637 Signo de Contradicción


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

478b Coloquio de Jesús con José y Simón de Alfeo, que van a la fiesta de los Tabernáculos.

Jesús continúa hablando con sus primos mayores, José y Simón de Alfeo,

diciendo:

           «Yo soy la Luz.

Y la luz ilumina.

El mundo no ama la luz, porque la luz pone al descubierto las acciones del mundo.

El mundo no me ama, no me puede amar, porque sabe que he venido a vencerlo,

en el corazón de los hombres y en el rey tenebroso que lo domina y desvía

El mundo no se quiere convencer de que Yo soy su Médico y su Medicina.

Y como un demente, querría derribarme para no ser curado.

El mundo todavía no quiere convencerse de que soy el Maestro,

porque lo que Yo digo es contrario a lo que él dice.

Y entonces trata de ahogar la Voz que habla al mundo, para adoctrinarlo en orden a Dios,

para mostrarle la verdadera naturaleza de sus malas acciones.

Entre Yo y el mundo hay un abismo.

Y no por mi culpa.

He venido para dar al mundo la Luz, el Camino, la Verdad, la Vida.

Pero el mundo no me quiere acoger.

Y mí luz para él se hace tinieblas,

porque será la causa de la condena de aquellos, que no me recibieron.

En el Cristo está toda la Luz para aquellos de entre los hombres que quieren recibirlo;

mas en el Cristo también están todas las tinieblas para aquellos que me odian y me rechazan.

Por ello, al principio de mis días mortales,

fui proféticamente señalado como «signo de contradicción».

Porque según sea acogido habrá salvación o condena, muerte o vida, luz o tinieblas.

Pero, en verdad en verdad os digo:

que los que me acogen vendrán a ser hijos de la Luz.

O sea de Dios, nacidos a Dios por haber acogido a Dios.

Por ello, si he venido para hacer de los hombres hijos de Dios.

¿Cómo puedo hacer de mí un rey?

¿Cómo por amor o por odio, por ingenuidad o malicia, muchos en Israel queréis hacer?

¿No comprendéis que me destruiría a Mí mismo, a mi verdadero Yo mismo…

O sea al Mesías, no al Jesús de María y José de Nazaret?

¿No comprendéis que destruiría al Rey de los reyes, al Redentor;

al Nacido de una Virgen y llamado Emmanuel, llamado el Admirable, el Consejero, el Fuerte,

el Padre del siglo futuro, el Príncipe de la Paz, Dios?

¿Aquel cuyo imperio y paz no tendrán confines,

sentado en el trono de David por la descendencia humana,

pero teniendo al mundo como escabel de sus pies,

como escabel de sus pies a todos sus enemigos y al Padre a su lado,

como está escrito en el libro de los Salmos, (Salmo 110, 1; Isaías 7, 14; 9, 5-6)

por derecho sobrehumano de origen divino?

¿No comprendéis que Dios no puede ser Hombre sino por perfección de bondad,

para salvar al hombre;

pero que no puede, no debe, rebajarse a sí mismo a pobres cosas humanas?

¿No comprendéis que si aceptara la corona, este reino como vosotros lo concebís,

confesaría que soy un falso Cristo, mentiría a Dios, renegaría de Mí mismo y del Padre…

Y sería peor que Lucifer, porque privaría a Dios de la alegría de teneros,

sería peor que Caín vara vosotros,

porque os condenaría a un perpetuo exilio de Dios en un Limbo sin esperanza de Paraíso?

¿Todo esto no comprendéis?

¿No comprendéis la trampa de los hombres para hacerme caer?

¿No comprendéis la trampa de Satanás…

vara agredir al Eterno en su Amado y en sus criaturas:

los hombres?

¿No comprendéis que este signo, esta aspiración mía sólo a cosas espirituales,

para daros el Reino espiritual de Dios, es el signo de que Yo soy más que hombre,

que soy el Hombre-Dios?

¿No comprendéis que la señal de que…

Simón exclama:

–              ¡Las palabras de Gamaliel!

Jesús continúa:

….De que no soy un rey, sino el Rey… 

Es este odio de todo el infierno y de todo el mundo hacia Mí?

Debo enseñar, sufrir, salvaros.

Esto es lo que debo hacer.

Y Satanás no quiere esto, ni tampoco los diablos.

Uno de vosotros ha dicho:

«Las palabras de Gamaliel».

Eso…

él no es discípulo mío,

ni lo será nunca mientras Yo esté en este mundo.

Pero él es un justo.

Bien…

¿Y acaso, entre los que me tientan y os tientan al pobre reino humano, está Gamaliel?

Simón responde:

–              ¡No!

Esteban ha dicho que el rabí, cuando supo lo que sucedió en casa de Cusa, exclamó:

«Mi espíritu vibra preguntándose si será verdaderamente lo que dice.

Pero cualquier pregunta quedaría muerta antes de formarse en la mente y para siempre,

si Él hubiera consentido a esto.

El Niño al que escuché, dijo que tanto la esclavitud como la realeza no serán como,

comprendiendo mal a los profetas las creíamos.

O sea materiales, sino del espíritu, por obra del Cristo;

Redentor de la culpa y fundador del Reino de Dios en los espíritus.

Recuerdo estas palabras.

Y por ellas lo mido al Rabí.

Si midiéndolo, Él fuera inferior a esa altura,

lo rechazaría como a pecador y embustero.

Y he temido ver esfumarse la esperanza que aquel Niño puso»

José rebate:

–               Sí, pero…

él no lo llama Mesías.

Simón agrega:

–              Dice que espera un signo.

–              ¡Pues entonces dáselo!

Y potente.

–                Le daré lo que le prometí.

Pero no ahora.

Vosotros id a esta fiesta.

Yo no voy públicamente, como rabí, como profeta;

para imponerme, porque todavía no ha llegado mi tiempo.

–               ¿Pero, al menos, irás a Judea?

¿Vas a darles a los judíos pruebas que los convenzan?

Para que no puedan decir…

–               Sí.

¡Pero tú crees que contribuirán a mi paz?

Hermano, cuanto más haga, más me odiarán.

Pero te daré esta satisfacción.

Les daré pruebas como no podrá haberlas mayores…

Y les diré palabras capaces de transformar en corderos los lobos, las piedras en blanda cera.

Pero no servirán…

Jesús está triste.

–              ¿Te he afligido?

Hablaba por tu bien.

–               No me afliges tú…

Pero quisiera que me comprendieras.

Hermano mío, quisiera que me vieras como lo que Soy…

Quisiera irme con la alegría de saber que eres amigo mío.

El amigo comprende y tutela los intereses del amigo…

José dice:

–                Y yo te digo que lo haré.

Sé que te odian.

Ahora ya lo sé.

Por ese motivo he venido.

Pero Tú sabes que velaré por Ti.

Soy el mayor.

Repeleré las calumnias.

Y me preocuparé de tu Madre.

–               Gracias, José.

Grande es mi peso.

Tú lo aligeras.

El DOLOR, un mar, avanza con sus olas para sumergirMe…

Y con él el odio…

Pero, si tengo vuestro amor, nada es.

Porque el Hijo del hombre tiene un corazón…

Y este corazón tiene necesidad de amor…

–              Yo te doy amor.

Sí.

Por el ojo de Dios que me ve, te digo que te lo doy.

Ve en paz, Jesús, a tu trabajo.

Yo te ayudaré.

Nos queríamos Luego…

Pero ahora volvemos a lo que éramos en el pasado.

Uno para el otro.

Tú: el Santo, yo: el hombre;

pero unidos para la gloria de Dios.

Adiós, hermano.

–                 Adiós, José.

Se besan.

Luego es el turno de Simón,

que solicita:

–                Bendícenos para que se abran nuestros corazones a toda la luz.

Jesús los bendice y antes de dejarlos,

dice:

–               Os confío mi Madre…

–               Ve en paz.

Tendrá dos hijos en nosotros.

Se dejan.

Jesús vuelve al camino.

Y se pone a andar muy raudo con Juan al lado.

Pasado bastante rato,

Juan rompe el silencio,

para preguntar:

–               Pero ¿José de Alfeo está o no está convencido ya?

–               Todavía no.

–             ¿Y entonces qué Eres para él?

¿Mesías?

¿Hombre?

¿Rey?

¡¿Dios?!

No he comprendido bien.

Me parece que él…

–             José está como en uno de esos sueños de la mañana,

en que la mente ya se acerca a la realidad.

Aligerándose del sueño pesado, que producía irreales sueños, a veces pesadillas.

Los fantasmas de la noche retroceden,

pero todavía la mente fluctúa en un sueño que por ser hermoso…

No se querría que tuviera fin…

Lo mismo él.

Se acerca al despertar.

Pero por ahora, sigue acariciando el sueño;

casi lo detiene, porque para él es hermoso…

Mas hay que saber tomar lo que el hombre puede dar.

Y alabar al Altísimo por la transformación que se ha producido hasta ahora.

¡Bienaventurados los niños!

¡Es tan fácil para ellos creer!

Y Jesús pasa un brazo por la cintura de Juan…

Que sabe ser niño y creer, para hacerle sentir su amor.

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