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70 INICIO DE LA PERSECUCIÓN


70 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

En el interior del Templo. Jesús está con los suyos, muy cerca del Lugar Santo, a donde sólo pueden entrar los sacerdotes.

Es un hermoso Patio, en donde oran los israelitas y donde solo los hombres pueden entrar. 

La tarde desciende a la hora temprana de un día nublado de Noviembre.

Entonces se oye un estrepitoso vocerío en que se escucha la voz estentórea y preocupada de un hombre que en latín dice blasfemias, mezclada con las altas y chillonas de los hebreos.

Es como la confusión de una lucha.

Y en el instante se oye una voz femenina que grita:

–     ¡Oh! ¡Dejadlo que pase! ¡Él dice que lo salvará!

El recogimiento del suntuoso Santuario, se interrumpe.

Hacia el lugar de donde provienen los gritos, muchas cabezas voltean.  Y también Judas de Keriot que está con los discípulos, la vuelve.

Como es muy alto; ve y dice:

–  ¡Es un soldado romano que lucha por entrar! ¡Está violando el lugar sagrado! ¡Horror!

Y muchos le hacen eco.

El romano grita:

–    ¡Dejadme pasar, perros judíos!

Aquí está Jesús. ¡Lo sé! ¡Lo quiero a Él! ¡No sé qué hacer con vuestras estúpidas piedras! El niño está muriendo y Él lo salvará. ¡Apartaos, bestias hipócritas! ¡Hienas!

Jesús, tan pronto como comprende que lo buscan a Él; al punto se dirige al Pórtico bajo el cual se oye el alboroto.  

Cuando llega a él, grita:

–     ¡Paz y respeto al lugar y a la hora de la Oferta!

Es el militar con el que habló en una ocasión, en la Puerta  de los Peces.

Y al ver Jesús le dice::

–      ¡Oh! ¡Jesús, salve! Soy Alejandro. ¡Largo de aquí perros!

Y Jesús, con voz tranquila dice:

–      Haceos a un lado. Llevaré a otra parte al pagano que no sabe lo que significa para nosotros este lugar.

El círculo se abre y Jesús llega a donde está el soldado que tiene la coraza ensangrentada.

 

Jesús, al verlo le dice:

–     ¿Estás herido? Ven. Aquí no podemos estar.

Y lo conduce a través de los pórticos, hasta el Patio de los Gentiles. 

Alejandro le explica:

–                 Yo no estoy herido. Es un niño…

Mi caballo cerca de la Torre Antonia, no obedeció el freno y lo atropelló. Le abrió la cabeza de una patada.

Prócoro, nuestro médico dijo: ‘No hay nada que hacer’. Yo no tengo la culpa. Pero me sucedió a mí y su madre está desesperada…

Como te vi pasar y sabía que venías aquí… pensé…’Prócoro no puede. Pero Él, sí’ y le dije: ‘Vamos mujer. Jesús lo curará.’

Pero me detuvieron estos locos. Y tal vez el niño ya está muerto.

Jesús pregunta:

–     ¿Dónde está?

–      Debajo de aquel pórtico. En los brazos de su madre.

–     Vamos.

Y Jesús casi corre, seguido por los suyos y por la gente curiosa.

En las gradas que dividen el pórtico; apoyada en una columna está una mujer deshecha, que llora por su hijo que está boqueando.

El niño tiene el color ceniciento. Los labios morados, semiabiertos, cosa característica en los que han recibido un golpe en el cerebro.

Tiene una venda en la cabeza. Sangre por la nuca y por la frente.

Alejandro advierte:

–     La cabeza está abierta por delante y por detrás.

Se ve el cerebro. A esta edad es tierno y el caballo, además de fuerte; tiene herraduras nuevas.

Jesús está cerca de la mujer que no dice una palabra; aturdida por el dolor, ante su hijo que está agonizando. Le pone la mano sobre la cabeza,

Y le dice con infinita dulzura:

–    No llores, mujer. Ten fe. Dame a tu hijo.

La mujer  mira atontada, la multitud maldice a los romanos y compadece al niño y a la madre.

Alejandro se encuentra atrapado entre la ira por las acusaciones injustas, la piedad y la esperanza.

Jesús se sienta junto a la mujer que es obvio que no reacciona.

Se inclina, toma entre sus manos la cabeza herida. Se inclina sobre la carita color de cera. Le da respiración de boca a boca. Pasa un momento…

Después se ve una sonrisa, que se percibe entre los cabellos que le han caído por delante. Se endereza.

El niño abre los ojitos e intenta sentarse.

La madre teme, pensando que sea el último estertor y grita aterrorizada, estrechándolo contra su corazón.

Jesús le indica:

–     Déjalo que camine, mujer. –extiende sus brazos con una sonrisa e invita- Niño, ven a Mí.

El niño, sin miedo alguno, se arroja en ellos y llora, no como si algo le doliera; sino por el miedo al recuerdo de algo acaecido.

Jesús le asegura:

–    Ya no está el caballo. No está. ¿Ves? Ya pasó todo. ¿Todavía te duele aquí?

El niño se abraza a Él y grita:

–   ¡No! ¡Pero tengo miedo! ¡Tengo miedo!

Jesús dice con calma:

–   ¿Lo ves, mujer? ¡No es más que miedo! Ya pasará. 

Mirando a los presentes, dice:

–     Traedme agua. La sangre y las vendas lo impresionan.

Luego ordena a su Predilecto:

–     Juan, dame una manzana. –después de recibirla, agrega- Toma, pequeñuelo. Come. Está sabrosa.

El niño la muerde con deleite.

El soldado Alejandro trae agua en el yelmo y al ver que Jesús trata de quitar la venda… grita:

–     ¡No! ¡Volverá a sangrar!…

La madre exclama al mismo tiempo:

–    ¡La cabeza está abierta!

Jesús sonríe y quita la venda. Una, dos, tres; ocho vueltas. Retira los hilos ensangrentados.

Desde la mitad de la frente hasta la nuca. En la parte derecha no hay más que un solo coágulo de sangre fresca en la cabellera del niño.

Jesús moja una venda y lava.

Alejandro insiste:

–     Pero debajo está la herida. Si quitas el coágulo; volverá a sangrar.

La madre se tapa los ojos para no ver.

Jesús lava, lava y lava. El coágulo se deshace. Ahora aparecen los cabellos limpios. Están húmedos, pero ya no hay herida.

También la frente está bien. Tan sólo queda la señal roja de la cicatriz.

La gente grita de admiración.

La mujer se atreve a mirar. Y cuando ve… no se detiene más. Se arroja sobre Jesús y lo abraza junto con el niño, llorando de alegría y de agradecimiento.

Jesús tolera esas expansiones y esas lágrimas.

Alejandro dice:

–     Te agradezco, Jesús. Me dolía haber matado a un inocente.

Jesús contesta:

–    Tuviste bondad y confianza. Adiós, Alejandro. Regresa a tu puesto.

Alejandro está para irse; cuando llegan como un ciclón, oficiales del Templo y sacerdotes.

El sacerdote que dirige le dice a Jesús:

–     El Sumo Sacerdote te intima a Ti y al pagano profanador por nuestro medio, para que pronto salgas del Templo.

Habéis turbado la Oferta del Incienso. Éste entró en el lugar de Israel. No es la primera vez que por tu causa hay confusión en el Templo.

El Sumo Sacerdote y con él, los ancianos de turno, te ordenan que no vuelvas a poner los pies aquí dentro. ¡Vete! Y quédate con tus paganos.

Alejandro; herido por el desprecio con el que los sacerdotes han dicho: ‘Paganos’,

responde:

–     Nosotros no somos perros.

Él dice que hay un solo Dios, Creador de los judíos y de los romanos. Si ésta es su Casa y Él me creó; puedo entrar también yo.

Mientras tanto Jesús que ha besado y entregado el niño a su madre.

Se pone de pie y dice:

–    ¡Calla, Alejandro! Yo hablo.

Y agrega mirando al que lo arroja:

–     Nadie puede prohibir a un fiel. A un verdadero israelita al que de ningún modo se le puede acusar de pecado, de orar junto al Santo.

El sacerdote encargado le increpa:

–     Pero de explicar en el Templo la Ley, sí.

Te has arrogado un derecho y ni siquiera lo has pedido. ¿Quién Eres? ¡Quién Eres! ¿Quién te conoce? ¿Cómo te atreves a usurpar un nombre y un puesto que no es tuyo?

  ¡Jesús los mira con unos ojos!…

Luego dice:

–    ¡Judas de Keriot! ¡Ven aquí!

A Judas no parece gustarle que lo llame.

Había tratado de eclipsarse en cuanto llegaron los sacerdotes y los oficiales del Templo.

Más tiene que obedecer, porque Pedro y Tadeo, lo empujan hacia delante.

Jesús dice:

–    Responde, Judas.

Y vosotros miradlo. ¿Le conocéis?… es del Templo… ¿Le conocéis?

A su pesar, tienen que reconocer que sí.

Jesús mira fijamente a Judas y le dice:

–    Judas, ¿Qué te pedí que hicieses, cuando hablé aquí por primera vez?

Y di también de qué te extrañaste y qué cosa dije al ver tu admiración. Habla y sé franco.

Judas está como cortado y habla con timidez:

–    Me dijo: ‘Llama al oficial de turno para que pueda pedirle permiso de enseñar’

Y dio su Nombre y prueba de su personalidad y de su tribu… y me admiré de ello, como de una formalidad inútil, porque se dice el Mesías.

Y Él me dijo: ‘Es necesario. Y cuando llegue mi hora recuerda que no he faltado al respeto al Templo; ni a sus oficiales.’

Ciertamente así dijo. Y debo decirlo por honor a la verdad.

Después de la segunda frase; con uno de esos gestos bruscos tan suyos y desconcertantes; ha tomado confianza y la última frase la dice con cierta arrogancia.

Un sacerdote le reprocha:

–     Me causa admiración que lo defiendas. Has traicionado la confianza que depositamos en ti.

Judas exclama iracundo:

–     ¡No he traicionado a nadie! ¡Cuántos de vosotros sois del Bautista!… Y… ¿Por eso sois traidores? Yo soy del Mesías y eso es todo.

Otro sacerdote replica con desprecio:

–     Con todo y eso. Éste no debe hablar aquí. Que venga como fiel. Es mucho para uno que se hace amigo de paganos; meretrices y publicanos…

Jesús interviene enérgica pero tranquilamente:

–     Respondedme a Mí entonces. ¿Quiénes son los ancianos de turno?

–     Doras y Félix, judíos. Joaquín de Cafarnaúm y José Itureo.

–     Entiendo. Vámonos.

Decid a los tres acusadores; porque el Itureo no ha podido acusar; que el Templo no es todo Israel e Israel no es todo el mundo.

Que la baba de los reptiles aunque sea mucha y venenosísima; no aplastará la Voz de Dios. Ni su veneno paralizará mi caminar entre los hombres, hasta que no sea la Hora.

Jesús se pone sobre los hombros su manto oscuro y sale en medio de los suyos.

Afuera del recinto del Templo; Alejandro, que ha sido testigo de la disputa; cuando llegan cerca de la Torre Antonia, le dice:

–     Lo lamento mucho. Que te vaya bien, Maestro. Y te pido perdón por haber sido la causa del pleito contra Ti.

Jesús le contesta tranquilo:

–     ¡Oh, no te preocupes! Buscaban un pretexto y lo encontraron.

Si no eras tú; hubiera sido otro… Vosotros en Roma, celebráis juegos en el Circo, con fieras y serpientes. ¿No es verdad?

Alejandro asiente con la cabeza y sin palabras.

–     Pues bien… Te digo que no hay fiera más cruel y engañosa, que el hombre que quiere matar a otro.

–     Y yo te digo que al servicio del César, he recorrido todas las regiones de Roma.

Pero entre los miles y miles de súbditos suyos; jamás he encontrado uno más Divino que Tú. ¡Ni siquiera nuestros dioses son divinos como Tú!

Vengativos, crueles, pendencieros, mentirosos… Tú Eres Bueno. Tú verdaderamente Eres el Hombre. Que te conserves bien, Maestro.

–     Adiós Alejandro. Prosigue en la Luz.

Alejandro se queda en la Torre Antonia y Jesús y los suyos siguen su camino…

69 LA SEÑAL PROMETIDA


69 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús camina a través de los montes hacia la fértil llanura.

Arimatea, está en una zona montañosa.

El camino desaparece por los recodos en el horizonte, en medio de una neblina baja que parece una extensión de agua interminable… 

Jesús está con Simón y Tomás. No lleva otros apóstoles consigo.

Pareciera que valora sabiamente los efectos de los tipos de personas con que debe tratar,

Llevando consigo, según los distintos ambientes, a aquellos que pueden ser aceptados sin crear demasiado contraste en el entorno requerido.

Van conversando sobre José de Arimatea.

Tomás parece conocerlo muy bien, porque señala las posesiones vastas y muy ricas que se extienden por la montaña,

especialmente por la parte de Jerusalén, siguiendo el camino que desde la capital viene hacia Arimatea y une después este lugar con Joppe.

También Tomás elogia las tierras que José posee a lo largo de los caminos de la llanura. 

Simón dice:

–      ¡Al menos aquí no se trata como animales a los hombres! ¡Oh…. ese Doras! 

Efectivamente, aquí los trabajadores están bien nutridos y bien vestidos. Y reflejan esa satisfacción, propia de quien se encuentra a gusto.

Los trabajadores lo saludan respetuosamente:

Al parecer, ya se ha corrido la voz del caminante que recorre los campos de Arimatea.

Y saben Quién ES el se acerca hacia la casa de su patrón; saben Quién es ese Hombre alto y apuesto. 

Lo observan y hacen comentarios en voz baja.

En el punto en que ya se ve la casa, hay un siervo de José, que se postra…

Y pregunta:

–     ¿Eres Tú el Rabí esperado?

–     Soy Yo – responde Jesús.

El hombre se despide con profundo respeto y se marcha corriendo para avisar a su patrón.

Luego otro lo conduce a través de un vastísimo jardín, hacia la casa que está circundada por una alta valla de siemprevivas y de árboles que por ahora no tienen mucho follaje.

El Anciano José de Arimatea, con sus amplias vestiduras y cintas, sale al encuentro de Jesús y se inclina profundamente, con los brazos cruzados sobre el pecho. 

No es el saludo humilde de quien reconoce en Jesús el Dios hecho Carne y que hace acto de sumisión postrándose, besando sus pies y la orla de la túnica; no es esto.

Pero, de todas formas, es una demostración de profundo respeto.

Jesús, igualmente, se inclina y da su saludo de paz.

José agrega:

–    Entra, Maestro. Me haces feliz al haber aceptado mi invitación. No esperaba tanta condescendencia de tu parte.

Jesús contesta con sencillez:

–   ¿Por qué? También voy a la casa de Lázaro y…

–    Lázaro es tu amigo. Y yo soy un desconocido.

–    Eres un alma que busca la Verdad. Por eso la Verdad no te rechaza.

–   ¿Eres Tú la Verdad?

–    Soy Camino, Vida y Verdad. Quien me ama y me sigue, tendrá el camino cierto; la vida bienaventurada y conocerá a Dios. Porque Dios, además de ser Amor y Justicia; es Verdad.

–   Eres un gran Doctor. Cada palabra tuya respira sabiduría.

Luego se dirige a Simón: 

–    Estoy contento de que tú también regreses a mi casa, después de tan larga ausencia.

Simón contesta:

–    No lo estuve porque quise. Tú sabes la suerte que tuve y cuán grande llanto hubo en la vida del pequeño Simón, a quién tu padre amaba.

–    Lo sé. Y creo que sabes que jamás dije nada contra ti.

–   Sé todo. Mi fiel siervo me dijo que también a tí te debo el que mis posesiones fueran respetadas. Dios te lo premie.

–   Valía yo algo en el Sanedrín y lo emplee en ayudar según la justicia, a un amigo de mi casa.

El zelote reitera: 

–   Muchos eran amigos de mi casa. Y muchos eran algo, en el Sanedrín. Pero no todos fueron honrados como tú…

José mira al otro discípulo de Jesús e interroga:

–  ¿Y éste quién es? Me parece conocido. No recuerdo dónde…

Él sonríe y contesta complacido:

–  Soy Tomás, apodado Dídimo.

–   ¡Ah! ¡Ya!.. ¿Vive aún tu anciano padre?

–   Vive. Continúa con sus negocios, con mis hermanos. Lo abandoné por el Maestro; pero soy muy feliz por ello.

Simón dice:

–   Su padre es un verdadero israelita.

Y como ha llegado a creer que Jesús de Nazareth es el Mesías; es muy feliz al saber que su hijo es uno de los predilectos.

Conversando de esta forma, han llegado hasta la puerta principal de la casa.

Cuando están a punto de entrar,

José dice:

–    Entretuve a Lázaro. Está en la biblioteca.

Está leyendo un resumen de las últimas juntas del sanedrín. No quería quedarse, porque… sé bien que Tú también lo sabes.

Y no quería quedarse. Pero yo le dije: ‘No es justo que te avergüences así. En mi casa, nadie te ofenderá. Quédate. Quién se aísla, queda solo contra todo un mundo.

Y como en el mundo hay más malos que buenos; el que está solo siempre es derrotado y pisoteado. ¿Dije bien?

Jesús responde:

–    Dijiste bien y has hecho bien.

–   Maestro, hoy estará Nicodemo y… Gamaliel. ¿Te molesta?

–   ¿Cómo quieres que me moleste? Reconozco su saber.

–   Sí. Él también tiene deseos de verte y…

Pero está aferrado a sus ideas, ¿Sabes? Él dice que ya vio una vez al Mesías y que espera la señal que Él le prometió cuando se manifieste.

Pero también reconoce que Tú eres un hombre de Dios. No dice: ‘El Hombre de Dios’.

Sutilezas rabínicas. ¿Verdad? ¿No te ofendes? ¿No es así?

–   Sutilezas. Lo has dicho bien.

No hay que preocuparse. Los mejores se podarán a sí mismos, de todas las ramas inútiles, que no son más que follaje y que no dan ningún fruto. Y vendrán a Mí.

–      He querido referirte sus palabras porque, sin duda, te las repetirá a ti. Es auténtico – hace notar José.

–      Virtud rara y que aprecio mucho. 

–      Sí. Le he dicho también: “Pero, con el Maestro está Lázaro de Betania”.

Se lo he dicho porque…, sí, en suma, por causa de su hermana.

Pero Gamaliel ha respondido: “¿Ella está presente? ¿No? ¿Y entonces? Del vestido que no sigue en el fango el barro se desprende.

Lázaro se lo ha sacudido de sí, y no me contamina la túnica.

Además, juzgo que si a su casa va un hombre de Dios, puedo también tratarlo yo, Doctor de la Ley”.

–     Gamaliel juzga bien. Fariseo y doctor hasta la médula, pero todavía honesto y justo.

–     Me alegra oírtelo decir. Maestro mira, ahi viene Lázaro.

Lázaro se inclina hasta besar el borde de la túnica de Jesús.

Se siente dichoso de estar con Él, pero también se ve claramente que esperando a los convidados, está muy preocupado.

El pobre Lázaro a sus conocidas torturas, conocidas por los hombres por haber sido transmitidas por la historia, ha de añadir ésta desconocida y no meditada por la mayoría:

Su sufrimiento moral de ese tremendo aguijón que supone el pensamiento:

«¿Qué me dirá éste? ¿Qué piensa de mí? ¿Cómo me considera? ¿Me herirá con palabras o mirada de desprecio?».

Aguijón éste que atormenta a todos aquellos que tienen alguna deshonra en su familia y reciben el desprecio y el sarcasmo del ‘qué dirán’.

Han entrado en la grandiosa sala, en donde está la mesa ya preparada y  solo esperan a Gamaliel y a Nicodemo; porque los otros invitados ya han llegado y son presentados como:

Félix, Juan, Simón y Cornelio.

Se arma un alboroto entre los siervos, cuando llegan Nicodemo y Gamaliel.

El siempre imponente Gamaliel. El de espléndido vestido níveo, que lleva con regia majestad.

José se precipita a encontrarlo y el saludo que se dan, es de un pomposo respeto.

También se inclina ante Jesús y Él lo hace igual.

Nicodemo lo saluda:

–    El Señor sea contigo.

Jesús responde:

–   Y su paz siempre te acompañe.

Lázaro a su vez, también los saluda.

Gamaliel ocupa el centro de la mesa, entre Jesús y José.

Junto a Jesús, está Lázaro. Y junto a José, Nicodemo.

Empieza la comida y las preces rituales las recita Gamaliel, .

Luego de un intercambio oriental de cortesías, entre los principales personajes: Jesús, Gamaliel y José.

Gamaliel es un hombre de gran dignidad, pero no orgulloso. Prefiere escuchar que hablar.

Se ve que medita cada una de las palabras de Jesús. Y lo mira frecuentemente con sus negros, profundos y severos ojos.

Cuando Jesús se calla, porque el tema se ha agotado; Gamaliel, con una pregunta oportuna, enciende de nuevo la conversación.

Lázaro, al principio estaba un poco sin saber qué decir. Pero después que ha tomado confianza, participa en la conversación.

Hasta cuando la comida está por terminar, no hacen alusiones directas a la personalidad de Jesús.

Se prende entonces entre Félix y Lázaro, a quién se une a apoyarlo Nicodemo y también el escriba Juan;

una discusión acerca de los milagros y lo que pueden significar a favor o en contra del individuo.

Jesús guarda silencio. Se le nota una sonrisa hasta cierto punto misteriosa, pero no dice nada.

Gamaliel también calla. Tiene un codo apoyado sobre el lecho y mira intensamente a Jesús.

Parece que quisiera descifrar algún enigma sobrenatural escrito en la cara de Jesús o como si quisiera conocer sus pensamientos.

Félix sostiene que la santidad de Juan el Bautista es innegable.

Y de esta santidad de la que nadie discute, ni duda; saca una conclusión desfavorable para Jesús de Nazareth, autor de muchos y muy famosos milagros.

Concluye:

–    El milagro no es prueba de santidad, porque en la vida de Juan no los hay.

Y sin embargo nadie en Israel, lleva una vida igual a la suya. Para él no hay banquetes, ni amistades, ni comodidades.

Para él, los sufrimientos y las prisiones por el honor de la Ley. Para él, la soledad. Aunque sí tiene discípulos, no convive con ellos y encuentra culpas aún en los más honrados.

Y sobre todos truena… mientras… ¡Eh!… mientras el Maestro de Nazareth aquí presente, ha hecho grandes milagros, es verdad. Pero veo que a Él también le gusta lo que la vida ofrece.

No desdeña amistades… y perdona que te lo diga uno de los ancianos del Sanedrín:

Es muy fácil en perdonar en Nombre de Dios y en amar a los pecadores públicos y señalados con anatemas. No lo debería hacer, Jesús.

Jesús sonríe. Pero no habla.

Lázaro responde por Él:

–    Nuestro poderoso Señor es libre de dirigir a sus siervos, cómo y a donde quiera.

A Moisés le concedió el milagro. A Aarón su primer Pontífice, no se lo concedió. Y entonces, ¿Qué concluyes? ¿El uno más santo que el otro?

Félix responde:

–   Ciertamente. Así es.

–   Entonces el más santo es Jesús, que hace milagros.

Todo desorientado, Félix no sabe qué decir. Ya perdió la brújula.

Pero acude a un último subterfugio:

–    A Aarón se le había concedido el Pontificado. Era suficiente.

Nicodemo replica:

–    No amigo. El pontificado es un cargo santo; pero no es más que un cargo.

No siempre y no todos los pontífices de Israel han sido santos. Y sin embargo fueron pontífices, aunque no fuesen santos.

Entonces Félix exclama provocador:

–   ¡No querrás decir que el Sumo Sacerdote sea un hombre privado de Gracia!

El escriba Juan, interviene:

–   Félix. No entremos en el fuego que quema. Yo, tú, Gamaliel, José, Nicodemo… todos sabemos muchas cosas.

Félix se escandaliza:

–  ¡Pero, cómo!… ¡Pero, cómo!… ¡Gamaliel, interviene!

Los tres que la traen contra Félix dicen:

–   Si es justo, dirá la verdad que no quieres oír, ni reconocer.

José el Anciano, interviene y trata de poner paz.

Jesús no dice nada. Lo mismo hacen Tomás, Zelote y el otro Simón, amigo de José.

Gamaliel simula estar jugando con las cintas de su vestido. Pero mira de arriba abajo a Jesús.

Félix grita:

–   ¡Habla pues, Gamaliel!

Los otros tres dicen:

–   ¡Sí!

–   ¡Habla!

–   ¡Habla, Gamaliel!

Gamaliel respira profundamente y responde:

–   Yo digo: las debilidades de la familia se mantienen ocultas.

Félix se encrespa:

–   ¡Esa no es una respuesta! Parece como si confesases que hay culpas en la casa del Pontífice.

Los tres le replican:

–   Es boca de la que sale la verdad.

Gamaliel se corrige y se vuelve hacia Jesús:

–   Aquí está el Maestro que eclipsa a los más doctos. Que sea Él; el que hable sustanciosamente.

Jesús lo mira fijamente y luego dice despacio:

–   ¿Lo quieres? Obedezco.

Yo digo: el hombre es hombre. El cargo o misión está sobre el hombre. Pero el hombre revestido de un cargo, se hace capaz de cumplirlo como superhombre; cuando lleva una vida santa y tiene a Dios como Amigo.

Él es Quién dijo: ‘tú eres sacerdote según el orden que Yo te he dado’ ¿Qué cosa está escrita en el Racional? “Doctrina y Verdad” esto deberían tener los que son pontífices.

A la Doctrina se llega por medio de una meditación constante, dirigida a conocer al Sapientísimo.

A la Verdad, con fidelidad absoluta al bien. El que juega con el Mal, entra en la Mentira y pierde la Verdad.

Gamaliel no puede contenerse y exclama:

–   ¡Has respondido bien! Como un gran Rabí. Yo Gamaliel te lo digo: ¡Me ganas!

Félix estalla:

–   Entonces que Éste aclare porqué Aarón no hizo milagros y Moisés sí.

Jesús al punto responde:

–   Porque Moisés debía imponerse sobre la masa oscura, pesada y hasta contraria de los israelitas.

Y debía llegar a tener sobre ellos un ascendiente, para poder inclinarlos a hacer la Voluntad de Dios. El hombre es el eterno salvaje y el eterno niño se admira con lo que se sale de las reglas.

Eso es lo que es el milagro. Es una luz movida ante las pupilas cerradas. Es un sonido que resuena cerca de las orejas tapadas.

Despierta. Llama. Hasta que se diga: ‘Aquí está Dios’

Félix rebate:

–    Esto lo dices a tu favor.

–   ¿A mi favor? ¿Y en qué me favorece el hacer milagros?

¿Puedo parecer más alto, si pongo una hoja de hierba bajo mis pies? Así es el milagro con respecto a la santidad. Hubo santos que jamás hicieron milagros.

Hay magos y nigromantes que con fuerzas oscuras hacen prodigios, pero no son santos y ellos son unos demonios.

Yo seré Yo, aunque no hiciere más milagros.

Gamaliel aplaude aprobando:

–    ¡Perfectamente bien! ¡Eres grande, Jesús!

Félix pregunta con ansia a Gamaliel:

–   ¿Y quién es según tú, este ‘Grande’?

Gamaliel contesta:

–    El más grande Profeta que yo haya conocido. Tanto en obras como en palabras.

José dice:

–   Es el Mesías. Te lo digo Gamaliel, créelo. Tú eres sabio y justo.

Félix les dice a los dos con sarcasmo:

–   ¡Cómo! ¿Con que tú jefe de los judíos? ¿Tú, el Anciano, gloria nuestra?

¿Has caído en la idolatría por un hombre? ¿Quién te prueba que es el Mesías?

Yo no lo creeré jamás aunque lo vea hacer milagros. Pero ¿Por qué no hace uno delante de nosotros? ¡Díselo tú que lo alabas!

Y ¡También tú que lo defiendes!

José responde seriamente:

–   No lo invité para ser diversión de mis amigos. Y te ruego que recuerdes que eres mi huésped.

Félix, enojado y grosero; se levanta y se va.

Después de unos momentos, Jesús se dirige a Gamaliel:

–   ¿Y tú no me pides el milagro para creer?

El gran doctor le contesta:

–   No serán los milagros de un hombre de Dios, los que me quiten la espina dolorosa que llevo en el corazón, de tres preguntas que siempre han permanecido sin respuesta.

–   ¿Qué preguntas?

–    ¿Está vivo el Mesías? ¿Era Aquel?… ¿Es éste?

José exclama:

–    ¡El Es! Te lo digo, Gamaliel.

¿No lo sientes santo? ¿Diferente? ¿Poderoso? ¿Sí? ¿Entonces qué esperas para creer?

Gamaliel no responde a José y se dirige a Jesús:

–    Una vez… no te desagrade Jesús, si soy tenaz en mis ideas.

Una vez, cuando aún vivía el grande, el sabio Hilell. Yo creí y él conmigo, que el Mesías ya estaba en Israel. ¡Un gran resplandor del Sol Divino en aquel frío día, de un persistente invierno!

Era Pascua. El campesino temblaba por las mieses heladas. Yo dije después de haber oído sus palabras: ‘Israel está a salvo, ¡Desde hoy, abundancia en los campos y bendiciones en los corazones!

‘El Esperado se ha manifestado con su primer fulgor’ Y no me equivoqué.

Todos podéis recordar qué cosechas hubo aquel año de trece meses. Cosa que se repite en este año.

Varios dicen al mismo tiempo:

–   ¿Qué palabras oíste?

–   ¿Quién las dijo?

Gamaliel reponde:

–    Uno que era poco más que un Niño.

Pero Dios resplandecía en su inocente y apacible Rostro. Hace ya diecinueve años que pienso… que recuerdo… y trato de volver a oír aquella Voz.

Que hablaba palabras llenas de sabiduría. ¿En qué parte de la tierra está? Yo pienso que era Dios revestido como un niño para no aterrorizar al hombre.

Y como el rayo que instantáneamente recorre los cielos de oriente a poniente. De norte a sur. Él, el Divino, recorre con su vestidura de hermosa Misericordia,

con Voz y Rostro de Niño y pensamiento divino; la tierra para decir a los hombres: ‘Yo Soy’. Así pienso.

¿Cuándo regresará a Israel? ¿Cuándo? Y me digo: Cuando Israel sea un altar, para los pies de Dios.

Y mi corazón gime al ver la abyección de Israel. Y un dolor me dice que jamás sucederá. ¡Oh! ¡Dura respuesta!

¡Y verdadera! ¿Puede la Santidad descender en su Mesías, mientras exista en nosotros el Abominio?

Jesús responde:

–    Puede y lo hace, porque es Misericordia.

Gamaliel lo mira pensativo y le pregunta:

–    ¿Cuál es tu verdadero Nombre?

Y Jesús imponente, se levanta y con infinita Majestad, declara:

–   Yo Soy Quién Soy.

14. Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.»

El Pensamiento y la Palabra del Padre. Soy el Mesías del Señor.

Gamaliel lo mira con angustia.

Y dice:

–    ¿Tú? No lo puedo creer. Grande es tu santidad.

Pero Aquel Niño en quién creo; cuando estábamos en el Templo, dijo: ‘Yo daré una Señal.

Estas piedras bramarán cuando llegue mi Hora’. Espero esta Señal, para creer. ¿Me la puedes dar Tú, para persuadirme de que Eres el Esperado?

Los dos están de pie. Altos, majestuosos.

Uno con su vestido de lino muy blanco. Otro con el suyo de lana, de color rojo tinto oscuro. Uno de edad. El otro, joven.

Ambos de ojos dominadores y profundos, se miran fijamente; en un mutuo reconocimiento.

Entonces Jesús baja su brazo derecho que tenía sobre el pecho,

Y como si jurase exclama:

–    ¿Ésta señal aguardas? ¡Y la tendrás!

Repito las palabras de aquel día: ‘Las piedras del Templo del Señor, se estremecerán con mis últimas palabras’

Espera esa señal, Doctor de Israel. Hombre justo. Y luego cree, si quieres obtener perdón y salvación.

¡Serías bienaventurado si pudieses creer antes! Pero no puedes.

Siglos de creencias equivocadas de una promesa justa. Y nubes de orgullo, como muro se interponen para llegar a la Verdad y a la Fe.

–    Dices bien. Esperaré esa señal. ¡Adiós! ¡El Señor sea contigo!

–    Adiós, Gamaliel. Que el Espíritu Eterno te ilumine y te guíe.

Todos saludan a Gamaliel, que se va con Nicodemo, Juan y Simón, el sanedrista.

Se quedan Jesús, Lázaro, Tomás, Simón Zelote y Cornelio.

José dice con pesar:

–    ¡No se doblega!

Me gustaría que estuviese entre tus discípulos. Sería un peso decisivo en tu favor y no lo logro.

–    No te aflijas por ello.

. No hay influencia capaz de salvarme de la tempestad que se está preparando. Pero Gamaliel, si no se pliega a favor, tampoco lo hará contra Cristo. Es de los que esperan…

Todo termina.

52 EL LLAMADO DE MATEO


52 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Está haciendo mucho calor. El mercado ha terminado y en la plaza vacía, hay unos cuantos ociosos y unos niños que juegan.

Jesús, en medio de sus apóstoles, llega del lago a la plaza.

Acaricia a los niños que corren a su encuentro y le platican sus confidencias. Una niña muestra un golpe que le sangra en la frente y de ello acusa al hermanito.

Jesús dice:

–      ¿Por qué has herido así a tu hermanita? ¡No está bien!

El niño se mortifica y contesta:

–      No lo hice a propósito. Quería tumbar aquellos higos y tomé un bastón. Era muy pesado y se me cayó sobre ella. Cogía higos también para ella.

Jesús le pregunta:

–     ¿Es verdad, Juana?

Entre hipos la niña contesta:

–      Es verdad.

–      Entonces puedes ver que tu hermano no te quiso hacer daño.

Quería hacerte feliz. Ahora, al punto haced las paces y daos un beso. Los buenos hermanitos y también los buenos niños, jamás deben saber lo que es el rencor. ¡Ea, pues!

Los dos niños se besan con lágrimas.

Los dos lloran juntos. Ella porque le duele el golpe. Y él porque le pesa haber causado ese dolor.

Jesús sonríe al ver ese beso lleno de lagrimones.

Y dice:

–     ¡Y ahora, porque veo que sois buenos, Yo os cortaré los higos!

Como es muy alto extiende el brazo y sin esfuerzo alguno, los corta y se los da.

Acude una mujer:

–     Juana. Tobías. ¿Para qué molestáis al Maestro? ¡Oh, Señor! Perdona…

Jesús dice:

–     Mujer. Se trataba de hacer las paces.

Y las hice con el objeto mismo que provocó la guerra: los higos. A los niños les gustan los higos dulces y a Mí… me gustan los corazones dulces e inocentes. Me quitan mucha amargura.

La mujer señala a unos fariseos:

–      Maestro, son los señores esos, los que no te aman.

Pero nosotros, el pueblo; te queremos mucho. Ellos son pocos. Y nosotros muchos…

–     Lo sé, mujer. Gracias por tu consuelo. La paz sea contigo.

¡Adiós, Juana! ¡Adiós, Tobías! Sed buenos. No se porten mal. Y ya no se peleen. ¿Lo recordarán?

Los dos niños responden juntos:

–           Sí.

–           Sí, Jesús.

Jesús sonriente, al empezar a caminar, dice a sus discípulos:

–     Ahora que con la ayuda de los higos, los cielos se han despejado de las nubes que había. Vámonos a… ¿A dónde queréis ir?

Ellos no saben y mencionan diferentes lugares.

Pero Jesús mueve la cabeza sonriendo.

Pedro dice:

–     Yo renuncio. A menos que Tú no lo digas… hoy tengo ideas negras.

Tú no viste; pero cuando desembarcamos, estaba ahí Elí, el fariseo. ¡Más verde que lo acostumbrado! ¡Y nos miraba en una forma, que…!

Jesús dice:

–    ¡Dejadlo que mire!

Judas exclama:

–    ¡Eh! No hay remedio. ¡Pero te aseguro Maestro, que para hacer las paces con ese, no bastan los higos!

–    ¿Qué fue lo que dije a la mamá de Tobías? ‘He hecho las paces con el objeto mismo de la guerra’

Y trataré de hacer las paces al volver a ver a los principales de Cafarnaúm, que según ellos les he ofendido. De este modo se contentarán. Probablemente no lo lograré; porque falta en ellos la voluntad de hacer las paces.

Cuando llegan a la plaza, Jesús va directo al banco de la alcabala,…

Y donde Mateo está haciendo sus cuentas y verificando el dinero que subdivide en categorías y lo pone en bolsitas de diversos colores.

Luego las coloca en una caja fuerte de hierro, que dos esclavos transportan a otro lugar.

Apenas si levanta la cabeza para ver al que se había retrasado en pagar.

Mientras tanto, Pedro jala de una manga a Jesús:

–     No tenemos nada que pagar, Maestro. ¿Qué haces?

Jesús no le hace caso.

Mira atentamente a Mateo, que se ha puesto de pie al punto, en actitud reverente.

Le da una segunda mirada que traspasa.

No es la del Juez severo de otras veces.

Es una mirada de llamamiento, de amor, que lo envuelve totalmente.

Mateo se sonroja completamente. No sabe qué hacer, ni qué decir.

Cuando Dios te quiere, TE BUSCA,  te sigue, te persigue y te consigue…

Majestuosamente, Jesús ordena:

–      Mateo, hijo de Alfeo, ha llegado la hora. ¡Ven!… ¡Sígueme!

Totalmente asombrado, Mateo responde:

–    ¿Yo?… ¡Maestro! ¡Señor! ¿Pero sabes quién soy? Lo digo por Ti. No por mí…

–     Ven y sígueme; Mateo, hijo de Alfeo. –repite Jesús con voz más dulce.

–    ¡Oh! ¿Cómo es posible que yo haya alcanzado favor ante Dios?… ¿Yo?… ¿Yo?…

–     Mateo, hijo de Alfeo. He leído en tu corazón. Ven. Sígueme.

La tercera invitación es una caricia….

–           ¡Oh! ¡Al punto, Señor!

Y Mateo, con lágrimas en los ojos…

Sale por detrás del banco sin preocuparse siquiera por recoger las monedas esparcidas sobre él. No pide la caja fuerte, ni le importa nada más.

Camina hacia el Maestro diciendo:

–     ¿A dónde vamos, Señor? ¿A dónde me llevas?

–     A tu casa. ¿Quieres dar hospedaje al Hijo del Hombre?

–     ¡Oh! Pero…pero… ¿Qué dirán los que te odian?

–     Yo escucho lo que se dice en los Cielos y es: ‘¡Gloria a Dios por un pecador que se salva!

Y el Padre dice: ‘Para siempre la Misericordia se levantará en los Cielos y se derramará sobre la Tierra. Porque con un Amor Eterno. Con un Amor Perfecto, te amo. Y por eso, también contigo uso de Misericordia…”

Ven. Y que al venir a tí; además de santificar tu corazón; santifique también tu casa…’

–    La tengo ya purificada por una esperanza que tenía en el alma. ¡Pero cómo podía creer que se convertiría en realidad! ¡Oh! ¡Yo con tus santos!…

Y mira a los discípulos.

–    Sí. Con mis amigos. Venid. Os uno y sed hermanos.

Los discípulos están tan estupefactos, que no saben qué decir.

Detrás de Jesús y de Mateo, caminan por la plaza que está completamente desierta.

Siguen por una calle estrecha que arde bajo un sol abrasador. No hay ser viviente alguno en las calles. Tan solo polvo y sol.

Entran en una casa muy hermosa, con un portón que se abre hacia fuera.

Un hermoso atrio está lleno de sombra y frescura. Llegan a un pórtico ancho que hay en el jardín.

Y Mateo dice:

–    ¡Entra, Maestro mío! –luego ordena a los siervos-  ¡Traed agua y de beber!

Los criados obedecen al instante.

Mateo sale a dar órdenes, mientras Jesús y los suyos se refrescan.

Regresa y dice:

–           Ahora, ven, Maestro. La sala está fresca.

Ahora vendrán mis amigos. ¡Oh! ¡Quiero hacer una gran fiesta! Es mi regeneración. ¡Es tan maravilloso!… ¡Esta es la verdadera circuncisión! Me has circundado el corazón con tu amor. ¡Maestro, será la última fiesta!

Ya no habrá más fiestas para el publicano Mateo. No más fiestas mundanas. Sólo la fiesta interna de haber sido redimido y de servirte a Ti. De ser amado por Ti.

¡Cuánto he llorado! No sabía cómo hacer… Quería ir…pero… ¿Cómo ir a Ti? A Ti, Santo… ¿Con mi alma sucia?

Jesús declara:

–    Tú la lavabas con el arrepentimiento y la caridad. Para Mí y para el prójimo.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos y llama…

–     Pedro; ven aquí.

Pedro que todavía no ha hablado, pues sigue tan asombrado, da un paso adelante.

Los dos hombres, casi de la misma edad; de estatura baja y robustos; están frente a frente.

Y Jesús ante ellos, los mira con una gran sonrisa.

Luego dice:

–     Pedro. Me has preguntado muchas veces quién era el desconocido de las bolsas que llevaba Santiago. Míralo. Lo tienes enfrente.

Pedro exclama:

–    ¿Quién? ¡Este, lad…! ¡Oh, perdona Mateo! Pero…

¡Quién lo hubiera pensado! Y exactamente tú. Nuestra desesperación por la usura, ¿Qué fueses capaz de arrancarte cada semana, un pedazo de corazón, al dar ese rico óbolo?

Mateo apenado, inclina la cabeza y dice:

–      Lo sé. Injustamente os tasé.

Pero mirad. Me arrodillo ante todos vosotros y os digo: ¡No me arrojéis! Él me ha acogido. No seáis más severos que Él.

Pedro, que está junto a Mateo; lo levanta de un golpe.

En peso, ruda, pero cariñosamente.

Y dice:

–    ¡Ea! ¡Ea! ¡Ni a mí, ni a todos los demás!

A Él, pídele perdón. A nosotros… ¡Ea! Todos hemos sido ladrones, igual que tú… ¡Oh! ¡Lo dije!  ¡Maldita lengua! Pero soy así.

Lo que pienso, lo digo. Lo que tengo en el corazón; lo tengo en los labios… Y besa a Mateo en las mejillas.

Los otros también lo hacen con más o menos cariño.

Andrés lo hace con reserva, debido a su timidez.

Judas de Keriot se muestra frío. Parece como si abrazara a un montón de serpientes, pues apenas si lo toca.

Se oye un rumor en la entrada y Mateo sale.

Entonces Judas de Keriot se acerca a Jesús.

Está escandalizado  y dice:

–    Pero, Maestro. Me parece que esto no es prudente. Ya te empezaron a acusar los fariseos de aquí.

Y Tú… ¡Un publicano entre los tuyos! ¡Primero una prostituta y luego un publicano! ¿Acaso has determinado arruinarte? Si es así… ¡Dilo, que…!

Pedro interviene irónico:

–    Que nosotros desfilamos. ¿Es así?

Judas le contesta con altanería:

–    ¿Y quién está hablando contigo?

–     Sé que no estás hablando conmigo.

Pero yo por el contrario; hablo con tu alma de refinado señorito. Con tu purísima alma. Con tu sabia alma. Sé que tú, miembro del Templo; sientes el hedor del pecado en nosotros; pobres, que no pertenecemos al Templo.

Sé que tú, judío perfecto; amalgama de fariseo, saduceo y herodiano. Medio escriba y migaja de esenio. ¿Quieres otras palabras nobles?…

Te sientes mal entre nosotros. Como una alosa cualquiera en una red de pescados sin valor. Pero ¿Qué quieres qué hagamos? Él nos tomó y nosotros nos quedamos.

Si te sientes mal, vete tú. Respiraremos mejor todos. También Él.

Cómo puedes ver; está descontento de mí y de ti. De mí; porque falto a la paciencia y también a la caridad. Pero más de ti; que no entiendes nada.

Con todo tu tejido de nobles atributos y que no tienes ni caridad, ni humildad, ni respeto. No tienes nada, muchacho.

Solo un gran humillo… y quiera Dios que ese humo, no sea nocivo.

Jesús, de pie. Disgustado, con los brazos cruzados, la boca cerrada y los ojos duros; ha dejado que hable Pedro.

Después le dice:

–    ¿Ya terminaste, Pedro? ¿También tú has purificado tu corazón de la levadura que había dentro?

Has hecho bien. Hoy es Pascua de Ácimos para un hijo de Abraham. El llamado del Mesías es como la sangre del cordero sobre vuestras almas.

Y donde está, no bajará más la culpa. No bajará si el que la recibe le es  fiel. Mi llamado es liberación. Y se le festeja con diversas clases de levadura.

A Judas, no le dice nada.

Pedro, mortificado; guarda silencio.

Y Jesús agrega:

–    Mateo regresa con amigos.

No les enseñemos otra cosa que no sea virtud. Quien no pueda soportar esto, váyase. No seáis iguales a los fariseos: que oprimen con preceptos y son los primeros en no observarlos.

Mateo vuelve a entrar con dos romanos y empieza el banquete.

Jesús está en medio, entre Pedro y Mateo.

Hablan de muchas cosas. Y Jesús, con paciencia explica a Ticio y a Cayo, lo que desean. Hay muchas quejas contra los fariseos que los desprecian…

Y Jesús responde a todas sus inquietudes.

Dice:

–    Pues bien. Venid a quien no os desprecia. Y luego obrad en tal forma, que al menos los buenos, no os puedan despreciar.

Cayo dice:

–    Tú eres bueno; pero eres solo.

Jesús  objeta, señalando a sus discípulos:

–    No. Estos son como Yo.

Y además, está el Padre, que ama a quien se arrepiente y quiere volver a su amistad.

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Si al hombre le faltase todo, pero tuviese al Padre, ¿No sería la alegría del hombre la más completa?

De esta forma se va desarrollando la conversación.

Y el banquete ha llegado a los postres; cuando un criado hace señas al dueño de la casa y luego le dice algo en voz baja.

Entonces Mateo dice a Jesús:

–    Maestro. Elí, Simón y Joaquín, piden permiso para entrar y hablarte. ¿Quieres verlos?

Jesús contesta:

–    ¡Claro que sí!

–     Pero… mis amigos son gentiles.

–      Y ellos vienen a ver exactamente esto.

Que los vean. De nada serviría esconderlo. No serviría para el bien, porque la malicia aumentará el hecho, hasta llegar a decir que también había prostitutas. Que entren.

Mateo inclina la cabeza.

Los tres fariseos entran.

Miran alrededor con una sonrisa proterva y están a punto de hablar.

Pero Jesús, que se ha levantado y va a su encuentro junto con Mateo.

Mientras pone una mano en la espalda de Mateo, les dice:

–    ¡Oh! ¡Hijos verdaderos de Israel! Os saludo y os doy una gran noticia, que ciertamente alegrará vuestros corazones perfectos de israelitas.

Los cuales quieren como él, que todos los corazones observen la Ley, para dar Gloria a Dios. Pues bien; Mateo, hijo de Alfeo; desde hoy no es más el pecador; el escándalo de Cafarnaúm.

Una oveja roñosa de Israel ha sido curada. ¡Alegraos!

Después se curarán otras ovejas pecadoras en vuestra ciudad; de cuya santidad os interesáis mucho y también serán gratas y santas ante…? ¡Eh Señor. Mateo deja todo para servir a Dios.

¡Dad el beso de paz al israelita extraviado que torna al seno de Abraham!

El fariseo Simón, dice con desprecio y sarcasmo:

–    ¿Y torna con los publicanos en estrepitoso banquete?

¡Oh! ¡De verdad que se trata de una conversión favorable! Elí. Mira. Ahí está ese Josías, el procurador de mujeres.

Elí responde:

–    También está Simón; hijo de Isaac el adúltero.

–    Y aquel es Azharías: el cantinero en cuyo casino, los romanos y los judíos juegan a los dados; pelean, se emborrachan y van en busca de mujeres.

El fariseo Joaquín, dice:

–    Pero, Maestro. ¿Sabes al menos quienes son esos?

Jesús contesta amable:

–     Lo sé.

Elí dice:

–     ¿Y vosotros? Vosotros de Cafarnaúm. Vosotros, discípulos. ¿Por qué lo habéis tolerado?

¡Me admiras, Simón de Jonás!

Pedro se queda callado.

Simón inquiere, escandalizado:

–    ¡Tú, Felipe, que aquí todos conocen!

¡Tú, verdadero israelita! ¿Cómo es posible que tú hayas permitido que tu Maestro comparta la comida con publicanos y pecadores?

Felipe los mira sin turbarse, pero también guarda silencio.

Joaquín:

–     ¡Ya no hay más vergüenza en Israel!

Los tres están escandalizadísimos.

Y lo manifiestan con una andanada de frases condenatorias.

Jesús interviene:

–     Dejad en paz a mis discípulos. Solamente Yo lo quise.

Simón dice con sarcasmo:

–    ¡Eh! ¡Bien! Se comprende.

¡Cuando se quiere hacer santos a otros y uno no lo es; se cae pronto en errores que son imperdonables!

–    ¡Y cuando de educa a los discípulos en la falta de respeto!

¡Todavía me está quemando la risa irreverente que me hizo ese judío del Templo! ¡A mí! ¡A Elí el fariseo! No se puede hacer otra cosa que faltar al respeto a la   Ley.

Se enseña lo que se sabe.

Jesús responde con firmeza:

–    Te equivocas Elí. Os equivocáis todos.

Se enseña lo que se sabe, es verdad. Y Yo que sé la Ley, la enseño a quien no la sabe: a los pecadores. Vosotros… os conozco dueños de vuestra alma.

Los pecadores no lo son. Busco y busco su alma. Se las vuelvo a dar, para que a su vez me la traigan. Tal como está: enferma, herida, sucia.

Y Yo la curo y la limpio. Para esto he venido. Los pecadores son los que tienen necesidad del Salvador. Y vengo a salvarlos. Comprendedme. No me odiéis sin razón.

Jesús es dulce, persuasivo, humilde.

Pero ellos son como tres cardos espinosos. Y salen muy enojados.

Judas de Keriot murmura impotente:

–    Se fueron. Ahora nos criticarán por todas partes.

Jesús dice:

–    ¡Dejad que lo hagan!

Procura solo que el Padre, no tenga nada que criticarte. No te apenes, Mateo. Ni vosotros, amigos suyos. La conciencia nos dice: ‘No hagáis el Mal.’ Y eso es más que suficiente.

Y Jesús vuelve a sentarse en su lugar…

32 LEVADURA DE CONVERSION


32 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Hago un llamado URGENTE a todo el mundo católico para que el próximo 9 de Agosto se lleve a cabo una jornada de ayuno y oración a nivel mundial con el rezo del rosario de mi Preciosísima Sangre y con el rezo del Exorcismo de San Miguel, de 12:00 am a 6:00 pm, pidiéndole al Padre Celestial por la protección de mis Templos, Santuarios y Lugares Santos, que están siendo destruidos y profanados por las fuerzas del Mal en este mundo.

A través del camino montañoso, Jesús va caminando con sus discípulos por una vereda serpenteante que corta la pendiente y sigue el curso del río.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena.

Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya.

Simón lleva sólo la suya y los mantos.

Jesús viste de nuevo su túnica, la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas. Y calza sus sandalias. 

A pesar del calor y la fatiga, Juan no pierde su buen humor.

Y exclama:

–    ¡Cuánta fruta! ¡Qué hermosos viñedos hay en aquellas colinas! Maestro, ¿Este es el río en cuyas riberas nuestros padres cogieron los racimos milagrosos’

Jesús contesta:

–    No. Es el otro que está más hacia el sur. Pero toda la región es rica en sabrosas frutas.

Simón observa:

–    Ahora ya no es tan fértil aunque siga siendo bella.

Jesús aclara:

–    Muchas guerras han devastado la tierra. Aquí se formó Israel… pero para esto debió fecundarse con su sangre y la de los enemigos.

–   ¿En dónde encontraremos a los pastores?

–    A cinco kilómetros de Hebrón; en las riberas del río que me preguntaba Juan.

–   ¿Entonces es más allá de aquellas colinas?

–    Sí.

–    Hace mucho calor, Maestro. Después ¿A dónde iremos?

–    A un lugar mucho más caliente. Pero os ruego que vengáis.

Caminaremos de noche. Las estrellas son tan claras que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…

Juan pregunta:

–   ¿Una ciudad?

–    No. Un lugar que os hará entender al Maestro; mejor tal vez que sus palabras.

Judas dice:

–    Perdimos varios días por ese incidente sin importancia. Destruyó todo…

Y mi madre que había preparado tantas cosas, ha quedado desilusionada. No sé por qué has querido retirarte hasta la purificación.

Jesús contesta:

–    Judas, ¿Por qué llamas sin importancia un suceso que fue una gracia para un verdadero fiel? ¿No querrías para ti una muerte semejante?

Había esperado toda su vida al Mesías. Cuando era anciano fue por caminos ásperos a adorarlo. Cuando le dijeron: ‘Está en…’ conservó en su corazón por treinta años, las palabras de mi Madre.

El amor y la fe lo revistieron con su fuego en la última hora que Dios le reservó. El corazón se le partió de alegría.

Se le incendió en el fuego de Dios como un holocausto agradable. ¡Qué mejor suerte que ésta!

¿Aguó la fiesta que habías preparado?… Ve en esto una respuesta de Dios.

Que no se mezcle lo que es del hombre con lo que es de Dios. Tu madre, me verá otra vez. todo Keriot puede venir al Mesías; el viejo ya no tenía fuerzas para hacerlo.

He sido feliz de haber estrechado con el corazón, al viejo padre que moría y de haber encontrado su espíritu. Y por lo demás…

¿Para qué dar escándalo con mostrar desprecio a la Ley? ¿Cómo puedo decir que sean fieles, si Yo no lo Soy?

Simón responde:

–     Creo que este es el error de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos aplastan al pueblo con sus preceptos y después hacen como el que profanó la casa de Juan, que la convirtió en un burdel.

Judas aclara:

–     Es uno de Herodes.

–     Sí, Judas. Pero las mismas culpas cometen las castas que se llaman a sí mismas ‘santas’ ¿Tú qué opinas Maestro?

–     Afirmo que con tal de que haya un poco de verdadero fermento y de verdadero incienso en Israel, se hará el pan y se perfumará el altar.

–     ¿Qué quieres decir?

–     Quiero decir que si hay alguien que con recto corazón venga a la verdad. La Verdad se esparcirá como fermento en la masa de harina y como incienso en todo Israel.

–     ¿Qué fue lo que te dijo esa mujer?

Jesús no responde y se vuelve hacia Juan:

–      Pesa mucho y te cansas. Dámela.

El discípulo más joven contesta:

–     No, Jesús. Estoy acostumbrado a las cargas y luego… me lo aligera al pensar en la alegría que tendrá Isaac.

Al dar vuelta a la colina, a la sombra del bosque se encuentran con las ovejas de Elías, los pastores están bajo la sombra de un árbol, cuidándolas.

Ven a Jesús, se levantan de un salto y corren. Cuando están frente a Él,

Jesús les pregunta:

–     La paz sea con vosotros. ¿Qué hacíais?

Isaac contesta:

–     Estábamos preocupados por Ti. Por el retraso. No sabíamos si ir a tu encuentro u obedecer.

Decidimos venir hasta aquí para obedecerte y al mismo tiempo satisfacer a nuestro amor; pues debías de haber llegado aquí desde hace varios días.

–    Tuvimos que detenernos.

–   ¿Pasó alguna desgracia?

–    Ninguna, amigo. Un fiel murió en mi pecho. Sólo fue eso.

Judas interviene:

–   ¿Qué querías que sucediese pastor? Cuando las cosas están bien organizadas… 

Claro que es menester saber disponerlas y preparar los corazones para recibirlas. Mi ciudad tributó honores al Mesías. ¿Verdad, Maestro?

Jesús responde:

–   Es verdad, Isaac. Al regresar pasamos por la casa de Sara.

También la ciudad de Yuttá, sin ningún otro preparativo que el de su bondad sencilla y la verdad con la que me predicaste, logró entender la esencia de mi doctrina.

Aman con un amor práctico, desinteresado y santo. Isaac, te envían alimentos y vestidos. 

Todos contribuyeron a aumentar los óbolos de tu casa. Tómalos. No tengo dinero. Pero te traje esto que está purificado con la caridad.

–    No, Maestro. Déjalo contigo. Yo estoy acostumbrado a no tener nada.

–    Ahora tienes que ir a lugares a donde te enviaré y lo necesitarás. No es mucho pero sabrás emplearlo.

Ahora se dirige al discípulo más joven:

–     Juan, dale aquella alforja.

Y agrega mirando a Isaac: 

–     Es un regalo que está lleno de amor.

Isaac toma la alforja y va a vestirse detrás de un matorral; pues todavía está descalzo y viste su rara toga improvisada con su cobija.

Elías dice:

–     Maestro, tres días después de que te fuiste, estábamos apacentando los animales en Hebrón.

Y la mujer que estaba en la casa de Juan, nos mandó una criada con esta bolsa diciendo que quería hablar con nosotros.

La primera vez la devolví y le dije: ‘No tengo nada que escuchar’.

Luego la sirvienta regresó y dijo: ‘Ven, en el Nombre de Jesús’. Y fui… esperando que no estuviese su… el hombre que la tiene allí.

Quería saber muchas cosas, pero yo hablé con prudencia. Es una prostituta.

Tuve miedo de que fuese una trampa contra Ti. Me preguntó quién Eres; donde vives; qué es lo que haces; si eres un grande de Israel.

Le dije: ‘Es Jesús de Nazareth. Está por todas partes, porque es un maestro y va enseñando por la Palestina’

También dije que eras un hombre pobre y sencillo. Un obrero a quien ha hecho sabio la Sabiduría… no dije más.

Jesús contesta:

–     Hiciste bien.

Y simultáneamente Judas exclama:

–     ¡Has hecho mal! ¿Por qué no le dijiste que Él es el Mesías? ¡Qué es el Rey del Mundo!

¡Hay que aplastar la soberbia romana bajo el poder de Dios!

Elías explica:

–     No me hubiera entendido. Y luego… todo lo que es de Jesús, es santo

¿Cómo puedo saber lo que ella piensa? No quise poner en peligro a Jesús, hablando de más. Que el mal le venga de cualquier otro, pero no de mí.

Judas se vuelve hacia Juan:

–    Juan, vamos a decirle quién es el Maestro. A explicarle cuál es la Verdad santa.

Juan objeta:

–    Yo no. Iré solo que Jesús me lo ordene.

–   ¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Te causa asco?… El Maestro no le tuvo.

–    No es miedo ni asco. Tengo compasión de ella.

Pero pienso que si Jesús hubiera querido; se hubiera detenido a instruirla. No lo hizo. Entonces no es necesario que lo hagamos nosotros.

Elías muestra la bolsa diciendo:

–     Entonces no había señales de conversión. Pero ahora…

Judas la toma y se sienta sobre la hierba.

Closeup of gold jewelery with precious stones

Extiende su manto y abre la bolsa dejando que caiga sobre él, todo su contenido:

Es un montón de anillos, collares, gargantillas, brazaletes, aretes, pulseras, tiaras… adornadas con piedras preciosas.

Oro brillante que cae sobre el amarillo oro del vestido del apóstol.

Judas, exclama admirado:

–     Maestro, ¡Son puras joyas! ¿Qué hacemos con ellas?

Simón aconseja:

–     Se pueden vender.

Judas responde sin esconder su asombro:

–    Sería un desperdicio.

Elías explica:

–    Yo también le dije cuando las recibí: ‘Tu dueño te pegará’ y ella me respondió: ‘No son suyas. Son mías. Y puedo hacer con ellas lo que se me antoje.

Sé que es oro de pecado… Pero se hará bueno, si se emplea con quien es pobre y santo. Para que se acuerde de mí’…

Y se puso a llorar desconsoladamente.

Judas dice:

–    Ve, Maestro.

Jesús contesta rotundo:

–     No.

–    Manda a Simón.

–    No.

–    Entonces voy yo.

–    ¡No!

Los ‘no’ de Jesús, son cortantes e imperiosos.

Elías ve que Jesús está enojado y pregunta preocupado:

–     Maestro, ¿Hice mal en hablar con ella y en haber tomado el oro?

Jesús contesta:

–     No hiciste mal. Pero no hay nada que hacer.

Judas insiste:

–     Pero tal vez esa mujer quiera redimirse y tenga necesidad de ser instruida.

Jesús suspira y se arma de paciencia. Luego dice:

–    Existen en ella tantas chispas para provocar el incendio en que pueda quemarse su vicio y volver a ser un alma otra vez virgen, por el arrepentimiento.

Hace poco os hablé de la levadura que se esparce en la harina y la hace un pan santo. Oíd esta breve parábola:

Esa mujer es harina. Una harina en quién el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno.

Mis palabras y Yo, somos la levadura.

Pero si hay mucho salvado en la harina; piedras, ceniza, arena; ¿Podrá hacerse el pan aunque la levadura sea buena?…

¡No se puede hacer!

Es necesario quitar con paciencia, ese tamo. Las cenizas, las piedritas y la arena.

La misericordia pasa y ofrece ese tamiz. El primero.

El que se compone de verdades breves; pero fundamentales, como son las necesarias para que entienda que está atrapada en la red de la ignorancia completa, del vicio y del gentilismo.

Si el alma lo acepta, empieza la primera purificación. 

La segunda viene con el tamiz del alma misma; que compara su ser con el del Ser que se le ha revelado… Y esto le da horror.

Y aquí empieza su obra.

Por medio de una operación más minuciosa, limpia lo que es harina; pero que aún tiene granitos pesados, para poder obtener un pan óptimo…

Cuando está lista; vuelve otra vez la Misericordia y se introduce en esa harina preparada.

Y también ésta es otra preparación, Judas.  Que la fermenta y la hace pan.

Pero ésta es una operación larga que necesita de la voluntad del alma.

Esa mujer tiene ya en sí, lo mínimo que era justo darle y que puede servirle para terminar su trabajo.

Dejemos que lo haga, si quiere hacerlo. Sin que nada la perturbe.

Cualquier cosa turba a un alma que se elabora: la curiosidad; celo imprudente; las intransigencias; así como las piedades excesivas.

–   ¿Entonces, no vamos?

–   No, Judas. Y para que ninguno tenga tentación, vámonos.

En el bosque aprovecharemos la sombra. Nos detendremos en las márgenes del Valle de Terebinto.

Allí nos separaremos.

Elías volverá a sus pastizales con Leví.

José vendrá conmigo hasta el paso de Jericó.

Después nos volveremos a reunir.

Tú, Isaac; continúa haciendo lo que hacías en Yutta, partiendo de aquí por Arimatea y Lidia, hasta llegar a Docco. Allí nos encontraremos.

Hay que preparar la Judea y tú ya sabes cómo hacerlo

Judas pregunta:

–   ¿Y nosotros?

Jesús contesta:

–    ¿Vosotros? Vendréis conmigo para ver mi preparación. También Yo me preparé para la misión.

–    ¿Fuiste con un rabí?

–    No.

–   ¿Con Juan?

–    De él, sólo recibí el bautismo.

–   ¿Entonces?…

–    Belén ha hablado con las piedras y los corazones.

También allá donde te llevaré Judas… un corazón, el mío. Y también las piedras, hablarán y te darán la respuesta.

Elías trae leche y pan y dice:

–   Tratamos de persuadir a los de Hebrón; pero no creen más que en Juan. Para ellos es su ‘santo’ y no quieren a nadie más.

Jesús dice:

–   Es un pecado común a muchos. Miran al obrero y no al Dueño que lo envió.

¡No importa! El Verbo sufre, pero no guarda rencor… ¡Vámonos!

P ¡NECESITO CIRENEOS!


JULIO 09 2020 11: 20 A.M

LLAMADO URGENTE DE JESÚS EL BUEN PASTOR A SUS OVEJAS REBELDES

Ovejas de mi Grey, mi Paz sea con vosotras

Rebaño mío, todo se está cumpliendo como está escrito, lo que sale de mi boca no regresa a Mí sin haber dado el fruto que espero.

Esta humanidad no ha querido escucharme, se niega a poner en práctica las instrucciones que el Cielo le está enviando a través de sus mensajeros.

Las grandes pruebas están por llegar y de continuar dándome la espalda y no la cara, serán millones de almas las que se van a perder.

¡Humanidad aletargada, despertad de una vez! Mirad la cantidad de signos y señales en el Cielo y en la Tierra, que se os están dando para que despertéis de vuestro letargo y volváis a Dios.

Signos y señales que os llaman a la conversión sincera y que os avisan de la Parusía de vuestro Rey y Salvador.

16. Y dicen a los montes  y las peñas:  «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el Trono y de la cólera del Cordero.
17. Porque ha llegado el Gran Día de su Cólera y ¿Quién podrá sostenerse?» APOC. 6, 16-17

¡Humanidad ingrata y pecadora, no sigáis adormecida por el pecado, porque el tiempo de Justicia Divina no conoce de Misericordia y os va a coger apartada de Dios!

Ovejas de mi Rebaño,

EL JINETE DE LA GUERRA, DE LA DESOLACIÓN Y DE LA MUERTE, SE APROXIMA;

YA COMENZÓ A DERRAMAR SU COPA SOBRE LOS HABITANTES DE LA TIERRA.

La guerra apagará la voz de una tercera parte de la humanidad, su flagelo azotará a todas las naciones.

Rebaño mío, todo ha sido planeado por los grandes Reyes y las Élites, que gobiernan este mundo,

para que el conflicto bélico de estos últimos tiempos se extienda por todas las naciones y diezme gran parte de la población mundial.

La Guerra será aprovechada para esparcir por el aire de las naciones la Muerte Silenciosa.

NINGÚN LUGAR EN LA TIERRA SE LIBRARÁ DEL AZOTE DE LA GUERRA,

LAS CONSPIRACIONES ABUNDARÁN

Y LAS NACIONES ALIADAS AL DRAGÓN ROJO DEL COMUNISMO

Atacarán sin previo aviso ni declaración de guerra a aquellas naciones que le sirven al Gran País del Norte.

El Águila de la gran Nación del Norte, caerá; el Dragón Rojo del comunismo dominará el mundo por un tiempo; su dominio se extenderá hasta el último reinado del Anticristo.

LA HOZ Y EL MARTILLO, SOMETERÁ LAS NACIONES

Y MI REBAÑO CAMINARÁ AL DESTIERRO

¡Ovejas rebeldes!, ¿Qué estáis esperando para volver al redil?

Os estoy haciendo mis últimos llamados; responded con balidos para que pueda escucharos y rescataros,

porque ya me encuentro a la puerta del redil y muy pronto la cerraré, y ya no vais a poder entrar.

Es vuestra vida la que está en juego, acordaos que los lobos andan ya sueltos y buscan devoraros y robaros el alma.

¡Apresuraos, no tardéis, para que no tengáis de qué lamentaros!

Mi Paz os dejo, mi Paz os doy. Arrepentíos y convertíos, porque el Reino de Dios está cerca.

Vuestro Maestro y Pastor, Jesús el Buen Pastor

Dad a conocer mis mensajes de salvación a toda la humanidad, Rebaño mío

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

Julio 09_2020

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, cuando caminé entre los hombres, os dije alguna vez: Si vosotros, viendo las nubes podéis pronosticar el clima que vendrá.

Ahora, usando el Discernimiento, os deberéis dar cuenta también de lo que está por presentarse ante vosotros.

Hijitos Míos,estáis viendo Tribulación alrededor de vosotros:

TRIBULACIONES, GUERRAS, PESTES,

PERO SOBRE TODO, FALTA DE AMOR ENTRE LOS HOMBRES,

APOSTASÍA, MALDAD, ALEJAMIENTO TOTALMENTE DE MIS LEYES Y DE MI AMOR

YA OS HABÍA PROFETIZADO QUE,

EMPEZANDO LOS ACONTECIMIENTOS DE LA TRIBULACIÓN QUE SE OS VIENE,

TODO SE IBA A PRECIPITAR EN ACONTECIMIENTOS PARA LA GRAN PURIFICACIÓN. 

Yo os sigo preparando alrededor del mundo, os sigo buscando, sois Mis hermanos; vine a salvaros, Me di por vosotros, y vosotros seguís distraídos con el mundo.

Satanás os ataca en forma descomunal y el hombre, por falta de Discernimiento, no quiere entender que estos son momentos previos a la Gran Tribulación, en donde algunos perderán la vida eterna y otros difícilmente la alcanzarán.

Y lo digo así, Mis pequeños, porque no estáis preparados para GANAR plenamente el Reino de los Cielos. 

Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos crecer espiritualmente…

Os he dicho que Yo permito estos ataques de Satanás, como los que estáis viviendo, para que de ahí saquéis un bien para vuestra salud espiritual.

PARA VUESTRA CONVERSIÓN

PARA VUESTRO ARREPENTIMIENTO

PARA VOLVER A MÍ

¿De qué os han servido los bienes del mundo? Estáis perdiendo el Reino de los Cielos.

Os habéis llenado de muchas cosas del mundo, os habéis distraído de vuestra misión, que es espiritual.

Estáis sufriendo todos. ¿De qué os sirven los grandes lujos?

¿El desperdicio de los bienes de este mundo, que utilizasteis como una exageración para vuestro bienestar?

La POBREZA, no viene por la disminución de las riquezas, sino por la MULTIPLICACIÓN de los deseos.

Aún podéis comprar el Cielo con los bienes que tenéis del mundo, al compartir de los bienes de este mundo con los más necesitados.

Yo mismo compartía a los pobres de lo que los ricos Me daban.

Son tiempos TODAVÍA de reflexión para que vosotros podáis comprarMe el Cielo, Mis pequeños. 

Dad de lo vuestro con amor a los más necesitados, dad con amor de lo que tengáis para el bien de los pobres,

Y VOSOTROS MISMOS, LOS QUE TENÉIS MUCHO,

ACERCAOS A MÍ PARA EL PERDÓN DE VUESTRAS FALTAS

Mucho se os dio, pero poco habéis compartido.

¿Qué es la AVARICIA? Un continuo vivir en la POBREZA, por temor a ser pobre.

La AVARICIA es una enfermedad del hombre.

Queréis tener más, atesorar más; queréis sobresalir ante los demás por lo que tenéis en bienes materiales y eso no os va a servir para ganar el Cielo. 

El Cielo se gana con amor, con la caridad que mostréis a vuestros hermanos, con el respeto a Mis Mandamientos, a Mis Leyes, así es como os ganáis el Cielo.

Estáis a momentos ya de las grandes tribulaciones. 

Todavía os quedan segundos para que podáis ganar el Cielo, para que lo compréis, dando a vuestros hermanos de lo que tenéis. 

Siempre, como os he dicho, de un mal con que os afecta Satanás, Yo saco un bien. 

Recordad las obras de Misericordia en estos momentos, todos podéis acudir a ellas y hacer méritos para vuestra salvación.

No trates de ACOMODAR las palabras de Dios a tu vida… TIENES QUÉ ACOMODAR TU VIDA a las Palabras de Dios…

Tenéis las Sagradas Escrituras, repasadlas, llevadlas a vuestro corazón,

Y LUEGO ACTUAD SEGÚN ESA SABIDURÍA QUE SE OS HA DADO

Estáis muy alejados de las Verdades que se os han dado, y el Mal se acerca estrepitosamente.

La forma en que os podréis defender de todo ese Mal es con Mi Amor, viviendo en Mi Amor, y así os defenderéis contra la Maldad de Satanás.

No hay otra forma mejor que vivir en Mi Amor, darlo a vuestros hermanos.

Y vivir en agradecimiento pleno hacia todos los cuidados que se os dan para vuestra salvación.

LOS NIVELES DE. HIJO ESPIRITUAL. Dios no está buscando habilidad sino disponibilidad. Tomando como referencia cinco palabras griegas que describen etapas de crecimiento en el desarrollo humano de un hijo en lo natural, estudiaremos el proceso de madurez de un hijo, pero aplicado al ámbito espiritual. Nepio. Paidion. Teknon. Telio. Patter.

Estos son momentos de reflexión para que crezcáis en Mis Verdades, no perdáis ya el tiempo, Mis pequeños.

NO PENSÉIS EN UN FUTURO LEJANO,

NO HAGÁIS PLANES QUE NO VAN A LLEGAR A SER. 

Vivid el presente y tratad de sacar adelante ese presente de la mejor forma, llevando siempre Mi Amor en vuestro corazón.

No os imagináis Mis pequeños, la Gran Tribulación que sufriréis e insisto, NO estáis preparados para lo que se viene.

Tomad Mis Palabras Mis pequeños seriamente, ¡NO ESTÁIS PREPARADOS PARA LO QUE SE VIENE

Necesitáis más Oración, más vida en Penitencia, más acercamiento a Mis Verdades y sobre todo, vivirlas ya entre vosotros. 

“Bienaventurados los que LAVAN SUS VESTIDURAS para tener derecho al Árbol de la Vida y para entrar por las Puertas de la Ciudad” Apoc. 22, 14

Aunque os hayáis apartado por mucho tiempo de Mí, podéis todavía ganar el Reino de los Cielos.

 Recordad la parábola en donde le di un denario al que trabajó todo el día y también al que trabajó por una hora.

Mi Reino es para todos,

PERO DEBÉIS TRABAJAR POR ÉL,

OS LO DEBÉIS GANAR CON VUESTRO ESFUERZO

Y VIVIENDO EN EL AMOR.

Son momentos de actuar según lo que Yo os enseñé.

Repasad esos momentos en las Sagradas Escrituras, hacedMe vivir nuevamente en vosotros, dejadMe vivir en vosotros.

FUISTEIS ENVIADOS A LA TIERRA

A CAMBIAR A ESTE MUNDO DE MALDAD, DE DESAMOR;

POR UN MUNDO EN EL QUE SE PUEDA VIVIR COMO SE VIVE EN EL CIELO.

Os quedan segundos como os dije, TODAVÍA podéis hacer algo por vuestro bien y por el de vuestros hermanos.

Mi Amor os defenderá de la Maldad de Satanás, pero tenéis que poner de vuestra parte, tenéis que olvidaros de vosotros mismos.

Y debéis dejar que Yo vuestro Señor, vuestro Dios, vuestro Redentor, VIVA EN VOSOTROS, para que os lleve a vivir eternamente en el Reino de los Cielos.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Hijitos Míos, Mi Amor y Mi Perdón siempre estarán a vuestra disposición.

Soy vuestro Dios Jesucristo que Me he dado por vosotros.

Viví para vosotros, tuvisteis la Gracia de la Redención, porque así Mi Padre Me lo pidió.

Visión: Veo el momento en que el Cirineo le está ayudando a Dios Nuestro Señor a cargar la Cruz. Veo cómo le pesa mucho también al Cirineo, a pesar de que está sano, fuerte, le pesa mucho.

Mi Señor Jesús queda a un lado de él mientras se está acomodando la Cruz el Cirineo, está muy débil, ¡Muy débil! Y aun así iba cargando esa Cruz tan pesada. Gracias, mi Jesús.

Siguen caminando y me dice:

Voy junto a esta muchedumbre, Me gritan, Me lanzan piedras, Me blasfeman, Me gritan palabras injuriosas y voy soportando todo por vuestra Redención.

Voy viendo a cada una de las personas, las conozco porque viví entre ellas, a varias de ellas curé, a algunas de ellas resucité, les di Palabras de Vida, los alimenté y en esos momentos, parezco ser el enemigo de ellos.

Me tratan como un ladrón, un traidor o un asesino y Yo no Me merezco nada de eso, fui todo lo contrario para ellos:

Los amé, los cuidé, les hice ver las injusticias que obraban los fariseos y los escribas sobre ellos y ahora Me están odiando,

cuando una semana antes, aparentemente, todos Me amaban y Me proclamaban rey.

En esta muchedumbre está representada toda la Humanidad.

Ciertamente hay gente buena en quienes Mi Predicación llegó a su corazón, que aceptaron que Yo era su Mesías.

Otros Me traicionaron, otros actuaban como si no Me conocieran y fuera Yo el enemigo que entraba a su pueblo y les hubiera hecho mucho daño y por eso Me apedreaban.

Entre ellos, entre esa muchedumbre, había maldad y bondad, como la ha habido siempre en la humanidad.

En esos momentos, a pesar de aquellos que Me odiaban, apedreaban, blasfemaban, Oraba Yo por ellos, le pedía a Mi Padre por su salvación. 

En ese momento Yo era el Dios Redentor, no era el Dios de Justicia que vendría después.

En ese momento Mi tarea era levantar al género humano nuevamente hacia la santidad, al haberles llevado Mi Palabra, Mi Ejemplo.

Y haber hecho Milagros que nunca antes nadie había realizado.

Me tuvieron a Mí, vuestro Dios, entre ellos y prefirieron seguir al Mal, seguir a aquellos que Me atacaron, fariseos, escribas, que querían deshacerse de Mí porque los había mostrado ante el mundo.

Mucha maldad de parte de las autoridades de la iglesia, del Templo y ellos mismos NO QUISIERON ver en Mí al Mesías; los expuse ante la muchedumbre y no les gustó.

No quisieron humillarse, conocían Mis Milagros y NO QUISIERON ACEPTARME, prefirieron seguir viviendo en el Mal. 

Pudo ser el gran pueblo que Mi Padre había escogido desde el Principio de los tiempos, era la Promesa del Padre, que serían Su pueblo.

Pero se desviaron, prefirieron el mundo, sus riquezas, que de nada les sirvieron.

DESPRECIARON A DIOS MISMO. Yo, sufriendo ante los hombres.

Cómo quisiera Mis pequeños, que cada uno de vosotros fuera un Cirineo,

Que al menos tomarais la parte que os toca de esa Cruz tan pesada que Yo llevaba y que os arrepintierais de todo corazón de vuestros pecados, por los cuales Yo Me estaba dando para purificaros.

Cómo quisiera que fuerais ese Cirineo para que Me aliviarais de Mis dolores, que taparais Mis oídos para no escuchar lo que Me gritaban.

Cómo quisiera que fuerais ese Cirineo para que Me protegierais de esas piedras, de esa mugre que Me lanzaban, a Mí, el Puro, el Santo, vuestro Dios.

En ese momento Yo llevaba todos los pecados del mundo y de todos los tiempos en Mi interior.

Y exteriormente Me ensuciaban, Me maltrataban, se querían deshacer de Mí a toda costa.

Así es el hombre, estoy siempre junto a vosotros para ayudaros, pero no tomáis de Mí todo aquello que os sirva para vuestra santificación. 

ESTOY JUNTO A VOSOTROS,

ESPERANDO QUE ME AYUDÉIS A CARGAR LA CRUZ

Y QUE DE MÍ RECIBÁIS EL PERDÓN DE VUESTRAS FALTAS

POCOS, MUY POCOS DE LOS QUE ME AMABAN ME SIGUIERON

¡NO ME TRAICIONÉIS, MIS PEQUEÑOS! OS HE DADO TANTO

AcompañadMe, acompañadMe en el trayecto de la Cruz, decidMe cosas bonitas al oído, quitadMe la Sed y el Dolor que tengo

con el arrepentimiento de vuestros pecados y con el bien que le hagáis a vuestros hermanos,

que por lo menos algo de Mi Predicación y de Mis Palabras queden siempre en vuestro corazón.

Yo, vuestro Dios, bajé del Cielo a Enseñar al hombre a vivir como se vive en el Cielo, y a conocer las Verdades que se conocen allá.

Me agrada tanto cuando decís Mi Nombre.

Cuando Me nombráis ante los hombres, en ese momento se abren los Cielos y grandes Bendiciones caen sobre vosotros.

Cuando Mi Nombre es escuchado entre vosotros, con esto Me alagáis mucho, Mis pequeños, porque la humanidad ya no Me busca.

La Humanidad está como esa multitud que solamente quiere ver tortura, quiere ver dolor, quiere ver sangre,

PERO NO QUISIERON VER LO MÁS GRANDE QUE TENÍAN ENTRE ELLOS, QUE ES MI AMOR.

El hombre es cruel. Pocos, muy pocos tienen un corazón que ame, prefieren producir dolor que producir amor.

Todo esto y más llevaba Yo cargando en la cruz y el Cirineo Me ayudaba.

¿Cuántos de vosotros Me podréis ayudar, en estos tiempos, a que Mi Cruz no se haga tan pesada?

¿Cuántos Me ayudaréis a que descanse un poco de tanto dolor, de tanta maldad que se ve en este mundo?

Necesito Cirineos, necesito almas que Me amen, necesito vivir en estos tiempos en el corazón de aquellos que Me quieran reproducir, en los que Yo pueda ser otro Cristo en ellos. 

La humanidad necesita más redención, y eso se dará con vuestra Oración de intercesión, Mis pequeños. 

MUCHAS ALMAS ESTÁN POR PERDERSE,

LOS ACONTECIMIENTOS SE ACERCAN,

VIENEN ACELERADOS LOS TIEMPOS;

EL CORAZÓN DEL HOMBRE SIGUE IMPÁVIDO, INAMOVIBLE, PECADOR,

NO BUSCA EL HOMBRE ESTAR BIEN CONMIGO, VUESTRO REDENTOR.

¿Acaso estáis esperando al Cristo Justiciero, cuando todavía tenéis al Cristo Redentor que os puede dar el perdón de vuestros pecados y llevaros al Reino Eterno?

Todavía tenéis unos cuantos segundos de existencia para que os acerquéis a Mí, a vuestro Dios Redentor. ¡Acercaos! ¡Arrodillaos! ¡PedidMe perdón! 

OS HE DICHO QUE HASTA QUE NO OS ARRODILLÉIS,

¡OH, HUMANIDAD PERVERSA!

TENDRÉIS PAZ, PERO TENÉIS OÍDOS SORDOS

 Vuestra mente vive solamente para el mundo; vuestras riquezas que añoráis, y por las que habéis vivido y que atesorasteis, no os servirán para vuestra salvación. Preocupados estáis por los bienes del mundo y se os está olvidando lo más importante: Que no habéis alimentado a vuestra alma ni la habéis puesto en condición de pureza y santidad,

para que se pueda presentar ante Mí al momento en que se os pida que regreséis al Reino de los Cielos para ser juzgados.

Os falta Sabiduría para ser precavidos por el bien de vuestras almas, no os interesan los bienes espirituales, no habéis buscado el bien mayor, que es vuestra Vida Eterna.

Y cuando os deis cuenta de que ese era vuestro tesoro mayor, vuestra alma y el estado de Gracia en ella, muchos ya no tendréis posibilidad de arrepentimiento y os condenaréis.

¡Cuánta oscuridad hay en vuestra mente! ¡Cuánta maldad hay en vuestra vida! ¡Cuánto error en vuestros actos!

MOMENTOS DE GRANDES DESASTRES SE ACERCAN

San Juan María Vianney el santo cura de Ars

Y NO ENCONTRARÉIS QUIÉN OS PERDONE VUESTROS PECADOS.

CORRERÉIS PARA UN LADO Y PARA OTRO,

LOS CIELOS SE ABRIRÁN,

LAS ESTRELLAS CAERÁN SOBRE LA TIERRA

Y ARRASARÁN NUMEROSOS PUEBLOS,

LAS PRESAS SE ROMPERÁN

Y NUMEROSOS PUEBLOS QUEDARÁN BAJO LAS AGUAS

Os lo había advertido ya, pero no habéis movido un solo dedo, no habéis creído en Mis Palabras, no habéis creído en Mis profecías que se daban para vuestro bien, tendréis que padecer vuestros errores.

Se os dan todavía oportunidades de arrepentimiento, porque os amo, pero no las queréis tomar.

Os tendréis que presentar ante vuestro Dios, Cristo Jesús, como Juez.

¡Y cuánto dolor padeceréis en esos momentos al veros como realmente vuestra alma está: nauseabunda!

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

¡Recapacitad ya, Mis pequeños! Quiero vuestra salvación, Me costó muy cara vuestra Redención,

DadMe cuando menos la alegría de vuestro arrepentimiento, para que Yo vea y viva el agradecimiento de vuestra alma al ser salvada,

al reconocer vuestros pecados y al reconocer en Mí, vuestro Dios Redentor.

Insisto: El Tiempo ha llegado ya a su límite, segundos tenéis para ese arrepentimiento.

¡Aprovechadlo, Mis pequeños, ¡Aprovechadlo!

Yo os Bendigo en el Santo Nombre de Mí Padre, en el de Mí Amor Redentor y en el del Amor de Vida de Mí Santo Espíritu.

http://diospadresemanifiesta.com/

CARISMA DE MILAGROS 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Acaba de suceder el asesinato de San Juan Bautista en Maqueronte.

Ya es de noche cuando Jesús regresa a la casa. Entra sin hacer ruido. Sube la escalera.

En la gran habitación de arriba, están todos. Nadie habla y nadie duerme.

Jesús entra despacio y Tomás es el primero que lo ve.

Pega un brinco y dice:

–     ¡Oh, Maestro!

Todos se acercan y Jesús con voz cansada, como de quién ha sufrido mucho; responde a las condolencias que le muestran:

–      Lo comprendo. Pero solo quien no cree, puede sentirse desolado ante la muerte. Nosotros sabemos y creemos.

Juan no se ha separado de nosotros. Ahora, él está cerca de Mí. ¿Ya cenasteis?

Pedro dice:

–       No, Maestro. Te estábamos esperando. Ya estábamos preocupados por tu retraso.

–      ¡Ea! Preparad la cena, porque luego iremos a otras partes. Tengo necesidad de aislarme entre mis amigos. Y mañana, si nos quedamos aquí, nos veremos rodeados de gente.

–       Yo te juro que no lo soportaría. Y mucho menos a esas almas viperinas de los fariseos. ¡Y sería muy duro que se les escapase una sonrisa en la sinagoga al vernos!

–      Bien Simón. También pensé en esto y por eso vine para llevaros.

Rodeado de los suyos, ofrece y distribuye el parco alimento que comen sin ganas. La cena termina en unos minutos.

Jesús dice para animarlos:

–       Contadme qué habéis hecho.

Pedro comenta:

–      Estuve con Felipe en la campiña de Betsaida. Predicamos el Evangelio y curamos a un niño.

Felipe, que no quiere apropiarse de una gloria que no le pertenece, aclara:

–       Fue Simón quién lo curó.

Pedro agrega:

–      ¡Oh, Señor! No sé cómo lo hice. Rogué mucho con todo el corazón. Sentí mucha compasión por el niño. Lo ungí con el aceite y lo froté con mis manos ásperas… Y se curó.

Cuando ví que el color volvía a su carita y abrió sus ojitos. Que revivía, en una palabra; casi hasta tuve miedo.

Jesús le pone la mano en la cabeza, sin decir nada.

Tomás explica:

–      Juan llamó la atención, porque arrojó a un demonio. Pero a mí me tocó hablar.

Mateo añade:

–     También lo hizo tu hermano Judas Tadeo.

Santiago de Alfeo agrega:

–      Pues también Andrés. 

Recuerden esto, cuando los lleven a misionar con el Coronavirus…

Bartolomé relata:

–      Simón Zelote curó a un leproso. ¡Oh! ¡No tuvo miedo de tocarlo! A mí me dijo después: ‘No tengas miedo.

A nosotros no se nos pega ningún mal físico, por voluntad de Dios.’

Jesús confirma:

–       Dijiste bien, Simón. ¿Y vosotros dos?

Santiago de Zebedeo estaba hablando con los tres pastores, discípulos del Bautista.

Y Judas está solo y con la cara mustia.

Santiago de Zebedeo:

–      ¡Oh! Yo no hice nada. Pero Judas hizo grandes milagros: curó a un ciego, un paralítico y un endemoniado. A mí me pareció que era un lunático. Pero la gente así lo afirmó…

Pedro pregunta:

–      ¿Y por qué estás con esa cara, si Dios te ayudó?

Judas responde con altanería:

–       También sé ser humilde.

Santiago continúa:

–       Hasta fuimos huéspedes de un fariseo. Yo me sentí mal. Pero como Judas tiene mucho tacto, se adaptó y le quitó los humos.

El primer día estaba muy soberbio. Pero luego… Todo cambió… ¿Verdad Judas?

Éste asiente sin decir una palabra.  

Jesús dice:

–        Muy bien. y lo haréis siempre mejor. La próxima semana, estaremos juntos. Simón, ve con Santiago a preparar las barcas.

Pedro objeta:

–      ¿Para todos, Maestro? No cabemos.

–     ¿No puedes conseguir otra?

–      Si se la pido a mi cuñado, sí. Voy a verlo.

–      Ve. No le des muchas explicaciones.

Parten los cuatro pescadores. Los demás bajan a tomar sus alforjas y mantos.

Mannaém es el hermano de leche, de Herodes Antipas. 

Se queda solo Mannaém con Jesús.

Mannaém pregunta:

–      ¿Maestro, vas lejos?

Jesús contesta:

–      Están cansado y afligidos. También Yo. Pensaba ir a Tariquea. Por los campos, para aislarme en medio de la paz…

–      Traigo caballo, Maestro. Si me permites, te seguiré a lo largo del lago. ¿Estarás mucho tiempo fuera?

–      Una semana. No más.

–      Entonces regresaré, Maestro. Bendíceme esta vez que es la primera en que nos despedimos. Quítame un peso del corazón.

–      ¿Cuál Mannaém?

–      El remordimiento de haber abandonado a Juan. Tal vez si hubiera estado…

–      No. Era su hora. Yo sé que él estuvo contento al ver que venías a verme. No tengas este peso.

Más bien trata de librarte pronto del único peso que tienes: el gusto de ser hombre. Hazte espíritu Mannaém. Lo puedes. Tienes la capacidad para hacerlo…

Hasta pronto, Mannaém. Mi Paz sea contigo.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice. Lo levanta y lo besa.

Vuelven a entrar los demás y regresan los pescadores.

–        Está arreglado, Maestro. Podemos irnos.

–        Está bien. despídanse de Mannaém que se queda aquí, hasta mañana por la tarde.

Recoged los alimentos y el agua para el camino y vámonos. No hagáis ruido.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral y se van por la calle solitaria, bañada por la luna.

Se dirigen al lago y suben a las barcas…

Varios días después…

Cuando Jesús pone pie en la ribera del Jordán, cerca de Tariquea.

Mucha gente lo está esperando. Y le vienen al encuentro sus primos, con Simón Zelote.

Éste dice:

–      Maestro, las barcas nos denunciaron… tal vez Mannaém fue también una señal.

Mannaém se excusa:

–      Maestro, partí de noche para que nadie me viera y no hablé con nadie. Créemelo. Cuando me preguntaron que donde estabas, siempre respondí: ‘Ya partió’

Creo que la culpa la tiene un pescador, que dijo que te había dado su barca…

Pedro grita:

–      ¡Ése imbécil de mí cuñado! ¡Y se lo dije que no hablase! ¡Le dije que íbamos a Betsaida y que si hablaba le arrancaba la barba!

¡Y lo voy a hacer! ¡Oh, que si se la arranco! ¿Y ahora? ¡Adiós paz, aislamiento y descanso!…

Jesús declara:

–       Está bien Simón. Nosotros ya tuvimos nuestros días de paz. Además, parte de lo que me proponía lo obtuve:

adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros; para impedir ofensas y choques con los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con esas personas que nos aguardan. Vamos a premiar su Fe y su amor. ¿Y acaso no es este amor, algo que consuela? Sufrimos por el odio. Aquí hay amor y por lo tanto, gozo.

Pedro se calma como un viento que se apacigua en un instante.

Jesús va hacia el grupo de enfermos que lo esperan con el deseo clavado en su rostro. Cura a uno por uno con amor y con mansedumbre. 

Incluyendo al hijo de un escriba que le dice:

–       ¿Lo ves? Huyes. Pero es inútil hacerlo. Odio y amor son sagaces en encontrar. Aquí te encontró el amor, como se dice en el Cántico.

Para muchos, eres ya el Esposo del Cántico. Se acerca uno a Ti como la Sulamita; desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminadaf.

Jesús lo mira con dolor, porque con el Don de leer corazones y que para nosotros SERÁ IMPRESCINDIBLE, en estos tiempos…

Le pregunta:

–      ¿Por qué dices esto? ¿Por qué?

–      Porque es verdad. Venir es peligroso, pues eres odiado. ¿No sabes que Roma te espía y que el Templo te aborrece?

–     ¿Por qué me tientas? Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas. No te curé a tu hijo con trampas…

El escriba, al oír el suave reproche; avergonzado baja la cabeza  y confiesa:

–      Veo que realmente lees en los corazones de los hombres. Perdóname.

Veo que realmente eres santo. Perdóname. Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

–      Y que encontró un  lugar propicio…

–      Así es. Es la verdad. Pero ahora regreso sin este fermento. Esto es, me voy con uno nuevo.

–      Lo sé. Y no te guardo rencor. Muchos son culpables por su voluntad. Otros por la ajena. Diferente será la medida con que Dios los juzgará.

Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes.

Cuando el mundo te presione mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte… Y sé agradecido con Dios.  

Jesús Dios Encarnado se considera humanamente un siervo y esto no debemos olvidarlo, con la euforia que nos produce el vernos a nosotros mismos “milagreando”

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.

¡Mucho CUIDADO con Satanás!

El escriba reafirma:

–      Y contigo. 

Jesús corrige con firmeza:

–      Con Dios. A Él se le dé toda gloria y alabanza. Soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo. El primero en obedecerlo.

Pues el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad. Se envilece sirviendo al pecado.

–       Dices bien. ¿Siempre hablas así? ¿Para todos?

–       Para todos. La verdad es sólo una.

–       Habla entonces. Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya. Y una vez más…  Perdóname.

Era sincero en mis convicciones. Creía servir a Dios combatiéndote.

–       Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios, que no es mentira. Pero tus convicciones no han muerto todavía. Yo te lo digo.

Son como la grama que se quema. Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro. Pero las raíces están vivas.

Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama. ¡Israel es duro para morir!

–      ¿Por qué debe morir Israel? ¿Es una planta mala?

–       Debe morir para resucitar.

–       ¿A una reencarnación espiritual?

–        A una evolución espiritual. No hay reencarnaciones de ninguna clase.

LA MENTIRA QUE IMPIDE LA BÚSQUEDA DE LA SANTIDAD Y ESPOLEA LA IDEA DE LA IMPUNIDAD ANTE EL CASTIGO.

Especialmente los Saduceos…

–      Hay quienes creen en esto.

–      Están en un error.

–      El helenismo nos ha traído también estas creencias. Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento delicadísimo.

–      Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema, a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

–       Es verdad. Pero las cosas son así. Agrada imitar lo que más se odia.

–       Entonces imitadme, pues me odiáis. Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

–        Pero Tú en confianza dime, ¿Qué crees que sea la reencarnación?

–        Un error. Ya te lo dije.

LA FALACIA DE LA REENCARNACIÓN

–      Hay quienes dicen que los vivos nacen de los muertos. Y los muertos de los vivos porque lo que existe no se destruye.

–      Lo que es eterno, en realidad no se destruye. Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

–      No, Maestro. ¡Ni pensarlo!

–      Dijiste bien. ¿Puede entonces imaginarse que Él permitiría que un espíritu se reencarne porque no puede haber otros espíritus?

–      No se debería pensar en esto y con todo, hay quién lo piensa así.

–      Y lo que es peor: En Israel se piensa en ello. El pensamiento en la inmortalidad del alma, debería ser perfecto en un israelita.

El espíritu no trasmigra sino del Creador a la existencia y de ésta, al Creador… Ante quién se presenta después de la vida, para que se le juzgue digno de vida o muerte.

Ésta es la verdad. Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

–       ¿No admites el Purgatorio?

–       Sí. ¿Por qué lo preguntas?

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

–       Porque dijiste: ‘A donde se le envía, allí se queda’ El Purgatorio es temporal.

–       Exactamente. Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento. El Purgatorio es ya vida. Amortecida pero vital…  

Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta. La alcanza sin límites.

Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo. El Paraíso y El Infierno.

Dos categorías: los Bienaventurados y los condenados.

Pero de los tres reinos que ahora existen, ningún espíritu volverá a revestirse de carne; sino hasta que llegue la Resurrección Final

que terminará para siempre con la encarnación de los espíritus en los cuerpos, de lo inmortal en lo mortal.

–       De lo eterno, ¿No?

–       Eterno es Dios. La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin. Y esto es Dios.

La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir. Y esto es el espíritu del hombre. He aquí la diferencia.

–       ¿Y Tú?

–       Yo viviré, porque también Soy Hombre y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

–      Dios es llamado ‘El que vive’.

–      Y así es. No conoce la muerte. Él es vida. Vida inagotable. No vida de Dios, sino Vida. Sólo esto. Son minucias, ¡Oh, escriba!

Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

–      ¿Así hablas  a los gentiles?

–      No así. No entenderían. Les muestro el sol, como lo mostraría a un niño que ha sido ciego y corto de inteligencia. Y que curado milagrosamente, recibe también una gran capacidad intelectual. 

Pero vosotros de Israel no sois ciegos, ni cortos de inteligencia. Hace siglos que el dedo de Dios os abrió los ojos y despejó vuestra mente…

–      Es verdad, Maestro. Y sin embargo somos ciegos y cortos de inteligencia.

–      Os habéis hecho así. No queréis el milagro que os ama.

–      Maestro…

–      Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla.

Jesús lo deja y sigue avanzando. Al pasar cerca de Marziam y del hijo del escriba que juegan con unas piedras de colores, los acaricia.

Horas más tarde los rayos del sol se filtran a través de los árboles, tiñéndolos con el tinte grisáceo del atardecer.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús, que continúa adoctrinando.

–      Maestro, ya es tarde.

–      El lugar es solitario y no hay caseríos o poblados.

–      Dí al pueblo que se vaya a Tariquea o a los poblados, para que compre alimentos y busque alojamiento.

Jesús responde:

–       No es necesario que se vayan. Dadles de comer. Pueden dormir igual que como lo hicieron por esperarme.

–       No quedan sino cinco panes y dos pescados, Maestro. Lo sabes.

–       Traédmelos.

Andrés va a buscar a Marziam que es el que trae la bolsa. Lo encuentra jugando con otros niños.

Y le dice:

–       Ven, Marziam. ¡El Maestro te necesita!

Marziam deja plantados a sus amiguitos y rápido va.

Los otros niños lo siguen y pronto, Jesús se ve rodeado del grupo de pequeñuelos.

Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan y dos gruesos pescados asados.

Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes para los dieciocho que forman la comitiva apostólica. .

Enseguida Jesús ordena:

–      Está bien. Traedme cestos. Diecisiete. Cuantos sois vosotros. Marziam dará comida a los niños…

Jesús mira detenidamente al escriba que no se separa de Él y le pregunta:

–      ¿Quieres también tú dar comida, a los que tienen hambre?

–       Lo querría, pero ni yo mismo la tengo.

–       Dales de la mía. Te lo permito.

–       Pero… ¿Piensas dar de comer a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños con dos pescados y esos cinco panes?

O cinco millones, ¿Quién puede ponerle límites a Dios? Al romper las leyes matemáticas, MULTIPLICAREMOS las veces que sea necesario…

PORQUE EL CORONAVIRUS TRAE UNA ESTELA DE HAMBRUNA…

Jesús confirma:

–       Sin duda. No seas incrédulo. Quién cree, verá realizarse el milagro.

–       ¡Oh! ¡Entonces yo también quiero distribuir la comida!

–       Bien. Haz que te den un canasto.

Regresan los apóstoles con canastos de todos tamaños. Grandes y pequeños.

–       Está bien. Poned todo delante. Haced sentar a la gente en orden, en líneas regulares, lo más que se pueda.

Y mientras hacen esto, Jesús levanta el pan con los pescados encima.

Los ofrece, ora y los bendice.

El escriba no le quita los ojos de encima, ni un instante.

Enseguida Jesús despedaza en dieciocho partes, los cinco panes y  los dos pescados.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

Pone uno de cada cosa en cada cesto.  

Y dice:

–       Tomadla hora y dad cuanto quieran. Id. Marziam, vete a dar a tus compañeritos.

El niño levanta el cesto que le correspondió y se lo lleva a los otros niños.

Y exclama:

–      ¡Oh, qué pesado! –Y camina penosamente como si llevase una carga muy pesada.

Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba; miran dudosos su andar…

Luego toman sus canastos y moviendo la cabeza, se dicen mutuamente:

–       ¡El niño se burla!

–       ¡No pesa más que antes!

Aun así se dirigen todos hacia la gente y empiezan a distribuir.

Dan. Dan. Dan.

Y de vez en cuando se vuelven sorprendidos, siempre avanzando más lejos.

Y miran a Jesús que con los brazos abiertos, apoyado en un árbol, sonríe de su admiración.

La distribución es larga y abundante.

El  único que no muestra sorpresa es Marziam.

Que feliz regresa y dice a Jesús:

–        Dí mucho, mucho, mucho… Porque sé lo que es el hambre.

Jesús le sonríe y lo acaricia.

Y el niño se poya en Él.

Poco a poco regresan todos los apóstoles y los discípulos; mudos por el estupor.

El último, es el escriba que no dice una sola palabra; pero que hace algo que es más elocuente que un discurso:

Se arrodilla y besa la orla del vestido de Jesús…

Que sonriente dice:

–       Tomad vuestra parte y dadme un poco. Comamos la comida de Dios.

Comen pan y pescado.

Cada uno según su apetito.

Entre tanto la gente, que ya está harta; cambia impresiones.

Los que están alrededor de Jesús, se atreven a hablar al ver que Marziam, después de que terminó su pescado, se pone a charlar con sus compañeritos.

LA FE EN ACCIÓN

El escriba pregunta:

–      Maestro, ¿Por qué el niño experimentó al punto el peso y nosotros no? Yo hasta lo registré por dentro y vi que eran los mismos.

Comencé a sentir el peso cuando me dirigí a la multitud. Pero si hubiese pesado lo que di, hubiese sido necesario un par de mulas, para que lo cargasen.

Y hubiese sido necesario no un canasto, sino un carro grande, lleno de comida.

Al principio me mostré parco, pero luego me puse a dar mucho y para no ser injusto, volví a pasar por los primeros

, para darles otra vez; porque a ellos les había dado poco y sin embargo bastó.

Juan dice:

–      También yo experimenté que pesaba mucho el cesto, cuando empecé a caminar. Y al punto di mucho, porque comprendí que era un milagro.

Mannaén por su parte:

–      Yo por el contrario. Me detuve y me senté para echar en el manto el peso y ver…

Y ví panes, panes y más panes. Y muchos pescados…

Entonces me fui a repartir, dando gracias a Dios… ¡Me sentí tan feliz!…

Bartolomé comenta:

–       También yo los conté porque no quería hacer el ridículo. Eran cincuenta pedacitos de pan.

Me dije: ‘Le daré a cincuenta personas’ conté. Pero al llegar a cincuenta, el peso era el mismo.

Miré adentro y todavía había panes y pescados.

Seguí adelante y di a cien más. Pero jamás disminuían y seguí dando, dando y dando…

Recuerden que la LUJURIA MATA LA FE. Y ser castos incluye la masturbación. ¡Pídanle SU PUREZA a Jesús!

Tomás suspira, avergonzado inclina la cabeza y dice:

–      Yo  dije: ‘¿Y para qué sirven?’ ¡Jesús ha querido jugarnos una broma!…

Y los miraba… Y los miraba, oculto detrás de un árbol.

Con la esperanza y desesperanza, de ver que aumentasen…

¡Pero siempre eran los mismos!

Iba a regresar, cuando pasó Mateo diciendo:

–      ¿No has visto qué hermosos son?

Pregunté desconcertado:

–      ¿Qué?…

–      Los panes y los pescados.

–      ¿Estás loco? Yo veo siempre los mismos pedazos…

Mateo sonrió y me dijo:

–      Ve a distribuirlos con Fe y verás…

Eché en el cesto los pedazos y me fui a regañadientes.

Y luego… ¡Perdóname Jesús, porque soy un pecador!

Jesús objeta:

–       No. Eres un hombre con el espíritu del mundo. Y razonas como el mundo…

Judas de Keriot confiesa:

–      Entonces también yo, Señor. Hasta pensé en dar una moneda junto con el pan, diciendo dentro de mí: ‘Comerán en otra parte.’

Esperaba ayudarte para que hicieses un buen papel. Pues… ¿Qué cosa soy yo? ¿Cómo Tomás o peor que Tomás?

Jesús lo mira fijamente y dice serio:

–     Más que Tomás, ‘Tú eres Mundo’… 

–     ¡Pero pensé en hacer una limosna para ser ‘Cielo’! Se trataba de dinero mío, personal…

–     Limosna para ti mismo. Para tu orgullo. Limosna para Dios, el cual no tiene necesidad de ella.

Y la limosna para tu orgullo es culpa; no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Entonces Pedro pregunta a los primos de Jesús:

–       ¡Y ustedes?

Tadeo dice con gravedad:

–       Nos acordamos de Caná…

Y Santiago de Alfeo complementa:

–     Y no dudamos.

El escriba se guarda un mendrugo.

Pedro pregunta:

–      ¿Para qué lo quieres?

–      Para… recuerdo.

–      También yo tengo uno. –dice Pedro. 

Y agrega:

–      Lo meteré en una bolsita que colgaré al cuello de Marziam.

Juan dice:

–      Yo llevaré uno a nuestra mamá.

Los demás dicen apenados:

–      ¿Y nosotros?

–       Nos comimos todo…

Jesús dice:

–      Levantaos. Id nuevamente con los canastos y recoged lo que haya sobrado.

De entre la gente, escoged a los pobres y traedlos aquí.

Despediré a la gente; después de que haya provisto con más a los pobres. Luego nos iremos a las barcas.

Los apóstoles obedecen y regresan con doce canastos llenos de restos sobrantes y una treintena de personas…

LA CIENCIA DE LA MUERTE 1


En el Cenáculo hay unos grandes salones anexos al triclinium principal, que es donde se celebra la Eucaristía y en uno de ellos, están reunidas más de trescientas personas que han sido convocadas por el trabajo apostólico de todos los discípulos de Jesucristo.

Son personas de todas las edades, estratos sociales y razas. De hecho, son personas que sólo podrían accesar al Patio de los Gentiles, en el Templo de Jerusalén.

Mannaém, ungido por el Espíritu Santo y ordenado sacerdote por Pedro de acuerdo a los carismas recibidos, es el maestro elegido por Dios para instruir a los nuevos catecúmenos cristianos.

Muy poco queda del antiguo y regio hermano de Herodes.

Ahora es un maestro cristiano, humilde, amoroso y sencillo; al que escuchan con mucha atención los nuevos catecúmenos cristianos, que anhelan recibir las enseñanzas de su nueva religión.

Mannaém ungido por el Espíritu Santo, habla con poder y convicción:

El Misterio de la Muerte

Dios creó todo, pero la Muerte, no es obra suya. Dios no creó la Muerte. Ha sido generada por los esponsales humanos con Satanás.

Adán la generó, antes de generar a su hijo, cuando débil ante la debilidad de la Mujer pecó seducido por ella, bajo el silbido de la Serpiente y las lágrimas de los ángeles.

Pero la pequeña muerte no es un gran mal, cuando con ella cae como una hoja que ha terminado su ciclo, la carne. Al contrario, es un bien porque nos regresa a nuestro Origen, en donde un Padre nos Espera…

Y así como no ha hecho la muerte de la carne, Dios tampoco ha hecho la muerte del espíritu.

Al contrario, él mandó al Resucitador Eterno, a su Hijo Jesucristo a darnos la Vida, a los que estábamos muertos.

El milagro de Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo, fueron milagros de la pequeña muerte.

De Magdalena, Zaqueo, Dimas, etc. Todos muertos en el espíritu, Jesús hizo vivos en el Señor.

La muerte da gloria a Dios, cuando es aceptada y sufrida con santidad.

La muerte es una voluntad de Dios que se cumple, también aunque el ejecutor de ella, sea un hombre feroz que se ha vuelto árbitro de los destinos de los demás.

Y por su adhesión a Satanás, se convierte en instrumento para atormentar a sus iguales, asesinando a los mismos y siendo maldito por Dios.

La muerte es siempre la extrema obediencia a Dios, que amenazó con la muerte al hombre por su pecado. La muerte del cuerpo, es liberación del espíritu.

Nuestra vida en la Tierra no es más que una gestación para nacer a la Luz, a la Vida.

Muchos miran con horror la fosa sepulcro oscuro, donde el cuerpo que se ama con idolatría, vuelve a la verdad de su origen: Lodo.

Fango del cual se suelta una flama, una luz: EL ALMA.

Qué es lo que hace valioso al cuerpo con el espíritu, que es manifestación de Dios y ante el cual la carne es una nada despreciable.

El hombre cuida mucho de los derechos de la carne que es perecedera y mortal.

Y que solo cuando es tenida como esclava del espíritu y no dueña del espíritu, puede convertirse a su debido tiempo en regia habitante del Reino de los Cielos.

La pequeña muerte es la que nos saca de la tierra y libera nuestro espíritu de la carne.

La gran Muerte es la que mata lo inmortal: el espíritu.

De la primera se resucita. De la segunda NO se resucita en la Eternidad. Se estará para siempre separado de la Vida, porque Dios es nuestra vida.

Los animales obedeciendo la orden de los instintos saben regularse en la comida, en los connubios, en el escogerse las madrigueras.

Y el hombre con sus continuas desobediencias en el orden natural y sobrenatural, muchas veces se da la primera y la segunda muerte;

con abusos en sus placeres y en sus vicios, matando también su carne; al manejarlos como si fueran armas esgrimidas en un loco frenesí de autodestrucción, matando su alma.

Buscan la muerte con los errores de la vida. Y la perdición con las obras de sus manos.

Siempre es justa la hora de la muerte, porque es dada por Dios. Él es el Dueño de la vida y de la muerte.

Y si no son de Él ciertos medios de muerte usados por el hombre por instigación demoníaca;

son siempre de Él, las sentencias de muerte dadas por Él, para quitar a un alma de un tormento terreno demasiado atroz o para impedir mayores culpas a aquella alma.

La muerte es siempre un calvario, grande o pequeño, pero siempre calvario.

Aunque las apariencias indiquen lo contrario. Porque es proporcionada por Dios, a las fuerzas de cada uno de sus hijos.

Fuerzas que Dios aumenta a medida que la muerte que ha destinado para su creatura, es cumplida santamente.

Cuando la hora de la reunión con Dios está más próxima, es más necesario aumentar la Fe, porque en la hora de la muerte Satanás nunca se cansa de perturbar con sus trampas:

Es astuto, feroz, lisonjero y con sonrisas, con cantos, con engaños, aparentes caricias de sus garras, tratando de hipnotizar con silbidos repentinos con los que siempre ha buscado doblegarnos;

aumenta sus operaciones para arrancarnos del Cielo.

Y es precisamente en esta hora cuando debemos abrazarnos de la Cruz, para que las olas del último huracán satánico no nos sumerjan.

Después viene la Paz Eterna. Hay que tener ánimo.

La Cruz es la fuerza en la Hora de la Muerte.

El justo no le teme a la muerte, porque sabe que al obrar el bien tiene la sonrisa de Dios.

Para los impíos la muerte es pavorosa. Tienen miedo. Y más miedo todavía cuando sienten que no han actuado bien o lo han hecho mal del todo.

La boca mentirosa del hombre trata de engañarse a sí mismo, para consolarse y engañar a los demás. ‘Yo he actuado bien’

Pero la conciencia, que está como un espejo de dos caras bajo su rostro y el Rostro de Dios; acusa al hombre de no haber obrado bien y de no obrar para nada bien como lo proclama.

Y es entonces cuando un gran miedo los molesta: el miedo del Juicio de Aquel que todo lo conoce.

Y aquí la gran pregunta: ¿Por qué si se le teme tanto como a Juez, no evitan el tenerlo como tal?

¿Por qué lo rechazan como salvador y no lo aceptan como Padre?

¿Por qué si lo temen, no actúan obedeciendo sus Mandatos y no lo saben escuchar con voz de Padre que guía, hora por hora con mano de amor?

Si al menos lo obedecieran cuando habla con voz de Rey. Sería obediencia menos premiada, porque es menos dulce a su corazón. ¡Pero sería obediencia!

Entonces, ¿Por qué no lo hacen y sin embargo le tienen pavor a la muerte?

La muerte no se evita y son felices los que llegan a ella vestidos de amor, al encuentro de Aquel que los espera.

Temen a la muerte aquellos que no conocen el amor y que no tienen la conciencia tranquila. Éstos, cuando por enfermedad, por edad o por cualquier otro motivo, se sienten amenazados por la muerte; se asustan, se afligen o se rebelan.

Intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas, escapar de ella.

Inútilmente, porque cuando la hora ha sido señalada, ninguna cautela vale para desviar la muerte.

La muerte de los inocentes que mueren sin rencor, es bella como un martirio.

Y como no tienen la mancha del odio, también son víctimas que Dios toma como hostias. Son las flores de hoy, cortadas por el Enemigo de Dios que busca destruir a sus hijos.

Y por el Odio desencadenado con todas sus fuerzas en el fragor del Infierno de la violencia en su máximo esplendor.

No solamente la muerte del pecador es horrible, sino también su vida.

No hay que ilusionarse sobre su aspecto exterior, es un maquillaje. Un barniz para cubrir la verdad.

Porque una hora; solamente una hora de la paz del justo, es incalculablemente más rica en felicidad, que ni la más larga vida de pecado.

Las apariencias indican lo contrario.

Y así como a los ojos del mundo no aparecen la riqueza y la alegría de los santos; así también se esconde el abismo de inquietud y de insatisfacción que hay en el corazón del injusto.

Y del que como cráter de un volcán en erupción vomita vapores acres, corrosivos y venenosos; que intoxican  a los desventurados, cada vez más.

Tratan de sofocar la inquietud buscando darse todas las satisfacciones que apetecen en su ánimo extraviado y por lo mismo satisfacciones de maldad, porque están fermentados en ella. 

Los pecadores obstinados e impenitentes, llegan a la perfección del mal y su muerte es un horror que los hace estallar en la otra vida, porque los sumerge en un horror mucho más grande.

LA GRAN MUERTE.

El alma tiene derecho a la Vida Verdadera.

El alma muere cuando se la mantiene separada de Dios. Hay que nutrirla lo más posible con la Palabra de Dios.

Y solo así saturados de Él, todos los días tendremos vitalidad espiritual, para vencer todas las asechanzas y todas las tentaciones.

La muerte del espíritu se puede constatar a la medida que se pierde la noción del Bien y del Mal.

El alma que se ha sumergido en la impenitencia final, es incapaz de sentir ni siquiera remordimientos y se vuelve insensible al daño causado al prójimo.

La falta de remordimiento es la señal de su decadencia espiritual.

El espíritu está muerto cuando no se tiene la gracia vivificante del Espíritu Santo.

Un espíritu muerto, comunica su muerte al alma y de la misma manera que un espíritu vivo, trasmite su vida al alma.

Como la sangre trasmite la vida al cuerpo, así el espíritu proporciona la vida al alma.

¡Hay que vivir! Sólo entonces la muerte no será un fin, sino un principio. Un principio de alegría sin medida.

El espíritu es el señor de nuestro ser y cuando está muerto es un esclavo.

Y ésta será la culpa de la que responderemos.

El hecho de que el hombre lo atropelle y lo mate, no le cambia su característica de señor de nuestro ser.

EL QUE DEJA QUE EL ENEMIGO MATE SU ESPÍRITU

SE CONVIERTE EN CÓMPLICE DEL DELITO DE DEICIDIO.

Porque a los ojos de Dios, el espíritu es la parte selecta que Él Mismo dio al hombre y permite a Dios convertirnos en Templos Vivos e hijos suyos.

El espíritu es el que volverá a animar la carne, en la hora del Último Juicio.

Resurrección gloriosa del espíritu vivo o tremenda realidad, para merecer la Segunda Muerte.

Con el pecado, somos muertos espirituales, cargando un espíritu agonizante…

Dios no quiere moradas hechas por mano de hombre.

Él quiere los templos que Él hizo con sus propias Manos.

Templos de sangre y de alma.

Templos que la Sangre de Jesús ha revestido de Púrpura Inmortal, Purificando sus preciosos altares.

ESTO ES LO QUE ÉL QUIERE, PARA RECONCILIARSE CON EL HOMBRE.

Las tentaciones son inevitables, pero ellas por sí solas no hacen daño. Son malas cuando cedemos a ellas.

Nunca serán más fuertes que nosotros, porque el Padre siempre da fuerzas superiores a quién quiere permanecer en el Bién.

El Mal está, cuando deseamos ceder al mal y es entonces cuando nosotros mismos saboteamos las fuerzas de Dios con una voluntad perversa, al abandonarnos al beso de la Tentación.

Cuando procedemos así, sometemos al alma a un trance de muerte y de un alma enferma o moribunda, salen aquellos sentimientos que causan asombro.

Y no debería.

En un cuerpo corrupto están los hedores de la muerte y en las almas corruptas, están las manifestaciones de Pecado.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Por eso hay que ser cristianos verdaderos y no de nombre o de palabra.

El signo de la Cruz debe ser grabado en las fibras vivas de nuestro corazón, no sobre frontones vacíos.

Hay que abrir el corazón al Amor.

Para el cristiano, la muerte ha sido destruida con la Muerte de Jesús.

Nuestras culpas han sido anuladas con su Sangre. En anticipo Él nos ha rescatado.

Y el espíritu que es impulsado por el Espíritu Santo, debe dar obediencia y agradecimiento a Dios por los dones del Espíritu Santo que auxilian al espíritu vivo en el que Él habita.

Y nos convierte en verdaderos hijos de Dios. Y por eso hay que imitar en todo a Cristo.

¿Hay sufrimiento? Hay que reflexionar en quién nos hace sufrir. Veremos que es el hombre.

Siempre está el nombre de un hombre (o una mujer) detrás de la causa de nuestro sufrimiento y solo Dios puede aliviarlo.

¿Nos sentimos débiles en el espíritu y mortificados por nuestras caídas?

EXAMINÉMONOS BIÉN. 

Tropezar no es malo, encariñarse con la piedra, SÍ.

¿Somos nosotros los que pusimos los medios y no huimos de nuestros tentadores?

En nuestra alma la culpa ha sido lavada por el Bautismo, pero han quedado los fomes.

Por eso debemos rechazar totalmente las tentaciones y buscar siempre la semejanza y la perfección, tal como lo ordenó el Mandato de Jesús.

Quién espontánea y premeditadamente mata su alma, termina casi siempre por matar también su cuerpo.

Violento contra su alma, se vuelve violento contra su carne.

Y la mata con sus vicios y termina suicidándose como Judas.

Quién sin premeditación mata su alma con el pecado mortal, pero poseyendo voluntad de vida, arrepentido busca regeneración y confía en la Misericordia,

No solo devolverá la vida a su espíritu, sino por la humillación de la caída, disminuirá en soberbia y crecerá en su amor por Dios.

LA CONVERSIÓN ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

N259 TESTIMONIO SACERDOTAL


Joel 3 – Biblia de Jerusalen

Juicio de Jehová sobre las naciones

1. «Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones.

2. Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

3. Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego, columnas de humo».

4. El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, ante la venida del Día de Yahveh, grande y terrible.

5. Y sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahveh será salvo, porque = en el monte Sión = y en Jerusalén = habrá supervivencia =, como ha dicho Yahveh, y entre los supervivientes estarán los que llame Yahveh.El Sueño del Infierno

Después de los sueños que tuviera la semana pasada y que fueron mas o menos contados en estas páginas, no tenía dudas de que el ángel se me apareciera nuevamente, para llevarme al Infierno.

Los dos primeros paseos que el me dio, me alegraron bastante, sobre todo el del Cielo.

Pero habiendo recibido la promesa de llevarme al Infierno, no tuve más tranquilidad.

Porque yo debía visitar el lugar de los reprobados en la condenación eterna, para examinar de cerca los horrores sufridos por las almas condenadas, por causa de sus pecados cometidos en la Tierra.

Conociendo esto, hacia muchas noches que dormía sobresaltado.

Y pensaba:

“¿Mi Dios será que el sueño sucederá?”

Y rezaba, rezaba mucho, pidiéndole a Dios que me dispensara de ver el sufrimiento de las almas del Infierno.

Y algunos días pasaron.

Pero cuando fui esta noche, soñé al final…

Soñé que el mismo ángel, de fisonomía alegre y tan divina, que me había llevado al Cielo y antes al Purgatorio.

Se presentó delante de mí, con semblante cargado y austero.

Pregunté:

–      ¿Por qué estas tan serio?

Me contestó:

–       El Infierno es tan horrible que los mismos ángeles de Dios se transforman cuando tienen que ir a el, en el cumplimiento de alguna misión. Yo mismo no deseaba mostrárselo a nadie, pero esta es la tercera vez que tengo el encargo de hacerlo.Pensé para mí mismo:

“Pues ¡Si este ángel quien mora en el Cielo y lo puede todo, no desea ir al Infierno, cuánto mas yo!”

Y me recuerdo que en el sueño, me arrodillaba en el suelo y le decía al ángel que yo tampoco quería ir; pero si esa era la voluntad de Dios, estaba listo.

Le pedí que me ayudara a no estar impresionado con lo que tuviese que ver allá.

El me respondió que Dios quería que yo observara los horrores de la condenación eterna, por causa de mi misión de Sacerdote, a fin de que pudiese predicar mejor contra el pecado.

Y diciéndome estas palabras, me sujetó por la cintura y de repente nos encontramos en el espacio, volando por entre nubes pesadas y amenazadoras.

–    ¡Tengo miedo! – exclamé.

Y me abracé con mi Protector, cuya fisonomía cada vez me abatía más.

Noté entonces que, al contrario de otras veces, íbamos descendiendo.

Y aquella sensación desagradable de que iba a suceder una gran caída, me asustaba en cada momento.

Pensaba de instante en instante, que algún obstáculo se presentara delante de nosotros y mi corazón estaba tan pequeño, como si fuera a dejar de bombear.Esto se acentuaba más cuando entramos en una nube espesa, oscura, aterradora.

Tenía la impresión horrible de que algo extraordinario estaba a punto de suceder y comencé a llorar.

El ángel me abrazó con cariño y me dice:

–     No temas nada. Estas con mi asistencia y tengo poderes de Dios para protegerte.

Y queriendo distraerme un poco, añadió:

–     ¡Mira para arriba!

Fue entonces que, por primera vez observé la Tierra distanciándose de nosotros.

Perdida en el espacio, girando vertiginosamente y en la proporción que descendíamos, ella se volvía cada vez menor.

Un viento caliente como si fuera de un horno comenzó a soplar.

Tenía los labios resecos, los ojos hinchados y las orejas prendidas en fuego.

Pensé: ¿Mi Dios, qué será de mí?

El ángel no hablaba. Estaba serio y preocupado, continuaba sujetándome por la cintura.

Aquel su brazo era el único alivio que experimentaba en aquellas circunstancias.

Y la certeza de que habría de protegerme, me daba aliento para continuar aquel misterioso viaje.

Pero en instantes escuché una voz que me parecía tan sobrecogedora, tan cavernosa, como si fuese de asombro:

–     ¡Estamos llegando!

Era el ángel anunciando que estábamos próximos a la gran Puerta del Infierno.

Le pregunté:

–     ¿Por qué tu voz suena tan diferente?

Él respondió:

–     Es pura impresión. El Infierno es así, las cosas son siempre muy pavorosas…

Y aquella voz, antes tan suave y delicada, ahora parecía un sollozo del infinito.

¡Allí está la grande y amplia puerta del Infierno!

El ángel me apuntó para abajo, donde podía ver una enorme ráfaga de humo negra, dejando trasparecer por las rendijas de las puertas, un fuego aterrador que parecía consumir todo lo de adentro.

Pregunté:

–     ¿Será que el fuego está destruyendo el Infierno?

El ángel respondió:

–     ¡No!  El Fuego del Infierno es eterno y no se acaba nunca. Ni tampoco consume las almas que moran allí. ¡Ellas son quemadas, mas no destruidas!

Nos aproximábamos cada vez más a la Puerta Grande.

Ahora disminuía la velocidad de nuestro descender y podíamos ver claramente por las pasaduras de la puerta, el fuego caliente y voraz de infelicidad eterna.

Llegamos.

El ángel dice:

–     Aquí, todo es fácil.  Entra sin ninguna complicación, acaba de hacer la señal. Además, no precisa, que ya están ahí en la sala de espera. Piensan que somos condenados.

Miré para un lado y me encontré con más de un centenar de demonios. Espectáculo horrible, que no quería describir.Eran como grandes hombres, con colas y cuernos, trayendo en las manos unos grandes rastrillos tan calientes como si fueran de hierro incandescente.

Cuando abrían la boca, dejaban salir llamas de fuego por entre los dientes y los ojos estaban abiertos de par en par, casi fuera de la órbita.

Sus brazos se extendieron y las manos parecían abordar la celebración de la terrible arma.

Agarré fuertemente a mi compañero, sintiendo la calentura de una de aquellas feas bocas abiertas junto a mi rostro, cuando una risa infernal, histérica como de un loco, se hizo oír por las quebradas del Infierno.

Parecía un trueno retumbando por la eternidad.

Pregunté asustadísimo:

–     ¿Qué es eso?

El ángel respondió:

–     Es la señal que ellos dan cuando llegan almas para su reino. Esta risa horrible es de satisfacción que ellos sienten en su triunfo pasajero en contra de Dios.

Cuando así me explicaba, el ángel puso su espada de oro y apuntó para los demonios aglomerados delante de nosotros, exclamando:

–     Vine de parte de Dios, váyanse enseguida.

Al escuchar el nombre de Dios, los diablos se habían ido, con gran alboroto y relinchando de rebelión, dejando cada uno tras otro, un rastro de fuego, dando rugidos que agitan las puertas de la entrada infernal.

Entonces el ángel me dijo:

–     Ahora estamos solos. Nadie nos molestará. Lee aquella inscripción.Obedeciendo la indicación de mi protector, levanté los ojos para lo alto de la Puerta del Infierno y leí estas palabras:

“¡Ustedes que entran aquí, dejen afuera todas sus esperanzas porque nunca mas saldrán de aquí!”

Esta leyenda está escrita en letras de fuego y solo pensar en el destino de los condenados al Fuego Eterno, me estremecí de horror.

El ángel me invitö:

–     ¿Vamos a entrar?

Cuando miramos para la puerta, vimos que estaba completamente descascarada.

Adentro ya, un cuadro horrible se me presentó ante mis ojos.

Eran unas almas envueltas en grandes hogueras, cuyas llamas devoraban amenazadoramente las paredes tétricas de la cárcel de Infierno.

Me fui aproximando lentamente completamente asombrado, a aquellos infelices que proferían y rugían como fieras embravecidas.Delante de mi espanto me dice el ángel:

–     Eso aquí no es nada. Estamos en el primer grado de condenación eterna.

Y marchando mas rápidamente exclamó:

–    Ven conmigo.

Atravesamos un mar de fuego, donde los demonios histéricos daban risas de locos, abriendo aquellas enormes bocas cerca de mi cara, dejándome temblando de pavor.

Un aliento caliente salía de sus entrañas, viniendo a borbotones una fumarola fétida, congestiónando más todavía a los infelices.

El ángel me mostró un departamento de los que estaban todavía esperando el grado de condenación, que Lucifer el Jefe del Infierno les daría dentro de pocos días.

Ví en estas almas una fisonomía pavorosa de sufrimiento. Ímpetu de revuelta y una constante proliferación de improperios salían de sus bocas ardientes.

Allí se escuchaba llanto y más adelante, el desespero que oímos de rencor.Millares de demonios robustos, armados con rastrillos, empujaban a estas almas para el interior de un oscuro agujero, donde solo había llanto y rechinar de dientes.

Cerré los ojos para no presenciar más aquel doloroso espectáculo y fui amparado por mi amigo que se aproximó a mí.

Me confortó:

–     Dios quiso que vieras estas escenas, pero nada sufrirás.

Exclamé:

–     ¡Pero yo no soporto eso!

Y salimos los dos para un lugar mas calmado.

Y me dijo:

–      Quiero mostrarte diversos castigos impuestos a las almas de acuerdo con la calidad de los pecados de cada criatura.

En este momento pasaron dos demonios terribles dando risas que parecían retumbos de fuertes truenos.

Pregunté:

–      ¿De dónde vienen ellos?

–       Vienen de la Tierra. Fueron a buscar un moribundo que acaba de morir. No quiso confesarse y murió en pecado.

Y apuntándome para la infeliz criatura dice:

–       ¡Mira quien es él!

Cuando miré, me encontré con uno de mis amigos, que realmente estaba enfermo en la Tierra.

Cuando me vio, abrió los ojos, rechinó sus dientes y se contorsionó convulsivamente, revolcándose en el suelo caliente del Infierno, dejándome temblando de agonía y miedo.

Quedé impresionado con la muerte y la condenación de mi amigo.

Si yo estuviese en la Tierra, habría conseguido confesarlo.

¡Imposible! dice el ángel. – Rechazó la gracia de Dios y fue despreciado a sus propios destinos.

Llegamos finalmente, a un lugar descampado, donde el ángel me mostró varias especies de sufrimientos.

En nuestro pasaje, rostros contorcidos por la amargura de dolor parecían querer devorarnos con sus ojos.

Los brazos descarnados por el fuego se extendían hacia nuestra dirección.

Cómo pedir socorro que no podíamos dar.

Comencé a sentirme mal en aquel ambiente de sufrimiento y abracé al ángel, llorando convulsivamente.

–     ¿Tienes miedo?

–      Tengo, sí. Sobretodo pena por estas almas. Pienso en por qué fue que se condenaron. ¿De quién sería la culpa? ¿De ellas propias?

–      ¡En tu pregunta, leo tu pensamiento…se lo que quieres decir!

–      Si querido ángel. Pienso en la gran responsabilidad de los Sacerdotes. ¿Muchos se pierden por nuestra negligencia, no es verdad?

–      Realmente, pues no.

–      En el Cielo, no me quisiste mostrar el lugar de gloria de los padres. ¿Será que vas a mostrarme aquí su condenación?

–      Fue una orden que recibí de Dios. Mostrarte el lugar donde están las almas de los padres que no se salvaron.

A medida que marchábamos, el espectáculo de horror iba creciendo.

Apocalipsis 21, 8: “… los impíos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre y allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos…” 

El ángel me dice:

–       Recuerda que este sufrimiento aquí es eterno.

En el Purgatorio todavía hay esperanza de salvación. Pero aquí, todo termina con la entrada del condenado a esta ciudad maldita.

Y volteándose rápidamente para mí, añadió:

–        ¿Pero, sabes cuál es el mayor sufrimiento en el Infierno? Es la ausencia de Dios.

El saber que existe una felicidad suprema, un lugar de tranquilidad donde todos nuestros deseos son satisfechos.

Un lugar de gloria, donde no hay dolores ni lamentos, para el cual fueron todos creados, sin poder, nunca más, salir de aquí.

Y lo peor todavía es que las almas condenadas saben perfectamente que están aquí por libre y espontánea voluntad. ¡Dejar al Cielo por este sufrimiento eterno!     

–       Así pues, ¿La ausencia de Dios es todavía peor que eso?

–      Y sí. Este sufrimiento es impuesto por el propio pecado.  Recuerda, por lo tanto, que el hombre fue hecho para Dios, pues Dios es su último fin. ¡Y no tienen a Dios!  Siempre tendrán ese eterno deseo, esa eterna insatisfacción.

Íbamos caminando.

El ángel me mostró una gran cantidad de espinas.

Me explicó:

–     Son almas. Es una especie de sufrimiento. ¿Quieres ver?

Y aproximándonos a retorcidos cuernos en el suelo, uno de los capturados se partió el cuerno por el medio…

Dios mío, ¿Qué ví?

La sangre corriendo de aquel cuerno partido, gotereando en el piso, una sangre caliente, oscura, gruesa,

y luego un gemido lastimoso y profundo parecía salir de aquellos cuernos recubiertos de espinas, moviéndose, misteriosamente en el suelo. Este sufrimiento está reservado para las personas que en vida, pecaban humillando y despreciando al prójimo, dice el ángel.

Y continuó su presentación, al mismo tiempo que explicaba los respectivos sufrimientos.

–      ¿Ves este mar de lodo?

–      Lo veo, sí.

–      Son almas transformadas en lodo… Aquí en el Infierno es así que el pecado de las bajezas, de las hipocresías, de las traiciones, es castigado.

Ví enseguida un enorme tanque, conteniendo una gran cantidad de plomo derretido.

El ángel exclamó:

–      ¡Son las almas de los ambiciosos!

Más adelante, aquel depósito de oro gigante incandescente:

–     Las almas de los ricos y avaros son castigadas aquí, siendo transformadas en oro derretido.

Ahora, vamos atravesando un río de sangre.

–      ¡Son almas de los asesinos!

Hasta que llegamos a un lugar exquisito, donde el ángel paró, ¡Diciéndome que yo iba a ver lo que jamás pensaba ver!

Es un lugar de misterio dice el ángel.

–     ¿Qué misterio?

–      Un lugar misterioso, diferente a los otros, donde están las almas predilectas de Satanás…

–      ¿Las almas predilectas de Satanás? ¿Quiénes son ellas?

–     Predilectas de Satanás y de Dios también…

Yo estaba jadeante, con una respiración de desespero, sin saber de que se trataba.

En cuanto el ángel seguía su explicación.

–      Estas almas son escogidas por Dios para un lugar destacado en el Cielo.  Pero Satanás con envidia, las desea más que a otras y manda legiones de demonios por toda la Tierra, para buscarlas.

Ellos tienen orden de Lucifer de emplear todos los medios para que se pierdan.

–      Pues, ¿Por qué no me dices quienes son esas almas?

–      Porque las vas a ver dentro de poco.

Y apuntándome para unas nubes de fuego, me mostró algunos demonios que viven en agonías horribles, acompañados por las vociferaciones proferidas de una alma que no podía saber quien era.

Pregunté:

–     ¿Qué alma es esta?

¡Pobre alma! Exclamó el ángel.

–      Alma querida de Dios, hecha por Dios para salvar al mundo, para dar santos al mundo… Y ahora, aquí se quedará eternamente sin poder gozar de la gran recompensa que Dios le había reservado.

–      Querido ángel dime, ¿De quién se trata?

–     Su lugar estará vacío por siempre en el Cielo. Jamás será ocupado por otra alma.

Y los demonios pasaron por nosotros, dejándonos envueltos en una nube de fuego que los cercaba con su preciosa presa.

–     Ahora vas a saber de quién es esta alma. Ellos van a abrir la cárcel de esta infeliz criatura. ¡Ella estará junto a otras compañeras de eterno infortunio! ¿Ves? Están abriendo la puerta.

Mis ojos estaban pegados a la gran puerta, delante de nosotros.

Mi corazón pulsaba tan fuerte, que no podía permanecer de pie. Mis piernas temblaban, estaba lleno de gran pánico hasta que sentí desvanecer mis fuerzas.

Le aseguré al ángel diciendo:

–     Me voy a desmayar…   ¡No! – dice el ángel.

–      ¡El poder de Dios te dará la fuerza porque todavía veras otra cosa peor!

Y caído en el piso caliente del Infierno, a los pies de mi protector, fui siguiendo los movimientos de los demonios, abriendo aquella cárcel de misterio.

Un estruendo horroroso sacudió toda aquella sala inmensa, hasta el final de sus puertas descascaradas.

En este momento, levantándome por el brazo, me dice el ángel:

–      ¡Mira las almas que están adentro!

¡Las miré! ¡Mi Dios, que aflicción! ¡Qué dolor tan profundo tenía todo mi ser. ¡No puedo creer lo que veo!

Y mirando fijamente aquellos animales horribles, aquellas bestias horrorosas, en contorciones y espasmos horripilantes, exclamó el ángel:

–     ¡Ahí están ellas! Son las almas de todas las madres que se condenaron.Las almas predilectas de Dios, las almas queridas de Dios, aquellas por quienes Dios tenía más predilección.

Ellas, las almas de las infelices madres que no supieron ser madres, que despreciaron el gran privilegio de la maternidad…

Que descuidaron a sus hijos, dejando que muchos se perdieran por causa de su negligencia.

Yo miraba, atónito, aquel espectáculo tenebroso, en el que asquerosos demonios, amenazadores como perros furiosos;

se arrojaban sobre aquellas almas transformadas en insectos, como para querer devorarlas, espetando las puntas de sus rastrillos incandescentes.

¡Pobres madres! Pensé. Es así que ellas, las descuidadas, son condenadas por el Descuido en que vivieron.Las madres, las que fueron elevadas a la misma dignidad de Nuestra Señora, más no quisieron escuchar la Voz de Dios que las llamó para desempeñar tan alta misión.

Mientras yo estaba tan absorto en mis pensamientos, ví a otro grupo de demonios que arrastraban otra madre que entró en la condenación eterna.

Fue entonces que levantando los ojos pude leer en el techo de esa horrible prisión, las siguientes palabras, como un macabro homenaje a las madres que estaban allí:

“¡Estas son nuestras colaboradoras, en la gran obra de Perdición del Mundo!”

Viéndome leer esta inscripción, interrumpió el ángel:

–      Sí, porque si todas las madres fuesen santas, piadosas y educaran cristianamente a sus hijos, el mundo no sería tan malo.

No habría juventud pervertida, ni la juventud de hoy en día se vería amenazada constante a la subversión del orden.

Le pregunté:

–     ¿Esto significa que la santidad del mundo se debe, exclusivamente, a las madres?

–      Exclusivamente, no.- respondió el ángel.

Y haciendo hincapié en las palabras, añadió:

–     Casi exclusivamente. Digo esto porque hay otra clase de personas a las que Dios confió la salvación de las almas y la santidad de la vida.

Le pregunté:

–     ¿Los sacerdotes?

–     Sí, Dios les confió la salvación del Mundo a las madres y a los sacerdotes.

–     Por lo tanto, le reservó los mejores lugares en el Cielo, así como Lucifer les reserva el mayor sufrimiento en el Infierno.

Y entonces hace una pregunta que constituye un verdadero reto para mí:

–     ¿Quieres ver dónde están las almas de los sacerdotes que no se salvan? ¿Tienes valor?

En ese momento, estaba mudo del terror. Me embargó una extraña angustia y sentí una fuerte sensación de que iba a caer en un Abismo.

Y exclamé:

–     ¡Si esta es la voluntad de Dios, deseo ver a mis hermanos en el sacerdocio!

El ángel replicó:

–     ¡Por lo tanto, debemos salir de aquí. Las madres y los padres están en el mismo pie de igualdad de sufrimiento en la condenación eterna. ¡Ves que la puerta que se está abriendo!

Entonces oí el crujido de las bisagras que giraban en sí mismas, mientras que dos bandas de las puertas se abrían para el paso a otro sacerdote que estaba llegando al Infierno.

Un cuadro impresionante que ví en este sueño, lo daría todo para terminar lo antes posible.

A través de muchos cuerpos sin cabeza, sin piernas, sólo el tronco; pasando de unos invisibles brazos extendidos, por algo que no estaba allí.

¡Es el deseo de Dios! – dijo el ángel.

Y agregó:

–       No tienen piernas, porque ellas le fueron dadas para que caminasen por el mundo, en la faena gloriosa de la predicación del Evangelio a todos los pueblos.

Como utilizaron su caminar al servicio del Mal, aquí tienen que moverse sin piernas.

Y no tienen cabeza, porque Dios les dio ojos, oídos, boca, nariz, cerebro y el pensamiento para ser aplicados en la conquista de las almas al servicio de la regeneración del Mundo y la restauración del Reino de Cristo.

A través de la palabra y de pensamiento, los sacerdotes deberían santificar a toda la Humanidad.

Como no hicieron la voluntad de Dios, a pesar de ser llamados por Él a la noble misión, en el Infierno son castigados por separado:Los cuerpos de un lado, como acabamos de ver y la cabeza de otro, las piernas juntas. Cosa monstruosa. ¿Quieres ver?

Y el ángel me llevó a un lugar oscuro donde el humo tenía un aborrecido olor de carne humana quemada.

Estábamos caminando. De repente, se reunieron horribles monstruos.

Eran cabezas en las que se veían ojos brotados y bocas desmedidamente abiertas, queriendo pronunciar palabras que no salían.

Inmediatamente, en relación con estas cabezas, dos piernas que se movían, sin abandonar el lugar.

Y los demonios que se divertían con la posición de aquellos monstruos lisiados envueltos en llamaradas de fuego que devora, quema.

Mientras que grujidos de animales amordazados se escuchaban en aquella sala fétida y congestionada.

Era el lugar más caliente que encontramos en el Infierno.

El ángel dice:

–     Y pensar que estas almas son hermanas en Cristo, son otros Cristos.

Y pensar que en el Cielo,

LAS ALMAS DE LOS SACERDOTES SON MÁS VENERADAS

QUE A LA VIRGEN, LA MADRE DE DIOSY pensar que en el Cielo, los sacerdotes de Dios, viven juntos, disfrutando de su propia gloria,

Porque a ellos se les encomendó la continuación de la Gran Obra de Redención de la Humanidad.

¡Aquí están ellos, los Sacerdotes que se condenaron…!

De repente, un monstruoso demonio cerca de mí, tocó una trompeta.

El Ángel observó:

–       Vamos a ver qué va a decir Lucifer.  Debe ser una orden la que va a dar.

Escuché el sonido estridente de la trompeta, que resuena en todo el Infierno y miles de demonios allí se presentaron, en unos instantes,

Y como predijo mi protector, oímos que el Diablo Jefe de aquel bando, dar las siguientes instrucciones:

“Hay un niño de doce años, que será santo, si continúa en el camino que va. Y sus oraciones serán catastróficas para nosotros. Tenemos que usar la potencia máxima que impulsa todos los demonios de las Huestes Infernales que hay en la Tierra.

No podemos permitir más este tipo de victoria… (Y aunque aquel demonio no pronunció el nombre de Dios, pero todos entendieron. Y con un rugido aterrador que rodó por el espacio sin fin del Infierno).

Satanás agregó:

–      ¡Tenemos que conquistar el alma para nosotros,  para nuestro Fuego! (Esta vez, se oyó una risa frenética, lo que refleja la satisfacción infernal de aquellos demonios).

Satanás continuó:

–      Nuestro trabajo, será hacer que aquel niño compre muchas revistas maliciosas, SE AFICIONE A LOS VIDEO JUEGOS, vaya a todas las películas en los cines, se interese en todas las novelas de televisión, en todos los programas de tv, haga amistades con elementos que ya son de nosotros.

Debe desobedecer a menudo a su madre, huyendo de la casa y camine por las calles de su localidad, aprendiendo lo que todavía no conoce.

Tenemos que hacer también un servicio junto a su madre que es muy piadosa. Ella deberá asistir a las fiestas a fin de dejar al niño más a su voluntad.

Debemos emplear todos los medios para asegurar que este chico se pierda, porque está escrito que va a morir pronto a causa de una operación que se va a someter, dentro de unos días. (Nueva risa histérica se oyó en todo el Infierno.)

Ese chico deberá perderse dice el diablo, ésta será nuestra más importante conquista.

Ordeno, en el nombre de Lucifer, que salgan todos ustedes (y eran miles los que estaban allí) a la Tierra inmediatamente.

Cuando exista en la calle, un niño de nuestro rebaño, procuren hacerlo amigo del que queremos para nosotros, utilizando para ello todos los medios.

Busquen cual es la mejor manera de comenzar desde su casa, hagan que alguien le de con una pelota, para que se una a los niños de su calle que ya son nuestros, para jugar al fútbol, donde aprenden todo tipo de malas palabras e inmoralidades.

Ahí es que tienen que quedarse ustedes, en medio de esos niños de la calle, sueltos, sin madres; esto es, cuyas madres también son nuestras, para que se pierda esta presa de nuestro enemigo común… (¡Nueva explosión, con chispas y truenos!).

En este punto, me desperté, gracias a Dios.

Me senté en la cama rápidamente. Era el amanecer y el sol estaba saliendo.

Estaba atontado de la agonía, aterrado con el sueño, una verdadera pesadilla. Me arrodillé y recé.

Oré mucho a Dios, una oración que yo solamente se rezar, pidiéndole sobre todo que me librara de estas pesadillas.

Después, la proporción se iba calmando, recordé que debería pedir una Misa y debería ser de esto mismo por la intención de aquel niño, que yo no sabía quien era, pero que Dios bien lo sabía.

Celebraría Misa por aquella criatura y por su madre pidiendo a Dios que les diera las fuerzas para no sucumbir en las tentaciones de los millares de demonios que habían salido del Infierno para tentarlos aquí en la Tierra.

Y fui a celebrar mi Misa.

Cuando llegué a la sacristía, una señora, muy amiga mía, se aproximó y me dice:

–     Padre, hoy es el cumpleaños de mi hijo Roberto, su alumno. Vine a preguntarle si sería posible celebrar esa Misa por él. Está necesitando muchas oraciones. Últimamente, está desobedeciendo varias veces.

Ha hecho amistades en la calle, con las que no estoy satisfecha. Inventó un fútbol en la esquina, juntándose a una media docena de chicos y he notado muchos cambios en él en éstos últimos días.

La semana pasada, comenzó a sentir unos dolores en la pierna derecha. Lo llevé al médico que descubrió una hernia ya avanzada, tienen que operarlo.

Hoy es su cumpleaños. ¡Ay padre! ¿Podría celebrar la Misa por esa intención?

Yo meditativo, vago, impresionado, abrí los labios y balbucee:

–       Pues no…mi señora…voy a celebrar por él…

Y viendo mi confusión, mis palabras entrecortadas, preguntó la señora:

–      Padre, ¿Está enfermo?

A lo que respondí:

–      Estoy, mi señora. Estoy enfermo…Pero quede tranquila, que haré la Misa por su hijo, por mi alumno Roberto, y él volverá a ser el que siempre fue: un hijo piadoso, obediente, ¡Santo!

ESTOS NIÑOS CRISTIANOS LLEGARON DESDE MOSUL Y SU SONRISA LA MANTIENE JESUS EN ERBIL

D68 EL JINETE DE LA HAMBRUNA 3


UN RAYO DE ESPERANZA

Noviembre 07 de 2018

¡Cuánta maldad aún hay en vuestros corazones y NO os dais cuenta de ello por vuestra soberbia!

Quiero salvaros, quiero llevaros al Gozo Eterno, del cuál podríais ya desde ahora estar gozando; pero vuestra falta de Fé, vuestra falta de Confianza, vuestra falta de donación, frenan Mis deseos de poder complaceros.

¡Os amo, hijitos Míos, os amo! Y deseo teneros apretados a Mi Corazón, al Corazón del Padre que os creó y que os conoce perfectamente, más que vosotros mismos os conocéis.

No habéis dado aún todo lo que podéis dar. La misión que cada uno de vosotros tiene, sobre la Tierra, es sublime, ¡Sois corredentores!  Junto con Mi Hijo, para la salvación del género humano.

Vuestra carnalidad NO os permite daros cuenta de ésta bellísima realidad y tan altísima tarea que os he encomendado.Tenéis la posibilidad de producir vida. Vida espiritual en vuestros hermanos. Podéis ayudarMe a levantar almas caídas en el pecado y en el Mal, como Mi Hijo lo hizo.

Tenéis la posibilidad de producir milagros tan grandes o MAYORES

Cómo los que Mi Hijo hizo, a través de vuestra vida de Oración y de vuestra vivencia en el Amor.

Así como Yo Me manifestaba a través de Mi Hijo para enseñaros Mis Secretos de Amor y de producir grandes milagros de sanación de almas y cuerpos,

AHORA VOSOTROS TENÉIS ÉSA MISMA CAPACIDAD,Al volveros instrumentos de Mi Voluntad, como Mi Hijo lo fue. Al permitirMe actuar en vosotros, Mi Presencia Viva se manifiesta en vosotros.

Como ahora se manifiesta ya en muchos de vuestros hermanos alrededor del Mundo. Al tenerMe, tenéis el Cielo y así comenzáis a vivir el Cielo en la Tierra y Me poseéis gracias a la libre donación de vuestra voluntad a la Mía.

Muchas veces os lo he repetido pero pocos, MUY POCOS dan cabida a Mis Palabras en su corazón y aún menos de vosotros, las ponen en práctica.

Son tan pocos los “nuevos Cristos” con los que puedo contar sobre la Tierra en estos momentos, que esto hace que se retrase vuestra liberación del Mal.

Por eso os vuelvo a repetir, NO os quejéis si los acontecimientos os van llevando a soportar situaciones terribles en vuestra vida diaria y en la vida de los pueblos. Vuestro mal proceder y vuestra poca o nula donación a Mi Voluntad, Voluntad de Amor que quiere destruir el Mal, permiten al Mal aumentar su poder destructor.

Mis pequeños, pedidme Fe, UNA FE FUERTE, UNA FE A PRUEBA DE TODO.

El Demonio sabe que si os arrebata la Fe NO podéis hacer nada, porque un alma sin Fe es un alma perdida. Pedidme pues ésa Fe inquebrantable, esa Fe que se mantenga a toda prueba.

Los embates del Enemigo son fuertes, pero con la Fe y el Amor lo podéis vencer fácilmente.

Mi Amor logrará todo, logrará los grandes milagros; pero por la Fe que tengáis vosotros y por la Fe que dejéis en vuestros hermanos.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

La Fe ésa Virtud Teologal que os hará grandes, que os hace fuertes en el Mundo, no debéis perderla, mantenedla en todo momento, orad por ella y pedidme por ella en todo momento.

Que las pruebas fuertes NO os hagan desfallecer, NO os hagan dudar de Mi, de Mi Presencia, y de Mi Cuidado en vosotros y para vosotros en todo momento.

Ya os había Yo dicho anteriormente, que en el tiempo por venir, en el momento culminante de la lucha, cuando todo pudiera faltar; NO os faltará nada de alimento, ni en lo material ni en lo espiritual.

¿Por qué os apegáis tanto a los bienes materiales si vuestra vida se debiera basar en los bienes espirituales? ¿Aún NO os dais cuenta que lo espiritual mueve y ordena a lo material?

¿NO os demostró Mi Hijo Jesucristo con Sus Milagros, que todo lo material es alterable por lo espiritual?Tenéis Mis Enseñanzas en el Santo Libro. Tenéis Mi Vida en él, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.

Tenéis infinidad de ejemplos a través de la vida de las almas santas de la Tierra, quienes por medio del Nombre de Mi Hijo Jesucristo, realizaron infinidad de milagros,

QUE NO SON OTRA COSA QUE MI PODER ESPIRITUAL

AFECTANDO A LAS LEYES NATURALES

Y aún así, teniendo todo éste legado divino de siglos, ¿Os dejáis vencer por la duda del Mal?Hijitos Míos, éste ya no es tiempo para dudar, éste ya es tiempo para escoger si queréis vencer en la Fé y en el Amor y lograr un Mundo Nuevo en el cuál he de reinar Yo, vuestro Dios.

U os daréis por vencidos por vuestra falta de Fé y de espiritualidad y así el Mal os hará vivir  como esclavos del error y destrucción por el resto de vuestra vida.

Ciertamente Satanás irá en contra de vosotros, porque él despreció el Amor y tratará de quitar el Amor de los corazones que lo estén cultivando;

Pero el Amor siempre será mucho más poderoso contra su fuerza, contra su poder malvado y satánico que quiere destruir todo lo bello que Yo creé para vosotros.

Si vosotros vivierais realmente en el Amor, tendríais un mundo bellísimo, el mundo que Yo os pedí a través de Mi Hijo, grandes cosas daríais y grandes cosas se darían, porque cuando vosotros tengáis el verdadero Amor, honesto, sencillo, humilde y sobre todo dadivoso.PODRÉIS HACER GRANDES MILAGROS POR EL BIEN DE VUESTROS HERMANOS.

Con el amor, vosotros podéis hacer grandes cosas para la salvación y recuperación del Reino para todos vuestros hermanos. El Amor puede destruir toda la maldad que existe sobre la Tierra.

Se os ha dicho que un corazón lleno de Amor Puro y Santo puede hacer grandes Milagros, éstos son los corazones que Yo quiero, que vean más por sus hermanos antes que por sí mismos.

Almas desprendidas al servicio de su Dios y NO aquellas que buscan su salvación y su protección, evitando el dolor, evitando las penas, debéis Mis pequeños llenaros de Mi Amor.

Todo está sometido al Amor, os lo vuelvo a repetir y así las almas que viven en perfecta unión Conmigo, en el Amor, SON INSTRUMENTOS CLAVES para éstos tiempos,Porque actuarán según Mi Moción en su corazón, estarán en íntima comunicación Conmigo y Yo las podré mover para la salvación de todos vosotros y de vuestros hermanos.

Abandonaos y dejad que Yo os mueva, que Yo os guíe, para que podáis luchar contra las fuerzas del Mal,

Os Bendecimos en Nuestro Santo Nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Que la Paz y el Amor estén siempre con vosotros y los vuestros y que la compañía y la veneración a Vuestra Madre Celestial os alcance la Vida Eterna.

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Ya es de noche cuando Jesús regresa a la casa.

Entra sin hacer ruido. Sube la escalera.

En la gran habitación de arriba, están todos. Nadie habla y nadie duerme.

Jesús entra despacio y Tomás es el primero que lo ve.

Pega un brinco y dice:

–      ¡Oh, Maestro!

Todos se acercan y Jesús con voz cansada, como de quién ha sufrido mucho; responde a las condolencias que le muestran:

–       Lo comprendo. Pero solo quien no cree, puede sentirse desolado ante la muerte. Nosotros sabemos y creemos. Juan no se ha separado de nosotros. Ahora, él está cerca de Mí. ¿Ya cenasteis?

Pedro dice:

–        No, Maestro. Te estábamos esperando. Ya estábamos preocupados por tu retraso.

–       ¡Ea! Preparad la cena, porque luego iremos a otras partes. Tengo necesidad de aislarme entre mis amigos. Y mañana, si nos quedamos aquí, nos veremos rodeados de gente.

–       Yo te juro que no lo soportaría. Y mucho menos a esas almas viperinas de los fariseos. ¡Y sería muy duro que se les escapase una sonrisa en la sinagoga al vernos!

–       Bien Simón. También pensé en esto y por eso vine para llevaros.

Rodeado de los suyos, ofrece y distribuye el parco alimento que comen sin ganas. La cena termina en unos minutos.

Jesús dice para animarlos:

–      Contadme qué habéis hecho.

Pedro dice:

–      Estuve con Felipe en la campiña de Betsaida. Predicamos el Evangelio y curamos a un niño.

Felipe, que no quiere apropiarse de una gloria que no le pertenece, dice:

–     Fue Simón quién lo curó.

Pedro dice:

–    ¡Oh, Señor! No sé cómo lo hice. Rogué mucho con todo el corazón. Sentí mucha compasión por el niño. Lo ungí con el aceite y lo froté con mis manos ásperas… Y se curó. Cuando ví que el color volvía a su carita y abrió sus ojitos. Que revivía, en una palabra; casi hasta tuve miedo.Jesús le pone la mano en la cabeza, sin decir nada.

Tomás dice:

–       Juan llamó la atención, porque arrojó a un demonio. Pero a mí me tocó hablar.

Mateo añade:

–      También lo hizo tu hermano Judas Tadeo.

Santiago de Alfeo agrega:

–      Pues también Andrés.

Bartolomé relata:

–     Simón Zelote curó a un leproso. ¡Oh! ¡No tuvo miedo de tocarlo! A mí me dijo después: ‘No tengas miedo. A nosotros nos se nos pega ningún mal físico, por voluntad de Dios.’

Jesús confirma:

–      Dijiste bien, Simón. ¿Y vosotros dos?

Santiago de Zebedeo estaba hablando con los tres pastores, discípulos del Bautista.

Y Judas está solo y con la cara mustia.

Santiago de Zebedeo:

–      ¡Oh! Yo no hice nada. Pero Judas hizo grandes milagros: curó a un ciego, un paralítico y un endemoniado. A mí me pareció que era un lunático. Pero la gente así lo afirmó…

Pedro pregunta:

–     ¿Y por qué estás con esa cara, si Dios te ayudó?

Judas responde con altanería:

–      También sé ser humilde.Santiago continúa:

–       Hasta fuimos huéspedes de un fariseo. Yo me sentí mal. Pero como Judas tiene mucho tacto, se adaptó y le quitó los humos. El primer día estaba muy soberbio. Pero luego… Todo cambió… ¿Verdad Judas?

Éste asiente sin decir una palabra.

Jesús dice:

–    Muy bien. y lo haréis siempre mejor. La próxima semana, estaremos juntos. Simón, ve con Santiago a preparar las barcas.

Pedro objeta:

–        ¿Para todos, Maestro? No cabemos.

–       ¿No puedes conseguir otra?

–        Si se la pido a mi cuñado, sí. Voy a verlo.

–        Ve. No le des muchas explicaciones.

Parten los cuatro pescadores. Los demás bajan a tomar sus alforjas y mantos. Se queda solo Mannaém con Jesús.

Mannaém pregunta:

–     ¿Maestro, vas lejos?

Jesús contesta:

–     Están cansado y afligidos. También Yo. Pensaba ir a Tariquea. Por los campos, para aislarme en medio de la paz…

–     Traigo caballo, Maestro. Si me permites, te seguiré a lo largo del lago. ¿Estarás mucho tiempo fuera?

–      Una semana. No más.

–      Entonces regresaré, Maestro. Bendíceme esta vez que es la primera en que nos despedimos. Quítame un peso del corazón.

–     ¿Cuál Mannaém?   –      El remordimiento de haber abandonado a Juan. Tal vez si hubiera estado…

–      No. Era su hora. Yo sé que él estuvo contento al ver que venías a verme. No tengas este peso. Más bien trata de librarte pronto del único peso que tienes: el gusto de ser hombre. Hazte espíritu Mannaém. Lo puedes. Tienes la capacidad para hacerlo… Hasta pronto, Mannaém. Mi paz sea contigo.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice. Lo levanta y lo besa.

Vuelven a entrar los demás y regresan los pescadores.

–       Está arreglado, Maestro. Podemos irnos.

–       Está bien. despídanse de Mannaém que se queda aquí, hasta mañana por la tarde. Recoged los alimentos y el agua para el camino y vámonos. No hagáis ruido.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral y se van por la calle solitaria, bañada por la luna. Se dirigen al lago y suben a las barcas…

Varios días después…

Cuando Jesús pone pie en la ribera del Jordán, cerca de Tariquea. Mucha gente lo está esperando. Y le vienen al encuentro sus primos, con Simón Zelote.

Éste dice:

–       Maestro, las barcas nos denunciaron… tal vez Mannaém fue también una señal.

Mannaém se excusa:

–      Maestro, partí de noche para que nadie me viera y no hablé con nadie. Créemelo. Cuando me preguntaron que donde estabas, siempre respondí: ‘Ya partió’ Creo que la culpa la tiene un pescador, que dijo que te había dado su barca…

Pedro grita:

–     ¡Ése imbécil de mí cuñado! ¡Y se lo dije que no hablase! ¡Le dije que íbamos a Betsaida y que si hablaba le arrancaba la barba! ¡Y lo voy a hacer! ¡Oh, que si se la arranco! ¿Y ahora? ¡Adiós paz, aislamiento y descanso!…

Jesús dice:

–      Está bien Simón. Nosotros ya tuvimos nuestros días de paz. Además, parte de lo que me proponía lo obtuve: adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros; para impedir ofensas y choques con los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con esas personas que nos aguardan. Vamos a premiar su Fe y su amor. ¿Y acaso no es este amor, algo que consuela? Sufrimos por el odio. Aquí hay amor y por lo tanto, gozo.

Pedro se calma como un viento que se apacigua en un instante.

Jesús va hacia el grupo de enfermos que lo esperan con el deseo clavado en su rostro. Cura a uno por uno con amor y con mansedumbre.

Incluyendo al hijo de un escriba que le dice:

–       ¿Lo ves? Huyes. Pero es inútil hacerlo. Odio y amor son sagaces en encontrar. Aquí te encontró el amor, como se dice en el Cántico. Para muchos, eres ya el Esposo del Cántico. Se acerca uno a Ti como la Sulamita; desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminadaf.

–       ¿Por qué dices esto? ¿Por qué?

–       Porque es verdad. Venir es peligroso, pues eres odiado. ¿No sabes que Roma te espía y que el Templo te aborrece?

–      ¿Por qué me tientas? Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas. No te curé a tu hijo con trampas…

El escriba, al oír el suave reproche; avergonzado baja la cabeza  y confiesa:

–        Veo que realmente lees en los corazones de los hombres. Perdóname. Veo que realmente eres santo. Perdóname. Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

–         Y que encontró un  lugar propicio…

–         Así es. Es la verdad. Pero ahora regreso sin este fermento. Esto es, me voy con uno nuevo.

–         Lo sé. Y no te guardo rencor. Muchos son culpables por su voluntad. Otros por la ajena. Diferente será la medida con que Dios los juzgará. Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes. Cuando el mundo te presione mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte… Y sé agradecido con Dios.

–        Y contigo.

–        Con Dios. A Él se le dé toda gloria y alabanza. Soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo. El primero en obedecerlo. Pues el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad. Se envilece sirviendo al pecado.

–         Dices bien. ¿Siempre hablas así? ¿Para todos?

–         Para todos. La verdad es sólo una.

–         Habla entonces. Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya. Y una vez más…  Perdóname. Era sincero en mis convicciones. Creía servir a Dios combatiéndote.

–         Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios, que no es mentira. Pero tus convicciones no han muerto todavía. Yo te lo digo. Son como la grama que se quema. Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro. Pero las raíces están vivas. Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama. ¡Israel es duro para morir!

–          ¿Por qué debe morir Israel? ¿Es una planta mala?

–          Debe morir para resucitar.

–         ¿A una reencarnación espiritual?

–          A una evolución espiritual. No hay reencarnaciones de ninguna clase.

–          Hay quienes creen en esto.

–          Están en un error.

–          El helenismo nos ha traído también estas creencias. Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento delicadísimo.

–          Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema, a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

–          Es verdad. Pero las cosas son así. Agrada imitar lo que más se odia.

–          Entonces imitadme, pues me odiáis. Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

–          Pero Tú en confianza dime, ¿Qué crees que sea la reencarnación?

–          Un error. Ya te lo dije.

–           Hay quienes dicen que los vivos nacen de los muertos. Y los muertos de los vivos porque lo que existe no se destruye.

–         Lo que es eterno, en realidad no se destruye. Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

–         No, Maestro. ¡Ni pensarlo!

–         Dijiste bien. ¿Puede entonces imaginarse que Él permitiría que un espíritu se reencarne porque no puede haber otros espíritus?

–          No se debería pensar en esto y con todo, hay quién lo piensa así.

–          Y lo que es peor: En Israel se piensa en ello. El pensamiento en la inmortalidad del alma, debería ser perfecto en un israelita. El espíritu no trasmigra sino del Creador a la existencia y de ésta, al Creador… Ante quién se presenta después de la vida, para que se le juzgue digno de vida o muerte. Ésta es la verdad. Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

–          ¿No admites el Purgatorio?

–          Sí. ¿Por qué lo preguntas?    –          Porque dijiste: ‘A donde se le envía, allí se queda’ El Purgatorio es temporal.

–         Exactamente. Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento. El Purgatorio es ya vida. Amortecida pero vital…

Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta.

La alcanza sin límites. Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo. El Paraíso y El Infierno.

Dos categorías: los Bienaventurados y los condenados.

Pero de los tres reinos que ahora existen, ningún espíritu volverá a revestirse de carne; sino hasta que llegue la Resurrección Final que terminará para siempre con la encarnación de los espíritus en los cuerpos, de lo inmortal en lo mortal.

–          De lo eterno, ¿No?

–          Eterno es Dios. La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin. Y esto es Dios. La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir. Y esto es el espíritu del hombre. He aquí la diferencia.

–          ¿Y Tú?

–          Yo viviré, porque también Soy Hombre y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

–          Dios es llamado ‘El que vive’.

–          Y así es. No conoce la muerte. Él es vida. Vida inagotable. No vida de Dios, sino Vida. Sólo esto. Son minucias, ¡Oh, escriba! Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

–         ¿Así hablas  a los gentiles?

–         No así. No entenderían. Les muestro el sol, como lo mostraría a un niño que ha sido ciego y corto de inteligencia. Y que curado milagrosamente, recibe también una gran capacidad intelectual. Pero vosotros de Israel no sois ciegos, ni cortos de inteligencia. Hace siglos que el dedo de Dios os abrió los ojos y despejó vuestra mente…

–         Es verdad, Maestro. Y sin embargo somos ciegos y cortos de inteligencia.

–         Os habéis hecho así. No queréis el milagro que os ama.

–          Maestro…

–         Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla.

Jesús lo deja y sigue avanzando. Al pasar cerca de Marziam y del hijo del escriba que juegan con unas piedras de colores, los acaricia.

Horas más tarde los rayos del sol se filtran a través de los árboles, tiñéndolos con el tinte grisáceo del atardecer.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús, que continúa adoctrinando.

–       Maestro, ya es tarde. El lugar es solitario y no hay caseríos o poblados. Dí al pueblo que se vaya a Tariquea o a los poblados, para que compre alimentos y busque alojamiento.

–        No es necesario que se vayan. Dadles de comer. Pueden dormir igual que como lo hicieron por esperarme.

–        No quedan sino cinco panes y dos pescados, Maestro. Lo sabes.

–        Traédmelos.

Andrés va a buscar a Marziam que es el que trae la bolsa.

Lo encuentra jugando con otros niños.

Y le dice:

–                     Ven, Marziam. ¡El Maestro te necesita!

Marziam deja plantados a sus amiguitos y rápido va.

Los otros niños lo siguen y pronto, Jesús se ve rodeado del grupo de pequeñuelos.Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan y dos gruesos pescados asados.

Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes para los dieciocho que forman la comitiva apostólica.

Jesús dice:

–       Está bien. Traedme cestos. Diecisiete. Cuantos sois vosotros. Marziam dará comida a los niños…

Jesús mira detenidamente al escriba que no se separa de Él y le pregunta:

–       ¿Quieres también tú dar comida, a los que tienen hambre?

–        Lo querría, pero ni yo mismo la tengo.

–        Dales de la mía. Te lo permito.

–        Pero… ¿Piensas dar de comer a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños con dos pescados y esos cinco panes?

–         Sin duda. No seas incrédulo. Quién cree, verá realizarse el milagro.

–         ¡Oh! ¡Entonces yo también quiero distribuir la comida!

–         Bien. Haz que te den un canasto.

Regresan los apóstoles con canastos de todos tamaños. Grandes y pequeños.

–         Está bien. Poned todo delante. Haced sentar a la gente en orden, en líneas regulares, lo más que se pueda.

Y mientras hacen esto, Jesús levanta el pan con los pescados encima. Los ofrece, ora y los bendice.

El escriba no le quita los ojos de encima, ni un instante.

Enseguida Jesús despedaza en dieciocho partes, los cinco panes y  los dos pescados. Pone uno de cada cosa en cada cesto.

Y dice:

–       Tomad ahora y dad cuanto quieran. Id. Marziam, vete a dar a tus compañeritos.

El niño levanta el cesto que le correspondió y se lo lleva a los otros niños.

Y exclama:

–        ¡Oh, qué pesado! –Y camina penosamente como si llevase una carga muy pesada.   Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba; miran dudosos su andar…

Luego toman sus canastos y moviendo la cabeza, se dicen mutuamente:

–       ¡El niño se burla!

–       ¡No pesa más que antes!

Aun así se dirigen todos hacia la gente y empiezan a distribuir.

Dan. Dan. Dan.

Y de vez en cuando se vuelven sorprendidos, siempre avanzando más lejos.

Y miran a Jesús que con los brazos abiertos, apoyado en un árbol, sonríe de su admiración.La distribución es larga y abundante.

El  único que no muestra sorpresa es Marziam.

Que feliz regresa y dice a Jesús:

–       Dí mucho, mucho, mucho… Porque sé lo que es el hambre.

Jesús le sonríe y lo acaricia. Y el niño se poya en Él.

Poco a poco regresan todos los apóstoles y los discípulos; mudos por el estupor.

El último, es el escriba que no dice una sola palabra; pero que hace algo que es más elocuente que un discurso:

Se arrodilla y besa la orla del vestido de Jesús…

Que sonriente dice:

–       Tomad vuestra parte y dadme un poco. Comamos la comida de Dios.

Comen pan y pescado.

Cada uno según su apetito.

Entre tanto la gente, que ya está harta; cambia impresiones.

Los que están alrededor de Jesús, se atreven a hablar, al ver que Marziam después de que terminó su pescado, se pone a charlar con sus compañeritos.El escriba pregunta:

–       Maestro, ¿Por qué el niño experimentó al punto el peso y nosotros no? Yo hasta lo registré por dentro y vi que eran los mismos. Comencé a sentir el peso cuando me dirigí a la multitud.

Pero si hubiese pesado lo que di, hubiese sido necesario un par de mulas, para que lo cargasen. Y hubiese sido necesario no un canasto, sino un carro grande, lleno de comida.

Al principio me mostré parco, pero luego me puse a dar mucho y para no ser injusto, volví a pasar por los primeros, para darles otra vez; porque a ellos les había dado poco y sin embargo bastó.

Juan dice:

–        También yo experimenté que pesaba mucho el cesto, cuando empecé a caminar. Y al punto di mucho, porque comprendí que era un milagro.

Mannaén por su parte:

–        Yo por el contrario. Me detuve y me senté para echar en el manto el peso y ver… Y ví panes, panes y más panes. Y muchos pescados… Entonces me fui a repartir, dando gracias a Dios… ¡Me sentí tan feliz!…Bartolomé comenta:

–        También yo los conté porque no quería hacer el ridículo. Eran cincuenta pedacitos de pan. Me dije: ‘Le daré a cincuenta personas’ conté.

Pero al llegar a cincuenta, el peso era el mismo.Miré adentro y todavía había panes y pescados. Seguí adelante y di a cien más.

Pero jamás disminuían y seguí dando, dando y dando…

Tomás suspira, avergonzado inclina la cabeza y dice:

–       Yo  dije: ¿Y para qué sirven?’ ¡Jesús ha querido jugarnos una broma!…

Y los miraba… Y los miraba, oculto detrás de un árbol.

Con la esperanza y desesperanza, de ver que aumentasen… ¡Pero siempre eran los mismos!

Iba a regresar, cuando pasó Mateo diciendo:

–        ¿No has visto qué hermosos son?

Pregunté desconcertado:

–        ¿Qué?…

–         Los panes y los pescados.

–        ¿Estás loco? Yo veo siempre los mismos pedazos…

Mateo sonrió y me dijo:

–          Ve a distribuirlos con Fe y verás…

Eché en el cesto los pedazos y me fui a regañadientes. Y luego…

¡Perdóname Jesús, porque soy un pecador!

Jesús objeta:

–         No. Eres un hombre con el espíritu del mundo. Y razonas como el mundo…Judas de Keriot confiesa:

–        Entonces también yo, Señor. Hasta pensé en dar una moneda junto con el pan, diciendo dentro de mí: ‘Comerán en otra parte.’ Esperaba ayudarte para que hicieses un buen papel. Pues… ¿Qué cosa soy yo? ¿Cómo Tomás o peor que Tomás?

Jesús lo mira fijamente y dice serio:

–        Más que Tomás, ‘Tú eres Mundo’…     –        ¡Pero pensé en hacer una limosna para ser ‘Cielo’! Se trataba de dinero mío, personal…

–        Limosna para ti mismo. Para tu orgullo. Limosna para Dios, el cual no tiene necesidad de ella. Y la limosna para tu orgullo es culpa; no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Entonces Pedro pregunta a los primos de Jesús:

–         ¡Y ustedes?

Tadeo dice con gravedad:

–        Nos acordamos de Caná…   Y Santiago de Alfeo complementa:

–          Y no dudamos.

El escriba se guarda un mendrugo.

Pedro pregunta:

–        ¿Para qué lo quieres?

–        Para… recuerdo.

–        También yo tengo uno. –dice Pedro- Lo meteré en una bolsita que colgaré al cuello de Marziam.

Juan dice:

–       Yo llevaré uno a nuestra mamá.

Los demás dicen apenados:

–      ¿Y nosotros?

–        Nos comimos todo…

Jesús dice:

–        Levantaos. Id nuevamente con los canastos y recoged lo que haya sobrado. De entre la gente, escoged a los pobres y traedlos aquí. Despediré a la gente; después de que haya provisto con más a los pobres. Luego nos iremos a las barcas.

Los apóstoles obedecen y regresan con doce canastos llenos de restos sobrantes y una treintena de personas…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

F90 EL CREDO 9


Y SEPULTADO.

LA CONVERSION ES LA RESURRECCIÓN DEL ESPÍRITU.  

Jesús llevó su Amor a empurpurarse con su Sangre sobre la cima del Calvario y ahí Esplende, para recordarnos que fuimos hechos para el Cielo.

Y relampaguea para llamarnos a Sí.

Para volver a grabar el Nombre Santo de Jesucristo, sobre el altar de nuestro corazón sin Dios y sobre el templo profanado de nuestra mente. Para consagrarlos al Dios Verdadero con un verdadero Culto a Dios.

Hay que amar, alabar, cantar, invocar, bendecir, CREER en el Nombre Bendito de Jesús.

EL ARREPENTIMIENTO ES EL DOLOR DE HABER CAUSADO DAÑO.

“Yo Soy el Señor Dios Tuyo.” Pareciera que el dedo de Dios haya escrito esta sentencia en todo lo creado.

El pecador trata de ahogar este grito de la conciencia.

Pero siempre llega el momento en que en medio de la ebriedad y del placer. En el ajetreo del trabajo, en el reposo de la noche, en el paseo solitario, en el vacío de Dios, le reprocha:

‘Sufres porque has convertido en dios a esta CARNE que ávido besas; a este ORO que avaro acumulas;  a este ODIO que carcome tu existencia, con el ansia de Venganza.’ Dios es Paz. El que quiere recuperarla, debe escombrar la mente, el corazón, la carne; de todo lo que NO es paz y causa turbación.

El Pecado es una Maldición.

El arrepentimiento quita el Anatema cuando es sincero.

Cada hombre debe examinarse con sinceridad y entonces sabe en dónde ha errado.

De Dios nadie puede hacer Burla. El alma que se acerca a Él con humildad, obtiene su Perdón.

NO HAY ARREPENTIMIENTO

MIENTRAS DURE EL DESEO

POR EL OBJETO POR EL QUE PECAMOS.

1-tentacion

Dios NO perdona a quién NO se arrepiente,…

Porque es necesario limpiar el corazón para obtener gracias…

Y las excusas NO se pueden perdonar.

EL MAL NO BASTA NO HACERLO.

TAMBIÉN ES NECESARIO NO DESEAR HACERLO.

Por eso Jesús dijo: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón.” (El poder de nuestros deseos en el Bién o en el Mal, ES INFINITO)

Porque el Pecado a los ojos de Dios es un delito realizado.

Cuando hay deleite alimentando pensamientos de adulterio, se es adúltero; de homicidio, homicida; de traición, traidor; etc.

1tentacion-

Jesús vino para salvar a los pecadores y cada alma que se arrepiente y se convierte; es una Justificación para la tremenda humillación a que se sometió el Infinito, al tomar forma humana.

Porque en la Llama del arrepentimiento, el alma se ofrece Amando a la Flama del Amor Divino, que la absuelve y la absorbe dentro de Sí Mismo.

El hombre es débil y cuando peca por lo sorpresivo de los ataques de Satanás, Dios le perdona si surge en él un arrepentimiento sincero y la voluntad de no pecar más.

Porque quién es realmente fiel y ama a Dios, NO se doblega a las pasiones, NI lo quema el Fuego de Satanás, ya que el pecado le repugna.

Y cuando amamos a Dios con todo nuestro ser, NO pecamos. Porque el Pecado es un dolor que se da a Dios.

Quién ama verdaderamente NO quiere lastimar jamás al amado, ni con el más mínimo dolor.

Para el pecador Arrepentirse significa abandonar su vida de pecado y volverse hacia Dios por el camino de la Oración y la Penitencia.

Los pecadores SON los muertos del espíritu.

Y cuando el hombre atiende el llamado de Dios y se arrepiente, se verifica el Milagro anunciado por Jesús.

Y los que escuchan y atienden su llamada…

 Se levantan de su tumba espiritual y resucitan a la verdadera Vida.NO hacer el Mal NO es suficiente para escapar del Infierno.

El poder de Dios arranca de la esclavitud del pecado, pero el arrepentimiento debe llevar a la conversión.

Es decir, al deseo continuo de Conocer, Amar y Pertenecer cada vez más a Dios; buscando hacer siempre la Voluntad Divina.

Y el Reino de Dios llega al corazón que acepta la Ley que vino de los Cielos a través del Evangelio de Jesús, porque al practicarla el hombre se convierte en ciudadano del Reino.

LA CONVERSIÓN DEBE VIVIRSE TODOS LOS DIAS

1Last_Supper

Para el cristiano, convertirse significa despertarse cada día, con el deseo ferviente de ser mejor que el día anterior…

De pertenecer más a Dios y amarle cada vez más, limando las imperfecciones. Tratando de conquistar con el heroísmo y la voluntad, estratos más elevados de la perfección.

Conquistando la salvación con todas las potencias y poniendo en juego todos los dones recibidos de la Gracia de Dios.

LA RESURRECCIÓN MORAL Y ESPIRITUAL.1jesushealsLa salvación se encuentra en el Evangelio. Aceptando todas sus verdades espirituales, practicando una auténtica caridad.

NO se puede conciliar el Reino de Dios, con el Reino de Satanás.

NO es posible dar gusto al mismo tiempo a la carne y al espíritu. Es indispensable el escoger.

Él se ha dado a Sí Mismo dejando el Seno del Padre, para hablar a los hombres.

Se ha humillado Él, Dios; a morir como un malhechor, para lavar nuestro corazón y volverlo capaz de acoger a Dios.

Él ha dado el Paráclito para que fuese Maestro en el conocimiento de su Doctrina de Caridad, pureza, bondad, humildad.

1sacredheart

Jesús Llama:

 “¡Venid! Mis brazos están abiertos. Mi boca tiene besos de perdón y mi Corazón tiene Tesoros de Amor. Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, Soy la Riqueza Verdadera.

Dejad los goces indignos y venid a Mí, Gozo Verdadero. Yo Soy el Dios de la Paz. Todo Dolor en Mí se calma. Todo peso se vuelve ligero.

Venid. Dejad aquello que mata y que muere. Aquello que hace daño. Aquello que quiere el Mal. Ayudadme a rechazar al infierno en el Infierno y a abriros el Cielo.

Venid a Mí que os amo.

Ayudadme con vuestra voluntad…

La quiero para actuar.

No porque YO la necesite, sino porque es necesaria para vosotros, para merecer el Reino.

YO puedo darles TODO si venís a mi Corazón y NO de manera humana, sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce.

NO les digo que no conoceréis el Dolor,

Lo he conocido Yo que Soy Dios.

Pero les digo:

Tu dolor se volverá suave si lo sufres sobre mi Corazón.  

En MÍ todo Dolor en Mí se calma”

1sacred-heart-of-jesus-2

El llamado a la conversión, es el Llamado a la Vida…

A la Resurrección del espíritu.

Y esto solo puede suceder aquí en la Tierra, en este momento,

Mediante un milagro de gracia.

Solo aquí, en nuestro único día.

La Respuesta la tenemos nosotros con nuestra voluntad.1Dragon%20de%20la%20Muerte_800

El que lo ama de verdad, se libera de las cadenas del Error y del Pecado y le da el ‘Sí’.

Hay que dar el primer paso y decir a Jesús:

Señor Jesús. Vengo a Ti.’

Y a Satanás:

‘Aléjate de mí. Yo NO te pertenezco’.

PREPARACIÓN A LA MUERTE.

La muerte es inevitable. Entró en el mundo como consecuencia inmediata del Pecado.

Nadie ama la muerte, sobretodo sí es dolorosa, sí es prematura e inmerecida. Nadie la ama.

Y sin embargo, todos debemos morir.

Por eso se debe mirar a la muerte con la misma serenidad, con que se mira todo lo que debe terminar.

Si pedimos a Dios poder amarla, avanzaremos velozmente en el camino de la perfección.

Dios desea estar con sus creaturas y las creaturas debieran desear estar con Él.1MUERTE-DESPRENDIMIENTO DEL ALMA

            La Contemplación de la Muerte es Escuela de Vida.

Si vivimos con santidad, la muerte se convierte en esto:

Separación temporal del cuerpo, del espíritu; para después resucitar triunfalmente para siempre, reunidos y felices en Dios.

Todos nacemos desnudos. Todos morimos y somos destinados a la corrupción. Como se nace, reyes o pordioseros, así se muere.

Es solo la envoltura superficial de lo ostentoso, lo que permite una diferencia entre uno y otro.

Pero lo esencial, el ser humano, no deja de ser carne muerta.

Despojos cuyo destino final es la destrucción.

NO es así lo incorruptible: el alma.

1Cerca-de-la-muerte

EN LA HORA DE LA MUERTE

LA Cruz de la Muerte es la última cruz del hombre y tiene dos brazos:

Uno es la Cruz de Jesús y el otro el nombre de María.

Entonces la muerte sucede  en la paz de los liberados también, de la cercanía de Satanás…

Porque estas son las dos cosas que el Maldito NO soporta.

Todos vamos a morir y esto nunca hay que olvidarlo, si queremos salir victoriosos de la extrema Insidia que nos Odia Infinitamente.

El grito que salva porque NUNCA se le invoca inútilmente, es el Nombre de Jesús.  

El vela en espera de ser llamado…

Y acude pronto, pues ante el Nombre de Jesús…

Tiemblan de Alegría los Cielos y de Terror los Abismos.

Y SE OBRAN LOS MILAGROS…

Sólo los hijos desamorados e imprudentes esperan el último momento, para Llamarlo.

Satanás vela para apoderarse de las almas, como un Ladrón que ataca de repente.

El Mundo está lleno de muertes repentinas y es uno de los productos de nuestra manera de existir.

Hemos multiplicado los placeres y la muerte. El saber y la muerte.

Hay que luchar para que el sol quemante de nuestra carnalidad, NO nos vuelva irreconocibles a los ojos de Dios y repelentes ante Él.

Hay que Vencer, pidiéndole a Dios que nos ayude en nuestra voluntad de ser buenos y con un ferviente deseo de complacerlo.

A Él le basta con esto. Quién hace esto, hace todo.

Porque Dios es nuestro Refugio contra Satanás que trata de impedírnoslo.

_1ngel_de_la_muerte__

Por eso hay que arder en el Amor de Dios. El Pecado nos ha enfermado.

Jesús vino por los enfermos y los pecadores. Las fiebres pueden conocer sus caricias. Nuestros sudores, su Sudario. Nuestras agonías, sus brazos para sostenernos. Nuestras angustias, su Palabra.

Y la carne, fiera enloquecida cuando se pierde se encuentra la Vida. Los que están enfermos  por haber traicionado la Ley de Dios y servido a la carne, pueden encontrar alivio, Jesús NO se cansa de salvar.

Él es el Único que sufre y vela con nosotros. Sonríe a nuestras esperanzas y en canto el Padre que lo quiere, las convierte en realidad.

Para los que tienen el decreto de muerte, Él toma a los que tiemblan frente al Misterio de la Muerte y que lo Llaman.

1lamuerte

Él trasforma las Tinieblas en Luz, el Dolor en Alegría y nos toma de la mano.

Él Conoce la Muerte. La ha conocido antes que nosotros.

Él sabe que es solo un instante y que Dios aturde los sentidos sobrenaturalmente, para NO dejar al alma sola en la lucha extrema.

Hay que confiar y mirarlo solo a Él.

Y cuando Él está con nosotros y su Amor y su Sangre nos cubren… YA NO hay miedo para el encuentro con Dios.

Y así se gana el Combate Final.

DRAGON DE LA MUERTE

DRAGON DE LA MUERTE

VIVIR MURIENDO

El que quiere vivir por el espíritu y quiere llevar a otros a que vivan la misma vida, debe posponer la carne; casi matarla, para cuidar solo del espíritu.

El hombre debe pasar por una autogénesis, a una segunda creación.

Volver a crearse y hacer que el espíritu reine hasta llegar a la perfección.

Por eso hay que llorar por las culpas, pero ¡Hay que levantarse!…

No siendo muertos vivos y formar parte en el futuro, de los eternos condenados.

El amor es el factor más potente que Jesús nos da en anticipo, para estimular un cambio. El hombre es como un niño que aprende a hacerse adulto. E independiente de la ayuda de otros, precisamente como lo necesita un incapaz que debe ser ayudado en todo para crecer, nutrirse caminar…

Y lo auxilia el que ya está formado, habiendo alcanzado la edad perfecta en el cuerpo, en el intelecto, en el espíritu.

Y Jesús hace de ‘madre’ para hacer del hombre ‘infante espiritual’, un adulto de la estirpe selecta, un regio sacerdote, una hostia viviente…

Que continuamente se ofrece a Dios como Cristo, con Cristo, por Cristo, a fin de continuar el Sacrificio Perpetuo que se ha iniciado con Cristo y que terminará hasta el Fin de los Siglos.

Y la leche que nos nutre, es su Caridad.

Verdaderamente los hombres han sido redimidos por el Amor, antes que por la Sangre y que la Muerte del Hijo de Dios.

Y es su Amor el que da la madurez necesaria, para que el alma aprenda a ser Vino y Hostia, consagrados a su Amor.

El hombre es un ser que solo delante del holocausto, se rinde. Jesús obtuvo su triunfo, después de la Muerte. Y lo mismo es para sus discípulos.

Para ser harina de hostias, es necesario saberse despojar de todas las impurezas por el Amor. Ninguna otra cosa como el Amor, es absoluta en operar esta depuración de la personalidad, para volverla apta para vivir en el Cielo.

Pero después de tanto dolor, toda la amargura que se vive por amor a nuestro Rey, la encontraremos convertida en dulzura.

Todas las heridas con las que seamos afligidos, serán gemas eternas. ¡Todo el dolor será júbilo! El tiempo pasa y todo instante pasa. Solo queda Dios y con Él, su Eternidad.

Cuando se piensa en esto, se anhela el Dolor como el aire para respirar.

La uva es más dulce, cuanto más madura es y más madura es, cuanto más sol agarra.

El dueño de la viña no cosecha su uva para hacerla vino, si no está bien madurada.

Y para que madure. La poda de modo que el sol pueda descender y circular entre racimo y racimo. Y hacer de los granillos ásperos y verdes, otras tantas perlas de líquido azucarado.

En el otoño, después de tanto sol y tanta podadura, las uvas están bellas y útiles al hombre. Dios es el Sol y las almas-víctimas, la viña donde debe formar el Vino Eterno.

Dios es el Sol y el Viñador. Las circunda y las inunda con sus rayos. Y los mortifica para que sean verdaderos sarmientos cargados de fruta y no vanos zarcillos que no sirven a nadie.

Es necesario que el Sol y el Viñador los trabajen a su completo placer en las almas.Y ellas deben imitar a los racimos que no hacen voces de protesta, ni hacen resistencia al Sol y al Viñador.

Sino al contrario, se dejan abrir para recibir los rayos cálidos.

Se dejan medicar con líquidos apropiados. Se dejan acomodar sin reacción alguna.

Y así se hacen siempre más grandes y dulces. Un verdadero prodigio de jugos y de belleza.

También las almas deben desear el sol y la obra del Eterno Viñador, cuanto más se acerca para ellas la hora de la Divina Vendimia.  NO están destinadas al Místico Lagar los racimos reacios y enfermos que NO han querido volverse maduros, sanos y dulces.

Y que se han escondido, para NO ser curados.

Los que son dignos de la Vendimia, son los racimos que NO han tenido miedo de ser podados y medicados.

Y que dócilmente se han sacrificado en sus gustos por Dios.   Cuando la Vendimia se avecina, las almas-víctimas deben aumentar sus esfuerzos, para absorber cuanto más puedan de Dios. Él los convertirá en Licor de Vida Eterna.

Deben secundar su generosidad, para secundar las Obras de Jesús. Él quiere hacer de ellos, racimos dignos de ser puestos a los pies del Trono de Dios.

ALMAS -VÍCTIMAS 

Los Corredentores tienen el deber de salvar primeramente a sus familias.

Y Jesús tiene con ellos los mismos cuidados que el Viñador tiene con las plantas haraganas.

Aunque ahora NO sepan darnos las gracias, cuando lleguen a la Vida las darán; porque la Luz les ilumina horizontes que su humanidad les vela.Y con éstas promesas no hay que llorar, sino continuar orando, llorando y sufriendo por ellos, en los brazos de Jesús que son más dulces que aquellos de todas las madres.

Jesús nos devolverá los seres que hemos amado, en un Reino donde la triste muerte de la tierra no tiene acceso y donde la horrible muerte del espíritu, ya no es posible.

Las promesas de Jesús secan las lágrimas, cuando desciende esta esperanza que es fe y bendición. La separación es penosa, pero cuando sabemos que no es total, el dolor disminuye.

Vivir muriendo, es morir amando.

Y morir amando es seguir el camino de la Cruz. Es amar el calvario, el dolor, el sacrificio, hasta el martirio Total.

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EL CAMINO DE LA CRUZ

MORIR AMANDO.

Amar Es morir. Amar totalmente, es morir totalmente.

Para el que ama, la muerte deja de ser Destrucción para volverse Construcción.

El que muere construye, reedifica. El que ama se dona totalmente, con una generosidad absoluta, porque lo único que desea, es la felicidad del ser amado y su completo bienestar.

Para el alma-víctima que llega a amar a Dios con un amor total, la muerte es la Ofrenda con la cual agradece todos los dones recibidos de Aquel que murió por ella primero…

Y obtener la sonrisa y el beso de Jesús, es la máxima de las recompensas.

El Amor fue el sacerdote del Calvario.

Porque somos los “otros” CRISTOS…

El Amor es el sacerdote del místico altar donde se realiza la inmolación total, para morir por el Dios Único y Trino, al cual ha llegado a amar de tal forma, que la muerte no solo ha perdido su horror…

Sino que se ha convertido en una imperiosa necesidad, con la cual puede abrazar a su Dios, al probarle de esta manera, como Él es más importante que su propia vida y no puede ahogar el grito de su corazón, que clama jubiloso en una triple oblación.

Morir amando es una gloria que solo puede comprender el que la prueba.

Morir amando es rendir el Verdadero Culto a Dios.

Morir amando solo se puede gozar cuando se ha aprendido la Ciencia de la Muerte y una dulzura inefable envuelve las palabras:

“Sacrifícame Señor mío y Dios mío, porque te adoro sobre todas las cosas…”

El Amor de Dios, el hombre lo rechaza con desprecio y en los tiempos actuales, el Amor Vilipendiado de Dios, por Justicia y Respeto de su Perfección, NO puede soportar más las afrentas.

Dios llama una y otra vez por todos los medios, pidiendo que se abran los corazones a su Amor Intensísimo y que se hagan víctimas, aceptando ser consumidos, para darle alivio al Amor.Advierte que ES la hoguera de un holocausto lo que ofrece; pero que NO huyan de Él, los que no se han vendido a Satanás.

Ninguno, por más pequeño y mezquino que sea por su estado de pecado, debe creerse rechazado por Él. Eso es Misericordia.

Y de las almas más miserables, puede y quiere hacer, estrellas fulgidísimas para su Cielo.

Y repite su amoroso llamado:

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“YO TE AMO TAL COMO ERES, EN ESTE MOMENTO.”

            No importa los pecados que hayas cometido. Ya los he pagado Yo en la Cruz. En Ella y con los brazos abiertos, te estoy diciendo cuanto te amo. Te estoy esperando. Arrepiéntete y conviértete. SOY TU PADRE Y TE AMO.

 Quiero darte consuelo y alivio. Venid a Mí, todos. Pobres, manchados, débiles y los haré reyes. Dadme vuestra miseria, Yo la cubriré con mi Grandeza. Dadme vuestras tinieblas y Yo os daré mi Luz. Vuestras imperfecciones y Yo os daré mi Perfección. Vuestro egoísmo y Yo lo cubriré con mi Bondad.

¡Venid! Entrad en mi Amor y dejadlo entrar en vosotros. Soy el Pastor que se fatiga hasta la muerte por la oveja perdida y por ella Yo he dado mi Sangre.

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¡Oh, mis corderitos! No teman si muchos harapos y manchas hay en vuestros vestidos y heridas en vuestra alma. Abrid solo el corazón y aspirad mi Amor.

Seréis justos para con Dios y para con vosotros mismos, porque daréis consuelo a Dios y a vosotros, salvación.

¡Venid! Generosos que me amáis ya. Arrastrando a los hermanos que titubean todavía.

Si en todos pido que me permitan entrar, es para dar alivio al Amor Rechazado.

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LOS PRIMEROS CORREDENTORES…

A vosotras amadísimas almas-víctimas, pido de daros totalmente a Mí.

Seréis destruidos sobre la Tierra por mi Amor vehemente, pero recreados de una gloria tan alta, como ustedes NO lo pueden concebir.

¡Qué fulgor tendrán las almas que acogieron el Amor de Dios, hasta ser consumidas por Él! Tendrán el Fulgor mismo de mi Amor que quedará en ellas:

Fuego y Gema eterna de Divinísimo Esplendor.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA,CONOCELA