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53 LUZ Y SAL DE LA TIERRA


53 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús y todos los suyos, ya son trece más Él, están siete en cada barca, en el lago de Galilea.

Jesús va en la barca de Pedro la primera, junto con Pedro, Andrés, Simón, José y los dos primos.

En la otra van los dos hijos de Zebedeo con Judas Iscariote, Felipe, Tomás, Natanael y Mateo.

Las barcas avanzan ligeras, con las velas desplegadas, impulsadas por un viento boreal que apenas encrespa el agua en pequeños pliegues, marcados por un hilo de espuma que dibuja un tul sobre el azul turquesa del hermoso lago sereno.

Avanzan, dejando detrás dos estelas que en la base confunden sus espumas, porque casi navegan emparejadas, con  la barca de Pedro apenas unos dos metros más adelante.

De barca a barca, a pocos metros la una de la otra, hay un intercambio de comentarios, noticias, en los cuales los galileos están ilustrando y explicando a los judíos los puntos del lago… 

Con todas sus carácterísticas particulares de los poblados que bordean las riberas; con su comercio, con las personalidades que allí residen, las distancias desde el lugar de partida y de llegada, entre Cafarnaúm y Tiberíades. 

Ahora las barcas no pescan, están sólo preparadas para el transporte de las personas, en un paseo donde los pescadores llevan la batuta del conocimiento marítimo y lo comparten alegremente con sus compañeros,

Jesús está sentado en la proa. Está disfrutando de la belleza que lo circunda, del silencio, del cielo despejado, del viento fresco que le acaricia el rostro, de las olas que con suave vaivén, mueven las barcas

y bañan las playas en las riberas verdes esparcidas entre los poblados, que lucen totalmente blancos y hermosos, enmarcados por las colinas en la lejanía. 

Porque son un verdadero deleite las bellezas que circundan en la Tierra Prometida, para el gozo de los que la contemplan…

Jesús está recargado sobre un montón de velas, con la cabeza inclinada sobre el espejo zafiro del hermoso lago reflejado en sus ojos y que se confunden en todo ese azul prístino de cielo y de mar.

Parece distraído a la conversación de los discípulos. 

Va totalmente absorto en sus pensamientos, muy hacia delante en la proa, como si lo único que le interesara es cuanto vive bajo la transparencia del agua. 

Pedro le pregunta dos veces que si el sol que ya está en su cenit, no le molesta. Luego le ofrece pan y queso.

Pero Jesús no quiere nada y Pedro lo deja en paz.

Un grupo de lujosas barcas de recreo, pequeñas y ligeras, adornadas con baldaquines de púrpura y mullidos cojines, se atraviesan en el camino que llevan las barcas de los pescadores.

Estrépito de música, risas y perfumes, pasan con ellas. Pues las hermosas mujeres, acompañadas con alegres romanos, palestinos, griegos y otras provincias del imperio, como lo indican sus lujosas vestiduras.

Son jóvenes, ricos y despreocupados, se deleitan con un derroche de alegría, entre un festin de viandas y licores.

Un joven griego delgado, espigado, moreno como una aceituna casi madura, lujosamente ataviado, con un vestido rojo corto, delimitado en la parte baja por una preciosa greca y sujeto a la cintura por un cinturón que es una obra maestra de orfebrería,  hablando en su idioma nativo…

Dice con gran homenaje:

–   ¿La Hélade es hermosa? Pero ni siquiera mi olímpica patria tiene este azul y estas flores.

En realidad no es extraño que las diosas la hayan abandonado para venir aquí. Arrojemos flores sobre las diosas, ¡Que ya no son griegas, sino judías!

Y esparce sobre las mujeres que van en su barca, pétalos de espléndidas rosas. Y avienta flores completas a la barca más cercana.

Un romano responde:

–    ¡Deshoja! ¡Arroja más, griego! Pues Venus está conmigo. Yo no desfloro. ¡Yo recojo las rosas de esta hermosa boca! ¡Es mucho más dulce!

Y se inclina a besar la boca entreabierta y sonriente de la bellísima rubia que tiene la cabeza entre sus piernas y va recostada entre cojines.

En este momento ya las barcas grandes tienen literalmente encima a las barcas pequeñas.

Y están a punto de chocar, tanto por la impericia de los bogadores, como por juego del viento.

Pedro grita muy enojado:

–     ¡Tened cuidado, si queréis seguir viviendo! – mientras vira, dando un golpe de pértiga para evitar la embestida.

Improperios de hombres y gritos espantados de las mujeres, se intercambian entre las barcas.

Los romanos insultan a los galileos:

–     ¡Alejaos, perros judíos!

Pedro, rojo como un gallo de pelea, de pie sobre el borde de la barca que se balancea; con las manos en la cintura, responde vivamente y no perdona a nadie. Ni a romanos, ni griegos, ni hebreos y hebreas.

Y especialmente a estas últimas les dedica un ramillete de floridos agravios que es mejor dejar en la pluma…

El altercado dura mientras la maraña de quillas y de remos, no se deshace.

Y cada quién se va por su camino.

Jesús no cambió de posición. Se quedó sentado y ausente. Sin mirar, ni decir nada. Ni a las barcas, ni a sus ocupantes.

Apoyado sobre el codo, sigue mirando la lejana ribera, como si no sucediese nada a su alrededor.  

Entonces a Él también le avientan una flor, que casi le pega en la cara y se oye una risa femenina.

Es la rubia del romano, que dice:

–   ¡También los dioses abandonaron el Olimpo! ¡Allí está Apolo, esperándome!…

Y suelta una cantarina carcajada, que resuena en un silencio  sepulcral…

TODOS han sido testigos del piropo y la insinuación…

Pero Él… Sin dirigirles siquiera una mirada… ¡NADA!

Jesús permanece impertérrito.  Apoyado sobre un codo, ha seguido mirando la ribera lejana como si nada sucediese.  

La rosa cae sobre las tablas y llega hasta los pies de Pedro que hierve como una caldera.

Cuando las barcas se alejan, la rubia se pone de pie y mira atentamente el sereno, inaccesible e indiferente rostro de Jesús; que parece tan lejano del mundo.

Y su carcajada cantarina, viaja por el aire como si tuviera amplificador.

El percance de tráfico marítimo se convierte en una anécdota más y…

Mientras los romanos comentan y las mujeres se regocijan con el incidente…

En las barcas hebreas,

Judas de Keriot pregunta:

–     Dime, Simón. Responde, tú que eres judío como yo. ¿Esa guapísima rubia que estaba en el regazo del romano, la que se ha puesto en pie hace poco, no es la hermana de Lázaro de Betania?

Simón Cananeo responde seco:

–     No sé nada. He vuelto al mundo de los vivos hace poco y esa mujer es joven.

Judas dice con ironía:

–     ¡Supongo que no irás a decirme que no conoces a Lázaro de Betania!

Sé perfectamente que eres amigo suyo y que has estado donde él con el Maestro.  

Simón responde cortante:

–    ¿Y si eso fuera así?

Judas permanece implacable:

–     Dado que es así, digo yo, tienes que conocer también a la pecadora que es hermana de Lázaro. ¡La conocen hasta las tumbas!

Hace diez años que da que hablar de sí. Apenas fue púber, comenzó a ser ligera de cascos. ¡Pero, desde hace más de cuatro años!… No es posible que ignores el escándalo, aunque estuvieras en el “valle de los muertos”.

Habló de ello toda Jerusalén.

Lázaro se encerró entonces en Betania. Bueno, hizo bien. Nadie habría vuelto a poner el pie en su espléndido palacio de Sión por el que ella iba y venía.

Quiero decir: ninguno que fuera santo. En los pueblos… ¡Ya se sabe!… Y además, ahora ella está por todas partes, menos en su casa… Ahora está de seguro, en Mágdala…

Tal vez encontró algún nuevo amor… ¿No respondes? ¿Puedes decirme que no es verdad?

–     No rebato. Callo.

–    ¿Entonces es ella? ¡Tú también la has reconocido!

Simón suspira, antes de responder:

–     La conocí cuando era niña y pura.

Ahora vuelvo a verla… No obstante, la reconozco. Impúdicamente reproduce la efigie de su madre, una santa.

–     Y entonces, ¿Por qué casi negabas que fuera la hermana de tu amigo?

–     Especialmente si somos honestos tratamos de mantener cubiertas nuestras llagas y las de aquellos que amamos.

Judas absorbe el inevitable golpe y se ríe forzadamente.

Pedro observa:

–     Así es, Simón. Y tú eres una persona honesta.

Judas insiste, dirigiéndose a Pedro:

–    ¿Y tú la reconociste? Seguro que vas a Mágdala a vender tus pescados. ¡¿Y quién sabe cuántas veces la habrás visto?! ¿Tú la habías reconocido?

Pedro contesta, con un dejo de fastidio:

–      Muchacho, debes saber que cuando uno tiene las espaldas cansadas por un trabajo honesto, las hembras no apetecen; se desea sólo el lecho honesto de nuestra esposa.  

Judas no se apacigua:

–     ¡Eh! ¡Pero lo bello a todos gusta! Al menos que no se vea otra cosa, se le mira.

–     ¿Para qué? ¿Para decir: ‘No es comida para tu mesa’?

De mi trabajo en el lago he aprendido varias cosas y una de ellas, es que peces de agua dulce y de fondo; no están hechos para agua salada ni vertiginosa.

–     ¿Qué quieres decir?

–      Quiero decir que cada uno debe estar en su lugar; para no morir de mala muerte.

–     ¿Te hacía morir la Magdalena?

–      No. Tengo el cuero duro. Pero ya que me lo dices. ¿Acaso tal vez, tú te sientes mal?

Incluso me habrías soportado a mí con tal de estar más cerca… Es tan cierto lo que digo, que me honras con tu palabra por gracia suya, después de tantos días de silencio. 

Judas exclama escandalizado:

–      ¿Yo? ¡Pero si ni siquiera me hubiera visto! Ella sólo miraba al Maestro!

–      ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja! ¡Mentiroso! ¡Y dices que no estabas mirándola! ¿Cómo has podido ver a dónde miraba, sí no la estabas mirando?

Todos se ríen ante la fina observación irónica de Pedro; menos Judas, Jesús y el Zelote.

Jesús, que parecía que no oía; pone fin a la discusión preguntando a Pedro:

–     ¿Es aquello Tiberíades?

Pedro responde:

–      Sí, Maestro. Ahora llegamos.

Jesús señala una pequeña ensenada:

–      Espera. ¿Puedes meterte en aquel lugar tranquilo? Quiero hablaros solo a vosotros, antes de entrar en la ciudad.

Pedro contesta solícito:

–      Mido el fondo y te lo diré.

Pedro echa una pértiga larga y lentamente va hacia la playa.

Finalmente dice:

–    Se puede, Maestro. ¿Quieres que me acerque más?

Jesús responde:

–    Todo lo que puedas. Hay sombra y paz. Me gusta.

Pedro va hasta la ribera y como a unos quince metros,

Jesús le dice:

–     Detente.

Y a los de la otra barca:

–     Vosotros, acercaos lo más que podáis para oír.

Jesús deja su lugar y se sienta en el centro de la barca; de tal forma que todos le puedan oír:

–    ‘Escuchad:

Os parecerá que algunas veces no ponga atención a vuestras conversaciones y que por eso sea Yo, un Maestro descuidado, que no se preocupa de sus discípulos.

Tened en cuenta que mi alma no os abandona ni un instante.

¿Habéis visto a un médico cuando estudia a un enfermo de un mal que no conoce y que tiene síntomas raros?

No separa sus ojos de él. Después de haberlo visitado, lo vigila. Cuando duerme y cuando está despierto.

Por la mañana y por la tarde, cuando está callado y cuando habla; porque todo puede ser un medio y guía; para descifrar la enfermedad que oculta y curarla.

Os tengo unidos con hilos invisibles, pero sensibilísimos que están en Mí y me trasmiten aún las más leves vibraciones de vuestro ‘yo’.

Os dejo que penséis que sois libres, para que manifestéis cada vez más lo que sois. Cosa que sucede cuando un alumno o un maníaco, cree que el vigilante lo ha perdido de vista.

¿Qué sois? ¿Qué debéis ser? Sois la Sal de la Tierra. Y debéis ser la luz del mundo. Os escogí Yo…

Vosotros sois un grupo de personas, pero formáis un núcleo; o sea, una cosa sola.

Por tanto, sois un complejo que se forma como ente.

Y que debe ser estudiado en sus características singulares más o menos buenas, para formarlo; amalgamarlo, quitarle las aristas, enriquecer sus lados poliédricos y hacer de él una única cosa perfecta.

Por tanto, Yo os estudio; me sois objeto de estudio incluso cuando dormís.

La sal de la tierra
13. «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

¿Qué sois vosotros? ¿Qué tenéis que llegar a ser? Vosotros sois la sal de la tierra; tales debéis llegar a ser: Sal de la Tierra.

Con la sal se preservan las carnes de la corrupción y no sólo la carne, sino muchos otros alimentos.  Pero, ¿Acaso podría la sal salar, si no fuera salada?

Yo quiero salar el mundo con vosotros, para sazonarlo de UN SABOR CELESTIAL. Pero, ¿Cómo podéis salar si me perdéis sabor?

¿Qué os hace perder sabor celeste? Lo que es humano.

El agua del mar, del verdadero mar, no es buena para beber por lo salada que es ¿No es verdad?

Y a pesar de todo, si uno coge una copa de agua de mar y la echa en una hidria de agua dulce puede beber, porque el agua de mar está tan diluida que ha perdido su acritud.

La Humanidad es como el agua dulce que se mezcla con vuestra salinidad celeste.

Aún más; suponiendo que se pudiera derivar un río del mar e introducirlo en el agua de este lago, ¿Acaso podrías volver a encontrar ese hilo de agua salada?

¡NO! Habría quedado perdido entre tanta agua dulce. Esto sucede con vosotros cuando sumergís vuestra misión, en mucha humanidad.

Sois hombres. Sí. Lo sé. Pero ¿Y Yo quién soy? Yo soy Aquel que tiene consigo toda la Fuerza.

Y ¿Qué hago Yo? Os comunico esta fuerza, puesto que os he llamado.

Pero ¿Para qué sirve que os la comunique si la desparramáis bajo avalanchas de carnalidad y de sentimientos humanos?

VOSOTROS SÓIS, DEBÉIS SER, LA LUZ DEL MUNDO. 

Os he elegido: Yo, Luz de Dios, entre los hombres; para continuar iluminando al Mundo una vez que YO haya vuelto al Padre.

Pero, ¿Podéis iluminar si no sois más que unos candiles apagados o humeantes? ¡NO!

Es más, con vuestro humo peor es el humo turbio, que la absoluta muerte de una mecha. Nublaís ese vestigio de luz que aún pueden tener los corazones.

¡OH, DESDICHADOS AQUELLOS QUE BUSCANDO A DIOS SE DIRIJAN A LOS APÓSTOLES

Y EN VEZ DE LUZ OBTENGAN HUMO!

SACARÁN DE ELLO ESCÁNDALO Y MUERTE.

AHORA BIEN, LOS APÓSTOLES INDIGNOS RECIBIRÁN MALDICIÓN Y CASTIGO

¡Habéis sido llamados para grandes cosas, pero al mismo tiempo tenéis un Grande, Tremendo Compromiso!

Acordaos de que aquel a quien más se le da más está obligado a dar.

Y a vosotros se os da el máximo, en instrucción y en don. Sois instruidos por mí, Verbo de Dios, y recibís de Dios el don de ser “los discípulos”, o sea, los continuadores del Hijo de Dios.

Quisiera que esta elección vuestra fuera siempre objeto de vuestra meditación, y que continuarais escrutándoos y sopesándoos…

Y si uno siente que es apto SÓLO PARA SER FIEL – no quiero siquiera decir: “si uno no se siente más que pecador e impenitente”.

Digo sólo: “si uno se siente apto para ser sólo un fiel” – pero no siente en sí nervio de apóstol, es mejor que se retire.

El mundo, para sus amantes, es muy vasto, bonito, suficiente, vario. Ofrece todas las flores y todos los frutos aptos para el vientre y para la sensualidad.

Yo no ofrezco más que una cosa: LA SANTIDAD. Ésta en la Tierra, es la cosa más angosta, pobre, abrupta, espinosa, perseguida que hay.

En el Cielo su angostura se vuelve inmensidad; su pobreza, riqueza; su espinosidad, alfombra florida; su escabrosidad, sendero liso y suave; SU PERSECUCIÓN, PAZ Y BEATITUD. 

Pero aquí, ser santo supone un esfuerzo heroico. Yo no os ofrezco más que esto.

¿Queréis permanecer conmigo? ¿No os sentís capaces de hacerlo? ¡Oh, no os miréis asombrados o apenados! Aún muchas veces me oiréis hacer esta pregunta.

Cuando la oigáis, pensad que mi Corazón al hacerla llora, porque se siente herido por vuestra sordera ante la vocación.

Examinaos, entonces…

Y luego juzgad con honestidad y sinceridad. Y DECIDID.  Decidid para no ser réprobos.

Decid: “Maestro, amigos, me doy cuenta de que no estoy hecho para este camino. Os doy un beso de despedida y os digo: rogad por mí”. Mejor es esto que traicionar. Mejor esto…

¿Qué decís? ¿A quién, traicionar? ¿A quién? A Mí.

A mi causa, a la causa de Dios, porque Yo soy uno con el Padre, y a vosotros. Sí. Os traicionaríais. Traicionaríais vuestra alma, dándosela a Satanás.

¿Queréis seguir siendo hebreos? Pues Yo no os fuerzo a cambiar. PERO NO TRAICIONÉIS. No traicionéis a vuestra alma, al Cristo y a Dios.

Os juro que ni Yo ni mis fieles os criticarán, como tampoco os señalarán con el dedo para desprecio de las turbas fieles.

Hace poco un hermano vuestro ha dicho una gran sabiduría: “Nuestras llagas y las de los que amamos uno trata de mantenerlas escondidas”.

Pues bien, quien se separase sería una llaga, una gangrena que nacida en nuestro organismo apostólico, se desprendería por necrosis completa; dejando un signo doloroso que con todo cuidado mantendríamos escondido.

No. No lloréis, vosotros los mejores, no lloréis. Yo no os guardo rencor, ni soy intransigente por veros tan lentos. Os acabo de tomar y no puedo pretender que seáis perfectos.

Pero es que ni siquiera lo pretenderé dentro de unos años, después de decir cien y doscientas veces inútilmente, las mismas cosas…

Es más, escuchad:

Pasados unos años seréis al menos algunos, menos ardorosos que ahora que sois neófitos.

La vida es así… la humanidad es así… Pierde el ímpetu después del arranque inicial. 

Jesús se levanta de repente y continúa:

PERO OS JURO QUE YO VENCERÉ.

Depurados por natural selección, fortificados por una mixtura sobrenatural vosotros, los mejores; seréis mis héroes, los héroes del Cristo, los héroes del Cielo.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

EL PODER DE LOS CÉSARES SERÁ POLVO RESPECTO A LA REALEZA DE VUESTRO SACERDOCIO.

Vosotros pobres pescadores de Galilea; vosotros ignotos judíos, vosotros, números entre la masa de los hombres presentes, seréis más conocidos, aclamados, venerados, que César,

 Y que todos los Césares que tuvo y que tendrá la Tierra.

Vosotros conocidos, vosotros benditos en un próximo futuro y en el más remoto de los siglos, hasta el Fin del Mundo.

Para este sublime destino os elijo a vosotros, que sois honestos en la voluntad. Y para que seáis capaces de él, os doy las líneas esenciales de vuestro carácter de apóstoles.

Estad siempre vigilantes y preparados.

Vuestros lomos estén ceñidos, siempre ceñidos, y vuestras lámparas encendidas, como es propio de quienes de un momento a otro tienen que partir o acudir al encuentro de uno que llega.

Y LA VERDAD ES QUE VOSOTROS SÓIS…

Seréis hasta que la muerte os detenga, los incansables peregrinos que van en busca de los errantes.

Y hasta que la muerte la apague, vuestra lámpara debe ser mantenida alta y encendida para indicar el camino a los extraviados que van hacia el Redil de Cristo.

Tenéis que ser fieles al Dueño que os ha colocado en cabeza para este servicio.

Será premiado aquel siervo al que el Dueño encuentre siempre vigilante y la muerte sorprenda en estado de gracia.

No podéis, no debéis decir: “Soy joven. Tengo tiempo de hacer esto o aquello y luego pensar en el Dueño, en la muerte, en mi alma”.

Mueren tanto los jóvenes como los viejos, los fuertes como los débiles.

Y viejos y jóvenes, fuertes y débiles, están igualmente sujetos al asalto de la Tentación.

Tened en cuenta que el alma puede morir antes que el cuerpo y podéis llevar en vuestro caminar sin saberlo, un alma putrefacta. ¡Es tan insensible el morir de un alma!

Como la muerte de una flor: sin un grito, sin una convulsión… Inclina sólo su llama como corola cansada y se apaga.

Después, mucho después alguna vez, inmediatamente después otras veces, el cuerpo advierte que lleva dentro un cadáver putrefacto y se vuelve loco de espanto.

Y SE MATA POR HUIR DE ESTE CONNUBIO…  

¡Oh, no huye! Cae exactamente con su alma agusanada sobre un bullir de sierpes en la Gehena.

No seáis deshonestos como intermediarios o leguleyos que se ponen de parte de dos clientes opuestos. No seáis falsos como los politicastros que llaman “amigo” a éste y a aquél, y luego son enemigos de ambos.

No penséis actuar de dos modos. De Dios nadie se burla. A Dios no se le engaña.

Comportaos con los hombres como os comportáis con Dios, porque una ofensa hecha a los hombres es como si hubiera sido hecha a Dios.

Desead ser vistos por Dios como deseáis ser vistos por los hombres. Sed humildes. No podéis acusar a vuestro Maestro de no serlo. Yo os doy el ejemplo. Haced como hago Yo.

Humildes, dulces, pacientes. El mundo se conquista con esto, no con violencia y fuerza.

Sed fuertes y violentos contra vuestros vicios, eso sí; arrancadlos de raíz, a costa incluso de dejaros desgarrados pedazos de corazón.

22. «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23. pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Mateo 6

Hace unos días os he dicho que vigiléis las miradas, mas no lo sabéis hacer. Os digo: sería mejor que os quedarais ciegos arrancándoos los ojos libertinos que acabar siendo lujuriosos.

Sed sinceros. Yo soy Verdad en las cosas excelsas y en las humanas. Deseo que también vosotros seáis auténticos.

¿Por qué andarse con engaños conmigo o con los hermanos o con el prójimo? ¿Por qué jugar con engaño?

¿Tan orgullosos como sois, y no tenéis el orgullo de decir: “Quiero que no me puedan considerar mentiroso”?

Y sed auténticos con Dios. ¿Creéis que lo engañáis con formas de oraciones largas y vistosas? ¡Pobres hijos! ¡Dios ve el corazón! Haced el bien castamente.

Me refiero también a la limosna. Un publicano ha sabido hacerlo antes de su conversión. ¿Y vosotros no vais a saberlo hacer?

Sí, te alabo, Mateo, por la casta ofrenda semanal de la que sólo Yo y el Padre sabíamos que era tuya.

Y te cito como ejemplo. Esto también es castidad, amigos.

No descubrir vuestra bondad, de la misma forma que no desvestiríais a una hija vuestra adolescente ante los ojos de una multitud.

Sed vírgenes al hacer el bien. El acto bueno es virgen cuando resulta exento de connubio con pensamiento de alabanza y de estima, o exento de soberbia.

Sed fieles esposos de vuestra vocación a Dios. No podéis servir a dos señores. El lecho nupcial no puede acoger a dos esposas contemporáneamente.

Dios y Satanás no pueden compartir vuestros amorosos abrazos.

El hombre no puede, como tampoco lo pueden ni Dios ni Satanás, compartir un triple abrazo en antítesis entre los tres que se lo dan.

Manteneos al margen de hambre de oro, como de hambre de carne; de hambre de carne, como de hambre de poder.

12. = ¡Feliz = el hombre = que soporta = la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. 13. Ninguno, cuando sea probado, diga: «Es Dios quien me prueba»; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie. 14. Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. 15. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte. Santiago 1

Satanás os ofrece esto. ¡Oh, sus falaces riquezas! Honores, éxito, poder, abundancias: mercados obscenos cuya moneda es vuestra alma.

Contentaos con lo poco. Dios os da lo necesario. Basta.

Esto os lo garantiza, de la misma forma que se lo garantiza al ave del cielo, y vosotros valéis mucho más que los pájaros.

Pero Dios quiere de vosotros confianza y sobriedad. Si tenéis confianza, no os defraudará: si tenéis sobriedad, su don diario os bastará.

No seáis paganos, siendo, de nombre, de Dios. Paganos son aquellos que, más que a Dios, aman el oro y el poder para aparecer como semidioses.

Sed santos y seréis semejantes a Dios eternamente. No seáis intransigentes. Todos sois pecadores; por tanto, quered ser con los demás como querríais que los demás fueran con vosotros: llenos de compasión y perdón.

No juzguéis. ¡Oh, no juzguéis! Ya veis – a pesar de que hace poco que estáis conmigo – cuántas veces, siendo inocente, he sido ilícitamente mal juzgado y acusado de pecados inexistentes.

El mal juicio es ofensa, y sólo los verdaderos santos no devuelven ofensa por ofensa.

Por tanto, absteneos de ofender para no ser ofendidos. Así no faltaréis ni a la caridad, ni a la santa, amable, suave humildad, la enemiga de Satanás junto con la castidad.

Perdonad, perdonad siempre. Decid: “Perdono, Padre, para que Tú perdones mis infinitos pecados”.

Haceos mejores cada hora que pase, con paciencia, con firmeza, con heroicidad. ¿Quién puede deciros que llegar a ser bueno no sea penoso?

La castidad no es una cuestión fácil. Vas contracorriente todos los días. Aristóteles decía: “No hay conquista más grande, que la conquista de uno mismo. Es una libertad, la libertad de hacer lo correcto. La castidad es un entrenamiento. Le estoy siendo fiel a mi esposa, antes de conocerla… Eduardo Verástegui

Es más, os digo: es el mayor entre los esfuerzos.

Pero el premio en el Cielo; por tanto, merece la pena consumirse en este esfuerzo.

Y amad. ¡Oh!, ¿Qué palabra debería decir para induciros al amor? No existe ninguna que sea adecuada para convertiros a él, ¡Oh, pobres hombres a los que Satanás azuza!

Entonces, he aquí que Yo digo: “Padre, acelera la hora del lavacro. Esta tierra está seca. Este rebaño tuyo está enfermo. Pero hay un rocío que puede aplacar la aridez y limpiar.

Abre, abre su fuente. Ábreme a Mí, ábreme. Padre, Yo ardo por hacer tu deseo, que es el mío y el del Amor Eterno. ¡Padre!, ¡Padre!, Padre! Dirige tu mirada sobre tu Cordero y sé Tú su Sacrificador”.

Jesús se manifiesta realmente inspirado.

Erguido en pie, con los -brazos extendidos en cruz, el rostro hacia el cielo, con el azul del lago detrás, con su vestido de lino, parece un arcángel orante.

51 INICIA LA PERSECUCIÓN


51 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está en Betsaida.

Habla de pie en la barca en que ha venido, que está casi encallada en la arena de la orilla, atada a una estaca de un pequeño espigón rudimentario.

Mucha gente, sentada en semicírculo sobre la arena, lo está escuchando.

Jesús acaba de empezar su discurso:

«… En esto veo que me amáis también vosotros los de Cafarnaúm, que me habéis seguido dejando negocios y comodidades con tal de oír la Palabra que os adoctrina.

Sé también que ello, más que el hecho de dejar de lado esos negocios, con el consiguiente perjuicio a vuestra bolsa, os acarrea burlas e incluso menoscabo social.

Sé que Simón, Elí, Urías y Joaquín se muestran contrarios a Mí; hoy contrarios, mañana enemigos. Y os digo, porque no engaño a nadie, ni quiero engañaros a vosotros, mis fieles amigos, que para perjudicarMe,

para proporcionarMe dolor, para vencerMe aislándome; ellos, los poderosos de Cafarnaúm, usarán todos los medios… Tanto insinuaciones como amenazas, tanto el escarnio como la calumnia.

TODO USARÁ EL ENEMIGO  COMÚN, PARA ARRANCAR ALMAS A CRISTO.  Convirtiéndolas en presa propia.

Os digo: Quien persevere se salvará; mas os digo también:

QUIÉN AME MÁS LA VIDA Y EL BIENESTAR que la Salud Eterna, es libre de marcharse, de dejarMe, de ocuparse de la pequeña vida y del transitorio bienestar. Yo no retengo a nadie.

El hombre es un ser libre. Yo he venido a liberar aún más al hombre. Liberarlo del pecado, para el espíritu. Y de las cadenas:

Una religión deformada, opresiva, que no hace sino sofocar bajo ríos de cláusulas, de palabras, de preceptos, la verdadera Palabra de Dios: limpia, concisa, luminosa, fácil, santa, perfecta.

Mi Venida es criba de las conciencias: Yo recojo mi trigo en la era y lo trillo con la doctrina de sacrificio y lo cierno con el cernedor de su propia voluntad.

La cascarilla, el sorgo, la veza, la cizaña, volarán ligeros e inútiles; para caer pesados y nocivos y ser alimento de volátiles.

En mi granero no entrará sino el trigo selecto, puro, consistente, bueno. El trigo son los santos.

Desde hace siglos existe un duelo entre el Eterno y Satanás.

Satanás, enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, le dijo a Dios:

“Tus criaturas serán mías para siempre. Ni siquiera el Castigo, ni la Ley que quieres darles, NADA, las hará capaces de ganarse el Cielo,

Y esta Morada tuya, de la cual me expulsaste a mí, que soy el único inteligente entre los seres creados por Tí; esta Morada, se te quedará vacía; inútil, triste como todas las cosas inútiles”.

Y el Eterno respondió al Maldito:

Podrás esto mientras tu veneno, solo, reine en el hombre. Pero Yo mandaré a mi Verbo y su Palabra neutralizará tu veneno, sanará los corazones, los curará de la demencia con que los has manchado o convertido en diablos. Y volverán a Mí.

Como ovejas que descarriadas, vuelven a encontrar al pastor; volverán a mi Redil.

Y EL CIELO SERÁ POBLADO: para ellos lo he hecho.

Rechinarán tus horribles dientes de impotente rabia, allí, en tu hórrido reino; prisionero y maldito, sobre ti los ángeles volcarán la piedra de Dios y la sellarán.

Tinieblas y Odio os acompañarán a ti y a los tuyos.

Los míos tendrán sin embargo, Luz, Amor, canto y beatitud, libertad infinita, eterna, sublime”.

Satanás, con risotada burlesca juró:

`Juro por mi Gehena que vendré cuando llegue la hora. Omnipresente estaré junto a los evangelizados. Y veremos si eres Tú el vencedor o lo soy yo”.

Sí, para cribaros Satanás os insidia y Yo os rodeo. Los contendientes somos dos: Yo y él.

Vosotros estáis en el medio.

EL DUELO DEL AMOR Y EL ODIO,

DE LA SABIDURÍA Y LA IGNORANCIA,

DE LA BONDAD Y EL MAL,

ESTÁ SOBRE VOSOTROS Y EN TORNO A VOSOTROS.

Yo Soy suficiente para repeler los malvados golpes dirigidos a vosotros.

Me coloco en medio entre el arma satánica y vuestro ser.

Y ACEPTO SER HERIDO EN LUGAR DE VOSOTROS, PORQUE OS AMO.

Pero en vuestro interior, vosotros debéis repeler CON VUESTRA VOLUNTAD los golpes, corriendo hacia Mí, poniéndoos en mi Camino, que es Verdad y Vida.

QUIEN NO ANHELA EL CIELO, NO LO TENDRÁ. 

Quien no es apto para ser discípulo del Cristo será como cascarilla ligera que el viento del mundo se llevará consigo.

Los Enemigos del Cristo son semilla nociva que renacerá en el reino satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm.

Y tengo la conciencia tan libre del pecado que se me atribuye. Y en nombre del cual, inexistente, se me murmura a mis espaldas.

Insinuándoos que oírme y seguirme significa complicidad con el pecador, que no temo dar a conocer la razón de ello a estos de Betsaida.

Entre vosotros, habitantes de Betsaida, hay algunos ancianos que no se han olvidado por distintas razones, de la Beldad de Corozaín; hay hombres que pecaron con ella, hay mujeres que por su causa lloraron.

LlORARON…  Y aún no había venido Yo a decir: “¡Amad a quien os perjudica!” –

Lloraron para después regocijarse, cuando vinieron a saber que la había mordido la podredumbre que rezumaba de sus entrañas impuras, hacia afuera de su espléndido cuerpo:

De aquella lepra más grave que le había roído su alma de adúltera, homicida y meretriz.

Adúltera setenta veces siete, con cualquiera con tal de que tuviese el nombre “hombre” y tuviese dinero. Homicida siete veces siete de sus concepciones ilegítimas; meretriz sólo por vicio, ni siquiera por necesidad.

¡Os comprendo, esposas traicionadas!

Comprendo vuestro regocijo, cuando se os dijo: “Las carnes de la Beldad están más fétidas y más descompuestas que las de un animal muerto tendido en la cuneta de una vía transitada, presa de cuervos y gusanos”.

Mas Yo os digo: SABED PERDONAR.

Dios ha llevado a cabo vuestra venganza; luego ha perdonado. Perdonad también vosotras.

Yo la he perdonado en vuestro nombre, porque sé que sois buenas, mujeres de Betsaida que me saludáis gritando: “¡Bendito sea el Cordero de Dios! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!“.

Si soy Cordero y me reconocéis como tal. Sí, vengo a estar entre vosotras Yo, Cordero.

Vosotras debéis transformaros todas en ovejas mansas, incluso aquellas a las que un lejano, ya lejano dolor de esposa traicionada, inviste de instintos como los de una fiera que defiende su guarida.

Yo, siendo Cordero, no podría permanecer entre vosotras si os comportarais como tigres y hienas.

Aquel que viene en el Nombre santísimo de Dios a recoger a justos y a pecadores, para conducirlos al Cielo ha ido también adonde la arrepentida y le ha dicho: “Queda limpia. Ve. Expía”.

Esto lo ha hecho en sábado. De esto se me acusa. Acusación oficial.

La segunda acusación es el hecho de haberme acercado a una meretriz.

Una mujer que fue meretriz; en ese momento no era sino un alma que lloraba su pecado. Pues bien, digo: Lo he hecho y seguiré haciéndolo.

Traedme el Libro, escrutadlo, estudiadlo, desentrañad su contenido.

Encontrad si os resulta posible, un punto que prohíba al médico atender a un enfermo; a un levita ocuparse del altar, a un sacerdote no escuchar a un fiel… sólo porque sea sábado.

Yo, si lo encontráis y me lo mostráis diré, dándome golpes de pecho:

“Señor, he pecado en tu presencia y en presencia de los hombres. No soy digno de tu perdón, pero si Tú quieres mostrarte compasivo con tu siervo, te bendeciré mientras dure mi soplo vital”.

Porque esa alma era una enferma, y los enfermos tienen necesidad del Médico.

Era un altar profanado y tenía necesidad de ser purificado por un levita.

Era un fiel que se dirigía a adorar al Templo verdadero del Dios verdadero y tenía necesidad del sacerdote que en él le introdujera.

En verdad os digo que Yo soy el Médico, el Levita, el Sacerdote.

En verdad os digo que, si no cumplo con mi deber perdiendo siquiera una sola de las almas que sienten anhelo de salvación, no salvándola; Dios Padre me pedirá cuentas y me castigará por esta alma perdida.

Este sería mi pecado, según los grandes de Cafarnaúm.

Habría podido esperar para hacerlo, al día siguiente del sábado. Sí. Pero, ¿Por qué retardar otras veinticuatro horas la readmisión en la paz de Dios de un corazón contrito?

En ese corazón había humildad verdadera, cruda sinceridad, dolor perfecto.

Yo leí en ese corazón. La lepra estaba todavía en su cuerpo, más el corazón ya no la padecía debido al bálsamo de años de arrepentimiento, de lágrimas, de expiación.

Ese corazón, para que Dios se acercara a él; sin que esta cercanía contaminase el aura santa que circunda a Dios, NO tenía necesidad sino de que Yo volviera a consagrarlo. Lo he hecho.

Ella salió del lago limpia en la carne sí, pero aún más limpia en el corazón.

¡Cuántos, cuántos de los que han entrado en las aguas del Jordán obedeciendo al mandato del Precursor no han salido tan limpios como ella!

Porque el bautismo de éstos no era el acto voluntario, sentido, sincero, de un espíritu que deseara prepararse a mi venida, sino sólo una forma de aparecer perfectos en santidad ante los ojos del mundo;

Por tanto, era hipocresía y soberbia: dos culpas que aumentaban el cúmulo de culpas preexistentes en su corazón.  

El bautismo de Juan no es más que un símbolo. Os quiere decir: “Limpiaos de la soberbia humillándoos llamándoos pecadores; de las lujurias, lavándoos sus escorias”.

Es el alma la que debe ser bautizada con vuestra voluntad, para estar limpia en el banquete de Dios.

No existe ninguna culpa tan grande que no pueda ser lavada, primero por el arrepentimiento, luego por la Gracia, finalmente por el Salvador.

No hay pecador tan grande que no pueda levantar el rostro humillado y sonreír a una esperanza de redención.

Es suficiente su completitud en la renuncia a la culpa, su heroicidad en el resistir a la tentación, su sinceridad en la voluntad de renacer.

Voy a manifestaros una verdad que a mis enemigos les parecería una blasfemia; pero vosotros sois mis amigos.

Hablo especialmente para vosotros, mis discípulos ya elegidos, aunque también para todos los que me estáis escuchando. Os digo que los ángeles, espíritus puros y perfectos, que viven en la luz de la Santísima Trinidad,

en ella, dentro de su perfección, padecen, y así lo reconocen, una inferioridad respecto a vosotros, hombres lejanos del Cielo.

Su inferioridad es el no poderse sacrificar, no poder sufrir para cooperar en la redención del hombre. Y – ¿Qué os parece? – Dios no toma a un ángel suyo para decirle “sé el Redentor de la Humanidad”, sino que toma a su Hijo.

Y sabiendo que, a pesar de ser incalculable el Sacrificio e infinito su poder, todavía le falta algo – y es bondad paterna que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su amor y los hijos de su poder –

17. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» MATEO 3

a la suma de los méritos destinados a ser contrapuestos a la suma de los pecados que de hora en hora la Humanidad acumula;

sabiendo esto, no toma a otros ángeles para colmar la medida y no les dice “sufrid para imitar al Cristo”, sino que os lo dice a vosotros, a vosotros, hombres.

Os dice: “Sufrid, sacrificaos, sed semejantes a mi Cordero, sed corredentores…”. ¡Oh…, veo cohortes de ángeles que, dejando por un instante de volar en el éxtasis adorante en torno al Fulcro Trino, se arrodillan, vueltos hacia la tierra,

y dicen: “¡Benditos vosotros, que podéis sufrir con Cristo y por el eterno Dios nuestro y vuestro!

Muchos no comprenderán todavía esta grandeza; es demasiado superior al hombre.

Pero cuando la Hostia sea inmolada, cuando el Trigo eterno torne a la vida para nunca más morir, después de recogerlo, trillarlo, mondarlo y sepultarlo en las entrañas de la tierra,

entonces vendrá el Iluminador superespiritual e iluminará a los espíritus (incluso a los más obtusos, que, a pesar de serlo, hayan permanecido fieles al Cristo Redentor).

Entonces comprenderéis que no he blasfemado, sino que os he anunciado la más alta dignidad del hombre: la de ser corredentor, a pesar de que antes no fuera más que un pecador.

Mientras tanto preparaos a ella con pureza de corazón y de propósitos.

Cuanto más puros seáis, más comprenderéis; porque la impureza – del tipo que sea – es en todo caso humo que obnubila y grava vista e intelecto.

Sed puros. Comenzad a serlo por el cuerpo para pasar al espíritu. Comenzad por los cinco sentidos para pasar a las siete pasiones.

Comenzad por el ojo, sentido que es rey y que abre el camino a la más mordiente y compleja de las hambres.

22. «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23. pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡Qué oscuridad habrá! Mateo 6

El ojo ve la carne de la mujer y apetece la carne. El ojo ve la riqueza de los ricos y apetece el oro. El ojo ve la potencia de los gobernantes y apetece el poder.

Tened ojo sereno, honesto, moderado, puro, y tendréis deseos serenos, honestos, moderados y puros. Cuanto más puro sea vuestro ojo, más puro será vuestro corazón.

Estad atentos a vuestro ojo, ávido descubridor de los pomos tentadores. Sed castos en las miradas, si queréis ser castos en el cuerpo.

Si tenéis castidad de carne, tendréis castidad de riqueza y de poder; tendréis todas las castidades y seréis amigos de Dios.

No temáis ser objeto de burlas por ser castos, temed sólo ser enemigos de Dios.

Un día oí decir: “El mundo se burlará de ti, considerándote mentiroso o eunuco, si muestras no tender hacia la mujer”.

En verdad os digo que Dios ha puesto el vínculo matrimonial para elevaros a imitadores suyos procreando, a ayudantes suyos poblando los Cielos.

Pero existe un estado más alto, ante el cual los ángeles se inclinan viendo su sublimidad sin poderla imitar.

Un estado que, si bien es perfecto cuando dura desde el nacimiento hasta la muerte, no se encuentra cerrado para aquellos que, no siendo ya vírgenes, arrancan su fecundidad, masculina o femenina.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Y anulan su virilidad animal, para hacerse fecundos y viriles sólo en el espíritu.

Se trata del eunuquismo sin imperfección natural ni mutilación violenta o voluntaria, el eunuquismo que no impide acercarse al altar; es más, que en los siglos venideros, servirá al altar y estará en torno a él.

Es el eunuquismo más elevado, aquel cuyo instrumento amputador es la voluntad de pertenecer a Dios sólo, y conservarle castos el cuerpo y el corazón para que eternamente refuljan con la candidez que el Cordero aprecia.

He hablado para el pueblo y para los elegidos de entre el pueblo. Ahora, antes de entrar a partir el pan y condividir la sal en la casa de Felipe, os bendigo a todos; a los buenos, como premio;

a los pecadores, para animarlos a acercarse a Aquel que ha venido a perdonar. La paz sea con todos vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se le agolpa en torno.

En la esquina de una casa está todavía Mateo, quien ha escuchado desde allí al Maestro, no atreviéndose a más.

Cuando llega a ese punto, Jesús se detiene y como bendiciendo a todos, bendice una vez más mirando a Mateo.

Y luego reprende la marcha entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. 

Y desaparece en una casa…

R148 PADRE Y TUTOR DE DIOS


09 de Marzo de 2019

Habla San Jose

Pequeños míos, soy el Sr. San José, vengo a ayudaros a ganar ese Reino prometido, el Reino que Mi Hijo os vino a enseñar.

Se me tiene como hombre casto, como hombre puro, como hombre virtuoso; ésa es Gracia Divina, son Bendiciones de nuestro Padre Dios.

Ciertamente el hombre tiene que poner de su parte, las tentaciones en el mundo son tremendas, el Mal quiere arrebatarle almas a nuestro Dios.

La lucha es continua y he ahí donde radica el valor del hombre, dejar pasar la tentación, no tomarla en cuenta.

Cuando uno está en la Gracia Divina, cuando uno tiene puesta su mirada en nuestro Dios, lo demás es fácil de vencer.   Por una Gracia de nuestro Dios, yo fui el cuidador de ésta Familia: la Siempre Virgen María, mi Esposa; mi Dios, mi Salvador, Jesús. Una bella tarea, una gran responsabilidad.

Todos vosotros tenéis también una gran responsabilidad. Si tenéis familia, llevarla por los caminos del Bien, por los caminos de la Virtud, por los caminos del Amor.

 Pero tenéis otra familia, la familia Terrena, todos vuestros hermanos sobre la Tierra. Todos vosotros soís familia  y debéis cuidarlos a todos ellos como cuidaríais a vuestra propia familia.

El Lobo continuamente está al acecho de su presa, vosotros ahora lo sentís cada vez más; cómo el Demonio quiere destruir a toda la Humanidad, quiere destruiros a todos vosotros y lo va logrando poco a poco,

Porque el hombre se va acomodando a esas insidias del mal, así como algunos hacen de su vida la Virtud, hay otros que hacen de su vida el pecado y ya lo toman como natural, como normal, porque se vuelve de todos.El Maligno sabe cómo manejaros, especialmente si estáis separados de la Gracia, especialmente cuando os habéis separado de vuestro Dios.

Tened cuidado mis pequeños, porque estáis destruyendo nuestra familia.

Os vais yendo por caminos erráticos, pecaminosos; por eso vuestra fuerza debe radicar en el Amor de nuestro Dios, en Su Ejemplo, en Su Vida, en Sus Virtudes,

Su Amor, que es Infinito.

Yo conocí al Salvador desde Pequeñito, aprendí mucho de Él, me gocé en Él y ahora estoy con vosotros para enseñaros todo lo que Él me dio:  Amor, Paciencia, Comprensión, Sinceridad, Honestidad y la Pureza.

Mis pequeños, cuánto os Ama nuestro Dios.

Yo logré percibir desde Pequeñito ese Amor que emanaba de Él.

Nuestro Dios entre nosotros, el Cielo estaba conmigo y yo aprendía mucho de Ellos: de mi Esposa, de mi Hijo.

Mis pequeños, tenéis la oportunidad de obtener grandes Bendiciones de nuestro Dios, con el simple hecho de uniros a Nosotros.Entrad pues en Nuestra Familia, para que seáis educados en el Amor, para que la Sabiduría Eterna se derrame en vosotros, para que viváis unidos en la Familia Celestial.

Es un éxtasis continuo el que yo tenía y sigo teniendo.

Vivid con el Salvador, con mi Dios hecho Hombre, llevadLo en vuestro corazón,

InvitadLo a vuestra vida, invitadLo a todas vuestras acciones. Sed compañeros, sed hermanos, sed amigos íntimos.

De Él podéis obtener todo, todo para el crecimiento espiritual.    NO desperdiciéis vuestros días sobre la Tierra, porque de ellos dependen muchas almas para el Cielo.

Aquí en el Cielo ya no podréis hacer méritos, tanto para vuestro crecimiento, como para el de otros.

Ahora es vuestro tiempo, sacadle el mayor provecho.

Es oportunidad única que se os da, que se les da  a las almas que bajan a la Tierra, es por a una sola vez-

Y con ello podréis obtener más Gloria, más vida espiritual, más cercanía con vuestro Dios. Aprovechad vuestro momento, no lo desperdiciéis en las cosas del mundo. Vivid para vuestro Dios, como yo vivía para Él.

Cuidad de vuestro Dios en el corazón de los hombres y en vuestro corazón, como yo cuidaba de Él. Hacedlo Vivir en vuestro corazón y en el de vuestros hermanos con vuestro ejemplo.

BendecidLe y adoradLe en todo momento, porque Él habita en vuestro corazón.

Yo estoy con vosotros, os cuido, también os instruyo, acudid a mí, que yo como servidor de nuestro Dios, soy también servidor vuestro.

Que la Paz de vuestro Dios en Su Santísima Trinidad quede en cada uno de vosotros.Yo os Bendigo en Nombre de  Mi Padre, en Nombre de Mi Hijo, en Nombre del Santo Espíritu de Dios y en Mi Nombre, José, el Siervo del Señor.

http://diospadresemanifiesta.com/

Hijitos, que la Paz de Dios esté con todos vosotros y mi protección os
asista siempre.

Mis niños: Soy vuestro Padre José, vengo a daros mi Protección espiritual, para que permanezcáis en la Fe de Dios.

Soy Guardián de la Fe y Protector de la Iglesia.

Mi Padre me ha concedido el gran honor de estar con vosotros, Rebaño de mi Hijo Jesús, para asistiros y ayudaros a pasar por vuestro desierto.  Yo, y mi Santa Esposa María, junto con nuestro amado Miguel, y las legiones de Ángeles y de Arcángeles del Reino de mi Padre, seremos vuestros guías y protectores.

Que os mostraremos el camino que debéis vosotros seguir, para llegar al Redil eterno de nuestro amado Hijo Jesús.

Hijitos; pedid mi poderosa intercesión al Padre Celestial; yo estoy entre vosotros y quiero salvaguardar vuestra Fe, de los ataques y engaños del Enemigo de vuestra alma y sus agentes.

Vienen días hijitos de oscuridad en el espíritu; los ataques contra Dios, por parte de sus enemigos, se acrecentarán.

Muchos perderán la Fe; sólo los que perseveren en la fe de Dios y sus preceptos, alcanzarán la corona de la vida.

Por eso hijitos, he venido a ayudaros y a daros fortaleza espiritual, para que podáis sobrellevar estos días de oscuridad y confusión.Cuando tengáis ataques en la Fe, decid:

Oh Padre Adoptivo José; venid en mi auxilio y líbrame de caer en la duda y perder mi fe; sé mi escudo y protección, contra los ataques del enemigo de mi alma; te lo pido bendito San José: En el Nombre del Padre +, en el Nombre del Hijo +, en el Nombre del Espíritu Santo + . + Por tu Santa intercesión y la Santa intercesión de María Santísima. Amén.

Hijitos, no temáis; si me hacéis la Llama de la Humildad, os concederé este don, para que ceguéis la soberbia de Satanás.

Tengo muchas gracias que daros, que os servirán de armadura espiritual, para estos tiempos; confiad en Dios y poned vuestra seguridad en Él.

Que vuestra Fe, sea como la casa construida sobre la roca; no os dejéis engañar; pues parecerá que el Mal triunfará sobre el Bien, pero no será así.  Acordaos: La victoria es de vuestro Dios, escrito está.

 Estoy entre vosotros; llamadme con confianza y vendré a defenderos de los ataques del Enemigo de vuestra Fe:

San José, guardián de la Fe, protégenos.
San José, protector de la Iglesia, ampáranos.
San José, Patriarca de la Humildad, líbranos de ofender a Dios, que permanezcamos unidos a Él, como el sarmiento a la vid. Que tu protección bendito San José, nos acompañe siempre en todos nuestros caminos y batallas espirituales. Amén.

Todo aquel que escucha y sigue la Doctrina de mi Hijo adoptivo Jesús, es también mi hijo.

Os hago un llamado mis hijos adoptivos aquí en la tierra, a que permanezcáis unidos al Dios Uno y Trino.Pedid mi Intercesión, que mi Padre Celestial y mi Hijo, jamás desoyen mis súplicas a favor de mis devotos.

Cuando os sintáis mis niños atacados por el Maligno decid:

“San José terror de los demonios, venid en mi auxilio.”

Y yo gustoso apartaré de vosotros toda fuerza del Mal.

No temáis; venid a mí, soy José vuestro Padre adoptivo y quiero que seáis mis devotos; Dios me ha enviado para ser vuestro protector amoroso y eficaz en estos Últimos Tiempos.Mis hijos adoptivos; orad por la Iglesia de mi Hijo y por su Vicario;

Invocadme; Dios me ha concedido la gracia de velar por la Iglesia y de Salvaguardarla de los ataques de los espíritus malignos y sus agentes.

Hijitos, la gracia de mi humildad destruye la soberbia del Maligno; pedidme con Fe, el don de la humildad y mi Padre a través de Mí, os la concederá.

Quiero ser vuestro protector y ayudaros a conservar vuestra Fe, de las herejías y falsas doctrinas de los emisarios del Mal.

Os pido mis hijos adoptivos que tengáis confianza en Dios y pidáis mi valiosa intercesión, tan necesaria en estos tiempos de tanta apostasía.  Rebaño de mi Jesús:

Os amo, y quiero daros también mi protección, así como se la dí al Niño y a mi Santa Esposa María.

Dejaos guiar por este Padre amoroso, que lo que más desea para todos sus hijos aquí en la tierra, es la salvación de vuestras almas.

Os regalo mi Llama de la Humildad, para que ceguéis a Satanás y permanezcáis firmes en la fe.

¡Adelante pues mis niños!: Que nada ni nadie os aparte del amor de Dios.  

ORACIÓN DE LA LLAMA DE LA HUMILDAD
(Armadura espiritual para estos tiempos)

Amadísimo Patriarca San José, humilde Padre adoptivo de Jesús, y humilde Esposo de la Virgen María; derrama sobre la humanidad los rayos de: La Llama de la Humildad de tu Justo y Casto Corazón, para cegar la soberbia de Satanás, para que con su luz nos reconozcamos muy pecadores y para que con tu ayuda nos convirtamos de corazón a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Soy José Padre adoptivo de Jesús y Esposo fiel y casto de María.

Que la Paz de Dios esté con vosotros, mis hijos adoptivos.

Soy vuestro Padre Adoptivo, José de Nazareth.Dad a conocer mis mensajes a todos mis hijos y devotos.

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

Hoy inicia la novena a San José, esposo de María y Patrono de la Iglesia universal

El próximo 19 de marzo se celebrará la Fiesta en honor a San José, esposo de la Virgen María, padre adoptivo de Jesús y Patrono de la Iglesia universal.

“En los Evangelios, San José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador; pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario”, dijo el Papa Francisco sobre San José al comenzar su pontificado en el 2013.

Aquí la Novena en honor al Santo Custodio de la Sagrada Familia:

San José Obrero, Patrono contra el Comunismo

Esta fiesta fue instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955.
Y honra la profesión de José en su rol de sostenedor económico de la Sagrada Familia.
El mismo Pío XII dijo a los trabajadores reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro:
.El humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”. 
De la Revolución Francesa se derivaron infinitos males para la Iglesia. Un siglo después, en 1889, León XIII publicaba la Quamquam pluries, justo después de que II Internacional proclamara el 1º de mayo como fiesta revolucionaria del trabajo.El marxismo internacional produjo luego la fundación de la III Internacional que consagró la hegemonía del Partido Comunista, que tantos males traería al mundo.
El siglo veinte vio el surgimiento de ideologías ateas y totalitarias como el comunismo y el socialismo, enemigas de la Iglesia y del obrero cristiano.
Sabiendo muy bien la amenaza de estos males los Papas consideraron oportuno advertir a los fieles y confiarlos al cuidado de San José.
El socialismo, fue condenado por Su Santidad León XIII, en la encíclica Quod Apostolici Muneris, pues sus principios son:
 1. Negación de Dios y de la Iglesia,
 2. Supresión de toda autoridad,
 3. Igualdad absoluta de todos los hombres en la esfera jurídica y en el plano político,
 4. Disolubilidad del vínculo matrimonial y por consiguiente disolución de la familia,
 5.Abolición del derecho a la propiedad,
 6. Acción política demagógica sostenida por una propaganda revolucionaria.  Su sucesor el Papa Pío XI, viendo la creciente amenaza en contra de la Iglesia, de la pestilente secta comunista, decidió confiar de manera explícita a San José la causa contra el Comunismo:
«Para acelerar la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, por todos tan deseada, ponemos la actividad de la Iglesia católica contra el comunismo ateo bajo la égida del poderoso Patrono de la Iglesia, San José.
San José perteneció a la clase obrera y experimentó personalmente el peso de la pobreza en sí mismo y en la Sagrada Familia, de la que era padre solícito y abnegado.
A San José fue confiado el Infante divino cuando Herodes envió a sus sicarios para matarlo.
Cumpliendo con toda fidelidad los deberes diarios de su profesión, ha dejado un ejemplo de vida a todos los que tienen que ganarse el pan con el trabajo de sus manos.
Y después de merecer el calificativo de justo (2Pe 3,13; cf. Is 65,17; Ap 2,1), ha quedado como ejemplo viviente de la justicia cristiana, que debe regular la vida social de los hombres»
El comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede colaborar con él en ningún terreno

Procurad, venerables hermanos, con sumo cuidado que los fieles no se dejen engañar.
El comunismo es intrínsecamente perverso.  Y no se puede admitir que colaboren con el Comunismo, en terreno alguno, los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana.
Y si algunos, inducidos al error, cooperasen al establecimiento del comunismo en sus propios países, serán los primeros en pagar el castigo de su error.
Y cuanto más antigua y luminosa es la civilización creada por el cristianismo en las naciones en que el Comunismo logre penetrar, tanto mayor será la devastación que en ellas ejercerá el odio del ateísmo comunista. (Pío XI. Encíclica Divini Redemptoris, n. 60, 19 de marzo de 1937)

La Iglesia católica ha condenado en repetidas ocasiones  el comunismo como “satánico” e “intrínsecamente perverso” (Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris ). Quadragesimo anno es una carta encíclica del Papa Pío XI, promulgada el 15 de mayo de 1931, con ocasión de los 40 años de la encíclica Rerum Novarum,
Tras hacer un resumen de las intervenciones anteriores de León XIII en los temas más sociales, hace un elogio de la Rerum novarum sea por su oportunidad (la penetración de un nuevo sistema económico y el desarrollo industrial habían producido una fuerte división de clases sociales).

 Luego resume la misma encíclica recordando el modo en que León XIII se hizo cargo del problema de los obreros sin pasar por el liberalismo ni por el socialismo.
La encíclica ofrece una renovada condena del Comunismo.

Sancte  Ioseph, Terror Dæmonum, Ora Pro Nobis

UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 2


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del Perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él.

Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–      ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis. Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios.

Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo, muchos siglos antes de la hora.

Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser Hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa:  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno.

Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido!

Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Jesús continúa el relato de sus abuelos…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora.Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.

Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra.

No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias.

Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas.

Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–    ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras.

Y volviéndose a ella, agrega:

–      Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.  Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–     Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos.

Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–     Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–     Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–     Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento…

Y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.  Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas.

Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–     A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–     Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.–     Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes.

Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna.

Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David, ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro.

Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote.

Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza.

Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa…

Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas.

El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor.

La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

–            Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios.

Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo.

La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.

Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…–       Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–       Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas.

Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo?

Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme.

Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–      ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–      ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–       Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–      ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David!

Se vuelve hacia Ella y añade:

–      Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí.

Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real.

¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–      A nadie.

Zacarías interviene:

–      No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–      Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas.   

María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–     María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–      Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–     Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–     Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–    ¿Y la aceptará?

–     Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales.En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora, cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor.

El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente.

Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias.

Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino.

Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra.

El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea.

José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado.Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–    Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia.

Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–    Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–     No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega.

Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa.

Salid todos ahora. Quédate José.

Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…El Sumo Sacerdote le dice:

–     María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–     Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–     Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo.

El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro.

María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada.

José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras.

Con una gran sonrisa le dice:

–    Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años.

Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril…Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…

Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos.

Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos…

¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!.. Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo.

Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios.

Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–     Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto.

Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–     En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma.

Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–     Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–     Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo, (consagrado a Dios)  Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme.

Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’

Toma valor y dice:

–     También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–     Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees.

No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza. –     Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–     Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo.

María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–     Cuando quieras José.

–     Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso.

Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth.  Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar.

Y dice:

–      Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida.

Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–     No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–    Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–    No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–    ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora…

No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–     Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–    ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?–    Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de invierno serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–    En este cuarto grande que da al monte si te parece, aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella.

Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–    No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–    María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–    Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar.

Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa.

Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–     Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

 

F23 SOLUCIÓN VALIENTE


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LA EUCARISTIA

Y EL TESTIMONIO DE UN DIVORCIADO VUELTO A CASAR

Soy un divorciado que volvió a formar una pareja con quien tuvimos 3 hijos.

No queríamos dañar nuestra familia, tampoco queríamos seguir viviendo en pecado y decidimos tomar una decisión muy importante. Un sacerdote que conoce de cerca nuestras vivencias, nos aconsejó compartir nuestro testimonio,  pues son muchos quienes  viven situaciones similares y quizás saber lo que vivimos pueda ayudarlos.

También quisiera que este mi testimonio lo leyeran miembros del Clero, pues es una posible solución que muchos no la tienen en cuenta.

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LO QUE YO VIVÍ

Les cuento que tuve un primer matrimonio, nos casamos muy jóvenes por la Santa Iglesia Católica, no hicimos las cosas como Dios manda y así fue el resultado, nuestro matrimonio duró tan solo unos meses.

Dado que existían  causales en nuestro matrimonio como para pedir la nulidad del mismo, me acerqué a la Iglesia para plantear mi caso. Me atendieron bien y tras una charla, me dieron un amplio cuestionario muy bien elaborado.  El responder el cuestionario, me ayudó  mucho a poner en orden muchos detalles de aquellas vivencias tan dolorosas que tan rápido nos habían ocurrido.

Respondí  el cuestionario y lo presenté ante el buen sacerdote que asignaron para atender mi caso.

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Tuvimos algunas reuniones con el sacerdote y él consideró que los causales eran válidos, había que demostrarlo.

Se citaron varios testigos de esta relación y algunas pruebas, pero el principal testigo que era mi ex esposa no colaboró con su versión, de manera que no se pudo demostrar la nulidad. Y así seguirá siendo  aparentemente a menos que mi ex cambie su postura.

Algunos años después mi ex mujer rehace su vida de pareja.  Y catorce años más tarde de mi primer matrimonio, resolvimos casarnos por lo civil con quien fuera mi novia desde hacía algunos años.  Manteníamos la esperanza de que algún día la Iglesia pudiera aprobar la nulidad de mi primer matrimonio.

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Pasó el tiempo y mi pareja y yo, tuvimos 3 hijos. Pero no nos olvidamos nunca de nuestra  Fe y tratamos de distintas maneras de estar cerca de Dios yendo a misa, orando, leyendo la Santa Biblia, pero tal como debe ser, nunca comulgamos.

Algunos nos sugerían: “vayan a ver a tal cura que es buenito y los va a hacer comulgar”. Consejo muy equivocado, que gracias a Dios nunca aceptamos.

¿QUE PODÍAMOS HACER?  ¿QUÉ PODÍA YO HACER? 

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 ERA DIVORCIADO Y AMABA A MI FAMILIA,

PERO ME DOLÍA  MUCHO VIVIR SIN ESTAR EN GRACIA DE DIOS

Cuando tienes un problema como este, aunque tengas buenos padres, hermanos y amigos  que te aman, en general tratan de no hablar de tu problema. Algunos nos palmeaban la espalda como diciendo “está todo bien” “tienen una hermosa familia”.  Pero NO estaba todo bien, somos creyentes.  ¿Cómo podíamos estar bien viviendo en pecado?

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Los mejores consejos que teníamos eran: oren, vayan a Misa, hagan comunión espiritual. Pero NO nos era suficiente. Parecía que no había una solución real.

¿Cuál era entonces la salida? Nuestra preocupación crecía, pues pasaban los años y parecía que la nulidad de mi matrimonio nunca saldría y no veíamos otra solución hacia adelante. ¿Cuánto tiempo más seguiríamos viviendo sin poner nuestras vidas en orden con Dios?

¿Qué podíamos  hacer? No podíamos desarmar nuestra familia y YA NO queríamos seguir ofendiendo más  a Dios.

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Entonces nos llegó  el consejo de “un cura que nos habló con la verdad”

La solución que buscábamos la tuvimos por el consejo de un cura valiente, un cura de verdad. Un cura que nos dio el consejo adecuado. Él nos dijo: “Tienen este problema. Entonces vivan como hermanos. Vivan en castidad”.

¿Respuesta dura? No, ni dura ni blanda.

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Sabíamos que ese era un buen sacerdote y que quería nuestro bien. Su consejo fue la Verdad y supimos que lo que nos estaba diciendo era  lo que debíamos hacer.

¿Hay respuestas “mágicas”? ¿Hay consejos “milagrosos”?  Si, si los hay. Son los que llevan a cumplir la palabra de Dios. Porque en esos casos el buen consejo,  va acompañado por la Obra del Santo Espíritu de Dios.

Mi pareja y yo analizamos la propuesta individualmente y también juntos. Y muy a conciencia decidimos preservar nuestra familia y nuestra relación; pero viviendo como hermanos, en castidad.

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¿Parece muy difícil? Claro que sí. Quizás yo mismo hubiera pensado que era casi imposible.

Pero… NO FUE ASI. DIOS NOS AYUDÓ, Dios nos lo facilitó. Creo que me quedo corto, quizás Dios lo hizo casi todo.

Mi mujer hizo su confesión y pocos días después yo hice la mía. Ahora mismo cuando escribo esto, me emociono al pensar que tuvimos el valor y la Gracia para hacerlo. ¡Qué alegría de poder ofrecerle ese regalo a Dios, a Quien durante mucho tiempo habíamos herido viviendo en pecado!

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Conservo aun la fecha y el recuerdo de aquella tarde en que un buen sacerdote, gracias a una decisión valiente, ME ABSOLVIÓ DE MIS PECADOS y me permitió iniciar una nueva vida. “Gracias Dios que siempre estás esperando que volvamos a Ti”.

Recuerdo la primera vez que pude volver a Comulgar después de tantos años.

Salimos de la Santa Misa, doblamos la esquina y levanté los brazos al cielo festejando y  agradeciendo a  Dios. Y les dije a mis hijos “hoy el cielo está de fiesta”.  Luchamos por no estar muertos y volvimos a la vida. Y luchamos por no estar perdidos y fuimos hallados.

CASTIDAD

LA RECOMPENSA DE DIOS:

Empezó para nosotros otra vida. ¡Como quisiera poder saber explicar lo que esto nos significó!

No solamente poder llegar a estar más cerca de Dios, sino además poder llevarle un regalo del cual me siento orgulloso.  Ambos nos sentimos muy agradecidos y orgullosos y nuestra pareja está muy bien.

Les cuento que la mayoría de las veces al comulgar lloro lleno de emoción. Vuelvo a mi banco y me arrodillo todo el tiempo que puedo. Me quedo de rodillas y aun de rodillas me parece poco, pues quisiera tirarme al piso para honrar y agradecer más  a nuestro Dios.

ADORACIÓN

Un consejo para los obispos y para los sacerdotes:

Tristemente para católicos y para toda la humanidad las Iglesias están vacías. Muy pocos se confiesan y en esas condiciones reciben la comunión. Es muy difícil distinguir en su forma de actuar, un bautizado de un ateo.

¿Qué creen ustedes que pasa? Creo que la Iglesia está muy herida y vive una gran falta de Fe.

JERARQUÍA

Yo me pregunto: ¿Por qué no invitan a honrar la Santa Eucaristía como se debe? ¿Por qué no hablan del Demonio? ¿Por qué no hablan del Infierno, del Purgatorio y del Cielo? ¿Por qué no recuerdan que es su prioridad y la de todo creyente, luchar por nuestra propia salvación y la salvación de todos nuestros hermanos?

Hágannos colaboradores responsables, exíjannos.

¿Por qué no aclaran que no hay mayor caridad que la de salvar almas? ¿Por qué no llaman a recordar que Dios nos quiere Santos? ¿Por qué no llaman a  la oración, al ayuno, al sacrificio, no llaman al esfuerzo, a la Cruz? ¿Por qué no recuerdan a la necesidad de transitar por el camino angosto?

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¿Por qué no hablan de los mensajes dados en las apariciones de la Santísima Virgen María? Aunque sean solo las de aquellas apariciones aprobadas por la Santa Iglesia.

¿Por qué no informan que la Santísima Virgen no ha venido solo para dejarnos sus bellas imágenes; sino para despertarnos, para hacernos reaccionar, para que dejemos de pecar, para que volvamos a Dios?

¿Por qué no hablan de los miles de llamados a la conversión y de las Advertencias que Ella nos da en sus mensajes?

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 ¿Estamos en un picnic o en un combate espiritual como lo indicó San Pablo? ¿Acaso Dios dijo que sería fácil?

¿De dónde sale este mensaje suavizado?

Que yo sepa ni de la Biblia, ni del Catecismo, ni de las enseñanzas de los Santos Padres, ni de los Doctores de la Iglesia, ni de los Santos y ni de las revelaciones tampoco.

 ordenación

Queridos miembros del Clero de la Iglesia:

¿Recuerdan cuando Dios los llamó y abrazaron la Cruz de Cristo y quisieron ayudarle a llevarla? Quisieron ser Sal y Luz. Querían encender el mundo con la llama del Amor y de la Fe. Consagraron su vida a Cristo. Abandonaron el sueño de tener una esposa, asumieron alejarse de su padre, madre y amigos.

Y se negaron a los encantos del mundo. Querían ayudar a Dios, querían  llevar a cada humano a Dios. Querían salvar almas. Hechos de los apóstoles (20,28-38)

En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia Sangre. Ya sé que cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos.

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Números que deberían hacernos reflexionar

Según los datos de los que dispongo, en Argentina asiste a misa regularmente entre el 2 y el 4 o el 5%. Pero ahí no termina el problema: supongamos que va a misa el 5%, la mayor parte de ellos acostumbran comulgar. ¿Pero cuántos de los que comulgan, SE CONFIESAN?

De Argentina no tengo datos. En EEUU solo el 12% de los que comulgan se confiesan por lo menos 1 vez al año. Y el 45% no se ha confesado nunca, desde a mayoría de edad. En el Norte de Europa solo el 5% de los que comulgan se confiesan una vez al año.

Resumiendo; casi el 90% de los que se ponen en fila para comulgar en los Estados Unidos cada domingo, el 95% en ciertas zonas del Norte de Europa y del 60 al 80% en Italia; no se confiesa ni siquiera una vez al año.

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Supongamos como ejemplo que un 8% de los católicos va regularmente a misa, el 80% de ellos comulga o sea el 6,4% del total. Si suponemos que el 20% cumple con confesarse 1 vez por año. Entonces solo el 1,28% de los católicos comulga manteniendo las formas. Esto suponiendo que no hay otras causas que invaliden la comunión. 1%, 2% supongamos el 10%. ¿Qué será de ese 99 o 98 % o para ser muy optimistas el 90% restante? ¿Cuál será su destino final?

En Europa se están cerrando cientos de iglesias católicas y la mayoría de las que quedan están vacías. Tan solo en Holanda 900 iglesias han sido cerradas, de ellas 300 Iglesias han sido demolidas, otras 300 ocupadas por nuevas formas de fe y las restantes convertidas en apartamentos, bares, restaurantes, oficinas, Night Clubs.

Y en este país hoy asisten a la Santa Misa 10 veces menos fieles que en 1960.

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Si no vemos que las cosas NO están bien, difícilmente podrán encontrarse las soluciones. Debemos ver el problema para reaccionar y para que la Iglesia pueda renacer.

¿Por qué esta gran Apostasía? ¿Por qué no transmiten la FE?

Creo que las palabras llegan, conmueven, TRANSFORMAN cuando concuerdan con la Verdad. Cuando el mensaje que se da, es el que Dios quiere que se dé. Si  el sermón se centra en otros temas, entiendo que el Espíritu Santo no lleva esas palabras al corazón de los fieles.

DIOS ACTÚA

DIOS QUIERE QUE SE TRASMITA LA VERDAD Y QUE SE SALVEN ALMAS.

Es la palabra de Dios la que ilumina las mentes, limpia los ojos y ablanda los corazones.  No es la opinión de ningún hombre, por más formado  e inteligente que sea o parezca.

El mensaje de Dios es claro. Pero claro no significa falto de amor

Yo agradezco mucho al buen sacerdote que fue claro con nosotros: “Deben vivir como hermanos, en castidad”.  No necesitó una elocuencia excepcional, solo necesitó decir lo que Dios quiere.

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En cambio si sus palabras hubieran sido: “no se preocupen ustedes se quieren, comulguen tranquilos” o algo similar. No hubiera habido ni Paz, ni reconciliación, ni regreso a la casa del Padre; pues no es lo que pedía Dios.

¿Cómo terminar con el pecado?

Dios  está siempre dispuesto y Feliz de recibirnos, pero debemos obedecerle. NO PECAR.

Si uno roba,  debe dejar de robar.  Si uno miente,  debe dejar de mentir. Si tengo la debilidad de beber o comer en exceso,  debo superarla.  Si las apuestas arruinan mi vida y la de los míos,  debo dejar de jugar. Si engaño a mi esposo/a,  debo dejar de hacerlo. Si soy haragán debo esforzarme y trabajar todo lo posible. Si obtengo mis ganancias de una actividad insana, debo dejar esa actividad y buscar un trabajo honesto.

CASTIDAD PREMATRIMONIAL

No debemos tener relaciones prematrimoniales; pero si mi novia quedo embarazada, debo solo considerar la posibilidad de que ese bebé nazca. Y darle todo mi amor. Si mis padres están grandes y necesitan ayuda,  debo cuidarlos. Si tengo la debilidad de sentir como homosexual,  debo vivir en castidad, Dios me premiará.

Si soy católico debo ir a Misa y confesarme y cumplir con todos los preceptos. En el medio hay un camino donde la Iglesia deberá dar apoyo, buenos consejos, afecto, seguimiento.

Pero la mentira y darle vueltas al asunto no solucionan nada,  sino que solo alejan de la salida. Le hacen al pecador perder el tiempo y el tiempo en esta vida es limitado.

JESÚS ES LA RESPUESTA

Es claro: la solución del pecado es que el pecador deje de pecar. Cuanto más claro se diga esto, más gente estará en Gracia de Dios.

No es diciendo que el pecado ya no es pecado, que se ayuda al pecado; sino con claridad, diciéndole la verdad y acompañándolo con verdadero amor. El pecado seguirá siendo pecado y la solución es con voluntad, la ayuda de Dios y de la Iglesia:

DEJAR DE PECAR.

Si yo hubiera accedido a seguir los consejos de los tranquilizadores de conciencia, creo que hubiera caminado hacia mi condenación.

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Por favor no subestimen a los fieles – Llámennos a ser santos.

Con todo respeto les digo que creo que subestiman a los fieles. Nos piden poco y les devolvemos poco. Yo creo que muchos fieles llegarían a actitudes heroicas, si se lo pidieran. Creo que se nos trata como a niños mal criados, sin voluntad, incapaces de grandes logros.

Y creo que muchos no se motivan en lo poco y creo que sí lo harían en lo mucho, por la misma razón que citamos antes: Dios no nos pide poco. Y si el mensaje pide poco, ese mensaje no es acompañado por el Espíritu Santo.

¿Acaso sabemos de algún santo que haya vivido una vida ligera?

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¿Acaso no estamos TODOS llamados a ser santos?

 El cambio será posible si ponemos a Dios en los corazones

Dios es quien cambia los corazones de los hombres y no hay sistema, ni país que funcione; si no hay Amor en el corazón de los hombres.

¿No vemos lo que está pasando?

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Todo Amor, bien y armonía provienen de Dios. Por eso pido a la Iglesia Católica surgida de Dios y mantenida por Dios, la Virgen e incontables Santos, que nos miremos para adentro; que busquemos las raíces, que llamemos al respeto de la Santa Eucaristía, a la santidad, a la caridad, a la confesión, a los exámenes de conciencias profundos, a los Mandamientos, a la castidad, al verdadero Amor, al servicio, a la oración, a la lucha pro-vida, a la austeridad, a la oración, al ayuno, al sacrificio, al esfuerzo.

Tantos valores han caído en desuso porque quienes deberían difundirlos (todos los creyentes) nos hemos dedicado en gran medida a otros temas. Obispos y Sacerdotes quieren ayudarnos, pidiendo menos. Tienen consideración de nuestras debilidades para que todo nos sea más fácil. Pero Dios nos pide ser Santos y si esa flexibilización nos aleja de la santidad, también nos aleja de Dios.

“El que tiene mis Mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre. Y yo lo amaré y me manifestaré a él.” Juan 14:21

MANDAMIENTOS

Algunos miembros de La Iglesia intentan cambiar al mundo influyendo en la política. Y el verdadero camino es volver a poner a Dios en el corazón de los hombres. Y con Dios en nuestras vidas; el sistema, el gobierno, todo funcionará. En cambio, con cualquier sistema un mundo sin Dios, es muy parecido al Infierno.

 Los temas no “populares”

Si en los sermones se hablara del Infierno (dogma), del Purgatorio (dogma), del Demonio (dogma), de que vivimos un combate espiritual (San Pablo), de que el camino al Cielo es angosto.

Si los cientos de apariciones de la Virgen se hubieran difundido; si los laicos conocieran sus mensajes, si de las grandes y aprobadas apariciones no hubieran quedado solo sus bellas imágenes.

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Si en los colegios Católicos se aprendiera la Biblia, si se pasaran vidas de Santos, si se vieran hermosos videos disponibles acerca de cómo vivir la adolescencia, la primera juventud, si se hablara con verdadero aprecio de la castidad y de la virginidad.

Si se enseñara que la prioridad es la salvación de las almas, la mía la de mis seres queridos y las de todo los seres humanos.

Creo que no haría falta modificar ninguna norma. Dios nos pide la santidad de Obispos, Sacerdotes y Laicos.

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SINODO DE LA FAMILIA

Estamos muy cerca del Sínodo de la Familia y se plantea hoy una falsa opción entre condenar al pecador o flexibilizar las leyes de Dios, para que lo que es pecado deje de serlo.

Al pecador no se lo ayuda condenándolo; pero tampoco dándole palmaditas despreocupadas diciéndole que todo está bien. Y mucho menos cambiando la voluntad de Dios.

Se lo ayuda con todo el amor y la comprensión posible, pero diciéndole la verdad y ayudándolo por todos los medios para que pueda superar el pecado y romper las cadenas terribles que indefectiblemente alejan de Dios.

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¿Nuevos cambios?

Se habla de cambios. ¿Están seguros que es bueno lo que algunos proponen hacer?

¿Van aggiornarse? ¿Van a acomodarse a las nuevas realidades?  ¿No recuerdan que el mismo Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”? Mateo 24:35.

¿Qué es esencialmente distinto ahora?  NADA.

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¿Las verdades de Dios pueden ser distintas porque ahora tengamos autos o celulares? NO.

Si lo que algunos plantean se concreta, (aun con ciertos condicionantes) ES PROBABLE QUE PERSONAS EN ADULTERIO PUEDAN COMULGAR CON CONSENTIMIENTO (humano).

¿No se les hará con esto un inmenso daño a quienes se pretende ayudar?

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¿Qué podría venir detrás de esto? ¿Quiénes serán responsables de esas almas? ¿Qué pasará con ellas? ¿NO SE EXPONE A LA SANTA IGLESIA A UN VERDADERO CISMA?

CISMA

¿La Iglesia seguirá representando la voluntad de Dios?

Creo que si esto se concreta, será un tremendo golpe para esta nuestra querida Iglesia que ya está tan herida.

Gran parte de la Fe se ha perdido, pero se puede recuperar. Creo que no es la solución redactar normas para conformar a personas que sufren la falta de Fe, porque así no las auxiliamos, al contrario.

Debemos ayudarlos poniendo todas nuestras fuerzas en trabajar para llevarles la Verdad de Dios, para que así el Espíritu Santo pueda devolverles la Fe.

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NI ABANDONAR LA CRUZ, NI EVITAR EL CAMINO ANGOSTO.

Creo en la Iglesia Católica, en la Iglesia de los Santos. Creo en la Virgen María que en miles de formas nos está llamando.

Creo que Jesús sufrió lo inimaginable, pero se aferró a la Cruz.

Creo que cada vida tiene su Cruz y no creo que sea función de la Santa Iglesia sacarle a cada persona su cruz. Sino aconsejarla, apoyarla, acompañarla para que pueda llevarla con Amor y aun con alegría.

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Esa no es la enseñanza de los Santos, ni de nuestra Santa Madre María.

Creo que a todos, la vida y de distintas maneras; nos presenta un camino muy angosto, que sabemos que tenemos recorrer. No evadirlo.

Creo que la Vida nos ofrece una Cruz que debemos llevar, porque la cruz también es Llave, es Puente.

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El consentir no es ayudar, ni tampoco es lo cómodo y fácil, el camino a la felicidad. Por favor no hagan que la gente abandone su Cruz. Ayuden a llevarla y enseñen a Amar esa Cruz.

DESPERTEMOS

Se pide poco y se responde con menos, se oculta la Verdad y la Fe se seca. La Santa Iglesia Católica aún está ahí, MUY HERIDA, esperando que quienes deben defenderla despierten; PUES VA A TRIUNFAR.

Bendiciones para todos.

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50.- BODA SIN MATRIMONIO


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él. Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–                      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–                     ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis.  Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios. Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo muchos siglos antes de la hora. Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa;  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno. Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido! Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora. Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.  Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra. No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias. Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.

Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas. Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–           ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras. –y volviéndose a ella, agrega- Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.

Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–           Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos. Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–           Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–           Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–           Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento… –y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.

Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas. Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–           A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–           Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.

–           Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes. Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna. Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro. Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote. Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza. Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa… Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.

–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas. El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor. La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios. Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo. La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.  Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…

–           Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–            Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas. Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga, ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo? Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme. Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–           ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–           ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–           Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–           ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David! –Se vuelve hacia Ella y añade- Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí. Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real. ¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–           A nadie.

Zacarías dice:

–           No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–           Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas. María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–           María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–           Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–           Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–           Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–           ¿Y la aceptará?

–           Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales. En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor. El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente. Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido, y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias. Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino. Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra. El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea. José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado. Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–           Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia. Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–           Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–           No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega. Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa. Salid todos ahora. Quédate José.  Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…

El Sumo Sacerdote le dice:

–           María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–           Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–           Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo. El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro. María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada. José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras. Con una gran sonrisa le dice:

–           Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años. Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril… Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…  Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos. Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos… ¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!..  Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo. Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios. Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–           Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto. Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–           En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma. Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–           Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–           Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.

Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo (Núm.6) Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme. Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’ Toma valor y dice:

–           También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–           Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees. No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza.

–           Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–           Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo. María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–           Cuando quieras José.

–           Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso. Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth. Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar. Y dice:

–           Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida. Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.

María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–           No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–           Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–           No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–           ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora… No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–           Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–           ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?

–           Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de inviernos serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–           En este cuarto grande que da al monte, si te parece aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella. Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–           No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–           María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–           Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar. Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa. Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–           Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

16.- EL LLAMADO DEL AMOR


Días después…

En una mañana de mercado en Cafarnaúm. Hay tianguis. La plaza está llena de vendedores de toda clase de mercancía. A ella llega Jesús, viniendo del lago y ve que vienen a su encuentro, sus primos: Judas y Santiago.

Él se apresura y después de abrazarlos con cariño, pregunta ansioso:

–           ¿Vuestro padre? ¿Qué pasó?

Judas Tadeo responde:

–           Nada nuevo en lo que respecta a su salud.

Jesús dice:

–           ¿Entonces a qué viniste? Te dije que te quedaras.

Tadeo baja la cabeza y calla.

Pero el que se expansiona es Santiago y dice:

–           Por mi culpa, él no te obedeció. Sí. Por culpa mía. Pero no puede soportar más. ¡Todos en contra! Y ¿Por qué? ¿Acaso hago mal en amarte? ¿Lo hacemos acaso? Hasta aquí, un escrúpulo del Mal, me había detenido. Pero ahora que sé. Ahora que has dicho que sobre Dios no hay nadie, ni el padre. Ya no lo pude soportar. ¡Oh! Judas trató de ser respetuoso. De hacer entender razones. De corregir ideas. Dijo: ‘¿Por qué me combatís? Si Él es el Profeta. Si es el Mesías. ¿Por qué queréis que el mundo diga: ‘Su familia no lo quería? Cuando todos lo seguían, ella no lo hizo.’ Y yo declaré:Porque si fuera el infeliz que vosotros decís. ¿No debemos nosotros, los de su familia; estar cerca de su demencia; para impedirle que se dañe o nos dañe?

¡Oh, Jesús! De este modo hablaba yo para discutir humanamente, como ellos razonaban. Pero Tú sabes bien que Judas y yo no creemos que Tú estés loco. Tú sabes que en Ti vemos al Santo de Dios. Que te consideramos como nuestra estrella mayor. Pero no nos han querido comprender. Ni siquiera nos han querido escuchar. Y me vine. Acosados entre la elección de Jesús y la familia, te he escogido a Ti. Aquí estoy si me quieres. Si no, seré entonces el hombre más infeliz, porque no tendré nada. Ni tu amistad, ni el amor de la familia.

Jesús dice:

–           ¿Resuelto? ¡Oh, Santiago mío! ¡Mi pobre Santiago! ¡No hubiera querido verte sufrir así, porque te amo! Pero si el Jesús-Hombre llora contigo, ¡El Jesús Verbo se regocija por ti! ¡Ven! Estoy cierto de que la alegría de ser portador de Dios entre los hombres, aumentará de día en día tu gozo; hasta llegar al éxtasis completo, en la última hora de la Tierra y en la eterna del Cielo.

Jesús se vuelve y llama a sus discípulos, que prudentemente se habían mantenido retirados unos cuantos metros.

–           Venid, amigos. Mi primo Santiago desde ahora es de mis amigos y por esto, amigo vuestro. ¡Cuánto he deseado esta hora! Este día, para él; mi amigo perfecto de la infancia. Mi buen hermano de juventud.

Los discípulos, alegres dan la bienvenida a Santiago y a Judas Tadeo, al que hacía tiempo no veían.

Tadeo dice:

–           Te buscamos en casa. Pero estabas en el lago.

Jesús contesta:

–           Sí. Estuve en el lago por dos días, con Pedro y los demás. Pedro ha tenido buena pesca. ¿Verdad?

Pedro responde:

–           Sí. Y ahora esto me desagrada porque deberé entregar más dracmas a aquel ladrón… -y señala al alcabalero Mateo, cuyo banco está rodeado de gente que paga por la tierra o por los frutos.

Jesús dice:

–           Será todo en proporción: más pescados, más pagas; pero también más ganancias.

Pedro objeta:

–           No, Maestro. Más pesco, más gano. Pero si hago cálculos, ese de allá me hace pagar no el doble, sino el cuádruplo. ¡Chacal!

Jesús exclama con un tono:

–           ¡Pedro!… Acerquémonos a él. Quiero hablar. Siempre hay gente cerca del banco de la alcábala.

Pedro refunfuña:

–           ¡Ya lo creo! Gente y maldiciones.

Jesús mueve la cabeza y responde:

–           Pues bien. Yo iré a introducir bendiciones. Tal vez entre un poco de honradez en el alcabalero.

–           ¡Puedes estar tranquilo! Tu palabra no entrará es esa piel de cocodrilo.

–           ¡Veremos!

–           ¿Qué le vas a decir?

–           Directamente nada. Pero hablaré de tal forma, que sirva también para él.

–           ¿Dirás que es un ladrón tan grande igual al que asalta por las calles? Porque es como quien despelleja a los pobres que trabajan por tener pan. No por mujeres, ni ebriedades…

–           Pedro, ¿Quieres hablar tú por Mí?

–           No, Maestro. No sabría hacerlo bien.

–           Y con el vinagre que traes adentro, te haría mal a ti y a él.

Cuando llegan cerca del banco de la alcábala, Pedro intenta pagar cuando Jesús lo detiene y le dice:

–           Dame las monedas. Hoy pago Yo.

Pedro lo mira sorprendido y le entrega una bolsa de cuero con dinero.

Jesús espera su turno y cuando está enfrente del alcabalero, le dice:

–           Pago por ocho canastos de Simón de Jonás. Allá están los canastos, a los pies de los trabajadores. Verifica si quieres. Pero entre honrados basta solo la palabra. Y creo que me tienes por tal. ¿Cuánto es la tasa?

Mateo, que estaba sentado en su banco, en el momento en que Jesús dijo: ‘Creo que como a tal me tienes’, se pone de pie.

No es un hombre alto y parece ser de la misma edad que Pedro. En su cara se ve el cansancio de mundanas alegrías y una vergüenza completa. Al principio, tiene la cabeza inclinada. Luego la levanta y mira a Jesús, que también lo mira atenta y serenamente, como dominándole con su imponente estatura.

Jesús vuelve a preguntar:

–           ¿Cuánto?

Mateo responde:

–           No hay tasa para el discípulo del Maestro. –y añade en voz muy baja- Ruega por mi alma.

–           La llevo conmigo porque recojo la de los pecadores. Pero tú… ¿Por qué no la curas?

Después de decir esto, inmediatamente se vuelve y le da la espalda para ir hacia Pedro, que está con los ojos como platos y boquiabierto por la admiración.

También los otros lo están. Hablan en voz baja o lo hacen con los ojos.

Jesús se dirige hacia un árbol y se recarga en él. Está a unos diez metros de donde está Mateo, empieza a hablar:

“El mundo se puede comparar con una gran familia, cuyos miembros desempeñan quehaceres diversos y todos son necesarios. Hay agricultores, pastores, viñadores, carpinteros, pescadores, albañiles, herreros, escribanos, soldados oficiales. Soldados destinados a diversas funciones, médicos, sacerdotes; de todo hay. El mundo no podría componerse de una sola clase. Todas las profesiones son necesarias. Todas santas, si todas hacen lo que deben con honradez y con justicia. ¿Cómo se puede llegar a esto, si Satanás tienta por todas partes? Si se piensa en Dios, en que todo lo ve; aún las obras ocultas. Y en su Ley que dice: ‘Ama a tu prójimo, como te amas tú mismo. No hagas a otro lo que no quieras que te hagan. No debes robar de ningún modo.’

Decidme vosotros que me estáis escuchando: ¿Cuándo uno muere, se lleva acaso su dinero? Y cuando alguien fuese tan necio de querer tenerlo en el sepulcro, ¿Puede usarlo en la otra vida? ¡No! El dinero se convierte en metal mohoso al contacto de la corrupción de un cuerpo descompuesto. Y su alma estaría en otra parte desnuda, más pobre que el desventurado Job. Sin tener siquiera un céntimo, aun cuando aquí o en la tumba hubiere dejado millones y millones. Antes bien.

¡Escuchad! ¡Escuchad!

En verdad os digo que difícilmente se conquista el Cielo con riquezas. Sino más bien y casi siempre; se pierde con ellas. Aun cuando fueran riquezas que se hubieran adquirido honestamente; bien por herencia, bien por ganancia. Porque pocos son los ricos que saben usar justamente de ellas. Entonces, ¿Qué se necesita para tener este cielo bendito? ¿Este descansar en el seno del Padre? Es necesario no tener sed de riquezas.

En el sentido de no querer tenerlas a cualquier precio, aun faltando a la honradez y al amor. En el sentido de que si se tienen, no se las ame más que al Cielo y que al prójimo. Y se niegue la caridad al que tiene necesidad. No tener sed en el sentido de que pueden proporcionar mujeres, placeres, banquetes. Vestiduras suntuosas que son una bofetada para el que tiene frío y hambre. Existe una moneda que cambia el dinero injusto, en valores que son reconocidos en el Reino de los Cielos.

En la santa astucia de hacer de las riquezas humanas frecuentemente injustas o causa de injusticia, riquezas eternas. En otras palabras, ganar con honradez. Devolver lo que se obtuvo injustamente. Usar de los bienes con parsimonia y despego. Saberse separar de ellas, porque antes o después, ellas nos dejan. Y pensar por otra parte, que el bien llevado a cabo, jamás nos abandona.

A todos nos gustaría ser justos y como a tales ser tenidos. Y que Dios nos premie como a tales. Pero, ¿Puede Dios premiar a quien solo tiene el nombre de justo, pero no las obras? ¿Cómo puede decir: ‘Te perdono’;  si ve que el arrepentimiento es tan solo de palabra y que no va acompañado de un verdadero cambio de espíritu? No hay arrepentimiento mientras dure el deseo por el objeto por el que pecamos. Pero cuando uno se humilla. Cuando uno se corta la parte moral por una mala pasión, sea mujer u oro.

Y uno dice: ‘Por Ti Señor y no por esto’ entonces es cuando se está realmente arrepentido. Y Dios lo recoge con estas palabras: ‘Ven. Te quiero como a un inocente y como a un héroe.’

Jesús ha terminado. Se va sin siquiera voltear a donde está Mateo, que se acercó al círculo de oyentes, desde las primeras palabras.

Cuando está por llegar a la casa de Pedro, su mujer corre al encuentro de su marido para decirle algo. Luego Pedro hace señas a Jesús de que se acerque y le dice:

–           Llegó la madre de Judas y de Santiago. Quiere hablar contigo, pero no quiere que la vean. ¿Cómo le hacemos?

–           Bien. Yo entro en casa como si fuera a descansar y vosotros vayan  a distribuir las limosnas entre los pobres. Ten también el dinero de la tasa que no quiso. Vete.

Jesús hace señal a todos de que se vayan. Mientras Pedro los llama para  que se vengan juntos.

Jesús pregunta a Porfiria, la mujer de Pedro:

–           ¿Dónde está la mamá, mujer?

Porfiria le contesta:

–           En la terraza, Maestro. Allá hay sombra  y está fresco. Sube Tú también. Allí se está mejor que en cualquier otra parte de la casa.

Jesús sube por la escalera. En un ángulo, bajo el viñedo; sentada en un banquillo junto a la baranda; vestida toda de oscuro, con el velo en la cara, está María de Alfeo.  Llora sin hacer ruido.

Jesús la llama:

–           ¡María! ¡Amada, tía!

Ella levanta su pobre cara angustiada y extiende las manos, mientras exclama:

–           ¡Jesús! ¡Traigo un dolor en el corazón!

Jesús ha llegado junto a ella y la hace que siga sentada. Él permanece de pie, con su manto sobre el hombro. Pone una mano en la espalda de su tía y con la otra cubre sus manos y le pregunta:

–           ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras tanto?

María de Alfeo contesta:

–           ¡Oh, Jesús! Escapé de casa diciendo: ‘Voy a Caná a buscar vino y huevos para el enfermo’ en casa se quedó tu Madre que cuida como sólo Ella sabe hacerlo y por eso estoy tranquila. Pero lo que en realidad quería, era venir aquí. He caminado durante dos noches para llegar aquí lo más pronto posible. Y ya no puedo más… pero el cansancio no me importa.

¡Es el dolor de mi corazón lo que me hace mal! ¡Mi Alfeo! ¡Mis hijos! ¡Oh! ¿Por qué en la misma sangre hay tanta diferencia? ¿Por qué ésta es, como dos piedras en una máquina que muelen el corazón de una madre? ¿Están contigo Judas y Santiago? ¿Sí?…

Jesús asiente con la cabeza.

Ella continúa:

–           Mi Alfeo. ¿Por qué no comprende? ¿Por qué se muere? ¿Por qué quiere morir así? ¿Y Simón y José? ¿Por qué? ¿Por qué están contra Ti y no contigo?

–           No llores, María. No les guardo rencor. Se lo dije también a Judas. Los entiendo y los compadezco. Si por esto lloras, no llores.

–           Lloro, sí. Porque te ofenden. Y también porque no quiero que mi esposo muera como un enemigo tuyo. Dios no lo perdonará. Y yo… ¡Oh! ¡No lo tendré para siempre en la otra vida! –María está tan angustiada, que gruesas lágrimas caen sobre su mano izquierda, que Jesús le ha soltado.

Él, objeta:

–           No. No digas eso. Perdono. Y si perdono Yo…

–           ¡Oh! ¡Ven Jesús! Ven a salvarle el alma y el cuerpo. Ven. Empiezan a decir, también para acusarte… ya empezaron a decir que has quitado los hijos a un padre que muere y lo dicen por todo Nazareth. ¿Entiendes?…  Y añaden: ‘Por todas partes hace milagros; pero en su casa no puede hacerlos’ Y como yo te defiendo diciendo: ‘¿Qué cosa puede hacer si lo habéis arrojado con vuestros reproches y no creéis?’ Y no me dejaron en paz.

–           Dijiste bien: ‘Si no creéis’ ¿Qué puedo hacer donde no se cree?

–           ¡Oh! ¡Tú lo puedes todo! ¡Yo creo por todos! Ven. Haz un milagro para tu pobre tía…

–           No puedo. –Jesús al decir esto, está tristísimo. De pie y apretando contra su pecho a la que está llorando.

Entonces ella llora mucho más fuerte.

Jesús prosigue:

–           Escucha, María. Sé buena. Yo te juro que si pudiese; si conviniese hacerlo, lo haría. ¡Oh! Obtendría del Padre esta gracia, por ti. Por mi pobre Madre. Por Judas y Santiago. Y también… ¡Sí! También por Alfeo, José y Simón. Pero, ¡No puedo! Un gran dolor oprime tu corazón y no puedes entender la justicia del Poder mío. Te lo puedo decir, pero no lo comprenderías. Cuando llegó la hora del tránsito de mi padre… Y tú sabes si era un justo y si mi Madre lo amaba… no lo devolví a la vida. No es razonable que la familia donde vive un santo; esté libre de las desventuras inevitables de la vida.

Si no fuese así, Yo debería ser eterno en la tierra. Y sin embargo pronto moriré. Ni María, mi santa Madre, podrá arrebatarme de la muerte. No puedo…

Lo que puedo es esto y lo haré. –Jesús se ha sentado junto a ella. Toma entre sus manos la cabeza de su tía y agrega- haré esto. Por este dolor tuyo, te prometo la paz a tu Alfeo. No estarás separada de él, en la otra vida. Te doy mi palabra de que nuestra familia estará reunida en el Cielo: junta por toda la eternidad. No llores más. Ve en paz. Fuerte, resignada y santa. Mi Madre ha sido viuda antes que tú y te consolará, como sólo Ella sabe hacerlo. No quiero que partas sola, bajo este sol. Pedro te acompañará en la barca hasta el Jordán. Y te irás de allí a Nazareth en un borriquillo. Cálmate.

–           Bendíceme, Jesús. Tú dame fuerzas.

–           Sí. Te bendigo y te beso, buena tía.

Y la besa tiernamente, hasta que ella se serena.

Días después…

Jesús está en Betsaida. Habla de pie, en la barca que está anclada en la orilla. Y hay mucha gente sentada, formando un círculo a su alrededor.

–           … por esto también comprendo a todos vosotros que me amáis y me habéis seguido dejando negocios y las comodidades, para oír la Palabra que os hace doctos. Sé muy bien que más que el descuido de vuestros negocios, que es merma en vuestra bolsa, os trae burlas y hasta daño social. Tengo muchos que hoy me son contrarios y mañana serán mis enemigos declarados. Y os digo, porque a nadie quiero engañar. Ni a vosotros, mis leales amigos, que para dañarme a Mí. Para causarme dolor. Para vencerme al aislarme…  Ellos, los poderosos de Cafarnaúm, emplearán todos los medios: Insinuaciones, amenazas, burlas sin igual y calumnias.

El Enemigo está haciendo uso de todo para arrebatar almas al Mesías y convertirlas en su presa. Os digo: quien persevera se salvará. Pero también os digo: quien ama más su vida y el bienestar que a la salvación eterna, puede irse; dejarme; ocuparse de la vida insignificante y del transitorio bienestar. Yo no detengo a nadie. El hombre debe ser libre. He venido para liberarlo del Pecado y fortalecer su espíritu, liberándolo de las cadenas de una religión deformada; opresora. Con la Palabra de Dios, que es neta, breve, luminosa, fácil, santa, perfecta. Mi venida es un cedazo de las conciencias…

Durante siglos hubo un desafío entre el Eterno y Satanás, que enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, dijo a Dios:

–                 Tus criaturas para siempre serán mías. Ninguna cosa; ni el castigo, ni siquiera la Ley que les quieres dar; los harán capaces de ganarse el Cielo. Y este lugar tuyo del que me has arrojado a Mí, el único inteligente entre tus criaturas; quedará vacío, inútil y triste, como todas las cosas inútiles.

Y el Eterno respondió al Maldito:

–                 Podrás hacer todavía esto, mientras tu veneno sea el único que reine en el hombre. Pero mandaré Yo a mi Verbo y su Palabra lo neutralizará. Él sanará los corazones. Curará la locura con la que los has satanizado y… ellos volverán a mi redil. Y el Cielo se poblará. Lo he hecho para ellos. Tú rechinarás tus horridos dientes, con impotente rabia; allá en tu tétrico reino que es prisión y lugar maldito. Y sobre ti los ángeles colocarán la Piedra de Dios y la sellarán contigo y los tuyos. Tan sólo habrá tinieblas y odio; entretanto que la Luz y el Amor; el canto y la beatitud. La libertad infinita, eterna, sublime; pertenecerán a los míos.

Y Mammón con una risa burlona, dijo:

–                 Y yo te juro que cuando llegue la hora, vendré. Estaré junto a todos los evangelizadores y veremos cuál de los dos, es el vencedor.

Así es. Satanás os pone asechanzas para heriros. Y también Yo os rodeo por lo mismo. Los competidores somos dos: Yo y él. Vosotros estáis en medio. El Duelo del Amor con el Odio. De la Sabiduría con la Ignorancia. De la bondad con el Mal. Es por causa vuestra y alrededor vuestro. Yo me basto para apartar de vosotros los golpes del Malvado. Me interpongo entre las almas de Satanás y vuestro ser. Y acepto que se me hiera, en lugar vuestro, porque os amo. Pero los golpes en vuestro interior… esos debéis retirarlos con vuestra voluntad. Viniendo a Mí. Poniéndoos en mi camino, que es Verdad y Vida. Quién no tenga ganas del Cielo; jamás lo tendrá. Quién es Enemigo del Mesías, es semilla mala que renacerá en el Reino Satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm. Tengo conciencia pura, del pecado del que se me culpa. Y en nombre de un pecado que no existe; se murmura detrás de Mí y se insinúa que oírme y seguirme, es haceros cómplices con el pecador.

Entre vosotros, ciudadanos de Betsaida, hay personas que recuerdan a la Bella de Corozaím. Hay hombres que pecaron con ella. Hay mujeres que por causa de ella gimieron y después se alegraron cuando supieron que la podredumbre había salido fuera de sus entrañas impuras; al exterior de su magnífico cuerpo.

Esa corrupción era la figura de aquella mucho más dura, que había roído su alma adúltera, homicida y prostituta. Setenta veces siete, adúltera; con cualquier hombre que tuviera dinero. Homicida siete veces siete, por sus concepciones bastardas. Prostituta por el vicio y ni siquiera por necesidad. ¡Oh! ¡Comprendo, esposas traicionadas! Comprendo vuestro júbilo, cuando supisteis que las carnes de la Bella tenían el hedor y estaban deshechas como una carroña llena de gusanos. Pero Yo os digo: Sabed Perdonar. Dios os ha vengado. Y luego Él, ha perdonado. Perdonad también vosotras que me habéis saludado con el grito: ¡Bendito el Cordero de Dios! Sí, Soy el Cordero. Y vosotras debéis ser ovejas mansas. Yo la he perdonado y también deben hacerlo las que traen un dolor profundo de esposas traicionadas y que con instinto de fiera, defendieron su nido. No podría Yo que soy el Cordero, permanecer entre vosotras, si sois tigresas y hienas.

El que ha venido en el Nombre Santísimo de Dios a recoger a justos y pecadores para llevarlos al Cielo; fue también a ver a la arrepentida y le dijo: ‘Queda limpia. Vete y expía’. Esto lo hice en sábado. Y de esto se me acusa. Acusación Oficial. La segunda, es la de haberme acercado a una prostituta. A una que lo FUE. Y que entonces sólo era un alma que lloraba sobre sus pecados. Era un alma enferma. Y los enfermos son los que tienen necesidad del médico.

Pues bien. Yo digo: lo hice y lo haré. Traedme el Libro de la Escritura. Escudriñadlo, estudiadlo, desentrañadlo. No encontraréis jamás un punto sonde se prohíba al médico, que cure a un enfermo. Al levita, que se ocupe del altar. Y al sacerdote, que no escuche a un fiel; tan sólo porque es sábado. Ella era un altar profanado y tenía necesidad de un levita que lo limpiase. Era una fiel que lloraba ante el Templo Verdadero de Dios y tenía necesidad del sacerdote que la presentase. En verdad os digo que si no cumplo con mi deber y que si pierdo una sola alma de las que sienten el acicate de la salvación; Dios Padre me pedirá cuenta de ella y me castigará por esa alma perdida.

Este es mi pecado, según los poderosos de Cafarnaúm. Podría haber esperado al día siguiente al sábado, para hacerlo. Pero en aquel corazón había humildad verdadera; sinceridad clara; dolor perfecto. ¿Por qué esperar a que un corazón contrito, se ponga en paz con Dios? La lepra todavía estaba sobre su cuerpo; pero su corazón ya estaba curado por el bálsamo de años de arrepentimiento; de lágrimas; de expiación. Salió limpia del lago, también en su cuerpo. Pero mucho más en su corazón. ¡Oh! ¡Cuántos de los que entraron en las aguas del Jordán, para obedecer la orden del Precursor; no salieron de él limpios!  Porque su bautismo no era un acto sincero de un espíritu que quisiese prepararse a mi llegada. Sino tan solo una forma de aparentar ser perfectos en santidad a los ojos del mundo.

Y era por esto, hipocresía y soberbia. Dos culpas que aumentaban el cúmulo de las que ya existían en sus corazones. El bautismo de Juan no era más que un símbolo que quería decir: ‘Limpiaos de la soberbia, humillándoos hasta confesaros pecadores. De la lujuria; lavándoos de su escoria.’ Es el alma, la que se bautiza por voluntad vuestra, para estar limpia a la invitación de Dios.

No hay culpa tan grande que no pueda lavarse primero con el arrepentimiento; después, con la Gracia; a fin de que la pueda lavar el SalvadorNo hay pecador tan grande, que no pueda levantar su cara estropeada y sonreír con una esperanza de Redención.  Basta con que tal acto sea completo al renunciar a la culpa. Heroico, al resistir a la tentación. Sincero, en la voluntad de renacer.

Os digo una verdad que a mis enemigos les parecerá blasfema; pero vosotros sois mis amigos. Hablo especialmente a vosotros, mis discípulos y elegidos. Y luego, a todos quienes me escucháis. Os digo: Los ángeles, espíritus puros y perfectos; que viven en la Luz de la Santísima Trinidad y en ella se gozan; reconocen que la perfección que tienen, es inferior a la vuestra. ¡Oh, hombres lejanos del Cielo! Son inferiores porque no tienen poder para sacrificarse. De sufrir para cooperar en la Redención del Hombre.

Y qué os parece? Dios no toma a un ángel para decirle: ‘Sé el Redentor del Género Humano.’ Sino que toma a su Hijo y sabiendo que por más que sea incalculable e infinito su poder; todavía falta. Y es una muestra de su Bondad Paternal que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su Amor  y los hijos de su Poder; al conjunto de los méritos que se pondrán a los de los pecados de cada momento, que el género humano va acumulando. Por esto no toma a los ángeles. Para completar la medida. Y  no les dice: ‘Sufrid para imitar al Mesías.’ Sino que lo dice a vosotros, hombres. Os dice: ‘Sufrid. Sacrificaos. Sed semejantes a mi Cordero. Sed Corredentores…’

¡Oh! Yo veo cohortes de ángeles que dicen: ‘¡Benditos vosotros que podéis sufrir con el Mesías y por el Dios Eterno; que es nuestro y vuestro!’

Muchos no lograrán comprender esta grandeza. Está muy por arriba del hombre. Pero cuando la Hostia sea Inmolada. Cuando el Grano eterno, Resucite para no morir más… entonces comprenderéis que no he blasfemado. Sino que os he anunciado la dignidad más alta del hombre: ‘La de ser corredentores, aun cuando antes se era sólo un pecador.’ Entretanto preparaos para ello con una pureza de corazón y de propósitos. Cuanto más puros seáis, tanto mejor comprenderéis…

Porque la impureza, cualquiera que sea; es siempre humo que oscurece y apesanta la vista y la inteligencia. Sed puros. Empezad por los cinco sentidos, para pasar a las siete pasiones. Empezad por la vista. Por el sentido que es rey y que abre el camino al hambre más voraz y complicada: los ojos ven la carne de la mujer y desean la carne. Los ojos ven la riqueza de los ricos y desean el oro. Los ojos ven el poder del gobernante y desean el poder. Cuanto más puros sean vuestros ojos; más puro será vuestro corazón. Sed castos en las miradas; si queréis ser castos en el cuerpo. Si tuvieseis castidad en la carne; tendréis castidad en las riquezas y en el poder. Tendréis toda castidad y seréis amigos de Dios.

No tengáis miedo de que se os haga burla, porque sois castos. En verdad os digo que Dios ha dejado el matrimonio para elevaros en la procreación y para que cooperéis con Él, para poblar los Cielos. Pero hay un estado mucho más alto; ante el cual se inclinan los ángeles porque ven su sublimidad, sin poder imitarla. Un estado que no excluye a los que ya no son vírgenes y que voluntariamente destruyen su fecundidad ya sea femenina o masculina; anulando su virilidad animal, para ser fecundos tan solo en el espíritu. El eunuquismo más alto; el que tiene como instrumento amputador la voluntad de pertenecer solo a Dios y conservar para Él; casto el cuerpo y el corazón; para que brillen siempre con el esplendor que ama el Cordero.

He hablado al pueblo y a los elegidos de entre el pueblo; antes de entrar a partir el pan y compartir la sal, en la casa de Felipe. Os bendigo a todos. A los buenos como premio y a los pecadores, para infundirles valor de acercarse al que vino a perdonar. La paz sea con vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se agolpa alrededor. En la esquina de una casa todavía está Mateo que ha escuchado desde allí al Maestro, pero no se atrevió a más. Cuando llega Jesús y pasa junto a él, se detiene. Y como si bendijese a todos, bendice una vez más y mira a Mateo. Luego continúa caminando entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. Y entra en una casa…

Mateo se va para la suya reflexionando, mientras una esperanza se agiganta en su corazón. Prepara todo y sale de viaje a Jerusalén. Entra en el recinto del Templo y se dirige sin vacilar hacia el Patio de los Israelitas. Luego, entra al lugar donde los varones de Israel, pueden presentar sus oraciones ante el Santo de los santos. Y concentrado en una oración profunda llora y dice al Altísimo:

‘Bendito y alabado seas Yheové Sebaoth. Creo en la Palabra de tu Mesías. Sé que ni siquiera debiera estar pisando en este lugar sagrado. Él dijo que tu perdón puede hacer del peor de los pecadores, un discípulo santo a los pies de tu Ungido. Yo soy el peor de los pecadores. Pero le creo a Él. Te suplico que me perdones.  Muéstrame tu misericordia ante mi arrepentimiento. Soy tuyo, Adonaí…

 

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA