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N272 UN VIAJE INESPERADO 3


“BIENVENIDOS A LA ESCUELA CIBERNÉTICA DEL ESPÍRITU SANTO”

Acostumbrados como estamos a la Presencia de nuestro ABBA, recibimos con infinito agradecimiento la asistencia del Cielo entero, con nuestro sublime RECTOR MAGNIFICUS: EL ESPÍRITU SANTO y su cuerpo de catedráticos celestiales que confoman las autoridades docentes en nuestras aulas.

Así que aquí el Magisterio Celestial será el protagonista de nuestra instrucción religiosa…

Para comprender mejor la estructura del Reino de Dios, abriremos una nueva Página llamada “VIVIR MURIENDO” cuyas publicaciones llevarán la Letra “M” y ésta es la Introducción.

Porque iniciaremos nuestro viaje por el PURGATORIO, con una parada que nos está llevando directo al inicio de la Historia de la Iglesia y veremos cómo los primeros cristianos recibían la instrucción básica en su catecumenado, antes de solicitar voluntaria y libremente su Bautismo y lo que éste significaba.  

Este post es una reproducción del capítulo titulado LA PRUEBA 1 y que pertenece a nuestra página ENFRENTANDO A NERÓN.

Recordemos que la ‘Puerta del Cielo’ era la academia cristiana situada en la domus que Séneca había donado a la Iglesia para que fueran evangelizados los romanos.

En la Puerta del Cielo, en el recinto de las vírgenes; están todas reunidas en uno de los jardines, cuando llegan a avisar a Celina, que hay un mensajero de su casa esperándola en el atrium.

Ella se levanta un tanto intrigada y dice a sus amigas:

–           Enseguida regreso. Voy a ver qué sucede.

Cuando llega al atrium, la saluda un hombre de mediana edad y que la saluda amorosamente:

–          La paz sea contigo amita. Eladio me mandó con esta carta para ti. Espero por la  respuesta.

Celina toma la tablilla y dice:

–           La paz sea contigo, Raymundo. Gracias. -muy sonriente agrega- Cuando Recordarás que ya no soy tu ama. Tú eres mi hermano. Hace quince años que eres libre.

Raymundo le contesta:

–           Tú siempre serás mi amita por el amor.

Celina sonríe y mueve la cabeza. Luego rompe el sello y lee:

Eladio a Celina:

La paz sea contigo, mi niña.

Ha venido varias veces a buscarte, el noble Narciso Haloto. Y ayer uno de los jardineros del Palatino, escuchó una conversación cuando estaba trabajando. El ministro de Nerón, estaba con su liberto de confianza y le estuvo dando instrucciones.

Y de esta manera fue como se enteró del siniestro complot con el que pretende raptarte, para obligarte a que te cases con su hijo. Creyó oportuno avisarme, porque también él sabe que eres una virgen consagrada. Te lo ruego: Durante un buen tiempo no regreses, ni vayas a ningún lugar donde él pueda encontrarte.

Por lo que cuentan sus esclavos, sabemos que es un hombre infame y muy cruel.  Solo a Raymundo con quién te envío esta carta, dile en donde podré encontrarte para enviarte noticias.

Cuídate mucho. Que el poder del Altísimo te siga protegiendo. Adiós.

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Celina se queda pensativa… Recuerda todo el trabajo que tienen y dice a Raymundo:

–           Dile que me quedaré aquí. Vete en paz hermano.

El hombre se retira y ella regresa nuevamente al jardín.

Diana al verla llegar, le pregunta:

–           ¿Qué pasó?

Celina les lee la carta…

Ariadna dice:

–           Te quedarás aquí.

Diana apoya:

–           También yo me quedaré contigo.

Celina sonríe con dulzura, como si ningún peligro la amenazara. La conversación se generaliza. Y todas vuelven a su tema preferido: JESÚS.

Mientras tanto en otro jardín de la misma mansión, sentados en una banca de mármol junto al estanque, Leonardo conversa con Sofía.

Sus grandes y expresivos ojos son muy diferentes… Reflejan una dulzura y veneración que antes no existían.

Tomando las manos de Sofía, las lleva a los labios, las besa. La mira conmovido y agradecido…

Luego le suplica:

–           Sofía… Amor mío.  Por favor ¡Perdóname! Ahora comprendo. Quiero que tu Dios, sea mi Dios.

Enséñame a amarlo como lo amas tú. Enséñame a conocerlo, como lo conoces tú. Enséñame sobre todo, a adorarlo y a servirlo como lo haces tú. Yo quiero ser cristiano, como tú.

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La sonrisa de Sofía se vuelve luminosa y tomándolo de la mano, se levanta y lo lleva hasta el Lararium.

Allí está la enorme cruz desnuda, con el sudario que pende de uno a otro de sus brazos.

Hay un cirio encendido a cada lado. Y hermosos jarrones llenos de lirios y azucenas.

Al frente, una balaustrada de mármol sirve como reclinatorio para arrodillarse.

Sobre el arco superior, están grabadas estas palabras:

DIOS ES AMOR’ 

Bajo el arco de la pared izquierda, hay un letrero tanto en griego como en latín:

‘EN ESTA CASA APRENDERAS A CONOCERLO, A AMARLO, A ADORARLO Y A SERVIRLO.’

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Bajo el arco de la pared derecha, igual se lee:

‘Para ser un verdadero hijo de Dios, aprende esta ciencia:

VIVIR MURIENDO

Y      

MORIR AMANDO

Cuando la domines, alcanzarás la Gloria.

Después de meditar un largo rato en estas palabras, los dos se dirigen a un amplio salón, donde está reunido un grupo de más de doscientas personas.

Leonardo se sienta en un banco junto a la pared de mármol gris.

Y la armoniosa voz de Sofía proclama las palabras de la Segunda Lección para los nuevos cristianos:

LA PRUEBA I

Cuando Dios creó a su Arcángel Predilecto, el Cielo entero enmudeció de admiración. Dios quiso a su lado a este maravilloso arcángel, cuando realizó la Creación del Universo.

El más bello de todos los ángeles, espíritu perfecto inferior solamente a Dios, fue llenado de dones: segundo en belleza de todo cuanto existe, una inteligencia privilegiada y poder.

Fue puesto al mando de la tercera parte de los Ejércitos Celestiales. Dirigía los coros angélicos. Y como intermediario entre Dios y los hombres, le fue dado el título de Dominador de las Naciones.

En las misiones destinadas a los hombres, él hubiera sido el ejecutor del querer divino y por eso se llamó:

LUCIFER = PORTADOR DE LA LUZ.

En los ángeles también hay Libertad de Arbitrio. En el orden perfecto del Universo, Lucifer abusó de su libertad. En su ser luminoso nació un vapor de soberbia, que él no dispersó:

Al verse en Dios. Al verse a sí mismo y compararse con sus compañeros, porque Dios le envolvía con su Luz y se gozaba en el esplendor de su arcángel.

Y porque los ángeles le veneraban como el espejo más acabado de Dios, se maravilló. Debía admirar solamente a Dios.

Más en todas las criaturas, se encuentran presentes todas las fuerzas buenas y malas que luchan entre sí, hasta que una de las dos partes vence para proporcionar bien o mal,

del mismo modo que en la atmósfera se encuentran todos los elementos gaseosos por ser necesarios y es la manera de usarlos la que determina que sean buenos o nocivosLucifer no era santo hasta el punto de ser todo amor. La medida del amor, Lucifer no quiso completarla y no rechazó la complacencia de sí mismo, que ocupaba en él un espacio en el que no podía haber amor.

De haber sido todo amor, no habría habido sitio en él para la soberbia, a la que también es justo llamar: desorden del entendimiento. Vapor de soberbia que él no dispersó.

Al contrario: lo condensó y lo cobijó. Y de esta incubación, nació el Mal.

Lucifer desarrolló la soberbia, la cultivó, la aumentó e hizo de ella, arma y seducción.

Dios había creado a un ministro glorioso y bellísimo. Y la libre voluntad del ángel creó a

SATANAS   =   ADVERSARIO.

La soberbia es la palanca que derriba los espíritus y los arranca de Dios. Lucifer quiso más de lo que era y de lo que tenía.

Él, que ya era tanto; quiso todo.

Y ésta fue la brecha por donde entró ruinosa, su depravación.

Siendo ella la causa de que no pudiera comprender ni aceptar al CRISTO-AMOR, compendio del Infinito, Único y Trino Amor.

Y se negó a servir.

Al conocer las futuras maravillas de Dios, quiso ponerse él en su lugar.

Con su mente turbada se vio a sí mismo al frente de los hombres futuros, adorado por ellos como poder supremo.

Y conociendo el secreto de Dios y sus designios, decidió que él podía terminar lo que Dios había comenzado y apoderarse del Reino que sería la Herencia de Jesús.

Sedujo a los menos reflexivos de entre sus compañeros, distrayéndolos de la contemplación de Dios como Suprema Belleza.

Y se rebeló contra Dios.

Los demás ángeles que estaban bajo su mando y que fueron débiles en el amor y la fidelidad hacia Dios, también se rebelaron.

Y así quedó orquestado el primer Golpe de Estado de la Historia.

Así se consumó, el PECADO DE LOS ÁNGELES.

Y partir de ese momento, fue su nombre: SATÁN.

Nombre dado por Dios, al Adversario. Al Enemigo Implacable en que se convirtió, el que fuera el más grande de todos los ángeles.

Y una Gran Batalla estalló en el Cielo. Batalla de inteligencia y de voluntad, combatida en la Presencia de Dios

y que determinó para la Eternidad, el futuro destino de los ángeles y de los hombres.

Fue un hecho histórico de importancia primaria, que incluyó Cielo y Tierra, pues la Historia de la Humanidad está atada y condicionada, a este acontecimiento.

Y Lucifer y los demás soberbios y desobedientes, fueron arrojados para siempre del Paraíso Celestial, por San Miguel Arcángel y sus ángeles.

Cuando los derrotados fueron castigados, Dios los congeló en su rebeldía y les quitó la capacidad de amar, (Dios se retiró de ellos para siempre) pero NO la necesidad de ser amados.

Y ésta se convirtió en IRA. El amor y la belleza, (atributos de Dios) les fueron quitados y de esta forma quedaron convertidos en demonios horrorosos.

El gran amor que los animaba se convirtió en Odio y fueron precipitados en el Infierno para ser devorados por la concupiscencia del espíritu… 

EN EL FUEGO DEL RIGOR DE DIOS

“Y creó Dios al hombre a su Imagen. A Imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo diciéndoles: ‘Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la Tierra y sométanla.” (Génesis 1, 28)

Dios no les prohibió a los hombres amarse. Solo que Él deseaba que su amor fuera perfecto y sin el desorden perjudicial de las pasiones desordenadas.

El uno y la otra se complementaban a la perfección. Y fueron hechos para amarse. La perfección es amor. El amor es armonía.

La armonía es orden. No hay armonía en donde es turbado el orden. No hay amor en donde es turbada la armonía. No hay perfección en donde falta el amor.

Así sucede en todas las cosas y las obras. En las humanas y sobretodo en las sobrenaturales.

La única limitación al inmenso poseer del hombre, fue la prohibición de coger los frutos del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.

Esto era inútil e injustificado, porque el hombre tenía ya la Ciencia que le era necesaria y en una medida superior a la establecida por Dios, no podía más que causar daño.

LA PRUEBA DE LA OBEDIENCIAEDEN-paraiso-terrenal_  Se había dado Él, Dios Mismo ¿Y prohibía mirar un fruto? Había dado al polvo la Vida, infundiéndole su hálito divino en el hombre, ¿Y prohibía de coger un fruto?

Había hecho al hombre Rey de todas las criaturas. Lo consideraba su propio hijo ¿Y prohibía comer un fruto?

Aunque este episodio pudiera parecer de una obstinación inexplicable, no es así.

El medio: el árbol y la manzana. Dos cosas pequeñas. Insignificantes si se las compara con las inmensas riquezas que Dios había concedido al hombre.

El árbol no era diferente de las otras plantas y como todo lo hecho por Dios, tenía sus frutos buenos, bellos y sabrosos. Pero era planta de Bien y Mal. Esto lo convertía según el comportamiento del hombre, no tanto por la planta, sino por la orden divina.

Obedecer es Bien. Desobedecer es Mal.

La manzana no era solo la realidad: fruto. Era también el símbolo: el símbolo del Derecho Divino y del Deber humano. Dios sabía que sobre aquel fruto andaría Satanás para tentar. Dios todo lo sabe.

El malvado Fruto era la palabra de Satanás, gustada por Eva.

El peligro de acercarse al árbol, estaba en la Desobediencia que haría que los Inocentes cayeran en la Trampa tendida por Satanás.

LA DESOBEDIENCIA

Eva fue al árbol. La curiosidad la arrastra para ver lo que había de especial en él. La imprudencia la empuja a no tener como útil la Orden Divina, puesto que Ella es fuerte y pura.

La Reina del Edén, en donde todas las cosas le obedecen y ninguna puede causarle mal.

La presunción la llevó a la ruina. La presunción es el fermento de la soberbia.

En el Árbol se encuentra al Seductor, el cual canta la Canción de la Mentira a su inexperiencia:

“¿Piensas que aquí hay algo de Mal? NO. Dios te lo prohibió porque os quiere tener como esclavos de su Poder. ¿Creéis ser reyes? No sois ni siquiera libres, como lo es la fiera.

Ella si puede amar de verdad. A ella se le ha permitido ser creadora como Dios. Ella engendrará hijos y los verá crecer y serán una familia feliz.

Pero vosotros, no. A vosotros se os ha negado esta alegría. ¿A qué fin os ha hecho macho y hembra, si debéis vivir de este modo?

¿Sois dioses y no sabéis lo que es ser dos en una sola carne, que crea una tercera y muchas más?

No creáis a las promesas de Dios de que tendréis una posteridad al ver que vuestros hijos procrean nuevas familias y dejan por ellas, padre y madre.

Os dio una apariencia engañosa de la vida: la verdadera vida consiste en conocer las leyes de la vida. Entonces seréis semejantes a dioses y podréis decir a Dios: ¡Somos tus iguales!…

Ven, acércate… Yo te enseñaré…”

Y la seducción continuó porque no había voluntad de rechazarla. Y lo que sí se quería, era conocer lo que no pertenecía al hombre.

Satanás sedujo a los hijos de Dios, con pensamientos de soberbia. Inoculó en los inocentes la sed de ser grandes de todas las grandezas: del Poder, del Saber y del Poseer.

A la ciencia pura que Dios les había dado, Satanás inoculó su malicia impura, que pronto fermentó también en la carne.

Pero antes corrompe el espíritu, haciéndolo rebelde y después el intelecto, haciéndolo astuto.

Y con todo esto lo lleva al pecado contra el Amor: la soberbia de la mente y del corazón, por el cual el hombre inocente se volvió culpable.

El tremendo pecado del ‘yo’ que quiere ser como Dios, cometido por Lucifer;

el mismo con el cual después seduce al hombre, para convertirlo al igual que él, en un Rebelde contra Dios.

Satanás robó la virginidad intelectual al hombre.

Y con su lengua serpentina acarició los miembros y los ojos de Eva, suscitando reflejos y agudezas que antes no había, porque la malicia no los había intoxicado.

Eva quiso conocer lo que de manera tan atractiva le fue presentado.

Lucifer la había seducido y ella deseó ardientemente, lo que solo Dios podía conocer sin peligro:

LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL 

Y el Árbol Prohibido fue mortal.

Porque de sus ramas pende el fruto del saber amargo que proviene de Satanás. Eva ‘vio’ y viendo quiso probar. La carne se había excitado.

Su seductor le enseñó con TEORÍA PRACTICADA Y EXPERIMENTO REALIZADO.

Y ‘comprendió’. La malicia bajó a morderle las entrañas.

Vio con nuevos ojos y oyó con nuevos oídos los instintos y las voces de los animales.

Y los anheló con loca ansiedad.

Y la Mujer se convirtió en Hembra.

Se corrompió en maldad y se volvió contra Dios con todos sus sentidos desordenados.

La Creación entera lloró amargamente la Inocencia de su Reina Profanada.

En lugar de arrepentirse y llamar al Señor, que la hubiera perdonado sin duda y le hubiera regenerado su pérdida, ella fue a seducir a su compañero.

Y con el fermento satánico en el corazón, fue a corromper a Adán y le enseñó todo lo que había aprendido.

De criatura se convirtió en creadora y al usar de este don indignamente, nada en el hombre quedó exento de Culpa…

Y todas las partes del ‘yo’ físico y moral, quedaron envenenadas con las tendencias al Mal.

Y con la voluntad cautiva para que fueran instrumentos para seguir pecando, convirtiéndolo así en esclavo de Satanás.

Eva inició sola el pecado. Lo llevó a término con su compañero.

Llegada a este nivel la carne, corrompido lo moral, degradado lo espiritual, conocieron el dolor y la muerte del espíritu privado de la Gracia y de la carne privada de la Inmortalidad.

Y por esto sobre la mujer pesa una condena mayor. Porque por ella el hombre se volvió rebelde a Dios y conoció la lujuria y la muerte.

Y es por causa de ella que el hombre ya no puede dominar sus tres reinos:

El del espíritu, porque permitió que el espíritu desobedeciese a Dios y con el pecado le dio la muerte.

El del alma, porque permitió que las pasiones lo dominaran.

Y el del cuerpo porque lo sometió a las leyes instintivas de los brutos.

A CAUSA DE LA MUJER Y POR SU GRAN PECADO 

DIOS TUVO QUE MORIR

LA REDENCIÓN NO HA TERMINADO…  

(Este es el verdadero motivo, por el cual las mujeres NO PODEMOS ser sacerdotizas y celebrar la Misa en la Iglesia católica)

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

UN DESEO CONCEDIDO


LA HISTORIA DE FRAY DANIELE

LA GRACIA DE VIVIR EL PURGATORIO EN LA TIERRA:

EL TESTIMONIO DE UN ÍNTIMO AMIGO DEL PADRE PÍO

Fray Daniele pensaba que después de morir pasaría un tiempo en el Purgatorio.

Pero el Señor le llevó allí en vida para hacerle reflexionar, y luego su vida cambió en su regreso.

Esta es lo que ahora se llama una experiencia cercana a la muerte, donde la persona muere, es llevada al Cielo, se le muestran los pecados y regresa a la vida profundamente cambiada.

Sólo que Fray Daniele regresa a la Tierra con el propósito de hacer su Purgatorio en la Tierra.

La experiencia de Fray Daniele, compañero inseparable del P. Pío, nos hace saber que un momento en el Purgatorio es mucho tiempo.

Una hora en el Purgatorio parece una eternidad.

El relato está tomado del libro “Omagio a Fray Daniele”. 

EL TUMOR Y LA INTERVENCIÓN DEL PADRE PÍO

Este es el relato de Fray Daniele.

Inmediatamente después de la guerra, me encontraba en San Giovanni Rotondo, mi pueblo nativo, en el mismo convento del P. Pío.

Un poco tiempo después comencé con algunos dolores en el aparato digestivo y me fui a una consulta médica.
Y el médico me diagnosticó un mal incurable: un tumor.

Pensando ya en la muerte, fui a referírselo todo al Padre Pío, el que después de haberme escuchado, bruscamente me dijo:

–    “Opérate.”

Permanecí confuso y reaccionando le dije:

–    “Padre, no me vale la pena. El médico no me ha dado ninguna esperanza. Ahora sé que debo morir.”     

–     “No importa lo que te ha dicho el médico: opérate, pero en Roma en tal clínica y con tal profesor.”  

El Padre me dijo esto con tal fuerza y con tanta seguridad que le contesté:

–    “Si Padre, lo haré”.

Entonces él me miró con dulzura y, conmovido, añadió:

–    “No temas, yo estaré siempre contigo”

LA OPERACIÓN

A la mañana siguiente salí ya en viaje para Roma.

Y estando sentado en el tren advertí al lado mío una presencia misteriosa: era el Padre Pío que mantenía la promesa de estar conmigo.

Cuando llegué a Roma supe que la clínica era “Regina Elena”,  y que el profesor se llamaba Ricardo Moretti.

Hacia el atardecer ingresé en la clínica.

Parecía que todos me esperaban, como si alguien hubiera anunciado mi llegada.

Y me acogieron inmediatamente.

A las 7 de la mañana estaba ya en la sala de operaciones. Me prepararon la intervención.

A pesar de la anestesia, permanecí despierto y me encomendé al Señor con las mismas palabras que Él dirigía al Padre antes de morir:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Comenzaron los médicos la intervención y yo sentía todo lo que decían.  

Sufría dolores atroces, pero no me lamentaba al contrario, estaba contento de soportar tanto dolor que ofrecía a Jesús, ya que aquellos todos sufrimientos purificaban mi alma de mis pecados.

Un rato después me adormecí.

JUICIO Y CONDENA AL PURGATORIO

Cuando recobré la conciencia me dijeron que había estado tres días en coma antes de morir.

En ese período me presenté delante del Trono de Dios.

Veía a Dios pero no como juez severo, sino como Padre afectuoso y lleno de amor.

Entonces comprendí que el Señor había hecho todo por amor hacia mí, desde el primero al último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre la Tierra.

No obstante me di cuenta también de que no solamente no me había cambiado este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado totalmente.

Fui condenado a dos / tres horas de Purgatorio.

¿Pero cómo? -me pregunté- ¿Solamente dos / tres horas?  Y después podré quedarme siempre próximo a Dios Eterno Amor?

Di un salto de alegría y me sentía como hijo predilecto.

La visión desapareció y me volví a encontrar en el Purgatorio.

Las dos / tres horas de Purgatorio fueron dadas sobre todo, por haber faltado al voto de pobreza, es decir, por haber conservado para mí unas pocas liras.

Con frecuencia me iba con la mochila en la espalda a pedir limosnas de puerta en puerta.

Hacía la compra todos los días para el convento. Todos me conocían y me querían bien.

Siempre que compraba alguna cosa me hacían descuentos.

Y aquellas pocas liras que recogía, en vez de entregárselas al superior, las conservaba para la correspondencia, para mis pequeñas necesidades y también para ayudar a los militares que llamaban a la puerta del convento. 

LAS TRES HORAS EN EL PURGATORIO

Eran unos dolores terribles que no sabía de dónde venían, pero se sentían intensamente.

En los sentidos con los cuales había ofendido más a Dios en este mundo: los ojos, la lengua… experimentaba mayor dolor y era una cosa increíble.

Porque allí abajo, en el Purgatorio, uno se siente como si tuviese cuerpo y conoce / reconoce a los demás como sucede en el mundo.

Mientras tanto, aunque no había pasado más que unos instantes con aquellas penas, me parecía ya que fuera una eternidad.

Lo que más hace sufrir en el Purgatorio no es tanto el Fuego -también muy intenso- sino aquel sentirse lejos de Dios.

Y lo que más aflige es haber tenido todos los medios a disposición para la salvación y no haber sabido aprovecharse de ellos.

Fue entonces cuando pensé ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí que estaba en el Purgatorio.

Aquel hermano quedó maravillado porque sentía mi voz pero no me veía y me preguntó:

–        “¿Dónde estás, porque no te veo?”

Yo insistía y viendo que no tenía otro medio para llegar a él, porque mis brazos se cruzaban pero no llegaba.

Sólo entonces me di cuenta que estaba sin cuerpo.

Me contenté con insistirle para que rezase mucho por mí y me fuera del Purgatorio.

–       ¿Pero cómo? -me decía a mí mismo- ¿No debería estar solo dos / tres horas en el Purgatorio?

Y han transcurrido ya trescientos años. Por lo menos así me parecía.

De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le pedí insistentemente, le supliqué, diciéndole:

–     “¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios, consígueme del Señor la gracia de volver a la tierra para vivir y trabajar solamente por amor de Dios!”.

Acudí también ante el P. Pío e igualmente le supliqué:

–       “Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, padre Pío, ruega por mí a Dios para que me libere de estas llamas y…

ME CONCEDA CONTINUAR EL PURGATORIO EN LA TIERRA”

Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío hablaba a la Virgen.

Unos instantes después se me apareció nuevamente la Bienaventurada Virgen María: era Santa María de las Gracias, pero venía sin el Niño Jesús, inclinó la cabeza y me sonrió.

En aquel mismo momento volví a tomar posesión de mi cuerpo, abrí los ojos y extendí los brazos.

Después, con un movimiento brusco, me liberé de la sabana que me cubría.

Estaba contento, había recibido la gracia. La Santísima Virgen me había escuchado.

SU VUELTA A LA VIDA EN LA TIERRA

Inmediatamente después los que me velaban y rezaban, asustadísimos, se precipitaron fuera de la sala a buscar enfermeros y doctores.

En pocos minutos la clínica estaba abarrotada de gente.

Todos creían que yo era un fantasma y decidieron cerrar bien las puertas y desaparecer, por cierto temor a los espíritus.

A la mañana siguiente me levanté muy pronto y me senté en una butaca.

A pesar de que la puerta estaba cuidadosamente vigilada, algunos lograron entrar y me pidieron les explicara lo que me había sucedido.

Para tranquilizarles, les dije que estaba llegando el médico de guardia, al cual tenía que decir lo que me había pasado.

Corrientemente los médicos no llegaban antes de las diez, pero aquella mañana todavía no eran las siete y dije a los presentes:

–      “Mirad; el médico está llegando; ahora está aparcando el coche en tal puesto”.

Pero nadie me creía.

Y yo continuaba diciéndoles:

–     “Ahora está atravesando la carretera, lleva la chaqueta sobre el brazo y se pasa la mano por la cabeza como si estuviera preocupado, no sé que tendrá”…

Pero nadie daba crédito a mis palabras.

Entonces dije:

–     “Para que me creáis que no os miento, os confirmo que ahora el médico está subiendo en el ascensor y está para llamar a la puerta”.

Apenas había terminado de hablar, se abre la puerta y entró el médico quedando maravillados todos los presentes.

Con lágrimas en los ojos, el doctor dijo:

–      “Sí, ahora creo en Dios, creo en la Iglesia y creo en el Padre Pío…”.

Aquel médico que primero no creía o cuya fe era como agua de rosas, confesó que aquella noche no había logrado cerrar los ojos pensando en mi muerte, que él había comprobado, sin dar más explicaciones.

Dijo que a pesar del certificado de muerte que había escrito, había vuelto para cerciorarse qué era lo que había sucedido aquella noche que tantas pesadillas le había ocasionado.

Porque aquel muerto (que era yo) no era un muerto como los demás y, efectivamente, no se había equivocado.

DECIDIÓ VIVIR EL PURGATORIO EN LA TIERRA

Después de esta experiencia, Fray Daniele vivió verdaderamente el Purgatorio en esta tierra.

Purificándose a través de enfermedades, sufrimientos y dolores, conformándose siempre y en todo con la Voluntad de Dios.

Solamente recuerdo algunas intervenciones que sufrí: de próstata, coliscititis, aneurisma de la vena abdominal.

Otra intervención después de un accidente callejero cerca de Bolonia.

Prescindiendo ya de otros dolores no sólo físicos, sino también morales.

FRAY DANIELE

A la hermana Felicetta, que le preguntó cómo se sentía de salud, Fray Daniele le confió:

–     “Hermana mía, hace más de 40 años que no recuerdo que significa estar bien”.

Fray Daniele falleció el 6 de julio de 1994.

Mientras colocaban convenientemente sus restos mortales en la capilla de la Enfermería del Convento de los Hermanos Capuchinos, en San Giovanni Rotondo, se recitaba el Rosario en sufragio de su alma.

A algunos de los presentes les parecía que Fray Daniele moviera los labios, como para contestar al Ave María del Rosario”.

Después que el alma ya no estaba en el cuerpo de Fray Daniele, aun así, algunos de los presentes, veían como seguía orando al Señor.

“Y lo vieron más de uno.”

El cuerpo acostumbrado a tanta Oración, todavía permanecía como si estuviera bien vivo, aunque en ese mismo momento su alma ya gozaba de la Presencia de Dios.

Se había convertido en Instrumento de Oración, aun cuando su alma había quedado libre de aquel cuerpo bendecido por Dios.

La voz se difundió tan rápidamente, que el superior, Padre Livio de Matteo para quedar tranquilo, quiso cerciorarse de que no se trataba de una muerte aparente.

Por este motivo hizo venir de la Casa Alivio del Sufrimiento próxima, al doctor Nicolás Silvestri, ayudante de Medicina Legal y al doctor José Pasanella, asistente también de medicina Legal.

Los cuales hicieron un electrocardiograma a Fray Daniele y le tomaron la temperatura, por lo cual confirmaron definitivamente su muerte.

Se cuenta también en la historia que ha habido personas que poco antes de morir, tuvieron deseos de pecar, y acabaron en ruina perpetua.

Unos cuerpos se convierten en bendición y otros en maldición.