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UN PLAN DIVINO Y PERFECTO 2


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del Perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él.

Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–      ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis. Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios.

Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo, muchos siglos antes de la hora.

Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser Hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa:  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno.

Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido!

Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Jesús continúa el relato de sus abuelos…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora.Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.

Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra.

No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias.

Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas.

Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–    ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras.

Y volviéndose a ella, agrega:

–      Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.  Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–     Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos.

Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–     Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–     Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–     Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento…

Y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.  Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas.

Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–     A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–     Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.–     Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes.

Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna.

Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David, ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro.

Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote.

Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza.

Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa…

Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas.

El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor.

La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

–            Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios.

Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo.

La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.

Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…–       Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–       Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas.

Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo?

Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme.

Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–      ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–      ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–       Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–      ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David!

Se vuelve hacia Ella y añade:

–      Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí.

Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real.

¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–      A nadie.

Zacarías interviene:

–      No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–      Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas.   

María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–     María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–      Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–     Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–     Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–    ¿Y la aceptará?

–     Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales.En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora, cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor.

El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente.

Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias.

Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino.

Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra.

El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea.

José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado.Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–    Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia.

Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–    Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–     No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega.

Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa.

Salid todos ahora. Quédate José.

Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…El Sumo Sacerdote le dice:

–     María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–     Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–     Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo.

El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro.

María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada.

José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras.

Con una gran sonrisa le dice:

–    Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años.

Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril…Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…

Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos.

Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos…

¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!.. Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo.

Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios.

Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–     Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto.

Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–     En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma.

Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–     Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–     Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo, (consagrado a Dios)  Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme.

Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’

Toma valor y dice:

–     También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–     Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees.

No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza. –     Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–     Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo.

María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–     Cuando quieras José.

–     Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso.

Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth.  Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar.

Y dice:

–      Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida.

Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–     No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–    Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–    No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–    ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora…

No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–     Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–    ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?–    Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de invierno serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–    En este cuarto grande que da al monte si te parece, aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella.

Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–    No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–    María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–    Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar.

Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa.

Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–     Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

 

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LA EUCARISTIA

Y EL TESTIMONIO DE UN DIVORCIADO VUELTO A CASAR

Soy un divorciado que volvió a formar una pareja con quien tuvimos 3 hijos.

No queríamos dañar nuestra familia, tampoco queríamos seguir viviendo en pecado y decidimos tomar una decisión muy importante. Un sacerdote que conoce de cerca nuestras vivencias, nos aconsejó compartir nuestro testimonio,  pues son muchos quienes  viven situaciones similares y quizás saber lo que vivimos pueda ayudarlos.

También quisiera que este mi testimonio lo leyeran miembros del Clero, pues es una posible solución que muchos no la tienen en cuenta.

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LO QUE YO VIVÍ

Les cuento que tuve un primer matrimonio, nos casamos muy jóvenes por la Santa Iglesia Católica, no hicimos las cosas como Dios manda y así fue el resultado, nuestro matrimonio duró tan solo unos meses.

Dado que existían  causales en nuestro matrimonio como para pedir la nulidad del mismo, me acerqué a la Iglesia para plantear mi caso. Me atendieron bien y tras una charla, me dieron un amplio cuestionario muy bien elaborado.  El responder el cuestionario, me ayudó  mucho a poner en orden muchos detalles de aquellas vivencias tan dolorosas que tan rápido nos habían ocurrido.

Respondí  el cuestionario y lo presenté ante el buen sacerdote que asignaron para atender mi caso.

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Tuvimos algunas reuniones con el sacerdote y él consideró que los causales eran válidos, había que demostrarlo.

Se citaron varios testigos de esta relación y algunas pruebas, pero el principal testigo que era mi ex esposa no colaboró con su versión, de manera que no se pudo demostrar la nulidad. Y así seguirá siendo  aparentemente a menos que mi ex cambie su postura.

Algunos años después mi ex mujer rehace su vida de pareja.  Y catorce años más tarde de mi primer matrimonio, resolvimos casarnos por lo civil con quien fuera mi novia desde hacía algunos años.  Manteníamos la esperanza de que algún día la Iglesia pudiera aprobar la nulidad de mi primer matrimonio.

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Pasó el tiempo y mi pareja y yo, tuvimos 3 hijos. Pero no nos olvidamos nunca de nuestra  Fe y tratamos de distintas maneras de estar cerca de Dios yendo a misa, orando, leyendo la Santa Biblia, pero tal como debe ser, nunca comulgamos.

Algunos nos sugerían: “vayan a ver a tal cura que es buenito y los va a hacer comulgar”. Consejo muy equivocado, que gracias a Dios nunca aceptamos.

¿QUE PODÍAMOS HACER?  ¿QUÉ PODÍA YO HACER? 

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 ERA DIVORCIADO Y AMABA A MI FAMILIA,

PERO ME DOLÍA  MUCHO VIVIR SIN ESTAR EN GRACIA DE DIOS

Cuando tienes un problema como este, aunque tengas buenos padres, hermanos y amigos  que te aman, en general tratan de no hablar de tu problema. Algunos nos palmeaban la espalda como diciendo “está todo bien” “tienen una hermosa familia”.  Pero NO estaba todo bien, somos creyentes.  ¿Cómo podíamos estar bien viviendo en pecado?

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Los mejores consejos que teníamos eran: oren, vayan a Misa, hagan comunión espiritual. Pero NO nos era suficiente. Parecía que no había una solución real.

¿Cuál era entonces la salida? Nuestra preocupación crecía, pues pasaban los años y parecía que la nulidad de mi matrimonio nunca saldría y no veíamos otra solución hacia adelante. ¿Cuánto tiempo más seguiríamos viviendo sin poner nuestras vidas en orden con Dios?

¿Qué podíamos  hacer? No podíamos desarmar nuestra familia y YA NO queríamos seguir ofendiendo más  a Dios.

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Entonces nos llegó  el consejo de “un cura que nos habló con la verdad”

La solución que buscábamos la tuvimos por el consejo de un cura valiente, un cura de verdad. Un cura que nos dio el consejo adecuado. Él nos dijo: “Tienen este problema. Entonces vivan como hermanos. Vivan en castidad”.

¿Respuesta dura? No, ni dura ni blanda.

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Sabíamos que ese era un buen sacerdote y que quería nuestro bien. Su consejo fue la Verdad y supimos que lo que nos estaba diciendo era  lo que debíamos hacer.

¿Hay respuestas “mágicas”? ¿Hay consejos “milagrosos”?  Si, si los hay. Son los que llevan a cumplir la palabra de Dios. Porque en esos casos el buen consejo,  va acompañado por la Obra del Santo Espíritu de Dios.

Mi pareja y yo analizamos la propuesta individualmente y también juntos. Y muy a conciencia decidimos preservar nuestra familia y nuestra relación; pero viviendo como hermanos, en castidad.

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¿Parece muy difícil? Claro que sí. Quizás yo mismo hubiera pensado que era casi imposible.

Pero… NO FUE ASI. DIOS NOS AYUDÓ, Dios nos lo facilitó. Creo que me quedo corto, quizás Dios lo hizo casi todo.

Mi mujer hizo su confesión y pocos días después yo hice la mía. Ahora mismo cuando escribo esto, me emociono al pensar que tuvimos el valor y la Gracia para hacerlo. ¡Qué alegría de poder ofrecerle ese regalo a Dios, a Quien durante mucho tiempo habíamos herido viviendo en pecado!

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Conservo aun la fecha y el recuerdo de aquella tarde en que un buen sacerdote, gracias a una decisión valiente, ME ABSOLVIÓ DE MIS PECADOS y me permitió iniciar una nueva vida. “Gracias Dios que siempre estás esperando que volvamos a Ti”.

Recuerdo la primera vez que pude volver a Comulgar después de tantos años.

Salimos de la Santa Misa, doblamos la esquina y levanté los brazos al cielo festejando y  agradeciendo a  Dios. Y les dije a mis hijos “hoy el cielo está de fiesta”.  Luchamos por no estar muertos y volvimos a la vida. Y luchamos por no estar perdidos y fuimos hallados.

CASTIDAD

LA RECOMPENSA DE DIOS:

Empezó para nosotros otra vida. ¡Como quisiera poder saber explicar lo que esto nos significó!

No solamente poder llegar a estar más cerca de Dios, sino además poder llevarle un regalo del cual me siento orgulloso.  Ambos nos sentimos muy agradecidos y orgullosos y nuestra pareja está muy bien.

Les cuento que la mayoría de las veces al comulgar lloro lleno de emoción. Vuelvo a mi banco y me arrodillo todo el tiempo que puedo. Me quedo de rodillas y aun de rodillas me parece poco, pues quisiera tirarme al piso para honrar y agradecer más  a nuestro Dios.

ADORACIÓN

Un consejo para los obispos y para los sacerdotes:

Tristemente para católicos y para toda la humanidad las Iglesias están vacías. Muy pocos se confiesan y en esas condiciones reciben la comunión. Es muy difícil distinguir en su forma de actuar, un bautizado de un ateo.

¿Qué creen ustedes que pasa? Creo que la Iglesia está muy herida y vive una gran falta de Fe.

JERARQUÍA

Yo me pregunto: ¿Por qué no invitan a honrar la Santa Eucaristía como se debe? ¿Por qué no hablan del Demonio? ¿Por qué no hablan del Infierno, del Purgatorio y del Cielo? ¿Por qué no recuerdan que es su prioridad y la de todo creyente, luchar por nuestra propia salvación y la salvación de todos nuestros hermanos?

Hágannos colaboradores responsables, exíjannos.

¿Por qué no aclaran que no hay mayor caridad que la de salvar almas? ¿Por qué no llaman a recordar que Dios nos quiere Santos? ¿Por qué no llaman a  la oración, al ayuno, al sacrificio, no llaman al esfuerzo, a la Cruz? ¿Por qué no recuerdan a la necesidad de transitar por el camino angosto?

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¿Por qué no hablan de los mensajes dados en las apariciones de la Santísima Virgen María? Aunque sean solo las de aquellas apariciones aprobadas por la Santa Iglesia.

¿Por qué no informan que la Santísima Virgen no ha venido solo para dejarnos sus bellas imágenes; sino para despertarnos, para hacernos reaccionar, para que dejemos de pecar, para que volvamos a Dios?

¿Por qué no hablan de los miles de llamados a la conversión y de las Advertencias que Ella nos da en sus mensajes?

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 ¿Estamos en un picnic o en un combate espiritual como lo indicó San Pablo? ¿Acaso Dios dijo que sería fácil?

¿De dónde sale este mensaje suavizado?

Que yo sepa ni de la Biblia, ni del Catecismo, ni de las enseñanzas de los Santos Padres, ni de los Doctores de la Iglesia, ni de los Santos y ni de las revelaciones tampoco.

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Queridos miembros del Clero de la Iglesia:

¿Recuerdan cuando Dios los llamó y abrazaron la Cruz de Cristo y quisieron ayudarle a llevarla? Quisieron ser Sal y Luz. Querían encender el mundo con la llama del Amor y de la Fe. Consagraron su vida a Cristo. Abandonaron el sueño de tener una esposa, asumieron alejarse de su padre, madre y amigos.

Y se negaron a los encantos del mundo. Querían ayudar a Dios, querían  llevar a cada humano a Dios. Querían salvar almas. Hechos de los apóstoles (20,28-38)

En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia Sangre. Ya sé que cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos.

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Números que deberían hacernos reflexionar

Según los datos de los que dispongo, en Argentina asiste a misa regularmente entre el 2 y el 4 o el 5%. Pero ahí no termina el problema: supongamos que va a misa el 5%, la mayor parte de ellos acostumbran comulgar. ¿Pero cuántos de los que comulgan, SE CONFIESAN?

De Argentina no tengo datos. En EEUU solo el 12% de los que comulgan se confiesan por lo menos 1 vez al año. Y el 45% no se ha confesado nunca, desde a mayoría de edad. En el Norte de Europa solo el 5% de los que comulgan se confiesan una vez al año.

Resumiendo; casi el 90% de los que se ponen en fila para comulgar en los Estados Unidos cada domingo, el 95% en ciertas zonas del Norte de Europa y del 60 al 80% en Italia; no se confiesa ni siquiera una vez al año.

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Supongamos como ejemplo que un 8% de los católicos va regularmente a misa, el 80% de ellos comulga o sea el 6,4% del total. Si suponemos que el 20% cumple con confesarse 1 vez por año. Entonces solo el 1,28% de los católicos comulga manteniendo las formas. Esto suponiendo que no hay otras causas que invaliden la comunión. 1%, 2% supongamos el 10%. ¿Qué será de ese 99 o 98 % o para ser muy optimistas el 90% restante? ¿Cuál será su destino final?

En Europa se están cerrando cientos de iglesias católicas y la mayoría de las que quedan están vacías. Tan solo en Holanda 900 iglesias han sido cerradas, de ellas 300 Iglesias han sido demolidas, otras 300 ocupadas por nuevas formas de fe y las restantes convertidas en apartamentos, bares, restaurantes, oficinas, Night Clubs.

Y en este país hoy asisten a la Santa Misa 10 veces menos fieles que en 1960.

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Si no vemos que las cosas NO están bien, difícilmente podrán encontrarse las soluciones. Debemos ver el problema para reaccionar y para que la Iglesia pueda renacer.

¿Por qué esta gran Apostasía? ¿Por qué no transmiten la FE?

Creo que las palabras llegan, conmueven, TRANSFORMAN cuando concuerdan con la Verdad. Cuando el mensaje que se da, es el que Dios quiere que se dé. Si  el sermón se centra en otros temas, entiendo que el Espíritu Santo no lleva esas palabras al corazón de los fieles.

DIOS ACTÚA

DIOS QUIERE QUE SE TRASMITA LA VERDAD Y QUE SE SALVEN ALMAS.

Es la palabra de Dios la que ilumina las mentes, limpia los ojos y ablanda los corazones.  No es la opinión de ningún hombre, por más formado  e inteligente que sea o parezca.

El mensaje de Dios es claro. Pero claro no significa falto de amor

Yo agradezco mucho al buen sacerdote que fue claro con nosotros: “Deben vivir como hermanos, en castidad”.  No necesitó una elocuencia excepcional, solo necesitó decir lo que Dios quiere.

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En cambio si sus palabras hubieran sido: “no se preocupen ustedes se quieren, comulguen tranquilos” o algo similar. No hubiera habido ni Paz, ni reconciliación, ni regreso a la casa del Padre; pues no es lo que pedía Dios.

¿Cómo terminar con el pecado?

Dios  está siempre dispuesto y Feliz de recibirnos, pero debemos obedecerle. NO PECAR.

Si uno roba,  debe dejar de robar.  Si uno miente,  debe dejar de mentir. Si tengo la debilidad de beber o comer en exceso,  debo superarla.  Si las apuestas arruinan mi vida y la de los míos,  debo dejar de jugar. Si engaño a mi esposo/a,  debo dejar de hacerlo. Si soy haragán debo esforzarme y trabajar todo lo posible. Si obtengo mis ganancias de una actividad insana, debo dejar esa actividad y buscar un trabajo honesto.

CASTIDAD PREMATRIMONIAL

No debemos tener relaciones prematrimoniales; pero si mi novia quedo embarazada, debo solo considerar la posibilidad de que ese bebé nazca. Y darle todo mi amor. Si mis padres están grandes y necesitan ayuda,  debo cuidarlos. Si tengo la debilidad de sentir como homosexual,  debo vivir en castidad, Dios me premiará.

Si soy católico debo ir a Misa y confesarme y cumplir con todos los preceptos. En el medio hay un camino donde la Iglesia deberá dar apoyo, buenos consejos, afecto, seguimiento.

Pero la mentira y darle vueltas al asunto no solucionan nada,  sino que solo alejan de la salida. Le hacen al pecador perder el tiempo y el tiempo en esta vida es limitado.

JESÚS ES LA RESPUESTA

Es claro: la solución del pecado es que el pecador deje de pecar. Cuanto más claro se diga esto, más gente estará en Gracia de Dios.

No es diciendo que el pecado ya no es pecado, que se ayuda al pecado; sino con claridad, diciéndole la verdad y acompañándolo con verdadero amor. El pecado seguirá siendo pecado y la solución es con voluntad, la ayuda de Dios y de la Iglesia:

DEJAR DE PECAR.

Si yo hubiera accedido a seguir los consejos de los tranquilizadores de conciencia, creo que hubiera caminado hacia mi condenación.

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Por favor no subestimen a los fieles – Llámennos a ser santos.

Con todo respeto les digo que creo que subestiman a los fieles. Nos piden poco y les devolvemos poco. Yo creo que muchos fieles llegarían a actitudes heroicas, si se lo pidieran. Creo que se nos trata como a niños mal criados, sin voluntad, incapaces de grandes logros.

Y creo que muchos no se motivan en lo poco y creo que sí lo harían en lo mucho, por la misma razón que citamos antes: Dios no nos pide poco. Y si el mensaje pide poco, ese mensaje no es acompañado por el Espíritu Santo.

¿Acaso sabemos de algún santo que haya vivido una vida ligera?

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¿Acaso no estamos TODOS llamados a ser santos?

 El cambio será posible si ponemos a Dios en los corazones

Dios es quien cambia los corazones de los hombres y no hay sistema, ni país que funcione; si no hay Amor en el corazón de los hombres.

¿No vemos lo que está pasando?

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Todo Amor, bien y armonía provienen de Dios. Por eso pido a la Iglesia Católica surgida de Dios y mantenida por Dios, la Virgen e incontables Santos, que nos miremos para adentro; que busquemos las raíces, que llamemos al respeto de la Santa Eucaristía, a la santidad, a la caridad, a la confesión, a los exámenes de conciencias profundos, a los Mandamientos, a la castidad, al verdadero Amor, al servicio, a la oración, a la lucha pro-vida, a la austeridad, a la oración, al ayuno, al sacrificio, al esfuerzo.

Tantos valores han caído en desuso porque quienes deberían difundirlos (todos los creyentes) nos hemos dedicado en gran medida a otros temas. Obispos y Sacerdotes quieren ayudarnos, pidiendo menos. Tienen consideración de nuestras debilidades para que todo nos sea más fácil. Pero Dios nos pide ser Santos y si esa flexibilización nos aleja de la santidad, también nos aleja de Dios.

“El que tiene mis Mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre. Y yo lo amaré y me manifestaré a él.” Juan 14:21

MANDAMIENTOS

Algunos miembros de La Iglesia intentan cambiar al mundo influyendo en la política. Y el verdadero camino es volver a poner a Dios en el corazón de los hombres. Y con Dios en nuestras vidas; el sistema, el gobierno, todo funcionará. En cambio, con cualquier sistema un mundo sin Dios, es muy parecido al Infierno.

 Los temas no “populares”

Si en los sermones se hablara del Infierno (dogma), del Purgatorio (dogma), del Demonio (dogma), de que vivimos un combate espiritual (San Pablo), de que el camino al Cielo es angosto.

Si los cientos de apariciones de la Virgen se hubieran difundido; si los laicos conocieran sus mensajes, si de las grandes y aprobadas apariciones no hubieran quedado solo sus bellas imágenes.

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Si en los colegios Católicos se aprendiera la Biblia, si se pasaran vidas de Santos, si se vieran hermosos videos disponibles acerca de cómo vivir la adolescencia, la primera juventud, si se hablara con verdadero aprecio de la castidad y de la virginidad.

Si se enseñara que la prioridad es la salvación de las almas, la mía la de mis seres queridos y las de todo los seres humanos.

Creo que no haría falta modificar ninguna norma. Dios nos pide la santidad de Obispos, Sacerdotes y Laicos.

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SINODO DE LA FAMILIA

Estamos muy cerca del Sínodo de la Familia y se plantea hoy una falsa opción entre condenar al pecador o flexibilizar las leyes de Dios, para que lo que es pecado deje de serlo.

Al pecador no se lo ayuda condenándolo; pero tampoco dándole palmaditas despreocupadas diciéndole que todo está bien. Y mucho menos cambiando la voluntad de Dios.

Se lo ayuda con todo el amor y la comprensión posible, pero diciéndole la verdad y ayudándolo por todos los medios para que pueda superar el pecado y romper las cadenas terribles que indefectiblemente alejan de Dios.

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¿Nuevos cambios?

Se habla de cambios. ¿Están seguros que es bueno lo que algunos proponen hacer?

¿Van aggiornarse? ¿Van a acomodarse a las nuevas realidades?  ¿No recuerdan que el mismo Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”? Mateo 24:35.

¿Qué es esencialmente distinto ahora?  NADA.

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¿Las verdades de Dios pueden ser distintas porque ahora tengamos autos o celulares? NO.

Si lo que algunos plantean se concreta, (aun con ciertos condicionantes) ES PROBABLE QUE PERSONAS EN ADULTERIO PUEDAN COMULGAR CON CONSENTIMIENTO (humano).

¿No se les hará con esto un inmenso daño a quienes se pretende ayudar?

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¿Qué podría venir detrás de esto? ¿Quiénes serán responsables de esas almas? ¿Qué pasará con ellas? ¿NO SE EXPONE A LA SANTA IGLESIA A UN VERDADERO CISMA?

CISMA

¿La Iglesia seguirá representando la voluntad de Dios?

Creo que si esto se concreta, será un tremendo golpe para esta nuestra querida Iglesia que ya está tan herida.

Gran parte de la Fe se ha perdido, pero se puede recuperar. Creo que no es la solución redactar normas para conformar a personas que sufren la falta de Fe, porque así no las auxiliamos, al contrario.

Debemos ayudarlos poniendo todas nuestras fuerzas en trabajar para llevarles la Verdad de Dios, para que así el Espíritu Santo pueda devolverles la Fe.

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NI ABANDONAR LA CRUZ, NI EVITAR EL CAMINO ANGOSTO.

Creo en la Iglesia Católica, en la Iglesia de los Santos. Creo en la Virgen María que en miles de formas nos está llamando.

Creo que Jesús sufrió lo inimaginable, pero se aferró a la Cruz.

Creo que cada vida tiene su Cruz y no creo que sea función de la Santa Iglesia sacarle a cada persona su cruz. Sino aconsejarla, apoyarla, acompañarla para que pueda llevarla con Amor y aun con alegría.

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Esa no es la enseñanza de los Santos, ni de nuestra Santa Madre María.

Creo que a todos, la vida y de distintas maneras; nos presenta un camino muy angosto, que sabemos que tenemos recorrer. No evadirlo.

Creo que la Vida nos ofrece una Cruz que debemos llevar, porque la cruz también es Llave, es Puente.

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El consentir no es ayudar, ni tampoco es lo cómodo y fácil, el camino a la felicidad. Por favor no hagan que la gente abandone su Cruz. Ayuden a llevarla y enseñen a Amar esa Cruz.

DESPERTEMOS

Se pide poco y se responde con menos, se oculta la Verdad y la Fe se seca. La Santa Iglesia Católica aún está ahí, MUY HERIDA, esperando que quienes deben defenderla despierten; PUES VA A TRIUNFAR.

Bendiciones para todos.

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50.- BODA SIN MATRIMONIO


Dice Jesús:

Dios Uno y Trino lo sabe todo. Para Él no existe nada que le sea desconocido. La razón por la que perpetuó la raza del linaje humano, aun cuando en la primera prueba se hizo digna de perecer; la razón del perdón que habéis alcanzado; es porque Él quería tener el consuelo y la alegría de tener a María para que lo amase.

¡Oh! Poseerla a Ella. ¡Vale la pena que el hombre fuese creado, dejar que viviese y decretar su perdón; tan solo para tener a la Virgen Hermosa, a la Virgen santa, a la Virgen Inmaculada, a la Virgen siempre amorosa, a la Hija Amada, a la Madre Purísima, a la Esposa Amante!

Dios quiso poner en el Universo que había creado de la nada, un rey que por naturaleza de la materia, estuviese sobre todas las creaturas hechas como él. Un rey que por naturaleza del espíritu, fuese poco menos que divino unido por la Gracia, como lo fue al principio de sus inocentes días.

Pero la Mente Suprema que conoce todos los sucesos, sabía que el heredero del Padre cometería contra sí mismo el delito de matarse para la Gracia y el latrocinio de privarse del Cielo.

Judas pregunta:

–                      ¿Por qué entonces lo creó?

Jesús contesta:

–                     ¿Habríais preferido no existir?

¿Acaso no vale la pena haber vivido aun en medio de esta pobre y desnuda vida que habéis hecho más dura con vuestra maldad, para conocer y admirar la infinita Belleza que la mano de Dios sembró en el Universo?

El cielo y los astros; la tierra  y todas las especies animales y vegetales, el mar y cuanto contiene es para vosotros. Dios los creó para que los gozáceis.  Merece la pena vivir, para ver la magnífica obra de Dios y comprender su poder que os la da.

La eterna Bondad de Dios previó los medios para borrar la Culpa antes de crear al hombre. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios. Todas las cosas fueron creadas por Mí, Hijo Predilecto del Padre. Yo debía ser Hombre además de Dios. Hombre para salvar al hombre. Hombre para sublimarlo y llevarlo al Cielo muchos siglos antes de la hora. Porque el hombre en quién habita el espíritu, es la obra maestra de Dios y para ella fue hecho el Cielo.

Para ser hombre tenía necesidad de una Madre. Para ser Dios, tengo necesidad de que el Padre sea Dios. Entonces Dios se creó la Esposa;  Estrella de Perfección.

Al hombre y a la mujer que Satanás corrompió, Dios quiso oponer un Hombre nacido de una Mujer a la que Dios Mismo había sublimado hasta el punto de que pudiese concebir sin conocer mortal alguno. Flor que engendra una Flor sin necesidad de simiente, sino por el contacto de un solo beso del Sol en el cáliz inviolable del Lirio-María.

¡La Venganza de Dios!

Ruge Satanás mientras Ella nace. ¡Esta pequeñita te ha vencido! Antes de que fueses el Rebelde, el Tortuoso, el Corruptor; eras ya el Vencido y Ella, tu Vencedora. Miles de ejércitos nada pueden contra tu poder y sin embargo estás vencido.

Su nombre, su mirada, su pureza; son fulgores y lanzas que te traspasan y te encierran en tu cueva del Infierno, ¡Oh, Maldito! Qué quitaste a Dios la alegría de ser padre de TODOS los hombres que creó…

Joaquín y Anna, junto con Zacarías e Isabel se dirigen hacia el Templo para la ceremonia de la Purificación. Anna lleva en los brazos a la niña María, envuelta en una manta de lana ligera y suave.

Isabel dice:

–           Me recuerdas el día que te casaste. Era yo una jovencilla entonces y te veías muy bella y muy felíz.

Anna contesta:

–           Ahora lo soy más.  Me puse el mismo vestido para este acto. Siempre lo guardé para estos momentos… y ya había perdido las esperanzas de ponérmelo para venir aquí.

–           El Señor te ama mucho… –dice Isabel con un gran suspiro.

–           Por esto le entrego lo que más amo: esta florecita mía.

–           ¿Cómo vas a hacer para arrancártela del corazón, cuando llegue la hora?

–           Recordando que no la tenía y que Dios me la regaló. Seré entonces más feliz que ahora. Cuando esté en el Templo me diré a mí misma: ‘Ora cerca del Tabernáculo. Ora al Dios de Israel y pide también por su mamá.’ Y me sentiré tranquila.  Y todavía  tendré más gozo cuando diga: “Es toda suya. Cuando estos dos viejos felices que la consiguieron no vivan ya, el Eterno será para ella su Padre.” Créeme estoy convencida de que esta pequeñita no es nuestra. No podía hacer otra cosa… Él me la puso en mi seno; regalo divino para enjugar mi llanto y consolar nuestras  esperanzas y plegarias. Por esto es suya y nosotros sólo somos sus felices guardianes… ¡Y por esto sea bendito!

Cuando entran en el Templo, Zacarías se separa del grupo y se va a los recintos de los sacerdotes. Desaparece detrás de un arco que conduce a un enorme patio rodeado de pórticos muy bien labrados, de mármol, bronce y oro.

Los demás se van a través de diversas terrazas, hasta la Puerta de Nicanor. Cuando llegan, ya los están esperando Zacarías, una virgen del Templo y otro sacerdote.

Entregan las ofrendas: tortas de harina, dos palomos en su jaula de mimbre y grandes monedas de plata.

Anna da a Isabel a la niña, mientras Joaquín entra llevando consigo a un hermoso cordero que bala mientras es entregado para que lo degüellen.

Anna es rociada con el agua lustral y luego es llamada para que se acerque a la ara del sacrificio.

Después del sacrificio, Anna está ya purificada.

Zacarías dice algo a su colega y éste sonriente, asiente con un gesto. Luego se acerca al grupo y se congratula con los padres por su alegría y por su fidelidad a las promesas. Toma el segundo cordero, la harina y las tortas… Y llama a la mujer que los acompañó…

Luego se acerca al grupo y dice:

–           ¿Esta es la hija consagrada al Señor? La bendición de Él esté con Ella y con vosotros. Esta mujer es Anna de Fanuel, de la tribu de Aser, será una de sus maestras. –y volviéndose a ella, agrega- Se ofrece esta pequeñita al Templo, como hostia de alabanza. Tú serás su maestra y bajo tu cuidado santo crecerá.

Ana de Fanuel, acaricia a la bebita y Anna dice:

–           Quisiera presentar mi ofrenda e ir a donde ví la Luz el año pasado.

Van hasta el lugar donde oran las mujeres y que está más cercano al Santo de los santos. Por la puerta abierta, miran al interior semioscuro, del que salen dulces cánticos y brillan lámparas que esparcen su luz sobre todos los lirios, flores y niñas.

María se ha quedado como extasiada y aunque es una bebé, mira y sonríe al oir el canto.

Anna la besa y dice:

–           Dentro de tres años, también estarás aquí Lirio mío.

Anna de Fanuel dice:

–           Parece como si comprendiese. ¡Es una niña muy hermosa! La amaré como si hubiese salido de mi vientre. Te lo prometo Anna. Todos los años que Dios me lo permita.

Zacarías dice:

–           Lo harás mujer. La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré aquí. Quiero estar ese día para decirle que ruegue por nosotros desde el primer momento… –y mira a Isabel que comprende y suspira… Pues tienen el mismo problema de infertilidad.

Tres años después…

La niña María camina en medio de sus padres, que se esfuerzan en sonreir y ocultar sus lágrimas. Caminan muy despacio, como si quisieran que el Templo estuviese mucho más lejos todavía.

Cuando se encuentran con Isabel y Zacarías…

El sacerdote saluda:

–           A los justos la paz del Señor.

Joaquín dice con voz temblorosa:

–           Sí. Obténnos paz, porque nuestras entrañas tiemblan al hacer la ofrenda; como las de nuestro padre Abraham mientras subía al monte con Isaac.

–           Tened valor. Anna la profetisa cuidará de esta flor de David y Aarón. En estos días, es el único lirio que David tenga de su estirpe santa en el Templo y se le cuidará como perla de reyes. Aun cuando el tiempo ya se acerca y las madres deberían consagrar a sus hijas, porque de una virgen de la estirpe nacerá el Mesías; por un debilitamiento de la fe hay muy pocas vírgenes y de la estirpe real, ninguna. Es verdad que aun faltan seis lustros… Pero esperemos que María sea la primera de muchas de la estirpe de David ante el Velo sagrado.

Luego Zacarías los conduce hasta la terraza grande, a los pies del ancho cubo de mármol, coronado con oro. Cada cúpula, como una media naranja al revés, brilla con la luz del sol que ya está en su zenit. Un sonido de trompetas de plata anuncia al pomposo cortejo que con nubes de incienso, rodean la presencia del Sumo Sacerdote. Las enormes puertas de bronce y oro se abren y un anciano de aspecto muy majestuoso, con sus riquísimas vestiduras que resplandecen el oro a la luz del sol y que lo hacen más imponente todavía, avanza  hasta el borde de la grandiosa escalinata.

El Sumo Sacerdote mira a la pequeña María y sonríe. Levanta los brazos en forma de plegaria y todos inclinan la cabeza. Luego hace una señal, llamando a la niña…

María se separa de sus padres y empieza a subir lenta y majestuosamente. Parece como si fuera extasiada, pues lleva en su rostro una sonrisa luminosa… Cuando llega hasta el Sumo Sacerdote, se arrodilla y éste le pone las manos sobre la cabeza.

La víctima es aceptada.

María se levanta y el Sacerdote le pone la mano derecha sobre su espalda, para conducirla a la puerta donde la esperan un grupo de niñas y sus maestras…

Antes de hacerla entrar le pregunta:

–           María de la estirpe de David, ¿Conoces tu promesa?

Una argentina voz infantil resuena firme:

–           Sí. Dirigir a Dios mi corazón desde el amanecer y estar atenta a lo que quiera el Señor. Orando continuamente ante el Altísimo.

–           Entra, pues. Camina en mi presencia y sé perfecta.

Y María entra. La penumbra la absorbe en medio del grupo de las vírgenes, seguida por los levitas. El Sumo Sacerdote vuelve a entrar seguido de todo su séquito sacerdotal y las puertas se cierran.

En medio de los sonoros ruidos de los goznes, se escucha el sollozo de dos ancianos en un solo grito:

–           ¡María! ¡Hija!

Luego, haciendo fuerza a su corazón desgarrado:

–           Demos gloria la Señor que la recibe en su casa y la conduce por su camino.

Nueve años después…

María está en su estancia, bordando una vestidura sacerdotal y orando…

Llega Anna de Fanuel:

–           María, ¿Nunca te cansas de orar?

–           La oración sería suficiente. Pero yo hablo con Dios. Lo siento dentro de mí. Dentro de la doble cortina está el Santo de los santos.  Y nadie fuera del Sumo Sacerdote, puede entrar al Propiciatorio, donde descansa la Gloria del Señor. La ley secular de Israel exige de cada joven que sea una esposa y una madre. Pero yo he consagrado a Dios mi virginidad, porque quiero ser sólo para Él. Soy virgen y siempre lo seré…

–           No puedes actuar sobre la Ley.

Desde que mis padres murieron, lo único que tengo y que quiero, es a Dios. Cuando pienso en ellos, pienso que también están esperando junto con los Patriarcas y trato de apresurar con mi sacrificio, la llegada del Mesías, para que les abra las Puertas del Cielo. La maternidad es una fuerza muy poderosa en mi corazón. Pero por eso mismo la he entregado y deseo que mi amor, encuentre un eco en el Señor.  Cuando llegue la hora, diré a mi esposo mi secreto… Y él lo aceptará…

–           Pero María, ¿Qué palabras le dirás para persuadirlo? En cambio del amor de un hombre, tendrás en contra la Ley y la vida.

–            Tendré conmigo a Dios… Dios iluminará el corazón de mi esposo… Al leer a Daniel, comprendí el sentido de las palabras arcanas. Las setenta semanas serán acortadas por las oraciones de los justos… La hora que oirá llorar al nacido de una Virgen está muy cerca. Yo he pedido a Dios que me diga, ¿Dónde está la mujer que dará a luz al Hijo de Dios y al Mesías de su pueblo? Descalza caminaría por la tierra y nada me impediría llegar hasta Ella para decirle: ‘Tómame como tu esclava y permíteme vivir bajo tu techo. Cuidaré tus ganados; daré vueltas a la piedra de tu molino, ponme donde quieras, haré lo que quieras, pero acógeme. Lavaré los pañales de tu Hijo y seré tu sierva y la de Él… Pero permíteme escuchar su Voz.  ¡Oh! La Voz del Mesías Niño y el eco de su risa…

–           ¡Vaya que estás enamorada del Mesías! Pero yo he venido a otra cosa… María, el Sumo Sacerdote te llama…

–           ¡Oh! Voy inmediatamente…

Atraviesan varios pórticos y patios y llegan hasta un suntuoso salón donde la esperan.

María hace una profunda inclinación en la entrada…

El sumo sacerdote le dice:

–           Adelante María. No tengas miedo.

María avanza lentamente y con una majestad innata.

El Pontífice la mira atentamente y dice a Zacarías:

–           ¡Cómo se reconoce en ella la estirpe de David! –Se vuelve hacia Ella y añade- Hija, conozco tu carácter y tu bondad. Sé que la Voz de Dios murmura en tu corazón las más dulces palabras. Sé que eres la Flor del Templo de Dios y que un tercer querubín está ante el Tabernáculo, desde que estás aquí. Quisiera que tu perfume continuase subiendo con el incienso de cada día; pero la Ley dice otra cosa.

Ya no eres una niña, te has convertido en una mujer. Y toda mujer israelita debe casarse, para poder presentar su hijo varón al Señor. Tendrás que seguir la prescripción de la Ley. No tengas miedo. No te sonrojes. No olvido tu realeza.

La Ley te protege, pues prescribe que el varón tome por esposa a una de su estirpe. Pero aunque no lo prescribiese, yo lo haría; para no corromper tu sangre real. ¿Conoces a alguien de tu estirpe María, que pueda ser tu esposo?

María levanta su rostro completamente ruborizado y dice:

–           A nadie.

Zacarías dice:

–           No puede conocer a nadie, porque entró cuando era muy pequeña. Y la estirpe de David se encuentra muy mal y dispersa, para poder formar de nuevo la palma real.

–           Entonces que Dios escoja.

Las lágrimas que habían sido contenidas, brotan y bañan sus mejillas. María manda una mirada suplicante a su maestra.

Anna de Fanuel dice:

–           María se ha prometido al Señor, para gloria de Él y salvación de Israel. No era más que una niñita desde que ya había hecho esta promesa…

El Pontífice pregunta:

–           Y ¿Por esto lloras? O porque no quieres obedecer la Ley.

María contesta:

–           Por esto… no por otra cosa. Yo te obedezco sacerdote de Dios. Pero dime qué debo hacer. Ya no tengo padre, ni madre. Tú eres mi guía.

–           Dios te dará el esposo. Y será un santo porque pones tu confianza en Dios. A él le dirás la promesa que hiciste.

–           ¿Y la aceptará?

–           Así lo espero.  Ruega hija, para que él pueda comprender tu corazón. Vete ahora, qué Dios siempre te acompañe.

María se retira con Anna y Zacarías se queda con el Sumo Sacerdote.

Un mes después…

En un rico salón del Templo, están reunidos muchos hombres elegantemente engalanados, de diversas edades, apariencias y variadas clases sociales. En el ángulo más alejado, está José. Tiene treinta años, cabellos y barba castaños, muy bien arreglados y unos bellos ojos oscuros, amables y alegres como ahora cuando sonríe al hombre que está junto a él, platicando animadamente.

Entra un grupo de jóvenes levitas y se coloca entre la puerta y una mesa larga que está junto a la pared.

La curiosidad aumenta, cuando una mano separa la cortina y entra un levita que trae en sus manos un manojo de ramas secas, en las que sobresale una que tiene una flor. El levita las deposita con cuidado sobre la mesa.

Un murmullo recorre  la sala. Todos alargan sus cuellos y tratan de mirar.

José ni siquiera se mueve y cuando su interlocutor le dice algo, hace una señal; como si dijese: “No. Eso es imposible…”

Y luego se oye el sonido de las trompetas de plata.

Rodeado de otros ancianos, entra el Sumo Pontífice y todos se inclinan profundamente. Se dirige hacia la mesa y luego dice:

–           Oídme vosotros de la estirpe de David. Os habéis reunido por orden mía. El Señor ha hablado, ¡Sea Bendito! Un rayo de su gloria ha descendido, y como sol de primavera, ha dado vida a un ramo seco, que ha florecido milagrosamente, en el último día de las Encenias. Mientras que todavía no se disuelve la nieve, Dios ha hablado, haciéndose tutor y padre de la virgen de David. Doncella santa, gloria del Templo y de su estirpe; dando a conocer el nombre del esposo que el Eterno quiere darle.

Este debe ser un hombre muy justo para que el Señor lo haya elegido para cuidar de su Virgen a quién Él ama tanto y esto hace que desaparezca toda preocupación sobre su destino. Al que Dios señaló, confiamos completamente a la Virgen, sobre la que está la bendición de Dios y nuestra. El nombre del esposo es José de Jacob betlemita; de la tribu de David; carpintero en Nazareth de Galilea. José, ven acá. El Sumo sacerdote te lo ordena.

Hay un gran ruido, cabezas que se vuelven, caras llenas de desilusión o de alivio…

José se ha ruborizado y avanza todo turbado. Saluda reverente al Pontífice y éste dice:

–           Acercaos todos y ved el nombre escrito sobre la rama. Tome cada uno la suya, para que esté seguro de que no hay engaño.

Todos obedecen, miran la rama que sostiene el Sumo Sacerdote y cada quien toma la suya propia. Todos miran a José y el hombre con el que estaba platicando, le dice:

–           Te lo dije José. ¡Quien menos se siente seguro, es quién vence la partida!

El Pontífice entrega a José su rama florecida y poniéndole la mano sobre la espalda le dice:

–           No es rica y lo sabes, la esposa que Dios te entrega. Pero tiene toda clase de virtudes. Procura hacerte siempre más digno de Ella. No hay flor en Israel, más pura y bella que tu esposa. Salid todos ahora. Quédate José.  Y tú Zacarías pariente de Ella, tráela.

Cuando se quedan a solas…

El Sumo Sacerdote le dice:

–           María tiene que decirte su promesa. Ayuda a su timidez. Sé bueno con Ella que es tan buena.

José responde cortés:

–           Pondré lo que soy a su servicio y nada me pesará si se trata de Ella. Puedes estar seguro.

María entra con Zacarías y Anna de Fanuel.

El Pontífice la llama:

–           Ven María. Mira al esposo que Dios te destina. Es José de Nazareth. Volverás a tu ciudad. Ahora os dejo. El Señor os guarde y os bendiga; os muestre su Rostro y tenga misericordia de vosotros siempre. Vuelva su Rostro a vosotros y os conceda la paz.

Zacarías sale con el Pontífice. Anna se congratula con José y también sale.

Los dos prometidos quedan uno frente al otro. María está totalmente ruborizada y con la cabeza inclinada. José igual; pero se sobrepone y finalmente encuentra las palabras. Con una gran sonrisa le dice:

–           Te saludo María. Te conocí cuando eras una niña pequeñita… Fui amigo de tu padre y tengo un sobrino de mi hermano Alfeo a quién amaba tu madre… su pequeño amiguito que ahora tiene dieciocho años. Tú no nos conoces porque te entregaron al Templo muy pequeña, pero en Nazareth todos te quieren mucho y recuerdan que tu nacimiento fue un milagro del Señor, que hizo florecer a una flor estéril… Yo recuerdo la tarde en que naciste, porque hubo un gran aguacero que salvó la campiña y un arcoíris tan bello y magnífico, como no ha vuelto a haber…  Alegraste a tu padre, porque eras la flor que había venido del Cielo y murió hablando de su María, tan hermosa, tan buena y tan llena de sabiduría… Porque desde muy pequeña estabas llena de gracia.

Tu madre, con sus canciones llenaba toda tu casa y parecía una alondra en primavera cuando te llevaba en su vientre y después cuando te arrullaba en sus brazos. Yo tenía dieciocho años y te hice la cuna. Tenía rosas grabadas, porque tu madre así la quiso. Tal vez todavía esté en tu casa. Eran mis primeros trabajos… ¡Quién me hubiera dicho que ibas a ser mi esposa!..  Enterré a tu padre y le lloré con corazón sincero, porque fue un buen maestro en mi vida…

María ha ido levantando poco a poco el rostro y cobrando confianza al oír que José le habla de este modo. Y cuando oye lo de la cuna, una leve sonrisa se dibuja en sus labios. Y cuando José le dice lo de su padre, le extiende la mano y dice con gran timidez:

–           Gracias.

José toma entre sus fuertes manos de carpintero, la pequeña y delicada y la acaricia con afecto. Al ver que María no dice nada más, él continúa:

–           En tu casa  falta la parte que fue derribada por orden consular, para hacer del sendero una vía por la que pasasen los carros de Roma. Y el campo que te quedó, está un poco descuidado, porque hace tres años que ya no hay nadie que los cuide. Pero si tú me lo permites, yo me haré cargo de ellos….

–           Muchas gracias, José. Pero tú tienes tus trabajos…

–           Trabajaré en tu huerto en las primeras horas del día y para la primavera espero que todo esté en orden, para que estés contenta. Mira, -le entrega la rama florecida- Esta rama de almendro, es del árbol que está frente a tu casa.

Jamás esperé ser yo el elegido, porque soy nazareo (Núm.6) Y sólo vine por obedecer las órdenes del sacerdote… Yo no pensaba casarme. Ahora te digo que ésta es una flor de tu jardín. Tenlo, María. Con él te entrego mi corazón, que cómo este almendro ahora ha florecido para el Señor y para ti, esposa mía.

María toma el ramo. Está conmovida. Mira a José con más seguridad y su mirada se volvió radiante cuando lo escuchó decir: ‘Soy nazareo’ Toma valor y dice:

–           También yo soy toda de Dios, José. No sé si el sumo Sacerdote te lo haya dicho…

–           Sólo me dijo que eres buena y pura. Y que tienes que decirme una promesa tuya y que fuese bueno contigo. Habla María. Tu José quiere hacerte feliz en todo lo que desees. No te amo con la carne, te amo con mi espíritu, santa doncella que Dios me entrega. Ve en mí a un padre y aun hermano, además de esposo. Y como a padre confíate y como a hermano, tenme confianza.

–           Desde mi niñez me consagré al Señor. Sé que esto no se hace en Israel; pero oía en mi corazón una voz que me pedía mi virginidad como sacrificio de amor, para que venga el Mesías. ¡Hace tanto tiempo que Israel lo espera!… ¡Y por esto no es mucho renunciar a la alegría de ser madre!

José la mira detenidamente, como si quisiera leer en su corazón…

Después le toma las dos manitas que sostienen la rama de almendro y dice:

–           Y yo uniré mi sacrificio al tuyo y amaremos mucho al Eterno con nuestra castidad, para que Él envíe lo más pronto posible a la tierra al Salvador y nos permita ver su Luz resplandecer en el mundo. María, vamos a tu casa y juremos amarnos como los ángeles lo hacen entre sí. ¿Cuándo debo venir por ti?

–           Cuando quieras José.

–           Entonces vendré en cuanto termine de arreglar tu casa, para recibirte. Ven María. Vamos a decirle al Altísimo nuestra promesa y cómo lo Bendecimos.

María se deja conducir dócilmente y los dos van a orar.

Dos meses después, se celebra el contrato de las bodas y el Pontífice sella el compromiso. Los nuevos comprometidos esposos salen del Templo y José lleva a María a su casa de Nazareth. Sin levantar el sello de Dios; él, el casto; llevó su castidad hasta el heroísmo angélico, para custodiar el Arca Viva de Dios que ha recibido en tutela y que tendrá que devolver a Dios, pura como la recibió.

Cuando llegan a Nazareth…

Van en un carruaje, acompañados por toda la familia de José y el sacerdote Zacarías con su familia.

José señala con la fusta la casita que está en la falda de la colina y que tiene un extenso huerto y un pequeño olivar. Y dice:

–           Allá está tu casa, María.

Y cuando llegan al dintel, el carruaje se detiene y toda la comitiva de la familia de José les dan la bienvenida. Ya tienen todo preparado para finalizar las bodas.

María se quita el velo y el manto y José le muestra los arreglos que hizo a la casa, el huerto y el jardín.

Y dice:

–           No hay manantial… Pero espero traer el agua para acá. Trabajaré en las tardes de verano, cuando venga a verte…

Alfeo pregunta muy extrañado:

–           Pero ¡Cómo hermano!…  ¿No vais a casaros ahora?

José responde:

–           No. María quiere hilar telas, lo único que falta a todo el ajuar. Yo la apoyo. Es todavía muy joven y no importa si esperamos uno o dos años; mientras tanto Ella se acostumbra al hogar…

–           ¡Claro! Siempre has sido un poco diferente a los demás y sigues siéndolo. Primero estabas decidido a no casarte y ahora… No sé quién no tendría prisa por tener a una mujer en la flor de la primavera como lo está María y tú pones de por medio…

José sonríe y dice con elegancia:

–           Alegría largamente esperada; alegría mucho mejor gozada…

Su hermano se encoge de hombros y pregunta:

–           ¿Y entonces cuando pensáis celebrar las bodas?

–           Cuando María tenga dieciséis años. Después de la Fiesta de los Tabernáculos. Las tardes de inviernos serán agradabilísimas para los nuevos esposos…

Y nuevamente sonríe mirando a María. Es una sonrisa delicada y de inteligencia mutua.

Luego continúa:

–           En este cuarto grande que da al monte, si te parece aquí pondré mi taller cuando venga. Es junto a la casa, pero no dentro de ella. Así no molestaré a nadie con mis ruidos. Pero María, si piensas de otro modo…

–           No José. Está muy bien así.

Vuelven a entrar en la casa y prenden  las lámparas.

José dice a todos sus parientes:

–           María está cansada. Vámonos todos y dejémosla descansar.

Todos se despiden y José al último, después de hablar con Zacarías.

Dice a María:

–           Tu primo te deja a Isabel por un tiempo. ¿Quieres? De mi parte sí. Para que te ayude a convertirte en una perfecta mujer de hogar. Vendré por las tardes a acomodarte y a todo lo que tú necesites. Ella te podrá ayudar a comprar lana y todo lo que te haga falta. Yo pagaré todos los gastos. Acuérdate que prometiste recurrir a mí para cualquier cosa. Adiós María. Duerme la primera noche en tu casa como dueña y señora. Y que el ángel del Señor te guarde. Que el Señor esté siempre contigo. Hasta pronto…

–           Hasta pronto José. Qué también tú estés bajo las alas del Ángel de Dios. En lo que pueda te pagaré tu amor con el mío.

Y José se despide de los primos y se va, conversando alegremente con los suyos…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

 

16.- EL LLAMADO DEL AMOR


Días después…

En una mañana de mercado en Cafarnaúm. Hay tianguis. La plaza está llena de vendedores de toda clase de mercancía. A ella llega Jesús, viniendo del lago y ve que vienen a su encuentro, sus primos: Judas y Santiago.

Él se apresura y después de abrazarlos con cariño, pregunta ansioso:

–           ¿Vuestro padre? ¿Qué pasó?

Judas Tadeo responde:

–           Nada nuevo en lo que respecta a su salud.

Jesús dice:

–           ¿Entonces a qué viniste? Te dije que te quedaras.

Tadeo baja la cabeza y calla.

Pero el que se expansiona es Santiago y dice:

–           Por mi culpa, él no te obedeció. Sí. Por culpa mía. Pero no puede soportar más. ¡Todos en contra! Y ¿Por qué? ¿Acaso hago mal en amarte? ¿Lo hacemos acaso? Hasta aquí, un escrúpulo del Mal, me había detenido. Pero ahora que sé. Ahora que has dicho que sobre Dios no hay nadie, ni el padre. Ya no lo pude soportar. ¡Oh! Judas trató de ser respetuoso. De hacer entender razones. De corregir ideas. Dijo: ‘¿Por qué me combatís? Si Él es el Profeta. Si es el Mesías. ¿Por qué queréis que el mundo diga: ‘Su familia no lo quería? Cuando todos lo seguían, ella no lo hizo.’ Y yo declaré:Porque si fuera el infeliz que vosotros decís. ¿No debemos nosotros, los de su familia; estar cerca de su demencia; para impedirle que se dañe o nos dañe?

¡Oh, Jesús! De este modo hablaba yo para discutir humanamente, como ellos razonaban. Pero Tú sabes bien que Judas y yo no creemos que Tú estés loco. Tú sabes que en Ti vemos al Santo de Dios. Que te consideramos como nuestra estrella mayor. Pero no nos han querido comprender. Ni siquiera nos han querido escuchar. Y me vine. Acosados entre la elección de Jesús y la familia, te he escogido a Ti. Aquí estoy si me quieres. Si no, seré entonces el hombre más infeliz, porque no tendré nada. Ni tu amistad, ni el amor de la familia.

Jesús dice:

–           ¿Resuelto? ¡Oh, Santiago mío! ¡Mi pobre Santiago! ¡No hubiera querido verte sufrir así, porque te amo! Pero si el Jesús-Hombre llora contigo, ¡El Jesús Verbo se regocija por ti! ¡Ven! Estoy cierto de que la alegría de ser portador de Dios entre los hombres, aumentará de día en día tu gozo; hasta llegar al éxtasis completo, en la última hora de la Tierra y en la eterna del Cielo.

Jesús se vuelve y llama a sus discípulos, que prudentemente se habían mantenido retirados unos cuantos metros.

–           Venid, amigos. Mi primo Santiago desde ahora es de mis amigos y por esto, amigo vuestro. ¡Cuánto he deseado esta hora! Este día, para él; mi amigo perfecto de la infancia. Mi buen hermano de juventud.

Los discípulos, alegres dan la bienvenida a Santiago y a Judas Tadeo, al que hacía tiempo no veían.

Tadeo dice:

–           Te buscamos en casa. Pero estabas en el lago.

Jesús contesta:

–           Sí. Estuve en el lago por dos días, con Pedro y los demás. Pedro ha tenido buena pesca. ¿Verdad?

Pedro responde:

–           Sí. Y ahora esto me desagrada porque deberé entregar más dracmas a aquel ladrón… -y señala al alcabalero Mateo, cuyo banco está rodeado de gente que paga por la tierra o por los frutos.

Jesús dice:

–           Será todo en proporción: más pescados, más pagas; pero también más ganancias.

Pedro objeta:

–           No, Maestro. Más pesco, más gano. Pero si hago cálculos, ese de allá me hace pagar no el doble, sino el cuádruplo. ¡Chacal!

Jesús exclama con un tono:

–           ¡Pedro!… Acerquémonos a él. Quiero hablar. Siempre hay gente cerca del banco de la alcábala.

Pedro refunfuña:

–           ¡Ya lo creo! Gente y maldiciones.

Jesús mueve la cabeza y responde:

–           Pues bien. Yo iré a introducir bendiciones. Tal vez entre un poco de honradez en el alcabalero.

–           ¡Puedes estar tranquilo! Tu palabra no entrará es esa piel de cocodrilo.

–           ¡Veremos!

–           ¿Qué le vas a decir?

–           Directamente nada. Pero hablaré de tal forma, que sirva también para él.

–           ¿Dirás que es un ladrón tan grande igual al que asalta por las calles? Porque es como quien despelleja a los pobres que trabajan por tener pan. No por mujeres, ni ebriedades…

–           Pedro, ¿Quieres hablar tú por Mí?

–           No, Maestro. No sabría hacerlo bien.

–           Y con el vinagre que traes adentro, te haría mal a ti y a él.

Cuando llegan cerca del banco de la alcábala, Pedro intenta pagar cuando Jesús lo detiene y le dice:

–           Dame las monedas. Hoy pago Yo.

Pedro lo mira sorprendido y le entrega una bolsa de cuero con dinero.

Jesús espera su turno y cuando está enfrente del alcabalero, le dice:

–           Pago por ocho canastos de Simón de Jonás. Allá están los canastos, a los pies de los trabajadores. Verifica si quieres. Pero entre honrados basta solo la palabra. Y creo que me tienes por tal. ¿Cuánto es la tasa?

Mateo, que estaba sentado en su banco, en el momento en que Jesús dijo: ‘Creo que como a tal me tienes’, se pone de pie.

No es un hombre alto y parece ser de la misma edad que Pedro. En su cara se ve el cansancio de mundanas alegrías y una vergüenza completa. Al principio, tiene la cabeza inclinada. Luego la levanta y mira a Jesús, que también lo mira atenta y serenamente, como dominándole con su imponente estatura.

Jesús vuelve a preguntar:

–           ¿Cuánto?

Mateo responde:

–           No hay tasa para el discípulo del Maestro. –y añade en voz muy baja- Ruega por mi alma.

–           La llevo conmigo porque recojo la de los pecadores. Pero tú… ¿Por qué no la curas?

Después de decir esto, inmediatamente se vuelve y le da la espalda para ir hacia Pedro, que está con los ojos como platos y boquiabierto por la admiración.

También los otros lo están. Hablan en voz baja o lo hacen con los ojos.

Jesús se dirige hacia un árbol y se recarga en él. Está a unos diez metros de donde está Mateo, empieza a hablar:

“El mundo se puede comparar con una gran familia, cuyos miembros desempeñan quehaceres diversos y todos son necesarios. Hay agricultores, pastores, viñadores, carpinteros, pescadores, albañiles, herreros, escribanos, soldados oficiales. Soldados destinados a diversas funciones, médicos, sacerdotes; de todo hay. El mundo no podría componerse de una sola clase. Todas las profesiones son necesarias. Todas santas, si todas hacen lo que deben con honradez y con justicia. ¿Cómo se puede llegar a esto, si Satanás tienta por todas partes? Si se piensa en Dios, en que todo lo ve; aún las obras ocultas. Y en su Ley que dice: ‘Ama a tu prójimo, como te amas tú mismo. No hagas a otro lo que no quieras que te hagan. No debes robar de ningún modo.’

Decidme vosotros que me estáis escuchando: ¿Cuándo uno muere, se lleva acaso su dinero? Y cuando alguien fuese tan necio de querer tenerlo en el sepulcro, ¿Puede usarlo en la otra vida? ¡No! El dinero se convierte en metal mohoso al contacto de la corrupción de un cuerpo descompuesto. Y su alma estaría en otra parte desnuda, más pobre que el desventurado Job. Sin tener siquiera un céntimo, aun cuando aquí o en la tumba hubiere dejado millones y millones. Antes bien.

¡Escuchad! ¡Escuchad!

En verdad os digo que difícilmente se conquista el Cielo con riquezas. Sino más bien y casi siempre; se pierde con ellas. Aun cuando fueran riquezas que se hubieran adquirido honestamente; bien por herencia, bien por ganancia. Porque pocos son los ricos que saben usar justamente de ellas. Entonces, ¿Qué se necesita para tener este cielo bendito? ¿Este descansar en el seno del Padre? Es necesario no tener sed de riquezas.

En el sentido de no querer tenerlas a cualquier precio, aun faltando a la honradez y al amor. En el sentido de que si se tienen, no se las ame más que al Cielo y que al prójimo. Y se niegue la caridad al que tiene necesidad. No tener sed en el sentido de que pueden proporcionar mujeres, placeres, banquetes. Vestiduras suntuosas que son una bofetada para el que tiene frío y hambre. Existe una moneda que cambia el dinero injusto, en valores que son reconocidos en el Reino de los Cielos.

En la santa astucia de hacer de las riquezas humanas frecuentemente injustas o causa de injusticia, riquezas eternas. En otras palabras, ganar con honradez. Devolver lo que se obtuvo injustamente. Usar de los bienes con parsimonia y despego. Saberse separar de ellas, porque antes o después, ellas nos dejan. Y pensar por otra parte, que el bien llevado a cabo, jamás nos abandona.

A todos nos gustaría ser justos y como a tales ser tenidos. Y que Dios nos premie como a tales. Pero, ¿Puede Dios premiar a quien solo tiene el nombre de justo, pero no las obras? ¿Cómo puede decir: ‘Te perdono’;  si ve que el arrepentimiento es tan solo de palabra y que no va acompañado de un verdadero cambio de espíritu? No hay arrepentimiento mientras dure el deseo por el objeto por el que pecamos. Pero cuando uno se humilla. Cuando uno se corta la parte moral por una mala pasión, sea mujer u oro.

Y uno dice: ‘Por Ti Señor y no por esto’ entonces es cuando se está realmente arrepentido. Y Dios lo recoge con estas palabras: ‘Ven. Te quiero como a un inocente y como a un héroe.’

Jesús ha terminado. Se va sin siquiera voltear a donde está Mateo, que se acercó al círculo de oyentes, desde las primeras palabras.

Cuando está por llegar a la casa de Pedro, su mujer corre al encuentro de su marido para decirle algo. Luego Pedro hace señas a Jesús de que se acerque y le dice:

–           Llegó la madre de Judas y de Santiago. Quiere hablar contigo, pero no quiere que la vean. ¿Cómo le hacemos?

–           Bien. Yo entro en casa como si fuera a descansar y vosotros vayan  a distribuir las limosnas entre los pobres. Ten también el dinero de la tasa que no quiso. Vete.

Jesús hace señal a todos de que se vayan. Mientras Pedro los llama para  que se vengan juntos.

Jesús pregunta a Porfiria, la mujer de Pedro:

–           ¿Dónde está la mamá, mujer?

Porfiria le contesta:

–           En la terraza, Maestro. Allá hay sombra  y está fresco. Sube Tú también. Allí se está mejor que en cualquier otra parte de la casa.

Jesús sube por la escalera. En un ángulo, bajo el viñedo; sentada en un banquillo junto a la baranda; vestida toda de oscuro, con el velo en la cara, está María de Alfeo.  Llora sin hacer ruido.

Jesús la llama:

–           ¡María! ¡Amada, tía!

Ella levanta su pobre cara angustiada y extiende las manos, mientras exclama:

–           ¡Jesús! ¡Traigo un dolor en el corazón!

Jesús ha llegado junto a ella y la hace que siga sentada. Él permanece de pie, con su manto sobre el hombro. Pone una mano en la espalda de su tía y con la otra cubre sus manos y le pregunta:

–           ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras tanto?

María de Alfeo contesta:

–           ¡Oh, Jesús! Escapé de casa diciendo: ‘Voy a Caná a buscar vino y huevos para el enfermo’ en casa se quedó tu Madre que cuida como sólo Ella sabe hacerlo y por eso estoy tranquila. Pero lo que en realidad quería, era venir aquí. He caminado durante dos noches para llegar aquí lo más pronto posible. Y ya no puedo más… pero el cansancio no me importa.

¡Es el dolor de mi corazón lo que me hace mal! ¡Mi Alfeo! ¡Mis hijos! ¡Oh! ¿Por qué en la misma sangre hay tanta diferencia? ¿Por qué ésta es, como dos piedras en una máquina que muelen el corazón de una madre? ¿Están contigo Judas y Santiago? ¿Sí?…

Jesús asiente con la cabeza.

Ella continúa:

–           Mi Alfeo. ¿Por qué no comprende? ¿Por qué se muere? ¿Por qué quiere morir así? ¿Y Simón y José? ¿Por qué? ¿Por qué están contra Ti y no contigo?

–           No llores, María. No les guardo rencor. Se lo dije también a Judas. Los entiendo y los compadezco. Si por esto lloras, no llores.

–           Lloro, sí. Porque te ofenden. Y también porque no quiero que mi esposo muera como un enemigo tuyo. Dios no lo perdonará. Y yo… ¡Oh! ¡No lo tendré para siempre en la otra vida! –María está tan angustiada, que gruesas lágrimas caen sobre su mano izquierda, que Jesús le ha soltado.

Él, objeta:

–           No. No digas eso. Perdono. Y si perdono Yo…

–           ¡Oh! ¡Ven Jesús! Ven a salvarle el alma y el cuerpo. Ven. Empiezan a decir, también para acusarte… ya empezaron a decir que has quitado los hijos a un padre que muere y lo dicen por todo Nazareth. ¿Entiendes?…  Y añaden: ‘Por todas partes hace milagros; pero en su casa no puede hacerlos’ Y como yo te defiendo diciendo: ‘¿Qué cosa puede hacer si lo habéis arrojado con vuestros reproches y no creéis?’ Y no me dejaron en paz.

–           Dijiste bien: ‘Si no creéis’ ¿Qué puedo hacer donde no se cree?

–           ¡Oh! ¡Tú lo puedes todo! ¡Yo creo por todos! Ven. Haz un milagro para tu pobre tía…

–           No puedo. –Jesús al decir esto, está tristísimo. De pie y apretando contra su pecho a la que está llorando.

Entonces ella llora mucho más fuerte.

Jesús prosigue:

–           Escucha, María. Sé buena. Yo te juro que si pudiese; si conviniese hacerlo, lo haría. ¡Oh! Obtendría del Padre esta gracia, por ti. Por mi pobre Madre. Por Judas y Santiago. Y también… ¡Sí! También por Alfeo, José y Simón. Pero, ¡No puedo! Un gran dolor oprime tu corazón y no puedes entender la justicia del Poder mío. Te lo puedo decir, pero no lo comprenderías. Cuando llegó la hora del tránsito de mi padre… Y tú sabes si era un justo y si mi Madre lo amaba… no lo devolví a la vida. No es razonable que la familia donde vive un santo; esté libre de las desventuras inevitables de la vida.

Si no fuese así, Yo debería ser eterno en la tierra. Y sin embargo pronto moriré. Ni María, mi santa Madre, podrá arrebatarme de la muerte. No puedo…

Lo que puedo es esto y lo haré. –Jesús se ha sentado junto a ella. Toma entre sus manos la cabeza de su tía y agrega- haré esto. Por este dolor tuyo, te prometo la paz a tu Alfeo. No estarás separada de él, en la otra vida. Te doy mi palabra de que nuestra familia estará reunida en el Cielo: junta por toda la eternidad. No llores más. Ve en paz. Fuerte, resignada y santa. Mi Madre ha sido viuda antes que tú y te consolará, como sólo Ella sabe hacerlo. No quiero que partas sola, bajo este sol. Pedro te acompañará en la barca hasta el Jordán. Y te irás de allí a Nazareth en un borriquillo. Cálmate.

–           Bendíceme, Jesús. Tú dame fuerzas.

–           Sí. Te bendigo y te beso, buena tía.

Y la besa tiernamente, hasta que ella se serena.

Días después…

Jesús está en Betsaida. Habla de pie, en la barca que está anclada en la orilla. Y hay mucha gente sentada, formando un círculo a su alrededor.

–           … por esto también comprendo a todos vosotros que me amáis y me habéis seguido dejando negocios y las comodidades, para oír la Palabra que os hace doctos. Sé muy bien que más que el descuido de vuestros negocios, que es merma en vuestra bolsa, os trae burlas y hasta daño social. Tengo muchos que hoy me son contrarios y mañana serán mis enemigos declarados. Y os digo, porque a nadie quiero engañar. Ni a vosotros, mis leales amigos, que para dañarme a Mí. Para causarme dolor. Para vencerme al aislarme…  Ellos, los poderosos de Cafarnaúm, emplearán todos los medios: Insinuaciones, amenazas, burlas sin igual y calumnias.

El Enemigo está haciendo uso de todo para arrebatar almas al Mesías y convertirlas en su presa. Os digo: quien persevera se salvará. Pero también os digo: quien ama más su vida y el bienestar que a la salvación eterna, puede irse; dejarme; ocuparse de la vida insignificante y del transitorio bienestar. Yo no detengo a nadie. El hombre debe ser libre. He venido para liberarlo del Pecado y fortalecer su espíritu, liberándolo de las cadenas de una religión deformada; opresora. Con la Palabra de Dios, que es neta, breve, luminosa, fácil, santa, perfecta. Mi venida es un cedazo de las conciencias…

Durante siglos hubo un desafío entre el Eterno y Satanás, que enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, dijo a Dios:

–                 Tus criaturas para siempre serán mías. Ninguna cosa; ni el castigo, ni siquiera la Ley que les quieres dar; los harán capaces de ganarse el Cielo. Y este lugar tuyo del que me has arrojado a Mí, el único inteligente entre tus criaturas; quedará vacío, inútil y triste, como todas las cosas inútiles.

Y el Eterno respondió al Maldito:

–                 Podrás hacer todavía esto, mientras tu veneno sea el único que reine en el hombre. Pero mandaré Yo a mi Verbo y su Palabra lo neutralizará. Él sanará los corazones. Curará la locura con la que los has satanizado y… ellos volverán a mi redil. Y el Cielo se poblará. Lo he hecho para ellos. Tú rechinarás tus horridos dientes, con impotente rabia; allá en tu tétrico reino que es prisión y lugar maldito. Y sobre ti los ángeles colocarán la Piedra de Dios y la sellarán contigo y los tuyos. Tan sólo habrá tinieblas y odio; entretanto que la Luz y el Amor; el canto y la beatitud. La libertad infinita, eterna, sublime; pertenecerán a los míos.

Y Mammón con una risa burlona, dijo:

–                 Y yo te juro que cuando llegue la hora, vendré. Estaré junto a todos los evangelizadores y veremos cuál de los dos, es el vencedor.

Así es. Satanás os pone asechanzas para heriros. Y también Yo os rodeo por lo mismo. Los competidores somos dos: Yo y él. Vosotros estáis en medio. El Duelo del Amor con el Odio. De la Sabiduría con la Ignorancia. De la bondad con el Mal. Es por causa vuestra y alrededor vuestro. Yo me basto para apartar de vosotros los golpes del Malvado. Me interpongo entre las almas de Satanás y vuestro ser. Y acepto que se me hiera, en lugar vuestro, porque os amo. Pero los golpes en vuestro interior… esos debéis retirarlos con vuestra voluntad. Viniendo a Mí. Poniéndoos en mi camino, que es Verdad y Vida. Quién no tenga ganas del Cielo; jamás lo tendrá. Quién es Enemigo del Mesías, es semilla mala que renacerá en el Reino Satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm. Tengo conciencia pura, del pecado del que se me culpa. Y en nombre de un pecado que no existe; se murmura detrás de Mí y se insinúa que oírme y seguirme, es haceros cómplices con el pecador.

Entre vosotros, ciudadanos de Betsaida, hay personas que recuerdan a la Bella de Corozaím. Hay hombres que pecaron con ella. Hay mujeres que por causa de ella gimieron y después se alegraron cuando supieron que la podredumbre había salido fuera de sus entrañas impuras; al exterior de su magnífico cuerpo.

Esa corrupción era la figura de aquella mucho más dura, que había roído su alma adúltera, homicida y prostituta. Setenta veces siete, adúltera; con cualquier hombre que tuviera dinero. Homicida siete veces siete, por sus concepciones bastardas. Prostituta por el vicio y ni siquiera por necesidad. ¡Oh! ¡Comprendo, esposas traicionadas! Comprendo vuestro júbilo, cuando supisteis que las carnes de la Bella tenían el hedor y estaban deshechas como una carroña llena de gusanos. Pero Yo os digo: Sabed Perdonar. Dios os ha vengado. Y luego Él, ha perdonado. Perdonad también vosotras que me habéis saludado con el grito: ¡Bendito el Cordero de Dios! Sí, Soy el Cordero. Y vosotras debéis ser ovejas mansas. Yo la he perdonado y también deben hacerlo las que traen un dolor profundo de esposas traicionadas y que con instinto de fiera, defendieron su nido. No podría Yo que soy el Cordero, permanecer entre vosotras, si sois tigresas y hienas.

El que ha venido en el Nombre Santísimo de Dios a recoger a justos y pecadores para llevarlos al Cielo; fue también a ver a la arrepentida y le dijo: ‘Queda limpia. Vete y expía’. Esto lo hice en sábado. Y de esto se me acusa. Acusación Oficial. La segunda, es la de haberme acercado a una prostituta. A una que lo FUE. Y que entonces sólo era un alma que lloraba sobre sus pecados. Era un alma enferma. Y los enfermos son los que tienen necesidad del médico.

Pues bien. Yo digo: lo hice y lo haré. Traedme el Libro de la Escritura. Escudriñadlo, estudiadlo, desentrañadlo. No encontraréis jamás un punto sonde se prohíba al médico, que cure a un enfermo. Al levita, que se ocupe del altar. Y al sacerdote, que no escuche a un fiel; tan sólo porque es sábado. Ella era un altar profanado y tenía necesidad de un levita que lo limpiase. Era una fiel que lloraba ante el Templo Verdadero de Dios y tenía necesidad del sacerdote que la presentase. En verdad os digo que si no cumplo con mi deber y que si pierdo una sola alma de las que sienten el acicate de la salvación; Dios Padre me pedirá cuenta de ella y me castigará por esa alma perdida.

Este es mi pecado, según los poderosos de Cafarnaúm. Podría haber esperado al día siguiente al sábado, para hacerlo. Pero en aquel corazón había humildad verdadera; sinceridad clara; dolor perfecto. ¿Por qué esperar a que un corazón contrito, se ponga en paz con Dios? La lepra todavía estaba sobre su cuerpo; pero su corazón ya estaba curado por el bálsamo de años de arrepentimiento; de lágrimas; de expiación. Salió limpia del lago, también en su cuerpo. Pero mucho más en su corazón. ¡Oh! ¡Cuántos de los que entraron en las aguas del Jordán, para obedecer la orden del Precursor; no salieron de él limpios!  Porque su bautismo no era un acto sincero de un espíritu que quisiese prepararse a mi llegada. Sino tan solo una forma de aparentar ser perfectos en santidad a los ojos del mundo.

Y era por esto, hipocresía y soberbia. Dos culpas que aumentaban el cúmulo de las que ya existían en sus corazones. El bautismo de Juan no era más que un símbolo que quería decir: ‘Limpiaos de la soberbia, humillándoos hasta confesaros pecadores. De la lujuria; lavándoos de su escoria.’ Es el alma, la que se bautiza por voluntad vuestra, para estar limpia a la invitación de Dios.

No hay culpa tan grande que no pueda lavarse primero con el arrepentimiento; después, con la Gracia; a fin de que la pueda lavar el SalvadorNo hay pecador tan grande, que no pueda levantar su cara estropeada y sonreír con una esperanza de Redención.  Basta con que tal acto sea completo al renunciar a la culpa. Heroico, al resistir a la tentación. Sincero, en la voluntad de renacer.

Os digo una verdad que a mis enemigos les parecerá blasfema; pero vosotros sois mis amigos. Hablo especialmente a vosotros, mis discípulos y elegidos. Y luego, a todos quienes me escucháis. Os digo: Los ángeles, espíritus puros y perfectos; que viven en la Luz de la Santísima Trinidad y en ella se gozan; reconocen que la perfección que tienen, es inferior a la vuestra. ¡Oh, hombres lejanos del Cielo! Son inferiores porque no tienen poder para sacrificarse. De sufrir para cooperar en la Redención del Hombre.

Y qué os parece? Dios no toma a un ángel para decirle: ‘Sé el Redentor del Género Humano.’ Sino que toma a su Hijo y sabiendo que por más que sea incalculable e infinito su poder; todavía falta. Y es una muestra de su Bondad Paternal que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su Amor  y los hijos de su Poder; al conjunto de los méritos que se pondrán a los de los pecados de cada momento, que el género humano va acumulando. Por esto no toma a los ángeles. Para completar la medida. Y  no les dice: ‘Sufrid para imitar al Mesías.’ Sino que lo dice a vosotros, hombres. Os dice: ‘Sufrid. Sacrificaos. Sed semejantes a mi Cordero. Sed Corredentores…’

¡Oh! Yo veo cohortes de ángeles que dicen: ‘¡Benditos vosotros que podéis sufrir con el Mesías y por el Dios Eterno; que es nuestro y vuestro!’

Muchos no lograrán comprender esta grandeza. Está muy por arriba del hombre. Pero cuando la Hostia sea Inmolada. Cuando el Grano eterno, Resucite para no morir más… entonces comprenderéis que no he blasfemado. Sino que os he anunciado la dignidad más alta del hombre: ‘La de ser corredentores, aun cuando antes se era sólo un pecador.’ Entretanto preparaos para ello con una pureza de corazón y de propósitos. Cuanto más puros seáis, tanto mejor comprenderéis…

Porque la impureza, cualquiera que sea; es siempre humo que oscurece y apesanta la vista y la inteligencia. Sed puros. Empezad por los cinco sentidos, para pasar a las siete pasiones. Empezad por la vista. Por el sentido que es rey y que abre el camino al hambre más voraz y complicada: los ojos ven la carne de la mujer y desean la carne. Los ojos ven la riqueza de los ricos y desean el oro. Los ojos ven el poder del gobernante y desean el poder. Cuanto más puros sean vuestros ojos; más puro será vuestro corazón. Sed castos en las miradas; si queréis ser castos en el cuerpo. Si tuvieseis castidad en la carne; tendréis castidad en las riquezas y en el poder. Tendréis toda castidad y seréis amigos de Dios.

No tengáis miedo de que se os haga burla, porque sois castos. En verdad os digo que Dios ha dejado el matrimonio para elevaros en la procreación y para que cooperéis con Él, para poblar los Cielos. Pero hay un estado mucho más alto; ante el cual se inclinan los ángeles porque ven su sublimidad, sin poder imitarla. Un estado que no excluye a los que ya no son vírgenes y que voluntariamente destruyen su fecundidad ya sea femenina o masculina; anulando su virilidad animal, para ser fecundos tan solo en el espíritu. El eunuquismo más alto; el que tiene como instrumento amputador la voluntad de pertenecer solo a Dios y conservar para Él; casto el cuerpo y el corazón; para que brillen siempre con el esplendor que ama el Cordero.

He hablado al pueblo y a los elegidos de entre el pueblo; antes de entrar a partir el pan y compartir la sal, en la casa de Felipe. Os bendigo a todos. A los buenos como premio y a los pecadores, para infundirles valor de acercarse al que vino a perdonar. La paz sea con vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se agolpa alrededor. En la esquina de una casa todavía está Mateo que ha escuchado desde allí al Maestro, pero no se atrevió a más. Cuando llega Jesús y pasa junto a él, se detiene. Y como si bendijese a todos, bendice una vez más y mira a Mateo. Luego continúa caminando entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. Y entra en una casa…

Mateo se va para la suya reflexionando, mientras una esperanza se agiganta en su corazón. Prepara todo y sale de viaje a Jerusalén. Entra en el recinto del Templo y se dirige sin vacilar hacia el Patio de los Israelitas. Luego, entra al lugar donde los varones de Israel, pueden presentar sus oraciones ante el Santo de los santos. Y concentrado en una oración profunda llora y dice al Altísimo:

‘Bendito y alabado seas Yheové Sebaoth. Creo en la Palabra de tu Mesías. Sé que ni siquiera debiera estar pisando en este lugar sagrado. Él dijo que tu perdón puede hacer del peor de los pecadores, un discípulo santo a los pies de tu Ungido. Yo soy el peor de los pecadores. Pero le creo a Él. Te suplico que me perdones.  Muéstrame tu misericordia ante mi arrepentimiento. Soy tuyo, Adonaí…

 

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA