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374 EL CAMINO DE LA CRUZ


374 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Pedro con el rostro profundamente preocupado…

Y escandalizado como los demás,

Toma de un brazo a Jesús, lo separa un poco,

y le dice en voz baja al oído:

–        ¡Pero, Señor…!

No digas esto. No está bien.

Ya ves que se escandalizan.

Decaes del concepto en que te tienen.

Por nada del mundo debes permitir esto.

Ya de por sí nunca te va a pasar nada semejante.

¿Por qué pensarlo como si fuera verdadero

Debes subir cada vez más en el concepto de los hombres, si te quieres afirmar;

debes terminar por ejemplo, con un último milagro,

como reducir a cenizas a tus enemigos.

Pero nunca degradarte hasta aparecer como un malhechor castigado.

Pedro parece un maestro o un padre afligido corrigiendo con amorosa angustia a un

hijo que ha dicho una necedad.

Jesús, que estaba un poco inclinado para escuchar el bisbiseo de Pedro,

se yergue severo, con rayos en los ojos.

Pero rayos de amargura, y grita fuerte, para que todos oigan,

y la lección sirva para todos:

–        ¡Aléjate de Mí!

¡Tú que en este momento eres un satanás

que me aconseja desistir de la obediencia a mi Padre!

¡Para esto he venido!

¡No para los honores!

Tú, aconsejándome la soberbia, la desobediencia y el rigor sin caridad,

tratas de seducirme al mal. ¡Vete!

¡Me escandalizas!

¿No comprendes que la grandeza no está en los honores sino en el sacrificio?

¡Y que nada importa aparecer a los ojos de los hombres como gusanos,

si Dios nos considera ángeles?

Tú, hombre ignorante, no comprendes lo que es grandeza y razón según Dios,.

Y ves, juzgas, sientes, hablas según el hombre.

El pobre Pedro queda anonadado por esta severa corrección;

se separa, compungido y rompe a llorar…

No es el llanto gozoso de pocos días antes;

sino el sollozo desolado de quien comprende que ha pecado y ha causado dolor a la

persona amada.

Jesús lo deja llorar.

Se descalza, se remanga las vestiduras y vadea el arroyo.

Los demás hacen lo mismo en silencio.

Ninguno se atreve a decir una palabra.

Al final de todos va el pobre Pedro, en vano consolado por Isaac y el Zelote.

Andrés se vuelve más de una vez y lo mira.

Y luego susurra algo a Juan, que está muy afligido;

pero Juan menea la cabeza en señal de negación.

Entonces Andrés se decide.

Se adelanta corriendo.

Alcanza a Jesús.

Lo llama suavemente, con visible temor: –

        ¡Maestro! ¡Maestro!…

Jesús deja que lo llame varias veces.

Al final se vuelve, severo

y pregunta:

–        ¿Qué quieres?

–        Maestro, mi hermano está compungido…

Llora…

–        Se lo ha merecido.

–        Es verdad, Señor.

Pero de todas formas es un hombre…

No puede hablar bien siempre.

–        Efectivamente, hoy ha hablado muy mal – responde Jesús.

Pero ya se le ve menos severo.

Y un atisbo de sonrisa dulcifica la mirada divina.

Andrés se siente más seguro y aumenta la peroración en pro de su hermano.

–      Pero Tú eres justo

Y sabes que el amor a Ti ha sido lo que le ha hecho caer…

–        El amor debe ser luz, no tinieblas.

Él lo ha hecho tinieblas y ha envuelto en ellas su espíritu.

–        Es verdad, Señor.

Pero las vendas se pueden quitar cuando se quiera.

No es como tener el espíritu mismo tenebroso.

Las vendas son lo externo; el espíritu es lo interno, el núcleo vivo…

El interior de mi hermano es bueno.

–        Que se quite entonces las vendas que se ha puesto. –

        ¡Lo hará, sin duda, Señor!

Ya lo está haciendo.

Vuélvete y mira: lo desfigurado que está por ese llanto que no consuelas Tú.

¿Por qué has sido tan severo con él?

–         Porque él tiene el deber de ser “el primero”

de la misma forma que le he dado el honor de serlo.

Quien mucho recibe, mucho debe dar.

–        ¡Es verdad, Señor, sí!

Pero, ¿No te acuerdas de María de Lázaro?,

¿De Juan de Endor?, ¿De Áglae?, ¿De la Beldad de Corozaín?, ¿De Leví?

A éstos les diste todo…

Y ellos todavía te habían dado sólo la intención de redimirse…

¡Señor!… Atendiste mi súplica por la Beldad de Corozaín y por Áglae…

¿No lo harías ahora por tu Simón y mi Simón, que ha pecado por amor a Ti?

Jesús baja su mirada hacia este hombre apacible que se vuelve intrépido y

apremiante en favor de su hermano, como lo fue, silenciosamente, en favor de Áglae

y de la Beldad de Corozaín.

Y su rostro resplandece de luz, al ordenar a Andrés:

–        Ve a llamar a tu hermano y tráemelo aquí

–        ¡Gracias, mi Señor! Voy…

Y se echa a correr, raudo como una golondrina.

Cuando llega con Pedro,

le dice:

–        ¡Ven, Simón!.

¡El Maestro ya no está irritado contigo!

Ven, que te lo quiere decir.

–        No, no.

Me da vergüenza…

Hace demasiado poco que me ha corregido…

Será que quiere que vaya para reprenderme otra vez…

–        ¡Qué mal lo conoces!

¡Venga, ven!

¿Piensas que yo te llevaría a otro sufrimiento?

Si no estuviera seguro de que te espera allí una alegría, no insistiría. Ven. 

 –        ¿Y qué le voy a decir? – dice Pedro.

Mientras se pone en marcha un poco recalcitrante, frenado por su humanidad,

aguijado por su espíritu, que no puede estar sin la indulgencia de Jesús y sin su amor

–         ¿Qué le voy a decir? – sigue preguntando.

–         ¡Nada, hombre!

¡Será suficiente con que le muestres tu rostro! – le dice su hermano animándolo.

Todos los discípulos, a medida que los dos hermanos los van adelantando, los miran

Y comprendiendo lo que sucede, sonríen.

Llegan donde Jesús.

Pero Pedro, al último momento, se detiene.

Andrés no se anda con pequeñeces.

Con un enérgico tirón, como los que da a la barca para empujarla al mar,

lo echa hacia adelante.

Jesús se detiene…

Pedro levanta la cara…

Jesús la baja…

Se miran…

Dos lagrimones se deslizan por las mejillas enrojecidas de Pedro…

Jesús le dice:

–        Ven aquí, niño grande irreflexivo;

para que te haga de padre enjugando este llanto. 

Y levanta su mano, en que es muy visible aún, la señal de la pedrada de Yiscal.

Y seca con sus dedos esas dos lágrimas.

Pedro todavía tembloroso,

pregunta: 

–         ¡Oh, Señor!

¿Me has perdonado?

Agarrando la mano de Jesús con las suyas…

Y mirándolo con unos ojos

como los de un perro fiel que desea obtener el perdón del amo resentido.

–        Nunca te he condenado…

–        Pero antes…

–        Te he amado.

Es amor no permitir que en ti arraiguen desviaciones de sentimiento y de

pensamiento.

Debes ser el primero en todo, Simón Pedro.

–        ¿Entonces…

Entonces me estimas todavía?

¿Me quieres contigo todavía?

No es que yo quiera el primer puesto, ¡Eh!

Me conformo con el último, pero estar contigo, a tu servicio…

Y morir verdaderamente a tu servicio mi Señor, mi Dios

Jesús le pasa el brazo por encima de los hombros

y lo estrecha contra su costado.

Entonces Simón, que no ha dejado suelta en todo este tiempo la otra mano de

Jesús, se la cubre de besos… dichoso.

Y susurra:

–        ¡Cuánto he sufrido!…

Gracias, Jesús.

–        Da las gracias más bien a tu hermano.

Y en el futuro lleva bien tu carga con justicia y heroísmo.

Vamos a esperar a los otros.

¿Dónde están?

Están parados en el lugar en que se encontraban, cuando Pedro alcanzó a Jesús,

para dejar libertad al Maestro de hablar a su apóstol humillado.

Jesús les hace señas para que se acerquen.

Con ellos hay un grupito de labriegos, que habían dejado de trabajar en los campos

para venir a hacer preguntas a los discípulos

Jesús, todavía con la mano en el hombro de Pedro,

dice:

–        Por lo que ha pasado….

Habéis entendido que estar a mi servicio es una cosa severa.

Le he reprendido a él.

Pero la corrección era para todos.

Porque los mismos sentimientos estaban en la mayoría de los corazones, formados

o en gestación.

Así os los he truncado.

Y quien todavía los cultiva,

muestra que no comprende mi Doctrina, ni mi Misión ni mi Persona.

He venido para ser Camino, Verdad y Vida.

Os doy la Verdad con lo que enseño.

Os aliso el Camino con mi sacrificio; os lo trazo e indico.

Pero la Vida os la doy con mi Muerte.

Y acordaos de que quien responde a mi llamado y se alista en mis filas para

cooperar en la redención del mundo, debe estar dispuesto a morir para dar a otros

la Vida.

Por tanto, quien quiera seguirme debe estar dispuesto a negarse a sí mismo,

al viejo yo con sus pasiones, tendencias, costumbres, tradiciones, pensamientos… 

Y seguirme con su nuevo yo.

Tome cada cual su cruz como Yo la tomaré.

La tome, aunque le parezca demasiado infamante.

Deje que el peso de su cruz triture a su yo humano, para liberar al yo espiritual,

al cual no produce horror la cruz; antes al contrario, le es apoyo y objeto de

veneración, porque el espíritu sabe y recuerda.

Y que me siga con su cruz.

¿Qué al final del camino le esperará la muerte ignominiosa como me espera a Mí?

No importa.

No se aflija;

antes al contrario, exulte por ello, porque la ignominia de la tierra, se transformará

en grande gloria en el Cielo;

mientras que será un deshonor la vileza frente a los heroísmos espirituales.

Siempre decís que queréis seguirme hasta la muerte.

Seguidme entonces.

Y os guiaré al Reino por un camino abrupto, pero santo y glorioso,

al final del cual conquistaréis la Vida eternamente inmutable.

Esto será “vivir”.

Por el contrario, seguir los caminos del mundo y la carne es “morir”.

De modo que quien quiera salvar su vida en esta tierra, la perderá;

mas aquel que pierda su vida en esta tierra por causa mía y por amor a mi

Evangelio la salvará.

Pensad esto:

¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si luego pierde su alma?

Y otra cosa: guardaos bien, ahora y en el futuro,

de avergonzaros de mis palabras y acciones.

Eso también sería “morir”.

Porque el que se avergüence de Mí y de mis palabras delante de esta generación

necia, adúltera y pecadora, de que he hablado, y esperando recibir su protección

y ganancia, la adule, renegando de Mí y de mi Doctrina

MATEO 7, 16

arrojando a las bocas inmundas de los cerdos y perros las perlas recibidas,

para recibir luego como paga, excrementos en vez de dinero, será juzgado por el

Hijo del hombre cuando venga en la gloria de su Padre, con los ángeles y santos, a

juzgar al mundo.

Él, entonces, se avergonzará de estos adúlteros y fornicadores;

de estos villanos y usureros.

Y los arrojará fuera de su Reino; porque no hay sitio en la Jerusalén celeste para

adúlteros, ruines, fornicadores, blasfemos y ladrones.

Y os digo en verdad, que algunos de mis discípulos y discípulas presentes no

experimentarán la muerte antes de haber visto la fundación del Reino de Dios.

Y ungido y coronado a su Rey.

El Reino de Dios vio sus comienzos el Viernes Santo, por los méritos de Cristo.

luego se afirmó con la Iglesia constituida

Pero no todos vieron esta creciente afirmación.

Reemprenden la marcha, hablando animadamente;

mientras el sol desciende lentamente en el cielo…

149 DIOS LLAMA Y PASA…


149 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

 Jesús viene con sus once apóstoles – falta Juan – dirigiéndose hacia la orilla del lago.

Mucha gente se aglomera en torno a Él:

Muchas de estas personas, en su mayor parte hombres, son las mismas que estaban en el Monte y que ahora se han llegado de nuevo a Él, a Cafarnaúm, para seguir escuchando su palabra.

Intentan retenerlo, pero Jesús dice:

–     Yo soy de todos.

Debo ir a otros muchos. Volveré. Ya os reuniréis de nuevo conmigo. Ahora dejadme que me vaya.

Con mucha dificultad logra andar entre la muchedumbre que se comprime por la estrecha callecilla.

Los apóstoles empujan para abrirle paso, pero es como incidir contra una sustancia blanduzca, que enseguida recupera la forma que tenía.

Incluso se irritan, pero inútilmente.

Ya se ve la orilla, cuando, tras un feroz esfuerzo, un hombre de mediana edad y de aspecto distinguido se acerca al Maestro.

Y para atraer su atención, le toca en el hombro.

Jesús se para, se vuelve y pregunta:

–     ¿Qué quieres?

–     Soy escriba.

Lo que hay en tus palabras supera toda comparación con lo que hay en nuestros preceptos. A mí me ha conquistado. Maestro, ya no te dejo.

Te seguiré a dondequiera que vayas. ¿Cuál es tu camino?

–     El del Cielo.

–     No me refiero a ése.

Lo que te pregunto es a dónde vas: después de ésta, ¿Cuáles son tus casas, para poderte encontrar siempre?

–     Las zorras tienen madrigueras y las aves nidos.

Pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.

Mi casa es el mundo, está dondequiera que haya espíritus a los que enseñar, miserias que aliviar, pecadores que redimir.

–     Entonces, por todas partes.

–     Tú lo has dicho.

¿Serías capaz de hacer, tú, doctor de Israel, lo que éstos, los últimos, hacen por amor mío? Aquí se requiere sacrificio y obediencia.

Y caridad para con todos, espíritu de adaptación a todo y con todos. Porque la condescendencia atrae.

Porque quien quiere curar debe curvarse hacia todas las llagas.

Luego vendrá la pureza del Cielo; aquí estamos en el fango.

Y hay que arrancarle al barro en que pisamos las víctimas que ya ha succionado.

No subirse las vestiduras y apartarse porque ahí el barro cubre más. La pureza debe estar en nosotros.

Tenemos que estar henchidos de ella de forma que nada más pueda entrar.

¿Puedes hacer todo esto?  

El hombre lo mira sorprendido…

–     Prueba.

Rogaré porque seas capaz de ello.

Jesús reanuda su camino.

Luego, captada su atención por dos ojos que lo están mirando…

Dice a un joven alto y fuerte que se ha detenido para dejar pasar a la multitud, pero que parece llevar otra dirección:

–     Sígueme.

El joven siente un sobresalto, cambia de color, parpadea como si hubiera sido deslumbrado por un resplandor,

abre la boca para hablar, pero no encuentra en ese momento qué responder.

Al final dice:

–     Te seguiré.

Pero, se me ha muerto mi padre en Corozaín; tengo que enterrarlo.

Volveré después del entierro.

–     Sígueme.

Deja que los muertos entierren a sus muertos.

La Vida ya te ha succionado; por otra parte, tú lo has deseado.

No llores por el vacío que en torno a ti te ha creado la Vida, para tenerte como discípulo suyo.

Las mutilaciones del afecto, son raíces de las alas que nacen en el hombre, que se ha hecho siervo de la Verdad.

Deja la corrupción a su suerte.

Elévate hacia el Reino de lo incorrupto.

Allí encontrarás también la perla incorruptible de tu padre.

Dios llama y pasa.

Mañana ya no encontrarías ni tu corazón de hoy ni la Llamada de Dios.

Ven. Ve a anunciar el Reino de Dios.

El hombre, que está apoyado en una pared baja, con los brazos colgando, de los cuales penden las bolsas que contienen los aromas y las vendas…

Tiene la cabeza agachada y medita, en pugna entre los dos amores: el de Dios y el de su padre.

Jesús lo mira y aguarda.

Luego coge a un pequeñuelo y lo aprieta contra su corazón,

diciendo:

–     Repite conmigo:

“Te bendigo, Padre, e invoco tu luz para los que lloran envueltos por las ofuscaciones de la vida.

Te bendigo, Padre, e invoco tu fuerza para quien es semejante a un niño que necesita de alguien que lo sostenga.

Te bendigo, Padre, e invoco tu amor para que canceles el recuerdo de todo lo que no seas Tú…

De la memoria de todos aquellos que en Tí encontrarían – y no saben creerlo – todo bien propio, aquí y en el Cielo”.

Y el niño – un inocente de unos cuatro años – repite con su vocecita las palabras santas.

Mientras Jesús le mantiene con su derecha las manitas unidas en oración, cogidas por las muñecas regordetas, como si fueran éstas, dos tallitos de flor.

El hombre se decide.

Da a un compañero sus envoltorios y se acerca a Jesús, que pone en el suelo al niño tras haberlo bendecido.

Y echa su brazo sobre los hombros del joven y sigue caminando así, para confortarlo y sostenerlo en su esfuerzo.

Otro hombre le interpela:

–     También yo quisiera ir contigo como ese joven.

Pero antes de seguirte querría despedirme de mis familiares. ¿Me lo permites?

Jesús lo mira fijamente y responde:

–     Demasiado arraigado en lo humano.

Arranca las raíces. Y si no eres capaz de ello, córtalas.

Al servicio de Dios se viene con espiritual libertad.

Nada debe atar a quien se entrega.

–     Pero Señor…

¡La carne y la sangre son siempre carne y sangre!

Alcanzaré lentamente la libertad de que hablas…

–     No.

Jamás lo lograrías.

Dios, de la misma forma que es infinitamente generoso cuando premia, es también exigente.

Si quieres ser discípulo debes abrazar la cruz y venir.

Si no, te quedarás en el número de los simples fieles.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

El camino de los siervos de Dios no es de pétalos de rosa; es de exigencia absoluta.

Nadie, habiendo puesto la mano sobre el arado para arar los campos de los corazones y esparcir en ellos la semilla de la doctrina de Dios…

Puede volverse para observar lo que ha dejado… Y lo que ha perdido.   

O lo que tendría si siguiera un camino común.

Quien así actúa no es apto para el Reino de Dios.

Trabájate a ti mismo, hazte viril y luego ven. Ahora no.

Llegan a la orilla.

Jesús sube a la barca de Pedro y le susurra unas palabras…

Jesús sonríe y Pedro hace un gesto de admiración, pero no dice nada.

Sube también el hombre que ha dejado de ir a enterrar a su padre por seguir a Jesús.

GÉNESIS 3, 5


Los primeros padres se convirtieron y arrepintieron gradualmente:

¡Al ir saboreando lo amargo del pecado!

Lo duro del trabajo, los dolores del parto.

Abel asesinado, sangrando, convertido en gusanos…

Los huesos secos, convertidos en ceniza, en polvo…

Dios no había querido burlarse, ¡Sus palabras se realizaban! (Gén. 3,16-19).

Dice Jesús:

Hijitos Míos, recordad Mi Orden, Mi Consejo, cuando subí a los Cielos: “amaos los unos a los otros, como Yo os he amado”.

Muchos de vosotros estáis viendo los desastres que se están dando a nivel mundial, pero también, muchos de vosotros, sois secos de corazón.

Vuestro corazón no produce amor, vuestro corazón no se ha dejado penetrar por el Mío. 

Y muchas veces, permito todos estos desastres o que se sucedan situaciones penosas entre vosotros;

para que pueda surgir ese amor fraterno que, ciertamente, os va a salvar y os va a hacer crecer en Mi Amor.

Es penoso, lo digo así, es penoso que tenga que llegar a estas situaciones de castigo, de dolor, para que muchas almas reaccionen a que os améis los unos a los otros,

cuando debierais, todos, tener vuestro corazón en la mano.

Con esto, queriendo decir que estéis atentos a dar amor a cualquiera que se acerque a vosotros.

Sabéis, porque os lo he dicho, que el Amor es el que mueve a todo el Universo, ahora se os hace, quizá, difícil entender esta frase; pero; 

Mi Padre, vuestro Padre, todo lo creó en el Amor. 

Y todo lo que Él hace, tiene un inicio en el Amor.

Ved cómo Me pidió a Mí Su Hijo, Su Único Hijo, bajar a la Tierra; para alcanzar la salvación de todos vosotros, dándoMe en el Dolor.

Yo bien podría haberLe pedido que fuera de otra forma, que no tuviera que sufrir, que con la sola Evangelización Yo convenciera a todos.

Él Me lo pidió así, dándoMe, y es que el Dolor entró en el momento del Pecado Original, y el Dolor, también, tiene que ser vencido por el Amor.

Todos vosotros habéis vivido el amor y habéis vivido el dolor y sabéis que cuando el amor entra después del dolor, es vencido el dolor y de ahí nace una nueva experiencia, que os hace crecer.

Todo acto de amor produce un crecimiento, una purificación, un beneficio para las almas y para todo lo creado.   

EL AMOR ES LA FUERZA MAS PODEROSA DEL UNIVERSO

Si vosotros consintierais en cuidar vuestros actos diarios y tratarais de que todo lo que saliera de vosotros, en pensamientos, palabras, obras, llevaran amor,

contagiaríais a vuestros hermanos y, de esta forma iríais eliminado tanto mal a vuestro alrededor, un mal que todos tenéis, ciertamente, arraigado en vuestro ser y que produce dolor.

El dolor se puede eliminar con el amor, como Yo lo vencí con Mi Donación por vosotros, vencí a satanás con Mi Amor,

con Mi Sabiduría Divina, a la cual, todos vosotros tenéis acceso y Me lo debéis pedir, porque si queréis actuar, en esta vida, solos, no podréis salir adelante, Satanás os vencerá,

es más inteligente que vosotros. Pero si vosotros tomáis de Mi Sabiduría, que es muy diferente, lo venceréis junto con vuestro amor hacia los demás.

Yo estoy con vosotros, vivo en vuestro corazón, os conozco perfectamente, Mi Santo Espíritu está en vosotros, SoMos Una Sola Persona y os conoceMos perfectamente.

“No hagas a los demás, lo que no quieras que te hagan a tÏ.”

Debéis, pues, tratar, de que todos vuestros actos estén envueltos de amor e iréis viendo el resultado, prácticamente, de inmediato;

Y la principal regla a todo esto, es, no devolver mal cuando recibáis un mal.

También os lo he dicho muchas veces, amor y si no podéis dar en ese momento amor, callaos y vedMe a Mí en ese momento, ved todo Mi Dolor, toda Mi Donación por cada uno de vosotros,

y os podría preguntar, ¿No os mereceríais vosotros, más, ese Dolor que Yo sufrí?,

porque sufrí por vuestros pecados y vosotros sois los que debierais estar sufriendo, no Yo, vuestro Dios, que Soy Puro y Santo,

Yo tomé el lugar de cada uno de vosotros, y os saqué adelante, a la Vista de Mi Padre.

34. Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes. Lucas 23

Así que, en los momentos en que seáis ofendidos, vedMe, porque vosotros debierais estar sufriendo lo que Yo sufrí para vuestra salvación. 

Y cuando la Sabiduría llegue a vuestro interior, aprenderéis a perdonar, aún a aquél que os hizo mucho daño.

El Amor todo lo puede, Mis pequeños, pero deberéis ser lo suficientemente humildes, para reconocer que no os merecéis, plenamente, lo que tenéis,

se os da porque os amaMos, no porque os merezcáis lo que tenéis.

Hijitos Míos, todos vosotros estáis llamados a resucitar conMigo. Vuestra resurrección, Mis pequeños, es el dejar atrás vuestros pecados pasados que os podían haber llevado a la muerte eterna,

y es un cambio de vida el que debéis llevar en vuestra resurrección personal. 

Debéis dejar atrás todo aquello que Me ofende, que Me daña, que Me hace derramar Lágrimas de Dolor, porque veo a vuestras almas destrozadas por el pecado.  

Vosotros, ciertamente, no os dais cuenta de ello, pero desde el Cielo, al ver a las almas que están misionando o que están viviendo nada más por vivir en la Tierra,

se ven como deformadas, no son almas bellas, no son almas que viven en la Gracia, que viven el Amor, Mi Amor en sus vidas.  

Cuando os dije “las que están misionando”, ¡Ojalá todos estuvierais misionando!,

porque hay tantas almas que muertas están en vida y no hacen nada, ni para el bien de sus hermanos ni para el bien de sí mismas;

son almas que han desperdiciado el Don de la vida y han de dar cuenta de ello cuando regresen a Mí.

Mi Resurrección es Gloriosa, Mis pequeños, porque ella marca el haber vencido a la muerte, el haber vencido a satanás, el haber vencido lo que causó el Pecado Original.

Vuestros Primeros Padres tenían todo, tenían la vida, la verdadera Vida en sí mismos, pero erraron porque prefirieron seguir a Satanás.

Y vosotros también erráis muchas veces a lo largo de vuestra existencia.

Y así vais muriendo poco a poco. Muchos se quedan en esa muerte espiritual y no se levantan.

Y NO LES IMPORTA, QUE ES LO PEOR DE TODO.

No fuisteis llamados a la vida para morir durante la misión que debierais haber llevado, .

Fuisteis llamados a la vida, porque se confió en cada uno de vosotros, Mi Padre os dio el Don de la vida; para transmitir más vida a vuestros hermanos.

Vuestra muerte no tendrá resurrección, moriréis eternamente.

¡¡¡¡ÉL VIVE!!!

YO NO MORÍ, ESE ES MI TRIUNFO, MIS PEQUEÑOS,

Y EL TRIUNFO QUE DEBÉIS TENER TAMBIÉN VOSOTROS:

LA RESURRECCIÓN.

 Ciertamente, al morir, la gran mayoría de vosotros tendréis que purificar vuestra alma de vuestros pecados.

Y luego vuestra alma resucitará a la Gloria eterna y ahí tendréis vuestro triunfo personal.

PARA ALGUNOS,

ESE TIEMPO DE ESPERA EN EL PURGATORIO SERÁ LARGO…

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

según vuestros pecados y el comportamiento que tuvisteis en la Tierra: el respeto que Me tuvisteis a Mí, vuestro Dios, el respeto que le tuvisteis a vuestros hermanos.

Para otros, ese paso será rápido, porque tratasteis en vuestra existencia de vivir vida en Mí, vida en Cristo, siendo otros Cristos.

Y de esta forma, saldréis pronto del Purgatorio, porque lograsteis hacer muchos méritos a lo largo de vuestra existencia…

Y ellos os llevarán a una purificación rápida para que alcancéis muy pronto el Reino de los Cielos.

Para muchos de vosotros, todo esto que os explico queda todavía como sin explicación, no entendéis porque no estáis compenetrados en la realidad espiritual.

Muchos todavía creéis que, después de vuestra vida humana al morir, ahí terminará todo y que no hay otra vida después de esta vida terrena.

Hay tantas creencias falsas, a donde os ha llevado Satanás, para que no penséis en una realidad que todas las almas tienen; pero que no todas aprovechan, que es la resurrección de vuestras almas.

Muchos viven por vivir, no hacen grandes méritos, destrozan su alma con el pecado y creen no tener obligaciones espirituales para conMigo, vuestro Dios.

Y así van desperdiciando toda su existencia sin hacer nada bueno, para la salvación de las almas ni para su crecimiento espiritual.

Se os ha repetido tantas veces que seáis otros Cristos, y esto implica trabajo, Mis pequeños, un trabajo espiritual al que todos estáis llamados.

Cuando se os da el Don de la vida, inmediatamente implica trabajo, Mis pequeños,

NO venís a la Tierra a pasar momentos agradables, como todos creéis…

Y los buscáis porque desecháis todo aquello que ofende a vuestros sentidos o a vuestra manera de pensar;

buscáis solamente los placeres que le podéis dar a vuestro cuerpo y a vuestra alma también.

Y despreciáis todo aquello que es trabajo, trabajo espiritual, para alcanzar una vida plena en el Reino de los Cielos.

¡Cuántas, cuántas almas llevan esa mentalidad, de que fueron creadas para gozar en la Tierra!

Hasta ministros de la Iglesia hablan de ello y lo pregonan:

“Si vosotros tenéis algún problema, deshaceos de ello inmediatamente, vosotros vinisteis a gozar en la Tierra, debéis buscarlo, debéis buscar ese gozo.”

Estas son las irrealidades, las Mentiras a donde ha llevado Satanás también a los ministros de Mi Iglesia.

Se olvidan de todo lo que Me costó a Mí salvar vuestras almas; toda Mi Vida fue de trabajo, de oración, de sufrimiento, persecución, blasfemias, alegrías…

Y terminó Mi Vida con una Donación de tormento por el bien de vosotros.

Y todavía, hablan estos ministros, falsos ministros, de que debéis buscar solamente el gozo… 

Y se olvidan de Mis Palabras: “El que quiera seguirMe, que tome su cruz y Me siga”.

¡Cuánta maldad! ¡Cuánto error ha puesto Satanás en los corazones de vosotros en el mundo!

No, no vinisteis a gozar, vinisteis a trabajar para Mí, vuestro Dios.

Y el gozo realmente, sí viene después cuando vuestro trabajo os hace saber que Me disteis un gozo grande al llevar a cabo lo que Yo os pedí.

Ciertamente, las almas buenas sí gozan con su trabajo, pero ese trabajo implica también dolor, implica sufrimiento, implica persecución. 

Si queréis resucitar conMigo, debéis llevar a cabo también lo que Yo hice:

Transmisión de vida espiritual a través de la palabra, a través del ejemplo, a través del amor que deis a vuestros hermanos.

Sabéis cómo gozo un alma que estaba perdida y que, por la intercesión de un alma buena, la regresa al buen camino.  

Así os volvéis salvadores de almas y ese es el camino que debéis seguir.

Y ese es el gozo que será premiado cuando lleguéis al Reino de los Cielos, un gozo que ahora no imagináis.

Y es un gozo grande, Mis pequeños, porque Me estáis dando a Mí, vuestro Dios, un gran gozo y la paga es inmensa,

porque Yo Soy el Infinito, el Omnipotente, Yo Soy el millonario de Amor,

Yo pago NO al ciento por uno sino mucho más que eso; cuando vosotros ayudáis a un alma a recuperar el camino del bien, a ayudarle en su resurrección.

Hay tantas almas muertas a vuestro alrededor, almas que no sienten tener un destino futuro.

Simplemente,viven por vivir; pero ni haciendo el bien ni haciendo el mal a lo largo de su existencia… 

SIMPLEMENTE VIVEN

Y VIVEN SEGÚN SU FORMA DE CREER QUE DEBE SER LA VIDA.

Todos lleváis un bien en vuestro interior, que es Mi Santo Espíritu,

pero también lleváis la marca del Pecado Original que os lleva hacia el Mal, esa es la gran lucha en cada uno de vosotros. 

Ciertamente, algunos aprendéis a detener esa maldad, pero por simple educación o respeto a vuestros hermanos… 

Y DE ESTA FORMA OS VOLVÉIS ALMAS BUENAS ANTE LOS OJOS DE LOS HOMBRES

Pero no lo estáis haciendo como crecimiento espiritual sino para evitaros problemas sociales con los que están a vuestro alrededor, para que os respeten, porque vosotros los estáis respetando.

No viven una interioridad espiritual, viven para evitarse problemas con los que están a su alrededor.

Estas almas necesitan una guía espiritual, que también vosotros podéis darles con la ayuda de Mi Santo Espíritu,

pero hay otras almas que son tremendas, son malas, da miedo tener contacto con ellas,

pero también tienen posibilidad de cambio y ciertamente, vosotros sin Mi ayuda, sin la ayuda de Mi Santo Espíritu, no podréis llegar a tocarles el corazón.

Son almas aisladas porque las almas que están a su alrededor les temen, no quieren tener ningún problema con estas almas y, al ser odiadas, se aíslan y crece su rencor hacia los hombres,

pero cuando sienten el amor de un alma que verdaderamente Me ama, Mi Amor brota de sus palabras, de sus obras,

y toca el corazón de estos hermanos vuestros que, a pesar del tiempo que han vivido, nunca han sentido ese Amor, un Amor diferente que no viene de los hombres,

que viene de Mí, vuestro Dios y a través de vuestros actos, de vuestras palabras, de vuestro deseo de ayudar al hermano caído, lo lleváis a la conversión.

Yo os voy dando, a lo largo de vuestra existencia, muchas oportunidades de ayudar a vuestros hermanos, especialmente cuando os habéis dado a Mí, vuestro Dios. 

Yo os tomo como instrumentos y os agradezco infinitamente lo que hacéis por vuestros hermanos.

Y os repito, seréis gratificados grandemente en el Reino de los Cielos. 

Porque os habéis dado por un hermano, habéis visto su necesidad, estaba muerto y le ayudasteis a resucitar, a poder resucitar a una nueva vida gracias a Mí, vuestro Dios, pero gracias a que sois Mis instrumentos.

17. Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
18. El dijo: «Traédmelos acá.»
19. Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
20. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
21. Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

Mucho, mucho podéis hacer, Mis pequeños, con tantos hermanos vuestros que no Me conocen, pero que sienten que hay algo más…

Y cuando empiezan a vivir esa vida de amor, que sí existe pero que en su entorno no lo han tenido, al momento en que vosotros se lo dais,

estas almas caen fulminadas de amor, viene un enamoramiento intenso ya que nunca han tenido ese toque de Amor que Yo les doy a ellas a través de vosotros.

Sed sencillos, pues, Mis pequeños, dejadMe a Mí actuar a través de vosotros. 

Os he dicho que vosotros tendréis los reconocimientos y los agradecimientos de vuestros hermanos que ayudasteis,

pero bien sabéis vosotros que Soy Yo en vosotros EL que actúa para lograr ese cambio en vuestros hermanos, lo sabéis y lo gozáis.

Sois Mis hijos, sois Mis hermanos, somos familia y todos debeMos ayudarNos a gozar del Reino de los Cielos.

No seáis egoístas, si vosotros estáis conMigo, transmitidles a vuestros hermanos Mi Resurrección.

DadMe almas, Mis pequeños, dadMe almas os lo pedí en la Cruz; TENGO SED DE  ALMAS y vosotros Me tenéis a Mí para alcanzarMe muchas almas para su resurrección.

Recordad esto perfectamente y portaos como verdaderos hijos de Dios y hermanos Míos, sed puros y santos, porque esa es vuestra obligación,

porque deberéis ser perfectos, como Yo, ante Mi Padre, Soy el Perfecto, al haberMe dado totalmente y en Amor, por cada uno de vosotros.

Os amo, Mis pequeños, y busco vuestro amor, también, para mitigar los Dolores que Me causáis por vuestros pecados.

Os Bendigo, y dejad que Mi Santo Espíritu, actúe plenamente en vosotros. Gracias,

Yo, el Hijo del Hombre y vosotros, Mis pequeños, Mis hermanos, os Bendigo: que la Luz del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros, os transforme y os lleve a la Perfección de Mi Padre, a la que estáis llamados todos vosotros.

Gracias, Mis pequeños.

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