Publicaciones de la categoría: Uncategorized

555 Maternidad Rechazada


  1. IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

449a El pequeño Alfeo desamado de su madre.

Jesús ordena a los que han llegado y a los que estaban con Él:

–            Id adelante con las provisiones, vosotros.

Yo voy con mi Madre hasta la casa del niño.

Y se pone en camino con su Madre, que ha tomado en brazos al niño…

Van hacia el campo.

María pregunta:

–            ¿Qué le vas a decir, Hijo mío?

Jesús responde:

–            Mamá…

¿Qué quieres que diga a una que no tiene amor en sus entrañas de madre,

ni siquiera para los que han nacido de su seno?

–           Tienes razón…

¿Y entonces?

–           Y entonces…

Vamos a orar, Madre mía.

Van caminando y orando.

Una anciana les pregunta:

–            ¿Lleváis a Alfeo a Meroba?

Decidle que ya es hora de que se preocupe de él.

A la fuerza tienen que acabar siendo ladrones…

Y donde caen son como la langosta…

Pero mi enfado es contra ella, no contra estos tres pobrecillos…

¡Qué injusta es la muerte!

¿No podía seguir viviendo Jacob y morirse ella?

Deberías hacer que muriera; así…

Jesús la interrumpe:

–            Mujer…

¿Eres anciana y aún no eres sabia?

¿Cómo dices esas palabras pudiendo morir en cualquier instante?

Verdaderamente eres tan injusta como Meroba.

Arrepiéntete de esto y no peques más.

–            Perdón, Maestro…

Es que su pecado me hace disparatar…

–             Sí.

Te perdono.

Pero no vuelvas a decir, ni siquiera dentro de ti misma, esas palabras.

Los errores no se reparan con la maldición, sino con el amor.

Si muriera Meroba…

¿Cambiaría el sino de éstos?

Quizás el viudo tomaría otra mujer y tendría hijos de terceras nupcias.

Y éstos obtendrían una madrastra…

Entonces más grave sería su suerte.

–            Es verdad.

Soy vieja y necia.

Ahí está Meroba, imprecando ya…

Te dejo, Maestro.

No quiero que piense que te he hablado de ella.

Es una víbora…

Pero la curiosidad es más fuerte que el miedo a la «víbora»

Y la viejecita, a pesar de que se distancie de Jesús y María, lo hace muy relativamente.

Se agacha a arrancar la hierba del lindazo, que está húmeda por su cercanía a una fuente,

para escuchar sin llamar la atención.

Meroba dice al pequeño Alfeo:

–            ¿Estás aquí?

¿Qué has hecho?

¡A casa!

Siempre en la calle, como animales vagabundos;

como perros sin amo, como…

Jesús la interrumpe:

–           Como hijos sin madre.

Mujer…

¿Sabes que dan mal testimonio de la madre los hijos que no están pegados a sus faldas?

–             Es porque son malos…

–             No.

Yo estoy viniendo aquí desde hace treinta meses.

Antes, cuando vivía Jacob y durante los primeros meses de viudez, no era así.

Luego has tomado otro marido…

Y con la memoria de las primeras nupcias has perdido también la de tus hijos.

Pero ¿Qué tienen de distinto respecto al que ahora crece en tu seno?

¿No los llevaste así también a éstos?

¿Acaso no los amamantaste?

Mira aquella paloma de allí…

Los cuidados que prodiga a aquel pichoncito…

A pesar de estar incubando ya otros huevos…

Mira aquella oveja de allí.

Ya no amamanta al cordero del parto precedente, porque está preñada de nueva prole.

Y no obstante…

¿Ves cómo le lame el morrito…

Y deja que ese vivaracho corderito choque contra su costado?

¿No me respondes?

Mujer, ¿Tú oras al Señor?

–            ¡Claro!

No soy pagana…

–            ¿Y cómo puedes hablarle al justo Señor, si eres injusta?

¿Y cómo puedes ir a la sinagoga y oír leer los volúmenes,

cuando hablan del amor de Dios hacia sus hijos,

sin sentir el remordimiento en el corazón?

¿Por qué callas, con ese gesto arrogante?

–            Porque no he solicitado tus palabras…

Ni sé por qué vienes a molestarme.

Mi estado merece respeto…

–             ¿Y el de tu alma, no?

¿Por qué no respetas los derechos de tu alma?

Sé lo que quieres decirme:

Que encolerizarte puede poner en peligro la vida del niño que ha de nacer…

¿Y no sientes solicitud por la vida de tu alma?

Es más preciosa que la vida de un niño que ha de nacer…

Tú sabes…

Que tu estado puede acabar en la muerte.

¿Y quieres afrontar esa hora con el alma turbada, enferma, injusta?

–              Mi marido dice que Tú eres una persona a la que no hay que escuchar.

No te escucho.

Hace ademán de volverse, agregando: 

«Ven, Alfeo…»

Entre los gritos del niño, que ya sabe que le espera una paliza…

Y no quiere separarse de los brazos de María;

la cual suspirando, trata de persuadirla y se dirige a la mujer,

diciendo:

–             Yo también soy Madre y sé comprender muchas cosas.

Y soy mujer…

Sé, por tanto, sentir compasión de las mujeres.

Atraviesas una temporada no buena…

¿No es verdad?

Sufres y no sabes sufrir…

Por eso te irritas así…

Hermana mía, escucha.

Si yo te diera ahora al pequeño Alfeo, serías injusta con él y contigo.

Déjamelo unos pocos días, ¡Pocos!

Verás como cuando no lo veas a tu lado, suspirarás por él…

Porque un hijo es una cosa tan dulce…

que cuando se aleja de nosotras, nos sentimos pobres, heladas, sin luz…

–            ¡Pues tómalo!

¡Tómalo!…

¡Ojalá tomases contigo también a los otros dos!

Pero no sé dónde están…

–             Me lo llevo, sí.

Adiós, mujer.

Ven, Jesús.

María se vuelve rápidamente y se aleja, con un sollozo…

–            No llores, Mamá.

–            No la juzgues, Hijo…

Las dos frases -compasivas las dos- se entrecruzan.

Luego por un mismo pensamiento, las dos bocas se despegan para proferir las mismas palabras:

–             Si no comprenden los amores naturales…

¿Podrán acaso, comprender el amor que hay en la Buena Nueva?

Se miran, este Hijo y esta Madre, por encima de la cabecita del inocente,

que se abandona ahora confiado y feliz a los brazos de María…

–             Tendremos un discípulo más de lo previsto, Mamá.

–             Y gozará de días de paz…

Se topan nuevamente con la ancianita,

que les dice:

–             ¿Habéis visto, eh?

Sorda, sorda como un pandero desfondado…

¡Ya os lo había dicho!

¿Y ahora?

¿Y después?

Jesús responde:

–            Ahora hay paz.

Y después, Dios quiera que haya piedad en algún corazón…

¿Por qué no en el tuyo, mujer?

Un vaso de agua dado por amor, queda registrado en el Cielo.

Y a quien ama a un inocente por amor mío…

¡Oh!…

¡Qué bienaventuranza para los que aman a los pequeñuelos y los salvan del mal!…

La viejecita se queda pensativa..

Y Jesús continúa por un atajo que conduce al lago.

Cuando llega al lago…

Toma al niñito de los brazos de María,

para que Ella pueda subir más cómodamente a la barca.

Levanta al niño lo más que puede para mostrarlo;

sonríe luminosamente…

Dirigiéndose a los que están ya en las barcas,

les dice:

–           ¡Mirad!

Esta vez sí que vamos a tener una predicación fructífera,

porque llevamos con nosotros a un inocente.

Subiendo con firmeza al tablón que oscila, entra en la barca.

Se sienta al lado de su Madre.

Mientras la barca se separa de la orilla,

para poner enseguida rumbo al sudeste, hacia Ippo

553 Santidad e Infalibilidad Papal


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

448d Encuentro de barcas en el lago y parábola sugerida por Simón Pedro.

Mientras el círculo de las barcas se aleja, se disgrega;

tomando cada uno la propia dirección.

Pedro se siente tan feliz, que no piensa en moverse.

Lo hace reaccionar Mateo:

–            ¿No te mueves, Simón?

Yo no soy muy ducho…

–            Es verdad…

Y volviéndose hacia Jesús,

Pedro agrega:           

–            ¡Oh, Maestro mío!

¿Entonces no me habías condenado?

Y yo tenía mucho miedo…

Jesús responde:

–            No tengas miedo, Simón de Jonás.

Te he tomado conmigo para salvarte, no para perderte.

Te he tomado conmigo por tu buena voluntad…

¡Ánimo!

Toma el timón, mira a la Polar y ve seguro, Simón de Jonás.

Siempre seguro…

En todas las travesías…

Dios, tu-Jesús, estará siempre en pie a tu lado en la proa de tu barca espiritual.

Y te  comprenderá siempre, Simón de Jonás.

¿Comprendes?

Siempre.

Y no tendrá que perdonarte;

porque podrás incluso caer como un débil niño,

pero no tendrás jamás la mala voluntad de caer…

Alégrate, Simón de Jonás.

Pedro asiente.

Asiente, demasiado emocionado como para hablar,

sofocado por el amor Infinito de Jesús,

que lo envuelve trascendiendo todo su ser,

incluyendo su fuerte cuerpo físico…

Y la mano le tiembla un poco en el timón;

pero su rostro resplandece de paz, de seguridad, de amor…

Mientras mira a su Maestro, que está erguido a su lado.

Allí en el extremo de la barca, como un cándido arcángel.

Oremos…

552 ¿¡Confusión!?


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

448c Encuentro de barcas en el lago y parábola sugerida por Simón Pedro.

Jesús cruza los brazos y pasea su mirada por todas las barcas, hasta las más lejanas.

Llegando incluso hasta las romanas…

En que se ve sobresaliendo de los bordes de las barcas,

una fila de rostros atentos tanto de patricias como remadores…

La gente habla en tono bajo, se consultan unos a otros…

Un susurro apenas sensible de voces,

se funde con el chapoteo apenas perceptible,

del agua contra el cuerpo de las barcas.

El juicio es difícil.

De todas formas…

La mayor parte opina que el hombre no habrá sido perdonado porque había pecado.

No, no habrá sido perdonado;

al menos por lo que se refiere al primer pecado…

Jesús oye cómo va aumentando el murmullo de los que opinan esto.

Y sonríe con la mirada de sus bellísimos ojos.

Luminosos incluso en la noche como dos zafiros heridos por el rayo de la Luna,

cada vez más hermosa y resplandeciente.

Tanto que muchos deciden apagar antorchas y faroles,

para quedarse por toda luz, con la fosforescente luz lunar.

Pedro está pendiente de oír el juicio de la gente.

Jesús dice:

–             Apaga también éstas, Simón.

Son míseras como chispas respecto a las estrellas,

bajo este cielo lleno de astros y planetas.

Y mientras Pedro alarga los brazos para descolgar los faroles…

Jesús acariciando a su apóstol, le pregunta en voz baja:

–            ¿Por qué esos ojos turbados?

–            Porque esta vez me expones al juicio del pueblo…

–            ¿Y por qué lo temes!

—           Porque…

Es como yo…

Injusto…

–              ¡El que juzga es Dios, Simón!

–             Sí.

Pero Tú no me has perdonado todavía y estás esperando su juicio para hacerlo…

Tienes razón, Maestro…

Soy incorregible…

Pero… ¿Por qué a tu pobre Simón este juicio de Dios?…

Jesús le pone la mano en el hombro.

Y lo hace cómodamente porque Pedro está en el suelo de la barca…

Y Él está erguido encima de la madera de la popa;

por tanto altísimo respecto a Pedro.

Y sonríe…

Pero no le responde.

Lo que hace es dirigirse a la gente:

–           ¿Entonces?

Responded fuerte.

Barca por barca.

¡Ay, pobre Pedro!

Si Dios lo hubiera juzgado según el parecer de los presentes, lo habría condenado.

Menos tres barcas…

Todas las demás, incluidas las apostólicas, lo condenan.

Las romanas no se pronuncian.

Tampoco les preguntan.

Pero es visible que ellas tres, también juzgan digno de condena al hombre,

porque desde una a otra barca, hacen el gesto del pulgar vuelto hacia abajo.

Pedro levanta sus ojos de cordero, turbados, hacia el rostro de Jesús.

Y encuentra una mirada aún más dulce, que fluye de los ojos de zafiro;

que lo inunda con una paz; como si fuera una cascada…

Y ve inclinarse hacia él un rostro resplandeciente de amor…

Que lo hace sentirse atraído hacia un lado de Jesús,

siendo así que su cabeza entrecana está contra el costado de Éste,

mientras el brazo del Maestro lo estrecha hacia Sí, abrazándolo por los hombros.

Jesús dice a todos:

–            Así juzga el hombre.

Pero Dios no juzga así.

¡Oh, hijos míos!

Vosotros decís: «No habrá sido perdonado».

Yo digo: «El Señor no vio siquiera en él materia de perdón».

Porque perdón presupone culpa.

Pero aquí no había culpa.

No, no murmuréis meneando la cabeza.

Repito: aquí no había culpa.

¿Cuándo se forma la culpa?

Cuando hay voluntad de pecar, conocimiento de que se peca…

Y persistencia en querer pecar aun después de haber entendido que una acción es pecado.

Todo depende de la voluntad con que uno cumple un acto,

sea virtuoso, sea pecaminoso.

Incluso cuando uno cumple un acto aparentemente bueno,

pero no sabe que está haciendo un acto bueno;

sino que al contrario, cree que está realizando un acto malo,

comete pecado como si llevara a cabo un acto malo…

Y viceversa.

Pensad en un ejemplo.

Uno tiene un enemigo y sabe que está enfermo.

Sabe que por orden médica no debe beber agua fría; es más, ningún líquido.

Va a verlo, fingiendo afecto.

Lo oye quejarse: «¡Tengo sed! ¡Tengo sed!»

Y fingiendo piedad, se preocupa solícito de darle agua helada de pozo diciendo:

«Bebe, amigo.

Te quiero y no puedo verte sufrir de esta manera por el ardor.

Mira. He pensado en traerte esta agua tan fresca.

Bebe, bebe…

Que una gran recompensa recibe el que asiste a los enfermos y da de beber a los sedientos».

Y dándole de beber, le acarrea la muerte.

¿Creéis que ese acto, bueno en sí por estar constituido de dos obras de misericordia,

es bueno ahora, que se verifica con finalidad mala?

No lo es.

Otro ejemplo:

Un hijo que tenga un padre borracho,

y que para salvarlo de la muerte por la continua bebida, cierre la bodega,

quite el dinero a su padre y se imponga, incluso severamente;

para que no salga por el pueblo a beber y a destruirse,

¿os parece que falte al Cuarto Mandamiento sólo por el hecho de regañar a su padre

y hacer él de cabeza de familia para con su propio padre?

Aparentemente hace sufrir a su padre.

Y parece culpable.

En realidad es un buen hijo, porque su voluntad es buena.

Tiene voluntad de salvar a su padre de la muerte.

Siempre es la voluntad la que da valor a la acción.

Y otro ejemplo:

¿El soldado que mata en guerra es homicida?

¡No!

Si su espíritu no acepta la masacre y combate porque se ve obligado a ello.

Pero combate con ese mínimo de humanidad,

que la dura ley de la guerra y de la subordinación impone.

Por tanto, ese hombre de la barca,

que por una buena voluntad de creyente, patriota y pescador,

no soportaba a aquellos que según él, eran unos profanadores,

no cometía pecado contra el amor al prójimo,

sino que solamente tenía un errado concepto del amor al prójimo.

Y no cometía pecado contra el respeto a Dios,

porque su resentimiento hacia Dios venía de su espíritu bueno…

Aunque no equilibrado y luminoso de creyente.

Y no cometía homicidio, porque era por una buena voluntad de pedir perdón,

por lo que provocaba el que la barca se ladeara.

Sabed discernir siempre.

Dios es Misericordia más que intransigencia.

Dios es bueno.

Dios es Padre.

Dios es Amor.

El verdadero Dios es esto.

Y el verdadero Dios abre su corazón a todos, a todos, diciendo: «Venid»

Indicando a todos su Reino.

Y es libre de hacerlo, porque es Él el Señor Único, Universal, Creador, Eterno.

Os ruego, a vosotros israelitas, que seáis justos.

Recordad estas cosas.

Que no os suceda que las comprendan,

los que veis como cosa impura

y para vosotros permanezcan incomprensibles.

También es pecado el excesivo y desordenado amor a la religión y a la patria,

porque se hace egoísmo.

Y el egoísmo es siempre razón y motivo de pecado.

Sí.

El egoísmo es pecado porque siembra en el corazón una mala voluntad,

que hace al hombre rebelde a Dios y a sus Mandamientos.

La mente del egoísta ya no ve a Dios nítidamente, ni tampoco las verdades de Dios.

La soberbia exhala sus vapores en el egoísta y empaña las verdades.

En la calígine la mente, que ya no ve la luz clara de la verdad

como la veía antes de hacerse soberbia,

empieza el proceso de los porqués…

Y de los porqués pasa a la duda,

de la duda a la indiferencia,

no sólo respecto al amor y a la confianza en Dios y en su justicia,

sino también respecto al temor de Dios y al temor a su castigo.

De ahí la predisposición a pecar.

Y de ésta se pasa a la soledad del alma que se aleja de Dios,

la cual, no teniendo ya la voluntad de Dios como guía,

cae en la ley de su voluntad de pecador.

¡Muy mala cadena es la voluntad del pecador…

Uno de cuyos extremos lo tiene en su mano Satanás,

mientras que el otro ata a los pies del hombre una bola pesada,

para tenerlo sujeto, esclavo en el fango, abatido, en tinieblas!

¿Puede entonces el hombre no incurrir en culpas mortales?

¿Puede no incurrir en ellas, teniendo en sí sólo mala voluntad?

Entonces, sólo entonces, Dios no perdona.

Pero cuando el hombre tiene algo de buena voluntad

y lleva a cabo incluso actos espontáneos de virtud,

ciertamente acaba poseyendo la Verdad, porque la buena voluntad conduce a Dios.

Y Dios el Padre Stmo. se inclina amoroso, compasivo, indulgente,

a ayudar, a bendecir, a perdonar a sus hijos que tienen buena voluntad.

Por eso el amor hacia el hombre de aquella barca fue amplio,

porque, no queriendo cometer el pecado, no había pecado.

Marchaos en paz, ahora, a vuestras casas.

Las estrellas han ocupado todo el cielo

y la Luna viste de pureza el mundo.

Marchaos obedientes como las estrellas y haceos puros como la Luna.

Porque Dios ama a los obedientes y a los puros de espíritu.

Y bendice a los que ponen en todas sus acciones

la buena voluntad de amar a Dios y a los hermanos.

Y trabajar para su gloria y para su utilidad.

¡La paz sea con vosotros!

Y Jesús, abriendo de nuevo sus brazos, bendice.

Mientras el círculo de las barcas se aleja, se disgrega;

tomando cada uno la propia dirección

551 En un Púlpito Acuático


551 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

448a Encuentro de barcas en el lago y parábola sugerida por Simón Pedro.

Jesús dice:

–           No.

Vamos a detenernos aquí.

Adentro de las aguas en el lago, frente a la ciudad.

Hablaré desde la barca…

Pedro objeta:

–           Es que…

Esos imprudentes se quieren ahogar.

¡Pero mira, Maestro!

Es verdad que el lago está calmo como una lámina de plata…

Pero el agua es siempre agua…

El peso es peso…

Y allí…

Parece como si creyeran que están en tierra, no en agua…

Da la orden de que vayan para atrás…

Se van a ahogar…

–           ¡Hombre de poca fe!

¿No recuerdas que mientras creíste en mi invitación,

caminaste sobre el agua como en terreno sólido?

Ellos tienen fe.

Por tanto, contra las leyes de equilibrio entre peso y densidad,

las aguas sostendrán a esas barcas súper repletas.

Encogiéndose de hombros mientras echa la pequeña ancla para detener la barca;

la cual se queda así, en el centro de un nimbo radiado de barcas…

Parte de Cafarnaúm, parte de Mágdala y parte de Tiberíades…

Éstas últimas son las de las romanas, que prudentemente,

se ponen detrás de las de Cafarnaúm, hacia el centro del lago.

Pedro susurra:

–           Si sucede eso…

Es verdaderamente una noche de gran milagro…

Jesús vuelve la espalda a las barcas romanas.

Mira hacia los de Mágdala.

Hacia el vasto y umbrío jardín de María de Lázaro.

Hacia las casitas que albean en la noche dispuestas a lo largo en la orilla.

Ya las proas y los remos no rompen el lago;

de forma que éste se recompone en paz:

Una vasta lámina de cristal veteada de plata por la primera claridad de la Luna.

Sembrada de topacios y rubíes en los lugares en que los fuegos de los faroles…

o las llamas de las antorchas, colocadas en todas las proas, se reflejan en el lago.

Las caras parecen extrañas en el contraste de luces rojo-amarillas o de rayos de luna:

En parte aparecen nitidísimas, en parte apenas se ve cuáles son;

otras parecen partidas en dos, a lo largo o a lo ancho;

sólo con la frente o el mentón iluminados.

O con una sola mejilla:

Una media cara que resalta con anguloso perfil, como si en la otra parte no hubiera cara.

Los ojos de algunos rostros brillan, otros parecen cuencas vacías.

Y lo mismo las bocas…

En alguna de las cuales se aprecia una abierta sonrisa en los dientes fuertes;

mientras que otras parecen anuladas en las caras llenas de sombra.

Pero para ver todos a Jesús…

La gente pasa muchos faroles de las barcas de Cafarnaúm y Mágdala.

Faroles que se ponen a los pies de Él, en los bancos;

colgados de los remos inactivos, colocados en la madera de la popa y la proa.

E incluso dispuestos en racimos en el mástil del que se ha arriado la vela.

Así la barca donde está Jesús resplandece…

En medio de un círculo de barcas que se han quedado sin lámparas.

Y Jesús ahora aparece bien visible, iluminado desde todas las partes.

Sólo las barcas romanas rojean aún por sus antorchas rojas,

que apenas pliegan su llama bajo la brisa ligerísima.

Jesús poniéndose en pie.

Seguro a pesar del leve cabeceo de la barca.

Abriendo los brazos para bendecir.

Hablando lentamente, para que lo oigan bien todos…

La voz se esparce por el lago silencioso, potente y armoniosa.

Jesús comienza diciendo:

–              ¡La paz sea con vosotros!

Hace un rato, un apóstol mío me ha propuesto una parábola.

Ahora os la daré Yo a vosotros, porque puede ser útil para todos,

dado que todos podéis entenderla.

Oídla.

Un hombre navegando por el lago en una noche serena como ésta…

Y sintiéndose seguro de sí mismo, se figuró que no tenía defectos.

Era un hombre expertísimo en las maniobras y por tanto,

se sentía superior a los otros con que se cruzaba en las aguas,

de los cuales muchos venían al lago por placer…

Por tanto sin esa experiencia que da el trabajo asiduo y realizado para ganarse la vida.

Además era un buen israelita.

Por esto mismo, se creía poseedor de todas las virtudes.

Y realmente  era un buen hombre.

Así pues, en un atardecer en que navegaba seguro,

se permitió expresar juicios sobre su prójimo.

Según él, un prójimo tan lejano que ni siquiera tenía condición de prójimo:

Pues no había ningún vínculo de nacionalidad;

ni de oficio, ni de fe…

Nada lo unía a aquel prójimo.

Y por tanto él, sin ningún freno de solidaridad nacional, religiosa o profesional;

tranquilamente lo despreciaba;

es más: con dureza.

Y se quejaba de no ser el amo del lugar, porque de haberlo sido,

habría arrojado de aquel lugar a ese prójimo suyo.

Y en su fe intransigente, casi reprochaba al Altísimo,

el hecho de conceder a éstos distintos de él,

que hicieran lo que hacían y que vivieran donde él vivía.

En su barca iba un buen amigo suyo, que lo quería con justicia.

Y por eso quería que fuera sabio.

Un amigo que cuando era necesario hacerlo, le corregía las ideas no rectas.

Aquel atardecer pues, este amigo dijo al barquero:

«¿Por qué estos pensamientos?

¿No es uno el Padre de los hombres?

¿No es Él el Señor del Universo?

¿Su sol no desciende acaso, a todos los hombres para darles calor?

¿Y sus nubes no riegan, los campos de los gentiles igual que los de los hebreos?

Si hace esto por las necesidades materiales del hombre…

¿No tendrá los mismos cuidados para sus necesidades espirituales?

¿Pretendes sugerir a Dios lo que debe hacer?

¡¿Quién como Dios?!»

El hombre era bueno.

En su intransigencia había mucha ignorancia, muchas ideas erradas;

pero no había mala voluntad, no había intención de ofender a Dios;

antes al contrario…

Había intención de defender los intereses de Dios.

Al oír esas palabras, se arrojó a los pies del sabio y le pidió perdón,

por haberse expresado como un necio.

Tan impetuosamente lo pidió, que por poco no causó una catástrofe,

haciendo que naufragara la barca y perecer a quien en ella iba:

Porque con el afán de pedir perdón, descuidó el timón, la vela y las corrientes.

Por tanto después del primer error de juicio, cometió un segundo error de mala maniobra;

demostrándose a sí mismo que no sólo era un defectuoso juez,

sino también un ineficiente marinero.

Ésta es la parábola.

Ahora escuchad.

Según vosotros, ¿Habrá perdonado Dios a ese hombre o no?

Recordad que había pecado contra Dios y contra el prójimo…

Juzgando las acciones de ambos.

Y por poco casi se convierte en homicida de sus compañeros.

Meditad y responded.

Mi Calcañar


Junio 21 de 2022

Habla La Santísima Virgen María

Experiencia mística:

Nuestra Madre Santísima en su advocación de Fátima, está al mismo tiempo por dentro, por fuera y sobre una catedral…

Es difícil de describir:

Pero es como si Ella la estuviera protegiendo e impulsando hacia el Universo…

También me siento arrebatada y al mismo tiempo estoy dentro…

¡Llevándonos a TODOS los que estamos orando y alabando en una Misa carismática…!

(Y cuando digo TODOS, me refiero a que en la Catedral hay reunidos hermanos de la Iglesia católica,

ortodoxa, protestante y otros…¿?

No lo sé.

Lo único que sé, es que están aprendiendo a amarla…

Y para Ella, todos somos igualmente consentidos…)

Hijitos Míos, Soy vuestra Madre, la Siempre Virgen María.

Comprendo el dolor que se está dando en estos momentos en toda la Tierra,

Unid vuestros dolores a los Míos…

Que momentos difíciles y terribles viví Yo, al ver la Pasión de Mi Hijo, vuestro Salvador.

Se habla de que los dolores de una madre son los más fuertes, sobre todo al ver al hijo que muere.

Imaginadme a Mí, la Madre del Salvador:

la Segunda Persona de la Santísima Trinidad,

que se Nos había sido encomendado a Mí y a José Mi esposo para Su cuidado…

Ver morir Al que os dio vida con Dolores Tremendos…

Es algo que una Madre solamente puede soportar,

cuando está fusionada totalmente en la Voluntad de Dios.

Jesús y yo estuviMos siempre unidos a lo largo de esos treinta y tres años, cuando vivíamos en la Tierra;

desde  Mi Vientre, unida Yo con Mi Hijo, Mi Dios, Mi Salvador, vuestro Salvador,

ya que Me doné Yo también, por todos vosotros.

Ciertamente hubo momentos muy bellos…

Pero también hubo momentos difíciles, como los momentos que en todo ser humano suceden y que

SI NO ESTÁIS UNIDOS íntimamente al Amor de Nuestro Dios, en Su Santísima Trinidad,

No comprendéis…

 Y SUFRÍS EN VANO

Lo digo así, porque SI VOSOTROS NO OFRECÉIS VUESTROS DOLORES,

como los ofreciMos Mi Hijo y Yo por vosotros…

ESOS DOLORES QUE PODRÍAN SER SALVÍFICOS,

SE PIERDEN.

Hijitos Míos, durante mucho tiempo le he estado deteniendo el Brazo de Justicia a Mi Dios y Señor,

pero ya es demasiado el peso,

porque vuestros pecados están aumentando y se siguen agravando.

 ¡Es tanto lo que se ha hecho por vosotros!

Es tanta la Misericordia de Nuestro Dios, en Su Santísima Trinidad,

que se ha derramado y ha caído sobre vosotros…

Y VOSOTROS NO REACCIONÁIS,

NO AGRADECÉIS,

NO CAMBIÁIS DE VIDA,

NO TRATÁIS DE MEJORAR

E IR NUEVAMENTE HACIA EL BIEN QUE MI HIJO OS ENSEÑÓ

Y que tenéis en las Sagradas Escrituras.

Poco os importa el cambio que debéis tener para ganaros el Reino de los Cielos.

Es más, muchos de vosotros ya NO creéis en la Vida después de esta vida.

Os habéis apartado tanto de las Leyes dadas para vuestro bien, de los Mandamientos;

que al llevarlos a cabo, podéis alcanzar la santidad de vida.

No os estáis preparando para poder regresar, nuevamente, a vuestro Hogar

del cual salisteis a servir a Nuestro Dios y Señor.

¿Qué pretendéis, Mis pequeños?

¿En qué creéis?

SE OS HA DADO TANTO

PARA QUE REACCIONÉIS ANTE TANTOS ACONTECIMIENTOS

QUE SE ESTÁN DANDO A VUESTRO ALREDEDOR

Y NO LOS TOMÁIS EN CUENTA.

Tenéis tantas amenazas a vuestro alrededor:

Amenazas del Infierno, amenazas de la Naturaleza, amenazas de vuestros mismos hermanos,

causando guerras y destrucción de valores,

destrucción de la vida humana con abortos,

con maldades perversas entre los hombres;

guerras causadas nada más para producir más bienes materiales a quienes las provocan.

No os dais cuenta de la Vorágine a donde os ha llevado Satanás:

A una destrucción total de vuestra alma, con tanta destrucción moral y espiritual.

De vuestro cuerpo, con tanto desenfreno, con tanta droga, con una degradación peor que animales:

 Y VOSOTROS SEGUÍS IMPÁVIDOS ANTE TODO ELLO

La misma Iglesia ha decaído tanto, que ya no se puede decir que sea el lugar Santo.

Hace años os dijo Mi Hijo:

“El mal caminará por vuestras calles y no lo podréis detener”.

A ese nivel ha crecido la maldad entre vosotros, porque las mismas autoridades están vendidas al Mal.

ES UN GRUPO COMO SE OS DIJO,

DE TRECE PERSONAJES

QUE MANIPULAN A TODA LA HUMANIDAD,

QUE HAN HECHO PACTO CON SATANÁS

PARA TRATAR DE DESTRUIR TODO LO QUE MI HIJO OS DEJÓ

Y TODO LO QUE EL PADRE HIZO POR VOSOTROS.

De toda esa tremenda Maldad,

la gran mayoría de vosotros os habéis vendido también a ese mal por conveniencias,

por gustos o por cualquier otra razón…

El caso es que habéis dado la espalda a Nuestro Dios y Señor.

El mundo no es lo que Nuestro Dios, Padre y Creador, creó para vosotros,

porque estáis viviendo en un estercolero.

Como se os profetizó, Satanás sentado está en la Silla de Pedro.

La maldad está destruyendo todo cuanto existe,

porque Satanás así se lo hizo saber a Nuestro Padre y Creador Nuestro,

que él iba a destruir toda la Creación y especialmente a vosotros, Mis pequeños.

Él no puede producir ningún bien y vosotros estáis llamados al Sumo Bien, que es el Reino de los Cielos,

la vida en la Gracia, el vivir el Amor de Nuestro Dios y Señor.

ÉL YA NO PUEDE TENER ESO

Y OS LO QUIERE QUITAR, MIS PEQUEÑOS.

Os he dado muchos mensajes en todas Mis apariciones alrededor del mundo

y vosotros no reaccionáis.

Ya no creéis en que lo que os digo puede terminar con vosotros, con vuestras vidas,

Y NO HABLO DE LA VIDA HUMANA SINO LA ESPIRITUAL

que eso es lo que quiere Satanás, que no regreséis al Reino de los Cielos.

Por más que se os anuncian desastres fuertes y terminantes para la vida, para lo creado,

VOSOTROS YA NI OS INMUTÁIS,

YA NO CREÉIS EN TODAS NUESTRAS ADVERTENCIAS

Ya no buscáis vivir en estado de Gracia, ya no buscáis los Sacramentos que os dan vida,

que perdonan vuestros pecados, que os pueden llevar a la santidad.

Ya sois guiñapos humanos, ya estáis vencidos por la Maldad de Satanás;

YA NO QUERÉIS LEVANTAROS

Ya no se os puede llamar hijos de Dios, porque ya no Le buscáis ni creéis que necesitéis de Él.

Habéis hecho vuestra propia vida y con eso os conformáis.

VIVÍS EN LA MALDAD

Y VAIS ACOMODANDO LOS ACONTECIMIENTOS

SEGÚN COMO OS CONVENGAN.

Estáis peor que Sodoma y Gomorra;

la única diferencia, es que Sodoma y Gomorra no tenían la Evangelización de Mi Hijo

Y VOSOTROS LA HABÉIS TENIDO,

PERO LA HABÉIS RECHAZADO.

La maldad crece y esto ya no puede seguir así, Mis pequeños.

Os asustan los acontecimientos que os anuncié en Fátima…

Y ahora os digo que ya se iniciaron.

 El tiempo es breve, los dolores serán inmensos.

¡Oh, generación que habéis causado tanto dolor al Corazón de vuestro Dios y Creador!

¡Oh, generación que os habéis apartado de los Principios Santos que se os dieron para servir a vuestro Dios

y en Su servicio, ganaros el Reino de los Cielos!

¡Oh, generación traidora que os habéis apartado del Amor, del Verdadero Amor de Nuestro Dios

y lo habéis cambiado por la Maldad de Satanás!

Habéis traicionado el Amor que os dejó Mi Hijo, Su Donación, Su Muerte.

Seguís pisoteando Su Sangre, seguís desperdiciando la Vida

que os dan los Sacramentos y especialmente, Su Presencia Viva en la Sagrada Eucaristía.

No recurrís a Mí vuestra Madre,

a pedir ayuda para vencer a Satanás en vuestra vida y a vuestro alrededor.

NO OS DAIS CUENTA QUE

AL HACER A UN LADO TODOS ESTOS BENEFICIOS CELESTIALES,

OS HABÉIS QUEDADO SOLOS,

A MERCED DE LAS POTENCIAS NEFASTAS DE SATANÁS;

NO TENÉIS YA NINGUNA PROTECCIÓN CONTRA SUS ATAQUES

SIMPLEMENTE ESTÁIS ESPERANDO

QUE UNA ESPADA OS PARTA POR LA MITAD

No queréis ya tener ninguna defensa del Cielo, porque no queréis recurrir a ella.

Habéis hecho a un lado de vuestra existencia a vuestro Dios, a Mí vuestra Madre, a todo el Cielo,

a los mismos Ángeles y Santos.

¿Es acaso soberbia de vuestra parte el querer vivir sin Nuestra protección,

porque os creéis superiores a Nosotros?

¿O es una tontería obcecada de parte vuestra, de creer que no necesitáis de Nosotros,

PORQUE NADA SUCEDERÁ

SI VOSOTROS CREÉIS QUE NO SUCEDERÁ NADA?

Vuestra tontería es inmensa y eso os va a costar vuestra condenación eterna.

Mucho he intercedido por vosotros, Mis pequeños, para que abráis vuestro corazón,

que os deis cuenta de las tonterías que cometéis,

de los pecados con que habéis dañado el Corazón de Nuestro Dios, en Su Santísima Trinidad.

Y vosotros no queréis responder.

¿En serio… A alguien le importa el Infierno?…

Vivís con mucha maldad a vuestro alrededor, no lucháis contra ella

y además la tomáis como medio de vida y os volvéis parte de esa maldad.

¿Cómo os presentaréis ante Mi Hijo en vuestro juicio particular?

ESO ES ALGO QUE AUNQUE NO CREÁIS EN ELLO,

SUCEDERÁ.

¿Cómo estaréis?

¿Cómo os sentiréis?

Y es una realidad total:

Aunque no creáis, sucederá.

ARREPENTÍOS, Mis pequeños,

estáis a días de grandes Acontecimientos, de grandes Dolores,

¿CÓMO REACCIONARÉIS ANTE ELLO?

PREPARÁOS,

MIENTRAS TENGÁIS VIDA

todavía tenéis oportunidad de pedir perdón de vuestros pecados.

Acercaos a la Iglesia a pedir perdón con un ministro de Mi Hijo

y todavía alcanzaréis la gracia de poder entrar al Reino de los Cielos.

La Misericordia de Nuestro Dios es Infinita, pero

SU JUSTICIA TAMBIÉN LO ES,

Y la gran mayoría de los seres humanos están al borde de sufrir por Su Justicia,

su perdición eterna.

ACERCÁOS A PEDIR PERDÓN

PedidMe a Mí vuestra Madre,

que os ayude a que podáis tener EL VALOR de pedir por el perdón de vuestros pecados. 

La Misericordia de Nuestro Dios es Infinita

Y ÉL OS PERDONARÁ TODO… 

Y os sentiréis aliviados de tanta maldad que traéis en vuestro corazón.

Aprovechad estos últimos momentos antes del Gran Golpe que tendrá vuestro mundo.

Mi Hijo os espera, Él se dio por vosotros,

solamente espera vuestro arrepentimiento

para que todas las Bendiciones que Él ganó para vosotros se den

y podáis regresar a vuestro Hogar Eterno.

ESTOY CON VOSOTROS, MIS PEQUEÑOS,

VENID Y OS ACOMPAÑARÉ A VISITAR A MI HIJO.

PEDID PERDÓN, MIS PEQUEÑOS.

¡PEDID PERDÓN!

Entendedlo Mis pequeñitos…

Soy vuestra Madre, la Siempre Virgen María.

Comprendo el dolor que se está dando en estos momentos en toda la Tierra,

unid vuestros dolores a los Míos, que momentos difíciles y terribles viví Yo,

al ver la Pasión de Mi Hijo, vuestro Salvador.

ESTOY AQUÍ PARA ACOMPAÑAROS

EN LA PASIÓN QUE HA COMENZADO

PARA LA IGLESIA Y PARA HUMANIDAD.

¡No me hagáis sufrir más!

¡Cada alma que se pierde, entierra un puñal hurgante en mi Corazón Inmaculado!

Sufro por el Dolor que le causáis a mi Señor Único y Trino

y sufro doblemente porque váis voluntariamente,

a entregaros en las Garras del Adversario al que le estoy pisando la cabeza…

¡Él ya está Vencido!

¡Lo vencimos mi Hijo y Yo en el Gólgotha!

¡Y Oh Dolor!

¡Mi Sufrimiento es tan Grande!

¡Vosotros le seguís aumentando su poder, que ya es tan tremendo!

¡Con el aumento de vuestros pecados y vuestra maldad!

VOSOTROS SÓIS LOS QUE SUFRIRÉIS

CUANDO DÉ SU GRAN GOLPE…

Estáis viendo sufrir a las familias…

En todas las familias, prácticamente alrededor del mundo,

sufriendo por lo que Satanás está provocando y que no es la Voluntad del Padre.

Pero, todas estas muertes, llevan también un destino de salvación,

para aquellas almas que NO están bien preparadas para morir en Vida de Dios.

Mucho dolor, muchas lágrimas se están derramando por todos lados;

uníos pues a Mis Dolores Mis pequeños,

a los Dolores de esta Madre que os ama tanto.

En este Calvario que también para vosotros ha comenzado…

Uníos Mis pequeños, a esos momentos de Dolor, pero que también fueron de salvación.

Mi Hijo Jesucristo, Él sufría, pero también amaba;

mientras sufría, Su Amor iba levantando almas hacia su conversión y su salvación.

El dolor de la pérdida de un ser querido, debe ser tomado para salvar a otras almas,

especialmente, a los más allegados y también, hacia aquellas almas que no conocéis,

pero que necesitan la ayuda, la oración de almas buenas,

de almas que saben vivir y morir como Mi Hijo Jesucristo.

El Amor de Mi Hijo se esparció, no solamente por todo el Mundo,

SINO POR EL UNIVERSO ENTERO

Y así, si os unís a lo que sucedió en aquellos momentos,

vuestros dolores, van a estar siempre unidos a los de Mi Hijo

Y como no hay tiempo en el Cielo,

aquel pasado se hace presente inmediatamente.

Vuestros sufrimientos o vuestras alegrías, las toma Mi Hijo,

porque no hay tiempo en el Cielo para ello.

Todo es un eterno presente y sigue sufriendo Mi Hijo

y sigo sufriendo Yo vuestra Madre, la Madre del Salvador,

por todo lo que sucede en el Mundo:

Por todas las injusticias, las maldades a donde os está llevando Satanás,

a la destrucción, la infinidad de hermanos vuestros.

Y es vuestra obligación que haya salvación de almas.

No veáis solamente a la persona, ved a su alma…

Las almas caen al Infierno, como las hojas en el otoño…

y pedid por las almas de éstos hermanos vuestros que mueren a diario

a causa de la Maldad de Satanás,

que quiere terminar con toda la obra de Creación de Nuestro Padre Dios.

¡MUCHAS MUERTES HABRÁ TODAVÍA,

MUCHAS!

¡Pero que no sean muertes de alma!

El cuerpo tarde o temprano, se tiene que quedar aquí,

el alma regresará ante la Presencia Divina para ser juzgada.

Debéis pensar más allá de lo que veis y tocáis.

ESTÁIS VIVIENDO UNA GUERRA ESPIRITUAL TREMENDA

Y ES EL ALMA DE CADA UNO DE VOSOTROS,

LA QUE ESTÁ EN JUEGO

Y SATANÁS QUIERE DESTRUIRLAS.

Y en su envidia, porque él ya no puede regresar al Reino de los Cielos,

quiere quitaros ese regalo tan grande,

que ganó Mi Hijo con Su Donación para cada uno de vosotros.

No traicionéis el Amor de Mi Hijo por vosotros,

no despreciéis Su Donación por cada uno de vosotros,

AGRADECED Mis pequeños, Su Donación por vuestra salvación.

Orad intensamente, porque así como pasa el tiempo,

LAS MUERTES AUMENTARÁN

Y está en vosotros PEDIR día y noche, por todos vuestros hermanos,

que alrededor del Mundo morirán, pero NO dejéis que el alma muera.

Venid a Mí, Mis pequeños, para que Yo os aconseje

cómo debéis vivir estos momentos tan tremendos.

Uníos, nuevamente os pido, al Dolor de Mi Hijo

Y unid vuestro Dolor a Mi Hijo,

DEJÁNDO QUE SEA ÉL,

El que salve el alma de vuestros seres queridos.

Isaías 43 2 : «Yo nunca te dejaré»

Pequeñitos Míos, así como Soy Madre de Mi Hijo Jesucristo, vuestro Salvador,

también Soy Madre de cada uno de vosotros.

Os he tenido en mi Vientre, os he tenido en Mi Corazón,

os he amamantado y os he dado vida de Mi Vida.

Pero muchos, apenas aprendisteis a caminar, os separasteis de la Familia, de Nuestra Familia.

Fuisteis como el hijo pródigo, que os sentisteis llenos de fuerza en un principio,

porque traíais esa realeza en vuestra mente, en vuestro corazón, en vuestras venas.

Caminasteis primeramente por los caminos del mundo, orgullosos, soberbios, creyéndoos fuertes,

porque tenías la fuerza que se os había dado para luchar, para vencer,

pero ésos caminos fueron debilitando vuestras fuerzas y no quisisteis regresar

para tomar del Alimento Divino

y así vuestras fuerzas os fueron llevando a la degradación de vuestra persona, de vuestra alma.

Hay algunos entre vosotros, Mis pequeños, que ésa caída os lleva a la humildad,

al reconocimiento de vuestro error, a vuestra pobreza espiritual

y al llegar nuevamente a Mi Hijo ó ante Mí, os levantamos,

os damos nueva Vida a través del Buen Alimento que solamente puede venir a través de vuestro Dios

y así es como rescatamos a ésas almas soberbias que tuvieron que caer para levantarse.

Pero hay otras que su soberbia las mantiene así, caídas.

Y NO desean nada de su Dios ni de Mí, vuestra Madre,

quieren seguir viviendo por sus propias fuerzas y esto no se puede, Mis pequeños;

el mundo es demasiado pobre, demasiado bajo y así se lleva muchas almas a la perdición.

Vuestra soberbia nunca va a lograr la Perfección:

LA PLENITUD Y EL GOZO DEL AMOR PLENO

la Humildad es la que os dice lo que necesitáis.

Entrad pues a ésa humildad que os llevará a pedir, a implorar la ayuda de vuestro Dios.

Yo os tomaré, Yo os bañaré de nuevo, Yo os vestiré

y os entregaré nuevamente a vuestro Dios,

Soy vuestra Madre y Yo también quiero lo mejor para cada uno de vosotros.

Necesitáis ese cambio, aún no vivís en la Perfección, aún no vivís en el Amor en pleno,

NO os acostumbréis Mis pequeños, a la mediocridad.

Levantaos y buscad ésa Perfección que solamente los hijos del Rey pueden tener,

Sed conscientes de ello Mis pequeños,

es la libertad del hombre la que escoge su crecimiento ó su pequeñez.

Porque hijitos Míos, desde el Principio en el Génesis,

se os anuncia la gran lucha entre la Mujer y la Serpiente.

Y que Mi Calcañar también entrará en la Lucha contra todas las Fuerzas de Satanás.

TODO ESTO SE ESTÁ DANDO YA, MIS PEQUEÑOS.

SOY VUESTRA MADRE SANTÍSIMA

LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA,

QUE ESTAMOS EN PLENA GUERRA

CONTRA LAS FUERZAS DE SATANÁS,

ESTOY YA LUCHANDO EN CONTRA DE ÉL,

PARA PROTEGEROS MIS PEQUEÑOS.

LA HUMANIDAD NO SE DA CUENTA DE ESTA GRAN LUCHA,

TAN TREMENDA QUE SE ESTÁ DANDO,

NO SOLAMENTE AQUÍ, SINO EN LOS AIRES

Y CON ESTO QUIERO DECIR,

EN OTROS PLANETAS DEL UNIVERSO

Porque el Pecado Original afectó también, la vida de otros planetas y todos cayeron en Pecado,

en Pecado grave, por el Pecado Original.

Viene una renovación Universal, viene una lucha tremenda.

San Miguel Arcángel, viene comandando todos los ejércitos Celestiales Angelicales.

Y vosotros, los que estáis Conmigo, estáis siendo preparados,

porque sois Mi Calcañar,

estáis protegiendo lo que es Mío, lo que es de Nuestro Dios.

VOSOTROS SOIS ALMAS DE PAZ

Y HABLAR DE GUERRA,

HABLAR DE ATAQUES, NO OS GUSTA,

PERO SERÉIS TOMADOS POR MI SANTO ESPÍRITU

Y CON VUESTRA ORACIÓN,

PODRÉIS VENCER A LAS FUERZAS TREMENDAS DE SATANÁS

QUE OS ESTÁ ATACANDO CON TODA SU POTENCIA Y MALDAD

Sois Mi Calcañar y os cuido Mis pequeños,

porque tenemos que defender todo lo que pertenece a Nuestro Padre Dios.

Por eso, seréis tomados los que estáis convencidos del Amor de Nuestro Dios,

de la defensa que necesita la Iglesia y los Bienes del Cielo;

Satanás fue vencido desde el juicio de Poncio y ahora, son sus coletazos de ahogado.

NO TEMÁIS POR ESO MIS PEQUEÑOS. 

OS VUELVO A REPETIR ESTÁ VENCIDO.

Pero, los que Me sigáis para defender todo lo que pertenece al Cielo,

todo lo que pertenece a la Creación Divina,

seréis tomados por Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor,

PARA QUE SE OS DEN

TODAS LAS CAPACIDADES

DONES,CARISMAS, VIRTUDES

para que podáis defender lo que es vuestro y lo que es Nuestro

SERÉIS CUIDADOS, PROTEGIDOS

¡Y VENCERÉIS!

Y eso os dará un gusto inmenso, Mis pequeños.

¡Gozaréis tremendamente ese Triunfo que se dará en este tiempo!

En este Final de los Tiempos, donde Satanás al fin, será vencido por Mí,

Una Creaturita, la más Pequeñita, Soy a la que más teme él;

una Creaturita, llena de Virtudes por la Gracia de Dios,

llena del Amor de Nuestro Dios en Su Santísima Trinidad,

una Creaturita que en Su Humildad, se ganó todo el Bien que la Santísima Trinidad Me quiso dar,

para estar con Ellos, para interceder por vosotros Mis pequeños,

PARA GANAR ALMAS PARA EL CIELO.

Así como Mi Hijo se dio por vosotros,

ahora os daréis por el Reino de Nuestro Dios, que es vuestro Hogar, Mis pequeños.

DEFENDERÉIS vuestro Hogar y obtendréis para vuestro bien,

junto con todos los Ejércitos Celestiales.

Y especialmente Conmigo vuestra Madre, las Nuevas Tierras que viviréis.

Y los Nuevos Cielos que gozaréis.

Será una nueva etapa de la Humanidad…

Una nueva etapa, en donde gozaréis los bienes que Nuestro Padre Dios tiene reservados

para aquellas almas que han sido leales a Su Amor, a Sus Mandamientos,

a lo que os ha pedido en obediencia, para que gozarais todo lo que Él os ha dado,

y para que protegierais también con la obediencia, los bienes que ha puesto en cada uno de vosotros.

Tendréis una cambio inmenso en vuestro ser, tanto en vuestro cuerpo como en vuestra alma,

así que, NO OS PREOCUPÉIS,

NO TEMÁIS,

todo está preparado ya para que Satanás sea Vencido

y para que vosotros gocéis del Triunfo y gocéis el Premio que se os ha prometido.

Orad con el corazón, con ése firme convencimiento de que

SOMOS EL EJÉRCITO TRIUNFANTE

Regresad a los Sacramentos, vivid en agradecimiento,

dejad ya el pecado por un lado,

SON MOMENTOS DE VIDA O MUERTE ESPIRITUAL,

de ganar el Cielo, vuestro Hogar Eterno

o acabar destrozados eternamente, en el Infierno.

En vosotros está el ganar o perder el Bien de vuestra alma,

NO TRAICIONÉIS

Todo lo que se os ha dado para vuestro Bien.

Os lo repito y quiero que vosotros, ya desde ahora,

gocéis esos momentos de TRIUNFO que tendreMos Yo, como vuestra Madre

y vosotros como Mi Calcañar.

OS AMO MIS PEQUEÑOS

Y  os bendigo, en Nombre de Nuestro Padre Dios,

en el Nombre de Mi Hijo Jesucristo, vuestro Salvador,

en el Nombre de Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor.

Guadalupe en lengua náhuatl significa: «la que aplasta la cabeza de la serpiente..»

549 ¡Ingratitud!


549 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

447b En Cafarnaúm unas palabras de Jesús sobre la misericordia y el perdón no encuentran eco.

Jesús reanuda su discurso, como si nada le hubiera interrumpido:

–             Debéis trabajar tanto cuanto el Mal trabaja.

Para edificar en vosotros y en torno a vosotros la casa del Señor,

como os decía al principio.

Hacer con una gran santidad,

que Dios pueda seguir descendiendo a los corazones y a nuestra amada Patria natal,

que tan castigada está ya…

Y que no sabe qué nimbo de desventura se está hinchando para ella en el septentrión,

en la nación fuerte que ya nos domina y que nos dominará cada vez más,

porque las acciones de los ciudadanos son tales,

que suscitan la repugnancia del Bonísimo e instigan al fuerte.

Y enojados Dios y el dominador,

¿Cómo pretendéis gozar de paz y bien?

Sed, sed buenos, hijos de Dios.

Haced que en Israel no uno, sino una multitud sean buenos,

para alejar los tremendos castigos del Cielo.

Os he dicho al principio que donde no hay paz,

la palabra de Dios no puede, pacíficamente escuchada, dar frutos en los corazones.

Y ya veis que esta reunión no ha sido tranquila y no será fructífera.

Hay demasiada agitación en los corazones…

Podéis marcharos.

Tendremos todavía unas horas para estar juntos.

Y orad, como Yo oro, para que quien nos turba se convierta…

Vamos, Madre.

Y abriéndose paso entre la multitud, sale a la calle.

Elí está todavía allí…

Térreo como un muerto, se arroja a los pies de Jesús,

suplicando:

–              ¡Piedad!

Me salvaste una vez al nieto.

Sálvame a mí, para tener tiempo de convertirme.

¡He pecado!

Lo confieso.

Pero Tú eres bueno…

Roma…

¡Oh, qué me va a hacer Roma?

Un hombre le grita:

–              Te va a desempolvar bien el polvo del verano con unos buenos latigazos.

Y la gente se ríe…

Mientras Elí emite un grito de agudo dolor, como si ya sintiera los azotes,

y gime:

–               Soy viejo…

Estoy enfermo y lleno de dolores…

¡Ay de mí!

Varios gritan:

–            ¡La cura hará que se te pasen, viejo chacal!

–            ¡Te vas a rejuvenecer y vas a bailar!…

Jesús ordena:

–              ¡Silencio! -a los protagonistas de esta burla.

Y al fariseo:

–             Levántate, ten decoro.

Tú sabes que no desciendo a complots con Roma.

¿Qué quieres pues, que te haga?

–             Es verdad. Sí.

Es verdad.

Tú no conspiras.

Es más, desprecias a los romanos, los odias, los mal…

–             Nada de eso.

No mientas ensalzándome como antes acusándome.

Y ten presente que no sería alabanza el decir de Mí que odio a éste o a aquél.

O maldigo a éste o a aquél:

Yo soy el Salvador de todos los espíritus.

Y ante mis ojos no hay razas ni rostros, sino espíritus.

–             ¡Es verdad!

¡Es verdad!

Pero Tú eres justo, Roma lo sabe y te defiende por ello.

Mantienes tranquilas a las turbas, enseñas el respeto a las leyes y…

–             ¿Es acaso un pecado ante tus ojos?

–             ¡No! ¡No!

¡Es justicia!

Sabes hacer lo que todos deberíamos hacer, porque eres justo.

Porque…

La gente hace risitas y cuchichea.

Bastantes epítetos se oyen, aunque se digan en voz baja:

–              ¡Embustero!

–              ¡Hipócrita!

–              ¡Esta misma mañana hablabas de otra manera! etc.

Jesús repite la pregunta:

–              Bien.

¿Y qué tengo que hacer Yo?

Elí exclama desesperado:

–            ¡Ir allí, donde el centurión!

¡Rápido!

Antes de que se marche la estafeta.

¿Ves?

¡Ya están preparando los caballos!

¡Piedad!

Jesús lo mira:

Pequeño, tembloroso, lívido de miedo, miserable…

Lo mira atentamente y con compasión.

Sólo cuatro pupilas lo miran con compasión:

Las del Hijo y las de la Madre.

Todas las demás son irónicas, severas o inquietas…

Incluso Juan y Andrés, tienen la mirada dura de severidad desdeñosa.

–             Tengo piedad.

Pero no voy donde el centurión…

–             Está en buena amistad contigo…

–             Que no.

–              Quería decir que te está agradecido por…

Por motivo del siervo que le curaste.

–             También a ti te curé al nieto.

Y no me estás agradecido, a pesar de ser israelita como Yo.

La merced no crea obligación.

–               Sí que la crea.

¡Ay de aquel que no sea agradecido para con…!

Elí comprende que se está condenando a sí mismo y trabándose, se calla.

La gente se burla.

El fariseo insiste:

–           ¡Pronto, Rabí!

¡Gran Rabí!

¡Santo Rabí!

¿No ves que está dando órdenes?

¡Ya se van a marchar!

¿Deseas verme escarnecido?

¿Muerto?

–             No.

Yo no voy a recordar una merced.

Ve tú y dile: «El Maestro dice que seas compasivo».

¡Ve!

Elí se echa a trotar…

Mientras Jesús se dirige hacia su casa, en sentido opuesto.

El centurión debe haber aceptado,

porque se ve que desmontan los soldados que ya estaban a caballo.

Le devuelven al centurión una tablilla encerada y se llevan los caballos.

Pedro exclama:

–             ¡Qué pena!

¡Ese arresto venía de maravilla!

Mateo le responde:

–             Sí.

El Maestro debió haber dejado que lo castigaran.

Tantos golpes como insultos nos propina.

¡Viejo odioso!

Tomás exclama:

–              ¡Y así otra vez volvemos a empezar!

Jesús se vuelve severo:

–             ¿Tengo seguidores o demonios?

¡Marchaos vosotros que tenéis un corazón sin misericordia!

Me resulta penosa vuestra presencia.

Petrificados por el reproche, los tres se quedan donde están.

María implora:

–            ¡Hijo mío!

¡Ya tienes mucho dolor!

¡Y yo tengo ya mucha pena!

No añadas ésta…

¡Míralos!…

Y Jesús se vuelve a mirar a los tres…

Tres rostros desolados, con toda la esperanza y el dolor en los ojos.

Jesús ordena:

–            ¡Venid!

¡Oh, las golondrinas son menos rápidas!

–            Que sea la última vez que os oigo decir palabras como ésas.

Tú Mateo, no tienes derecho a decirlas;

tú Tomás, no has muerto todavía para juzgar quién es perfecto creyéndote salvado;

y tú Simón de Jonás, lo que has hecho es como subir fatigosamente a una cima

una piedra voluminosa y dejarla rodar hacia abajo.

Entiéndeme rectamente lo que quiero decir…

Y ahora escuchad.

Aquí, en la sinagoga y en la ciudad es inútil hablar.

Voy a hablar desde las barcas, en el lago;

ahora en un lugar, luego en otro.

Prepararéis las barcas, las que hagan falta.

E iremos en las tardes serenas o en las auroras frescas…

548 El Alborotador


548 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

447a En Cafarnaúm unas palabras de Jesús sobre la misericordia y el perdón no encuentran eco.  

En la sinagoga de Cafarnaúm Jesús está enseñando…

Dice:

–             Pásame un rollo, Jairo.

Voy a explicarles lo que Dios quiera.

Jairo va adonde están apilados los rollos…

Y toma al azar uno que está en el centro del montón.

Quitándole previamente el polvo, se lo entrega a Jesús, que lo desenrolla y lee:

«Jeremías, capítulo 5.

Caminad por las calles de Jerusalén, mirad, observad, buscad por sus plazas a ver si encontráis un hombre que practique la justicia y quiera ser fiel.

Y Yo tendré misericordia de ella»»…

Jesús, después de leer todo el capítulo, devuelve el volumen a Jairo y se pone a hablar.

–             Hijos míos.

Habéis oído qué tremendos castigos están reservados a Jerusalén, al Israel que no es justo.

Pero no os alegréis de ello.

Es nuestra Patria.

No os alegréis pensando: «Quizás ya no estaremos».

En todo caso está llena de hermanos vuestros.

No digáis: «Le está bien empleado, porque es cruel con el Señor»

Las desventuras de la Patria, los dolores de los convecinos deben afligir siempre a los justos.

No midáis como miden los demás, sino como Dios mide…

O sea, con misericordia.

¿Qué debéis hacer entonces, para con esta Patria, para con estos compatriotas,

bien sea que por Patria y compatriotas se entiendan la gran Patria y sus habitantes, toda la Palestina.

O bien sea que se entienda esta pequeña que es Cafarnaúm, ciudad vuestra.

Bien sea que se entiendan todos los hebreos o estos pocos enemigos míos,

en esta pequeña ciudad de Galilea?

Debéis hacer obras de amor.

Hacer lo posible por salvar Patria y compatriotas.

¿Cómo?

¿Quizás con la violencia?

¿Con el desprecio?

No.

Con el amor, con el paciente amor para convertirlos a Dios.

Habéis oído:

«Si encuentro un hombre que practique la justicia, usaré con aquélla misericordia».

Trabajad pues, para que los corazones se acerquen a la justicia y se hagan justos.

Verdaderamente en su injusticia, dicen de Mí: «No es Él»

Y por eso creen que por perseguirme no les vendrá ningún mal.

Verdaderamente dicen:

«Estas cosas no sucederán nunca.

Los profetas han hablado al azar».

Y tratarán de llevaros también a vosotros a que digáis lo mismo que ellos.

Los que estáis aquí presentes sois fieles.

Pero ¿Dónde está Cafarnaúm?

¿Es ésta toda Cafarnaúm?

¿Dónde están los que otras veces veía agolparse alrededor de Mí?

¿Entonces la levadura, fermentada la última vez que estuve aquí,

ha obrado la destrucción en muchos corazones?

¿Dónde está Alfeo?

¿Dónde, José con sus tres hijos?

¿Dónde, Ageo de Malaquías?

¿Dónde, José y Noemí?

¿Dónde, Leví, Abel, Saúl y Zacarías?

¿Ha sido olvidado a causa de palabras engañosas el claro beneficio recibido?

¿Pero pueden las palabras destruir los hechos?

¡Ya veis!

Es sólo un pequeño lugar.

En este lugar, donde los agraciados son los más numerosos…

El odio ha podido devastar la fe en Mí.

Sólo veo reunidos aquí a los perfectos en la Fe.

¿Podéis pretender que una serie de hechos lejanos y lejanas palabras

puedan mantener a todo Israel fiel a Dios?

Así debería ser, porque la fe debe ser fe, aún sin el soporte de los hechos.

Pero no es así.

Y cuanto más grande es la ciencia, más baja es la fe;

porque los doctos se creen dispensados de la fe simple y franca,

que cree por la fuerza del amor y no por el auxilio de la ciencia.

Lo que hay que trasmitir y encender es el amor.

Y para hacer esto, es necesario arder.

Estar convencidos, heroicamente convencidos para convencer.

En vez de los desaires, como respuesta a los insultos, humildad y amor.

E ir con humildad y amor, recordando las palabras del Señor a quien ya no las recuerda:

«Temamos al Señor, que nos da la lluvia de la primera y la última estación».

Varios dicen:

–             ¡No nos comprenderían!

–            Es más, nos ofenderían diciendo que somos unos sacrílegos,

por enseñar sin tener derecho a hacerlo.

–              ¡No ignoras quiénes son los escribas y los fariseos!…

Jesús responde:

–              No, no lo ignoro.

Aunque lo hubiera ignorado, ahora lo sabría.

Pero no importa lo que ellos sean;

importa lo que nosotros somos.

Si ellos y los sacerdotes aplauden a los falsos profetas

que profetizan lo que les proporciona una ganancia,

olvidando que sólo ha de aplaudirse a las obras buenas que el Decálogo ordena,

no por ello mis fieles deben imitarlos.

Y tampoco deben intranquilizarse y ponerse a mirar como gente vencida.

Vosotros debéis trabajar tanto cuanto el Mal trabaja…

Elí el fariseo…  

(el mismo al que Jesús le salvara de la muerte al nietecito, cuando fue mordido por una serpiente)

tratando de entrar en la sinagoga, con su voz cascada de viejo iracundo,

desde el límite con la calle, grita: 

–             ¡Nosotros no somos el Mal!…

¡Nosotros no somos el Mal, alborotador!

A juzgar por lo rápido de su intervención, el centurión que debió estar muy atento, 

le ordena:

–                ¡Tú sí que alborotas!

¡Fuera!

¡Fuera de aquí!

–               ¿Tú?

¿Tú pagano, te atreves a imponerme?…

(El centurión es el mismo que rogó a Jesús por su siervo enfermo)

–             Yo, romano, sí.

¡Fuera!

El Rabí no te molesta a ti.

Tú sí lo molestas a Él.

No puedes hacerlo.

El fariseo, perdiendo toda la compostura,

sigue gritando con odio:

–            Nosotros somos los rabíes, no el carpintero galileo.

–            Uno más, uno menos…

Los tenéis a cientos.

Y todos de mala doctrina.

El único virtuoso es Éste.

Te ordeno que salgas.

–           ¡¿Virtuoso, eh?!

¿Virtuoso uno que trafica con Roma la propia incolumidad?

¡Sacrílego!

¡Impuro!

El centurión lanza un grito militar.

Y el paso pesado de algunos soldados se mezcla con los estridentes insultos de Elí.

El centurión ordena a sus soldados:

–             ¡Prended a ese hombre y arrojadlo afuera!

–            ¿Yo?

¿Paganos me ponen la mano encima?

¡Pies paganos en una sinagoga nuestra!

¡Anatema!

¡Auxilio!

¡Me están profanando! ¡Me…!

Jesús desde donde está, dice:

–             Soldados, os ruego que lo dejéis marcharse.

No entréis.

Respetad este lugar y las canas de este hombre. 

El centurión responde:

–             Como quieras, Rabí.

Elí se burla:

–            ¡Ja! ¡Ja!

¡Embrollón!

Pero lo sabrá el Sanedrín.

¡Tengo la prueba!

¡Tengo la prueba!

Ahora creo en las palabras que nos han sido referidas.

Tengo la prueba.

¡Y sobre ti pesa el anatema!

El centurión ordena con severidad:

–             Y la espada va a pesar sobre ti, si dices una palabra más.

Roma defiende el derecho.

No embrolla, vieja hiena, a nadie.

El Sanedrín sabrá tus mentiras y el Procónsul mi informe.

Voy a redactarlo.

Ve a casa y quédate en ella a disposición de Roma.

El centurión, da una media vuelta perfecta y se marcha.

Seguido de los cuatro soldados, dejando plantado al pálido y tembloroso…

Vilmente tembloroso Elí…

545 El Apóstol Remolón


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

445b Dos parábolas durante una tormenta en Tiberíades. 

Tiberíades recobra vida…

Pronto se ve venir a Juana junto con Jonathán,

por el camino aún lleno de agua y barro.

Levanta su rostro para saludar al Maestro, que está en la terraza.

Y sube rauda para postrarse, feliz…

Los apóstoles hablan entre sí…

Sólo Judas, a mitad de distancia entre Jesús y Juana por un lado.

Y los apóstoles por el otro,

se abstrae como pensativo.

Aunque en realidad está muy atento a escuchar las palabras de Juana,

cuyo pensamiento respecto a Judas no se ha hecho descifrable,

porque ha saludado a todos los apóstoles con un único:

«La paz a vosotros».

Pero Juana habla únicamente de los niños.

Y del permiso que Cusa le ha dado para ir con la barca a Cafarnaúm,

mientras está el Maestro en la ciudad. 

La sospecha de Judas se calma.

Se reúne entonces con los otros compañeros…

Embarradas en los bajos de los vestidos, pero secas en el resto del cuerpo…

Se ve venir a María y a María de Alfeo, junto con los cinco que han ido a recogerlas.

La sonrisa de María, mientras sube por la corta escalera,

es más hermosa que el arco iris persistente aún en el cielo.  

Tomás avisa:

–               ¡Viene tu Madre, Maestro!

Jesús va a su encuentro.

Y todos los demás con Él.

Se felicitan porque las mujeres no presenten signos de dificultades,

aparte de un poco de barro en el borde de los vestidos.  

Mateo explica:

–            Nos hemos detenido en casa de un hortelano cuando empezaron las primeras gotas.

¿Hace mucho que nos esperáis?

–            No.

Llegamos al amanecer.

Andrés dice:

–            Hemos tardado por causa de un necesitado… 

Pedro indica:

–            Bien.

Ahora que estáis todos y que el tiempo se pone bueno,

propondría salir al atardecer para Cafarnaúm.

María, siempre condescendiente,

esta vez dice:

–             No, Simón.

No podemos partir si antes…

Mirando a Jesús agrega:

Hijo mío, una madre me suplicó que Tú, que eres el único que puede hacerlo,

convirtieras el alma de su único hijo varón.

Yo te lo ruego escúchame, porque le prometí…

Tu perdón…

Perdónalo…

Judas de Keriot, creyendo que María habla de él,

interrumpe:

–              Ya está concedido, María.

Ya he hablado yo con el Maestro… 

María le corrige,

diciendo:

–              No hablo de ti, Judas de Simón.

Hablo de Ester de Leví, nazarena;

madre que ha muerto a causa de los comportamientos de su hijo.

Jesús, ella murió en la noche que te marchaste.

Sus invocaciones dirigidas a Ti no eran por ella, pobre madre mártir de un hijo infame;

sino por su hijo…

Porque nosotras las madres es de vosotros los hijos.

Y no de nosotras, de quienes nos preocupamos…

Ella quiere ver salvo a su Samuel…

Pero ahora, ahora que ha muerto;

Samuel, víctima del remordimiento, parece enloquecido.

Y no escucha ningún tipo de razones…

Pero Tú puedes Hijo, sanarle la mente y el espíritu…  

Jesús pregunta:

–             ¿Está arrepentido?

–             ¿Cómo quieres que lo esté, si está desesperado?

–             Efectivamente, matar a la propia madre dándole un dolor continuo,

debe hacerle a uno un desesperado.

No se viola impunemente el primero de los Mandamientos de amor hacia el prójimo.

Madre, ¿Cómo quieres que Yo perdone y Dios dé paz al matricida impenitente?

–              Hijo mío, esa madre te pide paz desde la otra vida…

Era buena…

Ha sufrido mucho…

–               La paz será suya…

–               No, Jesús.

No puede tener paz un espíritu de madre, si ve a su hijo privado de Dios…

–               Justo es que esté privado.

–               Sí, Hijo. Sí.

Pero por la pobre Ester…

La última palabra fue oración por su hijo…

Y me dijo que te lo dijera, Jesús

Ester durante su vida no tuvo nunca una alegría, Tú lo sabes.

Dale ésta, ahora que ha muerto;

dásela a su espíritu, que sufre por su hijo.

–             Madre, he tratado de convertir a Samuel en mis permanencias en Nazaret.

Pero mis palabras han sido inútiles, porque en él estaba apagado el amor…

Lo sé.

Pero Ester ofreció su perdón, sus sufrimientos, porque renaciera el amor en Samuel.

Y ¿Quién sabe?

¿Este tormento suyo actual no podría ser amor que está resucitando?

Un amor doloroso…

Y alguien podría decir un amor inútil, porque la madre ya no puede gozarlo.

Pero Tú y yo sabemos, yo por fe, Tú por conocimiento;

que la caridad de los difuntos está atenta y cercana.

No ignoran lo que sucede en los amados que han dejado aquí,

ni se desinteresan de ello…

Y Ester puede aún gozar de este tardío amor por ella de su hijo ingrato,

ahora perturbado por el remordimiento.

¡Oh, mi Jesús, ya sé que este hombre te causa horror por la enormidad de su culpa!

¡Un hijo que odia a su madre!

Un monstruo para Ti que eres todo amor hacia la tuya.

Pero, precisamente porque eres todo amor hacia mí, escúchame.

Volvamos juntos a Nazaret, enseguida.

No siento el peso del camino, nada me pesa si sirve para salvar un alma…

–               Bien.

Has vencido, Madre…

Judas de Simón, toma contigo a José y parte para Nazaret.

Me llevarás a Samuel a Cafarnaúm.

Judas objeta:

–              ¿Yo?

¿Por qué yo?

–                Porque tú no estás cansado.

Los otros sí.

Durante mucho tiempo han caminado, mientras tú descansabas…

–               También he andado yo.

He estado en Nazaret, buscándote.

Tu Madre lo puede decir.

–              Tus compañeros han estado en Nazaret todos los sábados…

Y ahora regresan de un largo recorrido.

Ve y no discutas…

–              Es que…

En Nazaret no me estiman…

¿Por qué me mandas precisamente a mí?

–              Tampoco me estiman a Mí.

Y no obstante voy a Nazaret.

No es necesario que lo estimen a uno en un lugar, para ir a él.

Ve y no discutas, te repito.

–               Maestro…

Yo tengo miedo de los dementes…

–              Ese hombre está perturbado por el remordimiento…

Pero no está loco.

–              Tu Madre lo ha dicho…

–              Y Yo te digo por tercera vez:

Ve y no discutas.

Meditar sobre las consecuencias que puede acarrear el hacer sufrir a una madre,

sólo podrá hacerte un bien…

–               ¿Me estás comparando con Samuel?

Mi madre es reina en su casa.

No estoy con ella controlándola, ni siéndole gravoso con mi mantenimiento…

–                A las madres no les son gravosas estas cosas:

Pero la falta de amor de los hijos;

el que sean imperfectos a los ojos de Dios y de los hombres,

es una roca que las aplasta.

Ve, te digo.

–              Voy.

¿Y qué le voy a decir a ese hombre?

–               Que venga a verme a Cafarnaúm.

–               Si no ha obedecido nunca ni siquiera a su madre…

¿Cómo quieres que me obedezca a mí ahora, estando además tan desesperado?

-¿Y no has comprendido todavía que si te envío,

es señal de que ya he actuado en el espíritu de Samuel,

sacándolo del delirio del remordimiento desesperado?

–               Voy.

Adiós, Maestro.

Adiós, Madre.

Adiós, amigos.

Y se marcha sin ningún entusiasmo;

seguido por José;

que por el contrario está muy contento de ser elegido para esa misión.

Pedro entre dientes, canturrea algunas palabras…

Jesús le pregunta:

–               ¿Qué dices, Simón de Jonás.

–               Cantaba una vieja canción del lago…

–              ¿Y cuál es?

–               Es: «¡Siempre así!

¡Le gusta la pesca al agricultor, no le gusta pescar al pescador!»

Y en verdad aquí se ha visto que ha tenido más ganas de pescar el discípulo,

que el apóstol…

Muchos se echan a reír.

Jesús no se ríe, suspira.

–               ¿Te he apenado, Maestro? – pregunta Pedro.

–               No.

Pero no critiques siempre.

Tadeo declara:

–               Es por Judas por quien está apenado mi hermano.

Jesús le dice:

–              Guarda silencio también tú;

sobre todo, en lo hondo de tu corazón.

Curioso y un poco incrédulo,

Tomás pregunta:

–            Pero ¿Verdaderamente se ha efectuado ya en Samuel el milagro?

Jesús responde:

–            Sí.

–            Entonces es inútil que vaya a Cafarnaúm.

–            Es necesario.

No he curado del todo su corazón.

Samuel tiene que buscar por sí mismo la curación.

O sea, el perdón con un arrepentimiento santo.

Pero he hecho que de nuevo sea capaz de razonar.

Ahora le toca a él obtener el resto con su libre voluntad.

Vamos a bajar.

Vamos a estar con los humildes… 

 

La discípula fiel y buena,

pregunta:

–              ¿No a mi casa, Maestro?

–              No, Juana.

Tú podrás venir a verme cuando quieras.

Ellos están atados por sus trabajos, así que voy yo a ellos…

Jesús baja de la terraza y sale a la calle seguido por los demás.

También por Juana, que está decidida a no separarse de Jesús;

dado que Jesús no está dispuesto a ir a su casa.

Caminan por entre las casitas pobres,

en dirección a lugares cada vez más pobres y periféricos…

542 Los Atributos Divinos


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

444b Lección sobre los méritos del Salvador.

Jesús continúa con su enseñanza:

¿No consideráis esto?

Y esa espera, especialmente desde el momento en que la Redención

con todos los consiguientes prodigios, se verifique.

Y el Evangelio sea predicado en todo el mundo,

será la purgación de las almas que vivieron con justicia en otras religiones,

que no pudieron entrar en la Fe verdadera,

después de conocerla como existente y efectivamente real.

Para ellos será el Limbo durante siglos y siglos, hasta el Fin del Mundo.

Para los creyentes que creen en el Dios verdadero y que no supieron ser heroicamente santos,

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

será el largo Purgatorio…

Y para algunos podrá terminar hasta el fin del mundo.

Pero, después de la expiación y la espera, todos los buenos,

cualquiera que fuere su procedencia, estarán a la derecha de Dios;

los malos, cualquiera que fuere su procedencia, a la izquierda.

Y luego en el Infierno horrendo;

mientras que el Salvador entrará con los buenos en el Reino eterno.

Bartolomé pregunta:

–             Señor, perdona si no te entiendo.

Lo que dices es muy difícil…

Al menos para mí…

Dices siempre que eres el Salvador y que redimirás a los que creen en Ti.

¿Y entonces los que no creen, porque no te han conocido por haber vivido antes;

porque ¡Es tan grande el mundo!…

que no han tenido noticia de Ti, cómo pueden ser salvados?

–             Ya te lo he dicho:

Por su vida de justos, por sus obras buenas, por esa fe suya que consideran verdadera.

–              Pero no han recurrido al Salvador…

–              Pero el Salvador por ellos, también por ellos, sufrirá.

¿No consideras, Bartolmái, qué gran valor tendrán mis méritos de Hombre Dios?

–              Mi Señor, en todo caso inferiores a los de Dios;

a los que, por consiguiente, posees desde siempre.

–              Respuesta correcta y no correcta.

Los méritos de Dios son infinitos, dices, Todo es infinito en Dios.

Pero Dios no tiene méritos, en el sentido de que no ha merecido.

Tiene atributos, virtudes propias suyas.

Él ES el que ES:

La Perfección, el Infinito, el Omnipotente.

Pero para merecer hay que llevar a cabo con esfuerzo,

algo que sea superior a nuestra naturaleza.

No es un mérito comer, por ejemplo.

Pero puede ser un mérito el saber comer parcamente, haciendo verdaderos sacrificios,

para dar a los pobres lo que ahorramos.

No es un mérito el estar callados,

pero lo es cuando lo estamos no replicando contra una ofensa.

Y así sucesivamente.

Ahora bien, como tú puedes comprender, Dios, que es Perfecto, Infinito,

no tiene necesidad de someterse a esfuerzo.

Pero el Hombre Dios puede someterse a esfuerzo,

humillando la infinita Naturaleza divina a la limitación humana,

venciendo a la naturaleza humana,

que no está ausente de Él ni en Él es metafórica,

sino que es real, con todos sus sentidos y sentimientos,

con sus posibilidades de sufrimiento y muerte, con su voluntad libre.

A nadie le gusta la muerte, especialmente si es dolorosa, precoz e inmerecida.

A ninguno le gusta.

Y no obstante, todo hombre debe morir.

Por tanto, el hombre debería mirar a la muerte,

con la misma alma con que ve que termina todo lo que tiene vida.

Pues bien, Yo fuerzo a mi Humanidad a amar la muerte.

No sólo esto.

He elegido la vida para poder tener la muerte.

Por la Humanidad.

Por eso Yo en mi condición de Hombre-Dios,

adquiero esos méritos que en mi condición de Dios no podía adquirir.

Y con ellos, que son infinitos por la forma como los adquiero,

por la Naturaleza divina unida a la humana,

por las virtudes de caridad y obediencia,

con las cuales me he puesto en condiciones de merecerlos,

por la fortaleza, la justicia, la templanza, la prudencia,

por todas las virtudes que he puesto en mi corazón,

para hacerlo grato a Dios, mi Padre.

Yo tendré un poder infinito no sólo como Dios,

sino como Hombre que se inmola por todos,

Porque alcanza el límite máximo de la caridad.

Lo que da el mérito es el sacrificio.

Cuanto mayor es el sacrificio, mayor es el mérito.

Si es completo el sacrificio, completo es el mérito;

si perfecto el sacrificio, perfecto el mérito.

Y utilizable según la santa voluntad de la víctima, a la que el Padre dice:

«¡Sea como tú quieres!»

porque la víctima lo ha amado sin medida y ha amado al prójimo sin medida.

Y os digo que el más pobre de los hombres puede ser el más rico

y beneficiar a un número sin medida de hermanos, si sabe amar hasta el sacrificio.

Os digo que, aunque no tuvierais ni una miga de pan ni un vaso de agua ni un vestido roto,

podríais hacer un bien siempre.

¿Cómo?

Orando y sufriendo por los hermanos.

¿Hacer un bien a quién?

A todos.

¿De qué forma?

De mil maneras todas santas, porque si supierais amar sabríais obrar como Dios…

Y enseñar, perdonar, administrar.

Y como el Hombre- Dios, redimir.  

Juan suspira diciendo:

–              ¡Oh, Señor, danos esta caridad!

–              Os la da Dios, porque se da a vosotros.

Pero vosotros debéis acogerla y practicarla cada vez más perfectamente.

Ningún hecho debe estar para vosotros separado de la caridad.

Desde los hechos materiales a los del espíritu.

Todo se haga con caridad y por la Caridad.

Santificad vuestras acciones, vuestras jornadas;

poned la sal en vuestras oraciones, la luz en vuestras acciones.

La luz, el sabor, la santificación, es la caridad.

Sin ella, nulos son los ritos, vanas las oraciones y falsas las ofrendas.

En verdad os digo que la sonrisa con que un pobre os saluda como a hermanos,

tiene más valor que el saco de monedas,

que uno puede arrojaros a los pies sólo para ser notado.

Sabed amar y Dios estará con vosotros, siempre.  

Felipe dice:

–              Enséñanos a amar así, Señor.

–              Hace dos años que lo estoy haciendo.

Haced lo que me veis hacer y estaréis en la Caridad.

Y la Caridad estará en vosotros.

Tendréis el sello, el crisma, la corona,

«Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

que harán que seáis verdaderamente reconocidos como ministros de Dios- Caridad.

Ahora vamos a detenernos en este lugar lleno de sombra.

Aquí hay hierba tupida, alta…

Y los árboles mitigan el calor.

Proseguiremos en el atardecer…

541 La Virtud de la Caridad


IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

444a Lección sobre la caridad, sobre la salvación, 

Jesús prosigue con su Enseñanza a los ocho apóstoles que se han quedado con Él:

«Y no bastándome nunca la formación de que os hago objeto en esta sublime virtud…

La mayor de todas que sube con el espíritu al Cielo,

porque es la única que subsiste en el Cielo.

Insisto en ella, porque es alma de toda la vida del espíritu,

el cual pierde la vida si pierde la Caridad, porque pierde a Dios.  

Oídme.

Imaginad que a vuestra puerta vengan un día a llamar dos riquísimos esposos,

pidiendo hospitalidad para toda la vida.

¿Podríais decir: “Aceptamos al esposo, pero no queremos a la esposa»

sin oír esta respuesta del esposo:

«Eso no puede ser, porque no me puedo separar de la carne de mi carne.

Si no queréis acogerla, yo tampoco me puedo alojar en vuestra casa.

Y me voy con todos mis tesoros, de los cuales os habría hecho copartícipes”?

Dios está aunado con la Caridad.

Esta es verdaderamente, más íntima y genuina,

que dos esposos que se aman intensamente:

Espíritu de su Espíritu.

Es Dios mismo la Caridad.

La Caridad no es sino el aspecto más manifiesto, más ilustrativo de Dios.

Entre todos sus atributos, es el atributo rey y el atributo origen,

porque todos los demás atributos de Dios nacen de la caridad.

¿Qué es la Potencia sino caridad que obra?

¿Qué es la Sabiduría sino caridad que enseña?

¿Qué es la Misericordia sino caridad que perdona?

¿Qué es la Justicia sino caridad que administra?

Y podría continuar así para todos los innumerables atributos de Dios.

¿Y bien?

¿Teniendo en cuenta esto que digo,

podéis pensar que quien no tiene la Caridad puede tener a Dios?

No lo tiene.

¿Podéis pensar que pueda acoger a Dios y no la Caridad,

esa Caridad que es única, abrazando Creador y criaturas?

¿Y no se puede tener de ella sólo una mitad, la tributada al Creador,

sin tener también la otra mitad, la tributada al prójimo?

Dios está en las criaturas.

Está en ellas con su señal imborrable, con sus derechos de Padre, de Esposo, de Rey.

El alma es su trono; el cuerpo, su templo.

Ahora bien, el que no ama a un hermano suyo y lo hace objeto de desprecio,

produciéndole dolor y sufrimiento,

niega su reconocimiento al Amo de la casa de su hermano,

al Rey, al Padre, al Esposo de su hermano.

Y es natural que este gran Ser que es Todo

y que está presente en un hermano, en todos los hermanos,

haga suya la ofensa infligida al ser menor,

a la parte del Todo, sea a éste o a aquel hombre.

Por este motivo os he enseñado las obras de misericordia corporales y espirituales;

por esto, os he enseñado a no escandalizar a los hermanos;

por esto, os he enseñado a no juzgar, a no despreciar, a no rechazar a los hermanos,

ya sean buenos, ya sean malos, fieles, gentiles, amigos, enemigos, ricos o pobres.

Cuando en un tálamo se verifica una concepción, ésta se forma con el mismo acto,

ya se produzca en un tálamo de oro, ya se produzca en el mullido de paja de un establo.

Y la criatura que se forma en el seno regio,

no es distinta de la que se forma en el seno de una mendiga.

La concepción, el hecho de formar un nuevo ser

es igual en todos los puntos de la Tierra, cualquiera que fuere su religión.

Todas las criaturas nacen como nacieron Abel y Caín del seno de Eva.

Y a la igualdad de la concepción, formación y modo de nacer,

de los hijos de un hombre y una mujer en la Tierra,

corresponde otra igualdad en el Cielo:

La creación de un alma para ser infundida en el embrión,

En el momento de la unión del óvulo con el espermatozoide; el alma y el espíritu santo, forman una fusión completa… Y COMIENZA EL MILAGRO DE LA VIDA «

para que el embrión sea de hombre y no de animal.

Y lo acompañe desde el momento en que es creada hasta la muerte.

Sobreviva a él en espera de la resurrección universal,

para volver a unirse entonces al cuerpo resucitado,

recibiendo con él el premio o el castigo.

El premio o el castigo, según las acciones realizadas en la vida terrena.

Porque no penséis que la Caridad es injusta.

Y que, sólo porque muchos no vayan a ser de Israel o de Cristo,

aun siendo virtuosos en la religión que siguen, convencidos de estar en la verdadera,

vayan a permanecer para toda la eternidad sin premio.

Después del fin del mundo, ninguna virtud sobrevivirá, sino la Caridad.

O sea, la unión del Creador y de todas las criaturas que vivieron con justicia.

No habrá muchos Cielos…

(uno para Israel, uno para los cristianos, uno para los católicos, uno para los gentiles, uno para los paganos)

No los habrá, sino que habrá un solo Cielo.

Igualmente, habrá un solo premio: Dios.

El Creador que se une de nuevo con aquellas criaturas suyas que han vivido en justicia,

en las cuales, por la belleza de los espíritus y de los cuerpos de los santos,

admirará su propio Ser con alegría de Padre y de Dios.

Habrá un solo Señor.

No un Señor para Israel, uno para el catolicismo, uno para cada una de las otras religiones.

Ahora os voy a revelar una gran verdad.

Recordadla.

Transmitidla a vuestros sucesores.

No esperéis siempre a que el Espíritu Santo proyecte luz sobre las verdades,

después de años o siglos de oscuridad.

Oíd.

Vosotros quizás decís:

«Pero entonces, ¿Qué justicia hay en el hecho de ser de la religión verdadera,

si al final del mundo vamos a ser tratados de la misma manera que los gentiles?».

Os respondo: La Justicia de Dios es DIVINA. 

Y es justicia verdadera para aquellos que aun perteneciendo a la religión santa,

porque es Verdad Revelada,

no serán bienaventurados por NO haber vivido como santos.

Un pagano virtuoso…

Por el solo hecho de haber vivido con virtud escogida,

convencido de que su religión era buena,

LO QUE DESTRUYE AL SER HUMANO: La política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad, y la oración sin caridad.

tendrá al final el Cielo.

¿Pero cuándo?

Cuando llegue el Fin del mundo.

Cuando de las cuatro moradas de los que han muerto queden sólo dos:

el Paraíso y el Infierno.

Porque la Justicia en ese momento,

deberá conservar y dar estos dos reinos eternos, respectivamente,

a quien del árbol del libre albedrío escogió los frutos buenos y a quien quiso los malos.

¡Pero, cuánta espera antes de que un pagano virtuoso llegue a ese premio!…