Archivos diarios: 16/09/22

610 Arrepentimiento


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

467a Perdón condicionado para el campesino Jacob.

Jesús continúa su enseñanza:

La parábola ha terminado.

Todos pueden entenderla.

Os digo sólo que quien es rico…

Es el depositario de esta riqueza que Dios le concede con el mandato,

de ser distribuidor de ella para quien sufre.

Pensad en la magnitud del honor que os otorga Dios,

llamándoos a ser cooperadores en la obra de la Providencia,

en favor de los pobres, enfermos, viudas, huérfanos

Dios podría hacer llover dinero, vestidos, alimentos sobre los pasos del pobre.

Pero entonces quitaría al hombre rico grandes méritos:

Los de la caridad hacia los hermanos.

No todos los ricos pueden ser doctos, pero sí todos pueden ser buenos.

No todos los ricos pueden atender a los enfermos, sepultar a los muertos, visitar a los enfermos

y a los que están en la cárcel.

Pero todos los ricos, incluyendo simplemente los no pobres,

pueden dar un pan, un sorbo de agua, un vestido usado o acoger en torno al fuego a quien tiembla,

o bajo su techo a quien no tiene casa y sufre la lluvia o el sol abrasador.

El pobre es el que no tiene lo necesario para vivir.

Los otros no son pobres.

Tienen escasos medios;

pero son siempre ricos respecto a quien muere de hambre, de privaciones, de frío.

Yo me marcho.

No puedo ya practicar la beneficencia con los pobres de estos lugares.

Mi corazón sufre pensando que pierden un amigo…

Pues bien, Yo que os hablo…

y vosotros sabéis Quién Soy…

Os pido que seáis la providencia de los pobres que se quedan sin su Amigo misericordioso.

Dad limosna y amadlos en mi nombre, por recuerdo de Mí…

Sed mis continuadores.

Confortad con una promesa mi corazón abatido:

Que en los pobres me veréis siempre a Mí…

Y que los acogeréis como a los más verdaderos representantes de Cristo, que es Pobre.

Que quiso ser pobre por amor a los más infelices de la Tierra…

Y para expiar con sus penurias y febril amor las injustas prodigalidades y los egoísmos de los hombres.

Recordad que la caridad, la misericordia, reciben premio eterno.

Recordad que la caridad, la misericordia, son absolución de las culpas.

Dios mucho perdona a quien mucho ama.

Y el amor a los indigentes que no pueden corresponder, es el más meritorio ante los ojos de Dios.

Recordad estas palabras mías hasta el final de la vida.

Y os salvaréis y seréis bienaventurados en el Reino de Dios.

Descienda mi bendición sobre quienes aceptan la palabra del Señor y la ponen en práctica.

Los apóstoles y Margziam con los discípulos, han ido saliendo de casa mientras Él hablaba.

Y ahora forman un grupo compacto detrás de la gente.

Pero se abren paso cuando Jesús termina de hablar.

Y recogen al pasar las limosnas que muchos ofrecen.

Llevan este dinero a Jesús.

Detrás de ellos se introduce un hombre ajado y de un aspecto muy pobre.

Camina tan cabizbajo, que no es posible verle la cara.

Va a los pies de Jesús y dándose golpes de pecho, gimiendo,

diciendo :

–              He pecado, Señor.

Y Tú me has castigado.

Me lo he merecido.

Pero, al menos, dame tu perdón antes de marcharte.

¡Ten piedad del pecador Jacob!

Levanta la cara…

Se revela el aspecto muy maltratado del campesino una vez favorecido…

Y castigado otra por su dureza de corazón, con los dos huerfanitos:

María y Matías que fueron entregados para su custodia, a Juana de Cusa…

Jacob dice:

–             ¡Mi perdón!

Jesús responde:

–             Tú querías el perdón para la curación.

Y te angustiabas porque las mieses estaban echadas a perder.

Éstos sembraron para ti.

¿Acaso no tienes pan?

–              Tengo lo suficiente.

–             ¿Y no es esto acaso perdón?

Jesús se muestra muy severo.

–              No.

Quisiera morir de hambre, pero sentir que el espíritu está en paz.

He tratado, dentro de mis pocas posibilidades, de expiar…

He orado y llorado…

Pero sólo Tú puedes perdonar y dar paz a mi espíritu.

Señor sólo te pido perdón…

Jesús lo mira fijamente…

Hace levantar la cara que el hombre tiene reclinada.

Y lo perfora con sus ojos resplandecientes, mientras está un poco curvado hacia él…

Luego dice:

–             Ve.

Tendrás o no tendrás el perdón, dependiendo de cómo vivas en el tiempo que te queda.

–             ¡Oh!

¡Señor mío!

¡No así!

Has concedido el perdón a culpas mayores…

–              No eran personas favorecidas, como tú lo habías sido.

Y no habían pecado contra los inocentes.

Siempre es sagrado el pobre;

pero los más sagrados son el huérfano y las viudas.

¿No conoces la Ley?…

El hombre llora.

Quería un perdón inmediato.

Jesús resiste:

–               Has descendido dos veces.

Y no has tenido prisa en levantarte de nuevo…

Acuérdate.

Lo que tú hombre, te has permitido.

Dios puede permitírselo.

Y muy bueno sigue siendo Dios,

pues que te dice que no te niega el perdón del todo,

sino que lo condiciona a tu modo de vivir hasta la muerte.

Ve.

–             Bendíceme al menos…

que tenga más fuerza para ser justo.

–             Ya he bendecido.

–              No, así no.

A mí en particular.

Mira mi corazón…

Jesús le pone la mano en la cabeza,

y dice:

–              He dicho.

Pero que esta caricia te persuada, de que si bien soy severo, no te odio.

Mi amor severo es para salvarte;

es para tratarte como a un amigo infeliz, no porque eres pobre;

sino porque has sido malo.

Recuerda que te amé, que tuve compasión de tu espíritu.

Y que este recuerdo te infunda deseos de tenerMe como Amigo, que no sea ya severo.

–             ¿Cuándo, Señor?

¿Dónde te encontraré, si dices que te marchas?

–             En mi Reino.

–             ¿Cuál?

¿Dónde lo fundas?

Yo voy…

–               Mi Reino estará en tu corazón si lo haces bueno.

A la hora de la muerte, lo que cuenta es el Amor.

Y luego estará en el Cielo.

Adiós.

Tengo que marcharme, porque atardece…

Y debo bendecir a los que dejo.

Jesús se despide de él…

Mostrándole su infinita Misericordia…