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277 PRIMERA MULTIPLICACIÓN


277 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Sigue siendo el mismo lugar.

Sólo que el sol ya no viene de oriente, filtrándose por entre el bosque que bordea el Jordán

en este lugar agreste situado junto al desagüe del lago en el lecho del río;

viene, igualmente oblicuo, pero de occidente.

Y va declinando en medio de una gloria de rojo,

rasgando el cielo con el sable de sus últimos rayos.

Bajo el tupido follaje, ya la luz está muy atenuada; y tiende a las equilibradas tonalidades del atardecer.

Los pájaros, embriagados del sol que ha habido durante todo el día,

del alimento arrebatado a los limítrofes campos

se abandonan a una algazara de gorjeos y cantos en las copas de los árboles.

La tarde se viste con las pompas finales del día.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús,

que siempre adoctrina según los temas que le exponen.

–        Maestro… 

La noche se acerca.

Este lugar es un desierto, lejos de casas y pueblos, umbrío y húmedo.

Dentro de poco aquí ya no será posible vernos, ni caminar.

La Luna se levanta tarde.

Despide a la gente para que vaya a Tariquea o a los pueblos del Jordán

para comprarse comida y buscar alojamiento.

Jesús responde:

–         No es necesario que se vayan.

Dadles vosotros de come

Pueden dormir aquí, como durmieron mientras me esperaban.

–        No nos han quedado más que cinco panes y dos peces,

Maestro, ya lo sabes.

–       Traédmelos.

Andrés ve a buscar al niño, que está vigilando la bolsa.

Poco antes estaba con el hijo del escriba y otros dos más,

fabricándose unas coronitas de flores jugando a los reyes.

Andrés va con diligencia.

También Juan y Felipe se ponen a buscar a Margziam entre la muchedumbre, 

que continuamente se mueve.

Lo encuentran casi al mismo tiempo, con su bolsa de las provisiones en bandolera,

un sarmiento de clemátide arrollado en torno a la cabeza y un cinturón,

también de clemátide, en que pende, haciendo de espada, un nudo:

la empuñadura es el nudo propiamente dicho

la hoja, el tallo de éste.

Con él están otros siete, igualmente ataviados.

Y hacen de cortejo al hijo del escriba:

un majestuoso niño de mirada muy seria, como de quien ha sufrido mucho,

el cual, más adornado que los otros, hace de rey.

Andrés dice:

–         Ven, Margziam.

¡El Maestro te requiere!

Margziam deja plantados a los amigos y va rápidamente,

sin quitarse siquiera sus… distintivos florales.

Pero le siguen también los otros

Pronto Jesús se ve circundado de una coronita de niños enguirnaldados de flores.

Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan dentro.

Y en cuyo centro hay a su vez envueltos, dos gruesos pescados asados.

Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes,…

También para los dieciocho incluido Mannaém, que forman la comitiva apostólica. .

Jesús dice:

–          Bien.

Ahora traedme unos cestos.

Diecisiete, como cuantos sois vosotros.

Margziam dará la comida a los niños…

Jesús mira fijamente al escriba, que ha estado siempre a su lado,.

Y le pregunta:

–        ¿Quieres dar también tú la comida, a quienes tienen hambre?

El escriba responde:

–         Me gustaría.

Pero yo también estoy sin comida

–         Te concedo que des de lo mío.

–         Pero…

¿Pretendes dar de comer a unos cinco mil hombres, además de las mujeres y los niños,

con esos dos peces y esos cinco panes?

–        Sin duda.

No seas incrédulo.

Quien cree habrá de ver el cumplimiento del milagro.

–        ¡Oh, entonces sí que quiero repartir el alimento también yo!

–        Que te den un canasto a ti también.

Vuelven los apóstoles con canastos y cestas de todos tamaños…

(anchas y bajas u hondas y estrechas).

Y vuelve el escriba con un cesto mediano.  

Jesús dice:

—      Está bien.

Poned todo aquí delante.

Disponed que se siente con orden la muchedumbre; en lo posible, regladamente.

Mientras esto se lleva a cabo… 

Jesús eleva el pan -encima del pan, los peces-.

Ofrece, ora, bendice.

El escriba no quita ni un instante de El sus ojos.

Luego Jesús divide los cinco panes en dieciocho partes.

Y los dos peces en dieciocho partes.

Poniendo un trozo de pez -un trocito bien mísero- en cada uno de los canastos.

Trocea los dieciocho pedazos de pan:. 

Cada pedazo en muchos trozos… (los dieciocho requeridos).

Cada pedazo troceado en un canasto, con el trozo de pez.

Luego Jesús dice:

–         Y ahora tomad y ofreced hasta la saciedad.

Empezad

Ve, Margziam, a dárselo a tus compañeros.

Margziam al levantar su canasto y dirigirse enseguida hacia sus pequeños amigos,

Exclama:

–       ¡Huy, cuánto pesa! 

Pero su ángel custodio le ayuda. a cargarlo… 

Y se dirige enseguida hacia sus pequeños amigos,

caminando como quien lleva un gran peso.

Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba,; 

lo ven alejarse, perplejos…

Luego cogen los canastos…. 

Y meneando la cabeza, se dicen unos a otros:

–         ¡El niño está de broma!

No pesan más que antes.

El escriba mira incluso dentro… 

Y dado que ya allí, en la espesura en que está Jesús, no hay mucha luz… 

No así más allá, en el calvero, donde todavía hay buena luz.

Mete la mano para palpar el fondo.

No obstante, a pesar de la constatación, se encaminan hacia la gente…

Y empiezan a repartir.

Dan, dan, dan…

De vez en cuando vuelven la cabeza asombrados;

cada vez más lejanos, hacia Jesús.

El cual, con los brazos cruzados, apoyado en un árbol,

sonríe finamente por el estupor de ellos.

La repartición es larga y abundante…

El único que no muestra estupor es Margziam, que ríe feliz

de poder llenar de pan y pescado el regazo de tantos niños pobres.

Es también el primero que vuelve donde Jesús,

Y dice:

–        ¡He dado mucho, mucho, mucho!…

Porque sé lo que es el hambre… –

Y levanta esa carita suya, que ya no se ve demacrada;

ya que, al recordar, palidece y abre los ojos como platos…

Pero Jesús, su Maestro y Protector, lo acaricia.

Y vuelve a sonreír luminosamente ese rostro niño que confiado, se apoya sobre Él.

Poco a poco van volviendo los apóstoles y los discípulos, enmudecidos de estupor.

El último en volver es el escriba, que no dice nada;

pero hace un gesto que es más que un discurso

Se arrodilla y besa el borde de la túnica de Jesús.

Jesús dice: 

–        Tomad vuestra porción y dadme un poco a Mí.

Comamos el Alimento de Dios.

Comen, efectivamente, pan y pescado, cada uno según su necesidad…

Entretanto la gente saciada, intercambia sus impresiones.

También los que están en torno a Jesús empiezan a hablar

observando a Margziam que, terminando su pescado… 

juega con otros niños.

El escriba pregunta:   

–         Maestro….

¿Por qué el niño ha sentido inmediatamente el peso y nosotros no?

Yo incluso he palpado dentro del canasto

seguían siendo los mismos pocos trozos de pan

y el único trozo de pescado.

He empezado a sentir el peso yendo hacia la muchedumbre.

Pero, si hubiera pesado en proporción a cuanto he repartido,

habría hecho falta una pareja de mulos para llevarlo.

Y no el canasto sino un carro lleno, henchido de comida.

Al principio daba escaso…

Luego me he puesto a dar y a dar.

;les he vuelto a dar, porque a los primeros les había dado poco.

¡Ha habido suficiente!

Juan dice:   

–        Yo también he sentido que se hacia pesado el canasto, mientras me encaminaba;

enseguida he dado mucho,

porque comprendí que habías hecho un milagro. 

 Mannaém agrega: 

–           Yo, por el contrario, me he parado.

Y me senté para volcar en mi regazo el peso y ver…

Y he visto muchos panes.

Entonces fuí a distribuirlos  

Bartolomé declara: 

–          Yo los he contado incluso

, porque no quería quedar en situación ridícula.

Eran cincuenta panes pequeños.

He dicho: “Se los doy a cincuenta personas y luego regreso”.

Y he llevado la cuenta.

Pero, llegado a cincuenta, el peso seguía igual.

He mirado dentro.

Había todavía los mismos.

He seguido adelante y he repartido cientos de panes.

Pero no disminuían nunca. 

Tomás da testimonio:

–         Yo, lo confieso, no creía.

He cogido los trozos de pan y esa miaja de pescado y los miraba diciendo:

“¿Y a quién le sirve esto?

¡Es una broma de Jesús!…”

Y estaba mirándolos, mirándolos, escondido detrás de un árbol; 

esperando y desesperando  porque crecieran.

Pero eran siempre los mismos.

Estaba para volverme, cuando pasó Mateo diciendo:

“¿Has visto qué hermosos son?”.

“¿Qué?” he dicho yo “

¡Pues los panes y los peces!…”.

“¿Estás loco?

Yo sigo viendo trozos de pan”.

“Ve a repartirlos con fe y verás.

” He echado dentro del canasto esos pocos trozos de pan y he ido a disgusto…

Y luego…

¡Perdóname, Jesús, porque soy un pecador!

Jesús responde:

–        No.

Eres un espíritu del mundo.

Razonas como el mundo.  

Judas de Keriot añade: 

–         Entonces también yo, Señor.

Tanto que quería dar una moneda junto con el pan pensando:

“Comerán en otro sitio” –

 Esperaba ayudarte a salir mejor parado.

¿Qué soy entonces?

¿Cómo Tomás o más todavía?

–          Eres “mundo” mucho más que Tomá

–          ¡Y, sin embargo, pensaba dar limosna para ser Cielo!

Eran denarios míos particulares…

–          Limosna a ti mismo, a tu orgullo.

Y limosna a Dios.

Dios no 1a necesita y la limosna a tu orgullo es culpa, no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Simón Zelote dice:

–         Yo pensaba que tendría que desmenuzar ese trozo de pez y esos trozos de pan

para que llegaran.

Pero no dudaba que serían suficientes como número y como alimento.

Una gota de agua que das te puede alimentar más que un banquete.   

Pedro pregunta a los primos de Jesús: 

–          ¿Y vosotros qué pensabais? 

Judas Tadeo muy serio, responde:

–          Nos acordábamos de Caná..

Y no dudábamos.

Jesús pregunta: 

–          ¿Y tú, Santiago, hermano mío, pensabas sólo esto?

Santiago de Alfeo contesta:

–           No.

Pensaba que fuera un sacramento, como me dijiste…

¿Es así o me equivoco?

Jesús sonríe:….

Y dice:  –

        Es y no es.

A la verdad que ha dicho Simón, del poder de nutrición en una gota de agua,

debe unirse tu pensamiento en orden a una figura lejana

Pero todavía no es un sacramento.

El escriba conserva entre sus dedos un pedazo de corteza.

Jesús le pregunta:   

–         ¿Qué vas a hacer con ello?

El hombre contesta:

–          Un… recuerdo.  

Pedro dice:   

—       Yo también la conservo.

Se la voy a colgar al cuello a Margziam en una pequeña bolsita.  

Juan añade: 

–         Yo se la llevo a nuestra madre. 

Apenados, dicen los demás: –

        ¿Y nosotros?

Nos hemos comido todo…   

Jesús indica: 

–         Levantaos.

Pasad otra vez con los canastos y recoged lo que ha sobrado

Separad de entre la gente a los más pobres y traédmelos aquí junto con los canastos.

Y luego id todos, discípulos míos, a las barcas, haceos a la mar e id a la llanura de Genesaret.

Yo despido a la gente después de favorecer a los más pobres.

Luego os alcanzaré.

Los apóstoles obedecen…

Y vuelven con doce canastos colmados de restos.

Los siguen unos treinta mendigos, o  personas paupérrimas.

Jesús dice:

–        Bien.

Podéis marcharos.

Los apóstoles y los de Juan saludan a Mannaém y se marchan;

obedecen a pesar de estar poco contentos de dejar a Jesús.

El escriba también se despide y se va.

Porque, junto con su hijito, se ha puesto en camino cerrando la fila de los apóstoles.

Mannaém espera a despedirse de Jesús cuando ya la muchedumbre,

con las últimas luces del día, se encamina hacia los poblados.

O busca un sitio para dormir entre los altos y secos juncos.

Luego se despide.

Una vez que todos se han marchado o que han empezado a dormirse. 

Jesús se levanta, bendice a los que duermen, y a paso lento se dirige hacia el lago,

hacia la península de Tariquea, elevada unos metros por encima del lago,

cual si fuese un recorte de colina introducido en el lago.

Y, llegado a su base, no entrando en la ciudad sino bordeándola, sube el montecillo…

Y se pone en un risco, en oración, frente al azul del lago y de la noche serena y lunar

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276 LOS TRES REINOS


276 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Cuando Jesús pone pie en la orilla derecha del Jordán. a un par millas de la pequeña península de Tariquea;

en esa zona en que todo es campo está muy verde,

porque el terreno ahora seco, pero húmedo en lo profundo,

mantiene vivas todas las plantas, hasta las más gráciles.

Encuentra a mucha gente esperándolo.

Vienen a su encuentro sus primos y Simón Zelote:

–        Maestro, las barcas nos han delatado…

Quizás también Mannaém ha sido un indicio…

Mannaém se disculpa:

–        Maestro, me puse en camino de noche para no ser visto.

Y no he hablado con nadie. Créeme

Muchos me han preguntado dónde estabas, pero a todos les he dicho solamente:

“Se ha marchado”.

Creo que el daño lo ha hecho un pescador, diciendo que te había dejado la barca…

Pedro exclama con vehemencia:

–         ¡El imbécil de mi cuñado!

¡Mira que le había dicho que guardara silencio!

¡Y le dije que íbamos a Betsaida!

¡Y que si hablaba le arrancaba la barba!

¡Y lo voy a hacer!

¡Vaya que si lo hago!

¿Y ahora? 

¡Adiós paz, aislamiento, descanso!

Jesús tratando de calmarlo,

dice:

–        Tranquilo, tranquilo, Simón.

Hemos tenido ya nuestros días de paz.

Además ya he conseguido parte del objetivo que perseguía:

Adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros,

Para impedir ofensas y choques entre vosotros y los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con estos que nos están esperando.

Para premiar su fe y amor.

¿No alivia también este amor?

Sufrimos por odio.

Aquí hay amor: por tanto, dicha.

Pedro se calma como viento que se para de golpe.

Jesús se dirige hacia la muchedumbre de los enfermos que lo espera

con el anhelo grabado en su rostro.

Los cura, uno tras otro; benévolo, paciente;

incluso con un escriba que le presenta a su hijito enfermo.

(Los escribas eran los maestros de los sacerdotes)

Es este escriba el que le dice:

–       ¿Ves como huyes?

Pero es inútil hacerlo.

Tanto el odio como el amor son sagaces para encontrar.

Aquí te ha encontrado el amor, como está escrito en el Cantar.

Para demasiados,  Eres ya como el Esposo de los Cantares.

Se viene a Tí como la sulamita a su esposo,

desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminada

Jesús, como Templo Viviente del Espíritu Santo y por la FUSIÖN

que mantiene con Dios;   

conserva en Sí los atributos divinos… 

Con el don de Discernimiento y ciencia infusa, puede también leer los corazones.

Y ver escenas ocurridas en otro tiempo y lugar…

Este será un don de supervivencia,

que necesitaremos para enfrentar a los esbirros del Anticristo

Lo mira fijamente y pregunta: 

–       ¿Por qué dices esto?

¿Por qué?

El escriba decidido,

responde: 

–        Porque es verdad.

Venir a Ti es un peligro, porque eres odiado.

 ¿No sabes que te acecha Roma y te odia el Templo

Jesús se lamenta:

–       ¡Oh, hombre!,

¿Por qué me tientas?

Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas.

No te curé a tu hijo con trampas…

El escriba, ante esta dulce reprensión..

Confundido. y avergonzado baja la cabeza.

Y confiesa:

–       Veo que realmente lees en los corazones de los hombres.

Perdóname.

Veo que realmente eres santo.

Perdóname.

He venido, sí…

Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

Jesús agrega:

–       Y que encontró un  lugar propicio

–        Así es.

Es la verdad.

Pero ahora regreso sin este fermento.

Esto es, me voy con uno nuevo

–        Lo sé.

Y no te guardo rencor.

Muchos son culpables por su voluntad.

Otros por la ajena.

Diferente será la medida con que Dios los juzgará.

Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes.

Y tampoco corrompas como fuiste corrompido.

Cuando el mundo te presione…

Mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte…

Y sé agradecido con Dios.

–      Y contigo.

–       Con Dios

A Él toda gloria y alabanza.

Yo soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo,.

El primero en obedecerlo.

Porque el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad;

como se rebaja, es sirviendo al pecado… 

–       Dices bien. 

¿Siempre hablas así?

¿Para todos?

–        Para todos.

Ya hablase a Anás o a Gamaliel

.ya hablase al mendigo leproso del camino, las palabras son las mismas

porque UNA es la Verdad.

–        Habla, entonces… 

 Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya.

Y una vez más… 

Perdóname.

Era sincero en mis convicciones.

Creía servir a Dios combatiéndote.

–       Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios.

Que no es mentira.

Pero tus convicciones no han muerto todavía.

YO te lo digo.

Son como la grama que se quema

Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro.

Pero las raíces están vivas.

Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama.

¡Israel es duro para morir!

–        ¿Por qué debe morir Israel?

¿Es una planta mala?

–       Debe morir para resucitar..

–       ¿Una reencarnación espiritual?

–       Una evolución espiritual.

No hay ningún género de reencarnaciones

–         Hay quien cree en ello.

–         Están equivocados. 

–         El helenismo ha introducido en nosotros también estas creencias… (los saduceos)

–         Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento exquisito.

Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el  ANATEMA. 

A los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

–        ¡ Es verdad. !

¡Pero las cosas son así.

Agrada imitar lo que más se odia.

–       Entonces imitadme, pues me odiáis.

Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír, ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

Y los que están lejos piden a los que están cerca que les repitan las palabras de los dos.

El escriba continúa:

–       Hay quien sostiene que los vivos se generan de los muertos y los muertos de los vivos,

porque lo que es eterno no se destruye. 

Jesús responde:    

–       Lo que es eterno, en realidad no se destruye.

Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

–       No, Maestro.

¡Ni pensarlo!

Porque pensarlo sería una herejía.

–       Dijiste bien.

¿Puede entonces pensarse que permita que un espíritu se reencarne

porque llegado a un cierto número de espíritus ya no puede haber más?

–        No se debería pensar.

–       Pero hay quien lo piensa.

El helenismo nos ha traído también estas creencias.

Y los doctos (los saduceos) se alimentan de ellas

y se glorían como si se tratase de un alimento delicadísimo.

–       Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema,

a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

Este pensamiento de una inmortalidad del espíritu ;

Grande de por sí en un pagano, aunque unido al error de una inexacta valoración

acerca de cómo se produce esta inmortalidad

Debería ser perfecto en un israelita.

Sin embargo, en el israelita que lo admite en los términos de la tesis pagana,

se transforma en pensamiento disminuido, rebajado, culpable.

No es, como en el pagano:

¡Gloria de un pensamiento que muestra ser digno de admiración

por haber tocado casi, por sí mismo, la Verdad,!

Y que por tanto, da testimonio de la naturaleza compuesta del hombre;

por esta intuición suya de la vida perenne de esa cosa misteriosa que se llama alma…..

Y que nos distingue de los animales.

Pero es mengua del pensamiento que conociendo la divina Sabiduría

Génesis 18

y al Dios verdadero;

viene a ser materialista incluso en una cosa tan altamente espiritual.

El espíritu no transmigra sino del Creador al ser y del ser al Creador,

ante el cual se presenta después de la vida,

para recibir juicio de vida o de muerte.

Ésta es la verdad.

Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

–        ¿No admites el Purgatorio?

–         Sí.

¿Por qué lo preguntas?

–       Porque dijiste:

‘A donde se le envía, allí se queda’

El Purgatorio es temporal

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

(El Purgatorio, desconocido en aquel tiempo como vocablo, era conocido como concepto,

ya insinuado en 2 Macabeo 12, 45.)

–       Exactamente.

Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento.

El Purgatorio es ya vida.

Amortecida pero vital…  

Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta.

La alcanza sin límites.

Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo.

El Paraíso y El Infierno.

Dos categorías: los bienaventurados, los réprobos.

Pero, de los tres reinos que actualmente existen,

ningún espíritu volverá a vestirse jamás de carne hasta la resurrección final,

que clausurará para siempre la encarnación de los espíritus en los cuerpos,

de lo inmortal en lo mortal

–        ¿De lo eterno, no?

–        Eterno es Dios.

La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin.

Y esto es Dios.

La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir.

Y esto es el espíritu del hombre.

He aquí la diferencia.

–        Sí.

Desde que uno es creado a la vida, puede por el espíritu,

por la gracia y por la voluntad, conseguir la vida eterna.

No la eternidad.

–          Vida supone comienzo.

No se dice “vida de Dios”, porque Dios no ha tenido comienzo.

–       ¿Y Tú?

–        Yo viviré, porque también Soy Hombre.

Y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

–        Dios es llamado “el que VIVE”.

–        Efectivamente, no conoce muerte.

Él es Vida, la Vida inagotable.

No vida de Dios, sino Vida; sólo esto.

Son matices, escriba.

Pero la Sabiduría y la Verdad se visten de matices.

Son minucias, ¡Oh, escriba!

Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

–        ¿Hablas así a los gentiles?

–        No, así no; no entenderían.

A ellos les muestro el Sol

Pero se lo muestro de la misma forma como se lo mostraría a un niño

que hubiera sido ciego e ignorante hasta ese momento y que milagrosamente

hubiera recuperado vista e inteligencia.

Y que ya curado, recibe también una gran capacidad intelectual.

Así: como astro; sin adentrarme a explicar su composición.

Pero vosotros, los de Israel, ni estáis ciegos ni sois ignorantes;

desde hace siglos el dedo de Dios os ha abierto los ojos, os ha despejado la mente…

–        Es verdad, Maestro.

Pero a pesar de todo estamos ciegos y somos ignorantes.

–        Os habéis hecho así.

Y no queréis el Milagro de quien os ama. 

–       Maestro…

–       Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla

Jesús lo deja.

Y va adelante.

Al pasar acaricia a Margziam y al hijito del escriba,

los cuales se han puesto a jugar con unas piedrecitas multicolores.

Más que una predicación, lo suyo es una conversación con éste o aquel grupo.

Pero es una continua predicación, porque va resolviendo todas las dudas,

aclarando todas las ideas,

resumiendo o ampliando cosas ya dichas o conceptos aprehendidos sólo en parte por alguno.

Y las horas pasan así…

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275 JORNADA APOSTOLICA


275 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es ya plena noche cuando Jesús vuelve a casa.

Entra en el huerto sin hacer ruido.

Se asoma un momento a la oscura  cocina; la ve vacía.

Se asoma a las dos habitaciones donde están las esteras y las camas: también están vacías.

El único indicio de que los apóstoles hayan regresado es la ropa cambiada amontonada en el suelo.

La casa está tan silenciosa, que parece deshabitada.

Jesús, haciendo menos ruido que una sombra, sube la pequeña escalera

-candor en el candor de la Luna llena- y llega a la terraza.

La atraviesa.

Parece un espectro moviéndose sin hacer ruido, un luminoso espectro.

En la incandescencia blanca de la Luna parece estilizarse, alzarse aún más.

Levanta con la mano la cortina que cubre la puerta de la habitación de arriba

que (estaba corrida desde cuando los discípulos de Juan habían entrado en la habitación con Jesús).

Dentro, sentados acá o allá, en grupos, están los apóstoles con los discípulos de Juan,

con Manahén.

Y también Margziam, que está dormido, reclinada su cabeza en las rodillas de Pedro.

La Luna se encarga de iluminar la habitación entrando con sus flujos fosfóricos por las ventanas abiertas.

Ninguno habla. 

Y ninguno duerme; aparte del niño, sentado en el suelo sobre una estera.

Jesús entra despacio.

El primero que lo ve es Tomás.

Que exclama sobresaltado:

–      ¡Oh, Maestro!

Todos los demás también reaccionan.

Pedro, en su ímpetu, hace ademán de levantarse repentinamente,

pero se acuerda del niño y se levanta suavemente,

apoyando la morena cabeza de Margziam donde estaba sentado,

de forma que es el último en acercarse al Maestro.

Jesús mientras está respondiendo, con voz cansada como de quien ha sufrido mucho,

a Juan, Santiago y Andrés, que le están expresando su dolor.

Jesús dice:
–       Lo comprendo.

Pero solamente el que no cree debe sentirse desolado por una muerte.

No nosotros, que sabemos y creemos.

Juan ya no está separado de nosotros; antes lo estaba.

Es más, antes nos separaba: o conmigo o con él.

Ahora ya no es así;

donde está él estoy Yo, junto a mí está él.

Pedro introduce su cabeza entrecana entre las cabezas juveniles.
Jesús lo ve, 

Y pregunta:
–        ¿También has llorado tú, Simón de Jonás?

Y Pedro, con voz más ronca de lo habitual,

responde:
–      Sí, Señor.

Porque yo también había sido de Juan… 

Y además… y además…

¡Y pensar que el viernes pasado lamentaba,

el que la presencia de los fariseos nos fuera a amargar el sábado!

¡Este sí que es un sábado de amargura!

Había traído al niño…

para gozar de un sábado más bonito…

Sin embargo…

–       No desfallezcas, Simón de Jonás.

No hemos perdido a Juan.

Te lo digo también a ti.

Y en cambio tenemos tres discípulos bien formados.

¿Dónde está el niño?

Pedro señala y dice:

–       Está allí, Maestro, durmiendo.

Jesús se inclina hacia la cabecita morena que duerme tranquila.

Y pregunta:

–        Déjalo dormir.

¿Habéis cenado?

–        No, Maestro.

Te esperábamos a Tí y ya estábamos preocupados por la tardanza.

No sabíamos dónde buscarte…

Nos parecía que te habíamos perdido también a Ti.

–       Tenemos todavía tiempo para estar juntos.

¡Vamos, preparad la cena, que luego nos marchamos a otro lugar!

Necesito aislarme, entre amigos. 

Si nos quedamos aquí, mañana estaremos rodeados de personas.

–        Y te juro que no los soportaría.

Especialmente a esos reptiles de las almas fariseas.

¡Y sería grave que se les escapase una sonrisa -aunque fuera una sola-

referida a nosotros, en la sinagoga!– 

      ¡Tranquilo, Simón!…

Pero he calculado también esto.

Por eso he vuelto para tomaros conmigo.  

A la luz de las lamparillas encendidas a ambos lados de la mesa,

se ven mejor las alteraciones de los rostros.

Sólo Jesús se muestra con majestad solemne.

Margziam sonríe en el sueño.  

Pedro explica:

–         El niño comió antes.

Jesús dice: – 

     Entonces es mejor dejarlo dormir.

Y en medio de los suyos ofrece y distribuye la parca comida.

Y se la comen sin ganas.

Pronto termina la cena.

Jesús los anima diciendo:

–       Contadme ahora qué habéis hecho… 

Pedro dice:

-Yo he estado con Felipe por los campos de Betsaida.

Y hemos evangelizado y curado a un niño enfermo.

Felipe, no queriendo tomarse una gloria no suya.

aclara:

–       Verdaderamente ha sido Simón el que lo ha curado.

-¡Oh, Señor!

No sé cómo.

Sé que he orado mucho, con todo mi corazón,

porque me daba pena el enfermito.

Luego lo ungí con el aceite y le he restregado ligeramente con mis rudas manos…

Y  se ha curado.

Cuando le he visto que tomaba color su cara y que abría los ojos,

en pocas palabras que revivía, casi  sentí miedo.

Jesús le pone la mano en la cabeza sin decir nada.

Tomás dice:    

–        Juan ha causado gran asombro al arrojar un demonio.

Pero hablar me ha tocado a mí. 

Mateo agrega:

–        También tu hermano Judas Tadeo lo ha hecho.

Y Santiago de Alfeo:

–       Entonces también Andrés.

Bartolomé dice asombrado:

–       Simón el Zelote ha curado a un leproso.

¡No ha tenido miedo de tocarlo! 

Y luego me ha dicho: “Pero no tengas miedo.

A nosotros no se nos pega ningún mal físico por voluntad de Dios”

Jesús confirma:

–       Bien dices, Simón.

Jesús mirando a Santiago de Zebedeo y a Judas de Keriot,

que están un poco retirados.  

Pregunta:

¿Y vosotros dos?

El primero hablando con los tres discípulos de Juan,.

El segundo solo y mustio, como si estuviera enojado.   

Santiago responde:

–      Yo no he hecho nada

Pero Judas realizó TRES milagros poderosos: un ciego, un paralítico, un endemoniado.

A mí me parecía lunático.

Pero la gente decía eso…  

La acción del Espíritu Santo fluyó con dos objetivos: 

La santidad y la humildad de Santiago pasaron y permitieron la prueba para los dos. 

Se cumplió la órden divina emitida por Jesús y la obediencia realizó los milagros requeridos. 

Santiago fue humilde y no lamentó que los milagros los realizara Judas. 

Pero Dios los hizo gracias a él y para que el apóstol rebelde reflexionara…  

Pero no fue así. 

Por su soberbia indomable, Judas desobedeció y buscó alojamiento del fariseo rico,

para gozar las comodidades a las que se cree con derecho,

porque él es rico y de linaje sacerdotal…

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

y deslumbrar con el poder otorgado por Dios.

Pero Satanás está furioso por lo mismo.

Y la posesión demoníaca perfecta que le ofrecen, todos los vicios del apóstol indigno,

trasmiten el odio que lo consume a su instrumento maligno…  

Y esto lo refleja la actitud de Judas….

Pedro dice:

–       ¿Y estás ahí con esa cara habiéndote ayudado Dios tanto?

Judas replica:

–       Yo también sé ser humilde.

Santiago:

–        Luego nos  alojó en su casa un fariseo.

Yo no me sentía a gusto, pero Judas, que es más hábil, le bajó bien los humos.

El primer día era altivo, pero luego..

¿Verdad, Judas?

Judas asiente con la cabeza, sin decir nada.

Jesús dice:   

–       Muy bien.

Y cada vez lo haréis mejor.

La próxima semana estaremos juntos.

Entretanto Simón, ve a preparar las barcas.

También tú, Santiago.

Pedro objeta: 

–       ¿Para todos, Maestro?

No cabremos».

–        ¿No puedes conseguir otra?

–        Se la pediré a mi cuñado, sí.

Voy.

–       Ve.

Y en cuanto hayas terminado vuelve.

Y no des muchas explicaciones.

Los cuatro pescadores se marchan.

Los demás bajan a coger sacos y unos mantos.

Se queda Manahén con Jesús.

El niño sigue durmiendo.

–        Maestro, ¿Vas lejos?

–        Todavía no lo sé…

Ellos están cansados y apenados.

Yo también.

Mi propósito es ir a Tariquea, a la campiña, para aislarnos en paz…

–       Yo tengo el caballo, Maestro.

Pero si me lo permites, voy bordeando el lago.

¿Vas a estar allí mucho?

–       Quizás toda la semana.

No más.

–       Entonces iré. Maestro.

Bendíceme en esta primera despedida.

Y quítame un peso del corazón

–       ¿Cuál, Mannaém?

–       Tengo el remordimiento de haber dejado a Juan.

Quizás, si hubiera estado…

–        No.

Era su hora.

Además él ciertamente se ha alegrado al verte venir donde Mí.

No tengas este peso.

Es más, trata de liberarte pronto y bien del único peso que tienes:

el gusto de ser hombre.

Hazte espíritu, Mannaém.

Puedes hacerlo.

Está en ti la capacidad de serlo.

Adiós, Mannaém.

Mi paz sea contigo.

Pronto nos veremos de nuevo en Judea.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice;

luego lo levanta y lo besa.

Vuelven los otros y se saludan recíprocamente, tanto los apóstoles como los discípulos de Juan.

Los últimos en llegar son los pescadores.

Pedro dice:

–       Ya está, Maestro; podemos marcharnos.

–       Bien.

Despedíos de  Mannaém, que se queda aquí hasta la puesta del sol de mañana.

Recoged las provisiones, tomad el agua y vámonos.

Haced poco ruido.

Pedro se agacha para despertar a Margziam.

Pero Jesús objeta:

–       No, deja.

Podría echarse a llorar.

Lo tomaré en mis brazos. 

 Y delicadamente levanta al niño, que refunfuña entre sueños un poco,

pero luego se acomoda instintivamente en los brazos de Jesús.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral.

Y se van por la calle solitaria, bañada por la luna.

Bajan.

En el linde del huerto saludan nuevamente a Mannaém,

Y luego en fila.

Avanzan silenciosos por el camino iluminado por la luz de la luna y van al lago:

Que es un enorme espejo de plata bajo la Luna en su zenit.

Tres gotas rojas sobre el espejo sereno,…

Parecen los tres farolillos de las proas ya metidas en el agua.

Suben y se distribuyen por las barcas.

Los últimos en subir son los pescadores:

Pedro y un mozo ayudante, donde Jesús;

Juan y Andrés en la otra;

Santiago y otro ayudante en la tercera.

Pedro pregunta: 

–       ¿A dónde, Maestro? 

–       A Tariquea.

Donde desembarcamos después del milagro de los gerasenos.

Ahora no habrá pantano.

habrá calma.

Pedro se adentra en el lago.

Y lo siguen también los otros detrás, con las barcas:

tres estelas en una.

Ninguno habla.

Sólo cuando están ya en zona abierta y Cafarnaúm se difumina entre el claror de la luna,

que uniforma todo con su diminuto polvillo de plata,

Pedro, como si le hablara a la caña del timón,

dice:

–        Pues me da gusto.

Mañana nos buscarán, vieja mía.

Y gracias a ti no nos encontrarán.

Bartolomé pregunta:

–        ¿Con quién hablas, Simón?

–         Con la barca.

¿No sabes que para los pescadores es como una esposa?

¡Cuánto he hablado con ella!

¡Más que con Porfiria, Maestro!…

¿Está bien tapado el niño?

De noche hay relente en el lago…

       Sí.

Mira, Simón, ven aquí, que tengo que decirte una cosa…

Pedro pasa la caña del timón al ayudante y va donde Jesús.

–      He dicho Tariquea.

Pero será suficiente estar allí pasado el sábado para saludar de nuevo a Mannaém.

¿No podrías encontrar un sitio cerca de allí donde estar en paz?

–        Maestro…

¿En paz nosotros o también las barcas?

Para las barcas hace falta Tariquea o los puertos de la otra orilla.

Pero si es para nosotros, basta con que te adentres en los bosques del otro lado del Jordán,

Y sólo los animales te descubrirán…

Y quizás algún que otro pescador que esté vigilando las nasas de los peces.

Podemos dejar las barcas en Tariquea, cuando lleguemos al alba;

luego nos echamos a caminar veloces hasta el otro lado del vado.

Se pasa bien en este período.

–        Bien. Así lo haremos…

–       Te da asco también a ti el mundo, ¿eh?

Prefieres los peces y los mosquitos, ¿eh?

Tienes razón.

–       No tengo asco.

No hay que tenerlo.

Lo que pasa es que quiero evitar que arméis alboroto.

Y quiero consolarme en vosotros en estas horas del sábado

–        Maestro mío…

Pedro lo besa en la frente y se retira secándose un lagrimón

que se empeña en rodar por su mejilla  y bajar hacia la barba.

Vuelve a su timón y apunta al sur, con firmeza,

mientras la luz lunar decrece al ponerse el planeta, que desciende

por debajo de la línea de un collado, escondiendo su carota a la vista de los hombres,

pero dejando todavía el cielo blanco de su luz y de plata la orilla oriental del lago;

lo demás, es añil oscuro que apenas si se distingue a la luz del farol de proa.

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274 MARTIRIO DE JUAN BAUTISTA


274 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús recupera la Majestad Divina que le es habitual. 

Y tan solo le queda una profunda tristeza, dulcificada con paz.

Con voz serena dice:

–       Venid.

Me lo contaréis.

De hoy en adelante me pertenecéis. 

Y los conduce a la habitación.

Cierra la puerta, corre las cortinas -no del todo- para suavizar la luz,

para crear un ambiente de recogimiento en torno al dolor

y la belleza de la muerte del Bautista,

para separar esta perfección de vida y el mundo corrompido.

Se sienta junto a ellos y ordena:

–      Hablad.

Mannaém sigue petrificado. 

Está con el grupo, pero no dice una palabra.

Matías expone:

–       Lo sucedido no se podía prever.

Fue la noche de la fiesta.

Tan sólo dos horas antes, Herodes había solicitado consejo de Juan.

se despidió de él muy afectuoso y con benignidad…

Poco antes de que se produjera… el crimen.

Ya no sabemos como calificarlo: 

La ejecución, el homicidio, el martirio, el delito, la glorificación,

Había mandado a un siervo suyo con frutas gélidas y vinos exquisitos para el prisionero.

Juan nos distribuyó estas viandas…

Jamás prescindió de su austeridad.

Éramos los únicos presentes.

Gracias a Mannaém, trabajábamos en el palacio,

para que pudiésemos estar al pendiente de nuestro Juan.

En la cocina estábamos Juan y yo.

Simeón tenía a su cuidado a los criados de las caballerizas,

para atender las cabalgaduras de los huéspedes.

Esta concesión nos permitía ver siempre a nuestro Juan…

El palacio estaba  lleno de gente importante:

jefes militares, personalidades de Galilea.

Herodías se había encerrado en sus habitaciones

después de una violenta escena que había tenido con Herodes, por la mañana…

Mannaém interrumpe:

–        Pero, ¿Cuándo llegó esa hiena?

Simeón contesta:

–       Dos días antes.

Nadie la esperaba.

Dijo al monarca que no podía vivir lejos de él y menos estar ausente en el día de su fiesta.

Serpiente y bruja.

Como siempre, había hecho de él un juguete…

Lo tiene convertido en un pelmazo.

Pero Herodes, ya desde la mañana, aunque ebrio de vino y de lujuria;

se opuso a conceder a la mujer lo que pedía a grandes gritos…

Y nadie imaginaba que fuese la vida de Juan.

Juan agrega:

–        Estuvo en sus habitaciones enojadísima.

 Desdeñosa, no aceptó los manjares que Herodes le envió en una vajilla preciosa.

Tan solo se quedó con una fuente con frutas y a cambio;

recompensó el presente con un ánfora de vino drogado para Herodes…

¡Con drogas!… ¡Ah!

¡Ya su naturaleza ebria y viciosa, bastaba para arrojarlo al delito! 

Matías agrega: 

–       Por los que servían a las mesas, supimos,

que a la mitad de la danza de las mujeres y mimos de la Corte.

en la sala del banquete irrumpió Salomé, bailando.

Los mimos y las bailarinas ante la joven real, se retiraron hacia las paredes.

Nos dijeron que la danza fue bella, lúbrica y perfecta.

Digna de los huéspedes…

Herodes… ¡Oh!

¡Tal vez un nuevo placer de incesto, fermenta en su corazón!

Pues al final de la danza, con satisfacción,

dijo a Salomé:

–       ¡Bailaste bien!

Mereces un premio.

Juro que te lo daré.

Juro que te daré cualquier cosa que me pidas.

Lo juro en presencia de todos.

Y la palabra de un rey es fiel incluso sin juramento.

Di, pues, qué quieres”.

Y Salomé, fingiendo perplejidad, inocencia y modestia;

recogiéndose en sus velos con gesto pudoroso después de tanta desvergüenza,

dijo:

“Permíteme, gran señor, que reflexione un momento.

Me retiro y luego vuelvo, porque tu gracia me ha turbado”…

Y se retiró para ir donde su madre.

Selma me ha dicho que entró riendo, diciendo:

“¡Madre, has vencido!  Dame la bandeja”.

Y Herodías, con un grito de triunfo, ordenó a la esclava, que diera a la joven la bandeja

que le había enviado el rey con la fruta y que no había sido devuelta. 

Y dijo:

“Ve. Vuelve con la odiada cabeza y te vestiré de perlas y oro”.

Selma, horrorizada, obedeció…

Salomé volvió a entrar en la sala bailando.

Y bailando, fue a postrarse a los pies del rey,

y dijo:

“En esta bandeja que has mandado a mi madre, en señal de que la amas.

Y de que también me amas, quiero la cabeza de Juan.

Y luego seguiré bailando, si tanto te gustó..

Bailaré la danza de la victoria.

¡Porque he vencido!

¡Te he vencido a ti, oh rey!

¡He vencido a la vida, y soy feliz!”.

Esto es lo que dijo.

A nosotros nos lo repitió un amigo copero.

Herodes se turbó, en medio de dos quereres: ser fiel a su palabra y ser justo.

Pero no supo ser justo, porque es un desvergonzado.

Hizo una señal al verdugo que estaba detrás del trono real

Y tomando la palangana de las manos alzadas  de Salomé, fue a las habitaciones inferiores.

Salió de la sala del banquete para ir a las habitaciones bajas.

Juan y yo lo vimos cuando atravesaba el patio…

Luego oímos el grito de Simeón:

¡Asesinos!”…

Y lo volvimos a ver cuando regresaba, pasando con la cabeza sobre la bandeja…

Juan, tu Precursor, había muerto…  

Matías inclina la cabeza y se cubre el rostro con las manos;

con los fuertes sollozos con los que termina su relato. 

Después de un momento de silencio… 

Jesús pregunta: 

–     Simeón, ¿Puedes decirme como ha muerto?

El pastor llorando, lo mira,

y contesta:

–       Sí.

Estaba en oración…

Me había dicho antes:

“Dentro de poco volverán los dos que envié.

Y quien aún no cree creerá.

De todas formas, recuerda que si a su regreso ya no viviera,

yo, como quien está cercano a la muerte, todavía te digo;

para que tú por tu parte se lo digas a ellos:

Jesús de Nazaret es el verdadero Mesías”.

Pensaba siempre en ti…

Entró el verdugo.

Yo grité fuerte.

Juan levantó la cabeza y lo vio.

Se puso en pie.

Dijo:

“Sólo puedes quitarme la vida.

Pero la verdad que permanece es que NO  es lícito hacer el mal.

Estaba para decirme algo, cuando el verdugo volteó la pesada espada,

mientras Juan estaba todavía de pie… 

La cabeza cayó truncada del cuerpo,

con un gran chorro de sangre que enrojeció la piel de cabra… 

 Se puso de cera el rostro enjuto…

En que quedaron vivos, abiertos, acusadores: los ojos.

Y rodó hasta mis pies.

Yo caí junto con su cuerpo, vencido por el dolor…

Después… después…

Herodías laceró la cabeza brutalmente con un puñal… 

Y fue arrojada a los perros.

Pero nosotros la recogimos pronto y la envolvimos en un precioso lienzo, junto con el cuerpo… 

Durante la noche recompusimos el cuerpo y lo transportamos fuera de Maqueronte.

Y con la ayuda de otros discípulos…

Lo embalsamamos en una espesura de acacias allí cerca, con los primeros rayos del Sol

Pero otra vez nos lo quitaron para nuevas befas…

Porque ella no puede destruirlo y no puede perdonarlo.

Y sus esclavos temiendo la muerte,

nos la arrebataron con una ferocidad mayor que la de los chacales

Y fueron más crueles al quitarnos la cabeza de Juan.

18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» 19. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, Marcos 6

Si hubieses estado tú allí Mannaém…

Mannaén que está pálido por la ira y el dolor,

dice con voz contenida y terrible:

–       Si yo hubiera estado…

Pero esa cabeza es su maldición.

Nada se quita a la gloria del Precursor; aunque el cuerpo esté incompleto.

¿No es verdad, Maestro?

Jesús confirma:

–      Es verdad.

Aunque la hubiesen destruído los perros, no habría menoscabo en su gloria.

Matías añade:

–        Y su palabra no cambió, Maestro.

Sus ojos a pesar de que hayan sido befados… 

Y que hayan quedado lacerados con una gran herida,

todavía repiten:

‘No te es lícito…’

¡Pero nosotros lo hemos perdido!

Simeón agrega

–        Ahora somos tuyos porque él así nos lo dijo.

Y también nos dijo que Tú ya lo sabías.

–        Así es.

Hace meses que me pertenecéis.

¿Cómo vinisteis?

–        A pie.

En etapas.

Camino penoso en medio de arenas y sol abrasadores.

Pero todavía más duro por el dolor.

Jesús dice:

–       Ahora descansaréis.

Mannaém pregunta:

–       Decidme.

¿No se sorprendió Herodes por mi ausencia?

Juan contesta:

–       Sí.

Primero se inquietó.

Y luego se enfureció…

Pero pasado el arrebato, dijo: ‘Un juez menos’

Así nos lo contó nuestro amigo el copero.

Jesús dice:

–        ¡Un juez menos!

Dios le espera como Juez y es suficiente.

Venid al lugar donde dormimos.

Estáis cansados y sucios del polvo del camino

Encontraréis vestidos y sandalias de vuestros compañeros.

Tomadlos. 

Descansad y reponed fuerzas. 

Lo que es de uno es de todos los demás.

Tú Matías, que eres alto; puedes tomar uno de mis vestidos.

Luego proveeremos.

Esta noche, dado que es la vigilia del sábado, vienen mis apóstoles.

La semana entrante vendrá Isaac con los discípulos y luego, Benjamín y Daniel.

Y después de la Fiesta de los Tabernáculos, llegarán Elías, José y Leví.

Es tiempo que a los Doce, se unan  otros.

Id ahora a descansar.

Mannaém los acompaña y luego regresa.

Jesús se sienta pensativo y muy triste, con la cabeza reclinada sobre la mano

y el codo apoyado en la rodilla como soporte.

Manahén está sentado junto a la mesa.

No se mueve.

Pero está taciturno.

Su color es plomizo y su cara refleja una borrasca

Se han quedado solos los dos, sumergidos en su dolor. 

Después de un largo rato, Jesús levanta la cabeza, lo mira,

y le pregunta:

–      ¿Y tú?

¿Qué vas a hacer ahora?

Mannaém contesta dudoso:

–      Todavía no lo sé.

La razón para estar en Maqueronte ya no existe.

Quisiera permanecer todavía en la corte para saber…

Pero quisiera quedarme todavía en la Corte, para estar al corriente… 

Y para protegerte si sé algo.

–      Te sería mejor que me siguieses sin vacilación.

Pero no te hago fuerza.

Vendrás una vez que el viejo Mannaém, molécula por molécula, haya quedado deshecho.

–      Quisiera también quitarle la cabeza a esa mujer.

No es digna de tenerla…Un pálido esbozo de sonrisa asoma en el rostro de Jesús.

Y dice:

–      Además, todavía no estás muerto a las riquezas humanas.

Pero de todos modos te quiero.

Sé aguardar.

–       Maestro,… 

Quisiera darte mi generosidad para consuelo tuyo.

Porque sufres…

Lo veo.

–       Así es…

Sufro mucho… ¡Mucho!

–       Sólo por Juan.

No lo creo.

Sabes que está en paz.

–       Sé que está en paz y no lo siento lejano.

–       ¿Entonces?

–       ¡Entonces… Mannaém!

¿A qué precede el alba?

–       Al día, Maestro.

¿Por qué me preguntas?

–        Porque la muerte de Juan precede al día en que Yo seré el Redentor.

Y mi parte humana se estremece fuertemente ante esta idea…

Mannaém, voy al monte.

Quédate a recibir a quién venga.

A ayudar a los que acabaron de llegar.

Quédate hasta que yo regrese…

Después harás lo que quieras.

Hasta pronto.

Y Jesús sale de la habitación.

Baja despacio la escalera, atraviesa el huerto y por la parte posterior se aleja por una vereda; 

entre huertos de olivos, manzanos, vides e higueras.

Toma la pendiente de un suave collado donde acostumbra ir a orar… 

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272 MI YUGO ES LIGERO


272 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En verdad os digo que grande es el número de los fariseos.

Que no faltan entre los que me circundan. 

Varios dicen al mismo tiempo:

–       ¡No, Maestro!

–       ¡No lo digas!…

–       Nosotros, porque te amamos, no nos gustan ciertas cosas…

–       ¡No, Maestro, no digas eso!

¡Si no queremos ciertas cosas es porque te amamos!.

Jesús prosigue:

–       Porque todavía no habéis entendido nada.

Os hablé de la Fe y de la Esperanza.

Y pensaba que no era necesario volver a hablaros de la Caridad.

Porque tanto fluye de Mí, que deberíais estar saturados.

Pero comprendo que la conocéis solo de nombre.

Sin conocer su naturaleza y forma, igual que conocéis la luna.

 ¿Os acordáis de cuando os dije que la esperanza es como el brazo transversal

del dulce yugo que sujeta la Fe y la caridad…?

¿Y que era patíbulo de la humanidad y trono de la salvación?

¿Sí?

Pero no comprendisteis el significado de mis palabras.

¿Por qué entonces, no me habéis pedido aclaración?

La Soberbia hace su voluntad. La Humildad hace la Voluntad de Dios. San Agustín

Bien, ahora os la doy.

Es yugo porque obliga al hombre a tener baja su necia soberbia,

bajo el peso de las verdades eternas.

Es patíbulo de esta soberbia.

El hombre que espera en Dios, su Señor,

se ve obligado a humillar su orgullo, que querría proclamarse “dios”.

Y a reconocer que él no es nada y Dios todo;

que él no puede nada y Dios todo; que él-hombre es polvo que pasa,

mientras que Dios es eternidad que eleva el polvo a un grado superior

y le da un premio de eternidad.

Nuestro verdadero bautismo lleno de gloria y júbilo celestial, es cuando somos capaces de decir: “Crucifícame Señor, porque te adoro sobre todas las cosas…”

El hombre se clava en su cruz santa para alcanzar la Vida.

Le clavan a la cruz las llamas de la Fe y la Caridad,

mas al Cielo le eleva la Esperanza, que entre ambas está.

Recordad esta lección:

si falta la caridad, le falta la luz al trono;

el cuerpo, desclavado de un lado, pende hacia el fango y deja de ver el Cielo;

anula así los efectos salvíficos de la Esperanza,.

Y acaba haciendo estéril incluso a la Fe,

porque si uno se separa de dos de las tres virtudes teologales,

languidece y cae en mortal hielo.

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

No rechacéis a Dios, ni siquiera en las cosas más pequeñas;

negar ayuda al prójimo por pagano orgullo es rechazar a Dios.

Mi doctrina es un yugo que domina al linaje humano culpable.

Es un mazo que destroza la corteza dura, para libertar al espíritu.

Es un yugo y un mazo.

Pero quién la acepta,

no siente el cansancio que emana en las otras doctrinas humanas

y en todo lo humano.

El que se deja golpear por este mazo no siente el dolor de ser fracturado en su yo humano,

Sino que experimenta una sensación de libertad.

¿Por qué queréis libraros de ella,

para cambiarla por lo que es plomo y dolor?

Todos tenéis vuestros dolores y vuestras fatigas.

Todos los hombres tienen dolores y fatigas superiores quizás a sus fuerzas humanas.

Desde el niño como éste, que lleva sobre su espaldita un gran fardo que lo dobla

y que le quita la sonrisa infantil de sus labios y la despreocupación de su edad.

Hasta el viejo que se dobla ante la tumba,

con todos los desengaños, fatigas, fardos y heridas, de su larga vida.

Pero en mi Doctrina y en mi Fe, está el alivio de estos pesos agobiadores.

Por esto se le llama la Buena Nueva.

Y quién la acepta y la obedece, será bienaventurado desde la tierra,

porque tendrá a Dios como su ayuda.

Por qué queréis, ¡Oh, hombres!

Estar fatigados y tristes, cansados, hastiados, desesperados.

¿Cuándo podíais ser aliviados y confortados?

¿Por qué queréis, vosotros apóstoles míos, sentir el cansancio de la misión,

sus dificultades, dureza;

cuando si tenéis la confianza de un niño, podéis tener solo una pronta diligencia;

una luminosa facilidad para realizarla?

Y comprender y sentir que ella es dura solo para los impenitentes que no conocen a Dios.

Ahora estáis tristes.

Vuestra aflicción tuvo un principio muy lamentable

Estáis tristes ante mi humillación, como si fuese un crimen cometido contra Mí Mismo.

Ahora estáis tristes porque habéis entendido que me causasteis dolor

y porque todavía estáis muy lejos de la perfección.

Tened tan solo la humildad gozosa de aceptar la reprensión

y confesar que os equivocasteis,

prometiendo dentro de vuestro corazón, el desear la perfección por un fin sobrehumano.

Luego venid a Mí.

Yo os sostengo, comprendo y compadezco.

Venid a Mí, apóstoles míos.

Venid a Mí, todos los hombres que sufrís por los dolores materiales, morales y espirituales;

que Yo os confortaré.

Tomad sobre vosotros mi Yugo, no es un peso; es un sostén.

Abrazad mi Doctrina como si fuese una esposa amada.

Imitad a vuestro Maestro que hace lo que enseña.

Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón.

Encontraréis descanso para vuestras almas,

porque mansedumbre y humildad conceden reinar en la Tierra y en el Cielo.

Por eso se dice “La Buena Nueva”.

Quien la acepta y obedece, ya desde este mundo será bienaventurado,

porque Dios será su alivio.

Y porque las virtudes harán fácil y luminoso su camino,

asemejando a hermanas buenas que,

llevándolo de la mano, con las lámparas encendidas,

iluminarán su camino y su vida y le cantarán las eternas promesas de Dios,

hasta que, plegando en paz el cansado cuerpo hacia la tierra, se despierte en el Paraíso.

¿Por qué, hombres, pudiendo vivir consuelo y aliento,

queréis peso, desaliento, cansancio, desazón, desesperación?

Os lo dije ya: que los verdaderos triunfadores son los que conquistan el Amor.

Nunca os impondría algo que fuese superior a vuestras fuerzas,

porque os amo y os quiero conmigo en mi Reino.

Esforzaos por ser semejantes a Mí y como mi Doctrina enseña.

No tengáis miedo porque mi yugo es dulce y su peso es ligero…

Y la gloria de que gozaréis si me sois fieles, será infinitamente grande, ilimitada, eterna….

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271 EVANGELIZAR CON OBRAS


271 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y llevando al niño en medio entre Él y Mannaém, reanuda su camino.

Caminan ligeros por la campiña hacia Cafarnaúm

Durante el trayecto van hablando sobre la importancia de la Caridad.

Llegan a Cafarnaúm.

Los apóstoles ya han llegado.   

Después de la disputa con los fariseos ha comenzado ya la vigilia del sábado.

Y todos se han reunido en la terraza, a la sombra del emparrado,

donde cuentan a Mateo que todavía no está curado,

sus aventuras en sus respectivas misiones evangelizadoras.

Al oír el leve roce de las sandalias contra la pequeña  escalera, se vuelven.

Y ven que la cabeza rubia de Jesús sobresale cada vez más por el antepecho de la terraza.

Corren hacia Él, que viene muy sonriente…

Y se quedan de piedra cuando ven que detrás de Jesús hay un pobre niño.

Seguido por Mannaém, que sube regio y magnífico,

con su esplendorosa túnica de lino blanco.

Más bella de lo que ya de por sí es, ceñida por el valioso cinturón y  el manto rojo fuego,

de lino tan brillante que parece seda y que apenas si descansa sobre los hombros,

sostenido por fíbulas de oro, con rubíes;

para formarle una cauda detrás.

Y que junto con la prenda que cubre su cabeza de lino cendalí,

sujeta con una diadema sutil de oro,

lámina burilada, que divide su amplia frente a la mitad…

Y le hace parecer un rey egipcio.

La presencia majestuosa de Mannaém, evita una avalancha de preguntas;

expresadas de todas formas, muy claramente con los ojos.

Así que, después de los saludos recíprocos, una vez sentados ya al lado de Jesús,

los apóstoles, señalando al niño,

preguntan:

–       ¿Y éste?

Jesús responde:

–      Este es mi última conquista.

Un pequeño José, carpintero, como el que fue mi padre, el gran José;

por tanto, amadísimo mío, como Yo amado suyo.

¿No es verdad, pequeño?

El niño asiente con la cabeza.

Y Jesús lo llama:

–       Ven aquí.

Para presentarte a mis amigos:

Éstos de los que tanto has oído hablar.

Este es Simón Pedro, el hombre más bueno del mundo con los niños;

éste es Juan, un niño grande, que te hablará de Dios incluso jugando;

éste es Santiago su hermano, serio y bueno como un hermano mayor.

Y éste es Andrés, hermano de Simón Pedro:

harás inmediatamente buenas migas con él, porque es manso como un cordero.

Luego, éste es Simón el Zelote:

éste ama tanto a los niños que no tienen padre;

que creo que daría la vuelta al mundo, si no estuviera conmigo, para buscarlos.

Luego, éste es Judas de Simón y sentados junto a él, están:

Felipe de Betsaida y Nathanael.

¿Ves cómo te miran?

Ellos también tienen niños y quieren mucho  a los niños.

Y éstos son mis hermanos Santiago y Judas:

Aman todo lo que Yo amo, por eso mucho te querrán. 

(Los milagros son signos para ayudarnos en nuestro ministerio apostólico …

Señales para disipar dudas e incredulidad…

NO para proporcionarnos comodidades a los corredentores.

Por eso Mateo está incapacitado temporalmente…)

Ahora vamos a acercarnos a Mateo, que tiene muchos dolores en el pie.

Y a pesar de todo, no guarda rencor a los niños que, jugando alocadamente;

le han pegado con una piedra puntiaguda.

¿Verdad Mateo?

El apóstol sonríe y responde: 

–      Así es, Maestro. 

¿Es hijo de la viuda?

–       Sí.

Es un niño estupendo y muy inteligente, pero ahora está muy triste.

Mateo lo acaricia atrayéndolo hacia sí,

mientras dice.

–       ¡Pobre niño!

Voy a hacer que llamen a Santiaguito, para que juegues con él.

Jesús termina la presentación con Tomás,

el cual práctico como es

la completa ofreciéndole al niño un racimo de uvas arrancadas de la pérgola.   

Jesús concluye: 

–        Ahora sois amigos.

Y se sienta.

Mientras tanto, el niño disfruta sus jugosas uvas…

Y responde a Mateo, que lo tiene abrazado a su lado.

Pedro pregunta: 

–       ¿Dónde has estado tan solo, toda la semana?

Jesús dice; 

–       En Corozaín, Simón de Jonás.

–      Sí, lo sé.

¿Pero qué hiciste?

¿Estuviste en la casa de Isaac?

–       Isaac el viejo ha muerto.

–       ¿Y entonces?

–       ¿No te lo ha dicho Mateo?

–       No.

Sólo ha dicho que te habías quedado en Corozaín desde el día de nuestra partida.

–       Mateo es mejor que tú.

Sabe callar y tú no sabes refrenar tu curiosidad.

–       No solo la mía.

La de todos.

–       Pues bien.

Fui a Corozaím a predicar la Caridad con la práctica.

Varios le preguntan al mismo tiempo:

–      ¿La caridad con la práctica?

–      ¿Qué quieres decir? 

–       En Corozaín hay una viuda con cinco hijos y una anciana enferma.

El marido murió de repente cuando estaba trabajando en el banco de carpintero.

Y ha dejado tras de sí miseria y unos trabajos inacabados.

Corozaín no ha sabido encontrar una migaja de piedad, para con esta familia desdichada.

Fuí a terminar los trabajos y…

–       ¡¡¿ Queeé ?!!

Se produce un pandemónium:

Quién pregunta, quién protesta, quién regaña a Mateo por haberlo consentido.

Quién manifiesta admiración, quién critica.

Y por desgracia, quienes protestan o critican son la mayoría.

Jesús deja que la borrasca se calme, de la misma forma que se ha formado…

Y por toda respuesta, 

añade:

–      Y pasado mañana regresaré allí

Terminaré un trabajo.

Espero que al menos vosotros comprendáis.

Corozaín es un hueso de fruta cerrado, sin semilla.

Por lo menos vosotros sed huesos de fruta con ella.

Josesito, por favor dame esa nuez que te ha dado Simón.

Y escucha tú también.

¿Veis esta nuez?

La tomo porque no tengo otros huesos de fruta en la mano.

Pero, para entender la parábola, pensad en los núcleos de piñones o palmas.

Pensad en los más duros, por ejemplo: en los de las aceitunas.

Son envolturas clausuradas, sin fisuras;

durísimas, de una madera compacta.

Parecen mágicos cofres que sólo con violencia se pueden abrir.

Pues bien, a pesar de todo, si se echa uno de estos titos al suelo,

sencillamente arrojado  sobre la tierra. 

Y si algún caminante pasando por encima, lo incrusta en la tierra al pisarlo,

lo suficiente para que entre un poco en el suelo,

¿Qué sucede?

Pues que el cofre se abre, echa raíces y hojas.

¿Cómo se produce esto por sí solo?

¿Cómo lo logró?

Nosotros tenemos que emplear el martillo

Pues para conseguir abrirlos, tenemos que golpear mucho con el martillo;

Y sin embargo, sin golpes; el hueso se abrió.

¿Tiene algo mágico esa semilla?

No. Lo que tiene dentro es una pulpa.

¡Oh! ¡Una cosa muy débil respecto a la dura cáscara!

Y con todo, alimenta algo todavía más pequeño: la semilla.

Ésta es la poderosa palanca que fuerza, abre… 

Produce la planta con raíces y hojas, que luego será un árbol con frondas.

Haced la prueba de enterrar unos titos y luego esperad.

Veréis como algunos nacen y otros no.

Extraed de la tierra los que no han nacido.

Abridlos con el martillo.

Veréis como son semillas vacías.

No es pues, la humedad del suelo, ni el calor los que hacen abrir el hueso; sino la pulpa.

Y más: el alma de la pulpa;

el germen, que hinchándose, hace palanca y abre. 

Ésta es la parábola.

Apliquémosla a nosotros mismos.

¿Qué hice que no estuviera bien?

¿Nos hemos entendido tan poco, como para no comprender que la hipocresía es un pecado

y que la palabra es viento, si no es la fuerza de la acción?

¿Acaso no os he dicho siempre: Amaos los unos a los otros’?

El Amor es el precepto de la gloria.

Yo que predico, ¿Puedo faltar a la Caridad?

¿Daros el ejemplo de un Maestro Mentiroso?

¡No! ¡Jamás!

¡Amigos míos!

Nuestro cuerpo es el hueso duro;

en el hueso duro está encerrada la pulpa, el alma;

dentro de ella, el germen que Yo he depositado y que está formado de muchos elementos,

el principal de los cuales es la Caridad.

Es la caridad la que hace de palanca para abrir el hueso

y librar al espíritu de las constricciones de la materia

y restablece su unión con Dios, que es Caridad.

La caridad no se hace sólo de palabras o de dinero.

La caridad se hace sólo con la Caridad.

Y no os parezca un juego de palabras.

Yo no tenía dinero

Las palabras, para este caso, no eran suficientes.

Aquí había siete personas al borde del hambre y la angustia.

La desesperación ya lanzaba sus negras garras para hacer presa y asfixiar.

El mundo se apartaba, duro y egoísta, ante esta desventura;

daba muestras de no haber comprendido las palabras del Maestro.

El Maestro ha evangelizado con las Obras. 

Yo tenía la capacidad y libertad para hacerlo.

Y tenía el deber de amar por el mundo entero a estos míseros, a quienes el mundo desprecia.

He hecho todo esto.

¿Podéis todavía criticarme?

¿O debo ser Yo quien os critique, en presencia de un discípulo que no se acobardó

de meterse entre el aserrín y las virutas, por no abandonar al Maestro?

Y estoy seguro de que se convenció más de Mí,

viéndome inclinado, trabajando sobre la madera;

de lo que se hubiera persuadido viéndome sobre un trono.

O ante la presencia de un niño, que ha experimentado lo que Soy;

no obstante su ignorancia; la desventura que lo oprime…

Y su absoluta falta de conocimiento del Mesías, como Tal…

¿No respondéis?

No os apenéis sólo cuando levanto mi Voz, para corregir ideas equivocadas.

Lo hago por amor.

Si no… Meted en vosotros el germen que santifica y que abre el hueso.

De otro modo, seréis siempre seres inútiles.

Lo que hago debéis hacerlo con prontitud también vosotros…

Ningún trabajo, por amor del prójimo; para llevar a Dios un alma; os debe pesar.

El trabajo, cualquiera que sea; jamás humilla.

Pero sí humillan las acciones bastardas;

la falsedad; las acusaciones mentirosas; las acciones bajas, las denuncias mentirosas,

la crueldad, los abusos, la dureza; las vejaciones; 

la usura, las calumnias, la lujuria.

El Adulterio es el asesino mayor de las almas…

Éstas matan al hombre y con todo; las hacen sin experimentar vergüenza;

aún aquellos que quieren ser llamados perfectos.

Y que ciertamente se han sentido mal al verme trabajar con la sierra y el martillo…

El trabajo, sea cual fuere, no es nunca humillante;

Estas cosas son las que envilecen al hombre,

aunque, a pesar de ello, se lleven a cabo sin sentir vergüenza.

(Me refiero también a quienes quieren considerarse perfectos,

pero que se han escandalizado al verme trabajar con la sierra y el martillo).

¡Oh, el martillo!:

¡Cuán noble será, si se usa para meter clavos en una madera…

Y hacer un objeto que sirva para dar de comer a unos huerfanitos!,

¡Cuán distinta será la condición del martillo, modesta herramienta,

si lo usan mis manos y además con fin santo;

cuánto querrán tenerlo todos aquellos que ahora

¡Oh, hombre!

¡Criatura que deberías ser luz y verdad!

¡Cuán tenebroso y mentiroso eres!

Pero vosotros al menos comprended qué cosa es el bien.

Qué cosa sea la caridad.

Qué la obediencia.

En verdad os digo que los fariseos son muchos y que no faltan entre los que me rodean.

manifestarían a gritos su escándalo por causa de él!

¡Oh, hombre, criatura que deberías ser luz y verdad, cuánto eres tinieblas y mentira! 

.¡Vosotros, al menos vosotros, entended lo que es el bien!

¡Lo que es la caridad, lo que es la obediencia!

En verdad os digo que grande es el número de los fariseos.

Y…

270 SATANISMO VOLUNTARIO


270 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Un fariseo protesta:

–       Nos ofendes demasiado.

Pero, ¿Por qué si es así, no liberas a Israel del Demonio para que sea santo?

Jesús responde:

–        ¿Tiene Israel esta voluntad?

No.

La tienen esos pobrecillos que vienen para ser liberados del demonio

porque lo sienten dentro de sí como peso y vergüenza.

Vosotros esto no lo sentís.

Liberaros a vosotros sería inútil, porque, no teniendo la voluntad de ser liberados,

enseguida seríais de nuevo atrapados y con mayor fuerza.

Porque cuando un espíritu inmundo sale de un hombre,

vaga por lugares áridos en busca de descanso y no lo encuentra.

Observad que no son lugares áridos materialmente;

áridos porque, no recibiéndolo, le son hostiles,

de la misma forma que la tierra árida es hostil a la semilla.

Entonces dice:

“Volveré a mi casa, de donde he sido arrojado con la fuerza y contra su voluntad.

Estoy seguro de que me recibirá y me dará descanso”.

En efecto, vuelve donde aquel que era suyo,

y muchas veces lo encuentra dispuesto a recibirlo,

porque, en verdad os digo que el hombre tiene más nostalgia de Satanás que de Dios,

y, si Satanás no le somete sus miembros, por ninguna otra  posesión se queja.

Vuelve, pues, y encuentra la casa vacía, barrida, aviada, con olor a pureza.

Entonces va por otros siete demonios, porque no quiere volverla a perder.

Y con estos siete espíritus peores que él, entra en ella y ahí se instalan todos.

Así, este segundo estado, de uno convertido una vez

y pervertido una segunda vez, es peor que el primero.

Porque el demonio tiene la medida de lo amante de Satanás e ingrato a Dios

que es ese hombre.

Y también porque Dios no vuelve a donde se pisotean sus gracias.

Y habiendo experimentado ya una posesión, se abren los brazos otra vez a una mayor.

La recaída en el satanismo es peor que la recaída en una tisis mortal ya curada una vez.

Ya no es susceptible de mejoramiento ni de curación.

Esto le sucederá a esta generación, la cual, convertida por el Bautista,

ha querido de nuevo ser pecadora, porque es amante del Malvado, no de  Mí.

Un murmullo, ni de aprobación ni de protesta, recorre la muchedumbre,

que se ha ido apiñando y que ya es muy numerosa, pues además del huerto y la terraza,

está llenísima de gente incluso la calle.

Hay gente sentada a caballo en el pretil.

Y subida a la higuera del huerto y a los árboles de los huertos vecinos;

porque todos quieren oír la disputa entre Jesús y sus enemigos.

El  murmullo, cual ola que del mar abierto arriba a la playa;

llega, de boca en boca, hasta los apóstoles más cercanos a Jesús.

O sea, Pedro, Juan, el Zelote y los hijos de Alfeo;

porque los otros están parte en la terraza y parte en la cocina;

menos Judas de Keriot, que está en la calle entre la muchedumbre.

Pedro, Juan, el Zelote, los hijos de Alfeo recogen este murmullo…

Y dicen a Jesús:

–        Maestro, están tu Madre y tus hermanos.

Están allí afuera, en la calle.

Te buscan porque quieren hablar contigo.

Ordena que la muchedumbre se aleje, para que puedan venir a Ti;

porque sin duda un motivo importante los ha traído hasta aquí a buscarte.

Jesús alza la cabeza y ve al final de la gente el rostro angustiado de su Madre;

que está luchando por no llorar;

mientras José de Alfeo le habla con vehemencia;.

Y ve los gestos de negación de Ella, repetidos, enérgicos, a pesar de la insistencia de José.

Ve también la cara de apuro de Simón, visiblemente apenado, molesto…

Pero no sonríe, no ordena nada.

Deja a la Afligida con su dolor

y a los primos donde están, con sus intransigencias.

Baja los ojos hacia la muchedumbre…  

Aspira profundamente.

Y respondiendo a los apóstoles, que están cerca;

responde también a los que están lejos y tratan de hacer valer la sangre más que el deber.  

La Voz de Tenor Jesús resuena como una campana:

–       ¿Quién es mi Madre?

¿Quiénes son mis hermanos?

Despliega su mirada, severa en el marco de un rostro que palidece visiblemente,

por esta violencia; que debe hacerse a Sí Mismo,

para poner el deber por encima del afecto y la sangre… 

Y para suspender el reconocimiento del vínculo con su Madre, por servir al Padre.

Y dice, señalando con un amplio gesto a la muchedumbre que se apiña en torno a Él,

a la roja luz de las antorchas,

bajo la luz de plata de la Luna casi llena…

Jesús declara con firmeza:

–       He aquí a mi madre, he aquí a mis hermanos.

Los que hacen la voluntad de Dios son mis hermanos y hermanas, son mi madre.

No tengo otros.

Y los míos serán tales si, antes que los demás y con mayor perfección que ningún otro,

hacen la voluntad de Dios hasta el sacrificio total;

de toda otra voluntad o voz de la sangre y del afecto. 

Nace entre la muchedumbre un murmullo más fuerte,

como un mar agitado por un viento repentino.

Los escribas comienzan la fuga diciendo:

–      ¡Es un demonio!

–      ¡Reniega incluso su sangre!

Los parientes, visiblemente enojados avanzan,

diciendo:

–       ¡Es un loco!

–       ¡Hasta tortura a su Madre!

Los apóstoles, admirados,

exclaman:

–       ¡Verdaderamente en estas palabras está todo el heroísmo!

La muchedumbre,

dice:

–        ¡Cómo nos ama!

No sin esfuerzo, María con José y Simón, abren la aglomeración de gente:

Ella, todo dulzura;

José, todo furia;

Simón, todo apuro.

Y llegan a Jesús.

José arremete en seguida:

–       ¡Estás loco!

¡Ofendes a todos!

¡No respetas ni siquiera a tu Madre!

¡Pero ahora estoy yo aquí y te lo voy a impedir!

¿Es verdad que vas por ahí haciendo trabajos de obrero?

Pues si eso es verdad,

¿Por qué no trabajas en tu taller para procurar el pan a tu Madre?

¿Por qué mientes diciendo que tu trabajo es la predicación, ocioso e ingrato, que es lo que eres;

si luego vas a  realizar trabajo pagado a casa ajena?

Verdaderamente me pareces como si estuvieras en manos de un demonio,

que te indujera al camino

¡Responde!

Jesús se vuelve y toma de la mano al niño José,

lo acerca a Sí y lo alza sujetándolo por las axilas.

Y dice:

–       Mi trabajo ha consistido en procurar el pan a este inocente y a su familia.

Y en convencerlos de que Dios es bueno;

ha sido predicar en Corozaín la humildad y la caridad.

Y no sólo en Corozaín, sino también contigo, José, hermano injusto.

Pero te perdono porque sé que te muerden los dientes de Serpiente.

Y te perdono también a ti, Simón inconstante.

Nada tengo que perdonar, de nada debo pedir perdón, a mi Madre;

porque Ella juzga con justicia.

Que el mundo haga lo que quiera,

Yo hago lo que Dios quiere.

Con la bendición del Padre y de mi Madre soy más feliz,

que si todo el mundo me aclamara rey según el mundo.

Ven, Madre, no llores;

no saben lo que hacen.

Perdónalos.

–       ¡Hijo mío!

Yo sé.

Tú sabes.

Nada más hay que decir…

–        Nada más,….

Aparte de decirle a la gente:

“Idos en paz”.

Jesús bendice a la muchedumbre.

Y luego, llevando con la derecha a María y con la izquierda al niño Josesito; 

se dirige hacia la pequeña escalera.

Y es el primero en subirla.  

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269 EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


269 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús, que se había retirado a la cocina para beber un poco de agua,

se asoma a la puerta a tiempo de oír la trillada y necia acusación farisaica:

«Éste no es más que un Belcebú, porque los demonios le obedecen.

El gran Belcebú, su padre, le ayuda.

Y arroja los demonios con la acción de Belcebú, príncipe de los demonios, no con otra cosa».

Jesús baja los dos pequeños escalones de la puerta y avanza unos pasos;

erguido, severo, sereno, para detenerse justo frente al grupo escribo-farisaico;

fija en ellos, su mirada penetrante.

Y les dice:

–       Vemos que incluso en este mundo un reino dividido en facciones contrarias,

se hace internamente débil, fácil presa de la agresión

y acción devastadora de los estados vecinos.

y éstos lo esclavizan.

Ya en este mundo vemos que una ciudad dividida en partes contrarias. pierde el bienestar.

Lo mismo se diga de una familia cuyos miembros estén divididos por el odio:

se desmorona, se convierte en una fragmentación que a nadie sirve,

irrisión para los ciudadanos.

La concordia, además de deber, es astucia;

porque mantiene la independencia, la fuerza, el afecto.

Esto es lo que deberían meditar los patriotas, los ciudadanos, los miembros de una familia,

cuando, por el capricho de un determinado beneficio,

se ven tentados a las siempre peligrosas opresiones y separaciones, peligrosas

porque se alternan con los partidos y destruyen los afectos.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Ezequiel 28

es ésta, en efecto, la astucia que ejercitan los Dueños del Mundo.

Observad a Roma, observad su innegable poder, tan penoso para nosotros.

Domina el mundo.

Pero está unida en un único parecer, en una sola voluntad: “dominar”.

Entre ellos habrá también, sin duda, contrastes, antipatías, rebeliones.

Pero estas cosas están en el fondo.

En la superficie hay un único bloque, sin fisuras, sin agitaciones.

Todos quieren lo mismo y obtienen resultados por este querer.

y los obtendrán mientras sigan queriendo lo mismo.

Mirad este ejemplo humano de astucia cohesiva y pensad:

si estos hijos del siglo son así,

¿Qué no será Satanás?

Para nosotros ellos son diablos y sin embargo, su satanismo pagano no es nada,

respecto al perfecto satanismo de Satanás y sus demonios.

En aquel reino eterno, sin siglo, sin final, sin límite de astucia y maldad;

en ese lugar en que es gozo el hacer el mal a Dios y a los hombres.

Hacer el mal es el aire que respiran, es su doloroso gozo, único, atroz.

Se ha alcanzado con perfección maldita la fusión de los espíritus;

unidos en una Sola voluntad: “hacer el mal”.

Ahora bien, si -como pretendéis sostener para insinuar dudas acerca de mi poder-

me ayuda Satanás porque Yo soy un belcebú menor,

¿No entra Satanás en conflicto consigo mismo y con sus demonios

al arrojarlos de sus poseídos?

¿Y estando en conflicto consigo mismo, podrá perdurar su reino?

19. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. 1 de Juan 5

No, no es así.

Satanás es astutísimo y no se perjudica a sí mismo.

Su intención es extender su reino en los corazones, no reducirlo.

Su vida consiste en “robar – hacer el mal – mentir – agredir – turbar”.

Robar almas a Dios y paz a los hombres.

Hacer el mal a las criaturas del Padre, dándole así dolor.

Mentir para descarriar.

Agredir para gozar.

Turbar porque es el Desorden.

No puede cambiar: es eterno en su ser y en sus métodos.

Pero, responded a esta pregunta:

Si Yo arrojo los demonios en nombre de Belcebú,

29. Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» Mateo 8

¿En nombre de quién los arrojan vuestros hijos?

¿Querríais confesar que también ellos son belcebúes?

Si lo decís, os juzgarán calumniadores.

Y aunque su santidad llegue hasta el punto de no reaccionar ante esta acusación,

habréis emitido veredicto sobre vosotros mismos,

al  confesar que creéis tener muchos demonios en Israel.

Y os juzgará Dios en nombre de los hijos de Israel acusados de ser demonios.

Por tanto, venga de quien venga el juicio, en el fondo serán ellos vuestros jueces,

donde el juicio no sufre soborno de presiones humanas.

Y si, como es verdad, arrojo los demonios por el Espíritu de Dios,

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.» Éxodo 3

prueba es de que ha llegado a vosotros el Reino de Dios y el Rey de este Reino.

Rey que tiene un poder tal,

que ninguna fuerza contraria a su Reino le puede oponer resistencia.

Así que ato y obligo a los usurpadores de los hijos de mi Reino,

a salir de los lugares ocupados y a devolverme la presa para que Yo tome posesión de ella.

¿No es así como hace uno que quiere entrar en la casa de un hombre fuerte,

para arrebatarle los bienes, bien o mal conseguidos?

Eso hace.

Entra y lo ata.

Una vez que lo ha atado, puede desvalijar la casa.

Yo ato al ángel tenebroso, que me ha arrebatado lo que me pertenece.

Y le quito el bien que me robó

Sólo Yo puedo hacerlo, porque sólo Yo soy el Fuerte, el Padre del siglo futuro,

el Príncipe de la Paz.  

Un escriba le pregunta:

–       Explícanos lo que quieres decir con “Padre del siglo futuro”.

¿Es que piensas vivir hasta el próximo siglo y mayor necedad aún,

piensas crear el tiempo, Tú, que no eres más que un pobre hombre?

El tiempo es de Dios.  

Jesús lo mira con severidad, al responder:

–       ¿Y me lo preguntas tú, escriba?

¿Es que no sabes que habrá un siglo que tendrá principio pero no tendrá fin.?

¿Y que será el mío?

En él, triunfaré congregando en torno a Mí a aquellos que son sus hijos.

Y vivirán eternos como el siglo que crearé;

que ya estoy creando estableciendo al espíritu por encima de la carne,

del mundo y de los seres infernales, porque todo lo puedo.

Por esto os digo que quien no está conmigo está contra Mí.

Y que quien conmigo no recoge desparrama.

Porque Yo Soy el que Soy.

Y quien no cree esto, que ya ha sido profetizado, peca contra el Espíritu Santo;

cuya palabra fue pronunciada por los Profetas sin mentira ni error

y debe ser creída sin resistencia.

Porque os digo que todo les será perdonado a los hombres:

Todo pecado, toda blasfemia; porque Dios sabe que el hombre no es sólo espíritu, 

sino también carne.

Y carne tentada sometida a imprevistas debilidades.

Pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

Uno hablará contra el Hijo del hombre y será todavía perdonado,

porque el peso de la carne que  envuelve a mi Persona

y que envuelve al hombre que contra mí habla puede también inducir a error.

Pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en ésta ni en la vida futura,

porque la Verdad es eso que es:

El Don de Discernimiento de Espíritus

Es neta, santa, innegable.

Y es manifestada al espíritu de una manera que no induce a error.

Otra cosa es que yerren aquellos que, queriéndolo, quieren el Error.

Negar la Verdad dicha por el Espíritu Santo es negar la Palabra de Dios

y el Amor, que ha dado esa Palabra por amor hacia los hombres.

Y el pecado contra el Amor no se perdona.

Pero cada uno da los frutos de su árbol.

Vosotros dais los vuestros, que no son buenos.

Si dais un árbol bueno para que lo planten en el huerto, dará buenos frutos;

sin embargo, si dais un árbol malo, malo será el fruto que de él se recogerá.

Y todos dirán: “Este árbol no es bueno”.

Porque el árbol se conoce por el fruto.

¿Cómo creéis que podéis hablar bien vosotros, que sois malos?

Porque la boca habla de lo que llena el corazón del hombre.

Sacamos nuestros actos y palabras de la sobreabundancia  de lo que tenemos en nosotros.

El hombre bueno saca de su tesoro bueno cosas buenas;

el malo, de su tesoro malo, saca las cosas malas.

Y habla y actúa según su interior.

En verdad os digo que ociar es pecado, pero mejor es ociar que hacer obras malas.

Y os digo también que es mejor callar que hablar ociosamente y con maldad.

Aunque vuestro silencio fuera ocio, guardad silencio antes que pecar con la lengua.

Os aseguro que de toda palabra dicha vanamente,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

se pedirá a los hombres justificación en el día del Juicio.

Y que por sus palabras serán justificados los hombres.

Y también por sus palabras serán condenados.

¡Cuidado, por tanto, vosotros, que tantas decís más que ociosas!,

Pues que son no sólo ociosas sino activas en el mal…

Y con la finalidad de alejar a los corazones de la Verdad  que os habla.

Los fariseos consultan a los escribas y luego, todos juntos, fingiendo cortesía,

solicitan:

–       Maestro, se cree mejor en lo que se ve.

Danos, pues, una señal para que podamos creer que eres lo que dices.

–       ¿Veis como en vosotros está el pecado contra el Espíritu Santo,

que repetidas veces me ha señalado como Verbo encarnado?

Este es mi Hijo amado, ESCUCHADLE…

Verbo y Salvador, venido en el tiempo establecido;

precedido y seguido por los signos profetizados; obrador de lo que el Espíritu dice.

Ellos responden:

–       Creemos en el Espíritu, pero

¿Cómo podemos creer en Ti, si no vemos un signo con nuestros ojos?

-¿Cómo podéis entonces creer en el Espíritu, cuyas acciones son espirituales,

si no creéis en las mías, que son sensibles a vuestros ojos?

Mi vida está llena de ellas.

¿No es suficiente todavía?

No. Yo mismo respondo que no.

No es suficiente todavía.

A esta generación adúltera y malvada, que busca un signo,

se le dará sólo uno: el del profeta Jonás.

Efectivamente, de la misma forma que Jonás estuvo durante tres días en el vientre de la ballena,

el Hijo del hombre estará tres días en las entrañas de la tierra.

En verdad os digo que los ninivitas resucitarán en el día del Juicio, como todos los hombres.

Y se alzarán contra esta generación y la condenarán,

porque les predicó Jonás e hicieron penitencia y vosotros no.

Y aquí hay Uno mayor que Jonás.

Así también, resucitará y se alzará contra vosotros la Reina del Mediodía,

y os condenará.

Porque ella vino desde los últimos  confines de la Tierra, para oír la sabiduría de Salomón;

y aquí hay Uno mayor que Salomón.

–       ¿Por qué dices que esta generación es adúltera y malvada?

No lo será más que las otras.

Hay los mismos santos que había en las otras.

El todo israelita no ha cambiado.

¡Nos ofendes!

–       Os ofendéis vosotros mismos al dañar vuestras almas;

porque las alejáis de la Verdad, y por tanto de la Salvación.

Os respondo lo mismo.

1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; 2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, 3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, 4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, 5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos. 6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones, 2 de Timoteo”

Esta generación no es santa sino en las vestiduras y en lo externo;

por dentro no es santa.

En Israel existen los mismos nombres para significar las mismas cosas,

pero no existe la realidad de las cosas;

existen los mismos usos, vestiduras y ritos, pero falta el espíritu de estas cosas.

Sois adúlteros porque habéis rechazado el sobrenatural desposorio con la Ley divina 

y os habéis desposado, con una segunda adúltera unión, con la ley de Satanás.

Sois circuncisos sólo en un miembro efímero, el corazón ya no es circunciso.

Y sois malos, porque os habéis vendido al Maligno.

He dicho.

268 PIEDRA DE TROPIEZO


268 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es el mismo escenario del capítulo anterior.

El Espíritu Santo nos ha traído esta vez, a testimoniar lo sucedido;

después que termina la semana de trabajo, de Jesús en Corozaím

Jesús se está despidiendo de la viuda.

Tiene ya de la mano al pequeño José y dice a la mujer:

–       No vendrá nadie antes de mi regreso.

A menos que sea un gentil.

De todas formas, quienquiera que venga que espere hasta pasado mañana;

dile que vendré sin falta.

–       Lo diré, Maestro.

Si hay enfermos, les daré hospedaje, como me has enseñado.

–       Adiós, entonces.

La paz sea con vosotros.

Ven, Mannaém.

Al parecer han venido a ver a Jesús a Corozaím gente enferma y desgraciada.

Y a la evangelización del trabajo Jesús ha añadido la del milagro.

Si Corozaím sigue indiferente, además de incomprensible;

es verdaderamente señal de que es terreno agreste e incultivable.

No obstante, Jesús la atraviesa, saludando a los que le saludan,

con su característica amabilidad, como si tal cosa;

para seguir hablando con Mannaém

que estaba dudando sobre si volver a Maqueronte o quedarse una semana más…

Pero finalmente prevaleció su amor por el Maestro.

Mientras tanto en la casa de Cafarnaúm, se preparan para el sábado.

Mateo, cojeando todavía un poco, recibe a sus compañeros,

los asiste ofreciéndoles agua y fruta fresca;

mientras se interesa por sus respectivas misiones.  

Todos hacen comentarios diversos e interesantes,

de lo que ha significado su primera semana cómo apóstoles;

misioneros con el poder pleno otorgado por Jesús.

El Poema del Hombre-Dios

Y para no confundirnos con nuestro relato,

que muchos de nuestros amados hermanitos en Cristo están siguiendo, junto con nosotros,

basado en la Obra Valtortiana que hemos retomado, para esta

evangelización sobre los Carismas…

Y que cualquiera de vosotros que ya están ejerciendo

las capacidades de vuestro cuerpo espiritual;como Templos vivientes del Espíritu Santo…

¡Y ya están VIVIENDO la experiencia gloriosa, de vivir el Cielo en la Tierra!

SABEN lo inefable que es,

manejar la extensión de nuestra personalidad,

cuando nuestro ABBA nos lleva sacándonos del tiempo,

para entrar en su ¡Increíble y maravillosa Eternidad!

Y esto lo pueden comprobar los que ya vivieron su Pentecostés personal;

para testificar la veracidad de las Sagradas Escrituras.

LOS TIEMPOS SON TAN GRAVES

que no se sorprendan si ABBA les dice que dejen el turismo histórico arqueológico

para cuando dejemos a Satanás noqueado,

luego del Triunfo del Corazón Inmaculado de nuestra Madrecita…

Los viajes astrales son promovidos y guiados por el Demonio… Nosotros lo hacemos sin riesgo alguno, porque es ABBA el que nos lleva

Aunque si ABBA decide darles una ‘probadita‘ de Eternidad..

Y les permite vivir un reportaje, siguiendo en vivo una jornada del Hombre-Dios

confirmando la veracidad de estos relatos y aumentando la cantidad de testigos,

que como  almas víctimas y corredentoras, nos convertimos en

los Apóstoles y Profetas, de los Últimos Tiempos

Por eso no llamamos “visiones” a lo que NO ES una experiencia subjetiva,

SINO REAL, 

Ya que cuando viajamos sobrenaturalmente;

a la velocidad del pensamiento;

con nuestros sentidos corporales y espirituales totalmente despiertos…  

¡Esto no es imaginario!

Y está SUCEDIENDO. 

Pues bién, el episodio siguiente, coloreado en azul,

pasó después de la disputa con los fariseos

pero lo adelantamos un poco, por razones de continuidad y comprensión

Y tomando de la mano al niño, entre Él y Mannaém,

se va rápido por la campiña en dirección a Cafarnaúm.

Llegan cuando ya los apóstoles están ahí.

Pedro recibe a Jesús…

Y le es confiado el pequeño José,

porque Jesús decide atender primero a los que lo han estado esperando…

Y es esto precisamente, lo que produce la amarga y triste disputa con los Fariseos….

Después de esto último…

Y  luego que han pasado algunas horas…

Cuando ya está avanzada la tarde…

Sentados en la terraza, a la sombra del emparrado,

cuentan a Mateo que todavía no está curado, sus hazañas.

Se voltean al oír el ruido de pasos en la escalera y ven la rubia cabellera de Jesús,

que va emergiendo sobre la barda de la terraza.   

Corren hacia Él, que los recibe con una sonrisa.

Y se quedan como estatuas cuando ven que detrás de Él, viene un niño pobre.

La presencia de Mannaém, con su vestido blanco de lino muy fino;

ceñido con un cinturón adornado con oro y piedras preciosas.

Cubierto con un manto rojo fuego tan brillante, que parece de seda

y le cae sobre la espalda como una cauda.

Lleva un turbante de viso sostenido con una delgada lámina de oro burilada,

que le pasa por la mitad de la ancha frente, dándole el aire de un rey egipcio…

Impide la avalancha de preguntas.

Pero con los ojos las hacen muy claras.

No obstante se reponen de la sorpresa…

Y después de haberse saludado recíprocamente y ya sentados alrededor de Jesús;

los apóstoles le preguntan señalando al niño:

–   ¿Y éste?

Jesús contesta explicando:

–     Éste es mi última conquista.

Josesito, carpintero como José, el que fue mi padre.

Por esto lo quiero muchísimo, como él a Mí también.

¿No es verdad chiquito?

Ven aquí.

Te presento a estos amigos míos, de los que has oído hablar tanto.

Éste es Simón-Pedro, el hombre más bueno con los niños que puedas imaginar.

Y éste es Juan: un niño grande que te hablará de Dios, en medio de los juegos.

Y éste es Santiago su hermano, serio y bueno como un hermano mayor.

Éste es Andrés, hermano de Simón-Pedro;

estarás muy bien con él, porque es paciente como un cordero.

Aquí tienes a Simón Zelote:

a éste le gustan mucho los niños que no tienen padre.

Y creo que giraría por toda la tierra para buscarlos, si no estuviese conmigo.

Éste es Judas de Simón y junto a él, Felipe de Betsaida y Nathanael.

¿Ves como te miran?

Ellos también tienen niños y les gustan mucho los niños.

Éstos son mis hermanos, Santiago y Judas:

Aman todo lo que amo y por eso te amarán.

Ahora vamos con Mateo, que tiene fuertes dolores en el pie y con todo;

no guarda rencor por los niños que juegan irreflexivamente

y que le hirieron, con una piedra picuda.

¿No es verdad, Mateo?

El apóstol sonríe:

–      Así es, Maestro.

¿Es hijo de la viuda?

–     Sí.

Es muy listo, pero está muy triste.

Mateo lo acaricia atrayéndolo hacia sí,

mientras dice.

–     ¡Pobre niño!

Te llamaré a Santiaguito y jugarás con él.

Jesús termina la presentación con Tomás,

que práctico como siempre, la concluye ofreciendo al niño,

un racimo de uvas arrancado del emparrado.

Jesús dice:

–      Ahora sois amigos.

Se sienta, mientras el niño come sus uvas y charla con Mateo.

Pedro pregunta:

–      ¿En dónde estuviste toda la semana?

–       En Corozaín, Simón de Jonás.

–       Esto ya lo sé,

¿Pero qué hiciste?

¿Estuviste en la casa de Isaac?

–      Isaac el viejo, ya murió.

–     ¿Y entonces?

–     ¿No te lo contó Mateo?

–      No.

Solo dijo que estuviste en Corozaín, desde el día que nos fuimos.

–      Mateo es mejor que tú.

Sabe callar y tú no sabes refrenar tu curiosidad.

–      No solo la mía.

La de todos.

–      Pues bien.

Fui a Corozaín a predicar la Caridad con la práctica.

Varios le preguntan al mismo tiempo:

–      ¿La caridad con la práctica?

–      ¿Qué quieres decir?

–      ¿Cómo está eso?

Jesús aclara:

–      En Corozaín hay una viuda con cinco niños.

Y con su madre enferma.

Su marido murió repentinamente en el taller de carpintería…

Y dejó tras de sí, miseria y trabajos sin terminar.

Corozaín no ha sabido tener una brizna de compasión, por esta familia infeliz.

Fui a terminar los trabajos y…

–     ¡¡¿Queeé?!!

Surge una gritería.

Quién pregunta.

Quién protesta.

Quién reprende a Mateo por haberlo permitido.

Quién admira.

Quién critica.

Y por desgracia quienes protestan o critican, son la mayoría.

Jesús deja que termine la borrasca como empezó.

Y por toda respuesta añade:

–     Y pasado mañana regresaré allí.

Terminaré un trabajo.

Espero que al menos vosotros comprendáis.

Corozaín es un hueso de fruta cerrado, sin semilla.

Por lo menos vosotros sed huesos de fruta con ella. 

Josesito, por favor dame esa nuez que te ha dado Simón.

Y escucha tú también.

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas.

Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–      Tienen ganas de amargarnos el Sábado.

Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida;

para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–    ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–    Además…

En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–     Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida.

Y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto,

dice entusiasmado:

–    Pues vamos…

Pedro agrega:

–    ¡Pronto!

¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas!

Vamos sin perder tiempo.

Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera.

Y Santiago hará lo mismo.

Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–      ¡Yo no voy con el endemoniado!

–     ¿Por qué?

¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–     No me hagas enojar, Simón de Jonás.

Dije que no voy y no voy.

–     Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–     No.

–    ¡Uf!

Ven en la barca.

–     No.

–     En resumidas cuentas…

¿Qué es lo que quieres?

Eres siempre el de los obstáculos…

–     Quiero quedarme en donde estoy.

No temo a nadie y no me escapo.

Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa.

Id vosotros.

Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–      ¡Así no!

Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino,

dice muy serio:

–     Entonces nadie.

Porque el Maestro ya está aquí.

Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba

Y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos mutuos, le informan del endemoniado ciego y mudo;

que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–       Está como inerte.

Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido.

Los familiares tienen confianza en Ti.

Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–     No.

Voy al punto donde está él.

¿En dónde?

–      En la habitación de abajo, cerca del horno.

Allí lo puse junto con sus familiares.

Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–      Es cierto.

Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–     ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–      Se quedó en casa.

Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no lo reprende.

Se apresura a ir a la casa.

Al entrar en ella…

Saluda a Judas,

Que parece estar muy ocupado en acomodar los trastes.Jesús dice:

–     Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–     No es un enfermo.

Es un endemoniado.

–      Es siempre una enfermedad del espíritu…

–      Le ha impedido el ver y el hablar.

–      La posesión es siempre una enfermedad del espíritu;

que se extiende a los miembros y a los órganos.

Si me hubieses dejado terminar;

hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma.

Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo.

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm.

Están los fariseos, escribas, Jairo y el centurión romano al que Jesús le curó el siervo;

junto con otros gentiles y muchos que no son de Cafarnaúm.

Jesús levanta los brazos, sus ojos relampagueantes de Majestad

y su Voz resuena como una campana.

Cuando ordena con imperio:

–      ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste!

Lo quiero.

Sal de ésta criatura.

Ya no te es lícito tenerla.

¡Largo!

¡Fuera!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del Demonio.

Seguido por una convulsión y un profundo suspiro del enfermo…

Y termina con una resonante Alabanza llena de alegría del liberado,

que exclama:

–      ¡Hijo de David!

¡Hijo de  David!

¡Santo Rey!

Un escriba pregunta:

–      ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otros fariseos contestan:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla!

Y uno más alzando los hombros, añade blasfemias contra Jesús.

Jairo replica:

–       ¿Quién le pagó?

¿Se puede saber?

–       Tú también estás implicado.

–      ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

Ahora la granizada de reproches, la dirige el arquisinagogo de Cafarnaúm,

Cuando Jairo les reclama:

–      No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces.

Y tu lengua, ensuciándola con mentiras.

Sabes que no es verdad.

Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel.

¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–      Tú eres el sinagogo y lo amas.

–      Allí está Mannaém.

En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–      Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos.

No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia.

No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo.

Y atacan a los familiares del curado:

–      ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–      Muchos que fueron sanados.

–      ¿Qué os dieron?

–       ¿Darnos?

La seguridad de que Él lo sanaría.

–      ¿Pero de veras estaba enfermo?

–       ¡Oh, cabezas fraudulentas!

¿Pensáis que todo esto fue una pantomima?

Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

La gente de Cafarnaúm, indignada, se alborota.

Mientras unos galileos, venidos desde Nazaret,

dicen:

–       ¡Pues este es hijo de José el carpintero!

Los de Cafarnaúm, fieles a Jesús,

gritan:

–       ¡No!

–      ¡Es lo que Él dice y lo que el curado ha dicho:

“Hijo de Dios” e “Hijo de David”!

Un escriba muy altanero,

dice con desprecio:

–       ¡No aumentéis el fanatismo y la exaltación del pueblo con vuestras afirmaciones!

–       ¿Y entonces qué es según vosotros?

–       ¡Un Belcebú!

–       ¡Mmm…, lenguas de víbora!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Vosotros sois los poseídos!

–       ¡Ciegos de corazón!

–      Perdición nuestra.

–      Queréis quitarnos incluso la alegría del Mesías, ¿Eh?

–      ¡Sanguijuelas!

–      ¡Piedras secas!».

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Varios gritan al mismo tiempo:

–      ¡Lenguas de víboras!

–      ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–      ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

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267 UNA LECCIÓN DE CARIDAD


267 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es una mañana esplendorosa, en la aldea situada a dos millas de Cafarnaúm. 

Y la brisa lleva la frescura del mar de Tiberíades;

hasta la casa custodiada por dos higueras enormes, cuyo abundante follaje se extiende tanto, 

que casi se tocan por encima de la terraza del piso superior….

En el interior, junto al huerto con diversos árboles frutales, está el taller de carpintería;

justo en medio de las entradas que separan el viñedo del olivar.

Jesús está trabajando con empeño en el banco del carpintero.

Está terminando una rueda.

Un niño delgadito y de cara triste,

le ayuda acercándole todo lo que necesita,

para realizar su trabajo.

Mannaém, testigo inútil pero entusiasta, está sentado en un banco junto a la pared; 

observando maravillado la destreza de su Maestro. 

Jesús no tiene su bonita túnica de lino, sino que se ha puesto una oscura.

Que como no es suya, le llega hasta las espinillas:

Es una túnica de trabajo, remendada pero limpia, que perteneció al carpintero muerto.

Jesús da ánimos con sonrisas y palabras cariñosas al niño.

Y le enseña lo que debe hacer para conseguir que la cola, adquiera el punto exacto,

para  ser utilizada. 

Luego le muestra cómo trabajar…

para que queden lustrosas las paredes del baúl.

Y el niño se queda dándole lustre con un líquido que Jesús le enseñó a preparar. 

Todos estos pasos artesanales,

los ha presenciado el principesco amigo del carpintero de Nazareth;

desde que llegaron juntos, con la alborada de este día de trabajo.

Mannaém se levanta del banco y pasa un dedo por las molduras del baúl,

que ya está terminado.

Y dice: 

–     Terminaste pronto, Maestro.

Con su hermosa voz de tenor,

Jesús contesta:

–     Ya casi estaba terminado.

–     Yo quería tener este artefacto.

Pero ya vino el comprador que lo adquirió…

Tenía sus derechos y le quitaste las ilusiones…

Esperaba poder llevarse todo y recuperar no solo el depósito…

Pero no le quedó más que irse con sus cosas y ¡Basta!

¡Si fuera al menos uno que creyera que Tú…!

¡Tendrían para él, un valor infinito!

Y suspirando profundamente,

agrega;

–       ¿Me escuchaste?…

Jesús responde: 

–       Déjalo en paz.

Por otra parte aquí hay más madera…

Y la mujer estará feliz en usarla y en sacar provecho.

Dime que te haga un cofre y te lo hago…

Mannaém pega un brinco de felicidad,

y pregunta:

–      ¿De veras, Maestro?

¿De veras quieres seguir trabajando?

Jesús sonríe con ganas,

y dice:

–      Hasta que se acabe la madera.

Soy un obrero concienzudo.

–     ¡Un cofre que me des Tú!

Mannaém parece un niño con un juguete nuevo.

Y exclama: 

–       ¡Oh!

¡Qué reliquia!

¿Qué meteré dentro?

–      Todo lo que quieras Mannaém.

No será más que un cofre.

–      ¡Pero fue obra tuya! –dice maravillado.

–      ¿Y qué?

Mi Padre hizo al hombre.

A todos los hombres.

Y sin embargo el hombre y los hombres,

¿Qué han metido dentro de sí?

Jesús habla mientras sigue trabajando.

Va de aquí para allá, por todos lados del taller.

Buscando los instrumentos necesarios.

Apretando tornillos.

Taladrando, torneando, cepillando…

Según es necesario a lo que hace.

Mannaém contesta:

–     Hemos metido el pecado.

Es verdad.

–     ¿Lo ves?

Y sabes que el hombre que Dios creó, es mucho más que un cofre que Yo haga.

No confundas jamás el objeto con las acciones.

Hazte de mi trabajo, sólo una reliquia para tu alma.

–      ¿En otras palabras?

–      En otras palabras, 

Da a tu espíritu la enseñanza que brota de lo que hago.

–      Caridad. Humildad. Laboriosidad….

Estas virtudes, ¿No es así?

–     Sí.

Y en lo futuro, obra tú en igual modo.

–      Sí, Maestro.

Pero, ¿Me haces el cofre?

–      Te lo hago.

Pero recuerda que como tú lo verás siempre como una reliquia…

haré que lo pagues por lo que vale.

Así se podrá decir que al menos en una ocasión, estuve lleno hasta de dinero.

Pero tú sabes para quién…

Para estos huerfanitos.

Mannaém el príncipe de la corte de Herodes, sonríe lleno de alegría…

Y pleno de satisfacción, concede:

–      Pídeme lo que quieras.

Te lo daré.

Así por lo menos tendrá alguna justificación mi ociosidad.

Mientras Tú, Hijo de Dios, trabajas.

–      Está dicho:

Comerás tu pan, bañado con el sudor de tu frente.’

Mannaém objeta con énfasis:

–     ¡Pero eso se dijo por el hombre culpable!

No contra Ti!

–      ¡Oh! Un día seré el Culpable…

Y tendré sobre Mí, todos los pecados del Mundo.

Los llevaré conmigo, en mi primera partida.

–      ¿Y piensas que el mundo no pecará más?

–      Debería no hacerlo…

Pero siempre pecará.

Por esto el peso que tendré sobre Mí, será tal;

que me hará pedazos el Corazón.

Tendré los pecados desde Adán hasta ahora.

Y los de esa Hora, hasta los del último siglo.

Todo lo descontaré por el hombre.

–      Y el hombre no te entenderá.

Y mucho menos te amará…

¿Crees que Corozaín se convierta con esta lección silenciosa y santa,

que estás dando con tu trabajo, para socorrer a una familia?

–     No se convertirá.

Dirá: ‘Prefirió trabajar para pasar el tiempo y ganarse unos centavos.’

Yo no tenía dinero.

Lo había dado todo.

Siempre doy cuanto tengo, hasta el último céntimo. 

He trabajado para dar dinero.

–      ¿Y para que comieses tú y Mateo?

–      Para eso, Dios proveyó.

–      A nosotros también nos diste de comer.

–      Así es.

–     ¿Cómo lo hiciste?

–      Pregúntaselo al dueño de la casa

–     ¡Claro que lo haré!

Se lo preguntaré tan pronto regresemos a Cafarnaúm.

Y mientras piensa algo, la sonrisa de Jesús ilumina su rostro hermosísimo…

Y luego ríe serenamente tras su rubia barba. 

Se hace un silencio.

Mannaém se queda meditando en la lección recibida

Tan solo se escucha el chirrido de la prensa y del tornillo;

 que une apretando las dos partes de la rueda. 

Luego Mannaém pregunta:

–     ¿Qué piensas hacer para el sábado?

Jesús responde: 

–      Ir a Cafarnaúm a esperar a los apóstoles.

Hemos convenido en reunirnos cada viernes por la tarde y pasar juntos el sábado.

Después les daré órdenes y si Mateo ya está curado;

serán seis las parejas que irán a evangelizar.

Si no…

¿Quieres ir con ellos?  

–      Prefiero estar contigo, Maestro…

Pero, ¿Me permites darte un consejo?

–      Dilo.

Si es atinado lo aceptaré.

–      Nunca estés solo.

Tienes muchos enemigos, Maestro.

–      Lo sé.

¿Pero crees que los apóstoles harían mucho en caso de peligro?

–      Creo que te aman.

–      Ciertamente.

Pero de nada serviría.

Los enemigos, si tuvieran intención de apresarme;

vendrían con mayores fuerzas que las de los apóstoles.

–       No importa.

No estés solo.

–       Dentro de dos semanas muchos discípulos se me unirán.

Los preparo para mandarlos también a ellos a evangelizar.

Ya no estaré solo.

Puedes estar tranquilo.

Mientras ellos hablan…

Muchas personas curiosas de Corozaím vienen a fisgar…

Y luego se van sin decir nada.

Mannaém los ve,

y dice:

–      Se quedan sorprendidos al verte trabajar.

–      Sí.

Pero no son lo bastante humildes para decir:

‘¿Nos das una enseñanza?

’Los mejores que tenía aquí, están con los discípulos;

menos un viejo que ya murió.

No importa.

La lección es siempre lección.

–      ¿Qué dirán los apóstoles cuando sepan que te pusiste a trabajar?

–      Son once.

Porque Mateo ya dio su juicio.

Serán once pareceres diferentes y en general chocarán entre sí.

Pero me darán oportunidad para adoctrinarlos.

–       ¿Me permitirás asistir a la lección?

–       Si quieres quedarte…

–       Pero yo soy discípulo y ellos son apóstoles

–     Lo que hace bien a los apóstoles, lo hace también al discípulo.

–     Ellos se sentirán incómodos,

de que se les llame la atención en mi presencia.

–     Les servirá para que sean humildes.

Quédate Mannaém.

Me alegra que estés conmigo.

–     Y yo me quedo de muy buena gana.

Se asoma la viuda y dice:

–       La comida está preparada y lista para servirla, Maestro.

Tú trabajas demasiado.

–       Me gano el pan, mujer.

Y luego…

Mira, aquí tienes otro cliente.

También él quiere un cofre.

Y pagará muy bien..

El sitio de la madera se te va a quedar vacío

Esto dice Jesús quitándose un delantal parchado que se había puesto encima.

Se dirige a la salida para lavarse en una jofaina que la mujer le llevó al huerto.

Ella, con una de esas sonrisas que florecen, después de mucho tiempo de llanto,

dice:

–      En el cuarto ya no hay madera.

Mi casa está llena de tu Presencia y el corazón repleto de paz.

Ya no tengo miedo al mañana, Maestro.

Y Tú puedes estar seguro de que jamás te olvidaremos.

Y entran en la cocina.

Al atardecer, Jesús junto con Mannaém,

salen de la casa de la viuda.

Y se despide diciendo: 

–       La paz sea contigo y con los tuyos.

Nos volveremos a ver después del sábado.

Acaricia al niño: 

Adiós Josesito. 

Mañana descansa y juega, porque después me ayudarás.

¿Por qué lloras?

–      Tengo miedo de que no regreses más…

–      Siempre digo la verdad.

¿Te desagrada tanto que me vaya?

El niño asiente con la cabeza

Jesús lo acaricia diciendo:

–      Un día pasa pronto.

Mañana quédate con tus hermanitos.

Yo estaré con mis apóstoles y les hablaré.

Estos días te he estado enseñando a trabajar.

Ahora voy con ellos a enseñarles a predicar y a ser buenos.

No estarías a gusto conmigo, en medio de tantos hombres.

El niño replica:

–      ¡Oh!

¡Lo estaré si estoy contigo!

Jesús se vuelve hacia la madre, 

diciendo: 

–       Entendí, mujer.

Tu hijo hace como muchos y son los mejores.

No me quiere dejar.

¿Tendrías desconfianza en dejármelo hasta mañana?

Ella con las manos juntas, muy emocionada,

exclama: 

–     ¡Oh, Señor!

¡Te los puedo dar a todos!

Contigo están seguros como en el Cielo.

Este niño, que de todos era el que más estaba con su padre, ha sufrido demasiado.

Estaba él en el momento en el que él..

Y de pronto se encontró solo, ¿Ves?

No hace más que llorar y penar.

Y le dice al niño:

–       No llores hijito mío.

Pregúntale al Señor si no es verdad lo que digo.

Se vuelve a Jesús:   

–        Maestro, para consolarlo le digo, que su padre no ha muerto;

sino que solo fue lejos y por un tiempo.  

Jesús confirma: 

–      Es verdad.

Es así como dice tu mamá, pequeño José. 

El niño con voz dolorida,

se lamenta: 

–      Pero hasta que me muera me lo encontraré.

Soy muy pequeño.

¿Cuánto deberé esperar, para que me haga viejo como Isaac?

Mannaém trata de consolarlo:

–      ¡Pobre niño!

No te preocupes, el tiempo pasa veloz.

El niño mirando a Jesús,

contesta:

–      No, Señor.

Hace tres semanas que no tengo a  mi papá.

Y me parece mucho, mucho tiempo.

No puedo vivir sin él.

Y llora silenciosa pero amargamente.

La mujer dice:

–     ¿Lo ves?

Así siempre hace.

Y sobre todo cuando no hay nada que lo distraiga completamente.

El sábado le es un tormento.

Tengo miedo de que se me muera.

–     No.

Tengo otro niño huérfano.

Estaba flacucho y triste.

Ahora vive con una buena mujer de Betsaida.

Tiene la seguridad de no estar separado de sus padres.

Y con esto ha reflorecido en su cuerpo y en su corazón.

Así le pasará al tuyo.

Estará más tranquilo con lo que le diré.

Con el tiempo que es un buen médico y con verte más tranquila,

sin preocupación por lo que tendrán que comer.

Adiós mujer.

Debo llegar antes del crepúsculo del atardecer, para esperar a mis apóstoles.

Ven, José.

Despídete de tu mamá, tus hermanitos y tu abuelita.

Y luego alcánzame corriendo.

Jesús se va.

Mannaém le dice:

–      ¿Y qué vas a decir a los apóstoles?

–      Que tengo conmigo a un viejo discípulo y a uno nuevo.

Se dirige a atravesar el poblado de Corozaín, para tomar la salida a Cafarnaúm. 

Está lleno de gente.

Un grupo de hombres detiene a Jesús,

diciéndole:

–     ¿Ya te vas?

¿No te quedas el sábado?

–      No.

Voy a Cafarnaúm.

–      Sin habernos dicho una sola palabra durante toda la semana.

¿No somos dignos de ella?

–      ¿No os he dado la mejor predicación durante seis días?

Varios preguntan al mismo tiempo:

–      ¿Cuándo?

–      ¿A quién?

–      A todos.

Desde el banco de la carpintería.

Durante estos días he predicado que al prójimo, se le debe amar…

Y ayudar en todos modos.

Especialmente dónde hay personas débiles, como viudas y huérfanos.

Hasta pronto, vosotros de Corozaín.

Meditad durante el sábado esta lección mía.

Y sin esperar contestación…. 

Jesús reanuda su camino, dejando desorientados a los de Corazín.

Pero el niño lo alcanza corriendo.

Y hace que se despierte nuevamente en los lugareños la curiosidad.

Y lo vuelven a detener.

–     ¿Le quitaste ya su hijo a la mujer?

¿Para qué?

–      Para enseñarle a creer que Dios es Padre.

Y que en Dios encontrará también a su padre muerto.

Y también para que aquí, haya alguien que crea en lugar del viejo Isaac.

–       Con tus discípulos hay tres que son de Corozaín.

–      Con los míos.

No aquí.

Este estará aquí.

Hasta pronto.

-Y llevando al niño en medio entre Él y Manahén, reanuda su camino,

y va ligero por la campiña hacia Cafarnaúm;

hablando con Manahén.

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