827 La Revelación5 min read

IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

550 En Bethania

Es hermoso estar así descansando, rodeado del amor de los amigos, con el Maestro;

en estos días de sol que ya reflejan una primera precoz sonrisa de la primavera…

Mirando a los campos, que ya abren su tierra al verdecer inocente de los cereales que brotan.

Jesús goza de ellos.

Y también los apóstoles, junto con los tres amigos de Bethania.

¡Parecen tan lejanos la malevolencia, el dolor, la tristeza, la enfermedad, la muerte, el odio, la envidia…

Todas aquellas cosas que constituyen dolor, tormento, preocupación en la Tierra…!

Mirando a los prados, que rompen el verde uniforme del invierno con las primeras florecillas multicolores.

Mirando a los setos que, en los lugares más expuestos al sol, presentan ya sonrisas de yemas semiabiertas.

Mirando a los almendros, que ya forman espuma en sus copas por las primeras flores que nacen.

Todos los apóstoles están jubilosos…

Y lo expresan.

Es un nuevo día glorioso…

En Bethania, los apóstoles se congratulan entre sí, convencidos del triunfo de Jesús…

Ya que acabó con todos sus enemigos…

Y piensan que su misión continuará adelante ya sin obstáculos;

pues tendrá que ser reconocido como Mesías aún por los más obstinados en negarlo…

Hablan entusiasmados…

Fortalecidos por la felicidad que sienten.

Manifiestan su persuasión, ¡Tan segura, tan triunfante!

De que ya Jesús ha vencido a todos sus enemigos…

Están eufóricos, haciendo proyectos para el futuro, soñando…

Soñando mucho…

Y humanamente tanto, que se los ve rejuvenecidos.

El más exaltado por su carácter que lo empuja siempre a los extremos, es Judas de Keriot.

Se congratula de haber sabido esperar y por haber actuado hábilmente.

Se congratula de haber creído siempre en el triunfo del Maestro y de haber desafiado las amenazas del Sanhedrín.

Está tan exaltado que termina revelando lo que tan tenazmente había ocultado.

Sin preocuparse del estupor atónito de sus compañeros…

Judas declara:

–          Querían comprarme.

Seducirme con sus lisonjas…

Y al ver que no daban resultado, me amenazaron.

¡Si supierais!…

Pero les he pagado con la misma moneda.

He fingido estima por ellos, como ellos lo hicieron por mí;

Los adulé como ellos me adularon y los traicioné, como ellos querían traicionarme…

Porque es lo que querían hacer.

Querían hacerme creer que probaban al Maestro con buena intención…

Para poder proclamarlo solemnemente el Santo de Dios.

¡Pero yo los conozco!

Los conozco.

En todo lo que me decían que hiciese,  me movía hábilmente;

me comportaba de modo que la santidad de Jesús,

apareciera más radiante que el Sol de mediodía en un cielo sin nubes…

¡Mi juego era peligroso!

¡Si se hubieran dado cuenta!…

¡Si lo hubieran comprendido!…

Pero estaba preparado para todo.

Aún a morir, con tal de ser útil a Dios, en mi Maestro.

Y de esta forma sabía todo…

Me informaba de todo.

¡Eh!

Algunas veces me tomasteis por loco, por malo, por huraño, por intratable.

Solo yo conozco las largas noches…

¡Si hubierais sabido esto!…

Los cuidados que tenía que tomar para que nadie se diera cuenta

¡Sólo yo sé cómo han sido mis noches…!

¡Y qué precauciones debía tener para hacer el bien, sin llamar la atención de nadie!

Todos me habéis mirado un poco con sospecha.

Ya lo sé.

Pero no os guardo rencor por ello.

Mi modo de obrar… Sí…

Pudo ser sospechoso.

Pero el fin era bueno.

Y solo eso era lo que me importaba.

Jesús no sabe nada de esto.

Creo que hasta Él sospecha de mí.

Pero procuraré guardar silencio sin pedirle alabanzas.

Guardad silencio también vosotros.

Dirigiéndose a los dos apóstoles continúa:

De recién que llegué con Él, un día – tú Simón Zelote y tú Juan de Zebedeo, estabais conmigo…

Me reprendió porque me había gloriado de tener sentido práctico de las cosas.

Desde entonces he tenido que disimular esta cualidad…

Pero he seguido usándola para bien suyo.

Me he comportado como se comporta una madre con su hijo inexperto, quitándole todos los obstáculos del camino.

Le baja la rama que no tiene espinas.

Y levanta la que puede herirle…

O con acciones perspicaces le invita a hacer lo que debe hacer.

Maria le enseñó a dar los primeros pasos a Quién es el Camino

Como también a evitar lo que puede causarle daño.

Es más, el hijo cree que ha conseguido por sí solo caminar sin tropezar;

recoger una bonita flor para su mamá, hacer una cosa u aquella otra.

Y esto sin que el niño se dé cuenta.

De igual modo me he comportado con el Maestro…

Porque no basta la santidad en el mundo de los hombres y de Satanás.

Es necesario combatir con iguales armas, al menos como hombres…

Así pienso yo.

Y algunas veces no está mal introducir un poquitín de astucia diabólica.

Esta es mi idea…

Pero Él no quiere oír estas ideas…

Es demasiado bueno.

¡Bien!

Comprendo todo y a todos.

Y a todos vosotros os perdono por los malos pensamientos que tuvieron contra mí.

Ahora lo sabéis.

Ahora podemos amarnos como buenos compañeros…

Y todo por amor a Él.

Por su gloria…

Y señala a Jesús que pasea por la explanada bañada de sol, conversando con Lázaro;

que lo escucha con una sonrisa en su rostro extasiado.

Los apóstoles se alejan en dirección a la casa de Simón.

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