Archivos diarios: 23/08/22

592 Carta de Antioquia


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

461c  El griego Zenón y la carta de Síntica con la noticia de la muerte de Juan de Endor.

Las mujeres están en el atrio comentando con Pedro la muerte de Juan.

Y ya han vuelto los demás, los que se habían quedado por la ciudad

para avisar que mañana por la mañana el Rabí estaría en Tariquea.

Todos hablan del pobre Juan de Endor…

Y están ansiosos de saber.

María la Madre, dice:

–                 ¡Ha muerto, Hijo!

Jesús responde:

–                 Sí.

Está en la paz.

Pedro comenta:

–                 Verdaderamente ha terminado de sufrir.

Ha salido de la cárcel definitivamente.

Tadeo dice:

–                   Hubiera sido justo que no hubiera sufrido el último dolor: el del exilio.

Santiago de Zebedeo sentencia:

–                  Una purificación más.

Mateo añade:

–                ¡Oh, no quisiera para mí esta purificación!

Cualquier otra…

¡Pero no morir lejos del Maestro!

Andrés dice:

–               Y sin embargo…

Moriremos todos así…

¡Maestro llévanos contigo!

Jesús responde:

–                 No sabes lo que pides, Andrés.

Éste es vuestro puesto hasta mi llamada.

Pero escuchad lo que escribe Síntica.

«Síntica de Cristo al Cristo Jesús, salud.

El hombre que te llevará estos folios es un connacional mío.

Me ha prometido buscarte hasta encontrarte.

Y reservar como último lugar Betania, donde dejará la carta, en casa de Lázaro,

si no hubiera podido encontrarte en ningún sitio.

Es una persona que se resarce como puede,

de todo el mal que de Roma ha recibido, él y sus antepasados.

Tres veces Roma descargó su mano sobre ellos, de muchas maneras, y siempre con sus métodos.

Él con sutileza griega, dice que ahora ordeña las vacas tiberinas para hacerles escupir las cabras helénicas.

Es proveedor de la casa del Legado y de muchas casas de esta pequeña Roma…

Y la gran ciudad reina de Oriente.

Y además después de con los refinamientos para los ricos,

ha logrado hacerse con los aprovisionamientos para las cohortes de Oriente, con astuto modo,

hecho de agasajos serviles que cubren un odio incurable.

No apruebo su método. Pero cada uno tiene sus maneras.

Yo habría preferido el pan mendigado por el camino, antes que las arcas de oro recibidas del opresor.

Y así habría hecho siempre, si ahora otro motivo -que no es la ganancia para mí-

no me hubiera empujado a imitar al griego para mi objetivo.

Pero en el fondo es un buen hombre, su mujer también es buena, sus tres hijas y el hijo.

Los he conocido en la pequeña escuela de Antigonio.

Y habiendo enfermado al principio de la primavera la madre, la curé con el bálsamo…

Y así entré en la casa de ellos.

Muchas casas me habrían recibido con gusto como maestra y bordadora.

Casas nobles y casas de comerciantes.

Pero he preferido ésta por un motivo que no es el que sea casa de griegos.

Ahora te explicaré: Te suplico conmiseración para Zenón, si bien no puedes aprobar su pensamiento.

Es como ciertos terrenos áridos, cuarzosos en la superficie, pero magníficos bajo la costra dura.

Espero lograr hacer desaparecer esta costra creada por tanto dolor…

Y poner al descubierto el buen terreno.

Sería una gran ayuda para tu Iglesia, siendo Zenón como es conocido…

Y estando como está, relacionado con tantos de Asia menor, Grecia, Chipre, Malta e incluso de Iberia,

donde en todas partes, tiene parientes y amigos, griegos como él y perseguidos.

O también romanos, soldados, de las magistraturas, utilísimos un día para tu causa.

Señor, mientras escribo, desde una de las terrazas de la casa,

veo Antioquía, con sus embarcaderos en el río,

el palacio del Legado en la isla y sus vías regias, sus murallas con sus cuantiosas torres potentes.

Y si me vuelvo, veo la cresta del Sulpio, que se cierne sobre mí, con sus cuarteles.

Y veo el otro palacio del Legado.

Así, estoy entre las dos manifestaciones del poder romano yo, pobre mujer sujeta, sola.

Pero no me dan miedo.

Es más, pienso que lo que no pueden la ira de los elementos y la fuerza de todo un pueblo amotinado,

lo hará la debilidad que no da sombra, la aparente debilidad -despreciable para los poderosos-

de quien es una fuerza porque posee a Dios: a Ti.

Pienso y te lo digo, que esta fuerza romana será la fuerza cristiana cuando te haya conocido.

Y que se deberá empezar el trabajo por las ciudadelas de la romanidad pagana,

porque ellas serán siempre las dueñas del mundo.

Y una romanidad cristiana querrá decir una cristiandad universal.

¿Esto cuándo? No lo sé. Pero siento que será.

Y de aquí que mire con una sonrisa a estos testimonios de potencia romana,

pensando en aquel día en que pondrán las enseñas y su fuerza al servicio del Rey de los reyes.

Las miro como se mira a amigos útiles que aún no saben que lo son;

que harán sufrir antes de ser conquistados;

pero que una vez conquistados, te llevarán a Ti,

llevarán el conocimiento de Ti, hasta los confines del mundo.

Yo pobre mujer, oso decir a mis hermanos en ti;

a mis hermanos mayores, que cuando llegue la hora de la conquista del mundo para tu Reino,

no por Israel, demasiado cerrado en su rigorismo mosaico

exacerbado por el farisaico y por las otras castas, como para ser conquistado,

sino por aquí, por el mundo romano, por sus extremidades…

los tentáculos con que Roma estrangula toda fe, todo amor, toda libertad que no sean las que ella quiera,

las que le son útiles…

por aquí deberá empezarse la conquista de los espíritus para la Verdad.

Tú lo sabes, Señor.

Pero yo hablo para los hermanos que no pueden creer que también nosotros los gentiles,

tengamos aspiración al Bien.

A los hermanos digo que bajo la coraza pagana hay corazones desilusionados del vacío pagano,

asqueados de a vida que llevan porque así es costumbre, cansados de odio, de vicio, de insensibilidad.

Hay espíritus honestos, pero que no saben dónde apoyarse pare hallar satisfacción a su aspiración al Bien.

Dadles una Fe que apague su sed.

«Ahora soy yo la que sufro, pero en la arena del circo será otro quien sufrirá por mí, ya que yo sufriré por Él.» Martirio de sta. Perpetua

Morirán por ella, llevándola cada vez más adelante cual antorcha en las tinieblas,

como los atletas de los juegos helénicos».

Jesús enrolla el primer folio.

Y mientras los que están escuchando comentan el estilo, la fuerza, las ideas de Síntica.

Se preguntan por qué ya no está en Antigonio.