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UN LIBRO FASCINANTE


Padre Pío contra Satanás’:

Una lectura apasionante, sobre el combate que libró el santo de Pietrelcina contra el demonio

Por INFOVATICANA | 26 diciembre, 2018

A lo largo de su vida, el Padre Pío libró una batalla continua y durísima contra Satanás, que se sirvió de todo instrumento,

ordinario y extraordinario, para atacar a quien evidentemente consideraba un combatiente temible.

En las páginas de su libro Padre Pío contra Satanásel periodista Marco Tosatti reconstruye esta batalla a

través de relatos, biografías, testimonios y la inédita Positio, el monumental dossier de documentos que sirvió de base para la canonización.

También a través de las cartas que el Padre Pío envió a sus superiores y directores espirituales, que le mandaron escribir con detalle lo que le sucedía.

Durante su estancia en Venafro, el monje santo escribió:  

“Estas tentaciones son realmente terribles, porque el demonio ataca completamente el espíritu de los que se elevan en el amor de Dios

y lo agita de un modo tan violento que, si no se recibe una ayuda especial del Señor, se podría sucumbir.

Sobre todo cuando el demonio, para conseguir más fácilmente la victoria, se muestra bajo la forma de una mujer malvada, desnuda…

Y empuja con violencia al alma para hacerla sucumbir y caer en la tentación.

Al principio se me apareció bajo la forma de un gato negro y feo.

La segunda vez bajo la forma de unas jovencitas desnudas que bailaban lascivamente.

La tercera vez, sin aparecerse, me escupían en la cara.

La cuarta vez, sin aparecerse, me atormentaban con ruidos ensordecedores (…)”

El historiador Fernando Paz recomienda este libro que recoge el relato del combate que mantuvo el Padre Pío a lo largo de su vida, desde muy temprana edad.

Una lectura verdaderamente apasionante y también reconfortante, como fue la misma vida del Padre Pío.

El demonio existe y su papel activo no pertenece al pasado ni puede ser recluido en los espacios de la fantasía popular. 

El diablo en efecto, continúa  induciendo hoy día al hombre  justo, al pecado.

Por tal razón la actitud del discípulo de Cristo frente a Satanás tiene que ser de vigilancia y de lucha.

Y no de indiferencia.

La mentalidad de nuestro tiempo desaforadamente, ha relegado la figura del diablo a la mitología y en el folclore.

El Baudelaire afirmó justamente, que la obra maestra de Satanás en la era moderna, es de hacernos creer que no existe.

Por consiguiente no es fácil imaginar que el Diablo haya dado prueba de su existencia, aún cuando ha sido obligado a afrontar al Padre Pío en “ásperos combates”.

Tales batallas, tal como es reconocido en la correspondencia epistolar del venerable fraile, en sus directorios espirituales, fueron reales combates, siendo   la última con sangre.

Uno de los primeros contactos que el Padre Pío ha tenido con el Príncipe del Mal, remonta al año de 1906 cuando Padre Pío vivió en el convento de Sant  ‘Elia a Pianisi.

Una noche de verano no logró dormirse por el bochorno sofocante.

De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre.

“El Pobre fraile Anastasio no puede dormir como yo” pensó el Padre Pío.

“Quiero llamarlo, al menos para hablar un poco”.

Fuè a la ventana y llamó el compañero, pero la voz  se le quedó en  la garganta:

Al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina se asomó un monstruoso perro.

Así el mismo Padre Pío contó:

“Por la puerta con terror; vi entrar un gran perro, de cuya boca salió mucho humo.

Caí sobre la cama y oí que dijo: “es él, es él”

Mientras estuve en aquella posición, vi aquel animal que saltó sobre el alféizar de la ventana.

El rezo del Santo Rosario es azote para los demonios, que huyen en desbandada, cuando es rezado con FE, pues tiembla el Infierno y no resisten el arma poderosísima que es el Santo Rosario ORADO con fe y amor…

Y luego de esto se lanzó sobre el techo del frente y  desapareció…

Las tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de modos diversos.

El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas:

“bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo;

bajo forma de un joven amigo de los frailes;

bajo forma del Padre Espiritual o del Padre Provincial;

de aquel del Papa Pío X y del Ángel de la guarda;

de San Francesco;

de Maria Santísima,

pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales.

A veces no hubo ninguna aparición pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre,

atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.  

Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús,

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el  Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez – el Padre Tarcisio contó de Cervinara – antes de  salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado:

“Padre Pío nos das más molestias tú que San Michele”.

Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y “no  te molestaremos”

Pero veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directorios espirituales, los asaltos de Satanás.

Carta al padre Agostino, del 18 de enero de 1912:

“… Barba Azul no  quiere ser derrotado.

Él ha venido a mí asumiendo casi todas las formas.

Desde hace varios días, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras.

Lo peor es que ellos, vienen con sus semblantes.

Tal vez cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación.

¡Pero paciencia!

Jesús, la Mamá, el angelito, San José  y el padre San Francisco siempre están conmigo.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: 

Estimado Padre”, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios.

Y ha seguido el mismo destino de  la   anterior.

Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.

Padre mío, ellos no pueden ganar y hacer a su voluntad por mi constancia. 

Yo le informo sobre sus trampas, ya que sé  a lo que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. 

 Yo encuentro en sus cartas mi único  consuelo; pero para glorificar  a Dios y para su confusión yo los llevaré.

Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome.

A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado  yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo  pedirle  ayuda.  

Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo.

Y finalmente, él voló  alrededor de mí y con su voz angélica  cantó los himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó.

Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente..

Y por  castigo, yo no quise mirarlo a la cara, yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle…

Pero él pobre me localizó llorando, él me tomó hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vì que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino  del 18 de noviembre de 1912…..

“El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente.

Él intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales.

Él se molesta  mucho porque yo le cuento estas cosas.

Él me hace pensar en no decirle, los hechos que pasan con él.

Él me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo; de hecho él dice que le gustan sólo estas historias. 

 El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios y con  referencia a sus cartas;

él  me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas.

Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor, encontramos que la carta estaba sucia de tinta.

¿Era la venganza del  diablo? Yo no puedo creer, que usted me ha enviado la carta sucia;

porque usted sabe que yo no puedo ver bien.

Al principio nosotros no pudimos leer la carta, pero después de poner el Crucifijo en la carta;

nosotros tuvimos éxito leyéndola, aun cuando nosotros no  éramos capaces de leer en letras pequeñas… “

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero,  de 1913,

“Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí.

Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado incluso mi camisa  y  me han golpeado de  una manera brutal”…

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Benedetto de fecha  18 de marzo de 1913

“Estos diablos no dejan de pegarme, mientras  que también me tumban de la cama.

¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme!

Pero ahora ellos no me asustan ya. Jesús me ama.

Él me levanta a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación,  con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente.

Éste es el testimonio del Padre Pío:

“Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba.

Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés.

Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales.

 ¡Todos los pecados eran molestos! 

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo…

Yo respondí. Yo le citaba la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos;

pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras, justificando con habilidad extrema y cortesía, todo  tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural y humanamente comprensible, todas sus acciones pecadoras.  

Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora y los Santos;

él fuè  Rotundo sobre la argumentación;

pero que pecados  morales tan sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron.

Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él?

Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara.

Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto  que merecían.

Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije: diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos…

Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba  un hedor insoportable”

Don Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del padre Pío que estaban al mismo tiempo presentes.

Fr. Pierino cuenta la historia:

“Un día, el Padre Pío estaba en el confesionario, detrás de las cortinas.

Las cortinas del confesionario no estaban cerradas totalmente y yo tuve la oportunidad de mirar al Padre Pío.

Los hombres, mientras miraban los registros se apartaron, todos en una sola fila.

Del lugar dónde yo estaba yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre.

Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre.

Él era guapo, con los ojos pequeños y negros, pelo canoso, con una chaqueta oscura y los pantalones  bien arreglados.

Yo no quise distraerme y seguí recitando el breviario; pero una voz interior me dijo: “¡Detente y mira!”.

Yo miraba al  Padre Pío. 

 Ese hombre,  simplemente se detuvo delante del confesionario, después de que el penitente anterior se marchó.

Él desapareció rápidamente entre las cortinas, mientras estaba de pie,  delante del Padre Pío. 

 Entonces yo no vi más al hombre cabello oscuro.

Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas.

En la silla en el confesionario, de pronto ya no vì al Padre Pío y en su lugar vì a Jesús;

pero Jesús  era rubio, joven y guapo y  miró fijamente  al hombre, quien tuvo por tumba al suelo.

Entonces de nuevo logré ver al Padre Pío que surgió  otra vez.

Él volvió para tomar su asiento  en su  mismo lugar y su apariencia emergió de la de  de Jesús.

Ahora podía ver claramente al Padre Pío.  

Yo oí su voz inmediatamente: “¡Dense prisa!”

¡Nadie notó este acontecimiento!

Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos”

172 LA PRIMERA ERMITAÑA


172 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús vuelve solo, a casa de Simón Zelote.

La tarde cae, apacible y serena después de tanto sol.

Jesús se asoma a la puerta de la cocina, saluda…

Y sube a meditar a la habitación de arriba, que ya está preparada para la cena.

El Señor no parece muy contento.

Suspira bastante y pasea de un lado para otro por la sala, lanzando de vez en cuando una mirada hacia las tierras de los alrededores,

visibles desde las muchas puertas de esta amplia habitación, que es un cubo construido encima del piso bajo.

Sale también a pasear por la terraza, dando la vuelta a toda la casa.

Y se queda inmóvil, en el lado posterior, mirando a Juan de Endor,

el cual, amablemente, está sacando agua de un pozo para ofrecérsela a Salomé, que está muy atareada.

Mira, menea la cabeza y suspira.

La potencia de su mirada despierta la atención de Juan, que se vuelve a mirar,

y pregunta:

–     Maestro, ¿Me quieres para algo?

–     No, sólo te miraba. 

Salomé dice:

–     Juan es bueno.

Me ayuda. Dios le recompensará también esa ayuda.

Jesús, después de estas palabras, entra de nuevo en la habitación y se sienta.

Está tan absorto, que no advierte el rumor de muchas voces y numerosos pasos en el pasillo de entrada.

Y luego una pisada ligera que sube la escalerita exterior y se acerca a la sala.

Sólo cuando María lo llama, levanta la cabeza.

–     Hijo, ha llegado a Jerusalén Susana. 

Y ha venido inmediatamente acompañando a Áglae.

¿Quieres escucharla ahora que estamos solos?

Jesús dice:

–     Sí, Madre.

Enseguida. Y que no suba nadie hasta que haya terminado todo; lo cual espero que sea antes del regreso de los demás.

Te ruego que vigiles para que no haya curiosidades indiscretas… en ninguno…

Y especialmente por lo que se refiere a Judas de Simón.

–     Vigilaré con esmero…

María sale.

Y vuelve poco después trayendo de la mano a Áglae, que ya no está arrebozada en su grueso manto gris y en su velo  que le cubría el rostro.

Ya no lleva las sandalias altas, con su complicado sistema de hebillas y correas.

Ahora está transformada; parece en todo una hebrea, con sus sandalias bajas y lisas, simplísimas como las de María.

Con su túnica azul oscura y el manto encima formando elegantes pliegues.

Con un velo blanco colocado como lo usan las mujeres hebreas de clase llana:

sencillamente sobre la cabeza y con uno de los extremos echado hacia atrás, de forma que cubre el rostro pero no del todo.

Este atavïo, como lo usan una infinidad de mujeres y el hecho de estar en un grupo de galileos, la han protegido a Áglae de ser reconocida.

Entra con la cabeza baja. A cada paso que da se ruboriza más. Si María no tirase delicadamente de ella hacia Jesús, lo más seguro es que se habría arrodillado en el umbral de la puerta. 

Cuando llegan hasta donde está Jesús,

María la presenta: 

–     Mira Hijo…

Aquí está la mujer que desde hace tanto tiempo te está buscando. Escúchala…

Y se retira, corriendo las cortinas para cubrir los arcos de las puertas, que están abiertas de par en par.

Y cierra la puerta más cercana a la escalera.

Áglae deja a un lado el fardo que llevaba cargado a la espalda, se arrodilla a los pies de Jesús…

Y rompe a llorar impetuosamente.

Se curva hasta el suelo y sigue llorando con la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados.  

Jesús le dice:

–     No llores de ese modo.

Ya no es momento de llanto. Sí debías haberlo hecho cuando estabas enemistada con Dios; no ahora, que lo amas y te ama.

Pero Áglae sigue llorando…

–     ¿No crees que es así?

La voz se abre paso entre los sollozos:

–     Lo amo, es verdad.

Como sé hacerlo, como puedo…

Pero, a pesar de que yo sepa y crea que Dios es Bondad, no puedo atreverme a esperar recibir su amor. He pecado demasiado…

Un día quizás lo tendré, pero todavía me queda mucho que llorar… Por ahora estoy sola en mi amor. Estoy sola…

No es la desesperada soledad de estos años. Es una soledad llena de deseo de Dios y,por tanto, ya no es soledad desesperada…

Pero es tan triste, tan triste…

–     Áglae, ¡Qué mal conoces todavía al Señor!

Este deseo que tienes de Él te es prueba de que Dios responde a tu amor, es amigo tuyo, te llama, te invita, le interesas.

Dios es incapaz de permanecer inerte ante el deseo de una criatura, porque ese deseo lo ha encendido Él – Creador y Señor de toda criatura, en ese corazón.

Y lo ha encendido Él porque ha amado con privilegiado amor a esa alma que ahora lo anhela.

El deseo de Dios siempre precede al deseo de la criatura, porque Él es el Perfectísimo y por tanto, su Amor es mucho más diligente e intenso que el de la criatura.

–     Pero, ¿Cómo puede amar Dios mi fango?

–     No trates de entender con tu inteligencia.

Es una inmensidad de Misericordia, incomprensible para la mente humana.

Pero lo que no puede ser comprendido por la inteligencia del hombre, lo comprende la inteligencia del amor, el amor del espíritu.

Éste comprende y entra seguramente en el misterio de Dios y en el de las relaciones del alma con Dios. Entra, Yo te lo digo.

Entra, porque Dios lo quiere.

–     ¡Oh, Salvador mío!

Pero entonces… ¿Estoy realmente perdonada? ¿Me ama verdaderamente Dios? ¿Debo creerlo?

–     ¿Te he mentido alguna vez?

–     ¡Oh, no, Señor!

Todo lo que me dijiste en Hebrón se ha cumplido.

Me has salvado, como dice tu Nombre.

Yo era una pobre alma perdida y Tú me has buscado.

Llevaba mi propia alma muerta y Tú me la has devuelto a la vida.

Me dijiste que si te buscaba te encontraría. Y fue verdad.

Me dijiste que estás dondequiera que el hombre tenga necesidad de un médico y de medicinas.

Y es verdad.

Todo le que le dijiste a la pobre Áglae, desde las palabras de aquella mañana de Junio hasta las otras de Agua Especiosa…

–     Debes creer entonces, también en éstas.

–     ¡Sí! ¡Creo!

¡Creo! ¡Pero, dime: “Yo te perdono”!

–     Yo te perdono en nombre de Dios y de Jesús.

–     Gracias…

Y.. ¿Ahora qué tengo que hacer?

Dime, Salvador mío, ¿Qué tengo que hacer para obtener la Vida eterna?

Los hombres se corrompen sólo con mirarme…

No puedo vivir temblando continuamente por el miedo a ser descubierta y asediada…

Durante el viaje que he hecho para venir aquí, me he sentido temblar a cada mirada de hombre…

No quiero ni pecar ni hacer pecar.

Indícame el camino que debo seguir; el que sea, que lo seguiré.

Como puedes ver, soy fuerte incluso en la penuria…

Si por excesiva penuria encontrase la muerte, no por ello tendría miedo:

La llamaré “amiga mía” porque me alejará de los peligros de este mundo y para siempre.

Habla, Salvador mío.

–     Ve a un lugar desierto.

–     ¿A dónde, Señor?

–     A donde quieras.

A donde te conduzca tu espíritu.

–     ¿Será capaz de tanto mi espíritu apenas formado?

–     Sí, porque Dios te guía.

–     ¿Y quién me va a hablar en lo sucesivo de Dios?

–     Por ahora, tu alma resucitada.

–     ¿Te volveré a ver?

–     No en este mundo.

Pero dentro de poco te redimiré del todo y entonces visitaré tu espíritu, para prepararte a la ascensión hacia Dios.

–     ¿Cómo se producirá mi completa redención si no te voy a volver a ver?

¿Cómo me la vas a dar?

–     Muriendo por todos los pecadores».

–     ¡Oh,… morir!…

¡No, Tú no!

–     Para daros la Vida debo darme la muerte.

Por esto he venido en cuerpo humano. No llores…

Vendrás conmigo pronto después de nuestro sacrificio.

–     ¡Mi Señor!

¿Voy a morir yo también por ti?

–     Sí; pero de otra forma…

Hora a hora morirá tu carne por deseo de tu voluntad. Hace ya casi un año que está muriendo.

Cuando haya muerto del todo, te llamaré.

–     ¿Tendré la fuerza suficiente para destruir mi carne culpable?

–     En la soledad donde estarás…

Y donde Satanás, en la medida en que tú vayas siendo cada vez más del Cielo, te atacará también cada vez más, rencoroso y violento. 

 Encontrarás a un apóstol mío, primero pecador, luego redimido.

–     Entonces no es aquel hombre bendito que me hablaba de Tí, ¿No?

Demasiado honesto es como para haber sido pecador.

–     No es él, es otro.

Irá a ti en su momento. Entonces te hablará de lo que ahora no puedes conocer. Ve en paz.

Y que la bendición de Dios te acompañe.

Áglae ha estado de rodillas durante todo el tiempo, se curva para besar los pies del Señor.

No se atreve a más.

Luego coge su fardo y lo vuelca:

Caen al suelo unos vestidos sencillos, un saquito pequeño que suena al chocar contra el suelo y un frasco de un delicado alabastro rosa.

Áglae vuelve a meter los vestidos en el fardo, recoge del suelo el saquito,

y dice:

–     Esto es para tus pobres.

Es el resto de mis joyas. Sólo me he reservado algunas monedas como viático…

Aunque no me lo hubieras dicho, ya tenía pensado irme lejos.

Y esto es para ti. No es tan suave como el perfume de tu santidad, pero es lo mejor que puede dar la tierra.

Aunque me servía para hacer lo peor… Que Dios me conceda perfumar al menos como esto en tu presencia en el Cielo…

Y quitando el tapón precioso del frasco, esparce su contenido por el suelo.

La preciosa esencia impregna las baldosas, subiendo a oleadas un penetrante olor a rosas.

Áglae retira el frasco vacío.

–     Como recuerdo de este momento…

Luego se inclina una vez más a besar los pies de Jesús.

Se levanta y se retira caminando hacia atrás.

Sale y cierra la puerta…

Se oye su paso alejándose en dirección a la escalera.

Y su voz, que intercambia unas pocas palabras con María.

Luego el ruido de las sandalias contra los escalones… y nada más.

De Áglae sólo queda a los pies de Jesús, el saquito.

Y por toda la sala, el intensísimo aroma que esparció el amor de su ovejita arrepentida.

Jesús se pone de pie…

Recoge el saquito y se lo lleva al pecho.

Va Hacia uno de los arcos que da hacia el camino…

Y sonríe al ver a la mujer sola, alejándose con su manto hebreo, en dirección a Belén.

Hace un gesto de bendición…

Luego va a la terraza y desde allí llama a su Madre.

María sube ágilmente la escalera.

Y dice: 

–    La has hecho feliz, Hijo mío.

Se ha marchado con fortaleza y paz.

–     Sí, Madre.

Mándame el primero a Andrés, cuando regrese.

Pasa un tiempo y se oyen las voces de los apóstoles, que vuelven conversando entre sí…

Andrés va donde Jesús:

–     ¿Maestro, me has llamado?

–     Sí. Ven.

Ninguno lo va a saber, pero a ti es de justicia decírtelo Andrés.

Gracias en nombre de Dios y de un alma.

–     ¿Gracias?…

¿Por qué?

–     ¿Hueles este perfume?

Es el recuerdo de la Velada. Ha venido. Está salvada.

Andrés se pone colorado como una fresa, se derrumba de rodillas y no encuentra ni una palabra…

Por fin dice:

–     Ahora estoy contento. 

¡Bendito sea el Señor!

–     Sí. Levántate.

No les digas a los demás que ha estado aquí.

–     Guardaré silencio, Señor.

–     Ahora puedes marcharte.

Escucha… ¿Está todavía Judas de Simón?

La boca habla de lo que está lleno el corazón y en la posesión demoníaca perfecta, Satanás SIEMPRE se manifiesta…

–     Sí, ha querido acompañarnos…

Diciendo… muchas mentiras. ¿Por qué actúa así, Señor?

–     Porque es un muchacho consentido.

Dime la verdad: ¿Habéis reñido?

–     No.

Mi hermano está demasiado contento con su hijo como para tener ganas de discutir.

Los demás… ya sabes… son más prudentes.

Pero eso sí, en nuestro interior estamos todos molestos. De todas formas, después de la cena se vuelve a marchar…

Otros amigos… dice. ¡Oh y también como desprecia a las meretrices!…

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE OCULTAR su esencia: la presunción, la mentira y la soberbia…

–     Tranquilo.

Andrés, creo que tú también te debes sentir feliz esta tarde…

–     Sí, Maestro.

Yo también tengo mi invisible pero tierna paternidad. Hasta luego…

Andrés se va…

Pasa todavía otro rato más y suben en grupo los apóstoles con el niño y Juan de Endor.

Los siguen las mujeres con las viandas y las candelas.

Por último, Lázaro y Simón.

Nada más entrar en la sala exclaman:

–     ¡Ah,… entonces provenía de aquí!

Y olfatean el ambiente impregnado de perfume de rosas; saturado a pesar de que las puertas estén abiertas de par en par. 

Y varios preguntan:

 –     Pero, ¿Quién ha perfumado de este modo esta habitación?

–     ¿Marta, quizás?

Lázaro responde:

–     Mi hermana no se ha movido de casa hoy después de la comida. 

Pedro entra y bromea diciendo:

–     ¿Y quién ha sido entonces?

¿Algún sátrapa asirio? 

Jesús contesta con seriedad:

–     El amor de una redimida.  

Judas replica enfadado:

–     Podía haberse ahorrado esta inútil ostentosidad de redención…

Y haber dado el coste a los pobres.

Son muchos y saben que nosotros damos. Yo no tengo ya ni un céntimo.

Y tenemos que comprar el cordero, alquilar la sala para el Cenáculo y…  

Lázaro dice:

–     Pero si os he ofrecido yo todo…

–     No es justo.

Pierde su belleza el rito. La Ley dice: “Tomarás el cordero para ti y para tu casa”. No dice: “Aceptarás el cordero”.

Bartolomé se vuelve como movido por un resorte, abre la boca, pero… la cierra.

Pedro se pone carmesí por el esfuerzo de guardar silencio.

Pero Simón Zelote, que está en su casa, siente que puede hablar…

Y dice:

–     Eso son sutilezas rabínicas…

Te ruego que las olvides y que eso sí, guardes respeto a mi amigo Lázaro.  

Pedro no habla, pero ¡Sí!

explota:

–     ¡Sí señor, Simón!

Me parece además, que nos olvidamos demasiado de que el Maestro es el único que tiene derecho a enseñar…

Pedro dice ese “nos olvidamos” haciendo un esfuerzo heroico por no decir

“Judas se olvida”. 

Y Judas admite:

–     Es verdad…

Pero… es que estoy nervioso. Perdona, Maestro.

–     Sí.

Y también te respondo.: La gratitud es una gran virtud.

Yo le estoy agradecido a Lázaro. Como también esta mujer redimida me ha dado las gracias.

Derramo sobre Lázaro el perfume de mi bendición, incluso por aquellos de entre mis apóstoles, que no lo saben hacer.

Yo, que soy cabeza de todos vosotros.

Esta mujer ha derramado a mis pies el perfume de la alegría por su redención. Ha reconocido al Rey y a Él ha venido,

antes que otros muchos, sobre quienes el Rey ha derramado mucho más amor que no sobre ella. Dejadla actuar libremente y no la critiquéis.

No podrá estar presente en el momento que me aclamen, como tampoco en el momento de mi unción Ya lleva sobre sus espaldas su cruz.

Pedro, has preguntado que si había venido aquí un sátrapa asirio. Pues bien, en verdad te digo que ni siquiera el incienso de los Magos, tan puro y precioso como era…

Igualaba en suavidad y valor a éste.

La esencia está diluida en el llanto; por eso es tan penetrante:

La humildad sostiene al amor y lo hace perfecto.

Sentémonos a la mesa, amigos…

Con el ofrecimiento de la comida, la visión concluye.

171 LA INTERCESORA


172 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Da la espalda a la ciudad y se dirige a un lugar desolado que está en las faldas de una colina rocosa que hay entre dos caminos que llevan de Jericó a Jerusalén.

Un lugar extraño hecho como de escalones.

Al dirigir la vista hacia abajo, se ve un foso como de tres metros de profundidad que baja en declive.

El lugar es árido. Está muerto. Se respira mucha tristeza.

Después de la primera subida por la que trepa un escarpado sendero, se presenta una estructura escalonada de forma que hasta el primer desnivel, hay al menos tres metros a pico. 

Igual el segundo desnivel…

Es un lugar árido, muerto…

Mortalmente triste.  

Entonces se oye el grito de Simón Zelote:

–     ¡Maestro, estoy aquí!

Po favor detente, para indicarte el camino…

Simón, que estaba apoyado en la roca buscando un poco de sombra, viene.

Y conduce a Jesús por una vereda también escalonada, que va en dirección a Getsemaní…  

Mount of Olives view from Solomon’s Temple grounds in Jerusalem, Israel

Aunque del otro lado del camino que une el Monte de los Olivos con Betania. 

 Entonces Simón explica: 

–     Hemos llegado.

Yo viví entre los sepulcros de Siloán. Aquí están mis amigos.

Parte de ellos, porque los otros están en Ben Hinnom y no han podido venir.

Pues para ello habrían tenido que atravesar el camino y los habrían visto.  

Jesús dice:

–     Iremos a verlos también a ellos.

–     ¡Gracias!, por ellos y por mí.

–     ¿Son muchos?

–     El invierno ha matado a la mayoría.

Aquí hay todavía cinco de aquellos con los que había hablado. Te esperan.

Mira allí están, en el borde de su presidio…  

Realmente no se sabe cuántos son…

Porque si bien a cinco de ellos se los puede ver parados…

A los otros por el color grisáceo de su piel, por la deformidad de su rostro y porque apenas se distinguen del pedregal que los rodea…  

Éste los camufla de tal manera, que su número es muy impreciso…. 

Son como una docena.

Entre los que están en pie, hay sólo una mujer:  

Ello se deduce por sus características distintivas…

Sus encanecidos cabellos descuidados, duros y sucios, le caen por la espalda hasta la cintura.

Por lo demás, no se distingue su sexo, pues la enfermedad, ya muy avanzada, la ha convertido prácticamente en un esqueleto, destruyendo sus contornos femeninos. 

Igualmente respecto a los hombres, sólo uno conserva en su cara rastros de bigote y barba.

A los demás los ha rasurado la destructora enfermedad. 

Todos gritan:

–      ¡Jesús, Salvador nuestro!

–     ¡Ten piedad de nosotros!

–     ¡Jesús Hijo de David, ten piedad!

–    ¡Oh, Señor, ten piedad!

–     ¡Piedad de nosotros, Jesús, Salvador nuestro!

Y extienden hacia Él sus manos, deformes y ulceradas.

Jesús los mira con infinita compasión…Y levantando su rostro hacia esas ruinas humanas.

les pregunta:

–    ¿Qué queréis que os haga?

–     Que nos liberes del pecado y de la enfermedad.

–     Del pecado libera la voluntad y salva el arrepentimiento.

–     Pero si quieres puedes cancelar nuestros pecados…

La mujer suplica:

–     Por lo menos eso, si es que no quieres curar nuestros cuerpos.

Jesús declara:

–     Yo os digo:

Escoged entre ambas cosas, ¿Cuál queréis?

–     El Perdón de Dios, para vivir menos desolados y abatidos.

Jesús hace una señal de aprobación.

En su rostro brilla una sonrisa.

Levanta los brazos y grita:

–   Obtened lo que pedís.

 ¡Sea como queréis! ¡Lo Quiero!…

¡Como queréis!: puede referirse al pecado o a la enfermedad… O a las dos cosas.

Los cinco desdichados quedan en la incertidumbre…

Pero los apóstoles no dudan y gritan hosannas…

Al ver que la lepra desaparece rápido, como un copo de nieve junto al fuego.

Entonces ellos comprenden que fueron escuchados del todo…

Su grito resuena cual clarín de victoria.

Se abrazan entre sí.

Lanzan besos a Jesús…

Porque no pueden ir a arrojarse a sus pies.

Luego se vuelven a sus compañeros de desgracia,

diciéndoles:

–  ¿Y no queréis creer todavía?

–    ¿Pero qué clase de infelices sois?

Jesús dice:

–    ¡Calma! Sed buenos.

Nuestros pobres hermanos tienen necesidad de pensar. No les digáis nada.

La fe no se impone.

Se predica con paz, dulzura, paciencia, constancia.

Lo que haréis después de vuestra purificación, como Simón hizo con vosotros.

Por otra parte, el milagro habla ya de por sí.

Vosotros curados, id al sacerdote lo más pronto posible.

Vosotros enfermos, esperad hasta la tarde. Os traeremos comida.

La paz sea con todos vosotros.

Jesús regresa al camino seguido por las bendiciones de todos.

Y dice a sus apóstoles:

–    Ahora vamos a Ben Hinnóm.

Lázaro dice:

–     Maestro…

Quisiera ir contigo, pero comprendo que no puedo. Voy al Getsemaní.  

Jesús dice:

-Ve, ve, Lázaro.

La paz sea contigo.

Mientras Lázaro lentamente se pone en camino…  

Juan apóstol dice:

–     Maestro, lo acompaño.

Camina con dificultad y la vereda no es muy buena. Te alcanzo en Ben Hinnom.

–     Bien, ve.

Vámonos.

Pasan el Cedrón.

Siguen el lado sur del monte Tofet.

Llegan a un valle lúgubre, sembrado de tumbas e inmundicias, sin un solo árbol.

Ninguna defensa contra el sol que flagela con sus rayos, en los escalones que descienden a este lugar infernal,

Sin nada que proteja del sol, que en este lado meridional cae implacable y flagela con sus rayos de fuego. 

Poniendo al rojo el pedrisco de estos escalones que descienden a este lugar infenal.

De cuyo fondo emana un tufo apestoso que con sus vértigos, aumenta el calor.

Y dentro de los sepulcros están los cuerpos de los pobres que se consumen vivos.

Siloán, siendo húmedo y estando orientado al Norte, será espantoso en invierno.

Pero este lugar debe ser terrorífico en verano.

Simón Zelote, con un gran grito como llamada…  

Pasan algunos minutos angustiosos y …

Aparecen primero tres, luego dos, luego uno y todavía otro más.

Se acercan como pueden hasta el límite prescrito.

Aquí hay dos mujeres.

Una de ellas lleva de la mano a un niño monstruoso.

Un esperpento al que la lepra le atacó especialmente en la cara y ya está ciego…

Otro de ellos es un hombre de aspecto noble a pesar de su mísera condición, el cual toma la palabra en nombre de todos.

Y dice:

–    Sé bendito, Mesías del Señor…

Que has bajado a nuestro infierno; para sacar de él a los que esperan en Ti. ¡Sálvanos Señor, que nos morimos! ¡Sálvanos, Salvador!

¡Rey de la estirpe de David! ¡Rey de Israel! ¡Piedad para tus súbditos! ¡Oh, Retoño de la estirpe de Jesé, de quién se dijo que en su tiempo no habría ya mal!

Extiende tu mano para que recojas a estos restos de tu Pueblo. Aparta de nosotros esta muerte. Seca nuestras lágrimas, porque así está escrito de Ti.

Llámanos Señor a tus campos ubérrimos. A tus dulces aguas porque estamos sedientos. Llévanos a las eternas colinas en donde no hay culpa, ni dolor.

¡Ten piedad, Señor…!

–    ¿Quién eres?

–    Juan.

Un sacerdote del Templo. Tal vez me contaminé con algún leproso. Hace poco, como puedes ver. ¡Pero éstos!…

Hay quién hace años que está esperando la muerte

Esta niña, cuando todavía no comenzaba a caminar… No conoce las obras que Dios ha creado.

Lo que conoce o recuerda de las maravillas de Dios, son estos sepulcros. Este sol despiadado y las estrellas de la noche.

Ten piedad para los inocentes y para los culpables.

¡Señor, Salvador nuestro!

Todos están arrodillados y con sus brazos extendidos…

Jesús llora ante tanta miseria

Abre sus brazos y grita:

–     Padre Yo lo quiero:

Curación, vida, vista y santidad para ellos.

Y permanece así, con los brazos abiertos…

Orando ardorosamente con todo su espíritu: parece estilizarse y elevarse en su oración; llama de amor, pura e intensa, bañada en el intenso oro del sol.  

Y el primer grito resuena como clarín de victoria:

–     ¡Mamá!…

¡Veo! 

A este primer grito infantil, responde el de su madre que estrecha contra su corazón a la niña curada.

Luego uno a uno, se oyen los de los demás enfermos sanados.

Y los de los apóstoles…

Se ha realizado el milagro.

Jesús indica:

–    Juan, tú que eres sacerdote…

Guiarás a tus compañeros en el rito.

La paz sea con vosotros.

Os traeremos comida esta tarde.

Jesús bendice y hace ademán de emprender el camino.

Pero el ex – leproso Juan, grita:

–     ¡Quiero seguir tus pasos!

¡Dime qué tengo que hacer!

¡ A dónde debo ir para predicarte!

–    Sea esta tierra desolada y desnuda que tiene necesidad de convertidos al Señor…

Y también sea la ciudad de Jerusalén tu campo.

Adiós.

Y volviéndose a sus apóstoles,

agrega:

–     Vamos ahora adonde mi Madre.

Y muchos de los presentes preguntan:

–     Pero, ¿Dónde está?

–    En una casa que Juan conoce: la de la niña curada el año pasado.

Entran en la ciudad y recorren una buena parte del populoso suburbio de Ofel, hasta una casita blanca. 

La puerta estaba entornada, la empuja y al entrar, saluda dulcemente

Proveniente del interior de la casa, se oye la dulce voz de María y la voz argentina de Analía.

La voz de su madre más áspera, responde al saludo mientras se arrodilla.  

La jovencita se inclina profundamente para adorar.

María se levanta.

Quisieran retenerlos, al Maestro y a su Madre.

No obstante, Jesús, prometiendo volver otro día, bendice y se despide.

Pedro se marcha contento con María.

Llevan los dos de la mano al niño: parecen una pequeña familia feliz.

Muchos se vuelven a mirarlos.

Jesús, sonriendo, observa cómo van.  

Zelote exclama:

–     ¡Simón se siente feliz!  

Jesús lanza su mirada a través del Tiempo… 

Santiago de Zebedeo pregunta: 

–     ¿Por qué sonríes, Maestro? 

Jesús responde:

–     Porque en ese pequeño grupo veo una gran promesa. 

Tadeo inquiere:

–     ¿Cuál, Hermano?

¿Qué es lo que ves? 

–     Veo que me podré marchar tranquilo cuando llegue la hora.

No debo temer por mi Iglesia. Entonces será pequeña y débil como Margziam.

Pero estará mi Madre, cual Madre suya, para sujetarla de la mano.

Y, cual padre suyo, estará Pedro, en cuya mano honesta y callosa puedo depositar sin preocupación, la mano de mi naciente Iglesia.

Pedro le dará la fuerza de su protección; mi Madre, la fuerza de su amor.

Así la Iglesia se desarrollará… como Margziam… ¡Verdaderamente es un niño – símbolo!

¡Dios bendiga a mi Madre, a mi Pedro y al niño de ellos y nuestro!

Vamos a casa de Juana…

Por la tarde, de nuevo en la casita de Betania.

Muchos, cansados, se han retirado ya.

Pedro no, pues va y viene paseando por el sendero, levantando la cabeza muy frecuentemente hacia la terraza donde están sentados hablando, Jesús y María.

Juan de Endor por su parte está hablando con Simón Zelote, sentados los dos bajo un granado exuberante todo en flor.

Se ve que María ha hablado ya mucho, porque Jesús,

le responde:

–     Todo lo que me has dicho es muy cabal.

Tendré presente la equidad de tus palabras. También estimo exacto tu consejo por lo que se refiere a Analía.

Es buena señal que ese hombre lo haya recibido con tanta disposición.

Es verdad que en la alta Jerusalén hay mucho embotamiento y odio, porquería se puede decir.

Pero, entre sus gentes humildes hay perlas de ignorado valor. Me alegro de que Analía se sienta feliz. Es una criatura que es más del Cielo que de la tierra.

Quizás ese hombre, ahora que ha entrado en el concepto del espíritu, lo ha intuido y por eso manifiesta hacia ella una gran veneración.

Su idea de marcharse a otro lugar, para no turbar con un latido humano el cándido voto de la muchacha, lo demuestra. 

María dice:

–     Sí, Hijo mío.

El hombre advierte el perfume de quienes son vírgenes… Me viene José a la memoria. Yo no sabía qué palabras usar. El no sabía mi secreto…

Y no obstante, con percepción de santo, me ayudó a manifestarlo:

Había detectado el perfume de mi alma… Fíjate también Juan: ¡Qué paz! Todos quieren estar a su lado… hasta el mismo Judas de Keriot, a pesar de que…

No, Hijo, Judas no ha cambiado; yo lo sé y Tú lo sabes.

No hablamos porque no queremos encender la guerra; pero aunque no hablemos, sabemos…

Y aunque no hablemos, los demás intuyen…

¡Oh, Jesús mío, los jóvenes me han contado hoy en Getsemaní el episodio de Mágdala y el del sábado por la mañana…

La inocencia habla… porque ve con los ojos de su ángel.

Pero también los ancianos vislumbran…

No se equivocan: es un ser huidizo… todo en él es huidizo.

Le tengo miedo… y tengo en mis labios las mismas palabras de Benjamín en Mágdala y de Margziam en Getsemaní.

Porque siento ante Judas el mismo escalofrío que sienten los niños.

–     ¡No todos pueden ser Juan!…

–     ¡No lo pretendo!

¡Sería un paraíso esta tierra!

Pero mira, me has hablado del otro Juan… Un hombre que incluso ha matado. Pues bien, me da sólo pena… 

 Judas, sin embargo, me da miedo.

–     ¡Ámalo, Madre!

¡Ámalo, por amor a Mí!

–     Sí, Hijo.

Pero ni siquiera servirá mi amor, significará solamente sufrimiento para mí y culpa para él.

¿Pero por qué ha entrado? Turba a todos; ofende a Pedro, que merece todo respeto.

–     Sí.

Pedro es muy bueno. Por él haría cualquier cosa, porque lo merece.

–     Si te oyera, diría con esa sonrisa suya buena y franca: “¡Ah, Señor, eso no es verdad!”.

Y tendría razón.

–    ¿Por qué, Madre?

Pero Jesús ya sonríe, porque ha comprendido.

–     Porque no lo complaces dándole un hijo.

Me ha hablado de todas sus esperanzas, sus deseos…

Y tus negativas.

–     ¿No te ha explicado las razones, con que las he justificado?

–     Sí. Me las ha dicho.

Y ha añadido: “Es verdad… pero yo soy un hombre, un pobre hombre.

Jesús se obstina en ver en mí a un gran hombre. Pero sé que soy muy mísero, así que… me podría dar un hijo. Me casé para tenerlos… y me voy a morir sin tenerlos”.

Y ha dicho – aludiendo al niño, que, contento con el bonito vestido que Pedro le había comprado, lo había besado y le había llamado “padre querido”–, ha dicho:

“Mira, cuando este pequeñuelo que hace diez días no lo conocía, me llama así; siento que me vuelvo más blando que la mantequilla y más dulce que la miel.

Y me pongo a llorar, porque cada día que pasa se me lleva a este hijo…”

María guarda silencio observando a Jesús, estudiando su rostro, en espera de una palabra…

Pero Jesús ha puesto el codo en la rodilla…

Y con la cabeza apoyada sobre la mano, guarda también silencio mientras mira a la explanada verde del extenso huerto.

María toma una mano de Jesús, se la acaricia,

y dice:

–     Simón tiene este gran deseo..

Mientras íbamos juntos, no ha hecho otra cosa sino hablarme de ello. Y exponiendo razones tan justas, que… no he podido objetarle nada.

Eran las mismas razones que pensamos todas nosotras, mujeres y madres.

El niño no es fuerte. Si fuera como eras Tú… ¡Ah, entonces podría afrontar la vida de discípulo sin miedo!

¡Pero, es físicamente tan delicado!… Muy inteligente, muy bueno… Pero nada más.

A un pichoncillo delicado no se le puede lanzar pronto a volar, como se hace con los fuertes.

Los pastores son buenos… pero son hombres y los niños tienen necesidad de las mujeres.

¿Por qué no se lo dejas a Simón? Comprendo que le niegues una criatura nacida de él.

Un hijo propio es como un ancla.

Y Simón que está destinado a tan alto destino, no puede estar retenido por ninguna ancla.

Pero estarás de acuerdo en que él debe ser “el padre” de todos los hijos que le vas a confiar.

¿Cómo va a poder ser padre si no ha aprendido antes con un niño?

Un padre debe ser dulce. Simón es bueno, pero no dulce.

Es impulsivo e intransigente. Sólo una criaturita le puede enseñar el sutil arte de la compasión hacia el débil…

Considera este destino de Simón… ¡Nada menos que tu sucesor!

¡Oh, esta atroz palabra también tengo que decirla!

Escúchame, por todo el dolor que me causa el pronunciarla.

Jamás te aconsejaría algo que no fuera bueno. Margziam… quieres hacer de él un discípulo perfecto… pero es todavía un niño.

Tú… te marcharás antes de que se haga hombre.

¿A quién mejor que a Simón se le podrá entregar para que complete su formación? Y además…

¡Pobre Simón!… ya sabes el tormento que ha recibido de su suegra, incluso por causa tuya.

Pues bien, a pesar de ello, no se ha apropiado ni siquiera de una partícula de su pasado,

de su libertad de hace ya un año, para que lo dejase en paz su suegra, a la que ni siquiera Tú has podido cambiar.

¿Y su esposa?: ¡Pobre mujer!…

¡Desea tanto amar y ser amada…! Su madre… ¡Oh!… ¿Y el marido?: encantador pero autoritario…

Jamás recibió afecto sin que se le exigiera a cambio demasiado… ¡Pobre mujer!… Confíale el niño.

Escúchame, Hijo.

Por ahora lo llevamos con nosotros. Yo también iré por Judea.

Me llevarás contigo a casa de una compañera mía del Templo. casi pariente porque procede de David.

Está en Betsur. Me alegrará volver a verla, si vive todavía.

Luego, cuando volvamos a Galilea, se lo damos a Porfiria.

Cuando estemos cerca de Betsaida, Pedro lo tomará consigo; cuando estemos aquí lejos, el niño se quedará con ella.

¡Ah!,… te veo sonreír…

Entonces es que vas a contentar a tu Madre.

Gracias, Jesús mío.

–     Sí, sea como Tú quieres.

Jesús se levanta…

Y llama con voz potente:

–     ¡Simón de Jonás, ven aquí!

Pedro reacciona instantáneamente y sube corriendo las escaleras.   

Pregunta:

–     ¿Qué quieres, Maestro?

–     ¡Ven aquí, hombre usurpador y corruptor!

–     ¿Yooo?

¿Por qué? ¿Qué he hecho, Señor?

–     Has coaccionado a mi Madre.

Por este motivo quisiste estar solo.¿Qué debo hacer contigo?

Pero Jesús sonríe…

Y Pedro se tranquiliza

–     Me has asustado verdaderamente.

Menos mal que te veo sonreír. ¿Qué quieres de mí, Maestro? ¿La vida?

Ya sólo me queda la vida porque me has tomado todo lo demás… Pero, si quieres, te la doy.

–     No quiero tomarte nada.

Quiero darte algo.

De todas formas, no te aproveches de la victoria…

Y NO DIGAS ESTE SECRETO A LOS DEMÁS… 

Astutísimo hombre, que vences al Maestro con el arma de la palabra materna.

Tendrás el niño, pero…

Jesús no puede seguir hablando, porque Pedro, que se había arrodillado, se pone en pie de un salto…

Y besa a Jesús con tal ímpetu, que le corta la palabra.

     Agradéceselo a Ella.

Pero recuerda que esto debe ser una ayuda para tí, NO un obstáculo…

–     Señor, no te arrepentirás de este regalo…

¡Oh, María, santa y buena, bendita seas siempre!…

Y Pedro, que de nuevo ha caído de rodillas, llora abiertamente, besando la mano de María…

169 EL AMOR DINÁMICO


169 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Por el umbrío camino que une el Monte de los Olivos con Betania, siguiendo con sus prolongaciones verdes, hasta los campos de Betania.

Jesús con los suyos camina ligero hacia la propiedad de Lázaro.

No ha entrado aún y ya lo han reconocido:

Emisarios, que lo son por propia iniciativa, corren en todas las direcciones para avisar de su llegada.

De forma que empiezan a aparecer por un lado, Lázaro y Maximino; por otro, Isaac con Timoneo y José.

La tercera es Marta con Marcela,que levanta su velo para inclinarse a besar la túnica de Jesús.

Inmediatamente después, llegan María de Alfeo y María Salomé, las cuales reciben al Maestro con un gesto de veneración…

Y luego abrazan efusivamente a los propios hijos.

El pequeño Yabé, a quien Jesús sigue llevando de la mano, zarandeado por todas estas impetuosas llegadas…

Observa esto lleno de asombro.

Juan de Endor sintiéndose extraño, se retira hacia la cola del grupo y se aparta.

Y por el sendero que conduce hacia  la casa de Simón, viene la Madre.

Jesús suelta la mano de Yabé y delicadamente elude a los amigos, para apresurarse a ir a su encuentro.

Las ya conocidas palabras rompen el aire: « ¡Hijo! », «¡Mamá! ».

Tañendo como un solo de amor que se destaca entre el murmullo de la gente.

Se besan.

María expresa en su beso toda su angustia que la mantuvo presa desde el arresto del Bautista…

Y al ver a su Hijo, se desvanece el terror que la embargó y que la flaagela, siempre que recuerda las profecóas…

siente el cansancio del esfuerzo realizado y valora en toda su profundidad el peligro que su Hijo ha corrido…

Jesús la acaricia. Ha comprendido.

Dice:

–     Además de mi ángel…

Velaba por mí el tuyo, Madre. No podía sucederme nada malo.

–     Gloria al Señor por ello.

De todas formas he sufrido mucho.

–     Mi deseo ha sido venir antes… 

Pero he seguido otro camino por prestarte obediencia a Tí. Y ha sido positivo:

Tu indicación Madre mía, como siempre, ha sido fructífera.

–     ¡Tu obediencia, Hijo!

–     Tu sabia indicación, Madre…

Se sonríen mutuamente como dos enamorados.  

¿Pero es posible que esta Mujer sea la Madre de este Hombre?

¿Dónde están los dieciséis años de diferencia?

La frescura de su rostro y la gracia de su cuerpo virginal hacen de María la hermana de su Hijo,

que está en la plenitud de su bellísima virilidad.

Un Jesús muy sonriente,

dice: 

–     ¿No me preguntas por qué ha sido fructífera? 

–     Sé que mi Jesús no me oculta nada.

–     ¡Qué encanto eres, Mamá!…

y la vuelve a besar…

La gente se ha mantenido a unos metros de distancia haciendo como que no observa la escena.

Pero todos los ojos, que parecen atentos a otra parte, no se abstienen de mirar de reojo a este tierno cuadro.

El que más mira es Yabé.

Jesús lo había soltado para darse prisa en abrazar a su Madre.

Se ha quedado solo. Ahora, con el aluvión de preguntas y respuestas, el pobre niño pasa inadvertido.

Mira fijamente, agacha la cabeza, lucha contra el llanto…

Pero, al final, no pudiendo más, rompe a llorar gimiendo:

–     ¡Mamá! ¡Mamá!

Todos – los primeros, Jesús y María – se vuelven, todos tratan le poner remedio de alguna forma.

O de saber quién es el niño.

María de Alfeo y Pedro, que estaban juntos, se acercan inmediatamente,

–     ¿Por qué lloras?

Pero antes de que Yabé ahogado por su llanto, pueda tomar respiro para hablar…

Ya ha venido María y tomándolo en brazos,

ha dicho:

–     ¡Sí, hijito mío, Mamá!

No llores más… y perdona si no te he visto antes… Os presento, amigos, a mi hijito…

Y es porque Jesús, en los pocos metros que mediaban, le dijo:

–     Es un huerfanito que he tomado conmigo.

El resto lo ha intuido María y ha consolado rápidamente.

El niño llora, pero ya con menos desolación.

Al final, dado que María lo tiene en brazos y lo está besando, sonríe incluso, con esa carita suya todavía bañada de llanto.

–     Deja que te seque todas estas lágrimas.

¡No debes llorar más! Dame un beso…

Era precisamente lo que estaba deseando Yabé.

Después de tantas caricias de hombres barbudos, se deleita verdaderamente besando la mejilla suave y aterciopelada de María.

Jesús por su parte busca con su mirada a Juan de Endor y lo ve allá, apartado.

Se dirige a él y lo lleva hacia María – que está siendo saludada por todos los apóstoles.

Y teniendo sujeta su mano,

dice:

–     Mira, Madre, el otro discípulo.

Estos son los dos hijos que has ganado por la indicación que me diste.

–     Tu obediencia, Hijo – repite María.

Luego saluda al hombre, diciendo:

–    «La Paz está contigo».

El hombre, el rudo e inquieto hombre de Endor, que tanto ha cambiado ya desde aquella mañana en que el capricho de Judas de Keriot llevó a Jesús a Endor,

termina de despojarse de su pasado al inclinarse ante María, a juzgar por lo sereno y verdaderamente “pacificado” que se ve su rostro cuando lo levanta, una vez cumplido el respetuosísimo saludo.

Se encaminan todos hacia la casa de Simón.

María llevando en brazos a Yabé. 

Jesús – cogida su mano – con Juan de Endor.

Luego a los lados o detrás, Lázaro y Marta, los apóstoles y Maximino, Isaac, José, Timoneo.

En el umbral de la puerta, el anciano servidor de Simón hace un gesto de veneración a Jesús y a su jefe.

Entran en la casa.

–     La paz a ti José, y a esta casa.

Dice Jesús, levantando su mano para bendecir, después de haberla puesto en la cabeza blanca del anciano servidor.

Lázaro y Marta, después del primer impacto alegre, se muestran un poco tristes,

de forma que Jesús pregunta:

–     ¿Por qué, amigos?

–     Porque no estás con nosotros.

Y porque todos se aceran a Tí, excepto esa alma que quisiéramos que fuera tuya.

–     Fortificad la paciencia, la esperanza y la oración.

Además, Yo estoy con vosotros. ¿Esta casa?…

Esta casa no es sino el nido desde el que el Hijo del hombre cada día volará, para ir a ver a sus queridos amigos, que están muy cerca en distancia…

Y  si se considera la cosa sobrenaturalmente, infinitamente más cercanos en el amor.

Vosotros estáis en mi corazón y Yo en el vuestro.

¿Acaso se puede estar más cerca?

De todas formas, esta tarde la pasaremos juntos. Sentaos, sentaos a mi mesa.  

María de Alfeo exclama:

–     ¡Ay, pobre de mí!

¡Y yo aquí holgazaneando! ¡Ven, Salomé, que tenemos cosas que hacer!

 Y se levanta diligentemente para ir a su trabajo.

Tanto el exabrupto como el salto para irse, hace sonreír a todos.

Pero Marta la alcanza,

y le dice:

–     No te preocupes María, por la comida.

Voy a dar las disposiciones oportunas para que tú tengas que preparar sólo las mesas.

Te traerán sillas suficientes y todo lo que se necesita.

Y voñviéndose hacia su dama de compañía,

agrega:   

–    Ven, Marcela.

Vuelvo enseguida, Maestro.

Jesús dice:

–     Juan, lleva al niño a la terraza, para que se divierta.

Juan de Zebedeo siempre obediente, se levanta enseguida de su sitio…

Poco después, se oye el gorjeo del niño y sus patadas en la terraza que rodea la casa.

Luego Jesús  dice:

–    Lázaro, vi a José de Arimatea.

El lunes viene aquí con amigos suyos.

Lázaro exclama:

–     ¡Oh!

¡Entonces ese día estarás conmigo!

–     Sí.

Viene a tratar de una ceremonia que tiene que ver con Yabé y a estar con nosotros.

El niño, -explica Jesús a todos- Es nieto de un campesino de Doras.

Pasé por Esdrelón.  

–     ¿Es verdad que los campos están desolados y que quiere venderlos?

–     Están desolados.

Lo de la venta no lo sé. Un campesino de Yocana me ha aludido a ello, pero no sé si es seguro.

–     Si los vendiera…

Los compraría de buena gana para disponer de un lugar de refugio para Tí, incluso en medio de ese nido de serpientes.

–     No creo que lo consigas.

Yocana ya está pensando en adquirirlos.

–     Veremos…

Pero… continúa tu narración. ¿Qué campesinos son?

–     ¡A todos los de antes los ha desperdigado por distintos sitios!

–     Sí.

Éstos vienen de sus tierras de Judea, por lo menos el anciano que es pariente del niño.

Lo tenía en el bosque como a un animal salvaje, para que Doras no lo descubriera…

Estuvo allí desde el invierno.

Todas las mujeres se conmueven:

–     ¡Oh, pobre niño!

Pero, ¿Por qué?…

–    Porque sus padres quedaron sepultados en el derrumbe que hubo cerca de Emmaús.

Todos: padre, madre, hermanitos. Él sobrevivió porque no estaba en la casa.

Lo llevaron al abuelo. Pero, ¿Qué puede hacer un campesino de un fariseo cómo Doras? 

Tú Isaac, le hablaste de Mí como de un Salvador, aún en este caso.

El pastor pregunta humildemente:

–     ¿Hice mal, Señor?

–     Hiciste bien.

Dios lo quería. El viejo me dio al niño, que en estos días será mayor de edad.

María de Alfeo exclama:

–    ¡Oh, pobrecito!

¿Tan pequeño a los doce? Mi Judas a su edad tenía casi el doble de su tamaño…

Y Jesús, ¡Oh! ¡Qué flor!…

Martha dice:

–    Realmente es muy pequeño.

Pensé que tendría cuando mucho diez años.

Pedro explica:

–      ¡Eh! ¡El hambre es horrible!

Debe haberla padecido desde que vino al mundo.

Además, ¿Qué cosa podía darle el pobre viejo, si allí todos mueren de hambre?

Jesús dice:

–     Sí. Ha sufrido mucho.

Pero es muy bueno e inteligente.  Lo tengo para consolar al viejo.

Lázaro pregunta:

–    ¿Lo adoptas?

–     No. No puedo.

–     Entonces lo tomo yo.

Pedro ve que sus esperanzas se le van y con un verdadero grito de angustia,

exclama:

–     Señor, ¿Todo a él?

Jesús sonríe,

y dice:

–    Lázaro, ya has hecho muchas cosas y te lo agradezco.

Pero no te puedo confiar este niño. Es ‘nuestro niño’. De todos nosotros y la alegría de los apóstoles y del Maestro.

Por otra parte, aquí crecería en medio de la abundancia. Quiero regalarle mi manto real: la pobreza honrada.

Lo que el Hijo del Hombre quiere para Sí, para poder acercarse a todas las grandes miserias, sin mortificar a nadie.

–    Al menos me permitirás…

Pedro grita:

–     ¡Yo me ocuparé de su vestido para la fiesta!

Todos se echan a reír por lo inesperado del grito.

Lázaro dice:

–    Está bien.

Pero tendrá necesidad de otros vestidos. Simón, sé bueno.

También yo estoy sin niños; permite que yo y Martha nos consolemos proveyendo algunas cosas.

Pedro, ante esta súplica de Lázaro se conmueve al punto,

y dice:

–     Pero el vestido del miércoles, lo compro yo.

Me lo ha permitido el Maestro y me dijo que iré mañana con su Madre a comprarlo.

Pedro ha dicho esto por temor de que haya algún cambio en su contra.

Jesús sonríe y dice a María:

–    Sí, Madre.

Te ruego que vayas mañana con Simón; de otro modo este hombre se me muere de ansiedad.

Lo aconsejarás en la compra.

Pedro dice:

–     Ya dije: vestido rojo y faja verde.

Se verá muy bien. Mejor que con ese color que trae ahora.

María sugiere dulcemente:

–     El rojo le quedará muy bien.

También Jesús iba vestido de rojo. Yo propondría que sobre el vestido rojo, hubiese una faja roja o al menos recamada en rojo.

Pedro contesta:

–     Yo decía así…

Porque veo que Judas se ve muy bien con esa faja sobre su vestido rojo.

Judas replica con una sonrisa:

–    Pero estas no son verdes, amigo.

–    ¿No?

¿Entonces de qué color son…?

–     Este color se llama ‘vena de ágatha’

–     ¿Y cómo quieres que yo lo sepa?

Me pareció verde. Lo he visto en las hojas…

María interviene con dulzura:

–     Simón tiene razón.

Es el color exacto con el que se revisten las hojas en las primeras aguas de Tisri.  

Pedro concluye contento:

–     Y como las hojas son verdes, yo pienso que son verdes tus fajas.

María ha puesto paz y ha dado alegría, aún en esta cosa tan pequeña.

Luego dice:

–     Llamad al niño.

Cuando Juan lo trae,

María pregunta acariciándolo:

–     ¿Cómo te llamas?

–     Me llamo…

Me llamaba Yabé. Pero ahora estoy esperando el nombre…

–   ¿Lo estás esperando?

Jesús responde:

–     Sí.

Yabé quiere un nombre que quiera decir que lo salvé.

Lo buscarás, Madre. Un nombre que entrañe amor y salvación.

María piensa…

Y luego dice:

–    Margziam.

Eres la pequeña gota en el mar de los que salva Jesús. ¿Te gusta?

Y así recuerdas la salvación.

–     Es muy hermoso.

Dice contento el niño, mientras María lo acaricia.

María de Alfeo toca el manto de Yabé,

y dice:

–    Esta es una buena lana.

Pero, ¡Tiene un color!...

¿Qué te parece si lo teñimos de rojo oscuro? Quedará mejor.

María contesta:

–    Lo haremos mañana por la tarde.

Porque mañana tendrá un vestido nuevo y ahora no podemos desteñirlo.  

Marta dice:

–     ¿Quieres venir conmigo, niño?

Te llevo aquí cerca a ver muchas cosas. Después volvemos…

Yabé no se opone. Nunca dice que no a nada…

Pero está un poco asustado por la idea de ir con esta mujer casi desconocida.

Dice, tímido y educado:

–     ¿Podría venir conmigo Juan?

–     ¡Pues claro!…

Se marchan.

En su ausencia las conversaciones entre los varios grupos continúan.

Relatos, comentarios, suspiros por la dureza humana.

Isaac relata todo lo que ha podido saber acerca de Juan el Bautista.

Quién dice que está en Maqueronte, quién en Tiberíades.

Los discípulos no han vuelto aún… 

–    Pero, ¿No lo habían seguido?

–     Sí, pero…

Cerca de Doco, los que habían prendido a Juan cruzaron el río con el prisionero.

Y no se sabe si luego subieron hacia el lago o bajaron a Maqueronte.

Juan, Matías y Simeón se han lanzado a la búsqueda, para saber a dónde lo llevaron.

Ciertamente, no lo abandonarán.

–     Como tú tampoco Isaac…

Me abandonarás a este nuevo discípulo. Por ahora estará conmigo. Quiero que pase la Pascua conmigo.

–     Yo la celebraré en Jerusalén, en casa de Juana.

Me ha visto y me ha ofrecido una dependencia de la casa para mí y mis compañeros.

Este año vienen todos. Y estaremos con Jonathán

–     ¿También los del Líbano?

–     También.

Pero quizás no puedan venir los discípulos de Juan.

–     ¿Sabes que vienen los de Yocana?

–    ¡Oh! ¿De verdad?

Pues estaré a la puerta, junto a los sacerdotes encargados de las inmolaciones.

Así, cuando los vea, me los llevaré conmigo.

–     Espéralos para última hora…

Pues tienen el tiempo contado. Pero traen el cordero.

–     Yo también.

Uno espléndido, que me ha dado Lázaro. Inmolaremos éste, de forma que el suyo les servirá para el regreso- 

Vuelven Marta, Juan y el niño; éste lleva un vestido de lino blanco y una sobreveste roja; en el brazo, un manto, también rojo.  

Martha pregunta: 

–     ¿Los reconoces, Lázaro?

¿Te das cuenta como todo sirve?

Los dos hermanos se sonríen mutuamente.

Jesús dice:

–     Gracias, Marta.

–     Señor mío, tengo la enfermedad de guardar todo.

Es herencia de mi madre. Conservo todavía muchas prendas de mi hermano, prendas a las que guardo afecto porque fueron tocadas por nuestra madre.

De vez en cuando tomo una de ellas para algún niño. Ahora es para Margziam. Son un poco largas, pero se pueden arreglar.

Lázaro, alcanzada la mayoría de edad, ya no los quiso… Fue un capricho en toda regla, verdaderamente de niño…

Y se salió con la suya, porque mi madre adoraba a su Lázaro.

La hermana lo acaricia, amorosa.

Lázaro, por su parte, le toma su bella mano, se la besa,

y dice:

–     ¿Y tú no?

Se sonríen de nuevo.

–     Ha sido providencial – observan muchos de los presentes.

–     Sí, mi capricho ha servido para un bien; quizás me será perdonado por esto.  Jesús dice a Lázaro:   

–    Tú, recientemente has recibido también un regalo mío…

–     ¡Ah, sí!

El anciano patriarca y su hija.

La mujer es muy activa y el anciano es muy bueno.

–     ¿Dónde están ahora?

¿En qué sitio los pusiste?

–     ¡Aquí, claro!, en Betania.

¿Cómo crees que iba a querer alejar la bendición que Tú enviabas?

La mujer está en el lino, pues para ese tipo de trabajo hacen falta manos ligeras y expertas.

El anciano, dado que insistió en que quiere trabajar, le he destinado a los panales. 

Ayer – ¿verdad, hermana mía? – tenía una larga barba que parecía toda de oro.

Las abejas, enjambrando, se habían colgado todas de esa enorme y blanca barba.

Y él les hablaba como si fueran hijas suyas. Se le ve feliz.  

Jesús exclama: 

–     ¡Lo creo!

¡Bendito seas! 

–     Gracias, Maestro…

Y de esta manera los diferentes grupos continúan conversando…

Hasta que les avisan  que la cena está ya preparada. Cada uno va a su sitio…

Por la noche, Jesús y María están sentados en la terraza de la casa de Simón y hablan a solas.

Jesús le cuenta todo lo sucedido.

Cuando llega el turno de María,

le dice:

–    Hijo.

Después de tu partida vino a la casa una mujer que te buscaba.

Una gran miseria y una gran redención.

Esta persona tiene necesidad de que la perdones, para que sea tenaz en su resolución.

Se la confié a Susana diciéndole que era una a la que habías curado. Es verdad.

La habría tenido conmigo si nuestra casa no fuese ya un mar, donde todos navegan… Y muchos con malas intenciones.

La mujer siente ya el desprecio por el mundo. ¿Quieres saber quién es?

–    Es un alma.

Pero dime su nombre.

–    Es Aglae.

Romana, danzarina y pecadora, a la que empezaste a salvar en Hebrón.

Que te buscó y te encontró en Aguas Hermosas.

La que ha sufrido mucho por tratar de ser honesta.

Me lo dijo todo. ¡Qué horror!…

–     ¿Su pecado?

–      También.

¡Qué horrible es el mundo! ¡Oh, Hijo mío! Desconfía de los fariseos de Cafarnaúm.

Quisieron utilizar a esta infeliz para hacerte daño…

–     Lo sé madre.

¿Dónde está Aglae?

–    Llegará con Susana antes de la Pascua.

–    Está bien.

le hablaré. Todas las tardes estaré aquí. Menos la de la pascua que dedicaré a la familia. La esperaré.

Si viene, sólo dile que me espere. Es como dijiste: una gran redención.

Y ¡Tan espontánea! En verdad te digo que en pocos corazones, mi semilla ha echado tan profundas raíces, como en este terreno pobre.

Andrés la ayudó a crecer hasta que se hizo grande.

–     Me lo dijo.

–     Madre…

¿Qué has experimentado al acercarte a esa pobre alma?

–     Asco y alegría.

Me pareció estar cerca de un abismo del Infierno.

Pero al mismo tiempo me sentí transportada a la región azul.

¡Cómo eres Dios, Jesús mío; cuando realizas estos milagros

Jesús sonríe…

Y se quedan callados bajo las brillantes estrellas…

Y el candor de una Luna creciente  que le falta un cuarto para llenar totalmente su esplendor…

En silencio, descansando en su mutuo amor: Madre e Hijo…

Dos corazones que se aman…

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168 LA HORA DEL INCIENSO


  1. 169 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Pedro entra en el recinto del Templo, en funciones de padre, con aspecto verdaderamente solemne; lleva de la mano a Yabés.

Camina con tanta gallardía, que hasta parece más alto.

Detrás en grupo, todos los demás.

Jesús va el último, ocupado en una animada conversación con Juan de Endor, al cual parece que le da vergüenza entrar en el Templo.

Pedro pregunta a su pupilo:

–     ¿Has venido aquí alguna vez?

–     Cuando nací, padre.

Pero no me acuerdo – lo cual hace reír de satisfacción a Pedro,

que repite la respuesta a los compañeros y éstos se echan a reír también.

Y dicen, con bondad y perspicacia:

–     Quizás es que dormías y por eso…

–    Estamos todos como tú.

–    No nos acordamos de cuando vinimos aquí recién nacidos».

Igualmente hace Jesús con su protegido.

Y recibe una respuesta análoga (poco más o menos).

Juan de Endor en efecto,

dice:

–     Éramos prosélitos.

Vine en brazos de mi madre, precisamente en una Pascua, porque nací a principios de Adar.

Mi madre era de Judea.

Se puso en viaje en cuanto pudo, para ofrecer dentro del tiempo establecido a su hijo varón al Señor…

Quizás demasiado prematuramente…

De hecho, enfermó y no volvió a recuperar la salud.

Yo tenía menos de dos años cuando me quedé sin madre; fue la primera desventura de mi vida.

Pero, siendo su primogénito – unigénito, por su enfermedad -, se sentía orgullosa de morir por haber obedecido a la Ley.

Mi padre me decía: “Ha muerto contenta por haberte ofrecido al Templo”…

¡Pobre madre mía! ¿Qué ofreciste?: un futuro asesino…

–     Juan, no digas eso.

Entonces eras Félix, ahora eres Juan. Ten siempre presente la gran gracia que Dios te ha donado, eso sí.

Pero que no te desaliente ya más lo que fuiste… -¿No volviste ninguna vez al Templo?

–     ¡Sí, sí, a los doce años!

Y, a partir de entonces, siempre. Mientras… mientras pude hacerlo… Después, aun pudiendo venir, ya no volví, porque…

Bueno, ya te he dicho cuál era mi único culto: el Odio.

Incluso por este motivo no me atrevo a entrar aquí.

Me siento extranjero en la Casa del Padre…

Lo he abandonado durante demasiado tiempo…

–     Tú vuelves al Templo de mi mano.

Y Soy el Hijo del Padre; si Yo te conduzco ante el altar es porque sé que todo está perdonado.

Juan de Endor siente una brusca convulsión de llanto,

y dice:

–     Gracias, Dios mío.

–     Sí, da gracias al Altísimo.

¿Ves cómo tu madre, una verdadera israelita, tenía espíritu profético?

Eres el varón consagrado al Señor y que no será rescatado.

Eres mío, eres de Dios, discípulo y por tanto, futuro sacerdote de tu Señor en la nueva era y religión,

que de Mí recibirán el nombre.

Yo te absuelvo de todo, Juan.

Camina sereno hacia el Santo.

En verdad te digo que entre los que viven en este recinto, hay muchos más culpables que tú, más indignos que tú, de acercarse al altar…

Pedro entretanto, se las ingenia para explicarle al niño las cosas más dignas de relieve en el Templo.

Y pide ayuda a los otros más cultos, especialmente a Bartolomé y a Simón,

porque siendo ancianos, se encuentra a gusto con ellos en su papel de padre.

En esto, estän ya ante el gazofilacio para hacer las ofrendas, cuando los llama José de Arimatea.

Después de los recíprocos saludos, 

José pregunta: 

–     ¿Estáis aquí?

¿Cuándo habéis llegado? 

–     Ayer por la tarde.

–     ¿Y el Maestro?

–     Está allí…

Con un discípulo nuevo. Ahora vendrá.

José mira al niño y le pregunta a Pedro:

–     ¿Un sobrinito tuyo?

–     No… sí.

Bueno, quiero decir que, nada en cuanto a la sangre mucho en cuanto a la fe, todo en cuanto al amor.

–     No te comprendo…

–     Un huerfanito…

Por tanto, nada en cuanto a la sangre.

Un discípulo… por tanto, mucho en cuanto a la fe.

Un hijo… por tanto, todo en cuanto al amor.

El Maestro lo ha recogido… y yo le doy mi cariño.

Debe alcanzar la mayoría de edad en estos días…

–     ¿Tan pequeño y ya doce años?

–     Es que…

Bueno, ya te lo contará el Maestro… José, tú eres bueno, uno de los pocos buenos que hay aquí dentro…

Dime, ¿Estarías dispuesto a ayudarme en esta cuestión? Ya sabes…

Lo presento come si fuera mi hijo, pero soy galileo y tengo una fea lepra…  

José se aterroriza separándose.

Y exclama preguuntando: 

–     ¡¿Lepra?! 

Pedro lo tranquiliza: 

–     ¡No tengas miedo!…

Mi lepra es la de ser de Jesús:

la más odiosa para los del Templo, salvo pocas excepciones.

–     ¡No, hombre, no!

]No digas eso!

–     Es la verdad y hay que decirla…

Por tanto, temo que se comporten cruelmente con el pequeño por causa mía y de Jesús.

Además, no sé qué conocimientos tendrá de la Ley, la Halasia, la Haggada y los Midrasiots.

Jesús dice que sabe mucho…

–    ¡Bueno, pues si lo dice Jesús, entonces no tengas miedo!

–     Aquéllos… con tal de amargarme…

–     ¿Quieres mucho a este niño, ¿eh!?

¿Lo llevas siempre contigo?

–     ¡No puedo!…

Yo estoy siempre en camino; él es pequeño y frágil…  

Yabé dice: 

–     Pero iría contigo con gusto…

Que, con las caricias de José, está más tranquilo.

Pedro rebosa de alegría…

Pero añade:

–     El Maestro dice que no se debe…

Y no lo haremos. De todas formas, nos veremos… José, ¿Me vas a ayudar?

–     ¡Claro, hombre!

Estaré contigo. Delante de mí no harán injusticias. ¿Cuándo?

José ve llegar a Jesús…

Y exclama: 

 –   ¡Oh, Maestro!

¡Dame tu bendición!

–     Paz a ti, José.

Me alegro de verte. Y además, saludable.

–     También yo, Maestro.

Los amigos se alegrarán de verte. ¿Estás en Getsemaní?

–     Estaba.

Después de la oración voy a Betania.

–     ¿A casa de Lázaro?

–     No, donde Simón.

Tengo también allí a mi Madre, a la madre de mis hermanos y a la de Juan y Santiago.

¿Irás a verme?

–     ¿Lo preguntas?

Será una gran alegría y un gran honor.

Te lo agradezco. Iré con muchos amigos…  

Simón Zelote aconseja: 

–     ¡Prudente José, con los amigos!… 

–     ¡No, hombre… ya los conocéis!

Es verdad que la prudencia dice: “Que no oiga el aire”.

Pero, cuando los veáis, comprenderéis que son amigos.

–     Entonces…

–     Maestro…

Simón de Jonás me estaba hablando de la ceremonia del niño.

Has llegado cuando estaba preguntando cuándo pensáis llevarla a cabo.

Quiero estar presente también yo.

–     El miércoles que precede a la Pascua.

Quiero que celebre su Pascua, ya como hijo de la Ley.

–     Muy bien.

Comprendido. Iré a recogeros a Betania.

Pero antes el lunes, iré con los amigos.

–     De acuerdo, no se hable más.

–     Maestro, te dejo.

La paz sea contigo. Es la hora del incienso.

–     Adiós, José.

La paz sea contigo.

Ven Yabé, que es la hora más solemne del día.

Hay otra análoga por la mañana, pero ésta es todavía más solemne.

El día empieza con la mañana:

justo es que el hombre bendiga al Señor para que el Señor lo bendiga durante todo el día en todas sus obras.

Pero al atardecer es aún más solemne: declina la luz, cesa el trabajo, llega la noche.

La luz que declina recuerda la caída en el mal.

Y verdaderamente las acciones de pecado se producen generalmente por la noche.

¿Por qué?

Porque el hombre ya no está ocupado en el trabajo y más fácilmente se ve envuelto por el Maligno,

que proyecta sus propuestas y pesadillas.

Bueno es por tanto, después de haberle agradecido a Dios su protección durante el día,

elevarle nuestra súplica para que se alejen de nosotros los fantasmas de la noche y las tentaciones.

La noche con su sueño, símbolo de la muerte…

Dichosos aquellos que, habiendo vivido con la bendición del Señor se duermen no en las tinieblas, sino en una fúlgida aurora.

El sacerdote ofrece el incienso por todos nosotros, ora por todo el pueblo, en comunión con Dios.

Y Dios le confía su bendición para que la imparta al pueblo de sus hijos.

¿Te das cuenta de lo grande que es el ministerio del sacerdote?

–     Yo quisiera… Me sentiría todavía más cerca de mi madre…

–     Si eres siempre un buen discípulo e hijo de Pedro, lo serás.

Mas ahora ven.

Mira, las trompetas anuncian que ha llegado la hora.

Vamos con veneración a alabar a Yeohveh.

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167 CLASIFICACION DE AMORES


167 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La mayor parte de la mañana del sábado ha estado ocupada en dejar descansar los cansados cuerpos…

Y en arreglar la ropa, polvorienta y arrugada por el viaje.  

En las vastas cisternas del Getsemaní, colmadas de agua de lluvia.

Y en el Cedrón… -verdadera sinfonía entre los cantos, espumoso, lleno, por los chaparrones de los últimos días – hay tanta agua que es una verdadera incitación.

Uno tras otro los peregrinos, desafiando el fresco bajan a zambullirse en el torrente; luego se ponen vestidos nuevos, de los pies a la cabeza.

Y con el pelo todavía un poco tieso por las rociadas del torrente, van a sacar agua de las cisternas y la vierten en unas pilas grandes donde tienen la ropa, separada por colores.

Pedro está muy contento y dice:

-¡Bien! ¡Bien!

Ahí se purgará y María -la esposa del encargado-  la podrá lavar con menos esfuerzo –

Y mirando al pequeño que se ha convertido en su inseparable compañero,

dice:

–    Sólo tú pequeñín, no puedes cambiarte.

Pero mañana…

Pedro mira con preocupación el vestido limpio, pero demasiado corto, desteñido, rasgado; que parece de un niño de la mitad de su edad…

Y agrega en voz baja:

–    ¿Cómo puedo hacer para llevarlo a la ciudad?

Quisiera partir mi manto en dos, para que con un trozo se cubriese.

Jesús oye este soliloquio paterno,

y dice:

–     Es mejor que descanse ahora.

Iremos esta tarde a Bethania.

–     Pero yo quiero comprarle un vestido.

Se lo prometí.

–     Lo harás.

Mi Madre te acompañará. ¿Sabes?… las mujeres son más hábiles en las compras que nosotros. Y Ella se sentirá feliz de ocuparse de un niño. Iréis juntos.

La idea de ir de compras con María, llena de felicidad a Pedro.  

Se diseminan por el olivar, muy hermoso en este sereno día abrileño.

La lluvia de los días precedentes parece haber plateado los olivos y sembrado la tierra de flores,

de tanto como resplandecen al sol las frondas, de tantas florecillas como hay al pie de los olivos.

Los pájaros cantan y vuelan por todas partes.

No se ve el bullir de gente, pero sí las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de los Peces y hacia otras puertas, desde el lado este.

La ciudad se las traga como si fuera un famélico vientre.

Jesús pasea y observa a Yabés que está jugando alegre con Juan y los más jóvenes.

También Judas de Keriot – ya se le ha pasado el enojo de ayer – está alegre y juega.

Los más mayores observan sonriendo.  

Bartolomé pregunta:

–     ¿Qué dirá tu Madre de este niño? 

Tomás dice: 

–     Yo digo que dirá: “Está muy delgaducho”

Pedro responde: 

–    ¡No!

Dirá: “¡Pobre niño!”

Felipe objeta: 

–     No, lo que dirá es: “Me alegro de que lo quieras” 

Simón Zelote: 

–     La Madre no lo pondría nunca en duda.

Yo creo que no hablará. Lo estrechará contra su corazón.  

Y difigiéndose a Jesús,

pregunta:

–     ¿Y Tú, Maestro, qué dices que dirá?  

Jesús responde: 

–     Hará lo que habéis dicho…

Pero lo pensará y lo dirá sólo en su corazón. Al besarlo solo dirá: “¡Bendito seas!”

Y lo cuidará como si fuera un pajarillo caído del nido.

Escuchad. Un día me habló de cuando era pequeñita.

Todavía no tenía tres años, pues no estaba aún en el Templo.

Y ya se le rompía el corazón de amor y exhalaba cual flor y aceituna, aplastada o rota en la prensa, todos sus óleos y perfumes.

En un delirio de amor, le decía a su madre que quería ser virgen para agradar más al Salvador, pero que querría ser pecadora para poder ser salvada.

Y casi lloraba porque su madre no la entendía y no sabía darle la solución para ser la “pura” y la “pecadora” al mismo tiempo.

Le trajo la paz su padre, con un pajarillo que había salvado del peligro que corría en el borde de una fuente:

le contó la parábola del pajarillo, diciéndole que Dios la había salvado anticipadamente y que por tanto,

Ella debía bendecirlo por doble motivo.

Y la pequeña Virgen de Dios, la grandísima Virgen María,

ejercitó su primera maternidad espiritual hacia ese pajarillo caído del nido y lo echó a volar cuando fue fuerte.

Este pajarillo no dejó ya jamás el huerto de Nazaret,

consoló con sus vuelos y trinos la casa triste y los corazones tristes de Ana y Joaquín cuando María fue al Templo.

Murió poco antes de que expirase Ana: había concluido su misión.

Mi Madre se había consagrado a la virginidad por amor, pero siendo criatura perfecta,

poseía en su sangre y en su espíritu la maternidad.

Porque la mujer está hecha para ser madre.

Y comete aberración cuando se hace sorda a este sentimiento, que es amor de segunda potencia…

Poco a poco se han ido acercando también los demás.

Tadeo pregunta:

–     ¿Qué quieres decir Maestro con amor de segunda potencia?

–     Hermano mío.

Hay muchos amores y de distintas potencias.

Está el Amor de primera fuerza: el que se da a Dios.

Luego, el amor de segunda potencia: el materno, o paterno.

Porque si el primero es enteramente espiritual, éste es en dos partes espiritual y en una carnal.

Se mezcla sí, el sentimiento afectivo humano, pero predomina lo superior;

porque un padre o una madre sana y santamente tales, no dan sólo alimento y caricias a la carne de su hijo. sino que también nutren y aman su mente y su espíritu.

Es tan cierto esto que estoy diciendo, que quien se consagra a la infancia – aunque sólo fuere para instruirla- termina por amarla como si fuera su propia carne.  

Juan de Endor confirma:

–     Efectivamente, yo quería mucho a mis discípulos.

–    Debías ser un buen maestro…

Lo veo por cómo te comportas con Yabés.

El hombre de Endor sin hablar, se inclina a besar la mano de Jesús.

Simón Zelote suplica:  

–    Continúa te lo ruego, tu clasificación de amores.

–    Está el amor por la compañera; que es amor de tercera fuerza.

Porque está hecho por mitad de espíritu y mitad de carne.

Hablo siempre de amores puros y santos.

El hombre para la esposa es un maestro y un padre, además de esposo.

La mujer para él, un ángel y una madre, además de esposa.

Estos son los tres amores más grandes.

Judas de Keriot pregunta:

–    ¿Y el amor del prójimo?

¿No te has equivocado? ¿O lo has olvidado?

Los demás lo miran estupefactos…

E irritados.

Tanto por las palabras como por la manera decirlas.

En realidad, Judas fue educado en el Templo y su soberbia le empuja a actuar de esa manera.

Ni él mismo se da cuenta de lo que hace, ni por qué lo hace. 

Una sombra pasa por la mirada de Judas…

Las enseñanzas de Sciammai, están ejerciendo su tóxico…

Fue su primer maestro y maestro de Sadoc.

Y esas ideas aunadas a las raíces del pecado al que no se ha renunciado…

Junto con la creencia equivocada de que por ser sacerdote y descendiente de sacerdotes,

se es miembro de una élite privilegiada y se es poseedor de la verdad absoluta.

Además, la peor tragedia de Judas es creer que sólo la capacidad humana, desarrollada por la voluntad, es la clave del éxito…  

Jesús responde tranquilamente:

–     No, Judas.

Pero observa lo que te digo. A Dios se le debe amar porque es Dios, por tanto, no es necesaria ninguna explicación para persuadir de este amor.

Él es el que ES o sea el TODO.

El hombre -la nada que viene a ser partícipe del Todo por el alma infundida por el Eterno.

Sin ella el hombre sería uno de tantos animales brutos que viven sobre la faz de la tierra, en las aguas o en el aire.

En la muerte física, el ESPÍRITU vuelve a Dios, el CUERPO regresa al polvo y el ALMA va al CIELO o al INFIERNO.

El hombre por tanto, debe adorar por deber y para merecer sobrevivir en el Todo,

es decir, para merecer venir a ser parte del Pueblo santo de Dios en el Cielo,

ciudadano de la Jerusalén que no conocerá profanación o destrucción algunas por los siglos de los siglos.

El amor del hombre y especialmente de la mujer a la prole, tiene indicación de precepto en las palabras de Dios a Adán y Eva, después de bendecirlos.

Viendo que era “bueno” lo que había hecho, en un lejano sexto día, el primer sexto día de lo creado. Les dijo: 

 “Creced y multiplicaos y poblad la tierra…”.

Veo tu tácita objeción…

Te respondo inmediatamente: puesto que en la Creación antes de la culpa, todo estaba regulado y basado sobre el amor.

Éste multiplicarse de los hijos habría sido amor santo, puro, poderoso, perfecto.

Fue el primer mandamiento de Dios al hombre: “Creced, multiplicaos”. 

“Amad por tanto después de Mí, a vuestros hijos.”

El amor como es ahora:

el actual generador de los hijos, entonces no existía. 

La malicia no existía y por tanto – porque va con ella – tampoco la execrable hambre carnal.

El hombre amaba a la mujer y la mujer al hombre naturalmente,

pero no naturalmente según la naturaleza como vosotros hombres, la entendéis.

Sino según la naturaleza de hijos de Dios, o sea, sobrenaturalmente.

Muy dulces fueron los primeros días de amor entre los dos, hermanos – habían nacido de un Padre común – y, no obstante esposos.

De esos dos que amándose se miraban con sus inocentes ojos como dos gemelos en su cuna.

El hombre sentía amor de padre hacia su compañera “hueso de sus huesos y carne de su carne” como un hijo lo es para un padre.

La mujer conocía la alegría de ser hija, por tanto, protegida por un amor muy elevado;

Porque sentía que tenía en sí algo de aquel espléndido hombre que la amaba,

con inocencia y angélico ardor, en los hermosos prados del Edén.

Luego, en el orden de los preceptos dados por Dios con una sonrisa a sus amados párvulos,

viene aquel que el mismo Adán, dotado por la Gracia de una inteligencia sólo inferior a la de Dios,

Hablando de su compañera y en ella, de todas las mujeres.

Decreta el decreto del pensamiento de Dios,

que se reflejaba límpido en el terso espejo del espíritu de Adán y que florecía en forma de pensamiento y de palabra:

“El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”.

De no haber existido los tres pilares de los amores que he mencionado,

¿Habría podido, acaso, existir amor al prójimo?

No, no hubiera podido existir.

El amor a Dios hace a Dios amigo y enseña el amor.

Quien no ama a Dios, que es bueno, no puede amar al prójimo que en su mayoría es defectuoso.

Si no hubieran existido el amor conyugal y la paternidad en el mundo,

no habría podido existir el prójimo, porque el prójimo está hecho de los hijos nacidos de los hombres.

¿Estás convencido de esto?  

Judas responde: 

–     Sí maestro.

No había reflexionado.

–     Efectivamente, es difícil remontarse al Principio.

El hombre está bien incrustado ya desde hace siglos, milenios, en el fango.

Y el origen está en las cimas, muy alto. Además, el primero de los manantiales viene de una inmensa altura: Dios…

No obstante de la mano, os conduciré a los manantiales; sé dónde están… 

Juan de Endor y Zelote, preguntan al unísono: 

–     ¿Y los otros amores? 

–     El primero de la segunda serie es el del prójimo.

En realidad es el cuarto en fuerza.

Luego viene el amor por la ciencia; de aquí el amor por el trabajo.

–    ¿Y basta?

–    Y basta. 

Judas exclama:  

–    ¡Pero hay muchos otros amores!

Jesús rechaza:

–   NO.

 Hay otras hambres, pero no son amores. 

Son des-amores. Niegan a Dios, niegan al hombre.

No pueden por lo tanto, ser amores, porque son negación y la negación es Odio.  

–     ¡Si niego el consentimiento al mal es odio? – insiste Judas Iscariote.

Pedro exclama exasperado.

–    ¡Pobres de nosotros!

Eres más caviloso que un escriba.

¿Me puedes decir que te pasa? ¿Es el aire fino de Judea el que te picotea los nervios como un calambre?

–      No.

Me gusta instruirme y tener muchas ideas. Y muy claras.

Aquí es fácil encontrarse y hablar con escribas. No quiero quedarme corto en argumentos.

Pedro pregunta:

–     ¿Y crees que podrás en el momento en que te haga falta, sacar la hilacha del color necesario de tu saco donde metes todos esos harapos?

–     ¿Harapos las palabras del Maestro?

¡Blasfemas!

–     No te hagas el escandalizado.

En su boca no hay harapos. Pero lo son cuando tratamos mal sus palabras.

Da un paño precioso a un niño… y poco después no será más que un andrajo sucio.

Es lo que nos sucede…

Ahora bien; si tú tratas de coger en el momento oportuno, el trapo que necesitas… entre éste y el que está sucio…

¡Hummm!… no sé qué te resultará.

–     Tú no te preocupes.

Son negocios míos.

–     Puedes estar seguro de que no me meteré.

Tengo suficiente con los míos… y luego…

Me conformo con que no hagas daño al Maestro; porque en ese caso, pensaría en tus negocios…

–     Cuando haga mal lo harás.

Pero eso no sucederá jamás, porque yo sé lo que estoy haciendo. No soy un ignorante. Yo…

–     Lo soy.

Lo sé. Pero no acumulo nada para sacarlo después.

Le ruego a Dios y Él me ayudará, por amor de su Mesías;

de quién soy su siervo más pequeño y más fiel.

Judas replica, con altanería:

–    Todos somos fieles.

Entonces Yabé interviene con energía:

–    ¡Oye, sinvergüenza!…

¿Por qué ofendes a mi padre? Es viejo. Es bueno. No debes hacerlo.

¡Eres un hombre malo y me das miedo!

Santiago de Zebedeo da un codazo a Andrés.

Y exclama en voz baja:

–    ¡Y van dos!

Habló quedito, pero Judas alcanzó a oír y encendido por la ira,

dice:

–    Puedes ver Maestro…

Si las palabras del tonto muchacho de Mágdala no han dejado una huella.

El pacífico Tomás, pregunta:

–    Así es, Maestro.

¿No sería mejor que el Maestro continúe con su lección, más bien que estar como gallitos?

Mateo exclama:

–    Así es, Maestro.

Háblanos un poco más de tu Mamá. ¡Es tan luminosa su infancia!

Por reflejo nos hace el alma virgen y yo pobre pecador; tengo tanta necesidad. 

Todos forman un círculo alrededor de Jesús, sentados a la sombra de los olivos.

Yabé  en el centro, escucha atentamente los episodios que Jesús relata como si fueran historias fascinantes.  

Jesús dice: 

–     ¿Qué queréis que os diga…

Si son muchos los episodios y a cuál más delicioso…!  

Tadeo pregunta: 

–     ¿Te los ha contado Ella?

–     Alguno sí, pero muchos más José…

Que me los contaba siendo Yo niño, como los más bellos cuentos.

Y también Alfeo de Sara, que siendo pocos años más mayor que mi Madre,

fue amigo suyo durante los breves años en que Ella estuvo en Nazaret. 

Juan dice en tono suplicante: 

–     ¡Háblanos…! 

–     Os voy a narrar la lección de castidad que dio mi Madre,

pocos días antes de entrar en el Templo, a su pequeño amigo y a muchos otros.

Aquel día se había casado un joven de Nazaret, pariente de Sara.

Joaquín y Ana también habían sido invitados a la boda.

Y con ellos la pequeña María que, junto con otros niños, tenía el encargo de echar pétalos deshojados por el camino de la novia.

Dicen que era una niña muy hermosa.

Todos se la disputaban después de la festiva entrada de la novia.

Era muy difícil ver a María, porque pasaba mucho tiempo en casa…

Amaba más que cualquier otro lugar una pequeña gruta que incluso hoy día se sigue llamando “la gruta de su desposorio”.

Así que cuando se la veía rubia, rosada, delicada, la inundaban en caricias.

La llamaban “la flor de Nazaret”, “la perla de Galilea” o también “la paz de Dios”,

en memoria de un enorme arco iris que apareció repentinamente con su primer vagido.

En efecto era y es, todo eso y más aún: es la Flor del Cielo y de la Creación, es la Perla de: Paraíso, es la Paz de Dios… Sí, la Paz.

Yo soy el Pacífico porque soy Hijo del Padre e hijo de María: la Paz infinita y la Paz suave.

Pues bien, aquel día todos querían besarla y tenerla en el regazo.

Entonces Ella, mostrándose reacia a besos y demás contactos, con delicada gravedad, dijo: “Por favor, no me aplastéis“.

Creyeron que se refería a su vestido de lino, ceñido con una cinta azul en la cintura en los estrechos puños, en el cuello…

O a la pequeña guirnalda de florecillas azules con que Ana la había coronado para adornar sus ricitos. 

 Entonces, le aseguraron que no le iban a estropear ni el vestido ni la guirnalda.

Pero Ella segura, mujercita de tres años erguida, rodeada de un circulo de adultos, dijo seria:

“No me refiero a lo que se puede reparar.

Estoy hablando de mi alma. 

Es de Dios y no quiere ser tocada sino por Dios”.

Objetaron: “Pero si te besamos a ti no a tu alma”.

Y Ella replicó:

“Mi cuerpo es templo del alma y su sacerdote es el Espíritu:

el pueblo no es admitido al recinto sacerdotal.

Por favor, no entréis en el recinto de Dios”.

A Alfeo, que había superado ya los ocho años y que la quería mucho, le impresionó esta respuesta.

Y al día siguiente, habiéndola encontrado junto a su pequeña gruta buscando flores, le preguntó

“María, cuando seas mujer, ¿Me querrías por esposo?”

Todavía le duraba la emoción de la fiesta nupcial a la que había asistido.

Ella respondió:

“Yo te quiero mucho, pero no te veo como hombre. Te diré un secreto: yo veo sólo las almas de los seres vivientes y las amo mucho, con todo mi corazón.

Y veo sólo a Dios como `verdadero Ser viviente’ a quien ofrecerme”.

Bien, éste es un episodio. 

Bartolomé exclama: 

–     ¡”Verdadero Ser viviente”!

¿Sabes que es profunda esa palabra? 

Y Jesús, humildemente y con una sonrisa:

–     Era la Madre de la Sabiduría.

–    ¿Era?…

¿Pero no tenía solamente tres años?

–     Era.

Yo vivía ya en Ella, siendo Dios en Ella, desde su concepción, en la Unidad y Trinidad perfectísima.  

Judas pregunta:   

–     Pero…

Y perdona si yo culpable, me atrevo a hablar. 

Pero, ¿Joaquín y Ana sabían que era la Virgen predestinada?

–     No lo sabían.

–     Y entonces…

¿Cómo es que Joaquín dijo que Dios la había salvado anticipadamente?

¿No alude ello acaso, a su privilegio respecto a la culpa?

–     Alude a ello.

Pero Joaquín prestaba su boca a Dios, como todos los profetas.

Tampoco él comprendió la sublime verdad sobrenatural que el Espíritu había puesto en sus labios.

Joaquín era un justo; tanto que mereció esa paternidad.

Y era humilde.

En efecto, no hay justicia donde hay soberbia.

Él era justo y humilde.

Consoló a su hija por amor de padre.

En su sabiduría de sacerdote, la instruyó:

Que sacerdote era, siendo tutor del Arca de Dios.

Como pontífice, la consagró con el título más dulce: “La Sin Mancha”.

Día llegará en que otro sabio pontífice dirá al mundo:

“Ella es la Concebida sin Mancha”,

Y dará esta verdad al mundo de los creyentes, como artículo de fe irrebatible, (dogma) 

Para que en el mundo de entonces, que se irá hundiendo cada vez más en una neblinosa monotonía de herejías y vicios…

Resplandezca ante la vista de todos, la Toda Hermosa de Dios,

coronada de estrellas, vestida de rayos de luna (menos puros que Ella).

La Reina de lo creado y del Increado, apoyada en los astros.

Porque Dios-Rey tiene por Reina en su Reino, a María.

–     ¿Entonces, Joaquín era profeta?

–     Era un justo.

Su alma dijo, como hace el eco, lo que Dios decía a su alma, por Dios amada.  

Yabés lleno de anhelo,

Y al final pregunta con ansia…

–    ¿Cuándo iremos a donde está tu mamá, Señor?

–    Esta tarde.

¿Qué le dirás cuando la veas?

–     “Buenas tardes, madre del Salvador”

¿Está bien así?

–    ¡Muy bien! –afirma Jesús y lo acaricia

Felipe pregunta:

–    ¿Hoy no iremos al Templo?

–     Iremos antes de partir para Bethania.

Y luego dice al niño: 

–     Tú te quedarás aquí, ¿Verdad?

–    Sí. Señor.

La mujer de Jonás el cuidador del olivar, que se ha acercado despacito,

pregunta:

–   ¿Por qué no lo llevas?

El muchacho tiene ganas.

Jesús la mira fijamente, sin decirle nada.

Ella comprende y dice:

–     ¡Entendido!

Creo que tengo todavía un pequeño manto, de Marcos. Voy a buscarlo…

Ahora vengo…  

Y corre ligera.

Yabé jala a Juan de la manga,

y pregunta:

–    ¿Serán duros los maestros?

Juan lo anima:

–    ¡Oh, no!

No tengas miedo. Además no es para hoy.

En pocos días serás más sabio que un doctor, con la Madre de Jesús.

Los otros oyen a Yabé y se ríen de sus temores.

Mateo pregunta:

–    ¿Quién lo presentará como su padre?

Pedro responde:

–    Yo.

Es natural. A no ser que lo quiera presentar el Maestro.

Jesús dice:

–    No, Simón.

No lo haré. Te dejo esta honra.

–    Gracias, maestro.

¿Pero también estarás Tú?

–    Todos estaremos…

‘Es nuestro niño…’

Regresa María de Jonás con un manto nuevo de un color violeta…

¡Verdaderamente horroroso!

Ella dice:

–    Marcos nunca quiso usarlo, porque nunca le gustó el color. Decía:  ¡Mira tú éste! ¡Es atroz!

Y el pobre Yabé, con esa tez suya tan aceitunada, dentro de ese morado violento, parece un ahogado.

Pero él no se ve…

Y se siente feliz con ese manto con que puede  envolverse em él, como si fuera una persona mayor…

María de jonás avisa: 

–     La comida está lista, Maestro.

La criada ha sacado ya del asador el cordero.

–     Vamos, entonces.

Y bajando del lugar en que se encuentran, entran en la amplia cocina para comer.

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UNA MISIÓN CLASIFICADA


LA CONTRA-INTELIGENCIA CATÓLICA, DESTROZANDO LOS PLANES DEL ANTICRISTO 

¿La Madre Teresa de Calcuta hizo consagrar a Rusia, dentro del Kremlin?

Juan Pablo II consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María el 25 de marzo de 1984.

Y la Hermana Lucía de Fátima luego anunció que esa consagración fue la aceptada por el Cielo.

Esto es discutible para los «fatimistas».

Pero lo que no se conoce, es que en el mismo momento, monseñor Pavel Hnilica viajó a Moscú por pedido de la Madre Teresa de Calcuta e hizo lo mismo.

El 25 de marzo de 1984 hizo la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María,

recitando la oración que en ese mismo momento, estaba diciendo Juan Pablo II en Roma.

Juan Pablo II y Obispo Pavel Hnilica

El 25 de marzo 1984, cuando el Papa Juan Pablo II llevaba a cabo la consagración del mundo al Corazón de María,

a 3.000 kilómetros de Roma, en el mismo Kremlin, un obispo eslovaco, enviado por la Madre Teresa, celebraba Misa clandestinamente.

Y realizaba la Consagración con una oración que llevaba escondida en las páginas del Pravda.

Así fue consagrada Rusia al Corazón de María, desde el corazón del ateísmo.

La Madre Teresa le pidió una misión desconcertante:

Que fuera él personalmente a realizar la Consagración en el mismo Moscú y depositara una ‘Medalla Milagrosa’ en el Kremlin,

en el preciso momento en el que el Santo Padre estaba Consagrando el Mundo al Inmaculado Corazón de María.

Durante aquellos días la Madre Teresa, así como todas las Misioneras de la Caridad, rezaron por esta intención.

Y la Madre Teresa acompañó personalmente a monseñor Hnilica al aeropuerto de Calcuta para abordar el vuelo a Moscú,

entregándole su rosario y diciéndole que iban a seguir rezando mucho por él en aquellos días.

Así, acompañado de su colaborador, el padre Leo Maasburg, aterrizó en Moscú el 24 de marzo de 1984,

de incógnito, como dos turistas que iban a ver los principales museos de la ciudad.

Esto lo narra el Padre Leo Maasburg en su libro “Madre Teresa de Calcuta: un retrato personal”.

Padre Leo Maasburg

ALGO DESCONOCIDO EN LA VIDA DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA

Un aspecto desconocido de la vida de la Madre Teresa se refiere a su deseo de trabajar por la conversión de Rusia.

Este aspecto lo reveló el obispo Pavel Hnilica, el obispo eslovaco que fue amigo de la Madre Teresa durante 33 años y colaboró con ella en muchas iniciativas en varias ocasiones.

Esto lo narra el padre Leo Maasburg que fue asistente del Obispo Hnilica.

Durante años, la Madre Teresa deseaba viajar a Rusia con sus monjas, para ser testigos de la Fe cristiana.
.
Sin embargo, pudo cumplir su deseo al final en la década de 1980 con la ayuda de Raissa Gorbatschova,

la esposa de Mijail Gorbachov, el presidente soviético de entonces.
.
Pero antes había estado operando para la Conversión de Rusia.

El Obispo Hnilica viajó a menudo a visitar a la Madre Teresa y grabó entrevistas y conversaciones con ella durante sus viajes.

La Madre Teresa nació en Skopje, en Kosovo, en 1910 y era de sangre eslava.

Es por esto que ella se consideraba relacionada con la población rusa…

Y sufrió mucho cuando oyó que el comunismo soviético, perseguía sin piedad cualquier forma de religión.

Monseñor Pavel Hnilica

Dice el Monseñor Hnilica:

“A menudo hablamos de Rusia.

Ella estaba muy familiarizada con lo que la Virgen había dicho durante las apariciones en Fátima, que surgiría una ideología atea que difundiría sus errores por el mundo,

pero que al final Rusia se convertirá y Su Corazón Inmaculado triunfaría”.

“Un día, al volver de Fátima, donde había conocido a la hermana Lucía, le conté a la Madre Teresa lo que esta famosa vidente me había dicho”

“Hice énfasis en un detalle que me había llamado la atención:

Que la Virgen de Fátima, en diversas apariciones, las oficiales en 1917 y las privadas de la hermana Lucía en los años que siguieron, había expresado su interés en Rusia.
.
Y esta insistencia, dije a la Madre Teresa, es una prueba de la bondad extraordinaria por parte de la Virgen María para con la población rusa”.

La Madre Teresa también fue conmovida por esto y en su corazón creció el gran deseo de trabajar por la conversión de Rusia.

A partir de entonces, se dedicó a este proyecto con todo su corazón.

LA INTERVENCIÓN DE LA MEDALLA MILAGROSA

El Obispo Hnilica explicó que la Madre Teresa rezaba mucho por la conversión de Rusia.
.
Hizo a las monjas rezar.

Y enviaba rosarios, biblias y estampitas secretamente a Rusia.


.
Y sobre todo, trató de difundir la devoción a la ‘Medalla Milagrosa’ en esta nación.

De hecho, monseñor Hnilica contó una historia particularmente increíble de esta ‘Medalla Milagrosa

relacionada con la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María.

Es una aventura del estilo 007, ideada y organizada por la Madre Teresa, para poner la ‘Medalla Milagrosa’ en el corazón del Kremlin,

en el momento en que Juan Pablo II Consagraba el Mundo al Inmaculado Corazón de María.

Lo que demuestra que la Fe de los santos es simple, pero también audaz y no se dejar intimidar por ningún obstáculo.

En palabras del obispo Hnilica, ésta es la historia de la aventura en la que él fue el protagonista, siguiendo la voluntad de la Madre Teresa.

“La Madre Teresa estaba profundamente dedicada a la ‘Medalla Milagrosa”.

“Se trata de una pequeña medalla de forma ovalada, que fue acuñada siguiendo las indicaciones exactas de la misma Virgen María.

Ella apareció en París, en 1830 a una joven monja, Sor Catalina Labouré, que ahora es una santa”. Ver la historia aquí.

“Nuestra Señora le dijo que quería que la medalla se hiciera.

Es uno de los pocos casos que conocemos en la que la misma Virgen María dio instrucciones sobre la realización de una medalla en su nombre”.

“Sor Catalina confió lo dicho a sus superiores, que descartaron la idea, ya que pensaban que era absurda.

Sin embargo, como siempre con los eventos destinados desde arriba, el proyecto siguió adelante, la medalla fue acuñada, distribuida.

Y unos años más tarde ya era tan popular, que fue llamada la “Medalla Milagrosa” porque había introducido gracias extraordinarias a quienes la llevaban…

Y oraban por la intercesión y la ayuda de María”.

“La Madre Teresa era una de las mayores promotoras de esta medalla.
.
Ella siempre tenía copias en ella, que repartía a quien pedía oraciones.
.
Recomendaba que la llevaran alrededor del cuello o en un bolsillo como signo de protección.
.
Como ya he dicho, hizo llegar muchas de estas medallas a Rusia.
.
Ella me hizo comprar bolsas de de la Medalla, luego pedir que las bendijera Juan Pablo II.

Y luego las enviaba clandestinamente a países comunistas”.

LA CONSAGRACIÓN DE RUSIA

Continúa el relato del Obispo Hnilica:

“En 1984, la Madre Teresa tuvo una idea increíble.

Ella me dijo que unas de estas ‘Medallas Milagrosas’ tenían que ser introducidas en el Kremlin, para consagrar la capital del ateísmo a la Virgen María con este simple gesto.

Ella me preguntó si me sentía apto para la realización de su proyecto”.

“Para ser honesto, yo era la persona menos adecuada para hacer tal cosa, ya que en los países detrás de la Cortina de Hierro era considerado el enemigo número uno del comunismo.

Y en Checoslovaquia había sido condenado a muerte por causa de mi actividad anticomunista.

Entrar en la Unión Soviética era imposible para mí, pero yo no podía decir que no a la Madre Teresa.

Al estar con ella era fácil contagiarse por su entusiasmo y coraje”.

“Por lo tanto acepté tomar el riesgo y la madre Teresa organizó todo.

Ella tenía algunos contactos dentro del consulado ruso en Calcuta.

No sé lo que les dijo, pero ella me consiguió una visa”.

“Decidimos que la misión debía llevarse a cabo en Marzo de 1984.

La Madre Teresa eligió esta fecha ya que sabía que el 25 de marzo (fiesta de la Anunciación) de ese mismo año, el Papa iba a consagrar el Mundo al Inmaculado Corazón de María.

Ella quería que alguien estuviera dentro del Kremlin en el momento preciso en que el Papa recitara la oración de consagración en Roma,

con el fin de sumarse espiritualmente al Papa y depositar una ‘Medalla Milagrosa’ allí”.

“A Mediados de febrero de 1984, partí a Calcuta con el P. Leo Maasburg, mi fiel colaborador, que pedí me acompañara en esta misión”.

“La Madre Teresa dijo que era necesario prepararse para este viaje a través de la oración.

Durante todo un mes, oramos juntos para que nuestros planes funcionaran.

La Madre Teresa también hizo a sus monjas rezaran por ‘una intención particular’ ya que, además de nosotros dos y P. Leo, nadie más sabía lo que estábamos a punto de hacer”.

“Como ya he dicho, la Madre Teresa había hecho visar mis boletos a través del consulado ruso.

El P. Leo y yo íbamos a ser dos turistas que viajaban desde Calcuta a Roma vía Moscú, deteniéndonos en Moscú durante tres días para visitar los museos de la ciudad”.

“El 23 de marzo la Madre Teresa nos acompañó hasta el aeropuerto de Calcuta.
.
Cuando me despedí, ella agarró mi mano y me dio su rosario personal”.

LA PELIGROSA MISIÓN DE CONSAGRAR A RUSIA, DENTRO DEL KREMLIN

Sigue relatando Monseñor Hnilica:

“No hubo ningún problema durante todo el viaje y llegamos a Moscú sanos y salvos a las 4 de la mañana del 24 de marzo.

Entonces, hubo un momento de pánico extremo para mí, cuando presenté mi pasaporte a un soldado en el mostrador de la aduana.

Me miró con desconfianza y luego comenzó a hacerme un montón de preguntas…

Pero yo no quería hacerle saber que yo entendía ruso, así que respondí en italiano porque mi pasaporte era italiano”.

“El soldado no me entendía, pero tenía serias dudas acerca sobre mí.

Él comenzó a hacer una serie de llamadas telefónicas desde la sala de guardia, pero eran las 5 de la mañana y nadie respondió.

Tuve que esperar fuera de la aduana a -5°C.

Estaba preocupado y por eso saqué el rosario de Madre Teresa de mi bolsillo y en secreto empecé a orar.

Yo ya me veía deportado a Siberia.

Pero también tenía mucha Fe en las oraciones de la Madre Teresa.

Siberia rusa

La monja había dicho que mi viaje estaría acompañado por sus constantes oraciones.

Por tanto dije: ‘¡Señor, que se haga tu voluntad! Pero recuerda que es la Madre Teresa, la que me ha enviado aquí’”.

“Después de casi una hora, el soldado me llamó y pude ver que estaba molesto, porque no había sido capaz de ponerse en contacto con ninguno de sus superiores.

Lo intentó una vez más preguntándome si mi pasaporte era mío y yo asentí. Al final, selló mi pasaporte y me dejó ir”.

“Me uní al P. Leo que había estado esperando en una esquina del aeropuerto y que también había estado muy preocupado.

Fuimos al hotel y luego comenzamos a visitar la ciudad, pero muy discretamente y por separado.

Encontramos la manera de entrar en el Kremlin…

Y por casualidad el Kremlin estaba abierto a los turistas durante estos pocos días”.

“El Kremlin es una ciudadela rodeada por un muro, dentro de la ciudad de Moscú.

Es un tipo de fortaleza que se extiende sobre una superficie de 28 hectáreas.

En la antigüedad era el centro civil y religioso de la ciudad.

Había de hecho palacios reales y algunas de las iglesias más importantes de Moscú,

entre las cuales está la Catedral de los Patriarcas ortodoxos, llamada la Iglesia de la Dormición o Catedral de la Asunción.

Después de la revolución bolchevique en 1918, estas iglesias fueron cerradas y se transformaron en museos”.

“De acuerdo con el proyecto acordado con la Madre Teresa: en la mañana del 25 de marzo, cuando el Papa comenzara la ceremonia de la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María,

tenía que visitar el Kremlin, como turista y hacer una pausa, en la Catedral de la Asunción.
.
Mientras pretendía estar interesado en las obras de arte valiosas contenidas en el mismo,

iba a comenzar a orar y buscar un lugar oculto donde podría colocar la ‘Medalla Milagrosa’ que la  Madre Teresa me había dado”.

“Todo había ido bien del mismo modo que me fue sugerido hacer, incluso cuando estuve muy asustado.

Afortunadamente había un montón de turistas en el Kremlin ese día.

Catedral de san Miguel Arcámgel en Moscú

Y en medio de un montón de gente me sentí más protegido”.

“Visité varios edificios y me detuve en la Catedral del Arcángel, la segunda más grande en el Kremli.

Y luego entré en la Catedral de la Asunción.

Miré a mi alrededor con atención para encontrar un lugar en el que podía depositar la medalla”.

“Se trata de una iglesia hermosa, llena de obras de arte que se han conservado durante mucho tiempo…

Aunque por desgracia ya no era una iglesia, sino un museo”.

“Me di cuenta leyendo mi guía, que estaban los tronos donde el zar, la zarina y el Patriarca de Moscú y de toda Rusia,

Catedral de la Dormicion de Moscu

utilizaban para sentarse durante las ceremonias religiosas con el Patriarca sentado en el medio.

Decidí que la ‘Medalla Milagrosa’ debía ser puesta bajo el trono del patriarca.

Mientras oraba para que el patriarca Alejo II pronto fuera capaz de volver a celebrar ritos religiosos en ese lugar”.

“En un momento dado, me encontré solo y empecé a concentrarse en la celebración de la Misa en secreto.

Llevé a cabo la Consagración de memoria, utilizando un trozo de pan y un poco de vino que había traído conmigo”.

“Este fue un momento de intensa emoción y religiosidad.

Trono del Zar en la Catedral de la Dormición

La Misa no se había celebrado en este lugar durante 76 años.

Luego muy lentamente, me acerque al trono del Patriarca…

Y me di cuenta de una pequeña grieta en el piso de madera, donde rápidamente puse la ‘Medalla Milagrosa’.

Permanecí allí por un tiempo más largo orando y luego volví al hotel, donde el P. Leo me estaba esperando.

Volamos para Italia en la misma tarde”

UN MISTERIOSO FINAL CON LA MADRE TERESA

¿El Obispo Hnilica contó esta historia a la Madre Teresa?.

“Unos meses más tarde la Madre Teresa llegó a Roma y le hice el cuento detallado” dijo el obispo eslovaco.

“Ella estaba muy encantada y continuó en su trabajo misionero en nombre de Rusia”.

“Un día, en 1988, recibí una llamada telefónica a las 6 en punto de la mañana de la Madre Teresa que me dijo:

‘Obispo (solía llamarme así) me voy a Moscú.

Usted sabe lo importante que es para mí trabajar en Rusia, por lo que quería informarle de mi viaje.

Me voy para el aeropuerto en este momento”.

La Madre Teresa había sido invitada a Moscú, para una reunión internacional.

En esa ocasión se encontró con Raissa Gorbachova, la esposa del Secretario General de la Unión Soviética y se hicieron amigas.

Ella confió a la Sra. Gorbachov su deseo de abrir un par de conventos de monjas en Rusia y la señora Gorbachov prometió ayudarla.

Un año más tarde, se abrió el primer convento.

MONSEÑOR HNILICA VISITA A JUAN PABLO II

Al salir de Moscú, Monseñor Hnilica fue donde su amigo Juan Pablo II.

“Cuando en 1984 visité al Papa en Castel Gandolfo y almorcé con él, le conté acerca de la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María que había podido cumplir el 25 de marzo de aquel mismo año,

de manera totalmente inesperada, en la Catedral de la Asunción en el Kremlin de Moscú, así como la Virgen lo había pedido en Fátima.

Él quedó muy conmovido y dijo:

“La Virgen te ha guiado hacia allí con su mano”

Y yo respondí: “¡No, Santo Padre, me ha llevado en brazos!”.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN

DEL PAPA JUAN PABLO II,

25 DE MARZO DE 1984

¡Oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal,

entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón:

abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.

De modo especial confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.

¡ Nos acogemos a tu protección, Santa Madre de Dios”! ¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!

He aquí que, encontrándonos hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro,

tu Hijo hizo de sí mismo al Padre cuando dijo: “Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad”.

Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la reparación.

El poder de esta consagración dura por siempre, abarca a todos los hombres, pueblos y naciones.

Y supera todo el mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y en su historia; y que, de hecho, ha sembrado en nuestro tiempo.

¡Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo!

En efecto, la obra redentora de Cristo debe ser participada por el mundo a través de la Iglesia.

Bendita seas por encima de todas las creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la llamada divina.

Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la consagración redentora de tu Hijo.

Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad.

Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento.

Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo actual.

Al encomendarte, oh Madre, el mundo, todos los hombres y pueblos, te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndola en tu corazón maternal.

¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy

y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro.

¡Del hambre y de la guerra, líbranos!

¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!

¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos!

¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!

¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!

¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!

¡De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!

¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal, líbranos!

¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!

Acoge, oh Madre de Cristo, este grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de sociedades enteras.

Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado, el pecado del hombre y el « pecado del mundo », el pecado en todas sus manifestaciones.

Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención:

Poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal. Que transforme las conciencias. Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza».

Papa Juan Pablo II, 25 de marzo de 1984

P TIEMPOS PELIGROSOS


Enero 28 de 2021   

Habla Dios Espíritu Santo   

Hijitos Míos, Soy vuestro Dios Espíritu Santo 

VisiónVeo Su Rostro grande y se acerca hacia nosotros.

Estando los tiempos como los estáis viviendo, son Mis momentos también, junto con Mi Esposa, la siempre Virgen María,

para ir guiando a las almas hacia su salvación.

Vosotros habéis hecho de vuestra vida un desastre.

La gran mayoría de vosotros os habéis apartado de las bondades del Amor,

de las Leyes, de la vida íntima que Nos deben a Nosotros, en Nuestra Santísima Trinidad. 

 Y esto teneMos que detenerlo ya

Las almas caen al Infierno, como las hojas en el otoño...

porque Satanás está llevando a muchas almas a la perdición eterna.

Tenéis que daros cuenta de tanto Amor que se ha derramado sobre vosotros.

Ciertamente tenéis el libre albedrío, pero habéis actuado erróneamente a lo largo de vuestra existencia. 

Muchas almas Nos ha quitado el Malo, mucha maldad ha corrompido los corazones,

vosotros os habéis guiado por vuestra carnalidad y no por la espiritualidad

que debisteis haber tomado desde el principio de vuestra existencia.

Ciertamente, muchos de vosotros no tuvisteis guía paterna o materna

para que se os enseñaran las buenas obras, los buenos caminos, las buenas intenciones.

Y sobre todo el amor hacia Nosotros.

Y tampoco Me buscasteis en vuestro interior.

a pesar de que en momentos de vuestra existencia Yo os hacía ver en vuestro interior,

que vivíais en el error, que vivías dándoNos la espalda,

que no seguíais las Leyes dadas por el Padre y las Enseñanzas del Hijo,

pero Nuestro Amor es inmenso por vosotros y por eso son momentos en que Yo Me voy a manifestar más fuertemente

en la mente y en el corazón de los hombres

con la intención de salvaros, de recuperar vuestras almas,

DE LLEVAROS AL ARREPENTIMIENTO PROFUNDO

Para que podáis regresar al buen camino, pero también deberéis poner de vuestra parte.

Deberéis entrar en oración profunda, deberéis alejaros de todo aquello a donde Satanás os ha llevado

Y que os ha apartado de las Verdades de la Fe

y del Amor de Fusión y de Coparticipación, tanto a vosotros como a vuestros hermanos.

Poco a poco iréis sintiendo más fuertemente Mi Presencia en vosotros; 

como una brújula que os guía hacia un punto fijo,

también estaré Yo guiándoos hacia un punto fijo, que es vuestra salvación eterna.

Entrad en Oración, pedid Mi Guía amorosa, pedidLe a Mi Esposa, la siempre Virgen María, que os cuide en todo momento,

acudid al Cielo a pedir ayuda, porque no estáis solos, tenéis todo a vuestro favor; sois almas creadas por vuestro Dios,

sois almas que lleváis una misión de Amor, sois almas que, terminando vuestra misión, deberéis regresar al Reino de los Cielos. 

VUESTRO LUGAR ESTÁ EN EL REINO DE LOS CIELOS

NO EN EL INFIERNO A DONDE OS QUIERE LLEVAR EL ENEMIGO.

CENTRAOS PUES, YA, EN VUESTRA MISIÓN.

Muchas, muchas almas se siguen perdiendo porque no creéis en el Amor con el que Nosotros os consentimos.

Entended ya, que estáis en momentos difíciles de la Humanidad,

En la muerte física, el ESPÍRITU vuelve a Dios, el CUERPO regresa al polvo y el ALMA va al CIELO o al INFIERNO.

en momentos que, si no escogéis correctamente, os perderéis eternamente.

ORAD, ORAD, ORAD 

Porque ¡Cuánta pena Me dais, Mis pequeños!

Vuestros valores están ofuscados y tergiversados por la Maldad de Satanás

que os ha llevado a buscar los bienes materiales, haciendo a un lado los espirituales.

Pasáis vuestra existencia, o una buena parte de ella, tratando de llenaros de valores materiales

para que vuestra economía sea alta y así, supuestamente, no sufráis.

Ciertamente, se os han dado los valores materiales para cubrir vuestras necesidades humanas,

pero Satanás os lleva por caminos equivocados y vosotros, queriendo tener siempre más de lo material,

os olvidáis del valor más grande que tenéis en vosotros, que es Mi Presencia Divina. 

Yo, vuestro Dios Espíritu Santo, Soy el Tesoro más grande que un alma puede desear,

no hay ningún otro valor más grande que la Presencia Divina de Nuestra Santísima Trinidad en vosotros.

Perfectamente sabéis que en algún tiempo dejaréis este mundo y os enfrentaréis a vuestra realidad espiritual.

Buscasteis afanosamente los bienes del mundo, quizá hasta cometisteis graves errores, graves pecados por obtener más de ellos

e hicisteis a un lado, durante tanto tiempo de vuestra existencia, los valores grandes del alma

y, sobre todo, Me hicisteis a un lado a Mí, vuestro Dios Espíritu Santo,

que habito en vuestro ser y que, si Me hubierais tenido en cuenta a lo largo de vuestra existencia,

os hubiera llevado por los caminos correctos en donde no os hubiera faltado lo material…

Y sobre todo lo espiritual, para que al final de vuestra existencia, en vuestro Juicio Particular,

pudierais llegar con las manos llenas a presentaros ante vuestro Dios,

con gran alegría de haber cumplido lo que se os pidió.

¿Ahora os dais cuenta, Mis pequeños, del gran error en el cual vivís?

¿Os dais cuenta que habéis desviado vuestro camino porque le hicisteis caso al Mundo, a Satanás?

¿Y Nos hicisteis a un lado, a Nuestra Santísima Trinidad, que os repito:

Somos el tesoro más grande que vuestra alma puede añorar?

¡Cuánto mal hace Satanás en las almas!

Y vosotros, por no tratar de tener una vida espiritual bien cimentada en lo Sacramental,

os desviáis fácilmente.

¡Cuánto desamor hacia Nosotros!

Y eso os lleva a una vida errónea,

porque si no Nos amáis a Nosotros, vuestro Dios, menos amaréis a vuestros hermanos.

Y por eso el mundo está tan caótico, porque ya no respetáis a vuestros hermanos que sí veis

 Y no Nos respetáis a Nosotros, vuestro Dios, que no veis.

Vuestra situación humana es caótica e irá de mal en peor,

si no reconocéis vuestro error y cambiáis vuestro actuar.

Sabéis que Nosotros os vaMos guiando, os vaMos llevando por caminos correctos. 

Se os avisa que vuestro actuar es incorrecto, pecaminoso, que os va llevando a un precipicio.

Y que estáis por caer y perderos eternamente,

Pero si reaccionáis, todo lo que se anuncia para vuestro bien SE PUEDE CANCELAR O AMINORAR, 

pero depende de vosotros 

Y esto es que entréis en razón, que entréis a vuestro corazón,

QUE PIDÁIS PERDON POR VUESTROS ERRORES

Y que encontréis el verdadero Tesoro que poseéis, pero que no lo habéis aprovechado.

Satanás os quiere destruir, os ha mentido a lo largo de vuestra existencia,

os ha llevado por caminos oscuros, por caminos que no os llevan a un bien eterno.

No habéis seguido la Luz, la Luz Verdadera que viene de Nosotros,

pero si reaccionáis y empezáis a tomar esa Luz como vuestra guía en vuestra vida,

disiparéis las tinieblas que os rodean, os ayudaréis a vosotros mismos y a vuestros hermanos que os rodean.

Entended, Mis pequeños, que lo menos que quereMos es vuestra destrucción eterna.

De una forma u otra os vaMos avisando alrededor del mundo de que vuestro actuar es erróneo.

Entended ya, Mis pequeños, antes de que sea demasiado tarde para vuestra salvación.

No confiéis en vosotros mismos, confiad en Nosotros y en Mí,

vuestro Dios, que habito en vuestro interior.

Entrad en vuestro corazón, buscadMe y Me encontraréis.

ESTÁIS A MOMENTOS DE GRANDES ACONTECIMIENTOS

TERRIBLES PARA ESTA HUMANIDAD

SI NO ENTENDÉIS,

ÉSTOS OS APLASTARÁN.

Os amo, Mis pequeños, y dejad que Mi Luz, que lleváis en vuestro interior,

os guíe por la rectitud Divina a la que debéis vosotros alcanzar y así ganar vuestra salvación eterna.

Visión: Veo a Nuestro Señor de frente.

Estira Su Brazo izquierdo, me enseña Su Corazón, un Corazón pequeño, no como otras veces que lo he visto más grande.

Arriba del Corazón veo una Cruz y de la Cruz bajan las cuentas del Santo Rosario hacia los lados…

Y me dice Nuestro Señor:

Ved, ved, Mis pequeños, éste es Mi Corazón amorosísimo por vosotros;

el Fuego que veis en el centro es lo ardiente de Mi Corazón por vuestra salvación.

Ciertamente, este Mi Corazón lo veis pequeño, más pequeño que el vuestro,

porque en Mi Humildad Divina Me quise hacer pequeño para llegar a vuestro corazón;

aun con este pequeño Corazón Me hago así, más pequeño que vosotros,

porque en ningún momento quise presentarMe ante la humanidad como alguien superior,

alguien dominante, alguien inalcanzable.

He venido para la salvación de todos, he venido para regresaros al Reino de los Cielos. 

Ciertamente, veis Mi Corazón Pequeño, pero Mi Amor por vosotros es Infinito, Inmenso.

Y vosotros podéis llegar a tener también ese Amor Infinito cuando os unáis a Mí.

El Rosario que está sobre Mi Corazón significa la presencia de Mi Madre,

que sí, ciertamente Yo Me he dado por vosotros,

pero Ella Me ofreció a Mi Padre como Holocausto por vuestra salvación.

Ella es Intercesora ante Mí por la salvación de todos vosotros.

Os ha dado como arma tremenda, contra las potencias de Satanás,

el Santo Rosario.

El cual os recuerda también la pequeñez,

la humildad con la cual se le puede vencer fácilmente a Satanás.

Yo Me hice Pequeño, como os he mostrado con Mi Corazón Pequeño,

pero os dejé un gran Conocimiento de Mi Palabra que, llevándola a cabo,

podéis llegar a tener el Reino de los Cielos. 

Con el Santo Rosario Meditamos TODA LA VIDA de Jesús y el Amor del Padre, que lo envió para salvarnos… LE ARREBATAMOS LAS ALMAS A SATANÁS Y VENCEMOS EN TODAS LAS BATALLAS

El Santo Rosario es un arma pequeña,

pero tremenda contra las fuerzas de Satanás. 

Tantas veces se os ha dicho que seáis pequeños y podréis alcanzar el Reino de los Cielos.

La soberbia con la que se están presentando aquellos que os están aplastando,

que os están llevando a una vorágine de problemas sociales, económicos, espirituales, que parecen que no tienen solución,

se pueden resolver, nuevamente como os digo:

con la humildad, la sencillez y en el venir a Mí, vuestro Dios y Salvador,

llegando a través de Mi Madre, la Siempre Virgen María,

Con tu Rosario Madrecita, convertido en la Red Divina de la Salvación, te entrego con cada Ave María, LAS ALMAS DE…

a través del rezo del Santo Rosario.

Recordad, como os he dicho antes, todos los pecados son perdonables, menos aquél contra el Espíritu Santo,

Que es cuando no creéis que Yo os pueda perdonar vuestros pecados.

porque creéis que vuestros pecados son mayores que Mi Misericordia Infinita.

Ese es un pecado por falta de Fe,

porque no tenéis confianza en que Yo, vuestro Dios y Salvador, he vencido a Satanás y a todo lo que él produce.

Confiad, Mis pequeños, y venid a Mí.

A pesar de que los momentos que estáis viviendo son difíciles,

os debéis preparar como las vírgenes que esperaban a su amo.

Tened siempre vuestras lámparas encendidas, que esto es, vivir en estado de Gracia.

Sabéis que sucederán cosas muy fuertes en vuestro mundo, y aun en el Universo entero,

pero recordad que lo que importa en vosotros es el estado de vuestra alma,

CÓMO ESTARÉIS

EN EL MOMENTO EN QUE SE OS LLAME

A REGRESAR AL REINO DE LOS CIELOS.  

Esa debe ser vuestra preocupación principal, Mis pequeños,

NO lo que perderéis, como así lo tomáis.

Seréis juzgados en Mi Amor, en el amor que tenéis hacia Mí,

en el amor que tenéis hacia vuestros hermanos,

en el amor que habéis dado a lo largo de vuestra existencia.

Mi Reino es de Amor, que es vuestro Hogar también.

Manteneos, pues, en una vida espiritual

y no os preocupéis de lo que pase en lo material a vuestro alrededor,

preocupaos por el estado de vuestra alma,

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

de cómo estará ésta cuando os presentéis de regreso ante Mí,

vuestro Dios, para juzgaros.

Muchas cosas grandes, bellas, podéis hacer por vuestros hermanos para salvarlos,

mucho amor todavía podéis dar a vuestro alrededor y este Amor debéis tomarlo de Mí,

COPIANDO LO QUE YO HICE POR TODOS VOSOTROS

CUANDO ESTUVE SOBRE LA TIERRA

Enseñándoos, guiándoos, fortificándoos, para cuando tuvierais estos momentos.

No temáis, Mis pequeños, Yo os puedo devolver la vida.

Vosotros creéis que perderéis la vida, pero recordad que si vivís en estado de Gracia, si estáis viviendo para servirMe,

Quienes mueren en la Cruz, ¡Resucitarán!

Yo os voy a devolver vuestra vida y os la devolveré en el Reino de los Cielos.

El alma nunca muere, el alma permanece siempre,

pero esta alma que se os ha dado para servirMe,

ésta puede estar en falla grave y podríais perderos para siempre,

por toda la Eternidad;

pero si vuestra alma se gana el Reino de los Cielos, gozaréis inmensamente lo que hicisteis sobre la Tierra.

LlevadMe a los vuestros, no os preocupéis, como se os ha dicho en las Sagradas Escrituras,

por lo que puedan hacer con vuestro cuerpo o con vuestras propiedades, o con lo material que tengáis,

preocupaos por vuestra alma, por aquellos que os pueden llevar a la perdición, al pecado,

A LA DESTRUCCIÓN ESPIRITUAL DE VUESTRA ALMA

Os amo, Mis pequeños, manteneos siempre viendo Mi Corazón Pequeño, Humilde, Sencillo,

PERO INMENSAMENTE PODEROSO

 Que os puede salvar eternamente.

Os bendecimos en Nuestro Santo Nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Que la Paz y el Amor estén siempre con vosotros y los vuestros

Y que la compañía y la veneración a Vuestra Madre Celestial os alcance la Vida Eterna.

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P EL MINÚSCULO RESTO


Enero  25 2021

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios.

Un año termina, un año empieza, un año pasado con tribulaciones, pero siempre con Mi protección.

Un año nuevo que empieza, que vosotros podéis manipular fácilmente hacia vuestro bien.

Vuelvo a tomar el ejemplo de David y Goliat, éste último representando la maldad que ya os rodea en una forma tremenda.

Asustados estáis en lo económico, en lo social, en lo político, en vuestra salud.

Estáis atemorizados por los Jinetes del Apocalipsis que cercanos están ya a vosotros.

Goliat, representando todo ese mal.

Y David, representando la Virtud.

¡Con cuánta sencillez se presenta David a luchar contra Goliat!

Sin armadura, sin armas, solamente una honda.

Pero, ¿Qué tenía David para defenderse contra Goliat?

Mi Presencia, Mi Presencia Divina.

Y esa la tenéis todos vosotros, pero no la cultiváis.

Vosotros fácilmente, os repito, podéis vencer a ese Goliat que os está rodeando.

A ese Goliat que no os deja en paz, que no os deja pensar sabiamente.

Que no os deja vivir en libertad porque no lo estáis atacando.

Y no lo estáis atacando con Mis armas, no lo estáis atacando con la Virtud, con el Amor,

con una vida espiritual entregada a Mí, vuestro Dios.

Retomo las Palabras de Mi Hijo en los Evangelios: 

  26. Díceles: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. 27. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen? MATEO 8  

“Aquel que quiera seguir en pos de Mí,

podrá hacer las cosas que Me visteis hacer y aún mayores”.  (Juan 14,12)

¿Lo estáis haciendo, Mis pequeños? NO.

¿Estáis buscándoMe para crecer espiritualmente? NO.

Otra vez os vuelvo a decir que el Resto Fiel es muy pequeño,

¡MUY PEQUEÑO! ¿No os da vergüenza eso?

¿Acaso os sentís que pertenecéis a ese Resto Fiel?

Camináis seguros por la vida cuando Me tenéis a Mí, vuestro Dios.

Porque Mi Presencia está en vosotros por las Virtudes que os doy, que os protegen, pero

La persona que recibió la Primera Comunión es adulta y ella solicitó el servicio , en una celebración en un hospital en Guadalajara, Mexico…

14. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. 15. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5

¿Acaso las estáis tomando realmente, como defensa en vuestra vida?

¿Transmitís vida espiritual a vuestros hermanos?

¿Les ayudáis a ellos a defenderse contra el Goliat que os agobia a todos vosotros?

Prácticamente NO.

¿Cómo pues, os podéis defender contra ese Goliat si muchos de vosotros ya os disteis por vencidos?

¿Qué esperáis pues, de este año que empieza?

¿Ya no queréis luchar?

¿Ya no queréis vencer la Maldad de Satanás que os rodea…

y que la podéis vencer con la Oración, penitencia, ayuno, como se os ha pedido,

y con una vida espiritual profunda?

¿Ya no queréis pensar en lo que vendrá en este año

y solamente pensáis en cosas negativas?

¿Ya no queréis luchar contra esa Maldad que OS ESTÁ APLASTANDO,

que no os deja respirar,

pero que podéis VENCER fácilmente y renacer nuevamente en Mí?

Mis pequeños,

HABÉIS PERDIDO LA FE,

Habéis perdido ese afán de lucha,

Ya no queréis vencer, ya no queréis luchar, ya os habéis dado por vencidos.

No os espera un futuro halagüeño, os habéis dado por vencidos.

Vuelvo a repetir: El Resto fiel es muy pequeño.

El Resto Fiel está defendiendo la Fe, Mi Presencia en la Tierra,

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo. Y EL CORAJE DE UN GUERRERO…

Está defendiendo Mi Amor entre vosotros,

Os está defendiendo a la mayoría de vosotros con su Oración y su Intercesión.

Quería pensar que Yo tendría un ejército fuerte para luchar contra Satanás.

Y la gran mayoría de vosotros ya estáis vencidos por el miedo.

Ni siquiera os queréis enfrentar a Satanás, a ese Goliat que está frente a vosotros y os repito:

Lo podéis vencer fácilmente con un cambio de vida, con un cambio de actitud espiritual,

con una vida sacramental, con una vida en pureza y en amor,

éstas son cosas que Satanás no soporta, que las conocéis, pero no las buscáis.

¿Qué esperáis pues, Mis pequeños?

¡Estáis INDEFENSOS contra el Enemigo!

Sólo os queda caer por el alcantarillado.

No servís para nada ya, no servís ni para vosotros mismos.

No queréis buscar vuestra salvación, no queréis buscar la salvación de vuestros hermanos,

No queréis cumplir con lo que Yo os he pedido que cumpláis,

para que podáis regresar nuevamente al Reino de los Cielos.

Satanás os ha llevado a la situación espiritual en la que vivís.

Ya no sois almas en las que se pueda confiar.

La gran mayoría de vosotros vivís en pecado, en falsedades, en grandes errores espirituales.

Ciertamente, el ataque actual contra vosotros es tremendo,

PERO NO IMPOSIBLE DE SORTEAR

Seguís queriendo ver esa maldad del tamaño de Goliat, vosotros, pequeños Davides. 

La Virtud del Amor, la vida a la par Conmigo,

puede acabar fácilmente con esa Maldad que os rodea.

Pero tenéis que ser valientes, tenéis que levantaros,

tenéis que ser ejemplo ante el mundo y ante el Cielo.

No os dejéis vencer, Mis pequeños.

Porque el Espíritu de Dios NO NOS HACE COBARDES, al contrario, NOS DA PODER para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir, una buena vida cristiana, 2 Tim 1-7

Sois grandes, porque Yo os he creado para ser grandes.

Os he dado el Don de la vida y muchas Bendiciones, Gracias, Carismas, Dones, para poder vencer a ese Goliat,

pero el temor os ha llevado a caer y no os queréis levantar.

Si os unierais en Oración, si os arrodillarais a pedir Perdón por vuestros pecados,

si implorarais Mi Misericordia y Mi Ayuda,

lograríais fácilmente vencer a ese Goliat que os rodea.

En resumen Mis pequeños, este Año que empieza…

¿Será para vosotros de triunfo, porque lucharéis y querréis ser hijos Míos?

¿Esos hijos Míos que Yo quiero ver nuevamente en la Tierra, que seáis Mi pueblo, que Yo Sea vuestro Dios?

¿O ya os daréis por vencidos y entonces sí,

el poder de Satanás arrasará con todo y con todos en vuestro mundo?

Os aviso desde ahora, ¿Salvaréis vuestra vida y vuestro mundo?

o ¿Dejaréis que Satanás os destroce y destroce vuestro hogar terreno? 

Visión: Veo un crucifijo con Dios Nuestro Señor, pero está flotando en el aire,

no está el crucifijo clavado en la tierra,

y veo atrás del crucifijo, o sea, a espaldas de Dios Nuestro Señor,

el Rostro de Dios Padre que abarca todo el tamaño de la Cruz.

Está un poco más alejado, pero se ve que es el Rostro de Dios Padre de tamaño grande…

Y nos dice Dios Padre:

Pocos, muy pocos llegaron a verMe a Mí en la Presencia de Mi Hijo.

Y aun ahora, pocos también Me ven así.

Uno de los Apóstoles Le preguntó: “Déjanos ver al Padre”

y Mi Hijo le respondió: “El que Me ve a Mí, ve a Mi Padre”.

Mis pequeños, Yo Soy el Hacedor de todo, Yo Soy vuestro Creador, Soy el Amor Infinito.

Todo ha salido de Mí, pero aun ahora pocos Me dan ese mérito de Creador,

de Salvador y de vuestro Guía espiritual.

Es Mi Trinidad Sacrosanta la que os protege, la que os guía, la que os da vida.

¡Vida, Mis pequeños!

Una Vida Divina, porque Yo habito en vosotros.

Y aquél que se deja mover por Mí queda transfigurado.

Aquél que se deja mover por Mí, que se deja poseer por Mí,

ya no vuelve a ser el mismo porque Me ha conocido a Mí,

ha conocido el Verdadero Amor, ha conocido a su Creador,

ha conocido lo que es la Verdadera Vida

y no la vida que ahora tenéis, vida humana llena de pecado,

llena de maldad con la que tenéis que luchar todos los días.

“¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Aquél que se deja mover por Mí llega a niveles inmensos, altísimos de santidad.

Porque Yo, al Vivir en un alma, la transformo,

para que Yo Mismo esté contento de vivir en esa alma.

Yo no puedo vivir en donde se vive en pecado, en maldad, en error,

Yo vivo en almas santas, las transformo, las adorno, las llevo a niveles sublimes

en donde Yo esté contento de vivir en vosotros y, en consecuencia,

vosotros estaréis infinitamente también contentos de tenerMe a Mí en vuestro interior,

en vuestra vida, en vuestros actos.

Desde ese momento, Mi Sabiduría actúa en vosotros.

Ya no actuáis como vuestros hermanos actúan,

especialmente aquellos que no quieren dejarMe vivir en su ser.

Cuando un alma se deja poseer, viene a ser Presencia Viva de Mí, vuestro Dios, entre los hombres.

Mi Hijo Se manifestó ante los hombres, pero en ese momento y como lo es ahora también,

Satanás dominaba el mundo, la maldad era inmensa, como ahora lo estáis viviendo.

Y por eso pocos, MUY POCOS, aceptaron Mi Presencia en Mi Hijo.

Y aquellos que quieren estar Conmigo, que se dejan poseer, que se dejan guiar por Mi Sabiduría Divina,

por Mi Voluntad, por el Amor Perfecto, que es el que Yo os doy por estar Conmigo, son atacados.

Son atacados por las fuerzas de Satanás, pero al final Mi Presencia en vosotros triunfa.

Muchos son los llamados, pocos los escogidos.

Y los escogidos son almas valientes, almas que Me dejan vivir plenamente en ellas…

Y a las que Yo utilizo para la salvación de muchos.

Mi Amor es Infinito, Mi Amor es Grande, Mi Amor es Divino,

pero pocos aprecian tan grande Obra Mía en las almas.

Debéis aprender a apartaros del mundo,

pero no, no descuidando vuestras obligaciones de estado,

ni dejando a vuestros hermanos sin ayuda espiritual. 

Cuando Yo escojo un alma, la voy dotando de capacidades espirituales inmensas

y de esta forma, pueden hacer lo que muchos hombres harían.

Dejaos, pues, manejar por Mí.

Dejaos que Yo os transfigure, que Yo os vuelva otros Cristos en este Tiempo…

Para que Me ayudéis a la salvación de muchísimos de vuestros hermanos que han sido manipulados por Satanás.

Que los ha apartado de Mis Verdades y que los está llevando al desfiladero, para la perdición de sus almas.

Manteneos, pues, Conmigo, Mis pequeños.

En estos momentos no entendéis plenamente lo que quiere decir esa transfiguración… (1)

Y sobre todo, las Capacidades, Dones, Virtudes con las que Yo os puedo dotar.

Así que simplemente dejaos mover por Mí, vuestro Dios y Creador.

Ya os di vida, ya os creé, tenéis un alma y un cuerpo, pero

Os estoy llevando a una segunda transformación,

a una segunda y verdadera transfiguración

en la cual vosotros Me ayudaréis en este momento de Transformación Universal.

DejadMe pues, que Yo Me deleite nuevamente en vosotros,

como Me deleitaba Yo en vuestros Primeros Padres antes del Pecado Original.

Porque Yo no os estoy castigando,

Es vuestra necedad y soberbia que el mismo Maligno suscita en vosotros, quien os castiga.

Escoged, Mi Paraíso o vuestro mundo actual.

En vosotros está la decisión.

De Mí sólo puede salir Bien, Paz, Verdad y Amor.

Yo os bendigo en Mi Santísimo Nombre, en el Nombre de Mi Hijo Jesucristo, en el Nombre de Mi Santo Espíritu

y en Nombre de Mi Hija María, Madre del verdadero Dios por quién se vive.  

(1) En los dos siguientes post, volveremos a publicar un testimonio de lo que significa dejarse mover por Dios,..

Y entenderán más claro lo que ABBA nos está diciendo con transfigurarnos…

Y con que le AYUDEMOS en su imploración de auxilio, para defender la Creación…

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150 LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR


150 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Jesús mostrándome la desembocadura del Jordán en el lago de Tiberíades, en el lugar en que se extiende la ciudad de Betsaida en la orilla derecha del río me dice:

-Ahora la ciudad ya no parece en las orillas del lago, sino un poco más hacia el interior.

Esto desconcierta a los estudiosos.

La explicación se debe buscar en el espacio cedido por el lago, por esta parte, al terreno seco, debido a veinte siglos en que el río ha ido depositando tierra suelta.

Y también a aluviones y desprendimientos de tierra de las colinas de Betsaida.

En aquel tiempo la ciudad estaba justamente en la desembocadura del río en el lago.

Es más, las barcas más pequeñas, en las estaciones más ricas en aguas, remontaban un buen trecho del río, casi hasta la altura de Corazaín.

Las orillas del río servían siempre como embarcadero y lugar protegido para las barcas de Betsaida en los días de borrasca en el lago.

Esto no te lo digo por ti, que poco te importa, sino por los doctores difíciles.

Y ahora continúa…

Las barcas de los apóstoles, recorrido el breve trecho de lago que separa Cafarnaúm de Betsaida, echan amarras en esta ciudad.

Pero otras barcas las han seguido y muchos bajan de ellas para unirse enseguida a los de Betsaida que han venido a saludar al Maestro.

Jesús está entrando ahora en la casa de Pedro en la que… está de jefe su mujer.

La cual parece que ha preferido la soledad, antes que vivir entre las continuas quejas de su madre contra su marido.

Afuera reclaman al Maestro a voces, lo cual inquieta no poco a Pedro, que sube a la terraza y con tono autoritario se dirige a la gente…

Diciendo que se requiere respeto y educación.

Porque quisiera en efecto, poder gozar un poco de la presencia del Maestro en paz, ahora que lo tiene en su casa.

Y sin embargo, no tiene el tiempo ni la satisfacción de ofrecerle ni siquiera un poco de agua y miel, entre las muchas cosas que ha dicho a su mujer que traiga.

Y se muestra enfadado.

Jesús lo mira sonriente…

Y menea la cabeza diciendo:

–     ¡Parece como si no me vieras nunca y que estemos juntos de casualidad! 

Pedro está verdaderamente alterado y lo manifiesta abiertamente,

diciendo:

–     ¡Pues si es así!

Cuando estamos por el mundo, ¿Estamos, acaso, yo y Tú? ¡Ni soñarlo!

Entre Tú y yo está el mundo, con sus enfermos, sus afligidos, sus oyentes, sus curiosos, sus calumniadores, sus enemigos.

Y no estamos nunca yo y Tú.

Aquí, sin embargo, Tú estás conmigo, en mi casa, ¡Y deberían comprenderlo!

Jesús dice calmado:

–     No veo la diferencia, Simón.

Mi amor es igual, mi palabra es la misma; ¿No es lo mismo que te la diga en privado o que la diga para todos?

Pedro entonces confiesa su gran pesar:

–     Es que soy cerrado de mollera…

Y me distraigo con facilidad. Cuando hablas en una plaza, en un monte, en medio de una muchedumbre, no sé por qué, comprendo todo…

Pero luego no recuerdo nada. Se lo he dicho también a los compañeros y me han dado la razón.

La otra gente – me refiero al pueblo que te escucha – te comprende y luego se acuerda de lo que has dicho.

¡Cuántas veces hemos oído confesar a uno:

“No he vuelto a hacer esto porque Tú lo has dicho”, o: “He venido porque una vez te oí decir esta otra cosa y se me quedó grabado en el pensamiento”.

Sin embargo, nuestro caso… ¡Ay!, ¡Ay!, es como un curso de agua que pasa sin detenerse: la orilla ya no tiene esa agua que ha pasado.

Viene otra, sí, continuamente. Y mucha, pero sigue pasando, sigue pasando…

Yo pienso con gran temor, que si es como dices, llegará el momento en que Tú ya no podrás seguir haciendo de río y… y yo…

¿Qué le voy a poder dar a quien tenga sed, si no conservo ni una gota de lo mucho que me das?

También los otros apoyan las quejas de Pedro… 

Lamentándose de no encontrar nunca nada de lo que escuchan, cuando querrían encontrarlo para responder a los muchos que los preguntan.

Jesús sonríe y responde:

–     No creo que sea así.

La gente está muy contenta también de vosotros…

–     ¡Sí, claro, para lo que hacemos!… 

 Abrirte paso dando codazos.

Llevar a los enfermos, recoger las dádivas y decir: “¡Sí, sí, aquél es el Maestro!”.

¡Pues vaya una cosa, ¡¿No?!

–      No te rebajes demasiado, Simón.

–     No me estoy rebajando, es que me conozco.

–     Es la más difícil de las sabidurías.

De todas formas, quiero quitarte este gran miedo.

Las veces que hable y veáis que no habéis podido comprender y retener todo.

Preguntadme, sin miedo a parecer latosos o a desanimarme.

Siempre tenemos algunas horas de intimidad.

Abridme en esos momentos vuestro corazón.

Yo doy mucho a muchos, ¡Qué no os daría a vosotros, a quienes amo con un amor que Dios no podría superar?

Has hablado de la ola que va sin dejar rastro en la orilla.

Llegará un día en que te darás cuenta de que cada una de las olas ha depositado en ti una semilla…

Y que cada una de las semillas ha producido una planta. 

Y verás ante ti flores y árboles para todos los casos, te asombrarás de ti mismo, de lo que el Señor ha hecho contigo…

Porque entonces estarás redimido de la esclavitud del pecado y tus virtudes actuales habrán adquirido muy alta perfección.  

Pedro concede:

–     Si Tú lo dices, Señor, descanso en estas palabras tuyas.

–     Ahora vamos con los que nos están esperando.

Venid. Recibe la paz; mujer. Esta noche seré tu huésped.

Salen.

Jesús va hacia el lago para evitar la compresión de la muchedumbre.

Pedro, diligentemente separa la barca de la orilla unos pocos metros, de modo que la Voz de Jesús sea oída por todos…

Y que haya un espacio entre el auditorio y Él. 

Jesús empieza a hablar:

–      De Cafarnaúm a aquí he venido pensando qué podría deciros.

La indicación la he encontrado en los hechos sucedidos esta mañana.

Habéis visto a tres hombres que se han acercado a Mí.

Uno, espontáneamente; otro porque lo he llamado, el tercero por un entusiasmo repentino.

Habéis podido ver también cómo de estos tres he tomado sólo a dos. ¿Por qué?

¿Será porque he visto en el tercero a un traidor? No, ciertamente no.

Lo que he visto en él ha sido una persona no preparada.

A simple vista parecía menos preparado éste hombre que ahora está a mi lado, este hombre que iba a enterrar a su padre.

Sin embargo, el menos preparado era el tercero.

Éste estaba tan preparado – aún sin saberlo – que ha sabido realizar un sacrificio verdaderamente heroico.

Seguir a Dios con heroísmo es siempre prueba de una fuerte preparación espiritual.

Esto explica ciertos hechos sorprendentes que se producen en torno a Mí.

Los que están más preparados para recibir al Cristo – cualesquiera que sean su casta o su cultura – vienen a Mí con prontitud y fe absolutas.

Los menos preparados me observan como a un hombre que se sale de lo habitual.

Me estudian con desconfianza y curiosidad… 

O incluso me atacan y desacreditan acusándome de varias formas.

Las distintas formas de actuar son proporcionales a la falta de preparación de los espíritus.

En el pueblo elegido deberían encontrarse por todas partes, espíritus preparados para recibir a este Mesías en cuya espera,

se consumieron de ansiedad los Patriarcas y los Profetas.

A este Mesías que por fin ha venido, precedido y acompañado por todos los signos profetizados. 

A este Mesías cuya figura espiritual se delinea cada vez más clara a través de los milagros visibles, en los cuerpos y en los elementos.

Y de los milagros invisibles en las conciencias que se convierten.

O en los gentiles que se vuelven al Dios verdadero.

Y sin embargo, no es así.

Precisamente en los hijos de este pueblo la prontitud para seguir al Mesías se ve fuertemente obstaculizada…

Y además aunque duela decirlo, a medida que se sube a las clases más altas, más obstaculizada está.

No lo digo para escandalizaros, sino para induciros a orar y a reflexionar.

¿Por qué sucede esto?

¿Por qué gentiles y pecadores avanzan más por mi Camino?

¿Por qué acogen lo que Yo digo? ¿Y los otros no?

Porque los hijos de Israel están anclados.

Es más, incrustados como madreperlas al banco en que nacieran.

Porque están saturados, henchidos de su sabiduría, que los ha engordado…

Y no saben abrir camino a la mía desprendiéndose de lo superfluo, para hacer espacio a lo necesario.

Los otros no padecen esta esclavitud:

Son pobres paganos o pobres pecadores, desancorados como naves a la deriva…

Son pobres, que no tienen tesoros propios, sino que sólo poseen fardos de errores…

Y pecados de los que se desprenden con gozo, en cuanto logran comprender la Buena Nueva.

Prueban su dulzura corroborante, muy distinta del desagradable revoltijo de sus pecados.

Escuchad…

Y quizás entenderéis mejor cómo de una misma acción pueden surgir diversos frutos.

Salió un sembrador a sembrar.

Sus tierras eran muchas y de distintos tipos. 

Algunas de ellas las había heredado de su padre.

En éstas, su falta de atención había permitido la proliferación de plantas espinosas.

Otras eran adquiridas.

Las había comprado a una persona descuidada y las había dejado como estaban.

Otras estaban atravesadas por caminos…

Porque el hombre era un comodón y no quería hacer mucho recorrido para ir de un lugar a otro.

En fin…

Había algunas las más cercanas a la casa que había cuidado, para que el aspecto de delante de su casa fuera agradable.

Éstas tierras estaban bien limpias de cantos, de espinos, de malas hierbas, etc.

Pues bien, el hombre cogió su saquito de trigo de simiente, el de mejor calidad.

Y empezó a sembrar.

La simiente cayó en el terreno bueno, esponjoso, arado, limpio, abonado, de las tierras cercanas a la casa.

Cayó en las tierras cortadas por esos caminos más o menos anchos, que las fragmentaban hasta la saciedad y que además…

Eran fuente de despreciable polvo árido para la tierra fértil.

Otras semillas cayeron en las tierras en que la ineptitud del hombre había dejado proliferar los espinos…

El arado ahora, los había arrastrado a su paso y parecía que ya no hubiera…  

Pero seguían estando, porque sólo el fuego, la radical destrucción de las malas plantas, les impide volver a nacer.

La última semilla cayó en los campos comprados poco antes, en esos campos que el sembrador había dejado como estaban, cuando los adquirió…

Sin roturarlos profundamente, sin levantar todas las piedras que estaban hundidas en la tierra…

Y que formaban un pavimento duro, en que no podían prender las tiernas raíces.  

Una vez esparcida por los campos toda la simiente, volvió a su casa y dijo:

“¡Bien!, ¡bien!, ahora no hay sino que esperar a la cosecha”.

Y se regocijaba al ver con el paso de los meses, primero germinar bien espeso el trigo en las tierras que estaban delante de su casa.

Luego crecer – ¡Oh, qué suave alfombra! – y producir espiga – ¡Qué mar! – y dorarse y cantar su hosanna al sol, entrechocándose las espigas.

El hombre decía:

“Como estas tierras serán todas las demás. Preparemos la hoz y los graneros.

¡Cuánto pan! ¡Cuánto oro!”, y exultaba de gozo.

Segó el trigo de las parcelas más cercanas y luego pasó a las tierras que había heredado de su padre y que había dejado abandonadas.

Al verlas se quedó de piedra.

Mucho trigo había nacido, porque eran buenas parcelas…

Y la tierra, bonificada por su padre, era rica y fértil. 

Pero esta misma fertilidad había actuado en las plantas espinosas, arrastradas por el arado pero aún vivas…

Que habían renacido creando un verdadero techo de híspidos ramajes de espinos,

a cuyo través sólo algunas escasas espigas de trigo habían podido emerger…

Con lo cual casi todo había quedado ahogado.

El hombre dijo:

“Con estas parcelas he sido negligente, pero en otras no había espinos; irá mejor la cosa”.

Y pasó a las tierras que había comprado recientemente.

Su estupor pasó a ser dolor:

Delgadas hojas de trigo ya resecas, yacían como heno seco, diseminadas por todas partes.

Heno seco. “¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible!”, se lamentaba el hombre.

“¡Pues si aquí no hay espinos y el trigo era el mismo!

Y había nacido bien compacto y hermoso. 

Se ve por las hojas, bien formadas y numerosas. ¿Por qué, entonces, todo ha muerto sin formar espiga?”.

Y con dolor, se puso a excavar en el suelo para ver si encontraba nidos de topos u otros flagelos.

No había ni insectos ni roedores. 

¡Ah, pero cuántas piedras, cuántas piedras!

Estas parcelas estaban, literalmente hablando, pavimentadas con lascas de piedra…

Era engañosa la poca tierra que las cubría.

¡Ah, si hubiera hincado profundamente el arado a su debido tiempo!

¡Ah, si hubiera excavado antes de aceptar esas tierras y comprarlas como buenas!

¡Ah, si, al menos, una vez cometido el error de adquirir lo que se le ofrecía sin asegurarse de su calidad, lo hubiera bonificado a fuerza de brazos!

Pero ya era demasiado tarde. Inútil plañirse.

El hombre se enderezó, desanimado.

Y fue a ver los campos cortados por los caminos que él mismo, buscando la comodidad, había trazado…

Y se rasgó las vestiduras del dolor.

Aquí no había nada, absolutamente nada.

La tierra oscura del campo estaba cubierta por un leve estrato de polvo blanco.

El hombre se desplomó gimiendo: “Pero aquí, ¿Por qué?

Aquí no hay ni espinos ni piedras, porque estos campos son nuestros.

Mi abuelo, mi padre, yo, los hemos tenido siempre y durante muchos lustros los hemos hecho producir y han sido fértiles.

Yo he abierto los caminos. 

Habré quitado espacio a las parcelas, pero ello no puede haberlas hecho tan improductivas…”.

Estaba llorando cuando llegó un nutrido conjunto de pájaros, que con frenesí se lanzaban de los senderos a la tierra de labor y de ésta a los senderos…  

Para buscar, buscar, buscar semillas, semillas, semillas…

Y le dieron la respuesta a su dolor:

Esta tierra se había convertido en una red de caminos, a cuyos bordes habían ido a parar granos de trigo.

Atrayendo así a muchos pájaros.

Los cuales primero se habían comido los granos que habían caído en el camino y luego lo que había caído dentro,

hasta el último grano.

De esta forma la simiente, igual para todas las parcelas, había producido en unas cien, en otras sesenta o treinta.

O nada.

El que tenga oídos para oír que oiga.

La semilla es la Palabra, que es igual para todos.

Los lugares donde cae la simiente, son vuestros corazones.

Que cada cual lo aplique y lo comprenda.

La paz sea con vosotros.

Luego, volviéndose a Pedro,

dice:

–     Remonta el río hasta donde te sea posible y amarra al otro lado.

Y mientras las dos barcas recorren un corto trecho por el río, para luego detenerse junto a la orilla,

Jesús se sienta y le pregunta al nuevo discípulo:

–     ¿Quién queda ahora en tu casa?

El hombre que no fue a enterrar s su padre,

contesta:

–     Mi madre con mi hermano mayor, que está casado desde hace cinco años.

Mis hermanas están en distintos puntos de esta región. Mi padre era muy bueno.

Mi madre lo llora desconsoladamente.

El joven calla bruscamente al sentir que un sollozo le sube del corazón.

Jesús lo agarra de una mano,

y dice:

–     Yo también he experimentado este dolor y he visto llorar a mi Madre.

Por tanto, te comprendo…

El fondo restriega contra el guijarral.

Ello hace que la conversación se interrumpa, para permitir bajar de la barca.

Ya no se ven las bajas colinas de Betsaida que casi se introducen en el lago.

Aquí hay una llanura rica en gramíneas que se extiende desde esta orilla, opuesta a Betsaida, hacia el Norte.  

Pedro pregunta:

–     ¿Vamos a Merón? 

–     No.

Tomaremos este sendero que va por entre las tierras.  

Los campos, hermosos y bien cuidados, muestran las espigas aún tiernas pero ya formadas.

Todas a la misma altura y cimbreándose levemente por el viento fresco que viene del norte,

parecen otro lago, pequeño, en que las velas son los árboles que esporádicamente se yerguen, llenos de trinos de pájaros.  

Santiago de Alfeo observa:

–     Estos campos no son como los de la parábola.  

Judas de Keriot contesta:

–     ¡No, sin duda!

No han sido devastados por los pájaros, ni hay espinos ni piedras. ¡Hermoso trigo!

Dentro de un mes ya estará dorado…

Y dentro de dos estará maduro para la hoz y el granero.  

Pedro dice:

–     Maestro…

Te recuerdo lo que has dicho en mi casa.

Has hablado muy bien, pero yo empiezo ya a tener en la cabeza nubes desmadejadas como ésas del cielo…

Jesús responde: 

–     Esta noche te lo explicaré.

Ahora tenemos ante nuestros ojos a Corozaín.

Y Jesús mira fijamente al neodiscípulo.

diciendo:

–    «A quien tiene se le da.

El hecho de recibir no quita el mérito a la ofrenda. Llévame a vuestro sepulcro y a casa de tu madre. 

El joven se arrodilla y besa entre lágrimas la mano de Jesús.

–     Levántate.

Vamos. Mi espíritu ha oído tu llanto. Quiero fortalecerte en el heroísmo con mi Amor.

–     Isaac el Adulto me había hablado de tu gran bondad.

¿Sabes qué Isaac, no? Aquel al que le curaste la hija. Ha sido el apóstol para mí.

Pero veo que tu bondad es aún mayor de cuanto me habían referido.

–     Iremos a saludar también al Adulto para darle las gracias por haberme dado un discípulo.

Llegan a Corozaín.

La primera casa es precisamente la de Isaac.

El anciano está volviendo a casa, cuando ve al grupo de Jesús con los suyos.

Y entre ellos al joven de Corozaín, levanta los brazos con su bastoncito en la mano.

Se queda sin respiración, a boca abierta.

Jesús sonríe y su sonrisa devuelve la voz al anciano.

–     ¡Dios te bendiga, Maestro!

¿A qué se debe este honor?

–     Para decirte “gracias”.

–     ¿Por qué motivo, Dios mío?

Soy yo quien debe decirte esta palabra. Pasa, pasa. ¿Qué pena que mi hija esté lejos asistiendo a su suegra!

Porque se ha casado, ¿Sabes? Toda suerte de bendiciones tras el encuentro mío contigo.

Ella, curada. Inmediatamente después, ese rico pariente que regresaba de lejos, viudo, con unos pequeñuelos necesitados de una madre…

¡Bueno, pero si ya te he contado estas cosas! ¡Mi cabeza es anciana también! Perdona.

–     Tu cabeza es sabia.

Se olvida además de gloriarse del bien que hace por su Maestro. Olvidarse del bien realizado es sabiduría; demuestra humildad y confianza en Dios.

–     Bueno… yo… no sabría…

–     ¿Acaso no tengo este discípulo por ti?

–     Bueno, no he hecho nada; sólo, decir la verdad…

Me alegro de que Elías esté contigo. 

Y se vuelve hacia Elías y dice:

–     Tu madre, pasado el primer momento de estupor…

Vio enjugado su llanto al saber que eras del Maestro. Tu padre tuvo un digno duelo. Se le ha enterrado hace poco.

–     ¿Y mi hermano?

–     Guarda silencio…

Ya sabes… Le ha sido un poco duro el no verte… Por el pueblo… Piensa todavía así…

El joven se vuelve hacia Jesús:

–     Es lo que dijiste.

Pero no quiero que esté muerto… Haz que venga a la vida como yo. Y a tu servicio.

Los otros no entienden y miran con ademán de pregunta a Jesús,

quien sólo responde:

–     No pierdas la esperanza y persevera.

Luego bendice a Isaac y se marcha, a pesar de todas las presiones en contra.

Se detienen primero a orar junto a la tumba cerrada.

Luego, atravesando un majuelo aún semideshojado, se dirigen a la casa de Elías.

El encuentro entre los dos hermanos es más bien circunspecto: el mayor se siente ofendido y lo quiere poner de manifiesto.

El menor se siente humanamente culpable y no reacciona.

Pero cuando aparece la madre, la cual, sin mediar palabra, se postra y besa el extremo del vestido de Jesús.

El ambiente y los ánimos se calman; tanto, que quieren hacer los honores al Maestro.

Pero Jesús no acepta nada,

limitándose a decir:

–     Sean justos vuestros corazones recíprocamente.

Como justo era el hombre al que lloráis. No deis impronta humana a lo sobrehumano: la muerte y la elección para una misión.

El alma del justo no ha sufrido turbación al ver la ausencia del hijo en el entierro de su cadáver; es más, la seguridad sobre el futuro de su Elías le ha dado paz.

No turbe el pensamiento del mundo la gracia de la elección.

Si el mundo se ha podido quedar sorprendido al no ver a éste junto al féretro paterno, los ángeles han exultado al verlo al lado del Mesías.

Sed justos. Y a ti, madre, que esto te consuele; has educado sabiamente y tu hijo ha sido llamado por la Sabiduría.

Os bendigo a todos. La paz os acompañe ahora y siempre.

Vuelven al camino que los ha de llevar al río y después a Betsaida.

El hombre, Elías, no ha perdido ni un instante en el umbral de la casa paterna.

Tras el beso de despedida a su madre ha seguido al Maestro con la sencillez con que un niño sigue a su verdadero padre.