581 Un Leproso Espiritual


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

458b Una curación espiritual en Guerguesa y lección sobre los dones de Dios.

El murmullo aumenta por mil preguntas curiosas.

Pero Jesús hace señal de que se callen y lo sigan.

Vuelve a la orilla del lago.

La noche se cierra lentamente.

Jesús sube a una barca, que se mece junto a la orilla.

Y habla desde ahí.

–                No.

No está muerto y no está curado, en cuanto a la carne.

Su espíritu ha reflexionado sobre sus culpas, ha dado recta dirección a su pensamiento;

ha sido perdonado porque ha pedido expiación para obtener perdón.

Vosotros, todos apoyadlo en su camino hacia Dios.

Pensad que todos tenemos una responsabilidad hacia el alma de nuestro prójimo.

¡Ay de aquel que escandalice!

Pero ¡Ay también de aquel que con su trato intransigente,

amedrente a uno que acabe de nacer al Bien,

de modo que lo rechace con su intransigencia, del camino en que se ha puesto!

Todos pueden ser un poco maestros.

Maestros buenos de su prójimo…

Y pueden serlo más,

en la medida en que este es más débil e ignorante de la sabiduría del Bien.

Os exhorto a ser pacientes, dulces, longánimes con Simeón.

No mostréis odio, rencor, desprecio, ironía.

No hagáis memoria del pasado, ni en vosotros ni a él.

El hombre que se levanta después de un perdón;

después de un arrepentimiento, después de un propósito sincero…

tiene la voluntad, pero también el peso, el legado de sus pasiones y hábitos del pasado.

Hay que saber ayudarle a liberarse de ello.

Y con mucha discreción.

Sin hacer alusiones al pasado.

Las alusiones son imprudentes contra la caridad y contra la criatura humana.

Recordar al culpable arrepentido la culpa es abatirlo.

Basta su despertada conciencia para ello.

Recordar a la criatura humana su pasado es promover el despertar de las pasiones.

Y algunas veces provoca el volver a pasiones superadas y consentimientos culpables.

En el mejor de los casos, siempre es provocar tentaciones.

No tentéis a vuestro prójimo.

Sed prudentes y caritativos.

¿Qué Dios os ha ahorrado ciertos pecados?

Alabadlo.

Pero no hagáis ostentación de vuestra justicia, para humillar a quien no es justo.

Sabed comprender la mirada implorante de quien está arrepentido

y querría que vosotros olvidarais.

Y que -puesto que sabe que no olvidáis- al menos os suplica que no lo humilléis,

recordando el pasado.

No digáis: «Fue leproso de espíritu»

para justificar vuestros abandonos.

El leproso por enfermedad…

Después de las purificaciones, obtenida la curación, es admitido de nuevo en el pueblo.

Que suceda lo mismo para quien esté curado del pecado.

No seáis como aquellos que se creen los perfectos y no lo son;

porque no tienen caridad para con los hermanos.

Al contrario,

circundad de vuestro amor a los hermanos renacidos a la gracia,

para que la buena compañía impida nuevas caídas.

No queráis ser más que Dios, que no rechaza al pecador que se arrepiente.

Lo perdona y admite de nuevo junto a Él.

Y aunque ese pecador os haya hecho un mal irreparable,

no os venguéis ahora que ya no es un arrogante temido;

antes bien, perdonad y tened una gran piedad,

porque él fue pobre respecto a ese tesoro que todo hombre puede tener con sólo quererlo:

la bondad.

Amadlo…

Porque con el dolor que os ha causado,

os ha dado un medio de merecer un premio más grande en el Cielo.

Y no despreciéis a nadie, ni siquiera si es de otra raza.

Veis que cuando Dios atrae hacia sí a un espíritu, aunque sea de un pagano,

lo transforma de tal modo que supera en justicia a muchos del pueblo elegido.

–            Me marcho.

Recordad ahora y siempre éstas y mis otras palabras.

Pedro, que estaba preparado, hinca el remo.

La barca se separa de la orilla, empezando así la navegación, seguida por otras dos.

El lago un poco agitado, imprime oscilación a las barcas,

pero ninguno se asusta por ello, porque el trayecto es breve.

Los faroles rojos ponen manchas de rubí en las oscuras aguas,

tiñendo de color sangre las espumas blancas….

Sin dejar el timón, después de un rato,

Pedro pregunta: 

–              Maestro…

¿Pero aquel hombre se va a curar o no?

No he comprendido nada.

Jesús no contesta.

Pedro hace una seña a Juan…

Que está sentado en el fondo de la barca a los pies del Maestro,

con la cabeza relajada encima de las rodillas de Jesús.

Y Juan repite en voz baja la pregunta.

Jesús responde: 

–               No se va a curar.

–              ¿Por qué, Señor?

Yo creía, por lo que he oído, que tuviera que curarse para expiar.

–              No, Juan.

Pecaría nuevamente, porque es un espíritu débil.

Juan vuelve a apoyar la cabeza en las rodillas…

Pareciera manifestar un dulce reproche

cuando dice:

–              Pero Tú lo podías hacer fuerte…  

Jesús sonríe…

Mientras introduce los dedos entre los cabellos de su Juan.

Y levantando la voz de forma que todos oigan, da la última lección del día:

–                En verdad os digo que en la concesión de gracia,

hay que saber también tener en cuenta su oportunidad.

No siempre la vida es un don, no siempre la prosperidad es un don, no siempre un hijo es un don,

no siempre -sí, también esto- no siempre una elección es un don.

Vienen a ser dones y permanecen como tales,

cuando el que los recibe sabe hacer un buen uso de ellos.

Y para fines sobrenaturales de santificación.

Pero cuando de la salud, prosperidad, afectos, misión, se hace la ruina del propio espíritu,

mejor sería no tenerlos nunca.

Y a veces Dios ofrece el mayor don que podría dar, no dando lo que los hombres querrían

o lo que considerarían justo tener como cosa buena.

El padre de familia o el médico sabio saben qué es lo que hay que dar a los hijos o a los enfermos,

para no ponerlos más enfermos o para evitar que enfermen.

Lo mismo Dios,…

Sabe lo que conviene dar para el bien de un espíritu.

Pedro exclama: 

–               ¿Entonces aquel hombre morirá?

¡Qué casa más infeliz!

–             ¿Sería, acaso, más feliz viviendo en ella un réprobo?

¿Y él sería más feliz, si viviendo, siguiera pecando?

En verdad os digo que la muerte es un don cuando sirve para impedir nuevos pecados…

y agarra al hombre mientras está reconciliado con su Señor.

La quilla roza ya en el fondo del lago, en Cafarnaúm.  

Pedro pronostica: 

–               A tiempo.

Esta noche, borrasca.

El lago hierve, el cielo sin estrellas, negro como la pez.

¿Oís detrás de los montes?

¿Veis esas luces?

Truenos y relámpagos.

Dentro de poco, agua.

¡Rápido!

 

¡Hay que poner a salvo las barcas que no son nuestras!

Abajo las mujeres y el niño, antes de que llueva.

Dirigiéndose a otros pescadores, que retiran redes y cestas,

Pedro agrega gritando:

¡Ayúdennos!

¡Echad una mano! –

A fuerza de brazos empujan la barca bien arriba, a la playa…

Mientras ya las primeras olas fuertes,

vienen a azotar los miembros semidesnudos y los guijarros de la orilla.

Y luego…

se alejan rápidamente, hacia la casa;

mientras las primeras gotas de una tormenta, levantan el polvo de la tierra ardiente,

haciendo emanar fuerte olor.

Y los relámpagos ya están encima del lago…

Mientras los truenos llenan de fragor la copa formada por las colinas de las orillas…

 

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