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P EL MINÚSCULO RESTO


Enero  25 2021

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios.

Un año termina, un año empieza, un año pasado con tribulaciones, pero siempre con Mi protección.

Un año nuevo que empieza, que vosotros podéis manipular fácilmente hacia vuestro bien.

Vuelvo a tomar el ejemplo de David y Goliat, éste último representando la maldad que ya os rodea en una forma tremenda.

Asustados estáis en lo económico, en lo social, en lo político, en vuestra salud.

Estáis atemorizados por los Jinetes del Apocalipsis que cercanos están ya a vosotros.

Goliat, representando todo ese mal.

Y David, representando la Virtud.

¡Con cuánta sencillez se presenta David a luchar contra Goliat!

Sin armadura, sin armas, solamente una honda.

Pero, ¿Qué tenía David para defenderse contra Goliat?

Mi Presencia, Mi Presencia Divina.

Y esa la tenéis todos vosotros, pero no la cultiváis.

Vosotros fácilmente, os repito, podéis vencer a ese Goliat que os está rodeando.

A ese Goliat que no os deja en paz, que no os deja pensar sabiamente.

Que no os deja vivir en libertad porque no lo estáis atacando.

Y no lo estáis atacando con Mis armas, no lo estáis atacando con la Virtud, con el Amor,

con una vida espiritual entregada a Mí, vuestro Dios.

Retomo las Palabras de Mi Hijo en los Evangelios: 

  26. Díceles: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. 27. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen? MATEO 8  

“Aquel que quiera seguir en pos de Mí,

podrá hacer las cosas que Me visteis hacer y aún mayores”.  (Juan 14,12)

¿Lo estáis haciendo, Mis pequeños? NO.

¿Estáis buscándoMe para crecer espiritualmente? NO.

Otra vez os vuelvo a decir que el Resto Fiel es muy pequeño,

¡MUY PEQUEÑO! ¿No os da vergüenza eso?

¿Acaso os sentís que pertenecéis a ese Resto Fiel?

Camináis seguros por la vida cuando Me tenéis a Mí, vuestro Dios.

Porque Mi Presencia está en vosotros por las Virtudes que os doy, que os protegen, pero

La persona que recibió la Primera Comunión es adulta y ella solicitó el servicio , en una celebración en un hospital en Guadalajara, Mexico…

14. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. 15. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5

¿Acaso las estáis tomando realmente, como defensa en vuestra vida?

¿Transmitís vida espiritual a vuestros hermanos?

¿Les ayudáis a ellos a defenderse contra el Goliat que os agobia a todos vosotros?

Prácticamente NO.

¿Cómo pues, os podéis defender contra ese Goliat si muchos de vosotros ya os disteis por vencidos?

¿Qué esperáis pues, de este año que empieza?

¿Ya no queréis luchar?

¿Ya no queréis vencer la Maldad de Satanás que os rodea…

y que la podéis vencer con la Oración, penitencia, ayuno, como se os ha pedido,

y con una vida espiritual profunda?

¿Ya no queréis pensar en lo que vendrá en este año

y solamente pensáis en cosas negativas?

¿Ya no queréis luchar contra esa Maldad que OS ESTÁ APLASTANDO,

que no os deja respirar,

pero que podéis VENCER fácilmente y renacer nuevamente en Mí?

Mis pequeños,

HABÉIS PERDIDO LA FE,

Habéis perdido ese afán de lucha,

Ya no queréis vencer, ya no queréis luchar, ya os habéis dado por vencidos.

No os espera un futuro halagüeño, os habéis dado por vencidos.

Vuelvo a repetir: El Resto fiel es muy pequeño.

El Resto Fiel está defendiendo la Fe, Mi Presencia en la Tierra,

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo. Y EL CORAJE DE UN GUERRERO…

Está defendiendo Mi Amor entre vosotros,

Os está defendiendo a la mayoría de vosotros con su Oración y su Intercesión.

Quería pensar que Yo tendría un ejército fuerte para luchar contra Satanás.

Y la gran mayoría de vosotros ya estáis vencidos por el miedo.

Ni siquiera os queréis enfrentar a Satanás, a ese Goliat que está frente a vosotros y os repito:

Lo podéis vencer fácilmente con un cambio de vida, con un cambio de actitud espiritual,

con una vida sacramental, con una vida en pureza y en amor,

éstas son cosas que Satanás no soporta, que las conocéis, pero no las buscáis.

¿Qué esperáis pues, Mis pequeños?

¡Estáis INDEFENSOS contra el Enemigo!

Sólo os queda caer por el alcantarillado.

No servís para nada ya, no servís ni para vosotros mismos.

No queréis buscar vuestra salvación, no queréis buscar la salvación de vuestros hermanos,

No queréis cumplir con lo que Yo os he pedido que cumpláis,

para que podáis regresar nuevamente al Reino de los Cielos.

Satanás os ha llevado a la situación espiritual en la que vivís.

Ya no sois almas en las que se pueda confiar.

La gran mayoría de vosotros vivís en pecado, en falsedades, en grandes errores espirituales.

Ciertamente, el ataque actual contra vosotros es tremendo,

PERO NO IMPOSIBLE DE SORTEAR

Seguís queriendo ver esa maldad del tamaño de Goliat, vosotros, pequeños Davides. 

La Virtud del Amor, la vida a la par Conmigo,

puede acabar fácilmente con esa Maldad que os rodea.

Pero tenéis que ser valientes, tenéis que levantaros,

tenéis que ser ejemplo ante el mundo y ante el Cielo.

No os dejéis vencer, Mis pequeños.

Porque el Espíritu de Dios NO NOS HACE COBARDES, al contrario, NOS DA PODER para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir, una buena vida cristiana, 2 Tim 1-7

Sois grandes, porque Yo os he creado para ser grandes.

Os he dado el Don de la vida y muchas Bendiciones, Gracias, Carismas, Dones, para poder vencer a ese Goliat,

pero el temor os ha llevado a caer y no os queréis levantar.

Si os unierais en Oración, si os arrodillarais a pedir Perdón por vuestros pecados,

si implorarais Mi Misericordia y Mi Ayuda,

lograríais fácilmente vencer a ese Goliat que os rodea.

En resumen Mis pequeños, este Año que empieza…

¿Será para vosotros de triunfo, porque lucharéis y querréis ser hijos Míos?

¿Esos hijos Míos que Yo quiero ver nuevamente en la Tierra, que seáis Mi pueblo, que Yo Sea vuestro Dios?

¿O ya os daréis por vencidos y entonces sí,

el poder de Satanás arrasará con todo y con todos en vuestro mundo?

Os aviso desde ahora, ¿Salvaréis vuestra vida y vuestro mundo?

o ¿Dejaréis que Satanás os destroce y destroce vuestro hogar terreno? 

Visión: Veo un crucifijo con Dios Nuestro Señor, pero está flotando en el aire,

no está el crucifijo clavado en la tierra,

y veo atrás del crucifijo, o sea, a espaldas de Dios Nuestro Señor,

el Rostro de Dios Padre que abarca todo el tamaño de la Cruz.

Está un poco más alejado, pero se ve que es el Rostro de Dios Padre de tamaño grande…

Y nos dice Dios Padre:

Pocos, muy pocos llegaron a verMe a Mí en la Presencia de Mi Hijo.

Y aun ahora, pocos también Me ven así.

Uno de los Apóstoles Le preguntó: “Déjanos ver al Padre”

y Mi Hijo le respondió: “El que Me ve a Mí, ve a Mi Padre”.

Mis pequeños, Yo Soy el Hacedor de todo, Yo Soy vuestro Creador, Soy el Amor Infinito.

Todo ha salido de Mí, pero aun ahora pocos Me dan ese mérito de Creador,

de Salvador y de vuestro Guía espiritual.

Es Mi Trinidad Sacrosanta la que os protege, la que os guía, la que os da vida.

¡Vida, Mis pequeños!

Una Vida Divina, porque Yo habito en vosotros.

Y aquél que se deja mover por Mí queda transfigurado.

Aquél que se deja mover por Mí, que se deja poseer por Mí,

ya no vuelve a ser el mismo porque Me ha conocido a Mí,

ha conocido el Verdadero Amor, ha conocido a su Creador,

ha conocido lo que es la Verdadera Vida

y no la vida que ahora tenéis, vida humana llena de pecado,

llena de maldad con la que tenéis que luchar todos los días.

“¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Aquél que se deja mover por Mí llega a niveles inmensos, altísimos de santidad.

Porque Yo, al Vivir en un alma, la transformo,

para que Yo Mismo esté contento de vivir en esa alma.

Yo no puedo vivir en donde se vive en pecado, en maldad, en error,

Yo vivo en almas santas, las transformo, las adorno, las llevo a niveles sublimes

en donde Yo esté contento de vivir en vosotros y, en consecuencia,

vosotros estaréis infinitamente también contentos de tenerMe a Mí en vuestro interior,

en vuestra vida, en vuestros actos.

Desde ese momento, Mi Sabiduría actúa en vosotros.

Ya no actuáis como vuestros hermanos actúan,

especialmente aquellos que no quieren dejarMe vivir en su ser.

Cuando un alma se deja poseer, viene a ser Presencia Viva de Mí, vuestro Dios, entre los hombres.

Mi Hijo Se manifestó ante los hombres, pero en ese momento y como lo es ahora también,

Satanás dominaba el mundo, la maldad era inmensa, como ahora lo estáis viviendo.

Y por eso pocos, MUY POCOS, aceptaron Mi Presencia en Mi Hijo.

Y aquellos que quieren estar Conmigo, que se dejan poseer, que se dejan guiar por Mi Sabiduría Divina,

por Mi Voluntad, por el Amor Perfecto, que es el que Yo os doy por estar Conmigo, son atacados.

Son atacados por las fuerzas de Satanás, pero al final Mi Presencia en vosotros triunfa.

Muchos son los llamados, pocos los escogidos.

Y los escogidos son almas valientes, almas que Me dejan vivir plenamente en ellas…

Y a las que Yo utilizo para la salvación de muchos.

Mi Amor es Infinito, Mi Amor es Grande, Mi Amor es Divino,

pero pocos aprecian tan grande Obra Mía en las almas.

Debéis aprender a apartaros del mundo,

pero no, no descuidando vuestras obligaciones de estado,

ni dejando a vuestros hermanos sin ayuda espiritual. 

Cuando Yo escojo un alma, la voy dotando de capacidades espirituales inmensas

y de esta forma, pueden hacer lo que muchos hombres harían.

Dejaos, pues, manejar por Mí.

Dejaos que Yo os transfigure, que Yo os vuelva otros Cristos en este Tiempo…

Para que Me ayudéis a la salvación de muchísimos de vuestros hermanos que han sido manipulados por Satanás.

Que los ha apartado de Mis Verdades y que los está llevando al desfiladero, para la perdición de sus almas.

Manteneos, pues, Conmigo, Mis pequeños.

En estos momentos no entendéis plenamente lo que quiere decir esa transfiguración… (1)

Y sobre todo, las Capacidades, Dones, Virtudes con las que Yo os puedo dotar.

Así que simplemente dejaos mover por Mí, vuestro Dios y Creador.

Ya os di vida, ya os creé, tenéis un alma y un cuerpo, pero

Os estoy llevando a una segunda transformación,

a una segunda y verdadera transfiguración

en la cual vosotros Me ayudaréis en este momento de Transformación Universal.

DejadMe pues, que Yo Me deleite nuevamente en vosotros,

como Me deleitaba Yo en vuestros Primeros Padres antes del Pecado Original.

Porque Yo no os estoy castigando,

Es vuestra necedad y soberbia que el mismo Maligno suscita en vosotros, quien os castiga.

Escoged, Mi Paraíso o vuestro mundo actual.

En vosotros está la decisión.

De Mí sólo puede salir Bien, Paz, Verdad y Amor.

Yo os bendigo en Mi Santísimo Nombre, en el Nombre de Mi Hijo Jesucristo, en el Nombre de Mi Santo Espíritu

y en Nombre de Mi Hija María, Madre del verdadero Dios por quién se vive.  

(1) En los dos siguientes post, volveremos a publicar un testimonio de lo que significa dejarse mover por Dios,..

Y entenderán más claro lo que ABBA nos está diciendo con transfigurarnos…

Y con que le AYUDEMOS en su imploración de auxilio, para defender la Creación…

http://diospadresemanifiesta.com/

147 AMAR LA VOLUNTAD DIVINA


147 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús, durante la noche, subiendo por el monte, se ha alejado bastante. La aurora lo muestra erguido sobre el borde de un despeñadero.

Pedro lo ve y se lo indica a sus compañeros.

Se encaminan hacia arriba en dirección a Él. 

Varios preguntan:

–     Maestro,  ¿Por qué no has venido con nosotros?

Jesús responde:

–     Necesitaba orar.

–     Pero también tienes mucha necesidad de descansar.

–     Amigos, durante la noche una voz venida del Cielo pedía oración por los buenos y por los malos.

Y también por mí mismo.

–     ¿Por qué?

¿Es que acaso la necesitas?

–     Como los demás.

Mi fuerza se nutre de Oración; mi alegría, de hacer lo que mi Padre quiere.

El Padre me ha dicho dos nombres de personas y para mí, un hecho doloroso. Estas tres cosas tienen necesidad de oración.

Jesús está muy triste.

Mira a los suyos con una mirada que parece suplicar o querer preguntar algo; se posa en éste o en aquél …

Y finalmente, en Judas Iscariote.

Y en él se detiene.

El apóstol lo nota y pregunta:

–     ¿Por qué me miras así?

–     No te veía a ti.

Mis ojos contemplaban otra cosa…

–     ¿Y qué es?…

–     La naturaleza del discípulo.

Todo el bien y el mal que un discípulo puede dar a su Maestro y hacer por Él. Pensaba en los discípulos de los Profetas y en los de Juan.

Y en los míos. Y rogaba por Juan, por los discípulos y por Mí…

–     Esta mañana estás triste y cansado, Maestro.

Manifiesta tu pesar a quien te ama.

Es Santiago de Zebedeo el que lo invita a expresarse.

Tadeo apoya:

–     Sí, dínoslo.

Que, si se puede hacer algo para aliviártelo, lo haremos.

Pedro habla con Bartolomé y Felipe, pero no comprendo lo que dicen.

Jesús responde:

–     Sed buenos.

Esforzaos por ser buenos y fieles: ése será mi consuelo. No existe ningún otro, Pedro, ¿Comprendes?

Abandona esa sospecha. Queredme. Quereos. No os dejéis seducir por quien me odia. Amad sobre todo la Voluntad de Dios. 

Tomás con tono de filósofo, exclama:

–     ¡Sí, pero, si todo viene de ella, también de ella vendrán nuestros errores!

–     ¿Tú crees? No es así.

Pero… vamos, que muchos se han despertado ya y están mirando hacia aquí. Vamos a bajar.

Santifiquemos el día santo con la palabra de Dios.

Descienden mientras los que dormían se van despertando en número cada vez mayor.

Los niños, alegres como gorrioncillos, ya gorjean corriendo y saltando por los prados.

Y mojándose de rocío a base de bien; tanto que se ganan algún que otro pescozón, con el correspondiente lloro.

Pero luego los niños corren hacia Jesús, que los acaricia.

Y recupera su sonrisa…

Como si reflejase en sí esas manifestaciones inocentes de alborozo.

Una niña quiere colgarle del cinturón un ramito de flores que ha cogido de los prados, «porque así es más bonita la túnica»

Y Jesús se lo consiente a pesar de que los apóstoles refunfuñen…

Es más, dice:

–     ¡Alegraos de que me quieran!

El rocío se lleva el polvo de las flores, el amor de los niños aleja las tristezas de mi corazón.

Llegan contemporáneamente donde Jesús, que viene del monte,

los peregrinos y el escriba Juan, que viene de su casa acompañado de muchos siervos cargados de canastos de pan y con aceitunas, quesos pequeños y un corderito ya asado para el Maestro.

Todo lo depositan a los pies de Jesús, el cual se ocupa de repartirlo, dando a cada uno un pan y una tajada de queso con un puñado de aceitunas.

Llegado el turno de una madre que lleva todavía al pecho a un niñito regordete que ríe con sus dientecitos de leche, le da con el pan un pedazo de cordero asado.

Y esto lo repite con otros dos o tres que le parecen necesitados de reponer fuerzas en modo especial.  

El escriba dice:

–     Es para ti, Maestro.

–     Lo probaré, no lo dudes.

Mira, el saber que tu bondad llega a muchos me mejora su sabor.

Termina el reparto.

La gente come una parte de su pan y se reserva el resto para otro momento.

Jesús bebe un poco de leche.

El escriba ha querido servírsela personalmente en una taza valiosa, vertiéndola de una garrafilla que lleva uno de los siervos (es como una pequeña orza). 

El escriba Juan. a quien ha saludado Hermas con el mismo respeto con que Juan lo ha saludado.

Y Esteban con más respeto aún.  

Dice:

–     Pero tienes que concederme la alegría de poderte escuchar. 

Jesís contesta:

–     No te lo niego.

Ven, arrímate aquí.

Y Jesús se pone junto a la pared del monte.

Empieza a hablar:

     “La voluntad de Dios nos ha retenido en este lugar porque alargar el camino ya recorrido hubiera sido lesivo contra los preceptos, con el correspondiente escándalo.

Tal cosa no debe suceder jamás hasta que no se escriba el nuevo Pacto.

Justo es santificar las fiestas y alabar al Señor en los lugares de oración, mas toda la creación puede ser lugar de oración.

Si la criatura sabe convertirla en eso con su elevación hacia el Padre. Lugar de oración fue el Arca de Noé, a la deriva sobre las olas.

Y el vientre de la ballena de Jonás; lugar de oración fue la casa del Faraón cuando José vivió en ella.

Y la tienda de Holofernes para la casta Judit.

¿Y no era, acaso, sagrado para el Señor el lugar corrompido en que, esclavo, vivía el profeta Daniel.

Sagrado por la santidad de su siervo, que santificaba el lugar, hasta el punto de merecer las altas profecías del Cristo y el Anticristo, clave de estos momentos y de los Últimos Tiempos?

Pues con mayor razón será santo este lugar que, con los colores, los perfumes, la pureza del aire, la riqueza de los cereales, las perlas del rocío, habla de Dios Padre y Creador y dice: “Creo”

Quered creer vosotros, pues de Dios damos testimonio”.

Sea, por tanto, la sinagoga de este sábado; leamos en ella las páginas eternas escritas sobre las corolas y las espigas, teniendo como sagrada lámpara el Sol.

11. Contando desde el momento en que sea abolido el sacrificio perpetuo e instalada la abominación de la desolación: mil doscientos noventa días.
12. Dichoso aquel que sepa esperar y alcance mil trescientos treinta y cinco días.

He nombrado a Daniel.

Os he dicho: “Sea este lugar nuestra sinagoga”.

Esto trae a la memoria el gozoso “benedicite” de los tres santos jóvenes entre las llamas del horno:

“Cielos y aguas, rocío y escarcha, hielos y nieves, fuegos y colores, luces y tinieblas, relámpagos y nubes, montes y colinas.

Todo vegetal nacido, pájaros, peces, animales todos, alabad y bendecid al Señor, junto con los hombres de humilde y santo corazón”.

Éste es el resumen de este cántico santo que tanto enseña a los humildes y santos.  

Podemos orar y merecer el Cielo en cualquier lugar.

Lo merecemos cuando hacemos la voluntad del Padre.

Hoy al amanecer se me ha hecho la observación de que, si todo viene de voluntad divina, también ésta quiere los errores de los hombres.

Es un error, un error además muy difundido.

¿Puede, acaso, un padre querer que el hijo se haga merecedor de condena? No, no puede.

Y, a pesar de ello, vemos en las familias que algunos hijos se hacen tales, incluso teniendo un padre justo que les señala el bien que hay que hacer y el mal que hay que evitar:

Ninguna persona recta acusará a ese padre de haber estimulado al hijo al mal.

Dios es el Padre, los hombres son los hijos. Dios señala el bien, y dice: “Mira, te pongo en esta circunstancia para tu bien”.

O también, cuando el Maligno y los hombres que le sirven procuran desgracias a los hombres, Dios dice:

“Mira, en esta hora penosa actúa así, de forma que este mal sirva para eterno bien”.

Os aconseja, pero no os fuerza.

Pues bien, entonces, si uno, aun conociendo lo que sería la voluntad de Dios, prefiere hacer todo lo contrario…

¿Se puede decir que tal cosa contraria es Voluntad de Dios? No, no se puede.

Amad la voluntad de Dios; amadla más que a la vuestra.

Y seguidla contra las seducciones y los poderes de las fuerzas del mundo, de la carne y el demonio.

También estas cosas tienen su voluntad, mas en verdad os digo que bien infeliz es quien ante ellas se doblega.

Me llamáis Mesías y Señor.

Decís que me amáis y me entonáis alabanzas. Me seguís, y tal cosa parece amor.

Y, sin embargo, en verdad os digo que no todos de entre vosotros entrarán conmigo en el Reino de los Cielos.

Incluso entre mis más próximos y antiguos discípulos habrá quien no entre, porque muchos harán su voluntad, o la de la carne, el mundo y el demonio; no la de mi Padre.

No quien me dice: “¡Señor! ¡Señor!” entrará en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la Voluntad del Padre mío; sólo éstos entrarán en el Reino de Dios.

Llegará un día en que Yo, quien os está hablando, tras haber sido Pastor, seré Juez.

No os confiéis ilusamente en mi aspecto actual.

Ahora mi cayado congrega a todas las almas dispersas y se muestra dulce para invitaros a venir a los pastos de la Verdad.  

Entonces, el cayado será substituido por el cetro del Juez Rey y muy distinta será mi potencia.

Entonces, separaré, no con dulzura sino con justicia inexorable, las ovejas que se alimentaron de Verdad de aquellas otras que mezclaron Verdad y Error…  

O se nutrieron sólo de Error.

Una primera vez y luego otra haré esto.

¡Ay de aquellos que entre la primera y la segunda comparecencia ante el Juez no se hayan purgado, no puedan purgarse de los venenos.

La tercera categoría no se purgará.

Ninguna pena podría purgarla. Ha querido sólo el Error. En el Error permanezca.

Muchos Carismas, especialmente el DON DE HACER MILAGROS

Pues en ese momento habrá incluso, entre éstos, quien gima:

“¿Cómo es esto, Señor? ¿No hemos profetizado en tu nombre, no hemos arrojado demonios y realizado muchos prodigios en tu nombre?”.

Pero Yo, en ese momento, muy claramente les diré: “Sí, habéis osado revestiros de mi Nombre para aparecer como no erais;

habéis querido hacer pasar por vida en Jesús vuestro satanismo.

El fruto de vuestras obras os acusa. ¿Dónde están los salvados por vosotros?

¿Dónde se cumplieron vuestras profecías? ¿A qué llevaron vuestros exorcismos? ¿Quién fue el cómplice de vuestros prodigios?

¡Oh, sí, muy potente es mi Enemigo, pero no está por encima de Mí!

Con tu Rosario Madrecita, convertido en la Red Divina de la Salvación, te entrego con cada Ave María, LAS ALMAS DE…

Os ayudó, sí, para aumentar su botín; por obra vuestra se ensanchó el círculo de los que fueron arrastrados a la herejía.

Realizasteis prodigios, sí, incluso aparentemente mayores que los de los verdaderos siervos de Dios, que no son histriones que dejan estupefactas a las muchedumbres…

Sino que son humildad y obediencia que dejan estupefactos a los ángeles.

Mis siervos verdaderos, con sus inmolaciones, no crean fantasmas, sino que los cancelan de los corazones;.

Ellos, mis verdaderos siervos, no se imponen a los hombres, sino que muestran a Dios a los corazones de los hombres;

lo único que hacen es cumplir la voluntad del Padre y llevan a otros a cumplirla (de la misma forma que una ola impulsa a la que la precede y atrae a la que la sigue), sin colocarse sobre un trono para decir:

`Mirad’. Ellos, mis siervos verdaderos, hacen lo que Yo digo, sin pensar sino en hacerlo.

Y sus obras llevan ese signo mío de paz inconfundible, de mansedumbre, de orden.

Por tanto puedo deciros: éstos son mis siervos; a vosotros no os conozco.

Alejaos de mí todos vosotros, obradores de iniquidad”.

Esto diré entonces. Tremenda palabra será. Estad atentos a no merecérosla.

Id por el camino seguro de la obediencia – aunque sea penoso – hacia la gloria del Reino de los Cielos.

Ahora gozaos vuestro reposo del sábado alabando a Dios con todo vuestro ser.

La paz sea con todos vosotros.

Y Jesús bendice a la muchedumbre antes de que ésta se disperse en busca de sombra, hablando en grupos, comentando las palabras oídas.

Con Jesús se quedan los apóstoles y el escriba Juan, que no habla pero medita profundamente, escudriñando todos los gestos de Jesús.

Concluye así el ciclo del Monte.  

142 LAS TAREAS DEL APOSTOLADO


142 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Es una mañana espléndida.

El aire tiene una nitidez aún más viva de la habitual.

Debido a ello, parece que las distancias se acortan o que las cosas se ven a través de un ocular, que hace nítidos incluso sus más pequeños detalles.

En este ambiente, la muchedumbre se prepara a escuchar a Jesús.

Cada día que pasa, la naturaleza se va haciendo más hermosa, cubriéndose con el vestido opulento de la plena primavera…

Que en Palestina me parece que es justamente entre Marzo y Abril,  

porque después adquiere aspecto estivo, con las mieses maduras y las hojas abundantes y completas.

Ahora está todo florido.

Desde lo alto del monte, vestido de flores incluso en los puntos aparentemente menos aptos para florecer…

Se ve la llanura, con su cimbrear de cereales todavía flexibles movidos por el viento.

Que les imprime un vaivén de ola verde claro, apenas teñida de oro pálido en los ápices de las espigas, que granan bajo sus ásperas aristas.

Por encima de este ondear de cereales al viento leve, se ven enhiestos, vestidos de pétalos, parecen numerosas enormes borlas de tocador,

O bolas de gasa blanca, o de color rosa tenuísimo, o rosa fuerte, o rojo vivo), los árboles frutales.

Recogidos, como ascetas penitentes, los olivos oran.

Y su oración se transforma en una nieve de florecillas blancas que cae, por ahora todavía incierta.

El Hermón es, en su cima, alabastro rosa que el sol besa y del que descienden dos hilos de diamante (desde aquí parecen hilos).

De ellos el astro arranca fulgores casi irreales.

Luego se hunden por debajo de las galerías verdes de los bosques y dejan de verse hasta que llegan abajo, al valle, donde forman cursos de agua, que sin duda desembocan en el lago Merón .

del que, a su vez, salen en las bellas aguas del Jordán, para hundirse nuevamente, ésta vez en el zafiro claro del mar de Galilea,

que es todo un rielar de lascas – piedras preciosas – a las que el sol hace de engaste y llama.

Parece como si las barcas de vela que surcan este lago, sereno y espléndido con su marco de jardines y campos maravillosos, estuvieran guiadas por las nubecillas ligeras que navegan en el otro mar del cielo.

Verdaderamente la creación ríe en este día de primavera, a esta hora de la mañana.

La gente va afluyendo sin interrupción.

Sube por todos los lados.

Hay ancianos, personas sanas, enfermos, niños, recién casados que quisieran comenzar su vida con la bendición de la palabra de Dios, mendigos,

gente bien situada (que llaman a lo apóstoles para darles donativos para los necesitados; y tanto buscan un lugar escondido para ello, que parece que se estuvieran confesando).

Tomás ha cogido una de las alforjas de viaje y está echando en ella tranquilamente todo este tesoro de monedas, como si fuera comida para pollos.

Luego lo lleva todo junto a la piedra desde donde Jesús habla.

Y ríe alegre diciendo:

–    ¡Mira qué bien, Maestro!

¡Hoy tienes para todos!

Jesús sonríe y dice:

–     Vamos a empezar para que inmediatamente se alegren los que están tristes.

Tú y los otros compañeros escoged a los enfermos y a los pobres y traedlos aquí delante.

Esta operación se realiza en un tiempo relativamente breve, pues se deben escuchar los casos de unos u otros.

De todas formas, duraría mucho más sin la ayuda de Tomás, que, con su potente vozarrón, encima de una piedra para que lo vean,

grita:

–     ¡Todos los que tengan padecimientos en su cuerpo que vayan a mi derecha, allí, a aquella sombra.

A Tomás lo imita Judas Iscariote – que también tiene una voz no común en cuanto a potencia y belleza, 

Y a su vez grita:

–     ¡Y todos los que crean tener derecho al óbolo que vengan aquí, alrededor de mí!

¡Y atentos a no mentir porque el ojo del Maestro lee dentro de los corazones.

La muchedumbre comienza a fluir para separarse en tres partes:

los enfermos, los pobres y los que sólo desean doctrina.

Entre estos últimos, dos – luego tres – parecen necesitar algo que no es ni salud ni dinero, pero que es más necesario que estas cosas:

Son una mujer y dos hombres.

Miran, miran a los apóstoles sin atreverse a hablar.

Pasa Simón Zelote con su aspecto grave.

Pasa Pedro con su aspecto de persona atareada, exhortando a un grupo de unos diez rapacillos a que se porten bien hasta el final, prometiéndoles que si así lo hacen les dará unas aceitunas.

Pero que, si arman jaleo mientras habla el Maestro, les dará unos coscorrones.

Pasa Bartolomé, anciano y serio.

Pasa Mateo con Felipe, llevando en brazos a un tullido, el cual, si no, hubiera tenido demasiada dificultad para abrirse paso entre la apiñada muchedumbre.

Pasan los primos del Señor, ofreciendo el brazo a un mendigo casi ciego…

Y a una pobre que quién sabe cuántos años podrá tener y que llora mientras le cuenta a Santiago todas sus desventuras.

Pasa Santiago de Zebedeo llevando en brazos a una pobre niña enferma que ha tomado de su madre…

Que lo sigue angustiada, para impedir que la muchedumbre le haga daño.

Por último, pasan Andrés y Juan, quienes yo diría que son indivisibles.

Si bien Juan, con su serena naturalidad de niño santo, va por igual con todos los compañeros,

Mientras que Andrés, debido a su carácter fuertemente reservado, prefiere ir con su antiguo compañero de pesca y de fe en Juan el Bautista.

Ambos se habían quedado a la entrada de los dos senderos principales para dirigir a la muchedumbre hacia su puesto.

Pero, como ahora ya no se ven más peregrinos por las veredas pedregosas del monte, se han vuelto a reunir para ir donde el Maestro con las últimas limosnas recibidas.

Jesús está ya dedicándose a los enfermos.

Y los gritos de hosanna de la multitud se intercalan entre cada uno de los milagros.

La mujer, que parece llena de pena, por fin se decide a tirar de la túnica a Juan, que está hablando con Andrés y sonríe.

Juan se inclina hacia ella y le pregunta:

–     ¿Qué quieres, mujer?

–     Quisiera hablar con el Maestro…

–     ¿Tienes alguna dolencia?

No eres pobre…

–     Ni tengo dolencias ni soy pobre.

Pero lo necesito, porque hay enfermedades sin fiebre, como también miserias sin pobreza, y la mía… 1a mía…

Y se echa a llorar.

–     Andrés, mira…

Esta mujer lleva una pena en su corazón y querría manifestársela al Maestro; ¿Cómo podemos resolverlo?

Andrés mira a la mujer,

Y dice:

–     Claro, se tratará de algo que te duele manifestar…

La mujer asiente con la cabeza.

Andrés prosigue:

–     No llores…

Juan, preocúpate de que vaya a la parte de atrás de la tienda; yo llevaré allí al Maestro.

Juan, con su sonrisa, ruega a la gente que se abra para dejar paso.

Andrés va, en dirección contraria, hacia Jesús.

Pero los dos hombres de aspecto afligido han observado este propósito y uno detiene a Juan y el otro a Andrés…

Poco después, tanto el uno como el otro están con Juan y la mujer detrás de la pared de ramajes que protege la tienda.

Andrés llega donde Jesús en el momento en que está curando al tullido…

El cual levanta las muletas como si fueran dos trofeos, lozano como un bailarín, bendiciendo a gritos.

Andrés susurra:

–     Maestro, atrás de nuestro cobertizo hay tres personas afligidas.

Su angustia es por un asunto íntimo que no puede ser dado a conocer públicamente…  

Jesús dice:

–     Bien.

Todavía tengo a esta niña y a esta mujer. Luego voy. Ve a decirles que tengan Fe.

Andrés se marcha.

Mientras Jesús se inclina hacia la niña, a la que su madre ha tomado de nuevo sobre su regazo. 

Jesús pregunta:

–     ¿Cómo te llamas.

–     María.

–     ¿Y Yo cómo me llamo?

La niña responde:

–     Jesús.

–     ¿Y quién soy?

–     El Mesías del Señor, venido para curar los cuerpos y las almas.

–     ¿Quién te lo ha dicho?

–     Mi mamá y mi papá, que tienen puesta en ti la esperanza de mi vida.

–     Vive y sé buena.

La niña, que estaba enferma de la columna, pues a pesar de tener ya unos siete años, sólo movía las manos…

Y estaba toda envuelta en gruesas y duras fajas desde las axilas hasta la caderas, que se ven porque su madre ha abierto el vestidito de la niña para mostrarlas.

Permanece así como estaba, durante unos minutos…

Luego, bruscamente, desciende del regazo materno al suelo.

Y se echa a correr hasta Jesús, que ahora está curando a la mujer cuyo caso no alcanzo a entender.

Todas las expectativas de los enfermos han quedado satisfechas.

Ellos son los que más gritan entre la numerosa muchedumbre que aplaude al «Hijo de David, gloria de Dios y nuestra. 

Jesús se dirige hacia el cobertizo.

Judas de Keriot grita:

–     ¡Maestro!, ¿Y éstos?

Jesús se vuelve y dice:

–      Que esperen ahí; también serán consolados.

Y continúa su camino, con paso veloz, hacia la parte de atrás del entramado de ramajes, donde están, con Andrés y Juan, los tres afligidos.  

Jesús indica:

–     Primero la mujer.

Ven conmigo. Entre esos matorrales.

Habla sin temor:

–     Señor, mi marido me abandona por una prostituta.

Tengo cinco hijos; el último tiene dos años. Mi dolor es grande.

Pienso en mis hijos… no sé si los querrá él o si me los dejará a mí. Querrá los varones, al menos el primero…

¿Y yo, que le he dado a luz, habré de privarme en el futuro de la alegría de verlo? ¿Qué pensarán ellos de padre y de mí?

De uno de los dos tienen que pensar mal.  No quisiera que juzgaran a su padre…

–     No llores.

Soy el Dueño de la Vida y de la Muerte. Tu marido no se casará con esa mujer.

Ve en paz y sigue siendo buena.

–     Pero, ¿No lo irás a matar, no?

¡Yo lo amo, Señor!

Jesús sonríe:

–     No mataré a ninguno; eso sí, habrá alguien que actuará en lo que es su oficio.

Debes saber que el demonio no está por encima de Dios. Regresando a tu ciudad vendrás a tener noticia de que alguien mató a la criatura maléfica…

Y de un modo tal que tu marido comprenderá lo que estaba haciendo. Y su amor por ti renacerá.

La mujer besa la mano que Jesús le había puesto sobre la cabeza y se marcha.

Viene uno de los hombres.

–     Tengo una hija, Señor.

Desgraciadamente, fue a Tiberíades con unas amigas. Fue como si hubiera respirado un gas tóxico. Volvió a mí como ebria.

Quiere irse con un griego… y luego… Pero, ¿Por qué tuvo que nacer? Su madre está enferma a causa de este dolor, hasta el punto de que quizás morirá.

Sólo las palabras que te oí pronunciar el invierno pasado me disuaden de matarla. Pero – te lo confieso – mi corazón la ha maldecido ya.

–     No.

Dios, que es Padre, no maldice sino tras el pecado cumplido y obstinado.

¿Qué quieres de Mí?

–     Que la conviertas.

–     No la conozco.

Y está claro que ella no va a venir a Mí.

–     ¡Tú puedes cambiar su corazón a distancia!

¿Sabes quién me ha enviado a ti? Juana de Cusa. Llegué a su palacio en el momento en que estaba saliendo para Jerusalén, para preguntarle si conocía a ese griego infame.

Pensaba que Juana no lo conocería, porque, aunque viva en Tiberíades, es buena…

Pero, dado que Cusa trata con los gentiles…

Efectivamente no lo conocía, pero me dijo:

“Ve donde Jesús, que me llamó el espíritu desde muy lejos y al llamarme, me curó de mi enfermedad: curará también el corazón de tu hija.

Yo haré oración, tú ten fe”.

Tengo fe, ya lo ves; ¡Ten piedad, Maestro!

–     Tu hija, antes de que acabe el día, llorará sobre las rodillas de su madre.

Tú, por tu parte, sé bueno como la madre: perdona. El pasado ha muerto.

–     Sí, Maestro.

Será como Tú quieres. Bendito seas.

Se vuelve para irse…

Luego torna sobre sus pasos:

–     Perdona, Maestro, pero…

Los esclavos de la Lujuria, SON ADORADORES DE ASMODEO…

Tengo mucho miedo… ¡La lujuria es un demonio tan…!

¡Dame un hilo de tu vestido para meterlo bajo el cabezal de mi hija, para que el demonio no la tiente mientras duerme.

Jesús sonríe y menea la cabeza…

Pero, para que el hombre se quede satisfecho, da su consentimiento,

y dice:

–     De acuerdo, para que estés más tranquilo.

De todas formas, debes creer que cuando Dios dice: “quiero” el diablo se aleja sin necesidad de más cosas.

Significa que conservarás esto como recuerdo mío.

Y le da un fleco de una orla.

Viene el tercer hombre:

–     Maestro, mi padre ha muerto.

Creíamos que tenía riquezas en dinero, pero no las hemos encontrado.

E1 mal no sería grave porque entre los hermanos no nos falta el pan. Lo que sucede es que yo vivía con mi padre, porque soy el primogénito.

Y mis hermanos me acusan de haber hecho desaparecer las monedas. Y quieren proceder contra mí por ladrón.

Tú, que ves mi corazón, sabes que no he robado ni un denario. Mi padre conservaba sus denarios en un cofre, en una cajita de hierro. Cuando ha muerto hemos abierto el cofre…

Y ya no estaba la cajita.

Ellos dicen: “Esa noche, mientras dormíamos, la has robado”.

No es verdad. Ayúdame a poner paz y afecto entre nosotros.

Jesús lo mira muy fijamente,

y sonríe.

–     ¿Por qué sonríes, Maestro?

–     Porque el culpable es tu padre.

Su culpa ha sido como la de un niño que esconde su juguete por miedo a que se lo sustraigan. 

–     Pero si no era avaro.

Créeme. Hacía el bien.

–     Lo sé; pero era muy anciano…

Son las enfermedades de los ancianos… Quería conservar su dinero para vosotros… Y por excesivo amor, ha provocado un choque entre tus hermanos y tú.

La cajita está enterrada al pie de la escalera de la bodega.

Esto te lo digo para que sepas que sé las cosas. Mientras te estoy hablando, por pura casualidad tu hermano menor, golpeando airado el suelo, ha hecho quebrar la cajita y la han descubierto.

Ahora se sienten confundidos y arrepentidos por haberte acusado. Vuelve a casa sereno y sé bueno con ellos. No les recrimines nada por su falta de estima.

–     No, Señor.

Ni siquiera iré. Me quedo aquí escuchándote. Ya iré mañana.

–     ¿Y si te quitan el dinero?

–     Tú dices que no debemos ser codiciosos.

No quiero serlo. Me basta con que la paz reine entre nosotros. Por lo demás… Ni siquiera sabía cuánto dinero había en la caja.

No sentiré ningún pesar porque no me digan la verdad. Pienso que ese dinero se podría haber perdido…

Como habría vivido, viviré, si me lo niegan. Me basta con que no me llamen ladrón.

–     Estás muy avanzado en el camino de Dios.

Sigue así. La paz sea contigo.

Y también éste se va contento.

129 LOS OTROS CRISTOS


129 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús desciende a media altura de la escarpada ladera y encuentra a muchos discípulos…

Y a otros muchos que poco a poco se han ido añadiendo, a quienes la necesidad de un milagro o el deseo de la palabra de Jesús, han conducido a este lugar apartado del tránsito:

Han venido seguros, o por las indicaciones de la gente o por el instinto del alma.

Pienso que sus ángeles, los de estos hombres deseosos de Dios los guiaban al Hijo de Dios. No creo que al decir esto me ponga al nivel de la leyenda:

En efecto, si se piensa con qué pronta y astuta constancia Satanás conducía a los enemigos hacia Dios y hacia su Verbo,

en los momentos en que el espíritu demoníaco podía mostrarles a los hombres, una apariencia de culpa en Cristo…

Se podrá pensar también  y más que lícito es justo, que los ángeles no fueran inferiores a los demonios y que llevaran a los espíritus no demoníacos a Cristo.

Jesús se prodiga en favores, milagros y la propia palabra, para estas personas que le han esperado sin cansancio ni temor.

¡Cuántos milagros!

Una riqueza semejante a la de las flores que decoran los rodales del abrupto monte).

Milagros grandes, como el de un niño al que han extraído, con atroces quemaduras, de un pajar en llamas:

Es un amasijo de carne quemada que gime lastimeramente bajo el lienzo con que lo han cubierto para ocultar su horrible aspecto; ya agoniza.  Lo han traído en una camilla.

Jesús, infundiéndole su aliento, regenerando las zonas quemadas, lo devuelve a su estado precedente:

Las quemaduras han desaparecido completamente.

Tanto es así que el jovencito se pone en pie, completamente desnudo. Y corre feliz hacia su madre, la cual, llorando de alegría, acaricia su carne totalmente sana, sin huellas de quemaduras.

Y besa sus ojos, que deberían estar quemados y que,sin embargo, se muestran vivaces y resplandecientes de alegría…

Y su cabello, muy corto  pero no destruido, cual si una llamarada hubiera actuado como una navaja.

También milagros pequeños, como el de un viejecillo tosegoso que dice:

–     No por mí, sino porque tengo que hacer de padre con mis nietecillos huérfanos.

Y no puedo labrar la tierra teniendo esta mucosidad que me ahoga aquí parada en la garganta»…   

Con el don de ciencia infusa…

El milagro – no visible, aunque sin duda real, que provoca estas palabras de Jesús:

«Entre vosotros hay uno que llora con el alma y que no se atreve a decir de palabra: “Ten piedad”. Mi respuesta es: “Sea como pides.

Toda la piedad. Para que sepas que soy la Misericordia”.

Lo único que por mi parte digo es que seas generoso. Sé generoso con Dios, rompe toda atadura con el pasado.

Y pues que sientes a Dios, ve a El con corazón libre, con total amor».

No sé, entre la muchedumbre, a qué hombre o mujer van dirigidas estas palabras.

Jesús sigue diciendo:

–     Éstos son mis apóstoles.

Cada uno de ellos es otro Cristo, porque los he elegido tales.

Dirigíos a ellos con confianza.

Conocen de Mí todo lo de que tenéis necesidad para vuestras almas…

Los apóstoles miran a Jesús que más asustados no podrían…

Pero Jesús sonríe y prosigue:

«… Y la intensa luz astral y el copioso rocío reconfortante que darán a vuestras almas impedirán que languidezcáis en las tinieblas; después vendré Yo y os daré plenitud de sol y de agua…

Toda la sabiduría para haceros sobrenaturalmente fuertes y felices.

Paz a vosotros, hijos. Otros me esperan, otros más infelices y pobres que vosotros.

No os dejo solos, os dejo a mis apóstoles:

Rs como si confiara a los hijos de mi amor a los cuidados de las más amorosas y fiables nodrizas.

Jesús hace un gesto de despedida y bendición.

Y se pone en camino incidiendo en la masa de la muchedumbre, que no quiere dejarlo partir…

Es entonces cuando se produce el último milagro:

El de una ancianita semiparalizada. 

La había traído su nieto.

Pues bien, ahora agita jovialmente su brazo derecho, que antes estaba inerte,

y grita:

–     ¡Me ha rozado con su manto al pasar y he quedado curada!

Ni siquiera se lo había pedido, porque ya soy vieja… pero ha tenido piedad incluso de mi secreto deseo y me ha curado con el manto, con un extremo del manto que apenas si me ha tocado el brazo perdido!

¡Oh, qué gran Hijo ha tenido nuestro santo David! ¡Gloria a su Mesías!

¡Fijaos!, ¡fijaos!, la pierna también, como el brazo, se mueve ligera… ¡Estoy como a los veinte años!

Gracias a que muchos de los presentes se arremolinan en torno a la viejecita, que proclama a voz en grito su dicha,

Jesús puede escabullirse y desde ese momento ya no le vuelven a interceptar el paso.

Los apóstoles lo siguen.

Llegados casi al llano a un espacio desierto, entre las matas de un espeso brezal que desciende hacia el lago, se detienen un momento y…

Jesús dice:

–     ¡Os bendigo!

Volved a vuestro trabajo y hacedlo hasta que regrese como he dicho.

Pedro, que hasta ese momento había estado callado,

Exclama:

–     Pero, mi Señor, ¿Qué has hecho?

¿Por qué has dicho que tenemos todo aquello de que tienen necesidad las almas?

Es verdad que nos has dicho muchas cosas, pero somos duros de mollera, al menos yo y…

Y de lo que te he oído me ha quedado poco, realmente poco.

Me pasa como a aquel que lo que le queda en el estómago después de una comida es la parte más consistente; lo demás ya no está.

Jesús sonríe abiertamente:

–     ¿Y dónde está el resto de la comida?

–     Bueno, pues… no sé.

Lo que sé es que si como cositas delicadas, pasada una hora no siento nada en el estómago, mientras que si como raíces pesadas o lentejas con aceite, sé que me cuesta digerirlo.

–     Cuesta.

Pues piensa que esas raíces y esas lentejas, que parece que te llenan más, son las que menos sustancia te dejan: es todo paja que pasa sin aprovechar gran cosa.

Sin embargo, los alimentos delicados, que ya no los sientes después de una hora, pasado ese tiempo ya no están en el estómago, pero sí en tu sangre.

Una vez digerido un alimento, ya no está en el estómago, pero su sustancia está en la sangre y aprovecha más.

Ahora os parece, tanto a ti como a tus compañeros, que de todo lo que os he ido diciendo, nada o muy poco os queda.

Quizás  o sin quizás, tenéis bien presentes los aspectos que se conforman más a vuestro modo particular de ser:

Los de carácter impulsivo, los aspectos impulsivos; los de carácter meditativo, pues los aspectos meditativos; los afectuosos, los aspectos cargados de amor. No.

Creedme: todo está en vosotros, aunque os parezca que se haya perdido. La verdad es que lo habéis absorbido.

Vuestro pensamiento se irá desenvolviendo cual hilo multicolor, aportándoos las tonalidades suaves o severas, según las vayáis necesitando.

No temáis. Pensad también que Yo sé las cosas y que nunca os encargaría algo para lo que os viera incapaces.

Adiós, Pedro.

¡Venga, hombre, sonríe! ¡Ten fe! ¡Pon un buen acto de fe en la Sabiduría omnipresente!

Adiós a todos.

El Señor queda con vosotros.

Y rápido los deja, todavía atónitos y turbados por todo lo que han oído que tienen que hacer.

Tomás dice:

–     Lo que está claro es que hay que obedecer. 

Pedro comenta:

–     ¡Sí… claro!…

¡Pobre de mí! Casi que le doy alcance corriendo…

Santiago de Alfeo:

–     No, no lo hagas; la obediencia es amor a Él.

SIimón Zelote aconseja:

–     Es elemental y señal de santa prudencia…

Empezar ahora que todavía lo tenemos cercano y puede darnos un consejo si nos equivocamos.  Tenemos que ayudarle.

Bartolomé confirma:

–     Es verdad.

Jesús está visiblemente cansado. Tenemos que aliviarle en lo que podamos; no basta con transportar los talegos y preparar las camas y la comida; estas cosas las puede hacer cualquiera.

Hay que ayudarle en su misión, como Él quiere

Santiago de Zebedeo dice quejumbroso:

–     Tú sabes hablar porque eres una persona instruida; pero yo…  soy casi un completo ignorante…

Andrés exclama: 

–     ¡Ay, Dios!,

¡Están llegando los que estaban arriba! ¿Qué hacemos? 

Mateo interviene:

–     Perdonad si yo, que soy el más mísero, doy un consejo:

Pero ¡¿No sería mejor orar al Señor en vez de estar aquí plañendo por cosas que no se arreglan con lamentaciones?!

¡Venga, Judas, tú que sabes tan bien la Escritura, di por todos la Oración de Salomón para obtener la Sabiduría!

¡Rápido, antes de que lleguen!

Y Judas Tadeo, con su hermosa voz de barítono,

comienza:

–     Dios de mis padres, Señor de misericordia que todo lo has creado… – etc., etc.,… hasta donde dice: «… por la Sabiduría se salvaron todos los pue fueron gratos al Señor desde los orígenes.

Termina justo un instante antes de que la gente llegue…

Los circunde, los asalte con mil preguntas sobre el lugar a dónde ha ido el Maestro, sobre cuándo piensa volver…;

Y lo que es más difícil de conseguir, pretendiendo una respuesta satisfactoria,

a la pregunta:

«¿Cómo se las arregla uno para seguir al Maestro no con las piernas sino con el alma, por los caminos del Camino que Él indica?».

Esta pregunta pone en apuro a los apóstoles.

Se miran unos a otros.

Al final, Judas Iscariote responde:

–     Siguiendo la perfección – como si fuera una respuesta que pudiera explicar todo.

Santiago de Alfeo, más humilde y sereno, piensa un poco

y dice:

–     La perfección a que alude mi compañero se alcanza obedeciendo a la Ley,…

Porque la Ley es justicia y la justicia es perfección.

Pero la gente no se da todavía por satisfecha y por boca de uno de ellos que parece un dirigente,

objeta:

–     Nosotros somos pequeños como niños por lo que respecta al Bien.

Los niños no conocen todavía el significado del Bien y del Mal; no distinguen.

Igualmente nosotros, en este Camino que Jesús indica estamos tan poco formados que somos  incapaces de distinguir. 

Conocíamos un camino, el viejo, el que se nos ha enseñado en las escuelas:

¡Qué camino tan difícil, largo y amedrentador!

Ahora, por sus palabras, sentimos que es como aquel acueducto que se ve desde aquí…

Abajo está el camino de los animales y del hombre; arriba, encima de los ligeros arcos, alto, inscrito en sol y azul cielo, cercano a las ramas más altas, con su frufrú de viento y su canto de aves, hay otro, …

Tan alto, tan liso, limpio y luminoso; cuanto escabroso, sucio, oscuro es el inferior, un camino para el agua límpida y rumorosa, esa agua que es bendición. 

Un camino para el agua que viene de Dios, acariciada por lo que de Dios es: rayos de sol y de estrellas, frondas nuevas, flores, alas de golondrina.

Quisiéramos subir a ese camino alto, el suyo, pero no sabemos cómo, porque estamos aquí clavados, bajo el peso de toda la vieja construcción…

Y añade: «No sabemos cómo hacer».

El que ha hablado es un joven de unos veinticinco años, moreno, de complexión recia, mirada inteligente, de aspecto menos llano que la mayoría de los presentes.

Está respaldado por otro más maduro.

Judas de Keriot que siendo alto lo ve…

susurra a sus compañeros:

–     ¡Rápido, hablad bien!

Está Hermas con Esteban. A Esteban lo aprecia Gamaliel.

Ello termina de perturbar a los apóstoles.

128 LAS NUPCIAS ESPIRITUALES


128 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La alborada blanquea los montes y parece atenuar las escabrosidades de esta agreste ladera,

en que la única voz es la del pequeño torrente espumante de su fondo; la cual, reflejada por los montes, llenos de cuevas, emite un rumor singular.

Allí, en el lugar en que se han instalado los discípulos, no se oye sino algún que otro cauto frú-frú entre el ramaje o las hierbas:

De los primeros pájaros que se despiertan, de los últimos animales nocturnos que van a su madriguera.

Un grupo de liebres o conejos montaraces, que están royendo una mata baja de moras, huyen porque los ha asustado una piedra al caer.

Luego vuelven prudentemente, moviendo sus orejas para detectar todos los sonidos…

Y viendo que todo está en calma, regresan a su mata.

El abundante rocío lava todas las hojas y las piedras.

El bosque adquiere un intenso aroma de musgo, poleo y mejorana.

Un petirrojo baja a posarse justo en el borde de una caverna a que hace de techo una gruesa lasca salediza; moviendo la cabecita,

bien erguido sobre sus patitas de seda preparado para huir, se asoma hacia dentro, mira hacia el suelo y susurra unos «chip» «chip» interrogativos.

Y… golosos, provocados por unas migas de pan que hay en la tierra. De todas formas, no se decide a bajar sino cuando ve que le está precediendo un mirlo grande, que se acerca saltando al sesgo.

Cómico con esa actitud suya de picaruelo y perfil de viejo notario, al que para serlo completo, le faltan sólo las gafas.

Entonces baja también el petirrojo y se coloca detrás de su señoría – muy corajinosa -, que cada cierto tiempo hinca el pico amarillo en la tierra húmeda en busca de…

arqueología alimenticia, para seguir adentrándose, después de emitir un «chop» o un silbido breve realmente de granuja.

El petirrojo llena su buche con las miguitas y se queda atónito al ver que el mirlo, penetrando seguro en la caverna silenciosa…

Sale luego con una corteza de queso y la golpea una y otra vez contra una piedra para desmenuzarla y procurarse una opípara comida.

Luego el mirlo vuelve a entrar, da una ojeada y no encontrando ya nada más, emite un brioso silbido burlón y alza el vuelo, para terminar su canto en la copa de un roble que sumerge su cima en el azul matutino.

También echa a volar el petirrojo, a causa de un ruido que ha oído venir del interior de la caverna…

Y se posa sobre una ramita delgada que se mece en el vacío.

Jesús sale hasta la boca de la cueva y se pone a desmigajar un poco de pan…  

Llamando muy suavemente a los pajarillos con un silbido modulado que bien imita el gorjear de muchas avecillas.

Después se separa de la cueva y va más arriba…

Y se queda inmóvil contra una pared rocosa, para no asustar a estos amigos suyos que al poco rato descienden:

Primero el petirrojo, luego otros de distintas especies.

La inmovilidad-de Jesús o también su mirada, hace que pasado un poco de tiempo, a pocos centímetros de El, estén saltando ya los pajarillos.

Y que el petirrojo ya saciado, vuele hacia la parte alta de la roca en que está apoyado Jesús y se agarre a una delgadísima ramita de clemátide…

Y se columpie por encima de su rubia cabeza con deseos de posarse en ella o en uno de sus hombros…

La comida ha terminado.

El sol dora primero, la cima del monte; luego, las ramas más altas de los árboles…

Mientras que hacia abajo, todavía todo recibe la pálida luz del alba.

Las avecillas vuelan satisfechas, saciadas, bajo el sol.

Y cantan con la plenitud de sus pequeñas gargantas. 

Entonces Jesús dice:

–     Ahora a despertar a estos otros hijos míos.

Y desciende porque su cueva es la más alta.

Y va entrando en las distintas cuevas y llamando por su nombre a los doce, que duermen.

Simón, Bartolomé, Felipe, Santiago, Andrés, responden enseguida.

Mateo, Pedro y Tomás se muestran más tardos en responder.

Judas Tadeo, ya listo y bien despierto, va hacia Jesús en cuanto lo ve asomarse a la entrada.

El otro primo sin embargo y con él Judas de Keriot y Juan están profundamente dormidos.

Tanto es así, que Jesús debe moverlos en su cama de hojas para que se despierten.

Juan, que ha sido el último al que Jesús ha ido a llamar, está tan profundamente dormido que no se centra bien respecto a quien es el que lo está llamando,…

Y entre las nieblas del sueño interrumpido a mitad, susurra:

–    «Sí, mamá, voy enseguida…».

Pero luego se da la vuelta para el otro lado…

Jesús sonríe, se sienta en el rústico jergón hecho de follaje recogido en el bosque, se inclina y da un beso en la mejilla a su Juan…

Que abre los ojos y se queda atónito al ver allí a Jesús.

Se sienta como impulsado por un resorte,

y dice:

–     ¿Me necesitas? Aquí estoy.

–     No. Te he despertado como a todos.

Pero creías que era tu madre; entonces te he dado un beso, como hacen las madres.

Juan, sólo con la camisola interior, por haber utilizado como cobijas la túnica y el manto), se echa al cuello de Jesús y ahí se refugia, con la cabeza entre el hombro y la cara,

diciendo:

–     ¡Tú eres mucho más que mi madre!

La he dejado por ti, lo contrario no lo haría; ella me ha traído a este mundo, Tú me has dado a luz para el Cielo. Yo esto lo sé.

–     ¿Qué otras cosas sabes más que los otros?

–     Lo que me ha dicho el Señor en esta gruta.

Jesús, no he ido ninguna vez a tu cueva, lo cual creo que habrá sido interpretado por los compañeros como indiferencia y soberbia, pero no me importa lo que piensen.

Sé que sabes la verdad.

No iba donde Jesucristo, Hijo de Dios Encarnado, pero lo que Tú eres en el seno del Fuego que es el Amor Eterno de la Trinidad Santísima.

Su Naturaleza, su Esencia, su verdadera Esencia.

¡La verdad es que no sé expresar todo lo que he comprendido en esta tétrica cueva oscura, que de tantas luces se ha llenado para mí!

¡En esta fría caverna en que he ardido en un fuego que no tenía forma sensible; pero que ha entrado a mis adentros encendiéndolos con llama de dulce martirio!

¡En este antro silencioso, que me ha cantado verdades celestiales!

Lo que Tú eres, Segunda Persona del inefable Misterio que es Dios…

Y que yo penetro porque Dios me ha aspirado hacia Sí, eso, lo he tenido siempre conmigo.

Todos mis deseos, lágrimas, preguntas se han derramado sobre tu pecho divino, Verbo de Dios.

Y ninguna de las palabras, entre las tantas que te he escuchado, ha tenido la amplitud de la que aquí me has dicho, Tú, Dios Hijo. Tú, Dios como el Padre. Tú, Dios como el Espíritu Santo,

Tú, Tú que eres el perno de la Tríada… ¡Oh, quizás es una blasfemia, pero me parece que es así, porque sin Tí, amor del Padre y al Padre, faltaría el Amor, el Divino Amor.

Y la Divinidad ya no sería Trina y le faltaría el atributo más propio de Dios:

Su amor! ¡Oh, mucho tengo aquí dentro, pero es como agua que gorgotea contra un dique sin poder salir…

Y me da la impresión de que fuera a morir por lo violento y sublime de la convulsión que ha penetrado mi corazón desde que te he comprendido…

Y por nada del mundo querría verme despojado de ello… ¡Haz que muera de este amor, mi dulce Dios!

Juan sonríe y llora, agitado, de su amor encendido, abandonado sobre el pecho de Jesús, como si la llama lo dejase sin fuerzas.

Y Jesús, lleno también de amor, lo acaricia con ternura.

Juan se recobra súbitamente en un arranque de humildad,

que le hace suplicar:

–     No les digas a los otros lo que te he manifestado.

Aunque ellos también habrán sabido vivir de Dios como yo he vivido estos días; deja sobre mi secreto la piedra del silencio.

–     Puedes estar seguro, Juan.

Ninguno sabrá de tu desposorio con el Amor.

Vístete, ven, que tenemos que marcharnos.

Jesús sale y va al sendero donde ya esperan los otros.

Los rostros muestran un aspecto más venerable, más recogido…

Los ancianos parecen patriarcas, los jóvenes tienen traza de madurez, de dignidad, celada antes bajo la juventud.

Judas de Keriot  mira a Jesús con una tímida sonrisa en su rostro signado por el llanto.

Y Jesús lo acaricia al pasar.

Pedro no habla, cosa tan extraña en él, que llama la atención más que cualquier otro cambio. 

Mira atentamente a Jesús con una dignidad nueva, que parece despejarle más esa frente suya ya con entrantes; más severo esa mirada fina que antes brillaba todo de perspicacia.

Jesús lo llama a su lado y lo tiene ahí, junto a sí, en espera de Juan…

Que por fin sale, con un rostro casi ruborizado, encendido por una llama que, aun no mudando el color, es patente.

Todos lo miran.

Jesús los llama: 

–     Ven aquí, Juan, junto a mí.

Y tú, Andrés; y tú, Santiago de Zebedeo; también tú, Simón; y tú, Bartolomé.

Y Felipe y vosotros, hermanos míos y Mateo.

Judas de Simón, aquí, frente a Mí. Tomás, ven aquí. Sentaos. Tengo que hablaros.

Se sientan, apacibles como niños, todos un poco absortos en su mundo interior.

Y a pesar de todo, más atentos que nunca a Jesús.

–     ¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?

Todos lo sabéis. El alma se lo ha dicho a la razón.

El alma, que ha sido reina estos días, le ha enseñado a la razón dos grandes virtudes:

La humildad y el silencio, hijo de la humildad y de la prudencia, que a su vez son hijas de la caridad.

Hace sólo ocho días, habríais venido a proclamar, cual hábiles niños cuyo deseo es dejar asombrados a los demás, superar a su rival;

vuestras capacidades, vuestros nuevos conocimientos; sin embargo, ahora calláis.

De niños habéis pasado a adolescentes.

Y sabéis que un tipo de proclamación como el que he mencionado podría hacerle sentirse poco al otro, quizás menos favorecido por Dios…

Y por eso no habláis.

Sois como muchachas que han dejado de ser impúberes:

Ha nacido en vosotros el santo pudor de la metamorfosis que os ha revelado el Misterio Nupcial de las almas con Dios.

Matrimonio místico de santa Rosa de Lima

Estas cuevas el primer día os parecieron frías, hostiles, repelentes…

Ahora las miráis como a perfumadas y luminosas cámaras nupciales.

En ellas habéis conocido a Dios.

Antes sabíais acerca de Él, pero no lo conocíais en esa intimidad que hace de dos uno.

Entre vosotros hay hombres que están casados desde hace años; otros que tuvieron sólo falaces relaciones con mujeres. 

Algunos que, por distintas causas, son castos.

Mas los castos ahora saben como los casados, lo que es el amor perfecto…

Es más, puedo decir que ninguno como quien desconoce todo apetito carnal, SABE lo que es el amor perfecto.

Porque Dios se revela a los vírgenes en toda su plenitud, tanto por la propia delicia de darse a quien es puro…

Reconociendo parte de Sí mismo, Purísimo, en la criatura exenta de toda lujuria; como para compensarle por cuanto se niega por amor a Él.

En verdad os digo que por el amor que os tengo y por la sabiduría que poseo, si no debiera llevar a cabo la obra del Padre; querría teneros aquí, estar con vosotros, alejados de la gente.

Ciertamente haría de vosotros, solícito, grandes santos.

Ya no tendríais momentos de desconcierto, o defecciones, caídas o perdidas de ritmo o vueltas atrás.

Pero no puedo. Debo continuar mi camino y también vosotros.

El Mundo nos espera, este mundo profanado y profanador que necesita maestros y redentores.

Yo os he querido dar a conocer a Dios para que lo amarais mucho más que al Mundo, el cual con todos sus afectos no vale lo que una sola sonrisa de Dios.  

San Juan de la Cruz

He querido que pudierais meditar sobre lo que es el Mundo y sobre lo que es Dios…

Para que aspirarais a lo mejor.

En este momento aspiráis sólo a Dios. ¡Oh, si pudiera dejaros fijos en esta hora, en esta aspiración!

Pero el Mundo nos espera.

E iremos a ese mundo que espera, por la santa Caridad; que, de igual modo que me ha enviado a Mí al mundo, os envía a vosotros por imperativo mío.

Pero os lo suplico, como se guarda una perla en un cofre:

Guardaos bien el tesoro de estos días en que vuestra mirada y vuestros cuidados han estado dirigidos a vosotros mismos.

De estos días en que os habéis erguido y procurado vestiduras nuevas

Santa Catalina de Siena

Y habéis contraído esponsales con Dios… en vuestro corazón.

Como las piedras del testimonio, elevadas por los Patriarcas a recuerdo de las alianzas con Dios, conservad y custodiad estos preciosos recuerdos en vuestro corazón.

A partir de hoy ya no sois sólo los discípulos predilectos, sino que sois los apóstoles, cabezas de mi Iglesia.

De vosotros brotarán y esto siempre, todas sus jerarquías.

Seréis llamados maestros, teniendo como Maestro a vuestro Dios en su triple potencia, sabiduría y caridad.

No os he elegido porque seáis los que más lo merecéis, sino por un complejo de causas que no es necesario que conozcáis ahora.

Os he elegido en vez de a los pastores, que son mis discípulos desde mis primeros vagidos.

¿Por qué lo he hecho? Porque era lo correcto.

Entre vosotros hay galileos y judíos, instruidos y no instruidos, ricos y pobres; esto por el mundo, para que no diga que he preferido a una sola categoría…

Mas vosotros no daríais abasto a todo lo que hay que hacer, ni ahora ni en el futuro.

Quizás no todos os acordéis de un punto del Libro. Os lo recuerdo.

En el segundo libro de los Paralipómenos, capítulo 29, se narra cómo Ezequías, rey de Judá, hizo purificar el Templo.

Y cómo, una vez purificado, ordenó sacrificar por el pecado, por el reino, por el santuario y por Judá.

Y cómo luego comenzaron las ofrendas individuales…

Mas, no siendo suficientes los sacerdotes para las inmolaciones, se recurrió a los levitas, consagrados con rito más breve que el de los sacerdotes.

Esto mismo haré Yo.

Vosotros sois los sacerdotes, a quienes Yo, Pontífice eterno, he preparado larga y atentamente.

Pero no dais abasto al trabajo, cada vez mayor, de inmolación de cada hombre en particular al Señor su Dios;

Santa Rosa de Lima, ALMA VÍCTIMA Y CORREDENTORA

por lo cual asocio a vosotros a los discípulos, a los que siguen siendo, eso, discípulos:

Los que nos esperan al pie del monte, los que ya están más arriba, los que ahora se encuentran esparcidos por la tierra de Israel,

Y que llegará el momento en que lo estén por todas las partes de la Tierra.

Ellos recibirán encargos iguales, porque una es la misión; pero ante los ojos del mundo estarán encuadrados de forma distinta, no ante los ojos de Dios, que es justo.

De forma que el discípulo oculto, ignorado por los apóstoles y por sus compañeros, si vive santamente, llevando almas a Dios…

Será mayor que aquel otro apóstol, conocido; que de apóstol no tiene sino el nombre y que rebaja su dignidad de apóstol al nivel de intereses humanos.

La tarea de los apóstoles y discípulos será siempre la de los sacerdotes y levitas de Ezequías:

Practicar el culto, derribar las idolatrías, purificar los corazones y los lugares, predicar al Señor y su Palabra.

No existe tarea más santa sobre la faz de la tierra, ni tampoco dignidad más alta que la vuestra.

En el Tercer Nivel del Purgatorio, se sufre TODO el calvario de Jesús, como en el Infierno, por los propios pecados y por nuestra negativa a ser CORREDENTORES en vida…

Precisamente por esto es por lo que os dicho: “Escuchaos. Examinaos”.

¡Ay del apóstol que caiga!…

Arrastrará consigo a muchos discípulos, y a su vez éstos arrastrarán a un número aún mayor de fieles. 

Y la ruina será cada vez mayor, cual alud en movimiento o círculo que va extendiéndose cada vez más en la superficie de un lago, cuando una y otra vez lanzan piedras al mismo punto.

¿Vais a ser todos perfectos? No.

¿Va a durar el espíritu de ahora? No.

El Mundo lanzará sus tentáculos para ahogar vuestra alma.

La victoria del mundo, que es hijo de Satanás en cinco de sus partes, siervo de Satanás en otras tres partes, apático respecto a Dios en las otras dos. consiste en extinguir las luces en los corazones de los santos.

“Subamos al Calvario con la Cruz a cuestas. No dudemos. Nuestra ascensión terminará con la visión celeste del Dulcísimo Salvador.”

Defendeos por vosotros mismos contra vosotros, contra el Mundo, la Carne y el Demonio; pero, sobre todo, defendeos de vosotros mismos.

¡Alerta, hijos, contra la soberbia, la sensualidad, la doblez, la tibieza, el sopor espiritual, la avaricia!

Cuando el yo inferior hable de supuestas crueldades que le perjudican y lloriquee, imponedle silencio diciendo:

“Por un brevísimo tiempo de privación a que te someto, te procuro para siempre el banquete extático que recibí en la cueva de la montaña al terminar la luna de Sabat”.

Vamos.

Vamos a donde los demás, que en gran número me esperan.

Luego iré unas horas a Tiberíades.

Vosotros, predicándome, iréis a esperarme al pie del monte que está en el camino de Tiberíades al mar…

Os alcanzaré y subiré para predicar.

Tomad alforjas y mantos.

La estancia aquí ha terminado, la elección se ha cumplido.

P DIVINO ALFARERO


Enero 06 2021 

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, ved a los cielos, veis estrellas, planetas, todo lo que existe en el firmamento, es un regalo inmenso que tengo para vosotros.

Vuestros Primeros Padres lo gozaron en pleno, porque fue Mi Creación y ellos, conocían perfectamente todo lo que Yo Creé.

Le pusieron nombre a cada planeta, estrella, a todo lo que hay en el firmamento. Conocían todo y gozaron todo, antes de la caída en el Pecado.

Se deleitaban con Mi Obra, gozaban con Mi Obra, se transportaban al firmamento cuando querían y lo gozaban.

Esas capacidades, que tenían vuestros Primeros Padres, las estáis recuperando y con esta Purificación que se os avecina;

recuperaréis muchísimo y empezaréis a gozar, plenamente, de lo que ellos gozaron en los Principios de la Creación. 

Sobre todo, el interactuar con Mi Creación, que es Mi Regalo a vosotros.

Cuando vosotros tenéis un animalito que se os regala para que lo cuidéis, vosotros empezáis a interactuar con ése ser vivo.

El animalito os conoce y vosotros también lo conocéis, os entendéis y vais creciendo en ése entendimiento y llega a haber un amor muy particular entre el animalito y vosotros.

Ahora, poned esto, en una proporción inmensamente mayor, que fue lo que Yo os di con la Creación. 

Os he dicho que la Creación completa, está viva, aunque vosotros veáis, aparentemente, inertes, la tierra, las rocas, el viento que no veis, pero que lo sentís, el agua, TODO ESTÁ VIVO. 

En este cambio que tendréis, gozaréis ésa vida que Yo he puesto a vuestro alrededor, ella os cuida, la vida de la Naturaleza os cuida y, por eso, Yo les pedí a vuestros Primeros Padres que la cuidaran también.

Cuando os concentráis en una vida ajena, os amáis en cierta forma, vosotros dais y por otro lado, recibís y a la inversa, os dan y vosotros dais también.

ASÍ SE VIVE EN EL CIELO,

ASÍ SE VIVE EN MÍ, VUESTRO DIOS Y CREADOR

Yo os he Creado; pero pedidMe, pedidLe a Mi Santo Espíritu, que os haga entender esta frase:

“Yo os he Creado”, porque lo que se deriva de esta frase, es inmenso. 

Fuisteis Creados por Mí, vuestro Dios y de ahí, se derivan infinidad de cosas a vuestro favor.

Para haberos Creado, primeramente hubo Amor, pero el Amor de parte Mía todavía es incomprensible para vosotros, es inmenso y,

 EL HABEROS DADO VIDA,

ES UN ACTO DE AMOR DE PARTE MÍA,

QUE NO ENTENDÉIS TODAVÍA,

Y os pido, Le pidáis a Mi Santo Espíritu, que os dé las capacidades para que entendáis, este Misterio tan grande de Mi Amor.

El que os haya dado vida para servirMe, es un regalo inmenso para un alma, es un regalo de Mi Corazón.

Cuando os he dado vida, os he dado también Mi Amor, Mis Cuidados, Mi Guía, Mis Delicias y un futuro eterno, bellísimo.

Cuando pensé en vosotros, para daros vida, os estaba ya regalando, inmensidades de Mi Corazón,

por eso, es necesario que vosotros le pidáis a Mi Santo Espíritu, que os deje comprender todo esto que os digo, y entraréis en un éxtasis hermoso.

Fuisteis escogidos por Mí, vuestro Dios, para que Yo os diera vida y que OS DIERA UNA MISIÓN MUY ESPECIAL, muy particular, a cada uno de vosotros.

¡PENSÉ EN VOSOTROS SOLAMENTE!!

¡OS CREÉ EN LO PARTICULAR!

 os he ido llevando a una perfección espiritual muy grande

y estáis destinados, cada uno de vosotros, a algo más grande, pero para servirMe, para servir a vuestro Dios.

PedidLe a vuestros Santos Ángeles que os enseñen y os expliquen, LO QUÉ ES EL GOZO DE SERVIR A SU DIOS.

  O sea, a Mí, vuestro Padre, vuestro Creador.  

Los Ángeles gozan al estar ante Mi Presencia, es una Gracia muy grande que os he dado, Mis pequeños.

El Cielo goza por haber sido Creados para estar ante Mí.

LES IRRADIO MI AMOR,

LES IRRADIO MIS BENDICIONES, LES IRRADIO VIDA

Y ELLOS RECIBEN TODO ESTO,

GOZAN INMENSAMENTE Y ME AMAN MÁS.

Mientras más recibo su amor, irradio más vida sobre ellos, sobre toda creatura que Me ama.  

Sobre todo aquello que ha sido Creado para vivir en Mí y para Mí.

Soy vuestro Dios, la Creación se realizó para que vosotros crecierais y vivierais en Mi Amor.

OS HE DICHO QUE MI AMOR ES DINÁMICO

QUE NO SE PUEDE DETENER

Cuando tenéis Mi Amor, lo dais necesariamente a vuestros hermanos, lo dais de regreso a Quien os Creó, que Soy Yo, vuestro Dios.

VIVIR EN MÍ, ES UN TORBELLINO DE AMOR,

Amor que nunca se termina, y no solamente esto, sino que crece y crece y crece.

El AMOR INFINITO según Albert Einstein…

POR ESO, VOSOTROS NO PODÉIS, TODAVÍA,

VIVIR MI AMOR EN PLENO,

PORQUE VUESTRO CUERPO NO SOPORTARÍA TANTO GOZO.

Mi Amor está limitado todavía en vosotros, porque vuestro cuerpo, afectado por el Pecado Original, no puede soportar tanto Amor,

POR ESO, DEBÉIS SER TRANSFIGURADOS

Porque vuestro cuerpo no puede soportar y, digo así, “soportar” tanta belleza de Amor.

Por eso, las almas cuando salen ya de vuestro cuerpo, gozan,

gozan infinitamente, se expanden y llegan a un gozo inconmensurable. 

Las almas, ya libres de las ataduras del cuerpo, tienen un gozo infinito y a eso estáis destinados vosotros,

si os mantenéis en Mí, si Me seguís buscando, si gozáis en Mí y si vivís para Mí.

Es tanto lo que os quiero amar…

DejadMe Mis pequeños, que Me derrame plenamente sobre vosotros, que os siga dando Mi Vida en pleno.

GOZADME DESDE AHORITA,

AUN CUANDO SOIS LIMITADOS, 

16. «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.

VUESTRA FE OS ESTÁ ENGRANDECIENDO.

Aceptáis en Fe lo que os digo y eso tendrá un regalo muy grande, cuando vuestra alma, ya libre de vuestro cuerpo, Me goce plenamente.

Espero ése momento Mis pequeños, espero cuando regreséis a Mí y os pueda dar ése regalo tan grande que os quiero dar, por haber vivido en Mí

y por haberMe servido para la salvación de las almas y para la expansión de Mi Gloria en el Universo entero.

Porque ciertamente, cada uno de vosotros, tiene su propia personalidad y, al decir vuestra propia personalidad, os estoy también diciendo, que cada uno de vosotros

FUISTEIS DOTADOS CON CIERTAS

CARACTERÍSTICAS ESPIRITUALES, MUY PERSONALES

Con muchos Carismas, especialmente el DON DE HACER MILAGROS

para que vosotros dierais vuestro máximo en la misión que se os ha encomendado. 

Os he puesto en diferentes estratos sociales, en diferentes países, en diferentes situaciones económicas, sociales, aún espirituales,

para que vosotros deis lo que debéis dar,

PARA IR RECUPERANDO EL CUERPO MÍSTICO DE MI HIJO.

Como os dije, tenéis una personalidad propia espiritual,

y deberéis dar ésa vida espiritual particular, para los bienes de la humanidad, para los bienes de la Iglesia, para los bienes del Cielo. 

JUAN 14

9. Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?

10. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.

11. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.

12. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.

13. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

14. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Por otro lado, CUANDO VOSOTROS OS DONÁIS PLENAMENTE A MÍ,

Es Mi Voluntad la que debe trabajar en vosotros.

ciertamente, mantendréis vuestra personalidad, pero vuestra personalidad va a ser guiada bajo Mi Voluntad. 

Y de esta forma, lo que vosotros tengáis que dar, de acuerdo a la misión que Yo os he encomendado, va a salir perfecta, porque vosotros daréis lo máximo.

Esto es algo muy bello que vosotros debéis entender, que cuando vosotros actuáis solos, vuestra actuación siempre va a ser imperfecta, 

cuando vosotros actuáis bajo Mi Voluntad, vuestra actuación va a ser perfecta.  

Mientras más os vayáis dejando mover por Mí, más perfectas van a ser vuestras acciones.

El hombre, va a poner algo de lo suyo, por no confiar plenamente en Mí, porque,

A VECES, OS PEDIRÉ COSAS QUE SE SALEN

COMPLETAMENTE DE LA RAZÓN HUMANA

Y entonces, pondréis vuestra parte y ahí es donde empieza la imperfección;

pero es natural, Mis pequeños, que hagáis esto en un principio,

PORQUE SE SALE, COMO OS DIJE,

18. Pues la predicación de la cruz es una LOCURA para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios. 1 Corintios 1,

COMPLETAMENTE DE VUESTRA LÓGICA HUMANA.

Cuando vosotros os dais cuenta de que, aquello que aparentemente os pedí, que no era lo que vosotros, en lógica humana creíais que saldría bien y realmente, sale bien,

ENTONCES, OS VAIS A IR DEJANDO MOVER POR MÍ PLENAMENTE

Y es cuando, vosotros mismos, os vais a asombrar de lo que salga de vosotros, porque es que Yo, ya estaré actuando, casi en forma total, a través de vosotros.

Como os dije, siempre habrá imperfección humana pero, mientras más os acerquéis a Mí y os dejéis mover por Mí, vuestras acciones cada vez van a ser mejores.

Y así, se va a ir dando totalmente Mi Voluntad en la Tierra, que es la misma que se da en el Cielo.

Hijitos Míos, hace unos momentos, os pedí que hicierais un recuento de vuestra vida pasada, desde el momento en que fuisteis tomados por Mí, por Mi Amor. 

Vosotros mismos sois testigos de cómo os tomé, sois vuestros propios jueces de cómo erais antes y cómo sois ahora. 

Lo que antes os gustaba, lo que era del Mundo, los placeres, la vida de fiesta, que antes tanto gozabais,

ahora os dais cuenta, que eso os aburre, ya no es el gozo que antes teníais, ya lo veis en su dimensión real, era pérdida de tiempo.

ESTÁIS A OTRO NIVEL ESPIRITUAL, Mis pequeños;

os levanté del suelo, vivíais para el Mundo y os aparté de él, poco a poco, sin que os dierais cuenta. 

Os fui transformando, fui haciendo de vosotros, nuevas almas.

Del barro que erais antes, os volví a modelar, 

Yo Soy el Alfarero Bendito, Divino e hice una nueva pieza de cada uno de vosotros. 

Habéis sido transformados y lo sabéis, Mis pequeños y os he llevado lentamente, sin que casi vosotros os dierais cuenta.

No os presioné, respeté vuestra libertad en totalidad, os fui dando nueva vida que ahora estáis gozando,  

OS FUI APARTANDO DEL MUNDO

PORQUE NO PERTENECÉIS AL MUNDO,

SOIS MÍOS, SOIS OBRA MÍA, YO OS CREÉ

PARA QUE ESTUVIERAIS CONMIGO SIEMPRE, ETERNAMENTE.

OS HE DADO DONES ESPECIALES,

Que, a lo mejor no os dais plena cuenta de ellos, pero que ya, vuestra misma presencia, vuestras palabras y oraciones, van transformando a vuestros hermanos, con los que tenéis contacto o a los que queréis ayudar.

Cuando habláis de Mí, ya Soy Yo, a través de vosotros, ya no son vuestros conceptos de hace diez, veinte años, treinta, ya habláis con la Verdad, con Mi Verdad,

ya no tomáis conceptos humanos, sino Divinos, ya movéis a las almas con Mis Palabras. Con Mi Presencia en vosotros, movéis corazones a la conversión, porque Yo estoy en vosotros.

VUESTRA TRANSFIGURACIÓN YA SE ESTÁ DANDO

Y VA A LLEGAR A SU CULMEN DENTRO DE POCO

Y OS VERÉIS COMO YO OS VEO.

Seréis transfigurados para hacer la tarea que habéis venido haciendo, pero en una forma más grande. 

Ya sois almas que vivís en Mí, aunque estéis en el Mundo.

El Mundo, aunque os coquetea, ya no caéis en él, Me preferís a Mí, que Soy vuestro Dios y porque Yo os doy muchísimo más de lo que os da el Mundo.

Os he llevado a que conozcáis Mis Riquezas, a que conozcáis Mi Amor, a que conozcáis Mis Promesas, a que conozcáis vuestro futuro eterno y,

ESO, NO OS LO VA  A DAR SATANÁS, QUIEN REPRESENTA EL MUNDO.

Lo que Yo os he dado, y a donde os llevo, es infinitamente más grande, más bello que lo que os puede dar Satanás.

ÉL, PERDIÓ TODO ESO,

NO OS LO PUEDE DAR, PORQUE NO LE PERTENECE.

Yo Soy vuestro Creador, vuestro Dios y os he ido preparando para que gocéis plenamente, lo que Yo sí os puedo dar y que os he Prometido.

Grandes cosas viviréis, porque ya estáis Conmigo, porque habéis sido preparados para ello.

Estáis viviendo situaciones, que la gran mayoría de la humanidad, no vive:

Me tenéis con vosotros, estoy más cerca de vosotros, porque Me habéis abierto vuestro corazón.

Ciertamente, esto conlleva una responsabilidad, que es el que ME DÉIS con vuestra presencia, a vuestros hermanos. Que mováis corazones. Que también los acerquéis a Mí, como Yo os he acercado a Mi Corazón.

Mucho todavía os daré, pero también vosotros, mucho debéis dar a vuestros hermanos.

CUANDO SEÁIS TRANSFIGURADOS,

COMPRENDERÉIS MUCHO MEJOR,

VUESTRA FUNCIÓN AQUÍ EN LA TIERRA

Y MI SANTO ESPÍRITU OS TOMARÁ

PARA QUE ÉL OS MUEVA

 Y deis lo que tenéis qué dar, para que Mi Reino se implante en los corazones que serán escogidos para los Cielos Nuevos y las Tierras Nuevas.

Yo, en Mi Sencillez de Padre Amoroso  hacia vosotros, os seguiré ayudando a crecer así como os he llevado: lentamente, delicadamente, amorosamente.

Dejaos mover, que todavía os falta gozar de grandes bellezas y de Mi Amor en pleno.

TODAVÍA TENGO GRANDES SORPRESAS

CON LAS QUE OS VOY A ENAMORAR MÁS DE MI AMOR.

Sed sencillos, sed como niños, como os pidió Mi Hijo, que Yo os voy a consentir y todo esto, porque vosotros os habéis dado a Mí.

Hijitos Míos, os he dicho muchas veces que después de la Purificación quedará el Resto Fiel…  

Y vosotros os preguntaréis: “¿Por qué será premiado el Resto Fiel y por qué es tan pequeño?”

Todos vosotros habéis tenido una vida larga o medianamente larga, y quizá habrá algunos pequeños.

Pero los que habéis vivido sobre la Tierra igual que todos vuestros hermanos, habéis sufrido ataques de Satanás y habéis caído en varios pecados, algunos graves, otros no tan graves.

Me habéis dado la espalda en algún momento, pero volvisteis a Mí.

La diferencia entre los escogidos, para empezar un Nuevo Mundo, está en la Fe y la confianza de estar Conmigo, vuestro Dios.

Muchos otros de vuestros hermanos cayeron y se mantuvieron en ese pecado o en peores. 

Todos habéis sufrido los ataques de Satanás, pero vosotros os levantabais y reaccionábais todo lo contrario a vuestros hermanos: 

A Satanás: ‘Me hiciste caer; pero nomás espérate a que me levante… Y…

al ser atacados, al ser probados, respondíais con un bien, que era regresar a Mí, vuestro Dios.

A veces, aconsejados por algún otro hermano vuestro, por ignorancia o por querer ver qué había de nuevo en la vida del hombre, o sea, por curiosidad,

caíais en errores que éstos, a su vez, os iban dando protección a vuestra alma sin que os dierais cuenta; por decirlo así, probabais el pecado pero no os gustaba y lo rechazabais.

Y eso os iba dando una madurez espiritual cada vez más fuerte.

Y así fuisteis venciendo todos esos ataques de Satanás y vuestra alma se fue acrisolando sin que os dierais cuenta.

Por eso, las almas que pasarán a estos Nuevos Tiempos son almas acrisoladas, almas probadas fuertemente en el pecado, en la maldad, ya que no aceptaron seguir en ellos.

Y eligieron seguir viviendo bajo Mi Gracia y bajo Mi Amor, sirviéndoMe y sirviendo a sus hermanos, cosas que muchos, la gran mayoría de vuestros hermanos, no quisieron hacer.

La Maldad los venció, les di la oportunidad de ser acrisolados para que tuvieran este regalo que tendréis vosotros, los escogidos,

pero prefirieron seguir a Satanás, a sus obras, a sus maldades, a sus pecados.

No quisieron mejorarse, ser almas que pudieran repeler fácilmente a Satanás al vivir en las Virtudes, se dejaban vencer fácilmente por los vicios, por las maldades a donde os llevaba Satanás.

Las almas buenas, las almas que tomaron para sí, y como medio de vida, lo que tenéis en las Sagradas Escrituras, especialmente lo que Mi Hijo os dejó,

sois almas enamoradas de Mi Amor y por eso entraréis a este Nuevo Tiempo,

 que será un tiempo de un gran amor entre los hombres; un amor puro, un amor santo, un amor de donación, como no lo habéis tenido nunca antes.

Yo voy agradando a las almas escogidas, les doy Mis Regalos ya desde ahora,

para que se sientan protegidas y seguras, que a pesar del cambio que se viene y los dolores que se darán, saben internamente que Yo estaré con ellas.

Vuestra prueba de acrisolamiento se ha dado a lo largo de vuestra existencia y eso os ha llevado a una madurez espiritual muy grande, lo cual Me halaga inmensamente.

El que en la tierra se ponga la Corona de Espinas… En el Cielo se pondrá la Corona de Gloria…

Y como ya pasasteis muchas pruebas y con ellas vencisteis al Mal, no tenéis por qué pasar más dolores y más pruebas grandes, dolorosas, porque ya Me habéis demostrado a quién pertenecéis.

Sois Mis almas escogidas, consentidas, amadas de Mi Corazón.

Y así os he de pagar también a vosotros, consintiéndoos en estos Tiempos de Tribulación.

Manteneos pues, Mis pequeños, en la línea en la que os habéis mantenido, ya que en estos Últimos Tiempos

noto perfectamente la línea de santidad que escogisteis para servirMe, porque para eso estáis llamados, para ser santos.

Ciertamente, vosotros no os dais cuenta de esa evolución espiritual que habéis tenido y ese es el camino de la santidad:

Habéis sufrido y a pesar de ello os mantuvisteis Conmigo.

Eso es un acto de santidad, Mis pequeños, el haberMe amado a pesar de los problemas y preocupaciones; pero seguíais Conmigo, no Me dabais la espalda, no Me blasfemabais…

Y eso también os llevaba hacia la santidad porque confiabais en Mí, vuestro Dios. Os puse pruebas de diferente índole y las vencisteis todas.

Aquí estoy ya, pues, vuestro Dios y Señor, esperando el momento con ansia en que entraréis a este regalo tan grande que os estoy preparando, vuestro nuevo hogar:

las Tierras Nuevas para vosotros, las almas escogidas, las almas acrisoladas, las almas que han buscado su santidad antes de perderse en el pecado.

Os bendigo, Mis pequeños, y os seguiré cuidando en estos momentos de Tribulación.

Sé que seguiréis Conmigo pese a la situación tan fuerte que se os presentará.

Yo estaré con vosotros, os protejo, Mis pequeños, Soy vuestro Dios.

Nota: Y con esta publicación reanudaremos, las que quedaron suspendidas el 21 de Diciembre de 2020 con “CONVERSIÓN SIN ENTREGA…”

 

42 JESÚS PERDIDO Y…


42 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

La disputa de Jesús con los doctores en el Templo.

La angustia de la Madre y la respuesta del Hijo.

Veo a Jesús. Es ya un adolescente.

Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino.

Encima se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido.

Lleva la cabeza descubierta.

Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas.

Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro).

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia Mí.

Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria.

Está solo.

Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro.

Y que en tiempo de lluvia se transforma en arroyuelo; ahora, como el día está sereno, está seca.

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús.

Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos.

Parece — haciendo una comparación muy pobre pero muy válida — un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro.

Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura.

Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, .

Muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera.

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones.

Y torres y patios y pórticos;

En el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol.

Como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro.

El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza).

Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto.

Jesús observa fijamente ese lugar.

Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes.

Y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo.

El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen.

Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas.

No son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía),

pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte.

El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía.

Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más.

Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí.

Y me quedo adormilada con esta visión.

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo…

Me encuentro en un lugar que nunca antes había visto.

En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas).

Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo. 

Y mucho griterío.

Me miro a mi alrededor y al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando…

Efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto.

Y la torre centinela,

Y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios.

Y bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra.

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén.

Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente.   

Y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso.

Luego veo a otros menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal.

Y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos.

Comprendo que se trata de los doctores de la Ley.

Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí.

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica.

Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los “doctores” hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa.

Oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es un maestro o pariente de Gamaliel:

Lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata.

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai…

Y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento.

Y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio.

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías…

Y apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas…

Contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo.

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado.

Y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban “Príncipe de la paz” está bien lejos de ser una realidad en el mundo.  

Y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo… 

Controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos, dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria.

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar.

Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan.   

Este propósito es evidente.

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño:

–     Gamaliel tiene razón.

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores…

Buscan al que acaba de interrumpir.  

De todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde.

Antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los “rabíes”.

Reconozco en Él a mi Jesús adolescente.

Se le ve seguro y franco.

Y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

Entonces le preguntan:

–    ¿Quién eres? 

–     Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena.

Gusta esta respuesta intrépida y segura.

Y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia.

Despierta interés el pequeño israelita.

–    ¿Cómo te llamas?

–     Jesús de Nazaret.

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai.

Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel.

Es más, es Gamaliel el que con deferencia, le dice al anciano:

–     Pregúntale alguna cosa al niño.

Hil.lel pregunta:

–     ¿En qué basas tu seguridad? 

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro)

Jesús:

–     En la profecía, que no puede errar respecto a la época. Y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento.

Cierto es que César nos domina.

Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas.

Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina.

De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido.

Y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso

¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá?

¿Y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén?

¿No os acordáis de Balaam? “Una estrella nacerá de Jacob”.

Los Sabios de Oriente, cuya pureza y Fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre: “Mesías”.   

Y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo.

Siammai, con mirada maligna:

–    ¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?

Jesús:

–     Yo lo digo.

Siammai:

–     Entonces ya no existe.

¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad, de Belén y de los alrededores?

Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que “un grito se ha oído en lo alto…

Es Raquel que está llorando por sus hijos”.

Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados.

Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías.

Jesús:

–     Te equivocas, anciano.

El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al “hijo de su dolor”, la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha,

Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes.

Siammai:

–     ¿Y cómo, si lo mataron?

Jesús:

–     ¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego?

¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo?

Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra,

¿No va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre?

En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros.

Y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia

La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio.

Sus ojos centellean aún más,.

Y con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha… 

Y luego los baja, como para jurar.

Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre.

Hil.lel:

–     Niño, ¿Quién te ha enseñado estas palabras?

Jesús:

–     El Espíritu de Dios.

Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios.

Hil.lel:

–     Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca.

¡Oh niño!, Para que mi esperanza se reavive en contacto con tu Fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya.

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel.

Y le entregan unos rollos para que los lea y los explique.

Es un examen en toda regla.

La muchedumbre se agolpa atenta.

La voz infantil de Jesús lee:

–     “Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado… 

Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor… Entonces se manifestará la gloria del Señor…”

Siammai:

–     Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada.

Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías.

Jesús:

–     Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor.

Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír.

Siammai:

–     ¿Así le hablas a un maestro?

Jesús:

–     Así hablo y así hablaré hasta la muerte.

Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo.

Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo; no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas.

Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios.   

Y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos.

Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡Oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se levanta hacia el Cielo.

Y en el Cielo y en la Tierra, toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo.  

Ante Aquel que, tomando de Sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta: el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo. 

No como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos).   

Sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres, con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor, por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor…

Y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado.

Siammai:

–     ¡Pero, niño, no blasfemes!

Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero.

¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!

Jesús:

–     En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas. Y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello.

Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad.

No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero.

Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo.

Hil.lel:

–     Préstame atención, niño.

Ageo dice: “… Vendrá el Deseado de las gentes…

Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera”. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?

Jesús:

–     Sí, maestro.

Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz.

Y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia.

Gamaliel:

–     Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra?

Habla y dame luz también a mí.

Jesús:

–     ¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: “Paz a los hombres de buena voluntad”?

Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad.

Y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador; porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu.

Y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo.

Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo…

Sí los del alma, los que doblegan para infernal dominio el corazón del hombre, creado por el Señor.

Y no es ésta la victoria que de El espera Israel.

Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre “la asna y el pollino”…

O sea, los justos de Israel y los gentiles.

Mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él…,

Y precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida.

Israel, por su voluntad, perderá la paz.

Y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de Dolor de que habla Isaías.

Siammai:

–     Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno.

Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?

Jesús:

–     Él ya es una realidad.

¿No dice Malaquías: “Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros”?

Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo.

Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo.

Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados.

Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro.

Cuando veáis al Precursor, podréis decir: “Comienza la Misión del Cristo”.

Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos.   

Mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae.

Pero cuando más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines…

El Redentor ocupe su trono y su altar…

De sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles.

Porque Él, ¡Oh, maestro insipiente!,…

No es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual.

Y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu…

Y como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, ‘las de Dios”,

a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera.

Siammai y sus seguidores:

–     ¡Este nazareno es Satanás!

Hil.lel y los suyos:

–     No. Este niño es un Profeta de Dios.

Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber… 

Y Tú serás Maestro del pueblo de Dios.

Jesús:

–     En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado.

A mí me hablan las voces del Cielo.

Y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi Hora.

Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén: 

Y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida.

Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel, para hacer de mí escabel de su gloria…

En espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo.

Esperadme en mi Hora.

Estas piedras oirán de nuevo mi Voz y trepidarán cuando diga mis últimas palabras.

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa Voz y crean en Él a través de ella.

El Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste.   

Y por el cual Yo digo: “Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla”.

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores.  

La visión termina. 

41 ALBORADA DEL MESÍAS


41 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

Jesús examinado en su mayoría de edad en el Templo.

El Templo en días de fiesta.

Muchedumbre de gente entrando o saliendo por las puertas de la muralla, o cruzando los patios o los pórticos.

Gente que entra en esta o en aquella construcción sita en uno u otro de los distintos niveles en que está distribuido el conjunto del Templo.

Y también entra, cantando quedo salmos, la comitiva de la familia de Jesús; todos los hombres primero, luego las mujeres.

Se han unido a ellos otras personas, quizás de Nazaret, quizás amigos de Jerusalén, no lo sé.

José, después de haber adorado con todos al Altísimo desde el punto en que se ve que los hombres podían hacerlo.

Las mujeres se han quedado en un piso inferior, se separa. 

 Y con su Hijo, cruza de nuevo, en sentido inverso, unos patios.

Luego tuerce hacia una parte y entra en una vasta habitación que tiene el aspecto de una sinagoga. 

Habla con un levita.

Y éste desaparece tras una cortina de rayas para volver después con algunos sacerdotes ancianos.

Son sacerdotes, doctores de la Ley. maestros en cuanto al conocimiento de la Ley y tienen como misión examinar a los fieles. ‘

Los dos se inclinan con gran reverencia ante los diez doctores, los cuales se han sentado con majestuosidad en unas banquetas bajas de madera.

José presenta a Jesús:

–     Éste es mi hijo.

Desde hace tres lunas y doce días ha entrado en el tiempo que la Ley destina para la mayoría de edad.

Mas yo quiero que sea mayor de edad según los Preceptos de Israel.

Os ruego que observéis que por su complexión muestra que ha dejado la infancia y la edad menor.

Os ruego que lo examinéis con benignidad y justicia para juzgar que cuanto aquí yo, su padre, afirmo, es verdad.

Yo lo he preparado para este momento y para que tenga esta dignidad de hijo de la Ley.

Él sabe los preceptos, las tradiciones, las decisiones, conoce las costumbres de las fimbrias y de las filacterias, sabe recitar las oraciones y las bendiciones cotidianas.

Puede por tanto, conociendo la Ley en sí y en sus tres ramas, Halasia, Midrás y Haggadá, guiarse como hombre.

Por ello, deseo ser liberado de la responsabilidad de sus acciones y de sus pecados.

Que de ahora en adelante quede sujeto a los preceptos y pague en sí las penas por las faltas respecto a ellos.

Examinadlo.

El que parece ser el superior de todos, 

responde:

–     Lo haremos.

Acércate, niño. ¿Tu nombre?

Jesús, muy solemne, responde:

–     Jesús de José, de Nazaret.  

Varios entrecejos se levantan y se fruncen. 

El interrogatorio continúa:

–     Nazareno… Entonces…

¿Sabes leer?

–     Sí, rabí.

Sé leer las palabras escritas y las que están encerradas en las palabras mismas.

–     ¿Qué quieres decir con ello?

–     Quiero decir que comprendo el significado de la alegoría o del símbolo celado bajo la apariencia…

De la misma forma que no se ve la perla, pero está dentro de la concha fea y cerrada. Todos lo miran sorprendidos…

Ha captado totalmente su atención. 

El sacerdote dice:

–     Respuesta no común, y muy sabia.

Raramente se oye esto en boca de adultos, ¡Así que fíjate tú, oírselo a un niño, y además, por si fuera poco, nazareno!….

Se ha despertado la atención de los doctores y sus ojos no pierden de vista un instante al hermoso Niño rubio.

Que los está mirando seguro; sin petulancia sí, pero también sin miedo.

–     Eres honra de tu maestro, el cual ciertamente, era muy docto.

–     La Sabiduría de Dios estaba recogida en su corazón justo.

–     ¡¿Estáis oyendo?!

¡Dichoso tú, padre de un hijo así!

José, que está en el fondo de la sala, sonríe y hace una reverencia.

Entonces le dan a Jesús tres rollos distintos,

Y le dicen:

–     Lee el que está cerrado con una cinta de oro. 

Jesús lo desenrolla y lee.

Es el Decálogo.

Pero, leídas las primeras palabras, un juez le quita el rollo.

Y dice:

–     Sigue de memoria.

Jesús sigue, tan seguro que parece como si estuviera leyendo.

Y cada vez que nombra al Señor hace una profunda reverencia. 

El examinador pregunta asombrado:

–     ¿Quién te ha enseñado a hacer eso?

¿Por qué lo haces?

–     Porque es un Nombre santo y hay que pronunciarlo con signo interno y externo de respeto.

Ante el rey, que lo es por breve tiempo, se inclinan los súbditos… y es sólo polvo,

¿Ante el Rey de los reyes, ante el altísimo Señor de Israel, presente, aunque sólo visible al espíritu; no habrá de inclinarse toda criatura, que de Él depende con sujeción eterna?

–     ¡Muy bien! 

Y volviéndose hacia José,

Agrega:

–     Hombre, nuestro consejo es que pongas a tu Hijo bajo la guía de Hil.lel o de Gamaliel.

Es nazareno… pero sus respuestas permiten esperar de Él un nuevo gran doctor. 

José responde: 

–     Mi hijo es mayor de edad.

Hará lo que Él quiera. Yo, si su voluntad es honesta, no me opondré.

–     Niño, escucha.

Has dicho: “Acuérdate de santificar las fiestas, teniendo en cuenta que el precepto de no trabajar en día de sábado fue dicho no sólo para ti, sino también para tu hijo y tu hija, para tu siervo y tu sierva. E incluso para el asno”.

Entonces, dime:

Si una gallina pone un huevo en día de sábado, o si una oveja pare,

¿Será lícito hacer uso de ese fruto de su vientre? o ¿Habrá que considerarlo como cosa oprobiosa?

–     Sé que muchos rabíes, el último de los cuales en vida aún, es Siammai, dicen que el huevo puesto en día de sábado va contra el precepto.

Pero Yo pienso que hay que distinguir entre el hombre y el animal. O quien cumple un acto animal como dar a luz.

Si le obligo al asno a trabajar, yo, al imponerme con el azote a que trabaje, cumplo también su pecado.

Pero, si una gallina pone un huevo que ha ido madurando en su ovario, o si una oveja pare en día de sábado, porque ya está en condiciones de nacer su cría, entonces no.

Tal obra en efecto, no es pecado, como tampoco lo son, a los ojos de Dios, ni el huevo puesto ni el cordero parido en sábado.

–     ¿Y cómo puede ser eso, si todo trabajo, cualquiera que fuere, en día de sábado, es pecado?

–     Porque el concebir y generar corresponde a la Voluntad del Creador.

Y están regulados por leyes dadas por Él a todas las criaturas.

Pues bien, la gallina no hace sino obedecer a esa ley que dice que después de tantas horas de formación, el huevo está completo y ha de ponerse.

Y la oveja lo mismo. No hace sino que obedecer a esas leyes puestas por Aquel que todo hizo, el cual estableció que dos veces al año, cuando ríe la primavera por los campos floridos.

Y cuando el bosque se despoja de su follaje y el frío intenso oprime el pecho del hombre, las ovejas se emparejasen para dar luego leche, carne y sustanciosos quesos en las estaciones opuestas,

en los meses de más arduo trabajo por las mieses, o de más dolorosa escasez a causa de los hielos.Pues entonces, si una oveja, llegado su tiempo, da a luz a su criatura, ¡Oh, ésta bien puede ser sagrada incluso para el altar, porque es fruto de obediencia al Creador!

El doctor se vuelve hacia los demás,

diciendo:

–     Yo no seguiría examinándole.

Su sabiduría es asombrosa y supera a la de los adultos. 

Algunos objetan:

–     No.

Se ha declarado capaz de comprender incluso los símbolos.

–     Oigámoslo.

–     Que antes diga un salmo, las bendiciones y las oraciones.

–     También los preceptos.   

Uno se vuelve hacia Jesús diciéndo:

–    Sí. Di los midrasiots.

Jesús dice sin vacilar una letanía de:  «no hagas esto… no hagas aquello… ».

Si nosotros debiéramos tener todavía todas estas limitaciones, siendo rebeldes como somos, lo más seguro es que no se salvaría ninguno…

Otro le indica:

–  Muy bien. 

Ahora abre el rollo de la cinta verde.

Jesús abre y hace ademán de leer. 

Le indica: 

–     Más adelante, más.

Jesús obedece.

–     Basta. Allí…

Lee y explica, si es que te parece que haya algún símbolo.

–     En la Palabra santa raramente faltan.

Somos nosotros quienes no sabemos ver ni aplicar. Leo: cuarto libro de los Reyes, capítulo veintidós, versículo diez:

“Safan, escriba, siguiendo informando al rey, dijo: ‘El Sumo Sacerdote Jilquías me ha dado un libro’. Habiéndolo leído Safan en presencia del rey, éste, oídas las palabras de la Ley del Señor, se rasgó las vestiduras y dio…”.

–     Sigue hasta después de los nombres.

-“…esta orden: ‘Id a consultarle al Señor por mí, por el pueblo, por todo Judá, respecto a las palabras de este libro que ha sido encontrado;

pues la gran ira de Dios se ha encendido contra nosotros porque nuestros padres no escucharon, siguiendo sus prescripciones, las palabras de este libro’…”.

–     Basta.

Este hecho sucedió hace muchos siglos.

¿Qué símbolo encuentras en un hecho de crónica antigua?

–     Lo que encuentro es que no hay tiempo para lo eterno.

Y Dios es eterno, y nuestra alma; como eternas son también las relaciones entre Dios y el alma.

Por tanto, lo que había provocado entonces el castigo, es lo mismo que provoca los castigos ahora. E iguales son los efectos de la culpa.

–     ¿Cuáles?

–     Israel ya no conoce la Sabiduría, que viene de Dios.

Y es a Él, y no a los pobres seres humanos, a quien hay que pedirle luz; pero la luz no se recibe sin justicia y fidelidad a Dios.

Por eso se peca, y Dios, en su ira, castiga.

–     ¿Nosotros ya no sabemos?

¿Qué dices, niño? ¿Y los seiscientos trece preceptos?

–     Los preceptos existen, pero son palabras. 

Los sabemos, pero no los ponemos en práctica. Por tanto, no sabemos.

El símbolo es éste: todo hombre, en todo tiempo, tiene necesidad de consultar al Señor para conocer su Voluntad.

Y debe atenerse a ella para no atraer su ira.

Un doctor sentencia:  

–     El niño es perfecto.

Ni siquiera la celada de la pregunta insidiosa, ha confundido su respuesta.

Que sea conducido a la verdadera sinagoga.

Pasan a una habitación de mayores dimensiones y más pomposa.

Aquí lo primero que hacen es rebajarle el pelo.

José recoge los rizos.

Luego le aprietan la túnica roja con un largo cinturón dando varias vueltas en torno a la cintura.

Le ciñen la frente y un brazo con unas cintas.

Y le fijan con una especie de bullones unas cintas al manto.

Luego cantan salmos.

Y José alaba al Señor con una larga oración…

E invoca toda suerte de bienes para su Hijo.

Termina la ceremonia.

Jesús sale acompañado de José.

Vuelven al lugar de donde habían venido.

Se unen de nuevo con los varones de la familia, compran y ofrecen un cordero.

Y luego, con la víctima degollada, van a donde las mujeres.

María besa a su Jesús.

Es como si hiciera años que no lo viera.

Lo mira — ahora tiene vestidura y pelo más de hombre — lo acaricia…

Salen y todo termina.

R ATENCIÓN MÉXICO…


Enero 03 de 2021

Mensaje de la Santísima Virgen María de Guadalupe a J. V.

Hijitos Míos, Soy vuestra Madre, la Siempre Virgen María, en Mi Advocación de Guadalupe.

Mis pequeños, Me duelen estos momentos que estáis pasando. 

Mi Padre ha querido que ésta sea la Casita escogida por Él para presentarMe ante el mundo.

Sois Mi México, sois Mi Hogar verdadero, porque en vosotros existe un corazón bello, un corazón sincero, un corazón honesto; sois pequeños, pero amorosos. 

Ciertamente, os habéis desviado y eso Me duele, pero también es necesario que sepáis que cuando Mi Dios y Señor escoge a una persona, a un lugar, a una ciudad,

Satanás, en su envidia, atacará muy fuertemente de regreso porque no le gusta que seáis bendecidos, que seáis cuidados por Nosotros. 

Estos son momentos de gran lucha entre Yo, vuestra Madre, y la Serpiente.

Vosotros, Mis pequeños hijos Míos, estáis sufriendo fuertemente por los ataques de Satanás a través de la masonería eclesiástica y de la masonería gubernamental,

QUE CIERTAMENTE ÉSTOS SE HAN VUELTO HIJOS DE SATANÁS

Me duele deciros todo esto, pero están actuando como Judas en estos tiempos,

aquellos ministros de Mi Iglesia que se han vuelto en contra del Amor de Mi Hijo, de Sus Leyes, de Su Predicación, de la Doctrina que os ha dejado y que tanto Le ha costado.

Aquellos que han escogido también el camino de Satanás, tanto del gobierno como los civiles, son aquellos que Le gritaban a Mi Hijo que Le crucificaran.

“Guadalupe” en náhuatl significa: “aplasta la cabeza de la serpiente”Es justo Génesis 3,15: María Vencedora del Maligno.  Y la imagen de la tilma, es una pintura exacta como la detalla el Apocalipsis 12,

Y Le siguen crucificando porque son seguidores del Mal, seguidores de Satanás que Le siguen blasfemando, que Le siguen golpeando, que Le siguen quitando almas…

Y que no quieren ellos regresar al buen camino.

Como os dije, son tiempos difíciles en esta gran lucha de la cual, ciertamente, saldré victoriosa y vosotros los que estáis Conmigo, que sois Mi Calcañal,

gozaréis grandemente Mi Triunfo, junto con Mi Hijo, sobre el poder de la Serpiente que tanto os ha venido atacando a lo largo del tiempo.

 Él sabe que está vencido y que pronto se terminará su tiempo de ataque contra todo lo que es de Mi Señor y Mi Dios.

Debéis aumentar la Oración, Mis pequeños.

Ciertamente, junto con el ayuno y la penitencia, más fácilmente os haréis vencedores sobre el Mal y liberaréis…

más bien, liberareMos a esta tierra promisoria de la que tanto bien saldrá para el futuro de la Tierra.

Basílica cerrada y sin peregrinos en este Doce de Diciembre 2020

Es un lugar en donde Yo he asentado Mis Pies y os sigo protegiendo, aun a pesar de que muchos de vosotros, Mis hijos mexicanos, Me estáis dando la espalda…

Y ya no queréis acercaros a vivir vida de pureza y santidad, como Mi Hijo os lo ha pedido.

Mientras no pongáis de vuestra parte,

MIENTRAS NO OS ARREPINTÁIS DE VUESTROS PECADOS.

Mientras no cambiéis de vida, el yugo estará sobre vosotros.

Desgraciadamente, sois un pueblo apático que no defiende lo suyo…

Y ¡Tenéis que salir adelante, Mis pequeños!

Os tenéis que unir en oración y actuar en paz, que es la forma de atacar a Satanás, no devolverle maldad sino actuar en el amor.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en hueo de mi mano?

Porque sois un pueblo muy amoroso, un pueblo sencillo, un pueblo que sabe amar a su Dios y a Mí, vuestra Madre.

MUCHAS PRUEBAS PASARÉIS,

Y DOLOROSAS,

SI NO ENTENDÉIS QUE OS DEBÉIS UNIR EN ORACIÓN

Y DEJAR LA MALA VIDA QUE LLEVÁIS.

Vais a ser un pueblo que dará ejemplo ante el mundo de que Mi Dios y Señor, vuestro Dios y Yo, vuestra Madre, la Siempre Virgen María,

viviMos en vuestro corazón y viviMos en vuestra patria.

SON TIEMPOS MUY DELICADOS, DOLOROSOS,

PERO EN LOS CUALES VOSOTROS PODRÉIS

DISMINUIR, DETENER E IMPEDIR

EL ACOSO DE SATANÁS SOBRE VOSOTROS

CON LO QUE SE OS HA PEDIDO TANTO,

QUE ES EL REZO DEL SANTO ROSARIO.  

Ciertamente, con este dolor que estáis padeciendo, con este gobierno que os quiere quitar la Oración, que os quiere quitar la vida en Dios, ha crecido el fervor en muchos hogares.

Y esto sucede porque sabéis que Mi Señor y Mi Dios siempre saca un bien de un mal con el que os ataca Satanás.

Acrecentad vuestra oración y la vida sacramental, acrecentad las buenas obras y dejad vuestros pecados a un lado.

Manteneos, a través de la Confesión, vivos en pureza y santidad.

Dejad que Mi Santo Espíritu descienda sobre vosotros, pueblo fiel y amoroso Conmigo, vuestra Madre.

Ciertamente, estoy intercediendo por vosotros porque son momentos difíciles y muy dolorosos, que vosotros mismos os los habéis buscado y que ahora están sobre vosotros.

porque os apartasteis de la Fe, de la Oración y del Amor.

“No te aflijas mamá. Dame tu bendición. Y si no volvemos a vernos en esta vida, nos veremos en el Cielo” José Sanchez del Río

Tenéis que volver a ser los que erais antes:

Pueblo de familia, pueblo de ayuda entre unos y otros, pueblo lleno de Fe y de amor por Mi Dios y por Mí, vuestra Madre.

OS REPITO:

SOIS UN PUEBLO QUE DARÁ EJEMPLO A NIVEL MUNDIAL

DE CÓMO SE DEBEN COMPORTAR TODOS LOS DEMÁS PUEBLOS DE LA TIERRA.

 ¡Cambiad, Mis pequeños! Cambiad y volved a las buenas costumbres de vuestros abuelos, quienes Me tenían una Fe a prueba de todo.

Mucha sangre santa ha mojado vuestro suelo y eso os ayuda para que sigáis recibiendo bendiciones constantes del Cielo.

Muchos mártires hay en vuestro pueblo y esto os debe conmover para regresar a lo que verdaderamente sois vosotros:

Pueblo escogido por el Cielo para dar ejemplo al mundo entero.

Con la Oración venceréis a las potencias del Mal.

Uníos en la oración profunda, fervorosa y de corazón y venceréis el ataque de Satanás que tenéis en vuestro gobierno y en la Iglesia.

Defended también, con vuestra oración, a los buenos sacerdotes que todavía tenéis pero que los tienen alejados.

Ellos son buenos, son ejemplo todavía de lo que la verdadera Iglesia debe ser.

Orad por ellos y orad para que sigáis teniendo almas fieles, santas, almas sacerdotales verdaderas que defiendan lo que Mi Hijo os dejó.

Todas las iglesias cerradas por la Pandemia…

Muchos de vosotros sois mártires por el dolor que lleváis en vuestro corazón al ver cómo se os está destruyendo,

cómo os están afectando estos mandatos gubernamentales que os quieren quitar la Oración y la Fe,

pero no podrán porque tenéis muy arraigado en vuestro ser, ya como marca Divina, estas dos características de todo buen cristiano:

LA FE Y EL AMOR A VUESTRO DIOS Y A MÍ, VUESTRA MADRE

No dejéis, pues, que Satanás siga su obra sobre vosotros, que siga destruyendo lo que ya habíais vosotros construido.

Venceréis porque así está escrito, pero NO ALARGUÉIS EL SUFRIMIENTO al no querer luchar y defender lo que es vuestro.

Visión: Veo llamas verdes, amarillas…

Y nos dice nuestra Madre Santísima:

Hijitos Míos, se os ha pedido mucha oración por los acontecimientos que estáis viviendo y viviréis en la Tierra,

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

pero el hombre también se olvida de las almas sufrientes, de las almas que se están purificando, por eso ve Mi hijo estas llamas, porque son llamas purificadoras,

pero también estas almas están sufriendo de más, porque no hay suficientes oraciones ni Misas bien dichas que les puedan ayudar a que salgan pronto del Purgatorio.

El dolor es grande ahí, pero siempre con la esperanza de que podrán salir, pero es fuerte ese dolor y muy largo.

Los hombres se han olvidado de lo que os pidió Mi Hijo, que os amarais los unos a los otros, pero esto lo tomáis solamente para los que estáis viviendo actualmente sobre la Tierra,

siendo que las almas que ya pasaron a ese estado de purificación, las olvidáis y sufren,

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

Y SUFREN MUCHO, porque hay muchas almas que no estaban bien preparadas, espiritualmente hablando, almas que se habían olvidado de Nuestro Dios y Señor,

almas que no siendo completamente malas, no llevaban una vida espiritual correcta.

Así os podría enumerar muchas situaciones en las que el hombre vive y que por eso os merecéis una purificación, a veces muy fuerte,

a veces menos fuerte, pero necesaria para que podáis ir avanzando, como almas purificadas, hacia ese PASO DE SANTIDAD, al que todos debéis llegar para poder entrar al Reino de los Cielos.

Realmente, el Purgatorio es un lugar donde os iréis purificando para alcanzar, como os dije, la santidad de vuestras almas,

pero recordad que ellas en ese paso también están velando por vosotros; sufren, pero en su sufrimiento también hay amor,

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

hay amor hacia vosotros que estáis todavía misionando sobre la Tierra.

Debéis vosotros acudir a ellas para que os ayuden en vuestra misión, para que os protejan de la Maldad de Satanás, porque ellas ya dieron ese paso y conocen mucho más el cómo se debe vivir en la Tierra,

pero si ellas están orando por vosotros, si ellas interceden por vuestro bien, haced lo mismo y cumplid con lo que os pidió Mi Hijo, que os amarais los unos a los otros. 

Él no os dijo que os amarais solamente mientras estuvierais en la Tierra, debéis amaros siempre.

Y si sabéis que las almas necesitan de vuestra Oración, es un acto de caridad muy grande y, sobre todo, de amor hacia vuestros hermanos que dependen de vosotros,

de vuestra oración, penitencias, ayunos, Misas, todo lo que podáis hacer por ellos, porque muy necesitados están de vuestra intercesión.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, se sufre el calvario completo de Jesús, con todo el Rigor de la Justicia Divina, igual que en el INFIERNO; porque los demonios pueden torturarnos, para purificarnos por los pecados con que fuimos cómplices del Maligno…

Os pido, Mis pequeños, que no las dejéis solas,

ayudadles a que pronto salgan de ahí, de ese lugar de Purificación, para que alcancen ya el Reino de los Cielos.

Lo que hagáis por ellas, ellas lo harán por vosotros cuando estéis en ese lugar de purificación.

Visión: Veo a la Santísima Virgen María, Su manto es de color verde claro, el velo es de Su mismo vestido.

Su rostro es rosado fuerte. Lleva en Sus manitas el Santo Rosario, el cual le llega hasta las rodillas.

Todo lo veo con un fondo verde claro.

Mis hijitos, Mis pequeños, cuánto os agradezco todo el bien que hacéis por el alma de vuestros hermanos al interceder por ellos ante Mí, vuestra Madre,

con el Santo Rosario que os he pedido que recéis, tanto para el bien vuestro como para el de ellos.

NO TEMÁIS A LOS ACONTECIMIENTOS QUE ESTÁN YA A LA PUERTA,

OS ESTARÉ PROTEGIENDO. 

Mi Hijo os agradece todas las almas que vosotros habéis sacado del Purgatorio con vuestras oraciones y Misas, con vuestros ofrecimientos personales.

Pertenecéis al Cielo, Mis pequeños, os lo aseguro, pertenecéis al Cielo.

Seguid adelante, os amo, os cuido y os protejo de todo mal. 

Estoy atenta a vuestras peticiones, a vuestras necesidades, pedidMe, Mis pequeños, lo que deseéis para el bien vuestro y el de vuestros hermanos.

Esto ha de cambiar, estáis viviendo grandes dolores en los que Yo os acompaño;

vosotros también Me habéis acompañado en los dolores de la Pasión de Mi Hijo y os lo agradezco tanto.

ESTE ES EL MOMENTO DE VUESTRA PASIÓN

 Y por eso Me presento con vosotros así, en esta luz verde que está indicando una esperanza. 

Una esperanza grande para las almas que confían en Mí.

Y para llevarlos hacia Mi Hijo.

Mucho amor habéis también vosotros derramado al ver por las dificultades y necesidades de vuestros hermanos;

habéis visto por las necesidades de ellos y esto os lo agradezco mucho.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

Y os aseguro que nada os faltará en alimentos, en recursos,

para que no os preocupéis en estos tiempos de la escasez que vendrá.

Os estaMos cuidando, pero más os cuidaMos en el bien y en la pureza de vuestra alma.

Daos, daos todo lo que podáis, Mis pequeños, para agradecerLe a Mi Hijo por Su Donación, que Él se dio en totalidad por vosotros.

Recordad que el agradecimiento es signo de amor entre los que verdaderamente se aman, porque Mi Hijo os ama infinitamente y sé que vosotros también Le amáis a Él.

Por eso vuestro agradecimiento es recíproco: Él os agradece todo lo que hacéis por vuestros hermanos y vosotros Le agradecéis todas Sus Bendiciones.

Estáis en Mi Corazón, seguid adelante haciendo el bien a Mi Hijo, haciendo el bien a vuestros hermanos…

Y no os apartéis de Mí, vuestra Madre y seguros estaréis.

Os bendigo Mis pequeños, os dejo Mi Corazón en vuestro Corazón.

Y os sigo cuidando para llevaros hasta el Corazón Purísimo y Santísimo de Mi Hijo Jesucristo.

Os amo a todos, amo a Mi México.

Que la Paz de vuestro Dios en Su Santísima Trinidad quede en cada uno de vosotros.

Yo os bendigo en Nombre de  Mi Padre, en Nombre de Mi Hijo, en Nombre de Mi Esposo, el Santo Espíritu de Dios y en Mi Nombre, María, la Sierva del Señor.

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33 ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS


33 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

 Adoración de los Magos.

 28 de Febrero de 1944.

Mi interno consejero (el Espíritu Santo, con carisma de profecía) me dice:

«A estas contemplaciones que vas a tener, que Yo te voy a manifestar, 

Llámalas “Evangelios de la Fe”, porque vendrán a ilustrarte a tí y a los demás el poder de la fe y de sus frutos, así como a confirmaros en la Fe en Dios».

La visita de los magos

  1. Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,
  2. diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
  3. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
  4. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
  5. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
  6. = Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.» =
  7. Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.
  8. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»
  9. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
  10. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
  11. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.
  12. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino. MATEO 2

Veo Belén, pequeña y blanca, recogida como una parvada bajo la claridad de las estrellas.

Dos calles principales la cortan en cruz: una, que llega desde fuera y es la vía principal, que luego prosigue más allá del pueblo.

La segunda va de un extremo a otro de éste, y ahí termina.

Hay otras callecitas que dividen a este pueblito, pero sin la más mínima norma de planificación urbana, como nosotros concebimos;

sino adaptándose más bien al terreno sinuoso y a las casas que han ido surgiendo aquí o allá, según el capricho del suelo o del constructor.

Estando unas hacia la derecha, otras hacia la izquierda; algunas formando arista con la calle que pasa por ellas…

Estas casas obligan a las calles a ser como una cinta que se desenrede tortuosamente, en vez de algo rectilíneo que vaya de una a otra parte sin desviarse.  

Una placita de vez en cuando…

Por un mercado o por una fuente…

O porque se ha construido arbitrariamente sin criterio: restos de suelo al sesgo en que no es posible ya construir nada.

En el punto en que de forma particular me parece estar, hay precisamente una de estas placitas irregulares.

Que debería haber sido cuadrada, o al menos, rectangular…

Sin embargo ha resultado un trapecio tan extraño, que parece un triángulo acutángulo con el vértice truncado.

En el lado más largo — la base del triángulo — hay una construcción ancha y baja, la más grande del pueblo.

La rodea un muro liso y desnudo, abierto sólo en dos puntos:

Dos puertas, que ahora están perfectamente cerradas.

Al otro lado del muro, sin embargo, en su vasto cuadrado, se abren en el primer piso muchas ventanas;

en la planta baja hay unos pórticos que rodean a unos patios que tienen paja y detritos en el suelo y sus correspondientes pilones, para abrevar a los caballos o a otros animales.

En las toscas columnas de las arcadas hay unas argollas para atar a los animales.

Y en uno de los lados, existe un vasto cobertizo para cobijar a rebaños y cabalgaduras.

Comprendo que se trata de la posada de Belén. 

En los otros dos lados iguales de la placita hay casas más o menos grandes, unas con un poco de huerto delante, otras no.

Efectivamente, algunas de ellas tienen la fachada hacia la plaza, mientras que otras por el contrario, la parte de atrás.

Finalmente en el lado más corto de frente a la posada, hay una única casita con una escalerita externa,

que introduce a mitad de la fachada en las habitaciones del piso habitado.

Todas las casas están cerradas porque es de noche.

No hay nadie por las calles, dada la hora.

Veo intensificarse la luz nocturna que llueve del cielo lleno de estrellas, hermosísimas en el cielo oriental, tan vivas y grandes que parecen cercanas…

Y parece fácil acercarse a donde están esas flores resplandecientes, que están en el terciopelo del firmamento y tocarlas.

Levanto la mirada para tratar de comprender el origen de este aumento de luz…

Una estrella, cuyo insólito tamaño le hace asemejarse a una pequeña Luna, avanza por el cielo de Belén.

Las otras parecen eclipsarse y apartarse, cual siervas al paso de su reina, pues el resplandor es tan grande que las sumerge y las anula. 

Su globo, que parece un enorme zafiro pálido encendido internamente por un Sol,

va dejando una estela en la que con el predominante color del zafiro claro;

se funden los amarillos de los topacios, los verdes de las esmeraldas, los opalescentes de los ópalos,

los sanguíneos destellos de los rubíes y el delicado titilar de las amatistas.

Todas las piedras preciosas de la Tierra están presentes en esa estela,

que barre el cielo con un movimiento veloz y ondulante, como si estuviera viva

El color que predomina, no obstante, es el que emana del globo de la estrella:

El paradisíaco color de pálido zafiro que desciende a colorar de plata azul las casas, las calles, el suelo de Belén, cuna del Salvador.

No es ya esa pobre villa que para nosotros no sería ni siquiera un pueblo;

es una villa fantástica de fábula, en que todo es de plata.

Y el agua de las fuentes y de los pilones es de diamante líquido.

El efluvio de resplandor se hace más vivo.

La estrella se detiene encima de la casita que está situada en el lado más corto de la plazuela.

Ni los que en aquélla habitan ni los betlemitas la ven, pues están durmiendo en sus casas cerradas.

Pero la estrella acelera sus latidos de luz;

su cola vibra y ondula más intensamente,  trazando casi semicírculos en el cielo.

Que se ilumina todo, por la red de astros que la estrella arrastra.

Por esta red llena de joyas resplandecientes que tiñen de los más hermosos colores a las otras estrellas,

casi como si les transmitieran una palabra de alegría.

La casita ahora está toda bañada de este fuego líquido de gemas.

El techo de la breve terraza, la escalerita de piedra oscura, la pequeña puerta…

Todo es como un bloque de pura plata sembrado todo de polvo de diamantes y perlas.

Ningún palacio de la Tierra ha tenido jamás, ni la tendrá; una escalera como ésta, hecha para recibir el paso de los ángeles,

para ser usada por la Madre que es Madre de Dios;

sus pequeños pies de Virgen Inmaculada pueden apoyarse sobre ese cándido esplendor,

esos sus pequeños pies destinados a descansar sobre los escalones del Trono de Dios.

Y sin embargo, la Virgen está ajena de ello;

Ella vela orante junto a la cuna de su Hijo.

En su alma tiene resplandores que superan a éstos con que la estrella embellece las cosas.

Por la calle principal avanza una caravana.

Caballos enjaezados, caballos guiados de las riendas, dromedarios y camellos montados o que transportan su carga.

El sonido de los cascos produce un rumor como el del agua de un torrente, cuando roza las piedras y choca contra ellas.

Cuando llegan a la plaza, todos se detienen.

La caravana, bajo la luz radiante de la estrella, tiene un esplendor fantástico.

Los jaeces de las riquísimas cabalgaduras, los ropajes de sus jinetes, las caras, los equipajes… 

Todo resplandece, uniendo y avivando su brillo de metal, de cuero, de seda, de piedras preciosas, de pelaje…

con el brillo estelar.

Y los ojos relucen,..

Y ríen las bocas, porque en los corazones se ha encendido otro fulgor: el de una alegría sobrenatural.

Mientras los siervos se encaminan hacia la posada con los animales…

Tres de la caravana se bajan de sus respectivas cabalgaduras; un siervo las conduce inmediatamente a otra parte,

Y ellos, a pie, se dirigen hacia la casa.

Se postran, rostro en tierra, para besar el suelo.

Son tres potentados, a juzgar por sus riquísimas vestiduras.

Uno de ellos, de piel muy oscura, que se ha bajado de un camello, se arropa con una toga de cándida seda esplendente;

ciñen su frente y su cintura preciosos aros;

del de la cintura pende un puñal o una espada, cuya empuñadura está cuajada de gemas.

Los otros dos, que montaban espléndidos caballos, están vestidos así:

uno, de paño de rayas bellísimo en que predomina el color amarillo, elaborado a manera de dominó, largo,   

ornado con capucha y cordón, tan recamados que parecen una única labor de filigrana de oro.

El otro lleva una camisa sedeña, que, formando bolsas, sobresale del pantalón amplio y largo ceñido a los pies.

Y  va envuelto en un finísimo chal, tan ornado todo él de flores y tan vivas éstas, que asemeja a un jardín florido.

Y lleva en la cabeza un turbante sujetado por una cadenita, toda ella con engastes de diamantes.

Tras haber venerado la casa en que está el Salvador, se ponen de nuevo en pie y se dirigen a la posada. 

Que está ya abierta a los pajes que se habían adelantado para llamar a la puerta.

Y aquí cesa la visión.

”Tres horas después vuelve:

Es la escena de la adoración de los Magos a Jesús.

Ahora es de día.

Un hermoso sol resplandece en el cielo de la tarde.

Un paje de los tres Magos cruza la plaza y sube la escalerita de la casa.

Entra. Vuelve a salir.

Regresa a la posada.

Salen los tres Sabios, cada uno seguido de su propio paje. Atraviesan la plaza.

Los escasos transeúntes se vuelven a mirar a estos pomposos personajes que pasan muy lentamente…

Con con mucha solemnidad.

Entre cuando el paje ha entrado y la entrada de éstos, ha transcurrido ampliamente un cuarto de hora…

Los habitantes de la casita así han podido prepararse para recibir a los que llegan.

Los tres están vestidos aún más ricamente que la noche precedente.

Las sedas resplandecen, las gemas brillan, un gran penacho de preciosas plumas…

Sembrado de escamas aún más preciosas, ondula trémulo e irradia destellos sobre la cabeza del que lleva el turbante.

Los pajes llevan: uno, un cofre todo taraceado, cuyos refuerzos metálicos son de oro burilado.

El segundo, una labradísima copa, cubierta por una aún más labrada tapa, toda de oro.

El tercero, una especie de ánfora ancha y baja, también de oro,

cubierta con una tapa en forma de pirámide en cuyo vértice hay un brillante.

Debe pesar, pues los pajes lo llevan con esfuerzo, especialmente el del cofre.

Suben por la escalera y entran.

Entran en una habitación que va de la parte de la calle al dorso de la casa.

Por una ventana abierta al sol, se ve el huertecillo posterior.

Hay puertas en las otras dos paredes; desde ellas los propietarios curiosean.

Éstos son: un hombre, una mujer…

Y entre jovencitos y niños, tres o cuatro.

María está sentada con José, en pie, a su lado.

Tiene al Niño en su regazo.

No obstante, cuando ve entrar a los tres Magos, se levanta y hace una reverencia.

Está toda vestida de blanco.

¡Qué hermosa, con su sencillo vestido blanco que la cubre desde la base del cuello hasta los pies, desde los hombros hasta sus delgadas muñecas;

qué hermosa, con su cabeza pequeña coronada de trenzas rubias, con ese rostro suyo más vivamente rosado por la emoción, con esos ojos que sonríen dulcemente,

con esa su boca que se abre para saludar diciendo:

«Dios sea con vosotros»!

Tanto es así, que los tres Magos, impresionados, se detienen un instante.

Pero luego caminan otro poco y se postran a sus pies.

Y le ruegan que se siente. 

Ellos no, no se sientan, a pesar de los ruegos de Ella; permanecen de rodillas, relajados sobre los talones.

Detrás, también de rodillas, los tres pajes.

Se han detenido apenas traspasado el umbral de la puerta, han depositado delante de ellos los tres objetos que llevaban y están esperando.

Los tres Sabios contemplan al Niño, que creo que puede tener de nueve meses a un año,

pues su aspecto es muy vivaz y pujante; está sentado sobre el regazo de su Mamá,

y sonríe y balbucea con una vocecita de pajarillo.

Está vestido todo de blanco como su Mamá; en sus diminutos piececitos, unas pequeñas sandalias.

Es un vestidito muy sencillo: una tuniquita de la que sobresalen los bonitos piececitos inquietos y las manitas gorditas que querrían agarrar todas las cosas.

Y sobre todo, la lindísima carita en que brillan los ojos azul oscuros y la boca hace hoyitos a los lados,

riendo y descubriendo los primeros dientecitos diminutos.

Los ricitos de Jesús son tan lúcidos y vaporosos, que parecen polvo de oro.

El más anciano de los Sabios toma la palabra en nombre de los tres,

Para explicarle a María que durante una noche del pasado Diciembre, vieron encenderse una nueva estrella en el cielo, de inusitado esplendor.

Jamás las cartas del cielo habían registrado ese astro, jamás lo habían mencionado.

No se conocía su nombre, porque no lo tenía.

Nacida entonces del seno de Dios, esa estrella había brillado,

para manifestar a los hombres una bendita verdad, un Secreto de Dios.

Pero los hombres no le habían prestado atención, porque tenían hundida el alma en el fango;

No alzaban la mirada hacia Dios y no sabían leer las palabras que Él escribe, alabado sea eternamente por ello,

con astros de fuego en la bóveda del cielo.

Ellos la habían visto y se habían esforzado por entender su voz.

Y perdiendo contentos el poco sueño que concedían a sus miembros…

Y aun olvidándose del alimento, se habían sumido en el estudio del zodiaco.

Las conjunciones de los astros, el tiempo, la estación…

El cálculo de las horas pasadas y de las combinaciones astronómicas,

les habían dicho el nombre y el secreto de la estrella.

Su nombre: “Mesías”.

Su secreto: “ser el Mesías venido al mundo”.

Y se habían puesto en camino para adorarlo.

ARTABÁN el cuarto rey mago

Cada uno de ellos sin que los otros lo supieran.

Por montes y desiertos, por valles y ríos, viajando incluso durante la noche, habían venido hacia Palestina,

porque la estrella se movía en esa dirección.

Para cada uno de ellos, desde tres puntos distintos de la tierra, se movía en esa dirección.

Se habían encontrado después del Mar Muerto.

La voluntad de Dios los había reunido allí.

Y juntos habían continuado,

comprendiéndose a pesar de que cada uno hablaba su propia lengua.

Y comprendiendo.

Y pudiendo hablar la lengua del país por un milagro del Eterno.

Juntos se habían dirigido a Jerusalén,

dado que el Mesías debía ser el Rey de esta ciudad, el Rey de los judíos;

Pero en el cielo de esa ciudad la estrella se había ocultado, sintiendo ellos rompérseles de dolor el corazón.

Y se habían examinado para saber, si quizás se hubieran hecho indignos de Dios.

Pero, habiéndolos tranquilizado su conciencia, fueron a donde el rey Herodes,

para preguntarle en qué palacio había nacido el Rey de los Judíos que ellos habían venido a adorar.

El rey, convocados los príncipes de los sacerdotes y los escribas,

Había interrogado acerca del lugar en que podía nacer el Mesías.

A lo que éstos habían respondido:

–     «En Belén de Judá».

Y habían venido hacia Belén.

La estrella, dejada ya la Ciudad santa, había aparecido de nuevo ante sus ojos,…

Y de noche, el día anterior había aumentado sus resplandores:

El cielo todo era un fuego;

luego se había parado sobre esta casa, reuniendo toda la luz de las otras estrellas en su haz luminoso.

Así, habían comprendido que ahí estaba el Nacido Divino. 

Y ahora lo estaban adorando, ofreciendo sus pobres presentes.

Y sobre todo su propio corazón, el cual jamás cesaría de bendecir a Dios por la gracia concedida…

Y de amar a su Hijo, cuya santa Humanidad estaban viendo. 

Luego volverían a informar al rey Herodes, pues también él deseaba adorarlo.

Entonces cada uno de los reyes, hizo un ademán a su respectivo paje y éstos se acercaron…

Llevando los dones que habían traído…  

Mientras que cada uno explicaba porqué lo habían traído…

Y la revelación que habían recibido.

El Primer rey dijo:

–      Este es el oro que a todo rey corresponde poseer.  

Y el paje postrado en tierra, lo entregó

El Segundo rey dijo:

Esto, el incienso, como corresponde a Dios.

Y el paje también postrado en tierra, lo entregó.

Al Tercer rey  se le llenaron los ojos de lágrimas, que comenzaron a rodar bañando sus mejillas hasta su barba blanca…

Pero su voz no delató la conmoción que sentía, porque aunque sonó angustiado,

Lleno de compasión, con firmeza dijo: 

–    Y esto, ¡Oh Madre!, esto es la mirra.

Porque tu Hijo ES además de Dios, Hombre.

Y habrá de conocer, de la carne y de la vida humana, la AMARGURA y la inevitable ley de la muerte.

Nuestro amor quisiera NO pronunciar estas palabras y concebirlo Eterno también en la carne, como Eterno es su Espíritu.

Pero, ¡Oh Mujer!, si nuestros mapas…

Y sobre todo, nuestras almas, no yerran;

Él ES, este Hijo tuyo, el Salvador, el Cristo de Dios…

Y  por tanto, deberá, para salvar a la Tierra, cargar sobre sí mismo el peso del Mal de la Tierra,

uno de cuyos castigos es la muerte.

Esta resina es para esa Hora, para que la carne santa no conozca la podredumbre de la corrupción…

Y conserve la integridad hasta su resurrección. 

¡Y que por este presente nuestro Él se acuerde de nosotros y salve a sus siervos dándoles su Reino!  

Otro añade:

–     De momento Ella, la Madre, para ser santificados por Él, dé su Niño a nuestro amor,..

Para que besando sus pies, descienda sobre nosotros la Bendición celeste.

María, que ha superado la turbación suscitada por las palabras del Sabio…

Y ha celado la tristeza de la fúnebre evocación bajo una sonrisa…

Ofrece el Niño.

Lo deposita en los brazos del más anciano, que lo besa y Jesús lo acaricia.

Y luego lo pasa a los otros dos.

Jesús sonríe y juguetea con las cadenitas y las cintas de los regios atavíos de los tres…  

Y mira con curiosidad el cofre abierto, lleno de una cosa amarilla que brilla…

Y ríe al ver que el sol hace un arco iris al herir el brillante de la tapa de la mirra.

Los tres Magos devuelven el Niño a María y se levantan.

También se pone en pie María.

Inclinan mutuamente la cabeza en gesto de reverencia.

Antes el más joven había dado una orden al siervo y éste había salido.

Los tres siguen hablando todavía un poco. No saben decidirse a separarse de esa casa.

de emoción hay en sus ojos…

Al final se dirigen hacia la salida acompañados por María y José.

El Niño ha querido bajar y darle la manita al más anciano de los tres y anda así,

de la mano de María y del Sabio, los cuales se inclinan para tenerlo de la mano.

Jesús, con su pasito todavía inseguro; de infante, ríe, golpeando con sus piececitos sobre la franja que el sol dibuja en el suelo.

Llegados al umbral de la puerta — téngase presente que la habitación tenía la misma largura de la casa —

los tres se despiden arrodillándose una vez más y besando los piececitos de Jesús.

María, inclinada hacía el Pequeñuelo, le toma la manita y la guía…

Y hace así ésta un gesto de bendición sobre la cabeza de cada uno de los Magos.

Es éste ya un signo de cruz trazado por los pequeños dedos de Jesús, guiados por María.

Tras ello, los tres bajan la escalera.

La caravana ya está ahí esperando preparada.

Los bullones de las cabalgaduras reflejan el Sol del ocaso.

La gente se ha agolpado en la placita para ver este insólito espectáculo.

Jesús ríe dando palmadas con sus manitas.

Su Mamá lo ha alzado y lo ha apoyado en el ancho parapeto que limita el descansillo,

y lo tiene con un brazo sujeto contra su pecho para que no se caiga. 

José, que ha bajado con los tres Magos, sujeta a cada uno de ellos el estribo al subirse éstos a los caballos o al camello.

Ya todos, siervos y señores, están a caballo.

Se da orden de marcha.

Los tres, como último saludo, se inclinan hasta tocar el cuello de la cabalgadura.

José hace una reverencia.

María también, volviendo a guiar la manita de Jesús en un gesto de adiós y bendición.  

La visita de los magos

12. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino. MATEO 2