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201 PARÁBOLA DEL HIJO DEFORME


201  IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Los olivos, ante un vientecillo ligero, bambolean entre el verdeplata de sus ramas, sus ovales gotas de jade colgadas del sutil pecíolo.

Los solemnes nogales mantienen, duros y erguidos en su pedúnculo sus frutos y los van engrosando bajo la felpa del ruezno.

Los almendros están terminando de madurarlos, bajo el involucro que ya frunce su terciopelo y cambia de color.

Las vides abultan sus uvas; ya alguno que otro racimo, en posición favorablemente orientada;

anuncia tímidamente el topacio transparente y el futuro rubí del  grano maduro.

Las cácteas de la llanura o de las primeras pendientes, exultan por los adornos cada día que pasa más vivos;

de los óvalos de coral que un decorador alegre ha posado caprichosamente, en lo alto de las carnosas palas, que parecen manos,

muchas manos, dentro de fundas espinosas, que elevan al cielo los frutos que ellas mismas han nutrido y madurado.

Palmeras aisladas y tupidos algarrobos, recuerdan bastante a la cercana África:

Las primeras suenan las castañuelas de sus hojas duras, dispuestas en forma de peine curvo;

los otros se han vestido de esmalte verde oscuro.

Y están engallados, señoriales con ese vestido suyo tan hermoso.

Cabras bermejas y negras, altas, gráciles, de largos cuernos retorcidos y ojos  dulces y penetrantes, comen las cactáceas.

Asaltan las carnosas pitas: 

esos enormes pinceles de hojas duras y espesas que, semejantes a alcachofas abiertas;

desde el centro de su corazón, extraen poderosos el candelabro de siete brazos, digno de una catedral;

de su tallo gigante, en cuyo ápice flamea su flor amarilla y roja, de delicado perfume.

Los apóstoles preguntan:

—    ¿De Yabnia vamos a ir a Ecrón? 

Mientras van a través de unos feracísimos campos en que el trigo duerme su último sueño bajo el fuerte sol que lo ha madurado.

Extendido en gavillas por los campos segados y tristes, inmensos lechos de muerte; ahora que ya no están vestidos de espigas.

Sino poblados de despojos a la espera de ser transportados a otro lugar.

Mas, si los campos están desnudos, los manzanos se visten de fiesta, con sus frutos que se dan prisa en madurar…

Que pasan del verde duro del fruto aún demasiado joven al tierno, amarillento, rosado brillante como cera, del fruto que ya madura.

Y la piel elástica de los higos se rompe.

Y abren éstos su cofre, su dulcísimo cofre de fruto-flor.

Y muestran, tras la fisura verdeblanca o morada y blanca;

la gelatina transparente, salpicada de granitos más oscuros que la pulpa.

África y Europa se dan la mano vistiendo la tierra de bellezas vegetales.

En cuanto el grupo apostólico deja la llanura para tomar el sendero que trepa por una colina literalmente cubierta de viñedos.

Por esta pendiente rocosa que mira al mar.

Pendiente  calcárea, en la cual la uva es verdaderamente preciosa, por la mutación de su jugo en almíbar

El maravilloso mar de Juan, creado por Dios, deja ver su desmesurado manto de seda crespa y azul.

Y habla de lejanías, de infinito, de poder;

cantando con el cielo y el Sol: el trío de las glorias creadoras.

Y la llanura toda se abre, con toda su ondulada belleza de tímidas elevaciones de pocos metros,

que se alterna con zonas llanas y dunas de oro, hasta las ciudades y pueblos de la orilla del mar,

blancos en el marco azul.

Juan está extasiado…

Y susurra: 

–     ¡Qué hermosura!

¡Qué hermosura!  

Pedro dice: 

–    ¡Mi Señor!…

Este muchacho vive de azul; deberás destinarlo a ello.

¡Es como si viera a su amada cuando ve el mar! –

Como Pedro no ve mucha diferencia entre agua marina y lacustre; ríe con bondad.

Jesús responde: 

eL Apocalipsis de Patmos

–    Ya está destinado, Simón.

Todos tenéis ya vuestro destino.

–    ¡Pues qué bien!

Y a mí a dónde me vas a mandar?

–     ¡Ah, tú…!.

–     ¡Anda, dímelo!

–     A un lugar más grande que tu ciudad y la mía.

Y Magdala y Tiberíades juntas».

–     Pues me voy a perder.

–     No temas.

Parecerás una hormiga en un esqueleto de grandes dimensiones.

Pero, yendo y viniendo incansable, resucitarás a ese esqueleto.

–     No entiendo nada…

Martirio de san Pedro en la colina del Vaticano, capital del imperio romano.

Sé más explícito.

–     ¡Ya entenderás, ya entenderás!…

Y Jesús sonríe.  

Y todos lo asaltan preguntando lo mismo:

–     ¿Y yo?

–    ¿Y yo?

Todos quieren saber.

Están en la orilla guijarrosa de un torrente, que lleva todavía mucha agua en su centro.

Jesús se agacha y coge del suelo un puñado de grava muy fina;

la tira hacia arriba y cae diseminándose en todas las direcciones.

Dice:

–     Esto es lo que pienso hacer.

Mirad, sólo una piedrecita ha terminado entre mi pelo.

Pues bien, vosotros seréis diseminados así.

Santiago de Alfeo dice: 

–     Y Tú hermano, representas Palestina, ¿Verdad?

Y vuelve a preguntar: 

–     Quisiera saber quién será el que se quede en Palestina.

–     Ten esta piedrecita.

Martirio de Santiago el obispo de Jerusalén

Como recuerdo.

Y Jesús le da a su primo Santiago, el granito de grava que se le había quedado enredado entre sus cabellos.

Y sonríe. 

Pedro dice: 

–     ¡¿No podrías dejarme a mí en Palestina?

Yo soy el más indicado, porque soy el menos cultivado.

Y, en nuestra casa, más o menos me arreglo, ¡Pero fuera…! 

–     Pues al contrario.

Tú eres el menos indicado para quedarte aquí.

‘Tenéis un prejuicio contra el resto del mundo.

Creéis que es más fácil evangelizar en país de fieles que de idólatras y gentiles.

Y sin embargo, la realidad es exactamente la contraria.

Meditad en lo que nos ofrecen las clases altas de la verdadera Palestina.

Y aunque menos, también el pueblo común.

Pensad luego que aquí, lugar de odio al nombre “Palestina” y de desconocimiento del nombre “Dios” en su verdadera expresión.

Hemos sido acogidos al menos no peor que en Judea, Galilea o la Decápolis.

Reflexionad en esto y veréis como caen vuestros prejuicios.

Comprenderéis que es exacto esto que digo.

O sea, que es más fácil convencer a los que ignoran al Dios verdadero, que no a los del pueblo de Dios. 

Sutilmente idólatras; culpables, que orgullosamente se creen perfectos y que quieren seguir siendo como son.

¡Cuántas gemas, cuántas perlas ve mi mirada donde vosotros no veis sino tierra y mar!

La tierra de las multitudes que no son Palestina.

El mar de la Humanidad que no es Palestina: como mar,

no espera sino recibir a los buscadores de perlas, para  ofrecérselas;

como tierra, que escarben en ella, para dejarse arrebatar las gemas.

En todas partes hay tesoros, pero hay que buscarlos.

Todo terruño puede esconder un tesoro y dar alimento a una semilla.

Como también toda profundidad puede celar una perla.

¿O es que pretendéis que el mar revuelva su fondo con terribles borrascas, para arrancar de los placeles las  madreperlas

¿Y abrirlas con las embestidas de sus embravecidas olas, para ofrecerlas luego en la playa a los perezosos que no  quieren esforzarse.?  

O ¿A los pusilánimes que no quieren correr peligros?

¿Pretendéis acaso, que la tierra, sin semilla alguna, haga  crecer un árbol de un grano de arena para daros frutos?

No, amigos míos.

Es necesario esforzarse, trabajar, tener coraje.

Sobre  todo, huelgan los prejuicios.

Sé que desaprobáis quién más, quién menos, este viaje por tierras de filisteos.

Ni siquiera las glorias que estas tierras rememoran.

Las glorias de Israel que narran estos campos, fecundados con la sangre hebrea derramada para hacerlo grande.

O las ciudades arrebatadas una a una, de las manos de sus detentadores, para coronar a Judá y constituir una nación poderosa.

Ni siquiera ello basta, para despertar vuestra estima por este peregrinaje..

Ni siquiera es suficiente la idea de preparar el terreno, para recibir el Evangelio.

Y la esperanza de salvar espíritus.

No incluyo esta última entre las razones que someto a vuestra  consideración, para que veáis la justicia de este viaje.

Sería un pensamiento, hoy por hoy, demasiado alto para vosotros.

Si bien llegará el día en que lo comprendáis.

En aquel momento diréis:

“Creíamos que era un capricho, una pretensión, poco amor del Maestro para con nosotros,

el hacernos ir tan lejos por un camino largo y penoso.

Arriesgando pasar momentos muy desagradables.

Sin embargo, era amor, previsión; era allanarnos el camino, para ahora que ya no lo tenemos.

Y que nos sentimos  más desorientados; porque cuando estaba Él éramos como sarmientos que crecíamos en todas las direcciones;

pero sabiendo que la cepa nos nutría y que teníamos al lado, el palo robusto que nos podía sujetar.

Mientras que ahora somos sarmientos que deben crear por sí mismos una pérgola;

nutriéndose, sí, de la cepa de la vid, pero sin el madero en que apoyarse”.

Esto es lo que diréis.

Y entonces me lo agradeceréis.

Y, además…

¿Es que, acaso, no es hermoso ir dejando a nuestro paso destellos de luz en tierras envueltas en tinieblas?

¿Notas sonoras en corazones mudos, corolas celestiales en almas yermas como desiertos?

¿Perfumes de verdad para anular el hedor de la Mentira, sirviendo y dando gloria a Dios.

Y además hacerlo juntos así, Yo y vosotros.

Vosotros y Yo, el Maestro y los apóstoles, formando todos un solo corazón, un solo deseo, una sola voluntad?

¡Oh, que la esperanza, el deseo y el hambre de Dios consisten en querer que sea conocido y amado!

¡En querer reunir a todas las gentes bajo su dosel y que estén todos donde Él está!

¡Y son la misma esperanza, deseo y hambre de los espíritus;

los cuales no son de razas distintas sino de una sola: la creada por Dios!

Siendo todos hijos de Uno solo, tienen los mismos deseos, esperanzas, hambre, del Cielo, de la Verdad, del Amor real…

Se diría que siglos de error han cambiado el instinto de los espíritus, pero no es así.

El error envuelve a las mentes, porque éstas están fundidas con la carne

y se resienten del veneno inoculado por Satanás en el animal hombre.

De la misma forma, el error puede envolver también al corazón; pues como aquéllas, está injertado en la carne y se resiente de su veneno.

Una triple concupiscencia roe respectivamente la carne, el sentimiento y el pensamiento.

Mas el espíritu no está injertado en la carne.

Podrá sufrir un aturdimiento a causa de los golpes que le lanzan Satanás y la concupiscencia.

Podrá quedar casi ciego a causa de los baluartes carnales y de las salpicaduras de la sangre hirviente del animal-hombre en que ha sido infundido.

Sí, pero no cambiará su aspiración al Cielo, a Dios. No puede cambiar.

¿Veis el agua pura de este torrente?:

Ha descendido del cielo y al cielo tornará por evaporación de las aguas bajo el efecto del viento y el sol.

Baja y vuelve a subir.

El elemento no se consume sino que torna a los orígenes.

El espíritu torna a los orígenes.

Esta agua que corre entre las piedras si pudiera hablar, os diría que aspira a volver arriba, para que impulsada por el viento;

blanda, blanca, o rosada a la aurora, cobre encendido al ocaso, violeta como una flor en los crepúsculos ya estrellados,

surcar los hermosos campos del firmamento.

Os diría que querría ser tamiz para las estrellas que se asoman por los claros de los  cirros, para que recordasen a los hombres el Cielo.

O hacer de velo a la Luna para que no vea las fealdades nocturnas…

Sí, os diría que aspira a volver arriba, antes que estar aquí, encerrada entre los bordes de las orillas.

Amenazada de convertirse en barro, obligada a saber de los connubios de culebras y ranas;

cuando lo que desea vehementemente es la libertad solitaria de la atmósfera.

Lo mismo los espíritus.

Si tuvieran el valor de hablar, dirían todos lo mismo:

Si no miras a Dios, si no escuchas y no hablas de Dios, te secas y te mueres. ¡Vive para Dios!

“¡Dadnos a Dios! ¡Dadnos la Verdad!”.

Pero no lo dicen porque saben que el hombre no advierte, no comprende o ridiculiza esta súplica de los “grandes mendigos”

de los espíritus que con tremenda hambre – hambre de Verdad – buscan a Dios.

Estas gentes idólatras, estos romanos, estos ateos, estos desdichados que nos vamos encontrando en nuestro camino…

Y que siempre encontraréis, éstos que tienen denigrados sus deseos de Dios, por política, por egoísmo familiar,

o por herejía que radica en un corazón corrompido y prolifera en las naciones, éstos tienen hambre.

¡Tienen hambre! Y Yo, piedad de ellos.

¿Podría no sentir piedad Yo, que soy el que soy?

Si doy el alimento necesario por piedad, al hombre y al gorrión,

¿No habría de tener piedad con los espíritus a los que se han puesto obstáculos para ser del verdadero Dios?

Y que extienden sus brazos gritando:

“¡Tenemos hambre!’?

Muero interiormente y no sé por qué… ¡Tengo hambre de Dios!

¿Creéis que son malos, salvajes, incapaces de llegar a amar la religión de Dios y a Dios mismo?

Pues estáis en un error.

Son espíritus que esperan amor y luz.

Esta mañana nos ha despertado el balido agresivo del macho cabrío, que quería alejar a ese perro grande que ha venido a olfatearme.

Os habéis echado a reír al ver que orientaba sus cuernos amenazador hacia el perro,

tras haber roto la delgada cuerda con que estaba atado al árbol bajo el que dormíamos,

habiéndose puesto de un salto entre el perro y Yo,

sin pensar que en la desigual lucha por defenderme a mí, el maloso le habría podido atacar y lo habría degollado.

Pues lo mismo estos pueblos, que veis como machos cabríos salvajes…

Sabrán defender la fe de Cristo, una vez que hayan conocido que Cristo es Amor que los invita a seguirlo.

Sí, los invita.

Y vosotros debéis ayudarles a venir.

Escuchad una parábola.

Un hombre se casó y tuvo muchos hijos de su mujer.

Pero, uno de éstos nació con deformidades físicas.

Parecía además, de raza distinta.

El hombre lo consideró un deshonor y no lo amó, a pesar de que la criatura fuera inocente.

El niño creció desatendido, apartado con los últimos siervos ya que en efecto, se le juzgaba inferior a sus hermanos.

No tenía madre – pues había muerto al darle a luz – que pudiera moderar la dureza del padre.

O impedir la burla de sus hermanos.

O corregir las ideas equivocadas que nacían en la mente salvaje del niño:

Que una pequeña fiera mal soportada en la casa de los otros hijos bien queridos.

El niño, así se hizo hombre.

Entonces su razón, que aunque se hubiera desarrollado con retardo, había llegado a la madurez;

comprendió que no era ser hijo, vivir en las cuadras, recibir un mendrugo de pan y un andrajo.

Y nunca un beso, un palabra, una invitación a entrar en la casa paterna… Y sufría.

Sufría, lamentándose en su cuchitril: “¡Padre! ¡Padre!”.

Mordía su pan, pero continuaba la gran hambre de su corazón.

Se cubría con sus andrajos, pero seguía el gran frío de su corazón.

Tenía como amigos a los animales y a algunas personas compasivas del pueblo.

Pero su corazón estaba solo.

“¡Padre! ¡Padre!”… Lo oían gemir siempre así como fuera de sí; los siervos, los propios hermanos, sus paisanos.

Y lo llamaban “el loco”.

Por fin, un día uno de los siervos tuvo el coraje de ir a verlo.

Estaba casi convertido en una fiera y le dijo:

“¿Por qué no te arrojas a los pies de tu padre?”.

“Lo haría. Pero no me atrevo…”.

“¿Por qué no vienes a la casa?”

“Tengo miedo.”

“Pero, ¿Desearías hacerlo?”

“¡Sí, ciertamente! Es de esto de lo que tengo hambre.

Ésta es la causa del frío que paso, por eso me siento solo como en un desierto. 

Pero no sé cómo se vive en la casa de mi padre”.

Entonces el siervo bueno se puso a instruirle, a hacer que tuviera mejor aspecto…

A quitarle el terror a que su padre le tuviera aversión, diciéndole:

“Tu padre te querría a su lado, pero no sabe si tú lo quieres, porque siempre lo evitas…

Quita a tu padre el remordimiento de haber actuado demasiadoseveramente.

Y su dolor de verte errante

Ven. Tus hermanos tampoco tienen ya intención de burlarse de ti, porque les he referido tu dolor”.

Y así el pobre hijo, una tarde, guiado por el siervo bueno, fue a la puerta paterna…

Y gritó: “¡Padre, yo te quiero! ¡Déjame entrar!…”.

El padre que viejo y triste, pensaba en su pasado y en su futuro eterno, sintió un sobresalto cuando oyó esa voz.

Y dijo: “¡Oh, mi dolor se aplaca al fin, porque en la voz de mi hijo deforme, he oído la mía!

¡Y su amor prueba que es sangre de mi sangre y carne de mi carne!

Entre, pues, a ocupar su lugar junto a sus hermanos.

¡Bendito sea el siervo bueno que ha hecho posible que mi familia se completase, integrando al hijo repudiado con todos mis otros hijos!”.

Ésta es la parábola.

Ahora bien, al aplicarla debéis pensar que el Padre de los deformes espirituales:

Que son los cismáticos, los herejes, los separados, los pecadores voluntarios e impenitentes…

Dios, se ha visto obligado a la severidad por las deformidades voluntarias que ellos mismos han querido.

Pero su amor jamás ha abdicado.

Los espera. Llevadlos a él. Es vuestro deber.

Os he enseñado a decir: “Danos hoy nuestro pan, Padre nuestro”.

Pero, ¿Sabéis qué significa “nuestro”?

No quiere decir vuestro en el sentido de vosotros doce.

No es vuestro como discípulos de Cristo, sino vuestro como hombres.

He puesto en vuestros labios la Oración por TODOS.

Por todos los hombres:

Los presentes y los que vendrán; los que conocen a Dios y los que no lo conocen;

los que aman a Dios y a su Cristo.

2 Timoteo 3 – 5 Una religión sin vida…

Y los que no lo aman o lo aman mal.

Éste es vuestro ministerio.

Vosotros que conocéis a Dios, a su Cristo y los amáis, debéis orar por todos.

Os he dicho que mi Oración es universal, durará cuanto dure la tierra.

Pues bien, vosotros debéis orar universalmente…

Uniendo vuestras voces de apóstoles y vuestros corazones de discípulos, de la Iglesia de Jesús

a las voces y a los corazones de los que pertenezcan a otras iglesias, cristianas pero no apostólicas.

Y tenéis que insistir, porque sois hermanos.

Vosotros en la casa del Padre, ellos fuera de la casa del Padre común, con su hambre, su nostalgia…

Hasta que se les conceda, como a vosotros, el “Pan” verdadero, que es el Cristo del Señor, administrado en las mesas apostólicas.

No en otras, donde está mezclado con alimentos impuros.

Tenéis que insistir hasta que el Padre diga a estos hermanos “deformes”:

“Mi dolor se aplaca, porque en vosotros, en vuestra voz, he oído la voz y las palabras de mi Unigénito y Primogénito.

¡Benditos sean los siervos que os han traído a la Casa de vuestro Padre para que quedara completa mi Familia”.

Sois siervos de un Dios infinito y tenéis que poner la infinitud, en todas vuestras intenciones.

¿Habéis comprendido?

Ahí se ve Yabnia. 

En una ocasión pasó por este lugar el Arca para ir a Ecrón, pero esta ciudad no pudo custodiarla y la envió a Betsemes.

El Arca vuelve a Ecrón.

Juan, ven conmigo.

Vosotros quedaos en Yabnia.

Sabed reflexionar y hablar.

La paz esté con vosotros.

Y Jesús se marcha con Juan y con el macho cabrío.

El cual, balando, le sigue como un perro.

197 UN PACTO SELLADO


197 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está parado en la plaza principal de la ciudad de Ascalón y ha despedido a los apóstoles en grupos de cuatro, para que misionen en el puerto filisteo.  

Él los mira mientras los apóstoles se alejan.

Con Él se ha quedado sólo Judas de Keriot, que ha declarado que a éstos no les va a decir nada, porque son peores que los paganos.

Pero, cuando oye que Jesús va a ir aquí o allá…

Y no va a hablar, entonces cambia de idea, 

y dice:

–     ¿Te molesta si te dejo solo?

Querría ir con Mateo, Santiago y Andrés…

Son los menos dotados…  

Jesús responde:

–     Ve, ve. Adiós.

Jesús, solo, va por la ciudad, sin rumbo fijo; a lo largo y a lo ancho, anónimo entre la atareada gente…

Ni siquiera se fijan en El

Salvo dos o tres niños que levantan curiosos, la cabeza,…

Y una mujer provocadoramente vestida, que viene resueltamente hacia Él con una sonrisa llena de insinuaciones… 

Pero Jesús la mira tan severamente, que ella se ruboriza violentamente;

 roja como la púrpura; baja los ojos y cambia de dirección. 

Llegando a la esquina se vuelve…

Pero uno del lugar que ha observado la escena, la hiere con una observación mordaz y burlona por su derrota.

Entonces ella se envuelve en su manto y huye.  

Los niños lo miran curiosos y lo rodean.

Lo miran, sonríen ante su sonrisa.

El que es más audaz, un chicuelo como de ocho años; 

le pregunta:

–            ¿Quién eres?

Jesús acariciándolo,

le responde:

–     Jesús.

–     ¿Qué haces?

–     Estoy esperando a unos amigos.

–     ¿De Ascalón?

–     No, de mi tierra y de Judea.

–     ¿Eres rico?

Yo sí. Mi padre tiene una casa bonita. Adentro trabaja alfombras.

Ven a ver. Está aquí cerca.

Y Jesús va con el niño. 

Entran en un largo atrio que se conecta con una calle cubierta.

En el fondo resplandece, avivado por la penumbra del atrio, un retazo de mar todo encendido por el sol.

Encuentran a una niña demacrada que llora de miedo.  

El niño explica: 

–     Es Dina.

Es pobre, ¿Sabes? Mi madre le da comida.

Su madre está muy enferma y ya no está en condiciones de ganar dinero.

Su padre murió en el mar, era un marinero nuestro.  

Fue una tormenta, mientras iba de Gaza al puerto del Gran Río a llevar y recoger mercancías.

Como la mercancía era de mi padre y el padre de Dina era uno de nuestros marineros, mi madre se ocupa ahora de ellos.

Muchos se han quedado sin padre así… ¿Tú que opinas?

Debe ser duro ser huérfano y pobre.

Ahí está mi casa. No digas que estaba en la calle, porque tenía que estar en la escuela.

Pero es que me han echado porque hacía reír a los compañeros con esto… 

Y saca de debajo del vestido, un muñeco tallado en una delgada tablita de madera, realmente muy cómico, 

Es la caricatura de un hombre con barba y una nariz descomunales.

Por los labios de Jesús se asoma una sonrisa que reprime rápidamente,

diciendo serio:

–   ¿No será el maestro verdad?

¿Ni ningún familiar? ¡No está bien!

El chiquillo responde:

–   No.

Es el sinagogo de los judíos.

Es viejo y feo. Y siempre nos burlamos de él.

–    Eso tampoco está bien.

Fíjate que es mucho mayor que tú y…

–   ¡Oh!….

Es un vejete medio jorobado y casi ciego.

Pero, ¡Es tan feo!… Yo no tengo la culpa de que sea feo.

–     No.

Pero tienes la culpa de burlarte de un anciano.

También tú cuando seas viejo serás feo.

Porque caminarás enclinado, tendrás pocos cabellos, estarás medio ciego y caminarás con bastones.

Tendrás una cara semejante…

¿Te gustaría que se burlaran de ti, muchachos sin respeto?

Y luego, ¿Por qué perturbas al maestro y a tus compañeros?

¡No está bien!

Si tu padre lo supiese te castigaría.

Tu madre se apenaría.

Yo no les voy a decir nada, pero tú me das inmediatamente dos cosas:

La promesa de no volver a cometer estas faltas y el muñeco.

¿Quién lo ha hecho?

-Yo, Señor… – dice el niño muy avergonzado.

Pues está plenamente consciente ya, de la gravedad de sus… fechorías…

Y añade:

«    ¡Me gusta mucho trabajar la madera!

Algunas veces logro reproducir las flores y los animales de las alfombras.

¡Fíjate… también los dragones, las esfinges… y otras figuras más!

–     Esos animales sí los puedes hacer. r.

Hay tantas cosas bellas en la tierra.

Así pues, promete y dame ese muñeco.

Si no, ya no somos amigos.

Lo guardaré como recuerdo tuyo y rogaré por ti.

¿Cómo te llamas?

–    Alexandro.

¿Y Tú que me das?

Jesús se preocupa.

Casi nunca tiene nada.

Se acuerda de que Salomé le puso una hebilla muy bonita en el cuello de su vestido.

Busca en su alforja, la encuentra, la quita.

Se la da al niño y le dice:

–    Ahora vámonos.

Pero ten en cuenta que aunque Yo me vaya; de todos modos Yo sé todo.

Y si sé que eres malo, regresaré y le diré todo a tu mamá.

El pacto queda hecho.

Entran en la casa.

Al otro lado del vestíbulo hay un espacioso patio, limitado en tres de sus lados por unas naves en que están los telares.

La criada que ha abierto, al ver al niño con un desconocido, se queda sorprendida…

Y va a avisar a la señora.

Y ésta, una mujer alta y de dulce aspecto, viene inmediatamente,

y pregunta:

–     ¿Se ha sentido mal mi hijo?

–     No, mujer…

Me ha conducido aquí para mostrarme tus telares.

Soy forastero.

–     ¿Quieres comprar?

–      No. Yo no tengo dinero.

Pero tengo amigos a los que les gustan las cosas bellas, llenas de arte y que tienen dinero.

La mujer mira sorprendida a este hombre que confiesa paladinamente así, sin rodeos, que es pobre.

Y dice:

–     Pues te creía un señor

Tienes modales y aspecto de gran señor.

–    Soy simplemente un rabí galileo, Jesús, el Nazareno.

–     Somos comerciantes. 

No tenemos prejuicios. Pasa y mira…

Y le acompaña a que vea sus telares, donde trabajan muchas jóvenes bajo su dirección.

Las alfombras son verdaderamente valiosas en cuanto a dibujo y flores;

espesas, blandas, parecen hermosos cuadros realizados con mucho arte. 

Pedazos de jardín llenos de flores, una imagen calidoscópica de gemas.

Otras, mezcladas con las flores, tienen figuras alegóricas:

Hipogrifos, sirenas, dragones o grifos heráldicos muy elaborados.

Jesús admira estas obras, 

Y dice: 

–     Eres muy hábil.

Me alegro de haber visto todo esto, eres muy inteligente, como también me alegra el que seas buena.

–     ¿Cómo sabes eso?

–     Se ve en la cara.

Además el niño me ha hablado de Dina.

Dios te lo pague. Aunque no lo creas, teniendo como tienes en ti la caridad, estás muy cerca de la Verdad.

–     ¿Qué verdad?

–     Muy cerca del Señor altísimo.

El que ama al prójimo y ejercita la caridad con su familia y sus subordinados…

Y la extiende a los pobres, tiene ya en sí la Religión.

El niño me ha contado lo de Dina. Es esa niña, ¿No es así?

–     Sí. Su madre se está muriendo.

Después la tomaré yo conmigo, pero no para los telares; es demasiado pequeña y débil para ello.  

Se vuelve hacia la niña y la llama:

–     Ven, Dina, acércate a este señor.

La niña, con la carita triste propia de los niños infelices, se acerca tímidamente.

Jesús la acaricia y dice

–     ¿Me llevas a ver a tu madre?

Querrías que se pusiera buena, ¿Verdad?

Bueno, pues llévame a ella.  

Jesús la toma de la mano y se despide:

–     Adiós, mujer.

Adiós, Alejandro; y sé bueno.

Sale llevando a la niña de la mano.  

Y le pregunta: 

-¿Tienes hermanos? 

La voz infantil se quiebra al contestar: 

–     Tengo tres hermanos pequeños.

El último no conoció a nuestro padre.

–     No llores.

¿Eres capaz de creer que Dios puede curar a tu madre?

¿Sabes, verdad, que hay un solo Dios, que quiere a los hombres que ha creado y especialmente a los niños buenos?

¿Y que lo puede todo?

–     Sí, lo sé, Señor.

Antes iba a la escuela mi hermano Tolmé.

Allí están mezclados con los judíos y aprenden muchas cosas.

Sé que existe y que se llama Yeohveh.

Y que nos castigó porque los filisteos fueron malos con Él.

Siempre nos lo echan en cara los niños hebreos.

Pero yo no vivía en aquella época, ni mi mamá ni mi padre.

Entonces, ¿Por qué…?

Y el llanto hace de barrera a la palabra.  

Jesús la consuela: 

–     No llores.

Te quiere también a ti y me ha traído aquí por ti y por tu mamá.

¿Sabes que los israelitas esperan al Mesías, que debe venir para fundar el Reino de los Cielos?

¿El Reino de Jesús, Redentor y Salvador del mundo?

–     Lo sé, Señor.

Nos amenazan diciendo:

–     Y cuando Él venga… “Entonces ¡Ay de vosotros cuando llegue!”

–     ¿Sabes lo que hará el Mesías?

–     Hará grande a Israel y a nosotros nos tratará muy mal. 

–    No. Redimirá al Mundo.

Quitará los pecados.

Enseñará a no pecar.

Amará a los pobres; a los enfermos, a los afligidos.

Irá a donde estén ellos.

Enseñará a los ricos, a los sanos; a los felices, a que lo amen.

Recomendará la bondad para obtener la Vida Eterna y bienaventurada en el Cielo.

Esto es lo que hará…

Y no será tirano con nadie

–     ¿Y cómo se sabrá que es Él?

–     Porque querrá a todos y curará a los enfermos que crean en Él.

Redimirá a los pecadores y enseñará el amor.

La niña exclama:

–    ¡Oh!…

¡Si Él estuviese antes de que mi mamá se muriese! ¡Yo creería!

¡Yo le rogaría! Iría a buscarlo hasta encontrarlo  y le diría:

‘Soy una pobre niña sin padre.

Mi mamá se está muriendo. Yo espero en Ti’

Y estoy segura de que aunque yo sea filistea, Él me escucharía.

Toda una fe sencilla y fuerte vibra en la voz de la niña.

Jesús la mira con infinita ternura y le sonríe a la inocente que camina a su lado.

Ella no ve esa sonrisa esplendorosa, porque va mirando que están por llegar a su paupérrima casa, que está situada en el fondo de un callejón. 

Empuja la puerta y…

La niña lo invita: 

–     Es aquí, Señor. Entra….

Es una habitación miserable.

Un jergón con un cuerpo desvanecido.

Tres pequeñitos que van desde los tres hasta los diez años, están sentados alrededor.

Miseria y hambre, se reflejan por todas partes.

Jesús saluda:

–    La paz sea contigo, mujer.

No te muevas

Tranquila. No te sientas incómoda ni hagas esfuerzos.

He conocido a tu hija, supe que estás enferma y he venido.

¿Quieres recobrar la salud?

La mujer, con un hilo de voz, responde:

–    ¡Oh, Señor!

 ¡Ya no tengo remedio! Para mí ya todo ha terminado…

Y le resbalan las lágrimas por las enjutas mejillas.

–    Tu hija ha llegado a creer, que el Mesías puede curarte…

¿Y tú?

–    ¡Oh! Si Él viniese también yo creería…

Pero,  ¿En dónde está el Mesías?

Jesús declara sencillamente:

–    Soy Yo, que te está hablando.  

Entonces Jesús, que estaba curvado hacia el jergón susurrando sus palabras junto a la cara de la enferma mortecina,

se endereza majestuoso,

y exclama en voz alta: 

–      ¡Lo quiero! ¡Queda curada!

Los niños sienten casi miedo de la gravedad de Jesús.

Están tres rostros llenos de estupor, formando una corona a la yacija materna.

Dina aprieta las manos contra su pequeño pecho; una luz de esperanza, de felicidad, ilumina su carita.

Contiene la respiración, por lo emocionada que está y casi jadea; tiene la boca abierta, preparada para una palabra que ya su corazón le susurra…

Y cuando ve que su madre, antes cérea y completamente sin fuerzas;

como atraída por una fuerza que le hubiera sido trasvasada, se incorpora y se sienta.

Y luego, sin quitar un momento los ojos de los del Salvador, se pone en pie…

Dina profiere un grito de júbilo:

–     ¡Mamá!

Ha sido pronunciada la palabra que llenaba su corazón…

Y luego otra:

–     « ¡Jesús!».

Entonces, abrazando a su madre, la obliga a arrodillarse,

mientras dice:

–     ¡Adora, adora!

Es el Salvador profetizado al que se refería el maestro de Tolmé.

Jesús dice:

–    Adorad al verdadero Dios.

Sed buenos. Acordaos de Mí. Adiós.  

Y Jesús sale rápidamente, mientras las dos felices, están postradas en el suelo…

Pronto se pierde entre las callejuelas de Ascalón

196 EL PRIMER CRISTIANO


196 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La aurora despierta con su hálito fresco a los durmientes.

Se levantan del lecho de arena en que han dormido, al abrigo de  una duna salpicada de escasas hierbas resecas.

Trepan hasta la cima.

Ante ellos se abre una profunda pendiente arenosa, mientras que un poco más allá y acá de ella;

hay parcelas cultivadas y bonitas.

Un torrente carente de agua marca con sus guijarros blancos el oro de la arena.

Y ya con este blancor de huesos resecos hasta el mar, que cabrillea a lo lejos;

con sus olas llenas por la marea de la mañana, más llenas por un ligero mistral que peina el océano.

Caminan por el borde de la duna, hasta el torrente desecado.

Lo pasan y siguen caminando en diagonal por las dunas, que ceden bajo sus pies.

Y que con su superficie toda ondulada, parecen continuación del océano, de materia sólida y seca en vez de las móviles aguas.

Llegan a la húmeda playa.

Ahora andan más deprisa.

Juan se queda como hipnotizado ante la visión del mar sin límites;

labrado en infinitas caras encendidas por los primeros destellos del sol;

Parece beber esa belleza y parecen teñirse aún más de azul sus ojos.

Mientras Pedro más práctico, se descalza, se sube un poco la ropa y chapotea por las suaves olas de la orilla;

con  la esperanza de encontrar algún cangrejillo o alguna concha de molusco que chupar.

A dos kilómetros largos de distancia se ve una bonita ciudad marítima, edificada en la orilla…

Siguiendo el arrecife de forma de media luna, al otro lado del cual el viento y las borrascas, han transportado las arenas.

El arrecife, ahora que el agua con la baja marea se está retirando, emerge también aquí;

obligandolos a volver a la arena seca, para no torturar con los escollos los pies desnudos.  

Felipe pregunta:  

-¿Por dónde entramos, Señor?

Por este lado se ve sólo una muralla bien sólida.

Por el mar no se puede entrar.

La ciudad está en el punto más profundo del arco. 

Jesús responde: 

–     Venid.

Sé por donde se entra.

–     ¿Has estado alguna otra vez aquí?

–     Una vez, de niño.

No creo que recuerde cómo es, pero sé por dónde se pasa.

Santiago de Zebedeo observa: 

–     ¡Extraño!

He notado muchas veces que Tú no yerras nunca el camino;

alguna vez te lo hacemos confundir nosotros.

¡Tú… parece como si hubieras estado en todos los sitios por donde te mueves! 

Jesús sonríe, pero no responde.

Va, sin vacilar, hasta un pequeño suburbio rural donde los hortelanos cultivan verduras para la ciudad.

Las parcelas, las huertas, son de trazado regular y están bien cuidadas.

Mujeres y hombres las cultivan.

Ahora están regando los surcos, extrayendo el agua de los pozos a fuerza de brazos o con el viejo y chirriante sistema del pobre:

Un burrito vendado que eleva los arcaduces dando vueltas en torno al pozo.

Los cultivadores no dicen nada.

Jesús saluda:

–     Paz a vosotros.

Pero la gente permanece, si no hostil, al menos indiferente.

Tomás dice: 

–     Señor, aquí se corre el riesgo de morir de hambre.

No comprenden tu saludo. Voy a probar yo. 

 Y aborda al primer hortelano que ve,

diciéndole:

–     ¿Cuesta cara tu verdura? 

El hombre contesta: 

–     No más que la de otras huertas.

Es cara o no, según lo nutrida que esté la bolsa.

–     Bien has dicho…

Pero como puedes ver, yo no muero de inanición; estoy gordo y tengo buen color, a pesar de no comertus verduras.

Lque significa que mi bolsa es una buena ubre.

En pocas palabras: Somos trece y podemos comprar…

¿Qué nos vendes?

–     Huevos, verduras, almendras tempranas, manzanas…

También pasas, porque son de hace bastante tiempo, aceitunas…

Lo que quieras.

–     Dame huevos, manzanas y pan, para todos.

–     Pan no tengo.

En la ciudad lo encuentras.

–     Tengo hambre ahora, no hambre dentro de una hora.

No creo eso de que no tienes pan.

–     No tengo.

La mujer lo está haciendo.

Mira, ¿Ves allá, donde está a aquel viejo? Siempre tiene mucho pan…

 Porque estando más cerca del camino, a menudo se lo piden los peregrinos.

Ve donde Ananías y pídeselo.

Ahora te traigo los huevos.

De todas formas, ten en cuenta que cuestan a un denario el par.

–     ¡Ladrón!

¿Qué pasa? ¿Acaso tus gallinas ponen huevos de oro?

–     No.

Pero uno no está en medio del hedor de los pollos por nada; ya que no es agradable.

Además, ¿No sois judíos?

Pues pagad.

–     Quédate con los huevos y considérate bien pagado

Tomás le vuelve la espalda y empieza a caminar…   

El hombre grita: 

–     ¡Eh, hombre!

¡Ven! Te los doy por menos: tres al denario.

–     Ni cuatro; bébetelos.

Y a ver si se te atragantan.  

El hortelano sigue a Tomás. 

Y le dice: 

–     Ven.

Escúchame.

¿Cuánto me quieres dar?

–     Nada.

Ya no los quiero.

Quería tomar un tentempié antes de entrar en la ciudad.

Será mejor que no coma nada.

Así no pierdo ni la voz para cantar las crónicas del rey, ni el apetito para comer bien en la hostería.

–     Te los doy a un didracma el par.

–     ¡Uf, eres peor que un tábano!

¡Dame esos huevos! ¡Que sean frescos!

Si no, vuelvo y te pongo el morro más amarillo de lo que lo tienes.  

Tomás va con el hombre y vuelve con, al menos, dos docenas de huevos en el vuelo del manto.

Y le dice a Jesús: 

–     ¿Has visto?

A partir de ahora en este pueblo de ladrones, yo hago  las compras; sé cómo tratarlos.

Ellos vienen cargados de dinero a comprar a nuestra tierra, para sus mujeres. 

Los brazaletes nunca son lo suficientemente gruesos…

Y se pasan jornadas enteras regateando el precio.

Ahora me vengo. 

Vamos con aquel otro escorpión.

Ven Pedro.

Y entregándolos, 

dice: 

–    Ten estos huevos, Juan.   

Los dos apóstoles se dirigen a donde está el anciano Ananías…

Que tiene la huerta a lo largo de la vía principal. que conduce a la ciudad.

Y que desde el norte, siguiendo el trazado de las casas del suburbio, 

Es una vía bien adoquinada, sin lugar a dudas, hecha por los romanos.

Ya está cerca la puerta del lado oriental de la ciudad.

Dentro, se ve que la vía prosigue derecha verdaderamente artística, transformada en un doble soportal umbrío;

sostenido por columnas de mármol por cuya fresca sombra la gente camina;

dejando el centro de la calle para los asnos, camellos carros y caballos.

Tomás llega a su destino.

Preguntando:  

–     ¡Salud!

¿Nos vendes pan? 

El anciano no oye o finge que no quiere oír.

La verdad es que el chirrido de la noria es tal, que puede crear confusión.

Pedro pierde la paciencia,

Y grita:

–     ¡Para a tu Sansón!

Al menos podrá coger respiro para no morir ante mi vista.

¡Escúchanos!

El hombre para el burro y mira a su interlocutor con cara de pocos amigos…

Pero Pedro le desarma inmediatamente,

diciendo:

–     ¡Vaya que sí es inteligente!…

¿No te parece acertado llamar Sansón a un burro?

Si eres filisteo te dará gusto porque ofendería a Sansón…

Y si eres israelita también te gustará, porque recordaría una derrota de los filisteos.

Así que…

–     Soy filisteo…

¡Y a mucha honra!

–     Me parece bien.

Yo también te ensalzaré, si nos das pan.

–     Pero, ¿No eres judío?

–     Soy cristiano.

–     Nunca lo había escuchado…

No lo conozco. ¿Qué lugar es?

–     No es un lugar.

Es una persona.

Y yo soy de esa persona.

–     ¿Eres esclavo suyo?

–     Soy más libre que ningún otro hombre,

porque quien es de esa persona, ya no depende sino de Dios.

El anciano pregunta admirado: 

–     ¿Es verdad eso que dices?

¿Ni siquiera del César?

–     ¡Bah!,

¿Cómo vas a comparar al César con Aquel a quien yo sigo?…

¡Al cual pertenezco y en cuyo Nombre te pido un pan!

–     Pero, ¿Pónde está esta persona poderosa?

–     Es aquel hombre de allí, el que mira hacia aquí y sonríe.

Es el Cristo, el Mesías.

¿No le has oído nunca mencionar?

–     Sí.

El rey de Israel.

¿Derrotará a Roma?

–     ¡A Roma!

¡Al mundo entero y hasta al Infierno!

–     ¿Sois sus generales?

¿Vestidos así?

Quizás lo hacéis para evitar el hostigamiento de los pérfidos judíos…

–     Sí y no. Pero…

Dame pan y mientras comemos te explico.

–     ¿Pan?…

¡Hombre y también agua y vino!

¡Y unos bancos aquí a la sombra para ti, tú compañero y tu Mesías!

¡Llámalo!

Pedro trota ligero hacia Jesús. 

Y lo llama: 

–     ¡Ven, ven!

Ese filisteo anciano nos da lo que queramos.

Pero creo que te va a asaltar a preguntas…

Le he dicho quién Eres, más o menos.

Tiene buena disposición.

Todo el grupo se dirige hacia la huerta.

Cuando llegan…

El hombre tiene ya preparados unos bancos en torno a una tosca mesa, a la sombra de una tupida pérgola de vid.

Jesús lo saluda, diciendo: 

–     Paz, Ananías.

Prosperidad a tus tierras por tu caridad.

Que te produzcan pingües frutos.  

El hombre agradece:  

–     Gracias.

Paz a ti. Siéntate, sentaos.   

Y a gritos llama,

Indicando:

–    ¡Anibé! ¡Nubi!

Pan, vino, agua.

Inmediatamente.

 Ordena el anciano a dos mujeres que se ve que son africanas:

Una es completamente negra, de labios gruesos y pelo crespo.

La otra, muy oscura, aunque de tipo más europeo.

El anciano explica:

–     «Son las hijas de las esclavas de mi difunta mujer.

También han muerto ya las que vinieron con ella.

Las hijas han quedado. Son del Alto y Bajo Nilo.

Mi mujer era de allí.

Prohibido, ¿No? no me preocupa. No soy de Israel y las mujeres de raza inferior son dóciles.

–     ¿No eres de Israel?

–     Lo soy a la fuerza…

Porque a Israel lo tenemos al cuello como un yugo. Pero…

Tú eres israelita… ¿Te ofendes por esto que digo?

–     No. No me ofendo.

Lo único que querría es que escucharas la Voz de Dios.

–     A nosotros no nos habla.

–     Eso lo dices tú.

Yo te estoy hablando, y es su Voz.

–     ¡Pero Tú eres el Rey de Israel!.

Las mujeres, que están llegando con el pan, el agua y el vino…

Y que oyen hablar de “rey” se detienen turbadas, mirando al joven rubio, sonriente, honorable, al que el amo llama “rey”.

Y deciden retirarse, casi arrastrando los pies por el respeto.

Jesús les dice:   

–     Gracias, mujeres.

Paz también a vosotras.

Luego, vuelto al anciano:

–     Son jóvenes…

Sigue, sigue tu trabajo.

–     No. La tierra está mojada y puede esperar.

Habla un poco. Anibé, suelta al burro y llévalo a su sitio.

Tú, Nubi, vuelca los últimos arcaduces y luego…  

Dirigiéndose a Jesús, le pregunta:

–    ¿Te vas a detener un tiempo, Señor?

–     No te tomes más molestias.

Me basta con un poco de comida, luego entro en Ascalón.

–     No es molestia.

Ve a la ciudad si tienes esos planes, pero vuelve a la noche;

partiremos el pan y compartiremos la sal.  

Y vuelve a dar órdenes: 

¡Venga, vosotras, daos prisa!

Tú ocúpate del pan, tú llama a Yeteo y que mate un cabritillo y lo preparas para la cena.

Poneos en marcha.

Y las dos mujeres se van sin hablar.  

Ananías reanuda su diálogo con Jesús: 

–     ¿Así que eres Rey?

¿Y las armas?

Herodes es cruel en todas sus manifestaciones.

Nos ha reconstruido Ascalón, pero lo ha hecho buscando su propia gloria. ¡Y ahora!…

Bueno, conoces mejor que yo las vergüenzas de Israel.

¿Cómo te las vas a arreglar?

–     Sólo tengo el arma que viene de Dios.

–     ¿La espada de David?

–     La espada de mi palabra.

–     ¡Pobre iluso!

Perderá la punta y el filo contra el bronce de los corazones.

–     ¿Tú crees?

Mi mirada no se dirige a un reino de este mundo; sino por todos vosotros, al Reino de los Cielos.

–     ¿Todos nosotros?

¿También yo, que soy filisteo? ¿También mis esclavas?

–     Todos.

Tú y ellas. Y hasta por el más salvaje que haya en el centro de las selvas africanas.

–     ¿Quieres construir un reino tan grande?

¿Por qué dices “de los Cielos”? Podrías llamarlo: Reino de la Tierra.

–     No.

No comprendas en modo errado.

Mi Reino es el Reino del verdadero Dios.

Dios está en el Cielo. Por eso es Reino del Cielo.

Todo hombre es un alma vestida de cuerpo.

Y el alma no puede vivir sino en el Cielo.

Yo os quiero curar el alma, eliminar en vuestra alma errores y odios;

conducirla a Dios a través de la bondad y el amor.

–     Me agrada mucho esto.

Aunque no vaya a Jerusalén,

sé que los de Jerusalén no hablan así desde hace siglos.  

¿De modo que no nos odias?

–     No odio a nadie.

El anciano se queda pensando un momento…

Luego pregunta:

–     ¿Y las dos esclavas tienen también alma como vosotros los de Israel?

–     Ciertamente.

No son fieras capturadas.

Son criaturas desdichadas.

Se las debe amar.

¿Tú lo haces?

–     No las trato mal.

Exijo obediencia, pero no uso el látigo.

Y además las alimento bien.

Animal mal nutrido no trabaja, se dice.

Tampoco es buen partido el hombre mal alimentado.

Además… han nacido en casa. Las he visto niñas.

Ahora se quedarán ellas solas, porque soy muy viejo.

Casi ochenta, ¿Sabes?

Ellas y Yeteo son lo que me queda de mi casa de otros tiempos.

Les tengo afecto, como a muebles míos.

Serán ellos quienes cierren mis ojos…

–     ¿Y luego?

–     Y luego…

¡Psss!… No lo sé.

Irán a servir y la casa se disgregará. Lo siento.

La he hecho próspera con mi trabajo. Esta tierra volverá a ser arenosa, estéril…

Esta viña… la plantamos yo y mi mujer.

Aquel rosal… es egipcio, Señor; en él siento el perfume de mi esposa…

Es para mí como un hijo, como mi hijo único… ya polvo, que está enterrado a sus pies…

Esto son penas…  

Mejor morir de joven y no ver esto.

Y la muerte que se acerca…

–     Tu hijo no ha muerto, ni tampoco tu mujer. 

Sobrevive su espíritu, sólo la carne está muerta.

La muerte no debe causar terror.

La muerte es vida para quien espera en Dios y vive en la justicia.

Piensa en esto.

Ahora voy a la ciudad.

Volveré esta noche y te pediré ese pórtico para dormir Yo y los míos.

–     No, Señor.

Tengo muchas habitaciones vacías.

Te las ofrezco.

Judas pone encima de la mesa unas monedas.

–     No. No las acepto.

Soy de esta tierra que os es hostil, pero quizás soy mejor que los que nos dominan.

Adiós, Señor».

–     Paz a ti, Ananías.

Las dos esclavas y Yeteo, un musculoso y anciano campesino, acuden para verlo marcharse.

Jesúss les dice: 

–     Paz también a vosotros.

Sed buenos. Adiós.

Jesús roza con su mano los cabellos crespos de Nubi y los lisos y brillantes de Anibé.

Sonríe al hombre y se marcha.

Poco después entran en Ascalón por la calle del doble pórtico, que va recta hasta el centro de la ciudad.

Ascalón es un  torpe remedo de Roma, con estanques y fuentes;

plazas usadas como foro, torres distribuidas a lo largo de la muralla.

Y por todas partes, el nombre de Herodes que él mismo ha hecho colocar;

para autoaplaudirse, dado que los de Ascalón no lo aplauden.

Hay mucho movimiento, que crece en la medida en que la hora avanza y se va acercando la parte más céntrica de la ciudad;

abierta, aireada, con el mar luminoso como fondo.

Parece una turquesa en una tenaza de coral rosa, por las casas esparcidas en el arco profundo que aquí dibuja la costa:

No es un golfo, es un verdadero arco, una porción de círculo teñida toda de un rosa palidísimo a causa del sol. 

Jesús dice: 

–     Nos separamos en cuatro grupos.

Yo aquí me separo. 

O más bien idos vosotros; luego ya decidiré.

Marchad. Después de la hora nona nos encontraremos de nuevo en la Puerta por la que hemos entrado.

Sed prudentes y pacientes.

Jesús los mira mientras los apóstoles se alejan…

193 DEBUT MISIONERO


193 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

El grupo apostólico va caminando por los senderos del bosque…

Y comentando del enorme cambio en Elisa, que ha accedido a ir con Juana de Cusa a su propiedad en Beter.

Después del regreso a Betsur y de haber dejado a Margziam con la Virgen y las discípulas en los jardines de rosales de Beter…

Hablan también de la bondad de Juana y de lo beneficioso que será para todas, disfrutar del agradable trabajo en los cultivos de los rosales, para la industria perfumera. 

Jesús avanza con los suyos a través de estos montes verdes, dando la espalda al oriente.

El lugar es muy montañoso y rico en vegetación, con bosques de árboles de piñones.

El olor de la resina, balsámico y vitalizador, se difunde por todo el espacio.

También hablan del nuevo rodeo que van a tener que dar, hacia las fértiles llanuras que preceden el litoral en las tierras filisteas. 

Y entonces tornan a la memoria nombres de glorias pasadas, que suscitan la narración de episodios acaecidos, preguntas, explicaciones y afable contraposición de opiniones.

Jesús dice. 

–     Cuando lleguemos a la cima de este monte, os enseñaré desde lo alto todas las zonas que os interesan;

de las que podréis extraer ideas para vuestros discursos al pueblo.  

 Andrés se queja: 

–     ¿Pero cómo haremos, Señor mío?…

Yo no soy capaz.

Pedro y Santiago se unen:

–    ¡Nosotros somos los menos agraciados del grupo!».

Tomás comenta:

–     ¡Oh!…

Si es por eso, no es que yo sea más capaz. 

Si se tratara de oro o plata, podría hablar, pero de estas cosas… 

Y Mateo:  

–     ¿Y yo?

¿Qué era yo?

Andrés replica: 

–     Tú no tienes miedo del público, sabes argumentar.   

–     Pero de otras cosas…

Pedro agrega: 

–     Sí, ya… pero…

Bueno… ya sabes lo que quiero decir, así que sea como si te lo hubiera dicho.

La cuestión es que vales más que nosotros.

Jesús dice: 

–     Amigos míos, no hace falta subir a lo sublime.

Decid simplemente lo que pensáis, con vuestra convicción.

Creedme que cuando uno está convencido siempre persuade.

Pero Judas de Keriot suplica:

–     Danos ideas Tú.

Danos muchas ideas. Una buena idea puede ser muy útil.

Estos lugares creo que no han oído nada de Tí, porque ninguno parece conocerte.

Pedro: 

–     Y porque aquí llega todavía… 

Mucho viento procedente del Moria…

Que causa esterilidad…

Judas replica con firmeza: 

–     Es porque no se ha sembrado:

Pero nosotros sembraremos…

Judas de Keriot, está contento por los primeros éxitos.

Ya han llegado a la cima del monte.

Un amplio panorama se descubre

Es hermoso contemplarlo estando a la sombra de los tupidos árboles que-coronan la cima:

Tan variado y luminoso:

Una imponente cordillera con sus series de montes entrecruzándose en todas las direcciones, como encrespadas olas petrificadas…

El inmenso océano al que barren vientos contrarios y laensenada en calma, donde todo se aplaca en una luminosidad sin límites…

Y en el lado opuesto, una vasta llanura en que se yergue como un faro, la entrada de un puerto.

Jesús extiende su brazo derecho y empieza a señalar.

Mientras dice:

–     Mirad.

Ahora vamos a Betginna.

Ese pueblo, donde nos detendremos, que se extiende sobre esa cresta casi queriendo acaparar todo el sol; 

es como el corazón de un verdadero nimbo radiado de lugares históricos.

Venid aquí.

Allí, a septentrión, está Yermot.

¿Os acordáis del pasaje de Josué?

La derrota de los reyes que quisieron asaltar el campamento israelita, fuerte tras la alianza con los gabaonitas.

Cerca está Betsemes, la ciudad sacerdotal de Judá, donde los filisteos restituyeron el Arca con los exvotos de oro,

que los adivinos y sacerdotes habían impuesto al pueblo,

para obtener la liberación de los castigos que atormentaban a los culpables filisteos.

Y allí, toda llena de sol, Sará, patria de Sansón.

Un poco más a al oriente, Timnata, donde él tomó esposa e hizo muchas proezas y también muchas estupidyeces.

Y allá, Azeca y Soko, que fue lugar de campamento filisteo. Más abajo está Zanoe, una de las ciudades de Judá.

Y aquí, volveos, aquí está el Valle del Terebinto, donde David luchó contra Goliat.

Allí está Maqueda, donde Josué derrotó a los amorreos.

Volveos hacia aquí. ¿Veis aquel monte solitario en medio de esa llanura que un tiempo fue de los filisteos?

Allí está Gat, patria de Goliat y lugar de refugio para David, con Akís, para que no le alcanzara la ira de Saúl.

Y donde el rey sabio se fingió demente, porque el mundo preserva a los locos de los sanos de mente.

Aquel horizonte abierto son las llanuras de la fertilísima tierra de los filisteos.

La atravesaremos, hasta Ramlé. Ahora vamos a Bet – Yinna.

Tú Felipe que miras con ojos suplicantes, irás con Andrés por el poblado.

Nosotros estaremos en la fuente de la plaza.

Tú, precisamente tú, Felipe, que me estás mirando con actitud implorante, irás con Andrés por el poblado.

Nosotros, mientras tanto, esperaremos junto a la fuente o en la plaza. 

Los dos apóstoles suplican:

–     ¡Señor, no nos mandes solos! 

–    ¡Ven Tú también!

–     Id, he dicho.

La obediencia os socorrerá más que mi muda presencia.

Así que Felipe y Andrés van, sin rumbo fijo, por el pueblo.

Llegan a una minúscula posada (más una caballeriza que una posada), donde hay unos intermediarios contratando corderos con unos pastores.

Entran y, cohibidos, se paran en medio de un patio rodeado de arcadas muy toscas.

Viene el posadero:

–     ¿Qué queréis?, ¿alojamiento?

Los dos apóstoles se consultan recíprocamente con la mirada (una mirada llena de apuro).

Es muy probable que de lo que habían pensado decir no les venga ni una sola palabra.

Contra toda previsión, es precisamente Andrés el primero que cobra fuerzas y responde:

–     Sí, alojamiento para nosotros y para el Rabí de Israel.

–     ¿Qué rabí?

¡Hay muchos rabíes! Todos muy señores. No vienen a los pueblos de pobres a traernos su sabiduría.

Somos los pobres los que tenemos que ir a ellos, ¡Y ya es un regalo, si nos toleran a su lado!

–     El Rabí de Israel es uno sólo.

Y viene precisamente a traer a los pobres la Buena Nueva;

cuanto más pobres y pecadores son, más los busca y se acerca a ellos – responde dulcemente Andrés.

–     ¡Entonces… no hará dinero!

–     No busca riquezas.

Es pobre y bueno. Cuando logra salvar a un alma, su jornada está cumplida – responde también esta vez Andrés.

–     ¡Hummm…!

Es la primera vez que oigo que un rabí es bueno y pobre.

Juan es pobre, pero es severo. Todos los demás son severos y ricos, insaciables como sanguijuelas.

¿Habéis oído? Venid aquí, vosotros que vais por todas partes.

Estos hombres dicen que hay un maestro pobre y bueno, que viene a buscar a los pobres y pecadores.

Uno de los tratantes dice:

–     ¡Ah!…

Debe ser ese que viste de blanco como un esenio.

Lo vi hace tiempo en Jericó.

Un pastor alto y musculosos añade: 

–     No. Ése está solo.

Debe ser aquel de que hablaba Toma porque así por azar, había estado hablando de él con unos pastores del Líbano.  

 Otro exclama:   

–     ¡Sí, vaya!

Y viene del Líbano hasta aquí… ¡Por tu cara bonita! 

Mientras el posadero habla y escucha la opinión de sus clientes, los dos apóstoles permanecen allí, en medio del patio, como dos postes.

Hasta que un hombre dice:

–     ¡Eh, vosotros, venid aquí’

¿Quién es? ¿De dónde viene este que decís?

Felipe contesta muy serio:  

–     Es Jesús de José, de Nazaret.  

Y permanece como quien espera que se burlen de él.

Andrés añade:

–     Es el Mesías anunciado.

Os conjuro, por vuestro bien: escuchadlo.

Habéis nombrado a Juan; pues bien, yo estaba con él y os puedo decir que él mismo, nos indicó a Jesús cuando pasaba, diciendo:

“He ahí al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.

Cuando Jesús entró en el Jordán para ser bautizado, se abrieron los Cielos y una Voz gritó:

“Este es mi Hijo predilecto en quien tengo puestas mis complacencias”

Y el Amor de Dios descendió como una paloma y se colocó resplandeciente encima de su cabeza.

–     ¿Ves como es el Nazareno?

Pero, vamos a ver, vosotros que os llamáis amigos suyos, decidnos…

Andrés precisa: 

–     Amigos no.

Apóstoles, discípulos, enviados suyos para anunciaros su llegada; para que quien tenga necesidad desalvación vaya a Él.

–     Bien, de acuerdo…

Pero, decidnos si es realmente como lo describen algunos…

 O sea, un santo más santo que Juan el Bautista. 

O un demonio, como dicen otros.

Vosotros, que estáis con él, porque si sois discípulos estaréis juntos, ¿No?

–    Vamos a ver, hablad con sinceridad:

¿Es verdad que es lujurioso, comilón y bebedor?

¿Y que tiene simpatía por las meretrices y los publicanos?

¿Que es un nigromante y que por la noche invoca a los espíritus, para conocer los secretos de los corazones?

–     Pero, ¿ Por qué preguntas esto a estos hombres?

Pregunta más bien si es verdad que es bueno.

Si no, estos dos se van a sentir ofendidos y se van a marchar.

Y le van a contar al Rabí nuestras malas razones y nos va a maldecir.

¿Qué sabemos nosotros?…

¡Sea Dios o diablo, siempre será mejor tratarlo bien!…

Esta vez es Felipe el que habla:

–     Os podemos responder con sinceridad porque no hay nada torpe que ocultar.

Él, nuestro Maestro, es el Santo entre los santos.

Durante el día dedica su esfuerzo a adoctrinar;

incansable, va de un lugar a otro buscando los corazones.

Durante la noche ora por nosotros. 

No desprecia ni la mesa ni la amistad, pero no busca en ello ventaja propia.

Antes al contrario, lo hace para poderse acercar a aquellos a quienes de otra forma;

no sería posible acercarse.

No rechaza ni a publicanos ni a meretrices, pero sólo para redimirlos.

Señala su camino con curaciones y conversiones milagrosas.

le obedecen el viento y el mar.

Pero no tiene necesidad de nadie para obrar prodigios, ni de invocar espíritus para conocer los corazones.

El posadero pregunta: 

–     Y, ¿Con qué poder lo hace?…

Has dicho que el viento y el mar lo obedecen.

Pero si son cosas que no tienen razón.

¿Cómo puede mandar sobre ellos? 

–     Respóndeme a esto, hombre:

¿Tú qué crees, que sea más difícil:

Mandar sobre el viento y el mar o sobre la muerte?

–     ¡Por Yeohveh!

¡Sobre la muerte no se tiene poder!

Al mar se le puede echar aceite, se le puede hacer frente orientando adecuadamente las velas;

se puede, prudentemente, no ir a navegar.

Contra el viento se puede oponer los cierres de las puertas.

Pero sobre la muerte no se tiene poder:

No hay aceite que la aquiete, no hay vela que haga a nuestra navecilla tan rápida ,

que pueda distanciar a la muerte, no hay cierres contra ella;

cuando quiere venir pasa, a pesar de que estén echados los cerrojos.

¡No, no, nadie da órdenes a esta reina!

–     Pues, a pesar de todo, nuestro Maestro tiene poder sobre ella.

Y no sólo cuando está cercana, sino también cuando ya ha hecho presa.

Un joven de Naím estaba ya para ser introducido en la horrenda boca del sepulcro, cuando Él dijo:

“Te lo ordeno: Levántate!”

Y el joven volvió a la vida.

Naím no está en los confines del mundo.

Si vais, veréis.

–     ¿Así, sin más?

–    ¿En presencia de todos?

 

–     En el camino, en presencia de toda Naím.

E1 dueño de la posada y los huéspedes se miran en silencio…

 Luego el primero dice:

–     Pero, esas cosas las hará para sus amigos, ¿No?

Felipe dice con seguridad:

–     ¡No hombre, para todos los que creen en Él!

Y no sólo para ellos.

Créeme que es la Piedad en la tierra.

Nadie que va a Él vuelve de vacío.

Escuchad todos:

¿Entre vosotros no hay nadie que sufra o llore, por alguna enfermedad en la familia?

¿O por dudas, remordimientos, tentaciones o ignorancia?

Presentaos a Jesús, el Mesías de la Buena Nueva.

Él estará aquí hoy; mañana irá a otro lugar.

No desaprovechéis la Gracia del Señor ahora que pasa»

Felipe, que se ha ido sintiendo cada vez más cómodo, ha perdido la inseguridad.

El dueño de la posada se revuelve los cabellos, abre y cierra la boca, se manosea las franjas de la cintura…

Y al final, dice:

–     ¡Yo lo intento!…

Tengo una hija.

Hasta el pasado verano estaba bien.

Después todo cambió. Ahora es una lunática.

Está siempre en un rincón, como una fiera muda.

Su madre, con gran esfuerzo, apenas si logra vestirla y darle de comer.

Los médicos dicen que se le ha consumido el cerebro por exceso de sol; otros, que por un triste amor; el pueblo dice que está endemoniada.

¿Cómo es posible, si es una jovencita que no ha salido nunca de aquí?

¿Dónde se ha cogido este demonio?

¿Tu Maestro qué dice, que el demonio se puede apoderar de un inocente?

Felipe responde sin vacilar:

–     Sí, para atormentar a los familiares y hacer que se desesperen.

–     ¿Y… cura a los lunáticos?

¿Debo tener esperanza?

Andrés responde inmediatamente: 

–     Debes creer

Entonces les narra el milagro de los gerasenos…

y termina diciendo:

« ¿Si aquéllos – y eran una legión en corazones de pecadores – huyeron de ese modo…

Cuánto más lo hará ése, que ha entrado por la fuerza en un corazón fresco?

Te digo, hombre: para quien espera en Él, lo imposible se le hace tan fácil como respirar

Yo, que he visto las obras de mi Señor, doy testimonio de su potencia.

–     ¡Oh!…

¿Quién de vosotros va y lo llama?

–     Yo mismo.

Espérame, que vuelvo enseguida.

Y Andrés se marcha veloz.

Felipe se queda a hablar.

Cuando Andrés ve a Jesús parado en el zaguán de una casa, para evitar el sol implacable que llena la pequeña plaza del pueblo…

Corre hacia Él diciendo:

–     ¡Ven! ¡Ven, Maestro!

El posadero tiene una hija lunática.

Te implora que la cures.

–     ¿Pero me conocía?

–     No, Maestro.

Hemos tratado de darte a conocer…

–    Lo habéis conseguido.

Porque si uno llega ya a creer que puedo curar un mal que no tiene remedio;

es que ya está adelantado en la fe.

Y teníais miedo a no ser capaces de ello…

¿Qué habéis dicho?

–     Ni siquiera te lo sabría decir.

Hemos expresado lo que pensamos de ti y hemos hablado de tus obras.

Sobre todo, hemos dicho que eres Amor y Piedad.

¡Qué mal te conoce el mundo!

–     Pero vosotros me conocéis bien.

Es suficiente.

–     Llegan a la pequeña posada.

Todos los huéspedes están en la puerta, curiosos.

En medio, con Felipe, está el posadero, que sigue con sus monólogos.

Cuando ve a Jesús, corre a su encuentro:

–     ¡Maestro, Señor, Jesús…

Yo… yo creo tanto que Tú eres Tú.

Que sabes todo, que ves todo, que conoces todo, que todo lo puedes.

Tanto lo creo, que te digo:

Ten piedad de mi hija, aunque los pecados de mi corazón sean muchos;

Que no caiga sobre mi hija el castigo por haber sido inmoral en mi trabajo; juro que no volveré a ser avariento.

Tú ves mi corazón, lo que ha sido y lo que piensa ahora. Perdón. Piedad, Maestro.

y hablaré de ti a todos los que vengan aquí, a mi casa…

El hombre está de rodillas.

Jesús le dice:

–    Levántate y persevera en los sentimientos de ahora.

Llévame a donde tu hija.

–     Está en un establo, Señor.

Este calor bochornoso la pone más enferma todavía. No quiere salir.

–     Bien, no importa; voy Yo.   

No es el bochorno, es que el demonio me siente llegar.

Entran en un patio, luego en un establo oscuro.

Todos los demás van detrás.

La niña, despeinada, demacrada, se contorsiona en el rincón más oscuro.

Y en cuanto ve a Jesús,

grita:

–     ¡Atrás!

¡Atrás! No me hostigues.

Tú eres el Cristo del Señor; sobre mí descargas tu mano. Déjame tranquilo.

¿Por qué sigues siempre mis pasos?

Jesús toma la actitud majestuosa del Dios y Señor que Es,

y ordena: 

–     ¡Sal de ella!

¡Vete! ¡Lo quiero! ¡Devuelve a Dios tu presa y calla! 

Durante unos segundos espectantes…

Luego sigue un grito desgarrador, una sacudida, un cuerpo que se derrumba sobre la paja…

Pasa un pequeño lapso y luego un suspiro muy profundo…

Enseguida la jovencita se yergue con calma, tristeza, estupor…

Y se ruboriza violentamente…

Ya que ahora se avergüenza de estar sin velo y con un vestido roto, ante los ojos de muchos extraños…

Pregunta:

–     ¿Dónde estoy?

¡Por qué estoy aquí?, ¿Quiénes son éstos? 

Y grita: 

–     ¡¡¡Mamaaá!!!  

El padre exclama: 

–     ¡Oh, Señor eterno!

¡Está curada!…

Y aunque resulte extraño en el rubicundo y colorado hospedero, llora como un niño…

Se siente dichoso.

Llora. No sabe qué otra cosa hacer sino besar las manos de Jesús.

Entretanto, la madre también llora, circundada por la corona de sus hijitos, que miran asombrados. 

Y besa a esta primogénita suya que ha sido liberada del demonio.

Los presentes prorrumpen en un verdadero clamor…

 Otros acuden para ver el prodigio.

El patio está lleno.   

El hombre suplica:

–     Quédate, Señor.

Ven esta noche. Cobíjate bajo mi techo.

Jesús dice: 

–     Hombre, somos trece.

–     Aunque fuerais trescientos, sería como nada.

Sé lo que quieres decir, pero el Samuel avariento y deshonesto ha muerto, Señor.

Se ha marchado también mi demonio.

Ahora vive el nuevo Samuel. Seguirá siendo hospedero, pero santamente.

Ven, ven conmigo, que quiero honrarte como a un Rey, como a un Dios, como a quien Eres.

¡Oh, bendito el sol de hoy que te ha traído a mí!….

188 UN PERDÓN CONCEDIDO


188 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Están todos en un bosquecillo de las cercanías de Hebrón.

Conversan, sentados en círculo, mientras comen.

Judas, ahora que está seguro de que María irá a ver a su madre, ha vuelto a sus mejores disposiciones de espíritu…

Y trata de borrar con mil atenciones el recuerdo de sus malhumores, para con sus compañeros y las mujeres.

Debe haber ido él al pueblo para comprar.

Porque está contando que lo ha encontrado muy cambiado respecto al año anterior:

–    «La noticia de la predicación y milagros de Jesús ha llegado hasta aquí.

La gente ha empezado a recapacitar sobre muchas cosas.

¿Sabes, Maestro, que en esta zona hay una propiedad de Doras?

También la mujer de Cusa posee aquí por estos montes, unas tierras y un castillo propio, de su dote.

Se ve que un poco ella y otro poco los campesinos de Doras han preparado el terreno, porque debe haber aquí alguno de los de Esdrelón.

Doras ordenó que guarden silencio, pero ellos… ¡Yo creo que ni ante el tormento callarían!

Ha causado estupor la muerte del fariseo, ¿Sabes?

Así como la excelente salud de Juana, que vino aquí antes de la Pascua.

¡Ah, y también te ha sido útil el amante de Áglae. ¿Sabes que ella se escapó poco después de haber pasado nosotros por aquí?

Bueno pues él ha sido un demonio para con muchos inocentes, para vengarse.

Así que la gente al final ha pensado en ti como en un vengador de los oprimidos y desea tu presencia.

Quiero decir los mejores…  

Jesús responde: 

–     ¿Vengador de los oprimidos?

Sí, lo soy, pero sobrenaturalmente.

Ninguno de los que me ven con el cetro y la segur en la mano, como rey y justiciero según el espíritu de la tierra, juzga con acierto.

Sí, claro que he venido a liberar de las opresiones:

La del pecado – la más grave -, la de las enfermedades y el desconsuelo; como también de la ignorancia y del egoísmo.

Muchos aprenderán que no es justa la tiranía porque el destino lo haya colocado a uno arriba.

Y que más bien, se debe usar de las posiciones privilegiadas para elevar al que está abajo.  

Felipe dice con desconsuelo: 

–     Lázaro lo hace…

Y también Juana; pero son dos contra centenares…

–     Los ríos en el nacimiento, no tienen la anchura que presentan en el estuario.

Son unas gotas, un hilo de agua… Pero luego… hay ríos que en la desembocadura parecen mares.

María de Alfeo comenta: 

–     ¡El Nilo, ¿No?!

Tu Madre me contaba cosas de cuando fuisteis a Egipto.

Siempre me decía: “Créeme: es un mar, un mar verde-azul.

¡Verlo durante las crecidas es realmente un sueño!”.

Y me hablaba de las plantas que parecían nacer del agua y de esa abundancia de hierba que parecía nacer también del agua cuando se retiraba… 

–     Pues os digo que de la misma forma que el Nilo en su nacimiento, es un hilo de agua…

Y luego se transforma en un verdadero gigante, esto que ahora es sólo un hilito (Juana, Lázaro, Marta)

inclinado con amor y por amor hacia los más pequeños, llegará a ser una multitud:

¡Cuántos!, ¡Oh, cuántos! 

Jesús parece como si estuviera viendo a estos que serán misericordiosos para con sus hermanos...

Y sonríe, absorto en su visión.

Juan está junto a Judas, 

y le dice en corto… 

–    ¿¡Creerías que el arquisinagogo quería venir conmigo!?

Pero no se atrevió a tomar por sí solo la decisión:

¿Te acuerdas Juan, cómo nos rechazó el año pasado?

Juan responde:

–     Sí…

Pero vamos a decírselo al Maestro.

Le preguntan a Jesús,

y Él responde:   

–    Entraremos en Hebrón si desean mi Presencia.

Y si nos llaman, nos detendremos un corto tiempo…  

Si no, pasaremos sin detenernos.  

Así visitaremos también la casa de Juan el Bautista.

¿De quién es ahora?

Judas replica:

–     Creo que de quien quiere.

Samay se marchó y no ha vuelto.

Ha quitado el mobiliario y la servidumbre.

Los habitantes de la ciudad, para vengarse de sus vejaciones…

Han abierto una brecha en el muro de protección…

Y ahora la casa es de todos; al menos el jardín.

Cuando termina la comida se levantan, caminan hasta el poblado y se dirigen a la casa de Zacarías…

En la entrada un lugareño les dice que desde que Aglae se marchó, el herodiano abandonó la propiedad.

Y después Shiammay fue asesinado, por algún asunto de mujeres…

Bartolomé comenta: 

–     ¡Alguna trama podrida de la corte, sin duda!

Y algo masculla Natanael entre dientes.

La casa de Zacarías ahora es punto de reunión, para venerar a su Juan.

Cuando les falta poco para llegar, ven acercarse a un grupo compacto de gente de la ciudad.

Se acercan un poco vacilantes, curiosos y cohibidos.

Pero Jesús los saluda con una sonrisa, lo cual hace que se sientan más seguros.

El grupo entonces se divide, con lo cual deja ver al arquisinagogo irrespetuoso del año anterior. 

Jesús lo saluda prontamente: 

–     ¡Paz a ti! 

¿Nos permites detenernos en tu ciudad?

Vienen conmigo mis discípulos predilectos y las madres de algunos de ellos.  

El hombre está ruborizado…

–     Maestro…

¿Pero no nos guardas rencor, al menos a mí?

–     ¿Rencor?

¡No lo conozco, ni sé por qué motivo debería sentirlo

–     El año pasado fui violento contigo…

–     Fuiste violento con el Desconocido…

Creyéndote en el derecho de serlo.

Luego viste claro y te arrepentiste de lo que habías hecho.

Mira, son cosas pasadas…

Y de la misma forma que el arrepentimiento anula la culpa, el presente anula el pasado.

Ahora, para ti, Yo ya no soy el Desconocido.

¡Qué sentimientos tienes pues, respecto a Mí en este momento?

–     De respeto, Señor.

De… deseo de…

–     ¿Deseo? 

¿Qué quieres de Mí?

–     Quiero conocerte más de lo que te conozco.

–     ¿Cómo?

¿De qué forma?

–     A través de tu palabra y de tu obra. 

Nos ha llegado noticia de Tí, de tu doctrina y poder; se ha dicho incluso que contribuiste a la liberación de Juan…

Significa que no lo odiabas, que no tratabas de suplantar a nuestro Juan

Él mismo no ha negado que por Tí, volvió a ver el valle del santo Jordán.

Hemos ido a verlo y le hemos hablado de Tí.

Nos ha dicho:

“No sabéis lo que habéis rechazado.

Debería maldeciros, pero os perdono porque El me ha enseñado a perdonar y a ser manso.

No obstante, si no queréis ser anatemas ante el Señor y ante mí su siervo, amad al Mesías.

Y no dudéis.

Su testimonio es éste:

Espíritu de paz, amor perfecto, sabiduría que supera a cualquier otra, doctrina celestial;

mansedumbre absoluta, poder sobre todas las cosas, humildad total, castidad angelical.

No podréis equivocaros:

Cuando respiréis paz ante un hombre que se dice Mesías, cuando bebáis amor, el amor que emana de Él.   

Cuando paséis de vuestras tinieblas a la Luz, cuando veáis la redención de los pecadores y la curación de los cuerpos, decid:

` ¡Éste es verdaderamente el Cordero de Dios!'”.

Pues bien, nosotros sabemos que tus obras son las que dice nuestro Juan;

por tanto, perdónanos, ámanos, danos eso que el mundo espera de Tí.

–     Estoy aquí para esto.

Vengo de muy lejos para dar también a la ciudad de Juan

lo que ofrezco en todos los lugares en que se me recibe.

¿Qué deseáis de Mí?

Hablad.

–     Nosotros también tenemos enfermos y somos ignorantes.

Especialmente en lo que concierne al amor y a la bondad.

Juan, en su amor total a Dios, tiene mano férrea y palabra de fuego;

quiere doblegar a todos como un gigante comba un tallito de hierba.

Muchos se desaniman porque el hombre es más pecador que santo.

¡Es difícil ser santo!…

Se dice que Tú no sometes, sino que elevas; que no cauterizas, sino que aplicas bálsamos;

que no trituras, sino que acaricias.

Se sabe que eres paternal con los pecadores, que dominas las enfermedades, cualesquiera que sean;

sobre todo las del corazón.

Los rabíes ya no lo saben hacer.

–     Traedme a vuestros enfermos.

Luego reuníos en este jardín que fue elevado a templo por la Gracia que en él habitó…

Y que después quedó abandonado y fue profanado por el pecado.

Los hebronitas se esparcen en todas las direcciones, como golondrinas.

Se queda el arquisinagogo, que atraviesa con Jesús y sus discípulos la cerca del jardín;

para ir a la sombra de una vasta pérgola recubierta de una maraña de rosas y parras, que han crecido según su beneplácito.

Regresan pronto, trayendo a un paralítico recostado en una camilla, a una joven ciega, a un mudito…

Y a otros dos enfermos que vienen apoyándose en los que los acompañan.

–     Paz a ti. 

Es el saludo de Jesús a cada uno de los enfermos que se acerca.

Luego la dulce pregunta:

–    « ¿Qué deseáis que os haga?»

Seguido por el coro de lamentos de estos desdichados,

con que cada uno de ellos quiere narrar su propia historia.

Luego Jesús que estaba sentado, se levanta y va hacia el mudito.

Le moja los labios con su saliva y pronuncia la magnífica  palabra « ¡Ábrete!».

Repite la misma palabra mientras moja con su dedo húmedo de saliva los párpados sin abertura de la ciega.

Luego da la mano al paralítico y le dice: « ¡Levántate!».

Por último, impone las manos a los dos enfermos diciendo: « ¡Quedad sanos, en el nombre del Señor!».

Y el mudito, que antes sólo emitía gemidos, dice claramente: 

–     « ¡Mamá!».

La joven ciega, abre sus párpados y los cierra ante la luz…

Se protege con sus dedos del desconocido sol, llora, ríe y mira, apretando los párpados;

porque no está acostumbrada a la luz, a las plantas, a la tierra, a las personas, a Jesús especialmente.

El paralítico, con movimientos seguros, baja de las angarillas, que los compasivos hebronitas levantan ahora vacías; 

para que los que están lejos se den cuenta de que se ha cumplido el milagro.

Los dos enfermos lloran de alegría y se arrodillan ante su Salvador para venerarlo.

La muchedumbre prorrumpe en un frenético clamor de júbilo.

Tomás, que está al lado de Judas, lo mira tan fijamente y con una expresión tan clara,

que éste le responde:

–     He sido un estúpido, perdona.

Mientras los Hosananas para el Mesías, inundan el aire en Hebrón…  

152 ESPÍRITU DE LA PARÁBOLA


152 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

¡Pero, dichosos vosotros por vuestros ojos que ven, por vuestros oídos que oyen, por vuestra buena voluntad!

En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron y oír lo que vosotros oís pero no lo oyeron.

Se consumieron en el deseo de comprender el misterio de las palabras, pero, apagada la luz de la profecía, las palabras permanecieron como carbones apagados, incluso para el santo que las había recibido.

Sólo Dios se devela a Sí Mismo.

Cuando su luz se retira, terminada su intención de iluminar el misterio, la incapacidad de comprender envuelve – como las vendas de una momia – la regia verdad de la palabra recibida.

Por esto te he dicho esta mañana: “Un día volverás a encontrar todo lo que te he dado”. Ahora no puedes retenerlo.

Pero tiempo llegará en que recibirás la luz, no sólo por un instante sino en un inseparable desposorio del Espíritu eterno con el tuyo, por lo que será infalible tu magisterio respecto a las cosas del Reino de Dios.

Y, como en ti, en tus sucesores, si viven de Dios como su único pan.

Si viven de Dios como su único pan: es una condición puesta a la infalibilidad pontificia.

Tal condición debió provocar una objeción por parte del Padre Migliorini, sacerdote que revisaba y escribía a máquina los escritos de María Valtorta, quien le especificó la nota aclaratoria de Jesús al respecto:

“Es cierto que la existencia de la infalibilidad papal en cosas de espíritu, en cualquier Vicario mío, prescindiendo de su forma de vida y posesión de virtud, es verdad definida.

Pero es también cierto que no podréis encontrar un dogma definido y proclamado por Papas privados – notoriamente o no – de mi Gracia.

El alma privada de la Gracia no puede tener como amigo al Espíritu Santo. […] Descansad, por tanto, en esta certeza:

que los dogmas son verdaderos, que la infalibilidad existe, porque Yo no concedo dogmas a quien no lo mereciera.

Y esto estaba incluido en la frase que ha suscitado la objeción”.

E1 mismo concepto está presente en las palabras de Jesús al apóstol Santiago de Alfeo: Dios dará la Luz según los grados que tengáis.

Dios no os dejará sin la Luz, a menos que la Gracia no quede apagada en vosotros por el pecado”

Escuchad ahora el espíritu de la parábola.

Tenemos cuatro tipos de campos: los fértiles, los espinosos, los pedregosos y los que están llenos de senderos.

Tenemos también cuatro tipos de espíritus.

Por una parte están los espíritus honestos, los espíritus de buena voluntad, preparados por esta misma buena voluntad y por la obra buena de un apóstol, de un “verdadero” apóstol.

Porque hay apóstoles que tienen el nombre pero no el espíritu de apóstoles:

Su efecto sobre las voluntades que se están formando es más mortífero que los propios pájaros, espinos y piedras:

Con sus intransigencias, prisas, reprensiones y amenazas,  trastocan todo de tal forma, que alejan para siempre de Dios.

Hay otros que al contrario, por regar continuamente benevolencia desfasada, ajan la semilla en un terreno demasiado blando.

Enervan, con su enervamiento, las almas que están bajo su custodia.

Mas refirámonos a los verdaderos apóstoles, es decir, a los espejos límpidos de Dios:

Son paternos, misericordiosos, pacientes y al mismo tiempo, fuertes como su Señor. 

Pues bien, los espíritus preparados por éstos y por la propia voluntad, se pueden comparar a los campos fértiles,

exentos de piedras y zarzas, limpios de malas hierbas y cizaña. 

En ellos prospera la palabra de Dios; cada palabra – una semilla – produce una macolla y luego espigas maduras.  

Y da en unos casos el cien, en otros el sesenta, en otros el treinta por ciento.

¿Entre los que me siguen hay de éstos? Sin duda.

Y serán santos.

Los hay de todas las castas, de todos los países,

incluso gentiles hay que darán también el cien por ciento por su buena voluntad; por ella únicamente.

O también, además de por ella, por la de un apóstol o discípulo que me los prepara. 

Los campos espinosos son aquellos en que la indolencia ha dejado penetrar espinosas marañas de intereses personales que ahogan la buena semilla. 

Es necesaria siempre una vigilancia sobre uno mismo; siempre, siempre…

Nunca decir: “¡Ya estoy formado, he recibido ya la semilla, puedo estar tranquilo porque daré semilla de vida eterna!”.   

Es necesaria siempre una vigilancia:

La lucha entre el Bien y el Mal es continua.

¿Alguna vez os habéis parado a observar una colonia de hormigas que se establece en una casa?

Ya se las ve junto al hogar.

La mujer ya no vuelve a dejar alimentos allí sino que los pone encima de la mesa.

Mas el olfato de las hormigas examina el aire y asaltan la mesa.  

La mujer pone los alimentos en el aparador, pero ellas pasan adentro a través de la cerradura.

Entonces la mujer cuelga del techo esos alimentos, pero las hormigas recorren un largo camino por paredes y viguetas, bajan por la cuerda y comen.

Entonces la mujer las quema, las envenena…

Y se queda tranquila creyendo que las ha destruido.

¡Ah, si no vigila, qué sorpresa!

Ya salen las otras nuevas que han nacido… y vuelta a empezar.

Esto durante el tiempo que dura la vida.

Es necesario vigilarse para extirpar las plantas malas desde el primer momento en que aparecen. 

Si no, harán un techo de zarzas y ahogarán el trigo.

Los cuidados mundanos, el engaño de las riquezas, crean la maraña…

Ahogan la planta de la semilla de Dios y no dejan que llegue a hacerse espiga.

¿Y las tierras pedregosas?… ¡Cuántas hay en Israel!…

Son las que pertenecen a los “hijos de las leyes” como muy acertadamente ha dicho mi hermano Judas.

Estas tierras no tienen la piedra única del Testimonio.

No la piedra de la Ley, sino el pedregal de las pequeñas, pobres, humanas leyes creadas por los hombres…

Muchas, tantas, que con su peso han reducido a lascas incluso la piedra de la Ley.

Se trata de un deterioro que impide completamente la radicación de las semillas.

La raíz no tiene ya alimento. No hay tierra, no hay sustancia. 

El agua, estancándose sobre el suelo de piedras, pudre.

el sol se pone al rojo en esas piedras y quema las plantas tiernas.

Son los espíritus de los que en lugar de la sencilla doctrina de Dios, ponen complicadas doctrinas humanas.

Reciben mi palabra hasta incluso con alegría; momentáneamente se sienten impresionados y seducidos por ella; pero luego…

Sería necesario tener el heroísmo de trabajar duro para limpiar el campo, el espíritu y la mente,

de todo el pedregal de los oradores vacíos.

Entonces la semilla echaría raíz y se haría una fuerte macolla.

Sin embargo, así no es.

NADA.

Es suficiente un temor a represalias humanas, es suficiente la reflexión:

“¿Y luego?, ¿Qué respuesta voy a recibir de los poderosos?”,…

Para que la pobre semilla, carente de alimento, languidezca.

Es suficiente con que todo el pedregal se remueva, con el sonido vano de los centenares de preceptos que han reemplazado al Precepto,

para que el hombre perezca con la semilla recibida…

Israel está lleno de ello.

Esto explica por qué el ir a Dios está en razón inversa del poder humano.

Por último, las tierras surcadas de caminos, polvorientas, desnudas. 

Las de los mundanos, las de los egoístas.

Su comodidad es su ley; su fin, gozar.

No trabajar, sino vivir en la indolencia, reír, comer…

En ellos reina el espíritu del mundo.

El polvo de la mundanidad recubre el terreno y éste se hace arenoso.

Los pájaros o sea, el producto de su molicie,

se lanzan hacia esos mil senderos que han sido abiertos para hacer más fácil la vida.

Luego el espíritu del mundo o sea, el Maligno…

Picotea y destruye todas las semillas caídas en este terreno abierto a toda sensualidad y ligereza.

¿Habéis comprendido?

¿Tenéis algo más que preguntar? ¿No?

Pues entonces podemos retirarnos a descansar para salir mañana para Cafarnaúm.

Tengo que visitar todavía un lugar antes de emprender el viaje hacia Jerusalén para la Pascua.  

Judas de Keriot pregunta:

–     ¿Vamos a pasar otra vez por Arimatea? 

–     No es seguro. Según que los…

Llaman enérgicamente a la puerta.  

Pedro se levanta para ir a abrir…

Y dice:

–     ¿Quién podrá ser a esta hora?…  

Son las…

Se presenta Juan.

Agitado, lleno de polvo, con claros signos de llanto en su rostro. 

Y todos gritan:

–     ¿Tú aquí?

–    ¿Pero qué ha pasado?

Jesús, que se ha puesto en pie,

se limita a decir:

–     ¿Dónde está mi Madre?

Juan, dando unos pasos y yendo a arrodillarse a los pies de su Maestro.

Tendiendo los brazos hacia delante como pidiendo ayuda,  dice:

–     Tu Madre está bien.

Pero llorando como yo, como muchos otros.   

Te ruega que no vayas donde Ella siguiendo el curso del Jordán por la parte nuestra.

Me ha hecho regresar por este motivo, porque…

Porque Juan, tu primo, ha sido apresado..

Y Juan llora…

Mientras entre los presentes se forma un gran alboroto.  

Jesús se pone muy pálido, pero no se agita.

Solamente dice:

–     Levántate y habla.

–     Iba hacia abajo con la Madre y las mujeres.

También estaban con nosotros Isaac y Timoneo. Tres mujeres y tres hombres. Cumplí tu orden de conducir a María donde Juan…

¡Ah, sabías que era el último adiós… que debía ser el último adiós!.

La tormenta de hace unos días nos obligó a detenernos unas horas.

Pocas pero suficientes para que Juan no pudiera ya ver a María…

Llegamos a la hora sexta.

Él había sido capturado poco antes del alba. 

Todos preguntan, todos quieren saber.

–     ¿Dónde?

–     ¿Cómo?

–     ¿Quién? 

–     ¿En su cueva?

–     Lo han traicionado…

¡El que lo ha hecho ha usado tu Nombre para traicionarlo! 

Todos gritan:

–     ¡Qué horror! 

–     ¿Quién habrá sido? 

Juan, estremeciéndose, manifestando levemente este horror que ni siquiera el aire debería oír.

Declara:

–     Un discípulo suyo…

El alboroto se hace máximo:

Quién maldice, quién llora, quién está estupefacto, como estatuario.

Juan se echa al cuello de Jesús,

y grita:

–     ¡Tengo miedo por Tí!.

¡Por Tí!, ¡Por Tí! Los traidores acompañan a los santos y por oro se venden.

Por oro y por miedo a los poderosos, por sed de premio, por… por obediencia a Satanás.

¡Por mil cosas!, ¡Por mil! ¡Oh! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué dolor! ¡Mi primer maestro! ¡Mi Juan! ¡Tú me has si-do dado por él! 

Jesús está muy pálido, pero responde con calma:

–     ¡Tranquilo!

¡Tranquilo! No me sucederá nada por ahora.

–     ¿Y después?

¿Y después? Me miro… Miro a éstos… Tengo miedo de todos, incluso de mí mismo. Estará entre nosotros tu Traidor…  

Pedro grita:

–     ¿Pero estás loco?

¡Lo haríamos trizas! 

Y Judas de Keriot:

–     ¡Loco de verdad!

No seré yo jamás ése. Pero, si me sintiera debilitado hasta el punto de poderlo ser, me quitaría la vida: sería mejor que ser deicida.

Jesús se libera del abrazo de Juan y zarandea rudamente a Judas,

diciendo: 

–     ¡No blasfemes!

Nada te podrá debilitar, si tú no quieres.

Y si así sucediera, llora. Y no cometas otro delito además del deicidio.

Se hace débil quien por sí mismo, se vacía de Dios.

Luego vuelve donde Juan, que está llorando con la cabeza apoyada sobre la mesa,

y dice:

–     Habla con orden.

Yo también estoy sufriendo. Era mi propia sangre y además mi Precursor. 

Juan responde muy afligido:

–     Sólo he visto a los discípulos, a una parte de ellos…

Consternados y enfurecidos contra el traidor.

Los otros habían acompañado a Juan hacia la prisión para estar junto a él en la hora de la muerte.

Simón Zelote dice:

–     Pero todavía no ha muerto…

La otra vez pudo huir.

Pues estima mucho a Juan y queriendo consolar.

Juan responde:

–     No ha muerto todavía, pero morirá. 

Jesús confirma:

–     Sí. Morirá.

Él lo sabe y Yo también. Nada ni nadie lo salvará esta vez.

¿Cuándo? No lo sé. Sé que no saldrá vivo de las manos de Herodes.

–     Sí, de Herodes.

Escucha. Juan fue hacia esa hoz por donde pasamos también nosotros regresando a Galilea, entre el Ebal y el Garizim, porque el traidor le había dicho:

“El Mesías ha sido agredido por unos enemigos y está muriendo. Quiere verte para confiarte un secreto”.

Y Juan fue, con el traidor y con algún otro.

Acechaban en la hoz los soldados de Herodes.

Y lo prendieron.

Los otros huyeron y llevaron la noticia a los discípulos que se habían quedado cerca de Enón.

Acababan de llegar, cuando me presenté yo con la Madre.

Lo que es horrible es que era uno de nuestras ciudades…

Y que a la cabeza del complot preparado para apresarlo estaban los fariseos de Cafarnaúm.

Habían ido a verlo diciendo que Tú habías estado en su casa y que de allí partías para Judea…

No habría abandonado su refugio sino por Tí…

Un silencio sepulcral, sigue a la narración de Juan.

Jesús parece desangrado, con los ojos de un color azul oscurísimo y como empañados.

Tiene la cabeza agachada, la mano – recorrida por un ligero temblor – en el hombro de Juan.

Ninguno se atreve a hablar.

Jesús rompe el silencio:

–     Iremos a Judea por otro camino.

Pero mañana tengo que ir a Cafarnaúm.

Lo antes posible. Descansad.

Voy a subir por entre los olivos. Necesito estar solo. 

Y sale sin decir nada más.

Santiago de Alfeo, musita:

–     Sin duda va allí a llorar.   

Tadeo añade:

–    Sigámoslo, hermano. 

Zelote aconseja: 

–     No. Dejadlo llorar. 

Vayamos sólo a la escucha, caminando despacio, porque temo asechanzas por todas partes.   

Pedro dice:

–     Sí. Vamos.

Los pescadores siguiendo la orilla así, si alguien viene por el lago lo veremos.

Y vosotros por los olivos.

Estará sin du en su sitio de costumbre, junto al nogal.

Al alba prepararemos las barcas para salir temprano.

¡Esas serpientes!

¡Ya lo decía yo! Pero… ¡Di, muchacho!, ¿La Madre está verdaderamente a salvo?

–    ¡Sí, sí; se han quedado con Ella también los pastores discípulos de Juan!

¡Andrés… no volveremos a ver a nuestro Juan!

–     ¡Calla! ¡Calla!

Me parece el canto del cuco… Uno precede al otro y…y…  

Pedro grita enfurecido:

–     ¡Por el Arca santa!

¡Callad! ¡Si seguís hablando de desgracias respecto al Maestro, empiezo por vosotros a haceros probar el sabor de mi remo en los lomos!

Y volviéndose hacia los que van a estar entre los olivos,

ordena:

Vosotros coged garrotes, ramas gordas… allí hay, en la leñera.

Diseminaos armados. El primero que se acerque a Jesús para causarle daño es hombre muerto.  

Felipe exclama:

–     ¡Discípulos!

¡Discípulos! ¡Hay que ser cautos con los nuevos! 

Elías el nuevo discípulo se siente herido y pregunta:

–     ¿Dudas de mí?

Él me ha elegido y me ha llamado.

–     No lo digo por ti.

Lo digo por los que son escribas y fariseos y de sus adoradores.

De ahí vendrá la ruina, creedlo.

Salen y se diseminan en las barcas o entre los olivos de las colinas… Y todo termina. 

APOCALIPSIS 12, 2


La Virgen Morena no sólo es patrona de México sino también Emperatriz de las Américas, desde Chile hasta Canadá.

Mientras que otras manifestaciones de María reclaman a lo sumo una región o un país, Guadalupe es la única que reina sobre dos continentes.

Y si eso no es suficiente, a mediados del siglo XX, también fue declarada patrona de las Filipinas, hogar de la tercera población católica más grande del mundo.  

Pero siguiendo con el análisis del ayate de Juan Diego veamos que más encontramos:

Los Rayos.

El sol en todas partes, para desterrar las tinieblas.

Ciento veintinueve rayos de oro. No existe metal transparente y sin embargo a través de este metal se ven los hilos del ayate.

Este dorado, dotado de transparencia no puede ser obra humana, ni tampoco existe sobre la Tierra

Los ojos.

La tecnología digital da nueva luz a uno de los fenómenos que es todavía una incógnita para la ciencia:

el misterio de los ojos de la Virgen de Guadalupe.

Los resultados de esta investigación fueron revelados por el ingeniero José Aste Tonsman, del Centro de Estudios Guadalupanos de México, en el Ateneo pontificio “Regina Apostolorum”, de Roma.

El doctor Aste, graduado en ingeniería en sistemas ambientales por la Universidad de Cornell,

ha estudiado durante más de veinte años la imagen impresa de la Virgen en el burdo tejido hecho con fibras de maguey, una especie de cactus,

de la tilma del beato Juan Diego, el indígena que recibió las apariciones que cambiaron decisivamente la historia de México.

Se trata de una tela que no dura más de veinte años, pero la imagen se mantiene intacta como el primer día desde hace casi cinco siglos,

después de haber permanecido más de un siglo sobre una pared húmeda, entre el humo de miles de velas, y manoseada por muchedumbres de indígenas.

En su conferencia, el doctor Aste insistió en que nos encontramos ante una imagen “que no ha sido pintada por mano de hombre”.

Ya en el siglo XVIII varios científicos realizaron pruebas y estudios que mostraban cómo era imposible pintar una imagen así en un tejido de tal textura.

Richard Jun, premio Nobel de Química, recordó el doctor Aste Tonsman, hizo análisis químicos en los que se pudo constatar que la imagen no tiene colorantes naturales, ni animales, ni mucho menos minerales.  

Dado que en aquella época no existían los colorantes sintéticos, la imagen, en este aspecto, es inexplicable.

En 1979 los estadounidenses Philip Callahan y Jody B. Smith estudiaron la imagen con rayos infrarrojos,

y descubrieron con sorpresa que no había huella de pintura y que el tejido no había sido tratado con ningún tipo de técnica.

Aste se pregunta: “¿Cómo es posible explicar esta imagen y su consistencia en el tiempo sin colores y con un tejido que no ha sido tratado?

Es más, ¿Cómo es posible que, a pesar de que no haya pintura, los colores mantengan su luminosidad y brillantez?”.

El ingeniero peruano añadió que “Callahan y Smith han mostrado cómo la imagen cambia ligeramente de color según el ángulo de visión,

un fenómeno que se conoce con el término de iridiscencia, una técnica que no se puede reproducir con manos humanas”.

Pero, en particular, este prestigioso científico investigó el enigma de los ojos.

El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe, es la escena en la que Juan Diego mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga

y a los presentes en la estancia, el manto con la misteriosa imagen  el 9 de diciembre de 1531. 

Comenzó a desarrollar su estudio en 1979.

Aumentó los iris de los ojos de la Virgen hasta alcanzar una escala 2.500 veces superior al tamaño real,

Y a través de procedimientos matemáticos y ópticos, logró identificar doce personajes impresos en los ojos de la Virgen.

En los ojos de la Virgen -revela- se encuentran reflejados los testigos del milagro guadalupano, el momento en que Juan Diego mostraba el ayate al obispo.

Los ojos de la Virgen tienen así el reflejo que hubiera quedado impreso en los ojos de cualquier persona en esa posición.

Se puede distinguir un indio sentado, que mira hacia lo alto; el perfil de un hombre anciano, con la barba blanca y la cabeza con calvicie avanzada,

como el retrato de Juan de Zumárraga realizado por Miguel Cabrera para representar el milagro; un hombre más joven, con toda probabilidad el intérprete Juan González;

un indio de rasgos marcados, con barba y bigote, que abre su propio manto ante el obispo, sin duda Juan Diego;

una mujer de rostro oscuro, una sierva negra que estaba al servicio del obispo; un hombre de rasgos españoles que mira pensativo acariciándose la barba con la mano.

En definitiva, en los ojos de la imagen de la Virgen de Guadalupe está impresa, una especie de instantánea de lo que sucedió en el momento en que tuvo lugar el milagro.

En el centro de las pupilas, además, a escala mucho más reducida, se puede ver otra escena, totalmente independiente a la primera.

Se trata de una familia indígena compuesta por una mujer, un hombre y  algunos niños. En el ojo derecho, aparecen otras personas de pie detrás de la mujer.

Y la Tremenda SEÑAL, plasmada en una sencilla tilma de fibra de maguey, que tiene medio milenio de existencia y  QUE FULGURA EN LA BASÍLICA DEL TEPEYAC,..

Hasta aquí llega la ciencia, fue la conclusión de Aste Tönsmann.

El cómo se ha realizado algo tan maravilloso no es posible descifrarlo con métodos científicos.

El investigador peruano, sin embargo, se aventura a ofrecer un por qué:

considera que en los ojos de la virgen hay un mensaje “escondido” reservado para nuestro tiempo;

en el que la tecnología es apta para descubrirlo…

Y cuando este mensaje sea más necesario.

“Este puede ser el caso de la imagen de la familia en el centro del ojo de la Virgen, en una época en que la familia está bajo un serio ataque en nuestro mundo moderno” .

Un mensaje además, universal y antirracista, pues varias etnias se encuentran reflejadas.

Estudios oftalmológicos realizados a los ojos de María Santísima han detectado que al acercarles luz, la pupila se contrae,

y al retirar la luz, se vuelve a dilatar, tal cual como ocurre en un ojo vivo.

¡Los ojos de María están vivos en la tilma!.

También se descubre que los ojos poseen los tres efectos de refracción de la imagen, que un ojo humano normalmente posee.

Lograr estos efectos a pincel es absolutamente imposible, aún en la actualidad.

El Dr. Enrique Graue, oftalmólogo de fama internacional, director de un hospital oftalmológico en México, afirma:

«Examiné los ojos con oftalmoscopio de alta potencia… y pude apreciar en ellos profundidad de ojo, como al estar viendo un ojo vivo».

En estos ojos aparece el efecto Púrkinje-Sánsom: se triplica la imagen en la córnea y en las dos caras del cristalino.

Este efecto fue estudiado por el Dr. Púrkinje de Breslau y Sánsom de París, y en oftalmología se conoce por el fenómeno Púrkinje-Sánsom.  

Este fenómeno, exclusivo del ojo vivo, fue observado también en el ojo de la Virgen de Guadalupe, por el Dr. Rafael Torija con la ayuda de un oftalmoscopio.

Él lo certifica con estas palabras: «Los ojos de la Virgen de Guadalupe dan la impresión de vitalidad».

Lo mismo afirman los doctores Guillermo Silva Ribera, Ismael Ugalde, Jaime Palacio, etc.

Desde el año 1950, los ojos de la Virgen de Guadalupe han sido examinados por una veintena de oftalmólogos.

Según un estudio por computadora, son ojos de una persona viva.

Están semicerrados, símbolo de pureza, humildad.

En el ojo izquierdo descubrieron un indio de cuerpo entero y en el ojo derecho a un español barbudo. El iris del ojo izquierdo es ligeramente mas grande.

Descubre un cuerpo en ambas pupilas. Ni un oleo, guache, temple o pastel es posible pintar miniaturas.

La imagen de la Virgen de Guadalupe impresa en la tilma de Juan Diego tiene varios elementos, cada uno de ellos con un significado especial.

Conoce cuáles son:

Nubes.

Los antiguos mexicanos asociaban las nubes con lo divino. Las nubes se abren para dar paso a María, quien es enviada del cielo.

Rayos.

La Virgen de Guadalupe está rodeada de rayos del sol.

Ella está delante, como en un eclipse que, a diferencia de lo que creían los indígenas, no presagia destrucción sino una Nueva Era.

Manto color azul verde.

El color turquesa indica que es una emperatriz.

Las estrellas visibles en el Manto de María responden a la exacta configuración y posición, que el cielo de México presentaba en el día en que se produjo el milagro,

según revelan estudios astronómicos realizados sobre la imagen.

Cabello suelto.

El pelo suelto evidencia virginidad, pues las mujeres casadas se peinaban con trenzas.

Piel morena.

Su color de piel muestra una mezcla de raza blanca e indígena.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en hueco de mi mano?

Ojos.

Miran hacia abajo con ternura.

Estudios que se han realizado a la tilma muestran que la calidad de detalle de la imagen refleja, como ojos humanos vivos, a quienes estaban presentes al momento del milagro.

Cabeza inclinada y expresión facial.

Simboliza que a pesar de que viene del Cielo y pertenece a la realeza no viene a imponerse ni a arrasar, sino con actitud bondadosa y humilde.

Cruz negra en el cuello. Síntesis de dos culturas:

Su color recordaba a Quetzalcóatl, se había transformado en hormiga negra para crear a la humanidad, pero su forma la cruz de Cristo, verdadero Dios y Hombre que dio Su vida para nuestra salvación.

Manos unidas.

En oración y como formando la casita que pidió para poder recibir en ella a todos sus hijos, escucharlos y darles su amor, su mirada compasiva y su auxilio.

Parecen tener dos tonos distintos, representan razas distintas unidas por la misma fe.

Cinta negra.

La empleaban las mujeres nobles embarazadas (‘encinta’).

Vientre abultado.

Muestra un embarazo avanzado, a unos días de dar a luz. 

EL VIENTRE DE MARÍA LATE CON VIDA ADENTRO

Otro descubrimiento fue, que un ginecólogo colocó su estetoscopio en el vientre de la imagen… Y escuchó y sintió un pulso de 115 a 120 por minuto, igual al examen de una mujer embarazada con su feto.

Lo que se atribuye al pulso del niño Jesús que se está gestando.

Y este cuadro celestial, con su sola Presencia, provocó la conversión del pueblo azteca, pues María los evangelizó, con sólo mirarla…

Rodilla flexionada.

Los indígenas danzaban a manera de oración.

Nuevamente sintetiza dos mentalidades: la oración occidental, con sus manos unidas y la oración indígena, con su rodilla doblada que expresa movimiento, ‘paso de danza’.

El contorno del manto.

Es perfil negro, que nos recuerda la profecía de Simeon: “estaría rodeada de muchos dolores”.

Señora de los mares y estrellas del cielo.  

Manto azul verdoso

 De acuerdo con el doctor Juan Homero Hernández Illescas se comprueba, con admirable exactitud, que en el manto de la Virgen de Guadalupe está reproducido el cielo. del momento de la aparición:

la mañana del solsticio de invierno de 1531.

En el manto están representadas las estrellas más brillantes de las principales constelaciones visibles desde el Valle del Anáhuac aquella madrugada del 12 de diciembre de 1531.

Allí están las constelaciones completas.

Las estrellas se encuentran agrupadas como en la realidad.

Son un deslumbrantes testimonian la grandeza del milagro.

El manto azul

salpicado de estrellas es la “Tilma de Turquesa” con que se revestían los grandes señores.

E indica la nobleza y la importancia del portador.

Los rayos del sol

circundan totalmente a la Guadalupana como para indicar que es portadora de la luz del Sol que disipa las Tinieblas.

Símbolo de Huitzilopochtli, azul verdoso, dios del firmamento a quien llamaban “azul cielo”. Cubre su cabeza y su cuerpo. Esta adornado por un ancho galón de oro.

Tiene 46 estrellas de ocho puntas.

Veintidós del lado derecho y veinticuatro del lado izquierdo.

Símbolo de las gracias y dones repartidos por los santos. Constelación: solsticio de invierno.

Manto cubierto de estrellas.

Su manto está lleno de estrellas no puestas al azar sino que coinciden con las constelaciones que brillaban en esa fecha sobre el valle de México.

Túnica rosa.

Por su color, representa la tierra. Contiene nueve flores doradas que representan los nueve pueblos indígenas que peregrinaron y poblaron nuestro valle.

Flores y tallos.

Siguen los pliegues del vestido porque son códices no adornos.

Los tallos surgen como del manto, que representa el cielo.

Son ríos divinos que dan vida y rematan en flores que representan lo más bello de lo verdadero, entre las cuales unas simbolizan una nueva era,

anunciada por una conjunción planetaria, otras son como corazones con rostro que representan el amor de un Dios que se ha hecho Hombre y a la vez representan al Tepeyac,

desde el cual sale un mensaje hacia todos los puntos cardinales. Se expresa así la misericordia divina y la salvación para todos los pueblos.

Flores coinciden con volcanes en el mapa de México.

Si se coloca un mapa orográfico de México sobre la túnica se descubre que los volcanes coinciden con las flores.

Flor de cuatro pétalos en el centro de su vientre.

Para los indígenas representaba los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, las cuatro épocas pasadas a la espera del quinto sol.

Es una flor solar cuyo centro representa al Niño Sol, y cuya posición indica movimiento perpetuo, es decir:

Que en el vientre de María está Dios, Omnipotente y Eterno, Sol verdadero que se ha hecho cercano y viene no a destruir sino a iluminar.

Luna negra.

Alude al nombre náhuatl de México (‘en el ombligo de la luna’).

Ángel.

Es indio, niño y anciano a la vez, fuerte y sabio. Mensajero de la Virgen, representa a Juan Diego, portador de la gran noticia que trae vida y verdad.  

Alas del Ángel.

De color verde, blanco y rojo, colores sagrados para los indígenas y con el tiempo, los que se plasmaron en la bandera de México.

Manos del Ángel.

Con una toma el manto y con la otra la túnica. Expresa la comunicación, la unión del cielo con la tierra.

HECHOS INEXPLICABLES POCO CONOCIDOS

Los  rigurosos estudios científicos, antropológicos y académicos sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe han develado importantes aspectos,

siendo los más significativos hasta el momento lo descubierto en sus ojos  y el mapa de la bóveda celeste plasmado de forma extraordinaria en su manto…

Dejando entrever un claro Signo no solo de unión y protección de la Santísima Virgen como Madre de la humanidad y su fusión con el Universo, como Madre de todo lo creado,

Sino porque además dejó un testimonio milagroso que aglutinó la mirada no solo de los creyentes, también atrajo el interés de los hombres de ciencia,

debido a la misteriosa naturaleza y profundidad del mensaje plasmado en una tilma indígena.

Mensaje que sigue velado en gran parte hasta nuestros días.

En agosto de 2017, circularon dos enlaces en los medios sociales que sugerían que la NASA había anunciado que había considerado a la Virgen de Guadalupe de la Ciudad de México, estampada en una tilma,

una capa o manto hecho de fibra de cactus, sobre la cual su cara está impresa como “viva”, en el sentido de que la imagen reacciona a estímulos externos.

Hecho principalmente de fibras de cactus, la tilma era de muy mala calidad y tenía una superficie áspera, haciendo que fuera difícil de usar, mucho menos para pintar una imagen tan delicada y prodigiosa en él.

Basílica cerrada y sin peregrinos en este Doce de Diciembre 2020

Para que se pudiera utilizar y al analizarla, lo primero que se observa es que la parte que contiene la imagen, se siente como la seda al tacto;

 mientras que la parte no utilizada de la tilma permanece áspera.

Lo que es más, los expertos en fotografía infrarroja, estudiando la tilma a finales de los años 70, determinaron que no había pinceladas (¡ninguna!)

Era como si la imagen hubiera sido pegada a la superficie de una sola vez, y fue descubierta por el Dr. Phillip Callahan, un biofísico de la Universidad de Florida,

dice que es imposible recrear la diferencia de apariencia con su textura y coloración de la piel de Nuestra Señora de cerca en comparación con una pequeña distancia.

Semejante técnica sería un logro imposible en manos humanas.

Ocurre a menudo en la naturaleza, sin embargo, en el colorido de plumas de pájaro y escamas de mariposa, y en el elítra de escarabajos de colores brillantes…

Al alejarse lentamente de la pintura, a una distancia donde el pigmento y la escultura de superficie se mezclan, la belleza abrumadora de la Madonna de color oliva, emerge prodigiosa y cautivadora.

En 1979, cuando el Dr. Callahan estaba analizando la tilma usando tecnología infrarroja, aparentemente descubrió también que la tilma mantiene una temperatura constante de 98.6 grados Fahrenheit

(36.6-37 grados centígrados), lo mismo que la de una persona viviente.

Cuando el Dr. Carlos Fernández de Castillo, un ginecólogo mexicano, examinó la tilma, notó por primera vez una flor de cuatro pétalos sobre el vientre de María.

La flor, para los aztecas, se llamaba Nahui Ollin y era el símbolo del sol, así como un símbolo de plenitud.

PARECE SER VIRTUALMENTE INDESTRUCTIBLE.

A lo largo de los siglos se han producido dos sucesos distintos en torno a la tilma, uno en 1785 y otro en 1921.

En 1785, un trabajador estaba limpiando el vidrio de la imagen cuando accidentalmente derramó el 50% de disolvente de ácido nítrico sobre una gran parte de la imagen misma.

La imagen y el resto de la tilma, que debería haber sido devorada casi instantáneamente por el derrame, fue restaurada durante los 30 días siguientes.

Tiene la mancha del ácido en una de las esquinas, aunque está más deteriorada por la parte de atrás que por la de enfrente.

Y permanece indemne hasta el día de hoy, aparte de pequeñas manchas en las partes que no llevan la imagen.

El 14 de noviembre de 1921, Luciano Pérez, un anarquista español, depositó un arreglo floral al lado de la Tilma de Juan Diego que contenía 29 varas de dinamita. 

Cuando estalló la bomba, casi todo, desde el altar de mármol y el suelo a unos pocos metros de distancia de la explosión, hasta las ventanas a 150 metros de distancia se rompieron…

Convirtió en polvo jarrones, floreros y vidrios de casas cercanas a la basílica y el cristal de un cuadro de San Juan colgado detrás de la Virgen de Guadalupe.

Esto es totalmente cierto.

Pero el milagro fue que a pesar de la dinamita, la imagen no tuvo daño.

Esto fue observado por los que estaban en ese momento rezando a la imagen.

Y que también fueron los que lograron dar las declaraciones y atrapar a los sujetos.

Pero posteriormente fueron liberados, por obvias razones, porque el gobierno lo había planeado y no iba a dejar presos a sus cómplices.

Una Cruz de pesado metal que se encontraba en las proximidades fue totalmente doblada por la explosión y se guarda como testimonio en el templo.

Sin embargo, el cristal que protegía la Tilma no se rompió, teniendo en cuenta que en aquella época no había cristales blindados.  

El único daño que ocurrió cerca de la tilma fue un fuerte crucifijo de latón, que fue torcido y doblado hacia atrás por la explosión”

LA CIENCIA Y LOS HEREJES ESTÁN PERPLEJOS

Algunos estudios son verdaderamente sorprendentes…

Los más mencionados son: Miguel Cabrera (siglo XVIII), Phillip Serna Callahan y Jody Brant Smith (siglo XX), José Sol (siglo XX), José Flores (siglo XX), entre otros.

“Callahan y Smith, la analizan con película infrarroja y se topan con la sorpresa de que la túnica rosa es transparente al infrarrojo.” Y afirman que la imagen es de origen inexplicable.

Además el azul del manto, unido a la intensidad, duración y a su semitransparencia, combinado a la densidad, dejaron perplejos a los estudiosos.

Y se refieren al manto, la túnica, las manos y el rostro de la Virgen, con estupor y algunos con escepticismo.

Pero las conclusiones no pueden negarlas…

No hay preparación, ni existe decolaramiento.

Y dijeron que la imagen pierde su estética sin ellos. Y esto comprueba que en los milagros no existen explicaciones; porque todo desafía la lógica humana. 

“Guadalupe” en náhuatl significa: “aplasta la cabeza de la serpiente”Es justo Génesis 3,15: María Vencedora del Maligno.  Y la imagen de la tilma, es una pintura exacta como la detalla el Apocalipsis 12,

Aunque “No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, a una distancia de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo.

Los colores desaparecen.

Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la manera en que la misma fue pintada.

No se detectan rastros de pinceladas o de otra técnica de pintura conocida.”

Afirmaron que el material que origina los colores no es ninguno de los elementos conocidos en la tierra.

Es mucho más importante precisar que la Virgen mantiene un atractivo hacia los fieles, que ha aumentado con el tiempo y con los sorprendentes resultados, que la ciencia moderna obtiene

Con los nuevos descubrimientos que arroja el Misterio del Tepeyac.

Hicieron pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está ni en el anverso ni en el reverso.  

Sino que los colores flotan a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido sin tocarlo, literalmente los colores se mantienen en el aire sobre la superficie de la tilma.

Su poder es acercarnos al Corazón de Jesús, como la Perfecta y Siempre Virgen María, Madre del Verdadero Dios, por quien se vive.

Ella la perfecta, es la Inmaculada que aparece rodeada del sol y con la luna bajo sus pies rodeada de doce estrellas.

Es la Mujer que acompaña al pueblo cristiano, tal y como Apocalipsis 12 relata.

Que Ella la Inmaculada, la Virgen, la Madre de Dios, la Virgen Asunta, siga siendo el faro de luz para los que la invoquen.

LA CONSERVACIÓN DEL AYATE

La tilma se ha conservado la mayor parte de los siglos expuesta al medioambiente y al manoseo de los fieles.

Se dice popularmente que no se puede explicar cómo esa imagen ha resistido casi cinco  siglos en un lienzo tan ordinario.

Existe un experimento realizado por el Dr. José Ignacio Bartolache en 1787, donde el resultado fue más que sorprendente,

pues cuando él intentó reproducir todas las condiciones con una tilma fabricada igual, ésta se desintegró en un lapso de 10 años.  

TIENE LA TEMPERATURA DEL CUERPO HUMANO

En agosto de 2017, circularon dos enlaces en los medios sociales que sugerían que la NASA había anunciado que había considerado a la Virgen de Guadalupe de la Ciudad de México, estampada en una tilma:

Una capa o manto hecho de fibra de cactus sobre la cual su cara está impresa como “viva”, en el sentido de que la imagen reacciona a estímulos externos.

Aunque afirman que el ayate tiene la temperatura del cuerpo humano, en una persona viva, 36.6 grados.

Y esto tiene confirmación en este testimonio de Manuel Capetillo.

LA TELA REPELE EL POLVO

Otro hecho notable, es que en la tilma no hay rastro de polvo ni de insectos vivos o muertos. Pues la imagen de la Virgen repele el polvo, a los insectos, los hongos y las bacterias.

Además que es refractaria a la humedad.  

Lo más increíble es la conservación de sus colores que a veces, pareciera que los acaban de pintar.

Se dice que en las fibras no hay restos de colorantes, ni vegetales, ni animales, ni minerales.

Y muchos estudiosos han quedado sorprendidos porque no se explican cómo aparecieron los colores.

LAS ESTRELLAS DEL MANTO REPRODUCEN EL CIELO DE 1531

Un estudio astronómico reveló que en el manto de la Virgen está representado el cielo en el solsticio de invierno a las 10:40 del martes 12 de diciembre de 1531, en la ciudad de México.

REINA DE MÉXICO Y EMPERATRIZ DE AMÉRICA

O sea en el momento preciso en que Juan Diego abrió su tilma y apareció estampada la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Y en el diseño de lo que parecen flores en la túnica rosa, están plasmadas las profecías evangélicas del Mesías, que terminan siendo confirmadas, por la doncella Virgen y Madre de Dios…

¡María tiene un códice azteca, plasmado en su atavío!

Y es nada más y nada menos, que una ¡Biblia Viviente..!

Todo esto lo anunció personalmente la Santísima María Inmaculada al pueblo de los aztecas… 

Y lo está proclamando ahora, la Reina de los Apóstoles, al mundo entero. 

Un mundo que ha olvidado a Dios y una cultura que está tratando de exterminar las enseñanzas del Evangelio…

Esta intervención Divina del Cielo deja al hombre un Signo extraordinario para indicarnos el camino a transitar,

de forma que seamos capaces de llegar al Conocimiento de la Verdad y así corregir nuestras desavenencias o bien para que mantengamos la Fe viva ante los embates del mundo.

Una profecía de esperanza, implícita en la imágen de la tilma, la cual interpretamos como un gran auxilio que el Cielo dará al hombre en el instante más álgido de la Gran Tribulación.

121 LA ADVERTENCIA


121 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La primavera viste con sus hermosos colores, la orilla florida de Genesaret y todos los árboles frutales de los huertos que adornan las villas campestres y los caseríos de los poblados ribereños. 

Jesús está en el lago, en la barca de Pedro, que va detrás de otras dos barcas: una de ellas normal, de pesca, gemela de la de Pedro.

La otra graciosa, rica, de recreo, la de Juana de Cusa; pero la dueña no va en ella, sino que está a los pies de Jesús en la tosca barca de Pedro.

La primera hermosísima manifestación de la primavera palestina, que esparce sus nubes de almendros en flor y deposita perlas de futuras flores en perales y manzanos, granados, membrilleros…

Todos, todos los más ricos y delicados árboles, en flores y frutos.

Cuando la barca acaricia una determinada zona de la orilla, bajo el sol ya aparecen los millones de capullos que están engrosándose en las ramas en espera de florecer, mientras los pétalos de los almendros precoces

revolotean, cual mariposas, en el aire quieto, hasta posarse sobre las claras olas.

Las orillas, entre los tallitos de hierba nueva que parece seda de un color verde alegre, están rociadas de ojos de oro de ranúnculos, de estrellas radiadas de pequeñas margaritas;

junto a éstas, erguidas sobre su pedúnculo, como reinecitas coronadas, sonríen leves, pacíficas como iris infantiles, las miosotas sutiles, celestes, delicadísimas, que parecen decir “sí, sí” al Sol, al lago, a su hermana hierba,..

Y que se sienten contentas de florecer ante los ojos cerúleos de su Señor.

En este comienzo de primavera, el lago no presenta todavía esa riqueza triunfante de los siguientes meses;

no tiene todavía ese fasto suntuoso, hasta sensual, de los millares de rosales rígidos o trepadores, que forman mata en los jardines o velo en los muros;

de los millares de corimbos de los codesos y de las acacias; de los millares de filas de nardos en flor; de los millares de estrellas enceradas de los agrios; de todo este entremezclarse de colores, de perfumes violentos,

delicados, embriagadores, que se presentan ante el frenesí humano de gozar y lo estimulan; un frenesí que profana, demasiado, este rincón de la Tierra tan puro como es el lago de Tiberíades,

lugar elegido desde el comienzo de los siglos para escenario del mayor número de prodigios de Jesús.

Juana está mirando a Jesús, que está ensimismado en la gracia de su lago galileo. El rostro de ella sonríe repitiendo como espejo fiel la sonrisa de Él.

En las otras barcas van hablando, aquí hay silencio; el único ruido es el rumor sordo de los pies desnudos de Pedro y Andrés, que regulan las maniobras de la barca y el suspiro del agua que la proa va abriendo…

Y que susurra su dolor en los lados de la barca, para después transformarse en risa en la popa, cuando la herida se cierra formando una estela argentina que el sol enciende como polvo diamantino.

Pasado este tiempo, Jesús deja su contemplación. Vuelve su mirada hacia su discípula. Le sonríe.

Le pregunta:

–      Hemos llegado casi, ¿No?

Dirás que tu Maestro es un compañero muy poco afable, no te he dirigido ni una palabra.

Juana responde:

–     Pero las he leído en tu rostro, Maestro.

Y he oído todo lo que decías a las cosas que nos rodean.

–     ¿Y qué es lo que les decía?

–     Amad, sed puras, sed buenas, porque venís de Dios y de su mano nada salió malo o impuro.

–     Has leído bien.

–     Señor mío, las hierbas lo hacen y los animales también.

¿Por qué no lo hace el hombre, que es el más perfecto?   

–     Porque el diente de Satanás ha entrado sólo en el hombre.

Su pretensión ha sido destruir al Creador en su mayor prodigio, en el más semejante a Él.

Juana agacha la cabeza y medita.

Da la impresión de ser una persona que no afronta algo o que vacila entre dos tendencias opuestas.

Jesús la observa.

Al final, levanta la cabeza y dice:

–     Señor, ¿Tendrías inconveniente en conocer a unas amigas mías paganas?

Ya sabes que Cusa es de la Corte y Herodes y Herodías, sobre todo ella, que es la verdadera dueña de la Corte y a cuya voluntad se someten todos los deseos de Herodes, por… moda.

Por mostrarse más refinados que los demás palestinos, para ser protegidos por Roma adorando a Roma y a todo lo romano, se muestran complacientes con los romanos de la casa proconsular y casi nos los imponen.

Verdaderamente debo decir que no son mujeres peores que nosotras; también entre nosotras, en estas orillas, hay algunas que han caído muy bajo.

¿Y de qué podemos hablar, si no hablamos por Herodías?… Cuando perdí a mi criatura y enfermé, fueron muy buenas conmigo.

Además no las había buscado. Luego la amistad ha seguido.  

Pero, si me dices que no es correcto, la disuelvo. ¿No? Gracias, Señor.

Anteayer estaba en casa de una de estas amigas. Por mi parte era una visita de amistad; por parte de Cusa era una visita obligada.

Era una orden del Tetrarca, que.., quisiera volver aquí y que no se siente demasiado seguro, y entonces… quiere estrechar vínculos más interesados con Roma para tener cubiertas las espaldas.

Bueno, incluso… ¿Tú eres pariente del Bautista, verdad?

Bueno, pues te ruego que le digas que no se fíe demasiado, que no abandone nunca las fronteras de Samaria. O mejor, si no siente repulsa, que se oculte allí un tiempo.

La serpiente se acerca al cordero y el cordero tiene mucho de qué temer; de todo.

Que esté atento, Maestro. Que no se sepa que lo he dicho yo, porque significaría el fin de Cusa.

–     No te preocupes, Juana.

Le advertiré al Bautista a través de un medio eficaz, sin que perjudique a nadie.

–     Gracias, Señor. Deseo servirte…

Lo que pasa es que no quisiera que ello creara extorsiones a mi marido. La verdad es que… no siempre voy a poder ir contigo; algunas veces tendré que quedarme en casa porque él así lo desea, y es razonable.

–     Sí, te quedarás, Juana; lo comprendo todo.

No sigas hablando, que no es necesario.

–     Pero, en los momentos de mayor peligro para Ti, ¿Me querrás a tu lado?

–     Sí, Juana, por supuesto.

–     ¡Cuánto peso el tener que decir esto! y

¡Y el hecho mismo de decirlo! Ahora me siento aliviada.

–     Si tienes fe en Mí, vivirás un consuelo continuo.

Pero… me estabas hablando de una amiga tuya romana.

–     Sí. Es amiga íntima de Claudia.

Creo que incluso son parientes. Tendría interés en hablar contigo, por lo menos en escucharte.

Y no sólo es ella. Además, ahora que has curado a la niña de Valeria, la noticia ha llegado a la velocidad del relámpago, su interés es mayor.

La otra noche, en un banquete, había muchas voces a favor y muchas en contra de Tí. Había también algunos herodianos y saduceos, aunque lo negarían sí se lo preguntasen.

Y también mujeres… ricas y… y no honestas.

Estaba, siento decirlo porque sé que eres amigo de su hermano, estaba María de Magdala, con su nuevo amigo y con otra mujer, griega creo, tan licenciosa como ella.

Ya sabes cómo hacen los paganos, ¿No? Las mujeres se sientan a la me-sa con los hombres. Bueno esto es muy… muy… ¡Oh, qué situación más violenta!

Mi amiga, que es una mujer delicada, me eligió como compañero a mi propio marido, lo cual me significó un gran alivio. Pero las otras… Bien, pues se hablaba de Tí, porque impresionó el milagro que hiciste a Faustina.

Los romanos mostraban admiración hacia Tí como un gran médico y mago… Perdona, Señor , pero los herodianos y saduceos escupían veneno contra tu Nombre.

Y María… ¡Qué horror, María!… Empezó con burlas y luego… No, no quiero decirte esto. Estuve llorando toda la noche.

(Lo que Juana calló, es que María de Mágdala dijo que había  convertido en un reto el seducir a Jesús. El hombre que la ha deslumbrado y al que ha deseado como a ningún otro…

Ella dijo que era Apolo que se había encarnado otra vez y que solamente era un hechicero encantador… un hombre bellísimo y muy incitante… Y que finalmente y como hombre, también caería rendido a sus pies…)

–     ¡Déjala! ¡Sanará!

–      ¡No, no, si está sana!

–     En cuanto al cuerpo; lo demás está todo intoxicado. Pero sanará.

–     Si Tú lo dices…

Ya sabes cómo son las romanas… Sus palabras fueron: “No nos asustan las brujerías, ni creemos en fábulas. Queremos juzgar por nosotras mismas”.

Y luego a mí me dijeron: “¿No podríamos oírle hablar?”

–      Diles que al final de la luna de Sabat estaré en tu casa.

–     Se lo diré, Señor.

¿Crees que se acercarán a ti?

–     En ellas hay todo un mundo que rehacer.

Lo primero es derribar, luego edificar. No es imposible. Ahí está tu casa Juana.

Recuerda el jardín y trabaja en ella para tu Maestro como te he dicho.

Adiós, Juana. El Señor sea contigo. Yo te bendigo en su Nombre.

La barca se arrima.

Juana dice en tono de ruego:

–     ¿Entonces no pasas siquiera?

–     Ahora no. Debo reavivar las llamas.

En unos pocos meses de ausencia casi se han apagado. Y el tiempo vuela.

La barca se detiene en el recodo que penetra en el jardín de Cusa.

Unos domésticos acuden para ayudar a su señora a bajar.

La barca de Juana, en donde navegaron Juan, Mateo, Judas y Felipe, la han dejado para subir a la de Pedro , atracada en el embarcadero,

la cual luego se separa lentamente y reanuda su navegación hacia la orilla opuesta.

120 IGLESIA NACIENTE


120 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús sigue en su casa de Nazaret. Y  más exactamente en lo que fuera el taller de carpintería.

Con Él están los doce apóstoles y María, María madre de Santiago y Judas, Salomé, Susana y Marta.

Una Marta muy apenada, con claros signos de llanto bajo sus ojos, una Marta que se ve y se siente fuera de lugar en este ambiente, tímida y solitaria, ante la Madre del Señor.

María trata de armonizarla con las otras mujeres y de quitarle ese sentido de molestia que ve que padece; pero su ternura parece dilatar cada vez más el corazón de la pobre Marta.

Rubor y lágrimas se alternan bajo ese velo, muy caído, que quiere cubrir dolor y desazón.

Entran Juan con Santiago de Alfeo.  

Y Juan dice:

–      No estaba, Señor.

Ha ido con su marido a casa de una amiga que la ha invitado. Eso han referido los domésticos. 

Santiago de Alfeo concluye:

–     Lo sentirá mucho, sin duda; de todas formas, ya recibirá tus instrucciones y te verá. 

Jesús dice: 

–     Bien.

No es el grupo de discípulas exactamente como lo había pensado. De todas formas, ya veis que en vez de Juana está Marta, hija de Teófilo, hermana de Lázaro.

Los discípulos ya conocen a Marta. Mi Madre también.

Tú, María, y tú, Salomé, quizás también, ya sabéis por vuestros hijos quién es Marta, no tanto como mujer según los criterios de este mundo, cuanto como criatura ante los ojos de Dios.

Tú, Marta, por tu parte, ya conoces a estas mujeres, que te consideran hermana y te van a querer mucho.

Hermana e hija. Tú tienes mucha necesidad de esto, buena Marta, para sentir, ¿Por qué no? 

La consolación humana de nobles afectos que Dios no sólo no condena; sino que los ha puesto en el hombre como apoyo del trabajo que la vida supone.

Dios te ha traído justo en la hora por mí elegida para poner la base, diría el cañamazo en que vais a bordar vuestra perfección de discípulas.

Discípulo quiere decir aquel que sigue la disciplina del Maestro, de su doctrina. Por tanto, en sentido amplio serán llamados discípulos todos aquellos que ahora y en el transcurso de los siglos sigan mi doctrina.

Y para no dar muchos nombres diciendo “discípulos de Jesús según la enseñanza de Pedro o de Andrés, de Santiago o Juan, de Simón o Felipe, de Judas o de Bartolomé o de Tomás y Mateo”,

se utilizará un solo nombre, que los aglomerará bajo un único signo: “cristianos” 

Y mi Iglesia será llamada “católicaporque será Universal y abarcará a toda la Creación. Porque mis discípulos, se unirán a Mí y también seran corredentores…

Piedras vivas y valiosas en la Magna Obra de la Redención… Mis otros cristos” vivientes y vibrantes de vida y de amor…

Pero entre el gran número de quienes se sujeten a mi disciplina ya he elegido a los primeros y luego a los segundos. Y así se hará a lo largo de los siglos en memoria mía.

De la misma forma que en el Templo  y aún antes, desde Moisés, hubo un Pontífice, hubo sacerdotes, levitas y responsables de los distintos servicios, funciones o tareas, hubo cantores, etc.,

Así en mi Templo nuevo, que será tan grande y duradero como toda la Tierra, habrá mayores y menores, todos útiles, todos amados por Mí.

Y también mujeres, esa categoría nueva que Israel siempre ha despreciado confinándola, destinada sólo a los cantos virginales en el Templo o a la instrucción de las vírgenes en el Templo y nada más.

No argumentéis acerca de si ello era justo o no; en la religión cerrada de Israel y en el tiempo de ira, era justo.

Todo el deshonor recaía sobre la mujer, origen del pecado. En la religión universal de Cristo y en el tiempo del perdón todo esto cambia.

Toda la Gracia se ha reunido en una mujer y Ella la ha dado a luz al mundo para redención de éste.

La mujer, por tanto, ya no representa el desdén de Dios sino la ayuda de Dios. Por la Mujer, la amada del Señor, todas las mujeres pueden ser discípulas del Señor.

No sólo como la masa sino incluso como sacerdotisas menores, coadjutoras de los sacerdotes, a los cuales pueden servir de gran ayuda, respecto a ellos mismos y respecto a los fieles y no fieles,

respecto a aquellos que no serán conducidos a Dios tanto por el rugido de la palabra santa, cuanto por la sonrisa santa de una discípula mía.

Vosotras me habéis pedido seguirMe, como me siguen los hombres.

Ahora bien, sólo seguirme, escucharme o poner en práctica es demasiado poco, para lo que quiero de vosotras: os santificaríais, lo cual es grande, pero no me es suficiente.

Soy Hijo del Absoluto y de mis predilectos quiero lo absoluto. Quiero todo, porque he dado todo.

Además, no sólo existo Yo, también existe el mundo, esta cosa impresionante que es el mundo.

Debería ser impresionante en santidad: una santidad inmensa de la multitud de los hijos de Dios en número y en magnitud.

Sin embargo, lo impresionante del mundo es su iniquidad.

Su compleja iniquidad es verdaderamente inmensa, en el número de manifestaciones y en la magnitud del vicio.

Todos los pecados están asentados en el mundo, el cual, en vez de ser multitud de hijos de Dios, lo es de hijos de Satanás.

En el mundo está presente de forma especial el pecado de más claro signo de filiación satánica: el ODIO.  El mundo odia. Y quien odia ve – y quiere hacérselo ver a quien no lo ve – el mal incluso en lo más santo.

Si le preguntarais al mundo para qué he venido Yo, no os diría: “Para hacer el bien, para redimir”, sino que os diría: “Para corromper y usurpar”.

Y si le preguntarais qué piensa de vosotras, las que me seguís, no os diría: “Le seguís para santificaros, para confortar al Maestro, con santidad y pureza”,

sino que diría: “Le seguís porque estáis seducidas por ese hombre”.

Así es el mundo. Os hablo de estas cosas para que calculéis todo antes de manifestaros al mundo como discípulas elegidas, las primeras del linaje de las discípulas futuras, cooperadoras de los siervos del Señor.

Tomad el corazón en vuestras propias manos, ese corazón sensible de mujer, y decidle que vosotras, y él con vosotras, habréis de soportar burlas y calumnias.

Que os escupirán y pisotearán; que todo esto lo recibiréis del mundo, del desprecio, de la mentira, de la crueldad del mundo.

Preguntadle si será capaz de recibir todas estas heridas sin gritar de indignación maldiciendo a quienes lo hieren.

Preguntadle si se siente con fuerzas de afrontar el martirio moral de la calumnia sin llegar a odiar a los calumniadores y a la Causa por que será calumniado.

Y, puesto que deberá beber el odio del mundo, que lo circundará.

Preguntadle si va a saber emanar siempre amor; si, henchido de amargura de ajenjo, va a saber sacar dulzura; si, sufriendo todo tipo de tortura de incomprensión, escarnio, murmuración;

va a saber sonreír señalando con la mano al Cielo, su meta, a la que queréis conducir a los demás (conducirlos por esa caridad de mujer, que es materna incluso en tierna edad.

Que es materna incluso para con ancianos que podrían ser abuelos vuestros y que de hecho son niños espirituales, recién nacidos, incapaces de comprender y conducirse por el camino, por la vida y la verdad

y la sabiduría que he venido a dar con el ofrecimiento de mí mismo: Camino, Vida, Verdad, Sabiduría divina).

De todas formas, aunque me dijerais: “No me siento con fuerzas, Señor, para desafiar al mundo entero por ti”, os amaría igualmente.

Ayer una jovencita me ha pedido que la inmole antes de que se cumpla la hora de su matrimonio,

porque siente que me ama como se debe amar a Dios, o sea, con la totalidad de sí misma, hasta la perfección absoluta en la entrega.  

Y lo voy a hacer. Le he ocultado la hora para que el alma no tiemble a causa del miedo; o, más que el alma, la carne.

Su muerte será como la de una flor que un atardecer cierra su corola pensando abrirla al día siguiente, pero que no la vuelve a abrir porque el beso de la noche le ha aspirado la vida.

Además, lo haré, según su deseo, de forma que su sueño de muerte preceda en pocos días al mío; para no hacer esperar en el Limbo a esta primera virgen mía; para encontrarla enseguida en cuanto muera Yo.

¡No lloréis! Soy el Redentor… Fijaos cómo esta joven santa, que no se limitó al hosanna inmediatamente después del milagro, sino que, cumplido éste, como moneda que puede producir intereses,

ha sabido trabajarlo, pasando de la gratitud humana a la sobrenatural, del deseo terreno al ultraterreno, mostrando poseer una madurez de espíritu superior a la de casi todos.

Digo “casi”, pues entre vosotros que me estáis oyendo hay niveles de perfección iguales e incluso superiores -; fijaos, cómo no me ha pedido seguirme,

antes bien, ha manifestado su deseo de cumplir su evolución de niña a ángel, en el secreto de su casa.

Bueno pues, siento tanto amor por ella, que en las horas de amargura, causadas por lo que el mundo es, evocaré a esta dulce criatura y bendeciré al Padre, que me enjuga con estas flores de amor y pureza,

las lágrimas y sudores de Maestro de un mundo que no me recibe.

Bien, pues si tenéis el coraje de perseverar como discípulas escogidas, he aquí que os señalo la tarea que debéis cumplir para justificar vuestra elección y presencia conmigo y con los santos del Señor.

Mucho podéis hacer en ayuda de vuestros semejantes y de los ministros del Señor. Ya se lo dejé entrever a María de Alfeo hace muchos meses.

¡Cuánta necesidad de la mujer ante el altar de Cristo! 

Una mujer puede, mucho más y mejor que el  hombre, tratar las infinitas miserias del mundo, que luego pasarán al hombre para su completa curación.

Se os abrirán muchos corazones, especialmente femeninos, a vosotras, mujeres discípulas; los acogeréis como a amados hijos extraviados que vuelven a la casa paterna y que no tienen el coraje de ponerse ante su padre.

Infundiréis nueva fuerza al culpable, aplacaréis al que condena. Muchos se acercarán a vosotras buscando a Dios: los acogeréis como a fatigados peregrinos, diciendo: “Ésta es la casa del Señor, Él vendrá enseguida”.

Y entretanto, los circundaréis de vuestro amor: si no llego Yo, llegará un sacerdote mío.

La mujer sabe amar, está hecha para el amor. Envileció sí, el amor haciéndolo deseo del sentido, pero en el fondo de su carne, atrapado vive aún el verdadero amor, la gema de su alma:

el amor que no sabe del lodo acre del sentido, el amor hecho de alas y perfumes angélicos, de llama pura, de recuerdos de Dios y de su procedencia de Dios, de recuerdos de que es obra creada por Él.

La mujer es la obra maestra de la bondad junto a la obra maestra de la creación, que es el hombre: “Que tenga Adán ahora una compañera para que no se sienta solo”.

La mujer no debe abandonar a Adán. Aprovechad, pues, esta facultad de amar. Amad con ella al Cristo y, por El, al prójimo.

Sed plena caridad para con los culpables arrepentidos; decidles que no tengan miedo de Dios. ¿Cómo no habríais de saber hacerlo vosotras, que sois madres y hermanas?

¿Cuántas veces vuestros pequeñuelos, vuestros hermanitos, estuvieron enfermos y tuvieron necesidad del médico! Y tenían miedo.

Pero vosotras, con caricias y palabras de amor, les quitasteis el miedo.  

Y ellos, con su manita en la vuestra, recibieron vuestros cuidados, perdido ya el terror que tenían. Los culpables son vuestros hermanos e hijos enfermos que temen la mano del médico y su sentencia…

No, no ha de ser así; vosotras que sabéis lo bueno que es Dios decid que Dios es bueno y que no hay que tenerle miedo. A pesar de que, en tono firme y tajante, dirá:

“No volverás a hacer esto jamás”, no arrojará de su presencia a aquel que consumó el hecho y enfermó, sino que le asistirá para curarle.

Sed madres y hermanas con los santos, que también necesitan amor. Ellos se fatigarán, se consumirán en la evangelización. Los desbordará la cantidad de cosas que tendrán que hacer.

Ayudadlos vosotras con discreción y diligencia.

La mujer sabe trabajar, en la casa, sirviendo a las mesas, con las camas, en los telares y en todo aquello que es necesario para la vida cotidiana.

El futuro de la Iglesia será un continuo dirigirse de los peregrinos a los lugares de Dios;

vosotras sus pías hospederas, asumiéndoos los trabajos más humildes para dejar libres a los ministros de Dios para continuar la obra del Maestro.

Vendrán tiempos difíciles, sangrientos, crueles. Los cristianos – incluso los santos – vivirán horas de terror, de debilidad.

El hombre no es nunca muy fuerte en el sufrimiento; en cambio, la mujer posee respecto al hombre esta verdadera regalidad del saber sufrir.

Enseñad esta cualidad al hombre, sosteniéndole en estas horas de temor, de abatimiento, de lágrimas, de cansancio, de sangre.

En nuestra historia tenemos ejemplos de magníficas mujeres que supieron cumplir actos de audacia liberadora.

LIBRO DE JUDITH Y COMO LA ORACION Y EL AYUNO SALVARON A ISRAEL

Tenemos a Judit, a Yael. De todas formas – debéis creerlo – ninguna es mayor, por ahora,

que la madre ocho veces mártir (siete en sus hijos y una en sí misma) del tiempo de los Macabeos.

Pero ha de venir otra, a la que seguirán muchas mujeres heroínas del dolor y en el dolor, consuelo de mártires, mártires ellas mismas, ángeles de los perseguidos; mujeres que, cual mudas sacerdotisas,

predicarán a Dios con su modo de vivir y que, sin más consagración que la recibida del Dios-Amor, serán verdaderamente personas consagradas y dignas de serlo.

Éstos son, a grandes rasgos, vuestros principales deberes.

No voy a disponer de mucho tiempo para vosotras en particular; os formaréis oyéndome, profundizaréis en vuestra formación bajo la guía perfecta de mi Madre.

Ayer, esta mano materna, Jesús coge con su mano la mano de María

Mientras continúa:

–     Ha conducido a mí a la niña de que os he hablado, la cual me dijo que el solo hecho de escucharla y de estar unas pocas horas a su lado,

Le había servido para madurar el fruto de la gracia recibida, llevándolo a la perfección.

No es la primera vez que mi Madre trabaja para el Cristo, su Hijo.

Con tu Rosario Madrecita, convertido en la Red Divina de la salvación, te entrego con cada Ave María, LAS ALMAS DE…

Tú y tú, primos míos además de discípulos, sabéis lo que María significa para la formación de las almas en Dios.

Y se lo podréis decir a quienes – hombres o mujeres – sientan el temor de no haber sido preparados por mí para la misión, o de una insuficiente preparación, cuando Yo ya no esté con vosotros.

Mi Madre estará con vosotros ahora y cuando Yo no esté. Y después, una vez que me haya marchado definitivamente.

Ella os queda, y con Ella la Sabiduría en todas sus virtudes; seguid desde ahora todos sus consejos.

Ayer noche, ya solos, estando sentado al lado de mi Madre, como cuando era niño, con mi cabeza apoyada sobre ese hombro suyo tan dulce y fuerte, me dijo…

Habíamos estado hablando de la jovencita que se había puesto en camino en las primeras horas de la tarde llevándose en su corazón virginal un sol más radiante que el del firmamento:

Su secreto santo, me dijo: “¡Qué dulce es ser la Madre del Redentor!”.

Sí, qué dulce es cuando la criatura que al Redentor se acerca es ya una criatura de Dios, una criatura en que la única mancha es la de origen, la cual no puede ser lavada sino por Mí .

Y todas las otras manchas de imperfección humana han sido lavadas por el amor.

Sí, dulce Madre mía, purísima Guía de las almas hacia tu Hijo,

Estrella santa de orientación, Madre suave de los santos, compasiva Criadora de los más pequeños, saludable Cura de los enfermos.

Sí, pero no siempre vendrán a ti estas criaturas que no contrastan con la santidad:

Lepras y horrores y hedores y amasijo de serpientes en torno a cosas inmundas se arrastrarán hasta tus pies,

¡Oh Reina del género humano!, para gritarte:

“¡Piedad! ^Socórrenos! ¡Llévanos a tu Hijo!”.

Entonces habrás de poner esta cándida mano tuya sobre las llagas, inclinarte con tus ojos de paloma paradisíaca hacia las deformidades infernales, aspirar el hedor del pecado…

Y no huir, antes al contrario, acoger en tu corazón a estos mutilados a causa de Satanás. A estos abortos, a esta podredumbre humana.

Y lavarlos con el llanto y traerlos a Mí… Entonces dirás: “¡Qué difícil es ser la Madre del Redentor!”.

Pero tú lo harás, porque eres la Madre… Beso y bendigo estas manos tuyas que tantas criaturas traerán a Mí. Cada una será una gloria mía.

Aunque, antes que mías, Madre santa, tuyas serán estas glorias.

Vosotras, amadas discípulas, seguid el ejemplo de mi Maestra, y de Santiago y Judas, y de todos aquellos que quieran formarse en la gracia y en la sabiduría.

Seguid su palabra: es la mía, pero más dulce; nada que añadir a ella, porque es la palabra de la Madre de la Sabiduría.

Y vosotros, amigos míos, sabed tener de las mujeres la humildad y la constancia. Deponiendo la soberbia propia del varón, no despreciéis a las mujeres discípulas,

sino, más bien, templad vuestra fuerza, podría incluso añadir “vuestra dureza e intransigencia”, en contacto con la dulzura de las mujeres.

Pero, sobre todo, aprended de ellas a amar, creer y sufrir por el Señor, pues en verdad os digo que ellas, las débiles, serán las más fuertes en la fe, amor y audacia, en el sacrificio por su Maestro,

al que aman con total integridad de sí mismas, sin pedir ni pretender nada, satisfechas sólo de amar para darme conforte y alegría. 

Id ahora a vuestras casas o a las en que estáis alojados. Yo me quedo aquí con mi Madre. Dios sea con vosotros.

Se marchan todos excepto Marta.  

Jesús indica:

–     Quédate tú, Marta.

Ya he hablado con tu sirviente. Hoy no hospeda Betania, sino la pequeña casa de Jesús. Ven. Comerás con María y dormirás en el cuarto pequeño que está al lado del suyo.

El espíritu de José, conforte nuestro, te confortará mientras duermes, y mañana volverás a Betania más fuerte y más segura, a preparar también allí a mujeres discípulas, en espera de la otra, que tú y Yo amamos más.

No dudes, Marta. Nunca prometo en vano. Ahora bien, para transformar un desierto lleno de víboras en un huerto paradisíaco, se requiere tiempo…

El primer trabajo no se ve; parece como si nada hubiera cambiado…

Y sin embargo, la semilla está ya depositada; todas las semillas.

Luego vendrá la lluvia del llanto y las abrirá… Y los árboles buenos crecerán.

¡Ven! ¡No llores más!

104 EL SALVADOR


104 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús está con sus doce apóstoles.

El paraje sigue siendo montañoso; no obstante, siendo suficientemente cómodo el camino, van todos en grupo hablando entre sí.

Felipe dice:

–     Ahora que estamos solos podemos decirlo:

¿Por qué tanta rivalidad entre dos grupos?

Tadeo rebate:

–    ¿Rivalidad? ¡No es sino soberbia! 

Simón declara:   

–     No.

Yo digo que es sólo un pretexto para justificar de algún modo su conducta injusta con el Maestro.

Bajo el velo de celo por el Bautista, logran alejarlo sin disgustar demasiado al pueblo.  

Pedro dice:

–     Yo los desenmascararía.

–     Nosotros, Pedro, haríamos muchas cosas que Él no hace.

–     ¿Por qué no las hace?

–     Porque sabe que lo correcto es no hacerlas.

Nosotros sólo debemos seguirlo, no nos corresponde guiarlo. Y debemos estar contentos de ello. Es gran descanso el tener sólo que obedecer…

Jesús que iba adelante pensativo,

se detiene y dice:

–     Has hablado bien, Simón.

Es así, como has dicho; obedecer es más fácil que mandar. No lo parece, pero es así.

Bueno, claro, es fácil cuando el espíritu es bueno, como también es difícil mandar para un espíritu recto;

porque, si no es recto, ordena cosas descabelladas, o peor que descabelladas. En ese caso es fácil mandar y mucho más difícil obedecer.

Cuando uno tiene la responsabilidad de ser el primero en un lugar o en un conjunto de personas, debe tener siempre presentes la caridad y la justicia,

la prudencia y humildad, la templanza y la paciencia, la firmeza, pero sin testarudez.

difícil, sí. Vosotros, por el momento, sólo tenéis que obedecer: a Dios y a vuestro Maestro.

Tú, y no sólo tú, te preguntas por qué hago o no ciertas cosas; te preguntas por qué Dios permite o no tales cosas.

Mira Pedro, y todos vosotros, amigos míos.

Uno de los secretos del perfecto fiel consiste en no autoelevarse nunca a interpelar a Dios. “¿Por qué haces esto?”: pregunta uno poco formado a su Dios.

Y parece como si se pusiera a representar el papel de un adulto experimentado ante un escolar para decir:

“Esto no se hace, es una necedad, un error”. ¿Quién puede superar a Dios?

Como podéis ver, ahora me rechazan so pretexto de celo por Juan.

Esto os escandaliza, y quisierais que rectificase el error y me pusiera en actitud polémica contra quienes expresan esta razón.

No. No. Jamás. Ya habéis oído lo que el Bautista, por boca de sus discípulos, ha dicho:

“Es necesario que Él crezca y yo merme”. Es decir, no hay nostalgias, no hay un aferrarse a la propia posición.

El santo no se apega a estas cosas, no trabaja con vistas al número de fieles “propios”;

no tiene fieles propios; trabaja para aumentarle a Dios el número de fieles.

Sólo Dios tiene derecho a tener fieles.

Por tanto, de la misma forma que Yo no me duelo de que, de buena o mala fe, algunos permanezcan con el Bautista, él tampoco se aflige.

Ya le habéis oído por el hecho de que discípulos suyos vengan a Mí;  está desapegado de estas pequeñeces numéricas. 

Pone su mirada en el Cielo, como Yo.

No estéis, entonces, litigando entre vosotros sobre si es justo o no que los judíos me acusen de arrebatarle discípulos al Bautista, 

o sobre si es justo o no que estas cosas se dejen decir.

Disputas de este tipo son propias de mujeres charlatanas en torno a una fuente.

Los santos se ayudan, se dan y se intercambian los espíritus con jovial facilidad, sonrientes por la idea de trabajar para el Señor.

Yo he bautizado, es más, os he puesto a bautizar, porque tan pesado es, ahora, el espíritu,

que es necesario presentarle formas materiales de piedad, de milagro y de enseñanza.

Por causa de esta pesantez espiritual tendré que recurrir a la ayuda de cosas materiales cuando quiera que obréis milagros.

Pero, creedlo, no estará en el aceite, ni en el agua, ni en ceremonias, la prueba de la santidad.

Se acerca el momento en que una impalpable cosa, invisible, inconcebible para los materialistas, será reina,

la “restablecida” reina, pudiente en todo lo santo, santa en toda cosa santa. Por ella el hombre quedará restablecido como “hijo de Dios”

y obrará lo que Dios obra, porque tendrá a Dios consigo. La Gracia: ésta es la reina que está volviendo.

Entonces el bautismo será sacramento. Entonces el hombre hablará y comprenderá el lenguaje de Dios,

Y la Gracia dará vida y Vida, dará poder de ciencia y de potencia; entonces… ¡Oh! ¡entonces!…

Pero todavía no tenéis la madurez suficiente para comprender lo que os va a conceder la Gracia.

Os ruego que ayudéis su venida con una continua obra de formación de vosotros mismos,

y que abandonéis las cosas inútiles propias de hombres mezquinos…

Allá se ve el límite de Samaria.

¿Creéis acertado que me acerque a hablar?

–     ¡Oh!!

Todos, quién más, quién menos, se muestran escandalizados.

–     En verdad os digo que por todas partes hay samaritanos.

Si no tuviera que hablar donde hubiera un samaritano, no debería hacerlo en ningún lugar.

Venid, pues. No voy a intentar hablar, pero no rechazaré hablar de Dios si me lo piden.

Un año ha terminado, empieza el segundo; está a caballo entre el principio y el final.

A1 principio predominaba el Maestro, ahora, fijaos, se revela el Salvador; el final tendrá el rostro del Redentor.

Vamos. El río aumenta de caudal a medida que se acerca a la desembocadura.

Como Yo, que aumento la obra de misericordia porque la desembocadura está ya cerca».

Algunos comentan en voz baja:

–     ¿Después de la Galilea vamos a ir a algún río caudaloso?

–     ¿Al Nilo?

–     ¿Al Éufrates? 

Otros responden:

–     Quizás es que vamos a tierra de gentiles… 

Jesús advierte:

–      No cuchicheéis.

Nos dirigimos a mi desembocadura. O sea, hacia el cumplimiento de mi misión.

Prestadme mucha atención, porque después os dejaré.

Y debéis continuar en mi Nombre.