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168 LA HORA DEL INCIENSO


  1. 169 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Pedro entra en el recinto del Templo, en funciones de padre, con aspecto verdaderamente solemne; lleva de la mano a Yabés.

Camina con tanta gallardía, que hasta parece más alto.

Detrás en grupo, todos los demás.

Jesús va el último, ocupado en una animada conversación con Juan de Endor, al cual parece que le da vergüenza entrar en el Templo.

Pedro pregunta a su pupilo:

–     ¿Has venido aquí alguna vez?

–     Cuando nací, padre.

Pero no me acuerdo – lo cual hace reír de satisfacción a Pedro,

que repite la respuesta a los compañeros y éstos se echan a reír también.

Y dicen, con bondad y perspicacia:

–     Quizás es que dormías y por eso…

–    Estamos todos como tú.

–    No nos acordamos de cuando vinimos aquí recién nacidos».

Igualmente hace Jesús con su protegido.

Y recibe una respuesta análoga (poco más o menos).

Juan de Endor en efecto,

dice:

–     Éramos prosélitos.

Vine en brazos de mi madre, precisamente en una Pascua, porque nací a principios de Adar.

Mi madre era de Judea.

Se puso en viaje en cuanto pudo, para ofrecer dentro del tiempo establecido a su hijo varón al Señor…

Quizás demasiado prematuramente…

De hecho, enfermó y no volvió a recuperar la salud.

Yo tenía menos de dos años cuando me quedé sin madre; fue la primera desventura de mi vida.

Pero, siendo su primogénito – unigénito, por su enfermedad -, se sentía orgullosa de morir por haber obedecido a la Ley.

Mi padre me decía: “Ha muerto contenta por haberte ofrecido al Templo”…

¡Pobre madre mía! ¿Qué ofreciste?: un futuro asesino…

–     Juan, no digas eso.

Entonces eras Félix, ahora eres Juan. Ten siempre presente la gran gracia que Dios te ha donado, eso sí.

Pero que no te desaliente ya más lo que fuiste… -¿No volviste ninguna vez al Templo?

–     ¡Sí, sí, a los doce años!

Y, a partir de entonces, siempre. Mientras… mientras pude hacerlo… Después, aun pudiendo venir, ya no volví, porque…

Bueno, ya te he dicho cuál era mi único culto: el Odio.

Incluso por este motivo no me atrevo a entrar aquí.

Me siento extranjero en la Casa del Padre…

Lo he abandonado durante demasiado tiempo…

–     Tú vuelves al Templo de mi mano.

Y Soy el Hijo del Padre; si Yo te conduzco ante el altar es porque sé que todo está perdonado.

Juan de Endor siente una brusca convulsión de llanto,

y dice:

–     Gracias, Dios mío.

–     Sí, da gracias al Altísimo.

¿Ves cómo tu madre, una verdadera israelita, tenía espíritu profético?

Eres el varón consagrado al Señor y que no será rescatado.

Eres mío, eres de Dios, discípulo y por tanto, futuro sacerdote de tu Señor en la nueva era y religión,

que de Mí recibirán el nombre.

Yo te absuelvo de todo, Juan.

Camina sereno hacia el Santo.

En verdad te digo que entre los que viven en este recinto, hay muchos más culpables que tú, más indignos que tú, de acercarse al altar…

Pedro entretanto, se las ingenia para explicarle al niño las cosas más dignas de relieve en el Templo.

Y pide ayuda a los otros más cultos, especialmente a Bartolomé y a Simón,

porque siendo ancianos, se encuentra a gusto con ellos en su papel de padre.

En esto, estän ya ante el gazofilacio para hacer las ofrendas, cuando los llama José de Arimatea.

Después de los recíprocos saludos, 

José pregunta: 

–     ¿Estáis aquí?

¿Cuándo habéis llegado? 

–     Ayer por la tarde.

–     ¿Y el Maestro?

–     Está allí…

Con un discípulo nuevo. Ahora vendrá.

José mira al niño y le pregunta a Pedro:

–     ¿Un sobrinito tuyo?

–     No… sí.

Bueno, quiero decir que, nada en cuanto a la sangre mucho en cuanto a la fe, todo en cuanto al amor.

–     No te comprendo…

–     Un huerfanito…

Por tanto, nada en cuanto a la sangre.

Un discípulo… por tanto, mucho en cuanto a la fe.

Un hijo… por tanto, todo en cuanto al amor.

El Maestro lo ha recogido… y yo le doy mi cariño.

Debe alcanzar la mayoría de edad en estos días…

–     ¿Tan pequeño y ya doce años?

–     Es que…

Bueno, ya te lo contará el Maestro… José, tú eres bueno, uno de los pocos buenos que hay aquí dentro…

Dime, ¿Estarías dispuesto a ayudarme en esta cuestión? Ya sabes…

Lo presento come si fuera mi hijo, pero soy galileo y tengo una fea lepra…  

José se aterroriza separándose.

Y exclama preguuntando: 

–     ¡¿Lepra?! 

Pedro lo tranquiliza: 

–     ¡No tengas miedo!…

Mi lepra es la de ser de Jesús:

la más odiosa para los del Templo, salvo pocas excepciones.

–     ¡No, hombre, no!

]No digas eso!

–     Es la verdad y hay que decirla…

Por tanto, temo que se comporten cruelmente con el pequeño por causa mía y de Jesús.

Además, no sé qué conocimientos tendrá de la Ley, la Halasia, la Haggada y los Midrasiots.

Jesús dice que sabe mucho…

–    ¡Bueno, pues si lo dice Jesús, entonces no tengas miedo!

–     Aquéllos… con tal de amargarme…

–     ¿Quieres mucho a este niño, ¿eh!?

¿Lo llevas siempre contigo?

–     ¡No puedo!…

Yo estoy siempre en camino; él es pequeño y frágil…  

Yabé dice: 

–     Pero iría contigo con gusto…

Que, con las caricias de José, está más tranquilo.

Pedro rebosa de alegría…

Pero añade:

–     El Maestro dice que no se debe…

Y no lo haremos. De todas formas, nos veremos… José, ¿Me vas a ayudar?

–     ¡Claro, hombre!

Estaré contigo. Delante de mí no harán injusticias. ¿Cuándo?

José ve llegar a Jesús…

Y exclama: 

 –   ¡Oh, Maestro!

¡Dame tu bendición!

–     Paz a ti, José.

Me alegro de verte. Y además, saludable.

–     También yo, Maestro.

Los amigos se alegrarán de verte. ¿Estás en Getsemaní?

–     Estaba.

Después de la oración voy a Betania.

–     ¿A casa de Lázaro?

–     No, donde Simón.

Tengo también allí a mi Madre, a la madre de mis hermanos y a la de Juan y Santiago.

¿Irás a verme?

–     ¿Lo preguntas?

Será una gran alegría y un gran honor.

Te lo agradezco. Iré con muchos amigos…  

Simón Zelote aconseja: 

–     ¡Prudente José, con los amigos!… 

–     ¡No, hombre… ya los conocéis!

Es verdad que la prudencia dice: “Que no oiga el aire”.

Pero, cuando los veáis, comprenderéis que son amigos.

–     Entonces…

–     Maestro…

Simón de Jonás me estaba hablando de la ceremonia del niño.

Has llegado cuando estaba preguntando cuándo pensáis llevarla a cabo.

Quiero estar presente también yo.

–     El miércoles que precede a la Pascua.

Quiero que celebre su Pascua, ya como hijo de la Ley.

–     Muy bien.

Comprendido. Iré a recogeros a Betania.

Pero antes el lunes, iré con los amigos.

–     De acuerdo, no se hable más.

–     Maestro, te dejo.

La paz sea contigo. Es la hora del incienso.

–     Adiós, José.

La paz sea contigo.

Ven Yabé, que es la hora más solemne del día.

Hay otra análoga por la mañana, pero ésta es todavía más solemne.

El día empieza con la mañana:

justo es que el hombre bendiga al Señor para que el Señor lo bendiga durante todo el día en todas sus obras.

Pero al atardecer es aún más solemne: declina la luz, cesa el trabajo, llega la noche.

La luz que declina recuerda la caída en el mal.

Y verdaderamente las acciones de pecado se producen generalmente por la noche.

¿Por qué?

Porque el hombre ya no está ocupado en el trabajo y más fácilmente se ve envuelto por el Maligno,

que proyecta sus propuestas y pesadillas.

Bueno es por tanto, después de haberle agradecido a Dios su protección durante el día,

elevarle nuestra súplica para que se alejen de nosotros los fantasmas de la noche y las tentaciones.

La noche con su sueño, símbolo de la muerte…

Dichosos aquellos que, habiendo vivido con la bendición del Señor se duermen no en las tinieblas, sino en una fúlgida aurora.

El sacerdote ofrece el incienso por todos nosotros, ora por todo el pueblo, en comunión con Dios.

Y Dios le confía su bendición para que la imparta al pueblo de sus hijos.

¿Te das cuenta de lo grande que es el ministerio del sacerdote?

–     Yo quisiera… Me sentiría todavía más cerca de mi madre…

–     Si eres siempre un buen discípulo e hijo de Pedro, lo serás.

Mas ahora ven.

Mira, las trompetas anuncian que ha llegado la hora.

Vamos con veneración a alabar a Yeohveh.

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130 EL NIÑO DE CRISTO


130 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El aturdimiento de los apóstoles es interrumpido por Simón Zelote,

al responder:

–     No habría arco si no hubiera base en el camino oscuro.

Ésta es matriz de aquél, que sobre ella se yergue y sube a ese azul que anhelas.

No pienses que las piedras hincadas en el suelo, que soportan el peso y no gozan de rayos ni vuelos.

Ignoran la existencia de éstos, pues de vez en cuando una golondrina desciende con su piada hasta el barro y acaricia la base del arco…

desciende también un rayo de sol, o de estrella, para expresar la gran belleza del firmamento.

De la misma forma, en los siglos pasados, de vez en cuando, ha descendido una palabra celeste portadora de promesa…

Un rayo celeste de sabiduría para acariciar las piedras que estaban oprimidas por el enojo divino.

Porque las piedras eran necesarias.

Y no son ni fueron, ni serán jamás inútiles.

Sobre ellas, lentamente, se ha elevado el tiempo y la perfección del conocimiento humano hasta alcanzar la libertad del tiempo presente y la sabiduría del conocimiento sobrehumano.

Veo escrita en tu rostro la objeción:

Es la misma que todos hemos puesto antes de saber comprender que ésta es la Nueva Doctrina…

La Buena Nueva que ahora se predica a los que, por un proceso de retrogradación, en vez de hacerse adultos,

paralelamente a la ascensión de las piedras del saber, se han ido entenebreciendo cada vez más, cual muro que se hunde en un abismo ciego.

Para curarnos de esta enfermedad de oscurecimiento sobrenatural, tenemos que liberar valientemente la piedra basilar de todas las otras que están encima.

No tengáis miedo de demoler ese alto muro que – a pesar de serlo – no porta la savia pura del manantial eterno. a la base, que no debe ser cambiada porque es de Dios y es inmóvil

De todas formas, antes de desechar las piedras, probadlas una a una con el sonido de la Palabra de Dios, porque no todas son desechables e inútiles.

Si su sonido no desentona, conservadlas. Construid de nuevo con ellas.

Mas si es el sonido desacorde de la voz humana o lacerante de la voz satánica…

Y no podéis equivocaros porque si es voz de Dios es sonido de amor, si es voz humana es sonido del sentido, si es satánica es voz de odio… ROMPEDLAS. 

Y digo “rompedlas”, porque es un acto de caridad el no dejar tras uno mismo semillas u objetos portadores de mal, que puedan seducir al viandante e inducirle a usarlos en perjuicio propio.

Romped literalmente toda cosa no buena que haya sido vuestra, en obras, escritos, enseñanzas o actos.

Es mejor quedarse con poco, elevarse apenas un codo, pero con buenas piedras,  que no varios metros con piedras malas.

Los rayos y las golondrinas descienden también hasta las albarradas que apenas sobresalen del suelo.

Y las humildes florecillas de los lindazos con facilidad llegan a acariciar las piedras bajas.

Mientras que las soberbias piedras que, inútiles y ásperas, quieren elevarse, no reciben sino azote de espinos y adhesiva ponzoña.

Demoled para construir, para subir, probando la calidad de vuestras viejas piedras con la voz de Dios.  

Esteban dice:

–     Hablas bien.

¡Pero, subir!… ¿Cómo? Te hemos dicho que somos incluso menos que los niños.

¿Quién nos ayudará a subir a la enhiesta columna? Probaremos las piedras con el sonido de Dios, romperemos las menos buenas…

Pero, ¿Cómo podremos subir? ¿Sólo el hecho de pensarlo ya da vértigo! 

Juan, que ha estado escuchando con la cabeza agachada, sonriendo para sí…   

Levanta su rostro luminoso y toma la palabra:

–     ¡Hermanos!

Da vértigo el solo hecho de pensar en subir. Cierto. Pero ¿Quién ha dicho que debemos afrontar la altura directamente?

Esto no sólo los niños, sino ni siquiera los adultos pueden hacerlo; sólo los ángeles pueden lanzarse a los cielos, pues están libres de todo peso material.

Y de entre los hombres, sólo los héroes de la santidad pueden hacerlo.

Hoy todavía, en este mundo decaído, entre nosotros vive uno que sabe ser héroe de santidad como los antiguos –ornato de Israel -,

cuando los Patriarcas eran amigos de Dios y la palabra del Código era la única, la que toda criatura recta obedecía.

Juan, el Precursor, enseña cómo afrontar la altura directamente. Juan es un hombre. Pero la Gracia que el Fuego de Dios le ha comunicado, purificándolo desde el vientre de su madre… 

De la misma forma que el Serafín purificó el labio del Profeta, para que pudiera preceder al Mesías sin dejar hedor de culpa original por el camino regio del Cristo, ha dado a Juan alas de ángel.

Luego la penitencia las ha hecho crecer, aboliendo al mismo tiempo el peso de humanidad que su naturaleza, propia de los nacidos de mujer, todavía poseía.

Por lo cual, Juan, desde su gruta donde predica la penitencia y desde su cuerpo donde arde el espíritu desposado con la Gracia..

Se lanza, puede lanzarse a sí mismo, al ápice del arco, por encima del cual está Dios, el altísimo Señor Dios nuestro.

Y puede, dominando los siglos pasados, el tiempo presente y el futuro, anunciar con voz de profeta y con ojo de águila capaz de clavar la mirada en el Sol eterno y reconocerlo:

“Éste es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo”

Y morir tras este canto suyo sublime que será repetido no sólo durante el transcurso del tiempo limitado;

sino también durante el tiempo sin fin, en la Jerusalén sempiterna y para siempre beata; para aclamar a la Segunda Persona,

para invocarla por las miserias humanas, para cantar sus alabanzas entre los fulgores eternos.

Pero el Cordero de Dios, el dulcísimo Cordero que ha dejado su luminosa morada del Cielo en que es Fuego de Dios en abrazo de fuego…

¡Oh, eterna generación del Padre que concibe con el pensamiento ilimitado y santísimo a su Verbo!

¡Y lo atrae hacia Sí produciendo una fusión de amor de que procede el Espíritu de Amor, en que se centran la Potencia y la Sabiduría!

El Cordero de Dios que ha dejado su purísima, incorpórea forma para encerrar dentro de carne mortal su pureza infinita, su santidad, su Naturaleza Divina.

Sabe que no estamos todavía purificados por la Gracia…

Y que no podríamos, – como esa águila que es Juan –lanzarnos a las alturas, a ese ápice en que Dios Uno y Trino se encuentra.

Nosotros somos los pajarillos de tejados y caminos.

Golondrinas que tocan el cielo, pero se alimentan de insectos; calandrias que quieren cantar para imitar a los ángeles y que,

¡Ay! respecto al canto de los ángeles, el suyo no es sino desentonado runrún de cigarra estival.

Esto lo sabe el dulce Cordero de Dios, venido para quitar los pecados del mundo.

Porque, a pesar de no ser ya el Espíritu infinito del Cielo por haberse confinado a Sí Mismo dentro de una carne mortal, su infinitud NO ha quedado disminuida.

Y todo lo sabe, siendo siempre – como lo es – infinita su sabiduría.

Así pues, Él nos enseña su camino, el camino del amor.

Él es el amor que por misericordia hacia nosotros se hace carne.

Y es así que este Amor misericordioso nos crea un camino por el que pueden subir también los pequeñuelos;

y Él mismo – no por propia necesidad sino para enseñárnoslo – es el primero en recorrerlo.

Él no tendría tan siquiera necesidad de abrir las alas para fundirse de nuevo con el Padre.

Su espíritu, os lo juro, está encerrado aquí, dentro de esta mísera tierra, pero está siempre con el Padre, porque Dios todo lo puede..

Y Él es Dios.

Camina dejando tras sí el perfume de su santidad, Y fuego de su amor.

Observad su camino: a pesar de llegar al ápice el arco, ¡Cuán sosegado y seguro es!

No es una recta sino una espiral.

Es más largo, sí; pero precisamente su sacrificio de amor se revela en esta distancia, demorándose por amor a nosotros los débiles,

más largo, pero más adecuado a nuestra miseria.

La subida hacia el Amor, hacia Dios, es simple; como simple es el Amor.

Pero, al mismo tiempo,es profunda, porque Dios es un Abismo – inalcanzable, yo diría si Él no se rebajase y nos diera la posibilidad de alcanzarlo,

para sentir el beso de las almas que lo aman.

Mientras está hablando, Juan llora, aunque su boca sonríe, envuelto en el éxtasis de la revelación que está haciendo de Dios.

Largo es el sencillo camino del Amor, porque Dios es Profundidad sin fondo, en que uno podría adentrarse cuanto quisiera…

Mas la Profundidad admirable llama a la profundidad miserable.

Llama con sus luces y dice:  “¡Venid a mí!”

¡Oh, invitación de Dios!

¡Oh, invitación de Padre! ¡Escuchad! ¡Escuchad!

Del Cielo nos llegan palabras suavísimas de ese Cielo que está abierto porque Cristo ha abierto de par en par sus puertas y ha puesto ante ellas,

para que así las mantengan, a los ángeles de la Misericordia y el Perdón,

a fin de que, en espera de la Gracia, de él broten al menos las luces, perfumes, cantos y quietud, capaces de seducir santamente a los corazones humanos, y sobre éstos se depositen.

Habla la voz de Dios y la voz dice:

“¿Vuestra puericia?… ¡Pero si es vuestra mejor moneda!

Yo quisiera que os hicierais enteramente niños para que poseyerais la humildad, sinceridad y amor de los pequeñuelos, su confidente amor para con su padre.

¿Vuestra incapacidad?… ¡Pero si es mi gloria!

¡Venid! Ni siquiera os pido que seáis vosotros mismos quienes comprobéis el sonido de las piedras buenas o malas.  

¡Dádmelas a mí! Yo las elegiré, vosotros os reconstruiréis.

¿La subida hacia la perfección?… ¡Oh, no, hijos míos!

Poned vuestra mano en la de mi Hijo y Hermano vuestro. Ahora, así, y subid a su lado…”.

¡Subir! ¡Ir a ti, eterno Amor! ¡Adquirir tu semejanza, o sea, el amor!…

¡Amar! ¡Éste es el secreto!… ¡Amar! ¡Darse…!

¡Amar! ¡Abolirse…! ¡Amar! Fundirse…

¿La carne?: nada; ¿el dolor?: nada; ¿el tiempo?: nada. Nada es el pecado mismo, si lo disuelvo en tu fuego, ¡Oh, Dios! Sólo es el Amor.

¡El Amor! El Amor que nos ha dado el Dios Encarnado nos otorgará todo perdón.

Pues bien, amar es un acto que nadie sabe hacer mejor que los niños y nadie es más amado que un niño.

¡Oh, tú, a quien no conozco, pero que quieres conocer el Bien para distinguirlo del Mal, para poseer el azul del cielo, el sol celeste, todo aquello que signifique contento sobrenatural…

Ama y lo tendrás. Ama a Cristo.

Morirás en la vida, pero resucitarás en el espíritu.

Con un nuevo espíritu, sin necesidad ya de usar piedras, serás eternamente un fuego que no muere.

La llama sube, no necesita ni peldaños ni alas para subir.

Libera tu ‘yo’ de toda construcción, pon en el Amor, y resplandecerás.

Deja que ello sea sin restricciones, más, atiza la llama echándole como pasto todo tu pasado de pasiones y conocimientos: 

quedará consumido lo menos bueno, puro se hará el metal ya de por sí noble.

Arrójate, hermano, al amor activo y gozoso de la Trinidad:

Comprenderás lo que ahora te parece incomprensible porque comprenderás a Dios, que es el Comprensible,

pero sólo para quienes se dan sin medida a su fuego sacrificador…

 Quedarás finalmente fijo en Dios, en un abrazo de llama…

Y rogarás por mí, el niño de Cristo que ha osado hablarte del Amor.

Se han quedado todos de piedra:

Apóstoles, discípulos, fieles…

El interlocutor está pálido.

San Esteban, el primer  Mártir

Juan, por el contrario, está de color púrpura, no tanto por el esfuerzo cuanto por el amor.

Entonces Esteban grita:

–     ¡Bendito tú!

Dime: ¿Quién eres?

Y Juan, por su parte – con un gesto que me recuerda mucho a Virgen en el acto de la Anunciación  inclinándose como adorando a Aquel a quien nombra, 

en tono bajo, dice:

–     Soy Juan.

Estás viendo al menor de los siervos del Señor.

–     Pero, ¿Quién ha sido tu maestro antes?

–     Nadie aparte de Dios.

He recibido la leche espiritual de manos de Juan, el presantificado de Dios;

me alimento del pan de Cristo, Verbo de Dios; bebo el fuego de Dios que me viene del Cielo

¡Gloria al Señor!

–     Pues yo ya no me separo de vosotros.

¡Ni de ti, ni de éste, ni ninguno de vosotros! Recibidme.

–     Cuando… Bueno, aquí entre nosotros el jefe es Pedro

Y Juan toma a Pedro, que está atónito…

Y lo proclama así “el primero”.

Pedro reacciona y se pone en el lugar que le corresponde,

diciendo:

–     Hijo, puesto que se trata de una gran misión, es necesaria una severa reflexión.

Éste es nuestro ángel. Él enciende; pero es necesario saber si la llama va a poder durar en nosotros. 

Lapidación de Esteban

Mídete a ti mismo, luego ven al Señor. Nosotros te abriremos nuestro corazón como hermano nuestro queridísimo.

Por el momento, si quieres conocer mejor nuestra vida, quédate; las greyes de Cristo pueden crecer sin medida,

para ser separados – perfectos e imperfectos – los verdaderos corderos de los falsos carneros.

Y con esto termina la primera manifestación apostólica.  

38 EL PEQUEÑO CARPINTERO


38 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Primera lección de trabajo a Jesús.

21 de Marzo de 1944.

Que se sujetó a la regla de la edad. 

Veo aparecer, dulce como un rayo de sol en día lluvioso, a mi Jesús, pequeñuelo de unos cinco años aproximadamente,

todo rubio y todo lindo con un sencillo vestidito azul celeste que le llega hasta la mitad de sus bien contorneados muslos.

Está jugando con la tierra en el pequeño huerto.

Está haciendo montoncillos de tierra.

Y plantando encima ramitas, como si fueran bosques en miniatura; con piedritas marca los senderos.

Luego intenta hacer un pequeño lago en la base de sus minúsculas colinas.

Para ello coge un fondo de alguna pieza vieja de loza y lo entierra, hasta el borde.Luego lo llena de agua con una botija que zambulle en un pilón usado como lavadero o para regar el huerto.

Pero lo único que consigue es mojarse el vestido, sobre todo las mangas.

El agua se sale del plato desportillado y tal vez, rajado.

Y… el lago se seca.

José ha salido a la puerta y silencioso, se queda un tiempo mirando todo ese trabajo que está haciendo el Niño.

Y sonríe.

En efecto, es un espectáculo que hace sonreír de alegría.

Luego, para impedir que Jesús se moje más, le llama.

Jesús se vuelve sonriendo.

Y viendo a José, corre hacia él con sus bracitos tendidos hacia adelante

José, con el borde de su vestidura corta de trabajo, le seca las manitas llenas de tierra y se las besa.

Y comienza un dulce diálogo entre los dos.

Jesús explica su trabajo y su juego, así como las dificultades que había encontrado para llevarlo a cabo.

Quería hacer un lago como el de Genesaret. (por ello supongo que le han hablado de él o que lo han llevado a verlo).

Quería hacerlo en pequeño, como entretenimiento.

Aquí estaba Tiberíades, allí Magdala, allí Cafarnaúm.

Esta era la vía que llevaba, pasando por Caná, a Nazaret.

Quería botar al lago unas barquitas — estas hojas son barcas — e ir a la otra orilla.

Pero, el agua se sale…

José observa y se interesa, tomándolo todo con seriedad.

Luego propone hacer él “mañana” un pequeño lago, no con el plato desportillado, sino con un pequeño recipiente de madera, bien estucado y empecinado…

en el que Jesús podrá botar verdaderas barquitas de madera que José le va a enseñar a hacer.

Y agrega:

–   Precisamente en este momento te voy a enseñar unas pequeñas herramientas de trabajo, que he preparado par tí…

Ven, vamos al taller…

El amor de José lo ha hecho para Él; para que pueda aprender sin mayor esfuerzo, a usarlas.  

Jesús con una sonrisa, 

Dice:

–    Así te podré ayudar!

José responde:

–     Así me podrás ayudar.

Y te harás un hábil carpintero. Ven a verlas. Y entran en el taller.

José le muestra un pequeño martillo, una sierra pequeña, unos minúsculos destornilladores, una garlopa como de juguete…

Un banco adecuado a la estatura del pequeño Jesús.

–     ¿Ves cómo se sierra?

Se apoya este pedazo de madera así. Se coge la sierra así.

Y con cuidado de no ir a los dedos, se sierra.

Prueba tú…

Y empieza la lección.

Y Jesús, rojo del esfuerzo y apretando los labios, sierra con cuidado.

Y luego alisa la tablita con la garlopa.

Y a pesar de que esté no poco torcida, le parece bonita

Y José le alaba y le enseña a trabajar, con paciencia y amor.

María regresa — estaba fuera de casa —, se asoma a la puerta y mira.

Ninguno de los dos la ve porque están vueltos de espaldas.

La Madre sonríe al ver el interés con que Jesús usa la garlopa…

Y el afecto con que José le enseña.

Pero Jesús debe sentir esa sonrisa.

Se vuelve.

Ve a su Mamá y corre hacia Ella con su tablita medio cepillada y se la enseña.

María observa con admiración y se inclina hacia Jesús para darle un beso.

Le pone en orden los ricitos despeinados, le seca el sudor de su cara acalorada…

Y afectuosa, le escucha cuando Jesús le promete que le va a hacer una banquetita para que trabaje más cómoda.

José, erguido junto al minúsculo banco, apoyada su mano en uno de los lados, mira y sonríe.

He presenciado la primera lección de trabajo a mi Jesús.

Y toda la paz de esta Familia santa está en mí.  

Dice Jesús: 

Te he confortado, alma mía, con una visión de mi niñez.

Feliz dentro de su pobreza por haber estado rodeada del afecto de dos santos mayores, cuales el mundo no tiene ninguno.

Se dice que José fue el padre nutricio mío.

¡Cierto es que si bien no pudo como hombre, darme la leche con que me nutrió María…

sí se quebrantó a sí mismo trabajando, para darme pan y confortación!

 ¡Y tuvo una dulzura de sentimientos de verdadera madre!

De él aprendí — y jamás alumno alguno tuvo un maestro mejor — todo aquello que hace del niño un hombre.

Un hombre, además, que ha de ganarse el pan.

Si bien mi inteligencia de Hijo de Dios era perfecta, hay que reflexionar y creer que Yo no quise saltarme sin más la regla de la edad.

Por eso, humillando mi perfección intelectiva de Dios hasta el nivel de una perfección intelectiva humana…

me sujeté a tener como maestro a un hombre…

A tener necesidad de un maestro.

Y el hecho de haber aprendido con rapidez y buena voluntad, no me quita el mérito de haberme sujetado a un hombre,

como tampoco le quita a este hombre justo el de haber sido él, quien nutrió mi pequeña mente con las nociones necesarias para la vida.

Esas gratas horas pasadas al lado de José (quien, como a través de un juego, me puso en condiciones de ser capaz de trabajar)

esas horas, no las olvido ni siquiera ahora que estoy en el Cielo.

Y cuando miro a mi padre putativo, veo nuevamente el huertecito y el humoso taller.

Y me parece ver a mi Madre asomándose, con esa sonrisa suya que hacía de oro el lugar y dichosos a nosotros.

¡Cuánto deberían las familias aprender de estos esposos perfectos, que se amaron como ningunos otros lo hicieran!

José era la cabeza.

Clara e indiscutible era su autoridad familiar.

Ante ella se plegaba reverente la de la Esposa y Madre de Dios.

A ella se sujetaba el Hijo de Dios.

Todo lo que José decidía, bien hecho estaba.

Sin discusiones, sin obstinaciones, sin resistencia alguna.

¡Y a pesar de ello, cuánta humildad tuvo!

Jamás abusó de su poder, jamás dictaminó cosa alguna contra todo canon, simplemente por ser el jefe.

La Esposa era su dulce consejera.

Y aunque Ella, en su profunda humildad, se considerase la sierva de su consorte,

éste extraía, de su sabiduría de Llena de Gracia, la luz para conducirse en todo lo que acaecía.

Y Yo así fui creciendo, cual flor protegida por dos vigorosos árboles,

entre estos dos amores que se entrelazaban por encima de Mí para protegerMe y amarMe.

NO.

Mientras la edad me hizo ignorar el mundo, Yo no sentí nostalgia del Paraíso.

Presentes estaban Dios Padre y el Divino Espíritu, pues María estaba llena de Ellos.

Y los ángeles allí moraban, porque nada les hacía alejarse de esa casa.

Y hasta podría decir que uno de ellos se había revestido de carne y era José,

alma angélica liberada del peso de la carne, dedicada sólo a servir a Dios y a su causa.

Y a amarlo como le aman los serafines.

¡Oh, la mirada de José!:

Pacífica y pura como la de una estrella ajena a toda concupiscencia terrena.

Era nuestro descanso y nuestra fuerza.

Hay muchos que piensan que Yo no sufrí humanamente cuando la muerte apagó esa mirada de santo, esa mirada celadora presente en nuestra casa.

Si bien, siendo Dios — y, como tal, conociendo la feliz ventura de José — no me apenó su partida (que tras breve estancia en el Limbo le había de abrir el Cielo),

Como Hombre sí lloré en esa casa privada de su amorosa presencia.

Lloré por el amigo desaparecido.

¿Y es que, acaso, no debía haber llorado por este santo mío, en cuyo pecho, de pequeño, yo había dormido?

¿Y del cual había recibido amor durante tantos años?

Finalmente, pongo ante la consideración de los padres, cómo sin contar con una erudición pedagógica,

José supo hacer de Mí un hábil artesano.

Apenas llegado Yo a la edad que me permitía manejar las herramientas, no dejándome saborear la ociosidad, me encaminó al trabajo,

Y se sirvió sobre todo de mi amor por María, para estimularme a trabajar…

Hacer aquellos objetos que le fueran útiles a Mamá.

Y así se inculcaba el debido respeto que todo hijo debería tener hacia su madre.

Y sobre este respetuoso y amoroso fulcro, apoyaba la formación del futuro carpintero.

¿Dónde están ahora las familias en que a los pequeños se les haga amar el trabajo como medio para realizar algo grato a los padres?

Los hijos, actualmente, son los déspotas de la casa.

Se desarrollan indiferentes, duros, mezquinos para con sus padres, a quienes consideran a su servicio, como si fueran sus esclavos.

No los aman.

Y de ellos reciben a su vez poco amor.

En efecto, al mismo tiempo que hacéis de vuestros hijos unos déspotas caprichosos…

Os separáis de ellos desentendiéndoos vergonzosamente.

Padres del siglo veinte (ya veintiuno), vuestros hijos son de todos menos vuestros:

Son de la nodriza, de la institutriz, del colegio, si sois ricos.

De los compañeros, de la calle, de las escuelas, si sois pobres.

No son vuestros.

Vosotras, madres, los generáis, nada más; vosotros, padres hacéis lo mismo.

Y sin embargo, un hijo no es sólo carne; es mente, es corazón, es espíritu.

Creed pues, que nadie tiene más deber y derecho que un padre y una madre, de formar esta mente, este corazón, este espíritu.

La familia existe, debe existir.

No hay teoría o progreso alguno que pueda válidamente, demoler esta verdad, sin provocar un desastre.

Una institución familiar desmoronada, sólo puede dar futuros hombres y mujeres,

cada vez más depravados; causa a su vez de calamidades crecientes.

En verdad os digo que sería preferible que no os casarais más,

que no engendrarais más sobre esta tierra,

lugar de tener estas familias menos unidas que un clan de monos.

Estas familias que no son escuela de virtud, de trabajo, de amor, de religión..

Sino un caos en que todos viven autónomamente, como engranajes desengranados, que al final terminan por romperse.

Seguid, seguid destruyendo.

Ya estáis viendo y sufriendo los frutos de vuestra acción quebrantadora,

de la forma más santa de la vida social.

Seguid, seguid, si queréis.

Pero luego no os quejéis de que este mundo sea cada vez más infernal,

morada de monstruos devoradores de familias y naciones.

¿Así lo queréis? Pues sea así…”

Esto lo dije en 1944…

¿Qué diré ahora, en 2021, con tantísima corrupción, con tantísimos devaneos y divorcios en los matrimonios,

que ya ni siquiera se casan sino que se juntan como los animales,?

¡Y encima en uniones brutales de hombres con hombres y de mujeres con mujeres!

Queriendo incluso adoptar hijos, en estas uniones abominables ante los ojos de Dios.

¿Para qué…?

¿Para que éstos vivan la corrupción desde pequeños?…

26 EL EDICTO DE AUGUSTO


26 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Augusto y el censo de Belén

“En mi sexto consulado (28 a.C), llevé a cabo, con Marco Agripa como colega el censo del pueblo. Celebré la ceremonia lustral después de que no se hubiera celebrado en 42 años; en ellas fueron censados 4.063.000 ciudadanos romanos.

Durante el consulado de Cayo Censorino y Cayo Asinio (8 a.C) llevé a cabo el censo por mi solo, en virtud de mi poder consular, en cuya lustración se contaron 4.233.000 ciudadanos romanos.

Hice el censo por tercera vez, en virtud de mi poder consular y teniendo por colega a mi hijo adoptivo Tiberio César, en el consulado de Sexto Pompeyo y Sexto Apuleyo (14 d.C); con ocasión de este censo conté 4.937.000 ciudadanos romanos” Augusto Res Gestae Divi Augusti

Nacimiento de Jesús
  1. Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
  2. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
  3. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
  4. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
  5. para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Lucas 2 1-5

El edicto de empadronamiento.

Enseñanzas sobre el amor al esposo y la confianza en Dios.

De nuevo veo la casa de Nazaret, la pequeña habitación en que María habitualmente come.

Ahora Ella está trabajando en una tela blanca.

La deja para ir a encender una lámpara, pues está atardeciendo y no ve ya bien con la luz verdosa que entra por la puerta entornada que da al huerto.

Cierra también la puerta.

Observo que su cuerpo está ya muy engrosado, pero sigue viéndosele muy hermosa. Su paso continúa siendo ágil; todos sus movimientos, están llenos de donaire.

No se ve en Ella ninguna de esas sensaciones de peso que se notan en la mujer cuando está próxima a dar a luz a un niño.

Sólo en el rostro ha cambiado. Ahora es “la mujer”. Antes, cuando el Anuncio, era una jovencita de carita serena e ingenua (como de niño inocente).

Luego, en la casa de Isabel, cuando el nacimiento del Bautista, su rostro se había perfeccionado, adquiriendo una gracia más madura.

Ahora es el rostro sereno, pero dulcemente majestuoso, de la mujer que ha alcanzado su plena perfección en la maternidad.

Ya no recuerda a esa “Virgen de la Anunciación” de Florencia.

Cuando era niña, yo sí que la veía reflejada en ella.

Ahora el rostro es más alargado y delgado; la mirada, más pensativa y grande.

En pocas palabras: como es María actualmente en el Cielo.

Porque ahora ha asumido el aspecto y la edad del momento en que nació el Salvador.

Tiene la eterna juventud de quien no sólo no ha conocido corrupción de muerte, sino que ni siquiera ha conocido el marchitamiento de los años.

El tiempo no ha tocado a esta Reina nuestra y Madre del Señor que ha creado el tiempo.

Es verdad que en el suplicio de los días de la Pasión — suplicio que para Ella empezó muchísimo antes,

podría decir que desde que Jesús comenzó la evangelización — se la vio envejecida, pero tal envejecimiento era sólo como un velo corrido por el dolor sobre su incorruptible cuerpo.

Efectivamente, desde cuando Ella vuelve a ver a Jesús, resucitado, torna a ser la criatura fresca y perfecta de antes del suplicio:

como si al besar las santísimas Llagas hubiera bebido un bálsamo de juventud que hubiese cancelado la obra del tiempo y, sobre todo, del dolor.

También hace ocho días, cuando he visto la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, veía a María “hermosísima y, en un instante, rejuvenecida”, como escribía; ya antes había escrito: “Parece un ángel azul”.

Los ángeles no experimentan la vejez. Poseen eternamente la belleza de la eterna juventud, del eterno presente de Dios que en sí mismos reflejan.

La juventud angélica de María, ángel azul, se completa y alcanza la edad perfecta — que se ha llevado consigo al Cielo y que conservará eternamente en su santo cuerpo glorificado,

cuando el Espíritu pone el anillo nupcial a su Esposa y la corona en presencia de todos — ahora, y no ya en el secreto de una habitación ignorada por el mundo, con un arcángel como único testigo.

He querido hacer esta digresión porque la consideraba necesaria. Ahora vuelvo a la descripción.

María, pues, ahora ya es verdaderamente “mujer”, llena de dignidad y donaire. Incluso su sonrisa se ha transformado, en dulzura y majestad. ¡Qué hermosa está María!

Entra José. Da la impresión de que vuelve del pueblo, porque entra por la puerta de la casa y no por la del taller.

María levanta la cabeza y le sonríe.

También José le sonríe a Ella… no obstante, parece como si lo hiciera forzado, como quien estuviera preocupado.

María lo observa escrutadora y se levanta para coger el manto que José se está quitando, para doblarlo y colocarlo encima de un arquibanco.

José se sienta al lado de la mesa. Apoya en ella un codo y la cabeza en una mano mientras con la otra, absorto, se peina y despeina alternativamente la barba. 

María pregunta:

–     ¿Estás preocupado por algo?

¿Te puedo servir de consuelo?

–     Tú siempre me confortas, María.

Pero esta vez es una gran preocupación… por ti.

–    ¿Por mí, José? ¿Y qué es, pues?

–     Han puesto un edicto en la puerta de la sinagoga.

Ha sido ordenado el empadronamiento de todos los palestinos. Hay que ir a anotarse al lugar de origen. Nosotros tenemos que ir a Belén…

–     ¡Oh! – interrumpe María, llevándose una mano al pecho.

–     ¿Te preocupa, verdad?

Es penoso. Lo sé.

–     No, José, no es eso.

Pienso… pienso en las Sagradas Escrituras: Raquel, madre de Benjamín y esposa de Jacob, del cual nacerá la Estrella, el Salvador.

Raquel, que está sepultada en Belén; de la que se dijo:

“Y tú, Belén Efratá, eres la más pequeña entre las tierras de Judá, mas de ti saldrá el Dominador”, el Dominador prometido a la estirpe de David; Él nacerá allí…

–     ¿Piensas… piensas que ya ha llegado el momento?

¡Oh! ¿Qué podemos hacer? 

José está enormemente preocupado y mira a María con ojos llenos de compasión.

Ella lo percibe, y sonríe. Su sonrisa es más para sí que para él. Es una sonrisa que parece decir: «Es un hombre; justo, pero hombre. Y ve como hombre, piensa como hombre.

Sé compasiva con él, alma mía, y guíalo a la visión de espíritu». Y su bondad la impulsa a tranquilizarlo. No mintiendo, sino tratando de quitarle la preocupación,

le dice:

–     No sé, José.

El momento está muy cercano, pero, ¿No podría el Señor alargarlo para aliviarte esta preocupación? Él todo lo puede. No temas.

–     ¡Pero el viaje!…

Y además, ¡Con la cantidad de gente que habrá!… ¿Encontraremos un buen lugar para alojarnos? ¿Nos dará tiempo a volver?

Y si… si eres Madre allí, ¿Cómo nos las arreglaremos? No tenemos casa… No conocemos a nadie….

–     No temas.

Todo saldrá bien. Dios provee para que encuentre un amparo el animal que procrea, ¿Y piensas que no proveerá para su Mesías? Nosotros confiamos en Él, ¿No es verdad?

Siempre confiamos en Él, Cuanto más fuerte es la prueba, más confiamos. Como dos niños, ponemos nuestra mano en su mano de Padre.

Él nos guía. Estamos completamente abandonados en Él.

Mira cómo nos ha conducido hasta aquí con amor. Ni el mejor de los padres podría haberlo hecho con más esmero.

Somos sus hijos y sus siervos. Cumplimos su voluntad. Nada malo nos puede suceder.

Este edicto también es voluntad suya. ¿Qué es César, sino un instrumento de Dios?

Desde que el Padre decidió perdonar al hombre, ha predispuesto los hechos para que su Hijo naciera en Belén.

Antes de que ella, la más pequeña de las ciudades de Judá, existiera, ya estaba designada su gloria.

Para que esta gloria se cumpla y la palabra de Dios no quede en entredicho — y lo quedaría si el Mesías naciera en otro lugar — he aquí que ha surgido un poderoso, muy lejos de aquí,

y nos ha dominado, y ahora quiere saber quiénes son sus súbditos, ahora, en un momento de paz para el mundo…

¡Qué es una pequeña molestia nuestra comparada con la belleza de este momento de paz!

Fíjate, José, ¡Un tiempo en que no hay odio en el mundo! ¿Existe, acaso, hora más feliz que ésta, para que surja la “Estrella” de luz divina y de influjo redentor?

¡Oh, no tengas miedo, José!

Si inseguros son los caminos, si la muchedumbre dificulta la marcha, los ángeles serán nuestra defensa y nuestro parapeto; no de nosotros, sino de su Rey.

Si no encontramos un lugar donde ampararnos, sus alas nos harán de tienda. Nada malo nos sucederá, no puede sucedemos: Dios está con nosotros.

José la mira y la escucha con devoción.. Las arrugas de la frente se alisan, la sonrisa vuelve. Se pone en pie, ya sin cansancio y sin pena. Sonríe.

–     ¡Bendita tú, Sol del espíritu mío!

¡Bendita tú, que sábes ver todo a través de la Gracia que te llena! No perdamos tiempo, pues, porque hay que partir lo antes posible y… volver cuanto antes, para que aquí todo está preparado para el… para el….

–     Para el Hijo nuestro, José.

Tal debe ser a los ojos del mundo, recuérdalo.

El Padre ha velado de misterio esta venida suya, y nosotros no debemos descorrer el velo. Él, Jesús, lo hará, llegada la hora…

La belleza del rostro, de la mirada, de la expresión, de la voz de María al decir este «Jesús» no es describible. Es ya el éxtasis…

Y con este éxtasis cesa la visión.

Dice María: 

No añado mucho, porque mis palabras son ya enseñanza. Eso sí, reclamo la atención de las mujeres casadas sobre un punto.

Demasiadas uniones se transforman en desuniones por culpa de las mujeres, las cuales no tienen hacia el marido ese amor que es todo (amabilidad, compasión, consuelo).

Sobre el hombre no pesa el sufrimiento físico que oprime a la mujer, pero sí todas las preocupaciones morales: necesidad de trabajo, decisiones que hay que tomar,

responsabilidades ante el poder establecido y ante la propia familia… ¡Oh, cuántas cosas pesan sobre el hombre, y cuánta necesidad tiene también él de consuelo!

Pues bien, es tal el egoísmo, que la mujer le añade al marido cansado, desilusionado, abrumado, preocupado, el peso de inútiles quejas, e incluso a veces injustas.

Y todo porque es egoísta; no ama.

Amar no significa satisfacer los propios sentidos o la propia conveniencia.

Amar es satisfacer a la persona amada, por encima de los sentidos y conveniencias, ofreciéndole a su espíritu esa ayuda que necesita para poder tener siempre abiertas las alas en el cielo de la esperanza y de la paz.

Hay otro punto en el que querría que centrarais vuestra atención. Ya he hablado de ello; no obstante, insisto. Se trata de la confianza en Dios.

La confianza compendia las virtudes teologales.

Si uno tiene confianza, es señal de que tiene fe; si tiene confianza, es señal de que espera y de que ama. Cuando uno ama, espera y cree en una persona, tiene confianza. Si no, no.

Dios merece esta confianza nuestra.

Si se la damos a veces a pobres hombres capaces de cometer faltas, ¿Por qué negársela a Dios, que no comete falta alguna? La confianza es también humildad.

El soberbio dice: “Voy a actuar por mí mismo. No me fío de éste, que es un incapaz, un embustero y un avasallador”.

El humilde dice: “Me fío. ¿Por qué no me voy a fiar? ¿Por qué debo pensar que yo soy mejor que él?”. Y así, con mayor razón, de Dios dice:

“¿Por qué voy a tener que desconfiar de Aquel que es bueno? ¿Por qué voy a tener que pensar que me basto por mí mismo?”.

5. De igual manera, jóvenes, sed sumisos a los ancianos; revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. 
6. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce;
7. confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros. 1 Pedro 5

Dios se dona al humilde, del soberbio se retira. La confianza es, además, obediencia; y Dios ama al obediente.

La obediencia es signo de que nos reconocemos hijos suyos, de que lo reconocemos como Padre; y un padre, cuando es verdadero padre, no puede hacer otra cosa sino amar.

Dios es para nosotros Padre verdadero y perfecto.

Hay un tercer punto que quiero que meditéis. Se funda también en la confianza. Ningún hecho puede acaecer si Dios no lo permite.

Por lo cual, ya tengas poder, ya seas súbdito, será porque Dios lo ha permitido.

Preocúpate, pues, ¡Oh tú que tienes poder!, de no hacer de este poder tuyo tu mal. En cualquier caso sería “tu mal”, aunque en principio pareciese que lo fuera de otros.

En efecto, Dios permite, pero no sin medida; y, si sobrepasas el punto señalado, asesta el golpe y te hace pedazos.

Preocúpate, pues, tú que eres súbdito, de hacer de esta condición tuya una calamita para atraer hacia ti la celeste protección.

No maldigas nunca.

Deja que Dios se ocupe de ello. A Él, Señor de todos, le corresponde bendecir o maldecir a los seres que ha creado. 

116 SACRIFICIO CONYUGAL


116 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús camina con sus primos, hacia Caná, hasta llegar a la casa de Susana. 

Jesús está en esta casa descansando y comiendo, adoctrinando con sencillez a los parientes o amigos de Caná:  buenas personas que lo escuchan como siempre debería ser.

Jesús consuela además al marido de Susana, la cual parece estar enferma y él le habla de su dolor.

En esto, entra un hombre bien vestido y se postra a los pies de Jesús.

–     ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

Mientras el hombre está todavía suspirando y llorando, el dueño de la casa le tira de un extremo de la túnica a Jesús y susurra:

–     Es un oficial del Tetrarca, no te fíes demasiado.

Jesús le pregunta al hombre postrado:

–     Habla. ¿Qué quieres de Mí?

–     Maestro, he sabido que habías vuelto.

Te esperaba como se espera a Dios. Ven en seguida a Cafarnaúm. Mi hijo varón yace enfermo; tanto, que sus horas están contadas.

He visto a tu discípulo Juan. Por él he sabido que estabas viniendo hacia aquí. Ven, ven enseguida, antes de que sea demasiado tarde.

–     ¿Cómo?

¿Tú, que eres siervo del perseguidor del santo de Israel, puedes creer en Mí?

¿Cómo podéis creer en el Mesías si no creéis en su Precursor?

–     Es verdad.

Vivimos en pecado de incredulidad y de crueldad. Pero, ¡Ten piedad de este padre! Conozco a Cusa.

He visto a Juana antes y después del milagro. He creído en Tí.

–     ¡Ya! Sois una generación tan incrédula y perversa que sin signos y prodigios no creéis.

Os falta la primera cualidad que se requiere para obtener milagros.

–     ¡Es verdad!

¡Todo eso es verdad! Pero ya ves que ahora creo en Tí y te ruego que vengas, que vengas enseguida a Cafarnaúm.

Tendrás preparada una barca en Tiberíades para que puedas ir más rápido. Ven antes de que mi niño muera.

Y el hombre llora desolado. 

Jesús declara:

–     Por ahora no iré a Cafarnaúm.

Vuelve tú. Tu hijo, desde este momento, está curado y vive.

El oficial del rey exclama:

–     ¡Que Dios te bendiga, mi Señor! Yo creo.

De todas formas, ven en otro momento a Cafarnaúm, a mi casa, que quiero que toda mi casa te festeje.

–    Iré. Adiós. La paz sea contigo.

El hombre sale rápido.

Inmediatamente después se oye el trote de un caballo.

El marido de Susana pregunta:

–     ¿Está curado de verdad ese muchacho? 

–     ¿Eres capaz de creer que Yo mienta?

–     No, Señor, pero Tú estás aquí y el muchacho allá.

–     Para mi espíritu no hay barreras ni distancias.

–     ¡Oh, mi Señor!.

Entonces, Tú que cambiaste el agua en vino en mi boda, transforma mi llanto en sonrisa: ¡Cúrame a Susana!

–    ¿Qué me das a cambio?

–     La suma que quieras.

–     No ensucio lo santo con la sangre del dios Riqueza.

Es a tu espíritu al que pregunto qué me dará.

–     Pues incluso a mí mismo si lo deseas.

–     ¿Y si te pidiera, sin palabras, un gran sacrificio?

–     Mi Señor, te estoy pidiendo la salud corporal de mi esposa y la santificación de todos nosotros.

Creo que nada puedo considerarlo excesivo si recibo esto.

–     Vivísimo es tu amor hacia tu mujer.

Si la devolviera a la vida, pero conquistándola Yo para siempre como discípula, ¿Qué dirías?

–     Que… que estás en tu derecho.

Y que… que imitaré a Abraham en la prontitud para el sacrificio.

–     Bien has dicho.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, se sufre el Calvario de Jesús CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

Oíd esto todos:

La hora de mi Sacrificio se acerca; como agua corre veloz, sin detenerse, hacia la desembocadura.

Debo cumplir todo mi deber. La dureza humana me impide el acceso a mucho terreno de misión.

Mi Madre y María de Alfeo vendrán conmigo a otros lugares, a las gentes que aún no me aman o que no me amarán jamás.

Mi sabiduría sabe que las mujeres podrán ayudar al Maestro en este campo de misión impedido.

He venido a redimir también a la muje.

En el siglo futuro, en mi Hora, las mujeres símiles a sacerdotisas, servirán al Señor y a los siervos de Dios.

Yo he elegido a mis discípulos, pero para elegir a las mujeres, que no son libres, debo pedírselo a los padres y a los maridos. ¿Tú lo quieres?

–    Señor, amo a Susana.

Hasta ahora la he amado más como carne que como espíritu. Pero, influido por tu enseñanza, algo ha cambiado en mí;

ahora miro a mi mujer como alma además de como cuerpo. El alma es de Dios y Tú eres el Mesías Hijo de Dios.

No te puedo disputar tu derecho en lo que a Dios pertenece. Si Susana decide seguirte, no le opondré resistencia.

Me basta con que, te lo ruego, obres el milagro de sanarla a ella en su carne y a mí en mis apetitos…

–     Susana está curada.

Vendrá dentro de pocas horas a manifestarte su gozo. Deja que su alma siga su impulso, sin hablar de cuanto ahora he dicho.

Verás como su alma viene espontáneamente a Mí, como la llama tiende a subir hacia arriba. No por ello acabará su amor de esposa;  antes al contrario, subirá al grado más alto.

O sea, al de amar con la parte mejor: con el espíritu.

–     Susana te pertenece, Señor.

Debía morir y además lentamente, sufriendo fuertes espasmos. Una vez muerta, la habría perdido verdaderamente, aquí en la Tierra.

Siendo como Tú dices, la tendré todavía a mi lado para llevarme consigo por tus caminos.

Dios me la dio, Dios me la quita. ¡Bendito sea el Altísimo, en el dar y en el recibir!

Tiempo después, en Cafarnaúm…

Jesús está en la casa de Santiago y Juan con sus apóstoles, Pedro y Andrés, Simón Zelote, Judas y Mateo.

Santiago y Juan están felices: van y vienen, de su madre a Jesús y viceversa, como mariposas que no saben cuál flor elegir de dos igualmente apreciadas.

Y María Salomé, cada vez que van a ella, acaricia feliz, a estos hijos suyos, mientras Jesús sonríe contento.

Acaban de terminar la comida.

Santiago y Juan, a toda costa, quieren que Jesús coma unos racimos de uva blanca en conserva, preparada por su madre y que deben saber dulce como la miel.

¿Qué no le darían a Jesús?

Pero Salomé quiere ir más allá de las uvas y de las caricias, en dar y recibir.

Pasado un rato, en que ha estado pensativa mirando a Jesús y a Zebedeo, toma una decisión.

Se acerca al Maestro, que está sentado, aunque con los hombros apoyados contra la mesa. Y se arrodilla delante de Él.

Jesús pregunta:

–     ¿Qué quieres, mujer?

–     Maestro, has decidido que tu Madre y la de Santiago y Judas vayan contigo.

También va contigo Susana, y lo hará, sin duda, la gran Juana de Cusa.

Todas las mujeres que te veneran irán contigo, si una sola lo hace. Yo también quisiera contarme entre ellas.

Tómame contigo, Jesús; te serviré con amor.

–     Debes cuidar a Zebedeo. ¿Ya no lo quieres?

–     ¡Que si le quiero!…

Pero te quiero más a Tí. ¡Oh… No quiero decir que te quiera como hombre!

Tengo ya sesenta años, estoy casada desde hace casi cuarenta  y jamás he visto a hombre alguno aparte de mi marido. 

No voy a perder la cabeza ahora que soy una anciana.

No quiero decir tampoco que por ser vieja muera mi amor hacia mi Zebedeo. Pero Tú… Yo no sé hablar.

Soy una pobre mujer.

Hablo como sé. Quiero decir que a Zebedeo lo quiero con todo lo que yo era antes;

a Tí te quiero con todo lo que Tú me has sabido dar con tus palabras y las que me han referido Santiago y Juan.

Es algo completamente distinto, sin duda muy hermoso.

–     Nunca será tan hermoso como el amor de un excelente esposo.

« ¡Oh, no! ¡Mucho más!

No te lo tomes a mal, Zebedeo. Te sigo queriendo con toda mí misma. A Él, sin embargo, lo quiero con algo que aun siendo todavía María ya no es María, la pobre María, tu esposa, sino que es más…

¡Oh…, no sé decir!

Jesús sonríe a esta mujer que no quiere ofender a su marido, pero que al mismo tiempo no puede mantener escondido su grande, nuevo amor.

Zebedeo también sonríe, con gravedad. Y se acerca a su mujer,  la cual, todavía de rodillas, gira sobre sí misma alternativamente hacia su esposo y hacia Jesús. 

Jesús le dice:

–     ¿Te das cuenta, María, de que vas a tener que dejar tu casa?

¡Para ti es muy importante! Tus palomas… tus flores… y esta vid que da esa dulce uva de que tan orgullosa te sientes…

Y tus colmenas: las más renombradas del pueblo…

Y tendrás que dejar ese telar en que has tejido tanta tela, tanta lana para tus amados…

¿Y tus nietecitos, los hijos de tus hijas? ¿Qué vas a hacer sin ellos?

María Salomé, además de Juan y Santiago, tiene hijas… 

Y responde:

–     Pero, mi Señor,

¿Qué son las paredes de la casa, las palomas, las flores, la vid, las colmenas, el telar?… Son cosas buenas, se les tiene cariño, sí.

¡Pero… son tan pequeñas comparadas contigo, comparadas con el amor a Tí!… Los nietecitos… sí.

Sentiré no poderlos dormir en mi regazo ni oír su voz cuando me llaman. ¡Pero Tú eres mucho más; sí, sí, eres más que todo eso que me nombras!

Y aun en el caso de que por mi debilidad lo estimase tanto como servirte y seguirte.

O más, de todas formas prescindiría de ello, no sin llanto femenino, para seguirte con la sonrisa en el alma.

¡Acéptame, Maestro. Decídselo vosotros,

Juan, Santiago… y tú, esposo mío. ¡Sed buenos, ayudadme todos!

–     Bien, de acuerdo.

Vendrás también tú con las otras mujeres. He querido hacerte meditar bien sobre el pasado y el presente, sobre lo que dejas y lo que tomas.

Ven, Salomé; estás preparada ya para entrar en mi familia.

–     ¡Preparada! Pero si soy menos que un párvulo…

Tú me perdonarás los errores, me sujetarás de la mano. Tú… porque, siendo tosca como soy, voy a sentir vergüenza ante tu Madre y ante Juana.

Y ante todos, excepto ante Tí, porque Tú eres el Bueno y todo lo comprendes, de todo te compadeces, todo lo perdonas.

P EL ÁNGEL DE LA MUERTE


Diciembre 05 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, la muerte, para unos es el momento más deseado de sus vidas, para otros, el más temido.

¿En qué consiste la diferencia?

Hijos Míos, la Muerte es el momento deseado de Mí Corazón; es el momento en el cuál vuestras almas regresan a Su Creador después de un largo viaje,

es el momento del coloquio Divino entre Vuestro Dios con Su creatura, es el momento del intercambio amoroso de las almas con Su Dios; es el pase a una nueva vida.

Vosotros, vuestras almas, Me pidieron el don de la vida para servirMe en la Tierra, para llevar Mí Amor, Mí Compasión a los necesitados, Mí Ternura a los afligidos, Mí Redención a los pecadores.

Vosotros hicisteis un pacto de amor y donación de vuestra voluntad aquí en el Cielo, para bajar a la Tierra y poder ayudarMe en la salvación de las almas;

hicisteis un pacto de amor para procurarMe felicidad al hacer Mí Voluntad.

¿Cómo no voy Yo a resistir abrazaros y buscaros cuando vosotros retornáis a Mí Reino, después de una larga o corta travesía por la Tierra?

¿Cómo no voy Yo a hacer fiesta con los Míos, por vuestro retorno a la Casa Celestial?

¿Cómo no voy Yo a gozar de vuestro regreso triunfal después de que habéis dejado Mí Presencia y Mí Amor entre vuestros semejantes?

Sí, hijitos Míos, la muerte es alegría en el Cielo, es alegría en Mí Corazón, es el momento de la eterna unión;

es el principio de una nueva vida probada en el Amor, después de la donación y triunfo de vuestra alma a Su Dios,

es la coronación a vuestras almas por Su Dios por haberos donado para llevar Su Santo Nombre y Amor a los vuestros.

Esto, hijitos Míos, es en realidad la muerte, vuestra muerte, la cuál no es fin, sino principio,

Principio de Gloria, Principio de Mí Amor a vosotros para un gozo eterno. Es el regreso e intercambio de experiencias de Vuestro Dios con vosotros. 

Es el recuerdo de Mí Presencia en vosotros, de Mis Cuidados amorosos mientras cumplíais vuestra misión, vuestra donación.

Es el recordar vivencias y de aceptar errores. Es momento de purificación gloriosa ante un Dios que os ama por sobre todas las cosas.

Es el momento de enfrentarse a la Verdad de Mí Corazón, pero es el momento del enfrentamiento con Mí Misericordia, con Mí Amor.

Si vuestra alma llega a Mí, deseosa de unión, a pesar de vuestras faltas, deberéis estar seguros de que Yo seré para vosotros Amor Total.

No encontraréis al juez que muchos temen y que os imagináis, sino encontraréis al Padre compasivo, al Padre que entiende perfectamente vuestra pequeñez y que sabrá disculpar todas vuestras faltas.

Si es vuestra humildad y arrepentimiento los que se presenten ante Mí, Yo os abrazaré y enjugaré vuestras lágrimas de dolor por haberMe contristado.


Si es vuestro pequeño amor el que viene ante Mí a dar cuentas al Amor, Yo lo colmaré y lo engrandeceré y será vuestro triunfo eterno ante vuestros hermanos en Mí Reino Celestial.

Hijitos Míos, ¡Cómo deseo el encuentro final! ¡El encuentro del Principio!

Mí Corazón se llena de alegría infinita al ver a las almas que retornan y Yo, como si no supiera nada de vuestras vidas y de vuestra misión en la Tierra,

Me gusta escucharos, Me gusta compartir de vuestra vida pasada, Me gusta vivir con vosotros vuestra vida.

El encuentro final ¡Qué alegría! Deberéis desear y pedirMe éste encuentro final, porque debéis estar seguros que Mí Gozo es grande al teneros nuevamente ante Mí

y porque deseo nuevamente fundiros a Mí Ser y así, Yo compartir con vosotros Mis Gozos y Gloria por toda la Eternidad.

Hijitos Míos, no temáis éstos momentos de gran Gloria y Amor de Mí Corazón.

Si vosotros tenéis plena Fé y Confianza en Mí Amor, no temáis, Yo conozco perfectamente vuestra pequeñez, vuestros defectos y vuestros pecados.

Yo os conozco mejor que vosotros mismos puesto que Yo os creé y os acompañé desde el primer momento de vuestra existencia.

Yo os he amado desde siempre y Mí Amor hacia vosotros, cuando con vuestra libre voluntad, Me pedís bajara al Mundo a servirMe, sabiendo los peligros existentes allá.

Por eso mismo el regreso es gratísimo a Mí Corazón. 

Mí Corazón es extremadamente sensible a las muestras de amor que Me proporcionan las almas al donárseme en vuestra libre voluntad.

Debéis estar gozosos con vuestra muerte, porque Me dáis también a Mí, gran gozo y ésta alegría que Me dáis, no la podréis comprender sino hasta que estéis Conmigo.

No temáis hijitos Míos, a la unión definitiva, deseádla.

Un Padre que os ama con un amor que no puede llegar a medir vuestra pequeña mente humana, os está esperando.

¡Me dáis tanto gozo, os lo aseguro! Tened confianza y venid a Mí arrepentidos y Yo sabré reconfortaros, pero venid.

Que vuestros últimos momentos en la Tierra sean de alegría y cantos jubilosos hacia Vuestro Padre, hacia Vuestro Dios, para que cuando cerréis vuestros ojos

se abran acá en Mí Reino y que vuestro gozo y vuestros cantos se unan a los de Mis Ángeles y Mis Santos.

Los que han de temer su muerte son aquellos que durante su vida se dedicaron a blasfemar Mí Nombre, a atacar Mí Doctrina,

a tratar de evitar la veneración y el amor a Mí Santísima Hija, la Siempre Virgen María.

Para ellos sí seré Juez riguroso, ya que todo lo que tuvísteis en la Tierra, todo lo obtuvisteis de Mí.

Vuestra vida, vuestro bienestar, vuestra salud, vuestros hijos, vuestros dones y capacidades y todo, os lo dí, a pesar de vuestras blasfemias y negaciones,

a pesar de vuestra falta de amor hacia vuestros semejantes, a pesar de haber hecho lo posible por tratar de destruir la Obra de Mí Hijo sobre la Tierra, por haber tratado de destruir Mí Iglesia.

Para aquellos sí seré Juez severo y no Padre amoroso, porque Me tuvieron y Me despreciaron,

porque los consentí por ser Mis hijos “problema” y no quisieron escuchar la voz amorosa de Su padre para volverlos al buen camino.

Estos sí han de temer el momento del encuentro, porque su vida eterna será de llanto y dolor.

Llanto y dolor que primero Me infringieron a Mí, vuestro Dios, y a pesar de Mí Dolor Infinito, vuestra condenación de dará.

Hijitos Míos, los que Me amáis, orad por todas ésas almas, las que no Me aman, las que Me atacan, las que no desean una vida eterna de alegrías y de Amor de Mí Corazón.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Pedid por su salvación, orad, haced penitencia y ayunos por ellas, para que Yo pueda romper sus duros corazones y pueda introducirMe por las pequeñas resquebrajaduras

y mueva sus corazones al arrepentimiento sincero, para hacerles llegar Mí Luz de Amor y pueda Yo, por vuestra intercesión, ganarMe otra alma para Mí Reino.

Todas las almas Me pertenecen, todos sóis Míos, ¡volved a Mí, hijitos Míos, volved a Mí, os amo!

Uníos a los Méritos de Mí Hijo, unid vuestras pequeñas fuerzas y méritos, a los méritos Omnipotentes de Mí Hijo y así alcanzaréis fuerza insospechada.

Revestíos con Su Vida de ejemplo y amor y purificáos con Su Divina Sangre para que unida a vuestra muerte, os alcance de Mí Hijo, la Gracia de vuestra purificación final

y así os presentéis ante Mí, gloriosos y santos y os haga pasar a Mí Reino por toda la Eternidad.

Vivíd bajo la protección amorosa de Mí Hija, vuestra Madre, la Santísima Virgen María,

“Guadalupe” en náhuatl significa: “aplasta la cabeza de la serpiente”Es justo Génesis 3,15: María Vencedora del Maligno.  Y la imagen de la tilma, es una pintura exacta como la detalla el Apocalipsis 12,

de quién obtendréis todos los cuidados amorosos y santos que vuestras almas necesitan durante vuestra vida sobre la Tierra y que necesitarán al final de ella.

Ella os revestirá con la blancura de Su Manto Virginal y Ella os presentará ante Mí y abogará por vosotros cuando os encontréis ante Mí Presencia.

Confiad plenamente en Ella porque os ama mucho más de lo que un padre o una madre de la Tierra os pueden amar.

Vivir con Ella y amarla, es signo inequívoco de salvación eterna.

Vivid bajo la Inspiración Divina de Mí Santo Espíritu para que os guíe por el sendero del amor, el sendero seguro de la salvación, tanto vuestra como la de vuestros semejantes.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en el hueco de mi mano?

Y vivíd seguros de que vuestro Padre Celestial os está esperando en ése último suspiro de vida, para abrazaros con el abrazo amoroso y comprensivo,

lleno de ternura y de perdón, lleno de disculpas y de salvación, para compartir con vosotros Su Vida Eterna.

Yo os bendigo en Mí Santo Nombre, en el de Mí Hijo y en el del Espíritu Santo de Amor.

Recibid, también, las bendiciones de Mí Hija, la Santísima Virgen María, Madre del Salvador y Redentor del Mundo.

CANTALAMESSA: EN LA ESCUELA DE LA «HERMANA MUERTE»

Kamil Szumotalski/ALETEIA

Ary Waldir Ramos Díaz – publicado el 04/12/20

Curiosamente, una conocida marca española ha puesto en marcha una campaña de Navidad con el mismo mensaje que el predicador del Papa

Mirar la vida desde el punto de vista de la muerte, otorga una ayuda extraordinaria para vivir bien«, dijo el cardenal Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia.

Un memento mori que no solo ha resonado en el Aula Pablo VI, sino también en las redes sociales de España.

Cantalamessa desarrolló la primera predicación de Adviento en el contexto de la pandemia que vive el mundo.

Lo hizo ante el Papa Francisco, los cardenales y monseñores de la Curia Romana que lucieron mascarillas para evitar contagios de Covid en el aula Pablo VI del Vaticano.

¿Estás angustiado por problemas y dificultades? Adelántate, colócate en el punto correcto: mira estas cosas desde el lecho de muerte.

¿Cómo te gustaría haber actuado? ¿Qué importancia darías a estas cosas? ¡Hazlo así y te salvarás! ¿Tienes una discrepancia con alguien? Mira la cosa desde el lecho de muerte.

¿Qué te gustaría haber hecho entonces: haber ganado o haberte humillado? ¿Haber prevalecido o haber perdonado?

Precisamente, la campaña de una conocida marca española subraya este hilo sutil remarcado hoy por Cantalamessa, pero desde la libertad artística de una publicidad:

«Preferís vivir como si la muerte no existiera… Si algo hemos aprendido en este 2020 es que cualquier día, por insignificante, extraño o difícil que parezca… merece ser vivido”.

Entretanto, la predicación del cardenal Cantalamessa llevaba como titulo: “Enséñanos a contar nuestros días y llegaremos a la sabiduría del corazón”.

«Pensar en la muerte nos impide “apegarnos a las cosas (…) El hombre, dice un salmo, «cuando muere no se lleva nada consigo, ni desciende con él su gloria» (Sal 49,18) (…)

La hermana muerte es una muy buena hermana mayor y una buena pedagoga. Nos enseña muchas cosas; basta que sepamos escucharla con docilidad».

«Todos somos mortales y no tenemos una morada estable aquí abajo»; «la vida del creyente no termina con la muerte, porque nos espera la vida eterna».

«No estamos solos a merced de las olas en el pequeño barco de nuestro planeta», porque Cristo acompaña a cada persona.

Recuerda que morirás

El fraile capuchino subrayó que la muerte es parte de la vida misma: «Memento mori: recuerda que morirás».

Asimismo, explicó que en clave kerigmática, el fallecimiento es una clave para proclamar que Cristo ha vencido a la muerte.

Y también en clave sapiencial, de la muerte se pueden «sacar lecciones de ella para vivir bien. Es la perspectiva en la que nos situamos en esta meditación”.

La reflexión sobre la muerte, afirma Cantalamessa la encontramos en los libros sapienciales del Antiguo Testamento, como también en el Nuevo Testamento:

«Mirad porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13), la conclusión de la parábola del hombre rico que planeaba construir graneros más grandes para su cosecha:

«Insensato, esta misma noche se te pedirá la vida. Y lo que has preparado, ¿de quién será?» (Lc 12,20), y también: «¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde el alma?» (cf. Mt 16,26).

El Predicador de la Casa Pontificia recordó a San Agustín que niega la filosofía que considera que al final todo se reduce a nada, y por lo tanto nada tiene sentido: «no el nihilismo, sino fe en la vida eterna”.

En este mundo de avances tecnológicos y conquistas, evidenció Cantalamessa: “La presente calamidad ha venido a recordarnos lo poco que depende del hombre «proyectar» y decidir su propio futuro”.

En este sentido, insistió:

“No hay mejor lugar para colocarse para ver el mundo, a uno mismo y todos los acontecimientos, en su verdad que el de la muerte. Entonces todo se pone en su justo lugar”.

Hermana muerte, maestra de vida

Cantalamessa explicó que la muerte nos enseña la importancia de reconciliarnos con nosotros mismo, con los hermanos y la realidad:

“El pensamiento de la muerte es casi la única arma que nos queda para sacudir del letargo a una sociedad opulenta, a la que le ha sucedido lo que le ocurrió al pueblo elegido liberado de Egipto:

«Comió y se sació, —sí, engordó, se cebó, engulló— y rechazó al Dios que lo había hecho» (Dt 32,15)”.

El fraile sostuvo que Jesús «libera del miedo a la muerte a quien lo tiene, no al que no lo tiene e ignora alegremente que debe morir.

Vino a enseñar el miedo a la muerte eterna a aquellos que sólo conocían el miedo a la muerte temporal”.

“La «muerte segunda», la llama el Apocalipsis (Ap 20,6). Es la única que realmente merece el nombre de muerte, porque no es un tránsito, una Pascua, sino una terrible terminal de trayecto”.

“Rehusó la intubación, porque la Eucaristía es su vida y la sigue celebrando en su cama…”

La eucaristía para prepararse a la muerte

El Predicador recordó que en la eucaristía Jesús nos hizo partícipes de su muerte para unirnos a él. Por ende: “Participar en la Eucaristía es la forma más verdadera, más justa y más eficaz de «prepararnos» a la muerte.

En ella celebramos también nuestra muerte y la ofrecemos, día a día, al Padre (…) En ella «hacemos testamento»: decidimos a quién dejar la vida, por quién morir”.

Al final, predicó:

«Con todo esto, no le hemos quitado el aguijón al pensamiento de la muerte, su capacidad de angustiarnos y que Jesús también quiso experimentar en Getsemaní.

Sin embargo, estamos al menos más preparados para acoger el mensaje consolador que nos llega de la fe y que la liturgia proclama en el prefacio de la Misa de difuntos:

«Porque la vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma, y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.

Hablaremos de esta mansión eterna en los Cielos, si Dios quiere, en la próxima meditación”.

A LA LOCURA DE LA CRUZ


18. Pues la predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

MENSAJES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
29 de Noviembre del 2020

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado:

Les mantengo en mi Regazo Materno, son los hijos de mi Hijo, los amo con mi Corazón Materno.

Amado Pueblo de Mi Hijo, deben mantener el debido respeto a la enfermedad presente y tomar las medidas necesarias para que no sean presa de esta.

Les he dado los medicamentos naturales necesarios para que se libren de esta enfermedad.

CONTINÚEN SIN TEMOR, NO SEAN PRESA DEL TEMOR,

SEAN CONSCIENTES DEL AMOR DIVINO

PARA QUE NO PIERDAN LA FE

18. Pues la predicación de la Cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

Y LA MISERICORDIA DIVINA.

Aunque los dirigentes comunistas, masones e illuminatis de la Tierra tengan todo preparado para llevarlos a caer en el pánico, no permitan que los lleven hacia esa trampa.

Tengan presente que NO ES EL FIN DEL MUNDO,

SINO DE ESTA GENERACIÓN,

POR ELLO SE ENCUENTRAN ANTE TANTO CAOS

Generado por la desobediencia a Mis Revelaciones:

A las ya cumplidas, a las que se están cumpliendo y las que están por cumplirse.

El Demonio lo sabe, y conociendo esto, ha desatado su furia contra Mis hijos para llevarlos hacia la condenación.

ES DE SUMA IMPORTANCIA

EL QUE CADA UNO SE MIRE EN SU INTERIOR

Y DEVELE EL VERDADERO YO HUMANO CON EL QUE CAMINA.

LUCIFER – MAITREYA – SATANÁS

Hay un ejercicio muy doloroso, pero super efectivo:

Pidan al Espíritu Santo que les preste, SU ESPEJO mediten lo que descubran….

Van a llorar  y tal vez se horroricen, con lo que les SEA REVELADO…

PUES ES LA EXPERIENCIA MÁS TERRIBLE,

VERNOS DESNUDOS, ante DIOS....

Pero tengan la humildad necesaria, para aceptarlo y… 

¿Para qué sirve esto? 

LAS TRAMPAS DE SATANÁS,

LAS DESCUBREN, DESDE QUE LAS ESTÁ MONTANDO… 

¿Cuáles  son las TRAMPAS de Satanás?

Porque nuestra primera reacción es decir:

“Hey… ¿Qué está pasando, yo NO soy….

(tacaño, vanidoso, racista, colérico, vengativo, etc)

O si es al contrario:

Estamos en Guerra Espiritual y el campo de batalla del Enemigo es nuestra mente

Y sabes que a veces perdonas, pero nunca olvidas,… 

Y tampoco permites, que los demás se atrevan a pasarse de la raya, y te pisoteen…

En lugar de ENGANCHARTE CON EL RENCOR,.. (en tus recuerdos más amargos y dolorosos)

Inmediatatamente invoca tres veces: 

“¡AVE MARÍA PURÍSIMA, SIN PECADO CONCEBIDA!”   

Que es el equivalente a  ¡Mamita, por favor DEFIÉNDEME! “

O “¡Sangre Preciosísima de mi Señor Jesucristo, cúbreme y protégeme de todo mal!”

María es lo máximo para auxiliarnos, sobre todo en las batallas contra el  Dragón del Apocalipsis.

Pero si te sientes más cómodo, invocando la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el resultado es el mismo:

¡Los Demonios huyen despavoridos!

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo.

¡Porque ya tienes a toda UNA LEGIÓN DE PODEROSOS DEMONIOS, ¡atacándote! con TODA su artillería!

No es momento para que vivan en la incertidumbre, ni en la incomodidad, ni en la envidia, ni en la soberbia, ni  en la ambigüedad.

Éstas bajas pasiones les harán crecer dentro de la Maldad que Satanás envía a los hombres ,para que caigan en sus trampas,

y olviden que han sido redimidos por Mi Hijo y no están sujetos al Mal, sino al Bien.

El Gobierno Único Mundial mantiene a la humanidad en la Gran Batalla Espiritual, confundiéndoles para infundirles temor ante todo lo que enfrentan,

a falta de la Fe verdadera, de la Obediencia y de la Esperanza del Pueblo de Dios.

Se dirigen hacia grandes tribulaciones, lo saben… como nunca antes las han vivido.

EL ORDEN MUNDIAL TIENE PROGRAMADO

EL QUE TODA LA HUMANIDAD EN TODOS SUS NIVELES

CAMBIE TOTALMENTE

Sus planes son llevar a la humanidad a cambiar en todo aspecto mediante una inducción electromagnética

PROGRAMADA PARA QUE LA CRIATURA HUMANA SEA ALTERADA

EN SU MENTE, PENSAMIENTO, OBRAR Y ACTUAR.

¡Alerta!, Pueblo de Mi Hijo. ¡Alerta!, hijos Míos, resistan, que no les tomen desprevenidos, 

SEAN CONSCIENTES DE QUE SON HIJOS DE MI HIJO,

MANTÉNGANSE EN ESTADO DE GRACIA,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

TODOS DE CRISTO, TODOS PARA CRISTO,

 Manténganse dispuestos a vivir para Mi Hijo, de esa forma no lograrán transformarles.

No teman a la hambruna que se acerca en toda la Tierra,

ni a la caída de la economía global,

el único Justo y Verás es el Padre Eterno y no desampara a Su Pueblo.

No teman al estremecimiento de la Tierra, aunque no sea al actuar normal de ella.

Se estremece la Tierra.

Se llega el Gran Estremecimiento revelado por esta Madre, por ello es necesario para Mis hijos mantener la FE FIRME.

Hijos, es momento de reconocer los errores…
Es momento de volver al redil…
Es momento de unirse…

SE CIERNE SOBRE LA HUMANIDAD,

LA MANO TENEBROSA DEL MAL,

agrediendo fuertemente a la humanidad para cambiarles la mentalidad y turbarles, para llevarlos al miedo descontrolado,

ofrecerles seguridad y prometerles estabilidad y así controlarles como controlan a las turbas en las ciudades.

SEAN FIRMES EN LA FE,

NO PERMITAN QUE LA INCERTIDUMBRE LES TOME POR SORPRESA.

Oren hijos Míos, oren, la Tierra se estremece en el Norte, con gran fuerza, oren por California, oren por Canadá.

Oren hijos Míos, oren, en el Sur la Tierra es fuertemente estremecida, tomando por sorpresa a sus habitantes.

Oren hijos Míos, oren, en Europa y Asia se mueve la tierra. Oren por Japón en especial.

Oren hijos Míos, del Espacio se acerca un cuerpo celeste que tendrá en vilo a la humanidad.

Oren hijos Míos, oren la Tierra despierta en el Cinturón de Fuego.

Oren hijos Míos, oren, el momento se acelera y el Mal aumenta su presión sobre la humanidad, para hacerse presente.

Amado Pueblo de Mi Hijo:

No se duerman, no es momento para dormir, es momento para mantenerse en vigilia constante.

UNA NUEVA ENFERMEDAD ARREMETE EN LA TIERRA

Y MIS HIJOS PADECEN POR ELLO.

El Sol toma por sorpresa al hombre, grandes cambios se acercan, tienen que vivir más del espíritu que de lo material para salvar el alma.

NO TODO LO QUE SUCEDE TIENE LÓGICA PARA EL HOMBRE,

LOS PLANES DIVINOS NO VAN DENTRO DE LA LÓGICA HUMANA.

LO QUE HA DE CUMPLIRSE SE CUMPLE,

NO CUANDO EL HOMBRE LO DIGA,

SINO CUANDO SE DECRETÓ EN EL CIELO.

Amados hijos, la Guerra acelera su llegada, China da pasos agigantados.

Antes de despedirme, hijos Míos, DESEO LLAMARLES A LA UNIDAD

 A MANTENERSE EN LA FRATERNIDAD, TODOS SE VAN A NECESITAR, TODOS.

Prepárense para que se refugien en Mi Inmaculado Corazón,

manténganse en constante unidad, ofrecimiento y adoración al único Dios, digno de alabanza,:al Alfa y la Omega por los siglos de los siglos.

EN TODO MOMENTO SE ENCUENTRAN DE LA MANO DEL PADRE CELESTIAL. 

No están solos, manténganse dentro de la columna en marcha.

Les bendigo. Los amo.

¡NO TEMAN!

¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY SU MADRE?

Mamá María

(*) Sobre el Comunismo…

Comentario del Instrumento: 

Hermanos:

Bendita sea nuestra Madre Santísima.

Como buena Madre nos advierte para que descifremos el alcance de Sus Palabras que no son para que entremos en temores,

Sino para que afiancemos la Fe en la Protección Divina.

Si bien es cierto que para pretender el Auxilio Divino debemos cumplir con la Ley de Dios, y sobre todo con el Mandamiento del Amor a Dios y al prójimo,

También es cierto que la Fe nos impulsa a vivir lo que una criatura humana sin Fe no podrá superar.

El recibir la Sagrada Eucaristía, el orar a tiempo y destiempo, el vivir el Mandamiento del Amor fraterno, mantiene la Fe en la criatura humana.

Nuestra Madre nos advierte de cuanto se acerca, nos dice claramente de los planes que se ciernen sobre el género humano con el cambio de mentalidad, de reacción, de pensamiento del hombre,

Y en general, el cambio de valores en todos los ámbitos en que se desarrolla el ser humano.

Este es el gran paso del Orden Mundial, estamos frente a ello.

Y la respuesta nuestra es Fe, Fe, Fe, no podemos decir: ¡sí!, a lo que es ¡no!  ni decir: ¡no! a lo que es ¡sí! 

Tengamos en cuenta que nuestra Señora de Fátima, en el Tercer Secreto, alertó al mundo sobre el peligro del Comunismo… (*)

Recordemos que los TIBIOS SERÁN VOMITADOS por la Boca de Dios (Apoc 3,16).

Nos acercamos a grandes cambios en la Tierra, pero lo que no puede cambiar es el amor de la criatura humana por su Dios y su Señor.

Y por nuestra Madre Santísima.

SE NOS LLAMA A LA PRUDENCIA, NO AL MIEDO DESENFRENADO.

El Pueblo de Dios, viviendo en Fe, es más fuerte que todo cuanto llegue. Amén. 

(*) Fátima, el pedido de consagrar a Rusia, cuna del comunismo…

PROFECÍAS Y REVELACIONES

REINA DE LOS PROFETAS

LA FALTA DE FE Y LA INCREDULIDAD 

20.09.2017

LA TRANSUBSTANCIACIÓN EN EL INSTANTE DE LA CONSAGRACIÓN, ES REAL Y VERDADERA,

AUNQUE ALGUNOS DE MIS HIJOS PREDILECTOS HAN PERDIDO LA FE EN ESTE INSTANTE

Y TRATAN A MI HIJO DURAMENTE, SIN RESPETO, SIN AMOR, 

CON GRAN INCREDULIDAD,

OLVIDANDO QUE MI HIJO SE HACE PRESENTE 

ANTE LAS PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN DEL SACERDOTE

Y EL CLAMOR DE SU PUEBLO FIEL.

21.05.2018

YO LES MIRO DISTRAÍDOS POR LAS NECEDADES HUMANAS

Y POR LA INCREDULIDAD EN QUE VIVEN.

LA FALTA DE FE

CRECE CADA INSTANTE EN EL PUEBLO DE MI HIJO,

que se encuentra confundido ante las incongruencias en el obrar y actuar de algunos de Mis hijos predilectos que no dan testimonio del Amor Divino.

Esto se ha incrementado ante la falta de oración en las casas de formación.

La Humanidad es cambiante, por eso la Fe es tambaleante

y el hombre deja traslucir esa falta de firmeza espiritual, que les lleva a una falta de firmeza en el ejercicio constante de su vida.

20.11.2015

Amados Míos: Ninguna criatura humana conoce como el Padre, qué sucederá a la humanidad,

por lo que tienen que mantener la Fe en la Verdad de Mi Hijo… “Muchos son llamados, pero pocos son los elegidos”. (Mt 22,14)

El armamento de este instante se encuentra esparcido por toda la Tierra, quien niegue la veracidad que vive esta generación, es iluso…

ESTE INSTANTE ES PARA QUE MIS HIJOS RECONOZCAN LA FALTA DE FE

Y EL ENGAÑO EN QUE SE HAN MANTENIDO. 

La falta de iniciativa para acercarse al Creador de todo lo visible e invisible, ha causado en el hombre gran ignorancia y ésta lleva al hombre a descartar los Llamados Divinos para que se preparen.

En su lugar la humanidad descarta la Presencia del Espíritu Santo en el hombre y rechaza insistentemente el Plan de Salvación para la humanidad.

LA FE NO PUEDE CRECER. SI NO CONOCEN A QUIEN LES AMA: A MI HIJO…

18. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1, 18

LA FE NO PUEDE CRECER,

SI NO CONOCEN CUÁNTO LES AMA MI HIJO,

Lo Misericordioso que es para con el hombre y lo Justo que es,

por lo que cada uno es responsable de sus actos y de cómo ellos afectarán a los que tiene a su alrededor, para bien o para mal.

Los fuertes, firmes y decididos en este instante son los que ocupan los primeros lugares,

porque la Fe debe ser sólida para que ésta no decaiga,

sino sea ese impulsador de sus hermanos para que no se estanquen y el crisol les lleve a padecer más de lo que deben padecer.

21. Porque habrá entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

7.10.2016

ESTA GENERACIÓN PADECERÁ HASTA EL HARTAZGO

EN MANOS DE QUIENES LEVANTAN AL ANTICRISTO

CONTRA EL PUEBLO DE MI HIJO,

como resultado de la larga acción de la masonería, de los illuminati, del comunismo, de la rebeldía, de la falsedad, DE LA FALTA DE FE

y del SATANISMO QUE SE INFILTRÓ EN LA IGLESIA DE MI HIJO,

provocando que los Tentáculos del Mal, accionen despiadadamente en contra de toda la Humanidad.

11.10.2016

Son el Pueblo de Mi Hijo.

Y no les desampararé. Cuanto más cruento sea el instante, mayor será Mi Protección sobre ustedes.

NO TEMAN HIJOS, EL AMOR DIVINO ATENÚA LOS INSTANTES DIFÍCILES

Y LES PROVEE DE FUERZA ESPIRITUAL

COMO NUNCA ANTES HA SIDO PROVISTO EL PUEBLO DE DIOS.

NO TEMAN, ESTA MADRE LES AMA.

LES LLAMO A ADENTRARSE EN EL SAGRADO CORAZÓN DE MI HIJO

Y EN MI CORAZÓN INMACULADO.

Sean perseverantes, no decaigan en la Fe, mantengan la confianza en Mi Hijo. Les bendigo.

30.07.2017

MI HIJO ACORTARÁ LOS DÍAS

EN ESTE INSTANTE DE CRISIS ESPIRITUAL,

DE CRISIS DE REBELIÓN,
DE CRISIS DE FALTA DE FE 

DEBIDO A LA ENTREGA DE LA HUMANIDAD,

A TODO LO QUE PROVIENE DEL DEMONIO.

Mientras más avanzados en ciencias ocultas, MÁS TINIEBLAS nos oscurecen y más satanizados nos encontramos…

5.09.2017

NO SERÁN CREATURAS FORTALECIDAS EN LA FE

SI PRIMERO NO CRECEN INTERIORMENTE.

21.05.2018

YO LES MIRO DISTRAÍDOS POR LAS NECEDADES HUMANAS

Y POR LA INCREDULIDAD EN QUE VIVEN.

LA FALTA DE FE CRECE A CADA INSTANTE,

EN EL PUEBLO DE MI HIJO,

que se encuentra confundido ante las incongruencias en el obrar y actuar de algunos de Mis hijos predilectos que no dan testimonio del Amor Divino.

Esto se ha incrementado ante la falta de oración en las casas de formación.

La Humanidad es cambiante, por eso la Fe es tambaleante

y el hombre deja traslucir esa falta de firmeza espiritual que les lleva a una falta de firmeza en el ejercicio constante de su vida.

20.09.2018

Como Madre les llamo a orar con el corazón…

Y transformarse voluntariamente en hijos verdaderos de Mi Hijo en este instante en que un gran número de sus hermanos se encuentran apostatando de la fe.  

EN LA BATALLA ESPIRITUAL ENTRE EL BIEN Y EL MAL,

algunos de mis hijos no son constantes en el actuar y obrar dentro del bien,

UNOS SE VUELVEN TIBIOS POR FALTA DE ENTREGA,

OTROS SE LANZAN EN MANOS DEL DEMONIO

QUE LES INJERTA LA DEPRAVACIÓN, LA FALTA DE FE Y EL LIBERTINAJE.

Amados hijos de Mi Corazón Inmaculado: el Pueblo de Mi Hijo debe emanar fraternidad hacia sus semejantes, amor hacia la Trinidad Sacrosanta,  deben ser cumplidores de la Ley de Dios

AYUNO Y ORACIÓN, desatan totalmente el Poder de Dios..

Y AFIANZAR LA FE EN EL PODER DIVINO,

EN LA OMNIPOTENCIA DIVINA,

EN LA OMNIPRESENCIA DIVINA

en instantes en que el Pueblo de Mi Hijo, del cual soy Madre, se encuentra siendo zarandeado por las Tinieblas que permanecían ocultas dentro de la Iglesia de Mi Hijo.

https://www.revelacionesmarianas.com/

111 EL MARTIRIO 2


111 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

LAS DOS COLUMNAS PRIMARIAS

Nerón, cuando asesinó a Séneca esperaba apoderarse de la fortuna estimada en trescientos millones de sestercios y descubrió que ésta no llegaba ni a la décima parte de esa cantidad.

Con la sentencia de Petronio, se encontró con que lo único que quedaba era su palacio en Roma y la quinta de Cumas; que ya no le pertenecían a él, pues estaban legalizadas a nombre de otro dueño.

Estos dos fiascos le hicieron  decretar que en los testamentos se presentarían en blanco las dos primeras páginas.

Que solamente se escribiría en ellas el nombre del testador y que el que escribiese el testamento de otro, no podría asignarse ningún legado.

Empobrecido y exhausto de recursos hasta el punto de demorar la paga de los soldados y las pensiones de los veteranos, recurrió a las rapiñas y a las falsas acusaciones.

Se apoderó de los bienes y las fortunas que le apetecían con el argumento de que ‘habían sido ingratos con el Príncipe.’

Un día que cantaba en el teatro, vio a una matrona adornada con la prohibida púrpura, la señaló a sus agentes y haciéndola sacar inmediatamente, le confiscó el traje y los bienes.

Y ya no confirió ningún cargo sin añadir:

–   ¿Sabes lo que necesito?

Obremos de tal forma que nadie tenga nada.

Concluyó por despojar a la mayor parte de los templos y fundió todas las estatuas de oro y de plata.

Después de la muerte de Popea quiso casarse con Antonia la hija de Claudio.

Como ella se rehusó, también la acusó de conspiración e hizo que la mataran.

No hubo lazo que no rompiera con el crimen.

Y mientras tanto su red de espías, seguían llenando los tribunales con cristianos.

Pedro fue arrestado por los pretorianos y lo llevaron a la cárcel mamertina, en el calaozo del Tullianum.

Los cristianos lo recibieron con gran reverencia y amor.

Algunos presos que habían sido torturados y que no eran cristianos, le pidieron que los ayudase.

Pedro oró y los sanó el Señor.

El hijo de un verdugo que estaba sordo y mudo, también fue sanado.

Entonces un centurión se acercó…

Y le dijo:

–   Mi nombre es Flavio. 

Tengo un compañero de guerra al que quiero mucho.

En Germania recibió un fuerte golpe en la nuca y está paralizado del cuello hacia abajo.

¿Podrías rogar a tu Dios para que lo cure?

Pedro le contestó:

–   Flavio, ¿Crees que nuestro Señor Jesucristo pueda sanarlo?

–   Sí creo. Creo que Él es Dios y si Él quiere, puede compadecerse de un pagano…

–  Flavio, en el Nombre de Jesucristo, hágase como lo pides.

Y dile a tu amigo que busque la Luz de la Verdad.

Por la tarde de ese mismo día, llegó el otro soldado completamente sano a darle las gracias.

Flavio dice llorando:

–   Cuando seas sentenciado, yo voy a tener que matarte.

Pedro lo mira sonriendo con amor,

Y lo exhorta:

–   Cumple tu deber hijo mío.

Y alégrate. No me darás la muerte. Lo que vas a hacer es abrirme las Puertas del Cielo.

El soldado sanado declara:

–   Anciano, yo soy Leoncio y te doy las gracias a ti y a tu Dios.

Flavio pregunta:

–      Dime cómo podemos agradecerle y adorarlo.

–     Él Mismo los guiará. Venid…

Y Pedro les habla del alma y del Cielo…

Durante todo el tiempo que estuvo en prisión, continuó evangelizando también a sus carceleros,

realizando milagros a todos los que se lo pedían y bautizando sin cesar a los conversos…

Y los rumores de lo sucedido, traspasaron las murallas de la prisión y se expandieron por todos lados.

Entonces Pablo también fue llevado a la cárcel Mamertina.

Y cuando Nerón fue notificado de que los líderes de la Iglesia Perseguida habían sido capturados, decidió divertirse un poco…

Recordó algo que le había platicado Popea cuando era prosélita de la religión hebrea.

Y en complot con Tigelino, urdió un plan…

Para ver lo que haría el Dios de los cristianos, al verse enfrentado con su Padre.

La primera vez que se menciona a Simón el Mago es en el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde dice que él era un hombre experto en las artes mágicas con las cuales,

“tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje” (Hechos 8, 9).

Y cuando Felipe, uno de los primeros diáconos, llevó el evangelio a esta zona.

Por la gracia de Dios, mucha gente creyó y fue bautizada, incluyendo a Simón el Mago.

Al poco tiempo Pedro y Juan visitaron Samaria, para llevar el sacramento de la confirmación a los nuevos conversos.

El poder de este sacramento, impresionó a Simón el Mago y le ofreció dinero a los apóstoles, a cambio de que le dieran ese poder.

 Los apóstoles se rehusaron a perpetrar ese sacrilegio y la Iglesia hoy llama a ese pecado Simonía,.

 Simón, luego de ser rechazado por los Apóstoles, abandonó la Iglesia Católica y se volvió hacia el gnosticismo, una herejía cristiana temprana, que rechaza la autoridad de los Apóstoles,

en favor del conocimiento secreto que los cristianos afirmaban recibir directamente de Dios.

Al parecer volvió a su magia demoníaca y su conflicto llegó a su punto más alto en Roma; donde  tenía muy impresionada a la gente con sus artes mágicas.

Y por sus prodigios era tenido entre los judíos como un gran personaje que ‘Tenía consigo la Fuerza de Dios’.  

De acuerdo al plan preconcebido por el César, mandó sacar de la cárcel a Pedro y a Pablo.

Y ante una gran muchedumbre reunida en la plaza del Fórum,

Decidió enfrentarlos con Simón el Mago que capitaneaba a los judíos, acérrimos enemigos de los cristianos.

Cuando todos estuvieron frente al César,

éste les dijo, señalando a Simón:

–    Este hombre es sincero y vosotros, los embaucadores.

Y ahora lo veremos.

Acto seguido Simón el Mago, coronado de laurel por Nerón mismo, subió hasta lo más alto del Capitolio,

¡Y empezó a volar!

Pedro al ver aquello, dijo a Pablo:

–    Satanás se disfraza de ángel de Luz…

Pablo le replicó:

–   A mí me corresponde orar…

Y a ti, dar las órdenes debidas.

Pablo se arrodilló y se sumergió en la Oración en el Espíritu.

Pedro levantó la voz y dijo con autoridad:

–     Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire.

En El Nombre Santísimo de Jesús yo os mando que no lo sostengáis más.

Y que lo bajéis sin dañarlo, hasta el suelo.

Los Demonios se encolerizaron tanto, que obedecieron la orden a medias.

Ante el asombro general, Simón aterrizó bastante maltrecho; porque lo soltaron desde una altura considerable y cayó, rompiéndose las piernas. 

Pero Pedro oró y  Dios hizo el milagro.

Y Simón  quedó tan avergonzado, que huyó a esconderse por un año, antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

Nerón se enfureció aún más, al ver el inesperado resultado de su maquinación.

Y antes de retirarse, ordenó que los llevaran al tribunal.

El Prefecto Agripa dijo a Pedro, al tenerlos frente a sí:

–    Así que tú eres el hombre que en tus reuniones aprovechas tu influencia e impides que las mujeres se casen.

Pedro le contestó:

–   Yo soy fiel discípulo de mi Señor Jesucristo.

El Crucificado que Resucitó y Vive y Reina por siempre, a la diestra de Dios Padre.

–    Le seguirás hasta el final.

También tú morirás en la Cruz.

Y a Pablo por ser ciudadano romano, lo condenó a ser decapitado.

Al anciano apóstol se le aplicaron los azotes prescritos por la ley.

Y al día siguiente fue conducido fuera de las puertas de la ciudad.

Hacia el Monte Vaticano, en donde debía cumplirse la sentencia y ser crucificado.

A causa de su avanzada edad, no se le exigió que cargara con la cruz.

Cuando llegaron al sitio designado, Pedro contempló toda la Ciudad Eterna, extendida a sus pies…

Y levantando la mano derecha, bendijo:

pedro

“Aquí donde Nerón gobierna hoy, Cristo gobernará por siempre.”

¡URBI ET ORBI! (a la ciudad y al mundo)

Y su sonrisa se hizo más luminosa y su rostro se volvió radiante, cuando Jesús le permitió extender su mirada a través de los siglos.

Y vio el mismo lugar de su martirio, convertido en una inmensa Basílica, con la grandiosa plaza con su nombre, perpetuado por su donación y entrega a su misión.  

Desde la cual, casi dos mil años después estaría llena de millares de personas, escuchando reverentes a otro Pontífice Mártir y Santo:

San Juan Pablo II.

La Plaza de San Pedro es una de las plazas más bonitas y grandes del mundo. Se encuentra situada en El Vaticano, a los pies de la Basílica de San Pedro.

Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchura.

En las liturgias y acontecimientos más destacados la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas.

Su sucesor 264, quién desde el Vaticano llevaría el mensaje del Evangelio a todas las naciones de la Tierra.

Y desde la Basílica de San Pedro, levantando su blanca mano, bendeciría lleno de bondad y de amor, infinidad de veces…

A través del Pontificado más largo de la Historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana:

Un papa profundamente mariano: “TOTUS TUUS”

¡URBI ET ORBI!

Flavio, el jefe de los verdugos le indicó a Pedro que debía extenderse sobre la cruz.

Y Pedro le dijo:

–    Cuando crucificaron a mi Señor pusieron su cuerpo sobre la Cruz, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, porque mi Señor descendió desde el Cielo a la Tierra.

Os ruego que al clavarme lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero.

Porque además de que no soy digno de ser crucificado como Él, yo voy a subir de la Tierra al Cielo.

Accedieron a su petición y lo colocaron sobre la Cruz de manera,

que sus pies quedaron clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo.

Cuando Pedro estaba ya crucificado, Dios abrió los ojos espirituales de los espectadores.

Y vieron al apóstol rodeado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas  y de lirios.

Y a Jesucristo colocado a su vera, mostrándole un Libro abierto…

Pedro lo leyó: “Apocalipsis”

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Y dijo en voz alta:

–           Gracias Dios Mío.

Y se sumergió en la Oración en el espíritu.

Pedro admiró por largas horas, todos los sucesos que le fueron mostrados en la Ciudad del Vaticano.

Y finalmente, con voz llena de júbilo y de adoración,

Exclamó:

–           ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –antes de expirar.

Las llaves del Cielo que Jesús le entregara y que habían estado en sus manos, las había entregado a Lino, en la Misa cuando le nombró su sucesor.  

En esa misma tarde, otro destacamento de pretorianos condujo a Pablo de Tarso a lo largo de la Vía Ostiense.

Pasaron por la Puerta Trigémina, hasta un lugar llamado Aqua Salviae.

Mientras avanzan, él mira hacia los Montes Albanos con la magnífica sensación de haber terminado su larga y fatigosa jornada apostólica.

Contempla ya los Cielos abiertos para recibirle y su alma está llena de júbilo,

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Por el inminente encuentro con el Dios por el que ha luchado y sufrido tanto,

Para darlo a conocer y a amar.

Cuando llegaron al sitio designado para el suplicio, se volvió hacia el Oriente y oró.

Luego, se despidió de los cristianos.

El verdugo le dijo:

–           Prepara tu cuello.

Pablo se arrodilló y dijo:

–           ¡Oh, Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y ofreció su cuello al verdugo.

Éste levantó la espada y descargó el golpe…

Con el rostro radiante, Pablo de tarso fue decapitado.

En el mismo instante en que se desprendió su cabeza del tronco,

Exclamó:

–           ¡Jesús!…

Su sangre bañó la lóriga de su verdugo, brilló una luz intensísima.

Y quedó el aire perfumado con una fragancia maravillosa…

La Iglesia Cristiana ha sido confirmada con la sangre de sus Dos Columnas Primarias:

San Pedro y San Pablo Apóstoles…

Su ornamento final lo pondrá su último sucesor y papa mártir…

Y los cristianos que confesarán su glorioso testimonio en la Tercera Gran Persecución realizada en el imperio de terror del Anticristo…

112 EL MARTIRIO 3


112 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Tomás dice:

–  Yo soy de la idea de tu primo.

Muerte de Santo Tomás

Alrededor del año 40 d.C. el apóstol Tomás se fue a evangelizar al norte de la India.

El Espíritu Santo acompañó su predicación con muchísimos milagros y le salvó de manera prodigiosa, de numerosos peligros.

Tras nueve años hubo muchas conversiones, entre ellas Migdonia esposa de Casisio, cuñado del rey Gondófares.

Cuando el esposo se enteró, se quejó con el rey.

Éste mandó encerrar al apóstol,

y envió a la reina para que convenciera a su hermana del error que había cometido al hacerse cristiana.

Pero las cosas salieron al revés y fue Migdonia la que hizo que la reina se convirtiera.

Y ésta regresó diciendo:

–   Yo también creía como vosotros, que Migdonia mi hermana había cometido una gran estupidez.

Pero ahora estoy convencida de que ha obrado con gran sabiduría.  Ella me puso en contacto con el apóstol y he conocido a Cristo. 

He comprobado que Él Resucitó y me ha hecho conocer el Camino de la Verdad.

También he comprendido que los verdaderos necios, son los que se niegan a creer en Cristo.

El rey mandó entonces que le trajeran a Tomás a su presencia.

Lo llevaron atado de pies y manos.

Cuando lo tuvo ante sí, le ordenó que convenciera a las mujeres de su error.

Hubo entonces una larga discusión, donde el apóstol defendió la Fe Cristiana con todos los recursos del Espíritu Santo,

y no hubo manera de rebatirlos.

Entonces viéndose derrotados; por consejo de Casisio, el rey ordenó que arrojaran a Tomás en un horno encendido,

del cual salió el apóstol sano y salvo al día siguiente.

En vista de este prodigio; Casisio propuso a su cuñado que para que aquel poderoso hombre perdiera la protección divina

e incurriera en la Ira de su Dios, le obligase a ofrecer sacrificios en el Templo del Sol.

Cuando trataron de llevar a cabo su plan…

Tomás le dijo al rey:

–   ¿Quieres ver que en cuanto esté frente a la efigie de esa divinidad tuya, mi Dios la destruirá?

Hagamos un trato:

si sucede como te he dicho promete que serás tú el que adores a mi Señor Jesucristo. ¿Aceptas?

El rey replicó indignado:

–           ¿Cómo te atreves a hablarme como si fueras mi igual?

Enseguida ordenó que llevaran a Tomás hasta el templo del dios solar.

Cuando lo lanzaron al suelo obligándolo a postrarse, el apóstol dijo en arameo su lengua natal:

–    Adoro a mi Señor Jesucristo en cuyo Nombre Santísimo yo te ordeno a ti,

Demonio que te escondes en el interior de esta escultura, que ahora mismo la destruyas.

Al instante, la imagen que era de bronce se derritió como si hubiera sido hecha de cera.

Los sacerdotes encargados del culto del malogrado ídolo, se enfurecieron al ver lo ocurrido…

Y el pontífice que los presidía exclamó:

–  ¡Yo vengaré la afrenta que acabas de hacer a mi dios!

Mientras pronunciaba esta amenaza, se apoderó de una espada y con ella atravesó el corazón del apóstol.

Y así fue sacrificado Tomás.

El rey y Casisio al ver que el pueblo trató de vengar este asesinato y quisieron quemar vivo al pontífice pagano,

llenos de miedo huyeron de allí.

Los cristianos recogieron el cuerpo y lo enterraron con honores y gran veneración.

Santiago de Zebedeo opina:

–     Yo, sin embargo, pienso como Simón el Zelote.

Jesús pregunta:

–     ¿Y tú, Felipe?

–     Bueno… no quiero pensar en ello. El Eterno me dará lo que sea mejor.

El martirio de Felipe lo juntaremos con el de Andrés y el de Santiago de Zebedeo, en el siguiente post.

Andrés exclama:

–     ¡Oh…, callad!

¡Parece como si el Maestro debiera morir pronto! ¡No me hagáis pensar en su muerte! Andrés predicó en la costa del Mar Negro, el Caúcaso y Grecia. que fue su campo de apostolado.

San Andrés fue crucificado en Patrás de Acaya, en Grecia, alrededor del año 60. En una cruz aspada o Cruz de San Andrés

Y al estar atado y no clavado a la cruz, pudo predicar durante dos días al pueblo antes de morir.

Pedro confirma:

–     Es así, como has dicho, hermano mío.

Eres joven y estás sano, Jesús; debes enterrarnos a todos los de más edad que Tú.

Jesús responde:

–     ¿Y si me mataran?

Pedro grita:

–     ¡Que no te suceda jamás! ¡Te vengaría!

–     ¿Cómo? ¿Con venganza de sangre?

–     ¡Hombre, pues… incluso con sangre si me autorizas!

Si no, cancelando las acusaciones lanzadas contra Ti con mi profesión de fe ante las gentes.

El Martirio de San Pedro

El mundo te amará por mi infatigable predicación.

–     Es cierto. Así será.

¿Y tú, Juan? ¿Y tú, Mateo?

Mateo contesta:

–     Yo debo sufrir y esperar a haber lavado mi espíritu con abundancia de dolor.

Fue ejecutado mientras celebraba la Santa Misa…

Después de algunos años de apostolado en Palestina, Mateo se trasladó a Etiopía, donde realizó muchos milagros y resucitó a una hija del rey Egido.

Éste y toda su familia se hicieron cristianos. Cuando el rey murió, subió al trono Hitarco.

En el año 60d.C. en la ciudad de Nadaver  Etiopía, el nuevo monarca se enamoró perdidamente de Efigenia

y prometió a Mateo la mitad de su reino si lograba convencer a la joven para que lo aceptara por esposo.

El apóstol le contestó a Hitarco:

–   Tu antecesor iba a la iglesia. Ve tú también el próximo Domingo y escucha lo que hablaré sobre el matrimonio.

El rey, pensando que Mateo iba a convencer a Efigenia, acudió a la iglesia ilusionado.

Mateo habló largamente sobre las excelencias del matrimonio.

Hitarco mientras le oía, reafirmó su idea de que Mateo le estaba ayudando a inclinar hacia él, el ánimo de Efigenia, que también estaba presente.

Y tan persuadido estaba de esto, que aprovechando una pausa que hizo el apóstol, se puso de pie y lleno de júbilo felicitó al predicador.

Mateo rogó al rey que guardara silencio, que se sentara de nuevo y que por favor siguiera escuchando, pues todavía no había terminado.

Mateo concluyó su conferencia de esta manera:

–   Cierto que el matrimonio,

si los esposos observan escrupulosamente las promesas de fidelidad que al contraerlo mutuamente se hacen, es una cosa excelente.

Pero prestad atención: supongamos que un ciudadano cualquiera arrebatara la esposa a su propio rey.

¿Qué ocurriría?

Pues no solo el usurpador cometería una gravísima ofensa contra su soberano,

sino también incurriría en un delito que está castigado con la pena de muerte.

Y el delito no es por haber querido casarse; sino por haber quitado a su rey, algo que legítimamente le pertenece

y por haber sido el causante de que la esposa faltase al juramento de fidelidad hecho a su verdadero esposo.

Estando así las cosas:

¿Cómo tú Hitarco, súbdito y vasallo del rey eterno, sabiendo que Efigenia es una virgen consagrada al Señor,

te has atrevido a poner tus ojos en ella y pretendes que sea infiel a su verdadero esposo, que es precisamente tu Soberano.

Al oír esto, Hitarco se encolerizó y salió furioso de la iglesia.

Mateo, sin inmutarse prosiguió su homilía y exhortó a los oyentes a la paciencia y a la perseverancia.

Al final, bendijo a las vírgenes y en especial a Efigenia, que asustada se había arrodillado ante él.

Cuando terminó la celebración eucarística, Mateo aún estaba en el altar orando con los brazos extendidos hacia el cielo,

cuando un sicario enviado por el rey, se le acercó y le clavó una lanza en la espalda y lo mató.

MARTIRIO DE SAN MATEO

Poco después Hitarco quiso quemar la casa en que vivían las vírgenes, pero el santo apóstol se apareció y las rescató de las llamas.

Por su parte, el rey contrajo lepra y se suicidó con su propia espada.

El pueblo proclamó rey a un hermano de Efigenia que también había sido bautizado por Mateo

Y la Fe se propagó por tierras etíopes.

Juan dice:

–     Y yo… no sé.

Yo quisiera morir inmediatamente para no verte sufrir; quisiera estar a tu lado para consolar tu agonía.

Quisiera vivir mucho para servirte durante mucho tiempo; quisiera morir contigo para entrar contigo en el Cielo. Cualquier cosa querría, porque te amo.

Después de la Asunción de la Virgen María y antes de la destrucción de Jerusalén,

 Juan fue a establecerse en Éfeso, junto con una comunidad de creyentes.

En una ciudad cercana, una vez vio a un apuesto joven y lo llevó a presentar al obispo a quién él mismo había consagrado.

Y le dijo:

–    En presencia de Cristo y ante esta congregación, dejo a este joven a tus cuidados.

El obispo lo hospedó en su casa, lo evangelizó, lo bautizó y lo confirmó.

Pero después de un tiempo el muchacho frecuentó malas compañías y acabó convirtiéndose en un asaltante de caminos.

Después de algún tiempo, Juan volvió a la ciudad,

y le dijo al Obispo:

–    Devuélveme ahora el encargo que Jesucristo y yo encomendamos a tus cuidados en presencia de tu iglesia.

El obispo se sorprendió y san Juan le explicó que era el joven que le había confiado.

Y el obispo exclamó:

–   Ha muerto para Dios.

Se convirtió en un ladrón.

Entonces el apóstol averiguó dónde podría encontrarlo y lo fue a buscar a la montaña donde estaba la guarida.

Cuando llegó, el joven renegado lo reconoció y trató de huir lleno de vergüenza.

Juan le gritó:

–    ¡No te vayas!

¿Por qué huyes de mí, tu padre, que soy un viejo y sin armas?

Siempre hay tiempo para el arrepentimiento.

Yo responderé por ti, ante mi Señor Jesucristo y estoy dispuesto a dar la vida por tu salvación.

Es Cristo quién me envía.

El joven escuchó estas palabras, inclinó la cabeza y se soltó llorando.

Luego se acercó a Juan para implorarle una segunda oportunidad.

El apóstol lo reconcilió con la iglesia.

Juan también hizo una predicación poderosa.

Cuando era obispo de Éfeso, se había convertido Drusilla y ésta no quiso ya vivir con su marido que se llamaba Andronic.

y se refugió en un sepulcro.

Un joven que se llamaba Calímaco y estaba perdidamente enamorado de ella, la siguió hasta ese lugar.

Y la apremiaba para que correspondiera a su pasión.

Asediada Drusilla por su marido y por el pretendiente, deseaba morir y lo consiguió.

Frenéticamente enamorado Calímaco, sobornó a un criado de Andronic y entró a su sepulcro.

Le quitó a su amada el sudario y exclamó:

–     Lo que tú no me has querido conceder cuando vivías, lo tomaré ahora que estás muerta.

En el demencial ataque, sació sus deseos en el cadáver de Drusilla.

En ese mismo instante, salió del sepulcro una serpiente.

Calímaco se desmayó y la serpiente lo mató.

Hizo lo mismo con el criado cómplice y se quedó enrollada en su cuerpo.

Entonces llegaron Andronic y Juan y se sorprendieron al ver que Calímaco estaba vivo.

Juan ordenó a la serpiente que se fuera y ésta le obedeció.

Volviéndose hacia Calímaco, le preguntó:

–   ¿Cómo resucitaste?

Calímaco le contestó:

–   Un ángel me habló y me dijo:

‘Era preciso que murieras, para que al revivir te conviertas en cristiano’.

Por favor enséñame tu Doctrina, porque yo quiero ser bautizado. Y te ruego que resucites a Drusilla.

El apóstol realizó enseguida ese milagro y todos le suplicaron que resucitase también al sirviente.

Pero éste era un hombre muy protervo, en cuanto recobró la vida, dijo que prefería morir otra vez, antes que ser cristiano y quedó muerto al instante.

Juan solamente sentenció que el árbol malo, siempre produce malos frutos.

Aristodemo, gran sacerdote del Templo de Artemisa,

aunque le sorprendieron mucho estos milagros, se negó a convertirse.

y le dijo a Juan:

–    Dejadme que os envenene.

Y si el veneno no os mata, entonces me convenceré.

El apóstol aceptó la propuesta,

pero a condición de que Aristodemo envenenara primero,  a dos ciudadanos de Efeso que estaban sentenciados a muerte.

Aristodemo les hizo beber el veneno y los dos murieron casi instantáneamente.

Cuando Juan tomó el mismo veneno, no le hizo ningún efecto.

Después resucitó a los dos muertos y el gran sacerdote se convirtió, junto con los dos resucitados.

San Juan era el único superviviente del colegio apostólico…

Y aunque anciano venerable, gozaba de excelente salud,

Hasta el punto de dar pie a que circulara entre la primitiva comunidad cristiana la leyenda de que no habría de morir.

Emperador Domiciano

Domiciano fue el instrumento de Dios para hacerle beber el cáliz de la pasión, que el Maestro le predijera.

Este emperador observó tanto su religión pagana, que no dudó en enterrar vivas a dos vestales que fueron infieles a su voto de castidad.

Buen gobernante en los comienzos, se volvió sumamente desconfiado.

A partir del año 93 un régimen de terror pesó sobre Roma y la delación se hizo la norma de gobierno.

Los filósofos fueron los primeros en sufrir las consecuencias, como ya había ocurrido en el reinado de Nerón.

Unos padecieron la muerte, otros fueron desterrados, como Epicteto y Dión Crisóstomo.

Tácito y Juvenal aseguran que inundó de sangre la ciudad, inmolando a sus más ilustres habitantes.

Naturalmente, también los cristianos, culpables de ateísmo, es decir, de menospreciar el culto al emperador y a la diosa Roma.

Refiere Hegesipo, judío converso y cercano a los sucesos, que Domiciano mandó prender conjuntamente

a los descendientes del rey David y a los cristianos.

Pero con San Juan obró de distinta manera.

Estaba decidido a exterminar de una vez por todas, esa nefasta superstición…

El prestigio de que gozaba entre los fieles le hacía más peligroso.

Y tenía que mandar un mensaje implícito, a todos los rincones del imperio.

Mandó prenderle en Efeso y le trajo conducido a Roma el año 95.

En el año 95d.C. el emperador Domiciano mandó arrestarlo en Éfeso, para que lo trajeran a Roma.   

Cuando el emperador lo tuvo frente a él, el heraldo anunció:

–   Éste es Juan, el apóstol de Cristo el crucificado’.

El cruel emperador se mostró insensible a la vista de este venerable anciano.

El hijo de Vespasiano lo miró atentamente.

Y recordó que los cristianos decían que Juan no moriría hasta que Jesús, su Dios regresara. 

Y tomó una decisión perversa:

Ahora mismo vería si eso era verdad.

Y le dijo a Juan:

–  ¡Si verdaderamente tu Jesús es Dios, entonces pídele que te salve!

 Y le condenó al más bárbaro de los suplicios:

Sería arrojado vivo en una caldera de aceite hirviendo; pero hubo de sufrir primero el terrible suplicio de la flagelación.

El santo octagenario escuchó con un gozo estremecedor, el anuncio de la sentencia.

Los verdugos encendieron la colosal hoguera y prepararon la tinaja con el aceite chisporroteante.  

Y san Juan estaba radiante de felicidad…

Al fin iban a quedar colmados sus deseos.

El cáliz que Jesús le prometiera beber, un día ya muy lejano en Palestina, estaba pronto con toda su amargura.

Domiciano no comprendió, el gozo de su prisionero…

 Y agregó diciéndole al jefe de los verdugos:

– ¡Llévenselo!

Y se lo llevaron cerca de la Puerta Latina, donde lo flagelaron.

Y fue el primer asombro de sus verdugos:

El bienaventurado apóstol, no exhaló un sólo lamento;…

Y su rostro parecía más radiante, con una alegría incomprensible durante su tormento, pues  alababa a Dios en su idioma natal: el arameo. 

Mientras el estupor aumentaba, todos los habitantes de la ciudad,  parecían congregarse en una  multitud pasmada y expectante…  

Luego los verdugos le condujeron al siguiente patíbulo…

Y Juan fué un humilde corderito imitando a su Maestro amado, pues  herido y sangrante por los flagelos…

¡Avanzó sin proferir una sola queja!

Domiciano esperaba quitarle la sonrisa y la dulzura, con su segundo suplicio.

que ya estaba listo para freir, al hombre que odiaba de una manera incomprensible…

Pues habían preparado un caldero con aceite hirviente y lo metieron ahí.

Los verdugos atizan el fuego y el aceite borbotea.

Pero Dios Tenía otros planes y no quiso que las cosas llegaran a su fin.

Le había concedido el mérito y el honor del martirio, pero al mismo tiempo,

volvía a repetirse el milagro de los tres jóvenes en el horno de Babilonia.

El fuego perdía sus propiedades destructoras.

Ante la admiración de verdugos y populacho, al contacto con el aceite, San Juan fué sanado de las heridas del primer tormento,

¡Y continuaba ileso en la caldera!

Y el aceite hirviendo le servía de baño sanador, refrescante y tratamiento rejuvenecedor.

Dentro del caldero se ve a Juan de rodillas, orando en el espíritu.

Se le ve intacto, sereno, alegre.

Pasó un largo rato y Juan continúa orando.

Todos los espectadores han enmudecido por el asombro.

Nada puede hacerle daño a este hombre portentoso.

El malévolo baño, lo único que consiguió fue sanarlo y rejuvenecerlo,

ante los ojos admirados de todos lo que lo contemplan.

Domiciano lo mira furioso.

Su plan para destruir la Fe en Jesucristo, lo único que obtuvo fue aumentarla.

El tirano tomó  como magia el prodigio y tomó otra decisión perversa:

Luego dice a sus oficiales, antes de retirarse:

–   Saquen a este hombre de aquí. No quiero verlo.

Ya que Juan había salido sin huella alguna de la flagelación recibida y mucho más más joven y vigoroso del segundo  suplicio, 

Esto produjo un aluvión de conversiones al cristianismo en Roma y en todo el imperio, conforme las noticias se dispersaron. 

Después de esta humillante derrota, el emperador desistió de querer asesinarlo.

Juan salió incólume y fue desterrado a la isla de Patmos, en el mar Egeo.

Y Domiciano tuvo que tragarse su derrota, con un mísero consuelo:

Por algo eligió Patmos…

Porque de esta manera el martirio continuaba.

Patmos es una pequeña isla, árida y semidesértica, que servía de escala a los navíos que iban o venían de Roma a Efeso.

En esta isla, donde los prisioneros realizaban trabajos forzados. Y no había nada, pues era un lugar árido,agreste, volcánico.

Y fue precisamente aquí, que San Juan escribió su  Apocalipsis, su último y gran servicio a la Iglesia.

Un domingo se le aparece Cristo glorificado y le ordena escribir sus Siete Cartas a las comunidades de:

Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.

Sin embargo, el Apocalipsis es un mensaje de esperanza y encierra un deseo infinito en ese Amén, con que el apóstol anciano, que presiente el fin,

responde a las palabras de Jesús: “Vengo pronto”. Y Juan contesta: “Amén. Ven, Señor Jesús” (Apoc. 22, 20) 

Cuando Domiciano murió en el año 99d.C. el senado revocó sus decretos y su sucesor el emperador Nerva, le dio la amnistía.

Regresó a Éfeso, donde descansaba entreteniéndose con una tortolilla.

Juan pasó los últimos años, en un estricto ascetismo: tomaba solo pan y agua. Y su vida era muy austera y sencilla.

Por su edad avanzada, ya no tenía fuerzas y no predicaba.

Sólo aconsejaba a los obispos de la Iglesia.

Repetía incesantemente: ‘Hijitos, ámense los unos a los otros’.

Un día, sus discípulos le preguntaron por qué siempre repetía esto.

Y Juan les respondió:

–   ‘Este es el mandato del Señor y si ustedes lo cumplen, con eso bastará.’

Después que transcurrieron veintiséis años desde que regresó de la isla de Patmos a Éfeso, se le apareció Jesucristo

y le dijo:

–     “Ya es hora de que vengas a mi banquete, con tus hermanos”

Tenía poco más de un siglo de edad. 

Juan reunió a siete de sus discípulos y les dijo:

–           Tomad las espadas en vuestras manos y seguidme.

Así lo hicieron. 

Lo siguieron fuera de la ciudad, hasta cierto lugar donde les ordenó sentarse.

él se apartó a un sitio tranquilo, un poco más allá y comenzó a orar.

Era muy temprano, antes del amanecer.

Después de un rato los llamó y les dijo:

–    Cavad con vuestras espadas una zanja en forma de cruz, del tamaño que yo tengo.

Así lo hicieron, mientras él seguía orando en el espíritu.

Después de terminar su oración, llamó a  sus discípulos, les dio instrucciones…

Los abrazó diciendo:

–           Tomad un poco de tierra madre y cubridme hasta el cuello.

Colocad este velo delgado en mi rostro y abrazadme de nuevo por última vez; porque vosotros ya no me veréis más en esta vida.

Todos volvieron a abrazarlo llenos de pesar.

Lamentándose amargamente, mientras lo despedían en paz.

Luego se metió en la zanja y justo cuando el sol acababa de salir, él entregó su espíritu.

Habían pasado 68 años después de que él fuera testigo de la Crucifixión y muerte de su amado Maestro.

Todos los años el ocho de mayo, sale una fragante mirra de su tumba y los enfermos que oran pidiéndolo, por su intercesión se sanan. 

Vivió hasta el gobierno pleno del emperador Trajano, después de que todos sus compañeros apóstoles, habían sido abatidos por el Edicto de Nerón.

Y Juan contestándole a Jesús dice:

–    Y yo, que soy el menor entre mis hermanos, pienso que todo esto me será posible con tal de que sepa amarte a la perfección.

¡Jesús, aumenta tu amor! – finaliza Juan.

Judas corrige:

–     Querrás decir: “Aumenta mi amor”.

Porque somos nosotros quienes debemos amar cada vez más…

Juan objeta:

–     No. Digo: “Aumenta tu amor”

Porque nosotros amaremos en la medida en que Él nos encienda cada vez más con su amor.

Jesús acerca hacia sí al puro y apasionado Juan, lo besa en la frente y le dice:

–     Has revelado un Misterio de Dios sobre la santificación de los corazones.

Dios se efunde sobre los justos y en la medida en que éstos se rinden a su amor, Él lo va aumentando… y así crece la santidad.

Éste es el misterioso e inefable actuar de Dios y de los espíritus; se cumple en los silencios místicos,.

Y su potencia, indescriptible con humanas palabras, crea indescriptibles obras maestras de santidad.

No es un error, sino palabra sabia, pedir que Dios aumente su amor en un corazón.

“Señor: dame más amor. para amarte siempre más. Dame adoración para adorarte, por toda la Eternidad…”

110 EL MARTIRIO 1


110 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Simón Zelote se acerca a Jesús,

Y  le dice: 

 –    Señor, ¿Por qué no duermes durante la noche?

Hoy me he levantado, he ido a tu sitio y lo he visto vacío.

Jesús pregunta:

–     ¿Para qué me querías, Simón?

–     Para dejarte mi manto.

Temía que tuvieses frío: la noche estaba serena, pero muy fresca.

–     ¿Y tú no tenías frío?

–     Yo, durante muchos años de miseria, me he acostumbrado a vestido, comida y vivienda insuficientes…

¡Ah…, qué horror ese valle de los muertos!

No era apropiado en esta ocasión, pero otra vez que bajemos a Jerusalén, es evidente que volveremos, ¿No?

Visita, mi Señor, esos lugares de muerte. Allí hay muchos desdichados… Y la miseria corporal no es la más grave…

Lo que allí más carcome y consume es la desesperación… ¿No crees, mi Señor, que somos demasiado duros con los leprosos?

Pero antes de que responda Jesús a Simón Zelote, lo hace Judas.

Y dice:

–    ¿Y entonces propones dejarlos mezclados con el pueblo?

¡Si son leprosos peor para ellos! 

Pedro exclama:

–     ¡Lo único que faltaba para hacer de los hebreos mártires!

¡Hasta la lepra paseándose por las calles, con los soldados y las otras cosas!…

Santiago de Alfeo observa:

–     Separarlos me parece una medida de justa prudencia.

Simón comenta:

–     Sí, pero con piedad.

No sabes lo que es ser leproso. No puedes opinar sobre ello.

Justo es cuidar de nuestros cuerpos, pero ¿Por qué no ejercitamos la misma justicia con las almas de los leprosos?  ¿Quién les habla de Dios?

¡Y sólo Dios sabe cuán grande es su necesidad de pensar en un Dios y en la paz, en la atroz desolación en que viven! 

Jesús responde:

–     Tienes razón, Simón.

Iré a visitarlos, tanto en razón de la justicia como por enseñaros este acto de misericordia.

Hasta ahora he curado a los leprosos que se han cruzado en mi camino.

Hasta este momento, o sea, hasta cuando me han echado de Judá, me he dirigido a los grandes de Judá como a los más lejanos y necesitados de redención, para que colaborasen con el Redentor.

Pues bien, ahora dejo este propósito, convencido como estoy de su inutilidad. Iré a los más pequeños, no a los grandes;  a los míseros de Israel.

Y entre éstos, a los leprosos del Valle de los Muertos.

No pienso defraudar la fe que tienen en Mí, estos hombres evangelizados por un leproso agradecido.

Con el Don de Ciencia Infusa…

–    ¿Cómo has sabido que lo hice, Señor?

–    De la misma forma que sé lo que de Mí piensan amigos o enemigos, porque escruto su corazón.

Pedro grita:

–     ¡Misericordia!

Pero entonces, ¿Sabes absolutamente todo de nosotros, Maestro? 

–     Sí.

También que tú -y no sólo tú- querías alejar a Fotinai.

¿No sabes que no te es lícito alejar a un alma del bien?

¿No sabes que para entrar en un territorio, necesariamente se debe tener piedad, llena de dulzura, extensiva incluso a aquellos a quienes la sociedad,

que no es santa porque no está ensimismada en Dios, llama y juzga indignos de piedad?

De todas formas, no te turbes porque Yo sepa esto. Que te duela solamente,  el que tu corazón tenga movimientos que Dios no aprueba.

Y esfuérzate por no volver a tenerlos.

Ya os lo he dicho: el primer año ha terminado, en éste seguiré adelante por mi camino, con nuevas formas.

Vosotros también tenéis que progresar durante este segundo año; si no, sería inútil que me cansase evangelizándoos,hiper – evangelizándoos a vosotros, mis futuros sacerdotes.

Juan pregunta:

–     ¿Habías ido a orar, Maestro?

Nos prometiste que nos enseñarías tus oraciones. ¿Lo piensas hacer este año?

–     Lo haré.

De todas formas, quiero enseñaros a que seáis buenos; la bondad es ya oración. Pero lo haré, Juan.

Judas pregunta:

–     ¿Este año nos vas a enseñar también a hacer milagros? 

–     El milagro no se enseña, no es un juego malabar.

El milagro viene de Dios y lo obtiene, quien goza de gracia ante Dios.

Si aprendéis a ser buenos, gozaréis de gracia y obtendréis el don de milagros.  

Pedro dice:

–     Sigues sin dar respuesta a nuestra pregunta.

Lo ha preguntado Simón, lo ha preguntado Juan, y no nos has dicho a dónde has ido esta noche.

Salir tan solo, en una región pagana, puede ser peligroso.  

–     He ido a llevar dicha a un corazón recto.

Y puesto que está abocado a la muerte, a recoger su herencia.

–     ¿Sí? ¿Era mucha?

–     Mucha, Pedro.

Y de mucho valor, fruto del trabajo de un verdadero justo.

–     Pues… no he visto tu bolsa más llena.

¿Son joyas? ¿Las llevas en el pecho?

–     Sí, son joyas muy estimadas por mi corazón.

–     Enséñanoslas, Señor.

–     Las tendré cuando muera el que está para morir.

Por el momento, dejándolas donde están, son útiles a ambos, a él y a Mí.

–     ¿Las has puesto a producir interés?

–     ¿Pero tú crees que lo único que tiene valor es el dinero?

El dinero es la cosa más inútil y sucia que hay sobre la faz de la Tierra.

Sólo sirve para la materia, para cometer delitos y para el infierno. Raramente el hombre lo usa para el bien.

–     Entonces, si no es dinero, ¿Qué es?

–     Tres discípulos formados por un santo.

–     ¡Has estado donde Juan el Bautista! 

¡Oh!, ¿Por qué?

–     ¿Por qué?…

Vosotros siempre me tenéis. Y entre todos valéis menos que una sola uña del Profeta.

¿No era, acaso, justo ir a llevarle al santo de Israel la bendición de Dios, para fortalecerlo en orden al martirio?

–     Pero, si es santo…

No necesita fortalecimiento; ¡Se basta a sí mismo!…

–     Llegará el día en que “mis” santos serán conducidos ante los jueces y a la muerte.

Serán santos, estarán en gracia de Dios, tendrán el refrigerio de la fe, la esperanza y la caridad; sin embargo, ya oigo su grito, el de su espíritu:

“¡Señor, ayúdanos en esta hora!”.

Necesitan mi ayuda mis santos, para ser fuertes en las persecuciones.

Bartolomé dice:

–     Pero… nosotros no seremos éstos, ¿No es verdad?,

Porque yo no tengo, de ninguna manera, capacidad de sufrir.

–     Eso es cierto; no tienes la capacidad de sufrir.

Pero no has sido todavía bautizado, Bartolomé».

–     Sí, lo he sido.

–     Con agua.

Te falta otro bautismo. Entonces sabrás sufrir.

–     Soy ya viejo.

–     Pasarán los años…

Y siendo mucho más viejo que ahora, serás más fuerte que un joven.

–     Pero nos seguirás ayudando, ¿No?

–     Estaré siempre con vosotros.  

Nota: Recordemos que el objetivo de este adiestramiento, es ilustrar  los Carismas del Espíritu Santo en acción,

en y con, nuestro cuerpo espiritual, para que aprendamos a manejarlo.

 Y por eso las palabras en azul, nos muestran lo que la Stma. Trinidad hará con nosotros, en nuestras peripecias con los esbirros del Anticristo…

Las enseñanzas de este post, SON ESENCIALES, para el período de la Gran Persecución,

que ya comenzó en Medio Oriente y  enfrentamos sus albores, con distintos brotes, en los países latinoamericanos…

Martirio de San Nathanael o Bartolomé…

Todos los apóstoles serán martirizados y su muerte será gloriosa, excepto la de Judas de Keriot; porque no se arrepintió...

–     Intentaré acostumbrarme al sufrimiento – dice Bartolomé.

Según escribió San Eusebio de Cesarea, llamado el Padre de la Historia de la Iglesia,

San Bartolomé cumplió la misión de ir a predicar la Palabra de Dios, dirigiéndose a la India.

Allí dejó una copia en arameo, del Evangelio de Mateo.

Predicó en Egipto, Persia y Mesopotamia. Su muerte le es atribuida a Astiages, rey de Armenia.

Era hermano del rey Polimio, al cual San Bartolomé había convertido al cristianismo. 

Los sacerdotes paganos se estaban quedando sin seguidores, se quejaron ante Astiages por la evangelización que estaba dando el Santo. 

Astiages le ordenó que adorara a sus ídolos, pero San Bartolomé se negó.

Entonces fue desollado vivo ante él, sin que el mártir renunciase a Dios en ningún momento.

Su martirio ocurrió en Abanópolis Armenia, en la costa occidental del Mar Caspio.

Por eso en su iconografía, es mostrado con un libro y un cuchillo. O sosteniendo su propia piel con las manos. 

Representando el instrumento de su martirio y el evangelio que predicaba.

Murió en el año 62 según describen las crónicas de Flavio Josefo: murió por Lapidación. (Antigüedades judías, 20.9.1)

Santiago de Alfeo lo apoya:

–     Yo oraré siempre, ya desde este momento, para obtener de ti esta gracia.

Cuando Pablo se fue a Roma a apelar ante el César, los judíos que no pudieron matarlo, dirigieron todo el furor de su odio contra Santiago de Alfeo,

que ya tenía treinta años de haber sido consagrado Obispo de Jerusalén.

Y tal como refiere Flavio Josefo:

El Sumo Sacerdote Anás II aprovechó el intervalo transcurrido entre la muerte del Procónsul Festo y la llegada de su sucesor, Albino I en el año 62 d.C.

para buscar pretextos para condenarle.

Un grupo de judíos fueron a verlo y le dijeron:

–    Sabemos que eres un hombre íntegro y queremos que desengañes al pueblo.

Y les hagas ver la equivocación que cometen, al creer que Jesús fue Cristo.

En la próxima Pascua, háblales y desengáñalos de todas esas cosas que creen en relación con Jesús.

Si así lo haces, también nosotros nos atendremos a tu testimonio, reconoceremos que eres justo y que no te dejas influir por nadie.

El día de Pascua, los que habían tratado de seducirlo, lo llevaron hasta la terraza más alta del Templo de Jerusalén,

para que pudiese ser visto y oído por la gran multitud de peregrinos.

Y le dijeron a grandes voces:

–   ¡Santiago! ¡Tú eres el más honesto de todos los hombres!

Todos acatamos tu testimonio. Manifiéstanos aquí públicamente, qué opinas de los que andan por ahí, detrás de ese Jesús el Crucificado.

Santiago, también con voz muy fuerte,

respondió:

–    ¿Queréis saber lo que pienso del Hijo del Hombre?

Pues bien, escuchad:

¡Creo que está sentado a la Diestra del Padre Celestial, el Altísimo Señor del Universo!

Y que un día vendrá a juzgar, a los vivos y a los muertos.

Los cristianos, al oír esta respuesta, aplaudieron con jubilosa alegría.

Los escribas y fariseos en cambio, se pusieron más coléricos…

Y dijeron entre sí:

–   ¡Gran error hemos cometido!

Debemos corregirlo inmediatamente, para que sepan lo que les espera a los que piensen como él.

Lo apresaron y lo subieron hasta las almenas más altas del Templo,

Y desde ahí gritaron:

–   ¡Oh, el que teníamos por justo se ha equivocado!

Al decir esto, lo empujaron y lo arrojaron al vacío.

Pero el apóstol no se hizo ningún daño y se incorporó. 

Inmediatamente se arremolinaron contra él, los enemigos que desde abajo habían presenciado su caída…

Y empezaron a arrojarle piedras, mientras le gritaban con ira.

Al ver esto, Santiago se puso de rodillas y levantando los brazos hacia el cielo,

exclamó:

–    ¡Señor! ¡Te ruego que los perdones, porque no saben lo que hacen!

Al comenzar la lapidación, un sacerdote hijo de Rahab, intentó detenerlos,

diciendo:

–           ¡Alto! ¡No tiréis piedras, os lo ruego!

¿Acaso no veis que este santo varón corresponde a vuestra crueldad, orando por vosotros?

Pero no le hicieron caso y con una pértiga de batanero, le descargaron un golpe tan bárbaro, que le partieron el cráneo.

Su cuerpo fue sepultado en el mismo sitio en el que murió, a la vera del Templo.

El pueblo trató de atrapar a quienes lo mataron para castigarles, pero los asesinos de Santiago fueron más rápidos al escapar.

Simón Zelote dice:

–     Yo soy viejo; sólo pido precederte y entrar contigo en la paz.

Tadeo añade:

–     Yo… no sé lo que preferiría.

Si precederte o estar a tu lado para morir juntos.

San Simón Cananeo y Judas Tadeo, ambos murieron mártires tras predicar la fe por Egipto, Mesopotamia y Persia.

Judas Tadeo hijo de Alfeo y Simón Zelote fueron los apóstoles de Cristo

que llevaron su Doctrina a Egipto, Libia, Siria, la región del Tigris, Eúfrates, Edesa y Babilonia llegando hasta los confines de Persia.

Acompañaban su predicación con muchos milagros y hubo muchísimas conversiones.

También entre la nobleza y el mismo rey Acab de Babilonia, con toda su familia.

Entonces dos poderosos hechiceros se adelantaron a la ciudad de Sammir, (Persia) en la que vivían setenta sacerdotes de sus templos paganos.

Y predispusieron a sus habitantes contra los apóstoles, incitándoles a que cuando llegaran a predicarles la nueva religión,

los mataran si se negaban a ofrecer sacrificios en honor de los dioses.

En el año 72 d.C. después de evangelizar toda la provincia, Simón y Judas se presentaron en Sammir, (Persia)

Y en cuanto llegaron, fueron apresados y los llevaron a un templo dedicado al Sol.

Pero en cuanto los prisioneros penetraron en el recinto, los demonios hablaron a través de sus nigromantes,

y empezaron a gritar:

–   ¿A qué venís aquí, apóstoles del Dios Vivo?

Entre vosotros y nosotros no hay nada en común.

Desde que llegasteis a Sammir, nos sentimos abrasados por un fuego insoportable.

Enseguida se apareció a los apóstoles un ángel del Señor y les dijo:

–   Elegid entre estas dos cosas, la que queráis:

Que toda esta gente muera ahora mismo o vuestro propio martirio.

Los apóstoles respondieron:

–  La elección ya está hecha.

Pedimos a Dios Omnipotente una doble merced: que conceda a esta ciudad la gracia de su conversión,

y a nosotros la corona del martirio.

A continuación, Simón y Judas rogaron a la multitud que guardara silencio.

Y cuando todos estuvieron callados, hablaron ellos,

y dijeron:

–   Vamos a demostrarles que lo que ustedes adoran no son dioses.

Y Tadeo habló con autoridad:

–   A vosotros espíritus de Satanás que estáis escondidos en estas imágenes,

os ordeno en el Nombre de Jesús que salgáis inmediatamente

y os manifestéis visiblemente ante quienes habéis engañado hasta hoy.

Y Simón remató:

–   Sois creaturas del Altísimo Creador del Universo.

Obedeced en el Nombre de Jesús y destruid la estatua en la que hasta hoy habéis estado enmascarados.

Ante el asombro general, en aquel mismo instante de las dos estatuas salieron dos demonios espantosos,

destrozaron las imágenes que les habían servido de escondite y escaparon dando voces y alaridos espeluznantes.

La gente, impresionada por lo que acababa de ver, quedó muda de estupor.

Los sacerdotes paganos como energúmenos, se arrojaron sobre los dos apóstoles.

Y  mientras a Simón lo partieron en dos, con una sierra estando vivo…

A Judas Tadeo le aplastaron la cabeza con un mazo y como no moría, finalmente lo decapitaron.

En el preciso instante en que Simón y Judas murieron,

el cielo que hasta entonces había estado sereno y despejado, se cubrió de nubarrones …

Y cayó una tormenta tan terrible, que derrumbó el templo y aplastó a los magos.  

Al saber la noticia, el rey Acab fue y recogió los cadáveres.

Y los llevó a Babilonia, donde les dio sepultura en una magnífica iglesia, que mandó construir en su honor.

Judas de Keriot cometió Suicidio…

Judas confiesa:  

–     A mí me dolería sobrevivirte, pero me consolaría predicándote a las gentes.

Nota: este video contiene tantos aciertos, así como varios errores, porque han ocultado esta información,

para impedir que en la actualidad sirvan de inspiración a los cristianos y no puedan defenderse, para favorecer al  Anticristo…