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345 PEDAGOGOS EN ANTIGONIO


345 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El anciano Felipe mientras sirve a los huéspedes leche humeante,

dice: .

–       Mi hijo Tolmái ha venido para los mercados.

Hoy, a la sexta, regresa a Antigonio.

El día está templado.

¿Queréis ir, según vuestro deseo? 

Pedro responde:

–        Iremos, seguro.

¿Cuándo has dicho?

–        A la sexta.

Podréis volver mañana, si queréis; o si preferís, en la víspera del sábado, al caer de la tarde, cuando vienen para las funciones del sábado todos los subalternos hebreos

o los que han entrado en la fe.

–        Lo haremos así.

Se podría incluso elegir ese lugar, para que vivieran éstos.

–        Será un placer en todo caso, aunque los pierda.

Porque es un lugar salubre.

Y podríais hacer mucho bien con los subalternos, algunos de los cuales

son todavía los que dejó el amo.

Otros provienen de la bondad de la bendita ama, que los rescató de amos crueles.

Por eso no son todos israelitas.

Pero ahora ya no son tampoco paganos.

Hablo de las mujeres.

Los hombres, todos, están circuncidados.

No sintáis aversión…

Pero están todavía muy lejos de la justicia de Israel.

Los santos del Templo, que son perfectos, se escandalizarían de ellos…

Pedro exclama:

–       ¡Ah, ya!

¡Ya! ¡Ya!…

¡Bueno, bien!

Ahora podrán progresar aspirando sabiduría y bondad de los enviados del Señor…

¿Estáis oyendo cuántas cosas que hacer tenéis aquí? – termina Pedro, dirigiéndose a los dos.

Síntica promete:

–        Lo haremos.

No defraudaremos al Maestro

Y sale para preparar lo que cree oportuno.

Juan de Endor pregunta a Felipe:

–        ¿Piensas que en Antigonio voy a poder hacer un poco de bien,  también a otros,

enseñando como pedagogo?

–        Mucho bien.

El anciano Plauto ha muerto ya hace tres lunas y los niños de los gentiles no tienen escuela.

En cuanto a los hebreos, no hay maestro, porque todos los nuestros huyen de ese lugar

que está cerca de Dafne.

Se necesita uno que sea…

que sea… como era Teófilo…

Sin rigideces para… para…

Pedro concluye expeditivo.

–        Sí, en fin,

sin fariseísmo, quieres decir.

–        Eso… sí…

No quiero criticar…

Pero pienso…

Maldecir no sirve para nada.

Mejor sería ayudar…

Como hacía la ama, que con su sonrisa conducía a la Ley más y mejor, que un rabí.

Juan de Endor exclama:

–        ¡Ahora comprendo por qué me ha enviado aquí el Maestro!

Soy exactamente el hombre con los requisitos precisos…

¡Haré su voluntad!

¡Hasta el último respiro!

Ahora creo, creo con firmeza que es exclusivamente una misión de predilección ésta mía.

Voy a decírselo a Síntica.

Vais a ver como nos quedamos allí..

Voy, voy a decírselo.

Y sale, animado como hacía tiempo no lo estaba.

Pedro exclama:

–        ¡Altísimo Señor, te doy las gracias y te bendigo!

Sufrirá todavía, pero no como antes…

¡Ah, qué alivio! 

Y luego siente el deber de explicar a Felipe un poco, de la forma que puede,

el por qué de su alegría:

«       Debes saber que los…“rígidos” de Israel – tú los llamas “rígidos” – persiguen a Juan.

–        ¡Ah, comprendo!

Perseguido político como… como… – y mira al Zelote.  

Simón confirma:

–        Sí, como yo y más;

por otros motivos también.

Porque, además de por la casta distinta, los irrita por ser del Mesías.

Por lo cual, dicho sea de una vez por todas, él y ella quedan confiados a tu fidelidad…

¿Comprendes?

–        Comprendo.

Y sabré cómo moverme.

–        Ante los demás, ¿Cómo los vas a llamar?

–        Dos pedagogos recomendados por Lázaro de Teófilo,

él para los niños, ella para las niñas.

Veo que tiene bordados y telares…

Gente extranjera hace y vende muchas labores femeninas en Antioquía.

Pero son labores toscas y recargadas

Ayer he visto una labor suya que me ha recordado a la buena ama mía…

Serán labores muy solicitadas…

Pedro dice:

–        Una vez más, alabado sea el Señor.

Judas Tadeo., responde: 

–        Sí.

Esto disminuye en nosotros el dolor de la ya próxima despedida.

–        ¿Ya os queréis marchar?

Y Tadeo explica:

–        Tenemos que marcharnos.

La tormenta nos ha hecho perder tiempo.

Para los primeros días de Sabat tenemos que estar con el Maestro.

Nos está esperando, porque ya vamos con retraso.   

Se separan y va cada uno a sus asuntos:

Felipe a donde lo llama una mujer;

los apóstoles al sol, en la azotea. 

Santiago de Alfeo pregunta: 

–        Podríamos partir el día siguiente del sábado.

¿Qué os parece? 

Todos asienten…

–       ¡Por mí!…

¡Fíjate tú! 

Pedro:   

–       Todos los días me levanto con el tormento de Jesús solo, sin ropa, desatendido,

y todas las noches me acuesto con el mismo tormento.

De todas formas, hoy lo decidimos.

Andrés comenta:

–        Decidme.

¿Creéis que el Maestro sabía todo esto?

Hace días que me pregunto cómo sabía que encontraríamos al cretense;

cómo ha visto con anticipación el trabajo de Juan y Síntica;

cómo, cómo… en definitiva, muchas cosas.  

Zelote dice:

–        Verdaderamente creo que el cretense tiene épocas fijas de estancia en Seleucia.

Quizás Lázaro se lo dijo a Jesús…

Y Él, por ello, decidió la partida sin esperar a la Pascua… 

Santiago de Alfeo. pregunta: 

–        ¡Sí! ¡Eso!

¿Y Juan cómo va a celebrar la Pascua? 

Mateo dice:

–        Pues como todos los israelitas… 

Tadeo dice:

–        No.

Sería caer en la boca del lobo».

-¿Pero qué dices, hombre?

Entre tanta gente, ¿Quién lo va a descubrir?

Pedro dice y corta la frase: 

–       El Iscar…

¡Oh, ya hablé!

No penséis en ello.

Es un capricho de mi mente…

Pedro está colorado, afligido por haber hablado.

Judas Tadeo le pone una mano en el hombro, sonriendo con su sonrisa grave,

y dice:

–        ¡Bueno, hombre!

Todos pensamos lo mismo…

Pero mejor no decírselo a ninguno.

Bendigamos, más bien, al Eterno, que ha desviado la mente de Juan, de este pensamiento.

Todos, abstraídos, guardan silencio.

Pero para ellos, verdaderos israelitas, es una preocupación el cómo va a poder celebrar

la Pascua en Jerusalén, el discípulo exiliado…

Y vuelven sobre el tema. 

Mateo dice:

–        Yo creo que Jesús proveerá.

Quizás Juan lo sabe.

Basta preguntárselo.

Juan suplica:

–        No lo hagáis.

No creéis deseos y espinas donde apenas si se acaba de establecer la paz.

Santiago de Alfeo. confirma: 

–        Sí.

Es mejor preguntárselo al Maestro mismo

Andrés pregunta: 

–       ¿Cuándo lo veremos?

¿Qué pensáis vosotros? 

Santiago de Zebedeo dice: 

–        Si partimos el día siguiente del sábado,

para el final de la luna estaremos seguro en Tolemaida…

Tadeo observa:

–        Si encontramos nave… 

Y su hermano añade:

–        Y si no hay tempestad.

–        Por lo que se refiere a la nave, siempre hay alguna que parte para. Tiro.  

Y pagando, haremos que se haga escala en Tolemaida aunque la nave vaya para Joppe.

Zelote pregunta a Pedro:

–        ¿Tienes todavía?

–       . Contando incluso con que me ha pelado bien ese ladrón del cretense,

a pesar de todas sus declaraciones de querer favorecer a Lázaro.

Pero tengo que pagar la permanencia de la barca y la de Antonio…

Y no toco los denarios que me han dado para Juan y Síntica.

Son sagrados.

Los dejo intactos, a costa incluso de no comer.

Zelote comenta:

–       Haces bien.

Ese hombre está muy enfermo.

Él cree que podrá ejercer la función de pedagogo.

Yo creo que su única función será la de enfermo, pronto… 

Santiago de Zebedeo, confirma: .

–        Sí, también yo creo eso.

Síntica, más que labores, tendrá que hacer ungüentos 

Juan dice admirado:

–        Ese ungüento, ¿Eh?

¡Qué prodigio!

Síntica me ha dicho que quiere hacer más

y usarlo para poder entrar en familias de aquí».

Mateo proclama: 

–       ¡Buena idea!

Un enfermo que se cura es siempre un discípulo conquistado, y con él los suyos

  Pedro exclama: 

      ¡Ah, no, eso no! 

Andrés cuestiona y con él, otros más:

—      ¿Cómo?

¿Quieres decir que el milagro no arrastra hacia el Señor?  

Pedro interroga:

–        Sois unos niñitos!

¡Parece que acabáis de bajar del Cielo!

¿Pero no veis lo que le hacen a Jesús?

¿Se ha convertido Elí de Cafarnaúm

¿Y Doras?

¿Y Oseas de Corazín?

¿Y Melquías de Betsaida?

¿Y – perdonad los de Nazaret

 y toda Nazaret por los cinco, seis, diez milagros cumplidos,

hasta el último, el de vuestro sobrino? 

Ninguno replica, porque es la amarga verdad…

Después de unos minutos de silencio,

Juan dice: 

–        No hemos encontrado todavía al soldado romano.

Jesús ya lo había dado a entender..

Zelote dice: . 

–        Se lo diremos a los que se quedan.

Es más, será otra misión más en su vida.

Vuelve Felipe

diciendo:

–        Mi hijo está ya listo.

Se ha dado prisa.

Está con su madre, que prepara regalos para los nietos.

–        ¿Es buena tu nuera, no?

–        Buena.

Ha sido consuelo mío en la pérdida de mi José.

Es como una hija.

Era sierva de Euqueria. La educó ella.

Venid a reponer fuerzas antes de poneros en marcha.

Los otros ya lo están haciendo…

.Y,precedidos por el carro de Tolmái, nieto de Felipe, trotan hacia Antigonio…

Llegan pronto a esta pequeña ciudad.

Sepultada en la feracidad de sus jardines, protegida de las corrientes por las cadenas de

montes que tiene alrededor; 

suficientemente lejanas para no ahogarla, pero suficientemente cercanas para protegerla

y derramar sobre ella los efluvios de sus bosques de árboles resinosos y esenciales;

toda llena de sol, alegra la vista y el corazón con sólo cruzarla.

Los jardines de Lázaro están al sur de la ciudad.

Están precedidos por un paseo, por ahora sin frondas, a lo largo del cual están las casas

de los que trabajan en los jardines.

Son casitas bajas, pero bien cuidadas.

A sus puertas se asoman caras de niños que observan curiosos…

Y de mujeres que saludan sonriendo.

Las razas distintas se manifiestan en la diversidad de los rostros.

Tolmái, en cuanto traspasan la cancilla donde empieza la propiedad,

hace un especial chasquido de tralla al ir pasando por delante de todas las casas;

debe ser como una señal

Y los que viven en ellas, tras haber observado, entran de nuevo y luego vuelven a salir,

cierran las puertas y empiezan a caminar por el paseo, detrás de los dos carros,

que van al paso y luego se paran en el centro de una confluencia de senderos

(dirigidos, como los radios de una rueda, en todas las direcciones

entre muchos campos dispuestos en cuadros, unos desnudos, otros de un verde perenne,

custodiados por laureles, por acacias o árboles semejantes.

O por otros árboles que a través de los tajos incididos en su tronco

rezuman leche olorosa y resinas).

En el ambiente hay un olor mixto de aromas balsámicos, resinosos, fragantes.

Panales por todas partes.

Y pilones para el riego, en que beben palomas blanquísimas.

Y, en zonas especiales, de tierra desnuda, recientemente cavada,

escarban gallinitas también blancas custodiadas por muchachas.

Tolmái restalla la tralla repetidas veces,

hasta que todos los súbditos del pequeño reino se reúnen en torno a los recién llegados.

Entonces empieza su presentación:

–       Escuchad.

Felipe, jefe nuestro y padre de mi padre, manda y recomienda a estos santos de Israel,

venidos aquí por voluntad de nuestro patrón.

Que Dios esté siempre con él y con su casa.

Mucho nos quejábamos porque aquí faltaba la voz de los rabíes santos.

He aquí que la bondad del Señor y de nuestro patrón, lejano pero que mucho nos ama

Dios le compense el bien que ofrece a sus siervos,

nos procuran lo que nuestro corazón soñaba.

En Israel ha aparecido Aquel que había sido prometido a las gentes.

Ya nos lo habían dicho durante las Fiestas en el Templo y en la casa de Lázaro.

Pero ahora realmente ha llegado para nosotros el tiempo de la gracia,

porque el Rey de Israel ha pensado en sus siervos más pequeños

y ha enviado a sus ministros a portarnos sus palabras.

Éstos son sus discípulos.

Y dos de ellos vivirán en medio de nosotros, aquí o en Antioquía;

enseñando la Sabiduría para ser instruidos en orden al Cielo.

Y también la otra que se necesita para la tierra.

Juan, pedagogo y discípulo de Cristo, enseñará a nuestros niños estas dos sabidurías;

Síntica, discípula y maestra con la aguja, enseñará la ciencia del amor a Dios

y el arte del trabajo femenil a las muchachas.

Recibidlos como bendición del Cielo y amadlos como los ama Lázaro de Teófilo y Euqueria

– gloria a sus almas y paz – Y como los aman las hijas de Teófilo, Marta y María,

nuestras amadas señoras y discípulas de Jesús de Nazaret, el Rabí de Israel,

el Prometido, el Rey.

El pequeño pueblo de hombres, vestidos con cortas túnicas, de manos terrosas

que sostienen utensilios de jardinería;

de mujeres, de niños de todas las edades, escucha asombrado.

Luego bisbisean.

Finalmente saludan con una profunda reverencia…

Y Tolmái empieza las presentaciones:

–        Simón de Jonás, el jefe de los enviados del Señor;

Simón el Cananeo, amigo de nuestro señor;

Santiago y Judas, hermanos del Señor;

Santiago y Juan, Andrés y Mateo.

Y luego, a los apóstoles y discípulos:

–        Ana, mi mujer, de la tribu de Judá, como, por lo demás, mi madre,

porque somos puros, venidos con Euqueria de Judá.

José, el varón consagrado al Señor,

y Teoqueria, primogénita, que en el nombre lleva el recuerdo de los justos señores,

sabia hija y amante de Dios como una verdadera israelita.

Nicolái y Dositeo. Nicolái es nazireo. Dositeo es el tercero de los hijos; ya lleva casado

(y un fuerte suspiro acompaña el anuncio de esto) varios años con Hermiona.

Ten aquí, mujer…

Se adelanta una jovencísima morenita con un lactante en brazos.

–       Ésta es.

Es hija de un prosélito y de una griega.

Mi hijo la vio en Alejandrocena de Fenicia,cuando fue para unas compraventas…

Y la quiso para sí…

Y Lázaro no se opuso, antes al contrario me dijo: “Mejor así que al mal”.

Y no es ningún mal.

Pero yo quería sangre de Israel…

La pobre Hermiona está con la cabeza agachada como una acusada.

Dositeo está visiblemente agitado y se ve que sufre.

Ana, la madre y suegra, mira con ojos entristecidos…

Juan, a pesar de ser el más joven,

siente la necesidad de elevar los espíritus humillados

y dice:

–        En el Reino del Señor no hay ya griegos o israelitas, romanos o fenicios;

sino solamente hijos de Dios.

Cuando, a través de estos que han venido, conozcas la Palabra de Dios,

sentirás elevarse tu corazón a nuevas luces.

Y ésta ya no será “la extranjera” sino la discípula, como tú y como todos,

del Señor nuestro Jesús.

Hermiona levanta la humillada cabeza y sonríe con gratitud a Juan.

En los rostros de Dositeo y de Ana se ve la misma expresión de agradecimiento.

Tolmái responde austero:

–        Y Dios quiera que sea así,

porque, aparte del origen, nada tengo que recriminar a mi nuera.

El que está en sus brazos es Alfeo, el último nacido, que del padre de ella, prosélito,

ha tomado el nombre.

La pequeña de los ojos de cielo bajo los rizos de ébano es Mírtica, del nombre de la madre

de Hermiona.

Y éste, el primogénito, es Lázaro, porque así lo quiso el señor nuestro, y el otro es Hermas.

Juan. interviene nuevamente,

diciendo:

–        El quinto se debe llamar Tolmái y la sexta Ana,

para decir al Señor y al mundo  que tu corazón se ha abierto a nuevas comprensiones.  

Tolmái se inclina sin decir nada.

Luego reanuda las presentaciones:

–       Éstos son dos hermanos de Israel: Miriam y Silvano, de la tribu de Neftalí.

Y éstos son Elbónides Danita y Simeón judío.

Luego, aquí están los prosélitos, que eran romanos, caridad de Euqueria hecha obra; 

arrancados por ella al yugo y a gentilidad: Lucio, Marcelo, Solón, hijo de Elateo.

Síntica observa: 

–        Nombre griego.

–        De Tesalónica.

Esclavo de un siervo de Roma – el desprecio es manifiesto al decir “siervo de Roma” –

Euqueria lo tomó, junto con el padre agonizante, en un momento confuso;

si el padre murió pagano, Solón es prosélito…

Priscila ven aquí adelante con tus hijos…

Una mujer alta y delgada, de rostro aquilino, se adelanta empujando a una niña y a un niño;

cogidas de la falda lleva a dos pequeñuelos.

–        Ésta es la mujer de Solón, que fue liberta de una romana ya difunta.

Y Mario, Cornelia, María y Martila, gemelas.

Priscila es experta en esencias.

Amiclea, ven con tus hijos. Ésta es hija de prosélitos.

Y prosélitos son los dos niños, Casio y Teodoro.

Tecla, no te escondas

Es la mujer de Marcelo.

Su dolor es que es estéril. También hija de prosélitos.

Éstos son los colonos.

Ahora a los jardines.

Venid.

Y los guía por la vasta propiedad, seguido de los jardineros,

que explican los cultivos y trabajos;

mientras las muchachas vuelven a sus gallinitas,

que han aprovechado la ausencia de las guardianas para irse a otros lugares,

sobrepasando los límites, establecidos.

Tolmái explica:

–        Se las trae aquí para limpiar la tierra de larvas, antes de la siembra de los cultivos anuales.

Juan de Endor sonríe a las gallinitas, que cloquean

y dice:

–        Parecen las que tenía yo…

Y se agacha para echar miguitas de pan que tenía en el talego,

hasta que se ve rodeado de polluelas.

Y ríe porque una de ellas, petulante, le arrebata el pan de los dedos.  

Pedro exclama:

–        ¡Menos mal!

Dando con el codo a Mateo y señalando a Juan, que juega con los pollos…

Y a Síntica, que está hablando griego con Solón y Hermiona.

Luego vuelven hacia la casa de Tolmái

que explica:

–        Éste es el sitio.

Pero, si queréis enseñar, se puede hacer un lugar.

¿Os quedáis aquí o…?  

Juan de Endor suplica:

–        ¡Sí, Síntica!

¡Aquí! ¡Es más bonito!

Antioquía me ahoga de recuerdos… 

Síntica concede:

–        ¡Sí, hombre, claro!

Como quieras.

Basta con que tú estés bien.

Para mí todo es igual.

No miro ya hacia atrás… sólo adelante, adelante…

¡Ánimo, Juan!

Aquí estaremos bien.

Niños, flores, palomas y gallinas para nosotros, pobres criaturas.

Y para nuestra alma el gozo de servir al Señor.

¿Qué opináis vosotros? 

Pregunta volviéndose a los apóstoles.  

Pedro dice:

–        Pensamos como tú, mujer

–        Pues ya está dicho.

–        Muy bien.

Nos iremos contentos…

Juan de Endor, vuelve a su dolor…

exclamando:

–        ¡Oh, no os marchéis!

¡No os volveré a ver!

¿Por qué tan pronto? ¿Por qué?… – 

–        ¡No nos marchamos ahora!

Estamos aquí hasta… hasta que seas…

Pedro no sabe expresar lo que será Juan,

Y para que no se vea que también él está repleto de lágrimas,

abraza a Juan, que está llorando,

y trata de consolarlo así…  

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6

343 EXILIADOS…


343 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En una bellísima puesta de sol, se delinea la ciudad de Seleucia

como un voluminoso aglomerado blanco en el límite de las aguas azules del mar calmo

y risueño: todo un jugueteo de olitas bajo un cielo que funde su cobalto sin nubes

con la púrpura del ocaso.

La nave, desplegadas sus velas, enfila veloz hacia la ciudad lejana,

y tanto inciden en ella los esplendores del sol poniente, que parece incendiarse,

con fuego de alegría por la fiesta de la llegada ya cercana.

En el puente de la nave, entre los marineros, que ya ni trajinan ni están inquietos,

están los pasajeros, que ven acercarse la meta.

Sentado junto a Juan de Endor (más macilento aún que cuando partió),

se ve al marinero herido

Todavía tiene fajada la cabeza con una venda ligera;

su tez, pálida-marfil por la gran cantidad de sangre que ha perdido.

Pero sonríe y habla con sus salvadores, o con los compañeros que, pasando,

se congratulan con él de verlo en el puente.

También el cretense se percata de su presencia.

Deja por un momento su puesto, poniéndolo en manos del jefe de la tripulación,

para ir a saludar a su «óptimo Demetes», que ha vuelto al puente por primera vez

después de sufrir la herida.

Y dirigiéndose a los apóstoles,

les dice:

       «Y gracias a todos vosotros» .

«No tenía ninguna esperanza de que sobreviviera, después del golpe de ese pesado travesaño

y del hierro que lo hacía todavía más pesado

Verdaderamente, Demetes, éstos te han dado de nuevo a la vida,

porque estabas ya dos veces muerto.

La primera, yaciendo como una mercancía en el puente, donde habrías perecido por el

desangramiento… y por las olas, que te hubieran llevado al mar;

habrías descendido al reino de Neptuno, a hacer compañía a nereidas y tritones.

La segunda, por haberte curado con esos maravillosos ungüentos.

Y se va hacia el puente de mando para tomar el timón, pues ya están muy cerca del atracadero.

Pedro dice:

–           Vamos a tomar nuestro cargamento.

No veo la hora de alejarnos de este asqueroso pagano.

Juan… Síntica…

En cuanto bajemos con la carga, vendremos por ustedes…

Y los ocho apóstoles se van ligeros a hacer lo que han dicho.

Los dos que se quedan,

observan los diques y la sinfonía de silbidos con que se trasmiten las órdenes

para que el navío quede a punto para el desembarco.

Juan de Endor dice muy triste:

–           Síntica, cada vez damos un paso más hacia lo desconocido.

Otro paso que nos aleja del dulce pasado.

Otra agonía… no creo que aguante…

Síntica está muy pálida y también agobiada por la tristeza,

pero es siempre la mujer fuerte que da fuerzas a los que ama:

–        Es verdad, Juan.

Otro golpe que destroza el corazón.

Otra agonía…

Pero no digas: ‘Otro paso más hacia lo desconocido’ No está bien.

Conocemos nuestra misión.

Jesús nos lo dijo.

Y nos estamos uniendo a la Voluntad de Dios, que sólo Él sabe por qué lo está permitiendo…

Ni siquiera debemos decir: ‘Otro golpe’

Nosotros seguimos fieles a su Voluntad.

El golpe abate.

Nosotros nos unimos.

Nos vemos libres de los placeres sensibles de nuestro amor por Él, por nuestro Maestro.

Y nos reservamos las delicias suprasensibles, haciendo que nuestro amor y obligación

se trasladen a un plan superior.

¿No estás convencido de ello?

¿Sí?

Juan asiente en silencio con un gesto afirmativo.

–        Entonces no debes decir ‘otra agonía’

Decir agonía significa que la muerte está cerca.

Pero nosotros al llegar a un plano espiritual por nuestros propósitos, no morimos,

sino que ‘vivimos’.

Porque lo espiritual es eterno.

Por esta razón subimos a una vida mejor, anticipo de la vida verdadera del Cielo.

¡Ea, ánimo!

¡Olvida que eres el Juan inútil!

Y piensa que eres el hombre destinado al Cielo.

Reflexiona, reacciona y medita…

Y espera solo en ser el ciudadano de aquella patria inmortal.

Los apóstoles ya tienen la carga lista para desembarcar,

cuando la nave entra majestuosa, al lugar donde va a atracar.

Se acercan los dos que están sufriendo el dolor infinito del alejamiento

del que ya aman con todo su ser.

Nicómedes se acerca a despedirlos.

Y Pedro dice:

–        Adiós y muchas gracias.

–        ¡Salve hebreos!

También yo os las doy.

Si os apresuráis, encontrareis alojamiento…

Hasta la vista…

Después de bajar la carga, los diez descienden.

Y cargados con sus fardos, se alejan en busca del albergue…

Al día siguiente…

Erguido enfrente de los apóstoles bajo el primer sol de la mañana…

El anciano posadero dice:

–        En los mercados encontraréis seguro un carro.

Pero, si queréis el mío os lo dejo, en recuerdo de Teófilo.

Si vivo tranquilo, se lo debo a él.

Me defendió, porque era justo.

Ciertas cosas no se olvidan.   

Pedro objeta:

–        Es que tú estarías sin tu carro varios días…

Y además, ¿Quién lo guía?

Yo con un burro… todavía…

¡Pero con un caballo!…

–        ¡Es igual!

No te voy a dar un potro indómito.

doy un prudente caballo de tiro, bueno como un cordero.

Llegaréis pronto y sin fatigaros.

Para la hora novena estaréis en Antioquía;

mucho más considerando que el caballo conoce muy bien el camino y va solo.

Me lo devolverás cuando quieras, sin interés por mi parte,

si no es el de hacer una cosa grata al hijo de Teófilo.

Decidle que todavía le debo muchas cosas.

Y que lo recuerdo y me siento siervo suyo. 

Pedro pregunta a sus compañero

–       ¿Qué hacemos? – 

–        Lo que te parezca mejor.

Tú juzga y nosotros obedecemos…

-¿Probamos con el caballo?

Lo digo por Juan…

Y también para abreviar…

Me siento como si estuviera llevando a uno a la muerte

y estoy deseando acabar todo esto lo antes posible…

Todos aprueban: 

–        Tienes razón

–        Entonces, hombre, acepto.

—       Y yo ofrezco con alegría.

Voy a aparejar el vehículo.

El hospedero se marcha.

Pedro da rienda suelta a su pensamiento:

–        He consumido en estos pocos días la mitad del tiempo de vida que tenía.

¡Una pena!… ¡Una pena!…

Habría querido tener el carro de Elías, el manto que cogió Eliseo,

que les hiciera olvidar, que les…

¡No sé! Algo, en definitiva, que no les hiciera sufrir tanto…

Pero, si logro saber quién es la causa principal de este dolor,

dejo de ser Simón de Jonás si no lo retuerzo como a un paño empapado.

No digo matarlo, ¡No!,

Pero sí exprimirlo, como él ha exprimido la alegría y la vida a esos dos pobrecillos…

Santiago de Alfeo.,

dice:

–        Tienes razón.

Es una gran pena.

Pero Jesús dice que se debe perdonar las ofensas… 

–         Si me las hubieran hecho a mí, debería perdonar.

Y podría.

Estoy sano y fuerte.

Y si alguien me ofende tengo fuerza para reaccionar incluso contra el dolor.

¡Pero, el pobre Juan!

No, no puedo perdonar la ofensa contra el redimido del Señor;

contra uno que muere afligido de esta forma…

Andrés suspira, diciendo: 

–        Yo pienso en el momento en que lo dejemos del todo… – 

Mateo susurra:

–        Yo también.

Es un pensamiento fijo y que aumenta a medida que se acerca el momento…

Pedro dice:

–        Hagámoslo pronto, por piedad

Poniendo una mano en el hombro de Pedro.

Zelote dice serenamente:

–        No, Simón.

Perdona si te observo que te equivocas deseando eso.

Tu amor al prójimo se está transformando en un amor desviado.

Y esto no debe suceder en ti, que siempre has sido recto.

–       ¿Por qué, Simón?

Eres culto y bueno.

Muéstrame mi error.

Y yo, si así lo veo, te diré: tienes razón.

–        Tu amor se está haciendo malsano, porque está para transformarse en egoísmo.

–        ¿Cómo?

¿Me aflijo por ellos y soy egoísta?

–        Sí, hermano;

porque tú, por exceso de amor, todo exceso es desorden.

Y por tanto, induce al pecado, te envileces.

Quieres no sufrir tú de ver sufrir.

Eso es egoísmo, hermano en el nombre del Señor.

Pedro concede:

-¡Es verdad!

Tienes razón. Y

Te agradezco esta advertencia.

Así se debe hacer entre buenos compañeros. Bien.

Entonces ya no tendré prisa…

Pero, decid la verdad,

¿No es un acto de piedad? 

Todos dicen: 

–       Lo es, lo es… 

–       ¿De qué forma los vamos a dejar? 

Andrés sugiere: 

–       Propondría hacerlo cuando nos haya recibido Felipe,

pero quedándonos quizás ocultos un tiempo en Antioquía.

Y preguntándole a Felipe cómo se van adaptando… 

Santiago de Alfeo.. objeta: 

–        No.

Sería hacerles sufrir demasiado con una separación tan brusca.  

Santiago de Zebedeo, comenta:

–        Entonces…

Sigamos a medias el consejo de Andrés.

Quedémonos en Antioquía, pero no en casa de Felipe.

Y durante unos días vamos a verlos, cada vez menos, cada vez menos, hasta que…

No volvemos… 

Tadeo opina:

–        Dolor renovado una y otra vez.

Y cruel desilusión.

No. No se debe hacer. 

–        ¿Qué hacemos, Simón?

Pedro dice abatido:

–       ¡Ah!, por lo que a mí respecta,

quisiera estar en su lugar, más bien que tener que decir: “Me despido de vosotros”

Zelote dice: 

–        Propongo una cosa.

Vamos con ellos a casa de Felipe.

Nos quedamos allí.

Luego, siguiendo todavía juntos, vamos a Antigonio.

Es un lugar ameno…

Y allí también estamos un tiempo.

Una vez que ellos se hayan aclimatado, nos retiramos, con dolor pero con virilidad.

Yo diría esto.

A menos que Simón-Pedro tenga órdenes distintas del Maestro. 

–        ¿Yo? No.

Me dijo: “Haz todo, bien, con amor, sin pereza y sin prisa.

Y de la forma que juzgues mejor”.

Hasta ahora creo que lo he hecho. 

¡Está eso de que dije que era pescador!…

Pero, si no lo hubiera dicho no me habría dejado estar en el puente.

Tadeo lo conforta:

–      No te crees escrúpulos tontos, Simón.

Son puntadas del demonio para turbarte. 

Juan de Zebedeo confirma:

–       Verdaderamente es así!

Creo que está alrededor de nosotros como no lo ha estado jamás,

poniéndonos obstáculos y creándonos miedos, para movernos a actos viles.

Y concluye en voz baja:

«       Creo que quería inducir a la desesperación a ellos dos, reteniéndolos en Palestina…

Y ahora que se escapan de su asechanza se venga en nosotros…

Me lo siento alrededor como una serpiente escondida entre la hierba…

Y ya hace meses que me lo siento alrededor así…

Mirad, ahí vienen el hospedero por un lado y Juan y Síntica por el otro.

Os diré el resto cuando estemos solos, si os interesa.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

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19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6

338 UNA ORACION PROFUNDA


  1. 338 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está de nuevo al pie del macizo sobre el que se alza Yiftael.

No en la calzada – llamémosla así – o camino de herradura recorrido antes con el carro;

sino en una senda tan empinada, que se diría que es para cabras monteses.

Pues está toda formada de grandes lascas, con grietas profundas, pegada contra el monte.

Pareciera que está excavada, en la pared vertical del monte;

como si éste hubiera sido rayado por una enorme zarpa

La limita un tajo que se abre a pico a nuevas profundidades;

en cuyo fondo espuma ruidoso un torrente.

Pisar en falso ahí, significa despeñarse sin esperanza, rebotando de una mata a otra.

Matas de zarzas y de otras plantas agrestes, nacidas entre las fisuras de la roqueda.

Y sin la disposición vertical propia de las plantas, sino oblicua, o incluso horizontal,

porque a ello las constriñe su lugar de arraigamiento.

Pisar en falso ahí significa la laceración a causa de todos los peines espinosos,

de estas plantas;

quedar deslomado por los golpes contra los troncos rígidos,

que se asoman hacia el abismo.

Pisar en falso ahí, significa desgarraduras con las piedras aguzadas,

que sobresalen de las paredes del tajo.

Pisar en falso ahí, significa llegar sangrando y quebrantado a las aguas espumosas

del ruidoso torrente y ahogarse.

Y yacer sumergido en un lecho de escollos puntiagudos, a merced de los ramalazos

de las violentas aguas.

Mas a pesar de ello, Jesús recorre este sendero, este arañazo en la roca,

más peligroso aún por la humedad que sube del torrente, evaporándose;

que rezuma de la pared superior;

que gotea de las plantas nacidas en esta pared superior vertical;

casi levemente cóncava.

Va lentamente, estudiando dónde pone el pie,

sobre las aguzadas piedras, algunas removidas.

A veces, el sendero se estrecha tanto,

que se ve obligado a apretarse contra la pared rocosa.

Para pasar puntos sobremanera peligrosos,

debe agarrarse a las ramas colgantes de la pared.

Rodea así el lado oeste y llega al lado sur;

que es el lado en que el monte, después de un descenso a plomada desde la cima,

se hace más cóncavo…

Y da más respiro en anchura al sendero, aunque se lo quita en altura:

tanto que, en ciertos puntos, Jesús tiene que caminar agachado,

para no golpear la cabeza contra las rocas.

Quizás tiene intención de detenerse,

al llegar a un lugar en que el sendero termina bruscamente,

como por rocas desprendidas.

Pero observa…

Y ve que hay debajo una caverna, más que una caverna, es una gran grieta del monte.

Y desciende a ella por entre las rocas caídas.

Entra.

Una grieta al principio; dentro, una amplia gruta…

Como si el monte hubiera sido excavado mucho tiempo atrás, a golpe de pico.

Se ve claramente dónde se han asociado a las curvas naturales de la roca,

con las producidas por los hombres,

Los cuales, en el lado opuesto a la hendidura de entrada;

abrieron a una estrecha galería, en cuyo fondo hay una franja de luz…

Y una lejana vista de bosques que indican, que la galería penetra de sur a este

cortando el espolón del monte.

Jesús se mete por esa galería semi-oscura y estrecha.

Y la recorre hasta llegar a la abertura;

situada por encima del camino que sigue con los apóstoles y el carro para subir a Yiftael.

Los montes que rodean el lago de Galilea, están frente a Él.

Allende el valle; en dirección nordeste, resplandece el gran Hermón vestido de nieve.

Aquí no tan vertical, ni hacia arriba ni hacia abajo.

Pero sí han excavado en la ladera del monte, una escalera primitiva,

que conduce al camino de herradura del valle y también a la cima, donde está Yiftael.

Jesús se muestra satisfecho de su exploración.

Vuelve para atrás al interior de la vasta caverna…

Y busca un sitio resguardado.

Allí amontona hojarasca que el viento ha empujado hacia dentro del antro:

haciendo de esta manera una mísera yacija.

Un velo de hojas secas entre su cuerpo y el suelo desnudo y gélido…

Se deja caer encima y se queda así, inmóvil, extendido, con las manos debajo de la cabeza,

los ojos fijos en la bóveda rocosa, absorto…

Pareciera aturdido, como quien hubiera soportado un esfuerzo,

o un dolor superior a sus fuerzas.

Luego, lágrimas lentas, sin sollozos;

empiezan a descender de sus ojos…

Y caen a ambos lados de la cara, para perderse entre sus cabellos, hacia las orejas.

Y terminar ciertamente entre la hojarasca…

Llora así, largamente…

Sin decir nada, ni hacer ningún movimiento…

Luego se sienta y con la cabeza entre las rodillas;

alzadas y ceñidas con sus manos entrelazadas;

llama, con toda su alma, a su lejana Madre:

–       ¡Madre! ¡Madre!

¡Madre mía! ¡Mi eterna dulzura!

¡Oh, Mamá, cuánto quisiera tenerte a mi lado!

¿Por qué no te tengo siempre, único consuelo de Dios?

Solamente la gruta hueca, responde a sus palabras, a sus sollozos;

con un susurro de imperfecto eco…

Y parece que ella misma llore y solloce también, con sus salientes, sus rocas…

Y las pocas y todavía pequeñas estalactitas, que en un ángulo penden;

delatando quizás el más sujeto a labor de aguas internas.

E1 llanto de Jesús continúa, aunque ahora más tranquilo…

Como si el simple hecho de haber invocado a su Madre, lo hubiera consolado.

Y lentamente, se transforma en un monólogo.

–       Han partido…

¿Y por qué? ¿Y por quién?

¿Por qué he tenido que dar este dolor…?

¿Y  a mí mismo también?

¿Si ya el mundo me llena de dolor mis jornadas?…

¡ J u d a s ! …

Se queda en silencio por un largo lapso de tiempo…

¿Quién sabrá a dónde vuela ahora el pensamiento de Jesús…?

Que levanta la cabeza de las rodillas y mira hacia adelante…

Con ojos dilatados y el rostro tenso,

propio de quien está absorto en espectáculos espirituales futuros…

¡O en gran meditación!

Ya no llora, pero sufre visiblemente.

Luego, parece responder a un interlocutor invisible.

Para hacerlo se yergue y se pone en pie.

Diciendo:

–       Soy Hombre, Padre.

Soy el Hombre.

La virtud de la amistad, herida y arrancada de Mí,

se lamenta y se retuerce dolorosamente…

Sé que debo sufrir todo.

Lo sé. Como Dios, lo sé.

Y como Dios, lo quiero por el bien del mundo.

También como hombre lo sé;

porque mi espíritu divino lo comunica a mi humanidad.

Y también como hombre lo quiero, por el bien del mundo.

¡Pero, qué DOLOR, ¡Oh Padre mío!  

Esta hora es mucho más penosa, que la que viví con mi espíritu y el tuyo en el desierto…

Y es mucho más fuerte, LA TENTACIÓN PRESENTE DE NO AMAR…

Y no soportar a mi lado a ese ser legamoso y tortuoso, que tiene por nombre Judas;

causa del mucho dolor que hasta la saciedad como y bebo.

Y que tortura las almas a las que Yo había dado paz.

Y es mucho más fuerte la tentación presente…” (1)

–       Padre, siento que te vas haciendo riguroso con tu Hijo,

a medida que me voy acercando al final, de esta expiación mía por el género humano.

Se va alejando de mí cada vez más tu suavidad…

Y aparece severo tu Rostro a mi espíritu;

que cada vez se ve más apartado hacia las profundidades, donde la Humanidad,

padeciendo tu castigo, gime desde milenios.

Me era suave el sufrimiento; suave el camino al principio de la existencia;

suave también, cuando de hijo del carpintero, pasé a ser Maestro del mundo,

arrancándome de una Madre para darte a Ti Padre, al hombre caído.

Me fue suave también, respecto a este momento, la lucha con el Enemigo,

en la Tentación del desierto.

La afronté con el ardimiento del héroe, que cuenta con todas sus fuerzas…

¡Oh, Padre mío!…

Que ahora mis fuerzas están debilitadas por la falta de amor de demasiados…

Y el conocimiento de demasiadas cosas…

Yo sabía que Satanás, una vez terminada la tentación, se marcharía…

Y así fue.

Y los ángeles vinieron a consolar de ser hombre, al Hijo tuyo;

de ser objeto de la Tentación del Demonio.

Pero ahora NO cesará. 

Una vez pasada la hora en que el Amigo sufre, por los amigos enviados  a un país lejano.

Y por el amigo perjuro, que lo perjudica de cerca y de lejos.

No cesará.

No vendrán tus ángeles a consolarme en este momento;

ni pasado este momento.

Antes al contrario;

vendrá el mundo con TODO su ODIO, su burla, su incomprensión;.

Vendrá y estará cada vez más cerca;

será cada vez más tortuoso y legamoso el perjuro, 

el traidor, el vendido a Satanás.

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite… Y POR ESO SON TAN CRUELES

¡PADRE!...

Es verdaderamente un grito de congoja, de espanto, de invocación…

Y Jesús se estremece…

y ESTA ANGUSTIA SE REPETIRÁ

en la Hora del Getsemaní.

¡Padre! Lo sé.

Lo veo…

Mientras Yo aquí sufro y seguiré sufriendo…

Y te ofrezco mi sufrimiento por su conversión.

Y por los que me han sido arrebatados de mis brazos…

Y están marchando a su destino;

con el corazón traspasado;

él se está vendiendo para ser mayor que Yo….

¡El Hijo del hombre!

¿Soy Yo, no es verdad, el Hijo del hombre?

( ¡LA DUDA LO MUERDE…! )

(Pero la rechaza inmediatamente)

¡  S Í !

Pero no soy el único que lo es.

La Humanidad, la Eva fecunda ha generado a sus hijos…

Si Yo soy Abel, el Inocente,…

NO falta Caín entre la prole de la Humanidad.

Y, si soy el Primogénito;

porque soy como habrían debido ser los hijos del hombre;

sin mancha ante tus ojos;

él, el engendrado en pecado;

es el primero de lo que vinieron  a ser,

después de que mordieron el fruto envenenado.

Ahora, no contento con tener dentro de sí,

los fómites repugnantes y blasfemos de la mentira,

la anti-caridad, la sed de sangre, la avidez de dinero, la soberbia y la lujuria;

ÉL…

“Judas con posesión diabólica perfecta…” ¡Este magnífico actor, se le parece mucho en la fisonomía, al verdadero Judas…!

EL HOMBRE QUE PODRÍA HACERSE ÁNGEL

se hace como el Demonio, para ser el hombre que se  convierte en demonio...

“Y Lucifer quiso ser como Dios; por ello, fue expulsado del Paraíso.

Y transformado en demonio, habitó el Infierno.”

¡Pero, Padre!

¡Oh, Padre mío!

Yo lo amo… lo amo todavía.

Es un hombre…

Es uno de aquellos por quienes te dejé…

Por mi humillación, sálvalo…

¡Concédeme redimirlo, Señor Altísimo!

¡Sé que es incongruente lo que pido;

Yo, que CONOZCO todo cuanto existe!…

Pero, Padre mío, no veas en mí por un instante a tu Verbo.

Contempla sólo mi humanidad de Justo…

Y deja que Yo, por un instante, pueda ser sólo “el Hombre” en gracia tuya;

el Hombre que no conoce el futuro, que puede forjarse ilusiones…

El Hombre que, no conociendo el ineluctable destino;

puede orar, con esperanza absoluta,

para arrancar el milagro.

¡Un milagro!

¡Un milagro a Jesús de Nazaret!

a Jesús de María de Nazaret, nuestra eterna Amada!

¡Un milagro que viole lo signado y lo anule!

¡La salvación de Judas!

Ha vivido a mi lado, ha bebido mis palabras;

ha compartido conmigo el alimento, ha dormido sobre mi pecho…

¡No sea él, no, no sea él mi demonio!…

No te pido no ser traicionado…

Debe suceder, Y SUCEDERÁ....

Para que, por mi dolor de ser traicionado;

sean anuladas todas las mentiras;

por mi dolor de ser vendido;

quede expiada toda avaricia;

por mi congoja de ser blasfemado;

reparadas todas las blasfemias.

Y por la congoja de no ser creído;

reciban la FE aquellos que no la tienen, ahora o en el futuro;…

Para que, por mi tortura;

queden purificados todos los pecados de la carne…

¡Pero, te lo ruego: no él, NO él, Judas, mi amigo, mi apóstol!

Yo querría que ninguno traicionara…

Ninguno…

Ni siquiera el más lejano habitante de los hielos hiperbóreos…

O de los fuegos de la zona tórrida…

Yo quisiera que sólo Tú fueras el Sacrificador…

Como otras veces lo fuiste, quemando los holocaustos con tu fuego…

Dado que debo morir a manos del hombre…

Y más que el verdugo real;

será verdugo el amigo traidor, el corrompido que portará en sí

ese hedor de Satanás que ya está aspirando;

La ENVIDIA produce el ODIO gratuito y con ello Satanás consigue, los CRÍMENES más ruines…  

buscando ser como Yo, EN CUANTO AL PODER

Así piensa en su orgullo y ansia; 

Judas es levita y sacerdote.

Y para ser admitido ante el Sancta Sanctorum

sólo le falta el requisito de la edad, -25 años- los va a cumplir en el invierno anterior

a la Pascua en la que asesinaron a Jesús…

Con todas las implicaciones espirituales que ESTO significa.

Y EL HOMBRE-DIOS SERÁ SU PRIMER SACRIFICIO RITUAL

Dado que debo morir a manos del hombre;

Padre, otorga que no sea el Traidor

aquel a quien he llamado amigo y he amado como tal   

Multiplica, Padre mío, mis torturas, pero dame el alma de Judas…

Pongo esta oración sobre el altar de mi Persona víctima…

¡Padre, acógela!…

¡El Cielo está cerrado y mudo!…

¿Es éste el horror que tendré conmigo hasta la muerte?

¡El Cielo está mudo y cerrado!…

¿Será éste el silencio y la mazmorra en que exhalaré mi espíritu?

El Cielo está cerrado y mudo!…

¿Será ésta la suprema tortura del Mártir?…

Padre, hágase tu Voluntad y no la mía…

Pero, por mis penas, ¡Oh, al menos esto!,

Por mis penas, da paz e ingenuidad al otro mártir de Judas;

a Juan de Endor, Padre mío…

Él realmente es mejor que muchos.

Ha recorrido un camino como pocos saben ni sabrán.

Para él ya se ha cumplido todo de la Redención.

Dale pues, tu paz plena y completa;

para que Yo lo tenga en mi Gloria;

cuando también para Mí, todo se haya cumplido,

para honrarte y obedecerte…

¡Padre mío!…

Jesús, lentamente, ha ido arrodillándose.

Ahora llora rostro en tierra.

Ora mientras la luz del breve día invernal muere precoz en el antro oscuro.

Y el grito del torrente parece ganar voz;

cuanto más aumenta la sombra en el valle…

(1)  EL DRAMA DEL HOMBRE-DIOS

Lucha entre las dos Naturalezas unidas en Cristo.

Dios es AMOR y como Dios, no podía sino amar.

Como Hombre, NO PODÍA, NO sentir rechazo por el falso discípulo.

Aviándose hacia la meta de su Misión Redentora,

advertía la preparación a ese abandono paterno;

QUE SERÍA TOTAL en las horas de la Pasión.

El gran Solitario y gran Desconocido, como era el Verbo Encarnado,

venido a vivir en medio de los hombres;

se sintió siempre “solo y desconocido”.

Sólo su Madre lo conoció verdaderamente y fue su perfecta compañera.

En los demás;

a medida que iba acercándose la hora redentora,

iba aumentando la Incomprensión, el Odio o el Abandono.

La pasión incruenta, pero pasión al cabo.

Y, respecto a la oración que sigue, aproximadamente una página después,

Que no sorprenda a los supercríticos esta Oración al Padre.

Es evangelio que Cristo fue tentado “como Hombre” en el desierto.

y que sufrió hasta sudar sangre en su lucha de Hombre,  

SOLO UN HOMBRE, COMPLETAMENTE HUMANO…

Puro hombre, que ya NO era sostenido por la Divinidad;

en el Getsemaní, en la noche del Jueves Santo.

Ésta es otra de sus horas de “auténtico” Hombre…

SOLAMENTE UN HOMBRE MÁS,..

como TODOS los que habitamos este planeta Tierra que es nuestra casa. 

Hombre, sujeto al amor y al dolor humanos, en Él perfectos;

porque era “perfecto” entre todos los hombres.

Nota importante:

se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista y a un corderito, de nuestro grupo de oración,

un padre de familia joven que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

Que Dios N:S: les pague vuestra caridad….

Y quién de vosotros quiera ayudarnos, aportando una donación económica;

para este propósito, podrán hacerlo a través de éste link

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19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, = Hebreos 6

337 LAS FLORES TRIUNFALES DEL SALVADOR


337 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

AL día siguiente, perseguidos por un tiempo lluvioso y frío, que dificulta la marcha,

reanudan el viaje por el mismo camino, el único de este pueblo,

que parece un nido de águila en la cima de un pico solitario.

Tiene que bajar del carro también Juan de Endor,

porque el camino cuesta abajo, es todavía más peligroso que cuesta arriba,

Y aunque el burro por sí solo no correría peligro, el peso del carro,

fuertemente empujado hacia adelante por el desnivel,

hace que el pobre animal vaya muy mal.

Como van también mal sus conductores, que hoy tienen que sudar no ya para empuja;

sino para retener el vehículo, que podría despeñarse, provocando alguna desgracia. 

O por lo menos, pérdida de la carga.

El camino es así, horrible hasta llegar a un tercio, aproximadamente, de su longitud

(el último tercio respecto al valle).

Y se bifurca: un ramal, más cómodo y llano que va hacia el oeste.

Se paran a descansar y se secan el sudor.

Pedro premia al borrico que tiembla todo, de jadeo y que sacude las orejas resoplando,

ciertamente absorto en una profunda meditación, sobre la dolorosa condición de los asnos

y sobre los caprichos de los hombres que escogen estos caminos.

Al menos también Simón de Jonás atribuye a estas consideraciones,

la expresión pensativa del animal.

Y para subirle los ánimos, le cuelga al cuello una saca de habas forrajeras.

Mientras el asno quebranta el duro alimento con ávido placer,

también los hombres comen pan, queso y beben la leche de que sus odres están llenos.

Termina la comida.

Pero Pedro quiere dar de beber al asno,

mientras comenta:

–       «Mi Antonio, que merece los honores más que César» 

Y va con un cubo que tiene en el carro, a sacar agua a un torrente cercano,

que discurre hacia el mar

Jesús dice: .

–        Ahora podemos reanudar la marcha…

Iremos incluso al trote, porque pienso que detrás de aquel collado es todo llanura…

Los apóstoles objetan:

–        Pero nosotros no podemos trotar.

De todas formas, caminaremos ligero.

Pedro llama:

–        ¡Vamos, Juan y tú, mujer, montad y vamos!

Jesús en cuanto suben los dos;

dice

–        Yo también subo, Simón.

Y guío Yo.

Todos los demás seguidnos…

Pedro pregunta:

–        ¿Por qué?

¿Te encuentras mal

¡Estás muy pálido!…

–        No, Simón.

Quiero hablar a solas con ellos… 

Y señala a los dos que, como Él, están pálidos también;

intuyendo que ha llegado el momento del adiós.

Pedro concede:

–        Ah! Bien.

Sube, sube.

Nosotros te seguimos.  

Y Pedro se agrega al grupo de los apóstoles caminantes.

Mientras Jesús se sienta en la tabla que sirve de asiento, para el conductor,

y dice:

–        Ven aquí a mi lado, Juan.

Y tú, Síntica, acércate…

Juan se sienta a la izquierda del Señor.

Síntica a sus pies, casi en el borde del carro, de espaldas al camino;

con la cara levantada hacia Jesús.

Colocada así, sentada sobre los talones, relajada como si soportara un peso agotador;

abandonadas las manos en su regazo y unidas para mantenerlas quietas, porque tiemblan;

Se le ve la cara cansada, sus bellísimos ojos de color negro-violeta

están como empañados por el mucho llanto vertido; bajo la sombra de su velo y su manto;

muy cubierta con ambos, parece una Piedad desolada.

¡Y Juan…!

El pobre y penitente Juan de Endor…

Pareciera que si al final del camino le esperara el patíbulo, estaría menos turbado.

El asno se pone al paso, tan obediente y juicioso, que no obliga a su nuevo conductor,

a una estrecha vigilancia. 

Y Jesús aprovecha de ello, para abandonar las riendas y tomar la mano de Juan;

poniendo la otra en la cabeza de Síntica.

Diciendo:

–        Hijos míos, os agradezco toda la alegría que me habéis procurado.

Este año ha estado para Mí, tachonado de flores de alegría;

porque he podido tomar vuestras almas,

y ponérmelas delante, para no ver las cosas feas del mundo.

Y perfumarme el aire viciado por el pecado del mundo,

e infundirme dulzura y confirmarme, en la esperanza de que mi Misión no es inútil.

Margziam, tú, Juan mío; Hermasteo, tú, Síntica; María de Lázaro, Alejandro Misax y otros más…

Sóis las flores triunfales del Salvador, al que sólo sienten como tal, los rectos de corazón…

¿Por qué meneas la cabeza, Juan?

–        Porque eres Bueno y me pones entre los rectos de corazón.

Pero yo siempre tengo en mi pensamiento mi pecado…

–      Tu pecado es el fruto de una carne azuzada, por dos malvados.

Tu rectitud de corazón es el substrato de tu yo honesto, deseoso de cosas honestas;

desgraciado, porque estas cosas te fueron arrebatadas por la muerte o la maldad;

mas no por ello menos vivo aun, bajo el cúmulo de tanto dolor.

Fue suficiente que la Voz del Salvador se filtrara en las profundidades,

donde tu yo se marchitaba;

para que saltaras y te pusieras en pie,

Liberándote de todo peso, para venir a Mí. ¿No es así?

Pues entonces eres recto de corazón; mucho;

mucho más recto que otros que no tienen tu pecado,

pero que tienen otros mucho peores; porque son pecados meditado…

Y conservados vivos, obstinadamente…

Benditos seáis pues, mis Flores de mi triunfo de Salvador;

en este mundo,  tardo en comprender y enemigo, que da de beber amargura…

y aversión al Salvador.

Habéis representado el amor. ¡Gracias!

En las horas más penosas que he vivido este año;

os he tenido presentes, para recibir de vosotros consuelo y apoyo.

En las horas más penosas que viviré, os tendré todavía más presentes.

Hasta la muerte.

Y estaréis conmigo eternamente.

Os lo prometo.

Os confío mis más estimados intereses…

O sea, la preparación de mi Iglesia de Asia Menor.

Allí no puedo ir, porque aquí en Palestina, está mi lugar de misión.

Y porque la mentalidad reaccionaria de los importantes de Israel;

me perjudicaría con todos los medios, si fuera a otro lugar distinto.

¡Ya quisiera tener otros Juanes y otras Sínticas, para otros países!

¡De modo que mis apóstoles encontraran arada la Tierra para esparcir la semilla,

en la Hora que ha de llegar!

Sed dulces y pacientes. Y al mismo tiempo fuertes, para penetrar y soportar.

Encontraréis cerrazón y escarnio.

No os descorazonéis por ello.

Pensad esto: “Comemos el mismo pan y bebemos el mismo cáliz que bebe nuestro Jesús”.

No sois más que vuestro Maestro y no podéis pretender mejor suerte que la suya.

La mejor suerte es ésta: compartir lo que es del Maestro.

Doy una sola orden: que no os desaniméis;

 que no pretendáis daros una respuesta acerca de esta lejanía;

que no es un destierro, como quiere pensar Juan,

sino que es antes al contrario;

un poneros a las puertas de la Patria antes que a todos los demás

como a siervos más formados que ningún otro.

El Cielo desciende para vosotros, como materno velo…

Y el Rey de los Cielos ya os acoge en su seno, os protege bajo sus alas de luz y amor,

como a los primogénitos de la inconmensurable nidada, de los siervos de Dios;

del Verbo de Dios;

que en Nombre del Padre y del eterno Espíritu, os bendice para ahora y para siempre.

Y orad por Mí, el Hijo del hombre que se está acercando a todas sus torturas de Redentor.

¡Oh, verdaderamente mi Humanidad está para conocer todas las más amargas experiencias,

que van a triturarla!...

Orad por Mí. Tendré necesidad de vuestras oraciones…

Serán caricias…

Serán profesiones de amor…

Serán ayudas, para no llegar a decir:

“La Humanidad está hecha sólo de demonios”…  

(¡Y vaya que sí lo está...!)

–        ¡Adiós, Juan!

Vamos a darnos el beso del adiós…

No llores de ese modo…

Aun a costa de arrancarme jirones de carne, te habría tenido conmigo;

si no hubiera visto todo el bien que esta separación producirá para ti y para Mí.

Eterno bien…

Adiós, Síntica.

Sí, besa si quieres mis manos;

pero piensa que si la diversidad de sexo me veda besarte como a una hermana;

a tu alma sí le doy mi beso fraterno…

Y esperadme, con vuestro espíritu. Iré. 

(Con el Carisma de la Ubicuidad)

Me tendréis cerca de vuestros trabajos y de vuestras almas.

Sí, porque, si bien el amor por el hombre, ha encerrado mi Naturaleza Divina,

en carne mortal; no ha podido limitar su libertad.

Libre soy de ir, como Dios, a quien merece tener consigo a Dios.

Adiós, hijos míos.

El Señor está con vosotros…

Y se deshace del abrazo convulso de Juan, que circunda con fuerza sus espaldas.

Y de Síntica, que se ha agarrado a sus rodillas.

Y salta del carro. hace un gesto de saludo a sus apóstoles,.

Y se echa a correr por el camino ya recorrido;

rápido como ciervo perseguido.

E1 asno, al sentir caer del todo las riendas, que antes estaban encima de las rodillas de Jesús;

se ha detenido del todo.

Y también, están atónitos los ocho apóstoles;

mirando al Maestro que se aleja cada vez más.  

Juan de Zebedeo,

susurra:

–        Lloraba… 

Santiago de Alfeo, en voz baja,

agrega:

–        Y estaba pálido como un muerto… 

Santiago de Zebedeo, observa:

–        Ni siquiera ha tomado su talego…

Ahí está en el carro… 

Mateo pregunta:

–       ¿Y ahora cómo se las va a componer?

Tadeo lanza toda su poderosa voz,

llamándolo:

–        ¡Jesús!  ¡Jesús!  ¡Jesús!…

Pero un recodo del camino absorbe dentro del verde de sus plantas al Maestro;

sin que Él se vuelva siquiera a mirar a quién lo llama…

–       Se ha marchado…

Pedro está desolado.

Y lo manifiesta su voz:

–       Lo único que podemos hacer…

Es ponernos en marcha también nosotros… –

Mientras se sube al carro y agarra las riendas, para arrear al burro.

Y el carro se pone en camino, con su chirrido;

acompañado del rítmico sonido de los cascos herrados…

Y del angustioso llanto de los dos que, abatidos en el fondo del carro,

gimen amargamente:

–       No lo volveremos a ver:

–       Nunca, nunca…

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

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336 VERDUGO PURIFICADOR


  1. 336 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Debe haber llovido toda la noche.

Pero con el alba ha venido un viento seco que ha repelido las nubes hacia el sur,

más allá de las colinas de Nazaret.

Por ello, un tímido sol invernal se atreve a asomarse y a encender con su rayo

un diamante en cada hoja de los olivos; mas es vestido de gala que pronto pierden,

porque el viento agita sus frondas y las desnuda…

Y parecen llorar esquirlas de diamante, que se desvanecen entre la hierba adornada,

en el camino lodoso.

Pedro, con la ayuda de Santiago y Andrés,

prepara carro y burro.

No se ve a los otros todavía.

Luego salen uno tras otro de una cocina, porque dicen a los tres que ya estaban fuera

–       Id ahora vosotros a tomar algo.

Y los tres entran, para salir poco después, esta vez con Jesús.  

Pedro explica:

–      He vuelto a poner la cubierta, por el viento.

Si estás decidido a ir a Yiftael, tendremos de frente el viento… y punza.

No comprendo por qué no nos vamos por el camino que va a Sicaminón,

luego el del litoral… Es más largo, pero menos escabroso.

¿Has oído lo que decía ese pastor al que he logrado tirar de la lengua?

Ha dicho: “Yotapata, durante los meses de invierno, queda aislada.

Sólo hay un camino para llegar a ella.

Y no se va con corderos, no…

No se debe llevar nada en las espaldas, porque hay pasos que se salvan

más con las manos que con los pies…

Y los corderos no pueden nadar…

Hay dos ríos, llenos muchas veces… 

Y hasta el propio camino es un torrente que corre por un fondo de rocas.

Yo voy allí después de los Tabernáculos, y en plena primavera.

Y vendo bien, porque entonces la gente se aprovisiona para meses”.

Eso ha dicho…

Y nosotros… con este cacharro… (y da una patada a la rueda del carrito)…

y con este burro… ¡Mmmm!…

Jesús responde:

–        El camino que va de Sefori a Sicaminón era mejor.

Pero lo utiliza mucha gente…

Recuerda que conviene no dejar rastro de Juan…

Zelote observa:

–        El Maestro tiene razón.

Podríamos encontrar incluso a Isaac con otros discípulos… 

¡Y en Sicaminón ya no digamos!… 

Pedro acepta:

–        Pues nada… vamos…

Andrés dice:

–        Voy a llamar a esos dos… 

Y mientras Andrés hace esto, Jesús se despide de una anciana y de un niño,

que salen de un aprisco con unos cubos de leche.

Llegan también unos pastores, barbados.

Jesús les agradece la hospitalidad ofrecida en la noche de lluvia.

Juan y Síntica ya están en el carro, que ahora, guiado por Pedro, se dirige por el camino.

Jesús acelera el paso para seguirlo;

a su lado el Zelote y Mateo;

detrás de Él, Andrés, Santiago, Juan y los dos hijos de Alfeo.

El viento corta la cara e hincha los mantos.

La cobertura extendida sobre los arcos del carro, cruje como una vela;

a pesar de que la lluvia de la noche la haya hecho más pesada.

Mirándola. Pedro susurra:

–        ¡Bueno caramba, pues se secará pronto! –

¡Basta con que a este pobre hombre no se le sequen los pulmones!…

Espera, Simón de Jonás… Se hace así –

Y para el burro, se quita el manto, sube al carro y arropa muy bien a Juan.  

Qué le pregunta.

–       ¿Pero por qué?

Ya tengo el mío…

–        Porque yo, tirando del asno, tengo ya tanto calor,

como si estuviera en un horno de pan.

Y además estoy habituado a estar desnudo en la barca.

Y cuanto más tormenta más desnudo.

El frío es para mí, un acicate y me hace más ágil.

¡Vamos  arrópate bien!

María me ha dado en Nazaret tantas recomendaciones;

tantas, que, si te pones malo, no voy a poder presentarme a Ella jamás…

Baja del carro y agarra otra vez los ramales e incita al asno para que camine.

Pero pronto debe pedir ayuda a su hermano y a Santiago;

para ayudar al burro a salir de un sitio cenagoso en que se ha hundido la rueda.

Y así van, empujando por turnos el carro para facilitar la labor al burro,

que hinca sus robustas patas en el fango y tira – ¡pobre animal! -,

resoplando afanoso y espurreando ávido…

Porque Pedro lo estimula a caminar, ofreciéndole unos pedazos de pan

y unos trozos de manzana, que le concede sólo cuando hacen un alto en el camino.

Mateo que observa la maniobra,

le dice bromeando:

–        Eres un sinverguenza, Simón de Jonás.

–        No.

Aplico con dulzura al animal a su deber.

Si no hiciera esto, tendría que usar la tralla… y eso me duele.

Si no pego a la barca cuando hace caprichos, y es de madera,

¿Por qué debería pegar a éste, que es de carne?

Ahora mi barca es éste… está en el agua…

¡Vaya que si está en el agua!

Por tanto, lo trato como a la barca.

¡Yo no soy Doras, eh!

¿Sabéis que quería llamarlo Doras, antes de comprarlo?

Pero luego oí su nombre y me gustó.

Se lo he dejado…  

Los apóstoles preguntan curiosos:

–        ¿Cómo se llama? 

–        ¡Adivinad! – y Pedro se ríe bajo su barba.

Salen los más extraños nombres.

Y los de los más cafres fariseos o saduceos, etc. etc

Pero Pedro siempre menea su cabeza…

Se dan por vencidos.

–        ¡Se llama Antonio!

¿No es un nombre bonito?

¡Ese maldito romano!

¡Se ve que el griego que me lo vendió, también tenía sus resentimientos contra Antonio!

Todos ríen, mientras Juan de Endor,

explica:

–        Será uno de los que obtuvo la libertad previo pago de una talla,

después de la muerte de César.

¿Es viejo?

–        Tendrá setenta años…

Y debe haber hecho todos los tipos de trabajos…

Ahora tiene un hospedaje en Tiberíades…

Llegan al crucero de Sefori con el camino de Nazaret Tolemaida.

Nazaret-Sicaminón, Nazaret-Jotapata.

El hito consular tiene escritas las tres indicaciones de Tolemaida, Sicaminón y Yotapata.

Pedro pregunta:

–        ¿Entramos en Sefori, Maestro? 

–        Es inútil.

Vamos a Yiftael.  Sin detenernos.

Comeremos mientras andamos.

Es preciso estar allí antes de que anochezca.

Marchan y marchan, atravesando dos torrentillos bien cargados,

afrontando las primeras pendientes de un sistema de montes en dirección norte-sur,

pero que forman al norte un nudo escabroso, que luego se resuelve hacia el este. 

Jesús señala diciendo:

–        Allí está Yiftael  

Pedro observa:

–        No veo nada.

–        Está a septentrión.

Por la parte nuestra hay pendientes a pico, y lo mismo a oriente y a poniente.

–        De modo que hay que rodear todo aquel monte, ¿No?

–        No.

Hay un camino junto al monte más alto, al pie de él, en el valle

Acorta mucho, aunque es un camino muy empinado.

–        ¿Has estado allí alguna vez?

–        No. Pero lo sé.

¡Verdaderamente es un camino empinado!

Tanto que, llegados a él se sienten desfallecer: parece como si uno, de tanto como

se reduce la luz en el fondo de este valle,

tan horrendo y escarpado que hace pensar en las dantescas simas, del octavo círculo,

y descendiera veloz al encuentro de la noche.

Es un camino verdaderamente ahondado en el volumen rocoso;

tan lleno de desniveles, que está dispuesto casi en escalones;

un camino estrecho, agreste, encajado entre un torrente rabioso…

y una pendiente aún más rabiosa,

que continúa, con empinada subida, hacia el norte.

La luz aumenta a medida que se sube, pero, como contrapartida,

aumenta también el cansancio; tanto que aligeran de los talegos personales el carroy baja también Síntica para que el carrito vaya lo más ligero posible.

Juan de Endor, que después de aquellas pocas palabras no había vuelto a abrir la boca

sino para toser, querría bajarse también.

No se lo conceden, así que se queda donde estaba, mientras todos empujan el carro

y tiran del asno;

y sudan cada vez que hay un desnivel.

Pero ninguno se queja.

Al contrario, todos tratan de mostrarse satisfechos del ejercicio;

para no humillar a los dos por los que lo hacen…

(los cuales ya más de una vez han expresado su pesar por este esfuerzo).

El camino hace un ángulo recto, y luego otro ángulo, más corto,

que termina en una ciudad acomodada en lo alto de una ladera;

o tan empinada que, como dice Juan de Zebedeo, da la impresión

de que vaya a deslizarse hacia abajo con sus casas.

-Sin embargo, es muy sólida.

Todo un bloque con la roca.

Síntica recuerda y dice:

–        Como Ramot entonces…

Juan dice:

–        Más todavía.

Aquí la roca es parte de las casas, no sólo base de ellas.

Recuerda más a Gamala. ¿Os acordáis?  

Andrés replica:

–        Sí.

Y también de aquellos cerdos…  

Simón Zelote agrega:

–        De allí justamente partimos para Tariquea, el Tabor y Endor…

Juan de Endor, suspira, 

diciendo:

–        Estoy destinado a daros recuerdos penosos y grandes trabajos…

Judas de Alfeo. exclama impetuoso:  

–        ¡De ninguna manera!

Tú nos has dado una amistad fiel.

Nada más, amigo

Y todos se unen a él para confirmar más claramente.

–        De todas formas…

Alguno no me ha amado…

Ninguno me lo dice…

Pero yo sé meditar, sé reunir en un solo cuadro los hechos diseminados.

Esta partida, no, no estaba prevista… 

Y la decisión no es espontánea…  

Dulcemente afligido,

Jesús pregunta:

–        ¿Por qué hablas así, Juan?

–        Porque es verdad.

Alguno no me ha aceptado.

He sido elegido yo, no otros, ni siquiera los grandes discípulos, para ir lejos.

Santiago de Alfeo, entristecido por esta luz que viene a la mente del hombre de Endor.

pregunta:

–        ¿Y entonces Síntica? 

–        Síntica viene para no trasladarme a mí solo…

Para ocultarme compasivamente la verdad…

–        ¡No, Juan!…

–        Sí, Maestro.

Fíjate, podría hasta decirte el nombre de mi torturador.

¿Sabes dónde lo leo?

¡Me basta mirar a estas ocho personas buenas para leerlo!

¡Me basta reflexionar en la ausencia de los otros para leerlo!

El hombre por quien Tú me encontraste, es el mismo que quisiera que Belcebú me encontrara.

Y me ha conducido a este momento.

Y a ti también, Maestro;

porque Tú también sufres come yo, o quizás más que yo.

Y me ha conducido a este momento, para hacerme caer de nuevo en la desesperación.

Y en el odio.

Porque es malo, es cruel, es envidioso… y más cosas.

El alma oscura en medio de tus siervos luminosísimos, es Judas de Keriot…

–        No hables así, Juan.

No falta sólo él.

Todos, excepto el Zelote, que no tiene familia, faltaron durante las Encenias.

De Keriot, y menos aún en este período, no se viene en pocas etapas.

Son casi doscientas millas de camino.

Y era justo que fuera a casa de su madre, como Tomás.

También he prescindido de Nathanael, porque es anciano.

Y de Felipe, para que acompañara a Nathanael…

–        Sí.

Faltan otros tres.

Pero… ¡Oh, Jesús bueno!…

Tú conoces los corazones porque eres el Santo.

Pero no eres el único que los conoce

También los perversos conocen a los perversos;

porque se reconocen en ellos.

Yo fui perverso, y me he visto de nuevo, en mis peores instintos, en Judas.

De todas formas, lo perdono.

Solamente por una cosa le perdono, el que me mande a morir tan lejos:

porque precisamente por él vine a ti.

Y que Dios le perdone todo lo demás… todo lo demás.

Jesús no intenta rebatir… Calla.

Los apóstoles se miran unos a otros, mientras a fuerza de brazos empujan al carro,

por el camino resbaladizo.

Está ya cerca la noche cuando llegan a la ciudad.

Allí, desconocidos entre desconocidos, se alojan en una posada,

construida en el extremo sur del pueblo, el extremo sur:

un risco, cuya pared está tan cortada a pico y es tan profunda, que lanzar hacia abajo

la mirada por ella hace venir vértigo; mientras en el fondo

ruido, sólo ruido, en la sombra de pez que ya viste al valle, ruge un torrente.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista y a un corderito, de nuestro grupo de oración,

un padre de familia joven que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

Que Dios N:S: les pague vuestra caridad….

Y quién de vosotros quiera ayudarnos, aportando una donación económica;

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335 DOS VIDAS CONSAGRADAS


335 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y ya llegó la noche.

Otra noche de despedida para la casita de Nazaret y sus habitantes.

Otra cena durante la cual la pena quita las ganas de comer a las bocas

y pone taciturnas a las personas.

Están sentados a la mesa Jesús, Juan y Síntica, Pedro, Juan, Simón y Mateo.

Los demás no han podido:

¡Es tan pequeña la mesa de Nazaret!

¡Hecha realmente para una pequeña familia de justos, que, al máximo,

pueden invitar a sentarse al peregrino y al afligido,

para ofrecerles un alivio más de amor que de alimento!

Al máximo esta noche, se hubiera podido sentar a la mesa Margziam,

porque es un niño muy menudito, que ocupa poco sitio…

Pero Margziam, muy serio y silencioso, está comiendo en un rincón,

sentado en una banquetita, a los pies de Porfiria…

Para quien la Virgen ha reservado su silla del telar -,

que, sumisa y silenciosa, come la comida que le han dado,

mirando con ojos compasivos a los dos que están para partir.

Estos tratan de tragar sus bocados con la cabeza muy baja,

para esconder el rostro excoriado por las lágrimas.

Los dos hijos de Alfeo, Andrés y Santiago de Zebedeo;

se han instalado en la cocina, junto a una especie de hintero.

Pero se les ve por la puerta abierta.

La Virgen María y María de Alfeo van y vienen sirviendo a éstos y a aquéllos; 

maternales, acongojadas, tristes.

Y, si  María santísima acaricia con su sonrisa, muy dolorosa esta noche;

a aquellos a quienes se acerca; 

María de Alfeo, menos reservada y más campechana, une a la sonrisa el acto y la palabra,

Y más de una vez anima, añadiendo una caricia o incluso un beso,

según quién sea la persona favorecida, a éste o a aquél a nutrirse,

tomando los alimentos más apropiados para su físico y para el próximo viaje.

Tanto se aplica a convencer al exhausto Juan, que en estos días de espera

está aún más demacrado;

Para que coma esto o aquello, alabando su sabor y sus propiedades salutíferas,

que por amor compasivo hacia él, le daría de comer a sí misma.

Pero, a pesar de sus… seducciones, los alimentos se quedan casi intactos en el plato de Juan.

Y María de Alfeo se aflige por ello,

como una madre que ve que su lactante rechaza el pezón.  

Y exclama:

–       ¡Pero así no puedes partir, hijo!

Y movida por la maternidad de su alma, no reflexiona que Juan de Endor

tiene más o menos su edad y que el nombre de hijo, está mal dado.

Pero ella ve en él sólo una criatura que sufre…

Y por ello, no encuentra sino este nombre para consolarlo… –

       Te va a hacer daño viajar con el estómago vacío;

en esa carreta tambaleante con el frío húmedo de la noche.

Y, además, ¡A saber cómo comeréis durante este horrible y largo viaje!…

¡Eterna piedad! ¡Por mar tantas millas!

Yo me moriría de miedo.

Y costeando tierras fenicias. ¡Y luego!…

¡Peor todavía!

Claro, el patrón de la nave será filisteo, o fenicio.

O de alguna otra nación infernal…

Y no tendrá piedad con vosotros…

¡Vamos hijo, ahora que tienes todavía a tu lado a una madre que te quiere!…

Come: sólo un trocito de este pescado bonísimo…

Aunque sólo sea por contentar a Simón de Jonás, que lo ha preparado en Betsaida;

con mucho amor y hoy me ha enseñado a cocinarlo de esta manera, para ti…

Y para Jesús, para que os dé muchas fuerzas.

¿No te apetece realmente?…

Entonces… ¡Ah, esto si que te lo comerás!

Y va ligera hacia la cocina y vuelve con una bandeja repleta de un humeante preparado

Ciertamente un tipo de harina,  de granos cocidos en leche hasta deshacerlos:

«Mira, esto lo he hecho yo, porque me he acordado de que un día hablaste de ello

como de un dulce recuerdo le tu niñez…

Es rico y bueno. ¡Venga, un poco!».

Juan se deja meter en el plato alguna cucharada de este blando manjar,

y trata de tragarlo; pero las lágrimas descienden para mezclar su sal, con el alimento.

mientras pliega aún más su rostro hacia el plato.

Los otros reciben con muchos signos de alegría este alimento;, que es una golosina. 

Sus rostros se han iluminado al verlo. Margziam se ha puesto de pie…

.Pero luego ha sentido la necesidad de preguntarle a la Virgen María 

–        ¿Lo puedo comer?

Faltan todavía cinco días para el final del voto…  

María lo acaricia,

diciendo:

–       Sí, hijo mío.

Lo puedes comer.

Pero el niño vacila todavía.

Entonces María, para calmar los escrúpulos del pequeño discípulo,

consulta a su Hijo:

–       Jesús,

Margziam pregunta si puede comer la cebada monda…

por la miel, que hace que sea un plato dulce, ¿Sabes?…

Jesús responde:

–        Sí, sí, Margziam.

Esta noche te dispenso Yo de tu sacrificio;

a condición de que Juan se coma también su cebada con miel.  

Y mirando al viejo pedagogo,

agrega:

¿Ves cómo lo desea el niño?

Pues ayúdale a conseguir esto.

Y Jesús, que está al lado de Juan, le toma la mano y se la sujeta,

mientras éste se esfuerza, obediente, en terminar su cebada.

María de Alfeo ahora está más contenta.

Y vuelve al asalto con un buen plato de peras cocidas en el horno, humeantes.

Entra, del huerto, con su bandeja,

y dice:

–       Llueve.

Empieza ahora. ¡Qué pena!

Pedro, que en toda acción ve la vela y la navegación.,

dice:

–       ¡No, mujer, no!

¡Al revés!

¡Es mejor!

Así no habrá nadie por las calles.

Cuando uno se marcha, los saludos hacen siempre daño..

Mejor correr con el viento en la vela y sin encontrar bajos o escollos,

que le hagan detenerse a uno y moverse lentamente;  

y los curiosos son exactamente eso: bajos y escollos…  

Juan, tratando de rechazar la fruta,

dice:

–       Gracias, María.

Pero no como más.   

Pero María de Alfeo,

es implacable:

–       ¡Ah, esto no!

Las ha cocido María.

¿No querrás despreciar la comida hecha por ella?

¡Mira qué bien las ha preparado!

Con sus especias en el agujerito..

.Con su mantequilla en la parte baja…

Deben ser un manjar regio.

Almíbar. Para cocerlas tan doradas, se ha dorado también ella en el fuego del horno.

Vienen bien para la garganta, para la tos…

Dan calor y son medicinales.

Y volviéndose hacia su cuñada, agrega:

María dile cuánto bien le hacían a mi Alfeo cuando estaba enfermo.

Pero las quería hechas por ti. ¡Sí, claro!

¡Tus manos son santas y dan salud!…

¡Benditos los alimentos que preparas tú!…

Estaba más tranquilo mi Alfeo después de comer esas peras…

Respiraba con más suavidad…

¡Pobre marido mío!…

Y María aprovecha la oportunidad de la evocación, para poder por fin llorar.

Y salir a llorar.

Pues siendo mal pensados, sin la pena por los dos que parten, para el “pobre Alfeo”

no habría  habido ni una lágrima de la consorte, esa noche…

María de Alfeo estaba llena de llanto por Juan y Síntica,

También por Jesús, Santiago y Judas Tadeo, que se marchan;

tan llena, que abrió una salida al llanto para no ahogarse.

María toma su lugar ahora,

pone delicadamente una mano en el hombro de Síntica, que está frente a Jesús,

entre Simón y Mateo.

Y muy amorosa, dice:

–        ¡Vamos, ánimo, comed!

¿Queréis marcharos añadiendo a mi angustia, la de que os habéis marchado casi en ayunas?

Síntica levanta su cara cansada y signada por el llanto de varios días.

Y dice:

–        Yo he comido, Madre.Y luego la baja hacia el hombro en que está la mano de María.

Y roza la mejilla contra la mano menuda para recibir su ternura.

María le acaricia con la otra mano los cabellos,

y acerca hacia sí la cabeza de Síntica, cuya cara ahora está apoyada en el pecho de María.

La Madre insiste:

–       Come, Juan.

Te vendrá muy bien.

No te puedes enfriar.

Tú, Simón de Jonás, te encargarás de darle la leche caliente con miel, todas las noches

O, al menos, agua muy caliente con miel.

Acuérdate.

Síntica dice:

–        También yo me ocuparé de ello, Madre.

Puedes estar segura.

–       Efectivamente, estoy segura

Pero lo harás a partir de que te instales en Antioquía.

Por ahora se encargará Simón de Jonás.

Y acuérdate, Simón, de darle mucho aceite de oliva.

Por eso te he dado esa orza.

Cuida de que no se rompa.

Y, si le ves más cerrado de respiración, haz como te he dicho con el otro frasco de bálsamo.

Tomas la cantidad suficiente para untarle el pecho, la espalda y la parte de los riñones.

Y lo calientas hasta que lo puedas tocar sin quemarte; luego le untas;

y le recubres enseguida con esas fajas de lana que te he dado.

Lo he preparado concretamente para eso.

Tú, Síntica, recuerda su composición.

Para volver a hacerlo.

Siempre tendrás lirios, alcanfor y díctamo, resinas, claveles, laurel, artemisias y todo lo demás.

He oído que Lázaro tiene en Antigonio jardines de esencias. 

Zelote, que los ha visto,

confirma:

–       Y además magníficos

Y añade:   

«       No doy ningún consejo.

Pero digo que para Juan ese lugar debería ser saludable;

para el espíritu y para el cuerpo; incluso más que Antioquía.

Está protegido del viento.

Tiene una brisa ligera que viene de los bosquecillos de árboles de resinas;

arraigados en las laderas de un pequeño collado, que forma barrera al viento del mar. 

Pero que permite a las sales marinas beneficiosas, extenderse hasta allí.

Es un lugar sereno, silencioso,

Y no obstante, alegre, por las mil flores y los mil pájaros que viven allí en paz…

Bueno, bien, vosotros veréis; lo que más os hace al caso.

¡Síntica es muy juiciosa!

Porque en estas cosas, es mejor ponerse en manos de las mujeres.

¿No es verdad?

Jesús dice:

–       Por eso Yo confío a mi Juan al buen juicio y al buen corazón de Síntica.

Juan de Endor  dice:

–        Y yo también.

Yo… yo… yo no tengo ya ninguna energía…

Y… ya jamás serviré para nada. 

Síntica lo corrige: ..

–        ¡Juan, no digas eso!

Si el otoño desnuda los árboles, no se puede concluir que no tengan ya vitalidad

al contrario, trabajan, con oculta energía, para preparar el triunfo de los próximos frutos.

Tú eres lo mismo.

Ahora te ves empobrecido por el viento frío de este dolor; 

pero, en realidad, en lo profundo de ti, trabajas ya para los ministerios nuevos.

Tu propio dolor te servirá de acicate para la acción.

Estoy segura.

Entonces serás tú, siempre tú, el que me ayudarás a mí, que soy una pobre mujer; 

que todavía tiene mucho que aprender, para llegar a ser algo para Jesús.

–       ¿Pero qué crees que puedo ser ya?

Ya nada tengo que hacer… ¡Estoy acabado!

–        No. ¡No está bien decir eso!

Sólo el que muere puede decir: “Como hombre estoy acabado”.

Otro no puede decirlo.

¿Crees que no tienes ya nada que hacer?

Lo bajaré de la Cruz: “Crucifícame, Señor mío y Dios mío; porque TE ADORO sobre todas las cosas…”

Todavía te queda lo que un día me dijiste: cumplir el sacrificio.

¿Y cómo, sino con el sufrimiento?

Juan, es necio citarte a los sabios a ti, que eres un pedagogo;

pero te recuerdo a Gorgias de Leontine 

Enseñaba que sólo con los dolores y sufrimientos se expía en esta vida y en la otra.

Y te recuerdo también a nuestro gran Sócrates:

“Desobedecer a quien es superior a nosotros, sea dios u hombre, es un mal y una vergüenza”.

Ahora bien, si éste era un justo modo de actuar ante una injusta sentencia,

emanada de hombres injustos; 

¿Qué no será, ante una orden emanada del Hombre santísimo y de nuestro Dios?

Obedecer, por el solo hecho ya de que es obedecer, es una cosa grande;

grandísima será, entonces, prestar obediencia a una orden santa que juzgo,

– y tú conmigo debes juzgarla igual – gran misericordia.

Tú siempre dices que tu vida se acerca a su fin.

Y todavía no sientes haber anulado tu deuda con la Justicia.

¿Por qué no juzgas, entonces, este gran dolor como un medio para anular la deuda,

y además para hacerlo en el breve tiempo que te queda?

¡Un gran dolor para conseguir una gran paz!

Créeme: vale la pena sufrirlo.

Lo único importante en la vida es llegar a la muerte habiendo conquistado la Virtud.

–        Me das ánimos, Síntica…

Hazlo siempre.

–        Lo haré.

Lo prometo aquí.

Pero tú facilítamelo, como hombre y como cristiano.

La cena ha terminado.

María recoge las peras que han quedado, las mete en un recipiente y se las da a Andrés;

que sale, para volver luego,

diciendo:

–        Llueve cada vez más.

Yo diría que es mejor…  

Pedro responde:

—        Sí.

Esperar siempre es más angustioso.

Voy enseguida a preparar el burro.

Venid también vosotros, con los arcones y todo lo demás.

Tú también, Porfiria, ¡Rápidamente!

Eres tan paciente, que te has conquistado al asno.

Y se deja vestir sin resistirse.

Después se encargará Andrés, que te asemeja.

¡Vemos, todos afuera!

Y Pedro incita a todos a que salgan de la habitación y de la cocina,

excepto a María, a Jesús, a Juan de Endor y a Síntica.

Juan de Endor exclama:

–        ¡Maestro!

¡Oh, Maestro, ayúdame!

¡Llegó el momento de… sentir que se me desgarra el corazón!

¡Ha llegado, sí, el momento!

¿Por qué, Jesús Bueno, no has hecho que muriese aquí?

¿Una vez experimentada la congoja de mi condena y hecho el esfuerzo de aceptarla?

Y Juan cae sobre el pecho de Jesús, llorando angustiosamente.

María y Síntica tratan de calmarlo.

María, a pesar de que siempre es tan reservada, lo separa de Jesús,

Lo abraza.

y le dice:

–        Hijo amado,

hijo mío predilecto…

Síntica, entretanto, se arrodilla a los pies de Jesús,

y dice:

–        Bendíceme…

Conságrame, para quedar fortalecida. Señor, Salvador, Rey,

yo, aquí, en presencia de tu Madre, juro y profeso que seguiré tu doctrina.

Y te serviré hasta el último respiro.

Juro y profeso que me dedicaré a tu doctrina y a los seguidores de ella;

por amor a ti, Maestro y Salvador.

Juro y profeso que mi vida no tendrá ninguna otra finalidad,

y que todo lo que significa mundo y carne, ha muerto definitivamente para mí.

Y espero, con la ayuda de Dios y de las oraciones de tu Madre,

vencer al Demonio,

para que no me arrastre al error y no ser condenada en la hora de tu Juicio.

Juro y profeso que no me doblegarán ni las seducciones, ni las amenazas.

Y que no tendré memoria lábil, a menos que Dios permita que suceda de otra forma.

Pero espero en Él y creo en su bondad,  por lo cual estoy segura

de que no me dejará a merced de fuerzas oscuras más fuertes que las mías.

Consagra a tu sierva, oh Señor, para que se sienta defendida de las insidias,

de todos los enemigos.

Jesús extiende las manos sobre su cabeza, con las palmas abiertas,

como hacen también los sacerdotes…

Y ora por ella.

María lleva a Juan al lado de Síntica y le hace arrodillarse,

y dice:

–        También a él, Hijo mío;

para que te sirva con santidad y paz.

Y Jesús repite el acto sobre la cabeza inclinada del pobre Juan.

Luego lo levanta y hace levantarse a Síntica, pone las manos de ellos en las de María,

y dice:

–        Que sea Ella la última que os acaricia, aquí…

Y sale rápidamente, para ir quién sabe a dónde.  

juan gime:

–        ¡Madre, adiós!

¡No olvidaré nunca estos días! 

–        Yo tampoco te olvidaré, amado hijo

–        Igual yo, Madre…

Adiós. Déjame besarte una vez más…

¡Después de tantos años, me había saciado de besos maternos!…

Pero ahora ya no… –

Síntica llora en los brazos de María, que la besa.

Juan da rienda suelta a su llanto.

María lo abraza también a él;

ahora tiene – verdadera Madre de los cristianos – a los dos entre sus brazos.

Y toca apenas, con sus labios purísimos, la mejilla rugosa de Juan:

un beso pudoroso, pero amorosísimo.

Con el beso queda el llanto de la Virgen en la flaca mejilla…

Entra Pedro:  

Y dice:

–       Está preparado.

Venga, vamos… 

Y no dice nada más, porque está emocionado.

Margziam, que sigue a su padre como la sombra al cuerpo,

se echa al cuello de Síntica y la besa; luego abraza a Juan y lo besa,

lo besa muchas veces…

Pero llora también él.

Salen: María, llevando de la mano a Síntica;

Marziam de la mano de Juan.

–        Nuestros mantos… – dice entre lágrimas Síntica.

Y hace ademán de entrar en las habitaciones.

Pedro se muestra rudo para no dejar ver su emoción. 

Y dice:

–       ¡Están aquí, están aquí!

¡Tomad, rápido!… –

Pero, detrás de los dos que ahora se arropan en sus mantos,

se enjuga las lágrimas con el dorso de la .mano…

Al otro lado del seto, el farolillo trémulo del carro,

dibuja un cerco amarillo en el ambiente oscuro…

Se oye el susurro de la lluvia entre el ramaje de los olivos,

y su choque contra el pilón rebosante de agua…

Una paloma, despertada por la luz de las lámparas que llevan los apóstoles,

amparadas bajo los mantos,

bajas, para iluminar los senderos llenos de charcos,

zurea quejumbrosamente…

Jesús ya está al pie del carrito, sobre el cual ha sido extendida como techo una manta.  

Pedro incita:

–        ¡Vamos, vamos, que llueve recio!

Y, mientras Santiago de Zebedeo sustituye a Porfiria en los ramales,

él, sin muchas ceremonias, levanta del suelo a Síntica y la pone en el carro.

Y, todavía más rápido, agarra a Juan de Endor y lo sube encima del carro;

Sube él, y da un fustazo tan enérgico al pobre burro,

que éste, casi llevándose por delante a Santiago, empieza a correr inmediatamente.

Y Pedro insiste hasta que llegan al camino propiamente dicho, bastante lejos de las casas…

Un último grito de despedida sigue a los que parten, que lloran inconteniblemente…

Pedro detiene luego al burro fuera de Nazaret,

para esperar a Jesús y a los demás;

que no tardan en darles alcance caminando ligeros bajo la lluvia que arrecia.

Toman un camino entre las huertas;

para ir de nuevo hacia el norte de la ciudad sin cruzarla.

Pero Nazaret está oscuro y duerme bajo el agua gélida de la noche de invierno…

Y ni los que están despiertos oyen el chocar de los cascos del asno;

poco perceptibles contra el suelo de tierra empapado…

La comitiva avanza con el máximo silencio.

Sólo se oyen los sollozos de los dos discípulos,

mezclados con el rumor de la lluvia entre las frondas de los olivares.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista y a un corderito, de nuestro grupo de oración,

un padre de familia joven que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

Que Dios N:S: les pague vuestra caridad….

¡Muchísimas gracias y Bendiciones…!  

Y quién de vosotros quiera ayudarnos, aportando una donación económica;

para este propósito, podrán hacerlo a través de éste link

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334 EL SUEÑO EQUIVOCADO


334 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y empieza el Tercer Año de su vida pública.

Jesús será el Justo.

Juan, Santiago, Mateo y Andrés han llegado ya a Nazaret… 

Y mientras esperan a Pedro, pasean por el huerto de Nazaret;

jugando con Margziam o hablando entre ellos.

Pareciera como si Jesús faltara en este momento de casa,

y María estuviera ocupada en algunas labores en la cocina;

se deduce por el humo que  sale del horno y el aroma del pan.

A los cuatro apóstoles se les ve contentos de estar en casa del Maestro.

Y lo exteriorizan.

Margziam, hasta tres veces,

les dice

–       ¡Pero no os riáis de esa forma!

Y la tercera vez, Mateo nota la recomendación,

y pregunta:

–       ¿Por qué, niño?

¿No es justo sentirse contentos de estar aquí?

Tú has disfrutado de este sitio, ¿No?

Pues ahora lo hacemos nosotros. – y le da afablemente un cachetito.

Margziam lo mira muy serio.

Pero sabe callar.

Regresa Jesús con sus primos Judas y Santiago;

los cuales saludan efusivamente a los compañeros;

de los que han estado separados muchos días.

María de Alfeo asoma la cabeza desde el interior del horno;

toda colorada y llena de harina.

Y sonríe a sus hijotes.

El último en regresar es Simón Zelote,

que dice:

–       He hecho todo, Maestro.

Dentro de poco, Simón estará aquí.

Santiago pregunta:

–         ¿Qué Simón?

¿Mi hermano o Simón de Jonás?

–       Tu hermano, Santiago.

Viene a saludarte con toda la familia.

Efectivamente, pasados pocos minutos, se escuchan  unos golpes en la puerta,

y una densa parlería anuncian la llegada de la familia de Simón de Alfeo,

que es el primero en entrar, llevando de la mano a un niñito de unos ocho años;

tras él, Salomé, rodeada por su nidada.

María de Alfeo se apresura a salir del cuarto del horno y besa a sus nietos;

contenta de verlos ahí.  

Mientras los niños estrechan amistad con Margziam;

el que conoce bien a Alfeo, el niño sanado por Jesús.  

Jesús sale del taller de la carpintería,

Y Simón su primo, pregunta:

–       ¿Te marchas, entonces, otra vez?

Jesús responde:

–       Sí, es hora.

–       Tendrás todavía días lluviosos.

–       No importa.

Los días nos van acercando a la primavera.

–       ¿Vas a Cafarnaúm?

–       Sí, iré también allí.

Pero no enseguida.

Ahora atravesaré la Galilea e iré allende sus confines.

–       Cuando estés en Cafarnaúm y yo lo sepa, iré a verte.

Te llevaré a tu Madre y a la mía.

–       Te quedaré agradecido.

Entretanto no la desatiendas.

Se queda completamente sola.

Tráele a los niños.

Aquí puedes estar seguro de que no se vician…

Simón se pone como la brasa por la alusión de Jesús a sus pensamientos pasados.

Y por la mirada que le ha lanzado su mujer como diciendo:

«¿Has oído? Te está bien merecido».

Y Simón cambia de tema diciendo:

–       ¿Dónde está tu Madre?

–       Está haciendo el pan.

Ahora vendrá…

Pero los hijos de Simón no esperan y van al horno detrás de su abuela.

Y una niñita, poco mayor que el curado Alfeo, sale casi inmediatamente,

diciendo:

–       María está llorando.

¿Por qué?

¡Eh, Jesús!,

¿Por qué llora tu Madre?  

Salomé muy solícita,

pregunta: :

–       ¿Está llorando?

¡Oh, querida mía! Voy con ella.!

Y Jesús explica:

–       Llora porque me marcho…

Pero vendrás a hacerle compañía, ¿No?

Te enseñará a bordar y tú alegrarás sus días.

¿Me lo prometes?

Alfeo mientras se come un bollito caliente que le acaban de dar.  

dice:

–       Vendré también yo;

ahora que mi padre me deja.  

Pero, aunque el bollo esté tan caliente que casi no puede ser sujetado con los ledos,

parece que está helado respecto al calor de vergüenza que asalta a Simón de Alfeo,

por las palabras de su hijo.

A pesar de ser una mañana de invierno más bien fresca;

debido a un ligero cierzo que barre las nubes del cielo, pero raspa la piel).  

Simón se cubre de abundante sudor, como si fuera pleno verano…

Jesús hace como que no se da cuenta.

Y los apóstoles aparentan un gran interés, por lo que están contando los hijos de Simón.  

Así se concluye el incidente

Y Simón puede reponerse y preguntar a Jesús, que por qué no están todos los apóstoles.

Jesús responde:

–        Simón de Jonás está para llegar.

Los demás me alcanzarán en el momento oportuno.

Ya está determinado.

–       ¿Todos?

–       Todos.

–       ¿También Judas de Keriot?

–       También él…

–       Jesús, ven un momento conmigo – le solicita su primo Simón.

Y separados ya hacia el fondo del huerto,

Simón pregunta:

–       ¿Pero sabes bien, quién es Judas de Simón?

–       Es un hombre de Israel.

Nada más. Nada menos.

–       ¡No querrás decirme que es…!

Ya está para acalorarse y levantar la voz.

Pero Jesús lo calma interrumpiéndole y poniéndole una mano en un hombro;

mientras le dice:

–       Es como lo hacen las ideas imperantes…

Y los que entran en contacto con él.

Porque por ejemplo, SI AQUÍ (y recalca mucho las palabras)

Hubiera encontrado solamente corazones justos y mentes inteligentes;

No habría sentido interés en pecar.

Pero no los ha encontrado.

Por el contrario, ha encontrado un elemento totalmente humano,

y en él ha asentado sin ninguna dificultad, su ‘yo’ muy humano, que me sueña;

me ve y trabaja por mí, como rey de Israel, en el sentido humano del término.

De la misma forma que me sueñas y me quisieras ver tú.

Y estarías dispuesto a trabajar tú…

Y contigo José, tu hermano.

Y con vosotros dos, Leví, arquisinagogo de Nazaret…

Matatías, Simeón, Matías, Benjamín, Jacob….

Y menos tres o cuatro, todos vosotros de Nazaret.

Y no sólo los de Nazaret…

Encuentra dificultades para formarse porque todos vosotros contribuís a deformarlo.

Cada vez más.

Es el más débil de mis apóstoles.

Pero, por ahora, no es sino un débil.

Tiene impulsos buenos, deseos rectos, amor por Mí…

Desviado en cuanto a la forma, pero amor en todo caso.

Vosotros no le ayudáis a separar estas partes buenas,

de las partes no buenas que forman su ‘yo;’

antes al contrario, agraváis éstas cada vez más;

añadiendo vuestras incredulidades y limitaciones humanas.

Pero vamos a casa.

Los demás han entrado ya…

Simón lo sigue un poco apesadumbrado.

Están ya casi en la puerta, cuando detiene a Jesús,

y dice:

–       Hermano mío, ¿Estás enojado conmigo?

–       No.

Es que intento formarte también a ti, como formo a todos los demás discípulos.

¿No has dicho que quieres ser discípulo?

–       Sí, Jesús.

Pero las otras veces no hablabas así, ni siquiera cuando corregías.

Eras más dulce…

–       ¿Y para qué ha servido?

Antes lo era.

Hace dos años que lo soy…

Unos, a costa de mi paciencia y bondad, os habéis emperezado; 

otros habéis afilado colmillos y garras.

El amor os ha servido para dañarme. ¿No es así?.–       Es así.  Es verdad.

Pero, ¿Vas a seguir siendo bueno?

–       Seré justo.

Y aun así, seré como no merecéis,

vosotros de Israel que no queréis reconocer en Mí al Mesías prometido.

Entran en la pequeña habitación;

tan abarrotada de personas, que muchos han terminado en la cocina o en el taller de José.

Y éstos son los apóstoles,

menos los dos hijos de Alfeo; que se han quedado con su madre y su cuñada.

A ellas ahora se añade María, que entra llevando de la mano al pequeño Alfeo.

El rostro de María presenta claros signos de haber llorado.

Pero, mientras María está para responder a Simón;

que le asegura que irá a su casa todos los días;

por la callejuela serena avanza un carro, haciendo tanto ruido, con un sonido de cascabeles,

que llama la atención de los hijos de Zebedeo por la bulla que hace, y… 

Mientras afuera llaman, al mismo tiempo, abren adentro

Aparece el rostro alegre de Simón Pedro, que ha llamado con el mango de la tralla.

Y está todavía sentado en el carro…

A su lado, tímida pero sonriente; lleva a Porfiria, sentada encima de unas cajas;

de tamaño decreciente como si fuera un trono.

Margziam sale corriendo y trepa al carro para saludar a su madre adoptiva.

Salen también los demás, entre los cuales está Jesús.  

Pedro dice:

–       Maestro, aquí estoy.

He traído a mi mujer con este vehículo; porque es una mujer que resiste poco caminando.

María, el Señor esté contigo.

También contigo, María de Alfeo.

Mira a todos, mientras baja de su vehículo y ayuda a bajar a su mujer.

Y saluda conjuntamente al grupo.

Quisieran ayudarle a descargar el carrito, pero él se opone enérgicamente. «

Después, después… » dice.

Y ni corto ni perezoso, se acerca a la ancha puerta del taller de José y la abre de par en par; 

tratando de hacer entrar el carro como está.

No pasa, naturalmente.

Pero la maniobra sirve para atraer la atención de los que han venido de visita.

Y hacerles comprender que sobra gente…

Efectivamente, Simón de Alfeo se despide con toda su familia…

Después que se van,

Pedro dice:

–       Oh, ahora que estamos solos,

vamos a preocuparnos de nosotros…

Mientras haciendo retroceder al burrito que, cubierto como está de cascabeles

hace bulla por diez;

Tanto que Santiago de Zebedeo no puede contenerse,

  de preguntar riendo:

–       «¿Y dónde lo has encontrado tan enjaezado?».

Pero Pedro está concentrado en bajar las cajas que había en el carro;

pasárselas a Juan y Andrés, que se quedan asombrados, pues creían que iban a sentir peso;

y sin embargo, las cajas son ligeras…

Y lo comentan…  

Pedro ordena:

–       ¡Eah, id para el huerto!

¡Y no os quedéis ahí como chorlitos!

Mientras a su vez, baja con una cajita que sí que pesa,

para colocarla en un rincón de la habitación.

–       Y ahora el burro y el carro.–        ¡Esto es lo difícil!…

–       Y tiene que entrar todo en casa…

María dice en voz baja:

–        Por el huerto, Simón.

Hay una valla en el seto del fondo.

No lo parece, porque está cubierta de ramajes…

Pero está.

Pedro sigue el sendero que va bordeando la casa, entre esta casa y el huerto vecino.

Jesús dice:

–       Yo voy a mostrarte dónde está la valla…

¿Quién viene a apartar las matas que la cubren?

–       Yo. Yo.

Todos se dirigen presurosos hacia el fondo del huerto.

Entretanto, Pedro se marcha con su rumoroso cargamento y

María de Alfeo cierra la puerta…

Trabajando con un hocino, queda libre el rústico vallado y abren un paso;

por el que entran burro y carro.

Pedro se apresura a cortar los lazos que mantienen sujetos los cascabeles a los jaeces.  

diciendo:

–        ¡Bueno, bien!

Y ahora quitamos todo esto.

Me han roto los oídos  y 

Andrés pregunta:

–        ¿Y por qué los has tenido, entonces?

Pedro replica:

–       Para que toda Nazaret me oyera llegar.

Y lo he conseguido…

Ahora los quito para que nadie de Nazaret nos oiga partir.

Lo mismo, he metido vacías las cajas…

Nos marcharemos con las cajas llenas.

Y nadie, si es que alguien nos ve, se sorprenderá de ver a una mujer,

sentada a mi lado en las cajas.

El que ahora está lejos se las da de tener tino y sentido práctico.

Bueno pues, cuando quiero, también lo tengo yo…

Andrés, que ha dado de beber al burro y lo ha llevado al lado de la tosca leñera,

que hay junto al horno. 

pregunta:

–       Perdona, hermano.

¿Para qué es necesario todo esto?

–       ¿Para qué?

¡No sabes nada!…

¡Maestro, no saben todavía nada!

Jesús dice:

–       No, Simón.

Estaba esperándote a ti para hablar.

Venid todos al taller.

Las mujeres están bien donde están.

Lo que has hecho ha estado bien hecho, Simón de Jonás.

Van al taller.

Porfiria con el niño y las dos Marías se han quedado en casa.

Jesús explica:

–      He querido que vinierais…

Porque tenéis que ayudarme a mandar fuera de aquí, muy lejos;

a Juan y a Síntica.

Lo tengo decidido desde los Tabernáculos.

Como habéis podido constatar, no era posible tenerlos con nosotros; 

ni siquiera aquí, sin poner en peligro su paz.

Como siempre, Lázaro de Betania me ayuda en esta obra.

Ellos ya lo saben.

Simón Pedro lo sabe desde hace pocos días.

Vosotros lo sabéis ahora.

Esta noche dejaremos Nazaret.

Aunque en lugar de la primera luna tuviéramos agua y viento.

Ya deberíamos haber partido;

pero supongo que es que Simón de Jonás habrá tenido dificultades,

para encontrar el medio de transporte…

Pedro responde:

–       ¡No lo sabes bien!

Ya perdía la esperanza de encontrarlo.

Pero, al final, lo he podido conseguir de un ruin griego…

Será útil…

–       Sí.

Será útil, especialmente para Juan de Endor.

Pedro pregunta:

–       ¿Dónde está, que no se le ve? 

–       En su habitación, con Síntica.

–       Y… ¿Cómo ha recibido la cosa? – pregunta otra vez Pedro.

–       Con mucho dolor.

También la mujer.. 

Juan observa: .

–       Y también Tú, Maestro.

En tu frente hay una arruga que no tenías.

Y tienes mirada grave y triste.    

Jesús concede:

–       Es verdad.

Estoy muy apenado…

Pero, hablemos de lo que tenemos que hacer. 

Escuchadme bien, porque luego nos tendremos que separar.

Partimos esta noche, a mitad de la primera vigilia.

Nos marcharemos como quien huye… porque son culpables.

Sin embargo, nosotros no vamos con intención de hacer ningún mal,

ni huimos por haberlo hecho;

nos vamos para impedir que algún otro lo haga,

a quien no tendría la fuerza para soportarlo.

Partiremos pues…

Iremos por el camino de Sefori…

Haremos un alto a mitad de camino en una casa, para partir al alba.

Es una casa que tiene muchos pórticos para los animales.

En ella hay pastores amigos de Isaac.

Los conozco.

Me darán hospedaje sin pedir nada. 

Luego tenemos que llegar a Yiftael, necesariamente ese mismo día;

aunque sea de noche;

allí pernoctaremos.

¿Crees que podrá el animal? 

Pedro confirma:

–       ¡Y mucho más!

Ese griego deshonesto me lo ha hecho pagar,

pero me ha dado un animal bueno y fuerte.

–       Está bien.

Al día siguiente por la mañana iremos a Tolemaida y nos separaremos.

Vosotros, guiados por Pedro, que es vuestro jefe,

y al cual debéis obedecer ciegamente;

iréis por mar hasta Tiro.

Allí encontraréis una nave preparada para zarpar en dirección a Antioquía.

Subiréis y daréis esta carta al patrón de la nave, para que la vea.

Es de Lázaro de Teófilo.

Vosotros pasáis por dependientes suyos, enviados a sus tierras de Antioquía.

O mejor, a sus jardines de Antigonio.

Esto sois para todos.

Sabed mostraos atentos, serios, prudentes y silenciosos.

Cuando lleguéis a Antioquía, id enseguida a ver a Felipe, el administrador de Lázaro,

y le dais esta carta…

Zelote dice:

–        Maestro, él me conoce.

–       Muy bien.

       ¿Cómo va a creer que soy un subordinado?

–       Para Felipe no hace falta.

Sabe que debe recibir y hospedar a dos amigos de Lázaro y ayudarlos en todo.

Así está escrito.

Vosotros los habéis acompañado. Nada más.

Él os llama: “sus queridos amigos de Palestina”.

Y es lo que sois, congregados por la fe y por la acción que lleváis a cabo.

Descansaréis hasta que la nave, acabadas sus operaciones de descarga y carga,

vuelva para Tiro.

De Tiro, con la barca, vendréis a Tolemaida y desde allí vendréis a reuniros conmigo a Akzib…

Juan suspira diciendo:

–       ¡Por qué no vienes con nosotros?

–       Porque me quedo a orar por vosotros.

Y especialmente por estos dos pobres.

Me quedo para orar.

Así empieza mi Tercer Año de vida pública.

Empieza con una partida muy triste; como el primero y el segundo.

Empieza con una intensa oración y penitencia, como el primero…

Porque éste tiene las dificultades dolorosas del primero, y más aún.

Entonces me preparaba para convertir al mundo.

Ahora me preparo para una obra sin duda más vasta y potente.

Pero, escuchadme atentamente:

Habéis de saber que, si en el primero fui el Hombre-Maestro,

el Sabio que llama a la Sabiduría, con humanidad perfecta e intelectual perfección,

y en el segundo fui el Salvador y Amigo,

el Misericordioso que pasa acogiendo, perdonando, compadeciéndose, soportando;

en el tercero seré el Dios Redentor y Rey, el Justo.

No os asombréis pues, si veis en mí formas nuevas; 

si en elCordero veis el súbito fulgor del Fuerte.

¿Qué ha respondido Israel a mi invitación de amor?

¿Qué ha respondido ante mis brazos abiertos a él y mis palabras:

“Ven, Yo amo y perdono”?

Ha respondido con embotamiento y dureza de corazón voluntarios y cada vez mayores,

con el embuste, con la insidia.

Pues bien, así sea.

Lo había llamado – sin excluir clase alguna al hacerlo –plegando mi frente hasta el polvo:

Israel ha escupido encima de la Santidad que se humillaba.

Le había invitado a santificarse: me ha respondido entregándose al Demonio.

He cumplido mi deber en todo: ha llamado “pecado” a mi deber.

He callado: ha llamado “prueba de culpabilidad” mi silencio.

He hablado: ha llamado “blasfemia” mi palabra.

¡Basta ya!

No me ha dado respiro.

No me ha concedido una sola alegría.

Y la alegría para mí era nutrir y formar en la vida del espíritu, a los recién nacidos a la Gracia.

Les tienden insidias y debo arrancármelos de mi pecho,

produciendo en ellos y en Mí, el espasmo de padres e hijo

arrancados el uno al otro, para ponerlos a salvo del Maligno Israel.

Los poderosos de Israel, que se llaman a sí mismos “santificadores” haciendo alarde de serlo,

me impiden, quisieran impedirme, salvar y gozar de mis salvados.

Hace ya muchos meses que tengo a un Leví publicano como amigo y a mi servicio:

el mundo puede constatar si Mateo es motivo de escándalo o de emulación.

Pero la acusación no cesa.

Como no cesará tampoco para María de Lázaro, ni para los otros muchos a quienes salvaré.

¡BASTA YA!

Yo recorro mi camino, cada vez más áspero y regado de llanto…

Yo camino…

Ninguna de mis lágrimas caerá inútilmente.

Elevan su grito a mi Padre…

Después elevará su grito otro humor mucho más poderoso.

Yo camino.

El que me ame que me siga y se haga viril, porque llega la hora severa.

No me detengo. Nada me detiene.

Tampoco ellos se detendrán…

Pero, ¡Ay de ellos! ¡Ay de ellos!

¡Ay de aquellos para quienes el Amor se hace Justicia!…

El Signo del Nuevo Tiempo será una Justicia severa;

para todos los que se obstinan en su pecado, contra las palabras del Señor

y la acción del Verbo del Señor…

Jesús parece un arcángel castigador.

¡Tanto resplandecen sus ojos, que lanza fuego contra la pared humosa…

Hasta su Voz, que tiene tonos agudos de bronce y plata, golpeados con violencia,

parece resplandecer.

Los ocho apóstoles se han puesto pálidos y están casi encogidos de temor.

Jesús los mira… con piedad y amor.

Dice:

–       No os lo digo a vosotros, amigos míos.

No son para vosotros estas amenazas.

Vosotros sois mis apóstoles, Yo os he elegido.

La voz es ahora dulce y profunda.

Termina:

–       Vamos allí.

Hagámosles ver a los dos perseguidos…

Y os recuerdo que piensan que parten para prepararme el camino a Antioquía;  

que los amamos más que a nosotros mismos.

Venid..

Y todo termina.   

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista y a un corderito, de nuestro grupo de oración,

un padre de familia joven que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

Que Dios N:S: les pague vuestra caridad….

¡Muchísimas gracias y Bendiciones…!  

Y quién de vosotros quiera ayudarnos, aportando una donación económica;

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333 LOS CORREDENTORES


333 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En Nazareth, Jesús está hablando con Juan de Endor: 

–        Y estoy también seguro de que lo haréis, sin discutir ni trabajo ni el lugar que os asignaré,

aun no siendo como vosotros deseáis…

Juan tiene un primer indicio  de lo que le espera.

Cambia de cara y de color:

Se pone serio y pálido.

Y su único ojo ahora mira fijamente, atento y escudriñador, al rostro de Jesús,

que prosigue:

–       ¿Te acuerdas Juan cuando, para calmar tus dudas acerca del perdón de Dios te dije:

“Para hacer que comprendas la Misericordia te emplearé en obras especiales de misericordia

y para ti expondré las parábolas de la misericordia”?

–       Sí.

Y fue verdad.

Me persuadiste y me has concedido exactamente hacer obras de misericordia.

Y diría que las más delicadas, como limosnas,

como la instrucción de un niño, de un filisteo y de una griega.

Esto me ha dicho que Dios había conocido tanto mi verdadero arrepentimiento

– y lo había visto real -, que me confiaba almas inocentes o almas de personas en vías de

conversión, para que los formase en El.

Jesús abraza a Juan acercándoselo a su costado,

– es el gesto que hace habitualmente con el otro Juan –

y palideciendo por el dolor que debe causar,

dice:

–       También ahora Dios te confía una tarea delicada y santa.

Una tarea de predilección.

ALMAS VÍCTIMAS CRUCIFICADOS POR EL AMOR

Sólo tú, que eres generoso, que no tienes restricciones ni prevenciones, que eres sabio,

que, sobre todo, te has ofrecido a todas las renuncias y penitencias, para purgar aquel resto

de expiación, aquella deuda que todavía tenías con Dios;

sólo tú lo puedes hacer.

Cualquier otro no querría, y tendría razón, porque le faltarían los requisitos necesarios. 

Ninguno de mis apóstoles posee todo lo que tú tienes para ir a preparar los caminos del Señor…

Bueno, y te llamas Juan.

Serás, por tanto, un precursor de mi Doctrina…

Prepararás los caminos a tu Maestro…

Es más, harás las veces de tu Maestro, que no puede ir tan lejos…

Juan se sobresalta y trata de liberarse del brazo de Jesús para mirarle a la cara,

pero no lo consigue, porque Jesús lo tiene estrechado dulce pero autoritariamente

y ya su boca da el golpe final…

—       …No puede ir tan lejos…

Hasta Siria… Hasta Antioquía…

Juan liberándose violentamente del abrazo de Jesús,

grita:

–       ¡Señor!

¡Señor! ¿A Antioquía?

¡Dime que he entendido mal!

¡Dímelo, por piedad!…

Está de pie…

Todo en él es súplica:

Su único ojo, su rostro, que se ha puesto cinéreo, sus labios trémulos, sus manos

temblorosas extendidas hacia adelante;

su cuerpo, que parece plegarse hacia el suelo como subyugado por la noticia.

Pero Jesús no puede decir:

«Has entendido mal».


Abre los brazos, levantándose a su vez para recibir en su corazón al anciano pedagogo.

Y abre los labios para confirmar:

–       A Antioquía, sí.

A casa de Lázaro.

Con Síntica.

Partiréis mañana o pasado mañana.

La desolación de Juan es verdaderamente lastimosa.

Se libera del abrazo a medias… 

Y frente a frente, bañadas en lágrimas sus flacas mejillas,

grita:

–        ¡Ah, ya no me quieres a tu lado!

¿En qué te he contrariado, mi Señor?

Y se separa y se deja caer en la mesa mientras rompe en sollozos desgarradores, lastimosos,…

Intercalados con accesos ásperos de tos, insensible a las caricias de Jesús,

Susurrando:

–       «Me alejas de Ti, me alejas de Ti, no te volveré a ver…

Jesús sufre visiblemente,

Y Ora…

Luego sale quedamente.

Ve en la puerta de la cocina a María con Margziam, que está asustado de ese llanto…

Más allá está Síntica, también sorprendida.

Jesús la llama:

–       Madre, ven aquí un momento.

María va, ligera y pálida.

Entran juntos.

María se inclina hacia el hombre que llora como si fuera un pobre niño,

y dice:

–       ¡Cálmate, pobre hijo mío, cálmate!

¡No, esto no!

Te perjudicará.

Juan levanta su cara desencajada,

y grita:

–       ¡Me despide!…

Moriré solo, lejos…

Podía esperar unos meses y dejarme morir aquí.

¿Por qué este castigo?

¿En qué he pecado?

¿Te he causado alguna vez molestias?

¿Por qué me has dado esta paz para luego… para luego…

Se deja caer de nuevo encima de la mesa, llorando más fuerte, jadeando…

Jesús le pone la mano en sus flacos y convulsos hombros,

mientras dice:

–        ¿Cómo puedes pensar que, si hubiera podido, no te habría tenido aquí?

¡Oh, Juan!

En el camino del Señor hay tremendas necesidades.

Y el primero que sufre por ello soy Yo.

Yo, que llevo mi dolor y el de todo el mundo.

Mírame, Juan.

Observa si mi rostro, ¿Es el de una persona que te odia, que está cansada de ti…

Ven aquí, a mis brazos, siente cómo palpita de dolor mi corazón.

Compréndeme, Juan; no me entiendas mal.

Es la última expiación que Dios te impone, para abrirte las puertas del Cielo.

Escucha…

Lo levanta y lo estrecha entre sus brazos.

Escucha…

Mamá, sal un momento…

Ahora que estamos solos, escucha.

Tú sabes Quién Soy…

¿Crees firmemente que soy el Redentor?

–       Claro que sí.

Por ello quería estar contigo siempre, hasta la muerte…

–      Hasta la muerte…

¡Horrenda será mi muerte!…

–       La mía, digo. ¡La mía!…

–       La tuya será tranquila, confortada por mi Presencia, que te infundirá la certeza del amor

de Dios; y por el amor de Síntica;

además de por la alegría de haber preparado el triunfo del Evangelio en Antioquía.

¡Pero la mía!… Me verías reducido a un amasijo de carne llagada, cubierta de esputos,

infamada, abandonada en manos de una muchedumbre rabiosa, dada a la muerte

colgándola de una cruz, como un delincuente…

¿Podrías soportar esto?

Juan, que a cada descripción de cómo será Jesús en la Pasión,

ha respondido gimiendo:

–       « ¡No, no!»

Grita un «no» seco, y añade:

–       Odiaría de nuevo a la Humanidad…

Pero yo ya habré muerto, porque Tú eres joven y…

–       Y veré ya sólo una vez las Encenias.

Juan lo mira fijamente, aterrorizado…

–        Te lo he dicho en secreto…

Para explicarte que una de las razones por las que te mando lejos es ésta.

No serás el único.

A todos aquellos que no quiero que sean turbados por encima de sus fuerzas,

los mandaré antes a otro lugar.

¿Esto te parece falta de amor?…

–       No, mi Mártir Dios…

Pero yo te debo dejar… y moriré lejos.

–       Por la Verdad que Soy, te prometo que estaré inclinado hacia la almohada de tu agonía.

–       ¿Y cómo, si estaré muy lejos y me dices que Tú no vas tan lejos?

Lo dices para que me vaya menos triste…

–       Juana de Cusa, agonizando a los pies del Líbano, me vio.

Y Yo estaba muy lejos y no me conocía todavía.

Pues allí la devolví a la pobre vida de esta tierra.

¡Créeme que el día de mi muerte ella lamentará haber vivido!…

Sin embargo, para ti, alegría de mi corazón en este segundo año de Maestro, haré más.

Iré a conducirte a la paz, te daré la misión de decir a los que esperan:

“La hora del Señor ha llegado.

Así como ahora llega la primavera a la tierra, para nosotros llega la primavera del Paraíso”.

Pero, no iré sólo entonces…

Iré, me sentirás, siempre…  

(Con el carisma de la Ubicuidad).

Lo puedo hacer y lo haré.

Tendrás al Maestro en ti como ni siquiera ahora me tienes.

Porque el Amor puede comunicarse a aquel a quien ama.

Y tan sensiblemente que puede tocar no solo el espíritu sino los mismos sentidos.

¿Más tranquilo ahora, Juan?

–       Sí, mi Señor.

¡Pero qué dolor!

–       De todas formas, ¿No te rebelas, no?

–       ¿Rebelarme? ¡Jamás!

Te perdería del todo.

Digo “mi” Padrenuestro: hágase tu voluntad.

–       Sabía que me comprenderías…

Lo besa en las mejillas surcadas por un continuo, aunque sereno, llanto.

–       ¿Me permites saludar al niño?…

Este es otro dolor… Le que-… – El llanto vuelve, ahora más intenso…

–        Sí.

Lo llamo enseguida…

Y también a Síntica, que también sufrirá….

Tú, siendo hombre, debes ayudarla…

–       Sí, Señor.

Jesús sale.

Mientras, Juan llora.

Y besa acariciando las paredes y los objetos de la pequeña habitación hospitalaria.

Entran juntos María y Margziam.

–       ¡Madre!

¿Has oído? ¿Lo sabías?

María responde:

–       Lo sabía, y me dolía…

Pero yo también me he separado de Jesús…

Y soy su Madre…

–       ¡Es verdad!…

Margziam, ven aquí.

¿Sabes que me marcho y que no volveremos a vernos?…

Quiere mostrarse fuerte.

Pero… coge al niño en brazos, se sienta en el borde de la cama y llora abundantemente

encima de la cabeza morena de Margziam,

que a su vez, bien se encarga de imitarlo.

Entra Jesús con Síntica.

Ésta pregunta:

–        ¿Por qué tanto llanto, Juan?

–        Nos traslada, ¿No lo sabes?

¿No lo sabes todavía?

¡Nos manda a Antioquía!

–        ¿Y qué quieres decir con ello?

¿No ha dicho Él, que si dos están congregados en su Nombre estará en medio de ellos?

¡Ánimo, Juan.’

Quizás es que hasta ahora tú has elegido siempre tu destino…

Y entonces la imposición de una voluntad, aunque sea de amor, te abate.

Yo… yo estoy acostumbrada a aceptar el destino impuesto por otras personas.

¡Y qué destino!…

Por eso ahora doblego con gusto mi cabeza ante este nuevo destino.

Si no me he rebelado contra la despótica esclavitud, sino cuando pretendía imponerse a mi alma,

¿Debería rebelarme ahora contra esta dulce esclavitud de amor, que no lesiona sino que eleva

nuestra alma y nos confiere el título de siervos suyos?

¿Te da miedo el mañana porque te encuentras mal?

Trabajaré para ti.

¿Tienes miedo a quedarte solo?

No te dejaré nunca.

Puedes estar seguro de esto.

La única finalidad de mi vida es amar a Dios y al prójimo.

Tú eres el prójimo que Dios me confía.

¡Imagínate cuánto te voy a querer!  

Jesús dice:

–       No tendréis necesidad de trabajar para vivir, porque estaréis en una casa de Lázaro.

Eso sí, os aconsejo que uséis la vía de la enseñanza para entablar contactos con la gente;

tú, como maestro; tú, mujer, con trabajos femeninos:

servirá para el apostolado y para llenar vuestras jornadas.  

Síntica responde firmemente:

–       Así lo haremos, Señor-

Juan sigue teniendo en brazos al niño y llora quedamente.

Margziam lo acaricia…

–       ¿Te vas a acordar de mí?

–       Siempre, Juan, y rezaré por ti…

Es más…

Espera un momento…

Sale corriendo.

Síntica pregunta:

–       ¿Cómo vamos a ir a Antioquía?

–       Por mar. ¿Tienes miedo?

–       No, Señor.

Además nos mandas Tú y eso nos protegerá.

–       Iréis con los dos Simones, mis hermanos, los hijos de Zebedeo. Andrés y Mateo.

De aquí a Tolemaida en el carro;

donde  se van a cargar los arcones y un telar que te he hecho, Síntica;

y algunos objetos útiles para Juan…

–       Yo ya me había imaginado algo al ver los arcones y los vestidos.

Así que había preparado mi alma para la separación.

¡Era demasiado bonito vivir aquí!…

Un sollozo reprimido quiebra la voz de Síntica.

Pero se rehace para sostener el valor de Juan.

Pregunta con voz reafirmada:

–       ¿Cuándo partimos?

–        En cuanto lleguen los apóstoles.

Quizás mañana.

–       Entonces, si me permites, voy a colocar los vestidos en los arcones.

Dame tus libros, Juan.

Es evidente que Síntica desea estar sola para llorar…

Juan responde:

–       Cógelos…

Pero dame ese rollo atado con azul.

Vuelve Margziam con su tarro de miel.

–       Ten, Juan.

Te la comerás por mí…

–       ¡No, niño!

¿Por qué?

–       Porque Jesús ha dicho que una cucharada de miel ofrecida,

puede dar paz y esperanza a una persona afligida.

Tú estás afligido…

Te doy toda la miel para llenarte de consuelo.

–       Pero es demasiado sacrificio, niño.

–       ¡No, no!

En la oración de Jesús se dice: “No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal”.

Este tarro era una tentación para mí…Y podía ser un mal porque podía hacerme infringir el voto.

Así ya no lo veo… y es más fácil…

Y estoy seguro de que Dios te va a ayudar por este nuevo sacrificio.

Pero no llores más.

Y tampoco tú, Síntica…

Efectivamente, la griega ya llora silenciosamente, mientras recoge los libros de Juan.

Y Margziam los acaricia alternadamente, con un gran deseo de llorar también.

Mas Síntica sale, cargada de rollos,

María la sigue con el tarro de miel.

Juan se queda con Jesús, que se sienta a su lado, y con el niño en sus brazos.

Está sereno, pero alicaído.  

Jesús aconseja:

–       Une también al volumen tu último escrito

–       Creo que se lo quieres dar a Margziam…

–       Sí…

Yo tengo para mí una copia…

Aquí tienes, muchacho.

Estas son las palabras del Maestro.

Las que ha dicho cuando tú no estabas, y otras…

Quería seguir copiándolas, para ti, porque tú tienes la vida por delante…

¡Y quién sabe cuánto evangelizarás!…

Pero ya no puedo continuar…

Ahora soy yo quien se queda sin tus palabras…

Y se echa de nuevo a llorar con fuerza.

Margziam muestra un nuevo gesto, dulce y viril:

Se echa al cuello de Juan y dice:

–       Ahora seré yo quien las escriba para ti y te las mandaré…

¿Verdad, Maestro?

Se puede, ¿No?

–       Claro que se puede.

Y será una gran obra de caridad.

–       Lo haré.

Y, cuando no esté yo, se lo encargaré a Simón Zelote.

Nos quiere a los dos, y lo hará por ejercitar la caridad con nosotros.

Así que no llores más.

Y voy a ir a verte…

No es que te vayas a ir lejos…

–        ¡Ah, sí, qué lejos!

Cientos de millas…

Y moriré pronto.

El niño está desilusionado y afligido.

Pero se rehace con la bella serenidad del niño al que todo parece fácil.

–        De la misma forma que vas tú, puedo ir yo con mi padre.

Y además… nos escribiremos.

Cuando se leen las páginas sagradas es como estar con Dios,

¿No es verdad?

Pues, cuando se lee una carta, es como estar con la persona a la que queremos

y que nos la ha escrito.

Vamos, ven conmigo allí…

–       Sí, vamos allí, Juan.

Dentro de poco vendrán mis hermanos con el Zelote.

Les he mandado aviso de que vengan.

–       ¿Ya saben…?

–        Todavía no.

Espero a decirlo cuando estén presentes todos…

–       De acuerdo, Señor.

Vamos…

Es un anciano muy encorvado el que sale de la habitación de José.

Un anciano que parece saludar a cada uno de los hilos de hierba, a cada tronco,

al pilón y a la gruta;

mientras se dirige hacia el vasto taller, donde María y Síntica, silenciosamente,

están colocando los objetos y los vestidos en el fondo de los arcones…

Y así, silenciosos y tristes, los encuentran Simón, Judas y Santiago.

Observan… pero no hacen preguntas.

Y no es posible comprender si intuyen la verdad.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista y a un corderito, de nuestro grupo de oración,

un padre de familia joven que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

Que Dios N:S: les pague vuestra caridad….

¡Muchísimas gracias y Bendiciones…!  

Y quién de vosotros quiera ayudarnos, aportando una donación económica;

para este propósito, podrán hacerlo a través de éste link

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331 SACRIFICIOS POR AMOR


331 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

 La presencia de Pedro en la mesa familiar de Nazaret, hace que la reunión sea más bulliciosa.

Ya casi han terminado de comer.

Síntica se levanta para llevar a la mesa manzanas, nueces, uvas y almendras;

que concluyen la cena, porque es de noche y las lámparas están ya encendidas.

El tema de conversación versa precisamente sobre las lámparas,

mientras Síntica lleva la fruta

Pedro dice:

–        Este año encenderemos una más.

Y en lo sucesivo siempre una más, por Ti, hijo mío.

Sí, queremos encenderla nosotros por ti, aunque estés aquí.

Es la primera vez que la encendemos por un niño…

Y Simón se emociona un poco al terminar:

«       La verdad es que… si tú estuvieras, sería más bonito…  

María dice:

–        El año pasado era yo, Simón, la que suspiraba así por mi Hijo lejano.

Y junto conmigo María de Alfeo y Salomé.

También María de Simón, en su casa de Keriot.

Y la madre de Tomás…

Simón Zelote dice:

–        ¡Oh, 1a madre de Judas!

Este año tendrá con ella a su hijo…

Pero no creo que se sienta más feliz…

Bueno, vamos a  dejarlo…

Nosotros estábamos en casa de Lázaro.

¡Cuántas lámparas!…

Parecía un cielo de oro y fuego.

Este año Lázaro tiene a su hermana…

Pero estoy seguro de que no me equivoco, sí digo que estarán afligidos

pensando que Tú no estás.

¿Y para el que viene, dónde estaremos?  

Juan de Endor, susurra:

–        Yo, muy lejos… 

Pedro se vuelve a mirarlo, porque lo tiene a su lado.

Y está para preguntar algo, pero afortunadamente, se sabe contener

por la llamada de atención de Jesús con la mirada.

Margziam pregunta:

–        ¿Dónde vas a estar?

–        Por la misericordia del Señor, espero que con Abraham, en su seno…

–        ¿Quieres morir?

¿No quieres evangelizar?

¿No te pesa morir sin haber evangelizado?

–        La palabra del Señor debe salir de labios santos.

Ya es mucho el que me haya permitido escucharla y redimirme por ella.

Me habría gustado…

Pero es tarde…

Jesús dice:

–        Sin embargo, evangelizarás.

Ya lo has hecho.

Tanto que has atraído hacia ti la atención.

Por eso serás igualmente llamado discípulo evangelizador,

aunque no peregrines esparciendo la Buena Nueva.

Y recibirás en la otra vida el premio reservado a mis evangelizadores.

–        Tu promesa me hace desear la muerte…

Cada minuto de vida puede esconder un peligro que yo, siendo débil como soy,

quizás no podría superar.

Si Dios me acoge, satisfecho de lo que he realizado,

¿No es bondad grande que debe ser bendecida?

–        En verdad te digo que la muerte será suma bondad para muchos, que así, conocerán hasta

qué punto el hombre se puede volver demonio, desde un punto donde la paz los consolará

de esta cognición y la transformará en alabanza, porque estará unida a la inefable alegría

de la liberación del Limbo.

Simón Zelote, que ha estado muy atento,

pregunta:

–        ¿Y los años siguientes dónde vamos a estar, Señor? 

–        Donde quiera el Eterno.

¿Pretendes fijar anticipadamente el tiempo lejano, cuando no estamos seguros del momento

que vivimos, ni sí nos será concedido terminarlo?

Y, además, cualquiera que fuere el lugar en que se celebren las futuras Encenias,

en todo caso será santo, si estáis allí para cumplir la Voluntad de Dios».

Pedro pregunta:

–        ¿Estáis? ¿Y Tú? 

–        Estaré siempre donde estén mis amados.

María no ha hablado en todo este tiempo.

Pero sus ojos no han dejado ni un momento de examinar el rostro de su Hijo…

La saca de su ensimismamiento la observación de Margziam,

que dice:

–        ¿Madre,

¿Por qué no has puesto en la mesa los bollos de miel?

A Jesús le gustan y a Juan le vendrían bien para su garganta.

Y además también le gustan a mi padre…

–        Y a ti – termina Pedro.

–        Para mí…

Es como si no existieran.

He hecho una promesa…

María acariciándolo, porque Margziam está entre Ella y Síntica en uno de los lados de la mesa,

mientras que los cuatro hombres están en el lado opuesto

Dice:

–        Por esto, encanto, no los he traído…

–        No, no.

Los puedes traer.

Es más, debes traerlos. Y se los doy yo a todos.

Síntica toma una lámpara, sale, vuelve con los bollos.

Y Margziam agarra la bandeja y empieza a distribuir.

Le da a Jesús el más hermoso (dorado, esponjado con la maestría de un pastelero).

Uno, el segundo en perfección, a María.

Luego es el turno de Pedro, sigue Simón, luego de Síntica.

Y, para dárselo a Juan, el niño se levanta.

Se pone al lado del anciano y enfermo pedagogo,

y le dice:

–        Para ti el tuyo y el mío.

Y además un beso;

por todo lo que me enseñas.

Luego vuelve a su sitio;

deposita con resolución la bandeja en medio de la mesa y cruza los brazos.  

Al ver que Margziam ni lo prueba,

Pedro dice:

–        Así se me atraganta esta cosa deliciosa.

Y añade:

–       «Al menos un trocito.

¡Venga, hombre, del mío;

aunque sólo sea para no morir de ganas!

Sufres demasiado…

Jesús te lo concede.

–        Pero si no sufriera no tendría mérito, padre mío.

He ofrecido este sacrificio precisamente porque sabía que me iba a hacer sufrir….

Y, en definitiva… 

estoy tan contento desde que lo he hecho;

que me siento como todo lleno de miel.

Siento el sabor de la miel en todas partes.

Hasta me da la impresión de respirarlo junto con el aire…

–        Es porque te mueres de las ganas.

–        No.

Es porque sé que Dios me dice: “Haces bien, hijo mío”.

–        El Maestro te habría contentado incluso sin este sacrificio.

¡Te quiere mucho!

–        Sí.

Pero no es justo que me aproveche porque me quiera.

Además, Él dice que es grande la recompensa en el Cielo,

incluso por un vaso de agua ofrecido en su Nombre.

Pienso que, si es grande por un vaso ofrecido a otros en su Nombre,

también lo será por un bollo…

 un poco de miel negados a nosotros mismos por amor a un hermano.

¿Me equivoco, Maestro?

–        Hablas sabiamente.

Yo podía efectivamente, sin tu sacrificio, concederte también la cosa que me pedías para la

pequeña Raquel, porque bueno era hacerla y mi corazón la deseaba.

Pero la hice con más alegría, porque me ayudaste tú.

El amor hacia nuestros hermanos no se limita a medios y límites humanos,

sino que se yergue a lugares mucho más altos.

Cuando es perfecto, toca absolutamente el Trono de Dios y se funde con su infinita caridad

y bondad.

La Comunión de los santos es exactamente este continuo obrar;

de la misma forma que continuamente y en todos los modos obra Dios,

para ayudar a los hermanos,

sea en sus necesidades materiales, sea en sus necesidades espirituales,

o en las dos;

como en el caso de Margziam, que, obteniendo la curación de Raquel,

la libera de la enfermedad y, al mismo tiempo, eleva el espíritu abatido de la anciana Juana

y enciende una confianza cada vez mayor en el Señor,

en el corazón de todos los de aquella familia.

Sí, también el sacrificio de una cucharada de miel, puede servir para devolver la paz

y la esperanza a una persona afligida;

así como un bollo, u otro alimento que no se come por una finalidad de amor,

puede conseguir un pan, ofrecido milagrosamente,

para una persona hambrienta lejana que nunca conoceremos;

y retener, por espíritu de sacrificio, una palabra de ira, aunque fuera justa;

puede impedir un delito lejano;

así como resistir a las ganas de coger un fruto por amor;

puede servir para inspirar a un ladrón la idea de enmendarse, impidiendo así un latrocinio.

Nada se pierde en la economía santa del amor universal.

No se pierde el holocausto de un mártir,

no se pierde el heroico sacrificio de un niño ante una bandeja de bollos.

Es más, os digo que el holocausto de un mártir frecuentemente tiene origen en la heroica 

educación que se haya procurado desde la infancia por amor a Dios y al prójimo.

Margziam. dice convencido: 

–        Entonces conviene mucho que haga siempre sacrificios.

Para cuando seamos perseguidos.  

Pedro cuestiona:

–        ¿Perseguidos? 

–        Sí.

¿No te acuerdas que lo dijo?:

Los presos en Medio Oriente cantan alabanzas, antes de ser ejecutados, igual que Pablo y Silas en prisión…

“Seréis perseguidos por causa mía”.

Me lo dijiste tú la primera vez que viniste, solo, a Betsaida a evangelizar, en verano.

Pedro comenta admirado: 

–        Este niño se acuerda de todo.

La cena termina.

Jesús se levanta.

Ora por todos y bendice.

Luego, mientras las mujeres van a sus labores de ordenar la loza,

Jesús con los hombres se pone en un ángulo de la habitación y labra un trozo de madera,

que, ante la sorprendida mirada de Margziam, se transforma en una ovejita…   

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista. Y a un corderito, un padre de familia joven

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos. 

Que Dios N:S: les pague vuestra caridad….

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EL SACRIFICIO



13. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Juan 16, 13

23 de agosto de 2021

Habla Dios Espíritu Santo

La Tierra es un altar.

UN ENORME ALTAR.

Fue creada para ser un Altar de Alabanza  Perpetua a su Creador.

Pero el hombre con su Pecado, la ha convertido en un Altar de Expiación.

La Tierra debe como todos los demás astros del Universo,

cantar los Salmos a su Creador.

También la Tierra canta el Salmo de las Esferas,

como el Cielo con los vientos, con las aguas, con las voces de las plantas y de los animales.

Sobre el Templo de la Tierra solo falta el hombre, que tiene una misión

que debiera ser algo más que un deber, una alegría: AMAR A DIOS.

Dar inteligente y voluntariamente, Culto de Amor a Dios,

correspondiéndole por el Amor que Él ha dado al hombre,

dándole la vida y dándole el Cielo, después de la Vida.

Y la Tierra está llena de Pecado y por eso debe ser Altar de Expiación Perpetua,

De Sacrificio Perpetuo, sobre el cual ardan las hostias que sufren: los inocentes y los santos.

Las almas víctimas que se unen a la Gran Víctima y se inmolan por todos.

Y de esta manera se convierte la injusticia en Redención.

El sudor y el trabajo fertilizan los campos.

El sacrificio de  las víctimas, fertiliza los corazones y los prepara para la salvación.

SER CRISTIANO  =    INMOLACIÓN.

Debemos vivir en el Amor

y alcanzar en la Escuela del Sufrimiento,

la cima del Sacrificio y la caridad:

ALMAS VÍCTIMAS CRUCIFICADOS POR EL AMOR

EL MARTIRIO

Con el ‘callar, aceptar, sufrir y ofrecer’, se vence a Satanás.

Con esto se da muerte al ‘yo’, a la propia voluntad.

El ‘yo’ es orgullo y a Satanás no hay nada que lo irrite más, que un acto de humildad.

Y LA VERGÜENZA DE SER VENCIDO

POR UN HOMBRE INFERIOR A ÉL POR NATURALEZA;

LO EXASPERA Y LO HIERE

Vivir para los hombres o para Dios.

La diferencia la establece la medida del sacrificio de nuestro egoísmo.

La vida cristiana es un perpetuo heroísmo.

Porque es una lucha contra el Mundo, el demonio y la Carne.

La libertad que Dios nos concede, no nos permite ser hipócritas:

O CON JESÚS O CONTRA ÉL.

Tu corazón se volcará a lo que le dediques: tiempo, dinero. energía.

Si somos de Dios no podemos pactar alianzas con el Enemigo.

El que quiere servir a dos amos, con alguno queda mal.

Y al que se acerca a Satanás, éste lo arrebata sin contemplaciones.

Judas quiso adorar en dos altares y es muy conocido en donde terminó.

El sacrificio que Dios quiere,

es el espíritu compungido, obediente, amoroso;

porque puede también realizar un sacrificio de Alabanzas,

de alegría, de amor y no solo de expiación.

CUANDO LE SACRIFICAMOS NUESTRA VOLUNTAD

A SU VOLUNTAD,

HAY QUE INVOCAR LAS LÁGRIMAS DE MARÍA,

QUE NOS VIGORIZAN

E INFUNDEN VALOR,

PARA UN MAYOR SACRIFICIO.

El Crecimiento en el Amor aumenta el hambre de sacrificio…

Y el sacrificio más tremendo, se vuelve soportable, cuando se sabe su utilidad.

Entonces sobre las lágrimas florece una sonrisa…

Y sobre la angustia, una seguridad.

El hombre espiritual deja de ser esclavo de los sentidos

y siempre tiene en los labios con amorosa resignación, estas palabras:

“No lo que yo quiero, Padre mío.

Hágase tu Voluntad.”

¡Padre, SI QUIERES aparta de Mí éste Cáliz! Pero NO SE HAGA MI VOLUNTAD, sino la Tuya!

EL SACRIFICIO ES AMOR

OFRENDADO AL AMOR.

La Perfección está compuesta del fruto de incontables sacrificios.

EL SACRIFICIO Y LA PENITENCIA,

SON EL CAMINO DE LA SALVACIÓN.

Para ser verdadero cristiano se debe amar.

y reparar por los que han esterilizado el amor en su corazones.

La forma más elevada del amor es el sacrificio que imita al Amor Supremo:

EL AMOR REDENTOR. 

Jesús como Rey del espíritu,

solo ofreció privaciones, sacrificios y dolores,

que le serán cambiados en gloria,

al que persevere hasta el fín y no claudique del Camino del Calvario,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y NO la mía…´´

que está sembrado de Dolor y de lágrimas.

NO HAY RESURRECCIÓN SIN CRUCIFIXIÓN.

La victoria está en el sacrificio.

EL SACRIFICIO ES OFRENDA DE AMOR

OFRECIDA AL PADRE.

Los dones vienen de Dios. El amor es mérito del hombre.

El sacrificio es amor.

Es el que hace esplendoroso el altar del corazón.

El holocausto voluntario perfuma

como el Incienso más agradable y es más precioso para Dios,

que el perfume de todas las flores de la Tierra.

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

Cada renuncia va envuelta con el oro de la Caridad que la ofrece a Dios

EN UN CULTO VERDADERO

para que tome valor de Redención

y así la Tierra se salvará con el sacrificio.

El Sacrificio es el que ABRE los oídos del espíritu

y es la sangre que lava la lengua que habla de Dios.

Jesús es el Verbo del Padre y su Palabra es lo más sagrado,

porque es la que da la Vida Eterna.

NO PUEDE ser Profeta de Jesús,

el que NO se crucifica totalmente con Él

y convierte su vida en un sacrificio continuo.

Las almas víctimas están totalmente FUSIONADAS con Dios,

Juan 14, 11

e igual que Jesús está en el Padre y es uno con Él; 

las almas que se inmolan ven realizarse el Misterio

de que Dios las trabaje para que sean espejos purísimos

en donde se reproduzca la imagen de Jesús Crucificado,

tal y como Él está en la Cruz:

coronadas, azotadas, clavadas, desoladas, traspasadas y desamparadas.

En cada uno de estos aspectos se convierten en un retrato viviente,

para que el Padre se complazca en ellas

y derrame gracias sobre los pecadores.

Como Iglesia, tenemos el deber sagrado de morir por Dios,

abandonadas y crucificadas.

En el altar de la Tierra no fue consumada más

que la Carne y la Sangre del Hombre-Dios.

En el altar del Cielo son ofrecidas las Hostias vivientes

como oblación de suavísimo olor ardiente

sobre el altar del sacrificio de un corazón enamorado de Dios,

constituyendo con esto: el Verdadero Culto a Dios.

LA PENITENCIA

Cuando Dios creó al hombre, se hizo un Templo perfecto para Sí Mismo

y puso en él sólo una necesidad: la del Amor.

Amor de hijos hacia su Padre. Amor de súbditos para su Rey.

Y amor de creaturas para su Creador.

Y si el ácido de la Culpa no hubiese corroído las raíces del amor;

éste habría crecido potente en nosotros como un gozo;

como una necesidad que produce alivio cuando se realiza, igual que lo es el respirar.

Y el amar se hubiera efectuado sin fatiga,

porque el amor es la respiración y la sangre que hace vital al espíritu.

Peor que la ruina y la destrucción que hacen las bombas nucleares en el mundo material;

más nefasta fue la Culpa.

Pues trastornó la Obra Maestra de la Creación

y desbarató, en la raíz del hombre; aquel conjunto perfecto,

de carne dócil al espíritu

y aquel armónico contorno que pusiera Dios alrededor de su hijo;

para que fuera un rey feliz.

Desaparecido el amor del hombre para con Dios;

desapareció el Amor de la Tierra para con el hombre.

Se desencadenó la ferocidad entre los seres inferiores;

entre éstos y el hombre y…

¡El Horror de los horrores!..

¡ENTRE LOS MISMOS HOMBRES!

La sangre hirvió a causa del Odio,

y se derramó contaminando el altar de la Tierra

Y DE LA SEMILLA DE LA CULPA

NACIÓ UNA PLANTA DE AMARGO FRUTO

Y DE PUNZANTES RAMAS:

EL DOLOR.

El Pecado evolucionó en perversión y ferocidad;

haciendo que el Dolor se hiciera más vasto y complicado.

Jesús, el Dios-Hombre. Vino a santificar el Dolor,

sufriéndolo por nosotros.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Y fundiendo el suyo que es Infinito, con el nuestro; para darle mérito.

Dos son las necesidades primordiales del hombre:

EL AMOR Y EL DOLOR  

¡Satanás también PERVIRTIÓ ESTO!

O ¿Cómo explican el éxito de 50 sombras de Gray?)

El Amor que nos impide cometer el mal.

Y el Dolor que lo repara.

Esta es la ciencia que se debe aprender:

SABER AMAR Y SABER SUFRIR

El que aprende a dominar el arte de sufrir se convierte en penitente.

SOLO LA PENITENCIA Y EL AMOR

PESAN A LOS OJOS DE DIOS;

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina… Y TENEMOS EL PALIATIVO DEL CIELO. EL SUFRIMIENTO SE TORNA GOZO

PARA DETENER LOS ACONTECIMIENTOS Y DESVIARLOS….

PENITENCIA

Su nombre causa horror,

pero sus efectos dan frutos preciosos en el campo de las virtudes,

porque surge de la humildad y es el FUEGO,

que conserva, desarrolla y fortalece las virtudes.

De ella nace el propio desprecio.

Se desprende el ansia de padecer…

Y se fortalece el hambre de crucifixión.

La Penitencia atrae a Dios y sirve para expiar y merecer,

porque es el arrepentimiento activo.

LA EXPIACIÓN POR EL DOLOR DADO A DIOS.

Y UN DOLOR REPARADOR

A TRAVÉS DE UN CASTIGO INFLIGIDO

CON OBJETO DE DESAGRAVIARLO.

La Penitencia da luz y agilidad de espíritu,

porque doma la carnalidad y es el arma más poderosa contra los vicios.

Porque ataca directamente todos los pecados capitales

e impide que el alma se hunda en la molicie.

La Penitencia nos arranca del fango,

y nos dispara en el vuelo hacia el encuentro del Amor.

La Penitencia es un secreto entre el alma y Dios,

consumado por amor a Él, a los hermanos y hacia nosotros mismos,

para que el espíritu vuelva a ser rey.

Es la muralla que protege la castidad.

Desarma la Justicia de Dios y la convierte en Gracias.

Purifica las almas; apaga el fuego del Purgatorio;

En el INFIERNO, EL REINO DEL ODIO están peor, los demonios desquitan su Odio y se sufre el Calvario de Jesús,  CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

eleva el alma de la Tierra

Y ES LA COOPERACIÓN A LA REDENCIÓN:

PORQUE LA PENITENCIA Y EL SACRIFICIO,

ARRANCAN LAS ALMAS A SATANÁS.

La penitencia es la humillación que le infiltra el hombre a sus bajezas y miserias:

ES TRABAJAR PARA DERRIBAR EL “YO”

Se debe pedir a Dios, a través de una vida de Penitencia

que nos lave de tanta humanidad

y que nuestro corazón arda, por el celo de Dios y de las almas.

Y que nos convierta en carbones encendidos por la Caridad.

Y si no sabemos imponernos penitencias,

hay que aceptar aquella de la vida que no es plena,

¡Aceptemos la TRIBULACIÓN, COMO CRISOL! ¡Y demos gracias enmedio de las lágrimas!

diciendo:

‘Si esta pena viene de Dios, hágase señor tu Voluntad.’

Si viene de un pobre hermano cautivo:

‘Padre, yo te la ofrezco para que tú lo perdones y él se redima.’

Cuando se hace así,

todo es puro y entonces se alcanza la pureza del Corazón

que lo convierte en Trono de Dios.

Y aún el más perfecto de los penitentes,

arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas,

de Odios, de Egoísmos…

Y Jesús enseñó que por más que ayunemos con la boca;

si después no se ayuna con el corazón

dejando de perjudicar con las obras, con las palabras,

y hasta con el pensamiento, al prójimo;

le resulta detestable nuestro ayuno, que da muerte a nuestra alma.

Porque las prácticas sin la caridad,

sólo pavimentan el camino para el infierno…

La Penitencia que le agrada a Dios, sólo la conoce Dios.

Es mejor pasar por inmortificados a los ojos del mundo…

y de esta manera la practicamos con la pureza de corazón necesaria.

“Bienaventurados los limpios de corazón…”

8. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5

La Penitencia abre los ojos del espíritu.

Los ojos del espíritu ‘ven’ las sublimes visiones

y ellas anulan la sensibilidad corporal.

ES LO QUE NOS AYUDA A SOPORTAR

LOS HORRENDOS SUPLICIOS SONRIENDO.

EL ÉXTASIS

ANULA LA SENSIBILIDAD DOLORÍFICA.

Cuando alcanzamos la perfección en el amor,

podemos ver con su perfección,

la Perfección de Dios sin velos y con una verdadera anulación,

lo material desaparece.

La alegría de la visión, suprime la miseria de la carne sensible al sufrimiento.

SIGLO XXI, y Odio de ISIS

Y empezamos a gozar del Paraíso.

La Penitencia no mata más que lo que va a morir.

No debe haber temor por el cuerpo al que se debe amar poquísimo:

sólo como se ama y se cuida un vestido,

que tarde o temprano se vuelve inservible.

Los cilicios y las disciplinas no son las que matan.

Los penitentes no mueren de esto.

Mueren por la Caridad que los consume

y que arde en ellos como un horno.

Porque la hoguera del amor consume más de lo que destruye la austeridad.

La Penitencia purifica el cuerpo y el alma.

El ayuno corporal, purifica los sentidos

y es una reparación por los que aman la carne, como la cosa más preciosa

y solamente buscan la felicidad en los placeres sensuales y materiales.

El ayuno es una tremenda fuerza de oposición

contra los males con los que Satanás inunda las almas;

porque no solo de pan vive el hombre.

La Penitencia se ejerce con el control de las pasiones

y la mortificación de los sentidos,

controlando la lengua y guardando silencio exterior e interior.

Huyendo de la murmuración y el descontento;

de los chismes y la fácil tentación del juicio y la condena.

La Penitencia es sufrimiento para el cuerpo y luz para el espíritu.

Fortifica la debilidad y alcanza las gracias de Dios.

Con la Penitencia se preparan los caminos

y caen las cadenas de la esclavitud y el Pecado.

La Penitencia nos ayuda a vencer las tentaciones

1. Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

y a vencer a Satanás en los corazones que se desea redimir.

PORQUE CIERTOS DEMONIOS SE VENCEN

SÓLO CON LA ORACIÓN Y LA MORTIFICACIÓN

CON LA PENITENCIA SE ENCIENDE EL AMOR

EN LOS CORAZONES APAGADOS

Los hombres no saben cuántas lágrimas; cuantos dolores; cuantas penitencias;

cuantos sacrificios; son el precio de su existencia.

Creen tener la vida por la madre que los ha engendrado

y por el padre que les ha dado el pan. 

Esto es verdad, si se calcula con la medida de los brutos,

que así tienen la vida.

Pero la Verdadera Vida para darles tiempo para convertirse,

ES OBRA DE LAS ALMAS VÍCTIMAS

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina… Y nuestra intercesión, ES PODEROSÍSIMA…

Muchos no mueren eternamente por estos héroes, para ellos desconocidos,

que metiéndose entre los hombres y Dios,

con los brazos levantados trasfieren hacia sí mismos;

como si fueran un pararrayos,

los castigos divinos.

Y les trasfunden un poco de la sangre espiritual, que es sangre de Gracia,

que circula en le Gran Cuerpo Místico,

A LOS QUE SE ESTÁN DESVANECIDOS

POR LAS ENFERMEDADES MORALES.

Pero todo esto lo hacen a través del tamiz de su yo sacrificado

y es como se filtra este bien a los malvados.

La Tierra tiene mucha necesidad de Penitencia,

para que los débiles puedan tener fuerzas para resistir a Satanás.

Y aún el más perfecto de los penitentes,

arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas, de odios, de egoísmos…

la Penitencia; al tener subyugado al pólipo que lo humano, lleva adherido en su fondo;

confiere luz y agilidad al espíritu.

La penitencia nos arranca de la carnalidad

y nos lanza como bólidos al encuentro del Amor.

La Penitencia debe siempre precederlo todo

porque es la que amerita las alegrías.

Toda visión nace de una precedente penitencia

Y CADA PENITENCIA ABRE EL CAMINO,

PARA LA MÁS ALTA CONTEMPLACIÓN.

Sacrificio. Sacrificio. Sacrificio.

Debe ser nuestra vida, nuestra fuerza, nuestra gloria.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Sólo cuando las almas se adormecen en Dios,

ES CUANDO DEJAN DE SER HOSTIAS,

PARA CONVERTIRSE EN DIOSES.

SU VIDA ES UN TOTAL

SACERDOCIO.

El Pensamiento del Crucificado,

¡Qué ligeras hace todas las penitencias del cuerpo y los dolores internos!

A Dios se le encuentra en la Cruz

y la misión es ser un reflejo de Jesús Crucificado.

LAS ALMAS VÍCTIMAS SON

LOS GIGANTES DEL AMOR.

Expían por amor de los hermanos,

Los pequeños “Cristos”, las ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

y esto es amor del prójimo llevado hasta el Heroísmo.

Se ofrece al Dios Ofendido al que le brinda consuelo por la ofensa recibida

y esto es Amor de Dios llevado hasta el Heroísmo.

El Amor es el Sacrificador Eterno.

El que inmoló al Dios hecho Carne y…