626 La Buena Voluntad


 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

475 Abel de Belén de Galilea pide el perdón para sus enemigos.

Como hacen a menudo mientras caminan,

quizás para aligerar con esa distracción la monotonía de la marcha continua;

los apóstoles hablan entre sí,

recapitulando y comentando los últimos acontecimientos,

preguntándole algo de vez en cuando al Maestro, que generalmente habla poco,

sólo lo necesario para no ser descortés.

Reserva este esfuerzo sólo para cuando llega la ocasión de adoctrinar a la gente o a sus apóstoles;

corrigiendo ideas equivocadas…

Consolando a personas infelices.

Y así lo que van comentando los apóstoles, sobre el episodio de Yiscala;

sobre el milagro del niño ciego;

sobre Ptolemaida, adonde están yendo.

Sobre el camino de escalones tallados en la roca…

Se han alargado hasta allí, para llegar al último pueblo fronterizo entre Siro-Fenicia y Galilea.

Es el camino que recorrieron cuando iban a Alejandrocene…

Sobre Gamaliel, etc. ha pasado.

Los apóstoles, que en los primeros tiempos, menos formados espiritualmente,

interrumpían con facilidad al Maestro;

ahora, más desarrollados espiritualmente, respetan sus aislamientos…

Prefieren hablar entre sí, retrasados dos o tres metros.

Sólo se acercan a Él cuando les es necesaria una información o un juicio.

O cuando se hace imperioso su amor por el Maestro.

Después de llegar a un determinado punto en el camino…

Siguiendo las indicaciones del Maestro, para descansar…

Y poder pasar la noche.

Los apóstoles duermen profundamente sobre unos montones de heno.

Más espadaña que heno,

que hay en un campo cercano a un arroyo;

que espera las lluvias de otoño para nutrir de aguas su lecho.

Jesús ordena:

–            Levantaos y vámonos.

Los apóstoles, todavía medio dormidos, obedecen sin decir nada.

Recogen los talegos,

se ponen los mantos que habían usado como mantas durante la noche.

Y empiezan a caminar con Jesús.

Santiago de Alfeo pregunta:

–           ¿Vamos por el Carmelo?

Jesús responde:

–            No.

Por Seforí.

Y luego tomaremos el camino de Meguiddó.

Apenas tenemos tiempo…

Mateo observa:

–             Sí.

Y las noches van siendo demasiado húmedas y frías como para dormir en las tierras,

cuando por algún motivo no nos acoge una casa.

Andrés pregunta:

–           ¡Los hombres!

¡Con cuánta facilidad olvidan!…

¿Señor, será siempre así?

–            Siempre.

Tomás exclama con desaliento:

–            ¡Y entonces!

Si así es contigo…

Cuando seamos nosotros, en cuanto demos la espalda todo quedará cancelado.

Pedro dice:

–            Yo digo de todas formas, que aquí hay alguno que hace olvidar.

Porque los hombres sí, olvidan con facilidad, pero no siempre olvidan.

Yo veo que entre nosotros, entre los hombres, nos acordamos de las cosas recibidas y dadas.

Sin embargo, para Ti…

No son siempre ésos, son ellos los que trabajan para borrar tu recuerdo.

Jesús responde:

–            No hagas juicios sin una base segura.

–            ¡Maestro, es que tengo la base!

Judas pregunta muy interesado:

–           ¿La tienes?

¿Qué has descubierto?

Y con él también otros preguntan lo mismo.

Pero el interés de Judas es el más vivo y ansioso.

Pedro, que estaba mirando a Jesús, se vuelve y mira a Judas…

Con una mirada atenta, despierta, sospechosa.

Y mirándolo por unos momentos, calla.

Luego dice:

–              ¡Bueno, nada..!

¡Y todo!

Si no te molesta saberlo.

Tanto como, para si fuera uno que tuviera ganas de usar todos los medios para subir…

Tanto como para correr a denunciar muchas cosas a quien nos gobierna.

Y estoy seguro de que alguno se vería en apuros.

Pero prefiero no subir, antes que recibir ayudas de esa parte.

En las cosas de Dios meto sólo la ayuda de Dios.

Y me parecería profanar las cosas de Dios metiéndolos a ellos a…

A ellos como…

Ayuda para aplastar a los reptiles.

También ellos son reptiles…

Y…

No me fiaría…

Capaces de aplastar juntos a los denunciados y a los que denuncian…

Así que…

Me las arreglo yo solo.

Eso es.

–             ¿Pero no te das cuenta de que ofendes al Maestro?

–             ¿Yo?

¡Por qué?

–            Porque Él tiene contacto con ellos.

–            Él es Él.

Y si tiene contacto con ellos, no lo hace con interés utilitario,

sino para llevarlos a Dios.

Él tiene capacidad para hacerlo…

Y lo hace.

Pero no va corriendo detrás de ellos…

Ya ves que…

Son ellos los que deben venir a Él, para oír al «filósofo», como dicen.

Pero ahora me parece que ya no tienen tantas ganas.

Y yo no me pongo a llorar.

–            ¡Parecías contento tú también en Pascua!

–            Eso es lo que parecía.

El hombre es estúpido muchas veces.

Ahora ya no lo parece.

Y no lo es.

Y tengo razón.

Jesús dice:

–             Como criatura que no mezcla el beneficio humano con las cosas espirituales;

tienes razón, Simón.

Pero como apóstol que se alegra de que otros se alejen de la Luz, no.

No tienes razón.

Si pensaras que cada alma conquistada para la Luz es una gloria para tu Maestro, no hablarías así.

Judas mira a Pedro con una sonrisa sarcástica.

Pedro lo ve…

Pero se domina y no dice nada.

Jesús también lo ve.

Y refiriéndose a Pedro, pero como hablando a todos,

dice:

–              Pero habéis de saber que se justifica más fácilmente un exceso de escrúpulo religioso,

con buena finalidad.

Que no el pasar con indiferencia por encima de todo con tal de alcanzar un fin humano.

Os lo he dicho varias veces:

Es la buena voluntad o no buena, la que da peso a la acción.

Y en este caso es buena voluntad, aunque imperfecta en cuanto a la forma,

el oponerse a llevar lo humano a lo sobrehumano.

Y llevar ante Dios lo que uno considera impuro.

No es justa su intransigencia porque Yo he venido para todos.

Pero está muy cercano a la perfección su juicio;

de que en las cosas de Dios se debe recurrir sólo a su ayuda sobrenatural,

sin mendigar ayudas humanas interesadas o utilitarias.

Y con esta sentencia ecuánime,

Jesús pone fin a la discusión.

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