Archivos de etiquetas: alexandra

79.- LOS GUERREROS CELESTIALES


circo-coliseo

Y amaneció el día de la Clausura de los Juegos.

Aunque el pueblo estaba harto de sangre, cuando se extendió la noticia de que era la Clausura de los Juegos y que los últimos cristianos iban a perecer en un espectáculo sin igual.

Una incontable concurrencia se agolpó en el Anfiteatro.

Los augustanos están felices porque después del espectáculo, ha sido preparada una gran fiesta en el Palacio de Tiberio y al día siguiente, partirán para Nápoles.

Saben que aquel no va a ser un festejo ordinario, pues el César ha resuelto hacer para sí mismo, una gran tragedia con el sufrimiento de Marco Aurelio.

Tigelino ha mantenido en secreto la forma de castigo que va a infligir a la esposa del joven tribuno y eso ha aumentado la curiosidad…

domus petronio

Esta mañana en la casa de Petronio, antes de salir rumbo al Anfiteatro…

El refinado augustano está con  Marco Aurelio en el atrium.

Y le preguntó:

–           ¿Vas a ir conmigo?

Marco Aurelio respondió:

–           ¡Claro que sí!

–           Sería mejor que me esperaras aquí. ¿No crees? –sugirió.

–           ¡Petronio!… ¡Claro qué No!

Esto no espero que lo entiendas, pues ni siquiera sabrás de qué hablo.

SIN CRUZ

Alexandra y yo somos cristianos y para recibir el Bautismo, nos ofrecimos como almas-víctimas.

Allá en la arena sucederá lo que la Voluntad de Dios, quiera.

fusion persecucion

Con el Amor de Fusión, el Padre nos ayudará en lo que sea necesario.

Efectivamente, Petronio lo miró sin comprenderlo, pues no entendió nada.

Y solo dijo:

–           ¿Estás seguro de poder resistir lo que suceda allá?

El tribuno contestó sereno:

–           Sí.

–           ¿Estás dispuesto a todo?

–           Sí.

–           ¿Te vas a quedar hasta el Final?

–           Sí.

–           Marco Aurelio, si no… Yo puedo…

petronio2

El joven lo interrumpió:

–           Por favor Petronio. Ya deja de preocuparte.

Llevo tres días orando sin cesar, implorando por un milagro y Él me dijo:

‘¿Confías en Mí? ¡Ten FE!’ 

Y tengo Fe. –concluyó con sencillez.

–           ¿Él? ¿A quién te refieres?

–           A Dios. A mi Señor Jesucristo.

Petronio creyó que el dolor había enloquecido totalmente a su sobrino.

Y movió la cabeza sin saber qué hacer…

En ese momento llegó Octavio muy feliz y abrazó a Marco Aurelio,

Diciendo:

–           Anoche tuve un sueño y mi Ángel me dijo: ‘Di a Marco Aurelio que no tema. El Señor ha escuchado sus plegarias. Pase lo que pase, NO debe dejar que la duda muerda su corazón. ¡Si persevera en su Fe, verá la Gloria de Dios!

Y Octavio lo besó en la frente y lo bendijo como un padre.

Marco Aurelio sonrió y contestó:

–           ¡Gracias! –a su fiel administrador.

Y volviéndose hacia su tío, agregó:

–           Petronio, ¿Nos vamos?

Petronio escuchó este diálogo y no pudo evitar concluir que los cristianos no están muy bien de sus facultades mentales.

Todos hablan de su Dios con una familiaridad y parecen tenerlo al alcance sólo con hablarle…

Pero sólo movió la cabeza y respondió:

–           Voy.

–           Bien Petronio.

Todo va a estar bien. Yo lo sé. Ya no te preocupes por nada.

marco aurelioLa voz y el rostro de Marco Aurelio están totalmente serenos.

Subieron a la litera y salieron rumbo al Anfiteatro.

Cuando estuvieron allí, todos los que conocían el drama del tribuno lo miraban con mal disimulada curiosidad, ansiosos de conocer el fatal desenlace.

Los que conocieron a Alexandra, hablan de su extraordinaria belleza.

Otros discuten de sí en realidad la verán en  la arena.

Porque muchos de los que oyeron la respuesta del César a Petronio en el banquete, la interpretaron de dos formas:

Daría a la joven a Marco Aurelio.

O… será un asesinato más en la lista del César.

La incertidumbre, la expectación y la curiosidad, dominan a todos los presentes.

El emperador llegó más temprano que de costumbre.

Y todos confirmaron que realmente algo extraordinario iba a suceder.

Porque Nerón, además de Tigelino y Epafrodito, trae consigo a Cayo Casio y una centuria de la falange de Alejandro Magno. (Legión de reclutas de más de seis pies de estatura y fuerzas de gladiadores)

También aumentó el número de pretorianos y traía con él a Xavier, el mejor de los oficiales y jefe de la guardia personal de los pretorianos.

0marco CENTURION XAVIER

Y todos comprendieron que el César había tomado todas las precauciones para protegerse totalmente,

En caso de un estallido de desesperación por parte de Marco Aurelio.

Y esto avivó aún más la curiosidad.

Todas las miradas se fijaron expectantes en el sitio en donde se encuentra sentado, el infortunado protagonista de la nueva tragedia.

Y se quedaron sorprendidos…

00marco-y-neron-circo

El joven tribuno se ve elegante y majestuoso.

Seguro de sí mismo. Con sus ademanes tranquilos y su sonrisa gentil, además de su cordialidad de siempre.

Nada muestra el drama que está viviendo.

Sólo su rostro está un poco más pálido.

Petronio no tiene ni la más mínima idea de lo que va a suceder.

Está silencioso y muy pensativo…

Y el espectáculo dio comienzo.

circo-romano-gladiator

En la primera parte, las esperadas luchas de los gladiadores y el cruce de apuestas.

Después del intermedio, siguieron los cristianos.

Finalmente llegó el Día de la Victoria…

Y caminaron de la cárcel al Anfiteatro, como si fueran al Cielo:

Radiantes de alegría, hermosos y llenos de dignidad en su porte

Emocionados pero no de miedo, sino de gozo.

circo-desfile

Regina es la última.

Avanza con el rostro luminoso y el paso tranquilo, como una princesa celestial y una preferida de Dios. El esplendor de su mirada obliga a todos a bajar los ojos.

También Alondra va gozosa de que su afortunado parto, le permita luchar contra las fieras, para purificarse ahora con el bautismo de la sangre.

Cuando llegaron al Anfiteatro habían querido obligarlos a disfrazarse: a los hombres de sacerdotes de Saturno y a las mujeres de sacerdotisas de Ceres.

Pero Regina se opuso con invencible tenacidad…

alegando esta razón:

–           Hemos venido aquí voluntariamente para defender nuestra voluntad de creer.

Sacrificamos nuestra vida para no tener que hacer cosa semejante. Este fue nuestro pacto con ustedes. Respeten nuestra sentencia.

Y la injusticia tuvo que ceder ante la justicia. El tribuno autorizó que entraran tal como venían.

-notes-de-musique-

Y lo hicieron cantando y alabando a Dios.

Regina canta pisando ya la cabeza del egipcio.

Los mártires desfilaron con su rostro levantado con gallardía.

Pues desde que fueron arrestados y atormentados para hacerlos apostatar, ellos recibieron los castigos con alegría, pues compartieron así los sufrimientos de Cristo.

El señor que había dicho: “Pidan y recibirán” dio a cada uno, por habérselo pedido, el género de muerte deseado.

Conversando entre ellos, Uriel afirmó estar dispuesto a ser arrojado a todas las fieras, para merecer una corona más gloriosa.

Y primero experimentó las garras de un leopardo y luego fue despedazado por un oso.

En cambio, a Lewis le horrorizaban los osos y desde la cárcel había dicho que sucumbiría, por la dentellada de un tigre.

Y le soltaron un jabalí que no lo despanzurró a él, sino al cazador que se lo había echado y murió pocos días después de los juegos.

Lewis solo fue arrastrado por la arena,dejándolo lleno de contusiones y arañazos, pero sin hacerle mayor daño.

Entonces fue amarrado a un poste para que lo atacara un oso. Pero el oso no quiso salir de su jaula.

Y así por segunda vez, Lewis fue retirado ileso.

Cuando estaba junto a la puerta exhortaba así al soldado Aiden:

–           Como puedes ver, ninguna fiera me ha tocado hasta este momento. Cree pues con todo tu corazón.

Ahora avanzaré en la arena y un tigre me matará con una sola dentellada.

tigre-rugiendo

Y efectivamente, le soltaron un tigre que de un mordisco lo sumergió en su sangre y se alejó para atacar a otra presa.

Entonces Aiden se acercó a Lewis, que yace agonizante.

Éste le pidió el anillo de su dedo, lo empapó en su herida y se lo devolvió, para dejarle en herencia su recuerdo y una prenda de su sangre.

Y le dijo:

–           ¡Adiós! ¡Acuérdate de la Fe! Y que estos sufrimientos no te turben, sino que te fortalezcan. -Luego se desmayó.

Y enseguida fue degollado junto con los demás.

Algunas mujeres fueron presentadas en el Anfiteatro desnudas y fueron devoradas por las fieras.

circo-arena-cristianos

Y otras vestidas con su ropaje cotidiano, para éstas ha sido reservada una vaca bravísima.

La elección es insólita, pero fue como para hacer con la bestia, la mayor injuria a su sexo.

La multitud silba e impreca.

Ellas se afirmaron en medio de la arena.

Y Damián se dirige a la multitud:

–           Haréis mejor en demostrar vuestro coraje siguiéndonos en la Fe y no insultando a los inermes, que devolvemos vuestro odio orando por ustedes y amándolos.

Bendecimos las varas con las que nos habéis fustigado, las cárceles, las torturas, el haber arrancado a las madres de sus hijos.

Ustedes, mentirosos que dicen ser civilizados, esperaron que una mujer pariera, para después matarla en el cuerpo y en el corazón, separándola de su creatura.

No nos cambiaron el corazón, ni al cuanto al amor de Dios, ni en cuanto al amor del prójimo.

Si las tuviéramos, cientos de veces  daremos la vida, por nuestro Dios y por vosotros, para que también lleguéis a amarlo.

jesus-abrio-las-puertas-del-cielo

Y por ustedes rogamos, mientras ya el Cielo se abre sobre nosotros para recibirnos…”

‘Pater Noster’…

Y una vez más, en el portentoso coliseo, el canto se eleva glorioso.

Simultáneamente se abre un portón bajo e irrumpen unos enormes y poderosos toros.

TOROS

Son unas bestias formidables. Cuando menos pesan media tonelada cada uno.

Son tan veloces en la corrida que parecen bólidos.

Como una catapulta adornada de cuernos punzantes, embisten al indefenso grupo.

Las levantan sobre los cuernos.

Las sacuden en el aire como si fueran trapos, las vuelven a bajar, las pisotean.

Vuelven a huir enloquecidos y trepidantes. Se detienen. Resoplan embravecidos.

Y regresan a embestir…

Regina, tomada como una pajilla por la cornamenta del animal, es levantada en el aire y luego arrojada con fuerza muchos metros más allá, cayendo de espaldas.

Aun cuando está herida, apenas se incorpora se recoge la túnica desgarrada y se cubre el muslo.

Más preocupada por el pudor, que por el dolor.

Deteniéndosela con la mano derecha va hacia Alondra, que está caída de espaldas y con una atroz rajada en el vientre.

La cubre y la ayuda a levantarse, sirviéndole de sostén a la hermana herida.

La bestias regresan una vez más y las embisten otra vez.

Las sacuden.

Pisotean a los malheridos que yacen en el suelo, buscando hundir en ellos sus pavorosas cornamentas.

Finalmente; las fieras son retiradas.

Mientras tanto, Regina se acomoda el broche que sujeta sus cabellos.

No es conveniente que una mártir sufra con los cabellos desgreñados, para no dar una apariencia de luto en su gloria.

Después de componerse, ve a Alondra tendida en el suelo.

Entonces se incorpora, se le acerca, le da la mano y la levanta.

Ambas mujeres se mantienen erguidas.

Y luego son llevadas a la Puerta de los Vivos.

Allí Regina es recibida por el soldado cristiano Juan Pablo.

Ella suspira profundamente.  Como si se despertase de un profundo sueño…

¡Tan largo había sido el éxtasis en el espíritu!

Empezó a mirar en torno a sí y ante estupor general, preguntó:

–           ¿Cuándo nos van a echar esa vaca que dicen?

Al decirle que ya se la habían echado.

Ella no quiso creerlo, hasta que vio en su cuerpo y en su vestido, las señales de la embestida.

Luego llamó a los demás cristianos y les dijo:

–           Permanezcan firmes en la FE. Ámense los unos a los otros y no se escandalicen por nuestros sufrimientos.

Luego, los heridos fueron conducidos al centro de la arena y los bestiarios hicieron ingresar a los gladiadores, para que cumplieran su obra.

Todos permanecieron inmóviles a la espera del golpe mortal.

Lewis, que en la visión de la escalera subía primero y en su cúspide debía esperar a Regina, fue el primero en rendir su espíritu.

Por su parte, ya fuese piedad o inexperiencia, el gladiador de Regina no sabía matar.

No tomó el punto justo y solo la hirió.

Regina, sintió el dolor y gritó al ser punzada en las costillas.

Lo miró dirigiéndole una dulce sonrisa y dijo al turbado atleta:

–           Hermano. Deja que yo te ayude.

Enseguida, ella misma le tomó de la mano y dirigió la espada hacia su garganta.

Y apoyando la punta contra la carótida derecha, dijo:

–           ¡Jesús, a Ti me encomiendo!

Y mirando al gladiador, agregó:

– Empuja hermano. Yo te bendigo.

Desviando la cabeza para que la espada penetre fácilmente, ayuda al nervioso gladiador.

regina rostro

Sin duda alguna mujer tan excelsa no podía morir de otra manera.

Hasta tal punto el Demonio le temía.

Los santos intrépidos en su amor por Dios, al martirio del corazón se han unido el de la carne.

¡Si así amaron a sus verdugos!… ¿Cómo habrían amado a sus hijos?

Eran jóvenes y felices en el amor a su familia, a sus creaturas.

Pero Dios debe ser amado sobre todas las cosas… Y ellos amaron así.

000aurora-5Se arrancaron las entrañas y el corazón, al separarse de sus pequeños, pero la Fe no muere.

Ellos creen en la otra vida firmemente.

Y saben que ésta es para quién sabe ser fiel y persevera hasta el fin.

Ley en la Ley, es el Amor Han dado la vida hasta el sacrificio total por amor a su Dios y porque quieren que los más caros a su corazón lleguen al Reino.

000aurora1

Y para guiarlos, trazaron con su sangre, una señal que va de la tierra al Cielo, que esplende y que llama…

¿Sufrir? ¿Morir? ¿Qué cosa es? Es un instante fugaz.

No es nada aquel instante de dolor con respecto al futuro que los espera.

¿Las fieras? ¿La espada? Son benditas, porque son las que dan la Vida…

La arena fue limpiada rápidamente.

circo-augustanos

En el Anfiteatro las albas togas, la colorida multitud y el impresionante lujo que rodea al emperador, hacen digno marco al momento culminante de ese día.

Petronio se toca la frente con los dedos, mientras apoya su codo en las rodillas.

Tiene su corazón lleno de compasión por su sobrino.

Y además está bastante irritado, porque el César ha estado mirando a través de su esmeralda a Marco Aurelio, esperando deleitarse con su congoja y su tremendo sufrimiento…

Para describirlas después en unas patéticas estrofas, con las cuales conquistará el aplauso de su público.

neron2

Lo único que lo alegra y lo enorgullece, aunque no lo comprende en lo absoluto…

Es la actitud llena de dignidad que ha mantenido Marco Aurelio, para total frustración de Nerón.

Se oyen las trompetas y el Prefecto de la Ciudad agitó un pañuelo rojo.

Rechinaron los goznes de una puerta situada en el costado opuesto al Pódium Imperial.

Y del oscuro antro, salió Bernabé a la arena.

La tarde ya es avanzada, pero el sol ilumina todavía con brillantes fulgores.

El gigante cierra los ojos como deslumbrado por la luz y se adelanta hasta el centro, mirando a su alrededor como queriendo comprender que es lo que le está reservado.

bernabe

Ya se corrió el rumor de que éste hombre es el que derrotó a Atlante.

Por eso con su entrada, un fuerte murmullo recorre a la multitud.

En Roma hay gladiadores grandes y con fuerzas superiores al promedio general de hombres fuertes y atléticos.

Pero los ojos de los romanos no habían visto jamás un gigante parecido a Bernabé.

Cayo Casio al pie del Pódium del César, se ve raquítico al lado del parto.

Todos contemplan con placer de conocedores, aquel cuerpo poderoso, sostenido por dos piernas tan fuertes como columnas.

Su pecho es amplio, como dos escudos unidos y sus brazos son hercúleos.

El murmullo y la admiración van creciendo.

hercules-2014-the-rock-wallpaper-3

Este asombroso ser humano parece un Hércules.

Totalmente desnudo, es como un coloso de mármol.

Mirando sorprendido a su alrededor con sus grandes ojos azules que tienen la inocencia de un niño.

En el momento en que ingresó en la arena, creyó que le esperaba una cruz…

Pero cuando no la ve, piensa que es indigno de semejante privilegio y sabe que deberá esperar la muerte de otra manera.

Está desarmado. Levantando sus ojos al cielo, cae de rodillas y empieza a orar con la Oración Sublime: ‘Pater Noster’…

circo-publico-romano

Esto desagrada a la multitud.

Están cansados de ver morir a los cristianos como mansas ovejas.

Este gigantón va a ser un desperdicio, si no se defiende.

Y por lo tanto, también el espectáculo será un completo fracaso.

Y empieza la rechifla…

Llaman a gritos a los mastigophori, cuyo oficio es azotar a los combatientes que se resisten a luchar.

Entonces se volvieron a oír las trompetas de bronce, seguidas por el penetrante sonido del cuerno.

Y se hizo un silencio sepulcral,  pues nadie sabe lo que espera al gigante.

Ni si estará dispuesto a combatir, cuando se vea cara a cara con la muerte.

Y se abrió el enrejado de las fieras.

En medio de los gritos de los bestiarios, con un rumor trepidante…

Se precipitó sobre la arena, un enorme Uro germano que trae atado sobre la cabeza, el cuerpo desnudo de una mujer.

Marco Aurelio se levantó como una catapulta.

Y exclamó:

–           ¡OH, NO! ¡¡¡Alexandra!!!… –Su voz fue un grito angustiado.

circo-toro-bernabe

Y agregó:

–           ¡Jesús mío, te entrego todo! ¡Yo te amo y confío en Ti!

Y el sonido de sus palabras, se apagó con un suspiro de ansiedad.

Petronio gritó a su vez:

–           ¡No puede ser!circo-vestales

Y todos los augustanos se levantaron de sus asientos, como movidos por un mismo impulso…

Pues en la arena ocurre algo insólito:

Aquel hombrón que parecía estar sumiso y arrodillado esperando la muerte…

Apenas vio a su reina entre los cuernos del formidable animal que resopla furioso.

Saltó y corrió a su encuentro.

Con la rapidez de un relámpago, Bernabé cayó sobre la bestia feroz.

De todas las gargantas salió un grito de asombro, después del cual siguió un profundo silencio.

Y todos los pechos contuvieron el aliento…

Nadie puede creer lo que está sucediendo, pues jamás se ha visto nada semejante:

Bernabé tiene al toro cogido por los cuernos.

Sus pies se han enterrado en la arena hasta los tobillos.

bernabe

Tiene la espalda doblada como un arco.

La cabeza se le hunde entre los hombros.

Y en los brazos le resaltan sus poderosos músculos en tal forma que parece que la piel le va a estallar, por el heroico esfuerzo…

Y la tremenda presión ejercida para detener al toro en su embestida.

El hombre y la bestia permanecen así, hasta que llega el momento en que los espectadores creen estar mirando un cuadro suspendido en el tiempo.

Pues es como contemplar a una escultura viviente…

bernabe-circo

Pero en aquel aparente reposo, están dos poderosas fuerzas en pugna, trabadas en una lucha mortal.

El toro también tiene hundidas las patas en la arena y su negro y peludo cuerpo, está encorvado de tal modo,

que parece una bola gigantesca.

¿Cuál de los dos cederá primero? ¿Cuál de los dos será vencido?

Esa es la pregunta crucial para los enamorados de tales lidias.

Aquel parto se está presentando ante sus ojos como un héroe mítico, digno de ser glorificado con estatuas.

Sólo las venas que resaltan a través de la blanca piel de Bernabé palpitando con la sangre que circula por las mismas,

revelan que es un ser humano vivo, el que protagoniza aquel drama insólito.

neron11

El mismo emperador se ha puesto de pie y mira pasmado igual que los demás, aquella escena increíble.

Se ha quedado paralizado, igual que todos los espectadores.

Tanto él como Tigelino urdieron aquel espectáculo,

diciendo con burla:

–           Alexandra será Europa raptada por Zeus…

raptodeuropa

–           Veremos si ese vencedor de Atlante, mata el toro que escojamos para él.

Y soltaron la carcajada saboreando con anticipación,

la tragedia en que sumirían tanto a Marco Aurelio, como a Petronio.

Ahora contemplan atónitos aquel cuadro, que más que realidad, parece una fantasía imposible.

En el Anfiteatro, algunos han levantado los brazos y permanecen en esa postura.

El sudor y el esfuerzo se reflejan en el rostro de otros, como si fueran ellos los que estuvieran luchando con la fiera.

El silencio es absoluto…

El único ruido que se escucha es el chisporroteo de las antorchas y los bufidos del furioso animal.

En el ambiente flota una increíble emoción por aquel impactante suceso.

Y aunque los labios están callados y el silencio es total.

Los corazones palpitan trepidantes y los pechos parecen estallar.

El tiempo parece haberse detenido…

Pero el hombre y la bestia siguen trabados en el titánico esfuerzo.

Y los dos permanecen clavados en el suelo.

Un minuto parece un siglo.

El suspenso se vuelve insoportable…

Entonces un bramido sordo.

Semejante más bien a un ronco gemido, se escucha en la arena…

Seguido por un grito ahogado que escapa de todas las gargantas.

Luego regresa aquel silencio expectante…

Nadie puede creerlo aunque lo están viendo.

bernabe

La enorme cabeza del toro, que pesa más de media tonelada…

empieza a doblarse lentamente, entre las poderosas manos de hierro del parto.

El rostro, el cuello, los brazos de Bernabé, se ponen de color púrpura.

Y su espalda se encorva todavía más.

Es evidente que está reuniendo los restos de unas fuerzas sobrehumanas,

pero que no podrá resistir por mucho tiempo más.

Los segundos parecen alargarse y forman minutos angustiosos.

Entonces más sordo, más ronco y más doliente se va haciendo el bramido gemebundo del toro,

al mezclarse con el jadeo silbante que exhala el pecho del atleta.

Y la cabeza de la bestia se va doblando más y más, hasta que por la mandíbula se desliza hacia fuera, una larga lengua llena de espuma.

Un momento después, se escucha el sordo crujido de huesos rotos…

Y la bestia rueda por la arena con el cuello retorcido por las vértebras rotas.

El toro está muerto.

Nerón está paralizado, con la boca abierta por el asombro,

mirando el inesperado desenlace de su Fiesta Brava.

Bernabé desata rápidamente las cuerdas que sujetan a Alexandra sobre los cuernos del toro.

Y al levantarla se nota su precipitado acezar.

Tiene el semblante pálido, los cabellos y el cuerpo húmedos por la transpiración y el esfuerzo realizado.

Por unos instantes permanece parado…

Después exhala un profundo y muy largo suspiro…

Y luego, como si despertara de un sueño;

alzó sus ojos y miró a los espectadores…

Y el público enloqueció.

circo

Las murallas temblaron ante el retumbar estruendoso de los aplausos y los gritos, de millares de personas.

Desde la más antigua historia de los Juegos, jamás había habido en el Circo, una exaltación semejante.

Todos se llenaron de un apasionado frenesí.

Los que estaban sentados en la parte más alta del Anfiteatro, bajaron formando un tumulto apiñado en los pasillos.

Para poder contemplar más de cerca aquel portento de fuerza.

Y por todas partes se empezaron a oír gritos pidiendo gracia.

Gritos apasionados y persistentes, que pronto se convirtieron en un continuo y poderoso reclamo.

Bernabé se ha convertido en el favorito de aquel pueblo enamorado de la belleza y de la fuerza físicas.

Y a partir de este momento es el personaje más célebre de Roma.

hercules-cover-movies-wallpaper-desktop-281

Bernabé, finalmente comprende que la multitud está haciendo esfuerzos,

para concederle la vida y regresarle la libertad.

Pero su pensamiento no está solamente en él.

Paseó su mirada a su alrededor, por unos instantes, abarcando todo el Circo.

Luego avanzó con paso firme, hasta el Pódium Imperial.

bernabe

Y sosteniendo el cuerpo de Alexandra entre sus brazos extendidos,

alzó hacia el César sus ojos suplicantes y levantó hacia él; el cuerpo de la doncella,

diciendo con voz sonora y fuerte:

–           ¡Ten piedad de ella! ¡Por ella he luchado! ¡Da la gracia para ella!

Los espectadores comprenden al punto lo que está pidiendo Bernabé.

Ante la vista de aquel estremecedor drama,

la emoción cundió por todo el Anfiteatro como una enorme ola, conmoviendo a toda la multitud.

Todos admiran el bellísimo cuerpo de la doncella desmayada, que parece de alabastro.

Y recuerdan el horrendo peligro del que acaba de sustraerla el gigante…

Su hermosura esplendorosa y su trágico amor, movieron por fin a misericordia a aquellos corazones.

Aquel hombre parece un padre pidiendo la gracia para su hija.

Y la compasión se extendió como una oleada.

Ya se ha vertido suficiente sangre.

000marco-popea

Entonces Marco Aurelio que también estaba paralizado;

corrió y saltó la barrera de los asientos delanteros de la arena.

Y se precipita hacia ellos; cubriendo con su manto, el cuerpo de su esposa.

Enseguida descubre su torso desnudo y muestra las cicatrices que dejaron en él, heridas en la batalla en contra de los armenios.

Y extiende las manos hacia la concurrencia…

marco-circo-2

Y entonces se desborda el entusiasmo general.

La multitud golpea furiosamente con los pies y gritan exigiendo gracia.

El pueblo ahora no solo se ha puesto de parte del atleta.

Sino que también se alza en defensa del soldado, de la doncella y del amor de ambos.

Los millares de espectadores se vuelven hacia el César con llamaradas de cólera en los ojos.

Y los puños crispados por la impaciencia.

Popea ha perdido su expresión sonriente e impasible.

neron

Mira furiosa e impotente alternativamente: a sus odiados protagonistas, al César y a la multitud.

Pero Nerón se mantiene en suspenso y vacilante.

En realidad no siente ningún encono contra Marco Aurelio y la suerte de Alexandra no le importa.

Lo único que lo disgusta es que sus planes se hayan arruinado…

Y Tigelino, queriendo vencer una vez más a Petronio,

Le dijo:

–           No cedas divinidad. Tenemos a los pretorianos.

El emperador volteó a ver a sus oficiales…

Xavier, Cayo Casio y toda la falange de Alejandro Magno, tienen la mano en alto con la señal de gracia.

Para colmo, no hay un solo militar que no esté pidiendo lo mismo.

petronio0pulgar

Y la furia, comenzó a dominar a la multitud.

Siguen golpeando con los pies…

Y empiezan los gritos de:

–           ¡Asesino!

–           ¡Matricida!

–          ¡Incendiario!

Y esto lo llena de alarma.

Los romanos son señores absolutos en el Circo.

Los anteriores césares y en especial Calígula, se permitieron a veces contrariar la voluntad del pueblo.

Pero esto había traído como consecuencia, sangrientos disturbios.

Nerón como actor, no se puede dar ese lujo.

Como cantante tiene necesidad del favor del público.

Y además, también con su fuerza, es como se opone contra el senado.

Especialmente después del Incendio, ya no puede provocarlos más.

Porque además de peligroso, podría haber consecuencias desastrosas.

Volvió a mirar a los augustanos y a los soldados…

Y vio el disgusto en sus semblantes y en sus ceños adustos.

Y contra su voluntad, alzó la mano y volvió el pulgar hacia arriba.

Y se desató una tempestad de aplausos que hizo estremecer el Anfiteatro.

El pueblo ha asegurado la vida de los condenados.

Y desde este momento quedan bajo su protección.

El mismo emperador no se atreverá a perseguirlos por más tiempo con su venganza.

desfile triunfal romano

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


bacanales-en-el-imperio-romano

El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fuera César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

FIESTA FLOTANTE 1

Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad)

Formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo.

Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres, adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

ninfas-bouguereu

Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas.

En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes.

Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…

Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…

Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

0-orgia-banquete-romano-l-7378vy

Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’.

Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas.

Los acordes de la música, invaden el ambiente.

El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general.

Y las rosas siguen cayendo…

banquete

Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista.

Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

neron2

De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete…

Sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos…

Y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial, saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio…

Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno.

marco-popea

Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso.

Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento.

Pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza…

00paris

Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico.

Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes.

Acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria.

Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad.

Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído.

El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

banquete-3

Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión.

Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja que…

Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

0000popea-sabina

Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta.

Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto.

Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono.

Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio.

En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular…

Nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón.

Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron…

Mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido…

Y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

neron

A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran.

Recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró con crueldad y advertencia…

Y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder.

Enseguida miró a Vitelio, agregando:

–       Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror.

Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio, que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella, está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido.

neron-3

Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu…

Y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse.

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón.

Para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años.

Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza.

Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa…

A pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión.

alex actea margarita

Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho.

Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón.

Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

fiesta-danzantes

Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos…

Y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron.

Y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes…

Que son una muestra excelente de juventud y belleza:

Cuerpos y rostros perfectos. Portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones, en las cuales él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro.

No fueron retadores ni altivos.

Sólo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo.

Sin ninguna turbación o nerviosismo.

¡Y nadie le hizo una reverencia!

Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto.

Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos.

petronio

Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así.

Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible…

Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel.

Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos…

Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

neron enel banquete

Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló…

Y que al parecer NO está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

Y con una voz contenida y terrible, preguntó:

–            ¿Quién dijo eso?

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y…

Que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo…

Y ante la mirada interrogante del César, agregó:

–       Mi nombre es Oliver y soy cristiano.

Cierto es que tienes poder sobre nosotros.

Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos.

Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido.

A tu pesar, también tú obedeces los Designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza…

templos-vivos

Y dijo:

–           ¡NO! Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero. Y NO puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo.

Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

Ella se irguió aún más.

Y su voz continuó tranquila declarando:

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo.

Y estamos aquí, NO PARA TU DELEITE, sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

Otra voz dulce y femenina lo interrumpió:

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… 

Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose:

–       Soy Margarita y soy cristiana…

Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás.

Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir.

Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón…

Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea.

Y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio…

Cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita…

Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba…

Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?

Da un paso al frente mientras agrega:

–      Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–            El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

000_Holy_Trinity-1a

Nerón pregunta perplejo:

–           ¿Son tres dioses?

Otra voz masculina le responde:

–           NO.

Y el que habló dio un paso al frente mientras continua:

–      Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero.

Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo.

Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–       ¡Todopoderoso!

Y con gran sarcasmo agrega:

–      ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–         Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús.

Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y Gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.

Agrega con voz  muy dulce, identificándose:

–         Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…

Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos?

En este momento yo soy vuestro dios.

Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador.

Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite…

porque hasta los músicos se han quedado paralizados, viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales…

Y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano.

¡Y te aclaro que NO haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo!– Dice mientras recorre con una mirada significativa…

Las pinturas y las estatuas que adornan el salón.

Y finaliza con tono solemne, como si fuera un maestro, ante un alumno díscolo:

–       En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina.

Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él…

Mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero NO me perjudicarás.

Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos.

Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti.

Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma…-espada-sangrienta-

Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

La voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano…

Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos.

Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos.

Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz, en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más.

Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció.

Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván…

Y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso.

Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso…

Lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo.

arcangel

Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada.

¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida.

Ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos!

Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice:

–        ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

orgia-romana

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

60.- RESPUESTA DE DIOS EN EL TULLIANUM


CÁRCEL MAMERTINE

El Anfiteatro ha sido terminado y todo está listo para que comiencen ‘Los Ludus Matutinus’ (Juegos de la mañana)

Pero esta vez, a consecuencia del increíble número de víctimas, parece que continuarán muchas semanas más que lo acostumbrado y lo programado para esta ocasión en particular.

Ya no hay en donde poner tantos cristianos.

Las prisiones están atestadas y la fiebre hace estragos en ellas. Muchos están muriendo y las fosas comunes empiezan a llenarse de cadáveres.

Todas estas noticias llegan a oídos de Marco Aurelio, extinguiendo hasta los últimos restos de su esperanza.

Ya no abriga el propósito de sobrevivir a su esposa y ha resuelto morir junto con ella.

En esta hora tremenda, lo único que lo sostiene, es la Gracia de Dios.

Por motivos diferentes, Petronio y todos sus amigos piensan lo mismo y creen que cualquier día se abrirá para él, la Mansión de las Tinieblas.

Dos días antes del inicio de los Juegos, Marco Aurelio fue como siempre a acompañar a Alexandra, para verla aunque solo sea a través de la pequeña abertura por la cual le pasan los alimentos.

Ella, después de saludarlo, en un dulce coloquio lo instó a que fuera al Tullianum y él protestó:

–           Pero mi amor ¿Por qué quieres que vaya a ese pútrido calabozo?

TULLIANUM

Ella le contestó con dulzura:

–           Anoche mi ángel me dijo que te dijera que vayas ahí. Dios te tiene una respuesta.

Marco Aurelio no dice una palabra más.

Va al lugar mencionado y es testigo de las condiciones infrahumanas en que viven los cristianos, en las terribles cárceles romanas.

En una edificación que parece un pozo circular de escasos cinco metros de ancho y otros tantos de alto que no tiene ventanas, una puerta de hierro estrecha y pequeña, parece embutida en un murallón que tiene casi un metro de espesor.

En el centro del techo hay un agujero circular como de noventa centímetros de diámetro y que sirve tanto para la ventilación, como para evacuar las inmundicias de la celda que hay arriba.

En el pavimento de tierra batida hay otro agujero del que exhala un hedor que indica el paso de una cloaca que desemboca en el río.

El sitio es malsano, húmedo y pestilente… Los muros resuman agua y el suelo está impregnado de materias pútridas.

En este horrendo lugar en el que reina una densa penumbra que apenas permite entrever lo más preciso, hay dos personas…

Una de ellas se encuentra tendida en el suelo húmedo, junto a la pared y encadenado a un pie, sin que haga ningún movimiento.

La otra está sentada cerca de ella, con la cabeza entre las manos.

En la celda de arriba se oye un murmullo en el que se mezclan voces de hombres y de mujeres, de niños y de ancianos. Voces frescas de jovencitos, junto con otras, fuertes de adultos.

De vez en cuando entonan himnos melancólicos o triunfantes, que aún dentro de su suave melodía, muestran una gran paz.

Las voces resuenan contra los gruesos muros, como en una sala de conciertos.

coro-choir-performance-567440-wallpaper

Y el Himno se levanta armonioso:

                        Condúcenos hasta tus frescas aguas

                        Llévanos a tus huertos floridos

                        Da tu Paz a los mártires que esperan,

                        Que esperan en Ti, Señor Jesús.

            Sobre tu promesa santa

            Hemos fundamentado nuestra Fe.

            Porque hemos esperado en Ti

            No nos defraudes, Jesús, Salvador.

            Marchamos gozosos al Martirio

            Para así seguirte hasta el bello Paraíso.

000las-tierras-prometidas-del-eden-perdido-el-paraiso

            Por aquella Patria lo dejamos todo

            Y a otro no queremos sino a Ti.

            En Dios solo descansa el alma mía

            De ÉL viene mi salvación

            Él es mi Roca salvadora,

            Mi Fortaleza. No he de vacilar.

            En Dios está mi gloria y salvación

            La Roca de mi Fuerza.

            Levanto mis ojos a los montes

            ¿De dónde me vendrá el auxilio?

            El auxilio me viene del Señor

            Que hizo el Cielo y la Tierra.

universo-mano-creacion

No permitirá que tropiece tu pie

            Tu Guardián no duerme

            Jamás lo rinde el sueño ni reposa

            El Guardián de Israel.

            Ten piedad de nosotros, Jesús

            Ten piedad, mi Salvador

Porque estamos hartos de injurias

Y nuestra alma está saturada

Del sarcasmo de los insolentes.

El Señor es tu Guardián

Es tu sombra protectora

Que te preserva de todo mal

Y protege tu vida.

A Ti levanto mis  ojos

A Ti que moras en el Cielo…

Y al apagarse lentamente esta última estrofa, aparece una luz en el agujero…

Un brazo que lleva una lamparita suspendida y una figura se asoma.

Entonces se hace visible el rostro de un hombre que al mirar observa que el hombre tendido en el suelo, no se mueve.

Y que el otro que está con la cabeza entre las manos, está tan sumergido en la Oración que no ve la luz.

Entonces lo llama:

–           ¡Lautaro! ¡Lautaro! ¡Es la Hora!

El que estaba sentado se pone de pie y arrastrando su larga cadena se coloca bajo la claraboya.

–           La paz sea contigo, Alejandro.

–           Y también contigo, Lautaro.

–           ¿Tienes todo?

–           Sí. Todo. Priscila se aventuró a venir vestida de hombre. Se ha cortado los cabellos, para parecer un fosor…

Y nos ha traído todo lo necesario para celebrar el ‘Misterio’.  ¿Qué hace Ramón?

–           Ya no se lamenta. No sé si duerme o ya expiró. Quisiera comprobarlo, para recitarle las preces de los mártires.

–           Te bajaré la lámpara para que puedas verlo. Será un gozo para él asistir al Misterio.

Atándole un cordón de los que se usan para ceñir la cintura, bajan el farolillo hasta las manos de Lautaro.

Es un anciano de rostro afilado y austero. Palidísimo y de escasos cabellos blancos. Tiene unos ojos bondadosos y espléndidos en su expresión.

Dentro de su miseria de encadenado en aquel fétido cubil, posee una dignidad de rey.

Desata el farolillo del cordón y va hacia el compañero. Se inclina sobre él. Lo observa detenidamente y lo toca.

Y después de poner la lámpara en el suelo, abre los brazos, en un ademán prolongado de conmiseración y ora en silencio por un minuto.

Luego pliega las manos ya casi rígidas del cadáver y se las cruza sobre el pecho.

Pobres manos heladas y esqueléticas de un hombre anciano también, muerto de inanición.

Se vuelve hacia quién espera junto al orificio y dice:

–           ¡Ramón ha muerto! ¡Gloria al mártir de la pútrida fosa!

–           ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Para el fiel de Cristo! –responden en la celda de arriba.

–           Bajad lo necesario para celebración del Misterio. No falta el altar.

Sus manos entrelazadas ya no podrán servir de sostén, pero sí su pecho inmóvil que hasta el último momento palpitó por nuestro Señor Jesús.

Bajan una bolsa de preciosa tela y Lautaro extrae de ella un pequeño lienzo, un pan ancho y delgado, un ánfora y un cáliz pequeño.

Dispone todo sobre el pecho del muerto, celebra y consagra, recitando las oraciones de memoria, a las cuales responden los de arriba.

Una vez realizada la consagración, Lautaro vuelve a verter en el ánfora el vino del cáliz.

Introduce nuevamente las Sagradas Especies en la bolsa y lo lleva todo a donde espera el cordón colgante, para subir de nuevo la bolsa a la celda de arriba.

Al tiempo que ésta asciende izada con precaución, Lautaro absuelve a su compañero de Fe con el Sacramento de la Reconciliación.

Y mientras los cristianos comulgan, vuelve a entonarse dulce y suave, el canto modulado en su mayor parte, por un coro de niños.

Cuando cesa el canto, Lautaro habla así:

“Hermanos, comprendo que ha llegado la hora del Circo y de la Victoria Eterna. Ésta ya llegó para Ramón. Para vosotros lo será mañana. Manteneos fuertes, hermanos. El tormento será de un instante; más la bienaventuranza no conocerá término.

Con nosotros está Jesús que no os abandonará, aún cuando las Especies se hayan consumido en nosotros. Él NO abandona a sus confesores, sino que permanece con ellos para recibir sin demora sus almas, lavadas con el amor y con la sangre.

¡Adelante! Rogad en el trance de la muerte por vuestros verdugos y por vuestro sacerdote. El Señor por mi mano os imparte la última absolución. No abriguéis ningún temor. Vuestras almas están ahora más blancas que un copo de nieve desprendido del cielo.”

Varias voces dicen:

–           ¡Lautaro! ¡Adiós! ¡Asístenos tú santo, con tu Oración! ¡Le diremos a Jesús que venga por ti! Te precedemos para prepararte el camino. Ruega por nosotros…

Los cristianos turnándose, se asoman al agujero. Saludan, son saludados y van desapareciendo.

Por último, izan de nuevo el farolillo, tornando más densa la oscuridad de aquel antro, en el que uno muere lentamente, junto al otro que ya murió; en medio del hedor y del rumor profundo, en las aguas subterráneas.

Arriba vuelven a resonar los cantos lentos y suaves, acompañados ahora por el anciano de venerable aspecto, el valiente sacerdote Lautaro…

Marco Aurelio, que ha asistido a toda la celebración. En un rincón se ha arrodillado y lágrimas silenciosas se deslizan por sus mejillas, mientras ora con la cabeza inclinada y los ojos cerrados.

De pronto siente un toque muy delicado posarse sobre su hombro.

Es una mano pequeña.

Y al levantar el rostro, ve frente a sí a un niño muy hermoso que le mira con dulzura y le ofrece las Sagradas Especies: un pedazo de Pan y el ánfora…

Mientras le dice:

–           No llores. Jesús te ama muchísimo y a ella también. ¿No tienes Fe?

Marco Aurelio lo mira asombrado y le pregunta:

–           ¿Quién eres?

–           Mi nombre es Cástulo. Si amas a Jesús, debes confiar en Él. Dice Antonio el diácono que comulgues y también le lleves la Comunión a tu esposa.

¿Acaso no sabes que esto es lo que nos hace fuertes y entonces Satanás no puede hacernos ningún daño?…

¡Oh! ¡Jesús es tan Bueno! Después que ella haya bebido, traes el ánfora y se la das a Priscila. Mira, es ella. –y señala a la joven que está recargada en el murallón.

Y el niño lo mira con una increíble sonrisa llena de confianza y alegría.

Marco Aurelio se levanta. Y sin decir nada, totalmente pasmado regresa a la celda de Alexandra.

Donde los dos comulgan y oran con absoluta adoración y recogimiento.

Luego, el joven tribuno regresa a devolver el ánfora.

Su rostro está totalmente transformado.

Es la primera vez que recibe la Comunión y su cara es radiante: llena de alegría y de una absoluta paz.

Se acerca a Cástulo, con ternura y agradecimiento le acaricia el rostro…

Y le dice:

–           ¡Gracias! ¡Muchas gracias!…

Cástulo lo mira con sus enormes y radiantes ojos azules, sonríe y dice con su vocecita firme:

–           Mañana estaré con Jesús y le pediré a Dios que se realice lo que más quieres.

–           Gracias Cástulo. Yo me llamo Marco Aurelio. Y estoy listo para hacer la Voluntad del Padre. Dios te bendiga por tu caridad. Y ruega por mí, para que yo también sea valiente como tú.

El pequeño patricio se encoge de hombros, como diciendo que no es para tanto.

Y se aleja corriendo alegre como si no le importara el lugar en donde están.

Marco Aurelio regresa con Alexandra. Bernabé también ha regresado de la celebración.

Y entre los tres conversan de lo sucedido en la Misa, la muerte de Ramón y la exhortación de Lautaro, la conversación con Cástulo y lo que significó para Marco Aurelio el recibir la Primera Comunión…

–           ¡Esta Paz! –exclama extasiado- ¡Esta paz!… ¡La Presencia del Señor es gloriosa! En estos momentos me siento tan bien, que no me importaría morir. Y me siento dispuesto a todo. ¡Es absolutamente maravilloso!

Alexandra le dice:

–           Mi amor, necesitas descansar. Llevas varios días sin dormir y sin comer bien. Vete a casa y descansa.

Nosotros estaremos bien. El Creador del Universo, vela sobre nosotros…

jesus-universo-redentor

Y saca sus manos por entre la pequeña abertura para acariciarlo…

Él se las toma y las besa.

Luego con voz resignada, dice:

–           Tienes razón carísima. Tenemos que estar listos para mañana. No les daré el gusto a nuestros enemigos de vernos vencidos. ¡Mañana temprano regresaré!

Y despidiéndose también de Bernabé, se retiró hacia la casa de Petronio.

En el camino se dijo a sí mismo con renovada fortaleza:

–           Creo en la Bondad de Dios, así tenga que verla entre las fauces de un león. Y si Tú lo quieres Señor Jesús, también toma mi vida, porque soy completamente tuyo, Dios mío… ¡Hágase tu Voluntad!

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

36.- EL PRESAGIO DE VESTA


imperio-romano-formacao-caracteristicas-crise-e-a-pax-romana

Marco Aurelio se despidió de los cristianos y les pide que cuiden de Alexandra unos días, en lo que él prepara todo para recibirla en su casa.

Cuando está a punto de partir, la abraza diciéndole:

–           Serás mi esposa ante la sociedad romana. Y en la boda entrarás a tomar posesión de mi vida, de mi casa y de todo lo que desde hoy también te pertenece a ti, porque será el patrimonio de nuestros hijos.

Será tu bienvenida a la Gens Petronia… Reyna mía, voy a prepararlo todo, para que sea digno de ti.

Alexandra contestó emocionada:

–           Es un honor y un privilegio pertenecer a ella. También yo anhelo estar contigo y te amo como tú a mí.

–           Muy pronto estaremos juntos y no nos separaremos más… Te adoro. Por favor espérame. En tres días vendré por ti, te lo prometo.

–           Te esperaré con ansia, vida mía.

Y después de besarla una vez más, se va.

En estos tres meses transcurridos, el joven tribuno adelgazó y sus facciones se hicieron más afinadas. Pero se siente radiante de felicidad, con su amor correspondido y a punto de realizarse plenamente.

Ha decidido ir caminando, para volver a sentir el ambiente romano y contemplar la urbe que ama tanto y que ahora le parece que está más bella de lo que la recordara.

Hasta el Tíber le parece que corre cantando una melodía inmortal. Y haciendo eco en su ánimo, silba alegremente mientras atraviesa con paso decidido la ciudad, hasta llegar a su casa.

Donde es evidente que nadie le esperaba…

Los esclavos creían que él seguía en Benevento y por lo tanto la casa es un desorden.

Habían organizado una fiesta y estaban en pleno banquete, cuando la presencia de Marco Aurelio los dejó congelados…

Si hubiese aparecido un fantasma, les hubiera infundido menos terror que ver al augustano frente a ellos, mirándolos con tanta severidad, que hasta la borrachera se les quitó.

Marco Aurelio no dijo ni media palabra y se encerró en la biblioteca.

A la sorpresa inicial, le siguió el disgusto. Y cosa extraña; por primera vez vio en ellos, a seres humanos y miserables que están en su poder y no simples objetos. En otro tiempo les hubiera dado un castigo ejemplar.

Pero ahora…

–          ‘Cuando el gato no está, los ratones están de fiesta’-pensó.

FIESTA

Movió la cabeza y sonrió. Luego se sentó ante su mesa escritorio y comenzó a planear sus nupcias romanas.

Además de Jesús, este es el núcleo de todos sus pensamientos. Meditó sus ideas y las organizó por escrito…

Afuera, los esclavos corrieron presurosos y rápidamente pusieron todo en orden. Reina en la casa, un silencio sepulcral.

Cuando todo estuvo en su lugar y no quedó ni rastro de lo sucedido. Esperaron…

Y pasaron largas horas.

Todos están llenos de pavor, creyendo que Marco Aurelio retarda su sentencia, para planear el tormento más cruel con el que castigará su gran falta.

Por fin, al atardecer salió de la biblioteca.

Y cuando apareció en el umbral, los esclavos estaban temblando.

Marco Aurelio llamó a Demetrio el mayordomo y le dijo que los reuniera a todos  en el segundo peristilo, pues necesita hablarles…

En todos los rostros está pintado el terror, hasta el momento de escucharle decir:

–           No voy a castigaros. Os perdono. Tratad ahora, con un servicio esmerado, de reparar vuestra falta.

Los esclavos lo miran con asombro primero y luego cayeron de rodillas a sus pies; extendiendo sus manos y llorando agradecidos, llamándolo señor y padre.

Marco Aurelio se ruborizó conmovido y dominando su emoción les dijo:

–           Todavía no termino… Escuchad… Estoy por casarme. En tres días, recibiremos en esta casa a la que será vuestra ama y señora. Me ayudaréis a  tratarla como una reina; porque eso será tanto para vosotros como para mí.

Mañana temprano iremos con el Pretor. Todos los que en esta casa tengan diez años o más de servicio, les daré la libertad. Los demás recibiréis diez piezas de oro y otros beneficios que después os diré en qué consistirán. A los que serán libertos les daré una bolsa con oro y los que deseen permanecer en esta casa, percibirán un salario de acuerdo a sus obligaciones.

Todos lo miran literalmente con la boca abierta por el asombro y se quedan petrificados.

No pueden creer lo que están oyendo y menos entender lo que está sucediendo.

Marco Aurelio continuó:

–           Por cierto Demetrio. Tú eres uno de los que recibirás tu libertad ¿Vas a ayudarme con los preparativos de mis nupcias?

000mayordomo

Demetrio, el mayordomo,  cae a sus pies:

–           ¡Amo! ¡Gracias, amo! Aunque sea libre no solo prepararé tu boda. Seguiré sirviendo a tus hijos…

Y el hombre llora como un niño.

Y el júbilo estalla en aquella casa. Ahora hay otra fiesta con una alegría más plena.

Aunque todos se plantean la misma interrogante:

¿Qué le pasó al joven patricio que no solo se ve diferente, sino que, es como si fuera una persona completamente distinta a la que conocen?

La respuesta de tal incógnita sólo la tiene, el que conoce plenamente lo que es el verdadero cristianismo.

Al día siguiente…

Hay en la ciudad una gran algarabía por el regreso a Roma de Nerón con toda su corte y es recibido por una ruidosa plebe ansiosa de juegos y de las obligadas distribuciones de cereales y aceitunas que en cantidades enormes, están depositadas en Ostia.

imperio-romano-emperador

Cuando Marco Aurelio regresó del Pretor, después de manumitir a sus esclavos,  encontró en su casa un cisio y una invitación que le ha enviado Petronio, para que vaya a visitarle.

Dio a Demetrio las instrucciones precisas para que tenga todo listo e ir luego por Alexandra.

Y enseguida partió a la casa de Petronio.

Cuando llegó, después de saludarse mutuamente; Marco Aurelio le pregunta cómo está él y cómo le va con Sylvia.

Petronio le contestó:

–           Ese asunto se acabó. ¡Oh! Me he sentido tan hastiado como el mismo César y me han abrumado pensamientos tétricos. ¿Y sabes cuál es la causa? El haber buscado en otros lados lo que estaba al alcance de mi mano… A ti te estoy doblemente agradecido: primero, porque no quisiste aceptar a Aurora.

Y  luego porque gracias a eso…Ahora soy inmensamente dichoso.  Una mujer hermosa vale siempre lo que pesa en oro. Pero si ama por añadidura, llega a ser el más inestimable tesoro. Tengo mi vida llena de felicidad. Lo que sobrevenga mañana no me importa. He encontrado la parte substancial que antes me faltaba…

Y al decir esto, llamó a Aurora.

Ésta hizo su entrada exquisitamente arreglada y vestida de blanco. Ya no es la antigua esclava. Es una impecable patricia romana…

aurora

Petronio le abrió los brazos y le dijo:

–           Ven.

Ella corrió a su lado y se sentó en sus rodillas, reclinando sobre el pecho masculino su hermosa cabeza rubia.

Los dos están enamorados… y es muy evidente. Ambos forman una bella pareja.

Petronio la mira con arrobamiento y la besa con ternura, mientras le dice:

–           ¡Dichoso quién como yo ha encontrado el amor envuelto en semejantes formas! ¡Mírala Marco Aurelio! ¡Es una escultura de Praxíteles, en un mármol palpitante de amor! ¡La copa de mi deleite está rebosante!

Aurora, divina mía: hay que preparar guirnaldas para nuestras cabezas y un refrigerio. Vamos a festejar. –añade Petronio besando sugestivo el hombro de la joven.

Y cuando ella sale, toma unos rollos de un anaquel y dice a su sobrino favorito:

–           Le ofrecí darle la libertad y ¿Sabes qué me contestó? “¡Prefiero seguir siendo tu esclava!” Y no aceptó la manumisión. Yo la he acordado sin su conocimiento. El Pretor me dispensó el trámite de exigir su presencia y ella no sabe que hoy es libre y dueña de una fortuna, pues la he nombrado mi heredera. –Y alargando hacia Marco Aurelio los rollos que tomó, agrega- También tengo un legado para ti. Ten.

Marco Aurelio lo mira confuso y asombrado, tomando los rollos sin saber qué decir.

Petronio da unos pasos por la estancia mientras dice:

–           El amor es causa de transformaciones radicales en los hombres. Nerón está cada día más loco y ninguno de los que estamos cercanos a él, tenemos seguras las cabezas en nuestro cuello.

No quiero sorpresas y me estoy preparando. Si por capricho pierdo su favor y pretende apoderarse de lo que es mío, el que se llevará una sorpresa será él.

Perplejo, Marco replica:

–           El amor… A mí me ha cambiado todo. Entiendo hasta cierto punto cómo te sientes y no sabes cómo quisiera que compartieras todo lo que siento yo… Pero no…

En ese momento anunció el mayordomo que todo está listo en el triclinium y los dos se dirigen hacia allá.

Marco Aurelio ya no insistió en el tema, pensando que aunque pudiera explicar todo lo que ha aprendido de Jesús, Petronio jamás lo entendería…

Petronio comenta:

–           Cuando dejas el lugar en donde vives se te abren nuevos horizontes. Tú has recorrido una parte del mundo, pero solo como soldado al servicio del ejército imperial. Ignoras completamente las peripecias de la política…

Marco Aurelio responde:

–           La política es lo que menos me importa en este momento.

llegada-marco-palatino

–           Pues debiera importarte. Porque todos en la familia la hemos ejercido junto con la milicia y no es algo de lo que podamos desentendernos…

Petronio se sienta al lado de Aurora y después que les han puesto las guirnaldas en la cabeza, continuó:

–           ¿Qué has visto tú al servicio de Corbulón? Nada. El mundo es amplio y no todo concluye en el Transtíber. Yo voy a acompañar al César y en el viaje de regreso me separaré de él, para ir a Chipre. Porque es el deseo de esta diosa mía de áureos cabellos. Iremos para presentar nuestra ofrenda a la divinidad de Páfos. Y haz de saber que todo cuanto ella desee, lo quiero yo también.

Aurora enamorada, dice con adoración:

–           Tú eres mi dios y yo sigo siendo tu esclava.

Petronio la abrazó estrechamente y le dijo:

–           Entonces yo soy el esclavo de una esclava. ¡Sabes divina mía que yo te adoro! –  Le plantó un gran beso…

Y dirigiéndose a Marco Aurelio, agregó:

–        Ven con nosotros a Chipre. Te mandé llamar también, porque es necesario que veas hoy mismo al César.

Tigelino nada más está buscando pretextos para perjudicarte y por el odio mortal que me tiene, trata de destruir todo lo que es caro para mí. Diremos que has estado enfermo y es necesario que meditemos bien en lo que hemos de contestar si él te pregunta algo de Alexandra…

Marco Aurelio dio un trago a su vaso con vino y contestó:

–           Ya tengo mi respuesta a esa pregunta… Voy a casarme con Alexandra y…

0marco

Petronio lo miró y dijo:

–           Está bien. Apoyo totalmente tu decisión. Pero escúchame… Esto es muy importante… Le dirás también que tu enfermedad te retuvo en tu casa. Que tu fiebre aumentó por tu desconsuelo por no poder ir a Nápoles a escuchar su canto y que te mejoraste con la esperanza de oírle. Y no te preocupe exagerar en este punto…

La vanidad ególatra de Nerón es su talón de Aquiles. Para festejarle su cumpleaños, Tigelino ha prometido obsequiar al César con algo verdaderamente grandioso y espectacular.  Considerando que él halaga la parte más oscura de la personalidad de Enobarbo y de sus más bajos instintos… Podemos esperar cualquier barbaridad.

Yo perfecciono la parte artística de la inspiración del emperador y ya no sé cuál prevalece más: si el artista o la bestia cruel… Temo que este Prefecto llegue a minarme.

Marco Aurelio lo miró serio y comentó:

–           ¿Sabes tú que hay personas que no temen al César y viven tan tranquilos como si él no existiese?

Petronio replica con un dejo de fastidio:

–           Ya sé quiénes son… Últimamente los tienes siempre presentes en tu mente: los cristianos.

–           No puedo evitarlo. Pienso que nuestra vida… ¿Qué es nuestra vida, sino un continuo error?

–           Nuestro ‘error’ como le llamas puede tener un final imprevisto, si no obramos con prudencia. Tenemos que ir juntos al Palatino, para que te presentes ante el César.

neron1

–           Pero Petronio…

–           Sin peros. No tenemos opción.

La única respuesta de Marco Aurelio es un suspiro de derrota.

Y los dos se dirigieron hacia el Palatino…

Cuando llegaron, se encontraron con que Nerón se siente irritado por haber tenido que regresar a Roma, pues él está ansioso por visitar Acaya.

Expidió un edicto declarando que su ausencia será de corta duración y que los negocios públicos, estarán bien atendidos.

templo-de-vesta

Como les teme a los dioses aun cuando insiste en no creer en ellos y desea para su viaje los mejores auspicios, decidió ir al Capitolio y visitar el templo de Vesta para presentar sus ofrendas, en compañía de todos sus augustanos.

Pero estando allí ocurrió un suceso que le hizo modificar todos sus planes.

Al estar frente al fuego sacro que ilumina la estatua de la misteriosa Vesta, súbitamente sufrió un ataque de pánico y cayó aterrorizado en los brazos de Marco Aurelio, que era el que estaba parado justo detrás de él.

Inmediatamente fue sacado del Templo y conducido al Palatino en donde pronto se repuso.

Pero ya no abandonó el lecho y asombrando a los presentes, explicó la razón de su conducta:

–           Sí. Es necesario diferir el viaje a Grecia aun cuando es mi  gran sueño…  Luego haremos unos juegos especiales para honrar a la diosa, pues cuando estaba en el Templo de Vesta, ella se acercó a mí y me dijo: “Aplaza tu viaje. No es conveniente la precipitación. Te avisaré cuando lo hagas”.

Estoy agradecido con los dioses, por la solicitud con que velan sobre mí.

virgenes-vestales

Tigelino dijo:

–           Todos nos aterrorizamos cuando la vestal Rubria se desmayó.

Nerón replicó con admiración:

–          ¡Rubria! ¡Qué níveo cuello tiene! –Y se estremeció de deseo al recordarla.

Haloto agregó:

–           Yo noté su turbación al mirar al César.

Nerón confirmó halagado:

–          ¡Cierto! Yo también lo noté y es admirable. Rubria es muy hermosa. –Por un largo tiempo parece reflexionar… Y luego agrega:

–          ¿Por qué Vesta es más aterrorizante que los otros dioses? Aun cuando soy el sumo sacerdote, hoy el miedo se apoderó de mí por completo. Solamente recuerdo que al retroceder hubiera caído si alguien no me hubiera sostenido. ¿Quién fue?

Marco Aurelio contestó:

–           Yo.

–          ¡Oh, tú fornido Marte! ¿Por qué no fuiste a Benevento? Dicen que has estado enfermo. También he oído que Atlante te quiso matar. ¿Cómo sucedió eso?

–           Así es. Y me rompió el brazo. Pero yo me defendí.

–           ¿Con un brazo roto?

–           Un bárbaro vino en mi auxilio. Era más fuerte que Atlante.

Nerón lo miró sorprendido y dijo:

–          ¿Más fuerte que Atlante? ¿Estás bromeando?

Haloto dijo:

–           Ahora tenemos a Espícuro; pero Atlante era el más hercúleo de los hombres.

Marco Aurelio confirmó:

–           Te digo César que yo lo he visto con mis propios ojos.

Nerón preguntó:

–           ¿Dónde está ese prodigio?

–           No podría decírtelo majestad. Lo he perdido de vista y no sé en dónde está.

–           ¿Y sabes de qué pueblo es oriundo?

–          Como tuve un brazo y las costillas rotas, me desmayé. No me fue posible averiguar quién era.

–           Búscalo y encuéntralo.

0tigelino

Tigelino intervino:

–           Yo me encargo de eso.

Pero Nerón siguió hablando a Marco Aurelio:

–          Te agradezco que me hayas sostenido, porque pude haberme lastimado. Raras veces te veo. ¿Acaso las campañas militares te han vuelto huraño? A propósito ¿Cómo está esa joven demasiado escuálida, de quién estuviste enamorado y que hice sacar para ti, de la casa de Publio?

Marco Aurelio se confundió ante esta pregunta…

Pero Petronio intervino rápido en su auxilio y dijo:

–           Señor. Apostaría a que ya la olvidó. ¿No te has fijado en su confusión? Los Níger son buenos soldados, pero aún mejores gallos y gustan de las aves por bandadas. Castígalo señor y no lo invites a la fiesta que Tigelino ha preparado en tu honor, en la Piscina de Agripa.

La treta dio resultado y el César se distrajo.

Nerón declaró:

–           No lo haré. Y confío Tigelino, en que allí no faltarán las bandadas de beldades.

Tigelino replicó sugestivo:

–           ¿Podrían estar ausentes las gracias, del sitio donde está presente el amor?

Nerón levantó los brazos y dijo con disgusto:

–           El tedio me martiriza. Me he quedado en Roma por voluntad de la diosa. Pero la ciudad me es insoportable. Partiré para Anzio. Aquí me ahogo. ¡Oh, si algún dios irritado quisiese complacerme!…

Petronio preguntó:

–           ¿Qué es lo que deseas?

431px-Gloeden,_Wilhelm_von_(1856-1931)_-_n__0141_B_-_Giovane_come_Nerone_-_da_-_Gloedeneries,_p_48

–           ¡Sería maravilloso si un terremoto destruyera a Roma! Yo demostraría al mundo como debe construirse la ciudad que es capital del imperio más poderoso del mundo. ¿Cómo creéis que debería llamarse esta nueva maravilla?

Vitelio respondió:

–           Nerópolis.

neronia

Tigelino insinuó:

–          ¡César! Tú deseas que algún dios irritado destruya la ciudad ¿No es así? Tú eres dios…

Nerón hizo un gesto de hastío y replicó fastidiado:

–           Mejor veamos tu obra en la Piscina de Agripa. Mañana los espero a todos.

Los augustanos empezaron a retirarse.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

32.- UNA BODA INESPERADA


vasarri-boda-romana

Marco Aurelio escuchó al anciano Pontífice, hablar de Jesús y de su Doctrina.

Y lo que escuchó lo cautivó y lo dejó reflexionando… Y aumentó su atracción por Aquel Dios Desconocido que empieza a descubrir…

A partir de aquel día, Alexandra se acercó con menos frecuencia al lecho del enfermo. Y no volvió a hacerlo sola. Pero observaba que él la seguía con la mirada suplicante y vivía pendiente de cada gesto y palabra suya, cual si fuera un favor inestimable.

Vio que sufría y no osaba quejarse por temor de alejarla de su lado. Que para él, solo ella era la felicidad y la salud.

Y ella se siente atraída con los encantos secretos que el amor inspira y que Marco Aurelio ejerce cada vez  con más fuerza sobre ella.

Y conforme pasan los días y se acerca a su lecho, ve irradiar en el rostro de él la misma alegría y el gozo que a ella la invaden.

Un día notó en sus ojos, huellas de que había llorado y sintió el deseo de enjugar sus lágrimas con sus besos.

Él se ha vuelto tan sufrido, como si hubiera hecho voto de paciencia. También ve sus esfuerzos para no hacer nada que a ella le desagrade y  por esto ella se siente grandemente amada.

Y el sentirse objeto de tanta adoración, la hace sentirse a la vez dichosa y culpable.

El joven patricio le había escrito una carta a Petronio y la contestación fue ésta:

Tito Petronio     a     Marco Aurelio Petronio.

Salve.

Por favor carísimo. Puesto que te encuentras herido y según dices te están pasando cosas estupendas. (Aunque no especificas cuales) Tu laconismo no necesita explicación. Ya me contarás cuando regrese y nos veamos otra vez.

No podía creerlo cuando leí que ese gigante parto había matado a Atlante con tanta facilidad. Ese hombre vale lo que pesa en oro y solo de él depende el llegar a ser un favorito del César. Pregúntale si es una excepción o si existen más hombres como él, en su país. Sería grandioso contar con él en los juegos públicos.

Agradece a todos los dioses, el que hayas salido vivo de tales manos. Te has salvado ciertamente porque eres patricio e hijo de un cónsul. No das muchos detalles de tu convivencia con los cristianos y del tratamiento que te han dado. A pesar de lo que dices percibo tu estado de inquietud y melancolía y  sé que todo es por Alexandra.

Lo interpreto por el laconismo de tu carta. Explícate, porque hay en ella tantos enigmas; que siendo totalmente sincero, tengo que confesarte que no entiendo a los cristianos, ni a Alexandra. Y tampoco te entiendo a ti.

Y no te sorprenda que me intereses tanto. Es que yo intervine en este asunto tuyo, me siento responsable de tu situación y por eso lo considero asunto mío.

Pasando a otro asunto, quiero hacerte partícipe de mi alegría…

Haloto me ofreció por Aurora siete caballos ganadores. ¡Y los rechacé!… ¿Puedes creerlo?  Gracias también a ti, porque te negaste a tomarla.

Porque ahora yo estoy saboreando las delicias del verdadero amor y me siento muy feliz.

Contéstame pronto, pues no sé cuándo vuelva a verte. En la cabeza de Barba de Bronce, los proyectos cambian como los vientos de otoño.

En la actualidad, mientras continuamos en Benevento, desea irse directamente hasta Grecia, sin volver antes a Roma. Tigelino le aconseja que haga una visita a la ciudad, aunque sea por poco tiempo, ya que el pueblo anhelante por su persona, (léase pan y juegos) puede sublevarse si Nerón prolonga su ausencia.

Así que no puedo decirte con certeza, que es lo que va a suceder.

Considera sin embargo si no sería preferible para ti, en lugar de permanecer en Roma, una temporada de reposo en tus propiedades de Sicilia. Lo único que te deseo es que recuperes pronto tu salud porque ¡Por Zeus! Ya no sé ni siquiera que es lo que debo desear en obsequio tuyo. Adiós.

marco aurelio

Cuando Marco Aurelio recibió esta carta, pensó en no contestarla. Pero luego decidió posponer la contestación, solo un tiempo más.

Ha cambiado mucho. En sus conversaciones con Mauro, Isabel y Lautaro, hay menos orgullo. Está haciendo su efecto lo que escucha en las reuniones que hay dos veces a la semana y que llegan hasta su ventana.

También se aficionó a Bernabé, con quién suele conversar horas enteras, porque en sus conversaciones puede mezclar el nombre de Alexandra y atesora con ansia todas las anécdotas del gigantesco parto.

La vida en la casita es una rutina familiar. La hermana de Alexandra, Margarita es la confidente de la joven y la ha seguido a su ‘destierro’ particular.

alex actea margarita

Margarita también es gentil con el herido, pero se porta muy reservada y distante y Marco Aurelio lo atribuye a que está sufriendo las consecuencias de su arrebato por Alexandra.

Él no sabe que la joven es una virgen consagrada de la Iglesia Cristiana y por eso su reserva es tan extrema.

Pero un día que lo atendió en lugar de Alexandra, pudo observar con detenimiento su extraordinaria belleza y comprendió lo que Bernabé le platicara el día anterior: las dos heredaron la hermosura de su madre.

Por lo que le parece completamente incomprensible, es que siendo mayor que Alexandra, no haya conquistado el amor de un hombre y no esté casada todavía, pues si él no hubiera conocido primero a la joven que le robó el corazón, seguramente se hubiera enamorado de esta joven tan bella como misteriosa…

Por las tardes, cuando terminan las labores domésticas suelen sentarse juntas a hilar, tejer o escuchar música, mientras otra persona lee partes del Evangelio y toda la familia las reflexiona en oración comunitaria.

Santiago, el hermanito menor de David, juega mucho con un vecinito romano que se llama Fabio y junto con otros chiquillos forman la algarabía del patio.

Marco Aurelio disfruta mucho la armonía y la convivencia con casi todos los miembros de la casa. Sin embargo, a David no lo soporta y disimula la aversión que el joven le inspira.

Y la razón es que está terriblemente celoso por el amor con que Alexandra le trata.

En una ocasión David, estuvo cortando duraznos de uno de los árboles del huerto y también cortó un hermoso racimo de uvas de la vid que da sombra en una de las terrazas y envió a Fabio con el delicioso obsequio para que las entregara a Alexandra.

Y al oír que ella le daba las gracias, se puso pálido.

Y entonces Marco Aurelio habló como todo un descendiente de los Quirites, (nobles romanos) para quién todo extranjero es poco menos que un gusano.

Y en cuanto David se retiró, exclamó enojado:

–           ¡Alexandra! ¡Cómo puedes permitir que ese muchacho te haga obsequios! ¿Ignoras acaso que los griegos llaman a la gente de su nación, perros judíos?

Ella lo miró asombrada por semejante estallido y contestó:

–           Yo no sé cómo los llaman los griegos. Sólo sé que es cristiano y por lo tanto, hermano mío.

Marco Aurelio se quedó mudo, luego se dominó y le suplicó anhelante:

–           Perdóname Alexandra. Para mí tú eres una reina y… yo no… -y volvió el rostro, para que ella no lo viese llorar.

Cuando regresó David, le trató con amabilidad. Y a partir de ese momento se convirtió en su amigo.

alex-2-copia

Alexandra comprende el considerable esfuerzo que le cuestan estas victorias sobre sí mismo. Y por eso, ella le ama siempre más.

Mientras tanto Marco Aurelio reflexiona y se maravilla en el poder sobrenatural de esa Religión que tiene la virtud de cambiar radicalmente a los hombres. Comprende que hay algo extraordinario en ella, algo que no había sido conocido antes en la Tierra.

Su convivencia entre los cristianos, le ha convencido que es precisamente esta Religión, la que adorna a Alexandra con esa belleza excepcional e inexplicable que en él despertara junto al amor, el respeto. Junto al deseo, el homenaje. Alexandra se ha convertido en un ser único sobre la tierra.

Y con todo lo que le está pasando se siente inclinado a amar a Cristo. Tiene que inclinar la cabeza ante ese Dios que no comprende. Está dispuesto a sometérsele, porque algo se ha despertado en su alma… Y también es el Dios de Alexandra.

La joven observa la evolución que se opera en el alma de Marco Aurelio. Ve la lucha que sostiene consigo mismo, su mortificación, sus dudas. Y cada vez nota más el silencioso respeto que él muestra hacia Cristo. Y ello hace que su corazón se incline hacia él, con una fuerza arrolladora.

En una atracción casi imposible de resistir, hasta que…

san-pedro-apostol- Un día que Pedro llegó de visita, Marco Aurelio le llamó y le dijo:

–           Vivo asediado por la pena y el sufrimiento. Antes de conoceros me hubiera apoderado de ella y la hubiera retenido por la fuerza. Pero vuestra virtud y vuestra Religión han efectuado un cambio dentro de mí, que me apartan de la violencia.

Yo mismo no entiendo por qué me pasa esto y a vos, que al presente hacéis las veces de padre para Alexandra, os digo: si ella me acepta, dádmela por esposa y os juro que no tan solo no le he de prohibir que confiese a Cristo; sino que yo mismo anhelo iniciarme en los misterios de vuestra religión y os pido: ‘¡Dadme la Luz!’. 

Conozco todos los obstáculos, pero yo la amo más que a mi vida y no quiero perderla. Quiero amar lo que ella ama y que nuestra familia sea una familia cristiana. Porque quiero a vuestro Dios, para que sea también el mío. Disipad mis tinieblas. Ved que soy sincero.

Los hombres han dicho: ‘Grecia creó la sabiduría y la belleza. Roma creó el poder y la fuerza…’ ¿Y vosotros los cristianos, qué es lo que traéis? Os pido que reveléis los misterios que necesito conocer. Ilumíname lo que hay detrás de vuestras puertas, ¡Abrídmelas!…

san-pedro-apostol-

Pedro, cuyo corazón se conmovió ante aquella alma doliente que como ave enjaulada pugna por abrirse paso en demanda de libertad.

Extendió la mano sobre Marco Aurelio, tocándolo sobre la cabeza y dijo:

–           Traemos el Amor. ¡Tocad y se os abrirá! La gracia de Dios descienda sobre ti. La Sangre de Jesús lave tus pecados. Yo te Bendigo en Nombre del Redentor.

Hizo el signo de la cruz sobre él. Y aquel descendiente de los Quirites tomó la mano del anciano Galileo y la llevó a sus labios, lleno de gratitud y de reverencia…

Pedro se sintió complacido al ver aquella alma que es tierra propicia para la semilla divina y  en su red de pescador lo ingresa como una nueva conquista para Cristo.

Y los presentes regocijados ante aquella inesperada escena, exclamaron al unísono:

–           ¡Gloria al Altísimo!

Alexandra está atónita.

Marco Aurelio tiene su rostro radiante de alegría y le dijo desde su lecho:

–           Alexandra¿Quieres ser mi esposa, la reina de nuestro hogar? ¿Quieres ayudarme a conocer y amar al Dios tuyo, el que desde hoy será también mío y de nuestros hijos? ¿Me amas como yo te amo?

Ella comenzó a llorar de alegría y sus labios temblorosos no pueden pronunciar palabra. Está totalmente anonadada.

El apóstol la incitó:

–           Hija mía, ¿No le vas a contestar?

La joven se arrodilló delante de Pedro.

Y dijo con voz llena de humildad, sumisión y turbación:

–           Sí. Le amo. Y sí. Quiero ser su esposa.

Marco Aurelio dijo:

–           Mientras acabo de sanar, quiero instruirme para ser Bautizado. Luego haremos la boda según las leyes romanas. Y ante el mundo entero, también serás mi esposa. Te juro que te seré fiel, te amaré y te respetaré. Y desde hoy eres dueña de mi vida y de todo lo que me pertenece. – y tomando la mano de Alexandra, la llevó a sus labios, mientras la miraba con adoración…

Alexandra, temblando de felicidad, le contestó:

           También yo te juro serte fiel. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. Y mi ser te pertenece, amadísimo esposo mío.

Entonces Pedro tomó la mano de Alexandra y la puso en la de Marco Aurelio.

Y colocando sus manos en la cabeza de ambos jóvenes, declaró:

–           Amaos en el Señor y para su Gloria. Yo los declaro unidos en matrimonio: Esposo y Esposa. Y que no separe el hombre lo que Dios acaba de unir. Os Bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y Bendigo los hijos que daréis a Dios con vuestro santo amor.

Los dos jóvenes se miraron llenos de felicidad.

Alexandra se inclinó sobre el lecho, para darle un dulce beso en los labios. Y se sentó a su lado, apretando la fuerte mano masculina entre las suyas…

Los demás los llenaron de parabienes y bendiciones.

Y Pedro comenzó a narrar como Jesús hizo su primer milagro en las Bodas de Caná…

Desde ese día, Marco Aurelio se unió a aquellas reuniones donde fue conociendo a Jesús, el Dios-Hombre que le acaba de entregar el regalo más precioso que él anhelara tanto: el amor de Alexandra, Bendecido por Él.

Al despedirse, Pedro les dijo que les enviaría un evangelizador para darles la instrucción necesaria, pues los tiempos son sumamente graves…

Al día siguiente…

En la Puerta del Cielo, Mauro camina alegremente por el largo pórtico que conduce a los salones donde son instruidos los catecúmenos.

Se encuentra con su colega y amigo Lucano, el compañero en los viajes de Pablo de Tarso.

El médico evangelista y escritor, le saluda:

–           La Paz sea contigo, Mauro. ¡Qué alegría verte por aquí!

Mauro contesta sonriente:

–           Y también contigo, caro hermano mío. Terminé de dar algunos temas y voy de regreso a Roma. Allá también tengo ministerio.

–           ¿Ya no ejerces la medicina?

–           Entre los pacientes y las evangelizaciones, transcurre mi vida. ¿Y tú qué haces querido Lucas?

–           Estamos iguales. Yo estoy aquí colaborando con Pablo. Aunque le dedico más tiempo a la Palabra, ejerzo poco la medicina. Ahora estoy escribiendo. ¿Qué tema vas a dar?

–           Voy a hablar del Perdón…

–           ¡Apasionante y bellísimo! Yo voy a hablar del Octavo Sacramento.

–           ¡Somos bienaventurados! SER APÓSTOLES ES EL PRIVILEGIO MÁS GRANDE que puede darnos nuestro Señor. Sólo dime cual no es apasionante…

Y los dos se despiden y caminan en direcciones opuestas…

Mientras tanto, en la casa donde está Marco Aurelio, éste se decidió a contestar la carta de Petronio…

Marco Aurelio Petronio   a   Tito Petronio.

Salve.

Es tu deseo que te escriba lo más minucioso posible: convenido. No puedo asegurarte empero que sea con más claridad, ni que puedas entenderme. Porque yo mismo aún no sé cómo explicarlo.

Te describí mi permanencia entre los cristianos y la forma en que tratan a sus enemigos, entre los cuales tenían derecho de contarnos, tanto a Prócoro como a mí. Te conté la bondad con la que me han tratado y cómo me han atendido.

No, mi carísimo. No me respetaron porque yo fuera hijo de un cónsul. Esas consideraciones carecen de peso entre ellos, puesto que perdonaron a Prócoro a quién insté a que lo enterraran en el jardín. Son personas excepcionales, como el mundo no ha conocido hasta hoy.

Y del mismo modo sus enseñanzas son tan extraordinarias como ellos. Te aseguro que si yo me encontrara en mi casa postrado en el lecho, con un brazo y las costillas rotas atendido por los míos, aun cuando fuesen miembros de mi propia familia; por supuesto hubiera disfrutado de mayores comodidades. Pero no me hubieran hecho objeto ni siquiera de la mitad de los cuidados que ellos me han prodigado.

Y entérate también de esto: Alexandra es como todos los demás. Si hubiera sido mi hermana o mi esposa, no podría haberme atendido con mayor afecto. Y ¿Puedes creerlo?

En medio de estas personas sencillas, habitantes de este pobre aposento, que es a la vez cocina y triclinium, en donde también se encuentra el lecho donde postrado te escribo, soy  el hombre más feliz del mundo. Más que en ninguna otra época de mi vida.enamorados

Le ofrecí a Alexandra regresarla a la casa de Publio y ella me declaró que en la actualidad, eso es imposible, porque Publio y Fabiola se irán a Sicilia y porque de regresar ella a su hogar, esa noticia tarde o temprano llegaría hasta el Palatino.

Y entonces César podría arrancarla nuevamente de la familia Quintiliano. Pero Alexandra sabe que yo no volveré a perseguirla. Que he dejado atrás las medidas de violencia, que soy incapaz de renunciar a su amor o de vivir sin ella. Voy a llevarla a mi casa bajo el arco de guirnaldas que adornará la puerta. Y sentarla en mi hogar como reina, ama y señora, al convertirla en mi esposa.

Ella ya aceptó. Así que ahora es tu sobrina. En cuanto a los cristianos, aman a sus semejantes… Pero abominan nuestros dioses, nuestra manera de vivir, nuestros crímenes y nuestra corrupta sociedad. Todavía ignoro muchas cosas, pero estoy aprendiendo.

Lo único que sé con precisión, es que donde comienza esta religión, concluye el poder de Roma… Nuestro sistema de vida y la distinción entre conquistadores y conquistados, entre ricos y pobres, señores y esclavos. Concluye el gobierno, el César, la ley y el orden del mundo. Concluye también la muerte.

Y por sobre todo esto, surge la figura de Cristo lleno de una Misericordia jamás conocida y de una Bondad tan infinita, que contrasta con los instintos del hombre y con nuestros propios romanos instintos.

Y para mí, Alexandra vale más que Roma y todo su señorío. Tú sabes cuánto la amo y que no hay nada que yo no haga por su amor. Pues bien, quiero que sepas que soy augustano y de noble descendencia; pero eso no me impide ser también cristiano.

Cuando aprenda más sobre mi nueva religión, te lo comunicaré. ¡Ah! Y por cierto: tú serás el padrino de nuestras nupcias romanas. Cuídate mucho. Adiós.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

29.- EL CAZADOR, CAZADO


Marco Aurelio, después de unas horas, se sintió más penosamente mal.

Y estuvo muy enfermo en realidad. La noche llegó y con ella una violenta fiebre. Cuando ésta cedió, no podía dormir y seguía con la mirada a Alexandra a dondequiera que iba.

Por momentos caía en una especie de sopor, durante el cual oía lo que sucedía a su alrededor, pero luego se sumergía en febriles delirios.

Y así transcurrieron varios días…

Cuando recuperó la conciencia, despertó y miró alrededor de él. Una lámpara brilla dando su claridad. Todos están calentándose al fuego, pues hace frío y se ve como de sus bocas sale el aliento en forma de vapor.

Pedro está sentado, con Alexandra en un escabel a sus pies. Luego Mauro, Lautaro, Isabel y David, un joven de rostro agraciado y cabellos negros y ensortijados… Todos están atentos, escuchando al apóstol que habla en voz baja…

jesus_que_resucita_al_hijo_de_la_viuda_de_naim_poster-rc5baa666234d4bf5801889f13fda3a33_ip7cc_8byvr_1024

Y también Marco Aurelio concentró su atención tratando de escuchar lo que dice. Entiende que está hablando de la Muerte y Resurrección de Cristo y de las enseñanzas que Jesús les dio  durante cuarenta días, antes de ascender al Cielo.

Marco Aurelio pensó:

–           Sólo viven invocando ese Nombre.

Y cerró los ojos invadido por la fiebre.

Cuando los volvió a abrir, vio la brillantez de la luz de la chimenea, pero ahora no hay nadie. Trozos de leña se consumen y las astillas de pino que acaban de poner, iluminan suavemente a Alexandra sentada cerca de su lecho.

Y al mirarla se conmovió, ella está velando su sueño. Es fácil adivinar su cansancio. Está inmóvil y tiene cerrados los ojos. Él se pregunta si está dormida o solamente absorta en sus pensamientos. Contempló su delicado perfil… sus largas pestañas caídas lánguidamente, sus manos sobre sus rodillas.

Y vio que sobre su belleza exterior que es tan extraordinaria, hay otra belleza que irradia desde adentro de su ser y la hace sobrenaturalmente hermosísima…

Y aunque le repugna llamarla cristiana, tiene que aceptarla con la religión que ella confiesa. Aún más, comprende que si todos se han retirado a descansar  y solo ella permanece en vela. Ella, a quién él ha ofendido tanto, es sólo porque su religión así lo prescribe.

Pero ese pensamiento que causa admiración al relacionarlo con la religión de Alexandra, le fue también muy desagradable… Hubiera preferido que la joven obrara así, tan solo por amor a él.

Alexandra abrió los ojos y vio que él la miraba.

Se acercó y le dijo con dulzura:

–           Estoy contigo.

Marco Aurelio murmuró débilmente:

–           Y yo he visto lo que en verdad eres en mis sueños. Gracias. –y volvió a dormirse.

A la mañana siguiente despertó. Débil, pero con la cabeza fresca y sin fiebre.

Bernabé hurga en la chimenea apartando la ceniza de los carbones encendidos.

Marco Aurelio recordó como este hombre había destrozado a Atlante. Y examinó con atención su enorme  espalda y sus poderosos brazos. Sus piernas sólidas y fuertes como columnas. Y pensó: “¡Gracias a los dioses que no me ha roto el cuello! ¡Por Marte! ¡Si los demás partos son como éste, las legiones romanas NO cruzarán sus fronteras!

 Luego dijo en voz alta:

– ¡Hola esclavo!

Bernabé sacó la cabeza de la chimenea y sonriendo con expresión amistosa, le dijo con cordialidad:

–           Que Dios te de buenos días y mejor salud. Pero yo soy un hombre libre y no un esclavo.

Esto le hizo una impresión favorable, pues su orgulloso temperamento le impide el alternar con un esclavo. Éstos sólo son objetos sin índole humana.

Esta respuesta le facilita interrogar a Bernabé acerca del lugar en donde Alexandra ha nacido.

–           Entonces ¿Tú no perteneces a Publio?

Bernabé respondió con sencillez:

–           No. Sirvo a Alexandra como serví a su madre. Por mi propia voluntad.

Y se puso a agregar trozos de leña al fuego de la chimenea.

Cuando terminó, se irguió y declaró:

–           Entre nosotros no hay esclavos.

–           ¿Dónde está Alexandra?

–           Salió. Y yo voy a hacerte de comer. Ella te estuvo velando toda la noche.

–           ¿Y por qué no la relevaste tú?

–           Porque ella quiso velar a tu lado y mi deber es obedecerla. – Pasó por sus ojos una expresión sombría.-  Si la hubiera desobedecido, tú no estarías vivo ahora.

–           ¿Entonces lamentas el no haberme dado muerte?

–           No. Cristo nos manda no matar.

–           Pero… ¿Y Secundino y Atlante?

–           No pude evitarlo. –murmuró Bernabé.

Y miró con tristeza sus manos. Luego puso una olla sobre la rejilla y se quedó contemplando el fuego, con mirada pensativa.

Finalmente declaró:

–           La culpa fue tuya. ¿Por qué levantaste tu mano contra la hija de un rey?

Una oleada de orgullo irritado ruborizó las mejillas de Marco Aurelio, ante el reproche del parto…

Más como se sentía débil, se contuvo. Especialmente porque predomina el deseo de saber más detalles sobre Alexandra. Más aún con la confirmación de su linaje real, pues como la hija de un rey ella puede ocupar en la corte del César una posición igual a las de las mejores y más nobles patricias romanas.

Cuando se calmó, pidió al parto que le contase como era su país.

Bernabé contestó:

–           Vivimos en los bosques, pero poseemos tal extensión de territorio, que no se pueden saber los límites, pues más allá se extiende el desierto…-y siguió describiendo sus ciudades, la familia de Alexandra…

Sus gentes, sus costumbres y como se defendían de los que trataban de invadirlos.

Concluyó diciendo:

–       Nosotros no les tememos a ellos, ni al mismo César romano.

Marco Aurelio respondió con tono severo:

–        Los dioses han dado a Roma el dominio del mundo.

Bernabé replicó con sencillez:

–        Los dioses son espíritus malignos. Y donde no hay romanos, no hay supremacía de ningún género.

Y se volvió a avivar el fuego de la chimenea, revolviendo con un cucharón, la olla donde se cocinan los alimentos. Cuando estuvo listo, vació en un plato grande y esperó a que se enfriara un poco.

Luego dijo:

–           Mauro te aconseja, que aún el brazo sano lo muevas lo menos posible. Alexandra, me ha ordenado que te dé de comer.

00alex-princesa-azarmidokht-copia

¡Alexandra ordenaba! No había ninguna objeción que hacer. Así pues, Marco Aurelio ni siquiera protestó.

Bernabé vació el líquido en un tazón, se sentó junto a la cama y lo llevó a los labios del joven patricio. Y hay tal solicitud y tan afable sonrisa en su semblante, que el tribuno no da crédito a sus ojos.

Aquel titán tan terrible que había aniquilado a Atlante y que luego se había vuelto contra él como un tornado ¡Le habría hecho trizas si no hubiera intervenido Alexandra!

Ahora es un delicado enfermero, tan solícito como gentil, al tomar el tazón entre sus dedos hercúleos y acercarlo a los labios de Marco Aurelio.

En ese momento apareció Alexandra, vestida con el camisón de dormir y con el cabello suelto.

Marco Aurelio sintió que su corazón se aceleró al verla y la amonestó suavemente por no estar descansando.

Ella dijo con acento afable:

–           Me preparaba para dormir y vine a ver cómo estás. Dame la taza Bernabé. Yo le daré de comer.

Y tomando entre sus manos el recipiente, se sentó a la orilla del lecho, dio de comer al enfermo, que se siente a la vez rendido y gozoso.

Cuando ella se inclina hacia él, percibe el tibio calor de la joven y le rozan sus cabellos ondulados y negrísimos. Se siente desfallecer de felicidad. Está pálido por la emoción.

000alex-thomas-armstrong-mujer-con-lirios-museos-y-pinturas-juan-carlos-boveri

Al principio tan solo la había deseado y ahora siente que la adora con todo su ser. Antes solo prevalecía su egoísmo y ahora reconoce haber sido tan insensible y tan ciego, que empieza a pensar en ella y en lo que ella necesita y desea.

Como un niño obediente se tomó la mitad el contenido del tazón. Y aun cuando la compañía de Alexandra y el contemplarla lo extasían de dicha, le dijo:

–           Basta ya. Vete a descansar, diosa mía.

Ella replicó ruborizada:

–           No me llames de ese modo.  No está bien que me digas así.

Sin embargo lo mira sonriente y le reitera que ya no tiene sueño, ni fatiga. Y lo insta para que termine de comer.

Y finalizó diciendo:

–           No me retiraré a descansar hasta que llegue Mauro.

0marco1

El la escucha encantado y se siente invadido por una gran alegría y una gratitud sin límites.

Emocionado le dice:

–           Alexandra… Yo no te había conocido antes. Hasta hoy me doy cuenta que quise alcanzarte con medios reprobables. Así pues ahora te digo: regresa a la casa de Publio y descansa en la seguridad de que en adelante, no habrá ninguna mano que se levante contra ti.

Una nube de tristeza cubrió el rostro de la joven y contestó:

–           Dichosa me sentiría si llegara a verlos aunque fuera de lejos, pero ya no puedo volver a su casa.

Marco Aurelio la miró asombrado y preguntó:

–           ¿Por qué?

Alexandra le contempló por unos segundos, antes de responder:

–           Los cristianos sabemos por Actea lo que sucede en el Palatino. ¿Acaso no sabes que el César, poco después de mi fuga y antes de partir para Nápoles, hizo comparecer a su presencia a Publio y a Fabiola? Y creyendo que me habían secundado los amenazó con su cólera.

Por fortuna Publio pudo decirle: ‘Majestad, tú me conoces y sabes que no te mentiría. Nosotros no hemos favorecido su fuga e ignoramos igual que tú, que suerte ha corrido ella.’ Y el césar creyó y enseguida olvidó.  Por consejo de mis superiores, jamás les he escrito comunicándoles donde estoy, a fin de que siempre puedan decir la verdad y que ignoran dónde me encuentro.

Acaso tú no comprendes esto, Marco Aurelio; pero has de saber que entre nosotros está prohibida la mentira, aunque para ello debamos arriesgar la vida. Esta es la Religión que da norma hasta a los afectos de nuestro corazón. Y por lo mismo no he visto, ni debo ver a mis padres.

Desde que me despedí de ellos, solo de vez en cuando, ecos lejanos les hacen saber que estoy bien y que no me amenaza ningún peligro.

Al decir estas palabras la añoranza la invadió y las lágrimas humedecieron sus ojos. Pero se recuperó rápidamente y añadió:

Sé que también ellos languidecen por nuestra separación. Pero nosotros disponemos de un consuelo que los demás no conocen.

Marco Aurelio está anonadado: ¡Actea cristiana!…

Y dice lleno de confusión:

–           Sí, lo sé. Cristo es vuestro consuelo. Más yo no comprendo eso.

–           ¡Mira! Para nosotros no hay separaciones, dolores, ni sufrimiento, que Dios no transforme luego en gozo. La muerte misma que ustedes consideran como el  término de la vida, para nosotros es solo el comienzo de la verdadera Vida. Considera cuán regia es una Religión que nos ordena amar aún hasta a nuestros enemigos.

–           He sido testigo de lo que dices. Pero contéstame: ¿Ahora eres feliz?

–           Lo soy. Amo a Dios sobre todas las cosas. Y todo el que confiesa a Cristo, no puede ser desgraciado.

Marco Aurelio admiró su convicción, pero no alcanza a comprenderla y le dijo:

–           ¿Entonces no quieres volver a la casa de los Quintiliano?

–           Lo anhelo con toda mi alma. Y he de volver algún día si esa es la Voluntad de Dios.

–           Pues entonces yo te digo: ‘Regresa’ Y te juro por mis lares que no alzaré mi mano contra ti.

–           No. Me es imposible exponer al peligro a los que se encuentran cerca de mí. El César no quiere a los Quintiliano. Si yo volviera…y ya ves que rápido se extiende por toda Roma una noticia, mi regreso al hogar haría ruido en la ciudad. Nerón lo sabría, castigaría a Publio y a Fabiola. Por lo menos me arrancaría una segunda vez de su lado.

–           Es verdad. Eso podría suceder. Y lo haría tan solo para demostrar que sus mandatos deben ser obedecidos. –Y cerrando los ojos exclamó- ¡No soportaría saberte otra vez en el Palatino!

Y él sintió como si se abriera ante sí, un abismo sin fondo. Él es un patricio. Un tribuno militar. Un potentado. Pero sobre todos los potentados del mundo al que pertenece, está un loco cuyos caprichos y cuya malignidad, son imposibles de prever…

Solamente los cristianos pueden prescindir absolutamente de Nerón o dejar de temerle, porque son gentes que parecen no pertenecer a este mundo, ya que la misma muerte les parece cosa de poca monta. Todos los demás tienen que temblar en presencia del tirano.

Y las miserias de la época en que viven se presentan a los ojos de Marco Aurelio, en toda su monstruosa malignidad. Y pensó que en tales tiempos, solo los cristianos pueden ser felices.

Y sobre todo, aquilató por primera vez la dimensión del daño que le había hecho a ella. Y una honda pena se apoderó de él.

Bajo la desalentadora influencia de ese pesar; lleno de impotencia, le dijo:

–           ¿Sabes que eres más feliz que yo? Tú estás en medio de la pobreza, viviendo con gentes sencillas, pero tienes tu Religión. Tienes tu Cristo. Pero yo solo te tengo a ti. Y cuando huiste de mi lado, me convertí en una especie de mendigo en medio de mi riqueza.

0alex-4

Ella lo miró atónita y sin saber qué decir.

Marco Aurelio prosiguió:

–                      Tú eres más cara a mi corazón que todo lo que hay en el mundo. Yo te busqué porque no puedo vivir sin ti. Hasta ahora solo me ha sostenido la esperanza de volver a verte. No anhelaba ni placeres, ni fiestas. No podía dormir, ni descansar, ni comer. Y no encontraba alivio para mi dolor. Si no hubiera sido por la esperanza de encontrarte, me hubiera arrojado sobre mi espada.

Alexandra replicó conmovida:

–           No digas eso Marco Aurelio. Ningún ser humano debe idolatrar a otro hasta ese punto.

–           Pero pensé que si moría, ya no te volvería a ver. Te estoy diciendo la verdad pura, cuando te afirmo que no podré vivir sin ti. Hasta ahora solo me ha sostenido la ilusión de volver a verte como ahora lo hago y hundirme en la mirada de esos ojos tuyos bellísimos, que son mi anhelo.

La mira con un amor tan intenso que ella se ruboriza y no le contesta nada.

Él agrega apasionado:

–           ¿Recuerdas nuestras conversaciones en casa de Publio? Un día trazaste un pescado en la arena y entonces yo no sabía su significado. ¿Recuerdas que jugamos a la pelota? Yo te amaba ya más que a mi vida y trataba de decírtelo, cuando Publio nos interrumpió.

Y Fabiola al despedirse de Petronio, le dijo que Dios era Uno, Justo y Todopoderoso. Yo no tenía ni la menor idea de que Cristo era su Dios y el tuyo. Yo no conozco a tu Dios. Tú estás sentada cerca de mí y sin embargo, solo piensas en Él…

Marco Aurelio calló, palideció y cerró los ojos, mientras ardientes lágrimas silenciosas se deslizaron por sus mejillas…

Es apasionado tanto en el amor como en el odio. Y dejó salir sus palabras con sinceridad, desde el fondo mismo de su alma. Puede percibirse al oírlo: la amargura, el dolor, el éxtasis, los anhelos, la adoración. Acumulados y confundidos por tanto tiempo, hasta que se desbordaron en un torrente de ardorosas frases.

Alexandra está sorprendida y su corazón empezó a palpitar con fuerza. Sintió compasión y pena por aquel hombre y sus sufrimientos. Se siente conmovida por la adoración que ha descubierto… ¡Él la ama!… ¡La adora!…

Sentirse amada y deificada por aquel hombre que hasta ayer era tan peligroso e indomable y que ahora se le está entregando totalmente, en cuerpo y alma. Rindiéndose como si fuera un esclavo suyo.

Esa conciencia de la sumisión de él y del poder que le ha dado a ella, la inundaron de felicidad y regresaron por un momento los sentimientos y los recuerdos de otros días.

Ahora ha vuelto a ser para ella, aquel espléndido Marco Aurelio; hermoso como un dios pagano. El mismo que en la casa de Publio le había hablado de amor y despertado como de un sueño, su corazón virgen al amor de un hombre.

Pero es también el mismo de cuyos brazos Bernabé la había arrancado en el banquete del Palatino y rescatado del incendio en que su pasión la envolviera…

Y ahora que se ven pintados en su rostro imperioso, el éxtasis y el dolor. Que yace en aquel lecho, con el rostro pálido y los ojos suplicantes. Herido, quebrantado por el amor, rendido y entregado a ella; se le presentó a Alexandra como el hombre que ella había deseado y amado.

Como el hombre grato a su alma, como nunca antes lo fuera. ¡Y de súbito comprendió que ella también lo ama! Y que ese amor la arrastra como un torbellino y la atrae hacia él, como el más poderoso imán.

Y en ese preciso  momento llegó Mauro que viene a ver a su paciente, para revisarlo y seguir atendiéndolo.

Marco Aurelio suspiró derrotado, porque la respuesta de la joven, NO alcanzó a llegar.

Alexandra se retiró con el alma llena de ansiedad…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

28.- NÉMESIS


0imperio-romano-2Un hombre como de cuarenta años, alto, atlético. Con un rostro en el que resaltan unos ojos castaños de mirada dulce y bondadosa, examina con delicadeza y movimientos expertos…

Y luego declara:

–           Sí, Lautaro. Fui médico militar. La guerra es una buena escuela. La herida de la cabeza es leve. Cuando éste, -señaló a Bernabé- lo aventó contra la pared, el joven extendió el brazo tratando de protegerse y al caer pegó contra la balaustrada y se le desarticuló. Así fue como se fracturó también las costillas, pero por lo mismo, salvó la cabeza y su vida.

El anciano replica:

–           Sabemos que eres un buen médico y por eso mandé a buscarte.

Y mientras platican, Mauro empezó a reducir el brazo para entablillarlo…

Y Marco Aurelio se desmayó. Lo cual lo favoreció, pues así no sintió el sufrimiento causado al volver a articular el brazo y la reducción de los huesos rotos. Terminada la operación, Marco Aurelio recuperó el conocimiento y vio delante de él a Alexandra.

Ella está a su cabecera, sosteniendo una palangana, donde Mauro introduce una esponja y humedece la cabeza de su paciente.

Marco Aurelio no puede dar crédito a sus ojos. Creyó estar soñando y después de largo rato, musitó como un suspiro:

–           ¡Alexandra!

La palangana tembló en las manos de ella, al escuchar ese llamado. Lo miró con tristeza y le contestó en voz baja:

–           ¡Que la paz sea contigo!

Y permaneció allí de pie, mirándolo con compasión y mucha tristeza.

alexandra

Marco Aurelio a su vez la mira anhelante, extasiado ante ella, deseando grabarse su imagen. Ve su rostro pálido, las hermosas trenzas de negros cabellos, vestida con su ropa de esclava.

Sus ojos bellísimos y preocupados mientras le atienden…

El tribuno la envuelve con una mirada tan intensa, que la hace ruborizar. Mientras la contempla, reflexiona que esa palidez y esa pobreza en que ahora la ve, son obra suya. Que ha sido él, el que la arrancara de una casa en la que ella vivía rodeada de amor y comodidades.

Él le había quitado su bienestar para arrojarla en aquella mísera estancia, vistiéndola con aquella pobre túnica de lana oscura. 

Y le dijo emocionado:

–           Alexandra… Tú no permitiste mi muerte.

Ella contestó con dulzura:

–           Quiera Dios devolverte la salud.

Para Marco Aurelio, que ahora ve todos los agravios que le ha inferido; esas palabras fueron como un bálsamo, que le llegó hasta lo más íntimo del alma. Y si poco antes el dolor le había debilitado, ahora lo desfallece la emoción…

Y una especie de languidez profunda, a la par que inefable, se apoderó de todo su ser, con un gozo incomparable.

Mientras tanto, Mauro después de lavarle la herida en la cabeza, le aplicó un ungüento.

esclava-doncella

Bernabé se llevó la palangana y Alexandra le dio al herido, una copa con vino medicado para el dolor; sosteniéndole con delicadeza, mientras se la acerca a los labios. Más tarde ella llevó la copa vacía al aposento contiguo.

El ya casi ha recuperado sus facultades y Lautaro, después de hablar con Mauro, se aproximó al lecho y dijo:

–           Dios no te ha permitido ejecutar una mala acción y te ha conservado la vida a fin de que reflexiones y te arrepientas. Él ante quien el hombre es solo polvo, te entregó indefenso en nuestras manos… Pero Cristo en quién creemos nos ha ordenado amar aún a nuestros enemigos.

Por eso hemos curado tus heridas y como Alexandra te lo ha dicho, imploramos a Dios para que te devuelva la salud. Más no podemos permanecer consagrados a tus cuidados…  Piensa con calma y medita bien si es digno de ti, continuar en tu persecución contra ella.

Ya lo ves: has dejado a esa joven sin tutores y a nosotros sin techo. Pero te perdonamos y te devolvemos bien por mal.

marco aurelio

Marco Aurelio preguntó:

–           ¿Me abandonaréis acaso?

Lautaro declaró:

–         Vamos a abandonar esta casa, para escapar de la persecución del Prefecto. Tu compañero murió. Tú que eres poderoso entre los tuyos, estás herido. De todo esto nosotros no tenemos la culpa, pero puede caer sobre nosotros la cólera de la ley de Roma.

–           No temáis que os persigan, yo os protegeré

Lautaro se calló que no se trataba solo de ellos. Sino de proteger a Alexandra de él y de su porfiada persecución personal.

Y solo dijo:

–           Señor, tu brazo derecho está sano. Aquí tienes tablillas y un stylus. Escribe a tu casa para que tus sirvientes traigan una litera y te lleven a donde tendrás comodidades que no podemos ofrecerte en medio de nuestra escasez. Vivimos aquí con una pobre viuda que vendrá más tarde acompañada por su hijo. Éste podrá llevar tu carta. En cuanto a nosotros, tendremos que buscar otro lugar…

Marco Aurelio se puso pálido.

Comprendió que lo que quieren es separarlo de ella  y que si ahora la pierde otra vez, no volverá a verla nunca. Mil ideas cruzaron por su mente en unos segundos. Necesita evitarlo e influir desesperadamente en Alexandra y en sus guardianes, pero no sabe cómo.

Lo esencial es verla. Gozar de su presencia, aunque solo fuese por unos pocos días y luego decidirá qué hacer.

Y por esto, reuniendo con esfuerzo sus pensamientos, dijo:

–           Escúchenme cristianos. Antes yo no os conocía y vuestros hechos me demuestran, que sois gente buena y honrada. A esa viuda que ocupa esta casa, decidle que permanezca en ella. Quédense también ustedes y déjenme que los acompañe.

Este hombre que es médico, sabe que no es posible que me traslade hoy fuera de aquí. Estoy enfermo. Tengo un brazo y las costillas rotas. Debo permanecer inmóvil, al menos unos días. Por consiguiente os declaro que no saldré de esta casa, a menos que me arrojéis por la fuerza… –y aquí se detuvo porque la respiración le faltó.

Lautaro respondió:

–           No emplearemos ningún género de violencia contra ti, señor. Deseamos tan solo salvar nuestras vidas.

Marco Aurelio no está acostumbrado a las objeciones.

Frunció el ceño y dijo:

–           Permitidme tomar aliento…

Luego de unos instantes, declaró:

–           Por Atlante a quién mató Bernabé, nadie ha de preguntar. Él debía partir hoy a Benevento a donde fue llamado por Haloto y todos creerán que se ha ido. Cuando entramos en esta casa, nadie nos vio, a excepción de un griego que estuvo con nosotros.

Les indicaré donde vive ese hombre, tráiganlo aquí. Comunicaré en una carta que también he partido para Benevento. Si el griego dio algún aviso al Prefecto, declararé que fui yo quien mató a Atlante y él, quién me rompió el brazo.

Esto haré. Os lo juro por las sombras de mi padre y de mi madre. Podéis permanecer aquí con la seguridad de que nadie os hará ningún daño. Haced venir a ese hombre, ese griego cuyo nombre es Prócoro Quironio.

Lautaro contestó:

–           Entonces  Mauro se quedará contigo y te atenderá la viuda.

Marco Aurelio replicó frunciendo todavía más el ceño:

–          Fíjate bien anciano, en lo que te estoy diciendo.  Yo te debo gratitud y tú me pareces un hombre bueno y honrado, más no me dices lo que verdaderamente piensas. Tienes miedo de que yo haga venir a mis esclavos y se lleven a Alexandra. ¿No es verdad?

Lautaro contestó con acento severo:

–           Así es.

–          Entonces ten presente esto. Hablaré a Prócoro delante de todos vosotros. Y escribiré a mi casa una carta, donde anuncio mi viaje a Benevento. No me valdré en lo sucesivo de otros mensajeros, más que de ustedes. Tened esto en cuenta y no me irritéis más.

Y Marco Aurelio tiene contraído el rostro por la indignación.

alex

Y luego añadió con exaltación:

–           ¿Crees que negaré que mi deseo de permanecer aquí es para verla? Aunque tratara de ocultarlo, eso lo adivinaría un necio. Pero ya no volveré a intentar llevármela por la fuerza. Te diré más: si ella se niega a permanecer aquí, haré pedazos con esta mano que tengo sana, los vendajes que habéis puesto sobre mi cuerpo.

No tomaré alimentos, ni bebidas. Y dejaré que mi muerte caiga sobre ti y tus hermanos. ¿Para qué me has atendido entonces? ¿Por qué no has dado orden de que me maten?

Y al decir estas últimas palabras, tiene el semblante pálido de ira y de agotamiento.

Alexandra al oírlo, está segura de que Marco Aurelio cumplirá lo que dice y se quedó anonadada, ante la amenaza de estas palabras. Ella no quiere que muera.  Indefenso y herido, ya no le tiene miedo, sino compasión.

Marco Aurelio ejerció en su suerte una influencia demasiado trascendental y ha intervenido de tal forma en su vida, que nunca podrá olvidarlo.

Días enteros ha pensado en él e implorado de Dios que lo guíe a la Luz y lo convierta. Que le diera una oportunidad para que ella pueda devolverle bien, por el mal que de él recibiera. Perdón y misericordia a cambio de su persecución, ablandándole el corazón y ganándolo para la causa de Cristo. Dándole la gracia de la salvación…

Y creyó que éste era el momento preciso y que sus plegarias habían sido escuchadas.

Se acercó a Lautaro con serena dignidad. Con tanta majestad, que el anciano presbítero comprendió que una Voluntad más alta, es la que habla por su boca, cuando ella tranquilamente declara:

–           Permanezca él entre nosotros, Lautaro. Con él nos quedaremos hasta que Cristo le devuelva la salud completa.

Lautaro confirma muy respetuoso:

–           Sea como tú lo dices.

alex-george-lawrence-bulleid-tuttart-27

Marco Aurelio, que en todo ese tiempo no había apartado la vista de Alexandra, quedó impactado.

La obediencia reverente del anciano, ¿A qué? ¿A quién?… Le causó una impresión avasalladora. Alexandra apareció ante sus ojos como una especie de sacerdotisa, en medio de los cristianos. Por un momento irradió una Presencia, que la iluminaba toda.

Y él se sintió subyugado a la emanación de aquella Presencia, aquella especie de Luz invisible que se percibió en la doncella. Y al amor que hasta ese momento le había arrastrado hacia ella, se unió algo así como un temor reverencial. Y su pasión le pareció por mi primera vez, algo rayano en la insolencia.

Jamás hubiera creído que las relaciones que hay entre ella y él, tomarían un giro de ciento ochenta grados. Ahora no es ella la que depende de su voluntad. Es él, el que está en aquel lugar, quebrantado y enfermo.

Ha dejado de ser una fuerza ofensiva y conquistadora hasta quedar indefenso, entregado por completo a la merced y a los cuidados de la joven. Para su índole altiva y dominante, con cualquier otra persona que no fuera Alexandra, esto hubiera sido una tremenda humillación.

Pero en lugar de sentirla,  creció su admiración, su respeto y su reconocimiento hacia la que ahora es su dueña absoluta.

Desea manifestarle su gratitud desde el fondo de su corazón, junto con todos los sentimientos que él alberga y que jamás mujer alguna le había inspirado. Pero con todo lo que ha pasado está extenuado y no le es posible hablar.

Con la mirada le expresa todo y también el inmenso júbilo que lo invade, porque va a permanecer a su lado. Va a poder verla y tenerla cerca. Su único temor es perder más tarde, lo que por fin ha conquistado. 

alex-tulipanes

¡Todo es tan sorprendente! Y lo más inusitado es la timidez. Pues cuando ella se acercó a darle de beber, no se atrevió ni siquiera a tocar su mano. Y ella lo notó.

Por primera vez se analizó a sí mismo y vio que era tiránico, insolente, corrompido hasta cierto punto y en caso necesario, también era inexorable e implacable. La vida militar le había dejado con su disciplina, unos resabios de justicia, de religión y de conciencia  suficientes, para discernir que no puede ser ruin, con quién le está dando una lección de magnanimidad y de bondad tan regios.

Cuando se enoja es muy impulsivo y  en su furia puede arrasar como un huracán. Pero ahora se siente dominado por una ternura insólita, está enfermo y desvalido. Lo único que le importa es que nadie se interponga entre él y Alexandra.

Advirtió también con asombro que desde el momento en que ella se puso de su parte, todos se rindieron. Es como si estuvieran confiados en que son protegidos por un  poder sobrenatural.

Marco Aurelio le pidió nuevamente a Lautaro que fuesen a buscar al griego y él mandó a Bernabé. Después de tomar el domicilio, éste tomó su manto y salió apresuradamente.

Prócoro fue despertado por la esclava, que le anunció que una persona pregunta por él y desea verlo con urgencia. El griego se levantó, se aseó rápido y fue a ver quién lo busca. Y se quedó petrificado…

bernabe

Mudo por el asombro, mira al colosal parto.

Bernabé declaró:

–           Prócoro Quironio, tu señor Marco Aurelio te ordena que vengas conmigo a donde se encuentra él.

Más tarde, Prócoro y Bernabé cruzaron la entrada y el primer patio. Llegaron al corredor que conduce al jardín de la casita y entraron en ella. La tarde está nublada y fría.

En la semipenumbra, Marco Aurelio adivinó, más que reconocer a Prócoro, en aquel hombre encaperuzado.

El griego vio en el extremo de la habitación junto a una ventana, un lecho y al tribuno  acostado en él. Se le acercó y sin mirar a ninguno de los presentes, le dijo:

–           ¡Oh, señor! ¿Por qué no has…?

Pero Marco Aurelio le cortó en seco:

–           Silencio y escucha con atención. – Y mirando a Prócoro fijamente; de manera enfática y pausada; como queriendo significar al griego que cada una de sus palabras es una orden, agregó- Atlante se arrojó sobre mí intentando robarme y en defensa de mi vida, yo le maté. ¿Entiendes? Estas gentes curaron las heridas que recibí en la lucha.

Prócoro comprendió al punto.

Procoro

Y sin demostrar duda ni asombro, levantó los ojos hacia lo alto y exclamó:

–           ¡Pérfido malhechor! Pero yo te advertí señor, que desconfiases de él porque era un pícaro. ¡Ah! Pero ¡Caer sobre su benefactor, sobre un hombre tan magnánimo…!

Marco Aurelio lo miró interrogante y con una entonación muy especial, le dijo:

–           ¿Qué has hecho hoy?…

–           ¿Cómo? ¿Qué?… ¿No te he dicho señor, que hice voto por tu salud?

–           ¿Nada más?

–           Me preparaba a venir a visitarte, cuando este buen hombre llegó a mi casa y me dijo que enviabas por mí.

–           Aquí tienes una tablilla. Con ella irás a mi casa. Buscarás a Dionisio, mi mayordomo y se la darás. En esa tabla le comunico que he partido para Benevento. De tu parte le dirás que me fui esta mañana, llamado por una carta urgente de Petronio –y aquí recalcó- He ido a Benevento, ¿Entiendes?

0porta-capena

–           Te has ido, señor. Esta mañana te despedí en la Puerta Capena. Y desde el momento de tu partida se apoderó de mí tal nostalgia, que si tu magnanimidad no viene a endulzarla, he de llorar hasta morir.

Marco Aurelio, aunque enfermo y habituado a las artimañas del griego, no puede reprimir una sonrisa. Está contento de que Prócoro le haya comprendido inmediatamente.

Así que dijo:

–           Entonces también escribiré, que te enjuguen las lágrimas. Dame la vela.

Prócoro se adelantó unos pasos hacia la chimenea y tomó una de las velas que ardían junto a la pared. Pero mientras hizo esto, se le cayó el capuchón y la luz le dio de lleno en la cara.

Mauro saltó de su asiento. Y poniéndosele al frente, le preguntó:

–           ¿Nicias, no me reconoces?

Y había en su voz una entonación tan terrible que todos se volvieron a mirarle, asombrados.

Prócoro alzó la vela y se le cortó la respiración. Horrorizado la dejó caer al suelo y empezó a gemir:

–           ¡Yo no soy…! ¡Yo no soy…! ¡Perdón!

Mauro se volvió a los cristianos allí reunidos y les dijo:

–           ¡Éste es el hombre que me traicionó! ¡Y que nos arruinó a mí y a mi familia!

La historia la saben todos, hasta Marco Aurelio.

Prócoro gimió:

–           ¡Perdón! ¡Oh, señor Marco Aurelio! ¡Sálvame! Yo he confiado en ti. Ayúdame… tu carta… yo la entregaré… Por favor, señor…

Pero el patricio que conoce muy bien al griego, declaró:

–           ¡Entiérrenlo en el jardín! Otro puede llevar la carta.

Prócoro escuchó esta sentencia de muerte y mira aterrado las manos de Bernabé, que lo ha tomado por el cuello mientras él se arrodillaba diciendo:

–           ¡Por vuestro Dios! ¡Tened piedad de mí! ¡Seré cristiano!¡Mauro! ¡Hazme tu esclavo pero no me mates! ¡Ten piedad!…

Un silencio denso siguió a estas palabras…

Mauro cerró los ojos y aspiró profundamente. Se vio el esfuerzo que hizo para dominarse. Oró en silencio y después de una larga pausa, dijo:

–           Nicias… ¡Qué Dios te perdone como yo te perdono los crímenes que cometiste contra mí! Yo te bendigo e imploro de Dios que te bendiga con tu conversión.

000procoro1

Y Bernabé soltó al griego diciendo:

–           ¡Que el Salvador tenga piedad de ti, así como yo ahora!

Prócoro se desplomó en el suelo y miró a todos lados aterrorizado, sin poder creer lo que está sucediendo.

Lautaro dijo:

–           Vete. Arrepiéntete para que Dios te perdone, como nosotros te hemos perdonado.

Prócoro se levantó sin poder hablar. Se aproximó al lecho de Marco Aurelio. Éste acaba de condenarlo a pesar de haber sido su cómplice.

erinias REMORDIMIENTOS

Y los demás, que son los ofendidos, le perdonaron y le dejan ir. Esta idea estará fija en su mente más tarde.

Y sin poder asimilar lo sucedido, le dijo a Marco Aurelio con voz quebrantada:

–           Dame la carta, señor…Dame la carta.

Y tomando la carta que el tribuno le alargó, hizo una reverencia a todos. Y salió despavorido.

Cuando se sintió a salvo en la calle, se preguntó una y otra vez:

–           ¿Por qué no me mataron?

nemesis-2-y-zeus

Y no encuentra una respuesta a esta pregunta.

Marco Aurelio está tan asombrado como Prócoro.

Que esas gentes le hayan tratado de aquella manera, en lugar de tomar venganza por el asalto que él mismo había perpetrado a su hogar. Y le hubieran curado sus heridas con solicitud, es algo que atribuye en parte a la doctrina que todos ahí profesan.

Pero la conducta que han tenido con Prócoro, es algo que está totalmente fuera del alcance de su comprensión, porque rebasa los límites de la magnanimidad a que puedan llegar los hombres.

Y aturdido se pregunta al pensar en los crímenes que Prócoro había cometido: ¿Por qué no mataron al griego?

Habrían podido hacerlo con absoluta impunidad. Bernabé lo habría enterrado en el jardín. O podía tirarlo por la noche al río Tíber, ya que durante ese período de asesinatos nocturnos, algunos cometidos por el mismo César en persona; el río arroja por las mañanas cuerpos humanos con tanta frecuencia, que nadie se preocupa  por averiguar de dónde proceden.

nemesis

NÉMESIS

En su concepto, los cristianos tienen no solo el poder, sino el derecho de matar a Prócoro. Porque la venganza de una ofensa personal y más siendo tan grave como la que recibiera Mauro, le parece no solo natural, sino totalmente justificada. El abandono de tal derecho, le parece totalmente inconcebible. ¡Y no logra entenderlo!

Lautaro había dicho que se debía amar a los enemigos, pero nunca había visto la aplicación de esta teoría que le parece imposible. Y todavía no logra asimilar lo que ha ocurrido. ¡Ni siquiera entregaron al griego al tribunal!

Prócoro le infirió a Mauro el más terrible agravio que un hombre puede hacer a otro. El solo pensamiento de que alguien matase a Alexandra y vendiese a sus hijos como esclavos ¡Le subleva el corazón como una caldera!

¡Él…! ¡No existe tormento que no fuera capaz de aplicar en satisfacción de su venganza! ¡La crucifixión le parece poco! ¡Aunque Prócoro muriese un millón veces, nunca pagaría lo que hizo!

00pretorianos

Pero Mauro ha perdonado.

Bernabé, que ha matado a Atlante en defensa propia; le había perdonado.

La única respuesta es:

Los cristianos al abstenerse de matar a Prócoro, le han dado una prueba de bondad tan grande, que no tiene paralelo en el mundo. También han demostrado el amor por sus semejantes que les lleva a olvidarse de sí mismos; de las ofensas recibidas, de su propio bienestar o infortunio.

Porque viven solo para su Dios. Y lo más sorprendente es que después de que Prócoro se fue, en todos los semblantes parece resplandecer una íntima alegría. Y hay una paz tan contagiosa, como Marco Aurelio no la había experimentado jamás.

Lautaro se aproximó a Mauro, le puso la mano en el hombro y dijo:

–           Demos gracias al Altísimo, porque Cristo ha triunfado una vez más.

Mauro levantó la cara y sus ojos reflejan una serena bondad. ¡Y su rostro irradia la misma extraña Presencia, que el de Alexandra cuando le permitió quedarse!

Marco Aurelio, que solo conoce el placer o la satisfacción nacidos de la venganza, lo mira con curiosidad; sin poder evitar pensar, que aquello es una locura.

Y en lo profundo de su corazón sintió un indignado asombro, cuando vio a Alexandra posar sus labios de reina sobre las manos de aquel hombre. Y le pareció que el orden del mundo está totalmente trastornado.

Lautaro declaró que aquel era un día de grandes victorias.

Y cuando Alexandra regresó a llevarle una bebida caliente, Marco Aurelio la tomó de la mano y le dijo:

–           ¿Entonces tú también me has perdonado a mí?

alex1-2

Alexandra lo miró con compasión y dijo:

–           Somos cristianos y no nos está permitido guardar rencor en nuestro corazón.

Marco Aurelio la miró con una mayor admiración…

Y dijo:

–           Alexandra, Quienquiera que sea tu Dios, le rindo homenaje solo porque es tu Dios.

–           Le alabarás desde el fondo de tu corazón, cuando lo conozcas y hayas aprendido a amarle.

Marco Aurelio cerró los ojos, pues se siente demasiado débil. Ella se fue y regresó más tarde para ver si él dormía. Pero al sentirla, Marco Aurelio abrió los ojos y le sonrió.

Alexandra puso su mano sobre su rostro mientras le dice suavemente:

–           Duerme y descansa.

Marco Aurelio experimentó y se dejó dominar por una sensación de dulcísimo bienestar. Pero luego se sintió más penosamente mal.

0barrio-romano-de-suburra

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

79.- LOS GUERREROS CELESTIALES


Y amaneció el día de los Juegos:

Aunque el pueblo estaba harto de sangre, cuando se extendió la noticia de que era la Clausura de los Juegos y que los últimos cristianos iban a perecer en un espectáculo sin igual. Una incontable concurrencia se agolpó en el Anfiteatro.

Los augustanos están felices, porque después del espectáculo, ha sido preparada una gran fiesta en el Palacio de Tiberio y al día siguiente, partirán para Nápoles. Saben que aquel no va a ser un festejo ordinario, pues el César ha resuelto hacer para sí mismo, una gran tragedia con el sufrimiento de Marco Aurelio.

Tigelino ha mantenido en secreto la forma de castigo que va a infligir a la esposa del joven tribuno y eso ha aumentado la curiosidad…

Esta mañana en la casa de Petronio, antes de salir rumbo al Anfiteatro, a Marco Aurelio le preguntó:

–           ¿Vas a ir conmigo?

–           ¡Claro que sí!

–           Sería mejor que me esperaras aquí. ¿No crees? –sugirió.

–           ¡Petronio! ¡Claro qué No! Esto no espero que lo entiendas, pues ni siquiera sabrás de qué hablo. Alexandra y yo somos cristianos y para recibir el Bautismo, nos ofrecimos como almas-víctimas. Allá en la arena sucederá lo que la Voluntad de Dios, quiera. Con el Amor de Fusión, el Padre nos ayudará en lo que sea necesario.

Efectivamente, Petronio lo miró sin comprenderlo. Y solo dijo:

–           ¿Estás seguro de poder resistir lo que suceda allá?

El tribuno contestó sereno:

–           Sí.

–           ¿Estás dispuesto a todo?

–           Sí.

–           ¿Te vas a quedar hasta el Final?

–           Sí.

–           Marco Aurelio, si no… Yo puedo…

El joven lo interrumpió:

–           Por favor Petronio. Ya deja de preocuparte. Llevo tres días orando sin cesar, implorando por un milagro y Él me dijo: ‘¿Confías en Mí? ¡Ten FE!’  Y tengo Fe. –concluyó con sencillez.

–           ¿Él? ¿A quién te refieres?

–           A Dios. A mi Señor Jesucristo.

Petronio creyó que el dolor había enloquecido totalmente a su sobrino.

En ese momento llegó Octavio muy feliz y abrazó a Marco Aurelio, diciendo:

–           Anoche tuve un sueño y mi Ángel me dijo: ‘Di a Marco Aurelio que no tema. El Señor ha escuchado sus plegarias. Pase lo que pase, no debe dejar que la duda muerda su corazón. ¡Si persevera en su Fe, verá la Gloria de Dios!

Y Octavio lo besó en la frente y lo bendijo como un padre.

Marco Aurelio sonrió y contestó:

–           ¡Gracias! –a su fiel administrador y volviéndose hacia su tío, agregó- Petronio, ¿Nos vamos?

Petronio escuchó este diálogo y no pudo evitar concluir que los cristianos no están muy bien de sus facultades mentales. Todos hablan de su Dios con una familiaridad y parecen tenerlo al alcance sólo con hablarle… Pero sólo movió la cabeza y respondió:

–           Voy.

–           Bien Petronio. Todo va a estar bien. Yo lo sé. Ya no te preocupes por nada.

La voz y el rostro de Marco Aurelio están totalmente serenos. Subieron a la litera y salieron rumbo al Anfiteatro.

Cuando estuvieron allí, todos los que conocían el drama del tribuno, lo miraban con mal disimulada curiosidad, ansiosos de conocer el fatal desenlace.

Los que conocieron a Alexandra, hablan de su extraordinaria belleza. Otros discuten de sí en realidad la verán en  la arena. Porque muchos de los que oyeron la respuesta del César a Petronio en el banquete, la interpretaron de dos formas: daría a la joven a Marco Aurelio o… será un asesinato más en la lista del César.

La incertidumbre, la expectación y la curiosidad, dominan a todos los presentes.

El emperador llegó más temprano que de costumbre. Y todos confirmaron que realmente algo extraordinario iba a suceder. Porque Nerón, además de Tigelino y Epafrodito, trae consigo a Cayo Casio y una centuria de la falange de Alejandro Magno. (Legión de reclutas de más de seis pies de estatura y fuerzas de gladiadores) también aumentó el número de pretorianos y traía con él a Xavier, el mejor de los oficiales y jefe de la guardia personal de los pretorianos.

Y todos comprendieron que el César había tomado todas las precauciones para protegerse totalmente, en caso de un estallido de desesperación por parte de Marco Aurelio. Y esto avivó aún más la curiosidad. Todas las miradas se fijaron expectantes en el sitio en donde se encuentra sentado, el infortunado protagonista de la nueva tragedia. Y se quedaron sorprendidos…

El joven tribuno se ve elegante y majestuoso. Seguro de sí mismo. Con sus ademanes tranquilos y su sonrisa gentil, además de su cordialidad de siempre. Nada muestra el drama que está viviendo. Sólo su rostro está un poco más pálido.

Petronio no tiene ni la más mínima idea de lo que va a suceder. Está silencioso y muy pensativo…

Y el espectáculo dio comienzo.

En la primera parte, las esperadas luchas de los gladiadores y el cruce de apuestas. Después del intermedio, siguieron los cristianos. Finalmente llegó el Día de la Victoria y caminaron de la cárcel al Anfiteatro, como si fueran al Cielo: radiantes de alegría, hermosos como dioses y llenos de dignidad en su porte

Emocionados pero no de miedo, sino de gozo.

Regina es la última. Avanza con el rostro luminoso y el paso tranquilo, como una princesa celestial y una preferida de Dios. El esplendor de su mirada obliga a todos a bajar los ojos.

También Alondra va gozosa de que su afortunado parto, le permita luchar contra las fieras, para purificarse después del parto, con el bautismo de la sangre. Cuando llegaron al Anfiteatro habían querido obligarlos a disfrazarse: a los hombres de sacerdotes de Saturno y a las mujeres de sacerdotisas de Ceres, pero Regina se opuso con invencible tenacidad, alegando esta razón:

–           Hemos venido aquí voluntariamente para defender nuestra voluntad de creer. Sacrificamos nuestra vida para no tener que hacer cosa semejante. Este fue nuestro pacto con ustedes. Respeten nuestra sentencia.

Y la injusticia tuvo que ceder ante la justicia. El tribuno autorizó que entraran tal como venían. Y lo hicieron cantando y alabando a Dios. Regina canta pisando ya la cabeza del egipcio. Damián, Uriel y Lewis, increparon a los espectadores y al pasar junto a Emilio, le dijeron: ‘Tú nos juzgaste a nosotros, pero a ti te juzgará Dios.’

Los mártires desfilaron, mientras eran azotados. Ellos recibieron este castigo con alegría, pues compartieron así los sufrimientos de Cristo.

El señor que había dicho: “Pidan y recibirán” dio a cada uno, por habérselo pedido,

El género de muerte deseado. Conversando entre ellos, Uriel afirmó estar dispuesto a ser arrojado a todas las fieras, para merecer una corona más gloriosa. Y primero experimentó las garras de un leopardo y luego fue despedazado por un oso.

En cambio, a Lewis le horrorizaban los osos y desde la cárcel había dicho que sucumbiría, por la dentellada de un tigre. Y le soltaron un jabalí que no lo despanzurró a él, sino al cazador que se lo había echado y murió pocos días después de los juegos. Lewis solo fue arrastrado por la arena. Entonces fue amarrado a un poste para que lo atacara un oso. Pero el oso no quiso salir de su jaula.

Y así por segunda vez, Lewis fue retirado ileso.

Cuando estaba junto a la puerta exhortaba así al soldado Aiden:

–           Como puedes ver, ninguna fiera me ha tocado hasta este momento. Cree pues con todo tu corazón. Ahora avanzaré en la arena y un tigre me matará con una sola dentellada.

Y efectivamente, le soltaron un tigre que de un mordisco lo sumergió en su sangre y se alejó para atacar a otra presa. Entonces Aiden se acercó a Lewis, que yace agonizante. Éste le pidió el anillo de su dedo, lo empapó en su herida y se lo devolvió, para dejarle en herencia su recuerdo y una prenda de su sangre, diciéndole:

–           ¡Adiós! ¡Acuérdate de la Fe! Y que estos sufrimientos no te turben, sino que te fortalezcan. -Luego se desmayó. Y luego fue degollado junto con los demás.

Para las mujeres jóvenes había sido reservada una vaca bravísima. La elección era insólita, pero fue como para hacer con la bestia, la mayor injuria a su sexo.

Fueron presentadas en el Anfiteatro, desnudas y envueltas en redes. Era horrible contemplar a Regina tan joven y delicada. Y a Alondra con los pechos todavía destilando leche.

En el Pódium imperial, Tigelino dio una orden y las retiraron de la arena.

Les quitaron la red y las revistieron con una túnica sin cinturón, las condujeron otra vez a la arena, que ya estaba manchada de sangre por los anteriores mártires.

La multitud silba e impreca. Ellas, con Regina a la cabeza entraron otra vez cantando. Se afirmaron en medio de la arena y Damián se dirige a la multitud:

–           Haréis mejor en demostrar vuestro coraje siguiéndonos en la Fe y no insultando a los inermes; que devolvemos vuestro odio orando por ustedes y amándolos. Las varas con las que nos habéis fustigado, las cárceles, las torturas, el haber arrancado a las madres de sus hijos. Ustedes, mentirosos que dicen ser civilizados, esperaron que una mujer pariera, para después matarla en el cuerpo y en el corazón, separándola de su creatura. No nos cambiaron el corazón, ni al cuanto al amor de Dios, ni en cuanto al amor del prójimo. Si las tuviéramos; cientos de veces  daremos la vida, por nuestro Dios y por vosotros, para que también lleguéis a amarlo. Y por ustedes rogamos, mientras ya el Cielo se abre sobre nosotros para recibirnos. ‘Pater Noster’…

Se arrodillan todos los cristianos orando. Simultáneamente se abre un portón bajo e irrumpen unos enormes y poderosos toros.

Son unas bestias formidables. Cuando menos pesan media tonelada cada uno.  Son tan veloces en la corrida que parecen bólidos. Como una catapulta adornada de cuernos punzantes, embisten al indefenso grupo.

Las levantan sobre los cuernos. Las sacuden en el aire como si fueran trapos, las vuelven a bajar, las pisotean. Vuelven a huir enloquecidos y trepidantes. Se detienen. Resoplan embravecidos. Y regresan a embestir…

Regina, tomada como una pajilla por la cornamenta del animal, es levantada en el aire y luego arrojada con fuerza muchos metros más allá, cayendo de espaldas. Aun cuando está herida, apenas se incorpora; se recoge la túnica desgarrada y se cubre el muslo; más preocupada por el pudor, que por el dolor.

Deteniéndosela con la mano derecha va hacia Alondra, que está caída de espaldas y con una atroz rajada en el vientre. La cubre y la ayuda a levantarse, sirviéndole de sostén a la hermana herida.

La bestias regresan una vez más y las embisten otra vez. Las sacuden. Pisotean a los malheridos que yacen en el suelo, buscando hundir en ellos sus pavorosas cornamentas. Finalmente; las fieras son retiradas.

Mientras tanto, Regina se acomoda el broche que sujeta sus cabellos. No es conveniente que una mártir sufra con los cabellos desgreñados, para no dar una apariencia de luto en su gloria.

Después de componerse; ve a Alondra tendida en el suelo. Entonces se incorpora, se le acerca, le da la mano y la levanta. Ambas mujeres se mantienen erguidas. Y luego son llevadas a la Puerta de los Vivos.

Allí Regina es recibida por el soldado cristiano Juan Pablo. Ella suspira profundamente.  Como si se despertase de un profundo sueño… ¡Tan largo había sido el éxtasis en el espíritu! Empezó a mirar en torno a sí y ante estupor general, preguntó:

–           ¿Cuándo nos van a echar esa vaca que dicen?

Al decirle que ya se la habían echado. Ella no quiso creerlo, hasta que vio en su cuerpo y en su vestido, las señales de la embestida. Luego llamó a los demás cristianos y les dijo:

–           Permanezcan firmes en la FE. Ámense los unos a los otros y no se escandalicen por nuestros sufrimientos.

Luego, los heridos fueron conducidos al centro de la arena y los bestiarios hicieron ingresar a los gladiadores, para que cumplieran su obra. Todos permanecieron inmóviles a la espera del golpe mortal. Lewis, que en la visión de la escalera subía primero y en su cúspide debía esperar a Regina, fue el primero en rendir su espíritu.

Por su parte, ya fuese piedad o inexperiencia, el gladiador de Regina no sabía matar. No tomó el punto justo y solo la hirió. Regina, sintió el dolor y gritó al ser punzada en las costillas. Lo miró dirigiéndole una dulce sonrisa y dijo al turbado atleta:

–           Hermano. Deja que yo te ayude.

Enseguida, ella misma le tomó de la mano y dirigió la espada hacia su garganta. Y apoyando la punta contra la carótida derecha, dijo:

–           ¡Jesús, a Ti me encomiendo! –Y agregó mirando al gladiador- Empuja hermano. Yo te bendigo.

Desviando la cabeza para que la espada penetre fácilmente, ayuda al nervioso gladiador. Sin duda alguna mujer tan excelsa no podía morir de otra manera.

Hasta tal punto el Demonio le temía. Los santos intrépidos en su amor por Dios, al martirio del corazón se han unido el de la carne. ¡Si así amaron a sus verdugos!… ¿Cómo habrían amado a sus hijos?

Eran jóvenes y felices en el amor a su familia, a sus creaturas. Pero Dios debe ser amado sobre todas las cosas… Y ellos amaron así.

Se arrancaron las entrañas y el corazón, al separarse de sus pequeños, pero la Fe no muere. Ellos creen en la otra vida firmemente y saben que ésta es para quién sabe ser fiel y persevera hasta el fin.

Ley en la Ley, es el Amor Han dado la vida hasta el sacrificio total por amor a su Dios y porque quieren que los más caros a su corazón lleguen al Reino. Y para guiarlos, trazaron con su sangre, una señal que va de la tierra al Cielo, que esplende y que llama…

¿Sufrir? ¿Morir? ¿Qué cosa es? Es un instante fugaz. No es nada aquel instante de dolor con respecto al futuro que los espera. ¿Las fieras? ¿La espada? Son benditas, porque son las que dan la Vida…

La arena fue limpiada rápidamente. En el Anfiteatro las albas togas, la colorida multitud y el impresionante lujo que rodea al emperador, hacen digno marco al momento culminante de ese día.

Petronio se toca la frente con los dedos, mientras apoya su codo en las rodillas. Tiene su corazón lleno de compasión por su sobrino. Y además está bastante irritado, porque el César ha estado mirando a través de su esmeralda a Marco Aurelio, esperando deleitarse con su congoja y su tremendo sufrimiento, para describirlas después en unas patéticas estrofas, con las cuales conquistará el aplauso de su público.

Lo único que lo alegra y lo enorgullece, aunque no lo comprende en lo absoluto; es la actitud llena de dignidad que ha mantenido Marco Aurelio, para total frustración de Nerón.

Se oyen las trompetas y el Prefecto de la Ciudad agitó un pañuelo rojo. Rechinaron los goznes de una puerta situada en el costado opuesto al Pódium Imperial. Y del oscuro antro, salió Bernabé a la arena.

La tarde ya es avanzada, pero el sol ilumina todavía con brillantes fulgores. El gigante cierra los ojos como deslumbrado por la luz y se adelanta hasta el centro, mirando a su alrededor como queriendo comprender que es lo que le está reservado.

Ya se corrió el rumor de que éste hombre es el que derrotó a Atlante. Por eso con su entrada, un fuerte murmullo recorre a la multitud.

En Roma hay gladiadores grandes y con fuerzas superiores al promedio general de hombres fuertes y atléticos. Pero los ojos de los romanos no habían visto jamás un gigante parecido a Bernabé.

Cayo Casio al pie del Pódium del César, se ve raquítico al lado del parto.

Todos contemplan con placer de conocedores, aquel cuerpo poderoso, sostenido por dos piernas tan fuertes como columnas. Su pecho es amplio, como dos escudos unidos y sus brazos son hercúleos. El murmullo y la admiración van creciendo. Este asombroso ser humano parece un Hércules.

Totalmente desnudo, es como un coloso de mármol. Mirando sorprendido a su alrededor con sus grandes ojos azules que tienen la inocencia de un niño.

En el momento en que ingresó en la arena, creyó que le esperaba una cruz… Pero cuando no la ve, piensa que es indigno de semejante privilegio y sabe que deberá esperar la muerte de otra manera. Está desarmado. Levantando sus ojos al cielo, cae de rodillas y empieza a orar con la Oración Sublime: ‘Pater Noster’…

Esto desagrada a la multitud. Están cansados de ver morir a los cristianos como mansas ovejas. Este gigantón va a ser un desperdicio, si no se defiende. Y por lo tanto, también el espectáculo será un completo fracaso.

Y empieza la rechifla… Llaman a gritos a los mastigophori, cuyo oficio es azotar a los combatientes que se resisten a luchar.

Entonces se volvieron a oír las trompetas de bronce, seguidas por el penetrante sonido del cuerno.

Y se hizo un silencio sepulcral,  pues nadie sabe lo que espera al gigante; ni si estará dispuesto a combatir, cuando se vea cara a cara con la muerte.

Y se abrió el enrejado de las fieras. En medio de los gritos de los bestiarios, con un rumor trepidante; se precipitó sobre la arena, un enorme Uro germano que trae atado sobre la cabeza, el cuerpo desnudo de una mujer.

Marco Aurelio se levantó como una catapulta y exclamó:

–           ¡OH, NO! ¡¡¡Alexandra!!!… –Su voz fue un grito angustioso. Y agregó- ¡Jesús mío, te entrego todo! ¡Yo te amo y confío en Ti!

Y el sonido de sus palabras, se apagó con un suspiro de ansiedad.

Petronio gritó a su vez:

–           ¡No puede ser!

Y todos los augustanos se levantaron de sus asientos, como movidos por un mismo impulso, pues en la arena ocurre algo insólito:

Aquel hombrón que parecía estar sumiso y arrodillado esperando la muerte; apenas vio a su reina entre los cuernos del formidable animal que resopla furioso, saltó y corrió a su encuentro.

Con la rapidez de un relámpago, Bernabé cayó sobre la bestia feroz. De todas las gargantas salió un grito de asombro, después del cual siguió un profundo silencio. Y todos los pechos contuvieron el aliento…

                       

Nadie puede creer lo que está sucediendo, pues jamás se ha visto nada semejante: Bernabé tiene al toro cogido por los cuernos. Sus pies se han enterrado en la arena hasta los tobillos. Tiene la espalda doblada como un arco. La cabeza se le hunde entre los hombros y en los brazos le resaltan sus poderosos músculos en tal forma que parece que la piel le va a estallar, por el heroico esfuerzo y la tremenda presión ejercida para detener al toro en su embestida.

El hombre y la bestia permanecen así, hasta que llega el momento en que los espectadores creen estar mirando un cuadro suspendido en el tiempo. Pues es como contemplar a una escultura viviente…

Pero en aquel aparente reposo, están dos poderosas fuerzas en pugna, trabadas en una lucha mortal. El toro también tiene hundidas las patas en la arena y su negro y peludo cuerpo, está encorvado de tal modo, que parece una bola gigantesca.

¿Cuál de los dos cederá primero? ¿Cuál de los dos será vencido? Esa es la pregunta crucial para los enamorados de tales lidias. Aquel parto se está presentando ante sus ojos como un héroe mítico, digno de ser glorificado con estatuas.

Sólo las venas que resaltan a través de la blanca piel de Bernabé, palpitando con la sangre que circula por las mismas, revelan que es un ser humano vivo, el que protagoniza aquel drama insólito.

El mismo emperador se ha puesto de pie y mira pasmado igual que los demás, aquella escena increíble. Se ha quedado paralizado, igual que todos los espectadores.

Tanto él como Tigelino urdieron aquel espectáculo diciendo con burla:

–           Alexandra será Europa raptada por Zeus…

–           Veremos si ese vencedor de Atlante, mata el toro que escojamos para él.

Y soltaron la carcajada saboreando con anticipación, la tragedia en que sumirían tanto a Marco Aurelio, como a Petronio.

Ahora contemplan atónitos aquel cuadro, que más que realidad, parece una fantasía imposible.

En el Anfiteatro, algunos han levantado los brazos y permanecen en esa postura. El sudor y el esfuerzo se reflejan en el rostro de otros, como si fueran ellos los que estuvieran luchando con la fiera.

El silencio es absoluto…

El único ruido que se escucha es el chisporroteo de las antorchas y los bufidos del furioso animal.

En el ambiente flota una increíble emoción por aquel impactante suceso. Y aunque los labios están callados y el silencio es total, los corazones palpitan trepidantes y los pechos parecen estallar. El tiempo parece haberse detenido…

Pero el hombre y la bestia siguen trabados en el titánico esfuerzo. Y los dos permanecen clavados en el suelo. Un minuto parece un siglo. El suspenso se vuelve insoportable… Entonces un bramido sordo. Semejante más bien a un ronco gemido, se escucha en la arena, seguido por un grito ahogado que escapa de todas las gargantas.

Luego regresa aquel silencio expectante…

Nadie puede creerlo aunque lo están viendo. La enorme cabeza del toro, que pesa más de media tonelada; empieza a doblarse lentamente, entre las poderosas manos de hierro del parto.

El rostro, el cuello, los brazos de Bernabé, se ponen de color púrpura. Y su espalda se encorva todavía más.

Es evidente que está reuniendo los restos de unas fuerzas sobrehumanas, pero que no podrá resistir por mucho tiempo más. Los segundos parecen alargarse y forman minutos angustiosos.

Entonces más sordo, más ronco y más doliente se va haciendo el bramido gemebundo del toro, al mezclarse con el jadeo silbante que exhala el pecho del atleta. Y la cabeza de la bestia se va doblando más y más, hasta que por la mandíbula se desliza hacia fuera, una larga lengua llena de espuma. Un momento después, se escucha el sordo crujido de huesos rotos…

Y la bestia rueda por la arena con el cuello retorcido por las vértebras rotas.

El toro está muerto.

Nerón está paralizado, con la boca abierta por el asombro, mirando el inesperado desenlace de su Fiesta Brava.

Bernabé desata rápidamente las cuerdas que sujetan a Alexandra sobre los cuernos del toro. Y al levantarla se nota su precipitado acezar. Tiene el semblante pálido, los cabellos y el cuerpo húmedo por la transpiración y el esfuerzo realizado. Por unos instantes permanece parado… Exhala un profundo y muy largo suspiro…Y luego, como si despertara de un sueño; alzó sus ojos y miró a los espectadores…

Y el público enloqueció.

Las murallas temblaron ante el retumbar estruendoso de los aplausos y los gritos de millares de personas. Desde la más antigua historia de los Juegos, jamás había habido en el Circo, una exaltación semejante. Todos se llenaron de un apasionado frenesí. Los que estaban sentados en la parte más alta del Anfiteatro, bajaron formando un tumulto apiñado en los pasillos, para poder contemplar más de cerca aquel portento de fuerza.

Y por todas partes se empezaron a oír gritos pidiendo gracia. Gritos apasionados y persistentes, que pronto se convirtieron en un continuo y poderoso reclamo.

Bernabé se ha convertido en el favorito de aquel pueblo enamorado de la belleza y de la fuerza físicas. Y a partir de este momento es el personaje más célebre de Roma.

Bernabé, finalmente comprende que la multitud está haciendo esfuerzos, para concederle la vida y regresarle la libertad. Pero su pensamiento no está solamente en él. Paseó su mirada a su alrededor, por unos instantes, abarcando todo el Circo.

Luego avanzó con paso firme, hasta el Pódium Imperial. Y sosteniendo el cuerpo de Alexandra entre sus brazos extendidos, alzó hacia el César sus ojos suplicantes y levantó hacia él; el cuerpo de la doncella, diciendo con voz sonora y fuerte:

–           ¡Ten piedad de ella! ¡Por ella he luchado! ¡Da la gracia para ella!

Los espectadores comprenden al punto lo que está pidiendo Bernabé.

Ante la vista de aquel estremecedor drama, la emoción cundió por todo el Anfiteatro, conmoviendo a toda la multitud. Todos admiran el bellísimo cuerpo de la doncella desmayada, que parece de alabastro.

Y recuerdan el horrendo peligro del que acaba de sustraerla el gigante…

Su hermosura esplendorosa y su trágico amor, movieron por fin a misericordia a aquellos corazones. Aquel hombre parece un padre pidiendo la gracia para su hija.

Y la compasión se extendió como una oleada. Ya se ha vertido suficiente sangre.

Entonces Marco Aurelio que también estaba paralizado; corrió y saltó la barrera de los asientos delanteros de la arena. Y se precipita hacia ellos; cubriendo con su manto, el cuerpo de su esposa.

Enseguida descubre su torso desnudo y muestra las cicatrices que dejaron en él, heridas en la batalla en contra de los armenios. Y extiende las manos hacia la concurrencia…

Y entonces se desborda el entusiasmo general.

La multitud golpea furiosamente con los pies y gritan exigiendo gracia. El pueblo ahora no solo se ha puesto de parte del atleta; sino que también se alza en defensa del soldado, de la doncella y del amor de ambos.

Los millares de espectadores se vuelven hacia el César con llamaradas de cólera en los ojos y los puños crispados por la impaciencia.

Popea ha perdido su expresión sonriente e impasible. Mira furiosa e impotente alternativamente, a sus odiados protagonistas, al César y a la multitud.

Pero Nerón se mantiene en suspenso y vacilante. En realidad no siente ningún encono contra Marco Aurelio y la suerte de Alexandra no le importa. Lo único que lo disgusta es que sus planes se hayan arruinado.

Y Tigelino, queriendo vencer una vez más a Petronio, le dijo:

–           No cedas divinidad. Tenemos a los pretorianos.

El emperador volteó a ver a sus oficiales… Xavier, Cayo Casio y toda la falange de Alejandro Magno, tienen la mano en alto con la señal de gracia. Para colmo, no hay un solo militar que no esté pidiendo lo mismo.

Y la furia, comenzó a dominar a la multitud. Siguen golpeando con los pies y empiezan los gritos de:

–           ¡Asesino! ¡Matricida! ¡Incendiario!

Y esto lo llena de alarma.

Los romanos son señores absolutos en el Circo. Los anteriores césares y en especial Calígula, se permitieron a veces contrariar la voluntad del pueblo. Pero esto había traído como consecuencia, sangrientos disturbios.

Nerón como actor, no se puede dar ese lujo. Como cantante tiene necesidad del favor del público. Y además, también son su fuerza, es como se opone contra el senado. Especialmente después del incendio, ya no puede provocarlos más; porque además de peligroso, podría haber consecuencias desastrosas.

Volvió a mirar a los augustanos y a los soldados… y vio el disgusto en sus semblantes y en sus ceños adustos.

Y contra su voluntad, alzó la mano y volvió el pulgar hacia arriba.

Y se desató una tempestad de aplausos que hizo estremecer el Anfiteatro. El pueblo ha asegurado la vida de los condenados y desde este momento quedan bajo su protección. El mismo emperador no se atreverá a perseguirlos por más tiempo con su venganza.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fue César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad) formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo. Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres; adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas. En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes. Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…  Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…  Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’. Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…  

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas. Los acordes de la música, invaden el ambiente. El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general. Y las rosas siguen cayendo…

Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista. Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete, sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial; saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio… Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno. Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso. Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento, pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza… Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico. Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria. Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad. Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído. El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión. Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja, que Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta. Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto. Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono. Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio. En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular, nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón. Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron; mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran, recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder. –Enseguida miró a Vitelio, agregando- Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror; Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio; que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido. Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse…

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón, para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años. Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza. Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa a pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir, que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión. Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho… Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón. Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes que son una muestra excelente de juventud y belleza: cuerpos y rostros perfectos portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones en las cuales, él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro. No fueron retadores ni altivos, solo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo. Sin ninguna turbación o nerviosismo. ¡Y nadie le hizo una reverencia! Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto. Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos. Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así. Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible… Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel. Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos… Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló y que al parecer no está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

–            ¿Quién dijo eso? –preguntó con voz contenida y terrible.

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo… -Y ante la mirada interrogante del César, agregó- Mi nombre es Oliver y soy cristiano. Cierto es que tienes poder sobre nosotros. Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos. Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido. A tu pesar, también tú obedeces los designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza:

–           No. Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero y no puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo. Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo. Y estamos aquí, no para tu deleite; sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… -dijo otra voz dulce y femenina. Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose- Soy Margarita y soy cristiana… Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás. Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir. Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón… Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio, cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita… Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba… Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?-da un paso al frente mientras agrega- Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–                      El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

–           ¿Son tres dioses? –pregunta Nerón perplejo.

–           No. –dijo otra voz masculina. Y el que habló dio un paso al frente mientras continua- Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero. Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo. Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–                      ¡Todopoderoso! –Y con gran sarcasmo agrega- ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–                      Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús. Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.-dice con voz  muy dulce, identificándose- Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…  Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos? En este momento yo soy vuestro dios. Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador. Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite, porque hasta los músicos se han quedado paralizados; viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano. Y te aclaro que no haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo.- Dice mientras recorre con una mirada significativa, las pinturas y las estatuas que adornan el salón- En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina. Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él, mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero no me perjudicarás. Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos. Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti. Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma… Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

Y la voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano… Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos. Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos. Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz; en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más. Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció. Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso. Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso, lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo. Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada. ¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida, ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos! –Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice- ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

60.- RESPUESTA DE DIOS EN EL TULLIANUM


El Anfiteatro ha sido terminado y todo está listo para que comiencen ‘Los Ludus Matutinus’ (Juegos de la mañana) Pero esta vez, a consecuencia del increíble número de víctimas, parece que continuarán muchas semanas más que lo acostumbrado y lo programado para esta ocasión en particular.

Ya no hay en donde poner tantos cristianos. Las prisiones están atestadas y la fiebre hace estragos en ellas. Muchos están muriendo y las fosas comunes empiezan a llenarse de cadáveres.

Todas estas noticias llegan a oídos de Marco Aurelio, extinguiendo hasta los últimos restos de su esperanza. Ya no abriga el propósito de sobrevivir a su esposa y ha resuelto morir junto con ella. En esta hora tremenda, lo único que lo sostiene, es la Gracia de Dios.

Por motivos diferentes, Petronio y todos sus amigos piensan lo mismo y creen que cualquier día se abrirá para él, la mansión de las tinieblas.

Dos días antes del inicio de los Juegos, Marco Aurelio fue como siempre a acompañar a Alexandra, para verla aunque solo sea a través de la pequeña abertura por la cual le pasan los alimentos.

Ella, después de saludarlo, en un dulce coloquio lo instó a que fuera al Tullianum y él protestó:

–           Pero mi amor ¿Por qué quieres que vaya a ese pútrido calabozo?

Ella le contestó con dulzura:

–           Anoche mi ángel me dijo que te dijera que vayas ahí. Dios te tiene una respuesta.

Marco Aurelio no dice una palabra más. Va al lugar mencionado y es testigo de las condiciones infrahumanas en que viven los cristianos, en las terribles cárceles romanas.

En una edificación que parece un pozo circular de escasos cinco metros de ancho y otros tantos de alto que no tiene ventanas, una puerta de hierro estrecha y pequeña, parece embutida en un murallón que tiene casi un metro de espesor.

En el centro del techo hay un agujero circular como de noventa centímetros de diámetro y que sirve tanto para la ventilación, como para evacuar las inmundicias de la celda que hay arriba.

En el pavimento de tierra batida hay otro agujero del que exhala un hedor que indica el paso de una cloaca que desemboca en el río. El sitio es malsano, húmedo y pestilente… Los muros resuman agua y el suelo está impregnado de materias pútridas.

En este horrendo lugar en el que reina una densa penumbra que apenas permite entrever lo más preciso, hay dos personas…  Una de ellas se encuentra tendida en el suelo húmedo, junto a la pared y encadenado a un pie, sin que haga ningún movimiento. La otra está sentada cerca de ella, con la cabeza entre las manos.

En la celda de arriba se oye un murmullo en el que se mezclan voces de hombres y de mujeres, de niños y de ancianos. Voces frescas de jovencitos, junto con otras, fuertes de adultos. De vez en cuando entonan himnos melancólicos o triunfantes, que aún dentro de su suave melodía, muestran una gran paz.

Las voces resuenan contra los gruesos muros, como en una sala de conciertos.

Y el Himno se levanta armonioso:

                        Condúcenos hasta tus frescas aguas

                        Llévanos a tus huertos floridos

                        Da tu Paz a los mártires que esperan,

                        Que esperan en Ti, Señor Jesús.

            Sobre tu promesa santa

            Hemos fundamentado nuestra Fe.

            Porque hemos esperado en Ti

            No nos defraudes, Jesús, Salvador.

            Marchamos gozosos al Martirio

            Para así seguirte hasta el bello Paraíso.

            Por aquella Patria lo dejamos todo

            Y a otro no queremos sino a Ti.

            En Dios solo descansa el alma mía

            De ÉL viene mi salvación

            Él es mi Roca salvadora,

            Mi Fortaleza. No he de vacilar.

            En Dios está mi gloria y salvación

            La Roca de mi Fuerza.

            Levanto mis ojos a los montes

            ¿De dónde me vendrá el auxilio?

            El auxilio me viene del Señor

            Que hizo el Cielo y la Tierra.

No permitirá que tropiece tu pie

            Tu Guardián no duerme

            Jamás lo rinde el sueño ni reposa

            El Guardián de Israel.

            Ten piedad de nosotros, Jesús

            Ten piedad, mi Salvador

Porque estamos hartos de injurias

Y nuestra alma está saturada

Del sarcasmo de los insolentes.

El Señor es tu Guardián

Es tu sombra protectora

Que te preserva de todo mal

Y protege tu vida.

A Ti levanto mis  ojos

A Ti que moras en el Cielo…

Y al apagarse lentamente esta última estrofa, aparece una luz en el agujero…

Un brazo que lleva una lamparita suspendida y una figura se asoma. Entonces se hace visible el rostro de un hombre que al mirar observa que el hombre tendido en el suelo, no se mueve. Y que el otro que está con la cabeza entre las manos, está tan sumergido en la Oración que no ve la luz. Entonces lo llama:

–           ¡Lautaro! ¡Lautaro! ¡Es la Hora!

El que estaba sentado se pone de pie y arrastrando su larga cadena se coloca bajo la claraboya.

–           La paz sea contigo, Alejandro.

–           Y también contigo, Lautaro.

–           ¿Tienes todo?

–           Sí. Todo. Priscila se aventuró a venir vestida de hombre. Se ha cortado los cabellos, para parecer un fosor y nos ha traído todo lo necesario para celebrar el ‘Misterio’.

–           ¿Qué hace Ramón?

–           Ya no se lamenta. No sé si duerme o ya expiró. Quisiera comprobarlo, para recitarle las preces de los mártires.

–           Te bajaré la lámpara para que puedas verlo. Será un gozo para él asistir al Misterio.

Atándole un cordón de los que se usan para ceñir la cintura, bajan el farolillo hasta las manos de Lautaro. Es un anciano de rostro afilado y austero. Palidísimo y de escasos cabellos blancos. Tiene unos ojos bondadosos y espléndidos en su expresión. Dentro de su miseria de encadenado en aquel fétido cubil, posee una dignidad de rey.

Desata el farolillo del cordón y va hacia el compañero. Se inclina sobre él. Lo observa detenidamente y lo toca. Y después de poner la lámpara en el suelo, abre los brazos, en un ademán prolongado de conmiseración. Luego pliega las manos ya casi rígidas del cadáver y se las cruza sobre el pecho.

Pobres manos heladas y esqueléticas de un hombre anciano también, muerto de inanición. Se vuelve hacia quién espera junto al orificio y dice:

–           ¡Ramón ha muerto! ¡Gloria al mártir de la pútrida fosa!

–           ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Para el fiel de Cristo! –responden en la celda de arriba.

–           Bajad lo necesario para celebración del Misterio. No falta el altar. Sus manos entrelazadas ya no podrán servir de sostén, pero sí su pecho inmóvil que hasta el último momento palpitó por nuestro Señor Jesús.

Bajan una bolsa de preciosa tela y Lautaro extrae de ella un pequeño lienzo, un pan ancho y delgado, un ánfora y un cáliz pequeño. Dispone todo sobre el pecho del muerto, celebra y consagra, recitando las oraciones de memoria, a las cuales responden los de arriba.

Una vez realizada la consagración, Lautaro vuelve a verter en el ánfora el vino del cáliz. Introduce nuevamente las Sagradas Especies en la bolsa y lo lleva todo a donde espera el cordón colgante, para subir de nuevo la bolsa a la celda de arriba. Al tiempo que ésta asciende izada con precaución, Lautaro absuelve a su compañero de Fe con el Sacramento de la Reconciliación.

Y mientras los cristianos comulgan, vuelve a entonarse dulce y suave, el canto modulado en su mayor parte, por un coro de niños.

Cuando cesa el canto, Lautaro habla así:

“Hermanos, comprendo que ha llegado la hora del Circo y de la Victoria Eterna. Ésta ya llegó para Ramón. Para vosotros lo será mañana. Manteneos fuertes, hermanos. El tormento será de un instante; más la bienaventuranza no conocerá término. Con nosotros está Jesús que no os abandonará, aún cuando las Especies se hayan consumido en nosotros. Él no abandona a sus confesores, sino que permanece con ellos para recibir sin demora sus almas, lavadas con el amor y con la sangre.

¡Adelante! Rogad en el trance de la muerte por vuestros verdugos y por vuestro sacerdote. El Señor por mi mano os imparte la última absolución. No abriguéis ningún temor. Vuestras almas están ahora más blancas que un copo de nieve desprendido del cielo.”

Varias voces dicen:

–           ¡Lautaro! ¡Adiós! ¡Asístenos tú, santo, con tu Oración! ¡Le diremos a Jesús que venga por ti! Te precedemos para prepararte el camino. Ruega por nosotros…

Los cristianos turnándose, se asoman al agujero. Saludan, son saludados y van desapareciendo. Por último, izan de nuevo el farolillo, tornando más densa la oscuridad de aquel antro, en el que uno muere lentamente, junto al otro que ya murió; en medio del hedor y del rumor profundo, en las aguas subterráneas.

Arriba vuelven a resonar los cantos lentos y suaves, acompañados ahora por el anciano de venerable aspecto, el valiente sacerdote Lautaro…

Marco Aurelio, que ha asistido a toda la celebración. En un rincón se ha arrodillado y lágrimas silenciosas se deslizan por sus mejillas, mientras ora con la cabeza inclinada y los ojos cerrados. De pronto siente un toque muy delicado posarse sobre su hombro.

Es una mano pequeña. Y al levantar el rostro, ve frente a sí a un niño muy hermoso que le mira con dulzura y le ofrece las Sagradas Especies: un pedazo de Pan y el ánfora, mientras le dice:

–           No llores. Jesús te ama muchísimo y a ella también. ¿No tienes Fe?

Marco Aurelio lo mira asombrado y le dice:

–           ¿Quién eres?

–           Mi nombre es Cástulo. Si amas a Jesús, debes confiar en Él. Dice Antonio el diácono que también le lleves la Comunión a tu esposa. ¿Acaso no sabes que esto es lo que nos hace fuertes y entonces Satanás no puede hacernos ningún daño?… ¡Oh! ¡Jesús es tan Bueno! Después que ella haya bebido, traes el ánfora y se la das a Priscila. Mira, es ella. –y señala a la joven que está recargada en el murallón.

Y el niño lo mira con una increíble sonrisa llena de confianza y alegría.

Marco Aurelio se levanta. Y sin decir nada, totalmente pasmado, regresa a la celda de Alexandra. Donde los dos comulgan y oran con absoluta adoración y recogimiento.

Luego, el joven tribuno regresa a devolver el ánfora. Su rostro está totalmente transformado. Es la primera vez que recibe la Comunión y su cara es radiante: llena de alegría y de una absoluta paz.

Se acerca a Cástulo, le acaricia el rostro y le dice:

–           ¡Gracias! ¡Muchas gracias!…

Cástulo sonríe y dice con su vocecita firme:

–           Mañana estaré con Jesús y le pediré a Dios que se realice lo que más quieres.

–           Gracias Cástulo. Yo me llamo Marco Aurelio. Y estoy listo para hacer la Voluntad del Padre. Dios te bendiga por tu caridad. Y ruega por mí, para que yo también sea valiente como tú.

El pequeño patricio se encoge de hombros, como diciendo que no es para tanto. Y se aleja corriendo alegre como si no le importara el lugar en donde están.

Marco Aurelio regresa con Alexandra. Bernabé también ha regresado de la celebración. Y entre los tres conversan de lo sucedido en la Misa, la muerte de Ramón y la exhortación de Lautaro, la conversación con Cástulo y lo que significó para Marco Aurelio el recibir la Primera Comunión.

–           ¡Esta Paz! –exclama extasiado- ¡Esta paz!… ¡La Presencia del Señor es gloriosa! En estos momentos me siento tan bien, que no me importaría morir. Y me siento dispuesto a todo. ¡Es absolutamente maravilloso!

Alexandra le dice:

–           Mi amor, necesitas descansar. Llevas varios días sin dormir y sin comer bien. Vete a casa y descansa. Nosotros estaremos bien. El Creador del Universo, vela sobre nosotros…

Y saca sus manos por entre la pequeña abertura para acariciarlo…

Él se las toma y las besa. Luego con voz resignada, dice:

–           Tienes razón carísima. Tenemos que estar listos para mañana. No les daré el gusto a nuestros enemigos de vernos vencidos. ¡Mañana temprano regresaré!

Y despidiéndose también de Bernabé, se retiró hacia la casa de Petronio.

En el camino se dijo a sí mismo con renovada fortaleza:

–           Creo en la Bondad de Dios, así tenga que verla entre las fauces de un león. Y si Tú lo quieres Señor Jesús, también toma mi vida, porque soy completamente tuyo, Dios mío…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA