Archivos diarios: 2/01/23

686 El Juez Divino


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

503c  Saber distinguir lo sobrenatural de lo oculto.

Están en las afueras de Jericó…

Jesús se ha negado a liberar y sanar a un saduceo moribundo.

Lo saduceos que acompañan a la esposa del saduceo moribundo,

dicen:

–              ¿No os lo había dicho?

–              ¿Y las razones?

Jesús dice:

–              Tú, saduceo, ¿Las pides?

Te remito al libro de los Reyes (I Samuel 28, 15-19; 2 Reyes 1, 16).

Lee lo que dijo Samuel a Saúl y lo que dijo Elías a Ocozías.

El espíritu del profeta recrimina al rey,

el haberlo molestado llamándolo del reino de los muertos.

No es lícito hacerlo.

Lee el Levítico (19, 4.26.31; 20, 6),

si es que ya no te acuerdas de la palabra de Dios, Creador y Señor de todo lo que existe.

Tutor de la vida y de los que están en la muerte.

Muertos y vivos están en las manos de Dios.

Y no os es lícito arrancárselos de sus manos.

Ni por vana curiosidad…

Ni por sacrílega violencia, ni por incredulidad maldita.

¿Qué queréis saber?

¿Si hay un futuro eterno?

Y decís que creéis en Dios.

Si Dios existe, tendrá una corte ¿No?

¿Y qué corte será, sino una corte eterna como Él, compuesta por espíritus eternos?

Si decís que creéis en Dios…

¿Por qué no creéis en su palabra?

¿No dice su palabra:

«No practicaréis adivinación ni observaréis los sueños”?

¿No dice:

«Si uno se dirige a los magos y a los adivinos fornicando con ellos,

volveré contra él mi Rostro y lo exterminaré de en medio de su pueblo»?

¿No dice:

«No os hagáis dioses de fundición»?

¿Qué sois vosotros?

¿Samaritanos perdidos…

O sois hijos de Israel?

¿Y qué sois:

Hombres sin raciocinio o capaces de razonar?

Y si razonando, negáis la inmortalidad del alma…

¿Por qué invocáis a los muertos?

¿Si no son inmortales esas partes incorpóreas que animan al hombre;

qué otra cosa queda de un hombre después de la muerte?

Podredumbre y huesos.

Blancos huesos emergentes de una gusanera.

Si no creéis en Dios…

Tanto como que recurrís a ídolos y señales para obtener curación, dinero, oráculos…

Como ha hecho éste cuya salud pedís.

¿Por qué sí os hacéis dioses de fundición…

Y creéis que ellos os pueden decir palabras más verdaderas, más santas, más divinas…

Que las que Dios os dice?

Ahora Yo os doy la misma respuesta que diera Elías a Ocozías:

«Por haber enviado mensajeros a consultar a Belcebú, dios de Acarón;

como si no hubiera un Dios en Israel a quien poder consultar…

Por ello, no bajarás de la cama a que has subido.

Y ciertamente morirás en tu pecado».

Visiblemente furioso,

el saduceo responde:

–                 Siempre eres Tú el que insulta y nos ataca.

Es una observación que te hago.

Nosotros venimos hacia Ti para…

–                Para hacerme caer en una trampa.

Pero Yo os leo el corazón.

¡Quitaos la máscara, herodianos vendidos al enemigo de Israel!

¡Quitaos la máscara, fariseos falsos y crueles!

¡Quitaos la máscara, saduceos, verdaderos samaritanos!

¡Quitaos la máscara, escribas de palabra contraria a las obras!

¡Quitaos la máscara, todos vosotros violadores de la Ley de Dios,

enemigos de la Verdad, cuyos del Mal!

¡Quitáosla, profanadores de la Casa de Dios!

¡Quitáosla, agitadores de las conciencias débiles!

¡Quitaos la máscara, chacales que oléis la víctima en el viento que la ha tocado…!

¡Seguís esa pista, os turbáis esperando la hora propicia para matar!

¡Os relaméis los labios ante aquel cuya sangre anticipadamente saboreáis!

¡Y soñáis que llegue esa hora!…

¡Oh, chalanes y fornicadores…

Que vendéis por mucho menos de un puñado de lentejas,

vuestra primogenitura entre los pueblos!

Ya no tendréis bendición;

porque otros pueblos se vestirán con la zalea del Cordero de Dios.

Los verdaderos Cristos serán a los ojos del Altísimo,

quienes sintiendo emanar de ellos la fragancia de su Cristo, dirá:

«¡Éste es el olor de mi Hijo!

Semejante al olor de un florido campo bendecido por Dios.

Para vosotros el rocío del Cielo: la Gracia.

En vosotros, la copiosidad de la Tierra:

Los frutos de mi Sangre.

En vosotros, abundancia de trigo y de vino:

Mi Cuerpo y mi Sangre…

Que daré a los hombres para vida y para recuerdo de Mí.

Que os sirvan los pueblos y ante vosotros se inclinen las gentes;

porque donde esté el signo de mi Cordero estará el Cielo.

Y la Tierra está subordinada al Cielo.

Dominad a vuestros hermanos,

porque los seguidores de mi Cristo serán los reyes del espíritu,…

Teniendo como tienen la Luz…

A esta Luz los otros volverán la mirada esperando en su auxilio.

Se inclinen ante vosotros los hijos de vuestra madre:

la Tierra.

Sí, todos los hijos de la Tierra se inclinarán un día ante mi Signo.

Maldito quien os maldice y bendito quien os bendice.

Porque tanto la bendición, como la maldición que recae sobre vosotros,

a Mí viene.

A Mí, Padre y Dios vuestro».

Esto dirá.

Esto, fornicadores que pudiendo tener como amada esposa del alma la verdadera fe…

Fornicáis con Satanás y con sus falsas doctrinas.

Esto es lo que dirá:

¡Asesinos!

Asesinos de conciencias y asesinos de cuerpos.

Aquí hay víctimas vuestras.

Y, si bien dos corazones son asesinados…

Un Cuerpo lo tendréis sólo durante el tiempo de Jonás.

Y luego ese Cuerpo, unido a su inmortal Esencia, os juzgará.

Jesús se muestra terrible en esta invectiva.

¡TERRIBLE!

¡Pareciera SER el Juez Terrible, de los Últimos Tiempos…!

Los saduceos están furiosos:

–                ¿Y dónde están estos asesinados?

–               ¡Tú deliras!

–               ¡Tú eres un cuyo de Belcebú!

–                 Tú fornicas con él y en su nombre obras milagros.

–                ¡En nuestro caso no puedes,

porque tenemos la amistad de Dios!

Jesús responde:

–                 Satanás no se expulsa a sí mismo.

Yo expulso los demonios.

¿En nombre de Quién, entonces?

Silencio.

Jesús imperioso,

ordena:

–                 ¡Responded!  

Los saduceos dicen:

              No merece la pena ocuparse de este endemoniado.

–              Ya os lo había dicho.

–               Vosotros no lo creíais.

–                Oídlo de sus labios.

–                 Responde, Nazareno demente.

–               ¿Conoces el siemanflorás?

Jesús respondió:

–               ¡No necesito conocerlo!

–              ¿Oís?

Una pregunta más:

¿No has estado en Egipto?

–              Sí.

Los saduceos, simultáneamente,

exclaman:

–             ¿Lo veis?

¿Quién es el nigromante, el Satanás?

–              ¡Horror!

–              Ven, mujer.

–              Tu marido es santo respecto a éste.

¡Ven!…

–               Necesitarás purificarte.

–               ¡Has tocado a Satanás!…

Y se marchan con vivos gestos de repulsa.

Arrastrando a la mujer, que llora…