666 Homicida Multiforme


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

492 En Bethania se evoca la memoria de Juan de Endor.

Una casa de Bethania cada vez más triste, pero siempre acogedora…

La presencia de amigos y discípulos no le quita a la casa la tristeza.

Están José, Nicodemo, Mannahém, Elisa y Anastática.

Éstas no han sabido resistir estar lejos de Jesús.

Y se disculpan de ello como de una desobediencia,

aunque estando bien decididas a no marcharse.

Elisa explica las válidas razones que existen:

la imposibilidad para las hermanas de Lázaro de seguir al Maestro,

para darles a Él y a los apóstoles aquellos cuidados femeninos que son necesarios,

para un grupo de hombres solos y además, perseguidos.

Sólo nosotras podemos.

Porque Marta y María no pueden dejar a su hermano.

Juana no está.

Analía es demasiado joven para ir con vosotros.

Nique conviene que esté donde está, para recibiros allí.

Mis canas evitan las murmuraciones.

Yo te precederé a donde vayas o estaré donde me digas…

Y tendrás siempre a tu lado a una madre.

Y yo creeré que tengo todavía un hijo.

Haré lo que Tú quieras, pero déjame servirte.

Jesús, sintiendo que todos consideran justa la cosa, accede.

Quizás también, en medio de las grandes amarguras que ciertamente tiene en su corazón,

desea tener cerca un corazón en que hallar un reflejo de la dulzura materna…

Elisa exulta en su triunfo.

Jesús dice:

–              Estaré frecuentemente en Nob.

Irás a la casa del anciano Juan.

Me la ha ofrecido para mis estadías.

Te encontraré cada vez que regresemos…

José de Arimatea pregunta

–              ¿Tienes pensado irte, a pesar de las lluvias?

–              Sí.

Quiero ir todavía hacia la Perea y detenerme en la casa de Salomón.

Luego hacia Jericó y Samaria.

¡Oh, quisiera ir todavía a muchos lugares!…

–             No te alejes demasiado Maestro, de los caminos presidiados.

Y de las ciudades presidiadas por un centurión.

Ellos están vacilantes.

Y también lo están los otros.

Dos miedos.

Dos vigilancias.

A Ti y recíprocamente.

Pero créelo, para Ti son menos peligrosos los romanos…

Judas prorrumpe:

–             ¡Nos han abandonado!…

José pregunta:

–             ¿Lo crees?

No.

¡Entre los gentiles que escuchan al Maestro,

puedes distinguir acaso, los enviados por Claudia o por Poncio?

Entre los libertos de la primera y de sus amigas,

no son pocos los que podrían hablar en el Bel Nidrás, como si fueran israelitas.

No olvides nunca que en todas partes hay doctos.

Que Roma somete al mundo.

Que a sus patricios les gusta tomar el mejor botín para ornato de sus casas.

Si cada uno de los gimnasiarcas y de los que presiden los Circos,

eligen lo que puede proporcionarles ganancia y gloria;

los patricios eligen a aquellos que por cultura o belleza,

son decoro y satisfacción de las casas y de sí mismos…

Luego, volviéndose hacia Jesús,

José de Arimatea agrega:

Maestro, este tema me suscita un recuerdo…

¿Se me concede una pregunta?

–              Habla.

–              Aquella mujer…

Aquella griega que estaba aquí el año pasado…

Y que era un elemento de acusación contra Ti.

¿Dónde está?

Muchos han tratado de saberlo…

No con buena finalidad.

Pero yo no tengo en mí un deseo malo.

Sólo…

El que haya vuelto al error no me parece posible.

Había en ella una gran inteligencia y una justicia sincera.

Pero, el no verla ya…

–             En un lugar de la Tierra ella la pagana…

Ha sabido ejercitar, para un israelita perseguido, la caridad que los israelitas no tenían.

–             ¿Te refieres a Juan de Endor?

¿Está con ella?

–             Ha muerto.

–            ¿Muerto?

–             Sí.

Y se le podía haber dejado morir cerca de Mí…

No había que esperar mucho…

Aquellos que trabajaron para provocar su separación y son muchos…

Cometieron un homicidio;

como si hubieran levantado la mano, armada con un cuchillo, contra él.

Le quebrantaron el corazón.

Y aun sabiendo que ha muerto de esto, no piensan que son unos homicidas.

No sienten remordimiento de haberlo sido.

Se puede matar de muchas maneras a los hermanos.

Con un arma, con la palabra o con una acción malvada.

Como el hecho de referir a quien persigue, los lugares del perseguido;

el hecho de quitar a un desdichado un cobijo que le sirva de conforto…

¡Oh, de cuántas formas se mata!…

Pero el hombre no siente remordimiento.

El hombre…

Y éste es el signo de su decadencia espiritual, ha matado el remordimiento.

Se muestra tan severo Jesús al decir estas palabras…

Que ninguno encuentra la fuerza para hablar.

Se miran de reojo, cabizbajos, confundidos;

incluso los más inocentes y buenos.

Jesús, después de un momento de silencio,

dice:

–              No hace falta que ninguno lleve a los enemigos del muerto y a los míos,

las palabras que he dicho;

para que exulten satánicamente.

Pero si os preguntan, podéis responder que Juan está en paz,

con el cuerpo en un sepulcro lejano y el espíritu en espera de Mí.

Nicodemo pregunta:

–              Señor…

¿Esto te ha producido mucho dolor?

–             ¿El qué?

¿Su muerte?

–              Sí.

–              No.

Su muerte me ha producido paz, porque ha significado su paz.

Dolor, un gran dolor…

Me han producido aquellos que por un bajo sentimiento humano,

han denunciado al Sanedrín su presencia entre los discípulos…

Y han provocado su partida.

Mas, cada uno tiene su sistema.

Sólo una gran voluntad buena, puede cambiar los instintos y los sistemas.

Y os digo:

«Quien denunció denunciará.

Quien hizo morir hará morir».

Pero, ¡Ay de él!

Cree vencer y pierde.

Y le espera el juicio de Dios.

Turbándose y ruborizándose como si fuera culpable;

Juan de Zebedeo, pregunta:

–              ¿Por qué me miras así, Maestro?

–               Porque, si te miro a ti…

Ninguno pensará, ni siquiera el más malvado,

que hayas podido odiar a un hermano tuyo.

Sin ningún remordimiento, con el mayor cinismo del mundo,

para despistar, Judas dice:

–                 Habrá sido algún algún romano…

Él los proveía de huevos…

Jesús lo mira fijamente,

al responder:

–                 Un demonio ha sido.

Pero le ha hecho un bien queriéndolo perjudicar.

Ha acelerado su completa purificación y su paz.

José pregunta:

–                ¿Cómo lo supiste?

¿Quién te trajo la noticia?

Con vehemencia, María de Mágdala,

responde:

–               ¿Acaso el Maestro necesita tener a alguien que le traiga las noticias?

¿No ve acaso, las acciones de los hombres?

¿No fue a llamar a Juana para que viniera donde Él y se curase?

¿Qué es imposible para Dios?

–              Es verdad, mujer.

Pero pocos poseen tu fe…

Y por este motivo he hecho una pregunta necia.

–             Bien.

Pero ahora Maestro, ven.

Lázaro se ha despertado y te espera…

Y se lo lleva, cortante y decidida…

Atajando cualquier otro posible tema de conversación.

Y cualquier otra posible pregunta.

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