514 Parábola de la Viña


514 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

428 Parábola de la viña y del viñador, figuras del alma y del libre albedrío.

Mientras se adentra en un bosque para resguardarse del sol.

Jesús a los ex pastores,

les pregunta:

–          La paz a vosotros, amigos míos.

El Señor es bueno.

Nos concede reunirnos para un ágape fraterno.

¿A dónde ibais?

Daniel, el que fue pastor en el Líbano,

responde:

–         Unos hacia el mar, otros hacia los montes.

Pero hasta aquí hemos venido juntos y creciendo cada vez más en número,

por otros grupos que hemos encontrado por el camino.

Benjamín su compañero,

confirma:

–          Sí.

Y nosotros dos quisiéramos ir hasta el gran Hermón;

donde hemos pastoreado a los rebaños;

para pastorear corazones.

–            Es una buena idea.

Yo voy a estar un poco en Nazaret;

luego estaré entre Cafarnaúm y Betsaida hasta la neomenia de Elul.

Os lo digo para que en caso de necesidad, podáis encontrarMe.

Sentaos, pongamos en común nuestros alimentos para repartirlos con justicia.

Así lo hacen.

Extienden encima de un lienzo sus…

riquezas:

Tortas de pan, quesos pequeños, pescado salado, aceitunas,

algunos huevos, las primeras manzanas…

Y de la misma forma que han entregado alegremente…

Después del ofrecimiento y la bendición de Jesús.

Con alegría reparten.

¡Qué contentos están de este inesperado banquete de amor!

Inmersos en la alegría de escuchar a Jesús.

Que les hace preguntas acerca de las cosas que han hecho,.

Y que los aconseja o les cuenta lo que Él ha hecho.

Se han olvidado del cansancio y del calor.

Y a pesar de que esta hora tórrida de un día de bochorno…

Produzca un atontamiento de somnolencia.

El interés es tanto, que ninguno se abandona al sueño;

antes al contrario, terminada la comida;

recogidas las pocas provisiones que han sobrado.

Dividiéndolas en sendas partes iguales,

se retiran aún más hacia la espesura de las primeras arboledas del collado.

Y a la sombra fresca de los árboles… 

Sentados en círculo en torno a Jesús;

le ruegan que les exponga una bonita parábola,

que sirva como regla de vida y como enseñanza.

Jesús, que está sentado de forma que tiene enfrente la llanura de Esdrelón,

ya despojada de mieses…

Pero rica en viñas y árboles frutales.

Extiende su mirada por el paisaje como buscando un tema en lo que ve.

Sonríe.

Lo ha encontrado.

Empieza con una pregunta genérica:

–             ¿Verdad que son bonitas las viñas de esta llanura?

Varios contestan:

–            Muy bonitas.

–            Están increíblemente cargadas de uvas que maduran.

–            Y muy bien cuidadas.

–            Por eso producen tanto.

Jesús insinúa:

–             Pero serán plantas selectas…

«La llanura, estando casi toda dividida en propiedades de ricos fariseos,

ha sido cultivada con plantas buenas sin dolerse del precio de adquisición».

Cleofás, un hombre vigoroso, de unos cuarenta años,

dice:

–           ¡De nada hubiera servido el haber adquirido las mejores plantas,

si luego no hubieran seguido cuidándolas!

Yo entiendo de esto, porque todos mis bienes consisten en vides.

Pero, si no sudo yo.

O sea, si no hubiera sudado, como ahora siguen sudando mis hermanos;

créeme, Maestro;

que no podría ofrecerte para la vendimia racimos iguales que los del año pasado.

Otro apoya:

–         Tienes razón, Cleofás.

Todo el secreto para tener buenos frutos…

Está en el cuidado que se da a nuestros bienes.

Cleofás insiste:

–          Buenos frutos y buena ganancia.

Porque, si la tierra diera sólo lo que se ha gastado por ella,

sería siempre un mal empleo del dinero.

La tierra debe producir el fruto del capital que nos cuesta;

más una ganancia que nos permita aumentar nuestro patrimonio.

Porque hay que pensar que un padre debe repartir entre los hijos.

Y de unos bienes, sea en tierras o en dinero, debe hacer varias partes;

tantas como hijos tiene, para dar a todos con qué vivir.

No creo que multiplicar así los bienes en beneficio de los hijos,

sea una cosa reprochable.

Y se entabla un diálogo entre los dos discípulos,

pues el otro hombre replica:

–            No lo es si se consigue con el trabajo honrado y de forma honrada.

¿Entonces tú dices que, a pesar de la calidad de los vástagos plantados,

para sacar ganancia es necesario trabajar mucho en ellos?

–           ¡Hombre claro!

Antes de que den el primer racimo…

¡Porque tiene que pasar tiempo, eh!

Y por tanto hay que tener paciencia.

Y también hay que trabajar, mientras las cepas tiernas tienen sólo hojas.

Después también, cuando ya dan fruto y son fuertes…

Debemos estar atentos a que no tengan ramas inútiles ni insectos nocivos…

A que las hierbas parásitas no debiliten el terreno,.

O a que no se ahoguen los sarmientos bajo el follaje de las zarzas y de las enredaderas.

Luego mullir en la base, hacer los círculos para que el aguazo penetre…

Y las aguas se detengan un poco más que en otras partes para nutrir a la planta.

También abonar…

¡Trabajo duro!

Pero es necesario, aunque sea muy arduo…

Porque la uva, tan dulce;

tan espléndida que cada racimo parece una aglomeración de piedras preciosas,

se forma precisamente absorbiendo ese negro y fétido estiércol.

¡Parece imposible, pero es así!

Enseguida hay que quitar hojas, para dejar que baje el sol a los racimos.

Y terminada la vendimia, arreglar las plantas, atando, podando;

cubriendo las raíces con paja y excrementos para defenderlas del hielo.

E ir también en invierno,

a ver si los vientos o algún malandrín no han arrancado los palos…

Y si el tiempo ha soltado los mimbres usados para sujetar las ramas a los soportes…

¡Siempre hay cosas que hacer mientras la vid no muere del todo!…

Después hay que trabajar todavía, para sacarla de la tierra…

Limpiar el terreno de raíces para prepararla para recibir un nuevo vástago.

¿Sabes qué mano tan suave y paciente…

¡Qué movimientos tan delicados!

Y qué ojo tan fino hay que tener,

para desenredar los sarmientos de las plantas muertas,

mezclados con los de las plantas todavía vivas!

¡Si se hiciera con ignorancia y mano ruda, se harían daños!

¡Hay que dedicarse a este oficio para saber!…

¿Las vides?

¡Hombre, son como hijos!

¡Y antes de que un hijo se convierta en un hombre…!

¡Cuánto hay que sudar para mantenerlo sano de cuerpo y de espíritu!..

Cleofás se detiene repentinamente.

Mirando al Maestro,

agrega:

Pero yo estoy hablando sin parar y no te dejo hablar a Ti…

Nos has prometido una parábola…

Jesús dice:

–            Verdaderamente ya la has dicho tú.

Bastaría con aplicar tu conclusión…

Y decir que las almas son como las vides…

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