682 Abatimiento Divino


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

502a Posesión diabólica perfecta. 

El pastor, que ha estado escuchando aunque sin aparentarlo,

pregunta:

–               ¿Tienes lugar a donde ir?

¿Te espera alguien?

Jesús responde:

–               No, hombre.

Debería ir hasta más lejos de Jericó.

Pero no me espera nadie.

–                ¿Y estás muy cansado, Rabí?

–                Cansado, sí.

No nos han concedido alojamiento ni descanso desde el Nebo.

–                Entonces…

Te quería decir…

Yo soy de cerca de Betagla la antigua…

Tengo a mi padre ciego y no puedo ir lejos para no dejarlo durante varias lunas.

Pero el corazón y el rebaño sufren por ello.

Si quisieras…

Te daría posada.

No está lejos.

El anciano cree mucho en ti.

José, el hijo de José tú discípulo, lo sabe.

–             Vamos.

El hombre no se lo deja decir dos veces.

Reúne el rebaño y lo pone en camino hacia el pueblo.

Un pueblo que debe estar al noroeste del lugar en que están ahora.

Jesús se pone con los suyos, detrás del rebaño.

Después de un rato,

Judas dice:

–             Maestro…

Betagla seguro que no ofrece ni un comprador de los regalos de aquel hombre…

–              Cuando vayamos a Jericó;

para ir donde Nique los venderemos.

–              Es que…

Este hombre es pobre y habrá que compensarlo con dinero.

Y no tengo ni una moneda.

–              Tenemos víveres.

Y muchos.

Incluso para algún mendigo.

Por ahora no hace falta más.

–              Como quieras.

Pero hubiera sido mejor que me hubieras mandado adelante.

Habría podido…

–               No hace falta…

–               ¡Maestro, eso es desconfianza!

¿Por qué ya no nos mandas de dos en dos como antes?

–               Porque os quiero y pienso en vuestro bien.

–               No está bien el tenernos tan en el anonimato.

Pensarán que somos indignos, incapaces…

Antes nos dejabas ir predicando, haciendo milagros.

Y éramos conocidos…

–               ¿Te dueles de no hacerlo ya?

¿Te hacía bien ir sin Mí?

Eres el único que se queja de no ir solo…

¡Judas!…

Judas asegura:

–                ¡Maestro, Tú sabes que te amo!

–                Lo sé.

Y para que tu espíritu no se corrompa te tengo conmigo.

Eres ya el que recoge y distribuye, vende o permuta para los pobres.

Esto basta.

Y es ya demasiado.

Observa a tus compañeros.

Ni uno de ellos pide lo que tú pides.

–              Pero a los discípulos se lo has concedido…

Es una injusticia esta diferencia.

–              Judas, eres el único que me llama injusto…

Pero te perdono.

Ve adelante.

Y mándame a Andrés.

Jesús aminora el paso, para esperar a Andrés y hablarle aparte.

Ante lo que Jesús le dice…

Andrés sonríe con su apacible sonrisa.

Se inclina para besar las manos del Maestro y luego vuelve adelante.

Jesús se queda solo, al final de todos…

Muy cabizbajo, continúa caminando.

Se seca la cara con el extremo de su manto como si sudara.

Pero son lágrimas y no gotas de sudor;

lo que recorre las mejillas enjutas y pálidas.

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