Archivos de etiquetas: circo

74.- EL INCENDIARIO


romanos circo

Cuando regresó el buen tiempo, se anunció que los Juegos proseguirán.

El día del espectáculo, millares de espectadores llenaron el Circo desde muy temprano.

El César llegó pronto acompañado por sus cortesanos y las vestales.

Para el inicio fue anunciado un combate entre cristianos, a los cuales ataviaron como gladiadores y provistos de toda clase de armas que usan los verdaderos gladiadores, tanto para atacar como para defenderse.

Pero sucedió algo inesperado para los asistentes:

Los cristianos arrojaron al suelo de la arena, escudos, redes, tridentes y espadas. Se arrodillaron a orar y a cantar sus himnos.

Y los del público se indignaron.

Entonces el César ordenó que soltaran los perros molosios y éstos los destrozaron muy rápido.

Cuando los despojos que quedaron, fueron retirados de la arena y los animales saciados, también fueron sacados.

El espectáculo tomó una faceta diferente.

Fue una serie de cuadros mitológicos, idea del propio César.

Y así la concurrencia pudo ver a Hércules cumpliendo con los Doce Trabajos y ardiendo con la túnica de Neso.

Marco Aurelio se estremeció ante el pensamiento de que hubiesen dado el papel de Hércules a Bernabé.

Pero fue evidente que lo tienen reservado para algo más impactante y aún no ha llegado el turno al fiel servidor de Alexandra, porque el que arde en la pira es otro cristiano, desconocido para el joven tribuno.

A Prócoro, el César no le perdonó la asistencia y tuvo que ver a varios conocidos suyos en la siguiente representación.

El anciano que diera a Prócoro el significado del signo del pescado y que le puso sobre la pista de Alexandra, representó a Dédalo y su hijo desempeñó el papel de Ícaro.

Ambos fueron levantados por un ingenioso mecanismo y enseguida lanzados a la arena hasta una gran altura.

El joven cayó tan cerca del pódium del César, que la sangre salpicó no solo los adornos exteriores, sino también la púrpura que cubre el frontis del palco imperial.

Prócoro cerró los ojos y no vio la caída. Pero oyó el sordo golpe del cuerpo al rebotar en el suelo y cuando abrió los ojos, vio que la sangre le había salpicado sus finas vestiduras.

Y estuvo a punto de desmayarse otra vez.

Los cuadros cambian rápidamente: las sacerdotisas de Cibeles, Las Danaides, Dirce, Pasifae, etc.

Son jovencitas muy tiernas todavía y la gente aplaude al verlas partidas por la mitad, destrozadas y descuartizadas por las bestias desbocadas.

CIRCO

La plebe aplaude delirante las nuevas ideas de Nerón, quién se siente muy ufano y feliz, con las aclamaciones que recibe.

Y se recrea en su ingenio y su crueldad, disfrutando aquellas escenas sangrientas y las postreras convulsiones de sus víctimas.

Luego se suceden otros cuadros, tomados de la historia de la ciudad.

Después del martirio de las vírgenes, representaron el espectáculo de Muscio Escévola cuya mano atada a un trípode sobre una hoguera todos vieron achicharrarse…

Pero Sergio permaneció sin dar un solo gemido, con el rostro levantado al cielo y extasiado en la Oración… No se dio cuenta cuando lo degollaron.

Luego arrastraron su cadáver al Spolarium y se dio la señal para el intermedio.

Y empezó el banquete. Bebidas refrescantes, carnes, dulces, vino, queso, aceitunas, pan y fruta.

El pueblo devora y aclama la munificencia del César. Satisfecha el hambre y la sed, dio principio la distribución de billetes de lotería.

Y empezó una verdadera batalla campal.

Entre la plebe se amontonan, se dan golpes y pisotones. Saltan sobre las graderías, se lanzan objetos, hay gritos, maldiciones, insultos y blasfemias.

Lo cual se explica: porque el que resulte ser uno de los afortunados ganadores de un número privilegiado, pronto se convertirá en dueño de una casa con jardín, de un esclavo, de un espléndido y valioso traje, de una joya…

O de una fiera que se puede vender al Anfiteatro y se convierte así en un premio en efectivo.

A veces es tal el motín, que se hace necesaria la intervención de los pretorianos.

Y sucede que tienen que sacar a personas con las piernas o los brazos fracturados.

Y hasta hay quién ha llegado a morir, aplastado en medio de estos tumultos.

podium-2

Nerón se divierte mucho con estas trifulcas.

Cuando comenzó el intermedio, también él pasó a un salón, donde le esperaba un espléndido banquete y lo disfrutó acompañado de sus cortesanos favoritos.

Mientras tanto una multitud de esclavos, empezó a cavar hoyos en hileras a corta distancia unos de otros, en la mitad de la extensión de la arena.

Y los dispusieron de tal forma, que la última quedó a unos cuantos pasos del pódium imperial.

En la otra mitad de la arena se dispuso que unos grupos de cristianos, fueran arrojados a los leones.

Los preparativos al nuevo suplicio se hacen con gran celeridad.

Terminado el intermedio, se abrieron todas las puertas.

Y hacen entrar a empellones y golpes de flagelo, a otros grupos de cristianos desnudos llevando cruces.

Tanto éstas como las víctimas, están adornados con flores.

Los verdugos extienden a las víctimas y empiezan a clavar manos y pies.

Se oye el resonar de los martillos, que repercuten por todo el Anfiteatro.

Taladrando los maderos, los oídos y los corazones.

Como éste es un martirio lento, en el que la muerte puede durar días, Nerón decretó que les quebrasen las piernas.

Entre las víctimas se encuentra Lautaro.

Los leones no lo mataron la primera vez, así que éste es su segundo martirio: la Crucifixión.

Cuando supo el suplicio que los esperaba, había dicho a los cristianos:

–           ¡Demos gracias a nuestro Redentor, que nos ha concedido el privilegio de compartir sus tormentos de una manera total!

¡Alabemos al Padre que con esto nos convierte en sus verdaderos hijos!…

Y mientras los verdugos continúan clavando a sus indefensas víctimas, nuevamente el canto brota de aquellas criaturas martirizadas.

Todos escuchan asombrados el himno que se levanta jubiloso:

¡Aleluya!

Aclamen al Señor, Tierra entera

Sirvan a Jesús con alegría

Lleguen a Él sus cantos de gozo.

Sepan que Jesús es Dios Todopoderoso

Él nos creó. A ÉL pertenecemos.

000pastor

Somos su pueblo y ovejas de su aprisco.

Entren por sus puertas dando gracias

Avancen por sus atrios entre himnos

Denle gracias y bendigan el Nombre de Jesús.

Porque el señor es Bondadoso

Su amor dura por siempre

Y su fidelidad por todas las generaciones.

Mi alma suspira y se consume

HeavenGateway

Por estar en los atrios del Señor

Mi corazón y mi carne lanzan gritos

Con anhelo de ver al Dios Viviente.

Felices los que habitan en tu casa

Y te alaban sin cesar

Dichosos los que en Ti encuentran sus fuerzas

Y les gusta subir hasta tu Templo.

Dios es nuestra defensa y fortaleza

Él da Perdón y Gloria

¡Jesús, oh, Dios de los Cielos

Feliz el que en Ti pone su confianza!

-musical-notes-

Las risas y los gritos de la multitud se fueron callando al escuchar aquel coro insólito que los deja desconcertados y perplejos.

Ellos han venido para contemplar las agonías de una muerte en medio de un suplicio atroz.

Y lo único que se oye además de los martillazos, es aquel himno glorioso…

Cuando todas las cruces han sido levantadas, el canto termina y solo queda un gran silencio.

La gente no sabe cómo reaccionar ante lo que está presenciando.

Hasta el mismo César está un poco descontrolado y juguetea nervioso con su collar de rubíes, mientras su semblante no logra ocultar un aire de inquietud…

El crucificado que está frente a él, es Lautaro, que lo mira fija y severamente…

Mientras dice con voz fuerte y sonora:

–           Yo veo los Cielos abiertos, pero también está abierto el profundo Abismo Infernal…

Al que serás arrojado por tu maldad. ¡Oh, Perverso! ¡Ay de ti!…

¡Arrepiéntete de tus crímenes! ¡Matricida! ¡Ay de ti!…

El César se estremeció.

Los augustanos, al escuchar esta injuria lanzada al rostro del ‘divino’ Amo del Mundo, en presencia de millares de espectadores, contuvieron el aliento…

Y el público se paralizó.

Para desgracia de Nerón, Lautaro NO había terminado…

Y su voz aumentó su potencia:

–          ¡Ay de ti! ¡Asesino de tu padre, de tu esposa, de tu hermano!

¡Ay de ti, Anticristo! ¡El Abismo y los Infiernos están ya abiertos bajo tus pies! ¡Arrepiéntete!…

Y enseguida pronuncia la tremenda profecía:

¡Ay de ti, porque morirás temblando de terror, por no poder escoger tu propia muerte.

Pues tu propio pueblo te sentenciará con el suplicio de los parricidas y serás condenado por toda la eternidad!…

alma-condenada

¡Ay de ti, genocida cruel! ¡Asesino perverso! ¡Has colmado la medida y también para ti ha llegado la hora de tu horrendo castigo!

¡Satanás te espera y pagarás tus crímenes y tu maldad contra los inocentes!

Ya está sobre tu cabeza la espada de la Justicia Divina…

¡Perderás tu imperio más pronto de lo que imaginas!…

Una flecha silva en el aire y se clava en el pecho de Lautaro.

martirio-de-san-sebastian

Uno de los arqueros del emperador obedeció la orden de Tigelino, para callar la voz del sacerdote cristiano.

Lautaro dice:

–          Señor Jesús… Recibe mi espíritu… te…

Su cabeza cae sobre su pecho y el mártir expira…

Nerón se ha puesto de pie, temblando de indignación.

Hace una señal a Tigelino…

circoLas fieras son soltadas y empieza una nueva carnicería.

Después de un largo silencio en el Pódium, que nadie se atreve a romper…

Prócoro dice al César:

–           Señor. El mar es hermoso y apacible. Vámonos a Acaya. Allí te aguarda la gloria de Apolo.

Las coronas y los triunfos te están esperando. El pueblo te adorará y los dioses te glorificarán como su igual…

Mientras que aquí, ¡Oh, señor!… –sus palabras se vuelven ininteligibles, porque un violento temblor lo invade y le impide continuar.

El emperador contestó:

–           Partiremos cuando hayan terminado los Juegos.

Sé que aún hay muchos que piensan que los cristianos son víctimas inocentes y lo dicen.

No puedo alejarme porque después todo mundo repetirá eso. ¿Qué es lo que temes?

Nerón dijo estas palabras frunciendo el ceño y mirando fijamente al griego.

Pero su sangre fría es solo aparente. También a él le infundieron pavor las palabras de Lautaro.

Y al regresar al Palatino, las recordará con vergüenza, con rabia y con miedo.

Babilo que es muy supersticioso y que ha escuchado este diálogo, miró a su alrededor…

Y dijo con voz misteriosa:

–           Divinidad, escucha las palabras de este viejo. Hay algo peligroso en esos cristianos.

Sus sacerdotes también son augures y ….

MARTIRIO Burning_of_Christians_in_Intaly

La Deidad que adoran les da una muerte extraordinaria, pero puede ser también una deidad vengativa y…

Nerón replicó al punto:

–           No he sido yo quién dispuso los Juegos, sino Tigelino.

Al escuchar la respuesta de Nerón,

Tigelino dijo desafiante:

–           ¡Ciertamente! Yo fui. Y también Haloto. Y me río de todos los dioses cristianos.

Babilo es una vejiga llena de supersticiones y este valiente griego, es capaz de morirse de miedo ante una gallina que erice las plumas en defensa de sus polluelos.

Nerón replicó con sequedad:

–           Así es en efecto. Pero de ahora en adelante, ordena que les corten la lengua a esos cristianos.

haloto

Haloto confirmó:

–           El fuego les pondrá restricción, ¡Oh, divinidad!

Prócoro gimió:

–           ¡Ay de mí!

Pero el César, a quien la insolente confianza de Tigelino le ha dado nuevos bríos, empezó a reír…

Y dijo señalando al viejo griego:

–           ¡Mirad a este descendiente de Aquiles!

Y verdaderamente el aspecto de Prócoro es lamentable.

Sus escasos cabellos se han vuelto completamente blancos. La expresión de su cara es de terror.

Ha perdido el control y está como aturdido y fuera de sí.

procoro5

Se queda sin contestar a las preguntas que le hacen.

Luego se encoleriza y se vuelve tan insolente, que los augustanos dejan de lanzarle puyas.

Finalmente grita desesperado:

–           ¡Haced de mí lo que queráis, pero yo no iré más a los Juegos!

Nerón lo miró un instante…

Y volviéndose hacia Tigelino, le ordenó:

–           Cuida de que este estoico, se halle cerca de mí en los jardines. Deseo ver qué impresión causan nuestras antorchas, en su ánimo.

Prócoro se llenó de terror ante la amenaza que palpita en la voz del emperador.

Y dijo con un hilo de voz:

–           ¡Oh, señor! No podré observar nada, porque de noche no veo.

Nerón replicó con una sonrisa mordaz:

–           No te preocupes. Estará la noche tan clara, como el día.

CUADRIGA

Y volviéndose hacia los augustanos empezó a hablar de las carreras que piensa organizar cuando terminen los Juegos.

Petronio se acercó a Prócoro y dándole un golpecito en el hombro, con su bastoncito de marfil…

Le preguntó:

–           ¿Recuerdas que te dije que no resistirías?

En lugar de contestar, el griego miró al astrólogo…

Y alargando su mano temblorosa hacia un vaso de vino,

Le dijo:

–           Quiero beber.

Pero no pudo llevarlo a los labios.

Entonces Babilo le tomó el vaso y mientras lo ayuda a que pueda beber…

Le pregunta al griego con curiosidad y temor:

–           ¿Acaso te están persiguiendo las Furias?

erinias REMORDIMIENTOS

diosas de los remordimientos

Prócoro dijo temblando:

–           No. Pero tengo delante de mí a la Noche.

–           ¿Qué dices? ¿De qué noche estás hablando?

–           De unas Tinieblas impenetrables que me envuelven, me arrastran y me llenan de pavor.

–           No te entiendo.

–           Jamás pensé que serían castigados con tanta crueldad…

–           ¿Lo sientes por ellos?

–           ¿Por qué derramar tanta sangre? ¿Acaso no oíste lo que dijo ése desde la Cruz? ¡Ay de nosotros!…

Babilo contestó en voz baja.

–           Sí, lo oí. ¡Pero ellos son incendiarios!

–           ¡No es verdad!

–           Y enemigos de la raza humana.

–           ¡No es verdad!

–           Y envenenadores del agua.

–           ¡No es verdad!

–           Y asesinos de infantes.

–           ¡No es verdad!

CIRCO

Babilo lo miró con asombro y exclamó:

–           ¿Cómo? ¡Tú mismo lo dijiste delante de todos! Los acusaste y los entregaste en manos de Tigelino.

–           Por eso es que ahora la noche me rodea y la muerte viene hacia mí.

¡MENTÍ! Por momentos creo que en realidad ya he muerto… Y también vosotros moriréis.

–           ¡No! Son ellos los que están muriendo. Nosotros estamos vivos. Pero dime ¿Qué es lo que ven al morir?

–           Ven a Cristo y ven el Cielo donde Él Reina.

–           Su Dios. ¿Cómo es su Dios?

Prócoro, en vez de contestar…

Le pregunta a su vez:

–           ¿Oíste las palabras del César? ¿Qué clase de antorchas van a arder en los jardines?

–           Esas antorchas se preparan envolviendo a las víctimas en ‘túnicas dolorosas’ empapadas en pez y atándolas a los postes a los cuales les prenden fuego.

¡Son antorchas humanas! Quiera el Dios de los cristianos no mandar nuevas desventuras sobre la ciudad.

–           ¡Oh, no! Es una pena terrible.

–           Oye. ¿Pero en dónde estabas tú?… Hicieron eso el primer día de los Juegos.

–           Estuve enfermo. Prefiero presenciar ese castigo, pues en él parece que no hay tanta sangre.

Y Prócoro se estremece con violencia al recordar…

CIRCO tadema-caracalla_geta_det1

Mientras tanto, los demás augustanos también hablan de los cristianos…

Haloto dijo:

–           Son tantos, que bien podrían promover una guerra civil, si se llegaran a armar… Pero mueren como ovejas.

Tigelino replicó mordaz:

–           ¡Que intenten morir de otra manera!

Petronio replicó:

–           Os estáis engañando a vosotros mismos. Ellos están armados.

Haloto y Tigelino dijeron al mismo tiempo:

–           ¡Qué locura!

–           ¿De qué?

Petronio contestó:

–           De Paciencia.

Lucano preguntó:

–           ¿Es una nueva clase se arma?

66_c_rist_pers_circo

Petronio los miró a todos y sentenció:

–           Ciertamente. Más ¿Podéis decir vosotros, que los cristianos mueren como vulgares delincuentes?

¡NO! Mueren como si los criminales no fueran ellos, sino quienes los han condenado a muerte.

Es decir: nosotros y todo el pueblo romano.

Tigelino respondió con desprecio.

–           ¡Qué desvarío!

Petronio le replicó:

–           ¡Hic Abdera! (El más tonto de los tontos)

Pero muchos, sorprendidos ante la justicia de esta observación, se miraron unos a otros con asombro…

pan_y_circo_moonmagazine
Y repitieron:

–           ¡Es verdad! ¡Petronio lo ha precisado perfectamente!

Trhaseas dijo:

–           ¡Hay algo tan maravilloso en su muerte! Todo es tan original…

Babilo exclamó:

–           ¡Os digo que ven a su Divinidad!

Entonces algunos augustanos se volvieron hacia Prócoro…

Y le dijeron:

–           ¡Eh viejo, tú que los conoces bien!

–           Dinos ¿Qué es lo que ven?…

El griego derramó el vino en su túnica, pues el vaso se le soltó.

Y respondió azorado:

–           ¡La Resurrección!

resurrección de la carne

Y comenzó a temblar de tal manera, que todos los que le rodean, soltaron la carcajada…

No había oscurecido aun cuando la gente empezó a acudir a los jardines.

Después de que terminó el espectáculo del Circo, el César llegó hasta la Gran Fuente que está en la entrada de los jardines…

Bajó de su carro con Tigelino de un lado y Prócoro del otro.

Y haciendo una señal a toda su comitiva, se mezcló entre la multitud.

Fue acogido con aplausos y aclamaciones.

Los pretorianos lo rodearon inmediatamente, formando en torno a él un círculo que se llenó de animación, con sus cortesanos y con el pueblo.

El César decidió hacer su recorrido a pie y avanzó hacia donde ya habían empezado a arder, las antorchas humanas de ese día.

BRUTAL TORTURA ISLAMICA PARA OBLIGARLOS A APOSTATAR

BRUTAL TORTURA ISLAMICA PARA OBLIGARLOS A APOSTATAR

Deteniéndose delante de cada una de ellas, empezó a hacer algunas observaciones acerca de las víctimas.

Y a burlarse del griego en cuyo semblante se refleja una desesperación sin límites.

Por último se detuvo frente a un poste decorado con hiedras, mirtos, rosas rojas y blancas.

Las llamaradas envuelven a la víctima y ondean con el suave viento de la noche…

Luego, éste se hace más fuerte y deja al descubierto a un hombre de barba entrecana.

Al verlo, Prócoro lanza una exclamación de sorpresa…

Cae al suelo y se retuerce como una serpiente herida y luego se hace un ovillo.

Finalmente escapa de su boca un grito desgarrador, que está lleno de terror y angustia…

Las palabras brotan incontenibles:

–           ¡Mauro! ¡Mauro!…

El hombre parece como si despertase de un ensueño…

Es Mauro el médico.

Quién al oírle le mira con infinita compasión, desde lo alto del mástil flameante.

Frente a él está su verdugo: el hombre que le traicionó, le robó a su familia y le entregó en manos de sus asesinos.

Y al que después de haberle perdonado todo esto, también lo entregó en manos de sus perseguidores.

La víctima arde en aquel poste embetunado.

El culpable de todos sus agravios y su verdugo, está a sus pies, llamándolo…

antorcha-2

Prócoro volvió a gritar:

–           ¡Mauro! En el Nombre de Jesús, por favor te lo suplico: ¡Perdóname!

Se hizo el silencio alrededor.

Y un estremecimiento recorrió a todos los espectadores de esta dramática escena.

Y todos los ojos se clavan expectantes en el mártir.

Mauro movió su cabeza asintiendo…

Y dijo con voz resonante y fuerte:

–           Sí, Nicias. Yo te perdono… y te bendigo…

Y ruego a Dios que Él también te perdone… y te bendiga… Y te lleve a la Luz…

‘Pater Noster’…

pater-nosterMauro regresa a su éxtasis, mientras repite la Oración Sublime…

Y su rostro vuelto hacia el cielo se vuelve radiante, con una luz más luminosa que la del fuego que lo rodea…

Y las llamaradas lo envuelven nuevamente, escondiéndolo a las miradas fascinadas…

Prócoro cayó con el rostro en tierra y lloró con un llanto inconsolable.

Después de unos momentos se levantó y su semblante se ha transformado.

Alza su mano derecha y grita con una voz tan potente…

Que casi todos los reunidos en aquel parque lo escuchan:

–           ¡Pueblo Romano! ¡Os juro por mi muerte!…

¡Que están pereciendo aquí, víctimas inocentes!

¡AHÍ TENÉIS AL INCENDIARIO!

Y señaló a Nerón…    

Sobrevino un silencio sepulcral y los cortesanos quedaron paralizados.

Prócoro siguió parado, firme y acusador…

Todos los ojos se clavaron en el augustano erguido, con el brazo extendido y tembloroso.

Y el dedo señalando al César…

Inmediatamente se sucedió un tumulto.

El pueblo con el ímpetu de un huracán, se precipitó hacia el viejo queriéndolo tocar…

Y se oyeron distintos gritos simultáneos:

–           ¡Arréstenlo!

–           ¡Ay de nosotros!

–           ¡El Dios de los cristianos se vengará!

–           ¡Matricida!

–           ¡Asesino!

–           ¡Incendiario!

–           ¡Que los dioses te castiguen!

Todo esto entre una tempestad de silbidos, gritos y maldiciones.

Y airadas injurias repetidas y dirigidas al César.

pretorianos-circo-3

Inmediatamente los pretorianos se apretuaron, formando una valla protectora alrededor de Nerón.

Mientras la multitud se precipitó sobre los demás integrantes del séquito imperial…

El desorden creció y todos corrieron hacia diferentes lados.

Algunos de los postes que ya se habían quemado por completo, empezaron a caer esparciendo chispas alrededor.

Y aumentando más la confusión…

Un turbión del pueblo arrastró a Prócoro hasta el fondo del jardín.

Los postes consumidos siguieron cayendo en medio de humo, chispas y olor a madera y a carne quemados.

Hasta que todo quedó sumido en la oscuridad.

La multitud alarmada, intranquila y sombría, empezó a retirarse.

Y la noticia corrió como reguero de pólvora, retorcida y exagerada…

Decían algunos que el César se había desmayado.

Otros, que había confirmado la acusación del griego, cayendo en contradicciones y confesando todo.

Otros más, que cayó gravemente enfermo.

Y otros, que lo habían sacado custodiado de los jardines, en carro y que estaba como muerto.

barrio-romanos

Y aquí y allá, empezó a haber voces de simpatía a favor de los cristianos:

–           Si no fueron ellos los incendiarios de Roma,

–          ¿Por qué desplegaron en su contra, tanta injusticia y tanta crueldad?

–           ¿Por qué hacerlos víctimas de tan horrendas torturas y derramar tanta sangre?

–           ¿No se encargarán los dioses de vengar a los inocentes?

–           ¡Y cómo apaciguar la justa cólera del Dios de los cristianos!…

La compasión se desbordó hacia los niños que todos vieron morir con tan bárbara ferocidad.

Y esta compasión se transformó en ultrajes al César, a Haloto y a Tigelino….

Los más crueles agentes de Nerón.

Y también se desató otra ola de interrogantes:

–          ¿Quién es esa Divinidad que les da esa fortaleza tan increíble?

–          ¿Cómo es ese Dios, que los hace enfrentar los tormentos de la forma que lo hacen?

–          Y ¿Cómo le hacen para morir así?

–          ¿De dónde sacan esa serenidad y esa alegría?

Y volvieron a sus casas sumergidos en una profunda reflexión…

Sir%20Lawrence%20Alma-Tadema,OM_RA,RWS-896797

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONÓCELA

65.- LUDUS MATUTINUS


coliseo-1

Para la celebración de los espectáculos prometidos, Nerón mandó construir un Anfiteatro gigantesco, porque quiere que los juegos sobrepasen en esplendor a todos los que ha habido hasta entonces.

Miles de operarios trabajaron día y noche en la construcción del edificio y en su ornamentación.

Un inmenso pabellón pone a los espectadores a cubierto de los rayos de sol. Por entre las hileras de asientos, hay pebeteros dispuestos de trecho en trecho, para quemar perfumes de Arabia e incienso.

Los arquitectos Marco Vitrubio y Julio Frontino han desplegado toda su habilidad en su construcción, para que sea a la vez incomparable y dé cabida al mayor número posible de espectadores, con la mayor comodidad.

El día fijado para dar comienzo a los Juegos, una inmensa muchedumbre llegó desde el alba, aguardando la hora de la apertura de las puertas y gozando del aire festivo que se contagia, por la inauguración.

coliseo circo AlmaTadema_Coliseum1896

Escuchan con expectación los rugidos de las fieras, a las cuales se les ha mantenido sin alimento para excitar más su ferocidad y su hambre.

Todo esto aumenta el ruido hasta ser casi ensordecedor y los más tímidos, palidecen de miedo.

Al salir el sol, sobre toda aquella cacofónica confusión, comienza a escucharse un himno que brota desde el interior del circo y que es entonado por voces vibrantes y llenas de alegría.

La multitud escucha maravillada y sorprendida aquellos cánticos…

Y dicen:

–           ¡Los cristianos! ¡Son los cristianos!

Y efectivamente, éstos han sido trasladados desde las cárceles en la noche precedente.

El Himno retumba glorioso porque las voces de los hombres, mujeres y niños que lo cantan son tantas, que los entendidos en las funciones circenses, saben que las fieras quedarán saciadas y NO acabarán con todos, antes de que llegue la noche.

A medida que se acerca el momento de la apertura de las puertas de los pasajes que conducen al interior del Circo, la gente se muestra más eufórica y discuten animadamente los detalles relativos a aquel espectáculo que promete ser extraordinario.

Desde muy temprano empiezan a llegar al Anfiteatro, los ‘lanistas’ (Los que compran, forman y entrenan a los gladiadores), con sus pequeños grupos dispuestos para el combate.

Muchos vienen completamente desnudos, llevando palmas en las manos y coronados con flores. Y a la luz de la mañana, se ven todos jóvenes, hermosos, fuertes, rebosantes de vida.

Sus cuerpos lustrosos de aceite, son portentosos y parecen tallados en mármol. La gente se deleita con su belleza y su fuerza.

Algunos son conocidos por el pueblo y al ser saludados por sus admiradores….

Se les escucha decir:

–           ¡Dame un abrazo, antes de que me lo dé la muerte!

Y desaparecen por aquellas puertas, sabiendo que probablemente al finalizar el día, NO volverán a cruzarlas.

Detrás de los gladiadores, vienen hombres armados con látigos, cuyo oficio es azotar y azuzar a los combatientes.

spolarium

Luego siguen una gran cantidad de carretas tiradas por mulas, que se van directas al spolarium.

Filas enteras de vehículos llenas de camillas. La enorme cantidad de éstas predice la magnitud del espectáculo que está por comenzar.

Enseguida vienen los hombres que están encargados de rematar a los heridos y visten trajes de Caronte (Barquero del infierno que transporta las almas de los difuntos a través de la Laguna Estigia)

Siguen luego los encargados de mantener el orden en el circo y los acomodadores, junto con los esclavos que reparten las bebidas y los alimentos.

Y por último, los pretorianos a quienes el César tiene siempre cerca de su persona en el Anfiteatro

Cuando por fin son abiertas las puertas, la multitud se precipita hacia el interior y los rugidos de las fieras se hacen más estruendosos.

Mientras el público se instala en sus asientos, produce un movimiento de agitación rumorosa, comparable al del mar en plena tempestad.

Finalmente, hace su entrada el Prefecto de la ciudad y Tigelino rodeado de su guardia.

Detrás de ellos, los augustanos, senadores, cónsules, pretores, ediles, funcionarios de gobierno y del palacio, oficiales, pretorianos, caballeros, patricios y damas lujosamente ataviadas.

Con los rayos del sol brillan las joyas, las armaduras de los soldados, el acero de las armas, las espadas y las espléndidas vestiduras de los invitados imperiales.

Desde el interior se oyen las grandes aclamaciones con que son recibidos todos los grandes personajes.

Y siguen llegando nuevas partidas de pretorianos, seguidos por los sacerdotes de los diferentes templos y las vírgenes sagradas de Vesta.

virgenes-vestales

Para dar principio al espectáculo, solo falta el arribo del César y la Augusta, con su círculo íntimo de augustanos favoritos.

Nerón desea ganarse el favor del pueblo y llega pronto.

Hace su entrada triunfal en el carro de Augusto, con traje de púrpura y clámide sembrada de estrellas de oro.

Le siguen la Augusta y los augustanos que ha privilegiado.

Entre éstos están Petronio y Marco Aurelio.

El joven tribuno sabe que Alexandra está enferma de gravedad e inconsciente.

Pero como el acceso a la prisión ha sido restringido con mayor rigor en los días precedentes y los antiguos guardias fueron remplazados.

Los nuevos no permiten la comunicación con los presos.

Y por eso Marco Aurelio no está seguro de que Alexandra no está entre las víctimas destinadas al espectáculo del primer día.

Pues conoce el sadismo de que son capaces  sus captores y la venganza que los impulsa.

Después de instalarse en los lugares que les fueron asignados, se escabulle discretamente en medio de la multitud y baja a los subterráneos del Circo.

Un guardián lo conduce hasta donde están los cristianos.

En el camino le dice:

–                      Noble señor, yo no estoy seguro de que llegues a encontrar lo que buscas. Hemos preguntado por una doncella llamada Alexandra, pero nadie nos dice nada. Tal vez porque no tienen confianza en nosotros.

–           ¿Hay muchos?

–           Tantos, que algunos tendrán que esperar hasta mañana.

–           ¿Y hay enfermos entre ellos?

–           No hay ninguno que no pueda sostenerse en pie.

Llegan hasta una puerta que da a una estancia enorme, pero tan baja y oscura, que solo recibe luz por unas aberturas enrejadas que las separan de la arena.

Al principio, el tribuno no puede ver nada, oye tan solo el murmullo de plegarias, recomendaciones y tiernas despedidas en el recinto y los gritos de la plebe que proceden de las graderías del Circo.

Pero cuando sus ojos se acostumbran a la oscuridad, puede distinguir un grupo de seres extraños:

Son los cristianos disfrazados de bestias feroces.

Algunos están de pie y otros están arrodillados.

Mujeres vestidas con piel de leopardo, tienen en los brazos a niños cuyos cuerpos también han sido cubiertos con pieles de fieras.

Pero sobre esos grotescos disfraces aterradores, emergen rostros serenos y ojos que brillan con un júbilo supremo…

Es evidente que a todas estas personas les domina un sentimiento extraordinario que los hace indiferentes a cuanto sucede a su alrededor y…

¡NO sienten ningún temor por lo que pueda ocurrirles!

martirio
 Cuando Marco Aurelio les pregunta sobre Alexandra, algunos le miran con ojos asombrados, como si los hubiese despertado de un ensueño…

Y le contestan con una sonrisa, negando con la cabeza.

Pero lo más impactante son los niños.

En todos ellos se ve la angelical inocencia de Cástulo, el día que le dio las Sagradas Especies.

NADIE, llora. Ni está triste o aterrorizado.

Entonces empezó a llamar en voz alta a Alexandra y a Bernabé.

Un hombre vestido de lobo le tira de la toga y le dice:

–                      Hermano, ellos se quedaron en la prisión. Yo fui el último en salir y le he visto enferma en el lecho.

–           ¿Quién eres tú?

–           Calixto el cantero, en cuya casa dejaste a Alexandra. Fui arrestado junto con ellos y hoy he sido llamado al martirio.

Marco Aurelio suspiró aliviado. Al entrar había deseado verla y ahora le da gracias a Dios por no haberla encontrado ahí, viendo esto como una señal de divina misericordia.

Calixto le dice:

–           Noble tribuno y hermano ¿Te puedo hacer una petición?

marco0

–           La que quieras, hermano mío.

–                      La última vez que ví a Pedro, me aseguró que vendría al Anfiteatro. Si tú sabes en donde se encuentra, dímelo.

–                      Di a todos que está en la comitiva de Petronio, al lado izquierdo del Podium Imperial, disfrazado de esclavo.

Búsquenlo de manera discreta. Dios hará que lo reconozcan.

–           Gracias hermano, que la paz del Señor esté contigo.

–           Hoy es el día de su victoria.

–           ¡Amén!

Marco Aurelio salió de allí y regresó junto a Petronio, que está en medio de los demás augustanos y al verlo…

Le preguntó:

–           ¿La encontraste?

–           No. La dejaron en la prisión.

–                      Pues bien. Oye lo que se me acaba de ocurrir, pero mientras tanto mira en dirección a donde está Julia Mesalina, para despistar.

Tanto Prócoro como Tigelino nos están observando.

Sería conveniente que pusieran a Alexandra entre los muertos por la epidemia y por la noche la sacaran de la cárcel, junto con los demás cadáveres. ¿Adivinas el resto?

–           Sí.

GALBA

Galba interrumpe este diálogo, inclinándose hacia ellos…

Y preguntando:

–           ¿Sabéis si darán armas a los cristianos?

Petronio contestó:

–           Lo ignoramos.

–           Será mejor que se las den, de otro modo la arena se convertirá demasiado pronto en un matadero y esto estará demasiado aburrido. Pero ¡Qué espléndido Anfiteatro!

Y en realidad luce magnífico.

Los asientos inferiores totalmente llenos de togas blancas, relumbran como si fueran nieve.

En el Podium Imperial está sentado el César quién ostenta un deslumbrante collar de rubíes. Junto a él se encuentra la Augusta, hermosa y sombría.

Están flanqueados por las vestales y los más altos funcionarios de la corte.

En resumen: todo cuanto hay en Roma de poderoso, opulento y ostentoso.

El Anfiteatro está lleno.

circo caracalla_geta

Y por sobre aquel océano de cabezas, penden de una columna a otra festones de rosas, lirios, hiedras y pámpanos.

La multitud empieza a golpear impaciente con los pies.

Y estos golpes se van generalizando hasta ser atronadores y sin interrupción.

Entonces el Prefecto de la ciudad, después de recorrer la arena con su brillante séquito, hizo con el pañuelo una señal…

Que fue acogida con una exclamación de aprobación, en que prorrumpió todo el Anfiteatro.

Y empezaron los juegos,…

Con una carrera de cuadrigas arrastradas por camellos y bufones montados sobre elefantes, que hacen diferentes gracias para el público.

Luego vinieron los andavetes: gladiadores con yelmos cerrados, que lidian a ciegas. Cuando hacen su entrada en la arena, comenzaron a hacer molinetes con las espadas.

La parte más selecta del público, mira con desdeñosa indiferencia ese espectáculo.

Pero la plebe se divierte con los movimientos desairados de los combatientes. Y cuando sucede que se encuentran de espaldas, el público prorrumpe en grandes carcajadas…

Y muchos exclaman:

–           ¡A la derecha! ¡A la izquierda!

Y con frecuencia les engañan deliberadamente y los desorientan completamente.

No obstante, pronto se forman varias parejas de luchadores y se traba un combate verdaderamente sangriento.

Los luchadores más esforzados, arrojan lejos sus escudos y tomándose el uno al otro de la mano izquierda con el fin de no separarse, luchan con la otra hasta morir.

Todo el que cae alza la mano implorando gracia, pero el público casi siempre pide la muerte para los heridos, principalmente porque son hombres que llevan oculto el rostro y son unos desconocidos.

Paulatinamente fue disminuyendo el número de luchadores hasta que solo quedan dos.

Y fueron empujados el uno contra el otro y se apuñalaron recíprocamente.

Enseguida, a los gritos de ‘¡Peractum est!’ fueron sacados de la arena y un grupo de hombres con unos rastrillos, hizo desaparecer las manchas de sangre.

Luego esparcieron pétalos de rosas y otras flores.

En la segunda parte empezó la lucha más importante y que despertó el interés de todos los asistentes, pues empezaron a hacer importantes apuestas.

Entre la plebe, cuando ya no tienen dinero, llegan a apostar hasta la propia libertad y siguen con el corazón anhelante por la ansiedad y el miedo, las peripecias de aquellos combates.

Y por todas partes se escuchan votos a los dioses en voz alta, para que les ayuden a que gane su lidiador favorito.

De mano en mano van pasando las tablillas en las cuales han escrito los nombres de sus preferidos, así como la cantidad de sestercios que cada quién apuesta por su predilecto.

Todos cruzan apuestas:

el César, los sacerdotes, las vestales, los senadores, los quirites y el pueblo.

Los campeones que ya han obtenido clamorosos triunfos, son los que cuentan con mayor número de partidarios.

Pero hay quienes arriesgan sumas considerables a favor de gladiadores nuevos, con la expectativa de obtener enormes ganancias, si éstos obtienen la victoria.

Así que cuando se escuchan las trompetas, se hace un silencio profundo y expectante…

Todos los ojos se vuelven hacia la puerta a la cual se acerca un hombre vestido de Caronte y da en ella tres golpes con un martillo.

Un momento después, las dos hojas se abrieron lentamente y se puede ver un túnel largo y oscuro del cual van surgiendo los gladiadores, para ingresar a la arena.

gladiator

Avanzan en divisiones de veinticinco personas y están magníficamente armados: tracios, mirmidones, galos.

Al último ingresan los retiarii, trayendo una red en una mano y un tridente en la otra.

La multitud estalla en atronadores aplausos y estruendosas aclamaciones.

Los gladiadores dan la vuelta a la arena con paso firme y flexible: magníficos y hermosos, con sus brillantes armaduras y espectaculares trajes.

Avanzan hasta detenerse frente al Podium Imperial, grandiosos y tranquilos.

El toque penetrante de un cuerno, impone el silencio.

Entonces los gladiadores extienden su mano derecha, alzan la cabeza hacia el César…

Y gritan con voz lenta y potente:

¡Ave César Imperator!  ¡Moritum té salutant!

(Salve emperador y César. Los que van a morir te saludan)

gladiadores-saludando-2

Enseguida se alejan rápidamente, para ocupar en la arena sus lugares.

Los más famosos deben atacarse unos a otros en una serie de combates singulares, en los cuales resaltan el valor y la destreza, además de la fuerza y la astucia de los contrincantes.

El campeón es un germano llamado Taurus, que ha sido vencedor en muchos juegos.

Lleva un enorme y elaborado yelmo. Cubre su poderoso cuerpo con una cota de malla que lo hace parecer como un escarabajo gigantesco.

Va a enfrentarse con el casi desconocido retiarius, Mercurio: un tracio de aspecto imponente.

Y entre los espectadores comenzaron las apuestas.

Taurus, colocándose en el centro de la arena, comienza a retroceder blandiendo la espada.

Inclinando la cabeza, sigue atentamente a través de la visera de su yelmo, los movimientos de su adversario.

Mercurio es un hombre ágil, esbelto, de formas estatuarias, con músculos poderosos. Está completamente desnudo.

Empieza haciendo giros rápidos alrededor de su adversario. Agitando la red con movimientos llenos de gracia, al mismo tiempo que sube y baja su tridente.

Pero Taurus no le huye. Permaneciendo en un solo sitio, procura mantenerse siempre frente a su adversario, estudiándolo con una concentración absoluta.

Poco a poco se va advirtiendo en sus ademanes y en su cabeza monstruosamente grande, algo que infunde terror.

gladiador-batalla

Todos comprenden que en ese cuerpo encerrado en su poderosa armadura, ya se está preparando el golpe repentino que decidirá el combate.

Mercurio salta hacia él o brinca de un lado a otro, agitando su tridente con movimientos tan rápidos, que resulta difícil seguirlo con la vista.

Repetidamente suena sobre la coraza el golpe del tridente, pero Taurus permanece impasible.

Toda su atención está concentrada NO en el tridente, sino en la red que gira a su alrededor tratando de atraparlo.

Los espectadores contienen la respiración y siguen como hinoptizados los pormenores de la lucha.

Taurus espera, elige cuidadosamente el momento y se lanza por fin, sobre su enemigo. Éste se desliza con rapidez centelleante por debajo de su espada, esquivando el golpe mortal.

Se irguió de inmediato, alza el brazo y arroja la red.

Taurus, sin cambiar de posición la rechaza con su escudo y rápido se separan ambos.

En el Anfiteatro se escuchan atronadores los gritos: ‘¡Macte!’

Y en todos lados comienzan de nuevo las apuestas.

El mismo Nerón sigue el espectacular combate, conteniendo el aliento…

gladiadores

La lucha comienza de nuevo con tal arte y precisión en los movimientos de los contendientes, que por momentos parece que más que un combate a muerte, es una exhibición de destreza y habilidad, en una  hinoptizante danza, increíble y mortal.

Taurus evita la red por dos veces más y empieza a retroceder hacia un extremo de la arena…

Sus partidarios comienzan a gritar:

‘¡Acábalo! ¡Es tuyo!…’

Y Taurus vuelve al ataque. Repentinamente el brazo del retiarius, se cubre de sangre y se le cae la red.

Entonces Taurus reúne todas sus fuerzas y salta hacia delante, con el fin de asestar a su adversario el golpe definitivo.

gladiador-lucha-mortal

Pero en ese instante Mercurio, cuya imposibilidad para manejar la red era fingida, salta hacia un lado y esquiva el golpe.

Dirige el tridente por entre las piernas de su oponente y lo derriba.

Taurus intenta levantarse, pero al punto se ve cubierto por la fatal red, en la cual se va enredando siempre más, con cada movimiento que hace.

Mientras su adversario le clava una y otra vez en la tierra.

Taurus trata varias veces de levantarse, en un esfuerzo inútil.

Con un postrer movimiento se lleva a la cabeza su mano desfalleciente, con la cual ya no puede empuñar la espada y cae pesadamente sobre su espalda.

gladiador-vencedor

Entonces Mercurio fija su cuello al suelo con el tridente y apoyando ambas manos sobre el mango de éste, vuelve el rostro hacia el palco del César.

Todo el Anfiteatro estalla en aclamaciones y aplausos.

Para los que apostaron a favor de Mercurio, en este momento lo adoran como a un dios y por la misma razón, la animosidad contra Taurus ha desaparecido.

Porque a costa de su vida, aquel infortunado les ha brindado una ganancia y empiezan a pedir gracia a favor de Taurus.

Los perdedores piden la muerte. Y estos dos gritos tan opuestos, llenan el graderío.

Pero el retiarius mantiene la vista solo fija en el César y todos están expectantes por lo que va a suceder…

Por desgracia para el gladiador vencido, Nerón extiende la mano y vuelve el pulgar hacia abajo.neron-circo-2Entonces Mercurio se arrodilla sobre el pecho del germano.

Aparta el yelmo de la cabeza de su adversario, dejando a la vista la blonda cabellera y el rostro sereno que lo mira fijamente y con valiente resignación ante la derrota…

Y lo ensarta por la garganta contra la Arena.

Aumenta el frenesí del público…

‘¡Peractum est!’   –gritan al unísono muchas voces en el Anfiteatro.

Taurus se convulsiona y luego queda inmóvil.

Inmediatamente sacan el cadáver de la Arena.

Hubo otros combates singulares y luego la recreación de la Batalla de Aníbal en Cartago entre grupos de gladiadores y que resulta igual de mortífera.

maximo-circo

Enseguida a los vencedores les fueron entregados los premios y las coronas.

Luego sigue un intermedio que se convierte en banquete.

Se distribuyen bebidas refrescantes, carnes asadas, vino, aceitunas, queso, frutas y dulces.

El pueblo devora y aclama al César.

Y satisfechos el hambre y la sed, centenares de esclavos distribuyen billetes de lotería y obsequios que llevan en canastos.

Los patricios no participan de estas distribuciones.

En el centro de la arena, cientos de operarios están levantando un escenario en forma de un gran círculo partido por la mitad.

Una simula un vergel y en la cúspide, hay un árbol cuajado de manzanas y al lado un poste, adornado con guirnaldas como de un metro de altura y con una argolla.

En la parte baja, en una plataforma circular, a la que para subir hay tres escalones, pusieron centenares de postes iguales al que está en la parte superior, junto al árbol.

En la otra mitad del círculo, que simula un pequeño monte, levantan una enorme cruz en el centro de tal forma, que la cruz queda casi a la par que el árbol con manzanas.

En ella han colocado crucificado, a un cristiano y ¡Han cubierto su cabeza con una auténtica cabeza de un asno! De tal forma que realmente parece un hombre con cabeza de asno.

A su alrededor y también en semicírculo, han sido alineadas unas parrillas monumentales.

Entre ellas hay tres filas de postes que sostienen en su parte superior a un tercero y que de trecho en trecho, tienen una gruesa argolla de acero.

En la parte baja y alrededor de la cruz, también hay centenares de pequeños postes que completan el círculo y da una imagen simétrica, al imponente escenario.

procoro i-claudius-derek-jacobi

Los augustanos están ocupados mirando a Prócoro Quironio y divirtiéndose con sus vanos esfuerzos por demostrar que está disfrutando del espectáculo.

Su cobardía ingénita lo hace incapaz de contemplar el sangriento combate.

Se pone pálido. Corren por su frente gruesas gotas de sudor, sus ojos giran desorbitados, le castañetean los dientes y se estremece como si tuviese mucho frío.

Al terminar la batalla de los gladiadores, pudo recuperar un poco la compostura y empezó a recibir una andanada de puyas de sus vecinos.

Dejándose dominar por la cólera, se defiende desesperadamente.

Vitelio le tiró de la barba y dijo:

–           ¡Vaya griego! Parece que la vista de la sangre y la piel desgarrada de un hombre, es algo superior a tus fuerzas.

Prócoro replicó venenoso:

–           ¡Mi padre no fue un zapatero remendón y yo no puedo repararla!

0-senado-de-roma

Muchas voces exclamaron:

–           ¡Macte! ¡Habet! (Muy bien, le venció)

Pero otros siguieron burlándose de él…

Haloto dijo:

–           No es su culpa tener en el pecho un pedazo de queso, en vez de corazón.

Prócoro contestó zumbón:

–           ¡Tampoco tú eres culpable de poseer doble vejiga en lugar de cerebro!

Haloto soltó una carcajada de escarnio burlón y contestó:

–           ¡Algún día llegarás a ser un gladiador! Con esas manos tan grandes, te verás admirable manejando una red en la arena.

haloto

El griego replicó:

–           Y si en ella te cogiera, sólo habría en mi red una fétida abubilla.

Marcial preguntó con sarcasmo:

–           ¿Y qué harás cuando llegue el turno a los cristianos? Tendrás que verlos… Tú los entregaste.

Y así… continuaron atacándole.

Él se defiende irónicamente, en medio de la risa general y con gran gusto del César, quién a cada momento repite:

–           ¡Macte!

Y azuza a los demás para que sigan molestando al griego…

Cuando hacen una pausa en su malévolo juego, Petronio se acercó a Prócoro.

Y tocándolo en el hombro con su bastón de marfil, le dijo fríamente:

–           Todo eso está bien filósofo, pero en una cosa te has equivocado: Los dioses te hicieron un vulgar ladrón y tú te has convertido en un juglar. Esa es la razón por la que no te sostendrás por mucho tiempo.

El viejo le miró con sus ojos enrojecidos y no encontró un insulto adecuado que aplicar a Petronio. Así que se quedó callado.

00petronioLuego dijo con cierto esfuerzo:

–           Me sostendré.

En la arena, el escenario ha sido terminado y todo está listo para la atracción especial de aquel día:

Ha llegado el turno de los cristianos…

En ese momento las trompetas anuncian que el intermedio ha concluido.

Los espectadores regresan a sus asientos.

El ánimo del público a la par que expectante, también está predispuesto en contra de las víctimas, pues han sido convencidos de que les están castigando por ser los incendiarios Roma y los destructores de sus antiguos tesoros…

Son los bebedores de sangre de infantes, que adoran a un hombre con cabeza de asno.

Los enemigos de la raza humana, y culpables de los crímenes más abominables.

Los castigos más crueles, no son suficientes para el Odio que han despertado en aquel pueblo que lo único que desea…

Es que las torturas que sean aplicadas a los cristianos, correspondan plenamente a los delitos perpetrados por aquellos malhechores…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

58.- LA VENGANZA DE POPEA


roma imperial

Al principio no solo nadie pone en duda que fueran los cristianos, los autores de la tragedia.

Tampoco nadie quiere dudarlo puesto que el castigo de los acusados va a proporcionar al populacho un espléndido entretenimiento.

El grito: ¡Cristianos a los leones! Sigue propagándose por toda la ciudad.

Sin embargo también hay la opinión de que la catástrofe alcanzó tan tremendas dimensiones, por la cólera de los dioses.

Y por esta razón empezaron a ofrecer en los templos, sacrificios expiatorios purificadores.

SACRIFICIO the_procession_of_the_sacred_bull_anubis-huge

Previa consulta de los libros Sibilinos, el senado dispuso celebrar solemnidades a Vulcano, Proserpina y Ceres.

Las matronas hacen ofrendas a Juno y hubo una procesión para llevar agua del mar con qué aspergear la estatua de la diosa.

Y así toda Roma fue purificándose de sus culpas y haciendo sacrificios para aplacar la cólera de los dioses inmortales.

Y comenzaron la reconstrucción de la ciudad.

Se abrieron calles nuevas, anchas y magníficas. Colocaron los cimientos para casas majestuosas, palacios y templos.

Pero ante todo construyeron con admirable rapidez, un enorme Anfiteatro en el cual van a ser sacrificados los cristianos.

senado

Inmediatamente después del consejo celebrado, se dio orden a los cónsules para que procuren un nuevo suministro de bestias feroces.

Para ello, Haloto vació los vivares de todas las ciudades italianas y mandó traer elefantes y tigres de Asia. Cocodrilos e hipopótamos del Nilo. Leones del Atlas. Lobos y osos de los Pirineos. Sabuesos feroces de Hibernya. Perros molosios del Epiro. Bisontes y gigantescos uros salvajes de Germania.

En África organizaron grandes cacerías, en las cuales obligaron a participar a todos los habitantes de todas las poblaciones de cada región.

A causa del número extraordinario de presos, los juegos van a sobrepasar en grandeza a todos lo que hasta entonces se han conocido.

César quiere borrar de la memoria de todos,  el recuerdo del incendio y embriagar de sangre a toda Roma.

Y por eso reunió todos los elementos para la cruenta hecatombe y darle las proporciones jamás imaginadas.

El pueblo ayuda a los pretorianos en la caza de cristianos, que se dejan arrestar sin oponer la más mínima resistencia.

Pero con su mansedumbre, lo único que logran es que aumente la rabia del populacho y una especie de locura que se ha apoderado de los perseguidores…

En el silencio de la noche aumentan los bramidos y rugidos que dan las fieras y que resuenan por todas partes como un eco siniestro y aterrador.

grandesgatos1 LEONES

Y no hay piedad. Las prisiones rebosan de víctimas…

Toda la gente parece que lo único que sabe articular en un salvaje frenesí, es el furibundo alarido: ¡Los cristianos a los leones!

Y hasta el clima se ha vuelto extremo, con días de calor extraordinario y noches más sofocantes que nunca.

Pareciera que hasta el aire también está impregnado del olor a sangre locura y crimen.

Y a esa desbordada crueldad, corresponde en igual proporción, el anhelo por el martirio…  

Es perfectamente sabido en el Palatino, que entre los confesores de Cristo, hay personajes importantes, patricios de familias muy distinguidas, nobles y de linajes reconocidos.

Pero el César teme que el pueblo no crea que semejantes personas hubiesen podido incendiar Roma y puesto que lo importante es que todos estén plenamente convencidos de que los incendiarios son los cristianos.

El castigo de esos patricios y la venganza contra ellos, decide aplazarlas un poco…

Otros opinan equivocadamente, que la momentánea salvación de los quirites se debe a Actea.

Lo cierto es que Petronio, después de separarse de Marco Aurelio fue al Palatino para entrevistarse con Actea y para buscar su cooperación a favor de Alexandra.

Cuando llegó al recinto que el César le destinara para su residencia particular, fue recibido por Leónidas el mayordomo griego que le dijo que Actea se encuentra en una reunió privada; pero que tenía instrucciones para pasarlo, a la hora que llegara.

Mentalmente le agradeció a Actea esta deferencia y fue conducido hasta un jardín interior que antecede al último peristilo, donde entran a un gran salon en el que se está celebrando una reunión cristiana que es presidida por dos hombres que Petronio conoce muy bién: el Senador Astirio y el cónsul Jonathan, que para su enorme sorpresa traen unas vestiduras sacerdotales que ya había visto en la Misa donde fue bautizado Marco Aurelio.

Jonathan es un formidable Instrumento muy dócil al Espíritu Santo y está empezando a hablar…

Aunque Petronio lo mira totalmente asombrado, porque hay en él una Presencia que NO puede definir, pero cuya percepción es innegable pues él lo ha escuchado en el Forum y definitivamente ahora es ¡Cómo si fuese otra persona totalmente desconocida, al que más de medio centenar de personas lo escuchan con gran reverencia!

La voz de Jonathan se oye claramente:

padre eterno

Hijitos Míos, el venir a la Tierra es una bendición para las almas, es un regalo que concedo a algunas almas, de todas las creadas. Muchos de vosotros creéis lo contrario, como si fuera una maldición venir a la Tierra, porque venís a sufrir y esto sucede porque NO estáis viendo la espiritualidad santa que encierra el trabajo de un alma en la Tierra.

Os creéis atrapados en un cuerpo que tiene que sufrir, un torrente de maldad que os lleva a sufrir desde pequeñitos.  No Mis pequeños, la Bendición que es el Don de la vida, se os da para que vosotros podáis trabajar para vuestro Dios y el hacerlo os va a llenar de grandes bendiciones a vosotros, a los que estén con vosotros y a la humanidad entera, así también a las almas del Cielo y del Purgatorio.

Realmente venir a la Tierra, trabajar para Mí, vivir para la salvación de las almas, es un compromiso muy grande del cual la mayoría de vosotros no os dais cuenta. Es tan grande el don de la vida y el regalo que concedo a las almas después de su misión, que por eso las almas Me piden bajar para servirMe, por la forma en como Yo pago con grandes bendiciones cuando regresan al Reino de los Cielos.

tentacion-de-jesus-demonio-diablo-desierto-40-dias-temptation-of-jesus

Mi Hijo bajó a llevar salvación en la caridad y en la comprensión por conocer vuestra pequeñez y vuestra debilidad. Os mostró cómo Él mismo fue tentado por el Maligno y le hizo saber como Su tarea en la tierra dependía de Mi, Su Padre, y de ésta forma tomaba fuerza extraordinaria para vencerlo fácilmente en todas las ocasiones en las que se le presentó.

Cuando arrojaba a los demonios, éstos Lo ponían en evidencia ante el pueblo dándoles a conocer que El era el Mesías, el Hijo de Dios Altísimo y El en lugar de envanecerse, los hacía callar. La Humildad ante todo, Mi Hijo Dios en Mi Mismo, el Humilde por excelencia, el Verbo hecho carne, el Amor Vivo entre vosotros.

El os enseñó a través de la vida con Sus discípulos, Mis necesidades de salvación, viviendo y enseñando Mi Sabiduría y a la vez acompañada con prodigios grandísimos, venciendo hasta lo humanamente imposible: la Muerte. El os enseñó que viviendo Su Vida, Sus enseñanzas, siempre viéndoMe a Mi primero y a Mi Voluntad, podrían lograr todo. Así se lo confió a Sus discípulos y les dijo: “Id y predicad a todas las naciones y aquellos que Me sigan podrán hacer las mismas cosas que Me han visto hacer y las harán aún mayores.” Este es un privilegio que Mi Hijo os ha dejado y es para todos aquellos que realmente quieran seguir la Vida Divina de Mi Ser Infinito.

Vosotros conocéis la vida de los discípulos cuando bajando el Espíritu Santo en Pentecostés, los confirma como los verdaderos seguidores de Su Palabra y de Sus Obras. Vosotros conocéis la predicación de cada uno de ellos y los prodigios que realizaban porque se volvieron otros Cristos.

tentacion

Pero lo más fuerte, la batalla más fuerte será precisamente cuando el Maligno os quiera quitar vuestra alma, lo más bello y más grande que Yo os di y que tenéis que proteger contra sus ataques de mil formas. Ya NO solamente será el ataque material, sino vuestros principios, vuestra educación espiritual, vuestra creencia en Mí, vuestro amor hacia Mí, que es lo que más ataca y os lleva a destruiros en lo espiritual y en lo moral.

Pero una mayor batalla también tendréis contra vosotros mismos, cuando os haga DUDAR. A través de lo que leáis o de lo que os digan amigos y compañeros que se acercan a vosotros y que tengan diferentes maneras de pensar, sobre lo que Yo os he enseñado a través de Mi Hijo. Así pues, durante la vida del hombre en la Tierra todo es una continua lucha. Lucha que podréis aliviar y podréis hacer llevadera si estáis Conmigo, porque Yo os daré todas las capacidades espirituales, morales y aún físicas para poder vencer la prueba que tendréis.

Ésa lucha es lo que os va ayudar a que vosotros podáis obtener la Corona del Triunfo al final de vuestra vida. Vuestra Misión es esa, aprender a luchar contra las fuerzas satánicas y ayudar a otros a ello, ayudándoles a crecer en virtud y en amor, para que puedan obtener Mi Gracia y así su salvación eterna.

PermitidMe pues, que Yo trabaje con vosotros. NO tratéis de luchar vosotros solos, no lograréis sacar adelante vuestra misión, porque las fuerzas de Satanás son muy fuertes contra vosotros solos. Ya os he dicho y os repito que si estáis Conmigo, nada podrá hacer el que ha sido Enemigo de la humanidad entera desde que vuestros Primeros Padres, cayeron.

00tentaciones

Así pues Mis pequeños, unid vuestra lucha, vuestra cruz de cada día a la de Mi Hijo y ofrecedMe todos vuestros logros, vuestras penas,dolores,sacrificios y también vuestras alegrías.  Tratad de hacer lo que tenéis que hacer todos los días, lo mejor posible. Hacedlo con gusto, con amor. Y regaladMe a Mí ése agradecimiento, tanto de vuestros hermanos que recibieron vuestro bien, como el vuestro propio; de sentiros halagados de haber hecho un bien a vuestros hermanos y a Mí, vuestro Dios.

Os agradezco tanto Mis pequeños que confiéis en Mí, que vengáis a Mí en todo momento, aún a pesar de que vuestro corazón esté sucio por el Pecado. YO TE AMO TAL COMO ERES EN ESTE MOMENTO… Venid, venid y a través de Mis hijos, los sacerdotes Mis ministros, podréis obtener la Gracia nuevamente de que vuestra alma quede limpia y dispuesta a estar Conmigo.

Vosotros por otro lado, engrandeced vuestra alma con todos los actos buenos que podáis, con la Oración, con la Eucaristía. CRECED, haceos grandes, alimentad vuestra alma, alimentad a vuestros hermanos con vuestro ejemplo y con vuestra Oración. Os amo tanto, Mis pequeños. Ayudaos y fortaleceos con vuestros hermanitos mayores. Porque los adultos saben mejor lo que los niños necesitan. El adulto por experiencia sabe cómo se vive la vida, sus necesidades, sus problemas, sus obligaciones. El niño por su inexperiencia, NO sabe cómo moverse en el mundo, NO sabe de sus necesidades y de sus obligaciones.

Mis pequeños, en estos tiempos los adultos espiritualmente hablando, son aquellos que Me pidieron el Don del Discernimiento o aquellas almas a las que se los he dado para que conozcan cómo se están moviendo los hilos de la Historia. 

Jesus-no-cedio-a-la-tentacion

El mismo Satanás atacando la humanidad, está tratando de entretejer sus propios hilos, él está tratando de hacer su historia. Una historia mala, una historia destructiva, una historia en la cual lleve a la humanidad a su Perdición.

Mis pequeños, aquellos que por Gracia Mía, por Mi Benevolencia, os he dado el Don del Discernimiento, son los que podéis daros cuenta de cómo se está llevando a cabo toda ésta maniobra satánica para tratar de destruir a la humanidad, Mi Humanidad. A vosotros Mis hijos Mis pequeños, como sois los que podéis saber lo que se está dando, que veis con ojos santos lo que se está dando en la humanidad, os toca interceder por vuestros hermanos menores, por los niños que son todas las almas que NO están ciertamente Conmigo o que NO han crecido espiritualmente porque NO Me han buscado.

Yo quiero salvar a toda la humanidad, a los que vosotros mismos consideráis buenos y malos. Yo quiero salvar a toda la humanidad porque todos vosotros sois Mis hijos. El Amor se derrama por todos, POR LOS BUENOS Y POR LOS MALOS, no nada más por algunos. Pero vosotros sois Mis Intercesores. El Amor os da vida, el Amor os salva, el Amor os lleva a la santidad, que es la salvación eterna.

Sí, Mis pequeños, los que habéis crecido espiritualmente tenéis ésa obligación de ayudar a vuestros hermanos con vuestra Intercesión. Si ellos no se están dando cuenta de cómo Satanás los está llevando con engaños hacia la perdición eterna; vosotros que sí os dais cuenta, debéis pedir por ellos, por su salvación y de esta forma es como Yo podré salvarlos. Ellos se dejan llevar por los espejismos, vosotros os dejáis llevar por la realidad Divina. Vosotros Me estáis viendo, ellos están viendo al Mundo.

__salvar_al_mundo

Orad, orad  mucho por ellos, porque vuestra obligación es sacarlos adelante, es salvarlos, es darles vida con vuestra Oración. Ciertamente Yo os he dado la libertad de acción, el libre albedrío, pero cuando por necesidad como en éste caso vosotras almas maduras, almas adultas en la Gracia y en el Amor, veis que vuestros hermanos necesitan salvación, vuestra Oración se impone, vuestra Oración hace que estas almas puedan recibir Mis Bendiciones, aunque ellas mismas NO las quieran. Esa es un alma madura, un alma santa que está viendo por las necesidades de sus hermanos y quiere su salvación tanto como Yo la quiero.

Vosotros estáis misionando sobre la Tierra y vinisteis a la Tierra a salvar almas, como Mi Hijo lo hizo por medio de Su Donación y de Su Intercesión Divina. Vosotros estáis haciendo ésta misma tarea, siguiendo Su ejemplo, dándoos por vuestros hermanos, viviendo para que los demás vivan, pero viviendo Mi Vida y NO viviendo la vida del Mundo como están ellos.

Salvad, salvad tantas almas como podáis, Mis pequeños, porque ésa es la Obligación de un alma que se ha dado a Mí. PedidMe a Mi la Sabiduría, la Fortaleza, el Amor y todo lo que necesitéis para que os mantengáis apartados de la Maldad y que la misma Maldad no os haga daño, para que sigáis ayudándoMe como almas maduras, almas santas en la salvación de vuestros hermanos.

Os amo infinitamente, Mis pequeños y derramo Mis Bendiciones sobre vosotros y sobre los vuestros para que NO os falte Mi Alimento de Vida.
Gracias, Mis pequeños.

bend trinidad padre creador GUADALUPANA

Cuando la celebración Eucarística terminó, Actea se acercó a él y Petronio le expuso el motivo de su visita.

Pero ella solo pudo ofrecerle sus oraciones, pues vive en medio del sufrimiento y el olvido… Se le tolera con la condición de que se mantenga invisible… tanto para Popea, como para el César.

–           Los caminos de Dios, no son nuestros caminos…

Esta enigmática respuesta de Actea, no significó nada para Petronio. Y salió del Palatino muy abrumado, aunque el recuerdo de Jonathan y las palabras que le oyó, calaron muy hondo en su corazón y después con su prodigiosa memoria y sin entender la razón, las mantendría en su mente una por una…

Entonces Actea visitó a Alexandra en la cárcel. Le llevó ropa, alimentos y la protegió de posibles ultrajes por parte de los guardianes de su prisión, quienes ya habían sido muy bien remunerados por Marco Aurelio.

Petronio se siente responsable por la tragedia que están viviendo Marco Aurelio y Alexandra, pues todo comenzó cuando él cometió el error de sacarla de la casa de los Quintiliano.

A raíz de ello, ella está ahora en la cárcel. Por eso ha decidido emplear todos los recursos para remediar lo sucedido.

Enseguida fue a visitar a Séneca. Éste le mostró su solidaridad y su comprensión, pues él también está incierto de su propio futuro.

Plinio y Marcial le dijeron que estando Popea de por medio, mejor se olvidara del asunto.

Terpnum y Menecrato movieron la cabeza y no hicieron nada.

Haloto y Julia Mesalina, no le aseguraron el favor de Popea.

El bello Pitágoras, Paris, Esporo y Alituro, a quienes nada negaba el César, le dijeron que NO había nada que hacer.

Vitelio contó al César que había intentado sobornarlo. Y la guardia sobre Alexandra fue reforzada…

Solamente Alituro que al principio había estado hostil hacia los cristianos, se movió a compasión a favor de ellos y tuvo el valor suficiente para mencionar el asunto al César y buscar su favor implorando gracia por la doncella encarcelada.

0neron

Pero lo único que obtuvo de Nerón, fue esta respuesta:

–           ¿Consideras acaso que tengo un espíritu  inferior al de Bruto, quién no perdonó ni a sus propios hijos tratándose de la salud de Roma?

La sentencia ha sido confirmada… Y lo lamentó por Marco Aurelio.

Éste le comentó a su tío que pensaba ir a postrarse a los pies de Nerón para suplicarle clemencia.

Pero Petronio al escucharlo le dijo:

–           Te aconsejo que abandones esa idea. Si te responde con una negativa, una burla o una vergonzosa amenaza ¿Qué harás?…

Porque lo único que lograrás es cerrarte cualquier posibilidad de salvación. Tienes derecho de provocar tu propia ruina, pero no la de ella. Recuerda lo que le pasó a la hija de Sejano antes de morir…

Marco Aurelio sintió que está viviendo una pesadilla…

La Venganza de Popea lo está golpeando con toda su crueldad…

La inexorable destrucción de su esposa le produce un dolor insoportable.

El rugido de las fieras, el golpe de las hachas al cortar la madera para la construcción del nuevo circo…

Las prisiones rebosantes de cristianos vinieron a confirmar su dolorosa realidad…

Y por un momento sintió que se quebrantaba su fe en Cristo. Y este quebrantamiento es una nueva tortura para su alma… La más horrenda de todas…

Pero su voluntad prevaleció:

–           ¡No!…¡No!… ¡No! Yo soy cristiano. Yo sé lo que tengo que hacer…

Y fortaleció su decisión al recordar las palabras de Jesús: Pase lo que pase, confía en Mí’ y también las de Pedro: ‘No caerá uno solo de tus cabellos. Ten Fe.’

Se aferró a esta esperanza y a partir de ese momento pasó noches enteras con Bernabé, a la puerta de la celda de Alexandra.

Y cuando ella le obliga a que se vaya a descansar, vuelve a la casa de Petronio y pasa horas en su cubículum postrado en tierra o de rodillas, con los brazos levantados, implorando al Cielo; pidiéndole a Dios un milagro…

Porque solo un milagro puede salvarla…

Y con su frente pegada a las baldosas, recordando a Jesús en el Huerto, ora fervientemente…

Mientras el tiempo transcurre, llegó la terrible noticia:

El Anfiteatro ha sido terminado y los Juegos van a dar comienzo…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

74.- EL INCENDIARIO


Cuando regresó el buen tiempo, se anunció que los Juegos proseguirán. El día del espectáculo, millares de espectadores llenaron el Circo desde muy temprano. El César llegó pronto acompañado por sus cortesanos y las vestales. Para el inicio fue anunciado un combate entre cristianos, a los cuales ataviaron como gladiadores y provistos de toda clase de armas que usan los verdaderos gladiadores, tanto para atacar como para defenderse. Pero sucedió algo inesperado para los asistentes:

Los cristianos arrojaron al suelo de la arena, escudos, redes, tridentes y espadas. Se arrodillaron a orar y a cantar sus himnos. Y los del público se indignaron.

Entonces el César ordenó que soltaran los perros molosios y éstos los destrozaron muy rápido. Cuando los despojos que quedaron, fueron retirados de la arena y los animales saciados, también fueron sacados; el espectáculo tomó una faceta diferente.

Fue una serie de cuadros mitológicos, idea del propio César.

Y así la concurrencia pudo ver a Hércules cumpliendo con los Doce Trabajos y ardiendo con la túnica de Neso.

Marco Aurelio se estremeció ante el pensamiento de que hubiesen dado el papel de Hércules a Bernabé; pero fue evidente que lo tienen reservado para algo más impactante y aún no ha llegado el turno al fiel servidor de Alexandra; porque el que arde en la pira, es otro cristiano, desconocido para el joven tribuno.

A Prócoro, el César no le perdonó la asistencia y tuvo que ver a varios conocidos suyos en la siguiente representación. El anciano que diera a Prócoro el significado del signo del pescado y que le puso sobre la pista de Alexandra, representó a Dédalo y su hijo desempeñó el papel de Ícaro. Ambos fueron levantados por un ingenioso mecanismo y enseguida lanzados a la arena hasta una gran altura.

El joven cayó tan cerca del pódium del César, que la sangre salpicó no solo los adornos exteriores, sino también la púrpura que cubre el frontis del palco imperial. Prócoro cerró los ojos y no vio la caída; pero oyó el sordo golpe del cuerpo al rebotar en el suelo y cuando abrió los ojos vio que la sangre le había salpicado sus finas vestiduras. Y estuvo a punto de desmayarse otra vez.

Los cuadros cambian rápidamente: las sacerdotisas de Cibeles, Las Danaides, Dirce, Pasifae, etc. Son jovencitas muy tiernas todavía y la gente aplaude al verlas partidas por la mitad, destrozadas y descuartizadas por las bestias desbocadas.

La plebe aplaude delirante las nuevas ideas de Nerón, quién se siente muy ufano y feliz, con las aclamaciones que recibe. Y se recrea en su ingenio y su crueldad, disfrutando aquellas escenas sangrientas y las postreras convulsiones de sus víctimas. Luego se suceden otros cuadros, tomados de la historia de la ciudad.

Después del martirio de las vírgenes, representaron el espectáculo de Muscio Escévola cuya mano atada a un trípode sobre una hoguera todos vieron achicharrarse; pero Sergio permaneció sin dar un solo gemido, con el rostro levantado al cielo y extasiado en la Oración… No se dio cuenta cuando lo degollaron.

Luego arrastraron su cadáver al Spolarium y se dio la señal para el intermedio.

Y empezó el banquete. Bebidas refrescantes, carnes, dulces, vino, queso, aceitunas, pan y fruta. El pueblo devora y aclama la munificencia del César. Satisfecha el hambre y la sed, dio principio la distribución de billetes de lotería.

Y empezó una verdadera batalla campal. Entre la plebe se amontonan, se dan golpes y pisotones. Saltan sobre las graderías, se lanzan objetos, hay gritos, maldiciones, insultos y blasfemias. Lo cual se explica; porque el que resulte ser uno de los afortunados ganadores de un número privilegiado, pronto se convertirá en dueño de una casa con jardín, de un esclavo, de un espléndido y valioso traje, de una joya o de una fiera que se puede vender al Anfiteatro y se convierte así en un premio en efectivo.

A veces es tal el motín, que se hace necesaria la intervención de los pretorianos. Y sucede que tienen que sacar a personas con las piernas o los brazos fracturados. Y hasta hay quién ha llegado a morir, aplastado en medio de estos tumultos.

Nerón se divierte mucho con estas trifulcas.

Cuando comenzó el intermedio, también él pasó a un salón, donde le esperaba un espléndido banquete y lo disfrutó acompañado de sus cortesanos favoritos.

Mientras tanto una multitud de esclavos, empezó a cavar hoyos en hileras a corta distancia unos de otros, en la mitad de la extensión de la arena y los dispusieron de tal forma, que la última quedó a unos cuantos pasos del pódium imperial. En la otra mitad de la arena se dispuso que unos grupos de cristianos, fueran arrojados a los leones.

Los preparativos al nuevo suplicio se hacen con gran celeridad. Terminado el intermedio, se abrieron todas las puertas, hacen entrar a empellones y golpes de flagelo, a otros grupos de cristianos desnudos llevando cruces. Tanto éstas como las víctimas, están adornados con flores.

Los verdugos extienden a las víctimas y empiezan a clavar manos y pies. Se oye el resonar de los martillos, que repercuten por todo el Anfiteatro. Taladrando los maderos, los oídos y los corazones. Como éste es un martirio lento, en el que la muerte puede durar días; Nerón decretó que les quebrasen las piernas.

Entre las víctimas se encuentra Lautaro. Los leones no lo mataron la primera vez, así que éste es su segundo martirio: la Crucifixión.

Cuando supo el suplicio que los esperaba, había dicho a los cristianos:

–           ¡Demos gracias a nuestro Redentor, que nos ha concedido el privilegio de compartir sus tormentos de una manera total! ¡Alabemos al Padre que con esto nos convierte en sus verdaderos hijos!…

Y mientras los verdugos continúan clavando a sus indefensas víctimas, nuevamente el canto brota de aquellas criaturas martirizadas. Todos escuchan asombrados el himno que se levanta jubiloso:

¡Aleluya!

Aclamen al Señor, Tierra entera

Sirvan a Jesús con alegría

Lleguen a Él sus cantos de gozo.

Sepan que Jesús es Dios Todopoderoso

Él nos creó. A ÉL pertenecemos.

Somos su pueblo y ovejas de su aprisco.

Entren por sus puertas dando gracias

Avancen por sus atrios entre himnos

Denle gracias y bendigan el Nombre de Jesús.

Porque el señor es Bondadoso

Su amor dura por siempre

Y su fidelidad por todas las generaciones.

Mi alma suspira y se consume

Por estar en los atrios del Señor

Mi corazón y mi carne lanzan gritos

Con anhelo de ver al Dios Viviente.

Felices los que habitan en tu casa

Y te alaban sin cesar

Dichosos los que en Ti encuentran sus fuerzas

Y les gusta subir hasta tu Templo.

Dios es nuestra defensa y fortaleza

Él da Perdón y Gloria

¡Jesús, oh, Dios de los Cielos

Feliz el que en Ti pone su confianza!

Las risas y los gritos de la multitud se fueron callando al escuchar aquel coro insólito que los deja desconcertados y perplejos.

Ellos han venido para contemplar las agonías de una muerte en medio de un suplicio atroz. Y lo único que se oye además de los martillazos, es aquel himno glorioso…

Cuando todas las cruces han sido levantadas, el canto termina y solo queda un gran silencio. La gente no sabe cómo reaccionar ante lo que está presenciando.

Hasta el mismo César está un poco descontrolado y juguetea nervioso con su collar de rubíes, mientras su semblante no logra ocultar un aire de inquietud…

El crucificado que está frente a él, es Lautaro; que lo mira fija y severamente, mientras dice con voz fuerte y sonora:

–           Yo veo los Cielos abiertos, pero también está abierto el profundo Abismo Infernal… Al que serás arrojado por tu maldad. ¡Oh, Perverso! ¡Ay de ti!… ¡Arrepiéntete de tus crímenes! ¡Matricida! ¡Ay de ti!…

El César se estremeció.

Los augustanos, al escuchar esta injuria lanzada al rostro del ‘divino’ Amo del Mundo en presencia de millares de espectadores, contuvieron el aliento…

Y el público se paralizó.

Para desgracia de Nerón, Lautaro no había terminado y su voz aumentó su potencia:

–          ¡Ay de ti! ¡Asesino de tu padre, de tu esposa, de tu hermano! ¡Ay de ti, Anticristo! ¡El Abismo y los Infiernos están ya abiertos bajo tus pies! ¡Arrepiéntete! ¡Ay de ti, porque morirás temblando de terror, por no poder escoger tu propia muerte, pues tu propio pueblo te sentenciará con el suplicio de los parricidas y serás condenado por toda la eternidad!…

¡Ay de ti, genocida cruel! ¡Asesino perverso! ¡Has colmado la medida y también para ti ha llegado la hora de tu horrendo castigo! ¡Satanás te espera y pagarás tus crímenes y tu maldad contra los inocentes! Ya está sobre tu cabeza la espada de la justicia divina… ¡Perderás tu imperio más pronto de lo que imaginas!…

Una flecha silva en el aire y se clava en el pecho de Lautaro. Uno de los arqueros del emperador obedeció la orden de Tigelino, para callar la voz del sacerdote cristiano.

Lautaro dice:

–          Señor Jesús… Recibe mi espíritu… te…

Su cabeza cae sobre su pecho y el mártir expira…

Nerón se ha puesto de pie, temblando de indignación, hace una señal a Tigelino. Las fieras son soltadas y empieza una nueva carnicería.

Después de un largo silencio en el Pódium, que nadie se atreve a romper, Prócoro dice al César:

–           Señor. El mar es hermoso y apacible. Vámonos a Acaya. Allí te aguarda la gloria de Apolo. Las coronas y los triunfos te están esperando. El pueblo te adorará y los dioses te glorificarán como su igual, mientras que aquí, ¡Oh, señor!… –sus palabras se vuelven ininteligibles, porque un violento temblor lo invade y le impide continuar.

El emperador contestó:

–           Partiremos cuando hayan terminado los Juegos. Sé que aún hay muchos que piensan que los cristianos son víctimas inocentes y lo dicen. No puedo alejarme porque después todo mundo repetirá eso. ¿Qué es lo que temes?

Nerón dijo estas palabras frunciendo el ceño y mirando fijamente al griego. Pero su sangre fría es solo aparente. También a él le infundieron pavor las palabras de Lautaro. Y al regresar al Palatino, las recordará con vergüenza, con rabia y con miedo.

Babilo que es muy supersticioso y que ha escuchado este diálogo, miró a su alrededor y dijo con voz misteriosa:

–           Divinidad, escucha las palabras de este viejo. Hay algo peligroso en esos cristianos. Sus sacerdotes también son augures y la deidad que adoran les da una muerte extraordinaria, pero puede ser también una deidad vengativa y…

Nerón replicó al punto:

–           No he sido yo quién dispuso los Juegos, sino Tigelino.

Al escuchar la respuesta de Nerón, Tigelino dijo desafiante:

–           ¡Ciertamente! Yo fui. Y también Haloto. Y me río de todos los dioses cristianos. Babilo es una vejiga llena de supersticiones y este valiente griego, es capaz de morirse de miedo ante una gallina que erice las plumas en defensa de sus polluelos.

Nerón replicó con sequedad:

–           Así es en efecto. Pero de ahora en adelante, ordena que les corten la lengua a esos cristianos.

Haloto confirmó:

–           El fuego les pondrá restricción, ¡Oh, divinidad!

Prócoro gimió:

–           ¡Ay de mí!

Pero el César, a quien la insolente confianza de Tigelino le ha dado nuevos bríos, empezó a reír y dijo señalando al viejo griego:

–           ¡Mirad a este descendiente de Aquiles!

Y verdaderamente el aspecto de Prócoro es lamentable. Sus escasos cabellos se han vuelto completamente blancos. La expresión de su cara es de terror. Ha perdido el control y está como aturdido y fuera de sí. Se queda sin contestar a las preguntas que le hacen. Luego se encoleriza y se vuelve tan insolente, que los augustanos dejan de lanzarle puyas.

Finalmente grita desesperado:

–           ¡Haced de mí lo que queráis, pero yo no iré más a los Juegos!

Nerón lo miró un instante y volviéndose hacia Tigelino, le dijo:

–           Cuida de que este estoico, se halle cerca de mí en los jardines. Deseo ver qué impresión causan nuestras antorchas, en su ánimo.

Prócoro se llenó de terror ante la amenaza que palpita en la voz del emperador. Y dijo con un hilo de voz:

–           ¡Oh, señor! No podré observar nada, porque de noche no veo.

Nerón replicó con una sonrisa mordaz:

–           No te preocupes. Estará la noche tan clara, como el día. -Y volviéndose hacia los augustanos empezó a hablar de las carreras que piensa organizar cuando terminen los Juegos.

Petronio se acercó a Prócoro y dándole un golpecito en el hombro, con su bastoncito de marfil, le preguntó:

–           ¿Recuerdas que te dije que no resistirías?

En lugar de contestar, el griego miró al astrólogo…

–           Quiero beber. –dijo Prócoro alargando su mano temblorosa hacia un vaso de vino, pero no pudo llevarlo a los labios.

Entonces Babilo le tomó el vaso y mientras lo ayuda a que pueda beber, le pregunta al griego con curiosidad y temor:

–           ¿Acaso te están persiguiendo las Furias?

Prócoro dijo temblando:

–           No. Pero tengo delante de mí a la noche.

–           ¿Qué dices? ¿De qué noche estás hablando?

–           De unas tinieblas impenetrables que me envuelven, me arrastran y me llenan de pavor.

–           No te entiendo.

–           Jamás pensé que serían castigados con tanta crueldad.

–           ¿Lo sientes por ellos?

–           ¿Por qué derramar tanta sangre? ¿Acaso no oíste lo que dijo ése desde la Cruz? ¡Ay de nosotros!…

Babilo contestó en voz baja.

–           Sí, lo oí. ¡Pero ellos son incendiarios!

–           ¡No es verdad!

–           Y enemigos de la raza humana.

–           ¡No es verdad!

–           Y envenenadores del agua.

–           ¡No es verdad!

–           Y asesinos de infantes.

–           ¡No es verdad!

Babilo lo miró con asombro y exclamó:

–           ¿Cómo? ¡Tú mismo lo dijiste delante de todos! Los acusaste y los entregaste en manos de Tigelino.

–           Por eso es que ahora la noche me rodea y la muerte viene hacia mí. ¡MENTÍ! Por momentos creo que en realidad ya he muerto… Y también vosotros moriréis.

–           ¡No! Son ellos los que están muriendo. Nosotros estamos vivos. Pero dime ¿Qué es lo que ven al morir?

–           Ven a Cristo y ven el Cielo donde Él Reina.

–           Su Dios. ¿Cómo es su Dios?

Prócoro, en vez de contestar, le pregunta a su vez:

–           ¿Oíste las palabras del César? ¿Qué clase de antorchas van a arder en los jardines?

–           Esas antorchas se preparan envolviendo a las víctimas en ‘túnicas dolorosas’ empapadas en pez y atándolas a los postes a los cuales les prenden fuego. ¡Son antorchas humanas! Quiera el Dios de los cristianos no mandar nuevas desventuras sobre la ciudad.

–           ¡Oh, no! Es una pena terrible.

–           Oye. ¿Pero en dónde estabas tú? Hicieron eso el primer día de los Juegos.

–           Estuve enfermo. Prefiero presenciar ese castigo, pues en él parece que no hay tanta sangre.

Y Prócoro se estremece con violencia al recordar…

Mientras tanto, los demás augustanos también hablan de los cristianos…

Haloto dijo:

–           Son tantos, que bien podrían promover una guerra civil, si se llegaran a armar. Pero mueren como ovejas.

Tigelino replicó mordaz:

–           ¡Que intenten morir de otra manera!

Petronio replicó:

–           Os estáis engañando a vosotros mismos. Ellos están armados.

Haloto y Tigelino dijeron al mismo tiempo:

–           ¡Qué locura! ¿De qué?

–           De Paciencia.

Lucano preguntó:

–           ¿Es una nueva clase se arma?

Petronio los miró a todos y sentenció:

–           Ciertamente. Más ¿Podéis decir vosotros, que los cristianos mueren como vulgares delincuentes? ¡No! Mueren como si los criminales no fueran ellos, sino quienes los han condenado a muerte. Es decir: nosotros y todo el pueblo romano.

Tigelino respondió con desprecio.

–           ¡Qué desvarío!

Petronio le replicó:

–           ¡Hic Abdera! (El más tonto de los tontos)

Pero muchos, sorprendidos ante la justicia de esta observación, se miraron unos a otros con asombro y repitieron:

–           ¡Es verdad! ¡Petronio lo ha precisado perfectamente!

Trhaseas dijo:

–           ¡Hay algo tan maravilloso en su muerte! Todo es tan original…

Babilo exclamó:

–           ¡Os digo que ven a su Divinidad!

Entonces algunos augustanos se volvieron hacia Prócoro y le dijeron:

–           ¡Eh viejo, tú que los conoces bien! Dinos ¿Qué es lo que ven?…

El griego derramó el vino en su túnica, pues el vaso se le soltó. Y respondió azorado:

–           ¡La Resurrección!

Y comenzó a temblar de tal manera, que todos los que le rodean, soltaron la carcajada…

No había oscurecido aun cuando la gente empezó a acudir a los jardines.

Después de que terminó el espectáculo del Circo, el César llegó hasta la Gran Fuente que está en la entrada de los jardines y bajó de su carro con Tigelino de un lado y Prócoro del otro. Y haciendo una señal a toda su comitiva, se mezcló entre la multitud.

Fue acogido con aplausos y aclamaciones. Los pretorianos lo rodearon inmediatamente, formando en torno a él, un círculo que se llenó de animación, con sus cortesanos y con el pueblo.

El César decidió hacer su recorrido a pie y avanzó hacia donde ya habían empezado a arder, las antorchas humanas de ese día.

Deteniéndose delante de cada una de ellas, empezó a hacer algunas observaciones acerca de las víctimas. Y a burlarse del griego en cuyo semblante se refleja una desesperación sin límites.

Por último se detuvo frente a un poste decorado con hiedras, mirtos, rosas rojas y blancas.

Las llamaradas envuelven a la víctima y ondean con el suave viento de la noche. Luego, éste se hace más fuerte y deja al descubierto a un hombre de barba entrecana.

Al verlo, Prócoro lanza una exclamación de sorpresa, cae al suelo y se retuerce como una serpiente herida y luego se hace un ovillo. Finalmente escapa de su boca un grito desgarrador, que está lleno de terror y angustia:

–           ¡Mauro! ¡Mauro!

El hombre parece como si despertase de un ensueño…

Es Mauro el médico, quién al oírle le mira con infinita compasión, desde lo alto del mástil flameante. Frente a él está su verdugo: el hombre que le traicionó, le robó a su familia y le entregó en manos de sus asesinos. Y al que después de haberle perdonado todo esto, también lo entregó en manos de sus perseguidores.

La víctima arde en aquel poste embetunado.

El culpable de todos sus agravios y su verdugo, está a sus pies, llamándolo…

Prócoro volvió a gritar:

–           ¡Mauro! En el Nombre de Jesús, por favor te lo suplico: ¡Perdóname!

Se hizo el silencio alrededor.

Y un estremecimiento recorrió a todos los espectadores de esta dramática escena. Y todos los ojos se clavan expectantes en el mártir.

Mauro movió su cabeza asintiendo y dijo con voz resonante y fuerte:

–           Sí, Nicias. Yo te perdono y te bendigo… Y ruego a Dios que Él también te perdone… y te bendiga… Y te lleve a la Luz… ‘Pater Noster’…

Mauro regresa a su éxtasis, mientras repite la Oración Sublime…

Y su rostro vuelto hacia el cielo se vuelve radiante, con una luz más luminosa que la del fuego que lo rodea… Y las llamaradas lo envuelven nuevamente, escondiéndolo a las miradas fascinadas…

Prócoro cayó con el rostro en tierra y lloró con un llanto inconsolable. Después de unos momentos se levantó y su semblante se ha transformado. Alza su mano derecha y grita con una voz tan potente… Que casi todos los reunidos en aquel parque lo escuchan:

–           ¡Pueblo Romano! ¡Os juro por mi muerte!… ¡Que están pereciendo aquí, víctimas inocentes! ¡AHÍ TENÉIS AL INCENDIARIO!

Y señaló a Nerón…    

Sobrevino un silencio sepulcral y los cortesanos quedaron paralizados.

Prócoro siguió parado, firme y acusador…Todos los ojos se clavaron en el augustano erguido, con el brazo extendido y tembloroso. Y el dedo señalando al César…

Inmediatamente se sucedió un tumulto. El pueblo, con el ímpetu de un huracán, se precipitó hacia el viejo queriéndolo tocar y se oyeron distintos gritos simultáneos:

–           ¡Arréstenlo!

–           ¡Ay de nosotros! ¡El Dios de los cristianos se vengará!

–           ¡Matricida!

–           ¡Asesino!

–           ¡Incendiario!

–           ¡Que los dioses te castiguen!

Todo esto entre una tempestad de silbidos, gritos y maldiciones. Y airadas injurias repetidas y dirigidas al César.

Inmediatamente los pretorianos se apretuaron, formando una valla protectora alrededor de Nerón, mientras la multitud se precipitó sobre los demás integrantes del séquito imperial…

El desorden creció y todos corrieron hacia diferentes lados. Algunos de los postes que ya se habían quemado por completo, empezaron a caer esparciendo chispas alrededor y aumentando más la confusión…

Un turbión del pueblo arrastró a Prócoro hasta el fondo del jardín. Los postes consumidos siguieron cayendo en medio de humo, chispas y olor a madera y a carne quemados. Hasta que todo quedó sumido en la oscuridad.

La multitud alarmada, intranquila y sombría, empezó a retirarse.

Y la noticia corrió como reguero de pólvora, retorcida y exagerada…

Decían algunos que el César se había desmayado. Otros, que había confirmado la acusación del griego, cayendo en contradicciones y confesando todo. Otros, que cayó gravemente enfermo y otros, que lo habían sacado custodiado de los jardines, en carro y que estaba como muerto.

Y aquí y allá, empezó a haber voces de simpatía a favor de los cristianos:

–           Si no fueron ellos los incendiarios de Roma, ¿Por qué desplegaron en su contra, tanta injusticia y tanta crueldad?

–           ¿Por qué hacerlos víctimas de tan horrendas torturas y derramar tanta sangre?

–           ¿No se encargarán los dioses de vengar a los inocentes?

–           ¡Y cómo apaciguar la justa cólera del Dios de los cristianos!…

La compasión se desbordó hacia los niños que todos vieron morir con tan bárbara ferocidad y esta compasión se transformó en ultrajes al César, a Haloto y a Tigelino; los más crueles agentes de Nerón.

Y también se desató otra interrogante:

¿Quién es esa Divinidad que les da esa fortaleza tan increíble? ¿Cómo es ese Dios, que los hace enfrentar los tormentos de la forma que lo hacen? Y ¿Cómo le hacen para morir así? ¿De dónde sacan esa serenidad y esa alegría?

Y volvieron a sus casas sumergidos en una profunda reflexión…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA

65.- LUDUS MATUTINUS


Para la celebración de los espectáculos prometidos, Nerón mandó construir un Anfiteatro gigantesco, porque quiere que los juegos sobrepasen en esplendor a todos los que ha habido hasta entonces. Miles de operarios trabajaron día y noche en la construcción del edificio y en su ornamentación.

Un inmenso pabellón pone a los espectadores a cubierto de los rayos de sol. Por entre las hileras de asientos, hay pebeteros dispuestos de trecho en trecho, para quemar perfumes de Arabia e incienso. Los arquitectos Marco Vitrubio y Julio Frontino han desplegado toda su habilidad en su construcción, para que sea a la vez incomparable y dé cabida al mayor número posible de espectadores, con la mayor comodidad.

El día fijado para dar comienzo a los Juegos, una inmensa muchedumbre llegó desde el alba, aguardando la hora de la apertura de las puertas y gozando del aire festivo que se contagia, por la inauguración.

Escuchan con expectación los rugidos de las fieras, a las cuales se les ha mantenido sin alimento para excitar más su ferocidad y su hambre. Todo esto aumenta el ruido hasta ser casi ensordecedor y los más tímidos, palidecen de miedo.

Al salir el sol, sobre toda aquella cacofónica confusión, comienza a escucharse un himno que brota desde el interior del circo y que es entonado por voces vibrantes y llenas de alegría.

La multitud escucha maravillada y sorprendida aquellos cánticos y dicen:

–           ¡Los cristianos! ¡Son los cristianos!

Y efectivamente, éstos han sido trasladados desde las cárceles en la noche precedente. El Himno retumba glorioso porque las voces de los hombres, mujeres y niños que lo cantan son tantas, que los entendidos en las funciones circenses, saben que las fieras quedarán saciadas y no acabarán con todos, antes de que llegue la noche.

A medida que se acerca el momento de la apertura de las puertas de los pasajes que conducen al interior del Circo, la gente se muestra más eufórica y discuten animadamente los detalles relativos a aquel espectáculo que promete ser extraordinario.

Desde muy temprano empiezan a llegar al Anfiteatro, los ‘lanistas’ (Los que compran, forman y entrenan a los gladiadores), con sus pequeños grupos dispuestos para el combate. Muchos vienen completamente desnudos, llevando palmas en las manos y coronados con flores. Y a la luz de la mañana, se ven todos jóvenes, hermosos, fuertes, rebosantes de vida. Sus cuerpos lustrosos de aceite, son portentosos y parecen tallados en mármol. La gente se deleita con su belleza y su fuerza.

Algunos son conocidos por el pueblo y al ser saludados por sus admiradores, se les escucha decir:

–           ¡Dame un abrazo, antes de que me lo dé la muerte!

Y desaparecen por aquellas puertas, sabiendo que probablemente al finalizar el día, no volverán a cruzarlas.

Detrás de los gladiadores, vienen hombres armados con látigos, cuyo oficio es azotar y azuzar a los combatientes.

Luego siguen una gran cantidad de carretas tiradas por mulas, que se van directas al spolarium. Filas enteras de vehículos llenas de camillas. La enorme cantidad de éstas predice la magnitud del espectáculo que está por comenzar.

Enseguida vienen los hombres que están encargados de rematar a los heridos y visten trajes de Caronte (Barquero del infierno que transporta las almas de los difuntos a través de la Laguna Estigia) Siguen luego los encargados de mantener el orden en el circo y los acomodadores, junto con los esclavos que reparten las bebidas y los alimentos. Y por último, los pretorianos a quienes el César tiene siempre cerca de su persona en el Anfiteatro

Cuando por fin son abiertas las puertas, la multitud se precipita hacia el interior y los rugidos de las fieras se hacen más estruendosos.

Mientras el público se instala en sus asientos, produce un movimiento de agitación rumorosa, comparable al del mar en plena tempestad. Finalmente, hace su entrada el Prefecto de la ciudad y Tigelino rodeado de su guardia. Detrás de ellos, los augustanos, senadores, cónsules, pretores, ediles, funcionarios de gobierno y del palacio, oficiales, pretorianos, caballeros, patricios y damas lujosamente ataviadas.

Con los rayos del sol brillan las joyas, las armaduras de los soldados, el acero de las armas, las espadas y las espléndidas vestiduras de los invitados imperiales. Desde el interior se oyen las grandes aclamaciones con que son recibidos todos los grandes personajes. Y siguen llegando nuevas partidas de pretorianos, seguidos por los sacerdotes de los diferentes templos y las vírgenes sagradas de Vesta.

Para dar principio al espectáculo, solo falta el arribo del César y la Augusta, con su círculo íntimo de augustanos favoritos.

Nerón desea ganarse el favor del pueblo y llega pronto.

Hace su entrada triunfal en el carro de Augusto, con traje de púrpura y clámide sembrada de estrellas de oro. Le siguen la Augusta y los augustanos que ha privilegiado. Entre éstos están Petronio y Marco Aurelio.

El joven tribuno sabe que Alexandra está enferma de gravedad e inconsciente. Pero como el acceso a la prisión ha sido restringido con mayor rigor en los días precedentes y los antiguos guardias fueron remplazados. Los nuevos no permiten la comunicación con los presos. Y por eso Marco Aurelio no está seguro de que Alexandra no está entre las víctimas destinadas al espectáculo del primer día, pues conoce el sadismo de que son capaces  sus captores y la venganza que los impulsa.

Después de instalarse en los lugares que les fueron asignados, se escabulle discretamente en medio de la multitud y baja a los subterráneos del Circo.

Un guardián lo conduce hasta donde están los cristianos. En el camino le dice:

–                      Noble señor, yo no estoy seguro de que llegues a encontrar lo que buscas. Hemos preguntado por una doncella llamada Alexandra, pero nadie nos dice nada. Tal vez porque no tienen confianza en nosotros.

–           ¿Hay muchos?

–           Tantos, que algunos tendrán que esperar hasta mañana.

–           ¿Y hay enfermos entre ellos?

–           No hay ninguno que no pueda sostenerse en pie.

Llegan hasta una puerta que da a una estancia enorme, pero tan baja y oscura, que solo recibe luz por unas aberturas enrejadas que las separan de la arena. Al principio, el tribuno no puede ver nada, oye tan solo el murmullo de plegarias, recomendaciones y tiernas despedidas en el recinto y los gritos de la plebe que proceden de las graderías del Circo. Pero cuando sus ojos se acostumbran a la oscuridad, puede distinguir un grupo de seres extraños: son los cristianos disfrazados de bestias feroces.

Algunos están de pie y otros están arrodillados. Mujeres vestidas con piel de leopardo, tienen en los brazos a niños cuyos cuerpos también han sido cubiertos con pieles de fieras. Pero sobre esos grotescos disfraces aterradores, emergen rostros serenos y ojos que brillan con un júbilo supremo…  Es evidente que a todas estas personas les domina un sentimiento extraordinario que los hace indiferentes a cuanto sucede a su alrededor y no sienten ningún temor por lo que pueda ocurrirles.

 Cuando Marco Aurelio les pregunta sobre Alexandra, algunos le miran con ojos asombrados, como si los hubiese despertado de un ensueño y le contestan con una sonrisa, negando con la cabeza.

Pero lo más impactante son los niños. En todos ellos se ve la angelical inocencia de Cástulo, el día que le dio las Sagradas Especies. NADIE, llora. Ni está triste o aterrorizado.

Entonces empezó a llamar en voz alta a Alexandra y a Bernabé.

Un hombre vestido de lobo le tira de la toga y le dice:

–                      Hermano, ellos se quedaron en la prisión. Yo fui el último en salir y le he visto enferma en el lecho.

–           ¿Quién eres tú?

–           Calixto el cantero, en cuya casa dejaste a Alexandra. Fui arrestado junto con ellos y hoy he sido llamado al martirio.

Marco Aurelio suspiró aliviado. Al entrar había deseado verla y ahora le da gracias a Dios por no haberla encontrado ahí, viendo esto como una señal de divina misericordia.

Calixto le dice:

–           Noble tribuno y hermano ¿Te puedo hacer una petición?

–           La que quieras, hermano mío.

–                      La última vez que ví a Pedro, me aseguró que vendría al Anfiteatro. Si tú sabes en donde se encuentra, dímelo.

–                      Di a todos que está en la comitiva de Petronio, al lado izquierdo del Podium Imperial, disfrazado de esclavo. Búsquenlo de manera discreta. Dios hará que lo reconozcan.

–           Gracias hermano, que la paz del Señor esté contigo.

–           Hoy es el día de su victoria.

–           ¡Amén!

Marco Aurelio salió de allí y regresó junto a Petronio, que está en medio de los demás augustanos y al verlo, le preguntó:

–           ¿La encontraste?

–           No. La dejaron en la prisión.

–                      Pues bien. Oye lo que se me acaba de ocurrir, pero mientras tanto mira en dirección a donde está Julia Mesalina, para despistar. Tanto Prócoro como Tigelino nos están observando. Sería conveniente que pusieran a Alexandra entre los muertos por la epidemia y por la noche la sacaran de la cárcel, junto con los demás cadáveres. ¿Adivinas el resto?

–           Sí.

Galba interrumpe este diálogo, inclinándose hacia ellos y preguntando:

–           ¿Sabéis si darán armas a los cristianos?

Petronio contestó:

–           Lo ignoramos.

–           Será mejor que se las den, de otro modo la arena se convertirá demasiado pronto en un matadero y esto estará demasiado aburrido. Pero ¡Qué espléndido Anfiteatro!

Y en realidad luce magnífico. Los asientos inferiores totalmente llenos de togas blancas, relumbran como si fueran nieve. En el Podium Imperial está sentado el César quién ostenta un deslumbrante collar de rubíes. Junto a él se encuentra la Augusta, hermosa y sombría. Están flanqueados por las vestales y los más altos funcionarios de la corte. En resumen: todo cuanto hay en Roma de poderoso, opulento y ostentoso.

El Anfiteatro está lleno. Y por sobre aquel océano de cabezas, penden de una columna a otra festones de rosas, lirios, hiedras y pámpanos. La multitud empieza a golpear impaciente con los pies. Y estos golpes se van generalizando hasta ser atronadores y sin interrupción. Entonces, el Prefecto de la ciudad, después de recorrer la arena con su brillante séquito, hizo con el pañuelo una señal que fue acogida con una exclamación de aprobación, en que prorrumpió todo el Anfiteatro.

Y empezaron los juegos,…

Con una carrera de cuadrigas arrastradas por camellos y bufones montados sobre elefantes, que hacen diferentes gracias para el público. Luego vinieron los andavetes: gladiadores con yelmos cerrados, que lidian a ciegas. Cuando hacen su entrada en la arena, comenzaron a hacer molinetes con las espadas. La parte más selecta del público, mira con desdeñosa indiferencia ese espectáculo. Pero la plebe se divierte con los movimientos desairados de los combatientes. Y cuando sucede que se encuentran de espaldas, el público prorrumpe en grandes carcajadas y muchos exclaman:

–           ¡A la derecha! ¡A la izquierda!

Y con frecuencia les engañan deliberadamente y los desorientan completamente. No obstante, pronto se forman varias parejas de luchadores y se traba un combate verdaderamente sangriento.

Los luchadores más esforzados, arrojan lejos sus escudos y tomándose el uno al otro de la mano izquierda, con el fin de no separarse, luchan con la otra hasta morir. Todo el que cae alza la mano implorando gracia, pero el público casi siempre pide la muerte para los heridos, principalmente porque son hombres que llevan oculto el rostro y son unos desconocidos.

Paulatinamente fue disminuyendo el número de luchadores hasta que solo quedan dos. Y fueron empujados el uno contra el otro y se apuñalaron recíprocamente. Enseguida, a los gritos de ‘¡Peractum est!’ Fueron sacados de la arena y un grupo de hombres con unos rastrillos, hizo desaparecer las manchas de sangre.

Luego esparcieron pétalos de rosas y otras flores.

En la segunda parte empezó la lucha más importante y que despertó el interés de todos los asistentes, pues empezaron a hacer importantes apuestas. Entre la plebe, cuando ya no tienen dinero, llegan a apostar hasta la propia libertad y siguen con el corazón anhelante por la ansiedad y el miedo, las peripecias de aquellos combates.

Y por todas partes se escuchan votos a los dioses en voz alta, para que les ayuden a que gane su lidiador favorito. De mano en mano van pasando las tablillas en las cuales han escrito los nombres de sus preferidos, así como la cantidad de sestercios que cada quién apuesta por su predilecto.

Todos cruzan apuestas: el César, los sacerdotes, las vestales, los senadores, los quirites y el pueblo. Los campeones que ya han obtenido clamorosos triunfos, son los que cuentan con mayor número de partidarios. Pero hay quienes arriesgan sumas considerables a favor de gladiadores nuevos, con la expectativa de obtener enormes ganancias, si éstos obtienen la victoria.

Así que cuando se escuchan las trompetas, se hace un silencio profundo y expectante…

Todos los ojos se vuelven hacia la puerta a la cual se acerca un hombre vestido de Caronte y da en ella tres golpes con un martillo. Un momento después, las dos hojas se abrieron lentamente y se puede ver un túnel largo y oscuro del cual van surgiendo los gladiadores, para ingresar a la arena. Avanzan en divisiones de veinticinco personas y están magníficamente armados: tracios, mirmidones, galos. Al último ingresan los retiarii, trayendo una red en una mano y un tridente en la otra. La multitud estalla en atronadores aplausos y estruendosas aclamaciones.

Los gladiadores dan la vuelta a la arena con paso firme y flexible: magníficos y hermosos, con sus brillantes armaduras y espectaculares trajes. Avanzan hasta detenerse frente al Podium Imperial, grandiosos y tranquilos. El toque penetrante de un cuerno, impone el silencio. Entonces los gladiadores extienden su mano derecha, alzan la cabeza hacia el César y gritan con voz lenta y potente:

¡Ave César Imperator!  ¡Moritum té salutant!

(Salve emperador y César. Los que van a morir te saludan)

Enseguida se alejan rápidamente, para ocupar en la arena sus lugares. Los más famosos deben atacarse unos a otros en una serie de combates singulares, en los cuales resaltan el valor y la destreza, además de la fuerza y la astucia de los contrincantes.

El campeón es un germano llamado Taurus, que ha sido vencedor en muchos juegos. Lleva un enorme y elaborado yelmo. Cubre su poderoso cuerpo con una cota de malla que lo hace parecer como un escarabajo gigantesco. Va a enfrentarse con el casi desconocido retiarius, Mercurio: un tracio de aspecto imponente.

Y entre los espectadores comenzaron las apuestas.

Taurus, colocándose en el centro de la arena, comienza a retroceder blandiendo la espada. Inclinando la cabeza, sigue atentamente a través de la visera de su yelmo, los movimientos de su adversario. Mercurio es un hombre ágil, esbelto, de formas estatuarias, con músculos poderosos. Está completamente desnudo. Empieza haciendo giros rápidos alrededor de su adversario. Agitando la red con movimientos llenos de gracia, al mismo tiempo que sube y baja su tridente.

Pero Taurus no le huye. Permaneciendo en un solo sitio, procura mantenerse siempre frente a su adversario, estudiándolo con una concentración absoluta. Poco a poco se va advirtiendo en sus ademanes y en su cabeza monstruosamente grande, algo que infunde terror. Todos comprenden que en ese cuerpo encerrado en su poderosa armadura, ya se está preparando el golpe repentino que decidirá el combate.

Mercurio salta hacia él o brinca de un lado a otro, agitando su tridente con movimientos tan rápidos, que resulta difícil seguirlo con la vista. Repetidamente suena sobre la coraza el golpe del tridente, pero Taurus permanece impasible. Toda su atención está concentrada no en el tridente, sino en la red que gira a su alrededor tratando de atraparlo.

Los espectadores contienen la respiración y siguen como hinoptizados los pormenores de la lucha. Taurus espera, elige cuidadosamente el momento y se lanza por fin, sobre su enemigo. Éste se desliza con rapidez centelleante por debajo de su espada, esquivando el golpe mortal. Se irguió de inmediato, alza el brazo y arroja la red. Taurus, sin cambiar de posición la rechaza con su escudo y rápido se separan ambos. En el Anfiteatro se escuchan atronadores los gritos: ‘¡Macte!’ Y en todos lados comienzan de nuevo las apuestas.

El mismo Nerón sigue el espectacular combate, conteniendo el aliento…

La lucha comienza de nuevo con tal arte y precisión en los movimientos de los contendientes, que por momentos parece que más que un combate a muerte, es una exhibición de destreza y habilidad, en una  hinoptizante danza, increíble y mortal.

Taurus evita la red por dos veces más y empieza a retroceder hacia un extremo de la arena, sus partidarios comienzan a gritar: ‘¡Acábalo! ¡Es tuyo!…’

Y Taurus vuelve al ataque. Repentinamente el brazo del retiarius, se cubre de sangre y se le cae la red. Entonces Taurus reúne todas sus fuerzas y salta hacia delante, con el fin de asestar a su adversario el golpe definitivo. Pero en ese instante Mercurio, cuya imposibilidad para manejar la red era fingida, salta hacia un lado y esquiva el golpe; dirige el tridente por entre las piernas de su oponente y lo derriba.

Taurus intenta levantarse, pero al punto se ve cubierto por la fatal red, en la cual se va enredando siempre más, con cada movimiento que hace, mientras su adversario le clava una y otra vez en la tierra. Taurus trata varias veces de levantarse, en un esfuerzo inútil. Con un postrer movimiento se lleva a la cabeza su mano desfalleciente, con la cual ya no puede empuñar la espada y cae pesadamente sobre su espalda. Entonces Mercurio fija su cuello al suelo con el tridente y apoyando ambas manos sobre el mango de éste, vuelve el rostro hacia el palco del César.

Todo el Anfiteatro estalla en aclamaciones y aplausos. Para los que apostaron a favor de Mercurio, en este momento lo adoran como a un dios y por la misma razón, la animosidad contra Taurus ha desaparecido, porque a costa de su vida, aquel infortunado les ha brindado una ganancia y empiezan a pedir gracia a favor de Taurus. Los perdedores piden la muerte. Y estos dos gritos tan opuestos, llenan el graderío. Pero el retiarius mantiene la vista solo fija en el César y todos están expectantes por lo que va a suceder…

Por desgracia para el gladiador vencido, Nerón extiende la mano y vuelve el pulgar hacia abajo.

Entonces Mercurio se arrodilla sobre el pecho del germano. Aparta el yelmo de la cabeza de su adversario, dejando a la vista la blonda cabellera y el rostro sereno que lo mira fijamente y con valiente resignación ante la derrota… Y lo ensarta por la garganta contra la Arena.

‘¡Peractum est!’   –gritan al unísono muchas voces en el Anfiteatro.

Taurus se convulsiona y luego queda inmóvil. Inmediatamente sacan el cadáver de la Arena.

Hubo otros combates singulares y luego la recreación de la Batalla de Aníbal en Cartago entre grupos de gladiadores y que resulta igual de mortífera. Enseguida a los vencedores les fueron entregados los premios y las coronas.

Luego sigue un intermedio que se convierte en banquete. Se distribuyen bebidas refrescantes, carnes asadas, vino, aceitunas, queso, frutas y dulces. El pueblo devora y aclama al César. Y satisfechos el hambre y la sed, centenares de esclavos distribuyen billetes de lotería y obsequios que llevan en canastos. Los patricios no participan de estas distribuciones.

En el centro de la arena, cientos de operarios están levantando un escenario en forma de un gran círculo partido por la mitad. Una simula un vergel y en la cúspide, hay un árbol cuajado de manzanas y al lado un poste, adornado con guirnaldas como de un metro de altura y con una argolla. En la parte baja, en una plataforma circular, a la que para subir hay tres escalones, pusieron centenares de postes iguales al que está en la parte superior, junto al árbol.

En la otra mitad del círculo, que simula un pequeño monte, levantan una enorme cruz en el centro de tal forma, que la cruz queda casi a la par que el árbol con manzanas. En ella han colocado crucificado, a un cristiano y ¡Han cubierto su cabeza con una auténtica cabeza de un asno! De tal forma que realmente parece un hombre con cabeza de asno.

A su alrededor y también en semicírculo, han sido alineadas unas parrillas monumentales. Entre ellas hay tres filas de postes que sostienen en su parte superior a un tercero y que de trecho en trecho, tienen una gruesa argolla de acero. En la parte baja y alrededor de la cruz, también hay centenares de pequeños postes que completan el círculo y da una imagen simétrica, al imponente escenario.

Los augustanos están ocupados mirando a Prócoro Quironio y divirtiéndose con sus vanos esfuerzos por demostrar que está disfrutando del espectáculo. Su cobardía ingénita lo hace incapaz de contemplar el sangriento combate. Se pone pálido. Corren por su frente gruesas gotas de sudor, sus ojos giran desorbitados, le castañetean los dientes y se estremece como si tuviese mucho frío. Al terminar la batalla de los gladiadores, pudo recuperar un poco la compostura y empezó a recibir una andanada de puyas de sus vecinos.

Dejándose dominar por la cólera, se defiende desesperadamente.

Vitelio le tiró de la barba y dijo:

–           ¡Vaya griego! Parece que la vista de la sangre y la piel desgarrada de un hombre, es algo superior a tus fuerzas.

Prócoro replicó venenoso:

–           ¡Mi padre no fue un zapatero remendón y yo no puedo repararla!

Muchas voces exclamaron:

–           ¡Macte! ¡Habet! (Muy bien, le venció)

Pero otros siguieron burlándose de él…

Haloto dijo:

–           No es su culpa tener en el pecho un pedazo de queso, en vez de corazón.

Prócoro contestó zumbón:

–           ¡Tampoco tú eres culpable de poseer doble vejiga en lugar de cerebro!

Haloto soltó una carcajada de escarnio burlón y contestó:

–           ¡Algún día llegarás a ser un gladiador! Con esas manos tan grandes, te verás admirable manejando una red en la arena.

El griego replicó:

–           Y si en ella te cogiera, sólo habría en mi red una fétida abubilla.

Marcial preguntó con sarcasmo:

–           ¿Y qué harás cuando llegue el turno a los cristianos? Tendrás que verlos… Tú los entregaste.

Y así… continuaron atacándole. Él se defiende irónicamente, en medio de la risa general y con gran gusto del César, quién a cada momento repite:

–           ¡Macte!

Y azuza a los demás para que sigan molestando al griego…

Cuando hacen una pausa en su malévolo juego, Petronio se acercó a Prócoro. Y tocándolo en el hombro con su bastón de marfil, le dijo fríamente:

–           Todo eso está bien filósofo, pero en una cosa te has equivocado: Los dioses te hicieron un vulgar ladrón y tú te has convertido en un juglar. Esa es la razón por la que no te sostendrás por mucho tiempo.

El viejo le miró con sus ojos enrojecidos y no encontró un insulto adecuado que aplicar a Petronio. Así que se quedó callado. Luego dijo con cierto esfuerzo:

–           Me sostendré.

En la arena, el escenario ha sido terminado y todo está listo para la atracción especial de aquel día: ha llegado el turno de los cristianos…

En ese momento las trompetas anuncian que el intermedio ha concluido. Los espectadores regresan a sus asientos. El ánimo del público a la par que expectante, también está predispuesto en contra de las víctimas, pues han sido convencidos de que les están castigando por ser los incendiarios Roma y los destructores de sus antiguos tesoros…

Son los bebedores de sangre de infantes, que adoran a un hombre con cabeza de asno. Los enemigos de la raza humana, y culpables de los crímenes más abominables. Los castigos más crueles, no son suficientes para el odio que han despertado en aquel pueblo que lo único que desea, es que las torturas que sean aplicadas a los cristianos, correspondan plenamente a los delitos perpetrados por aquellos malhechores…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

58.- LA VENGANZA DE POPEA


Al principio no solo nadie pone en duda que fueran los cristianos, los autores de la tragedia. Tampoco nadie quiere dudarlo puesto que el castigo de los acusados va a proporcionar al populacho un espléndido entretenimiento.

El grito: ¡Cristianos a los leones! Sigue propagándose por toda la ciudad.

Sin embargo también hay la opinión de que la catástrofe alcanzó tan tremendas dimensiones, por la cólera de los dioses. Y por esta razón empezaron a ofrecer en los templos, sacrificios expiatorios purificadores.

Previa consulta de los libros Sibilinos, el senado dispuso celebrar solemnidades a Vulcano, Proserpina y Ceres. Las matronas hacen ofrendas a Juno y hubo una procesión para llevar agua del mar con qué aspergear la estatua de la diosa. Y así toda Roma fue purificándose de sus culpas y haciendo sacrificios para aplacar la cólera de los dioses inmortales.

Y comenzaron la reconstrucción de la ciudad.

Se abrieron calles nuevas, anchas y magníficas. Colocaron los cimientos para casas majestuosas, palacios y templos. Pero ante todo construyeron con admirable rapidez, un enorme Anfiteatro en el cual van a ser sacrificados los cristianos.

Inmediatamente después del consejo celebrado se dio orden a los cónsules para que procuren un nuevo suministro de bestias feroces. Para ello, Haloto vació los vivares de todas las ciudades italianas y mandó traer elefantes y tigres de Asia. Cocodrilos e hipopótamos del Nilo. Leones del Atlas. Lobos y osos de los Pirineos. Sabuesos feroces de Hibernya. Perros molosios del Epiro. Bisontes y gigantescos uros salvajes de Germania. En África organizaron grandes cacerías, en las cuales obligaron a participar a todos los habitantes de todas las poblaciones de cada región.

A causa del número extraordinario de presos, los juegos van a sobrepasar en grandeza a todos lo que hasta entonces se han conocido.

César quiere borrar de la memoria de todos,  el recuerdo del incendio y embriagar de sangre a toda Roma. Y por eso reunió todos los elementos para la cruenta hecatombe y darle las proporciones jamás imaginadas.

El pueblo ayuda a los pretorianos en la caza de cristianos, que se dejan arrestar sin oponer la más mínima resistencia. Pero con su mansedumbre, lo único que logran es que aumente la rabia del populacho y una especie de locura que se ha apoderado de los perseguidores…

En el silencio de la noche aumentan los bramidos y rugidos que dan las fieras y que resuenan por todas partes como un eco siniestro y aterrador.

Y no hay piedad. Las prisiones rebosan de víctimas…

Toda la gente parece que lo único que sabe articular en un salvaje frenesí, es el furibundo alarido: ¡Los cristianos a los leones!

Y hasta el clima se ha vuelto extremo, con días de calor extraordinario y noches más sofocantes que nunca. Pareciera que hasta el aire también está impregnado del olor a sangre locura y crimen.

Y a esa desbordada crueldad, corresponde en igual proporción, el anhelo por el martirio…  

Es perfectamente sabido en el Palatino, que entre los confesores de Cristo, hay personajes importantes, patricios de familias muy distinguidas, nobles y de linajes reconocidos.

Pero el César teme que el pueblo no crea que semejantes personas hubiesen podido incendiar Roma y puesto que lo importante es que todos estén plenamente convencidos de que los incendiarios son los cristianos; el castigo de esos patricios y la venganza contra ellos, decide aplazarlas un poco…

Otros opinan equivocadamente, que la momentánea salvación de los quirites se debe a Actea.

Lo cierto es que Petronio, después de separarse de Marco Aurelio se entrevistó con Actea para buscar su cooperación a favor de Alexandra; pero ella solo pudo ofrecerle sus oraciones, pues vive en medio del sufrimiento y el olvido… Se le tolera con la condición de que se mantenga invisible… tanto para Popea, como para el César.

Entonces Actea visitó a Alexandra en la cárcel. Le llevó ropa, alimentos y la protegió de posibles ultrajes por parte de los guardianes de su prisión, quienes ya habían sido muy bien remunerados por Marco Aurelio.

Petronio se siente responsable por la tragedia que están viviendo Marco Aurelio y Alexandra, pues todo comenzó cuando él cometió el error de sacarla de la casa de los Quintiliano. A raíz de ello, ella está ahora en la cárcel. Por eso ha decidido emplear todos los recursos para remediar lo sucedido.

–           Los caminos de Dios, no son nuestros caminos…

Esta enigmática respuesta de Actea, no significó nada para Petronio.

Enseguida fue a visitar a Séneca. Éste le mostró su solidaridad y su comprensión, pues él también está incierto de su propio futuro. Plinio y Marcial le dijeron que estando Popea de por medio, mejor se olvidara del asunto. Terpnum y Menecrato movieron la cabeza y no hicieron nada. Haloto y Julia Mesalina, no le aseguraron el favor de Popea. El bello Pitágoras, Paris, Esporo y Alituro, a quienes nada negaba el César, le dijeron que no había nada que hacer. Vitelio contó al César que había intentado sobornarlo. Y la guardia sobre Alexandra fue reforzada…

Solamente Alituro que al principio había estado hostil hacia los cristianos, se movió a compasión a favor de ellos y tuvo el valor suficiente para mencionar el asunto al César y buscar su favor implorando gracia por la doncella encarcelada, pero lo único que obtuvo fue esta respuesta:

–           ¿Consideras acaso que tengo un espíritu  inferior al de Bruto, quién no perdonó ni a sus propios hijos tratándose de la salud de Roma?

La sentencia ha sido confirmada… Y lo lamentó por Marco Aurelio.

Éste le comentó a su tío que pensaba ir a postrarse a los pies de Nerón para suplicarle clemencia, pero Petronio al escucharlo le dijo:

–           Te aconsejo que abandones esa idea. Si te responde con una negativa, una burla o una vergonzosa amenaza ¿Qué harás?…  Porque lo único que lograrás es cerrarte cualquier posibilidad de salvación. Tienes derecho de provocar tu propia ruina, pero no la de ella. Recuerda lo que le pasó a la hija de Sejano antes de morir…

Marco Aurelio sintió que está viviendo una pesadilla…

La Venganza de Popea lo está golpeando con toda su crueldad…

La inexorable destrucción de su esposa le produce un dolor insoportable. El rugido de las fieras, el golpe de las hachas al cortar la madera para la construcción del nuevo circo, las prisiones rebosantes de cristianos vinieron a confirmar su dolorosa realidad…

Y por un momento sintió que se quebrantaba su fe en Cristo. Y este quebrantamiento es una nueva tortura para su alma… La más horrenda de todas…

Pero su voluntad prevaleció:

–           ¡No!…¡No!… ¡No! Yo soy cristiano. Yo sé lo que tengo que hacer…

Y fortaleció su decisión al recordar las palabras de Jesús: Pase lo que pase, confía en Mí’ y también las de Pedro: ‘No caerá uno solo de tus cabellos. Ten Fe.’

Se aferró a esta esperanza y a partir de ese momento pasó noches enteras con Bernabé, a la puerta de la celda de Alexandra. Y cuando ella le obliga a que se vaya a descansar, vuelve a la casa de Petronio y pasa horas en su cubículum postrado en tierra o de rodillas, con los brazos levantados, implorando al Cielo; pidiéndole a Dios un milagro…

Porque solo un milagro puede salvarla… Y con su frente pegada a las baldosas, recordando a Jesús en el Huerto, ora fervientemente…

Mientras el tiempo transcurre, llegó la terrible noticia: el Anfiteatro ha sido terminado y los Juegos van a dar comienzo…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA