713 Las Falacias Temporales

IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

513 En Emaús Montana, una advertencia a Israel.

En el centro de la plaza de Emaús que está totalmente abarrotada de gente;

Jesús a duras penas se mueve…

Pues está totalmente rodeado, muy oprimido por los que lo asedian.

Al terminar la parábola, el Maestro continúa con su enseñanza,

diciendo:

“¿Os acordáis de lo que dice Baruc? (3,10-13, 20-21, 26-28):

“¿Por qué, Oh Israel! estás en tierra enemiga,

envejeces en un país extranjero, estás contaminado con los muertos.

Y eres del número de los que bajan al Abismo?”

Y responde:

Porque has abandonado la fuente de la Sabiduría.

Si hubieras caminado por el camino de Dios, habrías vivido en paz y para siempre”.

Escuchad, vosotros que demasiado frecuentemente os quejáis.

Porque sobremanera la patria ya no es nuestra, sino del dominador…

De estar exiliados a pesar de vivir en la patria;

os quejáis de esto y no sabéis que respecto a lo que os espera en el futuro…

esto es como una gota de posca respecto al cáliz embriagador que se da a los condenados…

Y que vosotros lo sabéis, es amargo como ninguna otra bebida.

El pueblo de Dios sufre porque ha abandonado la Sabiduría.

¿Cómo podéis poseer prudencia, fuerza, inteligencia;

cómo podéis siquiera saber dónde se hallan, para poder saber consiguientemente las cosas menores,

si ya no bebéis en las fuentes de la Sabiduría?

Reino no es de esta Tierra, sino que es la misericordia de Dios la que concede su fuente.

Ella está en Dios.

Es Dios mismo.

Dios abre su seno para que descienda a vosotros.

Y bien…

¿Acaso ahora Israel, que tiene o ha tenido.

Y cree tener todavía, con la necia soberbia de los despilfarradores que han derrochado…

Que se creen todavía ricos y creyéndose tales, exigen atenciones.

En realidad recogen solamente compasión o burla.

Israel, que tiene o ha tenido riquezas, conquistas, honores,

posee ya el único verdadero tesoro?

No.

Y pierde también los otros;

porque el que pierde la Sabiduría pierde la capacidad de ser grande.

De error en error va el que no conoce la Sabiduría.

E Israel conoce muchas cosas, incluso demasiadas;

pero ya no conoce la Sabiduría.

Bien dice Baruc:

“Los jóvenes de este pueblo vieron la luz, habitaron en la tierra,

pero no saben el camino de la Sabiduría ni conocen sus senderos.

Sus hijos no la han recibido y ella se ha alejado”.

¡Se ha alejado de ellos!

¡Los hijos no la han recibido!

¡Proféticas palabras!

Yo soy la Sabiduría que os habla.

Las tres cuartas partes de Israel no me acoge.

Y la Sabiduría se aleja.

Se alejará más.

Y lo dejará sólo…

¿Qué harán entonces los que se creen gigantes…

Y por tanto, capaces de forzar al Señor a ayudarlos, a servirlos?

¿Gigantes útiles a Dios para fundar su Reino?

No.

Yo con Baruc digo esto:

“Para fundar el Reino verdadero de Dios, Dios no elegirá a estos soberbios.

Y los dejará perecer en su necedad” fuera de sus senderos.

Porque, para subir al Cielo con el espíritu y comprender las lecciones de la Sabiduría,

se necesita un espíritu humilde, obediente…

Y sobre todo, un espíritu que sea todo amor,

ya que la Sabiduría habla su lenguaje.

O sea, habla el lenguaje del amor, pues es Amor.

Para conocer sus senderos se requiere una mirada clara y humilde,

libre de la ternaria concupiscencia.

Para poseer la Sabiduría hay que comprarla con las monedas vivas:

Las virtudes.

Esto no lo tenía Israel.

Yo he venido a explicar la Sabiduría;

a guiaros a su camino, a sembrar en vuestro corazón las virtudes.

Porque Yo todo lo conozco y lo sé.

He venido a enseñárselo a Jacob mi siervo y a Israel, mi dilecto.

He venido a la Tierra a conversar con los hombres, Yo, Palabra del Padre,

a tomar de la mano a los hijos del hombre, Yo, Hijo de Dios y del hombre,

Yo, Camino de la Vida.

He venido para introduciros en la estancia de los tesoros eternos,

Yo, a quien todo le ha sido dado por el Padre mío.

He venido Yo, Amador eterno, a tomar a mi Esposa, la Humanidad,

a la que quiero elevar a mi trono y a mi tálamo para que esté conmigo en el Cielo.

Y a introducirla en la estancia de los vinos para que se embriague con la verdadera Vid,

de la cual los sarmientos extraen la Vida.

Pero Israel es esposa holgazana y no se levanta de la cama para abrir a Aquel que ha venido.

Y el Esposo se marcha.

Pasará.

Está para pasar.

Después, Israel lo buscará en vano.

Y encontrará NO la misericordiosa caridad de su Salvador,

sino los carros de guerra de los dominadores.

Será aplastado y soltará soberbia y vida,

después de haber querido aplastar incluso a la misericordiosa voluntad de Dios.

¡Oh, Israel!

¡Israel, que pierdes la verdadera Vida por conservar una falaz ilusión de poder!

¡Oh, Israel, que crees salvarte y quieres salvarte por caminos que no son de Sabiduría.

Que te pierdes vendiéndote a la Mentira y al Delito,

náufrago Israel que no te aferras al fuerte cable lanzado para tu salvación,

sino a los despojos de tu quebrantado pretérito.

Y la tempestad te lleva a otro lugar, a alta mar, en un mar aterrador y sin luz!

¡Oh Israel,

¿De qué te vale salvar tu vida…

O presumir de salvarla, durante una hora;

un año, un decenio, dos, tres decenios, a costa de un Delito…

Y luego perecer eternamente?

La vida, la gloria, el poder…

¿Que son?

Burbuja de agua sucia en la superficie de un aguazal usado por los lavanderos;

iridiscente no porque esté hecha de gemas;

sino por la grasienta suciedad que con el nitro se hincha

para formar bolas vacías destinadas a estallar sin que nada quede,

aparte de un círculo en el agua limosa cargada de los sudores humanos.

Una sola cosa es necesaria, ¡Oh Israel! poseer la Sabiduría.

A costa incluso de la vida.

Porque la vida no es la cosa más preciosa.

Y más vale perder cien vidas que perder la propia alma…

Jesús ha terminado…

En medio de un silencio lleno de admiración.

Trata de abrirse paso y marcharse…

Pero reclaman su beso los niños.

Su bendición los adultos.

Y sólo después de éstas;

despidiéndose de sus discípulos Cleofás y Hermas de Emaús, puede marcharse.

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