699 La Misión de Juan


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

508 Juan será la luz de Cristo hasta el final de los tiempos. 

Los dos hijos de Alfeo, Juan y Tomás, están conversando sobre la casa de un cierto José…

Que es un viejo galileo de Seforí, amigo de los hijos de Alfeo y especialmente de los mayores;

porque era amigo y también un poco pariente, del viejo y ya difunto Alfeo.

Aunque está también muy relacionado con los hijos de Zebedeo, por el comercio del pescado seco,

que desde el lago de Genesaret se lleva a la capital, junto con los otros productos de Galilea

estimados por los galileos desarraigados que están en Jerusalén.

Jesús está un poco detrás, con Mannahém…

Al que da el encargo de ir donde José de Arimatea y donde Nicodemo…

Con el ruego de que vayan a verlo.

Mannahém ejecuta esto enseguida.

Jesús se reúne todavía un momento con los tres,

para recomendar una vez más que sean prudentes en lo que dicen…

«por amor hacia el levita que los ha puesto a salvo»

Luego se separa y con pasos largos, empieza a caminar siguiendo un sendero…

Pero pronto le da alcance Juan.

Jesús pregunta:

–               ¿Por qué has venido?

–               No podíamos dejarte así solo…

Y he venido yo.

–               ¿Y crees que podrías defenderme tú solo, contra tantos?

–               No estoy seguro.

Pero al menos moriría antes de Ti.

Y eso me bastaría.

–                Morirás mucho tiempo después de Mí, Juan.

Pero no te sientas contrariado por ello.

Si el Altísimo te deja en el mundo, es para que le sirvas y sirvas a su Verbo.

–               Pero después…

–               Después servirás.

¡Cuánto deberías vivir para servirme como nuestros dos corazones querrían!

Pero incluso después de muerto me servirás.

–                ¿Cómo lo voy a hacer, Maestro mío?

Si estoy contigo en el Cielo te adoraré.

Pero no podré servirte en la Tierra una vez que la haya dejado…

–               ¿Estás seguro?

Bueno pues te digo que me servirás hasta mi nueva venida, hasta la Venida Final.

Muchas cosas aridecerán antes de la última hora…

Cuales ríos que se secan y pasan a ser tierra polvorienta y pedruscos secos,

después de haber sido bonito curso de agua azul y saludable.

Pero tú serás todavía río, con el sonido de mi palabra y el reflejo de mi luz.

Serás la suprema luz que quede para recuerdo de Cristo.

Porque serás luz enteramente espiritual.

Y los Últimos Tiempos serán lucha de tinieblas contra luz, de carne contra espíritu.

Los que sepan perseverar en la Fe encontrarán fuerza, esperanza, confortación…

En lo que dejarás después de ti y que será todavía tú mismo…

Y que sobre todo, será todavía Yo mismo, porque Yo y tú nos queremos.

Y donde tú estás Yo estoy y donde Yo estoy tú estás.

Prometí a Pedro que la Iglesia, que tendrá como cúspide y como base mi Piedra,

no será desarticulada por el Infierno, con sus repetidos y cada vez más feroces asaltos.

Mas ahora te digo que aquello que será todavía Yo mismo.

Y que tú dejarás como luz para quien busca la Luz, no será destruido.

A pesar de que el Infierno trate y tratará de cancelarlo, usando todos los modos.

Te digo más: Incluso aquellos que crean en Mí imperfectamente;

porque aun recibiéndoMe a Mí, no recibirán a mi Pedro, (Alude Jesús a los futuros protestantes)

Acudirán siempre a tu faro, como barquichuelos sin piloto y sin brújula;

que se dirigen hacia una luz en medio de su tempestad.

Porque luz quiere decir todavía salvación.

–             ¿Pero qué es lo que dejaré, Señor mío?

Yo soy…

Pobre…

Ignorante…

Tengo sólo el amor…

–             Eso es lo que dejarás: el Amor.

El amor hacia tu Jesús será palabra.

Y muchos, muchos, incluso entre aquellos que no pertenezcan a mi Iglesia;

que no sean de iglesia alguna, pero que busquen luz y consuelo;

movidos por el aguijón de su espíritu insatisfecho y por la necesidad de compasión en las penas;

irán a ti y me encontrarán a Mí.

–                  Quisiera que los primeros en encontrarte fueran estos crueles judíos;

estos fariseos y escribas…

Pero no sirvo para tanto…

–                  No entra cosa alguna donde ya hay llenura.

Pero no te desalientes.

Tú…

Bueno, ya llegamos donde José.

Llama.

Vamos a entrar.

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