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231.-LA VENGANZA DE YEOVÉ


1uvas

La hermosa campiña luce los viñedos y los huertos de manzanas, en todo su esplendor…En la casa de campo donde Jesús acompañado por María de Simón la madre de Judas, obró el milagro al curar a Ana la madre de Juana, la joven que murió por el abandono del apóstol infiel…

Hay una gran habitación que está en el fondo de un enorme corredor…  Y en el lecho está una mujer irreconocible por la angustia mortal que la está destruyendo.  ¡Era tan hermosa!…

2MARIA DE SIMON

Y ahora la fiebre la devora, encendiendo sus mejillas salientes. Las sienes las tiene hundidas. Los ojos rojos por la calentura y el llanto, cerrados bajo unos párpados hinchados. Y lo que no está rojo tiene la amarillez intensa, verdosa, como de bilis derramada en la sangre. Tiene los brazos descarnados y las manos afiladas, sobre las mantas que se mueven al jadear.

Cerca de la enferma, está Ana la madre de Juana. Y ella le seca las lágrimas y el sudor. Agita un abanico de palma. Cambia los lienzos mojados en vinagre aromatizado, de la frente y de la garganta. Le acaricia las manos y los cabellos despeinados, que son más blancos que negros. Que le caen sobre las mejillas tiesos del sudor; sobre las orejas que parecen de alabastro por lo transparente.

También Ana llora y la consuela diciendo:

–                       No así, María. No así. Basta… él fue el que pecó. Tú sabes cómo es el Señor Jesús.

María de Simón, grita:

–                       ¡Cállate! No repitas ese Nombre, que al decírmelo se profana. ¡Soy la madre… del Caín… de Dios!… ¡Ah!

3cain

El llanto es desgarrador. Siente que se ahoga. Se arroja la cuello de su amiga, que la ayuda a vomitar bilis que le sale de la boca.

Ana le dice:

–                       ¡Calma! ¡Calma! ¡No así! ¿Qué quieres que te diga, para persuadirte de que el Señor te ama? Te lo repito… Te lo digo por lo que me es más santo: mi Salvador y mi hija. Él me lo dijo, cuando me lo trajiste. Dijo algo con lo que mostró, su infinito amor por ti. Tú eres inocente. Él te ama. Estoy segura. Segura de que otra vez se entregaría para darte paz; pobre madre atormentada.

¡Madre del Caín de Dios! ¿Escuchas? Ese viento que sopla allá afuera… lo dice… Lleva por el mundo su voz que grita: ‘María de Simón. Madre de Judas, el que Traicionó al Maestro. Y lo entregó a sus verdugos.’ ¿Lo oyes?…

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Todo lo proclama. Las tórtolas, las ovejas, toda la tierra está gritando que soy yo… ¡No! ¡No quiero curarme! ¡Quiero morirme!… Dios es justo y no me castigará en la otra vida. Pero acá, el mundo no perdona… No distingue. Estoy enloqueciendo, porque el mundo aúlla: ¡Eres la madre de Judas!…

Se deja caer sobre la almohada.

Ana la acomoda otra vez y sale con los lienzos sucios.

María. Con los ojos cerrados después del último esfuerzo…

Muy angustiada, gime:

–                       ¡La madre de Judas! ¡De Judas! ¡De Judas!  -jadea. Y luego pregunta- Pero, ¿Qué cosa es Judas? ¿Qué cosa parí? ¿Qué cosa es Judas? ¿Qué cosa?…

Esta vez no hay luz. Nada anuncia la Presencia santa del Dios-Hombre Resucitado. De pronto Jesús se materializa a un lado del lecho de la enferma.

Se inclina sobre ella y le dice amorosísimo:

–                       ¡María! ¡María de Simón!

La mujer casi delira y no le hace caso. Está sumergida en el torbellino de su dolor. Está obsesionada con la misma idea que se repite monótona, como el golpeteo de un tamboril: ¡La madre de Judas! ¡Qué cosa parí! El mundo aúlla: ¿Qué cosa es Judas?

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Aparecen dos lágrimas en los dulces ojos de Jesús. Pone la mano sobre la frente de la enferma; haciendo a un lado las cataplasmas húmedas de vinagre.

Y le dice:

–                       Un infeliz. Nada más esto. Si el mundo aúlla. Dios ahoga su aullido diciéndote: ‘Tranquilízate, porque Te amo.’ ¡Mírame, pobre madre!  Controla tu espíritu extraviado y ponlo en mis manos. ¡Soy Jesús!…  

María de Simón abre sus ojos como si saliera de una pesadilla y ve al Señor.

Siente su mano sobre su frente. Se lleva las manos a la cara y…

Llorando gime:

–                       ¡No me maldigas! ¡Si hubiera sabido lo que había concebido; me hubiera arrancado las entrañas, para que no hubiera nacido!

Jesús dice muy serio:

–                       Y hubieras cometido un pecado muy grave, María. ¡Oh, María! ¡No quieras hacer algo malo por culpa de otro! Las madres que han cumplido con su deber, no tienen por qué sentirse responsables por los pecados de sus hijos. Tú cumpliste con tu deber. María, dame tus manos. Cálmate ¡Pobre, madre!

–                       Soy la madre de Judas. Estoy inmunda como todo lo que tocó ese demonio. ¡Madre de un Demonio! No me toques. –y solloza amargamente.

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Se revuelve en el lecho, tratando de esquivar las manos divinas que la quieren tocar. Las dos lágrimas de Jesús, le caen sobre la cara enrojecida por la fiebre.

Jesús le dice:

–                       Te he purificado María. Mis lágrimas de compasión han caído sobre ti. Desde que bebí mi Cáliz de Dolor, por nadie he llorado. Pero sobre ti, lo hago con toda mi compasión.

La toma de las manos y se sienta a un lado del lecho. Teniendo las manos temblorosas de María, entre las suyas. La compasión que brilla en los hermosos ojos de color zafiro acaricia, envuelve a la enferma curándola.

La infeliz mujer, se calma y murmura:

–                        ¿No me tienes rencor?

Jesús le contesta.

–                       Te amo. Por eso he venido. Tranquilízate.

–                       Tú perdonas. Pero el mundo no. Tu Madre me odiará…

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–                       Ella te considera una hermana. El mundo es cruel… Tienes razón. Pero mi Madre, es la Madre del Amor. Es buena. Tú no puedes andar por el mundo. Pero Ella vendrá a ti, cuando ya todo esté en paz. El tiempo tranquiliza…

–                       Si me amas, hazme morir.

–                       Todavía no. Tu hijo no supo darme nada. Sufre un poco de tiempo por Mí… Será  muy breve.

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–                       Mi hijo te dio mucho dolor…  ¡Te dio un horror infinito!

–                       Y a ti, un dolor infinito. El horror ha pasado. No sirve para más. Pero tú dolor sí sirve…  Se une al mío. Tus lágrimas y mi Sangre lavan el mundo… Tus lágrimas están entre mi Sangre y el llanto de mi Madre. Y alrededor, el dolor de los santos que sufrirán por Mí. ¡Pobre María!

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Y con cuidado la recuesta. Le cruza las manos y ve cómo se tranquiliza.

Ana regresa y se queda estupefacta en el umbral.

Jesús, que se ha puesto de pie; la mira y…

Le dice:

–                       Cumpliste con mi deseo. Para los obedientes hay paz. Tu corazón me ha comprendido. Vive en mi paz.

Vuelve a bajar los ojos sobre María de Simón, que lo mira entre un río de lágrimas, más tranquila. Le sonríe…

Y la consuela nuevamente:

–                       Pon tus esperanzas en el Señor. Y te dará sus consuelos.

La bendice y trata de irse; pero…10la_suegra_de_pedro

María de Simón da un grito de dolor:

–                       Se dice que mi hijo te Traicionó con un beso. ¿Es verdad Señor? Si es así permíteme que lo lave besándote las manos. ¡Oh! ¡No puedo hacer otra cosa!  ¡No puedo hacer otra cosa, para borrarlo!… ¡Para borrarlo!  -el dolor la ahoga, mordiendo su corazón con ferocidad.

Jesús no le da sus manos para que se las bese. En toda la entrevista, Él ha tenido cuidado para que no le vea las llagas, que ha mantenido ocultas con la blanquísima tela que no es de este mundo.

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Y lo que hace, es tomarle la cabeza entre sus manos y besarla en la frente, de la más infeliz de todas las mujeres. Es el beso de Dios. ¡Qué no habrá transmitido en él!…

Luego Jesús le dice:

–                       ¡Mis lágrimas y mi beso! Nadie ha tenido tanto de Mí… Quédate tranquila. Entre Yo y tú, no hay más que amor.

La bendice y atraviesa rápidamente la habitación. Sale detrás de Ana, que no se atrevió a acercarse, ni a hablar; pero que llora de emoción.

11sanando

Cuando están en el corredor, Ana hace la pregunta que la inquieta en su corazón:

–                       ¿Mi hija?

Jesús responde:

–                       Hace quince días que goza del Cielo. No te lo dije allá adentro, porque hay un gran contraste entre tu hija y su hijo.

Ana dice:

–                       Es verdad. Una desgracia. Creo que morirá.

–                       No. No tan pronto.

–                       Ahora estará más tranquila. La has consolado. ¡Tú! ¡Tú que puedes más que todos!

–                       Yo la compadezco más que todos. Soy la Divina Compasión. Soy el Amor. Yo te lo digo, Mujer: si Judas me hubiera lanzado tan solo una mirada de arrepentimiento, le habría alcanzado de Dios el Perdón.

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¡Cuánta tristeza en el rostro de Jesús!

La mujer queda maravillada.

Y sólo pregunta:

–                       Pero, ¿Ese desgraciado pecó de repente? O…

–                       Desde hacía meses que pecaba. Y ni una palabra mía. Ninguna acción mía, pudieron detenerlo. Pues era muy grande su voluntad de pecar. Pero no se lo digas a ella…

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–                       No se lo diré Señor… Cuando Ananías huyó de Jerusalén sin haber consumado la Pascua. La misma noche de la Parasceve, entró gritando: “Tu hijo traicionó al Maestro y lo entregó a sus enemigos. Lo Traicionó con un beso.

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Yo he visto al Maestro golpeado, escupido, flagelado; coronado de espinas.

15Crucifixion-Jesus-Christ-mormon1

Cargando con la Cruz; crucificado y muerto por obra de tu hijo.

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Nuestro nombre lo gritan los enemigos del Maestro, cual bandera de triunfo, con palabras obscenas. La hazaña de tu hijo la cuentan a gritos. 17Jesus-Judas-kiss

Por menos de lo que cuesta un cordero, vendió al Mesías. Y con un beso traidor, lo señaló a los guardias.”18traicion

María cayó por tierra  y se puso negra. El médico dice que se le derramó la bilis; que se le despedazó el hígado. Y que toda la sangre se le ha corrompido. Y… el mundo es malo. Ella tiene razón.

Tuve que traérmela aquí; porque iban a la casa de ella en Keriot a gritar: “¡Tu hijo Deicida y suicida! ¡Se ahorcó! Belcebú se ha llevado su alma y Satanás su cuerpo…” ¿Es verdad este horrible prodigio?

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–                       No mujer. Fue encontrado muerto, pendiente de un olivo…

–                       ¡Ah! Y gritaban: “El Mesías ha Resucitado. Es Dios. Tu hijo Traicionó a Dios. Eres la madre del traidor de Dios. Eres la madre de Judas.”

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Por la noche, me la traje aquí.  Con Ananías y un siervo fiel; el único que se quedó con ella, porque todos los demás la dejaron y nadie quiso estar con ella. Ahora esos gritos los oye María en el viento, en el rumor de la tierra. En todas partes.

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–                       ¡Pobre madre! ¡Es cosa horrible! ¡Sí!

–                       ¿Pero aquel demonio no pensó en eso?

–                       Era una de las razones que Yo empleaba para detenerlo. Pero de nada sirvió. Judas llegó a Odiar inmensamente a Dios. Cuando jamás amó verdaderamente a su padre, ni a nadie. A ningún prójimo suyo. Su egoísmo fue tal, que terminó destruyéndose a sí mismo.

–                       ¡Es verdad!

–                       Adiós mujer. Mi bendición te de fuerzas para soportar los insultos del mundo, porque compadeces a María. Besa mi mano. A ti si te la puedo mostrar. A ella le hubiera causado un gran dolor.

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Echa hacia atrás la manga, dejando al descubierto la muñeca atravesada. Ana lanza un gemido al tocar con sus labios la punta de sus dedos.

En ese momento se escucha el ruido de la puerta al abrirse y el grito ahogado de un viejo que se postra…

Y dice:

–                       ¡El Señor!

Ana le dice emocionada:

–                       Ananías, el Señor es Bueno. Vino a consolar a tu parienta y a nosotros también.

El hombre no se atreve a moverse.

Llora diciendo:

–                       Pertenecemos a una raza cruel. No puedo mirar al Señor.

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Jesús se le acerca. Le toca la cabeza diciendo las mismas palabras que le había dicho a María…

Jesús repite:

–                       Los familiares que han cumplido con su deber, no tienen por qué sentirse responsables del pecado de un pariente. ¡Anímate, Ananías! ¡Dios es Justo! La paz se contigo y con esta casa. He venido y tú irás a donde te envíe. Para la Pascua Suplementaria los discípulos estarán en Bethania.

Irás a ellos y les dirás que doce días después de que Yo morí, me viste en Keriot, vivo y verdadero. En cuerpo, alma y divinidad. Te creerán porque he estado mucho con ellos. Pero los confirmarás en su Fe, acerca de mi Naturaleza Divina, al comprobar que estoy en cualquier lugar, al mismo tiempo.

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Pero antes que eso, irás hoy mismo a Keriot y le dirás al sinagogo que reúna al pueblo. Y ante la presencia de todos, proclamarás que he venido aquí y que se acuerden de mis palabras de despedida. Te replicarán: ‘¿Por qué no ha venido Él con nosotros?’ Y les responderás así: ‘El Señor me ha dicho que os dijese, que si hubierais hecho lo que Él os ordenó que hicierais para con una madre inocente, Él se hubiera manifestado. Habéis faltado al Amor.’  ¿Lo harás?

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Ananías responde:

–                       ¡Es difícil, Señor! Es difícil hacerlo. Todos nos tienen por leprosos del corazón… El sinagogo no me escuchará y no me dejará hablar al pueblo. Tal vez me pegue… Sin embargo lo haré, porque Tú lo ordenas…

El anciano no ha levantado su cabeza y contestó manteniendo su actitud de profunda adoración…

Jesús le dice:

–                       ¡Mírame Ananías!

Cuando Ananías obedece, lo ve. Jesús está tan bello como en el monte Tabor…

25transfiguracion

Es Dios en todo su esplendor. La luz lo cubre ocultando su Rostro y su sonrisa…

Ha desaparecido…

En el corredor solo están los dos que quedan postrados en profunda adoración…

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Mientras tanto en la hacienda que tiene Daniel, el sobrino de Elquías en Beterón. Un grupo de sinedristas están discutiendo…

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Elquías dice:

–                       Lo traje aquí porque no sé a dónde llevarlo. Vosotros sabéis que tengo mis dudas de que Daniel también sea miembro de esa odiosa y nueva secta que ha dado en llamarse ‘cristianos’ Vine también para comprobarlo…

Sadoc le aconseja:

–                       Simón quiere huir. Irse por el mar. ¿Por qué no darle gusto?

Nahúm objeta:

–                       Porque es incapaz de actos juiciosos. A solas en el mar moriría. Y ninguno de nosotros es capaz de conducir una barca.

Eleazar ben Annás:

–                       ¡Y luego, aunque se pudiera! ¿Qué sucedería con lo que diga, en el lugar del desembarco? Dejad que escoja su camino…

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Cananías:

–                       A la presencia de todos. Aún de su pariente… Haz que exprese su voluntad y que se haga como quiera realizarla.

Se admite esta proposición y Elquías llama a un siervo. Le ordena que traigan a Simón Boeto y que llamen a Daniel.

Enseguida vienen los dos. Y si Daniel da la impresión de no sentirse cómodo con cierta clase de gente…

Simón tiene el semblante de un verdadero orate al que no le falta ni la baba…

Elquías:

–                       Óyenos Simón. Tú dices que te tenemos en prisión, porque queremos matarte…

Simón Boeto:

–                       Tenéis que hacerlo. Tal es la orden.

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Sadoc:

–                       Deliras, Simón. Calla y escucha. ¿Dónde crees que te podrías curar?

Simón:

–                       En el mar. En el mar. En medio del mar. Donde no se oye ninguna voz. Donde no hay sepulcros. Porque los sepulcros se abren y de ellos salen los muertos. Y mi madre me maldice…

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Elquías:

–                       Calla. Escucha. Te amamos. Como a nuestra propia carne. ¿De veras quieres ir allá?

Simón:

–                       Sí que quiero. Porque aquí los sepulcros se abren y mi madre me maldice… Y…

Cananías:

–                       Irás pues. Te llevaremos al mar. Te daremos una barca y tú…

Daniel grita:

–                       ¡Cometéis un homicidio! ¡Está loco! ¡No puede ir solo!…

Nahúm:

–                       Dios no hace fuerza a la voluntad del hombre. ¿Acaso podríamos hacer lo que Dios no quiere?

Daniel objeta:

–                       Pero si está loco. No tiene voluntad. Entiende menos que un infante. No podéis hacer eso…

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Elquías:

–                       Tú cállate. Sólo eres un campesino ignorante. Nosotros sí sabemos. Mañana partiremos por mar. ¡Alégrate, Simón! ¡Por el mar! ¿Comprendes?

Simón suspira:

–                       ¡Ah! ¡Ya no escucharé las voces de la tierra! Ya no más las voces… ¡Ah!

Pero luego empieza la confusión…

Simón da un grito prolongado. Se convulsiona. Se tapa las orejas y cierra los ojos. Luego escapa aterrorizado.

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Al mismo tiempo, Daniel corre al lado contrario que Simón y a unos veinte metros se postra en tierra con una adoración profunda…

Jesús está frente a él, con toda la majestad del Hombre-Dios Resucitado y lo saluda con una sonrisa llena de amor, pues Daniel es uno de los setenta…

Jesús le dice:

–                       Sígueme.

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Daniel contesta:

–                       ¿A dónde, Señor mío y Dios mío?

–                       Ve a Jerusalén. Allí encontrarás a los apóstoles. Irás por el mundo a predicar mi Palabra y a llevar la Buena Nueva de mi Resurrección. Luego te daré más instrucciones. Te amo.

Jesús lo bendice y desaparece.

Daniel llora de felicidad.

Simultáneamente, Simón Boeto cae preso de unas convulsiones aterradoras, hecha espuma por la boca y da unos alaridos escalofriantes…

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Señalando a donde está Jesús con Daniel, grita:

–                       ¡Hazlo callar! ¡No está muerto! ¡Grita! ¡Grita! ¡Grita más que mi madre! ¡Más que mi padre! ¡Más que en el Gólgota! ¡Allí! ¡Allí! ¡No lo veis allí! ¡Allí está!…

Y señala donde está Daniel feliz, sonriente. Con la cara levantada en alto, después de haberla tenido pegada contra el suelo…

33sanedritayesclavo

Elquías exclama totalmente desconcertado:

–                       ¿Pero quién es? ¿Qué es lo que sucede? Detened a ese loco y a aquel necio. –Luego su voz parece un gruñido. Y grita furioso-  ¿Acaso todos estamos perdiendo el seso?

Elquías se acerca al ‘necio’ que no es otro Daniel y lo sacude con fuerza. Está colérico y no se preocupa del ‘loco’ de Simón que se revuelca en la tierra, con espuma en la boca y lanzando gritos como si fuese un animal rabioso.

Todos los miran a los dos, paralizados por el terror.

Elquías apostrofa a Daniel:

–                       Visionario holgazán. ¿Quieres explicarme qué estás haciendo?

Daniel le replica:

–                       Déjame. Ahora te conozco bien. Me voy lejos de ti. He visto a Quién para mí es un Dios Bondadoso y para vosotros terror… He visto Aquel a quién afirmáis que está muerto.

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Y por la cara que tienen tus compinches, creo que también vosotros lo habéis visto…

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 Me voy. Más que el dinero y cualquier otra riqueza, me importa mi alma. A ti lo que te interesa, es la herencia de mi padre, ¡Quédatela! ¡Adiós, maldito! Y si puedes, trata de alcanzar el Perdón de Dios.

–                       ¿A dónde vas?  ¡No te lo permito!

–                       No puedes detenerme. ¿Acaso tienes derecho de meterme a la cárcel? ¿Quién te lo dio? Te dejo todo esto, que es lo que amas. Yo sigo a Quién amo con toda mi alma, con todo mí ser. Adiós.

Y dándole la espalda, se aleja corriendo como si tuviera alas en los pies, hacia la pendiente verde de olivos y de árboles frutales.

Todos lo miran pasmados.

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Mientras tanto, con heridas. Con espuma. Temblando de terror e infundiendo pavor a su vez; Simón da unos alaridos espeluznantes.

Gritando:

–                ¡Me ha llamado Parricida! ¡Haced que se calle!… ¡Cállate!… ¡Parricida! ¡La misma palabra que mi madre! ¿Por qué los muertos dicen las mismas palabras?…

Elquías y los demás están lívidos. La Ira los ahoga.

Elquías amenaza:

–                       ¡Acabaré contigo, Daniel! Exterminaré a todos los que con sus ‘delirios’ afirman que el Galileo está vivo. Lo digo y lo haré. Lo juro por…

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Sadoc lo interrumpe:

–                       Lo haremos. Lo haremos… Pero no podemos tapar todas las bocas. Todos los ojos que hablan porque ven…  También nosotros lo hemos visto…  Y tú no puedes negarlo, porque lo viste también…

Elquías y otros aúllan:

–                       ¡Cállate! ¡Cállate!…

38eliazar de anas

Eleazar ben Annás tiene todo el terror milenario que Israel tiene hacia el Altísimo, al pronunciar con sus labios temblorosos:

–                       Estamos vencidos. Tenemos que cargar nuestro Crimen. Y ha llegado la expiación… -Se golpea el pecho angustiosamente. Como si ya tuviera ante sí el patíbulo. Y se lamenta- Tendremos que enfrentar la Venganza de Yeové… 

39yahveh-sebaod

La continuación de esta historia, está en la Biblia…

                                   (EL QUE TENGA OÍDOS, QUE OIGA…)

40JESUS Y LA BIBLIA

196.- EL MANDAMIENTO MÁS GRANDE


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Es una esplendorosa mañana primaveral llena de colorido y el miércoles anterior a la Pascua, el Templo está más lleno de gente que en los días anteriores. Es muy temprano y hace bochorno.

Jesús entra con su túnica blanca de lino y llega hasta el Atrio de los Israelitas, para adorar. Lo sigue mucha  gente. Unos se quedan bajo los portales esperándolo y hay una enorme cantidad de gentiles. Cuando Jesús termina su oración, escucha  los que le preguntan. Los consuela, los aconseja, los absuelve y los cura.

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Los fariseos tienen una pequeña discusión porque el escriba Yoel Alamot, quiere ir a hacer una pregunta a Jesús…

Pero ellos se oponen diciendo:

–                       No. Sabemos que eres favorable al Rabí, aunque trates de disimularlo. Deja que vaya Urías…

Otro joven escriba objeta:

–                       Urías no. Es muy descuidado al hablar. Voy yo.

Y se va rápido a donde está el Maestro.

Jesús, que lo tiene a su espalda, se vuelve a mirarle… Un asomo de sonrisa ilumina su rostro. Mira a la gente que lo rodea. A los fariseos y a los doctores. Al escriba que primero había querido ir a preguntarle… Su sonrisa se amplía y es como si lo acariciara…

Luego baja su mirada sobre el escriba de pequeña estatura que acaba de preguntarle:

–                       Maestro, ¿Cuál es el mayor de los Mandamientos de la Ley?

Jesús responde:

–                       El primero de todos los Mandamientos es: “Escucha ¡Oh, Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor Dios tuyo, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Con todo tu ser.” Este es el primero y principal Mandamiento. El segundo es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo.” No hay otros mandamientos mayores que éste. Encierran en sí, toda la Ley y los profetas.

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–                       Maestro, has respondido sabia y justamente. Así es. Dios es Único y no hay otro Dios fuera de Él. Amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia; con toda el alma; con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que cualquier holocausto y sacrificio. Pienso mucho en esto cuando recuerdo las palabras de David: “A Ti no te agradan los holocaustos. El sacrificio grato a Dios es el espíritu compungido.”

–                       No estás lejos del Reino de Dios, pues has comprendido cuál es el holocausto que agrada a Dios.

El escriba pregunta rápido y en voz tan baja, que es casi como si hablase en secreto:

–                       ¿Cuál es el más perfecto?

En el rostro de Jesús brilla el amor que deja caer como perla, en el corazón de este escriba que lo abre a su doctrina,  a la Doctrina del Reino de Dios y…

Jesús responde:

–                       El holocausto perfecto es amar como a nosotros mismos a los que nos persiguen y nos guardan rencor. Quién haga esto, poseerá la paz.

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Está dicho, los mansos poseerán la tierra y gozarán de abundancia de paz. En verdad te digo que el que sabe amar a sus enemigos, llega a la perfección y posee a Dios.

1amistad2

El escriba se despide con deferencia. Y vuelve a su grupo, que en voz baja le reprocha el haber alabado al Maestro…

Y airadamente le preguntan:

–                       ¿Qué le dijiste en secreto?

–                       ¿Eres también uno de los engañados?

El escriba contesta:

–                       Me ha parecido oír que el Espíritu de Dios hablase por sus labios.

–                       Estás loco. ¿Acaso crees que sea el Mesías?

–                       Lo creo.

–                       Realmente dentro de poco veremos que nuestras clases se vacían de nuestros escribas y que éstos como perros irán detrás de Él. ¿Pero en qué ves que Él sea el Mesías?

–                       No lo sé. Pero sí siento que lo es.

–                       ¡Loco!

Y enojados le vuelven la espalda.

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Jesús ha estado observando y no ha perdido ni un detalle.

Y cuando los fariseos le pasan por delante en un grupo compacto, para alejarse.

Jesús los llama diciendo:

–                       Escuchadme. Quiero haceros una pregunta: ¿Qué pensáis vosotros del Mesías? ¿De quién es Hijo?

Nahúm responde por todos:

–                       Será Hijo de David.

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Ha puntualizado la palabra ‘será’, para darle a entender que Él no es el Mesías.

–                       Entonces, ¿Por qué David, inspirado por Dios lo llama Señor cuando dijo: ‘El Señor ha dicho a mi Señor, siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies.?’ Si David llama al Mesías Señor ¿Cómo puede ser su hijo?

No sabiendo qué responderle, se alejan masticando el odio que los satura.

Jesús los ve y se retira hacia donde están los buzones del tesoro, junto al gazofilacio.

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En esta parte todavía hay sombra y están los rabinos hablando con grandes aspavientos a los hebreos que los escuchan, esforzándose por destruir lo que Jesús enseñado en los días anteriores.

¡Es un Rey tan majestuoso! Con su vestido de lino blanquísimo y su manto color rojo oscuro. Se apoya sobre una columna cuadrada en su base, que sostiene un arco del Pórtico y mira detenidamente a la gente que va pasando.

Una pobre viejecita, sube apuradamente los escalones y alarga su mano para echar su óbolo, en el hocico abierto de un león de piedra.

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Jesús la mira con compasión y dulzura.

Y cuando pasa cerca de Él, le dice:

–                       La paz sea contigo, mujer.

Sorprendida, ella levanta su cabeza y no sabe qué contestar.

Jesús repite:

–                       La paz se contigo. El Altísimo te bendice.

La mujer se queda como extática por un momento; luego saluda a Jesús y se va.

Jesús sale de su silencio, diciendo:

–                       En medio de su desdicha es feliz. Ahora es feliz, porque la bendición de Dios la acompaña. Escuchadme todos los que me rodeáis… ella no dio más que dos céntimos. Y sin embargo ha dado más que todos, desde que el Templo abrió sus puertas al amanecer…

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He visto a varios ricos introducir en esos hocicos, enormes cantidades de dinero, con visible satisfacción. Pero en verdad os digo que nadie ha dado más que ella, porque su óbolo ha sido la caridad y la generosidad pura. Ha dado todo lo que tenía. Ha hecho un sacrificio… Esa mujer hoy no va a comer, porque no tiene nada.

Deberá trabajar primero, para apagar su hambre. No tiene riqueza, ni familiares que trabajen por ella. Está sola. Dios se ha llevado sus parientes, marido e hijos. Los hombres le quitaron los bienes que le habían dejado.  Esa mujer ha comprendido mejor la Ley que los mismos sabios. Y es bendita porque dentro de su pobreza ha dado a Dios todo… 

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Mientras que otros dan de lo que les sobra y lo dan para que aumente su estimación ante los ojos de los hombres. Sé que me odiáis por hablar así. Unid el odio que me tenéis, al desprecio que sentís por esa pobrecita a quién he alabado.

Pero no vayáis a pensar que podréis hacer de estas dos piedras, un doble escalón para vuestra soberbia… Será la piedra de moler que os triturará.

Vámonos. Dejemos que las víboras se muerdan aumentando su veneno…  Quien sea limpio de corazón, bueno, humilde, contrito y quiera conocer el verdadero rostro de Dios, que me siga…

Jesús continúa curando, consolando, aconsejando, enseñando…

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Pasan las horas…

Jesús regresa al Primer Patio donde se siente un poco de fresco, porque el día es bochornoso. Había empezado a hablar con una voz normal y la ha ido aumentando cada vez más, hasta que parece un toque de trompeta. Su hermosa voz de tenor se expande y tanto israelitas como gentiles, lo escuchan con atención.

Si aquellos aplauden cuando Jesús recuerda la patria y los nombres de los extranjeros que la han subyugado y hecho sufrir, éstos admiran la forma oratoria del larguísimo discurso y la maravillosa sabiduría que contiene…

Jesús continúa:

–                       Escuchad. Cuando terminó el destierro en Babilonia, eran triste para la patria aquellas horas. Había sido reconstruida la nación, gracias a la magnanimidad de Ciro.

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Los jefes del pueblo sintieron la necesidad de reconstruir también el culto y el conocimiento de la Ley. Porque, ¡Ay de aquel pueblo, que no dispone de ellos como defensa! De guía y sostén contra los enemigos más poderosos de una nación y que son la inmoralidad de sus ciudadanos; el rebelarse contra las autoridades; la desunión contra las diversas clases y partidos; los pecados contra Dios y el prójimo. La irreligiosidad. ¡Todos estos son elementos que disgregan por sí mismos y que provocan los castigos celestiales!

El pueblo hablaba caldeo, herencia del duro destierro y ya no comprendían el hebreo. Así nacieron los escribas y los fariseos, para ayudar a los sacerdotes a enseñar a la gente y entregados a honrar al Señor; llevando a los hombres a que lo conociesen. Si se han vuelto reprobables; no toca a los hombres insultarlos, ni mucho menos hacerlos desaparecer. Hay Quién lo hará: Dios y su Enviado.

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Yo hablo por mandato divino y puedo hablar porque no tengo ninguno de los pecados que os escandalizan, cuando  veis que los cometen los escribas y los fariseos. Os he recordado cual fue la razón por la que nacieron los escribas y los fariseos y cómo y porqué se han sentado en la cátedra de Moisés. Cómo y porqué hablan y sus palabras no son vanas. Haced lo que dicen, pero no los imitéis en sus acciones; porque enseñan de una manera y luego actúan al revés.

Su regla de vida, es ser vistos, celebrados y aplaudidos en razón de sus obras; que las realizan de modo que todos los vean y las alaben. Exigen de sus discípulos, el título de maestro y un culto que ellos no tributan a Dios. Se creen dioses en sabiduría y poder. Se creen superiores al padre y a la madre, porque quieren estar en el corazón de sus discípulos y pretenden que su doctrina, sea superior a la de Dios.

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Son unos herejes, creyendo como los paganos, en la trasmigración de las almas y algunos de ellos en la fatalidad.

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     No imitéis a los escribas y fariseos, que están divididos entre sí, aunque aparenten no estarlo. Vosotros, discípulos del Mesías, estad verdaderamente unidos. Estad prontos a morir si no queréis traicionar el llamamiento que Dios ha puesto en vosotros, de ser ciudadanos del Reino de Dios, que he venido a establecer. Estad verdaderamente unidos en el amor por Mí y por mi Doctrina. La divisa del cristiano, que tal será el nombre que se dará a mis súbditos, sea el amor y la unión. La igualdad entre vosotros en la comunidad de bienes, en la fraternidad de los corazones. Todos para uno, uno para todos.

Quien tenga que dé sin ostentación. Quien no tiene, acepte con humildad su pobreza. Recordad que se dará una recompensa a quien es misericordioso y que es mejor dar que recibir.  Encuentre el pobre la fuerza de pedir sin sentirse humillado, pensando que Yo lo hice antes que él. Encuentre por su parte el rico la generosidad de dar sus riquezas, pensando que el vil y odioso dinero que Satanás presenta, es causa del noventa por ciento de las desgracias acaecidas en el mundo.

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Y cuando se da por amor, se cambia en joya inmortal, en el Paraíso.

Vestíos de vuestras virtudes, pero que solo Dios las conozca. No hagáis como los Fariseo, que llevan las filacterias más largas y las franjas más anchas. Que les gustan los primeros lugares en las sinagogas y los honores en las plazas y quieren que el pueblo los llame: ‘Rabí’ Uno solo es el Maestro, Yo.  Amaos como verdaderos hermanos y el que quiera ser el mayor entre vosotros, que se haga vuestro esclavo.

Ser siervo de los siervos de Dios no es humillarse, sino imitarme a Mí; que he sido bondadoso y humilde; siempre pronto a amar a mis hermanos y ayudarlos con el poder que tengo como Dios.

No he rebajado lo divino al  servir a los hombres; porque el verdadero rey es el que sabe dominar no solo a los hombres sino las pasiones, entre las cuales la primera está la soberbia necia. Recordad que quién se humilla será exaltado y quién se exalta será humillado.

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La Mujer de la que en el Génesis habla el Señor; la Virgen a quien alude Isaías; la Madre-Virgen de Emmanuel, profetizó ésta verdad, cuando dijo: ‘El Señor arrojó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes’ La Sabiduría de Dios habló por los labios de la que ha sido Madre de Gracia y Trono de Sabiduría.

Repito la palabras inspiradas que me exaltaron en unión al Padre y al Espíritu Santo, cuando Yo el Hombre me formaba en su seno, sin dejar de ser Dios. Que sirvan de modelo a las que quieran hacer que el Mesías nazca en sus corazones y que pretendan llegar al Reino.

¡Ay de vosotros; escribas y fariseos hipócritas! No habrá Jesús, esto es: Salvador, ni Mesías…  O sea, Señor…  Ni habrá Reino de los Cielos para los soberbios, para los fornicadores idólatras, ni para los que se adoran a sí mismos y a su propia voluntad.

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Por esto, ¡Hay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Que creéis poder cerrar el Cielo a los hombres que levantan su espíritu, para encontrar fuerza en su  penosa jornada terrena. ¡Ay de vosotros que no entráis; que no queréis entrar; porque no aceptáis la Ley el Reino Celestial y no permitís que entren los demás que están a la puerta, que con intransigencias reforzáis con cerrojos que Dios no ha puesto!

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! ¡Qué devoráis las propiedades de las viudas, con el pretexto de que recitaréis largas oraciones! ¡Por eso vuestro juicio será duro!

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas que andáis por mar y tierra sin gastar de vuestros bienes, para hacer un solo prosélito y cuando lo conseguís, los hacéis dos veces más dignos del Infierno que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos! ¡Necios y ciegos!

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¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Que decís: ‘Si uno jura por el Templo, su juramento no vale nada. Pero si jura por el oro del Templo. Entonces queda obligado a su juramento.’  ¡Necios y ciegos! ¿Qué vale más? ¿El oro o el Templo que santifica el oro? Vosotros que andáis diciendo: ‘Si uno jura por el altar, su juramento no tiene valor; pero si jura por la oferta depositada sobre el altar, entonces su juramento es válido y queda obligado a él.’

¿Qué es mayor, la oferta o el altar que la santifica? Quién jura pues sobre el altar; por él jura y por cuanto hay sobre él. Quien jura por el Templo, por él jura y por quien habita en Él. Y quién jura por el Cielo, jura por el Trono de Dios y por Quién en él está sentado.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Que pagáis los diezmos de la menta y de la ruda; del anís y del comino. Y luego os despreocupáis de los preceptos más graves de la Ley: de la justicia, de la misericordia y de la fidelidad.

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¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! ¡Qué laváis lo exterior de la copa y del plato; pero por dentro estáis llenos de rapiña e inmundicia! Ciego fariseo, lava primero el interior, para que también lo exterior quede limpio.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que voláis como los murciélagos en la oscuridad, debido a vuestras obras pecaminosas! Y os codeáis con paganos, ladrones y traidores. Y al día siguiente por la mañana, borradas las señale de vuestros negocios ocultos, ¡Subís al Templo con hermoso ropaje!

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¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Que enseñáis las leyes de la caridad y de la justicia contenidos en el Levítico y luego no sois más que unos ambiciosos, ladrones, falsarios, calumniadores, opresores, injustos, vengativos, odiosos. Que acabáis con el que os causa molestia, aun cuando sea de vuestra propia sangre.

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 Que rechazáis a la mujer que siendo doncella. Se casó con vosotros y que repudiáis los hijos obtenidos de ella, porque son desventurados. Y acusáis de adulterio a vuestra mujer que no os agrada más o de enfermedad inmunda, para libraros de ella. ¡Vosotros que tenéis un corazón inmundo! ¡Un corazón libidinoso; aun cuando no lo demostréis a los ojos de la gente que ignora vuestras acciones!

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Sois semejantes  a los sepulcros blanqueados que por fuera parecen hermosos; pero por dentro están llenos de huesos muertos y de podredumbre. ¡Eso sois! ¡Y no más! ¡Por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis reventando de hipocresía e iniquidad!

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¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Que erigís suntuosos mausoleos a los profetas y embellecéis las tumbas de los justos, diciendo: ‘Si hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres; no habríamos sido cómplices y participantes de quienes derramaron la sangre de los profetas.’ Y por otra parte, colmáis la medida de vuestros padres… ¡Oh, serpientes! ¡Oh, raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar a la condenación del Gehenna?

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Por eso Yo, Palabra de Dios os digo: ‘Yo Dios, os enviaré profetas, sabios y nuevos escribas. A algunos de ellos mataréis. A otros crucificaréis. A otros, flagelaréis en vuestros tribunales; a otros perseguiréis de ciudad en ciudad, hasta que caiga sobre vosotros toda la sangre de los hombres justos derramada sobre la tierra. Así es. Odiaréis a los que quieren vuestro bien os recuerdan vuestro pecado y con amor os invitan a que volváis a los senderos de Dios.

     En verdad os digo que todo está por caer. Tanto el crimen como sus consecuencias. En verdad os digo que todo se cumplirá sobre esta generación… ¡Oh, Jerusalén! ¡Jerusalén! ¡Jerusalén que lapidas a los que se te envían y matas a tus profetas! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos; como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas y no has querido!

1gallina

 Así, pues, escucha; ¡Oh, Jerusalén! Escuchad vosotros que me odiáis y odiáis lo que viene de Dios. Escuchad los que me amáis y os veréis envueltos en el castigo reservado a los perseguidores del Mesías.

Escuchad también vosotros que no pertenecéis a este pueblo; pero que os preguntáis Quién Soy y que predice si necesidad de estudiar el vuelo y el canto de los pájaros; los fenómenos celestes; las entrañas de los animales sacrificados. La llama o el humo de los holocaustos. Porque el futuro está presente ante El que os está hablando.

Esta casa vuestra quedará desierta. Yo os digo, dice el Señor: ‘Que no me veréis hasta que no digáis: ‘Bendito el que viene en el Nombre del Señor.’

1heraldo_de_medianoche

Jesús está realmente cansado y acalorado. Además de lo largo de su discurso, por lo bochornoso del día en el que no sopla nada de viento. Estrechado contra el muro por la multitud, recibiendo las miradas de miles de ojos y sintiendo todo el Odio que respiran los que le han escuchado bajo el Pórtico de los Gentiles. Y todo el amor y la admiración de los que no lo odian.

Dice a los suyos:

–                       Salgamos del templo y vayamos al campo, entre los árboles. Quiero sombra, silencio, frescura. En verdad que este lugar parece que arde bajo el poder de la Ira Celestial.

Salen por la puerta más cercana.

A cierta distancia, los discípulos miran la cúpula del Templo, que resplandece bajo la luz del sol y admiran su grandiosa construcción.

Jesús dice:

–                       Aún así, de todo eso no quedará piedra sobre piedra.

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Muchos preguntan al mismo tiempo:

–                       ¿No?

–                       ¿Cuándo?

–                       ¿Cómo?

–                       ¿Por qué?

Jesús no contesta.

1segunda-venida

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA