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39.- UNA TRAMPA MORTAL


00roma-imperialAl día siguiente de la Fiesta Flotante, Nerón decidió irse a Anzio y declaró que al tercer día se iría sin falta.

Y dio a los augustanos la lista de los invitados.

Petronio está por ir a la casa de Marco Aurelio, cuando le avisan que llegó un cisio y una invitación.

Al leerla frunció el ceño con preocupación y luego dijo a Aurora que se arregle, porque van a ir juntos a un evento muy importante.

En realidad lo único que ella hizo, fue cambiar su túnica por una de gran gala y adornarse con joyas más apropiadas, pues como todo en la casa de Petronio, siempre está preciosa y engalanada como una gran señora.

Cuando llegan a la casa de su sobrino, pocos minutos después llega el carruaje adornado y con la novia.

Marco Aurelio está más elegante que nunca… Y espera a la entrada de la casa, bajo un arco adornado con mirtos y rosas blancas.

Ayudan a bajar a Actea que trae un hermoso vestido color malva y luce llena de joyas en las que resplandecen amatistas y diamantes.

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Luego sigue la novia. Alexandra trae un vestido adornado con una greca recamada con hilos de plata y perlas. Blanco sobre blanco. Sus joyas hacen juego con una diadema cuajada de zafiros y esmeraldas, que realzan aún más su deslumbrante belleza.

Un finísimo velo blanco, bordado en plata y que parece de seda, le pende de la cabeza hasta los pies. Realmente parece una reina.

Marco Aurelio la admira embelesado. Avanza hasta situarse frente a ella y le da la mano.

El cortejo entra en la casa, que ha sido adornada espléndidamente. Adelante los novios. Le siguen Actea y unas doncellas. Enseguida Petronio y Aurora.

Completan el cortejo nupcial, Pedro y Bernabé, Mauro y otros cristianos.

La ceremonia es más bien íntima, porque los invitados no son muchos.

Hay música, cantos, danzas, ceremonia de saludos y aspersiones. Se paran frente al Lararium.

Los dos se dan la mano y dicen la frase ritual: “Donde estés tú Cayo, allí estoy yo, Caya.”

Luego continúan caminando alrededor del atrium y recorren los nichos de los antepasados de Marco Aurelio.

Siguen pasando bajo arcos adornados a lo largo de toda la casa. Marco Aurelio preside como si fuera un sacerdote.

En el umbral ofrecen dones: una roca y un huso que les da Actea.

En el jardín posterior están todos los siervos, que les dan la bienvenida y se inclinan ante ella, en señal de sumisión.

Llegan hasta el triclinium y empieza el banquete.

Alexandra sonríe a su esposo, que le habla y que la mira con amor.

Exquisitas viandas son servidas y escanciados finos licores. Los sirvientes se esmeran en que todos estén cómodos y bien atendidos. Los novios están radiantes.

Marco Aurelio les platica el  incidente que tuvo con sus esclavos el día de su regreso a su casa y finaliza diciendo:

–           Ahora todos son libres. Y algo me ha llamado la atención: el perdón que les otorgué no solo NO los volvió insolentes, sino que ni siquiera perturbó la disciplina.

Y he comprobado una cosa: Que jamás el terror les hizo prestar el servicio más esmerado que ha seguido a la gratitud. Ahora no solo me sirven bien, sino que parecen rivalizar entre ellos para ver quién adivina primero mis deseos.

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Actea y Pedro platican animadamente.

Petronio, contra su costumbre está callado y pensativo…

Marco Aurelio lo nota y le dice:

–           ¿No estás feliz por mi boda? ¿Por qué estás tan preocupado?…

Petronio lo observa con una mirada inescrutable…

–           Te lo diré más tarde. –contesta dándole un trago a su copa de vino.

Hacia el atardecer, los músicos descansan un rato.

Y Marco Aurelio le pide a Petronio que le diga el motivo de su preocupación.

Agrega:

–           Puedes hablar con libertad. Todas las personas presentes aquí, son de mi absoluta confianza.

Petronio le alarga la lista de los invitados al viaje a Anzio…

Y dice:

–           Partiremos mañana muy temprano.

Marco Aurelio se la devuelve diciendo:

–          Mi nombre figura en ella y también el tuyo. Hoy la trajeron también aquí.

–           Si yo no estuviera entre los invitados, eso significaría que llegó mi hora de morir. Pero parece que aún le soy útil a Nerón. Apenas acabamos de llegar a Roma y ya nos vemos obligados a irnos de nuevo, ahora hacia Anzio.

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Actea interviene:

–           Pero es necesario ir. Esa no es una invitación. Es una orden.

Marco Aurelio pregunta con un tono casi desafiante:

–           ¿Y qué pasaría si alguien se negase a obedecer?

Actea concluye lacónica:

–           Se le invitaría a hacer un viaje notablemente más largo y del cual NO hay regreso.

Marco Aurelio lleva sus manos hacia su cabeza, con un gesto de desesperación…

Se siente totalmente derrotado y dice:

–           Tendré que ir a Anzio… ¡Ahora! –Suspira con impotencia- ¡Considerad que tiempos vivimos y cuán viles esclavos somos!

Petronio interviene:

–           ¿Hasta ahora te das cuenta? Yo he dicho en el Palatino que estás enfermo, imposibilitado para salir de casa y sin embargo te están convocando. Esto prueba que en el Palacio alguien no da crédito a mis palabras y está tomando participación directa para solicitarte.

A Nerón le importa muy poco, puesto que solo eres un soldado sin nociones de poesía o de música y con quién a lo sumo, hablaría de las carreras en el circo. Lo más probable es que sea Popea la que ha puesto allí tu nombre. Y eso significa…

Petronio calla con un silencio más que significativo.

Pero Marco Aurelio comprende…

Él para ella, ahora es un capricho y persiste en hacer su conquista.

Moviendo la cabeza de un lado para otro, piensa: “¡Vaya, vaya! ¡Intrépida la Augusta!”…

Actea declara:

–           Significa  que Alexandra está en peligro. Popea es maligna y vengativa.

Marco Aurelio dice preocupado:

–           Yo no puedo arriesgarla.

Pedro aconseja con calma:

–           Ve a ese viaje. No desafíes al César y NO te preocupes por Alexandra. La llevaremos a casa de Acacio, el obispo. Tú NO temas al César, pues en verdad te digo que no ha de caer un solo cabello de tu cabeza.

Marco Aurelio contesta con ansiedad:

–           En Anzio yo tengo una casa de campo. Está muy cerca de la de Nerón. Yo quiero terminar mi instrucción.

Pedro, esa casa está a tu disposición. Ya NO podré ir a la escuela de Apolonio, ni a la Puerta del Cielo. Enviaré la mayor parte de mi ‘familia’ para allá y yo quiero recibir el Bautismo. ¿Cómo le hago?

–           Hay unos obispos que viajarán a Grecia y a Cartago. Te enviaré a Acacio y a Lucano el médico, para que prosigan con tu enseñanza. Todo estará bien. Ya lo verás…

Marco Aurelio mira a Alexandra con absoluto desconsuelo…

Y dice casi con ganas de llorar:

–           ¡Ay, amor mío! Entonces… -Y luego se vuelve hacia Bernabé:

–          Guárdala como la luz de tus ojos, pues ella es mi domina igual que la tuya.

luego toma la mano de su esposa. La besa y le dice:

–      Reina mía, necesito protegerte. Volveré. Volveré para ti, te lo prometo.

Enseguida, llama a Demetrio el mayordomo y le indica:

–        Enviarás a las prisiones rurales, una orden de indulto general. Que caigan los grilletes a los pies de los presos. Les darás suficiente alimento y cuando estén listos, reintégralos al servicio. Hoy es para mí un día de felicidad. Y quiero que vibre la alegría en nuestra casa.

Los llevarás luego al Pretor y les darás a ellos, lo mismo que has recibido. Les dirás también, que es el Regalo de mi esposa y la reina de esta casa.

Más tarde la fiesta termina y los invitados se retiran.

Alexandra y Marco Aurelio se reúnen unos minutos en la biblioteca, para despedirse en la intimidad.

Y cuando salen, la novia aún con su vestido nupcial, se retira en otro carruaje con Pedro, Isabel y Mauro.

Actea regresa al Palatino.

Marco Aurelio, con Petronio y Aurora, se quedan solos en la biblioteca.

Petronio comenta:

–           Barba de Bronce está ronco y maldice a Roma. Está desesperado y reniega de todo lo que le rodea. Ayer se empecinó en igualar a Paris como danzante y se puso a bailar las aventuras de Leda. Durante el baile sudó y luego se resfrió.

¿Puedes imaginar a nuestro Arlequín imperial tratando de ser cisne, con su gran abdomen y sus piernas delgadas y tambaleantes? ¡Y ahora quiere representar en Anzio semejante pantomima!

Marco Aurelio exclama:

–           Ya con haber cantado en público, escandalizó a mucha gente. ¡Pensar que ahora tenemos que aguantar a un César romano actuando como mimo!

–           Querido mío. Roma todo lo soporta. Ya verás como el Senado también aplaudirá al ‘Padre de la Patria’.

–           Y veremos a la plebe engreída, al ver al César convertido en bufón. Petronio dime tú mismo, ¿Acaso es posible llegar a un mayor envilecimiento?

–           Como tú vives en otro mundo, con Alexandra y los cristianos, es evidente que no sabes la última noticia: Nerón se vistió de novia y se unió públicamente en matrimonio con Pitágoras. Esto parecería rebasar los límites de la locura ¿Verdad?

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Pues bien. Llamó a los flamines (sacerdotes), quienes celebraron la ceremonia con toda la solemnidad y Nerón la presidió.  Soy de mucho aguante y estuve presente en ella. Sin embargo pensé que si los dioses existiesen, algo debiera suceder. Pues lo que no prohíben las leyes, lo prohíbe la honestidad.

Pero no, nada sucedió. El César no cree en los dioses; se siente totalmente impune y… pareciera que tiene razón.

Marco Aurelio dijo con una sonrisa llena de ironía:

–           De manera que Nerón es entonces y en la misma persona: sumo sacerdote, dios y ateo.

Petronio soltó la carcajada y dijo riendo:

–           ¡Vaya! Es verdad. No había pensado en eso. Pero es una combinación como no se ha visto otra igual en el mundo.

Siguió un largo momento de silencio.

Luego Petronio agregó:

–           ¿Sabes que es lo más gracioso? Este sumo sacerdote que no cree en los dioses. Y este dios que los desdeña; siendo ateo, les teme.

Marco Aurelio confirmó:

–           Y prueba de ello es lo que sucedió en el Templo de Vesta.

Y Petronio exclamó con asombro:

–           ¡Y aun así profanó a Rubria!

–           Por eso la invitó a la ‘Fiesta Flotante’ y cambió su lugar por el mío…

Éste último comentario, provocó un silencio lleno de remembranzas…

Y los dos llegaron a la misma conclusión.

Luego, el tribuno agregó en voz alta:

–           Es audaz la Augusta.

Petronio responde sumamente preocupado:

–           Lo es realmente. Porque ello puede ser causa de su propia ruina. Sin embargo, espero que Afrodita le inspire cuanto antes otro amor. Pero entre tanto, puesto que la emperatriz te desea, debes actuar con la mayor cautela.

Barba de bronce ha empezado a cansarse de ella: prefiere a Esporo o a Pitágoras. Pero por consideración a sí mismo, bien podría descargar sobre otros, la más terrible de las venganzas.

Marco Aurelio mueve la cabeza con asombro y concluye:

–           Cuando estábamos bajo aquellos árboles, yo no supe quién me hablaba. Pero tú alcanzaste a escuchar nuestra conversación. Yo le dije que amaba a otra y por eso no le podía corresponder.

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–          Si hubieras herido su vanidad, no habría salvación para ti. ¡Por Zeus! Si llegas a ofender a Popea, te puede estar reservada una muerte terrible.

En otro tiempo me era más fácil conversar contigo y convencerte. En esta emergencia ¿Qué puede haber de malo en que le sigas ligeramente el juego a la Augusta?

¿Acaso esta aventura podría ocasionarte alguna clase de pérdida o privarte de seguir amando a Alexandra? Ten presente además, que Popea la vio en el Palatino y ya sabe por quién la rechazaste. Va a ser capaz de buscarla hasta por debajo de las piedras y serás el causante no solo de tu propia destrucción, sino también de la ruina de Alexandra. ¿Entiendes la gravedad de la situación?

Marco Aurelio reflexiona… Comprende… Intenta decir algo…

Está paralizado por el asombro, pero de su boca no sale un sonido…

Luego palidece y se toma la cabeza entre las manos.

Enseguida  dice con angustia:

–           Si acepto a Popea, Nerón me condenará. Si la rechazo, Popea nos arruinará. ¡Oh!…

Está cazado en una trampa mortal.

Y NO hay salida…

Siguió un silencio muy denso que fue interrumpido por Petronio:

–           ¿Sabes por qué estoy doblemente preocupado? Temo que lo de Popea no sea solo un capricho pasajero. Verás… Hace tiempo que Nerón no le hace caso. El secreto mejor guardado del emperador es éste: mandó castrar a Esporo y está intentando cambiarlo en mujer…

Cuando se harta de sus libertinajes, se entrega a su liberto Doríforo, a quién sirve de mujer, tal como Esporo le sirve a él mismo. Y en estos casos imita la voz y los gemidos de una doncella que sufre la violencia de una violación… Es su última fantasía.

Y ahora lo de Rubria… Ese sacrilegio, Vesta lo vengará. Todos esos excesos le van a cobrar factura.

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Marco Aurelio exclama asqueado:

–           ¡Qué sociedad!

Petronio sentencia:

–           A tal sociedad, tal César.

–           Me iré contigo para que mañana salgamos juntos.

–           ¡Vámonos! –confirma Petronio.

Y Marco Aurelio prepara todo para irse con él.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

P24.- YO REPRENDO Y CORRIJO A LOS QUE AMO


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HACÉIS COMO QUE ME AMÁIS

Posted on 23/06/2013 by Y María del Getsemaní

(HABLA DIOS PADRE)

Pequeña Niña. Ya habéis visto como se han ido incrementando las eventualidades alrededor del mundo. Donde antes era una sola casa que se hundía o incendiaba, ahora son 10 y así seguirá incrementando porque el hombre NO ENTIENDE, Pequeña.

Y ha sido necesario PERMITIR que vuestros pecados os alcancen para ver si así solicitáis auxilio y os arrodilláis con humildad.

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Ya es tiempo que dejéis de jugar a ser reyes y de oponeros a todo lo Bueno, que es lo Mío.

Ahora, quienes pierdan sus posesiones podrán estar libres para dirigir su santa miradita al Cielo y preguntarme: ¿Por qué?…

 Y Yo os responderé:

Si vosotros creéis que todo os lo merecéis, incluso lo que pertenece a vuestros hermanos y no os importa a quien dañéis con tal de saliros con la vuestra

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¡Estáis muy errados Mis Niños!  

¡Muy equivocados andáis!

Así que Pequeños míos, ya lo sabéis: los eventos alrededor del mundo se han incrementado en gravedad 10 veces. Y seguirá en aumento…

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 Únicamente los que estáis Conmigo y hacéis lo que debéis, estáis a salvo.

¿Qué no veis que estoy intentando por todos los medios salvar vuestra alma, que vale infinitamente más que lo que atesoráis en la tierra?…   

Dejad de cuidar y de acumular lo que no es más que combustible para el fuego ETERNO y poneos con rapidez a limpiar vuestra alma y acumular buenas obras en vuestras conciencias.

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Esto os lo hemos advertido por tiempos y tiempos y no queréis creer.

Estáis enfundados en vuestra glotonería de tecnología y…

 ¿Creéis que esta os va a salvar, Mis Niños tercos?

He visto con tristeza grande que sólo cuando estáis al borde del precipicio o postrados en cama por un dolor agudo o cuando la vida de uno de vuestros seres amados está en riesgo… 

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Sólo entonces os acordáis de Mí y de Mi Hijo y hacéis como que Me amáis…

Pero en cuanto mi misericordia cae sobre vuestra casa, os olvidáis de Mí y de Mi Hijo…

 Y no volteáis a ayudar al hermano al que podríais aligerar su sufrimiento. Lo dejáis sufriendo sin hacer lo que Yo, vuestro Padre, hice por vosotros… (* Recordar las Obras de Misericordia)

No Me han dejado otra manera para salvaros, que permitir que lleguéis a esos extremos para que os salvéis…  

Porque en la bonanza no servís más que al Maligno que no quiere más que arrebataros vuestra alma y llevarla a una eternidad de odio, de remordimiento y de dolor indescriptible.

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Así Mis Niños que no Me Habéis dejado otra, más que aprendáis por el camino que vosotros optasteis: que es por la ruta empinada y difícil del dolor, porque NO QUISISTEIS POR LOS MIMOS Y EL AMOR.  

Ese era el Camino que vuestra santísima Madre venía a ofreceros, ya que creceríais por AMOR, pero no habéis querido…

La habéis despreciado y entonces llega el Padre y os deja aprender por el camino que habéis elegido.

Es vuestra testarudez la que os tiene viviendo estas calamidades…

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Sabéis con certeza que sois vosotros los que habéis decidido esta ruta.

Mi Amadísimo Hijo a eso vino:

A invitaros a entrar a la Gloria por Amor… Pero vosotros no habéis querido.

HABÉIS DESPRECIADO SU CRUZ…

 Y ahora que estáis atrapados por el Maligno no sabéis qué hacer. 

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Os lo digo por incontable ocasión: TOMAD LA SANTA MANO DE MARIA SANTÍSIMA QUE OS CONDUCIRÁ A LA ARCA DE SALVACIÓN ó…

Ateneos a las consecuencias de las pobres decisiones que habéis tomado en vuestra soberbia.

No despreciéis a vuestra Santísima Madre… Porque hacerlo es despreciar vuestra propia Salvación.

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(HABLA NUESTRA SANTÍSIMA MADRE)

Habréis visto como los acontecimientos alrededor y entorno del mundo se han incrementado en un 10%… Y seguirán conforme se acerque más el final. La copa se ha derramado y vosotros no habéis querido mudar.

Es aún tiempo. Siempre es tiempo, de lograr vuestra salvación;

Pero debéis darme vuestra mano para que Yo os guíe con amor grande y ternura, al Corazón de Mi Amadísimo Hijo…

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¿Cómo podríais llegar vosotros solitos, si ya no veis ni para donde está el caminito; porque estáis perdidos?

Dadme vuestra manita para que Yo os guíe porque no llegaréis solos…

O el Maligno os engañará nuevamente y os volveréis a la oscuridad del bosque.

Habladles a vuestros hijos de esta Santa Madre que llora por ver como vais cayendo a los abismos y ya  no Puede Hacer nada más que llorar lágrimas de sangre, por ver los destinos eternos que os estáis forjando. 

Lucifer

Mudad, Mis Niños… Mudad, mudad.

Arriesgaos a enviar estos mensajes a todos los que conocéis, arriesgaos a eso… ¿Que es mucho pedir por vuestra Santísima Madre que no quiere más que vuestra Santificación y salvación; para poder llevaros a casa a todos y a cada uno de vosotros?

Salvad almas, orad por ellas.

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Y nunca, nunca os olvidéis de las Santas Almas del Purgatorio, que son vuestras amigas más fieles.

Os pido que recéis esta oración por ellas, cuando ofrezcáis el Rosario… (** Nuestro Señor reveló a Santa Gertrudis la Grande, que esta oración liberaría mil almas del Purgatorio cada vez que se dijera:

“Eterno Padre, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu divino Hijo, en unión con todas las Misas celebradas hoy en todo el mundo, por todas las Santas Almas del Purgatorio. Amén”)

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Hacedla, Mis Niños y Tomad Mi Santa Mano, pero hacedlo !YA!

(HABLA NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO)

 No vengo como Manso Cordero sino como Justo Juez y en Mi Magnifica Gloria ¿Queréis quedaros fuera de ella o queréis participar de ella? De vosotros depende,

 Pero debéis decidiros yaMis Hermanos, Mis Pequeños…

Porque si vosotros recibís una invitación a un gran evento, a unas Bodas Reales

¿No deberéis tenerla por anticipado para planchar vuestros vestidos y tener tiempo de acicalaros apropiadamente para la ocasión? ¿No incluso iréis a comprar un regalo para no llegar con las manos vacías a tan grande ocasión?

bodasdelcordero ¿Cómo esperáis participar de Mi Magnifica Gloria si estáis sucios y vestidos con harapos?

Os estamos insistiendo que vayáis a Mi Santísima Madre quien os acicalará y os vestirá apropiadamente, para que estéis preparados para las Bodas del Cordero.

EDC

Debéis prepararos desde ahora porque el tiempo ya no es tiempo: es tan corto… que no lo imagináis.

¿Queréis participar de Mi Gloria?

Pues os debéis preparar y sólo vuestra Santísima Madre podrá cumplir tan alta misión en tan corto tiempo.

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No penséis en hacerlo solos, sin su ayuda;

que Yo Os Digo: no lo lograréis.

Atended a estas suplicas del cielo y difundid esta Guía de Salvación, que tenéis  las herramientas para hacerlo.

HDDH

(Junio 21)

Año del Señor 2013

Y María del Getsemaní

http://tambienestuya.com/

maria del getsemani

62.- EL SECRETO DEL PODER


Han emprendido el regreso de la gira por tierras fenicias. Y la comitiva se interna en el bosque para atravesarlo y bajar al valle donde está el camino que los llevará a Judea. Se encuentran con peregrinos que van a Jerusalén, para la Fiesta de Pentecostés.

También con la caravana de una novia…

En un prado donde se detienen para comer, cerca del grupo apostólico; dos hombres conversan acerca de la riqueza que rodea al que será un fastuoso matrimonio, digno de la hija de un rey.

Cuando termina la comida…

Bartolomé refunfuña:

–                     A mí no me gustó ese hombre que hizo hablar a aquel tonto de allá. Tan pronto como supo lo que quería, se fue por el monte. Estos lugares son malos y es la ocasión oportuna para que los bandidos den un golpe… Noche de luna, calor que adormece; árboles llenos de verdor. ¡Umm! ¡No me gusta este lugar! ¡Sería mejor proseguir!

Pedro pregunta:

–                     ¡Y ése imbécil que ha hablado de tantas riquezas!… ¡Y el otro que la hace de héroe y de custodio!… Bueno, yo vigilaré las hogueras. ¿Quién viene conmigo?

Zelote responde:

–                     Yo, Simón. ¡Aguanto bien el sueño!

Pasan las horas y quién no ronca, cabecea. Jesús está en Oración.

El silencio es profundo. El perro que cuida los rebaños de unos pastores, gruñe. Otro se pone alerta y también gruñe. Un ruido imperceptible viene del bosque…

Simón dice a Pedro:

–                     Vamos por el Maestro.

El pastor despierta a sus compañeros y el perro está cada vez, más inquieto.

Todos se despiertan y se reúnen…

Jesús dice:

–                     Llamad a los que están durmiendo, a todos. Decidles que vengan aquí sin hacer ruido. Sobre todo a las mujeres y a los esclavos con los cofres. Decidles que tal vez se trata de bandidos; pero no lo digáis a las mujeres. A los hombres, nada más.

Los apóstoles se desparraman, obedeciendo al Maestro.

Jesús dice a los pastores:

–                     Echad mucha leña al fuego, para que se levante una buena llama. No tengáis miedo. No se os quitará ni siquiera un pelo de lana…

Llegan los mercaderes, echando improperios contra los gobernantes romanos y judíos; porque no limpian el mundo de ladrones. Llegan las mujeres, llorando aterrorizadas. Jesús los conforta a todos y trata de tranquilizarlos.

Pone a las mujeres en el centro, reducido de hombres y bestias espantadas.

Los asnos rebuznan. Los perros aúllan. Las ovejas balan. Los hombres maldicen y están más aterrorizados que las mujeres.

Jesús está tranquilo, como si nada pasara. El ruido del bosque no se puede escuchar en medio de este alboroto.

Que los bandidos están en el bosque; lo denuncian las ramas que se quiebran o las piedras que ruedan…

Jesús ordena:

–                     ¡Silencio!

Y lo dice en tal forma, que todos callan.

Jesús se va en dirección al bosque, donde termina el prado.

Y empieza a hablar:

“La maldita hambre del oro, empuja al hombre a los sentimientos más abyectos…

Un largo discurso y un llamado al arrepentimiento a ‘los hombres sin conciencia cuyas manos chorrean sangre fraterna’. Y que termina así:

–                     … Yo no os odio., ni os temo. Os extiendo la mano y por eso digo a éstos: “Regresad a donde estabais durmiendo, sin tener rencor contra vuestros hermanos. Rogad por ellos. Yo me quedo aquí a mirarlos con ojos de amor y os juro que nada os sucederá. Porque el Amor desarma a los violentos y harta a los avaros. Sea bendito el Amor. Fuerza verdadera del mundo. Fuerza desconocida y poderosa. Fuerza que es Dios.

Escondidos en el bosque, los hombres que esperaban obtener un buen botín, están totalmente desconcertados.

Gestas, el líder; está aterrorizado. Una fuerza desconocida lo tiene paralizado… Su miedo está lleno de ira. Pero no puede hacer nada.

Su segundo en la banda: Dimas… Ha inclinado la cabeza y está llorando. Cada una de las palabras de Jesús ha tocado su corazón y le ha revelado una gran verdad. Se siente avergonzado e infinitamente desdichado…

Y volviéndose a todos, Jesús termina diciendo:

–                     Volved. Volved. No tengáis miedo. Allí ya no hay bandidos, sólo hombres asustados y hombres que lloran. Quién llora no hace daño. Quiera Dios que así permanezcan, como ahora son. Sería su redención.

Los bandidos se retiran, como si una fuerza invisible los alejara de allí.

Los integrantes de la caravana vuelven a sus lugares. Todos reflexionan en lo que han escuchado…

Al día siguiente…

La comitiva apostólica sufre un cambio en su séquito. Ya no viene más el macho cabrío. Y en su lugar vienen trotando una oveja y dos corderillos. La oveja está gorda; las ubres llenas y los corderitos alegres.

Jesús dice:

–                     Os había dicho que quería la cabrita para Marziam, para que fuese un pequeño pastor. Pero en lugar de ella; porque a vosotros no os gustaba, tenemos ovejas blancas… ¡Eh! Tal cual la soñaba Pedro…

Pedro confirma:

–                     Tienes razón. Me parecía que el macho cabrío nos arrastraba en pos de Belcebú.

Judas dice irritado:

–                     Y de hecho, desde que estuvo con nosotros, nos pasaron cosas muy desagradables. Era el sortilegio que nos perseguía.

Juan contesta calmadamente:

–                     Entonces era un buen sortilegio. ¿No? Porque nada malo nos sucedió.

Zelote ratifica:

–                     Juan tiene razón.

Tadeo agrega:

–                     Parece que todo lo que hubiese sido malo se convirtió en un bien. –voltea hacia Jesús-  Hermano, dime la verdad. ¿Tú sabías lo que nos iba a suceder?

Jesús contesta:

–                     Muchas veces os he dicho que leo en los corazones y que cuando el Padre no dispone de otro modo; no ignoro lo que debe suceder.

Judas de Keriot le pregunta:

–                     Entonces, ¿Por qué a veces cometes errores, como los de ir al encuentro de fariseos que son hostiles o de ciudadanos que no nos quieren?

Jesús lo mira fijamente y luego responde con calma:

–                     No son errores. Es algo inherente a mi misión. Los enfermos tienen necesidad del Médico y los ignorantes del Maestro. Algunas veces, unos y otros rechazan al Médico y al Maestro.

Vosotros querríais que donde me presente se desvanezca toda resistencia. Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie. Persuado. La coacción se usa tan solo en casos muy excepcionales.

Pedro pregunta:

–                     ¿Cómo ayer noche?

Judas de Keriot dice con significativo desprecio:

–                     Los ladrones de anoche tuvieron miedo al vernos prontos a recibirlos.

Tomás objeta:

–                     No. Fueron persuadidos por sus palabras.

Santiago de Zebedeo, pregunta:

–                     Maestro, dime la verdad. Desde ayer te lo quería preguntar. ¿Fueron en verdad tus palabras o tu voluntad?

Jesús sonríe y calla.

Mateo responde:

–                     Yo creo que fue su voluntad la que venció la dureza de esos corazones, para paralizarlos y así poder hablarles y salvarlos.

Andrés dice:

–                     También yo digo lo mismo y por eso; Él se quedó allí, mirando al bosque. Los tenía subyugados con su mirada.

Se traba una discusión.

Iscariote apoyado ligeramente por Tomás, dice:

–                     No puedo creer que la mirada de un hombre tenga tanta fuerza.  

Mateo replica:

–                     Esto y algo más. Yo me convertí al contacto, primero de su mirada que de sus palabras.

Pedro dice:

–                     ¡Está bien! pero esto lo decimos nosotros. Son ideas nuestras quiero saberlo del Maestro. La mirada de Jesús es diferente a la de cualquier hombre. ¿Es porque eres el Mesías? O ¿Por qué eres siempre Dios? 

Jesús toma la palabra:

–                     En verdad os digo que no solo Yo; sino cualquiera que esté unido íntimamente a Dios con una santidad, una pureza, una fe sin tacha; podrá hacer esto y mucho más. La mirada de un niño, si su espíritu está unido a Dios; puede hacer  que las fieras sean mansas.

Lo mismo que los hombres fieras, rechazar la muerte, derrotar las enfermedades del espíritu. Así como la palabra de un niño unido con el Señor e instrumento suyo, puede curar enfermedades. Hacer que las serpientes no sean venenosas. Obrar cualquier clase de milagros, porque Dios obra en él.

Pedro exclama:

–                     ¡Ah! ¡He entendido! –mira a Juan y luego concluye su razonamiento que tenía fermentando en su interior- ¡Cierto! Maestro, Tú lo has podido porque Eres Dios y porque Eres Hombre unido con Dios. Y lo mismo sucede con quién llega a estar unido con Dios. ¡He entendido bien! pero, ¿Cuál es la llave de esta unión? ¿Cuál es el secreto de este Poder? Una Oración o palabras secretas…

–                     Hace poco Judas culpaba a la cabra de todos los momentos desagradables que han ocurrido. Las bestias no traen ningún sortilegio consigo. Arrojad de vosotros esas supersticiones que huelen a idolatría y que pueden acarrear males.

Los brujos obran prodigios porque al ser posesos de Satanás, es el Arcángel caído que sigue siendo poderoso, el que obra los sortilegios.

Y así como no existen fórmulas para hacer brujerías, así tampoco existen para hacer milagros. 

Tan solo existe el Amor. Si Dios está en vosotros y lo poseéis de un modo pleno, por medio de un amor perfecto; el ojo se convierte en fuego o en un arma que desarma. Y la palabra se hace poderosa. 

San Antonio predica a los peces

Tratad de llegar a esto y pronto harás lo que hacen los hijos de Dios y los que lo llevan consigo. Y recordad que para juzgar una conversión o una santidad; debéis tener siempre por medida la humildad.

Si en alguien perdura el orgullo, no os hagáis ilusiones de que se haya convertido. Y si en alguien; aun cuando sea tenido por ‘santo’, reina la soberbia; estad seguros de que santo no es.

Podrá como charlatán e hipócrita, hacer de santo. Fingir milagros. Pero no es tal. La apariencia es hipocresía. Los prodigios, satanismo. ¿Habéis entendido?…

Para hacer milagros en nombre de Dios, es necesario estar unidos a Mí, como el sarmiento a la vid y participar de la santidad de Dios padre…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

 

39.- UNA TRAMPA MORTAL


Al día siguiente de la Fiesta Flotante, Nerón decidió irse a Anzio y declaró que al tercer día se iría sin falta. Y dio a los augustanos la lista de los invitados.

Petronio está por ir a la casa de Marco Aurelio, cuando le avisan que llegó un cisio y una invitación. Al leerla frunció el ceño con preocupación y luego dijo a Aurora que se arregle, porque van a ir juntos a un evento muy importante.

En realidad lo único que ella hizo, fue cambiar su túnica por una de gran gala y adornarse con joyas más apropiadas, pues como todo en la casa de Petronio, siempre está preciosa y engalanada como una gran señora.

Cuando llegan a la casa de su sobrino, pocos minutos después llega el carruaje adornado y con la novia. Marco Aurelio está más elegante que nunca… Y espera a la entrada de la casa, bajo un arco adornado con mirtos y rosas blancas.

Ayudan a bajar a Actea que trae un hermoso vestido color malva y luce llena de joyas en las que resplandecen amatistas y diamantes.

Luego sigue la novia. Alexandra trae un vestido adornado con una greca recamada con hilos de plata y perlas. Blanco sobre blanco. Sus joyas hacen juego con una diadema cuajada de zafiros y esmeraldas, que realzan aún más su deslumbrante belleza. Un finísimo velo blanco, bordado en plata y que parece de seda, le pende de la cabeza hasta los pies. Realmente parece una reina.

Marco Aurelio la admira embelesado. Avanza hasta situarse frente a ella y le da la mano. El cortejo entra en la casa, que ha sido adornada espléndidamente. Adelante los novios. Le siguen Actea y unas doncellas. Luego Petronio y Aurora. Pedro y Bernabé, Mauro y otros cristianos. La ceremonia es más bien íntima, porque los invitados no son muchos. Hay música, cantos, danzas, ceremonia de saludos y aspersiones. Se paran frente al Lararium.

Los dos se dan la mano y dicen la frase ritual: “Donde estés tú Cayo, allí estoy yo, Caya.” Luego continúan caminando alrededor del atrium y recorren los nichos de los antepasados de Marco Aurelio.

Siguen pasando bajo arcos adornados a lo largo de toda la casa. Marco Aurelio preside como si fuera un sacerdote. En el umbral ofrecen dones: una roca y un huso que les da Actea. En el jardín posterior están todos los siervos, que les dan la bienvenida y se inclinan ante ella, en señal de sumisión. Llegan hasta el triclinium y empieza el banquete.

Alexandra sonríe a su esposo, que le habla y que la mira con amor. Exquisitas viandas son servidas y escanciados finos licores. Los sirvientes se esmeran en que todos estén cómodos y bien atendidos. Los novios están radiantes.

Marco Aurelio les platica el  incidente que tuvo con sus esclavos el día de su regreso a su casa y finaliza diciendo:

–           Ahora todos son libres. Y algo me ha llamado la atención: el perdón que les otorgué no solo no los volvió insolentes, sino que ni siquiera perturbó la disciplina. Y he comprobado una cosa: Que jamás el terror les hizo prestar el servicio más esmerado que ha seguido a la gratitud. Ahora no solo me sirven bien, sino que parecen rivalizar entre ellos para ver quién adivina primero mis deseos.

Actea y Pedro platican animadamente.

Petronio, contra su costumbre está callado y pensativo…

Marco Aurelio lo nota y le dice:

–           ¿No estás feliz por mi boda? ¿Por qué estás tan preocupado?…

Petronio lo observa con una mirada inescrutable…

–           Te lo diré más tarde. –contesta dándole un trago a su copa de vino.

Hacia el atardecer, los músicos descansan un rato.

Y Marco Aurelio le pide a Petronio que le diga el motivo de su preocupación. Agrega:

–           Puedes hablar con libertad. Todas las personas presentes aquí, son de mi absoluta confianza.

Petronio le alarga la lista de los invitados al viaje a Anzio y dice:

–           Partiremos mañana muy temprano.

Marco Aurelio se la devuelve diciendo:

–          Mi nombre figura en ella y también el tuyo. Hoy la trajeron también aquí.

–           Si yo no estuviera entre los invitados, eso significaría que llegó mi hora de morir, pero parece que aún le soy útil a Nerón. Apenas acabamos de llegar a Roma y ya nos vemos obligados a irnos de nuevo, ahora hacia Anzio.

Actea interviene:

–           Pero es necesario ir. Esa no es una invitación. Es una orden.

Marco Aurelio pregunta con un tono casi desafiante:

–           ¿Y qué pasaría si alguien se negase a obedecer?

Actea concluye lacónica:

–           Se le invitaría a hacer un viaje notablemente más largo y del cual no hay regreso.

Marco Aurelio lleva sus manos hacia su cabeza, con un gesto de desesperación y dice:

–           Tendré que ir a Anzio… ¡Ahora! –Suspira con impotencia- ¡Considerad que tiempos vivimos y cuán viles esclavos somos!

Petronio interviene:

–           ¿Hasta ahora te das cuenta? Yo he dicho en el Palatino que estás enfermo, imposibilitado para salir de casa y sin embargo te están convocando. Esto prueba que en el Palacio alguien no da crédito a mis palabras y está tomando participación directa para solicitarte. A Nerón le importa muy poco, puesto que solo eres un soldado sin nociones de poesía o de música y con quién a lo sumo, hablaría de las carreras en el circo. Lo más probable es que sea Popea la que ha puesto allí tu nombre. Y eso significa…

Petronio calla con un silencio más que significativo.

Pero Marco Aurelio comprende… Él para ella ahora es un capricho y persiste en hacer su conquista. Moviendo la cabeza de un lado para otro, piensa: “¡Vaya, vaya! ¡Intrépida la Augusta!”…

Actea declara:

–           Significa  que Alexandra está en peligro. Popea es maligna y vengativa.

Marco Aurelio dice preocupado:

–           Yo no puedo arriesgarla.

Pedro aconseja con calma:

–           Ve a ese viaje. No desafíes al César y no te preocupes por Alexandra. La llevaremos a casa de Acacio, el obispo. Tú no temas al César, pues en verdad te digo, que no ha de caer un solo cabello de tu cabeza.

Marco Aurelio contesta con ansiedad:

–           En Anzio yo tengo una casa de campo. Está muy cerca de la de Nerón. Yo quiero terminar mi instrucción. Pedro, esa casa está a tu disposición. Ya no podré ir a la escuela de Apolonio, ni a la Puerta del Cielo. Enviaré la mayor parte de mi ‘familia’ para allá y yo quiero recibir el Bautismo. ¿Cómo le hago?

–           Hay unos obispos que viajarán a Grecia y a Cartago. Te enviaré a Acacio y a Lucano el médico, para que prosigan con tu enseñanza. Todo estará bien. Ya lo verás…

Marco Aurelio mira a Alexandra con absoluto desconsuelo:

–           ¡Ay, amor mío! Entonces… -Y luego se vuelve hacia Bernabé- Guárdala como la luz de tus ojos, pues ella es mi domina igual que la tuya. – luego toma la mano de su esposa. La besa y le dice.- Reina mía, necesito protegerte. Volveré. Volveré para ti, te lo prometo. -Enseguida, llama a Demetrio, el mayordomo y le dice- Enviarás a las prisiones rurales, una orden de indulto general. Que caigan los grilletes a los pies de los presos. Les darás suficiente alimento y cuando estén listos, reintégralos al servicio. Hoy es para mí un día de felicidad. Y quiero que vibre la alegría en nuestra casa. Los llevarás luego al Pretor y les darás a ellos, lo mismo que has recibido. Les dirás también que es el regalo de mi esposa y la reina de esta casa.

Más tarde la fiesta termina y los invitados se retiran. Alexandra y Marco Aurelio se reúnen unos minutos en la biblioteca, para despedirse en la intimidad. Y cuando salen, la novia aún con su vestido nupcial; se retira en otro carruaje con Pedro, Isabel y Mauro.

Actea regresa al Palatino.

Marco Aurelio, con Petronio y Aurora, se quedan solos en la biblioteca.

Petronio comenta:

–           Barba de Bronce está ronco y maldice a Roma. Está desesperado y reniega de todo lo que le rodea. Ayer se empecinó en igualar a Paris como danzante y se puso a bailar las aventuras de Leda. Durante el baile sudó y luego se resfrió. ¿Puedes imaginar a nuestro Arlequín imperial tratando de ser cisne, con su gran abdomen y sus piernas delgadas y tambaleantes? ¡Y ahora quiere representar en Anzio semejante pantomima!

Marco Aurelio exclama:

–           Ya con haber cantado en público, escandalizó a mucha gente. ¡Pensar que ahora tenemos que aguantar a un César romano actuando como mimo!

–           Querido mío. Roma todo lo soporta. Ya verás como el Senado también aplaudirá al ‘Padre de la Patria’.

–           Y veremos a la plebe engreída, al ver al César convertido en bufón. Petronio                                 dime tú mismo, ¿Acaso es posible llegar a un mayor envilecimiento?

–           Como tú vives en otro mundo, con Alexandra y los cristianos, es evidente que no sabes la última noticia: Nerón se vistió de novia y se unió públicamente en matrimonio con Pitágoras. Esto parecería rebasar los límites de la locura ¿Verdad? Pues bien. Llamó a los flamines (sacerdotes), quienes celebraron la ceremonia con toda la solemnidad y Nerón la presidió.  Soy de mucho aguante y estuve presente en ella. Sin embargo pensé que si los dioses existiesen, algo debiera suceder. Pues lo que no prohíben las leyes, lo prohíbe la honestidad. Pero no, nada sucedió. El César no cree en los dioses; se siente totalmente impune y… pareciera que tiene razón.

Marco Aurelio dijo con una sonrisa llena de ironía:

–           De manera que Nerón es entonces y en la misma persona: sumo sacerdote, dios y ateo.

Petronio soltó la carcajada y dijo riendo:

–           ¡Vaya! Es verdad. No había pensado en eso. Pero es una combinación como no se ha visto otra igual en el mundo.

Siguió un largo momento de silencio.

Luego Petronio agregó:

–           ¿Sabes que es lo más gracioso? Este sumo sacerdote que no cree en los dioses. Y este dios que los desdeña; siendo ateo, les teme.

Marco Aurelio confirmó:

–           Y prueba de ello es lo que sucedió en el Templo de Vesta.

Y Petronio exclamó con asombro:

–           ¡Y aun así profanó a Rubria!

–           Por eso la invitó a la ‘Fiesta Flotante’ y cambió su lugar por el mío…

Éste último comentario, provocó un silencio lleno de remembranzas… y los dos llegaron a la misma conclusión.

Luego, el tribuno agregó en voz alta:

–           Es audaz la Augusta.

Petronio responde sumamente preocupado:

–           Lo es realmente. Porque ello puede ser causa de su propia ruina. Sin embargo, espero que Afrodita le inspire cuanto antes otro amor. Pero entre tanto, puesto que la emperatriz te desea, debes actuar con la mayor cautela. Barba de bronce ha empezado a cansarse de ella: prefiere a Esporo o a Pitágoras. Pero por consideración a sí mismo, bien podría descargar sobre otros, la más terrible de las venganzas.

–           Cuando estábamos bajo aquellos árboles, yo no supe quién me hablaba. Pero tú alcanzaste a escuchar nuestra conversación. Yo le dije que amaba a otra y por eso no le podía corresponder.

Si hubieras herido su vanidad, no habría salvación para ti. ¡Por Zeus! Si llegas a ofender a Popea, te puede estar reservada una muerte terrible. En otro tiempo me era más fácil conversar contigo y convencerte. En esta emergencia ¿Qué puede haber de malo en que le sigas ligeramente el juego a la Augusta? ¿Acaso esta aventura podría ocasionarte alguna clase de pérdida o privarte de seguir amando a Alexandra? Ten presente además, que Popea la vio en el Palatino y ya sabe por quién la rechazaste. Va a ser capaz de buscarla hasta por debajo de las piedras y serás el causante no solo de tu propia destrucción, sino también de la ruina de Alexandra. ¿Entiendes la gravedad de la situación?

Marco Aurelio reflexiona… Comprende… Intenta decir algo… Está paralizado por el asombro, pero de su boca no sale un sonido…

Luego palidece y se toma la cabeza entre las manos.

Enseguida  dice con angustia:

–           Si acepto a Popea, Nerón me condenará. Si la rechazo, Popea nos arruinará. ¡Oh!…

Está cazado en una trampa mortal. Y no hay salida…

Siguió un silencio muy denso que fue interrumpido por Petronio:

–           ¿Sabes por qué estoy doblemente preocupado? Temo que lo de Popea no sea solo un capricho pasajero. Verás… Hace tiempo que Nerón no le hace caso. El secreto mejor guardado del emperador es éste: mandó castrar a Esporo y está intentando cambiarlo en mujer…  Cuando se harta de sus libertinajes, se entrega a su liberto Doríforo, a quién sirve de mujer, tal como Esporo le sirve a él mismo. Y en estos casos imita la voz y los gemidos de una doncella que sufre la violencia de una violación… Es su última fantasía.

Y ahora lo de Rubria… Ese sacrilegio, Vesta lo vengará. Todos esos excesos le van a cobrar factura.

Marco Aurelio exclama asqueado:

–           ¡Qué sociedad!

Petronio sentencia:

–           A tal sociedad, tal César.

–           Me iré contigo para que mañana salgamos juntos.

–           ¡Vámonos! –confirma Petronio.

Y Marco Aurelio prepara todo para irse con él.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA