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P193 UN DOLOR ETERNO


banner padre leyOctubre 06 de 2016

El Fuego consumirá todo aquello que no servirá para el Nuevo Mundo.

Hijitos Míos, en las Sagradas Escrituras se os profetiza que el Día del Señor vendrá como el rayo, como el día del Diluvio; que a pesar de que Noé avisó por tanto tiempo de que vendría el Diluvio, muy pocos salvo su familia, fueron los que entendieron. Burlas por todos lados, ataques, hasta que llegó el momento.

Se os viene avisando desde hace muchos años sobre los Acontecimientos próximos a suceder. ¿Cuántos han entendido? ¿Cuántos realmente han tomado Mi Palabra como cierta y han cambiado de vida?

Entended Mis pequeños, que estáis obrando mal, que vivís en la  Maldad, que le habéis abierto vuestro corazón a Satanás y os he venido previniendo de una muerte total, de una Muerte Eterna. Y NO queréis entender.
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Mi Hijo se dio para abriros las Puertas del Cielo, que estaban cerradas por el Pecado, ¡Dichosos debierais estar por esto, Mis pequeños! ¡Tanto tiempo con las Puertas cerradas!

Viene Mi Hijo con una Evangelización de Amor, con una Evangelización de Salvación, os trajo Luz, os trajo Vida y vosotros, ¿Qué habéis hecho? prácticamente nada. NO agradecisteis, pocos son los que lo han hecho.

Y la gran mayoría de vosotros persistís en la Maldad, persistís en el desorden espiritual a donde os ha llevado Satanás. Vivís en el Mal, os ha llevado a sufrir y le seguís. En cambio, NO seguís a Mi Hijo que os vino a traer la Paz, el Amor, el Orden. Preferís la mentira, preferís el error, preferís el dolor.

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¿En dónde están vuestros valores? Seguís al que os hace daño y hacéis a un lado Al que os vino a salvar. No fuisteis creados para que os condenarais. Fuisteis creados para vivir en Mi Reino, que es vuestro Hogar.

Qué tristeza Me dais la gran mayoría de vosotros. Os di lo mejor de Mí, que es Mi Hijo Jesucristo y Lo habéis despreciado. Habéis despreciado Sus Enseñanzas, Su Amor, Sus Milagros, Su Donación y persistís en seguir a aquél que os daña, que os lleva a la condenación eterna, al sufrimiento eterno, Mis pequeños.

¿En dónde tenéis la cabeza? ¿En dónde tenéis el corazón? Me dais pena Mis pequeños y ME HACÉIS SUFRIR A MÍ TAMBIÉN.

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Con la Donación de Mi Hijo os di la Gracia tan grande, de ser también hijos Míos y NI así entendéis. 

¿NO os dais cuenta de la Dignidad a la que fuisteis elevados en el momento de la Cruz, cuando Mi Hijo Le pidió a Mi Hija La Siempre Virgen María, que cuidara de vosotros? 

Y NO tomáis en cuenta todos estos momentos Santos, todos estos momentos Divinos en los que vosotros, TODOS vosotros fuisteis incluidos y con ello, obtener una dignidad altísima de hermanos de Mi Hijo, hijos Míos, ¿Y despreciáis todo esto?

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Os sigo insistiendo, Mis pequeños. Cambiad, os he dicho que el tiempo ya es muy breve, NO PASARÁN LOS DÍAS DE ESTE AÑO, os he hablado de semanas, en donde os daréis cuenta la gran mayoría de los seres humanos que habitan este Mundo,  que errasteis al tomar el camino del Mal, al seguir a Satanás. Pero tarde será cuando os deis cuenta de vuestro error.

Os quise tener Conmigo, pero preferisteis seguir a Satanás. Fue vuestro libre albedrío y NO Me echéis la culpa a Mí vuestro Dios, de vuestra mala decisión. Fue vuestra libre decisión y tendréis que padecer por ello.

Los que todavía tengáis un poco de razón, de Sabiduría, entended Mis Palabras. Entended Mi Amor y cambiad, Mis pequeños. OS ESTÁIS JUGANDO LA ETERNIDAD, pero sois libres y Yo, respetaré vuestra decisión.

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SATANÁS ES EL MEJOR ENTRENADOR, PARA CONVERTIRNOS EN CAMPEONES DEL AMOR

 Vosotros no tenéis idea del mal con que os puede atacar Satanás. Ya os he explicado alguna vez, que si Satanás os quiere atacar, él tiene que venir a Mí y pedirMe permiso para atacaros y Yo, conociéndoos a cada uno de vosotros, ciertamente le doy permiso, porque él también tiene libertad, pero lo limito. 

Os conozco y sé hasta dónde podéis soportar su ataque y que este ataque produzca un Bien en vosotros. Ved cómo os cuido Mis pequeños, en cada momento.

Si tenéis una espiritualidad alta, ciertamente le voy a permitir que os ataque un poco más fuerte, que a aquél que tiene una espiritualidad baja, que podría ser destruido fácilmente por Satanás, a diferencia de aquél que tiene esa espiritualidad alta.  

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SANTIDAD

Como os dije, Yo vuestro Dios, os cuido en todo momento. Y de todo ataque de Satanás, siempre vais a salir con algo positivo, para poder vencer a Satanás en sus subsecuentes ataques.

Cuando estáis Conmigo, vosotros podéis sobrellevar ésos ataques. Satanás es muy poderoso, ya os lo he explicado. Yo lo puedo detener, porque Yo lo creé y Soy Infinitamente más poderoso que él; pero vosotros necesitáis de Mi ayuda para poder vencerle…

Lo malo es que la gran mayoría de vosotros, NO tenéis un crecimiento espiritual favorable, con el cual lo podáis vencer fácilmente y por eso está causando tanto mal alrededor del Mundo, porque NO os podéis defender de él, porque sois débiles en lo espiritual. 

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Él se las ha ingeniado para ir haciendo que vuestra espiritualidad decaiga. Y esto a través de los años, ha hecho que mengüe vuestra fuerza y no tengáis gran defensa contra él; por eso muchas almas seguirán cayendo al Infierno, como hojas que caen en el otoño.

 Y eso Me causa mucho dolor y tristeza, porque parece que a vosotros NO OS IMPORTA PASAR UNA ETERNIDAD DE DOLOR… 

 Prácticamente nadie de todos vosotros, os habéis puesto a meditar esta frase: “que sufriréis eternamente en el Infierno”, porque no supisteis ser verdaderos hijos Míos y en realidad, es que poco os importó hacerlo.

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Mucho os he insistido en la Oración, en el sacrificio, en el ayuno, en la penitencia; para que os podáis defender fuertemente contra los ataques de Satanás. 

Os he dado todo lo necesario para que pudierais salir victoriosos de sus ataques, pero NO lo habéis hecho. NO os habéis preparado. Se os hace vergonzoso e inútil el rezar. Vivir en estado de Gracia, lo veis como algo también inútil en vuestra vida.

No Me reprochéis después Mis pequeños, de que no os quise salvar. Os estuve cuidando por toda vuestra vida. Os puse infinidad de ocasiones para que volvierais al buen camino y NO os interesó. Os dejasteis llevar por las oleadas de mal que os rodeaban.

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 Os dejasteis llevar por el ejemplo de vuestros hermanos alrededor del Mundo, que lejos de llevaros al Bien, os afianzaban en el Mal.

Mi Hija os pidió vivir y buscar la santidad de vida. Dejar todo aquello que pudiera corromper vuestra alma como la televisión, los libros obscenos, compañías que no buscaban vuestro crecimiento espiritual.

 Y vosotros, fácilmente caíais porque se burlaban de vosotros, a pesar de que buscabais el Bien, porque Me buscabais a Mí, porque cumplíais con vuestros deberes de la Iglesia. Sentisteis vergüenza de estar Conmigo…

LIBRE DEL RESPETO HUMANO

LIBRE DEL RESPETO HUMANO

Y profetizado está en las Sagradas Escrituras, que aquél que se avergonzara de Mí en la Tierra, Yo Me avergonzaría de él en su Juicio y ciertamente, NO entraría al Reino de los Cielos.

En vuestro Juicio os veréis tal como sois en lo espiritual y no Me podréis reprochar vuestros errores. Actuasteis mal y vuestro castigo será la causa de vuestro error.

Todavía podéis sacar adelante vuestra salvación, os pido que regreséis a Mí. POCO, muy poco tiempo os queda para que podáis salvar vuestra alma. ¿Entenderéis que estáis viviendo ya momentos críticos? o ¿Haréis a un lado ésta, QUE SERÁ UNA DE MIS ÚLTIMAS ADVERTENCIAS y ayudas que tendréis de parte Mía?

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Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios, Soy vuestro Creador, Soy el Amor, quiero lo mejor para vosotros; pero vosotros decidís si queréis venir Conmigo eternamente o querréis alejaros de Mí, eternamente.

San Pablo dice: ‘ni el ojo vio ni el oído oyó, lo que Dios tiene reservado para aquellos que Le siguen, para los que están con Él, para aquellos que Lo obedecieron, para los que Le amaron.’ 

Obediencia, Amor, Respeto y demás Virtudes, son las que Yo vuestro Padre os enseñé y que Mi Hijo las vivió entre vosotros. Tenéis el Ejemplo de Mi Hija, La Siempre Virgen María, toda Virtud, toda Amor.

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¿Por qué se os hace tan difícil vivir en lo bello? Ciertamente buscáis lo bello, tratáis de comprar lo bello, lo costoso, sabéis apreciar la belleza en una flor en una pintura, en el campo, en los animalillos ¿Y no buscáis esa belleza para vuestra alma? 

Mi Amor, reflejado en todo lo bello que existe, lo sabéis apreciar, pero NO LO TOMÁIS COMO MEDIO DE VIDA. 

Se os habla de vuestras obligaciones, pero obligaciones de Amor para poder llegar al Reino de los Cielos y eso ya NO lo queréis hacer. Queréis todo fácil, NO queréis obligaciones, NO queréis dolor.  

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Sois como niños, pero niños tontos; adultos que os comportáis como niños tontos y necios. 

Tenéis muchos años físicamente, pero solamente meses de vida espiritual. Por eso NO avanzáis, por eso no queréis crecer espiritualmente. Os queréis comportar como  niños egoístas y NO queréis tomar las obligaciones de vuestro estado de vida; primeramente para Conmigo y enseguida para vuestras obligaciones de estado, especialmente con vuestra familia, con vuestros hijos.

Bien sabéis que si vosotros NO enseñáis el Bien y permitís el mal en vuestra familia, en vuestros hijos; tarde o temprano, ése mal se va a revertir contra vosotros y os enojáis. Sufrís, os apartáis de la familia y de vuestros hermanos, de vuestros amigos, de los que os rodean, de aquellos con los que tenéis contacto. 

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Y queréis que se os trate bien, cuando el bien no sale de vuestro corazón, de vuestras palabras, de vuestras acciones. Queréis paz a vuestro alrededor y de vosotros solamente sale ataque, maldad, desprecio, grosería, error, ¿Por qué pedís lo que vosotros NO dais?, 

Exigís el bien cuando de vosotros, no ha brotado. Me exigís a Mí vuestro Dios, que os consienta; cuando Yo para vosotros, NO Soy NADA… Salvo en los momentos de preocupación o de necesidad y después, Me rechazáis nuevamente.

Os reprendo, porque un Padre que ama, reprende a los hijos que ama. Quiero vuestra salvación, pero vosotros NO la deseáis. Queréis tener una vida tranquila, que se os respete, que se os ame y vosotros no dais nada de eso.

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No hay paz en vuestro corazón, porque la paz solamente puede venir a vosotros si Me tenéis a Mí en él. Queréis que se os trate con Virtud y VOSOTROS PRODUCÍS PURO VICIO…

Y todo esto sucede Mis pequeños, porque no hay Sabiduría en vuestra vida. NO os detenéis un momento en vuestra vida y ponéis sobre la mesa vuestra realidad, lo bueno y lo malo; pero NO sois honestos con vosotros mismos. 

Queréis ver nada más lo bueno que hacéis, que ciertamente es muy poco y queréis esconder lo malo, para que NO se os avergüence ante los demás.

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Vuestro Juicio será personal. Os presentaréis ante Mí, vuestro Dios y Creador. Ciertamente os amo, pero también Soy Justo y le daré a cada alma lo que hizo, lo que ella misma creó para sí misma.

Lo que hicisteis para los demás, será vuestro juez… y especialmente, lo que hicisteis para Mí, porque teníais una misión cada uno de vosotros y de acuerdo a como la llevasteis a cabo, tendréis mérito o castigo.

Vosotros habéis sido autores de vuestro destino. Yo solamente os haré ver vuestros aciertos y vuestros fracasos. O sea, vuestro mal y vuestro bien, vosotros mismos os juzgaréis ante Mi Presencia. Si os veis con capacidades de entrar al Reino de los Cielos, ciertamente antes tendréis que ser purificados, os iréis a la derecha.

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Pero, si NO alcanzáis los méritos para vivir eternamente Conmigo, os iréis a la izquierda al Fuego Eterno. Vosotros mismos os repito, OS JUZGARÉIS. 

 Satanás os acecha continuamente y especialmente, cuando os ve creciendo en Virtud y en amor. Su reino en esta Tierra es de maldad, de muerte, de destrucción; va en contra de todo lo que es Mío, va en contra de todo aquello que os lleve a encontrarMe y crecer en amor, en Virtudes, en ejemplo santo.

Satanás ataca a aquellas almas que están buscando la santidad de vida y esto significa que llevan una vida en Mí, que están buscando su perfección. 

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Todos vosotros fuisteis creados para llegar a un grado de perfección, el cual os da la santidad. Ser santos es vuestra obligación, Mis pequeños. NO es solamente para algunos. Ser santos significa estar unidos íntimamente a Mí. 

Aquella alma que NO está unida a Mí, no puede ser un alma santa, buena, limpia, pura. Un alma que NO es santa, está sucia por el Pecado. No puede entrar al Reino de los Cielos ningún alma que esté sucia, que no haya buscado la perfección.

YO OS DÍ DIEZ MANDAMIENTOS.  Diez Mandamientos que os ayudarían a llevaros a la perfección. 

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 Ciertamente en vuestro estado es difícil, porque vivís en un medio difícil, que es el Reino de Satanás, pero contáis Conmigo, con vuestro Dios, contáis con el Ejemplo de Mi Hijo y lo tenéis en las Sagradas Escrituras.

Tenéis el Amor Inmenso, Infinito, de Mi Hija La Siempre Virgen María. Tenéis la ayuda de los Santos Ángeles y de los santos. NO ESTÁIS SOLOS y NO tenéis pretexto para no crecer espiritualmente. El único pretexto es vuestra flojera, vuestra indolencia y la Maldad que SÍ habéis permitido entrar en vuestro corazón.

Yo conozco a las almas que están buscando su perfección y las ayudo. Se han rebelado contra el Mundo, se han rebelado contra Satanás y Me han escogido a Mí vuestro Dios, para alcanzar su santidad de vida.  

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Ciertamente, las almas santas o las que están buscando su santidad, sufren mucho. Sufren mucho más que aquellas que ya se dejaron llevar por el Mundo.

Sufren primeramente, porque tienen que negarse a sí mismas. Tienen que negar sus gustos, que en la gran mayoría de los casos, vuestros gustos NO os están llevando a la santidad de vida.

Sufren, porque estas almas son atacadas por aquellos que las rodean. NO las comprenden y las toman como almas inservibles, porque no están con el Mundo. Las hacen a un lado, las desprecian, no quieren su compañía.

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Las ataca Satanás, porque está viendo en estas almas su crecimiento espiritual y eso puede hacer que le quiten muchas almas que ya las tiene consigo.

Las ataca fuertemente, para que desistan de su idea de santidad, de perfección. Son almas que ya han entrado en Mi Corazón. Y en su dolor Mi Hijo las acompaña, porque Él sufrió todo esto entre los hombres.

Son almas Crísticas, son almas salvadoras, son almas sufrientes, pero que dan mucho fruto. Tendrán dolor y penas en el Mundo. Pero cuando lleguen a Mí, la que fue una puerta angosta, inmediatamente se volverá una entrada inmensa, maravillosa, bellísima.

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AMAN COMO DIOS AMÓ…

La Paz la invadirá, Mi Amor la llenará, la Luz la purificará y Mi Santidad, será de ella. Compartirá Mi Amor y Mi Reino, vivirá lo que persiguió gozar. Encontrará lo que intuía su corazón y el estar Conmigo, será su meta alcanzada.

Ese es Mi Regalo Mis pequeños, para las almas que buscaron estar Conmigo, que sufrieron en la Tierra por dar Mi Ejemplo Divino. Todos vosotros estáis invitados a este Regalo, Mis pequeños. Pero son tan pocos los que lo comprenden y lo siguen.

Benditas y alabadas sean estas almas que Me escogieron a Mí. Que estando en la Obscuridad en la que se vive ahora, tuvisteis Fe. Sabíais que Yo era esa Luz que encontraríais en algún momento del final de vuestra existencia y Me encontraréis, Me gozaréis y de Mí nunca, nunca os separaréis.

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 TODO será renovado, la maldad será encadenada. TODO lo que veis ahora que está afectado por el pecado, será renovado. Y Mi Luz invadirá todo lo Creado. Y lo veréis tal cual fue Creado. Lo que ahora veis sucio, malo, cambiará a bello y bueno.

Todo fue Creado para el Bien del hombre, para vuestra subsistencia y así será. Y vosotros cuidaréis lo Creado y el Amor que deis a lo Creado, se volverá a vosotros y a los vuestros.

Os he dicho que el Amor es dinámico y es reciproco, cuidaréis de lo que Yo os di para que os cuide. Las estaciones ya no se volverán contra vosotros. Todo lo que ahora os ataca cambiará, será bueno.

GRAN TRIBULACION

Todo fue Creado para que vosotros gozarais, desde lo más pequeñito, hasta lo más grande. Los vientos, los mares, la misma Tierra ya no os atacará, el Fuego tampoco os hará daño.

Yo puse Amor en todo lo Creado y el Amor respeta, el Amor cuida, el Amor os ayuda a crecer.

En estos momentos en vuestro Mundo, estáis viendo y viviendo lo que Satanás hizo con todo lo Creado. Las estaciones se han vuelto contra vosotros, los calores os hacen sufrir, los fríos os enferman, el agua destroza pueblos y ciudades; mata lo que os debiera dar vida. Los animales os atacan. Todo se ha vuelto en contra vuestra, porque Satanás así lo ha provocado.

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El hombre fue creado en el último momento de la Creación, porque fuisteis escogidos para ser los reyes de la Creación, con capacidades para cuidar y entender lo que Yo os di para vuestro bien. Pero Satanás lo volvió todo contra vosotros, porque el hombre se volvió contra Mí al traicionar Mi Amor, al traicionar Mis Ordenes Divinas.

Esto es lo que os ha traído Satanás: muerte, destrucción, ataque de todo lo creado contra vosotros. Que de ser los reyes de la Creación en un Principio, ahora sois esclavos. Habéis caído hasta lo más bajo, NO cuidáis la Creación, NO la cuidasteis. Es más, la atacasteis y ahora, se ha vuelto contra vosotros.

Os he profetizado que en este Tiempo, el Fuego consumirá todo aquello que no servirá para el Nuevo Mundo. 

fin del mundo

 El Agua, hizo su parte en el Diluvio. Ahora el Fuego hará su parte en esta Purificación, que dará pie para una nueva generación, renovada, santificada.

Todas las almas creadas habéis tenido la oportunidad de crecer y santificaros, de volver a tomar vuestra posición de reyes de la Creación, cuidando de todo lo creado. Pero os aliasteis a Satanás e hicisteis todo lo contrario que Yo les pedí a vuestros Primeros Padres.

El Fuego destruirá a todos aquellos y a todo aquello, afectado por Satanás. NO quisisteis luchar contra su maldad y es más, le dejasteis crecer, le apoyasteis. Y de ser en el Principio una pequeña víbora, ahora es un monstruo inmenso, que ya no podéis controlar.

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Os prometí estar siempre con vosotros para ayudaros, pero NO Me invocasteis, NO pedisteis Mi ayuda. Vuestra soberbia os hizo sentir poderosos y con lo que ahora viviréis, os daréis cuenta de que NO sois NADA si NO estáis Conmigo. 

Vuestra soberbia os llevará al Dolor, a la Desesperación y a Blasfemar Mi Santo Nombre. POCOS, muy pocos reaccionarán y pedirán perdón y ésas almas se salvarán.

Generación tonta, cruel, mala, porque os aliasteis con Satanás. Preferisteis seguirle y seguir sus Mentiras y ahora estáis viviendo el resultado: os engañó y sufriréis por haberle creído.  

nuevo pueblo

Tuvisteis a Mi Hijo entre los hombres, el Amor vivió entre los hombres y Lo despreciasteis y Lo seguís despreciando. Pocos Le habéis dado cabida en vuestro corazón, os salvaréis y gozaréis los Nuevos Tiempos.

Mi Justicia Divina caerá sobre aquellos necios, que pudiendo haber tenido todo, que es Mi Presencia Divina en vosotros, preferisteis la nada de Satanás, porque maldad buscasteis y la Maldad os condenará.  

Os burlasteis de aquellos que Me buscaron durante su vida y os daréis cuenta de ello ya tarde, cuando la Condenación os llegue en vuestro Juicio Particular.

EN EL JUICIO PARTICULAR, SATANÁS RECLAMA LA POSESIÓN DEL ALMA,POR LOS ESPÍRITUS INMUNDOS (los pecados) QUE LA POSEEN

EN EL JUICIO PARTICULAR, SATANÁS RECLAMA LA POSESIÓN DEL ALMA,POR LOS ESPÍRITUS INMUNDOS (los pecados) QUE LA POSEEN

El Bien triunfa, el Bien goza. Su sufrimiento se vuelve alegría, la Paz estará en su Gloria Eterna.

 ¡Cuánto Amor ha desperdiciado el hombre! Yo que Soy Todo Amor y no pudo hacer su parte en tantos corazones, en tantas almas, porque Me despreciaron. NO fueron lo suficientemente sabios y tener una visión de futuro para haberMe arropado, para haberMe cuidado. Prefirieron la Maldad que les produjo un bienestar efímero.

Aquellos que prefirieron estar Conmigo, tendrán gozo eterno. Muchos, muchos fueron los llamados y pocos los escogidos. Tuvisteis Mis Palabras Sabias al alcance de todos vosotros…

Pero para los malos, Mis Palabras se las llevó el viento, NO vieron más allá, NO vieron su futuro eterno. Vieron el momento y quisieron gozar el momento. Y eso es lo único que tendrán, un momento efímero de gozo y un dolor eterno. Os amo, os amo a todos, porque sois Mis hijos, fuisteis Creados en el Amor, pero no todos respondisteis a Él.

Venid, venid vosotros los que Me habéis escogido, los que Me habéis amado, los que amáis a vuestros hermanos porque Yo estoy en ellos. Fuisteis sabios al escoger el buen camino y éste os llevará a un final feliz. Para algunos, a iniciar un Nuevo Mundo. Para otros, llegar a su Hogar Eterno.

Las almas sabias Me escogieron a Mí, vuestro Dios y Yo, no las he decepcionado. Mis Regalos Infinitos están con vosotros, sois Míos y Yo Soy vuestro Dios y vuestro Padre.  

nueva jerusalenVenid ante Mí, ataviados con alma pura y con aromas de sencillez y os atraeré hacia Mí, para escuchar de vuestros labios vuestras peticiones de amor, juntito a Mí Corazón.

Os amo muchísimo hijitos Míos, que Yo no deseo separarMe de vosotros. Que ése deseo se desenvuelva en vuestras almas para conMigo, desea vuestro Dios y Señor. Os Bendigo son santas y especiales bendiciones, para que perseveréis hasta el Día del Triunfo del Amor.  

Yo os bendigo en Mi Santísimo Nombre de Eterno Dios de Amor, en el de Mi Hijo Jesucristo, donación perfecta en el Amor, en el de Mi Santo Espíritu, Voz y Guía del Amor y en el de Mi Santísima Hija, la Siempre Virgen María, donación perfecta al Amor.

bend trinidad padre creador GUADALUPANA

http://diospadresemanifiesta.com/

N1 BOLETÍN DE VASSULA


Boletín de

La Verdadera Vida en Dios

18 de febrero de 2013org

01

“RECORDATORIO DE VASSULA”

02

Después de la petición de Vassula de que oráramos diariamente durante este año, la oración que recibió el 28 de noviembre de 2009, el viernes 15 de febrero, un meteorito se estrelló en Rusia.

Vassula respondió con el siguiente mensaje:

“¿Entendieron por qué necesitábamos orar esta oración?

¡Vean lo que pasó en Rusia! Tenemos que continuar rezando esta oración.”.
La oración a la que Vassula se refiere se encuentra, nuevamente, a continuación:

Dirígete a Mi, Vassula, de este modo:

Padre Tierno, no descargues tu ira sobre esta generación,
no sea que perezca por completo.
No dejes caer sobre Tu rebaño la aflicción y la angustia,
porque las aguas se secarán y la naturaleza se marchitará.
Todo sucumbirá ante tu ira sin dejar huella tras de sí.

¡El ardor de Tu Aliento inflamará la tierra transformándola en un yermo!
Desde el horizonte se verá una estrella.
La noche sufrirá estragos y las cenizas caerán como la nieve en invierno,
cubriendo a Tu pueblo como fantasmas

Ten Piedad de nosotros, Dios, y no nos evalúes duramente.
¡Acuérdate de los corazones que se regocijan en Ti y Tú en ellos!
¡Acuérdate de tus fieles y no dejes que Tu Mano caiga con fuerza sobre nosotros!
Antes bien, en Tu Misericordia,

levántanos e implanta Tus preceptos en cada corazón.

04GUIRNALDA

Puedes consultar los envíos anteriores de este Boletín en: http://www.tlig.org/sp/spforum/spforum.html

¡EL AMOR TE AMA!

05

Amén.

205.- VOSOTROS SERÉIS DIOSES


DIOS PADRE CREADOR

Felipe dice:

–                       Señor, muéstranos al Padre, seremos como ellas y eso nos basta.

–                       Hace tiempo que estoy con vosotros y tú Felipe, ¿Todavía no me has conocido? Quién me ve a Mí, ve a mi Padre. ¿Cómo puedes decir muéstrame al Padre? ¿No logras creer que Yo estoy en mi Padre y el Padre en Mí?

Las palabras que os digo, no las digo por Mí. El Padre que mora en Mí, lleva a cabo cada obra mía. Os lo digo y os lo afirmo: Quien cree en Mí, realizará las obras que Yo hago y hará mucho mayores; porque me voy donde el Padre. Y todo cuanto pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré Yo, para que el Padre sea glorificado en su Hijo.

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Haré todo lo que me pidiereis en mi Nombre. En virtud de este Nombre, todo es posible. Quien piensa en mi Nombre me ama y me alcanza. Pero no basta amar. Hay que observar mis órdenes, para alcanzar el verdadero Amor.  Las obras son las que dan testimonio de los sentimientos.

Si ustedes me aman, guardarán mis Mandamientos y Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador que permanecerá siempre con vosotros. A quién Satanás y el Mundo no podrán hacer daño alguno. Este es el Espíritu de Verdad que el mundo no puede recibir, que no puede hacerle mal,  porque no lo ve y no lo conoce.

Se burlará de Él. Pero Él está muy por arriba, de tal modo que la befa no le llegará. Mientras que Misericordiosísimo sobre toda medida, estará siempre con quien lo amare; aun cuando sea pobre y débil. Vosotros lo conoceréis; porque está ya viviendo con vosotros y pronto estará en vosotros. Y permanecerá siempre con vosotros.

No os dejaré huérfanos. Regresaré a vosotros. Dentro de poco el Mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque Yo vivo y vosotros vivís. Porque viviré y vosotros también. En ese día conoceréis que estoy en mi Padre y vosotros en Mí y Yo en vosotros.

1JMISERICORDIA

El que ama, es el que acepta mis preceptos y los observa. El que me ama será amado por mi Padre y poseerá a Dios, porque Dios es Caridad. Y quién ama tiene a Dios en sí. Yo lo amaré porque veré en él a Dios y me manifestaré haciéndome conocer en los secretos de mi Amor, de mi sabiduría, de mi Divinidad Encarnada.

Estos serán los modos como regresaré entre los hombres a quienes amo. Aunque sean débiles, aunque sean mis enemigos. Éstos serán sólo débiles. Los robusteceré. Diré: ‘¡Levántate!’, gritaré: ‘¡Sal fuera!’, ordenaré: ‘¡Sígueme!’, Mandaré: ‘¡Oye!’, avasallaré: ‘¡Escribe!’… y entre éstos estáis vosotros.

Tadeo pregunta:

–                       ¿Por qué Señor, te manifestarás a nosotros y no al mundo?

–                       Porque me amáis y observáis mis palabras. Quien hiciere así, mi Padre lo amará. Vendremos a él y haremos en él nuestra mansión. El que no me ama no guarda mis palabras y obra según la carne y el mundo. Cuando venga a vosotros el Consolador. El Espíritu Santo que el Padre mandará en mi Nombre, entonces comprenderéis y Él os enseñará todo y os traerá a la memoria cuanto os he dicho.

                        HolySpirit

Os dejo mi Paz. Os doy mi paz. Os la doy, no como la da el mundo. La paz que os doy es más profunda. Yo me comunico a Mi Mismo en este adiós a vosotros. Os comunico mi Espíritu de Paz, como os he entregado mi Cuerpo y mi Sangre; para que en vosotros exista una gran fuerza, en la batalla que se acerca.

Satanás y el Mundo han declarado la Guerra contra vuestro Jesús. Es su Hora. Conservad en vosotros la Paz, mi Espíritu, que es espíritu de Paz, porque Yo Soy el Rey de la paz. Tenedla para que no os encontréis muy abandonados. Quién sufre teniendo la Paz de Dios en sí; sufre pero no blasfema, ni se desespera.

No lloréis. Si me amaseis más allá de lo que veis en Mí, os alegraríais inmensamente, porque regreso al Padre, después de un largo destierro. Voy a donde está El que es Mayor que Yo y que me ama.

Dios

Os lo digo ahora… Antes de que se realice. Así como os he contado los sufrimientos del Redentor antes de salir a su encuentro; para que cuando todo se cumpla, creáis más en Mí. ¡No os conturbéis de este modo! ¡No perdáis los ánimos! Vuestro corazón tiene necesidad de control… ¡Hay tantas cosas que quisiera deciros!…

Llegado al término de mi evangelización, me parece que falta mucho por hacerse. ¿Acaso no he cumplido con mi oficio? ¿Dudaré?… ¡No! Pongo mi confianza en Dios y a Él os confío, amados amigos. Él completará la Obra de su Verbo. No soy como un padre que está por morir y a quién no le queda otra luz, más que la humana.

pentec

Yo tengo mi esperanza en Dios. Y me dirijo tranquilo a mi destino. Sé que está por bajar otra lluvia sobre las semillas arrojadas en vosotros, que hará que germinen todas. Luego vendrá el sol del Paráclito y se convertirán en un poderoso árbol…

El Príncipe de este Mundo está por venir. Aquel con quien no tengo nada que ver. No podría nada sobre Mí, si no fuese por la razón de querer redimiros. Esto sucede porque quiero que el mundo conozca que amo al Padre. Y lo amo hasta obedecerlo en la Muerte. Y de este modo cumplo lo que me ha mandado.

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Es hora de irnos. Oíd las últimas palabras. Yo soy la Vid verdadera. El Padre, es el agricultor. A todo sarmiento que no produce fruto, Él lo corta. Y poda al que produce, para que produzca más.  Os habéis ya purificado con mi Palabra. Permaneced en Mí y Yo estaré en vosotros, para que lo sigáis estando. El sarmiento que ha sido separado de la Vid, no puede producir fruto. De igual modo vosotros si no permanecéis en Mí. Yo soy la Vid y vosotros los sarmientos.

El que permanece unido a Mí, produce muchos frutos. Pero si uno se separa, se convierte en rama seca, que se arroja al fuego, para que se queme. Permaneced pues en Mí y que mis palabras queden en vosotros. Luego, pedid cuanto queráis, que se os dará. Mi Padre será cada vez más glorificado, cuanto más produzcáis frutos y seáis mis discípulos.

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Como el Padre me ha amado, así también Yo a vosotros. Permaneced en mi Amor que salva. Si me amáis, seréis obedientes y la obediencia aumenta el amor recíproco. No digáis que estoy repitiendo lo mismo. Conozco vuestra debilidad. Quiero que os salvéis. Os digo esto para que la alegría que os quise comunicar, exista en vosotros y sea perfecta. ¡Amaos! ¡Amaos! ¡Este es mi nuevo mandamiento!

Amaos mutuamente, más de lo que cada uno se ama a sí mismo. El amor del que da su vida por sus amigos, es mayor que cualquier otro. Vosotros sois mis amigos y doy mi vida por vosotros. Haced lo que os he enseñado y mandado. No digo que sois mis siervos,  porque el siervo no sabe lo que hace su dueño. Entretanto que vosotros sabéis lo que hago.

Todo lo sabéis respecto a Mí. Y fui quién os eligió y lo hice para que vayáis entre los pueblos y produzcáis frutos en vosotros y en los corazones de los evangelizados; vuestro fruto permanezca y el Padre os conceda lo que pidáis en mi Nombre.

1PANESYPECES

No digáis: “Si Tú nos has escogido, porqué escogiste a un traidor. Si todo lo sabes, ¿Por qué lo hiciste? ” No preguntéis ni siquiera quién sea ese tal. No es un hombre. Es Satanás. Lo dije a mi fiel amigo y permití que lo dijese. Es Satanás.

POSESION

Si Satanás el Eterno Comediante, no se hubiera encarnado en un cuerpo mortal; este hombre poseído no habría podido escapar a mi poder. He dicho ‘poseído’. No. Es algo mucho más: es un entregado a Satanás, por su propia voluntad.

1POSESION (1)

Santiago de Alfeo pregunta:

–                       ¿Por qué Tú que has arrojado demonios, no lo libraste de él?

Jesús contesta:

–                       ¿Me lo preguntas porque amándome tienes miedo de ser tú? No temas.

Varios preguntan al mismo tiempo:

–                       Entonces, ¿Yo?

–                       ¿Yo?

–                       ¿Yo?

Jesús ordena:

–                       Callaos. No diré su nombre. Tengo misericordia. Tenedla también vosotros.

Tomás pregunta:

–                       ¿Pero por qué no lo venciste? ¿No pudiste?

–                       Podía. Pero si hubiera impedido a Satanás que se encarnara para matarme, habría tenido que exterminar a la raza humana, antes de su Redención. Y entonces, ¿Qué habría redimido?

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Pedro se arrodilla y sacude frenéticamente a Jesús, como si estuviese bajo el influjo de un delirio:

–                       Dímelo, Señor. Dímelo. ¿Soy yo? ¿Soy yo? Me examino… No me parece. Pero Tú dijiste que te negaré… Yo tiemblo de miedo… ¡Oh, qué horror que sea yo!…

Jesús niega:

–                       No Pedro. No eres tú.

–                       ¿Entonces quién?

Tadeo grita sin poder contenerse más:

–                       ¡Quién otro, sino Judas de Keriot! ¿No lo has comprendido?

HOMBRE-DEMONIO

Pedro grita:

–                       ¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué?

Jesús ordena:

–                       Silencio. Es Satanás. No tiene otro nombre. ¿A dónde vas, Pedro?

–                       A buscarlo.

–                       Deja inmediatamente tu manto y esa espada. ¿O quieres que te arroje de Mí y te maldiga?

–                       ¡No, no! ¡Oh, Señor mío! Pero yo… pero yo… ¿Deliro acaso? ¡Oh! ¡Oh!…

Pedro se ha postrado en tierra y llora a los pies de Jesús.

Jesús dice terminante:

–                       Os ordeno que os améis. Que perdonéis. ¿Habéis comprendido? Si en el mundo existe el Odio, en vosotros sólo debe existir el Amor. Un amor para todos. ¡Cuántos traidores encontraréis por vuestro camino! Pero no deberéis odiarlos y devolverles mal por mal. De otro modo el Padre os odiará… Antes que vosotros he sido objeto de odio y se me ha traicionado.

1MARTIR

Y sin embargo lo estáis viendo, no odio. El mundo no puede amar lo que no es como él. Por esto no os amará. Si fueseis suyos os amaría. Pero no lo sois, porque os tomé de en medio de él y éste es el motivo por el cual os odia.

MARTIRIO

Os he dicho: el siervo no es más que el patrón. Si me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si me hubieran escuchado, también a vosotros os escucharían. Pero todo lo harán por causa de mi Nombre; porque no conocen y no quieren conocer, al que me ha enviado.

Si Yo no hubiera venido y no les hubiese hablado, no serían culpables. Pero ahora su pecado no tiene excusa. Han visto mis obras, oído mis palabras… Con todo, me han odiado y además a mi Padre, porque Yo y el Padre somos una sola unidad con el Amor. Está escrito: ‘Me odiaron sin motivo alguno’

Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de Verdad que procede del Padre, dará testimonio de Mí y también vosotros, porque desde el principio habéis estado conmigo.

Esto os lo he dicho para que cuando llegue la hora; no quedéis acobardados, ni escandalizados. Pronto va a llegar el tiempo en que os arrojarán de las sinagogas y cuando el que os matare, pensará dar culto a Dios con lo que hace.

martirio santiago

No han conocido, ni al Padre, ni a Mí. Esa es la única razón que puede excusarlos. Antes no os lo había dicho tan claro, porque erais como niños recién nacidos. Ahora vuestra madre os deja. Me voy. Debéis acostumbraros a otra clase de alimento. Quiero que lo conozcáis.

Ninguno me pregunta de nuevo ¿A dónde vas? La tristeza os ha vuelto mudos. Y con todo es bueno que me vaya, de otro modo el Consolador no vendrá. Os lo mandaré. Y cuando venga, por medio de la sabiduría y de la palabra; de las obras y del heroísmo que os infundirá; convencerá al mundo de su pecado deicida y de mi verdadera santidad.

CIRCO-ROMANO

El mundo se dividirá claramente en dos partes: la de los réprobos, enemigos de Dios y en la de los creyentes. Estos serán más o menos santos según su voluntad. Pero se juzgará al Príncipe del Mundo y a sus secuaces. No puedo deciros más, porque por ahora no lo podéis comprender. Cuando venga el Paráclito os lo dirá.

Todavía nos veremos un poco. Después no me veréis más. Y poco  después, de nuevo me veréis.

Dentro de vosotros mismos estáis dialogando. Oíd una parábola. La última que os dice vuestro Maestro: cuando una mujer está encinta y llega la hora del parto, se encuentra en medio de una gran aflicción, sufre y llora. Pero cuando nace el pequeño, lo estrecha contra su corazón. Todo dolor desaparece. Su tristeza se cambia en alegría, porque ha venido al mundo un nuevo ser.

Así también vosotros. Lloraréis y el mundo se reirá de vosotros. Pero después vuestra tristeza se cambiará en alegría, una alegría que el mundo jamás conocerá. Ahora estáis tristes, pero cuando me volváis a ver, vuestro corazón se llenará de una alegría tal, que nadie podrá arrebatárosla. Una alegría tan completa que no tendréis necesidad de pedir para la mente, el corazón y el cuerpo. Os alimentaréis solo con verme, olvidando cualquier otra cosa.

Pero por esto mismo podréis pedir todo en mi Nombre y el Padre os lo dará, para que vuestra alegría sea siempre mayor. Pedid. Pedid y recibiréis.

1MULTIPLICACION

Ya llega la hora en que os podré hablar abiertamente del Padre.  Porque permaneceréis fieles en la prueba y todo será superado. Vuestro amor será perfecto porque os habrá ayudado en la prueba. Y lo que os faltare lo daré al tomarlo de mi inmenso tesoro, diciendo: “Padre, mira. Estos me han amado creyendo que vine de Ti” Bajé al Mundo, ahora lo dejo. Voy al Padre y rogaré por vosotros.

Los apóstoles exclaman:

–                       ¡Oh!

–                       ¡Ahora te explicas!

–                       Ahora comprendemos lo que quieres decir y entendemos que sabes todo y que respondes sin que nadie te haya preguntado.

–                       ¡Verdaderamente has venido de Dios!

Jesús dice:

–                     ¿Creéis ahora? ¿En los últimos momentos? ¡Hace tres años que os estoy hablando!, Pero ya ha empezado a obrar en vosotros el Pan que es Dios y el Vino que es Sangre que no ha brotado de algún hombre y os causa el primer estremecimiento de ser divinos.

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Llegaréis a ser dioses si perseveráis en mi amor y en ser míos. No como lo dijo Satanás a Adán y a Eva.

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Sino como Yo os digo. Es el verdadero fruto del Árbol del Bien y de la Vida. Quién se alimenta de él, vence al Mal y la Muerte no tiene poder. Quien coma de él, vivirá para siempre y se convertirá en ‘dios’ en el Reino Divino.  Vosotros seréis dioses si permanecéis en Mí.

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Y sin embargo… aun cuando tenéis en vosotros este Pan y esta Sangre, está llegando la hora en qué seréis dispersos. Os iréis por vuestra cuenta y me dejaréis solo… NO.  No lo estoy. Tengo al Padre conmigo. ¡Padre! ¡Padre, no me abandones! Os he dicho todo… para que tengáis paz… Mi Paz. Una vez más os veréis atribulados. Pero tened confianza que Yo he vencido al Mundo.

Jesús abre los brazos en forma de cruz y recita al Padre con el rostro radiante, la sublime plegaria:

Padre, ha llegado la Hora. ¡Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te de Gloria a Ti!

Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que comunique la   Vida Eterna a todos aquellos que le encomendaste. Y esta es la Vida Eterna.Conocerte a Ti, único Dios Verdadero y al que Tú has enviado, Jesús el Cristo. 

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Yo te he glorificado en la Tierra y he terminado la Obra que me habías encomendado. Ahora Padre, dame junto a Ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes de que comenzara el Mundo.

He manifestado tu Nombre a los hombres. Hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos y Tú me los diste y han guardado tu Palabra. Ahora reconocen que todo aquello que me has dado, viene de Ti. El mensaje que recibí, se los he entregado y ellos lo han recibido. Y reconocen de verdad que Yo he salido de Ti y creen que Tú me has enviado.

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Yo ruego por ellos, no ruego por el Mundo. Sino por los que son tuyos y que tú me diste.  Pues todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo ya he sido glorificado a través de ellos.

Yo ya no estoy en el Mundo. Pero ellos se quedan en el Mundo; mientras Yo vuelvo a Ti. Padre Santo, guárdalos en ese Nombre tuyo que a Mí me diste, para que sean uno como nosotros.

Cuando estaba con ellos Yo los cuidaba en tu Nombre. Pues Tú me los habías encomendado y ninguno de ellos se perdió; excepto el que llevaba   en sí la perdición. Pues en esto debía de cumplirse la Escritura. Pero ahora que voy a Ti y estando todavía en el mundo, digo estas cosas para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría.

TRINITY

Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo. Como tampoco Yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.

Conságralos mediante la Verdad: Tu Palabra es Verdad. Así como Tú me has enviado al mundo. Así también los envío al mundo. Por ellos ofrezco el Sacrificio, para que también ellos sean consagrados en la Verdad.

No ruego solo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en Mí por su palabra. Que todos sean uno, como Tú Padre estás en Mí y Yo en Ti. Que ellos también sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me has enviado.

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Yo les he dado la Gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos Uno. Yo en ellos y Tú en Mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad y el Mundo conocerá que Tú me has enviado y que Yo los he amado a ellos, como Tú me amas a Mí.

Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo, donde Yo estoy y que contemplen la Gloria que Tú ya me das; porque me amabas antes de que comenzara el Mundo.

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Padre Justo, el mundo no te ha conocido. Pero Yo te conocía y éstos a su vez han conocido que Tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se los seguiré dando a conocer; para que el amor con que Tú me amas esté en ellos y también Yo esté en ellos. +

Se oyen los sollozos de todos los apóstoles. Cantan un himno.

Jesús los bendice y luego dice:

–                       Tomemos los mantos y vámonos. Andrés, di al dueño de la casa, que deje todo así, porque es mi voluntad. Mañana os dará júbilo volver a ver este lugar.

Jesús mira lentamente a su alrededor. Parece bendecirlo todo en este Cenáculo que será la primera Iglesia Cristiana…

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Luego se echa encima el manto y sale seguido de sus discípulos. A su lado va Juan, sobre el que se apoya… éste le pregunta:

–                       ¿No te despides de tu Madre?

–                       No. Ya lo hice. Ahora no hagáis ruido.

Simón, con la antorcha que ha encendido, ilumina el ancho corredor que lleva hasta la puerta. Pedro abre con cuidado el portón, salen todos a la calle.

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Y con la llave la cierra por fuera. Se ponen en camino y atraviesan por el puentecillo el torrente del Cedrón…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

147.- OVEJA DESCARRIADA


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Los Once han emprendido el camino a Tecua…

Once caras pensativas… Mohínas, en torno al rostro triste de Jesús. Ya casi para llegar…

Jesús dice:

–                       Id a ver a ese pobre mendigo, que no sabe por dónde va el camino. La ciudad está a la vista. Con el óbolo podrá procurarse pan.

Pedro objeta:

–                       Señor, no podemos hacerlo porque Judas se fue con la bolsa…

–                       No importa. Tenemos un poco de pan…Somos fuertes y jóvenes. Démoslo al viejo, para que no se caiga por el camino.

Los apóstoles buscan en las bolsas. Sacan unos pedazos de pan y se los dan al viejecillo, que los mira sorprendido…

Jesús le dice:

–                       ¡Come! ¡Come!  – para darle valor.

Y  mientras le da a beber de su cantimplora, le pregunta a donde va.

El anciano le responde.

–                       A Tecua. Mañana hay un gran mercado. Pero desde ayer no comía.

–                       ¿Estás solo?

–                       Peor que si lo fuera… Mi hijo me arrojó…  -y el corazón desgarrado de dolor se oye en la voz del viejo.

Empieza a llorar y con sus lágrimas moja su pan…

Jesús trata de consolarlo:

–                       Dios te abrirá las Puertas del Reino, si sabes creer en su Misericordia.

–                       Y en la del Mesías…  Pero mi hijo no tendrá al Mesías. No puede tenerlo. Lo odia. Y odia a su padre porque ama al Mesías.

–                       ¿Por eso te echó fuera?

–                       Por eso. Y para no perder la amistad de algunos que persiguen al Mesías. Quiso demostrar que su odio, supera el de aquellos…  De modo que ahoga aun la voz de la sangre.

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Todos exclaman:

–                       ¡Horror!

El anciano contesta con fuerza:

–                       Mayor sería, si yo tuviera los mismos sentimientos de mi hijo…

Tomás pregunta:

–                       ¿Quién es?…  Por lo que alcanzo a comprender, se trata de uno que tiene autoridad y voz…

El anciano protesta:

–                       Óyeme… Un padre no diría el nombre de su hijo culpable, para que se le desprecie… Puedo decir que tengo hambre y frío. Yo que con mucho trabajo aumenté el patrimonio familiar, para que mi hijo fuese feliz… Pero no puedo decir más… Ten en cuenta que soy de Judea y él también. Y que aunque somos iguales por raza, somos muy diferentes en el pensamiento. Lo demás no sirve para nada…

Jesús le pregunta con dulzura:

–                       ¿No pides a Dios algo, tú que eres un justo?

–                       Que toque el corazón de mi hijo, para que pueda creer en lo que yo creo…

–                       ¿Pero para ti en especial, no pides nada?

–                       Sólo encontrar al que para mí, es el Hijo de Dios. Venerarlo… Y luego morir.

–                       Pero si te mueres no lo podrás ver. Estarás en el Limbo…

–                       Será por poco tiempo… Tú eres un Rabí, ¿No es verdad? Veo muy poco. La edad, las lágrimas, el hambre… Pero distingo los flecos de tu cintura. Si eres un buen rabino, lo que me parece… Debes comprender que el tiempo ha llegado.

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Quiero decir: el tiempo del que habló Isaías… Está por llegar la Hora en que el Cordero tomará sobre Sí, todos los pecados del mundo… Cargará con todos nuestros males y dolores. Y por esto será muerto e inmolado. Para que seamos sanados y estemos en paz con el Eterno. Entonces también habrá paz para los espíritus… Lo espero confiando en la misericordia de Dios.

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–                       ¿Has visto alguna vez al Maestro?

–                       No. Lo oí hablar en el Templo, durante las fiestas. Soy pequeño de estatura y más me hace la edad. Veo poco… pero si estoy entre la gente no veo nada porque los de adelante me estorban. Y si me quedo lejos, es igual. No veo…  ¡Oh, pero quisiera verlo! ¡Por lo menos una vez!…

–                       Lo verás, padre. Dios te dará gusto. ¿Tienes a donde ir en Tecua?

–                       No. Me quedaré bajo un pórtico o un portón. Ya me acostumbré…

–                       Ven conmigo. Conozco a un buen israelita… Te acogerá en el Nombre de Jesús, el Maestro Galileo.

–                       Tú también eres Galileo. Se conoce en tu forma de hablar.

–                       Sí… ¿Estás cansado? Ya casi llegamos a las primeras casas. Pronto descansarás…

Jesús se inclina a decir algo a Pedro, que se separa y trasmite a los demás lo que Jesús le dijo…

Luego Jesús, con los hijos de Alfeo y Juan apresura el paso para entrar en la ciudad.

Jesús camina despacio. Llevando el mismo paso que el pobre viejo agotado y que no habla más…

La ciudad parece vacía… Es el medio día y casi todos están en casa, almorzando.

Enseguida aparece Pedro y dice a Jesús:

–                        Arreglado, Señor. Simón lo hospeda porque Tú lo traes. Y te da las gracias que te acordaras de él…

Jesús exclama:

–                       ¡Bendigamos al Señor! Todavía hay justos en Israel… Este anciano es uno de ellos y Simón el otro… ¡Sí!…  Todavía hay buenos, misericordiosos y fieles al Señor. Esto nos paga las muchas amarguras y nos hace confiar que la justicia divina, se ablandará por esos justos…

Pedro dice un tanto incrédulo:

–                       Pero, ¿Qué un hijo arroje a su padre de la casa para no perder la amistad de un Fariseo poderoso?…

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Felipe agrega:

–                       ¡A tanto llega el odio que te tienen! Me siento irritado…

Jesús responde:

–                       Veréis cosas mucho peores.

Bartolomé interviene:

–                       ¿Más? ¿Y qué cosa hay peor, que un padre que es arrojado porque no te odia? El pecado de ese hombre es muy grande…

–                       Más grande será el pecado de un pueblo contra su Dios… Pero esperemos al viejo… Viene detrás de Mateo y Andrés.

Varios preguntan:

–                       ¿Quién será su hijo?

–                       ¡Un Fariseo!

–                       ¡Un sinedrista!

–                       ¡Un escriba!

–                       ¡Un rabino!

Los pareceres son diversos.

Jesús dice:

–                       Un desgraciado. No investiguéis… Hoy le pegó a su padre. Mañana me pegará a Mí… Ved pues, que el pecado de Judas al separarse de Mí, como un hijo díscolo, no es nada en su comparación… Sin embargo Yo rogaré por este hijo ingrato. Por esta oveja descarriada…  Por este hebreo que ofende a Dios, para que se arrepienta. Haced lo mismo vosotros…

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El anciano ha llegado junto a ellos.

Jesús lo llama:

–                       Ven padre…  ¿Cómo te llamas?

–                       Eliana… ¡Jamás he sido un hombre feliz!… Mi padre murió antes de que yo naciera y mi madre, al parirme… Mi abuela me crió y me puso el nombre de mi padre y de mi madre,  juntos.

Felipe, que no puede comprender un pecado semejante, dice:

–                       En realidad que eres un Elí. Y tu hijo es semejante a Finnes.

El anciano contesta:

–                       Dios no lo quiera… Finnes murió pecador y murió cuando el Arca fue hecha prisionera. Eso sería una desgracia para su alma y para todo Israel…

Jesús, antes de llamar a la puerta de la casa a la que llegaron, dice:

–                       Óyeme. En esta casa tengo amigos y hacen lo que Yo quiera… Es de un hombre llamado Simón, hombre justo ante la presencia de Dios y de los hombres. Te hospedará él por amor a Mí, si es que quieres…

–                       ¿Podré tener libertad en todo? Invocaré las bendiciones del Cielo sobre quién me dará pan y refugio, por caridad. Pero yo quiero trabajar… No es vergüenza ser un criado. Vergüenza es cometer pecado…

Jesús dice sonriendo:

–                       Lo diremos a Simón.

Y mira al anciano con infinita compasión… Un hombre mayor, reducido a nada por los esfuerzos y el dolor moral…

Se abre la puerta.

Un hombre como de cincuenta años, les da la bienvenida:

–                       Entra, Maestro. La paz se contigo y con quién viene contigo. ¿Dónde está el hermano que me traes?… Para darle el beso de paz y el de bienvenida.

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Jesús contesta:

–                       Es éste…  El Señor te lo pague.

Simón de Tecua dice:

–                       Sí que me recompensa al tenerte como Huésped…  Quien te recibe, recibe a Dios. No te esperaba y no puedo honrarte como quisiera…  Pero sé que piensas quedarte unos cuantos días. Siempre estaré pronto a hospedarte como conviene.

Entran a una sala donde están listas la aljofainas de agua caliente para las abluciones.

El anciano se queda junto a la puerta, cohibido. Pero el dueño de la casa lo toma de la mano y lo lleva a que se siente… Quiere quitarle las sandalias por sí mismo. Servirle como si fuese un rey y ponerle sandalias nuevas…

Pero él objeta:

–                       ¿Por qué? ¿Pero por qué? Vine a servir. ¿Y tú me sirves?  No es justo…

–                       Lo es. No puedo seguir al Rabí, porque debo estar aquí…  Pero como el último discípulo del Maestro Santo, me industrio en poner en práctica sus palabras…

–                       Tú lo conoces bien…  Verdaderamente lo conoces, porque eres bueno. Muchos lo conocen en Israel, ¿Pero con qué? Con los ojos y con el Odio.  Por eso no lo conocen. Una mujer sólo se conoce, cuando sobre ella se sabe todo y se la posee totalmente… Es lo mismo con Jesús de Nazareth. No lo conozco con los ojos, pero lo conozco mejor que otros…  Porque creo que en Él está la Sabiduría… Tú sí lo conoces de vista y por su Doctrina.

Simón mira a Jesús, pero no dice nada.

El viejecillo continúa:

–                       A este Rabí le dije que quiero trabajar…

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–                       Así se hará. te buscaremos trabajo. Por ahora ven a la mesa, Maestro. Dentro de poco vendrán tus discípulos. ¿Podemos sentarlos a la mesa o quieres esperarlos?

Jesús dice:

–            Quisiera esperarlos. Pero si tienes algún trabajo…

–                       ¡Oh, Maestro! ¡Bien sabes que obedecer el menor de tus deseos, me causa

–                       alegría!

El anciano al oír esto, tiene la primer sospecha de Quién sea el Hombre que lo socorrió por el camino. Lo mira… Lo mira una y otra vez…  Y luego mira a sus compañeros atentamente…  Mira a su alrededor…

Entran los hijos de Alfeo, con Juan.

Jesús los llama por su nombre…

El anciano exclama:

–                       ¡Oh, Dios Altísimo! ¿Entonces…? ¡Entonces eres Tú!

Y se arroja por tierra, adorándolo.

Su admiración no es inferior a la de los demás… ¡Es muy extraño su modo de reconocer al Maestro!

Tanto que Pedro pregunta:

–                       ¿Qué cosa hay en especial en estos nombres, tan comunes en Israel, para hacerte comprender que estás enfrente del Mesías?

–                       Porque conozco a Judas. Siempre va a la casa de mi hijo y… -el anciano se detiene bruscamente  …

Está totalmente perplejo por haber nombrado a su hijo.

Tadeo se levanta y se pone delante de él… Como también es alto, se inclina para que le vea la cara.

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Y le dice:

–                       Pero yo nunca te había visto.

–                       Tampoco yo te conozco. Pero un tal Judas de Simón, discípulo del Mesías, frecuentemente va a la casa de mi hijo. Y lo he oído mencionar a un tal Juan, Santiago, Simón amigo de Lázaro de Bethania y de otras muchas cosas… ¡Oír tres nombres que son los de los discípulos, más íntimos del Maestro! ¡Y Él tan Bueno!… ¡He comprendido!…  ¿Dónde está el otro Judas?

Jesús contesta:

–                       No está. Es verdad. Has comprendido… Soy Yo, padre. El Señor es Bueno. Deseabas verme y me has visto. Bendigamos la misericordia de Dios.

El anciano se cohíbe e intenta retirarse…

Jesús lo llama:

–                        ¡No te retires Eliana! Estabas cerca de Mí, cuando era para ti un Viajero y nada más. ¿Por qué quieres separarte de Mí, ahora que sabes que Soy la Meta…? ¡No sabes cuánto consuelo me ha dado tu corazón! No puedes siquiera imaginarlo. Soy Yo y no tú, el que más ha recibido…

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Cuando tres cuartas partes de Israel y más, me odian hasta el crimen… Cuando los débiles se alejan de mi camino. Cuando los cardos de la ingratitud, del rencor, de la calumnia, me hieren por todas partes. Cuando no puedo encontrar alivio en el pensamiento de que mi Sacrificio, será salvación para Israel…  Encontrar a uno como Tú… ¡Oh, Padre Santísimo!…  Es encontrar una recompensa en el dolor. No sabes… Ninguno de vosotros sabe, las tristezas cada vez más profundas del Hijo del Hombre… Tengo sed de amor… Y muchos corazones son manantiales secos, a los que inútilmente me acerco… Pero esperemos…

Y llevando junto a Sí al anciano, entra en la sala donde las mesas ya están preparadas…

Al día siguiente, en la parte posterior de la casa de Simón de Tecua que da hacia la plaza central de la ciudad, en los días de mercado como hoy; se abre en tres lugares el grueso cancel. Muchos vendedores entran con sus mostradores y llenan los portales que hay en los tres lados.

Este enorme patio ha sido acondicionado para que dé una utilidad financiera, porque Simón pasa pidiendo a cada mercader, el alquiler del lugar que ocupa. Va acompañado por Eliana muy bien vestido y arreglado.

Y lo presenta con cada uno:

–                       Ved…  De hoy en adelante, pagaréis a éste, la cantidad determinada.

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Luego que Simón de Tecua termina los tres pórticos, dice a Eliana:

–                       Este es tu trabajo. Aquí dentro, con el albergue y los establos. No es difícil, ni penoso…  Pero muestra la estima que te tengo. He despedido a tres, uno después del otro, porque no fueron honrados. Pero tú me gustas. Además, Él te trajo. Y el Maestro conoce los corazones. Vamos a donde está a decirle que si quiere, la hora es propicia para que hable.

Y se van.

Más tarde…

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Jesús está concluyendo su predicación:

–                       … Os bendigo, ciudadanos de Tecua, ciudad a la orilla del desierto, pero oasis de paz, para el Perseguido Hijo el Hombre. Quede mi bendición en vuestros corazones. En vuestras casas.  Ahora y siempre.

Los bendice y difícilmente se abre paso entre la gente que lo sigue y le  pide que se quede con ellos, olvidada de su comercio y de todo lo demás. Enfermos curados lo bendicen. Corazones consolados le dan las gracias.

Mendigos lo despiden con:

–                       ‘Viviente Maná de Dios.’

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Eliana está a su lado y lo sigue hasta los límites de la ciudad. No quiere dejar a su Salvador. Pero tiene que hacerlo y le besa los pies con lágrimas y palabras de agradecimiento…

Jesús le dice:

–                       Levántate Eliana. Te voy a dar el beso. Un beso de hijo a padre y que te compense de todo… A ti te aplico las palabras del Profeta: ‘Tú que lloras. No llorarás más, porque el Misericordioso ha tenido piedad de ti.’ No tendrás muchas comodidades. No he podido hacer más… Si uno solo, a Ti te echó fuera. A Mí, todos los poderosos de un pueblo me arrojan y es mucho si encuentro que comer y refugio para Mí y para mis apóstoles.

Pero tus ojos han visto lo que deseabas. Tus oídos han escuchado mis palabras, así como tu corazón siente ahora mi amor. Vete y quédate en paz porque eres un mártir de la Justicia. Uno de los precursores de todos aquellos, que serán perseguidos por mi causa. ¡No llores, padre!   -Y lo besa en su blanca cabeza.

El anciano le devuelve el beso en la mejilla.

Y en su oído le murmura:

–                       Desconfía del otro Judas. No quiero ensuciar mi lengua… Sólo te digo: ‘Desconfía’ No tiene buenas intenciones de parte de mi hijo. Acuérdate de nosotros en tus oraciones.

Aunque Eliana no lo dijo, Jesús conoce el nombre de su hijo…

Desgraciadamente Simón Boeto, es el compinche de Elquías y los que encabezan la conjura para matar a Jesús…

Jesús contesta:

–                       Está bien. Pero no pienses más en el pasado. Pronto todo se acabará y nadie podrá hacerte más daño. Adiós Eliana, el Señor está contigo…

Se separan.

Pedro empieza a caminar fatigosamente al lado de Jesús porque no puede seguir con su paso corto, el largo de Jesús.

Y le pregunta:

–                       Maestro, ¿Qué te dijo en voz baja?

Jesús contesta elusivo:

–                       ¡Pobre viejo!  ¿Qué crees que me haya dicho, que no supiera Yo?

–                       Te dijo algo de su hijo, ¿No es verdad? ¿Te dijo quién es?

–                       No, Pedro. Te  lo aseguro. Se reservó el nombre…

–                       ¿Pero Tú lo conoces?

–                       Lo conozco, pero no te lo diré.

Un largo silencio.

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Luego, intranquila es la pregunta de Pedro y su confesión:

–                       Maestro, ¿Qué es lo que va hacer Iscariote a la casa de un hombre tan malo, como lo es el hijo de Eliana? ¡Tengo miedo Maestro! Ese no tiene buenos amigos. No es franco. En él no hay la fuerza para resistir al Mal. Tengo miedo Maestro. ¿Por qué? ¿Por qué Judas va a las casas de esos y a escondidas?   -y en la cara de Pedro se dibuja una preocupación angustiosa.

Jesús lo mira, pero no responde.

En realidad, ¿Qué puede responder? ¿Qué puede decir para no mentir y para no lanzar al fiel Pedro contra el infiel Judas?…

Prefiere que Pedro, prosiga hablando:

–                       ¿No dices nada? Desde ayer que el viejo creyó reconocer entre nosotros a Judas, no tengo paz. Me pasa lo mismo que aquel día que hablaste con la mujer del Saduceo. ¿Recuerdas?…  ¿Recuerdas mis sospechas?

Jesús responde:

–                       Recuerdo. ¿Y recuerdas las palabras que te dije?…

–                       Sí, Maestro.

–                       No hay más que añadir, Simón. Las acciones del hombre tienen apariencia diversa de la realidad. Pero Yo estoy contento de haber provisto las necesidades del anciano. Simón es bueno. Tiene muchos nietos. Elí ama a los niños… Y los niños hacen olvidar muchas penas…

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Con su habitual destreza, Jesús cambia de tema para no responder preguntas peligrosas. Al hablarle de los niños, Jesús ha apartado de Pedro, el pensamiento de Judas.

Y siguen caminando…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

140.- ESCAPE DEL TEMPLO


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Jesús y los suyos atraviesan Getsemaní en dirección al templo de Jerusalén.

Cuando llegan al recinto, Zelote pregunta:

–                       Maestro, hemos llegado al Templo. ¿Vamos a entrar?

Los apóstoles y los discípulos, le hacen la observación de que es imprudente hacerlo…

Él responde:

–                       ¿Con qué derecho me pueden impedir que entre? ¿Acaso estoy sentenciado? No. Todavía no lo estoy…  Subo pues al altar de Dios, como cualquier otro israelita que teme al Señor.

Judas dice:

–                       Pero tienes intención de hablar…

–                       Yo, Maestro; hablo donde los maestros hablan. ¡No tengáis miedo!… No ha llegado mi hora. Cuando llegue os lo diré, para que fortifiquéis vuestro corazón.

–                       No la dirás.

–                       ¿Por qué, Judas?

–                       Porque no la podrás saber. Ninguna señal te la hará conocer. No hay signo alguno. Ya hace casi tres años que estoy contigo y siempre he visto que te amenazan y te persiguen. Y en ese entonces, estabas solo…  Ahora tienes detrás de Ti al pueblo que te ama y al que temen los Fariseos… Eres pues más fuerte. ¿Cómo puedes comprender cuando llegue la hora?

–                       Por lo que leo en los corazones de los hombres…

Judas se queda estupefacto…

Y luego dice:

–                       Tampoco lo podrás decir, porque… Tú no quieres ayudarte de nosotros, porque desconfías de nuestro valor…

Santiago de Zebedeo interrumpe:

–                       Cállate, para no afligirnos.

Judas insiste:

–                       Puede serlo, pero no hay duda de que no lo dirás.

Jesús responde:

–                       Os lo diré… Y mientras no os lo diga, no os espantéis de la violencia y el odio que viereis que se levanta contra Mí. No tienen consecuencia alguna…  Seguid adelante. Yo me quedo aquí a esperar a Mannaém y a Marziam.

De mala gana, los Doce y los demás siguen adelante.

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En la Torre Antonia, algunos legionarios que están firmes junto a la fortaleza, lo señalan y discuten algo entre sí…

Y luego uno, mientras corre hacia Él,  en voz alta dice:

–                       Voy a decírselo. –y cuando llega-  Salve Maestro. ¿Vas a hablar también hoy allá adentro?

Jesús responde:

–                       La Luz te ilumine. Hablaré.

–                       Entonces… Ten cuidado. Uno que sabe nos ha dado la alarma y una que te admira ha dado órdenes de estar atentos. Nosotros estaremos cerca del subterráneo oriental. ¿Sabes la entrada?

–                       Me parece que sí. Pero está cerrada de una y otra parte.

–                       ¿De veras?  -el legionario se sonríe por un instante.

Sus ojos y dientes brillan a la sombra de su yelmo, haciéndolo verse más joven.

Luego, irguiéndose, saluda:

–                         Salve, Maestro. Acuérdate de Quinto Félix.

–                       Lo haré. Que la luz te ilumine.

En ese momento llegan junto a Él, Mannaém que viene vestido muy sencillo en un color café oscuro y Marziam…

Y los dos dicen al mismo tiempo:

–                       Maestro. ¿Nos tardamos?

–                       ¿Había muchos leprosos?

Jesús contesta:

–                       No. Os disteis prisa. Vamos, los otros nos están esperando. Mannaém, ¿Fuiste tú el que habló con los romanos?

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Mannaém contesta:

–                       ¿De qué Señor? No he hablado con nadie. No sabría… Las romanas no están en Jerusalén.

Al pasar por la puerta de la muralla, como por casualidad, está allí el levita Zacarías.

Se acerca a Jesús y le dice:

–                       La paz sea contigo, Maestro. Quiero decirte… Trataré de estar siempre donde estés, aquí dentro. No me pierdas de vista… Si ves tumulto y ves que me voy, trata de seguirme siempre. ¡Te odian mucho! No puedo hacer otra cosa… ¡Compréndeme!…

–                       Dios te lo pague y te bendiga por la piedad que tienes por su Verbo. Haré lo que dices. No tengas miedo de que alguien sepa que me amas.

Se separan y Mannaém susurra:

–                       Tal vez fue él, el que advirtió a los romanos. Como está allí dentro… puede ser que al saberlo…

Van a orar, pasando entre la gente que los mira con sentimientos desiguales y que sigue a Jesús. Después de que terminan de orar, va al Patio de los Israelitas. Fuera de la segunda valla, Jesús quiere detenerse, pero un grupo en que hay escribas, fariseos y sacerdotes, lo rodea…

Uno de los magistrados del Templo, habla en nombre de todos:

–                       ¿Estás aquí todavía? ¿No comprendes que no te queremos? ¿No tienes miedo ni siquiera al peligro que te amenaza? ¡Lárgate! Agradece que te hayamos permitido entrar para orar…  Pero no te permitimos que enseñes más tu Doctrina.

Se levanta un coro:

–                       ¡Sí, lárgate!

–                       ¡Lárgate de aquí, Blasfemo!

62

Jesús declara:

–                       Me iré como lo deseáis y no solo fuera de estas murallas…  Me iré. Ya me estoy yendo lejos a donde no podréis llegar. Llegará el tiempo en qué me buscaréis también vosotros y no solo porque me queríais perseguir; sino por un supersticioso terror de que se os castigue por haberme arrojado…  Por un ansia supersticiosa de que se os perdone vuestro pecado, para que podáis alcanzar misericordia.

Este es el momento en que podéis haceros Amigo al Altísimo. Cuando pase, cualquier modo de reparar, será inútil. No me tendréis más y moriréis en vuestro pecado. Aún cuando recorrierais toda la Tierra y lograseis llegar a las estrellas, no me encontraréis jamás… Porque a donde voy, no podréis ir. Ya os lo he dicho. Dios viene y pasa.

Quién es sabio, lo acoge con sus dones que le da al pasar. Quién es necio lo deja ir y no lo encontrará otra vez. Vosotros sois de este mundo. Yo no pertenezco a él. Por eso, una vez que haya regresado a la mansión de mi  Padre, no me encontraréis más. Y moriréis en vuestros pecados, porque ni siquiera sabréis llegar espiritualmente hasta Mí, con la Fe.

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Varios dicen:

–                       ¿Te quieres matar insensato?

–                       Es claro que al Infierno no podremos ir.

–                       El Infierno es de los condenados y de los malditos.

–                       Y nosotros somos los hijos benditos del Altísimo.

Otros aprueban:

–                       No cabe duda de que se quiere matar; porque ha dicho que a donde va, no podremos ir.

–                       Comprende que no puede ser descubierto y que no logró presentar la prueba.

–                       Por esto se quita de en medio sin esperar a ser sorprendido, cual falso Mesías como el otro Galileo.

Los menos torvos dicen:

–                       ¿Y si fuese en realidad el Mesías y volviese a Aquel que lo envió?

–                       ¿A dónde?

–                        ¿Al Cielo?

–                       No está Abraham, ¿Y quieres que Él vaya allá?

–                       Antes debe venir el Mesías.

–                       Elías fue arrebatado en un carro de fuego…

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La discusión sigue mientras otros miembros del Templo persiguen a Jesús a través de los pórticos exteriores; como una jauría de perros persigue a la presa que han olfateado.

Algunos que en realidad tienen en su corazón un deseo bueno, le hacen la angustiosa pregunta que muchas veces le han hecho:

–                       ¿Quién Eres Tú?

–                       ¡Dínoslo para saber a qué atenernos!

–                       ¡Dinos la Verdad en nombre del Altísimo!

Jesús dice:

–                       Yo soy la Verdad misma y no miento. Soy el que dije ser desde el primer día que hablé a las turbas, por toda la Palestina. Soy el que os he dicho, junto al Santo de los santos, cuyos rayos no temo, porque digo la verdad. Y nadie me lo podrá impedir hasta que anuncie al Mundo, lo que oí de mi Padre.

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Sus enemigos, con los puños cerrados, le gritan con Odio:

–                       ¡Y todavía sigues blasfemando!

–                       ¿Y continúas llamándote el Hijo de Dios?

Los apóstoles, los discípulos y otros de buen corazón los rechazan, formando una barrera de protección a su alrededor.

El levita Zacarías se mueve poco a poco, pero de forma discreta, cerca de Mannaém y de los hijos de Alfeo.

Están ya junto a los límites del Patio de los Gentiles, porque avanzan lentamente en medio de grupos contrarios.

Jesús se detiene en su lugar acostumbrado, junto a la columna de la parte oriental. Desde el lugar en donde está, ni aún los paganos pueden arrojar a un verdadero israelita, sin excitar a la multitud; cosa que los enemigos quieren evitar.

Desde allí empieza a hablar otra vez, respondiendo a sus ofensores. Reafirma una vez más su Identidad Divina y Humana y su Misión de Redentor.

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Cita a los Profetas y dice:

–                       … Cuando hubiereis levantado al Hijo del Hombre…

Lo interrumpen:

–                       ¡Y quién quieres que te suba en alto!

–                       Miserable aquel país que tiene por rey a un charlatán, a un blasfemo, enemigo de Dios.

–                       Ninguno de nosotros te pondrá en alto, puedes estar seguro.

–                       Y pudiste comprobarlo con lo poco que te queda de inteligencia, el día en que fuiste tentado.

–                       ¡Tú sabes que nunca podremos hacerte nuestro Rey!

Jesús responde con calma:

–                       Lo sé. No me pondréis sobre un trono, pero sí me levantaréis en alto. Creeréis rebajarme al ponerme en alto; pero será todo lo contrario. No tan solo en Palestina, sino en todas partes. Lo seré, no solo por una generación, sino hasta que dure la Tierra… Y cada vez más la sombra del pabellón de mi trono se extenderá por toda la tierra, hasta que la cubra. Sólo entonces regresaré y me veréis. ¡Sí que me veréis!

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Todos los fariseos  se alborotan y sus palabras suenan como el chasquido de un látigo:

–                       ¡Pero escuchad las palabras de este loco!

–                       ¡Lo levantaremos en alto rebajándolo y lo rebajaremos levantándolo!

–                       ¡Es un loco!

–                       ¡Loco!

–                       ¡Y la sombra de su trono por toda la tierra!

–                       ¡Más grande que Ciro!

–                       ¡Más que Alejandro!

–                       ¡Más que César!

–                       ¿Dónde pones al César?

–                       ¿Crees que te va a permitir que te apoderes del Imperio de Roma? Y su trono durará mientras dure el Mundo…

–                       ¡Ja, ja, ja!

Jesús los deja que hablen.

Levanta su voz para hacerse oír entre el clamor semejante a un mar tempestuoso, que aumenta con los que lo zahieren y  los que lo defienden…

Y con voz sonora y poderosa,  cual si fuera una trompeta; empieza un largo discurso sobre las profecías que lo anunciaron y dibujaron la figura del Redentor…

Jesús finaliza profetizando:

–                       … Cuando hubiereis levantado al Hijo del Hombre, entonces comprenderéis Quién Soy Yo… Y lo que lloró Jeremías en sus profecías y lamentaciones, se cumplirá al pie de la letra. Meditad esas palabras y temblad… Y si no queréis creer a mis palabras porque el viejo Israel os sofoca, creed al menos al viejo Israel. A él, los profetas le dicen a gritos los peligros y desgracias que llegarán a la Ciudad Santa y sobre toda muestra patria, si no se convierte al Dios suyo y no sigue al Salvador.

En siglos pasados la mano de Dios se dejó sentir sobre este pueblo. Pero nada serán el pasado y el presente, respecto al futuro tremendo que lo espera por no haber querido aceptar el mandato de Dios.

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No se puede parangonar, ni por su rigor, ni por su duración, lo que espera a Israel que rechaza al Mesías…  Os lo digo al tender mi mirada a través de los siglos:

Cual planta arrancada y arrojada a un río turbulento. Así será la raza hebrea castigada por el anatema divino. Obstinadamente tratará de asirse de las riberas, en este o en aquel punto.

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Y vigorosa como es, echará retoños y raíces; pero cuando creyere haber encontrado un lugar en donde pueda estar, la violencia de la corriente la volverá a arrancar.

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La destrozará con vástagos y raíces y avanzará más allá, para sufrir, para echar raíces; para que de nuevo sea arrancada y dispersa.

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     Y nada podrá darle paz, porque la corriente que la persigue es la Ira Santa de Dios y el Desprecio de los Pueblos.

Sólo si desemboca en un Mar de Sangre viva y santificante, podrá encontrar paz.

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Pero huirá de esa sangre porque no obstante que Ella la invite, le parecerá oír la voz de la sangre de Abel contra sí: el Caín que oirá la voz del Abel Celestial.

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Otro rumor se propaga por el extenso recinto, como fragor de olas. Pero no se oyen las voces ásperas de los escribas y fariseos. Ni de los demás enemigos de Jesús. Él aprovecha este momento para tratar de irse…

Sin embargo algunos le dicen:

–                       Maestro. Óyenos. No todos somos como esos…  -y señalan a sus enemigos- No podemos oírte bien, porque tu Voz es una contra cientos que dicen lo contrario.

–                       Lo que ellos dicen, es lo que hemos oído de labios de nuestros padres, desde nuestra infancia.

–                       Pero tus palabras nos inducen a creer.

–                       ¿Cómo  hacemos para creer completamente y para tener vida?

–                        Estamos como ligados al pensamiento del pasado…

Jesús responde:

–                       Si os afirmáis en mi Palabra, como si nacierais ahora de nuevo, creeréis completamente y seréis mis discípulos. Pero es necesario que os despojéis del pasado y aceptéis mi Doctrina. Ella no cancela todo el pasado, antes bien, mantiene y revigoriza lo que hay de santo y sobrenatural; poniendo la perfección de mi Doctrina, en donde están las doctrinas humanas, siempre imperfectas. Si viniereis a Mí conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres…

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Libres de la esclavitud del Pecado y de Satanás. Yo romperé vuestras cadenas… Sé que sois posteridad de Abraham. Pero el que entre vosotros trata de matarme, no honra a Abraham, sino a Satanás que es su padre y le sirve como un fiel esclavo.

¿Por qué? Porque rechaza mi Palabra y ella no puede penetrar en muchos de vosotros. Dios no hace violencia al hombre para que crea. No se la hace para que me acepte. Me manda para que Yo os indique su Voluntad. Y hago lo que Él quiere. Pero quienes de vosotros me perseguís, hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre y lo que os sugiere.

Como un paroxismo que se desata después de una ira mal contenida, se revuelven los judíos, fariseos y escribas. Y se despierta su violencia…

Se entremeten como una cuña, en el círculo compacto que rodea a Jesús y tratan de acercársele…

Gritan llenos de ira y de Odio:

–                       Nuestro padre es Abraham.

–                       No tenemos ningún otro padre…

–                       Abraham obedeció.

Jesús contesta:

–                        Abraham creyó y obedeció a Dios, aún en las cosas más difíciles de creerse y penosas de realizarse… Y le sacrificó a su hijo amado…

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Lo interrumpen furiosos:

–                       No lo sacrificó.

Jesús continúa:

–                       Le sacrificó a su hijo amado, porque en verdad su corazón ya lo había sacrificado durante el camino, durante el camino. El ángel detuvo aquella obediencia, cuando ya su corazón de padre se disponía a hendir el cuchillo en el corazón de su hijo. El iba a matar a su hijo, para honrar a Dios. Vosotros le matáis a Dios el Hijo, para honrar a Satanás…

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Si reconociereis a Dios por vuestro Padre en espíritu y en verdad. Me amaríais, porque del Padre procedo y vengo… Los deseos del demonio son Pecado y Violencia y como lo tenéis por padre, los aceptáis… Desde el Principio fue un homicida. En todos los siglos, sus obras han atormentado el hombre, sus señales y frutos están ante la inteligencia de los seres humanos.

Y pese a que miente y a que trae la ruina, le escucháis, no me creéis y me llamáis pecador… Dios en el corazón de los hombres está gritando: “Él es Inocente” Los que me acusáis estáis más convencidos de ello, que éstos que no saben a quién dar la razón, si a Mí o a vosotros. Pero sólo el que es de Dios, escucha las palabras que son de Dios. Vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.

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Elquías, Sadoc, Nahúm, Doras y Simón Boeto encabezan el grupo farisaico, que se defiende con rabia:

–                       ¡Ah! ¡Ahora vemos claramente que por tu boca habla el demonio que está en Tí!

–                       Tú mismo lo has dicho: ‘él es un mentiroso’

–                       Lo que acabas de decir no es más que mentira.

–                       Abraham murió y también los profetas.

–                       Pero tú has dicho que quien observare tu Palabra, no verá la muerte jamás.

–                        ¿Tú no vas a morir nunca?

Jesús responde:

–                       No moriré sino como hombre, para resucitar en el tiempo de gracia, pero como Verbo, no moriré. La Palabra es Vida y no muere. Y quien acogiere la Palabra, tendrá la Vida en sí y no morirá jamás; sino que resucitará en Dios, porque Yo lo resucitaré.

Aunque pareciera increíble, la ira y el odio aumentan en un grado todavía más  colosal y aúllan:

–                       ¡Blasfemo!

–                       ¡Loco!

–                       ¡Demonio!

–                       ¿Eres más que nuestro padre Abraham que murió y que los profetas?

–                       ¿Quién pretendes ser?

Jesús responde:

–                       El Principio, que os hablo.

Se sucede una confusión inaudita.

Entretanto el levita Zacarías, empuja poco a poco a Jesús, hacia un ángulo del portal… Ayudado por Mannaém, los hijos de Alfeo y por otros que ni siquiera saben lo que están haciendo.

Jesús, apoyado contra el muro y con la protección de los más fieles delante de Él,  al calmarse un poco la confusión…

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Con su vigorosa y hermosa Voz de tenor, dice:

–                       Si Yo me glorifico por Mí Mismo, mi gloria no tiene valor. Pero quién me glorifica es mi Padre, a quién llamáis vuestro Dios. El Hijo del Hombre no debe mentir; aún cuando el decir la verdad fuere causa de su muerte… Como Dios y como Hombre, Yo conozco a Dios. Y como Hombre, Yo guardo sus palabras las Observo. ¡Oh, Israel reflexiona! Yo Soy Aquel en quién se cumplen las promesas. Reconóceme por lo que Soy. Abraham vuestro padre suspiró por ver mi día. Lo vio proféticamente por un favor de Dios y saltó de gozo. Vosotros que en realidad lo estáis viviendo…

Los enemigos de Jesús lo miran con desprecio. Como una ola maligna, sus carcajadas se propagan a través de todo el recinto…

Y le dicen:

–                       Pero, ¡Cállate! ¿Aún no tienes cincuenta años y dices que Abraham te vio y que Tú lo viste?

–                       En verdad, e verdad os digo que antes que Abraham naciera, Yo Existo.

Caifás, el Sumo Sacerdote avanza y todos se hacen a un lado con respeto…

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 Lleno de ira y de odio le grita:

–                       ¡¿Yo existo?! ¡Sólo Dios puede decir que existe, porque es Eterno! ¡No Tú,  blasfemo!  ¡Yo Existo! ¡Blasfemia! ¿Acaso Eres Dios Tú, para decirlo?

Con su voz que parece un trueno, Jesús responde:

–                       ¡Tú lo has dicho!

Todo se convierte en armas, en manos de quién odia.

Mientras que el Sumo sacerdote escandalizado, se entrega a gestos de horror y arranca el capucho de su cabeza, se mesa la cabellera y la barba. Se suelta las fibias de oro que detienen su vestido al cuello, como si se sintiese morir de horror…

Todos los demás miembros del Templo, lanzan contra el Maestro piedras que principalmente caen sobre la multitud que lo rodea y que impreca…

Zacarías el levita da un fuerte empujón a Jesús, único medio para hacerlo llegar a donde está el posticum: una puertecilla baja, escondida en la muralla del pórtico y que está pronta a abrirse, para el que sabe hacerlo.

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Lo empuja junto con los dos hijos de Alfeo, Juan, Mannaém y Tomás.

Los demás se quedan afuera en medio de la confusión.

El rumor llega hasta la galería, entre las dos poderosas murallas de piedra y que da la vuelta completa al Pórtico. Donde se percibe la humedad y unas estrechas y estratégicas aberturas, que dejan penetrar el aire y una poca de luz, que hace menos tenebroso el lugar.

Tomás pregunta:

–                       ¿Y qué vamos a hacer aquí?

Tadeo responde:

–                       ¡Cállate!…  Me dijo Zacarías que vendrá y que nos estuviéramos callados y quietos.

–                       Pero, ¿Puede uno fiarse?

Jesús dice para tranquilizarlos:

–                       No temáis. El levita es bueno.

Afuera el tumulto se dispersa. Pasa el tiempo…

Un sordo rumor de pasos y una lucecilla que tiembla y que sale de la espesa oscuridad.

Entonces se escucha una voz que tiene miedo de que la oigan y que a la vez quiere hacerse oír:

–                       ¿Estás ahí, Maestro?

Jesús contesta:

–                       Sí, Zacarías.

–                       ¡Yeové sea alabado! ¿Te hice esperar mucho?  Tuve que esperar a que fuesen todos a las demás entradas… Ven Maestro. Tus apóstoles… Alcancé a decir a Simón que fuesen todos a Bethesda y que esperasen allí. Hay poca luz, pero el camino es seguro. De aquí se baja a las cisternas…

 

Y se sale por el Cedrón. Camino antiguo, no siempre destinado para un buen uso, pero ahora sí… Y esto lo santifica…

Siguen bajando en medio de una sombra que interrumpe la llama danzante de la tea, hasta que se ve allá lejos en el fondo, la claridad… La claridad de lo verde que se ve a lo lejos. La galería termina con una reja que es como una puerta por lo maciza y bien fija que está.

Mientras mueve los goznes y abre la reja lo suficiente para que salgan, Zacarías dice:

–                       Maestro estás salvado. Puedes irte. Pero escúchame: No vengas por algún tiempo. No podría siempre servirte sin que lo notasen. Y… olvidad todos este camino y a mí que os traje por él. Olvidad esto… Os lo pido por favor.

Jesús lo tranquiliza:

–                       No tengas miedo. Ninguno de nosotros hablará. Que Dios te acompañe por la piedad que tuviste con nosotros.

Jesús levanta su mano y la pone sobre la cabeza inclinada del joven.

Sale seguido por sus primos y por los demás.

Se encuentra en un claro lleno de zarzas enfrente del Monte de los Olivos.

Cuando avanzan un poco, la puerta queda invisible por unos matorrales. Una vereda para cabras se dirige entre la maleza, hasta el torrente.

Jesús mira a su alrededor  y reconoce el lugar.

Luego dice:

–                       Vamos. Luego subiremos hasta la altura de la Puerta de las Ovejas. Yo y mis hermanos iremos a la casa de José de Séforis. Vosotros iréis a Bethesda a llamar a los demás y os reuniréis conmigo. Iremos a Nobe, mañana por la tarde, después del crepúsculo.

Mannaém, tú irás por Nicodemo y por José de Arimatea. Y los llevarás a la casa de José de Séforis para que se reúnan conmigo. Sed prudentes en vuestras palabras por amor al levita que nos puso a salvo.

Luego se separan y a pasos largos se dirige por un sendero…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

 

 

98.- LAS DERROTAS DEL MESÍAS


Jesús y los apóstoles salen hacia la campiña… Y luego caminan por una región montañosa. Van en silencio, por el fondo de un valle.

Santiago de Zebedeo suspira y dice, como terminando un razonamiento:

–                     ¡Derrotas y más derrotas! Parece como si estuviéramos malditos…

Jesús le pone la mano en el hombro:

–                     ¿No sabes que es la suerte de los mejores?

–                     ¡Bah! Lo sé desde que estoy contigo. Pero de vez en cuando, es necesario cambiar. Antes lo teníamos. Para aliviar el corazón. Para sostener la fe.

La voz del Maestro es trémula al responder:

–                     ¿Dudas de Mí, Santiago?

–                     ¡No! –el ‘no’ es rotundo.

–                     Si no dudas de Mí, ¿De qué entonces? ¿No me amas como antes? ¿Te ha arrebatado el amor el verme arrojado? ¿Qué se burlen de Mí o que no me tomen en consideración en estos lugares fenicios?

Aun cuando no se ve una lágrima en los ojos de Jesús. Su voz es tan triste. Es su alma la que llora.

–                     Eso no, Señor mío! Antes bien, mi amor aumenta cuanto más veo que no se te comprende. Que no se te ama. Cuanto más te veo afligido. Humillado. Por no verte así. Para poder cambiar el corazón de los hombres, estaría dispuesto a dar mi vida. Créemelo.

Todos los apóstoles apoyan las palabras de Santiago y Él con un rostro luminoso de amor, los estrecha diciendo:

–                     ¿No sabéis que si no tuviese otra cosa, más que la alegría de hacer la Voluntad de mi Padre y vuestro amor; aun cuando todos me abofeteasen, sería feliz? Me siento triste, no por Mí, ni por mis derrotas, como las llamáis. Sino por compasión a las almas que rechazan la vida. Bueno. ¡Niños grandulones! ¡Ánimo! Id a pedir en Nombre de Dios, un poco de leche a aquellos pastores que ordeñan sus cabras.

Al ver la expresión desolada de sus apóstoles, agrega:

–                     No tengáis miedo. Obedeced con fe. Os darán leche y no pedradas. Aun cuando se trate de un fenicio.

Van. Jesús se queda en el camino, orando. Está triste… regresan los apóstoles con una jarrita de leche y dicen:

–                     Dijo aquel hombre que vayas allá; porque tiene algo que decirte. Pero que no puede dejar sus cabras a los pequeños pastores.

Van todos al lugar escarpado donde andan las cabras.

Jesús dice:

–                     Muchas gracias por la leche. ¿Qué se te ofrece?

–                     ¿Eres el Nazareno, verdad? ¿El que hace milagros?

–                     Soy el que predica la salvación eterna. Soy el Camino para ir al Dios Verdadero. La Verdad que se entrega. La Vida que da salud. No soy un hechicero que haga milagros. Éstos son manifestación de mi bondad y de vuestra debilidad, que necesita pruebas para creer. ¿Qué se te ofrece?

–                     ¿Fue hace dos días que estuviste en Alejandroscene?

–                     Sí. ¿Por qué?

–                     También estaba yo con mis cabras. Y cuando vi que se armaba la trifulca, me escapé. Porque es costumbre provocarlas para robar en el mercado. Yo soy prosélito y por la tarde, al salir de la ciudad, me encontré con una mujer que lloraba, llevando una niña entre sus brazos. Había caminado mucho para ir a verte. Le pregunté qué le pasaba. Es una prosélita que oyó hablar de Ti y la esperanza brotó en su corazón. Pero Tú comprendes que cuando se carga algo, se camina despacio. Y cuando llegó; Tú ya no estabas. Y supo que te habían arrojado. Como yo también soy padre, le dije que yo estaría en el crucero por donde pasarías; ya sea que fueras a Tiro o regresaras a Galilea. Le prometí decírtelo y te lo he contado.

–                     Que Dios te lo pague. Iré a donde está la mujer.

–                     Voy para Aczib. Podemos caminar juntos si no sientes desprecio hacia un pastor.

–                     No desdeño a nadie. ¿Por qué vas a Aczib?

–                     Porque tengo allá unos corderos… A no ser que ya no los tenga.

–                     ¿Por qué?

–                     Porque hay como una peste. No sé si sea brujería… mi ganado se enfermó. Y por eso me traje a estas cabras que todavía están sanas, para que no estén con las ovejas. Las dejaré con mis hijos y yo voy para allá a ver morir… a mis hermosas ovejas lanudas. –y el hombre lanza un suspiro. Mira a Jesús y agrega- Hablarte a ti de estas cosas cuando estás tan afligido por la manera en que te tratan. Pero las ovejas son cariño y también dinero. ¿Comprendes? Y nosotros…

–                     Comprendo. Se curarán.

–                     Los que saben me han dicho: ‘Mátalas y vende sus pieles. No hay otra cosa que hacer’ Hasta me han amenazado para que no las saque. Tienen miedo de que las suyas se les contaminen. Las tengo encerradas y cada vez mueren más. ¿Nada más éstos son tus discípulos?

–                     Tengo otros.

–                     ¿Te abandonaron?

–                     Ningún discípulo lo ha hecho.

–                     Me habían dicho que Tú… Que los Fariseos… En una palabra, que los discípulos te habían abandonado por miedo y porque eres un…

–                     Demonio. Dilo. Lo sé. Doble mérito hay en ti que pese a esto, crees.

–                     Y por este mérito, ¿No podrías…? Tal vez te pida una cosa sacrílega.

–                     Dila. Si es mala, te lo digo.

El pastor dice con ansiedad:

–                     ¿No podrías al pasar, bendecir mi ganado?

–                     Bendeciré tu ganado. Éste… -levanta la mano bendiciéndolas- y también tus ovejas. ¿Crees que mi bendición las cure?

–                     Como curas a los hombres de sus enfermedades, así podrás salvar a mis animales. Dicen que eres hijo de Dios. Y Dios creó las ovejas. Y por eso también son suyas. Yo no sabía si era respetuoso pedírtelo. Pero si se puede hazlo, Señor. Y yo llevaré al Templo, muchas ofrendas de alabanza. ¡Mejor no! Te daré a Ti algo para tus pobres y será mejor.

Jesús sonríe, pero no dice nada. Siguen caminando. Y se hospedan por la noche en la casa de Jonás, un campesino amigo del pastor. Un verdadero israelita.

Al día siguiente, al amanecer, Jonás pregunta a Tadeo:

–                     ¿Está el Maestro contigo?

–                     Habrá ido a orar. Sale frecuentemente con el alba, para estar solo. Regresará dentro de poco. ¿Para qué lo quieres?

–                     Hay una mujer con mi esposa. Es una fenicia. No sé cómo supo que el Maestro está aquí y quiere hablarle.

–                     Está bien. Él  espera a una mujer con su hija enferma. Tal vez sea ella.

–                     No. Está sola. No trae a nadie. La conozco porque nuestros poblados están cercanos y el valle es de todos. Yo pienso que no hay que ser duros con los vecinos, aunque sean fenicios y se sirva al Señor. tal vez me equivoque…

–                     El Maestro enseña siempre que hay que ser compasivos con todos.

–                     Él lo es. ¿No es así?

–                     Sí.

–                     Me contó Annás el pastor que lo han tratado mal. ¡Mal, siempre mal!… ¡En Judea como en Galilea! ¡Por todas partes! ¿Por qué Israel es tan malo con su Mesías? Quiero decir, los grandes entre nosotros, porque el pueblo si lo ama.

–                     ¿Cómo sabes estas cosas?

–                     ¡Oh! Vivo aquí, lejos. Pero soy  un fiel israelita. Basta ir a las fiestas de precepto al Templo, para saber todo el bien y todo el mal. El bien se sabe menos que el mal. Porque el bien es humilde y por sí mismo no se alaba. Deberían ser los que reciben favores de Él, quienes deberían alabarlo; pero pocos son los agradecidos. El hombre acepta el favor y luego se olvida de él…

El mal por el contrario, hace sonar fuerte sus trompetas. Hace oír sus palabras aún a los que no quieren oírlas. Vosotros que sois sus discípulos, ¿No sabéis cuanto se habla y se acusa en el Templo al Mesías? Las lecciones de los escribas solo tratan de esto. Creo que se han convertido en un librillo de acusaciones y de pruebas contra Él. Es necesario tener la conciencia muy recta y firme; libre,  para poder resistir y juzgar cuerdamente. ¿Él conoce estas intrigas?

–                     Lo sabe todo. También nosotros, más o menos las sabemos. Pero Él no se preocupa. Continúa su obra. Discípulos y fieles, aumentan cada día.

–                     Dios quiera que lo sean  hasta el fin. El hombre es de pensamiento voluble, débil…

Jesús llega. Jonás dice:

–                     Entra Maestro. El aire es frío esta mañana y en el bosque mucho más. Hay leche caliente para todos.

Desayunan leche con pan.

Y Jesús dice:

–                     Tenemos que irnos pronto para llegar al monte Aczib, antes de que oscurezca. Esta tarde empieza el sábado.

Annás el pastor dice:

¿Y mis ovejas?

Jesús sonríe y responde:

–                     Estarán curadas después de ser bendecidas.

–                     Pero yo vivo al oriente del monte y Tú vas en dirección contraria, para encontrarte con la mujer.

–                     Deja todo en manos de Dios. Él proveerá.

Terminan su desayuno, toman sus alforjas y se disponen a salir.

–                     Maestro. ¿No quisieras hablar con esa mujer que está allí?

–                     No tengo tiempo, Jonás. El camino es largo y por lo demás, vine para las ovejas de Israel. Adiós Jonás. Que Dios premie tu caridad. Mi bendición sea sobre ti y tu familia. ¡Vámonos!

Salen y empiezan a caminar.

La mujer se adelanta llorando, agachada, alcanza al grupo y grita:

–                     ¡Ten piedad de mí! ¡Oh, Señor! ¡Hijo de David! mi hija está muy atormentada por el demonio, que la hace cometer cosas vergonzosas. Ten piedad porque sufro mucho y todos se burlan de mí por ello. Como si mi hija fuera responsable de lo que hace… ¡Ten piedad, Señor! ¡Tú todo lo puedes! Levanta tu voz y tu mano y mándale al espíritu inmundo que salga de Palma. Solo la tengo a ella. Soy viuda… ¡Oh, no te vayas! ¡Ten piedad!…

Jesús camina sin hacerle caso y ella sigue suplicando:

–                     Yo te oí ayer cuando pasabas el arroyo. Y oí que te llamaban ‘Maestro’ Te seguí entre los matorrales. Oí lo que estos hablaron. Comprendí que Eres Dios… Y esta mañana me vine aquí, cuando todavía estaba oscuro. Me quedé en el dintel como una perrita, hasta que se levantó Sara y me dejó entrar. ¡Oh, Señor! ¡Ten piedad y compasión de una madre y de una niña!

Pero Jesús se va ligero sin escuchar a la viuda.

Jonás le dice:

–                     Resígnate. No quiere escucharte. Ha dicho que vino para los de Israel…

Pero ella se levanta desolada y al mismo tiempo llena de Fe. Y responde:

–                     ¡No! Le suplicaré tanto que me escuchará.

Y sigue al Maestro repitiendo sus súplicas, que hacen que la gente se asome a sus puertas. Y se une a ella la familia de Jonás; que quiere ver en que terminan las cosas.

Los apóstoles se miran sorprendidos y en voz baja comentan:

–                     ¿Cómo es posible que haga esto? ¡Jamás lo había hecho!…

Juan dice:

–                     En Alejandroscene curó a aquellos dos…

Tadeo replica:

–                     ¡Eran prosélitos!

–                     Y ésta, ¿A quién quiere curar?

El pastor Annás contesta:

–                     También es prosélita.

–                     ¡Oh! Pero cuantas veces ha curado a gentiles o  paganos. ¿Y la niña romana?… –dice Andrés preocupado, porque no puede comprender la dureza de Jesús para con la mujer cananea.

Santiago de Zebedeo dice:

–                     Yo os diré la razón. El Maestro está airado. Su paciencia se acaba con tantos golpes de la ingratitud humana. ¿No veis cómo ha cambiado? Tiene razón. De hoy en adelante se dedicará sólo a quién conozca bien y según yo; creo que será lo mejor.

Mateo refunfuña:

–                     Así será. Pero entretanto, ésta viene gritando y un buen grupo de gente la sigue. Si quería pasar inadvertido, ha encontrado el mejor modo para llamar la atención aún de las plantas.

Tadeo dice secamente:

–                     Vamos a decirle que la despida… ¿Ya vieron el cortejo que nos viene siguiendo? ¿Y cuando lleguemos a la vía consular?… ¡Vamos a traer a todo el poblado detrás de nosotros!

Santiago de Zebedeo le grita:

–                     ¡Cállate y vete!

Y varios apóstoles hacen lo mismo. Pero la mujer no hace caso ni a las amenazas, ni a las órdenes.

Y sigue suplicando.

Mateo dice:

–                     Vamos a decirle al Maestro que la despida si no quiere escucharla. Esto no puede continuar así.

Andrés dice:

–                     ¡Pobrecilla!

Juan está desconcertado:

–                     ¡No comprendo!…  ¡No comprendo!

Acelerando el paso, alcanzan al Maestro, que camina tan ligero como si lo persiguieran…

Y le dicen:

–                     ¡Maestro, dile a esa mujer que se vaya! ¡Es un escándalo! Viene gritando detrás de nosotros. La gente aumenta cada vez más… Muchos vienen detrás de ella, ¡Dile que se vaya!

–                     Decídselo vosotros. Yo ya le respondí.

–                     No nos hace caso. Mira, díselo Tú. Y con severidad.

Jesús se detiene y se voltea. La mujer cree que es señal de que va a recibir el favor. Acelera el paso, levanta más la voz.

Jesús le ordena:

–                     ¡Cállate mujer! Regresa a tu casa. Ya lo he dicho: ‘He venido para la ovejas de Israel’ Para curar a las enfermas y buscar a las que anden perdidas. Tú no eres de Israel.

Pero la mujer se arroja a sus pies. Se los besa, adorándolo. Se abraza a sus rodillas como un náufrago que ha encontrado un pedazo de madera y gime:

–                     ¡Señor ayúdame! ¡Tú lo puedes! ¡Tú Eres Dios! Ordena al demonio. Tú que eres Santo… ¡Señor! ¡Señor! ¡Tú eres el Dueño de todo! tanto de la gracia como del mundo. Todo te está sujeto, Señor. Lo sé. Toma tu poder y empléalo en favor de mi hija.

–                     No está bien tomar el pan de los hijos de la casa y arrojarlo a los perros del camino.

–                     Yo creo en Ti. Al creer me he convertido de perra de la calle, en perra de la casa. Te lo dije. Llegué antes del alba a acurrucarme en el dintel de la casa donde estuviste. Y si hubieras salido te habrías tropezado conmigo. Pero Tú saliste por la otra parte y no me viste. No viste a esta perra destrozada. Hambrienta de tu favor. Que esperaba poder entrar arrastrándose hasta dónde estabas, para besarte los pies pidiéndote que no me arrojaras…

Jesús repite:

–                     No está bien arrojar el pan de los hijos, a los perros.

La mujer replica:

–                     Pero los perros entran en donde está su dueño comiendo con sus hijos. Y comen de lo que cae de la mesa o de los desperdicios que les dan de lo que no sirve. No te pido que me trates como hija y que me sientes a la mesa. Dame al menos las migajas…

El rostro de Jesús se transfigura con una sonrisa de júbilo, ¡Una sonrisa llena de amor! Todos lo miran admirados, presintiendo que algo va a pasar…

Y Jesús le responde:

–                     ¡Oh, mujer! ¡Grande es tu Fe! Con ella consuelas mi corazón. Vete y hágase cómo quieres. El demonio ha salido desde este momento de tu hija. Vete en paz y si como perra callejera has sabido convertirte en perra de la casa. De igual modo en el futuro, sé hija y siéntate a la mesa del Padre. ¡Adiós!

–                     ¡Oh, Señor! ¡Señor! quisiera correr para ir a ver a mi amada Palma… ¡Quisiera estar contigo y seguirte! ¡Bendito! ¡Santo!

Y se nota su angustia pues desea las dos cosas con igual fervor.

Jesús le dice:

–                     Vete, mujer. Vete en paz.

Jesús emprende su camino, mientras que la cananea corre veloz, seguida por la gente que curiosa, quiere ver el milagro.

Santiago de Zebedeo pregunta:

–                     Maestro, ¿Para qué la hiciste suplicar tanto, para después hacer lo que te pedía?

–                     Por causa tuya y de todos vosotros. Esto no es una derrota, Santiago. Aquí no me arrojaron fuera, ni se burlaron de Mí, ni me maldijeron… Que esto levante vuestro corazón abatido. He gustado de una comida sabrosísima. Bendigo a Dios por ello. Ahora  vamos a donde está la otra; que sabe creer y que espera con fe segura.

–                     ¿Y mis ovejas Señor? Dentro de poco nuestros caminos se separan. Y yo tengo que ir a mi aprisco.

Jesús sonríe pero no responde.

Caminan todos ligeros y alegres con una nueva sonrisa en el rostro. Cuando llegan al crucero, Annás dice un poco avergonzado:

–                     Aquí debo dejarte… También yo tengo fe y soy prosélito. ¿Me prometes que vendrás después del sábado, para curar a mis ovejas?

–                     ¡Oh, Annás! ¿No has comprendido todavía que tus ovejas están curadas, desde que bendije a las otras? Vete tú también a ver el milagro y a bendecir al Señor.

El pastor palidece. Se queda paralizado y luego se arrodilla diciendo:

–                     ¡Bendito seas! ¡Eres Bueno! ¡Eres santo! Te prometí mucho dinero y aquí no traigo… ven a mi casa.

–                     Iré pero no por el dinero. Sino para bendecirte una vez más. ¡Hasta pronto Annás! ¡La paz sea contigo!

Se separan. Jesús dice a los apóstoles:

–                     ¡Y también esto no es una derrota, amigos míos! Tampoco aquí se han burlado de Mí, ni me han insultado o arrojado… ¡Ea! ¡Vamos rápidos! Hay una madre que hace días que está esperando…

Continúan la marcha. Después de un reposo breve junto a un arroyo; comen un poco de pan, queso y beben agua. El sol está en su cenit, cuando llegan a una bifurcación del camino.

Mateo exclama:

–                     ¡Allá está la escalera de Tiro! – feliz al pensar que han recorrido más de la mitad del camino.

Reclinada sobre la mojonera romana, hay una mujer con una niña de siete años de edad.

Andrés pregunta:

–                     ¡Ahí está la mujer! ¿En dónde habrá dormido estos días?

La mujer levanta sus ojos y mira la sonrisa de Jesús. Se inclina. Toma en brazos a su niña y la trae como si fuera una ofrenda a Dios. Llega hasta los pies de Jesús y se arrodilla, alzando o más que puede a la niña, que extática mira el bellísimo rostro de Jesús. La mujer no dice ni una palabra, ¿Qué puede decir cuando toda su actitud es ya una súplica?

Jesús pronuncia solo una palabra breve; pero llena de alegría, mientras pone su mano sobre el pecho de la niña:

–                     Sí.

–                     ¡Mamá! –grita la niña feliz.

Se sienta inmediatamente. Se pone de pie y abraza a su madre que está a punto de caer; por el contraste de los sentimientos que la embargan. Por el cansancio que ha soportado. Por el esfuerzo que ha soportado su corazón.

Jesús la ayuda mientras lágrimas de agradecimiento bajan por su cara cansada y dichosa al mismo tiempo.

–                     ¡Gracias, Señor mío! Gracias y bendiciones. Mi esperanza se ha visto colmada… ¡Tanto te había esperado!…

Y se arrodilla y adora a Jesús…

Después de unos momentos dice.

–                     Hace dos años que empezó a secársele un hueso en la espina dorsal. La había paralizado y ya la llevaba a la muerte, con grandes dolores. La vieron los médicos de Antioquia, Tiro, Sidón, Cesárea, Panéades… para curarla, vendimos casi todas las propiedades, ¡Y nada! Me enteré de lo que haces en otras partes. Te vi y tuve esperanzas de que me ayudarías… Y lo he conseguido. Ahora regreso pronto a mi casa y daré esta alegría a mis esposo.

Jesús acaricia sus cabellos y dice:

–                     Idos y sed siempre fieles al Señor. Que Él esté con vosotras. Os doy mi paz.

Ellas se van dichosas y Jesús continúa caminando por la senda que va a Ptolemaide.

–                     Y también esto no es una derrota amigos. Tampoco aquí me arrojaron fuera, ni se burlaron de Mí, ni me maldijeron.

Llegan a una casa.

El herrero los saluda.

Y Jesús le dice:

–                     ¿Me permites que me esté aquí un ratito, para comer mi pan?

–                     Sí, Rabí. Mi mujer, Esther. Es hebrea. Yo soy romano. Ella deseaba conocerte. Te vi en Alejandroscenne…

–                     Llámala pues.

Una mujer de unos cuarenta años, un poco avergonzada, sale y se acerca.

Jesús está sentado en la banca que está contra a la pared; mientras Santiago de Zebedeo distribuye pan y queso.

Jesús la saluda:

–                     La paz sea contigo Esther. ¿Tenías deseos de conocerme? ¿Por qué?

–                     Por lo que dijiste… Los rabinos nos desprecian a las casadas con un romano. Pero yo he llevado a todos mis hijos al Templo. Y todos mis varoncitos están circuncisos. Lo dije de antemano a Tito cuando me pretendía. Es bueno… Me deja que haga lo que quiera con mis hijos. Aquí todas las costumbres son hebreas. Lo mismo que los ritos. Pero los rabinos, los arquisinagogos, nos maldicen. En cambio tú no. Tú compadeciste…

¡Oh! ¿Sabes lo que significa esto? Es como volver a poner el pie en la casa abandonada y no sentirse extraña en ella. Tito es bueno. Cuando se celebran nuestras fiestas, cierra la herrería con mucha pérdida de dinero. Y me acompaña con los niños al Templo, porque dice que sin religión no se puede vivir. Él dice que la suya es la familia y el  trabajo; como antes lo era el ser soldado.

Pero yo Señor, quiero decirte una cosa… Tú dijiste que los seguidores del Verdadero Dios, deben quitar un poco del fermento santo y ponerlo en la harina buena para que fermente santamente. Lo he hecho con mi esposo. Durante veinte años hemos estado juntos. He procurado trabajarle su alma que es buena, con el fermento de Israel, pero él nunca se decide. Ya está viejo y yo quiero tenerlo conmigo en la otra vida… Unidos en la Fe, como lo estamos en el amor. No te pido riquezas, bienestar, salud. Con lo que tenemos es suficiente, ¡Bendito sea Dios! Pero quisiera esto… Ruega por mi esposo, para que pertenezca al Dios Verdadero.

–                     Lo será. Puedes estar segura. Pides una cosa santa y la alcanzarás. Has comprendido los deberes de la esposa para con Dios y para con el marido. ¡Si así fueran todas las casadas! Te digo que muchas deberían imitarte. Sigue este mismo camino y tendrás la alegría de tener a Tito a tu lado en la Oración y en el Cielo. Enséñame a tus hijos.

La mujer llama a los niños:

–                     Santiago, Judas, Leví, María, Juan, Ana, Elisa, Marcos. –Entra a la casa y sale con otros dos, uno que apenas puede caminar y otro de tres meses de edad- Éste es Isaac y la pequeñuela Judith. –dice presentándolos a todos.

Santiago de Zebedeo comenta sonriente:

–                      ¡Demasiados!

Tadeo exclama:

–                     ¡Seis varones y todos circuncisos!

Bartolomé y Felipe :

–                     ¡Y con nombres judíos!

–                     ¡Eres brava mujer!

La mujer se siente feliz. Hace elogios de Santiago, Judas y Leví, que ayudan a su padre todos los días, menos el sábado. Día en que Tito trabaja solo, poniendo las herraduras hechas. Elogia a María y a Ana que son el auxilio de la mamá. Pero no deja de alabar a los cuatro más pequeños, que son buenos y nada de caprichudos.

–                     Tito me ayuda a educarlos. Él que fue un soldado valiente y disciplinado. –dice mirando con ojos cariñosos a su marido. Que apoyado sobre el dintel ha escuchado todo lo que ha dicho su mujer con una gran sonrisa en su cara. Y se pone colorado al oír que recuerdan sus méritos como soldado.

Jesús dice:

–                     Muy bien. La disciplina militar no es contraria a Dios, cuando el soldado cumple su deber como se debe. Lo que conviene es obrar siempre honestamente en cualquier cosa y así ser virtuosos. Esta disciplina tuya que trasmites a tus hijos; debe prepararte para entrar en un servicio superior: en el de Dios. Ya es hora de despedirnos. Apenas tengo tiempo para llegar a Aczib antes de la puesta de sol. La paz sea contigo Esther y con toda tu casa. Lo más pronto procurad pertenecer al Señor.

Todos se arrodillan mientras Jesús levanta su mano para bendecir.

Y Tito hace algo sorprendente: ¡Mirando a Jesús; como si fuera aún un soldado de Roma, hace el saludo militar ante su emperador!

van. Después de avanzar algunos metros, Jesús pone la mano sobre el hombro de Santiago:

–                     Esta es la cuarta vez del día que te lo hago notar. No se trata de una derrota. No me arrojaron fuera. No me maldijeron, ni se burlaron de Mí… ¿Qué dices ahora?

–                     Que soy un tonto, Señor.

–                     No es eso. Tú como todos vosotros, sois todavía muy humanos. Tenéis el modo de pensar humano. El espíritu cuando es soberano, no se altera por cualquier soplo de viento, que no puede ser siempre una brisa perfumada… Podrá sufrir, pero no se altera.

Yo ruego siempre para qué lleguéis a esta independencia del espíritu. Pero debéis ayudarme con vuestros esfuerzos. Pues bien, el viaje ha terminado. He sembrado en él, todo lo que era necesario para prepararos, para cuando vosotros seáis los evangelizadores. Ahora podemos tomar el descanso sabático, con la conciencia de haber cumplido nuestro deber.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA