Publicaciones de la categoría: BIOGRAFÍA DE JUDAS

231.-LA VENGANZA DE YEOVÉ


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La hermosa campiña luce los viñedos y los huertos de manzanas, en todo su esplendor…En la casa de campo donde Jesús acompañado por María de Simón la madre de Judas, obró el milagro al curar a Ana la madre de Juana, la joven que murió por el abandono del apóstol infiel…

Hay una gran habitación que está en el fondo de un enorme corredor…  Y en el lecho está una mujer irreconocible por la angustia mortal que la está destruyendo.  ¡Era tan hermosa!…

2MARIA DE SIMON

Y ahora la fiebre la devora, encendiendo sus mejillas salientes. Las sienes las tiene hundidas. Los ojos rojos por la calentura y el llanto, cerrados bajo unos párpados hinchados. Y lo que no está rojo tiene la amarillez intensa, verdosa, como de bilis derramada en la sangre. Tiene los brazos descarnados y las manos afiladas, sobre las mantas que se mueven al jadear.

Cerca de la enferma, está Ana la madre de Juana. Y ella le seca las lágrimas y el sudor. Agita un abanico de palma. Cambia los lienzos mojados en vinagre aromatizado, de la frente y de la garganta. Le acaricia las manos y los cabellos despeinados, que son más blancos que negros. Que le caen sobre las mejillas tiesos del sudor; sobre las orejas que parecen de alabastro por lo transparente.

También Ana llora y la consuela diciendo:

–                       No así, María. No así. Basta… él fue el que pecó. Tú sabes cómo es el Señor Jesús.

María de Simón, grita:

–                       ¡Cállate! No repitas ese Nombre, que al decírmelo se profana. ¡Soy la madre… del Caín… de Dios!… ¡Ah!

3cain

El llanto es desgarrador. Siente que se ahoga. Se arroja la cuello de su amiga, que la ayuda a vomitar bilis que le sale de la boca.

Ana le dice:

–                       ¡Calma! ¡Calma! ¡No así! ¿Qué quieres que te diga, para persuadirte de que el Señor te ama? Te lo repito… Te lo digo por lo que me es más santo: mi Salvador y mi hija. Él me lo dijo, cuando me lo trajiste. Dijo algo con lo que mostró, su infinito amor por ti. Tú eres inocente. Él te ama. Estoy segura. Segura de que otra vez se entregaría para darte paz; pobre madre atormentada.

¡Madre del Caín de Dios! ¿Escuchas? Ese viento que sopla allá afuera… lo dice… Lleva por el mundo su voz que grita: ‘María de Simón. Madre de Judas, el que Traicionó al Maestro. Y lo entregó a sus verdugos.’ ¿Lo oyes?…

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Todo lo proclama. Las tórtolas, las ovejas, toda la tierra está gritando que soy yo… ¡No! ¡No quiero curarme! ¡Quiero morirme!… Dios es justo y no me castigará en la otra vida. Pero acá, el mundo no perdona… No distingue. Estoy enloqueciendo, porque el mundo aúlla: ¡Eres la madre de Judas!…

Se deja caer sobre la almohada.

Ana la acomoda otra vez y sale con los lienzos sucios.

María. Con los ojos cerrados después del último esfuerzo…

Muy angustiada, gime:

–                       ¡La madre de Judas! ¡De Judas! ¡De Judas!  -jadea. Y luego pregunta- Pero, ¿Qué cosa es Judas? ¿Qué cosa parí? ¿Qué cosa es Judas? ¿Qué cosa?…

Esta vez no hay luz. Nada anuncia la Presencia santa del Dios-Hombre Resucitado. De pronto Jesús se materializa a un lado del lecho de la enferma.

Se inclina sobre ella y le dice amorosísimo:

–                       ¡María! ¡María de Simón!

La mujer casi delira y no le hace caso. Está sumergida en el torbellino de su dolor. Está obsesionada con la misma idea que se repite monótona, como el golpeteo de un tamboril: ¡La madre de Judas! ¡Qué cosa parí! El mundo aúlla: ¿Qué cosa es Judas?

5rjesus

Aparecen dos lágrimas en los dulces ojos de Jesús. Pone la mano sobre la frente de la enferma; haciendo a un lado las cataplasmas húmedas de vinagre.

Y le dice:

–                       Un infeliz. Nada más esto. Si el mundo aúlla. Dios ahoga su aullido diciéndote: ‘Tranquilízate, porque Te amo.’ ¡Mírame, pobre madre!  Controla tu espíritu extraviado y ponlo en mis manos. ¡Soy Jesús!…  

María de Simón abre sus ojos como si saliera de una pesadilla y ve al Señor.

Siente su mano sobre su frente. Se lleva las manos a la cara y…

Llorando gime:

–                       ¡No me maldigas! ¡Si hubiera sabido lo que había concebido; me hubiera arrancado las entrañas, para que no hubiera nacido!

Jesús dice muy serio:

–                       Y hubieras cometido un pecado muy grave, María. ¡Oh, María! ¡No quieras hacer algo malo por culpa de otro! Las madres que han cumplido con su deber, no tienen por qué sentirse responsables por los pecados de sus hijos. Tú cumpliste con tu deber. María, dame tus manos. Cálmate ¡Pobre, madre!

–                       Soy la madre de Judas. Estoy inmunda como todo lo que tocó ese demonio. ¡Madre de un Demonio! No me toques. –y solloza amargamente.

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Se revuelve en el lecho, tratando de esquivar las manos divinas que la quieren tocar. Las dos lágrimas de Jesús, le caen sobre la cara enrojecida por la fiebre.

Jesús le dice:

–                       Te he purificado María. Mis lágrimas de compasión han caído sobre ti. Desde que bebí mi Cáliz de Dolor, por nadie he llorado. Pero sobre ti, lo hago con toda mi compasión.

La toma de las manos y se sienta a un lado del lecho. Teniendo las manos temblorosas de María, entre las suyas. La compasión que brilla en los hermosos ojos de color zafiro acaricia, envuelve a la enferma curándola.

La infeliz mujer, se calma y murmura:

–                        ¿No me tienes rencor?

Jesús le contesta.

–                       Te amo. Por eso he venido. Tranquilízate.

–                       Tú perdonas. Pero el mundo no. Tu Madre me odiará…

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–                       Ella te considera una hermana. El mundo es cruel… Tienes razón. Pero mi Madre, es la Madre del Amor. Es buena. Tú no puedes andar por el mundo. Pero Ella vendrá a ti, cuando ya todo esté en paz. El tiempo tranquiliza…

–                       Si me amas, hazme morir.

–                       Todavía no. Tu hijo no supo darme nada. Sufre un poco de tiempo por Mí… Será  muy breve.

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–                       Mi hijo te dio mucho dolor…  ¡Te dio un horror infinito!

–                       Y a ti, un dolor infinito. El horror ha pasado. No sirve para más. Pero tú dolor sí sirve…  Se une al mío. Tus lágrimas y mi Sangre lavan el mundo… Tus lágrimas están entre mi Sangre y el llanto de mi Madre. Y alrededor, el dolor de los santos que sufrirán por Mí. ¡Pobre María!

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Y con cuidado la recuesta. Le cruza las manos y ve cómo se tranquiliza.

Ana regresa y se queda estupefacta en el umbral.

Jesús, que se ha puesto de pie; la mira y…

Le dice:

–                       Cumpliste con mi deseo. Para los obedientes hay paz. Tu corazón me ha comprendido. Vive en mi paz.

Vuelve a bajar los ojos sobre María de Simón, que lo mira entre un río de lágrimas, más tranquila. Le sonríe…

Y la consuela nuevamente:

–                       Pon tus esperanzas en el Señor. Y te dará sus consuelos.

La bendice y trata de irse; pero…10la_suegra_de_pedro

María de Simón da un grito de dolor:

–                       Se dice que mi hijo te Traicionó con un beso. ¿Es verdad Señor? Si es así permíteme que lo lave besándote las manos. ¡Oh! ¡No puedo hacer otra cosa!  ¡No puedo hacer otra cosa, para borrarlo!… ¡Para borrarlo!  -el dolor la ahoga, mordiendo su corazón con ferocidad.

Jesús no le da sus manos para que se las bese. En toda la entrevista, Él ha tenido cuidado para que no le vea las llagas, que ha mantenido ocultas con la blanquísima tela que no es de este mundo.

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Y lo que hace, es tomarle la cabeza entre sus manos y besarla en la frente, de la más infeliz de todas las mujeres. Es el beso de Dios. ¡Qué no habrá transmitido en él!…

Luego Jesús le dice:

–                       ¡Mis lágrimas y mi beso! Nadie ha tenido tanto de Mí… Quédate tranquila. Entre Yo y tú, no hay más que amor.

La bendice y atraviesa rápidamente la habitación. Sale detrás de Ana, que no se atrevió a acercarse, ni a hablar; pero que llora de emoción.

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Cuando están en el corredor, Ana hace la pregunta que la inquieta en su corazón:

–                       ¿Mi hija?

Jesús responde:

–                       Hace quince días que goza del Cielo. No te lo dije allá adentro, porque hay un gran contraste entre tu hija y su hijo.

Ana dice:

–                       Es verdad. Una desgracia. Creo que morirá.

–                       No. No tan pronto.

–                       Ahora estará más tranquila. La has consolado. ¡Tú! ¡Tú que puedes más que todos!

–                       Yo la compadezco más que todos. Soy la Divina Compasión. Soy el Amor. Yo te lo digo, Mujer: si Judas me hubiera lanzado tan solo una mirada de arrepentimiento, le habría alcanzado de Dios el Perdón.

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¡Cuánta tristeza en el rostro de Jesús!

La mujer queda maravillada.

Y sólo pregunta:

–                       Pero, ¿Ese desgraciado pecó de repente? O…

–                       Desde hacía meses que pecaba. Y ni una palabra mía. Ninguna acción mía, pudieron detenerlo. Pues era muy grande su voluntad de pecar. Pero no se lo digas a ella…

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–                       No se lo diré Señor… Cuando Ananías huyó de Jerusalén sin haber consumado la Pascua. La misma noche de la Parasceve, entró gritando: “Tu hijo traicionó al Maestro y lo entregó a sus enemigos. Lo Traicionó con un beso.

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Yo he visto al Maestro golpeado, escupido, flagelado; coronado de espinas.

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Cargando con la Cruz; crucificado y muerto por obra de tu hijo.

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Nuestro nombre lo gritan los enemigos del Maestro, cual bandera de triunfo, con palabras obscenas. La hazaña de tu hijo la cuentan a gritos. 17Jesus-Judas-kiss

Por menos de lo que cuesta un cordero, vendió al Mesías. Y con un beso traidor, lo señaló a los guardias.”18traicion

María cayó por tierra  y se puso negra. El médico dice que se le derramó la bilis; que se le despedazó el hígado. Y que toda la sangre se le ha corrompido. Y… el mundo es malo. Ella tiene razón.

Tuve que traérmela aquí; porque iban a la casa de ella en Keriot a gritar: “¡Tu hijo Deicida y suicida! ¡Se ahorcó! Belcebú se ha llevado su alma y Satanás su cuerpo…” ¿Es verdad este horrible prodigio?

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–                       No mujer. Fue encontrado muerto, pendiente de un olivo…

–                       ¡Ah! Y gritaban: “El Mesías ha Resucitado. Es Dios. Tu hijo Traicionó a Dios. Eres la madre del traidor de Dios. Eres la madre de Judas.”

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Por la noche, me la traje aquí.  Con Ananías y un siervo fiel; el único que se quedó con ella, porque todos los demás la dejaron y nadie quiso estar con ella. Ahora esos gritos los oye María en el viento, en el rumor de la tierra. En todas partes.

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–                       ¡Pobre madre! ¡Es cosa horrible! ¡Sí!

–                       ¿Pero aquel demonio no pensó en eso?

–                       Era una de las razones que Yo empleaba para detenerlo. Pero de nada sirvió. Judas llegó a Odiar inmensamente a Dios. Cuando jamás amó verdaderamente a su padre, ni a nadie. A ningún prójimo suyo. Su egoísmo fue tal, que terminó destruyéndose a sí mismo.

–                       ¡Es verdad!

–                       Adiós mujer. Mi bendición te de fuerzas para soportar los insultos del mundo, porque compadeces a María. Besa mi mano. A ti si te la puedo mostrar. A ella le hubiera causado un gran dolor.

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Echa hacia atrás la manga, dejando al descubierto la muñeca atravesada. Ana lanza un gemido al tocar con sus labios la punta de sus dedos.

En ese momento se escucha el ruido de la puerta al abrirse y el grito ahogado de un viejo que se postra…

Y dice:

–                       ¡El Señor!

Ana le dice emocionada:

–                       Ananías, el Señor es Bueno. Vino a consolar a tu parienta y a nosotros también.

El hombre no se atreve a moverse.

Llora diciendo:

–                       Pertenecemos a una raza cruel. No puedo mirar al Señor.

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Jesús se le acerca. Le toca la cabeza diciendo las mismas palabras que le había dicho a María…

Jesús repite:

–                       Los familiares que han cumplido con su deber, no tienen por qué sentirse responsables del pecado de un pariente. ¡Anímate, Ananías! ¡Dios es Justo! La paz se contigo y con esta casa. He venido y tú irás a donde te envíe. Para la Pascua Suplementaria los discípulos estarán en Bethania.

Irás a ellos y les dirás que doce días después de que Yo morí, me viste en Keriot, vivo y verdadero. En cuerpo, alma y divinidad. Te creerán porque he estado mucho con ellos. Pero los confirmarás en su Fe, acerca de mi Naturaleza Divina, al comprobar que estoy en cualquier lugar, al mismo tiempo.

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Pero antes que eso, irás hoy mismo a Keriot y le dirás al sinagogo que reúna al pueblo. Y ante la presencia de todos, proclamarás que he venido aquí y que se acuerden de mis palabras de despedida. Te replicarán: ‘¿Por qué no ha venido Él con nosotros?’ Y les responderás así: ‘El Señor me ha dicho que os dijese, que si hubierais hecho lo que Él os ordenó que hicierais para con una madre inocente, Él se hubiera manifestado. Habéis faltado al Amor.’  ¿Lo harás?

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Ananías responde:

–                       ¡Es difícil, Señor! Es difícil hacerlo. Todos nos tienen por leprosos del corazón… El sinagogo no me escuchará y no me dejará hablar al pueblo. Tal vez me pegue… Sin embargo lo haré, porque Tú lo ordenas…

El anciano no ha levantado su cabeza y contestó manteniendo su actitud de profunda adoración…

Jesús le dice:

–                       ¡Mírame Ananías!

Cuando Ananías obedece, lo ve. Jesús está tan bello como en el monte Tabor…

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Es Dios en todo su esplendor. La luz lo cubre ocultando su Rostro y su sonrisa…

Ha desaparecido…

En el corredor solo están los dos que quedan postrados en profunda adoración…

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Mientras tanto en la hacienda que tiene Daniel, el sobrino de Elquías en Beterón. Un grupo de sinedristas están discutiendo…

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Elquías dice:

–                       Lo traje aquí porque no sé a dónde llevarlo. Vosotros sabéis que tengo mis dudas de que Daniel también sea miembro de esa odiosa y nueva secta que ha dado en llamarse ‘cristianos’ Vine también para comprobarlo…

Sadoc le aconseja:

–                       Simón quiere huir. Irse por el mar. ¿Por qué no darle gusto?

Nahúm objeta:

–                       Porque es incapaz de actos juiciosos. A solas en el mar moriría. Y ninguno de nosotros es capaz de conducir una barca.

Eleazar ben Annás:

–                       ¡Y luego, aunque se pudiera! ¿Qué sucedería con lo que diga, en el lugar del desembarco? Dejad que escoja su camino…

28elquias

Cananías:

–                       A la presencia de todos. Aún de su pariente… Haz que exprese su voluntad y que se haga como quiera realizarla.

Se admite esta proposición y Elquías llama a un siervo. Le ordena que traigan a Simón Boeto y que llamen a Daniel.

Enseguida vienen los dos. Y si Daniel da la impresión de no sentirse cómodo con cierta clase de gente…

Simón tiene el semblante de un verdadero orate al que no le falta ni la baba…

Elquías:

–                       Óyenos Simón. Tú dices que te tenemos en prisión, porque queremos matarte…

Simón Boeto:

–                       Tenéis que hacerlo. Tal es la orden.

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Sadoc:

–                       Deliras, Simón. Calla y escucha. ¿Dónde crees que te podrías curar?

Simón:

–                       En el mar. En el mar. En medio del mar. Donde no se oye ninguna voz. Donde no hay sepulcros. Porque los sepulcros se abren y de ellos salen los muertos. Y mi madre me maldice…

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Elquías:

–                       Calla. Escucha. Te amamos. Como a nuestra propia carne. ¿De veras quieres ir allá?

Simón:

–                       Sí que quiero. Porque aquí los sepulcros se abren y mi madre me maldice… Y…

Cananías:

–                       Irás pues. Te llevaremos al mar. Te daremos una barca y tú…

Daniel grita:

–                       ¡Cometéis un homicidio! ¡Está loco! ¡No puede ir solo!…

Nahúm:

–                       Dios no hace fuerza a la voluntad del hombre. ¿Acaso podríamos hacer lo que Dios no quiere?

Daniel objeta:

–                       Pero si está loco. No tiene voluntad. Entiende menos que un infante. No podéis hacer eso…

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Elquías:

–                       Tú cállate. Sólo eres un campesino ignorante. Nosotros sí sabemos. Mañana partiremos por mar. ¡Alégrate, Simón! ¡Por el mar! ¿Comprendes?

Simón suspira:

–                       ¡Ah! ¡Ya no escucharé las voces de la tierra! Ya no más las voces… ¡Ah!

Pero luego empieza la confusión…

Simón da un grito prolongado. Se convulsiona. Se tapa las orejas y cierra los ojos. Luego escapa aterrorizado.

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Al mismo tiempo, Daniel corre al lado contrario que Simón y a unos veinte metros se postra en tierra con una adoración profunda…

Jesús está frente a él, con toda la majestad del Hombre-Dios Resucitado y lo saluda con una sonrisa llena de amor, pues Daniel es uno de los setenta…

Jesús le dice:

–                       Sígueme.

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Daniel contesta:

–                       ¿A dónde, Señor mío y Dios mío?

–                       Ve a Jerusalén. Allí encontrarás a los apóstoles. Irás por el mundo a predicar mi Palabra y a llevar la Buena Nueva de mi Resurrección. Luego te daré más instrucciones. Te amo.

Jesús lo bendice y desaparece.

Daniel llora de felicidad.

Simultáneamente, Simón Boeto cae preso de unas convulsiones aterradoras, hecha espuma por la boca y da unos alaridos escalofriantes…

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Señalando a donde está Jesús con Daniel, grita:

–                       ¡Hazlo callar! ¡No está muerto! ¡Grita! ¡Grita! ¡Grita más que mi madre! ¡Más que mi padre! ¡Más que en el Gólgota! ¡Allí! ¡Allí! ¡No lo veis allí! ¡Allí está!…

Y señala donde está Daniel feliz, sonriente. Con la cara levantada en alto, después de haberla tenido pegada contra el suelo…

33sanedritayesclavo

Elquías exclama totalmente desconcertado:

–                       ¿Pero quién es? ¿Qué es lo que sucede? Detened a ese loco y a aquel necio. –Luego su voz parece un gruñido. Y grita furioso-  ¿Acaso todos estamos perdiendo el seso?

Elquías se acerca al ‘necio’ que no es otro Daniel y lo sacude con fuerza. Está colérico y no se preocupa del ‘loco’ de Simón que se revuelca en la tierra, con espuma en la boca y lanzando gritos como si fuese un animal rabioso.

Todos los miran a los dos, paralizados por el terror.

Elquías apostrofa a Daniel:

–                       Visionario holgazán. ¿Quieres explicarme qué estás haciendo?

Daniel le replica:

–                       Déjame. Ahora te conozco bien. Me voy lejos de ti. He visto a Quién para mí es un Dios Bondadoso y para vosotros terror… He visto Aquel a quién afirmáis que está muerto.

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Y por la cara que tienen tus compinches, creo que también vosotros lo habéis visto…

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 Me voy. Más que el dinero y cualquier otra riqueza, me importa mi alma. A ti lo que te interesa, es la herencia de mi padre, ¡Quédatela! ¡Adiós, maldito! Y si puedes, trata de alcanzar el Perdón de Dios.

–                       ¿A dónde vas?  ¡No te lo permito!

–                       No puedes detenerme. ¿Acaso tienes derecho de meterme a la cárcel? ¿Quién te lo dio? Te dejo todo esto, que es lo que amas. Yo sigo a Quién amo con toda mi alma, con todo mí ser. Adiós.

Y dándole la espalda, se aleja corriendo como si tuviera alas en los pies, hacia la pendiente verde de olivos y de árboles frutales.

Todos lo miran pasmados.

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Mientras tanto, con heridas. Con espuma. Temblando de terror e infundiendo pavor a su vez; Simón da unos alaridos espeluznantes.

Gritando:

–                ¡Me ha llamado Parricida! ¡Haced que se calle!… ¡Cállate!… ¡Parricida! ¡La misma palabra que mi madre! ¿Por qué los muertos dicen las mismas palabras?…

Elquías y los demás están lívidos. La Ira los ahoga.

Elquías amenaza:

–                       ¡Acabaré contigo, Daniel! Exterminaré a todos los que con sus ‘delirios’ afirman que el Galileo está vivo. Lo digo y lo haré. Lo juro por…

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Sadoc lo interrumpe:

–                       Lo haremos. Lo haremos… Pero no podemos tapar todas las bocas. Todos los ojos que hablan porque ven…  También nosotros lo hemos visto…  Y tú no puedes negarlo, porque lo viste también…

Elquías y otros aúllan:

–                       ¡Cállate! ¡Cállate!…

38eliazar de anas

Eleazar ben Annás tiene todo el terror milenario que Israel tiene hacia el Altísimo, al pronunciar con sus labios temblorosos:

–                       Estamos vencidos. Tenemos que cargar nuestro Crimen. Y ha llegado la expiación… -Se golpea el pecho angustiosamente. Como si ya tuviera ante sí el patíbulo. Y se lamenta- Tendremos que enfrentar la Venganza de Yeové… 

39yahveh-sebaod

La continuación de esta historia, está en la Biblia…

                                   (EL QUE TENGA OÍDOS, QUE OIGA…)

40JESUS Y LA BIBLIA

229.- RAZÓN DE LOS PORQUÉ


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Es lunes de Pascua, por la noche en el Cenáculo…

Ha sido un día extraordinario y cargado de emociones… La mayoría de los que vinieron se han retirado felices y exhaustos… Sólo están los diez apóstoles que han terminado de cenar… Sobre los platos quedan los restos de pescado y dan sorbos a las copas de vino, mientras hablan.

Sus palabras son breves, como si monologasen consigo mismos y mutuamente dejan que cada uno siga hablando, sin hacerle caso al otro. Están ansiosos y a la vez temerosos… Pero la conversación gira alrededor de Jesús.

Tadeo afirma:

–                       Longinos dijo que había pensado: ¿Debo pedirle que me cure o que crea? Su  corazón le respondió que pidiese ‘poder creer’ y eso pidió. Y la Voz de Él le dijo: “Ven a Mí”. Y experimentó la voluntad de creer y se sintió curado. Así me lo dijo.

Mateo, que está a su lado, pregunta:

–                       ¿A qué hora dijo Valeria y las romanas que lo habían visto?

Nadie responde.

Andrés:

–                       Mañana voy  a Cafarnaúm.

Silencio.

Bartolomé se felicita:

–                       ¡Qué maravilla! Coincidir exactamente en el momento en que llegó la litera de Claudia.

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Juan suspira:

–                       Pedro, hicimos mal en habernos venido inmediatamente… Si nos hubiéramos quedado, lo habríamos visto como Magdalena.

Santiago de Zebedeo:

–                       No comprendo cómo pudo estar en Emaús y en el palacio de Juana al mismo tiempo. Y cómo aquí, dónde está su Madre. Allá dónde estaba Magdalena… Y luego Valeria…

Pedro:

–                       No vendrá. No he llorado lo suficiente para merecerlo… Tiene razón. Pero, ¡Cómo! ¡Cómo pude haber hecho eso!

Zelote:

–                       ¡Qué transfigurado estaba Lázaro! Os aseguro que parecía un sol. Me imagino que le pasó lo mismo que a Moisés, después de que vio a Dios. ¿No es verdad vosotros, que os encontrabais allí?

Nadie lo escucha.

Santiago de Alfeo se vuelve a Juan y le pregunta:

–                       ¿Cómo dijo a los de Emaús? Me parece que nos excusó, ¿No es verdad? ¿No dijo que todo había sucedido porque nosotros los israelitas comprendemos mal la naturaleza de su Reino?

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Juan no responde.

Y volviéndose a mirar a Felipe,  habla al aire porque a Felipe no se dirige:

–                       A mí me basta saber que ha resucitado. Oraré porque mi amor sea cada vez más grande. Porque si pensáis bien; ha ido en proporción al amor que le tenemos. Primero a su Madre, a María Magdalena, luego los niños, a mi madre y la tuya; luego Lázaro, Martha… Los romanos… ¿Cuándo se apareció a Martha? Estoy seguro que cuando se puso a cantar el Salmo: “El Señor es mi pastor…”

¿Recuerdas cómo nos maravilló con su inesperado canto? ¡Qué bueno que ya encontró nuevamente su camino! Antes andaba como sin saber qué hacer… Pero, ¿Qué habrá querido decir con esponsalicios confirmados?

Felipe, que por un momento lo miró y luego dejó que hablara solo… Da un suspiro y piensa en voz alta…

Felipe monologa:

–                       No sabré qué decirle si viene… Huí… Y me parece que huiré. Antes lo hice por temor a los hombres, ahora será por temor a Él.

Bartolomé se pregunta:

–                       Dicen todos que es hermosísimo. Pero, ¿Puede ser más bello de lo que ya era?

Mateo:

–                        Yo le diré: ‘Me perdonaste sin decir palabra alguna, cuando yo era publicano. Perdóname también ahora con tu silencio; porque mi cobardía no merece que me hables.’

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Zelote suspira:

–                       Yo no puedo dejar de pensar en Lázaro que al punto se le premió, después de haber ofrecido su vida… También yo lo he dicho: ‘Mi vida por tu gloria’ Pero no ha venido…

Pedro:

–                       ¿Qué estás diciendo Simón? Tú que eres culto, dime. ¿Qué debo decirle para darle a entender que lo amo y que le pido perdón? Tú Juan. Tú has hablado mucho con su Madre. Ayúdame. ¡No está bien dejar solo al pobre de Pedro!

Juan se compadece de su atribulado compañero y responde:

–                       De mi parte le diría sencillamente: ‘Te Amo’ En el amor está incluido todo el arrepentimiento y también el deseo de ser perdonado. Pero… no sé. Simón, ¿Qué dices tú?

Zelote responde:

–                       Yo pronunciaría el grito que provocaba los milagros: “¡Jesús, ten piedad de mí!” Y basta.

Pedro se angustia:

–                       En esto pienso y es lo que me hace temblar. ¡Oh! Me siento aniquilado por la vergüenza y el arrepentimiento… Aún ésta mañana tenía miedo de verlo. No me atrevo a enfrentarlo y…

Juan le da ánimos:

–                       Y fuiste el primero en entrar. No tengas miedo. Parece que no lo conocieras.

De pronto, la habitación se ilumina como si un relámpago hubiese penetrado en ella.  Los apóstoles se tapan las caras temiendo un rayo. Pero al no oír el estruendo. Levantan la cabeza.

Jesús está en medio de la habitación, junto a la mesa.

Abre los brazos diciendo:

–                       La paz sea con vosotros.

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Nadie responde.

Todos lo miran asombrados. Quién con la palidez o con la vergüenza, con miedo y con reverencia. Se sienten atraídos y al mismo tiempo deseosos de huir.

Jesús, con una gran sonrisa, da un paso adelante.

Y dice:

–                       No tengáis miedo. Soy Yo. ¿Por qué estáis acobardados? ¿No teníais deseos de verme? ¿No os había dicho que regresaría? ¿No os lo dije hasta la tarde de la Pascua?

Nadie se atreve a hablar. Pedro ha empezado a llorar. Juan sonríe. Los dos primos lo miran con los ojos brillantes y con un intento de decir algo que se queda solo en sus labios. Parecen dos estatuas representando el deseo.

Jesús dice:

–                       ¿Por qué dentro de vuestros corazones, traban lucha la duda y la Fe? ¿El amor y el temor? ¿Por qué queréis seguir siendo carne y no espíritu? Soy Jesús. Vuestro Jesús Resucitado.  –Levanta sus manos mostrando las llagas por ambos lados. Y agrega-  ¡Mirad! Tú que viste mis heridas y vosotros que no las visteis. Porque sabed que esto es muy diferente de lo que Juan vio.

Tú primero. Ven, estás completamente limpio. Tanto que puedes tocarme sin temor. El amor, la obediencia, la fidelidad, te han purificado del todo. Mi Sangre, con la que bañaste cuando me bajaste del patíbulo, completó todo.

6vanmol1

Mira. Son mis propias manos, mis propias heridas. Contempla mis pies. ¿Ves cómo ésta es la señal del clavo?

Sí. Soy Yo. No soy un fantasma. Tocadme. Los espectros no tienen cuerpo. Yo tengo un cuerpo verdadero.  –Pone su mano sobre la cabeza de Juan que se le ha acercado- ¿Sientes? Tiene calor y es pesada. –Le sopla a la cara- Y esto es aliento.

Juan murmura:

–                       ¡Oh, Señor mío!

Jesús dice:

–                       Sí. Vuestro Señor. Juan no llores de miedo, ni de deseo. Ven a Mí. Soy quien siempre te ama. Sentémonos, como siempre, a la mesa. ¿Tenéis algo que comer? Dádmelo entonces.

Andrés y Mateo, caminando como sonámbulos: toman de la alacena pan y pescado asado. Y un tarro con miel apenas abierto, que está a un lado.

Jesús ofrece el alimento y come. Da a cada uno, un pedazo de lo que come. Los mira. Es Bueno; pero tan inmensamente Majestuoso, que están paralizados.

Santiago de Zebedeo es el primero que se atreve a hablar:

–                       ¿Por qué nos miras así?

Jesús contesta:

–                       Porque quiero conoceros.

–                       ¿Todavía no nos conoces?

7jesus-resucitado

–                       Igual que vosotros que no me conocéis. Si me conocierais, sabríais Quién Soy, cuánto os amo y encontraríais palabras para hablarme de vuestro tormento. Estáis callados, como lo estaríais enfrente de un desconocido, cuyo Poder imagináis y por eso teméis. Hace unos momentos hablabais… He venido y ahora os calláis. ¿Estoy tan cambiado que no me parezco? ¿O estáis tan cambiados que ya no me amáis?

Juan, que está cerca de Jesús, reclina su cabeza sobre su pecho, como solía hacerlo antes. Y con voz queda dice: ‘Te amo, Dios mío.’ Pero se estremece por haberse atrevido a recargar su cabeza sobre el resplandor que mana de Jesús, pese a que la carne de su Cuerpo, es semejante a la nuestra.

Jesús lo atrae sobre su corazón y entonces Juan se entrega libremente a un llanto de felicidad.

Esta es la señal para que todos se acerquen.

Pedro se desliza entre la mesa y el asiento y llorando, de rodillas le suplica:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! Sácame de este infierno en el que desde hace tantas horas me debato. Dime que comprendiste que mi error no fue error de mi corazón, sino de mi debilidad humana que se impuso sobre él. Dime que has visto mi arrepentimiento… Que hasta la muerte me durará…

8negacion de pedro

Jesús le dice:

–                       Ven aquí, Simón de Jonás.

–                       Tengo miedo.

–                       Ven aquí. No quieras ser ahora cobarde.

–                       No merezco acercarme a Ti.

–                       Ven aquí. ¿Qué te dijo mi Madre? “Si no lo miras en este Sudario, no tendrás el valor de mirarlo otra vez.” ¡Eres un necio! ¿Con mi rostro, con mi dolorosa mirada, no te decía que te comprendía y que te perdonaba? Regalé ese lienzo para consuelo, para guía, para absolución y bendición…

¿Qué cosa os ha hecho Satanás, para cegaros en tal forma? Ahora Yo te digo: Si no me miras ahora, que sobre Mí he puesto un velo para ponerme al alcance de vuestra debilidad; jamás podrás venir a Mí, tu Señor, sin temor. ¿Y entonces qué cosa te volverá a traer? Pecaste por presunción, ¿Quieres pecar ahora por obstinación? Ven. Te lo mando.

9pedro

Pedro se arrastra sobre sus rodillas, con las manos cubriendo su cara llena de lágrimas. Cuando llega a los pies de Jesús, Él lo detiene poniéndole una mano sobre su cabeza.

Pedro, con lágrimas más abundantes, toma esa mano y se la besa…

Mientras dice sollozando:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Oh, Dios mío, perdón!

Jesús quita su mano y con ella levanta la cara del apóstol. Lo mira en esos ojos enrojecidos, quemados, destrozados por el arrepentimiento. La mirada de Jesús parece querer llegar hasta el fondo de su alma.

Luego dice:

–                       Vamos. Quítame el oprobio de Judas. Bésame dónde él me besó. Quítame con tu beso, la huella de su Traición.

10The_Kiss_of_Judas__James_Tissot

Pedro levanta su cabeza al mismo tiempo que Jesús se inclina y le besa en la mejilla… después se reclina sobre las rodillas de Jesús y se queda en esta posición. Como un anciano que se comporta cual niño que sabe que ha hecho mal, pero que sabe que ha sido perdonado.

Los demás, al ver la Bondad de Jesús, encuentran fuerzas para acercarse. Los primeros son sus primos. Quisieran decir tantas cosas… Pero no logran decir ni una palabra.

Jesús los acaricia y los anima con su sonrisa.

Luego se acercan Andrés y Mateo.

Mateo dice:

–                       Como en Cafarnaúm…

Y Andrés:

–                       Yo… yo… te amo.

Bartolomé entre lágrimas:

–                       No fui un docto, sino un necio. Éste sí que lo fue.  –y señala a Zelote a quién Jesús sonríe.

Santiago de Zebedeo dice a su hermano, Juan:

–                       Díselo tú…

Jesús se vuelve y dice:

–                       Hace cuatro noches que lo dices y siempre he tenido compasión de ti.

Felipe muy inclinado, es el último en acercarse; pero Jesús le obliga a levantar la cabeza…

Y le dice:

–                       Para predicar al Mesías, se necesita mucho valor.

Ahora todos están alrededor de Jesús. Poco a poco ganan confianza. Vuelve la tranquilidad.

11cena-del-senor-jesus

La Majestad de Jesús es tan grande, que les impone un sumo respeto.

Pero poco a poco, ellos atraviesan el límite que les imponía y empiezan a hablar.

Su primo Santiago se lamenta:

–                       ¿Por qué nos has hecho esto, Señor? Sabías que somos nada y que todo viene de Dios. ¿Por qué no nos diste las fuerzas para estar a tu lado?

Jesús lo mira y sonríe.

Zelote:

–                       Ahora todo se ha cumplido y nada tienes que padecer. Tus sufrimientos los imaginaba y esto acabó con mis fuerzas. Sentía que me ahogaba, pero te obedecí…

Jesús lo mira y sonríe.

Andrés:

–                       Señor. sabes lo que mi corazón anhelaba. Pero después me faltó todo. Como si me lo hubiesen arrebatado, los verdugos que te aprehendieron. Y solo me quedó un agujero en la mente… ¿Por qué has permitido esto, Señor?

Felipe:

–                       Tú hablas del corazón… Yo me sentí como si hubiese perdido la razón, después que me dieran un mazazo en la nuca. De pronto en la noche me encontré en Jericó. ¡Oh, Dios, Dios! Me imagino que así será la posesión. ¡No supe ni cómo había llegado allá!

12apost-espera

Bartolomé:

–                       Felipe tiene razón. Yo miraba hacia atrás. Estaba tan aturdido, que no sabía nada de nada. Miraba a Lázaro cruelmente atormentado, pero muy seguro. Y me decía: ‘¿Por qué él puede estar así y yo no?’

Santiago de Zebedeo:

–                       También yo miraba a Lázaro y decía: ‘Si por lo menos mi corazón fuera así.’ Porque yo solo experimentaba dolor, dolor y más dolor. Lázaro sufría, pero tenía paz.

Jesús los mira a cada uno de los tres y sonríe. Pero no dice nada.

Tadeo:

–                       Traté de ver lo que Lázaro veía. Pero no pude. Por eso me mantenía cerca de él. ¡Su cara parecía un espejo! Un poco antes del terremoto del viernes, la tenía como si estuviera aplastado. Y luego de pronto, cobró un aire de majestad en su dolor.

¿Recordáis cuando dijo: ‘El deber cumplido, produce Paz’? Todos pensamos que era un reproche dirigido contra nosotros. Ahora pienso que lo dijo por Ti. Lázaro fue un faro en nuestras tinieblas. ¡Cuánto le has dado, Señor!

Jesús sonríe y calla.

13resu-lazaro

Andrés confirma:

–                       Sí. La vida. Tal vez con ella le diste un alma diferente. Porque pensándolo bien, ¿En qué se diferencia de nosotros? Y sin embargo no es solo un hombre. Es algo superior. Por lo que fue en el pasado, debía ser menos perfecto en su espíritu. Pero ha logrado serlo. Y nosotros… Señor… mi amor ha sido como una espiga vacía. Sólo produce paja.

Mateo:

–                       No puedo pedir nada, porque ha sido mucho lo que he obtenido con mi conversión. Pero, ¡Sí! Yo hubiera querido lo que tuvo Lázaro. Un corazón entregado a Ti. También yo pienso como Andrés…

Juan:

–                       También Magdalena y Martha fueron como faros. Vosotros no las visteis. Una era piedad y silencio. ¡La otra! ¡Oh! Si estuvimos juntos como un manojo de paja, alrededor de la Virgen, es porque Magdalena lo hizo con el fuego de su amor intrépido. Sí. El amor. Nos han superado en amar… Por esto fueron lo que fueron.

-1en bethania

Jesús continúa sonriendo y sin decir una palabra.

Los apóstoles dicen al mismo tiempo:

–                       Pero han sido grandemente recompensados…

–                       Tú dejaste que te vieran.

–                       Los visitaste primero.

–                       A los pastores y a los discípulos…

–                       A María después de tu Madre…

–                       A Juana, a las romanas y a los militares romanos.

Es indudable que en sus palabras se trasluce el tono de un cierto reproche, por estas personas privilegiadas.

Que se hace más evidente en los que hablan luego, conforme se van atreviendo a más…

Felipe:

–                       Magdalena sabe desde hace muchas horas que has resucitado. Ha transcurrido todo el Domingo…  Y nosotros sólo ahora podemos verte…

Tadeo:

–                       No más dudas en ellos. Pero en nosotros, ¡Cuántas!… Mira. Sólo ahora comprendemos que nada ha terminado. Si todavía nos amas y no nos rechazas… ¿Por qué entonces, solo a ellos; Señor?

Pedro:

–                        Sí. ¿Por qué a las mujeres y sobre todo, a María Magdalena? Le tocaste la frente. Ella asegura que le parece llevar una guirnalda eterna. Y a nosotros tus apóstoles, nada…

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La sonrisa desaparece del rostro de Jesús.

Mira seriamente a Pedro y dice:

–                        Tenía Yo Doce discípulos. Los amaba con todo mi corazón. Los había elegido. Y como una madre cuidé de que crecieran durante mi vida. No tenía secretos para ellos. Todo les decía, les explicaba, les perdonaba. Tenía discípulos…  Había ricos y pobres. Tenía mujeres discípulas de un pasado turbio y de frágil constitución. Pero mis predilectos eran los apóstoles.

Llegó mi Hora…

16tristeza mortal

Uno me Traicionó y me entregó a los verdugos. Tres se echaron a dormir, mientras Yo sudaba sangre…

1JESUS EL ANGEL Y SUS DICIPULOS DURMIENDO

Todos menos dos, huyeron cual cobardes. Uno me negó por temor, no obstante el ejemplo del otro, joven y fiel…  Y como si no fuera suficiente, entre los Doce he tenido un suicida desesperado y otro que ha dudado de tal forma de mi Perdón, que no quiso creer en la Misericordia de Dios, pese a las palabras de mi Madre.

Si tuviera que ver a mis seguidores con ojos humanos, tendría que asegurar: ‘Fuera de Juan, fiel en el amor y de Simón, fiel en la obediencia, ya no tengo apóstoles.’ Esto debería haber dicho cuándo padecía en el recinto del Templo, en el Pretorio, por las calles de Jerusalén, en la Cruz.

18-Jesus being nailed to the cross - by William Hole

     Había mujeres… Una, la más pecadora en el pasado, fue la llama que soldó las fibras deshechas de los corazones. Esa mujer es María de Mágdala.

Tú me negaste y huiste. Ella desafió la muerte para estar cerca de Mí. Al sentirse insultada se levantó el velo, para recibir los escupitajos  y burlas, pensando que así se asemejaba más a su Rey Crucificado.

19magdalena

En el fondo de los corazones era objeto de burla porque creía en mi resurrección y pese a ello siguió creyendo. Destrozada ha vuelto a reaccionar…  Y por la mañana pese a su Dolor dijo: ‘De todo me despojo, pero dadme a mi Maestro.’ Puedes repetir tu pregunta: ¿Por qué a ella?

20RESURRECCION

Tuve discípulos pobres, que eran los pastores. Pocas veces tuve la oportunidad de estar cerca de ellos y sin embargo no dudaron en proclamar su fidelidad.

21pastores

Tuve discípulas tímidas, como lo son todas las mujeres hebreas. Y con todo, no vacilaron en abandonar sus casas y avanzar en medio de la marea del odio de un pueblo que me blasfemaba, con tal de darme esa ayuda que mis apóstoles me negaron…

Tenía el rostro cubierto de escupitajos y de sangre. Lágrimas y sudor corrían por mis heridas. Suciedad y polvo lo cubrían. ¿Cuál fue la mano que lo limpió?

22compasion

Ninguna de las vuestras. Éste estaba junto a mi madre. Éste juntaba a las ovejas dispersas. ¿Cómo podían ayudarme?

Tú escondiste tu cara por miedo al desprecio del mundo, mientras tu Maestro se cubría con él. A esa delicada mano de mujer, le di el regalo de mi sonrisa.

24veronica

Tuve paganas que admiraban al ‘filósofo.’ Porque eso era para ellas. Y cuando todo un mundo de ingratos me había abandonado… Ellas, las poderosas romanas; no tuvieron empacho en aceptar las costumbres hebreas, para decirme: ‘Somos tus amigas’

23An_Audience

Me moría de sed. La fiebre y el dolor se habían apoderado de Mí. Ya había manado Sangre de Mí, en el Getsemaní por el Dolor de ser Traicionado, abandonado, negado, azotado, sumergido por las culpas infinitas y por el Rigor de Dios. También corría sangre en el Pretorio…

¿Quién quiso dar una gota de agua a mi garganta que ardía de sed? ¿Una mano de Israel? No. Un pagano compasivo. La misma mano que por decreto eterno, me abrió el pecho para mostrar que el corazón tenía ya una herida mortal.

Y era que la falta de amor, la cobardía, la Traición; ya la habían abierto. Fue un pagano. Os lo recuerdo: “Tuve sed y me dio de beber” En todo Israel no hubo Uno, que me hubiese dado un solo consuelo.

25rostro de cristo

O porque no podían, como mi Madre, las mujeres fieles y los pastores. O por mala voluntad.

Y un pagano tuvo para el Desconocido, un gesto de compasión que mi pueblo no me dio. En el Cielo encontrará el sorbo de agua que me dio…

En verdad os digo que sí rechacé todo consuelo, porque cuando se es víctima no conviene templar la suerte. No quise rechazar lo que me ofrecía el pagano; porque en ello probé la miel de todo el amor que los gentiles me brindarán, en recompensa de toda la amargura que me hizo beber Israel.

No me quitó la sed. Pero sí el desconsuelo. Acepté ese sorbo, para atraer hacia Mí, al que ya se inclinaba hacia el Bien. ¡Que el Padre lo bendiga por su compasión!

26longinos

¿No habláis más? ¿Ya no me preguntáis porqué he procedido como lo hice? No os atrevéis ¿Verdad? Os lo diré. Os diré los porqués de esta Hora.

¿Quiénes sois? Mis continuadores. Los sois pese a vuestro extravío. ¿Qué debéis hacer? Convertir al Mundo al Mesías. ¡Convertirlo! Es la cosa más delicada y difícil, amigos míos. Los desprecios, las burlas, el orgullo, el celo exagerado, son cosas que se opondrán al éxito.

Pero como nada, ni nadie os hubiese convencido para que usaseis bondad, condescendencia y caridad;  para con los que están en las Tinieblas. Fue necesario, ¿Comprendéis?…

27Getsemani-oracion-del-huerto-traicion-de-Judas1

Que después de que se hubiera aplastado vuestro orgullo de hebreos, de varones, de apóstoles.  Tuvieseis la Humildad, para comprender la verdadera sabiduría y la grandeza de vuestro ministerio… Y creciese en vosotros la mansedumbre, la paciencia, compasión y el amor sin límites.

¿Veis que aquellos que mirabais con desprecio o con orgullosa compasión, os han superado en la Fe y en el Obrar? Todos. La pecadora de otros tiempos… Lázaro, aficionado a la cultura profana, fue el primero que perdonó y guió. Las mujeres paganas, desafiaron un pueblo enloquecido por el Odio…

28romanas

La débil mujer de Cusa. ¿Débil? En verdad que a todos os supera. Es la primera mártir de mi Fe…  Los soldados de Roma. Los pastores. El herodiano Mannaém y hasta Gamaliel el rabino…  No te estremezcas Juan. ¿Crees que mi espíritu estaba en las Tinieblas?

Y esto os ha sucedido, para que el día de mañana al recordar vuestro error, no cerréis vuestro corazón a quien se acerca a la Cruz. Y sin embargo Yo sé que no lo haréis hasta que la Fuerza del Señor, no os haya revestido con su Fuego.

29Crucifixion-Christ-Cross-Mormon

Pedro. En lugar de estar llorando, tú que debes ser la Piedra de mi Iglesia, grábate ésta verdad en el corazón: La mirra se emplea para preservar de la corrupción, llénate de su amargura. Y cuando quieras cerrar tu corazón y la Iglesia a uno de otra fe, recuerda que no fue Israel…  No Israel, sino Roma; quién me defendió y tuvo piedad…

Acuérdate que no fuiste tú, sino una pecadora, la que tuvo la osadía de estar a los pies de la Cruz y por eso mereció ser la primera en verme.

30magdalena

Y para que no te hagas digno de una reprensión, Imita a tu Dios. Abre tu corazón y la Iglesia diciendo: “Yo el pobre Pedro no puedo despreciar, porque si lo hiciere; Dios me despreciará y mi error tornará cual es, ante sus ojos” ¡Ay de ti si no te hubiera reducido a este estado! Serías un Lobo y no un Pastor. 

Jesús, revestido con toda su imponente majestad se pone de pie…

Hijos míos, os hablaré más veces, mientras esté con vosotros. Entre tanto os absuelvo y os perdono. Después de la Prueba que si  fue cruel y avasalladora… También fue necesaria y saludable.

31Carl_Heinrich_Bloch_-_Consolator

Descienda sobre vosotros la paz del Perdón. Y con ella en el corazón volved a ser mis amigos fieles y fuertes. Mi Padre me envió al Mundo. Yo os mando a él, para que continuéis mi Evangelización.

Miserias de toda clase vendrán a vosotros en demanda de consuelo. Sed buenos, pensando en la miseria vuestra, cuando os quedasteis sin Mí… Llevad con vosotros la   Luz. En las Tinieblas no se puede ver. Sed limpios, para que otros lo sean. Sed amor para amar.

32Josephsaltar_Altarblatt_Pfingstwunder

Luego vendrá El que es Luz, Purificación, Amor. Para prepararos a este Ministerio os comunico el Espíritu Santo. A quienes les perdonareis sus pecados, les serán perdonados. A quienes no, no se les perdonarán. Vuestra experiencia os haga  justos para juzgar.

El Espíritu Santo os haga santos para santificar. Vuestra voluntad sincera de reparar vuestra falta, os haga heroicos para la vida que os aguarda. Lo que todavía no os digo, os lo diré cuándo el que está ausente, haya venido. Rogad por él. Quedaos con mi paz y sin angustia alguna de que no os ame.

Jesús desaparece igual que como entró, dejando entre Pedro y Juan el lugar vacío. Desaparece en medio de un resplandor que hace que los apóstoles cierren sus ojos. Cuando los abren, encuentran que solo la Paz de Jesús ha quedado como una flama que quema y que sana. Que consume las amarguras del pasado en un solo deseo: el  de servir.

33emaus

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

228.- LAS PRIMICIAS DE ROMA


1Boulanger20Gustave-Reunion0depatriciosPalaciodeVersalles

Es la hora tercia de la mañana del Domingo… En una rica habitación de su palacio, está llorando amargamente Juana, apoyada sobre el respaldo de un asiento que está junto a un lecho bajo, cubierto de hermosas y finas mantas. Su llanto es abundante y su cuerpo se sacude con los sollozos…

Como tiene la frente apoyada sobre su brazo, no ve cuando un rayo de sol que se filtra por la cortina del ventanal, repentinamente se vuelve más luminoso y aparece Jesús… Que se le acerca sin hacer ruido, le toca los negros cabellos con una caricia muy delicada y con mucha dulzura…

Jesús le pregunta:

–           ¿Por qué lloras Juana?

Está tan abismada en su dolor que ni siquiera levanta la cabeza para mirar a quien le ha preguntado y…

Con un sollozo desgarrador, Juana contesta:

–           Porque ya no tengo ni siquiera el Sepulcro del Señor para ir a bañarlo con mis lágrimas y no estar sola…

–           Ya Resucitó… ¿No estás feliz?

2jresucitado

¡Oh, sí! Todos lo han visto, menos Martha y yo. Martha lo verá sin duda en Bethania… Porque esa casa ha sido siempre amiga de Él. La mía… La mía ya no lo es… Todo lo he perdido con su Pasión… A mi Maestro y el amor de mi esposo… y su alma… Porque no cree… No cree. Se burla de mí… Me obliga a que ni siquiera venere la memoria de mi Salvador… Para no perjudicarse… Para él es más importante el respeto humano…

Yo… yo no sé si seguir amándolo o no. No sé si seguiré obedeciéndolo como mujer que soy suya. O no… Como lo quisiera mi corazón, para que mi alma se pueda unir al Mesías a quién sigo siendo fiel… Yo quisiera saber… ¿Pero quién puede aconsejarme si ya no puedo verlo? ¡Oh! ¡Para mi Señor sus sufrimientos han terminado! Pero para mí, empezó el viernes y continúa…¡Oh, que soy tan débil y no tengo fuerzas para soportar esta cruz!

–           ¿Si Él te ayudase, la llevarías por su Amor?

–           ¡Claro que sí! Con tal de que me ayudara… Él sabe qué cosa significa llevar la cruz… ¡Oh! ¡Piedad de mi desventura!…

3Cristo camino del Calvario - Tiziano 1560

Sí. Yo sé lo que significa llevar uno solo la cruz. Por esto he venido y estoy a tu lado Juana, ¿Sabes Quién te está hablando?  ¿Tu casa ya no es más amiga para el Mesías? ¿Por qué? Si tu esposo terrenal es como un planeta al que oculta una nube de miasmas humanos, tú siempre eres la Juana de Jesús. El Maestro no te ha abandonado. Jesús jamás abandona a las almas que se han unido a Él. Es siempre el Maestro, el Amigo, el Esposo, también ahora que es el Resucitado. Levanta tu cabeza Juana. Mírame.

En estos momentos en que nadie oye lo que te digo tendrás mayor gozo que si me hubiera aparecido como a las otras, pues voy a decirte cual sera tu conducta en lo futuro. La que será de tantas hermanas tuyas. Ama con paciencia y sumisión a tu vacilante esposo. Aumenta tu dulzura cuanto más el fomenta dentro de sí la amargura de miedos humanos. Aumenta tu luminosidad espiritual, cuanto más el proyecta sombras de intereses terrenales. Sé fiel por los dos. Sé fuerte en tu desposorio espiritual…

¡Cuántas en lo porvenir tendrán que escoger entre la voluntad de Dios y la de su esposo! Pero serán grandes cuando sobre el amor y la maternidad, seguirán a Dios. Tu padecer ha empezado. Pero ten en cuenta que el padecer desemboca en la resurrección.

Juana ha estado escuchando y poco a poco ha ido levantando su cabeza. Sus sollozos se mitigan. Mira… Y cae de rodillas…

Adorando y murmurando:

–           ¡El Señor!

4Sagrado_Corazon

Sí. Soy el Señor. Ves que no me he comportado con nadie, como contigo. Yo veo las necesidades particulares y sé la ayuda que tengo que dar a las almas que lo esperan. Sube tu calvario de mujer casada con la ayuda de mi caricia y la de tu inocente hijito… Ha entrado conmigo en el Cielo y me encargó que te diera sus caricias… Te bendigo, Juana. Ten Fe. Te he salvado. Salvarás a otros, si tienes Fe.

Juana sonríe y se atreve a preguntar:

–           ¿No vas dónde los niños?

–           Al amanecer los he besado, cuando todavía dormían en sus camas y me tomaron por un ángel. Puedo besar a los inocentes cundo quiero. Pero no los desperté para no turbarlos demasiado. Su alma conserva el recuerdo de mi beso… Y a su tiempo lo trasmitirá a la inteligencia. Nada de lo que es mío se pierde. Sigue siendo para con ellos madre y para con mi Madre, hija. No te separes jamás de Ella. Con una dulzura maternal, conservará lo que fue nuestra amistad. Llévale los niños. Los necesita para sentirse menos sola, ahora que ya no tiene a su Hijo.

–           No lo permitirá Cusa.

–           Si lo permitirá.

–           ¿Me repudiará, Señor?- Es un grito de dolor.

–           Es un planeta envuelto en la niebla. Llévalo a la Luz con tu heroísmo de esposa y de creyente. Adiós. Fuera de mi madre, a nadie más digas que te he venido a ver. También las revelaciones se hacen a quién es justo hacerlas.

Jesús la bendice y con una hermosísima sonrisa… Desaparece.

5jesusmisericordioso

Juana se levanta aturdida, en medio de la alegría y el dolor. Entre el temor de haber soñado y la certeza de haber visto. Pero lo que siente dentro de sí, la serena. Va a donde están jugando los pequeños en la terraza superior y los besa.

La pequeña María ya no es la niña flacucha de otros tiempos… Sino una esbelta, gentil y hermosa criatura; espléndidamente vestida y peinada.

Le pregunta tímidamente:

–           ¿No lloras más, mamá?

Matías, moreno y elegante; con su exuberancia de pequeño hombrecito…

Le asegura:

–           Dime quién te hace llorar. Que me las va a pagar…

Juana los estrecha contra su corazón y hablando sobre sus cabecitas, responde:

–           No lloro más. Jesús ha resucitado y nos bendice…

María pregunta:

–           ¡Oh! ¿Entonces no sangra más? ¿Ya no sufre?

Matías dice:

–           ¡Necia! Di más bien que ya no está muerto… ¡Ah! ¡Entonces ahora es feliz! Porque estar muerto es algo feo…

María vuelve a preguntar:

–           ¿Entonces ya no vas a llorar más, verdad mamá?

Juana responde:

–           No. Vosotros inocentes, alegraos con los ángeles.

María dice:

–           Los ángeles… Esta noche, no sé qué vigilia fue… Sentí una caricia muy suave y más dulce que la tuya y cuando abrí los ojos, sólo vi una gran luz y pensé: ‘Mi ángel me ha besado, para consolarme por el gran dolor que tengo de que haya muerto el Señor…’

6crucifixion

Matías agrega:

–           También yo. Pero como tenía mucho sueño solo dije: ¿Eres tú? Pensé que era mi ángel custodio y quería decirle: ‘Ve a besar a Jesús y a Juana, para que ya no tengan miedo.’ Pero no pude, seguí durmiendo y soñando que estaba en el cielo. Luego sentí el terremoto y me desperté asustado, pero Esther me dijo: ‘No tengas miedo. Ya pasó.’ Y volví a dormir.

Juana los besa una vez más y los deja para que sigan jugando. Ella sale y se va al Cenáculo.

Pregunta por la Virgen y cuando está con Ella en su habitación…

Juana exclama:

–           Lo he visto. Te lo anuncio. Me siento consolada y feliz. Ámame, porque Él me mandó que estuviese unida a ti.

María responde:

–           Ya te había dicho desde el sábado que te amo. Desde ayer, porque ayer… Parece tan lejano aquel día de lágrimas y tinieblas y fue apenas anteayer… Y este día tan lleno de luz y de sonrisas…

–           Sí. Me lo habías dicho, ahora recuerdo lo que Él me ha repetido. Me habías dicho: “Nosotras las mujeres debemos hacer algo, porque nos hemos quedado solas y los varones han huido… Es siempre la mujer la que procrea…”  ¡Oh, Madre, ayúdame a dar a la vida a Cusa! Él ha huido de la fe… –Y Juana se pone a llorar.

María la toma en sus brazos y la acaricia como si fuera una niña…

7maria

Le dice:

–           Más fuerte que la Fe, es el Amor… Es la virtud más activa. Con él crearás el alma nueva de Cusa. No tengas miedo. Yo te ayudaré…

Mientras tanto en el monte de los Olivos…

Los pastores van bajando para entrar a la ciudad y llegar hasta el Cenáculo…

Tambien ellos caminan ligeros y hablan llenos de gozo, porque ya supieron la noticia de la Resurrección… Y la creen totalmente, aunque ellos no lo han visto.

Elías dice:

–           Diremos a Pedro que lo mire bien, para que nos diga cuán hermoso es ahora su rostro…

Isaac:

–           Por mi parte, por más bello que sea; no puedo olvidar cómo fue atormentado…

Leví pregunta:

–           Yo recuerdo la forma en que fue levantado en la Cruz. ¿También vosotros?

Daniel:

–           Perfectamente. Todavía se podía distinguir. Después, con estos ojos tan viejos, ya no podía verlo bien…

José:

–           Yo sí lo vi hasta que murió. Pero hubiera preferido ser ciego para no verlo…

Juan el pastor lo consuela:

–           Ahora ha resucitado. Esto es lo que importa y lo que debe hacernos felices…

Jonathás:

–           Y el recuerdo de que no lo dejamos, sino para hacer una caridad.

Matías murmura:

–           Pero nuestro corazón se quedó allá arriba.

8cristo_resucitado2

Benjamín:

–           Sí, allá siempre. Tú que ya lo viste en el Sudario dinos: ¿Cómo estaba? ¿Se parece?

Isaac responde:

–           Cómo si hablase.

Varios preguntan:

–           ¿Veremos ese velo?

–           Sí. Su Madre lo enseña a todos. Ciertamente lo veréis. Pero da tristeza verlo… Sería mejor ver… –Se interrumpe y grita- ¡Oh, Señor!

Todos se detienen de repente, porque Jesús está frente a ellos con los brazos abiertos, como si los abrazara…

Y les dice:

–           Siervos fieles, vedme aquí… –su sonrisa es indescriptible- Id. Os espero dentro de pocos días en Galilea. Quiero deciros que os sigo amando. Jonás está feliz, con los demás en el Cielo y os mandan sus bendiciones…

Todos exclaman:

–           ¡Señor! ¡Señor!

–           La Paz sea con vosotros, siervos de buena voluntad.

Jesús desaparece en medio de un rayo esplendoroso de sol meridiano. Él se ha ido, pero a ellos les queda la alegría de haberlo visto glorioso…

9bloch2

Están transfigurados de alegría. Llevados de su humildad, no conciben haber sido dignos de haberlo visto y dicen:

–           ¡A nosotros!

–           ¡A nosotros!

–           ¡Qué bueno es nuestro Señor!

–           Desde su Nacimiento, hasta su Triunfo…

–           Siempre humilde y bueno para con sus pobres siervos.

–           ¡Y qué bello es!

–           ¡Oh! ¡Nunca había sido tan Hermoso!

–           ¡Qué majestad!

–           ¡Parece más alto y entrado en años!

–           ¡Es un hombre en la plenitud de su juventud y madurez!

–           ¡Realmente es el Rey!

–           ¡Lo llamaron el Rey Pacífico! Pero también es el Rey Terrible para los que deben tener miedo de su Juicio.

10Mateo-25-Jesus-Rey-del-Universo-2-venida

¿Vieron que rayos despedía su Rostro?

–           ¡Y qué mirada la de sus bellísimos ojos!

–           Yo no me atreví a mirarlo fijamente… Creo que asi es cómo debe estar en el Cielo. ¡Es Dios! Quiero conocerlo para no tener miedo.

–           No debemos temer si seguimos siendo sus siervos.

–           Oísteis: ‘Quiero deciros que os sigo amando. La paz sea con vosotros, hombres de buena voluntad’  Ni una palabra más. Pero aprueba lo que estamos haciendo.

–           Entonemos el canto de nuestra alegría…

Matías, el anciano discípulo de Juan el Bautista, se pone a la cabeza de todos cantando con júbilo y los otros le siguen en coro:

–           “Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Verdaderamente el Señor ha Resucitado, ¡Aleluya! Ha perdido con su Sangre, todo cuanto el beso de un hombre le inyectó de corrupción…

11el beso traidor

Y limpio como el altar de su Cuerpo Santísimo, ha tomado la inefable Belleza de Dios. ¡Aleluya!… Antes de subir a los Cielos, se ha mostrado a sus siervos. ¡Aleluya! Vayamos cantando la Eterna Juventud de Dios. Vayamos anunciando a las gentes, que Él ha Resucitado, ¡Aleluya! Del sepulcro el Inmortal ha salido, el Vencedor ha vencido a la Muerte, ¡Aleluya! El Justo, el Santo, el Rey ha Resucitado, ¡Aleluya! El hombre justo con Él ha resucitado. En el Pecado como en una gruta, estaba encerrado el corazón del hombre. Murió, para decir: ¡Resucitad! Y los que estaban dispersos, con Él han resucitado. ¡Aleluya! Abiertas las puertas de los Cielos, a los elegidos ha dicho: ‘Venid’ Que nos conceda por su santa Sangre que también nosotros subamos, ¡Aleluya!

Y con júbilo santo, los pastores marchan danzando a través del bosque de olivos en flor…

12flor-olivo

Cuando están a punto de llegar a la Puerta de los Peces…

Jonathás dice:

–           Porque dije que había nacido, perdí mi patria y mi casa. Y por causa de su Muerte, he perdido la nueva casa donde treinta años trabajé como un hombre honrado. Pero aun cuando perdiese la vida por su causa, moriría alegremente. No guardo rencor al que no me quiere por su causa. Mi Señor me ha enseñado la perfecta mansedumbre, con su muerte.

Tampoco me preocupa el mañana. Mi morada está en el Cielo. Viviré en la pobreza que Él tanto amó y le serviré hasta el momento en que me llame… Sí… Le ofreceré también la renuncia a mi patrona, la señora Juana a la que quiero como una hija… Esto es la espina que más me punza… Ahora que he visto el Dolor del Mesías y su Gloria… No debo aquilatar mi dolor; sino esperar la gloria celestial… Vamos a decir a los apóstoles que Jonathás es el siervo de los siervos del Mesías…

Y sigue cantando con júbilo…

Al mediodía, la casa del Cenáculo está llena de gente y del bullicio y la alegría de una fiesta. Están todos los apóstoles, menos Tomás. Llegaron los pastores y todas las discípulas. Todos están llenos de gozo e intercambian sus impresiones y las noticias de sus experiencias con el Resucitado.

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Martha, junto con Marcela, Nique y Susana, van y vienen preparando la comida de los ‘siervos del Señor’ como se ha dado en llamar a los apóstoles. Todos parecen niños que llenos de ansiedad esperan ‘algo’ y al mismo tiempo les infunde un poco de temor.

Los que aparentan estar más dueños de sí, son los apóstoles; pero también son los más temerosos cuando como ahora, se oye que tocan el portón.  Todos se callan y los corazones se aceleran…

Magdalena mira por la ventanilla y con un ¡Oh! de sorpresa y admiración abre la puerta y recibe al grupo de las mujeres romanas que vienen acompañadas por Longinos y por el centurión Octavio, que están vestidos de civiles.

Plautina pregunta:

–           ¿Podemos entrar un momento para anunciar nuestra alegría a la Madre del Salvador?

Magdalena responde:

–           Pasad. Allí está. Venid.

Longinos y Octavio se quedan en un rincón del vestíbulo, aislados; porque los miran con cierto recelo…

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Las mujeres llegan con María… Se arrodillan y la saludan:

–           ¡Ave Domina!

Plautina dice:

–           Si antes admirábamos la Sabiduría, ahora queremos ser hijas del Mesías. Te lo decimos a Ti, Domina. Porque eres la única que puedes hacer que los hebreos no desconfíen de nosotras… Vendremos a Ti para que nos instruyas, hasta que esos (Y señalan a los apóstoles que están agrupados en la entrada del Cenáculo) nos permitan llamarnos seguidoras de Jesús.

María sonríe dichosa y contesta:

–           Pido al Señor que purifique mis labios como al profeta, para poder hablar dignamente de mi Señor… ¡Sed benditas, primicias de Roma!

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También Longinos y Octavio desearían… Dicen que sintieron algo en su corazón, cuando cielos y tierra se abrieron al grito de Dios. Si nosotras no sabemos gran cosa, ellos nada… Fuera de que Él era el Santo de Dios y que ya no quieren permanecer en el error.

–           Les dirás que vayan a los apóstoles.

–           Allí están. Pero no les tienen confianza…

María se levanta y se dirige hacia dónde están los dos soldados…

Los apóstoles la ven y tratan de adivinar lo que quiere hacer… Ella los llama con un gesto. Y rápido se acercan…

Los militares se arrodillan y la saludan:

–           ¡Ave, Domina!

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María dice:

–           Dios os lleve a la Luz, hijos. Venid a conocer a los siervos del Señor…

Ellos se ponen de pie y María pone su mano en el hombro de Juan mientras dice:

–           Este es Juan. Ya lo conocéis. Este es Simón Pedro, a quién mi Hijo y Señor, eligió para que sea cabeza de sus hermanos.  Este es Santiago y este Judas, primos del Señor. Este es Simón y este Andrés, hermano de Pedro. Este es Santiago, hermano de Juan. Estos son Felipe, Bartolomé y Mateo. Falta Tomás que no ha venido; pero lo introduzco, como si estuviese presente. Todos ellos son los elegidos para una misión especial.

María señala a los pastores y continúa:

–           Aquellos que humildes están en la sombra, son los primeros por su heroísmo en amar. Hace más de seis lustros que hablan del Mesías.

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Ni las persecuciones que han padecido, ni los padecimientos que soportó mi Hijo; han hecho bambolear su Fe. Pescadores, pastores y vosotros patricios; recordad que en el Nombre de Jesús, no hay distinción. El amor por el Mesías hace que todos seáis iguales y hermanos. Mi amor os llama hijos, aun a vosotros que sois de otras naciones.

Más bien puedo decir que os he vuelto a encontrar, después de haberos perdido; porque estuvisteis junto a mi Hijo en los momentos en que moría. Longinos, no olvidaré tu buen corazón… Ni tampoco tus palabras Octavio.

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Yo parecía morir, pero todo lo observaba. No tengo con qué recompensaros. Y en verdad que al tratarse de cosas santas, no hay dinero que valga. Tan solo el amor y la oración. Esto os prometo hacer ante Jesús, para que os lo recompense…

Longinos contesta:

–           Ya lo hizo Domina. Por esto, hemos tenido el valor de venir. Nos reunió un impulso común. La Fe que ha arrojado ya su lazo para unir los corazones…

Todos se acercan impulsados por la curiosidad…

Y hay quien superando la sospecha e incluso la antipatía al contacto pagano, se anima…

Y pregunta:

–           ¿En qué forma?

Longinos contesta:

–           Lo vi en la mañana… Es un Rey muy majestuoso…  Me mostró la herida de su costado que yo le hice… De ella manaba muchísima Luz…Y me dijo: ‘Ven a Mí’

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Octavio dice:

–           Yo estaba en los establos, cepillando mi caballo y pensando en Él… Cuando de repente lo vi frente a Mí, con una Majestad incomparable… Y me dijo: ‘Si me crees el Santo, cree en Mí’

Plautina agrega:

–           Esta mañana nosotras estábamos hablando de Él, cuando de pronto Valeria se detuvo y se postró a la entrada de la terraza…

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Y con una luz maravillosa, Él se materializó en medio de nosotras. Nos sonrió con infinita dulzura y nos dijo que nos amaba. Nos mostró su corazón… Y su Rostro se imprimió en el nuestro… Él nos dio las gracias por ser fieles y no abandonarlo en el Calvario. Y nos bendijo.

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Desde ese momento lo unico que deseamos fue venir a deciros: ‘No nos rechacéis’

Claudia Prócula se descubre la cabeza y muestra su cara ante el estupor general…

Se arrodilla mientras suplica:

–           Por favor. Queremos ser vuestras hermanas en Cristo. Y yo seré tu sierva, Madre de mi Señor…

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Es impactante ver a la poderosa nieta de Augusto y esposa del Procónsul, arrodillada y humilde, ante la Reina del Cielo.

María se inclina y la besa en la frente. Luego la levanta y…

La abraza diciendo:

–           Bienvenidas sean, hijas de mi Señor… Y de mi Corazón Inmaculado…

Claudia le dice en voz baja:

–           Madre, necesito preguntarte algo…

María le contesta:

–           Ven, conmigo. – y la toma de la mano como si fuera una niña y la lleva consigo a su habitación…

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Se forma una confusión y se entrecruzan los comentarios. Los romanos son aceptados y la conversación se generaliza… Todos repiten como lo vieron…

Los apóstoles mortificados, se quedan callados. Para no aparecer menos por no haber recibido su saludo, preguntan a las mujeres hebreas, si a ellas también les dieron su regalo de Pascua.

Elisa responde:

–           Me ha quitado la espada de dolor que sentía por la muerte de mi hijo.

Ana:

–           He escuchado su promesa de que los míos gozan de la salvación eterna.

Sira:

–           Yo recibí una caricia.

Marcela:

–           Yo vi el resplandor  y oí su voz que me dijo: ‘Persevera’

Como Nique está muy callada, le preguntan:

–           ¿Y tú Nique?

Otros contestan por ella:

–           Ella ya tuvo el suyo, en el Velo.

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Nique responde:

–           No. He visto su Rostro y me ha dicho: ‘Para que en tu corazón se imprima éste.’ ¡Qué hermoso es!

Martha va y viene muy solícita, pero no dice nada.

Magdalena le pregunta:

–           ¿Y tú hermana? ¿No te ha dado algo a ti? No dices nada, pero sonríes. Y es demasiado dulce tu sonrisa, para no tener de qué alegrarte.

Martha, que está ocupada en poner los manteles sobre la mesa, no quiere que se sepa nada de su feliz secreto. Pero María no la deja en paz…

Entonces se ruboriza toda y dice:

–           Me ha dado cita para la hora de mi muerte y de los esponsalicios realizados… –Y su cara se enciende de un rojo vivo y su sonrisa le ilumina con una felicidad total.

Mientras tanto en la habitación de María…

Claudia dice mortificada…

–           ¡Oh, Madre! Yo me enteré de que habías mandado a buscar al Traidor para perdonarlo… ¿Es verdad que…?

Maria contesta muy triste:

–           Sí. Pero no pude hacer nada para salvarlo… Ya se había suicidado…

–           Nosotros  supimos que se ahorcó en un olivo y que hay un gran alboroto en el Templo por su cadáver… No entiendo… Judas vendió a tu Hijo…

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Cuando Satanás se apodera de las almas, las lleva a cometer los más horrendos crímenes… Pero ahora, la Sangre de Jesús es el más poderoso antídoto, para el veneno satánico… Judas pudo haber sido sanado y salvado…

Si no se hubiera suicidado, yo habría impetrado el Perdón del Padre… Y con mi perdón y mis lágrimas, él hubiese sido el joyel de la Redención…

–           Cuando Juana nos lo dijo, una luz de esperanza se encendió en mi corazón… Yo he tenido pesadillas muy dolorosas y Poncio está muy atormentado desde el viernes… No duerme y yo no le he dicho todavía que el Maestro Jesús Resucitó; porque primero quería preguntarte…

26sueñode claudia

Amo a mi esposo y quiero que me acompañe, en el nuevo camino que voy a emprender como cristiana, pues quiero que él tambien sea ciudadano del Reino de Jesús… –Claudia mira a la Virgen con ojos suplicantes- ¿Es posible que también él sea perdonado por haber sentenciado al Señor?

–           ¡Claro que sí! ¿No recuerdas que Él desde la Cruz pidió al Padre el perdón, ‘Porque no saben lo que hacen…’?

–           Y tú Madre, ¿Nos perdonas a los dos y a Roma, por haberlo sentenciado?… –Y Claudia termina con un amargo sollozo, mientras cae postrada y llorando, a los pies de la Virgen…

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María se sienta en la silla junto a la mesita y Claudia sigue llorando sobre sus rodillas, como si fuera una niña pequeña… Le toma el rostro con sus dos manos y…

Le dice:

–           Hija, mírame.

Claudia levanta su cara llena de lágrimas…

María le dice con ternura maternal:

–           Yo perdoné desde que dí al ángel mi ‘Fiat’… Desde hace más de tres décadas, antes que todo se realizara… Cuando estábamos en el Calvario, ¿Recuerdas?… En Juan, yo recibí de Jesús a toda la Humanidad… Poncio también es mi hijo y lo amo. Oraremos juntas para que él encuentre la Luz y reciba la salvación, que la Redención de mi Hijo le ha alcanzado…

–           ¡Oh, Madre!…

Claudia la mira llena de admiración y agradecimiento…

Y exclama:

–           ¡Oh! Ayúdame a ser como tú, Santísima Madre de Dios y Madre nuestra…

María la besa una segunda vez en la frente y la consuela:

–           Te enseñaré y te ayudaré… El Paráclito te fortalecerá… Y a tu esposo, el Buen Pastor lo llamará al redil y él se volverá a Dios, como el hijo pródigo… Y tú con tu amor de esposa santa, lo santificarás… Ya lo verás…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

 

226.- DOMINGO DE VICTORIA


TRANSITO

La vida comienza cuando parece que termina…

La muerte, es sólo la dolorosa transición hacia la verdadera Vida. El hombre fue creado para el Cielo… Destinado desde un principio a ser el Templo Vivo de Dios, su paso por la tierra es solo la preparación de ese magnífico destino. El Infierno fue creado para castigo de Satanás y sus ángeles rebeldes a Dios. Ahora lo comparten los hombres que rechazan la Salvación y la Doctrina de Jesús, por más que se nieguen a creer que existe.

En la noche del Viernes Santo, después de una muerte cuyos tormentos sólo pueden compararse a los del Infierno…

Jesús bajó a él para sacar del Limbo a los que aguardaban el momento de su Triunfo, que les abriría las puertas del Cielo para llevarlos con Él.

¡Cuánto dolor experimentó el Salvador al entrar en aquel lugar tan atroz! ¡Qué espantoso es el Fuego del Rigor de Dios! ¡Qué terrible es perder el Amor para vivir y respirar Odio, que es lo único que palpita en aquel Reino Maldito!

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Jesús nos creó una segunda vez. El pecado mató la Gracia en el hombre y su alma profanada por Satanás, quedó convertida en un cadáver espiritual y su cuerpo vulnerable a la enfermedad. Dios nos amó hasta el extremo de querer conocer la vida y la muerte de la Tierra, para hacerse Alimento de nuestra debilidad y Sacramento, para permanecer entre nosotros. Se despojó de la Vida para darnos la Vida.

Se despojó de su vestidura de Dios y se cubrió con la nuestra de Hombre. Y aun ésta la perdió por nosotros, después de probar todos sus horrores: Dolores, hambres, traiciones, torturas, fatigas, agonía y muerte… ¡Oh Redención del Hombre, cuánto le costamos! Reparación y Obsequio ofrecido a su Padre Santísimo….

Como Consagrante, Constructor y Víctima, Jesús adquirió el derecho a ser Sacerdote Supremo. Esto es lo que constituye su Gloria: haber restituido a Dios los Templos Vivos de nuestras almas de nuevo consagradas…  Y de esta Gloria lo revistió el Padre… Otorgándole el Poder de ser Juez de todas las creaturas que hizo suyas al Precio de un Sacrificio sin Límites, con una Victoria total manifestada el Domingo de Resurrección…

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La noche abre paso al amanecer. El cielo va tomando los tintes de un zafiro más claro… En el huerto hay un silencio total. Las estrellas del cielo, van desapareciendo poco a poco y el tinte azul negro de la noche se difumina, ante el empuje del alba que avanza de oriente a occidente; como la ola de marea alta que cubre la playa mojando la arena y los arrecifes, con el agua y la espuma…

Las estrellas parpadean con su luz cada vez más débil, bajo la luz blanco-verdosa del alba, que baña los olivos mientras la aurora surge victoriosa, borrando la oscuridad de la noche precedente, con sus destellos áureos y rosados que se posan sobre el rocío que baña todas las hojas en el huerto…

Los pajarillos se despiertan entre el tupido ramaje de los altísimos cipreses y los setos de laureles, que defienden del cierzo.

La puerta del sepulcro de Jesús ha sido reforzada con una gruesa capa de cal, como si fuese un contrafuerte. Sobre el color blanco opaco del sello del Templo, golpean las largas ramas de un rosal…

Los guardias, fastidiados y temblando de frío; abrumados por el sueño… Custodian el sepulcro en diversas actitudes…

Alrededor de la fogata que hicieron durante la noche, sólo quedan los tizones, la ceniza, las sobras de la cena y los huesitos pulidos que usaron para jugar un juego parecido al dominó, sobre un tablero trazado sobre la tierra de la vereda… Cuando se cansaron, se acomodaron para dormir un poco o velar…

En el cielo que ilumina una naciente aurora, se dibuja una raya rosada que avanza por el firmamento… Viene de desconocidas profundidades… Es un meteoro brillantísimo que desciende cual bola de fuego en un resplandor portentoso, seguido de una brillante estela…

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Los guardias espantados levantan su cabeza, porque junto con la luz resuena un retumbo armónico que llena todo lo creado… Es el Aleluya angelical, la gloria que acompaña al espíritu de Jesús que regresa a su Cuerpo Glorioso…

El meteoro choca contra la inútil piedra que es el sello el sepulcro. Lo destruye… Lo arroja por tierra esparciendo terror y fragor, sobre los guardias que fueron puestos como carceleros del Dueño del Universo.

Y al pegar contra la tierra provoca un nuevo terremoto, parecido al que sucedió cuando el espíritu de Jesús, salió de su cuerpo Crucificado… Entra en la oscuridad del sepulcro que se ilumina con esa luz maravillosa e indescriptible…

Y mientras permanece inmóvil, suspendida en el aire… El espíritu vuelve a entrar en el cuerpo sin vida, que está embalsamado bajo las fúnebres vendas…

Es muy lento describir… Todo ha sucedido en un instante: El aparecer, descender, penetrar y desaparecer la Luz de Dios; ha sido velocísimo…

El viernes por la tarde, el cadáver de Jesús fue sepultado… Al alba del tercer día, su Espíritu bajó como un rayo poderoso: destruyó los sellos de los hombres, tan inútiles ante el Poder de Dios. Derribó la piedra y aterrorizó a los guardias puestos para vigilar al que Es Vida, a quién ninguna fuerza humana puede impedir que lo sea.

Jesucristo con su Fuego Divino, calentó los fríos restos de su cadáver y el Nuevo Adán, se dijo a Sí Mismo: ‘Vive. Lo quiero.’

El «Quiero» del divino Espíritu a su frío cuerpo no recibe contestación. El «Quiero» lo dice la Esencia a la materia muerta. Sin embargo no se oye ni una palabra.

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La carne recibe la orden y obedece…

Bajo el Sudario y la Sábana despierta del sueño de la muerte, vuelve de la «nada» en que estaba. El corazón se despierta… Da el primer latido… Empuja en las venas el resto de la helada sangre que quedó e inmediatamente crea lo que necesitan las arterias vacías… Lo que necesitan los pulmones inmóviles… Lo que necesita el cerebro…  Llevando calor, salud, fuerzas, pensamiento… Y su cadáver siente que la Vida vuelve a Él.

Como un hombre que se despierta después de un profundo sueño, Jesús da un gran respiro. Ni siquiera abre los ojos. Lentamente la sangre vuelve a llenar las venas vacías, vuelve a latir el corazón, da calor a los miembros. Las heridas se cierran, los moretones desaparecen. ¡Cuán herido estaba Él…! Pero la Fuerza entra en actividad. Y su Cuerpo es sanado.

Lentamente ha despertado. Ha vuelto a la Vida. Estuvo muerto. AHORA VIVE. Ahora se levanta. Se quita las sábanas en las que estuvo envuelto. Se libra de los ungüentos. Aparece tal cual ES: la Belleza Eterna. La Perfección Absoluta. Se pone un vestido que no es de esta tierra, se lo tejió su Padre, que es el que teje la delicadeza de os lirios. Está revestido de resplandor. Sus Llagas son sus adornos. No manan sangre, sino Luz. Esa Luz que será la alegría de su Madre, de los bienaventurados…  Y el terror de los Malditos, de los demonios en la Tierra y en el Último Día.

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Un instante más…  Y aparece de pie: imponente, brillantísimo con su vestido de inmaterial materia, sobrenaturalmente hermoso y majestuoso. Con esa solemnidad que lo cambia y lo eleva, siendo siempre el mismo; apenas si el ojo humano tiene tiempo de captar los cambios.

Y ahora nuestro espíritu puede admirarlo…

Han desaparecido todas las huellas de su atroz tormento. Está limpio… Sin heridas, ni sangre. Despide luz de sus cinco llagas y la misma Luz brota también de cada poro de su piel.

Cuando da el primer paso al moverse, los rayos que brotan de manos y pies le forman como aureola de luz, desde la cabeza nimbada de una corona que le hicieron las heridas de las que no brota sangre sino resplandor, hasta la orla del vestido. Cuando al abrir sus brazos que tiene cruzados sobre el pecho, descubre una luminosidad vivísima que se trasluce por el vestido encendiéndole a la altura del corazón; se puede apreciar entonces que realmente es la «Luz» que ha tomado cuerpo.

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No se trata de la pobre luz terrena, ni de la de los astros, ni de la del sol; sino de la de Dios… Todo el brillo paradisíaco se junta en un solo Ser y le da su azul inimaginable por pupilas, su fuego de oro por cabellos, su candidez angelical por vestiduras y colorido…

Y lo que no puede describir la palabra humana: el inmenso ardor de la Santísima Trinidad…  Que anula con su potencia abrasadora cualquier fuego del paraíso absorbiéndolo en Sí,  para engendrarlo de nuevo en cada instante del tiempo eterno.

Corazón del cielo que atrae y difunde su sangre, las incontables gotas de su sangre incorpórea… Los bienaventurados, los ángeles, todo cuanto es el paraíso: el amor de Dios, el amor a Él. Lo que forma al Jesús resucitado todo es luz.

Cuando se dirige hacia la salida… Su magnífico resplandor, permite ver dos luminosidades hermosísimas, que son cual estrellas con respecto al sol.

El Ángel de su vida terrestre y el Ángel que lo acompañó en su Dolor, están postrados ante Él y adoran su Gloria. Sus dos ángeles… Uno para sentirse bienaventurado a la vista del Hombre a quién guardó y que ya no tiene necesidad de su protección angelical. El otro que vio sus lágrimas para ver su sonrisa… Que vio su lucha, para ver su Victoria; que vio su dolor, para ver su alegría.

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Están a cada lado del umbral, postrados en adoración ante su Dios que pasa envuelto en su luz…  derramando júbilo con su sonrisa.

Los guardias están allí afuera, semi-desmayados…

Los ojos mortales no ven a Dios, pero sí los puros del universo… Toda la Creación redimida por Él… Todos los seres, ven y admiran  al Poderoso que pasa en un nimbo de Luz que es suya, más esplendorosa que  un nimbo de luz solar. Su sonrisa, su mirada que se posa sobre las flores, sobre las ramas de los árboles; que se levanta al cielo…  Todo lo reviste de su Belleza llena de gloria.

Sale. Deja su fúnebre gruta. Vuelve a pisar la tierra que se despierta de alegría y se adorna con el brillo del rocío, con los colores de las hierbas, de los rosales, con las corolas de los manzanos que se abren milagrosamente al primer beso que les da el sol. La tierra saluda adorando al Sol eterno que por ella pasa…

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Pasa entre los guardias semidormidos, símbolo de las almas en pecado mortal, que no sienten cuando pasa su Dios…

Es Pascua: ¡El Paso del Ángel de Dios! Su paso de la Muerte a la Vida. Su paso para dar Vida a los que creen en su Nombre. Es la Paz que pasa por el mundo.  Y su pensamiento se dirige hacia la que con su FE y su santidad ha logrado que Dios se Encarnase en su vientre purísimo… Lo primero que hace al pisar nuevamente la tierra, es ir a ver a su Madre…  Con su vestido de Hombre Glorificado, con su resplandor sin igual y de diamantes.

Ella lo puede tocar porque es la Pura, la Hermosa, la Amada, la Bendita, la Santa de Dios. El Nuevo Adán va donde la Nueva Eva.

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El Mal entró en el mundo por la mujer y por la Mujer fue vencido. El Fruto Bendito del seno de la Mujer, ha desintoxicado a los hombres del veneno de Lucifer. Ahora SI QUIEREN, PUEDEN SALVARSE. Ha salvado a la mujer que quedó tan frágil, después de la herida mortal…

Jesús Resucitado sale al huerto lleno de flores. Los manzanos abren sus corolas para formar un arco sobre su Cabeza de Rey. Las hierbas se doblan para servir de alfombra a sus pies que vuelven a pisar la Tierra Redimida. Lo saludan los primeros rayos del sol; el aire abrileño; las nubecillas que pasan y los pájaros. Es su Dios y LO ADORAN.

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Más luminosos y transparentes que el del más esplendoroso diamante,  son los fulgores que forman una corona sobre la cabeza del Vencedor.

El rocío le brinda sus destellos. El cielo se refleja en sus ojos resplandecientes, como dos zafiros bellísimos. El sol del alegre amanecer abrileño, pinta con sus colores las nubes que son empujadas por una ligera brisa, para que venga a besar a su Rey; trayéndole los perfumes de los jardines y las caricias de los delicados pétalos de las flores más hermosas, que se rinden adorando a su Creador…

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Jesús levanta su mano y Bendice.

Los pajarillos se desgranan en trinos. El viento en fragancias… La Tierra en celestiales armonías…

Luego Jesús desaparece… dejando a su paso un rastro de gloria e incomparable dicha…

LA RESURRECCION DE JESUS

Mientras tanto en el cenáculo, en la habitación de la Virgen…

El aguijón de su Cuerpo Destrozado, redoblaba las plegarias ardientes de su Madre y para consolar su corazón agonizante, Jesús anticipó el Milagro de su Resurrección.

Ella está postrada con el rostro en tierra. Parece un ser abatido, como la flor muerta de sed de que ha hablado.

La cerrada ventana se abre bruscamente…  Y con el primer rayo del sol entra Jesús.

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María, que se estremeció al oír ruido y levanta su cabeza para ver qué clase de viento hubiera abierto las hojas de la ventana, mira a su radiante Hijo: hermoso, infinitamente más hermoso de lo que era antes de su pasión, sonriente, vivo. Luminoso más que el sol, con un vestido blanco que parece tejido con luz  y se acerca a Ella.

María se endereza sobre sus rodillas y juntando sus manos sobre el pecho en cruz, habla con un sollozo que es risa y llanto: «Señor, Dios mío.»

Y se queda extasiada al contemplarlo. Las lágrimas que bañaban su rostro se detienen. Su rostro se hace sereno, tranquilo con la sonrisa y el éxtasis.

Jesús no quiere ver a su Madre de rodillas como a una esclava…

Tendiéndole las manos de cuyas llagas salen rayos que hacen más luminoso su cuerpo…

La saluda jubiloso:

–                        ¡Madre!

No es la palabra desconsolada de las conversaciones y de los adioses anteriores a la pasión, ni el lamento desgarrador de su encuentro en el Calvario y en su último suspiro…

Es un grito de triunfo, de alegría, de victoria, de fiesta, de amor, de gratitud.

Se inclina sobre su Madre que no se atreve a tocarlo…  Le pasa las manos por los codos doblados, la pone de pie, la estrecha contra su corazón y la besa.

¡Oh!, Entonces es que María comprende que no es sólo una visión…

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Que es realmente su Hijo resucitado…  Que es su Jesús, su Hijo quien la sigue amando como a tal. Y con un grito se le echa al cuello, lo abraza, lo besa, entre lágrimas y sonrisas. Lo besa en la frente donde no hay más heridas; en la cabeza que no está despeinada, ni ensangrentada; en los brillantes ojos, en las mejillas sanas, en la boca que no está hinchada.

Luego le toma las manos, besa el dorso y la palma. Se arrodilla, besa sus pies al levantar la resplandeciente vestidura. Luego se pone de pie. Lo mira, pero no se atreve a hacer más…

Entonces Él sonríe y comprende. Entreabre su vestido, muestra el pecho y…

Pregunta amorosísimo:

–                       ¿Madre, no besas ésta, que tanto te hizo sufrir y que eres la única digna de besar? Bésame en el corazón, Madre. Tu beso me borrará el último recuerdo de todo lo que fue dolor y me dará la alegría que falta aún a mi júbilo de resucitado.

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Toma entre sus manos el rostro de la Virgen, le apoya sus los labios en la herida del costado de la que manan ríos de vivísima luz.

El rostro de María se nimba con esa luz, pues está envuelto en sus rayos. Besa una y otra vez la herida, mientras Jesús la acaricia. No se cansa de besar. Parece un sediento que bebe de un manantial y que bebe las linfas la vida misma, que iba perdiendo.

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Jesús habla:

–                  “Ha terminado todo, Madre. Ahora no tienes más por qué llorar a tu Hijo. La prueba ha acabado. La redención se ha realizado. Madre, gracias por haberme concebido, alimentado, ayudado en la vida y en la muerte.

Tus plegarias llegaron hasta Mí. Fueron mi fuerza en el dolor, mis compañeros en mi viaje por la tierra y más allá. Conmigo fueron a la cruz y al limbo. Fueron el incienso que precedían al Pontífice que fue a llamar a sus siervos para llevarlos al templo que no muere: a mí Cielo.

Fueron conmigo al paraíso, adelantándose cual voz angelical al cortejo de los redimidos a cuya cabeza iba para que los ángeles estuviesen prontos a saludarme corno al Vencedor, que regresaba a su reino.

El Padre y el Espíritu vieron…  Oyeron tus plegarias, que tuvieron la sonrisa de la flor más bella; que fueron más melodiosas que el más dulce cántico que en el paraíso hubiera brotado…  Los patriarcas los nuevos santos, los primeros ciudadanos de mi Jerusalén las oyeron y te traigo ahora su agradecimiento…  Madre, al mismo tiempo que el beso y bendición de nuestros parientes, te traigo los de tu esposo de alma; José…

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Todo el cielo te canta sus hosannas a ti, Madre mía, ¡Madre santa! Un hosanna que no muere, que no es falaz como el que hace pocos días me brindaron…

Ahora me voy al Padre con mi vestido humano. El Paraíso debe ver al Vencedor en su vestido de Hombre con el que vencí el pecado del hombre.

Pero luego volveré otra vez. Debo confirmar en la fe a quien aún no cree y que tiene necesidad de creer para llevar a otros…  Debo fortificar a los pusilánimes que tendrán necesidad de mucha fortaleza para resistir el ataque del mundo.

Luego subiré al cielo. Pero no te dejaré sola. Madre, ¿Ves ese velo?…  En mi aniquilamiento, quise mostrarte una vez más mi poder con un milagro, para que te consolase.

26veonica

Ahora realizo otro. Me tendrás en el Sacramento, real como cuando me llevabas en tu seno…  No estarás jamás sola. En estos días lo has estado… Este dolor tuyo era necesario a mi redención. Mucho se le irá añadiendo porque seguirá aumentando el pecado… Y llamaré a todos mis siervos para que coparticipen de esta redención… Tú eres la que sola harás más que todos los santos juntos. Por esto era necesario también este abandono. Ahora no más…

No estoy más separado del Padre. Tú no lo estarás más de tu Hijo. Y al tener al Hijo, tienes a nuestra Trinidad.

Cielo viviente, llevarás sobre la tierra a la Trinidad entre los hombres y santificarás la Iglesia.

1madre-eucaristia

Tú, Reina del sacerdocio y Madre de los que creerán en Mí. Luego vendré a llevarte… No estaré ya más en ti, sino tú en Mí en mi reino, para que hagas más bello mi Paraíso…

Ahora me voy, Madre. Voy a hacer feliz, a la otra María. Luego subiré a donde mi Padre y de ahí vendré a ver a quien no cree…

Madre, dame tu beso por bendición. Mi paz te acompañe. Hasta pronto.”
María le toma la cabeza, como lo hizo tantas veces a lo largo de treinta y tres años, y lo besa con muchísima ternura y respeto, sobre su frente coronada de Luz y ya no de espinas…

Jesús desaparece en el sol que baja a torrentes del cielo matinal y tranquilo.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

225.- LAMENTO MATERNAL


1aurora

Las mujeres vuelven a ocuparse de los aceites que en la noche avanzada, debido al fresco del patio se han hecho una masa espesa.

Juan y Pedro están poniendo en orden el Cenáculo y conversan.

Juan dice:

–                       ÉL lo ha dicho.

Pedro contesta llorando:

–                       También dijo: “¡No durmáis”! Lo mismo que: “No seas soberbio, Pedro. Ten en cuenta que la hora de la prueba está por venir”. Y… y añadió: “Tú me negarás…”-Pedro llora de nuevo mientras añade con gran dolor-  ¡Y yo renegué de El!

–                       ¡Basta Pedro! Ya has regresado…  ¡Basta de atormentarte!

–                       Jamás, jamás bastará. Aunque llegara a ser viejo como los primeros patriarcas, aunque viviese setecientos o novecientos años como Adán y sus primeros descendientes no olvidaré jamás esta pena.

–                        ¿No confías en su misericordia?

–                       Sí. Si no confiase sería como Iscariote, un desesperado. Pero aunque me perdone desde el seno del Padre a donde ha tornado, yo no me perdono. ¡Yo, yo! Yo que dije: “No lo conozco”, porque en esos momentos era peligroso conocerlo…  Porque tuve vergüenza de ser su discípulo, porque he tenido miedo del tormento…

2Negacion-de-Pedro

Él marchó a la muerte y yo… Pensé en salvar mi vida y para esto lo rechacé, como rechaza una mujer pecadora el fruto de su seno, después de haberlo dado a luz, porque es peligro para ella…  Y lo hace antes de que regrese su marido que no sabe nada. He sido peor que una adúltera… peor que…

Magdalena atraída por los gritos entra…

Y dice:

–                       No hagas tanto ruido. María te está oyendo… ¡Está tan agotada! No tiene fuerzas para nada y todo le hace mal. Tus gritos inútiles y tontos vuelven a recordarle lo que habéis sido…

Pedro replica:

–                        ¿Ves? ¿Lo ves, Juan? Una mujer puede hacerme callar. Y tiene razón, porque nosotros los varones consagrados al Señor, no hemos sabido más que mentir o huir. Las mujeres han sido valientes. Tú, joven y puro que pareces una mujercilla, tuviste el valor de quedarte. Nosotros…  Nosotros los fuertes, los hombres, huimos…  ¡Oh, qué desprecio deben tener todos de mí!

3-Petersinai

¡Dímelo, dímelo, mujer! ¡Tienes razón! Ponme tú pie sobre la boca que mintió. Ponla bajo la suela de tu sandalia, donde habrá un poco de su sangre. Y solo esa sangre mezclada con el polvo del camino podrá perdonarme un poco, podrá dar un poco de paz al renegador. ¡Debo acostumbrarme al desprecio del mundo! ¿Qué soy yo? Decídmelo: ¿Qué soy?

Magdalena responde con calma:

–                        ¡Eres un gran soberbio!…  ¿Te duele? Puede ser. Pero tú crees que de las diez partes de tu dolor, cinco, para no ofenderte con decir seis…  Proceden del dolor de poder ser despreciado. Si continúas chillando, haciendo tonterías como una estúpida mujercilla, de veras que te despreciaré.

Lo hecho, hecho está. Los gritos necios no pueden reparar nada, ni anular algo. No hacen más que atraer la atención y mendigar una piedad que no merecen…  Sé varón en tu arrepentimiento. No chilles.

Yo… tú sabes lo que fui… Pero cuando comprendí que era más despreciable que un vómito, no me entregué a convulsiones.

4pecadora

Lo hice públicamente. Sin pedir excusas, sin dármela. ¿El mundo me iba a despreciar? Tenía la razón. Lo merecía. El mundo decía: “¿Un nuevo capricho de la prostituta?” ¿Y el seguir a Jesús lo llamaba con una blasfemia? Tenía razón.

El mundo no podía olvidar mi conducta anterior, que justificaba todo lo que se pensaba de mí. ¿Y qué?…  El mundo ha tenido que convencerse que María no era más pecadora… Con los hechos he convencido al mundo. Haz también tú lo mismo…  Y cállate.

Juan objeta:

–                       Eres dura, María.

Magdalena contesta:

–                       Más para conmigo que para con los otros. Lo reconozco. No tengo la mano tan suave como la tiene la Madre de Jesús. Ella es el amor. Yo… he despedazado mi pasión con el azote de mi querer. Y lo haré más. ¿Crees que me haya perdonado de haberme entregado completamente a la lujuria?…

5lujuria

No. Pero no lo digo más que a mí misma y siempre me lo repetiré. Moriré con este secreto sentimiento de haber sido la corruptora de mí misma, en medio de un dolor inconsolable, de haberme profanado y de no haber podido darle a El sino un corazón pisoteado…

Mira… He trabajado más que todos en la preparación de los bálsamos… Y con más valor que las otras lo descubriré… ¡Oh, Dios, cómo estará ya! (Magdalena palidece al sólo pensarlo).

Lo cubriré con nuevos bálsamos, quitando los que de seguro estarán ya fétidos sobre sus numerosas heridas… Lo haré, porque las otras parecerán clemátides después de un aguacero…

Pero siento pena hacerlo con estas manos mías que regalaron tantas caricias lascivas, de acercarme con este cuerpo mío manchado junto a su santidad… Quisiera… Quisiera tener la mano de la Madre Virgen para hacer la última unción…

6corazón-inmaculado

Pedro pregunta:

–                       ¿Dices tú que… Tendrán miedo las mujeres?

Magdalena responde:

–                       No… Pero perderán su serenidad ante su cuerpo ciertamente ya corrupto… hinchado… negro. Y luego esto es verdad, tendrán miedo de los guardias.

–                        ¿Quieres que vayamos con vosotras Juan y yo?

–                        ¡Ah, eso no! Nosotras todas vamos, porque fuimos las que estuvimos allá arriba…  Por esto es justo que todas estén alrededor de su lecho de muerte. Tú y Juan quedaos aquí. Ella no puede quedarse sola…

–                        ¿No va Ella?

–                       No queremos que vaya.

–                       Está segura que resucitará… ¿Y tú?

–                       Yo, después de María soy la que más creo. Siempre he creído que puede suceder así… Él lo ha dicho. El nunca miente… ¡El!… Antes lo llamaba Jesús, Maestro, Salvador, Señor… Ahora, ahora me lo imagino tan majestuoso que no… Que no me atreveré a darle un nombre… ¿Qué le diré cuando lo vea?

–                       ¿Pero crees que resucitará?…

Magdalena replica segura:

–                       ¡No hay duda! Con seguiros diciendo que creo y con el oíros decir que no creéis, terminaré también como vosotros. He creído y sigo creyendo. He creído y desde hace tiempo le tengo preparada la vestidura…  Para mañana, porque mañana es el tercer día, se la llevaré. La tengo a la mano…

–                        ¡Acabas de decir que estará negro, hinchado, feo!

7RaisingofLazarusBloch

–                       Feo jamás. Feo es el pecado. ¡Sí, estará negro! ¡Y qué!..  ¿Lázaro no estaba ya corrupto?  Y con todo resucitó. Su cuerpo quedó curado. ¡Pero si lo afirmo!… No digáis nada, ¡Vosotros faltos de fe! También dentro de mí la razón humana me dice: “Ha muerto y no resucitará”.

Pero mi espíritu, “su” espíritu, porque El me dio un nuevo espíritu, grita y parecen ser toques de trompetas doradas que dijeren: “¡Resucita! ¡Resucita! ¡Resucita!”

¿Por qué me arrojáis cual navecilla contra los arrecifes de vuestras dudas? ¡Yo creo! ¡Creo, Señor mío! Lázaro con profunda pena ha obedecido al Maestro y se ha quedado en Betania… Yo que sé quién es Lázaro de Teófilo: un valiente, no un cobardón, puedo medir su sacrificio de quedarse a la sombra y de no estar junto al Maestro.

Pero ha obedecido…  Más heroico obedeciendo de este modo que si lo hubiera arrancado de sus enemigos con las armas. He creído y creo. Y estoy aquí, en su espera. Dejadme ir… Se levanta el día. Tan pronto podamos ver mejor, iremos al sepulcro…

Magdalena con su cara quemada del llanto se va. Va a donde la Virgen.

8luto-maternal

La Virgen está sentada en su silla afligidísima, exhausta  por tanto llorar. Y cuando la ve entrar…

María le  pregunta:

–                        ¿Qué le pasó a Pedro?

Magdalena responde:

–                       Una crisis de nervios. Ya se le pasó.

–                       No seas dura, María. El sufre.

–                       También yo sufro, pero no te he pedido ni siquiera una caricia. A él ya lo has curado… Y sin embargo yo pienso que la que necesita de ayuda eres tú, ¡Madre mía, santa, hermosa! Ten ánimos… Mañana es el tercer día.

Nos encerraremos aquí dentro nosotras dos, las dos que lo amamos tanto. Tú, la Enamorada santa, yo la pobre enamorada… Que me esfuerzo en serlo.

Lo esperaremos… A los que no creen los echaremos de aquella parte… Traeré aquí muchas rosas… Voy a hacer que traigan hoy el cofre… Pasaré por el palacio y le daré órdenes a Leví. ¡Largo todas esas cosas horribles! No las debe ver nuestro Resucitado… Sólo muchas rosas…

Tú te pondrás un nuevo vestido… No debes estar así. Te peinaré, te lavaré ese rostro que el llanto ha desfigurado. Joven eterna, te haré de madre… Finalmente tendré el consuelo de cuidar de alguien que es más inocente que un recién nacido.

9magdalena

Magdalena con su exuberancia cariñosa aprieta contra su pecho la cabeza de María que está sentada…  La besa, la acaricia, le compone los cabellos detrás las orejas, le seca las lágrimas que siguen bajando por su vestido…

Entran las mujeres con lámparas, ánforas y vasos de bocas anchas.

María de Alfeo lleva un mortero pesado y dice:
–           No se puede estar afuera. Hace viento y se apaga la lámpara.

A la luz de lámparas de aceite preparan los aromas mezclándolos con sus lágrimas, pues todas traen los ojos enrojecidos por tanto llorar. Cuando terminan de preparar los bálsamos, se ponen los mantos.

También María se levanta, pero la rodean y le dicen que no debe ir. Sería muy cruel hacerle ver de nuevo a su Hijo que a estas horas del tercer día de muerto, estará ya todo negro por la putrefacción…  Además Ella está tan exhausta para poder caminar. No ha hecho más que llorar y orar. No ha comido nada, ni descansado.

10mujeres piadosas

María Salomé dice:

–                       No puedes estar de pie, María. Hace dos días que no tomas nada de alimento. Y sólo has bebido un poco de agua.

Magdalena confirma:

–                       Cierto, Madre. Vamos y pronto terminaremos. Regresamos inmediatamente.

Martha intenta consolarla:

–                       No tengas miedo. Lo embalsamaremos como a un rey. ¡Mira que bálsamos preciosos hemos preparado! ¡Y cuánto!…

María de Alfeo:

–                       No dejaremos miembro o herida. Lo haremos con nuestras propias manos. Somos fuertes y somos madres. Lo pondremos como se pone a un niño en la cuna. Los otros no tendrán que hacer sino cerrar su sepulcro.

La Virgen insiste:

–                       Es mi deber. Siempre yo tuve cuidado de Él. Sólo en estos tres años que fue del mundo, lo cedí a los demás cuando estaba lejos de mí. Ahora que el inundo lo ha rechazado y renegado de Él, nuevamente es mío. Torno a ser su sierva.

11-virgendolorosa

Al umbral se han asomado Pedro y Juan sin que las mujeres los vieran.

Pedro al oír las últimas palabras se va. Se esconde en un rincón a llorar su pecado.

Juan no se mueve, pero no protesta. Quisiera ir también él, pero hace el sacrificio de quedarse junto a la Virgen.

Magdalena lleva nuevamente a María a su asiento. Se le arrodilla, la abraza en las rodillas, levantando su cara dolorosa y enamorada…

Le dice:

–                       Él sabe y ve todo con su Espíritu. Pero a su cuerpo le diré tu amor, tu deseo con besos. Sé lo que es el amor. ¡Sé qué amargo aguijón es! ¡Qué hambre es! Qué nostalgia de estar con quién para nosotros es el amor. Y esto aún en los viles amores que parecen oro y no son más que fango.

Ahora que la pecadora sabe lo que es el amor santo por la misericordia viviente, que los hombres no han logrado amar, mucho mejor puede comprender qué cosa sea tu amor, Madre… Todo lo que no he podido hacer por El, lo puedo hacer por ti aún… Madre a quien amo con todo mi corazón. Ten confianza en mí.

12arrepentimiento

Yo que supe tan dulcemente acariciar en la casa de Simón el fariseo sus santos pies; ahora, con mi alma que siempre se asoma a la gracia, sabré mucho mejor acariciar sus santos miembros, curar sus heridas, embalsamarlas más con mi amor sacado de mi corazón oprimido del amor y del dolor, que con los ungüentos.

Y la muerte no tocará esos miembros que tanto amor manifestaron y tanto reciben. Huirá la muerte, porque el Amor es más fuerte que ella. El Amor es invencible. Yo, Madre, con tu perfecto amor y con el mío pleno, embalsamaré a mi Rey amado.

María besa a esta apasionada discípula que ha sabido encontrar a quien merece esta compasión y que cede a sus súplicas. Las mujeres salen llevando una lámpara. La última en salir es Magdalena, después de haber dado un último beso a la Virgen.
La casa queda oscura y silenciosa. La calle está solitaria.

13callejerusalen

Juan pregunta:

–                        ¿De veras no me necesitáis?

Magdalena responde:

–                       No. Puedes servir aquí. Hasta pronto.

Cuando Juan regresa donde María, murmura muy triste:

–                       No quisieron que las acompañara…

María lo anima:

–                       No te preocupes. Esas van donde Jesús, y tú te quedas conmigo, Juan. Oremos juntos un poco. ¿Dónde está Pedro?

–                       No sé. Por ahí ha de estar… No lo veo. Es… Creía yo que era más fuerte… También yo estoy afligido, pero él…

–                       Tiene en el corazón dos dolores. Tú uno solo. Ven. Oremos también por él.

María recita lentamente el «Padre nuestro». Acaricia a Juan…

 Y le dice:

–                       Ve donde Pedro. No lo dejes solo. Ha estado tanto en las tinieblas en estas horas, que no soporta ni siquiera la leve luz del mundo. Sé el apóstol de tu hermano extraviado. Empieza tu predicación con él. En tu camino que será largo, encontrarás siempre a muchos semejantes a él. Empieza tu trabajo con tu compañero…

14juan-marcos

Juan pregunta:

–                       ¿Pero qué le debo decir?… No sé… Todo lo hace llorar…

–                       Repite su precepto de amor. Dile que quien sólo teme no conoce bien todavía a Dios, porque El es Amor. Si te replica: “He pecado”, contéstale que Dios tanto ha amado a los pecadores que por ellos ha enviado a su Unigénito. Dile que a tanto amor se le corresponde con amor.

El amor da confianza en el bondadísimo Señor. Esta confianza nos sostendrá en el juicio porque reconocimos la Sabiduría y Bondad divinas. Digamos: “Soy una pobre criatura. El lo sabe y me da a Jesús como prenda de perdón v columna de sostén. Mi miseria desaparece al unirme con Jesús”. Todo se perdona en su nombre… Ve, Juan. Dile esto. Yo me quedo aquí, con mi Jesús…» y acaricia el Sudario.

Juan sale cerrando la puerta tras sí.

15rveronica

María se pone de rodillas como la noche anterior, mirando fijamente la santa Faz en el lienzo de la Verónica. Ora y habla con su Hijo. Muestra fortaleza para dar fuerzas a los demás…

Pero cuando está sola se dobla bajo el aplastante peso de su cruz.

Sin embargo, ella lucha por levantar su alma hacia una esperanza que en Ella no puede morir, que más bien aumenta según las horas van pasando. Sus esperanzas las dirige al Padre…

Sus esperanzas y su petición:

–                        ¡Jesús, Jesús! ¿No vuelves todavía? Tu pobre Madre no sufre más el pensar que estás muerto allá. Tú lo dijiste y nadie te comprendió. ¡Pero yo sí! “Destruid el Templo de Dios y Yo lo reedificaré en tres días”. Ha empezado el tercer día.

¡Oh, Jesús mío! No esperes que se termine para regresar a la vida, para regresar a tu Mamá que tiene necesidad de verte vivo para no morir recordándote muerto, que tiene necesidad de verte bello, triunfante, para no morir recordándote en ese sepulcro en que te he dejado…

16sabado-santo

¡Oh, Padre, Padre, devuélveme a mi Hijo! Que lo vea regresar como Hombre y no como un cadáver, como a Rey y no como a un sentenciado. Después lo sé, El volverá a Ti, al cielo. Pero lo habré visto curado de tanto mal, lo habré visto fuerte después de su gran debilidad, lo habré visto triunfante después de su gran lucha, lo habré visto como a Dios después de que tanto sufrió por los hombres.

Me sentiré feliz aun cuando no lo tenga cerca. Sabré que estará contigo, Padre Santo, sabré que para siempre está fuera del dolor. Pero ahora no puedo, no puedo olvidar que está en el sepulcro, está allí muerto por los dolores que le hicieron sufrir…

Que El mi Hijo-Dios, está sujeto a la suerte de los hombres en la oscuridad de un sepulcro, El, tu Viviente.

1sepultado

Padre, Padre, escucha a tu sierva. Por aquel “sí”… Nunca te he pedido nada porque siempre he obedecido tu voluntad, tu voluntad que es la mía. Nada debía exigirte por haber sacrificado mi voluntad a Ti, Padre Santo.

¡Pero ahora, ahora, por aquel “sí” que di al Ángel mensajero ‘ escúchame! ¡¡Oh Padre!

Después de las crueldades que padeció por la mañana, sufrió aquella agonía de tres horas y ahora está ya fuera del alcance del dolor.

Pero yo hace tres días que estoy agonizando. Tú ves mi corazón y oyes su palpitar. Nuestro Jesús ha dicho que ningún pájaro pierde una pluma sin que Tú no lo veas, que no se marchita ninguna flor en el campo, sin que no consueles su agonía con tu sol y tu rocío.

¡Oh Padre, muero de este dolor! Trátame como al pajarito que revistes de nuevo plumaje, como a la flor que refrescas, que calmas su sed con tu piedad. Estoy yerta del dolor. No tengo más sangre en las venas. Hubo un tiempo en que se convirtió en leche para alimentar a tu Hijo y mío; ahora es todo llanto porque no lo tengo más. Me lo han matado, matado, Padre, y ¡Tú sabes en qué forma!…

17mirada-agonizante

¡No tengo más sangre! La he derramado con El en la noche del jueves, en el terrible viernes… Tengo frío como el que se ha desangrado. No tengo más sol, porque Él está muerto, mi santo Sol, mi Sol bendito, el Sol nacido de mi seno para alegría de su Mamá, para la salvación del mundo. No tengo más descanso porque no lo tengo más a El que es la más dulce de las fuentes para su Mamá que bebía su palabra, que calmaba su sed con su presencia.

Soy como una flor en seco arenal. Me muero, me muero, Padre santo. No tengo miedo a morir, porque también mi Hijo ha muerto. ¿Pero qué harán estos pequeños, la pequeña grey de mi Hijo, tan débil, miedosa, voluble, si no hay quien la sostenga?

18luto

No soy nada, Padre, pero por deseos de mi Hijo soy como un ejército armado. Defiendo, defenderé su doctrina, su herencia como una loba defiende a sus lobeznos. Yo cordera, seré una loba para defender lo que es de mi Hijo y por consiguiente, lo que es tuyo.

Tú lo has visto, Padre. Hace ocho días esta ciudad arrancó las ramas de sus olivares, de sus jardines, sacó de sus casas a sus habitantes que todos hasta enronquecer gritaron: “¡Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en el nombre del Señor!” Y mientras pasaba sobre alfombras de ramos, de vestidos, de telas, de flores, los habitantes se lo señalaban diciendo: “Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea. Es el Rey de Israel”.

Y cuando todavía no se habían secado esos ramos y las gargantas todavía estaban roncas de los hosannas, cambiaron sus gritos y se pusieron a acusar, a maldecir, a pedir su muerte; y con las ramas que emplearon para el triunfo hicieron garrotes para golpear al Cordero que llevaron a la muerte.

19dherod-apilatos

Si tanto han hecho cuando vivió entre ellos, les habló, les sonreía, los miraba con esos ojos que derriten el corazón y hasta las mismas piedras se sienten conmovidas, les hacía bien, les enseñaba, ¿Qué harán cuando El haya regresado a Ti?
Tú has visto cómo se portaron sus discípulos. Uno lo traicionó, los otros huyeron…  Fue suficiente que Él hubiera sido aprehendido para que huyeran como ovejas cobardes y no supieron estar a su alrededor cuando moría.

Uno solo, el más joven, se quedó. Ahora viene el anciano… Renegó de Él.

Jesús no esté más aquí para defenderlo, ¿Sabrá permanecer en la fe?

Yo soy nada, pero hay un poco de mi Hijo en mí… Y mi amor suple lo que falta y lo anula. De este modo me convierto en algo útil a la causa de tu Hijo, a su Iglesia que no encontrará jamás paz y que tiene necesidad de echar raíces profundas para que los vientos no la arranquen.

Seré yo quien cuide de ella. Como hortelana diligente vigilaré para que crezca fuerte y derecha en su amanecer. Después no me preocupará el morir. Pero no puedo vivir más si sigo sin Jesús…

20madre de la iglesia

¡Oh Padre!, que has abandonado a tu Hijo por el bien de los hombres, que después lo has consolado, porque ciertamente lo has aceptado en tu seno después de su muerte, no me dejes más en el abandono. Lo que sufro lo ofrezco por el bien de los hombres. Pero confórtame ahora, Padre. ¡Padre, piedad! ¡Piedad, Hijo mío! ¡Piedad, Espíritu divino! Acuérdate de tu Virgen.
Después, postrada contra el suelo, parece orar…

Realmente es un ser destrozado. Se parece a esa flor muerta de sed de que habló. Ni siquiera advierte el sacudimiento de un terremoto breve que hace gritar y huir a los dueños de la casa, mientras que Pedro y Juan, pálidos cual muertos, se arrastran hasta el umbral de la habitación.

Al ver a la Virgen tan absorta en su oración, lejana de todo lo que no sea Dios, se retiran cerrando la puerta y espantados regresan al cenáculo.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

224.- EL TEMPLO PROFANADO


1-entierro-de-cristo-vidal-gonzc3a1lez

A María se la llevan y los dos sacerdotes con una esponja lavan el cuerpo de Jesús. Lo ponen sobre la sábana limpia. Luego lo untan con ungüentos, lo cubren con el Sudario y otros lienzos.

Y salen al huerto silencioso en medio de la luz crepuscular, que va a dar paso a la noche. Se corre la pesada piedra del sepulcro que sella la entrada.

La pequeña comitiva sale del huerto, rumbo al Cenáculo. Van adelante José y Juan. Nicodemo va detrás con las mujeres…

Y se topan con Elquías que dice furioso y con sarcasmo:

–                       Todos saben que entraste a la casa de Pilatos, profanador de la Ley. Darás cuenta de ello. ¡La Pascua se te prohíbe! Estás contaminado…

José responde:

–                       También Tú, Elquías. Me tocaste y estoy cubierto todo con la sangre del Mesías y de su sudor mortal.

2gota-calvario

–                       ¡Ay horror! ¡Lejos! ¡Esa Sangre, lejos!

–                       No tengas miedo. Ya te abandonó. Y te maldijo.

–                       También tú eres un maldito. Y no vayas a pensar, ahora que andas del brazo con Pilatos, que podrás substraer el cadáver. Ya hemos tomado nuestras providencias para esta jugada tuya.

Las mujeres se detuvieron con Juan. Nicodemo se adelanta y se une a José de Arimatea.

José replica:

–                       Ya veo… ¡Perversos! ¡Tenéis miedo aún de un muerto! Pero de mi huerto y de mi sepulcro hago lo que me plazca.

1jsepultura

Elquías amenaza:

–                       Lo veremos.

–                       Lo veremos. Apelaré a Pilatos.

–                       Sí. Fornica ahora con Roma.

Nicodemo da un paso adelante y responde:

–                       Mejor con Roma que con el Demonio. Que con vosotros, ¡Deicidas!… Por otra parte dime, ¿Cómo te sientes con alas? Hace poco huías presa del terror. ¿Ya se te está pasando?

¿No se incendió una casa tuya? ¡Tiembla! ¡El castigo no ha terminado! Apenas empieza… Y es como la Némesis de los paganos que está amenazándote. Ni guardias, ni sellos impedirán al Vengador de levantarse y castigar.

–                       ¡Maldito!

Elquías se vuelve violentamente y choca contra las mujeres. Comprende…

Mira a la Virgen y le lanza un insulto soez.

Juan da un brinco de pantera; se le echa encima y lo arroja por tierra apretándolo con las rodillas y con las manos enclavadas en su garganta…

Furioso le grita:

–                       Pídele perdón o te estrangulo, demonio.

Y no lo suelta hasta que el maltratado fariseo, oprimido y medio asfixiado…

Elquías grita:

–                       Perdón.

4fariseio

Pero su grito atrae a la ronda.

El decurión pregunta:

–                       ¡Alto ahí! ¿Qué pasa? ¿Otra revuelta? Quietos todos o sois muertos. ¿Quiénes sois?

José el Anciano contesta:

–                       José de Arimatea y Nicodemo a quienes el Procónsul dio licencia para sepultar al Nazareno. Regresamos del sepulcro con su Madre, sus familiares y unos amigos y éste ofendió a su Madre. Fue obligado a pedir perdón.

El oficial contesta:

–                       ¿Sólo eso? ¡Debiste haberlo degollado! Idos. –Se vuelve hacia su patrulla y ordena- Soldados, ¡Arrestad a éste!

5legionarios

¿Qué más quieren estos vampiros? ¿Hasta el corazón de las madres? Los despide: Salve judíos.

Y ahora le toca a Elquías, probar la justicia romana.

Llegan al Cenáculo… Y al entrar en el pasillo, María recuerda… Palidece y…

María dice a Juan:

–                       ¡Vi a Judas y vi al Demonio en él! Y huyó porque no soporta mi voz. ¿Lo habrá dejado ya, de modo que pueda hablar a ese muerto?…  ¿Y yo la Madre, vuelva a concebirlo con la Sangre de un Dios, para parirlo a la Gracia?

Juan, júrame que lo buscarás y que no serás cruel con él. No lo soy, ni aun cuando tengo razón…

Juan le besa la mano con amor y le dice:

–                       Te lo juro, Madre. Pero por ahora debes descansar…

–                       No quiero descansar… Dejadme entrar en esa sala, donde la Voz de mi Niño pronunció en paz sus últimas palabras…

–                       Sí iremos; pero por ahora despídete de José y Nicodemo que ya se retiran.

–                       Sí. Está bien. Os lo agradezco. Os bendigo.  José… ¡Oh, no he conocido a nadie que lleve este nombre, que no me haya amado! ¡Todos los Josés son buenos con María!

¡José, te doy las gracias! Y también a ti, Nicodemo… Mi corazón se postra a vuestros pies cansados por la caminata que hicieron por Él… Por la últimas honras tributadas a Él… Yo no tengo más que mi corazón que daros…

7inmaculado_corazon

Y os lo doy amigos leales de mi Hijo… Y perdonad a una madre adolorida, las palabras que os dijo en el sepulcro…

Nicodemo contesta:

–                       ¡Oh, santa! ¡Tú debes perdonarnos!

José aconseja:

–                       Cálmate ahora. Descánsate en tu fe. Mañana vendremos…

La matrona de la casa objeta:

–                       Mañana es sábado.

Los dos sinedristas:

–                       El sábado ha muerto. Vendremos.

–                       Hasta pronto. El Señor esté con vosotros.

Y se van.

Por la noche regresa el administrador de la casa del Cenáculo con un montón de noticias alarmantes….

Que murieron muchos en el terremoto y hay muchos heridos entre los seguidores del Nazareno y los judíos. Que muchos han sido arrestados y que habrá nuevas ejecuciones por rebelión y amenazas contra Roma.  Que Pilatos ha ordenado la aprehensión de todos los seguidores del Nazareno y de los jefes del Sanedrín que se encuentren en la ciudad o fuera de ella… Que Juana de Cusa está muriéndose en su palacio… Que Mannaém fue arrestado por Herodes, por haberle reprochado en plena corte su complicidad en el crimen…

1mannaem

Ante este cúmulo de noticias perturbadoras…

Susana piensa en su esposo que es conocido en toda Galilea como secuaz de Jesús.

María de Zebedeo piensa en el suyo que se hospeda en casa de un amigo y en su hijo Santiago, de quien desde la noche anterior no tiene noticia alguna

Martha exclama entre sollozos:

–                       ¿Habrán ido ya a Bethania?  ¡Nadie ignora que Lázaro es partidario del Maestro!

María Salomé le replica:

–                       Roma lo protege.

–                       ¡Oh, protege! ¡Quién lo sabe! ¡Con el odio que le tienen los jefes de Israel y las acusaciones que esgriman ante Pilatos!… ¡Oh, Dios!- Martha se lleva las manos a la cabeza y grita- ¡Las armas! ¡Las armas! ¡La casa está llena de ellas y también el palacio!

Esta mañana al amanecer vino Leví y… ¡María! ¡Pero también tú lo sabes! ¡Lo has dicho en el Calvario a los judíos!… ¡Necia! ¡Entregaste en manos crueles el arma para matar a Lázaro.

Magdalena contesta:

–                       Lo dije, sí. Dije la verdad sin pensarlo. Pero cállate, ¡Espantada gallinita! lo que dije da completa seguridad a Lázaro. Porque tendrán mucho cuidado en ir a hacer pesquisas, donde saben que hay gente armada. ¡Son unos cobardes!

–                       Los judíos sí. Pero los romanos, no.

–                       No temo a Roma. Es justa y moderada en sus órdenes.

9longinos

Juan interviene:

–                       María tiene razón. Longinos me dijo: ‘Espero que os dejarán tranquilos. pero si no fuere así, ven a verme o manda decir al Pretorio. Pilatos es bueno con los seguidores del Nazareno. También lo fue con Él. Os defenderemos’

María de Alfeo:

–                       ¿Pero si los judíos lo hacen por sí mismos? Ayer fueron los que aprehendieron a Jesús. si dicen que somos unos profanadores, tienen derecho a aprehendernos. ¡Oh, mis hijos! ¡Tengo cuatro! ¿Dónde estarán José y Simón? Estuvieron en el Calvario. Luego se juntaron con los pastores, para ayudar a defender a las mujeres…

Magdalena mira enojada, como todas sus compañeras lloran acobardadas… Y piensa: ‘¡Pusilánimes!’

Así pasa el tiempo… Alguien se levanta, abre con cuidado la puerta donde está la Virgen María y vuelve a cerrar despacio…

Los demás preguntan:

–                       ¿Qué pasa?

Y el que salió a ver, en cada ocasión responde:

–                       “Continúa de rodillas.”

–                       “Ora.”

–                       “Parece que habla con alguien.”

–                       “Se ha puesto de pie y parece luchar con alguien”

–                       “Está caminando y hace diversas cosas en la habitación”

En realidad María está sumergida en su suplicio, aplastada por el dolor de su soledad y del terrible tormento sufrido en el Calvario, al ver el suplicio de su Hijo y el Abismo de Dolor que compartió con Él… Y que ahora la rodea y la sumerge en sus terribles olas…

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El Lamento de la Virgen:

–                       Jesús, Jesús, ¿Dónde estás? ¿Me oyes todavía? Creía haber conocido el Abismo del Dolor… Era su amanecer. Era sólo el Principio. Ahora estoy tocando el abismo… Ahora que estás muerto y no me oyes, ni me respondes, como si nunca hubieras existido, veo el Infierno. Todo el Infierno. Y también comprendo que cosa significa ser condenado. ¿Cuánto tiempo tendré que soportarlo?

Tú has dicho: “Dentro de tres días reedificaré este Templo” Hoy es lo que me repito para no caer muerta, para estar pronta a saludarte cuando regreses y servirte una vez más…

Y María hace un recuento de todos sus recuerdos, desde antes que naciera Jesús y de todas las experiencias dulces y maravillosas que atesora en su corazón, de todos los momentos vividos junto Él…

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Y de todos los acerbos momentos vividos en el Clavario…

Finaliza diciendo:

–                       … ¡Ha muerto! ¡Ha muerto mi Hijo! Muerto con el corazón despedazado… ¡Oh, Padre ten piedad! Te amo. Te hemos amado y también tú, muchísimo… Tu Abandono sirvió para que muriese antes del crepúsculo, para evitarle otros tormentos. Has sido bueno. todo haces con fines de bondad. Somos nosotros las criaturas, las que no comprendemos…

Gracias, Jesús mío. También a Ti te doy las gracias… Yo sola lo experimenté en el mío, cuando vi tu corazón abierto. Ahora está en el mío la lanza y rasga y destroza. Pero es mejor así. Tú no la sientes.

¡Jesús, Piedad! ¡Piedad! ¡Una señal de tu parte! ¡Una caricia, una palabra para tu pobre Mamá, que tiene el corazón destrozado! ¡Una señal! ¡Una señal, Jesús! ¡Si me quieres encontrar viva a tu regreso!

Y María se dobla sobre sus calcañares rozando con su rostro las baldosas del suelo, en una adoración y sumisión absoluta…

Pasa el tiempo…

Un fuerte golpe a la puerta, hace que todos se sobresalten. El administrador de la casa huye valientemente.

12sta.ma-magdalena

María de Zebedeo quisiera que su Juan lo siguiera, pero lo empuja hacia el patio interior. Las demás mujeres se juntan llorando y Magdalena se dirige resuelta hacia la entrada, esperando lo peor…

Llega a la puerta y pregunta:

–                       ¿Quién llama?

Una voz femenina responde:

–                        Soy Nique. Tengo algo que dar a la Madre. ¡Abridme pronto! La ronda está cerca y hay toque de queda…

Juan acude rápido y quita todos los cerrojos.

Entra Nique con la criada y un hombre musculoso que las escolta.

–                       Traje algo… –Y no dice más porque los sollozos la ahogan.

Todos preguntan curiosos:

–                       ¿Qué cosa?

13veronica

Nique trata de serenarse y explica:

–                       En el Calvario… Vi al Salvador en tal estado…  Había preparado el velo para que se cubriese y no usase los harapos de los verdugos… Pero iba sudando tanto, con la sangre en los ojos. Pensé en dárselo para que se secase. Él lo hizo… Me devolvió el velo. No lo he usado más… Quería conservarlo como reliquia con su sudor y su sangre.

Al ver el encarnizamiento de los judíos, tenía miedo de que me quitasen el lienzo. Pero las romanas me dijeron que ellas me defenderían… Y me protegieron… Plautina, Valeria, Lidia y Claudia, son mujeres con corazón lleno de valor varonil. Es verdad que para Israel, ellas son contaminación… Pero hoy todos parecían ebrios… Con el Terremoto, yo me desmayé… En casa he llorado por horas. Cuando quise besar este lienzo, he visto… ¡Oh, la Faz del redentor!

15veronica

Todos gritan:

–                       ¡Déjame verlo!

–                       ¡No! Primero a su Madre. Está en su derecho.

–                       ¡Oh, está casi muerta! ¡No resistirá!

–                       Le servirá de consuelo. Lo veréis. Yo se lo voy a decir.

Juan llama suavemente a la puerta de la habitación de la Virgen.

María pregunta:

–                       ¿Quién es?

–                       Yo, Madre. ha venido Nique… De noche… Te ha traído un recuerdo… Un regalo… Espera poder consolarte con ello…

–                       ¡Oh! ¡Sólo un regalo me puede consolar! ¡Y es la sonrisa de su rostro!

Juan la abraza y dice en voz bajita, como si fuera un gran secreto:

–                       Creo que ese es el regalo…

Nique entra y se arrodilla ante Ella. Extiende su brazo para abrir el cofre y extrae el lienzo… Lo desdobla y…

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María da un grito de amor doloroso y extiende sus brazos…

Exclama:

–                       ¡Oh, Padre! ¡Oh, Dios Altísimo! ¡Hijo Santo! ¡Eterno Amor! ¡Sed benditos! ¡La señal! ¡La señal que te había pedido!

Y se queda mirando extasiada el Rostro sonriente de su Hijo…

Todos los demás la imitan y se arrodillan ante el rostro del Salvador…

Al día siguiente…

Es sábado… Amanece nublado y amenazando aguacero.

17Cielo-tormentoso

Muy entrada la mañana, Juan regresa entra a la habitación de la Virgen…

El apóstol más joven dice afligido:

–                       Madre, no pude encontrar a Pedro. Sólo a… Judas de Keriot.

María pregunta:

–                       ¿Dónde está?

Juan la mira espantado y dice:

–                       ¡Oh, Madre! ¡Qué horror! Estaba yo en el camino del monte de los Olivos y vi que sobre una saliente volaban en círculos los buitres, en medio de riñas. No sé por qué fui allí. Y vi… ¡Que espanto!

Está colgado de un olivo, hinchado y negro como si hubiera muerto hace más de una semana. Huele muy feo. Está horrible…

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–                       ¡Qué horror! Dices bien. Más allá de la Bondad, ha estado la Justicia. En realidad la Bondad está ausente ahora…

Pero Pedro… ¡Tenemos que encontrar a Pedro y a todos los demás!…

Por la tarde de ese sábado, los sacerdotes del Templo hablan de un suceso impactante que ha impedido la Ofrenda del Incienso…

Annás y Caifás han sido notificados de que en sus casas, están esparcidas las entrañas de un cuerpo humano en descomposición…

19judas

Nadie se explica quién pudo cometer tan abominable sacrilegio. Pero las malas noticias no acaban ahí…

Un joven levita entra aterrorizado y dice que vayan al Lugar Santísimo a ver lo que está sucediendo. Que los ha mandado llamar Eleazar ben Annás.

Ellos corren y cuando llegan…

Annás dice a Caifás:

–                       No hace ni veinticuatro horas que el Velo se rasgó y el quicio del Altar se abrió, dejando al descubierto al Santo de los Santos, ¿Qué sucede ahora que pueda ser peor que eso?

Caifás contesta:

–                       ¡Es una locura! Desde la muerte de ‘Ese’ no acaban nuestras desgracias.

Lo ‘peor’ lo muestra Eleazar al verlos llegar jadeantes por la carrera.

Y les pregunta horrorizado:

–                       ¡Ved! ¿Quién pudo haber hecho esto?…

El Sumo Pontífice se asoma al lugar donde sólo el sacerdote de turno puede entrar y queda paralizado por el espeluznante espectáculo.

Annás lo mira asustado y se asoma también…

La respuesta lo deja igual de pasmado…

Un cadáver putrefacto, lleno de gusanos, negro e irreconocible, está sobre el Altar. Junto al lugar donde se adora al Santo de los santos… ¿Y?…

20putrefacción

¿Qué es lo que está pasando?…

Caifás mira los vestidos. El color amarillo es inconfundible… Y la faja roja enredada en su cuello… Se queda boquiabierto y se toca la herida en los labios…

Mientras murmura asombrado:

–                       ¡No puede ser! ¡Es Judas de Keriot!

Annás:

–                       ¿Quién pudo haberlo traído? ¡Esto es imposible!…

El Sumo Pontífice:

–                       ¡El Templo ha sido Profanado!…

Y se llevan las manos a la cabeza, sin saber qué hacer…

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Por la noche, María de Alfeo está con la Virgen en su habitación…

María pregunta:

–                       María, ¿Amaste muchísimo a tu Alfeo cuando eras su prometida?

María de Alfeo se emociona y contesta:

–                       ¡Oh, María! Cuando llegaba la aurora, con todo mi corazón decía ‘Es una noche menos de espera y más próximo el día para entrar bajo su techo’ Cantaba como una alondra mientras lo esperaba que llegara y me parecía tan bello de su cara, cómo lo es mi Judas Tadeo; por eso es mi predilecto.

Y lo contemplaba con esos ojos de ciervo enamorado que tiene mi Santiago, cuando me decía: ‘Amada mía’ y yo le respondía: ‘Señor mío’ Creo que si en esos momentos me hubiese aplastado un carruaje o atravesado una flecha, no hubiese sentido dolor. Y luego, cuando fui su mujer… ¡Ah!- María se queda extasiada en sus recuerdos…

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La Virgen la mira y respeta ese silencio de su cuñada.

Y luego de un rato María de Alfeo pregunta:

–                       ¿Por qué esta pregunta?

María contesta:

–                       Para explicarte  lo que para mí significa la Oración… Centuplica tus sentimientos. Hazlos mil veces mayores y comprenderás lo que es para mí la Oración; la espera de esta hora. Creo que aun cuando no estuviera en la intimidad de mi habitación y estuviera trabajando en mis quehaceres, mi alma oraba sin interrupción.

Cuando podía decir: ‘Ahora es tiempo de recogerme en Dios’ Sentía que el corazón ardiente me palpitaba y cuando me anegaba de Él, entonces… No. Esto no te lo puedo explicar… Cuando estés en la Luz de Dios lo comprenderás…

Todo esto lo he perdido desde el jueves…

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Ha sido una cosa más angustiosa que no tener a mi Hijo… Satanás se ha aprovechado de estas dos llagas sobrepuestas: La Muerte de mi Hijo y el Abandono de Dios; abriendo así la tercera llaga: la del terror de faltarme la fe.

María, te amo mucho y eres mi parienta, lo dirás a tus hijos apóstoles, para que sepan resistir en su apostolado, a triunfar sobre Satanás. Estoy cierta que si hubiese dudado, habría caído en la Tentación del demonio y si hubiera dicho: ‘No es posible que resucite’ negando a Dios; porque decirlo es negar que Dios sea verdadero, sea poderoso… Se hubiera convertido en nada, tanta redención.

Yo la nueva Eva, habría mordido la manzana de la soberbia, habría disfrutado del sentido espiritual y habría deshecho la obra de mi Redentor. Continuamente los apóstoles, así serán tentados por el mundo, por la carne, por el poder y por Satanás. Que permanezcan firmes contra todas las torturas… Y las corporales serán las más leves, para que no destruyan lo que Jesús ha hecho.

–                       Dilo tú a mis hijos… ¿Qué puede decir tu pobre cuñada? ¡Oh, si ya hubiesen venido! ¡Haber huido desde el primer momento!… ¡Paciencia! ¡Pero ya verán!…

–                       Ya oíste que Lázaro y Simón recibieron órdenes de llevarlos a Bethania. Jesús sabía todo…

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–                       Sí. Pero… ¡Oh! ¡Cuando los vea los reprenderé duramente! Han sido unos cobardes… Que los demás lo fueran… pasa.  Pero, ¡No ellos! Mis hijos… ¡No se los perdonaré jamás…!

–                       Perdona. Perdona… Ha sido un momento de extravío…  No creyeron que Él pusiera ser apresado… Él lo había dicho…

–                       Te aseguro que no los perdonaré. Lo sabían. Por lo tanto debieron estar preparados. Cuando se sabe una cosa y se cree a quién la dice, no causa extrañeza.

–                       María, también a vosotras os ha dicho: ‘Resucitaré’… Y con todo… Si pudiera abriros el pecho y la cabeza, vería escrito en ambos: ‘No puede ser’

–                       Pero al menos… Sí… Es difícil creer… Pero estuvimos en el Calvario.

–                       Es necesario QUERER CREER. Por Gracia de Dios nosotras pudimos mantenernos firmes, de otra manera también hubiéramos huido.  ¿Oíste a Longinos? Dijo: “Fue algo horrendo”  ¡Y es un guerrero! Nosotras mujeres acompañadas por solo un muchacho… ¡Juan es solo un jovencillo! Hemos resistido porque Dios nos ayudó de un modo especial. ¡No puedes gloriarte de ello! No es nuestro mérito…

–                       ¿Y por qué no les dio la misma fuerza a ellos?

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–                       Porque serán los sacerdotes del mañana. Deben por eso tener experiencia… Experiencia porque saben en carne propia, cuán fácil puede ser a un fiel de una religión, abjurar de ella. Jesús no quiere sacerdotes, como los que llegaron al punto de convertirse en sus enemigos más feroces…

–                       Hablas de Jesús como si ya hubiese regresado…

–                       ¿Lo ves?  ¡Tú también confiesas no creer!… Así, ¿Cómo puedes reprochar algo a tus hijos?

María de Alfeo no puede replicar. Se queda con la cabeza inclinada, mueve maquinalmente unos objetos y toma la lamparita y se va con ella. Unos minutos después la devuelve encendida y la deja en su lugar.

María se ha quedado contemplando el Sudario, que pareciera estar vivo….

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María de Alfeo va a ver quién es….  Y regresa con el más joven de los apóstoles…

Juan explica:

–                       Encontré a Simón Pedro y el manto de Jesús en el Getsemaní. El manto está roto y lleno de sangre. Las huellas de las manos son de Jesús. Las rasgaduras fueron hechas con los dientes… Se nota claramente que fue la boca de un hombre. Pienso que tal vez haya sido Judas de Keriot, porque junto al lugar en donde encontré a Simón Pedro llorando, había un pedazo del vestido amarillo de Judas…  Parece que fue allá… Mira, Madre…

María acaricia y besa el pesado manto rojo de su Hijo y al desplegarlo ve las huellas sangrientas y las rasgaduras hechas con los dientes…

Se estremece y dice en voz baja:

–                       ¡Cuánta sangre!

Juan agrega:

–                       Madre, la tierra estaba enrojecida. Simón dice que en la mañana, sobre las hojas y la hierba había sangre fresca. Jesús… Yo no sé cómo… No estaba herido…  ¿De dónde salió tanta sangre?

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María contesta:

–                       De su cuerpo. Por la angustia… ¡Oh, Jesús! ¡Víctima completa!… ¡Oh, Jesús mío!- María llora. Y agrega-  ¡Todo esto mientras todos te abandonaban! ¿Qué hacíais, mientras Él padecía su primera agonía?

Juan responde sollozando:

–                       Dormíamos, Madre.

–                       ¿Estaba allí Simón? Cuéntame…

–                       Quería encontrar el manto… Fui a preguntar a Jonás y a Marcos… pero habían huido. Su casa estaba cerrada y todo abandonado… Entonces bajé hasta las murallas, para recorrer el mismo camino del jueves. No podía recordar en donde Jesús se quitó el manto…  Tomé la vereda que Jesús había tomado y encontré a Pedro encogido contra un peñasco, como si estuviera muerto… Quiso huir; pero se bamboleaba como ebrio, cegado por el llanto…

Lo alcancé y me dijo: ‘Déjame. Soy un demonio. Lo negué como Él lo dijo. El gallo cantó. Él me miró… Escapé… Y he corrido de un lado para otro, hasta llegar aquí… ¿Ves?

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Aquí Yeové me ha hecho encontrar su Sangre, para acusarme… ¡Sangre! ¡Sangre en la roca! ¡Sangre en la tierra, sobre la hierba! ¡Fui causa de su derramamiento! ¡Y yo renegué de esa sangre!’

Parecía que estaba delirando. Yo traté de calmarlo, de apartarlo; pero no quería… Decía: ‘¡Aquí…! ¡Aquí! ¡Voy a custodiar su sangre y su manto! ¡Lo quiero lavar con mis lágrimas! ¡He renegado del Señor!…’ Le dije que tú lo querías ver y que me habías enviado a buscarlo; pero no quiso creerlo. Entonces le dije que también buscabas a Judas, para perdonarlo… Y que sufrías porque no podías hacer nada para salvarlo… 

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Entonces empezó a llorar con más calma y quiso informarse de todo… Me dijo entonces que sobre la hierba había sangre fresca y que el manto… Parecía que Judas hubiese querido despedazarlo… pues allí estaba un pedazo de su elegante vestido amarillo.

Yo lo invité: ‘Ve a donde está la Madre’ Y no podía persuadirlo. Finalmente accedió… Pero con mucho trabajo, porque dice: ‘No quiero que la gente me vea. Sobre mi frente llevo escrita la palabra: Renegador de Dios.’ Ahora que ya está oscuro; conseguí arrástralo hasta aquí.

–                       ¿Dónde está?

–                       Detrás de esa puerta.

–                       Dile que entre.

–                       Madre…

–                       Juan…

–                       No lo reprendas. Está arrepentido.

–                       ¿Me conoces tan poco todavía? Haz que pase.

Juan regresa solo y dice:

–                       No se atreve. Llámalo tú.

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María, con infinita dulzura, dice:

–                       Simón de Jonás. Ven.

Silencio.

–                       Simón Pedro, ven.

Nada. Ninguna respuesta.

–                       Pedro de Jesús y de María, ven.

Una áspera explosión de llanto… Pero pedro no entra.

María se levanta. Deja el manto sobre la mesa y va  a la puerta…

Pedro está afuera, agazapado; como un perro sin dueño. Llora tan amargamente, que no percibe los pasos fatigados de la Virgen, hasta que siente que mano pequeña y delicada le toma una de las manos que tenía apretadas sobre los ojos y lo obliga a levantarse. Lo empuja  hacia su habitación, llevándolo consigo como si fuera un niño.

Pedro se echa a sus pies… Arrodillado, llora sin freno…

María le acaricia sus cabellos grises, sucios de un sudor muy doloroso.

Pedro finalmente dice:

–                       No me acaricies. Lo negué

–                       Lo negaste… Es verdad. Tuviste el valor de hacerlo en público. Un valor cobarde haberlo hecho… Todos lo han renegado… Menos los pastores, Mannaém, José, Nicodemo y Juan. Y un puñado de mujeres… Eres sólo un hombre… Mañana serás un santo… Habría perdonado a Judas, con tal de salvarle su alma. Porque un espíritu vale tanto que es digno de que se supere cualquier repugnancia y resentimiento… 

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Tenlo presente Pedro… Te lo repito: El valor de un alma es tan grande, que aun a costa de morir uno por el esfuerzo que se hace al tenerla cerca, hay que hacerlo… Así, entre los brazos; como tengo ahora tu cabeza cana… Si se espera que haciéndolo así, se le pueda salvar…

Ven aquí, cerca de la Madre; en el Corazón de la Madre de los hijos de mi Hijo. Aquí Satanás no puede hacerte ningún mal… Aquí se calman las tempestades…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

223.- CALVARIO DE LA VIRGEN MADRE


calvario

El sol corre hacia su ocaso. Nicodemo y José de Arimatea corren apresurados  a la Torre Antonia, para solicitar de Pilatos el Cuerpo de Jesús y se encuentran con el siguiente espectáculo…

Por el campo, por el monte, muros y más allá… Muchos vagan en medio de un aire pesado, algunos con cara de estúpidos… Hay gritos, gemidos, lamentos…

Entre los del Sanedrín…

Cananías grita:

–                       ¡Su Sangre se convirtió en fuego para nosotros!

Eleazar ben Annás:

–                       ¡Se apareció en medio de los rayos Yeové, para maldecir el Templo!

Doras, llorando:

–                       ¡Los sepulcros! ¡Los sepulcros!

José al entrar a la ciudad agarra a uno que se está dando golpes contra la muralla. Es Simón Boeto…

Lo sacude y le pregunta:

–                       Simón, ¿Qué estás haciendo? ¿Qué deliras?

El Fariseo, con la mirada extraviada por el terror, contesta:

–                       ¡Déjame! ¡También tú, eres un muerto!  ¡Todos los muertos!… ¡Todos están afuera!… ¡También mi padre!… ¡Y me cubren de maldiciones!

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Nicodemo dice:

–                       Ha enloquecido.

Lo dejan y siguen aprisa hacia el Pretorio.

La ciudad es presa del terror. Mucha gente va de un lado para otro, golpeándose el pecho. Muchos dan un salto para atrás y se vuelven espantados al oír voces o pasos.

En una vuelta de una calle, Nicodemo se encuentra con otro Fariseo que primero al verlo intentó huir. Luego lo reconoció e impelido por un sentimiento extraño. Se le colgó del cuello llorando histérico…

José exclama:

–                       Pero, ¡Si es Simón de Cafarnaúm!

El hombre aúlla aterrorizado:

–                       ¡No me maldigas! ¡Mi madre se salió de la tumba diciéndome: ‘Eres un maldito para siempre!’ –y se encorva estremecido por los sollozos gritando-  ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo!…

Tanto José como Nicodemo dicen al mismo tiempo:

–                       ¡¡Todos están locos!!

Llegan al Pretorio. Mientras esperan a que el Procónsul los reciba, se enteran del porqué de tanto miedo…

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Por la fuerza del movimiento telúrico, muchos sepulcros se abrieron y hay quienes juran haber visto esqueletos que por momentos parecían seres humanos íntegros e iban acusando a los culpables del Deicidio y los maldecían…

Los dos amigos entran en el atrio del Pretorio sin escrúpulo alguno de contaminación y hablan con Poncio Pilatos…

Mientras tanto en el Calvario, Gamaliel va subiendo casi sin aliento los últimos metros antes de llegar a la meseta de la cima. Sigue angustiado, golpeándose el pecho y cuando llega a la primera de las dos plazoletas, se postra sobre la tierra. La blancura de sus vestiduras sacerdotales, contrasta con lo amarillento del suelo.

Y entre sollozos suplica:

–                       ¡La Señal!  ¡La Señal! ¡Dime que me perdonas! ¡Un gemido! ¡Tan sólo un gemido! ¡Para decirme que me escuchas y me perdonas!…

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Un oficial romano le pega con un asta. Es el centurión Octavio…

Y le ordena con  severidad:

–                       ¡Levántate y deja de hablar!  ¡De nada sirve ya!… Deberías haberlo pensado antes. ¡Está muerto!

Yo pagano, te lo aseguro que Éste, a quién habéis Crucificado; era realmente el Hijo de Dios.

Gamaliel levanta su cara angustiada y aterrorizada. Quiere ver más allá de lo que le permite la luz crepuscular y…

Gamaliel exclama:

–                       ¿Muerto? ¿Has muerto? ¡Oh!…

Mira hacia el cadalso. Se convence de que Jesús ha muerto.

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Ve el grupo piadoso que trata de consolar a María.  A Juan, llorando de pie, a la izquierda de la Cruz.  A Longinos de pie a la derecha, muy respetuoso…

Gamaliel se arrodilla. Extiende sus brazos, lloroso y…

El gran doctor de Israel exclama:

–                       ¡Eras Tú! ¡Eras Tú! Ya no podemos esperar perdón.  Pedimos que tu Sangre cayese sobre nosotros. Y ahora grita al Cielo y él nos maldice. Pero Tú eres la Misericordia. Yo te lo digo. Yo, el rabí envilecido de Judá: ‘Que tu Sangre, por piedad, caiga sobre nosotros.

Rocíanos con ella porque es la única que puede alcanzarnos el Perdón…Llora. Luego confiesa su secreto tormento:Jesus-muere-centurion-velo-templo (2)

Tengo la señal pedida. Pero siglos y siglos de ceguera espiritual se yerguen contra mi vista interior. Y contra mi voluntad de ahora, se levanta la voz de mi pensamiento soberbio de ayer… ¡Piedad de mí! Luz del Mundo. De las tinieblas que no te comprendieron.

Envíame un rayo tuyo. Soy el viejo judío fiel, con lo que creí que era justicia. Pero era error. Soy ahora un desierto desnudo, sin ninguno de los antiguos árboles de esa fe. Sin ninguna semilla o tallo de la Fe nueva. Soy un desierto seco.

Haz el milagro de que nazca una flor que tenga tu Nombre, en el pobre corazón de este terco, viejo israelita. Penetra Tú, en mi pensamiento esclavo de las fórmulas. Tú que Eres el Libertador.

Isaías lo dijo: “…Pagó por los pecadores y tomó sobre Sí, los pecados de muchos.” ¡Oh! ¡También los míos, Jesús de Nazareth!…

Se levanta. Mira la Cruz que se ve cada vez más clara, porque la luz está poco a poco, más fuerte…

Y se va encorvado. Envejecido. Aniquilado…

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Vuelve el silencio al Calvario, apenas interrumpido por el llanto de la Virgen. Regresan aprisa Nicodemo y José, diciendo que tienen el permiso de Pilatos.

Longinos manda a Octavio, para cerciorarse de lo que debe hacer con los dos ladrones. Éste parte al galope y después regresa con la orden de que se debe entregar el cuerpo de Jesús a los judíos que traen el permiso y de hacer el crurifragio en los otros.

Longinos llama  los verdugos y ordena que los acaben a golpes de cachiporra. Éstos obedecen.

Dimas no dice nada. Se le golpea en las rodillas y luego en el corazón. En medio de ambos golpes, pronuncia el Nombre de Jesús y muere pronunciando este Nombre…

Gestas el otro ladrón, continúa con sus maldiciones y así lo hace hasta morir con un lúgubre estertor…

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Mientras tanto José y Nicodemo, junto con Juan, desclavan el Cuerpo de Jesús y lo bajan de la Cruz. Lo entregan en brazos de su Madre, que lo recibe sobre sus rodillas.

Parece un niño cansado que durmiera sobre el pecho maternal. María, lo llama con una voz desgarradora. Lo llena de besos y lágrimas que derrama sobre sus múltiples heridas.

Le arregla la barba con cuidado y trata de arreglarle los cabellos, que también están pegajosos de sangre. Al hacerlo se encuentra espinas y se pica al querer quitar la corona. Y no permite que le ayuden.

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Parece que tuviera entre sus manos la cabeza de un recién nacido. Tanta es la delicadeza y la ternura con que lo hace.

Cuando logra quitar la corona, se inclina a besar las heridas que las espinas produjeron. Con mano temblorosa separa los cabellos desordenados y llora, con un llanto casi silencioso que es más impresionante. Sus lágrimas caen sobre el Cuerpo de su Hijo, que está helado y ensangrentado…

Lo acaricia delicadamente en todos esos miembros heridos y tan amados… Y lo baña con sus lágrimas. Una y otra vez, lo llena de besos, de lágrimas y de caricias.

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Toca con tanto amor su rostro, los agujeros de sus manos. Las rodillas y las piernas. El tórax. Y al hacerlo, su mano encuentra el desgarro del costado.

La pequeña mano delgada entra casi toda en la amplia abertura de la herida. María se inclina y ve el pecho abierto y el corazón de su Hijo. Grita como si una espada le hubiera atravesado el corazón.

Y se tumba sobre el cuerpo de su Hijo. Parece como si Ella también hubiera muerto.

La socorren. La consuelan. Quieren quitarle el cadáver…

María grita:

–                       ¿Dónde te pondré, Hijo mío? ¿Dónde, dónde… que esté seguro y que sea digno de Ti?

1jmaria-piedad

José de Arimatea se inclina profundamente ante Ella y le dice con la mano sobre su pecho y…

Con mucha reverencia:

–                       ¡Consuélate! Mi sepulcro es nuevo y digno de un noble. Se lo entrego a Él. Y mi amigo Nicodemo que ya está en el sepulcro, ha traído los aromas que él ofrece de su parte. Te ruego que nos permitas hacerlo porque ya es la Parasceve. ¡Permítenoslo! ¡Oh, Mujer Santa!

María consiente. Y en los mantos que sirven de camilla, los tres varones de la pequeña comitiva, trasladan el Cuerpo de Jesús.

Todos van al sepulcro.

1jfuneral

En el Calvario quedan las tres cruces. La de en medio ya no tiene el cuerpo. Las otras dos tienen su vivo trofeo que muere.

El sepulcro es un lugar excavado en la piedra. En el extremo de un huerto en flor. La cámara sepulcral tiene varios nichos vacíos. Anterior a ésta hay una cámara preparatoria, que no es muy grande. Y tiene en el centro una mesa de piedra para la unción. Sobre ella colocan a Jesús.

Sepultura de Jesus 5

En un ángulo hay otra mesa más pequeña y sobre ella; mientras Nicodemo y José preparan los aromas, María no se cansa de acariciar los miembros fríos y rígidos de Jesús. Vuelve  ver la herida que le hicieran con la lanza y ahora sobre la mesa, se aprecia mejor la punta del corazón que aparece clara, entre el esternón y el arco izquierdo de las costillas.

Y la cortada hecha con la punta de la lanza, en el pericardio y cardio como de un centímetro y medio de largo. Un grito ahogado la dobla sobre el cadáver y la retuerce en su Dolor.

1jsepultura

¡Pobre Madre! ¡Cuántos besos llenos de lágrimas da sobre la herida de unas tres pulgadas, que está en el costado exterior derecho!

El Corazón  de Jesús, atravesado por la lanza, es la prueba irrefutable que su Hijo murió… y llora.

Llora con un lamento desgarrador:

–                       ¿Qué te han hecho, Hijo mío?…

No soporta verlo así: desnudo y tieso sobre la mesa de piedra. Lo arrulla como lo hacía en la gruta de Belén. Y en un coloquio maternal con el alma de su Hijo, expresa todo su Dolor y todo su amor…

stations

Luego, Nicodemo y José se acercan trayendo todo lo que han preparado y una Sábana limpia. Una aljofaina con agua y lienzos para secarlo. Ponen todo en un extremo de la piedra.

María los ve y en voz alta, pregunta:

–                       ¿Qué pretendéis? ¿Queréis prepararlo? ¿Para qué? Dejadlo en el regazo de su Madre. Si logro darle calor, resucitará antes. Si logro consolar al Padre y a Él, por el Odio Deicida, el Padre perdonará cuanto antes. Y Él también, cuanto antes resucitará.

Vosotros no creéis en su Resurrección. ¿Para qué preparasteis los aromas? Pensáis que es solo un pobre cadáver, hoy frío y mañana corrupto, ¡Y por esto queréis embalsamarlo! Dejad vuestras cosas.

resurrec2

Venid a adorar al Salvador, con el corazón puro de los pastores betlemitas. ¡Mirad! Sólo es un Niño grande que duerme. Los pastores adoraron al Salvador durmiente. Vosotros adoráis al Salvador en su sueño de Vencedor de Satanás.

Como los pastores, id a decir al Mundo: “¡Gloria Dios! ¡El Pecado ha muerto! ¡Satanás ha sido vencido! ¡Paz hay en la Tierra y en el Cielo; entre Dios y el hombre!

Preparad el camino para su regreso. Os lo mando. Yo, a quién la Maternidad hace sacerdotisa del Rito. Soy la Madre de la Iglesia.”

VIRGEN~3

Id. He dicho que no quiero que… Lo he lavado con mis lágrimas. Basta. No es necesario lo demás. Le será más fácil resucitar, libre de esas fúnebres e inútiles cosas. ¿Por qué me miráis así?

¿No os acordáis? “A esta generación malvada y adúltera que pide una señal, no se le dará más que la de Jonás… Así el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches, en el corazón de la tierra.” ¿No os acordáis?

Tercer día.” “El Hijo del Hombre está para ser entregado en las manos de los hombres que lo matarán; pero resucitará al tercer día.” ¿No recordáis? “Destruid este Templo del Dios Verdadero y en tres días lo levantaré.”

El Templo es su Cuerpo, ¡Oh, hombres!…

¿Sacudes la cabeza? ¿Me compadeces? ¿Me tomas por una loca? Pero, ¿Cómo? ¡Resucitó a los muertos! ¿Y no podrá resucitarse a Sí Mismo? ¿Juan?…

juan (2)

El apóstol responde:

–                       ¡Madre!

María lo cuestiona:

–                       Sí. Llámame ‘madre’ No puedo vivir sin que así se me llame. Juan, tú estuviste presente cuando resucitó a la hija de Jairo y al Joven de Naím. Estaban muertos, ¿No es verdad? No se trataba de un sopor profundo, ¿Verdad? Responde.

Juan confirma:

–                       Estaban muertos. La niña había muerto dos horas antes. Daniel, un día y medio.

–                       ¿Y resucitaron a su mandato?

–                       Resucitaron.

–                       ¿Habéis oído vosotros dos?  ¿Por qué movéis la cabeza? Mi Niño es el Inocente. ¡Mi Hijo es Dios!

10oracion y sacrifificio

María mira con sus ojos inundados por la aflicción y la fiebre a los dos sacerdotes  que están abatidos, pero preparan inexorables, los lienzos mojados en los aromas. Pone delicadamente a su Hijo sobre la piedra.

Luego camina dos pasos y se inclina a los pies del lecho fúnebre, dónde adora de rodillas Magdalena. La toma por la espalda y la sacude…

La llama:

–                       María, responde. Estos piensan que Jesús no podrá resucitar porque es un hombre y está muerto. ¿Tu hermano no es mayor que Él?

Magdalena responde:

–                       Sí.

–                       ¿No estaba podrido antes de bajar al sepulcro?

–                       Sí.

–                       ¿Y no resucitó, después de cuatro días de asfixia y putrefacción?

–                       Sí.

–                       ¿Y entonces?

1jresurreccion-lazaro

Un silencio profundo. Muy largo…

Luego un grito aterrador de María.

Ella vacila y se lleva una mano al corazón. Y parece rechazar a alguien que solamente Ella ve…

Todos la miran asombrados ante lo que creen un delirio por la fiebre y el dolor. Intentan acercarse para sostenerla…

Pero ella grita con autoridad:

–                       ¡Atrás! ¡Atrás, Cruel! ¡No esta venganza!

Lucifer insiste:

–                       No resucitará.

–                       ¡Cállate! ¡No te quiero oír! ¡Cállate!

–                       Ningún profeta lo ha dicho…

–                       ¡Vete! ¡En mí no hay nada que te pertenezca!

–                       En las Escrituras no existe esa profecía…

–                       ¡Nada! ¡Cállate!

–                       Te estás engañando… La muerte no lo devolverá…

–                        ¡Ah que me muerde el corazón!

Juan pregunta:

–                       ¿Quién Madre?

María contesta:

–                       Satanás. Satanás está aquí y me dice: “No resucitará. Ningún profeta lo ha dicho.”

1satan-calvario

–                       ¡Oh, Dios Altísimo! Ayudadme todos. ¡Vosotros, espíritus buenos! ¡Mi razón vacila! No recuerdo más.

¿Qué dicen los profetas?  ¿Qué dice el Salmo? ¿Quién me repite las palabras que se refieren a mi Jesús?

Magdalena recita el Salmo 21 que se refiere a la Pasión del Mesías.

La Virgen llora más fuerte, sostenida por Juan.

Luego con voz entrecortada dice:

–                       María, David no dice… ¿Conoces a Isaías?

1redencion2

Magdalena repite el Cap. 52 y 53 y termina con un sollozo:

–                       … Entregó su vida a la muerte y fue contado entre los malhechores; Él que quitó los pecados del Mundo y rogó por los pecadores”

María le grita al Jeque Árabe que sólo Ella ve:

–                       ¡Oh, cállate! ¡Muerte no! No entregado a la muerte.

1sombra-muerte

Lucifer continúa implacable:

–                       Fue entregado a la Muerte. No volverá… Está muerto…

–                       ¡No, no! ¡No te escucharé! ¡Mi Hijo es Dios! ¡Es el Profeta Supremo!

¡Yo creo y creeré siempre a las palabras que Él dijo!

¡Glorifica mi alma al Señor…!

Y se entrega a la Alabanza… El Magnificat resuena glorioso en sus labios decididos a cantarlo como un himno triunfal, mientras las lágrimas descienden por sus pálidas mejillas…

1magnificat

Satanás huye furioso y derrotado…

Luego María dice:

–                       ¡No entregado a la muerte! ¡Él vencerá a Muerte! ¡Oh, qué vuestra falta de Fe, unida con la Tentación de Satanás, me mete dudas en el corazón! ¿Y no creeré, Hijo? ¿No creeré a Palabra Santa? ¡Dilo a mi corazón!

Habla desde las riberas lejanas a dónde has ido a liberar a los que esperaban tu llegada. Envía tu voz a mi alma, que está ansiosa de recibirla. Di a tu Madre que regresas. Di: “Al Tercer resucitare”

¡Te lo suplico, Hijo y Dios! Ayúdame a proteger mi Fe. Satanás la envuelve en su espiral para ahogarla. Satanás ha quitado su boca de sierpe de la carne del hombre, porque Tú le arrebataste esta presa.

1serpiente-infernal

Y ahora ha clavado sus dientes venenosos en la carne de mi corazón: paraliza sus movimientos, la fuerza, el calor. ¡Dios, Dios, Dios! ¡No permitas que yo desconfíe! ¡No permitas que la Duda me hiele!

¡No permitas a Satanás que me lleve a la desesperación! ¡Hijo, Hijo, introduce tu mano en mi corazón, para que arroje a Satanás! Introdúcela en mi cabeza. Os devolverá la Luz. Santifica con una caricia mis labios, para que fuertes digan: “¡Creo!” Creo aún contra todo un mundo que no cree.

¡Oh, qué dolor es no creer! ¡Padre! ¡Hay mucho que perdonar a quién no cree!  Porque cuando no se cree más… Cuando no se cree más… Es muy fácil caer en cualquier error. Lo digo porque estoy probando este tormento.

¡Padre! ¡Ten piedad de los que no tienen Fe! Dales, Padre Santo. Dales. Por esta Hostia Sacrificada y por mí, hostia que ahora se sacrifica… ¡Da tu Fe a los sin-fe!

Sigue un prolongado silencio…

José y Nicodemo hacen una señal a Juan y a Magdalena. Éstos tratan de llevarla fuera del sepulcro.

1maria luto

María se yergue majestuosa y dice:

–                       Hacedlo. Pero Él resucitará. Inútilmente desconfiáis de mis palabras y no abría los ojos a la verdad que Él os dijo. Inútilmente trata Satanás de poner asechanzas a mi Fe.

Para redimir al Mundo es necesaria aún la tortura, con la que Satanás Vencido, atormenta mi corazón. La sufro y la ofrezco por los que vendrán…

¡Adiós Hijo! ¡Adiós Amado mío! ¡Adiós Niño mío! Adiós Santo. Bueno. Amadísimo. Hermosura. ¡Adiós! ¡Adiós! ¡Señor, ten piedad de mí!

sepultura

Y el tormento continuó hasta el Alba del Domingo.

En su Pasión, Jesús fue tentado una sola vez.

Pero María expía por la mujer, culpable de todos los males…

Con ataques periódicos, Satanás con centuplicada ferocidad ataca a la Vencedora, en el corazón y el espíritu de la Madre; muchas veces. Quiere que dude y que no crea.

Pero es la única que continúa creyendoporque quiere creer y vencer al Padre de la Mentira y el Engaño…

1lucifer

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

222.- LA SEÑAL…


2abandonado

Increíblemente, en medio de este infinito sufrimiento Jesús sonríe, con su pobre boca herida…

Luego mira a  la ciudad que apenas se distingue toda blanca…   En medio de la lobreguez, que ha dejado la luz que ha huido. Y hacia el cielo negro cerrado. Que parece una laja de pizarra…

Superando con la fuerza de su voluntad de héroe; con el ansia de su alma angustiada, el impedimento de sus mandíbulas tiesas, su lengua abultada y el edema de su garganta…

Jesús emite un fuerte grito:

–                       ¡Eloí, Eloí, lamma scebactani!

Siente morirse en medio de un completo abandono del Cielo y lo declara abiertamente.

2abandonado

Este supremo tormento espiritual, que tortura a los condenados en el Infierno, provoca el lamento de cómo su Padre lo trata…

La chusma ríe y lo befa…

Lo insulta:

–                       ¡Dios no sabe qué hacer contigo!

–                       ¡Él maldice a los demonios!

–                       ¡Veamos si Elías al que ha invocado, viene a salvarlo!

–                       Dadle un poco de vinagre para que se limpie la garganta.

–                       Sirve para limpiar la voz.

–                       Elías o Dios, porque no se sabe lo que ese loco quiere; están lejos…

–                       ¡Grita más para que te oigan!…

Y se carcajean como hienas endemoniadas.

Pero ningún soldado le da agua y nadie baja del Cielo para consolarlo. Es la agonía solitaria. Total. Cruel. Hasta sobrenaturalmente cruel de Jesús-Víctima…

Torna el alud de dolor sin consuelo que en Getsemaní lo aplastó…

3agonia

 Tornan las olas de los pecados de todo el Mundo. Torna la avalancha de acusaciones de Satanás, que hace que se sienta convencido de ser un condenado y de estar separado de Dios para siempre. Es el Hombre Culpable. El Océano de culpas lo sumerge en su amargura…

Torna sobre todo la sensación más dura que la misma Cruz… Más cruel que cualquier tormento: de que Dios lo ha abandonado y de que su plegaria no llega a Él… 

zpassion_colgado2

Es el tormento extremo, el que apresura la muerte; porque exprime las últimas gotas de sangre de los poros. Porque machaca las restantes fibras del corazón. Porque acaba con el que el saberse abandonado había empezado: La Muerte.

4a-muerte

Esta fue la primera causa de la muerte de Jesús.

5 la Muerte (6)

 ¡Oh, Dios mío que lo castigaste por nosotros! Después de tu abandono… Por causa de él, ¿Qué es el hombre? O un loco o un muerto.

Jesús no podía enloquecer, porque su inteligencia es divina. Y espiritual como es; la inteligencia se sobrepone al golpe recibido de Dios. Muere pues, el Inocente. El Santo muere. Muere El que Es la Vida.  Matado por el Abandono de Dios y por nuestros pecados.

5dolor

La oscuridad es más densa.

Jerusalén desaparece. El mismo Calvario parece como si no tuviera faldas.

Solo la cima es visible. Como si las tinieblas la conservasen arriba para dejar pasar la última luz, ofreciéndola como un regalo con su trofeo divino y sobre un lago de ónix líquido, para que el odio y el amor la vean.

6pasion-cristo

Entre la oscuridad se oye la voz lastimera de Jesús:

–                       ¡Tengo sed!

Se siente en verdad un viento que produce sed aún en los sanos. Un viento que se ha vuelto violento, lleno de polvo, frío. Un viento pavoroso. Que contribuye a torturar aún más al Agonizante.

Un soldado toma un vaso donde los verdugos echaron vinagre con hiel para que su amargor aumente la salivación de los condenados al suplicio.

7sponjavinagre

Toma la esponja que estaba dentro de la bebida; la pone sobre una caña delgada y la ofrece a Jesús, que la espera con ansia. Parece un niño hambriento que busca el seno materno.

María ve esto, llora y apoyándose en Juan…

La Virgen dice:

–                       ¡Oh! ¡Y yo ni siquiera le puedo dar una gota de llanto!… ¡Oh, seno mío que no tienes leche! ¡Oh, Dios! ¿Por qué, por qué nos abandonas?

1mater-dolorosa

¡Haz un milagro a favor de tu Hijo! ¿Quién me levanta para calmarle su sed con mi sangre, pues ya no tengo leche?…

Jesús que ha succionado ávidamente la agria y amarga bebida; tuerce su cabeza ante el desagradable sabor, que ha sido como un corrosivo en sus labios heridos y abiertos…

8eponja

 Se retrae. Se encoge. Se suelta… De las caderas para arriba está separado del palo y así se queda.

La respiración se hace más jadeante y más parece un estertor que un respiro. De vez en cuando tose… y con la tos aparece en sus labios una espuma rojiza.

La separación entre cada respiración se hace cada vez mayor. El abdomen no tiene movimientos. Sólo el tórax los tiene; pero fatigosos y separados.

La parálisis pulmonar se acentúa mucho.  Y cada vez más débil…

Vuelve a repetir su lamento infantil:

–                       ¡Mamá!

María contesta:

–                       Aquí estoy tesoro mío.

1vista nublada

Y cuando la vista se le nubla:

–                       ¡Mamá! ¿Dónde estás? Ya no te veo. ¿También tú me abandonas?

Su voz es un murmullo que María oye más con el corazón que con los oídos de quien recoge cada suspiro del Agonizante…

Ella responde:

–                       ¡No, no, Hijo! ¡No te abandono! Óyeme querido mío… Mamá está aquí… Aquí está… Sólo sufre por no poder llegar a donde estás…

9maria-llanto

Es un desgarro del alma…

Juan llora abiertamente.

Jesús oye ese llanto, pero no habla…

Longinos ha tomado la actitud, como si estuviese junto al trono imperial. En sus ojos hay un brillo de lágrimas que controla la disciplina militar.

Los otros soldados que estaban jugando a los dados, dejan el juego y se han puesto de pie. Todos están como estatuas.

El silencio es absoluto.

Luego resuenan en la oscuridad completa, las palabras:

–                       ¡Todo se ha cumplido!

10oracion y sacrifificio

Pasa el tiempo…

Entre estertores que se van espaciando cada vez más…

Luego se oye a Jesús que ora con infinita dulzura:

–                     ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!…

Y se viene la última contracción de Jesús.

11todo se ha cumplido

Una convulsión atroz que parece querer arrancar el cuerpo enclavado. Por tres veces empieza de los pies a la cabeza. Recorre los nervios torturados. Levanta el abdomen de un modo anormal. Es un arco tenso, vibrante y luego un grito fuerte…

Con la primera sílaba de la palabra:

–                       ¡Ma-má!…

Y luego… Nada. La cabeza cae sobre el pecho. El cuerpo está hacia delante. El respiro termina…  Ha muerto.

Pasan unos segundos impactantes…

12crucificado

Y la tierra responde al grito del que acaba de morir, con un poderoso bramido…

13terremoto-en-japon-11

Parece como si miles de gigantescas trompetas arrojasen un solo sonido y en este tenebroso acorde, se escuchan las notas separadas de los  relámpagos que rasgan el Cielo en todas direcciones, cayendo sobre la ciudad, sobre el Templo. Sobre la gente…

Los rayos son la única luz intermitente que permite ver algo…

1relámpago7

Y de repente, junto con las descargas fulmíneas, la tierra se sacude violentamente. Al terremoto le sigue un ciclón y se juntan para dar un castigo apocalíptico a los blasfemos.

14terremoto-en-japon-increible-remolino-gigante-video-imagen1

La cima del Gólgota se balancea y se mueve, como un plato en la mano de un loco. Las cruces danzan en tal forma que parece que van a saltar.

Todos se agarran de donde pueden para no caer…

Los soldados se refugian en el centro de la explanada. Para que los peñascos no los arrojen hacia abajo.

Los ladrones aúllan de terror.

15terremoto-japon-

La multitud igual y tratan de escapar, pero no pueden.  Caen unos sobre otros y se pisotean. Mientras que otros se precipitan por las hendiduras del terreno.

Por tres veces se sucede el terremoto y el ciclón. Luego, todo queda inmóvil y en silencio…

16JESUS MUERE EN LA CRUZ

Es impactante ver cómo relámpagos sin trueno, corren por el firmamento iluminando a los judíos que huyen enloquecidos por el terror.

 17relampago

Poco a poco la oscuridad disminuye y así es posible ver que hay muchos que fueron fulminados y yacen tirados en el suelo.

Así como también, muchas casas están ardiendo.

18terremoto-en japon-2

Las llamas se elevan y son un punto rojo, en el verde ceniciento de la atmósfera.

María levanta su cabeza del pecho de Juan y mira a su Hijo. No lo distingue bien por la poca luz y porque sus ojos están anegados en lágrimas.

Lo llama:

–                       ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!…

Es la primera vez que lo llama por su Nombre desde que está en la Cima del Calvario. Finalmente, al resplandor de un relámpago que refulge como una corona sobre la cresta del Gólgota, lo ve inmóvil, pendiente hacia delante.

19jesus-muere

Con la cabeza inclinada en tal forma… Que comprende y tiende sus brazos y sus manos temblorosas hacia la Cruz…

Y gime:

–                       ¡Hijo mío! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío!…

Luego escucha…tiene la boca abierta, por el estupor. No puede creer que su Hijo haya muerto…

Juan, que ha comprendido que todo ha acabado, la abraza…

Y le dice:

–                       Ya no sufre.

Ella grita:

–                       ¡No tengo más Hijo!  -y caería desvanecida si Juan no la sostuviera…

Las mujeres acuden llorando para auxiliarla…

20redencion

Los soldados hablan entre sí…

–                       ¿Has visto a los judíos?

–                       ¡Ahora sí estaba aterrorizados!

–                       Y se golpeaban el pecho.

–                       Los más espantados eran los sacerdotes.

–                       ¡Qué miedo! He sentido otros terremotos…

–                       Pero como este… ¡Jamás!

–                       ¡Mira! La tierra está llena de hendiduras.

21terremoto

–                       Allí se ve el hundimiento del camino ancho.

–                       Hay muchos cuerpos…

–                       ¡Déjalos! Mientras menos sierpes, mejor.

–                       ¡Oh! ¡Hay otro incendio en la campiña!…

–                       Pero, es muy pronto.

–                       ¿De veras ha muerto?

–                       Y ¡No lo estás viendo!…

-crucifixion-crowd

–                       ¿Todavía dudas?

Por detrás de la roca, se asoman José y Nicodemo. Se refugiaron detrás del baluarte del monte, para librarse de los rayos.

Se acercan a Longinos y le dicen:

–                       Queremos el cadáver.

Longinos contesta:

–                       Sólo el Procónsul lo concede. Id aprisa porque he oído que los judíos van a ir al Pretorio para pedir el crurifragio. No quisiera que a Él le rompan las piernas.

22longinos2

Nicodemo:

–                       ¿Cómo lo sabes?

–                       Informes del alférez. Id. Os espero.

Los dos corren camino abajo, por la abrupta pendiente. Desaparecen tras un enorme peñasco…

Ahora es Longinos el que se acerca a Juan y le dice algo en secreto.

Juan asiente con la cabeza…

Longinos pide a un legionario una lanza. Mira a las mujeres que están atendiendo a María que poco a poco recupera sus fuerzas.

24lanzada-longinos

Todas están de espaldas a la Cruz y no lo están viendo…

Longinos se pone frente al Crucificado. Estudia bien el golpe…

Y arroja la larga lanza, que penetra profundamente de abajo para arriba. De derecha a izquierda. 23lanzada

Juan, que se encuentra entre el deseo y el horror de ver, vuelve por un instante sus ojos…

Longinos dice:

–                       Está hecho, Amigo.  –y mirando a Juan concluye-  Es mejor así. Como a un valiente. Y sin romperle los huesos… ¡Era en realidad un hombre justo!

De la herida gotea mucha agua y un hilito insignificante de sangre, que tiende a coagularse.

1muerto2

Mientras que en el calvario no hay más que tragedia, José y Nicodemo bajan por una vereda que acorta mucho el camino al Pretorio y tratan de llegar más pronto.

Están casi en la falda, cuando se encuentran con Gamaliel, que al parecer va a usar la vereda con el mismo propósito, pero hacia arriba…

25gamaliel1

Viene despeinado, sin capucho, sin manto. Con su vestidura que siempre está impecable y ahora está sucia de tierra, rasgada por las espinas de las zarzas del camino.

Un Gamaliel muy diferente del estirado de siempre. Un Gamaliel que corre subiendo jadeante. Con la manos en los cabellos ralos y muy canosos, propios de su avanzada edad. Conversan por unos momentos…

José y Nicodemo dicen asombrados:

–                       ¡Gamaliel!

–                       ¿Tú?

Gamaliel:

–                       ¿Y tú José? ¿Lo abandonas?

26jarimatea

José de Arimatea:

–                       Yo no. Pero, ¿Por qué tú por aquí? ¿Y así?

Gamaliel exclama aterrorizado:

–                       ¡Cosas horribles! ¡Estaba yo en el Templo! ¡La señal…! ¡Los quicios de las Puertas del Templo abiertos!

27velo rasgadoEl velo de color púrpura y jacinto,
está colgando, desgarrado de arriba abajo. ¡El Sancta Sanctórum al descubierto!
¡Anatema sobre nosotros!

28sanctorum

Ha hablado corriendo como loco hacia la cima, impresionado por la prueba de la que fue testigo…

Los dos lo miran irse… Se miran entre sí.

Y dicen al mismo tiempo:

–                       “¡Estas piedras se estremecerán con mis últimas palabras…!”   

1rostro de cristo

–                       ¡Se lo había prometido!…

Y continúan con su carrera hacia el Pretorio…

1(Consummatum_Est)_-_James_Tissot

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

221.- SACRIFICIO DE DIOS


1gran-consejo1

Las principales cabezas del Gran Consejo: Eleazar ben Annás, Sadoc, Nahúm, Elquías, Ismael ben Fabi y Doras…  Llenos de soberbia y engrandecidos porque consiguieron la ejecución de Jesús, han tomado otra gran decisión y…

Con un gran revuelo de vestidos, los seis se adelantan a donde están las mujeres y preguntan con arrogancia:

–                       ¿Dónde está Lázaro?

–                       ¿En su palacio?

Sólo unas cuantas se quedan en su sitio, entre ellas las romanas…  Las otras corren aterrorizadas a refugiarse detrás de los pastores…

Claudia los mira con indignación y su rostro se endurece…

2claudia

Pero guarda silencio. Y hace una imperceptible seña a Octavio, que es el oficial más próximo a ella…

El centurión comprende…

Al mismo tiempo…  María Magdalena da un paso adelante. Se levanta el velo, hallando en su dolor la antigua intrepidez de cuando era pecadora y…

Dice desafiante:

–                       Id. Encontraréis en mi palacio a los soldados de Roma y a quinientos armados de nuestras tierras que os castrarán como a viejos cabrones, destinados para servir de alimento a los esclavos que trabajan en los molinos.

Nahúm y Sadoc exclaman indignados:

–                       ¡Desvergonzada!

–                       ¿Así hablas a los sacerdotes de Jerusalén?

3y elquías

María revienta con Ira:

–                       ¡Sacrílegos! ¡Sucios! ¡Malditos! ¡Volteaos! En vuestras espaldas estoy viendo llamas infernales…

Los cobardes se voltean realmente aterrorizados, pues la afirmación de Magdalena no deja lugar a ninguna duda…

Pero lo que tienen a sus espaldas son las lanzas puntiagudas romanas, porque Longinos ha dado la orden a los soldados que estaban en descanso de entrar en acción y pican las nalgas de los infames y sacrílegos:

Los egregios miembros del Gran Consejo… Que huyen gritando y maldiciendo…

Pero Roma es más fuerte… La media centuria se queda, para cerrar el paso de las dos entradas y para hacer de baluarte a la plazoleta.

4legionromana

Magdalena se baja el velo y regresa con las demás mujeres.

Mientras tanto en el escenario de la crucifixión…

Gestas el ladrón de la izquierda, continúa los insultos desde su cruz. Parece como si compendiase las blasfemias de los demás…

Concluye diciendo:

–                       Sálvate y sálvanos, si quieres que se te crea. ¿Tú el Mesías? ¡Eres un loco! El mundo es de los listos y Dios no existe. Yo existo… Es la verdad. Y para mí todo es lícito. ¿Dios?… Es una locura puesta para manteneros quietos. ¡Viva nuestro yo!…  ¡Solo él es el rey y dios!

5dimasygestas

Dimas el otro ladrón, que casi tiene a sus pies a María a quien mira más que a Jesús, le dice:

–                       ¡Es la Madre! ¡Cállate! ¿No temes a Dios ni siquiera ahora que sufres esto? ¿Por qué insultas a quién es Bueno? Él está en un suplicio mayor que el nuestro; porque Él no ha hecho nada malo…

Pero el otro ladrón sigue con sus imprecaciones.

Jesús sigue callado. Jadeando por el esfuerzo de la posición. Por la fiebre. Por el estado cardiaco y respiratorio, consecuencia de la atroz Flagelación y también por el infinito sufrimiento en el Getsemaní.

6huerto

Trata de encontrar alivio aligerando el peso que cae sobre los pies, colgándose de las manos y haciendo fuerza con los brazos, para evitar el calambre que siente en los pies y que se nota en el estremecimiento muscular.

Se nota el mismo temblor en los brazos helados en sus extremidades, porque están en alto y la sangre no circula por ellos. Llega apenas a las muñecas de donde mana sin llegar a los dedos; sobre todo en la mano derecha, y tienen ya un color cadavérico. No se mueven y se han doblado sobre la palma.

7JesusEnLaCruz

También los dedos de los pies muestran su tormento: los pulgares se mueven para arriba y para abajo… Se abren.

El tronco se cansa sin encontrar alivio…

8_victoria_cristo_dorso2

 Los riñones que fueron casi destruidos  y desde la Flagelación dejaron de funcionar…  Incapaces de filtrar más; han causado que la urea se haya acumulado y esparce por todo su cuerpo una aguda intoxicación urémica, torturándolo con este sufrimiento que se agrega a los demás.

9flagelado

Las feroces contusiones de sus riñones, serán los agentes químicos más poderosos en el milagro del Sudario…

10sudario-turin

 Quien sea médico o haya estado enfermo de uremia, puede comprender cuales sufrimientos le están dando las toxinas urémicas tan abundantes y que serán el reactivo que trasudando su cadáver y mezclándose con los aromas; fijarán la impresión indeleble sobre la tela, haciendo que Dios conceda la prueba irrefutable de la Crucifixión y de las precedentes torturas…

11torturado

Las costillas muy anchas y altas, porque la estructura del Cuerpo de Jesús es perfecta; se han dilatado más de lo imaginable por la posición del cuerpo y por el edema pulmonar.

Y sin embargo no pueden aligerar el esfuerzo de respirar… Tanto es así, que todo el abdomen ayuda con sus movimientos al diafragma, que poco a poco se va paralizando.

La congestión, la asfixia, aumentan minuto a minuto; como lo muestra el color azulado que ya se ve en los labios.

El color rojizo de la fiebre, con matices de un rojo violeta que ya se distingue en el largo cuello, con las yugulares hinchadas. Los rasgos llegan hasta las mejillas, por las orejas y las sienes.

13rcristo

La nariz se ha afilado exangüe. Los ojos se hunden cada vez más, dejando una lividez donde la sangre de la corona no los baña.

Bajo el arco izquierdo costillar, se destaca el golpe con que bate la punta cardiaca. Irregular pero fuerte. Y de vez en cuando, por una convulsión interna, el diafragma tiene un sacudimiento profundo, que se revela por una distensión total de la piel obligada al máximo; en este cuerpo herido y agonizante.

El rostro tiene la nariz torcida y el ojo derecho casi cerrado por la hinchazón. La boca está abierta con su herida en el labio superior, que ya es una costra.

14sudario-turin

Teniendo en cuenta la pérdida de sangre, la fiebre, el sol… Todo esto hace que la sed sea un martirio insoportable. Tanto que Él, maquinalmente, bebe las gotas de su sudor y de su llanto. Y también las de su sangre, que bajan por la frente hasta su bigote y que Él recoge con la lengua…

La corona de espinas le impide apoyarse al tronco de la cruz para poder sostenerse con los brazos y así poder aliviar sus pies. Los riñones y toda la espina se arquea hacia fuera; separando de la Cruz la pelvis, haciendo que cuelgue suspendido, el Cuerpo de Jesús.

15redencion

Los judíos, arrojados más allá de la plazoleta; no dejan de insultar y Gestas el ladrón impenitente se hace eco…

Dimas, el otro condenado que mira con mayor compasión a la Virgen, llora y le reprocha duramente cuando oye que también Ella es insultada soezmente…

Le grita con angustia:

–                       ¡Cállate! Acuérdate que naciste de una mujer. Piensa que nuestras madres han llorado por nosotros. Y fueron lágrimas que la vergüenza les arrancó… Porque somos unos criminales.

Nuestras madres ya murieron… Quisiera pedirle perdón… ¿Lo podré? ¡Era una santa! ¡La maté con los dolores que le ocasioné! Soy un pecador. ¿Quién me perdona?…  –y volviéndose a María implora-  Madre. En Nombre de tu Hijo que agoniza, ruega por mí. Soy Dimas…

16mater-dolorosa

María levanta su rostro desgarrada por el dolor. Mira a este malvado que a través del recuerdo de su madre, se encamina hacia el arrepentimiento…

Y parece como si lo acariciara con su mirada de paloma.

Dimas llora recio, lo que provoca mucho más las befas de la chusma y de su compañero.

Los del Sanedrín:

–                       ¡Bravo, bravo!

–                       Tómatela por Madre.

–                       Así tiene dos hijos criminales.

Y Gestas, el otro ladrón:

–                       Te ama porque eres un retrato de su amado.

Jesús habla por vez primera:

–                       Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…

17redencion

Esta súplica vence los temores que le quedaban a Dimas. Se atreve a mirar a Jesús y proclama su fe…

Le suplica:

–                       Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino. Es justo que yo sufra. Compadécete de mí y dame la paz en la otra vida. Te oí hablar una vez y necio, rechacé tus palabras. Ahora me arrepiento de ello y de mis pecados delante de Ti, Hijo del Altísimo.

Creo que has venido de parte de Dios. Creo en tu Poder. En tu Misericordia. Jesús, perdóname en nombre de tu Madre y de Tu Padre  Santísimo…

Jesús se vuelve y lo mira con gran compasión.

18DIMAS

Una sonrisa ilumina su pobre boca herida y responde:

–                       Te digo esto: Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Dimas, el ladrón arrepentido se tranquiliza y…

Dice como si fuera una jaculatoria:

–                       Jesús Nazareno Rey de los Judíos, ten piedad de mí. Jesús Nazareno, Rey de los Judíos, espero en Ti. Jesús Nazareno Rey de los Judíos, creo en tu Divinidad.

El otro continúa con sus blasfemias.

El cielo se pone más lóbrego. Las nubes se cierran y no se abren para que pase el sol. Se amontonan unas sobre otras con copas plomizas, blanquecinas y verdosas.

19mort_Jesus

El viento las empuja y cabalgan sobre sí. Se enredan y desenredan, según las rachas de un viento frío que a intervalos, atraviesa ruidoso el firmamento y luego baja a la tierra.

Más tarde se calla. Parece ser más siniestro cuando se calla, pesado y muerto; que cuando silba cortante y veloz. La luz que hasta ahora había sido fuerte, está tomando un tinte verdoso bastante extraño, casi como el que se ha visto alguna vez en un eclipse total de sol…

20eclipse-total

Las caras reflejan facciones estrambóticas…

Los soldados, bajo sus yelmos y corazas que antes brillaban; ahora se han empañado en la luz verdosa y bajo un firmamento cenizo, muestran sus perfiles duros y parecen estatuas esculpidas.

Las de los judíos que en su mayoría tienen los cabellos negros, parecen ahogados de color térreo.

Las mujeres parecen estatuas de nieve azulada por la palidez que la luz les va marcando.

21(Eli_Eli_lama_sabactani)_-_James_Tissot

Jesús se pone extremadamente lívido, como si ya hubiera muerto. La cabeza le cuelga sobre el pecho. Ya no tiene fuerzas. Tiembla pese a la fiebre que lo consume.

En su debilidad murmura el nombre que antes solo ha dicho en lo íntimo de su corazón:

–                       ¡Mamá! ¡Mamá!

Lo dice tan bajito que es como un suspiro en su delirio de agonizante.

La Virgen lo escucha con el ansia inmensa, de extender sus brazos y socorrerlo.

22mcruz

La cruel gentuza se ríe de esas contracciones musculares y de quién las sufre.

Los sacerdotes y escribas suben de nuevo hasta la plazoleta donde están los pastores.

Y como los soldados quieren echarlos hacia abajo otra vez…

Ellos protestan:

–                       ¿Están los Galileos?

–                       También nosotros debemos comprobar que se cumple la justicia.

–                       Y desde lejos, en medio de esta extraña luz, no podemos ver bien.

23fariseo

De hecho, muchos empiezan a impresionarse por la luz que va envolviendo todo y empiezan a sentir miedo.

También los soldados señalan el firmamento y una especie de cono color pizarra por lo oscuro; que se levanta como un pino detrás de una cima…

Parece una tromba marina. Se levanta cada vez más y parece como si engendrara nubes cada vez más negras.

24jcruzsol

En medio de esta luz crepuscular pavorosa, Jesús entrega la persona de Juan a María y viceversa. Con la cabeza inclinada; porque su Madre se ha puesto más bajo la Cruz, para verlo mejor…

Jesús, a ambos les dice:

–                       Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu Madre.

El rostro de María se desconsuela más después de estas palabras de Jesús que son su testamento…

Jesús no tiene nada más que dejarle, más que a un hombre… El, que por amor al hombre la priva de Sí Mismo… Él, Quién de Ella había nacido…

25calvario

María llora calladamente. Las lágrimas brotan a pesar de sus esfuerzos por contenerlas, aun cuando trata de reflejar en su rostro desconsolado, algo de serenidad a fin de consolar a su Hijo…

Los sufrimientos son cada vez mayores.

En esta luz azul-verdosa que disminuye lentamente, se dejan ver detrás de los judíos, Nicodemo y José de Arimatea…

Que ordenan:

–                       ¡Haceos a un lado!

Los soldados preguntan:

–                       No se puede. ¿Qué queréis?

26nicodemo

Los dos Doctores de la Ley, contestan:

–                       Pasar.

–                       Somos amigos del Mesías.

Los del Sanedrín preguntan desdeñosamente:

–                       ¿Quién es el que atreve a declararse amigo del Rebelde?

José responde con valentía:

–                       Yo. José de Arimatea. El Anciano; noble miembro del Gran Consejo y conmigo Nicodemo…  Jefe de los judíos y Príncipe de los Sacerdotes.

Eleazar ben Annás:

–                       Quien se pone del lado del Rebelde, es un rebelde.

27fariseo1

José declara solemne:

–                       Y quien a favor de los asesinos, un asesino; Eleazar de Annás. He vivido como un justo. Estoy ya viejo y próximo a la muerte. No quiero ser malo cuando ya el Cielo desciende sobre mí. Y con él, el Juez Eterno.

–                       ¿Y tú, Nicodemo? ¡Me maravillo!

Nicodemo contesta con firmeza:

–                       También yo. Una sola cosa me duele y es que Israel se haya corrompido tanto, que no sepa reconocer a Dios.

Eleazar dice con desprecio:

–                       Me causas asco.

–                       Entonces hazte a un lado y déjame pasar. Solo quiero eso.

–                       ¿Para contaminarte mucho más?

28de arimatea

–                       Si no me he contaminado estando cerca de vosotros; ninguna otra cosa me puede contaminar.

José:

–                       Soldado, aquí tiene la bolsa y la contraseña, para que me dejéis pasar.

El decurión más cercano toma la bolsa y la tablilla encerada.

Éste las mira y ordena:

–                       Dejadlos pasar.

José y Nicodemo se acercan hasta donde están los pastores. Los pasan y quedan una veintena de metros adelante de ellos… No se atreven a ir más allá. Se sienten como si estuvieran ante el altar sagrado, ante el Santo de los Santos…

29lugar-santisimo

Ven a Jesús… y lloran abiertamente con un inmenso dolor. Sin importarles la lluvia de injurias e improperios que de parte del Sanedrín, ahora les llueven a ellos…

Los sufrimientos de Jesús se hacen más intensos.

Su Cuerpo experimenta los primeros arqueos tetánicos y cada grito de la chusma debe molestarle muchísimo. La insensibilidad de sus tendones, se extiende desde las extremidades hasta el tronco y respira con mayor dificultad.

30llaga del costado

La contracción del diafragma es cada vez más débil y el movimiento cardiaco se torna irregular. Su rostro pasa del rojo intenso a la palidez verdosa del que muere por desangramiento.

Su boca se mueve con mayor fatiga; porque los nervios del cuello y la cabeza, que sirvieron de palanca a todo el cuerpo y lo dirigían  hacia el travesaño de la Cruz, extienden el calambre hasta las mandíbulas.

31cristo-redentor

La garganta hinchada con las carótidas obstruidas, extiende su edema a la lengua que se ve abultada y que apenas se mueve.

La espina dorsal, aún en los momentos en que las contracciones tetánicas no la arquean completamente desde la nuca hasta las caderas, de dobla hacia delante cada vez más. Porque los miembros se hacen más pesados, a causa de las partes en donde ha empezado ya la muerte.

zpassion_colgado2

La luz tan tenue hace que solo quién está cerca de la Cruz, pueda verlo todo.

Por un momento, Jesús suelta el cuerpo hacia delante y hacia abajo, como si ya estuviese muerto.  No jadea. La cabeza le cae inerte…

La Virgen lanza un trágico grito:

–                       ¡Ha muerto!

Jesús parece realmente muerto.

32cristo-redentor

Las mujeres hacen eco a María y hay una pequeña confusión.

La luz es tan débil que parece que todos estuvieran envueltos en una nube de ceniza volcánica.

Los sacerdotes gritan:

–                       ¡No es posible!

–                       ¡Es un pretexto para que nos vayamos!

–                       Soldado, pícale con la lanza.

–                       Es un buen remedio para devolverle la voz.

Y como los soldados no les hacen caso…

33The_Judgment_of_the_Sanhedrin-_He_is_Guilty!

Una descarga de piedras vuelan hacia la Cruz.

Pegándole a Jesús y cayendo sobre las corazas romanas.

Irónicamente el remedio produce su efecto. Una piedra dio en el blanco y Jesús lanza un gemido doloroso y vuelve en Sí.

34christ_passion_movie_cross

El tórax vuelve a respirar fatigosamente. Con gran esfuerzo, Jesús se apoya una vez más, sobre sus pies torturados; encontrando fuerza solo en su voluntad.

Y se yergue como si estuviese sano. Alza su rostro, mirando con ojos bien abiertos, el Mundo extendido a sus pies… Piensa…

35Asseenfromthecross-vi

Una luminosa sonrisa se dibuja en sus labios tan heridos… Cierra los ojos y los vuelve a abrir.

Se queda mirando a lo lejos…

Y murmura con una voz casi inaudible:

+ “Mi mirada se internó a través de los siglos y os vi… Desde aquella hora os bendije… Desde aquellos momentos os he llevado en mi Corazón y cuando sonó el momento de que vinieseis a la tierra… Quise estar presente a vuestra llegada. Regocijándome al pensar que una nueva flor de amor había brotado en el mundo y que viviría para Mí…

36b-b-rose

¡Oh benditos míos! ¡Consuelo mío en mi agonía!… Mi Madre, mi apóstol, mis amigos pastores…  Las mujeres piadosas que me acompañaron en mi amargura y mi Infinito Dolor… Todos los que están presentes y me aman, sabiendo que voy a morir… Pero también que estás leyendo esto y a quien mi Madre ha traído hasta aquí…

Mis ojos agonizantes te miraron a través de los tiempos…  junto con el rostro adolorido de mi Madre… Y los cerré gozoso porque habían visto que te salvaríasQue eres digno del Sacrificio de un Dios.”  + 

37La-pasion-de-Cristo-cap-4

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

220.- LA CRUCIFIXIÓN


1calvario

                 Cuatro musculosos hombres que traen túnicas cortas y sin mangas, brincan de una vereda, al lugar del suplicio. Llevan en las manos clavos, martillos y cuerdas. Objetos que con gestos elocuentes, muestran a los sentenciados.

La multitud es presa de un sanguinario delirio…

El centurión presenta a Jesús la jarra, para que beba vino mirrado; que es como un ligero anestésico, pero no acepta.

Los dos ladrones beben mucho. La jarra vacía la colocan cerca de una gran piedra, casi al borde del precipicio que está detrás.

1ladrones

Se ordena a los sentenciados que se desvistan. Los dos ladrones lo hacen sin ningún pudor. Uno de ellos insinúa gestos obscenos a la plebe y sobre todo, al grupo sacerdotal; que se distingue por sus vestiduras blancas.

El otro está muy pensativo y en su rostro tiene una expresión reflexiva…

Los verdugos ofrecen tres pedazos de tela, para que se cubran las ingles. Los ladrones los toman de inmediato y uno, sigue maldiciendo…

Jesús, que se ha quitado sus vestiduras despacio por el dolor de las heridas; lo rehúsa. Tal vez piensa que todavía puede conservar los paños menores que tuvo en la flagelación.

Pero cuando le dicen que aún estos se quite, Él se angustia. Extiende su mano al verdugo y le pide el pedazo de tela que rehusó, para poder cubrirse…

2st10

¡El Creador del Universo y de todo cuanto existe, Aniquilado a este nivel!…

Es realmente el ‘Nada’… Reducido a tener que mendigar un trapo a los delincuentes que van a acabar con su vida…

María lo ve… Se quita el largo y fino velo blanco que le cubre la cabeza, bajo el manto oscuro… Y que ha bañado con sus lágrimas… Se lo quita sin que se caiga el manto y se lo da a Juan.

Éste lo pasa a Longinos y él se lo da a Jesús…

Él está desnudo, frente al lado escarpado donde no hay nadie…  Y muestra a todos por la espalda, su Cuerpo llagado y deshecho por los golpes…  Lleno de heridas abiertas y sangrantes…

Cuando Longinos le da el velo de la Virgen; Jesús lo reconoce… Se lo pone cuidadosamente, para que no se caiga. Sobre este lino que hasta ahora estuvo bañado en lágrimas, caen ahora las primeras gotas de Sangre…

3sufriendo

Jesús se vuelve hacia la plebe… Se ven los azotes en el pecho, los brazos y las piernas. A la altura del hígado; tiene un enorme moretón… Y bajo el arco costal izquierdo, se ven claras siete rayas, que terminan en siete pequeños golpes, que reventaron la piel y sangran… Un cruel golpe en esta zona tan sensible del diafragma…

Las rodillas tan castigadas con las caídas; desde la detención y en la subida al Calvario, están negras de cardenales abiertos en la rótula. Sobre todo la derecha… Y también sangran…

La chusma se burla de Él en coro…

Y también los sacerdotes del Templo de Jerusalén…  Cantando, con el Cantar de los Cantares:

–                       ¡Oh, Bello!

–                       ¡El más Bello entre los hijos de los hombres!

–                       ¡Las hijas de Jerusalén te adoran!… 

1levitascantando

Y en tono de Salmo:

–                       “Mi amado es blanco y rubio; diferente de miles y miles.

–                       Su cabeza es oro puro. Sus cabellos, racimos de palmeras. Sedosos como plumas de cuervo…

–                       Su Tronco es marfil, con vetas de zafiros.

–                       Sus piernas, perfectas columnas de blanco mármol, sobre pedestales de oro.

–                       Su Majestad es como la del Líbano, imponente…

–                       Es más alto que el más alto cedro.

–                       Su lengua está impregnada de dulzura y él es toda una delicia.

Se carcajean a placer…

4ira-odio

Luego gritan:

–                       ¡El Leproso!

–                        ¡El leproso!

–                       ¡Fornicaste con un ídolo, pues Dios te castiga de este modo!

–                       ¡Oh, oh!…  ¡El Perfecto!

–                       ¿Eres el Hijo de Dios?

–                        ¡Que no!…

–                       ¡Eres un aborto de Satanás!

–                       Por lo menos él: Mammona, es poderoso y fuerte…

–                       Tú… Eres una piltrafa impotente y asquerosa…

Los ladrones están amarrados a las cruces y los colocan a cada lado, respecto al lugar destinado a Jesús.

1dimas y gestas

Hay gritos, maldiciones y blasfemias. Blasfeman de Dios. De la Ley. De los romanos. De los judíos…

Es el turno de Jesús. Se extiende sobre el leño sin oponerse.

Los dos ladrones se mostraron tan rebeldes que, no dándose abasto con cuatro verdugos; tuvieron que intervenir varios legionarios, para sujetarlos…  Para que no diesen de puntapiés a los verdugos, cuando les amarraban las muñecas.

Para Jesús, no hay necesidad de nada de esto… Pone la cabeza donde le dicen que la ponga. Abre los brazos como se lo ordenan. Extiende las piernas, como le mandan. De lo único que se preocupa; es de acomodarse bien el velo…

5crucificando

Su largo…  delgado y blanco cuerpo; resalta sobre el leño negruzco y sobre el suelo amarillento.

Dos verdugos se sientan sobre su pecho, para asegurarlo. ¿Cuál no habrá sido el Dolor y la Opresión que experimenta?…

Otro le toma el brazo derecho. Con una mano por el antebrazo y con la otra, las extremidades de los dedos…

El cuarto tiene un clavo largo, cuadrangular. Puntiagudo; remachado en la cabeza grande. Como de una pulgada de diámetro. Valora si el agujero hecho en el palo, corresponde a la coyuntura de radio de la muñeca…

Corresponde. El Verdugo coloca la punta del clavo en el pulso. Levanta el martillo y da el primer golpe…

6mano derecha

Jesús. Que tenía los ojos cerrados… Al sentir el agudo dolor; da un grito… Y se contrae… Abre sus ojos que nadan en lágrimas.

El clavo penetra; desgarrando la piel… destrozándole músculos, venas, nervios… Lastimándole los huesos…

María responde al grito de su Hijo; con otro que se parece al de un cordero degollado. Se inclina como destrozada; sosteniéndose la cabeza con las manos.

7Virgen dolorosa1

Para no darle más aflicción; Jesús no grita más.

Pero los golpes se suceden…  Metódicos, duros; de hierro sobre hierro… Y pensar que debajo hay un miembro vivo que los recibe…

La mano derecha ha sido ya enclavada.

Y pasan a la izquierda…

El agujero no corresponde a la muñeca. Toman un lazo. La amarran y la estiran, hasta dislocar la coyuntura… Arrancando tendones y músculos… Además de desgarrar aún más la piel, que las cuerdas habían rozado tan fuerte, cuando  lo apresaron.

La otra mano también sufre, porque por reflejo se estira y el agujero del clavo se alarga. Ahora apenas si se llega a la muñeca. No les queda más, que clavar en medio del metacarpo.

8enclavado

El clavo entra más fácilmente; pero con un dolor mucho más intenso; pues toca una red de nervios mucho más sensibles…  Tanto es así, que los dedos se quedan inertes, mientras que los de la derecha se contraen y se doblan, mostrando su vitalidad.

Jesús no grita más. Un lamento ronco desaparece entre sus labios. Las lágrimas, después de haber caído sobre el madero; ahora caen sobre la tierra.

9enclavado1

Es el turno de los, pies.

A más de dos metros de la punta de la Cruz hay una cuña que apenas basta para un pie. Los pies se ponen ahí para ver si la medida está bien hecha y como está un poco abajo y los pies no llegan; tiran de sus tobillos.

El palo rugoso de la Cruz restriega las heridas, mueve la corona que arranca más cabellos y está a punto de caer.

De un manotazo, un verdugo la vuelve a colocar sobre la cabeza. Los que estaban sentados sobre el pecho de Jesús, se levantan para luego sentarse sobre sus rodillas, porque Jesús en un acto reflejo, retiró las piernas al ver brillar el enorme clavo demasiado grande…

Más del doble de los que emplearon para las manos. Se apoyan sobre las rodillas desolladas. Aprietan los huesos de la pierna, mientras que los otros dos clavan…

10clavando el pie izquierdo

Una labor más difícil, porque tratan de que las junturas correspondan a las de los tarsos. Aunque con cuidado; pretenden que los pies estén quietos y que el tobillo y los dedos, coincidan.

El pie que está debajo, se mueve al penetrar el clavo y tienen que sacarlo… Después de que penetró en la parte blanda, ya había despuntado por haber perforado el pie derecho.

Cambian la posición de los pies. Ahora el izquierdo arriba. Hincan el clavo un poco más al centro.

Golpean, golpean… No se oye más que el horrible golpeteo del martillo, sobre la cabeza del clavo, pues la multitud que está presente en el Calvario tiene los ojos y los oídos atentos… Para captar cualquier gesto, cualquier ruido, para después reírse…

11pies clavados

Al áspero sonido del martillo, contesta un levísimo gemido de paloma: el gemido de María que se inclina con cada golpe; como si el martillo diese sobre Ella. Y tiene razón en sentirse despedazada…

Pues la Crucifixión, si es algo espantoso de describirse…

Vivirla y sentirla Jesús… Y que una Madre amorosísima como es Ella tenga que soportar el presenciarla en su Hijo…

XBP340105

Igual que la Flagelación, por lo que toca a la contracción involuntaria muscular, pero mucho más atroz…  Porque se comprueba cómo el clavo se pierde en la carne viva. Eso sí, es más breve.

La Flagelación es una tortura que debilita mucho, porque dura más tiempo.

Jesús está firmemente enclavado en la Cruz.

13crucificado

Se coloca el letrero que anuncia su crimen y la causa por la que es ejecutado…  Se arrastra ahora la Cruz al agujero, que debido a la desigualdad del suelo, se sacude violentamente… Y con ella, el Cuerpo de Jesús…

Cuando intentan levantarla, no logran equilibrarla. Se les escapa de las manos y cae cuán pesada es… Una vez más lo intentan. Se escapa de las manos de los verdugos y vuelve a caer… Esta vez, sobre el brazo derecho de la misma cruz.

A la tercera vez, por fin se levanta la Cruz.

Cada caída causa un horrendo dolor a Jesús, (Otro más) en todo su Cuerpo, porque el sacudimiento le afloja los miembros heridos. Cuando dejan caer la cruz sobre el agujero y antes de que se le asegure con piedras y tierra, se balancea para todas direcciones, produciendo continuos desplazamientos del cuerpo suspendido con tres clavos…

El sufrimiento es completo.

14crucificado1

Todo el peso del cuerpo se desplaza para adelante y hacia abajo. Los agujeros se alargan. Sobre todo el de la mano izquierda. También el de los pies; en donde mana sangre con fuerza. La sangre que brota de los pies. Gotea por los dedos en tierra y corre bañando el palo.

Satanás observa su obra… 

15jlucifer

La sangre de las manos corre por los antebrazos, porque están más altos que las axilas. Baña las costillas bajando hacia la cintura.

La corona que se movió cuando la Cruz se balanceaba antes de ser fijada, hundiendo en la nuca el grueso nudo de espinas; vuelve a encajarse hasta la frente, a la que rasga sin piedad.

La Cruz ha sido asegurada. Ahora el tormento es estar enclavado…

Levantan también a los ladrones que gritan como si fuesen desollados, por el tormento de las cuerdas que rasgan sus muñecas y ennegrecen las manos, con las venas hinchadas por la falta de circulación sanguínea.

Jesús calla.

16jcrucificado

La plebe empieza su gritería infernal…

Ahora la cima del Gólgota tiene su trofeo y su guardia de honor.

En el lado más alto, la Cruz de Jesús, flanqueada por las otras dos.

Media centuria de soldados rodea la cima. Dentro de este círculo, los que se apearon del caballo, se juegan a los dados las vestiduras de los sentenciados.

De pié, entre la cruz de Jesús y la de la derecha, está Longinos. Parece como si montase guardia al Rey Mártir.

La otra media centuria, descansa en la plazoleta inferior, a la espera de que se les pueda necesitar. Los soldados muestran casi una indiferencia total. Como si estuvieran acostumbrados a estos espectáculos. Solo alguno levanta de vez en cuando su cara, a mirar a los crucificados.

Longinos mira todo atentamente y con interés. Piensa, compara, saca sus conclusiones…  ¡Qué diferente es Jesús de los otros dos y de los espectadores! Se lleva la mano sobre la frente, para taparse el sol que parece molestarlo.

The annular solar eclipse as seen from Qingdao

En realidad es un sol extraño, de color amarillo-rojizo de fuego. Es tan fuerte, que apenas si los ojos lo resisten.

Longinos ve a la Virgen que está en la explanada y mira a su Hijo con el rostro desgarrado por el Dolor.

Llama a uno de los soldados que juegan a los dados y le ordena:

–                       Si la Madre de Él quiere subir con su hijo que la acompaña, que vaya. Escóltala y ayúdala.

El joven militar obedece inmediatamente y va a donde está María con Juan.

Luego los tres suben por los escalones tallados en la roca. Pasan el cordón que forman los soldados y se acercan al pie de la Cruz.

18jmaria con juan

María se pone a una distancia, para que Jesús la vea bien. Ella lo mira tratando de darle algún consuelo, con un rostro heroico por el que corren las lágrimas incontenibles.

La chusma suelta sus insultos ignominiosos contra Ella y contra Él.

La plebe, los sacerdotes, los herodianos, etc. Lo que quieren es divertirse…

Y se ponen en fila subiendo por la pendiente,  pasando por la elevación final del monte y bajando por el otro camino…  Y viceversa…

Cuando pasan frente al patíbulo a los pies de la meseta en la segunda plazoleta; lanzan sus blasfemias, en señal de homenaje contra el Agonizante…

19jcrucificado2

Toda la suciedad, crueldad, odio, insensatez; de que los hombres son capaces, brotan de esos labios infernales…

Los más furiosos son los miembros el Templo con todos sus compinches…

Los miembros del Sanedrín que gritan:

–                       ¡Y bien!

–                       ¡Tú Salvador del género humano!

–                       ¿Por qué no te salvas?

–                        ¿Te ha abandonado tu rey Belcebú?

–                       ¿Te desconoció ya?

–                       Tú, que no hace ni tres días, con ayuda del Demonio hiciste decir al Padre…

–                       ¡Ja, ja, ja! Que te había glorificado.

–                       Entonces, ¿Por qué no le recuerdas que guarde su promesa?

1Sanhedrin%20Trial

–                       ¡Blasfemo!

–                       Ha salvado a los otros.

–                       ¡Y decía que con la ayuda de Dios!

–                       ¡Y no logra salvarse a Sí Mismo!

–                       ¿Quieres que se te crea?

–                       ¡Haz entonces el milagro!

–                       Ya no puedes, ¿Verdad?

–                       Ahora que tienes las manos clavadas y estás desnudo.

20jchusma-sacerdotal

Algunos saduceos y herodianos, gritan  a los soldados:

–                       ¡Cuidado con la hechicería!

–                       ¡Vosotros que tenéis sus vestidos!

–                       Contienen la señal del Infierno…

La gentuza en coro:

–                       ¡Baja de la Cruz y creeremos en Ti!

–                       Tú que destruyes el Templo…

–                       ¡Loco!

–                       Mira. Allá está el santo y glorioso Templo de Israel.

–                        ¡Es intocable!

–                       ¡Profanador!

–                       Te estás muriendo…

21ismael y samuel

Calascebona, Simón Boeto y Félix:

–                       ¡Blasfemo!

–                       ¿Hijo de Dios Tú?…

–                         Baja pues.

–                       Fulmínanos si eres Dios.

–                       No te tenemos miedo.

–                       Al contrario, te escupimos.

–                       Lo único que sabe es llorar.

–                       ¡Sálvate si en verdad eres el Elegido!

Los soldados:

–                       ¡Sálvate pues!

–                       Reduce a ceniza a estos bribones.

–                       Eso sois vosotros judíos.

–                       Sois los peores bandidos del imperio.

–                       Su hez.

–                       Baja.

–                       Roma te pondrá en el Capitolio…

–                       Y te adorará como una divinidad.

1-elders-judging-church-discipline

Simón de Cafarnaúm, Cornelio y Doras:

–                       Eran más dulces los brazos de las mujeres, que los de la Cruz…  ¿No es verdad?

–                       Pero mira: están ya prontas para recibirte tus… (Sueltan una palabra infame)

–                      Toda Jerusalén te servirá de madrina de bodas.  –y silban como carreteros.

22arrepentimiento1

Otros del Sanedrín lanzan piedras y Félix grita:

–                       Cambia éstas en panes, Tú, multiplicador de ellos.

Los escribas y fariseos remedando el Domingo de Ramos, avientan palmas gritando:

–                       ¡Maldito el que viene en el nombre del Demonio!

–                       ¡Maldito su reino!

–                       ¡Gloria a Sión que lo arranca de entre los vivos!

Doras se coloca frente a la Cruz y muestra el puño haciendo cuernos y gritando con odio feroz:

–                       ‘Te entrego al Dios del Sinaí’ Así dijiste, ¿No es verdad? Ahora el Dios del Sinaí te prepara para el fuego eterno. ¿Por qué no llamas a Jonás?…

23-profeta-jonas

Eleazar ben Annás, Nahúm y Annás:

–                       ¡No eches a perder la cruz con los golpes de tu cabeza!

–                       Debe servir para tus secuaces.

–                       Una legión entera morirá sobre ella, te lo juro por Yeové.

–                       Y al primero que pondremos será a Lázaro.

–                       Veremos si lo libras entonces de la muerte.

Cananías, Sadoc y Elquías:

–                       Muy bien. Muy bien.

–                       Vamos a donde está Lázaro.

–                       Clavémosle en la parte posterior de la Cruz.

24lazaro-

Y con una sorna satánica, remedan las palabras de Jesús:

–                       “Lázaro, amigo mío, ¡Ven fuera!

–                       Desligadlo y dejadle que ande…”

–                       ¡No! Dijo a Martha y a María, sus mujeres: “Yo soy la Resurrección y la Vida”

–                       ¡Ja, ja, ja!  ¡La Resurrección no puede arrojar de Sí la muerte!

–                       ¡Y la Vida, muere! ¡Ja, ja, ja!

Ismael ben Fabi, Félix, Sadoc y Nahúm:

–                       Allí están María y Martha.

–                       Vamos a preguntarles donde está Lázaro y lo buscamos.

–                       ¡Sí! Lázaro será el siguiente…

–                       Y todo el mundo olvidará muy pronto, el Gran Milagro del Mesías…

25_The_Raising_of_Lazarus_f

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA