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QUINTO MISTERIO DE DOLOR


CRUCIFIXION Y MUERTE DE JESÚS

(Juan, 19, 16-42)

Dice Jesús:

LA HORA DEL ODIO SATANICO

Juan que era el puro, fue el primero que se libró del influjo satánico, no me dejó y me llevó a mi Madre. Más que Job sumergido en un estercolero, podrido, para ocultar sus llagas; estuve Yo, cuando tomé sobre Mí, TODOS LOS PECADOS DEL Mundo.

Yo era más inocente que un bebé. Y de Mí, ¡SE HORRORIZÓ EL ALTÍSIMO!…  ESTA FUE MI PEOR TORTURA.

Un Diluvio de culpas sobre la Tierra. Un diluvio de maldiciones sobre el Culpable. No me atrevía a levantar los ojos al Cielo y gemía al sentir sobre Mí, el enojo del Padre acumulado en los siglos, además de las culpas por venir…

Cuando fui levantado en la Cruz, Yo ya estaba consumido de sufrimientos.

Mi Agonía comenzó mucho antes y se hizo completa, desde la Oración en el Huerto de Getsemaní. Todo sirvió para atormentar al Hijo de Dios, a vuestro Salvador. Me dislocaron los miembros, dejando al descubierto mis huesos, arrancando mis vestidos y causando a mi Pureza, la mayor de las torturas. Me enclavaron en un madero, levantándome como cordero degollado en garfios del carnicero; aullando alrededor de mi agonía, cual una manada de lobos hambrientos que al olor de la sangre se hacen más furiosos. Suspendido al sol, con tanta fiebre; que me golpeaba las venas, cual si fueran innumerables martillos.

Más no eran éstos los dolores más acerbos. Era la agonía del corazón y del espíritu, lo que más me atormentaba. Y mucho más atormentadora que esa: la certeza de que era inútil mi sufrir, para millones y millones de hombres. A pesar de tal certeza, no disminuyó ni un ápice mi voluntad de padecer por vosotros.

YO COMPRÉ CON MI SANGRE TODAS LAS ALMAS, realizando el pago por anticipado. Yo me di a Mí Mismo, para que vosotros me tuvieseis. ¿Quién puede negarme a Mis Hijos amadísimos?

TRAICIONADO, ACUSADO, VENDIDO, CONDENADO, NEGADO, MUERTO Y ABANDONADO También de Dios, porque sobre Mí estaban los crímenes que había tomado. Me vi más pobre que un mendigo a quien los bandidos hubieran robado. No se me dejó ni siquiera mi vestido, con qué cubrir mi amoratada desnudez de mártir; porque se las repartieron.

Ni siquiera después de muerto dejaron de insultarme. Sumergido bajo el fango de todos vuestros pecados. Arrojado al fondo tenebroso del Dolor. Levantando mis ojos al Cielo sin que nadie respondiese a mi mirada de agonizante, ni a mi última súplica:

DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

Parece a veces que Dios abandona. Más no es así; sino que se esconde para que aumente la expiación y concede así mayor perdón. ¿Puede el hombre lamentarse con ira de ello, cuando él abandonó infinitas veces a Dios? ¡Qué de cosas pusisteis en vuestro corazón que no eran Dios!

Imitadme lanzando este grito, con nota de mansedumbre y humildad. Y no de blasfemia y reproche: ‘¿Por qué me has abandonado, si sabes que sin Ti nada puedo? Ven Padre. Ven a salvarme y haz que te sienta Padre…’

Isaías da la razón de tanto dolor: “¡Y con todo eran nuestras dolencias las que ÉL llevaba y nuestros dolores los que soportaba!… Él soportó el castigo que nos trae la paz y con sus Llagas hemos sido sanados.”

Sí. Por vosotros los llevé, para darles dulzura, para aliviarlos, para anularlos.

“Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados” Dice Isaías que con su mirada profética vio al Hijo del Hombre hecho un cuerpo amoratado, para sanar el de los hombres. ¡Si sólo hubiesen sido heridas de mi carne!…

Lo que más me heristeis, fue mis sentimientos y mi espíritu. De uno y otro hicieron el hazmerreír y el blanco. Fui golpeado a través de Judas, en la amistad depositada en vosotros. En la fidelidad, en las negaciones de Pedro. En la gratitud, por medio de los que había sanado y luego gritaron: ¡Crucifícale! En mis sentimientos a través del amor, por la angustia y las ofensas  infligidas a mi Madre. Por la religión, cuando me declararon Blasfemo.

Yo, qué por amor a la causa de Dios me había puesto en manos de los hombres al Encarnarme; padeciendo durante toda mi vida y entregándome a la ferocidad humana sin protestar, ni lamentarme. Hubiera bastado una mirada a mis acusadores, jueces y verdugos; para reducirlos a cenizas. No lo hice porque quise voluntariamente cumplir el Sacrificio como Cordero, pues Soy el Cordero de Dios, para la Eternidad. Me dejé llevar para ser despojado y matado. Para hacer de mi Carne Alimento para daros la Vida.

En todo esto deberíais pensar cuando sufrís. Y comparando vuestras imperfecciones con mi Perfección; mis dolores, con los vuestros;  VEREIS QUE EL PADRE OS AMA MAS QUE A MI EN AQUELLA HORA…

Y POR LO TANTO DEBERIAIS AMARLO CON TODO VUESTRO SER…

COMO YO LO AMÉ A PESAR DE SU SEVERIDAD.

Y con mi Sacrificio de Hombre y de Dios, os engendré a la Gracia; para devolveros a mi Padre y haceros reinar de nuevo: sobre el Mal, sobre las enfermedades y sobre la Muerte.

Compré el Cielo para vosotros. No os fijéis en el suplicio de aquel día; fue menos doloroso, que la resistencia que aun hacéis a mis llamados. Rechazáis mi Doctrina y os negáis a amar y a perdonar. A aceptar la Voluntad de Dios y a obedecer su Ley. No queréis renunciar a vuestro egoísmo y por lo tanto, al no negaros a vosotros mismos; rechazáis la Cruz y así se aumenta vuestro sufrimiento.

¿Cuál amor es más grande que aquel que sabe amar a quién lo tortura? Y sin embargo Yo os he amado así. AMAOS COMO YO OS HE AMADO. El Odio extingue la Luz. Aun el simple rencor, ofusca la paz. Dios es Paz, es Luz, porque Dios es Amor. PERO SI NO AMÁIS COMO YO OS HE AMADO, NO PODRÉIS TENER A DIOS.

Adán y Eva convirtieron al hombre en esclavo de Satanás, que negó a Dios la alegría de ser el Padre, de TODOS los hombres. Yo y mi Madre devolvimos al hombre, la dignidad perdida. Llevamos la Obediencia hasta el heroísmo y amamos cómo ningún otro ha amado.

Eva maldijo a Caín por haber matado a Abel. María sabía que Judas era el Caín de su Jesús y no maldice: ama y perdona llorando al Traidor. Pero judas cerró su corazón a la Gracia y NO QUISO CREER EN EL PERDÓN. Por eso se ahorcó.

Eva cargada de culpa, trasmitió a su hijo cuanto había en ella: Caín nació con un carácter duro, envidioso, iracundo, lujurioso, perverso y soberbio. Negando reverencia a Dios, a quien consideraba su Enemigo. Satanás lo empujaba a burlarse de Dios. Ese germen del Mal, aún se encuentra en el hombre. Y SI NO OS ARREPENTÍS Y NO OS ABRAZÁIS DE DIOS, NO PODRÉIS CAMBIAR, NI VENCEROS.

En la Cruz yo vencí a Satanás y OS DÍ LAS ARMAS PARA VENCERLO. Con mi Muerte, os di la Vida.

Mi Madre también luchó durante tres días y expió por la mujer, que era  la más culpable. Satanás la atormentó con dos llagas sobrepuestas: Mi Muerte y Ella también experimentó el Abandono del Padre; abriendo así  la Tercera Llaga: el terror de faltarle la FE, al atormentarla con la Duda. Si Ella hubiese dudado, habría caído en la Tentación del Demonio y hubiera dicho: ‘No es posible que resucite.’ NEGANDO A DIOS, SE HUBIERA CONVERTIDO EN NADA, TANTA REDENCIÓN. Ella, la Nueva Eva, habría mordido la manzana de la soberbia y habría deshecho la Magna Obra de mi Redención. Al final venció la Tentación más grande:

FUE LA ÚNICA QUE CONTINUÓ CREYENDO QUE YO RESUCITARÍA.

BENDITA SEA POR ESTA FE.

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Oración:

Amado Padre Celestial: Tú que Eres Infinitamente Bueno, Infinitamente Poderoso, Infinitamente Misericordioso; en el Nombre Santísimo de Jesús, te pedimos que llenes nuestro corazón de esa FE, con la que nuestra Benditísima Madre María, venció a Satanás; para que podamos ser verdaderos hijos tuyos, con humildad, mansedumbre y amor. Mensajeros de tu Amor y tu Misericordia. Gracias ABBA. Seas Bendito, Santificado y Alabado por los infinitos siglos de los siglos. Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍA…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

CANTO DE ALABANZA…