Archivos diarios: 19/09/22

611 Paz y Presencia


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

467b Perdón condicionado para el campesino Jacob.

Jesús se ha despedido de sus oyentes…

Luego se dirige hacia los discípulos y los dueños de la casa y los bendice uno a uno.

Da a Judas el dinero que le han entregado…

Reemprende la marcha.

El verde de la campiña se traga a Jesús…

Mientras va caminando hacia el suroeste,

en dirección a Cafarnaúm…

Pedro exclama:

–                ¡Caminas demasiado, Maestro!

Estamos cansados.

Hemos recorrido ya muchos estadios…

–               Calma, Simón.

Pronto estaremos a la vista de Corozaín.

Vosotros entraréis en ella e iréis a las pocas casas amigas que tenemos,

especialmente a la casa de la viuda.

Y diréis al pequeño José que quiero saludarlo al amanecer.

Lo llevaréis hasta Mí, al camino que sube hacia Yiscala…

–               ¿Pero Tú no entras en Corozaín?

–                No.

Voy al monte a orar.

–                Estás agotado.

Estás pálido.

¿Por qué no te cuidas más?

¿Por qué no vienes con nosotros?

¿Por qué no entras en la ciudad?

Lo colman de preguntas.

Su afecto a veces es abrumador.

Pero Jesús es paciente…

Y pacientemente responde:

–              Ya lo sabéis.

Para mí la oración es descanso.

Fatiga es estar entre la gente, cuando no estoy para curar o evangelizar.

Así que iré al monte.

Al mismo lugar a donde he ido otras veces.

Conocéis el lugar.

–               ¿En el sendero que va a casa de Joaquín?

–               Sí.

Sabéis dónde encontrarme.

Al amanecer iré a vuestro encuentro…

–              ¿Y… vamos a ir hacia Yiscala?

–               Es el camino adecuado para ir hacia los confines sirofenicios.

Dije en Afeq que iba a ir e iré.

–               Es porque…

¿No te acuerdas lo que pasó la otra vez?

–                No temas, Simón.

Han cambiado el sistema.

Actualmente me ensalzan…

–               ¿Entonces te aman?

–                No.

Me odian más que antes.

Pero, no pudiendo echarme a tierra con sus fuerzas, tratan de hacerlo con sus engaños.

Tratan de seducir al Hombre…

Y para seducir se usan los honores, aunque sean falsos.

Es más…

Acercaos todos aquí.

Dice a los demás, que caminaban en grupo al ver que Jesús hablaba privadamente con Pedro.

Se reagrupan todos.

Jesús dice:

–                Estaba diciendo a Simón.

Y lo digo a todos porque no tengo secretos para mis amigos…

Decía a Simón que los enemigos míos han cambiado de sistema para perjudicarMe,

pero no han cambiado su idea respecto a Mí.

Por tanto, de la misma manera que antes usaban el insulto y la amenaza, ahora usan los honores.

Para Mi y sin duda, también para vosotros.

Sed fuertes y sabios.

No os dejéis engañar por palabras falaces, ni por regalos, ni por seducciones.

Recordad lo que dice el Deuteronomio (Dt 16, 1,4):

«Los donativos ciegan los ojos de los sabios y corrompen las palabras de los justos».

Tened presente a Sansón. (Jueces 13-16).

Era nazireo de Dios desde el nacimiento.

Desde el seno de su madre, que lo concibió y lo formó en abstinencia por orden del ángel,

para que fuera un justo juez de Israel.

Pero, ¿Tanto bien dónde terminó?

¿Cómo?

¿Por quién?

¿Y no es verdad que otras veces,

con honores, monedas y con mujeres asoldadas,

fue abatida la virtud para hacer el juego a los enemigos?

Ahora estad despiertos y vigilad, para que no os engañen.

Y para no servir aun inconscientemente, a los enemigos.

Sabed manteneros libres como los pájaros;

que prefieren el alimento parco y la rama para su descanso, antes que las doradas jaulas,

donde hay mucha comida y cómodo es el lugar para el descanso;

pero donde están prisioneros del capricho de los hombres.

Pensad que sois mis apóstoles;

siervos por tanto sólo de Dios,

de la misma forma que Yo soy siervo sólo de la voluntad del Padre.

Tratarán de seduciros, quizás ya lo han hecho, tomándoos a cada uno por el punto más débil,

porque los siervos del Mal son astutos, pues son instruidos por el Maligno.

No creáis en sus palabras.

No son sinceras.

Si lo fueran,

Yo sería el primero en deciros: «Saludemos a éstos cual buenos hermanos nuestros».

Sin embargo, hay que desconfiar de sus acciones…

Y orar por ellos, para que se hagan buenos.

Yo lo hago.

Oro por vosotros, para que la nueva guerra no os haga caer en el engaño.

Y oro por ellos, para que dejen de urdir engaños al Hijo del hombre y ofensas a Dios su Padre.

Y vosotros imitadme.

Orad mucho al Espíritu Santo.

Que os dé la luz para ver.

Y sed puros si queréis tenerlo por amigo.

Yo, antes de dejaros, quiero fortaleceros.

Os absuelvo si habéis pecado hasta el momento.

De todo os absuelvo.

Sed buenos en el futuro.

Buenos, sabios, castos, humildes, fieles.

Que la gracia de mi absolución os fortalezca…

¿Por qué lloras, Andrés?

¿Y por qué te turbas tú, hermano mío?

Santiago de Alfeo, sólo mueve la cabeza sin decir nada.

Andrés dice:

–               Porque esto me parece un adiós…

–               ¿Y piensas que me despediría de vosotros con tan pocas palabras?

Es sólo un consejo para estos tiempos.

Veo que estáis todos turbados.

Eso no os debe suceder.

La turbación turba la paz.

Siempre debe haber paz en vosotros.

Estáis al servicio de la Paz.

Y Ella os ama tanto, que os ha elegido como a los primeros siervos suyos.

Os ama.

Debéis pues pensar que os ayudará siempre, aun cuando os quedéis solos.

La Paz es Dios.

Si sois fieles a Dios, Él estará en vosotros.

Instrumentos del Amor

Y con Él en vosotros…

¿A qué vais a tenerle miedo?

¿Quién os podrá separar de Dios, si no os ponéis en condiciones de perderlo?

Sólo el pecado separa de Dios.

Pero el resto:

Tentaciones, persecuciones, muerte;

ni siquiera la muerte, separan de Dios.

Es más, unen más a Él, porque toda tentación vencida eleva en un escalón hacia el Cielo;

porque las persecuciones os obtienen un redoblado amor protector de Dios…

Y la muerte del santo o del mártir no son sino fusión con el Señor Dios.

En verdad os digo que, menos los hijos de la perdición;

ninguno de mis grandes discípulos morirá antes de que Yo haya abierto las puertas de los Cielos.

Por tanto, ninguno de mis discípulos fieles deberá esperar al abrazo de Dios

tras haber pasado de este destierro caliginoso a las luces de la otra vida.

No os diría esto si no fuera verdad.

Vosotros mismos veis.

Hoy mismo habéis visto a un hombre que después de un descarrío, ha vuelto a los caminos de la justicia.

No habría que pecar.

Pero Dios es misericordioso y perdona a quien se arrepiente.

Y el que se arrepiente puede incluso superar al que no ha pecado, si su arrepentimiento es absoluto…

Y es heroica su virtud subsiguiente.

¡Será tan dulce encontrarnos allá arriba!

¡Veros subir hacia Mí y correr Yo a vuestro encuentro para abrazaros…

Y llevaros al Padre mío y decir:

«Aquí tienes a un amado mío.

Él me amó siempre y por tanto, te amó siempre;

desde que le hablé de Ti.

Ahora ha venido.

¡Bendícelo, Padre mío, y que tu bendición sea su corona resplandeciente»!

Amigos míos…

Amigos aquí y amigos en el Cielo.

¿No os parece que todo sacrificio es ligero para obtener esta eterna alegría?

«Ya habéis recobrado la serenidad.

Separémonos aquí.

Yo subo allá;

vosotros estad calmos…

Démonos un beso…

Y los besa uno a uno.

Judas al besarlo, llora.

Ha esperado a ser el último;

él que busca siempre ser el primero.

Y está fuertemente abrazado a Jesús, besándolo repetidamente…

Y susurrándole al oído, entre el pelo:

–              Pide…

Pide, pide por mí…

Se separan:

Jesús va hacia el monte;

los otros prosiguen hacia Corozaín, que ya albea entre el verdor de los árboles.