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1.- APÓSTOLES DE LOS ULTIMOS TIEMPOS


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Los apóstoles están reunidos en el Cenáculo, alrededor de la mesa donde se celebró la Pascua. Están sentados alrededor de Jesús igual que la noche del Jueves, cuando instituyó la Eucaristía. La única diferencia es que ahora es Tomás el que está sentado enseguida de Juan.

Jesús dice:

–           Comed amigos.

Pero nadie tiene hambre. Rebosan de alegría… La alegría de contemplarlo…

Jesús distribuye los quesos, la miel y los alimentos ofreciendo, dando gracias y bendiciendo; como lo ha hecho siempre. Echa vino en las copas y lo da a sus amigos. Y cena con ellos, comiendo y bebiendo parcamente, como es su costumbre…

Juan, como lo hace siempre; apoya su cabeza sobre la espalda de Jesús.

El Maestro lo atrae sobre su pecho y en esta posición, empieza a hablar:

–           Vosotros habéis estado conmigo en mis pruebas… Y lo estaréis también en mi gloria. No bajéis la cabeza. La noche del Domingo, cuando me aparecí a vosotros por vez primera después de mi Resurrección, os he infundido el Espíritu santo… –Mirando a Tomás, agrega- Que también sobre ti que no estabas presente, descienda…

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Y mirándolos a todos continúa:

–           ¿No sabéis que la infusión del Espíritu Santo es como un bautismo de fuego, porque el Espíritu es Amor y el amor borra las culpas? El pecado que cometisteis cuando me abandonasteis, os está perdonado.

Y al decir esto, Jesús besa la cabeza de Juan que no lo abandonó.

Juan llora de alegría.

Jesús prosigue:

–           Os he dado el poder para perdonar los pecados; pero no se puede dar lo que no se tiene. Debéis convenceros de que este poder lo tengo completo y lo empleo en favor vuestro, que debéis estar limpios en tal forma; que podáis limpiar a quién sucio del pecado, venga a vosotros… Amigos, pensad en vuestra dignidad de sacerdotes.

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Yo estuve entre los hombres para juzgar y perdonar. Ahora regreso donde el Padre. Regreso a mi Reino. La facultad de juzgar la tengo en mis manos, pues el Padre me la ha conferido. Todos los hombres, cuando hayan abandonado su cuerpo mortal vendrán a Mí y Yo los juzgaré por primera vez en su juicio particular… Después, habrá el Juicio Universal y la raza humana retomará su vestido de carne, para separarse en dos partes: Los corderos con su Pastor y los machos cabríos, con el que los atormentará eternamente…

Pero, ¿Cuántos hombres habría con su Pastor si después del Bautismo no haya quién los perdonase en mi Nombre? Por esto he creado sacerdotes: para salvar a los que salvé por mi Sangre, que es salvadora. Los hombres siguen cayendo en la muerte, una y otra vez y es necesario que con vuestra potestad, los lavéis siempre en mi Sangre, setenta veces siete; para que no sean presa de la muerte. Vosotros y vuestros sucesores lo haréis, por esto os absuelvo de todos vuestros pecados… El vuestro es un gran ministerio: juzgar y absolver en mi Nombre.

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Cuando consagraréis para vosotros el pan y el vino y hagáis que se conviertan en mi Cuerpo y en mi Sangre, realizaréis una cosa sublime y sobrenatural. Para realizarla dignamente debéis ser puros; porque tocaréis a Aquel que es  la Pureza y os alimentaréis de la Carne de un Dios.

Puros de corazón, de inteligencia, de cuerpo y de lengua debéis ser. Porque con el corazón amaréis la Eucaristía y no deben mezclarse con este amor celestial, amores profanos que sería un sacrilegio.

Puros de mente, porque debéis creer y comprender este Misterio de Amor y la impureza de pensamiento, mata la Fe y la inteligencia. Puros de cuerpo, porque a vuestro pecho bajará el Verbo, así como descendió al seno de María por obra del Amor. Tenéis ante vosotros el ejemplo vivo de como debe ser el pecho que acoge al Verbo que se hace carne. El ejemplo es la Mujer sin la culpa de origen y sin culpa personal…

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¡Oh, amados míos! Amigos que mando sobre los caminos del mundo, para continuar la obra que he empezado y que continuará mientras permanezcan los siglos… Recordad estas palabras mías. Os las digo para que las repitáis a los que consagraréis al ministerio, para el que os he consagrado.

Veo… Miro en los siglos. El tiempo y las multitudes infinitas de hombres que están ante Mí… Veo calamidades, guerras, paces mentirosas y hecatombes humanas. Odio, robos, sensualidad y orgullo. De vez en cuando un oasis: un período en que se vuelve a la cruz. Como un obelisco que señala una senda entre la seca arena del desierto.

Mi Cruz será levantada con amor, después que el veneno del Mal haya inyectado a los hombres con su rabia… Veo a hombres, mujeres, ancianos, niños, guerreros, estudiosos, doctores, campesinos… Todos vienen y pasan con su fardo de esperanzas y dolores. Veo que muchos vacilan, porque el dolor es demasiado y la esperanza ha sido la primera en caer hecha pedazos, al dar contra el suelo… Al sentirse pisoteados y abandonados… Al sentirse morir, porque la caridad se ha enfriado y es demasiada la maldad, llegan a odiar y maldecir…

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Pobres hijos! Entre todos éstos heridos por la vida y que caen abrumados por la desolación más dolorosa;  mi amor esparcirá intencionalmente samaritanos piadosos, que serán cómo faros en la noche, para que los débiles encuentren ayuda y consuelo. Mis profetas benditos cuya luz hará que se vuelva a oir la Voz que dice: ‘Espera. No estás solo. Sobre ti está Dios. Contigo está Jesús que está Vivo y Resucitado…’

ENOCH

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¡Mis Apóstoles de los Últimos Tiempos!…

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¡Mis profetas benditos que serán lapidados por la Jerarquía de la Iglesia, que con el Racionalismo habrá perdido la Fe!

Conchiglia de la Santísima Trinidad

Conchiglia de la Santísima Trinidad

Pero que aunque sean tratados como Jerusalén trató a sus antecesores y a Mí, serán antorchas ardientes de amor, de fuego y de luz…

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

MARIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Continuadores vuestros que serán caridades activas, para que mis pobres hijos no mueran en sus almas y continúen creyendo en Mí que soy Caridad, al ver en mis ministros mi reflejo.

Pero, ¡Oh Dolor que hace que vuelva a sangrar la herida de mi Corazón, cómo cuando fue abierto en el Gólgotha! ¿Qué están viendo mis ojos divinos?…  ¿No hay acaso sacerdotes entre las multitudes infinitas y mi divina invitación ya no resuena en los corazones? ¿Ya no es capaz el corazón humano de oírla?

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En el correr de los siglos habrá seminarios y en ellos levitas. De ellos saldrán sacerdotes, porque en su adolescencia mi invitación se hará oir con una voz celestial, en muchos corazones y ellos la seguirán. Pero con la juventud y la maduréz, oirán otras voces… Y la mía no se escuchará más.

Mi Voz que habla a través de los siglos a sus ministros, para que sean lo que vosotros sois ahora: Los apóstoles en la escuela de Jesús. El vestido lo siguen teniendo… Pero el sacerdote, ha muerto…

Durante el correr de los siglos, a muchos sucederá esto: Sombras inútiles y borrosas no serán fermento de masa; cuerda que jale; fuente que quite la sed; trigo que sacie el hambre; corazón que sepa compadecer; luz en las tinieblas; voz que repita lo que el Maestro le ordena… Sino que serán para la pobre raza humana un peso de escándalo, parásitos, putrefacción igual a los sepulcros blanqueados del Templo que Dios ha abandonado…

¡Horror! ¡En el futuro los más grandes Judas, los tendré entre mis sacerdotes!…

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A Jesús se le ha demudado el semblante, demostrando que aun siendo Verdadero Dios, continúa siendo Verdadero Hombre… Sus bellísimos ojos color zafiro, se inundan de lágrimas que bañan sus pálidas mejillas…

Los apóstoles lo miran pasmados y no saben que decir. Su corazón se angustia y no pueden consolarlo.

Jesús explica:

–           Amigos… Estoy en la Gloria y sin embargo lloro. Tengo compasión de estas multitudes infinitas… Greyes sin pastores… O con demasiado pocos. Siento una piedad infinita. Pues bien: Lo juro por mi Divinidad que les daré pan, agua, luz, voces, que los elegidos a esta Obra no quieren hacer. Repetiré en el correr de los siglos el milagro de los panes y los peces. Con unas pocas almas humildes y laicas, daré de comer a muchos y se saciarán.

LUZ DE MARIA

LUZ DE MARIA

Y habrá para todos, porque tengo compasión de este pueblo y no quiero que perezca.

                        Benditos los que merecerán ser tales; porque lo habrán merecido con su amor y su sacrificio.

PADRE WILSON SALAZAR

PADRE WILSON SALAZAR

Y tres veces benditos los sacerdotes que permanecerán apóstoles: pan, agua, luz, voz, descanso y medicina de mis pobres hijos. Resplandecerán en el Cielo con una luz muy especial. Os lo juro Yo, que soy la Verdad.

PADRE KELLY

PADRE KELLY

Levantémonos amigos y venid conmigo para que os enseñe una vez más, cómo orar. La Oración es la que alimenta las fuerzas del apóstol, porque lo une con Dios.

Jesús se pone de pie y se dirige a la escalerilla que está a la puerta del Cenáculo…

Los apóstoles se ponen sus mantos y preguntan perplejos:

–        ¿A dónde vamos Señor?

Pero cuando llegan al corredor que hace de vestíbulo, Jesús ha desaparecido…

La casa está silenciosa y desierta y todas las puertas están cerradas.

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Salen hacia la calle. La mayoría de los habitantes de Jerusalén están reunidos en sus casas para la cena y la ciudad muestra sus calles vacías. Todos los forasteros se han ido, aterrorizados con los terremotos… Unos con el del Viernes y los valientes que se quedaron, con el del amanecer del Domingo.

La tarde está cayendo y pronto anochecerá. Se alejan mientras comentan…

Andrés dice:

–        Estoy pensando en los enfermos. ¿Recuerdan a la mujer de ayer, que estaba desesperada?

Todos se miran mutuamente y dicen:

–        Si… Ninguno de nosotros se sintió capáz de imponerle las manos.

Tomás dice a Juan:

–        Tú podías haberlo hecho. Tú no huiste ni lo negaste. Y tampoco has sido incrédulo…

Juan inclina la rubia cabeza y confiesa:

–        También yo pequé contra el amor, igual que ustedes. Cerca del arco de la casa de Josué, aprisioné por el cuello a Elquías y estuve a punto de estrangularlo, porque ofendió a la Virgen. Y también… He odiado y maldecido a Judas de Keriot…

Pedro contesta aterrorizado:

–        ¡Cállate! No pronuncies ese nombre. Es de un demonio y me parece que lo estuviéramos invocando… Que no estuviera en el Infierno y que ande entre nosotros, para hacernos pecar otra vez.

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Andrés dice:

–        ¡Oh! Con todo lo que ha pasado, él está refundido en los Infiernos… Pero aunque estuviese aquí, su poder ya se acabó. Tuvo todo para haber podido ser un ángel y eligió ser un demonio. Y Jesús ha vencido a Satanás.

–        Así será… Pero es mejor no nombrarlo. Tengo miedo. Ahora comprendo cuán débil soy. Pero tú Juan, no te sientas culpable. Todos los hombres maldecirán al que entregó al Maestro… –Y Pedro se estremece.

Tadeo que jamás pudo aceptar a Iscariote, exclama:

–        ¡Y con mucha razón!

Juan dice:

–        No. María ha dicho que le basta el juicio de Dios y que debemos fomentar un solo sentimiento: el de agradecimiento de no haber sido nosotros los traidores. Y si Ella no maldice… Ella, la Madre que vio los tormentos de su Hijo, ¿Debemos hacerlo nosotros? Mejor olvidémoslo…

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Santiago su hermano contesta:

–        ¡Seríamos unos tontos!

–        Y sin embargo es la palabra del Maestro, por los pecados de Judas… –Juan dice esto, se calla y suspira…

Varios le dicen al mismo tiempo:

–        ¿Qué cosa?

–        ¿Hay otros?

–        Tú sabes…

–        ¡Habla!…

Juan dice:

–        He prometido olvidar y me esfuerzo en hacerlo. Respecto a Elquías, lo que hice no estuvo bien… Pero aquel día cada uno de nosotros tenía su ángel y su demonio… Y no siempre escuché al ángel de la luz…

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Zelote informa:

–        ¿Sabéis que Nahúm está paralítico y que su hijo Annás fue aplastado por una pared de su palacio, que se derrumbó con el terremoto y el deslave del monte? Lo encontraron porque ya apestaba… Nahúm estaba con otros de su calaña y fue golpeado con una piedra que se desprendió y le pegó en el cuello. Sólo tiene una mano sana y con ella agarró por la garganta a Caifás, cuando fue a visitarlo y le gritaba: ‘¡Por tu culpa! ¡Por tu culpa!’  Tampoco comprende nada y parece una bestia… Babea, aulla y se la pasa maldiciendo. Si no hubieran acudido los siervos, quién sabe que hubiera sido del Pontífice…

Los demás lo miran asombrados y preguntan:

–        ¿Y tú cómo lo supiste, Simón?

Zelote responde lacónico:

–        Ayer vi a José de Arimatea.

Han llegado al puentecillo del Hebrón? y se detienen…

Pensativos, miran el suelo y las casas.

Andrés palidece y señala una casa que en lo blanco de la pared, tiene una gran mancha rojiza…

El apóstol más tímido, exclama:

–           ¡Es sangre! Sangre del Maestro tal vez… ¿Había empezado aquí a perder sangre? ¡Oh! Por favor decídmelo…

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Santiago de Alfeo responde desconsolado:

–           Y ¿Qué quieres que te digamos, si ninguno de nosotros lo siguió?

Santiago de Zebedeo responde:

–           No inmediatamente. Mi hermano Juan me ha dicho que lo siguieron desde  la casa de Malaquías… Aquí no estuvo ninguno de nosotros…

Todos miran la mancha como si estuvieran hipnotizados.

Tomás observa:

–           Ni siquiera la lluvia la ha lavado. Tampoco el granizo que cayó tan fuerte en estos días, la ha arrancado… Si estuviese seguro de que es sangre suya, la quitaría de allí…

Mateo propone:

–           Preguntémosle a los de la casa… Tal vez ellos sepan.

–           No. Nos podrían reconocer por sus apóstoles. Pueden ser enemigos del Mesías y…

Santiago de Alfeo da un gran suspiro y dice:

–           Nosotros todavía somos unos cobardes…

Todos estan mirando fijamente, la pared que los acusa…

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Y pasa una mujer que viene de la fuente con sus cántaros…

Los mira atentamente y les grita:

–           ¿Estáis viendo esa mancha sobre la pared? ¿Sois discipulos del Maestro? Me parece que lo sois… porque el miedo se dibuja en vuestras caras. Aunque no os vi detrás del Señor cuando pasó por aquí… Cuando lo llevaban a la muerte… Lo que me hace pensar que un discípulo que sigue al Maestro cuando todo va bien y que se gloría de ello… Que está dispuesto a dejar todo por seguir al Maestro… Debe también seguirlo cuando le va mal… Yo no os ví…  ¡NO!…

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Y si no os vi, señal es de que yo; una mujer de Sidón… Fui detrás de Aquel a Quien sus discípulos no siguieron… Él me hizo un gran favor… Vosotros… ¿Vosotros no recibisteis nada de Él? Me extraña. Porque hacía el bien a gentiles y samaritanos. A pecadores y aún a ladrones, al darles la Vida Eterna. ¿No os amaba acaso?…

Entonces es señal de que sois peores que los escorpiones y que las hienas apestosas; aún cuando creo verdaderamente que Él fue capáz de amar a las víboras y a los chacales, no por lo que son sino porque su Padre los creó…

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Lo que estáis viendo es sangre. Sangre de una mujer de la costa del gran mar. Una vez fueron tierras filisteas, cuyos habitantes son despreciados todavía por los hebreos… Y con todo, ella supo defender al Maestro, hasta que el marido la mató… Arrojándola con tanta fuerza, después de haberla golpeado, que hasta le abrió la cabeza… Se le salieron los sesos y quedó estampada con su sangre, sobre la pared de su casa donde ahora lloran sus hijos huérfanos… Pero había recibido un beneficio del Maestro… Le había sanado a su marido que moría de una enfermedad inmunda.

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Sí… La mató el mismo marido que recibió el milagro del Maestro. Por este beneficio, amaba al Mesías. Y lo amó hasta morir por su causa…Cuando lo vió pasar torturado, cuando lo llevaban a la casa de Caifás. Lo precedió en el seno de Abraham…

También otra mujer que era madre, lavó el camino con la sangre de su vientre, que su perverso hijo le abrió por defender al Maestro. Y allá… –señala otra casa distante unos cincuenta metros- Una anciana murió de dolor cuando lo vió pasar herido a Él, que le había devuelto la vista a su hijo.

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También un anciano mendigo que salió en su defensa, murió porque recibió en su cabeza, la pedrada que estaba destinada a la cabeza herida de vuestro Señor.

Porque así lo considerabais, ¿No es verdad? Los valientes de un rey, mueren a su alrededor; pero ninguno de vosotros murió por Él. Estabais lejos de los que lo golpeaban…

¡AH! ¡Uno murió! Pero no de dolor, ni por haber defendido al Maestro. Primero lo vendió, luego lo señaló con un beso y finalmente se suicidó. Ya no le quedaba otra cosa que hacer para aumentar su iniquidad. Estaba completa como la de Belzebú. El mundo lo habría lapidado, para que la tierra se viese libre de él. Él lo sabía, Dios permitió su último crimen contra sí mismo, para que el mundo NO se manchase las manos con su sangre. Quiso que no hubiera verdugos que vengasen al Inocente…

Conforme habla, los ha estado mirando con un desprecio que va en aumento, Sus grandes ojos negros tienen la mirada como afilados cuchillos de obsidiana, con una dureza implacable, que deja al grupo congelado e incapaz de reaccionar.

Entre dientes, gruñe y escupe la última palabra:

–           ¡Bastardos!

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Recoge sus cántaros y se va. Satisfecha de haber vomitado su desprecio contra los discípulos que abandonaron al Maestro…

Los apóstoles se quedan aniquilados. Con la cabeza agachada, los brazos caídos y sin fuerza… La verdad los aplasta. Meditan sobre la consecuencia de su cobardía. No articulan palabra. No se atreven a mirarse.

Ni siquiera Juan y Zelote, que fueron los únicos que no fueron cobardes y que comparten el dolor que sienten, al verse impotentes para curar la herida producida por las palabras de la airada mujer, en el corazón de sus compañeros.

La oscuridad los rodea. Una luna menguante ilumina apenas la noche y el silencio, es absoluto. Solo se escucha el murmullo del cercano Cedrón fluyendo con sus aguas cantarinas. Todos se sobresaltan cuando de repente…

Se escucha la dulce voz de Jesús que pregunta:

–           ¿Qué estáis haciendo aquí? Os estaba esperando a la entrada del Huerto de los Olivos…

Nadie contesta.

Jesús añade:

–           ¿Por qué estáis mirando cosas muertas, cuando os espera la Vida?

Jesús, que ha venido del Getsemaní en su busca se detiene a su lado y mira la mancha que mantiene como hipnotizados a los apóstoles y dice:

–           Esa mujer ya está en paz. Ha olvidado el dolor. ¿Qué no piensa en sus hijos? No. Lo hace mucho mejor. Los santificará, porque no pide otra cosa a Dios.

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Jesús empieza a caminar y los apóstoles lo siguen en silencio. Después de caminar algunos metros, Jesús se vuelve y pregunta:

–           ¿Por qué decís dentro de vuestros corazones: “¿Por qué no pide que se convierta su marido? No es santa si lo odia…”  Yo os digo que no lo odia. Lo perdonó cuando la mataba. Alma que entra en el Reino de la Luz, ve con sabiduría y justicia. Y ella ve que su marido, ni se convertirá, ni será perdonado. Rechazará la salvación y Dios respetará su decisión. Vuelve ahora su plegaria en favor de quién puede conseguir el bien. Esa no es mi Sangre. Y sin embargo perdí mucha por este camino. Las pisadas de mis enemigos la han borrado, al mezclarse con el polvo y la suciedad. La lluvia la ha hecho desaparecer, pero hay algo que todavía puede verse… Porque manó tanto, que ni los pasos ni el agua la han borrado del todo. Caminaremos juntos y veréis mi Sangre derramada por vosotros…

Los apóstoles se preguntan mentalmente a sí mismos:

–           ¿A dónde?

–           ¿A dónde quiere ir?

–           ¿Al lugar donde oró?

–           ¿Al Pretorio?

–           ¿Al lugar donde la hierba está bañada con su Sangre?

Los apóstoles no han dicho una palabra…

Jesús que camina adelante como siempre, se voltea y dice:

–           Al Gólgota. Hay tanta, que el polvo se ha endurecido como si fuesen piedras. Y hay quienes ya se les han adelantado…

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Bartolomé exclama alarmado:

–           ¡Es un lugar inmundo!

Jesús lo mira con una sonrisa compasiva y responde:

–           Cualquier lugar de Jerusalén después del horrible pecado, es ahora inmundo. Y sin embargo no os preocupáis de otra cosa, fuera del miedo que sentís por la gente…

–           Es que ahí siempre han muerto ladrones…

Jesús puntualiza:

–           He muerto Yo. Y para siempre lo he santificado En verdad te digo que hasta el fín de los siglos, no habrá lugar más Santo que ese… Y que a él vendrán de toda la tierra a besar su polvo. Y hay alguien que os ha precedido, sin temer las burlas y las amenazas. Sin temer a contaminarse. Y quién os precedió, tenía doble motivo para temer.

Pedro le pega levemente con el codo en las costillas a Juan… Y la reconocida señal es interpretada…

Juan pregunta:

–           ¿Quién fue Señor?

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Jesús contesta:

–           Magdalena. Así como recogió las flores que hollaron mis pies el domingo de Ramos y las repartió como un recuerdo de júbilo entre sus compañeras discípulas; asi subio ahora al Calvario y con sus manos ha excavado la tierra que se endureció con mi Sangre y la ha depositado en las manos de mi Madre.

No ha tenido miedo. Era conocida como la ‘pecadora’ y como la discípula. No tuvo miedo de contaminarse, porque adora esa Sangre que la ha redimido. Mi Sangre ha borrado todo. Santo es el suelo donde cayó. Mañana, antes de la hora sexta subiréis al Gólgota. Os alcanzaré. Pero quién quiera ver mi Sangre, ahí la tiene.-Y señala un balaustre del puente agregando- Aquí mi boca pegó y brotó sangre… De ella no habían brotado más que palabras santas y palabras de amor… ¿Por qué entonces fue golpeada? ¿Y no hubo nadie que la hubiera curado con un beso.

Los apóstoles se sienten aplastados.

Y Jesús los conduce hasta un portón nuevo que impide la entrada al huerto de los Olivos y que forma parte de una fuerte empalizada con estacas agudas, alta y con su nueva cerradura.

Jesús trae una llave de metal, nueva y resplandeciente…

Felipe le alumbra la noche cerrada, con una antorcha que ha encendido y el Maestro abre el cerrojo.

Los apóstoles miran sorprendidos la nueva construcción que impide la entrada al huerto…

Y comentan:

–           No estaba antes, ¿Por qué ahora?

–           Ciertamente Lázaro ya no quiere a nadie aquí.

–           Mira allá. Piedras, ladrillos y cal.

–           Ahora es de leños, mañana será una pared.

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Jesús dice:

–           Venid. No os ocupéis de cosas muertas, os lo digo… Ved. Aquí estuvisteis… Aquí me rodearon y aprehendieron. –Extiende su brazo y señala- De allí huisteis… Si hubiera estado esta valla entonces, no hubierais podido huir con tanta rapidez. Pero ¿Cómo iba a pensar Lázaro, que se moría de ansias por seguirme, qué ibais a huir? ¿Os hago sufrir? Primero sufrí Yo. Quiero borrar aquel dolor… ¡Bésame Pedro!

Pedro grita espantado:

–           ¡No Señor, no! ¿Repetir lo que hizo Judas aquí, a la misma hora? ¡No!

Jesús insiste:

–           Bésame. Tengo necesidad de qué hagáis con amor sincero, lo que Judas no hizo. Después seréis felices. Acércate Pedro. Bésame.

Pedro no solo lo besa. Con sus lágrimas lava la mejilla del Señor. Se retira cubriéndose la cara con sus manos temblorosas y se sienta en el suelo para llorar.

Los demás, uno tras otro lo besan en el mismo lugar. Y todos terminan llorando de dolor y arrepentimiento.

Luego Jesús dice:

–           Os retiré de Mí aquella noche, después de que os robustecí con mi Cuerpo y con mi Sangre y pocas horas después caísteis. Recordad siempre cuán débiles fuisteis y que sin la ayuda de Dios no podríais permanecer en la justicia, ni siquiera una hora.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

229.- RAZÓN DE LOS PORQUÉ


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Es lunes de Pascua, por la noche en el Cenáculo…

Ha sido un día extraordinario y cargado de emociones… La mayoría de los que vinieron se han retirado felices y exhaustos… Sólo están los diez apóstoles que han terminado de cenar… Sobre los platos quedan los restos de pescado y dan sorbos a las copas de vino, mientras hablan.

Sus palabras son breves, como si monologasen consigo mismos y mutuamente dejan que cada uno siga hablando, sin hacerle caso al otro. Están ansiosos y a la vez temerosos… Pero la conversación gira alrededor de Jesús.

Tadeo afirma:

–                       Longinos dijo que había pensado: ¿Debo pedirle que me cure o que crea? Su  corazón le respondió que pidiese ‘poder creer’ y eso pidió. Y la Voz de Él le dijo: “Ven a Mí”. Y experimentó la voluntad de creer y se sintió curado. Así me lo dijo.

Mateo, que está a su lado, pregunta:

–                       ¿A qué hora dijo Valeria y las romanas que lo habían visto?

Nadie responde.

Andrés:

–                       Mañana voy  a Cafarnaúm.

Silencio.

Bartolomé se felicita:

–                       ¡Qué maravilla! Coincidir exactamente en el momento en que llegó la litera de Claudia.

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Juan suspira:

–                       Pedro, hicimos mal en habernos venido inmediatamente… Si nos hubiéramos quedado, lo habríamos visto como Magdalena.

Santiago de Zebedeo:

–                       No comprendo cómo pudo estar en Emaús y en el palacio de Juana al mismo tiempo. Y cómo aquí, dónde está su Madre. Allá dónde estaba Magdalena… Y luego Valeria…

Pedro:

–                       No vendrá. No he llorado lo suficiente para merecerlo… Tiene razón. Pero, ¡Cómo! ¡Cómo pude haber hecho eso!

Zelote:

–                       ¡Qué transfigurado estaba Lázaro! Os aseguro que parecía un sol. Me imagino que le pasó lo mismo que a Moisés, después de que vio a Dios. ¿No es verdad vosotros, que os encontrabais allí?

Nadie lo escucha.

Santiago de Alfeo se vuelve a Juan y le pregunta:

–                       ¿Cómo dijo a los de Emaús? Me parece que nos excusó, ¿No es verdad? ¿No dijo que todo había sucedido porque nosotros los israelitas comprendemos mal la naturaleza de su Reino?

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Juan no responde.

Y volviéndose a mirar a Felipe,  habla al aire porque a Felipe no se dirige:

–                       A mí me basta saber que ha resucitado. Oraré porque mi amor sea cada vez más grande. Porque si pensáis bien; ha ido en proporción al amor que le tenemos. Primero a su Madre, a María Magdalena, luego los niños, a mi madre y la tuya; luego Lázaro, Martha… Los romanos… ¿Cuándo se apareció a Martha? Estoy seguro que cuando se puso a cantar el Salmo: “El Señor es mi pastor…”

¿Recuerdas cómo nos maravilló con su inesperado canto? ¡Qué bueno que ya encontró nuevamente su camino! Antes andaba como sin saber qué hacer… Pero, ¿Qué habrá querido decir con esponsalicios confirmados?

Felipe, que por un momento lo miró y luego dejó que hablara solo… Da un suspiro y piensa en voz alta…

Felipe monologa:

–                       No sabré qué decirle si viene… Huí… Y me parece que huiré. Antes lo hice por temor a los hombres, ahora será por temor a Él.

Bartolomé se pregunta:

–                       Dicen todos que es hermosísimo. Pero, ¿Puede ser más bello de lo que ya era?

Mateo:

–                        Yo le diré: ‘Me perdonaste sin decir palabra alguna, cuando yo era publicano. Perdóname también ahora con tu silencio; porque mi cobardía no merece que me hables.’

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Zelote suspira:

–                       Yo no puedo dejar de pensar en Lázaro que al punto se le premió, después de haber ofrecido su vida… También yo lo he dicho: ‘Mi vida por tu gloria’ Pero no ha venido…

Pedro:

–                       ¿Qué estás diciendo Simón? Tú que eres culto, dime. ¿Qué debo decirle para darle a entender que lo amo y que le pido perdón? Tú Juan. Tú has hablado mucho con su Madre. Ayúdame. ¡No está bien dejar solo al pobre de Pedro!

Juan se compadece de su atribulado compañero y responde:

–                       De mi parte le diría sencillamente: ‘Te Amo’ En el amor está incluido todo el arrepentimiento y también el deseo de ser perdonado. Pero… no sé. Simón, ¿Qué dices tú?

Zelote responde:

–                       Yo pronunciaría el grito que provocaba los milagros: “¡Jesús, ten piedad de mí!” Y basta.

Pedro se angustia:

–                       En esto pienso y es lo que me hace temblar. ¡Oh! Me siento aniquilado por la vergüenza y el arrepentimiento… Aún ésta mañana tenía miedo de verlo. No me atrevo a enfrentarlo y…

Juan le da ánimos:

–                       Y fuiste el primero en entrar. No tengas miedo. Parece que no lo conocieras.

De pronto, la habitación se ilumina como si un relámpago hubiese penetrado en ella.  Los apóstoles se tapan las caras temiendo un rayo. Pero al no oír el estruendo. Levantan la cabeza.

Jesús está en medio de la habitación, junto a la mesa.

Abre los brazos diciendo:

–                       La paz sea con vosotros.

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Nadie responde.

Todos lo miran asombrados. Quién con la palidez o con la vergüenza, con miedo y con reverencia. Se sienten atraídos y al mismo tiempo deseosos de huir.

Jesús, con una gran sonrisa, da un paso adelante.

Y dice:

–                       No tengáis miedo. Soy Yo. ¿Por qué estáis acobardados? ¿No teníais deseos de verme? ¿No os había dicho que regresaría? ¿No os lo dije hasta la tarde de la Pascua?

Nadie se atreve a hablar. Pedro ha empezado a llorar. Juan sonríe. Los dos primos lo miran con los ojos brillantes y con un intento de decir algo que se queda solo en sus labios. Parecen dos estatuas representando el deseo.

Jesús dice:

–                       ¿Por qué dentro de vuestros corazones, traban lucha la duda y la Fe? ¿El amor y el temor? ¿Por qué queréis seguir siendo carne y no espíritu? Soy Jesús. Vuestro Jesús Resucitado.  –Levanta sus manos mostrando las llagas por ambos lados. Y agrega-  ¡Mirad! Tú que viste mis heridas y vosotros que no las visteis. Porque sabed que esto es muy diferente de lo que Juan vio.

Tú primero. Ven, estás completamente limpio. Tanto que puedes tocarme sin temor. El amor, la obediencia, la fidelidad, te han purificado del todo. Mi Sangre, con la que bañaste cuando me bajaste del patíbulo, completó todo.

6vanmol1

Mira. Son mis propias manos, mis propias heridas. Contempla mis pies. ¿Ves cómo ésta es la señal del clavo?

Sí. Soy Yo. No soy un fantasma. Tocadme. Los espectros no tienen cuerpo. Yo tengo un cuerpo verdadero.  –Pone su mano sobre la cabeza de Juan que se le ha acercado- ¿Sientes? Tiene calor y es pesada. –Le sopla a la cara- Y esto es aliento.

Juan murmura:

–                       ¡Oh, Señor mío!

Jesús dice:

–                       Sí. Vuestro Señor. Juan no llores de miedo, ni de deseo. Ven a Mí. Soy quien siempre te ama. Sentémonos, como siempre, a la mesa. ¿Tenéis algo que comer? Dádmelo entonces.

Andrés y Mateo, caminando como sonámbulos: toman de la alacena pan y pescado asado. Y un tarro con miel apenas abierto, que está a un lado.

Jesús ofrece el alimento y come. Da a cada uno, un pedazo de lo que come. Los mira. Es Bueno; pero tan inmensamente Majestuoso, que están paralizados.

Santiago de Zebedeo es el primero que se atreve a hablar:

–                       ¿Por qué nos miras así?

Jesús contesta:

–                       Porque quiero conoceros.

–                       ¿Todavía no nos conoces?

7jesus-resucitado

–                       Igual que vosotros que no me conocéis. Si me conocierais, sabríais Quién Soy, cuánto os amo y encontraríais palabras para hablarme de vuestro tormento. Estáis callados, como lo estaríais enfrente de un desconocido, cuyo Poder imagináis y por eso teméis. Hace unos momentos hablabais… He venido y ahora os calláis. ¿Estoy tan cambiado que no me parezco? ¿O estáis tan cambiados que ya no me amáis?

Juan, que está cerca de Jesús, reclina su cabeza sobre su pecho, como solía hacerlo antes. Y con voz queda dice: ‘Te amo, Dios mío.’ Pero se estremece por haberse atrevido a recargar su cabeza sobre el resplandor que mana de Jesús, pese a que la carne de su Cuerpo, es semejante a la nuestra.

Jesús lo atrae sobre su corazón y entonces Juan se entrega libremente a un llanto de felicidad.

Esta es la señal para que todos se acerquen.

Pedro se desliza entre la mesa y el asiento y llorando, de rodillas le suplica:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! Sácame de este infierno en el que desde hace tantas horas me debato. Dime que comprendiste que mi error no fue error de mi corazón, sino de mi debilidad humana que se impuso sobre él. Dime que has visto mi arrepentimiento… Que hasta la muerte me durará…

8negacion de pedro

Jesús le dice:

–                       Ven aquí, Simón de Jonás.

–                       Tengo miedo.

–                       Ven aquí. No quieras ser ahora cobarde.

–                       No merezco acercarme a Ti.

–                       Ven aquí. ¿Qué te dijo mi Madre? “Si no lo miras en este Sudario, no tendrás el valor de mirarlo otra vez.” ¡Eres un necio! ¿Con mi rostro, con mi dolorosa mirada, no te decía que te comprendía y que te perdonaba? Regalé ese lienzo para consuelo, para guía, para absolución y bendición…

¿Qué cosa os ha hecho Satanás, para cegaros en tal forma? Ahora Yo te digo: Si no me miras ahora, que sobre Mí he puesto un velo para ponerme al alcance de vuestra debilidad; jamás podrás venir a Mí, tu Señor, sin temor. ¿Y entonces qué cosa te volverá a traer? Pecaste por presunción, ¿Quieres pecar ahora por obstinación? Ven. Te lo mando.

9pedro

Pedro se arrastra sobre sus rodillas, con las manos cubriendo su cara llena de lágrimas. Cuando llega a los pies de Jesús, Él lo detiene poniéndole una mano sobre su cabeza.

Pedro, con lágrimas más abundantes, toma esa mano y se la besa…

Mientras dice sollozando:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Oh, Dios mío, perdón!

Jesús quita su mano y con ella levanta la cara del apóstol. Lo mira en esos ojos enrojecidos, quemados, destrozados por el arrepentimiento. La mirada de Jesús parece querer llegar hasta el fondo de su alma.

Luego dice:

–                       Vamos. Quítame el oprobio de Judas. Bésame dónde él me besó. Quítame con tu beso, la huella de su Traición.

10The_Kiss_of_Judas__James_Tissot

Pedro levanta su cabeza al mismo tiempo que Jesús se inclina y le besa en la mejilla… después se reclina sobre las rodillas de Jesús y se queda en esta posición. Como un anciano que se comporta cual niño que sabe que ha hecho mal, pero que sabe que ha sido perdonado.

Los demás, al ver la Bondad de Jesús, encuentran fuerzas para acercarse. Los primeros son sus primos. Quisieran decir tantas cosas… Pero no logran decir ni una palabra.

Jesús los acaricia y los anima con su sonrisa.

Luego se acercan Andrés y Mateo.

Mateo dice:

–                       Como en Cafarnaúm…

Y Andrés:

–                       Yo… yo… te amo.

Bartolomé entre lágrimas:

–                       No fui un docto, sino un necio. Éste sí que lo fue.  –y señala a Zelote a quién Jesús sonríe.

Santiago de Zebedeo dice a su hermano, Juan:

–                       Díselo tú…

Jesús se vuelve y dice:

–                       Hace cuatro noches que lo dices y siempre he tenido compasión de ti.

Felipe muy inclinado, es el último en acercarse; pero Jesús le obliga a levantar la cabeza…

Y le dice:

–                       Para predicar al Mesías, se necesita mucho valor.

Ahora todos están alrededor de Jesús. Poco a poco ganan confianza. Vuelve la tranquilidad.

11cena-del-senor-jesus

La Majestad de Jesús es tan grande, que les impone un sumo respeto.

Pero poco a poco, ellos atraviesan el límite que les imponía y empiezan a hablar.

Su primo Santiago se lamenta:

–                       ¿Por qué nos has hecho esto, Señor? Sabías que somos nada y que todo viene de Dios. ¿Por qué no nos diste las fuerzas para estar a tu lado?

Jesús lo mira y sonríe.

Zelote:

–                       Ahora todo se ha cumplido y nada tienes que padecer. Tus sufrimientos los imaginaba y esto acabó con mis fuerzas. Sentía que me ahogaba, pero te obedecí…

Jesús lo mira y sonríe.

Andrés:

–                       Señor. sabes lo que mi corazón anhelaba. Pero después me faltó todo. Como si me lo hubiesen arrebatado, los verdugos que te aprehendieron. Y solo me quedó un agujero en la mente… ¿Por qué has permitido esto, Señor?

Felipe:

–                       Tú hablas del corazón… Yo me sentí como si hubiese perdido la razón, después que me dieran un mazazo en la nuca. De pronto en la noche me encontré en Jericó. ¡Oh, Dios, Dios! Me imagino que así será la posesión. ¡No supe ni cómo había llegado allá!

12apost-espera

Bartolomé:

–                       Felipe tiene razón. Yo miraba hacia atrás. Estaba tan aturdido, que no sabía nada de nada. Miraba a Lázaro cruelmente atormentado, pero muy seguro. Y me decía: ‘¿Por qué él puede estar así y yo no?’

Santiago de Zebedeo:

–                       También yo miraba a Lázaro y decía: ‘Si por lo menos mi corazón fuera así.’ Porque yo solo experimentaba dolor, dolor y más dolor. Lázaro sufría, pero tenía paz.

Jesús los mira a cada uno de los tres y sonríe. Pero no dice nada.

Tadeo:

–                       Traté de ver lo que Lázaro veía. Pero no pude. Por eso me mantenía cerca de él. ¡Su cara parecía un espejo! Un poco antes del terremoto del viernes, la tenía como si estuviera aplastado. Y luego de pronto, cobró un aire de majestad en su dolor.

¿Recordáis cuando dijo: ‘El deber cumplido, produce Paz’? Todos pensamos que era un reproche dirigido contra nosotros. Ahora pienso que lo dijo por Ti. Lázaro fue un faro en nuestras tinieblas. ¡Cuánto le has dado, Señor!

Jesús sonríe y calla.

13resu-lazaro

Andrés confirma:

–                       Sí. La vida. Tal vez con ella le diste un alma diferente. Porque pensándolo bien, ¿En qué se diferencia de nosotros? Y sin embargo no es solo un hombre. Es algo superior. Por lo que fue en el pasado, debía ser menos perfecto en su espíritu. Pero ha logrado serlo. Y nosotros… Señor… mi amor ha sido como una espiga vacía. Sólo produce paja.

Mateo:

–                       No puedo pedir nada, porque ha sido mucho lo que he obtenido con mi conversión. Pero, ¡Sí! Yo hubiera querido lo que tuvo Lázaro. Un corazón entregado a Ti. También yo pienso como Andrés…

Juan:

–                       También Magdalena y Martha fueron como faros. Vosotros no las visteis. Una era piedad y silencio. ¡La otra! ¡Oh! Si estuvimos juntos como un manojo de paja, alrededor de la Virgen, es porque Magdalena lo hizo con el fuego de su amor intrépido. Sí. El amor. Nos han superado en amar… Por esto fueron lo que fueron.

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Jesús continúa sonriendo y sin decir una palabra.

Los apóstoles dicen al mismo tiempo:

–                       Pero han sido grandemente recompensados…

–                       Tú dejaste que te vieran.

–                       Los visitaste primero.

–                       A los pastores y a los discípulos…

–                       A María después de tu Madre…

–                       A Juana, a las romanas y a los militares romanos.

Es indudable que en sus palabras se trasluce el tono de un cierto reproche, por estas personas privilegiadas.

Que se hace más evidente en los que hablan luego, conforme se van atreviendo a más…

Felipe:

–                       Magdalena sabe desde hace muchas horas que has resucitado. Ha transcurrido todo el Domingo…  Y nosotros sólo ahora podemos verte…

Tadeo:

–                       No más dudas en ellos. Pero en nosotros, ¡Cuántas!… Mira. Sólo ahora comprendemos que nada ha terminado. Si todavía nos amas y no nos rechazas… ¿Por qué entonces, solo a ellos; Señor?

Pedro:

–                        Sí. ¿Por qué a las mujeres y sobre todo, a María Magdalena? Le tocaste la frente. Ella asegura que le parece llevar una guirnalda eterna. Y a nosotros tus apóstoles, nada…

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La sonrisa desaparece del rostro de Jesús.

Mira seriamente a Pedro y dice:

–                        Tenía Yo Doce discípulos. Los amaba con todo mi corazón. Los había elegido. Y como una madre cuidé de que crecieran durante mi vida. No tenía secretos para ellos. Todo les decía, les explicaba, les perdonaba. Tenía discípulos…  Había ricos y pobres. Tenía mujeres discípulas de un pasado turbio y de frágil constitución. Pero mis predilectos eran los apóstoles.

Llegó mi Hora…

16tristeza mortal

Uno me Traicionó y me entregó a los verdugos. Tres se echaron a dormir, mientras Yo sudaba sangre…

1JESUS EL ANGEL Y SUS DICIPULOS DURMIENDO

Todos menos dos, huyeron cual cobardes. Uno me negó por temor, no obstante el ejemplo del otro, joven y fiel…  Y como si no fuera suficiente, entre los Doce he tenido un suicida desesperado y otro que ha dudado de tal forma de mi Perdón, que no quiso creer en la Misericordia de Dios, pese a las palabras de mi Madre.

Si tuviera que ver a mis seguidores con ojos humanos, tendría que asegurar: ‘Fuera de Juan, fiel en el amor y de Simón, fiel en la obediencia, ya no tengo apóstoles.’ Esto debería haber dicho cuándo padecía en el recinto del Templo, en el Pretorio, por las calles de Jerusalén, en la Cruz.

18-Jesus being nailed to the cross - by William Hole

     Había mujeres… Una, la más pecadora en el pasado, fue la llama que soldó las fibras deshechas de los corazones. Esa mujer es María de Mágdala.

Tú me negaste y huiste. Ella desafió la muerte para estar cerca de Mí. Al sentirse insultada se levantó el velo, para recibir los escupitajos  y burlas, pensando que así se asemejaba más a su Rey Crucificado.

19magdalena

En el fondo de los corazones era objeto de burla porque creía en mi resurrección y pese a ello siguió creyendo. Destrozada ha vuelto a reaccionar…  Y por la mañana pese a su Dolor dijo: ‘De todo me despojo, pero dadme a mi Maestro.’ Puedes repetir tu pregunta: ¿Por qué a ella?

20RESURRECCION

Tuve discípulos pobres, que eran los pastores. Pocas veces tuve la oportunidad de estar cerca de ellos y sin embargo no dudaron en proclamar su fidelidad.

21pastores

Tuve discípulas tímidas, como lo son todas las mujeres hebreas. Y con todo, no vacilaron en abandonar sus casas y avanzar en medio de la marea del odio de un pueblo que me blasfemaba, con tal de darme esa ayuda que mis apóstoles me negaron…

Tenía el rostro cubierto de escupitajos y de sangre. Lágrimas y sudor corrían por mis heridas. Suciedad y polvo lo cubrían. ¿Cuál fue la mano que lo limpió?

22compasion

Ninguna de las vuestras. Éste estaba junto a mi madre. Éste juntaba a las ovejas dispersas. ¿Cómo podían ayudarme?

Tú escondiste tu cara por miedo al desprecio del mundo, mientras tu Maestro se cubría con él. A esa delicada mano de mujer, le di el regalo de mi sonrisa.

24veronica

Tuve paganas que admiraban al ‘filósofo.’ Porque eso era para ellas. Y cuando todo un mundo de ingratos me había abandonado… Ellas, las poderosas romanas; no tuvieron empacho en aceptar las costumbres hebreas, para decirme: ‘Somos tus amigas’

23An_Audience

Me moría de sed. La fiebre y el dolor se habían apoderado de Mí. Ya había manado Sangre de Mí, en el Getsemaní por el Dolor de ser Traicionado, abandonado, negado, azotado, sumergido por las culpas infinitas y por el Rigor de Dios. También corría sangre en el Pretorio…

¿Quién quiso dar una gota de agua a mi garganta que ardía de sed? ¿Una mano de Israel? No. Un pagano compasivo. La misma mano que por decreto eterno, me abrió el pecho para mostrar que el corazón tenía ya una herida mortal.

Y era que la falta de amor, la cobardía, la Traición; ya la habían abierto. Fue un pagano. Os lo recuerdo: “Tuve sed y me dio de beber” En todo Israel no hubo Uno, que me hubiese dado un solo consuelo.

25rostro de cristo

O porque no podían, como mi Madre, las mujeres fieles y los pastores. O por mala voluntad.

Y un pagano tuvo para el Desconocido, un gesto de compasión que mi pueblo no me dio. En el Cielo encontrará el sorbo de agua que me dio…

En verdad os digo que sí rechacé todo consuelo, porque cuando se es víctima no conviene templar la suerte. No quise rechazar lo que me ofrecía el pagano; porque en ello probé la miel de todo el amor que los gentiles me brindarán, en recompensa de toda la amargura que me hizo beber Israel.

No me quitó la sed. Pero sí el desconsuelo. Acepté ese sorbo, para atraer hacia Mí, al que ya se inclinaba hacia el Bien. ¡Que el Padre lo bendiga por su compasión!

26longinos

¿No habláis más? ¿Ya no me preguntáis porqué he procedido como lo hice? No os atrevéis ¿Verdad? Os lo diré. Os diré los porqués de esta Hora.

¿Quiénes sois? Mis continuadores. Los sois pese a vuestro extravío. ¿Qué debéis hacer? Convertir al Mundo al Mesías. ¡Convertirlo! Es la cosa más delicada y difícil, amigos míos. Los desprecios, las burlas, el orgullo, el celo exagerado, son cosas que se opondrán al éxito.

Pero como nada, ni nadie os hubiese convencido para que usaseis bondad, condescendencia y caridad;  para con los que están en las Tinieblas. Fue necesario, ¿Comprendéis?…

27Getsemani-oracion-del-huerto-traicion-de-Judas1

Que después de que se hubiera aplastado vuestro orgullo de hebreos, de varones, de apóstoles.  Tuvieseis la Humildad, para comprender la verdadera sabiduría y la grandeza de vuestro ministerio… Y creciese en vosotros la mansedumbre, la paciencia, compasión y el amor sin límites.

¿Veis que aquellos que mirabais con desprecio o con orgullosa compasión, os han superado en la Fe y en el Obrar? Todos. La pecadora de otros tiempos… Lázaro, aficionado a la cultura profana, fue el primero que perdonó y guió. Las mujeres paganas, desafiaron un pueblo enloquecido por el Odio…

28romanas

La débil mujer de Cusa. ¿Débil? En verdad que a todos os supera. Es la primera mártir de mi Fe…  Los soldados de Roma. Los pastores. El herodiano Mannaém y hasta Gamaliel el rabino…  No te estremezcas Juan. ¿Crees que mi espíritu estaba en las Tinieblas?

Y esto os ha sucedido, para que el día de mañana al recordar vuestro error, no cerréis vuestro corazón a quien se acerca a la Cruz. Y sin embargo Yo sé que no lo haréis hasta que la Fuerza del Señor, no os haya revestido con su Fuego.

29Crucifixion-Christ-Cross-Mormon

Pedro. En lugar de estar llorando, tú que debes ser la Piedra de mi Iglesia, grábate ésta verdad en el corazón: La mirra se emplea para preservar de la corrupción, llénate de su amargura. Y cuando quieras cerrar tu corazón y la Iglesia a uno de otra fe, recuerda que no fue Israel…  No Israel, sino Roma; quién me defendió y tuvo piedad…

Acuérdate que no fuiste tú, sino una pecadora, la que tuvo la osadía de estar a los pies de la Cruz y por eso mereció ser la primera en verme.

30magdalena

Y para que no te hagas digno de una reprensión, Imita a tu Dios. Abre tu corazón y la Iglesia diciendo: “Yo el pobre Pedro no puedo despreciar, porque si lo hiciere; Dios me despreciará y mi error tornará cual es, ante sus ojos” ¡Ay de ti si no te hubiera reducido a este estado! Serías un Lobo y no un Pastor. 

Jesús, revestido con toda su imponente majestad se pone de pie…

Hijos míos, os hablaré más veces, mientras esté con vosotros. Entre tanto os absuelvo y os perdono. Después de la Prueba que si  fue cruel y avasalladora… También fue necesaria y saludable.

31Carl_Heinrich_Bloch_-_Consolator

Descienda sobre vosotros la paz del Perdón. Y con ella en el corazón volved a ser mis amigos fieles y fuertes. Mi Padre me envió al Mundo. Yo os mando a él, para que continuéis mi Evangelización.

Miserias de toda clase vendrán a vosotros en demanda de consuelo. Sed buenos, pensando en la miseria vuestra, cuando os quedasteis sin Mí… Llevad con vosotros la   Luz. En las Tinieblas no se puede ver. Sed limpios, para que otros lo sean. Sed amor para amar.

32Josephsaltar_Altarblatt_Pfingstwunder

Luego vendrá El que es Luz, Purificación, Amor. Para prepararos a este Ministerio os comunico el Espíritu Santo. A quienes les perdonareis sus pecados, les serán perdonados. A quienes no, no se les perdonarán. Vuestra experiencia os haga  justos para juzgar.

El Espíritu Santo os haga santos para santificar. Vuestra voluntad sincera de reparar vuestra falta, os haga heroicos para la vida que os aguarda. Lo que todavía no os digo, os lo diré cuándo el que está ausente, haya venido. Rogad por él. Quedaos con mi paz y sin angustia alguna de que no os ame.

Jesús desaparece igual que como entró, dejando entre Pedro y Juan el lugar vacío. Desaparece en medio de un resplandor que hace que los apóstoles cierren sus ojos. Cuando los abren, encuentran que solo la Paz de Jesús ha quedado como una flama que quema y que sana. Que consume las amarguras del pasado en un solo deseo: el  de servir.

33emaus

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA