524 Parábola de la Madera


524 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

434a Trabajos manuales en Nazaret 

Vuelven después de un poco de tiempo.

Jesús señala la escalera de hortelano,

diciendo:

–         Pásale el barniz a ésa.

El barniz hace impenetrable la madera y la conserva más;

además de hacerla más bonita.

Es como la defensa y embellecimiento de las virtudes en el corazón humano.

Puede ser agreste, tosco…

Pero, en cuanto las virtudes lo visten, se hace hermoso, agradable.

Mira, para obtener una tinta bonita y un servicio real de ella,

es necesario tener en cuenta muchas cosas.

La primera:

Tomar con atención lo que se necesita para hacerla.

O sea, un recipiente que no tenga tierra o residuos de otras tintas anteriores;

aceites buenos y buenos colores.

Y con paciencia mezclar, trabajar,

hacer un líquido que no sea demasiado denso ni demasiado líquido.

No cansarse de trabajar mientras no esté disuelto hasta el más pequeño grumo.

Una vez hecho esto, hay que tomar un pincel que no pierda las cerdas,

que no las tenga ni excesivamente duras ni excesivamente blandas,

que esté limpio de cualquier tinte precedente.

Antes de aplicar el barniz, hay que quitar las asperezas de la madera,

los viejos barnices descascarillados, el barro y todo.

Luego, así con orden, hay que tener mano segura en ir siempre en una dirección,

extender con paciencia, mucha paciencia, el barniz.

Porque en una misma tabla hay distintas resistencias.

En los nudos por ejemplo, el barniz queda más liso, es verdad;

pero en ellos la tintura se fija mal, como si la materia leñosa la rechazara.

Al contrario, en las partes blandas de la madera el barniz se fija enseguida,

pero las partes blandas generalmente son poco lisas…

Entonces pueden formarse pequeñas bolsas, o estrías…

Estos casos se deben solucionar extendiendo el color con mano constante.

Luego hay en los muebles viejos, partes nuevas, como este peldaño, por ejemplo.

Y para que no se vea que la pobre escalera está apañada pero que es muy vieja,

hay que arreglárselas para que tanto el peldaño nuevo como los viejos resulten iguales…

¡Mira, así!

Jesús, agachado al pie de la escalera, mientras habla trabaja…

Tomás, que ha dejado sus buriles para ir a ver,

pregunta:

–           ¿Por qué has empezado por la parte de abajo en vez de por la de arriba?

¿No era mejor hacer lo contrario?

–          Parecería mejor, pero no lo es.

Porque la parte de abajo es la que está más deteriorada…

Y la que está destinada a deteriorarse más, porque apoya en el suelo.

Por ese motivo debe trabajarse varias veces abajo.

Una primera mano, luego una segunda…

Y una tercera si es necesario…

Para no estar ociosos esperando a que la parte de abajo se seque,

para poder dar una nueva mano…

Hay que barnizar mientras tanto la parte alta, luego el centro de la escalera.

Zelote observa:

–          Pero al hacerlo uno se puede manchar la túnica…

Y estropear las partes barnizadas antes.

–          Haciéndolo con cuidado, uno no se mancha y no se estropea nada.

¿Ves?

Se hace así.

Jesús se recoge la túnica y se mantiene separado.

No por asco de la tintura,

sino para no dañar la tintura que por haber sido aplicada poco antes, es delicada.

Con los brazos elevados, barniza ahora la parte superior de la escalera.

Y sigue hablando.

–           Así se hace con las almas.

He dicho al principio,

que el barniz es como el embellecimiento de las virtudes en los corazones humanos.

Embellecimiento y preservación de la madera contra la carcoma, las lluvias y el sol intenso.

¡Mal le irá al dueño de casa que no tenga cuidado de las cosas barnizadas

y las deje deteriorarse!

Cuando se ve que la madera pierde su barniz,

sin perder tiempo, hay que poner barniz nuevo.

Refrescar la pintura…

También las virtudes, puestas en un primer momento de impulso hacia la justicia,

pueden deteriorarse o desaparecer del todo, si el amo de la casa no vigila;

la carne y el espíritu desnudos, a merced de la intemperie y de los parásitos…

O sea de las pasiones y de las disipaciones;

pueden sufrir el asalto de estos elementos,

perder la túnica que los embellece, terminar siendo…

válidos sólo para el fuego.

Por tanto bien sea en nosotros,

bien sea en aquellos a quienes amamos como discípulos nuestros,

cuando se notan agrietamientos, decoloraciones,

en las virtudes colocadas como defensa en nuestro yo,

es necesario, enseguida poner remedio con un trabajo asiduo, paciente,

hasta el final de la vida,

para que uno pueda dormirse en la muerte con una carne y un espíritu

dignos de la resurrección gloriosa.

Y para que las virtudes sean verdaderas, buenas,

hay que empezarlas con una intención pura, valiente,

que elimina todo detrito, todo resto de tierra.

Trabajar para no dejar imperfecciones en la formación virtuosa…

Luego tomar una actitud que no sea demasiado dura ni demasiado indulgente,

porque tanto la intransigencia como la excesiva indulgencia perjudican.

Y el pincel: la voluntad.

Debe estar limpio de las preexistentes tendencias humanas,

que podrían hacer vetas en la tintura espiritual con rayas materiales.

Uno se debe preparar a sí mismo o preparar a otros,

con oportunas operaciones trabajosas, es verdad,

pero necesarias, para limpiar al viejo yo de toda vieja lepra,

para tenerlo limpio, en orden a recibir la virtud.

Porque no se puede mezclar lo viejo con lo nuevo.

Luego empezar el trabajo, con orden, con reflexión.

No saltar acá o allá sin un serio motivo.

No ir un poco en un sentido y un poco en otro.

Uno se cansaría menos, es verdad.

Pero el barniz quedaría irregular.

Como sucede en las almas desordenadas.

Presentan lugares perfectos, pero al lado de éstos se ven errores, color distinto…

Insistir en los puntos resistentes a la tinta,

en los nudos, maraña de la materia o de pasiones desordenadas,

que están mortificados, sí, por la voluntad…

(la cual, como un cepillo, los ha alisado fatigosamente)

Pero que siguen oponiendo resistencia como un nudo tajado pero no destruido.

Y a veces engañan, porque parecen ya bien revestidos de virtud,

cuando en realidad tienen sólo un velo ligero que cae inmediatamente.

Estar atentos a los nudos de las concupiscencias.

Haced que encima de ellos, una y otra vez, sea puesta la virtud,

para que no reemerjan y afeen el yo nuevo.

Y en las partes blandas, en las partes tendentes a deformarse

que reciben con demasiada facilidad el barniz,

pero que lo reciben según su tendencia, con bolsas y rayas,

hay que insistir en lijar con la piel de pescado.

Lijar, lijar, para dar una o más manos de barniz;

para que esas partes queden lisas como un esmalte compacto.

Y atentos a no sobrecargar.

Pretender excesivamente en las virtudes hace que la persona se rebele,

se agite y salte al primer choque.

No.

No demasiado ni demasiado poco.

Justicia en el trabajo con uno mismo y con las criaturas hechas de carne y alma.

Y si, como en la mayor parte de los casos,

porque las personas como Áurea son excepciones y no regla;

hay partes nuevas mezcladas con las viejas…

Y las tienen los israelitas, que de Moisés pasan al Cristo.

Los paganos con su mosaico de creencias, que no podrán ser anuladas de repente.

Y emergerán con nostalgias y recuerdos, al menos en las cosas más puras;

entonces son necesarios todavía más ojo y tacto.

E insistir hasta que lo viejo se homogeneice con lo nuevo,

haciendo uso de las cosas preexistentes para completar las nuevas virtudes.

Por ejemplo, en los romanos hay mucho espíritu patriótico y valor viril.

Estas dos cosas son casi mitos.

Pues bien, no tratéis de destruirlas, sino inculcad un espíritu nuevo al espíritu patrio:

el espíritu de hacer grande también espiritualmente a Roma

como centro de cristiandad…

Usando la virilidad romana para hacer fuertes en la Fe,

a quienes son fuertes en la batalla.

Otro ejemplo: Áurea.

El asco de una revelación brutal la impulsa a amar lo puro y a odiar lo impuro.

Pues bien, usad estas dos cosas para conducirla a una perfecta pureza,

odiando la corrupción como si fuera el romano brutal.

¿Me entendéis?

Y haced de las costumbres medios para entrar.

No destruyáis brutalmente.

No tendríais a mano inmediatamente con qué edificar…

Substituid más bien poco a poco, lo que no debe seguir existiendo en un convertido,

con caridad, paciencia, tenacidad.

Puesto que la materia, especialmente en los paganos, predomina.

Ellos, aunque estén convertidos, estarán siempre apoyados en el mundo pagano,

pues en él viven.

Insistid mucho en que se preserven de la carnalidad.

Detrás de la sensualidad entra todo lo demás.

Vigilad en los paganos la exasperación de la sensualidad;

la cual confesémoslo, también está vivísima entre nosotros.

Y cuando veáis que el contacto con el mundo abre el barniz que preserva;

no sigáis dando pinceladas en lo alto, sino volved a la parte de abajo,

manteniendo en equilibrio el espíritu y la carne, lo alto y lo bajo.

Pero empezad siempre por la carne, por el vicio material,

para preparar a recibir al Huésped que no inhabita en cuerpos impuros,

con espíritus malolientes por corrupciones carnales…

¿Me entendéis?

Y no temáis corromperos tocando con vuestra túnica lo bajo, lo material,

de aquellos cuyo espíritu cuidáis.

Con prudencia, para no ser causa de ruina en vez de causa de edificación.

Vivid recogidos en vuestro yo nutrido de Dios, envuelto en virtud.

Moveos con delicadeza;

especialmente cuando tengáis que ocuparos

del sensibilísimo yo espiritual de los demás:

ciertamente lograréis hacer seres dignos del Cielo

incluso de los seres más despreciables.

Zelote dice:

–            ¡Qué parábola más hermosa nos has expuesto!

Voy a escribirla para Margziam.

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