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LA FE DEL CLERO


Que Dicen los Santos sobre la Fe del Clero en los Tiempos Finales

Entre muchas profecías de santos sobre este tema, en un exorcismo en 1879, el demonio declaró:

“La Iglesia Militante tendrá que sufrir siempre un doble mal:

Exterior, por la Persecución de sus enemigos e interior, por la perversión de sus miembros”

El ataque más acentuado a la Iglesia se produce actualmente en los consagrados, sacerdotes y religiosos.

Como muchos místicos y videntes lo habían profetizado desde hace siglos. Allí, donde el Mal produce pensamientos y actos reñidos con la doctrina católica:

En curas, religiosos y monjas, se pueden ver batallas de la lucha espiritual y también purificaciones.

Algunos sucumben y pasarán por una purificación.

Y para otros funciona como una alerta de las tácticas del Maligno.

¿QUÉ DIJO MARÍA EN LA APARICIÓN DE LA SALETTE?

Si mi Pueblo no quiere someterse, estoy obligada a dejar que el Brazo de mi Hijo golpee; no puedo contenerlo más.

Recordemos el Segundo “secreto” de La Salette en Francia, en el que la vidente, cuya primera parte fue aceptada por la Iglesia, afirmó que le fue dicho el 19 de Septiembre de 1846,

Que algunos sacerdotes:

“Por sus vidas malvadas, por su irreverencia y su impiedad en la celebración de los Santos Misterios, por su amor al dinero, el amor a los honores y los placeres:

Se habían convertido en CLOACAS de IMPUREZA”.

En los conventos, las flores de la Iglesia se descomponen y el Diablo se hace el rey de todos los corazones.

Que los responsables de las comunidades religiosas estén en guardia, contra las personas que deben recibir.

Porque el Diablo recurrirá a todos sus trucos malvados para introducir a los pecadores en las órdenes religiosas…

Para desordenar y para extender el amor a los placeres, carnales POR TODA LA TIERRA. 

Agregó que muchos conventos ya no serían las casas de Dios, 

“”Sino los campos de pastoreo de los Asmodeos y su placer” (1 Corintios 10, 20-21)

El mayor Arcängel – Demonio Demonio conocido.

LAS ABERRACIONES SEXUALES Y LOS SACERDOTES

En el libro “Se procederá a la expulsión demonios”, de Derek Prince habla sobre sobre nuestros enemigos:

“Normalmente no los vemos, pero reconocemos su presencia por ciertas acciones características”. Escribió Prince, un famoso experto en liberación.

Y los que somos exorcistas, con nuestras experiencias vividas lo corroboramos.

Porque  cuando nuestra voluntad NO ESTÁ FUSIONADA CON NUESTRO AMOR, A LA VOLUNTAD DIVINA…

ÉSTAS SON ALGUNAS DE LAS TRAMPAS A LAS QUE NO SOBREVIVIMOS… 

Ya que a las huestes luciferinas, se están uniendo activamente, los humanos satanizados…

Y los que niegan el Infierno y el demonio, como ‘ideas retrógradas y medievales’, ni siquiera sospechan, lo que está sucediendo.

Si tuvieran el espíritu ‘vivo’, se enterarían al menos lo que QUERRÍAN HACER. 

OJOS ESPIRITUALES ABIERTOS

Y no serían arrastrados al Abismo, como zombies idiotizados.   

“Los demonios tientan.

Los demonios acosan.

Los demonios torturan.  

Los demonios provocan accidentes y desastres, tanto de influencia humana como naturales. (Con el ocultismo)

Los demonios pueden afectar nuestro entorno físico y material. (Con la brujería) 

Los demonios tienen ‘poder sobrenatural‘ sobre nuestras cosas materiales (Con la magia)

Los demonios controlan TOTALMENTE nuestros pensamientos, especialmente los relacionados con la maldad… 

Los Demonios obligan. 

Los demonios agreden Y PUEDEN MATAR.

Los demonionos controlan nuestros sentimientos…

Los demonios esclavizan.

Los demonios causan adicciones. (el sexo y sus perversiones TAMBIÉN lo son)

Los demonios nos hacen pecar y cometer maldades… y luego torturan con sentimientos de culpa.

Los demonios contaminan.

Los demonios engañan.

Los demonios atacan al cuerpo físico”.

El campo de batalla es la mente.

Por lo general, las personas que más confían en sus capacidades físicas y mentales, son las más abiertas a este tipo de ataque demoníaco” (por la SOBERBIA)

Por eso necesitamos en cambio CONFIAR en Dios y COMBATIR con la Oración.

Porque prácticamente todas las formas de aberración sexual compulsiva, son el resultado de la presión demoníaca.

Esto incluye TODOS LOS TRASTORNOS EN LA CONDUCTA SEXUAL, porque sin darnos cuenta, la CURIOSIDAD es el anzuelo, con el que somos enganchados…

Los siguientes pasos son: la OPRESIÓN, LA OBSESIÓN Y LA COMPULSIÓN…

En las diferentes ESTRATEGIAS como la masturbación, la pornografía, la fornicación, el adulterio, la TRANSEXUALIDAD, la homosexualidad, el lesbianismo, el afeminamiento y todo tipo de perversión.

Esto con respecto a lo que Pablo dice “porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto”[Efesios 5:12].

LA MAYOR TRAMPA, es querer disculparnos diciendo: “El verdadero CULPABLE es Satanás.

Le funcionó con Adán y Eva y cuando cometemos maldades Y NO QUEREMOS RESPONSABILIZARNOS, cometemos el mismo ERROR.  (Génesis 3, 12-14)

LOS PECADOS LOS COMETEMOS NOSOTROS y es en nuestra alma en donde los concebimos y les damos vida, para convertirlos en flagelos y esclavizarnos.

Adán y Eva EXPIARON y siguen expiando, con una vida de sufrimiento y arrepentimiento hasta que consiguieron el Perdón divino;

luego cuando Jesús volvió a abrir las Puertas del Cielo, fueron rescatados por el Sacrificio Divino y admitidos en la Gloria celestial.

El problema LO TIENEN, los JUDAS ACTUALES.

Los que ya tenemos experiencias con las que ‘vivimos el Cielo en la Tierra’ sabemos, porque también lo hemos experimentado, los tormentos que VIVEN las almas en el Infierno.

La situación que tiene Judas de Keriot y la que les espera a los sacerdotes incrédulos y perversos y que puede SER PEOR que la del mismo Judas.

Porque él fué engañado y se tragó el sebo con sedal y plomada, pero por su suicidio NO FUÉ UN TESTIGO VIVO de la Resurrección de Jesús,

ni tuvo acceso a los milagros eucarísticos, con los que el Señor sigue HUMILLANDO su Divinidad.

En nuestra Iglesia, los demonios convencieron a muchos seminaristas y sacerdotes que son homosexuales y les hicieron arder con una lujuria sobrenatural.

Y lo mismo se podría hablar de la soberbia intelectual, el desprecio de lo sobrenatural y de la religiosidad popular.

LA APOSTASÍA FUE PROFETIZADA

En la última década hemos sido testigos de la mayor apostasía del clero católico en toda la historia.

En lo que se ha dado en llamar el “abuso sexual” o “pederastia”, que tanto ha costado a sacerdotes, laicos y a la institución eclesial.

Este pecado es claramente producto de una pérdida de Fe.

Decenas de sacerdotes abusaron de fieles menores de edad o no, algunas veces protegidos por sus superiores.

Pero ésta es sólo una de las formas de apostasía.

Está la homosexualidad, la pérdida de sentido de la sobrenaturalidad, etc.

‍Esto no es casual.

La apostasía del clero está profetizada por varios santos, místicos y videntes, de los cuales publicamos algunos textos.

Pero además en la medida que la lucha entre el maligno y la Virgen (con las huestes de San Miguel Arcángel) arrecie, es lógico que los más atacados sean los sacerdotes.

Pues son las almas elegidas por Dios para llevar la comunión a la humanidad.

SAN PÍO DE PIETRELCINA

En una carta a su director espiritual:

“En la mañana del viernes, me hallaba todavía en el lecho, cuando se me apareció Jesús. Se hallaba de mala traza y desfigurado.

Y me mostró una gran multitud de sacerdotes religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia.

De ellos unos estaban celebrando, otros iban a celebrar y otros habían celebrado.

La contemplación de Jesús, así angustiado, me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento.

No obtuve ninguna respuesta.

Pero miraba a aquellos sacerdotes, hasta que como cansado de mirarlos, retiró la vista y con gran horror mío, pude apreciar que dos lágrimas surcaban las mejillas.”

Se alejó de aquella multitud de sacerdotes con una expresión de gran disgusto y desprecio llamándolos “macellai” (carniceros).

Y vuelto hacia mí, dijo:

Hijo mío, no creas que mi agonía haya durado tres horas, NO; yo estaré en agonía por motivo de las almas más favorecidas por Mí, hasta el fin del mundo.

Durante el tiempo de mi agonía hijo mío, no hay que dormir, mi alma busca una gotita de compasión humana, pero ¡Ay! que me dejan solo bajo el peso de la indiferencia.

La ingratitud y sueño de mis ministros me hacen más dura la agonía. ¡Ay! que mal corresponden a mi amor.

Lo que más me hace sufrir es que éstos a su indiferentismo añaden el desprecio y la incredulidad.

¡Cuántas veces estaba para acabar con ellos si no hubieran detenido mi brazo los ángeles y las almas enamoradas…!

Escríbele a tu Padre, y refiérele esto que has visto y has oído de Mí esta mañana.

Jesús continuó todavía, pero aquello que me dijo no podré manifestarlo a criatura alguna de este mundo.

Esta aparición me causó tal dolor en el cuerpo y mayor todavía en el alma que por todo el día sentí una gran postración y hubiera creído morirme, si el dulcísimo Jesús no me hubiera sostenido.

Estos nuestros desgraciados hermanos corresponden al Amor de Jesús; arrojándose con los brazos abiertos en la infame secta de la masonería.

Roguemos por ellos a fin de que el Señor ilumine sus mentes y toque sus corazones”.

SOR MARÍA ANGÉLICA MILLET

El sacerdocio entró en el secreto de Satán, la francmasonería sacerdotal.

Respecto del estado de la Iglesia, Sor María Angélica tiene en 1919, una revelación de Nuestro Señor:

“Es horroroso lo que Él me dijo y me muestra la francmasonería sacerdotal.

Él estaba tan triste. Triste hasta dejarme ver las lágrimas en sus ojos diciéndome:

‘Yo tengo sacerdotes coaligados contra Mí. El sacerdocio entró en el secreto de Satán, él me libra a su odio y Mi corazón es de nuevo traspasado por él…”

SAN PIO X

Mientras daba una audiencia entró en una somnolencia misteriosa, cuando volvió en sí, exclamó:

“Esto que veo es horroroso.

¿Seré yo?

¿Será mi sucesor?

Lo que es seguro es que el Papa dejará Roma. Y para salir del Vaticano, le será necesario pasar sobre los cadáveres de sus sacerdotes”.

Al Canónigo Thellier de Poncheville, San Pio X le dijo: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes…”

BEATA ANA MARÍA TAIGI

El cuerpo de la Beata Ana María Taigi se encuentra incorrupto, en Roma.

El 31 de agosto de 1816, ella oye de Nuestro Señor:

“Oh Roma, Roma. Hijos criminales.

¿Ignoráis el bien que os hice?… Tomo nota de vuestra respuesta…

Pero cuando Mi Padre Celestial dé la orden…!”

Amada Mía: verás como terminará Roma.”

“Sabe que ahora caen como la nieve las almas en el Infierno… que lloren y sollocen amargamente…

No se puede llamar ya a Roma la Santa… Tú los ves, lo ves claramente con tus propios ojos… Viven como bestias…

Los hombres… No buscan aquí abajo más que el lujo, placeres y satisfacciones… Y se dejan llevar de toda clase de deseos culpables…  

Las almas caen al Infierno, como las hojas en el otoño…

Y muchos se me quejan todavía de no poder llevar el peso de sus miserias. Pero si yo pudiera hablarte… quisiera abrirte Mi Corazón…

Me vengaré… en ellos”

Según el Cardenal Sallotti, que tuvo acceso a todas las actas del proceso de beatificación, 

Nuestro Señor le mostró las tramas de las fuerzas secretas contra el alto clero.

‍En una ocasión Él le dirigió palabras de fuego contra los sacerdotes que contaminaban los altares

Ella vio también el futuro castigo y al fin el Triunfo de la Iglesia.

Dios quiere purgar la Tierra y su Iglesia, para lo cual está preparando una plantación nueva de almas desconocidas que operarán grandes y sorprendentes milagros (Mons. Sallotti, págs. 300-340).

UN TESTIMONIO INESPERADO (1879)

“El querer conciliar la Fe con el espíritu moderno, conduce mucho más allá de lo que se piensa: no solo al debilitamiento, sino A LA PÉRDIDA TOTAL de la Fe”

En un exorcismo, el 14 de febrero de 1879, el demonio se vio obligado a declarar:

“Desde el Pontificado de Pío IX la Iglesia entró en una nueva fase de dolorosas pruebas.

La Iglesia Militante tendrá que sufrir siempre un doble mal:

Exterior, por la persecución de sus enemigos;

Interior, por la perversión de sus miembros.

Desde Pío IX ese doble mal creció continuamente, debido a un asalto extraordinariamente fuerte sobre la tierra por parte de los espíritus infernales.”

Después dijo:

“Yo tengo más servidores que la Virgen de ustedes.

Para ustedes, Ella es toda misericordia, para nosotros terrible; más terrible que su Hijo” ( Victoria de la Inmaculada — Relatos de exorcismos, Viena, 1968, págs. 22 y ss.)

SANTA GEMA GALGANI

Santa Gema:

“Son necesarias víctimas para impedir el gran castigo que nos amenaza”.

En la fiesta de Pentecostés, el año 1902, la santa tuvo una visión:

Nuestro Señor le mostró la desgraciada situación de la Iglesia y de sus ministros.

‍Un año antes, en 1901, Nuestro Señor le había dicho (octubre de 1901):

“Hija Mía, ¡Qué de ingratitud y malicia hay en el mundo! Los pecadores viven impenitentes y endurecidos en sus faltas.

Mi Padre no puede soportarlos más.

Las almas viles y débiles no hacen ningún esfuerzo para dominar la carne, las almas afligidas se desconciertan y desesperan; las almas fervorosas se entibian cada vez más.

Los servidores de Mi Santuario..: la indiferencia crece día a día y nadie se corrige”.

En un éxtasis místico, en mayo de 1901, Santa Gema oyó a Nuestro Señor:

“Yo tengo necesidad de una gran expiación, sobre todo por los pecados y sacrilegios con los cuales me ultrajan los Ministros de Mi Santuario”.

Ella se ofreció como víctima y murió el sábado Santo de 1903.

SAN BENITO JOSÉ LABRÉ

Al respecto de la crisis de la Iglesia católica.

“Benito — cuenta el P. Marconi, su confesor — me ha hablado también de otras visiones que él tenía, mas siempre para acusarse como tentaciones.

Así, él me ha expuesto que veía en fuego ya un lugar, ya otro, de aquellos donde había pasado en sus viajes por Francia…

Mas los hechos han bien probado que en lugar de tentaciones eran ilustraciones divinas representando en su espíritu el porvenir, bajo la forma de incendios que consumían ora un lugar, ora otro…

Yo debo acrecentar que más de una vez él me expone que me veía a mí y al Santísimo Sacramento, como cubierto de inmundicias, y diciéndolo, las lágrimas le corrían de los ojos.

Él me repite aún estas palabras en su última confesión, y él terminaba siempre diciendo que ‘la sola penitencia’ podía desarmar la cólera de Dios…

Me parece que yo no me alejaría mucho de la verdad si el ‘vous’ que usaba entonces el santo dirigiéndose a mí, se tomaba no como personal, mas como calificativo, de suerte que él hubiera querido hablar, no de mi persona en particular.

Sino en general de los sacerdotes que él veía cubiertos de inmundicias, para significar lo que sucedería en Francia en el orden sacerdotal, sea en lo físico, sea en lo moral”.

Eleonora Mazza, abadesa de Monte Lupone, cuenta en carta al P. Marconi, después de la muerte de San Benito, hizo saber a las religiosas del monasterio de Santa Clara en Verona:

“Que la Iglesia estaba amenazada de males más grandes aún que aquellos que la afligían y que él no los vería”

SAN LUIS M. GRIGNION DE MONTFORT

Desolatione desolata est omnis terra; la impiedad está sobre un trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación entró hasta en el lugar santo… ( Tratado de la Verdadera Devoción…, pág. 303).

VENERABLE BARTOLOMÉ HOLZHAUSER

Sobre la crisis de la Iglesia dice:

“Dios dejará libre curso a su cólera ya anunciada, incluso en otras partes.

No quedarán más que pocos hombres,

los reinos serán destruidos, los principados serán aniquilados, las repúblicas disueltas, las gentes distinguidas rebajadas y casi reducidas a la mendicidad.

El ‘tigre’ afligirá a la Iglesia y sobre la Tierra reinarán la más grandes de las miserias, una miseria que lanzará por todos lados la confusión”.

SANTA HILDEGARDA

Sobre la crisis religiosa en la Iglesia y la restauración del orden cristiano:

Que la justicia, la honestidad de las costumbres y la dignidad de las virtudes restauradas por los profetas después del diluvio hasta la venida de Jesucristo,

y después de ellos por los apóstoles y doctores de la Iglesia, que brillarán por mucho tiempo, se depravarán en lo sucesivo.

Pero que después de aquellos días malos recobrarán su antiguo brillo entre los hombres antes del Fin de los Tiempos y después de grandes tribulaciones”

Castigo de Dios sobre los malos pastores:

“Tomando a su cargo la causa de la justicia, el Soberano Juez castigará a los prevaricadores y sobre todo, a los malos pastores de la Iglesia.

Permitiendo que se les despoje de sus bienes temporales, antes de reducirlos por medio de las tribulaciones.

Purificado por fin con tantas pruebas, cada orden, eclesiástica y seglar, recobrará su fervor y dignidad primera”

SANTA BRÍGIDA DE SUECIA

Nuestro Señor reclama a Santa Brígida por el estado de la Iglesia e incluso amenaza con irse a los paganos, abandonando a los cristianos y castigándolos.

Extractos de una de sus visiones y conversaciones con Nuestro Señor:

“Delante de todo el ejército celestial el Padre Eterno dice:

‘Me quejo delante de vosotros de que desposé a Mi Hija con un hombre que la trata muy mal, y le sujeta los pies en un cepo, hasta que se le secan y quedan extenuados’.

Respondió el Hijo: ‘Esa es, Padre Mío, la que Yo redimí con Mi Sangre, y recibí por Esposa, pero que ahora tratan de arrebatármela violentamente’.

Enseguida, dijo la Santísima Virgen: ‘Vos Padre Eterno, Sois Mi Dios y Mi Señor, y traje en mis entrañas a Vuestro Bendito Hijo, que es verdadero Hijo Vuestro y verdadero Hijo mío.

Mientras viví en el mundo hice vuestra voluntad, hacedme merced de apiadaros de Vuestra Hija’.

Después decían los ángeles: ‘Vos Sois nuestro Dios y Señor, y en Vos tenemos todo nuestro bien, y no necesitamos otro que a Vos.

Cuando nació Vuestra Hija la Iglesia, todos nos alegramos, y ahora con razón podíamos entristecernos porque la vemos en manos de quien tan vil y afrentosamente la trata,

compadeceos de Ella por vuestra gran misericordia, pues es mucha su miseria, y no hay quien la consuele, ni la libre, sino Vos, Señor Dios Omnipotente…’” (Celestiales revelaciones…, págs. 61-62).

En el caso de que el Papa se convirtiera en un HEREJE, se encontraría por ese solo hecho y sin ninguna otra sentencia, separado de la Iglesia.

SAN PEDRO CELESTINO

Dice lo siguiente:

“Antes que la Iglesia sea renovada, Dios permitirá que el trono de San Pedro sea vacante”.

SOR MARIANA DE JESÚS TORRES

El ángel de la guardia le dice:

‘Vendrán tiempos amargos en que se habrá dejado el Oficio Parvo, y se habrá debilitado el espíritu. ¡­Ay! de aquellos que hayan tomado parte en esto’”.

Nuestra Señora del Buen Suceso:

“Este Monasterio será muy perseguido en los siglos venideros, llegando la persecución al extremo de atentar contra la vida de mis hijas.

No consiguiendo eso, trabajarán con tenacidad infernal, por su extinción, valiéndose de religiosos y de la autoridad Superior.

Sin embargo, como nada pueden los hombres contra las obras de Dios tendré en este mismo solar hijas dignas de mi amor”.

Nuestra Señora le anuncia la total decadencia de la Fe a fines del siglo XIX hasta más allá de la mitad del siglo XX:

“Al finalizar el siglo XIX y hasta un poco más de la mitad del siglo XX, en la hoy colonia,

y en la entonces República del Ecuador se desbordarán las pasiones y habrá una total corrupción de las costumbres por reinar Satanás en las sectas masónicas.

Ellas tenderán principalmente a corromper a los niños de estos tiempos, el sacramento del Bautismo lo recibirán difícilmente, la Confirmación de igual manera,

el sacramento de la Penitencia solo cuando permanezcan en las escuelas católicas, las que pondrá el diablo todo empeño para destruirlas valiéndose de pésimas autoridades, el de la Comunión de igual manera”.

12. ¡Mirad, hermanos!, que no haya en ninguno de vosotros un corazón maleado por la incredulidad que le haga apostatar de Dios vivo; 13. antes bien, exhortaos mutuamente cada día mientras dure este = hoy, = para que ninguno de vosotros se = endurezca = seducido por el pecado. 14. Pues hemos venido a ser partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio. 15. Al decir: = Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, = 16. ¿quiénes son los que, = habiéndole oído, = le movieron = querella? = ¿Es que no fueron todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés? 17. Y ¿contra quiénes = se irritó durante cuarenta años? = ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos = cadáveres cayeron en el desierto? = 18. Y ¿a quiénes = juró que no entrarían en su descanso = sino a los que desobedecieron? 19. Así, vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad. HEBREOS 3,

65 EL PRIMER APÓSTOL MÁRTIR


65 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Atraviesan el manzanar y los viñedos y siguen caminando hasta que se distingue la casa del fariseo.

Es una casa bien construida en medio de un huerto de árboles frutales, ya sin fruta.

Es una casa campirana rica y cómoda.

Pedro con Simón, van por delante para avisar.

aparece la casa del fariseo: ancha, baja, bien construida, entre árboles ya despojados de sus frutos. una casa de campo, pero rica y cómoda.

Pedro y Simón se adelantan para avisar.

Sale Doras.

Es un viejo con perfil duro y rapaz. Ojos irónicos y boca de sierpe que gesticula con una sonrisa falsa, entre la barba que es más blanca que negra.

Saluda familiarmente y con manifiesta condescendencia:

–    Salud Jesús.

Jesús responde sin darle la paz:

–   Tenla igualmente. 

–   Entra. La casa te acoge. Has sido puntual como un rey.

Jesús puntualiza:

–    Como hombre honrado.

Doras ríe con sorna.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos que no han sido invitados:

–    Entrad. –y mirando al fariseo, agrega- Son mis amigos.

–    Que entren. Pero, ¿Aquel no es el alcabalero; el hijo de Alfeo?

Jesús, poniendo su mano sobre el hombro de Mateo, contesta con un tono glacial y majestuoso:

–    Este es Mateo; el discípulo del Mesías.

El fariseo entiende y ríe con más sorna que antes.

Doras querría aplastar al ‘pobre maestro galileo’ bajo la opulencia de su casa que por dentro es fastuosa. Grandiosa y fría.

Los siervos parecen esclavos, caminan inclinados, rápidos y temerosos siempre de ser castigados al menor pretexto.

La casa da la impresión de que en ella reina la crueldad y el odio. 

Doras dice con soberbia:

–    Mi suegro, Caifás; no creyó que vendrías.

Jesús no se deja aplastar con la ostentación de las riquezas, ni con recordarle la posición y el parentesco.

Y Doras que comprende la indiferencia del Maestro, lo lleva consigo por el jardín, en donde hay más árboles.

Le muestra plantas raras y le ofrece frutos de ellas, que los siervos han traído en palanganas y en copas de oro.

Jesús prueba y alaba la exquisitez de las frutas, algunas conservadas como en jalea y adornadas con duraznos bellísimos. Otras parecen peras de un tamaño raro.

Doras no pierde la oportunidad de manifestar:

–    Soy el único en Palestina que tengo estas frutas y creo que ni siquiera las hay en toda la península.

Las mandé traer de Persia y de lugares más lejanos todavía. La caravana me costó casi un talento. Pero ni siquiera los tetrarcas tienen estas frutas.

Probablemente ni el mismo César. Cuento las frutas y recojo todas las semillas. Las peras, sólo se comen en mi mesa, porque no quiero que se roben ni una semilla.

Le envío a Annás, pero tan solo cocidas, porque así ya son estériles.

Jesús dice:

–     Y sin embargo son plantas de Dios. Y los hombres, todos son iguales.

Doras se escandaliza:

–    ¿Iguales? ¡Nooooo! ¿Yo igual a… a tus galileos?

–     El alma viene de Dios y las crea iguales.

El ministro del Templo se esponja como un pavo real y parece erguirse lleno de soberbia cuando dice con manifiesta superioridad:

–           Pero yo soy Doras el fiel Fariseo…

Y continúa con una larga perorata de la supremacía de la clase sacerdotal del pueblo hebreo sobre todos los demás pobres humanos que habitan la tierra. 

Jesús lo atraviesa con sus ojos de zafiro que se encienden cada vez más; señal precursora en Él, de un acto de piedad o de rigor.

Jesús, de vestido purpúreo; es mucho más alto que Doras y domina imponente a este pequeño y encorvado fariseo, embutido en su vestido amplísimo y con una impresionante abundancia de franjas.

Doras, después de un tiempo de auto admiración de sí mismo, exclama:

–     Pero Jesús, ¿Por qué enviar a la casa de Doras el Fariseo puro; a Lázaro, hermano de una prostituta?

¿Lázaro es tu amigo? ¡No debe serlo! ¿No sabes que está en el Anatema, porque su hermana María es una prostituta también de los romanos?

–     El único Lázaro que conozco, es el de sus acciones honradas.

–    Pero el mundo recuerda el pecado de esa casa.

Y ve que su mancha se extiende también sobre los amigos. ¡No vayas! ¿Por qué no eres Fariseo? Si quieres… yo soy poderoso.

Puedo hacer que te acepten en el Sanedrín, no obstante que tú seas Galileo.

En el Sanedrín puedo todo. Annás está en mis manos, como este pedazo de paño en mi manto. Serás poderoso y temido.

–    Yo solo quiero ser amado.

–    Yo te amaré. Ve cuanto te amo, que te cedo atendiendo a tu deseo a Jonás.

–    Lo he pagado.

–    Es verdad. Y me sorprendió que pudieras disponer de tal cantidad.  

–    No fui Yo. Sino un amigo que lo hizo por Mí.

–    Bien, bien no indago. Digo: ve que te amo y quiero hacerte feliz.

Tendrás a Jonás, después de la comida. Sólo por Ti hago este sacrificio. – y su sonrisa destella con inaudita crueldad.

Jesús lo mira cada vez con mayor rigor. Con los brazos cruzados sobre el pecho.

Están todavía en el huerto del jardín, en espera de la comida.

Con ansiedad mal disimulada, Doras dice:

–    Me debes hacer un favor. Alegría por alegría. Te doy mi mejor siervo.

Me privo por tanto de una utilidad futura. Supe que viniste al principio del verano y tu bendición este año, me dio cosechas que hicieron célebres mis posesiones.

Bendice ahora mis ganados y mis campos.

Para el año próximo extrañaré a Jonás. Y mientras encuentro a otro igual a él; ven. Bendice. Dame la alegría de que se hable de mí por toda Palestina.

Y de tener rediles y graneros que revienten de abundancia. ¡Ven!     

Lo toma por el brazo y lo jala, tratando de llevarlo a la fuerza; empujado por la avaricia y la ambición de su desenfrenada sed por el oro.

Jesús se opone:

–    ¿Dónde está Jonás? –pregunta con energía.

Doras contesta evasivo:

–    En los arados. Ha querido seguir trabajando en agradecimiento a su buen patrón.

Pero vendrá antes de que termine la comida. Mientras tanto, ven a bendecir los ganados y los campos.  Los árboles frutales, las viñas y los olivares.

¡Todo! ¡Todo! ¡Oh! ¡Qué fértiles serán el año entrante! Ven, pues.

Jesús dice con un tono mucho más fuerte:

–    ¿Dónde está Jonás?

–    ¡Ya te lo dije! Al frente de los arados. Es el capataz y no trabaja: preside.

–    ¡Mentiroso!

–    ¿Yo? ¡Lo juro por Yeové!

–     ¡Perjuro!

–    ¿Yo? ¿Yo, perjuro? Yo soy el fiel más fiel. ¡Ten cuidado cómo me hablas!

–     ¡ASESINO!

Jesús ha ido levantando cada vez más fuerte la voz y la última palabra RETUMBA como si fuera un trueno.

Los discípulos se acercan a Él.

Los siervos se asoman por las puertas,  temerosos.

El Rostro de Jesús es formidable en su severidad. Parece como si sus ojos lancen rayos fosforescentes.

A Doras, por un momento lo sobrecoge el miedo.

Se hace más pequeñito, en su montón de tela finísima, junto a la majestuosa persona de Jesús; vestido con su túnica de lana pesada en un tono púrpura.

Más de pronto la soberbia se apodera de él otra vez y grita con voz chillona, como una zorra furiosa:

–  ¡En mi casa sólo yo doy órdenes! ¡Sal de aquí, vil galileo!

–  ¡Saldré después de haberte maldecido a ti, a tus campos, ganados y viñas; para este año y para los que vengan!

Doras chilla como fiera malherida:

–    ¡Nooo! ¡Esto no!

Sí, es verdad. Jonás está enfermo. Pero se ha curado. Se ha recuperado. ¡Retira tu maldición!

Jesús insiste:

–   ¿Dónde está Jonás? –y ordena implacable- ¡Que un siervo me conduzca a él, al punto! Yo lo pagué.

Y puesto que tú lo consideras como una mercancía. Como una máquina; como a tal lo tomo. Y como lo he comprado, lo quiero.

Doras saca un silbato de oro de entre su pecho y silba tres veces.

Acuden corriendo muchos siervos de la casa y del campo, ante su temido dueño.

Éste ordena:

–   ¡Llevad a éste a donde está Jonás y entregádselo! ¿A dónde vas?

Jesús ni siquiera responde.

Camina detrás de los siervos que se han precipitado más allá del jardín; hacia donde están las casuchas de los campesinos.

Entran en la paupérrima choza de Jonás.

Él, literalmente es un esqueleto semidesnudo que respira fatigosamente por la fiebre, sobre un lecho de cañas.

En el que sirve de colchón un vestido remendado. Y de cobija, un manto todavía más roto. Una joven lo cuida como puede.  

Jesús dice con infinita ternura:

–   ¡Jonás, amigo mío! ¡He venido a llevarte!

–   ¿Tú? ¡Señor, mío! ¡Me muero! ¡Pero soy muy feliz por tenerte aquí!

–    Fiel amigo, eres libre desde ahora. Y no morirás aquí. Te llevo a mi casa.

–    ¿Libre? ¿Por qué? ¿A tu casa? ¡Ah, sí! Habías prometido que vería a tu Madre.

Jesús es todo amor. Se inclina sobre el miserable lecho del infeliz pastor.

Y dice:

–     Pedro, tú eres fuerte. Levanta a Jonás.

Y vosotros, dadle el manto. Este lecho es demasiado duro para cualquiera en estas condiciones.

Los discípulos rápidamente se quitan los mantos.

Los doblan varias veces y le improvisan una camilla.

Pedro coloca su carga de huesos y Jesús lo cubre con su propio manto.

Cuando está listo Jesús pregunta:

–    Pedro, ¿Tienes dinero?

–   Sí, Maestro. Tengo cuarenta denarios.

–    Está bien. Vámonos.

Ánimo Jonás. Todavía un poco de molestia. Y después, habrá mucha paz en mi casa, cerca de María.

–     María. ¡Sí! ¡Oh! –en medio de su agotamiento, Jonás no hace más que llorar.

Jesús dice a la joven:

–     Adiós, mujer. El Señor te bendecirá por tu misericordia.

–    Adiós, Señor. Adiós Jonás. Ruega. Rogad, por mí. – y la joven llora.

Cuando están por salir, aparece Doras.

Jonás por un momento se llena de terror y se tapa la cara.

 Jesús le pone una mano sobre la cabeza y sale a su lado; más severo que un Juez.  

El miserable cortejo sale al patio y toma el camino del jardín.

Doras, en el colmo de la vileza, exclama:

–    ¡Este lecho es mío! ¡Te vendí el siervo, no el lecho!

Jesús le arroja a los pies la bolsa sin hablar.

Doras la toma. La vacía y cuenta…

–    Cuarenta denarios y cinco dracmas. ¡Es poco!

Jesús mira al avariento y repugnante hombre en tal forma, que es imposible describirla. No dice nada.

Doras insiste:

–   Dime al menos que retiras el anatema.

Jesús lo fulmina con una nueva mirada y una nueva frase:

–     Te pongo en manos del Dios del Sinaí.

Y pasa muy erguido al lado de la rústica camilla que llevan pedro y Andrés.

Doras, al ver que todo es inútil. Que su condena es segura,

Grita:

–    ¡Nos veremos, Jesús! ¡Oh! ¡Te atraparé! ¡Te haré guerra a muerte!

Llévate a esa piltrafa de hombre. Ya no me sirve. Me ahorraré el entierro. ¡Vete! ¡Vete! ¡Satanás maldito!

¡Pondré contra Tí a todo el Sanedrín! ¡Satanás! ¡Satanás!

Jesús aparenta no oír.

Los discípulos están consternados.

Jesús se preocupa sólo de Jonás. Busca los caminos más planos.

Pero desde el Esdrelón hasta Nazareth, el camino es largo y no se puede avanzar ligeros con la piadosa carga.

Continúan en silencio por el camino principal.

Jonás parece que duerme, pero no suelta la mano de Jesús.

Al atardecer son alcanzados por un carro militar romano.

Jesús levanta el brazo y dice:

–   En el Nombre de Dios, deteneos.

Los soldados se detienen. Del carro se asoma la cabeza de un tribuno militar.

Éste pregunta a Jesús:

–   ¿Qué quieres?

–   Tengo un amigo que se está muriendo. Os pido para él, un lugar en el carro.

–   No debería. Pero sube. Tampoco somos perros.

Suben la camilla.

El tribuno pregunta:

–     Tú amigo… ¿Quién eres?

–     Jesús de Nazareth. 

El oficial lo mira curioso y dice:

–     ¡Oh! ¿Tú? ¡Entonces sí eres tú!

Subid cuantos podáis. Basta con que no os asoméis. Así son las órdenes.

Pero sobre las órdenes está el ser humano. ¿O no? ¡Y Tú eres Bueno, lo sé! ¡Eh! Nosotros los soldados, todo lo sabemos. 7

¿Cómo lo sé? Hasta las piedras hablan en bien y en mal. Nosotros tenemos orejas para oír y servir al César.

Tú no eres un falso Mesías como los anteriores, sediciosos y rebeldes. Tú eres bueno. Roma lo sabe.

Observa mejor a Jonás y exclama:

–    Oye, pero… ¡Este hombre está muy enfermo!

Jesús responde:

–    Por eso lo llevo a casa de mi Madre.

–   ¡Ummm! ¡Poco tendrá que cuidarlo! Dale un poco de vino de esa cantimplora.

¡Áquila! –Llama al conductor y ordena-  Arrea los caballos.

–   ¡Quinto! Tú dame dos raciones de pan, de miel y mantequilla de las mías.

Y explica a Jesús:   

–    Es todo lo que tengo, pero le hará bien. Para la tos que trae, la miel le aliviará.

–    Eres bueno.

–    No. Soy menos malo que muchos. Estoy contento de tenerte conmigo.

Acuérdate de Publio Quintiliano de la Itálica. Estoy en Cesárea, pero ahora voy a Ptolemaida. Estoy en inspección de orden.

–    No me tratas como a enemigo.

–    ¿Yo? Soy enemigo de los malos. Jamás de los buenos. Yo también quisiera ser bueno. Dime, ¿Qué doctrina predicas, para nosotros los hombres de armas?

–   La doctrina es única para todos los hombres. Justicia, honradez, continencia, piedad. Ejercer el propio oficio sin abusos.

Aún en los duros momentos de la guerra, no olvidar al ser humano.

Buscar de conocer la Verdad; o sea, a Dios Uno y Eterno, sin cuyo conocimiento cualquier acción está privada de la Gracia y por lo tanto del premio eterno.

–   Y cuando esté muerto, ¿Qué me interesa el bien hecho?

–    Quién se acerca al Dios Verdadero, encuentra ese bien en la otra vida.

–   ¿Volveré a nacer? ¿Acaso seré emperador?

–    No. Te haces igual a Dios, al unirte con Él en la eterna beatitud del Cielo.

–    ¿Cómo? ¿Yo en el Olimpo? ¿Entre los dioses?

–    No existen los dioses. Existe el Dios Verdadero.

El que Yo predico. El que te oye y pone una señal en tu bondad y en tu deseo de conocer el bien.

–   ¡Esto me basta! No sabía que Dios se pudiese ocupar de un pobre soldado pagano.

–   Él te creó, Publio. Por eso te ama y quiere que estés con Él.

–   ¡Eh! ¿Por qué no? Pero nadie nos habla de Dios, jamás.

–   Vendré a Cesárea y me escucharás.

El romano extiende el brazo y afirma:

    ¡Oh, sí! ¡Iré a oírte! Allá está Nazareth. Quisiera llevarte hasta allá. Pero si me ven…  

–    Desciendo y te bendigo por tu buen corazón.

–    Salve, Maestro.

–    El Señor se os muestre. ¡Adiós, soldados!

Descienden y vuelven a caminar.

Jesús dice alentando al enfermo:

–    Jonás, en breve vas a descansar.

Jonás sonríe. Conforme la tarde avanza, está más seguro de estar más lejos de Doras. Y más tranquilo se muestra.

Juan con su hermano Santiago, corren adelante para avisar a María.

Y cuando el pequeño cortejo llega a Nazareth, que está casi desierto en la noche que cae; María está afuera, esperando a su Hijo.

Cuando se encuentran, Jesús dice:

–    Aquí está Jonás. Bajo tu dulzura comenzará a gustar de su paraíso. ¡Feliz Jonás!

–   ¡Feliz! ¡Feliz! –murmura el extenuado pastor, como en un éxtasis.

Entran en la casita y se le lleva a la habitación en donde murió José.

Jesús dice:

–    Estás en el lecho de mi padre. Aquí estamos mi Mamá y Yo, ¿Ves?

Nazareth se convierte en Belén y tú ahora eres el pequeño Jesús, entre dos que te aman.

Ellos son los que veneran en ti al siervo fiel. No ves los ángeles, pero revolotean a tu alrededor, con alas de luz y cantan las palabras del canto navideño.

Jesús derrama su dulzura sobre el pobre Jonás, que poco a poco va debilitándose.

Parece que hubiera aguantado tanto, solo para morir aquí. Pero es feliz.

Sonríe y trata de besar la mano de Jesús; la de María y decir… decir…

Pero la falta de aliento se lo impide.

María, cual madre lo conforta.

Jonás repite con un hilo de voz:

–   Sí. Sí. –con una sonrisa en su cara de esqueleto.

Los discípulos miran  conmovidos desde la puerta del huerto.

Jesús le dice:

–    Dios ha escuchado tu gran deseo.

La estrella de tu larga noche, se convierte ahora en la estrella de tu eterno amanecer. ¿Sabes su nombre?

El agonizante responde

–   Jesús. El tuyo, ¡Oh! ¡Jesús! Los ángeles…

¿Quién está cantándome el himno angelical. Mi alma lo oye. Pero también mis orejas lo quieren oír. ¿Quién lo canta para hacerme feliz?… tengo mucho sueño.

Estoy tan cansado. ¡Muchas lágrimas! Muchos insultos… ¡Doras!… yo lo perdono.

Pero no quiero oír su voz y la oigo. Es como la voz de Satanás que no quiere dejarme en paz.

¡Oh! ¿Quién me cubre esa voz, con palabras venidas del Paraíso?

Es María; que vuelve a cantar en voz baja y en el mismo tono, el cántico con el que arrullaba a Jesús Niño…

Y lo repite porque ve que Jonás se tranquiliza al oírla.  

Después de unos minutos, Jonás dice:

–           ¡Doras ya no habla más! Sólo los ángeles… era un Niño en un pesebre… entre un buey y un asno… Y era el Mesías… Y yo lo adoré… y con Él estaban José y María…  -la voz se apaga en un breve murmullo. Y sigue el silencio…

Jesús dice:

–           ¡Paz en el Cielo al hombre de buena voluntad! ¡Ha muerto! Lo pondremos en nuestro pobre sepulcro. Merece esperar la resurrección de los muertos, junto a  mi justo padre.  

63 MADRE DEL AMOR


63 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Todos los campos de Galilea están en el festivo trabajo de la vendimia.

Los hombres, encaramados sobre altas escaleras, recogen uva de las pérgolas y de las parras; las mujeres, en cestos, sobre la cabeza, llevan racimos de oro y rubí a donde esperan los pisaúvas.

Cantos, risas, bromas corren de loma a loma, de huerto a huerto, junto al olor de mostos y a un gran zumbar de abejas que parecen ebrias de tan veloces y danzarinas

como van de los sarmientos aún restantes, aún ricos de racimos, a los cestos y a los tinos donde se pierden los granos, que ellas buscan, en el caldo turbio de los mostos.

Los niños cual faunos, pringados de zumo trinan como golondrinas corriendo por la hierba, por los patios, por los caminos.

Jesús se dirige hacia un pueblo que está a poca distancia del lago y que a pesar de ello, es de llanura.

Parece un amplio álveo entre dos lejanos sistemas montañosos orientados hacia el Norte.

La llanura está bien regada, porque la atraviesa el río Jordán.

Jesús pasa por la calzada principal.

Muchos lo saludan con el grito:

–     ¡Rabí! ¡Rabí!». Jesús pasa bendiciendo.

Antes de llegar al pueblo hay una rica propiedad, al principio de la cual un matrimonio anciano está esperando al Maestro.

El dueño del viñedo dice:

–      Entra. Cuando el trabajo cese, todos acudirán aquí para oírte.  

¡Cuánta alegría llevas contigo! Emana de ti y se extiende como la savia por los sarmientos. Y se transforma en vino de gozo para los corazones. ¿Aquélla es tu Madre? 

Jesús responde:

–     Es Ella. Os la he traído porque ahora también forma parte del grupo de mis discípulos.

El último en ser recibido, el primero en orden de fidelidad. Es el Apóstol. Me predicó aún antes de que Yo naciera… 

Luego se vuelve hacia María diciendo: 

–    Madre, ven. 

Un día – eran los primeros tiempos en que evangelizaba – esta madre fue tan dulce con tu Hijo cansado, que hizo que no llorase tu recuerdo. 

María dice:

–     Que el Señor te otorgue su don, mujer piadosa. 

La mujer contesta:

–     Ya lo poseo porque tengo al Mesías y te tengo a ti.  

El anciano invita:

–     Ven. La casa es fresca y la luz que hay en ella es moderada.  

Entran en una hermosa finca solariega.

El anciano conversando con Jesús y María conversando con la anfitriona.  

La anciana dice: 

–     Podrás descansar. Estarás fatigada.

–     Sólo me supone cansancio el odio del mundo.

Seguirlo y oírlo…! Ha sido mi deseo desde la más lejana infancia.

–     ¿Sabías que eras la futura Madre del Mesías?

–     ¡Oh, no!

Sí esperaba vivir tanto como para poder oírlo y servirle; última entre sus evangelizados, pero fiel, ¡Fiel!

–     Lo oyes y le sirves y eres la primera.

Yo también soy madre y tengo hijos sabios; cuando los oigo hablar, mi corazón salta de orgullo. ¿Qué sientes Tú oyéndolo a Él?

–     Un delicado éxtasis.

Me sumerjo en mi nada, y la Bondad – que es Él mismo – me eleva consigo.

Entonces veo con simple mirada la Verdad eterna y Ella se hace carne y sangre de mi espíritu.

–     ¡Bendito corazón tuyo!

Es puro, por ello comprende así al Verbo. Nosotros somos más duros porque estamos llenos de culpas…

–     Quisiera dar a todos mi corazón para esto, para que el amor fuera en ellos luz para comprender.

Porque, créelo, es el amor – y yo soy su Madre y por tanto en mí es natural el amor – lo que hace fácil toda empresa.

Las dos mujeres siguen hablando, la anciana junto a la muy joven, siempre muy joven Madre del Señor.  

Mientras, Jesús habla con el dueño de la casa, junto a los lagares, donde grupos y más grupos de vendimiadores vuelcan racimos y más racimos.

Los apóstoles, sentados a la sombra de una pérgola de jazmines, saborean con buen apetito uva y pan.

Ya declina el día y el trabajo cesa lentamente.

Todos los colonos están ya en el amplio patio rústico, donde hay un fuerte olor de uvas pisadas.

De casas cercanas vienen también otros campesinos.

Jesús sube por una pequeña escalera que da a un ala: una galería de arcos bajo la cual se conservan sacos de productos agrícolas y herramientas.

¡Cómo sonríe Jesús subiendo esos pocos peldaños! Lo veo sonreír entre el ondear de sus esponjosos cabellos agitados por una brisa vespertina.

¡Oh, su hermosa sonrisa tan luminosa!

La alegría de esta sonrisa entra en el corazón que cuando está triste es como ese vino de que hablaba el dueño de la casa, confortándolo.

Se vuelve. Se sienta en el último peldaño, en el punto más alto de la escalera, que se transforma en una tribuna para los más afortunados oyentes.

Es decir, para los dueños de la casa, para los apóstoles y para María, la cual, siempre humilde, ni siquiera había tratado de subir a ese puesto de honor, sino que la había conducido a él la señora.

Está sentada justamente un peldaño más abajo que Jesús, de manera que su cabeza está a la altura de las rodillas de su Hijo.

Y estando sentada de lado, Ella lo puede mirar a la cara, con su mirada de paloma enamorada. El delicado perfil de María destaca nítido como en un mármol contra el muro oscuro de la rústica galería.

Más abajo están los apóstoles y los dueños de la casa. En el patio, todos los aldeanos: unos en pie, otros sentados en el suelo, otros encaramados en los lagares o en las higueras que hay en los cuatro ángulos del patio.

Jesús habla lentamente, hundiendo la mano en un amplio saco de trigo colocado detrás de la espalda en María; parece como si estuviera jugando con esos granos o los estuviera acariciando con gusto,

mientras con la derecha gesticula sosegadamente:

–     Me han dicho: “Ven, Jesús, a bendecir el trabajo del hombre”. Heme aquí.

En nombre de Dios lo bendigo. Efectivamente, todo trabajo, si es honesto, merece bendición por parte del Señor eterno. Pero he dicho esto:

La primera condición para obtener de Dios bendición es ser honestos en todas las acciones.

Veamos juntos cuándo y cómo las acciones son honestas. Lo son cuando se cumplen teniendo presente en el espíritu al eterno Dios.

¿Puede acaso pecar uno que diga: “Dios me está mirando. Dios tiene sus ojos puestos en mí, y no pierde ni un detalle de mis acciones”? No. No puede.

Porque pensar en Dios es un pensamiento saludable y le impide al hombre pecar más que cualquier amenaza humana. ¿Pero al eterno Dios se le debe sólo temer? No. Escuchad.

Os fue dicho: “Teme al Señor tu Dios”. Y los Patriarcas temblaron, y temblaron los Profetas cuando el Rostro de Dios, o un ángel del Señor, se apareció a sus espíritus justos.

Y ciertamente es verdad que en tiempo de cólera divina, la aparición de lo sobrenatural debe hacer temblar el corazón.

¿Quién, aun siendo puro como un párvulo, no tiembla ante el Poderoso, ante cuyo fulgor eterno están en actitud de adoración los ángeles, rostro en tierra en el aleluya paradisíaco?

Dios atenúa con un piadoso velo el insostenible fulgor de un ángel, para concederle al ojo humano poder mirarlo sin que se le queden abrasadas pupila y mente.

¿Qué será entonces ver a Dios? Pero esto es así mientras dura la ira.

Cuando ésta queda sustituida por la paz y el Dios de Israel dice:

“He jurado y mantengo mi pacto. He ahí a quien envío y soy Yo, aun no siendo Yo sino mi Palabra que se hace Carne para ser Redención”

Entonces el amor debe -suceder al temor, y sólo amor debe dársele al eterno Dios, con alegría; porque el tiempo de paz ha llegado para la Tierra.

La Paz ha llegado entre Dios y el hombre.

Cuando los primeros vientos de la primavera esparcen el polen de la flor de la vid, el agricultor debe temer aún, dado que la intemperie y los insectos pueden tenderle al fruto muchas insidias.

Más cuando llega la feliz hora de la vendimia, ¡Ah!, entonces cesa todo temor y el corazón se regocija por la certeza de la cosecha.

E1 Vástago de la estirpe de Jesé, habiendo sido previamente anunciado por las palabras de los Profetas, ha venido; ahora está entre vosotros.

Él es Racimo óptimo que os trae el zumo de la Sabiduría eterna y no pide sino ser cogido y exprimido y ser así Vino para los hombres.

Él es Vino de alegría sin fin para aquellos que se nutran con Él.

Pero, ¡Ay de aquellos que habiendo tenido a su alcance este Vino lo hayan rechazado!

¡Y tres veces desdichados aquellos que después de haberse nutrido con Él, lo hayan rechazado o mezclado en su interior con la comida de Satanás!

Y así vuelvo al primer concepto.

La primera condición para obtener la bendición de Dios, tanto en las obras del espíritu como en las del hombre, es la honestidad de propósitos.

Honesto es el que dice: “Sigo la Ley, no para obtener de ella alabanza por parte de los hombres, sino por fidelidad a Dios”.

Honesto es aquel que dice: “Sigo a Cristo, no por los milagros que hace, sino por los consejos que me da de vida eterna”.

Honesto es quien dice: “Trabajo, no por ávido lucro, sino porque también el trabajo ha sido puesto por Dios como medio de santificación por su valor formativo, mortificante, preservativo, elevante;

trabajo para poder ayudar a mi prójimo; trabajo para poder hacer resplandecer los prodigios de Dios, que de un granito minúsculo hace una macolla de espigas,

de una semilla de uva hace una gran cepa, de la semilla de un fruto hace un árbol.

Y de Mí, hombre, pobre nada, sacado de la nada por voluntad suya, hace un ayudante suyo en la obra infatigable de perpetuar los cereales, vides y árboles frutales, como en la de poblar la Tierra de hombres”.

Hay personas que trabajan como bestias, pero sin otra religión aparte de la de aumentar sus riquezas.  

¿Que muere de aprietos y cansancio delante de él el compañero que ha sido menos favorecido por la suerte? ¿Que se mueren de hambre los hijos de este miserable? ¿Y qué le importa al ávido acumulador de riquezas?

Hay otros todavía más duros, que no trabajan pero obligan a trabajar, y atesoran con el sudor ajeno.

Y hay otros que dilapidan lo que avaramente arrebatan al esfuerzo ajeno. En verdad, en éstos el trabajo no es honesto. Y no digáis: “Y a pesar de todo Dios los protege”.

No. No los protege. Hoy gozarán de una hora de triunfo, pero no pasará mucho tiempo sin que los alcance la severidad divina, que, en el tiempo o en la Eternidad, les recordará este precepto: 

“Yo soy el Señor tu Dios, ámame sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como a ti mismo'”.

¡Oh, entonces, verdaderamente, si esas palabras resuenan eternamente, serán más tremendas que los rayos del Sinaí!

Muchas, demasiadas son las palabras que se os dicen. Yo os digo sólo éstas: “Amad a Dios. Amad al prójimo”.

Son como el trabajo que hace fecundo al sarmiento, realizado con la vid en primavera.

El amor a Dios y al prójimo es como la grada que limpia el suelo de las hierbas nocivas del egoísmo y de las malas pasiones.

Es como la azada que excava un círculo en torno a la cepa para que quede aislada del contagio de hierbas parásitas y nutrida con frescas aguas de riego;

es como cizalla que elimina lo superfluo para condensar la energía y dirigirla hacia donde dará fruto; es lazo que aprieta y sostiene junto al robusto palo;

es, finalmente, sol que madura los frutos de la buena voluntad haciendo de ellos frutos de vida eterna.

Exultáis ahora porque el año ha sido bueno, ricas las mieses y óptima la vendimia.

Pero en verdad os digo que este júbilo vuestro es menos que un diminuto granito de arena en relación con el júbilo sin medida que será vuestro cuando el eterno Padre os diga:

“Venid, fecundos sarmientos míos injertados en la verdadera Vid.

Vosotros os prestasteis a toda operación, aunque fuera penosa, con tal de dar abundante fruto, y ahora venís a Mí cuajados de los zumos dulces del amor a mí y al prójimo.

Floreced en mis jardines durante toda la eternidad”.

Tended a este eterno goce. Perseguid con fidelidad este bien. Agradecidos, bendecid al Eterno, que os ayuda a alcanzarlo.

Bendecidlo por la gracia de su Palabra, bendecidlo por la gracia de la buena cosecha.

Amad con gratitud al Señor y no tengáis miedo. Dios da el ciento por uno a quien le ama.

Jesús habría terminado, pero todos gritan:

–      ¡Bendícenos, bendícenos! ¡Danos tu bendición!

Jesús se levanta, extiende los brazos y dice con voz de trueno:

–      Que el Señor os bendiga y guarde, os muestre su faz y tenga piedad de vosotros. Que el Señor vuelva hacia vosotros su rostro y os dé su paz.

Que el nombre del Señor esté en vuestros corazones, en vuestras casas y en vuestros campos.

La multitud, la pequeña multitud reunida, prorrumpe en un griterío de alegría y de aclamaciones al Mesías, mas luego calla.

Y se abre para dejar pasar a una madre que lleva en brazos a un niño paralítico de unos diez años.

Ella lo coloca echado a los pies de la escalera, como si se lo ofreciera a Jesús. 

El anciano anfitrion explica:

–     Es una criada mía. Su hijo varón se cayó el año pasado desde la terraza y se partió la columna.

La dueña añade: 

–    Toda la vida tendrá que yacer sobre la espalda. Ha esperado en ti todos estos meses… 

Jesús indica:

–     Dile que se acerque.

Pero la pobre mujer está tan emocionada, que parece como si tuviera ella la parálisis. Tiembla toda y se le enredan los pies en el largo vestido al subir los altos escalones con su hijo en brazos.

María, piadosa, se pone en pie y baja hacia ella.

–     Ven. No temas. Mi Hijo te quiere.

Dame a tu niño. Así podrás subir mejor. Ven, hija. Yo también soy madre.

Y le toma al niño, al cual sonríe dulcemente. Luego sube con el peso de esta conmovedora carga sobre sus brazos.

La madre del niño la sigue, llorando.

Ya está María ante Jesús.

Se arrodilla y dice:

–     ¡Hijo! ¡Por esta madre!

No dice nada más.

Jesús ni siquiera solicita su consabido “¿Qué deseas que te haga? ¿Crees que puedo hacerlo?”. No.

Hoy sonríe y dice:

–      Mujer, ven aquí.

La mujer se coloca justo junto a María.

Jesús le pone una mano sobre la cabeza y se limita a decir: «Alégrate».

Aún no ha terminado de decir esta palabra y el niño, que hasta ahora había estado extendido como un cuerpo muerto, colgándole las piernas en brazos de María, se sienta como impulsado por un resorte…

Y prorrumpe en un grito de alegría « ¡Mamá!», y corre a refugiarse en el pecho materno.

Los gritos de hosanna parece como si quisieran penetrar en el cielo completamente rojo del atardecer.

La mujer, con su hijo apretado contra el corazón, no sabiendo qué decir,

Pregunta:

–     ¿Qué… qué tengo que hacer para decirte que soy feliz?

A lo que Jesús, que sigue acariciándola, contesta:

–     Ser buena, amar a Dios y a tu prójimo, educar en este amor a tu hijo.

Pero la mujer no se muestra todavía satisfecha. Quisiera… quisiera…

Y por fin, pide:

–     Dadle un beso Tú y tu Madre a mi niño.

Jesús se inclina y lo besa, y María también.

Y mientras la mujer se marcha feliz, entre las aclamaciones de un cortejo de amigos,

Jesús le explica a la dueña de casa:

–     No ha hecho falta más.

Él estaba en los brazos de mi Madre. Incluso sin mediar palabra alguna lo habría curado, porque Ella se siente feliz cuando puede consolar una aflicción.

Y Yo deseo hacerla feliz.

Entonces Jesús y María se intercambian una de esas miradas cuyo significado es tan profundo, que sólo quien las ha visto las puede entender.

54 EN TIBERÍADES…


54 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la hermosa y moderna ciudad de Tiberíades.

Que es nueva y rica, lo dice todo su conjunto: una reestructuración cívica más ordenada que la de otras ciudades palestinenses; una totalidad armónica y urbana que no posee ni siquiera Jerusalén.

Hermosas avenidas y calles rectas provistas de un sistema de alcantarillado que hace que aguas y basura no se acumulen por las calles.

Plazas anchas con bellas fuentes de mármol.

Palacios que rivalizan unos de otros, en el estilo de Roma, con atrios llenos de luz. Las casas más hermosas, son las que están a la orilla del lago. Las tres primeras son señoriales.

A través de algunos portales abiertos a esta hora de la mañana se ven amplios vestíbulos, peristilos de mármol decorados con valiosos cortinajes, asientos, mesitas…

Casi todos tienen en su centro un patio enlosado de mármol con un surtidor y macetas marmoleñas llenas de plantas con flores.

En definitiva, es la arquitectura de Roma en todo su esplendor y  ricamente adornada.

La primera, a lo largo de la avenida que sigue la dulce curva del lago, es magníficamente espléndida.

Su última parte es una serie de casas de campo, cuya fachada principal da a la otra calle, y que hacia el lago tienen opulentos jardines que descienden hasta recibir el toque de las olas.

Casi todas tienen un pequeño embarcadero en el que pueden verse barcas de recreo con preciosos baldaquinos y asientos purpurinos.

Jesús viene caminando por la avenida que bordea el lago,

Y Pedro pregunta:

–   ¿Has estado alguna vez en Tiberíades, Maestro?

Jesús contesta:

–   Nunca.

–  ¡He! ¡Antipas ha hecho bien las cosas y en grande, para adular a Tiberio! ¡Es un vendido ese…!

Jesús no lo deja continuar:

–   Me parece que es más bien una ciudad de descanso, que de comercio.

–   Los negocios están del otro lado. Tiene mucho comercio. Es muy rica.

–   ¿Estas casas son palestinenses?

–    Sí y no. Muchas son de romanos, pero otras muchas…, a pesar de estar llenas de estatuas y patrañas semejantes, son de hebreos. 

Pedro suspira y dice entre dientes:

“Si nos hubieran arrebatado sólo la independencia… pero es que nos han arrebatado la Fe… ¡Nos estamos haciendo más paganos que ellos!

–     No por culpa suya, Pedro. Ellos tienen sus costumbres y no nos obligan a hacerlas nuestras.  Somos nosotros quienes queremos corrompernos. Por intereses, por moda, por servilismo…

–     Tienes razón, pero el primero es el Tetrarca…

Entonces el pastor José dice:

–    Maestro, hemos llegado. Esta es la casa del mayordomo de Herodes.

Están parados al final del vial, donde éste presenta una bifurcación y viene a ser la segunda de las calles, mientras que las casas de campo quedan entre esta calle y el lago.

La casa que ha señalado José es la primera, toda rodeada de un enorme jardín lleno de flores, donde las fragancias y ramas de jazmines y rosas se extienden hasta el lago.  

Jesús pregunta:

–     ¿Y aquí está Jonathán?

–    Aquí, me han dicho.

Es el mayordomo del intendente personal del tetrarca. Ha tenido suerte. Cusa no es malo y reconoce con justicia los méritos de su intendente. Es una de las pocas personas honradas de la corte. ¿Voy a llamarlo?

–    Ve.

José se dirige a la alta puerta de entrada. Llama.

Acude el portero. Conversan y José hace un gesto de contrariedad.

El portero asoma su cabeza cenicienta y mira a Jesús; luego pide algo, a lo cual José asiente. Siguen hablando entre sí.

José viene hacia Jesús, que ha estado esperando pacientemente a la sombra de un árbol:

–     Jonathán no está. Se fue al Alto-Líbano.

Ha ido a llevar a aquel aire fresco y puro a Juana de Cusa, que está muy enferma.

Dice el criado que ha ido él, porque Cusa está en la Corte y no puede venirse después del escándalo de la fuga de Juan el Bautista. 

Y la enferma empeoraba y el médico decía que aquí moriría.

No obstante, el criado dice que entres a descansar. Jonathán ha hablado del Mesías niño y también aquí te conocen de nombre y te esperan.

Jesús dice:

–     Vamos.

El grupo se pone en movimiento, el portero se percata y llama a los otros domésticos.

Abre de par en par la puerta de entrada, que hasta ahora había estado entreabierta y corre con mucho respeto al encuentro de Jesús.

Diciéndole:

–     Derrama, Señor, tu bendición sobre nosotros y sobre esta triste casa.

Pasa. ¡Cuánto sentirá Jonathán no haber estado aquí! Verte era su esperanza. Pasa, pasa y tus amigos contigo.

En el atrio hay criados y criadas de todas las edades, todos ellos respetuosamente inclinados al saludar, con un sentimiento de curiosidad.

Una viejecita llora en un ángulo.

Jesús entra y bendice con su gesto y su saludo de paz.

Le ofrecen refrigerio. Toma asiento y todos se ponen a su alrededor.

Jesús observa:

–     Veo que no os soy desconocido.

–     Jonathán nos ha nutrido con tu historia.

Jonathán es bueno. Dice serlo sólo porque el beso que te dio lo hizo bueno. Pero también es porque lo es.

–     Yo he dado y he recibido besos…

Pero, como tú dices, sólo en los buenos éstos aumentaron la bondad. ¿No está ahora? Yo venía por él.

–      He dicho que está en el Líbano. Allí tiene amigos… Es la última esperanza para la joven ama. Si esto no produce resultados…

La viejecita en su ángulo llora con más fuerza.

Jesús la mira con actitud interrogativa.

–      Es Esther, la nodriza del ama. Llora porque no puede resignarse a perderla.

Jesús la llama:

–      Ven, madre. No llores así. Ven aquí, junto a Mí. ¡No necesariamente enfermedad significa muerte!

La mujer se lamenta:

–     ¡Es muerte, es muerte!

¡Desde que tuvo aquel único parto desafortunado se me está muriendo! ¡Las adúlteras dan a luz secretamente y viven a pesar de todo y ella, ella que es buena, honesta, un ángel, un verdadero ángel, debe morir!

–     Pero, ¿Qué tiene ahora?

–     Una fiebre que la consume…

Es como una lámpara que arde atizada por un fuerte viento… cada día más fuerte, y ella cada vez más débil.

Yo deseaba acompañarla, pero Jonatán ha querido criadas jóvenes, porque ella no tiene fuerzas y hay que llevarla como a un peso inerte y yo ya no soy capaz…

No soy capaz de eso, pero sí de amarla. La recogí del seno de su madre. Yo era una sirvienta. También estaba casada, y había tenido un hijo hacía un mes.

Le di de mamar porque su madre estaba débil y no podía… Yo le hice de madre cuando siendo apenas un bebé que aún no aprendía a decir “mamá”, se quedó huérfana.

Me he llenado de canas y de arrugas velándola en sus enfermedades. Yo la vestí de novia, la conduje al tálamo; he sonreído ante sus esperanzas de madre, lloré con ella ante el recién nacido muerto.

He recogido todas las sonrisas y las lágrimas de su vida, le he dado toda sonrisa y consuelo de mi amor ¡Y ahora se muere y no me tiene cerca!

La anciana da pena.

Jesús la acaricia, pero no sirve de nada.

–      Escucha, madre, ¿Tienes fe?

–     ¿En Tí? Sí.

–      En Dios, mujer. ¿Puedes creer que Dios puede todo?

–      Lo creo, y creo que Tú, su Mesías, lo puedes.

Ya se habla en la ciudad de tu poder. Ese hombre – alude a Felipe – hace tiempo hablaba de tus milagros en la sinagoga. Jonathán le preguntó: “¿Dónde está el Mesías?”, y él respondió: “No lo sé”.

Jonathán me dijo entonces “Si estuviera aquí, te juro que ella se curaría”. Pero Tú no estabas aquí… él se ha marchado con ella… y ahora morirá…

–      No. Ten fe. Dime exactamente lo que tienes en el corazón: ¿Puedes creer que ella no morirá por tu Fe?

–     ¿Por mi fe? ¡Oh!, si la quieres, aquí la tienes. Tómate incluso la vida, mi anciana vida… sólo házmela ver curada.

–     Yo soy la Vida. Doy vida y no muerte.

Tú le diste la vida un día con la leche de tu pecho. Era una pobre vida que podía terminar Ahora, con tu Fe, le das una vida sin fin. Sonríe, madre.

–     Pero ella no está…

La anciana se debate entre la esperanza y el temor: 

–      Ella no está y Tú estás aquí…

–     Ten fe. Escucha. Ahora voy a Nazaret.

Estaré allí unos días Tengo también allí algunos amigos enfermos. Luego voy al Líbano. Si Jonathán vuelve de aquí a seis días, mándalo a Nazaret, a Jesús de José. Si no viene, iré Yo.

–     ¿Cómo lo vas a encontrar?

–      Me guiará el arcángel de Tobías. Tú fortalécete en la Fe. No te pido más que esto. No llores más, madre.

Pero la anciana llora con más vehemencia.

Está a los pies de Jesús y tiene la cabeza sobre las rodillas divinas, besando la bendita mano y vertiendo lágrimas sobre ella.

Jesús, con la otra mano, la acaricia.

Y dado que otros criados, dulcemente, la reprenden porque llorando así se está agotando.

Él dice:

–     Dejadla. Ahora es llanto de consuelo. Le viene bien. ¿Os alegra a todos el que el ama recupere la salud?

–     Es muy buena. Cuando uno es así no es amo, es un amigo y se le quiere. Nosotros la queremos. Créelo.

–     Os leo en el corazón. Sed también vosotros cada vez mejores. Yo me pongo en camino. No puedo esperar. Tengo la barca. Os bendigo.

–      ¡Vuelve, Maestro, vuelve!

–      Volveré muchas veces. Adiós. La paz a esta casa y a todos vosotros.

Jesús sale con los suyos acompañado de los criados, que lo aclaman.

Santiago su primo, con mucha tristeza observa:

–     Te conocen más aquí que en Nazaret.

–     Uno que ha tenido Fe verdadera en el Mesías ha preparado esta casa; para Nazaret Yo soy el carpintero, nada más.

–      Y… y nosotros no tenemos la fuerza de predicarte como quien Eres…

–     ¿No la tenéis?

–      No, primo. No tenemos el heroísmo de tus pastores.

–     ¿Lo crees así, Santiago?

Jesús sonríe mirando a su primo, a este primo suyo que tanto se parece a su padre putativo, así, con ojos y pelo de un castaño negro y tez morena pero viva.

Mientras que la tez de Judas es más pálida, encuadrada entre la barba negrísima y los cabellos ondulados; Judas tiene ojos de un azul casi violáceo que vagamente recuerdan a los de Jesús.

–     Pues mira, Yo te digo que no te conoces. Tú y Judas sois fuertes.

Los dos primos menean la cabeza.

–     Os persuadiréis de que no yerro.

–     ¿Vamos al mismo Nazaret?

–      Sí. Quiero decirle algo a mi Madre y… Y hacer aún alguna otra cosa. Quien quiera venir que venga.

Todos quieren ir.

Los que están más contentos son los primos:

–     Es por nuestro padre y nuestra madre, ¿Comprendes?

–     Lo comprendo. Pasaremos por Caná y luego iremos allí.

–    ¿Por Caná? ¡Entonces iremos donde Susana! Nos dará huevos y fruta para papá, Santiago.

–     Y también, claro, algo de su buena miel. A él le gusta mucho.

–     Y le nutre.

–     ¡Pobre papá! Sufre mucho. Siente que le falta la vida, como arrancada de raíz… Y no quisiera morir…

Santiago mira a Jesús, con una muda súplica…

Pero Jesús hace como si no lo viera.

Tadeo dice:

–     José también murió así, con dolores, ¿Verdad?

Jesús responde:

–     Sí, pero él sufría menos porque estaba resignado.

–     Y porque te tenía a Tí.

–      También Alfeo podría tenerMe…

Los dos primos suspiran tristes y todo termina.

47 LA PROFECÍA DE CAÍN


47 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús ha llevado a los suyos a la sombra de un enorme nogal, que pende desde donde está – elevado respecto al huerto de María – hasta el mismo huerto.

Jesús continúa instruyéndolos.

El día está borrascoso, se avecina una tormenta; quizás por eso Jesús no se ha alejado mucho de la casa.

María va y viene de la casa al huerto y del huerto a la casa.

Y cada vez que lo hace levanta la cabeza y sonríe a su Jesús, que está sentado en la hierba, junto al tronco, rodeado de discípulos.

 Jesús dice:

–      Ayer os anuncié que lo que había provocado una palabra imprudente habría servido de lección hoy. La lección es ésta:

Tened por seguro – y sea regla en vuestro actuar – que nada de cuanto está escondido permanece siempre oculto.

O Dios se ocupa de dar a conocer las obras de un hijo suyo a través de sus signos milagrosos, o a través de las palabras de los justos que reconocen los méritos de un hermano.

O es Satanás quien, a través de la boca de un imprudente – no quiero decir más -, revela lo que los buenos, para no incitar a la anticaridad, han preferido callar.

O altera las verdades, creando así confusión en los pensamientos. Por tanto, siempre llega el momento en que lo oculto se da a conocer.

Tened, pues, siempre esto presente en vuestro pensamiento. Sea para vosotros freno respecto al mal, sin que por otro lado os sintáis incitados a proclamar el bien que realizáis.

¡Cuántas veces uno actúa por bondad, verdadera bondad, pero humana!

Y siendo humana su actuación, o sea, de no perfecta intención, desea que los hombres la conozcan, se enoja y se amarga viendo que pasa desapercibida y estudia la forma de manifestarla.  

No, amigos; así no. Haced el bien y dádselo al Señor eterno. Él sabrá darlo a conocer también a los hombres, si es bueno para vosotros.

Si, por el contrario, ello pudiera anular bajo un reflujo de complacencia de orgullo, vuestro comportamiento justo, entonces el Padre lo mantendrá secreto,

reservándose el daros en el Cielo la gloria correspondiente, en presencia de toda la Corte celeste.

Quien vea un acto jamás juzgue por las apariencias. No acuséis nunca a nadie, porque las acciones de los hombres pueden en ocasiones presentar feo aspecto y celar otros motivos.

Un padre, por ejemplo puede decirle a un hijo suyo ocioso y entregado a la crápula: “Vete”, y ello puede parecer crueldad e incumplimiento de los deberes paternos; pero no siempre lo es.

Su “vete” está sazonado con un llanto amarguísimo (más del padre que del hijo); a su “vete” le acompañan las palabras “volverás cuando te hayas arrepentido de tu ociosidad” y el voto de que se cumplan.

Por otra parte, es un acto de justicia hacia los otros hijos, porque impide que un crapuloso consuma en vicios no sólo lo suyo, sino también lo de los demás.

Malo será en cambio, si esa palabra la dice un padre que se encuentre en culpa respecto a Dios y respecto a la prole,

porque en su egoísmo se juzgará a sí mismo superior a Dios y considerará que su derecho se extiende también al espíritu de su hijo.

No. El espíritu es de Dios, y ni siquiera Dios violenta la libertad del espíritu a donarse o no donarse. Para el mundo parecen iguales estos actos.

El sufrimiento es INEVITABLE, por eso lo mejor es santificarlo con la donacion voluntaria con la crucifixión de la voluntad.

Y sin embargo, ¡Qué distintos son el uno del otro! El primero es justicia, el segundo es arbitrio culpable. Por tanto, no juzguéis nunca a nadie.

Ayer Pedro le dijo a Judas: “¿Qué maestro has tenido?”. Que no vuelva a decirlo. Que nadie eche la culpa a los otros de lo que ve en uno o en sí mismo.

Los maestros tienen una misma palabra para todos los discípulos. ¿Por qué entonces, diez discípulos resultan justos y diez malvados?

Porque cada uno añade por su parte lo que tiene en el corazón y ello pesa hacia el bien o hacia el mal.

¿Cómo es posible, entonces, acusar al maestro de haber enseñado mal, porque el bien que ha inculcado quede anulado por el exceso de mal que reina en un corazón determinado?

El primer factor de éxito está en vosotros. El maestro trabaja vuestro yo. Pero si vosotros no sois susceptibles de mejora, ¿Qué puede hacer el maestro? ¿Qué soy Yo?

En verdad os digo que no habrá maestro más sabio, paciente y perfecto que Yo. Y no obstante, incluso de alguno de los míos se dirá: “Pero, ¿Quién fue su maestro?“.

No os dejéis vencer nunca, al juzgar, por motivos personales. Ayer Judas, amando su tierra más de lo justo, estimó que en Mí había injusticia hacia ella.

Frecuentemente el hombre subyace bajo estos elementos imponderables que son el amor patrio o el amor a una idea. Y se desvía, como alción desorientado, de su meta.

La meta es Dios. Ver todo en Dios para ver bien.

No ponerse a sí mismo, no poner ninguna cosa por encima de Dios. Y si uno realmente se equivoca… ¡Pedro!, ¡Todos!, no seáis intransigentes.

El error que tanto os fastidia, cometido por uno de vosotros, ¿Realmente no lo habéis cometido nunca vosotros? ¿Estáis seguros?

Y, aun admitiendo que no lo hayáis cometido nunca, ¿Qué habréis de hacer? Pues agradecérselo a Dios. Nada más.

Y velar. Vigilar mucho. Continuamente. Para no caer mañana en lo que hasta hoy ha podido ser evitado. ¿Veis?

El cielo está nublado porque el granizo está próximo. Nosotros, escrutando el cielo, hemos dicho: “No nos alejemos de casa”.

Ahora bien, ¿Por qué no sabemos juzgar dónde puede haber peligro para el alma?

Si sabemos juzgar así respecto a las cosas que, a pesar de ser peligrosas, no son nada en relación a los peligros que hay, pecando, de perder la amistad de Dios.

Mirad: ved allí a mi Madre. ¿Podéis pensar que en Ella haya tendencia alguna al mal? Pues bien, dado que el amor la impulsa a seguirMe, dejará su casa cuando mi amor lo desee.

Pero esta mañana después de habérmelo pedido una vez más – porque Ella, mi Maestra, me decía: “Que entre tus discípulos esté también tu Madre, Hijo: Yo quiero aprender tu doctrina”

Ella, que ya poseía esta doctrina su seno y antes aún en su espíritu, por don dado por Dios a la futura Madre de su Verbo Encarnado – Ella ha dicho:

“No obstante… juzga, si puedo ir contigo sin la posibilidad de perder la unión con Dios; sin que eso que es mundo, y que Tú dices que penetra con sus hedores, pueda corromper este corazón mío que fue y es y quiere ser sólo de Dios.

Yo me someto a examen y por cuanto sé, me parece que puedo hacerlo, porque… (y en esto, sin saberlo, se ha procurado la más alta alabanza)

Porque no encuentro diferencia entre mi paz cándida cuando era una flor del Templo y ésta que tengo en mí, ahora que desde hace más de seis lustros soy la mujer de casa.

Pero yo soy indigna sierva que conoce mal y juzga aún peor, las cosas del espíritu.-Tú eres el Verbo, la Sabiduría, la Luz, y puedes ser luz para tu pobre Mamá, que acepta el no volver a verte, antes que ser no grata al Señor”

Y Yo le he tenido que decir, temblándome el corazón de admiración: “Mamá, Yo te lo digo, no serás corrompida por el mundo; antes bien, el mundo será embalsamado por ti”.

Mi Madre – lo acabáis de oír – ha sabido ver los peligros de vivir en el mundo, que son peligros también para Ella. También para Ella.

Y vosotros, hombres, ¿Pretendéis no verlos? ‘¡Ay!, Satanás verdaderamente está al acecho y sólo los que vigilen resultarán vencedores.

¿Los demás? ¿Preguntáis acerca de los demás? Para los demás, lo que está escrito.

Tomás pregunta:

–    ¿Qué está escrito, Maestro?

–    Y Caín se abalanzó sobre Abel y lo mató.

Y el Señor le dijo a Caín ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho de él? El grito de su sangre llega hasta Mí.

Por tanto, serás maldito sobre la Tierra que ha conocido el sabor de la sangre humana por mano de un hermano que ha abierto las venas a su hermano.

Y no cesará esta horrible hambre de la Tierra de sangre humana. Y la Tierra, envenenada por esta sangre será más estéril que una mujer seca por la edad. Y huirás, buscando paz y pan. Y no lo encontrarás. 

Tu remordimiento te hará ver sangre en cada flor y en cada tallo de hierba, en toda agua y alimento. El cielo te parecerá sangre y sangre el mar.

Del cielo, de la tierra, del mar, llegarán a tí tres voces: la de Dios, la del Inocente, la del Demonio. Y para no oírlas, te darás muerte. 

Pedro observa:

–     No habla así el Génesis.

Jesús replica: 

–      No, el Génesis no; Yo lo digo.

Y no yerro. Lo digo para los nuevos Caínes de los nuevos Abeles, para quienes, por no vigilar respecto a sí mismos y al Enemigo, vendrán a ser una cosa con él.

Juan dice:

–       Pero, entre nosotros, no habrá de esos, ¿No es cierto, Maestro?

–       Juan, cuando sea desgarrado el Velo del Templo, una gran verdad brillará escrita en toda Sión. 

 –     ¿Cuál, mi Señor?

–       Que los hijos de las tinieblas en vano han estado en contacto con la Luz. Recuérdalo, Juan.

–      ¿Seré yo, Maestro, un hijo de las Tinieblas?

–       No, tú no. Pero recuérdalo para explicar el Delito al mundo.

–      ¿Qué delito, Señor? ¿El de Caín?

–       No. Ese es el primer acorde del himno de Satanás. Hablo del Delito perfecto, el inconcebible Delito,

aquel que, para comprenderlo hay que mirarlo a través del sol del divino Amor y a través de la mente de Satanás.

Porque sólo el Amor perfecto y el perfecto Odio, solo el infinito Bien y el infinito Mal, pueden explicar tal Donación y tal Pecado. 

Jesús ha hablado del DEICIDIO y ha profetizado el castigo del Caín y de los Caínes de Dios...

La tormenta ruge su cercanía…

Y Jesús dice:

–      ¿Oís? Parece como si Satanás estuviera oyendo y gritase de deseo de llevarlo a cabo.

Vámonos, antes de que la nube rompa en relámpagos y granizo.

Y bajan corriendo por la pendiente, saltando al huerto de María mientras la tormenta estalla furiosamente.

P ¿POR QUÉ EL PURGATORIO?


Agosto 17 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, muchas veces os habréis preguntado por qué después de morir, tenéis que pasar por el Purgatorio.

Mis pequeños, bajasteis del Cielo vuestro Hogar, un lugar lleno de bellezas, de Pureza, de Santidad, de Amor, virtudes en extremo.

Vinisteis a la Tierra a servirMe, para que bajarais y enseñarais a vuestros hermanos todo lo que se vive en el Cielo en alto grado.

Vuestros Primeros Padres vivían así, por eso Yo Me recreaba en ellos y os he explicado que, al decir que Yo bajaba a Mi Paraíso Terrenal, era bajar al corazón de Ellos,

que eran ya seres terrenales pero que vivían todo lo que se vive en el Cielo: Pureza, Santidad, Amor, y todo lo que os podáis imaginar en bellezas espirituales.

Vosotros si os compararais con Ellos, si realmente sois honestos con vosotros mismos y os preguntara si sentís que estáis viviendo el máximo de vuestras virtudes, el máximo del amor, el máximo de las bellezas espirituales,

¿Qué me podríais contestar, Mis pequeños?

El Purgatorio es el lugar en donde vais a recobrar la vida espiritual que se vive en el Cielo. 

Al bajar a la Tierra, Satanás os ataca llevándoos al lado contrario, hacia la oscuridad, hacia la maldad, hacia todo aquello que no es virtuoso:

A vicios, muerte, envidias y más, para que perdáis esa Luz Divina con la que bajasteis.

Vosotros os iréis limpiando en el Purgatorio e iréis retomando nuevamente la vida del Cielo. 

Es un lugar en el que ciertamente, habréis de sufrir porque preferisteis muchas veces enlodaros con las cosas del mundo, con la Maldad de Satanás.

Y eso conlleva una penitencia, porque enlodasteis vuestra alma, que es parte Mía, de Mi Ser Divino, pero tenéis una esperanza al estar en el Purgatorio:

Que ese sufrimiento os va a ir llevando a una purificación y que más tarde, os regresará a vuestro hogar del cual salisteis.

Y regresaréis nuevamente viviendo las Virtudes, el Amor, todo lo que se vive en el Cielo en su máximo esplendor.

POR ESO OS HE PEDIDO QUE VOSOTROS VAYÁIS VIVIENDO EL CIELO EN LA TIERRA,

QUE DEJÉIS QUE MI SANTO ESPÍRITU YA OS VAYA CAMBIANDO,

OS VAYA PURIFICANDO, OS VAYA GUIANDO,

HACIA ESA PERFECCIÓN DE VIRTUDES Y DE AMOR

Y DE ESTA FORMA, SÓLO PASÉIS UN BREVE TIEMPO EN EL PURGATORIO

Para que regreséis a vuestro Hogar eterno, a vuestra Vida después de la vida, que es el vivir conMigo, vuestro Dios,

en donde recordaréis y viviréis nuevamente la vida que llevabais antes de bajar a la Tierra a trabajar para Mí, vuestro Dios.

La vida en la Tierra debe ser una vida de Caridad y de Amor al extremo, y por eso el martirio se da cuando os dais en extremo,

ya sea que os deis por amor por Mí, al defender vuestra Fe, u os deis por algún hermano vuestro, por defenderlo, por llevarlo hacia el bien.

La vida en el Amor es una vida de Cielo, y vosotros debéis buscarla en todo momento, por eso es la perfección a la que os he llamado y es la que os puede dar Mi Santo Espíritu que vive en vosotros.

DejadLo a Él guiaros libremente.

Vosotros, cuando sois pequeñitos, os dejáis guiar por vuestros padres, y ellos os van enseñando muchas cosas,

como el ser buenos, virtuosos en la Tierra con vuestros hermanos, con los amiguitos, con todos aquellos con los cuales entablaréis relaciones en lo futuro.

Vosotros le llamáis “buena educación” y eso es lo que Yo quiero en vosotros, una buena educación espiritual

que ciertamente se va a manifestar en vuestros actos, en vuestras palabras hacia los demás y en buenos deseos para su crecimiento espiritual.

Quiero que seáis perfectos, porque solamente así podréis entrar al Reino de los Cielos; un alma no puede entrar imperfecta, con fallas.

Y por eso tenéis que pasar tiempo en el Purgatorio, si es que no pusisteis toda vuestra atención en iros mejorando en vuestra vida terrena.

Sed perfectos como Yo Soy Perfecto, vuestro Padre, se os ha dicho; y es que la perfección os va a llevar a un gozo tremendo en el Reino de los Cielos.

Vosotros vivís en la Tierra en la imperfección del amor, especialmente. Y después con las virtudes, con el trato humano y espiritual, por eso no os podéis vosotros imaginar las bellezas del Cielo,

porque vuestra mente vive también en la imperfección, pero podéis imaginar en algún momento, simplemente cuando os he dicho que lo primero que se vive al llegar al Reino de los Cielos es la Paz.

Y la Paz total, la Paz absoluta, que es la que se vive allá, solamente la da la vida al máximo en todas las Virtudes.

Ya no os tendréis que preocupar por lo que dirán o lo que harán los que están a vuestro alrededor,

porque estaréis viviendo junto a almas que ya alcanzaron también la perfección espiritual.

Por eso es el Cielo, porque son todas las bellezas juntas las cuales debéis vosotros buscar a toda costa, y ya desde ahora en la Tierra.

Tratad pues Mis pequeños, de interiorizaros en estas verdades y pedidMe que Mi Santo Espíritu os vaya llevando a la perfección ya desde ahora,

para que el paso de aquí al Reino de los Cielos sea rápido, sencillo y sobre todo, deseadlo con todo vuestro corazón.

Porque por eso os he pedido la conversión.

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

Ciertamente, muchos Me podréis decir: “Creo, estoy convertido”,

pero, Mis pequeños, una cosa es creer y otra cosa es hacer; tanto vuestra creencia en Mí como los hechos que debieran brotar de vosotros por creer en Mí, dejan mucho que desear.

POR ESO OS HE PEDIDO LA PERFECCIÓN. 

Las almas entran al Cielo en un estado de perfección en el Amor y en el actuar en ese Amor. 

Vosotros estáis llamados a la perfección, como Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, Soy Perfecto.

Un padre, una madre en una familia, les gusta tener en su hogar todo en orden.

Y especialmente con los hijos; os gusta que vuestros hijos sean obedientes, sean buenos, sean hombres de bien, trabajadores.

O sea, con todas las Virtudes que vosotros quisierais en una persona, que ciertamente vosotros mismos debéis buscarlas primero,

porque no podéis exigir a los demás lo que vosotros no tenéis en vosotros.

La perfección se va logrando también con la eliminación de toda la maldad que traéis en vosotros,.

Y ESO SE VA REALIZANDO AL VIVIR EN LAS VIRTUDES

Y SOBRE TODO, EN EL AMOR. 

SATANÁS OS ESTÁ ATACANDO CONTINUAMENTE

PARA IMPEDIROS LA ENTRADA AL REINO DE LOS CIELOS;

Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del Enemigo, tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante.

 Yo le permito que actúe sobre vosotros y no en total libertad, siempre está limitado, porque con el poder satánico que tiene, si os atacara en total libertad y fuerza, OS DESTROZARÍA. 

pero en ese actuar contra vosotros, que Yo permito, es para que de ahí surja un bien, y esto lo debéis entender perfectamente, Mis pequeños, por lo que os voy a decir: 

Todos vosotros, salvo unos cuantos que mueren en una situación especial, como el martirio, TENDRÉIS que pasar por el Purgatorio.

EL PURGATORIO ES UN LUGAR TREMENDO DE PURIFICACIÓN,

CIERTAMENTE TENDRÉIS LA ESPERANZA DE SALIR EN ALGÚN TIEMPO

PARA LLEGAR PURIFICADOS Y SANTIFICADOS AL REINO DE LOS CIELOS,

PERO MIENTRAS TANTO, EN EL PURGATORIO SUFRIRÉIS,

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

A VECES MUCHO, DEPENDIENDO DE VUESTROS PECADOS,

A VECES MENOS, DEPENDIENDO TAMBIÉN

DE LO QUE HAYÁIS LOGRADO EN LA TIERRA PARA EVITAR ESE SUFRIMIENTO

Y EN ESO ME QUIERO CENTRAR EN ESTOS MOMENTOS.

Debéis utilizar todo lo que suceda durante vuestra vida para que lo toméis para reparar vuestros pecados, porque tenéis muchos cada uno de vosotros,

Y tenéis que limpiaros para poder entrar al Reino de los Cielos.

Por eso os he dado la oportunidad de que ofrezcáis todo sufrimiento mientras viváis.

Estos sufrimientos pueden ser los que Yo permita en vosotros, que serán mayores con los que Satanás os ataque,

Porque él en su Maldad, y sabiendo vuestras flaquezas, os va a atacar donde más os duela.

Y ese sufrimiento será mayor que el que vosotros mismos os impongáis como penitencias.

Esto es algo muy importante, Mis pequeños:

AQUEL DOLOR QUE VOSOTROS OS IMPONGÁIS LIBREMENTE PARA OFRECÉRMELO

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina…

Y QUE LO UNÁIS A LOS MÉRITOS DE MI HIJO,

QUE CON ELLO LE QUITÁIS A ÉL DOLORES,

LOS DOLORES QUE ÉL ACEPTÓ POR VUESTRA SALVACIÓN,

TENDRÁ MÁS MÉRITO REPITO, PORQUE IRÉIS CONTRA VOSOTROS MISMOS.

A nadie, a ninguno de vosotros os gusta sufrir, siempre queréis estar en una situación agradable y óptima, de ahí radica precisamente el mayor valor de vuestra penitencia:

Vais a sacrificar vuestra estabilidad, vuestro gozo diario, vuestra vida sin molestias, a Mí, vuestro Dios; para el bien de las almas, para vuestro propio bien.

Esa molestia o dolor que os impongáis porque es hecho con amor, va a valer muchísimo más que el dolor que Yo permita en vosotros, como lo que está pasando en estos momentos.

No tiene sentido que ellos estén luchando y gastando energías, si los demás NO ENTIENDEN que deben permanecer en casa…

ESTE CONFINAMIENTO AL CUAL OS LLEVAN LOS GOBIERNOS,

ES UN DOLOR QUE VIENE DE FUERA,

QUE NO OS LO ESPERABAIS Y TENÉIS QUE PADECERLO,

Y lo padecéis con coraje, con grosería hacia aquellos que os lo están obligando, y con dolor, porque os quitan vuestra estabilidad, tanto económica como anímica.

Y tenéis que soportarlo a fuerza, pero al decir “a fuerza” quisierais evitarlo a toda costa.

En cambio, la penitencia y el sacrifico propio que os impongáis y aunque sea más pequeño, que lo que estáis padeciendo,

va a valer mucho más para vuestro bien y para todas aquellas almas para quien queráis vosotros ofrecerlo.

Ese es el ejemplo que os dio Mi Hijo Jesucristo: Yo le pedí que se ofreciera por vosotros, por vuestra salvación, por vuestro bien espiritual, temporal y futuro,

Él aceptó Mi Palabra, Él aceptó el Dolor que le imponían, pero fue aceptado.

Él mismo se dio por vosotros, abrazó la Cruz por vuestro Bien y con ese Amor ofrecido, con ese Dolor ofrecido, ganó para todos vosotros vuestra salvación y vuestra entrada nuevamente al Reino de los Cielos.

QUIERO QUE ESTO LO ENTENDÁIS PERFECTAMENTE, MIS PEQUEÑOS,

Y QUE TODO MOMENTO DE VUESTRA EXISTENCIA

SEA OFRECIDO POR VUESTRO BIEN Y POR EL DE VUESTROS HERMANOS

PASADOS, PRESENTES, FUTUROS.

 RECORDAD QUE PARA MÍ, VUESTRO DIOS,

TODO ES UN ETERNO PRESENTE

Y LO QUE VOSOTROS OFREZCÁIS,

CON ELLO LOGRARÉIS EL BIEN PARA MUCHAS ALMAS.

 Vuestros sacrificios, penitencias, unidos a los Méritos de Mi Hijo, valen muchísimo, Mis pequeños;

podéis salvar muchas almas y ayudar a que vuestra propia alma pase por el Purgatorio rápidamente,

porque ya vosotros mismos os estáis purificando con vuestra donación particular

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

al ofrecer vuestros sacrificios, penitencias, por el bien de vuestros hermanos y por vuestro propio bien.

Por eso os pido, Mis pequeños, que aprovechéis estos momentos en los que os está atacando Satanás.

Estas molestias que tenéis en vuestro cuerpo, en vuestra familia, en vuestra economía; tomadlos y abrazad ese sufrimiento que ahora tenéis,

como Mi Hijo abrazó la Cruz por vuestra salvación.

Abrazad estos momentos y los que vendrán con gusto, porque os evitarán mucho dolor, mucho dolor en el Purgatorio.

QUIERO QUE TENGÁIS ESTO BIEN PRESENTE:

EL DOLOR DEL PURGATORIO ES TREMENDO

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

SOIS MIS HIJOS Y OS AMO INFINITAMENTE

Y LO QUE MENOS QUIERO PARA VOSOTROS ES QUE SUFRÁIS,

POR ESO OS PIDO QUE TOMÉIS ESTOS CONSEJOS QUE OS DOY.

Como os dije, Satanás os ataca y os atacará todavía más fuerte, aprovechad ese ataque de Maldad y sacadle un bien,

tanto para vosotros como para todos vuestros hermanos que aunque no los conocéis, recibirán vuestra donación, también para su propio bien.

YA OS HE DICHO QUE SON TIEMPOS DE MUCHO DOLOR

Y ME CAUSA MUCHO DOLOR EL VEROS

La FE sin obras está muerta

QUE NO ACTUÁIS COMO VERDADEROS HERMANOS,

QUE NO OS CUIDÁIS LOS UNOS A LOS OTROS,

QUE NO VEIS POR EL HERMANO ABATIDO Y SUFRIENTE,

QUE NO VEIS POR AQUEL QUE NECESITA DE VUESTRA AYUDA,

TANTO MATERIAL COMO ESPIRITUAL

Y en este sentido Me quiero dirigir ahora hacia vuestras hermanas, las benditas ánimas del Purgatorio: 

Por esa apatía espiritual ellas están sufriendo más, porque ellas van saliendo del Purgatorio gracias a las Misas bien dichas y a vuestras oraciones,

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte…

Pero ya no hay mucho ni de lo uno ni de lo otro: no hay Misas ya dichas que tengan un valor alto, ni tampoco hay suficientes oraciones para que ellas puedan salir pronto del lugar de purificación.

SABÉIS QUE EL DOLOR AHÍ ES TREMENDO,

PERO EXISTE LA ESPERANZA DE QUE EN ALGÚN MOMENTO SALDRÁN

Y QUE GOZARÁN ETERNAMENTE EN EL REINO DE LOS CIELOS,

PERO MIENTRAS TANTO SU DOLOR ES TREMENDO. 

MUCHOS SE IMAGINAN QUE SOLAMENTE ES UN PASO,

UN MOMENTO EN EL QUE SE ESTARÁ EN EL PURGATORIO,

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Y EN LA GRAN MAYORÍA DE LOS CASOS MIS PEQUEÑOS, NO ES ASÍ.

Sabed que hay diferentes niveles en el Purgatorio, el más bajo está prácticamente tocando el Infierno y ahí las almas son todavía tremendas, malas;

pero, por alguna oración de alguien o por un hecho particular, esas almas se salvaron, pero necesitan un tiempo más largo de purificación

que aquellas almas que trataron de estar toda su vida conMigo, pero que no cumplieron totalmente todo lo necesario para entrar al Reino de los Cielos al momento de su muerte.

La hermandad espiritual debe crecer en vosotros, Mis pequeños, y debéis aprender a ver el dolor en vuestros hermanos y tratar de evitarlo en lo más que podáis;

así mismo tiene que ser con las Benditas ánimas del Purgatorio, vuestras oraciones intercediendo por ellas, vuestras misas dichas con todo el amor hacia Mí, vuestro Padre, vuestro Dios,

con la intención de que se purifiquen muchas almas y vayan saliendo del Purgatorio.

La pena de Daño en el Purgatorio, ES LA AUSENCIA DE DIOS, el sufrimiento que Jesús experimentó y lo hizo sudar sangre en Getsemaní…

Penitencias, ayunos, sacrificios, buenas obras, todo lo que podáis para irle quitando dolor a esos hermanos vuestros, son necesarios

para que ellas ya puedan gozar eternamente conMigo, pero necesitáis ser más conscientes de esta realidad espiritual,

no estarán un momento y ya saldrán, son tormentos fuertes según cómo vivieron en su vida.

EN EL PURGATORIO SE CONCIENTIZA EL PECADO, EN LO QUE FALLASTEIS,

Y ADEMÁS NO SOLAMENTE EL DOLOR QUE ME CAUSASTEIS,

SINO EL QUE CAUSASTEIS A VUESTROS HERMANOS

Y TODO LO QUE ESE PECADO LUEGO VA CAUSANDO ALREDEDOR VUESTRO.

23. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24. deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

 TODA ACCIÓN TIENE UNA REACCIÓN

Y A VECES NO VEIS ESA REACCIÓN,

QUE PUEDE SER MUY LARGA, QUE PUEDE AFECTAR A MUCHAS ALMAS.

Una palabra o una acción dicha en público que afecte a las almas, ya con ello afectasteis a muchísimas almas y éstas, a la vez, quizá después lo proclamen a otros hermanos vuestros.

Y aquel que comete una falta así, que cause afectación espiritual a muchas almas, tendrá que pagar por todo el daño causado a todas esas almas.

Y por eso su tiempo en el Purgatorio será mayor, si es que llega al Purgatorio y no se pierde eternamente.

Por eso debéis cuidar vuestros pensamientos, vuestras palabras, vuestras obras, vuestras omisiones, porque para mucha gente a vuestro al rededor,

para muchas almas que os están observando, podéis ser un buen ejemplo y ayudar a muchas almas a crecer en Virtud y en Amor,

pero podéis ser también un mal ejemplo y causar una destrucción espiritual, a veces tan tremenda que afectará a muchas almas y que quizá hasta se puedan perder eternamente por culpa vuestra.

Tenéis que cuidaros, tenéis que cuidar vuestra forma de ser, os repito, vuestras palabras, obras, acciones, omisiones, todo esto puede causar un mal a muchas almas y tendréis que responder por ellas al momento de vuestro juicio.

Reparad, Mis pequeños, reparad por vuestras faltas pasadas, ciertamente perdonadas, pero el daño que habréis hecho a otras almas, eso tendrá que ser también purgado.

 Cuidad pues, Mis pequeños, cuidad vuestra alma y cuidad a vuestros hermanos, rogadMe porque pronto salgan del Purgatorio.

Os repito, ahora el tiempo de Purgatorio ES MÁS LARGO porque hay muy pocas almas que estén orando por ellas.

Son vuestros hermanos, lo que hagáis por ellas, tarde o temprano, también será un bien para vosotros.

Porque un alma, que por vuestra intercesión sale del Purgatorio, ella desde el Cielo Me rogará por vuestra salida de ahí, es un bien que os hacéis los unos a los otros.

Cuando obráis en el amor, Mi Amor cae sobre todas las almas y os favorece a todos.

No desperdiciéis, pues, toda ocasión que tengáis para ayudar a vuestros hermanos, vivos y difuntos, y así iréis procurando con ello que vuestra salida del Purgatorio sea pronta.

Yo os Bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre.

 

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43.- EL AMOR ENTRE EL SUFRIMIENTO


88 – 43 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Por un senderillo entre campos quemados – sólo rastrojos y grillos – Jesús camina entre Leví y Juan.

Detrás, en grupo, van José, Judas y Simón.

Es de noche y sin embargo, no se siente refrigerio. La tierra es fuego que continúa ardiendo incluso después del incendio del día.

El rocío no puede nada contra este bochorno: tan fuerte es la llamarada que sale de los surcos y de las grietas del suelo, que se seca incluso antes de tocar el suelo.

Todos caminan en silencio, fatigados y acalorados.

Jesús sonríe y pregunta a Leví:

–    ¿Lo encontraremos?

El pastor contesta:

–     Ciertamente. Por este campo guarda la mies y todavía no ha empezado la recolección de frutas.

Los campesinos por eso están ocupados en vigilar los viñedos y los árboles frutales, protegiéndolos de los ladrones. Sobre todo cuando los amos son aborrecidos, como el que tiene Jonás.

Samaría está cercana y cuando ellos pueden… ¡Oh! Con gusto a nosotros los de Israel, nos causan daño. Aunque saben que luego a los criados se les apalea. Pero como nos odian tanto.

–    No tengas rencor, Leví.

–    No. Pero Tú mismo verás como por culpa suya, Jonás fue golpeado hace como cinco años. 

Desde entonces pasa la noche en guardia. El flagelo es un suplicio cruel…

 

–    ¿Todavía nos falta mucho para llegar?

–    No, Maestro.

¿Ves allá donde terminan estos campos y empieza aquel monte oscuro? Allá están las arboledas de Doras, el duro fariseo.

Si me permites, me adelanto para que me oiga Jonás.

–     Ve.

Juan pregunta a Jesús:

–    Pero Señor mío. ¿Así son todos los fariseos? ¡Oh! ¡Yo jamás querría estar a su servicio! Prefiero la barca.

Jesús, un poco serio, pregunta a su vez:

–    ¿Es la barca tu predilecta?

Juan se apresura a contestar:

–    No. ¡Eres Tú! La barca lo era cuando ignoraba que el Amor estaba en la tierra.

Jesús ríe de su vehemencia y dice bromeando:

–    ¿No sabías que en la tierra estaba el Amor? Entonces ¿Cómo naciste, si tu padre no amaba a tu madre?

–     Ese amor es hermoso, pero no me seduce. Tú eres mi amor. Tú eres el Amor sobre la tierra para el pobre Juan.

Jesús lo estrecha contra sí y dice:

–    Deseaba oírtelo decir.

El Amor está ansioso de amor y el hombre da y dará siempre a su avidez imperceptibles gotas, como estas que caen del cielo, tan insignificantes que se consumen, mientras caen, en la ola de calor estival.

Como también las gotas de amor de los hombres se consumirán a mitad de camino, eliminadas por llamaradas de demasiadas cosas.

El corazón seguirá destilándolas, pero los intereses, los amores, los negocios, la avidez… muchas, muchas cosas humanas las harán evaporarse. Y, ¿Qué subirá a Jesús?

¡Oh, demasiado poco! Los restos. De entre todos los latidos humanos, los que queden, los latidos interesados de los humanos para pedir, pedir, pedir mientras la necesidad urge.

Amarme por amor sin mezcla de otra cosa será propiedad de pocos: de los Juanes… Observa una espiga renacida. Es, quizás, una semilla caída durante la cosecha.

Ha sabido nacer, resistir el sol, la sequía, crecer, desarrollar los primeros brotes, echar espiga… Mira: ya está formada. Sólo ella vive en estos campos asolados.

Dentro de poco los granos maduros caerán al suelo rompiendo la lisa cascarilla que los tiene ligados al tallo, y serán caridad para los pajaritos, o, dando el ciento por uno, volverán a nacer una vez más.

Y antes de que el invierno vuelva a traer el arado a los terrones, estarán de nuevo maduros y darán de comer a muchos pájaros, oprimidos por el hambre de las estaciones más tristes…

¿Ves, Juan mío, lo que puede hacer una semilla intrépida? Así serán los pocos que me amen por amor.

Uno sólo servirá para el hambre de muchos, bastará uno para embellecer la zona en que lo único que hay – había – es la fealdad de la nada, uno sólo bastará para crear vida donde antes había muerte.

A él se acercarán los hambrientos, comerán un grano de su laborioso amor y luego, egoístas y disipados, volarán.

Pero incluso sin saberlo ellos ese grano depositará gérmenes vitales en su sangre, en su espíritu… y volverán… Y hoy, y mañana, y al otro, como decía Isaac, los corazones crecerán en el conocimiento del Amor.

El tallo, desnudo, ya no será nada, un hilo de paja quemado, pero su sacrificio ¡Cuánto bien producirá!, su sacrificio ¡Cuánto será premiado!

Jesús – que se había detenido un instante ante una frágil espiga nacida al borde del sendero, en una cuneta que en tiempos de lluvias quizás era una acequia, prosigue su camino.

Juan mientras, lo escucha embelesado.

Los otros, que van hablando entre sí, no se dan cuenta del dulce coloquio.

Llegan al huerto, se detienen, y se reúnen todos.

El calor es tal, que sudan a pesar de no llevar manto. Callan y esperan.

Del follaje espeso apenas iluminado por la luna, emergen dos figuras: destaca la silueta clara de Leví y detrás, otra sombra más oscura.

Leví anuncia:

–      Maestro, aquí está Jonás.

Jesús saluda desde aquí:

–      ¡Recibe mi paz! – aún cuando aún Jonás no ha llegado donde Él.

Pero Jonás no responde, corre a su encuentro y llorando, se arroja a sus pies y los besa.

Cuando puede hablar dice:

–      ¡Cuánto te he esperado! ¡Cuánto!

¡Qué desconsuelo sentir la vida pasar, venir la muerte, y deber decir: “¡Y no lo he visto!“! Y sin embargo, no, no toda la esperanza moría, ni siquiera una vez que estuve a las puertas de la muerte.

Decía: Ella lo dijo: `Vosotros aún le serviréis‘ y Ella no puede haber dicho nada que no sea verdad. Es la Madre del Emmanuel;

por tanto, ninguna tiene consigo a Dios más que Ella, y quien a Dios tiene conoce las cosas de Dios.

Jesús contesta:

–       Levántate. Ella te saluda. Cerca de ti la has tenido y la tienes cerca. Reside en Nazaret.

–      ¡Tú! ¡Ella! ¿En Nazaret? ¡Oh, si lo hubiera sabido…!

De noche, en los fríos meses del hielo, cuando duermen los campos y los malintencionados no pueden perjudicar a los cultivadores, habría ido corriendo a besaros los pies.

Y me habría regresado con mi tesoro de certeza. ¿Por qué no te has manifestado, Señor?

–      Porque no era la hora. Ahora sí. Hay que saber esperar.

Tú lo has dicho: “En los meses del hielo, cuando los campos duermen” y ya han sido sembrados, ¿No es cierto? 

Pues bien, Yo era también como el grano sembrado. Tú me habías visto en el momento de la siembra.

Luego había desaparecido sepultado bajo un silencio obligatorio, para crecer y llegar al tiempo de la cosecha y resplandecer ante los ojos de quien me había visto Recién Nacido.

Y también ante los ojos del mundo. Ese tiempo ha llegado. Ahora el Recién Nacido preparado para ser Pan del mundo.

Y en primer lugar busco a mis fieles, y les digo: “Venid. Saciad vuestra hambre conmigo”.

El hombre lo escucha sonriendo dichoso, mientras dice como para sí, « ¡Oh! ¡Es verdad, vives! ¡Eres Tú, es verdad!

Jesús pregunta:

–    ¿Has estado a punto de morir? ¿Cuándo?

–    Cuando me azotaron a muerte, porque a dos parras mías les habían robado.

¡Mira cuantos cardenales!…

Se baja la túnica y muestra los hombros del todo marcados con heridas estriadas y la espalda, que es como una pintura de cicatrices caprichosas.

Y agrega:

–     Me pegó con un cordel de hierro. Contó los racimos que se habían llevado y revisó donde las uvas fueron arrancadas. Y por cada una, me dio un golpe más… hasta que quedé medio muerto.

Me socorrió María, la joven esposa de un compañero mío. Siempre me ha estimado. Su padre era el encargado antes de mí. Cuando vine aquí le tomé cariño a la niña porque se llamaba María. 

Me cuidó y me curé, aunque hicieron falta meses porque las llagas con el calor habían tomado un aspecto malísimo y daban fiebre fuerte.

Dije al Dios de Israel: “No importa. Permíteme volver a ver a tu Mesías y no me importará este mal; tómalo como sacrificio.

No puedo ofrecerte un sacrificio nunca. Soy siervo de un hombre cruel, Tú lo sabes. Ni siquiera durante la Pascua me permite ir a tu altar. Tómame a mí como hostia. ¡Pero, dame a Jesús!

Jesús le dice.

–      Y el Altísimo ha satisfecho tu deseo. Jonás, ¿Me quieres servir, como ya lo hacen tus compañeros?

–      ¡Oh!, Y ¿Cómo podré hacerlo?

–      Como lo hacen ellos. Leví sabe cómo. Te dirá lo simple que es servirme a mí. Quiero sólo tu buena voluntad.

–      La buena voluntad te la he ofrecido incluso cuando, recién nacido llorabas.

Por ella he superado todo, tanto los momentos de desolación como los odios. Es… que aquí se puede hablar poco.

El patrón una vez me dio de patadas, porque yo insistía diciendo que Tú existías.

Pero cuando él estaba lejos, y con quien podía fiarme, yo narraba el prodigio de aquella noche.

–      Pues entonces ahora narra el prodigio del encuentro conmigo.

Os he encontrado a casi todos… Y todos fieles. ¿No es esto un prodigio? Por el simple hecho de haberme contemplado con Fe y amor os habéis hecho justos ante Dios y ante los hombres.

–      ¡Oh, ahora sí que voy a tener un valor…, un valor…! Ahora sé que vives y puedo decir: “Está allí. ¡Id a Él!…”. Pero ¿Dónde, Señor mío?

–       Por todo Israel.

Hasta Septiembre estaré en Galilea; frecuentemente en Nazaret o Cafarnaúm, allí se me podrá encontrar.

Luego… estaré por todas partes; he venido a reunir a las ovejas de Israel.

–      ¡Ay, Señor mío, te encontrarás muchas cabras! ¡Desconfía de los poderosos de Israel!

–      Si no es la hora, ningún mal me harán. Tú, a los muertos, a los que duermen, a los vivos, diles: “El Mesías está entre nosotros”

–      ¿A los muertos, Señor?

–       A los muertos del espíritu.

Los otros, los justos muertos en el Señor, ya exultan de gozo por la liberación del Limbo, que ya está cercana.

Diles a los muertos que soy la Vida, diles a los que duermen que soy el Sol que sale y saca del sueño, diles a los vivos que soy la Verdad que ellos buscan.

–     ¿Curas también a los enfermos? Leví me ha hablado de Isaac. ¿Sólo para él el milagro, porque es tu pastor, o para todos?

–     A los buenos, el milagro como justo premio; a los menos buenos, para impulsarlos a la verdadera bondad.

A los malvados, también en alguna ocasión, para removerlos de su estado y persuadirlos de que Yo soy y de que Dios está conmigo.

El milagro es un don. El don es para los buenos. Pero, Aquel que es Misericordia y que ve la pesantez humana, no removible sino por un hecho extraordinario,

recurre a esto también para poder decir: “He hecho todo con vosotros y de nada ha servido. Decid entonces vosotros mismos qué más os debo hacer”.

–     Señor, ¿No te da asco entrar en mi casa?

Si me aseguras que no vienen los ladrones a la propiedad, quisiera hospedarte y llamar a los pocos que te conocen a través de mi palabra para reunirlos en torno a Tí.

El patrón nos ha doblegado y quebrado como a tallos despreciables. Sólo nos queda la esperanza de un premio eterno.

Pero si Tú te manifiestas a los corazones oprimidos tendrán nuevo vigor.

–    Voy. No temas por los árboles ni por las viñas. ¿Puedes creer que los ángeles vigilarán fielmente en lugar de ti?

–    ¡Oh! ¡Señor! Yo he visto a tus siervos celestes. Creo. Voy seguro contigo.

¡Benditos estos árboles y estas cepas que poseen viento y canción de alas y voces angélicas! ¡Bendito este sueño que santificas con tu pie! ¡Ven, Señor Jesús!

¡Oíd, árboles y vides, oíd, terrones levantados por el arado: Aquel Nombre que os confié para paz mía, ahora se lo dirijo a Él! ¡Jesús está aquí!

¡Escuchad! ¡Por ramas y sarmientos discurra a borbotones la savia, el Mesías está con nosotros!

Jonás está exultante de alegría. Y los lleva hacia su pobre choza.

Todo termina con estas palabras gozosas.

41 EL SOLDADO ALEJANDRO


View of the wall promenade surrounding the Old City , Jerusalem, Israel

86- 41 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Al día siguiente al amanecer; las filas de borriquillos se amontonan en la Puerta semicerrada.

Jesús está con Simón y con Juan. Algunos vendedores lo reconocen y se apiñan a su alrededor.

Un soldado de la guardia también corre hacia Él.

Y cuando se abre la Puerta, lo saluda:

–    Salve, Galileo. Di a estos rebeldillos que estén más tranquilos.

Se quejan de nosotros, pero no hacen otra cosa más que maldecir y desobedecer. Dicen que para ellos, todo es culto. ¿Qué religión tienen si se funda en la desobediencia?

Jesús contesta:

–    Compadécelos, soldado.

Son como quienes tienen a un huésped no grato en su casa y que es más fuerte. Por lo que no pueden vengarse más que con la lengua y el desprecio.

–    Bien. Pero nosotros debemos cumplir nuestro deber y entonces debemos castigarlos. Y de este modo nos hacemos los huéspedes no gratos.

–     Tienes razón. Debes cumplir con tu deber. Pero hazlo siempre como un humano. Piensa: ‘Si estuviese en su lugar, ¿Qué haría?’ Verás que entonces sentirás piedad por los sometidos.

–     Me gusta oírte hablar. No tienes desprecio, ni altanería.

Los otros palestinenses nos escupen por detrás. Nos insultan. Muestran el asco que sienten por nosotros.

A no ser que se trate de desplumarnos muy bien; ya sea por causa de una mujer o por compras. Entonces el oro de Roma no causa ningún asco.

–     El hombre, es hombre; soldado.

–     Sí. Y es más mentiroso que el mono.

No es agradable estar con quién parece una víbora al acecho. También nosotros tenemos casa, madre, esposa e hijos. Y la vida nos importa.

–     Mira. Si alguien se acordase de esto. No habría más odios. Tú lo has dicho: ¿Qué religión tienen?

Te respondo: una religión santa, que tiene como primer mandamiento el amor a Dios y al prójimo. Una religión que enseña obediencia a las leyes; aun cuando sean de países enemigos.

Jesús se vuelve hacia la multitud:

–     Porque oíd:

¡Oh! ¡Hermanos míos en Israel! Nada sucede sin que Dios lo permita. También las dominaciones: desgracia sin igual para un pueblo…

De las cuales casi siempre se puede decir – si el pueblo se examina con rectitud – que el propio pueblo las ha querido, con sus modos de vivir contrarios a Dios.

Acordaos de los Profetas. ¡Cuántas veces hablaron de esto! ¡Cuántas mostraron con los hechos pasados, presentes y futuros, que el dominador es el castigo, la vara del castigo en la espalda del hijo ingrato!

Y ¡cuántas veces enseñaron cómo dejar de padecerlo!: volviendo al Señor. No es ni la rebelión ni la guerra lo que sana heridas y lágrimas y rompe cadenas; es el vivir como justos.

Entonces Dios interviene. Y ¿qué pueden hacer las armas y las formaciones de soldados contra los fulgores de las cohortes angélicas luchando en favor de los buenos?

¿Padecemos opresión?

Merezcamos que esto termine, con una vida propia de hijos de Dios. No remachéis vuestras cadenas con nuevos pecados.

No permitáis que los gentiles os crean sin religión, o más paganos que ellos por vuestro modo de vivir. Sois el pueblo que ha recibido de Dios mismo la Ley. Observadla.

Haced que hasta los dominadores se inclinen ante vuestras cadenas diciendo:

“Son personas sometidas, pero más grandes que nosotros; su grandeza no está en el número, en el dinero, en las armas, en el poder, sino que viene de su procedencia de Dios.

Aquí brilla la divina paternidad de un Dios perfecto, santo, poderoso. Aquí se ve el signo de una verdadera Divinidad. Se trasluce en sus hijos”.

Haced que mediten en esto y accedan a la verdad del Dios verdadero abandonando el error.

Todos, incluso el más pobre, incluso el más ignorante del pueblo de Dios, pueden ser maestros para un gentil, maestros con su manera de vivir.

Y predicar a Dios a los paganos con las acciones de una vida santa.

Idos. La paz sea con vosotros.

Simón observa:

–    Tarda Judas, y también los pastores.

El soldado que lo ha escuchado atentamente,

Le pregunta:

–     ¿Esperas a alguien, galileo?

Jesús contesta:

–     A Algunos amigos.

–     Ven para que te refresques al ‘andrón’. El sol quema desde el amanecer. ¿Vas a la ciudad?

–     No. Regreso a Galilea.

–    ¿A pie?

–    Soy pobre. A pie.

–    ¿Tienes mujer?

–    Tengo una Madre.

–    También yo. Ven. Si no te causamos repugnancia, como a los demás.

–    Tan solo la culpa me la causa.

El soldado lo mira sorprendido y pensativo.

Luego dice:

–    Nosotros nunca tendremos nada contra Ti. Jamás se levantará la espada contra Ti. Tú eres Bueno. Pero los demás…

Jesús entra en el ‘andrón’. Juan va a la ciudad. Simón está sentado sobre una piedra que sirve de banca.

El soldado pregunta:

–    ¿Cómo te llamas?

–     Jesús.

–     ¡Ah! ¿Eres el que hace milagros en los enfermos?

Pensaba que fueses tan solo un mago, como los que tenemos nosotros. Pero un mago bueno. Porque hay ciertos tipos…Los nuestros no saben curar enfermos. ¿Cómo lo haces?

Jesús sonríe y calla.

El soldado continúa:

–   ¿Empleas fórmulas mágicas? ¿Tienes ungüentos de la médula de los muertos; polvo de serpientes; piedras fantásticas de las cuevas de los pitones?

–    Nada de esto. Tengo tan solo mi poder.

–    Entonces eres realmente santo.

Nosotros tenemos arúspices y vestales. Algunos de ellos hacen prodigios y dicen que son los más santos. ¿Qué piensas Tú? ¡Pues vemos que son peores que los demás!

–    Y si es así, ¿Por qué los veneráis?

–    Porque… porque es la religión de Roma.

Si un súbdito no respeta la religión de su estado, ¿Cómo puede respetar al César y a la Patria? ¿Y así, a otras tantas cosas?

Jesús mira atentamente al soldado…

Y le dice:

–    En verdad estás muy adelantado en el camino de la justicia.

Prosigue ¡Oh, soldado! Y llegarás a conocer lo que tu alma añora por tener, sin siquiera saber su nombre.

–    ¿El alma? ¿Qué es eso?

–    Cuando mueras, ¿A dónde irás?

–    Bueno… no sé. Si muero como héroe, iré a la Hoguera de los Héroes. Si llego a ser un pobre viejo, un nada: probablemente me secaré en mi cuartucho o al borde de un camino.

–    Esto por lo que se refiere al cuerpo. Pero, ¿A dónde irá el alma?

–    No sé si todos los hombres la tengan o tan sólo los que Júpiter destina a los Campos Elíseos, después de una vida portentosa, si es que antes no se los lleva al Olimpo, como hizo con Rómulo.

–    Todos los hombres tienen un alma.

Y esto es lo que distingue al hombre del animal. ¿Te gustaría ser semejante a un caballo? O ¿Un pez? ¿Carne que al morir no es más que un montón de podredumbre?

–           ¡Oh, no! ¡Soy un hombre y prefiero serlo!

–    Pues bien. Lo que hace que seas un hombre, es el alma. Sin ella no serías más que un animal que habla.

–   ¿Y dónde está? ¿Cómo es?

–   Existe dentro de ti. Viene de Quien creó el mundo y regresa a Él, después de la muerte del cuerpo.

–   Del Dios de Israel, según vosotros.

–   Del Dios Único, Eterno. Señor Supremo y Creador del Universo.

–   ¿Y también un pobre soldado como yo, tiene un alma que regresa a Dios?

–    También un pobre soldado. Y su alma podrá tener a Dios como Amigo suyo, si es buena siempre. O como a su Juez, si fuese mala.

Juan lo llama:

–    Maestro, ya llegó Judas, con los pastores y unas mujeres.

–    Me voy soldado. Sé bueno.

–   ¿No te volveré a ver? Quisiera saber…

–    Estaré en Galilea hasta Septiembre. Si puedes, ven.

En Cafarnaúm o en Nazareth, cualquiera te puede dar razón de Mí. En Cafarnaúm pregunta por Simón Pedro. En Nazareth, por María de José, es mi Madre.

Ven y te hablaré del Dios Verdadero.

–    Simón Pedro. María de José. Iré si puedo. Si regresas, acuérdate de Alejandro. Soy de la centuria de Jerusalén.

Judas y los pastores llegan al andrón y Jesús se despide:

–    Paz a todos vosotros y también a ti, Alejandro.

Jesús se aleja y Judas le explica:

–    Nos tardamos. Se nos juntaron estas mujeres.

Estaban en Getsemaní y querían verte. Tratamos de dejarlas, pero se nos pegaron más que las moscas. Quieren saber muchas cosas. ¿Curaste a la muchacha que tenía tisis?

–    Sí.

–    ¿Hablaste con el soldado?

–    Sí. Es un corazón honrado y busca la Verdad.

Judas suspira profundo…

Y Jesús le pregunta:

–    ¿Por qué suspiras, Judas?

–    Suspiro porque… Porque querría que los nuestros fuesen los que buscasen la Verdad. 

Por el contrario. O huyen de Ella, la escarnecen o permanecen indiferentes. Estoy muy desilusionado. Tengo deseos de no volver a poner un pie aquí.

Quisiera quedarme sólo para escucharte. Como discípulo no puedo hacer gran cosa.

–   ¿Y crees que Yo sí? No te desanimes, Judas.

Son las luchas del apostolado. Más derrotas que victorias. Acá son derrotas. Pero allá arriba son victorias. El Padre ve tu buena voluntad. Y aunque no lograses nada, lo mismo te bendice.

Judas le toma la mano y se la besa, mientras dice:

–    ¡Oh! ¡Tú eres bueno! ¿Llegaré a ser bueno alguna vez?

–    Sí. Si así lo quieres.

–    Creo haberlo sido en estos días.

He sufrido mucho para serlo. Porque tengo muchos deseos… pero lo fui, pensando sólo en Ti.

–    Entonces persevera. Me haces muy feliz.

Jesús se vuelve hacia los pastores:

–     Y vosotros, ¿Qué noticias me dais?

–     Elías te manda saludos y un poco de comida. Y dice que no lo olvides.

–     ¡Oh, Yo tengo en mi corazón a mis amigos!

Vamos hasta aquel pueblito que se ve inmerso en el verdor. Luego, al atardecer, continuaremos el camino.

Me siento contento de estar con vosotros, de ir a donde mi Madre. Y de haber hablado de la Verdad a un hombre honesto. Sí, me siento feliz.

Si supierais qué significa para mí llevar a cabo mi misión y ver que a ella se acercan los corazones, o sea, al Padre.

¡Ah, entonces sí que me seguiríais cada vez más con el espíritu!…

38 SUFRIMIENTO DIVINO


Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo DOMINGO 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

38 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es una bella campiña donde se encuentra Jesús, en una zona de tierras óptimas.

Hay magníficos árboles frutales; espléndidos viñedos con racimos a punto de colorearse de oro y rubí.

Jesús está sentado bajo un árbol y come la fruta que le ofreció un campesino.

Juan Simón y Judas comen sabrosos higos, sentados sobre una pequeña barda.

Quizás poco antes ha estado hablando,

porque el campesino dice:

–   Me alegro de poder aliviar tu sed, Maestro.

Tu discípulo ya nos había hablado de tu sabiduría, pero aun así nos hemos quedado asombrados al escucharte.

Cerca como estamos de la Ciudad Santa, se va frecuentemente a ella para vender fruta y verduras. Se sube entonces también al Templo y se escucha a los rabíes.

Pero no hablan no, como Tú. Uno vuelve diciendo: “Si es así, ¿Quién se salva?”.

Tú, por el contrario… ¡Oh, a uno le parece sentir el corazón aligerado!

Un corazón que vuelve a ser niño, aunque se siga siendo hombre. Soy un hombre rudo… no sé explicarme, pero Tú, sin duda, entiendes.

–    Sí. Te entiendo.

Quieres decir que, con la seriedad y el conocimiento de las cosas propios de quien es adulto sientes, después de haber escuchado la Palabra de Dios, que la simplicidad, la Fe, la pureza te renacen en el corazón.

Y te parece como si volvieras a ser niño, sin culpas ni malicia.

Con mucha Fe, como cuando de la mano de tu madre subías al templo por primera vez u orabas sobre sus rodillas. Esto quieres decir.

–    Eso sí, exactamente esto.   

Y volviéndose hacia Juan, Simón y Judas, que se deleitan con sabrosos higos,

Les dice:

–       ¡Dichosos vosotros que estáis siempre con El!

Y termina:

 –     Y dichoso yo por tenerte como huésped durante una noche. Ya no temo ninguna desventura en mi casa, porque tu bendición ha entrado en ella. 

Jesús responde:

–    La bendición actúa y dura si los corazones permanecen fieles a la Ley de Dios y a mi doctrina; en caso contrario, la gracia cesa.

Y es justo, porque, si es verdad que Dios da sol y aire tanto a los buenos como a los malos para que vivan. Y si son buenos, se hagan mejores y si son malos, se conviertan.

También es justo que la protección del Padre se retire, para castigo del malvado, para moverlo con penas a acordarse de Dios.

–   ¿No es siempre un mal el dolor?

–   No, amigo.

Es un mal desde el punto de vista humano, pero desde el punto de vista sobrehumano es un bien. Aumenta los méritos de los justos que lo sufren sin desesperación y rebelión.

Y que lo ofrendan, ofreciéndose a sí mismos con su resignación, como sacrificio de expiación por las propias faltas y por las culpas del mundo.

Y es también redención para los no justos.

Llegan otra decena de personas que son familiares y se unen para escuchar con atención.

El campesino dice:

–   ¡Es tan difícil sufrir!…

uvasJesús explica:

–   Sé que el hombre lo encuentra difícil.

Y el Padre sabiendo esto, al principio no había dado el dolor a sus hijos. El dolor vino por la culpa.

Pero, ¿Cuánto dura el dolor en la Tierra, en la vida de un hombre?

Poco tiempo, siempre poco aunque durase toda la vida. Ahora bien, Yo digo: ¿No es mejor sufrir durante poco tiempo que siempre?

¿No es mejor sufrir aquí que en el Purgatorio? Pensad que el tiempo allí se multiplica por mil.

Oh!, en verdad os digo que no se debería maldecir sino bendecir el sufrimiento y llamarlo “gracia” y llamarlo “piedad”.

–    Nosotros bebemos tus palabras, Maestro, como un sediento en verano bebe agua con miel, sacada de fresca ánfora!

¿Te vas realmente mañana, Maestro?

–    Sí, mañana.

Pero volveré, para darte las gracias por cuanto has hecho por mí y por los míos, y para pedirte otra vez un pan y descanso.

–    Eso siempre lo encontrarás aquí, Maestro.

Se acerca un hombre con un borrico cargado de verduras.

–    Mira, si tu amigo quiere partir… mi hijo va a Jerusalén para el gran mercado de la Parasceve.

–   Ve, Juan. Tú sabes lo que debes hacer. Dentro de cuatro días nos volveremos a ver. Mi paz sea contigo.

Jesús abraza a Juan y lo besa.

Simón también hace lo mismo.

Judas dice:

–   Maestro, si lo permites, voy con Juan.

Me urge ver a un amigo. Todos los sábados está en Jerusalén. Iría con Juan hasta Betfagé y luego iría por mi cuenta… Es un amigo de casa… ya sabes… mi madre me dijo…

–   No te he preguntado nada, amigo.

–   Me llora el corazón al tener que dejarte. Pero dentro de cuatro días estaré de nuevo contigo, y seré tan fiel que hasta te resultaré pesado.

–   Ve. Para el alba de dentro de cuatro días estad en la Puerta de los Peces. Adiós y que Dios te asista.

Judas besa al Maestro y se marcha a poca distancia del borrico, que trota por el camino polvoriento.

Cae la tarde sobre la campiña, que se hace silenciosa.

Simón observa cómo trabajan los hortelanos regando sus parcelas.

Jesús permanece un tiempo en donde estaba.

Luego se levanta, va hacia la parte de atrás de la casa, se adentra entre los árboles frutales, se aísla.

Va hasta una parte muy tupida en la cual robustos granados se entrecruzan con matas bajas de uva crespa que ya no tienen frutos.

Jesús se esconde detrás, se arrodilla, ora… y luego se inclina hacia la hierba, con el rostro contra el suelo.

Y sus suspiros profundos y quebrados, delatan que está llorando.

Es un llanto desconsolado; sin sollozos, pero muy triste.

Pasa el tiempo. La luz es ya crepuscular, pero aún no hay tanta oscuridad como para no poder ver.

En este marco de escasa luz, se ve sobresalir por encima de una mata, la cara fea pero honesta de Simón.

Mira, busca, y distingue la forma replegada sobre sí del Maestro, todo cubierto por el manto azul oscuro que lo confunde casi con las sombras del suelo.

Sólo resaltan la cabeza rubia, apoyada sobre las muñecas y las manos unidas en oración, que sobresalen por encima de aquélla.

Simón mira con esos ojos suyos un tanto saltones.

Comprende que Jesús está triste, por los suspiros que emite y su boca de labios abultados y violáceos se abre…

Al exclamar:

–   ¡Maestro!

Jesús alza el rostro.

–   ¿Lloras, Maestro? ¿Por qué? ¿Me permites acercarme?

El rostro de Simón está lleno de asombro y pena.

Es un hombre feo. A las facciones no bellas, al colorido olivastro oscuro, se une el bordado azulino y hoyado de las cicatrices que su mal le ha dejado.

Pero tiene una mirada tan llena de bondad, que desaparece la fealdad.

–   Ven, Simón, amigo.

Jesús se ha sentado en la hierba.

Simón se sienta cerca de Él.

–    ¿Por qué estás triste, Maestro mío? Yo no soy Juan y no sabré darte todo lo que te da él. Pero deseo darte todo el consuelo.

Siento sólo un dolor: el de ser incapaz de hacerlo.

Dime: ¿Te he disgustado en estos últimos días hasta el punto de que te abata el tener que estar conmigo?

–    No, amigo bueno. No me has disgustado jamás desde el momento en que te vi.

Y creo que nunca serás para mí motivo de llanto.

–   ¿Entonces, Maestro?

No soy digno de que te confíes a mí, pero, por la edad, casi podría ser padre tuyo y Tú sabes qué sed de hijos he tenido siempre…

Deja que te acaricie como si fueras un hijo y que te haga en esta hora de dolor, de padre y de madre.

Es de tu Madre de quien Tú tienes necesidad para olvidar muchas cosas…

–   ¡Oh, sí, es de mi Madre!

–    Pues déjale a tu siervo la alegría de consolarte, en espera de poder consolarte en Ella.

‘Tú lloras Maestro, porque ha habido uno que te ha disgustado. Desde hace días tu rostro es como sol ensombrecido por nubes.

Yo te observo. Tu bondad cela tu herida, para que nosotros no odiemos al que te hiere; pero ésta herida duele y te produce náusea.

 Señor mío: ¿Por qué no alejas de ti la fuente del dolor?

–    Porque es inútil humanamente y además sería anticaridad.

–    ¡Ah! ¡Te has dado cuenta de que hablo de Judas!

Es por él por quien sufres. ¿Cómo puedes Tú, Verdad, soportar a ese embustero? Él miente y no cambia de color.

Es más falso que un zorro, más compacto que un peñasco. Ahora se ha ido. ¿A hacer qué?

Pero ¿Cuántos amigos tiene? Me duele dejarte; si no, querría seguirlo y ver…

¡Oh! ¡Jesús mío! Ese hombre… Aléjalo de ti, Señor mío.

–    Es inútil. Lo que debe ser será.

–   ¿Qué quieres decir?

–    Nada especial.

–    Tú no te has opuesto a que se marche porque…

Porque te has asqueado de su modo de actuar en Jericó.

–    Es verdad, Simón.

Yo te sigo diciendo: Lo que debe ser será. Y Judas es parte de este futuro. Debe estar también él.

–    Juan me ha dicho que Simón Pedro es todo autenticidad y fuego… ¿Lo podrá soportar a éste?

–    Lo debe soportar.

También Pedro está destinado a ser una parte. Y Judas es el cañamazo en el que debe tejer su parte.

O si lo prefieres, es la escuela en que Pedro más madurará.

Ser bueno con Juan, entender a los espíritus como Juan, es virtud hasta de los tontos.

Pero ser bueno con quien es un Judas… Y saber entender a los espíritus como los de Judas…

Y ser médico y sacerdote para ellos, es difícil: JUDAS ES VUESTRA ENSEÑANZA VIVIENTE.

–    ¿La nuestra?

–    Sí. La vuestra.

El Maestro no es eterno sobre la Tierra. Se irá después de haber comido el más duro pan y haber bebido el más agrio vino.

Pero vosotros os quedaréis para continuarme… y debéis saber.

Porque el mundo no termina con el Maestro, sino que continúa después, hasta el retorno final del Cristo y el juicio final del hombre.

Y, en verdad te digo que por un Juan, un Pedro, un Simón, un Santiago, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, hay al menos otras tantas veces siete Judas.

¡Y más, más aún!…

Simón reflexiona y calla.

Luego dice:

–    Los pastores son buenos. Judas los desprecia. Yo los amo.

–    Yo los amo y los ensalzo.

–    Son almas sencillas, como te agradan a ti.

–    Judas ha vivido en una ciudad.

–    Es su única disculpa.

Pero muchos han vivido en una ciudad y sin embargo… ¿Cuándo piensas venir donde mi amigo?

–    Mañana, Simón.

Y con mucho gusto, porque estamos tú y Yo solos. Creo que será un hombre culto y experimentado como tú.  

–    Y sufre mucho… en el cuerpo y más aún, en el corazón. Maestro… quisiera pedirte una cosa: si no te habla de sus tristezas, no le preguntes sobre su casa.

–    No lo haré. Yo soy para quien sufre, pero no fuerzo las confidencias; el llanto tiene su pudor.

–    Y yo no lo he respetado… Pero es que me has dado tanta pena…

–   Tú eres mi amigo y ya le habías dado un nombre a mi dolor.

Yo para tu amigo soy el Rabí desconocido. Cuando me conozca… entonces…

Vamos. La noche ha llegado.

No hagamos esperar a los huéspedes, que están cansados. Mañana al alba iremos a Betania.

Jesús dice:

(Para los pequeños Juanes, que buscamos beber las enseñanzas de nuestro ABBA adorado)

Pequeño Juan, ¡Cuántas veces he llorado, rostro en tierra, por los hombres!

¿Y vosotros quisierais ser menos que Yo?

También para vosotros, los buenos están en la proporción que había entre los buenos y Judas. Y cuanto más bueno es uno, más sufre por ello.

Pero también para vosotros – y esto lo digo especialmente para aquellos que han sido designados para el cuidado de los corazones –

ES NECESARIO APRENDER ESTUDIANDO A JUDAS.

Todos sois “Pedros” vosotros, sacerdotes. Y debéis atar y desatar; pero, ¡Cuánto, cuánto, cuánto espíritu de observación, cuánta fusión en Dios,

cuánto estudio vivo, cuántas comparaciones con el método de vuestro Maestro debéis hacer para serlo como debéis!

A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. 

Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús. Y de Mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina.

¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne?

¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres!

Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía,

y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas.

Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, (Lázaro), pero sabía que lo llamaría a la vida y gozaba viéndolo ya con el espíritu en el Limbo.Aquí… aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, pequeño Juan. Demos a los hombres también este don.

¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla!

¡Bienaventurados los que quieren conocerMe para amarMe!

En ellos y para ellos, Yo seré Paz y bendición.

EL CARISMA DE SANACIÓN 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas. Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–        Tienen ganas de amargarnos el Sábado. Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida, para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–      ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–       Además… En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–       Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto, dice entusiasmado:

–      Pues vamos…

Pedro agrega:

–       ¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas! Vamos sin perder tiempo. Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera y Santiago hará lo mismo. Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–        ¡Yo no voy con el endemoniado!

–       ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–        No me hagas enojar, Simón de Jonás. Dije que no voy y no voy.

–        Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–         No.

–         ¡Uf! Ven en la barca.

–         No.

–         En resumidas cuentas… ¿Qué es lo que quieres? Eres siempre el de los obstáculos…

–        Quiero quedarme en donde estoy. No temo a nadie y no me escapo. Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa. Id vosotros. Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–        ¡Así no! Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino, dice muy serio:

–        Entonces nadie. Porque el Maestro ya está aquí. Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos le dicen del endemoniado ciego y mudo que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–          Está como inerte. Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido. Los familiares tienen confianza en Ti. Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–          No. Voy al punto donde está él. ¿En dónde?

–          En la habitación de abajo, cerca del horno. Allí lo puse junto con sus familiares. Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–         Es cierto. Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–        ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–         Se quedó en casa. Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no reprende.

Se apresura a ir a la casa. Saluda a Judas, que parece muy ocupado en acomodar los trastes.

Jesús dice:

–          Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–        No es un enfermo. Es un endemoniado.

–        Es siempre una enfermedad del espíritu…

–        Le ha impedido el ver y el hablar.

–        La posesión es siempre una enfermedad del espíritu, que se extiende a los miembros y a los órganos. Si me hubieses dejado terminar; hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma. Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo. 

Por eso para usar del Carisma de Sanación con éxito, debemos averiguar DÓNDE está el problema.

Ahora hay muchos enfermos, con la POSESIÓN DIABÓLICA PERFECTA, como la de Judas. 

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm, los fariseos, escribas, Jairo y un centurión romano, con otros gentiles.

Cuando “vemos” cuales son los demonios autores del tormento y con el Don de ciencia infusa, también conocemos cómo entraron…

Haciendo el ademán de imperio, Jesús ordena:

–        ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste! Lo quiero. Sal de ésta criatura. Ya no te es lícito tenerla. ¡Largo!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del demonio…

Y termina con uno de alegría del liberado que exclama:

–        ¡Hijo de David! ¡Hijo de  David! ¡Santo Rey!

Jesús comisiona a los apóstoles
14. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.
15. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
La ascensión
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Un escriba pregunta:

–       ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otro fariseo contesta:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla! –contesta uno más alzando los hombros.

Jairo el sinagogo replica:

–      ¿Quién le pagó? ¿Se puede saber?

–       Tú también.

–       ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

–       No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces. Y tu lengua, ensuciándola con mentiras. Sabes que no es verdad. Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel. ¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–        Tú eres el sinagogo y lo amas.

–        Allí está Mannaém, el hermano de Herodes. En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–       Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos. No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia. No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo y atacan a los familiares del curado:

–        ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–         Muchos que fueron sanados.

–         ¿Qué os dieron?

–        ¿Darnos? La seguridad de que Él lo sanaría.

–        ¿Pero de veras estaba enfermo?

–         ¡Oh, cabezas fraudulentas! ¿Pensáis que todo esto fue una pantomima? Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Un escriba dice desdeñoso:

–       Pero no aumentéis el fanatismo del pueblo con vuestras afirmaciones.

–       ¿Y qué es entonces, según vosotros?

–       ¡Un Belzebú!

Varios gritan al mismo tiempo:

–       ¡Lenguas de víboras!

–       ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

Jesús que había ido a la casa a beber un poco de agua, se asoma al umbral a tiempo para oír la necia acusación farisea:

–        Este es un Belcebú, porque los demonios lo obedecen. 

–        El gran Belcebú, su padre le ayuda y es con su poder que arroja a los demonios.

Jesús se acerca derecho y severo; pero tranquilo. Se detiene frente al grupo de escribas y fariseos.

Los mira agudamente y les dice:

–         Aún en la tierra vemos que un reino dividido en partidos contrarios, se debilita internamente…

Y en un larguísimo discurso habla de la astucia y la maldad de Satanás que vive para ‘robar, dañar, mentir, ofender, meter confusión, destruir…’

Del pecado contra el Espíritu Santo y de la posesión diabólica. 

NUESTRA MISIÓN ESTÁ PRIMERO

Casi ha terminado cuando dicen a Jesús:

–         Maestro, están tu Mamá y tus hermanos.

–         Da orden de que se aleje la gente, para que puedan acercarse a Ti, pues tienen una razón importante que los obligó a venir a buscarte.

21. Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 22. Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.» MATEO 8

Jesús levanta su cabeza y ve el rostro angustiado de María que lucha por no llorar, mientras que José de Alfeo, le habla irritado con gestos enérgicos.

Y la cara de Simón, claramente afligida y disgustada…

Pero Jesús no sonríe y no da ninguna orden.

Deja a la Afligida en su dolor y a sus primos, donde están.

Mira a la multitud y responde a los apóstoles que están cerca y que tratan de hacer valer la sangre sobre el deber.

Solamente dice:

–       ¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos?

Gira los ojos. Hay severidad en su rostro, que palidece por la violencia que debe hacerse a Sí Mismo, para colocar el deber sobre el afecto y la sangre.

Y lograr negar su unión con su Madre, para servir al Padre.

Señala con un largo ademán a la multitud que se aprieta a su alrededor.

–      He aquí mi madre. He aquí a mis hermanos. Los que hacen la voluntad de Dios, son mis hermanos y hermanas, son mi madre. No tengo otros.

Los míos serán esto si cumplen la Voluntad Divina y con mayor perfección que cualquier otro;

en hacer la voluntad de Dios hasta el sacrificio total de cualquier otro querer o voz de sangre y de afectos.

La multitud ruge como un mar agitado por el viento.

Estaban al acecho por si curaba en Sábado.

Los escribas son los primeros en huir diciendo:

–        ¡Es un demonio! ¡Reniega hasta de su sangre!

Los parientes, hermanos de Judas Tadeo y Santiago de Alfeo, se adelantan:

–        ¡Es un loco!

–        ¡Tortura hasta a su madre!

Los apóstoles:

–       En verdad que en esta palabra concentra todo el heroísmo.

La multitud dice:

–       ¡Cómo nos ama!

A duras penas, María con José y Simón, se abren paso.

María toda dulzura. José, todo rabia. Simón, todo turbado.

Llegan hasta Jesús.

José al punto lo ataca:

–        Eres un loco. Ofendes a todos. No respetas ni siquiera a tu Madre. Pero ahora estoy aquí y te lo impediré. ¿Es verdad que vas de acá para allá como trabajador?

Si es verdad, ¿Por qué no trabajas en tu carpintería, para alimentar a tu Madre?

¿Por qué mientes diciendo que tu trabajo es la predicación? Ocioso e ingrato que eres; si luego vas a buscar en casa ajena un trabajo remunerado. ¡Responde!

Jesús se vuelve.

Toma de la mano al niño, lo levanta sosteniéndolo por las axilas y dice:

–        Mi trabajo fue para dar de comer a este inocente y a su familia. Y persuadirles de que Dios es Bueno. Se predicó a Corozaím la humildad y la caridad.

Y no sólo a Corozaím, sino también a ti José, hermano injusto. Te perdono porque sé que la sierpe te mordió. 

Con el Don de DISCERNIMIENTO, Jesús SABE lo que Satanás hizo a través de Judas y ahora TAMBIÉN TRATA DE IMPEDIR  que realice su MISIÓN.

Te perdono a ti también, Simón inconstante. A mi Madre no tengo nada que perdonar, ni Ella a Mí, porque juzga con justicia. Que el mundo haga lo que quiera.

Yo hago lo que Dios quiere. Y con la bendición del Padre y mi Madre soy más feliz; que si todo mundo me aclamase como Rey suyo.

Satanás siempre NOS ATACA o nos obstaculiza con lo que más amamos.

Ven Madre, no llores. Ellos no saben lo que hacen. Perdónalos.

María dice:

–        ¡Oh, Hijo! ¡Yo sé! Tú sabes. No hay nada que decir…

–         No hay otra cosa qué decir, más que: ‘Idos en paz.’

Jesús bendice a la multitud y tomando de la mano a María, sube la escalera…