Archivos diarios: 10/06/22

540 La Higuera Gemela


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

444 Las dotes de Margziam. 

Mientras camina en dirección nordeste,

dando la espalda a la llanura de Esdrelón y en dirección al Tabor,

Jesús pregunta:

–              ¿Dónde has dejado las barcas, Simón, cuando has venido a Nazaret?

Pedro responde:

–             Las he mandado de nuevo a pescar, Maestro.

Pero he dicho que cada tres días estén en Tariquea…

No sabía cuánto tiempo me quedaría contigo.

–             Muy bien.

¿Quién de vosotros quiere ir a advertir a mi Madre y a María de Alfeo,

que se agreguen a nosotros en Tiberíades?

En casa de José es la cita.

–           Maestro…

Quisiéramos todos.

Di Tú quién debe ir y será mejor.

–            Entonces serán Mateo, Felipe, Andrés y Santiago de Zebedeo.

Los otros que vengan conmigo a Tariquea.

Explicaréis a las mujeres el motivo del retraso.

Y decidles que cierren la casa y que vengan.

Estaremos juntos durante una luna entera.

Marchaos, que aquí está la bifurcación.

Y que la paz esté con vosotros.

Besa a los cuatro que se separan…

Y reanuda la marcha con los otros.

Pero después de pocos pasos se detiene.

Y observa a Margziam que camina un poco retrasado, con la cabeza baja.

Cuando el jovencito llega a donde Él,

Jesús le pasa la mano por debajo del mentón y le fuerza a levantar la cara:

Hay dos líneas de llanto en el rostro moreno.

Y le pregunta:

–            ¿Irías con gusto también tú a Nazaret?

Margziam responde:

–            Sí, Maestro…

Pero haz lo que Tú quieras.

–            Quiero que te sientas confortado, hijo mío…

Ve…

Corre detrás de aquéllos.

La Madre te consolará.

Lo besa y lo deja partir.

Margziam se echa a correr y pronto alcanza a los cuatro.

Pedro observa:

–           Es todavía un niño… 

Juan dice:

–           Y sufre mucho.

Ayer por la noche, lo encontré llorando en un rincón de la casa y me dijo:

«Es como si se me hubieran muerto ayer mi padre y mi madre…

La muerte del anciano padre me ha abierto de nuevo todo el corazón…»

Zelote comenta:

–           ¡Pobre hijo!…

Pero ha sido buena cosa el que haya estado presente en esa muerte…

Pedro dice:

–            ¡Se había hecho tantas ilusiones de poder hacer algo por el anciano!…

Me decía Porfiria que hacía todo tipo de sacrificios para poder reunir el dinero.

Ha trabajado en los campos, ha hecho haces de leña para los hornos, ha pescado;

no ha comido los quesitos, ni la miel, para venderlos…

Tenía esa preocupación en su corazón y quería tener consigo al anciano…

¡En fin! 

Bartolomé añade:

–             Es un hombre de propósitos serios.

No le pesa ni el sacrificio ni el trabajo.

Buenas cualidades.

Jesús confirma:

–             Sí…

Es un buen hijo y se contará entre los mejores discípulos.

Ya veis con qué disciplina se guía incluso en los momentos  más desazonados…

Su corazón afligido añoraba a María, pero no ha pedido ir con ella.

Ha entendido tan bien lo que es fuerza en la Oración,

que supera a muchos adultos.

Tomás pregunta: 

–             ¿Tú crees que hace los sacrificios con una finalidad determinada?

Pedro responde:

–             Estoy seguro de ello.

Santiago de Alfeo, afirma:

–             Es verdad.

Ayer dio la fruta a un viejo diciéndole:

«Reza por el padre de mi padre, que se me ha muerto hace poco»

Y yo le hice esta observación: «Él está en paz, Margziam.

¿No crees válida la absolución de Jesús?»

Me respondió: «La creo válida.

Pero al ofrecer sufragios pienso en las almas por las que nadie reza y digo:

Si a mi padre ya no le hace falta,

pues que vayan estos sacrificios para aquellos en quien nadie piensa».

Y me he sentido edificado.

Pedro agrega:

–            Sí.

Ayer se acercó a mí y echándome los brazos al cuello;

porque en el fondo es todavía un niño, me dijo:

«Ahora sí que eres mi padre del todo…

Y te devuelvo lo que tu bondad me había posibilitado ahorrar.

Ya no le sirve ese dinero a mi anciano  padre…

Y tú y Porfiria hacéis mucho por mí…».

Yo, conteniendo a duras penas las lágrimas, le respondí:

«No, hijo mío.

Vamos a usar ese dinero en limosnas para los ancianos y los huerfanitos pobres.

Y Dios usará tus limosnas para aumentar la paz al pobre anciano».

Margziam me dio dos besos tan fuertes, que… bueno…

Que ya no pude contener las lágrimas.

Y Bartolomé, como te está agradecido por haber corrido con los gastos, me decía:

«Para mí, el honor dado al anciano no tiene precio.

Le voy a decir a Bartolomé que me tenga como criado»

Bartolomé protesta:

–             ¡Pobre hijo!

¡Ni durante una hora!

Él sirve al Señor y nos edifica a todos.

He honrado a un justo.

Podía hacerlo, porque mi nombre es conocido.

Y me es fácil encontrar a alguien que me anticipe.

Desde Betsaida me encargaré de saldar la pequeña deuda,

que es en el fondo una menudencia…

Jesús explica:

–             Sí.

Como dinero es poco, porque los de Yizreel han sido generosos.

Pero tu amor hacia el condiscípulo no es una menudencia.

Porque todo acto de amor tiene un valor grande.

Vosotros estáis formándoos en este amor al prójimo,

que es la segunda parte del precepto básico de la Ley de Dios.

Y que en realidad en Israel ha caído en mucho abandono.

Los muchos preceptos y ese andarse con demasiados escrúpulos…

Cosas que han subseguido a la clara, coherente, completa Ley del Sinaí;

dentro de su brevedad…

Han tergiversado la primera parte de ese precepto básico,

reduciéndolo a un cúmulo de ritos exteriores

a los que les falta lo que les da el valor, la verdad.

Porque falta la adhesión activa del interior a las formas de culto externo;

con las obras que cumple, con las tentaciones que supera.

¿Qué valor puede tener a los ojos de Dios la ostentación de un culto,

cuando luego en el interior el corazón no ama a Dios,

no se anonada en un respetuosísimo amor a Dios.

Cuando no lo alaba y admira teniendo amor por las cosas hechas por Él

y en primer  lugar por el hombre, que es la obra maestra de la Creación terrestre?

¿Veis dónde se ha producido el error en Israel?:

En haber hecho, en un primer momento, de un único precepto dos preceptos;

para separar luego netamente, con la decadencia de los espíritus,

el segundo del primero, como si fuera una rama inútil.

No era una rama inútil, no eran ni siquiera dos ramas:

Era un único tronco,

que ya desde la base se había adornado con las distintas virtudes de los dos amores… 

Jesús señala hacia lo alto del collado, diciendo:

Mirad esa gruesa higuera que ha nacido allá arriba.

Nacida espontáneamente, casi en la raíz apenas salida de la tierra,

se ha formado en dos ramas tan unidas, que las dos cortezas se han fundido.

Pero cada una de las dos ramas han dado las propias frondas a los lados,

en forma tan caprichosa…

Que ha dado el nombre de «Casa de la higuera gemela»

a este poblado que está en este pequeño collado.

Ahora bien, si uno quisiera ahora separar los dos troncos,

que en el fondo son un solo tronco, debería usar la segur o la sierra.

Pero, ¿Qué pasaría?

Haría morir a la planta.

O si fuera tan hábil que guiara la segur o la sierra,

de forma que solamente lesionara a uno de los dos troncos…

Salvaría uno de los dos, pero el otro moriría inexorablemente.

Y el que quedara aunque siguiera vivo, estaría semimuerto…

Probablemente perdería vigor, no daría ya fruto o lo daría muy escaso.

Lo mismo ha sucedido en Israel.

Han querido cortar, separar las dos partes,

(tan unidas que son verdaderamente una cosa sola)

han querido retocar lo que era perfecto.

Porque todas las obras de Dios son perfectas,

todos los pensamientos, todas las palabras.

Por tanto, si Dios en el Sinaí mandó amar a Dios santísimo y al prójimo,

con un único Precepto,

está claro que no son dos preceptos

que puedan ser practicados con independencia el uno del otro;

sino que son un solo Precepto.