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P20.- EL INFIERNO EXISTE… ¡Y ES UNA REALIDAD!


espiritu santo

(HABLA NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO)

Seguimos hablando de Espejismos y los que dolorosa, pavorosa y tristemente, no lo son. Cuantos quisieran creer que EL INFIERNO es un espejismo, un truco que han usado “los curas” como les dicen los malagradecidos; a Mis Siervos Fieles y Sagrados.

Un truco que ellos usan para asustar a los niños, convencer a los incrédulos y obtener; “sacar” dicen ustedes, dinero.

Pero no es así. El Infierno NO es un ESPEJISMO. 

Es una REALIDAD absoluta y terrible como no hay otra igual.

Pequeña, se les ha advertido de todas las maneras posibles y siguen sin creer que exista, como si por un simple acto de la voluntad lo pudieran hacerlo desaparecer. Pero no lo pueden.

Son como los niños que cierran los ojos para no ver de dónde viene ese ruido que los asusta. EL INFIERNO ES UNA REALIDAD PAVOROSA. Nadie de los míos, se atrevería a decir que no existe, contradiciendo Mi Santa Palabra, Mi Revelación de La Verdad.

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Es el Padre Bueno quien alerta a sus hijitos de los peligros. Aquel a quien no le importan sus hijos los puede dejar andar en medio del peligro, pero El Cielo no puede ser así (Jesús está tristísimo),

No puede: Debemos recalcar lo que de hecho ya se dijo con absoluta claridad.

Los espejismos son las monedas y lo que con ello compran no son más que ceniza. Pero el Infierno no es espejismo, ni truco, ni invento de la imaginación…

ES PAVOROSAMENTE REAL

Y no Nos Cansaremos de repetirlo. Porque aunque sea un alma podría convencerse de su inminencia y cambiar sus modos de conducirse en el mundo.
Son millones, miríadas; las almas que caen en aquél, por no haber creído que existe,

¡Y EXISTE!

Lo han confirmado Mis Niños de Garabandal, de Fátima, todos Mis Visionarios de la Actualidad lo tienen muy claro.

Porque así como hay que atraerlos a la luz; hay en igual medida, que alejarlos del precipicio del cual NUNCA SE SALE.
Ustedes pequeños, no pueden contemplar la inmensidad de las postrimerías, ni con su imaginación. Por eso es LA FE la que os salvará, solo la Fe.

Yo Jesucristo, os lo he dicho y os lo repito: EL INFIERNO EXISTE Y ES UNA REALIDAD.

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No porque no deseen su existencia para poder pecar a sus anchas, va a dejar de existir.

Esa duda que sienten sembrada en su alma, esa incomodidad de que no quieren seguir leyendo… No cedan ante ella.

Cuando el infierno como tema se hace presente; el Maligno entra a defender su secreto: Que no existe.

Esa es su mayor, más efectiva y sutil mentira: Negar su propia existencia y la de su reino infernal.

Es como una red transparente a los ojos humanos, pero desde el Cielo OS ALERTAMOS Y OS GRITAMOS:

¡CUIDADO PORQUE ESTÁ AHÍ!

Pero creen que el Maligno –Que es el que secuestra, mata, viola Tiene más credibilidad a sus ojos y oídos que La Verdad Misma.

No hallamos ya como más advertirles. Por eso a veces, hasta lo más terrorífico para ver: que son las posesiones, se permiten.

Entre las almas víctimas más grandes, son las que se ofrecieron a ello.

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Algunos, con ello les queda la duda sembrada… Pero otros no… Se burlan.
Millones caen al infierno al grito de “Yo no creo en él”

 Pero no importa lo que crean,

La VERDAD es de DESCUBRIRSE, no de opiniones y gustos personales.

Son cosas Pequeña mïa, asuntos que siempre a los videntes VERDADEROS se les dicen y se les alerta.

Los que son falsos y sólo quieren agradar al oyente, están llenos de alabanzas al hombre.

El verdadero profeta que es echado a un lado, habla de las postrimerías y el verdadero no deja NUNCA de mencionar y apoyar la VERDAD que es la EXISTENCIA DEL INFIERNO.

Asi como deliberadamente lo hemos escrito una decena de veces en este texto, así lo hemos repetido a lo largo de los dos mil años de historia.

Pero “No hay peor ciego que al que no le conviene ver”.  Porque al hacerlo; tendría que cambiar de parecer y eso no lo desean… Quieren seguir tal como les place y después en las postrimerías, estar lado a lado de Mis Santos y de Mis Mártires… Y eso es absurdo.

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¡Qué corta es la vida sobre la tierra, es un soplo y la Eternidad ES la otra realidad!

¿En dónde la queréis pasar? ¿En el Cielo? ¿En un larguísimo purgatorio? ¿Escogéis el infierno?…

Es decisión vuestra, libre e irrevocable. Porque una vez que cae el velo ya no podréis escoger… Porque ya habréis escogido.

Si murierais ahora, ¿A dónde iríais?…

Estáis listos para Ver, para Contemplar Mi Santa e Inmaculada Presencia, la de María Santísima.

¿Estáis tan limpios que podréis entrar en Su Abrazo?

Ninguno que no pueda responder “Al Cielo”, debería poder dormir tranquilamente, hasta que esa sea su respuesta.
EL Purgatorio es la Segunda opción que tiene el hombre por su auténtica y honesta falibilidad.

Existe porque el hombre falla. Es una gracia enorme e inconmensurable de El Padre, para aquel que trató de ir rumbo al Cielo pero no pudo: No logró terminar de purificarse o dejar aquellos apegos mundanos o cumplir con ciertos preceptos o tareas de amor. Es quien puede ir allí a terminar -por decirlo de alguna manera- de limpiarse.

(El Purgatorio) no es como ustedes quieren creer, que es para el que no fue “muy malo”. No Hijitos, no es así: no es de más malos y no tan malos.

Es de ir hacia El Cielo con Deliberación, Poder del Espíritu y Fuerza.

Mis Hijos que van rumbo al Cielo van cansados, con sus ropas del alma iluminadas, pero las de cuerpo muy gastaditas; porque no es un camino donde uno ande en la vanidad y lo que reste del tiempo rumbo al Cielo. Es un solo rumbo, una ruta única.

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Los Míos que van hacia el Cielo, llevan su Santa Cruz a cuestas.

Les duelen los ojos de ver tanta maldad; los brazos de no tener a quien guiar; les duele el alma porque lo de ellos es el desierto de amor, no la hipocresía a los que los demás se acomodan.

Los míos no se sienten bien en el mundo porque allí: ¡No tienen hogar!

Ellos viven como arrinconados, ignorados y solos… Pero solos en LA VERDAD.

¿QUIÉN QUIERE OIR LA VERDAD?

Esta no es secreto en relación al destino final del hombre. Está toda en Mis Santos Evangelios.

Es tan sencillo Pequeños, la Salvación ahora.

Porque el Cielo está verdaderamente desesperado por salvaros, así que las gracias que se les otorgan a un alma que un poco intenta, son enormes.

Ya veis a esta Pequeñita que creyó y siguió…  Y sigue con estas comunicaciones didácticas con el Mismo Cielo…

 ¿Por qué ustedes no lo podrían hacer?

Ella no es menos humana que ustedes.

Pero quiso, esa es la diferencia: Creer y Querer.

Pero si a pesar de tantas manifestaciones del Amor y del Poder De Dios no creéis y no queréis.

Si decidís creer al enemigo de Dios y del Hombre que “no existe” y caer en su trampa que más almas lleva a descender al infierno, ¡Qué más podemos hacer!

GUERRA ESPIRITUAL

Orad y veréis como vuestra alma va saliendo de ese sin sentido en el que viven.

Orad y vuestra alma irá reviviendo.

Orad. Orad por todos. No dejéis a ninguno fuera, orad fuertemente por todos.

Quienes leen estas revelaciones y deciden ignorarlas, que sepan que no podrán argumentar ignorancia “Que no lo sabían

Porque se les está diciendo….

Y y si dos cosas quedan claras que sean éstas:

Dios os ama infinitamente, pero respeta el don del libre albedrío.

La decisión es enteramente suya.

Amen, Pequeña.

Amen, Jesús

HDDH

(09 de Noviembre a las 3:00 PM)

Año del Señor 2012

También es Tuya…

Y María del Getsemaní

Y María del Getsemaní

14.- PRIMERA EUCARISTÍA


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Es una de las primeras reuniones de los cristianos, en los días inmediatamente posteriores a Pentecostés.

Los apóstoles son Doce, porque todavía no se han separado. Están en la casa del Cenáculo y precisamente en la habitación donde se verificó la última Cena, donde fue instituida la Eucaristía, donde empezó la verdadera y total Traición y la Redención.

El Cenáculo ya se ha convertido en La Primera Iglesia del mundo cristiano y está lleno de hombres y mujeres de todas las edades. Son todos los discípulos, incluidos los romanos que están vestidos de civil.

Pero la vasta habitación ha sufrido un cambio necesario para su nueva función como iglesia e impuesto por el número de los fieles. La gran mesa ya no está en la pared de la escalera, sino en la frontal y paralela a la pared. De forma que incluso los que no pueden entrar en el Cenáculo ya repleto de personas, pueden ver lo que sucede dentro apiñándose, apretujándose, en el pasillo de entrada donde está abierta completamente, la puertecita por la que se entra en la habitación.

Están todas las discípulas, inclusive las romanas. Y Claudia que parece irreconocible, por lo sencillo de su atuendo. Aquí no es la esposa del Procurador, sino una cristiana más, celebrando la Eucaristía.

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Entre los hombres están Nicodemo, Lázaro, José de Arimatea y casi todos los discípulos. Entre los cuales sobresalen Mannaém, Esteban, Hermas, los pastores, Eliseo el hijo del arquisinagogo de Engadí y Longinos que no viene vestido de militar, sino como si fuera un ciudadano cualquiera, con una larga y sencilla túnica color ceniza.

Luego otros que claramente han entrado en la grey de Cristo después de Pentecostés y las primeras evangelizaciones de los Doce.

Pedro habla ahora. Evangeliza e instruye a los presentes:

–           Os hablo una vez más –pone énfasis en estas palabras – de la Cena en que antes de ser inmolado por los hombres, Jesús Nazareno como le llamaban. Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro, como ha de ser afirmado y creído con todo nuestro corazón y nuestra mente, porque en creerlo está nuestra salvación, se inmoló por su propia voluntad y por su gran amor. Dándose como Alimento y Bebida para los hombres y diciéndonos a nosotros, siervos y continuadores suyos: “Haced esto en memoria mía”.

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Y esto es lo que hacemos. Pero, ¡Oh hombres! De la misma manera que nosotros sus testigos creemos que en el Pan y en el Vino ofrecidos y bendecidos como Él hizo, en memoria suya y por obediencia a su divino mandato, están ese Cuerpo Santísimo y esa Sangre Santísima que lo son de un Dios, Hijo del Dios altísimo.

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Sangre que fue derramada y Cuerpo que fue crucificado por amor y para dar vida a los hombres; así también vosotros que habéis entrado para formar parte de la Iglesia verdadera, nueva, inmortal que predijeron los profetas y que fundó Jesús, debéis creerlo. Creed y bendecid al Señor que nos ha dejado esta Señal como perdón suyo; pues nosotros, si no fuimos sus crucificadores materiales; sí lo fuimos moral y espiritualmente por nuestra debilidad en servirlo, por nuestra ceguera en comprenderlo, por nuestra cobardía en abandonarlo huyendo de su hora postrera.

¡NO! ¡Y qué decir de mí, de mi personal traición! Pues lo negué por miedo y cobardía. Negué que era su discípulo cuando me había elegido para ser el primero entre sus siervos.  – Y gruesas lágrimas ruedan y surcan el rostro de Pedro, mientras continúa-  Poco antes de la hora prima, allá en el patio del Templo.

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Creed y bendecid al Señor, que a nosotros nos deja este eterno signo de perdón. Creed y bendecid al Señor, que a aquellos que no lo conocieron cuando era el Nazareno, les permite conocerlo ahora que es el Verbo Encarnado vuelto al Padre.

Venid y tomad. Él lo dijo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la Vida eterna”. En aquel momento no comprendimos (y Pedro llora de nuevo). No comprendimos porque éramos obtusos de intelecto. Pero ahora el Espíritu Santo ha encendido nuestra inteligencia, fortalecido nuestra fe, infundido la caridad y comprendemos.

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Y en el Nombre del Dios altísimo, del Dios de Abraham, de Jacob, de Moisés, en el Nombre altísimo del Dios que habló a Isaías, a Jeremías, a Ezequiel, a Daniel y a los otros profetas, os juramos que esto es verdad y os conjuramos que creáis para poder tener la Vida eterna.

Pedro habla lleno de majestad. Ya nada queda en él del pescador rudo que era antes. Ha subido a un escabel para hablar y ser visto y oído mejor; porque siendo bajo como es, si sus pies hubieran permanecido sobre el suelo de la habitación, los más lejanos no lo habrían podido ver y él lo que quiere es alcanzar a todos con su vista.

Habla equilibradamente, con voz apropiada y gestos de verdadero orador. Sus ojos, siempre expresivos, ahora hablan más que nunca: amor, fe, mando, contrición… Todo sale a través de esta mirada suya y anticipa y refuerza sus palabras.

Cuando termina de hablar baja del escabel y se coloca detrás de la mesa, en el espacio que hay entre la pared y la mesa y espera.

Santiago y Judas, los dos hijos de Alfeo y primos de Cristo, extienden ahora sobre la mesa un mantel blanquísimo. Para hacer esto levantan el arca ancha y baja que está puesta en el centro de la mesa. También extienden sobre la tapa del arca un paño de lino muy fino.

El apóstol Juan va ahora donde María y le pide algo.

María se quita del cuello una especie de llavecita y se la da a Juan.

Juan la toma, vuelve al arca, la abre y vuelve la parte que está delante, la cual queda apoyada en el mantel y cubierta con un tercer paño de lino.

Dentro del arca hay una sección horizontal que la divide en dos secciones: en la de abajo hay una copa y un plato de metal; en la de arriba en el centro, la copa usada por Jesús en la última Cena y para la primera Eucaristía, los restos del pan partido por Él, colocados en un platito, de material precioso como la copa. A los lados de la copa y del platito que están en el plano superior a un lado, están la corona de espinas, los clavos y la esponja. Al otro lado uno de los lienzos enrollado, el velo con que Nique enjugó el Rostro de Jesús y el que María dio a su Hijo para que se cubriera con él las caderas.

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En el fondo del arca hay otras cosas, pero dado que quedan más bien ocultas y que ninguno habla de ellas ni las muestra, no se sabe lo que son. Sin embargo, respecto a las otras, respecto a las visibles, Juan y Judas de Alfeo las muestran a los presentes, que se arrodillan ante ellas. Pero ni se muestran ni se tocan la copa y el platito del pan. Tampoco se extiende toda la sábana; sólo se muestra enrollada, mientras sé dice lo que es.

Quizás Juan y Judas no la desenrollan para no despertar en María el recuerdo doloroso de las atroces vejaciones sufridas por su Hijo.

Terminada esta parte de la ceremonia, los apóstoles en coro entonan unos salmos y los cantan como acostumbraban a hacer los hebreos en sus sinagogas o en sus peregrinaciones a Jerusalén para las solemnidades prescritas por la Ley.

La gente se une al coro de los apóstoles que, de esa manera cada vez se hace más solemne.

Luego traen panes y los colocan en el platito de metal que había en la parte inferior del arca, y traen unas pequeñas ánforas, también de metal.

Pedro recibe de Juan, que está arrodillado al otro lado de la mesa (mientras que Pedro sigue entre la mesa y la pared, aunque vuelto hacia la gente), la bandeja con los panes; la levanta y la ofrece. Luego la bendice y la pone sobre el arca.

Judas de Alfeo también arrodillado al lado de Juan, da a su vez a Pedro la copa de la parte de abajo y las dos ánforas que antes estaban junto al platito de los panes.

Pedro vierte el contenido de ellas en la copa; levanta ésta y la ofrece, como había hecho con el pan. Bendice también la copa y la pone sobre el arca, al lado de los panes.

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Oran de nuevo.

Pedro fracciona los panes en muchos trozos mientras los presentes se postran más aún y dice:

–           Esto es mi Cuerpo. Haced esto en memoria mía.

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Sale de detrás de la mesa llevando consigo la bandeja llena de los trozos de los panes y va donde María y le da un trozo. Luego pasa a la parte delantera de la mesa y distribuye el Pan consagrado a todos los que se acercan para recibirlo.

Sobran pocos trozos los cuales, en su bandeja son colocados sobre el arca.

Ahora toma la copa y la ofrece  y la da a María y luego a los presentes.

Juan y Judas le siguen con las pequeñas ánforas y añaden los líquidos cuando el cáliz está vacío, mientras Pedro repite la elevación, el ofrecimiento y la bendición para consagrar el líquido.

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Cuando todos los que pedían nutrirse de la Eucaristía han sido complacidos, los apóstoles consumen el Pan y Vino que han quedado. Luego cantan otro salmo o himno y después de esto Pedro bendice a los presentes, quienes después de su bendición, se marchan lentamente.

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María la Madre, que ha estado de rodillas durante toda la ceremonia de la consagración y de la distribución de las especies del Pan y del Vino, se levanta y va hasta el arca. Hace una inclinación por encima de la mesa y toca con la frente la superficie del arca donde están puestos la copa y el plato usados por Jesús en la última Cena y pone un beso en el borde de ambos; un beso que es también para las otras reliquias recogidas ahí.

Luego Juan cierra el arca y devuelve la llave a María, que vuelve a ponérsela en el cuello.

Maria Madre de la Iglesia

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA