695 El Pueblo Anatema


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

507b El gran debate con los judíos.

Y los va guiando…

Ya están en el final del Pórtico de los Paganos…

Porque la marcha es lenta entre las corrientes contrarias.

Y Jesús se detiene en su sitio habitual,

en la última columna del lado oriental.

Del lugar donde hasta los paganos están, no pueden expulsar a un verdadero israelita.

So pena de soliviantar a la muchedumbre;

cosa que los farsantes evitan hacer.

Y allí empieza a hablar otra vez…

Respondiendo a sus ofensores y con ellos a todos:

–                 Cuando elevéis al Hijo del hombre…

Los fariseos y los escribas,

gritan:

–                 ¿Quién crees que te va a elevar?

–                 Mísero es el país que tiene por rey a un charlatán desquiciado…

–                 Y a un blasfemo aborrecido por Dios.

–                 Ninguno de nosotros te elevará, puedes estar seguro.

–                 El resto de luz que te queda te lo hizo comprender a tiempo, cuando fuiste tentado.

–                ¡Sabes muy bien que nunca podremos hacerte nuestro rey!

Jesús dice con firmeza:

–                Lo sé.

No me elevaréis a un trono, pero me elevaréis.

Y levantándome, creeréis que me estáis bajando.

Pero precisamente cuando creáis que me habéis bajado, seré levantado.

No sólo en Palestina, no sólo en todo el Israel esparcido por el mundo;

sino en todo el mundo;

incluso en las naciones paganas, incluso en los lugares todavía ignorados por los doctos del mundo.

Y seré elevado no durante una vida de hombre, sino durante toda la vida de la Tierra.

Y la sombra del dosel de mi trono…

Se irá extendiendo cada vez más sobre la Tierra, hasta cubrirla por entero.

Sólo entonces volveré y me veréis.

¡Me veréis!

Con su ironía dan bofetadas, más latigazos, peor que con un flagelo…

Pues el Santo de los santos que adoran en el Lugar más sagrado, del Templo de Jerusalén…

Es rechazado brutalmente y ni siquiera le permiten estar en el Templo que espiritualmente le pertenece,

más que a nadie en TODA la Creación…

–                ¿Pero estáis oyendo que forma demente de hablar?

–               ¿Lo elevaremos bajándolo y lo bajaremos levantándolo!

–            ¡Un loco!

–                ¡Un loco!

–                ¡Y la sombra de su trono sobre toda la Tierra!

–               ¡Más grande que Ciro!

–                ¡Más que Alejandro!

–                 ¡Más que César!

–                ¿Dónde pones a César?

–                 ¿Crees que te va a dejar tomar el imperio de Roma?

–                ¿Y permanecerá en el trono durante todo el tiempo del mundo!

–               ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja!

Pero Jesús deja que hablen.

Levanta la Voz…

Para ser oído en medio del clamor de quien se ríe y de quien defiende…

Y que llena el lugar con rumor de mar agitado.

Cuando levanta la Voz como si fuera el repicar de una campana,

Jesús declara:

–               Cuando levantéis al Hijo del hombre, comprenderéis Quién Soy.

Que no hago por Mí mismo nada…

Sino que digo aquello que mi Padre me ha enseñado y hago lo que Él quiere.

Y El que me ha enviado, ciertamente no me deja Solo, sino que está conmigo.

De la misma manera que la sombra sigue al cuerpo, lo mismo está el Padre detrás de Mí;

vigilante y aunque invisible, Presente.

Está detrás de Mí, me conforta, me ayuda y no se aleja, porque hago siempre lo que a Él le agrada.

Por el contrario, Dios se aleja cuando sus hijos no obedecen sus leyes e inspiraciones.

Entonces se marcha y los deja solos.

Por eso muchos en Israel pecan.

Porque el hombre abandonado a sí mismo,

difícilmente se conserva justo y fácilmente cae en las espiras de la Serpiente.

En verdad, en verdad os digo que por vuestro pecado de resistencia a su Luz y Misericordia;

Dios se aleja de vosotros y dejará vacío de Sí este lugar y vuestros corazones.

Y lo que con llanto dijo Jeremías en sus profecías y lamentaciones, se cumplirá exactamente.

Meditad esas palabras proféticas…

Y temblad.

Temblad y entrad otra vez en vosotros mismos con espíritu bueno.

Oíd no las amenazas, sino aún la Bondad del Padre que advierte a sus hijos…

Mientras todavía les es concedido reparar y salvarse.

Oíd a Dios en las palabras y en los hechos.

Si no queréis creer en mis palabras, porque el viejo Israel os ahoga, creed al menos en el viejo Israel.

En él gritan los profetas los peligros y las calamidades de la Ciudad Santa y de toda nuestra Patria;

si no se convierte al Señor su Dios y no sigue al Salvador.

Ya pesó sobre este pueblo la mano de Dios en los siglos pasados.

Pero el pasado y el presente no serán nada…

Respecto al tremendo futuro que le espera…

Por no haber querido acoger a Aquel al que Dios ha enviado.

Ni en rigor ni en duración, es comparable lo que espera al Israel que repudia al Cristo.

Yo os lo digo, adelantando la mirada a través de los siglos:

Como árbol tronchado y arrojado a un vortiginoso río,

así será la raza hebraica alcanzada por el anatema divino.

Tenaz, tratará de detenerse en las orillas en uno u otro punto;

siendo exuberante, brotarán de él vástagos y raíces.

Pero, cuando ya crea que ha arraigado…

Volverá contra él la violencia de la riada y ésta volverá a arrancarlo;

romperá sus raíces y vástagos.

Y el árbol irá más allá, a sufrir, para arraigar y ser de nuevo arrancado y vagar de nuevo.

Y nada podrá darle paz;

porque la riada que hostigará será la ira de Dios y el desprecio de los pueblos.

Sólo arrojándose a un mar de Sangre viva y santificante podría hallar paz.

Pero evitará esa Sangre…

Porque, a pesar de las palabras de solicitación que ésta le dirigirá, le parecerá…

Caín del Abel celeste…

Oír la voz de la sangre de Abel

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