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204 APÓSTOL DEL AMOR


204 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La comitiva apostólica sufre un cambio en su séquito.

Ya no viene más el macho cabrío.

Y en su lugar vienen trotando una oveja y dos corderillos.

La oveja está gorda; las ubres llenas y los corderitos alegres.

Un minúsculo rebaño que, por su aspecto menos mágico que la negrísima cabra, da más alegría a todos.

Jesús dice:

–    Os había dicho que quería la cabrita para Margziam.

Para que fuese un pequeño pastor feliz..

En vez de la cabrita, dado que no queréis saber nada de cabras, han venido ovejas.

Y además blancas, exactamente como Pedro las soñaba.

Pero en lugar de ella; porque a vosotros no os gustaba, tenemos ovejas blancas…

¡Eh! Tal cual la soñaba Pedro…

Pedro confirma:

–    Tienes razón.

Me parecía que el macho cabrío nos arrastraba en pos de Belcebú.

Judas dice irritado:

–    Y de hecho…

Desde que estuvo con nosotros, nos pasaron cosas muy desagradables.

Era el sortilegio que nos perseguía.

Juan contesta calmadamente:

–    Entonces era un buen sortilegio. ¿No?

Nada malo nos sucedió.

Todos desaprueban, como recriminándolo por su ceguera:

–     ¿Pero no has visto cómo se han burlado de nosotros en Modín?

–     ¿Te parece nada la caída de mi hermano?…

–     Pues se podía haber hecho daño de verdad…

–     Y si se hubiera roto las piernas o la columna… 

–    ¿Cómo nos las hubiéramos arreglado para transportarlo?;

–    ¿Te ha parecido bonito el entreacto de ayer?

Juan dice: 

–    He visto todo.

Todo lo he considerado. Y he bendecido al Señor porque no nos ha sucedido nada malo.

El mal ha venido hacia nosotros, pero luego se ha alejado, como siempre.

El encuentro con el mal ha servido para dejar la simiente del bien, tanto en Modín como con los viñadores; 

que vinieron inmediatamente con la certeza de encontrar una persona al menos herida; 

arrepentidos por haberse comportado sin caridad, hasta el punto de que quisieron reparar el mal de alguna forma.

Y también con los ladrones de ayer noche, que no han hecho ningún mal.

Además, hemos ganado – bueno, Pedro nos ha conseguido

las ovejas a cambio del macho cabrío y como regalo por haber salido ilesos.

Por si fuera poco, ahora tenemos mucho dinero para los pobres:

Las bolsas que nos han dado los mercaderes y las ofrendas de las mujeres.

Además todos – y es lo que más valor tiene – han recibido la palabra de Jesús.

Zelote ratifica:

–   Juan tiene razón.

Tadeo agrega:

–    Parece que todo lo que hubiese sido malo se convirtió en un bien.

Voltea hacia Jesús,

y agrega:

–    Hermano, dime la verdad.

¿Tú sabías lo que nos iba a suceder?

«Da la impresión de que todo suceda por una clara cognición de las cosas venideras.

¡Mira que encontrarnos precisamente allí, con retraso por causa de mi caída,

junto a aquellas mujeres enjoyadas!

¡Con esos pastores de gordos rebaños, con esos mercaderes repletos de dinero!…

Todos ellos magníficas presas para los ladrones.

Hermano, dime la verdad, ¿Sabías que iba a suceder lo que ha sucedido? 

Jesús contesta:

–     Muchas veces os he dicho que leo en los corazones.

Y que cuando el Padre no dispone de otro modo; no ignoro lo que debe suceder.

Judas de Keriot le pregunta:

–    Entonces, ¿Por qué a veces cometes errores, como los de ir al encuentro de fariseos que son hostiles o de ciudadanos que no nos quieren?

Jesús lo mira fijamente, por unos segundos…

Y luego responde con calma:

–     No son errores.

Es algo inherente a mi misión.

Los enfermos tienen necesidad del Médico y los ignorantes del Maestro.

Algunas veces, unos y otros rechazan al Médico y al Maestro

Pero éstos, si son buenos médicos y buenos maestros,

siguen yendo a quienes los rechazan, porque es su deber…

Vosotros querríais que donde me presente se desvanezca toda resistencia.

Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie.

Persuado.

La coacción se usa tan solo en casos muy excepcionales.

Y sólo cuando el espíritu iluminado por Dios; 

comprende que tal gesto puede servir para persuadir de que Dios existe y es el más fuerte.

O también en casos de salvación múltiple.

Pedro pregunta:

–   ¿Cómo ayer noche?

Judas de Keriot dice con significativo desprecio:

–     Los ladrones de anoche tuvieron miedo al vernos bien despiertos para recibirlos. 

Tomás objeta: 

–    No.

Las palabras los persuadieron.  

Felipe comenta: 

–    ¡Sí! ¡Estás listo!

¡Como si fueran tiernas almas que se dejan persuadir por dos palabras, aunque sean de Jesús!

¡Bien presente tengo aquella vez que nos asaltaron a toda mi familia, a mí…

y a muchos de Betsaida en el desfiladero de Adomín! 

Santiago de Zebedeo, pregunta:

–    Maestro, dime la verdad.

Desde ayer te lo quería preguntar.

¿Fueron en verdad tus palabras o tu voluntad, lo que hizo que no sucediera nada?

Jesús sonríe y calla.

Mateo responde:

–    Yo creo que fue su voluntad…

La que venció la dureza de esos corazones, para paralizarlos y así poder hablarles y salvarlos.

Andrés dice:

–    Yo también soy de esa opinión.

Por eso se quedó allí solo, mirando al bosque.

Los tenía subyugados con su mirada, con su confianza en ellos, sereno e inerme.

¡No tenía ni siquiera una estaca!… 

Pedro dice: 

–    Bien, de acuerdo. 

 Pero todas estas cosas es lo que decimos nosotros, son ideas nuestras.

Yo lo quiero saber del Maestro. 

Entonces se enciende un vivo debate, que Jesús permite; 

entre Bartolomé quien piensa que, habiendo declarado Jesús que no fuerza a nadie;

no habrá aplicado la violencia tampoco con estos ladrones,.

Y por otra parte Judas apoyado moderadamente por Tomás,

que dice que no puede creer que la mirada de un hombre tenga tanto poder.

Todos se muestran tenaces en su propia tesis, de forma que se elevan «síes» y «noes» discrepantes, violentos.

Juan, como Jesús, guarda silencio, sonríe con la cabeza inclinada (lo hace para disimular su sonrisa).

Pedro vuelve al asalto, porque ninguna de las razones de los compañeros lo convence.

Piensa que la mirada de Jesús es distinta que la de los otros hombres;

pero quiere saber si es por ser Jesús, el Mesías, o por ser Dios.

Iscariote apoyado ligeramente por Tomás,

dice:

–    No puedo creer que la mirada de un hombre tenga tanta fuerza.  

Mateo replica:

–  Esto y algo más.

Yo me convertí al contacto, primero de su mirada que de sus palabras.

Pedro dice:

–     ¡Está bien!

Pero esto lo decimos nosotros.

Son ideas nuestras.

Quiero saberlo del Maestro.

La mirada de Jesús es diferente a la de cualquier hombre.

Y pregunta: 

¿Es porque eres el Mesías?

O ¿Por qué eres siempre Dios? 

Jesús toma la palabra:

–    En verdad os digo que no solo Yo;

Sino cualquiera que esté unido íntimamente a Dios con una santidad, una pureza, una fe sin tacha;

podrá hacer esto y mucho más.

La mirada de un niño, si su espíritu está unido a Dios;

puede hacer que se desplomen los templos sin necesidad de imprimir ninguna sacudida como lo hizo Sansón;

puede ordenar la mansedumbre a las fieras y a los hombres-fiera;

rechazar la muerte, domeñar las enfermedades del espíritu.

De la misma forma, la palabra de un alma víctima corredentora,

fundida con el Señor e instrumento del Señor;

puede curar enfermedades, quitar el veneno a las serpientes, obrar cualquier milagro.

Porque Dios obra en él.Lo mismo que los hombres fieras, rechazar la muerte, derrotar las enfermedades del espíritu.

Pedro exclama:

–     ¡Ah! ¡He entendido!

Mira fijamente a Juan y luego concluye su razonamiento que tenía fermentando en su interior,

Agregando:

–     ¡Cierto!

Maestro, Tú lo has podido porque Eres Dios y porque Eres Hombre unido con Dios. 

Y lo mismo sucede con quién llega a estar fusionado por el amor con Dios.

¡He entendido perfectamente

Jesús lo mira y pregunta:

–    Pero, ¿No te preguntas acerca de la clave de esta unión y el secreto de este poder?

No todos lo alcanzan, incluso en el caso de hombres dotados de iguales capacidades.

–    ¡Exacto!

¿Dónde está la clave de esta fuerza para unirse a Dios y someter las cosas?

¿Es una oración, o quizás palabras secretas…?

Jesús responde: 

–    Hace poco Judas culpaba a la cabra de todos los momentos desagradables que han ocurrido.

Las bestias no traen ningún sortilegio consigo.

Arrojad de vosotros esas supersticiones que huelen a idolatría y que pueden acarrear males.

Los brujos obran prodigios porque al ser posesos de Satanás,

es el Arcángel caído que sigue siendo poderoso, el que obra los sortilegios.

Y así como no existen fórmulas para hacer brujerías,

así tampoco existen para hacer milagros. 

Tan solo existe el Amor.

Si Dios está en vosotros y lo poseéis de un modo pleno, por medio de un amor perfecto;.

El ojo se convierte en fuego o en un arma que desarma.

Y la palabra se hace poderosa. 

Como he dicho ayer por la noche, el Amor calma a los violentos y sacia a los codiciosos.

El Amor es Dios.

Con Dios en vosotros, plenamente poseída por el mérito de un amor perfecto;

vuestra mirada se transforma en fuego que quema todo ídolo y echa por tierra sus imágenes.

Y la palabra se transforma en potencia.

Y os digo, la mirada es entonces, arma que  desarma.

Dios, el Amor, es irresistible.

Sólo el demonio le resiste, porque es el Odio perfecto.

Y con él, los que son hijos suyos.

Los otros, los débiles, los que están subyugados por una pasión,

pero que no se han vendido voluntariamente al demonio, no lo resisten.

Sea cual sea su religión,o su abstención completa de fe.

Sea cual sea su bajeza espiritual, reciben el impacto del Amor, que es el gran Vencedor.

Trata de llegar a esto pronto… 

Y harás lo que hacen los hijos y portadores de Dios.

Pedro no quita los ojos de Juan.

También las inteligencias de Simón Zelote, los hijos de Alfeo, Santiago y Andrés,

se han despertado e indagan.

Santiago de Zebedeo dice: 

–    Pero entonces, Señor… 

 ¿Qué es lo que le ha acontecido a mi hermano?

Hablas de él.

¿Es él el muchacho que hace milagros?

Es eso?,

¿Es así? ¿Qué ha hecho?

–    Ha pasado una página del libro de la Vida, ha leído y ha conocido nuevos misterios.

Nada más.

Os ha precedido porque no se detiene a considerar cada uno de los obstáculos…

A sopesar cada dificultad, a calcular si compensa o no…

Ya no ve este mundo, ve la Luz y a ella va, sin momentos de pausa.

Dejadlo, dejadlo tranquilo.

Hay almas que arden más que otras.

No se debe poner dificultad a este fuego suyo que alegra y consume.

Hay que dejarlas arder, lo cual es al mismo tiempo sumo gozo y sumo esfuerzo.

Dios les concede momentos de noche;

porque sabe que el ardor mata a estas almas-flor,  si están expuestas a un sol continuo.

Dios concede silencio y místico rocío a estas almas-flor, como a las flores del campo.

Dejad descansar al atleta del amor cuando Dios lo deja descansar.

Imitad a los preparadores de los gimnastas…

que conceden a éstos el debido descanso…

Cuando lleguéis vosotros adonde él ha llegado…

Y más lejos, pues tanto vosotros como él llegaréis a más todavía…

Comprenderéis la necesidad de respeto, de silencio…

De penumbra que experimentan esas almas de las que el Amor se ha apropiado…

«¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Y a las que ha hecho instrumento suyo.

Y no penséis:

«Llegado ese momento querré darlo a conocer.

Juan se comporta como un necio, porque el alma del prójimo, como la de los niños,

desea la seducción de lo maravilloso».

No.

Cuando lleguéis a ese estado, sentiréis el mismo deseo de silencio y penumbra que ahora siente Juan.

Cuando yo no esté ya con vosotros, acordaos de que,

teniendo que juzgar sobre una conversión o sobre una santidad exuberante

debéis tomar siempre como medida la humildad.

Si en alguien perdura el orgullo, no os hagáis ilusiones de que se haya convertido.

Y si en alguien; aun cuando sea tenido por ‘santo’, reina la soberbia;

estad seguros de que santo no es.

Podrá como charlatán e hipócrita, hacerse el santo y simular prodigios.  

Pero no es santo:

La apariencia es hipocresía; los prodigios, satanismo.

¿Habéis entendido?

-Sí, Maestro….

Todos, muy pensativos, guardan silencio.

Pero, aunque las bocas estén cerradas,

los pensamientos se adivinan con claridad a través de sus miradas y expresiones.

Los envuelve, como un éter tembloroso que emanase de ellos, un gran deseo de saber.

Simón Zelote se esfuerza en distraer a sus compañeros, para tener tiempo de aconsejarlos aparte; 

para insistir en que sepan callar.

Al parecer Simón Zelote tiene encargado este ministerio en el grupo apostólico;

es el moderador, el conciliador, el consejero de sus compañeros; 

además de ser un apóstol que comprende muy bien al Maestro.

En este momento está diciendo:

–    Estamos ya en las tierras de Juana.

Aquel pueblo que se ve en aquella cuna es Béter

Aquel palacio que está en aquella cima es su castillo natal.

¿No percibís este perfume del aire?

Son los rosales, que empiezan a perfumar bajo el sol de la mañana;

por la tarde es una exuberancia de aromas.

Pero ahora, con el frescor de la mañana es precioso verlos, aljofarados todavía de rocío;

como millones de diamantes desparramados sobre millones de corolas que florecen.

Cuando declina el sol recogen todas las flores que están completamente abiertas.

Venid. Os quiero mostrar desde una loma la vista de los rosales,

que desde la cima rebosan como en cascada…

Y van descendiendo por los rellanos de la otra ladera.

Una cascada de flores, que luego vuelve a subir como una ola, por las otras dos colinas.

Es un anfiteatro, un lago de flores.

¡Espléndido

El camino es más empinado, pero merece la pena ir, porque desde aquel borde se domina todo ese paraíso.

Llegaremos pronto también al castillo.

Juana vive allí libre, con sus campesinos, que es la única vigilancia de tanta copiosidad.

Pero quieren tanto a su ama, que hace de estos valles un edén de belleza y paz…

que son más eficientes que toda la guardia de Herodes.

Mira Maestro; mirad, amigos…

Y con el gesto indica un semicírculo de colinas invadido de rosales.

La mirada, en cualquier parte en que se deposite ve,

bajo altísimos árboles que tienen la función de proteger del viento, de los rayos de sol demasiado intensos…

Y de las granizadas, un sinfín de rosales.

El sol traspasa y el aire circula bajo este leve techo, que hace de velo pero no ahoga.

Y que los jardineros mantienen en las debidas condiciones:

debajo viven, felices, los más bellos rosales del mundo.

millares y millares de rosales de toda especie:

enanos, bajos, altos, altísimos; formando un matorral, como cojines recamados de flores al pie de los árboles. 

O esparcidos por los prados de verdísima hierba, formando setos a lo largo de los senderos…

y de los leves cursos de agua.

O en círculo alrededor de los estanques de riego que están  diseminados,

por este parque que comprende también colinas.

Enroscados en los troncos de los árboles y tendiendo de uno a otro…

sus cabelleras florecidas, para formar festones y guirnaldas.

Es una cosa realmente de sueño.

Todos los tamaños, las tonalidades, están representados.

Y se entremezclan colocando los colores marmóreos de las rosas de té,

al lado del sangriento ardor de otras corolas.

Y reinando soberanas por número, las verdaderas rosas del color de mejilla infantil

que va atenuándose hacia los bordes, hasta una tonalidad blanquecina rosácea

Todos quedan impresionados por tanta belleza. 

Felipe pregunta:

–     ¿Para que quiere todo esto? 

Tomás responde: 

–    Lo goza.  

Simón explica: 

–    No.

También saca esencias, con lo cual da trabajo a cientos de jardineros y de trabajadores de las prensas,

para extraer esencias.

Los romanos las solicitan con avidez.

Jonathán me lo decía mientras me mostraba las cuentas de la última recolección.

Pedro mira y dice:

–    Pero…

Ahí está María de Alfeo con el niño.

Nos han visto. Están llamando a las otras…

Así es.

Juana y las dos Marías, precedidas de Margziam, que baja corriendo,

con los brazos ya preparados para el abrazo…

Vienen deprisa, hacia Jesús y Pedro.

Se postran ante Jesús.

Jesus with his arms open and posing outdoors

Que las saluda sonriente,

y preguntando:

–    Paz a todas vosotras.

¿Dónde está mi Madre?

Juana responde: 

–    Entre los rosales, Maestro.

Está con Elisa, ¡Que está bien curada y puede afrontar el mundo y seguirte!

¡Gracias por haberte servido de mí para esto!

–    Gracias a ti, Juana.

¿Ves como era provechoso venir a Judea?

Y mirando al niño le entrega, 

diciendo: 

–    Margziam, estos regalos son para ti:

Este bonito muñeco y estas lindas ovejitas.

¿Te gustan?

El niño, de la alegría, se ha quedado sin respiración.

Se echa hacia Jesús, que se había agachado para darle el muñeco y se había quedado mirando su rostro.

Y se abraza a su cuello y lo besa con toda la vehemencia de que es capaz.

–    Así te harás manso como las ovejas. 

Y luego serás un buen pastor para los que crean en Jesús.

¿Verdad?

Margziam dice «sí, sí, sí» con la respiración entrecortada…

Y los ojos brillantes de alegría

–    Ahora ve donde Pedro.

Yo voy con mi Madre.

Veo allí una parte de su velo moviéndose a lo largo de un seto de rosas.

Y corre al encuentro de María. 

Y la recibe abrazándola contra su corazón a la altura de la curva del sendero.

Después del primer beso…

María, todavía jadeante,

explica:

–    Detrás viene Elisa…

He corrido para besarte…porque, Hijo mío, no besarte no podía…

Y besarte ante ella, no quería…

Está muy cambiada…

Pero el corazón sigue doliendo ante una alegría ajena, que a ella le ha sido negada para siempre.

Ahí viene

Elisa recorre veloz los últimos metros y se arrodilla para besar la túnica de Jesús.

Ya no es la mujer de trágica imagen de Betsur.

Ahora es una anciana austera, marcada por el dolor;

solemne por la huella que la pena ha dejado en su rostro y su mirada.

Elisa lo saluda: 

–    ¡Bendito seas, Maestro mío!   

¡Ahora y siempre, por haberme procurado de nuevo lo que había perdido!

Jesús responde: 

–    Paz cada vez mayor a ti, Elisa.

Me alegro de verte aquí.

Levántate

–    Yo también me alegro.

Tengo muchas cosas que decirte y que preguntarte, Señor.

–    Tendremos todo el tiempo que queramos…

Dado que pienso permanecer aquí unos días.

Ven, que quiero que conozcas a los condiscípulos.

–    ¡Oh!…,

¿Entonces has entendido ya lo que quería decirte?

¿Que quiero renacer a vida nueva: la tuya.

Tener de nuevo una familia: la tuya.

Unos hijos: los tuyos.

Como dijiste en mi casa, en Betsur, hablando de Noemí.

Yo soy una nueva Noemí gracias a ti, Señor mío.

¡Bendito seas por ello!

Ya no vivo afligida, ni soy infecunda.

Seré todavía madre.

Y si María lo permite, incluso un poco madre tuya; además de madre de los hijos de tu doctrina.

–    Sí, lo serás.

María no se sentirá celosa y Yo te querré de forma que no te arrepentirás de tu decisión.

Vamos ahora a ver a los que quieren decirte que te quieren como hermanos.

Y Jesús la toma de la mano y la lleva con su nueva familia.  

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El viaje en espera de Pentecostés ha terminado.

159 ENTRE EL CIELO Y …


159 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús despide las barcas diciendo:

–   No regresaré. 

Y seguido  por los suyos a través de un área que desde la ribera se veía frondosa, se dirige a un monte.

Los apóstoles malhumorados, caminan en silencio hablándose con los ojos.

Avanzan despacio por el camino que atraviesa esta región hermosa pero agreste, en la que es muy difícil caminar,

por los lugares engañosos de hierbas que parecen haber nacido en suelo firme y que ocultan hoyos de agua en los que de repente se sume el pie.  

Es en efecto, una zona llena de espadañas que se enredan en los pies;

de cañas que hacen llover en las cabezas la fina lluvia de rocío que se ha depositado en sus hojas de forma de gruesos cuchillos;

llena de nódulos que golpean el rostro con el duro mazo de su fruto desecado; de frágiles sauces colgantes, presentes en todas partes, que producen cosquilleo.

De zonas traicioneras de hierba, aparentemente arraigada en terreno duro, pero que en realidad oculta pozas de agua donde el pie se hunde.

Pues no son sino aglomerados de colas de zorra.

Y esto sucede porque solo son montones de amarantos que nacieron en pequeñas charcas y  las esconden formando trampas, a veces algo profundas.  

Jesús por su parte, parece deleitarse en todo ese verde con mil colores, con todas esas flores que se arrastran, que están enhiestas o se agarran a algo para subir… 

Flores que producen festones asperjados de leves campanillas de un rosa malva muy tenue.   

O que forman una alfombra delicada de color azul, por los millares de corolas de miosotis palustres. 

O que abren el perfecto cáliz de su corola blanca, rosada o azul entre las anchas hojas planas de los nenúfares.

Jesús contempla, admirado, los penachos de las cañas palustres, sedosos, cubiertos de aljófares;

Se inclina, dichoso, a observar la delicadeza de las colas de zorra, que ponen un velo de esmeralda a las aguas;

Se detiene extático, ante los nidos que hacen los pájaros con un ir y venir jubiloso, hecho de trinos, zigzagueos y trabajo alegre, con el piquito lleno de pajitas.

O de borra de las ramitas, o de vellones de lana arrebatada a los setos, que a su vez se la han arrebatado a los rebaños trashumantes…  

Parece la persona más feliz del mundo.

¡Qué lejos queda el mundo con sus perversidades, falsedades, dolores, insidias!

El mundo está allende los confines de este oasis verde y florido en que todo embalsama, resplandece, ríe, canta.

Ésta es tierra como ha sido creada por el Padre, no profanada por el hombre.

Aquí se puede olvidar al hombre.

Quiere que los otros compartan con El su gozo, pero no encuentra terreno propicio:

Los corazones están cansados y exasperados por un profundo mal humor, que trasciende las cosas.

E incluso al Maestro, en forma de mutismo cerrado, parecido al ambiente quieto que precede a una tormenta. 

Sólo su primo Santiago, Simón Zelote y Juan se interesan por lo que a Él le suscita interés.

Jesús  parece muy feliz con todo este verdor de tantos matices.

Con las flores, los pajarillos y sus nidos.

Va admirando el paisaje y su naturaleza.

Los demás apóstoles no comparten su entusiasmo…

Los corazones están cansados y agriados de tanta perversidad y traen un mutismo negro.

Parecen ausentes, por no decir hostiles.

De pronto se oye un grito de admiración, al ver a un halcón que llega hasta  su compañera, trayéndole un pescadito plateado.

Jesús dice:

–    ¿Puede haber algo más agasajador?

Pedro responde:

–   Más gentil, tal vez no.

Pero te aseguro que es más cómoda la barca. Aquí también está  húmedo y no hay comodidad.

Judas de Keriot dice:

–    Hubiese preferido el camino real a este…

«Jardín» si quieres llamarlo así. Y estoy completamente de acuerdo son Simón.

Jesús contesta:

–    Vosotros no quisísteis el camino real.

Bartolomé gruñe:

–     ¡Eh! Así es.

Pero hubiera sido preferible estar al alcance de los gerasenos…

Si hubiéramos continuado  al otro lado del río siguiendo por Gadara, Pela y más abajo

.Felipe concluye:

–    A fin de cuentas…

Los caminos son de todos y también nosotros podíamos pasar.

Jesús dice tranquilo:

–     Amigos… amigos.

Estoy afligido. Hastiado. No aumentéis más mi dolor con vuestras mezquindades.

Dejadme buscar un poco de consuelo, en las cosas que no saben odiar…  

El reproche dulce y triste, llega al corazón de los apóstoles.

Varios dicen al mismo tiempo:

–    Tienes razón, Maestro.

–    Somos indignos de Ti.

–   Perdona nuestra necedad.

–   Tú eres capaz de ver lo hermoso, porque eres Santo.

–     Y miras con los ojos del corazón.

–   Nosotros, piltrafa humana, no sentimos más que ésta… incomodidad.

–    No hagas caso.

Son tan solo nuestros cuerpos…

–    Nosotros…

Que no somos más que burda materia, sentimos sólo esta burda materia…

–    No hagas caso.

–    Puedes estar seguro de que aunque estuviéramos en un paraíso…

Sin Tí, estaríamos tristes; pero, contigo…

–    Para el corazón es siempre hermoso.

Son estos miembros los que se resisten.   

Jesús promete:

–     Dentro de poco saldremos de aquí.

Y encontraremos suelo más cómodo, aunque menos fresco.

Pedro pregunta:

–     ¿A dónde vamos exactamente?

–     A llevar la Pascua a algunos que sufren.

Hacía tiempo que quería hacerlo, pero no he podido.

Lo habría hecho al regreso a Galilea.

Ahora, que nos obligan a andar por caminos que no hemos elegido nosotros, iré a bendecir a los pobres amigos de Jonás.  

Y surge otro coro de quejas:

–     ¡Perderemos tiempo!

–     ¡La Pascua está ya cercana!

–     ¡Por distintos motivos, pero siempre hay retardos!

Es otro coro de lamentos que se eleva al cielo. 

Y Jesús con una santa paciencia…

Dice, sin regañar a ninguno:

–     No me pongáis obstáculos, os lo ruego.

Comprended que preciso amar y ser amado.

El único consuelo que tengo en la tierra es el amor y hacer la Voluntad de Dios.

–     ¿Y vamos por aquí?

–    ¿No hubiera sido mejor ir por Nazaret?

–     Si os lo hubiera propuesto, os habríais rebelado.

Nadie imaginará que estoy en esta zona…

Y lo hago por vosotros, porque… Tenéis miedo.

–     ¿Miedo?

–    ¡No, no!

–    ¡Estamos prontos para combatir por Tí!

–     ¡Rogad al Señor que no os ponga a prueba.

Sé que sois rencillosos, rencorosos.

Conozco vuestro vehemente deseo de dañar a quien me daña, de humillar al prójimo. 

Todo esto lo conozco.

Lo que no conozco es vuestro coraje.

Si por mí fuera, habría ido solo y por el camino normal.

Y no me habría sucedido nada, porque no ha llegado la Hora.

Pero siento compasión de vosotros.

Además, presto obediencia a mi Madre, y… sí, también esto…

No quiero que se sienta molesto el fariseo Simón.

Yo no les daré motivo, pero ellos sí mostrarán animosidad conmigo.  

Tomás dice:

–     ¿Y aquí por dónde se pasa?

No conozco bien esta zona.

–     Llegaremos al Tabor.

Lo bordearemos en parte. Luego pasaremos cerca de Endor para ir a Naím. Y de allí a la llanura de Esdrelón.

¡No temáis!… Doras, hijo de Doras y Jocanán, están ya en Jerusalén.  

Jesús promete:

–   Dentro de poco saldremos de aquí y encontraremos terreno más cómodo, aunque menos fresco.

Pedro pregunta:

–    ¿A dónde vamos?

–    Llegaremos al Tabor.

Lo rodearemos y pasando cerca de Endor,

iremos a Naím y después a la llanura de Esdrelón…

Juan exclama:

–    ¡Oh! ¡Será precioso!

Dicen que desde la cima, concretamente desde un punto de ella, se ve el mar grande, el de Roma.

¡Me gusta mucho! ¿Nos llevas a verlo?

Suplica Juan con su carita de niño grande, mirando a Jesús.

Jesús pregunta acariciándolo:

–    ¿Por qué te gusta tanto verlo?

–    No lo sé…

Porque es grande y no se le ve el horizonte. Me hace pensar en Dios.

Cuando estuvimos en el Líbano, por primera vez vi el mar. Porque yo sólo había navegado el Jordán o nuestro pequeño mar… 

Y lloré de emoción.

¡Tanto azul! ¡Tanta agua!…

¡Y que no se desborda nunca!…

¡Qué cosa más maravillosa!

Y los astros, que trazan caminos de luz sobre la superficie del mar…

¡Oh, no os riáis de mí!

Miraba el camino de oro del Sol hasta quedar deslumbrado.

El plateado de la luna hasta no tener más que su blancura fija en mis ojos.

Y los veía perderse en el horizonte.

Esos caminos me hablaban,

me decían:

«Dios está en aquella lejanía infinita,

Éstos son los caminos de fuego y pureza, que un alma debe seguir para ir a Dios.

Ven. Adéntrate en el infinito,

remando por estos dos caminos y encontrarás al Infinito».

Tadeo lleno de admiración,

exclama:

–     Eres poeta, Juan.

–     No sé si esto es poesía.

Solo sé que me enciende el corazón.  

Su hermano Santiago de Zebedeo, observa:

–     Pero si has visto el mar también en Cesárea y en Tolemaida.

Y muy cerca. ¡Estábamos en la orilla!

No veo la necesidad de recorrer tanto camino para ver más agua de mar.

En el fondo… Nosotros hemos nacido en el agua…  

Pedro exclama agregando:

–     ¡Y por desgracia…!

¡También ahora estamos en el agua!

Porque, habiéndose distraído un momento por escuchar a Juan,

no vio un enorme charco traicionero y ahora está chapoteando…  

Y termina siendo el primero en reir, mientras intenta salir.

Pero Juan responde a Santiago:

–     Es verdad.

Pero desde lo alto es espectacular:

Se ve más y más lejos; se piensa más alto y con más amplitud…

Se desea… Se sueña…

Juan verdaderamente ya está sumergido en un ensueño…

Mira hacia delante. Sonríe ante su sueño…

Su rostro es como una flor color carne salpicada de rocío:

Efectivamente, su piel lisa y clara de jovencito rubio, aparece intensamente aterciopelada,

y sonrojada por su inocencia de niño absorto en algo que lo extasía… 

Jesús mira a su predilecto y en voz baja,

pregunta:

–     ¿Qué deseas?

¿Qué estás soñando?

Parece un padre dirigiéndose con ternura a su más querido hijito, que habla mientras duerme dulcemente. 

Se lo pregunta con tanta dulzura, para no despertarlo del ensueño del alma, del enamorado  espiritual… 

Juan habla de sus más íntimos anhelos apostólicos,  

al responder:

–     Deseo ir por ese mar infinito…

Patmos, Grecia

Hacia otras tierras allende él…

Deseo ir allí para hablar de Tí… Sueño…

Sueño con ir a Roma, a Grecia, a los lugares oscuros para llevar la Luz…

Y así los que viven en las Tinieblas entren en contacto contigo y vivan en comunión contigo, Luz del mundo…

Sueño con un mundo mejor…

Con un mundo que mejorar a través de tu conocimiento. 

O sea, a través del conocimiento del Amor que nos hace buenos, puros, héroes…

Con un mundo que se ame en tu Nombre y que por encima del odio, del pecado, la carne, el vicio de la mente,

por encima del oro, por encima de todas las cosas, alce tu Nombre, tu Fe, tu Doctrina…

Y sueño con ir con estos hermanos míos por el mar de Dios,

recorriendo caminos de luz, a llevarte a Tí. 

De la misma forma que en su momento tu Madre te trajo del Cielo aquí, entre nosotros…

Sueño con ser ese niño que, no conociendo sino el Amor, se mantiene sereno incluso ante los tormentos…

Y que canta para infundir ánimo a los adultos, que reflexionan demasiado.

Y camina hacia la muerte sonriendo,

hacia la gloria con aquella humildad de quien no sabe lo que hace, de quien sólo sabe que está yendo a Tí, Amor…

Los apóstoles se han quedado sin respiración durante la extática confesión de Juan.

Parados donde están.

Miran al más joven, oyéndole hablar con los ojos ocultos por sus párpados cual velo extendido sobre el ardor que sube del corazón…

Miran a Jesús, que se transfigura de alegría al verse tan completamente identificado en su discípulo…

Juan termina de hablar en una posición un poco inclinada hacia el suelo…

Jesús lo besa entonces en la frente,

Y dice:

–     Iremos a ver el mar.

Para que sueñes otra vez con la realización de mi Reino en el mundo.    

Judas rompe el encanto, con el extremo opuesto de su nula espiritualidad…

Y la manifestación del verdadero Huésped Maldito que domina en su alma…

Al pedir:

–     Señor…

Has dicho que después vamos a Endor.

Muéstrate complaciente también conmigo…

Para que se me pase la amargura del juicio de aquel niño…  

Jesús responde:

–     ¿Pero todavía estás pensando en ello? 

–     Continuamente.

Me siento disminuido ante tus ojos y ante los ojos de los compañeros.

Pienso en lo que podáis pensar de mí… 

–     ¡Hay que ver cómo cansas tu cerebro por nada!

Yo ya ni siquiera pensaba en esa nimiedad. Y los otros, sin duda, igual.

Eres tú quien nos lo haces recordar…

Eres un niño acostumbrado sólo a las caricias y la palabra de un niño te ha parecido la condena de un juez.

No, no es a esta palabra a lo que debes temer.   

Lo que debes cuidar son tus acciones y verdaderamente temer al juicio de Dios.

De todas formas, para convencerte de que te quiero como antes, como siempre, te digo que haré lo que deseas.

¿Qué quieres ver en Endor? No es sino un mísero lugar entre rocas..

–     Llévame… y te lo diré.

–     Bien, de acuerdo.

Pero estáte atento a que luego no tengas que sufrir por ello.

–     Si para éste ver el mar no puede significar sufrimiento…

A mí no me puede perjudicar el ver Endor.

–     ¿Ver?… No.

Lo que puede hacer daño es el deseo de lo que se quiere ver cuando se mira. De todas formas, iremos…

Reanudan su camino.

Se dirigen hacia el Tabor, cuya mole se ve cada vez más cercana.

El suelo va perdiendo su aspecto traicionero, con su vegetación palustre y es cada vez más sólido.

Con menos vegetación, va dando paso a plantas más altas o a matas de clemátides y zarzas, con sus frondas nuevas y sus flores tempranas.

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P EL MINÚSCULO RESTO


Enero  25 2021

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios.

Un año termina, un año empieza, un año pasado con tribulaciones, pero siempre con Mi protección.

Un año nuevo que empieza, que vosotros podéis manipular fácilmente hacia vuestro bien.

Vuelvo a tomar el ejemplo de David y Goliat, éste último representando la maldad que ya os rodea en una forma tremenda.

Asustados estáis en lo económico, en lo social, en lo político, en vuestra salud.

Estáis atemorizados por los Jinetes del Apocalipsis que cercanos están ya a vosotros.

Goliat, representando todo ese mal.

Y David, representando la Virtud.

¡Con cuánta sencillez se presenta David a luchar contra Goliat!

Sin armadura, sin armas, solamente una honda.

Pero, ¿Qué tenía David para defenderse contra Goliat?

Mi Presencia, Mi Presencia Divina.

Y esa la tenéis todos vosotros, pero no la cultiváis.

Vosotros fácilmente, os repito, podéis vencer a ese Goliat que os está rodeando.

A ese Goliat que no os deja en paz, que no os deja pensar sabiamente.

Que no os deja vivir en libertad porque no lo estáis atacando.

Y no lo estáis atacando con Mis armas, no lo estáis atacando con la Virtud, con el Amor,

con una vida espiritual entregada a Mí, vuestro Dios.

Retomo las Palabras de Mi Hijo en los Evangelios: 

  26. Díceles: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. 27. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen? MATEO 8  

“Aquel que quiera seguir en pos de Mí,

podrá hacer las cosas que Me visteis hacer y aún mayores”.  (Juan 14,12)

¿Lo estáis haciendo, Mis pequeños? NO.

¿Estáis buscándoMe para crecer espiritualmente? NO.

Otra vez os vuelvo a decir que el Resto Fiel es muy pequeño,

¡MUY PEQUEÑO! ¿No os da vergüenza eso?

¿Acaso os sentís que pertenecéis a ese Resto Fiel?

Camináis seguros por la vida cuando Me tenéis a Mí, vuestro Dios.

Porque Mi Presencia está en vosotros por las Virtudes que os doy, que os protegen, pero

La persona que recibió la Primera Comunión es adulta y ella solicitó el servicio , en una celebración en un hospital en Guadalajara, Mexico…

14. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. 15. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5

¿Acaso las estáis tomando realmente, como defensa en vuestra vida?

¿Transmitís vida espiritual a vuestros hermanos?

¿Les ayudáis a ellos a defenderse contra el Goliat que os agobia a todos vosotros?

Prácticamente NO.

¿Cómo pues, os podéis defender contra ese Goliat si muchos de vosotros ya os disteis por vencidos?

¿Qué esperáis pues, de este año que empieza?

¿Ya no queréis luchar?

¿Ya no queréis vencer la Maldad de Satanás que os rodea…

y que la podéis vencer con la Oración, penitencia, ayuno, como se os ha pedido,

y con una vida espiritual profunda?

¿Ya no queréis pensar en lo que vendrá en este año

y solamente pensáis en cosas negativas?

¿Ya no queréis luchar contra esa Maldad que OS ESTÁ APLASTANDO,

que no os deja respirar,

pero que podéis VENCER fácilmente y renacer nuevamente en Mí?

Mis pequeños,

HABÉIS PERDIDO LA FE,

Habéis perdido ese afán de lucha,

Ya no queréis vencer, ya no queréis luchar, ya os habéis dado por vencidos.

No os espera un futuro halagüeño, os habéis dado por vencidos.

Vuelvo a repetir: El Resto fiel es muy pequeño.

El Resto Fiel está defendiendo la Fe, Mi Presencia en la Tierra,

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo. Y EL CORAJE DE UN GUERRERO…

Está defendiendo Mi Amor entre vosotros,

Os está defendiendo a la mayoría de vosotros con su Oración y su Intercesión.

Quería pensar que Yo tendría un ejército fuerte para luchar contra Satanás.

Y la gran mayoría de vosotros ya estáis vencidos por el miedo.

Ni siquiera os queréis enfrentar a Satanás, a ese Goliat que está frente a vosotros y os repito:

Lo podéis vencer fácilmente con un cambio de vida, con un cambio de actitud espiritual,

con una vida sacramental, con una vida en pureza y en amor,

éstas son cosas que Satanás no soporta, que las conocéis, pero no las buscáis.

¿Qué esperáis pues, Mis pequeños?

¡Estáis INDEFENSOS contra el Enemigo!

Sólo os queda caer por el alcantarillado.

No servís para nada ya, no servís ni para vosotros mismos.

No queréis buscar vuestra salvación, no queréis buscar la salvación de vuestros hermanos,

No queréis cumplir con lo que Yo os he pedido que cumpláis,

para que podáis regresar nuevamente al Reino de los Cielos.

Satanás os ha llevado a la situación espiritual en la que vivís.

Ya no sois almas en las que se pueda confiar.

La gran mayoría de vosotros vivís en pecado, en falsedades, en grandes errores espirituales.

Ciertamente, el ataque actual contra vosotros es tremendo,

PERO NO IMPOSIBLE DE SORTEAR

Seguís queriendo ver esa maldad del tamaño de Goliat, vosotros, pequeños Davides. 

La Virtud del Amor, la vida a la par Conmigo,

puede acabar fácilmente con esa Maldad que os rodea.

Pero tenéis que ser valientes, tenéis que levantaros,

tenéis que ser ejemplo ante el mundo y ante el Cielo.

No os dejéis vencer, Mis pequeños.

Porque el Espíritu de Dios NO NOS HACE COBARDES, al contrario, NOS DA PODER para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir, una buena vida cristiana, 2 Tim 1-7

Sois grandes, porque Yo os he creado para ser grandes.

Os he dado el Don de la vida y muchas Bendiciones, Gracias, Carismas, Dones, para poder vencer a ese Goliat,

pero el temor os ha llevado a caer y no os queréis levantar.

Si os unierais en Oración, si os arrodillarais a pedir Perdón por vuestros pecados,

si implorarais Mi Misericordia y Mi Ayuda,

lograríais fácilmente vencer a ese Goliat que os rodea.

En resumen Mis pequeños, este Año que empieza…

¿Será para vosotros de triunfo, porque lucharéis y querréis ser hijos Míos?

¿Esos hijos Míos que Yo quiero ver nuevamente en la Tierra, que seáis Mi pueblo, que Yo Sea vuestro Dios?

¿O ya os daréis por vencidos y entonces sí,

el poder de Satanás arrasará con todo y con todos en vuestro mundo?

Os aviso desde ahora, ¿Salvaréis vuestra vida y vuestro mundo?

o ¿Dejaréis que Satanás os destroce y destroce vuestro hogar terreno? 

Visión: Veo un crucifijo con Dios Nuestro Señor, pero está flotando en el aire,

no está el crucifijo clavado en la tierra,

y veo atrás del crucifijo, o sea, a espaldas de Dios Nuestro Señor,

el Rostro de Dios Padre que abarca todo el tamaño de la Cruz.

Está un poco más alejado, pero se ve que es el Rostro de Dios Padre de tamaño grande…

Y nos dice Dios Padre:

Pocos, muy pocos llegaron a verMe a Mí en la Presencia de Mi Hijo.

Y aun ahora, pocos también Me ven así.

Uno de los Apóstoles Le preguntó: “Déjanos ver al Padre”

y Mi Hijo le respondió: “El que Me ve a Mí, ve a Mi Padre”.

Mis pequeños, Yo Soy el Hacedor de todo, Yo Soy vuestro Creador, Soy el Amor Infinito.

Todo ha salido de Mí, pero aun ahora pocos Me dan ese mérito de Creador,

de Salvador y de vuestro Guía espiritual.

Es Mi Trinidad Sacrosanta la que os protege, la que os guía, la que os da vida.

¡Vida, Mis pequeños!

Una Vida Divina, porque Yo habito en vosotros.

Y aquél que se deja mover por Mí queda transfigurado.

Aquél que se deja mover por Mí, que se deja poseer por Mí,

ya no vuelve a ser el mismo porque Me ha conocido a Mí,

ha conocido el Verdadero Amor, ha conocido a su Creador,

ha conocido lo que es la Verdadera Vida

y no la vida que ahora tenéis, vida humana llena de pecado,

llena de maldad con la que tenéis que luchar todos los días.

«¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Aquél que se deja mover por Mí llega a niveles inmensos, altísimos de santidad.

Porque Yo, al Vivir en un alma, la transformo,

para que Yo Mismo esté contento de vivir en esa alma.

Yo no puedo vivir en donde se vive en pecado, en maldad, en error,

Yo vivo en almas santas, las transformo, las adorno, las llevo a niveles sublimes

en donde Yo esté contento de vivir en vosotros y, en consecuencia,

vosotros estaréis infinitamente también contentos de tenerMe a Mí en vuestro interior,

en vuestra vida, en vuestros actos.

Desde ese momento, Mi Sabiduría actúa en vosotros.

Ya no actuáis como vuestros hermanos actúan,

especialmente aquellos que no quieren dejarMe vivir en su ser.

Cuando un alma se deja poseer, viene a ser Presencia Viva de Mí, vuestro Dios, entre los hombres.

Mi Hijo Se manifestó ante los hombres, pero en ese momento y como lo es ahora también,

Satanás dominaba el mundo, la maldad era inmensa, como ahora lo estáis viviendo.

Y por eso pocos, MUY POCOS, aceptaron Mi Presencia en Mi Hijo.

Y aquellos que quieren estar Conmigo, que se dejan poseer, que se dejan guiar por Mi Sabiduría Divina,

por Mi Voluntad, por el Amor Perfecto, que es el que Yo os doy por estar Conmigo, son atacados.

Son atacados por las fuerzas de Satanás, pero al final Mi Presencia en vosotros triunfa.

Muchos son los llamados, pocos los escogidos.

Y los escogidos son almas valientes, almas que Me dejan vivir plenamente en ellas…

Y a las que Yo utilizo para la salvación de muchos.

Mi Amor es Infinito, Mi Amor es Grande, Mi Amor es Divino,

pero pocos aprecian tan grande Obra Mía en las almas.

Debéis aprender a apartaros del mundo,

pero no, no descuidando vuestras obligaciones de estado,

ni dejando a vuestros hermanos sin ayuda espiritual. 

Cuando Yo escojo un alma, la voy dotando de capacidades espirituales inmensas

y de esta forma, pueden hacer lo que muchos hombres harían.

Dejaos, pues, manejar por Mí.

Dejaos que Yo os transfigure, que Yo os vuelva otros Cristos en este Tiempo…

Para que Me ayudéis a la salvación de muchísimos de vuestros hermanos que han sido manipulados por Satanás.

Que los ha apartado de Mis Verdades y que los está llevando al desfiladero, para la perdición de sus almas.

Manteneos, pues, Conmigo, Mis pequeños.

En estos momentos no entendéis plenamente lo que quiere decir esa transfiguración… (1)

Y sobre todo, las Capacidades, Dones, Virtudes con las que Yo os puedo dotar.

Así que simplemente dejaos mover por Mí, vuestro Dios y Creador.

Ya os di vida, ya os creé, tenéis un alma y un cuerpo, pero

Os estoy llevando a una segunda transformación,

a una segunda y verdadera transfiguración

en la cual vosotros Me ayudaréis en este momento de Transformación Universal.

DejadMe pues, que Yo Me deleite nuevamente en vosotros,

como Me deleitaba Yo en vuestros Primeros Padres antes del Pecado Original.

Porque Yo no os estoy castigando,

Es vuestra necedad y soberbia que el mismo Maligno suscita en vosotros, quien os castiga.

Escoged, Mi Paraíso o vuestro mundo actual.

En vosotros está la decisión.

De Mí sólo puede salir Bien, Paz, Verdad y Amor.

Yo os bendigo en Mi Santísimo Nombre, en el Nombre de Mi Hijo Jesucristo, en el Nombre de Mi Santo Espíritu

y en Nombre de Mi Hija María, Madre del verdadero Dios por quién se vive.  

(1) En los dos siguientes post, volveremos a publicar un testimonio de lo que significa dejarse mover por Dios,..

Y entenderán más claro lo que ABBA nos está diciendo con transfigurarnos…

Y con que le AYUDEMOS en su imploración de auxilio, para defender la Creación…

http://diospadresemanifiesta.com/

107 EL PREJUICIO


107 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está hablando desde el centro de una plaza, a mucha gente concentrada en torno a Él.

Habla subido al banco de piedra que hay junto a la fuente.

También están alrededor los Doce, con unas caras… que reflejan consternación…

Y gran incomodidad.

O que expresan claramente la repulsión hacia ciertos contactos…

Especialmente Bartolomé y Judas de Keriot, muestran abiertamente su contrariedad:

Para evitar lo más posible la cercanía de los samaritanos, Judas se ha puesto a caballo en una rama de un árbol, como queriendo dominar la escena.

Bartolomé ha ido a apoyarse en un portal de un ángulo de la plaza.

El prejuicio está vivo y activo en todos.

Jesús se manifiesta con total normalidad.

Es más, se está esforzando en no apabullar a los presentes con su Majestuosidad…

Tratando de todas formas, al mismo tiempo de hacerla resaltar; para eliminar en ellos todo género de duda.

Acaricia a dos o tres pequeñuelos, de los cuales pregunta el nombre.

Se interesa personalmente de un anciano ciego, al que también personalmente, le da el óbolo.

Responde a dos o tres cuestiones que le plantean, acerca de asuntos no generales sino privados.

Uno de estos asuntos es la pregunta de un padre acerca de su hija, que se ha escapado de casa por amor y que ahora solicita perdón.

Jesús aconseja:

–     Concédele tu perdón inmediatamente.

El hombre se resiste:

–      ¡He sufrido por ello, Maestro!

Y sigo sufriendo. En menos de un año he envejecido diez.

–      El perdón te aliviará.

–      No puede ser. La herida permanece.

–      Es verdad, pero en esa herida hay dos espinas que hacen daño:

Una, la innegable afrenta que te ha infligido tu hija; la otra es el esfuerzo por dejar de amarla. Quita, al menos, ésta.

El perdón, que es la forma más alta del amor, la sacará.

Piensa pobre padre, que es una hija que ha nacido de tí y que siempre tiene derecho a tu amor.

Si la vieras con una enfermedad corporal y supieras que si no la cuidases tú, tú en persona, moriría, ¿La dejarías morir?

Ciertamente no. Pues piensa entonces que tú, tú en persona, con tu perdón, puedes atajar su mal y conducirla a la restauración de la salud del instinto.

Porque mira, en ella ha tomado predominio el lado más vil de la materia.

–     Entonces… ¿Piensas que debo perdonar?

–     Debes hacerlo.

–     ¿Pero cómo voy a resistir el verla en casa después de lo que ha hecho? ¿Cómo voy a ser capaz de no maldecirla?

–     Sí así fuera, no habrías perdonado.

El perdón no está en el acto de abrirle de nuevo la puerta de casa, sino en abrirle de nuevo el corazón.

Sé bueno, hombre. ¿No vamos a tener para con nuestra hija la paciencia que tenemos con el novillo indócil?

Una mujer por su parte, presenta la cuestión de si haría bien casándose con su cuñado, para dar un padre a sus huerfanitos.

–     ¿Piensas que sería un verdadero padre?

–      Sí, Maestro. Son tres varones.

Necesitan un hombre que los guíe.

–      Hazlo entonces, y sé esposa fiel como lo fuiste con el primero.

–      El tercero le pregunta que si, aceptando la invitación que ha recibido de ir a Antioquía, haría bien o mal.

–      ¿Por qué quieres ir?

–      Porque aquí no dispongo de medios ni para mí, ni para mis muchos hijos.

He conocido a un gentil que me contrataría, porque me ha visto hábil en el trabajo; ofrecería también trabajo a mis hijos.

Pero no querría…

Te parecerá extraño un escrúpulo en un samaritano, pero lo tengo.

No querría que perdiésemos la fe. ¿Es que ese hombre es un pagano, ¿Sabes?

–     ¿Y qué quieres decir con ello?

Mira, nada contamina si uno no quiere ser contaminado.

Ve tranquilamente a Antioquía y sé del Dios verdadero. Él te guiará.

Y serás incluso el benefactor de ese patrón que conocerá a Dios a través de tu honradez.

Luego comienza a hablar a todos los presentes.

–     He oído la voz de muchos de vosotros.

Y en todos he visto un secreto dolor, un pesar del que ni siquiera quizás os dais cuenta…

He visto que lloráis en vuestros corazones.

Esto se ha ido acumulando durante siglos. Y no son capaces de disolverlo ni las razones que a vosotros mismos os decís, ni las injurias que os lanzan.

Antes bien, cada vez más se endurece y pesa como nieve que se solidifica en hielo.

Yo no soy vosotros, como tampoco soy uno de los que os acusan.

Soy Justicia y Sabiduría. Una vez más, para solución de vuestro caso, os cito a Ezequiel:

Él, proféticamente, habla de Samaria y de Jerusalén llamándolas hijas de un mismo seno.

Llamándolas Oholá y Oholibá (Ezequiel 23).

La que primero cayó en la idolatría fue la primera, de nombre Oholá,

porque ya antes había quedado privada de la ayuda espiritual de la unión con el Padre de los Cielos.

Con el Amor de Fusión, nos hacemos Uno con Dios…

La unión con Dios significa siempre salvación.

Confundió erróneamente la verdadera riqueza, la verdadera potencia, la verdadera sabiduría;

con la pobre riqueza, potencia y sabiduría de uno que era inferior a Dios.

Y más pequeño que ella misma; fue seducida por la riqueza, potencia y sabiduría de éste

hasta el punto de que se hizo esclava del modo de vivir del que la había seducido.

Buscando ser fuerte, vino a ser débil. Buscando ser más, vino a ser menos. Por imprudente enloqueció.

Cuando uno, imprudentemente, se coge una infección, mucho le cuesta luego librarse de ella. Diréis: «¿Menos? No. Nosotros fuimos grandes».

Sí, grandes, pero ¿Cómo?, ¿A qué precio? No lo ignoráis. ¿Cuántas mujeres también consiguen la riqueza al precio tremendo de su honor?

Adquieren una cosa que puede terminar y pierden algo que no tiene fin: el buen nombre.

Oholibá, viendo que a Oholá su propia locura le había producido riqueza, quiso imitarla. Y enloqueció más que Oholá.

La fusión con Dios nos proporciona la felicidad embriagadora del Amor Divino…

Además con doble culpa, porque tenía consigo al Dios verdadero y no habría debido pisotear jamás la fuerza que de esta unión le venía:

Duro, tremendo castigo ha recibido.

Y  más grande aún será, la doblemente desquiciada y fornicadora Oholibá.

Dios le volverá la espalda – ya lo está haciendo – para ir a los que no son de Judá.

No se puede acusar a Dios de ser injusto porque no se imponga.

A todos abre los brazos, invita a todos; pero, si uno le dice: «Vete», se va.

Busca amor, invita a otros, hasta que encuentra a alguien que dice: «Voy».

Por eso os digo que podéis hallar alivio a vuestro tormento, debéis hallarlo, pensando en estas cosas.

¡Oholá vuelve en ti! Dios te llama.

La sabiduría del hombre está en saberse enmendar; la del espíritu, en amar al Dios verdadero y su Verdad.

Abrió las Puertas del Cielo

No fijéis vuestra mirada ni en Oholibá, ni en Fenicia, ni en Egipto, ni en Grecia. Mirad a Dios. Ésa es la Patria de todo espíritu recto, y es el Cielo.

No hay muchas leyes, sino una sola: la de Dios. Por ese código se tiene la Vida. No digáis: «Hemos pecado»

Decid más bien: «No queremos volver a pecar». La prueba de que Dios os sigue amando la tenéis en esto: os ha enviado a su Verbo a deciros: «Venid».

Venid, os digo. ¿Os injurian?, ¿Os han proscrito?… ¿Quiénes?: seres semejantes a vosotros.

Considerad que Dios es mayor que ellos, y que os dice: «Venid». Llegará un día en que exultaréis por no haber estado en el Templo…

Con la mente exultaréis y aún mayor será el gozo de los espíritus,

porque el perdón de Dios habrá descendido a los hombres de corazón recto dispersos por Samaria.

Preparad su venida. Venid al Salvador universal, vosotros, hijos de Dios que ya no sabéis hallar el camino.

–     Nosotros iríamos, al menos algunos.

Los que no nos aceptan son los de la otra parte.

–     Pues, citando de nuevo al sacerdote y profeta, os digo:

«Yo tomaré el leño de José, que Efraím tiene en su mano, con las tribus de Israel a él unidas.

Y lo uniré al de Judá para hacer de ellos un solo tronco…». No, no es al Templo; venid a Mí; Yo no rechazo a nadie.

Yo soy aquel que fue llamado el Rey dominador de todos. Soy el Rey de los reyes. ¡Oh, pueblos todos que deseáis ser purificados, Yo os purificaré!

¡Rebaños sin pastor, o con pastores ídolos, Yo os congregaré, porque soy el Pastor bueno!

Os daré el único tabernáculo que voy a poner en medio de mis fieles.

Este tabernáculo será fuente de vida, pan de vida, luz, salvación, protección, sabiduría.

Será todo, porque será el Viviente dado en alimento a los muertos para que vivan.

«Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Será el Dios que se efunde con su santidad para santificar.

Esto soy y seré.  El tiempo del odio, de la incomprensión, del temor, queda superado.

¡Venid! ¡Ven, pueblo de Israel, pueblo separado, pueblo afligido, pueblo lejano, pueblo estimado;

infinitamente apreciado por estar enfermo, debilitado.

Infinitamente amado porque una flecha te ha abierto las venas del corazón y te ha desangrado, ha extraído de tus venas la unión vital con tu Dios!

¡Ven al seno de donde naciste, al pecho de que recibiste la vida; todavía hay para ti dulzura y calor…!

¡Siempre! ¡Ven! ¡Ven a la Vida y a la Salud!

Dice Jesús a los samaritanos de Sicar:

–     Tengo otros hijos a quienes evangelizar.

Tengo que dejaros. Pero antes quisiera abriros, fúlgidos, los caminos de la esperanza y llevaros a ellos y deciros:

«Caminad seguros, que la meta es cierta».

Hoy no voy a citar al gran Ezequiel, sino al discípulo predilecto de Jeremías, grandísimo profeta.

Baruc habla por vosotros. Realmente toma vuestras almas y habla por todas ellas al sublime Dios que está en los Cielos.

28. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y hallaréis descanso para vuestras almas. =
30. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Las vuestras , no me refiero sólo a las de los samaritanos, sino a todas vuestras almas, ¡Oh, estirpes del pueblo elegido caídas en múltiple pecado!

Y también las vuestras, pueblos gentiles que sentís que entre los muchos dioses a los que adoráis hay un Dios desconocido.

Un Dios al que vuestra alma siente único y verdadero y que no obstante, debido a vuestra pesantez no podéis buscarlo para conocerlo, como el alma quisiera.

Al menos una ley moral os había sido dada, ¡Oh gentiles, oh idólatras!;

porque sois hombres y el hombre tiene en sí una esencia que viene de Dios y que se llama espíritu.

Y que tiene siempre voz y consejos elevados y empuja a vida santa.

Vosotros la habéis sometido a la esclavitud de una carne viciosa, rompiendo la ley moral humana, la que teníais, llegando a ser pecadores incluso humanamente…

Rebajando el concepto de vuestras fes y rebajándoos a vosotros mismos a un nivel animalesco que os hace inferiores a los brutos.

Y a pesar de todo oís, todos, y comprendéis más.

Y como consecuencia actuáis, en la medida en que aumenta vuestro conocimiento de  la Ley de una moral sobrenatural, que el verdadero Dios os ha dado.

Baruc (Baruc 2,16-18 y Baruc 2, 24-26) ora así: «Señor, míranos desde tu santa morada. Vuelve hacia nosotros tus oídos.

Escúchanos. Abre tus ojos y piensa que no serán los muertos que están en los infiernos, cuyo espíritu está separado de sus entrañas,

Postrado ante la Cruz en la que has muerto y a la que yo también te he condenado. Sólo puedo decirte hoy que lo siento, que te amo y te pido perdón por mis errores y te pido perdón por mis pecados. Perdóname Señor, HOY ME ARREPIENTO, Perdóname Padre mío por mi maldad, perdóname Señor, por mis errores, perdóname señor por mis pecados. PERDÓNAME SEÑOR, HOY ME ARREPIENTO, PERDÓNAME MI DIOS, CRUCIFICADO.

los que rindan honor y justicia al Señor, sino el alma afligida por la dimensión de las desventuras, que camina encorvada y débil, con los ojos hacia el suelo…

El alma hambrienta de Tí, ¡Oh Dios!, es la que te rinde gloria y justicia».

Ésta es la oración que debéis tener en vuestros corazones humillados con noble humildad, que no es degradación e indolencia,

sino conocimiento exacto de la propia mísera situación y santo deseo de hallar el medio de mejorar espiritualmente.

Y Baruc llora humildemente, y todo justo debe llorar con él, viendo y nombrando con su verdadero nombre,

las desventuras que han hecho triste, dividido y vasallo a un pueblo fuerte.

«No hemos hecho caso de tu voz y has cumplido las palabras que habías manifestado a través de tus siervos, los Profetas…

Y han sacado de sus sepulcros los huesos de nuestros reyes y de nuestros padres, los han arrojado al ardor del sol, al crudo frío de la noche;

los habitantes de la ciudad han muerto entre atroces dolores, de hambre, a espada, de peste.

Has reducido al estado presente el Templo en que se invocaba tu Nombre, a causa de la iniquidad de Israel y Judá.

No digáis, hijos del Padre: «Tanto nuestro Templo como el vuestro han surgido y resurgido y se yerguen espléndidos».

No. Un árbol abierto desde su ápice hasta sus raíces por un rayo no puede pervivir;

podrá vegetar míseramente, presentar un conato de vida en algunos rebrotes que nazcan de raíces que se resistan a morir…

no pasará de ser un conjunto de ramajes infructíferos; jamás volverá a ser opulento árbol de copiosos frutos sanos y delicados.

Pues bien, el proceso de fragmentación iniciado con la separación, se acentúa cada vez más,

a pesar de que materialmente la construcción no parezca lesionada;  antes bien, bella y nueva.

Destruye las conciencias que en ella moran. Llegará la hora en que, apagada toda llama sobrenatural, le faltará al Templo,

altar de precioso metal que para subsistir debe ser mantenido en continua fusión por el calor de la fe y de la caridad de sus ministros,

le faltará lo que constituye su vida;

entonces, gélido, apagado, ensuciado, lleno de cadáveres, pasará a ser podredumbre acometida para ruina suya,

por cuervos llegados de otras regiones y por el alud del castigo divino.

Hijos de Israel, orad, llorando, conmigo, vuestro Salvador.

Que mi voz sostenga las vuestras y penetre, pues mi voz tiene este poder, hasta el trono de Dios.

Quien ora con el Cristo, Hijo del Padre, es escuchado por Dios, Padre del Hijo.

Elevemos la antigua, justa Oración de Baruc (3, 1-7):

«Y ahora, Señor omnipotente, ¡Oh Dios de Israel!, toda alma angustiada, todo espíritu henchido de ansiedad, eleva a ti su grito.

Abre tus oídos, Señor, y ten piedad. Eres un Dios misericordioso; ten piedad de nosotros, porque hemos pecado en tu presencia.

Eternamente, ocupas tu trono; ¿Debemos nosotros perecer para siempre?

Señor omnipotente, Dios de Israel, escucha la oración de los muertos de Israel y de sus hijos, que han pecado en tu presencia.

Ellos no prestaron oídos a la voz del Señor su Dios. Se nos han adherido sus males.

No te acuerdes de la iniquidad de nuestros padres; acuérdate, más bien, de tu poder y tu Nombre…

Ten piedad, para que invoquemos este Nombre y nos convirtamos de la iniquidad de nuestros padres».

Orad así y convertíos verdaderamente, volviendo a la sabiduría verdadera, que es la de Dios y se encuentra en el Libro de los Mandamientos de Dios y en la Ley,  que dura eternamente.

Y que ahora Yo, Mesías de Dios, traigo de nuevo, en su simple e inalterable forma, a los pobres del mundo,

anunciándoles la buena nueva de la Era de la Redención, del Perdón, del Amor, de la Paz.

Quien crea en esta palabra alcanzará vida eterna.

0s dejo, habitantes de Sicar, que habéis sido buenos con el Mesías de Dios. Os dejo con mi Paz.

La multitud grita simultáneamente:

–     ¡Quédate más tiempo!

–     ¡Vuelve!

–     ¡Ninguno nos volverá a hablar como lo has hecho Tú.

–     ¡Bendito seas, Maestro bueno!

–     ¡Bendice a mi pequeñuelo!

–     ¡Santo, ruega por mí!

–     ¡Déjame conservar un ribete de tu indumento como bendición!

–     ¡Acuérdate de Abel!

–     ¡Y de mí, Timoteo!

–     ¡Y de mí, Yorái!

–    De todos.

De todos. La paz descienda sobre vosotros.

Lo acompañan hasta unos centenares de metros fuera de la ciudad….

Y luego, muy despacio, se regresan…