681 La Posesión Espiritual


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

502 Lección sobre las posesiones (divinas y diabólicas)

Acaban de cruzar el vado de Betabara.

Al otro lado del río azul, bastante lleno de agua…

Por haberse nutrido de los afluentes colmados de lluvias otoñales.

Dónde se ve la otra orilla, la oriental, con muchas personas gesticulantes.

En la orilla occidental sin embargo, donde está Jesús con los suyos…

Hay sólo un pastor y un rebaño que roza la hierba verde del margen.

Pedro se sienta encima de un resto de murete que se encuentra allí,

sin secarse siquiera las piernas, húmedas por el vado.

Porque en esta estación del año usan las barcas es verdad,

pero para que no se enarenen en este lugar de bajo fondo,

las usan en la parte más profunda,

deteniéndose a dejar bajar a los transbordados,

en donde ya roza la quilla con las hierbas sumergidas.

Así que el que atraviesa el río debe caminar algunos pasos en el agua.

Pedro, dónde está sentado.

Lo rodean y le preguntan:

–            ¿Qué te pasa?

–            ¿Te encuentras mal?

El apóstol jefe, responde:

–             No.

Pero no puedo más.

En el Nebo esa violencia…

Antes en Esebón y antes en Jerusalén.

Más antes en Cafarnaúm.

Después del Nebo en Caliroe.

Y ahora en Betabara…

¡Oh!…

Agacha la cabeza, la mete entre las manos y llora…

Acercándose a su lado y poniendo una mano sobre la gruesa túnica gris que cubre al apóstol,

Jesús dice:

–              No te abatas, Simón.

No me hagas pobre también de tu coraje, de vuestro coraje…

–              ¡No puedo, no puedo ver esto!

¡No puedo verte maltratado de esta manera!

Si me dejaras reaccionar…

Quizás podría.

Pero así…

Tenerme que contener…

Y asistir a sus insultos, a tus sufrimientos, como un impotente niño…

¡Oh, se me desgarra todo por dentro y me quedo echo un trapo!…

¡Fijaos vosotros, si es posible verlo así!

Parece un enfermo, uno que esté muriéndose de fiebres…

¡Parece un culpable perseguido!

¡Que no encuentra dónde detenerse a tomar un bocado, a beber un trago,

a buscarse una piedra para reclinar la cabeza!

¡Esa hiena del Nebo!

¡Esas serpientes de Caliroe!

Señalando hacia la otra orilla, agrega:

¡Ese energúmeno que todavía está allí!

Menos demonio el de Caliroe, a pesar de que sea el segundo,

sólo del que dices que está dominado por Belcebú.

Tengo miedo de los endemoniados;

pienso que si los ha atrapado de esa manera Satanás deben haber sido muy malos.

Pero…

El hombre puede caer sin absoluta voluntad de hacerlo.

¡Sin embargo, los que sin estar poseídos hacen lo que hacen…

Con toda su razón libre!…

¿No los vas a vencer nunca, dado que NO quieres castigarlos?

Ellos…

Te vencerán…

Y el llanto del fiel apóstol,

que se había calmado un poco bajo el fuego de la indignación,

vuelve fuerte…

–              Pedro mío.

¿Y crees que ésos no están endemoniados?

¿Crees que para estarlo hay que estar como aquel de Caliroe y otros que hemos encontrado?

¿Crees que la posesión se manifiesta,

sólo con los gritos descompuestos, los saltos,

los arrebatos de furia, la extravagancia de vivir en las guaridas, los mutismos,

los miembros impedidos, la razón entorpecida,

de forma que el poseído habla y obra inconscientemente?

No.

Existen también otras posesiones diabólicas, que son las más sutiles y potentes.

Son las más peligrosas.

Porque no ponen obstáculo a la razón ni la debilitan para que no haga cosas buenas;

sino que la desarrollan y la aumentan…

Para que sea poderosa en su servicio a aquel que la posee.

Dios, cuando posee a un intelecto y lo usa para que le sirva,

transfunde en él, en las horas en que está al servicio de Dios,

una inteligencia sobrenatural que aumenta en mucho la inteligencia natural del sujeto.

¿Pensáis por ejemplo que Isaías, Ezequiel, Daniel y los otros profetas;

si hubieran tenido que leer y explicar esas profecías como escritas por otros,

no habrían encontrado las oscuridades indescifrables,

que en ellas encuentran los contemporáneos?

Pues bien Yo os digo que mientras las recibían, las comprendían perfectamente.

Mira, Simón.

Consideremos esta flor que ha nacido aquí, a tus pies.

¿Qué ves en la sombra que envuelve al cáliz?

Nada.

Ves un cáliz profundo, una pequeña boca y nada más.

Mírala ahora que la tomo y la traigo aquí a este aro de sol.

¿Qué ves?

Pedro observa atento y responde:

–               Veo pistilos, veo polen.

En torno a los pistilos, una coronita de pelitos que parecen pestañas…

Una franjita que adorna el pétalo largo y los dos pequeños,

ciliada toda ella con minuciosidad…

Y veo una gotita de rocío en el fondo del cáliz…

Y…

¡Ah!

Un mosquito ha bajado a beber dentro y se ha enviscado en la hebra ciliada.

Y ya no es capaz de liberarse…

¡Ah, entonces!

Déjame ver mejor.

¡Oh!

La hebrita está como recubierta de miel, es pegajosa…

¡Comprendo!

Dios lo ha hecho así para que la planta se nutra.

O se nutran los pajarillos viniendo a picar las moscas;

para que se limpie de moscas el aire…

¡Qué maravilla!

–               Pero sin la fuerte luz del Sol no habrías visto nada.

–              ¡No, claro!

–              Lo mismo ocurre en la posesión divina.

La criatura, que por su parte,

pone únicamente la buena voluntad de amar totalmente a su Dios.

El abandono a los deseos de Dios…

La práctica de las virtudes y el dominio de las pasiones;

es absorbida en Dios, en la Luz que es Dios, en la Sabiduría que es Dios,

todo lo ve y todo lo comprende.

Después, cesada ya la acción absoluta;

se produce en la criatura un estado,

en que lo recibido se transforma en norma de vida y de santificación.

Pero lo que antes parecía tan claro se vuelve oscuro o mejor, crepuscular.

El demonio, perpetuo y torpe remedador de Dios;

produce un efecto análogo en los poseídos en la mente, aunque limitado;

porque sólo Dios es infinito en sus poseídos,

que espontáneamente se han entregado a él para triunfar.

Y les comunica una inteligencia superior pero únicamente dirigida hacia el mal,

que mira a causar daño, a herir a Dios y al hombre.

Y la acción satánica, encontrando en el alma consentimiento, es continua;

siendo así que por grados, conduce a la total ciencia del Mal.

Éstas son las peores posesiones.

Nada se ve externamente, por lo cual no se huye de estos endemoniados.

Pero existen estas posesiones.

Como he dicho varias veces, serán los poseídos de esta manera,

los que descarguen su mano sobre el Hijo del hombre.

Felipe pregunta:

–              ¿Pero Dios no podría descargar la suya contra el Infierno?

Jesús responde:

–              Podría.

Es el más fuerte.

–               ¿Y por qué no lo hace para defenderTe?

–               Las razones de Dios serán conocidas en el Cielo.

No os desalentéis, vamos.

Y no os deprimáis.

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