CUMPLIMIENTO PROFETICO

UNA VIRGEN DARÁ A LUZ

UNA VIRGEN DARÁ A LUZ

En la barra lateral hay una caja que contiene los ARCHIVOS POR MES  y estas publicaciones están a partir del mes de Agosto de 2014 y hasta 2019

Las de 2020 y SIGUIENTES por su profusión, las concentraremos en dos cajas nuevas en la barra lateral, el APOCALIPSIS DE LA IGLESIA Y APOCALIPSIS DE LA HUMANIDAD. Gracias

Todos los post pertenecientes a esta página, llevarán la letra ‘D’ adherida al número de su publicación.

Y TODAS LAS PUBLICACIONES REFERENTES A ELLA, SERÁ POR EL CUMPLIMIENTO PROFÉTICO EN ESTOS ÚLTIMOS TIEMPOS, DE LO ANUNCIADO POR LOS APÓSTOLES Y PROFETAS.

Mateo 24, 25, 31-46 y 26 1-4 (Biblia de Jerusalén)

  1. Salió Jesús del Templo y cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo.
  2. Pero él les respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida.»
  3. Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo.»
  4. Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie.
  5. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy el Cristo” y engañarán a muchos.
  6. Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
  7. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino y habrá en diversos lugares hambre y terremotos.
  8. Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.
  9. «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.
  10. Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.
  11. Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
  12. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.
  13. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
  14. «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.
  15. «Cuando veáis pues, la abominación de la desolación anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda)profecia de daniel
  16. entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes;
  17. el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa;
  18. y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto.
  19. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
  20. Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado.
  21. Porque habrá entonces una Gran Tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente, ni volverá a haberla.
  22. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.
  23. «Entonces, si alguno os dice: “Mirad, el Cristo está aquí o allí , no lo creáis.
  24. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar si fuera posible, a los mismos elegidos.
  25. ¡Mirad que os lo he predicho!
  26. «Así que si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “Está en los aposentos”, no lo creáis.
  27. Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
  28. Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.
  29. «Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
  30. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.  8263311-brillante-christian-cruz-en-el-cielo-estrellado-en-navidad
  31. El enviará a sus ángeles con sonora trompeta y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
  32. «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.
  33. Así también vosotros; cuando veáis todo esto sabed que Él está cerca, a las puertas.
  34. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
  35. El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán.
  36. Mas de aquel día y hora nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo; sino sólo el Padre.
  37. «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
  38. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca,
  39. y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.
  40. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado;
  41. dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.
  42. «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
  43. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.
  44. Por eso, también vosotros estad preparados; porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
  45. «¿Quién es pues el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?
  46. Dichoso aquel siervo a quien su señor al llegar, encuentre haciéndolo así.
  47. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
  48. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: “Mi señor tarda”,
  49. y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,
  50. vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,
  51. le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes. llanto y rechinar de dientes

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  1. «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.
  2. Serán congregadas delante de él todas las naciones y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
  3. Pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.
  4. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
  5. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis;
  6. estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis en la cárcel y vinisteis a verme.”
  7. Entonces los justos le responderán: “Señor ¿Cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; o sediento y te dimos de beber?
  8. ¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos; o desnudo y te vestimos?
  9. ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”
  10. Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”
  11. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.
  12. Porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber;
  13. era forastero y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.”
  14. Entonces dirán también éstos: “Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?”
  15. Y él entonces les responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.”
  16. E irán éstos a un castigo eterno y los justos a una vida eterna.

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Y sucedió que cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:

  1. «Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.»
  2. Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote llamado Caifás
  3. y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte.

Al meditar cuidadosamente las palabras contenidas en las Sagradas Escrituras, es inevitable preguntarnos ¿Porqué Jesús parece mezclar en uno solo, los Tres Grandes Acontecimientos: el destino de Israel y el Templo de Jerusalén. El Fin del Mundo y su Segunda Venida.

Dos milenios después del cumplimiento de la primera parte de la Gran Profecía de Jesús y en la monumental Obra, el Poema del Hombre Dios que Jesús dictara a la mística italiana María Valtorta, un año antes de que naciera el moderno Estado de Israel; el 22 de Abril de 1947, encontramos el siguiente fragmento que arroja bastante luz sobre los acontecimientos actuales y su relación con el Discurso de Jesús en el Evangelio de San Mateo:

(Dentro de los cuarenta días anteriores a su Ascención al Cielo, Jesús está explicando a los apóstoles y discípulos las instrucciones finales para el manejo de su Iglesia)

“Estoy en todas las partes de mi Cuerpo Místico que es la unión de mis fieles. Amadme en ellos y reparad así el amor que muchas veces no me tuvísteis. Y dadme alegría dandoos a vosotros gran gloria.

Finalmente considerad el mundo, los años, la enfermedad, el tiempo, las persecuciones: todo conspira contra vosotros. No queráis ser avaros, ni imprudentes. Transmitid en mi Nombre el Sacerdocio a los mejores de entre los discípulos, para que la Tierra no se quede sin él.

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Que sea un carácter sagrado que se conceda después de un severo examen, basado no en palabras, sino en acciones; de los que aspiren a ser sacerdotes o de quién creáis que es apto para ello. Pensad en lo que es el sacerdote: En el bien  o en el mal que puede hacer. Tenéis el ejemplo de lo que hace un sacerdocio que ha decaído de su carácter sagrado.

En verdad os digo que por las culpas del Templo, esta nación será dispersa.

IGUALMENTE OS ASEGURO QUE SERÁ DESTRUÍDA LA TIERRA, cuando lo monstruoso de la Desolación entre en el nuevo sacerdocio, arrastrando a los hombres a la APOSTASÍA, para abrazar doctrinas infernales.

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Entonces se levantará el Hijo de Satanás y los pueblos gemirán aterrorizados, pocos quedarán fieles al Señor. Y aún en ese entonces, entre convulsiones de horror, vendrá el fin después de la Victoria de Dios y de sus pocos elegidos. Y la Ira de Dios caerá sobre todos los malditos.

¡AY! Tres veces ¡AY! Si por esos pocos no fueren santos todavía, los recintos del Templo de Jesús. ¡AY! Tres veces ¡AY! Si no hubiere verdaderos sacerdotes que conforten a los últimos cristianos, como hubo para los primeros.

En verdad os digo que la Última Persecución será horrible, pues no será una persecución de los hombres, SINO DEL HIJO DE SATANÁS Y SUS SECUACES.

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¿Sacerdotes? Más que sacerdotes deberán ser los de aquellos futuros días; porque las hordas del Anticristo vomitarán una ferocidad sin igual. Semejantes al Hombre vestido de lino en la visión de Ezequiel, que se ha hecho digno de estar al lado del Señor; así ellos deberán sin cansarse, hacer perfectamente la TAU en los espíritus de los pocos fieles; para que las llamas del Infierno no la borren.

No serán sacerdotes, sino ángeles. Ángeles que en su incienso pondrán sus virtudes; para purificar el aire de los miasmas de Satanás. Más que ángeles, serán otros ‘YO’ para que los fieles de los últimos Tiempos; puedan perseverar hasta el Fin.

Deben ser esto. Pero el Bien y el Mal futuros, tienen su raíz en el Tiempo. Un sacerdote indigno, impuro, lujurioso, hereje, infiel, incrédulo, tibio o frío; un sacerdote sin voluntad de serlo; hace más mal de lo que puede hacer un fiel que tenga los mismos defectos.

Vosotros sabéis a donde lleva el sacerdocio sumido en el relajamiento; en la aceptación de doctrinas impuras, egoísmo, avaricia, concupiscencia: al DEICIDIO.

De hoy en adelante el Hijo de Dios no puede ser condenado más a la muerte. Pero la Fe en Dios, la Idea de Dios, SI. Por eso se realizará un Deicidio mucho mayor; porque NO CONOCERÁ LA RESURRECCIÓN.

Y que se podrá realizar… Lo estoy viendo debido a los muchos Judas de Keriot, que habrá en los siglos que están por venir…

¡HORROR!… ¡MI IGLESIA, DESTROZADA POR MIS PROPIOS MINISTROS!

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TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Yo la sostendré con la ayuda de las Víctimas. Sin embargo los sacerdotes, que tendrán solamente el vestido; pero no el ALMA DEL SACERDOCIO; que se ocuparán en mover las olas infernales, de la serpiente contra tu barca. Pedro, entonces ponte de pie. Dá las órdenes a tus sucesores: ¡Mano al timón! ¡Flagelo a los náufragos, que han querido naufragar y quieren que naufrague la barca de Dios! Castiga; pero salva y ¡Sigue Adelante!

Sé severo, ¡Pues los piratas, se hacen dignos de que se los castigue! ¡DEFIENDE EL TESORO DE LA FE! ¡Mantén en alto la Luz cuál faro, sobre las enfurecidas olas; para que los que siguen tu Barca, vean la Luz y no perezcan!

¡PASTOR Y NAVEGANTE PARA LOS TIEMPOS BORRASCOSOS¡ Recoge, guía y levanta en alto mi Evangelio, porque en Él y no en la ciencia, se encuentra la Salvación!

Llegará el día en que como sucede en Israel y peor todavía, el sacerdocio creerá ser una clase selecta, porque conoce lo superfluo y no lo indispensable para su significado.  Porque mi Palabra será estudiada, pero no será amada. Y el Evangelio se enseñará científicamente bien; pero espiritualmente mal. Porque serán eruditos del Evangelio, pero tendrán el espíritu muerto para su significado; pues Yo Mismo Soy el Evangelio. El Evangelio es AMOR.”

Id. Os lo mando. Id a todas las gentes. Id hasta los confines del Mundo; para que sea conocida mi Doctrina y mi Iglesia única. Para que las almas puedan entrar a formar parte de Ella. DESDE EL PRIMER MOMENTO SE OS PERSEGUIRÁ. Por esto guardad silencio, hasta que llegue el momento de hablar.

MARTIRIO DE ESTEBAN

MARTIRIO DE ESTEBAN

El Espíritu del Evangelio desaparecerá bajo una avalancha de ciencia humana que provocará el enfriamiento de los corazones ante una infiltración de las doctrinas heréticas, que serán una preparación al reino de la Bestia en su fugaz imperio de hielo, tinieblas y horror, cuando tenga cumplimiento lo que será revelado en el Libro del Apocalipsis.

Y así como Satanás desgarró mi Cuerpo Físico con sevicias atroces, así ahora dirige sus ataques furiosos contra mi Cuerpo Místico: la Iglesia. Así como se valió de Judas para ponerme en manos de mis enemigos; así lo hará ahora y se servirá también de los mismos sacerdotes de mi Iglesia; para entregar la Iglesia, para que sea destrozada por el Anticristo.

Por medio de la Cruz entró la Vida nuevamente en el mundo y por medio de la Cruz será renovada la Iglesia.

Mi Iglesia está dotada de un Poder que ninguna otra sociedad humana posee. Es el Poder del Espíritu Santo dado solo a Ella, porque es Sacramento de Salvación, donde  lo humano y lo divino se encuentran y se funden.

Que Yo, Dios Uno y Trino,  puesto que Soy el Amor Infinito, haya llegado al extremo de darme a Mí Mismo, poniéndome en manos de los hombres para que pudieran hacer de Mí lo que quisieran, en Bien o en Mal. Y que lo haya hecho no una vez, sino continuamente sin interrupción hasta el Fin de los Tiempos, es el milagro más excelso y extraordinario que ha dejado asombrados y extasiados a todos los habitantes del Cielo…

¡A esto ha llegado mi Amor!

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A esto ha llegado a pesar de que sé y conozco el comportamiento humano a través de los siglos. Y sé lo que pasará cuando cometan El Gran Sacrilegio…

En mi Iglesia está el poder de transubstanciar el pan y el vino en Mi Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Está el poder para perdonar los pecados y también he participado a mi Iglesia él poder administrar los Sacramentos que he adquirido al Precio Infinito de mi Sangre, mi Pasión y mi Muerte.

¡Mi Iglesia! ¡Mi Esposa Santa que es Una Conmigo! Y tú Pedro, eres la roca sobre la que está cimentada y tendrás que sostenerla en el Primer Gran Ataque que las Hordas del Infierno le han preparado y con el que cree que va a destruirla. Pero Yo dije: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella.” Y así será. Tienen que prepararse para el combate.

“Cuando tenga cumplimiento…

Como las olivas en las muelas del trujal, los verdaderos cristianos serán perseguidos, exprimidos, triturados, por la voracidad de la Bestia.

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Más no engullidos, porque mi Sangre Divina no permitirá que sean corrompidos en su espíritu. Lo mismo que con los primeros, será con los últimos: como manojo de espigas serán segados en la persecución postrera.

Y la tierra quedará empapada con su sangre… 

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LA IGLESIA NO MORIRÁ

Ya os dije que las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella.  Será atacada, oscurecida, hecha prisionera… Pero triunfará… En la persecución que tendrá lugar cuando sea adulta en la Era Satánica.

BEBÉ CRISTIANO EN IRAK, ANTES DE SER ASESINADO Y DESPUÉS DE QUE SUS PADRES, FUERAN ASESINADOS

BEBÉ CRISTIANO EN IRAK, ANTES DE SER ASESINADO Y DESPUÉS DE QUE SUS PADRES, FUERAN ASESINADOS

Cuando el Enemigo piense haber acabado con Ella…

La Iglesia verá el ejemplo de la “Iglesia Niña” y dará mártires más gloriosos todavía… Porque Satanás habrá refinado sus métodos de persecución haciéndolos más sutilmente diabólicos, pues estarán complementados con la más alta tecnología inventada por el hombre.

Y aun así os digo que mi Iglesia renacerá triunfante sobre todas las insidias; PORQUE YO HE VENCIDO A SATANÁS DESDE LA CRUZ.

Y todo poder se me ha dado, en el Cielo, en la Tierra y sobre el Infierno.

Además, mi Madre está pisando la cabeza de la Serpiente. Ella tutela a la Iglesia y protege a sus hijos…

Cuando la Iglesia esté sola y herida, prisionera y crucificada; la prueba será muy dura y dependerá del arrepentimiento de los hombres, el que sean mitigados los sufrimientos de la Gran Tribulación. 

Porque cuando la locura humana y diabólica, se hayan fundido; juntas desencadenarán un cataclismo sin paralelo…  Pero no siempre quien está en manos de sus enemigos es destruido por ellos. Queda solamente prisionero… ¡Felices los que sepan perseverar hasta el fin!

Serán para siempre bienaventurados por su perseverancia, aquellos que mueran fieles al Señor.

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No os inquietéis por ninguna razón. Dios Uno y Trino está con vosotros. Podréis ganar vuestra batalla; porque no busco vuestra ruina, sino vuestra gloria. Bajo mi guía, libraréis vuestro combate individual y yo pondré la victoria en vuestras manos. La vida de la tierra es solo un instante en la eternidad. Recordadlo siempre. Os espero en el Cielo. La bendición de Dios Todopoderoso quede con vosotros, su paz en vuestras almas. Y el Espíritu Santo os seguirá guiando, aconsejando y fortaleciendo.

En mi Iglesia siempre habrá sacerdotes, doctores, profetas, exorcistas, confesores, inspirados; carismáticos con poder para realizar milagros… Todo lo que se necesite para que las gentes tengan en Ella de lo que les hiciere falta. El Cielo, la Iglesia Triunfante; no abandonará a la Iglesia Docente y ésta socorrerá a la Militante; en un solo Cuerpo unido por una comunión de Amor y de objetivo: ¡Rescatar a las almas del dominio de Satán, para devolverlas al Reino del Padre!

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DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN

Desde un otero cercano a Jerusalén, Jesús observó la ciudad.

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Y mientras la contemplaba detenidamente, abundantes lágrimas silenciosas resbalaron por sus mejillas y cayeron llenas de tristeza, envueltas en un dolor sin esperanza de consuelo o comprensión. La escena que refiere Lucas parece no tener ilación. Jesús compadece las desventuras de una ciudad culpable y ¿No sabrá compadecer sus costumbres?

El Hombre-Dios como Humano, llora por las ruinas de su  Patria. El Dios hombre sabe que son precisamente esas costumbres las que producen las desventuras y el verlas en el futuro, aumenta su Dolor.

Con su espíritu profético, su Ira contra los Profanadores del Templo es lógica consecuencia por lo que Él sabe de las desventuras que arrollarán a Jerusalén.

Las profanaciones del Culto Divino, de la Ley Divina, provocan los Castigos del Cielo. 

Al convertir la Casa de Dios en una cueva de ladrones, aquellos sacerdotes indignos e indignos creyentes, atraían sobre todo el Pueblo la Maldición y la Muerte.

Los males que sufre un pueblo, es la consecuencia de vivir peor que animales, pues Dios retira su Protección.

Y ESTO SATANÁS LO SABE TAN BIÉN, QUE POR ESO HACE TODO LO POSIBLE PARA QUE LOS HOMBRES CON SUS ACCIONES, ATRAIGAN LA JUSTICIA DIVINA.  

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Dios se retira y el Mal avanza. Este es el fruto de una vida nacional indigna de los que se consideran hijos de Dios. Y tanto los hombres como las naciones debieran recordar que inútilmente se llora, después de que se ha rechazado la Salvación.

Cuando Jesús estuvo caminando en el suelo de Palestina, lo arrojaron con una guerra sacrílega que partió de cada conciencia entregada al Mal y se esparció por toda la nación.

Los países no se salvan con las armas, sino con una forma de vida que atraiga la Protección del Cielo.

El Domingo de Ramos antes de entrar a Jerusalén, Jesús tenía bajo su mirada la Ciudad que lo rechazaba.

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Con sus casas amontonadas, sus callejas tortuosas. Todo aquel pueblo que es de su raza y contra cuya negativa nada puede.

Y exclamó su terrible Premonición:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina cobija a sus polluelos bajo sus alas! ¡Pero tú no has querido! Y he aquí que tu casa será abandonada y permanecerá desierta… Os aseguro que no me veréis, hasta el día que digáis: ¡Bendito sea el que viene en el Nombre del Señor!

Salió del Templo con sus discípulos al atardecer.

Después de cruzar la Puerta de las Ovejas, el grupo siguió los basamentos del Santuario, junto a aquellas enormes murallas que mandó edificar Herodes, vistas desde el Valle del Cedrón.

Desde allí donde Jesús las miró en aquel instante; esas murallas producen todavía una profunda impresión de poder. Son bloques enormes, irregularmente aparejados, de donde brotan macizos de hierbas, arbustos. Y desde donde vuelan recortándose blancas sobre el cielo azul, las palomas que anidan en sus cavidades.

El miércoles anterior a la Pascua, dijo un discípulo:

–           ¡Maestro, mira que piedras! ¡Qué imponente construcción!

Otros ponderaron los formidables cimientos y su riqueza.

Jesús respondió:

–           ¿Veis todas esas grandiosas construcciones? ¿Veis todo eso? Mírenlo bien. Pues en verdad os digo que vendrán días en que todo eso será arrasado y de ese edificio no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido.

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Impresionados por la insistencia que su Maestro ponía en anunciar estas catástrofes, los discípulos le siguieron preguntando. Habían llegado a la ladera del monte.

Jesús les habló de las sorprendentes cosas que anunciarían el Fin del Mundo y el glorioso Advenimiento del Hijo del Hombre.

Y ellos preguntaron asombrados:

–           ¿Y cuándo sucederá todo esto?

Jesús les respondió:

–           ¿Signos? No faltarán para quienes sepan comprenderlos. Se verán aparecer falsos Mesías, que arrastrarán al Pueblo por falsos caminos. Habrá guerras, sediciones, revueltas. La misma naturaleza hará crisis. Habrá terremotos, prodigios celestes, pestes y hambrunas en la humanidad.

En cuanto a los fieles y eso también tendrá valor de signo…  Habrán sido perseguidos, detenidos, flagelados. Tendrán que testificar a Cristo con sus sufrimientos y Él habrá puesto en sus labios una sabiduría, a la cual no podrán responder sus adversarios: porque el Espíritu Santo hablará en ellos.

Entonces, cuando el Evangelio haya sido proclamado en el mundo entero, el mundo será destruido… 

Como lo será Jerusalén, cuando sea sitiada por un ejército. Y entre tanto en el Lugar Santo reinará ‘La Abominación de la Desolación’ vaticinada por el Profeta Daniel.

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¡Horas atroces!…  ‘Que los que estén en Judea huyan a las montañas. Que los que estén en las ciudades, se alejen de ellas. Que el que esté sobre su terrado se guarde de entrar en su casa, al bajar para llevarse algo… Porque aquellos serán los días de la Venganza en los que se cumplirá la Escritura. ¡Ay de las nodrizas! ¡Ay de las mujeres embarazadas!

Porque las tribulaciones serán tales, como nunca se vieron otras semejantes desde el comienzo del mundo. Y como jamás volverán a verse. Grande será la angustia de este país. Grande la cólera sobre este Pueblo. Porque caerá bajo el filo de la espada o lo llevarán cautivo entre todas las naciones.

Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumplan los Tiempos de los Pueblos.  

Cuatro décadas después, al principio del mes de Nisán del año setenta de la Era Cristiana, un ejército romano asedió la Ciudad Santa. Cuatro legiones, tropas auxiliares sirias y númidas, con un total de sesenta mil hombres, equipados con el mejor material bélico.

Lo comanda Tito, hijo de Vespasiano; proclamado emperador seis meses antes por un golpe de estado de las legiones de Egipto. Y esta es otra razón más para vencer, pues necesita de estos lauros para asegurarse el trono imperial.

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Israel insultado. Humillado de innumerables formas por los últimos procuradores, se había sublevado con la loca presunción de lograr contra Roma, el heroico milagro de los macabeos contra los griegos. Todo el Pueblo Elegido hace contra los legionarios una guerra anárquica, pero feroz.

¿Era éste el tiempo que Jesús predijera?

Los signos no habían faltado…  No fueron solo los prodigios y las sacudidas sísmicas que relata Flavio Josefo.

Pulularon los falsos profetas. Algunos estaban locos: como el iluminado egipcio que desde el Monte Olivete aseguraba que las murallas de la ciudad, se desplomarían ante su mandato.

Pero otros eran más peligrosos; como los sicarios herederos de los antiguos zelotes, que dirigidos por un personaje extraño, valiente, satánico: Juan de Guiscala, trataron de imponer la tiranía del puñal.

Se repitieron con demasiada frecuencia las despiadadas rivalidades de las distintas facciones, generando las guerras y las revueltas. El Pueblo hebreo estaba confuso, dividido y reinaba una brutal contienda entre los ansiosos de paz y los amantes de la guerra.

Los ancianos presintiendo lo que se avecinaba, lloraron por la ciudad considerándola perdida.

Cuando entró Juan en Jerusalén, toda la población salió a las calles creyendo que venía a ayudarles. Pero él y sus hombres además de las disensiones que produjeron, fueron la causa directa de la destrucción de la ciudad…

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Pues no eran más que una caterva de bandidos que consumió las provisiones de los defensores, atrayendo de este modo sobre sí la sedición y el hambre, además de la guerra. Apresaron a Antipas, su familia y su corte… Y los decapitaron.

En la misma Jerusalén asediada, se combatieron fieramente saduceos, fariseos y zelotes. Unos, tomaron la Torre de David. Otros, cercaron el Templo ocupando Ofel y Bezetha; mientras que los otros, convirtieron el Lugar santo en una fortaleza.

EL sanedrín fue disuelto. El Sumo Sacerdocio estaba vinculado a determinadas  familias… Ellos anularon la sucesión, los cargos y se los repartieron entre sí, sorteándolos. Y de esta manera se apoderaron del Gobierno y nombraron magistrados a quienes se les antojó.

Los sacerdotes lloraron y se lamentaron por el escarnio de la Ley y las dignidades sagradas.

El Sumo Sacerdote Anás II hijo de Anás, reunió a los sacerdotes más queridos por el pueblo: Gorión, hijo de José el Anciano; Simeón, hijo de Gamaliel; Joshua, hijo de Gamala… Y los exhortó a que animaran al pueblo a derribar la tiranía de los zelotes y a que entregaran la ciudad a los romanos.

Pero Juan de Guiscala llamó en su auxilio a veinte mil Idumeos que acamparon delante de las murallas.

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Entonces estalló una violenta tempestad y se desencadenaron vientos huracanados, acompañados de caudalosos aguaceros, rayos y terremotos. Todos vieron esto como un presagio de destrucción y de grandes calamidades.

Los Idumeos pensaron que Dios se había irritado porque tomaron las armas y que no escaparían al castigo.

Anás II y sus compañeros creyeron que ya habían vencido sin batalla, convencidos de que Dios era su General.

Por su parte, los zelotes aprovecharon lo más fuerte de la tempestad: favorecidos por el viento y los estampidos de los truenos, les abrieron las puertas a los Idumeos.

Éstos entraron en el Templo y no perdonaron a nadie.

Al día siguiente el Primer recinto estaba inundado de sangre y cuando amaneció, había ocho mil quinientos cadáveres. Los restos de Anás II y los príncipes de los sacerdotes, fueron arrojados a la basura.

Y aquel Viernes, fue el inicio del desastre.

Los que se habían sublevado en el Nombre de Dios para hacer respetar la Ley usaron tanta violencia, que terminaron por raptar a las mujeres judías para violarlas. Cometieron incontables asesinatos motivados por la venganza y la codicia. Llevaron su crueldad al extremo de impedir la sepultura de los cadáveres, dejándolos pudrirse al sol.

Y la misericordia desapareció.

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Los malos se indignaron tanto con la caridad de los vivos, que a los que se atrevieron a enterrarlos también los asesinaron. Es tanto el terror, que los supervivientes y los torturados que estaban en las cárceles, envidiaron el reposo de los muertos.

Los zelotes pisotearon todos los derechos humanos.

Se ríen de las Leyes de Dios y ridiculizaron los oráculos de los profetas, calificándolos como artimañas de embaucadores y sin embargo ellos mismos fueron los instrumentos para que se cumplieran algunas predicciones.

Una profecía muy antigua asegura que la ciudad sería conquistada y el Templo quemado, cuando naciera la revuelta entre los israelitas y mancillasen con sus propias manos el Santuario de Dios.

Mientras tanto los jefes romanos quieren avanzar rápido contra la ciudad e incitaron a Vespasiano diciéndole que los dioses están de su parte, como lo demuestran las discordias de Israel.

Vespasiano responde que es mejor esperar a que la guerra civil los devore; pues mientras ellos se destruyen mutuamente, les facilitarán las cosas para un triunfo más cómodo. Y la fuerza romana aumentará en la misma proporción que la debilidad del adversario, que está ocupado en destruirse a sí mismo.

Vespasiano avanzó desde Antioquia hasta Ptolemaida y allí unió fuerzas con Tito. Luego, sistemáticamente fue conquistando una a una, todas las ciudades de Palestina; hasta que fue capturado Josefo el general judío, líder del ejército israelí.

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Tiene veintiocho años de edad, pertenece a la tribu de Leví. Lleva en las venas sangre real. Es sacerdote, hijo de Matías sacerdote fariseo, perteneciente a la primera de las veinticuatro clases sacerdotales. Tiene un hermano que también es sacerdote, el cual junto con sus padres y toda su familia, ha quedado dentro de Jerusalén.

Tito le respeta porque ha sido un formidable adversario, digno y valiente en la batalla. Vespasiano sabe que con su captura, prácticamente acabaría la guerra y ordena que lo vigilen estrechamente, pues piensa remitirlo a Nerón.

Pero el prisionero le dijo:

–           No pienses Vespasiano en retener cautivo a Josefo. Si no me mandase Dios a ti, de sobra conozco la Ley de los judíos y de qué manera debe morir el general de un ejército. ¿Me envías a Nerón? ¿Por qué?…  Tú Vespasiano eres César y Emperador. Y también lo será tu hijo Tito. Átame más fuerte. Encadéname. Pues muy pronto tú mismo me libertarás. Porque te anuncio César que eres señor no sólo de mí… Sino de tierras, mares y de todo el Imperio. Debes vigilarme más que ahora, para castigarme si afirmé falsamente y con atrevimiento, lo que te he vaticinado como procedente de Dios.

Vespasiano miró a su prisionero y no le quiso creer, pensando que era una estratagema para poderse librar del destino que lo esperaba.

Pero después cuando Vespasiano interrogaba a otros prisioneros, descubrió que Josefo había pronosticado a su pueblo que Jotapata sería conquistada cuarenta y siete días después de que él fuese capturado vivo por los romanos; predicción que se había cumplido cabalmente.

Y sintiendo curiosidad por su propio vaticinio, lo retuvo a su lado y no lo envió a Nerón.  Regresó a Cesárea después de haber sometido todas las ciudades próximas a Jerusalén.

Después de la muerte de Nerón,

muerte de Nerón

en el año de los cuatro emperadores; sus jefes y sus legiones rechazaron la noticia de que un hombre tan corrompido como Vitelio dirigiese los destinos del Imperio. No estaban dispuestos a soportar a otro tirano cruel y querían a un buen gobernante. Después de debatirlo, decidieron proclamarlo emperador.

Él se rehusó.

A pesar de su repugnancia y sus esfuerzos por alejar de sí aquel título, terminó por aceptarlo cuando las legiones de Egipto también lo proclamaron.

Entonces Vespasiano recordó la osadía de Josefo, que le profetizó su ascenso al trono en vida de Nerón. Y decidió quitarle la infamia al mismo tiempo que las cadenas, dándole la Epitimia, (En derecho griego, la condición de hombre libre que goza de todos los derechos y honores civiles) Al ser liberado y según la ley romana, tomaría el nombre de su vencedor: Flavio Josefo. Y se convertiría en cronista del nuevo emperador y un importante historiador, pues él era un israelita que amaba a Dios y a su patria.

Y Josefo tuvo que gustar la amargura de testificar para la posteridad, la forma tan apocalíptica como desapareció de la faz de la tierra todo lo que en el mundo había amado y era precioso y sagrado para él: el Templo, símbolo de su religión. Su familia, su pueblo y su nación. Y pasar el resto de su vida, en medio de los paganos que los habían destruido y  que nunca comprenderían la magnitud de su tribulación.

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Tito acampado en Scopo, dirigió cuidadosamente su ataque y sitió Jerusalén.

Los judíos se creyeron fuertes al principio pues contaban con diez mil soldados, más veinte mil Idumeos y excelentes mercenarios. Y la ciudad rodeada por una triple muralla, erizada de noventa torres, parecía inexpugnable. Tenía cuatrocientos balistas y escorpiones que habían sido arrebatados a la Legión de Cestio Galo.

Pero si los romanos demoraban en atajar por la fuerza, un aliado más temible trabajó más aprisa para ellos: el Hambre.

Esta calamidad que también había sido profetizada, llegó a ser tan espantosa que impulsó a errores nefandos…

Había una mujer transjordana de noble y rica familia que huyendo de la guerra civil, se había refugiado en Jerusalén. Y los bienes que llevó de Perea, se los robaron los sediciosos cuando saquearon su mansión.

Unos soldados atraídos por el olor a carne asada, entraron a la casa y amenazaron con degollarla, si no les entregaba el alimento.

Con mirada de demente, ella les entregó una bandeja en la que estaba el cuerpo descuartizado de su hijo y del cual ya había consumido una mitad.

Ellos se horrorizaron ante el espantoso asado y se marcharon dejándolo a la madre.

Cuando los romanos se enteraron de aquel crimen, Tito se encolerizó y dijo que los padres merecían aquellos alimentos, porque no renunciaban a las armas.

Y reflexionó cuanta sería la desesperación de sus enemigos, que los había hecho perder la cordura.

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Este suplicio duró cien días.

La ciudad estaba superpoblada. El ataque (Y esto también lo dijo Jesús) se realizó tan repentinamente, que los peregrinos de la Pascua se encontraron bloqueados, junto con un gran número de refugiados de las provincias.

Un muro de asedio de ocho kilómetros de largo, semejante al que permitió a César vencer en Alesia a Vercingétorix imposibilitó toda clase de avituallamiento.

Los soldados robaban para comer. Los desgraciados que intentaban huir de aquel infierno, topaban con el cerco de los romanos y al ser apresados, los regresaban con las manos cortadas si eran mujeres. A los hombres los crucificaron en un sitio bastante visible.

Un día, el vientre de un crucificado se abrió bajo el peso de las monedas de oro que había escondido en sus entrañas. Y partir de ese momento todos los prisioneros fueron desventrados. Y dos mil de ellos fueron destripados en una sola noche.

Forzados el segundo y luego el tercer recinto, Jerusalén seguía sin rendirse.

Los jinetes nubios de Tito, lanzados al galope a través de las callejuelas, barrían todo a su paso cercenando las cabezas.

Casa por casa, los barrios fueron tomados y sus habitantes aniquilados. Parecía que nada podía acabar con aquella ciudad enardecida, cuyos pobladores asediados como espectros famélicos, todavía tenían fuerzas para efectuar incursiones.

Cuando Tito entró en la ciudad se admiró no solo de sus fortalezas, sino de las torres que habían sido abandonadas. Cuando vio sus grandes y macizas dimensiones,  el tamaño de las piedras y lo exacto de su conexión, su dureza y amplitud…

murallas

Tito dijo:

–           En verdad nos asistió la Divinidad en esta guerra. Pues solo Él pudo ser el que arrojara a los judíos de estas fortificaciones, ¿Qué hombres o máquinas hubieran conseguido someterlos?

Tomada la Torre Antonia sólo quedó el Templo, que rechazó el asalto general de los romanos.

Tito vaciló en usar el fuego. ¿Acaso él iba a destruir aquella maravilla de magnificencia? Sus arietes lo habían atacado durante seis días sin afectarlo lo más mínimo y en un contraataque judío perdió muchos soldados…

Comprendió que sus esfuerzos por conservar un templo extranjero, sólo lo estaba perjudicando a él mismo. Entonces mandó que se prendiese fuego a las puertas. Ardió el precioso cedro y la plata que las forraba, se derritió.

Los judíos miraron consternados el fuego que los rodeaba y que duró dos días. Al amanecer del tercero fue embestido el Templo por todas partes.

Los romanos se quedaron asombrados ante la magnífica y maravillosa belleza que iba aumentando en grandeza y riqueza, conforme se acercaban al Lugar donde estaba el  Santo de los santos.

Y comprobaron que el Templo era más grandioso de lo que se desprendía de los relatos… Y porqué merecía tantas alabanzas.

Un legionario tomó una madera encendida y prendió una ventana de oro, por la cual penetraron en el recinto que circundaba el Lugar Santo y pasaron a filo de espada a todos los que encontraron a su paso.

En torno al altar se amontonaron los cadáveres de los sacerdotes y la sangre se deslizaba por las gradas…

Tito victorioso, intentó evitar el desastre junto con su estado mayor. Penetró en el Santuario y ordenó que apagaran el fuego, para que no llegase al Lugar Santísimo.

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Pero los soldados exasperados por la espera y la batalla, no le oyeron o fingieron que no le oían; pues además de su ira y su odio contra los hebreos, los impulsaba la esperanza del botín, pensando que en el interior encontrarían grandes tesoros, al ver que todo lo que los rodeaba estaba hecho de oro.

Uno de ellos esquivó a Tito, cuando éste corrió a detenerlo y arrojó fuego a los goznes de la puerta. La llama no tardó en brillar en el interior del Lugar Santísimo, devorando el Velo que rodeaba al Santo de los Santos.

Legionarios y beduinos empuñando antorchas, activaron el incendio fatal.

El victorioso romano sentenció:

–           Este pueblo está tan manifiestamente bajo el Castigo Divino, que parecería impío concederle gracia.

Y se retiró con su estado mayor, abandonando a su destino al que había sido el orgullo de Israel.

Y ya nadie estorbó a los incendiarios.

Mientras ardía el Templo ocurrió el saqueo de cuanto hallaban a la mano. No hubo misericordia para la edad, ni respeto para la dignidad en la matanza que siguió: niños, ancianos, mujeres, gente profana, ministros, religiosos.

Mataban, violaban, degollaban, en los atrios y en todos lados. Todos fueron perseguidos y matados: los que suplicaban piedad y los que se resistían con las armas.

El fragor del incendio formó un eco siniestro con los sonidos de los moribundos. Y como la colina era alta y grandes las proporciones del Santuario, parecía que toda la ciudad era pasto de las llamas.

Sublime y espantoso era aquel estruendo. Todo retumbaba.

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Y así fue quemado el Templo de Jerusalén.

Los soldados reunieron tanto botín en los saqueos, que el peso del oro se vendió en Siria en menos de la mitad de su valor anterior. Y también la ciudad fue saqueada e incendiada. Después de sacarlos a la superficie, los romanos mataron, esclavizaron o destrozaron, a los que se habían escondido en las cloacas; donde también encontraron muchos tesoros.

Y así fue conquistada Jerusalén.

Pasado a cuchillo el pueblo, carbonizado el Templo y la ciudad convertida en una brasa; lo único que faltaba era decidir la suerte de los noventa y siete mil cautivos…

El rey Izate con su familia en calidad de rehenes, fueron encadenados y enviados a Roma. Los sediciosos fueron ajusticiados, entre ellos Juan de Guiscala. Los hombres más altos y hermosos, fueron escogidos como trofeos para el desfile del triunfo. Los demás, si pasaban de los diecisiete años, fueron encadenados y mandados a las minas egipcias.

Tito distribuyó grupos considerables y los envió como regalo a las provincias, para las luchas de gladiadores y los juegos de circo con bestias. Los menores de diecisiete años, fueron vendidos como esclavos.

Y así desapareció una nación.

Liberó a los que estaban en las cárceles y demolió la ciudad y el Templo, salvo las Torres: Fasael, Híppico, Mariamne y parte de la muralla que cerraba la ciudad por el oeste. Ésta, para que les sirviese de campamento a los que quedasen de guarnición. Y aquellas, para que mostrasen a la posteridad qué ciudad y qué clase de fortificaciones había sometido el valor romano.

Y también como monumentos de su buena fortuna, que había conquistado lo inconquistable. Derribaron todo lo demás de tal forma, que nadie hubiera creído que algún tiempo sirvió de habitación a seres humanos.

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Y así fue arrasada Jerusalén.

Tito elogió a sus tropas y las recompensó, pues su bravura había aumentado el poder y la gloria de Roma.

Y ninguno de los que se arriesgó más que otros, quedaría sin su justa retribución. Les entregó largas espadas de oro, ascendiéndolos de rango entre los militares y les repartió parte de los despojos del botín. Los envió a distintos lugares donde estarían mejor situados.

Al asesinato de Esteban, que narra el Evangelista San Lucas en el Libro de los Hechos de los Apóstoles; le había seguido la primera persecución contra los cristianos, donde murieron dos mil; incluido Nicanor, uno de los siete diáconos.

La mayoría de los demás, se dispersaron y se transformaron en misioneros itinerantes. Ocho años antes de la tragedia de Israel, en el año 62 d.C. y según palabras de Flavio Josefo: “Anás II  era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio: el Procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino; todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús llamado el Cristo y a algunos otros. Los acusó de haber trasgredido la Ley y los entregó para que fueran apedreados.”

A partir de aquel momento, los cristianos serían tratados como delincuentes y la Iglesia Perseguida empezó a tomar precauciones, para sobrevivir. Refugiados en Pella y Transjordania, los primeros cristianos que supieron reconocer a tiempo los signos del desastre; al recibir las espantosas noticias recordaron las proféticas palabras del Maestro:

No pasará esta generación antes de que sucedan estas cosas. El Cielo y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” 

MURO DE LOS LAMENTOS

MURO DE LOS LAMENTOS

Todo lo que Jesús predijera estaba consumado

Cinco meses había durado el sitio que acabó después de tantas escenas de horror inimaginable.

Jerusalén había sido destruida y arrasada. El Templo, había ardido y desaparecido. De la resistencia judía sólo quedaban unos cuantos grupos insignificantes, ocultos en cuevas y que sucumbirían al cabo de tres años, con la toma de Masada.

Judea se convirtió en una provincia romana separada de Siria y ocupada por una legión acuartelada en Jerusalén.

Habían desaparecido el Sanedrín y el Sumo Pontificado.

En cruel ironía, Roma exigió el impuesto ritual que todos los judíos debían pagar al Templo, para ingresarlo al tesoro de Júpiter.

Tito regresó a Roma trayendo consigo como prisioneros de guerra a los jefes, junto con Simón bar Giora, además de setecientos hombres escogidos por su estatura y belleza corporal, para presentarlos en su Triunfo. Hombres que después fueron regalados como esclavos a diversos funcionarios romanos…

Vespasiano le salió al encuentro y decidieron celebrar juntos sus gloriosas hazañas.

Al amanecer Vespasiano y Tito, coronados de laurel y vestidos de púrpura, se dirigieron al Pórtico de Octavio donde los esperaba el Senado, los principales magistrados y los del Orden Ecuestre.

Después de la recepción, las oraciones rituales y un corto discurso al pueblo desde el Podium Imperial que había sido preparado para esta ocasión tan solemne, despidieron al ejército para que celebrase el banquete que había sido ordenado por los emperadores. Luego se pusieron las vestiduras triunfales y se dirigieron a la Puerta de la Pompa, para ofrecer sacrificios a los dioses que estaban adyacentes. Después dieron la señal de partida para el cortejo triunfal.

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Es imposible describir la cantidad y magnificencia de lo que se exhibió: impresionantes obras de arte, exquisitas y variadas en riqueza hechas con plata, oro, marfil y piedras preciosas. Un increíble caudal de objetos: vestiduras de púrpura con bordados babilónicos. Abundantes coronas, tiaras y joyas. Diferentes especies de animales, magníficos y soberbios en belleza.

Enormes imágenes de los dioses, ostentando la destreza de los artífices, hechas con diferentes materiales. Los portadores de esta riqueza vestían de púrpura recamada en oro, solo los que los mandaban, superaban la riqueza de su indumentaria. También los cautivos estaban  adornados y los finos tejidos que los cubrían, ocultaban la fatiga de sus cuerpos.

Pero lo más asombroso fueron las torres hechas con oro y marfil.  Estaban trabajadas con tal arte, que era una delicia contemplarlas.

En ellas estaban representadas con diversas escenas, las peripecias de la guerra. Toda la historia de la Destrucción de Jerusalén, estaba narrada de manera magistral en ellas. Todos los trágicos sucesos que los israelitas habían padecido: Se veía cubierta de cadáveres lo que había sido una nación feliz. La fuga del enemigo. La captura de los adversarios. La conquista de las fortificaciones. La entrada del ejército. La matanza y las súplicas de los derrotados. El Templo en llamas. El derrumbe de las casas. El río que corría en una ciudad ardiente. Jerusalén arrasada.

El arte de estas representaciones era tan perfecto que a los espectadores del desfile les parecía haber presenciado todos estos sucesos.

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Al último venían los despojos del Tesoro del Templo de Jerusalén: la mesa de oro que pesaba muchos talentos y su candelabro áureo que tenía la caña central en un pedestal, con los brazos tan abiertos que semejaban un tridente, con un bronce en forma de lámpara, en el extremo de cada uno. Estas lámparas eran siete. Muchos objetos del culto sagrado. El último de los despojos, era la Ley de los Hebreos.

Después desfilaron muchísimos hombres, llevando las imágenes de la Victoria. Finalmente, pasó Vespasiano seguido de Tito.

También Domiciano cabalgaba con ellos con aspecto glorioso, en un corcel tan soberbiamente hermoso, que a su paso despertaba la admiración.

Vespasiano tenía tan poca afición a la pompa exterior, que cuando vio la lentitud de la marcha en el desfile y cansado de la ceremonia…

Exclamó:

–           Es mi justo castigo por haber deseado neciamente a mi edad el triunfo y haber aceptado lo que no me correspondía por nacimiento.

Se detuvieron en el Templo de Júpiter Capitolino a esperar la noticia de que el general enemigo había muerto.

Simón bar Giora había desfilado entre los cautivos con una cuerda en el cuello, luego fue torturado y enseguida ejecutado en el Forum. Cuando se avisó que había expirado, el pueblo gritó de alegría. Ofrecieron sacrificios y rezaron, así como lo acostumbran en semejantes solemnidades.

Luego se trasladaron al Palacio Imperial y allí fueron guardados la Ley Sagrada y los velos purpúreos del santuario destruido en Jerusalén.

Los emperadores ofrecieron un banquete a sus invitados y los demás celebraron en sus casas. La ciudad de Roma estaba de fiesta por la victoria de su ejército, el fin de sus guerras civiles y sus esperanzas de dicha y prosperidad.

julio

Después de estabilizar el imperio, Vespasiano construyó en un tiempo asombrosamente rápido un templo dedicado a la Paz. Lo adornó con pinturas y estatuas. Reunió todas las riquezas que había conquistado en sus campañas militares y las depositó en él, junto con los tesoros del Templo de Jerusalén.

En una ironía final, éstos también le sirvieron para financiar la obra más grandiosa de la arquitectura romana: el Anfiteatro Flavio, que también fue construido por el resto esclavizado del Pueblo Elegido del desaparecido Israel, en lo que fuera la Casa Dorada de Nerón y en el lugar en donde estaba la estatua colosal del aciago emperador.

Por esto, también sería llamado Coliseum.

Éste sería considerado dos milenios después una de las siete maravillas del mundo y símbolo tanto del genio de sus creadores, como de la barbarie humana que lo sacralizó para la historia de la cristiandad.

Su espectacular estructura, a pesar de que solamente es una ruina y ya no tiene la magnificencia de su inicio,  actualmente es un exponente de lo grandioso que era el Imperio Romano. Y de cómo fue el magnífico altar donde fueron sacrificados los cristianos, al Dios al que aprendieron a amar hasta ofrendarle la vida.

El Coliseo Romano está en el corazón, de la moderna Ciudad Eterna.

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2 comentarios

  1. muchas gracias es muy importante que reflexionemos en nuestra vida sobre nuestros pecados es muy bonito se les agradese el hacernos llegar por este medio la palabra de dios

  2. Impresionante. Guardo este archivo como oro.

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