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Y LA LUZ VINO AL MUNDO


2 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Una serenísima aurora sobre el Mar de Galilea. Cielo y agua presentan destellos rosáceos, poco diferentes de los que resplandecen tenues entre los muros de los pequeños huertos de la villa lacustre.

Huertos desde los que se alzan y se asoman volcándose casi sobre las calles, las copas de los árboles frutales.

El poblado comienza a despertarse con alguna mujer que va a la fuente o a una pila a lavar y algunos pescadores que descargan las cestas de pescado y con vocerío, contratan con mercaderes venidos de fuera, o llevan pescado a sus casas.

Es un pueblo grande, de gente trabajadora dilatado en su mayor parte a lo largo del lago.

Juan sale de una callejuela y va presuroso hacia el lago.

Santiago le sigue, pero con mucha más calma. Juan mira las barcas que han llegado ya a la orilla, pero no ve la que busca.

Oteando a lo lejos, la descubre a algunos cientos de metros de la orilla, ocupada en las maniobras para regresar y grita fuerte con las manos en la boca un prolongado «¡o-e!», que debe ser el reclamo usado.

Y luego cuando ve que le han oído, agita los brazos con llamativos gestos que indican: « ¡Venid, venid!.

Los hombres de la barca,  agarran los remos amainando la vela para agilizar la operación y la hacen avanzar más de prisa.

Cuando están a unos diez metros de la orilla, Juan no aguarda más.

Se quita el manto y la túnica larga, las arroja al arenal, se quita las sandalias, se arremanga la segunda prenda, casi a la altura de la ingle sujetándola con una mano, se mete en el agua y va al encuentro de los que llegan.

Andrés pregunta:

 –       ¿Por qué no habéis venido, vosotros dos?

Pedro, con gesto de malhumor, no dice nada.

Juan responde cuestionando a su vez: 

–       Y tú, ¿por qué no has venido conmigo y con Santiago? 

–       He ido a pescar. No tengo tiempo que perder. Tú has desaparecido con ese hombre… 

–       Te había sugerido claramente que vinieras. Es Él en persona. ¡Si vieras qué palabras!… Hemos estado con Él todo el día y por la noche hasta tarde. Ahora hemos venido a deciros: “Venid”.

–       ¿Es Él? ¿Estás completamente seguro? Apenas si le vimos entonces, cuando nos lo mostró el Bautista.

–        Es Él. No lo ha negado.

Pedro murmura malhumorado:

–        Cualquiera puede decir lo que le viene bien para imponerse a los crédulos. No es la primera vez… –

Juan se consterna al escucharlo.

Y contesta dolorido:

–       ¡Oh, Simón, no hables así! ¡Es el Mesías! ¡Sabe todo! ¡Te oye!

Pedro se exaspera y exclama:

–       ¡Ya! ¡El Mesías! ¡Y se manifiesta precisamente a ti, a Santiago y a Andrés! ¡Tres pobres ignorantes! ¡Requerirá algo muy distinto el Mesías! ¡Y me oye!

¡Pobre muchacho! Los primeros soles de primavera te han hecho daño. ¡Será mejor que te vengas a trabajar y déjate de fábulas!

Juan intenta convencerlo:

–        Te digo que es el Mesías. Juan decía cosas santas, pero éste habla como Dios. No puede, si no es el Cristo, decir semejantes palabras.

Santiago interviene:

–        Simón, yo no soy un muchacho. Tengo mis años, soy y lo sabes,  reflexivo y de carácter sosegado. He hablado poco, pero he escuchado mucho durante estas horas que hemos estado con el Cordero de Dios.

Y te digo que verdaderamente no puede ser sino el Mesías. ¿Por qué no creer? ¿Por qué no querer creerlo?

 Tú lo puedes hacer porque no lo has escuchado. Pero yo creo. ¿Qué somos pobres e ignorantes?

 Él bien dice que ha venido para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, del Reino de Paz, a los pobres, a los humildes, a los pequeños, antes que a los grandes.

Ha dicho: “Los grandes tienen ya sus delicias, no envidiables respecto a las que Yo vengo a traer. Los grandes ya tienen la forma de llegar a comprender por la sola eficacia de la cultura. Más Yo vengo a los ‘pequeños’ de Israel y del mundo.

A los que lloran y esperan, a los que buscan la Luz y tienen hambre del verdadero Maná y no reciben de los doctos luz y alimento, sino solamente peso, oscuridad, cadenas y desprecio.

Y llamo a los ‘pequeños’. Yo he venido a invertir el orden del mundo. Porque quitaré valor a lo que ahora se considera grande y se lo daré a lo que ahora se desprecia.

Quien quiera verdad y paz, quien quiera Vida Eterna, venga a Mí. Quien ama la Luz, venga. Yo soy la Luz del mundo”. ¿No se ha expresado así, Juan?

 Santiago ha hablado de forma serena pero conmovida.

 –      Sí. Y ha dicho: “El mundo no me amará. No me amará la alta sociedad, porque está corrompida con vicios e idólatra comercio. El mundo, más aún, no me querrá, porque siendo hijo de la Tiniebla no ama la Luz.

Pero la Tierra no está hecha sólo de alta sociedad.

En ella están también los que, a pesar de encontrarse mezclados con el mundo, no son del mundo, y también algunos que son del mundo porque han quedado apresados en él como peces en la red”

Se ha expresado así porque hablábamos en la orilla del lago y aludía a las redes que arrastraban con peces hasta la orilla.

Ha dicho incluso: “Ved. Ninguno de esos peces quería caer en la red. Asimismo los hombres intencionalmente, no querrían caer en manos de Satanás, ni siquiera los más malvados;

porque éstos, por la soberbia que los ciega, no creen no tener derecho a hacer lo que hacen.

Su verdadero pecado es la soberbia, sobre él nacen todos los demás. Menos aún entonces, quienes no son completamente malvados quisieran ser de Satanás,

pero van a parar a él por ligereza y por un peso (la culpa de Adán) que los arrastra al fondo.

Yo he venido a quitar esa culpa y a dar, en espera de la hora de la Redención, una Fuerza tal a quienes crean en Mí, que será capaz de liberarlos del lazo que los tiene sujetos y de hacerlos libres para seguirme a mí, Luz del mundo”.

Del rostro de Pedro ha desaparecido el gesto adusto y dice con decisión:

–      Entonces, si es eso exactamente lo que ha dicho, hay que ir donde Él enseguida.

Y pone manos a la obra dándose prisa en ultimar las operaciones de descarga, porque entre tanto la barca ha llegado ya a la orilla.

Y los peones casi la han sacado ya a lo seco, descargando redes, cuerdas y velamen.

Luego reclama:

–        Y tú, Andrés, necio, ¿Por qué no has ido con éstos?

Andrés lo mira desconcertado y dice:

–        ¡Pero… Simón! Me has reprendido porque no los había convencido de venir conmigo… Toda la noche has estado refunfuñando y ¡¿Y ahora me echas en cara el no haber ido?!….

Pedro concede:

–        Tienes razón… Pero yo no lo había visto… tú sí… y deberías haberte dado cuenta que no es como nosotros… ¡Algo especial tendrá!….

Juan interviene fascinado:

–        ¡Oh!, sí. ¡Tiene un rostro…, y unos ojos…! ¡¿Verdad, Santiago, qué ojos?! ¡Y una Voz…! ¡Ah, qué Voz! Cuando habla te parece soñar con el Paraíso.

–        ¡Rápido!, ¡rápido!, vamos donde Él. Vosotros — habla a los peones — llevad todo a Zebedeo y decidle que se encargue él de ello. Nosotros volveremos esta noche para pescar.

Se visten de forma adecuada todos y se encaminan.

Pero Pedro, después de algunos metros se detiene, coge a Juan por un brazo,

Y pregunta:

–        Has dicho que sabe todo y que oye todo….

–        Sí. Imagínate que cuando nosotros, viendo la Luna alta, dijimos: “¿Quién sabe lo que estará haciendo Simón?”

Control del sentido de la “vista espiritual”

Él contestó:

“Está echando la red y no sabe resignarse a tener que estar haciéndolo solo, porque vosotros no habéis salido con la barca gemela en una noche tan buena como ésta para pescar…

No sabe que dentro de poco ya no pescará sino con otras redes y no conseguirá sino otros peces”.

Pedro se admira y concluye:

–        ¡Misericordia divina! ¡Es exactamente así! Entonces, habrá oído también… también que lo he llamado poco menos que mentiroso… No puedo ir a Él.

Santiago advierte:

–         ¡Oh!, es muy bueno. Ciertamente sabe que has pensado de esa forma. Ya lo sabía. Efectivamente, cuando lo dejamos, diciendo que veníamos aquí, adonde tú estabas, respondió:

“Id, pero no os dejéis vencer por las primeras palabras de burla.”

Quien quiera venir conmigo debe saber no dejarse avasallar por los escarnios del mundo y por las prohibiciones de los parientes; porque Yo estoy por encima de la sangre y de la sociedad.

Y sobre ellos triunfo. Y quien esté conmigo triunfará eternamente”. Y añadió: “Sabed hablar sin miedo. Quien os va a oír vendrá, porque es hombre de buena voluntad”

Pedro recupera el ánimo:

–         ¿Ha dicho eso? Entonces voy. Habla, habla más de Él mientras vamos. ¿Dónde está?

–         En una casa pobre; deben de ser personas amigas suyas.

–         ¿Pero es pobre?

–         Un obrero de Nazaret. Así dijo.

–         Y ¿cómo vive ahora, si ya no trabaja?

–         No lo hemos preguntado. Quizá le ayudan los parientes.

–         Sería mejor llevar algo de pescado, pan, o fruta…, algo. ¡Vamos a consultar a un rabí, porque es como un rabí, y más que un rabí, con las manos vacías!… Nuestros rabinos no quieren que se actúe así….

–         Pero Él quiere. No teníamos más que veinte denarios entre yo y Santiago y se los ofrecimos, como es costumbre para con los rabinos. No los quería, pero ya que insistíamos, dijo: “Dios os lo pague en bendiciones de los pobres. Venid conmigo”.

Y enseguida los distribuyó entre algunos pobres que Él sabía dónde vivían. Y a nosotros, que preguntábamos: “Y para ti, Maestro, ¿No guardas nada?”, nos respondió: “La alegría de hacer la voluntad de Dios y de servir a su gloria”.

Dijimos también: “Tú nos llamas Maestro, pero nosotros somos todos pobres. ¿Qué debemos traerte?. Respondió con una sonrisa que realmente hace saborear el Paraíso: “Un gran tesoro quiero de vosotros”.

Y nosotros dijimos: “¿Y si no tenemos nada?”

Él Contestó: “Tenéis un tesoro que tiene siete nombres y que incluso el más mísero puede poseer y el rey más rico no. Lo tenéis y lo quiero. Oíd sus nombres: caridad, fe, buena voluntad, recta intención, continencia, sinceridad, espíritu de sacrificio.

Esto quiero Yo de quien me sigue, esto sólo. Y en vosotros existe, duerme como la semilla bajo los terrones invernales, pero el sol de mi primavera la hará nacer como espiga septenaria”

Eso dijo.

Con el Don del Discernimiento, otorgado por el Espíritu santo.

Pedro suspira aliviado, diciendo:

–         ¡Ah!, esto me asegura que es el Rabí verdadero, el Mesías prometido. No es duro para con los pobres, no pide dinero…

Es suficiente para llamarle el Santo de Dios. Vamos con toda confianza.  

LA SUPREMA TENTACIÓN


1 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

DEL TAMAÑO DE LA MISIÓN, ES LA TENTACIÓN

Ante mí la soledad pedregosa que había contemplado a mi izquierda en la visión del Bautismo de Jesús en el Jordán.

Pero debo haberme adentrado mucho en ella, porque no veo en absoluto el hermoso río lento y azul, ni la vena de hierba que sigue su curso por las dos orillas, como alimentada por aquella arteria de agua.

Aquí sólo soledad, pedruscos, tierra tan abrasada que ha quedado reducida a polvo amarillento, que de vez en cuando el viento levanta en pequeños remolinos que parecen hálito de boca febril, por lo seco y calientes que están.

Son muy molestos por el polvo que con ellos penetra en la nariz y en la faringe.

Muy raros se  ven, algúnos pequeños matorrales espinosos que han resistido, quién sabe por qué. 

En aquella desolación, parecen los restos de mechones de cabellos en la cabeza de un calvo.

Arriba, un cielo despiadadamente azul; abajo, el terreno árido; en torno, rocas y silencio. 

Apoyado en una roca que por su forma, crea una covacha y sentado en una piedra que ha sido arrastrada hasta la oquedad, está Jesús.

Se resguarda así del sol ardiente.

Y el interno consejero me indica que esa piedra en la que ahora está sentado, es también su reclinatorio y su almohada,

cuando descansa por breves horas envuelto en su manto bajo la luz de las estrellas y el aire frío de la noche.

Ahí cerca está la bolsa que tomó antes de salir de Nazaret.

Y por lo flácida que aparece, todo su haber está vacía de la poca comida que en ella había puesto María.

Jesús está muy delgado y pálido.

Está sentado, con los codos apoyados en las rodillas y los antebrazos hacia fuera, con las manos unidas y entrelazadas por los dedos. Medita.

De vez en cuando, levanta la mirada y la dirige a su alrededor. Y mira al Sol que está alto casi a plomada, en el cielo azul.

De vez en cuando y especialmente después de dirigir la mirada en torno a sí y alzarla hacia la luz solar, como con vértigo.

Cierra los ojos y se apoya en la peña que le sirve de cobijo.

Entonces se acerca un beduino envuelto en ricas vestiduras y un gran manto, que se asemeja a un disfraz de dominó.

En la cabeza el turbante, cuyas faldas blancas caen sobre los hombros y a ambos lados de la cara para protegerlos.

De manera que de la cara, puede verse un pequeño triángulo muy moreno, de labios delgados y sinuosos, de ojos negrísimos y hundidos, llenos de destellos magnéticos.

Dos pupilas que te leen en el fondo del corazón, pero en las que no lees nada o una sola palabra: MISTERIO.  

Lo opuesto de los ojos de Jesús, también muy magnéticos y fascinantes, que te lee en el corazón; pero en el que tú lees también que en su corazón hay amor y bondad hacia ti.

La mirada de Jesús es una caricia en el alma.

Ésta es como un doble puñal que te perfora y quema.  

Jesús lo reconoce, pero no da indicios de ello.

Satanás se acerca despacio y lentamente pronuncia un cuestionamiento:

–      ¿Estás sólo?

Jesús lo mira y no responde. 

–      ¿Cómo es que estás aquí? ¿Te has perdido?.

Jesús vuelve a mirarlo y calla. 

 –      Si tuviera agua en la cantimplora, te la daría, pero yo también estoy sin ella. Se me ha muerto el caballo y me dirijo a pie al vado.

Allí beberé y encontraré a alguien que me dé un pan. Sé el camino. Ven conmigo. Te guiaré.

Jesús ya ni siquiera alza los ojos. 

 –      ¿No respondes? ¿Sabes que si te quedas aquí mueres? Ya se levanta el viento. Va a haber tormenta. Ven».

Jesús aprieta las manos en muda oración.   

–       ¡Ah, entonces eres Tú! ¡Hace mucho que te busco! Y hace mucho que te vengo observando.

Desde el momento en que fuiste bautizado. ¿Llamas al Eterno?

Está lejos. Ahora estás en la tierra, entre los hombres.

Y sobre los hombres reino yo.

Pero, me das pena y quiero ayudarte, porque eres bueno y has venido a sacrificarte por nada.

Los hombres te odiarán por tu bondad.

No entienden más que de oro, comida y sensualidad.

Sacrificio, dolor, obediencia, son para ellos palabras más muertas que esta tierra que tenemos a nuestro alrededor. Son aún más áridos que este polvo.

Sólo la serpiente y el chacal pueden esconderse aquí, esperando morder o despedazar a alguno.

Vámonos. No merece la pena sufrir por ellos. Los conozco más que Tú.

Satanás se ha sentado frente a Jesús, lo escudriña con su mirada tremenda y sonríe con su boca de serpiente.

Jesús sigue callado y ora mentalmente. 

Su archienemigo mortal, hace un ademán con la mano y empieza a proyectar poderosas imágenes sobre el alma de un humano que considera inferior a él. 

Con el pecado quedamos sometidos, él influye fuertemente sobre nuestros pensamientos y sobre nuestros sentimientos. 

El Nazareno es por ahora, solamente un Hombre al que cree poder controlar a su antojo. Y por lo tanto está sometido a su angelical poder…

Lucifer insiste:

–      Tú desconfías de mí. Haces mal. Yo soy la sabiduría de la Tierra. Puedo ser maestro tuyo para enseñarte a triunfar. Mira: lo importante es triunfar.

Luego, cuando uno se ha impuesto, cuando ha engatusado al mundo, puede conducir a éste a donde quiera. Pero primero hay que ser como les gusta a ellos, como ellos.

Seducirlos haciéndoles creer que los admiramos y seguimos su pensamiento.

Eres joven y atractivo. Empieza por la mujer, Siempre se debe comenzar por ella.

Yo me equivoqué induciendo a la mujer a la desobediencia.

Debería haberla aconsejado de otra forma.

Habría hecho de ella un instrumento mejor y habría vencido a Dios. Actué precipitadamente.

¡Pero Tú…! Yo te enseño porque un día deposité en tí mi mirada con júbilo angélico y aún me queda un resto de aquel amor.

Escúchame y usa mi experiencia: búscate una compañera. Adonde Tú no llegues, ella llegará. Eres el nuevo Adán, debes tener tu Eva.

Además, ¿Cómo podrás comprender y curar las enfermedades de la sensualidad si no sabes lo que son?

¿No sabes que es ahí donde está el núcleo del que nace la planta de la codicia y del afán de poder?

¿Por qué el hombre quiere reinar? ¿Por qué quiere ser rico, potente? Para poseer a la mujer.

Ésta es como la alondra. Tiene necesidad de algo que brille para sentirse atraída.

El oro y el poder son las dos caras del espejo que atraen a las mujeres y las causas del mal en el mundo.

Mira: detrás de mil delitos de distinta naturaleza, hay al menos novecientos que tienen raíz en el hambre de posesión de la mujer.

O en la voluntad de una mujer consumida por un deseo que el hombre aún no satisface, o ya no satisface. Ve a la mujer, si quieres saber qué es la vida.

Sólo después sabrás atender y curar los males de la Humanidad.

¡Es bonita la mujer! No hay nada más hermoso en el mundo.

El hombre tiene el pensamiento y la fuerza. ¡Pero la mujer!…

Su pensamiento es un perfume, su contacto es caricia de flores, su gracia es como vino que entra, su debilidad es como madeja de seda o rizo de niño en las manos del hombre.

Su caricia es fuerza que se vierte en la nuestra y la enciende.

El dolor, la fatiga, la aflicción, quedan anulados cuando se está junto a una mujer y ella entre nuestros brazos como un ramo de flores.

Pero, ¡Qué tonto soy! Tú tienes hambre y te hablo de la mujer.

Tu vigor está exhausto Por ello, esta fragancia de la Tierra, esta flor de la creación, este fruto que da y suscita amor, te parece sin importancia.

Pero, mira estas piedras:

¡Qué redondeadas son y qué pulidas están, doradas bajo el Sol que cae!; ¿No parecen panes?

Tú, Hijo de Dios, no tienes más que decir “Quiero”, para que se transformen en oloroso pan como el que ahora están sacando del horno las amas de casa para la cena de sus familiares.

Y estas acacias tan secas, si Tú quieres, ¿No pueden llenarse de dulces pomos, de dátiles de miel?

¡Sáciate, oh Hijo de Dios! Tú eres el Dueño de la Tierra. Ella se inclina para ponerse a tus pies y quitarte el hambre.

¿Ves cómo te pones pálido y te tambaleas con solo oír nombrar el pan?

¡Pobre Jesús! ¿Estás tan débil, que ya no puedes ni siquiera dominar el milagro? ¿Quieres que lo haga yo en tu lugar?

No estoy a tu altura, pero algo puedo. Me quedaré falto de fuerzas durante un año, las reuniré todas, pero te quiero servir porque Tú eres bueno.

Y siempre me acuerdo que eres mi Dios, aunque me haya hecho indigno de llamarte tal.

Ayúdame con tu oración para que pueda…. 

Jesús responde con autoridad:

–      Calla. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que viene de Dios. 

La Tentación Física ha sido vencida…

El demonio siente una sacudida de rabia. Le rechinan los dientes y aprieta los puños.

De todas formas, se contiene…

Y transforma su mueca en sonrisa, antes de decir: 

 –     Comprendo, Tú estás por encima de las necesidades de la Tierra y te da repugnancia el servirte de mí. Me lo he merecido.

Hace otro ademán con la mano, haciendo que Jesús contemple la realidad existente en el Templo de Jerusalén…

Exponiéndole sin misericordia, los pecados de los sacerdotes, burlándose de sus sacrilegios y ESCARNECIENDO a Dios, sin palabras. 

Mientras dice con un tono de aparente comprensión:

–     Ven, entonces y ve lo que hay en la Casa de Dios, ve cómo incluso los sacerdotes no rehúsan hacer transacciones entre el espíritu y la carne; porque, al fin y al cabo, son hombres y no ángeles.

Cumple un milagro espiritual.

Yo te llevo al pináculo del Templo, Tú transfigúrate en belleza allí arriba. Y luego llama a las cohortes de ángeles y di que hagan de sus alas entrelazadas alfombra para tus pies y te porten así al patio principal.

Que te vean y se acuerden de que Dios existe.

De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria muy frágil, especialmente en lo espiritual. Tú sabes qué dichosos se sentirán los ángeles de proteger tu pie y servirte de escalera cuando bajes. 

Jesús responde con severidad:

–      “No tientes al Señor tu Dios”, está escrito. 

La Tentación moral ha sido superada.

Lucifer replica contundente:

–      Comprendes que tu aparición tampoco mudaría las cosas y el Templo continuaría siendo un mercado y un lugar de corrupción.

Tu divina sabiduría sabe que los corazones de los ministros del Templo son un nido de víboras, que se devoran.

Y devoran, con tal de aumentar su poder.

Sólo los doma el poder humano.

Ven entonces. Adórame. Yo te daré la Tierra.

Alejandro, Ciro, Cesar, todos los mayores dominadores pasados o vivos serán semejantes a jefes de mezquinas caravanas respecto a Tí, que tendrás a todos los reinos de la Tierra bajo tu cetro.

Y con los reinos todas las riquezas, todas las cosas bellas de la Tierra: mujeres, caballos, soldados y templos.

Podrás poner en alto en todas partes tu Signo, cuando seas Rey de los reyes y Señor del mundo.

Entonces te obedecerá y venerará el pueblo y el sacerdocio.

Todas las castas te honrarán y servirán, porque serás el Poderoso, el Único, el Señor.  

¡Adórame aunque sólo sea un momento! ¡Quítame esta sed que tengo de ser adorado!

Es la que me ha perdido, pero ha quedado en mí y me quema.

Las llamaradas del Infierno son aire fresco de la mañana respecto a este ardor que me quema por dentro. Es mi infierno, esta sed.

¡Un momento, un momento sólo, Cristo, Tú que eres bueno!

¡Un momento, aunque sólo sea de gozo, al Eterno Atormentado!

Hazme sentir lo que quiere decir ser dios y me tendrás devoto; obediente como siervo durante toda la vida, en todas tus empresas.

¡Un momento! ¡Un solo momento y no te atormentaré más!

Satanás cae de rodillas, suplicando. 

Jesús por el contrario, se ha levantado.

Ha adelgazado en estos días de ayuno y parece aún más alto. Su rostro tiene un terrible aspecto de severidad y potencia,

Sus ojos son dos zafiros abrasadores, su Voz es un trueno que resuena en la oquedad de la roca y se esparce por el pedregal y el llano desolado,

Cuando dice:  

–      ¡Vete, Satanás! Está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás”. 

La Tentación espiritual, también ha sido desechada.

Satanás, con un alarido de condenado, desgarro y de odio indescriptible, sale corriendo (es tremendo ver su furiosa, humeante persona).

Y desaparece con un nuevo alarido de maldición.

Jesús se sienta cansado, apoyando hacia atrás la cabeza contra la roca.

Parece exhausto. Suda.

Pero seres angélicos vienen a mover suavemente el aire con sus alas en el ambiente de bochorno de la cueva, purificándolo y refrescándolo.

Jesús abre los ojos y sonríe. No lo veo comer.

Yo diría que se nutre del aroma del Paraíso, obteniendo así nuevas fuerzas.

El Sol desaparece por el poniente.

Jesús toma su vacío talego y acompañado por los ángeles que producen una tenue luz suspendidos sobre su cabeza mientras la noche cae rapidísima, se dirige hacia el nordeste.

Ha recuperado su expresión habitual, el paso seguro.

Sólo queda como recuerdo del largo ayuno, un aspecto más ascético en su rostro delgado y pálido.

Y en sus ojos, absortos en una alegría que no es de esta Tierra.

Dice Jesús:

 Has visto que Satanás se presenta siempre con apariencia benévola, con aspecto común.

Si las almas están atentas y sobre todo, en contacto espiritual con Dios, advierten ese aviso que las hace cautelosas y las dispone a combatir las insidias demoníacas.

Pero si las almas no están atentas a lo divino, separadas por una carnalidad oprimente y ensordecedora,

SIN LA AYUDA DE LA ORACIÓN QUE UNE A DIOS

Y VIERTE SU FUERZA COMO POR UN CANAL EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE

 Entonces difícilmente se dan cuenta de la celada y caen en ella.

Y luego es muy difícil liberarse.

Las dos vías más comunes que Satanás toma para llegar a las almas son la sensualidad y la gula.

Empieza siempre por la materia; una vez que la ha desmantelado y subyugado, pasa a atacar a la parte superior:

Primero lo moral (el pensamiento con sus soberbias y deseos desenfrenados).

Después el espíritu, quitándole no sólo el amor — que ya no existe cuando el hombre ha substituido el amor divino por otros amores humanos — sino también el temor de Dios. 

Es entonces cuando el hombre se abandona en cuerpo y alma a Satanás, con tal de llegar a gozar de lo que desea, de gozar cada vez más.

Has visto cómo me he comportado Yo: SILENCIO Y ORACIÓN.

Silencio y Oración. Silencio.

Efectivamente, si Satanás lleva a cabo su obra de seductor y se nos acerca, se le debe soportar sin impaciencias necias ni miedos mezquinos.

Pero reaccionar: ante su presencia, con entereza; ante su seducción, con la Oración.

Es inútil discutir con Satanás.

Vencería él, porque es fuerte en su dialéctica.

Sólo Dios puede Vencerlo.

Entonces recurrir a Dios, que hable por nosotros, a través de nosotros.

Mostrar a Satanás ese Nombre y ese Signo, no tanto escritos en un papel o grabados en un trozo de madera, cuanto escritos y grabados en el corazón.

MI NOMBRE, MI SIGNO.

 Rebatir a Satanás únicamente cuando insinúa que es como Dios, rebatirle usando la Palabra de Dios; no la soporta.

Luego, después de la lucha, viene la victoria.

Y los ángeles sirven y defienden del Odio de Satanás al vencedor; lo confortan con los rocíos celestes, con la gracia que vierten a manos llenas en el corazón del hijo fiel, con la bendición que acaricia al espíritu.

Hace falta tener la voluntad de vencer a Satanás.

Y Fe en Dios y en su ayuda; Fe en la fuerza de la Oración y en la Bondad del Señor.

En ese caso Satanás no puede causar ningún daño.

Tres días después…

Jesús va caminando a lo largo de la faja verde que sigue el curso del Jordán.

Ha vuelto al lugar de su Bautismo, cerca del vado reconocido y frecuentado, para pasar a la otra margen, hacia la Perea.

Pero el lugar, hace poco tan colmado de gente, ahora se ve desierto. Sólo algún viandante a pie o montado en asnos o caballos, lo recorre.

Jesús parece no darse cuenta siquiera. Continúa por su camino subiendo hacia el norte, como absorto en sus pensamientos.

Cuando llega a la altura del vado, se cruza con un grupo de hombres de distintas edades que discuten animadamente entre ellos y luego se separan, parte yendo hacia el sur, parte subiendo hacia el norte.

Entre los que se dirigen hacia el norte van Juan y Santiago.

Juan es el primero que ve a Jesús y lo señala mostrándoselo al hermano y a los compañeros. Hablan un poco entre ellos.

Y Juan se echa a andar deprisa para alcanzar a Jesús.

Santiago le sigue más despacio. Los demás no hacen mayor caso; caminan lentamente, en animada conversación.

Juan, cuando llega a no más de unos dos o tres metros detrás de Jesús, grita:

-¡Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo!

Jesús se vuelve y lo mira.

Los dos están a pocos pasos el uno del otro. Se observan.

Jesús con su aspecto serio e indagador.

Juan con su mirada pura y risueña en ese hermoso rostro juvenil e imberbe, es un adolescente un poco mayor de quince años.   

Jesús pregunta:

–     ¿A quién buscas?

Juan contesta con firmeza:

–      A ti, Maestro.

–     ¿Cómo sabes que soy maestro? 

–     Me lo ha dicho el Bautista.   

–     Y entonces ¿Por qué me llamas Cordero? 

–     Porque le he oído a él llamarte así un día en que Tú pasabas, hace poco más de un mes. 

–     ¿Qué quieres de Mí? 

–     Que nos digas palabras de vida eterna y que nos confortes. 

–     ¿Quién eres? 

–      Juan de Zebedeo y éste es Santiago, mi hermano.

Somos de Galilea, pescadores. Somos, además, discípulos de Juan.

Él nos decía palabras de vida y nosotros le escuchábamos, porque queremos seguir a Dios. Y con la penitencia, merecer el perdón, preparando los caminos del corazón a la venida del Mesías.

Tú lo eres. Juan lo dijo, porque vio el signo de la Paloma posarse sobre ti.

A nosotros nos lo dijo: “He ahí el Cordero de Dios”.

Yo te digo: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, danos la paz, porque ya no tenemos a nadie que nos guíe y nuestra alma está turbada.  

–     ¿Dónde está Juan?». 

Santiago explica:

–      Herodes lo ha apresado. Está en prisión, en Maqueronte. Los más fieles de entre los suyos han intentado liberarlo, pero no se puede. 

Juan insiste:

–      Nosotros volvemos de allí. Déjanos ir contigo, Maestro. Muéstranos dónde vives. 

Jesús aclara:

–     Venid. Pero ¿sabéis lo que pedís? Quien me siga tendrá que dejar todo; casa, familia, modo de pensar, e incluso la vida.

Yo os haré mis discípulos y amigos, si queréis. Pero no tengo riquezas ni seguridades. Soy pobre hasta no tener ni dónde reclinar la cabeza y lo seré aún más.  

Más perseguido que una oveja perdida, por los lobos. Mi doctrina es todavía más severa que la de Juan, porque prohíbe incluso el resentimiento.

No se dirige tanto hacia lo externo cuanto hacia el espíritu. Tendréis que renacer, si queréis ser míos. ¿Queréis hacerlo?  

–      Sí, Maestro, Tú sólo tienes palabras que nos dan luz, que descienden y donde había tinieblas de desolación por carecer de guía, proporcionan calor y luz de sol.   

–     Venid, entonces. Vamos. Os adoctrinaré por el camino.

Dice Jesús:

Juan de Zebedeo es el puro entre los discípulos.

Después de los cuarenta días pasados en el desierto.

Una vez acaecido el arresto de Juan un día después, los dos discípulos de Juan Bautista a los cuales me había señalado diciendo:

‘He ahí el Cordero de Dios’, viéndome de nuevo, me llamaron y me siguieron”.

El grupo que se cruzó conmigo era numeroso, pero sólo uno me reconoció: el que tenía alma, pensamiento y carne, limpios de toda lujuria.

Insisto sobre el valor de la pureza. La castidad es siempre fuente de lucidez de pensamiento. La virginidad afina y conserva la sensibilidad intelectiva y afectiva hasta la perfección.

Perfección que sólo quien es virgen experimenta.

Virgen se es de muchas formas. A la fuerza — y esto especialmente para las mujeres —, cuando no se ha sido elegido para casarse.

Debería ser así también para los hombres, pero no lo es, lo cual está mal.

Porque de una juventud ensuciada prematuramente por la lascivia sólo podrá salir un cabeza de familia enfermo en el sentimiento y frecuentemente, también en la carne.

Existe la virginidad conscientemente querida, o sea, la de quienes en un arrebato del corazón, se consagran al Señor.

¡Hermosa virginidad! ¡Sacrificio agradable a Dios! Pero luego no todos saben permanecer en ese candor de lirio enhiesto sobre el tallo, orientado hacia el Cielo;

que no sabe del fango del suelo, abierto sólo al beso del sol de Dios y de sus rocíos.

Muchos permanecen fieles materialmente al voto en sí. Pero infieles con el pensamiento, que añora y desea lo que ha sacrificado. Éstos son vírgenes sólo a medias. 

Señor, te entrego TODO lo que siento y lo que pienso, DAME tu santidad y tu pureza, para FUSIONARME con tu Corazón.

Si la carne está intacta, el corazón no lo está. Este corazón fermenta, hierve, libera humos de sensualidad, tanto más refinada y saboreada,

cuanto más es creación del pensamiento que acaricia, alimenta y aumenta continuamente imágenes de satisfacciones ilegítimas; ilícitas incluso para el libre, más que ilícitas para el consagrado.

Viene entonces la hipocresía del voto. Hay apariencia, la sustancia falta.

Y en verdad os digo que entre quien viene a mí con el lirio roto por la imposición de un tirano,

y quien viene con el lirio no materialmente quebrado, pero sí sucio de babas por la regurgitación de una sensualidad acariciada y cultivada para llenar de ella las horas de soledad,

Yo llamo “virgen” al primero y “no virgen” al segundo.

Y al primero le doy corona de virgen y doble corona de martirio con causa en la carne herida y en el corazón llagado por la mutilación no querida.

E1 valor de la pureza es tal que Satanás se preocupó ante todo de inducirme a la impureza.

Él sabe bien que la culpa sensual desmantela el alma y la hace fácil presa para las otras culpas.

La atención de Satanás se dirigió a este punto capital para vencerMe.

El pan, el hambre, son las formas materiales para la alegoría del apetito, de los apetitos que Satanás explota para sus fines.

¡Bien distinto es el alimento que él me ofrecía para hacerme caer como ebrio a sus pies!

Después vendría la gula, el dinero, el poder, la idolatría, la blasfemia, la abjuración de la Ley divina.

Mas el primer paso para poseerme era éste: el mismo que usó para herir a Adán.

El mundo se burla de los puros. Los culpables de impudicia los agreden. Juan el Bautista es una víctima de la lujuria de dos obscenos.

Pero si el mundo tiene todavía un poco de luz, se debe a los puros del mundo. Son ellos los siervos de Dios y saben entender a Dios y repetir las palabras de Dios.

Yo he dicho: “Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios”, incluso desde la Tierra.

Ellos, a quienes el humo de la sensualidad no turba el pensamiento, “ven” a Dios y lo oyen y le siguen.

Y lo manifiestan a los demás.

Juan de Zebedeo es puro. Es el puro entre mis discípulos. ¡Qué alma de flor en cuerpo de ángel! Me llama con las palabras de su primer maestro y me pide que le dé paz.

Mas la Paz la tiene en sí por su vida pura, y Yo lo he amado por esta pureza suya, a la que he confiado las enseñanzas, los secretos, la más querida Criatura que tuviera.

Ha sido mi primer discípulo, su amor se enamoró de Mí, desde el primer instante en que me vio.

Su alma se había fundido con la mía desde el día en que me había visto pasar a lo largo del Jordán y había visto que el Bautista me señalaba.

Aunque no se hubiera cruzado conmigo luego a mi regreso del desierto, me habría buscado hasta encontrarme.

Porque quien es puro es humilde y está deseoso de instruirse en la ciencia de Dios,  va como el agua al mar, hacia los que reconoce maestros en la Doctrina celeste.

Deja la flor de Satanás en la arena. Ven tras Jesús, como Juan.

Caminarás entre las espinas, pero encontrarás por rosas,

las gotas de sangre de Quien por ti las vertió para vencer también en ti a la Carne.

Después de mi regreso del desierto, juntos volvimos a las orillas del lago de Galilea, donde me había refugiado para empezar desde allí mi evangelización.

  Después de haber estado conmigo durante todo el camino y una jornada entera en la casa hospitalaria de un amigo de mi casa, de la parentela; los dos hablaron de Mí a los otros pescadores.

Pero la iniciativa fue de Juan, a quien la voluntad de penitencia había hecho de su alma, ya de por sí cristalina por su pureza, una obra maestra de pulcritud en que la Verdad se espejeaba nítidamente,

dándole también la santa audacia de las personas puras y generosas, que no tienen miedo nunca a dar un paso al frente donde ven que está Dios, donde ven que hay verdad, doctrina, caminos de Dios.

¡Cuánto le amé por esta característica suya sencilla y heroica!

LA RENUNCIA TOTAL


IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA
NEGARNOS A NOSOTROS MISMOS

RENUNCIAR A TODO PARA SEGUIR AL MAESTRO

Es el atardecer en el interior de la casa de Nazaret, en lo que parece ser el comedor, una estancia muy reducida que tiene una sencilla mesa rectangular frente a una especie de arquibanco que está pegando a una de las paredes: éste es el asiento de uno de los lados.

En las otras paredes hay un telar y un taburete y un bazar, que tiene encima algunas lamparitas de aceite y otros objetos. Una puerta da a un pequeño huerto. 

Jesús está sentado a la mesa. Está comiendo.

María le sirve, yendo y viniendo por una puertecita hasta la cocina donde está el fuego, cuyo resplandor se ve desde la puerta entreabierta.

Jesús le dice a María dos o tres veces que se siente… y que también coma Ella.

Pero Ella no quiere; menea la cabeza sonriendo tristemente.

Y trae lo que parece ser una sopa de verduras y unos peces asados. Luego un queso de forma redondeada y unas aceitunas pequeñas y oscuras. El pan, está ya en la mesa.

Jesús tiene delante un ánfora con agua y una copa; come en silencio, mirando a la Madre con doloroso amor.

María está apenada. Va, viene… para que no se le note. Enciende una lamparita y la pone junto a Jesús (al alargar el brazo acaricia disimuladamente la cabeza de su Hijo).

Abre una bolsa de color castaño  y sale al huertecito, va a una especie de despensa y regresa con unas manzanas ya más bien rugosas, conservadas desde el verano y las mete en la bolsa junto con un pan y un pequeño queso, aunque Jesús no quiera y diga que ya tiene suficiente.

María se acerca a la mesa de nuevo y le mira mientras come.

Le mira con verdadera congoja, con adoración, con el rostro aún más pálido de lo normal y como más envejecido por la pena.

Con los ojos agrandados por una sombra que los marca, indicio de lágrimas vertidas; parecen más claros que de costumbre, como lavados por el llanto que ya está casi apareciendo en ellos: ojos de dolor, cansados.

Jesús, que come despacio, claramente sin ganas, por complacer a su Madre y está más pensativo de lo habitual, levanta la cabeza y la mira.

Se encuentra con una mirada llena de lágrimas y baja la cabeza para que no se sienta cohibida, limitándose a cogerle la delicada mano que tiene apoyada en el borde de la mesa.

La toma con la mano izquierda y se la lleva a la cara apoyando en ella su mejilla como rozándola un momento para sentir la caricia de esa pobre mano temblorosa.

Y la besa en el dorso con gran amor y respeto.

María se lleva la mano libre hacia la boca, como para ahogar un sollozo; luego se seca con los dedos una lágrima grande que ha rebasado el borde del párpado y estaba regando la mejilla.

Jesús continúa comiendo.

María sale rápidamente al huertecillo, donde ya hay poca luz… y desaparece.

Jesús apoya el codo izquierdo sobre la mesa y sobre la mano la frente, deja de comer y se sumerge en sus pensamientos.

Luego un momento de atención… Se levanta de la mesa.

Sale Él también al huerto, mira a uno y otro lado y se dirige hacia una abertura de una pared rocosa, dentro de lo que es su taller de carpintero.

Esta vez todo ordenado, sin tablas, sin virutas, sin fuego encendido; el banco de carpintero y las herramientas, todas en su sitio, nada más.

Replegada sobre sí, en el banco, María llora. Parece una niña. Tiene la cabeza apoyada en el brazo izquierdo doblado, y llora, en voz baja pero con mucho dolor.

Jesús entra despacio y se le acerca con tanta delicadeza, que Ella comprende que está allí sólo cuando su Hijo le deposita la mano sobre la cabeza inclinada, llamándola “Mamá” con voz de amorosa reprensión.

María levanta la cabeza y mira a Jesús entre un velo de llanto y se apoya, con las dos manos unidas, en su brazo derecho.

Jesús con un extremo de su ancha manga le seca la cara y la abraza, la estrecha contra su pecho, la besa en la frente.

Jesús tiene aspecto majestuoso, parece más viril de lo habitual y María más niña, salvo en la cara marcada por el dolor.

–      Ven, Mamá – le dice Jesús.

Y apretándola estrechamente con el brazo derecho, se encamina de nuevo hacia el huerto; allí se sienta en un banco que está apoyado en la pared de la casa.

El huerto está silencioso y ya oscuro. Hay sólo un hermoso claro de luna y la luz que sale de la estancia. La noche está serena.

Jesús le habla a María. Le da varias instrucciones.

Y concluye:

–       Y di a la familia…, a las mujeres de la familia, que vengan. No te quedes sola. Estaré más tranquilo Madre, y tú sabes la necesidad que tengo de estar tranquilo para cumplir mi Misión.

Mi amor no te faltará. Vendré frecuentemente y cuando esté en Galilea y no pueda acercarme a casa te avisaré, entonces vendrás tú adonde este Yo.

Mamá, esta hora debía llegar. Empezó aquí, cuando el Ángel se te apareció; ahora se cumple y debemos vivirla, ¿No es verdad, Mamá?

Después vendrá la paz de la prueba superada y la alegría. Antes es necesario atravesar este desierto, como los antiguos Padres para entrar en la Tierra Prometida.

Pero el Señor Dios nos ayudará como hizo con ellos y su ayuda será como maná espiritual para nutrir nuestro espíritu en el esfuerzo de la prueba.

Digamos juntos al Padre nuestro…».

Jesús se levanta y María con Él, y levantan la cara al cielo. Dos hostias vivas que resplandecen en la oscuridad.

Jesús dice lentamente, pero con voz clara y remarcando las palabras, la Oración del Señor.

Hace mucho hincapié en las frases: «venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad», distanciando mucho estas dos frases de las otras.

Ora con los brazos abiertos (no exactamente en cruz, sino como los sacerdotes cuando dicen: «El Señor esté con vosotros»)

María tiene las manos juntas.

Entran de nuevo en casa. Y Jesús vierte en una copa un poco de vino blanco de un ánfora de la despensa y la lleva a la mesa.

Coge de la mano a María y la obliga a sentarse junto a Él y a beber de ese vino (en que moja una rebanada de pan que le ofrece).

Tanto insiste, que María cede. El resto lo bebe Jesús. Luego estrecha a su Madre contra su costado.

 Y sujetándola contra su persona, en el lado del corazón. No hablan más. Esperan. María acaricia la mano derecha de Jesús y sus rodillas.

Jesús acaricia el brazo y la cabeza de María.

Jesús se levanta y con Él María, se abrazan y se besan amorosamente una y otra vez. Es una DESPEDIDA que ninguno de los dos quisiera terminar. Ambos tienen un infinito sufrimiento.  

Es la Virgen, pero es una madre que debe separarse de su hijo y que sabe a dónde conduce esa separación.

Jesús coge el manto azul oscuro), se lo echa a los hombros y con él se cubre la cabeza a manera de capucha. Luego se pone en bandolera la bolsa, de forma que no le obstaculice el camino.

María le ayuda, nunca termina de ajustarle la túnica, el manto y la capucha sin dejarlo de acariciar.

Jesús va hacia la puerta después de trazar un gesto de bendición en la estancia. María lo sigue y en la puerta ya abierta, se besan una vez más.

La calle está silenciosa y solitaria, blanca de luna.

Jesús se pone en camino. Dos veces se vuelve aún a mirar a su Madre, que está apoyada en la jamba, más blanca que la Luna, toda reluciente de llanto silencioso.

Jesús se va alejando por la callejuela blanca.

María continúa llorando apoyada en la puerta. Y Jesús desaparece en una esquina de la calle.

Ha empezado su camino de Evangelizador, que terminará en el Gólgota.

María entra llorando y cierra la puerta.

También para Ella ha comenzado el camino que la llevará al Gólgota.

Y por nosotros, que somos tan crueles, malagradecidos y egoístas; que sólo pensamos en lo material y le regateamos a Dios TODO…

Dice Jesús:

Éste es el cuarto dolor de María, Madre de Dios: el primero fue la presentación en el Templo; el segundo, la huida a Egipto; el tercero, la muerte de José; el cuarto, mi separación de Ella.

La enseñanza que proviene de la contemplación de mi separación se dirige especialmente a los padres e hijos a quienes la voluntad de Dios llama a la recíproca renuncia por un amor más alto; en segundo lugar está dirigida a todos aquellos que se encuentran frente a una renuncia penosa ¡Y cuántas encontráis en la vida!

Son espinas en la Tierra que traspasan el corazón; lo sé. Pero para quien las acoge con resignación, mirad que no digo: “para quien las desea y las acoge con alegría” (esto ya es perfección), se transforman en eternas rosas.

Pero pocos las acogen con resignación. Como burritos tozudos, os resistís obstinadamente a la voluntad del Padre, aunque no tratéis de herir con patadas y mordiscos espirituales o sea con rebelión y blasfemias contra el buen Dios.

Y no digáis: “Pero si yo sólo tenía este bien y Dios me lo ha quitado; sólo este afecto y Dios me lo ha arrancado”.

También María mujer noble, amorosa hasta la perfección (porque en la Toda Gracia también las formas afectivas y sensitivas eran perfectas), sólo tenía un bien y un amor en la tierra: su Hijo.

No le quedaba más que Él: los padres, muertos desde hacía tiempo; José, muerto desde hacía algunos años. Sólo quedaba Yo para amarla y hacerle sentir que no estaba sola.

Los parientes por causa mía, desconociendo mi origen divino, le eran un poco hostiles.

Como hacia una madre que no sabe imponerse a su hijo que se aparta del común buen juicio o que rechaza un matrimonio propuesto que podría honrar a la familia e incluso ayudarla.

Los parientes voz del sentido común, del sentido humano —vosotros lo llamáis sensatez, pero no es más que sentido humano o sea, egoísmo — habrían querido que yo hubiera vivido estas cosas.

En el fondo era siempre el miedo de tener un día que soportar molestias por mi causa; que ya osaba expresar ideas — según ellos demasiado idealistas — que podían poner en contra a la sinagoga.

La historia hebrea estaba llena de enseñanzas sobre la suerte de los profetas.

No era una misión fácil la del profeta y frecuentemente le ocasionaba la muerte a él mismo y disgustos a la parentela. En el fondo, siempre el pensamiento de tener que hacerse cargo un día de mi Madre.

Por ello, el ver que Ella no me ponía ningún obstáculo y parecía en continua adoración ante su Hijo, los ofendía.

Este contraste habría de crecer durante los tres años de ministerio, hasta culminar en abiertos reproches cuando, estando yo entre las multitudes, se llegaban hasta mí,

Y SE AVERGONZABAN DE MI MANÍA — según ellos — de herir a las castas poderosas.  

Reprensión a Mí y a Ella. ¡Pobre Mamá!

Y no obstante María, que conocía el estado de ánimo de sus parientes; no todos fueron como Santiago, Judas o Simón, ni como la madre de estos, María de Cleofás  y que preveía el estado de ánimo futuro.

María, que conocía su suerte durante esos tres años y la que le esperaba al final de los mismos y la SUERTE MÍA, no opuso resistencia como hacéis vosotros.

Lloró. Y ¿Quién no habría llorado ante una separación de un hijo que la amaba como Yo la amaba; ante la perspectiva de los largos días, vacíos de mi Presencia, en la casa solitaria?

¿Ante el futuro del Hijo destinado a chocar contra la malevolencia de quien era culpable y se vengaba de serlo agrediendo al Inocente hasta matarlo?

 LLORÓ PORQUE ERA LA CORREDENTORA

Y LA MADRE DEL GÉNERO HUMANO RENACIDO A DIOS

Y debía llorar por todas las madres que no saben hacer de su dolor de madres una corona de gloria eterna.

¡Cuántas madres en el mundo a quienes la muerte arranca de los brazos una criatura! ¡Cuántas madres a quienes un querer sobrenatural arrebata de su lado a un hijo!

Por todas sus hijas, como Madre de los cristianos, por todas sus hermanas, en el dolor de madre despojada, ha llorado María.

Y POR TODOS LOS HIJOS QUE NACIDOS DE MUJER,

ESTÁN DESTINADOS A SER APÓSTOLES DE DIOS

O MÁRTIRES POR AMOR A DIOS,

“SU DIOS ES MI DIOS” Uno de los 21 ejecutados por ISIS no era Cristiano Copto. Se volvió Cristiano al ver la inmensa FE de los otros 20 mártires. Como no negó a Jesucristo, también fue decapitado y llegó al Cielo, con boleto express.

POR FIDELIDAD A DIOS O POR CRUELDAD HUMANA.

Mi Sangre y el llanto de mi Madre son la mixtura que fortalece a estos signados para heroica suerte;

la que anula en ellos las imperfecciones o también las culpas cometidas por su debilidad, dando además del martirio en cualquier caso, enseguida la Paz de Dios y si sufrido por Dios, la gloria del Cielo.

Las lágrimas de María las encuentran los misioneros como llama que calienta en las regiones donde la nieve impera, las encuentran como rocío allí donde el sol arde.

La caridad de María las exprime. Estas han brotado de un corazón de lirio.

Tienen por ello: de la caridad virginal desposada con el Amor, el fuego; de la virginal pureza, la perfumada frescura, semejante a la del agua recogida en el cáliz de un lirio después de una noche de rocío.

Las encuentran los consagrados en ese desierto que es la vida monástica bien entendida: desierto, porque no vive más que la unión con Dios y cualquier otro afecto cae,

transformándose únicamente en caridad sobrenatural hacia los parientes, los amigos, los superiores, los inferiores.

LAS ENCUENTRAN LOS CONSAGRADOS A DIOS EN EL MUNDO

EN EL MUNDO QUE NO LOS ENTIENDE

Y NO LOS AMA

Desierto también para ellos, en el que viven como si estuvieran solos: ¡Muy grande es en efecto, la incomprensión que sufren y las burlas, por mi Amor!

Las encuentran mis queridas “víctimas”, porque María es la primera de las víctimas por amor a Jesús.

A sus discípulas Ella les da con mano de Madre y de Médico, sus Lágrimas, que confortan y embriagan para más alto sacrificio. ¡Santo Llanto de mi Madre!

María ora. Porque Dios le dé un dolor, no se niega a orar. Recordadlo. Ora junto con Jesús. Ora al Padre nuestro y vuestro.

El primer “Pater noster” fue pronunciado en el huerto de Nazaret para consolar la pena de María, para ofrecer “nuestras” voluntades al Eterno, en el momento en que comenzaba para estas voluntades

EL PERÍODO DE UNA RENUNCIA CADA VEZ MAYOR,

Que habría de culminar en la renuncia de la vida para Mí y de la muerte de un Hijo para María.

Y, aunque nosotros no tuviéramos nada que necesitara el perdón del Padre, por humildad incluso nosotros los Sin Culpa, pedimos el perdón del Padre para afrontar, perdonados, absueltos incluso de un suspiro, dignamente nuestra Misión.

Para enseñaros que cuanto más se está en gracia de Dios más bendecida y fructuosa resulta la Misión; para enseñaros el respeto a Dios y la humildad.

Ante Dios Padre aun nuestras dos perfecciones de Hombre y de Mujer se sintieron nada y pidieron perdón, como también pidieron el “pan de cada día”.

¿Cuál era nuestro pan? ¡Oh!, no el que amasaron las manos puras de María, cocido en el pequeño horno, para el cual yo muchas veces había recogido haces y manojos de leña, que es también necesario mientras se está en esta Tierra. 

NO ESE PAN, sino que “nuestro” pan cotidiano era el de llevar a cabo, día a día, nuestra parte de Misión.

Que Dios nos la diera cada día, porque llevar a cabo la Misión que Dios da es la alegría de “nuestro” día.

María ora con Jesús. Es Jesús quien os justifica, hijos.

Soy Yo quien hace aceptables y fructuosas vuestras oraciones ante el Padre.

Yo he dicho: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, Él os lo concederá”, y la Iglesia acredita sus oraciones diciendo: “Por Jesucristo Nuestro Señor”.

CUANDO ORÉIS, UNÍOS SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE, A MÍ.

Yo rogaré en voz alta por vosotros, cubriendo vuestra voz de hombres con la mía de Hombre – Dios.

Yo pondré sobre mis manos traspasadas vuestra Oración y la elevaré al Padre. Será hostia de valor infinito.

Mi Voz, fundida con la vuestra, subirá como beso filial al Padre. Y la púrpura de mis heridas hará preciosa vuestra Oración.

Estad en Mí si queréis tener al Padre en vosotros, con vosotros, para vosotros.

INICIANDO LA MISION 

El Bautismo de Jesús.

En una llanura despoblada de vegetación y de casas. No hay campos cultivados, y si muy pocas y raras plantas reunidas aquí o allá en matorrales, en los sitios en que el suelo está por debajo menos quemado.

Hay un río de orillas muy bajas, que corre lentamente también de Norte a Sur. Por el movimiento lentísimo del agua comprendo que no debe haber desniveles en su lecho y que fluye por una llanura tan achatada que constituye una depresión.

El movimiento es apenas suficiente para que el agua no se estanque formando un pantano.

El agua es poco profunda, cuando mucho metro y medio, transparentándose el fondo.  

Es de un azul ligeramente verde hacia las orillas, donde por la humedad del suelo, hay una faja tupida de hierba que alegra la vista, cansada de la desolación pedregosa y arenosa de cuanto se le extiende delante.

Es el valle del Jordán y el espacio desolado es el desierto de Judá.

En la lejanía, colinas y en una de las orillas del río, hay bastante gente:  Hay muchos hombres, vestidos de diversas formas.

Algunos parecen gente del pueblo, otros ricos; no faltan algunos que parecen fariseos por el vestido ornado de ribetes y galones.

Entre todos ellos, en pie sobre una roca, está el Bautista. Habla a la multitud con bastante aspereza.

Jesús llamó a Santiago y a Juan “los hijos del trueno”… ¿Cómo llamar entonces a este vehemente orador?

Juan Bautista merece el nombre de rayo, avalancha, terremoto…

¡Gran ímpetu y severidad, manifiesta, efectivamente, en su modo de hablar y en sus gestos!

Habla anunciando al Mesías y exhortando a preparar los corazones para su venida, extirpando de ellos los obstáculos y enderezando los pensamientos.

Es un hablar vertiginoso y rudo.

El Precursor no tiene la mano suave de Jesús sobre las llagas de los corazones. Es un médico que desnuda y hurga y corta sin miramientos.

Las palabras que relatan los Evangelios resuenan ampliadas en impetuosidad, mientras Jesús se acerca a lo largo de un senderillo que va por el borde de la línea herbosa y umbría que sigue el curso del Jordán.

Este rústico sendero ha sido hecho por las caravanas y las personas que durante años y siglos lo han recorrido para llegar a un punto donde, por ser menos profundo el fondo del río es fácil vadearlo.

 El sendero continúa por el otro lado del río y se pierde entre la hierba de la orilla opuesta.

Jesús está solo. Camina lentamente acercándose, a espaldas de Juan.

Se aproxima sin que se note y va escuchando la voz de trueno del Penitente del desierto, como si fuera uno de tantos que iban a Juan para que los bautizara y a prepararse a quedar limpios para la venida del Mesías.

Nada le distingue a Jesús de los demás.

Parece un hombre común por su vestir; un señor en el porte y la hermosura física que lo caracteriza, mas ningún signo divino lo distingue de la multitud.

Pero diríase que Juan ha sentido una emanación de espiritualidad especial.

Se vuelve y detecta inmediatamente su fuente. Baja impetuosamente de la roca que le servía de púlpito y va deprisa hacia Jesús, que se ha detenido a algunos metros del grupo apoyándose en el tronco de un árbol.

Jesús y Juan se miran fijamente un momento.

Jesús con esa mirada suya azul tan dulce; Juan con su ojo severo, negrísimo, lleno de relámpagos.

Los dos, vistos juntos, son antitéticos. Altos los dos — es el único parecido — son muy distintos en todo lo demás.

 Jesús, rubio y de largos cabellos ordenados, rostro de un blanco marmóreo, ojos azules, atavío sencillo pero majestuoso.

Juan, hirsuto, negro: negros cabellos que caen lisos sobre los hombros (lisos y desiguales en largura); negra barba rala que le cubre casi todo el rostro, sin impedir con su velo que se noten los carrillos ahondados por el ayuno;

negros ojos febriles; oscuro de piel, bronceada por el sol y la intemperie; oscuro por el tupido vello que lo cubre.

Juan está semidesnudo, con su vestidura de piel de camello (sujeta a la cintura por una correa de cuero), que le cubre el torso

cayendo apenas bajo los costados delgados y dejando descubiertas las costillas en la parte derecha, esas costillas cubiertas por el único estrato de tejidos que es la piel curtida por el aire.

Parecen un salvaje y un ángel vistos juntos.

Juan, después de escudriñarlo con su ojo penetrante, exclama:

–      He aquí el Cordero de Dios. ¿Cómo es que viene a mí mi Señor?.

Jesús responde lleno de paz:

–      Para cumplir el rito de penitencia.

–      Jamás, mi Señor. Soy yo quien debe ir a ti para ser santificado, ¿Y Tú vienes a mí?

Y Jesús, poniéndole una mano sobre la cabeza, porque Juan se había inclinado ante Él, responde:

–      Deja que se haga como deseo, para que se cumpla toda justicia y tu rito sea inicio para un más alto misterio y se anuncie a los hombres que la Víctima está en el mundo.

Juan lo mira con los ojos dulcificados por una lágrima y le precede hacia la orilla.

Allí Jesús se quita el manto, la túnica y la prenda interior quedándose con una especie de pantalón corto; luego baja al agua, donde ya está Juan.

Que lo bautiza vertiendo sobre su cabeza agua del río, tomada con una especie de taza que lleva colgada del cinturón y que parece como una concha o una media calabaza secada y vaciada.

Jesús es exactamente el Cordero. Cordero en el candor de la carne, en la modestia del porte, en la mansedumbre de la mirada.

Mientras Jesús remonta la orilla y después de vestirse, se recoge en Oración.

Juan lo señala ante las turbas y testifica que lo ha reconocido por el signo que el Espíritu de Dios le había indicado como señal infalible del Redentor.

Dice Jesús:

Juan no tenía necesidad del signo para sí mismo. Su espíritu, presantificado desde el vientre de su madre, poseía esa vista de inteligencia sobrenatural que habrían poseído todos los hombres sin la Culpa de Adán.

Si el hombre hubiera permanecido en gracia, en inocencia, en fidelidad para con su Creador, habría visto a Dios a través de las apariencias externas.

En el Génesis se lee que el Señor Dios hablaba familiarmente con el hombre inocente y que éste no desfallecía ante aquella Voz y no se equivocaba al discernirla.

Era destino del hombre VER Y ENTENDER A DIOS, justamente como un hijo con su padre.

Después vino la Culpa, y el hombre ya no se ha atrevido a mirar a Dios, ya no ha sabido ni ver ni comprender a Dios. Y cada vez lo sabe menos.

Pero mi primo Juan, quedó limpio de la culpa cuando la Llena de Gracia se inclinó amorosa a abrazar a Isabel, un tiempo estéril, entonces fecunda.

El pequeñuelo saltó de júbilo en su seno, sintiendo caérsele de su alma la escama de la culpa, como costra que cae de una llaga que sana.

El Espíritu Santo, que había hecho de María la Madre del Salvador, comenzó su obra de salvación, a través de María, vivo Sagrario de la Salvación encarnada,

sobre este niño que había de nacer destinado a unirse a mí, no tanto por la sangre, cuanto por la Misión que hizo de nosotros como los labios que forman la palabra.

Juan los labios, Yo la Palabra.

Él el Precursor en el Evangelio y en la suerte del martirio; Yo, quien perfeccionaba con mi divina perfección, el Evangelio comenzado por Juan y el martirio por la defensa de la Ley de Dios.

Juan no tenía necesidad de ningún signo. Pero la cerrazón de los demás lo requería.

¿En qué habría fundado Juan su aserción, sino sobre una prueba innegable que los ojos y oídos de los tardos hubieran percibido?

Tampoco Yo tenía necesidad de bautismo. Pero la sabiduría del Señor había juzgado que ése era el momento y el modo del encuentro.

E induciendo a Juan a salir de su cueva del desierto y a mí a salir de mi casa, nos unió en esa hora para abrir sobre mí los Cielos de donde habría de descender Él mismo,

Paloma divina, sobre aquel que bautizaría a los hombres con tal Paloma, y el anuncio, más potente que el angélico, porque provenía del Padre mío: “Éste es mi Hijo muy amado con quien me he complacido”.

Para que los hombres no tuvieran disculpas o dudas en seguirme o en no seguirme.

Las manifestaciones del Cristo han sido muchas. La primera, después del Nacimiento, fue la de los Magos; la segunda, en el Templo; la tercera, en las orillas del Jordán.

Después vinieron las infinitas otras que os daré a conocer, porque mis milagros son manifestaciones de mi Naturaleza Divina, hasta las últimas de la Resurrección y Ascensión al Cielo.

Mi patria quedó llena de mis manifestaciones. Como semilla esparcida los cuatro puntos cardinales, llegaron a todo estrato y lugar de la vida:

a los pastores, a los poderosos, a los doctos, a los incrédulos, a los pecadores, a los sacerdotes, a los dominadores, a los niños, a los soldados, a los hebreos, a los gentiles.

También al presente se repiten. Pero — como entonces — el mundo no las acoge.

No sólo esto, sino que no acoge las actuales y olvida las pasadas. Pues bien, Yo no desisto. Yo me repito para salvaros, para conduciros a la Fe en mí.

Al mostraros AHORA el Evangelio Es un intento más fuerte de atraer a los hombres hacia Mí. A todos doy el modo de desear conocerMe.

Y si no sirviera aún y cuales crueles niños arrojasen el don sin comprender su valor, a vos quedará mi don y a ellos mi enojo.

Podré una vez más, pronunciar la antigua  recriminación:

Hemos tocado y no habéis bailado, hemos entonado lamentos y no habéis llorado”.

Pero no importa, dejemos que los inconvertibles acumulen sobre su cabeza los tizones ardientes y volvámonos hacia las ovejas que tratan de conocer al Pastor, que soy Yo y tú el cayado que las conduce a Mí.

¡AYUDADME, PEQUEÑITOS!


Junio 25 de 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, pequeños Míos, os he dicho que así como el cuerpo necesita alimento para crecer, para mantenerse sano, para desarrollarse y para poder ser alguien en la vida dando frutos, lo mismo sucede con las almas.

Las almas también se tienen que alimentar para que crezcan y den fruto.

Esta humanidad perversa, muy similar al pueblo escogido, se ha alejado de su Dios.

Os llamo de diferentes formas, trato de llamar vuestra atención, para que os deis cuenta del error en el que vivís.

Yo os trato de proteger contra las fuerzas del Mal y vosotros os escabullís, ya no tenéis confianza en vuestro Dios.

Sois como un adolescente que se cree fuerte, capaz de moverse solo por el mundo y hasta que no comete graves errores, se da cuenta que necesitaba la guía paterna o materna.

Sois todavía ese pueblo inmaduro como niño, como adolescente, traviesos, groseros.

Pueblo inmaduro que no quiere crecer en la virtud, que no quiere crecer en la vida.

Quiere ser consentido, pero no crecer ni dar lo que debe de dar el hijo agradecido.

Queréis seguir siendo consentidos, pero viviendo en el pecado, viviendo a espaldas de vuestro Dios y esto no puede ser, Mis pequeños.

Y no lo digo por Mí, porque Yo Soy el Perfecto; lo digo por vosotros que necesitáis crecer, que necesitáis desarrollaros;

que necesitáis ser adultos en la Gracia y en el Amor que Yo os quiero dar.

Mis pequeños, cuando el alma realmente CRECE y aprende a AMAR, como Mi Hijo os enseñó,

es cuando ya estáis aprendiendo realmente a llevar a cabo vuestra MISIÓN, es cuando realmente estáis viendo lo que debe de ser vuestra vida sobre la Tierra.

Se dice fácil y lo oís continuamente, -que debéis AMAR-, pero para vosotros esa palabra ya casi no significa lo que debe de significar para Mí.

O son amoríos ligeros, pecaminosos. O es amor en el que dais lo mínimo, porque os distraéis y no queréis dar en total donación.

Siempre mantenéis reserva para vosotros mismos, no os soltáis completamente a vuestro Dios y a vuestros hermanos.

Siempre con esa reserva en la que os protegéis tontamente, porque no sabéis daros en totalidad, como Yo Me doy en totalidad por vosotros.

No habéis aprendido a desprenderos, ni aún de las cosas bellas que Yo os doy.

No habéis aprendido todavía Mis pequeños, que cuando vosotros os negáis a vosotros mismos

ES CUANDO YO ENTRO PERFECTAMENTE EN EL ALMA

Y AL PERDER VUESTRO “YO”, ME ENCONTRÁIS A MÍ

Y ENTONCES ES CUANDO HABITO YO PLENAMENTE

EN CADA UNO DE VOSOTROS.

El olvidaros de sí mismos, os va a traer un bien infinitamente superior: el tenerMe a Mí, vuestro Dios.

Entended esto Mis pequeños, ya no actuéis como niños distraídos, como niños inmaduros, como niños que no se percatan de la realidad espiritual que debéis vivir.

Sed maduros ya en Mis enseñanzas, en Mi Vida y sobre todo en los frutos que debéis dar a vuestros hermanos.

Por eso el mundo en el que habitáis es un mundo de TIBIEZA, porque no podéis dar mucho, porque no tenéis mucho en vuestro corazón.

Os mantenéis con el mínimo necesario, tibios, inmaduros, mediocres y no queréis llegar a esa perfección a la que habéis sido llamados.

Sois Mis hijos, Yo Soy el Perfecto y Yo no puedo permitir la mediocridad en los Míos.

El niño consentido no lucha por temor a la caída, por temor al dolor y se conforma con lo mínimo.

Las almas que valen, las almas valientes, son las que se llevan el Premio, son siempre las que tienen más, porque han arriesgado todo.

Y el Premio es infinitamente superior a lo que arriesgaron.

Yo no Soy un Dios de mediocres, Yo no Soy un Dios para aceptar la mediocridad de sus hijos.

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

Creced ya Mis pequeños, os da flojera, no queréis trabajar para vuestra propia perfección; es egoísmo, es falta de caridad, no hay amor en vuestro corazón.

Porque no queréis tomar el compromiso de ser perfectos, porque después deberéis dar a vuestros hermanos lo que de Mí aprendisteis.

Os acompaño durante vuestra vida.

VENID A MÍ

YA NO OS APARTÉIS

TOMAD DE MÍ TODO LO QUE NECESITÉIS PARA VOSOTROS MISMOS,

PARA VUESTROS HERMANOS,

Cuando oraba, levitaba y quedaba absorto totalmente. A veces el mismo virrey que iba a consultarlo, aunque Martín era de pocos estudios, tenía que aguardar mucho rato a la puerta de su celda, esperando a que terminara el éxtasis. Tenía el don, para leer corazones y siempre daba el consejo preciso. Podía predecir la vida propia y la ajena, incluido el momento de la muerte.

PARA QUE MADURÉIS, PARA QUE DEIS MUCHO FRUTO.

Arrepentíos de vuestro pasado y Yo lo olvidaré de inmediato.

Deseo hombres nuevos, Vida Nueva en vuestro interior; pero ese es el compromiso que cada uno de vosotros deberá hacer Conmigo, vuestro Dios.

Dejad ya vuestros temores, el sentir que perderéis mucho, que arriesgáis mucho al dejar que vuestro Dios actúe en vosotros.

No es así Mis pequeños, os lo he dicho dadMe, dadMe todo vuestro ser, toda vuestra voluntad, todas vuestras capacidades, todas vuestras riquezas.

DejadMe a Mí actuar en vosotros y así Yo os satisfaré, os daré todo y haré hombres nuevos,

almas nuevas que gozarán Mi Presencia activa en su corazón.

DadMe, dadMe, que Yo os daré al ciento por uno.

Quitad vuestro lastre de vuestra espalda que no os deja caminar, que no os deja volar hacia esa perfección y dejad que Mi Santidad, Mi Perfección os invada.

Porque os he dicho que cada uno de vosotros tenéis una misión única y esta es diferente a todas las de vuestros hermanos.

No debéis envidiar lo que otros tengan, vuestros ojos deben estar puestos solamente en Mí.

Vais conociendo vuestra misión a lo largo de vuestra existencia, algunos la conocerán antes, porque así es vuestra misión y otros la conocerán después.

Y es muy importante Mis pequeños esto que os he dicho, porque vuestros ojos deben de estar puestos en Mí.

¿Qué estáis haciendo para servirMe, a Mí?

Romanos 12, 6-8 1 Corintios 12, 8-10 1 de Corintios 12, 28-30 Efesios 4, 11-12

Si vosotros os la pasáis envidiando lo que tienen vuestros hermanos, o los dones que Yo os he concedido para llevar a cabo vuestra misión.

O si tienen más o menos bienes del mundo, eso no os debe importar a vosotros.

Vosotros sois únicos para Mí, vuestra misión es única y es muy importante que la llevéis a cabo como Yo os la he pedido.

Y eso es lo único que os debe importar a vosotros, cumplir conMigo, cumplir con lo que Yo os he pedido.

Imaginad que tenéis dentro de un cuarto riquezas inmensas y es una puerta muy fuerte que nadie la puede abrir y ésta, solamente se puede abrir con una llave.

Y ESA LLAVE LA TENÉIS ALGUNO DE VOSOTROS.Es un trabajo sencillo, pero importantísimo, esas riquezas están ahí y nadie las puede tocar, si el encargado no abre ésa puerta con la Llave, que se le ha pedido proteger.

Otros, tendrán misiones aparentemente más importantes; ir a luchar por defender Mi Iglesia.

Serán personajes fuertes, robustos, que a primera vista os impresionen por su fuerza, por sus capacidades;

en cambio el primer personaje es pequeñito, aparentemente insignificante, porque nada más tiene que cuidar ésa Llave.

El pequeño podrá envidiar al fornido que está haciendo grandes cosas.

Entended esto que os estoy diciendo, Mis pequeños.

Martín seguía los modelos de santidad de Santo Domingo de Guzmán, San José, santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer. Y mantenía entrevistas sobrenaturales con Santa Rosa de Lima y San Juan Macías, que también estaban recluídos en  sus conventos.

Cada uno de vosotros fuisteis creados para la misión que tenéis que llevar a cabo.

El fornido, ese valeroso soldado no tiene la Llave y no puede sacar esas riquezas de ése cuarto, porque no tiene la Llave, la tiene el pequeño.

Y el pequeño, si es puesto en el campo de batalla, no podrá quizá ni levantar el arma que se le dé.

Entonces no queráis tomar la vida de otros, tratar de ser quien no sois ante Mis Ojos.

TODOS VOSOTROS SOIS IMPORTANTES

PORQUE OS HE DADO UNA MISIÓN PARTICULAR PARA SERVIRME,

 ASÍ QUE NO ENVIDIES LO QUE TIENEN LOS DEMÁS

 LLEVAD A CABO VUESTRA MISIÓN LO MEJOR POSIBLE

 CON LOS CUIDADOS MÁS DELICADOS QUE ME PODÁIS DAR

Y CON UN DESEO GRANDE DE SERVIRME.

Aprended de esta lección Mis pequeños y os repito, no veáis a vuestro alrededor.

VedMe a Mí a Mis Ojos, durante toda vuestra existencia, y dadMe cuenta de la misión que os concedí a cada uno de vosotros, en lo particular.

Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os he dado un regalo inmenso: el alma.

Mis pequeños, es parte de Mí vuestra alma, Soy Yo en vosotros.

 Como dicen las escrituras, el ALMA está guardada en una vasija de barro; sois tierra, como lo sabéis.

7. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. GÉNESIS 2, 7

Barro al que Yo le di vida y de ahí salieron vuestros primeros padres.

El barro ahora se queda en la tierra, se queda en el barro, se une al barro de la tierra; pero el ALMA, el ALMA CRECE y así debe ser vuestra alma en este tiempo.

Creced, CRECED Mis pequeños; recordad que de todo mal, Yo siempre saco un bien y estos son momentos de crecimiento espiritual.

No penséis en el barro, no penséis en vuestro exterior, que éste se quedará aquí en la Tierra.

PENSAD EN VUESTRA ALMA QUE ES PARTE MÍA

Y YO SOY OMNIPOTENTE,

Y LAS ALMAS QUE SE ACERCAN A MÍ

ADQUIEREN ESA OMNIPOTENCIA

Ciertamente, vuestra vasija de barro no permite que la omnipotencia de vuestra alma se desarrolle; porque vuestra alma todavía está envuelta en el pecado,

Pero cuando se libere, entenderéis la Potencia que llevabais en vuestro interior.

En estos momentos dejad que vuestra Fe os haga entender esto.

Tenéis un gran regalo que Yo os di, pero con vuestra Oración podéis hacer grandes cosas; porque la Omnipotencia de Mi Ser, que vive en vosotros, puede realizar grandes prodigios.

Porque es el amor, Mi Amor, el que los va a realizar para el bien de vosotros y de vuestros hermanos.

Veis cómo de un mal Yo siempre saco un bien. 

OS REÚNO Y VUESTRA POTENCIA DE ORACIÓN

SOR MARIA DE JESUS DE ÁGREDA, oraba y ayunaba. Y desde su celda le decía a Jesús: “Señor, ayer el jefe de los sioux nos torturó hasta matarnos ¿Crees que ahora sí se den por vencidos y accedan a escucharnos? Hoy que regresemos dices que también estaremos con los cherokees y los cheyennes; entonces  también el Espíritu Santo tendrá que multiplicar los rosarios, porque ya aumentaron las mujeres que me están enseñando a bordar, mientras rezamos…”

UNIDA A MI AMOR, QUE ESTÁ EN VOSOTROS

PUEDE REALIZAR GRANDES PRODIGIOS

GRANDES MILAGROS

PEDID PARA QUE MI AMOR SE EXTIENDA POR TODOS LADOS,

PARA QUE LAS SOMBRAS SE DISIPEN

 Para que la maldad de los hombres se vuelva paz, amor, armonía…

Y vuelva a ser éste el Paraíso que Yo creé para vuestros primeros padres y que vosotros, como descendientes de ellos, tenéis derecho a vivir en ese Paraíso.

Cuerpo incorrupto de la Dama de azul de los Llanos, Sor Maria de Jesús de Ágreda, (2 de abril de 1602 – 24 de mayo de 1665), abadesa del convento.

Pero pedídmeLo de corazón, pedidLe a Mi Omnipotencia en vosotros, que se realice ese milagro de amor,

que volváis a ese tiempo de Alegría y de una Paz infinita que solamente podéis obtener estando en Mí, vuestro Señor y vuestro Dios.

No escatiméis, NO DUDÉIS, utilizad pues esa Potencia de Amor, para que podáis ayudar a vuestros hermanos y os podáis ayudar a vosotros mismos. 

PEDIDME UN AUMENTO DE FE EN VOSOTROS,

UNA CONFIANZA PLENA Y UNA SABIDURÍA INFINITA

PARA QUE PODÁIS VOSOTROS UTILIZARLA EN AYUDAR,

EN SER LOS CRISTOS DE ESTE MUNDO,

EN SER LOS CRISTOS DE ESTE MOMENTO,

EN DEJARME VIVIR PLENAMENTE ENTRE TODOS VOSOTROS 

Satanás, satanás está vencido y todavía os molestará más; pero esa Potencia de Amor que lleváis en vuestro interior y unidos todos en esa intención, podéis vencerlo.

No dudéis, Mis pequeños, no dudéis.

Porque mucha compasión debe haber en vuestro corazón hacia vuestros hermanos que se encuentran en el Mal, ante vuestros hermanos que viven en el error,

especialmente en éstos momentos de Purificación, en los cuales veréis que son destruidos algunos lugares, como se destruyó Sodoma y Gomorra.

Donde el Mal habitaba, donde el Mal se difundía, donde el Mal era vida de todos los días.

Que nunca salga de vuestra boca ni de vuestro pensamiento, la frase “se lo merecían”, 

porque vosotros no conocéis el corazón de vuestros hermanos, no conocéis su historia, no conocéis su ambiente.

A TRAVÉS DE LA COMPASIÓN, LA CARIDAD FLORECERÁ EN VOSOTROS

Y así, podréis ayudar mucho más en el amor hacia vuestros hermanos en compasión, que en la crítica destructiva, malsana, que os lleva a degradaros espiritualmente.

En la Compasión, vosotros levantaréis almas, ayudaréis, aún a pesar del pecado que tengan.

Recordad que Mi Compasión hacia vosotros, os levantó y os está llevando a éstos niveles bellos espirituales que estáis viviendo.

Si Yo he tenido Compasión de vosotros; vosotros, por haber ya crecido en virtud la debéis tener para vuestros hermanos.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

No critiquéis, AMAD, haréis mejor trabajo para Mi Corazón en ésta forma que criticando, porque al criticar caeréis en soberbia, en vanidad,  y caeréis peor que ellos.

Os amo, Mis pequeños y os quiero perfectos, como Yo Soy Perfecto, por eso os guío, os enseño.

Me tomo Mi tiempo para dároslo, para estar con vosotros, para llevaros a ésas alturas que no os imagináis que existan.

Aquél que se acerca a Mí, Fuente de Vida y de Amor, de Pureza, de Santidad, de Omnipotencia y Divinidad, podrá obtener de Mí grandes cosas, grandes regalos, si se acerca a Mí pequeñito, amoroso, sediento, humilde.

Venid a Mí, os necesito a todos y especialmente a aquellos por los que Mi Hijo bajó: a los más enfermitos, a los más necesitados, a los muertos espiritualmente.

Es vuestra hora, es vuestro tiempo, el de levantar a vuestros hermanos, en el daros por vuestros hermanos.

 ¿Puede acaso, la hoja de un árbol, luchar contra una corriente y detenerla? NO, Mis pequeños.

Yo Soy ésa Corriente que inunda, que está ya entre vosotros.

Vosotros, pequeñas hojitas de árbol, si tenéis la sabiduría os dejaréis llevar por Mi Corriente, por Mi Sabiduría, por Mi Amor,

pero todos aquellos que traten de oponerse a toda ésa Fuerza tremenda que voy suscitando ya entre vosotros,

se dañarán, caerán y no podrán hacer el bien debido.

La Sabiduría os indicará cómo deberéis dejaros guiar por Mí, por ésa Fuerza tremenda, Divina, que se tiene ya que implantar en los corazones,

QUE TIENE QUE MODIFICAR A LA TIERRA ENTERA,

QUE TIENE QUE TRAER LAS BELLEZAS DEL CIELO NUEVAMENTE,

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.’

PARA QUE LAS PODÁIS VIVIR

Aquellos que están en Mi Contra, aquellos que no Me favorecen con su estado de vida, aquellos que se oponen a Mí y a Mis enseñanzas, tendrán que caer.

Serán arrollados por Mi Fuerza, se dañarán; porque no podrán luchar contra Mí vuestro Dios, vuestro Padre, vuestro Creador.

Anunciadles Mis pequeños que el Cielo se acerca a la Tierra, que la vida cambiará para bien del hombre, que todo será renovado en Pureza y Santidad.

Que las almas crecerán, porque se dejarán llevar por ésta Corriente Divina, que ya está llegando al Mundo, con Fuerza arrolladora,

que irá purificando a todos los pueblos de la Tierra y que saneará de todo pecado a las almas.

Dejaos llevar por Mí, dejad que Yo os lleve como brisa suave, como riachuelo; que os va cuidando, que os va consintiendo.

De los relatos que se guardan de sus milagros, se deduce que Fray Martín de Porres no les daba mayor importancia. Al imponer silencio acerca de ellos, lo hacía con joviales bromas, llenas de donaire y humildad. En su vida los milagros, formaban parte de algo natural y cotidiano.

DejadMe, Mis pequeños, hacer Mi obra en vosotros, confiad en Mí, vuestro Dios, que de Mi solamente sale Belleza, Santidad, crecimiento espiritual, una vida desconocida que aún no habéis sentido ni vivido.

Confiad en Mí vuestro Dios, que os transformaré y haré de vosotros nuevas almas, que gozaréis de los bienes del Cielo aquí en la Tierra.

Gozad y vivid alegres, a pesar de que lo que esté a vuestro alrededor traiga infelicidad a muchos.

Confiad en Mí vuestro Dios, que Yo estaré con todos aquellos que se dejen llevar libremente por Mis deseos amorosos.

Confiad en que tendréis un nuevo Hogar, muy superior al que estáis acostumbrados ahora.

Os prometo grandes cosas, y Yo cumplo, Mis pequeños, porque tengo el Poder para hacerlo.

Confiad y ya vivid desde ahora agradecidos a ésta gran promesa que os hago.

Ya que si he invertido Mi tiempo, Mis enseñanzas, Mi guía amorosa en vosotros, en cada uno de vosotros; vosotros deberéis perseverar, aún a pesar de que todo se vea obscuro a vuestro alrededor.

Ésa perseverancia santa, os hará alcanzar vuestra meta.

Ciertamente pronto se vendrá la Obscuridad, obscuridad espiritual a la Tierra.

La perseverancia os abrirá el camino, junto con la Fortaleza.

Deberéis estar atentos Mis pequeños cuando se vaya dando todo esto, para que vosotros podáis ayudar a vuestros hermanos para que no caigan en ésa negligencia,

en ése temor, en ésa tibieza, en ésa negación que destruye al hombre, a su alma, a su espiritualidad.

Deberéis perseverar, porque ya Me conocéis; porque sabéis cómo actúa el Amor entre los hombres, cómo puede levantar aún a aquél que está prácticamente muerto a la Gracia.

Porque el Espíritu de Dios NO NOS HACE COBARDES, al contrario, NOS DA PODER para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir, una buena vida cristiana, 2Tim 1-7

Es ahí en donde se obra el Milagro en la Fe, en la Perseverancia, en la Fortaleza, en la lucha fiel que tendréis que padecer en éstos tiempos de gran prueba.

EL MILAGRO SE DARÁ ENTRE VOSOTROS,

VOSOTROS DEBERÉIS PROCURARLO Y PEDIRLO,

PARA EL BIEN DE VUESTROS HERMANOS

LA HUMILDAD OS AYUDARÁ

A QUE EL MILAGRO SE DÉ FÁCILMENTE

Mis pequeños, estáis acostumbrados que el Milagro, solamente grandes almas lo pueden lograr.

¿Acaso creéis que éstas almas no eran pecadoras? ¿Qué no tenían defectos y debilidades?

¡Claro que los tenían, Mis pequeños! Pero lo que hacía el Milagro a pesar de su debilidad, de su pecado, ES EL AMOR.

El amor por sus hermanos, la necesidad que veían en sus hermanos y que el amor en su corazón,

movió a Mi Corazón, para lograr ésa ayuda, tanto espiritual, como material o física hacia sus hermanos.

ESTÁIS OBLIGADOS MIS PEQUEÑOS AL MILAGRO

PORQUE EL MILAGRO SALVARÁ A MUCHAS ALMAS

Y ASÍ ES COMO MUCHOS DE VOSOTROS

AYUDARÉIS A VUESTROS HERMANOS A VOLVER A MÍ,

A TRAVÉS DE MI PODER EN VOSOTROS.

YO TRABAJANDO A TRAVÉS DE CADA UNO DE VOSOTROS,

PRODUCIRÉ ÉSOS MILAGROS DE VIDA,

Ésos Milagros de Amor, ésos Milagros que modificarán a la Tierra entera, por vuestro deseo sincero de Amar y de amarMe.

Que mi Paz y mi Amor queden con vosotros.

Yo os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre.

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CUANDO ABBA PROVEE


EL EVANGELIO NO ES UNA MENTIRA

La multiplicación de los panes y los peces es uno de los milagros de Jesús quien, con una pequeñísima cantidad de alimento, fue capaz de dar de comer a toda una multitud.

El suceso está contado seis veces en los Evangelios: los cuatro evangelistas describen la primera, en que cinco mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces.

Mateo el Apóstol y Marcos, además relatan la segunda en que cuatro mil hombres se alimentan de siete panes y “unos pocos pescados”.

La primera multiplicación de los panes puede apreciarse en cuatro textos “paralelos”, escrito por cada uno de los cuatro evangelistas.

En el Evangelio de Mateo está en el capítulo 14, versículos 13 a 21. En Marcos: capítulo 6.30-44. En Lucas: capítulo 9, vers. 10-17. En Juan: 6.1-15.

LA PROVIDENCIA DIVINA

Está el caso de un sacerdote jesuita en Texas, en su misión en El Paso, el padre Richard M. Thomas, relata:

Que desde hace más de veinte años había organizado el trabajo misionero a los mexicanos empobrecidos y mexico-americanos.

Dice que él y los que trabajan en la misión han encontrado la multiplicación inexplicable de comida en decenas de ocasiones.

Ha ocurrido en una cárcel que visitan.

Ha ocurrido en el lugar conocido como Rancho del Señor.

Se ha producido con familias pobres que limpian en los vertederos.

 El otoño  fue la última vez que recuerdo. No sabíamos que se estaba multiplicando hasta más tarde, cuando se contó todo.

‍Ellos estaban sirviendo sándwiches de jamón y queso.

La mujer que trajo la comida usó dos barras de pan, envolviendo cada sándwich en una servilleta y sirviéndolos en una clínica.

Había hecho 26 sándwiches. Cuando llegó a la clínica le dio seis o siete sándwiches a los trabajadores voluntarios y luego comenzó a repartirlos a las madres, que estaban allí para obtener la leche para sus hijos.

Yo estaba de pie justo al lado de ella y entonces me dijo que no iban a alcanzar. Pero aún así, 26 madres tomaron sus bocadillos y cuando todo había terminado todavía había bocadillos de sobra.

Cuando estaba conduciendo de regreso a su casa le dio más sándwiches a la gente pobre en la calle.

La mayor parte del tiempo, todo sucedió de manera imperceptible.  

“Es como el florecimiento de una rosa”, dice el sacerdote.

En gran parte es de bajo perfil, no dramático. Me ha pasado varias veces, en diversos lugares, con un número distinto de personas.

En otra ocasión, fuimos a visitar a la cárcel, la semana anterior a la  Pascua.

Estábamos dando a los prisioneros un plato especial de México: budín de pan.

Y como nosotros estábamos dando también afuera, la señora me dijo que no sería suficiente, ya que los presos fuera de las celdas eran 75 u 80.

Los reclusos “iban y venían”, y sin embargo el budín de pan no disminuyó. Tampoco la limonada. Estos presos seguían viniendo y nosotros seguíamos entregando.

Comprendimos que Dios estaba multiplicando budín de pan, dice el padre Thomas.

Todo el mundo tenía un plato con budín de pan y también limonada.

Todos los prisioneros consiguieron toda la limonada que querían.

Esto se prolongó durante media hora.

Y nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo.

Pudimos ver allí la limonada que seguía saliendo.

Luego repartimos también a los policías y guardias, todo lo que querían; que fue más de lo previsto. Después que nadie quería más, se acabó todo.

No es muy dramático. Dios es sutil. Pero no había ninguna duda al respecto. No hay redoble de tambor. – dice el sacerdote.  

SEGUNDO TESTIMONIO

Esto sucedió al padre Dwight Longenecker, un anglicano que se pasó al catolicismo y dice:

Cuando yo era un pastor anglicano joven, vivía en un apartamento con mi hermano menor, yo era un estudiante de teología que vivía por la Fe.

Realmente no tenía dinero y estaba viviendo a salto de mata con lo poco que podía ganar mientras estudiaba.

Todo era muy emocionante, mientras dependíamos de la Providencia  divina y veiámos los pequeños milagros, con los cuales el Señor nos amparaba.

Después que tenía un trabajo, una casa y un sueldo, dejaron de suceder cosas y yo me sentía aburrido. Un día me lamenté con mi hermano…

Así que él dijo: 

–     ¿Por qué no das la mitad de tu dinero? Eso hará que sea interesante”

Repliqué: 

–     Está bien. Vamos a hacerlo.    

 –    Por cierto creo que aumentarán nuestros huéspedes, porque hay más estudiantes que vendrán a vivir aquí.

Empecé a dar la mitad de mi dinero y vivimos con el resto y tenía razón.

En un año mi apartamento estaba lleno de otros seis chicos que vivían con nosotros, en una informal comunidad religiosa.

Rezábamos juntos y hacíamos en trabajo de la iglesia.

Cuando llegaron los empleos a tiempo parcial, contribuyeron a nuestras necesidades financieras.

No le dije a nadie que estaba regalando la mitad de mi sueldo y que lo que había dejado tenía que proporcionar para ocho de nosotros.

Para ayudar a alimentar a todo el mundo, mi hermano se levantaba temprano y horneaba dos panes.

Él fue a la panadería local y compró una gran bolsa de 25 kilos de harina.

Esto fue en Junio.

El panadero estimaba que si mi hermano horneaba dos panes al día, la harina duraría hasta Septiembre.

Y habríamos tenido que usarla para entonces, porque si no lo hacíamos se llenaría de gorgojos.

Con la nueva gente necesitábamos más pan y mi hermano comenzó a hornear tres o incluso cuatro panes al día.

En Diciembre nos dimos cuenta de que la harina no se había agotado.

Duró tres meses más de lo que debería y no tenía gorgojos.

Entonces uno de los chicos tuvo un buen trabajo y él nos ayudaría a comprar la harina cuando la necesitábamos.

¿Experimentamos una multiplicación de alimentos similar a la que tuvo Elías y la viuda? (1 Reyes 17:8-24)

Creo que lo hicimos. Y eso es una de las razones por las que creo en los milagros.

Un milagro es por definición, una suspensión o una excepción a las leyes naturales.

1 de Reyes 17, 15

¿Fue nuestra harina de pan multiplicada milagrosamente?

Bueno, creo que si fue un milagro. Y ¡Gracias a Dios!”

Y la fuente que nos proveyó esta información concluye:

“Tan pronto como lo digo, otros pensamientos preocupantes vienen a la mente. Si se trató de un milagro, ¿Por qué de repente se detuvo?

Si Dios proveyó la harina para el pan nuestro por unos pocos meses, ¿Por qué no hace milagros y detiene las hambrunas?

¿Por qué niños pequeños todavía mueren de hambre?

Respuesta: TENEMOS QUE PONER NUESTRA CARIDAD EN ACCIÓN.

Al final, un milagro es por definición, algo que desafía no sólo nuestras expectativas, sino nuestra lógica.

Los milagros están fuera del dominio de la lógica humana por sí solos.

Ellos son parte de un plan más grande y extraño que no podemos ver. “

Ese plan, y ese reino opera con una lógica que está más allá de nuestra lógica y un razonamiento que es más extraño y más grande que el nuestro.

El problema con los testimonios de oídas, es que NO ACLARAN nuestras dudas y sí aumentan la confusión, cuando NO TENEMOS EL ALMA VIVA, por la experiencia de la conversión.

Porque el Alma viva, contiene al Dios Viviente y Él MISMO nos ayuda a COMPRENDERLO y a agradecer, tanto lo sutil, como lo clamoroso.

¿CÓMO PODEMOS REALIZAR UN MILAGRO DE MULTIPLICACIÓN?

Mi Amada Familia del Cielo:

Después de mi donación y cuando ABBA me convirtió en apóstol, recuerdo MUCHÍSIMAS veces en que mi Señor Jesús me mostró su Bondad y su maravilloso Amor, en diferentes maneras portentosas.

Por principio de cuentas, les suplico que cuando vean funcionar los Carismas del Espíritu Santo, JAMÁS lo atribuyan a mérito propio.

Recuerden que somos templos vivos del Espíritu Santo o sea, una especie de envase que lo Contiene Y ES ÉL, EL QUE HACE TODAS LAS COSAS.

Dios lo hace porque ÉL es Bueno y tiene piedad de nuestra absoluta miseria. Porque si lo hiciera por nuestros méritos, ¡UFFF! el Cielo estaría casi vacío y nosotros jamás veríamos la Gloria de Dios.

En los primeros años, cuando ya experimentaba el Amor de Coparticipación y trabajábamos en diversos ministerios, en el grupo carismático de nuestra parroquia. 

Hacíamos retiros donde el Señor nos tomaba y Él enseñaba a los catecúmenos, que luego entregábamos al párroco y en una Misa,

En una renovación del Sacramento de la CONFIRMACIÓN al estilo Pentecostés, el Espíritu Santo derramaba sus Dones y así aumentaba el Rebaño de Jesús. 

Luego cada uno iba descubriendo sus Talentos y se integraban a los diferentes ministerios, que dos santos sacerdotes pastoreaban y organizaron, para servir al Señor.

Antes de cada retiro ayunábamos y orábamos…

Y JESÚS DECIDÍA quienes iban a ENSEÑAR los diferentes TEMAS a impartir.

Cuando CADA QUIÉN sabíamos nuestra asignatura designada, debíamos aumentar nuestro AYUNO, nuestra ENTREGA y nuestra meditación del EVANGELIO, para saturarnos de las enseñanzas contenidas en la BIBLIA. 

Luego dejábamos que el Señor ACTUARA.

A mí NO ME GUSTABAN las telenovelas en la TV. me parecían una locura barata y melodramática de desperdiciar un tiempo valioso para cosas más interesantes.  

Y en varias ocasiones me sucedió, que mientras Jesús PREDICABA a través mío, me dejaba pasmada con lo que hacía.

En una ocasión, nuestro grupo de oyentes eran de un municipio cercano a la ciudad donde vivía y mi tema asignado era el PERDÓN.

Gran sorpresa me llevé, cuando JESÚS empezó a hablar de la telenovela “Marimar” donde la VENGANZA parecía haberse servido con todos los aderezos. 

Y durante más de una hora, JESÚS estuvo hablando sin que yo ENTENDIERA NADA, porque incluía personajes, situaciones e interacciones de la telenovela, para puntualizar sus enseñanzas.

Mientras mantenía FASCINADOS a todos sus oyentes, yo sólo entendía lo kerigmático; pero no tenía la mínima idea de quiénes eran los involucrados, ni porqué habían hecho lo que hicieron.  

Hasta el día de hoy, ignoro de qué se trata “Marimar”, porque siguen sin gustarme las telenovelas.

Creo que tengo que aumentar mi crecimiento espiritual en la MORTIFICACIÓN, porque como aprendiz en la escuela del SUFRIMIENTO, sigo estando reprobada. 

Y tal vez “MARIMAR” sea otra de mis lecciones a estudiar. 

Porque también me dijo que viera la telenovela “Senda de Gloria” ya que todo lo relatado en ella IBA A REPETIRSE en México y varias partes del mundo. 

Y necesitamos aprender, cómo tenemos que conducirnos, cuando esos eventos sucedan. 

Un día tuvimos una evangelización en una finca campestre que nos facilitaron en un rancho al norte, donde comienza la sierra de Zacatecas.  

Nos prestaron las instalaciones, pero nosotros debíamos llevar las provisiones.

Y cómo siempre he sido muy respetuosa con las Sagradas Escrituras, a todos nuestros invitados no les pedimos cuota para gastos; porque para mí, traficar con Dios es simonía.

Era un retiro para jóvenes, con duración de tres días, en un puente de fin de semana.

Llevamos provisiones para nuestros sesenta invitados y los doce siervos del Ministerio de Evangelización.

Como sucede en las bodas, con los agregados a los invitados: 

Muchos padres decidieron acompañar a sus retoños ¡Y lo hicieron acompañados de sus demás hijos! 

Y muchos amigos de ellos, decidieron que era una buena oportunidad para vacacionar y pachanguear.

Y más si era una ocasión en la que ¡No se iba a gastar ni un peso, más que el transporte!

Pero esto, no lo prevenimos en absoluto. ¿Pueden imaginar mi consternación, cuando vi cuadruplicada la asistencia, además de nuestros catecúmenos originales?

Y teníamos que alimentar a aquella multitud que llegó confiada en una invitación que no exigía nada, más que la presencia física. 

Cómo es lógico, al iniciar el segundo día, nuestras provisiones estaban casi agotadas; quedaban unas cuantas cosas que alcanzarían escasamente para alimentarnos a los doce…

¡Y todavía faltaba la comida del sábado y la del domingo! ¿Qué íbamos a hacer?

De mis once ayudantes, SÓLO UNO TUVO FE.

Los demás se hicieron los desentendidos, buscaron un pretexto y ¡Casi desaparecieron!…  

Estábamos aislados en una colina, a muchos kilómetros de la ciudad, rodeados por un bosque y ¡Ninguna tienda para comprar nada!… 

 Yo estaba llorando en la cocina lamentándome y diciéndome:

–     Querías conocer el Evangelio de su primera fuente. ¡Anda! ¿Cómo vas a resolver esto?”

Estaba tan abrumada, que casi no hice caso cuando el encargado de cuidar la finca, entró y depositó un envoltorio en el escurridor del fregadero, diciéndome: 

–     Los acabo de sacar de la presita. Ya los limpié y espero que le sirvan. Si necesita más, dígame.

Aunque ahorita hay muy pocos, porque el patrón vino la semana pasada y se llevó casi todos los que ya estaban crecidos.  

Pocos minutos después entró Griselda, la única que mantenía la Fe y me dijo: 

–     ¿Ya viste lo que trajo don Juan? Limpió y arregló una docena de pescados para que hagamos ceviche. Ahora está platicando con Francisco (su esposo).

Pero me dijo que lo que nos haga falta, se lo pidamos sin pena.

Creo que entre los dos van a bajar unos aguacates de los árboles y podremos hacer guacamole. ¡Excelente noticia! ¿No crees?

¡CEVICHE! Esta palabra fue cómo un campanazo en mi cerebro y corrí a abrir mi Biblia…

El Evangelio de San Juan capítulo 14, v.12 estaba palpitante frente a mis ojos y me recordó la multiplicación de los panes y los pescados.

Entonces le pedí a Griselda que me acompañara a Orar.

Fuimos al Oratorio y le entregué TODO a Jesús.

En una pequeña cesta pusimos nuestros escasos víveres y también se los ofrendé a ABBA.

Y las dos alabamos a la Santísima Trinidad y le pedimos que repitiese aquel Milagro.

Dimos las Gracias por anticipado y regresamos a la cocina.

Preparamos los pescados, junto con 1k de jitomates y cuatro cebollas.

Lo pusimos en un bol grande y empezamos a preparar el ciento de tostadas de nos quedaban… Y a distribuirlas con tres tostadas por plato.

Y pusimos a los demás a repartir.

En mi interior cantaba alabanzas al Espíritu Santo y me concentraba en mi labor culinaria.

Yo preparaba sin mirar nada más, que una cucharada grande que depositaba en cada tostada; la distribuía sobre la tostada, mientras alababa y le rogaba al Señor que ayudara a mi Fe tan raquítica.

No sé cuánto tiempo transcurrió. Yo preparaba las tostadas y Griselda las entregaba para que las distribuyeran.

 ¡Sinceramente no entiendo CÓMO! El ceviche no se acababa y siempre parecía ser la misma cantidad. 

El colmo llegó cuando muchos preguntaban cuál era la receta, porque estaba muy sabroso y…

 ¡Todos repitieron plato! 

Y exactamente cuando todos estaban satisfechos, se acabó el ceviche.

Yo estaba muda por el asombro y el agradecimiento. ¡Y dejé de preocuparme por el día siguiente!

El Domingo terminó la evangelización y en la comida Jesús repitió el prodigio.

Con tres kg de frijoles recién cocidos y tres kg de tortillas aderezadas con un guacamole, ¡Comimos casi 300 personas!

A la olla sólo le agregamos  agua, mientras seguía hirviendo. Y han sido los frijoles más deliciosos de TODA mi vida.

Para concluir esto, también voy a platicarles cómo Jesús me enseñó a bendecir la basura.

Yo trabajaba y un día por muchas circunstancias unidas, nadie comió en la casa.

Cómo nadie lo hirvió, ni lo guardó en el refrigerador; un riquísimo Caldo de Res que tenía kilo y medio de carne y mucha verdura, se echó a perder.

¡Olía terriblemente mal! Y cuando estaba a punto de tirarlo, Jesús me dijo que lo bendijera.

Obedecí y ¡Oh, sorpresa! Ya no olía mal y cuando lo probé, tampoco sabía mal. 

LOS MILAGROS NO SON PARA QUE LOS SANTOS RESUELVAN SU COMODIDAD

Entonces pensé en reservarlo para la comida y Jesús me reprendió diciéndome que el Milagro no lo había hecho para mí.

Luego me enseñó a bendecirlo MULTIPLICÁNDOLO y me mandó que lo tirara en el cesto de la basura.

Y completó la enseñanza diciéndome que cuando tirara comida hiciera lo mismo y sus ángeles la llevarían a quién la estaba necesitando.

Cuando pasa el camión de la basura por mi casa, lo bendigo junto con TODOS los contenedores en el mundo.

MULTIPLICO todo su contenido alimenticio, al mismo tiempo que el DESPERDICIO de los privilegiados por la RIQUEZA,

Y SE LO ENTREGO A ABBA. 

Desde ese día dejé de sentirme culpable por el desperdicio de la comida y la Oración es más o menos así:

“Amadísimo Padre Celestial. Tú que Eres infinitamente Bueno. Infinitamente Poderoso. Infinitamente Misericordioso, escucha la Oración que te presento a través del Inmaculado Corazón de María y por la Sangre de Jesús:

Te doy Gracias porque en esta casa no hace falta nada y tu Amor nos provee hasta de las cosas que deseamos sin merecerlo.

(Con cada crucesita hay que hacer una bendición en el aire)

+ Yo bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo estos alimentos y te ruego que los multipliques las veces que sea necesario.

+ en las mesas de los que no tienen que comer + Y se los des junto con tu Espíritu Santo para saciar también su hambre espiritual.

+ Gracias Padre Santo porque lo haces por tu infinita bondad y misericordia para los hijos que amas. Amén

Cristo espera que le AYUDEMOS a repartir su GENEROSIDAD

CARISMA DE MILAGROS 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Acaba de suceder el asesinato de San Juan Bautista en Maqueronte.

Ya es de noche cuando Jesús regresa a la casa. Entra sin hacer ruido. Sube la escalera.

En la gran habitación de arriba, están todos. Nadie habla y nadie duerme.

Jesús entra despacio y Tomás es el primero que lo ve.

Pega un brinco y dice:

–     ¡Oh, Maestro!

Todos se acercan y Jesús con voz cansada, como de quién ha sufrido mucho; responde a las condolencias que le muestran:

–      Lo comprendo. Pero solo quien no cree, puede sentirse desolado ante la muerte. Nosotros sabemos y creemos.

Juan no se ha separado de nosotros. Ahora, él está cerca de Mí. ¿Ya cenasteis?

Pedro dice:

–       No, Maestro. Te estábamos esperando. Ya estábamos preocupados por tu retraso.

–      ¡Ea! Preparad la cena, porque luego iremos a otras partes. Tengo necesidad de aislarme entre mis amigos. Y mañana, si nos quedamos aquí, nos veremos rodeados de gente.

–       Yo te juro que no lo soportaría. Y mucho menos a esas almas viperinas de los fariseos. ¡Y sería muy duro que se les escapase una sonrisa en la sinagoga al vernos!

–      Bien Simón. También pensé en esto y por eso vine para llevaros.

Rodeado de los suyos, ofrece y distribuye el parco alimento que comen sin ganas. La cena termina en unos minutos.

Jesús dice para animarlos:

–       Contadme qué habéis hecho.

Pedro comenta:

–      Estuve con Felipe en la campiña de Betsaida. Predicamos el Evangelio y curamos a un niño.

Felipe, que no quiere apropiarse de una gloria que no le pertenece, aclara:

–       Fue Simón quién lo curó.

Pedro agrega:

–      ¡Oh, Señor! No sé cómo lo hice. Rogué mucho con todo el corazón. Sentí mucha compasión por el niño. Lo ungí con el aceite y lo froté con mis manos ásperas… Y se curó.

Cuando ví que el color volvía a su carita y abrió sus ojitos. Que revivía, en una palabra; casi hasta tuve miedo.

Jesús le pone la mano en la cabeza, sin decir nada.

Tomás explica:

–      Juan llamó la atención, porque arrojó a un demonio. Pero a mí me tocó hablar.

Mateo añade:

–     También lo hizo tu hermano Judas Tadeo.

Santiago de Alfeo agrega:

–      Pues también Andrés. 

Recuerden esto, cuando los lleven a misionar con el Coronavirus…

Bartolomé relata:

–      Simón Zelote curó a un leproso. ¡Oh! ¡No tuvo miedo de tocarlo! A mí me dijo después: ‘No tengas miedo.

A nosotros no se nos pega ningún mal físico, por voluntad de Dios.’

Jesús confirma:

–       Dijiste bien, Simón. ¿Y vosotros dos?

Santiago de Zebedeo estaba hablando con los tres pastores, discípulos del Bautista.

Y Judas está solo y con la cara mustia.

Santiago de Zebedeo:

–      ¡Oh! Yo no hice nada. Pero Judas hizo grandes milagros: curó a un ciego, un paralítico y un endemoniado. A mí me pareció que era un lunático. Pero la gente así lo afirmó…

Pedro pregunta:

–      ¿Y por qué estás con esa cara, si Dios te ayudó?

Judas responde con altanería:

–       También sé ser humilde.

Santiago continúa:

–       Hasta fuimos huéspedes de un fariseo. Yo me sentí mal. Pero como Judas tiene mucho tacto, se adaptó y le quitó los humos.

El primer día estaba muy soberbio. Pero luego… Todo cambió… ¿Verdad Judas?

Éste asiente sin decir una palabra.  

Jesús dice:

–        Muy bien. y lo haréis siempre mejor. La próxima semana, estaremos juntos. Simón, ve con Santiago a preparar las barcas.

Pedro objeta:

–      ¿Para todos, Maestro? No cabemos.

–     ¿No puedes conseguir otra?

–      Si se la pido a mi cuñado, sí. Voy a verlo.

–      Ve. No le des muchas explicaciones.

Parten los cuatro pescadores. Los demás bajan a tomar sus alforjas y mantos.

Mannaém es el hermano de leche, de Herodes Antipas. 

Se queda solo Mannaém con Jesús.

Mannaém pregunta:

–      ¿Maestro, vas lejos?

Jesús contesta:

–      Están cansado y afligidos. También Yo. Pensaba ir a Tariquea. Por los campos, para aislarme en medio de la paz…

–      Traigo caballo, Maestro. Si me permites, te seguiré a lo largo del lago. ¿Estarás mucho tiempo fuera?

–      Una semana. No más.

–      Entonces regresaré, Maestro. Bendíceme esta vez que es la primera en que nos despedimos. Quítame un peso del corazón.

–      ¿Cuál Mannaém?

–      El remordimiento de haber abandonado a Juan. Tal vez si hubiera estado…

–      No. Era su hora. Yo sé que él estuvo contento al ver que venías a verme. No tengas este peso.

Más bien trata de librarte pronto del único peso que tienes: el gusto de ser hombre. Hazte espíritu Mannaém. Lo puedes. Tienes la capacidad para hacerlo…

Hasta pronto, Mannaém. Mi Paz sea contigo.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice. Lo levanta y lo besa.

Vuelven a entrar los demás y regresan los pescadores.

–        Está arreglado, Maestro. Podemos irnos.

–        Está bien. despídanse de Mannaém que se queda aquí, hasta mañana por la tarde.

Recoged los alimentos y el agua para el camino y vámonos. No hagáis ruido.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral y se van por la calle solitaria, bañada por la luna.

Se dirigen al lago y suben a las barcas…

Varios días después…

Cuando Jesús pone pie en la ribera del Jordán, cerca de Tariquea.

Mucha gente lo está esperando. Y le vienen al encuentro sus primos, con Simón Zelote.

Éste dice:

–      Maestro, las barcas nos denunciaron… tal vez Mannaém fue también una señal.

Mannaém se excusa:

–      Maestro, partí de noche para que nadie me viera y no hablé con nadie. Créemelo. Cuando me preguntaron que donde estabas, siempre respondí: ‘Ya partió’

Creo que la culpa la tiene un pescador, que dijo que te había dado su barca…

Pedro grita:

–      ¡Ése imbécil de mí cuñado! ¡Y se lo dije que no hablase! ¡Le dije que íbamos a Betsaida y que si hablaba le arrancaba la barba!

¡Y lo voy a hacer! ¡Oh, que si se la arranco! ¿Y ahora? ¡Adiós paz, aislamiento y descanso!…

Jesús declara:

–       Está bien Simón. Nosotros ya tuvimos nuestros días de paz. Además, parte de lo que me proponía lo obtuve:

adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros; para impedir ofensas y choques con los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con esas personas que nos aguardan. Vamos a premiar su Fe y su amor. ¿Y acaso no es este amor, algo que consuela? Sufrimos por el odio. Aquí hay amor y por lo tanto, gozo.

Pedro se calma como un viento que se apacigua en un instante.

Jesús va hacia el grupo de enfermos que lo esperan con el deseo clavado en su rostro. Cura a uno por uno con amor y con mansedumbre. 

Incluyendo al hijo de un escriba que le dice:

–       ¿Lo ves? Huyes. Pero es inútil hacerlo. Odio y amor son sagaces en encontrar. Aquí te encontró el amor, como se dice en el Cántico.

Para muchos, eres ya el Esposo del Cántico. Se acerca uno a Ti como la Sulamita; desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminadaf.

Jesús lo mira con dolor, porque con el Don de leer corazones y que para nosotros SERÁ IMPRESCINDIBLE, en estos tiempos…

Le pregunta:

–      ¿Por qué dices esto? ¿Por qué?

–      Porque es verdad. Venir es peligroso, pues eres odiado. ¿No sabes que Roma te espía y que el Templo te aborrece?

–     ¿Por qué me tientas? Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas. No te curé a tu hijo con trampas…

El escriba, al oír el suave reproche; avergonzado baja la cabeza  y confiesa:

–      Veo que realmente lees en los corazones de los hombres. Perdóname.

Veo que realmente eres santo. Perdóname. Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

–      Y que encontró un  lugar propicio…

–      Así es. Es la verdad. Pero ahora regreso sin este fermento. Esto es, me voy con uno nuevo.

–      Lo sé. Y no te guardo rencor. Muchos son culpables por su voluntad. Otros por la ajena. Diferente será la medida con que Dios los juzgará.

Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes.

Cuando el mundo te presione mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte… Y sé agradecido con Dios.  

Jesús Dios Encarnado se considera humanamente un siervo y esto no debemos olvidarlo, con la euforia que nos produce el vernos a nosotros mismos “milagreando”

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.

¡Mucho CUIDADO con Satanás!

El escriba reafirma:

–      Y contigo. 

Jesús corrige con firmeza:

–      Con Dios. A Él se le dé toda gloria y alabanza. Soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo. El primero en obedecerlo.

Pues el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad. Se envilece sirviendo al pecado.

–       Dices bien. ¿Siempre hablas así? ¿Para todos?

–       Para todos. La verdad es sólo una.

–       Habla entonces. Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya. Y una vez más…  Perdóname.

Era sincero en mis convicciones. Creía servir a Dios combatiéndote.

–       Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios, que no es mentira. Pero tus convicciones no han muerto todavía. Yo te lo digo.

Son como la grama que se quema. Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro. Pero las raíces están vivas.

Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama. ¡Israel es duro para morir!

–      ¿Por qué debe morir Israel? ¿Es una planta mala?

–       Debe morir para resucitar.

–       ¿A una reencarnación espiritual?

–        A una evolución espiritual. No hay reencarnaciones de ninguna clase.

LA MENTIRA QUE IMPIDE LA BÚSQUEDA DE LA SANTIDAD Y ESPOLEA LA IDEA DE LA IMPUNIDAD ANTE EL CASTIGO.

Especialmente los Saduceos…

–      Hay quienes creen en esto.

–      Están en un error.

–      El helenismo nos ha traído también estas creencias. Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento delicadísimo.

–      Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema, a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

–       Es verdad. Pero las cosas son así. Agrada imitar lo que más se odia.

–       Entonces imitadme, pues me odiáis. Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

–        Pero Tú en confianza dime, ¿Qué crees que sea la reencarnación?

–        Un error. Ya te lo dije.

LA FALACIA DE LA REENCARNACIÓN

–      Hay quienes dicen que los vivos nacen de los muertos. Y los muertos de los vivos porque lo que existe no se destruye.

–      Lo que es eterno, en realidad no se destruye. Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

–      No, Maestro. ¡Ni pensarlo!

–      Dijiste bien. ¿Puede entonces imaginarse que Él permitiría que un espíritu se reencarne porque no puede haber otros espíritus?

–      No se debería pensar en esto y con todo, hay quién lo piensa así.

–      Y lo que es peor: En Israel se piensa en ello. El pensamiento en la inmortalidad del alma, debería ser perfecto en un israelita.

El espíritu no trasmigra sino del Creador a la existencia y de ésta, al Creador… Ante quién se presenta después de la vida, para que se le juzgue digno de vida o muerte.

Ésta es la verdad. Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

–       ¿No admites el Purgatorio?

–       Sí. ¿Por qué lo preguntas?

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

–       Porque dijiste: ‘A donde se le envía, allí se queda’ El Purgatorio es temporal.

–       Exactamente. Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento. El Purgatorio es ya vida. Amortecida pero vital…  

Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta. La alcanza sin límites.

Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo. El Paraíso y El Infierno.

Dos categorías: los Bienaventurados y los condenados.

Pero de los tres reinos que ahora existen, ningún espíritu volverá a revestirse de carne; sino hasta que llegue la Resurrección Final

que terminará para siempre con la encarnación de los espíritus en los cuerpos, de lo inmortal en lo mortal.

–       De lo eterno, ¿No?

–       Eterno es Dios. La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin. Y esto es Dios.

La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir. Y esto es el espíritu del hombre. He aquí la diferencia.

–       ¿Y Tú?

–       Yo viviré, porque también Soy Hombre y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

–      Dios es llamado ‘El que vive’.

–      Y así es. No conoce la muerte. Él es vida. Vida inagotable. No vida de Dios, sino Vida. Sólo esto. Son minucias, ¡Oh, escriba!

Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

–      ¿Así hablas  a los gentiles?

–      No así. No entenderían. Les muestro el sol, como lo mostraría a un niño que ha sido ciego y corto de inteligencia. Y que curado milagrosamente, recibe también una gran capacidad intelectual. 

Pero vosotros de Israel no sois ciegos, ni cortos de inteligencia. Hace siglos que el dedo de Dios os abrió los ojos y despejó vuestra mente…

–      Es verdad, Maestro. Y sin embargo somos ciegos y cortos de inteligencia.

–      Os habéis hecho así. No queréis el milagro que os ama.

–      Maestro…

–      Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla.

Jesús lo deja y sigue avanzando. Al pasar cerca de Marziam y del hijo del escriba que juegan con unas piedras de colores, los acaricia.

Horas más tarde los rayos del sol se filtran a través de los árboles, tiñéndolos con el tinte grisáceo del atardecer.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús, que continúa adoctrinando.

–      Maestro, ya es tarde.

–      El lugar es solitario y no hay caseríos o poblados.

–      Dí al pueblo que se vaya a Tariquea o a los poblados, para que compre alimentos y busque alojamiento.

Jesús responde:

–       No es necesario que se vayan. Dadles de comer. Pueden dormir igual que como lo hicieron por esperarme.

–       No quedan sino cinco panes y dos pescados, Maestro. Lo sabes.

–       Traédmelos.

Andrés va a buscar a Marziam que es el que trae la bolsa. Lo encuentra jugando con otros niños.

Y le dice:

–       Ven, Marziam. ¡El Maestro te necesita!

Marziam deja plantados a sus amiguitos y rápido va.

Los otros niños lo siguen y pronto, Jesús se ve rodeado del grupo de pequeñuelos.

Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan y dos gruesos pescados asados.

Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes para los dieciocho que forman la comitiva apostólica. .

Enseguida Jesús ordena:

–      Está bien. Traedme cestos. Diecisiete. Cuantos sois vosotros. Marziam dará comida a los niños…

Jesús mira detenidamente al escriba que no se separa de Él y le pregunta:

–      ¿Quieres también tú dar comida, a los que tienen hambre?

–       Lo querría, pero ni yo mismo la tengo.

–       Dales de la mía. Te lo permito.

–       Pero… ¿Piensas dar de comer a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños con dos pescados y esos cinco panes?

O cinco millones, ¿Quién puede ponerle límites a Dios? Al romper las leyes matemáticas, MULTIPLICAREMOS las veces que sea necesario…

PORQUE EL CORONAVIRUS TRAE UNA ESTELA DE HAMBRUNA…

Jesús confirma:

–       Sin duda. No seas incrédulo. Quién cree, verá realizarse el milagro.

–       ¡Oh! ¡Entonces yo también quiero distribuir la comida!

–       Bien. Haz que te den un canasto.

Regresan los apóstoles con canastos de todos tamaños. Grandes y pequeños.

–       Está bien. Poned todo delante. Haced sentar a la gente en orden, en líneas regulares, lo más que se pueda.

Y mientras hacen esto, Jesús levanta el pan con los pescados encima.

Los ofrece, ora y los bendice.

El escriba no le quita los ojos de encima, ni un instante.

Enseguida Jesús despedaza en dieciocho partes, los cinco panes y  los dos pescados.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

Pone uno de cada cosa en cada cesto.  

Y dice:

–       Tomadla hora y dad cuanto quieran. Id. Marziam, vete a dar a tus compañeritos.

El niño levanta el cesto que le correspondió y se lo lleva a los otros niños.

Y exclama:

–      ¡Oh, qué pesado! –Y camina penosamente como si llevase una carga muy pesada.

Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba; miran dudosos su andar…

Luego toman sus canastos y moviendo la cabeza, se dicen mutuamente:

–       ¡El niño se burla!

–       ¡No pesa más que antes!

Aun así se dirigen todos hacia la gente y empiezan a distribuir.

Dan. Dan. Dan.

Y de vez en cuando se vuelven sorprendidos, siempre avanzando más lejos.

Y miran a Jesús que con los brazos abiertos, apoyado en un árbol, sonríe de su admiración.

La distribución es larga y abundante.

El  único que no muestra sorpresa es Marziam.

Que feliz regresa y dice a Jesús:

–        Dí mucho, mucho, mucho… Porque sé lo que es el hambre.

Jesús le sonríe y lo acaricia.

Y el niño se poya en Él.

Poco a poco regresan todos los apóstoles y los discípulos; mudos por el estupor.

El último, es el escriba que no dice una sola palabra; pero que hace algo que es más elocuente que un discurso:

Se arrodilla y besa la orla del vestido de Jesús…

Que sonriente dice:

–       Tomad vuestra parte y dadme un poco. Comamos la comida de Dios.

Comen pan y pescado.

Cada uno según su apetito.

Entre tanto la gente, que ya está harta; cambia impresiones.

Los que están alrededor de Jesús, se atreven a hablar al ver que Marziam, después de que terminó su pescado, se pone a charlar con sus compañeritos.

LA FE EN ACCIÓN

El escriba pregunta:

–      Maestro, ¿Por qué el niño experimentó al punto el peso y nosotros no? Yo hasta lo registré por dentro y vi que eran los mismos.

Comencé a sentir el peso cuando me dirigí a la multitud. Pero si hubiese pesado lo que di, hubiese sido necesario un par de mulas, para que lo cargasen.

Y hubiese sido necesario no un canasto, sino un carro grande, lleno de comida.

Al principio me mostré parco, pero luego me puse a dar mucho y para no ser injusto, volví a pasar por los primeros

, para darles otra vez; porque a ellos les había dado poco y sin embargo bastó.

Juan dice:

–      También yo experimenté que pesaba mucho el cesto, cuando empecé a caminar. Y al punto di mucho, porque comprendí que era un milagro.

Mannaén por su parte:

–      Yo por el contrario. Me detuve y me senté para echar en el manto el peso y ver…

Y ví panes, panes y más panes. Y muchos pescados…

Entonces me fui a repartir, dando gracias a Dios… ¡Me sentí tan feliz!…

Bartolomé comenta:

–       También yo los conté porque no quería hacer el ridículo. Eran cincuenta pedacitos de pan.

Me dije: ‘Le daré a cincuenta personas’ conté. Pero al llegar a cincuenta, el peso era el mismo.

Miré adentro y todavía había panes y pescados.

Seguí adelante y di a cien más. Pero jamás disminuían y seguí dando, dando y dando…

Recuerden que la LUJURIA MATA LA FE. Y ser castos incluye la masturbación. ¡Pídanle SU PUREZA a Jesús!

Tomás suspira, avergonzado inclina la cabeza y dice:

–      Yo  dije: ‘¿Y para qué sirven?’ ¡Jesús ha querido jugarnos una broma!…

Y los miraba… Y los miraba, oculto detrás de un árbol.

Con la esperanza y desesperanza, de ver que aumentasen…

¡Pero siempre eran los mismos!

Iba a regresar, cuando pasó Mateo diciendo:

–      ¿No has visto qué hermosos son?

Pregunté desconcertado:

–      ¿Qué?…

–      Los panes y los pescados.

–      ¿Estás loco? Yo veo siempre los mismos pedazos…

Mateo sonrió y me dijo:

–      Ve a distribuirlos con Fe y verás…

Eché en el cesto los pedazos y me fui a regañadientes.

Y luego… ¡Perdóname Jesús, porque soy un pecador!

Jesús objeta:

–       No. Eres un hombre con el espíritu del mundo. Y razonas como el mundo…

Judas de Keriot confiesa:

–      Entonces también yo, Señor. Hasta pensé en dar una moneda junto con el pan, diciendo dentro de mí: ‘Comerán en otra parte.’

Esperaba ayudarte para que hicieses un buen papel. Pues… ¿Qué cosa soy yo? ¿Cómo Tomás o peor que Tomás?

Jesús lo mira fijamente y dice serio:

–     Más que Tomás, ‘Tú eres Mundo’… 

–     ¡Pero pensé en hacer una limosna para ser ‘Cielo’! Se trataba de dinero mío, personal…

–     Limosna para ti mismo. Para tu orgullo. Limosna para Dios, el cual no tiene necesidad de ella.

Y la limosna para tu orgullo es culpa; no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Entonces Pedro pregunta a los primos de Jesús:

–       ¡Y ustedes?

Tadeo dice con gravedad:

–       Nos acordamos de Caná…

Y Santiago de Alfeo complementa:

–     Y no dudamos.

El escriba se guarda un mendrugo.

Pedro pregunta:

–      ¿Para qué lo quieres?

–      Para… recuerdo.

–      También yo tengo uno. –dice Pedro. 

Y agrega:

–      Lo meteré en una bolsita que colgaré al cuello de Marziam.

Juan dice:

–      Yo llevaré uno a nuestra mamá.

Los demás dicen apenados:

–      ¿Y nosotros?

–       Nos comimos todo…

Jesús dice:

–      Levantaos. Id nuevamente con los canastos y recoged lo que haya sobrado.

De entre la gente, escoged a los pobres y traedlos aquí.

Despediré a la gente; después de que haya provisto con más a los pobres. Luego nos iremos a las barcas.

Los apóstoles obedecen y regresan con doce canastos llenos de restos sobrantes y una treintena de personas…

EL CARISMA DE SANACIÓN 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas. Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–        Tienen ganas de amargarnos el Sábado. Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida, para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–      ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–       Además… En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–       Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto, dice entusiasmado:

–      Pues vamos…

Pedro agrega:

–       ¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas! Vamos sin perder tiempo. Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera y Santiago hará lo mismo. Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–        ¡Yo no voy con el endemoniado!

–       ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–        No me hagas enojar, Simón de Jonás. Dije que no voy y no voy.

–        Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–         No.

–         ¡Uf! Ven en la barca.

–         No.

–         En resumidas cuentas… ¿Qué es lo que quieres? Eres siempre el de los obstáculos…

–        Quiero quedarme en donde estoy. No temo a nadie y no me escapo. Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa. Id vosotros. Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–        ¡Así no! Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino, dice muy serio:

–        Entonces nadie. Porque el Maestro ya está aquí. Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos le dicen del endemoniado ciego y mudo que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–          Está como inerte. Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido. Los familiares tienen confianza en Ti. Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–          No. Voy al punto donde está él. ¿En dónde?

–          En la habitación de abajo, cerca del horno. Allí lo puse junto con sus familiares. Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–         Es cierto. Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–        ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–         Se quedó en casa. Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no reprende.

Se apresura a ir a la casa. Saluda a Judas, que parece muy ocupado en acomodar los trastes.

Jesús dice:

–          Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–        No es un enfermo. Es un endemoniado.

–        Es siempre una enfermedad del espíritu…

–        Le ha impedido el ver y el hablar.

–        La posesión es siempre una enfermedad del espíritu, que se extiende a los miembros y a los órganos. Si me hubieses dejado terminar; hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma. Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo. 

Por eso para usar del Carisma de Sanación con éxito, debemos averiguar DÓNDE está el problema.

Ahora hay muchos enfermos, con la POSESIÓN DIABÓLICA PERFECTA, como la de Judas. 

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm, los fariseos, escribas, Jairo y un centurión romano, con otros gentiles.

Cuando “vemos” cuales son los demonios autores del tormento y con el Don de ciencia infusa, también conocemos cómo entraron…

Haciendo el ademán de imperio, Jesús ordena:

–        ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste! Lo quiero. Sal de ésta criatura. Ya no te es lícito tenerla. ¡Largo!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del demonio…

Y termina con uno de alegría del liberado que exclama:

–        ¡Hijo de David! ¡Hijo de  David! ¡Santo Rey!

Jesús comisiona a los apóstoles
14. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.
15. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
La ascensión
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Un escriba pregunta:

–       ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otro fariseo contesta:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla! –contesta uno más alzando los hombros.

Jairo el sinagogo replica:

–      ¿Quién le pagó? ¿Se puede saber?

–       Tú también.

–       ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

–       No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces. Y tu lengua, ensuciándola con mentiras. Sabes que no es verdad. Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel. ¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–        Tú eres el sinagogo y lo amas.

–        Allí está Mannaém, el hermano de Herodes. En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–       Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos. No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia. No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo y atacan a los familiares del curado:

–        ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–         Muchos que fueron sanados.

–         ¿Qué os dieron?

–        ¿Darnos? La seguridad de que Él lo sanaría.

–        ¿Pero de veras estaba enfermo?

–         ¡Oh, cabezas fraudulentas! ¿Pensáis que todo esto fue una pantomima? Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Un escriba dice desdeñoso:

–       Pero no aumentéis el fanatismo del pueblo con vuestras afirmaciones.

–       ¿Y qué es entonces, según vosotros?

–       ¡Un Belzebú!

Varios gritan al mismo tiempo:

–       ¡Lenguas de víboras!

–       ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

Jesús que había ido a la casa a beber un poco de agua, se asoma al umbral a tiempo para oír la necia acusación farisea:

–        Este es un Belcebú, porque los demonios lo obedecen. 

–        El gran Belcebú, su padre le ayuda y es con su poder que arroja a los demonios.

Jesús se acerca derecho y severo; pero tranquilo. Se detiene frente al grupo de escribas y fariseos.

Los mira agudamente y les dice:

–         Aún en la tierra vemos que un reino dividido en partidos contrarios, se debilita internamente…

Y en un larguísimo discurso habla de la astucia y la maldad de Satanás que vive para ‘robar, dañar, mentir, ofender, meter confusión, destruir…’

Del pecado contra el Espíritu Santo y de la posesión diabólica. 

NUESTRA MISIÓN ESTÁ PRIMERO

Casi ha terminado cuando dicen a Jesús:

–         Maestro, están tu Mamá y tus hermanos.

–         Da orden de que se aleje la gente, para que puedan acercarse a Ti, pues tienen una razón importante que los obligó a venir a buscarte.

21. Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 22. Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.» MATEO 8

Jesús levanta su cabeza y ve el rostro angustiado de María que lucha por no llorar, mientras que José de Alfeo, le habla irritado con gestos enérgicos.

Y la cara de Simón, claramente afligida y disgustada…

Pero Jesús no sonríe y no da ninguna orden.

Deja a la Afligida en su dolor y a sus primos, donde están.

Mira a la multitud y responde a los apóstoles que están cerca y que tratan de hacer valer la sangre sobre el deber.

Solamente dice:

–       ¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos?

Gira los ojos. Hay severidad en su rostro, que palidece por la violencia que debe hacerse a Sí Mismo, para colocar el deber sobre el afecto y la sangre.

Y lograr negar su unión con su Madre, para servir al Padre.

Señala con un largo ademán a la multitud que se aprieta a su alrededor.

–      He aquí mi madre. He aquí a mis hermanos. Los que hacen la voluntad de Dios, son mis hermanos y hermanas, son mi madre. No tengo otros.

Los míos serán esto si cumplen la Voluntad Divina y con mayor perfección que cualquier otro;

en hacer la voluntad de Dios hasta el sacrificio total de cualquier otro querer o voz de sangre y de afectos.

La multitud ruge como un mar agitado por el viento.

Estaban al acecho por si curaba en Sábado.

Los escribas son los primeros en huir diciendo:

–        ¡Es un demonio! ¡Reniega hasta de su sangre!

Los parientes, hermanos de Judas Tadeo y Santiago de Alfeo, se adelantan:

–        ¡Es un loco!

–        ¡Tortura hasta a su madre!

Los apóstoles:

–       En verdad que en esta palabra concentra todo el heroísmo.

La multitud dice:

–       ¡Cómo nos ama!

A duras penas, María con José y Simón, se abren paso.

María toda dulzura. José, todo rabia. Simón, todo turbado.

Llegan hasta Jesús.

José al punto lo ataca:

–        Eres un loco. Ofendes a todos. No respetas ni siquiera a tu Madre. Pero ahora estoy aquí y te lo impediré. ¿Es verdad que vas de acá para allá como trabajador?

Si es verdad, ¿Por qué no trabajas en tu carpintería, para alimentar a tu Madre?

¿Por qué mientes diciendo que tu trabajo es la predicación? Ocioso e ingrato que eres; si luego vas a buscar en casa ajena un trabajo remunerado. ¡Responde!

Jesús se vuelve.

Toma de la mano al niño, lo levanta sosteniéndolo por las axilas y dice:

–        Mi trabajo fue para dar de comer a este inocente y a su familia. Y persuadirles de que Dios es Bueno. Se predicó a Corozaím la humildad y la caridad.

Y no sólo a Corozaím, sino también a ti José, hermano injusto. Te perdono porque sé que la sierpe te mordió. 

Con el Don de DISCERNIMIENTO, Jesús SABE lo que Satanás hizo a través de Judas y ahora TAMBIÉN TRATA DE IMPEDIR  que realice su MISIÓN.

Te perdono a ti también, Simón inconstante. A mi Madre no tengo nada que perdonar, ni Ella a Mí, porque juzga con justicia. Que el mundo haga lo que quiera.

Yo hago lo que Dios quiere. Y con la bendición del Padre y mi Madre soy más feliz; que si todo mundo me aclamase como Rey suyo.

Satanás siempre NOS ATACA o nos obstaculiza con lo que más amamos.

Ven Madre, no llores. Ellos no saben lo que hacen. Perdónalos.

María dice:

–        ¡Oh, Hijo! ¡Yo sé! Tú sabes. No hay nada que decir…

–         No hay otra cosa qué decir, más que: ‘Idos en paz.’

Jesús bendice a la multitud y tomando de la mano a María, sube la escalera…

 

LOS MILAGROS Y LA HIPOCRESÍA


En Naím, en casa de Daniel el resucitado, Jesús ha sido invitado a celebrar el matrimonio y están en el banquete de bodas.

Entran siete escribas y fariseos.

Y la madre los invita a pasar y les pide perdón por no poder ofrecerles algo más digno de ellos.

El Fariseo Ismael dice:

–       Está el Maestro, mujer. Esto da valor a una cueva. Tu casa vale más que esto. Paz a ti y a tu casa. –es el fariseo más importante del Templo de Jerusalén-

Todos están comiendo y disfrutando de la fiesta.

Y un fariseo llama la atención de Jesús, para preguntarle si estaba al corriente de la enfermedad de Daniel…

Jesús contesta:

–       Venía de Endor por casualidad. Porque había querido contentar a Judas de Keriot y ni siquiera habíamos planeado pasar por Naím…

Un escriba pregunta sorprendido:

–       ¡Ah! ¿No habías ido a propósito a Endor?

–       No. No tenía el menor deseo de ir allá.

–       ¿Y entonces por qué fuiste?

–        Ya lo dije. Porque Judas de Simón quería ir.

El Fariseo Ismael ben Fabi, pregunta:

–        ¿Y por qué este capricho?

–         Porque quería ver la gruta de la maga.

–         Tal vez les habías hablado de ella…

Jesús responde serio y terminante:

–          ¡Nunca! Ni tenía porqué.

–          Quiero decir, tal vez explicaste con este episodio, otros sortilegios; para iniciar a tus discípulos en…

–         ¿En qué? Para iniciar en la santidad, no hay necesidad de peregrinaciones.

–          Pero los milagros que ahora los discípulos realizan son tan prodigiosos y …

–          Y son la manifestación de la Voluntad de Dios. No otra cosa. Serán santos y harán más milagros con la Oración, el sacrificio y la obediencia a Dios. Y no con otra cosa…

–         ¿Estás seguro? –pregunta un escriba con la mano en el mentón, mirando a Jesús de arriba abajo.

Su tono es muy irónico y con cierto dejo de compasión.

Lo que esconden estas dos palabras, se clava en el corazón de Jesús como una puñalada. 

SABE que implican a Judas y TODO lo que como SACERDOTE del Templo, significa; pero sin manifestarlo,

con calma contesta:

–          Les di estas armas y estas enseñanzas. Pero si alguno de ellos, pues son muchos; se corrompe con prácticas indignas, por soberbia u otro vicio, no seré Yo el culpable de haberle dicho eso.

Puedo orar para ver que el que falta se redima. Puedo imponerme duras penitencias expiatorias; para obtener que Dios lo ayude con luces particulares de sabiduría; a fin de que reconozca su error.

Puedo arrojarme a sus pies para suplicarle con todo mi amor de hermano, Maestro y amigo, que deje la culpa. Nunca pensaré que me rebajaría al hacer esto,

A LAS ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORASi: “Valemos la Vida y la Sangre de Dios.”

Porque el precio de un alma es tal, que merece que se sufra cualquier humillación, para conquistarla.

Pero más no puedo.

Y si a pesar de todo persevera en la Culpa; de mis ojos y de corazón de Maestro y amigo traicionado e incomprendido, correrán lágrimas y sangre.

¡Qué dulzura y qué tristeza se notan en la voz y en el semblante de Jesús!

Los escribas y fariseos se miran entre sí. Es un intercambio de miradas… muy significativo.

Pero no replican nada a lo que Jesús acaba de decir.

Después de un momento de silencio se vuelven hacia Daniel, con una avalancha de preguntas simultáneas:

–        ¿Te acuerdas de lo que es la muerte?

–        ¿Qué sintió al volver a la vida?

–       ¿Y qué vio entre el espacio entre la muerte y la vida?

–       ¿Qué sintió al regresar a la vida?

–       ¿Qué recuerdos tienes del otro mundo?

–       ¿Estás seguro de haber muerto?

–        ¿Pero no te acuerdas de haber muerto?

El joven se impacienta:

–        Os dije que no. – y añade- ¿Qué queréis decir con todas esas preguntas? ¿Qué todo un pueblo se haya imaginado que yo me había muerto?

¿Inclusive mi madre y mi prometida que moría de dolor y yo mismo, a quien vendaron y embalsamaron?

¿Y que en realidad no me había muerto? ¿Qué os parece?

¿Creéis que en Naím, todos hayan sido unos niños o unos estúpidos, con ganas de hacer una jugarreta? Mi madre en pocas horas encaneció.

Mi prometida tuvo que medicinarse porque el dolor y la alegría, casi le quitaron el juicio.

¿Y todavía dudáis? ¿Y qué objeto tenía que hubiéramos hecho esta comedia?

Los de Naím dicen a coro:

–         ¿Por qué lo hubiéramos hecho?

–         ¡Es verdad lo que dice Daniel!

Jesús no habla. Juega con el mantel como si nada le interesara.

Con el AMOR DE FUSION, ABBA le muestra el panorama espiritual COMPLETO. 

Los fariseos no saben qué decir…

De pronto, cuando la conversación y los argumentos parecen haber acabado,

Jesús dice mirando a Daniel:

–         La razón es la siguiente. Éstos… -y señala a los escribas y fariseos- Quieren concluir que tu resurrección no fue sino un plan perfecto, llevado a cabo para aumentar la estimación que la gente tiene por Mí.

Según ellos, sería Yo quién ideó el plan y vosotros los que lo realizasteis. Para hacer mentir a Dios y mentir al prójimo.

Dejo los embustes a los desvergonzados. No tengo necesidad de recurrir a brujerías o a engaños, para ser lo que Soy.

¿Por qué queréis negar a Dios el poder de restituir el alma a un cuerpo?

Si Él la da cuando se forma el cuerpo y crea las almas; una por una, ¿No podrá devolverla logrando que regrese al cuerpo, porque se lo pide su Mesías?

¿Y conseguir de este modo que el hecho sea un incentivo, para que mucha gente se acerque a la Verdad?

¿Podéis afirmar que Dios no tiene poder para hacer milagros? ¿Por qué queréis negarlo?

Un fariseo pregunta incisivo:

–        ¿Eres Tú Dios?

Jesús contesta apacible:

–        Yo Soy Quien Soy. Mis milagros y mi Doctrina dicen Quién Soy yo.  

Otro indaga acusador:

–         Pero entonces, ¿Por qué éste no recuerda nada, cuando los espíritus evocados saben decir lo que hay en el más allá?

–         Porque esta alma santificada por la penitencia de una primera muerte, habla la verdad. Entretanto que lo que dicen los nigromantes, no es verdad.

Y un escriba:

–        Pero Samuel…

–       Samuel vino por orden de Dios. No por el mandato de la adivina, a comunicar al perjuro de la Ley, la sentencia del Señor. De aquí que nadie pueda reírse de sus Mandamientos. 

–       ¿Y entonces por qué tus discípulos lo hacen?

Es la voz arrogante del fariseo Ismael, que en ella ha puesto todo el énfasis posible y que llama la atención de los apóstoles.

Pues al oír que se habla de ellos, ponen atención a lo que escuchan.

Y Jesús responde:

–        ¿En qué quebrantan los discípulos los Mandamientos? Dilo. Si tu acusación es verdadera los amonestaré para que no hagan cosas contrarias a la Ley.

El Fariseo Ismael ben Fabi, prosigue implacable:

–         En qué lo hagan lo sé y lo saben muchos. Pero Tú que resucitas muertos y que eres un Profeta, descúbrelo. No te lo diremos nosotros.

Tienes ojos, ¿O no? Para ver muchas cosas que hacen tus discípulos, cuando no deben hacerlas u omiten cuando debían ponerlas en práctica. Pero Tú no te cuidas de esto.

–        ¿Queréis señalarme algunas?

–        ¿Por qué tus discípulos no observan las tradiciones de los antiguos? Entraron a la sala a comer y no se purificaron las manos.

Si los fariseos hubiesen dicho: ‘Y antes degollaron a unos ciudadanos No hubieran provocado un horror tan grande… 

Jesús aspira profundo antes de responder:

–         Lo observasteis, es verdad… ¡Hipócritas! Bien dijo de vosotros el Profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí. Por esto me honran enseñando doctrinas y mandamientos humanos.”

Vosotros, mientras despreciáis los Mandamientos de Dios, os aferráis a tradiciones humanas. A lavar jarras, copas, las manos y cosas semejantes.

Pero justificáis a un hijo ingrato y avaro al decirle que aprovechándose de haber ofrecido algo, no tiene obligación de dar pan a quién lo engendró. Ni ofrecerle ayuda alguna.

Y os escandalizáis de alguien que no se lava las manos. Alteráis y violáis la Palabra de Dios; para obedecer palabras que creasteis y las constituisteis un precepto.

Por esto os proclamáis más justos que Dios. Y os arrogáis el derecho de legisladores, cuando Dios lo es de su Pueblo. Vosotros…

Y continuaría de no ser porque el grupo de sus enemigos, se sale bajo la granizada de acusaciones.

Al salir chocan con los que se habían congregado al oír el tono de la Voz de Jesús.

Él, que se había puesto de pie; se sienta nuevamente y dice:

–        Escuchadme y comprended lo siguiente. No hay nada externo al hombre que si entra en él, pueda contaminarlo. Pero lo que sale del hombre, eso sí lo contamina.

Quien tiene orejas para escuchar, emplee su inteligencia para comprender y su voluntad para actuar.

Ahora vámonos. Vosotros los de Naím, perseverad en el bien y mi paz esté siempre con todos vosotros.

Se levanta y se despide particularmente de los anfitriones.

Luego sale y continúa su camino…

Las primeras sombras de la tarde bajan a esconder la palidez de Jesús que está afligido por tantas cosas.

Regresa a Endor.

Se hospedan en unos pesebres llenos de heno.

Después de cenar leche recién ordeñada y pan, con los estómagos llenos. Los apóstoles caen en la cuenta de su mutismo.

Él cenó solo un poco de leche que tomó de un solo trago y está serio.

Andrés es el primero en preguntar:

–      ¿Qué te pasa, Maestro? Me parece que estás triste o cansado…

Jesús contesta:

–        Creo que lo estoy.

–       ¿Por qué? ¿A causa de los Fariseos? Ya te habrás acostumbrado… ¿O no? Yo casi ya…

–       ¿Recuerdas cómo me portaba al principio con ellos? Siempre repiten las mismas canciones…

Parte por convicción y parte, por tranquilizar a  Jesús,

Pedro dice:

–       Las serpientes solo pueden silbar y ninguna de ellas será capaz de cantar como un ruiseñor. Termina uno por no hacerles caso.

Jesús replica:

–       De este modo se pierde el control y cae uno en sus cascabeles. Os ruego que no os acostumbréis jamás a las voces del Mal, como si fueran voces inofensivas.

Mateo dice:

–       Está bien. pero si solo por eso estás triste, haces mal. Tú ves cómo te ama la gente.

Haciendo gala de una hipocresía magistral,

Judas agrega:

–      ¿Por eso estás así de triste? Dímelo Maestro Bueno. ¿O acaso te contaron mentiras? ¿Te insinuaron calumnias, sospechas, qué sé yo; contra nosotros que te amamos?

Lo pregunta muy solícito y cariñoso, mientras le pasa un brazo sobre los hombros de Jesús que está sentado en el heno a su lado.

Jesús vuelve su rostro en dirección a Judas.

En sus ojos fulgura un relámpago a la tenebrosa luz de la lámpara de aceite que está en el suelo, en medio de todos.

ES DIOS MIRANDO A SU TRAIDOR.

Jesús mira fijamente a Judas de Keriot, luego dice despacio:

–       ¿Y crees que Yo soy un tonto que tomo por verdaderas, las insinuaciones de cualquiera; hasta el punto de que me quite la tranquilidad?

Son las realidades, Judas de Simón; las que me turban. 

Y su mirada sigue clavada cual una sonda, en las pupilas de Judas.

Iscariote insiste con aire seguro:

–      ¿Qué realidades te perturban ahora?

Jesús está haciendo uso del Carisma para leer corazones.

–       Las que veo en el fondo de los corazones. Y leo en las frentes DESTRONIZADAS.

Jesús pone énfasis en ésta última palabra.

Todos se alborotan:

–      ¿Destronizadas por qué?

–      ¿Qué quieres decir con eso?

Jesús explica:

–      Un rey pierde el trono cuando se hace indigno de estar en él. Y se le quita como primera cosa, la corona que tiene en la frente; el lugar más noble del hombre.

Y ES el único animal que tiene la frente levantada hacia el Cielo.

Cada hombre es rey de su alma y su trono está en el Cielo.  

Cuando un hombre prostituye su alma y se convierte en un bruto, en demonio; se destrona.

El mundo está lleno de frentes destronizadas, que ya no se levantan al Cielo; sino que están doblegadas hacia el Abismo.

Doblegadas con la palabra que Satanás esculpió en ellas. ¿Queréis conocerla? Lo que se lee en las frentes es: “VENDIDO”

Y para que no tengáis duda sobre quién es el comprador, os digo que es Satanás mismo el que lo proclama por sí mismo, con los que tienen comercio directo con él o por medio de sus siervos que hay en el mundo. 

2 Timoteo 3 – Biblia de Jerusalen
Carácter de los hombres en los postreros días
1. Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles;
2. los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos,
3. desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien,
4. traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios,
5. que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos.
6. A éstos pertenecen esos que se introducen en las casas y conquistan a mujerzuelas cargadas de pecados y agitadas por toda clase de pasiones,
7. que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad.
8. Del mismo modo que Jannés y Jambrés se enfrentaron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad; son hombres de mente corrompida, descalificados en la Fe.

Id a descansar ahora. Voy a salir a orar…

Al día siguiente…

El día está gris y lluvioso. Lodo y nubes. Silencio y neblina. El horizonte desaparece entre la niebla.

Pasan por una vereda entre dos campos sembrados recientemente.

Jesús se detiene a acariciar a dos pequeñuelos, un niño como de cuatro años y una niña de siete; vestidos con harapos y con sus caritas llenas de tristeza y sufrimiento.

Los mira fijamente mientras los acaricia. Y con el Don de ciencia infusa COMPRENDE…

Y luego se apresura a ir a una bella casa que está cercana.

Una mujer lo saluda con alegría y corre a avisar al patrón. Un hombre viejo y obeso sale a la puerta.

Lo saluda:

–       Es un gran honor verte, Maestro.

–       La paz sea contigo. La lluvia está cayendo y la lluvia está cerca. Te pido un refugio y un pan para mí y para mis discípulos.

–       Entra; Maestro. Mi casa es tuya.

Y con mucha cortesía, sostiene la puerta abierta, inclinándose mientras pasa Jesús.

Pero luego cambia el tono y dice enojado:

–      ¿Todavía estás aquí? ¡Lárgate! ¿Entendiste? Lárgate. No hay nada para ti.

Una vocecita temblorosa por el llanto, responde:

–      Piedad, señor. dame al menos un pan para mi hermanito. Tenemos hambre…

Jesús se asoma al umbral con el rostro cambiado.

Enérgico pero con tristeza pregunta:

–       ¿Quién tiene hambre?

–       Mi hermano y yo, Señor. Danos solo un pan y nos vamos.

Jesús sale y dice:

–       Acércate.

–      Tengo miedo.

–      Ven aquí. Te lo mando. ¡No tengas miedo de Mí!

Los dos niños se adelantan temblando.

A Jesús lo miran con temor. Al dueño, con terror.

Éste dice:

–       Son unos vagabundos, Maestro. Y ladrones. Hace poco encontré a esa niña raspando la prensa de las aceitunas. Quería entrar a robar. No son de este lugar.

Jesús no parece hacerle caso.

Mira detenidamente las caritas demacradas. Su mirada está llena de tristeza y de dulzura; pero sonríe para darles valor.

Y pregunta:

–        ¿Es verdad que querías robar? Dímelo.

–         No, Señor. pedí un poco de pan, porque tengo hambre. No me lo dieron. Ví un pedazo que estaba tirado en el suelo, junto a la prensa. Y quise recogerlo.

Tengo hambre, Señor. ¡Oh! ¿Por qué no nos echaron al sepulcro con mi mamá?…

La niña llora sin consuelo y el hermanito la imita.

Jesús dice abrazándola:

–       No llores. ¿De dónde eres?

–       De la llanura de Esdrelón.

–       Es muy lejos. ¿Hace mucho tiempo que murió tu madre? ¿No tienes padre?

–       Mi padre murió, porque lo mató el sol; cuando era la cosecha del trigo. Y mi mamá murió la luna pasada… Ella y el niño que nació. –el llanto es mayor.

–       ¿No tienes ningún familiar?

–        ¡Venimos de muy lejos! No éramos pobres… Mi papá tuvo que meterse a servir…

–        ¿Quién era el dueño?

–        El Fariseo Ismael ben  Fabi.

Su ROSTRO se parece un poco a como mira a las almas en el juicio particular, ANTES de arrojarse al Abismo Infernal.

Y Jesús exclama: 

–        ¡El Fariseo Ismael ben Fabi!… (La expresión de Jesús es indescriptible al repetir este nombre) ¿Te viniste porque quisiste o porque te arrojaron?

–        Me arrojaron, Señor. él dijo: “¡A la calle, perros hambrientos!”

Jesús se vuelve hacia el vejete:

–       Y tú Jacob. ¿Por qué no has dado pan a estos niños?  ¿Por qué no los ayudaste?

–       Pero, Maestro, ¡Apenas si alcanza para mí! Y tenerlos en casa… éstos son como animales errantes, si se les hace buena cara nunca se van.

–       ¿Y te falta lugar y alimento para éstos infelices? La cosecha de tus trigales, la abundancia del vino, del aceite y de los huertos; todo lo que te ha hecho famoso este año. ¿Por qué te vinieron? ¿Te puedes acordar?

Tuviste caridad conmigo, me diste pan y refugio. Me habías oído hablar y me creíste. Llevado de tu dolor, me abriste el corazón y tu casa.

Y Yo al salir, ¿Qué te dije esa mañana?: 

–        “Jacob, has comprendido la Verdad, procura ser siempre misericordioso y tendrás misericordia. Por el pan que diste al Hijo del Hombre, estos campos te darán abundancia.”

Lo has visto. Eres el más rico de la región este año. ¿Y niegas un pan a dos niños?

Jacob objeta:

–        Pero Tú eres el Rabí…

–        Por lo mismo podría convertir estas piedras en pan. Éstos no pueden hacerlo. Ahora te digo: verás un nuevo milagro y te desagradará mucho…

Y cuando lo veas, golpéate el pecho diciendo: ‘Me lo merecí’

Jesús se vuelve a los niños diciendo:

–        No lloréis. Id a ese árbol y tomad frutos.

La niña replica:

–        Si no tiene ni siquiera hojas, Señor.

–        Ve.

El Cielo, apoyando a su Dios Encarnado, proporciona el MILAGRO mentalmente solicitado y…

La niña va y regresa con grandes manzanas frescas hermosas en su faldita.

–       Comed y venid conmigo.

Y volviéndose a los apóstoles, agrega:

–        Llevaremos a estos dos pequeñuelos a Juana de Cusa.

Ella se acuerda siempre de los beneficios recibidos y tiene misericordia por amor de quién la tuvo para ella. Vámonos.

Juan 14, 12. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que Yo hago Y HARÁ MAYORES AÚN, porque yo voy al Padre.

El viejo no sabe qué hacer…

Y apenado, trata de obtener perdón:

–        Ya es casi de noche, maestro. Viene la lluvia. Vuelve a entrar a mi casa. Te daré pan también para éstos.

–        No es necesario. No me lo das por amor. Sino por miedo del castigo que te dije.

–       ¿No es éste el milagro, que dijiste? –señala las manzanas que ávidamente comen los niños.

Jesús está muy enojado:

–        No.

–        ¡Oh, Señor! ¡Ten piedad! ¡Lo he comprendido! Me quieres castigar en los campos. ¡Piedad, Señor!…

–        No todos los que me llaman: ¡Señor! ¡Señor!… podrán tenerme a su lado.

Porque no con palabras, sino con acciones se da prueba del amor y del respeto.

Se te compadecerá como antes. Adiós, Jacob.

–        Yo te amo Señor.

–        No es verdad. Sólo te amas a ti mismo. Cuando me ames como he enseñado, el Señor regresará. Adiós, Jacob.

Jesús ya no le hace caso y empieza a caminar.

Jesús calma la tempestad 26. Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca Fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. 27. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

EL CUERPO ESPIRITUAL 3


Habla Dios Espíritu Santo

CUANDO DIOS CREÓ AL PRIMER HOMBRE,

INFUNDIÓ EN ÉL MÁS QUE LA VIDA DE LA MATERIA HASTA ENTONCES INANIMADA,

INFUNDIÓ TAMBIÉN LA VIDA DEL ESPÍRITU.

De otra manera no habría podido decir que lo había hecho a imagen y semejanza suya.

El hombre fue creado a Imagen y Semejanza.

Y une en sí y en perfecta armonía: cuerpo, alma y espíritu.

Lo creó inmortal para que viviera una sola vez.  

El orden en la vida humana es éste:

que un cuerpo se una a un espíritu para volver al hombre en similitud con Dios; el cual no es carne, sino Espíritu.

No animal, sino sobrenatural.

Cada hombre y cada obra tienen su sello diferente:

DIOS JAMÁS SE REPITE, CADA HOMBRE ES ÚNICO

Y le dio el ingenio para que creara a su vez.

Por eso es la diferencia de caracteres y de temperamentos.

Para el Creador, su Obra Maestra fue el hombre.

Y su mayor satisfacción, el fin para el que lo creó.

CUANDO LA MENTE DIVINA CONCIBIÓ LA IDEA DE CREAR AL HOMBRE,

SU AMOR PENSÓ EN LA CRIATURA HUMANA

COMO UN DIOS, HIJO DE DIOS

Y EL PADRE EN VERDAD PUSO EL SELLO DE SU PATERNIDAD EN SU HIJO:

EN EL ESPÍRITU

La capacidad de conocer y amar a Dios tanto en esta como en la otra vida. 

Le dio su Imagen y Semejanza en sus pensamientos, en sus afectos, en sus actos, en sus impulsos, en sus deseos y sentimientos. 

El hombre, la maravilla de la potencia de Dios,

al que infunde parte de Sí Mismo Infinito.

El polvo elevado a  la potencia de Hombre y Mujer.

Aquel que tiene la soberanía sobre todas las cosas

Y UNIDOS A ELLOS LA GRACIA,

QUE ELEVA LA POTENCIA DEL HOMBRE-ANIMAL,

A LA POTENCIA DE LA VIDA Y CONDICIÓN DE CRIATURA SOBRENATURAL

D E I F I C Á N D O L A

CONVIRTIÉNDOLA EN HIJO DE DIOS POR PARTICIPACIÓN DE NATURALEZA

Haciéndolo capaz de entrar en relación directa con Él.

Disponiéndolo a comprender al Incomprensible.

Haciéndole posible y lícito amar a Aquel a quién sin su Divino Don, no podría el hombre por su sola capacidad, ni siquiera desear amar.

El hombre, hecho triángulo que apoya la base (la materia) sobre la tierra de la que fue extraído.

Y que tiende con sus facultades intelectuales, a ascender al conocimiento de Aquel al que se asemeja

y toca con su vértice (el espíritu del Espíritu, la parte electa del alma) EL CIELO;

Perdiéndose en la contemplación de Dios Caridad, accesible por la unión con Dios y lo deifica.

El espíritu del hombre vivo por la Gracia,

convertido en Templo del Espíritu Santo, cierra el círculo del amor:

Dios conteniéndose a Sí Mismo.

Y así como la sangre da vida al cuerpo para vivir la jornada terrena;

así el espíritu da la vida al alma, para vivir los días que no tienen fin.

El alma espiritual es la que diferencia al hombre de los animales.

Y ésta viene de Dios y todas sus potencias tienden hacia Él.

Dios es Luz y es el Padre de la Luz y de las luces.

A la Tierra, su primera criatura, concede y dona la Luz.

7. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. GÉNESIS 2, 7

Así como al hombre, perfección de la Creación y última de las Seis Obras

de las seis jornadas divinas; después de las cuales Dios reposó,

CONCEDE EL ATRIBUTO QUE LO HACE A ÉL SEMEJANTE: 

EL ESPÍRITU INMORTAL

¿Qué es el espíritu?

Es la parte superior del alma humana. 

¿Cuándo deja de ser trono de Dios?

Cuando la Concupiscencia la trastorna…

La perfección de la obra regia de Dios en Adán y en la cual Dios puso su inteligencia creadora, estaba en su espíritu.

El semen de Adán si Adán hubiese sabido permanecer Rey cual Dios lo hizo,

hubiera sido un semen de perpetua perfección.

El espíritu es el Tabernáculo de Dios.

El hombre fue creado para ser un templo viviente para que Dios lo habitase.

Para el espíritu no hay limitaciones, no hay obstáculos, no hay límites, no hay privaciones, no hay necesidades.

Ayúdame Señor Jesús a encontrarte, para conocerte y amarte como debo hacerlo en la eternidad

Él es poderoso, libre, instantáneo y como está formado de luz, cuando se une a la Luz, está pleno de Sabiduría Divina.

(Esto explica porque a los incultos, Dios los convierte en doctos sin haber estudiado)

El altar del espíritu es el corazón.

Y el sagrario es el punto en el cual  Dios puso en el hombre la necesidad de adoración.

Y esta adoración se alimenta de amor y de necesidad de amar.

Dios hizo este altar precioso y sagrado.

Lo hizo para estar formado del amor y de la unión con Él.

Por eso el hombre ha hecho a este órgano, sede de los sentimientos y trono y asilo de las pasiones predominantes.

Y éstas se custodian con cada latido del corazón.

Y en el fondo la gema que esplende, amigable y santa o flameantemente engañosa y malvada:

Su tesoro es el sentimiento que la domina.

El altar original perfumaba con su amor la santidad de Dios y cantaba su armonía, amándolo y adorándolo sobre todas las cosas;

porque en todas las cosas estaba el sello innegable del Amor Divino, que las había hecho perfectas y maravillosas para el gozo de su criatura.

El amor es el término de la perfección humana: el Amor Total.

El amor es una fuerza absoluta y el alimento de la vida.

EL AMOR ES EL CULTO DE ADORACIÓN A DIOS,

PORQUE EL QUE CRECE EN EL AMOR, CRECE EN PERFECCIÓN.

El hombre está obligado a conocer a Dios por gratitud y por respeto a su propia inteligencia.

Y su propia naturaleza le exige la necesidad de amar, porque  aquel que ama es nacido de Dios

y por la Caridad es semejante a Dios.

Como este es un instructivo para aprender a manejar el cuerpo espiritual, los pasos a seguir son los siguientes:

El Coronavirus no debe ser problema. Satanás no puede detenernos, pero a veces las personas con las cuales convivimos suelen serlo y CASI ser verdaderos obstáculos a vencer.

MISA y COMUNIÓN DIARIA.

ROSARIO DIARIO.

AYUNO, OBLIGATORIO mínimo, los Martes, Miércoles y Viernes.

Cómo esto ya debería ser una cotidiana costumbre, luego los revisaremos en detalle y entenderán por qué.

Después de vivir la maravillosa vivencia de la conversión, empezamos a conocer a Dios y a enamorarnos de Él.

ENAMORARSE de Dios, el más grande de los romances. BUSCARLO la mayor de las aventuras, ENCONTRARLO la más plena de las realizaciones. San Agustín

Y cuanto más lo conocemos más nos enamoramos, hasta llegar a experimentar el Amor de Fusión.

Y  se convierte en realidad palpable el versículo:

¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores” del Cantar de Salomón.

Quienes hemos experimentado la deliciosa locura de enamorarmos plenamente y fuimos al matrimonio, pensando que no podía existir algo más extraordinario.

Cuando nos enamoramos de Dios, comprobamos que la ardiente pasión experimentada con nuestro esposo@ sólo fue un triste cerillazo,

comparado con la HOGUERA que nos invade, nos embriaga y nos vuelve locos de felicidad.

Este apasionamiento va creciendo siempre más, cuando el Fuego del Espíritu Santo nos lleva a vivir el Amor de Coparticipación del que hablamos en un post anterior.

La premura de los Acontecimientos y el cumplimiento del Apocalipsis, nos acaban de meter al horno de microondas que nos prepara para SERVIR y cumplir íntegramente la misión a la cuál estamos siendo llamados en este momento. 

EN NUESTRAS RODILLAS ESTÁ EL PODER. 16. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Después de habernos aislado para nuestra Oración  cotidiana y con nuestras devociones favoritas para esa intimidad con Dios,

OBEDECIENDO al llamado de ABBA, vamos a conectarnos al enchufe del Cielo con estas palabras:

“Aquí estoy Señor, para hacer Tu Voluntad. Envuélveme con tu Santidad y protégeme con tu Sangre Preciosísima, de todos los peligros. 

Dame tu Sabiduría y Discernimiento divinos, para NO cometer errores y aprender lo que quieras enseñarme.

Recíbeme entre tus Manos y DAME lo que necesito, para SERVIRTE como Tu Benditísima Voluntad, lo desea. 

Me abandono totalmente entre tus brazos y tómame de la mano, para seguirte en lo que Necesitas y trabajar eficiente en lo que vaMos a realizar.

Confío en Tí. Te amo.” Amén.

Entre tus Manos está mi vida Señor.

ES TODO.

 Y el Espíritu Santo hará lo demás.  

Aquí NO HAY mantras que no entendemos, respiraciones especiales, ni aletargamientos incomprensibles. Tampoco horarios designados, jalones, ni aterrizajes inesperados. Ni pérdida de la conciencia de nuestros actos. 

LO NUESTRO NO ES NINGÚN SUEÑO LÚCIDO.

Dependiendo de las circunstancias, les llegará un fuerte aroma a INCIENSO que los envolverá al mismo tiempo, que se intensificará la sensación de SER AMADOS, cómo no lo han experimentado nunca.

Luego su corazón GALOPARÁ  como caballo desbocado, exactamente igual que como se sintieron con el flechazo humano, cuando vislumbraban la figura del objeto de sus desvelos.

Enseguida pareciera que van a desmayarse de la emoción, al reconocer a cualquiera de los TRES que nos haya INVITADO y su Presencia es lo ÚNICO que importa. 

Como tu ABANDONO en Dios es completo.

Pierdes noción del tiempo, del espacio, de tu entorno, de las cosas y de TODO lo que no sea ÉL.  

SOLO DANDO EL PASO DE FE, ¡APRENDEMOS A VOLAR!

El Amor, la Paz y la Alegría son  INFINITOS e INDESCRIPTIBLES.

Nada en la vida tiene significado alguno, más que esa BELLÍSIMA PRESENCIA de la que ya no QUIERES separarte jamás y las rodillas se doblan en automático.

Entonces es cuando experimentas el LLANTO por ALEGRÍA y también es una sensación indescriptible. 

Tu ALMA VIVA Y CRUCIFICADA CON EL AMOR DE FUSIÓN, despierta TODOS los sentidos espirituales y ves y oyes al Señor igual que sucede con tu prójimo más cercano, con el que convives diariamente.

Recordemos que al principio pedimos PRESTADA la Santidad de ABBA y por eso entramos a este Curso Express del Espíritu Santo.

Los verdaderos santos, fueron atletas fortísimos y ACRISOLADOS tremendamente para crecer en perfección.

Jesús es el Ejemplo y por eso ES el SANTO de los santos.

Nosotros somos aprendices y las experiencias que vamos a VIVIR, son una GRACIA muy especial de la Misericordia divina.

¡Bienvenidos a la aeronaviera del Espíritu Santo! Jesús os dice: En estos momentos Yo no os puedo amar como quisiera amaros, vuestro cuerpo no soportaría tanto Amor, tanta Belleza, tanta Vida que yo le doy al alma, cuando me ama de corazón…

Es en este punto, que los santos arrebatados por el éxtasis, fueron sorprendidos levitando.

¡Gracias a Dios a nosotros no nos ha sucedido! Porque Dios obra de formas misteriosas y muchas cosas suceden sin que los protagonistas nos demos cuenta.

A continuación sus palabras te dan las instrucciones precisas y lo único que deseas es OBEDECERLO INMEDIATAMENTE.

Con tus ojos espirituales, tu mirada se extiende sin confines, tus oídos y tus demás sentidos, también funcionan así.

Ves y oyes  lo requerido sin murallas, distancias, ni obstáculos de ningún tipo.

Puede ser algo en nuestro propio planeta o fuera de él.

Puede ser en tu propio vecindario, ciudad, país o en otro continente. 

Si el Señor decide sacarte del plano temporal y llevarte a su Eternidad, tu misión también la trabajarás como en la zaga de “Volver al futuro” pero sin máquina del tiempo; porque ABBA no la necesita.

Y así como puedes trabajar en la Nínive de los Jardines Colgantes, Lemuria o la Atlántida. U otras civilizaciones DESCONOCIDAS por los historiadores, pero bastante reales…

También puedes conocer diversas civilizaciones cósmicas, en galaxias que sólo Satanás conoce, porque tambien las ha infectado con su escalofriante destrucción y Abismal Maldad. 

Porque los MISTERIOS de Dios, sólo Él puede develarlos SIN PELIGRO. 

Y con Él no hay ESPEJISMOS ESPIRITUALES, cómo sucede con las Falacias satánicas.

Cuando ya te enteraste lo que van a hacer, deciden lo que llevarán o si se irán nomás así.  

Vuelas a la velocidad del Pensamiento y esto no es para que te especialices en Turismo Cósmico. 

NO ESTAMOS DE VACACIONES, EN UN CRUCERO INTERGALACTICO. 

Es asombroso todo lo que descubres y las preguntas te son contestadas, ANTES de que termines de formularlas.

Todo esto sucede mientras estás totalmente consciente y te mantienes haciendo lo que normalmente haces.

Los que conviven contigo ni siquiera se enteran que estás viviendo nada extraordinario.

O al menos eso deseamos con gran vehemencia. 

40. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»
41. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿QUIÉN es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Porque ¿Cómo explica Clark Kent que él es Supermán, el que rompe todas las leyes naturales, domina las sobrenaturales y controla TODAS las fuerzas existentes en la Creación? 

Ustedes mismos nos compartirán si están dispuestos a abandonar su discreta identidad humana, para EXPLICAR sus nuevos superpoderes divinos. 

Yo sé que terminarán diciendo como San Martín de Porres: “Yo tengo mis modos, para entrar y salir…”

Y TU CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU también están materializados en otro lugar, haciendo lo que ES NECESARIO de acuerdo al servicio que estén realizando. 

Tal vez sufran agresiones que sanarán milagrosamente o necesiten ser resucitados muchas veces en esa específica“prolongación de su personalidad”

Porque la aventura en cuestión resultó problemática y sufran algunos percances, como le sucediera muchas veces a Sor maría de Jesús de Ágreda en sus peripecias con los nativos norteamericanos.

Evangelizaciones extraordinarias, requieren intervenciones sobrenaturales.

Ya que muchos fueron espeluznantemente agresivos y reaccionaron con una violencia que se quedarían estupefactos si también se las enseñan.

Especialmente los apaches, los sioux, los cheyennes y los navajos, “torturaron y mataron” de múltiples formas a la Dama de Azul de los Llanos.

Y aunque son tragicómicas sus reacciones, la monja verdaderamente los aterrorizaba, NADA les funcionaba y

¡Siempre regresaba como si sus tormentos la hubiesen vuelto más hermosa!

Ella les proporcionó la más abundante colección de pelucas naturales que se mantenían relucientes indefinidamente. con un cabello maravilloso; que parecía siempre más largo cada véz.

Y en sus reapariciones en lapsos más cortos; porque

¡¿Cómo era posible que en un intervalo de 48 horas, ella regresara sonriente, como si nada hubiese pasado y con una deslumbrante cabellera que ya casi le llegaba hasta la cintura?! 

Estaban estupefactos y no lo entendían. 

Mientras tanto su colección de melenas aumentaba.

Porque esto sucedía con varias tribus ¡AL MISMO TIEMPO! En diferentes partes de la Unión Americana. 

Y también de forma simultánea, los diferentes chamanes de las diversas etnias,

se mantenían en contacto espiritual y estaban informados de lo que “la Dama de Azul” estaba haciendo,

¡Y MENOS LO COMPRENDÍAN! 

Porque en consejos totalmente espirituales, tuvieron una conversación cómo ésta: 

Cherokee:   –     Acaba de llegar. Y viene como si nada. Ya tengo tres cabelleras y sigue con su dulzura desesperante.

Apache:       –    Yo también tengo tres, por eso los convoqué. Tenemos que hacer algo. Por ahora la dejo que hable.

Navajo:        –    Acá está viendo los bordados de las mujeres. Su sonrisa me desarma y me está volviendo débil.

Sioux:           –    Pero, ¿Cómo le hace para conocernos tan perfectamente? Ahorita tiene embobados a los jóvenes.

Omaha:        –    Acá ya conquistó a las mujeres y los guerreros también la admiran por su valentía.

Arapaho:      –    ¡Y conoce nuestras tácticas! Me dijo las fallas de nuestros militares. Sabe de armas.

Pawnee:       –     Ahora está conquistando a los viejos. le reconocen su sabiduría y su respeto por la naturaleza.

Wichita:       –     Es lo que más me desconcierta, esta reunión sólo es espiritual. Nuestro cuerpo está en el tipi.

Creek:         –     Sí. ¿Cómo hace ella para estar físicamente, en todas nuestras aldeas al mismo tiempo?

Pueblo:       –     ¿Será una diosa superior? Y Ella es la que ordena a los nuestros…

Lumbee:     –      Yo solo sé que la ODIO y no la soporto. 

Pima:          –     Demos la orden al mismo tiempo. ¡Cortémosle la cabeza! Así ya no volverá.

Y así lo hicieron. Se coordinaron perfectamente y le desprendieron la cabeza con un hachazo como a San Dionisio. 

Para su asombro total, en cada lugar una cabeza sangrante continuó evangelizándoles por el resto del día, hasta que el sol llegó a su ocaso.  

¡Y otra cabeza parlante los convenció finalmente, que la doctrina del Amor era más eficáz que la resistencia autóctona! 

Algunas personas aman el poder. Y otras tienen el PODER DE AMAR.

Con la llegada de la noche, la obscuridad nocturna cubrió el prodigio de una nueva resurrección.

Y ningún impedimento pudo vencer la fuerza avasalladora, que hizo estremecer a todo un imperio,

cuando los franciscanos llegaron ante unos amerindios que ansiosamente solicitaban el Bautismo

y todo esto fue informado al rey de España.

Porque ni la sangre, ni el fuego, ni el que la dejaran como alfiletero como a San Sebastián,

obstaculizó el magnífico trabajo apostólico de la expedicionaria española más exitosa de toda la historia latinoamericana. 

A nuestros amadísimos corredentores les reiteramos, que esto no les debe atemorizar, ni preocupar en absoluto.

Porque con el don de Inmunidad con que ABBA nos reviste, los que siempre salen HUYENDO aterrorizados, son los agresores.

El Amor nos da la FORTALEZA necesaria y el miedo desaparece. 

Todo esto que acaban de leer en otras circunstancias, también lo hemos vivido. Y porque lo EXPERIMENTAMOS, lo sabemos y lo compartimos. 

Jesús es el verdadero Campeón y Superhéroe. 

El Mártir del Calvario lo ES sin paliativos. 

Nosotros nos beneficiamos de ello y vivimos nuestros martirios casi SIN MOLESTIAS.

Y sólo con un leve dolor,  que a veces nos ruboriza; porque ABBA es muy Tierno y Protector…

Y EL DOLOR DEBEMOS DESEARLO Y PEDIRLO, también cómo un privilegio.

Recuerden a Cástulo, el niño romano mártir que ES REAL Y VIVE EN EL CIELO.

Y ello sólo es un botón que les muestra, cómo debemos actuar en nuestras misiones especiales a civilizaciones sorprendentes y fascinantes que no existen en ningún mapa cósmico.

Pero que son absolutamente imponentes y emocionantes, como la primera vez que Hernán Cortés contempló Tenochtitlán y quedó mudo de admiración. 

Esto les sucederá la primera vez que los lleven volando a su primera aventura por el Cosmos y en TODAS las subsecuentes experiencias, 

¡Qué también pueden ser simultáneas! Porque para ABBA no existen, las limitaciones.  

Por ahora sólo les revelaremos esto, porque el shock debe tenerlos paralizados. y lo entendemos perfectamente.

¡Mucho cuidado con la INCREDULIDAD! Porque sería lo único que arruinaría TODO, antes de haber empezado. 

Un consejo para evitar esto, entreguen la Lujuria e imploren porque Dios les renueve la INOCENCIA que tenían cuando niños.

Porque la Lujuria y la Impureza MATAN la FE. 

6. «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.

Y abre las puertas a que Satanás destruya el Tesoro que estáis recibiendo,

materializando el versículo: “No entreguéis las perlas a los cerdos…”

También pidan al Espíritu Santo el Don de la FE.

Porque van a necesitarlo para ejercitar Todos los demás Carismas que aún no os hemos enseñado.

Cuando ya estás acostumbrado a convivir con el Cielo, entre otras cosas le puedes pedir a tu Ángel Custodio, 

que te suministre La Sagrada Comunión para que no estemos obligados a sufrir por los satánicos caprichos del Anticristo. 

Y los que somos católicos, podemos suplicarle a nuestro confesor predilecto que nos auxilie en BILOCACIÓN o si está en el Cielo, invóquenlo para que los absuelva.

O también si lo hacen directamente con Jesús, que es el Sumo y Eterno Sacerdote; como Él está con su Cuerpo Glorioso en el Cielo y también vive en nuestro corazón, podemos invocarlo como siempre.

Solamente debo advertirles una cosa: LAS PENITENCIAS QUE IMPONE los van a sorprender y realmente les van a costar; pero créanlo, son increíblemente saludables. 

Aunque a veces desearán los Rosarios y las Misas pagados en abonos fáciles y atrancones, que la relaxada iglesia actual, ha terminado por acostumbrarnos.

Y los que no son católicos, no se sorprendan que los mande con un sacerdote católico, para que les administre los Sacramentos y ÉL MISMO PERSONALMENTE les explicará por qué.

Demos infinitas gracias a ABBA porque todavía tenemos sacerdotes buenos.

DEBEMOS PROTEGERLOS Y DEFENDERLOS como el Tesoro más valioso sobre la Tierra. 

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

A continuación tenemos un ejemplo práctico de para qué sirvió una bilocación en nuestra época.

María Esperanza Medrano de Bianchini fue la famosa vidente y estigmatizada venezolana.

Quien tuvo decenas de apariciones de María, Virgen y Madre Reconciliadora de Todos los Pueblos y Naciones, desde 1976 a 1990, en Finca Betania, Venezuela.

La historia es la siguiente:

Un grupo de aproximadamente ciento cincuenta personas que habían sido invitadas para la celebración de una misa campal en horas del mediodía, como venía ocurriendo desde el 25 de marzo de 1976″.

“Algunos jóvenes y niños vieron con sorpresa aparecer a la Santísima Virgen sobre la cascada, en medio de la floresta. Los asombrados testigos vieron durante largo tiempo a la Madre de Dios, presente y amorosamente dispuesta a dejarse admirar.

Esa tarde tuvieron lugar siete apariciones que duraban de cinco a diez minutos, menos la última, ya al atardecer, que tuvo una duración de aproximadamente media hora”.

“Al menos ciento ocho personas atestiguaron esta aparición, el mismo día, con su firma”.  

Ese día la Virgen le entregó este mensaje a la vidente:

“Hijos míos:

Yo soy María, Virgen y Madre Reconciliadora de los Pueblos

que vengo con mi Hijo en brazos para reconciliarles.

Oh sublime esperanza la vuestra.

Rezad el Rosario.

Hijitos, me habéis sentido y visto palpando la realidad de que convivo entre vosotros.

Seguid fieles al Llamado que hoy les hago y recorramos juntos el camino.

Os conduzco.

¡María Reconciliadora de los Pueblos!”.

Y lo impresionante del caso es que después de este suceso muchas personas siguieron viendo a la Virgen esporádicamente durante años.

LOS DONES REGALADOS A MARÍA ESPERANZA

Su primera aparición celestial fue a los 5 años.

Santa Teresita del Niño Jesús, quien desde las aguas del río Orinoco le lanza una rosa roja.

Desde su juventud, tuvo una salud frágil y padeció innumerables enfermedades, pero vivió una vida de virtud y fidelidad a Dios, incluso en su juventud consideró ordenarse de monja.

‍Recibió gran cantidad de dones y carismas extraordinarios:

Estigmatización, visiones del porvenir o profetización, don de curación, apariciones o “materializaciones” de la santa hostia en su boca, emisión de aromas de flores y frutas, aparición de pétalos de rosa, levitación, bilocación.

Y quizás uno de los fenómenos místicos más impresionantes: el del nacimiento y salida de una rosa que brota de manera espontánea de su pecho, fenómeno éste que se ha repetido dieciséis veces.

También recibió dones sobrenaturales, como el discernimiento de espíritus, la ciencia infusa, la Sabiduría Divina y la capacidad de leer los corazones de los demás.

Testigos afirman haberla visto levitar durante la misa y participar en bilocaciones.

También se cuenta que María Esperanza recibió la dirección espiritual y el manto de San Padre Pío.

Y que recibió en presencia de su marido, una visita sobrenatural del santo el día antes de morir.

Geo, su esposo, contaba:

En 1973 recuerdo especialmente una ocasión en que mi esposa tuvo la experiencia de pasar por el Purgatorio.

Nuestro Señor permitió que María visitara el Purgatorio y ocurrió frente a un grupo de personas.

Una de las almas pidió su auxilio, estaba desesperada y la agarró de la mano.

Y cuando María salió del purgatorio, encontró que su mano estaba quemada, como cuando te quemas por agua caliente, con una mancha roja en la mano que dolía, pero al final fue muy hermosa porque el alma se salvó.

Esta alma le dijo a María su nombre y resultó ser una niña venezolana de Caracas, que nuestra hija María Coromoto, la conocía.

‘Por favor, ayúdame’, dijo, mientras agarró el dedo meñique y la palma de la mano derecha de mi esposa. Y con esto también trasmitió un tremendo sufrimiento.

Debido a esa impresión, María comenzó a orar por ella todos los días. y un día sintió que el alma había sido liberada del Purgatorio.

Fue muy conmovedor.

María dijo que el alma daría un signo cuando fuera liberada del Purgatorio.

Y el día que María sintió la liberación de esta niña, un árbol seco que estaba en nuestra casa como en hibernación, de repente floreció.

Cuando María lo vio, estaba lleno de flores blancas.

Había estado seco, casi muerto o hibernando, y ¡ahora estaba floreciendo!

Era una señal de la niña en el Purgatorio. Fue muy hermoso. ¡Flores reales de un árbol seco!”.  

María Esperanza describe el Purgatorio:

–     Exactamente como cuando vas a un cementerio. Así es como se ve y el  sentimiento que te invade cuando estás allí, es una profunda sensación de desolación, soledad y tristeza llenos de paz, que obtienes de un cementerio.

Aunque solo fue llevada al Purgatorio una única vez, ella y su esposo han recordado innumerables veces que las almas se han acercado a María en busca de oraciones para liberarlas.

Ha habido espíritus que se acercaron a María y parecía como si hubieran sido destruidos, devastados. Era impresionante porque algunos no parecían humanos. 

Sus figuras irreconocibles, eran como sombras amorfas.

Y de repente, cuando María comenzaba a orar por ellos, estos entes recuperaron su forma humana y gracias a la oración, comenzaban a elevarse a la Luz.

El Padre Pío cuando viene, se presenta exactamente como él es, de una manera muy natural. Así cómo tú y yo estamos ahora.

Cómo ya sabíamos lo que es la BILOCACIÓN y sucedía tan a menudo como se necesitaba, para explicarlo, el Padre Pío lo llamó una “prolongación” de su personalidad.

De esta manera sucedió el 9 de agosto de 1990, cuando María Esperanza estaba con su familia en Roma. Y con el don de Ciencia empezó todo: 

Allí como era su costumbre, ella estaba rezando el Rosario en el medio de la noche por las almas necesitadas. 

Cuando de repente, a las tres de la mañana, durante su oración, María Esperanza comenzó ‘visitar algunos lugares’. 

Entonces a las 21:00 hs de regreso a casa en Venezuela. Cuando ella estaba en Las Mercedes en Caracas.

Su avenida principal es un punto caliente para los jóvenes, llena de bares, discotecas, restaurantes y tiendas.

Se acercó a una luz de neón que parpadeaba y entró en el edificio semioscuro. Y comprendió que estaba en el vestíbulo de una discoteca.

Allí vio a una joven mujer rubia, muy bonita, y dos jóvenes. Uno estaba bronceado, alto y fuerte. El otro era enjuto, delgado y rubio”.

Estos jóvenes estaban tratando de sacar a la chica por el brazo en contra de su voluntad, obligándola a ir con ellos.

Ellos tenían muy malas intenciones y la joven estaba en peligro extremo, pues la rondaba no sólo la violación sino también la muerte…

Cuando Esperanza apareció, inmediatamente se puso entre los dos hombres y le dijo a la mujer angustiada: 

–      “Hija, vamos”.

Los hombres tomados por sorpresa, liberaron a la mujer – pensando que María Esperanza era su madre. 

Luego las dos tomaron un taxi que la llevó a su casa.

Algunos meses más tarde, el 8 de diciembre de 1990, María Esperanza estaba en Betania, el sitio de las apariciones aprobadas por la Iglesia cerca de Caracas, saludando a peregrinos. 

De en medio de la multitud que pululaba a su alrededor, esta misma chica de Las Mercedes se presentó con su madre y se acercó a la Sierva de Dios.

Ella indicó a su madre que María Esperanza fue la mujer que la rescató en esa fatídica noche del mes de Agosto anterior”.

La joven sonrió a María Esperanza y le dijo a su madre: 

 –     “Sí, ella es la señora que me ayudó en Las Mercedes”.

Y se acercó a María Esperanza y le dijo llorando: 

–     “Querida señora, yo nunca te olvidaré”.

Margarita Tarre que estaba escuchando a María Esperanza y da este testimonio de ese día en la casa en Caracas, replicó: 

–     Pero, ¡Usted estaba en Roma en el momento! ¡Así que fue bilocación! ‘

La Sierva de Dios respondió: 

–     Este es uno de los mayores milagros”

Otra persona también testificó:   

–     Una niña llamada Julieta a quien iban a extirpar un ojo por tener cáncer. Aquella noche la madre se despertó y vio a una mujer vestida de blanco con Julieta diciéndole: 

–     No hagas caso a lo que te dicen los médicos, todo saldrá bien.’

La mujer vestida de blanco era María esperanza. Y efectivamente cuando Julieta fue a consulta médica, los médicos no pudieron encontrar el cáncer en el ojo de la niña.

LA CIENCIA DE LA MUERTE 2


1RESURRECCION

LA CONVERSION ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU  

Jesús llevó su Amor a empurpurarse con su Sangre sobre la cima del Calvario y ahí esplende, para recordarnos que fuimos hechos para el Cielo.

Y relampaguea para llamarnos a Sí. Para volver a grabar el Nombre Santo de Jesucristo, sobre el altar de nuestro corazón sin Dios y sobre el templo profanado de nuestra mente.

Para consagrarlos al Dios Verdadero con un verdadero culto a Dios.

Hay que amar, alabar, cantar, invocar, bendecir, CREER en el Nombre Bendito de Jesús.

EL ARREPENTIMIENTO ES EL DOLOR DE HABER CAUSADO DAÑO.

“Yo Soy el Señor Dios Tuyo.”

Pareciera que el dedo de Dios haya escrito esta sentencia en todo lo creado.

El pecador trata de ahogar este grito de la conciencia.

Pero siempre llega el momento en que en medio de la ebriedad y del placer. En el ajetreo del trabajo, en el reposo de la noche, en el paseo solitario, en el vacío de Dios, le reprocha:

Sufres porque has convertido en dios a esta carne que ávido besas; este oro que avaro acumulas; este odio que carcome tu existencia, con el ansia de venganza.

Dios es Paz.

El que quiere recuperarla, debe escombrar la mente, el corazón, la carne; de todo lo que no es paz y causa turbación.

EL PECADO ES UNA MALDICIÓN, que atrae la Justicia Divina. 

El arrepentimiento quita el anatema cuando es sincero.

Cada hombre debe examinarse con sinceridad y entonces sabe en dónde ha errado.

De Dios nadie puede hacer burla.

El alma que se acerca a Él con humildad, obtiene su Perdón.

NO HAY ARREPENTIMIENTO

Tropezar no es malo, encariñarse con la piedra, SÍ.

MIENTRAS DURE EL DESEO POR EL OBJETO POR EL QUE PECAMOS.

Dios no perdona a quién no se arrepiente, porque es necesario limpiar el corazón para obtener gracias…

Y las excusas no se pueden perdonar.

EL MAL NO BASTA NO HACERLO.

TAMBIÉN ES NECESARIO NO DESEAR HACERLO.

Por eso Jesús dijo: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón.”

Porque el pecado a los ojos de Dios es un delito realizado, cuando hay deleite alimentando pensamientos de adulterio, se es adúltero;

De homicidio, homicida; de traición, traidor; etc.

Jesús vino para salvar a los pecadores y cada alma que se arrepiente y se convierte; es una justificación para la tremenda humillación a que se sometió el Infinito al tomar forma humana.

Porque en la llama del arrepentimiento, el alma se ofrece amando a la Flama del Amor Divino, que la absuelve y la absorbe dentro de Sí Mismo.

El hombre es débil y cuando peca por lo sorpresivo de los ataques de Satanás, Dios le perdona si surge en él un arrepentimiento sincero y la voluntad de no pecar más.

PORQUE QUIÉN ES REALMENTE FIEL Y AMA A DIOS, NO SE DOBLEGA A LAS PASIONES,

NI LO QUEMA EL FUEGO DE SATANÁS,

YA QUE EL PECADO LE REPUGNA.

Y cuando amamos a Dios con todo nuestro ser, no pecamos.

Porque el pecado es un dolor que se da a Dios.

Quién ama verdaderamente no quiere lastimar jamás al Amado, ni con el más mínimo dolor.

Para el pecador arrepentirse significa abandonar su vida de pecado,

Postrado ante la Cruz en la que has muerto y a la que yo también te he condenado. Sólo puedo decirte hoy que lo siento, que te amo y te pido perdón por mis errores y te pido perdón por mis pecados. Perdóname Señor, HOY ME ARREPIENTO, Perdóname Padre mío por mi maldad, perdóname Señor, por mis errores, perdóname señor por mis pecados. PERDÓNAME SEÑOR, HOY ME ARREPIENTO, PERDÓNAME MI DIOS, CRUCIFICADO.

Y volverse hacia Dios por el camino de la Oración y la Penitencia.

Los pecadores son los muertos del espíritu y cuando el hombre atiende el llamado de Dios y se arrepiente, se verifica el milagro anunciado por Jesús.

Y los que escuchan y atienden su llamada, se levantan de su tumba espiritual y resucitan a la verdadera Vida.

NO HACER EL MAL, NO ES SUFICIENTE PARA ESCAPAR DEL INFIERNO.

El poder de Dios arranca de la esclavitud del pecado, pero el arrepentimiento debe llevar a la conversión.

Es decir, al deseo continuo de conocer, amar y pertenecer, cada vez más a Dios; buscando hacer siempre la Voluntad Divina.

Y el Reino de Dios llega al corazón que acepta la Ley que vino de los Cielos a través del Evangelio de Jesús, porque al practicarla el hombre se convierte en ciudadano del Reino.

LA CONVERSIÓN DEBE VIVIRSE TODOS LOS DIAS.

Para el cristiano, convertirse significa despertarse cada día, con el deseo ferviente de ser mejor que el día anterior,

de pertenecer más a Dios y amarle cada vez más, limando las imperfecciones.

Tratando de conquistar con el heroísmo y la voluntad, estratos más elevados de la perfección.

Conquistando la salvación con todas las potencias y poniendo en juego todos los dones recibidos de la Gracia de Dios.

LA RESURRECCIÓN MORAL Y ESPIRITUAL.

La salvación se encuentra en el Evangelio.

Aceptando todas sus verdades espirituales, practicando una auténtica caridad.

No se puede conciliar el Reino de Dios, con el Reino de Satanás.

No es posible dar gusto al mismo tiempo a la carne y al espíritu.

ES INDISPENSABLE EL ESCOGER. 

Él se ha dado a Sí Mismo dejando el seno del Padre, para hablar a los hombres.

Se ha humillado Él, Dios; a morir como un malhechor, para lavar nuestro corazón y volverlo capaz de acoger a Dios.

Él ha dado el Paráclito para que fuese Maestro en el conocimiento de su Doctrina de Caridad, pureza, bondad, humildad.

JESÚS LLAMA: 

 “¡Venid! Mis brazos están abiertos. Mi boca tiene besos de perdón y mi Corazón tiene Tesoros de Amor. Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Soy la Riqueza Verdadera.

Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. Yo Soy el Dios de la Paz. Todo Dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero.

Venid. Dejad aquello que mata y que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Ayudadme a rechazar al infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Venid a Mí que os amo. Ayudadme con vuestra voluntad. La quiero para actuar. No porque yo la necesite, sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino.

Yo puedo darles todo si venís a mi Corazón y no de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce.

No les digo que no conoceréis el Dolor, lo he conocido Yo que Soy Dios.

Pero les digo:

tu dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón. Todo dolor en Mí se calma”

El llamado a la conversión, es el llamado a la Vida, a la resurrección del espíritu.

Y esto solo puede suceder aquí en la Tierra, en este momento, mediante un milagro de gracia.

Solo aquí, en nuestro único día.

La respuesta la tenemos nosotros con nuestra voluntad.

EL QUE LO AMA DE VERDAD Y QUIERE AMARLO SIEMPRE MÁS

SE LIBERA DE LAS CADENAS DEL ERROR Y DEL PECADO Y LE DA EL ‘’.

HAY QUE DAR EL PRIMER PASO Y DECIR A JESÚS: ‘SEÑOR. VENGO A TI.’

Y A SATANÁS: ‘ALÉJATE DE MÍ. YO NO TE PERTENEZCO’.

PREPARACIÓN A LA MUERTE

La muerte es inevitable. Entró en el mundo como consecuencia inmediata del Pecado. Nadie ama la muerte, sobretodo sí es dolorosa, sí es prematura e inmerecida. Nadie la ama.

Y sin embargo, todos debemos morir. Por eso se debe mirar a la muerte con la misma serenidad, con que se mira todo lo que debe terminar.

Si pedimos a Dios poder amarla, avanzaremos velozmente en el camino de la perfección.

Dios desea estar con sus creaturas y las creaturas debieran desear estar con Él.

            La contemplación de la Muerte es Escuela de Vida.

Si vivimos con santidad, la muerte se convierte en esto:

Separación temporal del cuerpo, del espíritu, para después resucitar triunfalmente para siempre, reunidos y felices en Dios.

Todos nacemos desnudos. Todos morimos y somos destinados a la corrupción.

Como se nace, reyes o pordioseros, así se muere. Es solo la envoltura superficial de lo ostentoso, lo que permite una diferencia entre uno y otro.

Pero lo esencial, el ser humano, no deja de ser carne muerta.

Despojos cuyo destino final es la destrucción. No es así lo incorruptible: el alma.

EN LA HORA DE LA MUERTE

La Cruz de la muerte es la última cruz del hombre y tiene dos brazos. Uno es la Cruz de Jesús y el otro el nombre de María.

Entonces la muerte sucede  en la paz de los liberados también de la cercanía de Satanás, porque estas son las dos cosas que el maldito no soporta.

Todos vamos a morir y esto nunca hay que olvidarlo, si queremos salir victoriosos de la extrema insidia que nos odia infinitamente.

El grito que salva porque nunca se le invoca inútilmente, es el Nombre de Jesús.

El vela en espera de ser llamado y acude pronto, pues ante el Nombre de Jesús, tiemblan de alegría los Cielos y de terror los Abismos.

Y SE OBRAN LOS MILAGROS… 

Sólo los hijos desamorados e imprudentes esperan el último momento, para llamarlo.

Satanás vela para apoderarse de las almas, como un ladrón que ataca de repente.

 

El mundo está lleno de muertes repentinas y es uno de los productos de nuestra manera de existir.

Hemos multiplicado los placeres y la muerte. El saber y la muerte.

Hay que luchar para que el sol quemante de nuestra carnalidad, no nos vuelva irreconocibles a los ojos de Dios y repelentes ante Él.

Hay que vencer, pidiéndole a Dios que nos ayude en nuestra voluntad de ser buenos y con un ferviente deseo de complacerlo. A Él le basta con esto.

Quién hace esto, hace todo. Porque Dios es nuestro refugio contra Satanás que trata de impedírnoslo.

Por eso hay que arder en el amor de Dios. El pecado nos ha enfermado.

Jesús vino por los enfermos y los pecadores.

Las fiebres pueden conocer sus caricias. Nuestros sudores, su Sudario. Nuestras agonías, sus brazos para sostenernos. Nuestras angustias, su Palabra.

Y la carne, fiera enloquecida; cuando se pierde se encuentra la Vida.

Los que están enfermos  por haber traicionado la Ley de Dios y servido a la carne, pueden encontrar alivio, Jesús no se cansa de salvar.

Él es el único que sufre y vela con nosotros. Sonríe a nuestras esperanzas y en canto el Padre lo quiere, las convierte en realidad.

Para los que tienen el decreto de muerte, Él toma a los que tiemblan frente al Misterio de la Muerte y que lo llaman.

Él trasforma las tinieblas en Luz, el dolor en alegría y nos toma de la mano.

Él conoce la muerte. La ha conocido antes que nosotros.

Él sabe que es solo un instante y que Dios aturde los sentidos sobrenaturalmente, para no dejar al alma sola en la lucha extrema.

Hay que confiar y mirarlo solo a Él.

Y cuando Él está con nosotros y su Amor y su Sangre nos cubren, ya no hay miedo para el encuentro con Dios.

Y así se gana el Combate Final.

VIVIR MURIENDO

El que quiere vivir por el espíritu y quiere llevar a otros a que vivan la misma vida, debe posponer la carne; casi matarla, para cuidar solo del espíritu.

El hombre debe pasar por una autogénesis a una segunda creación. Volver a crearse y hacer que el espíritu reine hasta llegar a la perfección.

Por eso hay que llorar por las culpas, pero ¡Hay que levantarse!

No siendo muertos vivos y formar parte en el futuro, de los eternos condenados.

El amor es el factor más potente que Jesús nos da en anticipo, para estimular un cambio.

El hombre es como un niño que aprende a hacerse adulto e independiente de la ayuda de otros, precisamente como lo necesita un incapaz que debe ser ayudado en todo;

para crecer, nutrirse caminar y lo auxilia el que ya está formado, habiendo alcanzado la edad perfecta en el cuerpo, en el intelecto, en el espíritu.

Y Jesús hace de ‘madre’ para hacer del hombre ‘infante espiritual’, un adulto de la estirpe selecta, un regio sacerdote, una hostia viviente, que continuamente se ofrece a Dios como Cristo, con Cristo, por Cristo,

a fin de continuar el Sacrificio Perpetuo que se ha iniciado con Cristo y que terminará hasta el Fin de los Siglos.

Y la leche que nos nutre, es su Caridad.

Verdaderamente los hombres han sido redimidos por el Amor, antes que por la Sangre y que la Muerte del Hijo de Dios.

Y es su Amor el que da la madurez necesaria, para que el alma aprenda a ser vino y hostia, consagrados a su Amor.

El hombre es un ser que solo delante del holocausto, se rinde. Jesús obtuvo su triunfo, después de la Muerte.

Y lo mismo es para sus discípulos.

Para ser harina de hostias, es necesario saberse despojar de todas las impurezas por el Amor.

Ninguna otra cosa como el Amor, es absoluta en operar esta depuración de la personalidad, para volverla apta para vivir en el Cielo.

Pero después de tanto dolor, toda la amargura que se vive por amor a nuestro Rey, la encontraremos convertida en dulzura.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Todas las heridas con las que seamos afligidos, serán gemas eternas. ¡Todo el dolor será júbilo!

El tiempo pasa y todo instante pasa. Solo queda Dios y con Él, su Eternidad.

Cuando se piensa en esto, se anhela el Dolor como el aire para respirar.

La uva es más dulce, cuanto más madura es y más madura es, cuanto más sol agarra.

El dueño de la viña no cosecha su uva para hacerla vino, si no está bien madurada.

Y para que madure. La poda de modo que el sol pueda descender y circular entre racimo y racimo.

Y hacer de los granillos ásperos y verdes, otras tantas perlas de líquido azucarado.

En el otoño, después de tanto sol y tanta podadura, las uvas están bellas y útiles al hombre.

Dios es el Sol y las almas-víctimas, la viña donde debe formar el Vino Eterno.

Dios es el Sol y el Viñador.

Las circunda y las inunda con sus rayos.

Y los mortifica para que sean verdaderos sarmientos cargados de fruta y no vanos zarcillos que no sirven a nadie.

Es necesario que el Sol y el Viñador los trabajen a su completo placer en las almas.

Y ellas deben imitar a los racimos que no hacen voces de protesta, ni hacen resistencia al Sol y al Viñador.

Sino al contrario, se dejan abrir para recibir los rayos cálidos.

Se dejan medicar con líquidos apropiados.

Se dejan acomodar sin reacción alguna. Y así se hacen siempre más grandes y dulces.

Un verdadero prodigio de jugos y de belleza.

También las almas deben desear el sol y la obra del Eterno Viñador,

cuanto más se acerca para ellas la hora de la Divina Vendimia.

No están destinadas al Místico Lagar, los racimos reacios y enfermos que no han querido volverse maduros, sanos y dulces.

Y que se han escondido, para no ser curados.

Los que son dignos de la Vendimia, son los racimos que no han tenido miedo de ser podados y medicados.

Y que dócilmente se han sacrificado en sus gustos por Dios.

Cuando la Vendimia se avecina, las almas-víctimas deben aumentar sus esfuerzos, para absorber cuanto más puedan de Dios.

ÉL LOS CONVERTIRÁ EN LICOR DE VIDA ETERNA.

Deben secundar su generosidad, para secundar las Obras de Jesús.

Él quiere hacer de ellos, racimos dignos de ser puestos a los pies del Trono de Dios.

ALMAS – VÍCTIMAS.

Los CORREDENTORES tienen el deber de salvar primeramente a sus familias.

Y Jesús tiene con ellos los mismos cuidados que el Viñador tiene con las plantas haraganas.

Aunque ahora no sepan darnos las gracias, cuando lleguen a la Vida las darán,

porque la Luz les ilumina horizontes que su humanidad les vela.

Y con éstas promesas no hay que llorar, sino continuar orando, llorando y sufriendo por ellos,

en los brazos de Jesús que son más dulces que aquellos de todas las madres.

Jesús nos devolverá los seres que hemos amado, en un Reino donde la triste muerte de la Tierra no tiene acceso y donde la horrible muerte del espíritu, ya no es posible.

Las promesas de Jesús secan las lágrimas, cuando desciende esta esperanza que es Fe y bendición.

La separación es penosa, pero cuando sabemos que no es total, el dolor disminuye.

Vivir muriendo, es morir amando.

Y morir amando es seguir el camino de la Cruz.

Es amar el Calvario, el Dolor, el Sacrificio, hasta el martirio Total.

MORIR AMANDO

Amar Es morir. Amar totalmente, es morir totalmente.

Para el que ama, la muerte deja de ser Destrucción para volverse Construcción.

El que muere construye, reedifica.

El que ama se dona totalmente, con una generosidad absoluta; porque lo único que desea, es la felicidad del ser amado y su completo bienestar.

PARA EL ALMA-VÍCTIMA QUE LLEGA A AMAR A DIOS CON UN AMOR TOTAL,

LA MUERTE ES LA OFRENDA CON LA CUAL AGRADECE TODOS LOS DONES RECIBIDOS

de Aquel que murió por ella primero y obtener la sonrisa y el beso de Jesús, es la máxima de las recompensas.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

El Amor fue el sacerdote del Calvario.

El Amor es el sacerdote del místico altar donde se realiza la inmolación total, para morir por el Dios Único y Trino,

al cual ha llegado a amar de tal forma, que la muerte no solo ha perdido su horror, sino que se ha convertido en una imperiosa necesidad, con la cual puede abrazar a su Dios,

al probarle de esta manera, como Él es más importante que su propia vida y no puede ahogar el grito de su corazón, que clama jubiloso en una triple oblación.

Morir amando es una gloria que solo puede comprender el que la prueba.

Morir amando es rendir el Verdadero Culto a Dios.

Morir amando solo se puede gozar cuando se ha aprendido la Ciencia de la Muerte y una dulzura inefable envuelve las palabras:

“Sacrifícame Señor mío y Dios mío, porque te adoro sobre todas las cosas…”

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

El Amor de Dios, el hombre lo rechaza con desprecio y en los tiempos actuales, el Amor Vilipendiado de Dios, por Justicia y Respeto de su Perfección, no puede soportar más las afrentas.

Dios llama una y otra vez por todos los medios, pidiendo que se abran los corazones a su Amor Intensísimo y que se hagan víctimas, aceptando ser consumidos, para darle alivio al Amor.

Advierte que es la hoguera de un holocausto lo que ofrece;

pero que NO HUYAN de él, los que no se han vendido a Satanás.

NINGUNO, por más pequeño y mezquino que sea por su estado de pecado debe creerse rechazado por Él.

Eso es Misericordia.

Y de las almas más miserables, puede y quiere hacer, estrellas fulgidísimas para su Cielo.

Y repite su amoroso llamado:

“YO TE AMO TAL COMO ERES, EN ESTE MOMENTO.”

            No importa los pecados que hayas cometido. Ya los he pagado Yo en la Cruz. En Ella y con los brazos abiertos, te estoy diciendo cuanto te amo.

Te estoy esperando. Arrepiéntete y conviértete. SOY TU PADRE Y TE AMO.

 Quiero darte consuelo y alivio. Venid a Mí, todos. Pobres, manchados, débiles y los haré reyes. Dadme vuestra miseria, Yo la cubriré con mi Grandeza.

Dadme vuestras tinieblas y Yo os daré mi Luz. Vuestras imperfecciones y Yo os daré mi Perfección. Vuestro egoísmo y Yo lo cubriré con mi Bondad.

¡Venid! Entrad en mi Amor y dejadlo entrar en vosotros.

Soy el Pastor que se fatiga hasta la muerte por la oveja perdida y por ella Yo he dado mi Sangre.

¡Oh, mis corderitos! No teman si muchos harapos y manchas hay en vuestros vestidos y heridas en vuestra alma.

Abrid solo el corazón y aspirad mi Amor.

Seréis justos para con Dios y para con vosotros mismos, porque daréis consuelo a Dios y a vosotros, salvación.

¡Venid! Generosos que me amáis ya. Arrastrando a los hermanos que titubean todavía.

Si en todos pido que me permitan entrar,

es para dar alivio al Amor Rechazado.

A vosotras amadísimas almas-víctimas, pido de daros totalmente a Mí.

Seréis destruidos sobre la Tierra por mi Amor vehemente, pero recreados de una gloria tan alta, como ustedes no lo pueden concebir.

¡QUÉ FULGOR TENDRÁN LAS ALMAS QUE ACOGIERON EL AMOR DE DIOS,

HASTA SER CONSUMIDAS POR ÉL!

Tendrán el Fulgor mismo de mi Amor que quedará en ellas:

Fuego y Gema eterna de Divinísimo Esplendor.