614 El Pequeño Rebaño


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

469 Despidiéndose de los pocos fieles de Corozaín.

No ha llegado todavía la aurora…

Cuando Jesús se encuentra con los otros once apóstoles,

que tienen en medio al pequeño carpintero José;

el cual, en cuanto ve a Jesús…

Sale como una flecha y se abraza a sus rodillas, con la sencillez de quien es todavía niño.

Jesús se agacha para besarlo en la frente.

Y luego, llevándolo de la mano, va a donde están Pedro y los demás.

Jesús los saluda diciendo:

–               La paz a vosotros.

No creía encontraros tan pronto aquí.

Pedro explica:

–              El niño se ha despertado todavía de noche…

Y ha querido venir por miedo a llegar con retraso.

Tadeo añade:

–               La madre estará aquí dentro de poco con los otros hijos.

Quiere saludarte.

Los otros informan:

–                 Y lo mismo la mujer que estuvo tullida…

Con la hija de Isaac, la madre de Elías y otros que has curado.

–                 Nos han hospedado…

Jesús pregunta:

–               ¿Y los otros?

–               Señor…

–               Corozaín conserva su espíritu duro.

–              Comprendo.

No importa.

La buena semilla está echada y un día germinará…

Por mérito de éstos…

Jesús mira al niño, al finalizar.

–               ¿Será discípulo y convertirá?

–               Discípulo ya es.

¿No es verdad, José?

–               Sí.

Pero no sé hablar.

Y por lo que yo sé no me escuchan.

–               No importa.

Hablarás con tu bondad.

Jesús toma entre sus largas manos la carita del niño,

y le habla estando un poco inclinado hacia la carita levantada.

–               Yo me marcho, José.

Sé bueno.

Sé trabajador.

Perdona a quien no os quiere.

Sé agradecido con quien te favorece.

Piensa siempre esto: que en quien te favorece está presente Dios.

Por tanto, recibe con respeto cualquier beneficio…

Pero sin pretenderlo, sin decir:

«Voy a estar ocioso, porque hay quien se preocupa de mí»

Y sin malgastar la ayuda recibida.

Trabaja, porque el trabajo es santo.

Y tú pequeño niño, eres el único hombre de la familia.

Recuerda que ayudar a la madre es honrarla.

Recuerda que dar buen ejemplo a los hermanitos y velar por el honor de las hermanas, es un deber.

Desea tener lo que es justo y trabaja para tenerlo, pero no envidies al rico;

ni tengas deseos de riquezas para poder gozar mucho.

Recuerda que tu Maestro te enseñó no sólo la palabra de Dios, sino también el amor al trabajo,

la humildad y el perdón.

Sé siempre bueno, José.

Y un día volveremos a estar juntos.

El pequeño carpintero Josesito,

pregunta:

–           ¿Pero es que no vas a volver?

¿A dónde vas, Señor?

–             Voy a donde quiere la voluntad del Padre de los Cielos.

Su voluntad debe siempre ser más fuerte que la nuestra.

Y debemos amarla más que a la nuestra, porque es siempre voluntad perfecta.

Y tú tampoco en la vida, pongas tu voluntad delante de la de Dios.

Todos los obedientes se reunirán en el Cielo y habrá entonces gran fiesta.

Dame un beso, pequeñito mío.

¿Un beso?

Muchos besos y lágrimas le da el niño.

Enroscado al cuello de Jesús, así es como lo encuentra su madre,

cuando aparece acompañada por la nidada de sus hijos…

Junto con los otros poquísimos, siete en total, habitantes  de Corozaín.

Después de haber saludado al Maestro, la mujer pregunta:

–              ¿Por qué llora mi hijo?

Jesús responde:

–              Porque todo adiós significa dolor.

Pero aunque estemos separados, siempre estaremos unidos si vuestro corazón sigue queriéndome.

Vosotros sabéis cómo es el amor a Mí y en qué consiste.

En hacer lo que os he enseñado, porque el que hace lo que uno le ha enseñado,

demuestra que tiene estima y estima es siempre amor por esa persona.

Haced, pues, lo que os he enseñado con la palabra y el ejemplo.

Y haced lo que os enseñen mis discípulos en mi Nombre.

No lloréis.

El tiempo es breve y pronto estaremos unidos de nuevo y en un modo mejor.

Y no lloréis tampoco por egoísmo.

Pensad en los que todavía me esperan, en los que habrán de morir sin haberme visto…

En cuantos habrán de amarme sin haberme conocido nunca.

Vosotros me habéis tenido más de una vez…

Podéis ver facilitada vuestra fe y la esperanza, por la caridad que hay entre vosotros.

Ellos sin embargo, tendrán que tener una grande, una ciega fe para poder llegar a decir:

«Él es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador.

Y su palabra es veraz».

Una gran fe para poder tener la gran esperanza de la Vida Eterna…

Y de la inmediata posesión de Dios después de una vida de justicia.

Deberán amar a quien no han conocido, a quien no han oído, a quien no han visto obrar prodigios.

Y no obstante, sólo si aman así, tendrán la Vida Eterna.

Vosotros bendecid al Señor, que os ha favorecido dándoos el conocimiento de Mí.

Ahora marchaos.

Sed fieles a la Ley del Sinaí y a mi Mandamiento nuevo, de amaros todos como hermanos,

porque en el amor está Dios.

Amar también a quien os odie.

Porque Dios primero, os ha dado el ejemplo de amar a los hombres,

que con el pecado muestran odio a Dios.

Perdonad siempre, como Dios ha perdonado a los hombres, mandando a su Verbo Redentor

a borrar la Culpa, motivo de resentimiento y separación.

Adiós.

Mi paz esté en vosotros.

Recordad mis obras en vuestros corazones, para fortificarlos contra las palabras,

de aquellos que quieran persuadiros de que Yo no soy vuestro Salvador.

Conservad mi bendición para fuerza vuestra, en las pruebas del tiempo futuro.

Jesús extiende las manos mientras recita la bendición mosaica…

Sobre el minúsculo rebaño postrado a sus pies.

Luego da media vuelta y se marcha…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: