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296 EL FLAGELO DE JUDAS


296 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Presentándose en la puerta de la sala en que Lázaro está, reclinado en un lecho leyendo un volumen.

Jesús dice:

–       Lázaro, amigo mío, te pido que vengas conmigo.

Lázaro se levanta enseguida,

y pregunta:

–       Inmediatamente, Maestro.

¿A dónde vamos?

–       Por el campo.

Necesito estar completamente solo contigo.

Lázaro lo mira turbado,

y pregunta:

–       ¿Tienes tristes noticias que darme en secreto?

¿O…? No, no quiero pensarlo…

–       Es sólo tratar contigo una cosa,

Y ni siquiera el aire debe saber lo que hablemos.

Manda preparar el carro, porque no te quiero cansar.

Cuando estemos en plena campiña te hablaré.

–       Entonces guío yo.

Así ni siquiera el criado sabrá lo que hayamos hablado.

–      Sí.

Exactamente así.

–       Voy enseguida, Maestro.

Dentro de poco estoy preparado.

Y sale.

Jesús se queda un poco pensativo en medio de la rica estancia.

Mientras piensa, mueve mecánicamente dos o tres objetos;

recoge el rollo que estaba caído en el suelo.

Y al colocarlo en una estantería por ese innato instinto del orden que es tan fuerte en Jesús;

permanece con el brazo levantado observando unos objetos de un arte raro y por lo menos

distinto del arte corriente de Palestina, que están alineados en la balda de la estantería:

son ánforas y copas antiquísimas, con relieves y dibujos que imitan los frisos de los templos

de la antigua Grecia y franjas de urnas funerarias.

Sólo Él sabe lo que estará viendo detrás del objeto…

Luego sale y va al patio interior, donde están los apóstoles.

Al ver que Jesús se coloca el manto.

preguntan:

–       ¿A dónde vamos, Maestro?

Jesús responde:

–       A ninguna parte.

Salgo con Lázaro.

Esperadme aquí, todos juntos.

Regreso pronto.

Los doce se miran unos a otros…

Se les ve poco contentos…

Pedro dice:

–       ¿Vas solo?

Ten cuidado…

.-      No temas nada.

Mientras esperáis no estéis ociosos.

Seguid instruyendo a Hermasteo para que vaya conociendo más la Ley

y haceos mutuamente buena compañía, sin discusiones ni desaires.

Sed indulgentes unos con otros, quereos.

Se encamina hacia el jardín.

Todos le siguen.

Poco tiempo después, viene un carro ligero cubierto, con Lázaro conduciéndolo.

–       ¿Vas con el carro?

–       Sí, para que no se le cansen las piernas a Lázaro.

Adiós, Margziam. Sé bueno.

Paz a todos vosotros.

Jesús sube al carro.

Y éste, haciendo rechinar la fina grava del paseo, sale del jardín,

para tomar el camino principal.

Tomás grita:

–       ¿Vas a Agua Especiosa, Maestro?

–       No.

Una vez más os digo que os comportéis bien.

El caballo parte con un vigoroso trote.

El camino, el que va de Betania a Jericó, pasa por esta campiña que va perdiendo su lozanía;

cuanto más se baja hacia la llanura, más se nota este languidecer de la hierba.

Jesús piensa.

Lázaro guarda silencio, se ocupa sólo de guiar el caballo.

Llegados a la llanura fértil, ya preparada toda para nutrir la semilla de la futura mies,

o durmiente en sus viñas como una mujer que poco antes haya dado a luz su fruto

y descansa ahora de su dulce fatiga,

Jesús hace señal de pararse.

Lázaro, obediente, para.

Y lleva al caballo a un camino secundario que conduce a unas casas lejanas…

y explica:

–      Aquí estaremos todavía más tranquilos que en el camino grande.

Estos árboles nos ocultarán a la vista de muchos.

En efecto, un grupo de árboles bajos y tupidos,

hacen como de mampara contra la curiosidad de los viandantes.

Lázaro está erguido frente a Jesús, esperando.

Jesús dice:

–       Lázaro, necesito mandar lejos a Juan de Endor y a Síntica.

La prudencia, como ves, lo aconseja y también la caridad.

Tanto para él como para ella sería una prueba peligrosa, un dolor inútil,

el tener noticia de la persecución que se ha desencadenado contra ellos…

Y que podría -al menos para uno- provocar penosísimas sorpresas.

–      En mi casa…

–      No.

Ni siquiera en tu casa.

No los tocarían materialmente, quizás;

pero sí los humillarían moralmente.

El mundo es cruel.

Destroza a sus víctimas.

No quiero que se pierdan así estas dos buenas fuerzas.

Por tanto, de la misma forma que un día junté al anciano Ismael con Sara,

ahora voy a juntar a mi pobre Juan con Síntica.

Quiero que muera en paz y que no esté solo.

Y tampoco que lleve consigo la quimera de que se le manda a otro lugar,

porque es “el ex galeote”, sino porque es el discípulo prosélito

que puede trasladarse a otro lugar para predicar al Maestro.

Y Síntica le ayudará…

Síntica es una gran persona y será una gran fuerza, en y para la Iglesia futura.

¿Me puedes aconsejar a dónde mandarlos?

No a Judea, ni a Galilea, ni siquiera a la Decápolis.

A los lugares a los que voy Yo y conmigo los apóstoles y discípulos, no.

Al mundo pagano tampoco.

¿Dónde entonces?

¿Dónde, de forma que sean útiles y estén seguros?

–       Maestro… yo…

¿Aconsejarte yo a ti…!

–       No, no.

–       Habla.

Tú me amas, no traicionas; amas a quienes amo Yo, no eres restringido de mente como otros.

–       Yo…

Sí. Te aconsejaría que los mandases a uno de los lugares donde tengo amigos.

A Chipre o a Siria. Elige Tú.

En Chipre tengo personas de confianza.

¡Y en Siria.., bueno!…

Tengo todavía alguna pequeña casa;

custodiada por un administrador fiel;

más fiel que una ovejita.

¡Nuestro viejo Felipe!

Por mí hará todo lo que diga.

Y, si me lo concedes, ellos, estos a quienes Israel persigue y Tú estimas,

podrán considerarse desde ahora huéspedes míos, seguros en la casa…

¡Oh, no es un palacio!

En esa casa vive sólo Felipe con un nieto que se ocupa de los jardines de Antigonio,

los amados jardines de mi madre;

los hemos conservado para recuerdo de ella.

Había llevado a esos jardines las plantas de esencias exóticas de sus jardines judíos… ¡

¡La madre mía!…

¡Con ellas, cuánto bien hacía a los pobres!…

Eran su secreta propiedad… Mi madre…

Maestro, pronto iré a decirle:

“Alégrate, madre buena. El Salvador está en la Tierra”.

Te esperaba…

Dos hilos de llanto aparecen en el rostro doliente de Lázaro.

Jesús lo mira y sonríe.

Lázaro recobra los ánimos:

–       Pero, hablemos de Ti.

¿Te parece un buen lugar?

–        Me parece un buen lugar.

Una vez más te doy las gracias, por mí y por ellos.

Me quitas un gran peso…

–       ¿Cuándo se marchan?

Lo pregunto para preparar una carta para Felipe.

Diré que son dos amigos míos de aquí, necesitados de paz.

Será suficiente.

–       Sí. Será suficiente.

Pero, te ruego que ni siquiera el aire sepa nada de esto.

¡Ya lo ves! Me espían…

–       Lo veo.

No lo hablaré ni siquiera con mis hermanas.

Pero, ¿Cómo piensas llevarlos allí?

Tienes contigo a los apóstoles…

–        Ahora subo hasta Aera sin Judas de Simón, Tomás, Felipe y Bartolomé.

Entretanto, instruiré a fondo a Síntica y a Juan…

para que vayan con una buena provisión de Verdad.

Luego bajaré al Merón y de allí a Cafarnaúm.

Y allí…

Y allí enviaré otra vez a los cuatro, con otras misiones;

entonces haré que partan para Antioquía los dos.

A esto me veo obligado…

–       A tener que temer de los tuyos.

Tienes razón…

Maestro, sufro viéndote afligido…

–      Pero tu buena amistad me conforta mucho…

Lázaro, gracias…

Pasado mañana me marcho y me llevo a tus hermanas.

Necesito muchas discípulas para confundir entre ellas a Síntica.

Viene también Juana de Cusa.

De Merón irá a Tiberíades, porque va a pasar el invierno allí.

Eso quiere el marido, para tenerla más cerca,

porque Herodes va a volver a Tiberíades una temporada.

–      Se hará como deseas.

Mis hermanas son tuyas, como lo soy yo;

y mis casas, mis criados, mis bienes.

Todo es tuyo, Maestro.

Utilízalo para el bien.

Te prepararé la carta para Felipe.

Es mejor que la tengas Tú directamente.

–       Gracias, Lázaro.

–      Es todo lo que puedo hacer…

Si estuviera sano, iría…

Cúrame, Maestro, y voy…

–       No, amigo.

Tengo necesidad de ti así como estás.

La CONVERSIÓN, es la RESURRECCIÓN ESPIRITUAL

–       ¿A pesar de que no hago nada?

–       Aun así.

¡Oh, mi Lázaro!

Jesús lo abraza y besa.

Suben de nuevo al carro y regresan.

Ahora es Lázaro quien está muy silencioso y pensativo.

Jesús le pregunta la razón de ello.

–       Pienso que pierdo a Síntica.

Me atraían su ciencia y su bondad…

–       Le gana Jesús…

–       Es verdad.

Es verdad.

¿Cuándo te voy a volver a ver, Maestro?

–       Para la primavera.

–      ¿Hasta la primavera? ¡No!El año pasado estabas en mi casa para las Encenias…

–       Este año voy a complacer a los apóstoles.

Pero para el otro año estaré mucho contigo.

Te lo prometo.

Betania aparece bajo el sol de Octubre.

Están ya casi llegando, cuando Lázaro para el caballo para decir:

–       Maestro…

Bueno será que te deshagas del hombre de Keriot.

Tengo miedo de él.

No te ama.

No me gusta.

Nunca me ha gustado.

Es sensual y ambicioso.

Satanás siempre utiliza sus instrumentos, para flagelar a los corredentores y causarles sufrimiento…

Por eso puede cometer cualquier pecado. Maestro,

es él el que te ha denunciado…

–       ¿Tienes pruebas?

–      No.

–      Pues entonces no juzgues.

No eres muy experto en tus juicios.

Acuérdate de que juzgabas inexorablemente perdida a tu María…

No digas que es mérito mío.

Ella fue la primera en buscarme.

–       Eso también es verdad.

Pero en fin, desconfía de Judas.

Poco después entran en el jardín donde están esperando curiosos, los apóstoles.

La ausencia de cuatro apóstoles y sobre todo de Judas;

hace por un lado, más íntimo el grupo de los que quedan;

por otro, más feliz.

286 CONVERSION Y ENTREGA ABSOLUTA


286 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es la Fiesta de los Tabernáculos.

El famoso campo de los Galileos, es lo que significa la palabra usada por Jesús

para designar el lugar de encuentro con los setenta y dos discípulos enviados delante de El

es sino una parte del monte de los Olivos, más apartado hacia el camino de Betania

 Es también el lugar exacto en que también acamparon Joaquín y Ana con el entonces pequeño Alfeo,

junto a otras chozas de ramas, en los Tabernáculos que precedieron a la concepción de la Virgen.

La cima del monte de los Olivos es suave:

Todo es suave en ese monte: las subidas, los panoramas, la cima.

Espira realmente paz, vestido como está de olivos y silencio.

Ahora no, porque ahora es un verdadero hormigueo de gente aplicada a hacer las chozas.

Pero generalmente es un lugar de gran quietud, de meditación.

Hacia el norte, hay una leve depresión; luego una nueva cima,

aún menos cerrada que la del monte de los Olivos

Aquí, en esta explanada, acampan los galileos.

No sé si es por costumbre religiosa ya secular o si es por orden de los romanos,

con la finalidad de evitar choques con los judíos o con otros de otras regiones,

poco corteses con los galileos. 

Pero ya están ahí muchos galileos, entre los cuales Alfeo de Sara de Nazaret,

Judas, el anciano hacendado de la zona de Merón, al arquisinagogo Jairo

y otros venidos de Betsaida, Cafarnaúm y otras ciudades galileas.

Jesús señala el lugar que deberán ocupar para sus cabañas:

justo en las lindes orientales del campo de los Galileos.

Se ponen a construir las cabañas los apóstoles y algunos discípulos,

entre los cuales están el sacerdote Juan y el escriba Juan, el arquisinagogo Timoneo,

más Esteban, Hermasteo, José de Emaús, Abel de Belén de Galilea. 

En esto -mientras construyen las cabañas…

Jesús habla con unos niños de Cafarnaúm que se han ceñido en torno a Él y le están

preguntando un sinfín de cosas y confiándole otras tantas-,

por el camino que viene de Betania, aparece Lázaro, junto con el inseparable Maximino.

Jesús está vuelto de espaldas y no lo ve venir.

En cambio Judas sí lo ve y avisa al Maestro, el cual deja automáticamente a los niños

y, sonriendo, se dirige hacia su amigo.

Maximino se detiene para dejar plena libertad a los dos en el primer momento de su encuentro.

Lázaro recorre los últimos metros, caminando con más dificultad que nunca,

rápidamente en la medida de sus posibilidades,

con una sonrisa en la que tiemblan el sufrimiento en su boca y las lágrimas en sus ojos.

Jesús abre los brazos y Lázaro cae sobre su corazón prorrumpiendo en un fuerte llanto. 

Jesús le pregunta:

–       Pero hombre, amigo mío, ¿Lloras todavía?…

Y lo besa en la sien, porque es bastante más alto que Lázaro y le sobresale toda la cabeza.

Y parece todavía más alto, porque Lázaro está inclinado en su abrazo de amor y respeto).

Levanta por fin la cabeza Lázaro,

y dice:

–       Lloro, sí.

El año pasado te di las perlas de mi triste llanto… 

Justo es que recibas las perlas de mi llanto de alegría.

¡Maestro, Maestro mío!

Estimo que nada hay más humilde y santo que el llanto bueno…

Y es lo que te doy, para decirte “gracias” por mi María,

que ahora es enteramente una niña dichosa, serena, pura, buena…

¡Mucho más buena todavía que cuando era pequeña!

Yo, que en mi orgullo de israelita fiel a la Ley me sentía muy por encima de ella,

ahora me siento muy pequeño, muy nada, respecto a ella,

que ya no es una criatura sino una llama de fuego, una llama santificadora.

Yo… no llego a entender dónde halla esa sabiduría, esas palabras, esas obras que encuentra

y que edifican a toda la casa.

La miro como se mira un misterio.

¿Cómo, tanto fuego y tantas gemas podían ocultarse en tranquila convivencia

Señor, enciende mi corazón en el FUEGO de tu AMOR ARDIENTE y ayúdame a AMAR como Tú Quieres que lo haga...

bajo tanta podredumbre?

Ni yo ni Marta subimos hasta donde ella sube.

¿Cómo lo hace, si ha tenido rotas las alas por el vicio?

No entiendo…

–        Ni falta que hace que entiendas.

Con que entienda Yo.

Pero te digo que María tiene las energías de su ser orientadas hacia el Bien.

Ha encauzado su temperamento hacia la perfección.

Y dado que es un temperamento de poderoso absolutismo,

se lanza sin reservas por este camino.

Utiliza su experiencia del mal, para ser potente en el bien, como lo fue en el mal;

usando los mismos sistemas de darse enteramente, que tenía en el pecado,

ahora se da toda a Dios.

Ha comprendido la ley del 

“ama a Dios con todo tu ser, con tu cuerpo y con tu alma, con todas tus fuerzas”.

Si Israel estuviera hecho de Marías, si el mundo estuviera hecho de Marías,

tendríamos en la tierra el Reino de Dios cual será en el altísimo Cielo.

–        Oh!…

¡Maestro, Maestro!

¡Y es María de Mágdala la que merece estas palabras!…

–        Es María de Lázaro,

la gran amiga hermana del gran amigo mío.

¿Cómo habéis sabido que estaba aquí, si todavía mi Madre no ha ido a Betania?

–        venido, forzando el camino,

el encargado de Agua Especiosa y me ha dicho que venías.

Todos los días he mandado aquí a uno de la servidumbre.

Hace poco ha vuelto diciendo: “Ha llegado. Está en el campo galileo”.

Me he puesto en marcha inmediatamente…

–        Pero si estás mal…

–       ¡Muy mal, Maestro!

Estas piernas…

–        ¡Y has venido!

Habría ido Yo pronto…

–        Mi prisa por manifestarte mi alegría era demasiado angustiosa

Hace meses que lo tengo dentro. ¡Una carta!

¡Qué es una carta para decirte una cosa como ésta!

Ya no podía esperar más…

¿Vas a venir a Betania?

–       Ciertamente.

En cuanto termine la fiesta.

–        Te esperan con gran impaciencia…

La griega… ¡Qué mente!

Converso mucho con ella, ávida de saber de Dios.

Pero es muy culta…

Y yo, que no sé bien ciertas cosas, debo ceder;

haces falta Tú.

–        Iré.

Ahora vamos con Maximino;

luego, te ruego que te consideres mi invitado.

Mi Madre se alegrará al verte.

Y podrás descansar.

Dentro de poco vendrá con el niño.

Y Jesús llega donde Maximino, el cual se arrodilla para saludarlo…

238 EL SACRIFICIO PERFECTO


238 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

LAS ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Precisamente a orillas del profundo torrente, Jesús encuentra a Isaac con muchos discípulos, conocidos y desconocidos.

Entre los conocidos están: el arquisinagogo de Agua Especiosa, Timoneo;

José, el acusado de incesto, de Emaús;

el joven que no  fue a enterrar a su padre por seguir a Jesús;

Esteban el discípulo de Gamaliel.

El salvado Abel;

Abel el leproso, curado el año anterior cerca de Corazaín;

con su amigo Samuel; el barquero de Jericó, Salomón;

Son rostros conocidos de discípulos y hay además otros, conquistas de Isaac.

O de los mismos discípulos que siguen al núcleo principal, con la esperanza de encontrar a  Jesús.

El encuentro es afectuoso, alegre, reverente. 

Isaac está radiante por la alegría de ver al Maestro y de enseñarle su nuevo rebaño,

y como premio pide una palabra de Jesús para la turba que tiene consigo.  

Jesús pregunta.

–      ¿Conoces un lugar tranquilo donde nos podernos reunir

Isaac contesta:

–       En el extremo del golfo hay una playa desierta.

Allí hay unas casitas de pescadores, que en este período están deshabitadas,

porque son malsanas y porque, la época de la pesca de pescado para salazón ya ha terminado.

Y los pescadores van a la Siro-Fenicia a la pesca de la púrpura.

Muchos de ellos ya creen en ti, porque, han oído hablar en las ciudades portuarias y por contactos con los discípulos;

me han cedido las casitas para descansar nosotros.

Después de cada misión volvemos a ellas.

Porque en esta costa hay mucho que hacer; está completamente corrompida por muchas cosas.

Querría llegar hasta la Siro-Fenicia.

Podría hacerlo por mar, porque la costa está demasiado caldeada por el sol como para recorrerla a pie.

Pero soy pastor, no marinero.

Y de éstos no hay ninguno que sepa navegar.

Jesús, que está escuchando atentamente, con una leve sonrisa, un poco agachado.

¡Tan alto como es Él, teniendo de frente al pequeño pastor, que refiere todo como un soldado a su general!.

Jesús responde:

–     Dios te ayuda por tu humildad.

Si aquí me conocen es por ti, discípulo, no por los otros.

Vamos a preguntar a los del lago si se sienten en condiciones de navegar en el mar.

Y si podemos, iremos a Siro-Fenicia.

Y se vuelve, buscando a Pedro, Andrés, Santiago y Juan,

que conversan animadamente con algunos discípulos.

Mientras, Judas Iscariote está detrás congratulándose con Esteban, y Simón Zelote.

Bartolomé y Felipe están con las mujeres.

Los otros cuatro están con Jesús.

Los cuatro pescadores van enseguida.  

Jesús les pregunta:

–       ¿Seríais capaces de navegar en el mar? 

Los cuatro se miran, perplejos.

Pedro se remueve el pelo mientras piensa.

Luego pregunta:

–       Pero, ¿dónde?

¿Muy fuera de la costa?

Nosotros somos peces de agua dulce…

–      No.

Siguiendo la costa hasta Sidón.

–     ¡Hombre!, pues…

Creo que se puede.

y volviéndose hacia los otros tres:

¿Vosotros qué pensáis?

Santiago dice: 

–      Yo también creo que sí.

Sea mar o sea lago, será en todo caso lo mismo: agua.  

Juan añade:

–     Es más, será más bonito y más fácil.

–     La verdad es que no sé de dónde sacas eso – le responde su hermano.

Pedro responde bromeando:

–      De su amor por el mar.

Quien ama una cosa ve en ella todas las perfecciones.

Si amaras así a una mujer, serías un marido perfecto. 

Y Pedro da unos meneos afectuosos a Juan.  

Juan responde convencido:

–      No.

Lo digo porque en Ascalón vi que las maniobras eran iguales y la navegación muy suave.

Pedro exclama:

–      ¡Pues entonces, vamos! 

Santiago observa:

–      De todas formas sería siempre mejor llevar con nosotros a uno del lugar.

No conocemos este mar ni la profundidad de estas aguas  

Andrés añade:

–      ¡Bah!…

¡No me preocupa lo más mínimo!

¡Tenemos a Jesús con nosotros!

Antes no me sentía todavía seguro,

¡Pero después de que ha calmado el lago!…

Vamos, vamos con el Maestro a Sidón, que quizás hay alguna cosa buena que realizar –

–     Pues entonces iremos.

Procura las barcas para mañana.

Pídele a Judas de Simón la bolsa.

La alegría con qué manifiestan todos los discípulos esta decisión de Jesús es muy grande…

Y, mezclados juntos apóstoles y discípulos vuelven sobre sus pasos y se encaminan hacia la ciudad.

La rodean por su periferia hasta que llegan a la punta extrema de la bahía.

Punta que penetra en el mar como un brazo doblado.

Allí, unas pocas casuchas, esparcidas por la costa guijarrosa y breve,

representan el lugar más miserable de la ciudad.

El más deshabitado y menos  continuamente poblado.

Las pequeñas casas -cubos de muro desmoronado por la salobridad y los años- están, todas, cerradas.

Cuando los discípulos las abren, dejan ver su humeada miseria y su moblaje reducido verdaderamente a lo mínimo indispensable.  

Isaac, que se encarga del recibimiento de los huéspedes,.

dice:

–      Aquí están.

Son, si no bonitas, por lo menos muy cómodas y limpia.

Pedro con cierto retintín.

comenta:

–      ¡No, bonitas no, pobrecillas!

Agua Especiosa era un palacio comparada con éstas. 

¡Y había quien se quejaba!… 

–     Pero para nosotros son una suerte.

–     ¡Claro, claro!

Lo importante es tener un techo y amarse.

¡Ah… mira, aquí está nuestro Juan!

¿Cómo estás? ¿Dónde estabas?

Pero Juan de Endor, no sin sonreírle a Pedro.

Va inmediatamente a venerar a Jesús, que lo saluda con palabras muy buenas.  

Isaac dice:

–      No he querido que viniera porque no ha estado muy bien…

Prefiero que esté aquí.

Se desenvuelve muy bien con la gente de la ciudad y con quien le pide noticias acerca del Mesías…

En efecto, el hombre de Endor está mucho más delgado que antes.

Pero su rostro aparece sereno.

La delgadez le ennoblece los rasgos:

viéndolo, se piensa en uno ya afectado por el dúplice martirio de la carne y del espíritu.

Jesús lo observa y le pregunta:

–      ¿Estás enfermo, Juan?

–     No más de cuanto lo estaba antes de verte.

Esto respecto al cuerpo, porque, si me juzgo bien, estoy curándome de mis particulares heridas.

Jesús mira todavía un momento sus ojos serenos y sus sienes hundidas,

pero no dice nada más;

le pone, eso sí, una mano en el hombro.

Y entra con él en una de las casitas, a la que han traído unos cántaros de agua de mar para refrescar los pies cansados,

Junto con unas tinajas de agua fresca para la sed.

Fuera, sobre una tosca mesa colocada a la sombra de una… ilusión de pérgola de plantas trepadoras,

se preparan las cosas para comer.

Y es bonito, mientras el crepúsculo desciende y el mar musita las oraciones del atardecer;

con el frufrú de la resaca en la playita guijarrosa, ver la cena de Jesús con las mujeres y los apóstoles,

sentados en torno a la tosca mesota.

Mientras los demás,

quién sentado en el suelo, quién en taburetes o cestas puestas al revés,

hacen círculo alrededor de la mesa principal.

Pronto termina la cena.

Y más rápidamente todavía, quitan la mesa, los utensilios para los huéspedes más importantes eran muy pocos. 

El mar, en la noche aún sin luna, ha tomado un color negro-añil.

toda su grandeza se manifiesta en esta hora triste y solemne de las orillas marinas.

Jesús, altura blanca entre las sombras cada vez más oscuras,

se levanta de la mesa para ir al centro de una pequeña muchedumbre de discípulos,

mientras las mujeres se retiran.

Isaac y otro encienden sobre la arena unas pequeñas hogueras para que den luz y también para mantener a distancia,

las nubes de mosquitos que vienen de los esteros cercanos.  

Jesús saluda:

–     Paz a todos vosotros.

La misericordia de Dios nos reúne antes del tiempo establecido y alegra recíprocamente nuestros corazones.

He escudriñado todos vuestros corazones, moralmente buenos, como lo demuestra el hecho de estar aquí; 

esperándome, formándoos en Mí;

espiritualmente todavía imperfectos, como lo demuestran ciertas reacciones vuestras;

que manifiestan que perdura en vosotros el hombre viejo de Israel, con todos sus conceptos y prejuicios.

Y cómo todavía no ha salido de él, cual mariposa de su larva, el hombre nuevo, el hombre del Cristo,

el hombre que del Cristo tiene la grande, luminosa, misericordiosa mentalidad y la aún mayor caridad.

Pero, no os avergoncéis de que haya escudriñado vuestros corazones y leído todos sus secretos.

Un maestro debe conocer a sus discípulos para poderles corregir sus defectos.

Y, creedme, si es un buen maestro, no siente desagrado por los más defectuosos; 

sino que es precisamente a éstos a quienes más se dedica para mejorarlos.

Y sabéis que Yo soy un buen Maestro.

Vamos a examinar ahora juntos estas reacciones y prejuicios

vamos a tratar de considerar juntos el motivo de nuestra presencia aquí.

y, por la alegría que nos produce este estar unidos, sepamos bendecir al Señor;

que siempre, de un bien particular, obtiene un bien colectivo.

He oído de vuestros labios la admiración por Juan de Endor;

tanto más porque se profesa pecador convertido y apoya su tesis de predicación,

en medio de aquellos a quienes quiere conducir a Mí,

en estas dos características suyas, la vieja y la nueva.

Es verdad. Era un pecador.

Ahora es un discípulo.

Muchos de vosotros si han venido al Mesías ha sido gracias a él.

Ved, pues, cómo Dios crea el nuevo pueblo de Dios precisamente con aquellos medios que el hombre viejo de Israel despreciaría.

Ahora os voy a rogar que os abstengáis de juzgar con malsano juicio,

la presencia de una hermana que el viejo Israel no comprende como discípula.

He ordenado a las mujeres que se fueran a descansar

Pues bien, la razón de esta orden mía, que ciertamente ha apenado a las discípulas,

no era tanto la preocupación de que descansaran, cuanto la de poderos dar a vosotros  una santa valoración de una conversión.

Y la preocupación de impediros un pecado contra el amor y la justicia.

María de Mágdala, la gran pecadora de Israel, aquella que no tenía disculpa de su pecado, ha vuelto al Señor.

¿De quién podrá esperar ella fe y misericordia, sino de Dios y de los siervos de Dios?

Todo Israel, y con Israel los extranjeros que viven entre nosotros, aquellos que mucho la conocen…

Y severamente la juzgan, ahora que ya no es cómplice de sus excesos, critican y ridiculizan esta resurrección.

Resurrección. Es la palabra más exacta.

Resucitar un cuerpo no es el mayor milagro;

es un milagro siempre relativo, destinado a quedar un día anulado por la muerte.

Yo no doy inmortalidad al resucitado en cuerpo.

La CONVERSIÓN, es la RESURRECCIÓN ESPIRITUAL

Pero sí doy eternidad al resucitado en espíritu.

Además, mientras que, en el caso de un muerto en el cuerpo, el muerto no une su voluntad de resucitar a la mía; 

por tanto, no hay mérito por su parte.

En el resucitado en el espíritu está presente su voluntad.

Es más, es la primera presente.

Por tanto hay mérito del resucitado.

No os digo esto para justificarme.

Sólo a Dios debo rendir cuenta de mis acciones.  

Jesús con su gran humildad, como Mesías y como Hombre, puntualiza con esto que se considera además de Hijo; sólo un siervo de Dios… 

Pero como Dios Encarnado, no tiene porqué dar cuenta de sus actos; pues SIEMPRE es guiado por los otros Dos, (el Padre y el Paráclito) que habitan en ÉL…

Pero vosotros sois mis discípulos.

Y mis discípulos deben ser otros Jesús. (Otros Cristos)

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

No debe haber en ellos ningún desconocimiento, como tampoco ninguna de esas culpas inveteradas,

que hacen que muchos estén unidos a Dios sólo nominalmente.

Todo es susceptible de buenas acciones, hasta las cosas aparentemente menos apropiadas.

Cuando una materia se presenta ante la voluntad de Dios, aunque se trate de la más inerte, helada y repelente;,

puede transformarse en movimiento, llama y belleza pura.

Os propongo una comparación sacada del libro de los Macabeos.

Cuando el rey de Persia dejó partir a Nehemías para Jerusalén,

se quisieron ofrecer sacrificios en el Templo que había sido reconstruido y en el altar purificado.

Nehemías recordaba cómo, en el momento de la caída en manos de los persas,

los sacerdotes encargados del culto de Dios habían tomado el fuego del altar

y lo habían escondido en un lugar secreto, en el fondo de un valle, en un pozo profundo y seco,

Y que lo hicieron tan bien y tan secretamente,

que sólo ellos supieron dónde estaba el fuego sagrado.

Esto recordaba Nehemías.

Y recordándolo, llamó a los nietos de aquellos sacerdotes;

para que fueran al lugar indicado por los sacerdotes a sus hijos, antes de morir.

Éstos a su vez se lo habían indicado a sus hijos, transmitiendo de esta forma el secreto de padres a hijos.

Y trajeran el sagrado fuego para encender el fuego del sacrificio.

Pero, cuando bajaron los nietos al pozo secreto, no encontraron fuego sino densa agua.

Un lodo putrefacto, fétido, pesado, que se había filtrado allí,

procedente de todas las cloacas obturadas de la devastada Jerusalén.

Y se lo dijeron a Nehemías.

Mas éste ordenó que cogieran agua de aquella y que se la trajeran.

Habiendo ordenado que se pusiera la leña encima del altar, y encima de la leña los sacrificios; 

roció abundantemente todo, para que todo quedara asperjado con el agua legamosa.

Si el pueblo asombrado, miraba con respeto;

si los sacerdotes, escandalizados, ejecutaron con respeto,

fue sólo porque era Nehemías el que lo ordenaba.

Pero, ¡cuánta tristeza en sus corazones, cuánta desconfianza!

De la misma forma que había nubes en el cielo que ponían triste el día;

en los corazones la duda ponía melancólicos a los hombres.

Mas he aquí que el sol desgarró las nubes y descendió con sus rayos al altar.

Y la leña asperjada con el agua legamosa, se encendió con una gran llama que enseguida inflamó el sacrificio;

mientras los sacerdotes oraban con las oraciones que había compuesto Nehemías.

Y con los más bellos himnos de Israel, hasta que todo el sacrifico quedó consumido.

Entonces para persuadir a la multitud de que Dios tiene poder para realizar prodigios,

con las materias menos adecuadas si se usan con recto fin,

Nehemías ordenó que con el resto del agua se asperjara una serie de piedras grandes.

Y las piedras asperjadas prendieron fuego y en él se consumieron en la intensa luz que venía del altar.

Cada alma es un fuego sagrado, encendido por Dios en el altar del corazón; 

para que consuma el holocausto de la vida con amor al Creador de la vida.

Toda vida es holocausto, si se emplea bien;

cada día es un holocausto que ha de arder con santidad.

Pero llegan los depredadores, los opresores del hombre y de su alma.

El fuego cae en el pozo profundo.

No por santa necesidad, sino por nefasta necedad.

Y allí, sumergido en los desagües de todas las sentinas de los vicios, se transforma en lodo putrefacto y pesado,

hasta que no desciende a esa profundidad un sacerdote y devuelve a la luz del sol aquel lodo…

Y lo deposita sobre el holocausto de su propio sacrificio.

Porque habéis de saber que no basta el heroísmo de la persona que se convierte;

es necesario también el heroísmo de quien convierte.

Es más, éste debe preceder a aquél,

porque las almas se salvan con el sacrificio nuestro.

Almas víctimas y corredentoras; fusionadas con Cristo en la Cruz

Porque así se logra que el lodo se convierta en llama.

Y Dios juzgue perfecto y grato a su santidad;

el holocausto que se consume.

Es entonces cuando, no bastando para persuadir al mundo;

de que el lodo arrepentido, es más abrasador que el fuego común…

Aunque sea fuego consagrado, que sirve sólo para consumir leña y víctimas.

O sea, materias combustibles; 

Señor, enciende mi corazón en el FUEGO de tu AMOR ARDIENTE y ayúdame a AMAR como Tú Quieres que lo haga...

Este lodo arrepentido adquiere tal potencia;

que puede encender y devorar hasta las piedras, material incombustible.

¿Y no os preguntáis de qué le viene a este lodo esta propiedad?

¿No lo sabéis?

Os lo diré:

Es porque en el fuego del arrepentimiento ellos se funden en Dios,

Llama con llama;

llama que sube, llama que desciende;

llama que se ofrece amando, llama que se concede amando;

abrazo de dos que se aman, que se encuentran de nuevo,

que se unen y forman una cosa sola.

Y dado que la llama más fuerte es la de Dios,

ésta excede, rebosa, penetra, asume…

CORAZÓN ARDIENTE

Y la llama del lodo arrepentido deja de ser llama relativa de ser creado, para  ser llama infinita de Ser increado:

del Altísimo, el Potentísimo, el Infinito, de Dios.

Esto son los grandes pecadores verdaderamente convertidos, totalmente convertidos;

generosamente entregados a la conversión sin quedarse con nada del pasado;

consumiéndose primero ellos mismos, su parte más pesada, con la llama que se  levanta de su propio barro;

que ha acudido a la Gracia y que por ella ha sido tocado.

En verdad, en verdad os digo que muchas piedras de Israel recibirán el impacto del fuego de Dios;

por estos hornos de fuego que arderán cada vez más, hasta la consumición de la criatura humana.

Y que seguirán devorando con su fuego las piedras: 

las tibiezas, las incertidumbres, las timideces de la Tierra, desde su trono del Cielo,

verdaderos espejos sobrenaturales que recogen las Luces Unas y Trinas;

para hacerlas converger en la Humanidad y encenderla de Dios.

Os repito que no tenía necesidad de justificar mis actos;

pero he querido que entrarais en mi concepto y lo hicierais vuestro.

Para ahora y para otros casos futuros semejantes, cuando Yo ya no esté con vosotros.

Que nunca un concepto desviado;

una sospecha farisaica de contaminar a Dios llevándole un pecador arrepentido,

os detenga en esta obra, que es coronación perfecta de la misión a que os destino.

Tened siempre presente que no he venido a salvar a los santos, sino a los pecadores.

Y haced vosotros lo mismo, porque el discípulo no está por encima del Maestro.

Y si Yo no aborrezco el tomar de la mano los desechos de la Tierra que sienten necesidad del Cielo,

que la sienten por fin…

Y jubiloso, los conduzco a Dios porque ésta es mi misión…

Y cada conquista es una justificación de mi Encarnación humilladora del Infinito;

pues no lo aborrezcáis tampoco vosotros, hombres limitados,

que en mayor o menor grado habéis conocido todos, la imperfección;

hechos de la misma naturaleza que vuestros hermanos pecadores;

hombres que elijo como salvadores para que continúen mi obra por todos los siglos de la Tierra,

de forma que sea como si Yo siguiera viviendo en ella con secular existencia.

Y así será porque la unión de mis sacerdotes será como la parte vital en el gran cuerpo de mi Iglesia,

de que Yo seré el Espíritu animador;

Nuestro verdadero bautismo lleno de gloria y júbilo celestial, es cuando somos capaces de decir: “Crucifícame Señor, porque te adoro sobre todas las cosas…

Y hacia esta parte vital, convergerán las infinitas partículas de los creyentes;

para constituir un único Cuerpo que recibirá su nombre de mi Nombre.

Pero si faltara la vitalidad en la parte sacerdotal,

¿Podrían las infinitas partículas tener vida?

Verdad es que Yo, estando en el cuerpo, podría impulsar mi Vida hasta las partículas más lejanas,

sin hacer caso de las cisternas y canales obturados o inútiles, indóciles a su ministerio.

Porque la lluvia penetra hasta donde quiere.

Y las partículas buenas, capaces por sí mismas de querer la vida, vivirían igualmente mi Vida.

Pero, ¿Qué sería entonces el Cristianismo?

Cercanía de almas;

cercanas, pero separadas por canales y cisternas que ya no serían lazos de unión distribuidores de la sangre vital

Aquí está TODO EL PODER, que nos convierte en corredentores

proveniente de un único centro para cada una de las partículas;

serían, más bien, muros y precipicios de separación, y las partículas se mirarían, humanamente hostiles,

sobrenaturalmente afligidas, de una orilla a otra, diciendo en sus espíritus:

“¡Y éramos hermanos y tales nos sentimos todavía, a pesar de que nos hayan separado!”.

Cercanía. No fusión.

No un organismo.

Y por encima de esta ruina, resplandecería doliente mi amor…

Y añado:

No penséis que esto vale sólo para los cismas religiosos. No.

Sirve también para todas las almas que quedan solas, 

porque los sacerdotes no quieren sostenerlas, ocuparse de ellas, amarlas,

contraviniendo con ello a su misión, que es la de decir y hacer lo que Yo digo y hago.

O sea: “Venid a mí todos vosotros, que os conduciré a Dios”.

Idos en paz ahora y que Dios esté con vosotros.  

Los presentes, en conjunto, lentamente se marchan.

Cada uno hacia la casa que lo hospeda;

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229 EL APÓSTOL DE LA LUZ


229 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El grupo va caminando por una cañada que hay entre dos colinas verdes y muy bien cultivadas, desde abajo hasta la cima. 

Van todos avanzando por frescos atajos que conducen a Nazareth.

Las abruptas laderas de las colinas galileas, de tanto como la reciente tormenta las ha lavado…

Y junto con el rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol mañanero

Parecen creadas esa misma mañana, frenesí rutilante bajo los primeros rayos del sol.

El ambiente está tan puro y radiante; 

que pone de manifiesto hasta los más mínimos detalles, de los montes más o menos cercanos;

produciendo una  sensación de ligereza y lozanía.   

El rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol mañanero

Todos admiran el paisaje imitando a Jesús.

Solo María Magdalena recorre con sus ojos indagadores la cresta de los montes, como si no encontrase un lugar

Así llegan al picacho de un monte.

La vista se deleita en un pedazo de lago, bellísimo en esta luz matutina.

Todos, imitando a Jesús observan con admiración.

Pero María de Mágdala pronto desvía de ese punto la mirada y busca algo en otra dirección.

Sus ojos se posan sobre las crestas montanas situadas al noroeste del lugar donde se encuentra;

pero parece que no encuentra lo que busca.  

Susana, que también va con ella,

le dice:

–     ¿Qué buscas?

Magdalena contesta:

–      Quisiera reconocer el monte, en donde encontré al Maestro.

–       Pregúntaselo.

Obviamente Magdalena se refiere al Monte de las Bienaventuranzas…

Que se encuentra entre el montón de colinas que se agrupan a lo lejos.

Martha dice:

–    ¡Oh!…

No es necesario que lo perturbes.

Mira, ahora está hablando con Judas de Keriot.

Haciendo gestos muy expresivos con la mirada,

Susana cuchichea:

–    ¡Vaya!…

 ¡Qué clase de hombre es ese!….

Y sin que agregue nada más, se entiende lo que quiere decir. 

En ese preciso momento… 

Finalmente después de un examen panorámico más minucioso, 

Magdalena se vuelve hacia sus compañeras.

Mirando hacia los lagos y el Valle del Jordán, les señala un punto específico…

Y les dice: 

–     El monte es aquel, ciertamente…

No está por este camino; pero nunca olvidaré esa mañana.

¡Estaba fascinada con Él y cegada por Satanás…

Sólo me importaba el Hombre y no respeté su Divinidad…

Había decidido conquistarlo!…Era un día como éste, con tantas flores y tanta gente…

¡Sí! Algún día te llevaré allí, Martha.  

¡Allí comenzó mi liberación!

¡Oh, Martha!

¡Y tuve la desfachatez de presentarme con un vestido muy pecaminoso!… ¡

Y con unos amigos que…!

No, no puedes sentirte ofendida por las palabras de Judas.

Mueve la cabeza, antes de agregar: 

 –     Tampoco yo puedo ofenderme…

Me las merezco.

Todo me he merecido.

En este sufrimiento está mi expiación.

Todos recuerdan…

Y todos tienen derecho a decirme la verdad.

Yo debo guardar silencio.

¡Oh, si se reflexionara antes de pecar!

Quien me ofende, ahora es mi mejor amigo, porque me ayuda a expiar.

Su hermana un tanto molesta,

replica

–    Pero eso no quita que haya faltado.

Y Martha se vuelve hacia María,

preguntando:

–     Madre,

¿De veras tu Hijo está contento con ese hombre?

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite… Y POR ESO SON TAN CRUELES

La Virgen contesta:

–     Es necesario rogar mucho por él.

Jesús así me lo ha dicho.

Mientras tanto, el grupo ha llegado a cierto punto del trayecto;

donde el Maestro da unas instrucciones específicas… 

Juan se separa de los apóstoles, para ir a ayudar a las mujeres,

en un lugar cuyo recorrido es bastante complicado.

Está escabroso, sembrado mucho más que el sendero, de piedras lisas como esquirlas de pizarra rojiza…

Y de una hierbecilla brillante y dura…

Muy traicioneras para el pie que si no se afirma, con seguridad. 

Y se camina con mucho cuidado, las sandalias resbalan…

Y la caída no sólo sería aparatosa, sino con consecuencias indeseables.

Simón Zelote lo acompaña y los dos apóstoles acuden al rescate. 

Y las discípulas apoyándose en ellos, suben el lugar peligroso.

Simón les dice:

–    Es un poco difícil este atajo.

Pero no tiene polvo, ni hay gente.

Además, es más corto.

María da un profundo suspiro.

Y dice

–    Es fatigoso, sí…

Lo conozco, Simón.

Vine a aquel pueblito que está en mitad de la pendiente…

Y lo recorrí con mis sobrinos, cuando Jesús fue arrojado de Nazareth.

Siempre amoroso y optimista,

Juan comenta:

–     Pero desde aquí es bonito el mundo.

Allí están el Tabor y el Hermón.

Y al norte los montes de Arbela.

Y allá en el fondo el gran Hermón.

¡Qué pena que no se vea el mar como se ve desde el Tabor!

Susana pregunta:

–     ¿Has estado allí, alguna vez?

Juan contesta:

–     Sí, con el Maestro.  

Zelote agrega:

–     Juan, con su amor por el infinito… 

Nos atrajo una gran dicha, porque Jesús allá arriba, habló de Dios…

Y este jovencito, con un arrobamiento como nunca habíamos oído;

nos dio

a todos una gran lección.

Y luego, después de tanto como habíamos recibido; obtuvimos una gran conversión.

Y volviéndose hacia Magdalena, agrega:

–     Lo conocerás tú también María.

Y se fortalecerá tu espíritu aún más de lo que ya lo está.

Encontramos a un hombre endurecido de odio, afeado por los remordimientos.

Y Jesús lo transformó en una persona de la que no dudo en decir, que será un gran discípulo.

Como tú, María.

Porque, cree en la verdad de lo que te digo:

nosotros los pecadores somos más dúctiles a la acción del Bien que nos alcanza,

porque sentimos la necesidad de ser perdonados, incluso por nosotros mismos» 

Magdalena, sonriendo le dice:

–     Es verdad.

Pero eres muy bueno diciendo “nosotros los pecadores“.

Tú has sido un desdichado, no un pecador.

–     Todos lo somos.

Quién más, quién menos.

Y quien cree que lo es menos, es el más;  sujeto a serlo si es que no lo es ya.

Todos lo somos.

Pero son los pecadores más grandes que se convierten, los que saben ser absolutos en el Bien,

como lo fueron en el mal.

–     Tu consolación me conforta.

Siempre has sido un padre para con los hijos de Teófilo.

–     Y como un padre…

Exulto por teneros a los tres como amigos de Jesús.  

–     ¿Dónde encontrasteis a ese discípulo gran pecador?

Juan responde:

–     En Endor, María.

Simón quiere atribuir a mi deseo de ver el mar el mérito de tantas cosas hermosas y buenas.

Pero si Juan el anciano ha venido a Jesús no ha sido por mérito de Juan el necio;

sino por mérito de Judas de Simón… 

Termina sonriendo el hijo de Zebedeo.

Martha pregunta con incertidumbre:

–     ¿Lo convirtió él? 

–     No.

Pero quiso ir a Endor y… 

Zelote comenta:

–     Sí, para ver el antro de la maga…

Judas de Simón es un hombre muy extraño…

Hay que tomarlo como es… ¡En fin!…

Y Juan de Endor nos guió a la caverna.

Luego se quedó con nosotros.  

Y mirando a Juan, agrega:

Pero, hijo mío, el mérito es tuyo de todas formas;

porque sin tu deseo de infinito, no habríamos ido por ese camino y no le habría venido a Judas de Simón,

el deseo de ir averiguar esa extraña cosa.    

Lo que para Simón es extraño, porque es distinto; nosotros lo llamamos satanismo en nuestra actualidad.. 

Para los hebreos era idolatría pura y por lo mismo, prácticamente incomprensible;

porque sus convicciones son contrarias y aman a Dios.

Magdalena, que conoce perfectamente las prácticas religiosas de los adoradores de dioses paganos; 

por su intenso contacto de forma tan continua, tanto con romanos como con griegos:… 

Y se enteró de sus creencias y pensamiento. 

Y esto aunado a su dolorosa experiencia personal con Satanás…

la hace entender perfectamente toda la compleja situación; 

que observa con su inteligencia despierta y bastante vivaz…. 

Suspira profundamente,

y dice:  

–     Me gustaría saber lo que dijo Jesús en el Tabor…

Y también reconocer el monte en que lo vi…  

Zelote responde:

–     El monte es aquel en que ahora parece encenderse un sol, por aquel pequeño estanque; 

usado por los rebaños, porque recoge agua de manantial.

Nosotros estábamos más arriba…

Donde la cima parece abrirse cual largo bidente, que quisiera pinchar las nubes,

para llevarlas a otra parte.

Por lo que respecta al discurso de Jesús…

Creo que Juan te lo puede referir.  

Juan se ruboriza y dice:

–     ¡Simón!

¿Puede acaso un muchacho repetir las palabras de Dios?

–     Un muchacho, no.

Tú, sí. Inténtalo.

Por complacer a tus hermanas y a mí, que te quiero más.

Juan se ruboriza todavía más,

cuando empieza a repetir el discurso de Jesús.

Dijo:

“He aquí la página infinita en que las corrientes escriben la palabra “Creo”.

Pensad en el caos del Universo, antes de que el Creador quisiera ordenar los elementos;

y constituirlos en maravillosa sociedad

que dio a los hombres la Tierra y cuanto contiene.

Y al firmamento los astros y los planetas.

Todo era todavía inexistente.

No existía ni como caos informe, ni como cosa ordenada, que Dios hizo.

Hizo pues primero los elementos que son necesarios, a pesar de que alguna vez parezcan nocivos.

Pero -pensadlo siempre- ni la más diminuta gota de rocío existe, sin su razón buena de ser;

no hay insecto, por pequeño y latoso que sea, que no tenga su razón buena de ser.

Y lo mismo:

No hay monstruosa montaña que escupa fuego e incandescente lapilli de sus entrañas

que no tenga su razón buena de ser.

Y no hay ciclón que exista sin un motivo.

Y no hay – pasando de las cosas a las personas- hecho, llanto, alegría, nacimiento, muerte,

esterilidad o maternidad prolífica, larga vida matrimonial o rápida viudez;

desventura de miseria y de enfermedad, prosperidad de medios y de salud;

que no tenga su razón buena de ser;

aunque no se le presente como tal, a la miopía y soberbia humanas;

que ve o juzga con todas las cataratas y ofuscaciones propias de las cosas imperfectas.

Mas el ojo de Dios ve, el pensamiento ilimitado de Dios sabe.

El secreto para vivir exentos de estériles dudas,

que dan a la jornada terrena nerviosismo, agotamiento, hieles;

está en saber creer que Dios todo lo hace por una razón inteligente y buena;  

Cuando estamos conscientes, de que TODO en la Tierra es pasajero…  

Que NADA nos pertenece realmente,

porque Dios nos lo ha entregado para ADMINISTRARLO…

Y que Dios hace lo que hace por amor…

Porque Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos CRECER espiritualmente...

Su Voluntad permite, las acciones de Satanás en los sucesos de nuestra vida; 

por Amor...

Y no por un estúpido intento de mortificar por mortificar.

Dios ya había creado a los ángeles.

Parte de ellos, por haber querido no creer que fuera bueno,

el nivel de gloria en que Dios los había colocado,,

se rebelaron y con su corazón agostado por la falta de fe en su Señor;

trataron de asaltar el inalcanzable Trono de Dios.

A las armoniosas razones de los ángeles creyentes;

habían opuesto su desacorde, injusto y pesimista pensamiento.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. EZEQUIEL 28

Y el pesimismo, que es falta de fe, 

los hizo pasar de espíritus de luz, a espíritus entenebrecidos.

¡Vivan eternamente, aquellos que tanto en el Cielo como en la Tierra;

saben basar su pensamiento en una premisa de optimismo lleno de luz!

Nunca errarán completamente, aunque los hechos los contradigan.

¡No errarán, al menos por lo que se refiere a su espíritu,

que continuará creyendo, esperando;

amando sobre todo a Dios y al prójimo;

permaneciendo por tanto en Dios, por los siglos de los siglos!

El Paraíso había sido ya liberado de estos orgullosos pesimistas;

“Pues si Dios no perdonó a los Angeles que pecaron, sino que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiados hasta el Juicio. 2 Pedro 2, 4 

que veían negrura incluso en las luminosísimas obras de Dios… 

De la misma forma que en la Tierra,

los pesimistas ven negrura hasta en las más claras y luminosas acciones del Hijo del Hombre.

Y queriendo aislarse dentro de una torre de marfil, pues se creen los únicos perfectos;

se auto-condenan a una oscura prisión que termina en las tinieblas del reino infernal;

el reino de la Negación;

porque el pesimismo es también Negación.

Dios hizo pues, la Creación.

Y, de la misma forma que para comprender el misterio glorioso de nuestro Ser Uno y Trino,

hay que saber creer y ver que desde el principio el Verbo existía y estaba con Dios;

unidos por el Amor perfectísimo que sólo puede ser espirado por Dos que Dios Son…

Siendo Uno…

Así igualmente para ver la Creación como realmente es;

es necesario mirarla con ojos de fe, porque en su ser;

de la misma forma que un hijo lleva el imborrable reflejo de su padre…

La Creación tiene en sí el indeleble reflejo de su Creador.

Veremos entonces que también aquí al principio fueron el cielo y la tierra;

luego fue la luz, que puede ser comparada con el amor, porque la luz es alegría como lo es el amor.

Y la luz es la atmósfera del Paraíso.

Y Dios, incorpóreo Ser, es Luz y es Padre de toda luz intelectiva, afectiva, material, espiritual;

en el Cielo y en la Tierra.

Al principio fueron el cielo y la tierra…

Y les fue dada la luz y por la luz todo fue hecho.

Y de la misma forma que en el Cielo altísimo habían sido separados los espíritus de luz de los de tinieblas;

en la Creación fueron separadas las tinieblas de la luz.

Y se hizo el Día y la Noche:

El primer día de la Creación se había cumplido, con su mañana y su tarde, su mediodía y su media noche.

Y cuando la sonrisa de Dios la luz, pasada la noche volvió la mano de Dios, su poderosa Voluntad,

se extendió sobre la tierra informe y vacía.

Y sobre el cielo por el que vagaban las aguas -uno de los elementos libres en el caos-

y quiso que el firmamento separase el desordenado errar de las aguas entre el cielo y la tierra,

para que fuera entre-cielo que protegiera de los rayos paradisíacos;

contención de las aguas superiores;

para que no cayeran los diluvios sobre la fermentación de metales y átomos,

Y erosionasen y disgregasen lo que Dios estaba reuniendo.

Estaba establecido el orden en el cielo.

El imperativo dado por Dios a las aguas que se extendían sobre la tierra, puso orden en ésta.

Y tuvo origen el mar, con las arenas de las playas como sus límites….

Ahí está.

En él, como en el firmamento, está escrito: “Dios existe”.

Cualquiera que sea la capacidad intelectual de un hombre y su fe;

O SU NO FE, ante esta página; 

en que brilla una partícula de la infinitud que es Dios y en que está testificado su Poder…

 Porque ningún poder humano ni ninguna ordenación natural de elementos pueden repetir,

ni siquiera en mínima medida, un prodigio semejante…

Está obligado a creer.

A CREER no sólo en el poder, sino también en la Bondad del Señor,

que a través de ese mar le da al hombre alimento y caminos, sales saludables.

Y mitiga el sol y da espacio al viento, semillas a las tierras lejanas entre sí;

da voces de tempestades para que llamen a la hormiga que es el hombre hacia el Infinito, su Padre.

Y da la forma de elevarse, contemplando visiones más altas, a más altas esferas.

En la creación todo es testimonio de Dios, mas tres son las cosas que más hablan de Él:

La luz, el firmamento y el mar:

el orden astral y meteorológico, reflejo del Orden divino;

la luz que sólo un Dios podía hacer;

el mar, esa potencia que sólo Dios, tras haberla creado, podía meter en sólidos confines…

Y darle movimiento y voz, sin que por ello, cual turbulento elemento de desorden, dañase a la tierra.

A esta tierra que lo sostiene sobre su superficie.

Penetrad el misterio de la luz que nunca se agota.

Levantad la mirada al firmamento en que ríen estrellas y planetas.

Bajad vuestra mirada hacia el mar.

Ved su verdadera realidad: no es algo que separe;

sino puente entre los pueblos, con los que están en las otras orillas, invisibles, incluso desconocidas;

pero en cuya existencia es necesario creer, por el simple hecho de que existe este mar.

Dios no hace ninguna cosa inútil.

Por tanto, no habría hecho esta infinitud si no tuviera como límite, más allá del horizonte que nos impide la visión,

otras tierras, pobladas por otros hombres, con origen todos ellos en un único Dios,

llevados allá por tempestades y corrientes, por voluntad de Dios, para poblar continentes y regiones.

Este mar trae en sus ondas, en el rumor de sus olas y mareas, invocaciones lejanas;

es elemento de unión, no de separación.

Esta ansia que le produce a Juan una dulce angustia, es la llamada de los hermanos lejanos.

Cuanto más señor de la carne se hace el espíritu;

más es capaz de oír las voces de los espíritus que están unidos, aunque medie separación entre ellos

(como están unidas las ramas nacidas de una única raíz; 

a pesar de que una ya ni siquiera vea a la otra porque un obstáculo se interpone entre ellas).

Mirad el mar con ojos de luz.

Veréis tierras y más tierras extendidas sobre sus playas, en sus confines.

Y, dentro de él, más tierras todavía…

Pues bien, de todas ellas llega un grito: “¡Venid! ¡Traednos esa Luz que poseéis, esa Vida que se os da!

¡Decidle a nuestro corazón esa palabra que ignoramos;

pero que sabemos que es la base del Universo: amor. 

Enseñadnos a leer la palabra que vemos escrita, en las páginas infinitas del firmamento y el mar:

D i o s .

Iluminadnos, porque sentimos que hay una luz aún más verdadera,

que la que arrebola el cielo y hace de pedrería la superficie del mar.

Dad a nuestras tinieblas esa Luz que Dios os ha dado tras haberla engendrado con su amor;

que os ha dado a vosotros, pero para todos,

de la misma forma que se la dio a los astros para que la dieran a la Tierra.

Vosotros sois los astros; nosotros, el polvo.

Pero formadnos, de la misma forma que el Creador creó con el polvo la Tierra,

para que el hombre la poblara y lo adorase, ahora y siempre,

hasta que llegue la hora en que ya no sea Tierra, sino que venga el Reino,

el Reino de la luz, del amor, de la paz, como el Dios Vivo os ha dicho que será.

Porque también nosotros somos hijos de este Dios y pedimos conocer a nuestro Padre”.

Sabed ir por caminos de infinito, sin temores, sin sentimientos de desdén, hacia aquellos que invocan y lloran,

hacia aquellos que os producirán, sí, dolor, porque sienten a Dios pero no saben adorarlo,

pero que os darán también la gloria, porque seréis grandes en la medida en que, poseyendo el amor,

sepáis darlo, conduciendo a la Verdad a los pueblos que esperan”.

Jesús habló así.

Mucho mejor de como lo he dicho yo.

Pero al menos su concepto es éste.   

Zelote:

–     Juan…

Has dado una exacta repetición del Maestro.

Sólo has dejado fuera lo que dijo sobre tu poder de comprender a Dios, por tu generosidad de donarte.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Eres bueno, Juan.

¡El mejor de entre nosotros!

Hemos recorrido la distancia sin darnos cuenta.

Allí está Nazaret, construida sobre su terreno ondulado.

El Maestro nos está mirando y sonríe.

¡Venga, vamos a alcanzarlo para entrar en la ciudad juntos!  

La Virgen dice: 

–     Gracias, Juan.

Por el gran regalo que has dado a la Mamá.

Magdalena: 

–     Yo también te doy las gracias.

También a la pobre María le has abierto horizontes infinitos…  

Cuando se reúnen con Jesús,

les pregunta: 

–     ¿De qué hablabais tanto? 

Zelote responde: 

–     Juan ha repetido tu discurso del Tabor.

Perfectamente.

Y hemos gozado de ello.

–     Me alegro de que mi Madre, cuyo nombre tiene que ver con el mar…

Y cuya caridad es vasta como él, lo haya oído.

–     Hijo mío,

Tú la posees como Hombre.

Y no es nada respecto a tu infinita caridad de Verbo divino.

¡Mi dulce Jesús!

–     Ven, Mamá.

A mi lado; como cuando volvíamos de Caná o de Jerusalén;

cuando era niño, que me llevabas de la mano.

Y se miran con su mirada pletórica de amor. 

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222 JARDÍN DE AZUCENAS


222 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La barca costea el trecho que va de Cafarnaúm a Magdala.

María de Magdala está por primera vez, en la que será, su postura habitual de convertida:

sentada en el fondo de la barca a los pies de Jesús…

el cual está sentado, con porte grave, en uno de los bancos de la barca.

El rostro de la Magdalena tiene hoy un aspecto muy distinto del de ayer;

no es todavía ese rostro radiante de la Magdalena que sale al encuentro de su Jesús,

cada vez que Él va a Betania,

pero es ya un rostro liberado de temores y tormentos;

y su mirada, que antes fuese descarada y luego reflejaba humillación, ahora es seria, pero segura,

y en su noble seriedad brilla de vez en cuando,

una chispa de alegría escuchando a Jesús, que habla con los apóstoles o con su Madre y Marta.

Ahora van hablando de la bondad de Porfiria, tan sencilla y amorosa.

Y de la afectuosa acogida de Salomé.

Junto con las mujeres e hijas de Bartolomé y Felipe.

Éste dice:

–     Si no fuera porque son todavía muy niñas…

Y su madre es contraria a que estén por los caminos, también te seguirían, Maestro.  

Jesús responde: 

–     Me sigue su alma.

Que es igualmente santo amor. Felipe, escúchame.

Tu hija mayor está para prometerse, ¿No?

–     Sí, Maestro.

Dignos esponsales y un buen esposo.

¿No es verdad, Bartolomé?

–      Es verdad.

Lo puedo garantizar porque conozco a la familia.

No he podido aceptar hacer yo la propuesta.

Pero lo habría hecho si no estuviera ocupado en el seguimiento del Maestro;

con plena tranquilidad de crear una santa familia.

–     Pero la muchacha me ha rogado que te dijera que no hicieras nada.  

Felipe dice: 

–     ¿No le gusta el novio?

Está en un error.

De todas formas, la juventud no tiene seso.

Espero que se persuada. No hay razón para rechazar a un excelente esposo.

A menos que…

¡No, no es posible! 

Jesús lo incita: 

–     ¿A menos que…?

Termina, Felipe

–     A menos que ame a otro.

Pero eso no es posible.

No sale nunca de casa y en casa vive muy retirada.

¡No es posible!

–     Felipe…

Hay amadores que penetran hasta en las casas más cerradas.

Y saben hablar a sus amadas a pesar de todas las barreras y vigilancias;

derriban cualquier obstáculo (viudez o juventud bien custodiadas… u otros)

Y las consiguen.

Hay amadores que no pueden ser rechazados, porque su anhelo es impositivo;

porque vencen seductoramente toda posible resistencia, hasta la del mismo diablo.

Pues bien, tu hija ama a uno de éstos.

Y además al más poderoso.

–     ¿Y quién es?

¿Uno de la corte de Herodes?

–     ¡Eso no es poder!

–     ¿Uno… uno de la casa del Procónsul?,

¿Un patricio romano? No lo permitiré de ninguna manera.

La sangre pura de Israel no tendrá contacto con la impura.

Aunque tuviera que matar a mi hija.

¡No sonrías, Maestro, que yo sufro!

–     Porque estás como un caballo encabritado.

Ves sombras donde sólo hay luz. ¡Tranquilízate, hombre!

El Procónsul no es más que un siervo también, como lo son también sus amigos patricios.

Y siervo es el César.

–     ¡Estás bromeando, Maestro!

Querías asustarme.

Nadie hay mayor que César, ni con más autoridad que él.

–     ¿Y Yo, Felipe?

–     ¡Tú!

¿Tú quieres casarte con mi hija!

–     No.

Con su alma.

Soy Yo el amante que penetra en las casas más cerradas y en los corazones más cerrados aún:

Con un sinfín de llaves.

Soy Yo el que sabe hablar a pesar de todas las barreras y vigilancias,

el que abate todo obstáculo y toma lo que anhela:

puros o pecadores, vírgenes o viudos, de vicios libres o esclavos.

Doy a todos ellos un alma única y nueva, regenerada, beatificada, eternamente joven.

Son mis esponsales.

Y nadie puede negarme mis dulces presas; ni el padre, ni la madre, ni los hijos, ni siquiera Satanás.

Sea que hable al alma de una joven como tu hija;

sea que se trate de un pecador envuelto en el pecado y encadenado por Satanás con siete cadenas;

Cuando Dios te quiere, te busca, te sigue, te persigue y te consigue

el alma viene a mí.

Y nada ni nadie me las arrebatará.

No hay riqueza, ni poder, ni alegría del mundo, que comunique esa felicidad perfecta;

propia de quienes se desposan con mi pobreza, con mi mortificación:

despojados de todo pobre bien; vestidos de todo bien celeste.

Jubilosos, con esa beatitud de ser de Dios, sólo de Dios…

Son los señores de la tierra y del Cielo: de la primera, porque la dominan; del segundo, porque lo conquistan.  

Bartolomé exclama: 

–     ¡Nunca ha sido así en nuestra Ley! 

–     Despójate del hombre viejo, Natanael.

La primera vez que te vi te saludé definiéndote perfecto israelita sin engaño.

Pero ahora eres de Cristo, no de Israel.

Sélo sin engaño y sin ataduras.

Revístete de esta nueva mentalidad.

Si no, habrá muchas bellezas de la redención que he venido a traer a toda la Humanidad, que no podrás entender.

Felipe interviene diciendo:

–     ¿Y dices que has llamado a mi hija?

¿Y ahora qué hará?

Yo ciertamente no me voy a oponer, pero quisiera saber, incluso para ayudarla, en qué consiste su llamada…

–     En llevar a las azucenas de amor virginal al jardín de Cristo.

¡Habrá muchas en los siglos futuros!… ¡Muchas!

Macizos de incienso para contrapesar las sentinas de vicios.

Almas orantes para contrapesar a blasfemos y ateos;

auxilio en todas las desdichas humanas: alegría de Dios.

María de Magdala toda ruborizada, abre los labios para preguntar: 

–    ¿Y nosotros, las ruinas que Tú reconstruyes?

¿Qué acabamos siendo?

–     Lo mismo que las hermanas vírgenes…

–     ¡Oh, no es posible!

Hemos pisado demasiado fango y… y…

¡No puede ser!  

La Virgen responde: 

–     ¡María, María!

Jesús no perdona nunca a medias.

Te ha dicho que te ha perdonado y así es.

Jesús confirma: 

–    Tú…

Y todos los que como tú han pecado y han sido perdonados por mi amor, que con vosotros se desposa;

perfumaréis, oraréis, amaréis, consolaréis, siendo conscientes ya del mal. 

Y aptos para curarlo donde se encuentra, siendo almas mártires ante los ojos de Dios.

Y amadas por tanto, como las vírgenes».

–     ¿Mártires?

¿En qué, Maestro?

DAME MÁS AMOR, PARA AMARTE MÁS Y ADORACIÓN, PARA ADORARTE ETERNAMENTE

–     Contra vosotras mismas…

Y los recuerdos del pasado.

Y por sed de amor y expiación.

–     ¿Lo debo creer?…

La Magdalena mira a todos los que están en la barca, pidiendo confirmación a la esperanza que se enciende en ella.

Jesús le dice: 

–     Pregúntaselo a Simón.

Una noche estrellada, en tu jardín, hablé de ti y de vosotros pecadores en general.

Todos tus hermanos te pueden decir si mi palabra no cantó los prodigios de la misericordia.

Y la inversión respecto a todos los redimidos.

–     Me lo ha expresado también el niño, con voz de ángel.

He vuelto con el alma confortada después de su lección.

Por él te he conocido mejor aún que por mi hermana.

Tanto que hoy me sentía más fuerte para afrontar el regreso a Mágdala.

Y, ahora que me dices esto, siento crecer mi fortaleza.

He dado escándalo al mundo, pero te juro mi Señor, que ahora el mundo al mirarme; comprenderá tu poder.

Jesús deposita un momento la mano sobre su cabeza.

Mientras María Santísima le sonríe como ella sabe hacer:

paradisíacamente.

Ya se ve Magdala, que se extiende en el borde del lago.

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204 APÓSTOL DEL AMOR


204 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La comitiva apostólica sufre un cambio en su séquito.

Ya no viene más el macho cabrío.

Y en su lugar vienen trotando una oveja y dos corderillos.

La oveja está gorda; las ubres llenas y los corderitos alegres.

Un minúsculo rebaño que, por su aspecto menos mágico que la negrísima cabra, da más alegría a todos.

Jesús dice:

–    Os había dicho que quería la cabrita para Margziam.

Para que fuese un pequeño pastor feliz..

En vez de la cabrita, dado que no queréis saber nada de cabras, han venido ovejas.

Y además blancas, exactamente como Pedro las soñaba.

Pero en lugar de ella; porque a vosotros no os gustaba, tenemos ovejas blancas…

¡Eh! Tal cual la soñaba Pedro…

Pedro confirma:

–    Tienes razón.

Me parecía que el macho cabrío nos arrastraba en pos de Belcebú.

Judas dice irritado:

–    Y de hecho…

Desde que estuvo con nosotros, nos pasaron cosas muy desagradables.

Era el sortilegio que nos perseguía.

Juan contesta calmadamente:

–    Entonces era un buen sortilegio. ¿No?

Nada malo nos sucedió.

Todos desaprueban, como recriminándolo por su ceguera:

–     ¿Pero no has visto cómo se han burlado de nosotros en Modín?

–     ¿Te parece nada la caída de mi hermano?…

–     Pues se podía haber hecho daño de verdad…

–     Y si se hubiera roto las piernas o la columna… 

–    ¿Cómo nos las hubiéramos arreglado para transportarlo?;

–    ¿Te ha parecido bonito el entreacto de ayer?

Juan dice: 

–    He visto todo.

Todo lo he considerado. Y he bendecido al Señor porque no nos ha sucedido nada malo.

El mal ha venido hacia nosotros, pero luego se ha alejado, como siempre.

El encuentro con el mal ha servido para dejar la simiente del bien, tanto en Modín como con los viñadores; 

que vinieron inmediatamente con la certeza de encontrar una persona al menos herida; 

arrepentidos por haberse comportado sin caridad, hasta el punto de que quisieron reparar el mal de alguna forma.

Y también con los ladrones de ayer noche, que no han hecho ningún mal.

Además, hemos ganado – bueno, Pedro nos ha conseguido

las ovejas a cambio del macho cabrío y como regalo por haber salido ilesos.

Por si fuera poco, ahora tenemos mucho dinero para los pobres:

Las bolsas que nos han dado los mercaderes y las ofrendas de las mujeres.

Además todos – y es lo que más valor tiene – han recibido la palabra de Jesús.

Zelote ratifica:

–   Juan tiene razón.

Tadeo agrega:

–    Parece que todo lo que hubiese sido malo se convirtió en un bien.

Voltea hacia Jesús,

y agrega:

–    Hermano, dime la verdad.

¿Tú sabías lo que nos iba a suceder?

«Da la impresión de que todo suceda por una clara cognición de las cosas venideras.

¡Mira que encontrarnos precisamente allí, con retraso por causa de mi caída,

junto a aquellas mujeres enjoyadas!

¡Con esos pastores de gordos rebaños, con esos mercaderes repletos de dinero!…

Todos ellos magníficas presas para los ladrones.

Hermano, dime la verdad, ¿Sabías que iba a suceder lo que ha sucedido? 

Jesús contesta:

–     Muchas veces os he dicho que leo en los corazones.

Y que cuando el Padre no dispone de otro modo; no ignoro lo que debe suceder.

Judas de Keriot le pregunta:

–    Entonces, ¿Por qué a veces cometes errores, como los de ir al encuentro de fariseos que son hostiles o de ciudadanos que no nos quieren?

Jesús lo mira fijamente, por unos segundos…

Y luego responde con calma:

–     No son errores.

Es algo inherente a mi misión.

Los enfermos tienen necesidad del Médico y los ignorantes del Maestro.

Algunas veces, unos y otros rechazan al Médico y al Maestro

Pero éstos, si son buenos médicos y buenos maestros,

siguen yendo a quienes los rechazan, porque es su deber…

Vosotros querríais que donde me presente se desvanezca toda resistencia.

Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie.

Persuado.

La coacción se usa tan solo en casos muy excepcionales.

Y sólo cuando el espíritu iluminado por Dios; 

comprende que tal gesto puede servir para persuadir de que Dios existe y es el más fuerte.

O también en casos de salvación múltiple.

Pedro pregunta:

–   ¿Cómo ayer noche?

Judas de Keriot dice con significativo desprecio:

–     Los ladrones de anoche tuvieron miedo al vernos bien despiertos para recibirlos. 

Tomás objeta: 

–    No.

Las palabras los persuadieron.  

Felipe comenta: 

–    ¡Sí! ¡Estás listo!

¡Como si fueran tiernas almas que se dejan persuadir por dos palabras, aunque sean de Jesús!

¡Bien presente tengo aquella vez que nos asaltaron a toda mi familia, a mí…

y a muchos de Betsaida en el desfiladero de Adomín! 

Santiago de Zebedeo, pregunta:

–    Maestro, dime la verdad.

Desde ayer te lo quería preguntar.

¿Fueron en verdad tus palabras o tu voluntad, lo que hizo que no sucediera nada?

Jesús sonríe y calla.

Mateo responde:

–    Yo creo que fue su voluntad…

La que venció la dureza de esos corazones, para paralizarlos y así poder hablarles y salvarlos.

Andrés dice:

–    Yo también soy de esa opinión.

Por eso se quedó allí solo, mirando al bosque.

Los tenía subyugados con su mirada, con su confianza en ellos, sereno e inerme.

¡No tenía ni siquiera una estaca!… 

Pedro dice: 

–    Bien, de acuerdo. 

 Pero todas estas cosas es lo que decimos nosotros, son ideas nuestras.

Yo lo quiero saber del Maestro. 

Entonces se enciende un vivo debate, que Jesús permite; 

entre Bartolomé quien piensa que, habiendo declarado Jesús que no fuerza a nadie;

no habrá aplicado la violencia tampoco con estos ladrones,.

Y por otra parte Judas apoyado moderadamente por Tomás,

que dice que no puede creer que la mirada de un hombre tenga tanto poder.

Todos se muestran tenaces en su propia tesis, de forma que se elevan “síes” y “noes” discrepantes, violentos.

Juan, como Jesús, guarda silencio, sonríe con la cabeza inclinada (lo hace para disimular su sonrisa).

Pedro vuelve al asalto, porque ninguna de las razones de los compañeros lo convence.

Piensa que la mirada de Jesús es distinta que la de los otros hombres;

pero quiere saber si es por ser Jesús, el Mesías, o por ser Dios.

Iscariote apoyado ligeramente por Tomás,

dice:

–    No puedo creer que la mirada de un hombre tenga tanta fuerza.  

Mateo replica:

–  Esto y algo más.

Yo me convertí al contacto, primero de su mirada que de sus palabras.

Pedro dice:

–     ¡Está bien!

Pero esto lo decimos nosotros.

Son ideas nuestras.

Quiero saberlo del Maestro.

La mirada de Jesús es diferente a la de cualquier hombre.

Y pregunta: 

¿Es porque eres el Mesías?

O ¿Por qué eres siempre Dios? 

Jesús toma la palabra:

–    En verdad os digo que no solo Yo;

Sino cualquiera que esté unido íntimamente a Dios con una santidad, una pureza, una fe sin tacha;

podrá hacer esto y mucho más.

La mirada de un niño, si su espíritu está unido a Dios;

puede hacer que se desplomen los templos sin necesidad de imprimir ninguna sacudida como lo hizo Sansón;

puede ordenar la mansedumbre a las fieras y a los hombres-fiera;

rechazar la muerte, domeñar las enfermedades del espíritu.

De la misma forma, la palabra de un alma víctima corredentora,

fundida con el Señor e instrumento del Señor;

puede curar enfermedades, quitar el veneno a las serpientes, obrar cualquier milagro.

Porque Dios obra en él.Lo mismo que los hombres fieras, rechazar la muerte, derrotar las enfermedades del espíritu.

Pedro exclama:

–     ¡Ah! ¡He entendido!

Mira fijamente a Juan y luego concluye su razonamiento que tenía fermentando en su interior,

Agregando:

–     ¡Cierto!

Maestro, Tú lo has podido porque Eres Dios y porque Eres Hombre unido con Dios. 

Y lo mismo sucede con quién llega a estar fusionado por el amor con Dios.

¡He entendido perfectamente

Jesús lo mira y pregunta:

–    Pero, ¿No te preguntas acerca de la clave de esta unión y el secreto de este poder?

No todos lo alcanzan, incluso en el caso de hombres dotados de iguales capacidades.

–    ¡Exacto!

¿Dónde está la clave de esta fuerza para unirse a Dios y someter las cosas?

¿Es una oración, o quizás palabras secretas…?

Jesús responde: 

–    Hace poco Judas culpaba a la cabra de todos los momentos desagradables que han ocurrido.

Las bestias no traen ningún sortilegio consigo.

Arrojad de vosotros esas supersticiones que huelen a idolatría y que pueden acarrear males.

Los brujos obran prodigios porque al ser posesos de Satanás,

es el Arcángel caído que sigue siendo poderoso, el que obra los sortilegios.

Y así como no existen fórmulas para hacer brujerías,

así tampoco existen para hacer milagros. 

Tan solo existe el Amor.

Si Dios está en vosotros y lo poseéis de un modo pleno, por medio de un amor perfecto;.

El ojo se convierte en fuego o en un arma que desarma.

Y la palabra se hace poderosa. 

Como he dicho ayer por la noche, el Amor calma a los violentos y sacia a los codiciosos.

El Amor es Dios.

Con Dios en vosotros, plenamente poseída por el mérito de un amor perfecto;

vuestra mirada se transforma en fuego que quema todo ídolo y echa por tierra sus imágenes.

Y la palabra se transforma en potencia.

Y os digo, la mirada es entonces, arma que  desarma.

Dios, el Amor, es irresistible.

Sólo el demonio le resiste, porque es el Odio perfecto.

Y con él, los que son hijos suyos.

Los otros, los débiles, los que están subyugados por una pasión,

pero que no se han vendido voluntariamente al demonio, no lo resisten.

Sea cual sea su religión,o su abstención completa de fe.

Sea cual sea su bajeza espiritual, reciben el impacto del Amor, que es el gran Vencedor.

Trata de llegar a esto pronto… 

Y harás lo que hacen los hijos y portadores de Dios.

Pedro no quita los ojos de Juan.

También las inteligencias de Simón Zelote, los hijos de Alfeo, Santiago y Andrés,

se han despertado e indagan.

Santiago de Zebedeo dice: 

–    Pero entonces, Señor… 

 ¿Qué es lo que le ha acontecido a mi hermano?

Hablas de él.

¿Es él el muchacho que hace milagros?

Es eso?,

¿Es así? ¿Qué ha hecho?

–    Ha pasado una página del libro de la Vida, ha leído y ha conocido nuevos misterios.

Nada más.

Os ha precedido porque no se detiene a considerar cada uno de los obstáculos…

A sopesar cada dificultad, a calcular si compensa o no…

Ya no ve este mundo, ve la Luz y a ella va, sin momentos de pausa.

Dejadlo, dejadlo tranquilo.

Hay almas que arden más que otras.

No se debe poner dificultad a este fuego suyo que alegra y consume.

Hay que dejarlas arder, lo cual es al mismo tiempo sumo gozo y sumo esfuerzo.

Dios les concede momentos de noche;

porque sabe que el ardor mata a estas almas-flor,  si están expuestas a un sol continuo.

Dios concede silencio y místico rocío a estas almas-flor, como a las flores del campo.

Dejad descansar al atleta del amor cuando Dios lo deja descansar.

Imitad a los preparadores de los gimnastas…

que conceden a éstos el debido descanso…

Cuando lleguéis vosotros adonde él ha llegado…

Y más lejos, pues tanto vosotros como él llegaréis a más todavía…

Comprenderéis la necesidad de respeto, de silencio…

De penumbra que experimentan esas almas de las que el Amor se ha apropiado…

“¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Y a las que ha hecho instrumento suyo.

Y no penséis:

“Llegado ese momento querré darlo a conocer.

Juan se comporta como un necio, porque el alma del prójimo, como la de los niños,

desea la seducción de lo maravilloso”.

No.

Cuando lleguéis a ese estado, sentiréis el mismo deseo de silencio y penumbra que ahora siente Juan.

Cuando yo no esté ya con vosotros, acordaos de que,

teniendo que juzgar sobre una conversión o sobre una santidad exuberante

debéis tomar siempre como medida la humildad.

Si en alguien perdura el orgullo, no os hagáis ilusiones de que se haya convertido.

Y si en alguien; aun cuando sea tenido por ‘santo’, reina la soberbia;

estad seguros de que santo no es.

Podrá como charlatán e hipócrita, hacerse el santo y simular prodigios.  

Pero no es santo:

La apariencia es hipocresía; los prodigios, satanismo.

¿Habéis entendido?

-Sí, Maestro….

Todos, muy pensativos, guardan silencio.

Pero, aunque las bocas estén cerradas,

los pensamientos se adivinan con claridad a través de sus miradas y expresiones.

Los envuelve, como un éter tembloroso que emanase de ellos, un gran deseo de saber.

Simón Zelote se esfuerza en distraer a sus compañeros, para tener tiempo de aconsejarlos aparte; 

para insistir en que sepan callar.

Al parecer Simón Zelote tiene encargado este ministerio en el grupo apostólico;

es el moderador, el conciliador, el consejero de sus compañeros; 

además de ser un apóstol que comprende muy bien al Maestro.

En este momento está diciendo:

–    Estamos ya en las tierras de Juana.

Aquel pueblo que se ve en aquella cuna es Béter

Aquel palacio que está en aquella cima es su castillo natal.

¿No percibís este perfume del aire?

Son los rosales, que empiezan a perfumar bajo el sol de la mañana;

por la tarde es una exuberancia de aromas.

Pero ahora, con el frescor de la mañana es precioso verlos, aljofarados todavía de rocío;

como millones de diamantes desparramados sobre millones de corolas que florecen.

Cuando declina el sol recogen todas las flores que están completamente abiertas.

Venid. Os quiero mostrar desde una loma la vista de los rosales,

que desde la cima rebosan como en cascada…

Y van descendiendo por los rellanos de la otra ladera.

Una cascada de flores, que luego vuelve a subir como una ola, por las otras dos colinas.

Es un anfiteatro, un lago de flores.

¡Espléndido

El camino es más empinado, pero merece la pena ir, porque desde aquel borde se domina todo ese paraíso.

Llegaremos pronto también al castillo.

Juana vive allí libre, con sus campesinos, que es la única vigilancia de tanta copiosidad.

Pero quieren tanto a su ama, que hace de estos valles un edén de belleza y paz…

que son más eficientes que toda la guardia de Herodes.

Mira Maestro; mirad, amigos…

Y con el gesto indica un semicírculo de colinas invadido de rosales.

La mirada, en cualquier parte en que se deposite ve,

bajo altísimos árboles que tienen la función de proteger del viento, de los rayos de sol demasiado intensos…

Y de las granizadas, un sinfín de rosales.

El sol traspasa y el aire circula bajo este leve techo, que hace de velo pero no ahoga.

Y que los jardineros mantienen en las debidas condiciones:

debajo viven, felices, los más bellos rosales del mundo.

millares y millares de rosales de toda especie:

enanos, bajos, altos, altísimos; formando un matorral, como cojines recamados de flores al pie de los árboles. 

O esparcidos por los prados de verdísima hierba, formando setos a lo largo de los senderos…

y de los leves cursos de agua.

O en círculo alrededor de los estanques de riego que están  diseminados,

por este parque que comprende también colinas.

Enroscados en los troncos de los árboles y tendiendo de uno a otro…

sus cabelleras florecidas, para formar festones y guirnaldas.

Es una cosa realmente de sueño.

Todos los tamaños, las tonalidades, están representados.

Y se entremezclan colocando los colores marmóreos de las rosas de té,

al lado del sangriento ardor de otras corolas.

Y reinando soberanas por número, las verdaderas rosas del color de mejilla infantil

que va atenuándose hacia los bordes, hasta una tonalidad blanquecina rosácea

Todos quedan impresionados por tanta belleza. 

Felipe pregunta:

–     ¿Para que quiere todo esto? 

Tomás responde: 

–    Lo goza.  

Simón explica: 

–    No.

También saca esencias, con lo cual da trabajo a cientos de jardineros y de trabajadores de las prensas,

para extraer esencias.

Los romanos las solicitan con avidez.

Jonathán me lo decía mientras me mostraba las cuentas de la última recolección.

Pedro mira y dice:

–    Pero…

Ahí está María de Alfeo con el niño.

Nos han visto. Están llamando a las otras…

Así es.

Juana y las dos Marías, precedidas de Margziam, que baja corriendo,

con los brazos ya preparados para el abrazo…

Vienen deprisa, hacia Jesús y Pedro.

Se postran ante Jesús.

Jesus with his arms open and posing outdoors

Que las saluda sonriente,

y preguntando:

–    Paz a todas vosotras.

¿Dónde está mi Madre?

Juana responde: 

–    Entre los rosales, Maestro.

Está con Elisa, ¡Que está bien curada y puede afrontar el mundo y seguirte!

¡Gracias por haberte servido de mí para esto!

–    Gracias a ti, Juana.

¿Ves como era provechoso venir a Judea?

Y mirando al niño le entrega, 

diciendo: 

–    Margziam, estos regalos son para ti:

Este bonito muñeco y estas lindas ovejitas.

¿Te gustan?

El niño, de la alegría, se ha quedado sin respiración.

Se echa hacia Jesús, que se había agachado para darle el muñeco y se había quedado mirando su rostro.

Y se abraza a su cuello y lo besa con toda la vehemencia de que es capaz.

–    Así te harás manso como las ovejas. 

Y luego serás un buen pastor para los que crean en Jesús.

¿Verdad?

Margziam dice “sí, sí, sí” con la respiración entrecortada…

Y los ojos brillantes de alegría

–    Ahora ve donde Pedro.

Yo voy con mi Madre.

Veo allí una parte de su velo moviéndose a lo largo de un seto de rosas.

Y corre al encuentro de María. 

Y la recibe abrazándola contra su corazón a la altura de la curva del sendero.

Después del primer beso…

María, todavía jadeante,

explica:

–    Detrás viene Elisa…

He corrido para besarte…porque, Hijo mío, no besarte no podía…

Y besarte ante ella, no quería…

Está muy cambiada…

Pero el corazón sigue doliendo ante una alegría ajena, que a ella le ha sido negada para siempre.

Ahí viene

Elisa recorre veloz los últimos metros y se arrodilla para besar la túnica de Jesús.

Ya no es la mujer de trágica imagen de Betsur.

Ahora es una anciana austera, marcada por el dolor;

solemne por la huella que la pena ha dejado en su rostro y su mirada.

Elisa lo saluda: 

–    ¡Bendito seas, Maestro mío!   

¡Ahora y siempre, por haberme procurado de nuevo lo que había perdido!

Jesús responde: 

–    Paz cada vez mayor a ti, Elisa.

Me alegro de verte aquí.

Levántate

–    Yo también me alegro.

Tengo muchas cosas que decirte y que preguntarte, Señor.

–    Tendremos todo el tiempo que queramos…

Dado que pienso permanecer aquí unos días.

Ven, que quiero que conozcas a los condiscípulos.

–    ¡Oh!…,

¿Entonces has entendido ya lo que quería decirte?

¿Que quiero renacer a vida nueva: la tuya.

Tener de nuevo una familia: la tuya.

Unos hijos: los tuyos.

Como dijiste en mi casa, en Betsur, hablando de Noemí.

Yo soy una nueva Noemí gracias a ti, Señor mío.

¡Bendito seas por ello!

Ya no vivo afligida, ni soy infecunda.

Seré todavía madre.

Y si María lo permite, incluso un poco madre tuya; además de madre de los hijos de tu doctrina.

–    Sí, lo serás.

María no se sentirá celosa y Yo te querré de forma que no te arrepentirás de tu decisión.

Vamos ahora a ver a los que quieren decirte que te quieren como hermanos.

Y Jesús la toma de la mano y la lleva con su nueva familia.  

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El viaje en espera de Pentecostés ha terminado.

P DIVINO ALFARERO


Enero 06 2021 

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, ved a los cielos, veis estrellas, planetas, todo lo que existe en el firmamento, es un regalo inmenso que tengo para vosotros.

Vuestros Primeros Padres lo gozaron en pleno, porque fue Mi Creación y ellos, conocían perfectamente todo lo que Yo Creé.

Le pusieron nombre a cada planeta, estrella, a todo lo que hay en el firmamento. Conocían todo y gozaron todo, antes de la caída en el Pecado.

Se deleitaban con Mi Obra, gozaban con Mi Obra, se transportaban al firmamento cuando querían y lo gozaban.

Esas capacidades, que tenían vuestros Primeros Padres, las estáis recuperando y con esta Purificación que se os avecina;

recuperaréis muchísimo y empezaréis a gozar, plenamente, de lo que ellos gozaron en los Principios de la Creación. 

Sobre todo, el interactuar con Mi Creación, que es Mi Regalo a vosotros.

Cuando vosotros tenéis un animalito que se os regala para que lo cuidéis, vosotros empezáis a interactuar con ése ser vivo.

El animalito os conoce y vosotros también lo conocéis, os entendéis y vais creciendo en ése entendimiento y llega a haber un amor muy particular entre el animalito y vosotros.

Ahora, poned esto, en una proporción inmensamente mayor, que fue lo que Yo os di con la Creación. 

Os he dicho que la Creación completa, está viva, aunque vosotros veáis, aparentemente, inertes, la tierra, las rocas, el viento que no veis, pero que lo sentís, el agua, TODO ESTÁ VIVO. 

En este cambio que tendréis, gozaréis ésa vida que Yo he puesto a vuestro alrededor, ella os cuida, la vida de la Naturaleza os cuida y, por eso, Yo les pedí a vuestros Primeros Padres que la cuidaran también.

Cuando os concentráis en una vida ajena, os amáis en cierta forma, vosotros dais y por otro lado, recibís y a la inversa, os dan y vosotros dais también.

ASÍ SE VIVE EN EL CIELO,

ASÍ SE VIVE EN MÍ, VUESTRO DIOS Y CREADOR

Yo os he Creado; pero pedidMe, pedidLe a Mi Santo Espíritu, que os haga entender esta frase:

“Yo os he Creado”, porque lo que se deriva de esta frase, es inmenso. 

Fuisteis Creados por Mí, vuestro Dios y de ahí, se derivan infinidad de cosas a vuestro favor.

Para haberos Creado, primeramente hubo Amor, pero el Amor de parte Mía todavía es incomprensible para vosotros, es inmenso y,

 EL HABEROS DADO VIDA,

ES UN ACTO DE AMOR DE PARTE MÍA,

QUE NO ENTENDÉIS TODAVÍA,

Y os pido, Le pidáis a Mi Santo Espíritu, que os dé las capacidades para que entendáis, este Misterio tan grande de Mi Amor.

El que os haya dado vida para servirMe, es un regalo inmenso para un alma, es un regalo de Mi Corazón.

Cuando os he dado vida, os he dado también Mi Amor, Mis Cuidados, Mi Guía, Mis Delicias y un futuro eterno, bellísimo.

Cuando pensé en vosotros, para daros vida, os estaba ya regalando, inmensidades de Mi Corazón,

por eso, es necesario que vosotros le pidáis a Mi Santo Espíritu, que os deje comprender todo esto que os digo, y entraréis en un éxtasis hermoso.

Fuisteis escogidos por Mí, vuestro Dios, para que Yo os diera vida y que OS DIERA UNA MISIÓN MUY ESPECIAL, muy particular, a cada uno de vosotros.

¡PENSÉ EN VOSOTROS SOLAMENTE!!

¡OS CREÉ EN LO PARTICULAR!

 os he ido llevando a una perfección espiritual muy grande

y estáis destinados, cada uno de vosotros, a algo más grande, pero para servirMe, para servir a vuestro Dios.

PedidLe a vuestros Santos Ángeles que os enseñen y os expliquen, LO QUÉ ES EL GOZO DE SERVIR A SU DIOS.

  O sea, a Mí, vuestro Padre, vuestro Creador.  

Los Ángeles gozan al estar ante Mi Presencia, es una Gracia muy grande que os he dado, Mis pequeños.

El Cielo goza por haber sido Creados para estar ante Mí.

LES IRRADIO MI AMOR,

LES IRRADIO MIS BENDICIONES, LES IRRADIO VIDA

Y ELLOS RECIBEN TODO ESTO,

GOZAN INMENSAMENTE Y ME AMAN MÁS.

Mientras más recibo su amor, irradio más vida sobre ellos, sobre toda creatura que Me ama.  

Sobre todo aquello que ha sido Creado para vivir en Mí y para Mí.

Soy vuestro Dios, la Creación se realizó para que vosotros crecierais y vivierais en Mi Amor.

OS HE DICHO QUE MI AMOR ES DINÁMICO

QUE NO SE PUEDE DETENER

Cuando tenéis Mi Amor, lo dais necesariamente a vuestros hermanos, lo dais de regreso a Quien os Creó, que Soy Yo, vuestro Dios.

VIVIR EN MÍ, ES UN TORBELLINO DE AMOR,

Amor que nunca se termina, y no solamente esto, sino que crece y crece y crece.

El AMOR INFINITO según Albert Einstein…

POR ESO, VOSOTROS NO PODÉIS, TODAVÍA,

VIVIR MI AMOR EN PLENO,

PORQUE VUESTRO CUERPO NO SOPORTARÍA TANTO GOZO.

Mi Amor está limitado todavía en vosotros, porque vuestro cuerpo, afectado por el Pecado Original, no puede soportar tanto Amor,

POR ESO, DEBÉIS SER TRANSFIGURADOS

Porque vuestro cuerpo no puede soportar y, digo así, “soportar” tanta belleza de Amor.

Por eso, las almas cuando salen ya de vuestro cuerpo, gozan,

gozan infinitamente, se expanden y llegan a un gozo inconmensurable. 

Las almas, ya libres de las ataduras del cuerpo, tienen un gozo infinito y a eso estáis destinados vosotros,

si os mantenéis en Mí, si Me seguís buscando, si gozáis en Mí y si vivís para Mí.

Es tanto lo que os quiero amar…

DejadMe Mis pequeños, que Me derrame plenamente sobre vosotros, que os siga dando Mi Vida en pleno.

GOZADME DESDE AHORITA,

AUN CUANDO SOIS LIMITADOS, 

16. «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.

VUESTRA FE OS ESTÁ ENGRANDECIENDO.

Aceptáis en Fe lo que os digo y eso tendrá un regalo muy grande, cuando vuestra alma, ya libre de vuestro cuerpo, Me goce plenamente.

Espero ése momento Mis pequeños, espero cuando regreséis a Mí y os pueda dar ése regalo tan grande que os quiero dar, por haber vivido en Mí

y por haberMe servido para la salvación de las almas y para la expansión de Mi Gloria en el Universo entero.

Porque ciertamente, cada uno de vosotros, tiene su propia personalidad y, al decir vuestra propia personalidad, os estoy también diciendo, que cada uno de vosotros

FUISTEIS DOTADOS CON CIERTAS

CARACTERÍSTICAS ESPIRITUALES, MUY PERSONALES

Con muchos Carismas, especialmente el DON DE HACER MILAGROS

para que vosotros dierais vuestro máximo en la misión que se os ha encomendado. 

Os he puesto en diferentes estratos sociales, en diferentes países, en diferentes situaciones económicas, sociales, aún espirituales,

para que vosotros deis lo que debéis dar,

PARA IR RECUPERANDO EL CUERPO MÍSTICO DE MI HIJO.

Como os dije, tenéis una personalidad propia espiritual,

y deberéis dar ésa vida espiritual particular, para los bienes de la humanidad, para los bienes de la Iglesia, para los bienes del Cielo. 

JUAN 14

9. Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?

10. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.

11. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.

12. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.

13. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

14. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Por otro lado, CUANDO VOSOTROS OS DONÁIS PLENAMENTE A MÍ,

Es Mi Voluntad la que debe trabajar en vosotros.

ciertamente, mantendréis vuestra personalidad, pero vuestra personalidad va a ser guiada bajo Mi Voluntad. 

Y de esta forma, lo que vosotros tengáis que dar, de acuerdo a la misión que Yo os he encomendado, va a salir perfecta, porque vosotros daréis lo máximo.

Esto es algo muy bello que vosotros debéis entender, que cuando vosotros actuáis solos, vuestra actuación siempre va a ser imperfecta, 

cuando vosotros actuáis bajo Mi Voluntad, vuestra actuación va a ser perfecta.  

Mientras más os vayáis dejando mover por Mí, más perfectas van a ser vuestras acciones.

El hombre, va a poner algo de lo suyo, por no confiar plenamente en Mí, porque,

A VECES, OS PEDIRÉ COSAS QUE SE SALEN

COMPLETAMENTE DE LA RAZÓN HUMANA

Y entonces, pondréis vuestra parte y ahí es donde empieza la imperfección;

pero es natural, Mis pequeños, que hagáis esto en un principio,

PORQUE SE SALE, COMO OS DIJE,

18. Pues la predicación de la cruz es una LOCURA para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

COMPLETAMENTE DE VUESTRA LÓGICA HUMANA.

Cuando vosotros os dais cuenta de que, aquello que aparentemente os pedí, que no era lo que vosotros, en lógica humana creíais que saldría bien y realmente, sale bien,

ENTONCES, OS VAIS A IR DEJANDO MOVER POR MÍ PLENAMENTE

Y es cuando, vosotros mismos, os vais a asombrar de lo que salga de vosotros, porque es que Yo, ya estaré actuando, casi en forma total, a través de vosotros.

Como os dije, siempre habrá imperfección humana pero, mientras más os acerquéis a Mí y os dejéis mover por Mí, vuestras acciones cada vez van a ser mejores.

Y así, se va a ir dando totalmente Mi Voluntad en la Tierra, que es la misma que se da en el Cielo.

Hijitos Míos, hace unos momentos, os pedí que hicierais un recuento de vuestra vida pasada, desde el momento en que fuisteis tomados por Mí, por Mi Amor. 

Vosotros mismos sois testigos de cómo os tomé, sois vuestros propios jueces de cómo erais antes y cómo sois ahora. 

Lo que antes os gustaba, lo que era del Mundo, los placeres, la vida de fiesta, que antes tanto gozabais,

ahora os dais cuenta, que eso os aburre, ya no es el gozo que antes teníais, ya lo veis en su dimensión real, era pérdida de tiempo.

ESTÁIS A OTRO NIVEL ESPIRITUAL, Mis pequeños;

os levanté del suelo, vivíais para el Mundo y os aparté de él, poco a poco, sin que os dierais cuenta. 

Os fui transformando, fui haciendo de vosotros, nuevas almas.

Del barro que erais antes, os volví a modelar, 

Yo Soy el Alfarero Bendito, Divino e hice una nueva pieza de cada uno de vosotros. 

Habéis sido transformados y lo sabéis, Mis pequeños y os he llevado lentamente, sin que casi vosotros os dierais cuenta.

No os presioné, respeté vuestra libertad en totalidad, os fui dando nueva vida que ahora estáis gozando,  

OS FUI APARTANDO DEL MUNDO

PORQUE NO PERTENECÉIS AL MUNDO,

SOIS MÍOS, SOIS OBRA MÍA, YO OS CREÉ

PARA QUE ESTUVIERAIS CONMIGO SIEMPRE, ETERNAMENTE.

OS HE DADO DONES ESPECIALES,

Que, a lo mejor no os dais plena cuenta de ellos, pero que ya, vuestra misma presencia, vuestras palabras y oraciones, van transformando a vuestros hermanos, con los que tenéis contacto o a los que queréis ayudar.

Cuando habláis de Mí, ya Soy Yo, a través de vosotros, ya no son vuestros conceptos de hace diez, veinte años, treinta, ya habláis con la Verdad, con Mi Verdad,

ya no tomáis conceptos humanos, sino Divinos, ya movéis a las almas con Mis Palabras. Con Mi Presencia en vosotros, movéis corazones a la conversión, porque Yo estoy en vosotros.

VUESTRA TRANSFIGURACIÓN YA SE ESTÁ DANDO

Y VA A LLEGAR A SU CULMEN DENTRO DE POCO

Y OS VERÉIS COMO YO OS VEO.

Seréis transfigurados para hacer la tarea que habéis venido haciendo, pero en una forma más grande. 

Ya sois almas que vivís en Mí, aunque estéis en el Mundo.

El Mundo, aunque os coquetea, ya no caéis en él, Me preferís a Mí, que Soy vuestro Dios y porque Yo os doy muchísimo más de lo que os da el Mundo.

Os he llevado a que conozcáis Mis Riquezas, a que conozcáis Mi Amor, a que conozcáis Mis Promesas, a que conozcáis vuestro futuro eterno y,

ESO, NO OS LO VA  A DAR SATANÁS, QUIEN REPRESENTA EL MUNDO.

Lo que Yo os he dado, y a donde os llevo, es infinitamente más grande, más bello que lo que os puede dar Satanás.

ÉL, PERDIÓ TODO ESO,

NO OS LO PUEDE DAR, PORQUE NO LE PERTENECE.

Yo Soy vuestro Creador, vuestro Dios y os he ido preparando para que gocéis plenamente, lo que Yo sí os puedo dar y que os he Prometido.

Grandes cosas viviréis, porque ya estáis Conmigo, porque habéis sido preparados para ello.

Estáis viviendo situaciones, que la gran mayoría de la humanidad, no vive:

Me tenéis con vosotros, estoy más cerca de vosotros, porque Me habéis abierto vuestro corazón.

Ciertamente, esto conlleva una responsabilidad, que es el que ME DÉIS con vuestra presencia, a vuestros hermanos. Que mováis corazones. Que también los acerquéis a Mí, como Yo os he acercado a Mi Corazón.

Mucho todavía os daré, pero también vosotros, mucho debéis dar a vuestros hermanos.

CUANDO SEÁIS TRANSFIGURADOS,

COMPRENDERÉIS MUCHO MEJOR,

VUESTRA FUNCIÓN AQUÍ EN LA TIERRA

Y MI SANTO ESPÍRITU OS TOMARÁ

PARA QUE ÉL OS MUEVA

 Y deis lo que tenéis qué dar, para que Mi Reino se implante en los corazones que serán escogidos para los Cielos Nuevos y las Tierras Nuevas.

Yo, en Mi Sencillez de Padre Amoroso  hacia vosotros, os seguiré ayudando a crecer así como os he llevado: lentamente, delicadamente, amorosamente.

Dejaos mover, que todavía os falta gozar de grandes bellezas y de Mi Amor en pleno.

TODAVÍA TENGO GRANDES SORPRESAS

CON LAS QUE OS VOY A ENAMORAR MÁS DE MI AMOR.

Sed sencillos, sed como niños, como os pidió Mi Hijo, que Yo os voy a consentir y todo esto, porque vosotros os habéis dado a Mí.

Hijitos Míos, os he dicho muchas veces que después de la Purificación quedará el Resto Fiel…  

Y vosotros os preguntaréis: “¿Por qué será premiado el Resto Fiel y por qué es tan pequeño?”

Todos vosotros habéis tenido una vida larga o medianamente larga, y quizá habrá algunos pequeños.

Pero los que habéis vivido sobre la Tierra igual que todos vuestros hermanos, habéis sufrido ataques de Satanás y habéis caído en varios pecados, algunos graves, otros no tan graves.

Me habéis dado la espalda en algún momento, pero volvisteis a Mí.

La diferencia entre los escogidos, para empezar un Nuevo Mundo, está en la Fe y la confianza de estar Conmigo, vuestro Dios.

Muchos otros de vuestros hermanos cayeron y se mantuvieron en ese pecado o en peores. 

Todos habéis sufrido los ataques de Satanás, pero vosotros os levantabais y reaccionábais todo lo contrario a vuestros hermanos: 

A Satanás: ‘Me hiciste caer; pero nomás espérate a que me levante… Y…

al ser atacados, al ser probados, respondíais con un bien, que era regresar a Mí, vuestro Dios.

A veces, aconsejados por algún otro hermano vuestro, por ignorancia o por querer ver qué había de nuevo en la vida del hombre, o sea, por curiosidad,

caíais en errores que éstos, a su vez, os iban dando protección a vuestra alma sin que os dierais cuenta; por decirlo así, probabais el pecado pero no os gustaba y lo rechazabais.

Y eso os iba dando una madurez espiritual cada vez más fuerte.

Y así fuisteis venciendo todos esos ataques de Satanás y vuestra alma se fue acrisolando sin que os dierais cuenta.

Por eso, las almas que pasarán a estos Nuevos Tiempos son almas acrisoladas, almas probadas fuertemente en el pecado, en la maldad, ya que no aceptaron seguir en ellos.

Y eligieron seguir viviendo bajo Mi Gracia y bajo Mi Amor, sirviéndoMe y sirviendo a sus hermanos, cosas que muchos, la gran mayoría de vuestros hermanos, no quisieron hacer.

La Maldad los venció, les di la oportunidad de ser acrisolados para que tuvieran este regalo que tendréis vosotros, los escogidos,

pero prefirieron seguir a Satanás, a sus obras, a sus maldades, a sus pecados.

No quisieron mejorarse, ser almas que pudieran repeler fácilmente a Satanás al vivir en las Virtudes, se dejaban vencer fácilmente por los vicios, por las maldades a donde os llevaba Satanás.

Las almas buenas, las almas que tomaron para sí, y como medio de vida, lo que tenéis en las Sagradas Escrituras, especialmente lo que Mi Hijo os dejó,

sois almas enamoradas de Mi Amor y por eso entraréis a este Nuevo Tiempo,

 que será un tiempo de un gran amor entre los hombres; un amor puro, un amor santo, un amor de donación, como no lo habéis tenido nunca antes.

Yo voy agradando a las almas escogidas, les doy Mis Regalos ya desde ahora,

para que se sientan protegidas y seguras, que a pesar del cambio que se viene y los dolores que se darán, saben internamente que Yo estaré con ellas.

Vuestra prueba de acrisolamiento se ha dado a lo largo de vuestra existencia y eso os ha llevado a una madurez espiritual muy grande, lo cual Me halaga inmensamente.

El que en la tierra se ponga la Corona de Espinas… En el Cielo se pondrá la Corona de Gloria…

Y como ya pasasteis muchas pruebas y con ellas vencisteis al Mal, no tenéis por qué pasar más dolores y más pruebas grandes, dolorosas, porque ya Me habéis demostrado a quién pertenecéis.

Sois Mis almas escogidas, consentidas, amadas de Mi Corazón.

Y así os he de pagar también a vosotros, consintiéndoos en estos Tiempos de Tribulación.

Manteneos pues, Mis pequeños, en la línea en la que os habéis mantenido, ya que en estos Últimos Tiempos

noto perfectamente la línea de santidad que escogisteis para servirMe, porque para eso estáis llamados, para ser santos.

Ciertamente, vosotros no os dais cuenta de esa evolución espiritual que habéis tenido y ese es el camino de la santidad:

Habéis sufrido y a pesar de ello os mantuvisteis Conmigo.

Eso es un acto de santidad, Mis pequeños, el haberMe amado a pesar de los problemas y preocupaciones; pero seguíais Conmigo, no Me dabais la espalda, no Me blasfemabais…

Y eso también os llevaba hacia la santidad porque confiabais en Mí, vuestro Dios. Os puse pruebas de diferente índole y las vencisteis todas.

Aquí estoy ya, pues, vuestro Dios y Señor, esperando el momento con ansia en que entraréis a este regalo tan grande que os estoy preparando, vuestro nuevo hogar:

las Tierras Nuevas para vosotros, las almas escogidas, las almas acrisoladas, las almas que han buscado su santidad antes de perderse en el pecado.

Os bendigo, Mis pequeños, y os seguiré cuidando en estos momentos de Tribulación.

Sé que seguiréis Conmigo pese a la situación tan fuerte que se os presentará.

Yo estaré con vosotros, os protejo, Mis pequeños, Soy vuestro Dios.

Nota: Y con esta publicación reanudaremos, las que quedaron suspendidas el 21 de Diciembre de 2020 con “CONVERSIÓN SIN ENTREGA…”

 

45 CONSEJO MATERNAL


A MIS PEQUEÑOS CORREDENTORES

45 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Como conclusión de la vida oculta.

Dice María:

«Antes de que entregues estos cuadernos, uno a ellos mi bendición.

Ahora — tan sólo se necesita que queráis hacerlo con un poco de paciencia — podéis tener una colección completa de los hechos de la vida íntima de mi Jesús.

Tenéis, desde la Anunciación hasta el momento en que sale de Nazaret para predicar, no sólo los dictados, sino también la ilustración de los hechos que acompañaron la vida familiar de Jesús.

Los Evangelios, al describir el vasto cuadro de la vida de mi Hijo, engloban en breves referencias, sus primeros años, su niñez, su adolescencia y su juventud.

En los Evangelios, Él es el Maestro.

Aquí, es el Hombre, el Dios que se humilla por amor al hombre.

‘Mas también obra milagros aquí, en el anonadamiento de una vida corriente, los obra en mí.

Sintiendo mi alma llevada a la perfección al vivir en contacto con este Hijo mío que estaba formándose en mi seno.

Los obra en casa de Zacarías, santificando al Bautista, ayudando a Isabel en el momento del parto, devolviéndole la palabra y la fe, a Zacarías.

Los obra en José, abriéndole el espíritu a la luz de una verdad tan excelsa que no hubiera podido comprenderla por sí solo, a pesar de ser justo.

José, después de mí, fue el más consolado de esta lluvia de divinos beneficios.

Observa cuánto camino recorre, espiritual camino, desde que viene a mi casa hasta el momento de la huida a Egipto.

Al principio era solamente un hombre justo según los cánones de su tiempo.

Luego, por fases, deviene el justo del tiempo cristiano.

Se enriquece de la fe en Cristo y, tanto se abandona a esta fe segura, que de la frase pronunciada al principio del viaje de Nazaret hacia Belén: 

  “¿Cómo nos las arreglaremos?”

Frase en que estaba comprendido todo el hombre, todo ese hombre que se revela con sus temores humanos, con sus humanas preocupaciones, pasa a la esperanza.

Así, en la gruta, antes del nacimiento, dice: “Mañana irá mejor”.

Jesús, ya cercano, lo fortifica con esta esperanza, que entre los dones de Dios es uno de los más bellos.

Y luego, cuando el contacto con Jesús lo santifica, pasa de esta esperanza a la intrepidez.

Siempre se había dejado dirigir por mí, llevado del respeto de altísima veneración que hacia mí abrigaba.

Ahora, por el contrario, dirige él, tanto las cosas de orden material como las de otro orden superior. 

Y en calidad de cabeza de la Familia, decide todo él.

Es más, cuando tras los meses de unión con el Hijo divino que le saturaron de santidad, llega la penosa hora de la huida…

Es él quien alivia mi pena,

y me dice:

–    “Aun en el caso de perderlo todo, teniéndole a Él tenemos todo”.

Y también en los pastores mi Jesús obra milagros de gracia.

Así, el Ángel se dirige al pastor ya predispuesto a la Gracia por su fugaz encuentro conmigo.

Y lo conduce a la Gracia, para que sea de ella salvado para siempre.

Obra milagros por doquiera que pasa, ya en exilio, ya de nuevo en su pequeña patria de Nazaret.

Dondequiera que estuviese, en efecto, la santidad se expandía como el aceite sobre un lienzo o  la fragancia de las flores por el aire,

Y todo aquel que recibía su toque, a menos que no fuera un demonio, salía ansioso de santidad.

Tal anhelo es ya raíz de vida eterna, pues quien quiere ser bueno consigue la bondad, que lleva al Reino de Dios.

Ahora ya tenéis, en escenas que reflejan momentos diversos, la santa Humanidad de mi Hijo, desde el alba al ocaso.

Podríamos haber dado todo junto, pero la Providencia juzgó que así estaba bien; por ti, alma mía.

En cada uno de los dictados te hemos dado la medicina para aquellas heridas que te serían infligidas.

Te la hemos ido dando con antelación, para prepararte.

Mientras está granizando, nada parece protegernos, mas no es así.

Si bien es cierto que la tempestad reaviva la humanidad que duerme sepultada bajo las aguas espirituales,

No lo es menos que también saca a la superficie las gemas de una doctrina sobrenatural que, habiendo sido depositadas en vuestro corazón,

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina…

esperaban precisamente esa hora de tempestad para emerger y deciros:

“Acordaos de que también existimos nosotros”.

Y no es sólo una razón de Providencia, alma mía; sino que también hay en ello una razón de bondad.

En efecto, ¿Cómo te hubiera sido posible, en el actual estado de postración en que te encuentras, (se dirige a María Valtorta) ver u oír ciertas visiones o ciertos dictados?

Te habrían lesionado en modo tal, que te habrían incapacitado para tu misión de ”portavoz”.

Por eso, los hemos dado antes, evitando así quebrarte el corazón – pues somos buenos – con visiones y palabras demasiado acordes con tu sufrir.   

Que te lo habrían agudizado hasta llevarlo al espasmo.

No somos crueles, María.

Siempre actuamos de forma que recibáis de Nosotros consuelo…

Y no temor o aumento de vuestro dolor.

Nos es suficiente que os fiéis de Nosotros.

Nos es suficiente que, con José, digáis: “Si me queda Jesús, todo me queda”.

Para que vayamos con dones celestes a consolar vuestro espíritu.

No te prometo dones y consolaciones humanas.

Sí, las mismas consolaciones que tuvo José: sobrenaturales. 

Todos han de saber efectivamente que, bajo la presión de la usura, que sofoca a todo pobre fugitivo, los dones de los Magos se disiparon, con la rapidez del relámpago,

en conseguir un techo y ese mínimo de enseres o del necesario alimento, proveniente de aquella única fuente, mientras no pudimos encontrar trabajo.

En la comunidad hebrea ha habido siempre mucha ayuda mutua, pero la de Egipto en concreto estaba formada en su mayor parte por gente perseguida que había tenido que expatriarse.   

Gente pobre, por tanto, como nosotros, que nos añadíamos a su número.

Y una pequeña parte de aquella riqueza, que queríamos reservarla para Jesús, para cuando fuera adulto,

La que se había salvado de los gastos de asentarnos en Egipto, nos sirvió para cubrir las necesidades del regreso a la patria. 

 Y fue apenas suficiente para organizar de nuevo en Nazaret casa y taller.

Los tiempos cambian, pero la avidez humana es siempre la misma. 

Y siempre aprovecha la necesidad ajena para, abusivamente, succionar su parte.

No. El tener con nosotros a Jesús no nos procuró bienes materiales.

Muchos de vosotros es esto lo que pretendéis en cuanto os sentís un poquito unidos a Jesús.

Os olvidáis de que Él dijo: “Buscad las cosas del espíritu”.

Todo lo demás es añadidura.

Es verdad que Dios proporciona también el alimento a los hombres, como a las aves, pues sabe que mientras la carne sea armadura de vuestra alma, lo necesitáis.

Cierto; pero, pedid primero su Gracia, pedid primero por vuestro espíritu.

El resto se os dará por añadidura.

A José, humanamente hablando, la unión con Jesús no le procuró sino trabajos, esfuerzos, persecuciones, hambre.

Pero, dado que tendía sólo hacia Jesús, todo esto se transformó en paz espiritual, en alegría sobrenatural.

Yo quisiera conduciros al punto en que estaba mi esposo cuando decía:

Aunque nos quedáramos sin nada, tendremos siempre TODO, porque tenemos a Jesús”.

Sé que el corazón se rompe, sé que la mente se nubla, sé que la vida se consume.

Sí, María, pero… ¿Eres de Jesús? ¿Quieres serlo? ¿Dónde, cómo murió Jesús?

Niña querida mía, llora, pero persevera en la fortaleza.

El martirio no está en la forma del tormento, está en la constancia con que el mártir lo soporta.

Por tanto, tan martirio es una pena moral cuanto lo es un arma, cuando aquélla se soporta con la misma finalidad.

Tú soportas por amor a mi Hijo.

Todo lo que haces los hermanos es siempre amor a Jesús, el cual los quiere salvos.

Por tanto, lo que vives es martirio; persevera en él.

No quieras actuar por tí sola.

Es suficiente, puesto que estás sometida a presión demasiado fuerte como para poder tener todavía el vigor de guiarte por tí sola… Y de dominar incluso tu humanidad, impidiéndole llorar.   

Es suficiente con que dejes que el dolor te torture sin rebelarte.

Basta que le digas a Jesús: “¡Ayúdame!”.

Lo que tú no puedes hacer, Él lo hará en ti.

Permanece en Él. Siempre en Él.

No quieras salir de Él; y no saldrás si tú no lo quieres.

Y aunque de hecho, como ahora, la intensidad del dolor te impida ver dónde estás, tú estarás siempre en Jesús.

Te bendigo. Di conmigo: “Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto” .

Que éste sea siempre tu grito.

Hasta que lo digas en el Cielo.

La gracia del Señor esté siempre en ti». 

43 ENCONTRADO EN EL TEMPLO


43 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

La disputa de Jesús con los doctores en el Templo.

“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la Fiesta de Pascua.

Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser.

Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. 

Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo ente sus parientes y conocidos, como no lo encontraron volvieron a Jerusalén en su búsqueda.

Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: 

‘Hijo, ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.’ 

ÉL les contestó: ‘¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre? 

Pero ellos no comprendieron esta respuesta.

Jesús entonces regresó con ellos llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles.

Su madre por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.

Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres. (Lucas 2, 41-52)

Dice Jesús:

Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás.

Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén.

Y de Jerusalén al Templo.

Observa la angustia de María al ver — una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres — que Yo no estoy con José.

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho. Lo hacéis, por motivos mucho menores, olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar.

No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión.

No se da tampoco María a escenas dramáticas.

Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas.
No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos.

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas!

Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa.

Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén.

Hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta.

José la sigue, la ayuda.

Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad.

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús?

Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarMe.

Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa:

¿Qué iba a tener que hacer un niño en el Templo?

En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá,

atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes.

y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas.

Pero no había ningún aviso.

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características!

Demasiado poco para poder decir: “¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!”.

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos.

Nada.

Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño.

Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola.

Mas Jesús no está llorando; está enseñando.

Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo:

“Estas piedras trepidarán…”.

Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre…

Y lo consigue después de una gran fatiga:

Ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores.

María es la Virgen prudente.

Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento.

Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso.

Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel,

Y exclama:

–    “¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto!

Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo.

Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?”.

No se preguntan los “porqués” a Aquel que sabe, los “porqués” de su forma de actuar.

A los que han sido llamados no se les pregunta “por qué” dejan todo para seguir la voz de Dios.

Yo era Sabiduría y sabía.

Yo había “sido llamado” a una misión y la estaba cumpliendo.

Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino.

Sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro.

Y esto es lo que le digo a mi Madre.

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores.

Y Ella no se olvidó jamás de ello.

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón.

Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra.

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón.

Mas nunca volverá a preguntar:

–    “¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?”.

¡Aprended, hombres arrogantes!

María revela:

“Y ¿POR QUÉ ME BUSCABAN?

¿NO SABEN QUE TENGO QUE ESTAR DONDE MI PADRE?

El Padre permitió mi angustia de madre; pero no me ocultó el profundo significado de las palabras de mi Hijo:

sobre el padre y la madre está Dios, el Padre Celestial.

Sus intereses y sus afectos están sobre cualquiera y se debe dejar todo para obedecer a Dios.

A sus llamadas nunca se pregunta: ¿Por qué?

Dice el Evangelio: “Ellos no comprendieron, lo que les acababa de decir.”

Yo ya lo sabía desde antes y entendí las palabras de mi Hijo.

Pero guardé silencio para no mortificar a  mi José, que no tenía la plenitud de la Gracia.

Yo era la madre de Dios; pero también debía ser mujer respetuosa para el que para mí, era un compañero amoroso y tierno protector. 

Nos amábamos profundamente con un amor santo y nuestra única preocupación era: nuestro Hijo.

En ninguna circunstancia nuestra familia tuvo grietas de ninguna especie.

Jesús es modelo de hijos, como José lo es de maridos.

Mucho fue el dolor que recibí del mundo…

Más mi Santo Hijo y mi Justo esposo, no me hicieron derramar otras lágrimas, que las motivadas por su dolor.

Aunque José era padre adoptivo, se hizo pedazos en el trabajo, para que no nos faltara nada.

Jesús aprendió de él, a ser un hombre trabajador y un buen carpintero.

José era la cabeza de nuestro hogar; su autoridad familiar era indiscutible y no obstante,

 ¡Cuánta humildad había en él!

 Jamás abusó de su poder y me convirtió en su dulce consejera.

Yo me tenía por su sierva y le atendía con amor y respeto.

Cuando quedé viuda, sufrí un agudo dolor… Porque perdí al compañero al que dediqué seis lustros de una  vida fiel.

José fue para mí, padre, esposo, hermano, amigo y protector.

Su ausencia me hizo sentir una terrible soledad y fue como si perdiera el muro principal de mi vida. .

Me sentí sola, como sarmiento arrancado de la vid y sólo hallé consuelo cuando me abracé de Jesús. 

 Dios era la fuerza que me sostenía en mis horas de dolor.

El día que fuimos a Jerusalén y al volver advertimos que no venía con nosotros…

Como todo lo compartíamos con amor, pensando solo en nuestro Hijo…

Nuestra preocupación y angustia fue muy grande, mientras lo buscábamos.

En este misterio mi Hijo quiso darnos una enseñanza sublime…

 ¿Podríais acaso  suponer que El ignoraba lo que Yo sufría? 

¡Todo lo contrario!

Porque mis lágrimas, mi búsqueda por haberlo perdido, mi intenso y crudo dolor se repercutía en su corazón…

Y durante aquellas horas tan penosas, El sacrificaba a la Divina Voluntad a su propia Mamá, a quien tanto amaba…

Para demostrarme que Yo también un día debía,

 SACRIFICAR SU MISMA VIDA AL QUERER SUPREMO.

En esta pena indecible no te olvidé, alma mía y pensando que ella te iba a servir de ejemplo,

la puse a tu disposición a fin de que también tú pudieras tener en el momento oportuno, la fuerza para sacrificar todas las cosas a la Divina Voluntad. 

Cuando lo hallamos en el Templo, la alegría volvió nuevamente a nuestro corazón,

al tomarlo nuevamente de la mano, humilde y obediente para volver a Nazaret.

El mundo se desquicia en ruinas porque se insiste en destruir la unidad familiar.

 Nuestra familia es el modelo que debéis imitar. 

30 SANTIDAD DEL SACERDOCIO


30 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Visita de Zacarías

La santidad de José y la obediencia a los sacerdotes. 

Veo la larga sala donde presencié el encuentro de los Magos con Jesús y su acto de adoración.

Comprendo que me encuentro en la casa hospitalaria que ha acogido a la Sagrada Familia.

Asisto a la llegada de Zacarías. Isabel no está.

La dueña de la casa sale presurosa, por la terraza que circunda la casa, al encuentro del huésped que está llegando…

Le acompaña hasta una puerta y llama; luego, discreta, se retira.

José abre y, al ver a Zacarías, exulta de júbilo.

Lo pasa a una habitacioncita pequeña, de las dimensiones de un pasillo. 

José dice:

–    María está dándole la leche al Niño.

Espera un poco. Siéntate, que estarás cansado.

Y le deja sitio en su recostadero, sentándose a su lado.

Oigo que José pregunta por el pequeño Juan,

y que Zacarías responde:

–    Crece vigoroso como un potrillo.

De todas formas, ahora está sufriendo un poco por los dientes. Por eso no hemos querido traerlo. Hace mucho frío.

Así que tampoco ha venido Isabel. No podía dejarlo sin la leche.

Lo ha sentido mucho; pero, ¡Está siendo una estación tan fría…!

–     Sí, efectivamente, muy fría.

–    Me dijo el hombre que me enviasteis que cuando nació el Niño estabais sin casa.

¡Lo que habréis tenido que pasar!…

–    Sí, verdaderamente lo hemos pasado muy mal…

Pero era mayor el miedo que la precariedad en que nos encontrábamos. Teníamos miedo de que esta precariedad le pudiera perjudicar al Niño.

Y los primeros días tuvimos que pasarlos allí.

A nosotros no nos faltaba nada, porque los pastores habían transmitido la buena nueva a los betlemitas y muchos vinieron con dones.

Pero faltaba una casa, faltaba una habitación resguardada, un lecho…

Y Jesús lloraba mucho, especialmente por la noche, por el viento que entraba por todas partes.

Yo encendía un poco de fuego, pero poco, porque el humo le hacía toser al Niño… y así el frío seguía.

Dos animales calientan poco, ¡Y menos todavía en un sitio donde el aire entra por todas partes!

Faltaba agua caliente para lavarlo, faltaba ropa seca para cambiarlo… ¡Oh! ¡Ha sufrido mucho! Y María sufría al verlo sufrir.

¡Sufría yo… conque te puedes hacer una idea Ella, que es su Madre!

Le daba leche y lágrimas, leche y amor… Ahora aquí estamos mejor.

Yo había hecho una cuna muy cómoda y María había puesto un colchoncito blando. ¡Pero la tenemos en Nazaret! ¡Ah, si hubiera nacido allí, habría sido distinto!.

– Pero el Cristo tenía que nacer en Belén.

Así estaba profetizado.

María ha oído que hablaban y entra. Está toda vestida de lana blanca. Ya no lleva el vestido oscuro que tenía durante el viaje y en la gruta.

Con este de ahora está enteramente blanca, como ya la he visto otras veces; no lleva nada en la cabeza.

En sus brazos sí, a Jesús, que está durmiendo, satisfecho de leche, envuelto en sus blancos pañales.

Zacarías se levanta reverente y se inclina con veneración.

Luego se acerca y mira a Jesús dando señales de un grandísimo respeto.

Está inclinado, no tanto para verlo mejor, cuanto para rendirle homenaje.

María se lo ofrece.

Zacarías lo toma con tal adoración que parece como si estuviera elevan do un ostensorio.

Efectivamente, está cogiendo en brazos la Hostia,

la Hostia ya ofrecida, que será inmolada sólo cuando se haya dado a los hombres como alimento de amor y de redención.

Zacarías devuelve Jesús a María.

Se sientan.

Zacarías refiere de nuevo — esta vez a María — el motivo por el cual Isabel no ha venido, y cómo ello la ha apenado.

–     Durante estos meses ha estado preparando ropa para tu bendito Hijo.

Te lo he traído. Está abajo, en el carro».

Se levanta y va afuera. Vuelve con un paquete voluminoso y con otro más pequeño.

De uno y de otro — José enseguida lo ha liberado del grande — saca inmediatamente los presentes:

Una suave colcha de lana tejida a mano, pañales y vestiditos.

Del otro, miel, harina blanquísima, mantequilla y manzanas, para María. Y tortas amasadas y cocidas por Isabel.

Y muchas otras cositas que manifiestan el afecto maternal de la agradecida prima hacia la joven Madre.

María dice:  

–     Le dirás a Isabel que le quedo agradecida, como también a ti.

Me habría gustado mucho verla, pero comprendo las razones. También me hubiera gustado ver de nuevo al pequeño Juan…

–     Lo veréis para la primavera.

Vendremos a veros. 

José dice:

–     Nazaret está demasiado lejos.

–    ¿Nazaret?

Pero si debéis quedaros aquí. El Mesías debe crecer en Belén. Es la ciudad de David.

El Altísimo lo ha traído, a través de la voluntad de César, a nacer en la tierra de David, la tierra santa de Judea.

¿Por qué llevarlo a Nazaret? Ya sabéis qué es lo que piensan los judíos de los nazarenos.

El día de mañana este Niño deberá ser el Salvador de su pueblo. La capital no debe despreciar a su Rey por el hecho de despreciar a su ciudad de procedencia.

Vosotros sabéis como yo, lo insidioso que es en sus razonamientos el Sanedrín y lo desdeñosas que son las tres castas principales…

Además aquí, no lejos de mí, podré ayudaros bastante,

Y podré poner todo lo que tengo, no tanto de cosas materiales cuanto de dones morales, al servicio de este Recién Nacido.

Y cuando esté en edad de entender me sentiré dichoso de ser maestro suyo, como de mi hijo; para que así, incluso, cuando sea mayor, me bendiga.

Tenemos que pensar en el gran destino suyo, y que, por tanto, debe poderse presentar al mundo con todas las cartas para poder ganar fácilmente su partida.

Está claro que Él poseerá la Sabiduría, pero el solo hecho de que haya tenido a un sacerdote por maestro, le hará más acepto a los difíciles fariseos y a los escribas,

Y le facilitará la misión.  

María mira a José, José mira a María.

Por encima de la cabeza inocente del Niño, que duerme rosado y ajeno a lo que le rodea, se entreteje un mudo intercambio de preguntas.

Son preguntas veladas de tristeza.

María piensa en su casita; José, en su trabajo. Aquí habría que partir de cero, en un lugar en que, apenas unos días antes, nadie los conocía.

En este lugar no hay ninguna de esas cosas amadas dejadas allí, y que habían sido preparadas para el Niño con gran amor.

Y María lo dice:

–     ¿Cómo hacemos?

Allí hemos dejado todo. José ha trabajado para mi Jesús sin ahorrar esfuerzo ni dinero.

Ha trabajado de noche, para trabajar durante el día para los demás,

y ganar así lo necesario para poder comprar las maderas más bonitas, la lana más esponjosa, el lino más cándido, para preparar todo para Jesús.

Ha hecho colmenas, ha trabajado hasta de albañil para darle otra distribución a la casa, de forma que la cuna pudiera estar en mi habitación hasta que Jesús fuese más grande,

y que luego pudiese dar espacio a la cama; porque Jesús estará conmigo hasta que sea un jovencito.

Zacarías pontifica: 

–     José puede ir a recoger lo que habéis dejado.

–    ¿Y dónde lo metemos?

Como tú sabes, Zacarías, nosotros somos pobres. No tenemos más que el trabajo y la casa.

Y ambos nos dan para tirar adelante sin pasar hambre.

Pero aquí… trabajo encontraremos, quizás, pero tendremos que pensar de todas formas en una casa.

Esta buena mujer no nos puede hospedar permanentemente, y yo no puedo sacrificar a José más de lo que ya lo está por mí. 

José dice: 

–   ¡Oh, yo!

¡Por mí no es nada! Me preocupa el dolor de María, el dolor de no vivir en su casa…

Le brotan a María dos lagrimones.

–     Yo creo que debe amar esa casa como el Paraíso, por el prodigio; que allí tuvo lugar en Ella…

Hablo poco, pero entiendo mucho.

Si no fuera por este motivo, no me sentiría afligido.

A fin de cuentas, lo único es que trabajaré el doble, pero soy fuerte y joven como para trabajar el doble de lo acostumbrado y cubrir todas las necesidades.

Si María no sufre demasiado… si tú dices que se debe hacer así… por mí… aquí estoy.

Haré lo que estiméis más justo. Basta con que le sea útil a Jesús.

–     Ciertamente será útil.

Pensad en ello y veréis los motivos.  

María objeta: 

–     Se dice también que el Mesías será llamado Nazareno…

–    Cierto.

Pero, al menos hasta que se haga adulto, haced que crezca en Judea.

Dice el Profeta: “Y tú, Belén Efratá, serás la más grande, porque de ti saldrá el Salvador”.

No habla de Nazaret. Quizás ese apelativo se le dará por un motivo que desconocemos. Pero su tierra es ésta.

–     Tú lo dices, sacerdote, y nosotros…

Y nosotros con dolor te escuchamos… y seguimos tu consejo. 

María se lamenta:  

–     ¡Y qué dolor!… ¿Cuándo veré aquella casa donde fui Madre?- María llora quedo.

Y yo entiendo este llanto suyo… ¡Vaya que si lo entiendo!

La visión me termina con este llanto de María.  

Dice María:

Sé que comprendes mi llanto. De todas formas, me verás llorar más intensamente.

Por el momento voy a aliviar tu espíritu mostrándote la santidad de José,

que era hombre, o sea, que no tenía más ayuda de su espíritu que su santidad.

Yo, en mi condición de Inmaculada, tenía todos los dones de Dios; no sabía que lo era, pero en mi alma éstos eran activos y me daban fuerza espiritual.

Él, sin embargo, no era inmaculado.

La humanidad estaba en él con todo su peso gravoso…

Y debía elevarse hacia la perfección con todo ese peso,

a costa del esfuerzo continuo de todas sus facultades por querer alcanzar la perfección y ser agradable a Dios.

¡Oh, sí, verdaderamente santo era mi esposo! Santo en todo, incluso en las cosas más humildes de la vida:  

santo por su castidad de ángel, santo por su honestidad de hombre, santo por su paciencia, por su laboriosidad, por su serenidad siempre igual, por su modestia, por todo.

Esa santidad brilla también en este hecho acaecido. 

Un sacerdote le dice:

“Conviene que te establezcas aquí”; y él, aun sabiendo que su decisión le acarreará el tener que trabajar mucho más, dice:

“Por mí no es nada. Lo que me preocupa es el sufrimiento de María.

Si no fuera por esto, yo, por mí, no me afligiría; es suficiente con que le sea útil a Jesús”.

Jesús, María: sus angélicos amores. Mi santo esposo no tuvo otro amor en este mundo… y se hizo a sí mismo siervo de este amor.

Lo han hecho protector de las familias cristianas, de los trabajadores, de muchas otras categorías (moribundos, esposos…); pues bien, a mayor razón, debería hacérsele protector de los consagrados.

Entre los consagrados de este mundo al servicio de Dios, quienquiera que sea, ¿Habrá alguno que se haya ofrecido como él al servicio de su Dios, aceptando todo,

renunciando a todo, soportándolo todo, llevando todo a cabo con prontitud, con espíritu gozoso, con constancia de ánimo como él?

No, no lo hay.

Y observa otra cosa; o mejor, dos:   

Zacarías es un sacerdote; José, no.

Y, sin embargo, observa cómo él, que no lo es, tiene su espíritu en el Cielo más que quien lo es.

Zacarías piensa humanamente…

Y humanamente interpreta las Escrituras, porque — no es la primera vez que lo hace — se deja guiar demasiado por su buen sentido humano.

Ya fue castigado por ello, pero vuelve a caer en lo mismo, aunque menos gravemente.

Ya respecto al nacimiento de Juan había dicho:

“¿Cómo podrá ser esto, si yo soy viejo y mi mujer estéril?”.

Ahora dice: “Para allanarse el camino, el Cristo debe crecer aquí”;

y piensa — con esa pequeña raíz de orgullo que persiste incluso en los mejores, que él le puede ser útil a Jesús.

No útil como quiere serlo José (sirviéndole),

sino útil ¡siendo maestro suyo! Dios le perdonó de todas formas por la buena intención; pero, ¿Necesitaba, acaso, maestros el “Maestro”?

Traté de hacerle ver la luz en las profecías, mas él se sentía más docto que yo y usaba a su modo esta impresión suya.

Yo habría podido insistir y vencer, pero — y ésta es la segunda observación que te presento — respeté al sacerdote; por su dignidad, no por su saber.

Por lo general, Dios ilumina siempre al sacerdote. Digo “por lo general”. Es iluminado cuando es un verdadero sacerdote.

No es el hábito el que consagra; consagra el alma.

Para juzgar si uno es un verdadero sacerdote, debe juzgarse lo que sale de su alma.

Como dijo mi Jesús: del alma salen las cosas que santifican o que contaminan, las que informan todo el modo de actuar de un individuo.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Pues bien, cuando uno es un verdadero sacerdote, generalmente siempre Dios le inspira.

¿Y los otros, que no son tales?: 

Hay que tener con ellos caridad sobrenatural, orar por ellos.

Y mi Hijo te ha puesto ya al servicio de esta redención, y no digo más.

Alégrate de sufrir porque aumenten los verdaderos sacerdotes.

Descansa en la palabra de aquel que te guía. Cree y presta obediencia a su consejo.

Obedecer salva siempre.

Aunque no sea en todo perfecto el consejo que se recibe. Tú has visto que nosotros obedecimos, y el fruto fue bueno.

Verdad es que Herodes se limitó a ordenar el exterminio de los niños de Belén y de los alrededores.

Pero, ¿No habría podido, acaso, Satanás llevar estas ondas de odio; propagarlas mucho más allá de Belén? y

¿Persuadir a un mismo delito a todos los poderosos de Palestina, para lograr matar al futuro Rey de los judíos?

Sí, habría podido.

Y esto habría sucedido en los primeros tiempos del Cristo, cuando el repetirse de los prodigios ya había despertado la atención de las muchedumbres y el ojo de los poderosos.

Y, si ello hubiera sucedido, ¿Cómo habríamos podido atravesar toda Palestina para ir, desde la lejana Nazaret, a Egipto, tierra que daba asilo a los hebreos perseguidos,

y, además, con un niño pequeño y en plena persecución?

Más sencilla la fuga de Belén, aunque — eso sí — igualmente dolorosa.

La obediencia salva siempre, recuérdalo; “y el respeto al sacerdote es siempre señal de formación cristiana.

¡Ay — y Jesús lo ha dicho — ay de los sacerdotes que pierden su llama apostólica!

Pero también ¡Ay de quien se cree autorizado a despreciarlos!, porque ellos consagran y distribuyen el Pan verdadero que del Cielo baja.

Este contacto los hace santos cual cáliz sagrado, aunque no lo sean. De ello deberán responder a Dios. Vosotros consideradlos tales y no os preocupéis de más.

No seáis más intransigentes que vuestro Señor Jesucristo, el cual, ante su imperativo, deja el Cielo y desciende para ser elevado por sus manos.

Aprended de Él.

Y, si están ciegos, o sordos, o si su alma está paralítica y su pensamiento enfermo, o si tienen la lepra de unas culpas que contrastan demasiado con su misión,

si son Lázaros en un sepulcro, llamad a Jesús para que les devuelva la salud, para que los resucite.

Llamadlo, almas víctimas, con vuestro orar y vuestro sufrir.

Salvar un alma es predestinar al Cielo la propia.

Pero salvar un alma sacerdotal es salvar un número grande de almas, porque todo sacerdote santo es una red que arrastra almas hacia Dios,

y salvar a un sacerdote,

o sea, santificar, santificar de nuevo, es crear esta mística red. Cada una de sus capturas es una luz que se añade a vuestra eterna corona. Vete en paz.