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273 EL LASTRE DE LA RIQUEZA


273 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es en la casa de Cafarnaúm, a la sombra de los árboles en el huerto umbrío,

temprano  por la matutina.

Los apóstoles se fueron a predicar.

Jesús cura a unos enfermos, acompañado de Mannaém.

Que ya no lleva ni el precioso cinturón ni la lámina de oro en la frente:

sujeta su túnica un cordón de lana; una cinta de tela, como la prenda que cubre su cabeza.

Jesús tiene descubierta la cabeza, como siempre cuando está en casa. 

Una vez que ha terminado de curar y de consolar a los enfermos,

sube con Manahén a la habitación alta.

Aunque parece que la canícula ha terminado, el sol todavía calienta implacable…

Se dirigen hacia la parte mas sombreada y fresca.

Y se  sientan los dos en la pequeña terraza de la ventana que mira al mont

Mannaém dice:

–       Dentro de poco empezará la vendimia.

Jesús le contesta:

–       Sí.

Luego vendrá la Fiesta de los Tabernáculos…

Y el invierno estará a las puertas.

¿Cuándo piensas partir?

–       ¡Mmm!…

De mi parte no me iría nunca…

Pero pienso en el Bautista.

Herodes es una persona débil.

Si se le sabe influir

Se le puede sugestionar para que haga el bien y si no se hace bueno;

por lo menos que no sea sanguinario.

Desgraciadamente son pocos los que le aconsejan bien.

¡Y esa mujer!… ¡Esa mujer!…

Yo quisiera estar aquí hasta que regresen tus apóstoles.

Aunque mi ascendencia ha disminuido, desde que saben que sigo los senderos del Bien.

Pero no me importa.

Quisiera tener la verdadera valentía, de saber abandonar todo para seguirte completamente,

como aquellos discípulos que estás esperando.

¿Lo lograré alguna vez?

Nosotros que no pertenecemos a la plebe, somos más obstinados para seguirte.

¿Por qué será?

–      Porque los tentáculos de las míseras riquezas os retienen.

–      Conozco a algunos que no son tan ricos, pero sí son doctos o están en camino de serlo.

Y tampoco vienen. 

–       También están retenidos por los tentáculos de las míseras riquezas.

No se es rico sólo de dinero.

Existe también la riqueza del saber.

Pocos llegan a la confesión de Salomón: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”,

considerada de nuevo y ampliada -no tanto materialmente cuanto en profundidad-

en Qohélet.

¿Lo recuerdas?

La ciencia humana es vanidad, porque aumentar sólo el humano saber

“es afán y aflicción de espíritu. 

Y quien multiplica la ciencia multiplica los afanes”.

En verdad te digo que es así.

Como también digo que no sería así, si la ciencia humana estuviera sostenida y refrenada

por la sabiduría sobrenatural y el santo amor a Dios.

El placer es vanidad, porque no dura;

arde y rápido se desvanece dejando tras sí ceniza y vacío.

Los bienes acumulados con distintas habilidades son vanidad, para el hombre que muere,

porque con los bienes no puede evitar la muerte, y los deja a otros.

La mujer, contemplada como hembra y como tal apetecida, es vanidad.

De lo cual se concluye que lo único que no es vanidad es el santo temor de Dios

y la obediencia a sus Mandamientos.

O sea, la sabiduría del hombre, que no es sólo carne,

sino que posee la segunda naturaleza: la espiritual.

Solo el que logra ver la vanidad de todo lo mundano,

logra liberarse de cualquier tentáculo de pobres posesiones

e ir libre al encuentro del Sol.

–      ¡Quiero recordar estas palabras!

¡Cuánto me has dado en estos días

Ahora puedo ir entre la inmundicia de la corte, que les parece brillante solo a los necios.

Que parece poderosa y libre y es solo miseria, cárcel y oscuridad.

Me llevaré un tesoro que me permitirá vivir allí mejor, a la espera de lo superior.

Pero, ¿Llegaré alguna vez a esta meta sublime, que es pertenecerte totalmente?

–       Lo lograrás.

–       ¿Cuándo?

¿El año próximo?

¿Más adelante todavía?

¿O hasta que la ancianidad me haga prudente y sabio?

–        Lo lograrás.

-Llegarás… alcanzando la madurez de espíritu….

Perfección de voluntad y a una decisión perfecta

En el término de unas cuantas horas.

Y al decir esto, Jesús sonríe de una manera enigmática.  

Pues ha lanzado su mirada hacia el futuro y ve el heroísmo del que será capaz su discípulo.

Mannaém lo mira pensativo y escrutador…

Pero no pregunta nada más.

Después de un largo silencio que interrumpe Jesús,

al preguntar:

–        ¿Has estado alguna vez con Lázaro de Bethania?

–         No, Maestro.

Nos hemos encontrado algunas veces.

Puedo decir que no;

que si hubo algún encuentro, no puede llamarse amistad.

Ya sabes.

.

Yo con  Herodes, Herodes contra él…

Por tanto…

–        Ahora Lázaro te mirará más allá de estas cosas.

Te mirará en Dios…

Procura tratarlo como condiscípulo.

–        Lo haré si Tú así lo quieres…

Se oyen voces llenas de alarma en el huerto, que buscan al Maestro.

Preguntan con angustia:

–        ¡El Maestro!

–       ¡El Maestro!

–       ¿Está aquí?

Responde la voz cantarina de la dueña de la casa:

–        Está en la habitación de arriba.

¿Quiénes sois?

¿Estáis enfermos?

—       No. – 

         Somos discípulos de Juan. 

–       Y  queremos ver a Jesús de Nazaret.

Jesús se asoma por la ventana,

y dice:

—      Paz a vosotros…

Ellos levantan la cabeza  y los reconoce,

invitándoles:

–      ¡Oh!

¿Sois vosotros?

¡Venid! ¡Venid!

Sus  pasos apresurados suben por la escalera.

Son los tres pastores: Juan, Matías y Simeón.

Jesús deja la habitación y va a su encuentro a la terraza.

Manahén lo sigue.

Se encuentran justamente en el punto en que la escalera termina en la soleada terraza.

Los tres se arrodillan y besan el suelo.

Mientras Jesús los saluda.

–       La paz sea con vosotros…

Levantan la cabeza y muestran un rostro lleno de dolor.

Ni siquiera viendo a Jesús se sosiegan.

Su grito ahogado por el llanto:

–       ¡Oh, Maestro!

Juan habla en nombre de los demás:

–      Y ahora recógenos, Señor.

Porque somos tu herencia.

Y las lágrimas se deslizan por la cara del discípulo y de sus compañeros.

Jesús y Mannaém dan un solo grito:

–        ¿¡Juan!?

–        ¡Lo mataron…!

La noticia cae como un rayo que paraliza hasta el aire, en un silencio horrorizado.

Cuyo  enorme fragor cubre todos los ruidos del mundo,

a pesar de que haya sido pronunciada en voz muy baja.

Petrifica a quien la dice y a quien la oye.

Y se produce un rato de silencio tan profundo…

Que parece extenderse en su  profunda inmovilidad también en los animales,

las frondas y el aire,

Porque es como si la Tierra entera, para recoger esta palabra y sentir todo su horror,

suspendiera todo ruido  propio.

Queda suspendido el zureo de las palomas, truncada la flauta de un mirlo,

enmudecido el coro de los pajarillos.

Y como si de golpe se le hubiera roto el artilugio, una cigarra detiene su chirrido al improviso,

mientras se detiene el viento que, haciendo frufrú de seda y crujido de palos,

acariciaba las pámpanas y las hojas.

Jesús palidece.

Sus ojos se agrandan.

Vidrian por el llanto que se asoma.

Abre los brazos.

Su voz es más profunda, por el esfuerzo que hace para que sea firme y tranquila.

Y dice:

–       Paz al Mártir de la Justicia y a mi Precursor.

Cierra los ojos y los brazos sobre su pecho.

Su espíritu ora.

Entrando en contacto con el Espíritu de Dios y el de Juan  Bautista.

Mannaém no dice nada, no hace ningún gesto, ni se atreve ni a moverse.

Al revés de Jesús, se  pone colorado y la ira lo invade.

Se pone rígido y paralizado.

Toda su turbación se manifiesta en el movimiento mecánico de la mano derecha,

que sacude el cordón de la túnica y de la izquierda, que instintivamente busca el puñal

Pero no lo encuentra, porque se le olvidó que está desarmado.

Pues para poder ser discípulo del manso, es requisito para estar cerca del Mesías.

Y mueve la cabeza compadeciéndose de su fragilidad

y de sentirse tan impotente. 

Jesús recupera la Majestad Divina que le es habitual.

Y tan solo le queda una profunda tristeza, dulcificada con paz.

Con voz serena dice:

–       Venid.

Me lo contaréis.

De hoy en adelante me pertenecéis.

EVANGELIO DE SAN MARCOS

Capítulo 6

Muerte de Juan el Bautista

14. Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»

15. Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»

16. Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»

17. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.

18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»

19. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía,

20. pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

21. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.

22. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»

23. Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»

18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.» 19. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, Marcos 6

24. Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»

25. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»

26. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.

27. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel

28. y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.

29. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

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36 LA HUÍDA A EGIPTO


35 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Dice Jesús: 

Y también esta serie de visiones terminan así. Hemos ido mostrándote las escenas que precedieron, acompañaron y siguieron a mi Llegada;

no por ellas mismas, que son muy conocidas, sino para aplicación, en ti y en los demás, del sentido sobrenatural que de ellas deriva…

Y dároslo como norma de vida.

Estas escenas son muy conocidas, aunque haya que decir que han sido alteradas por elementos que han ido superponiéndose con los siglos, debido siempre a ese modo de ver, humano.

Que, pretendiendo dar mayor gloria a Dios — y por ello queda perdonado —transforma en irreal, lo que sería tan bonito dejar real.

Porque ello no disminuye mi Humanidad ni la de María, de la misma manera que este ver las cosas en su realidad no ofende ni a mi Divinidad, ni a la Majestad del Padre, ni al Amor de la Trinidad Santísima.  

Antes bien, con ello resplandecen los méritos de mi Madre y mi perfecta humildad.

Y refulge la bondad omnipotente del eterno Señor. 

El Decálogo es la Ley; mi Evangelio, la doctrina que os la hace más clara y más atractiva de seguirse.

Serían suficientes esta Ley y esta Doctrina para obtener, de los hombres, santos.

Pero vuestra humanidad os pone tantas dificultades — humanidad que, verdaderamente, en vosotros sobrepuja demasiado al espíritu — que no podéis seguir estos caminos.

Y caéis, u os detenéis descorazonados.

Os decís a vosotros mismos, y a quienes quisieran haceros caminar citándoos los ejemplos del Evangelio: “Pero Jesús, María, José… (y así todos los santos) no eran como nosotros.

Eran fuertes; han sufrido, pero han sido inmediatamente consolados; fueron aliviados incluso de ese poco dolor que sufrieron; no sentían las pasiones…

Eran seres que ya estaban fuera de la tierra”.

¡Ese poco dolor!… ¡No sentían las pasiones!…

El dolor fue amigo fiel nuestro, con los más variados aspectos y nombres

Las pasiones… No uséis mal la palabra, llamando “pasiones” a los vicios que os sacan del camino recto.

Llamadlos sinceramente “vicios”, y, además, capitales.

No es que nosotros ignorásemos los vicios.

Teníamos ojos y oídos.

Y Satanás hacía danzar ante nosotros y a nuestro alrededor estos vicios, mostrándonoslos en los viciosos con toda su carga de suciedad.

O tentándonos con insinuaciones.

Mas estas porquerías y estas insinuaciones, tendida como estaba la voluntad a querer agradar a Dios, en vez de producir lo que se había propuesto Satanás, producían lo contrario.

Y cuanto más insistía él, más nos refugiábamos nosotros en la luz de Dios, por asco hacia las tinieblas fangosas que nos ponía ante los ojos del cuerpo y del espíritu.

Pero no hemos ignorado las pasiones en sentido filosófico entre nosotros.

Amamos la patria y con ella a nuestra pequeña Nazaret, más que a cualquier otra ciudad de Palestina.

Tuvimos afectos hacia nuestra casa, hacia los parientes y los amigos. ¿Por qué no íbamos a haberlos tenido?

EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS

Pero no nos hicimos esclavos de los afectos, porque nada sino Dios debe ser Señor.

antes bien hicimos de ellos buenos compañeros nuestros.

Mi Madre gritó de alegría cuando, pasados aproximadamente cuatro años, volvió a Nazaret y puso pie en su casa.

Y besó esas paredes entre las cuales su “Sí” abrió su seno para recibir la Semilla de Dios.

José saludó con alegría a los parientes, a los sobrinitos, crecidos en número y en edad.

Gozó al verse recordado por sus conciudadanos y al ver que por sus dotes en el oficio lo buscaron enseguida.

Yo fui sensible a la amistad.

Sufrí por la traición de Judas como por una crucifixión moral.

¿Y qué?

Ni mi Madre ni José antepusieron su amor a la casa, o a los familiares, a la voluntad de Dios.

Y Yo no escatimé palabras — si había que decirlas — que me habrían de acarrear el rencor de los hebreos o la animadversión de Judas.

Yo sabía — y podría haberlo hecho — que bastaba el dinero para sujetarlo a Mí; pero hubiera sido no a mí como Redentor, sino a mí como rico.

Yo, que multipliqué los panes, si hubiera querido, habría podido multiplicar el dinero; pero no había venido para proporcionar satisfacciones humanas. A nadie.

Mucho menos a los que había llamado.

Yo había predicado sacrificio, desapego, vida casta, puestos humildes.

¿Qué Maestro habría sido Yo, qué Justo; si hubiese dado dinero a uno para su sensualismo mental y físico, sólo porque ése hubiera sido el modo de sujetarlo a Mí.

Para ser grandes en mi Reino hay que hacerse “pequeños”. 

Quien quiera ser “grande” a los ojos del mundo no es apto para reinar en mi Reino; paja es para el lecho de los demonios.

Porque la grandeza del mundo está en antítesis con la Ley de Dios.

El mundo llama “grandes” a quienes — con medios casi siempre ilícitos — saben conseguir los mejores puestos y para hacerlo, hacen del prójimo escabel.

Y ponen su pie encima y lo aplastan.

Llama “grandes” a los que saben matar para reinar — matar moral o materialmente — y arrebatan puestos o se enseñorean de las naciones. 

Y se enriquecen desangrando a los demás, arrebatándoles la riqueza individual o colectiva.

El mundo llama frecuentemente “grandes” a los delincuentes.

No. La “grandeza” no está en la delincuencia, está en la bondad, la honradez, el amor, la justicia.

¡Observad qué venenosos frutos — recogidos en su malvado, demoníaco jardín interior — vuestros “grandes” os ofrecen!

Deseo hablar de la última visión, dejando de lado otras cosas.

Total, sería inútil, porque el mundo no quiere oír la verdad que le concierne.

Esta visión da luz acerca de un detalle citado dos veces en el Evangelio de Mateo, una frase repetida DOS VECES:   “¡Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto!”

“¡Levántate, toma al Niño y a su Madre y vuelve a la tierra de Israel!”.

Y has podido ver cómo en la habitación estaba María sola con el Niño.

La virginidad de María después del parto y la castidad de José sufren muchas agresiones,

por parte de quienes, siendo sólo lodo putrefacto, no admiten que uno pueda ser ala y luz.

Desdichados, cuyo fauno está tan corrompido y cuya mente está tan prostituida a la carne…

Qson incapaces de pensar que uno como ellos pueda respetar a una mujer, viendo en ella el alma y no la carne.

Incapaces de elevarse a sí mismos viviendo en una atmósfera sobrenatural, tendiendo no a las cosas carnales, sino a las divinas.

Pues bien, a estos que combaten contra la suprema belleza,

a estos gusanos incapaces de transformarse en mariposa, a estos reptiles cubiertos por la baba de su lujuria,

incapaces de comprender la belleza de una azucena…

Yo les digo que María fue virgen y siguió siéndolo.

Y que solo su alma se desposó con José, como también su espíritu únicamente se unió al Espíritu de Dios,

Y por obra de Éste concibió al Único que llevó en su seno:

a M, a Jesucristo, Unigénito de Dios y de María.

No se trata de una tradición que haya florecido después, por un amoroso respeto hacia mi Bienaventurada Madre;

se trata de una verdad conocida ya desde los primeros tiempos.

Mateo no nació siglos más tarde; era contemporáneo de María.

Mateo no era un pobre ignorante que hubiera vivido en los bosques y que fuera propenso a creerse cualquier patraña.

Era un funcionario de hacienda, como diríais ahora vosotros (nosotros entonces decíamos recaudador).

Sabía ver, oír, entender, escoger entre la verdad y la falsedad.

Isaías 7, 14

Mateo no oyó las cosas por referencias de terceros, sino que las recogió de labios de María, preguntándole a Ella. 

Llevado de su amor hacia el Maestro y hacia la verdad.

Y no quiero pensar que estos que niegan la inviolabilidad de María piensen que Ella quizás pudo mentir.

Mis propios parientes, si hubiera habido otros hijos, hubieran podido desmentir su testimonio:

Santiago, Judas, Simón y José eran condiscípulos de Mateo.

Por tanto éste hubiera podido fácilmente confrontar las versiones, si hubiese habido otras versiones.

Y sin embargo Mateo nunca dice: “¡Levántate y toma contigo a tu mujer!”. Dice: “¡Toma contigo a la Madre de Él!”.

Y antes dice: “Virgen desposada con José”; ‘José, su esposo”.

Y que éstos no objeten que se trataba de un modo de hablar de los hebreos, como si decir “la mujer de” fuera una infamia.

No, negadores de la Pureza. Ya desde las primeras palabras del Libro se lee: “… y se unirá a su mujer”. Se la llama “compañera” hasta el momento de la consumación física del vínculo matrimonial,

Y luego se la llama “la mujer de” en distintos momentos y en distintos capítulos.

Así se les llama a las esposas de los hijos de Adán: 

y a Sara, llamada “mujer de” Abraham: “Sara, tu mujer”. Y también: “Toma contigo a tu mujer y a tus dos hijas”, a Lot.

Y en el libro de Rut está escrito: “La Moabita, mujer de Majlón”.

Y en el primer libro de los Reyes se dice: “Elcana tuvo dos mujeres”; y luego: “Elcana después conoció a su mujer Ana”

Y  también: “Elí bendijo a Elcana y a la mujer de éste”.

Y también en el libro de los Reyes está escrito: “Betsabé, mujer de Urías Eteo, vino a ser mujer de David y le dio a luz un hijo”.

Y ¿Qué se lee en el libro azul de Tobías, lo que la Iglesia os canta en vuestras bodas, para aconsejaros que seáis santos en el matrimonio?

Se lee:

“Llegado Tobit con su mujer y con su hijo…”; y también: “Tobit logró huir con su hijo y con su mujer”.

Y en los Evangelios, o sea, en tiempos contemporáneos a Cristo, en que, por tanto, se escribía con lenguaje moderno respecto a aquellos tiempos — por lo que no pueden sospecharse errores de trascripción — se dice,

Y precisamente lo dice Mateo en el capítulo 22: “…y el primero, habiendo tomado mujer, murió y dejó su mujer a su hermano”. Y Marcos en el capítulo 10: “Quien repudia a su mujer…”. 

Y Lucas llama a Isabel mujer de Zacarías, cuatro veces seguidas; y en el capítulo 8 dice: ‘Juana, mujer de Cusa”.

Como podéis ver, este nombre no era un vocablo proscrito por quien estaba en las vías del Señor, un vocablo inmundo, no digno de ser proferido y mucho menos escrito,

donde se tratara de Dios y de sus obras admirables.

Y el ángel, diciendo: “el Niño y su Madre”, os demuestra que María fue verdadera Madre suya, pero no fue la mujer de José.

Siempre fue: la Virgen desposada con José.

Y ésta es la última enseñanza de estas visiones.

Y es una aureola que resplandece sobre las cabezas de María y de José. 

La Virgen inviolada.

El hombre justo y casto.

Las dos azucenas entre las que crecí oyendo sólo fragancias de pureza.

A ti, pequeño Juan, te podría hablar sobre el dolor de María por su doble, brusca separación de la casa y de la patria.

Pero no hay necesidad de palabras.

Tú lo comprendes y ello te hace morir.

Dame tu dolor. Sólo quiero esto. Es más que cualquier otra cosa que puedas darme.

Es viernes, María. (María Valtorta)

Piensa en mi dolor y en el de María en el Gólgota para poder soportar tu cruz.

Nuestra paz y nuestro amor quedan contigo

35 FUGITIVOS DE BELÉN


35 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

La visita de los magos

  1. Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,
  2. diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
  3. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
  4. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
  5. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
  6. = Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.» =
  7. Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.
  8. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»
  9. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
  10. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
  11. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.
  12. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Matanza de los niños

  1. Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»
  2. El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
  3. y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: = De Egipto llamé a mi hijo. =
  4. Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.
  5. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:
  6. = Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen. =
  7. Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
  8. «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»
  9. El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.
  10. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea,

23. y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: = Será llamado Nazareno. =

Huida a Egipto.

Mi espíritu ve la siguiente escena. Es de noche. José está durmiendo en su modesto lecho, en su diminuta habitación.

Su sueño es pacífico, como el de quien está descansando del mucho trabajo cumplido con honradez y diligencia.

Lo veo en la oscuridad de la estancia, oscuridad apenas interrumpida por un hilo de luz lunar que penetra por una rendija de la hoja de la ventana, que está sólo entornada, no cerrada del todo. 

Como si José tuviera calor en esta pequeña habitación, o como si quisiera tener ese hilo de luz para saberse medir al amanecer y levantarse diligentemente.

Está girado sobre uno de los lados, y sonríe mientras duerme, quién sabe ante qué visión que está soñando.

Pero de repente, su sonrisa se transforma en congoja.

Emite el típico suspiro, profundo de quien está teniendo una pesadilla…

Y se despierta sobresaltado.

Se sienta en la cama, se restriega los ojos, mira a su alrededor,…

Y mira hacia la ventanita de la que proviene ese hilo de luz.

Es plena noche.

No obstante, coge la prenda de vestir que está extendida a los pies de la cama y todavía sentado en el lecho, se la pone encima de la túnica blanca de manga corta que tenía sobre la piel.

Levanta las mantas, pone los pies en el suelo y busca las sandalias. Se las pone y se las ata.  

Se pone de pie y enseguida enciende una lamparita de aceite, de una sola llama, para iluminarse con ella.  

 Y se dirige hacia la puerta que está frente a su cama; no hacia la que está lateral a la misma y que conduce al salón en que fueron recibidos los Magos. 

Llama suavemente con la punta de los dedos: un casi insensible tic-tic.

Debe haber oído que se le invita a entrar, pues abre con cuidado la puerta y la vuelve a entornar sin hacer ruido.

Entra…

En una habitacioncita sólo un poco más grande que la suya, con una cama pequeña y baja, al lado de una cuna, ya arde otra lamparita.  

La llamita oscilante en un rincón, parece una estrellita de luz tenue y dorada, que permite ver sin molestar a quien esté dormido..

Pero María no está dormida, está arrodillada junto a la cuna. Tiene un vestido claro y está orando.

Y velando a Jesús, que duerme tranquilo.

Jesús tiene la edad de la visión de los Magos.

Es un niño de un año aproximadamente, un niño guapo, rosado y rubio.

Y está durmiendo, con su cabecita ensortijada hundida en la almohada y una manita bien cerrada junto a la garganta.

José en voz baja denotando asombro, 

pregunta:

–     ¿No duermes?

¿Por qué? ¿Jesús no está bien?

María responde:

–    ¡Oh, no!

Él está bien. Yo estoy rezando. Luego me echaré a dormir. ¿Por qué has venido, José?

Mientras habla, María sigue arrodillada donde estaba antes.

José, en voz bajísima para no despertar al Niño, pero en tono apremiante,

dice:

–     Tenemos que irnos de aquí ¡Enseguida! enseguida.

Prepara el baulillo y un fardo con todo lo que puedas meter en ellos.

Yo me encargo de preparar lo demás, llevaré lo más que pueda…

Cuando empiece a clarear huimos.

Lo haría incluso antes, pero tengo que hablar con la dueña de la casa….

–    ¿Y por qué esta huida?

–     Después te lo explico mejor.

Es por Jesús. Un ángel me ha dicho: “Toma al Niño y a la Madre y huye a Egipto”.

No pierdas tiempo. Yo ya empiezo a preparar todo lo que pueda.

No era necesario decirle a María que no perdiese tiempo.

Apenas ha oído hablar de ángel, de Jesús y de huida; ha comprendido que un peligro se cierne sobre su Criatura.

Y de un salto se ha puesto en pie.

Con su cara más blanca que un cirio, una mano contra el pecho, angustiada.

Enseguida se ha puesto en movimiento, ágil, ligera.

Y ha empezado a colocar la ropa de vestir en el baulillo y en un fardo grande que ha extendido primero sobre su cama aún intacta.

Sin duda está angustiada, pero no pierde las riendas; hace las cosas con rapidez pero no sin orden.

De vez en cuando, pasando junto a la cuna, mira al Niño, que duerme ajeno a lo que está sucediendo. 

Cada cierto tiempo José, asomando la cabeza por la puerta entreabierta,

pregunta:

–     ¿Necesitas ayuda?

–     No, gracias – responde siempre María.

Hasta que el fardo — que debe pesar bastante — no está lleno, no llama a José para que la ayude a cerrarlo y a quitarlo de encima de la cama.

No obstante, José quiere hacerlo solo; coge el largo fardo y se lo lleva a su cuarto. 

María pregunta:

–     ¿Llevo también las mantas de lana? 

–     Lleva todo lo más que puedas; todo el resto lo perderemos.

Toma todo lo que puedas. Nos servirá porque… ¡Porque tendremos que estar fuera mucho tiempo, María!…

 José está muy apenado al decir esto.

Y María… se puede uno hacer idea de cómo está.

Suspirando, dobla las colchas suyas y las de José.

Y éste las ata con una cuerda.

Y mientras está atando las colchas,

José agrega:

–     Dejamos los bordados y las esterillas.

 A pesar de que voy a tomar tres burros, no puedo cargarlos demasiado, pues el camino será largo e incómodo, parte entre montañas y parte por el desierto.

Tapa bien a Jesús. Las noches serán frías, tanto en las montañas como en el desierto.

He tomado los regalos de los Magos, porque en aquella tierra nos vendrán bien.

Todo lo que tengo lo gasto para comprar los dos burros. Debo comprarlos, porque no podemos devolverlos.

Voy ahora, antes de que amanezca. Sé dónde buscarlos. Tú termina de prepararlo todo.

Y se marcha.

María recoge todavía algunos objetos.

Observa a Jesús y sale, para volver con unos vestiditos que parecen todavía húmedos; los dobla y los envuelve en un pedazo de tela y los coloca junto con las otras cosas.

Ya no queda nada más. Se vuelve mirando a su alrededor y ve, en un rincón, un juguete de Jesús: una ovejita tallada en madera.

La toma en sus manos… un sollozo entrecortado… un beso:

La madera conserva las huellas de los dientecitos de Jesús.

Y las orejas de la ovejita están del todo llenas de mordisquitos.

María acaricia ese objeto sin valor en sí, de una pobre madera clara; pero de mucho valor para Ella,

ya que le habla del afecto de José por Jesús. Y de su Niño.

Lo pone también con las otras cosas encima del baulillo cerrado.

Ahora ya sí que no queda nada.

Sólo Jesús, que está en su cunita.

María piensa que sería conveniente también preparar al Niño. Va donde la cuna y la mueve un poco para despertar al Pequeñuelo.

Mas Él solamente refunfuña un poco; se da la vuelta y sigue durmiendo.

María le acaricia delicadamente los ricitos.

Jesús, bostezando, abre la boquita.

María se inclina hacia Él y lo besa en la mejilla.

Jesús termina de despertarse. Abre los ojos. Ve a su Mamá y sonríe.

Y tiende las manitas hacia su pecho. 

María dice con ternura:

–     Sí, amor de tu Mamá.

Sí, la leche. Antes que de costumbre… ¡De todas formas, Tú siempre estás preparado para mamar, corderito mío santo!

Jesús ríe y juguetea, agitando los piececitos por fuera de las mantas. Y los brazos, con una de esas manifestaciones de alegría de los niños pequeños, que tan bonitas son de ver.

Hinca los piececitos contra el estómago de su Mamá, se curva en forma de arco y apoya su cabecita rubia en el pecho de Ella,

y luego se echa bruscamente para atrás y se ríe agarrando con sus manitas las cintas que ciñen al cuello el vestido de María tratando de abrirlo. 

Con su camisita de lino, se le ve a Jesús guapísimo, regordete, rosado como una flor.

María se inclina.

Así, inclinada, sobre la cuna como protección, llora y sonríe al mismo tiempo, mientras el Niño balbucea esas palabras, que no son palabras, de todos los niños pequeños.

Entre las cuales se oye nítida y repetidamente la palabra “mamá”.

La mira, asombrado de verla llorar.

Alarga una manita hacia los brillantes hilos de llanto, que se la mojan al hacer la caricia.

Primorosamente, vuelve a apoyarse en el pecho materno y en él se recoge enteramente, acariciándoselo con su manita.

María lo besa por entre el pelo y lo toma en brazos, se sienta y se pone a vestirlo: ya tiene el vestidito de lana, ya las diminutas sandalitas.

Le da la leche.

Jesús mama con avidez la leche buena de su Mamá.

Y cuando ya le parece que por la parte derecha viene menos, va a buscar a la izquierda.

Y ríe al hacerlo, mirando a su Mamá de abajo arriba, para luego dormirse de nuevo,..

Apoyando aún la mejilla rosada y redonda en el seno blanco y redondo, sobre el pecho de Ella.

María se levanta muy despacito y lo coloca sobre la manta acolchada de su cama.

Lo tapa con su manto. Vuelve a la cuna y dobla las mantitas.

Piensa en si conviene o no coger también el colchoncito. ¡Tan pequeño como es… se puede llevar!

Lo pone, junto con la almohada, con las cosas que ya estaban encima del baulito.

Y llora ante la cuna vacía.

¡Pobre Madre, perseguida en su Criatura!

José regresa.

–     ¿Estás preparada?

¿Está preparado Jesús? ¿Has cogido sus mantas y su camita?

No podemos llevarnos la cuna, pero por lo menos que tenga su colchoncito.

¡Oh, pobre Pequeñuelo, perseguido a muerte!

María grita:

–    ¡José! –  agarrándose al brazo de José. 

José confirma: 

–     Sí, María, a muerte.

Herodes lo quiere muerto… porque tiene miedo de Él…

Esa fiera inmunda tiene miedo de este Inocente, por su reino humano.

No sé lo que hará cuando comprenda que ha huido; pero para entonces nosotros ya estaremos lejos. 

No creo que se vengue buscándolo incluso en Galilea. Ya sería difícil para él descubrir que somos galileos;

más difícil aún, saber que somos de Nazaret y quiénes somos exactamente.

A no ser que Satanás le eche una mano en agradecimiento de sus fieles servicios.

Mas… si eso sucede… Dios nos ayudará igualmente.

No llores, María, que el verte llorar es para mí un dolor mucho mayor que el de tener que marchar al exilio.

-¡Perdóname, José!

No lloro por mí, ni por los pocos bienes que pierdo. Lloro por ti… ¡Ya mucho te has tenido que sacrificar!

Ahora, otra vez, te quedas sin clientes, sin casa… ¡Cuánto te cuesto, José!

–     ¿Cuánto? No, María.

No me cuestas nada. Me consuelas. Siempre me consuelas. No pienses en el mañana.

Tenemos el caudal que nos han dado los Magos. Nos servirán de ayuda al principio.

Luego me buscaré un trabajo.

Un obrero honrado y competente se abre camino enseguida. Ya lo has visto aquí. No me da abasto el tiempo para el cúmulo de trabajo.

–     Sí, lo sé.

Pero, ¿Quién te va a aliviar tu nostalgia?

-¿Y a ti?

¿Quién te va a aliviar la nostalgia de esa casa que tanto amas?

–     Jesús.

Teniéndolo a Él, tengo todo lo que allí tenía.

–     Y yo también.

Teniendo a Jesús tengo ya esa patria que he esperado hasta hace pocos meses,

Y… tengo a mi Dios.

Ya ves que no pierdo nada de lo que más amo.

Basta con salvar a Jesús; si es así, todo nos queda.

Aunque no volviéramos a ver este cielo, estos campos.

O los aún más amados campos de Galilea,

Siempre tendremos todo porque lo tendremos a Él.

Ven, María, que empieza a clarear.

Llega el momento de saludar a la huésped y de cargar nuestras cosas. Todo irá bien.

María se pone en pie, obediente. Se arropa en su manto.

Mientras tanto, José prepara un último bulto, se lo carga y sale.

María levanta delicadamente al Niño, lo arropa en un mantón y lo aprieta contra su pecho.

Mira las paredes que durante meses la han hospedado y rozándolas apenas, las toca con una mano.

¡Bendita esa casa, que ha merecido ser amada y bendecida por María!

Sale. Cruza la habitacioncita que era de José, entra en la estancia grande.

La dueña de la casa, en lágrimas, la besa y se despide de Ella.

Y levantando un borde del mantón, besa al Niño en la frente.

Él duerme tranquilo.

Bajan por la escalerita exterior.

Hay un primer claror de alborada que apenas permite ver.

En la escasa luz se ven tres burros. El más fuerte lleva los enseres. Los otros van sólo con la albarda.

José está manos a la obra para asegurar bien el baulillo y los paquetes en la albarda del primero.

Veo, atados en un haz, y colocados encima del fardo, sus utensilios de carpintero. 

Nuevos saludos y nuevas lágrimas.

María se monta en su burrillo, mientras la patrona tiene a Jesús en brazos y lo besa una vez más; luego se lo devuelve a María.

Monta también José, el cual ha atado su asno al que lleva los equipajes, para estar libre y poder así controlar el de María.

La huida comienza mientras Belén, que sueña todavía la fantasmagórica escena de los Magos, duerme tranquila, sin saber lo que le espera.

Y la visión cesa así.

73 LA CARIDAD SECRETA


Taybeh el antiguo poblado de Efraín

73 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

En una fría mañana de principios de Noviembre. 

Jesús está subiendo por el empinado sendero que lleva al rellano sobre el que está edificada Betania.

Esta vez no siguela calzada principal. Ha tomado este camino más empinado y más rápido, que en dirección noroeste este y que está mucho menos transitado quizás por estar tan en pendiente.

Sólo los que viajan con prisa hacen uso de él; o los que teniendo manadas de ganado, prefieren no meterlas en el trajín de la calzada principal.

O quienes como Jesús hoy, prefieren pasar desapercibidos.

Él sube delante, en vivaz conversación con el Zelote.

Detrás, los siguen los demás en tres grupos. En el primero, van los primos de Jesús con Juan y Andrés.

Luego, otro grupo formado por Santiago de Zebedeo, Mateo, Tomás y Felipe. Y enseguida los últimos, Bartolomé con Pedro y Judas Iscariote.

Ganada la planicie, sobre la cual Betania le sonríe al sol de un día frío y sereno del invierno que ya se cierne con su crudeza sobre la Tierra Prometida.

Y desde la que mirando hacia oriente, se ve el valle del Jordán y la via que viene de Jericó.

Entonces Jesús da orden a Juan de ir a avisar a Lázaro de su llegada.

Mientras Juan se marcha con paso rápido, Jesús prosigue con los suyos lentamente, siendo saludado a cada paso por personas del lugar.

La primera que viene de la casa de Lázaro es una mujer que se prosterna diciendo:

–      Dichoso este día para la casa de mi señora.

Ven. Maestro. Allí están Maximino y Lázaro ya en la puerta. 

El administrador es un hombre un poco mayor que Lázaro, quese acerca a Jesús,

diciéndole:

–     No esperábamos tenerte tan pronto.

Jesús responde:

–     Pido alojamiento para una noche.

–     Si fuera para siempre nos harías felices.

Han llegado al umbral de la entrada del Palacio de Sión, Lázaro besa y abraza a Jesús y saluda a los discípulos.

Luego, teniendo un brazo en torno a la cintura de Jesús, entra con Él en el jardín y se aísla de los demás.

Jesús y Lázaro están conversando en el jardín de la casa de Betania…

Lo primero que hace Lázaro, es preguntar:

–     ¿A qué debo la alegría de tenerte conmigo?

–      Al odio de los miembros del Sanedrín.

–     ¿Te han hecho daño?… ¿Otra vez? 

–      No. Pero me lo quieren hacer y no es la Hora.

Hasta que no haya arado toda Palestina y esparcido la semilla, no debo ser abatido.

–      También tienes que recoger tu cosecha, Maestro bueno; es justo que sea así.

–      Mi cosecha la recogerán mis amigos.

Ellos pasarán la hoz donde he sembrado. Lázaro, he decidido alejarme de Jerusalén. Sé que no es solución, lo sé ya desde ahora; pero servirá al menos para poder evangelizar.

En Sión se me niega incluso esto.

–      Te había enviado con Nicodemo el mensaje de que fueras a una de mis propiedades. Nadie osa violarlas. Podrías llevar a cabo tu ministerio sin molestias.

¡Oh, mi casa, la más dichosa de todas mis casas por santificarla Tú con tu enseñanza, con tu respiración! Dame alegría de serte útil, Maestro mío.

–      Ya ves que estoy dándotela ya; pero en Jerusalén no me puedo quedar.

Mira, aunque a mí no me molestaran, sí lo harían con quienes fueran a verme. Voy hacia Efraím, entre este lugar y el Jordán. Evangelizaré y bautizaré allí como el Bautista.

–      En los campos de esa zona tengo una pequeña casa que se utiliza para los arneses y guardar las herramientas de los trabajadores.

Algunas veces duermen en ella durante la corta del heno o la vendimia. Es muy pobre: simple techo apoyado en cuatro paredes; pero está en mis tierras, y se sabe…

Pues bien, el hecho de saberlo hará de espantajo contra los chacales. Acepta, Señor. Mandaré a los siervos a prepararla…

–     No hace falta. Si en ella duermen tus campesinos, será suficiente también para nosotros.

–     No pondré riquezas. Sólo completaré el número de las camas, pobres como Tú deseas.

Y mandaré mantas, asientos, ánforas y copas. Lógicamente, tendréis que comer y que taparos, especialmente en estos meses de invierno. Déjame a mí. Ni siquiera lo haré yo.

Aquí viene Marta. Posee la habilidad, práctica y solícita, de todos los cuidados familiares. Su lugar es la casa; su función, ser consuelo de los cuerpos y de los espíritus que están en la casa. ¡Ven, mi dulce y pura hospedera!

¿Ves? Incluso yo me he refugiado bajo su cuidado materno, en su parte de herencia. Así, no lloro demasiado ásperamente a mi madre.

Marta, Jesús se retira al llano del Agua Especiosa. Lo único especioso que hay es el suelo fértil; la casa es un aprisco. Pero Él quiere una casa de pobres. Hay que proveerla de lo indispensable. ¡Dispónlo tú, que eres inigualable para esto! 

Lázaro besa la mano de su hermana, que lo acaricia con verdadero amor de madre,

mientras dice:

–      Parto en seguida. Me llevo conmigo a Maximino y a Marcela.

Los hombres del carro ayudarán a aparejar. Bendíceme, Maestro; así, llevaré conmigo algo tuyo.

–      Sí, mi dulce hospedera.

Te llamaré como te llama Lázaro. Te doy mi corazón para que lo lleves contigo, en el tuyo.

Jesús la bendice y Martha se va.

Lázaro dice:

–     ¿Sabes, Maestro, que hoy está por estos campos Isaac con Elías y los demás?

Me han pedido pasto, abajo en la llanura, porque quieren estar un poco juntos y lo he permitido. Hoy están de cambio de pastos. 

Los estoy esperando porque los invité a comer aquí, todo el tiempo que quieran.

–      Me alegra. Les daré instrucciones…

–      Sí. Para podernos mantener en contacto. No obstante, alguna vez vendrás…

–      Vendré. He hablado ya de ello con Simón.

Y, dado que no es justo que Yo invada tu casa con los discípulos, iré a casa de Simón…

–      No, Maestro. ¿Por qué me quieres dar este dolor?

–      No preguntes, Lázaro; Yo sé que está bien así.

–      Pero entonces…

–      Entonces seguiré estando en tus propiedades. Lo que el mismo Simón ignora Yo lo sé.

Aquel que quiso comprar, sin revelar su identidad y sin detenerse a estudiar las condiciones, con tal de estar cerca de Lázaro de Betania, era el hijo de Teófilo, el fiel amigo de Simón el Zelote y el gran amigo de Jesús de Nazaret.

Aquel que duplicó la suma por Jonás y no gravó el patrimonio de Simón para proporcionarle a éste la alegría de poder hacer muchas cosas por el Maestro pobre y por los pobres del Maestro,

Aquél, es uno que tiene por nombre Lázaro.

El que discreto y atento, mueve, dirige, presta ayuda a todas las fuerzas buenas para ayudarme, aliviarme y protegerme; ése, es Lázaro de Betania. Yo lo sé.

–     ¡Oh, no lo digas! ¡Creí actuar bien de ese modo y en secreto!

–     Secreto, sí, para los hombres, pero no para Mí; Yo leo en el corazón.

¿Quieres que te diga por qué tu ya de por sí natural bondad se impregna de perfección sobrenatural?

Es porque pides don sobrenatural, pides la salvación de un alma y la santidad tuya y de Marta.

Tú sientes que no basta con ser buenos según el mundo, sino que se requiere ser buenos según las leyes del espíritu, para obtener de Dios la gracia.

Tú no has oído mis palabras, pero Yo he dicho: “Cuando hagáis el bien, hacedlo en secreto, y el Padre os dará una gran recompensa”.

Tú lo has hecho por un natural impulso a la humildad, y verdad te digo que el Padre te reserva una recompensa que ni siquiera puedes imaginar.

–     ¿La redención de María? …

–     Eso y más, más aún.

–     ¿Qué es Maestro, más imposible que esto?

Jesús lo mira y sonríe.

Luego dice, con el tono de un salmo:

«El Señor reina, y con Él sus santos. Con sus rayos de luz trenza una corona y sobre la cabeza de los santos la deposita.

Para que eternamente resplandezca ante los ojos de Dios y del universo.

¿De qué metal está entretejida? ¿Con qué piedras preciosas decorada?

Oro, oro purísimo es el círculo obtenido con el dúplice fuego del amor divino y del amor del hombre, cincelado por la voluntad, martillando, limando, cortando, afinando.

Gran profusión de perlas, y esmeraldas más verdes que la hierba nacida en Abril; turquesas de color de cielo, ópalos de color luna, amatistas como violetas pudorosas…

Y engarzados para toda la vida, jaspe y zafiros, jacintos y topacios. Y como broche de la obra, un círculo de rubíes, un gran círculo sobre la frente gloriosa.

Porque este hombre bendito ha tenido fe y esperanza, ha tenido mansedumbre y castidad, templanza y fortaleza, justicia y prudencia, misericordia sin medida.

Y en el fondo ha escrito con la sangre tu Nombre y la Fe en Mí, su amor en él por Mí y su nombre en el Cielo. ¡Exultad, oh justos del Señor!

El hombre ignora, Dios ve.

Él escribe en los libros eternos mis promesas y vuestras obras. Y con ellas vuestros nombres, Príncipes del siglo futuro, triunfadores eternos con el Cristo del Señor.

Lázaro lo mira asombrado.

 Luego susurra:

–     ¡Oh!… yo… no seré capaz…

–     ¿Tú crees?

Y Jesús coge una rama flexible de un sauce, cuyas frondas penden sobre el sendero y dice:

—     «Mira: como mi mano dobla fácilmente esta rama, el amor plegará tu alma y de ella hará una corona eterna.  El Amor es el redentor individual. 

Quién ama inicia su redención. Lo que falte, lo pondrá el Hijo del hombre.

Todo concluye.

LA FE DEL CLERO


Que Dicen los Santos sobre la Fe del Clero en los Tiempos Finales

Entre muchas profecías de santos sobre este tema, en un exorcismo en 1879, el demonio declaró:

“La Iglesia Militante tendrá que sufrir siempre un doble mal:

Exterior, por la Persecución de sus enemigos e interior, por la perversión de sus miembros”

El ataque más acentuado a la Iglesia se produce actualmente en los consagrados, sacerdotes y religiosos.

Como muchos místicos y videntes lo habían profetizado desde hace siglos. Allí, donde el Mal produce pensamientos y actos reñidos con la doctrina católica:

En curas, religiosos y monjas, se pueden ver batallas de la lucha espiritual y también purificaciones.

Algunos sucumben y pasarán por una purificación.

Y para otros funciona como una alerta de las tácticas del Maligno.

¿QUÉ DIJO MARÍA EN LA APARICIÓN DE LA SALETTE?

Si mi Pueblo no quiere someterse, estoy obligada a dejar que el Brazo de mi Hijo golpee; no puedo contenerlo más.

Recordemos el Segundo “secreto” de La Salette en Francia, en el que la vidente, cuya primera parte fue aceptada por la Iglesia, afirmó que le fue dicho el 19 de Septiembre de 1846,

Que algunos sacerdotes:

“Por sus vidas malvadas, por su irreverencia y su impiedad en la celebración de los Santos Misterios, por su amor al dinero, el amor a los honores y los placeres:

Se habían convertido en CLOACAS de IMPUREZA”.

En los conventos, las flores de la Iglesia se descomponen y el Diablo se hace el rey de todos los corazones.

Que los responsables de las comunidades religiosas estén en guardia, contra las personas que deben recibir.

Porque el Diablo recurrirá a todos sus trucos malvados para introducir a los pecadores en las órdenes religiosas…

Para desordenar y para extender el amor a los placeres, carnales POR TODA LA TIERRA. 

Agregó que muchos conventos ya no serían las casas de Dios, 

“”Sino los campos de pastoreo de los Asmodeos y su placer” (1 Corintios 10, 20-21)

El mayor Arcängel – Demonio Demonio conocido.

LAS ABERRACIONES SEXUALES Y LOS SACERDOTES

En el libro “Se procederá a la expulsión demonios”, de Derek Prince habla sobre sobre nuestros enemigos:

“Normalmente no los vemos, pero reconocemos su presencia por ciertas acciones características”. Escribió Prince, un famoso experto en liberación.

Y los que somos exorcistas, con nuestras experiencias vividas lo corroboramos.

Porque  cuando nuestra voluntad NO ESTÁ FUSIONADA CON NUESTRO AMOR, A LA VOLUNTAD DIVINA…

ÉSTAS SON ALGUNAS DE LAS TRAMPAS A LAS QUE NO SOBREVIVIMOS… 

Ya que a las huestes luciferinas, se están uniendo activamente, los humanos satanizados…

Y los que niegan el Infierno y el demonio, como ‘ideas retrógradas y medievales’, ni siquiera sospechan, lo que está sucediendo.

Si tuvieran el espíritu ‘vivo’, se enterarían al menos lo que QUERRÍAN HACER. 

OJOS ESPIRITUALES ABIERTOS

Y no serían arrastrados al Abismo, como zombies idiotizados.   

“Los demonios tientan.

Los demonios acosan.

Los demonios torturan.  

Los demonios provocan accidentes y desastres, tanto de influencia humana como naturales. (Con el ocultismo)

Los demonios pueden afectar nuestro entorno físico y material. (Con la brujería) 

Los demonios tienen ‘poder sobrenatural‘ sobre nuestras cosas materiales (Con la magia)

Los demonios controlan TOTALMENTE nuestros pensamientos, especialmente los relacionados con la maldad… 

Los Demonios obligan. 

Los demonios agreden Y PUEDEN MATAR.

Los demonionos controlan nuestros sentimientos…

Los demonios esclavizan.

Los demonios causan adicciones. (el sexo y sus perversiones TAMBIÉN lo son)

Los demonios nos hacen pecar y cometer maldades… y luego torturan con sentimientos de culpa.

Los demonios contaminan.

Los demonios engañan.

Los demonios atacan al cuerpo físico”.

El campo de batalla es la mente.

Por lo general, las personas que más confían en sus capacidades físicas y mentales, son las más abiertas a este tipo de ataque demoníaco” (por la SOBERBIA)

Por eso necesitamos en cambio CONFIAR en Dios y COMBATIR con la Oración.

Porque prácticamente todas las formas de aberración sexual compulsiva, son el resultado de la presión demoníaca.

Esto incluye TODOS LOS TRASTORNOS EN LA CONDUCTA SEXUAL, porque sin darnos cuenta, la CURIOSIDAD es el anzuelo, con el que somos enganchados…

Los siguientes pasos son: la OPRESIÓN, LA OBSESIÓN Y LA COMPULSIÓN…

En las diferentes ESTRATEGIAS como la masturbación, la pornografía, la fornicación, el adulterio, la TRANSEXUALIDAD, la homosexualidad, el lesbianismo, el afeminamiento y todo tipo de perversión.

Esto con respecto a lo que Pablo dice “porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto”[Efesios 5:12].

LA MAYOR TRAMPA, es querer disculparnos diciendo: “El verdadero CULPABLE es Satanás.

Le funcionó con Adán y Eva y cuando cometemos maldades Y NO QUEREMOS RESPONSABILIZARNOS, cometemos el mismo ERROR.  (Génesis 3, 12-14)

LOS PECADOS LOS COMETEMOS NOSOTROS y es en nuestra alma en donde los concebimos y les damos vida, para convertirlos en flagelos y esclavizarnos.

Adán y Eva EXPIARON y siguen expiando, con una vida de sufrimiento y arrepentimiento hasta que consiguieron el Perdón divino;

luego cuando Jesús volvió a abrir las Puertas del Cielo, fueron rescatados por el Sacrificio Divino y admitidos en la Gloria celestial.

El problema LO TIENEN, los JUDAS ACTUALES.

Los que ya tenemos experiencias con las que ‘vivimos el Cielo en la Tierra’ sabemos, porque también lo hemos experimentado, los tormentos que VIVEN las almas en el Infierno.

La situación que tiene Judas de Keriot y la que les espera a los sacerdotes incrédulos y perversos y que puede SER PEOR que la del mismo Judas.

Porque él fué engañado y se tragó el sebo con sedal y plomada, pero por su suicidio NO FUÉ UN TESTIGO VIVO de la Resurrección de Jesús,

ni tuvo acceso a los milagros eucarísticos, con los que el Señor sigue HUMILLANDO su Divinidad.

En nuestra Iglesia, los demonios convencieron a muchos seminaristas y sacerdotes que son homosexuales y les hicieron arder con una lujuria sobrenatural.

Y lo mismo se podría hablar de la soberbia intelectual, el desprecio de lo sobrenatural y de la religiosidad popular.

LA APOSTASÍA FUE PROFETIZADA

En la última década hemos sido testigos de la mayor apostasía del clero católico en toda la historia.

En lo que se ha dado en llamar el “abuso sexual” o “pederastia”, que tanto ha costado a sacerdotes, laicos y a la institución eclesial.

Este pecado es claramente producto de una pérdida de Fe.

Decenas de sacerdotes abusaron de fieles menores de edad o no, algunas veces protegidos por sus superiores.

Pero ésta es sólo una de las formas de apostasía.

Está la homosexualidad, la pérdida de sentido de la sobrenaturalidad, etc.

‍Esto no es casual.

La apostasía del clero está profetizada por varios santos, místicos y videntes, de los cuales publicamos algunos textos.

Pero además en la medida que la lucha entre el maligno y la Virgen (con las huestes de San Miguel Arcángel) arrecie, es lógico que los más atacados sean los sacerdotes.

Pues son las almas elegidas por Dios para llevar la comunión a la humanidad.

SAN PÍO DE PIETRELCINA

En una carta a su director espiritual:

“En la mañana del viernes, me hallaba todavía en el lecho, cuando se me apareció Jesús. Se hallaba de mala traza y desfigurado.

Y me mostró una gran multitud de sacerdotes religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia.

De ellos unos estaban celebrando, otros iban a celebrar y otros habían celebrado.

La contemplación de Jesús, así angustiado, me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento.

No obtuve ninguna respuesta.

Pero miraba a aquellos sacerdotes, hasta que como cansado de mirarlos, retiró la vista y con gran horror mío, pude apreciar que dos lágrimas surcaban las mejillas.”

Se alejó de aquella multitud de sacerdotes con una expresión de gran disgusto y desprecio llamándolos “macellai” (carniceros).

Y vuelto hacia mí, dijo:

Hijo mío, no creas que mi agonía haya durado tres horas, NO; yo estaré en agonía por motivo de las almas más favorecidas por Mí, hasta el fin del mundo.

Durante el tiempo de mi agonía hijo mío, no hay que dormir, mi alma busca una gotita de compasión humana, pero ¡Ay! que me dejan solo bajo el peso de la indiferencia.

La ingratitud y sueño de mis ministros me hacen más dura la agonía. ¡Ay! que mal corresponden a mi amor.

Lo que más me hace sufrir es que éstos a su indiferentismo añaden el desprecio y la incredulidad.

¡Cuántas veces estaba para acabar con ellos si no hubieran detenido mi brazo los ángeles y las almas enamoradas…!

Escríbele a tu Padre, y refiérele esto que has visto y has oído de Mí esta mañana.

Jesús continuó todavía, pero aquello que me dijo no podré manifestarlo a criatura alguna de este mundo.

Esta aparición me causó tal dolor en el cuerpo y mayor todavía en el alma que por todo el día sentí una gran postración y hubiera creído morirme, si el dulcísimo Jesús no me hubiera sostenido.

Estos nuestros desgraciados hermanos corresponden al Amor de Jesús; arrojándose con los brazos abiertos en la infame secta de la masonería.

Roguemos por ellos a fin de que el Señor ilumine sus mentes y toque sus corazones”.

SOR MARÍA ANGÉLICA MILLET

El sacerdocio entró en el secreto de Satán, la francmasonería sacerdotal.

Respecto del estado de la Iglesia, Sor María Angélica tiene en 1919, una revelación de Nuestro Señor:

“Es horroroso lo que Él me dijo y me muestra la francmasonería sacerdotal.

Él estaba tan triste. Triste hasta dejarme ver las lágrimas en sus ojos diciéndome:

‘Yo tengo sacerdotes coaligados contra Mí. El sacerdocio entró en el secreto de Satán, él me libra a su odio y Mi corazón es de nuevo traspasado por él…”

SAN PIO X

Mientras daba una audiencia entró en una somnolencia misteriosa, cuando volvió en sí, exclamó:

“Esto que veo es horroroso.

¿Seré yo?

¿Será mi sucesor?

Lo que es seguro es que el Papa dejará Roma. Y para salir del Vaticano, le será necesario pasar sobre los cadáveres de sus sacerdotes”.

Al Canónigo Thellier de Poncheville, San Pio X le dijo: “Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes…”

BEATA ANA MARÍA TAIGI

El cuerpo de la Beata Ana María Taigi se encuentra incorrupto, en Roma.

El 31 de agosto de 1816, ella oye de Nuestro Señor:

“Oh Roma, Roma. Hijos criminales.

¿Ignoráis el bien que os hice?… Tomo nota de vuestra respuesta…

Pero cuando Mi Padre Celestial dé la orden…!”

Amada Mía: verás como terminará Roma.”

“Sabe que ahora caen como la nieve las almas en el Infierno… que lloren y sollocen amargamente…

No se puede llamar ya a Roma la Santa… Tú los ves, lo ves claramente con tus propios ojos… Viven como bestias…

Los hombres… No buscan aquí abajo más que el lujo, placeres y satisfacciones… Y se dejan llevar de toda clase de deseos culpables…  

Las almas caen al Infierno, como las hojas en el otoño…

Y muchos se me quejan todavía de no poder llevar el peso de sus miserias. Pero si yo pudiera hablarte… quisiera abrirte Mi Corazón…

Me vengaré… en ellos”

Según el Cardenal Sallotti, que tuvo acceso a todas las actas del proceso de beatificación, 

Nuestro Señor le mostró las tramas de las fuerzas secretas contra el alto clero.

‍En una ocasión Él le dirigió palabras de fuego contra los sacerdotes que contaminaban los altares

Ella vio también el futuro castigo y al fin el Triunfo de la Iglesia.

Dios quiere purgar la Tierra y su Iglesia, para lo cual está preparando una plantación nueva de almas desconocidas que operarán grandes y sorprendentes milagros (Mons. Sallotti, págs. 300-340).

UN TESTIMONIO INESPERADO (1879)

“El querer conciliar la Fe con el espíritu moderno, conduce mucho más allá de lo que se piensa: no solo al debilitamiento, sino A LA PÉRDIDA TOTAL de la Fe”

En un exorcismo, el 14 de febrero de 1879, el demonio se vio obligado a declarar:

“Desde el Pontificado de Pío IX la Iglesia entró en una nueva fase de dolorosas pruebas.

La Iglesia Militante tendrá que sufrir siempre un doble mal:

Exterior, por la persecución de sus enemigos;

Interior, por la perversión de sus miembros.

Desde Pío IX ese doble mal creció continuamente, debido a un asalto extraordinariamente fuerte sobre la tierra por parte de los espíritus infernales.”

Después dijo:

“Yo tengo más servidores que la Virgen de ustedes.

Para ustedes, Ella es toda misericordia, para nosotros terrible; más terrible que su Hijo” ( Victoria de la Inmaculada — Relatos de exorcismos, Viena, 1968, págs. 22 y ss.)

SANTA GEMA GALGANI

Santa Gema:

“Son necesarias víctimas para impedir el gran castigo que nos amenaza”.

En la fiesta de Pentecostés, el año 1902, la santa tuvo una visión:

Nuestro Señor le mostró la desgraciada situación de la Iglesia y de sus ministros.

‍Un año antes, en 1901, Nuestro Señor le había dicho (octubre de 1901):

“Hija Mía, ¡Qué de ingratitud y malicia hay en el mundo! Los pecadores viven impenitentes y endurecidos en sus faltas.

Mi Padre no puede soportarlos más.

Las almas viles y débiles no hacen ningún esfuerzo para dominar la carne, las almas afligidas se desconciertan y desesperan; las almas fervorosas se entibian cada vez más.

Los servidores de Mi Santuario..: la indiferencia crece día a día y nadie se corrige”.

En un éxtasis místico, en mayo de 1901, Santa Gema oyó a Nuestro Señor:

“Yo tengo necesidad de una gran expiación, sobre todo por los pecados y sacrilegios con los cuales me ultrajan los Ministros de Mi Santuario”.

Ella se ofreció como víctima y murió el sábado Santo de 1903.

SAN BENITO JOSÉ LABRÉ

Al respecto de la crisis de la Iglesia católica.

“Benito — cuenta el P. Marconi, su confesor — me ha hablado también de otras visiones que él tenía, mas siempre para acusarse como tentaciones.

Así, él me ha expuesto que veía en fuego ya un lugar, ya otro, de aquellos donde había pasado en sus viajes por Francia…

Mas los hechos han bien probado que en lugar de tentaciones eran ilustraciones divinas representando en su espíritu el porvenir, bajo la forma de incendios que consumían ora un lugar, ora otro…

Yo debo acrecentar que más de una vez él me expone que me veía a mí y al Santísimo Sacramento, como cubierto de inmundicias, y diciéndolo, las lágrimas le corrían de los ojos.

Él me repite aún estas palabras en su última confesión, y él terminaba siempre diciendo que ‘la sola penitencia’ podía desarmar la cólera de Dios…

Me parece que yo no me alejaría mucho de la verdad si el ‘vous’ que usaba entonces el santo dirigiéndose a mí, se tomaba no como personal, mas como calificativo, de suerte que él hubiera querido hablar, no de mi persona en particular.

Sino en general de los sacerdotes que él veía cubiertos de inmundicias, para significar lo que sucedería en Francia en el orden sacerdotal, sea en lo físico, sea en lo moral”.

Eleonora Mazza, abadesa de Monte Lupone, cuenta en carta al P. Marconi, después de la muerte de San Benito, hizo saber a las religiosas del monasterio de Santa Clara en Verona:

“Que la Iglesia estaba amenazada de males más grandes aún que aquellos que la afligían y que él no los vería”

SAN LUIS M. GRIGNION DE MONTFORT

Desolatione desolata est omnis terra; la impiedad está sobre un trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación entró hasta en el lugar santo… ( Tratado de la Verdadera Devoción…, pág. 303).

VENERABLE BARTOLOMÉ HOLZHAUSER

Sobre la crisis de la Iglesia dice:

“Dios dejará libre curso a su cólera ya anunciada, incluso en otras partes.

No quedarán más que pocos hombres,

los reinos serán destruidos, los principados serán aniquilados, las repúblicas disueltas, las gentes distinguidas rebajadas y casi reducidas a la mendicidad.

El ‘tigre’ afligirá a la Iglesia y sobre la Tierra reinarán la más grandes de las miserias, una miseria que lanzará por todos lados la confusión”.

SANTA HILDEGARDA

Sobre la crisis religiosa en la Iglesia y la restauración del orden cristiano:

Que la justicia, la honestidad de las costumbres y la dignidad de las virtudes restauradas por los profetas después del diluvio hasta la venida de Jesucristo,

y después de ellos por los apóstoles y doctores de la Iglesia, que brillarán por mucho tiempo, se depravarán en lo sucesivo.

Pero que después de aquellos días malos recobrarán su antiguo brillo entre los hombres antes del Fin de los Tiempos y después de grandes tribulaciones”

Castigo de Dios sobre los malos pastores:

“Tomando a su cargo la causa de la justicia, el Soberano Juez castigará a los prevaricadores y sobre todo, a los malos pastores de la Iglesia.

Permitiendo que se les despoje de sus bienes temporales, antes de reducirlos por medio de las tribulaciones.

Purificado por fin con tantas pruebas, cada orden, eclesiástica y seglar, recobrará su fervor y dignidad primera”

SANTA BRÍGIDA DE SUECIA

Nuestro Señor reclama a Santa Brígida por el estado de la Iglesia e incluso amenaza con irse a los paganos, abandonando a los cristianos y castigándolos.

Extractos de una de sus visiones y conversaciones con Nuestro Señor:

“Delante de todo el ejército celestial el Padre Eterno dice:

‘Me quejo delante de vosotros de que desposé a Mi Hija con un hombre que la trata muy mal, y le sujeta los pies en un cepo, hasta que se le secan y quedan extenuados’.

Respondió el Hijo: ‘Esa es, Padre Mío, la que Yo redimí con Mi Sangre, y recibí por Esposa, pero que ahora tratan de arrebatármela violentamente’.

Enseguida, dijo la Santísima Virgen: ‘Vos Padre Eterno, Sois Mi Dios y Mi Señor, y traje en mis entrañas a Vuestro Bendito Hijo, que es verdadero Hijo Vuestro y verdadero Hijo mío.

Mientras viví en el mundo hice vuestra voluntad, hacedme merced de apiadaros de Vuestra Hija’.

Después decían los ángeles: ‘Vos Sois nuestro Dios y Señor, y en Vos tenemos todo nuestro bien, y no necesitamos otro que a Vos.

Cuando nació Vuestra Hija la Iglesia, todos nos alegramos, y ahora con razón podíamos entristecernos porque la vemos en manos de quien tan vil y afrentosamente la trata,

compadeceos de Ella por vuestra gran misericordia, pues es mucha su miseria, y no hay quien la consuele, ni la libre, sino Vos, Señor Dios Omnipotente…’” (Celestiales revelaciones…, págs. 61-62).

En el caso de que el Papa se convirtiera en un HEREJE, se encontraría por ese solo hecho y sin ninguna otra sentencia, separado de la Iglesia.

SAN PEDRO CELESTINO

Dice lo siguiente:

“Antes que la Iglesia sea renovada, Dios permitirá que el trono de San Pedro sea vacante”.

SOR MARIANA DE JESÚS TORRES

El ángel de la guardia le dice:

‘Vendrán tiempos amargos en que se habrá dejado el Oficio Parvo, y se habrá debilitado el espíritu. ¡­Ay! de aquellos que hayan tomado parte en esto’”.

Nuestra Señora del Buen Suceso:

“Este Monasterio será muy perseguido en los siglos venideros, llegando la persecución al extremo de atentar contra la vida de mis hijas.

No consiguiendo eso, trabajarán con tenacidad infernal, por su extinción, valiéndose de religiosos y de la autoridad Superior.

Sin embargo, como nada pueden los hombres contra las obras de Dios tendré en este mismo solar hijas dignas de mi amor”.

Nuestra Señora le anuncia la total decadencia de la Fe a fines del siglo XIX hasta más allá de la mitad del siglo XX:

“Al finalizar el siglo XIX y hasta un poco más de la mitad del siglo XX, en la hoy colonia,

y en la entonces República del Ecuador se desbordarán las pasiones y habrá una total corrupción de las costumbres por reinar Satanás en las sectas masónicas.

Ellas tenderán principalmente a corromper a los niños de estos tiempos, el sacramento del Bautismo lo recibirán difícilmente, la Confirmación de igual manera,

el sacramento de la Penitencia solo cuando permanezcan en las escuelas católicas, las que pondrá el diablo todo empeño para destruirlas valiéndose de pésimas autoridades, el de la Comunión de igual manera”.

12. ¡Mirad, hermanos!, que no haya en ninguno de vosotros un corazón maleado por la incredulidad que le haga apostatar de Dios vivo; 13. antes bien, exhortaos mutuamente cada día mientras dure este = hoy, = para que ninguno de vosotros se = endurezca = seducido por el pecado. 14. Pues hemos venido a ser partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio. 15. Al decir: = Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, = 16. ¿quiénes son los que, = habiéndole oído, = le movieron = querella? = ¿Es que no fueron todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés? 17. Y ¿contra quiénes = se irritó durante cuarenta años? = ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos = cadáveres cayeron en el desierto? = 18. Y ¿a quiénes = juró que no entrarían en su descanso = sino a los que desobedecieron? 19. Así, vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad. HEBREOS 3,

65 EL PRIMER APÓSTOL MÁRTIR


65 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Atraviesan el manzanar y los viñedos y siguen caminando hasta que se distingue la casa del fariseo.

Es una casa bien construida en medio de un huerto de árboles frutales, ya sin fruta.

Es una casa campirana rica y cómoda.

Pedro con Simón, van por delante para avisar.

aparece la casa del fariseo: ancha, baja, bien construida, entre árboles ya despojados de sus frutos. una casa de campo, pero rica y cómoda.

Pedro y Simón se adelantan para avisar.

Sale Doras.

Es un viejo con perfil duro y rapaz. Ojos irónicos y boca de sierpe que gesticula con una sonrisa falsa, entre la barba que es más blanca que negra.

Saluda familiarmente y con manifiesta condescendencia:

–    Salud Jesús.

Jesús responde sin darle la paz:

–   Tenla igualmente. 

–   Entra. La casa te acoge. Has sido puntual como un rey.

Jesús puntualiza:

–    Como hombre honrado.

Doras ríe con sorna.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos que no han sido invitados:

–    Entrad. –y mirando al fariseo, agrega- Son mis amigos.

–    Que entren. Pero, ¿Aquel no es el alcabalero; el hijo de Alfeo?

Jesús, poniendo su mano sobre el hombro de Mateo, contesta con un tono glacial y majestuoso:

–    Este es Mateo; el discípulo del Mesías.

El fariseo entiende y ríe con más sorna que antes.

Doras querría aplastar al ‘pobre maestro galileo’ bajo la opulencia de su casa que por dentro es fastuosa. Grandiosa y fría.

Los siervos parecen esclavos, caminan inclinados, rápidos y temerosos siempre de ser castigados al menor pretexto.

La casa da la impresión de que en ella reina la crueldad y el odio. 

Doras dice con soberbia:

–    Mi suegro, Caifás; no creyó que vendrías.

Jesús no se deja aplastar con la ostentación de las riquezas, ni con recordarle la posición y el parentesco.

Y Doras que comprende la indiferencia del Maestro, lo lleva consigo por el jardín, en donde hay más árboles.

Le muestra plantas raras y le ofrece frutos de ellas, que los siervos han traído en palanganas y en copas de oro.

Jesús prueba y alaba la exquisitez de las frutas, algunas conservadas como en jalea y adornadas con duraznos bellísimos. Otras parecen peras de un tamaño raro.

Doras no pierde la oportunidad de manifestar:

–    Soy el único en Palestina que tengo estas frutas y creo que ni siquiera las hay en toda la península.

Las mandé traer de Persia y de lugares más lejanos todavía. La caravana me costó casi un talento. Pero ni siquiera los tetrarcas tienen estas frutas.

Probablemente ni el mismo César. Cuento las frutas y recojo todas las semillas. Las peras, sólo se comen en mi mesa, porque no quiero que se roben ni una semilla.

Le envío a Annás, pero tan solo cocidas, porque así ya son estériles.

Jesús dice:

–     Y sin embargo son plantas de Dios. Y los hombres, todos son iguales.

Doras se escandaliza:

–    ¿Iguales? ¡Nooooo! ¿Yo igual a… a tus galileos?

–     El alma viene de Dios y las crea iguales.

El ministro del Templo se esponja como un pavo real y parece erguirse lleno de soberbia cuando dice con manifiesta superioridad:

–           Pero yo soy Doras el fiel Fariseo…

Y continúa con una larga perorata de la supremacía de la clase sacerdotal del pueblo hebreo sobre todos los demás pobres humanos que habitan la tierra. 

Jesús lo atraviesa con sus ojos de zafiro que se encienden cada vez más; señal precursora en Él, de un acto de piedad o de rigor.

Jesús, de vestido purpúreo; es mucho más alto que Doras y domina imponente a este pequeño y encorvado fariseo, embutido en su vestido amplísimo y con una impresionante abundancia de franjas.

Doras, después de un tiempo de auto admiración de sí mismo, exclama:

–     Pero Jesús, ¿Por qué enviar a la casa de Doras el Fariseo puro; a Lázaro, hermano de una prostituta?

¿Lázaro es tu amigo? ¡No debe serlo! ¿No sabes que está en el Anatema, porque su hermana María es una prostituta también de los romanos?

–     El único Lázaro que conozco, es el de sus acciones honradas.

–    Pero el mundo recuerda el pecado de esa casa.

Y ve que su mancha se extiende también sobre los amigos. ¡No vayas! ¿Por qué no eres Fariseo? Si quieres… yo soy poderoso.

Puedo hacer que te acepten en el Sanedrín, no obstante que tú seas Galileo.

En el Sanedrín puedo todo. Annás está en mis manos, como este pedazo de paño en mi manto. Serás poderoso y temido.

–    Yo solo quiero ser amado.

–    Yo te amaré. Ve cuanto te amo, que te cedo atendiendo a tu deseo a Jonás.

–    Lo he pagado.

–    Es verdad. Y me sorprendió que pudieras disponer de tal cantidad.  

–    No fui Yo. Sino un amigo que lo hizo por Mí.

–    Bien, bien no indago. Digo: ve que te amo y quiero hacerte feliz.

Tendrás a Jonás, después de la comida. Sólo por Ti hago este sacrificio. – y su sonrisa destella con inaudita crueldad.

Jesús lo mira cada vez con mayor rigor. Con los brazos cruzados sobre el pecho.

Están todavía en el huerto del jardín, en espera de la comida.

Con ansiedad mal disimulada, Doras dice:

–    Me debes hacer un favor. Alegría por alegría. Te doy mi mejor siervo.

Me privo por tanto de una utilidad futura. Supe que viniste al principio del verano y tu bendición este año, me dio cosechas que hicieron célebres mis posesiones.

Bendice ahora mis ganados y mis campos.

Para el año próximo extrañaré a Jonás. Y mientras encuentro a otro igual a él; ven. Bendice. Dame la alegría de que se hable de mí por toda Palestina.

Y de tener rediles y graneros que revienten de abundancia. ¡Ven!     

Lo toma por el brazo y lo jala, tratando de llevarlo a la fuerza; empujado por la avaricia y la ambición de su desenfrenada sed por el oro.

Jesús se opone:

–    ¿Dónde está Jonás? –pregunta con energía.

Doras contesta evasivo:

–    En los arados. Ha querido seguir trabajando en agradecimiento a su buen patrón.

Pero vendrá antes de que termine la comida. Mientras tanto, ven a bendecir los ganados y los campos.  Los árboles frutales, las viñas y los olivares.

¡Todo! ¡Todo! ¡Oh! ¡Qué fértiles serán el año entrante! Ven, pues.

Jesús dice con un tono mucho más fuerte:

–    ¿Dónde está Jonás?

–    ¡Ya te lo dije! Al frente de los arados. Es el capataz y no trabaja: preside.

–    ¡Mentiroso!

–    ¿Yo? ¡Lo juro por Yeové!

–     ¡Perjuro!

–    ¿Yo? ¿Yo, perjuro? Yo soy el fiel más fiel. ¡Ten cuidado cómo me hablas!

–     ¡ASESINO!

Jesús ha ido levantando cada vez más fuerte la voz y la última palabra RETUMBA como si fuera un trueno.

Los discípulos se acercan a Él.

Los siervos se asoman por las puertas,  temerosos.

El Rostro de Jesús es formidable en su severidad. Parece como si sus ojos lancen rayos fosforescentes.

A Doras, por un momento lo sobrecoge el miedo.

Se hace más pequeñito, en su montón de tela finísima, junto a la majestuosa persona de Jesús; vestido con su túnica de lana pesada en un tono púrpura.

Más de pronto la soberbia se apodera de él otra vez y grita con voz chillona, como una zorra furiosa:

–  ¡En mi casa sólo yo doy órdenes! ¡Sal de aquí, vil galileo!

–  ¡Saldré después de haberte maldecido a ti, a tus campos, ganados y viñas; para este año y para los que vengan!

Doras chilla como fiera malherida:

–    ¡Nooo! ¡Esto no!

Sí, es verdad. Jonás está enfermo. Pero se ha curado. Se ha recuperado. ¡Retira tu maldición!

Jesús insiste:

–   ¿Dónde está Jonás? –y ordena implacable- ¡Que un siervo me conduzca a él, al punto! Yo lo pagué.

Y puesto que tú lo consideras como una mercancía. Como una máquina; como a tal lo tomo. Y como lo he comprado, lo quiero.

Doras saca un silbato de oro de entre su pecho y silba tres veces.

Acuden corriendo muchos siervos de la casa y del campo, ante su temido dueño.

Éste ordena:

–   ¡Llevad a éste a donde está Jonás y entregádselo! ¿A dónde vas?

Jesús ni siquiera responde.

Camina detrás de los siervos que se han precipitado más allá del jardín; hacia donde están las casuchas de los campesinos.

Entran en la paupérrima choza de Jonás.

Él, literalmente es un esqueleto semidesnudo que respira fatigosamente por la fiebre, sobre un lecho de cañas.

En el que sirve de colchón un vestido remendado. Y de cobija, un manto todavía más roto. Una joven lo cuida como puede.  

Jesús dice con infinita ternura:

–   ¡Jonás, amigo mío! ¡He venido a llevarte!

–   ¿Tú? ¡Señor, mío! ¡Me muero! ¡Pero soy muy feliz por tenerte aquí!

–    Fiel amigo, eres libre desde ahora. Y no morirás aquí. Te llevo a mi casa.

–    ¿Libre? ¿Por qué? ¿A tu casa? ¡Ah, sí! Habías prometido que vería a tu Madre.

Jesús es todo amor. Se inclina sobre el miserable lecho del infeliz pastor.

Y dice:

–     Pedro, tú eres fuerte. Levanta a Jonás.

Y vosotros, dadle el manto. Este lecho es demasiado duro para cualquiera en estas condiciones.

Los discípulos rápidamente se quitan los mantos.

Los doblan varias veces y le improvisan una camilla.

Pedro coloca su carga de huesos y Jesús lo cubre con su propio manto.

Cuando está listo Jesús pregunta:

–    Pedro, ¿Tienes dinero?

–   Sí, Maestro. Tengo cuarenta denarios.

–    Está bien. Vámonos.

Ánimo Jonás. Todavía un poco de molestia. Y después, habrá mucha paz en mi casa, cerca de María.

–     María. ¡Sí! ¡Oh! –en medio de su agotamiento, Jonás no hace más que llorar.

Jesús dice a la joven:

–     Adiós, mujer. El Señor te bendecirá por tu misericordia.

–    Adiós, Señor. Adiós Jonás. Ruega. Rogad, por mí. – y la joven llora.

Cuando están por salir, aparece Doras.

Jonás por un momento se llena de terror y se tapa la cara.

 Jesús le pone una mano sobre la cabeza y sale a su lado; más severo que un Juez.  

El miserable cortejo sale al patio y toma el camino del jardín.

Doras, en el colmo de la vileza, exclama:

–    ¡Este lecho es mío! ¡Te vendí el siervo, no el lecho!

Jesús le arroja a los pies la bolsa sin hablar.

Doras la toma. La vacía y cuenta…

–    Cuarenta denarios y cinco dracmas. ¡Es poco!

Jesús mira al avariento y repugnante hombre en tal forma, que es imposible describirla. No dice nada.

Doras insiste:

–   Dime al menos que retiras el anatema.

Jesús lo fulmina con una nueva mirada y una nueva frase:

–     Te pongo en manos del Dios del Sinaí.

Y pasa muy erguido al lado de la rústica camilla que llevan pedro y Andrés.

Doras, al ver que todo es inútil. Que su condena es segura,

Grita:

–    ¡Nos veremos, Jesús! ¡Oh! ¡Te atraparé! ¡Te haré guerra a muerte!

Llévate a esa piltrafa de hombre. Ya no me sirve. Me ahorraré el entierro. ¡Vete! ¡Vete! ¡Satanás maldito!

¡Pondré contra Tí a todo el Sanedrín! ¡Satanás! ¡Satanás!

Jesús aparenta no oír.

Los discípulos están consternados.

Jesús se preocupa sólo de Jonás. Busca los caminos más planos.

Pero desde el Esdrelón hasta Nazareth, el camino es largo y no se puede avanzar ligeros con la piadosa carga.

Continúan en silencio por el camino principal.

Jonás parece que duerme, pero no suelta la mano de Jesús.

Al atardecer son alcanzados por un carro militar romano.

Jesús levanta el brazo y dice:

–   En el Nombre de Dios, deteneos.

Los soldados se detienen. Del carro se asoma la cabeza de un tribuno militar.

Éste pregunta a Jesús:

–   ¿Qué quieres?

–   Tengo un amigo que se está muriendo. Os pido para él, un lugar en el carro.

–   No debería. Pero sube. Tampoco somos perros.

Suben la camilla.

El tribuno pregunta:

–     Tú amigo… ¿Quién eres?

–     Jesús de Nazareth. 

El oficial lo mira curioso y dice:

–     ¡Oh! ¿Tú? ¡Entonces sí eres tú!

Subid cuantos podáis. Basta con que no os asoméis. Así son las órdenes.

Pero sobre las órdenes está el ser humano. ¿O no? ¡Y Tú eres Bueno, lo sé! ¡Eh! Nosotros los soldados, todo lo sabemos. 7

¿Cómo lo sé? Hasta las piedras hablan en bien y en mal. Nosotros tenemos orejas para oír y servir al César.

Tú no eres un falso Mesías como los anteriores, sediciosos y rebeldes. Tú eres bueno. Roma lo sabe.

Observa mejor a Jonás y exclama:

–    Oye, pero… ¡Este hombre está muy enfermo!

Jesús responde:

–    Por eso lo llevo a casa de mi Madre.

–   ¡Ummm! ¡Poco tendrá que cuidarlo! Dale un poco de vino de esa cantimplora.

¡Áquila! –Llama al conductor y ordena-  Arrea los caballos.

–   ¡Quinto! Tú dame dos raciones de pan, de miel y mantequilla de las mías.

Y explica a Jesús:   

–    Es todo lo que tengo, pero le hará bien. Para la tos que trae, la miel le aliviará.

–    Eres bueno.

–    No. Soy menos malo que muchos. Estoy contento de tenerte conmigo.

Acuérdate de Publio Quintiliano de la Itálica. Estoy en Cesárea, pero ahora voy a Ptolemaida. Estoy en inspección de orden.

–    No me tratas como a enemigo.

–    ¿Yo? Soy enemigo de los malos. Jamás de los buenos. Yo también quisiera ser bueno. Dime, ¿Qué doctrina predicas, para nosotros los hombres de armas?

–   La doctrina es única para todos los hombres. Justicia, honradez, continencia, piedad. Ejercer el propio oficio sin abusos.

Aún en los duros momentos de la guerra, no olvidar al ser humano.

Buscar de conocer la Verdad; o sea, a Dios Uno y Eterno, sin cuyo conocimiento cualquier acción está privada de la Gracia y por lo tanto del premio eterno.

–   Y cuando esté muerto, ¿Qué me interesa el bien hecho?

–    Quién se acerca al Dios Verdadero, encuentra ese bien en la otra vida.

–   ¿Volveré a nacer? ¿Acaso seré emperador?

–    No. Te haces igual a Dios, al unirte con Él en la eterna beatitud del Cielo.

–    ¿Cómo? ¿Yo en el Olimpo? ¿Entre los dioses?

–    No existen los dioses. Existe el Dios Verdadero.

El que Yo predico. El que te oye y pone una señal en tu bondad y en tu deseo de conocer el bien.

–   ¡Esto me basta! No sabía que Dios se pudiese ocupar de un pobre soldado pagano.

–   Él te creó, Publio. Por eso te ama y quiere que estés con Él.

–   ¡Eh! ¿Por qué no? Pero nadie nos habla de Dios, jamás.

–   Vendré a Cesárea y me escucharás.

El romano extiende el brazo y afirma:

    ¡Oh, sí! ¡Iré a oírte! Allá está Nazareth. Quisiera llevarte hasta allá. Pero si me ven…  

–    Desciendo y te bendigo por tu buen corazón.

–    Salve, Maestro.

–    El Señor se os muestre. ¡Adiós, soldados!

Descienden y vuelven a caminar.

Jesús dice alentando al enfermo:

–    Jonás, en breve vas a descansar.

Jonás sonríe. Conforme la tarde avanza, está más seguro de estar más lejos de Doras. Y más tranquilo se muestra.

Juan con su hermano Santiago, corren adelante para avisar a María.

Y cuando el pequeño cortejo llega a Nazareth, que está casi desierto en la noche que cae; María está afuera, esperando a su Hijo.

Cuando se encuentran, Jesús dice:

–    Aquí está Jonás. Bajo tu dulzura comenzará a gustar de su paraíso. ¡Feliz Jonás!

–   ¡Feliz! ¡Feliz! –murmura el extenuado pastor, como en un éxtasis.

Entran en la casita y se le lleva a la habitación en donde murió José.

Jesús dice:

–    Estás en el lecho de mi padre. Aquí estamos mi Mamá y Yo, ¿Ves?

Nazareth se convierte en Belén y tú ahora eres el pequeño Jesús, entre dos que te aman.

Ellos son los que veneran en ti al siervo fiel. No ves los ángeles, pero revolotean a tu alrededor, con alas de luz y cantan las palabras del canto navideño.

Jesús derrama su dulzura sobre el pobre Jonás, que poco a poco va debilitándose.

Parece que hubiera aguantado tanto, solo para morir aquí. Pero es feliz.

Sonríe y trata de besar la mano de Jesús; la de María y decir… decir…

Pero la falta de aliento se lo impide.

María, cual madre lo conforta.

Jonás repite con un hilo de voz:

–   Sí. Sí. –con una sonrisa en su cara de esqueleto.

Los discípulos miran  conmovidos desde la puerta del huerto.

Jesús le dice:

–    Dios ha escuchado tu gran deseo.

La estrella de tu larga noche, se convierte ahora en la estrella de tu eterno amanecer. ¿Sabes su nombre?

El agonizante responde

–   Jesús. El tuyo, ¡Oh! ¡Jesús! Los ángeles…

¿Quién está cantándome el himno angelical. Mi alma lo oye. Pero también mis orejas lo quieren oír. ¿Quién lo canta para hacerme feliz?… tengo mucho sueño.

Estoy tan cansado. ¡Muchas lágrimas! Muchos insultos… ¡Doras!… yo lo perdono.

Pero no quiero oír su voz y la oigo. Es como la voz de Satanás que no quiere dejarme en paz.

¡Oh! ¿Quién me cubre esa voz, con palabras venidas del Paraíso?

Es María; que vuelve a cantar en voz baja y en el mismo tono, el cántico con el que arrullaba a Jesús Niño…

Y lo repite porque ve que Jonás se tranquiliza al oírla.  

Después de unos minutos, Jonás dice:

–           ¡Doras ya no habla más! Sólo los ángeles… era un Niño en un pesebre… entre un buey y un asno… Y era el Mesías… Y yo lo adoré… y con Él estaban José y María…  -la voz se apaga en un breve murmullo. Y sigue el silencio…

Jesús dice:

–           ¡Paz en el Cielo al hombre de buena voluntad! ¡Ha muerto! Lo pondremos en nuestro pobre sepulcro. Merece esperar la resurrección de los muertos, junto a  mi justo padre.  

63 MADRE DEL AMOR


63 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Todos los campos de Galilea están en el festivo trabajo de la vendimia.

Los hombres, encaramados sobre altas escaleras, recogen uva de las pérgolas y de las parras; las mujeres, en cestos, sobre la cabeza, llevan racimos de oro y rubí a donde esperan los pisaúvas.

Cantos, risas, bromas corren de loma a loma, de huerto a huerto, junto al olor de mostos y a un gran zumbar de abejas que parecen ebrias de tan veloces y danzarinas

como van de los sarmientos aún restantes, aún ricos de racimos, a los cestos y a los tinos donde se pierden los granos, que ellas buscan, en el caldo turbio de los mostos.

Los niños cual faunos, pringados de zumo trinan como golondrinas corriendo por la hierba, por los patios, por los caminos.

Jesús se dirige hacia un pueblo que está a poca distancia del lago y que a pesar de ello, es de llanura.

Parece un amplio álveo entre dos lejanos sistemas montañosos orientados hacia el Norte.

La llanura está bien regada, porque la atraviesa el río Jordán.

Jesús pasa por la calzada principal.

Muchos lo saludan con el grito:

–     ¡Rabí! ¡Rabí!». Jesús pasa bendiciendo.

Antes de llegar al pueblo hay una rica propiedad, al principio de la cual un matrimonio anciano está esperando al Maestro.

El dueño del viñedo dice:

–      Entra. Cuando el trabajo cese, todos acudirán aquí para oírte.  

¡Cuánta alegría llevas contigo! Emana de ti y se extiende como la savia por los sarmientos. Y se transforma en vino de gozo para los corazones. ¿Aquélla es tu Madre? 

Jesús responde:

–     Es Ella. Os la he traído porque ahora también forma parte del grupo de mis discípulos.

El último en ser recibido, el primero en orden de fidelidad. Es el Apóstol. Me predicó aún antes de que Yo naciera… 

Luego se vuelve hacia María diciendo: 

–    Madre, ven. 

Un día – eran los primeros tiempos en que evangelizaba – esta madre fue tan dulce con tu Hijo cansado, que hizo que no llorase tu recuerdo. 

María dice:

–     Que el Señor te otorgue su don, mujer piadosa. 

La mujer contesta:

–     Ya lo poseo porque tengo al Mesías y te tengo a ti.  

El anciano invita:

–     Ven. La casa es fresca y la luz que hay en ella es moderada.  

Entran en una hermosa finca solariega.

El anciano conversando con Jesús y María conversando con la anfitriona.  

La anciana dice: 

–     Podrás descansar. Estarás fatigada.

–     Sólo me supone cansancio el odio del mundo.

Seguirlo y oírlo…! Ha sido mi deseo desde la más lejana infancia.

–     ¿Sabías que eras la futura Madre del Mesías?

–     ¡Oh, no!

Sí esperaba vivir tanto como para poder oírlo y servirle; última entre sus evangelizados, pero fiel, ¡Fiel!

–     Lo oyes y le sirves y eres la primera.

Yo también soy madre y tengo hijos sabios; cuando los oigo hablar, mi corazón salta de orgullo. ¿Qué sientes Tú oyéndolo a Él?

–     Un delicado éxtasis.

Me sumerjo en mi nada, y la Bondad – que es Él mismo – me eleva consigo.

Entonces veo con simple mirada la Verdad eterna y Ella se hace carne y sangre de mi espíritu.

–     ¡Bendito corazón tuyo!

Es puro, por ello comprende así al Verbo. Nosotros somos más duros porque estamos llenos de culpas…

–     Quisiera dar a todos mi corazón para esto, para que el amor fuera en ellos luz para comprender.

Porque, créelo, es el amor – y yo soy su Madre y por tanto en mí es natural el amor – lo que hace fácil toda empresa.

Las dos mujeres siguen hablando, la anciana junto a la muy joven, siempre muy joven Madre del Señor.  

Mientras, Jesús habla con el dueño de la casa, junto a los lagares, donde grupos y más grupos de vendimiadores vuelcan racimos y más racimos.

Los apóstoles, sentados a la sombra de una pérgola de jazmines, saborean con buen apetito uva y pan.

Ya declina el día y el trabajo cesa lentamente.

Todos los colonos están ya en el amplio patio rústico, donde hay un fuerte olor de uvas pisadas.

De casas cercanas vienen también otros campesinos.

Jesús sube por una pequeña escalera que da a un ala: una galería de arcos bajo la cual se conservan sacos de productos agrícolas y herramientas.

¡Cómo sonríe Jesús subiendo esos pocos peldaños! Lo veo sonreír entre el ondear de sus esponjosos cabellos agitados por una brisa vespertina.

¡Oh, su hermosa sonrisa tan luminosa!

La alegría de esta sonrisa entra en el corazón que cuando está triste es como ese vino de que hablaba el dueño de la casa, confortándolo.

Se vuelve. Se sienta en el último peldaño, en el punto más alto de la escalera, que se transforma en una tribuna para los más afortunados oyentes.

Es decir, para los dueños de la casa, para los apóstoles y para María, la cual, siempre humilde, ni siquiera había tratado de subir a ese puesto de honor, sino que la había conducido a él la señora.

Está sentada justamente un peldaño más abajo que Jesús, de manera que su cabeza está a la altura de las rodillas de su Hijo.

Y estando sentada de lado, Ella lo puede mirar a la cara, con su mirada de paloma enamorada. El delicado perfil de María destaca nítido como en un mármol contra el muro oscuro de la rústica galería.

Más abajo están los apóstoles y los dueños de la casa. En el patio, todos los aldeanos: unos en pie, otros sentados en el suelo, otros encaramados en los lagares o en las higueras que hay en los cuatro ángulos del patio.

Jesús habla lentamente, hundiendo la mano en un amplio saco de trigo colocado detrás de la espalda en María; parece como si estuviera jugando con esos granos o los estuviera acariciando con gusto,

mientras con la derecha gesticula sosegadamente:

–     Me han dicho: “Ven, Jesús, a bendecir el trabajo del hombre”. Heme aquí.

En nombre de Dios lo bendigo. Efectivamente, todo trabajo, si es honesto, merece bendición por parte del Señor eterno. Pero he dicho esto:

La primera condición para obtener de Dios bendición es ser honestos en todas las acciones.

Veamos juntos cuándo y cómo las acciones son honestas. Lo son cuando se cumplen teniendo presente en el espíritu al eterno Dios.

¿Puede acaso pecar uno que diga: “Dios me está mirando. Dios tiene sus ojos puestos en mí, y no pierde ni un detalle de mis acciones”? No. No puede.

Porque pensar en Dios es un pensamiento saludable y le impide al hombre pecar más que cualquier amenaza humana. ¿Pero al eterno Dios se le debe sólo temer? No. Escuchad.

Os fue dicho: “Teme al Señor tu Dios”. Y los Patriarcas temblaron, y temblaron los Profetas cuando el Rostro de Dios, o un ángel del Señor, se apareció a sus espíritus justos.

Y ciertamente es verdad que en tiempo de cólera divina, la aparición de lo sobrenatural debe hacer temblar el corazón.

¿Quién, aun siendo puro como un párvulo, no tiembla ante el Poderoso, ante cuyo fulgor eterno están en actitud de adoración los ángeles, rostro en tierra en el aleluya paradisíaco?

Dios atenúa con un piadoso velo el insostenible fulgor de un ángel, para concederle al ojo humano poder mirarlo sin que se le queden abrasadas pupila y mente.

¿Qué será entonces ver a Dios? Pero esto es así mientras dura la ira.

Cuando ésta queda sustituida por la paz y el Dios de Israel dice:

“He jurado y mantengo mi pacto. He ahí a quien envío y soy Yo, aun no siendo Yo sino mi Palabra que se hace Carne para ser Redención”

Entonces el amor debe -suceder al temor, y sólo amor debe dársele al eterno Dios, con alegría; porque el tiempo de paz ha llegado para la Tierra.

La Paz ha llegado entre Dios y el hombre.

Cuando los primeros vientos de la primavera esparcen el polen de la flor de la vid, el agricultor debe temer aún, dado que la intemperie y los insectos pueden tenderle al fruto muchas insidias.

Más cuando llega la feliz hora de la vendimia, ¡Ah!, entonces cesa todo temor y el corazón se regocija por la certeza de la cosecha.

E1 Vástago de la estirpe de Jesé, habiendo sido previamente anunciado por las palabras de los Profetas, ha venido; ahora está entre vosotros.

Él es Racimo óptimo que os trae el zumo de la Sabiduría eterna y no pide sino ser cogido y exprimido y ser así Vino para los hombres.

Él es Vino de alegría sin fin para aquellos que se nutran con Él.

Pero, ¡Ay de aquellos que habiendo tenido a su alcance este Vino lo hayan rechazado!

¡Y tres veces desdichados aquellos que después de haberse nutrido con Él, lo hayan rechazado o mezclado en su interior con la comida de Satanás!

Y así vuelvo al primer concepto.

La primera condición para obtener la bendición de Dios, tanto en las obras del espíritu como en las del hombre, es la honestidad de propósitos.

Honesto es el que dice: “Sigo la Ley, no para obtener de ella alabanza por parte de los hombres, sino por fidelidad a Dios”.

Honesto es aquel que dice: “Sigo a Cristo, no por los milagros que hace, sino por los consejos que me da de vida eterna”.

Honesto es quien dice: “Trabajo, no por ávido lucro, sino porque también el trabajo ha sido puesto por Dios como medio de santificación por su valor formativo, mortificante, preservativo, elevante;

trabajo para poder ayudar a mi prójimo; trabajo para poder hacer resplandecer los prodigios de Dios, que de un granito minúsculo hace una macolla de espigas,

de una semilla de uva hace una gran cepa, de la semilla de un fruto hace un árbol.

Y de Mí, hombre, pobre nada, sacado de la nada por voluntad suya, hace un ayudante suyo en la obra infatigable de perpetuar los cereales, vides y árboles frutales, como en la de poblar la Tierra de hombres”.

Hay personas que trabajan como bestias, pero sin otra religión aparte de la de aumentar sus riquezas.  

¿Que muere de aprietos y cansancio delante de él el compañero que ha sido menos favorecido por la suerte? ¿Que se mueren de hambre los hijos de este miserable? ¿Y qué le importa al ávido acumulador de riquezas?

Hay otros todavía más duros, que no trabajan pero obligan a trabajar, y atesoran con el sudor ajeno.

Y hay otros que dilapidan lo que avaramente arrebatan al esfuerzo ajeno. En verdad, en éstos el trabajo no es honesto. Y no digáis: “Y a pesar de todo Dios los protege”.

No. No los protege. Hoy gozarán de una hora de triunfo, pero no pasará mucho tiempo sin que los alcance la severidad divina, que, en el tiempo o en la Eternidad, les recordará este precepto: 

“Yo soy el Señor tu Dios, ámame sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como a ti mismo'”.

¡Oh, entonces, verdaderamente, si esas palabras resuenan eternamente, serán más tremendas que los rayos del Sinaí!

Muchas, demasiadas son las palabras que se os dicen. Yo os digo sólo éstas: “Amad a Dios. Amad al prójimo”.

Son como el trabajo que hace fecundo al sarmiento, realizado con la vid en primavera.

El amor a Dios y al prójimo es como la grada que limpia el suelo de las hierbas nocivas del egoísmo y de las malas pasiones.

Es como la azada que excava un círculo en torno a la cepa para que quede aislada del contagio de hierbas parásitas y nutrida con frescas aguas de riego;

es como cizalla que elimina lo superfluo para condensar la energía y dirigirla hacia donde dará fruto; es lazo que aprieta y sostiene junto al robusto palo;

es, finalmente, sol que madura los frutos de la buena voluntad haciendo de ellos frutos de vida eterna.

Exultáis ahora porque el año ha sido bueno, ricas las mieses y óptima la vendimia.

Pero en verdad os digo que este júbilo vuestro es menos que un diminuto granito de arena en relación con el júbilo sin medida que será vuestro cuando el eterno Padre os diga:

“Venid, fecundos sarmientos míos injertados en la verdadera Vid.

Vosotros os prestasteis a toda operación, aunque fuera penosa, con tal de dar abundante fruto, y ahora venís a Mí cuajados de los zumos dulces del amor a mí y al prójimo.

Floreced en mis jardines durante toda la eternidad”.

Tended a este eterno goce. Perseguid con fidelidad este bien. Agradecidos, bendecid al Eterno, que os ayuda a alcanzarlo.

Bendecidlo por la gracia de su Palabra, bendecidlo por la gracia de la buena cosecha.

Amad con gratitud al Señor y no tengáis miedo. Dios da el ciento por uno a quien le ama.

Jesús habría terminado, pero todos gritan:

–      ¡Bendícenos, bendícenos! ¡Danos tu bendición!

Jesús se levanta, extiende los brazos y dice con voz de trueno:

–      Que el Señor os bendiga y guarde, os muestre su faz y tenga piedad de vosotros. Que el Señor vuelva hacia vosotros su rostro y os dé su paz.

Que el nombre del Señor esté en vuestros corazones, en vuestras casas y en vuestros campos.

La multitud, la pequeña multitud reunida, prorrumpe en un griterío de alegría y de aclamaciones al Mesías, mas luego calla.

Y se abre para dejar pasar a una madre que lleva en brazos a un niño paralítico de unos diez años.

Ella lo coloca echado a los pies de la escalera, como si se lo ofreciera a Jesús. 

El anciano anfitrion explica:

–     Es una criada mía. Su hijo varón se cayó el año pasado desde la terraza y se partió la columna.

La dueña añade: 

–    Toda la vida tendrá que yacer sobre la espalda. Ha esperado en ti todos estos meses… 

Jesús indica:

–     Dile que se acerque.

Pero la pobre mujer está tan emocionada, que parece como si tuviera ella la parálisis. Tiembla toda y se le enredan los pies en el largo vestido al subir los altos escalones con su hijo en brazos.

María, piadosa, se pone en pie y baja hacia ella.

–     Ven. No temas. Mi Hijo te quiere.

Dame a tu niño. Así podrás subir mejor. Ven, hija. Yo también soy madre.

Y le toma al niño, al cual sonríe dulcemente. Luego sube con el peso de esta conmovedora carga sobre sus brazos.

La madre del niño la sigue, llorando.

Ya está María ante Jesús.

Se arrodilla y dice:

–     ¡Hijo! ¡Por esta madre!

No dice nada más.

Jesús ni siquiera solicita su consabido “¿Qué deseas que te haga? ¿Crees que puedo hacerlo?”. No.

Hoy sonríe y dice:

–      Mujer, ven aquí.

La mujer se coloca justo junto a María.

Jesús le pone una mano sobre la cabeza y se limita a decir: «Alégrate».

Aún no ha terminado de decir esta palabra y el niño, que hasta ahora había estado extendido como un cuerpo muerto, colgándole las piernas en brazos de María, se sienta como impulsado por un resorte…

Y prorrumpe en un grito de alegría « ¡Mamá!», y corre a refugiarse en el pecho materno.

Los gritos de hosanna parece como si quisieran penetrar en el cielo completamente rojo del atardecer.

La mujer, con su hijo apretado contra el corazón, no sabiendo qué decir,

Pregunta:

–     ¿Qué… qué tengo que hacer para decirte que soy feliz?

A lo que Jesús, que sigue acariciándola, contesta:

–     Ser buena, amar a Dios y a tu prójimo, educar en este amor a tu hijo.

Pero la mujer no se muestra todavía satisfecha. Quisiera… quisiera…

Y por fin, pide:

–     Dadle un beso Tú y tu Madre a mi niño.

Jesús se inclina y lo besa, y María también.

Y mientras la mujer se marcha feliz, entre las aclamaciones de un cortejo de amigos,

Jesús le explica a la dueña de casa:

–     No ha hecho falta más.

Él estaba en los brazos de mi Madre. Incluso sin mediar palabra alguna lo habría curado, porque Ella se siente feliz cuando puede consolar una aflicción.

Y Yo deseo hacerla feliz.

Entonces Jesús y María se intercambian una de esas miradas cuyo significado es tan profundo, que sólo quien las ha visto las puede entender.

54 EN TIBERÍADES…


54 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la hermosa y moderna ciudad de Tiberíades.

Que es nueva y rica, lo dice todo su conjunto: una reestructuración cívica más ordenada que la de otras ciudades palestinenses; una totalidad armónica y urbana que no posee ni siquiera Jerusalén.

Hermosas avenidas y calles rectas provistas de un sistema de alcantarillado que hace que aguas y basura no se acumulen por las calles.

Plazas anchas con bellas fuentes de mármol.

Palacios que rivalizan unos de otros, en el estilo de Roma, con atrios llenos de luz. Las casas más hermosas, son las que están a la orilla del lago. Las tres primeras son señoriales.

A través de algunos portales abiertos a esta hora de la mañana se ven amplios vestíbulos, peristilos de mármol decorados con valiosos cortinajes, asientos, mesitas…

Casi todos tienen en su centro un patio enlosado de mármol con un surtidor y macetas marmoleñas llenas de plantas con flores.

En definitiva, es la arquitectura de Roma en todo su esplendor y  ricamente adornada.

La primera, a lo largo de la avenida que sigue la dulce curva del lago, es magníficamente espléndida.

Su última parte es una serie de casas de campo, cuya fachada principal da a la otra calle, y que hacia el lago tienen opulentos jardines que descienden hasta recibir el toque de las olas.

Casi todas tienen un pequeño embarcadero en el que pueden verse barcas de recreo con preciosos baldaquinos y asientos purpurinos.

Jesús viene caminando por la avenida que bordea el lago,

Y Pedro pregunta:

–   ¿Has estado alguna vez en Tiberíades, Maestro?

Jesús contesta:

–   Nunca.

–  ¡He! ¡Antipas ha hecho bien las cosas y en grande, para adular a Tiberio! ¡Es un vendido ese…!

Jesús no lo deja continuar:

–   Me parece que es más bien una ciudad de descanso, que de comercio.

–   Los negocios están del otro lado. Tiene mucho comercio. Es muy rica.

–   ¿Estas casas son palestinenses?

–    Sí y no. Muchas son de romanos, pero otras muchas…, a pesar de estar llenas de estatuas y patrañas semejantes, son de hebreos. 

Pedro suspira y dice entre dientes:

“Si nos hubieran arrebatado sólo la independencia… pero es que nos han arrebatado la Fe… ¡Nos estamos haciendo más paganos que ellos!

–     No por culpa suya, Pedro. Ellos tienen sus costumbres y no nos obligan a hacerlas nuestras.  Somos nosotros quienes queremos corrompernos. Por intereses, por moda, por servilismo…

–     Tienes razón, pero el primero es el Tetrarca…

Entonces el pastor José dice:

–    Maestro, hemos llegado. Esta es la casa del mayordomo de Herodes.

Están parados al final del vial, donde éste presenta una bifurcación y viene a ser la segunda de las calles, mientras que las casas de campo quedan entre esta calle y el lago.

La casa que ha señalado José es la primera, toda rodeada de un enorme jardín lleno de flores, donde las fragancias y ramas de jazmines y rosas se extienden hasta el lago.  

Jesús pregunta:

–     ¿Y aquí está Jonathán?

–    Aquí, me han dicho.

Es el mayordomo del intendente personal del tetrarca. Ha tenido suerte. Cusa no es malo y reconoce con justicia los méritos de su intendente. Es una de las pocas personas honradas de la corte. ¿Voy a llamarlo?

–    Ve.

José se dirige a la alta puerta de entrada. Llama.

Acude el portero. Conversan y José hace un gesto de contrariedad.

El portero asoma su cabeza cenicienta y mira a Jesús; luego pide algo, a lo cual José asiente. Siguen hablando entre sí.

José viene hacia Jesús, que ha estado esperando pacientemente a la sombra de un árbol:

–     Jonathán no está. Se fue al Alto-Líbano.

Ha ido a llevar a aquel aire fresco y puro a Juana de Cusa, que está muy enferma.

Dice el criado que ha ido él, porque Cusa está en la Corte y no puede venirse después del escándalo de la fuga de Juan el Bautista. 

Y la enferma empeoraba y el médico decía que aquí moriría.

No obstante, el criado dice que entres a descansar. Jonathán ha hablado del Mesías niño y también aquí te conocen de nombre y te esperan.

Jesús dice:

–     Vamos.

El grupo se pone en movimiento, el portero se percata y llama a los otros domésticos.

Abre de par en par la puerta de entrada, que hasta ahora había estado entreabierta y corre con mucho respeto al encuentro de Jesús.

Diciéndole:

–     Derrama, Señor, tu bendición sobre nosotros y sobre esta triste casa.

Pasa. ¡Cuánto sentirá Jonathán no haber estado aquí! Verte era su esperanza. Pasa, pasa y tus amigos contigo.

En el atrio hay criados y criadas de todas las edades, todos ellos respetuosamente inclinados al saludar, con un sentimiento de curiosidad.

Una viejecita llora en un ángulo.

Jesús entra y bendice con su gesto y su saludo de paz.

Le ofrecen refrigerio. Toma asiento y todos se ponen a su alrededor.

Jesús observa:

–     Veo que no os soy desconocido.

–     Jonathán nos ha nutrido con tu historia.

Jonathán es bueno. Dice serlo sólo porque el beso que te dio lo hizo bueno. Pero también es porque lo es.

–     Yo he dado y he recibido besos…

Pero, como tú dices, sólo en los buenos éstos aumentaron la bondad. ¿No está ahora? Yo venía por él.

–      He dicho que está en el Líbano. Allí tiene amigos… Es la última esperanza para la joven ama. Si esto no produce resultados…

La viejecita en su ángulo llora con más fuerza.

Jesús la mira con actitud interrogativa.

–      Es Esther, la nodriza del ama. Llora porque no puede resignarse a perderla.

Jesús la llama:

–      Ven, madre. No llores así. Ven aquí, junto a Mí. ¡No necesariamente enfermedad significa muerte!

La mujer se lamenta:

–     ¡Es muerte, es muerte!

¡Desde que tuvo aquel único parto desafortunado se me está muriendo! ¡Las adúlteras dan a luz secretamente y viven a pesar de todo y ella, ella que es buena, honesta, un ángel, un verdadero ángel, debe morir!

–     Pero, ¿Qué tiene ahora?

–     Una fiebre que la consume…

Es como una lámpara que arde atizada por un fuerte viento… cada día más fuerte, y ella cada vez más débil.

Yo deseaba acompañarla, pero Jonatán ha querido criadas jóvenes, porque ella no tiene fuerzas y hay que llevarla como a un peso inerte y yo ya no soy capaz…

No soy capaz de eso, pero sí de amarla. La recogí del seno de su madre. Yo era una sirvienta. También estaba casada, y había tenido un hijo hacía un mes.

Le di de mamar porque su madre estaba débil y no podía… Yo le hice de madre cuando siendo apenas un bebé que aún no aprendía a decir “mamá”, se quedó huérfana.

Me he llenado de canas y de arrugas velándola en sus enfermedades. Yo la vestí de novia, la conduje al tálamo; he sonreído ante sus esperanzas de madre, lloré con ella ante el recién nacido muerto.

He recogido todas las sonrisas y las lágrimas de su vida, le he dado toda sonrisa y consuelo de mi amor ¡Y ahora se muere y no me tiene cerca!

La anciana da pena.

Jesús la acaricia, pero no sirve de nada.

–      Escucha, madre, ¿Tienes fe?

–     ¿En Tí? Sí.

–      En Dios, mujer. ¿Puedes creer que Dios puede todo?

–      Lo creo, y creo que Tú, su Mesías, lo puedes.

Ya se habla en la ciudad de tu poder. Ese hombre – alude a Felipe – hace tiempo hablaba de tus milagros en la sinagoga. Jonathán le preguntó: “¿Dónde está el Mesías?”, y él respondió: “No lo sé”.

Jonathán me dijo entonces “Si estuviera aquí, te juro que ella se curaría”. Pero Tú no estabas aquí… él se ha marchado con ella… y ahora morirá…

–      No. Ten fe. Dime exactamente lo que tienes en el corazón: ¿Puedes creer que ella no morirá por tu Fe?

–     ¿Por mi fe? ¡Oh!, si la quieres, aquí la tienes. Tómate incluso la vida, mi anciana vida… sólo házmela ver curada.

–     Yo soy la Vida. Doy vida y no muerte.

Tú le diste la vida un día con la leche de tu pecho. Era una pobre vida que podía terminar Ahora, con tu Fe, le das una vida sin fin. Sonríe, madre.

–     Pero ella no está…

La anciana se debate entre la esperanza y el temor: 

–      Ella no está y Tú estás aquí…

–     Ten fe. Escucha. Ahora voy a Nazaret.

Estaré allí unos días Tengo también allí algunos amigos enfermos. Luego voy al Líbano. Si Jonathán vuelve de aquí a seis días, mándalo a Nazaret, a Jesús de José. Si no viene, iré Yo.

–     ¿Cómo lo vas a encontrar?

–      Me guiará el arcángel de Tobías. Tú fortalécete en la Fe. No te pido más que esto. No llores más, madre.

Pero la anciana llora con más vehemencia.

Está a los pies de Jesús y tiene la cabeza sobre las rodillas divinas, besando la bendita mano y vertiendo lágrimas sobre ella.

Jesús, con la otra mano, la acaricia.

Y dado que otros criados, dulcemente, la reprenden porque llorando así se está agotando.

Él dice:

–     Dejadla. Ahora es llanto de consuelo. Le viene bien. ¿Os alegra a todos el que el ama recupere la salud?

–     Es muy buena. Cuando uno es así no es amo, es un amigo y se le quiere. Nosotros la queremos. Créelo.

–     Os leo en el corazón. Sed también vosotros cada vez mejores. Yo me pongo en camino. No puedo esperar. Tengo la barca. Os bendigo.

–      ¡Vuelve, Maestro, vuelve!

–      Volveré muchas veces. Adiós. La paz a esta casa y a todos vosotros.

Jesús sale con los suyos acompañado de los criados, que lo aclaman.

Santiago su primo, con mucha tristeza observa:

–     Te conocen más aquí que en Nazaret.

–     Uno que ha tenido Fe verdadera en el Mesías ha preparado esta casa; para Nazaret Yo soy el carpintero, nada más.

–      Y… y nosotros no tenemos la fuerza de predicarte como quien Eres…

–     ¿No la tenéis?

–      No, primo. No tenemos el heroísmo de tus pastores.

–     ¿Lo crees así, Santiago?

Jesús sonríe mirando a su primo, a este primo suyo que tanto se parece a su padre putativo, así, con ojos y pelo de un castaño negro y tez morena pero viva.

Mientras que la tez de Judas es más pálida, encuadrada entre la barba negrísima y los cabellos ondulados; Judas tiene ojos de un azul casi violáceo que vagamente recuerdan a los de Jesús.

–     Pues mira, Yo te digo que no te conoces. Tú y Judas sois fuertes.

Los dos primos menean la cabeza.

–     Os persuadiréis de que no yerro.

–     ¿Vamos al mismo Nazaret?

–      Sí. Quiero decirle algo a mi Madre y… Y hacer aún alguna otra cosa. Quien quiera venir que venga.

Todos quieren ir.

Los que están más contentos son los primos:

–     Es por nuestro padre y nuestra madre, ¿Comprendes?

–     Lo comprendo. Pasaremos por Caná y luego iremos allí.

–    ¿Por Caná? ¡Entonces iremos donde Susana! Nos dará huevos y fruta para papá, Santiago.

–     Y también, claro, algo de su buena miel. A él le gusta mucho.

–     Y le nutre.

–     ¡Pobre papá! Sufre mucho. Siente que le falta la vida, como arrancada de raíz… Y no quisiera morir…

Santiago mira a Jesús, con una muda súplica…

Pero Jesús hace como si no lo viera.

Tadeo dice:

–     José también murió así, con dolores, ¿Verdad?

Jesús responde:

–     Sí, pero él sufría menos porque estaba resignado.

–     Y porque te tenía a Tí.

–      También Alfeo podría tenerMe…

Los dos primos suspiran tristes y todo termina.

47 LA PROFECÍA DE CAÍN


47 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús ha llevado a los suyos a la sombra de un enorme nogal, que pende desde donde está – elevado respecto al huerto de María – hasta el mismo huerto.

Jesús continúa instruyéndolos.

El día está borrascoso, se avecina una tormenta; quizás por eso Jesús no se ha alejado mucho de la casa.

María va y viene de la casa al huerto y del huerto a la casa.

Y cada vez que lo hace levanta la cabeza y sonríe a su Jesús, que está sentado en la hierba, junto al tronco, rodeado de discípulos.

 Jesús dice:

–      Ayer os anuncié que lo que había provocado una palabra imprudente habría servido de lección hoy. La lección es ésta:

Tened por seguro – y sea regla en vuestro actuar – que nada de cuanto está escondido permanece siempre oculto.

O Dios se ocupa de dar a conocer las obras de un hijo suyo a través de sus signos milagrosos, o a través de las palabras de los justos que reconocen los méritos de un hermano.

O es Satanás quien, a través de la boca de un imprudente – no quiero decir más -, revela lo que los buenos, para no incitar a la anticaridad, han preferido callar.

O altera las verdades, creando así confusión en los pensamientos. Por tanto, siempre llega el momento en que lo oculto se da a conocer.

Tened, pues, siempre esto presente en vuestro pensamiento. Sea para vosotros freno respecto al mal, sin que por otro lado os sintáis incitados a proclamar el bien que realizáis.

¡Cuántas veces uno actúa por bondad, verdadera bondad, pero humana!

Y siendo humana su actuación, o sea, de no perfecta intención, desea que los hombres la conozcan, se enoja y se amarga viendo que pasa desapercibida y estudia la forma de manifestarla.  

No, amigos; así no. Haced el bien y dádselo al Señor eterno. Él sabrá darlo a conocer también a los hombres, si es bueno para vosotros.

Si, por el contrario, ello pudiera anular bajo un reflujo de complacencia de orgullo, vuestro comportamiento justo, entonces el Padre lo mantendrá secreto,

reservándose el daros en el Cielo la gloria correspondiente, en presencia de toda la Corte celeste.

Quien vea un acto jamás juzgue por las apariencias. No acuséis nunca a nadie, porque las acciones de los hombres pueden en ocasiones presentar feo aspecto y celar otros motivos.

Un padre, por ejemplo puede decirle a un hijo suyo ocioso y entregado a la crápula: “Vete”, y ello puede parecer crueldad e incumplimiento de los deberes paternos; pero no siempre lo es.

Su “vete” está sazonado con un llanto amarguísimo (más del padre que del hijo); a su “vete” le acompañan las palabras “volverás cuando te hayas arrepentido de tu ociosidad” y el voto de que se cumplan.

Por otra parte, es un acto de justicia hacia los otros hijos, porque impide que un crapuloso consuma en vicios no sólo lo suyo, sino también lo de los demás.

Malo será en cambio, si esa palabra la dice un padre que se encuentre en culpa respecto a Dios y respecto a la prole,

porque en su egoísmo se juzgará a sí mismo superior a Dios y considerará que su derecho se extiende también al espíritu de su hijo.

No. El espíritu es de Dios, y ni siquiera Dios violenta la libertad del espíritu a donarse o no donarse. Para el mundo parecen iguales estos actos.

El sufrimiento es INEVITABLE, por eso lo mejor es santificarlo con la donacion voluntaria con la crucifixión de la voluntad.

Y sin embargo, ¡Qué distintos son el uno del otro! El primero es justicia, el segundo es arbitrio culpable. Por tanto, no juzguéis nunca a nadie.

Ayer Pedro le dijo a Judas: “¿Qué maestro has tenido?”. Que no vuelva a decirlo. Que nadie eche la culpa a los otros de lo que ve en uno o en sí mismo.

Los maestros tienen una misma palabra para todos los discípulos. ¿Por qué entonces, diez discípulos resultan justos y diez malvados?

Porque cada uno añade por su parte lo que tiene en el corazón y ello pesa hacia el bien o hacia el mal.

¿Cómo es posible, entonces, acusar al maestro de haber enseñado mal, porque el bien que ha inculcado quede anulado por el exceso de mal que reina en un corazón determinado?

El primer factor de éxito está en vosotros. El maestro trabaja vuestro yo. Pero si vosotros no sois susceptibles de mejora, ¿Qué puede hacer el maestro? ¿Qué soy Yo?

En verdad os digo que no habrá maestro más sabio, paciente y perfecto que Yo. Y no obstante, incluso de alguno de los míos se dirá: “Pero, ¿Quién fue su maestro?“.

No os dejéis vencer nunca, al juzgar, por motivos personales. Ayer Judas, amando su tierra más de lo justo, estimó que en Mí había injusticia hacia ella.

Frecuentemente el hombre subyace bajo estos elementos imponderables que son el amor patrio o el amor a una idea. Y se desvía, como alción desorientado, de su meta.

La meta es Dios. Ver todo en Dios para ver bien.

No ponerse a sí mismo, no poner ninguna cosa por encima de Dios. Y si uno realmente se equivoca… ¡Pedro!, ¡Todos!, no seáis intransigentes.

El error que tanto os fastidia, cometido por uno de vosotros, ¿Realmente no lo habéis cometido nunca vosotros? ¿Estáis seguros?

Y, aun admitiendo que no lo hayáis cometido nunca, ¿Qué habréis de hacer? Pues agradecérselo a Dios. Nada más.

Y velar. Vigilar mucho. Continuamente. Para no caer mañana en lo que hasta hoy ha podido ser evitado. ¿Veis?

El cielo está nublado porque el granizo está próximo. Nosotros, escrutando el cielo, hemos dicho: “No nos alejemos de casa”.

Ahora bien, ¿Por qué no sabemos juzgar dónde puede haber peligro para el alma?

Si sabemos juzgar así respecto a las cosas que, a pesar de ser peligrosas, no son nada en relación a los peligros que hay, pecando, de perder la amistad de Dios.

Mirad: ved allí a mi Madre. ¿Podéis pensar que en Ella haya tendencia alguna al mal? Pues bien, dado que el amor la impulsa a seguirMe, dejará su casa cuando mi amor lo desee.

Pero esta mañana después de habérmelo pedido una vez más – porque Ella, mi Maestra, me decía: “Que entre tus discípulos esté también tu Madre, Hijo: Yo quiero aprender tu doctrina”

Ella, que ya poseía esta doctrina su seno y antes aún en su espíritu, por don dado por Dios a la futura Madre de su Verbo Encarnado – Ella ha dicho:

“No obstante… juzga, si puedo ir contigo sin la posibilidad de perder la unión con Dios; sin que eso que es mundo, y que Tú dices que penetra con sus hedores, pueda corromper este corazón mío que fue y es y quiere ser sólo de Dios.

Yo me someto a examen y por cuanto sé, me parece que puedo hacerlo, porque… (y en esto, sin saberlo, se ha procurado la más alta alabanza)

Porque no encuentro diferencia entre mi paz cándida cuando era una flor del Templo y ésta que tengo en mí, ahora que desde hace más de seis lustros soy la mujer de casa.

Pero yo soy indigna sierva que conoce mal y juzga aún peor, las cosas del espíritu.-Tú eres el Verbo, la Sabiduría, la Luz, y puedes ser luz para tu pobre Mamá, que acepta el no volver a verte, antes que ser no grata al Señor”

Y Yo le he tenido que decir, temblándome el corazón de admiración: “Mamá, Yo te lo digo, no serás corrompida por el mundo; antes bien, el mundo será embalsamado por ti”.

Mi Madre – lo acabáis de oír – ha sabido ver los peligros de vivir en el mundo, que son peligros también para Ella. También para Ella.

Y vosotros, hombres, ¿Pretendéis no verlos? ‘¡Ay!, Satanás verdaderamente está al acecho y sólo los que vigilen resultarán vencedores.

¿Los demás? ¿Preguntáis acerca de los demás? Para los demás, lo que está escrito.

Tomás pregunta:

–    ¿Qué está escrito, Maestro?

–    Y Caín se abalanzó sobre Abel y lo mató.

Y el Señor le dijo a Caín ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho de él? El grito de su sangre llega hasta Mí.

Por tanto, serás maldito sobre la Tierra que ha conocido el sabor de la sangre humana por mano de un hermano que ha abierto las venas a su hermano.

Y no cesará esta horrible hambre de la Tierra de sangre humana. Y la Tierra, envenenada por esta sangre será más estéril que una mujer seca por la edad. Y huirás, buscando paz y pan. Y no lo encontrarás. 

Tu remordimiento te hará ver sangre en cada flor y en cada tallo de hierba, en toda agua y alimento. El cielo te parecerá sangre y sangre el mar.

Del cielo, de la tierra, del mar, llegarán a tí tres voces: la de Dios, la del Inocente, la del Demonio. Y para no oírlas, te darás muerte. 

Pedro observa:

–     No habla así el Génesis.

Jesús replica: 

–      No, el Génesis no; Yo lo digo.

Y no yerro. Lo digo para los nuevos Caínes de los nuevos Abeles, para quienes, por no vigilar respecto a sí mismos y al Enemigo, vendrán a ser una cosa con él.

Juan dice:

–       Pero, entre nosotros, no habrá de esos, ¿No es cierto, Maestro?

–       Juan, cuando sea desgarrado el Velo del Templo, una gran verdad brillará escrita en toda Sión. 

 –     ¿Cuál, mi Señor?

–       Que los hijos de las tinieblas en vano han estado en contacto con la Luz. Recuérdalo, Juan.

–      ¿Seré yo, Maestro, un hijo de las Tinieblas?

–       No, tú no. Pero recuérdalo para explicar el Delito al mundo.

–      ¿Qué delito, Señor? ¿El de Caín?

–       No. Ese es el primer acorde del himno de Satanás. Hablo del Delito perfecto, el inconcebible Delito,

aquel que, para comprenderlo hay que mirarlo a través del sol del divino Amor y a través de la mente de Satanás.

Porque sólo el Amor perfecto y el perfecto Odio, solo el infinito Bien y el infinito Mal, pueden explicar tal Donación y tal Pecado. 

Jesús ha hablado del DEICIDIO y ha profetizado el castigo del Caín y de los Caínes de Dios...

La tormenta ruge su cercanía…

Y Jesús dice:

–      ¿Oís? Parece como si Satanás estuviera oyendo y gritase de deseo de llevarlo a cabo.

Vámonos, antes de que la nube rompa en relámpagos y granizo.

Y bajan corriendo por la pendiente, saltando al huerto de María mientras la tormenta estalla furiosamente.

P ¿POR QUÉ EL PURGATORIO?


Agosto 17 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, muchas veces os habréis preguntado por qué después de morir, tenéis que pasar por el Purgatorio.

Mis pequeños, bajasteis del Cielo vuestro Hogar, un lugar lleno de bellezas, de Pureza, de Santidad, de Amor, virtudes en extremo.

Vinisteis a la Tierra a servirMe, para que bajarais y enseñarais a vuestros hermanos todo lo que se vive en el Cielo en alto grado.

Vuestros Primeros Padres vivían así, por eso Yo Me recreaba en ellos y os he explicado que, al decir que Yo bajaba a Mi Paraíso Terrenal, era bajar al corazón de Ellos,

que eran ya seres terrenales pero que vivían todo lo que se vive en el Cielo: Pureza, Santidad, Amor, y todo lo que os podáis imaginar en bellezas espirituales.

Vosotros si os compararais con Ellos, si realmente sois honestos con vosotros mismos y os preguntara si sentís que estáis viviendo el máximo de vuestras virtudes, el máximo del amor, el máximo de las bellezas espirituales,

¿Qué me podríais contestar, Mis pequeños?

El Purgatorio es el lugar en donde vais a recobrar la vida espiritual que se vive en el Cielo. 

Al bajar a la Tierra, Satanás os ataca llevándoos al lado contrario, hacia la oscuridad, hacia la maldad, hacia todo aquello que no es virtuoso:

A vicios, muerte, envidias y más, para que perdáis esa Luz Divina con la que bajasteis.

Vosotros os iréis limpiando en el Purgatorio e iréis retomando nuevamente la vida del Cielo. 

Es un lugar en el que ciertamente, habréis de sufrir porque preferisteis muchas veces enlodaros con las cosas del mundo, con la Maldad de Satanás.

Y eso conlleva una penitencia, porque enlodasteis vuestra alma, que es parte Mía, de Mi Ser Divino, pero tenéis una esperanza al estar en el Purgatorio:

Que ese sufrimiento os va a ir llevando a una purificación y que más tarde, os regresará a vuestro hogar del cual salisteis.

Y regresaréis nuevamente viviendo las Virtudes, el Amor, todo lo que se vive en el Cielo en su máximo esplendor.

POR ESO OS HE PEDIDO QUE VOSOTROS VAYÁIS VIVIENDO EL CIELO EN LA TIERRA,

QUE DEJÉIS QUE MI SANTO ESPÍRITU YA OS VAYA CAMBIANDO,

OS VAYA PURIFICANDO, OS VAYA GUIANDO,

HACIA ESA PERFECCIÓN DE VIRTUDES Y DE AMOR

Y DE ESTA FORMA, SÓLO PASÉIS UN BREVE TIEMPO EN EL PURGATORIO

Para que regreséis a vuestro Hogar eterno, a vuestra Vida después de la vida, que es el vivir conMigo, vuestro Dios,

en donde recordaréis y viviréis nuevamente la vida que llevabais antes de bajar a la Tierra a trabajar para Mí, vuestro Dios.

La vida en la Tierra debe ser una vida de Caridad y de Amor al extremo, y por eso el martirio se da cuando os dais en extremo,

ya sea que os deis por amor por Mí, al defender vuestra Fe, u os deis por algún hermano vuestro, por defenderlo, por llevarlo hacia el bien.

La vida en el Amor es una vida de Cielo, y vosotros debéis buscarla en todo momento, por eso es la perfección a la que os he llamado y es la que os puede dar Mi Santo Espíritu que vive en vosotros.

DejadLo a Él guiaros libremente.

Vosotros, cuando sois pequeñitos, os dejáis guiar por vuestros padres, y ellos os van enseñando muchas cosas,

como el ser buenos, virtuosos en la Tierra con vuestros hermanos, con los amiguitos, con todos aquellos con los cuales entablaréis relaciones en lo futuro.

Vosotros le llamáis “buena educación” y eso es lo que Yo quiero en vosotros, una buena educación espiritual

que ciertamente se va a manifestar en vuestros actos, en vuestras palabras hacia los demás y en buenos deseos para su crecimiento espiritual.

Quiero que seáis perfectos, porque solamente así podréis entrar al Reino de los Cielos; un alma no puede entrar imperfecta, con fallas.

Y por eso tenéis que pasar tiempo en el Purgatorio, si es que no pusisteis toda vuestra atención en iros mejorando en vuestra vida terrena.

Sed perfectos como Yo Soy Perfecto, vuestro Padre, se os ha dicho; y es que la perfección os va a llevar a un gozo tremendo en el Reino de los Cielos.

Vosotros vivís en la Tierra en la imperfección del amor, especialmente. Y después con las virtudes, con el trato humano y espiritual, por eso no os podéis vosotros imaginar las bellezas del Cielo,

porque vuestra mente vive también en la imperfección, pero podéis imaginar en algún momento, simplemente cuando os he dicho que lo primero que se vive al llegar al Reino de los Cielos es la Paz.

Y la Paz total, la Paz absoluta, que es la que se vive allá, solamente la da la vida al máximo en todas las Virtudes.

Ya no os tendréis que preocupar por lo que dirán o lo que harán los que están a vuestro alrededor,

porque estaréis viviendo junto a almas que ya alcanzaron también la perfección espiritual.

Por eso es el Cielo, porque son todas las bellezas juntas las cuales debéis vosotros buscar a toda costa, y ya desde ahora en la Tierra.

Tratad pues Mis pequeños, de interiorizaros en estas verdades y pedidMe que Mi Santo Espíritu os vaya llevando a la perfección ya desde ahora,

para que el paso de aquí al Reino de los Cielos sea rápido, sencillo y sobre todo, deseadlo con todo vuestro corazón.

Porque por eso os he pedido la conversión.

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

Ciertamente, muchos Me podréis decir: “Creo, estoy convertido”,

pero, Mis pequeños, una cosa es creer y otra cosa es hacer; tanto vuestra creencia en Mí como los hechos que debieran brotar de vosotros por creer en Mí, dejan mucho que desear.

POR ESO OS HE PEDIDO LA PERFECCIÓN. 

Las almas entran al Cielo en un estado de perfección en el Amor y en el actuar en ese Amor. 

Vosotros estáis llamados a la perfección, como Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, Soy Perfecto.

Un padre, una madre en una familia, les gusta tener en su hogar todo en orden.

Y especialmente con los hijos; os gusta que vuestros hijos sean obedientes, sean buenos, sean hombres de bien, trabajadores.

O sea, con todas las Virtudes que vosotros quisierais en una persona, que ciertamente vosotros mismos debéis buscarlas primero,

porque no podéis exigir a los demás lo que vosotros no tenéis en vosotros.

La perfección se va logrando también con la eliminación de toda la maldad que traéis en vosotros,.

Y ESO SE VA REALIZANDO AL VIVIR EN LAS VIRTUDES

Y SOBRE TODO, EN EL AMOR. 

SATANÁS OS ESTÁ ATACANDO CONTINUAMENTE

PARA IMPEDIROS LA ENTRADA AL REINO DE LOS CIELOS;

Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del Enemigo, tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante.

 Yo le permito que actúe sobre vosotros y no en total libertad, siempre está limitado, porque con el poder satánico que tiene, si os atacara en total libertad y fuerza, OS DESTROZARÍA. 

pero en ese actuar contra vosotros, que Yo permito, es para que de ahí surja un bien, y esto lo debéis entender perfectamente, Mis pequeños, por lo que os voy a decir: 

Todos vosotros, salvo unos cuantos que mueren en una situación especial, como el martirio, TENDRÉIS que pasar por el Purgatorio.

EL PURGATORIO ES UN LUGAR TREMENDO DE PURIFICACIÓN,

CIERTAMENTE TENDRÉIS LA ESPERANZA DE SALIR EN ALGÚN TIEMPO

PARA LLEGAR PURIFICADOS Y SANTIFICADOS AL REINO DE LOS CIELOS,

PERO MIENTRAS TANTO, EN EL PURGATORIO SUFRIRÉIS,

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

A VECES MUCHO, DEPENDIENDO DE VUESTROS PECADOS,

A VECES MENOS, DEPENDIENDO TAMBIÉN

DE LO QUE HAYÁIS LOGRADO EN LA TIERRA PARA EVITAR ESE SUFRIMIENTO

Y EN ESO ME QUIERO CENTRAR EN ESTOS MOMENTOS.

Debéis utilizar todo lo que suceda durante vuestra vida para que lo toméis para reparar vuestros pecados, porque tenéis muchos cada uno de vosotros,

Y tenéis que limpiaros para poder entrar al Reino de los Cielos.

Por eso os he dado la oportunidad de que ofrezcáis todo sufrimiento mientras viváis.

Estos sufrimientos pueden ser los que Yo permita en vosotros, que serán mayores con los que Satanás os ataque,

Porque él en su Maldad, y sabiendo vuestras flaquezas, os va a atacar donde más os duela.

Y ese sufrimiento será mayor que el que vosotros mismos os impongáis como penitencias.

Esto es algo muy importante, Mis pequeños:

AQUEL DOLOR QUE VOSOTROS OS IMPONGÁIS LIBREMENTE PARA OFRECÉRMELO

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina…

Y QUE LO UNÁIS A LOS MÉRITOS DE MI HIJO,

QUE CON ELLO LE QUITÁIS A ÉL DOLORES,

LOS DOLORES QUE ÉL ACEPTÓ POR VUESTRA SALVACIÓN,

TENDRÁ MÁS MÉRITO REPITO, PORQUE IRÉIS CONTRA VOSOTROS MISMOS.

A nadie, a ninguno de vosotros os gusta sufrir, siempre queréis estar en una situación agradable y óptima, de ahí radica precisamente el mayor valor de vuestra penitencia:

Vais a sacrificar vuestra estabilidad, vuestro gozo diario, vuestra vida sin molestias, a Mí, vuestro Dios; para el bien de las almas, para vuestro propio bien.

Esa molestia o dolor que os impongáis porque es hecho con amor, va a valer muchísimo más que el dolor que Yo permita en vosotros, como lo que está pasando en estos momentos.

No tiene sentido que ellos estén luchando y gastando energías, si los demás NO ENTIENDEN que deben permanecer en casa…

ESTE CONFINAMIENTO AL CUAL OS LLEVAN LOS GOBIERNOS,

ES UN DOLOR QUE VIENE DE FUERA,

QUE NO OS LO ESPERABAIS Y TENÉIS QUE PADECERLO,

Y lo padecéis con coraje, con grosería hacia aquellos que os lo están obligando, y con dolor, porque os quitan vuestra estabilidad, tanto económica como anímica.

Y tenéis que soportarlo a fuerza, pero al decir “a fuerza” quisierais evitarlo a toda costa.

En cambio, la penitencia y el sacrifico propio que os impongáis y aunque sea más pequeño, que lo que estáis padeciendo,

va a valer mucho más para vuestro bien y para todas aquellas almas para quien queráis vosotros ofrecerlo.

Ese es el ejemplo que os dio Mi Hijo Jesucristo: Yo le pedí que se ofreciera por vosotros, por vuestra salvación, por vuestro bien espiritual, temporal y futuro,

Él aceptó Mi Palabra, Él aceptó el Dolor que le imponían, pero fue aceptado.

Él mismo se dio por vosotros, abrazó la Cruz por vuestro Bien y con ese Amor ofrecido, con ese Dolor ofrecido, ganó para todos vosotros vuestra salvación y vuestra entrada nuevamente al Reino de los Cielos.

QUIERO QUE ESTO LO ENTENDÁIS PERFECTAMENTE, MIS PEQUEÑOS,

Y QUE TODO MOMENTO DE VUESTRA EXISTENCIA

SEA OFRECIDO POR VUESTRO BIEN Y POR EL DE VUESTROS HERMANOS

PASADOS, PRESENTES, FUTUROS.

 RECORDAD QUE PARA MÍ, VUESTRO DIOS,

TODO ES UN ETERNO PRESENTE

Y LO QUE VOSOTROS OFREZCÁIS,

CON ELLO LOGRARÉIS EL BIEN PARA MUCHAS ALMAS.

 Vuestros sacrificios, penitencias, unidos a los Méritos de Mi Hijo, valen muchísimo, Mis pequeños;

podéis salvar muchas almas y ayudar a que vuestra propia alma pase por el Purgatorio rápidamente,

porque ya vosotros mismos os estáis purificando con vuestra donación particular

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

al ofrecer vuestros sacrificios, penitencias, por el bien de vuestros hermanos y por vuestro propio bien.

Por eso os pido, Mis pequeños, que aprovechéis estos momentos en los que os está atacando Satanás.

Estas molestias que tenéis en vuestro cuerpo, en vuestra familia, en vuestra economía; tomadlos y abrazad ese sufrimiento que ahora tenéis,

como Mi Hijo abrazó la Cruz por vuestra salvación.

Abrazad estos momentos y los que vendrán con gusto, porque os evitarán mucho dolor, mucho dolor en el Purgatorio.

QUIERO QUE TENGÁIS ESTO BIEN PRESENTE:

EL DOLOR DEL PURGATORIO ES TREMENDO

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

SOIS MIS HIJOS Y OS AMO INFINITAMENTE

Y LO QUE MENOS QUIERO PARA VOSOTROS ES QUE SUFRÁIS,

POR ESO OS PIDO QUE TOMÉIS ESTOS CONSEJOS QUE OS DOY.

Como os dije, Satanás os ataca y os atacará todavía más fuerte, aprovechad ese ataque de Maldad y sacadle un bien,

tanto para vosotros como para todos vuestros hermanos que aunque no los conocéis, recibirán vuestra donación, también para su propio bien.

YA OS HE DICHO QUE SON TIEMPOS DE MUCHO DOLOR

Y ME CAUSA MUCHO DOLOR EL VEROS

La FE sin obras está muerta

QUE NO ACTUÁIS COMO VERDADEROS HERMANOS,

QUE NO OS CUIDÁIS LOS UNOS A LOS OTROS,

QUE NO VEIS POR EL HERMANO ABATIDO Y SUFRIENTE,

QUE NO VEIS POR AQUEL QUE NECESITA DE VUESTRA AYUDA,

TANTO MATERIAL COMO ESPIRITUAL

Y en este sentido Me quiero dirigir ahora hacia vuestras hermanas, las benditas ánimas del Purgatorio: 

Por esa apatía espiritual ellas están sufriendo más, porque ellas van saliendo del Purgatorio gracias a las Misas bien dichas y a vuestras oraciones,

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte…

Pero ya no hay mucho ni de lo uno ni de lo otro: no hay Misas ya dichas que tengan un valor alto, ni tampoco hay suficientes oraciones para que ellas puedan salir pronto del lugar de purificación.

SABÉIS QUE EL DOLOR AHÍ ES TREMENDO,

PERO EXISTE LA ESPERANZA DE QUE EN ALGÚN MOMENTO SALDRÁN

Y QUE GOZARÁN ETERNAMENTE EN EL REINO DE LOS CIELOS,

PERO MIENTRAS TANTO SU DOLOR ES TREMENDO. 

MUCHOS SE IMAGINAN QUE SOLAMENTE ES UN PASO,

UN MOMENTO EN EL QUE SE ESTARÁ EN EL PURGATORIO,

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Y EN LA GRAN MAYORÍA DE LOS CASOS MIS PEQUEÑOS, NO ES ASÍ.

Sabed que hay diferentes niveles en el Purgatorio, el más bajo está prácticamente tocando el Infierno y ahí las almas son todavía tremendas, malas;

pero, por alguna oración de alguien o por un hecho particular, esas almas se salvaron, pero necesitan un tiempo más largo de purificación

que aquellas almas que trataron de estar toda su vida conMigo, pero que no cumplieron totalmente todo lo necesario para entrar al Reino de los Cielos al momento de su muerte.

La hermandad espiritual debe crecer en vosotros, Mis pequeños, y debéis aprender a ver el dolor en vuestros hermanos y tratar de evitarlo en lo más que podáis;

así mismo tiene que ser con las Benditas ánimas del Purgatorio, vuestras oraciones intercediendo por ellas, vuestras misas dichas con todo el amor hacia Mí, vuestro Padre, vuestro Dios,

con la intención de que se purifiquen muchas almas y vayan saliendo del Purgatorio.

La pena de Daño en el Purgatorio, ES LA AUSENCIA DE DIOS, el sufrimiento que Jesús experimentó y lo hizo sudar sangre en Getsemaní…

Penitencias, ayunos, sacrificios, buenas obras, todo lo que podáis para irle quitando dolor a esos hermanos vuestros, son necesarios

para que ellas ya puedan gozar eternamente conMigo, pero necesitáis ser más conscientes de esta realidad espiritual,

no estarán un momento y ya saldrán, son tormentos fuertes según cómo vivieron en su vida.

EN EL PURGATORIO SE CONCIENTIZA EL PECADO, EN LO QUE FALLASTEIS,

Y ADEMÁS NO SOLAMENTE EL DOLOR QUE ME CAUSASTEIS,

SINO EL QUE CAUSASTEIS A VUESTROS HERMANOS

Y TODO LO QUE ESE PECADO LUEGO VA CAUSANDO ALREDEDOR VUESTRO.

23. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24. deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

 TODA ACCIÓN TIENE UNA REACCIÓN

Y A VECES NO VEIS ESA REACCIÓN,

QUE PUEDE SER MUY LARGA, QUE PUEDE AFECTAR A MUCHAS ALMAS.

Una palabra o una acción dicha en público que afecte a las almas, ya con ello afectasteis a muchísimas almas y éstas, a la vez, quizá después lo proclamen a otros hermanos vuestros.

Y aquel que comete una falta así, que cause afectación espiritual a muchas almas, tendrá que pagar por todo el daño causado a todas esas almas.

Y por eso su tiempo en el Purgatorio será mayor, si es que llega al Purgatorio y no se pierde eternamente.

Por eso debéis cuidar vuestros pensamientos, vuestras palabras, vuestras obras, vuestras omisiones, porque para mucha gente a vuestro al rededor,

para muchas almas que os están observando, podéis ser un buen ejemplo y ayudar a muchas almas a crecer en Virtud y en Amor,

pero podéis ser también un mal ejemplo y causar una destrucción espiritual, a veces tan tremenda que afectará a muchas almas y que quizá hasta se puedan perder eternamente por culpa vuestra.

Tenéis que cuidaros, tenéis que cuidar vuestra forma de ser, os repito, vuestras palabras, obras, acciones, omisiones, todo esto puede causar un mal a muchas almas y tendréis que responder por ellas al momento de vuestro juicio.

Reparad, Mis pequeños, reparad por vuestras faltas pasadas, ciertamente perdonadas, pero el daño que habréis hecho a otras almas, eso tendrá que ser también purgado.

 Cuidad pues, Mis pequeños, cuidad vuestra alma y cuidad a vuestros hermanos, rogadMe porque pronto salgan del Purgatorio.

Os repito, ahora el tiempo de Purgatorio ES MÁS LARGO porque hay muy pocas almas que estén orando por ellas.

Son vuestros hermanos, lo que hagáis por ellas, tarde o temprano, también será un bien para vosotros.

Porque un alma, que por vuestra intercesión sale del Purgatorio, ella desde el Cielo Me rogará por vuestra salida de ahí, es un bien que os hacéis los unos a los otros.

Cuando obráis en el amor, Mi Amor cae sobre todas las almas y os favorece a todos.

No desperdiciéis, pues, toda ocasión que tengáis para ayudar a vuestros hermanos, vivos y difuntos, y así iréis procurando con ello que vuestra salida del Purgatorio sea pronta.

Yo os Bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre.

 

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