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N22.- DOCTORADO O REPROBADO


1desercion

“En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que  yo hago, y HARÁ MAYORES AÚN, porque yo voy al Padre.” (Juan.14-12) Biblia de Jerusalén

Hermanos en Cristo, MEDITAD CUIDADOSAMENTE EL SIGUIENTE EPISODIO RELATADO EN EL EVANGELIO y delante de Dios reconozcámoslo como un examen doctrinal. Sobre todo los cristianos mexicanos, analicen al final cual es su propio veredicto. Y compartan con nosotros, su calificación final.

LOS QUE ALCANCEN EL DOCTORADO,

Compartan con los demás cristianos LOS TESTIMONIOS, para glorificar a Dios y dar ánimo a las siguientes naciones en ser azotadas por la Gran Tribulación. Los amamos…

INVITACION-GRADUACION

82.- “TÚ ERES MUNDO” 

Ya es de noche cuando Jesús regresa a la casa. Entra sin hacer ruido. Sube la escalera. En la gran habitación de arriba, están todos. Nadie habla y nadie duerme. Jesús entra despacio y Tomás es el primero que lo ve.

Pega un brinco y exclama:

– ¡Oh, Maestro!

Todos se acercan y Jesús con voz cansada, como de quién ha sufrido mucho; responde a las condolencias que le muestran:

– Lo comprendo. Pero solo quien no cree, puede sentirse desolado ante la muerte. Nosotros sabemos y creemos. Juan no se ha separado de nosotros. Ahora, él está cerca de Mí. ¿Ya cenasteis?

Pedro dice:

– No, Maestro. Te estábamos esperando. Ya estábamos preocupados por tu retraso.

Jesús responde:

– ¡Ea! Preparad la cena, porque luego iremos a otras partes. Tengo necesidad de aislarme entre mis amigos. Y mañana, si nos quedamos aquí, nos veremos rodeados de gente.

– Yo te juro que no lo soportaría. Y mucho menos a esas almas viperinas de los fariseos. ¡Y sería muy duro que se les escapase una sonrisa en la sinagoga al vernos!

– Bien Simón. También pensé en esto y por eso vine para llevaros.

Rodeado de los suyos, ofrece y distribuye el parco alimento que comen sin ganas. La cena termina en unos minutos.

Jesús dice para animarlos:

– Contadme qué habéis hecho.

Pedro:

– Estuve con Felipe en la campiña de Betsaida. Predicamos el Evangelio y curamos a un niño.

Felipe, que no quiere apropiarse de una gloria que no le pertenece:

– Fue Simón quién lo curó.

Pedro explica:

– ¡Oh, Señor! No sé cómo lo hice. Rogué mucho con todo el corazón. Sentí mucha compasión por el niño. Lo ungí con el aceite y lo froté con mis manos ásperas… Y se curó. Cuando ví que el color volvía a su carita y abrió sus ojitos. Que revivía, en una palabra; casi hasta tuve miedo.

2

Jesús le pone la mano en la cabeza, sin decir nada.

Tomás:

– Juan llamó la atención, porque arrojó a un demonio. Pero a mí me tocó hablar.

Mateo añade:

– También lo hizo tu hermano Judas Tadeo.

Santiago de Alfeo agrega:

– Pues también Andrés.

Bartolomé relata:

– Simón Zelote curó a un leproso. ¡Oh! ¡No tuvo miedo de tocarlo! A mí me dijo después: ‘No tengas miedo. A nosotros nos se nos pega ningún mal físico, por voluntad de Dios.’

Jesús confirma:

– Dijiste bien, Simón. ¿Y vosotros dos?

Santiago de Zebedeo está hablando con los tres pastores, discípulos del Bautista. Y Judas está solo y con la cara mustia.

Santiago de Zebedeo se vuelve y declara:

– ¡Oh! Yo no hice nada. Pero Judas hizo grandes milagros: curó a un ciego, un paralítico y un endemoniado. A mí me pareció que era un lunático. Pero la gente así lo afirmó…

Pedro pregunta a Iscariote:

– ¿Y por qué estás con esa cara, si Dios te ayudó?

Judas responde con altanería:

– También sé ser humilde.

Santiago continúa:

– Hasta fuimos huéspedes de un fariseo. Yo me sentí mal. Pero como Judas tiene mucho tacto, se adaptó y le quitó los humos. El primer día estaba muy soberbio. Pero luego… Todo cambió… ¿Verdad Judas?

3

Éste asiente sin decir una palabra.

Jesús ordena:

– Muy bien. Y lo haréis siempre mejor. La próxima semana, estaremos juntos. Simón, ve con Santiago a preparar las barcas.

Pedro objeta:

– ¿Para todos, Maestro? No cabemos.

– ¿No puedes conseguir otra?

– Si se la pido a mi cuñado, sí. Voy a verlo.

– Ve. No le des muchas explicaciones.

Parten los cuatro pescadores. Los demás bajan a tomar sus alforjas y mantos. Se queda solo Mannaém con Jesús.

Mannaém pregunta:

– ¿Maestro, vas lejos?

Jesús contesta:

– Están cansados y afligidos. También Yo. Pensaba ir a Tariquea. Por los campos, para aislarme en medio de la paz…

– Traigo caballo, Maestro. Si me permites, te seguiré a lo largo del lago. ¿Estarás mucho tiempo fuera?

– Una semana. No más.

– Entonces regresaré, Maestro. Bendíceme esta vez que es la primera en que nos despedimos. Quítame un peso del corazón.

– ¿Cuál Mannaém?

4

El hermano de Herodes y antiguo discípulo del Bautista, suspira y dice con un dejo de angustia:

– El remordimiento de haber abandonado a Juan. Tal vez si hubiera estado…

Jesús niega:

– No. Era su hora. Yo sé que él estuvo contento al ver que venías a verme. No tengas este peso. Más bien trata de librarte pronto del único peso que tienes: el gusto de ser hombre. Hazte espíritu Mannaém. Lo puedes. Tienes la capacidad para hacerlo… Hasta pronto, Mannaém. Mi paz sea contigo.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice. Lo levanta y lo besa.

Vuelven a entrar los demás y regresan los pescadores.

– Está arreglado, Maestro. Podemos irnos.

– Está bien. despídanse de Mannaém que se queda aquí, hasta mañana por la tarde. Recoged los alimentos y el agua para el camino y vámonos. No hagáis ruido.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral y se van por la calle solitaria, bañada por la luna. Se dirigen al lago y suben a las barcas…

1

Varios días después…

Cuando Jesús pone pie en la ribera del Jordán, cerca de Tariquea. Mucha gente lo está esperando. Y le vienen al encuentro sus primos, con Simón Zelote.

Éste dice:

– Maestro, las barcas nos denunciaron… tal vez Mannaém fue también una señal.

Mannaém se excusa:

– Maestro, partí de noche para que nadie me viera y no hablé con nadie. Créemelo. Cuando me preguntaron que donde estabas, siempre respondí: ‘Ya partió’ Creo que la culpa la tiene un pescador, que dijo que te había dado su barca…

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Pedro grita:

– ¡Ése imbécil de mí cuñado! ¡Y se lo dije que no hablase! ¡Le dije que íbamos a Betsaida y que si hablaba le arrancaba la barba! ¡Y lo voy a hacer! ¡Oh, que si se la arranco! ¿Y ahora? ¡Adiós paz, aislamiento y descanso!…

Jesús concilia:

– Está bien Simón. Nosotros ya tuvimos nuestros días de paz. Además, parte de lo que me proponía lo obtuve: adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros; para impedir ofensas y choques con los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con esas personas que nos aguardan. Vamos a premiar su Fe y su amor. ¿Y acaso no es este amor, algo que consuela? Sufrimos por el odio. Aquí hay amor y por lo tanto, gozo.

Pedro se calma como un viento que se apacigua en un instante.

Jesús va hacia el grupo de enfermos que lo esperan con el deseo clavado en su rostro. Cura a uno por uno con amor y con mansedumbre.

Incluyendo al hijo de un escriba que le dice:

– ¿Lo ves? Huyes. Pero es inútil hacerlo. Odio y amor son sagaces en encontrar. Aquí te encontró el amor, como se dice en el Cántico. Para muchos, eres ya el Esposo del Cántico. Se acerca uno a Ti como la Sulamita; desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminadaf.

– ¿Por qué dices esto? ¿Por qué?

– Porque es verdad. Venir es peligroso, pues eres odiado. ¿No sabes que Roma te espía y que el Templo te aborrece?

– ¿Por qué me tientas? Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas. No te curé a tu hijo con trampas…

6

El escriba, al oír el suave reproche; avergonzado baja la cabeza y confiesa:

– Veo que realmente lees en los corazones de los hombres. Perdóname. Veo que realmente eres santo. Perdóname. Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

– Y que encontró un lugar propicio…

– Así es. Es la verdad. Pero ahora regreso sin este fermento. Esto es, me voy con uno nuevo.

– Lo sé. Y no te guardo rencor. Muchos son culpables por su voluntad. Otros por la ajena. Diferente será la medida con que Dios los juzgará. Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes. Cuando el mundo te presione mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte… Y sé agradecido con Dios.

– Y contigo.

– Con Dios. A Él se le dé toda gloria y alabanza. Soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo. El primero en obedecerlo. Pues el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad. Se envilece sirviendo al pecado.

7

– Dices bien. ¿Siempre hablas así? ¿Para todos?

– Para todos. La verdad es sólo una.

– Habla entonces. Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya. Y una vez más… Perdóname. Era sincero en mis convicciones. Creía servir a Dios combatiéndote.

– Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios, que no es mentira. Pero tus convicciones no han muerto todavía. Yo te lo digo. Son como la grama que se quema. Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro. Pero las raíces están vivas. Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama. ¡Israel es duro para morir!

El escriba se sorprende y cuestiona:

– ¿Por qué debe morir Israel? ¿Es una planta mala?

– Debe morir para resucitar.

– ¿A una reencarnación espiritual?

– A una evolución espiritual. No hay reencarnaciones de ninguna clase.

8

– Hay quienes creen en esto.

– Están en un error.

– El helenismo nos ha traído también estas creencias. Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento delicadísimo.

– Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema, a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

– Es verdad. Pero las cosas son así. Agrada imitar lo que más se odia.

– Entonces imitadme, pues me odiáis. Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

El escriba insiste:

– Pero Tú en confianza dime, ¿Qué crees que sea la reencarnación?

Jesús afirma:

– Un error. Ya te lo dije.

9

– Hay quienes dicen que los vivos nacen de los muertos. Y los muertos de los vivos porque lo que existe no se destruye.

– Lo que es eterno, en realidad no se destruye. Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

– No, Maestro. ¡Ni pensarlo!

– Dijiste bien. ¿Puede entonces imaginarse que Él permitiría que un espíritu se reencarne porque no puede haber otros espíritus?

– No se debería pensar en esto y con todo, hay quién lo piensa así.

– Y lo que es peor: En Israel se piensa en ello. El pensamiento en la inmortalidad del alma, debería ser perfecto en un israelita. El espíritu no trasmigra sino del Creador a la existencia y de ésta, al Creador… Ante quién se presenta después de la vida, para que se le juzgue digno de vida o muerte. Ésta es la verdad. Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

– ¿No admites el Purgatorio?

– Sí. ¿Por qué lo preguntas?

– Porque dijiste: ‘A donde se le envía, allí se queda’ El Purgatorio es temporal.

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– Exactamente. Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento. El Purgatorio es ya vida. Amortecida pero vital… Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta. La alcanza sin límites. Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo. El Paraíso y El Infierno.

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Dos categorías: los Bienaventurados y los condenados.

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Pero de los tres reinos que ahora existen, ningún espíritu volverá a revestirse de carne; sino hasta que llegue la Resurrección Final que terminará para siempre con la encarnación de los espíritus en los cuerpos, de lo inmortal en lo mortal.

– De lo eterno, ¿No?

– Eterno es Dios. La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin. Y esto es Dios. La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir. Y esto es el espíritu del hombre. He aquí la diferencia.

– ¿Y Tú?

– Yo viviré, porque también Soy Hombre. Y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

13

– Dios es llamado ‘El que vive’.

– Y así es. No conoce la muerte. Él es vida. Vida inagotable. No vida de Dios, sino Vida. Sólo esto. Son minucias, ¡Oh, escriba! Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

– ¿Así hablas a los gentiles?

– No así. No entenderían. Les muestro el sol, como lo mostraría a un niño que ha sido ciego y corto de inteligencia. Y que curado milagrosamente, recibe también una gran capacidad intelectual. Pero vosotros de Israel no sois ciegos, ni cortos de inteligencia. Hace siglos que el dedo de Dios os abrió los ojos y despejó vuestra mente…

– Es verdad, Maestro. Y sin embargo somos ciegos y cortos de inteligencia.

– Os habéis hecho así. No queréis el milagro que os ama.

– Maestro…

– Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla.

14

Jesús lo deja y sigue avanzando. Al pasar cerca de Marziam y del hijo del escriba que juegan con unas piedras de colores, los acaricia.

Horas más tarde los rayos del sol se filtran a través de los árboles, tiñéndolos con el tinte grisáceo del atardecer.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús, que continúa adoctrinando:

– Maestro, ya es tarde. El lugar es solitario y no hay caseríos o poblados. Dí al pueblo que se vaya a Tariquea o a los poblados, para que compre alimentos y busque alojamiento.

Jesús responde:

– No es necesario que se vayan. Dadles de comer. Pueden dormir igual que como lo hicieron por esperarme.

– No quedan sino cinco panes y dos pescados, Maestro. Lo sabes.

– Traédmelos.

Andrés va a buscar a Marziam que es el que trae la bolsa. Lo encuentra jugando con otros niños.

Y le dice:

– Ven, Marziam. ¡El Maestro te necesita!

Marziam deja plantados a sus amiguitos y rápido va. Los otros niños lo siguen y pronto, Jesús se ve rodeado del grupo de pequeñuelos.

15

Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan y dos gruesos pescados asados. Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes para los dieciocho que forman la comitiva apostólica.

Jesús ordena:

– Está bien. Traedme cestos. Diecisiete. Cuantos sois vosotros. Marziam dará comida a los niños…

Todos obedecen.

Jesús mira detenidamente al escriba que no se separa de Él y le pregunta:

– ¿Quieres también tú dar comida, a los que tienen hambre?

El escriba contesta:

– Lo querría, pero ni yo mismo la tengo.

– Dales de la mía. Te lo permito.

El hombre lo mira con la boca abierta y pregunta asombrado:

– Pero… ¿Piensas dar de comer a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños con dos pescados y esos cinco panes?

16

Jesús responde con dulzura:

– Sin duda. No seas incrédulo. Quién cree, verá realizarse el milagro.

El escriba exclama:

– ¡Oh! ¡Entonces yo también quiero distribuir la comida!

– Bien. Haz que te den un canasto.

Regresan los apóstoles con canastos de todos tamaños. Grandes y pequeños.

Jesús asiente:

– Está bien. Poned todo delante. Haced sentar a la gente en orden, en líneas regulares, lo más que se pueda.

Y mientras hacen esto, Jesús levanta el pan con los pescados encima. Los ofrece, ora y los bendice.

El escriba no le quita los ojos de encima, ni un instante.

Enseguida Jesús despedaza en dieciocho partes, los cinco panes y los dos pescados. Pone uno de cada cosa en cada cesto.

17

Y dice:

– Tomad ahora y dad cuanto quieran. Id. Marziam, vete a dar a tus compañeritos.

El niño levanta el cesto que le correspondió y se lo lleva a los otros niños.

Y exclama:

– ¡Oh, qué pesado! –Y camina penosamente como si llevase una carga muy pesada.

18

Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba; miran dudosos su andar… Luego toman sus canastos y moviendo la cabeza, se dicen mutuamente:

– ¡El niño se burla!

– ¡No pesa más que antes!

Aun así, obedecen y se dirigen todos hacia la gente y empiezan a distribuir. Dan. Dan. Dan. Y de vez en cuando se vuelven sorprendidos, siempre avanzando más lejos.

19

Y miran a Jesús que con los brazos abiertos, apoyado en un árbol, sonríe de su admiración.

20

La distribución es larga y abundante.

El único que no muestra sorpresa es Marziam.

Que feliz regresa y dice a Jesús:

– Dí mucho, mucho, mucho… Porque sé lo que es el hambre.

21

Jesús le sonríe y lo acaricia. Y el niño se apoya en Él.

Poco a poco regresan todos los apóstoles y los discípulos; mudos por el estupor.

El último, es el escriba que no dice una sola palabra… Pero que hace algo que es más elocuente que un discurso: se arrodilla y besa la orla del vestido de Jesús…

Que sonriente dice:

– Tomad vuestra parte y dadme un poco. Comamos la comida de Dios.

22

Comen pan y pescado.

Cada uno según su apetito.

Entre tanto la gente, que ya está harta; cambia impresiones.

Los que están alrededor de Jesús, se atreven a hablar, al ver que Marziam, después de que terminó su pescado, se pone a charlar con sus compañeritos. Y declaran sus impresiones…

23

El escriba pregunta:

– Maestro, ¿Por qué el niño experimentó al punto el peso y nosotros no? Yo hasta lo registré por dentro y vi que eran los mismos. Comencé a sentir el peso cuando me dirigí a la multitud. Pero si hubiese pesado lo que di, hubiese sido necesario un par de mulas, para que lo cargasen. Y hubiese sido necesario no un canasto, sino un carro grande, lleno de comida.

Al principio me mostré parco, pero luego me puse a dar mucho y para no ser injusto, volví a pasar por los primeros, para darles otra vez; porque a ellos les había dado poco y sin embargo bastó.

Juan dice:

– También yo experimenté que pesaba mucho el cesto, cuando empecé a caminar. Y al punto di mucho, porque comprendí que era un milagro.

Mannaén por su parte:

– Yo por el contrario. Me detuve y me senté para echar en el manto el peso y ver… Y ví panes, panes y más panes. Y muchos pescados… Entonces me fui a repartir, dando gracias a Dios… ¡Me sentí tan feliz!…

24

Bartolomé comenta:

– También yo los conté porque no quería hacer el ridículo. Eran cincuenta pedacitos de pan. Me dije: ‘Le daré a cincuenta personas’ conté. Pero al llegar a cincuenta, el peso era el mismo.

25

Miré adentro y todavía había panes y pescados. Seguí adelante y di a cien más. Pero jamás disminuían y seguí dando, dando y dando…

26Tomás suspira, avergonzado inclina la cabeza y dice:

–   Yo dije: ‘¿Y para qué sirven?’ ¡Jesús ha querido jugarnos una broma!…

Y los miraba… Y los miraba, oculto detrás de un árbol. Con la esperanza y desesperanza, de ver que aumentasen… ¡Pero siempre eran los mismos!

Iba a regresar, cuando pasó Mateo diciendo:

– ¿No has visto qué hermosos son?

Pregunté desconcertado:

– ¿Qué?…

– Los panes y los pescados.

– ¿Estás loco? Yo veo siempre los mismos pedazos…

Mateo sonrió y me dijo:

– Ve a distribuirlos con Fe y verás…

Eché en el cesto los pedazos y me fui a regañadientes. Y luego… ¡Perdóname Jesús, porque soy un pecador!

27

Jesús objeta:

No. Eres un hombre con el espíritu del mundo. Y razonas como el mundo…

Judas de Keriot confiesa:

– Entonces también yo, Señor. Hasta pensé en dar una moneda junto con el pan, diciendo dentro de mí: ‘Comerán en otra parte.’ Esperaba ayudarte para que hicieses un buen papel. Pues… ¿Qué cosa soy yo? ¿Cómo Tomás o peor que Tomás?

Jesús lo mira fijamente y dice serio:

– Más que Tomás, ‘Tú eres Mundo’…

28

– ¡Pero pensé en hacer una limosna para ser ‘Cielo’! Se trataba de dinero mío, personal…

– Limosna para ti mismo. Para tu orgullo. Limosna para Dios, el cual no tiene necesidad de ella. Y la limosna para tu orgullo es culpa; no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Entonces Pedro pregunta a los primos de Jesús:

– ¡Y ustedes?

Tadeo contesta con gravedad:

– Nos acordamos de Caná…

29

Y Santiago de Alfeo complementa:

– Y no dudamos.

30

El escriba se guarda un mendrugo.

Pedro pregunta:

– ¿Para qué lo quieres?

El escriba contesta:

– Para… recuerdo.

– También yo tengo uno. –dice Pedro- Lo meteré en una bolsita que colgaré al cuello de Marziam.

Juan añade:

– Yo llevaré uno a nuestra mamá.

Los demás dicen apenados:

– ¿Y nosotros?

– Nos comimos todo…

Jesús declara:

– Levantaos. Id nuevamente con los canastos y recoged lo que haya sobrado. De entre la gente, escoged a los pobres y traedlos aquí. Despediré a la gente; después de que haya provisto con más a los pobres. Luego nos iremos a las barcas.

Los apóstoles obedecen y regresan con doce canastos llenos de restos sobrantes y una treintena de personas…

31

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

1graduacion

P13.- SÚPLICA DEL REDENTOR


SACROS~1

Deseo que todos Mis seguidores realicen un tiempo de ayuno a partir del próximo lunes y hasta las 15:30 horas del Viernes Santo

Viernes, 22 de marzo 2013 @ 21:45

Amadísima hija, llamo a todos mis fieles hijos a realizar un tiempo de ayuno a partir del próximo lunes y hasta las 15:30 horas del Viernes Santo.

Incluso una pequeña muestra de ayuno que me ofrezcan todos ustedes cosechará para todos vosotros, un conocimiento de Mi Plan de Salvación y cómo pueden ayudarme a salvar las almas de los pecadores.

Es a través del ayuno que os volveréis sanos de nuevo y se convertirán en todo.

 Por la limpieza de vuestro cuerpo, su espíritu será renovado. Yo también deseo que reciban el sacramento de la confesión o la forma de la reconciliación está disponible para cada uno.

perdonar

Por favor, si tú no puedes recibir este sacramento, acepta el regalo que te he dado de mi Indulgencia Plenaria hace algún tiempo.

(Martes, 31 de enero 2012 @ 21:30

Debes decir esta oración durante siete días consecutivos para recibir el don de la absolución total y el poder del Espíritu Santo.

“Oh Jesús mío, Tú eres la luz de la tierra.

Tú eres la llama que toca a todas las almas. Tu Misericordia y el Amor no tienen límites.

No somos dignos del sacrificio que hiciste con Tu Muerte en la Cruz. Sin embargo, sabemos que tu amor por nosotros es mayor que el amor que tenemos para Tí.

Concédenos, Señor el don de la humildad, para que seamos merecedores de Tu Nuevo Reino.

Llénanos con el Espíritu Santo, para que podamos marchar adelante y llevar a tu ejército a proclamar la Verdad de Tu Santa Palabra

y preparar a nuestros hermanos y hermanas para la Gloria de Tu segunda venida a la tierra.

Te damos honor. Te alabamos. Nos ofrecemos a nosotros mismos, nuestros dolores, nuestros sufrimientos, como un regalo a ti para salvar almas.

Te amamos, Jesús. Ten misericordia de todos tus hijos donde quiera que se encuentren. Amen.

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Luego en espíritu, deseo que os unáis a mí, como si estuvieran presentes con Mis apóstoles en Mi Última Cena.

Vosotros compartiréis conmigo, el pan sin levadura y comerán conmigo en mi mesa.

Para que vosotros, Mis fieles seguidores, puedan compartir conmigo mi copa de sufrimiento; por su propia voluntad, en caso de que aceptéis mi oferta.

Si pueden aceptar esto hijos míos, como propiciación por los pecados del hombre mortal, salvarán millones de almas.

Voy a conceder la Misericordia para los pecadores más endurecidos, a cambio de su donación de sufrimiento.

Aparta de mi este caliz

Esta es la oración Cruzada para ustedes si deseáis compartir mi cáliz del Sufrimiento.

Recitad esto tres veces cuando puedan; pero preferiblemente durante el tiempo de ayuno.

Cruzada de Oración (103) Compartir la copa de sufrimiento con Cristo

“Me pongo delante de Ti amadísimo Jesús, postrado a tus pies para que hagas lo que quieras conmigo, por el bien de todos.

Permíteme compartir tu copa de sufrimiento.

Toma este regalo de mi parte, para que puedas salvar esas pobres almas que están perdidas y sin esperanza.

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Toma mi cuerpo, mi alma, mi vida y mi espíritu, para que pueda compartir Tu dolor.

Tú conoces nuestra debilidad y nuestra miseria,

Espiritu Santo, sé Tú mi Cireneo y dame fortaleza y amor para amarte más… Y ayúdame a ser valiente y generoso en esta donación.

Toma mi corazón entre tus manos sagradas y  mi alma en unión contigo.

A través de mi don del sufrimiento, permito que tu Divina Presencia abrace mi alma,

para que puedas redimir a los pecadores y unir a todos los hijos de Dios para siempre jamás. Amén “.

Este sacrificio de parte vuestra presentado a Mí, Jesucristo, Redentor de toda la humanidad,

me permitirá derramar Mi Gran Misericordia sobre el mundo entero.

Getsemani-oracion-de-Jesus

Más importante aún, voy a salvar incluso a los que me aborrecen.

Sus oraciones y el sacrificio son para ellos su única gracia salvadora, porque sin esto sus almas serían destruidas por el Maligno.

Si vosotros deseáis soportar conmigo este sufrimiento, les concederé grandes bendiciones

Y os pido que continuéis conmigo en mi travesía, para despertar al mundo de su letargo y para que pueda levantar el velo del engaño que lo cubre.

Vuestro Jesús

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

175.- LA NIETA DE AUGUSTO


1platanar (2)

La semana siguiente…

En la plaza principal de Siquem, las hojitas que empiezan a nacer en la doble fila de árboles que hay alrededor de las casas, rodeándolas como una galería, dan una nota de alegría primaveral. El sol juguetea con las hojas tiernas de los plátanos, tejiendo un recamo de luces y sombras en el suelo. El estanque del centro de la plaza es una laja de plata iridiscente, bajo los rayos del sol.

Hay gente que discute. Llegan algunos forasteros. Todos se preguntan quiénes son. Entran en la plaza, observan; se acercan, saludan. Les devuelven el saludo con sorpresa…

Y se presentan:

–                       Somos discípulos del Maestro de Nazareth.

La desconfianza desaparece.

Alguien pregunta:

–                       ¿Os mandó él?

–                       Sí. Una misión muy secreta. El Rabí está en gran peligro. Nadie lo ama ya en Israel. Y Él que es muy bueno, dice que por lo menos vosotros le seréis fieles.

–                       Es lo que queremos… ¿Qué debemos hacer? ¿Qué quiere Él de nosotros?

–                       ¡Oh! Él no quiere más que se ame, porque su doctrina es el amor. Porque confía demasiado en la protección de Dios. ¡Y con lo que se dice en Israel! Se le acusa de Satanismo e insurrección. ¿Comprendéis lo que significa esto? Represalias de los romanos sobre nosotros que tanto sufrimos.

1dis-mer

Y se nos golpeará más. A los santos de nuestro Templo se les condenará. Por vuestro bien, deberíais hacer motines, persuadirlo a defenderse. Defenderlo. Impedir que sea apresado a como dé lugar. Apelar el derecho de asilo. Es inútil decírselo a Él. Si se lo decimos nosotros, nos dice que somos anatema, porque le aconsejamos cometer una villanía.

No es eso. Es que lo amamos. Lo hacemos por prudencia. No podemos hablar, pero vosotros, sí. Os ama. Por eso prefirió vuestros lugares a otros. Su Presencia acarrea peligros a quién lo acoge. Vosotros sois mejores que otros y no pensáis en esto. Y si sufriereis por su causa, defendedlo de los romanos, con todo vuestro amor. Hacedlo por el bien de todos.

–                       Decís bien. Iremos a verlo.

–                       ¡Oh! ¡Sed prudentes! Que Él no se dé cuenta que os lo hemos sugerido…

–                       ¡Oh, no tengáis miedo! Demostraremos que los desgraciados samaritanos valen por un ejército y defenderemos al Mesías.

–                       Vemos que nos ama, porque es el segundo grupo de discípulos que nos envía. Recibimos muy bien a los primeros…

Los emisarios del Sanedrín sonríen triunfales por el éxito de su hipocresía…

Al día siguiente, todo Efraím se desborda al ver en sus calles el insólito cortejo de carruajes y lujosas literas, acompañados de elegantes esclavos y legionarios romanos. Un séquito digno de un emperador romano…

1cortejo

La comitiva llega hasta la orilla del poblado y cerca del camino que lleva a Bethel, se detiene. Se  divide en dos partes.

Se quedan un carro y una litera, con su escolta de soldados. La cortina de la litera se separa y una blanca mano femenina, que tiene una rica pulsera, llena de perlas y rubíes, llama al jefe de los esclavos para que se acerque. El hombre obedece sin hablar. Escucha. Luego se separa y se acerca a un grupo de mujeres curiosas…

Y pregunta:

–                       ¿Dónde está el Rabí de Nazareth?

Una mujer contesta:

–                       En aquella casa. Pero a esta hora acostumbra ir al arroyo, donde hay como una isla pequeña. Allá donde están aquellos sauces, junto al álamo. Se pasa días enteros orando allí.

El esclavo regresa y da la información recibida.

La litera se pone en movimiento. El carro se queda. Los soldados siguen a la litera, hasta la ribera del torrente y cierran el camino.

Solo la litera sigue le borde del cauce, hasta la islita que está llena de matorrales, entre los que se sobresale el álamo. La litera atraviesa el riachuelo y se detiene…

Baja la nieta del emperador Augusto: Claudia Prócula con una liberta y hace señal a un esclavo negro para que la siga. Los demás, regresan a la ribera…

Los tres se dirigen hacia el álamo. La hierba ahoga el ruido de los pasos. Llega hasta donde está Jesús, absorto, sentado en la base del tronco.

1jesus MEDITANDO

Mira a sus dos acompañantes y con una orden silenciosa, les dice que no la sigan.

Claudia lo llama…

Jesús levanta la cabeza y se pone de pie al ver a Claudia. La saluda sin inclinarse…

Jesús dice:

–                       La Paz sea contigo…

No se muestra sorprendido, ni disgustado.

La esposa del Procónsul responde:

–                       Salve, Maestro.

Jesús se mantiene a la expectativa…

Claudia, después de saludarlo, le dice:

–                       Maestro, fueron a ver a Poncio algunos… No quiero hablar mucho. Pero porque te admiro te digo, como habría dicho a Sócrates, si hubiese vivido en sus tiempos o a cualquier otro hombre virtuoso a quién injustamente se le persigue: No puedo hacer mucho, pero lo que puedo, lo haré.

1imperator

Y mientras tanto, escribiré a donde puedo, para tenerte seguro y además… Potente.

1Carl_Theodor_von_Piloty_Caesars_Death

Tantos que no lo merecen viven en tronos y en altos lugares…

1cesar_rubens

Jesús declara:

–                       Domina, no te he pedido ni honores, ni protección. Que el verdadero Dios te pague tu buen corazón… Da tus honores y tu protección a quién los desea como algo digno. Yo no los deseo.

Claudia sonríe llena de alegría y exclama:

–                       ¡Ah! ¡Esto era lo que quería! ¡Eres en verdad el Justo que he presentido! Y los otros… ¡Tus indignos calumniadores! Fueron a vernos y…

–                       No es necesario que hables, Domina. Lo sé.

–                       ¿Sabes también que se dice que por tus pecados has perdido tu poder y por eso vives aquí como desterrado?

–                       También lo sé. Y sé que a esto le diste más crédito que a lo primero. Porque tú inteligencia pagana puede discernir la grandeza o bajeza a que puede llegar un hombre. Pero no puedes comprender todavía la grandeza del espíritu.

Estás… desilusionada de tus dioses que en tu religión siempre están peleando y apenas si tienen poder alguno, sujeto a caprichos mutuos. Y crees que así es el Dios Verdadero.

1MichaelClarke

Pero no. Soy el Mismo que cuando me viste por primera vez curar a un leproso. Y sigo siendo el mismo. Y lo seré, aun cuando parezca que todo se ha acabado… –Jesús señala al negro grande y pregunta-  ¿No es aquel tu esclavo mudo?

–                       Sí, Maestro.

–                       Dile que venga.

Claudia lo llama con la mano y le grita:

–                       ¡Ven!

Y el hombre se acerca. Se postra en el suelo, entre Jesús y su patrona. Su corazón de esclavo no se atreve a venerar a Jesús como quisiera, por miedo a que su patrona lo castigue. No obstante, mirando con ojos suplicantes a Claudia; vuelve a hacer lo que hizo en Cesárea: toma el pie desnudo de Jesús entre sus manos negras y poniendo su cara contra el suelo, se pone el pie sobre la cabeza.

1cprocula

Jesús dice:

–                       Escucha Domina, ¿Qué cosa crees que sea más fácil? ¿Conquistar por sí mismo un reino o hacer renacer una parte del cuerpo que no existe?

Claudia contesta:

–                       Un reino, Maestro. La fortuna ayuda a los audaces. Pero nadie fuera de Ti, puede hacer que vuelva a la vida un muerto o que vea, al ciego.

–                       ¿Y por qué?

–                       Porque… Porque solo Dios puede hacerlo.

–                       ¿Entonces para ti Soy Dios?

Claudia lo mira y se ruboriza…

Pero contesta decidida:

–                       Sí. O por lo menos, Dios está contigo…

Orig 592

–                       ¿Puede Dios estar con un perverso? Hablo del Dios Verdadero. No de vuestros ídolos que son ficción que se forja, el que ignora lo que es la Verdad. Y fantasmas que se crean para apagar la sed de su alma…

–                       No… diría yo. No podría estarlo. Nuestros mismos sacerdotes pierden su fuerza cuando están en culpa.

–                       ¿Qué poder?

–                       De leer en los signos del cielo y en las respuestas de las víctimas. En el vuelo de las aves, en su canto… ¿Sabes?… Los augures, los arúspices…

–                       Lo sé. Lo sé. Mira…

Jesús se vuelve al esclavo y le dice:

–                       Tú, levanta la cabeza. Abre la boca de la que hombres crueles te privaron de un don de Dios. Y por voluntad del Dios Verdadero, Único, Creador de cuerpos perfectos, vuelve a tener lo que te arrancaron.

Jesús mete su dedo blanco en la boca del mudo…

La liberta Álbula Domitila, curiosa se acerca…

Claudia se inclina a ver.

Pasan algunos minutos y el esclavo comienza a llorar…

Jesús saca su dedo y dice:

–                       Habla y úsala para alabar al Dios Verdadero.

E inmediatamente, ronco como el ruido de una trompeta, el hombre que hasta ahora había estado mudo…

Grita:

–                       ¡Jesús!

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cae en tierra llorando de alegría y lamiendo realmente los pies de Jesús, como lo haría un perro agradecido.

Jesús mira a Claudia y le pregunta:

–                       ¿He perdido mi poder, Domina?…  A quién insinúe esto, dale esta respuesta.

Claudia está con la boca abierta por el asombro más absoluto…

Jesús dice al esclavo:

–                       Levántate. Sé bueno pensando en lo mucho que te he amado. Desde aquel día en Cesárea te he traído en mi corazón y contigo a todos tus iguales. Se os considera mercancía inferior a los animales, cuando sois hombres iguales a César por el nacimiento y tal vez mejores, por el corazón…   -Jesús se vuelve a Claudia-   Puedes irte Domina. No hay nada más que hablar…

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Claudia objeta.

–                       Sí. Hay algo más. Que yo había dudado… Que con dolor casi estaba a punto de creer lo que se decía de Ti. Y no solo yo. Fuera de Valeria que sigue constante en su modo de pensar; perdónanos a todas las demás. Y también te regalo a éste que de nada me sirve ahora que habla. Y esta bolsa de dinero…

–                       No.

La voz de Claudia está llena de angustia:

–                       ¡Entonces no me has perdonado!

Jesús dice con amor:

–                       Perdono aún a los de mi pueblo, que son dos veces culpables por no reconocer lo que Soy.  ¿Y no iba a perdonaros a vosotros que carecéis de todo conocimiento divino? Bueno… Dije que no aceptaba ni el dinero, ni a éste. Ahora acepto el dinero- Jesús extiende la mano y toma la bolsa que Claudia le ofrece. Y agrega-  Para que éste sea libre, para que vaya a su patria a decir que está en la tierra El que ama a todos los hombres. Y que más los ama, cuantos más infelices los ve.

Luego mirando a Claudia dice:

–                       Ten tu bolsa.

Claudia rehúsa:

–                       No, Maestro. Es tuya. Este queda libre. Es mío. Te lo doy. Tú lo libertas. No hay necesidad de dinero.

1cp

–                       Entonces…  -Jesús pregunta al hombre- ¿Cómo te llamas?

El hombre contesta:

–                       Por burla me llamaban Calixto. Pero cuando fui aprehendido…

–                       No importa. Sigue con el mismo nombre. ¡Y haz que sea realidad al hacer bellísimo tu espíritu! Vete y sé feliz, porque Dios te ha salvado.

¡Irse!… El negro no se cansa de besar y de repetir:

–                       ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!

Calixto nuevamente se pone el pie sobre su cabeza diciendo:

–                       Tú eres mi único patrón.

Jesús objeta:

–                       No. Yo. Yo soy tu verdadero Padre.

Jesús lo envuelve con una mirada de amor infinito.

Luego dice a Claudia:

–                       Domina, procura que regrese a su patria. Emplea el dinero y lo demás, que se le dé a él. Adiós domina y no des oído a las voces de las tinieblas. Sé justa. Trata de conocerme. Adiós Calixto. Adiós Domina.

Jesús, de un solo brinco, pasa el arroyo por la parte contraria a donde está la litera. Y se mete entre los sauces y el cañaveral.

Claudia llama a los portadores y sube pensativa.

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Pero si ella guarda silencio; la liberta y el esclavo hablan por diez. Y hasta los mismos legionarios pierden su férrea disciplina, ante el prodigio de una lengua que ha renacido.

Claudia está demasiado pensativa, para ordenar silencio. Recostada en la litera se queda absorta… Ni siquiera se da cuenta de que la liberta no está con ella, sino que se ha puesto a hablar con los portadores…

Y Calixto con los legionarios, relatándoles lo sucedido. ¡Es demasiado grande la emoción, para guardar silencio!…

Regresan al cruce de Bethel y Rama. La  litera deja Efraím, para reunirse al resto del cortejo…

1claudiaprocula

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA