundo se han puesto de acuerdo…

Y quieren exterminar gran parte de la Humanidad.

Todos los conflictos internos que se están presentando en muchas naciones,

van a desencadenar en guerras;

todo esto está orquestado y planeado por los emisarios del Mal,

que quieren desestabilizar la paz,

Y DAR INICIO A LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

Detrás de todo esto está mi Adversario y sus agentes terrenales,

que buscan acabar con gran parte de la población mundial.

Hay todo un complot para que se de inicio a una guerra a mayor escala,

que sería catastrófica para la Creación y la Humanidad.

Hijitos, os anuncio con tristeza que dentro del Vaticano,

también hay fuerzas oscuras que quieren desestabilizar la Iglesia de mi Hijo,

PARA DESENCADENAR UN CISMA ECLESIÁSTICO

Que traería consecuencias muy nefastas al mundo católico.

Muchas almas se perderían por la DESOBEDIENCIA de muchos de mis predilectos,

que quieren una NUEVA IGLESIA

apartada del Evangelio y la doctrina de mi Hijo.

Orad por nuestro Benedicto de nuevo os lo pido,

porque muchos dentro del Vaticano quieren acortar sus días de pontificado,

para sentar en la silla de Pedro un nuevo Papa;

aduciendo que la salud del Papa Benedicto es precaria

y que ya no está en condiciones de dirigir la Iglesia.

Sentarían en la silla de Pedro un nuevo Papa,

que no seguiría las enseñanzas del Espíritu,

y no sería nombrado bajo la luz y sabiduría de Dios.

Sería un Papa nombrado por los cardenales rebeldes,

bajo la orientación de mi Adversario.

Todo esto desencadenaría en un cisma;

la Iglesia se dividiría en dos bandos,

uno fiel al actual Papa y otro fiel al Papa rebelde.

Orad pues hijitos, para que esto no suceda antes del tiempo señalado por la voluntad de Dios.

Haced una cadena de oración a nivel mundial con el rezo de mi Santo Rosario,

para frenar el curso de estos acontecimientos que están por desencadenarse.

De nuevo os digo:

La sucesión de conflictos armados en diferentes países, desencadenarían la Guerra

y la división en el interior de la Iglesia, traería el cisma

y la aparición antes de lo descrito del Ser de Iniquidad. (el ANTICRISTO)

Hijitos míos, no me abandonéis, rezad conmigo mi Santo Rosario,

para detener los planes de mi Adversario y sus emisarios del Mal.

Hago un llamado urgente a mis hijos predilectos fieles al ministerio sacerdotal,

a las legiones que lleváis mi nombre, al ejército militante, a los religiosos y religiosas,

a las almas consagradas y al mundo católico en general.

ES HORA DE QUE ACOMPAÑÉIS A ESTA MADRE

Que la paz de Dios inunde nuestros corazones y la luz del Espíritu os guíe a la verdad.

Vuestra Madre:

María Señora de todas las naciones.

Mayo 14 de 2010 – 10:15 p.m.

¡Llamado URGENTE de DIOS PADDRE a la Humanidad!

Hijos míos, que mi paz esté con vosotros y la luz de mi Espíritu os guíe.

Tiempos de guerra y desolación están cerca.

Llegaré como ladrón en la noche y a muchos encontraré dormidos.

¡MILLONES SE PERDERÁN!

Todos aquellos que NO están inscritos en el Libro de la Vida,

tienen sus días contados.

El gran país del Norte, invadirá a Persia,…

Sus corceles y su armada traerán desolación y muerte;

su ansia de poder y expansionismo, despertarán a un león dormido.

Del oriente se levantará el Dragón Rojo y escupirá fuego por su boca;

el destructor de naciones se pone en marcha…

Abandona su morada para reducir un país a un desierto.

Las ciudades serán arrasadas, despobladas…

Y el humo de muerte cubrirá toda mi Creación.

¡Gemid y lamentaos hijas de Sión, por el día aquel dice el Señor!

Porque desfallecerá el corazón de los reyes de la tierra.

Los sacerdotes quedarán consternados y estupefactos los profetas.

Los enemigos llegan de un país lejano; lanzan sus gritos contra las ciudades.

¡Ay de ti, Jerusalén, tu conducta y tus acciones te han merecido esto!.

En el cielo cabalga justiciero Ajenjo,

se acerca como jinete apocalíptico,

viene a restablecer el orden y a limpiar mi Creación de toda mala hierba.

Trae la desolación, su fuego abrasador purificará las entrañas de mi Tierra.

¡Oh hijas de Sión; recoged a vuestras crías!

¡Agrupadlas, porque las trompetas de mi Justicia están por sonar!

Haced vuestras cuentas; tenedlas claras, porque mi Ángel Justiciero se acerca.

MI CREACIÓN GIME

LAS ESTRELLAS SE CONSTERNAN

AL PASO DE MI ARDIENTE IRA

¡Levantaos montes y collados, aves del cielo y criaturas todas!

¡Porque el día grande y terrible del Señor se acerca!

La Barca de mi Misericordia ya se aleja;

apresuraos prosélitos;

CORRED REMISOS

PORQUE LA AMNISTÍA Y EL PERDÓN

SE VAN CON ELLA

Soy vuestro Padre:

Jesús de la Misericordia.

Dad a conocer mis mensajes hijos míos,

porque el día está feneciendo y la Noche está que llega.

Octubre 20 de 2010 9:30 A.M.

Hijos míos, pueblo de Dios, que mi paz esté con vosotros.

Pueblo mío; orad, orad, con mi Rosario de la Misericordia Infinita,

porque el mal se cierne sobre mi Creación y mis criaturas.

No os canséis de orar y alabar a vuestro Padre que está en los cielos,

PARA QUE DETENGA EL CURSO DE LA GUERRA

que traería consecuencias catastróficas para la creación y la humanidad.

Pueblo mío:

El gran país del norte, junto con sus aliados y otras organizaciones,

planean invadir a Persia;

esto traería la guerra, la desolación y la muerte de millones de seres humanos

y la destrucción casi total de mi Creación.

Al ser invadida Persia, despertaría a un León Dormido,

que se uniría al Dragón Rojo,

el cual vomitaría fuego sobre el gran país del Oso y la Estepa;

DESENCADENÁNDOSE

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

QUE DURARÍA MINUTOS

por todo el potencial armamentista que hay,

destinado a la destrucción y la muerte.

¡Oh hijas de Sión: llorad y lamentaos, por la perdida de vuestros valientes!

¡Entonad cánticos fúnebres y vestios de sayal, porque mi Creación yace moribunda!

Las ciudades están desoladas y el humo de la muerte se siente por doquier;

las campanas tañen lastimeras, anunciando el paso de la desolación.

¡Oh, que desolación!

¡Lo que ayer era verde y florido, en polvo y desierto ha quedado!

Mi Creación llora desconsolada, al ver tanto infortunio, dolor y muerte.

La radiación y la contaminación acabará con muchos;

mis aves morirán y la vida en el mar se extinguirá;

EL HAMBRE SE APODERARÁ

DEL RESTO QUE QUE QUEDE…

Muchos desearán estar muertos,

pero la muerte se negará a escucharlos.

El tiempo de la Purificación comenzará y mi Pueblo será probado,

como se prueba el oro en el fuego.

Hijos míos, Pueblo de Dios, Ejército Militante;

os hago un llamado, para que intensifiquéis vuestra oración y súplicas;

pedidle a vuestro Padre Celestial, a través de vuestra oración,

QUE DETENGA EL CURSO DE ÉSTOS ACONTECIMIENTOS

Uníos en oración y ayuno a escala mundial, pidiendo por la paz del mundo.

Un día de oración y ayuno por esta necesidad;

haced como los habitantes de Ninive y tendré misericordia de vosotros.

Acordaos: Mi Misericordia es más grande que mi Justicia.

Escuchad pues, mi Llamado angustioso e intensificad vuestra oración.

Que mi paz tan amenazada en estos tiempos, perdure en vosotros.

Soy vuestro Padre Celestial. Yhavé.

Urgente: Dad a conocer este mensaje a toda la humanidad, sin distinción de credos, razas y religiones.

Octubre 06 de 2011  8:50 a.m.

Estáis ya en tiempos de purificación, cada día se irá intensificando más la Prueba;

grandes acontecimientos en el cielo y en la tierra anunciarán el Paso de mi Justicia.

La Purificación para mi Pueblo fiel y orante será más llevadera;

los días serán difíciles, pero si confiáis en vuestro Dios y guardáis sus Preceptos,

todo pasará como un sueño para vosotros.

Para todos aquellos que me han dado la espalda, estos días serán su peor pesadilla.

LA TECNOLOGÍA DEL HOMBRE DE HOY

NO PODRÁ DETENER EL FUEGO DE MI JUSTICIA

El Cosmos está a punto de sufrir grandes cambios

que afectarán la vida en la Tierra;

el Universo se conmocionará.

Las estrellas perderán su brillo,

el sol y la luna se oscurecerán (Joel 2, 10).

De las entrañas de mi Tierra, dragones de fuego brotarán

y mi creación temblará y gemirá como mujer en parto.

La tecnología del hombre se revertirá contra él.

Y en su afán de querer detener el Paso de mi Justicia,

lo que hará será acrecentar los problemas. 

Lo que está escrito se cumplirá al pie de la letra,

porque no sale una palabra de mi boca, sin que regrese a Mí, dando el fruto esperado.

La falta de agua y la carencia de alimentos traerá la guerra entre las naciones,

el conflicto armado sólo producirá más desolación y muerte.

Y HARÁ DE MI CREACIÓN UN VALLE DE LÁGRIMAS

  La soberbia del hombre desencadenará  muchas desgracias.

¡Pobre de ti Jerusalén, porque serás probada como se prueba el oro en el fuego!

  ¡Oh reyes de la tierra, de nada os servirán vuestros corceles y vuestras flechas de fuego!

¡De nada servirán vuestros pájaros de acero!

¡Vuestra ciencia y tecnología NO servirán de nada en el tiempo de mi Justicia!

¡Oh naciones impías que no quisisteis acogeros a mi Misericordia;

que negasteis mi existencia,

que no hicisteis caso a mis advertencias

y que despreciasteis a mis emisarios.

¿Por qué os quejáis y lamentáis ahora?

  No digáis que no estabais avisadas, porque con mucha anterioridad os había anunciado estos tiempos.

¡Ya es tarde para vosotras Babilonias modernas!

¡Tapasteis vuestros oídos a mi verdad y vuestros hijos se rebelaron contra Mí,

siguiendo cada uno los dictámenes de su perverso corazón!.

Nadie os escuchará en el tiempo de mi Justicia, ya no hay marcha atrás.

Mi Justicia todo lo transformará, todo lo purificará.

No os destruiré por completo a pesar de vuestros pecados y maldad,

dejaré supervivientes como lo hice con Lot y su familia,

ellos habitarán mis Nuevos cielos y mi Nueva Tierra

Y serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

La paz, el amor y la armonía, florecerán como cedros del Líbano

y mi Voluntad se hará en los cielos y en la Tierra

y no volverá a recordarse el pasado.

Que mi paz permanezca entre vosotros, pueblo mío, heredad mía.

Soy vuestro Padre:  Yahvé.

JUNIO 08 de 2012 – 8:15 a.m.

El Nuevo Orden Mundial al servicio de mi Adversario

ya tiene todo listo para cambiar el destino de la Humanidad.

Mi Pueblo será esclavizado y todos sus bienes serán expropiados.

Todo comenzará con la implantación de la marca de la Bestia:

el microchip.

Mi Pueblo fiel caminará por el desierto de la Purificación,

solo los que perseveren alcanzarán la Corona de la Vida.

Os digo, que todos aquellos que se dejen marcar perderán su individualidad

y serán esclavos al servicio de un sistema.

La llamada globalización que los reyes de este mundo están llevando a cabo

someterá bajo su dominio a las naciones más pobres.

Todo lo controlará el Nuevo Orden Mundial,

los ricos serán más ricos y los pobres más pobres.

Hijos míos, el Nuevo Orden Mundial está regido por la masonería

que es una tenebrosa organización dirigida por mi Adversario.

Es mi Adversario quien dirige a los gobernantes de las naciones poderosas,

ENTRE SUS OBJETIVOS ESTÁ

ACABAR CON UNA TERCERA PARTE DE LA HUMANIDAD

POR MEDIO DE LA GUERRA

Y establecer un único gobierno a nivel mundial,

donde todas las demás naciones que no hacen parte de este selecto grupo,

estarían sometidas a un régimen dictatorial.

Un solo gobierno, una sola religión, una sola moneda (Amero) un solo ejército

y organizaciones secretas al servicio del régimen

entre ellas una autoridad religiosa que se encargaría de encarcelar, torturar y desaparecer

a todos aquellos que no estuvieran marcados

y que no se acogieran a las leyes y a la religión del Nuevo Orden Mundial.

Pueblo mío, la llamada globalización es el comienzo del Nuevo Orden Mundial,

las naciones poderosas explotarán los recursos naturales

apoderándose de las cosechas y fuentes hídricas de las naciones sometidas

y éstas morirán de hambre y sed.

La globalización con sus tratados

les dará potestad a las naciones poderosas

de ejercer dominio territorial sobre las naciones más pobres,

así perderían la identidad como naciones libres y pasarían a ser unas colonias más del régimen.

Hijos míos, todo esto fue planeado hace mucho tiempo por los llamados Iluminatis

QUE SON LOS VERDADEROS REYES

QUE RIGEN LOS DESTINOS DE LA HUMANIDAD

Esta organización ultra-secreta es la encargada de manejar las economías y políticas de las naciones;

PROVOCAN GUERRAS

Y crean desastres utilizando tecnologías de los seres infernales

llamados por vosotros extraterrestres.

Hijos míos, os anuncio todas estas cosas para que sepáis del futuro que se os depara

y así estéis preparados para asumir con fe y valentía los cambios que sufrirá este mundo.

Hijos míos, Heredad mía,

la oración en cadena a nivel mundial

es la única que puede derrumbar todos los planes y estrategias de los hijos de la Oscuridad.

Os lo repito: solo la oración, el ayuno, la penitencia, que hagáis en cadena a nivel mundial,

os librará de los planes de mi Adversario.

Orad en cadena a nivel mundial con el rezo del Santo Rosario. (Misterios dolorosos)

Rosario a la preciosísima Sangre de mi Hijo

y el exorcismo de mi amado Miguel, dado a mi siervo León XIII,

Y veréis rodar por el suelo todos los planes de mi Adversario y sus agentes terrenales.

Adelante pueblo mío; colocaos la armadura espiritual para que entréis en batalla

y combatid junto a vuestra Madre María y junto a mis Ejércitos Celestiales toda fuerza del Mal.

La victoria es de mi Pueblo fiel.

Tenedlo por seguro.

Paz a vosotros heredad mía.

Vuestro Padre Yahvé, Señor de los Ejércitos.

Agosto 30 de 2012 – 8:35 A.M.

La paz de los hombres está por terminar,

un acontecimiento repentino cambiará los destinos de la Humanidad.

La muerte de uno de los reyes de este mundo hará que la guerra se desate.

¡Todo está planeado para desestabilizar la paz!

  Las  naciones se atacarán unas a otras, el caos se apoderará de la Humanidad

Y UNA TERCERA PARTE DESAPARECERÁ

Mi Creación se vestirá de luto por la pérdida de tantas almas;

el cielo llorará

Y LA HUMANIDAD COMENZARÁ SU CALVARIO

¡Ay de ti, Jerusalén que no quisisteis escucharme!

¡Ay de ti, Israel, porque tu suerte está echada!

  Tus colinas serán ocupadas por tus enemigos y tus aliados no podrán defenderte.

¡Tu hora ha llegado!.

Naciones más poderosas usurparán tu tierra y tus riquezas.

Y el grito de guerra te hará estremecer.

¡Oh Jerusalén, le disteis la espalda a Tu Salvador y por tus calles corrió la Sangre de mi Unigénito!

  Sangre inocente con la que cargaron ayer tus hijos

y que mañana será tu desgracia y tu dolor.

Por ti, ¡Oh Israel, mi Creación sufrirá!

  Tu ansia de poder y expansionismo se revertirá en contra vuestra.

En vez de cantos de alegría y júbilo por la victoria,

vuestros hijos derramarán lágrimas por vuestra caída.

Escuchad de nuevo el Lamento de mi Hijo:

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! 

¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas y no has querido!

  He aquí que se queda desierta vuestra casa. 

Os digo que ya no me veréis hasta que digáis:

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (Mateo 23. 37-39).

¡Oh Jerusalén, yaces desolada y triste, sumida en el abandono;

los que ayer victoreaban tu nombre, hoy yacen en el polvo, son olvido!

  Todos te han dado la espalda y te han entregado en manos de tus enemigos.

¡Entonad naciones un cántico plañidero por aquella que ha dejado de ser la hija de mi pueblo!

  Todo lo pasado vuelve a repetirse:

la Humanidad se mueve entre alegrías y tristezas;

nada es eterno en este mundo pasajero, lo que ayer fue, hoy ya no existe.

Todo mortal es hierba, toda su gloria como flor del campo.

La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre (Isaías 40. 6,7,8).

Os digo mortales, que la grandeza de mi Misericordia está por dar paso a la grandeza de mi Justicia.

No perdáis más el tiempo en las vanidades de este mundo; recogeos cuanto antes en oración

y pedid por la salvación de vuestras almas,

porque la hora de mi Justicia Divina está tocando a la puerta.

Quedad en paz, hombres de buena voluntad.

Vuestro Padre, Yhavé, Señor de todas las naciones.

Febrero 10 de 2013 – 1:35 P.M.

Las naciones se prepararán para la Guerra.

Los emisarios del Mal buscan acabar con una tercera parte de la Humanidad,

todo está planeado para desestabilizar la paz.

Los reyes de las naciones poderosas al servicio de mi Adversario quieren dar inicio a la Guerra,

para establecer su reinado de dominio y sometimiento a las naciones

y así allanar el camino para la aparición del Anticristo.

Planes de destrucción masiva van a ponerse en marcha, aprovechando el conflicto bélico.

La muerte silenciosa será esparcida por los aires,

el caos y la anarquía, por un tiempo la Humanidad vivirá.

Mi Pueblo comenzará a hacer purificado en el horno de la Tribulación.

El retumbar de los corceles, el estallido de las bombas…

Y el estruendo de los pájaros de acero,

se robarán la paz de mi Creación.

Mi Tierra se estremecerá y gemirá como mujer en parto,

mi Pueblo caminará al destierro;

las mujeres, los niños y los ancianos, abandonarán las ciudades;

los jóvenes serán reclutados

y los hombres serán más escasos que el oro de ofir.

¡Ayes! Se escucharán por doquier, la hija de mi pueblo será mancillada, su honor y su vergüenza rodarán por el suelo.

¡Oh, cuánto dolor hay en mi Pueblo, la desgracia le ha venido de improvisto!

De nada vale gritar, nadie escuchará, todo es caos y desolación.

Las ciudades parecen fantasmas, el silencio de la muerte las habita;

MI PUEBLO HA COMENZADO SU CALVARIO

Su tragedia es un grito desesperado, que traspasa la inmensidad del Universo,

clamando justicia y libertad.

¡Ay de ti, Jerusalén, porque no quedará de ti piedra sobre piedra!

Tus colinas serán tomadas por tus enemigos, tus casas saqueadas,

tus hijas avergonzadas y tus valientes muertos.

Pueblo mío, preparaos,

porque se acercan los días de vuestro desierto;

todo tiene que cumplirse como está escrito;

todo tiene su tiempo señalado en este mundo pasajero.

La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de Dios perdura para siempre.

LA INJUSTICIA DE LOS HOMBRES

DESPERTARÁ MI JUSTICIA

Pero al final el orden y el derecho reinarán.

Mis sobrevivientes serán mañana mi Pueblo Elegido que habitará conmigo,

los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra, de mi Nueva Creación.

Quedad en mi paz, Pueblo mío, Heredad mía.

Vuestro Padre, Yhavé, Señor de las Naciones.

Dad a conocer mis mensajes en todos los confines de la Ti.

505 La Gloria del Martirio


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

424 Pensamientos de gloria y martirio ante la vista de la costa mediterránea.

Desde las cimas de las últimas elevaciones, que ya no es propio llamar colinas, pues son de una altura muy relativa…  

Aparece un amplio radio de la costa mediterránea, limitado al norte por la elevación del Carmelo;

libre al sur hasta las extremas lejanías que la vista humana puede alcanzar.

Una plácida costa casi recta, que tiene a sus espaldas una llanura feraz, apenas interrumpida por levísimas ondulaciones.

Las ciudades marítimas son visibles con la blancura de sus casas entre el verde del interior…

Y el azul espléndido del mar plácido y sereno que refleja el azul puro del cielo.

Cesárea se localiza un poco al norte, del lugar en que están los apóstoles con Jesús.

Junto con algunos discípulos, encontrados en los pueblos que han atravesado al anochecer o al alba.

Porque ahora ya está superado el alba.

Y superada la aurora, a pesar de que todavía el día transcurra sus primeras horas:

esas horas tan hermosas de las mañanas estivales en que el cielo, después del rosicler de la aurora, vuelve a ser azul.

Y fresco el aire nítido, frescos los campos, intacto de velas el mar.

Horas virginales del día, en que se abren las nuevas flores,.

Y las gotas de rocío, secándose con el primer sol, exhalan consigo los aromas de las hierbas.

Confiando el frescor y el perfume al respiro leve de la brisa matutina, que apenas si mueve las hojas en sus tallitos.

Y riza apenas la superficie llana del mar.

La ciudad, bonita como todos los lugares en que el refinamiento romano tiene sede.

aparece extendida sobre la orilla.

Termas y palacios marmóreos albean, como bloques de nieve endurecida, en los barrios más cercanos al mar;

custodiados por una torre también blanca alta, cuadrada, enclavada junto al puerto.

Quizás un castro o un lugar de vigía.

Luego las casitas más modestas, periféricas, construidas en estilo hebreo.

Hay por todas partes verdor de pérgolas y jardines elevados más o menos fastuosos,

ubicados en las terrazas que coronan las casas.

Abundando el descollar de copas de árboles.

Los apóstoles admiran, se detienen a la sombra fresca de un grupo de plátanos puesto casi en la cima de la colina.

Felipe exclama:

–            ¡Se ensancha el respiro viendo esta inmensidad! 

Pedro agrega:

–           Y a uno le parece ya sentir todo el frescor de aquellas bonitas aguas azules. 

Santiago de Alfeo comenta: 

–           ¡Sí, verdaderamente!

¡Después de tanto polvo, piedras, zarzas…!

¡Mira que tersura!

¡Qué frescor!

¡Qué paz!

El mar da siempre paz. 

Recordando lo mal que lo pasó, en el viaje hacia Antioquía, con su mal de mar… 

Mateo le responde: 

 –             ¡Mmm!

Menos cuando…

Te bambolea y te hace dar vueltas a ti y a la barca como a bolos en manos de chavales… 

Juan el cual, si al principio sonreía, ahora está angustiado,

revelando el motivo:  

–            Maestro…

Yo pienso…

Pienso en todas las palabras de nuestros salmistas, en el libro de Job…

en las palabras de los libros sapienciales…

Pienso en los lugares en que se celebra la potencia de Dios.

Y no sé por qué este pensar, que me viene de lo que veo…

Me hace brotar el pensamiento de que seremos sublimados hasta una belleza perfecta,

en una pureza azul y luminosa;

si somos justos hasta el final, hasta la gran revista.

Hasta el momento de tu triunfo eterno, el que Tú nos describes y que significará el final del Mal…

Y me parece ver poblada esta inmensidad celeste de luminosos cuerpos resucitados en Ti; 

refulgente más que mil soles, en el centro de los bienaventurados.

Y ya no habrá dolor, lágrimas, ni insultos, ni denigraciones como las de ayer al anochecer…

Y paz, paz, paz…

Pero, ¿Cuándo va a terminar de hacer daño el Mal?

¿Va a romper, acaso, las puntas de sus saetas contra tu Sacrificio?

¿Se va a persuadir de estar derrotado?

Jesús responde: 

–            Jamás.

Siempre creerá que es triunfador, a pesar de todos los mentís que le den los santos.

Y mi Sacrificio no despuntará sus saetas.

Pero llegará la hora.

La Hora Final, en que el Mal será vencido.

Y en una belleza aún más infinita de la que tu espíritu prevé,

los elegidos serán el único Pueblo, eterno, santo.

El Pueblo verdadero del Dios verdadero.  

Los apóstoles preguntan: 

–            ¿Y nosotros estaremos allí todos?  

–             Todos.  

La respuesta de Jesús es firme y segura: «TODOS».

Puede decirlo porque Judas de Keriot NO está presente…

Y de los apóstoles sólo el hombre de Keriot se condenó. 

El grupo más numeroso de los discípulos… 

Pregunta:

–             ¿Y nosotros? 

Jesús, sonriendo responde: 

–             Vosotros también estaréis todos.

–            ¿Todos los presentes o todos los que somos discípulos?

Ya somos muchos, a pesar de los que se han separado.

             Y cada vez seréis más.

Aunque no todos seréis fieles hasta el final.

Pero muchos estarán conmigo en el Paraíso.

Unos recibirán el premio después de una expiación;

otros desde el primer momento después de la muerte.

Pero el Premio será tal, que de la misma forma que olvidaréis la Tierra y sus dolores.

Olvidaréis también el Purgatorio con sus penitenciales nostalgias de amor.

Nicolái de Antioquía, que está entre los discípulos,

Dice:

–             Maestro, Tú nos has dicho que sufriremos persecuciones y martirios.

Entonces, podremos ser apresados y muertos sin tener tiempo de arrepentirnos.

O nuestra debilidad nos hará faltar de resignación a la muerte cruenta…

¿Y entonces? – pregunta .

–            No creas eso.

Por vuestra debilidad de hombres no podríais efectivamente, sufrir resignados el martirio.

Pero a los grandes espíritus, que deben dar testimonio del Señor…

El Señor les infunde una ayuda sobrenatural…

–             ¿Cuál?

¿La insensibilidad quizás?

–            No, Nicolái.

El amor perfecto.

Llegarán a un amor tan completo;

que el suplicio de la tortura, el suplicio de las acusaciones, el suplicio de las separaciones de los parientes….

O de la vida o de todo, no serán ya una realidad que abate.

Antes al contrario y sobre todo… 

Se transformará en base para elevarse al Cielo, para acoger este Cielo para verlo;

«SU DIOS ES MI DIOS» Uno de los 21 ejecutados por ISIS no era Cristiano Copto. Se volvió Cristiano al ver la inmensa FE de los otros 20 mártires. Como no negó a Jesucristo, también fue decapitado y llegó al Cielo, con boleto express.

por tanto, para tender los brazos y el corazón hacia las torturas y así ir a donde ya estará su corazón: al Cielo.  

Un discípulo anciano dice:

–             Uno que muera así estará muy perdonado entonces.

Jesús lo corrige: 

–              No mucho.

Perdonado del todo, Papías.

Porque el amor es absolución y el sacrificio es absolución,.

Y la confesión heroica de la fe es absolución.

Así pues, como ves, los mártires recibirán un ternario lavacro.

–            ¡Oh! Entonces… Yo he pecado mucho, Maestro.

Y he seguido a éstos para obtener perdón.

Ayer me lo has dado y por eso has sido insultado por quien no perdona y es culpable.

Yo creo que tu perdón es válido.

Pero por mis largos años de culpa dame el martirio absolutorio.

–             Mucho pides, hombre.

–             No será nunca cuanto debo dar…

Para obtener la bienaventuranza que Juan de Zebedeo ha descrito y Tú has confirmado.

Te lo suplico, Señor:

haz que muera por Ti, por tu doctrina…

–           Mucho pides, hombre. La vida del hombre está en las manos de mi Padre…

–           Pero todas tus oraciones encuentran acogida, como encuentran acogida todos tus juicios.

Pídele al Eterno este perdón para mí…

El hombre está de rodillas a los pies de Jesús, que lo mira á los ojos…

Y dice:

–              ¿Y no te parece martirio vivir cuando el mundo ha perdido todo atractivo?

¿Y cuando el corazón tiene su anhelo puesto en el Cielo?

¿Y vivir para adoctrinar a otros en orden al amor y conocer las desilusiones del Maestro?

¿Y perseverar sin cansancios para darle almas al Maestro?

Haz la voluntad de Dios, siempre.

Aunque te pareciera más heroica la tuya.

Y serás santo…

Pero ahí están los compañeros que vienen con las provisiones.

Vamos a ponernos en camino para llegar a la ciudad antes de las horas tórridas.

Y se pone Él el primero en marcha por la suave bajada…

Que pronto toca la llanura cortada por la cinta blanca de la calzada que conduce a Cesárea Marítima.

504 Perdón Misericordioso


503 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

423a Partida del Iscariote.

Judas se ha despedido y ha desaparecido en el camino, mientras el alba lentamente avanza y se ilumina la campiña.

El resto de la comitiva apostólica, que lo ha mirado con atención…

Desata una ola de comentarios…

Pedro observa:

–            ¡Mmm! Ya no parece tan cansado…

Nathanael agrega:

–             Sí.

Aquí iba arrastrando las sandalias.

Allá corre como una gacela…

Moviendo la cabeza,

Tadeo sentencia:

–            Tu saludo ha sido santo, Hermano.

Pero, a menos que el Señor lo someta con su voluntad…

De nada servirá la asistencia de Dios para hacerle cumplir buenos pasos y acciones justas.

Jesús lo amonesta:

–             ¡Judas, no porque me seas hermano estás exento de reprensión!

Te reprendo por tanto, tu acritud e intransigencia hacia tu compañero.

El tiene sus culpas.

Pero tú también tienes las tuyas.

Y la primera es el no saber ayudarme a formar esa alma.

Lo exasperas con tus palabras.

Los corazones no se vencen con la violencia.

¿Crees que tienes derecho a censurar todas sus acciones?

¿Te sientes tan perfecto como para poder hacerlo?

Te recuerdo que Yo, tu Maestro, no lo hago.

Porque amo a esa alma informe.

Es la que más piedad me produce de todas…

Precisamente por ser informe.

¿Crees que goza de su estado?

¿Y cómo vas a poder ser mañana maestro de espíritus…

Si no te ejercitas con un compañero en usar la infinita caridad que redime a los pecadores?

Judas de Alfeo agacha la cabeza ya desde las primeras palabras.

Pero al final, hinca en tierra sus rodillas,

Diciendo:

–            Perdóname.

Soy un pecador.

Y repréndeme cuando esté en culpa, porque la corrección es amor…

Y el único que no comprende la gracia de ser corregido por el sabio es el necio.

–            Ya ves que lo hago, por tu bien.

Pero con la reprensión va unido el perdón, porque sé comprender la razón de tu rigor…

Y porque la humildad del corregido desarma al que corrige.

Levántate, Judas.

Y no peques más.

Jesús lo toma de la mano y lo mantiene a su lado con Juan;

quedando así Él enmedio y abrazando a los dos.

Los otros apóstoles hacen comentarios entre sí primero bisbiseando…

Luego más alto, por el hábito que tienen de hablar en voz alta.

Y así se escucha, que están comparando a los dos Judas.

Tomas dice:

–            ¡Si hubiera sido Judas de Keriot el que hubiera oído ese reproche!

¡Habría que haber visto cómo se habría sublevado!

Tu hermano es bueno.

Santiago de Alfeo responde: 

–               Pero… bueno…

No se puede decir que haya hablado mal.

Ha dicho una verdad sobre Judas de Keriot.

Mateo dice con franqueza:

–            ¿Tú crees eso del amigo que va a ver a Judea?

Yo no.

Recordando la escena que no puede olvidar,

Pedro agrega:

–             Serán…

Cuestiones de viñas como en el mercado de Jericó.

Todos ríen.

Felipe observa:

–              Cierto que se necesita el Maestro para compadecerlo tanto… – observa Felipe.

Santiago de Zebedeo,

le rebate:

–            ¿Tanto?

Deberías decir: «Siempre»

Nathanael dice:

–              Si fuera yo, yo no sería tan paciente.

Mateo confirma:

–              Tampoco yo.

La escena de ayer ha sido verdaderamente desagradable.

Tratando de conciliar,

Zelote añade:

–             Ese hombre no debe estar completamente sano de mente.

Pedro agrega:

–             Pero siempre sabe hacer bien sus cosas…

Demasiado bien incluso.

Apostaría mi barca, mis redes, la casa incluso;

con la seguridad de no perder nada…

A que está yendo a ver a algún fariseo mendigando protecciones…

Dándose un manotazo en la frente,

Tomás exclama:

–             ¡Es verdad!

¡Ismael!

¡Ismael está en Meguiddó!

¿Cómo no lo hemos pensado?

!Hay que decírselo al Maestro!

Zelote declara:

–               Es inútil.

El Maestro lo seguiría disculpando y a nosotros nos reprendería.

Santiago de Zebedeo insiste:

–              De todas formas…

Vamos a probar.

Ve tú, Santiago.

Te ama, eres su pariente…

Santiago de Alfeo responde:

–            Para Él somos todos iguales.

Aquí, en nosotros no ve parientes o amigos;

ve solamente apóstoles.

Y es imparcial.

Pero por complaceros voy.

Y acelera el paso…

Separándose de los compañeros, para alcanzar a Jesús.

El siempre prudente Andrés,

comenta:

–          Pensáis que ha ido a ver a un fariseo.

A uno o a otro, poco importa…

Pero yo pienso que lo ha hecho por no venir a Cesárea.

No va allí de buena gana… 

Tomás agrega:

–             De un tiempo a esta parte, da la impresión de que siente repulsa por las romanas.

Zelote observa:

–            Y, a pesar de todo…

Mientras vosotros ibais a Engadí y yo a casa de Lázaro con él;

estaba lleno de alegría por hablar con Claudia…

Pedro masculla:

–               Sí… pero…

Precisamente entonces hizo alguna de sus fechorías.

Y yo creo que Juana lo sabe y que llamó a Jesús por eso.

Y…

Señalándose la cabeza,

Finaliza diciendo:

Y…

Hay muchas cosas que me trituro aquí dentro, desde que Judas se enfureció tanto en Betsur…

Curioso, Mateo pregunta:

–            ¿Qué dices…?

–             Pues…

No sé… Ideas…

Veremos…

Con tono de ruego, Andrés dice:

–            ¡No pensemos mal!

El Maestro no quiere.

Y no tenemos ninguna prueba de que haya hecho algo malo.

Pedro exclama:

–            ¡Sólo esto faltaba!

¡No me querrás decir que hace bien causando dolor al Maestro, faltándole al respeto!

¡Provocando malos ánimos entre nosotros…!

Zelote le dice:

–              ¡Tranquilo, Simón!

Te aseguro que está un poco loco…

–              Será así.

Pero es uno que peca contra la bondad de nuestro Señor.

Yo, aunque me escupiera en la cara, aunque me abofeteara;

lo soportaría por ofrecérselo a Dios por su redención.

Me he metido en la cabeza hacer todo tipo de sacrificio por esto.

Y para dominarme, me muerdo la lengua;

me hinco las uñas en las palmas cuando se comporta como un loco.

Pero lo que no puedo perdonar es que sea malo con nuestro Maestro.

El pecado que comete contra Él es como si me lo hiciera a mí,.

Y no lo perdono.

¡Además… si fuera de vez en cuando!

¡Qué va!

¡Está siempre detrás!

¡No consigo hacer que se me pase la rabia que me hierve dentro, por alguna escena suya!

¡Cuando ya arma otra!

Una, dos, tres…

¡Hay un límite!

Pedro habla casi gritando y gesticulando lleno de enojo.

La sombra blanca como se ve a Jesús en la obscuridad de la noche,

porque va unos diez metros por delante, se vuelve…

Diciendo:

–               No hay límite para el amor y el perdón.

No lo hay.

Ni en Dios ni en los verdaderos hijos de Dios.

Mientras hay vida no hay límite.

La única barrera que es obstáculo para que descienda el perdón y el amor;

es la resistencia impenitente del pecador.

Pero, si éste se arrepiente, se le ha de perdonar siempre.

Aunque pecase no una, dos, tres veces al día, sino muchas más.

Vosotros también pecáis y queréis perdón de Dios…

Y a Él vais y decís:

«¡He pecado! ¡Perdóname!».

Y os es dulce el perdón, de la misma forma que a Dios le es dulce perdonar.

Y vosotros no sois dioses.

Por eso, es menos grave la ofensa que un semejante vuestro os hace;

que la que hace a Aquel que no es semejante de ningún otro.

¿No os parece?

Y sin embargo, Dios perdona.

Haced también vosotros lo mismo.

¡Estad atentos a vosotros!

Estad atentos a que vuestra intransigencia no se transforme en daño,

provocando intransigencia de Dios hacia vosotros.

Ya lo he dicho, pero lo repito otra vez:

Sed misericordiosos para obtener misericordia.

Ninguno está tan sin pecado, que pueda ser intransigente con el pecador.

Mirad vuestros pesos, antes de los que gravan el corazón ajeno;

quitad primero de vuestro espíritu los vuestros,.

Luego ocupaos de los ajenos, para mostrar a los demás no rigor que condena sino amor que enseña.

Y ayuda a ser liberados del Mal.

Para poder decir, sin que el pecador te haga callar…

Para poder decir: «Has pecado respecto a Dios y respecto al prójimo», es necesario no haber pecado.

O al menos, haber expiado el pecado.

Para poder decir a quien se siente abatido por haber pecado:

«Ten fe, que Dios perdona a quien se arrepiente»

Como ministros, como siervos de este Dios que perdona a quien se arrepiente…

Debéis perdonar mostrando mucha misericordia.

Entonces podréis decir:

«¿Ves, pecador arrepentido?

Yo perdono tus culpas una y mil veces…

Porque soy siervo de Aquel que perdona innumerables veces;

a quien otras tantas veces se arrepiente de sus pecados.

Piensa entonces cómo te perdona el Perfecto, si yo, sólo porque lo sirvo, sé perdonar.

¡Ten fe!».

Esto debéis poder decir.

Y decirlo con la acción, no con las palabras.

Decir perdonando.

Por eso, si vuestro hermano peca, reprendedlo con amor y si se arrepiente, perdonadlo.

Y si al cabo del día ha pecado siete veces y siete veces os dice: «Me arrepiento»,

otras tantas veces perdonadlo.

¿Habéis comprendido?

¿Me prometéis que lo haréis?

Mientras está lejos…

¿Me prometéis que tendréis compasión de él?

¿Me prometéis ayudarme a curarlo, con vuestro sacrificio de conteneros cuando yerra?

¿No queréis ayudarme a salvarlo?

Es un hermano vuestro de espíritu, al venir de un único Padre;

de raza, al venir de un único pueblo;

de misión, al ser apóstol como vosotros.

Tres veces debéis amarlo pues.

Si en vuestra familia tuvierais un hermano que diera dolor a vuestro padre…

y diera de sí motivo de críticas.

¿No trataríais de corregirlo para que vuestro padre no sufriera más

y el pueblo no hablase mal de vuestra familia?

Y entonces?

¿No es la vuestra una más grande y santa familia cuyo Padre es Dios, cuyo Primogénito soy Yo?

¿Por qué, entonces, no queréis consolarnos al Padre y a Mí,…?

¿Y ayudarnos a hacer bueno al pobre hermano que – creedme – no es feliz de ser así?…

Jesús, angustiadamente, suplica por el apóstol tan lleno de faltas…

Y termina:

–                Yo soy el gran Mendigo.

Y os pido el óbolo más preciado:

OS PIDO ALMAS.

Las voy buscando.

Pero vosotros me tenéis que ayudar…

Saciad el hambre de mi Corazón, que busca amor y no lo encuentra sino en demasiado pocos.

Porque los que no tienden a la perfección, para Mí son como panes arrebatados a mi hambre espiritual.

Dad almas a vuestro Maestro, afligido de ser aborrecido e incomprendido…

Los apóstoles están conmovidos…

Muchas cosas quisieran decir.

Y todas las palabras les parecen demasiado mezquinas…

Se arriman al Maestro, todos quieren acariciarlo para hacerle sentir que lo quieren.

Finalmente, es el manso Andrés,

el que dice:

–               Sí, Señor.

Con paciencia y silencio y sacrificio, las armas que convierten, te daremos almas.

También ésa…

si Dios nos ayuda…

Los demás lo apoyan diciendo:

–             Sí, Señor.

–            Y Tú ayúdanos con tu oración.

–            Sí, amigos.

Entretanto, vamos a orar juntos por el compañero que se ha marchado.

«Padre nuestro que estás en el Cielo…».

La voz perfecta de Jesús dice las palabras del Pater articulándolas clara y lentamente.

Los otros le hacen coro en tono bajo.

Y orando, se alejan en la noche…

503 Burla de la Incredulidad


503 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

423 Partida del Iscariote.

Ya están en la otra margen del río Jordán.

Tienen a la derecha el monte Tabor y el pequeño Hermón; a la izquierda, los montes de Samaria; a sus espaldas, el Jordán;

Al frente, acabada la llanura en que están, los collados ante los que se encuentra Meguiddó. 

Después de haber descansado todo un día en una casa hospitalaria;

ya cae de nuevo la tarde y es notorio que renovaron fuerzas.

Hace todavía calor, pero el relente empieza a bajar y a suavizar el ardor.

Y descienden las sombras violáceas del crepúsculo tras los últimos arreboles de un ocaso de fuego.

Muy contento,

Mateo observa:

–             Aquí se camina bien.

Zelote le responde:

–            Sí.

Andando tan bien, estaremos antes del galicinio en Meguiddó.

Juan concluye:

–              Y al alba habremos pasado los collados y veremos la llanura de Sarón.

Santiago su hermano,

lo anima:

–             Y tu mar, ¿eh?

–             Sí.

Mi mar… – responde Juan sonriendo.

Y tomándolo con fuerza por un brazo con afecto rudo y benigno,

Pedro agrega:

–             Y te marcharás con el espíritu, en una de tus peregrinaciones espirituales.

Enséñame también a mí la manera de extraer, a partir de la visión de las cosas;

ciertos pensamientos tan… angélicos.

Yo he mirado muchas veces el agua…

La he amado…

Pero… nunca me ha servido para otra cosa sino para navegar y pescar.

¿Qué ves tú en el mar?…

–             Veo agua, Simón.

Como tú y como todos.

De la misma forma que ahora veo campos y árboles frutales…

Pero luego, además de los ojos de la cabeza…

Tengo como otros ojos aquí dentro y ya no veo la hierba y el agua…

Sino palabras de sabiduría que salen de esas cosas materiales.

No soy yo quien piensa.

No sería capaz de ello.

Es Otro quien piensa en mí.

Porque solamente los sacerdotes,

cuando están oficiando ante el Lugar Santísimo en el Templo de Jerusalén… 

Tienen esta facultad inherente a su ministerio;

con cierto tono de ironía,

Judas pregunta:

–             ¿Eres acaso profeta? 

–             ¡Oh, no!

No soy profeta…

–             ¿Y entonces?

La Posesión diabólica Perfecta, permite a Satanás atacar con la INCREDULIDAD Y LA BURLA, la santa acción del Espíritu santo

¿Crees que posees a Dios?

–             Menos todavía…

–             Entonces desvarías.

–             Puede ser…

Porque soy muy pequeño y débil.

Pero si es así, es un desvarío bien dulce y me lleva a Dios.

Mi enfermedad se transforma entonces en un don.

Y bendigo por ello al Señor.

La risa de Judas es falsa y fragorosa

–              ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

Jesús, que ha escuchado,

dice:

–            No está enfermo, no es profeta.

Pero el alma pura posee la Sabiduría, que es la que habla en el corazón del hombre justo.

Pedro declara desconsolado:

–            Entonces yo no llegaré nunca, porque no he sido siempre bueno…

Mateo responde:

–           ¿Y yo entonces?

Jesús comenta:

–          Amigos, pocos, demasiado pocos serían los que podrían poseer la sabiduría por ser puros desde siempre.

Pero el arrepentimiento y la buena voluntad hacen al hombre, antes culpable e imperfecto, justo;

entonces la conciencia recobra su virginidad en el lavacro de la humildad, de la contrición y del amor.

Y virgen así de nuevo, puede emular a los puros.

Mateo se inclina a besar la mano del Maestro;

diciendo:

–             Gracias, Señor.

Sigue un reflexivo silencio.

Luego Judas Iscariote exclama:

–            ¡Estoy cansado!

No sé si voy a ser capaz de caminar toda la noche.

Santiago de Zebedeo,

le responde:

–             ¡Hombre, claro!

¡Hoy has querido estar dando vueltas por ahí como un moscardón, mientras nosotros dormíamos!

Judas, tratando de disculparse,

le responde:

–            Quería ver si encontraba a algunos discípulos…

–            ¿Y qué te apuraba?

El Maestro no lo ha dicho, así que…

–              Bien.

Y yo lo he hecho.

Y si el Maestro me lo permite, me quedo en Meguiddó.

Creo que hay allí un amigo nuestro que baja todos los años por esta época, después de la cosecha de los cereales.

Querría hablarle de mi madre y…

Jesús lo interrumpe:

–           Haz lo que creas conveniente.

Una vez terminada tu ocupación te dirigirás a Nazaret.

Allí llegaremos nosotros.

Avisarás así a mi Madre y a María de Alfeo de que al cabo de poco estaremos en casa.

–           Yo también te digo como Mateo:

«Gracias, Señor».

Jesús no responde nada y acoge el beso en la mano como ha acogido el de Mateo.

No es posible ver las expresiones.

Porque es ese momento de la noche en que la luz diurna ha desaparecido ya totalmente…

Y todavía no hay luz estelar.

Hay tanta oscuridad, que con dificultad siguen por el camino.

Y para eliminar todo inconveniente…

Pedro y Tomás se deciden a encender unas ramas, arrancadas de los matorrales  y arden crepitando.

Pero la luz primero ausente, ahora móvil y humeante, no permite ver bien las expresiones de los rostros.

Mientras tanto ellos siguen avanzando.

Y los collados se aproximan.

Sus oscuras prominencias se delinean con un negro más negro que el de los campos segados…

Junto con los blancuzcos rastrojos en medio de la negrura de la noche,.

Y cada vez se delinean más por la cercanía y el claror de las primeras estrellas…

Llegados a un punto,

dirigiéndose a Jesús,

Judas dice:

–            Yo te dejaría aquí… 

Porque mi amigo está un poco fuera de Meguiddó.

Estoy muy cansado…

Jesús concede:

–            Bien, ve.

Que el Señor vele sobre tus pasos. 

–          Gracias, Maestro. 

Adiós, amigos.  

Los demás, sin dar mucha importancia al saludo.

responden:     

–           Adiós, adiós…

Que te vaya bien.  

Jesús repite:

–           Que el Señor vele sobre tus acciones.

Judas se marcha raudo.

502 Los Siervos Inútiles


502 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

422 El Iscariote ocasiona la lección sobre los deberes y los siervos inútiles.

Y así el guijarral se ve blanco en la noche sin luna, pero clarísima por millares de estrellas,

grandes, inverosímilmente grandes estrellas de cielo de Oriente.

No es luz intensa como la de la Luna, pero es una fosforescencia delicada

que permite, a quien tiene la vista acostumbrada a la oscuridad, ver por dónde camina y lo que le rodea.

Aquí, a la derecha de los caminantes, que suben hacia el norte siguiendo el curso del río,

la suave luminosidad estelar muestra el límite vegetal hecho de cañedos, de sauces y luego de árboles altos.

Y dado que la luz es muy leve…

Parece formar un muro compacto, continuo, sin interrupción, sin posibilidad de penetración; 

apenas roto en el lugar en que el lecho de un riachuelo o torrente, completamente secos;

coloca una raya blanca que se adentra hacia oriente y desaparece en la primera curva del minúsculo afluente ahora seco.

A la izquierda, sin embargo, los caminantes disciernen el brillo de las aguas que descienden hacia el Mar Muerto;

borbollando, suspirando, susurradoras, tranquilas, serenas.

Entre la línea brillante de las aguas de color añil, en la noche…

Y la masa negro-opaca de hierbas, arbustos y árboles,

Se extiende la cinta clara del guijarral, a veces más ancha, a veces más estrecha, a veces interrumpida por una minúscula balsa;

residuo de la pasada avenida…

Donde hay todavía con un poco de agua en curso de reabsorción…

Y donde forman aún mata verde las hierbas, que en otras partes están resecas en la sequedad del guijarral ardiente en las horas de sol.

Por estas pequeñas balsas o también por marañas de juncos secos, pero peligrosos como cuchillos para el pie sólo semi-cubierto por las sandalias…

Los apóstoles se ven obligados a separarse de vez en cuando, para juntarse de nuevo luego en torno a su Maestro;

que va siempre majestuoso, generalmente callado, con su paso largo, levantando la mirada hacia las estrellas más que inclinándola hacia el suelo.

Los apóstoles no, no callan;

hablan entre sí, recapitulando los hechos de la jornada, sacando las conclusiones de éstos o previendo su futuro desarrollo.

Alguna rara palabra de Jesús, se intercala en la parlería de los Doce.

la mayoría de las veces dicha para responder a una pregunta directa…

O para corregir alguna ponderación errada o no caritativa,

Y el camino continúa en la noche…

Ritmando el silencio nocturno con un elemento nuevo en esas regiones desiertas:

Las voces humanas y el triscar de los pasos.

Y se callan los ruiseñores entre las frondas, asombrados de que sonidos disonantes y ásperos…

Se mezclen perturbando el habitual rumor de las aguas y las brisas, habituales acompañamientos de sus solos virtuosos.

Pero una pregunta directa, que no tiene que ver con lo que ha pasado, sino con lo que ha de suceder, rompe con la violencia de una rebelión…

Además de con el tono más agudo de las voces agitadas por indignación o ira…

la paz no sólo la de la noche, sino también la más íntima de los corazones.

Felipe pregunta:

–             Maestro, ¿Dentro de cuántos días estaremos en nuestras casas?

Hay en ella una latente necesidad de descanso, un implícito deseo de afectos familiares…

Que están presentes en la sencilla pregunta del apóstol ya entrado en años, porque es marido y padre además de apóstol…

Y tiene intereses de que ocuparse…

Jesús siente todo esto y se vuelve a mirar a Felipe;

se detiene para esperarlo, pues Felipe va un poco más atrás, con Mateo y Nathanael.

Cuando lo tiene a su lado, lo toma por un brazo,

mientras le dice:

–           Pronto, amigo mío.

Pero pido a tu bondad todavía otro pequeño sacrificio, a no ser que quieras separarte antes de Mí…

Felipe responde:

–            ¿Yo?

¿Separarme?

¡Jamás!

–              Entonces…

Te tengo todavía un poco de tiempo lejos de Betsaida.

Quiero ir a Cesárea Marítima pasando por Samaria.

Al regreso iremos a Nazaret y estarán conmigo los que no tienen familia en Galilea.

Luego, después de un poco, os alcanzaré en Cafarnaúm…

Y allí os evangelizaré, para haceros aún más aptos.

Pero si crees que tu presencia en Betsaida es necesaria…

Vete si quieres, Felipe.

Nos encontraremos allá…

–          No, Maestro.

¡Es más necesario estar contigo!

Pero… Es dulce la casa…

Y las hijas…

Pienso que no las tendré mucho conmigo en el futuro…

Y quisiera gozar un poco de su casta dulzura.

Pero si debo elegir entre ellas y Tú, te elijo a Ti…

y por más de un motivo…

Termina, suspirando, Felipe.

–            Y haces bien, amigo.

Porque Yo te seré arrebatado antes que tus hijas…

–           ¡Maestro! …

Exclama con pena el apóstol.

–            Así es, Felipe.

Finaliza diciendo Jesús.

Y besa al apóstol en la sien.

Judas que ha estado barbotando entre dientes desde que Jesús ha nombrado Cesárea…

Levantando la voz, como si ver el beso dado a Felipe le hiciera perder el control de sus acciones.

Exclama enojado:

–          ¡Cuántas cosas inútiles!

¡Verdaderamente no sé qué necesidad hay de ir a Cesárea!

Diciéndolo con una impetuosidad llena de bilis;

parece como si quisiera decir implícitamente, a su Maestro:

«y Tú que vas eres un necio».

Bartolomé le responde:

–              No eres tú quien tiene que juzgar sobre las necesidades de las cosas que hacemos, sino el Maestro.

–              ¿Sí, eh?

¡Casi como si Él viera claras las necesidades naturales!

Pedro lo toma por un brazo sacudiéndolo.

le pregunta:

–            ¡Oye!

¿Estás sano o estás loco?

¿Sabes de Quién hablas?

–            No estoy loco.

Soy el único que tiene el cerebro sano.

Y sé lo que digo.

Santiago de Zebedeo, Simón Zelote, Tomás y Tadeo,

Dicen juntos y al mismo tiempo:

–             « ¡Pues vaya cosas que dices tú!»,

–             « ¡Ruega a Dios que no te lleve la cuenta de ellas!»

–             « ¡La modestia no es amiga tuya!»

–            «Se diría que tienes miedo de que, yendo a Cesárea, se te pueda conocer por lo que eres»

Judas se vuelve contra Tadeo,

respondiéndole:

–              No tengo nada que temer y vosotros no tenéis nada que conocer.

Lo que sucede es que estoy cansado de ver que se pasa de un error a otro y nos destruimos.

Choques con los ancianos, disputas con los fariseos.

Ahora sólo nos faltan los romanos…

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

Judas al ver que su sueño de reinar como primer ministro del Mesías Libertador y futuro REY de Israel, se está cayendo a pedazos;

ha reaccionado con su humanidad caída que piensa sólo en lo material y es lo que ha provocado su exabrupto…

Bartolomé observa lleno de ironía…

Diciendo:     

–          ¿Cómo?

¿Pero si hace apenas dos lunas que estabas exaltado de alegría, estabas seguro…

Estabas, estabas, estabas…

¡Todo estabas, porque tenías por amiga a Claudia! 

Bartolomé el cual, siendo el más… intransigente;

es el que si no se rebela contra los contactos con los romanos es sólo por obediencia al Maestro.

Judas enmudece un momento, porque la lógica de la irónica pregunta es evidente.

Y so pena de aparecer ilógico, uno no puede contradecir lo que ha dicho antes.

Pero el inteligente político que hay en él, se serena inmediatamente cambiando la estrategia….

Y explica:

–             No digo esto por los romanos.

Me refiero a los romanos como enemigos.

Ellas, porque en el fondo no son más que unas cuantas mujeres romanas…

Cuatro, cinco, seis como mucho;

ellas nos han prometido ayuda y nos la darán.

Pero lo que pasa es que ello aumentará el odio de sus enemigos…

Él no lo comprende y…

Respondiendo con serenidad,

Jesús dice:

—             Su odio es completo, Judas.

Y tú lo sabes como Yo, e incluso mejor que Yo – recalcando la palabra «mejor».

–               ¿Yo?

¿Yo?

¿Qué quieres decir?

¿Quién sabe las cosas mejor que Tú?

Jesús le rebate:

–             Acabas de decir que sólo tú conoces las necesidades y el cómo comportarse en ellas…

–             Pero para las cosas naturales.

Yo digo que conoces las cosas espirituales mejor que nadie.

–             Eso es verdad.

Pero precisamente por eso te decía que conoces mejor que Yo las cosas, feas si quieres, degradantes si quieres…

Naturales, como el odio de mis enemigos, como sus propósitos…

–            ¡Yo no sé nada!

Nada sé yo.

Lo juro por mi alma, por mi madre, por Yeohvé…

–            ¡Basta!

Está escrito que no se ha de jurar.

Dice con tono tajante Jesús, con una severidad que parece endurecerle hasta los rasgos del rostro dándole perfección de estatua.

–            Bueno, pues no juraré.

Pero me será lícito decir, porque no soy un esclavo, que no es necesario, que no es útil…

Es más, que es peligroso ir a Cesárea, hablar con las romanas…

–           ¿Y quién te dice que va a ser así? – pregunta Jesús.

–           ¿Quién?

¡Hombre, pues todo!

Tú tienes necesidad de asegurarte de una cosa.

Estás siguiendo las huellas de una…

Judas se detiene abruptamente, porque comprende que la ira le hace hablar demasiado.

Luego continúa:

«Y yo te digo que deberías pensar también en nuestros intereses.

Nos has arrebatado todo.

Casa, ganancias, afectos, tranquilidad.

Somos gente perseguida por causa tuya y lo seguiremos siendo después.

Porque Tú – lo dices de todos los modos – un buen día de marcharás.

Nosotros, sin embargo, nos quedamos.

Y nos quedaremos destruidos.

Nosotros…

–              Tú no serás perseguido cuando Yo ya no esté entre vosotros.

Esto te lo digo Yo, que soy la Verdad.

Y te digo que he tomado lo que espontánea e insistentemente me habéis dado.

Así que no puedes acusarme de haberos arrebatado violentamente ni un solo cabello de los que se os caen cuando os peináis.

¿Por qué me acusas?

Jesús está ya menos severo, muestra ahora una tristeza deseosa de reconducir a la razón con dulzura.

Y esta misericordia suya tan plena, tan divina, es freno para los demás, que no la tendrían hacia el culpable.

Judas también siente esto.

Y con una de esas bruscas mudanzas de su alma atrapada entre dos fuerzas contrarias;

se arroja al suelo, se golpea la cabeza y el pecho,

gritando:

–            Porque soy un demonio.

Un demonio soy yo.

¡Sálvame, Maestro, como salvas a tantos endemoniados!

¡Te lo estoy pidiendo, sálvame!

¡Sálvame!

–            No esté inerte tu voluntad de ser salvado.

–            La hay.

Ya lo ves.

Quiero ser salvado.

–            Por Mí.

Pretendes que Yo haga todo.

Pero Yo soy Dios y respeto tu libre arbitrio.

Te daré las fuerzas para llegar a «querer».

Pero querer no ser esclavo del mal debe venir de ti.

–            ¡Lo quiero!

¡Lo quiero!

¡Pero no vayas a Cesárea!

¡No vayas!

Escúchame a mí como escuchaste a Juan cuando querías ir a Acor.

Tenemos todos los mismos derechos.

Te servimos todos igualmente.

Tienes la obligación de complacernos por lo que hacemos…

¡Trátame como a Juan!

¡Lo quiero!

¿Qué hay de distinto entre yo y él?

Santiago de Zebedeo,

interviene:

–              ¡El corazón!

Mi hermano no habría hablado jamás como tú hablas.

Mi hermano no…

Jesús ordena:

–             Silencio, Santiago.

Hablo Yo.

Y lo mismo a todos.

Se vuelve hacia Judas, diciendo:

–            Y tú levántate y compórtate como un hombre, como Yo te trato.

Y no como un esclavo lastimero a los pies de su amo.

Sé hombre, puesto que tanto te importa ser tratado como Juan;

el cual en verdad, es más que un hombre…

Porque es casto y está saturado de Caridad.

Vamos.

Es tarde.

Y al alba quiero pasar el río.

A esa hora regresan los pescadores que han retirado las nasas y es fácil encontrar un bote para cruzar el río.

La Luna en sus últimos días eleva cada vez más su arco fino, así que podemos con su mayor luz, caminar más de prisa.

Oíd.

En verdad os digo que ninguno debe gloriarse de cumplir con el propio deber…

Y exigir por ello, que es una obligación, especiales favores.

Judas ha recordado que me habéis dado todo.

Y me ha dicho que por ello tengo el deber de complaceros a cambio de lo que hacéis.

Pero, considerad esto:

Entre vosotros hay pescadores, propietarios de tierras, más de uno que tiene un trabajador.

Y el Zelote que tenía un criado.

Ahora bien, cuando los mozos de la barca o los hombres que como subalternos os ayudaban en el olivar, en la viña o en los campos.

Y los aprendices del encargado…

O simplemente el criado fiel que cuidaba la casa y la mesa, terminaban sus trabajos.

¿Acaso os poníais vosotros a servirlos?

¿Y no es así en todas las casas e incumbencias?

¿Qué hombre que tiene un siervo arando, apacentando o un trabajador en el obrador, dice a éste cuando termina el trabajo:

«Ve inmediatamente a la mesa»?

Ninguno.

Más bien, sea que vuelva de los campos, sea que haya dejado las herramientas del trabajo, todo patrón dice:

«Hazme de comer, límpiate.

Y con túnica limpia y ceñida, sírveme mientras yo como y bebo.

Después comerás y beberás tú».

Y no se puede decir que ello sea dureza de corazón.

Porque el siervo debe servir a su señor.

Y éste no le queda deudor porque el siervo haya hecho lo que por la mañana el señor había ordenado.

Porque, si es verdad que el señor tiene el deber de ser humano con el propio siervo;

así el siervo tiene el deber de no ser holgazán y dilapidador…

Sino de cooperar al bienestar de su señor, que lo viste y le da de comer.

¿Soportaríais vosotros que vuestros mozos de barca, los campesinos, los obreros, el criado de casa, os dijeran:

«Sírveme porque he trabajado»?

No creo.

Así también vosotros, mirando a lo que habéis hecho y hacéis por Mí…

Y en el futuro, mirando a lo que haréis para continuar mi obra y seguir sirviendo a vuestro Maestro…

Debéis decir siempre, porque veréis también que habréis hecho siempre mucho menos de cuanto era justo hacer,

para estar nivelados con la mucha ayuda recibida de Dios:

«Somos siervos inútiles, porque no hemos hecho sino nuestro deber».

Si razonáis así, veréis como no sentiréis ya más surgir en vosotros exigencias ni malos humores.

Y obraréis con justicia.

Jesús calla.

Todos reflexionan.

Pedro, chocando a Juan con el codo, que reflexiona teniendo sus ojos zarcos fijos en las aguas…

Las cuales del color añil pasan a un plata azul por el toque de la Luna.

Y le dice:

–            Pregúntale cuándo uno hace más de su deber.

Quisiera llegar a hacer más de mi deber, yo…

Juan con su hermosa sonrisa en los labios,

Juan le responde:

–              Yo también, Simón.

Estaba pensando precisamente en esto.

Y preguntando con voz fuerte:

«Maestro, dime:

¿El hombre siervo tuyo no podrá nunca hacer más de su deber, para decirte con este «más» que te ama completamente?».

–             Niño, Dios te ha dado tanto que, por justicia, todo heroísmo tuyo sería siempre poco.

Pero el Señor es tan bueno, que mide lo que le dais no con su medida infinita.

Lo mide con la medida limitada de la capacidad humana.

Y cuando ve que habéis dado sin parsimonia, con una medida colmada, rebosante, generosa, entonces dice:

«Este siervo mío me ha dado más de cuanto era su deber.

Por eso le daré la sobreabundancia de mis premios».

Pedro exclama:

–              ¡Oh!

¡Qué feliz me siento!

Entonces te voy a dar medida rebosante para recibir esta sobreabundancia!

–              Sí.

Me darás esa medida.

Vosotros me la daréis.

Todos los que son amantes de la Verdad, de la Luz, me la darán.

Y conmigo serán sobrenaturalmente felices.