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EL APÓSTOL TOMÁS


8 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es la casita del Olivar en la baja y ancha cocina oscura en sus paredes ahumadas, apenas iluminada por la llamita de aceite puesta encima de la rústica mesa larga y estrecha, a la que están sentadas ocho personas: 

Jesús y los seis discípulos, más el dueño de la casa; cuatro por cada lado.

Jesús, aún vuelto de espaldas en su taburete porque aquí no hay más que taburetes sin respaldo, de tres patas (cosas de campo) 

Está hablando todavía con Tomás.

La mano de Jesús ha bajado desde la cabeza de Tomás a su hombro.

Jesús dice:

–        Levántate, amigo. ¿Has cenado ya?.

–        No, Maestro. He recorrido pocos metros con el otro que estaba conmigo, luego le he dejado y me he regresado diciéndole que quería hablar con el leproso curado…

He dicho esto porque pensaba que rehuiría de acercarse a un impuro. He acertado.

Pero yo te buscaba a ti, no al leproso… Quería decirte: “¡Acéptame!”… He estado dando vueltas arriba y abajo por el olivar, hasta que un joven me ha preguntado qué hacía.

Debe haber creído que era una persona malintencionada… Estaba cerca de una pilastra, en donde empieza la propiedad.

El dueño de la casa sonríe.

Y aclara:

–          Es mi hijo – y añade – Está de guardia en el molino. Tenemos todavía en las cuevas, debajo del molino, casi toda la cosecha del año. Ha sido muy buena. Nos ha dado mucho aceite.

En tiempos de aglomeraciones siempre se unen malandrines para desvalijar los lugares no custodiados.

Hace ocho años, precisamente durante la Parasceve, nos robaron todo. Desde entonces una noche cada uno, montamos buena guardia. Su madre ha ido a llevarle la cena.

Tomás continúa:

–          “¿Qué quieres?” me ha dicho, con un tono tal que, para salvar mi espalda de su bastón, le he explicado en seguida: 

–           Busco al Maestro, que está viviendo aquí”.

Entonces me ha respondido:

–          “Si es verdad lo que dices, ven a la casa”.

Y me ha acompañado hasta aquí.

Es él quien ha llamado a la puerta y no se ha marchado hasta que ha oído mis primeras palabras.

Jesús pregunta:

–           ¿Vives lejos?

–            Estoy en la otra punta de la ciudad, cerca de la Puerta Oriental.

–           ¿Estás solo?

–            Estaba con mis parientes. Pero se han marchado a donde otros familiares que están en el camino de Belén. Yo me he quedado para buscarte día y noche, hasta que te hubiera encontrado.

Jesús sonríe y dice:

–            Entonces, ¿No te espera nadie?

–            No, Maestro.

–            El camino es largo, está oscura la noche, las patrullas romanas están por la ciudad. Yo te digo: si quieres, quédate con nosotros.

Tomás se llena de felicidad y lo demuestra emocionado:

–             ¡Oh…, Maestro!

–             Haced un hueco vosotros. Y dadle todos algo al hermano.

Por su parte, Jesús le da la porción de queso que tenía delante.

Explica a Tomás:

–             Somos pobres y la cena casi se ha terminado. Pero hay mucho corazón en quien da .

Y a Juan, que está sentado a su lado, le dice:

–             Cédele el puesto al amigo.

Juan se levanta enseguida y va a sentarse en la esquina de la mesa, cerca del dueño de la casa.

–             Siéntate, Tomás. Come.

Y luego dice a todos:

 –          Esto haréis siempre amigos, por ley de caridad. La Ley de Dios ya de por sí, protege al peregrino. Pero ahora en mi Nombre, lo deberéis amar más aún.

Cuando uno en nombre de Dios os pida un pan, un sorbo de agua, un lugar donde cobijarse, en nombre de Dios debéis dárselo. Y Dios os recompensará. Esto debéis hacerlo con todos.

También con los enemigos. Ésta es la Ley nueva.

Hasta ahora se os había dicho: “Amad a los que os aman y odiad a los enemigos”. Yo os digo: “Amad también a los que os odian”. ¡Si supierais cómo os amará Dios si amáis como Yo os digo!

Y si uno dijere: “Quiero ser compañero vuestro en servir al Señor Dios verdadero y en seguir a su Cordero”, entonces debéis quererlo más que a un hermano de sangre, porque estaréis unidos por un vínculo eterno: el del Cristo.

Pedro ha perdido su habitual humor jovial.

Y enfadado, cuestiona:

–           Pero, ¿si te topas con uno que no es sincero? Decir: “Quiero hacer esto o aquello” es fácil. Pero no siempre la palabra refleja la verdad.

Jesús con gran paciencia explica:

–           Pedro, escucha. Hablas con sensatez y justicia. Pero, mira: mejor es pecar de bondad y de confianza que de desconfianza y dureza. Si haces el bien a un indigno, ¿Qué mal te acarreará ello? Ninguno.

Antes bien, el premio de Dios para ti permanecerá siempre activo, mientras que él recibirá el demérito de haber traicionado tu confianza.

–          ¿Ningún mal, ¿¡Eh!? A veces quien es indigno no se conforma con la ingratitud, sino que va más allá y llega incluso a difamar, a dañar el patrimonio y la vida misma.  

–          Cierto. Pero ¿Esto disminuirá tu mérito? No. Aunque todo el mundo creyera las calumnias, aunque te quedaras en la ruina más que Job, aunque el cruel te quitase la vida, ¿Qué cambiaría a los ojos de Dios? Nada.

O más bien sí habría un cambio, pero en favor tuyo. Dios, a los méritos de la bondad, uniría los méritos del martirio intelectual, financiero, físico…

–          ¡Bien, bien! Será así.

Pedro no habla más. Malhumorado como está, tiene la cabeza apoyada en la mano.

Jesús se dirige a Tomás:

–           Amigo, antes te he dicho, en el olivar: “Cuando vuelva por aquí, si todavía quieres, serás mío”. Ahora te digo: “¿Estás dispuesto a hacer un favor a Jesús?”.

–           Sin duda.

–          ¿Y si este favor puede comportar un sacrificio?

–           Servirte no es ningún sacrificio. ¿Qué quieres?

–           Quería decirte… Pero, tú tendrás cosas que resolver, afectos…

–           ¡Nada, nada! ¡Te tengo a ti! Habla.

–           Escucha. Mañana al alba, el leproso dejará los sepulcros para encontrar a alguien que ponga al sacerdote en conocimiento de lo sucedido. Tú lo primero que harás será ir a los sepulcros. Es caridad.

Y dirás fuerte: “Tú, que ayer has quedado limpio, sal fuera. Me manda a ti Jesús de Nazaret, el Mesías de Israel, el que te ha curado”.

Haz que el mundo de los “muertos-vivos” conozca mi Nombre y arda de esperanzas, y que quien a la esperanza una la fe venga a mí, para que le cure.

Es la primera forma de la limpieza que Yo traigo, la primera forma de la resurrección de que soy dueño.

Un día otorgaré una limpieza mucho más profunda… Un día los sepulcros sellados arrojarán a los muertos verdaderos, que aparecerán para reír, a través de sus cuencas vacías y sus mandíbulas descarnadas,

por el lejano júbilo — oído no obstante por los esqueletos — de los espíritus liberados del Limbo de espera. Aparecerán para sonreírle a esta liberación y para conmoverse sabiendo a qué la deben…

Tú ve. Él se acercará ti. Harás lo que él te pida que hagas. Le ayudarás en todo, como si fuera un hermano para ti.

Y le dirás también: “Cuando estés completamente purificado, iremos juntos por el camino del río, más allá de Doco y Efraím. Allí el Maestro Jesús te espera, y me espera, para decirnos en qué le debemos servir”.

–           Así lo haré. ¿Y el otro?

–           ¿Quién? ¿El Iscariote?

–           Sí, Maestro.

–           Para él persiste mi consejo. Déjale decidir por sí mismo y durante un largo tiempo. E incluso trata de no verte con él.

–           Estaré con el leproso. Por el valle de los sepulcros sólo andan los impuros o quien por piedad tiene contacto con ellos.

Pedro masculla unas palabras.

Jesús oye y cuestiona:

–           Pedro, ¿Qué te pasa? ¿Callas o murmuras? Pareces descontento. ¿Por qué?

–           Me siento descontento. Nosotros somos los primeros y Tú no nos ofreces un milagro. Nosotros somos los primeros y Tú sientas a tu lado a un extraño. Nosotros somos los primeros y Tú le confías a él una misión y no a nosotros.

Nosotros somos los primeros y… sí, exactamente, y parecemos los últimos. ¿Por qué los esperas en el camino del río? Para confiarles alguna misión, claro. ¿Por qué a ellos y no a nosotros?

Jesús lo mira. No se muestra airado. Hasta incluso sonríe como se le sonríe a un niño celoso. Se levanta, va lentamente hacia Pedro, le pone la mano en el hombro.

Y dice sonriendo:

–           ¡Pedro, Pedro, eres un niño grande, un niño mayor!

 

Y a Andrés, que está sentado junto a su hermano, le dice:

 –          Ve a sentarte donde Yo estaba sentado.

Y se sienta al lado de Pedro, lo toma por el hombro y le habla, estrechándole contra su costado:

–           Pedro, a ti te parece que Yo cometo injusticia, pero no es injusticia lo que hago; antes bien, es una prueba de que sé lo que valéis. Mira. ¿Quién necesita pruebas? Quien todavía no está seguro.

 Ahora bien, Yo os sabía tan seguros de mí, que no he sentido la necesidad de daros pruebas de mi Poder. Aquí, en Jerusalén, hacen falta pruebas.

Aquí, donde el vicio, la irreligión, la política, tantas cosas del mundo, ofuscan los espíritus hasta el punto de que no pueden ver la Luz que pasa.

Pero allí, en nuestro hermoso lago, tan puro bajo un cielo puro, allí entre gente honesta y deseosa de bien, no son necesarias las pruebas. Tendréis milagros. A ríos derramaré sobre vosotros las gracias.

Pero, mira lo que os he estimado, Yo os he tomado conmigo sin exigir pruebas y sin sentir la necesidad de daros pruebas, porque sé quiénes sois. Amados, muy amados, y muy fieles a mí.

Pedro se calma:

–            Perdóname, Jesús.

–            Sí, te perdono porque tu gesto de enojo es amor. Pero acaba en la envidia, Simón de Jonás. ¿Sabes qué es el corazón de tu Jesús? ¿Has visto alguna vez el mar, el verdadero mar? ¿Sí?

Pues bien, ¡mi Corazón es mucho más amplio que el ancho mar! Y en él hay lugar para todos, para toda la Humanidad. Y el más pequeño tiene, como el más grande, un lugar. Y el pecador, como el inocente, encuentra amor en él.

A éstos les encargo una misión. Seguro. ¿Me quieres prohibir el darla? Yo os he elegido, no vosotros. Por tanto puedo, libremente, juzgar cómo emplearos.

Y si a éstos los dejo aquí con una misión — que también puede ser una prueba, como puede ser misericordia el espacio de tiempo dejado al Iscariote

¿Puedes reprochármelo? ¿Sabes si a ti no te reservo una más grande? ¿Y no es la más hermosa la de oír que te digo: “Tú vendrás conmigo”?

Pedro se ruboriza avergonzado.

–            ¡Es cierto, es cierto! ¡Soy un animal! Perdón…

–            Sí, todo, todo el perdón. ¡Oh, Pedro!… Pero os ruego a todos: no discutáis nunca por los méritos o por los puestos. Habría podido nacer rey; he nacido pobre, en un establo.

Podría haber sido rico; he vivido del trabajo, y ahora de la caridad. Y, no obstante, creedlo amigos, no hay nadie más grande que Yo a los ojos de Dios; que Yo que estoy aquí: siervo del hombre.

–           ¿Siervo Tú? ¡No, jamás!

–           ¿Por qué, Pedro?

–            Porque yo te serviré.

–            Aunque me sirvieras como una madre sirve a su pequeñuelo, Yo he venido para servir al hombre. Seré su Salvador. ¿Qué servicio puede ser comparado a éste?

–           ¡Maestro, Tú lo explicas todo, y lo que parecía oscuro se torna claro enseguida!

–            ¿Contento ahora, Pedro? Entonces déjame terminar de hablar con Tomás.

Y volviéndose hacia el recién llegado, pregunta:

 –           ¿Estás seguro de reconocer al leproso? No hay ningún otro curado, pero podría haberse ido ya, a la luz de las estrellas, para tratar de encontrar un viandante solícito.

Y quizás otro, por el ansia de entrar en la ciudad, ver a los familiares… podría ocupar su puesto.

Escucha su retrato. Yo estaba cerca de él y a la luz del crepúsculo lo he visto bien. Es alto y delgado. Piel oscura como de mestizo, ojos profundos y negrísimos bajo unas cejas de nieve.

Cabellos blancos como el lino y tirando a rizados, nariz larga, chata hacia la punta como la de los libios, labios gruesos, especialmente el inferior, y salientes.

 Es tan aceitunado, que el labio tiende al violáceo. En la frente le ha quedado una antigua cicatriz, que será la única mácula, ahora, limpio como estará de costras y de porquería.

–            Es un viejo, si es todo blanco.

–            No, Felipe. Lo parece, pero no lo es. La lepra lo ha hecho cano.

–            ¿Qué es? ¿Tiene mezcla de razas?

–            Tal vez, Pedro. Tiene parecido con los pueblos de África.

–            ¿Será israelita, entonces?

–            Ya lo sabremos. ¿Y sí no lo fuera?

–             ¡Ah!, si no lo fuera, se marcharía. Ya está bien con haber merecido que se le cure.

–             No, Pedro. Aunque fuera un idólatra, no lo rechazaré. Jesús ha venido para todos. Y en verdad te digo que los pueblos de las tinieblas precederán a los hijos del pueblo de la Luz…

Jesús suspira. Luego se levanta. Da gracias al Padre con un himno y bendice.

La visión cesa así.

El Espíritu Santo dice:

Jesús ha enviado a Tomás por ese leproso sanado porque es Simón, el apóstol. Luego les mostraré cuando él y Judas Tadeo vayan en pos del Maestro.

MILAGRO EN SIMÓN ZELOTE


7 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está junto a sus seis discípulos. Tanto el otro día como hoy no está Judas Tadeo, que también había expresado su deseo de ir a Jerusalén con Jesús.

Deben ser todavía las fiestas pascuales, porque continúa habiendo un gran gentío por la ciudad. Anochece. Muchos se apresuran hacia las casas.

También Jesús se dirige a la casa en que lo hospedan. No es la del Cenáculo. Ésta es una casa que está entre tupidos olivos.

Desde la pequeña y agreste explanada que tiene delante, se ven descender colina abajo en escalones, los árboles.

Deteniéndose a la altura de un pequeño torrente escaso de agua, que discurre por el valle situado entre dos colinas poco altas.

En la cima de una colina está el Templo; en la otra colina, sólo olivos y más olivos.

Jesús está en la parte baja de la ladera de esta colina que sube sin asperezas: verdes árboles, todo tranquilo.

Se acerca un aldeano que conoce a Juan y le dice:

–         Juan, hay dos hombres que esperan a tu amigo.

El joven apóstol pregunta:

–        ¿Dónde están? ¿Quiénes son?

–        No lo sé. Uno, sin duda, es judío. El otro… no sabría decirte. No se lo he preguntado.

–        ¿Dónde están?

–        Esperando en la cocina y… Y sí, hay otro. Está lleno de llagas.

Lo mantuve apartado, porque no quisiera que estuviera leproso. Dice que quiere ver al Profeta que ha hablado en el Templo.

Jesús, que hasta ese momento había estado callado,

 Declara:

–         Vamos primero adonde éste. Di a los otros que vengan, si quieren. Hablaré aquí en el olivar, con ellos.

 Y se dirige hacia el punto indicado por el hombre.

Pedro pregunta:

–         ¿Y nosotros? ¿Qué hacemos?

Jesús responde:

–         Venid, si queréis.

Un hombre todo cubierto y embozado está apoyado en el pequeño, rústico muro que sostiene un escalón del terreno, el más cercano al límite de la propiedad.

Debe haber subido hasta allí por un senderillo que sigue el curso del torrente y conduce a ese lugar.

Cuando ve a Jesús venir hacia él, grita:

–         ¡Atrás, atrás! ¡Pero ten piedad!

Y descubre su torso dejando caer el vestido. Si el rostro aparece cubierto de costras, el tronco es un recamado de llagas:

Unas ya convertidas en agujeros profundos, otras simplemente como rojas quemaduras. Otras más, blanquecinas y brillantes como si tuvieran encima un cristal blanco.

Jesús siente una infinita compasión.

Y dice:

–          ¡Estás leproso! ¿Qué quieres de Mí?

El hombre suplica: 

–          ¡No me maldigas! ¡No me apedrees! Me han dicho que anteayer tarde te has manifestado como Voz de Dios y Portador de la Gracia. Me han dicho que has asegurado que alzando tu signo sanas todo mal.

Álzalo sobre mí. Vengo de los sepulcros. Allí. Me he arrastrado como una serpiente entre los arbustos del torrente para llegar hasta aquí sin ser visto.

He esperado a que anocheciera para hacerlo, porque en la penumbra se me identificaba menos. He osado… he encontrado a éste de la casa, que es rico en bondad. No me ha matado. Sólo me ha dicho: “Espera apoyado en el muro”.

Ten Tú también piedad».

Y dado que Jesús se acerca.

Él solo, porque los seis discípulos y el propietario del lugar, con los dos desconocidos, se han quedado lejos y muestran claramente repulsa insiste:

–          ¡No más adelante! ¡No más! ¡Estoy infectado!

Pero Jesús prosigue.

Lo mira con tanta piedad, que el hombre se echa a llorar y se arrodilla hasta casi tocar con el rostro en el suelo y gime:

–        ¡Tu signo! ¡Tu signo!

–        Será levantado en su hora. Pero a ti te digo: “Levántate. Queda curado. Lo quiero. Y tú, séme signo en esta ciudad que debe conocerme.

 ¡Levántate, digo! ¡Y no peques, en reconocimiento hacia Dios!

El hombre se levanta lentamente.

Parece surgir de las hierbas altas y florecidas como de un sudario y está curado.

Se mira con los últimos restos de luz. Está curado.

Y Grita:

–           ¡Estoy limpio! ¡Oh!, ¿Qué debo hacer ahora por ti?.

–           Obedecer a la Ley. Vete al sacerdote. Sé bueno en el futuro. Ve.

El hombre hace amago de echarse a los pies de Jesús, pero se acuerda que todavía es impuro, según la Ley. Y se contiene.

Eso sí, se besa las manos y manda el beso a Jesús, llorando de alegría.

Los otros se han quedado de piedra.

Jesús vuelve la espalda al hombre que ha sido curado.

Y sonriendo, los hace volver en sí:

–           Amigos, no era más que una lepra de la carne, veréis caer la lepra de los corazones. ¿Sois vosotros los que me buscáis?

Dice a los dos desconocidos:    

–           Aquí estoy. ¿Quiénes sois?

–          Te hemos oído la otra tarde,  en el Templo. Te hemos buscado por la ciudad. Uno que dice ser pariente tuyo nos ha informado de que estabas aquí.

–          ¿Por qué me buscáis?

–          Para seguirte, si nos aceptas, porque Tú tienes palabras de verdad.

–          ¿Seguirme? ¿Pero sabéis hacia dónde voy?

–          No, Maestro, pero ciertamente a la gloria.

–          Sí. Pero a una gloria no de la Tierra. A una gloria que tiene su sede en el Cielo y que se conquista con virtud y sacrificio. ¿Por qué queréis seguirme? – vuelve a preguntar.

–          Para tener parte en tu gloria.

–          ¿Según el Cielo?

–           Sí, según el Cielo.

–           No todos pueden llegar. Porque Satanás insidia, más que a los demás a los que desean el Cielo y sólo quien sabe fuertemente querer resiste.

¿Por qué seguirme, si seguirme a mí quiere decir lucha continua con el Enemigo que está en nosotros, con el mundo enemigo y con el Enemigo, que es Satanás?

–           Porque así lo quiere nuestro espíritu, que ha quedado conquistado por ti. Eres santo y poderoso. Queremos ser tus amigos.

–           ¡¡¡Amigos!!!….

 Jesús se calla y suspira.

Después mira fijamente a quien ha estado hablando, que ahora ha echado hacia atrás el manto que cubría su cabeza. Es Judas de Keriot.

Cuestiona:

–            ¿Quién eres, tú que hablas mejor que un hombre del pueblo?

–            Judas soy, de Simón. De Keriot  soy. Pero soy del Templo o estoy en el Templo. Espero al Rey de los judíos y sueño con Él.

Te he sentido Rey en la palabra. Rey te he visto en el gesto. Tómame contigo.

–            ¿Tomarte? ¿Ahora? ¿Enseguida? NO.

–            ¿Por qué, Maestro?

–            Porque es mejor sopesarse a sí mismo antes de tomar caminos muy escarpados.

–            ¿No crees en mi sinceridad?

–             Lo has dicho. Creo en tu impulso. Pero no creo en tu constancia. Piénsalo, Judas.

Yo ahora me iré y volveré para Pentecostés. Si estás en el Templo, me verás. Sopésate a ti mismo. 

Y volviéndose hacia el otro desconocido, le pregunta:

–             ¿Y tú quién eres? 

–              Otro que te vio. Querría estar contigo. Pero ahora me da miedo.

–              No. La presunción es perdición. El temor puede ser obstáculo, pero si viene de la humildad es una ayuda. No temas.

También tú piensa, y cuando vuelva…

–              ¡Maestro, eres muy santo! Tengo miedo de no ser digno. No de otra cosa. Porque respecto a mi amor no temo…

–              ¿Cómo te llamas?

–             Tomás, llamado Dídimo.

–             Recordaré tu nombre. Vete en paz.

Jesús se despide de ellos y se retira a la acogedora casa para cenar.

Los seis que están con Él quieren saber muchas cosas.

Juan pregunta:

–            ¿Por qué, Maestro, has hecho diferencia entre los dos?… Porque una diferencia ha habido. Los dos tenían el mismo impulso…

Jesús le responde:

–             Amigo, un impulso, aun siendo el mismo, puede tener distinto contenido y causar distinto efecto. Es cierto que los dos tienen el mismo impulso. Pero uno no es igual que el otro en el fin.

Y el que parece el menos perfecto es el más perfecto, porque no lleva germen de gloria humana. Me ama porque me ama.

Todos responden:

–            ¡También yo!

–            Y yo también.

–            Y yo.

–            Y yo.

–            Y yo.

–            Y yo.

–            Lo sé. Os conozco por lo que sois.

–            ¿Entonces somos perfectos?

–            ¡Oh, no! Pero, como Tomás, lo seréis si permanecéis en vuestra voluntad de amor. ¡¿Perfectos?! ¡Oh, amigos!, ¿Y quién es perfecto sino Dios?

–            ¡Tú lo eres!

–            En verdad os digo que no por mí soy perfecto, si creéis que Yo soy un profeta. Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre.

Parte de Dios, su Pensamiento que se hace Palabra, Yo tengo la Perfección en mí. Y tal me debéis creer, si creéis que Yo soy el Verbo del Padre.

Y no obstante, ¿Lo veis, amigos?, Yo quiero ser llamado el Hijo del hombre, porque me anonado cargándome todas las miserias del hombre, para llevarlas — mi primer patíbulo— y anularlas después.

“Llevarlas”, no “tenerlas”. ¡Qué peso, amigos!

Pero lo porto con alegría. Mi alegría es portarlo, porque siendo el Hijo de la humanidad, haré a la humanidad hija de Dios. Como el primer día.

Jesús habla dulcemente, sentado ante la sobria mesa, gesticulando serenamente con las manos sobre la mesa.

El rostro un poco inclinado,  iluminado de abajo a arriba por la lamparita de aceite que está colocada encima de la mesa.

Sonríe levemente. Es Maestro ya sólo por su aspecto grandioso y muy amigo en el trato.

 Los discípulos lo escuchan atentos.

–           ¿Maestro… por qué tu primo, aún sabiendo dónde habitas, no ha venido?

–           ¡Pedro mío!… Tú serás una de mis piedras, la primera. Pero no todas las piedras son fáciles de usar. ¿Has visto los mármoles del palacio pretorio? Arrancados fatigosamente del seno montano, ahora son parte del Pretorio.

Mira por el contrario esos cantos que resplandecen allí, bajo el rayo de luna, entre las aguas del Cedrón. Procedentes de aquéllos, ahora están en el lecho del torrente. Y si uno los quiere ¿Ves?, enseguida se dejan coger.

Mi primo es como las primeras piedras de que hablo… El seno del monte, que es la familia, me lo disputa.

–            Yo quiero ser en todo como los cantos del torrente. Por ti estoy dispuesto a dejarlo todo: casa, esposa, pesca, hermanos. Todo, Rabí, por ti.

–            Lo sé, Pedro. Por esto te amo. Pero también Judas vendrá.

–           ¿Quién? ¿Judas, de Keriot? Por mí que no venga. Es un señorito, pero prefiero,  me prefiero incluso a mí mismo…

Todos se echan a reír de la salida de Pedro.

–          ¿A qué viene esa risa? Quiero decir que prefiero un galileo genuino, tosco, pescador, pero sin fraude. A los de ciudad que… no sé… Bueno, el Maestro entiende lo que quiero decir.

–           Sí, entiendo, pero no juzgues. Tenemos necesidad los unos de los otros en la Tierra. Y los buenos están mezclados con los malvados como las flores en el campo. La cicuta está al lado de la salutífera malva.

–           Yo quisiera preguntar una cosa….

–           ¿Qué, Andrés?

–           Juan me ha hablado del milagro hecho en Caná. Teníamos gran esperanza de que hicieras uno en Cafarnaúm. Y has dicho que no hacías un milagro sin haber cumplido antes la Ley.

¿Por qué, entonces, en Caná? Y, ¿Por qué aquí y no en tu tierra?

–           Toda obediencia a la Ley es unión con Dios y por tanto aumento de nuestra capacidad. El milagro es la prueba de la unión con Dios, de la presencia benévola y complaciente de Dios.

Por ello he querido cumplir con mi deber de israelita antes de comenzar la serie de prodigios.

–          Pero la Ley no te obligaba a ti.

–          ¿Por qué? Como Hijo de Dios, no; como hijo de la Ley, sí. Israel, por ahora, sólo me conoce como esto segundo…

Incluso más adelante casi todo Israel me conocerá sólo así, más aún, como menos todavía. Pero no quiero escandalizar a Israel y obedezco a la Ley.

–          Eres santo.

–          La santidad no dispensa de la obediencia. Más aún, la perfecciona. Además de todo, hay que dar ejemplo. ¿Qué dirías de un padre, de un hermano mayor, de un maestro, de un sacerdote que no dieran buen ejemplo?

–         ¿Y Caná entonces?

–          Caná era el gozo de mi Madre que había que llevar a cabo. Caná es el anticipo que se debe a mi Madre. Ella es la Anticipadora de la Gracia. Aquí honro a la Ciudad Santa, haciendo de ella, públicamente, la iniciadora de mi poder de Mesías.

Allí en Caná, sin embargo, honraba a la Santa de Dios, a la Toda Santa. Por Ella el mundo me tiene. Es justo que para Ella sea mi primer prodigio en el mundo.

Llaman a la puerta.

Es Tomás nuevamente.

Entra y se echa a los pies de Jesús.

–         Maestro… no puedo esperar a tu retorno. Permíteme quedarme contigo. Estoy lleno de defectos, pero tengo este amor solo, grande, verdadero, mi tesoro. Es tuyo, es para ti. Déjame, Maestro…

Jesús le pone la mano sobre la cabeza.

–         Quédate, Dídimo. Sígueme. Bienaventurados los que tienen voluntad sincera y tenaz. Benditos vosotros.

sois más que parientes, porque me sois hijos y hermanos no según la sangre que muere, sino según la voluntad de Dios y vuestra voluntad espiritual.

Y Yo digo que no tengo pariente más cercano que quien hace la voluntad del Padre mío. Y vosotros la hacéis, porque queréis el bien.

EXPULSION DE LOS MERCADERES


6 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

 Jesús entra con Pedro, Andrés, Juan y Santiago Felipe y Bartolomé, en el recinto del Templo.

Dentro y fuera hay una grandísima muchedumbre. Son peregrinos que desde todas las partes de la ciudad, llegan en grupos.

Desde lo alto de la colina en que está construido el Templo, se ven las calles de la ciudad estrechas y retortijadas.

Y un hormiguear de gente.

Parece como si entre el blanco crudo de las casas, se hubiera extendido una cinta en movimiento de mil colores.

Sí, la ciudad tiene el aspecto de un juguete singular hecho de cintas multicolores entre dos hilos blancos, convergente todo hacia el punto en que resplandecen las cúpulas de la Casa del Señor.

Pero luego dentro, hay… una verdadera verbena.

Ha quedado anulado cualquier tipo de recogimiento de lugar sagrado.

Hay quien corre y quien llama, quien contrata los corderos y grita. Lanzando maldiciones por el precio desorbitado de las cosas.

Hay  quien empuja hacia los recintos a los pobres animales, que balan en lugares toscamente separados con cuerdas o estacas, en cuya entrada está el mercader o propietario, a la espera de los compradores.

Leñazos, balidos, blasfemias, unos que llaman a otros, insultos a los peones que no se muestran solícitos en las operaciones de reagrupamiento y selección de los animales.

Y a los compradores que regatean el precio o que se van.

Mayores insultos a quienes previsores, han traído su propio cordero.

Alrededor de los bancos de los cambistas, otro griterío.

Se entiende que el Templo funciona como una especie de Bolsa Financiera y además bolsa negra.

El valor de las monedas no es fijo.

Hay un precio legal, pero los cambistas imponen otro, apropiándose de una cantidad arbitraria por el cambio de las monedas.

¡Y no se andan por las ramas en las operaciones de usura!…

Cuanto más pobre es uno y viene de más lejos, más los fraudean.

Más a los viejos que a los jóvenes. Y a los que vienen de fuera de Palestina, más que a los viejos.

Unos pobres viejecitos miran una y otra vez su dinerillo ahorrado durante todo el año, sólo Dios sabe con cuánto sacrificio.

Se lo sacan y se lo vuelven a meter junto al pecho cien veces, yendo de uno a otro cambista, terminando por volver con el primero, que se venga de su inicial deserción aumentando la prima del cambio…

Y las monedas de valor abandonan entre suspiros, las manos del propietario y pasan a las garras del usurero para ser cambiadas por monedas de menos valor.

Luego otra tragedia de selección, de cuentas y de suspiros ante los vendedores de corderos; quienes a los viejos medio ciegos, les encasquetan los corderos más míseros.

Una pareja de ancianitos, él y ella empujan a un pobre corderito que los sacrificadores han encontrado defectuoso.

Se entrecruzan por un lado, malos modales y palabrotas; por otro, llanto y ruegos.

 Y el vendedor no se conmueve:

–        Para lo que queréis gastar, galileos, es incluso demasiado lo que os he dado. ¡Marchaos o añadís otros cinco denarios por uno mejor!

El viejecito replica:

–       ¡Por el amor de Dios! ¡Somos pobres y viejos!

¿Quieres impedirnos celebrar la Pascua, que es quizás la última? ¿No te es suficiente lo que has pedido por un animal pequeño?

El mercader responde desdeñoso:

–       Dejad paso, zarrapastrosos. Viene hacia mí José, el Anciano. Me honra con su preferencia.

E inclinándose solícito, cambia la altanería por servilismo.

Diciendo:

–       ¡Dios sea contigo! ¡Ven, escoge!

Uno de los fariseos más poderosos José de Arimatea, entra en el recinto y toma un magnífico cordero.

Pasa vestido pomposamente soberbio, sin mirar a los dos pobrecillos que gimen a la entrada del recinto. Casi los choca al salir con un hermoso cordero que bala.

Jesús viene caminando y se acerca a la escena, de este pequeño drama. 

También ha hecho su compra y Pedro que ha llevado a cabo el trato en lugar de Él, trae un hermoso cordero.

Pedro querría ir enseguida hacia el lugar donde se sacrifica, pero Jesús se desvía hacia los dos viejecitos asustados, llorosos, indecisos; medio arrollados por la muchedumbre e insultados por el vendedor.

Jesús, ES tan alto que la cabeza de los dos abuelitos le llega a la altura del corazón, pone una mano sobre el hombro de la mujer y pregunta:

 –         ¿Por qué lloras, mujer?

La anciana se vuelve y ve a este joven alto, solemne con su hermoso vestido blanco y con su manto también de nieve todo nuevo y limpio.

Piensa que ES un doctor por el vestido, el aspecto y queda totalmente asombrada, porque los doctores y los sacerdotes no hacen caso de la gente, ni tutelan a los pobres contra la avidez de los mercaderes.

Le cuenta por qué lloran.

Jesús se dirige al mercader de los corderos,

 Diciéndole:

–          Cambia este cordero a estos fieles; no es digno del altar. Como tampoco es digno que tú te aproveches de dos viejecitos, porque son débiles y están indefensos.

El mercader lo mira de arriba abajo, sopesándolo con desprecio:

–          ¿Y Tú quién eres?

Jesús responde imperturbable:

–           Un justo.

–           Tu acento y el de tus compañeros dicen que eres galileo. ¿Puede, acaso, haber en Galilea un justo?

–           Haz lo que te digo y sé justo tú.

El mercader incita a sus compañeros:

–           ¡Oíd! ¡Oíd al galileo defensor de los de su condición! ¡Quiere enseñarnos a nosotros, los del Templo!

Y el hombre se ríe y se burla, imitando sarcásticamente la cadencia galilea, que es más melodiosa que la judía.

Se forma un corro de gente.

Y otros mercaderes y cambistas salen en defensa de su colega contra Jesús.

Entre los presentes hay dos o tres rabíes irónicos.

Uno de ellos pregunta lleno de sarcasmo:

–         ¿Eres doctor?

Cuando es necesario, este carisma del Espíritu Santo nos convierte en ‘héroes‘ y así,

el ‘celo apostólico‘ inflama el Corazón divino y…

Jesús responde con firmeza:

–          Tú lo has dicho.

–          ¿Qué enseñas?

–          Enseño esto: a hacer la Casa de Dios casa de oración y no un lugar de usura y de mercado. Esto enseño.

Se le ve terrible a Jesús.

Parece el arcángel puesto en el umbral del Paraíso perdido. No tiene espada llameante en las manos, pero tiene rayos en los ojos-

Y fulmina a los burladores y a los sacrílegos. No tiene nada en la mano, sólo su santa IRA.

Y con ésta, caminando veloz e imponente entre banco y banco, desbarata las monedas tan meticulosamente apiladas por tipos; vuelca mesas grandes y pequeñas

Y TODO CAE con estruendo al suelo, entre un gran ruido de metales y tablas que chocan y gritos de ira, de pánico y de aprobación.

Luego, arrancando de las manos a los mozos de los ganaderos unas sogas con que sujetaban bueyes, ovejas y corderos.

Hace de ellas un azote bien duro, en que los nudos para formar los lazos corredizos son flagelos.

Y lo levanta y lo voltea y lo baja, sin piedad.

El inesperado granizo golpea cabezas y espaldas.

Los fieles se apartan admirando la escena.

Los culpables, perseguidos hasta la muralla externa, se echan a correr dejando por el suelo dinero y detrás animales grandes y pequeños en medio de un gran enredo de piernas, de cuernos, de alas.

Se huye corriendo o volando.

Mugidos, balidos, chillidos de pichones y tórtolas, junto a carcajadas y gritos de fieles detrás de los prestamistas dados a la fuga.

Ahogan incluso el lamentoso coro de los corderos, degollados ciertamente en otro patio.

Acuden sacerdotes, rabíes y fariseos.

Jesús está todavía en medio del patio, de vuelta de su persecución.

Con el azote está todavía en su mano.

Y lo cuestionan:

–        ¿Quién eres?

 –       ¿Cómo te permites hacer esto, turbando las ceremonias prescritas?

–        ¿De qué escuela provienes?

 –       Nosotros no te conocemos, ni sabemos quién eres.

Jesús se yergue majestuoso como nunca.

Ciertamente ES el Dios-Hombre Encarnado. 

Y con Voz potentísima declara:

–         Yo soy Él que puede. Todo lo puedo. Destruid este Templo verdadero y Yo lo levantaré de nuevo para dar gloria a Dios.

No turbo la santidad de la Casa de Dios y de las ceremonias, sois vosotros los que la turbáis permitiendo que su morada se transforme en sede de usureros y mercaderes.

Mi escuela es la escuela de Dios.

La misma que tuvo todo Israel por boca del Eterno que habló a Moisés.

¿NO ME CONOCÉIS? ¡ME CONOCERÉIS!

¿NO SABÉIS DE DONDE VENGO? ¡LO SABRÉIS!

Y volviéndose hacia el pueblo, sin preocuparse ya más de los sacerdotes.

Alto, vestido de blanco, el manto abierto y ondeante tras los hombros, con los brazos abiertos como un orador en lo más vivo de su discurso, dice:

– ¡Oíd, vosotros de Israel! En el Deuteronomio está escrito:

“Constituirás jueces y magistrados en todas las puertas… y ellos juzgarán al pueblo con justicia, sin propender a parte alguna.

No tendrás acepción de personas, no aceptarás donativos, porque los donativos ciegan los ojos de los sabios y alteran las palabras de los justos.

Con justicia seguirás lo que es justo para vivir y poseer la tierra que el Señor tu Dios te dé.

¡Oíd, oh vosotros de Israel! Dice el Deuteronomio:

“Los sacerdotes y los levitas y todos los de la tribu de Leví no tendrán parte ni herencia con el resto de Israel, porque deben vivir con los sacrificios del Señor y con las ofrendas hechas a Él.

NADA tendrán entre las posesiones de sus hermanos, porque el Señor es su herencia”.

¡Oíd, oh vosotros de Israel! Dice el Deuteronomio:

“No prestarás con interés a tu hermano ni dinero ni trigo ni cualquier otra cosa. Podrás prestar con interés al extranjero; mas a tu hermano le prestarás, sin interés, aquello de que tenga necesidad.

Esto ha dicho el Señor.

Ahora bien, vosotros mismos veis que sin justicia hacia el pobre sojuzga en Israel. No hacia el justo, sino hacia el fuerte se propende.

Y ser pobre, ser pueblo, quiere decir ser oprimido. ¿Cómo puede el pueblo decir:

“Quien nos juzga es justo” si ve que sólo a los poderosos se les respeta y escucha, mientras que el pobre no tiene quien lo escuche?

¿Cómo puede el pueblo respetar al Señor si ve que no lo respetan los que más deberían hacerlo? ¿Es respeto al Señor la violación de su Mandamiento?

¿Y por qué entonces los sacerdotes en Israel tienen posesiones y aceptan donativos de publícanos y pecadores?

¿Los cuales actúan así, para que les sean benignos los sacerdotes, de la misma forma que éstos actúan así, para tener ricas arcas?

Dios es la herencia de sus sacerdotes.

Para ellos Él, el Padre de Israel, es como en ningún caso Padre.

Y pone los medios para que reciban el alimento como es justo; pero no más de lo que sea justo. No ha prometido a sus siervos del Santuario bolsa y posesiones.

En la Eternidad, por su justicia tendrán el Cielo, ¡Cómo lo tendrán Moisés y Elías y Jacob y Abraham, pero en esta Tierra no deben tener más que vestido de lino y diadema de oro incorruptible: pureza y calidad!

Y que el cuerpo sea siervo del espíritu que es siervo del Dios verdadero. Y no sea el cuerpo señor del espíritu, y contra Dios.

Se me ha preguntado con qué autoridad hago esto. ¿Y ellos?

¿Con qué autoridad profanan el Mandamiento de Dios, y a la sombra de los sagrados muros, permiten usura contra los hermanos de Israel, que han venido para cumplir el mandato divino?

Se me ha preguntado de qué escuela provengo y he respondido: “De la escuela de Dios”.

Sí, Israel. Yo vengo y te llevo de nuevo a esta escuela santa e inmutable.

Quien quiera conocer la Luz, la Verdad, la Vida, quien quiera volver a oír la Voz de Dios que habla a su pueblo, venga a Mí.

Seguisteis a Moisés a través de los desiertos, ¡Oh, vosotros de Israel! Seguidme; que Yo os conduzco, a través de un desierto sin duda más dificultoso, hacia la verdadera Tierra Santa.

Por mar abierto al mandato de Dios, a ella os llevo. Levantando mi Signo, os curo de todo mal.

Ha llegado la hora de la Gracia. La esperaron los Patriarcas, murieron esperándola. La predijeron los Profetas y murieron con esta esperanza. La soñaron los justos y murieron confortados por este sueño.

Ha surgido ahora. Venid. “El Señor va a juzgar de un momento a otro a su pueblo y será misericordioso para con sus siervos”, como prometió por boca de Moisés.

La gente, arracimada en torno a Jesús, se ha quedado a escucharlo estupefacta.

Luego comenta las palabras del nuevo Rabí y hace preguntas a sus compañeros.

Jesús se dirige hacia otro patio, separado de éste por un pórtico.

Los amigos lo siguen…

LAS BODAS DE CANÁ


5 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la cocina de Pedro además de Jesús, están Pedro y su mujer, Santiago y Juan. Al parecer están en la sobremesa después de cenar  y están conversando.

Jesús muestra interés por la pesca y cada quién hace su aporte sobre el tema.

Entonces entra Andrés y dice:

–         Maestro, está aquí el dueño de la casa en que vives, con uno que dice ser tu primo.

Jesús se levanta y va hacia la puerta, diciendo que pasen.

Y cuando a la luz de la lámpara de aceite y de la lumbre del fogón, ve entrar a Judas Tadeo.

Exclama:

–         ¿Tú, Judas?

Tadeo responde:

–         Yo, Jesús.

Se besan. Judas Tadeo es un hombre apuesto, en la plenitud de la hermosura viril.

Es alto, aunque no tanto como Jesús, de robustez bien proporcionada, moreno como lo era San José de joven, de color aceitunado, no térreo.

Sus ojos son de tono azul pero con tendencia al violáceo. Tiene barba cuadrada y morena, cabellos ondulados y castaños como la barba.

–         Vengo de Cafarnaúm. He ido allí en barca y he venido también en barca para llegar antes. Me envía tu Madre con un mensaje:

“Susana se casa mañana. Te ruego, Hijo, que estés presente en esta boda”. María participa en la ceremonia y con ella mi madre y los hermanos. Todos los parientes están invitados. Sólo Tú estarías ausente. Los parientes te piden que complazcas en esto a los novios.

Jesús se inclina ligeramente abriendo un poco los brazos y dice:

– Un deseo de mi Madre es ley para mí. Pero iré también por Susana y por los parientes. Sólo… lo siento por vosotros…

Y mirando a Pedro y a los otros, explica a su primo:

 –        Son mis amigos.

Y los nombra comenzando por Pedro. Por último dice:  

–        Y éste es Juan.

Su tono es tan especial, que mueve a Judas Tadeo a mirar más atentamente, provocando el rubor del predilecto.

Jesús termina la presentación diciendo:

–        Amigos, éste es Judas hijo de Alfeo, mi primo hermano, porque es hijo del hermano del esposo de mi Madre; un buen amigo mío en el trabajo y en la vida.

Pedro lo invita:

 –       Mi casa está abierta para ti como para el Maestro. Siéntate.

Luego dirigiéndose a Jesús, Pedro dice:

–        ¿Entonces? ¿Ya no vamos contigo a Jerusalén?

Jesús responde:

–        Claro que vendréis. Iré después de la fiesta. Únicamente que ya no me detendré en Nazaret.

–        Haces bien, Jesús, porque tu Madre será mi huésped durante algunos días. Así hemos quedado, y volverá a mi casa también después de la boda – esto dice el hombre de Cafarnaúm.

–         Entonces lo haremos así. Ahora, con la barca de Judas, Yo iré a Tiberíades y de allí a Caná. Y con la misma barca volveré a Cafarnaúm con mi Madre y contigo.

El día siguiente después del próximo sábado te acercas, Simón si todavía quieres, e iremos a Jerusalén para la Pascua.

–           ¡Sí que querré! Incluso iré el sábado para oírte en la sinagoga. 

Tadeo pregunta:

–           ¿Ya predicas, Jesús?

–           Sí, primo.

Santiago de Zebedeo:

   –        ¡Y qué palabras! ¡No se oyen en boca de otros!

Tadeo suspira. Con la cabeza apoyada en la mano y el codo sobre la rodilla, mira a Jesús y suspira. Parece como si quisiera hablar y no se atreviera.

Jesús lo anima para que hable:

–           ¿Qué te pasa, Judas? ¿Por qué me miras y suspiras?

–           Nada.

–           No. Nada no. ¿Ya no soy el Jesús que tú estimabas? ¿Aquel para quien no tenías secretos?

–           ¡Sí que lo eres! Y cómo te echo de menos a ti, Maestro de tu primo más mayor…

–           ¿Entonces? Habla.

–           Quería decirte… Jesús, sé prudente. Tienes una Madre que aparte de ti no tiene nada. Tú quieres ser un “rabí” distinto de los demás.

Y sabes mejor que yo, que las castas poderosas no permiten cosas distintas de las usuales, establecidas por ellos.

Conozco tu modo de pensar, es santo. Pero el mundo no es santo y oprime a los santos.

Jesús, ya sabes cuál ha sido la suerte de tu primo Juan…

Lo han apresado y si todavía no ha muerto es porque ese repugnante Tetrarca tiene miedo del pueblo y del rayo divino. Asqueroso y supersticioso, como cruel y lascivo.

SAN JUAN BAUTISTA

¿Qué será de ti? ¿Qué final te quieres buscar?

  –         Judas, ¿Me preguntas esto tú, que conoces tanto acerca de mi pensamiento? ¿Hablas por propia iniciativa? No. ¡No mientas!

Te han mandado, no mi Madre por supuesto, a decirme esto…

Judas baja la cabeza y calla.

–           Habla, primo.

–           Mi padre… y con él José y Simón. Sabes, por tu bien… por afecto hacia ti y María. No ven con buenos ojos lo que te propones hacer… Y querrían que Tú pensaras en tu Madre…

–           ¿Y tú qué piensas?

–           Yo… yo.

–           Tú te debates entre las voces de arriba y de la Tierra. No digo de abajo, digo de la Tierra. También vacila Santiago, aún más que tú.

Pero Yo os digo que por encima de la Tierra está el Cielo, por encima de los intereses del mundo está la causa de Dios. Necesitáis cambiar de modo de pensar. Cuando sepáis hacerlo seréis perfectos.

–           Pero… ¿Y tu Madre?

–           Judas, sólo Ella tendría derecho a recordarme mis deberes de hijo, según la luz de la Tierra. O sea, mi deber de trabajar para Ella, para hacer frente a sus necesidades materiales, mi deber de asistencia y consolación estando cerca de mi Madre.

Y Ella no me pide nada de esto. Desde que me tuvo, Ella sabía que habría de perderme, para encontrarme de nuevo con más amplitud que la del pequeño círculo de la familia.

Y desde entonces se ha preparado para esto.

No es nueva en su sangre esta absoluta voluntad de donación a Dios. Su madre la ofreció al Templo antes de que Ella sonriera a la luz.

Y Ella me lo ha dicho las innumerables veces que me ha hablado de su infancia santa, teniéndome contra su corazón en las largas noches de invierno o en las claras de verano llenas de estrellas.  

Y Ella se ofreció a Dios ya desde aquellas primeras luces de su alba en el mundo.

Y más aún se ofreció cuando me tuvo, para estar donde Yo estoy, en la vía de la Misión que me viene de Dios.

 Llegará un momento en que todos me abandonen. Quizás durante pocos minutos, pero la vileza se adueñará de todos…

Y pensaréis que hubiera sido mejor, por cuanto se refiere a vuestra seguridad, no haberme conocido nunca.

Pero Ella, que ha comprendido y que sabe, Ella estará siempre conmigo. Y vosotros volveréis a ser míos por Ella.

María le enseñó a dar los primeros pasos a QUIÉN ES el CAMINO.

Con la fuerza de su amorosa, segura Fe, Ella os aspirará hacia sí, y, por tanto hacia Mí, porque Yo estoy en mi Madre y Ella en mí, y Nosotros en Dios.

Esto querría que comprendierais vosotros todos, parientes según el mundo, amigos e hijos según lo sobrenatural. Tú y contigo los otros, no sabéis Quién es mi Madre.

Si lo supierais, no la criticaríais en vuestro corazón por no saberme tener sujeto a Ella, sino que la veneraríais como a la Amiga más íntima de Dios,

LA PODEROSA QUE TODO LO PUEDE EN ORDEN AL CORAZÓN DEL ETERNO PADRE,

que todo lo puede en orden al Hijo de su corazón.

Ciertamente iré a Cana. Quiero hacerla feliz. Comprenderéis mejor después de esta hora.

Jesús ha sido majestuoso y persuasivo.

Judas lo mira atentamente. Piensa.

Y dice:

–          Yo también sin duda iré contigo, con esto, si me aceptas… porque siento que dices cosas justas. Perdona mi ceguera y la de mis hermanos. ¡Eres mucho más santo que nosotros!…

–          No guardo rencor a quien no me conoce. Ni siquiera a quien me odia. Pero me duele por el mal que a sí mismo se hace. ¿Qué tienes en esa bolsa?–          La túnica que tu Madre te manda. Mañana será una gran fiesta. Ella piensa que su Jesús la necesita para no causar mala impresión entre los invitados.

Ha estado hilando incansable desde las primeras luces hasta las últimas, diariamente, para prepararte esta túnica. Pero no ha ultimado el manto. Todavía le faltan las orlas. Se siente desolada por ello.

–          No hace falta. Iré con éste. Y aquél lo reservaré para Jerusalén. El Templó es más que una boda. Ella se alegrará.

Pedro dice:

 –          Si queréis estar para el alba en el camino que lleva a Caná, os conviene levar anclas enseguida. La Luna sale, la travesía será buena.

Jesús se despide:

–           Vamos entonces. Ven, Juan. Te llevo conmigo. Simón Pedro, Santiago, Andrés, ¡Adiós! Os espero el sábado por la noche en Cafarnaúm. ¡Adiós! mujer. Paz a ti y a tu casa.

Salen Jesús con Judas y Juan.

Pedro los sigue hasta la orilla y colabora en la operación de partida de la barca.

Al día siguiente…  

En una característica casa oriental: un cubo blanco más ancho que alto, con raras aberturas, terminada en una azotea que está rodeada por un pequeño muro de aproximadamente un metro de alto.

Y sombreada por una pérgola de vid que trepa hasta allí y extiende sus ramas sobre más de la mitad de esta soleada terraza que hace de techo.

Una escalera exterior sube a lo largo de la fachada hasta una puerta, que se abre a mitad de altura.

En el nivel de la calle hay unas puertas bajas y distanciadas, no más de dos por cada lado, que dan a habitaciones también bajas y oscuras.

La casa se alza en medio de un espacio amplio mitad jardín y huerto, que tiene en el centro un pozo. Hay higueras y manzanos.

Su parte frontal mira hacia el camino y un sendero  entre la hierba, la une a lo que parece un camino principal.

Pareciera  que la casa está en la periferia de Cana en un campo se extiende tras la casa con sus lejanías verdes y apacibles. El cielo está sereno y despejado.

 Se acercan dos mujeres con amplios vestidos y un manto que hace también de velo.

Vienen por el camino y luego por el sendero. Una pareciera de  cincuenta años y viste de oscuro. La otra como de treinta y cinco años, trae un vestido amarillo pálido y manto azul.

Es muy hermosa, esbelta y tiene un porte lleno de dignidad, a pesar de ser toda gentileza y humildad.

Cuando está más cerca, se ve el color pálido del rostro, los ojos azules y los cabellos rubios que pueden verse sobre la frente bajo el velo. Es María Santísima.

Hablan entre ellas. La Virgen sonríe. Cerca ya de la casa, alguien encargado de ver quiénes van llegando, lo comunica.

Y salen a su encuentro hombres y mujeres, todos vestidos de fiesta, que las acogen con gran alegría, especialmente a María.

Son las primeras horas de la mañana y se nota en el campo que tiene ese aspecto fresco por el rocío que hace aparecer más verde a la hierba y por el aire aún exento de polvo.

La estación primaveral  se engalana en el trigo de los campos aún tierno y sin espiga, todo verde.

Las hojas de la higuera y del manzano están tiernas y también las de la parra. Pero no hay flores, ni frutos en ningún árbol.  

María, agasajada por el dueño de la casa, un anciano que la acompaña y que es también su pariente, sube la escalera exterior y entra en una amplia sala que parece ocupar una buena parte de la planta alta.

Los recintos de la planta baja son las habitaciones, las despensas, los trasteros y las bodegas.

Mientras que ésta sería el recinto reservado para usos especiales, como fiestas de carácter excepcional como hoy, que ha sido adornado con ramas verdes, esterillas y mesas ricamente surtidas de viandas.

En el centro, suntuosamente provista de manjares, hay una de estas mesas; encima, ya preparado, ánforas y platos colmados de fruta.

A lo largo de la pared está otra mesa, aderezada, aunque menos ricamente.

Y en la pared opuesta hay una especie de largo aparador y encima de él platos con quesos, tortas con miel, dulces y otros manjares.

En el suelo junto a esta misma pared, hay otras ánforas, una especie de tinajas y tres grandes recipientes con forma de jarras de cobre.

María escucha benignamente a todos; después se quita el manto y ayuda a terminar los preparativos del banquete.

Va y viene, poniendo en orden los divanes, acomodando las guirnaldas de flores, mejorando el aspecto de los fruteros, comprobando si en las lámparas hay aceite.

Sonríe y habla poquísimo y en voz muy baja; pero escucha mucho y con mucha paciencia.

Un gran rumor de instrumentos musicales viene del camino.

Todos menos María, corren afuera. Entra la novia toda adornada y feliz, rodeada de parientes y amigos; al lado del novio, que ha sido el primero en salir presuroso a su encuentro.

Mientras tanto en el camino principal, Jesús vestido de blanco con un manto azul marino, viene con Juan y Judas Tadeo.

Al oír el sonido de los instrumentos, el compañero de Jesús pregunta algo a un aldeano y transmite la respuesta a Jesús.

Jesús sonríe ampliamente y dice:

–          Vamos a darle una satisfacción a mi Madre.

Y se encamina por las tierras, con sus dos compañeros, hacia la casa.

Cuando Jesús llega, el vigía avisa a los demás.

El dueño de la casa junto con su hijo el novio y con María, bajan a su encuentro y lo saludan respetuosamente. Reciben cariñosamente a los recién llegados.

Cuando se encuentran Madre e Hijo hay un saludo lleno de amor y de respeto.

–        La paz está contigo» va acompañada de una mirada y una sonrisa de tal naturaleza, que valen por cien abrazos y cien besos.

 El beso tiembla en los labios de María pero no lo da. Sólo pone su mano blanca y menuda sobre el hombro de Jesús y apenas le toca un rizo de su larga cabellera.

Jesús sube al lado de su Madre; detrás los discípulos y los dueños de la casa.

Entra en la sala del banquete, donde las mujeres se ocupan de añadir asientos y cubiertos para los tres invitados en la mesa principal.

Se expande por todo el lugar la Voz de tenor, viril y llena de dulzura del Maestro decir al poner pie en la sala:

–          La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobre todos vosotros.

Un saludo global y lleno de majestad para todos los presentes.

Jesús domina con su aspecto y estatura a todos. Es el invitado, pero parece el rey del convite más que el novio, más que el dueño de la casa.

Jesús toma asiento en la mesa del centro, con los novios, los parientes de los novios y los amigos más notables.

A los dos discípulos, por respeto al Maestro, se les coloca en la misma mesa.

Jesús está de espaldas a la pared en que están las tinajas y los aparadores.

Por ello no lo ve, como tampoco ve el afán del mayordomo con los platos de asado, que van siendo introducidos por una puertecita que está junto a los aparadores.

Hay una cosa notable: menos las respectivas madres de los novios y menos María, ninguna mujer está sentada en esa mesa.

Todas las mujeres están y meten bulla como si fueran cien, en la otra mesa que está pegando a la pared.

Y se las sirve después de que se ha servido a los novios y a los invitados importantes.

Jesús está al lado del dueño de la casa. Tiene enfrente a María, que está sentada al lado de la novia.

El banquete comienza. No falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son Jesús y su Madre la cual además, casi no habla.

Jesús es parco de palabras. Es un hombre afable que expone su parecer, pero después se recoge en sí como quien está habituado a meditar.

Sonríe y María se alimenta de la contemplación de su Jesús, como Juan; que está hacia el fondo de la mesa y atentísimo a los labios de su Maestro.

María se da cuenta de que los criados cuchichean con el mayordomo y de que éste está turbado.

Y comprendiendo lo que sucede.

Llama la atención de Jesús:

–        Hijo – dice en voz muy baja- Hijo, no tienen más vino.

Jesús sonríe aún más dulcemente al decir:

 –      Mujer, ¿Qué hay YA entre tú y Yo?

Y sonríe María, como dos que saben una verdad, que es su gozoso secreto y que ignoran todos los demás.

Jesús explica el significado de la frase:

Ese “ya”, que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado.

Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicó que había llegado la hora de ser el Maestro.

Desde el momento en que mi misión comenzó, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios.

Rotas las ligaduras morales hacia la que me había engendrado, se transformaron en otras más altas, se refugiaron todas en el espíritu, el cual llamaba siempre “Mamá” a María, mi Santa.

El amor no conoció detenciones, ni enfriamiento, más bien habría que decir que jamás fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiación,

Ella me dio al mundo para el mundo, como Mesías, como Evangelizador.

Su tercera sublime mística maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del Gólgota, me dio a luz a la Cruz, haciendo de mí el Redentor del mundo.

“¿Qué hay ya entre tú y Yo?”. Antes era tuyo, únicamente tuyo. Tú me mandabas, yo te obedecía. Te estaba “sujeto”.

Ahora soy de mi Misión.

¿Acaso no lo he dicho?: “Quien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrás a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Dios”.

Yo había puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones y sembrar en ellos la palabra de Dios.

Sólo levantaría esa mano una vez arrancada de allí para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazón del Padre mío, haciendo salir de él el Perdón para la Humanidad.

Ese “ya”, olvidado por la mayoría, quería decir esto:

“Has sido todo para mí, Madre, mientras fui únicamente el Jesús de María de Nazaret, y me eres todo en mi espíritu.

Pero desde que soy el Mesías esperado, soy del Padre mío.

Espera un poco todavía y acabada la Misión, volveré a ser todo tuyo; me volverás a tener entre los brazos como cuando era niño,

y nadie te disputará ya este Hijo tuyo, considerado un Oprobio de la Humanidad, la cual te arrojará sus despojos para cubrirte incluso a tí del oprobio de ser madre de un reo.

Y después me tendrás de nuevo, Triunfante.

Y después me tendrás para siempre, tú también triunfante, en el Cielo.

Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellos”.

Esto es lo que quiere decir ese pequeño y tan denso de significado, “ya”.

Entonces…

María ordena a los criados:

–        Haced lo que El os diga.

María ha leído en los ojos sonrientes del Hijo el asentimiento, revestido de una gran enseñanza para todos los “llamados”.

Y Jesús ordena a los criados:

–        Llenad de agua los cántaros.

Inmediatamente los criados obedecen y llenan las tinajas de agua traída del pozo, se oye rechinar la polea subiendo y bajando el cubo que gotea.

Luego el mayordomo sirve en una copa un poco de ese líquido con ojos de estupor, probarlo con gestos de aún más vivo asombro, degustarlo y hablarles al dueño de la casa y al novio.

María mira una vez más al Hijo y sonríe.

Luego, tras una nueva sonrisa de Jesús, inclina la cabeza ruborizándose tenuemente; se siente muy dichosa. 

Un murmullo recorre la sala, las cabezas se vuelven todas hacia Jesús y María; hay quien se levanta para ver mejor, quien va a las tinajas…

Sigue un profundo silencio y después, un coro de alabanzas a Jesús.

Pero Él se levanta y dice:

–         Agradecédselo a María.

Y se retira del banquete. Los discípulos lo siguen.

En el umbral de la puerta vuelve a decir:

–         La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobré vosotros – y añade: – Adiós, Madre.

Jesús dice:

 Cuando dije a los discípulos: “Vamos a hacer feliz a mi Madre”, había dado a la frase un sentido más alto de lo que parecía.

No la felicidad de verme, sino de ser Ella la iniciadora de mi actividad taumatúrgica y la primera benefactora de la Humanidad.

Recordadlo siempre: mi primer milagro se produjo por María; el primero: símbolo de que es María la llave del milagro.

Yo no niego nada a mi Madre.

Por su Oración anticipo incluso el tiempo de la Gracia.

Yo conozco a mi Madre, la segunda en bondad después de Dios. Sé que concederos una gracia es hacerla feliz, porque es la Toda Amor.

Por esto, sabiéndolo, dije; “Vamos a hacerla feliz”.

Además quise mostrar al mundo su potencia junto a la mía.

Destinada a unirse a mí en la carne, puesto que fuimos una carne: Yo en Ella, Ella en torno a mí, como pétalos de azucena en torno al pistilo oloroso y colmado de vida

Destinada a unirse a mí en el Dolor, puesto que estuvimos en la cruz Yo con la carne y Ella con su espíritu.

De la misma forma que la azucena perfuma tanto con la corola como con la esencia que de ésta se desprende, era justo unirla a mí en la Potencia que se muestra al mundo.

Os digo a vosotros lo que les dije a aquellos invitados:

“Dad gradas a María. Por Ella os ha sido dado el Dueño del milagro y por Ella tenéis mis gracias, especialmente el Perdón”. 

EL “SIGNO” DE LA GUERRA


4 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Juan llama a la puerta de la casa donde hospedan a Jesús.

Se asoma una mujer y viendo quién es, avisa a Jesús.

Se saludan con un gesto de paz.

Jesús dice:

–        Has venido solícito, Juan.

–        He venido a comunicarte que Simón Pedro te ruega que pases por Betsaida. He hablado de Tí a muchos…

No hemos pescado esta noche; orado sí, como sabemos hacerlo; renunciando con ello al lucro porque… el sábado todavía no había terminado.

Luego esta mañana, hemos ido por las calles hablando de Tí. Hay gente que quisiera oírte… ¿Vienes, Maestro?

Jesús responde:

–        Voy. Aunque debiera ir a Nazaret antes que a Jerusalén.

–        Pedro te llevará desde Betsaida a Tiberíades, con su barca. Llegarás incluso antes.

–        Vamos, entonces.

Jesús coge manto y bolsa. Pero Juan le toma esta última.

Y después de saludar a la dueña de casa, se marchan.

Llegando a la salida del pueblo comienzan el viaje hacia Betsaida, donde los esperan a la entrada, Pedro, Andrés y Santiago y con ellos algunas mujeres.

Jesús los saluda:   

–         La paz sea con vosotros. Aquí me tenéis.

–         Gracias, Maestro, en nombre nuestro y de los que esperan. No es sábado, pero ¿No les vas a hablar a los que esperan tus palabras?

–         Sí, Pedro. Lo haré. En tu casa.

Pedro se muestra jubiloso:

–          Ven entonces: ésta es mi mujer, ésta es la madre de Juan, éstas son amigas de ellas. Pero también te esperan otros parientes y amigos nuestros.

–          Diles que partiré esta noche y que antes les hablaré. Cuando salimos de Cafarnaúm se estaba poniendo el sol, los he visto llegar a Betsaida por la mañana.  

Pedro solicita:

–          Maestro… te ruego que te quedes una noche en mi casa. Es largo el camino hacia Jerusalén, aunque te lo abrevie hasta Tiberíades con mi barca. Mi casa es pobre, pero honesta y amiga. Quédate con nosotros esta noche.

Jesús mira a Pedro y a todos los demás que esperan. Los mira escrutador.

Sonríe y dice:

 –          Sí.

Nueva alegría de Pedro.

Algunos miran desde las puertas y se hacen señas.

Un hombre llama por el nombre a Santiago y le habla en voz baja señalando a Jesús.

Santiago asiente y el hombre va a hablar aparte con otros que están parados en un cruce de caminos.

Entran en la casa de Pedro.

Una cocina amplia y humosa. En un rincón, redes, sogas y cestas para pesca; en medio, el hogar ancho y bajo, por ahora apagado.

Por las dos puertas, una frente a otra, se ve el camino y el huerto pequeño, con la higuera y la vid.

Más allá del camino, el celeste ondear del lago. Más allá del huerto, la pared oscura de otra casa.

Pedro dice:

– Te ofrezco cuanto tengo, Maestro, y de la forma que sé hacerlo…

Jesús responde:

– No podrías ni mejor ni más, porque me lo ofreces con amor.

Le dan a Jesús agua para refrescarse y luego pan y aceitunas.

Jesús come un poco, en realidad para que vean que lo acepta y luego con un gesto de agradecimiento, indica que no quiere más.

Unos niños curiosean desde el huerto y el camino.

Pedro mira severamente a estos niños impetuosos, para que no se acerquen.

Jesús sonríe y dice:

–         Déjalos.

–         Maestro, ¿Quieres descansar? Ahí está mi habitación, allá la de Andrés. Elige. No haremos ruido mientras estés reposando.

–        ¿Tienes una terraza?

–         Sí. Y la vid, aunque esté todavía casi sin hojas, da un poco de sombra.

–         Llévame a la terraza. Prefiero descansar arriba. Pensaré y oraré. 

–         Como quieras. Ven.

Desde el huertecillo, una pequeña escalera sube hasta el tejado, que es una terraza rodeada por una pared baja.

También aquí hay redes y sogas. ¡Cuánta luz de cielo y cuánto azul de lago!

Jesús se sienta en un taburete con la espalda apoyada en el murete.

Pedro trata de ingeniárselas extendiendo una vela por encima y al lado de la vid, para hacer un sitio donde poder uno resguardarse del sol.

Se siente brisa y silencio.

Jesús se deleita en ello.

–         Yo me voy, Maestro.

–         Vete. Tú y Juan id a decir que a la hora de la puesta del Sol hablaré aquí.

Jesús se queda solo y Ora durante mucho tiempo.

 Aparte de dos parejas de palomas que van y vienen desde los nidos y un trinar de gorriones, no hay ruido o ser vivo alrededor de Jesús orante.

Las horas pasan calmas y serenas.

Después Jesús se levanta, da alguna vuelta por la terraza, mira al lago.

Mira y sonríe a unos niños que juegan en la calle y que le sonríen.

Mira a la calle, hacia la placita que está a unos cien metros de la casa. Luego baja.

Se asoma a la cocina:

 –        Mujer, voy a pasear por la orilla.

Sale y efectivamente va a la orilla, con los niños.

Les pregunta:

–        ¿Qué hacéis?

–        Queríamos jugar a la guerra. Pero él no quiere y entonces se juega a la pesca.

El “él” que no quiere es un niño, ya un hombrecito de constitución menuda, pero de rostro muy luminoso.

Quizás sabe que siendo grácil como es, se llevaría palos de los demás haciendo “la guerra” y por ello sostiene la paz.

Pero Jesús aprovecha la ocasión para hablarles a esos niños:

–         Él tiene razón. La guerra es pena impuesta por Dios para castigo de los hombres. Y Signo de que el hombre ha venido a menos en su condición de verdadero hijo de Dios. 

Cuando el Altísimo creó el mundo, hizo todas las cosas:

El Sol, el mar, las estrellas, los ríos, las plantas, los animales, pero no hizo las armas.

Creó al hombre y le dio OJOS para que tuviera miradas de amor; BOCA para pronunciar palabras de amor; OÍDOS para oírlas, MANOS, para socorrer y acariciar; PIÉS para correr con rapidez hacia el hermano necesitado.

Y CORAZÓN CAPAZ DE AMAR.

 Dio al hombre inteligencia, palabra, afectos, gustos. Pero no le dio el Odio. ¿Por qué?

Porque el hombre, criatura de Dios, debía ser amor, como Amor es Dios.

Si el hombre hubiera permanecido TAL como criatura, habría permanecido en el amor. Y la familia humana no habría conocido guerra ni muerte.

El niño, con su lógica infantil, insiste:

–         Pero él no quiere hacer la guerra porque pierde siempre.

Jesús sonríe y dice:

–         No se debe no querer lo que a nosotros nos lesiona porque nos lesione. Se debe no querer una cosa cuando lesiona a todos. Si uno dice: “No quiero esto porque me produce una pérdida“, es egoísta.

 Sin embargo, el buen hijo de Dios dice:

“Hermanos, yo sé que vencería, pero os digo: no hagamos esto porque significaría un daño para vosotros”.

¡Cómo ha comprendido éste el precepto principal!

¿Quién me lo sabe decir?

En coro, las once bocas dicen:

–          Amarás a tu Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a tí mismo”.

–          ¡Sois unos niños excelentes! ¿Vais todos al colegio?

–          Sí.

–          ¿Quién es el más listo?

–          Él (es el niño grácil que no quiere jugar a la guerra).

–          ¿Cómo te llamas?

–          Joel.

–          ¡Gran nombre! Joel habla así: “… el débil diga: “¡Soy fuerte!”. Pero ¿Fuerte en qué? En la Ley del Dios verdadero, para estar entre los que Él en el valle de la Decisión juzgará como santos suyos.

Mas el JUICIO está próximo: NO en el valle de la Decisión, sino en el Monte de la Redención.

Allí, entre Sol y Luna oscurecidos de horror y estrellas temblando llanto de piedad, serán discernidos los hijos de la Luz de los hijos de las Tinieblas.

Y todo Israel sabrá que su Dios ha venido.

Dichosos los que lo hayan reconocido:

Recibirán en su corazón miel, leche y aguas claras y las espinas se les transformarán en eternas rosas.

¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?.

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!

–           ¡Yo!.

–           ¿Amaréis entonces al Mesías?

Y el coro de voces infantiles responde:

–           ¡Sí!

–           ¡Sí!

–           ¡A Tí!

–           ¡A Tí!

–           ¡Te amamos a Tí!

–           ¡Sabemos quién eres!

–           Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres.

–          ¡Llévanos contigo!.

–           En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas. Nunca más, abusos. Nunca más, riñas. Nunca más, malas respuestas a los padres.

Oración, Estudio, Trabajo, Obediencia.

Y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino. 

 

Los niños están todos en círculo alrededor de Jesús.

Parece una corola policroma ceñida en torno a un largo pistilo azul oscuro.

Un hombre bastante anciano se ha acercado, curioso.

Jesús se vuelve para acariciar a un niño que le está tirando del vestido y lo ve.

La VISIÓN ESPIRITUAL, entra en acción…

Detiene en él intensamente su mirada.

El anciano se limita a saludar ruborizándose.

Jesús lo llama:

 –       Felipe, ¡Ven! ¡Sígueme!

El hombre responde:

– Sí, Maestro.

Jesús bendice a los niños y al lado de Felipe vuelve a casa. Se sientan en el huertecillo.

Jesús le pregunta:

–         ¿Quieres ser mi discípulo?

–         Lo quiero. Y no oso esperar serlo.

–         Yo te he Llamado.

–         Lo soy entonces. Heme aquí.

–         ¿Tenías conocimiento de mí?

–         Me ha hablado de ti Andrés. Me ha dicho: “Aquel por quien tú suspirabas ha venido“. Porque Andrés sabía que yo suspiraba por el Mesías.

–         No queda frustrada tu espera. Él está delante de ti. 

Jesús se transfigura ante el hombre lo ha anhelado tanto.

O sea, que permite que Felipe vislumbre la DIVINIDAD oculta en Él.

Felipe exclama emocionado:

–         ¡Mi Maestro y mi Dios!

–         Eres un israelita de recta intención. Por esto me manifiesto a ti. Otro amigo tuyo como tú, sincero israelita espera.

Ve a decirle: “Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, hijo de José, de la estirpe de David, aquel de quien hablaron Moisés y los profetas”. ¡Ve!   

Jesús se queda solo hasta que vuelve Felipe con Nathanael – Bartolomé.

Jesús lo saluda:

–         He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. La paz sea contigo, Nathanael.

–        ¿Cómo me conoces?

–          Antes de que Felipe fuera a llamarte, te he visto debajo de la higuera.

Usando los ojos con la mirada espiritual.

Nathanael exclama:

–          ¡Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel!

–          ¿Porque he dicho que te he visto pensando debajo de la higuera, crees? Cosas mucho más grandes que éstas verás.

 En verdad os digo que los Cielos están abiertos y vosotros por la Fe, veréis a los ángeles bajar y subir sobre el Hijo del Hombre: Yo, quien te está hablando. 

 –          ¡Maestro! ¡Yo no soy digno de tanto favor!

–           Cree en mí y serás digno del Cielo. ¿Quieres creer?

–           Quiero, Maestro.

Mientras tanto en la terraza, que está llena de gente.  Otras personas están en el huertecillo de Pedro.

Luego Jesús llega.

Y saluda diciendo: 

–      Paz a los hombres de buena voluntad. Paz y bendición a sus casas, mujeres y niños. La Gracia y la Luz de Dios reinen en ellas y en los corazones que las habitan.

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega.

Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios; del Mesías Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez más las palabras del Decálogo santo e inmutable, y se santifique en ellas.

Para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino. Mirad.

Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos:

“Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”.

Pero más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus.

Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor.

Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, lo curo; Si muerto, lo resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.

¿Es difícil esto que os pido? No.

No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decálogo. La Ley es una e inmutable.

Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada:

Hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida; como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir.

Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y más leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas cláusulas penosas.

Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio.

Pero, os lo ruego por vuestro bien; recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.

Vosotros susurráis, más en vuestro corazón que con los labios; que la culpa está arriba.

Más que en vosotros, gente humilde. Lo sé.

En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. 

Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice.

Y sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales.

Si amáis a Dios con todo vuestro ser, NO PECARÉIS. no pecaréis,

PORQUE EL PECADO PRODUCE DOLOR A DIOS

QUIEN AMA NO QUIERE CAUSAR DOLOR.

Si amáis al prójimo como a vosotros mismos;

Sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones.

Sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar sin Envidia de quien posee, sin deseos de Lujuria hacia la mujer del prójimo.

No queriendo hacer a los demás lo que No querríais que se os hiciera a vosotros,

NO robaréis, NO mataréis, NO calumniaréis,

NO entraréis como los cucos en el nido de los demás.

Pero incluso os digo: “Portad a Perfección vuestra Obediencia a los Dos Preceptos de Amor:

Amad también a vuestros Enemigos”.

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre transformado en Enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales.

Hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

 

AMAD. El amor sea para vosotros escalera por la cual hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno:

“Yo seré tu Protector dondequiera que vayas.

Y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

La Paz esté con vosotros.

La gente manifiesta su conmovida aprobación y se va lentamente.

Se quedan Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Bartolomé.

Pedro pregunta:

–          ¿Te vas mañana, Maestro?

Jesús replica:

–          Mañana al amanecer, si no te desagrada.

–          Desagradarme el que te vayas sí, pero la hora “NO“; es incluso propicia.

–          ¿Vas a ir a pescar?

–          Esta noche, cuando salga la Luna.

–          Has hecho bien Simón Pedro, en no pescar durante la pasada noche. Todavía no había terminado el sábado.

 

Nehemías en sus reformas, quiso que en Judá se respetara el Sábado.

Ahora también demasiada gente en sábado, prensa en los lagares.

Transporta haces: carga vino y fruta. 

Y vende y compra pescado y corderos.

Tenéis seis días para esto.

El sábado es del Señor.

Sólo una cosa podéis hacer en sábado:

El bien a vuestro prójimo, pero sin ningún tipo de afán de lucro. Quien viola por lucro el sábado sólo puede obtener de Dios el Castigo.

¿Gana algo?: Lo perderá con creces en los otros seis días. ¿No lo gana?: se ha esforzado en vano el cuerpo, no concediéndole ese reposo que la Inteligencia ha establecido para él,

airándose el espíritu por haber trabajado inútilmente, llegando incluso a proferir imprecaciones.

Sin embargo, el día de Dios debe transcurrirse con el corazón unido a Dios en dulce oración de amor. Hay que ser fieles en todo.

–          Pero… los escribas y doctores, que son tan severos con nosotros… No trabajan durante el sábado. Ni siquiera le dan al prójimo un pan por evitar el trabajo de dárselo…

Y sin embargo, fían préstamos abusivos aun en sábado, ¿Se puede hacer esto en sábado porque no sea trabajo material?

–          No. Nunca. Ni durante el sábado ni durante los otros días. Quien presta abusivamente es deshonesto y cruel.

–          Los escribas y fariseos, entonces…

–          Simón no juzgues. Tú no lo hagas.

–          Pero tengo ojos para ver…

–          ¿Sólo el mal está ante nuestros ojos, Simón?.

–          No, Maestro.

–          Entonces, ¿Por qué mirar sólo el mal?

–          Tienes razón, Maestro.

–          Entonces mañana al amanecer partiré con Juan».

–          Maestro…

–          Simón, ¿Qué te sucede?

–          Maestro… ¿Vas a Jerusalén?

–          Ya lo sabes.

–          Yo también voy a Jerusalén para la Pascua… y también Andrés y Santiago….

–          ¿Y entonces?… Quieres decir que desearías venir conmigo ¿No? ¿Y la pesca? ¿Y la ganancia? Me has dicho que te gusta tener dinero y Yo me ausentaré durante muchos días.

Primero voy donde mi Madre y a Jerusalén a la vuelta. Me quedaré allí predicando. ¿Cómo te las arreglarás?…

Pedro se muestra dudoso, vacilante…

Pero al final se decide:

–          Por mí… voy contigo. ¡Te prefiero a ti antes que al dinero!

Andrés:

–          Yo también voy.

Santiago:

–          También yo.

Bartolomé:

–          Y nosotros también, ¿verdad, Felipe?

Jesús los invita:

–          Venid, pues. Me serviréis de ayuda.

Pedro se emociona ante la idea:

–          ¡Oh!… ¿En qué te podemos ayudar?

–          Os lo diré. Para actuar bien sólo tendréis que hacer cuanto os diga. El obediente siempre actúa bien. Ahora oraremos y luego cada uno irá a realizar sus cometidos.

–          ¿Y Tú, Maestro?

–          Oraré más. Soy la Luz del mundo, pero también soy el Hijo del hombre. Por ello siempre tengo que beber de la Luz para ser el Hombre que redime al hombre. Oremos.

Jesús ora: 

“Quien reposa en la ayuda del Altísimo vivirá bajo la protección del Dios del Cielo. Dirá al Señor: “Tú eres mi protector, mi refugio. Es mi Dios, en Él está mi esperanza. Él me libró del lazo de los cazadores y de las palabras agresivas… (Salmo 91)

LA SUPREMA TENTACIÓN


1 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

DEL TAMAÑO DE LA MISIÓN, ES LA TENTACIÓN

Ante mí la soledad pedregosa que había contemplado a mi izquierda en la visión del Bautismo de Jesús en el Jordán.

Pero debo haberme adentrado mucho en ella, porque no veo en absoluto el hermoso río lento y azul, ni la vena de hierba que sigue su curso por las dos orillas, como alimentada por aquella arteria de agua.

Aquí sólo soledad, pedruscos, tierra tan abrasada que ha quedado reducida a polvo amarillento, que de vez en cuando el viento levanta en pequeños remolinos que parecen hálito de boca febril, por lo seco y calientes que están.

Son muy molestos por el polvo que con ellos penetra en la nariz y en la faringe.

Muy raros se  ven, algúnos pequeños matorrales espinosos que han resistido, quién sabe por qué. 

En aquella desolación, parecen los restos de mechones de cabellos en la cabeza de un calvo.

Arriba, un cielo despiadadamente azul; abajo, el terreno árido; en torno, rocas y silencio. 

Apoyado en una roca que por su forma, crea una covacha y sentado en una piedra que ha sido arrastrada hasta la oquedad, está Jesús.

Se resguarda así del sol ardiente.

Y el interno consejero me indica que esa piedra en la que ahora está sentado, es también su reclinatorio y su almohada,

cuando descansa por breves horas envuelto en su manto bajo la luz de las estrellas y el aire frío de la noche.

Ahí cerca está la bolsa que tomó antes de salir de Nazaret.

Y por lo flácida que aparece, todo su haber está vacía de la poca comida que en ella había puesto María.

Jesús está muy delgado y pálido.

Está sentado, con los codos apoyados en las rodillas y los antebrazos hacia fuera, con las manos unidas y entrelazadas por los dedos. Medita.

De vez en cuando, levanta la mirada y la dirige a su alrededor. Y mira al Sol que está alto casi a plomada, en el cielo azul.

De vez en cuando y especialmente después de dirigir la mirada en torno a sí y alzarla hacia la luz solar, como con vértigo.

Cierra los ojos y se apoya en la peña que le sirve de cobijo.

Entonces se acerca un beduino envuelto en ricas vestiduras y un gran manto, que se asemeja a un disfraz de dominó.

En la cabeza el turbante, cuyas faldas blancas caen sobre los hombros y a ambos lados de la cara para protegerlos.

De manera que de la cara, puede verse un pequeño triángulo muy moreno, de labios delgados y sinuosos, de ojos negrísimos y hundidos, llenos de destellos magnéticos.

Dos pupilas que te leen en el fondo del corazón, pero en las que no lees nada o una sola palabra: MISTERIO.  

Lo opuesto de los ojos de Jesús, también muy magnéticos y fascinantes, que te lee en el corazón; pero en el que tú lees también que en su corazón hay amor y bondad hacia ti.

La mirada de Jesús es una caricia en el alma.

Ésta es como un doble puñal que te perfora y quema.  

Jesús lo reconoce, pero no da indicios de ello.

Satanás se acerca despacio y lentamente pronuncia un cuestionamiento:

–      ¿Estás sólo?

Jesús lo mira y no responde. 

–      ¿Cómo es que estás aquí? ¿Te has perdido?.

Jesús vuelve a mirarlo y calla. 

 –      Si tuviera agua en la cantimplora, te la daría, pero yo también estoy sin ella. Se me ha muerto el caballo y me dirijo a pie al vado.

Allí beberé y encontraré a alguien que me dé un pan. Sé el camino. Ven conmigo. Te guiaré.

Jesús ya ni siquiera alza los ojos. 

 –      ¿No respondes? ¿Sabes que si te quedas aquí mueres? Ya se levanta el viento. Va a haber tormenta. Ven».

Jesús aprieta las manos en muda oración.   

–       ¡Ah, entonces eres Tú! ¡Hace mucho que te busco! Y hace mucho que te vengo observando.

Desde el momento en que fuiste bautizado. ¿Llamas al Eterno?

Está lejos. Ahora estás en la tierra, entre los hombres.

Y sobre los hombres reino yo.

Pero, me das pena y quiero ayudarte, porque eres bueno y has venido a sacrificarte por nada.

Los hombres te odiarán por tu bondad.

No entienden más que de oro, comida y sensualidad.

Sacrificio, dolor, obediencia, son para ellos palabras más muertas que esta tierra que tenemos a nuestro alrededor. Son aún más áridos que este polvo.

Sólo la serpiente y el chacal pueden esconderse aquí, esperando morder o despedazar a alguno.

Vámonos. No merece la pena sufrir por ellos. Los conozco más que Tú.

Satanás se ha sentado frente a Jesús, lo escudriña con su mirada tremenda y sonríe con su boca de serpiente.

Jesús sigue callado y ora mentalmente. 

Su archienemigo mortal, hace un ademán con la mano y empieza a proyectar poderosas imágenes sobre el alma de un humano que considera inferior a él. 

Con el pecado quedamos sometidos, él influye fuertemente sobre nuestros pensamientos y sobre nuestros sentimientos. 

El Nazareno es por ahora, solamente un Hombre al que cree poder controlar a su antojo. Y por lo tanto está sometido a su angelical poder…

Lucifer insiste:

–      Tú desconfías de mí. Haces mal. Yo soy la sabiduría de la Tierra. Puedo ser maestro tuyo para enseñarte a triunfar. Mira: lo importante es triunfar.

Luego, cuando uno se ha impuesto, cuando ha engatusado al mundo, puede conducir a éste a donde quiera. Pero primero hay que ser como les gusta a ellos, como ellos.

Seducirlos haciéndoles creer que los admiramos y seguimos su pensamiento.

Eres joven y atractivo. Empieza por la mujer, Siempre se debe comenzar por ella.

Yo me equivoqué induciendo a la mujer a la desobediencia.

Debería haberla aconsejado de otra forma.

Habría hecho de ella un instrumento mejor y habría vencido a Dios. Actué precipitadamente.

¡Pero Tú…! Yo te enseño porque un día deposité en tí mi mirada con júbilo angélico y aún me queda un resto de aquel amor.

Escúchame y usa mi experiencia: búscate una compañera. Adonde Tú no llegues, ella llegará. Eres el nuevo Adán, debes tener tu Eva.

Además, ¿Cómo podrás comprender y curar las enfermedades de la sensualidad si no sabes lo que son?

¿No sabes que es ahí donde está el núcleo del que nace la planta de la codicia y del afán de poder?

¿Por qué el hombre quiere reinar? ¿Por qué quiere ser rico, potente? Para poseer a la mujer.

Ésta es como la alondra. Tiene necesidad de algo que brille para sentirse atraída.

El oro y el poder son las dos caras del espejo que atraen a las mujeres y las causas del mal en el mundo.

Mira: detrás de mil delitos de distinta naturaleza, hay al menos novecientos que tienen raíz en el hambre de posesión de la mujer.

O en la voluntad de una mujer consumida por un deseo que el hombre aún no satisface, o ya no satisface. Ve a la mujer, si quieres saber qué es la vida.

Sólo después sabrás atender y curar los males de la Humanidad.

¡Es bonita la mujer! No hay nada más hermoso en el mundo.

El hombre tiene el pensamiento y la fuerza. ¡Pero la mujer!…

Su pensamiento es un perfume, su contacto es caricia de flores, su gracia es como vino que entra, su debilidad es como madeja de seda o rizo de niño en las manos del hombre.

Su caricia es fuerza que se vierte en la nuestra y la enciende.

El dolor, la fatiga, la aflicción, quedan anulados cuando se está junto a una mujer y ella entre nuestros brazos como un ramo de flores.

Pero, ¡Qué tonto soy! Tú tienes hambre y te hablo de la mujer.

Tu vigor está exhausto Por ello, esta fragancia de la Tierra, esta flor de la creación, este fruto que da y suscita amor, te parece sin importancia.

Pero, mira estas piedras:

¡Qué redondeadas son y qué pulidas están, doradas bajo el Sol que cae!; ¿No parecen panes?

Tú, Hijo de Dios, no tienes más que decir “Quiero”, para que se transformen en oloroso pan como el que ahora están sacando del horno las amas de casa para la cena de sus familiares.

Y estas acacias tan secas, si Tú quieres, ¿No pueden llenarse de dulces pomos, de dátiles de miel?

¡Sáciate, oh Hijo de Dios! Tú eres el Dueño de la Tierra. Ella se inclina para ponerse a tus pies y quitarte el hambre.

¿Ves cómo te pones pálido y te tambaleas con solo oír nombrar el pan?

¡Pobre Jesús! ¿Estás tan débil, que ya no puedes ni siquiera dominar el milagro? ¿Quieres que lo haga yo en tu lugar?

No estoy a tu altura, pero algo puedo. Me quedaré falto de fuerzas durante un año, las reuniré todas, pero te quiero servir porque Tú eres bueno.

Y siempre me acuerdo que eres mi Dios, aunque me haya hecho indigno de llamarte tal.

Ayúdame con tu oración para que pueda…. 

Jesús responde con autoridad:

–      Calla. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que viene de Dios. 

La Tentación Física ha sido vencida…

El demonio siente una sacudida de rabia. Le rechinan los dientes y aprieta los puños.

De todas formas, se contiene…

Y transforma su mueca en sonrisa, antes de decir: 

 –     Comprendo, Tú estás por encima de las necesidades de la Tierra y te da repugnancia el servirte de mí. Me lo he merecido.

Hace otro ademán con la mano, haciendo que Jesús contemple la realidad existente en el Templo de Jerusalén…

Exponiéndole sin misericordia, los pecados de los sacerdotes, burlándose de sus sacrilegios y ESCARNECIENDO a Dios, sin palabras. 

Mientras dice con un tono de aparente comprensión:

–     Ven, entonces y ve lo que hay en la Casa de Dios, ve cómo incluso los sacerdotes no rehúsan hacer transacciones entre el espíritu y la carne; porque, al fin y al cabo, son hombres y no ángeles.

Cumple un milagro espiritual.

Yo te llevo al pináculo del Templo, Tú transfigúrate en belleza allí arriba. Y luego llama a las cohortes de ángeles y di que hagan de sus alas entrelazadas alfombra para tus pies y te porten así al patio principal.

Que te vean y se acuerden de que Dios existe.

De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria muy frágil, especialmente en lo espiritual. Tú sabes qué dichosos se sentirán los ángeles de proteger tu pie y servirte de escalera cuando bajes. 

Jesús responde con severidad:

–      “No tientes al Señor tu Dios”, está escrito. 

La Tentación moral ha sido superada.

Lucifer replica contundente:

–      Comprendes que tu aparición tampoco mudaría las cosas y el Templo continuaría siendo un mercado y un lugar de corrupción.

Tu divina sabiduría sabe que los corazones de los ministros del Templo son un nido de víboras, que se devoran.

Y devoran, con tal de aumentar su poder.

Sólo los doma el poder humano.

Ven entonces. Adórame. Yo te daré la Tierra.

Alejandro, Ciro, Cesar, todos los mayores dominadores pasados o vivos serán semejantes a jefes de mezquinas caravanas respecto a Tí, que tendrás a todos los reinos de la Tierra bajo tu cetro.

Y con los reinos todas las riquezas, todas las cosas bellas de la Tierra: mujeres, caballos, soldados y templos.

Podrás poner en alto en todas partes tu Signo, cuando seas Rey de los reyes y Señor del mundo.

Entonces te obedecerá y venerará el pueblo y el sacerdocio.

Todas las castas te honrarán y servirán, porque serás el Poderoso, el Único, el Señor.  

¡Adórame aunque sólo sea un momento! ¡Quítame esta sed que tengo de ser adorado!

Es la que me ha perdido, pero ha quedado en mí y me quema.

Las llamaradas del Infierno son aire fresco de la mañana respecto a este ardor que me quema por dentro. Es mi infierno, esta sed.

¡Un momento, un momento sólo, Cristo, Tú que eres bueno!

¡Un momento, aunque sólo sea de gozo, al Eterno Atormentado!

Hazme sentir lo que quiere decir ser dios y me tendrás devoto; obediente como siervo durante toda la vida, en todas tus empresas.

¡Un momento! ¡Un solo momento y no te atormentaré más!

Satanás cae de rodillas, suplicando. 

Jesús por el contrario, se ha levantado.

Ha adelgazado en estos días de ayuno y parece aún más alto. Su rostro tiene un terrible aspecto de severidad y potencia,

Sus ojos son dos zafiros abrasadores, su Voz es un trueno que resuena en la oquedad de la roca y se esparce por el pedregal y el llano desolado,

Cuando dice:  

–      ¡Vete, Satanás! Está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás”. 

La Tentación espiritual, también ha sido desechada.

Satanás, con un alarido de condenado, desgarro y de odio indescriptible, sale corriendo (es tremendo ver su furiosa, humeante persona).

Y desaparece con un nuevo alarido de maldición.

Jesús se sienta cansado, apoyando hacia atrás la cabeza contra la roca.

Parece exhausto. Suda.

Pero seres angélicos vienen a mover suavemente el aire con sus alas en el ambiente de bochorno de la cueva, purificándolo y refrescándolo.

Jesús abre los ojos y sonríe. No lo veo comer.

Yo diría que se nutre del aroma del Paraíso, obteniendo así nuevas fuerzas.

El Sol desaparece por el poniente.

Jesús toma su vacío talego y acompañado por los ángeles que producen una tenue luz suspendidos sobre su cabeza mientras la noche cae rapidísima, se dirige hacia el nordeste.

Ha recuperado su expresión habitual, el paso seguro.

Sólo queda como recuerdo del largo ayuno, un aspecto más ascético en su rostro delgado y pálido.

Y en sus ojos, absortos en una alegría que no es de esta Tierra.

Dice Jesús:

 Has visto que Satanás se presenta siempre con apariencia benévola, con aspecto común.

Si las almas están atentas y sobre todo, en contacto espiritual con Dios, advierten ese aviso que las hace cautelosas y las dispone a combatir las insidias demoníacas.

Pero si las almas no están atentas a lo divino, separadas por una carnalidad oprimente y ensordecedora,

SIN LA AYUDA DE LA ORACIÓN QUE UNE A DIOS

Y VIERTE SU FUERZA COMO POR UN CANAL EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE

 Entonces difícilmente se dan cuenta de la celada y caen en ella.

Y luego es muy difícil liberarse.

Las dos vías más comunes que Satanás toma para llegar a las almas son la sensualidad y la gula.

Empieza siempre por la materia; una vez que la ha desmantelado y subyugado, pasa a atacar a la parte superior:

Primero lo moral (el pensamiento con sus soberbias y deseos desenfrenados).

Después el espíritu, quitándole no sólo el amor — que ya no existe cuando el hombre ha substituido el amor divino por otros amores humanos — sino también el temor de Dios. 

Es entonces cuando el hombre se abandona en cuerpo y alma a Satanás, con tal de llegar a gozar de lo que desea, de gozar cada vez más.

Has visto cómo me he comportado Yo: SILENCIO Y ORACIÓN.

Silencio y Oración. Silencio.

Efectivamente, si Satanás lleva a cabo su obra de seductor y se nos acerca, se le debe soportar sin impaciencias necias ni miedos mezquinos.

Pero reaccionar: ante su presencia, con entereza; ante su seducción, con la Oración.

Es inútil discutir con Satanás.

Vencería él, porque es fuerte en su dialéctica.

Sólo Dios puede Vencerlo.

Entonces recurrir a Dios, que hable por nosotros, a través de nosotros.

Mostrar a Satanás ese Nombre y ese Signo, no tanto escritos en un papel o grabados en un trozo de madera, cuanto escritos y grabados en el corazón.

MI NOMBRE, MI SIGNO.

 Rebatir a Satanás únicamente cuando insinúa que es como Dios, rebatirle usando la Palabra de Dios; no la soporta.

Luego, después de la lucha, viene la victoria.

Y los ángeles sirven y defienden del Odio de Satanás al vencedor; lo confortan con los rocíos celestes, con la gracia que vierten a manos llenas en el corazón del hijo fiel, con la bendición que acaricia al espíritu.

Hace falta tener la voluntad de vencer a Satanás.

Y Fe en Dios y en su ayuda; Fe en la fuerza de la Oración y en la Bondad del Señor.

En ese caso Satanás no puede causar ningún daño.

Tres días después…

Jesús va caminando a lo largo de la faja verde que sigue el curso del Jordán.

Ha vuelto al lugar de su Bautismo, cerca del vado reconocido y frecuentado, para pasar a la otra margen, hacia la Perea.

Pero el lugar, hace poco tan colmado de gente, ahora se ve desierto. Sólo algún viandante a pie o montado en asnos o caballos, lo recorre.

Jesús parece no darse cuenta siquiera. Continúa por su camino subiendo hacia el norte, como absorto en sus pensamientos.

Cuando llega a la altura del vado, se cruza con un grupo de hombres de distintas edades que discuten animadamente entre ellos y luego se separan, parte yendo hacia el sur, parte subiendo hacia el norte.

Entre los que se dirigen hacia el norte van Juan y Santiago.

Juan es el primero que ve a Jesús y lo señala mostrándoselo al hermano y a los compañeros. Hablan un poco entre ellos.

Y Juan se echa a andar deprisa para alcanzar a Jesús.

Santiago le sigue más despacio. Los demás no hacen mayor caso; caminan lentamente, en animada conversación.

Juan, cuando llega a no más de unos dos o tres metros detrás de Jesús, grita:

-¡Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo!

Jesús se vuelve y lo mira.

Los dos están a pocos pasos el uno del otro. Se observan.

Jesús con su aspecto serio e indagador.

Juan con su mirada pura y risueña en ese hermoso rostro juvenil e imberbe, es un adolescente un poco mayor de quince años.   

Jesús pregunta:

–     ¿A quién buscas?

Juan contesta con firmeza:

–      A ti, Maestro.

–     ¿Cómo sabes que soy maestro? 

–     Me lo ha dicho el Bautista.   

–     Y entonces ¿Por qué me llamas Cordero? 

–     Porque le he oído a él llamarte así un día en que Tú pasabas, hace poco más de un mes. 

–     ¿Qué quieres de Mí? 

–     Que nos digas palabras de vida eterna y que nos confortes. 

–     ¿Quién eres? 

–      Juan de Zebedeo y éste es Santiago, mi hermano.

Somos de Galilea, pescadores. Somos, además, discípulos de Juan.

Él nos decía palabras de vida y nosotros le escuchábamos, porque queremos seguir a Dios. Y con la penitencia, merecer el perdón, preparando los caminos del corazón a la venida del Mesías.

Tú lo eres. Juan lo dijo, porque vio el signo de la Paloma posarse sobre ti.

A nosotros nos lo dijo: “He ahí el Cordero de Dios”.

Yo te digo: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, danos la paz, porque ya no tenemos a nadie que nos guíe y nuestra alma está turbada.  

–     ¿Dónde está Juan?». 

Santiago explica:

–      Herodes lo ha apresado. Está en prisión, en Maqueronte. Los más fieles de entre los suyos han intentado liberarlo, pero no se puede. 

Juan insiste:

–      Nosotros volvemos de allí. Déjanos ir contigo, Maestro. Muéstranos dónde vives. 

Jesús aclara:

–     Venid. Pero ¿sabéis lo que pedís? Quien me siga tendrá que dejar todo; casa, familia, modo de pensar, e incluso la vida.

Yo os haré mis discípulos y amigos, si queréis. Pero no tengo riquezas ni seguridades. Soy pobre hasta no tener ni dónde reclinar la cabeza y lo seré aún más.  

Más perseguido que una oveja perdida, por los lobos. Mi doctrina es todavía más severa que la de Juan, porque prohíbe incluso el resentimiento.

No se dirige tanto hacia lo externo cuanto hacia el espíritu. Tendréis que renacer, si queréis ser míos. ¿Queréis hacerlo?  

–      Sí, Maestro, Tú sólo tienes palabras que nos dan luz, que descienden y donde había tinieblas de desolación por carecer de guía, proporcionan calor y luz de sol.   

–     Venid, entonces. Vamos. Os adoctrinaré por el camino.

Dice Jesús:

Juan de Zebedeo es el puro entre los discípulos.

Después de los cuarenta días pasados en el desierto.

Una vez acaecido el arresto de Juan un día después, los dos discípulos de Juan Bautista a los cuales me había señalado diciendo:

‘He ahí el Cordero de Dios’, viéndome de nuevo, me llamaron y me siguieron”.

El grupo que se cruzó conmigo era numeroso, pero sólo uno me reconoció: el que tenía alma, pensamiento y carne, limpios de toda lujuria.

Insisto sobre el valor de la pureza. La castidad es siempre fuente de lucidez de pensamiento. La virginidad afina y conserva la sensibilidad intelectiva y afectiva hasta la perfección.

Perfección que sólo quien es virgen experimenta.

Virgen se es de muchas formas. A la fuerza — y esto especialmente para las mujeres —, cuando no se ha sido elegido para casarse.

Debería ser así también para los hombres, pero no lo es, lo cual está mal.

Porque de una juventud ensuciada prematuramente por la lascivia sólo podrá salir un cabeza de familia enfermo en el sentimiento y frecuentemente, también en la carne.

Existe la virginidad conscientemente querida, o sea, la de quienes en un arrebato del corazón, se consagran al Señor.

¡Hermosa virginidad! ¡Sacrificio agradable a Dios! Pero luego no todos saben permanecer en ese candor de lirio enhiesto sobre el tallo, orientado hacia el Cielo;

que no sabe del fango del suelo, abierto sólo al beso del sol de Dios y de sus rocíos.

Muchos permanecen fieles materialmente al voto en sí. Pero infieles con el pensamiento, que añora y desea lo que ha sacrificado. Éstos son vírgenes sólo a medias. 

Señor, te entrego TODO lo que siento y lo que pienso, DAME tu santidad y tu pureza, para FUSIONARME con tu Corazón.

Si la carne está intacta, el corazón no lo está. Este corazón fermenta, hierve, libera humos de sensualidad, tanto más refinada y saboreada,

cuanto más es creación del pensamiento que acaricia, alimenta y aumenta continuamente imágenes de satisfacciones ilegítimas; ilícitas incluso para el libre, más que ilícitas para el consagrado.

Viene entonces la hipocresía del voto. Hay apariencia, la sustancia falta.

Y en verdad os digo que entre quien viene a mí con el lirio roto por la imposición de un tirano,

y quien viene con el lirio no materialmente quebrado, pero sí sucio de babas por la regurgitación de una sensualidad acariciada y cultivada para llenar de ella las horas de soledad,

Yo llamo “virgen” al primero y “no virgen” al segundo.

Y al primero le doy corona de virgen y doble corona de martirio con causa en la carne herida y en el corazón llagado por la mutilación no querida.

E1 valor de la pureza es tal que Satanás se preocupó ante todo de inducirme a la impureza.

Él sabe bien que la culpa sensual desmantela el alma y la hace fácil presa para las otras culpas.

La atención de Satanás se dirigió a este punto capital para vencerMe.

El pan, el hambre, son las formas materiales para la alegoría del apetito, de los apetitos que Satanás explota para sus fines.

¡Bien distinto es el alimento que él me ofrecía para hacerme caer como ebrio a sus pies!

Después vendría la gula, el dinero, el poder, la idolatría, la blasfemia, la abjuración de la Ley divina.

Mas el primer paso para poseerme era éste: el mismo que usó para herir a Adán.

El mundo se burla de los puros. Los culpables de impudicia los agreden. Juan el Bautista es una víctima de la lujuria de dos obscenos.

Pero si el mundo tiene todavía un poco de luz, se debe a los puros del mundo. Son ellos los siervos de Dios y saben entender a Dios y repetir las palabras de Dios.

Yo he dicho: “Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios”, incluso desde la Tierra.

Ellos, a quienes el humo de la sensualidad no turba el pensamiento, “ven” a Dios y lo oyen y le siguen.

Y lo manifiestan a los demás.

Juan de Zebedeo es puro. Es el puro entre mis discípulos. ¡Qué alma de flor en cuerpo de ángel! Me llama con las palabras de su primer maestro y me pide que le dé paz.

Mas la Paz la tiene en sí por su vida pura, y Yo lo he amado por esta pureza suya, a la que he confiado las enseñanzas, los secretos, la más querida Criatura que tuviera.

Ha sido mi primer discípulo, su amor se enamoró de Mí, desde el primer instante en que me vio.

Su alma se había fundido con la mía desde el día en que me había visto pasar a lo largo del Jordán y había visto que el Bautista me señalaba.

Aunque no se hubiera cruzado conmigo luego a mi regreso del desierto, me habría buscado hasta encontrarme.

Porque quien es puro es humilde y está deseoso de instruirse en la ciencia de Dios,  va como el agua al mar, hacia los que reconoce maestros en la Doctrina celeste.

Deja la flor de Satanás en la arena. Ven tras Jesús, como Juan.

Caminarás entre las espinas, pero encontrarás por rosas,

las gotas de sangre de Quien por ti las vertió para vencer también en ti a la Carne.

Después de mi regreso del desierto, juntos volvimos a las orillas del lago de Galilea, donde me había refugiado para empezar desde allí mi evangelización.

  Después de haber estado conmigo durante todo el camino y una jornada entera en la casa hospitalaria de un amigo de mi casa, de la parentela; los dos hablaron de Mí a los otros pescadores.

Pero la iniciativa fue de Juan, a quien la voluntad de penitencia había hecho de su alma, ya de por sí cristalina por su pureza, una obra maestra de pulcritud en que la Verdad se espejeaba nítidamente,

dándole también la santa audacia de las personas puras y generosas, que no tienen miedo nunca a dar un paso al frente donde ven que está Dios, donde ven que hay verdad, doctrina, caminos de Dios.

¡Cuánto le amé por esta característica suya sencilla y heroica!

CUANDO ABBA PROVEE


EL EVANGELIO NO ES UNA MENTIRA

La multiplicación de los panes y los peces es uno de los milagros de Jesús quien, con una pequeñísima cantidad de alimento, fue capaz de dar de comer a toda una multitud.

El suceso está contado seis veces en los Evangelios: los cuatro evangelistas describen la primera, en que cinco mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces.

Mateo el Apóstol y Marcos, además relatan la segunda en que cuatro mil hombres se alimentan de siete panes y “unos pocos pescados”.

La primera multiplicación de los panes puede apreciarse en cuatro textos “paralelos”, escrito por cada uno de los cuatro evangelistas.

En el Evangelio de Mateo está en el capítulo 14, versículos 13 a 21. En Marcos: capítulo 6.30-44. En Lucas: capítulo 9, vers. 10-17. En Juan: 6.1-15.

LA PROVIDENCIA DIVINA

Está el caso de un sacerdote jesuita en Texas, en su misión en El Paso, el padre Richard M. Thomas, relata:

Que desde hace más de veinte años había organizado el trabajo misionero a los mexicanos empobrecidos y mexico-americanos.

Dice que él y los que trabajan en la misión han encontrado la multiplicación inexplicable de comida en decenas de ocasiones.

Ha ocurrido en una cárcel que visitan.

Ha ocurrido en el lugar conocido como Rancho del Señor.

Se ha producido con familias pobres que limpian en los vertederos.

 El otoño  fue la última vez que recuerdo. No sabíamos que se estaba multiplicando hasta más tarde, cuando se contó todo.

‍Ellos estaban sirviendo sándwiches de jamón y queso.

La mujer que trajo la comida usó dos barras de pan, envolviendo cada sándwich en una servilleta y sirviéndolos en una clínica.

Había hecho 26 sándwiches. Cuando llegó a la clínica le dio seis o siete sándwiches a los trabajadores voluntarios y luego comenzó a repartirlos a las madres, que estaban allí para obtener la leche para sus hijos.

Yo estaba de pie justo al lado de ella y entonces me dijo que no iban a alcanzar. Pero aún así, 26 madres tomaron sus bocadillos y cuando todo había terminado todavía había bocadillos de sobra.

Cuando estaba conduciendo de regreso a su casa le dio más sándwiches a la gente pobre en la calle.

La mayor parte del tiempo, todo sucedió de manera imperceptible.  

“Es como el florecimiento de una rosa”, dice el sacerdote.

En gran parte es de bajo perfil, no dramático. Me ha pasado varias veces, en diversos lugares, con un número distinto de personas.

En otra ocasión, fuimos a visitar a la cárcel, la semana anterior a la  Pascua.

Estábamos dando a los prisioneros un plato especial de México: budín de pan.

Y como nosotros estábamos dando también afuera, la señora me dijo que no sería suficiente, ya que los presos fuera de las celdas eran 75 u 80.

Los reclusos “iban y venían”, y sin embargo el budín de pan no disminuyó. Tampoco la limonada. Estos presos seguían viniendo y nosotros seguíamos entregando.

Comprendimos que Dios estaba multiplicando budín de pan, dice el padre Thomas.

Todo el mundo tenía un plato con budín de pan y también limonada.

Todos los prisioneros consiguieron toda la limonada que querían.

Esto se prolongó durante media hora.

Y nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo.

Pudimos ver allí la limonada que seguía saliendo.

Luego repartimos también a los policías y guardias, todo lo que querían; que fue más de lo previsto. Después que nadie quería más, se acabó todo.

No es muy dramático. Dios es sutil. Pero no había ninguna duda al respecto. No hay redoble de tambor. – dice el sacerdote.  

SEGUNDO TESTIMONIO

Esto sucedió al padre Dwight Longenecker, un anglicano que se pasó al catolicismo y dice:

Cuando yo era un pastor anglicano joven, vivía en un apartamento con mi hermano menor, yo era un estudiante de teología que vivía por la Fe.

Realmente no tenía dinero y estaba viviendo a salto de mata con lo poco que podía ganar mientras estudiaba.

Todo era muy emocionante, mientras dependíamos de la Providencia  divina y veiámos los pequeños milagros, con los cuales el Señor nos amparaba.

Después que tenía un trabajo, una casa y un sueldo, dejaron de suceder cosas y yo me sentía aburrido. Un día me lamenté con mi hermano…

Así que él dijo: 

–     ¿Por qué no das la mitad de tu dinero? Eso hará que sea interesante”

Repliqué: 

–     Está bien. Vamos a hacerlo.    

 –    Por cierto creo que aumentarán nuestros huéspedes, porque hay más estudiantes que vendrán a vivir aquí.

Empecé a dar la mitad de mi dinero y vivimos con el resto y tenía razón.

En un año mi apartamento estaba lleno de otros seis chicos que vivían con nosotros, en una informal comunidad religiosa.

Rezábamos juntos y hacíamos en trabajo de la iglesia.

Cuando llegaron los empleos a tiempo parcial, contribuyeron a nuestras necesidades financieras.

No le dije a nadie que estaba regalando la mitad de mi sueldo y que lo que había dejado tenía que proporcionar para ocho de nosotros.

Para ayudar a alimentar a todo el mundo, mi hermano se levantaba temprano y horneaba dos panes.

Él fue a la panadería local y compró una gran bolsa de 25 kilos de harina.

Esto fue en Junio.

El panadero estimaba que si mi hermano horneaba dos panes al día, la harina duraría hasta Septiembre.

Y habríamos tenido que usarla para entonces, porque si no lo hacíamos se llenaría de gorgojos.

Con la nueva gente necesitábamos más pan y mi hermano comenzó a hornear tres o incluso cuatro panes al día.

En Diciembre nos dimos cuenta de que la harina no se había agotado.

Duró tres meses más de lo que debería y no tenía gorgojos.

Entonces uno de los chicos tuvo un buen trabajo y él nos ayudaría a comprar la harina cuando la necesitábamos.

¿Experimentamos una multiplicación de alimentos similar a la que tuvo Elías y la viuda? (1 Reyes 17:8-24)

Creo que lo hicimos. Y eso es una de las razones por las que creo en los milagros.

Un milagro es por definición, una suspensión o una excepción a las leyes naturales.

1 de Reyes 17, 15

¿Fue nuestra harina de pan multiplicada milagrosamente?

Bueno, creo que si fue un milagro. Y ¡Gracias a Dios!”

Y la fuente que nos proveyó esta información concluye:

“Tan pronto como lo digo, otros pensamientos preocupantes vienen a la mente. Si se trató de un milagro, ¿Por qué de repente se detuvo?

Si Dios proveyó la harina para el pan nuestro por unos pocos meses, ¿Por qué no hace milagros y detiene las hambrunas?

¿Por qué niños pequeños todavía mueren de hambre?

Respuesta: TENEMOS QUE PONER NUESTRA CARIDAD EN ACCIÓN.

Al final, un milagro es por definición, algo que desafía no sólo nuestras expectativas, sino nuestra lógica.

Los milagros están fuera del dominio de la lógica humana por sí solos.

Ellos son parte de un plan más grande y extraño que no podemos ver. “

Ese plan, y ese reino opera con una lógica que está más allá de nuestra lógica y un razonamiento que es más extraño y más grande que el nuestro.

El problema con los testimonios de oídas, es que NO ACLARAN nuestras dudas y sí aumentan la confusión, cuando NO TENEMOS EL ALMA VIVA, por la experiencia de la conversión.

Porque el Alma viva, contiene al Dios Viviente y Él MISMO nos ayuda a COMPRENDERLO y a agradecer, tanto lo sutil, como lo clamoroso.

¿CÓMO PODEMOS REALIZAR UN MILAGRO DE MULTIPLICACIÓN?

Mi Amada Familia del Cielo:

Después de mi donación y cuando ABBA me convirtió en apóstol, recuerdo MUCHÍSIMAS veces en que mi Señor Jesús me mostró su Bondad y su maravilloso Amor, en diferentes maneras portentosas.

Por principio de cuentas, les suplico que cuando vean funcionar los Carismas del Espíritu Santo, JAMÁS lo atribuyan a mérito propio.

Recuerden que somos templos vivos del Espíritu Santo o sea, una especie de envase que lo Contiene Y ES ÉL, EL QUE HACE TODAS LAS COSAS.

Dios lo hace porque ÉL es Bueno y tiene piedad de nuestra absoluta miseria. Porque si lo hiciera por nuestros méritos, ¡UFFF! el Cielo estaría casi vacío y nosotros jamás veríamos la Gloria de Dios.

En los primeros años, cuando ya experimentaba el Amor de Coparticipación y trabajábamos en diversos ministerios, en el grupo carismático de nuestra parroquia. 

Hacíamos retiros donde el Señor nos tomaba y Él enseñaba a los catecúmenos, que luego entregábamos al párroco y en una Misa,

En una renovación del Sacramento de la CONFIRMACIÓN al estilo Pentecostés, el Espíritu Santo derramaba sus Dones y así aumentaba el Rebaño de Jesús. 

Luego cada uno iba descubriendo sus Talentos y se integraban a los diferentes ministerios, que dos santos sacerdotes pastoreaban y organizaron, para servir al Señor.

Antes de cada retiro ayunábamos y orábamos…

Y JESÚS DECIDÍA quienes iban a ENSEÑAR los diferentes TEMAS a impartir.

Cuando CADA QUIÉN sabíamos nuestra asignatura designada, debíamos aumentar nuestro AYUNO, nuestra ENTREGA y nuestra meditación del EVANGELIO, para saturarnos de las enseñanzas contenidas en la BIBLIA. 

Luego dejábamos que el Señor ACTUARA.

A mí NO ME GUSTABAN las telenovelas en la TV. me parecían una locura barata y melodramática de desperdiciar un tiempo valioso para cosas más interesantes.  

Y en varias ocasiones me sucedió, que mientras Jesús PREDICABA a través mío, me dejaba pasmada con lo que hacía.

En una ocasión, nuestro grupo de oyentes eran de un municipio cercano a la ciudad donde vivía y mi tema asignado era el PERDÓN.

Gran sorpresa me llevé, cuando JESÚS empezó a hablar de la telenovela “Marimar” donde la VENGANZA parecía haberse servido con todos los aderezos. 

Y durante más de una hora, JESÚS estuvo hablando sin que yo ENTENDIERA NADA, porque incluía personajes, situaciones e interacciones de la telenovela, para puntualizar sus enseñanzas.

Mientras mantenía FASCINADOS a todos sus oyentes, yo sólo entendía lo kerigmático; pero no tenía la mínima idea de quiénes eran los involucrados, ni porqué habían hecho lo que hicieron.  

Hasta el día de hoy, ignoro de qué se trata “Marimar”, porque siguen sin gustarme las telenovelas.

Creo que tengo que aumentar mi crecimiento espiritual en la MORTIFICACIÓN, porque como aprendiz en la escuela del SUFRIMIENTO, sigo estando reprobada. 

Y tal vez “MARIMAR” sea otra de mis lecciones a estudiar. 

Porque también me dijo que viera la telenovela “Senda de Gloria” ya que todo lo relatado en ella IBA A REPETIRSE en México y varias partes del mundo. 

Y necesitamos aprender, cómo tenemos que conducirnos, cuando esos eventos sucedan. 

Un día tuvimos una evangelización en una finca campestre que nos facilitaron en un rancho al norte, donde comienza la sierra de Zacatecas.  

Nos prestaron las instalaciones, pero nosotros debíamos llevar las provisiones.

Y cómo siempre he sido muy respetuosa con las Sagradas Escrituras, a todos nuestros invitados no les pedimos cuota para gastos; porque para mí, traficar con Dios es simonía.

Era un retiro para jóvenes, con duración de tres días, en un puente de fin de semana.

Llevamos provisiones para nuestros sesenta invitados y los doce siervos del Ministerio de Evangelización.

Como sucede en las bodas, con los agregados a los invitados: 

Muchos padres decidieron acompañar a sus retoños ¡Y lo hicieron acompañados de sus demás hijos! 

Y muchos amigos de ellos, decidieron que era una buena oportunidad para vacacionar y pachanguear.

Y más si era una ocasión en la que ¡No se iba a gastar ni un peso, más que el transporte!

Pero esto, no lo prevenimos en absoluto. ¿Pueden imaginar mi consternación, cuando vi cuadruplicada la asistencia, además de nuestros catecúmenos originales?

Y teníamos que alimentar a aquella multitud que llegó confiada en una invitación que no exigía nada, más que la presencia física. 

Cómo es lógico, al iniciar el segundo día, nuestras provisiones estaban casi agotadas; quedaban unas cuantas cosas que alcanzarían escasamente para alimentarnos a los doce…

¡Y todavía faltaba la comida del sábado y la del domingo! ¿Qué íbamos a hacer?

De mis once ayudantes, SÓLO UNO TUVO FE.

Los demás se hicieron los desentendidos, buscaron un pretexto y ¡Casi desaparecieron!…  

Estábamos aislados en una colina, a muchos kilómetros de la ciudad, rodeados por un bosque y ¡Ninguna tienda para comprar nada!… 

 Yo estaba llorando en la cocina lamentándome y diciéndome:

–     Querías conocer el Evangelio de su primera fuente. ¡Anda! ¿Cómo vas a resolver esto?”

Estaba tan abrumada, que casi no hice caso cuando el encargado de cuidar la finca, entró y depositó un envoltorio en el escurridor del fregadero, diciéndome: 

–     Los acabo de sacar de la presita. Ya los limpié y espero que le sirvan. Si necesita más, dígame.

Aunque ahorita hay muy pocos, porque el patrón vino la semana pasada y se llevó casi todos los que ya estaban crecidos.  

Pocos minutos después entró Griselda, la única que mantenía la Fe y me dijo: 

–     ¿Ya viste lo que trajo don Juan? Limpió y arregló una docena de pescados para que hagamos ceviche. Ahora está platicando con Francisco (su esposo).

Pero me dijo que lo que nos haga falta, se lo pidamos sin pena.

Creo que entre los dos van a bajar unos aguacates de los árboles y podremos hacer guacamole. ¡Excelente noticia! ¿No crees?

¡CEVICHE! Esta palabra fue cómo un campanazo en mi cerebro y corrí a abrir mi Biblia…

El Evangelio de San Juan capítulo 14, v.12 estaba palpitante frente a mis ojos y me recordó la multiplicación de los panes y los pescados.

Entonces le pedí a Griselda que me acompañara a Orar.

Fuimos al Oratorio y le entregué TODO a Jesús.

En una pequeña cesta pusimos nuestros escasos víveres y también se los ofrendé a ABBA.

Y las dos alabamos a la Santísima Trinidad y le pedimos que repitiese aquel Milagro.

Dimos las Gracias por anticipado y regresamos a la cocina.

Preparamos los pescados, junto con 1k de jitomates y cuatro cebollas.

Lo pusimos en un bol grande y empezamos a preparar el ciento de tostadas de nos quedaban… Y a distribuirlas con tres tostadas por plato.

Y pusimos a los demás a repartir.

En mi interior cantaba alabanzas al Espíritu Santo y me concentraba en mi labor culinaria.

Yo preparaba sin mirar nada más, que una cucharada grande que depositaba en cada tostada; la distribuía sobre la tostada, mientras alababa y le rogaba al Señor que ayudara a mi Fe tan raquítica.

No sé cuánto tiempo transcurrió. Yo preparaba las tostadas y Griselda las entregaba para que las distribuyeran.

 ¡Sinceramente no entiendo CÓMO! El ceviche no se acababa y siempre parecía ser la misma cantidad. 

El colmo llegó cuando muchos preguntaban cuál era la receta, porque estaba muy sabroso y…

 ¡Todos repitieron plato! 

Y exactamente cuando todos estaban satisfechos, se acabó el ceviche.

Yo estaba muda por el asombro y el agradecimiento. ¡Y dejé de preocuparme por el día siguiente!

El Domingo terminó la evangelización y en la comida Jesús repitió el prodigio.

Con tres kg de frijoles recién cocidos y tres kg de tortillas aderezadas con un guacamole, ¡Comimos casi 300 personas!

A la olla sólo le agregamos  agua, mientras seguía hirviendo. Y han sido los frijoles más deliciosos de TODA mi vida.

Para concluir esto, también voy a platicarles cómo Jesús me enseñó a bendecir la basura.

Yo trabajaba y un día por muchas circunstancias unidas, nadie comió en la casa.

Cómo nadie lo hirvió, ni lo guardó en el refrigerador; un riquísimo Caldo de Res que tenía kilo y medio de carne y mucha verdura, se echó a perder.

¡Olía terriblemente mal! Y cuando estaba a punto de tirarlo, Jesús me dijo que lo bendijera.

Obedecí y ¡Oh, sorpresa! Ya no olía mal y cuando lo probé, tampoco sabía mal. 

LOS MILAGROS NO SON PARA QUE LOS SANTOS RESUELVAN SU COMODIDAD

Entonces pensé en reservarlo para la comida y Jesús me reprendió diciéndome que el Milagro no lo había hecho para mí.

Luego me enseñó a bendecirlo MULTIPLICÁNDOLO y me mandó que lo tirara en el cesto de la basura.

Y completó la enseñanza diciéndome que cuando tirara comida hiciera lo mismo y sus ángeles la llevarían a quién la estaba necesitando.

Cuando pasa el camión de la basura por mi casa, lo bendigo junto con TODOS los contenedores en el mundo.

MULTIPLICO todo su contenido alimenticio, al mismo tiempo que el DESPERDICIO de los privilegiados por la RIQUEZA,

Y SE LO ENTREGO A ABBA. 

Desde ese día dejé de sentirme culpable por el desperdicio de la comida y la Oración es más o menos así:

“Amadísimo Padre Celestial. Tú que Eres infinitamente Bueno. Infinitamente Poderoso. Infinitamente Misericordioso, escucha la Oración que te presento a través del Inmaculado Corazón de María y por la Sangre de Jesús:

Te doy Gracias porque en esta casa no hace falta nada y tu Amor nos provee hasta de las cosas que deseamos sin merecerlo.

(Con cada crucesita hay que hacer una bendición en el aire)

+ Yo bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo estos alimentos y te ruego que los multipliques las veces que sea necesario.

+ en las mesas de los que no tienen que comer + Y se los des junto con tu Espíritu Santo para saciar también su hambre espiritual.

+ Gracias Padre Santo porque lo haces por tu infinita bondad y misericordia para los hijos que amas. Amén

Cristo espera que le AYUDEMOS a repartir su GENEROSIDAD

CARISMA DE MILAGROS 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Acaba de suceder el asesinato de San Juan Bautista en Maqueronte.

Ya es de noche cuando Jesús regresa a la casa. Entra sin hacer ruido. Sube la escalera.

En la gran habitación de arriba, están todos. Nadie habla y nadie duerme.

Jesús entra despacio y Tomás es el primero que lo ve.

Pega un brinco y dice:

–     ¡Oh, Maestro!

Todos se acercan y Jesús con voz cansada, como de quién ha sufrido mucho; responde a las condolencias que le muestran:

–      Lo comprendo. Pero solo quien no cree, puede sentirse desolado ante la muerte. Nosotros sabemos y creemos.

Juan no se ha separado de nosotros. Ahora, él está cerca de Mí. ¿Ya cenasteis?

Pedro dice:

–       No, Maestro. Te estábamos esperando. Ya estábamos preocupados por tu retraso.

–      ¡Ea! Preparad la cena, porque luego iremos a otras partes. Tengo necesidad de aislarme entre mis amigos. Y mañana, si nos quedamos aquí, nos veremos rodeados de gente.

–       Yo te juro que no lo soportaría. Y mucho menos a esas almas viperinas de los fariseos. ¡Y sería muy duro que se les escapase una sonrisa en la sinagoga al vernos!

–      Bien Simón. También pensé en esto y por eso vine para llevaros.

Rodeado de los suyos, ofrece y distribuye el parco alimento que comen sin ganas. La cena termina en unos minutos.

Jesús dice para animarlos:

–       Contadme qué habéis hecho.

Pedro comenta:

–      Estuve con Felipe en la campiña de Betsaida. Predicamos el Evangelio y curamos a un niño.

Felipe, que no quiere apropiarse de una gloria que no le pertenece, aclara:

–       Fue Simón quién lo curó.

Pedro agrega:

–      ¡Oh, Señor! No sé cómo lo hice. Rogué mucho con todo el corazón. Sentí mucha compasión por el niño. Lo ungí con el aceite y lo froté con mis manos ásperas… Y se curó.

Cuando ví que el color volvía a su carita y abrió sus ojitos. Que revivía, en una palabra; casi hasta tuve miedo.

Jesús le pone la mano en la cabeza, sin decir nada.

Tomás explica:

–      Juan llamó la atención, porque arrojó a un demonio. Pero a mí me tocó hablar.

Mateo añade:

–     También lo hizo tu hermano Judas Tadeo.

Santiago de Alfeo agrega:

–      Pues también Andrés. 

Recuerden esto, cuando los lleven a misionar con el Coronavirus…

Bartolomé relata:

–      Simón Zelote curó a un leproso. ¡Oh! ¡No tuvo miedo de tocarlo! A mí me dijo después: ‘No tengas miedo.

A nosotros no se nos pega ningún mal físico, por voluntad de Dios.’

Jesús confirma:

–       Dijiste bien, Simón. ¿Y vosotros dos?

Santiago de Zebedeo estaba hablando con los tres pastores, discípulos del Bautista.

Y Judas está solo y con la cara mustia.

Santiago de Zebedeo:

–      ¡Oh! Yo no hice nada. Pero Judas hizo grandes milagros: curó a un ciego, un paralítico y un endemoniado. A mí me pareció que era un lunático. Pero la gente así lo afirmó…

Pedro pregunta:

–      ¿Y por qué estás con esa cara, si Dios te ayudó?

Judas responde con altanería:

–       También sé ser humilde.

Santiago continúa:

–       Hasta fuimos huéspedes de un fariseo. Yo me sentí mal. Pero como Judas tiene mucho tacto, se adaptó y le quitó los humos.

El primer día estaba muy soberbio. Pero luego… Todo cambió… ¿Verdad Judas?

Éste asiente sin decir una palabra.  

Jesús dice:

–        Muy bien. y lo haréis siempre mejor. La próxima semana, estaremos juntos. Simón, ve con Santiago a preparar las barcas.

Pedro objeta:

–      ¿Para todos, Maestro? No cabemos.

–     ¿No puedes conseguir otra?

–      Si se la pido a mi cuñado, sí. Voy a verlo.

–      Ve. No le des muchas explicaciones.

Parten los cuatro pescadores. Los demás bajan a tomar sus alforjas y mantos.

Mannaém es el hermano de leche, de Herodes Antipas. 

Se queda solo Mannaém con Jesús.

Mannaém pregunta:

–      ¿Maestro, vas lejos?

Jesús contesta:

–      Están cansado y afligidos. También Yo. Pensaba ir a Tariquea. Por los campos, para aislarme en medio de la paz…

–      Traigo caballo, Maestro. Si me permites, te seguiré a lo largo del lago. ¿Estarás mucho tiempo fuera?

–      Una semana. No más.

–      Entonces regresaré, Maestro. Bendíceme esta vez que es la primera en que nos despedimos. Quítame un peso del corazón.

–      ¿Cuál Mannaém?

–      El remordimiento de haber abandonado a Juan. Tal vez si hubiera estado…

–      No. Era su hora. Yo sé que él estuvo contento al ver que venías a verme. No tengas este peso.

Más bien trata de librarte pronto del único peso que tienes: el gusto de ser hombre. Hazte espíritu Mannaém. Lo puedes. Tienes la capacidad para hacerlo…

Hasta pronto, Mannaém. Mi Paz sea contigo.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice. Lo levanta y lo besa.

Vuelven a entrar los demás y regresan los pescadores.

–        Está arreglado, Maestro. Podemos irnos.

–        Está bien. despídanse de Mannaém que se queda aquí, hasta mañana por la tarde.

Recoged los alimentos y el agua para el camino y vámonos. No hagáis ruido.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral y se van por la calle solitaria, bañada por la luna.

Se dirigen al lago y suben a las barcas…

Varios días después…

Cuando Jesús pone pie en la ribera del Jordán, cerca de Tariquea.

Mucha gente lo está esperando. Y le vienen al encuentro sus primos, con Simón Zelote.

Éste dice:

–      Maestro, las barcas nos denunciaron… tal vez Mannaém fue también una señal.

Mannaém se excusa:

–      Maestro, partí de noche para que nadie me viera y no hablé con nadie. Créemelo. Cuando me preguntaron que donde estabas, siempre respondí: ‘Ya partió’

Creo que la culpa la tiene un pescador, que dijo que te había dado su barca…

Pedro grita:

–      ¡Ése imbécil de mí cuñado! ¡Y se lo dije que no hablase! ¡Le dije que íbamos a Betsaida y que si hablaba le arrancaba la barba!

¡Y lo voy a hacer! ¡Oh, que si se la arranco! ¿Y ahora? ¡Adiós paz, aislamiento y descanso!…

Jesús declara:

–       Está bien Simón. Nosotros ya tuvimos nuestros días de paz. Además, parte de lo que me proponía lo obtuve:

adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros; para impedir ofensas y choques con los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con esas personas que nos aguardan. Vamos a premiar su Fe y su amor. ¿Y acaso no es este amor, algo que consuela? Sufrimos por el odio. Aquí hay amor y por lo tanto, gozo.

Pedro se calma como un viento que se apacigua en un instante.

Jesús va hacia el grupo de enfermos que lo esperan con el deseo clavado en su rostro. Cura a uno por uno con amor y con mansedumbre. 

Incluyendo al hijo de un escriba que le dice:

–       ¿Lo ves? Huyes. Pero es inútil hacerlo. Odio y amor son sagaces en encontrar. Aquí te encontró el amor, como se dice en el Cántico.

Para muchos, eres ya el Esposo del Cántico. Se acerca uno a Ti como la Sulamita; desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminadaf.

Jesús lo mira con dolor, porque con el Don de leer corazones y que para nosotros SERÁ IMPRESCINDIBLE, en estos tiempos…

Le pregunta:

–      ¿Por qué dices esto? ¿Por qué?

–      Porque es verdad. Venir es peligroso, pues eres odiado. ¿No sabes que Roma te espía y que el Templo te aborrece?

–     ¿Por qué me tientas? Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas. No te curé a tu hijo con trampas…

El escriba, al oír el suave reproche; avergonzado baja la cabeza  y confiesa:

–      Veo que realmente lees en los corazones de los hombres. Perdóname.

Veo que realmente eres santo. Perdóname. Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

–      Y que encontró un  lugar propicio…

–      Así es. Es la verdad. Pero ahora regreso sin este fermento. Esto es, me voy con uno nuevo.

–      Lo sé. Y no te guardo rencor. Muchos son culpables por su voluntad. Otros por la ajena. Diferente será la medida con que Dios los juzgará.

Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes.

Cuando el mundo te presione mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte… Y sé agradecido con Dios.  

Jesús Dios Encarnado se considera humanamente un siervo y esto no debemos olvidarlo, con la euforia que nos produce el vernos a nosotros mismos “milagreando”

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.

¡Mucho CUIDADO con Satanás!

El escriba reafirma:

–      Y contigo. 

Jesús corrige con firmeza:

–      Con Dios. A Él se le dé toda gloria y alabanza. Soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo. El primero en obedecerlo.

Pues el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad. Se envilece sirviendo al pecado.

–       Dices bien. ¿Siempre hablas así? ¿Para todos?

–       Para todos. La verdad es sólo una.

–       Habla entonces. Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya. Y una vez más…  Perdóname.

Era sincero en mis convicciones. Creía servir a Dios combatiéndote.

–       Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios, que no es mentira. Pero tus convicciones no han muerto todavía. Yo te lo digo.

Son como la grama que se quema. Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro. Pero las raíces están vivas.

Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama. ¡Israel es duro para morir!

–      ¿Por qué debe morir Israel? ¿Es una planta mala?

–       Debe morir para resucitar.

–       ¿A una reencarnación espiritual?

–        A una evolución espiritual. No hay reencarnaciones de ninguna clase.

LA MENTIRA QUE IMPIDE LA BÚSQUEDA DE LA SANTIDAD Y ESPOLEA LA IDEA DE LA IMPUNIDAD ANTE EL CASTIGO.

Especialmente los Saduceos…

–      Hay quienes creen en esto.

–      Están en un error.

–      El helenismo nos ha traído también estas creencias. Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento delicadísimo.

–      Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema, a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

–       Es verdad. Pero las cosas son así. Agrada imitar lo que más se odia.

–       Entonces imitadme, pues me odiáis. Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

–        Pero Tú en confianza dime, ¿Qué crees que sea la reencarnación?

–        Un error. Ya te lo dije.

LA FALACIA DE LA REENCARNACIÓN

–      Hay quienes dicen que los vivos nacen de los muertos. Y los muertos de los vivos porque lo que existe no se destruye.

–      Lo que es eterno, en realidad no se destruye. Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

–      No, Maestro. ¡Ni pensarlo!

–      Dijiste bien. ¿Puede entonces imaginarse que Él permitiría que un espíritu se reencarne porque no puede haber otros espíritus?

–      No se debería pensar en esto y con todo, hay quién lo piensa así.

–      Y lo que es peor: En Israel se piensa en ello. El pensamiento en la inmortalidad del alma, debería ser perfecto en un israelita.

El espíritu no trasmigra sino del Creador a la existencia y de ésta, al Creador… Ante quién se presenta después de la vida, para que se le juzgue digno de vida o muerte.

Ésta es la verdad. Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

–       ¿No admites el Purgatorio?

–       Sí. ¿Por qué lo preguntas?

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

–       Porque dijiste: ‘A donde se le envía, allí se queda’ El Purgatorio es temporal.

–       Exactamente. Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento. El Purgatorio es ya vida. Amortecida pero vital…  

Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta. La alcanza sin límites.

Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo. El Paraíso y El Infierno.

Dos categorías: los Bienaventurados y los condenados.

Pero de los tres reinos que ahora existen, ningún espíritu volverá a revestirse de carne; sino hasta que llegue la Resurrección Final

que terminará para siempre con la encarnación de los espíritus en los cuerpos, de lo inmortal en lo mortal.

–       De lo eterno, ¿No?

–       Eterno es Dios. La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin. Y esto es Dios.

La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir. Y esto es el espíritu del hombre. He aquí la diferencia.

–       ¿Y Tú?

–       Yo viviré, porque también Soy Hombre y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

–      Dios es llamado ‘El que vive’.

–      Y así es. No conoce la muerte. Él es vida. Vida inagotable. No vida de Dios, sino Vida. Sólo esto. Son minucias, ¡Oh, escriba!

Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

–      ¿Así hablas  a los gentiles?

–      No así. No entenderían. Les muestro el sol, como lo mostraría a un niño que ha sido ciego y corto de inteligencia. Y que curado milagrosamente, recibe también una gran capacidad intelectual. 

Pero vosotros de Israel no sois ciegos, ni cortos de inteligencia. Hace siglos que el dedo de Dios os abrió los ojos y despejó vuestra mente…

–      Es verdad, Maestro. Y sin embargo somos ciegos y cortos de inteligencia.

–      Os habéis hecho así. No queréis el milagro que os ama.

–      Maestro…

–      Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla.

Jesús lo deja y sigue avanzando. Al pasar cerca de Marziam y del hijo del escriba que juegan con unas piedras de colores, los acaricia.

Horas más tarde los rayos del sol se filtran a través de los árboles, tiñéndolos con el tinte grisáceo del atardecer.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús, que continúa adoctrinando.

–      Maestro, ya es tarde.

–      El lugar es solitario y no hay caseríos o poblados.

–      Dí al pueblo que se vaya a Tariquea o a los poblados, para que compre alimentos y busque alojamiento.

Jesús responde:

–       No es necesario que se vayan. Dadles de comer. Pueden dormir igual que como lo hicieron por esperarme.

–       No quedan sino cinco panes y dos pescados, Maestro. Lo sabes.

–       Traédmelos.

Andrés va a buscar a Marziam que es el que trae la bolsa. Lo encuentra jugando con otros niños.

Y le dice:

–       Ven, Marziam. ¡El Maestro te necesita!

Marziam deja plantados a sus amiguitos y rápido va.

Los otros niños lo siguen y pronto, Jesús se ve rodeado del grupo de pequeñuelos.

Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan y dos gruesos pescados asados.

Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes para los dieciocho que forman la comitiva apostólica. .

Enseguida Jesús ordena:

–      Está bien. Traedme cestos. Diecisiete. Cuantos sois vosotros. Marziam dará comida a los niños…

Jesús mira detenidamente al escriba que no se separa de Él y le pregunta:

–      ¿Quieres también tú dar comida, a los que tienen hambre?

–       Lo querría, pero ni yo mismo la tengo.

–       Dales de la mía. Te lo permito.

–       Pero… ¿Piensas dar de comer a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños con dos pescados y esos cinco panes?

O cinco millones, ¿Quién puede ponerle límites a Dios? Al romper las leyes matemáticas, MULTIPLICAREMOS las veces que sea necesario…

PORQUE EL CORONAVIRUS TRAE UNA ESTELA DE HAMBRUNA…

Jesús confirma:

–       Sin duda. No seas incrédulo. Quién cree, verá realizarse el milagro.

–       ¡Oh! ¡Entonces yo también quiero distribuir la comida!

–       Bien. Haz que te den un canasto.

Regresan los apóstoles con canastos de todos tamaños. Grandes y pequeños.

–       Está bien. Poned todo delante. Haced sentar a la gente en orden, en líneas regulares, lo más que se pueda.

Y mientras hacen esto, Jesús levanta el pan con los pescados encima.

Los ofrece, ora y los bendice.

El escriba no le quita los ojos de encima, ni un instante.

Enseguida Jesús despedaza en dieciocho partes, los cinco panes y  los dos pescados.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

Pone uno de cada cosa en cada cesto.  

Y dice:

–       Tomadla hora y dad cuanto quieran. Id. Marziam, vete a dar a tus compañeritos.

El niño levanta el cesto que le correspondió y se lo lleva a los otros niños.

Y exclama:

–      ¡Oh, qué pesado! –Y camina penosamente como si llevase una carga muy pesada.

Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba; miran dudosos su andar…

Luego toman sus canastos y moviendo la cabeza, se dicen mutuamente:

–       ¡El niño se burla!

–       ¡No pesa más que antes!

Aun así se dirigen todos hacia la gente y empiezan a distribuir.

Dan. Dan. Dan.

Y de vez en cuando se vuelven sorprendidos, siempre avanzando más lejos.

Y miran a Jesús que con los brazos abiertos, apoyado en un árbol, sonríe de su admiración.

La distribución es larga y abundante.

El  único que no muestra sorpresa es Marziam.

Que feliz regresa y dice a Jesús:

–        Dí mucho, mucho, mucho… Porque sé lo que es el hambre.

Jesús le sonríe y lo acaricia.

Y el niño se poya en Él.

Poco a poco regresan todos los apóstoles y los discípulos; mudos por el estupor.

El último, es el escriba que no dice una sola palabra; pero que hace algo que es más elocuente que un discurso:

Se arrodilla y besa la orla del vestido de Jesús…

Que sonriente dice:

–       Tomad vuestra parte y dadme un poco. Comamos la comida de Dios.

Comen pan y pescado.

Cada uno según su apetito.

Entre tanto la gente, que ya está harta; cambia impresiones.

Los que están alrededor de Jesús, se atreven a hablar al ver que Marziam, después de que terminó su pescado, se pone a charlar con sus compañeritos.

LA FE EN ACCIÓN

El escriba pregunta:

–      Maestro, ¿Por qué el niño experimentó al punto el peso y nosotros no? Yo hasta lo registré por dentro y vi que eran los mismos.

Comencé a sentir el peso cuando me dirigí a la multitud. Pero si hubiese pesado lo que di, hubiese sido necesario un par de mulas, para que lo cargasen.

Y hubiese sido necesario no un canasto, sino un carro grande, lleno de comida.

Al principio me mostré parco, pero luego me puse a dar mucho y para no ser injusto, volví a pasar por los primeros

, para darles otra vez; porque a ellos les había dado poco y sin embargo bastó.

Juan dice:

–      También yo experimenté que pesaba mucho el cesto, cuando empecé a caminar. Y al punto di mucho, porque comprendí que era un milagro.

Mannaén por su parte:

–      Yo por el contrario. Me detuve y me senté para echar en el manto el peso y ver…

Y ví panes, panes y más panes. Y muchos pescados…

Entonces me fui a repartir, dando gracias a Dios… ¡Me sentí tan feliz!…

Bartolomé comenta:

–       También yo los conté porque no quería hacer el ridículo. Eran cincuenta pedacitos de pan.

Me dije: ‘Le daré a cincuenta personas’ conté. Pero al llegar a cincuenta, el peso era el mismo.

Miré adentro y todavía había panes y pescados.

Seguí adelante y di a cien más. Pero jamás disminuían y seguí dando, dando y dando…

Recuerden que la LUJURIA MATA LA FE. Y ser castos incluye la masturbación. ¡Pídanle SU PUREZA a Jesús!

Tomás suspira, avergonzado inclina la cabeza y dice:

–      Yo  dije: ‘¿Y para qué sirven?’ ¡Jesús ha querido jugarnos una broma!…

Y los miraba… Y los miraba, oculto detrás de un árbol.

Con la esperanza y desesperanza, de ver que aumentasen…

¡Pero siempre eran los mismos!

Iba a regresar, cuando pasó Mateo diciendo:

–      ¿No has visto qué hermosos son?

Pregunté desconcertado:

–      ¿Qué?…

–      Los panes y los pescados.

–      ¿Estás loco? Yo veo siempre los mismos pedazos…

Mateo sonrió y me dijo:

–      Ve a distribuirlos con Fe y verás…

Eché en el cesto los pedazos y me fui a regañadientes.

Y luego… ¡Perdóname Jesús, porque soy un pecador!

Jesús objeta:

–       No. Eres un hombre con el espíritu del mundo. Y razonas como el mundo…

Judas de Keriot confiesa:

–      Entonces también yo, Señor. Hasta pensé en dar una moneda junto con el pan, diciendo dentro de mí: ‘Comerán en otra parte.’

Esperaba ayudarte para que hicieses un buen papel. Pues… ¿Qué cosa soy yo? ¿Cómo Tomás o peor que Tomás?

Jesús lo mira fijamente y dice serio:

–     Más que Tomás, ‘Tú eres Mundo’… 

–     ¡Pero pensé en hacer una limosna para ser ‘Cielo’! Se trataba de dinero mío, personal…

–     Limosna para ti mismo. Para tu orgullo. Limosna para Dios, el cual no tiene necesidad de ella.

Y la limosna para tu orgullo es culpa; no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Entonces Pedro pregunta a los primos de Jesús:

–       ¡Y ustedes?

Tadeo dice con gravedad:

–       Nos acordamos de Caná…

Y Santiago de Alfeo complementa:

–     Y no dudamos.

El escriba se guarda un mendrugo.

Pedro pregunta:

–      ¿Para qué lo quieres?

–      Para… recuerdo.

–      También yo tengo uno. –dice Pedro. 

Y agrega:

–      Lo meteré en una bolsita que colgaré al cuello de Marziam.

Juan dice:

–      Yo llevaré uno a nuestra mamá.

Los demás dicen apenados:

–      ¿Y nosotros?

–       Nos comimos todo…

Jesús dice:

–      Levantaos. Id nuevamente con los canastos y recoged lo que haya sobrado.

De entre la gente, escoged a los pobres y traedlos aquí.

Despediré a la gente; después de que haya provisto con más a los pobres. Luego nos iremos a las barcas.

Los apóstoles obedecen y regresan con doce canastos llenos de restos sobrantes y una treintena de personas…

EL CUERPO ESPIRITUAL 3


Habla Dios Espíritu Santo

CUANDO DIOS CREÓ AL PRIMER HOMBRE,

INFUNDIÓ EN ÉL MÁS QUE LA VIDA DE LA MATERIA HASTA ENTONCES INANIMADA,

INFUNDIÓ TAMBIÉN LA VIDA DEL ESPÍRITU.

De otra manera no habría podido decir que lo había hecho a imagen y semejanza suya.

El hombre fue creado a Imagen y Semejanza.

Y une en sí y en perfecta armonía: cuerpo, alma y espíritu.

Lo creó inmortal para que viviera una sola vez.  

El orden en la vida humana es éste:

que un cuerpo se una a un espíritu para volver al hombre en similitud con Dios; el cual no es carne, sino Espíritu.

No animal, sino sobrenatural.

Cada hombre y cada obra tienen su sello diferente:

DIOS JAMÁS SE REPITE, CADA HOMBRE ES ÚNICO

Y le dio el ingenio para que creara a su vez.

Por eso es la diferencia de caracteres y de temperamentos.

Para el Creador, su Obra Maestra fue el hombre.

Y su mayor satisfacción, el fin para el que lo creó.

CUANDO LA MENTE DIVINA CONCIBIÓ LA IDEA DE CREAR AL HOMBRE,

SU AMOR PENSÓ EN LA CRIATURA HUMANA

COMO UN DIOS, HIJO DE DIOS

Y EL PADRE EN VERDAD PUSO EL SELLO DE SU PATERNIDAD EN SU HIJO:

EN EL ESPÍRITU

La capacidad de conocer y amar a Dios tanto en esta como en la otra vida. 

Le dio su Imagen y Semejanza en sus pensamientos, en sus afectos, en sus actos, en sus impulsos, en sus deseos y sentimientos. 

El hombre, la maravilla de la potencia de Dios,

al que infunde parte de Sí Mismo Infinito.

El polvo elevado a  la potencia de Hombre y Mujer.

Aquel que tiene la soberanía sobre todas las cosas

Y UNIDOS A ELLOS LA GRACIA,

QUE ELEVA LA POTENCIA DEL HOMBRE-ANIMAL,

A LA POTENCIA DE LA VIDA Y CONDICIÓN DE CRIATURA SOBRENATURAL

D E I F I C Á N D O L A

CONVIRTIÉNDOLA EN HIJO DE DIOS POR PARTICIPACIÓN DE NATURALEZA

Haciéndolo capaz de entrar en relación directa con Él.

Disponiéndolo a comprender al Incomprensible.

Haciéndole posible y lícito amar a Aquel a quién sin su Divino Don, no podría el hombre por su sola capacidad, ni siquiera desear amar.

El hombre, hecho triángulo que apoya la base (la materia) sobre la tierra de la que fue extraído.

Y que tiende con sus facultades intelectuales, a ascender al conocimiento de Aquel al que se asemeja

y toca con su vértice (el espíritu del Espíritu, la parte electa del alma) EL CIELO;

Perdiéndose en la contemplación de Dios Caridad, accesible por la unión con Dios y lo deifica.

El espíritu del hombre vivo por la Gracia,

convertido en Templo del Espíritu Santo, cierra el círculo del amor:

Dios conteniéndose a Sí Mismo.

Y así como la sangre da vida al cuerpo para vivir la jornada terrena;

así el espíritu da la vida al alma, para vivir los días que no tienen fin.

El alma espiritual es la que diferencia al hombre de los animales.

Y ésta viene de Dios y todas sus potencias tienden hacia Él.

Dios es Luz y es el Padre de la Luz y de las luces.

A la Tierra, su primera criatura, concede y dona la Luz.

7. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. GÉNESIS 2, 7

Así como al hombre, perfección de la Creación y última de las Seis Obras

de las seis jornadas divinas; después de las cuales Dios reposó,

CONCEDE EL ATRIBUTO QUE LO HACE A ÉL SEMEJANTE: 

EL ESPÍRITU INMORTAL

¿Qué es el espíritu?

Es la parte superior del alma humana. 

¿Cuándo deja de ser trono de Dios?

Cuando la Concupiscencia la trastorna…

La perfección de la obra regia de Dios en Adán y en la cual Dios puso su inteligencia creadora, estaba en su espíritu.

El semen de Adán si Adán hubiese sabido permanecer Rey cual Dios lo hizo,

hubiera sido un semen de perpetua perfección.

El espíritu es el Tabernáculo de Dios.

El hombre fue creado para ser un templo viviente para que Dios lo habitase.

Para el espíritu no hay limitaciones, no hay obstáculos, no hay límites, no hay privaciones, no hay necesidades.

Ayúdame Señor Jesús a encontrarte, para conocerte y amarte como debo hacerlo en la eternidad

Él es poderoso, libre, instantáneo y como está formado de luz, cuando se une a la Luz, está pleno de Sabiduría Divina.

(Esto explica porque a los incultos, Dios los convierte en doctos sin haber estudiado)

El altar del espíritu es el corazón.

Y el sagrario es el punto en el cual  Dios puso en el hombre la necesidad de adoración.

Y esta adoración se alimenta de amor y de necesidad de amar.

Dios hizo este altar precioso y sagrado.

Lo hizo para estar formado del amor y de la unión con Él.

Por eso el hombre ha hecho a este órgano, sede de los sentimientos y trono y asilo de las pasiones predominantes.

Y éstas se custodian con cada latido del corazón.

Y en el fondo la gema que esplende, amigable y santa o flameantemente engañosa y malvada:

Su tesoro es el sentimiento que la domina.

El altar original perfumaba con su amor la santidad de Dios y cantaba su armonía, amándolo y adorándolo sobre todas las cosas;

porque en todas las cosas estaba el sello innegable del Amor Divino, que las había hecho perfectas y maravillosas para el gozo de su criatura.

El amor es el término de la perfección humana: el Amor Total.

El amor es una fuerza absoluta y el alimento de la vida.

EL AMOR ES EL CULTO DE ADORACIÓN A DIOS,

PORQUE EL QUE CRECE EN EL AMOR, CRECE EN PERFECCIÓN.

El hombre está obligado a conocer a Dios por gratitud y por respeto a su propia inteligencia.

Y su propia naturaleza le exige la necesidad de amar, porque  aquel que ama es nacido de Dios

y por la Caridad es semejante a Dios.

Como este es un instructivo para aprender a manejar el cuerpo espiritual, los pasos a seguir son los siguientes:

El Coronavirus no debe ser problema. Satanás no puede detenernos, pero a veces las personas con las cuales convivimos suelen serlo y CASI ser verdaderos obstáculos a vencer.

MISA y COMUNIÓN DIARIA.

ROSARIO DIARIO.

AYUNO, OBLIGATORIO mínimo, los Martes, Miércoles y Viernes.

Cómo esto ya debería ser una cotidiana costumbre, luego los revisaremos en detalle y entenderán por qué.

Después de vivir la maravillosa vivencia de la conversión, empezamos a conocer a Dios y a enamorarnos de Él.

ENAMORARSE de Dios, el más grande de los romances. BUSCARLO la mayor de las aventuras, ENCONTRARLO la más plena de las realizaciones. San Agustín

Y cuanto más lo conocemos más nos enamoramos, hasta llegar a experimentar el Amor de Fusión.

Y  se convierte en realidad palpable el versículo:

¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores” del Cantar de Salomón.

Quienes hemos experimentado la deliciosa locura de enamorarmos plenamente y fuimos al matrimonio, pensando que no podía existir algo más extraordinario.

Cuando nos enamoramos de Dios, comprobamos que la ardiente pasión experimentada con nuestro esposo@ sólo fue un triste cerillazo,

comparado con la HOGUERA que nos invade, nos embriaga y nos vuelve locos de felicidad.

Este apasionamiento va creciendo siempre más, cuando el Fuego del Espíritu Santo nos lleva a vivir el Amor de Coparticipación del que hablamos en un post anterior.

La premura de los Acontecimientos y el cumplimiento del Apocalipsis, nos acaban de meter al horno de microondas que nos prepara para SERVIR y cumplir íntegramente la misión a la cuál estamos siendo llamados en este momento. 

EN NUESTRAS RODILLAS ESTÁ EL PODER. 16. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Después de habernos aislado para nuestra Oración  cotidiana y con nuestras devociones favoritas para esa intimidad con Dios,

OBEDECIENDO al llamado de ABBA, vamos a conectarnos al enchufe del Cielo con estas palabras:

“Aquí estoy Señor, para hacer Tu Voluntad. Envuélveme con tu Santidad y protégeme con tu Sangre Preciosísima, de todos los peligros. 

Dame tu Sabiduría y Discernimiento divinos, para NO cometer errores y aprender lo que quieras enseñarme.

Recíbeme entre tus Manos y DAME lo que necesito, para SERVIRTE como Tu Benditísima Voluntad, lo desea. 

Me abandono totalmente entre tus brazos y tómame de la mano, para seguirte en lo que Necesitas y trabajar eficiente en lo que vaMos a realizar.

Confío en Tí. Te amo.” Amén.

Entre tus Manos está mi vida Señor.

ES TODO.

 Y el Espíritu Santo hará lo demás.  

Aquí NO HAY mantras que no entendemos, respiraciones especiales, ni aletargamientos incomprensibles. Tampoco horarios designados, jalones, ni aterrizajes inesperados. Ni pérdida de la conciencia de nuestros actos. 

LO NUESTRO NO ES NINGÚN SUEÑO LÚCIDO.

Dependiendo de las circunstancias, les llegará un fuerte aroma a INCIENSO que los envolverá al mismo tiempo, que se intensificará la sensación de SER AMADOS, cómo no lo han experimentado nunca.

Luego su corazón GALOPARÁ  como caballo desbocado, exactamente igual que como se sintieron con el flechazo humano, cuando vislumbraban la figura del objeto de sus desvelos.

Enseguida pareciera que van a desmayarse de la emoción, al reconocer a cualquiera de los TRES que nos haya INVITADO y su Presencia es lo ÚNICO que importa. 

Como tu ABANDONO en Dios es completo.

Pierdes noción del tiempo, del espacio, de tu entorno, de las cosas y de TODO lo que no sea ÉL.  

SOLO DANDO EL PASO DE FE, ¡APRENDEMOS A VOLAR!

El Amor, la Paz y la Alegría son  INFINITOS e INDESCRIPTIBLES.

Nada en la vida tiene significado alguno, más que esa BELLÍSIMA PRESENCIA de la que ya no QUIERES separarte jamás y las rodillas se doblan en automático.

Entonces es cuando experimentas el LLANTO por ALEGRÍA y también es una sensación indescriptible. 

Tu ALMA VIVA Y CRUCIFICADA CON EL AMOR DE FUSIÓN, despierta TODOS los sentidos espirituales y ves y oyes al Señor igual que sucede con tu prójimo más cercano, con el que convives diariamente.

Recordemos que al principio pedimos PRESTADA la Santidad de ABBA y por eso entramos a este Curso Express del Espíritu Santo.

Los verdaderos santos, fueron atletas fortísimos y ACRISOLADOS tremendamente para crecer en perfección.

Jesús es el Ejemplo y por eso ES el SANTO de los santos.

Nosotros somos aprendices y las experiencias que vamos a VIVIR, son una GRACIA muy especial de la Misericordia divina.

¡Bienvenidos a la aeronaviera del Espíritu Santo! Jesús os dice: En estos momentos Yo no os puedo amar como quisiera amaros, vuestro cuerpo no soportaría tanto Amor, tanta Belleza, tanta Vida que yo le doy al alma, cuando me ama de corazón…

Es en este punto, que los santos arrebatados por el éxtasis, fueron sorprendidos levitando.

¡Gracias a Dios a nosotros no nos ha sucedido! Porque Dios obra de formas misteriosas y muchas cosas suceden sin que los protagonistas nos demos cuenta.

A continuación sus palabras te dan las instrucciones precisas y lo único que deseas es OBEDECERLO INMEDIATAMENTE.

Con tus ojos espirituales, tu mirada se extiende sin confines, tus oídos y tus demás sentidos, también funcionan así.

Ves y oyes  lo requerido sin murallas, distancias, ni obstáculos de ningún tipo.

Puede ser algo en nuestro propio planeta o fuera de él.

Puede ser en tu propio vecindario, ciudad, país o en otro continente. 

Si el Señor decide sacarte del plano temporal y llevarte a su Eternidad, tu misión también la trabajarás como en la zaga de “Volver al futuro” pero sin máquina del tiempo; porque ABBA no la necesita.

Y así como puedes trabajar en la Nínive de los Jardines Colgantes, Lemuria o la Atlántida. U otras civilizaciones DESCONOCIDAS por los historiadores, pero bastante reales…

También puedes conocer diversas civilizaciones cósmicas, en galaxias que sólo Satanás conoce, porque tambien las ha infectado con su escalofriante destrucción y Abismal Maldad. 

Porque los MISTERIOS de Dios, sólo Él puede develarlos SIN PELIGRO. 

Y con Él no hay ESPEJISMOS ESPIRITUALES, cómo sucede con las Falacias satánicas.

Cuando ya te enteraste lo que van a hacer, deciden lo que llevarán o si se irán nomás así.  

Vuelas a la velocidad del Pensamiento y esto no es para que te especialices en Turismo Cósmico. 

NO ESTAMOS DE VACACIONES, EN UN CRUCERO INTERGALACTICO. 

Es asombroso todo lo que descubres y las preguntas te son contestadas, ANTES de que termines de formularlas.

Todo esto sucede mientras estás totalmente consciente y te mantienes haciendo lo que normalmente haces.

Los que conviven contigo ni siquiera se enteran que estás viviendo nada extraordinario.

O al menos eso deseamos con gran vehemencia. 

40. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»
41. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿QUIÉN es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Porque ¿Cómo explica Clark Kent que él es Supermán, el que rompe todas las leyes naturales, domina las sobrenaturales y controla TODAS las fuerzas existentes en la Creación? 

Ustedes mismos nos compartirán si están dispuestos a abandonar su discreta identidad humana, para EXPLICAR sus nuevos superpoderes divinos. 

Yo sé que terminarán diciendo como San Martín de Porres: “Yo tengo mis modos, para entrar y salir…”

Y TU CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU también están materializados en otro lugar, haciendo lo que ES NECESARIO de acuerdo al servicio que estén realizando. 

Tal vez sufran agresiones que sanarán milagrosamente o necesiten ser resucitados muchas veces en esa específica“prolongación de su personalidad”

Porque la aventura en cuestión resultó problemática y sufran algunos percances, como le sucediera muchas veces a Sor maría de Jesús de Ágreda en sus peripecias con los nativos norteamericanos.

Evangelizaciones extraordinarias, requieren intervenciones sobrenaturales.

Ya que muchos fueron espeluznantemente agresivos y reaccionaron con una violencia que se quedarían estupefactos si también se las enseñan.

Especialmente los apaches, los sioux, los cheyennes y los navajos, “torturaron y mataron” de múltiples formas a la Dama de Azul de los Llanos.

Y aunque son tragicómicas sus reacciones, la monja verdaderamente los aterrorizaba, NADA les funcionaba y

¡Siempre regresaba como si sus tormentos la hubiesen vuelto más hermosa!

Ella les proporcionó la más abundante colección de pelucas naturales que se mantenían relucientes indefinidamente. con un cabello maravilloso; que parecía siempre más largo cada véz.

Y en sus reapariciones en lapsos más cortos; porque

¡¿Cómo era posible que en un intervalo de 48 horas, ella regresara sonriente, como si nada hubiese pasado y con una deslumbrante cabellera que ya casi le llegaba hasta la cintura?! 

Estaban estupefactos y no lo entendían. 

Mientras tanto su colección de melenas aumentaba.

Porque esto sucedía con varias tribus ¡AL MISMO TIEMPO! En diferentes partes de la Unión Americana. 

Y también de forma simultánea, los diferentes chamanes de las diversas etnias,

se mantenían en contacto espiritual y estaban informados de lo que “la Dama de Azul” estaba haciendo,

¡Y MENOS LO COMPRENDÍAN! 

Porque en consejos totalmente espirituales, tuvieron una conversación cómo ésta: 

Cherokee:   –     Acaba de llegar. Y viene como si nada. Ya tengo tres cabelleras y sigue con su dulzura desesperante.

Apache:       –    Yo también tengo tres, por eso los convoqué. Tenemos que hacer algo. Por ahora la dejo que hable.

Navajo:        –    Acá está viendo los bordados de las mujeres. Su sonrisa me desarma y me está volviendo débil.

Sioux:           –    Pero, ¿Cómo le hace para conocernos tan perfectamente? Ahorita tiene embobados a los jóvenes.

Omaha:        –    Acá ya conquistó a las mujeres y los guerreros también la admiran por su valentía.

Arapaho:      –    ¡Y conoce nuestras tácticas! Me dijo las fallas de nuestros militares. Sabe de armas.

Pawnee:       –     Ahora está conquistando a los viejos. le reconocen su sabiduría y su respeto por la naturaleza.

Wichita:       –     Es lo que más me desconcierta, esta reunión sólo es espiritual. Nuestro cuerpo está en el tipi.

Creek:         –     Sí. ¿Cómo hace ella para estar físicamente, en todas nuestras aldeas al mismo tiempo?

Pueblo:       –     ¿Será una diosa superior? Y Ella es la que ordena a los nuestros…

Lumbee:     –      Yo solo sé que la ODIO y no la soporto. 

Pima:          –     Demos la orden al mismo tiempo. ¡Cortémosle la cabeza! Así ya no volverá.

Y así lo hicieron. Se coordinaron perfectamente y le desprendieron la cabeza con un hachazo como a San Dionisio. 

Para su asombro total, en cada lugar una cabeza sangrante continuó evangelizándoles por el resto del día, hasta que el sol llegó a su ocaso.  

¡Y otra cabeza parlante los convenció finalmente, que la doctrina del Amor era más eficáz que la resistencia autóctona! 

Algunas personas aman el poder. Y otras tienen el PODER DE AMAR.

Con la llegada de la noche, la obscuridad nocturna cubrió el prodigio de una nueva resurrección.

Y ningún impedimento pudo vencer la fuerza avasalladora, que hizo estremecer a todo un imperio,

cuando los franciscanos llegaron ante unos amerindios que ansiosamente solicitaban el Bautismo

y todo esto fue informado al rey de España.

Porque ni la sangre, ni el fuego, ni el que la dejaran como alfiletero como a San Sebastián,

obstaculizó el magnífico trabajo apostólico de la expedicionaria española más exitosa de toda la historia latinoamericana. 

A nuestros amadísimos corredentores les reiteramos, que esto no les debe atemorizar, ni preocupar en absoluto.

Porque con el don de Inmunidad con que ABBA nos reviste, los que siempre salen HUYENDO aterrorizados, son los agresores.

El Amor nos da la FORTALEZA necesaria y el miedo desaparece. 

Todo esto que acaban de leer en otras circunstancias, también lo hemos vivido. Y porque lo EXPERIMENTAMOS, lo sabemos y lo compartimos. 

Jesús es el verdadero Campeón y Superhéroe. 

El Mártir del Calvario lo ES sin paliativos. 

Nosotros nos beneficiamos de ello y vivimos nuestros martirios casi SIN MOLESTIAS.

Y sólo con un leve dolor,  que a veces nos ruboriza; porque ABBA es muy Tierno y Protector…

Y EL DOLOR DEBEMOS DESEARLO Y PEDIRLO, también cómo un privilegio.

Recuerden a Cástulo, el niño romano mártir que ES REAL Y VIVE EN EL CIELO.

Y ello sólo es un botón que les muestra, cómo debemos actuar en nuestras misiones especiales a civilizaciones sorprendentes y fascinantes que no existen en ningún mapa cósmico.

Pero que son absolutamente imponentes y emocionantes, como la primera vez que Hernán Cortés contempló Tenochtitlán y quedó mudo de admiración. 

Esto les sucederá la primera vez que los lleven volando a su primera aventura por el Cosmos y en TODAS las subsecuentes experiencias, 

¡Qué también pueden ser simultáneas! Porque para ABBA no existen, las limitaciones.  

Por ahora sólo les revelaremos esto, porque el shock debe tenerlos paralizados. y lo entendemos perfectamente.

¡Mucho cuidado con la INCREDULIDAD! Porque sería lo único que arruinaría TODO, antes de haber empezado. 

Un consejo para evitar esto, entreguen la Lujuria e imploren porque Dios les renueve la INOCENCIA que tenían cuando niños.

Porque la Lujuria y la Impureza MATAN la FE. 

6. «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.

Y abre las puertas a que Satanás destruya el Tesoro que estáis recibiendo,

materializando el versículo: “No entreguéis las perlas a los cerdos…”

También pidan al Espíritu Santo el Don de la FE.

Porque van a necesitarlo para ejercitar Todos los demás Carismas que aún no os hemos enseñado.

Cuando ya estás acostumbrado a convivir con el Cielo, entre otras cosas le puedes pedir a tu Ángel Custodio, 

que te suministre La Sagrada Comunión para que no estemos obligados a sufrir por los satánicos caprichos del Anticristo. 

Y los que somos católicos, podemos suplicarle a nuestro confesor predilecto que nos auxilie en BILOCACIÓN o si está en el Cielo, invóquenlo para que los absuelva.

O también si lo hacen directamente con Jesús, que es el Sumo y Eterno Sacerdote; como Él está con su Cuerpo Glorioso en el Cielo y también vive en nuestro corazón, podemos invocarlo como siempre.

Solamente debo advertirles una cosa: LAS PENITENCIAS QUE IMPONE los van a sorprender y realmente les van a costar; pero créanlo, son increíblemente saludables. 

Aunque a veces desearán los Rosarios y las Misas pagados en abonos fáciles y atrancones, que la relaxada iglesia actual, ha terminado por acostumbrarnos.

Y los que no son católicos, no se sorprendan que los mande con un sacerdote católico, para que les administre los Sacramentos y ÉL MISMO PERSONALMENTE les explicará por qué.

Demos infinitas gracias a ABBA porque todavía tenemos sacerdotes buenos.

DEBEMOS PROTEGERLOS Y DEFENDERLOS como el Tesoro más valioso sobre la Tierra. 

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

A continuación tenemos un ejemplo práctico de para qué sirvió una bilocación en nuestra época.

María Esperanza Medrano de Bianchini fue la famosa vidente y estigmatizada venezolana.

Quien tuvo decenas de apariciones de María, Virgen y Madre Reconciliadora de Todos los Pueblos y Naciones, desde 1976 a 1990, en Finca Betania, Venezuela.

La historia es la siguiente:

Un grupo de aproximadamente ciento cincuenta personas que habían sido invitadas para la celebración de una misa campal en horas del mediodía, como venía ocurriendo desde el 25 de marzo de 1976″.

“Algunos jóvenes y niños vieron con sorpresa aparecer a la Santísima Virgen sobre la cascada, en medio de la floresta. Los asombrados testigos vieron durante largo tiempo a la Madre de Dios, presente y amorosamente dispuesta a dejarse admirar.

Esa tarde tuvieron lugar siete apariciones que duraban de cinco a diez minutos, menos la última, ya al atardecer, que tuvo una duración de aproximadamente media hora”.

“Al menos ciento ocho personas atestiguaron esta aparición, el mismo día, con su firma”.  

Ese día la Virgen le entregó este mensaje a la vidente:

“Hijos míos:

Yo soy María, Virgen y Madre Reconciliadora de los Pueblos

que vengo con mi Hijo en brazos para reconciliarles.

Oh sublime esperanza la vuestra.

Rezad el Rosario.

Hijitos, me habéis sentido y visto palpando la realidad de que convivo entre vosotros.

Seguid fieles al Llamado que hoy les hago y recorramos juntos el camino.

Os conduzco.

¡María Reconciliadora de los Pueblos!”.

Y lo impresionante del caso es que después de este suceso muchas personas siguieron viendo a la Virgen esporádicamente durante años.

LOS DONES REGALADOS A MARÍA ESPERANZA

Su primera aparición celestial fue a los 5 años.

Santa Teresita del Niño Jesús, quien desde las aguas del río Orinoco le lanza una rosa roja.

Desde su juventud, tuvo una salud frágil y padeció innumerables enfermedades, pero vivió una vida de virtud y fidelidad a Dios, incluso en su juventud consideró ordenarse de monja.

‍Recibió gran cantidad de dones y carismas extraordinarios:

Estigmatización, visiones del porvenir o profetización, don de curación, apariciones o “materializaciones” de la santa hostia en su boca, emisión de aromas de flores y frutas, aparición de pétalos de rosa, levitación, bilocación.

Y quizás uno de los fenómenos místicos más impresionantes: el del nacimiento y salida de una rosa que brota de manera espontánea de su pecho, fenómeno éste que se ha repetido dieciséis veces.

También recibió dones sobrenaturales, como el discernimiento de espíritus, la ciencia infusa, la Sabiduría Divina y la capacidad de leer los corazones de los demás.

Testigos afirman haberla visto levitar durante la misa y participar en bilocaciones.

También se cuenta que María Esperanza recibió la dirección espiritual y el manto de San Padre Pío.

Y que recibió en presencia de su marido, una visita sobrenatural del santo el día antes de morir.

Geo, su esposo, contaba:

En 1973 recuerdo especialmente una ocasión en que mi esposa tuvo la experiencia de pasar por el Purgatorio.

Nuestro Señor permitió que María visitara el Purgatorio y ocurrió frente a un grupo de personas.

Una de las almas pidió su auxilio, estaba desesperada y la agarró de la mano.

Y cuando María salió del purgatorio, encontró que su mano estaba quemada, como cuando te quemas por agua caliente, con una mancha roja en la mano que dolía, pero al final fue muy hermosa porque el alma se salvó.

Esta alma le dijo a María su nombre y resultó ser una niña venezolana de Caracas, que nuestra hija María Coromoto, la conocía.

‘Por favor, ayúdame’, dijo, mientras agarró el dedo meñique y la palma de la mano derecha de mi esposa. Y con esto también trasmitió un tremendo sufrimiento.

Debido a esa impresión, María comenzó a orar por ella todos los días. y un día sintió que el alma había sido liberada del Purgatorio.

Fue muy conmovedor.

María dijo que el alma daría un signo cuando fuera liberada del Purgatorio.

Y el día que María sintió la liberación de esta niña, un árbol seco que estaba en nuestra casa como en hibernación, de repente floreció.

Cuando María lo vio, estaba lleno de flores blancas.

Había estado seco, casi muerto o hibernando, y ¡ahora estaba floreciendo!

Era una señal de la niña en el Purgatorio. Fue muy hermoso. ¡Flores reales de un árbol seco!”.  

María Esperanza describe el Purgatorio:

–     Exactamente como cuando vas a un cementerio. Así es como se ve y el  sentimiento que te invade cuando estás allí, es una profunda sensación de desolación, soledad y tristeza llenos de paz, que obtienes de un cementerio.

Aunque solo fue llevada al Purgatorio una única vez, ella y su esposo han recordado innumerables veces que las almas se han acercado a María en busca de oraciones para liberarlas.

Ha habido espíritus que se acercaron a María y parecía como si hubieran sido destruidos, devastados. Era impresionante porque algunos no parecían humanos. 

Sus figuras irreconocibles, eran como sombras amorfas.

Y de repente, cuando María comenzaba a orar por ellos, estos entes recuperaron su forma humana y gracias a la oración, comenzaban a elevarse a la Luz.

El Padre Pío cuando viene, se presenta exactamente como él es, de una manera muy natural. Así cómo tú y yo estamos ahora.

Cómo ya sabíamos lo que es la BILOCACIÓN y sucedía tan a menudo como se necesitaba, para explicarlo, el Padre Pío lo llamó una “prolongación” de su personalidad.

De esta manera sucedió el 9 de agosto de 1990, cuando María Esperanza estaba con su familia en Roma. Y con el don de Ciencia empezó todo: 

Allí como era su costumbre, ella estaba rezando el Rosario en el medio de la noche por las almas necesitadas. 

Cuando de repente, a las tres de la mañana, durante su oración, María Esperanza comenzó ‘visitar algunos lugares’. 

Entonces a las 21:00 hs de regreso a casa en Venezuela. Cuando ella estaba en Las Mercedes en Caracas.

Su avenida principal es un punto caliente para los jóvenes, llena de bares, discotecas, restaurantes y tiendas.

Se acercó a una luz de neón que parpadeaba y entró en el edificio semioscuro. Y comprendió que estaba en el vestíbulo de una discoteca.

Allí vio a una joven mujer rubia, muy bonita, y dos jóvenes. Uno estaba bronceado, alto y fuerte. El otro era enjuto, delgado y rubio”.

Estos jóvenes estaban tratando de sacar a la chica por el brazo en contra de su voluntad, obligándola a ir con ellos.

Ellos tenían muy malas intenciones y la joven estaba en peligro extremo, pues la rondaba no sólo la violación sino también la muerte…

Cuando Esperanza apareció, inmediatamente se puso entre los dos hombres y le dijo a la mujer angustiada: 

–      “Hija, vamos”.

Los hombres tomados por sorpresa, liberaron a la mujer – pensando que María Esperanza era su madre. 

Luego las dos tomaron un taxi que la llevó a su casa.

Algunos meses más tarde, el 8 de diciembre de 1990, María Esperanza estaba en Betania, el sitio de las apariciones aprobadas por la Iglesia cerca de Caracas, saludando a peregrinos. 

De en medio de la multitud que pululaba a su alrededor, esta misma chica de Las Mercedes se presentó con su madre y se acercó a la Sierva de Dios.

Ella indicó a su madre que María Esperanza fue la mujer que la rescató en esa fatídica noche del mes de Agosto anterior”.

La joven sonrió a María Esperanza y le dijo a su madre: 

 –     “Sí, ella es la señora que me ayudó en Las Mercedes”.

Y se acercó a María Esperanza y le dijo llorando: 

–     “Querida señora, yo nunca te olvidaré”.

Margarita Tarre que estaba escuchando a María Esperanza y da este testimonio de ese día en la casa en Caracas, replicó: 

–     Pero, ¡Usted estaba en Roma en el momento! ¡Así que fue bilocación! ‘

La Sierva de Dios respondió: 

–     Este es uno de los mayores milagros”

Otra persona también testificó:   

–     Una niña llamada Julieta a quien iban a extirpar un ojo por tener cáncer. Aquella noche la madre se despertó y vio a una mujer vestida de blanco con Julieta diciéndole: 

–     No hagas caso a lo que te dicen los médicos, todo saldrá bien.’

La mujer vestida de blanco era María esperanza. Y efectivamente cuando Julieta fue a consulta médica, los médicos no pudieron encontrar el cáncer en el ojo de la niña.