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F30 CORAZÓN CORROMPIDO


00dios-PADREHijitos Míos, os habla vuestro Dios y Señor. Os quiero hacer hincapié sobre la necedad en la que vive el hombre. Necedad en la cuál por vuestra soberbia, no os deja ver más allá de vuestra nariz.

Yo os he formado a imagen y semejanza Mía.

0s he dado tesoros infinitos al compartiros una parte de Mi propia Esencia: vuestra alma. Os he constituido hijos Míos y herederos de Mi Reino por filiación con Mi Hijo Jesucristo. Poseéis todo lo necesario para vivir vida de Cielo en la Tierra, para vivir un verdadero paraíso Terrenal y no lo buscáis, porque no lo creéis. 

AYUDA A MI INCREDULIDAD

AYUDA A MI INCREDULIDAD

Vivís apesadumbrados por las cosas del mundo y en vuestra ceguera no alcanzáis a ver el horizonte maravilloso y valiosísimo que os espera al finalizar vuestros días sobre la Tierra.

Podríais tener vida en abundancia al vivir en Mi Presencia y tomando de la Vida misma que Mi Hijo os heredó en la Tierra; pero preferís la falsedad de los placeres y posesiones efímeras, que os ofrece el Maligno en el mundo.

Os acabáis y acabáis con el Tiempo que os concedí para con honor infinito servirMe en el Mundo, buscando la vida del Mundo. Buscando el cómo sacarle el mayor provecho al mundo, para presumir ante vuestros hermanos de que “sois más listos” porque poseéis más de las cosas del mundo.

materialismo

Pero no buscáis el poseer más de Mi Cielo y de sus regalos para toda la Eternidad.

Hijitos Míos, vuestra necedad y vuestra ceguera no os permiten daros cuenta de que al seguirle el juego al Maligno, él os está ofreciendo cuentitas sin valor, a cambio de la riqueza infinita que poseéis y que Yo, vuestro Dios os regalé y ella es vuestra alma.

El demonio os ofrece las posesiones del Mundo, pero no todas; a cambio de vuestro tesoro infinito que lleváis en vuestro interior: VUESTRA ALMA.

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Os conformáis conque é1 os de sólo de las migajas del”pastel”y él se queda con todo el “pastel”: VUESTRA ALMA.

 Os hace creer que lo que él os ofrece de este mundo vale muchísimo más de lo que todo el Poder Divino de un Dios, Yo vuestro Dios, os pueda dar.

Y él NUNCA os va a poder dar algo más valioso que VUESTRA ALMA.

ORO POR ESPEJOS

ORO POR ESPEJOS

Pensad en esto por un momento; según él, él os concede todo lo que pidáis si le entregáis vuestra alma. El posee una gran inteligencia y nunca va a salir perdiendo en un trato que pacte con el hombre.

Y va a tomar del hombre a cambio de su servicio, lo que más valor tenga para quitarle.

 Por eso os pide vuestra alma. Porque Yo, como Dios y Padre de todos vosotros, al ser Omnipotente no os di cualquier cosa. VUESTRA ALMA TIENE MUCHAS POTENCIAS.

hijas e hijos de la luz, despertad

Yo doy regalos valiosísimos a todos Mis hijos, regalos que el Demonio ya no puede tener por su Traición.

Por eso pacta con vosotros para quitároslos.

(Los ingenuos  piensan que tienen poderes extrasensoriales; pero Satanás es el que usa esas potencias, porque sabe hacerlo y de paso engaña cambiando sus espejismos por el hálito que Dios puso en el hombre)

DESARROLLANDO LOS PODERES EXTRASENSORIALES

DESARROLLANDO LOS PODERES EXTRASENSORIALES

Vuestra ceguera no os permite ver el tamaño de las cosas del Mundo, que él os ofrece, en comparación con lo que Yo os ofrezco y que no es solamente el Universo entero, en donde el Mundo y sus cosas quedan como pequeñas partículas perdidas en la inmensidad del Universo.

 Sino que también os prometo Mi Reino Celestial, todavía más bello y más rico que todas las bellezas y riquezas del Universo.

Os vuelvo a preguntar, ¿Qué es el mundo y sus “riquezas”, en comparación con todo el Universo?

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Ciertamente él es el Príncipe de éste mundo, porque al mundo cayó después de su pecado. Pero Yo Soy el Rey de Universo y él no tiene poder, ni sobre Mí, ni sobre algo más que no sea el mundo en el cuál vivís y al que venís a levantar en el Amor, siguiendo Mi ejemplo Redentor.

El Maligno no os puede dar más que lo que el mundo puede dar. Yo no solamente os puedo dar las riquezas del Universo, sino Vida Eterna en Mi Paraíso Celestial.

En cambio él os dará muerte eterna y dolorosa cuando aceptáis “su pacto” y le donáis vuestra alma.

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¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡!!!!!?????

¡Cuanta ceguera por parte de todos vosotros, Mis pequeño!¡Cuánta infidelidad y falta de Fé en vuestro Creador!

Os habéis vuelto tan materialistas y mundanos por vuestra falta de Fé y confianza a Mis Palabras, que vosotros mismos os habéis encajonado en un callejón sin salida, al haberos confiado al Mal, del cuál ya sabéis que sólo os va a dar limitaciones, problemas, desesperación y vida sin amor.

Todos vuestros problemas actuales son producidos por la donación  que hicisteis de vosotros mismos al Mal y a sus consejos. Y veis ahora a lo que esto os ha llevado: al caos mundial, a una sociedad de temor, a unos gobiernos corruptos y a un futuro incierto y sin paz. Estáis ahora viviendo las consecuencias de vuestra traición a Dios.

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El Maligno sólo os puede ofrecer lo que él mismo es: muerte, odio, perversión, traición, guerra, infidelidad, corrupción, muerte espiritual. ¿De dónde queréis sacar virtud y bienestar si estáis vendidos al que no las posee?

Habéis preferido la frialdad de las riquezas y las “posesiones grandiosas” de vuestro Mundo que él os ha ofrecido, a cambio del inmenso tesoro que os dí: vuestra alma.

Además de que ya no buscáis lo que Yo vuestro Dios, os he pedido desde siempre: la paz, el amor, la fraternidad, la dicha de Mi Reino Celestial.

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Os habéis aburrido de vuestro Dios y de Sus Palabras y Leyes y habéis permitido que el Mal creciera y tomara gran fuerza y poder sobre todos vosotros y ahora os espantáis del resultado.

Entended hijitos Míos, que habéis sido vosotros los que fortificasteis al Mal, lo alimentasteis y lo consentisteis porque quisisteis aprovecharos de lo que él os ofrecía y ahora podéis ver cómo os paga.

El Mal nunca,  entendedlo; nunca os va a pagar con un bien ni va a mantener su palabra.

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Porque es la mentira pura, es la mentira pecaminosa, es la mentira perversa, es la mentira traicionera.

Ya que logró su objetivo y después de haceros “felices”, toma vuestra riqueza -vuestra alma- y os lleva a lo que él mismo es: muerte, muerte eterna con muchísimo dolor.

Hijitos Míos, una y otra, Vez os repito estas cosas para haceros reflexionar, porque os amo. Amo al bueno y amo al malo, todos vosotros sois Mis hijos y a todos los quiero salvar.

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Entended que Yo, vuestro Dios, no podía dejaros perecer sin luchar por lo que Me pertenece. Vuestra alma Me pertenece y la volvéis poderosísima y valiosísima cuando la unís a Mi Vida.

Pero cuando se la ofrecéis al Mal y se la cambiáis por un puñado de moneditas sin valor, no alcanzáis a ver lo que perdéis, ni el dolor que Me provocáis.

Aún por más malvados que seáis, reflexionad de corazón por un minuto. Minuto que Yo esperaré ansiosamente para haceros entender lo maravillosa que es vuestra alma, comparada con las cosas materiales que el Maligno os ofrece.

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Vuestra alma tiene las riquezas de la vida espiritual: vida sin límites, poder sin límites, amor sin limites, virtud sin límites.

Y el Maligno os la cambia por “mugritas materiales” sin valor espiritual, con vida efímera y sin valor eterno.

Vosotros mismos criticáis la acción de los pueblos conquistadores sobre los conquistados, en donde los conquistadores les cambiaban collares de vidrios de colores, cuentitas sin valor, espejitos y un sinnúmero de “porquerías”; por las grandes riquezas de oro, plata y piedras preciosas que habían atesorado estos pueblos por años.

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Ahora el Demonio os está haciendo lo mismo y no caéis en cuenta de ello; porque no os queréis dar cuenta de que sois tontos y porque os habéis dejado deslumbrar como los aborígenes, por las cuentitas sin valor que él os viene ofreciendo desde hace muchos siglos.

Vuestra soberbia os hace creer muy listos, porque os está dando “poder y riquezas’ ante el Mundo y vuestra ceguera no os permite alcanzar a ver lo que seréis y viviréis por toda la Eternidad.

Hijitos Míos, safaos de su poder infernal viviendo vida de Gracia, con la vida en Mis Sacramentos, con vuestra vida en Mi Vida. BuscándoMe alcanzareis a ver la realidad en la que vivís, a la mentira y al error con los que os ha envuelto.

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 Y así podréis poner un ‘Hasta Aquí’ a sus necedades y a sus mentiras.

Y no os dejéis conquistar más con sus “cuentitas sin valor”.

Apreciad más la riqueza interior que Yo os regalé y que vale infinitamente más que lo que él os ofrece.

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Oh, humanidad decadente, que no sabéis ver lo bueno que os rodea y destrozáis a las almas buenas, porque vuestro corazón se ha corrompido por el pecado.

Sí, hijitos Míos, a causa de que vuestro corazón se ha llenado de maldad, que vuestros sentidos se han embotado con el mal que habéis dejado entrar a vuestro corazón, ya no sabéis apreciar lo que os rodea. Veis mal en donde no existe y no sabéis apreciar el bien que os rodea.

Juzgáis a vuestros hermanos y a Mi Obra, pero ya no contáis con ésa capacidad; porque vuestro corazón ya no es imparcial ni bondadoso. Os habéis  llenado tanto del mundo, que Mi Sabiduría ya no radica en vuestro corazón.

SABIDURÍA

Mis Obras, la vida de vuestros hermanos, el desenvolvimiento de vuestra propia vida; ya no se desarrollan perfectamente, porque habéis despreciado Mi Sabiduría.

Ella debiera guiar todos vuestros pasos, todos vuestros pensamientos, todas vuestras decisiones. Pero al no apreciarla más, al no buscarla más, al no desearla más, Ella os ha abandonado.

Vais a la deriva, sin rumbo fijo. Es vuestra carnalidad la que ahora guía al mundo.

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¿Qué pueden las capacidades de la Tierra sobre las del Cielo? Sois polvo, polvo de la tierra, cuando confiáis en vosotros mismos. Pero sois vida, sois parte de vuestro Dios con Sus Capacidades, cuando en Mi confiáis y en Mi os apoyáis.

La Sabiduría es Don Divino y ella, en vez de juzgar, aprecia Mi Perfección y la perfección de todo lo creado, pero si ya no acudís a ella, ¿cómo vais a poder apreciar lo que Yo he hecho para todos vosotros?

La Sabiduría es como un lente que os permite ver y entender, con la realidad divina, lo que Yo he hecho para todos vosotros.

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La Sabiduría os enseña a ver la realidad de Mi Obra y el porqué de vuestra existencia. La Sabiduría os permite vivir según la realidad divina y también os permite ofrecerMe los frutos de vuestra misión.

Estáis ciegos en el mundo si no acudís a Mi Sabiduría, por eso juzgáis como hombres y no como lo que debierais ser: hijos de Dios.

La Sabiduría os indica lo que debéis pedir a vuestro Dios para que sepáis hacer Su Voluntad. Tenéis un gran tesoro esperándoos y ni siquiera sabéis que existe porque no vivís ya para Mí, sino para vosotros mismos.

don sabiduria

Vuestra alma se ha vuelto obscura y lo obscuro sólo puede emparentar con lo que es de su misma esencia por eso veis y por consiguiente, enseñáis pura maldad. Os habéis vuelto pesimistas y no sabéis ver Mis Maravillas que os rodean.

Ya no apreciáis Mis Bellezas que a diario os doy.

La Creación toda es un milagro y un regalo de vuestro Dios para sus creaturas. Las leyes que rigen a todo lo que os rodea y al Universo entero, son una perfección… Y ya ni siquiera las apreciáis y por lo tanto, ni las agradecéis.

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Si Yo apartara Mi vista de vosotros y de toda la Creación por un segundo, todo se volvería un caos. Los mares subirían a la tierra, las estrellas caerían del firmamento, los aires se volverían putrefactos, las aguas perderían su vida, el hombre moriría de terror.

Yo os estoy cuidando segundo a segundo. Todo funciona correctamente porque Yo, vuestro Padre  y Creador, lo estoy controlando todo para vuestro bienestar y de ello gozan los buenos y los malos.

 Yo no hago distinciones como vosotros las hacéis. Yo, a través del Amor, Actúo. Y si hay maldad, veo solo la bondad que pueda surgir en lo futuro.

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Si hay podredumbre en un alma, Yo le concedo mas atención y lucho más por su salvación, que con aquellas almas que ya están Conmigo. Si veo un alma caída en el pecado, Yo la aliento para que vea su error, lo enmiende y posteriormente le ayudo a no volver a caer.

Vosotros en cambio, veis maldad en donde no hay. A pesar de ello, no estáis contentos hasta no ver al alma caída, menospreciada, blasfemada, manchándola de un pecado que no cometió.

Os gusta destruir, porque se os hace más fácil; en vez de tratar de ver y apreciar la verdad y la belleza que os rodea ó de levantar al verdadero caído. Si realmente cayó, lo pisoteáis como cosa sucia e insensible. Si Yo actuara como vosotros lo hacéis pocos, muy pocos habitarían hoy sobre la Tierra.

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Debéis aprender a pedir vida Divina para vuestro corazón. No podéis seguir viviendo apoyados sólo en vuestras capacidades mundanas, sin Mi Sabiduría Divina. Sois muy pequeños para aún entender Mi Obra, porque no habéis querido crecer con Mi Verdad.

Despreciáis Mis Dones y queréis juzgar a vuestros hermanos y a vuestros pueblos. ¿Hasta cuándo hijitos Míos, hasta cuándo aceptaréis la humildad para que os enseñe a ver vuestra debilidad?

Ya os he dicho que sois muy pequeños, porque el juzgar y el actuar a nivel de niño os impide crecer y llegar a ser adultos en la Gracia.

SOBERBIA

Todavía vuestra mentalidad es destructiva y por ella no aceptáis, ni permitís, ni ayudáis a vuestros hermanos a superarse. No os gusta que alguien sepa más que vosotros, pueda hacer más que los demás, sea más inteligente que la mayoría. Los tratáis de opacar, de destruir ó de acallar tontamente.

Si los aceptarais, los ayudarais, los apoyarais, ellos os llevarían a niveles superiores de conocimiento, de amor, de vida espiritual, porque lo que tienen, no lo tienen por ellos mismos; lo tienen porque Yo se los he concedido para AYUDAROS A TODOS VOSOTROS.

Estáis destruyendo los escalones que os pueden ayudar a subir, porque os falta humildad, por haberos llenado de lo negativo del mundo.

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Yo Soy vuestro Padre, el poseedor de la Sabiduría y porque sé lo que necesitáis y porque no os quiero ver caídos viviendo en niveles deprimentes porque sois Mis hijos, por ello os doy éstas almas; para que al escucharlas y siguiendo la sabiduría que he puesto en ellas, crezcáis.

El Maligno, conociendo ésta verdad, porque desgraciadamente todavía es más sabio que la gran mayoría de vosotros, os ha aconsejado negativamente y no habéis aprovechado lo que Yo os he enviado.

Si escucharais Mi Voz en vuestro corazón, si hubiera verdadera humildad en vuestra alma, si dependierais totalmente de Mi; podrías crecer a niveles superiores al Maligno.

Sn. Juan María Vianney "CÓMO NO PUEDE ATRAPAR AL PÁJARO, VINO A QUEMARLE LA JAULA" (Cuando el Demonio lo arrastró y le inició un incendio en su habitación)

Sn. Juan María Vianney “CÓMO NO PUEDE ATRAPAR AL PÁJARO, VINO A QUEMARLE LA JAULA” (Cuando el Demonio lo arrastró y le inició un incendio en su habitación)

Y así os daríais cuenta de cómo os ha estado engañando y cómo os ha estado manteniendo en niveles inferiores de espiritualidad y sabiduría, para que no pudierais defenderos de él atacando su Maldad. Aún os tiene como esclavos de su maldad y por ello actuáis como él actúa.

Mi Hijo Jesucristo os dijo alguna vez, refiriéndose a los conversos: “Por sus frutos los conoceréis”. Ahora Yo os digo, si vuestros frutos son de vida, Me perteneceréis, porque hacéis lo posible por llevar a vuestra alma y a la de vuestros hermanos a la perfección.

Pero si por el contrario, no las ayudáis, no las apoyáis, no las protegéis para que tengan crecimiento y aún mayor que el vuestro, no estáis Conmigo y pertenecéis al Mal.

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Llenaos de humildad. Pedid Mi Sabiduría. Actuad en el Amor. Vivid para alimentar y apoyar a vuestros hermanos y así vuestro Mundo crecerá.

Hijitos Míos, se os dice hoy en las Escrituras que la sal, cuando pierde su sabor, se le tira para que la pisen los hombres. Mis pequeños, no hay nada peor que la mediocridad.

Cuando sois mediocres no se puede creer en vosotros, no dais fruto, no dais vida, no sois ejemplo bueno para los demás; en una palabra: no sois confiables, ni servís para Mi pueblo.

TIBIEZA

El mediocre ciertamente podrá en algún momento dar algo bueno, pero por la fama que ya tiene delante de todos de mediocre, prácticamente, no será tomado en cuenta.

El mediocre vive en sus cosas, el mediocre vive para sí, hay mucha maldad en su corazón y a ratos tiene bondad. Por eso mismo, por esa irregularidad en el modo de actuar, no es persona confiable.

Hijitos Míos, muchos de vosotros estáis en ésta situación, vivís en una mediocridad espiritual tremenda, prácticamente vivís para vosotros mismos, para vuestros propios intereses; pero cuando no recibís lo que tanto necesitáis, es cuando volvéis a Mí.

SAL PARA EL MUNDO, EN MANOS DE DIOS

Y tan pronto obtenéis de Mí lo que necesitáis, volvéis a vuestro mundo, a vuestra propia vida. No dais fruto de valor espiritual para vuestros hermanos, porque vosotros mismos no hacéis nada para tratar de crecer espiritualmente.

El mediocre no es persona confiable, ni para él, ni para el mundo, ni para Mí, vuestro Dios. Por eso como la sal, será apartado, tirado al suelo para que todo mundo la pise…

Y esto es porque él mismo no se ha respetado a sí mismo ni se ha hecho responsable por los hombres, por el valor que cada uno de vosotros debe tener en sus actos para Conmigo y para con vuestros hermanos.

TIBIEZA

Mis pequeños, tened mucho cuidado con vuestra vida porque por ésa mediocridad en la que estáis viviendo, lo único que podéis ganar es la Muerte Eterna; porque NO habéis servido para Mis propósitos en la salvación de vuestros hermanos, en la difusión de Mi Reino; para la ayuda de dar vida a todas las naciones.

 Y por eso se os despreciará, tanto en la Tierra como en el Cielo y vuestro lugar solamente pueden ser los Abismos de Satanás.

Os digo todo esto, Mis pequeños, para que entendáis que vuestra misión sobre la Tierra es muy importante, que valéis mucho ante Mis Ojos. Que confío Yo, vuestro Dios, en cada uno de vosotros para hacer vida entre vuestros hermanos. Os amo tanto, Mis pequeños, que quiero lo mejor para vosotros.

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Os regalo tanto, porque sois Mis hijos, aunque no os lo merezcáis por vuestras obras. Pero si a pesar de todo lo que se os da y de todas las Bendiciones que se derraman para cada uno de vosotros, vosotros no reaccionáis al Amor; entonces vuestro lugar no será el de estar entre los Míos y por eso seréis arrojados fuera del Rebaño.

Mis pequeños, los tiempos son difíciles. En éste tiempo que estáis viviendo, hay una tremenda sequedad espiritual que ya os rodea, os abruma y os hace vivir en inseguridad; porque la maldad está haciendo que hagáis a un lado la Bondad que debiera reinar en el corazón de cada uno de vosotros.

Y si vosotros no reaccionáis ante ésta verdad, ante ésta realidad que ya estáis viviendo; ésta os tratará de ahogar completamente.

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Entended, Mis pequeños que en éste momento de la historia, cada uno de vosotros debe ser protagonista. Mi Hijo tuvo Su época, Su momento en la historia para enseñar al hombre a amarse los unos a los otros.

Éste es el momento en el cual vosotros como protagonistas, debéis enseñar a vuestros hermanos cómo se debe amar, con el Verdadero Amor que os dejó Mi Hijo y que ya debiera estar Reinando en vuestros corazones.

Por eso la mediocridad, Mis pequeños, es tan mala. Porque no estáis haciendo lo que debéis hacer, aunque quizá sintáis en algunos momentos, ésa vida espiritual en vuestro corazón; al poco rato vuestro corazón nuevamente tiende hacia las cosas del mundo y hacia la maldad.

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Entended pues Mis pequeños, los momentos graves que estáis viviendo en la actualidad. Y entended que éstos son los momentos en que más es necesario que  os comportéis como hijos verdaderos.

Como sal fina, debéis dar sabor con las Enseñanzas de Mi Hijo y no como seres débiles, mediocres, que ni en lo particular buscáis por el verdadero crecimiento espiritual de vuestra salvación eterna y menos por la de vuestros hermanos.

Poned remedio a vuestra vida, Mis pequeños. Creced, buscadMe, sed verdaderos hijos Míos antes de que seáis arrojados al Lugar del cual nunca saldréis, porque vuestra mediocridad os llevó ahí.

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Os amo Mis pequeños, recibid Mis Bendiciones.

Yo os bendigo y envío a Mi Santo Espíritu para que dé vida espiritual y permita ver la LUZ a todos aquellos que Me lo pidan.

Yo os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo y en el del Amor-Sabiduría de Mi Santo Espíritu.

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26.- EL PREDILECTO


Al día siguiente, en una fría mañana invernal, sobre el improvisado púlpito del establo, Jesús va a predicar a la multitud…

Y Pedro lo hace que se incline y le dice en voz baja:

–           Detrás del muro está la mujer velada. La he visto. Está desde ayer. Vino siguiéndonos desde Betania. ¿La arrojo o la dejo?

Jesús ordena suavemente:

–                     Déjala. Lo he dicho.

–                     ¿Pero si es una espía, como dice Iscariote?

–           No lo es. Ten confianza en lo que digo. Déjala y no digas nada a nadie. Respeta su secreto.

–                     No he dicho nada, porque pensé que estaba bien.

–                     Procura que no se le perturbe y respétala.

Hay por lo menos el doble de gente que ayer. Y algunos no parecen campesinos. Tienen su burro amarrado y toman su comida bajo el cobertizo. El día es frío pero sereno.

La gente habla entre sí:

–                     Pero, ¿Es más que Juan?

–                     No. Es diferente. Yo era de Juan; que era el Precursor. La Voz de la Justicia. Éste es el Mesías, la Voz de la Sabiduría y de la Misericordia.

Varios preguntan:

–                     ¿Cómo lo sabes?

–                     Me lo dijeron tres discípulos del Bautista, que siempre han estado con él. Ellos lo vieron nacer. Isaac es uno de los pastores y es mi amigo. Estaría bien decir a los Betlemitas que fuesen buenos. Ni en Belén, ni en Jerusalén pudo predicar.

–                     ¡Sí! ¡Imagínate si los escribas y fariseos van a querer sus palabras! ¡Son unas víboras y hienas, como los llama el Bautista!

–                     Yo querría que me curase. ¿Ves? Tengo una pierna con gangrena. He sufrido lo indecible al venir en burro hasta aquí. Lo busqué en Sión, pero ya no estaba.

Alguien responde:

–                     Lo amenazaron de muerte.

–                     ¡Perros!

–                     Sí. ¿De dónde vienes?

–                     De Lidda.

–                     ¡Mucho camino!

Otro muy abatido, dice:

–                     Yo… yo quisiera decirle un error mío. Se lo dije al Bautista y me escapé con tantos reproches que me dijo. Pienso que no puedo ser perdonado.

–                     ¿Qué fue lo que hiciste?

–                     Mucho mal. Se lo diré a Él. ¿Qué pensáis? ¿Me maldecirá?

Un viejo imponente responde:

–                     No. Lo oí hablar por casualidad en Betsaida. Hablaba a una pecadora. ¡Qué palabras! ¡Ah! ¡Yo hubiera querido ser ella; para merecer su perdón…!

Varios gritan:

–                     ¡Mírenlo! ¡Ahí viene!

–                     ¡Misericordia! ¡Me avergüenzo! –dice el culpable haciendo el intento de huir.

Y se oye su Voz misericordiosa:

–           ¿A dónde huyes hijo mío? ¿Tienes tanta lobreguez en el corazón, como para odiar la Luz y huir de Ella? ¿Has pecado tanto, como para tener miedo de mi Perdón? Pero, ¿Qué pecado pudiste cometer? Ni aunque hubieses matado a Dios, deberías de tener miedo, ¡Si hay en ti un verdadero arrepentimiento! No llores. Más bien ven, que lloraremos juntos.

Jesús, que había estirado su brazo para detener al que iba a huir; lo estrecha contra Sí y luego se dirige a los que lo están esperando y dice:

–                     Sólo un momento. Debo aliviar este corazón. Luego regreso.

Y se va más allá de la casa. Rozando al dar vuelta en el ángulo, a la mujer velada. Jesús la mira fijamente por un momento.

Avanza unos diez pasos y se detiene. Pregunta al hombre que llevaba abrazado:

–           ¿Qué hiciste, hijo?

El hombre cae de rodillas. Tiene como cincuenta años. Una cara quemada por muchas pasiones y consumida por un tormento secreto.

Extiende sus brazos y grita:

–                     Para gozar de toda la herencia paterna, maté a mi madre y a mi hermano. Para gastarla en mujeres. No he tenido jamás paz… mi comida: ¡sangre! Si sueño, son pesadillas. Mi placer… ¡Ah!… en el pecho de las mujeres y en sus gritos de lujuria; sentía el frío de mi madre muerta y la asfixia de mi hermano envenenado. Malditas mujeres del placer que sois áspides, medusas, murenas insaciables. ¡Ruina! ¡Ruina!…  ¡Ruina, mía!

Jesús dice:

–                     ¡No maldigas! ¡Yo no te maldigo!

–                     ¿No me maldices?

–                     ¡No! ¡Lloro y tomo sobre Mí tu pecado!… ¡Qué pesado es! ¡Me quiebra! Pero lo abrazo fuerte, para destruirlo por ti…y a ti te doy el perdón. ¡Sí! ¡Te perdono tu gran pecado!

Extiende sus manos sobre la cabeza del hombre que solloza y dice estas palabras en Oración: ‘Padre. También por él mi sangre será derramada. Pero ahora mira el llanto y la plegaria. Padre, perdona porque él se ha arrepentido. Tu Hijo, en cuyas manos se ha confiado todo juicio, ¡Así lo quiere!…

Por algunos minutos sigue en esta actitud. Luego se inclina. Levanta al hombre y le dice:

–                     La culpa se te ha perdonado. Te toca ahora expiar con una vida de penitencia lo que queda, por tu delito.

–                     Dios me ha perdonado… ¿Y mi madre?… ¿Y mi hermano?

–                     Lo que Dios perdona, lo perdonan todos. Vete y no peques más.

El hombre llora más fuerte y le besa la mano. La mujer velada hace un movimiento como para salirle al encuentro; pero luego baja la cabeza y no se mueve. Jesús pasa delante de ella sin mirarla.

Va hasta su lugar y dice en voz alta y fuerte:

–                     Paz a vosotros que buscáis la Palabra…

Y Jesús da una extensa lección sobre los Mandamientos de la Ley de Dios…

La semana siguiente…

Los discípulos están muy agitados. Parece un enjambre provocado.  Hablan; miran a todas partes… Jesús no está.

Pedro ordena a Juan:

–                     Vete a buscar al Maestro. Está en el bosque junto al río. Dile que venga pronto para que diga lo que debemos hacer.

Juan va a la carrera.

Judas de Keriot, dice:

–                     No entiendo por qué tanta confusión y tanta descortesía. Yo habría ido y lo habría recibido con todos los honores. Es un honor suyo y también para nosotros. Así pues…

Pedro advierte.

–                     Yo no sé nada. Él será diferente a su pariente… pero a quién está con hienas se le pega el olor y el instinto. Por lo demás, tú querrías que se fuese aquella mujer… ¡Pero ten cuidado! El Maestro no quiere y yo la tengo bajo mi protección. Si la tocas… ¡Yo no soy el Maestro! Te lo digo para tu conducta futura.

Judas dice con ironía:

–                     ¡Hummm! ¿Quién es pues? ¿Tal vez la bella Herodías?

–                     ¡No te hagas el chistoso!

–                     Tú eres el que me hace serlo. Le has hecho la guardia real alrededor como si fuese una reina.

–                     El Maestro me dijo: ‘Procura que no se le perturbe y respétala’ Y eso es lo que hago.

Tomás pregunta:

–                     ¿Pero quién es? ¿Lo sabes?

Pedro dice:

–           Yo no.

Varios insisten:

–                     ¡Ea! ¡Dilo! ¡Tú lo sabes!

–                     Os juro que no sé nada. El Maestro lo sabe. Pero yo no.

–                     Hay que preguntárselo a Juan. A él le dice todo.

Judas pregunta:

–                     ¿Por qué? ¿Qué cosa especial tiene Juan? ¿Es acaso un dios tu hermano?

Santiago de Zebedeo responde:

–                     No, Judas. Es el más bueno de nosotros.

Santiago de Alfeo dice:

–                     Por mí ni me preocupo. Ayer mi hermano la vio cuando salía del río con el pescado que le había dado Andrés y se lo preguntó a Jesús. Él respondió: ‘Tadeo. No tiene cara. Es un espíritu que busca a Dios. Para Mí no se trata de otra cosa y así quiero que sea para todos.’ Y lo dijo en tal forma: ‘Quiero’ que os aconsejo de no insistir.

Judas de Keriot dice:

–                     Yo voy a donde está ella.

Pedro se enciende como un gallo de pelea y replica:

–                     ¡Haz la prueba! Si eres capaz…

–                     ¿La harás de espía para acusarme con Jesús?

–                     Dejo ese encargo a los del Templo. Nosotros los del lago ganamos el pan con el trabajo y no con la delación. No tengas miedo de que Simón de Jonás la haga de espía. Pero no me provoques y no te atrevas a desobedecer al Maestro, porque yo soy…

–                     ¿Y quién eres tú? ¡Un pobre hombre como yo!

–                     Sí, señor. al revés. Más pobre, más ignorante, más vulgar que tú. Y no me avergüenzo. Me avergonzaría si fuese igual a ti en el corazón. El Maestro me confió este encargo y yo lo hago.

–                     ¿Igual a mí en el corazón? Y… ¿Qué cosa hay en mi corazón que te causa asco? ¡Habla! ¡Acusa! ¡Ofende!…

Bartolomé interviene:

–                     ¡Judas! ¡Cállate! Respeta las canas de Pedro.

–                     Respeto a todos. Pero quiero saber qué cosa hay en mí…

Pedro estalla:

–                     Al punto eres servido. Déjame hablar… hay tanta soberbia que con ella se puede llenar esta cocina. Hay falsedad y hay lujuria.

Judas casi se ahoga:

–                     ¿Yo falso?…

Todos se interponen y Judas debe callar.

Simón, con calma dice a Pedro:

–                     Perdona amigo, si te digo una cosa. Él tiene defectos, pero tú también los tienes. Y uno de ellos es el de no compadecer a los jóvenes. ¿Por qué no tomas en cuenta la edad? ¿El nacimiento y… tantas otras cosas? Mira. Tú obras por amor a Jesús. Pero, ¿No has notado que estas disputas le causan hastío? A él no le digo nada. –señala a Judas- pero a ti, sí. Porque eres un hombre maduro y muy sincero, te hago esta súplica: ¡Él tiene tantas penas por sus enemigos y dárselas también nosotros! Hay tantas guerras a su alrededor. ¿Por qué provocar otra en su nido?

Tadeo confirma:

–                     Es verdad. Jesús está triste y ha adelgazado. En las noches oigo que da vueltas en su cama y suspira. Hace algunos días, me levanté y ví que lloraba, orando. Le pregunté: ‘¿Qué te pasa?’ Él me abrazó y me dijo: ‘Quiéreme mucho. ¡Qué fatigoso es ser ‘Redentor’!

Felipe agrega:

–                     También yo me di cuenta de que había llorado en el bosque junto al río. Y a mi mirada interrogante respondió: ‘¿Sabes qué diferencia hay entre el Cielo y la Tierra, además de no ver a Dios? Es la falta de amor entre los hombres. Me estrangula como una soga. He venido a darles granos a los pajaritos, para que me amen los seres que se aman.’

amor animal

Escuchar todo esto, resquebraja por un momento el gran egoísmo de Judas. Siente una oleada de amor por su Maestro y el conocer su sufrimiento, se le clava como un puñal en su corazón. Y se deja caer, llorando como un niño.

Y en ese preciso momento, entra Jesús con Juan:

–           Pero, ¿Qué sucede? ¿Por qué ese llanto?

Pedro responde:

–                     Por mi culpa, Maestro. Cometí un error. Regañé a Judas muy duramente.

Judas replica entre sollozos:

–                     No… yo… yo… el culpable soy yo. Yo soy el que te causa dolor. No soy bueno… Perturbo… Pero, ¡Ayúdame a ser bueno! Porque tengo algo aquí en el corazón… algo que no comprendo… que me obliga a hacer cosas que no quiero hacer. Es más fuerte que yo. Y te causo dolor a Ti, Maestro; al que debería dar gozo. Créelo; no es falsedad.

Jesús dice:

–                     Sí, Judas. No lo dudo. Viniste a Mí, con sinceridad de corazón; con verdadero entusiasmo. Pero eres joven… Nadie. Ni siquiera tú mismo te conoces como Yo te conozco. ¡Ea! ¡Levántate y ven aquí! Luego hablaremos los dos solos. Mientras tanto, hablemos de aquello por lo que me mandasteis llamar. ¿Qué hay de malo en que venga Mannaém?

¿No puede un hermano de leche de Herodes, tener sed del Dios Verdadero? ¿Tenéis miedo por Mí? Tened fe en mi palabra. Este hombre ha venido con fines honestos.

Pedro:

–                     ¿Entonces por qué no se dio a conocer?

Jesús:

–                     Precisamente porque viene como un ‘alma’; no como hermano de Herodes. Se ha envuelto en el silencio, porque piensa que ante la Palabra de Dios, no existe el parentesco con un rey. Respetaremos su silencio.

Andrés:

–                     Pero si por el contrario… ¿Él lo envió?

–                     ¿Quién?…  ¿Herodes?… No. No tengáis miedo.

Tadeo:

–                     ¿Quién lo manda entonces?

Santiago:

–                     ¿Cómo se ha informado de Ti?

–                     Es discípulo de mi primo Juan. Id y sed con él corteses; como con los demás. Id. Yo me quedo con Judas.

Los discípulos se van.

Jesús mira a Judas, que está todavía lloroso y le pregunta:

–                     ¿Y? ¿No tienes nada que decirme? Yo sé todo lo tuyo. Pero quiero saberlo por ti. ¿Por qué ese llanto? Y sobre todo, ¿Por qué ese desequilibrio, que te tiene siempre tan descontento?

–                     ¡Oh, sí Maestro! Lo dijiste. Soy celoso por naturaleza. Tú sabes que así es… Y sufro al ver que… Al ver tantas cosas. Esto me saca de quicio, porque soy injusto. Y me hago malo, aun cuando no quisiera. No…

–                     ¡Pero no llores de nuevo! ¿De qué estas celoso? Acostúmbrate a hablar con tu verdadera alma. Hablas mucho. Hasta demasiado…  Pero, ¿Con quién? Con el instinto y con tu mente. Tomas un fatigoso y continuo trabajo, para decir lo que quieres decir: hablo por ti. De tu ‘yo’. Porque cuando tienes que hablar de otros y a otros, no te pones cortapisas, ni límites. Y lo mismo haces con tu carne. Ella es un caballo bronco. Pareces un jinete a quien el jefe de las carreras, le hubiese dado dos caballos locos para hacer el paso de la muerte…  

Uno es el sentido. Y el otro… ¿Quieres saber cuál es el otro? ¿Sí?…

Judas asiente con la cabeza.

Jesús continúa:

–           Es el error que no quieres domar. Tú…  Jinete capaz pero imprudente. Te fías de tu capacidad y crees que basta. Quieres llegar primero… no pierdes tiempo ni siquiera para cambiar de caballo. Antes bien, los espoleas y pinchas. Quieres ser el ‘vencedor’… quieres aplauso. ¿Acaso no sabes que la victoria es segura cuando se conquista con constante, paciente y prudente trabajo?… Habla con tu alma. De allí es de donde quiero que salga tu confesión. O, ¿Debo decirte lo que hay dentro?

Una sombra cruza por la mirada de Judas antes de responder:

–                     Veo que también Tú no eres justo. Y no eres firme y esto me hace sufrir.

–                     ¿Por qué me acusas? ¿En qué he faltado a tus ojos?

–                     Cuando quise llevarte con mis amigos, no te gustó. Y dijiste: ‘Prefiero estar entre los humildes.’ Luego Simón y Lázaro te dijeron que era bueno que te pusieras bajo la protección de un poderoso y aceptaste. Tú das preferencia a Pedro, a Simón, a Juan. Tú…

–                     ¿Qué otra cosa?

–                     Nada más, Jesús.

–                     Nubecillas… pompas de espuma. Me das compasión porque eres un desgraciado  que te torturas, pudiendo alegrarte. ¿Puedes decir que este lugar es de lujo? ¿Puedes decir que no hubo una razón poderosa que me obligó a aceptarlo?… ¿Si Sión no me hubiera arrojado, estaría refugiado en un lugar de asilo?

–                     No.

–                     ¿Entonces cómo puedes decir que no te trato como a los demás? ¿Puedes decir que he sido duro contigo cuando has faltado? Tú no fuiste sincero… las vides… ¿Qué nombre tenían esas vides?…

No fuiste complaciente con quién sufría y se redimía. Ni siquiera fuiste respetuoso conmigo. Y los otros lo vieron. Y con todo; una sola voz se levanta incansable en tu defensa: la mía. Los demás tendrían el derecho de estar celosos. Porque si ha Habido uno que fuera preferido y protegido, eres tú.

Judas, avergonzado y conmovido, llora.

–                     Me voy. Es la hora en que soy de todos. Tú quédate y reflexiona…

–                     Perdóname, Maestro. No podré tener paz, si no tengo tu perdón. No estés triste por mi causa. Soy un muchacho malvado… Amo y atormento… Así sucedía con mi madre. Así es ahora contigo. Y así será con mi esposa, si algún día me caso… creo que sería mejor que me muriese.

–                     Sería mejor que te enmendases. Estás perdonado. ¡Hasta luego!

Jesús sale.

Afuera está Pedro, que le dice:

–                     Ven, Maestro. Ya es tarde. Hay mucha gente. Dentro de poco se pondrá el sol. Y no has comido. Ese muchacho es causa de todo.

–                     ‘Ese muchacho’ Tiene necesidad de todos vosotros para no ser el causante de estas cosas. Procura recordarlo, Pedro. Si fuese tu hijo, ¿Lo compadecerías?

–                     ¡Uhmmm! Sí y no. Lo compadecería. Pero le enseñaría también algunas cosas. Aunque fuese adulto le enseñaría como a un jovencillo mal educado. Bueno… si fuese mi hijo, no sería así…

–                     ¡Basta!

–                     Sí, ¡Basta, Señor mío! Mira, allí está Mannaém. Es el que tiene el manto rojo muy oscuro, que parece casi negro. Me dio esto para los pobres. Y me preguntó que si podía quedarse a dormir.

–                     ¿Qué respondiste?

–                     La verdad. ‘No hay más que para nosotros…’

Jesús no dice nada. Deja a Pedro y va a dónde está Juan y le dice algo en voz baja.    Luego va a su puesto y comienza a hablar sobre el Segundo Mandamiento…

Cuando termina, no hay ningún enfermo. Jesús se queda con los brazos cruzados y mira a los que se van yendo, después de que los ha despedido y bendecido.

El hombre vestido de rojo oscuro, parece que no sabe qué hacer.

Jesús no lo pierde de vista, cuando lo ve que se dirige hacia su caballo, lo alcanza y le pregunta:

–                     ¡Oye! Espérame. Ya va anochecer. ¿Tienes dónde dormir? ¿Vienes de lejos? ¿Estás solo?

El hombre contesta titubeante:

–                     De muy lejos… Y me iré. No sé… si en el poblado encontraré… o hasta Jericó. Allí dejé la escolta en la que no confiaba.

Jesús le dice:

–                     No. Te ofrezco mi cama. Ya está lista. ¿Tienes que comer?

–                     No tengo nada. Creí que este lugar sería más hospitalario.

–                     No falta nada.

–                     Nada. Ni siquiera el odio contra Herodes. ¿Sabes quién soy? 

–                     Los que me buscan tienen un solo nombre: ‘Hermanos, en el Nombre de Dios’. Ven. Juntos compartiremos el pan. Puedes llevar el caballo a aquel galerón. Yo dormiré allí y te lo cuidaré.

–                     No. Esto jamás. Yo dormiré ahí. Acepto el pan; pero no más. No pondré mi sucio cuerpo donde Tú pones el tuyo, que es santo.

–                     ¿Me crees santo?

–                     Sé que eres santo. Juan, Cusa, tus obras… tus palabras. El palacio real es como una concha que conserva el rumor del mar. Yo iba a donde estaba Juan… y luego lo perdí. Él me dijo: ‘Uno que es más santo que yo, te recogerá y te elevará’ no podrías ser otro, sino Tú. Vine en cuanto supe en dónde estabas.

Zelote regresa del río, después de bautizar y Jesús bendice a los últimos bautizados. Luego le dice:

–                     Esta persona, es el peregrino que busca refugio en el Nombre de Dios. Y en el Nombre de Dios lo saludamos como amigo.

Simón se inclina y el hombre también. Entran en el galerón y Mannaém amarra el hermosísimo caballo blanco, con gualdrapas de color rojo que penden de la silla, adornadas con plata, en el pesebre.

Juan acude con hierba y un cubo con agua.

Acude Pedro también, con una lámpara de aceite, porque ya está oscuro.

Mannaém dice:

–                     Aquí estaré muy bien. Dios os lo pague.

Jesús le pone la mano en el hombro y le dice:

–           Ven amigo mío. Vamos a compartir el pan…

Luego entran todos en la cocina, donde arde una tea y se reúnen para cenar…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA