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EJÉRCITO VICTORIOSO III


HORAS NOCTURNAS DE REPARACIÓN

Pasos:

I. Coronilla del Amor

II. Meditación de la Hora Nocturna. (Una por día)

III. Oración final (ver al final la última oración)

IV. TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD (Complemento poderosísimo de Protección)

 CORONILLA DEL AMOR

En las cuentas del rosario. En las cuentas grandes:

Sagrados Corazones de Jesús, María y José; sed nuestro amor y salvación.

En las cuentas pequeñas (10 veces):

Jesús, María y José os amo. Salvad almas. Salvad a los consagrados.

Al final del rosario, repetir tres veces:

Sagrados Corazones de Jesús, María y José; haced que os ame cada vez más.

II MEDITACIÓN DE LAS HORAS NOCTURNAS

SEXTO DÍA

6. Reparad por las almas que malgastan su tiempo en la Internet, en la televisión y se olvidan de Dios.

 Hijo consentido: sois generoso en ofrecerme parte de vuestro descanso nocturno con esta hora de reparación, hora en que muchas almas malgastan su tiempo en la Internet y en la televisión viendo programas: perniciosos, que no edifican para nada su proyecto de vida, que excitan su imaginación y la llevan al pecado.

Que deforman su manera de pensar, que se roban los espacios para compartir en familia, que acaban con la identidad de algunos de mis hijos; que son el camino al superficialismo, al comodismo, que desvirtúan lo que es el pecado. Pecado que es mostrado como algo muy normal, algo que encaja con estos tiempos modernos.

Reparad, hijo amado: porque la Internet y la televisión se han convertido en las cajas negras de las casas, muchas veces suelen ser pasaporte de entrada al Infierno. Porque la Oración y el rezo del Santo Rosario en familia ha pasado a un segundo plano.

El erotismo, la violencia, la prostitución, el narcotráfico y los malos ejemplos son el pan cotidiano; porque las telenovelas no han de faltar en hogares que se dicen católicos, hogares en los que poco se dialoga, poco se comparte la mesa, poco se ora en comunidad, hogares que se han olvidado de ser Iglesia doméstica.

Iglesia en la que el primer puesto ha de ser Dios y NO la televisión y la Internet. Iglesia que lea y medite las Sagradas Escrituras. Iglesia que viva en un permanente amor ágape. Iglesia que se esfuerce en permanecer adherida al gran Misterio de la Cruz. Iglesia que se deje arropar bajo los pliegues del Manto de la Santísima Virgen María. Iglesia que sea protegida por San José.

Reparad, en esta hora nocturna, porque muchos de Mis hijos se acuestan sin pensar en Mí, sin encomendarse a mi protección, sin unir sus corazones al Mío a través de la Oración. Reparad, en esta hora nocturna, para que los hombres se aparten de las puertas abiertas del Infierno y se sumerjan en uno de los Aposentos de mi Divino Corazón y sientan el fuego ardiente de la llama de mi Amor Divino.

Reparad, en esta hora nocturna, para que los rayos de mi Luz Divina penetren en el corazón de mis hijos; hijos que sentirán aversión por todo lo que sea de dudosa moral; hijos que sentirán la necesidad de buscar espacios de oración y encuentros a solas conmigo.

Alma Reparadora:

Dulcísimo Jesús: regocijo hay en mi corazón al saber que utilizáis mi nada, porque soy siervo inútil ante vuestra presencia. Soy débil y como tal, necesito vuestra fuerza divina para no declinar en el camino que he emprendido; camino embellecido con las más finas rosas de exportación; camino angosto y escarpado pero camino seguro que me lleva a un encuentro eterno con mi adorable Jesús. Nombre que llevo grabado en mis pensamientos y en mi corazón.

Nombre que me hace suspirar de amor. Nombre que excita mi espíritu en deseos de donarme. Nombre que resuena en la profundidad de mi alma y por eso estoy con mis ojos bien abiertos en esta hora nocturna de reparación.

Reparación que mitigará vuestro dolor. Reparación que adelantará el triunfo del Inmaculado Corazón y el Reinado de vuestro Sagrado Corazón. Reparación que abrirá las puertas de la Nueva Jerusalén.

Dulcísimo Jesús: reparo en esta noche por las almas que pasan largas horas en la televisión y la Internet; almas que se dejan arrebatar vuestros regalos y dádivas celestiales que soléis conceder en la oración; almas que deberán llenar los vacíos de su corazón, sumergiéndolos en las sendas de la contemplación; almas que deben pensar en su salvación, tomando conciencia de que la televisión y la Internet muchas veces llevan a la bancarrota espiritual, a la muerte espiritual.

almas que necesitan pensar en la verdadera vida, vida que exige santidad, renuncias; vida que debe ir de acuerdo con vuestras enseñanzas, Amantísimo Jesús mío; vida coherente con vuestro Evangelio. Dulcísimo Jesús mío: ¡Cómo son los hombres de ingratos y fatuos en sus pensamientos! ¡Cómo son de estultos (necios) en sus obras!, ya que la televisión y la Internet los tienen sumidos, atrapados en las redes oscuras que los llevará a la perdición.

Dulcísimo Jesús mío: os pido tener misericordia de esta humanidad renuente a vuestro amor, humanidad interesada en los asuntos del mundo pero despreocupadas de las cosas del Cielo.

Humanidad abstraída en la ciencia, en la teología pero dispersa a la Sabiduría Divina. Dulcísimo Jesús mío: llamad a cada uno de vuestros hijos a la oración; oración que los fortalecerá para que caminen como peregrinos en busca del Absoluto, en busca del Cielo.

III ORACIÓN FINAL

Jesús mío, Amantísimo y Dulcísimo Salvador: permitidme que os ofrezca y que ofrezca por Vos al Padre Eterno, la Preciosísima Sangre y Agua salida de la herida abierta en Vuestro Divino Corazón en el árbol de la Cruz. Dignaos aplicar eficazmente esta Sangre y esta Agua a todas las almas, en particular a los pobres pecadores y a la mía. Purificad, regenerad, salvad a todos los hombres con el auxilio de vuestros méritos. Concedednos finalmente, oh Jesús, entrar en vuestro Amantísimo Corazón y habitar en él para siempre. Amén.

SÉPTIMO DÍA

7. Reparad por las almas que profanan los templos: saqueándolos, robándose los vasos sagrados y las custodias.

Hijo amantísimo de mi Sagrado Corazón: despertad de vuestro sueño, levantaos de inmediato y venid a nuestro encuentro de amor porque tengo algunas cosas tristes para contaros. Tengo tanto dolor que os necesito como pararrayos en esta noche.

Mi cuerpo, de nuevo, se halla lacerado, maltratado; he recibido golpizas; golpizas por la crueldad con que soy tratado porque: ¡Cómo es posible que hombres sin corazón, hombres dirigidos directamente por Satanás: entren a los templos para saquearlos, para robarse los vasos sagrados y las custodias!

Custodias que contienen al Dios Verdadero, Presente en la Sagrada Hostia. Custodias en la que resido, vestido de sencillez y de simpleza; Custodias que son protegidas por miríadas y miríadas de Ángeles.

Ángeles que me rinden homenaje de adoración. Ángeles que entonan las más bellas canciones porque el Rey del más alto linaje habita en una pequeña porción del Cielo en la tierra. Ángeles que se anonadan y extasían de amor. Ángeles que suspiran al Cielo porque el Hombre-Dios se ha quedado hasta la consumación de los siglos en todos los Sagrarios del mundo.

Hijo carísimo: estas almas de indolente corazón profanan mi Divinidad, me rebajan a la nada. El Dios vivo y Misericordioso es pisoteado, mancillado. El Dios vivo y Misericordioso, es masacrado porque me despojan de mi Trono. Trono que es vendido, comercializado. Trono que es fundido porque el precioso metal de que está hecho, despierta la codicia en algunos de mis hijos con corazón mezquino.

Pobres de estas almas que se atreven a profanar mi Cuerpo Santísimo y los Vasos Sagrados de mi templo; tienen una deuda muy grande qué saldar; sufrimientos espantosos les espera si no se arrepienten de sus faltas; condenación eterna si no confiesan sus pecados y hacen reparación constantes por sus desvaríos y yerros.

Así es, pues, alma reparadora que estáis llamada, en esta noche, a tomar en vuestras manos un lienzo blanco, delicado para que sanéis las heridas de Mi Cuerpo, heridas que supuran Sangre Preciosa, heridas profundas porque he sido profanado, martirizado y por el peor de los verdugos. Besad y adorad mis Santas llagas y reparad para que estas almas lloren amargamente su pecado y regresen a Mí. Yo las perdonaré, les absolveré de toda culpa.

Alma Reparadora:

Mi amado Jesús: mi corazón naufraga en el dolor por vuestra palabras. Palabras que son espadas puntiagudas que cercenan mi alma. Palabras que me llevan a una profunda reparación en esta noche; noche sombría, lúgubre; noche en la que sois profanado, azotado; noche en el que vuestro templo es saqueado, robado. Templo que es pórtico del Cielo, siempre abierto. Templo que es embellecido por vuestra sublime presencia en la Sagrada Hostia.

Mi amado Jesús: tomad mi reparación en esta hora nocturna como bálsamo sanador a vuestras múltiples heridas; dejadme adorar vuestras Santas Llagas y vuestra Sangre Preciosa; dejadme embriagar de amor, pero también de dolor porque ante tanto amor que prodigáis a las criaturas, sólo recibís desprecios e ingratitudes.

Mi amado Jesús: robadme el sueño de esta noche y haced que mi pobre corazón se consuma en deseos de llevarse vuestro dolor, de reparar por estas almas que profanan vuestro Cuerpo adorable y los Vasos Sagrados de los templos.

Heme aquí Corazón agonizante de mi Jesús, ansioso de elevar rogativas al Cielo porque algunas almas no han entendido la grandeza de vuestro Misterio de Amor Divino. Misterio que es subvalorado por algunos hombres renuentes a vuestra manifestación real en la Sagrada Hostia.

Heme aquí Corazón agonizante de mi Jesús, recogiendo vuestra Sangre Preciosa y algunos pedacitos de vuestra carne desgarrada, para adorarla y rendirle la exaltación que algunas almas no os ofrecen, porque están cegadas por Satanás, están sumidas en la mayor de las desolaciones porque el no teneros, es carecer de todo.

Heme aquí Corazón agonizante de mi Jesús, con la lámpara encendida en esta noche, ya que me habéis llamado para daros consuelo, para daros una voz de alivio a vuestro sufrimiento. Os prometo unirme a vuestro dolor, llorar por los pecados de estos hombres que van directo al Infierno, Vos que sois el amor incomparable, la ternura infinita.

Vos que sois un lirio blanco y perfumado: sois deshojado, arrancado bruscamente de vuestro Celestial Jardín. Jardín regado por ríos de agua viva. Jardín cultivado por los Santos Ángeles del Cielo. Estoy aquí como centinela nocturno que custodia el gran tesoro del Cielo que tiene por Nombre Jesús.

OCTAVO DÍA

8. Reparad por aquellas mujeres que son foco de tentación, de tropiezo y de caída para mis sacerdotes.

 Hijo amado: venid a nuestro encuentro de amor. Os espero para calentaros en la llama de mi Amor Divino. Os espero para que seáis Mi centinela en esta noche. Os espero para que levantéis vuestras manos al Cielo y pidáis misericordia para los pecadores.

Os espero para que os apoyéis en Mí porque soy vuestro báculo, vuestro soporte, vuestro estandarte. Vos que formáis parte de este apostolado de reparación, Vos que no conciliáis el sueño sin antes haber cumplido con este compromiso de amor: os pido que reparéis en esta noche por todas aquellas mujeres que son foco de tentación, de tropiezo y de caída para mis sacerdotes, para Mis ungidos, para estos hombres valerosos que tienen una gran misión en la tierra.

Hombres que deben ser otros Cristos en el mundo. Hombres que deben brillar por su santidad, por su ejemplo de vida. Hombres que deben tener un corazón diáfano, libre de toda atadura, de toda mancha. Hombres que han de rechazar de plano los asuntos del mundo porque su vocación apunta a las cosas del cielo, a encaminar a mi grey a la Patria Celestial.

Reparad porque algunas mujeres son instrumentos de Satanás; algunas mujeres están poseídas por un espíritu de desenfreno sexual. Algunas mujeres fijan su mirada en alguno de mis sacerdotes y no descansan hasta no haber logrado sus propósitos mezquinos, ruines.

Reparad para que estas mujeres vuelvan sus ojos y su corazón a Mí. Mujeres que traen consigo, perdición. Mujeres que son más malditas que Judas porque se han metido con lo más amado, con lo más apetecido de mi Divino Corazón.

Reparad para que estas pobres hijas, que se han desviado de mi camino, purifiquen sus corazones en los Ríos de la Gracia. Porque el hedor que llevan dentro es mortecino, nauseabundo. ¡Cómo agoniza mi Sagrado Corazón cuando uno de Mis hijos predilectos cae en la seducción, en las apetencias de la carne; mejor sería que no hubiesen nacido!

Reparad, también, por ellos porque padecen soledad e incomprensión. ¡Cómo agoniza mi Sagrado Corazón!, cuando veo que estas almas caminan a una velocidad vertiginosa a la perdición, rogad para que reconozcan sus miserias y sus faltas. Rogad para que vuelvan hacia Mí como hijos pródigos. Yo les perdonaré porque mi Corazón sobreabunda en misericordia.

Alma Reparadora:

Sufriente Jesús mío: ¡Cómo me conduele mi corazón al saber de vuestros padecimientos! Padecimientos que os llevan a una pasión mística porque son muchos los hombres que os maltratan con su vida de pecado; pecado que deforman sus almas, pecado que los separa de Vos cortando todo nexo con el Cielo.

Sufriente Jesús mío: no sé cómo expresaros el gran amor que os tengo; no hay palabras para deciros lo que siento, basta con miraros, con recrearme ante vuestra singular belleza y mi corazón rebosa, palpita con ímpetu, con vehemencia.  

Sufriente Jesús mío: como sois el aliciente para vivir: heme aquí en esta noche cumpliendo con vuestro mandato de amor; reparar por estas pobres mujeres que no alcanzan a sopesar la dignidad del sacerdocio. No miden las consecuencias de sus actos; actos repudiados por vuestro Sacratísimo Corazón. Actos deplorables para el Cielo, actos que son causa de condena y muerte segura.

Sufriente Jesús mío: recibid el sacrificio de esta noche; descansad en mi corazón; entregadme parte de vuestro dolor , porque no soporto veros triste, acongojado por el trágico final de estas almas. Almas que deben acudir de inmediato a Vos y pediros perdón; almas que deben llorar y expiar sus culpas.

Almas que deben vivir en continua mortificación y penitencia porque han usurpado algo que NO les pertenecía. Han tocado propiedad ajena; se han involucrado con lo más amado, lo más querido en esta tierra.

Sufriente Jesús mío: llamad a una conversión perfecta a estas almas que laceran vuestro Divino Corazón; dadles una última oportunidad; demostradles que sois fuente inagotable de Misericordia; llenadles los vacíos de su corazón y suplidlos con vuestro puro amor.

Sufriente Jesús mío: compadeceos de ellas y de los sacerdotes que han caído en el fuego ardiente de la perdición; desatadlos de las oxidadas cadenas que los esclavizan; corred el velo de oscuridad que cubren sus ojos y permitidles ver la luz; luz radiante, inmarcesible; luz fulgurante que brotan de vuestras Santas Llagas.

Sufriente Jesús mío: tomad esta hora nocturna de reparación y apresuraos en vuestra Segunda Venida, porque el mundo se ha corrompido. El Mundo camina sin Dios y sin Ley.

III ORACIÓN FINAL

Jesús mío, Amantísimo y Dulcísimo Salvador: permitidme que os ofrezca y que ofrezca por Vos al Padre Eterno, la Preciosísima Sangre y Agua salida de la herida abierta en Vuestro Divino Corazón en el árbol de la Cruz. Dignaos aplicar eficazmente esta Sangre y esta Agua a todas las almas, en particular a los pobres pecadores y a la mía. Purificad, regenerad, salvad a todos los hombres con el auxilio de vuestros méritos. Concedednos finalmente, oh Jesús, entrar en vuestro Amantísimo Corazón y habitar en él para siempre. Amén.

Extractado del libro: En los umbrales de la Nueva Jerusalén, cap. II (Mensajes dados a Agustín del Divino Corazón, mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María).

TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Bendita sea la Santa e indivisible Trinidad, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

V. Abrid, Señor mis labios. R. Y mi voz pronunciará vuestra alabanza.

V. Dios mío, mi defensa te encomiendo. R. Señor, a mi socorro acude presto.

Gloria sea dada al Padre, Gloria al eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Contrición

Amorosìsimo Dios, uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, sentidos y potencias, y por ser vos mi Padre, mi señor y mi Dios infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa, Trinidad Misericordiosa, me pesa, trinidad amabilísima, me pesa Trinidad Santísima, de haberos ofendido sólo por ser vos quien sois: propongo y os doy palabra de nunca mas ofenderos, y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma bondad y misericordia infinita que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.

Himno

Ya se aparta el sol ardiente Tu, luz perenne. Unidad Danos un amor ferviente, Santísima Trinidad. En la aurora te alabamos Y en la tarde ¡oh sumo bien! Confiados esperamos Que allá en el cielo también. Al Padre, al Hijo, y al Santo Espíritu, con fervor Demos en piadoso canto Gloria, alabanza y honor. Amén.

Se dice tres veces:

Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus, Sabaoth. Pleni sunt coeli et terra gloria tua.   Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Aleluya.Aleluya.

GLORIA Patri, etFilio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Ahora en su rosario, en el primer misterio rezar:

 PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Decir en las 9 nueve perlas siguientes:

Abba Santísimo, Sanctus, Sanctus, Sanctus,Dominus Deus, Sabaoth. Rex caelestis, Pleni sunt coeli et terra gloria tua.Hosanna in excelsis.Benedictus qui venit in nomine Domini.Hosanna in excelsis. Aleluya. Aleluya.”

GLORIA Patri, etFilio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Y al terminar las 9 veces se dice:

“Por infinitos siglos de los siglos. Amén” Aleluya. Aleluya.

Hacer lo mismo en el segundo y tercer misterio, hasta completar 27 veces

Sanctus, Sanctus, Dominus Deus, Sabaoth. Rex caelestis, Pleni sunt coeli et terra gloria tua.Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Aleluya. Aleluya.”

Antifonía

A Tì, Dios Padre ingénito; a Tî Hijo unigénito; a Tî, Espíritu Santo paráclito, santa e indivisible Trinidad de todo corazón te confesamos, alabamos y bendecimos: a Tì se dé Gloria por los siglos de los siglos. V. Adoremos al Dios de las alturas. R. Alabémosle en la tierra todas sus criaturas.

Oración

Amabilísimo Señor, Dios Uno y Trino, dadnos continuamente vuestra gracia, vuestra caridad y la comunicación de Vos para que en tiempo y eternidad os amemos y glorifiquemos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, una deidad, por infinitos siglos de los siglos. Amén.

Gozos a la Santísima Trinidad

Dios Uno y Trino, a quien tanto Arcángeles. Querubines, Angeles y Serafines Dicen: Santo, Santo, Santo.

Santísima Trinidad, Una esencia soberana, De donde en raudales mana La Divina Caridad, De tu inmensa majestad Ante el trono sacrosanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Oh misteriosa Deidad De una esencia y tres personas, Pues que piadosa perdonas, Nuestra miseria y maldad, Oye con benignidad Este fervoroso canto.

Angeles y Serafines,  Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

El Trisagio que Isaías Escribió con tanto celo, Lo cantan siempre en el cielo Angélicas jerarquías; Tan piadosas melodías Son de las almas encanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Este Trisagio glorioso Voz del coro Celestial Contra el poder infernal Es auxilio poderoso, Y en este mar proceloso, Puerto en que cesa el quebranto. Angeles y serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

De la muerte repentina Del rayo exterminador, De la peste y del temblor, Libra esta oración divina; Ella la mente ilumina Y disipa nuestro llanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Es el iris que se ostenta Precursor de la bonanza Es áncora de esperanza En la desecha tormenta, Es la brújula que orienta Al tender la noche el manto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Es escudo soberano De la divina justicia, Con que de infernal malicia Triunfa el devoto cristiano, Y hace que el Dragón tirano Huya con terror y espanto.

Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

De la guerra fratricida Que ensangrienta nuestro suelo, El Trisagio, don del Cielo, Nos preserva con su egida. Y en dulce paz bendecida Suba hasta Dios nuestro canto. Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Yo confío en vuestro amor, Santo Dios, fuerte, inmortal, Que en el coro celestial Cantaré con gran fervor El himno que tanto honor Causa, cuando en su canto, Angeles y Serafines, Arcángeles y querubines Dicen Santo, Santo, Santo.

Dios Uno y Trino a quien tanto Arcángeles, Querubines, Angeles y Serafines, Dicen: Santo, Santo, Santo.

Antífonía

Bendita sea la santa e indivisible Trinidad, que todas las cosas crea y gobierna, ahora y siempre y por los infinitos siglos. Amén

V. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo. R. Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.

Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste revelar a tus siervos la gloria de tu eterna Trinidad, y que adorasen la unidad de tu augusta Majestad en la confesión de la fe; te suplicamos rendidos que por la misma confesión de la misma fe, nos veamos siempre libres de las adversidades y peligros. Por Jesucristo Señor nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Ofrecimiento

Te rogamos Señor, por la santa iglesia católica, en especial por nuestro Santo Padre El Papa y todos los prelados que la gobiernan, por la exaltación de la santa fe católica, la conversión de los infieles, herejes y pecadores, paz y concordia entre los príncipes cristianos, perseverancia de los buenos y arreglo de las costumbres, por los perseguidos, afligidos, enfermos y agonizantes, por las almas del purgatorio, por el acierto en los gobiernos de las naciones, unión en los matrimonios, ejemplo en las familias y santa educación de la juventud; por nuestros amigos y enemigos y por todas las necesidades espirituales y temporales del pueblo y del estado. Sagrado Corazón de Jesús, fuente de bondad y misericordia. Ten piedad de nosotros.

Tres Padres Nuestros, Avemarías y Glorias por el remedio de todas nuestras necesidades.

PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.

AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei et Dei Mater Nostra, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.

GLORIA Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confiamos infinitamente.

Acto de Desagravio

Divino Salvador de las almas; cubiertos de confusión nuestros rostros, nos posternamos en vuestra presencia soberana y dirigiendo nuestra vista al solitario Tabernáculo, donde gemís cautivo de nuestro amor, se pàrten nuestros corazones de pena al ver el olvido en que os tienen los redimidos, al ver esterilizada vuestra sangre, e infructuosos los sacrificios y escarnecido vuestro amor.

Pero ya que con infinita condescendencia permitís que unamos esta noche nuestros gemidos a los vuestros, nuestras lágrimas a las que brotaron por nuestra causa de vuestros Sacratísimos ojos, a las lágrimas de sangre que vertieron vuestros Divinos ojos, os rogamos dulce Jesús, por los que no ruegan, os bendecimos por los que os maldicen y os adoramos por los que, despiadados os ultrajan.

Y con toda la energía de nuestras almas, deseamos bendeciros y alabaros en todos los instantes de nuestra vida y en todos los Sagrarios de la tierra y con los valiosos afectos de vuestro amante Corazón.

Suba, Señor, hasta Vos, el doloroso grito de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de nuestros contritos corazones.

V. Por nuestros pecados, por los de nuestros padres, hermanos y amigos, por los del mundo entero. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por las infidelidades y sacrilegios, por los odios y rencores. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por las blasfemias, por la profanación de los días santos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por las impurezas y escándalos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los hurtos e injusticias, por las debilidades e irrespetos humanos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por la desobediencia a la Santa Iglesia Católica, la que instituyó Jesucristo, por la violación del ayuno. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los crímenes de los esposos, por las negligencias de los padres, por las faltas de los hijos. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los atentados cometidos contra el Papa. R. Perdón Señor, perdón. V. Por las persecuciones levantadas contra los Obispos, Sacerdotes, religiosos y Sagradas Vírgenes. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los insultos hechos a vuestras imágenes, la profanación de los templos, el abuso de los sacramentos y los ultrajes al augusto Tabernáculo. R. Perdón Señor, perdón. V. Por los crímenes de la prensa impía y blasfema, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas. R. Perdón Señor, perdón.

V. Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gracia y por todos los que sufren. R. Piedad, Señor piedad.

V. Perdón, Señor, y piedad por el más necesitado de vuestra gracia; que la luz de vuestros Divinos Ojos no se aparte jamás de nosotros; encadenad a la puerta del Tabernáculo nuestros inconstantes corazones; hacedles allí sentir los incendios del amor Divino, y a vista de las propias ingratitudes y rebeldías, que se deshagan de pena, que lloren lágrimas de sangre, que vivan muriendo de amor. R. Amén.

GLORIA A TI SEÑOR JESÚS. GRACIAS POR SALVARNOS.

JESUS, MARIA, Y JOSE OS AMO SALVAD VIDAS, NACIONES Y ALMAS. AMÉN.

No me mueve, mi Dios para quererte El Cielo que me tienes prometido, Ni me mueve el Infierno tan temido; Para dejar por eso de Ofenderte. Tú me mueves Señor muéveme el verte, Clavado en una cruz y escarnecido,

Muéveme el ver Tu cuerpo tan herido. Muéveme Tus afrentas y Tu muerte, Muéveme en fin Tu amor, en tal manera; Que aunque NO hubiera Cielo yo te amara Y aunque NO hubiera Infierno Te temiera. NO me tienes que dar porque te quiera, Pues aunque lo que espero NO esperara; Lo mismo que te quiero Te quisiera.

16.- EL LLAMADO DEL AMOR


Días después…

En una mañana de mercado en Cafarnaúm. Hay tianguis. La plaza está llena de vendedores de toda clase de mercancía. A ella llega Jesús, viniendo del lago y ve que vienen a su encuentro, sus primos: Judas y Santiago.

Él se apresura y después de abrazarlos con cariño, pregunta ansioso:

–           ¿Vuestro padre? ¿Qué pasó?

Judas Tadeo responde:

–           Nada nuevo en lo que respecta a su salud.

Jesús dice:

–           ¿Entonces a qué viniste? Te dije que te quedaras.

Tadeo baja la cabeza y calla.

Pero el que se expansiona es Santiago y dice:

–           Por mi culpa, él no te obedeció. Sí. Por culpa mía. Pero no puede soportar más. ¡Todos en contra! Y ¿Por qué? ¿Acaso hago mal en amarte? ¿Lo hacemos acaso? Hasta aquí, un escrúpulo del Mal, me había detenido. Pero ahora que sé. Ahora que has dicho que sobre Dios no hay nadie, ni el padre. Ya no lo pude soportar. ¡Oh! Judas trató de ser respetuoso. De hacer entender razones. De corregir ideas. Dijo: ‘¿Por qué me combatís? Si Él es el Profeta. Si es el Mesías. ¿Por qué queréis que el mundo diga: ‘Su familia no lo quería? Cuando todos lo seguían, ella no lo hizo.’ Y yo declaré:Porque si fuera el infeliz que vosotros decís. ¿No debemos nosotros, los de su familia; estar cerca de su demencia; para impedirle que se dañe o nos dañe?

¡Oh, Jesús! De este modo hablaba yo para discutir humanamente, como ellos razonaban. Pero Tú sabes bien que Judas y yo no creemos que Tú estés loco. Tú sabes que en Ti vemos al Santo de Dios. Que te consideramos como nuestra estrella mayor. Pero no nos han querido comprender. Ni siquiera nos han querido escuchar. Y me vine. Acosados entre la elección de Jesús y la familia, te he escogido a Ti. Aquí estoy si me quieres. Si no, seré entonces el hombre más infeliz, porque no tendré nada. Ni tu amistad, ni el amor de la familia.

Jesús dice:

–           ¿Resuelto? ¡Oh, Santiago mío! ¡Mi pobre Santiago! ¡No hubiera querido verte sufrir así, porque te amo! Pero si el Jesús-Hombre llora contigo, ¡El Jesús Verbo se regocija por ti! ¡Ven! Estoy cierto de que la alegría de ser portador de Dios entre los hombres, aumentará de día en día tu gozo; hasta llegar al éxtasis completo, en la última hora de la Tierra y en la eterna del Cielo.

Jesús se vuelve y llama a sus discípulos, que prudentemente se habían mantenido retirados unos cuantos metros.

–           Venid, amigos. Mi primo Santiago desde ahora es de mis amigos y por esto, amigo vuestro. ¡Cuánto he deseado esta hora! Este día, para él; mi amigo perfecto de la infancia. Mi buen hermano de juventud.

Los discípulos, alegres dan la bienvenida a Santiago y a Judas Tadeo, al que hacía tiempo no veían.

Tadeo dice:

–           Te buscamos en casa. Pero estabas en el lago.

Jesús contesta:

–           Sí. Estuve en el lago por dos días, con Pedro y los demás. Pedro ha tenido buena pesca. ¿Verdad?

Pedro responde:

–           Sí. Y ahora esto me desagrada porque deberé entregar más dracmas a aquel ladrón… -y señala al alcabalero Mateo, cuyo banco está rodeado de gente que paga por la tierra o por los frutos.

Jesús dice:

–           Será todo en proporción: más pescados, más pagas; pero también más ganancias.

Pedro objeta:

–           No, Maestro. Más pesco, más gano. Pero si hago cálculos, ese de allá me hace pagar no el doble, sino el cuádruplo. ¡Chacal!

Jesús exclama con un tono:

–           ¡Pedro!… Acerquémonos a él. Quiero hablar. Siempre hay gente cerca del banco de la alcábala.

Pedro refunfuña:

–           ¡Ya lo creo! Gente y maldiciones.

Jesús mueve la cabeza y responde:

–           Pues bien. Yo iré a introducir bendiciones. Tal vez entre un poco de honradez en el alcabalero.

–           ¡Puedes estar tranquilo! Tu palabra no entrará es esa piel de cocodrilo.

–           ¡Veremos!

–           ¿Qué le vas a decir?

–           Directamente nada. Pero hablaré de tal forma, que sirva también para él.

–           ¿Dirás que es un ladrón tan grande igual al que asalta por las calles? Porque es como quien despelleja a los pobres que trabajan por tener pan. No por mujeres, ni ebriedades…

–           Pedro, ¿Quieres hablar tú por Mí?

–           No, Maestro. No sabría hacerlo bien.

–           Y con el vinagre que traes adentro, te haría mal a ti y a él.

Cuando llegan cerca del banco de la alcábala, Pedro intenta pagar cuando Jesús lo detiene y le dice:

–           Dame las monedas. Hoy pago Yo.

Pedro lo mira sorprendido y le entrega una bolsa de cuero con dinero.

Jesús espera su turno y cuando está enfrente del alcabalero, le dice:

–           Pago por ocho canastos de Simón de Jonás. Allá están los canastos, a los pies de los trabajadores. Verifica si quieres. Pero entre honrados basta solo la palabra. Y creo que me tienes por tal. ¿Cuánto es la tasa?

Mateo, que estaba sentado en su banco, en el momento en que Jesús dijo: ‘Creo que como a tal me tienes’, se pone de pie.

No es un hombre alto y parece ser de la misma edad que Pedro. En su cara se ve el cansancio de mundanas alegrías y una vergüenza completa. Al principio, tiene la cabeza inclinada. Luego la levanta y mira a Jesús, que también lo mira atenta y serenamente, como dominándole con su imponente estatura.

Jesús vuelve a preguntar:

–           ¿Cuánto?

Mateo responde:

–           No hay tasa para el discípulo del Maestro. –y añade en voz muy baja- Ruega por mi alma.

–           La llevo conmigo porque recojo la de los pecadores. Pero tú… ¿Por qué no la curas?

Después de decir esto, inmediatamente se vuelve y le da la espalda para ir hacia Pedro, que está con los ojos como platos y boquiabierto por la admiración.

También los otros lo están. Hablan en voz baja o lo hacen con los ojos.

Jesús se dirige hacia un árbol y se recarga en él. Está a unos diez metros de donde está Mateo, empieza a hablar:

“El mundo se puede comparar con una gran familia, cuyos miembros desempeñan quehaceres diversos y todos son necesarios. Hay agricultores, pastores, viñadores, carpinteros, pescadores, albañiles, herreros, escribanos, soldados oficiales. Soldados destinados a diversas funciones, médicos, sacerdotes; de todo hay. El mundo no podría componerse de una sola clase. Todas las profesiones son necesarias. Todas santas, si todas hacen lo que deben con honradez y con justicia. ¿Cómo se puede llegar a esto, si Satanás tienta por todas partes? Si se piensa en Dios, en que todo lo ve; aún las obras ocultas. Y en su Ley que dice: ‘Ama a tu prójimo, como te amas tú mismo. No hagas a otro lo que no quieras que te hagan. No debes robar de ningún modo.’

Decidme vosotros que me estáis escuchando: ¿Cuándo uno muere, se lleva acaso su dinero? Y cuando alguien fuese tan necio de querer tenerlo en el sepulcro, ¿Puede usarlo en la otra vida? ¡No! El dinero se convierte en metal mohoso al contacto de la corrupción de un cuerpo descompuesto. Y su alma estaría en otra parte desnuda, más pobre que el desventurado Job. Sin tener siquiera un céntimo, aun cuando aquí o en la tumba hubiere dejado millones y millones. Antes bien.

¡Escuchad! ¡Escuchad!

En verdad os digo que difícilmente se conquista el Cielo con riquezas. Sino más bien y casi siempre; se pierde con ellas. Aun cuando fueran riquezas que se hubieran adquirido honestamente; bien por herencia, bien por ganancia. Porque pocos son los ricos que saben usar justamente de ellas. Entonces, ¿Qué se necesita para tener este cielo bendito? ¿Este descansar en el seno del Padre? Es necesario no tener sed de riquezas.

En el sentido de no querer tenerlas a cualquier precio, aun faltando a la honradez y al amor. En el sentido de que si se tienen, no se las ame más que al Cielo y que al prójimo. Y se niegue la caridad al que tiene necesidad. No tener sed en el sentido de que pueden proporcionar mujeres, placeres, banquetes. Vestiduras suntuosas que son una bofetada para el que tiene frío y hambre. Existe una moneda que cambia el dinero injusto, en valores que son reconocidos en el Reino de los Cielos.

En la santa astucia de hacer de las riquezas humanas frecuentemente injustas o causa de injusticia, riquezas eternas. En otras palabras, ganar con honradez. Devolver lo que se obtuvo injustamente. Usar de los bienes con parsimonia y despego. Saberse separar de ellas, porque antes o después, ellas nos dejan. Y pensar por otra parte, que el bien llevado a cabo, jamás nos abandona.

A todos nos gustaría ser justos y como a tales ser tenidos. Y que Dios nos premie como a tales. Pero, ¿Puede Dios premiar a quien solo tiene el nombre de justo, pero no las obras? ¿Cómo puede decir: ‘Te perdono’;  si ve que el arrepentimiento es tan solo de palabra y que no va acompañado de un verdadero cambio de espíritu? No hay arrepentimiento mientras dure el deseo por el objeto por el que pecamos. Pero cuando uno se humilla. Cuando uno se corta la parte moral por una mala pasión, sea mujer u oro.

Y uno dice: ‘Por Ti Señor y no por esto’ entonces es cuando se está realmente arrepentido. Y Dios lo recoge con estas palabras: ‘Ven. Te quiero como a un inocente y como a un héroe.’

Jesús ha terminado. Se va sin siquiera voltear a donde está Mateo, que se acercó al círculo de oyentes, desde las primeras palabras.

Cuando está por llegar a la casa de Pedro, su mujer corre al encuentro de su marido para decirle algo. Luego Pedro hace señas a Jesús de que se acerque y le dice:

–           Llegó la madre de Judas y de Santiago. Quiere hablar contigo, pero no quiere que la vean. ¿Cómo le hacemos?

–           Bien. Yo entro en casa como si fuera a descansar y vosotros vayan  a distribuir las limosnas entre los pobres. Ten también el dinero de la tasa que no quiso. Vete.

Jesús hace señal a todos de que se vayan. Mientras Pedro los llama para  que se vengan juntos.

Jesús pregunta a Porfiria, la mujer de Pedro:

–           ¿Dónde está la mamá, mujer?

Porfiria le contesta:

–           En la terraza, Maestro. Allá hay sombra  y está fresco. Sube Tú también. Allí se está mejor que en cualquier otra parte de la casa.

Jesús sube por la escalera. En un ángulo, bajo el viñedo; sentada en un banquillo junto a la baranda; vestida toda de oscuro, con el velo en la cara, está María de Alfeo.  Llora sin hacer ruido.

Jesús la llama:

–           ¡María! ¡Amada, tía!

Ella levanta su pobre cara angustiada y extiende las manos, mientras exclama:

–           ¡Jesús! ¡Traigo un dolor en el corazón!

Jesús ha llegado junto a ella y la hace que siga sentada. Él permanece de pie, con su manto sobre el hombro. Pone una mano en la espalda de su tía y con la otra cubre sus manos y le pregunta:

–           ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras tanto?

María de Alfeo contesta:

–           ¡Oh, Jesús! Escapé de casa diciendo: ‘Voy a Caná a buscar vino y huevos para el enfermo’ en casa se quedó tu Madre que cuida como sólo Ella sabe hacerlo y por eso estoy tranquila. Pero lo que en realidad quería, era venir aquí. He caminado durante dos noches para llegar aquí lo más pronto posible. Y ya no puedo más… pero el cansancio no me importa.

¡Es el dolor de mi corazón lo que me hace mal! ¡Mi Alfeo! ¡Mis hijos! ¡Oh! ¿Por qué en la misma sangre hay tanta diferencia? ¿Por qué ésta es, como dos piedras en una máquina que muelen el corazón de una madre? ¿Están contigo Judas y Santiago? ¿Sí?…

Jesús asiente con la cabeza.

Ella continúa:

–           Mi Alfeo. ¿Por qué no comprende? ¿Por qué se muere? ¿Por qué quiere morir así? ¿Y Simón y José? ¿Por qué? ¿Por qué están contra Ti y no contigo?

–           No llores, María. No les guardo rencor. Se lo dije también a Judas. Los entiendo y los compadezco. Si por esto lloras, no llores.

–           Lloro, sí. Porque te ofenden. Y también porque no quiero que mi esposo muera como un enemigo tuyo. Dios no lo perdonará. Y yo… ¡Oh! ¡No lo tendré para siempre en la otra vida! –María está tan angustiada, que gruesas lágrimas caen sobre su mano izquierda, que Jesús le ha soltado.

Él, objeta:

–           No. No digas eso. Perdono. Y si perdono Yo…

–           ¡Oh! ¡Ven Jesús! Ven a salvarle el alma y el cuerpo. Ven. Empiezan a decir, también para acusarte… ya empezaron a decir que has quitado los hijos a un padre que muere y lo dicen por todo Nazareth. ¿Entiendes?…  Y añaden: ‘Por todas partes hace milagros; pero en su casa no puede hacerlos’ Y como yo te defiendo diciendo: ‘¿Qué cosa puede hacer si lo habéis arrojado con vuestros reproches y no creéis?’ Y no me dejaron en paz.

–           Dijiste bien: ‘Si no creéis’ ¿Qué puedo hacer donde no se cree?

–           ¡Oh! ¡Tú lo puedes todo! ¡Yo creo por todos! Ven. Haz un milagro para tu pobre tía…

–           No puedo. –Jesús al decir esto, está tristísimo. De pie y apretando contra su pecho a la que está llorando.

Entonces ella llora mucho más fuerte.

Jesús prosigue:

–           Escucha, María. Sé buena. Yo te juro que si pudiese; si conviniese hacerlo, lo haría. ¡Oh! Obtendría del Padre esta gracia, por ti. Por mi pobre Madre. Por Judas y Santiago. Y también… ¡Sí! También por Alfeo, José y Simón. Pero, ¡No puedo! Un gran dolor oprime tu corazón y no puedes entender la justicia del Poder mío. Te lo puedo decir, pero no lo comprenderías. Cuando llegó la hora del tránsito de mi padre… Y tú sabes si era un justo y si mi Madre lo amaba… no lo devolví a la vida. No es razonable que la familia donde vive un santo; esté libre de las desventuras inevitables de la vida.

Si no fuese así, Yo debería ser eterno en la tierra. Y sin embargo pronto moriré. Ni María, mi santa Madre, podrá arrebatarme de la muerte. No puedo…

Lo que puedo es esto y lo haré. –Jesús se ha sentado junto a ella. Toma entre sus manos la cabeza de su tía y agrega- haré esto. Por este dolor tuyo, te prometo la paz a tu Alfeo. No estarás separada de él, en la otra vida. Te doy mi palabra de que nuestra familia estará reunida en el Cielo: junta por toda la eternidad. No llores más. Ve en paz. Fuerte, resignada y santa. Mi Madre ha sido viuda antes que tú y te consolará, como sólo Ella sabe hacerlo. No quiero que partas sola, bajo este sol. Pedro te acompañará en la barca hasta el Jordán. Y te irás de allí a Nazareth en un borriquillo. Cálmate.

–           Bendíceme, Jesús. Tú dame fuerzas.

–           Sí. Te bendigo y te beso, buena tía.

Y la besa tiernamente, hasta que ella se serena.

Días después…

Jesús está en Betsaida. Habla de pie, en la barca que está anclada en la orilla. Y hay mucha gente sentada, formando un círculo a su alrededor.

–           … por esto también comprendo a todos vosotros que me amáis y me habéis seguido dejando negocios y las comodidades, para oír la Palabra que os hace doctos. Sé muy bien que más que el descuido de vuestros negocios, que es merma en vuestra bolsa, os trae burlas y hasta daño social. Tengo muchos que hoy me son contrarios y mañana serán mis enemigos declarados. Y os digo, porque a nadie quiero engañar. Ni a vosotros, mis leales amigos, que para dañarme a Mí. Para causarme dolor. Para vencerme al aislarme…  Ellos, los poderosos de Cafarnaúm, emplearán todos los medios: Insinuaciones, amenazas, burlas sin igual y calumnias.

El Enemigo está haciendo uso de todo para arrebatar almas al Mesías y convertirlas en su presa. Os digo: quien persevera se salvará. Pero también os digo: quien ama más su vida y el bienestar que a la salvación eterna, puede irse; dejarme; ocuparse de la vida insignificante y del transitorio bienestar. Yo no detengo a nadie. El hombre debe ser libre. He venido para liberarlo del Pecado y fortalecer su espíritu, liberándolo de las cadenas de una religión deformada; opresora. Con la Palabra de Dios, que es neta, breve, luminosa, fácil, santa, perfecta. Mi venida es un cedazo de las conciencias…

Durante siglos hubo un desafío entre el Eterno y Satanás, que enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, dijo a Dios:

–                 Tus criaturas para siempre serán mías. Ninguna cosa; ni el castigo, ni siquiera la Ley que les quieres dar; los harán capaces de ganarse el Cielo. Y este lugar tuyo del que me has arrojado a Mí, el único inteligente entre tus criaturas; quedará vacío, inútil y triste, como todas las cosas inútiles.

Y el Eterno respondió al Maldito:

–                 Podrás hacer todavía esto, mientras tu veneno sea el único que reine en el hombre. Pero mandaré Yo a mi Verbo y su Palabra lo neutralizará. Él sanará los corazones. Curará la locura con la que los has satanizado y… ellos volverán a mi redil. Y el Cielo se poblará. Lo he hecho para ellos. Tú rechinarás tus horridos dientes, con impotente rabia; allá en tu tétrico reino que es prisión y lugar maldito. Y sobre ti los ángeles colocarán la Piedra de Dios y la sellarán contigo y los tuyos. Tan sólo habrá tinieblas y odio; entretanto que la Luz y el Amor; el canto y la beatitud. La libertad infinita, eterna, sublime; pertenecerán a los míos.

Y Mammón con una risa burlona, dijo:

–                 Y yo te juro que cuando llegue la hora, vendré. Estaré junto a todos los evangelizadores y veremos cuál de los dos, es el vencedor.

Así es. Satanás os pone asechanzas para heriros. Y también Yo os rodeo por lo mismo. Los competidores somos dos: Yo y él. Vosotros estáis en medio. El Duelo del Amor con el Odio. De la Sabiduría con la Ignorancia. De la bondad con el Mal. Es por causa vuestra y alrededor vuestro. Yo me basto para apartar de vosotros los golpes del Malvado. Me interpongo entre las almas de Satanás y vuestro ser. Y acepto que se me hiera, en lugar vuestro, porque os amo. Pero los golpes en vuestro interior… esos debéis retirarlos con vuestra voluntad. Viniendo a Mí. Poniéndoos en mi camino, que es Verdad y Vida. Quién no tenga ganas del Cielo; jamás lo tendrá. Quién es Enemigo del Mesías, es semilla mala que renacerá en el Reino Satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm. Tengo conciencia pura, del pecado del que se me culpa. Y en nombre de un pecado que no existe; se murmura detrás de Mí y se insinúa que oírme y seguirme, es haceros cómplices con el pecador.

Entre vosotros, ciudadanos de Betsaida, hay personas que recuerdan a la Bella de Corozaím. Hay hombres que pecaron con ella. Hay mujeres que por causa de ella gimieron y después se alegraron cuando supieron que la podredumbre había salido fuera de sus entrañas impuras; al exterior de su magnífico cuerpo.

Esa corrupción era la figura de aquella mucho más dura, que había roído su alma adúltera, homicida y prostituta. Setenta veces siete, adúltera; con cualquier hombre que tuviera dinero. Homicida siete veces siete, por sus concepciones bastardas. Prostituta por el vicio y ni siquiera por necesidad. ¡Oh! ¡Comprendo, esposas traicionadas! Comprendo vuestro júbilo, cuando supisteis que las carnes de la Bella tenían el hedor y estaban deshechas como una carroña llena de gusanos. Pero Yo os digo: Sabed Perdonar. Dios os ha vengado. Y luego Él, ha perdonado. Perdonad también vosotras que me habéis saludado con el grito: ¡Bendito el Cordero de Dios! Sí, Soy el Cordero. Y vosotras debéis ser ovejas mansas. Yo la he perdonado y también deben hacerlo las que traen un dolor profundo de esposas traicionadas y que con instinto de fiera, defendieron su nido. No podría Yo que soy el Cordero, permanecer entre vosotras, si sois tigresas y hienas.

El que ha venido en el Nombre Santísimo de Dios a recoger a justos y pecadores para llevarlos al Cielo; fue también a ver a la arrepentida y le dijo: ‘Queda limpia. Vete y expía’. Esto lo hice en sábado. Y de esto se me acusa. Acusación Oficial. La segunda, es la de haberme acercado a una prostituta. A una que lo FUE. Y que entonces sólo era un alma que lloraba sobre sus pecados. Era un alma enferma. Y los enfermos son los que tienen necesidad del médico.

Pues bien. Yo digo: lo hice y lo haré. Traedme el Libro de la Escritura. Escudriñadlo, estudiadlo, desentrañadlo. No encontraréis jamás un punto sonde se prohíba al médico, que cure a un enfermo. Al levita, que se ocupe del altar. Y al sacerdote, que no escuche a un fiel; tan sólo porque es sábado. Ella era un altar profanado y tenía necesidad de un levita que lo limpiase. Era una fiel que lloraba ante el Templo Verdadero de Dios y tenía necesidad del sacerdote que la presentase. En verdad os digo que si no cumplo con mi deber y que si pierdo una sola alma de las que sienten el acicate de la salvación; Dios Padre me pedirá cuenta de ella y me castigará por esa alma perdida.

Este es mi pecado, según los poderosos de Cafarnaúm. Podría haber esperado al día siguiente al sábado, para hacerlo. Pero en aquel corazón había humildad verdadera; sinceridad clara; dolor perfecto. ¿Por qué esperar a que un corazón contrito, se ponga en paz con Dios? La lepra todavía estaba sobre su cuerpo; pero su corazón ya estaba curado por el bálsamo de años de arrepentimiento; de lágrimas; de expiación. Salió limpia del lago, también en su cuerpo. Pero mucho más en su corazón. ¡Oh! ¡Cuántos de los que entraron en las aguas del Jordán, para obedecer la orden del Precursor; no salieron de él limpios!  Porque su bautismo no era un acto sincero de un espíritu que quisiese prepararse a mi llegada. Sino tan solo una forma de aparentar ser perfectos en santidad a los ojos del mundo.

Y era por esto, hipocresía y soberbia. Dos culpas que aumentaban el cúmulo de las que ya existían en sus corazones. El bautismo de Juan no era más que un símbolo que quería decir: ‘Limpiaos de la soberbia, humillándoos hasta confesaros pecadores. De la lujuria; lavándoos de su escoria.’ Es el alma, la que se bautiza por voluntad vuestra, para estar limpia a la invitación de Dios.

No hay culpa tan grande que no pueda lavarse primero con el arrepentimiento; después, con la Gracia; a fin de que la pueda lavar el SalvadorNo hay pecador tan grande, que no pueda levantar su cara estropeada y sonreír con una esperanza de Redención.  Basta con que tal acto sea completo al renunciar a la culpa. Heroico, al resistir a la tentación. Sincero, en la voluntad de renacer.

Os digo una verdad que a mis enemigos les parecerá blasfema; pero vosotros sois mis amigos. Hablo especialmente a vosotros, mis discípulos y elegidos. Y luego, a todos quienes me escucháis. Os digo: Los ángeles, espíritus puros y perfectos; que viven en la Luz de la Santísima Trinidad y en ella se gozan; reconocen que la perfección que tienen, es inferior a la vuestra. ¡Oh, hombres lejanos del Cielo! Son inferiores porque no tienen poder para sacrificarse. De sufrir para cooperar en la Redención del Hombre.

Y qué os parece? Dios no toma a un ángel para decirle: ‘Sé el Redentor del Género Humano.’ Sino que toma a su Hijo y sabiendo que por más que sea incalculable e infinito su poder; todavía falta. Y es una muestra de su Bondad Paternal que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su Amor  y los hijos de su Poder; al conjunto de los méritos que se pondrán a los de los pecados de cada momento, que el género humano va acumulando. Por esto no toma a los ángeles. Para completar la medida. Y  no les dice: ‘Sufrid para imitar al Mesías.’ Sino que lo dice a vosotros, hombres. Os dice: ‘Sufrid. Sacrificaos. Sed semejantes a mi Cordero. Sed Corredentores…’

¡Oh! Yo veo cohortes de ángeles que dicen: ‘¡Benditos vosotros que podéis sufrir con el Mesías y por el Dios Eterno; que es nuestro y vuestro!’

Muchos no lograrán comprender esta grandeza. Está muy por arriba del hombre. Pero cuando la Hostia sea Inmolada. Cuando el Grano eterno, Resucite para no morir más… entonces comprenderéis que no he blasfemado. Sino que os he anunciado la dignidad más alta del hombre: ‘La de ser corredentores, aun cuando antes se era sólo un pecador.’ Entretanto preparaos para ello con una pureza de corazón y de propósitos. Cuanto más puros seáis, tanto mejor comprenderéis…

Porque la impureza, cualquiera que sea; es siempre humo que oscurece y apesanta la vista y la inteligencia. Sed puros. Empezad por los cinco sentidos, para pasar a las siete pasiones. Empezad por la vista. Por el sentido que es rey y que abre el camino al hambre más voraz y complicada: los ojos ven la carne de la mujer y desean la carne. Los ojos ven la riqueza de los ricos y desean el oro. Los ojos ven el poder del gobernante y desean el poder. Cuanto más puros sean vuestros ojos; más puro será vuestro corazón. Sed castos en las miradas; si queréis ser castos en el cuerpo. Si tuvieseis castidad en la carne; tendréis castidad en las riquezas y en el poder. Tendréis toda castidad y seréis amigos de Dios.

No tengáis miedo de que se os haga burla, porque sois castos. En verdad os digo que Dios ha dejado el matrimonio para elevaros en la procreación y para que cooperéis con Él, para poblar los Cielos. Pero hay un estado mucho más alto; ante el cual se inclinan los ángeles porque ven su sublimidad, sin poder imitarla. Un estado que no excluye a los que ya no son vírgenes y que voluntariamente destruyen su fecundidad ya sea femenina o masculina; anulando su virilidad animal, para ser fecundos tan solo en el espíritu. El eunuquismo más alto; el que tiene como instrumento amputador la voluntad de pertenecer solo a Dios y conservar para Él; casto el cuerpo y el corazón; para que brillen siempre con el esplendor que ama el Cordero.

He hablado al pueblo y a los elegidos de entre el pueblo; antes de entrar a partir el pan y compartir la sal, en la casa de Felipe. Os bendigo a todos. A los buenos como premio y a los pecadores, para infundirles valor de acercarse al que vino a perdonar. La paz sea con vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se agolpa alrededor. En la esquina de una casa todavía está Mateo que ha escuchado desde allí al Maestro, pero no se atrevió a más. Cuando llega Jesús y pasa junto a él, se detiene. Y como si bendijese a todos, bendice una vez más y mira a Mateo. Luego continúa caminando entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. Y entra en una casa…

Mateo se va para la suya reflexionando, mientras una esperanza se agiganta en su corazón. Prepara todo y sale de viaje a Jerusalén. Entra en el recinto del Templo y se dirige sin vacilar hacia el Patio de los Israelitas. Luego, entra al lugar donde los varones de Israel, pueden presentar sus oraciones ante el Santo de los santos. Y concentrado en una oración profunda llora y dice al Altísimo:

‘Bendito y alabado seas Yheové Sebaoth. Creo en la Palabra de tu Mesías. Sé que ni siquiera debiera estar pisando en este lugar sagrado. Él dijo que tu perdón puede hacer del peor de los pecadores, un discípulo santo a los pies de tu Ungido. Yo soy el peor de los pecadores. Pero le creo a Él. Te suplico que me perdones.  Muéstrame tu misericordia ante mi arrepentimiento. Soy tuyo, Adonaí…

 

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA