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244 FORJA DE LAS ALMAS


 244 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

243 -La Magdalena debe forjarse sufriendo

En el tránsito de la noche al día, habiéndose ocultado la Luna sin haber empezado todavía a amanecer…

La luz ha disminuido.

Pero es sólo un breve intervalo incierto…

Inmediatamente después, la luz primero plomiza, luego levemente gris y casi enseguida verdastra; 

Finalmente luce esplendorosa la vía láctea con transparencias de azul.

Dando a continuación paso a una claridad de casi incorpórea plata;

que termina afirmándose cada vez más, facilitando el camino por el guijarral húmedo; 

que las olas han dejado al descubierto.

El mar es un verdadero milagro de belleza.

Majestuosamente mueve sus olas coronadas de espuma.

El crepúsculo tiñe de oro y violeta el horizonte.

Mientras, los ojos se alegran con la vista del mar, ya de un azul más claro;

pronto a encenderse de visos como gemas preciosas.

Y luego el aire embebe su plata de un rosa cada vez más seguro, hasta que este rosa-oro de la aurora; 

se hace lluvia rosa-roja que cae en el mar, en los rostros, en los campos…

Formando contrastes de tonalidades cada vez más vivos,

los cuales alcanzan el punto perfecto, el más bonito del día cuando el Sol;

saltando los confines del oriente, lanza su primer rayo hacia montes y laderas,

bosques, prados y vastas llanuras marinas y celestes

Y acentúa todos los colores: la blancura de las nieves o de las lejanías montañosas;

con un color añil entreverado de verde diaspro.

O el cobalto del cielo, que palidece para acoger el rosa;

el zafiro veteado de jaspe y orlado de perlas del mar.

Y hoy el mar es un verdadero milagro de belleza:

No muerto en la tranquilidad pesada, ni agitado bajo la lucha de los vientos,

sino majestuosamente vivo con su reñir de leves olas, apenas señaladas,

con una ondulación coronada por una cresta de espuma.  

Jesús dice:

–      Llegaremos a Dora antes de que el sol queme.

Reanudaremos la marcha al declinar del sol.

Pronto terminará en Cesárea vuestra fatiga, hermanas y también nosotros descansaremos.

Vuestro carro os estará esperando y nos separaremos…

Y mirando a la Magdalena pregunta:

¿Por qué lloras, María?

¿Voy a tener que ver hoy llorar a todas las Marías?

Martha trata de disculparla:

–      Le apena dejarte.

–      Eso no significa que no nos vayamos a volver a ver,

Y además, será pronto.

María hace señal con la cabeza de que no llora por eso.

Y Zelote da la explicación:

–     Tiene miedo de no ser siempre buena sin tu cercanía.

Teme que será tentada muy fuertemente…

Cuando no estés cerca para alejar al Demonio.

Hace poco me hablaba de ello.

Jesús le dice:

–      No tengas este temor.

Yo no retiro nunca una gracia que he concedido.

¿Quieres pecar?

María niega con la cabeza. 

i dice con un sollozo: 

–      ¡No, mi Señor!

 –     Entonces no te intranquilices.

Está atenta, eso sí.

Pero no tengas miedo.

–   Señor… 

Lloro también porque en Cesárea…

Cesárea está llena de mis pecados.

Ahora los veo todos…

Tendré que sufrir mucho en mi ser humano.

–     Me alegro de saberlo…

Entre más sufras, mejor.

Porque después no sufrirás con estas penas inútiles.

María de Teófilo, quiero recordarte que eres hija de un valiente.

Que eres un alma fuerte.

Yo quiero hacerte fortísima.

Compadezco las debilidades en las otras;

porque han sido siempre mujeres mansas y tímidas, incluyendo a tu hermana.

En ti no lo soporto.

Te forjaré con el fuego y en el yunque.

Para que estés tan templada… 

 Que no eches a perder el milagro de tu voluntad y la Mía.

Esto tenlo en cuenta…

Y quien de los presentes o de los ausentes pueda pensar que Yo porque te quiero mucho,;

voy a ser débil contigo.

Te permito que llores por arrepentimiento y por amor.

No por otra cosa. ¿Has entendido?  

Jesús es claro y severo.

María de Mágdala lucha por controlar sus lágrimas y sollozos.

Cae a los pies de Jesús.

Se los besa y los moja con sus lágrimas.  

Postrada en la arena de la playa…

Trata de decir con serenidad:

–     Sí, Señor mío.

Haré lo que quieres.

–     Levántate pues. 

Y mantente serena… 

Se reanuda la marcha…

La comitiva apostólica avanza por la orilla de la playa, bordeando la costa.

Los peregrinos se dirigen a Cesárea.

Cuando el sol declina, brindando un maravilloso espectáculo crepuscular…

El mar parece al rojo vivo, de tanto como refleja, en su calma, el rojo del cielo;

un rojo tan violento, que parece casi irreal:

es como si hubieran vertido sangre en la bóveda del firmamento.

Hace todavía calor, pero el aire del mar lo hace soportable.

Caminan siguiendo la orilla para evitar el ardor del terreno seco.

Continúan caminando a lo largo de la costa.

Llegan a una zona que está llena de gente.

Que pasea a la luz de las antorchas o linternas que portan esclavos…

Y que respira el aire y la brisa que viene del mar.

Un gran consuelo para los pulmones cansados del bochorno estival.

La larga playa parece un salón vastísimo lleno de ricos paseantes a la hora más social.

Pasar por ahí significa que lo desmenucen a uno completamente.

Y sin embargo, Jesús pasa por allí…

Siguen a lo largo de la playa, sin importarle que lo vean; que hablen de Él; que se rían…

Lidia la seguidora romana, está sentada en una silla plegadiza a la orilla de la vía.

Cuando lo ve…

Se pone de pie y pregunta:

–      ¡Maestro!

¿Tú aquí? ¿A esta hora?

Jesús contesta:

–       Se me ha hecho tarde en busca de alojamiento.

La amiga romana señala una hermosa villa, detrás de ella.  

Y dice titubeante:

–      Te diría que aquí está mi casa.   

Pero no sé si…  

Jesús responde: 

–       No.

Te lo agradezco.

Vienen conmigo muchas personas y dos de ellas ya se adelantaron a donde vamos a llegar.

Buenas noches, Lidia.

–    Adiós, Maestro.

Jesús sigue adelante.

Y los ojos de Lidia recorren las caras de las mujeres…

Al punto descubre a Magdalena.

Y exclama:

–     ¡María!

¿Tú? Pero… 

¿Entonces es verdad?

En los ojos de María hay una mirada de cierva acorralada.

Una mirada llena de tormento.

Y tiene razón, porque no solo a Lidia debe hacer frente;

sino a muchos que la están mirando

Pero también ella mira a Jesús y cobra fuerzas.

Respira hondo sonríe…

Y dice con firmeza:

–     Es verdad.

–     Entonces…

¡Te hemos perdido!

–    No.

Me habéis encontrado.

Por lo menos espero volver a encontrarte algún día y con una amistad…

Mejor en el camino que por fin encontré.

Dilo a todos los que me conocen, te lo ruego.

Hasta la vista Lidia.

Olvida todo el mal que me viste hacer.

Te ruego que me perdones…

–     Pero María,

¿Por qué te envileces?

Hemos vivido la misma vida de ricas desvergonzadas y no hay…  

Magdalena la interrumpe:

–      No.

Llevé una vida peor.

Pero he salido de ella y para siempre.

–     Dime la verdad,

¿Estás verdaderamente convencida?

–     Convencida no.

Feliz de ser discípula.

Sólo una cosa lamento y es no haber conocido antes la   Luz.

Y también haber comido fango en lugar de haberme alimentado de Ella.

Hasta la vista, Lidia.

La respuesta suena clara en el silencio que rodea a las dos mujeres.

Ninguno de los presentes se atreve a decir nada.

María se vuelve rápida…

Y trata de alcanzar al Maestro.

Pero un joven romano, se le para por delante.  

Trata de abrazarla, y dice: 

–     ¿Es tu última locura?

Pero como está medio borracho, no lo consigue.

Y María se le escapa,

gritándole:

–      No.

Es mi única sabiduría.

Alcanza a sus compañeras que van cubiertas con sus velos como si fueran mahometanas.

Martha le pregunta:

–       María, ¿Has sufrido mucho?

–       No.

Tiene razón el Maestro.

Ya no sufriré más por esto.

No vale la pena.

Y siguen su camino.

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241 LA TÚNICA PÚRPURA


241 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La gente de Sicaminón, movida por la curiosidad de ver, en espera del Maestro, ha estado asediando todo el día el lugar en que están asentados los discípulos.

Jesús ya tiene un par de días ausente, con todos los discípulos y… 

Las discípulas mientras tanto, no han perdido el tiempo;

se han dedicado a lavar la ropa, polvorienta y sudada.

Así pues, en la pequeña playa hay toda una alegre exposición de ropa secándose al viento y al sol.

Ahora, que está cercano el atardecer.

Y con él se percibe ya la humedad salobreña, del pequeño lugar donde se hospedan; 

se apresuran a recoger la ropa, aunque esté todavía un poco húmeda.

Y a sacudirla y estirarla en todas las direcciones antes de doblarla;

para que los respectivos propietarios la encuentren bien ordenada.

María de Alfeo.

dice: 

–       Vamos a llevarle a María enseguida su ropa. 

¡Ha estado muy sacrificada ayer y hoy en ese cuartito sin aire!…».

Y desde que se fueron María de Magdala, propietaria de un solo vestido, que además es prestado;

ha tenido que estar escondida hasta que estuviera seco.

Susana responde:

–       ¡Menos mal que no se queja nunca!

No pensaba que fuera tan buena y paciente.  

Salomé:

–      Y tan humilde, debes decir.  

La Virgen:

–       Y reservada. ¡Pobre hija!

¡Verdaderamente era el diablo el que la atormentaba!

Una vez que mi Jesús la ha librado, ha vuelto a ser ella como sin duda era de niña.

Y hablando entre ellas vuelven a casa a llevar la ropa lavada.

Entretanto en la cocina, Marta trabaja en preparar las viandas.

La Virgen está limpiando las verduras en una olla de cobre y poniéndolas a hervir para la cena.

Entregándole el vestido de Magdalena a Martha,

Susana dice:

–       Aquí está.

Todo ya seco, limpio y doblado.

Hacía falta.

Ve donde María y dale su ropa

Pasa un rato y las dos hermanas vuelven juntas.   

Martha:

–      Gracias a las dos.

Magdalena sonriendo,

dice:

–      El sacrificio del vestido sin cambiar desde hace días… 

Me era el más penoso.

Ahora me siento toda fresca.  

Martha le aconseja:

–       Sal afuera a sentarte.

Esta haciendo un agradable viento y te vendrá muy bien después de tanto tiempo encerrada. 

Marta, la cual, siendo menos alta y de formas menos esculturales que su hermana;

ha podido ponerse un vestido de Susana o de  María de Alfeo mientras su ropa se lavaba.

Magdalena dice:

–       Esta vez se ha hecho así.

Pero para el futuro nos haremos nuestra pequeña alforja como las demás y no tendremos esta incomodidad. 

María de Alfeo:

–      ¿Cómo?

¿Tienes intención de seguirlo como nosotras?

–       Por supuesto.

A menos que Él me ordene lo contrario.

Ahora voy a la orilla del mar a ver si vienen.

¿Vuelven esta tarde?  

La Virgen responde:

–       Eso espero. 

Estoy preocupada porque ha ido a Fenicia.

Pero pienso que está con los apóstoles. 

Y también que los fenicios quizás son mejores que otros muchos.

Pero querría que volviera, incluso por la gente que lo está esperando.

Cuando he ido a la fuente, una mujer me detuvo para decirme: 

“¿Estás con el Maestro galileo, al que llaman el Mesías?

Ven entonces y mira cómo está mi hijo.

Hace un año que le atormenta la fiebre”.

He entrado en una casita.

¡Pobre criatura! ¡Parecía una florecilla agonizante!

Se lo diré a Jesús.  

Martha añade:

–       Hay otros también que piden igualmente la curación.

Más curación que enseñanza.

La Mamá responde:

–       El hombre difícilmente es todo espiritual.

Siente con mayor fuerza la llamada de la carne y sus necesidades.

–       Pero muchos…

Después del milagro, nacen a la vida del espíritu.

–       Sí, Marta.

Y ese también es un motivo por el que mi Hijo hace tantos milagros.

Por bondad hacia el hombre, pero también para atraerlo, con ese medio, a este camino suyo…

Que, si no, demasiados no lo seguirían.  

Magdalena se va a su mirador para ver si vuelven las barcas…

Juan de Endor por su mala salud, no acompañó a los apóstoles y con él, vienen muchos discípulos;

acercándose a sus respectivas casas

Casi al mismo tiempo, regresa la Magdalena,

diciendo:

–       Están llegando.

Son las cinco barcas que zarparon al alba de ayer.

Las he reconocido muy bien. 

María de Alfeo recoge unas ánforas y sale,

diciendo:

–       Estarán cansados y sedientos.

Voy por más agua.

La fuente es muy fresca.

La Virgen invita:

–       Venid…

Vamos a recibir a Jesús. 

Y sale con la Magdalena y Juan de Endor.

Porque Marta y Susana se quedan trabajando en los fuegos,

rojas y muy ocupadas de ultimar la cena.  

Llegan hasta el pequeño espigón, donde pueden observar el movimiento marítimo de la zona.

Porque costeando la orilla, donde ya otros barcos de pesca, están detenidos,

atracados en uno de los muelles pequeños, que están a lo largo de las entradas al  puerto de la ciudad de Sidón  

Los tres que están esperando a los viajeros, muy atentos en el pequeño muro frente al Mar…

Desde su punta se ve bien todo el golfo, así como la ciudad de que recibe el nombre.

Mientras tanto las barcas, se ven a lo lejos, cómo están regresando.

Y se ven también las cinco barcas que avanzan ligeras, un poco inclinadas por la veloz marcha.

Con la vela bien tirante debido a un ligero viento boreal que favorece a las barcas…

Y alivia a los hombres fatigados por el calor estival   

Juan de Endor,

comenta:

–       Mirad qué bien se manejan Simón y los otros.

Siguen que es una maravilla la barca del guía.

Fijaos, ya han sobrepasado la rompiente;

ahora se internan hacia mar abierto;

para rodear la corriente, que es fuerte en ese punto.

Fijaos…

Ahora va todo bien.

Dentro de poco estarán aquí.

En efecto, las barcas se van acercando cada vez más…

Y ya se puede ver a los que navegan en ellas.

Jesús viene en la primera, junto con Isaac.

Se ha puesto en pie y su alta estatura se manifiesta en toda su majestuosidad,

hasta que la vela al arriarla, lo esconde durante unos minutos.

Dado que la barca virando, pasa de proa a costado, para entrar y ponerse al amparo del muelle,

pasando así frente a los que los esperan y saludan con la mano, desde encima del espigón..

Jesús los  saluda con una sonrisa…

Y ellos empiezan a caminar apresurados, para llegar al punto de arribo cuando la barca se detenga.  

Cuando Jesús pone pie en el andén…

María lo saluda,

diciendo:

–      ¡Dios te bendiga, Hijo!  

Jesús responde:

–      Dios te bendiga, Mamá.

¿Has estado preocupada?

En Sidón no encontramos a quien buscábamos, así que hemos ido hasta Tiro.

Allí hemos encontrado a este jovencito, amigo de nuestro Juan y nuevo discípulo. 

Volviéndose, lo llama:

–       Ven, Hermasteo…

Y presentándolo, agrega:

–       Mira, Juan…

Este joven quiere ser adoctrinado.

Te le confío.

Juan de Endor,

responde emocionado:

–      Lo adoctrinaré sobre tu palabra. 

No te defraudaré.

¡Gracias, Maestro!

Hay muchos que te están esperando. 

La Virgen añade:

–       Hay también un pobre niño enfermo,

Hijo mío. La madre te espera ansiosa.

–       Voy enseguida a verla. 

Juan de Endor interviene:

–     Sé quién es, Maestro.

Te acompaño. Ven, Hermasteo;

así empezarás a conocer la bondad infinita de nuestro Señor –

Bajan: de la segunda barca, Pedro;

de la tercera, Santiago;

de la cuarta, Andrés;

de la quinta, Juan. 

!Los cuatro pilotos navegantes!

Seguidos luego por los otros apóstoles o discípulos que venían con ellos.

Ahora todos se agolpan alrededor de Jesús y María.  

Jesús indica:

–       Id a casa.

Vuelvo enseguida.

Preparad, entretanto, lo necesario para la cena.

Y decid a las personas que están esperando que al anochecer hablaré. 

Pedro pregunta:

–       ¿Y si hay enfermos?

–       Primero los curaré.

Incluso antes de la cena, para que puedan regresar a sus casas felices.

Se separan:

Jesús va con el hombre de Endor y Hermasteo hacia la ciudad.

Los demás vuelven por el camino de la playa guijarrosa, narrando todo lo que han visto y oído.

Contentos como niños que regresaran con sus mamás.

También Judas de Keriot está contento.

Enseña todas las limosnas que le han dado los pescadores de púrpura;

sobre todo, un buen taleguillo de la preciosa materia.  

Y dice a María:

–       Esto para el Maestro.

Si no la lleva El, ¿Quién la podría llevar?

Me llamaron aparte y me dijeron: “Tenemos madréporas de valor en la barca.” 

¡Y fíjate! También me dieron una perla.  

dijeron:

“Un verdadero tesoro.

No sé cómo hemos tenido tanta suerte.  

Te las regalamos con mucho gusto para el Maestro.

Ven a verlas”

Fui, dado que me lo habían pedido, mientras el Maestro estaba retirado en una gruta orando.

Eran corales bellísimos

Y una perla… no grande pero sí bonita.

Les dije: “No os privéis de estas cosas.

El Maestro no lleva ninguna joya.

Más bien, dadme un poco de esa púrpura, para embellecer su túnica.

Tenían este montoncito.

Se empeñaron en dármela toda.

Ten, Madre, haz con ella un bonito trabajo, como tú sabes hacer, para nuestro Señor.

¡Pero hazlo!

Si se da cuenta, querrá que se venda para los pobres.

Y queremos verlo vestido como merece;

¿No es verdad?  

Pedro lo apoya:

–       ¡Sí, sí, cierto!

Yo sufro cuando lo veo vestido con esa simplicidad en medio de otros…

Él, que es Rey…

Mientras que ellos son peor que esclavos.

Y todos emperifollados y acicalados.

¡Y lo miran como a un pobre, indigno de ellos!  

Andrés confirma:

–      ¿Te diste cuenta de cómo se reían esos…?

¡’señores‘ de Tiro cuando nos estábamos despidiendo de los pescadores?  

Santiago de Zebedeo añade:

–       Les dije:

“¡Os debería dar vergüenza ¿Perros! que es lo que sois!

ÉL vale más un hilo de su túnica blanca, que no todos vuestras joyas y vestiduras ostentosas” 

Tadeo  agrega:

–       Yo quisiera…

Dado que le han dado esto a Judas; 

que lo preparases para los Tabernáculos. 

Mientras la Virgen toca las séricas hebras, esponjosas;

de regio y espléndido color.  

María responde admirándolas:

–       Nunca he hilado con la púrpura.

Pero lo intentaré, a ver si soy capaz. 

 Magdalena da su opinión conocedora en cosas finas y bellas,

diciendo: 

–      La que fue mi nodriza es experta en esto.

La encontraremos en Cesárea.

Te enseñará.

Aprenderás enseguida porque tú sabes hacer todo bien.

Yo haría una cenefa para el cuello, para las bocamangas y para la parte baja de la túnica:

púrpura sobre lino o lana blanquísimos, con palmas y rosetones, como los de los mármoles del Santo.

Y con el nudo de David en el centro.

Estaría muy bien y se le verá perfecto. 

Marta agrega:

–       Nuestra madre hizo ese dibujo.

Por lo bonito que era, en la túnica destinada a Lázaro; 

para el viaje de toma de posesión de sus tierras de Siria.

Lo he conservado porque fue la última labor de nuestra madre.

Te lo mandaré.  

María responde:

–       Lo haré orando por vuestra madre.

En esto, han llegado ya a las casas.

Los apóstoles se reparten para reunir a los que esperan al Maestro,

especialmente a los enfermos…

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239 EL DISCÍPULO VÍCTIMA


239 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

250 Juan de Endor es alma víctima

Se levanta también Juan de Endor,

el cual ha estado siempre tomando apuntes mientras Jesús hablaba,

exponiéndose al calor abrasador del fuego para poder ver lo que escribía.

Pero Jesús lo para y le dice:

–   Quédate un poco con tu Maestro.

Y lo tiene junto a Sí hasta que todos terminan de marcharse.

–      Vamos hasta aquella peña que está a la orilla del mar.

La Luna cada vez está más alta.

Se ve el camino.

Juan acepta sin decir palabra…

Se alejan de las casas aproximadamente unos doscientos metros.

Se sientan encima de una voluminosa peña (no sé si se trata de un resto de un espigón, o de la extrema punta de un arrecife sumergido en el mar;

o, tal vez, pertenece a las ruinas de alguna casucha semi-sumida por las aguas, que quizás con el paso de los siglos han penetrado tierra adentro).

Sí sé que, mientras desde la pequeña playa se puede subir, apoyando el pie en entrantes y salientes de la piedra, que hacen de peldaños,

desde la parte del mar la pared desciende casi recta para hundirse en el agua verde-clara.

Es más ahora por la marea, está  semi-circundada por el agua, que borbotea y azota ligeramente este obstáculo,

para huir luego con un sonido de enorme aspiración, y luego calla un momento, para volver de nuevo, con movimiento y sonido regulares,

hecho de golpes y de aspiraciones y silencios como una música sincopada.

Se sientan en el punto más alto de este volumen azotado por el mar.

La Luna dibuja sobre las aguas un camino de plata…

Y da un color azul oscurísimo al mar, que antes de que ella saliera no era sino una extensión negruzca,

en el negro de la noche. 

Jesús pregunta:

–      Juan,

¿No le dices a tu Maestro la razón por la que sufre tu cuerpo?

Juan responde:

–     Ya la conoces, Señor.

De todas formas, no digas “sufre”, di “se consume”; es más exacto,

Y Tú lo sabes, como también sabes que se consume con gozo.

Gracias, Señor.

Me he reconocido yo también en el barro que se hace llama.

Pero no voy a tener tiempo de encender las piedras.

Mi Señor, moriré pronto.

Demasiado he sufrido por el odio del mundo

demasiado exulto de júbilo por el amor de Dios.

Pero no añoro la vida.

Aquí podría pecar todavía, podría fallar en la misión a que nos destinas.

Ya dos veces he fallado en mi vida:

en mi misión de maestro, porque en ella habría debido saber encontrar de qué formarme a mí mismo.

Y sin embargo, no me formé.

En mi misión de marido, porque no supe formar a mi mujer.

Lógicamente: si no había sabido formarme a mí mismo, menos podía saber formarla a ella.

Podría fallar también en mi misión como discípulo…

Y a Tí no quiero fallarte.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

¡Bendita sea, por tanto, la muerte, si viene a llevarme a donde no se puede ya pecar!

Si bien mi destino no será el de discípulo-maestro, tendré el de discípulo-víctima,

el que más asemeja al tuyo.

Lo has dicho esta misma noche:

“Consumiéndose primero ellos mismos”.

–     Juan,

¿Es un destino que sufres o es un ofrecimiento tuyo?

–      Es un ofrecimiento.

Si Dios no rechaza el barro hecho fuego.

–      Juan, haces muchas penitencias.

Jesús con el amor de fusión, nos une a Él para participarnos la Vida y  al hacernos corredentores nos comunica su Semejanza y nuestra alma se recrea…

–      Las hacen los santos,

Tú el primero.

Es justo que las haga quien tanto debe pagar.

Pero… quizás es que las mías no las ves gratas a Dios…

¿Me las prohíbes?

Nosotros podemos ofrecer los sufrimientos que ya estamos viviendo en la Gran Tribulación que ya comenzó; 

como penitencia, mortificación, dolor redentor, reparación, consuelo para nuestro ABBA y… 

ESTO ES LO QUE HACE PODEROSÍSIMA NUESTRA INTERCESIÓN

Y devastadora para el Infierno entero… 

–     No pongo jamás obstáculo a las buenas aspiraciones de un alma enamorada.

He venido a predicar, con los hechos, que en el sufrimiento hay expiación y en el dolor redención.

No puedo contradecirme. 

Quienes mueren en la Cruz, ¡Resucitan AHORA MISMO en el Cielo! Y empezamos a relacionarnos personalmente con ABBA…

–      Gracias, Señor.

Será mi misión.

–     ¿Qué escribías, Juan?

–      ¡Oh, Maestro!

A veces el viejo Félix emerge todavía con sus costumbres de maestro.

Pienso en Margziam.

Tiene toda una vida para predicarte.

Y por su edad, no está presente en tus predicaciones.

He pensado tomar nota de algunas enseñanzas con que nos has adoctrinado y que el niño no ha oído.

O por estar en sus juegos o por estar lejos con uno de nosotros.

¡Hasta en las más mínimas palabras tuyas hay mucha sabiduría! 

Tus conversaciones familiares son ya de por sí adoctrinamiento.

precisamente en las cosas de cada día, de cada hombre;

en esas cosas mínimas, que en el fondo son las más grandes de la vida.

Porque acumulándose, forman una gran suma…

que exige paciencia, constancia, resignación, si se quiere llevar con santidad.

Es más fácil realizar un grande pero único acto heroico;

que no millares de pequeñas cosas que exijan una constante presencia de virtud.

No obstante, no se llega al acto grande, tanto en el mal como en el bien;

yo lo sé por lo que se refiere al mal;

si no se va largamente acumulando actos pequeños, aparentemente insignificantes.

Yo empecé a matar cuando, cansado de la frivolidad de mi mujer;

le lancé la primera mirada de desprecio.

Para Margziam he anotado tus pequeñas lecciones.

Y esta noche he sentido el deseo de anotar tu gran lección.

Dejaré este trabajo mío al niño, para que se acuerde de mí, el viejo maestro.

Y para que tenga aquello que de otro modo no tendría.

Su espléndido tesoro.

Tus palabras.

¿Me das permiso?

–     Sí, Juan.

Pero está en paz en todo, como este mar. ¿Ves

Para ti sería demasiado abrasador el caminar bajo el ardor del sol,

Y la vida apostólica es verdaderamente ardor.

Has luchado mucho en tu vida.

Ahora Dios te convoca a su Presencia, en este plácido radiar de luna que todo calma y hace puro.

Camina bajo la dulzura de Dios.

Te digo que Dios está contento de ti.

Juan de Endor toma la mano de Jesús, la besa y musita:

–       Pero también habría sido hermoso decirle al mundo:

“¡Acércate a Jesús!”.

–       Lo dirás desde el Paraíso

Tú serás también un espejo reflector de la Llama de Dios.

Vamos, Juan.

Quisiera leer lo que has escrito.

–      Aquí está, Señor.

Y mañana te doy el otro rollo en que he anotado las otras palabras.

Bajan de su escollo.

Y en medio de una esplendorosísima, dilatada luz blanca de luna;

que ha transformado en plata la grava de la orilla, vuelven a las casas.

Se saludan:

Juan, arrodillándose;

Jesús, bendiciéndolo con la mano puesta sobre su cabeza.

Y dándole su paz.

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229 EL APÓSTOL DE LA LUZ


229 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El grupo va caminando por una cañada que hay entre dos colinas verdes y muy bien cultivadas, desde abajo hasta la cima. 

Van todos avanzando por frescos atajos que conducen a Nazareth.

Las abruptas laderas de las colinas galileas, de tanto como la reciente tormenta las ha lavado…

Y junto con el rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol mañanero

Parecen creadas esa misma mañana, frenesí rutilante bajo los primeros rayos del sol.

El ambiente está tan puro y radiante; 

que pone de manifiesto hasta los más mínimos detalles, de los montes más o menos cercanos;

produciendo una  sensación de ligereza y lozanía.   

El rocío las conserva brillantes y frescas, al contacto con el sol mañanero

Todos admiran el paisaje imitando a Jesús.

Solo María Magdalena recorre con sus ojos indagadores la cresta de los montes, como si no encontrase un lugar

Así llegan al picacho de un monte.

La vista se deleita en un pedazo de lago, bellísimo en esta luz matutina.

Todos, imitando a Jesús observan con admiración.

Pero María de Mágdala pronto desvía de ese punto la mirada y busca algo en otra dirección.

Sus ojos se posan sobre las crestas montanas situadas al noroeste del lugar donde se encuentra;

pero parece que no encuentra lo que busca.  

Susana, que también va con ella,

le dice:

–     ¿Qué buscas?

Magdalena contesta:

–      Quisiera reconocer el monte, en donde encontré al Maestro.

–       Pregúntaselo.

Obviamente Magdalena se refiere al Monte de las Bienaventuranzas…

Que se encuentra entre el montón de colinas que se agrupan a lo lejos.

Martha dice:

–    ¡Oh!…

No es necesario que lo perturbes.

Mira, ahora está hablando con Judas de Keriot.

Haciendo gestos muy expresivos con la mirada,

Susana cuchichea:

–    ¡Vaya!…

 ¡Qué clase de hombre es ese!….

Y sin que agregue nada más, se entiende lo que quiere decir. 

En ese preciso momento… 

Finalmente después de un examen panorámico más minucioso, 

Magdalena se vuelve hacia sus compañeras.

Mirando hacia los lagos y el Valle del Jordán, les señala un punto específico…

Y les dice: 

–     El monte es aquel, ciertamente…

No está por este camino; pero nunca olvidaré esa mañana.

¡Estaba fascinada con Él y cegada por Satanás…

Sólo me importaba el Hombre y no respeté su Divinidad…

Había decidido conquistarlo!…Era un día como éste, con tantas flores y tanta gente…

¡Sí! Algún día te llevaré allí, Martha.  

¡Allí comenzó mi liberación!

¡Oh, Martha!

¡Y tuve la desfachatez de presentarme con un vestido muy pecaminoso!… ¡

Y con unos amigos que…!

No, no puedes sentirte ofendida por las palabras de Judas.

Mueve la cabeza, antes de agregar: 

 –     Tampoco yo puedo ofenderme…

Me las merezco.

Todo me he merecido.

En este sufrimiento está mi expiación.

Todos recuerdan…

Y todos tienen derecho a decirme la verdad.

Yo debo guardar silencio.

¡Oh, si se reflexionara antes de pecar!

Quien me ofende, ahora es mi mejor amigo, porque me ayuda a expiar.

Su hermana un tanto molesta,

replica

–    Pero eso no quita que haya faltado.

Y Martha se vuelve hacia María,

preguntando:

–     Madre,

¿De veras tu Hijo está contento con ese hombre?

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite… Y POR ESO SON TAN CRUELES

La Virgen contesta:

–     Es necesario rogar mucho por él.

Jesús así me lo ha dicho.

Mientras tanto, el grupo ha llegado a cierto punto del trayecto;

donde el Maestro da unas instrucciones específicas… 

Juan se separa de los apóstoles, para ir a ayudar a las mujeres,

en un lugar cuyo recorrido es bastante complicado.

Está escabroso, sembrado mucho más que el sendero, de piedras lisas como esquirlas de pizarra rojiza…

Y de una hierbecilla brillante y dura…

Muy traicioneras para el pie que si no se afirma, con seguridad. 

Y se camina con mucho cuidado, las sandalias resbalan…

Y la caída no sólo sería aparatosa, sino con consecuencias indeseables.

Simón Zelote lo acompaña y los dos apóstoles acuden al rescate. 

Y las discípulas apoyándose en ellos, suben el lugar peligroso.

Simón les dice:

–    Es un poco difícil este atajo.

Pero no tiene polvo, ni hay gente.

Además, es más corto.

María da un profundo suspiro.

Y dice

–    Es fatigoso, sí…

Lo conozco, Simón.

Vine a aquel pueblito que está en mitad de la pendiente…

Y lo recorrí con mis sobrinos, cuando Jesús fue arrojado de Nazareth.

Siempre amoroso y optimista,

Juan comenta:

–     Pero desde aquí es bonito el mundo.

Allí están el Tabor y el Hermón.

Y al norte los montes de Arbela.

Y allá en el fondo el gran Hermón.

¡Qué pena que no se vea el mar como se ve desde el Tabor!

Susana pregunta:

–     ¿Has estado allí, alguna vez?

Juan contesta:

–     Sí, con el Maestro.  

Zelote agrega:

–     Juan, con su amor por el infinito… 

Nos atrajo una gran dicha, porque Jesús allá arriba, habló de Dios…

Y este jovencito, con un arrobamiento como nunca habíamos oído;

nos dio

a todos una gran lección.

Y luego, después de tanto como habíamos recibido; obtuvimos una gran conversión.

Y volviéndose hacia Magdalena, agrega:

–     Lo conocerás tú también María.

Y se fortalecerá tu espíritu aún más de lo que ya lo está.

Encontramos a un hombre endurecido de odio, afeado por los remordimientos.

Y Jesús lo transformó en una persona de la que no dudo en decir, que será un gran discípulo.

Como tú, María.

Porque, cree en la verdad de lo que te digo:

nosotros los pecadores somos más dúctiles a la acción del Bien que nos alcanza,

porque sentimos la necesidad de ser perdonados, incluso por nosotros mismos» 

Magdalena, sonriendo le dice:

–     Es verdad.

Pero eres muy bueno diciendo “nosotros los pecadores“.

Tú has sido un desdichado, no un pecador.

–     Todos lo somos.

Quién más, quién menos.

Y quien cree que lo es menos, es el más;  sujeto a serlo si es que no lo es ya.

Todos lo somos.

Pero son los pecadores más grandes que se convierten, los que saben ser absolutos en el Bien,

como lo fueron en el mal.

–     Tu consolación me conforta.

Siempre has sido un padre para con los hijos de Teófilo.

–     Y como un padre…

Exulto por teneros a los tres como amigos de Jesús.  

–     ¿Dónde encontrasteis a ese discípulo gran pecador?

Juan responde:

–     En Endor, María.

Simón quiere atribuir a mi deseo de ver el mar el mérito de tantas cosas hermosas y buenas.

Pero si Juan el anciano ha venido a Jesús no ha sido por mérito de Juan el necio;

sino por mérito de Judas de Simón… 

Termina sonriendo el hijo de Zebedeo.

Martha pregunta con incertidumbre:

–     ¿Lo convirtió él? 

–     No.

Pero quiso ir a Endor y… 

Zelote comenta:

–     Sí, para ver el antro de la maga…

Judas de Simón es un hombre muy extraño…

Hay que tomarlo como es… ¡En fin!…

Y Juan de Endor nos guió a la caverna.

Luego se quedó con nosotros.  

Y mirando a Juan, agrega:

Pero, hijo mío, el mérito es tuyo de todas formas;

porque sin tu deseo de infinito, no habríamos ido por ese camino y no le habría venido a Judas de Simón,

el deseo de ir averiguar esa extraña cosa.    

Lo que para Simón es extraño, porque es distinto; nosotros lo llamamos satanismo en nuestra actualidad.. 

Para los hebreos era idolatría pura y por lo mismo, prácticamente incomprensible;

porque sus convicciones son contrarias y aman a Dios.

Magdalena, que conoce perfectamente las prácticas religiosas de los adoradores de dioses paganos; 

por su intenso contacto de forma tan continua, tanto con romanos como con griegos:… 

Y se enteró de sus creencias y pensamiento. 

Y esto aunado a su dolorosa experiencia personal con Satanás…

la hace entender perfectamente toda la compleja situación; 

que observa con su inteligencia despierta y bastante vivaz…. 

Suspira profundamente,

y dice:  

–     Me gustaría saber lo que dijo Jesús en el Tabor…

Y también reconocer el monte en que lo vi…  

Zelote responde:

–     El monte es aquel en que ahora parece encenderse un sol, por aquel pequeño estanque; 

usado por los rebaños, porque recoge agua de manantial.

Nosotros estábamos más arriba…

Donde la cima parece abrirse cual largo bidente, que quisiera pinchar las nubes,

para llevarlas a otra parte.

Por lo que respecta al discurso de Jesús…

Creo que Juan te lo puede referir.  

Juan se ruboriza y dice:

–     ¡Simón!

¿Puede acaso un muchacho repetir las palabras de Dios?

–     Un muchacho, no.

Tú, sí. Inténtalo.

Por complacer a tus hermanas y a mí, que te quiero más.

Juan se ruboriza todavía más,

cuando empieza a repetir el discurso de Jesús.

Dijo:

“He aquí la página infinita en que las corrientes escriben la palabra “Creo”.

Pensad en el caos del Universo, antes de que el Creador quisiera ordenar los elementos;

y constituirlos en maravillosa sociedad

que dio a los hombres la Tierra y cuanto contiene.

Y al firmamento los astros y los planetas.

Todo era todavía inexistente.

No existía ni como caos informe, ni como cosa ordenada, que Dios hizo.

Hizo pues primero los elementos que son necesarios, a pesar de que alguna vez parezcan nocivos.

Pero -pensadlo siempre- ni la más diminuta gota de rocío existe, sin su razón buena de ser;

no hay insecto, por pequeño y latoso que sea, que no tenga su razón buena de ser.

Y lo mismo:

No hay monstruosa montaña que escupa fuego e incandescente lapilli de sus entrañas

que no tenga su razón buena de ser.

Y no hay ciclón que exista sin un motivo.

Y no hay – pasando de las cosas a las personas- hecho, llanto, alegría, nacimiento, muerte,

esterilidad o maternidad prolífica, larga vida matrimonial o rápida viudez;

desventura de miseria y de enfermedad, prosperidad de medios y de salud;

que no tenga su razón buena de ser;

aunque no se le presente como tal, a la miopía y soberbia humanas;

que ve o juzga con todas las cataratas y ofuscaciones propias de las cosas imperfectas.

Mas el ojo de Dios ve, el pensamiento ilimitado de Dios sabe.

El secreto para vivir exentos de estériles dudas,

que dan a la jornada terrena nerviosismo, agotamiento, hieles;

está en saber creer que Dios todo lo hace por una razón inteligente y buena;  

Cuando estamos conscientes, de que TODO en la Tierra es pasajero…  

Que NADA nos pertenece realmente,

porque Dios nos lo ha entregado para ADMINISTRARLO…

Y que Dios hace lo que hace por amor…

Porque Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos CRECER espiritualmente...

Su Voluntad permite, las acciones de Satanás en los sucesos de nuestra vida; 

por Amor...

Y no por un estúpido intento de mortificar por mortificar.

Dios ya había creado a los ángeles.

Parte de ellos, por haber querido no creer que fuera bueno,

el nivel de gloria en que Dios los había colocado,,

se rebelaron y con su corazón agostado por la falta de fe en su Señor;

trataron de asaltar el inalcanzable Trono de Dios.

A las armoniosas razones de los ángeles creyentes;

habían opuesto su desacorde, injusto y pesimista pensamiento.

17. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. EZEQUIEL 28

Y el pesimismo, que es falta de fe, 

los hizo pasar de espíritus de luz, a espíritus entenebrecidos.

¡Vivan eternamente, aquellos que tanto en el Cielo como en la Tierra;

saben basar su pensamiento en una premisa de optimismo lleno de luz!

Nunca errarán completamente, aunque los hechos los contradigan.

¡No errarán, al menos por lo que se refiere a su espíritu,

que continuará creyendo, esperando;

amando sobre todo a Dios y al prójimo;

permaneciendo por tanto en Dios, por los siglos de los siglos!

El Paraíso había sido ya liberado de estos orgullosos pesimistas;

“Pues si Dios no perdonó a los Angeles que pecaron, sino que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiados hasta el Juicio. 2 Pedro 2, 4 

que veían negrura incluso en las luminosísimas obras de Dios… 

De la misma forma que en la Tierra,

los pesimistas ven negrura hasta en las más claras y luminosas acciones del Hijo del Hombre.

Y queriendo aislarse dentro de una torre de marfil, pues se creen los únicos perfectos;

se auto-condenan a una oscura prisión que termina en las tinieblas del reino infernal;

el reino de la Negación;

porque el pesimismo es también Negación.

Dios hizo pues, la Creación.

Y, de la misma forma que para comprender el misterio glorioso de nuestro Ser Uno y Trino,

hay que saber creer y ver que desde el principio el Verbo existía y estaba con Dios;

unidos por el Amor perfectísimo que sólo puede ser espirado por Dos que Dios Son…

Siendo Uno…

Así igualmente para ver la Creación como realmente es;

es necesario mirarla con ojos de fe, porque en su ser;

de la misma forma que un hijo lleva el imborrable reflejo de su padre…

La Creación tiene en sí el indeleble reflejo de su Creador.

Veremos entonces que también aquí al principio fueron el cielo y la tierra;

luego fue la luz, que puede ser comparada con el amor, porque la luz es alegría como lo es el amor.

Y la luz es la atmósfera del Paraíso.

Y Dios, incorpóreo Ser, es Luz y es Padre de toda luz intelectiva, afectiva, material, espiritual;

en el Cielo y en la Tierra.

Al principio fueron el cielo y la tierra…

Y les fue dada la luz y por la luz todo fue hecho.

Y de la misma forma que en el Cielo altísimo habían sido separados los espíritus de luz de los de tinieblas;

en la Creación fueron separadas las tinieblas de la luz.

Y se hizo el Día y la Noche:

El primer día de la Creación se había cumplido, con su mañana y su tarde, su mediodía y su media noche.

Y cuando la sonrisa de Dios la luz, pasada la noche volvió la mano de Dios, su poderosa Voluntad,

se extendió sobre la tierra informe y vacía.

Y sobre el cielo por el que vagaban las aguas -uno de los elementos libres en el caos-

y quiso que el firmamento separase el desordenado errar de las aguas entre el cielo y la tierra,

para que fuera entre-cielo que protegiera de los rayos paradisíacos;

contención de las aguas superiores;

para que no cayeran los diluvios sobre la fermentación de metales y átomos,

Y erosionasen y disgregasen lo que Dios estaba reuniendo.

Estaba establecido el orden en el cielo.

El imperativo dado por Dios a las aguas que se extendían sobre la tierra, puso orden en ésta.

Y tuvo origen el mar, con las arenas de las playas como sus límites….

Ahí está.

En él, como en el firmamento, está escrito: “Dios existe”.

Cualquiera que sea la capacidad intelectual de un hombre y su fe;

O SU NO FE, ante esta página; 

en que brilla una partícula de la infinitud que es Dios y en que está testificado su Poder…

 Porque ningún poder humano ni ninguna ordenación natural de elementos pueden repetir,

ni siquiera en mínima medida, un prodigio semejante…

Está obligado a creer.

A CREER no sólo en el poder, sino también en la Bondad del Señor,

que a través de ese mar le da al hombre alimento y caminos, sales saludables.

Y mitiga el sol y da espacio al viento, semillas a las tierras lejanas entre sí;

da voces de tempestades para que llamen a la hormiga que es el hombre hacia el Infinito, su Padre.

Y da la forma de elevarse, contemplando visiones más altas, a más altas esferas.

En la creación todo es testimonio de Dios, mas tres son las cosas que más hablan de Él:

La luz, el firmamento y el mar:

el orden astral y meteorológico, reflejo del Orden divino;

la luz que sólo un Dios podía hacer;

el mar, esa potencia que sólo Dios, tras haberla creado, podía meter en sólidos confines…

Y darle movimiento y voz, sin que por ello, cual turbulento elemento de desorden, dañase a la tierra.

A esta tierra que lo sostiene sobre su superficie.

Penetrad el misterio de la luz que nunca se agota.

Levantad la mirada al firmamento en que ríen estrellas y planetas.

Bajad vuestra mirada hacia el mar.

Ved su verdadera realidad: no es algo que separe;

sino puente entre los pueblos, con los que están en las otras orillas, invisibles, incluso desconocidas;

pero en cuya existencia es necesario creer, por el simple hecho de que existe este mar.

Dios no hace ninguna cosa inútil.

Por tanto, no habría hecho esta infinitud si no tuviera como límite, más allá del horizonte que nos impide la visión,

otras tierras, pobladas por otros hombres, con origen todos ellos en un único Dios,

llevados allá por tempestades y corrientes, por voluntad de Dios, para poblar continentes y regiones.

Este mar trae en sus ondas, en el rumor de sus olas y mareas, invocaciones lejanas;

es elemento de unión, no de separación.

Esta ansia que le produce a Juan una dulce angustia, es la llamada de los hermanos lejanos.

Cuanto más señor de la carne se hace el espíritu;

más es capaz de oír las voces de los espíritus que están unidos, aunque medie separación entre ellos

(como están unidas las ramas nacidas de una única raíz; 

a pesar de que una ya ni siquiera vea a la otra porque un obstáculo se interpone entre ellas).

Mirad el mar con ojos de luz.

Veréis tierras y más tierras extendidas sobre sus playas, en sus confines.

Y, dentro de él, más tierras todavía…

Pues bien, de todas ellas llega un grito: “¡Venid! ¡Traednos esa Luz que poseéis, esa Vida que se os da!

¡Decidle a nuestro corazón esa palabra que ignoramos;

pero que sabemos que es la base del Universo: amor. 

Enseñadnos a leer la palabra que vemos escrita, en las páginas infinitas del firmamento y el mar:

D i o s .

Iluminadnos, porque sentimos que hay una luz aún más verdadera,

que la que arrebola el cielo y hace de pedrería la superficie del mar.

Dad a nuestras tinieblas esa Luz que Dios os ha dado tras haberla engendrado con su amor;

que os ha dado a vosotros, pero para todos,

de la misma forma que se la dio a los astros para que la dieran a la Tierra.

Vosotros sois los astros; nosotros, el polvo.

Pero formadnos, de la misma forma que el Creador creó con el polvo la Tierra,

para que el hombre la poblara y lo adorase, ahora y siempre,

hasta que llegue la hora en que ya no sea Tierra, sino que venga el Reino,

el Reino de la luz, del amor, de la paz, como el Dios Vivo os ha dicho que será.

Porque también nosotros somos hijos de este Dios y pedimos conocer a nuestro Padre”.

Sabed ir por caminos de infinito, sin temores, sin sentimientos de desdén, hacia aquellos que invocan y lloran,

hacia aquellos que os producirán, sí, dolor, porque sienten a Dios pero no saben adorarlo,

pero que os darán también la gloria, porque seréis grandes en la medida en que, poseyendo el amor,

sepáis darlo, conduciendo a la Verdad a los pueblos que esperan”.

Jesús habló así.

Mucho mejor de como lo he dicho yo.

Pero al menos su concepto es éste.   

Zelote:

–     Juan…

Has dado una exacta repetición del Maestro.

Sólo has dejado fuera lo que dijo sobre tu poder de comprender a Dios, por tu generosidad de donarte.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Eres bueno, Juan.

¡El mejor de entre nosotros!

Hemos recorrido la distancia sin darnos cuenta.

Allí está Nazaret, construida sobre su terreno ondulado.

El Maestro nos está mirando y sonríe.

¡Venga, vamos a alcanzarlo para entrar en la ciudad juntos!  

La Virgen dice: 

–     Gracias, Juan.

Por el gran regalo que has dado a la Mamá.

Magdalena: 

–     Yo también te doy las gracias.

También a la pobre María le has abierto horizontes infinitos…  

Cuando se reúnen con Jesús,

les pregunta: 

–     ¿De qué hablabais tanto? 

Zelote responde: 

–     Juan ha repetido tu discurso del Tabor.

Perfectamente.

Y hemos gozado de ello.

–     Me alegro de que mi Madre, cuyo nombre tiene que ver con el mar…

Y cuya caridad es vasta como él, lo haya oído.

–     Hijo mío,

Tú la posees como Hombre.

Y no es nada respecto a tu infinita caridad de Verbo divino.

¡Mi dulce Jesús!

–     Ven, Mamá.

A mi lado; como cuando volvíamos de Caná o de Jerusalén;

cuando era niño, que me llevabas de la mano.

Y se miran con su mirada pletórica de amor. 

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227 DIOS Y HOMBRE VERDADERO


227 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la casa de Caná la fiesta por la venida de Jesús es poco menor que cuanto lo fue por las bodas del milagro.

Faltan los músicos, no están los invitados, la casa no está enguirnaldada de flores y ramos verdes;

no están las mesas para los muchos invitados, ni el maestresala junto a los aparadores.

y las hidrias colmadas de vino.

Pero todo queda ampliamente compensado por el amor…

Ofrecido ahora en su forma y medida justas.

O sea, no a un simple invitado y también un poco pariente, por parte de los familiares de Joaquín y ana;

porque al fin y al cabo es un hombre, con la estirpe principesca del Rey David. 

sino al Invitado Maestro, cuya verdadera Naturaleza Divina se conoce y reconoce…

Y cuya Palabra se venera como parte del Tabernáculo del Santo de los santos.

Por ello los corazones de Caná aman con la totalidad de sí mismos al Gran Amigo que se ha asomado vestido de lino,

a la entrada del huerto, entre el verde de la tierra y el rojo de la puesta de sol,

embelleciendo todas las cosas con su Presencia,

y comunicando su paz: no sólo a los corazones a los que dirige su saludo, sino incluso a las cosas.

Verdaderamente pareciera que se extiende un velo de paz solemne y beato;

doquiera que se dirijan sus ojos azules, refulgentes como zafiros centelleantes.

Pureza y paz manan de sus pupilas, como la sabiduría fluye de su boca y el amor de su corazón.

A los que lean estas páginas quizás les parecerá imposible cuanto digo.

¡Pero Jesús es Dios Encarnado por su Voluntad Trina!

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Y todo lo que estamos compartiendo podrán verificarlo todas las almas víctimas, corredentoras y crucificadas; 

con el uso de los sentidos de su cuerpo espiritual palpitante de la Vida;

compartida por el Señor y Dador de Vida Único y Trino, que nos gobierna y nos Guía...

Pues bien, el propio lugar, que antes de la llegada de Jesús era un lugar corriente,

un lugar de ajetreo que excluye la paz, que se supone exenta de angustioso trajinar… 

Nada más llegar Él, se ennoblece y es como si se transformara..  

Y el propio trabajo adquiere un atractivo, una belleza y armonía ordenados, que se incluyen en la percepción completa; 

por los sentidos espirituales y corporales fusionados con el Amor de coparticipación; 

que nos vuelve “otros pequeños cristos y nos transforma deificándonos.

Y de esta manera con nuestra alma viva;

La fusión con Dios nos proporciona la felicidad embriagadora del Amor Divino…

nuestra mente adquiere una fusión tan maravillosa, que vuelve “real”

la presencia del pensamiento sobrenatural fundido con el trabajo manual.   

Los que ya tienen experiencia en el manejo de su cuerpo espiritual, entenderán mejor lo que digo.

No sé si me explico bien.  

El Espíritu Santo ES un Padre y un Amigo tan incomparable, mientras nos enseña con palabras de su Voz un tanto juvenil…

Con acciones portentosas que muestran con sencillez y admirable camaradería, los Secretos de la Creación…

Y es el PARÁCLITO TAN ADMIRABLE, 

El Maestro tan amoroso, tan cercano a nuestro corazón,

GÉNESIS 18…

¡Qué nunca nos damos cuenta cuándo empezamos a Tutearlo…!

Porque ÉL favorece esta cercanía que CRECE junto con el amor y la ADORACIÓN…

Pues también crece nuestra consciencia de que ÉL, ES QUIÉN ES…  

Y el capítulo 18 del Génesis, cobra una nueva vigencia y su actualidad,

¡Es más increíble y maravillosa!…

Pues Dios ya no es sólo un Amigo con el que podemos regatear intercediendo cómo lo hizo Abraham;

Dios es nuestro ABBA, nuestro Mentor, nuestro Refugio, nuestro Guía, nuestro Amor, nuestro TODO…

Nos sentimos tan seguros de nuestra IDENTIDAD…

QUE NO LE TENEMOS MIEDO A NADA….

¡Sólo a Pecar! 

Gracias Padre por cada marca y cada cicatríz que llevo en mi cuerpo y en mi alma, garantizando que la Lucha no ha sido fácil, pero Tú haz sido mi Fortaleza...

Y aprendemos a DEFENDERNOS Y A ATACAR en tal forma al Infierno Entero…. 

que su única preocupación se convierte, ¡En impedirnos ORAR  a costa de lo que sea!

Porque junto con Mamita María,

¡VERDADERAMENTE ATERRORIZAMOS A SATANÁS!  

Cuando estamos en Presencia de la Trinidad Sacrosanta, es difícil precisar su  apariencia física; 

porque su Personalidad es tan ARROLLADORA,

que nos impulsan a arrodillarnos y postrarnos automáticamente…

Aunque precisando una definición:

El Espíritu Santo, pareciera ser el más joven, alrededor de unos 28 años…   

Jesús con la edad de treinta años,

¡Y tiene el cabello largo bajo los hombros!

No como tratan de representarlo ahora; para que la humanidad lo olvide más fácilmente, 

Es parte de la Persecución, con todas sus tácticas de exterminio…  

El Padre Celestial, es como si fuera un hombre de unos treinta y ocho años,

¡Pero cuando ríe, parece más joven que el Espíritu Santo! 

Y ¡Es Tanta Y Tan MARAVILLOSA SU LUZ!…

Que pareciera que tiene los cabellos blancos…

¡Y por eso lo confunden con un anciano!

Pero eso está totalmente equivocado… 

¡Y los Tres son tan parecidos!…

Definitivamente necesitan conocerLos, para que precisen más esta descripción…

Jesús no se muestra desabrido nunca, ni siquiera en los momentos más desagradables por algún hecho que le haya sucedido.

Se le ve por el contrario, siempre majestuosamente digno y absolutamente regio.

Y comunica esta dignidad sobrenatural al lugar en que se mueve.

Jesús no se muestra nunca jocoso, riéndose a mandíbula batiente,

ni siquiera en los momentos de mayor alegría.   

Lo único que lo delata en este sentido, es el centelleo vibrante de sus ojos…

porque también pareciera reír su bellísima mirada.

Su sonrisa es inimitable.

Ningún pintor podrá jamás representarla.

Parece una luz que emanara de su corazón…

Luz radiante en las horas de mayor alegría por alguna alma que se redime o alguna otra que se acerca más a la perfección.

Es una sonrisa llena de dulzura, amorosa y plena de alegría, cuando aprueba las acciones espontáneas

de sus amigos o discípulos, porque goza de su presencia, de su compañía y su amor radiante así lo manifiesta. 

Una sonrisa llena de ternura y luminosa, cuando se inclina hacia los niños para escucharlos, adoctrinarlos o bendecirlos… 

Plena de compasión, de piedad, cuando observa alguna miseria de la carne o del espíritu…

Absolutamente divina cuando habla del Padre o de su Madre, del reino de los Cielos…

O mira y escucha a la Madre purísima.

Tampoco es quejumbroso, con expresión hipocondríaca o negatividad porque no es pesimista….  

Ni siquiera en los momentos más angustiosos o de mayor desconsuelo.

En medio de las torturas de la traición sufrida; en medio de las angustias del sudor de sangre;

en medio de los espasmos de la Pasión;

en medio del sufrimiento extremo que le ocasionan los pecadores; 

en medio del SUPLICIO que le causan los sacerdotes incrédulos, apóstatas y perversos...

Aunque la tristeza sumerja el fulgor dulcísimo de su maravillosa sonrisa;

no es suficiente para borrar esa paz que parece diadema de paradisíacas gemas,

fúlgida en su frente lisa y que ilumina con su luz toda la divina Persona.

De la misma forma, no puedo decir que lo haya visto alguna vez entregarse a alegrías desmedidas.

Aunque no es contrario a una franca carcajada si el caso lo requiere,

aún así vuelve enseguida a su majestuosa serenidad.

Y cuando ríe rejuvenece prodigiosamente hasta asumir un rostro de joven de veinte años…

Y el mundo parece también rejuvenecer por su hermosa risa, franca, sonora, entonada; llena de júbilo.

Igualmente, no puedo decir que lo haya visto hacer las cosas apresuradamente.

Sea que hable, sea que se mueva, en lo que sea que actúe, lo hace siempre con sosiego;

aunque nunca es lento ni actúa con desgana.

Sea porque siendo alto, puede dar pasos largos sin tener por ello que correr para recorrer mucho camino;

de la misma forma que puede alcanzar con facilidad objetos distantes, sin tener necesidad para ello de elevarse.

Lo cierto es que hasta en su modo de moverse es señorial y majestuoso.

¿Y la Voz?… 

Va a hacer dos años que lo oigo hablar.

Y no obstante, algunas veces casi pierdo el hilo de lo que dice, de tanto como me sumerjo en el estudio de su Voz.

Y el buen Jesús siempre paciente, repite lo que ha dicho y me mira con su sonrisa de Maestro bueno; 

para evitar que los dictados tengan mutilaciones debidas a mi alegría de escuchar su Voz,

deleitándome en ella y estudiando su tono y encanto.

Pero después de dos años, todavía no sé decir con exactitud qué tono tiene.

Excluyo en términos absolutos el tono de bajo, como también el de tenor ligero.

Pero me queda siempre la duda de si se trata de una potente voz de tenor…

O de la voz de un perfecto barítono de gama vocal amplísima.

Yo diría que es esto último, porque su Voz adquiere a veces notas broncíneas, casi apagadas de tan profundas como son;

especialmente cuando habla de tú a tú con un pecador, para restablecerlo en la Gracia.

O señala las desviaciones humanas a las turbas. 

Mientras que, cuando se trata de analizar y poner en el índice las cosas prohibidas…

Y descubrir las hipocresías, el bronce se hace más claro.

Y cuando impone la Verdad y su voluntad, se hace cortante como el impacto de un rayo.

Adquiere canto de lámina de oro golpeada con martillo de cristal, cuando se eleva para celebrar la Misericordia,

para exaltar las obras de Dios…

Y envuelve de amor este timbre cuando habla con su Madre o de su Madre. 

Verdaderamente esta Voz suya entonces queda envuelta en el AMOR, de Dios que es el Amor.

Amor reverencial de Hijo, vibrante de Admiración por la que lo engendró y lo ha guiado como ser humano entre sus creaturas. 

Amor de Dios ¡Jubiloso! cantando las alabanzas de su Obra Maestra, que lo proclama en TODA su Perfección…

Este tono, si bien menos marcado, es el que usa para hablar a sus predilectos, a los convertidos o a los niños.

Y no cansa nunca, ni siquiera en su más largo discurso; porque es una Voz que reviste y completa el pensamiento

y la palabra, poniendo de relieve su potencia o su dulzura, según las necesidades…

Y algunas veces me quedo con la pluma en la mano, escuchando…

Y reacciono cuando va ya demasiado adelantado y me es imposible alcanzarlo o aferrarlo…

Y ahí me quedo, hasta que el buen Jesús lo repite…

Como hace cuando me interrumpen, para enseñarme a soportar pacientemente las cosas o personas molestas. 

Yo en lo personal, fue hasta que conocí la ternura tan delicada, el amor tan embriagador,

la solicitud tan pronta para atendernos…

¡El finísimo sentido del humor y su risa tan maravillosa!… 

que me enamoré PERDIDAMENTE de Yeovhé, (Mi corazón canta tu Nombre)

El Altísimo SEÑOR DEL UNIVERSO…

Nuestro  Santísimo Padre Celestial;

Nuestro ABBA que es ¡Tan dulce y tan TREMENDO, al mismo tiempo!

Por eso el INFIERNO ENTERO, está temblando ante su JUSTICIA...

Porque piensan que autodestruirán a los nuevos sodomitas,

¡Y ellos sólo serán espectadores!…

Aunque espolean a la Humanidad a seguir pecando y, 

 ¡Hacerlo tan atrozmente,

¡Apuñalando el Corazón Divino!

Porque piensan erróneamente, que a ellos, ¡No los alcanzará!!…

Y todos los hijos de la Luz, apóstoles y profetas 

que estamos trabajando al abrigo de nuestra Madrecita santísima,,

podemos comprobar y atestiguamos todas las afirmaciones que hace María Valtorta en este post; 

¡El Amor de los Amores…!

porque cuando estamos trabajando y nos sustrae el arrobamiento que nos produce Dios y todo lo que es suyo;

Jesús con su incomparable sentido del humor y su benditísima paciencia, nos aterriza a lo que estemos haciendo;

cuando dice sonriendo dulcemente:  

“¿Ya podemos continuar o debo repetir lo que acabo de decirte?…”  

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225 ESPINAS INCANDESCENTES


225 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús reanuda la marcha, dirigiéndose hacia la parte occidental de la ciudad.

El viejo romano que ha sido testigo de todo lo sucedido, con los patricios y los fariseos;

desde que decidió seguir a la comitiva apostólica,

cuando salió en defensa de Magdalena;

los alcanza…

Y exclama:

–     ¡Maestro!

Jesús se vuelve y lo mira sin hablar.  

Crispo dice:

–     Te llaman Maestro y yo también te llamo así.

Tenía deseos de oírte hablar.

Soy medio filósofo, medio epicúreo y medio hombre de mundo.

Pero tal vez podrías ayudarme a hacer de mí, un hombre honesto.

Jesús lo mira fijamente,

y le dice:

–     Me voy…

Dejo esta ciudad en que reina la ruindad de la animalidad…

7 lo más bajo de los instintos humanos…

Donde el escarnio manda y es soberana la burla».

Y reanuda su camino.

El hombre lo sigue, va detrás sudoroso, anhelante y con dificultad…

Porque el paso de Jesús es largo, ligero y rápido…

Y él es corpulento, entrado en años y está gravado también por los vicios.  

Pedro, que ha vuelto su cabeza para mirar hacia atrás, se lo advierte a Jesús.

Éste le contesta:

–     Déjalo que camine.

No te preocupes más de él.

Pasados algunos minutos,

Judas de Keriot dice:

–    ¡No está bien!

El romano nos está siguiendo.

Jesús le contesta:

–     ¿Por qué?

¿Por piedad o por otro motivo?

–    ¿Piedad de él? ¡No!

Porque más atrás nos sigue el escriba de antes…

Y viene con otros judíos.

–      Déjalos que hagan lo que quieran.

Pero hubiera sido mejor haber tenido piedad de él y no de ti.

–     Es por ti, Maestro. 

Jesús rebate:

–     No.

Ténla de ti, Judas.

Sé franco en comprender tus sentimientos y en confesarlos.

–     Yo…   

Pedro dice:

–     La verdad es que siento piedad también por el viejo.

Apenas puede caminar detrás de nosotros.

Seguir tu paso es fatigoso, ¿Sabes? 

Pedro lo dice jadeante, sudoroso.  

Jesús responde:

–     Ir tras la Perfección siempre es fatigoso, Simón.

El hombre los sigue sin detenerse.

Trata de acercarse a las mujeres;

pero sin dirigirles la palabra.

Magdalena llora en silencio bajo su velo.

Tomándola de la mano, la Virgen trata de cosolarla,

Y le dice: 

–     No llores, María.

Los primeros días son los más penosos.

Después el mundo te respetará.

–    ¡Oh!

¡No lo siento por mí, sino por Él!

Si le causara algún mal, no me lo perdonaría.

¿Oíste lo que dijo el escriba?

Lo comprometo y lo estoy perjudicando.

–     ¡Pobre hija!

Pero, ¿No sabes que estas palabras silban como serpientes a su alrededor;

aún antes de que tú vinieses a Él?

Simón me contó que lo acusaron de esto el año pasado, porque curó a una leprosa;

que en un tiempo fue pecadora.

¿No sabes que debió huir de Aguas Hermosas, porque una hermana tuya de desgracia;

fue allá para redimirse?

¿Con qué quieres que lo acusen a Él que no tiene pecado?

Con mentiras.

¿Y donde las encuentran?

En la Misión que realiza entre los hombres.

Cualquier cosa que haga mi Hijo, para ellos será siempre culpa.

Si se encerrase en un lugar retirado, sería culpable de no cuidar del Pueblo de Dios.

Desciende al Pueblo y porque lo hace, es Culpable.

Ante sus ojos siempre es Culpable.

–     ¡Son realmente malos, entonces!

–     No.

Obstinadamente no quieren ver la Luz.

Él, mi Jesús, es el Eterno Incomprendido.

Y siempre y cada vez más, lo será.

–     ¿Y no padeces por ello?

Te veo muy serena.

–     Calla.

Es como si mi Corazón estuviera envuelto en espinas incandescentes.

Y a cada respiro suyo, se le clavase una.

Pero que Él no se dé cuenta.

Por eso trato de sostenerlo con mi serenidad.

Cada vez que respiro, sufro sus pinchazos.

¡Pero que no lo sepa!

Me muestro así para sostenerlo con mi serenidad.

Si no lo conforta su Mamá, ¿Dónde podrá hallar alivio mi Jesús?

¿En qué pecho podrá reclinar su cabeza, sin que lo hieran o calumnien por hacerlo?

Bien justo es pues, que pasando por encima de las espinas que ya me laceran el Corazón…

Y de las lágrimas que bebo en las horas de soledad,

Por eso yo extiendo un manto de amor y le envío una sonrisa al precio que sea;

para dejarlo más tranquilo.

Hasta que la ola del Odio llegue a ser tan grande, que ninguna cosa le podrá ayudar…

La Virgen Madre, repite lentamente:

“Una sonrisa, cueste lo que cueste…

Para tranquilizarlo más…  

Tranquilizarlo más hasta…

Hasta cuando LA OLA DEL ODIO SEA TAL, que ya nada le sirva;

ni siquiera el amor de su Mamá…

María tiene dos surcos de llanto en su pálido rostro.

Las dos hermanas la miran conmovidas.

Martha trata de consolarla,

y dice:

–     Pero nos tiene a nosotras, que lo queremos.

Y a los apóstoles…

María confirma: 

–     Os tiene a vosotras, sí.

Tiene a los apóstoles…

Todavía muy por debajo de su misión…

Y mi Dolor es más fuerte aún.., Porque sé que ÉL, no ignora NADA…  

Magdalena la mira muy sorprendida…

Y pregunta:

–     ¿Entonces sabrá también…?

¿Que yo lo quiero obedecer hasta el holocausto, si es necesario? 

–    LO SABE.

LO SABEMOS.

¡TODO el CIELO lo sabe!  

Eres una gran alegría en su duro camino.

¡Y la primera en la Escuadra de los apóstoles y corredentores!

Quienes mueren en la Cruz, ¡Resucitan! La carne se estremece… Pero, el espíritu vive jubiloso…

–     ¡Oh, Madre! 

Y Magdalena toma la mano de María con visible afecto…

Y la besa con adoración… 

Han llegado a los límites de la ciudad de Tiberíades…

Más allá está el camino polvoriento que conduce a Caná…

Entre huertos de árboles frutales por un lado…

Y por el otro lado, una serie de prados y campos agostados por el verano.

Jesús penetra en uno y se detiene a la sombra de los árboles de tupido follaje.

Los demás lo siguen… 

Es como si mi Corazón estuviera envuelto en espinas incandescentes.

María Valtorta entre otras cosas, explica que…

De la misma forma que es verdad que María, por ser Inmaculada hubiera debido quedar exenta del dolor;

así como quedó exenta de la corrupción de la muerte, es también verdad que como Corredentora

debió padecer, en su corazón y espíritu inmaculados;

cuanto su Hijo padeció en la carne, en el corazón y espíritu santísimos.

Es más, precisamente por la plenitud que había en El, de todos los dones divinos,

comprendió que sus privilegiadas y “únicas” condiciones de Inmaculada y de Madre de Dios;

le fueron concedidas en previsión de la Pasión del Redentor

y que, por tanto, esta especialísima condición suya de gloria,

segunda sólo respecto a la infinita gloria de Dios;

le había sido dada a precio del Sacrificio del Hijo de Dios y suyo,

del derramamiento total de esa Sangre divina y de la inmolación de esa Carne divina;

que se habían formado en su seno virginal, con su sangre virginal ,

y que habían sido nutridos con su leche virginal.

También el conocer esto era causa de dolor.

Un dolor que se fundía con el gozo,  tan vasto y profundo como el dolor.

 Y no sólo eso, sino que, también por la plenitud que había en Ella de los dones divinos,

María conoció anticipadamente, contemporáneamente e intelectivamente

TODO el complejo sufrimiento de su Hijo.

Sobre su alma de Inmaculada, llena de la Luz de Dios;

se proyectó siempre la sombra dolorosa de la Cruz

y de todas las luchas y obstáculos que precederían a la Pasión y afligirían su Jesús.

 

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204 APÓSTOL DEL AMOR


204 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

La comitiva apostólica sufre un cambio en su séquito.

Ya no viene más el macho cabrío.

Y en su lugar vienen trotando una oveja y dos corderillos.

La oveja está gorda; las ubres llenas y los corderitos alegres.

Un minúsculo rebaño que, por su aspecto menos mágico que la negrísima cabra, da más alegría a todos.

Jesús dice:

–    Os había dicho que quería la cabrita para Margziam.

Para que fuese un pequeño pastor feliz..

En vez de la cabrita, dado que no queréis saber nada de cabras, han venido ovejas.

Y además blancas, exactamente como Pedro las soñaba.

Pero en lugar de ella; porque a vosotros no os gustaba, tenemos ovejas blancas…

¡Eh! Tal cual la soñaba Pedro…

Pedro confirma:

–    Tienes razón.

Me parecía que el macho cabrío nos arrastraba en pos de Belcebú.

Judas dice irritado:

–    Y de hecho…

Desde que estuvo con nosotros, nos pasaron cosas muy desagradables.

Era el sortilegio que nos perseguía.

Juan contesta calmadamente:

–    Entonces era un buen sortilegio. ¿No?

Nada malo nos sucedió.

Todos desaprueban, como recriminándolo por su ceguera:

–     ¿Pero no has visto cómo se han burlado de nosotros en Modín?

–     ¿Te parece nada la caída de mi hermano?…

–     Pues se podía haber hecho daño de verdad…

–     Y si se hubiera roto las piernas o la columna… 

–    ¿Cómo nos las hubiéramos arreglado para transportarlo?;

–    ¿Te ha parecido bonito el entreacto de ayer?

Juan dice: 

–    He visto todo.

Todo lo he considerado. Y he bendecido al Señor porque no nos ha sucedido nada malo.

El mal ha venido hacia nosotros, pero luego se ha alejado, como siempre.

El encuentro con el mal ha servido para dejar la simiente del bien, tanto en Modín como con los viñadores; 

que vinieron inmediatamente con la certeza de encontrar una persona al menos herida; 

arrepentidos por haberse comportado sin caridad, hasta el punto de que quisieron reparar el mal de alguna forma.

Y también con los ladrones de ayer noche, que no han hecho ningún mal.

Además, hemos ganado – bueno, Pedro nos ha conseguido

las ovejas a cambio del macho cabrío y como regalo por haber salido ilesos.

Por si fuera poco, ahora tenemos mucho dinero para los pobres:

Las bolsas que nos han dado los mercaderes y las ofrendas de las mujeres.

Además todos – y es lo que más valor tiene – han recibido la palabra de Jesús.

Zelote ratifica:

–   Juan tiene razón.

Tadeo agrega:

–    Parece que todo lo que hubiese sido malo se convirtió en un bien.

Voltea hacia Jesús,

y agrega:

–    Hermano, dime la verdad.

¿Tú sabías lo que nos iba a suceder?

«Da la impresión de que todo suceda por una clara cognición de las cosas venideras.

¡Mira que encontrarnos precisamente allí, con retraso por causa de mi caída,

junto a aquellas mujeres enjoyadas!

¡Con esos pastores de gordos rebaños, con esos mercaderes repletos de dinero!…

Todos ellos magníficas presas para los ladrones.

Hermano, dime la verdad, ¿Sabías que iba a suceder lo que ha sucedido? 

Jesús contesta:

–     Muchas veces os he dicho que leo en los corazones.

Y que cuando el Padre no dispone de otro modo; no ignoro lo que debe suceder.

Judas de Keriot le pregunta:

–    Entonces, ¿Por qué a veces cometes errores, como los de ir al encuentro de fariseos que son hostiles o de ciudadanos que no nos quieren?

Jesús lo mira fijamente, por unos segundos…

Y luego responde con calma:

–     No son errores.

Es algo inherente a mi misión.

Los enfermos tienen necesidad del Médico y los ignorantes del Maestro.

Algunas veces, unos y otros rechazan al Médico y al Maestro

Pero éstos, si son buenos médicos y buenos maestros,

siguen yendo a quienes los rechazan, porque es su deber…

Vosotros querríais que donde me presente se desvanezca toda resistencia.

Lo podría hacer. Pero no hago violencia a nadie.

Persuado.

La coacción se usa tan solo en casos muy excepcionales.

Y sólo cuando el espíritu iluminado por Dios; 

comprende que tal gesto puede servir para persuadir de que Dios existe y es el más fuerte.

O también en casos de salvación múltiple.

Pedro pregunta:

–   ¿Cómo ayer noche?

Judas de Keriot dice con significativo desprecio:

–     Los ladrones de anoche tuvieron miedo al vernos bien despiertos para recibirlos. 

Tomás objeta: 

–    No.

Las palabras los persuadieron.  

Felipe comenta: 

–    ¡Sí! ¡Estás listo!

¡Como si fueran tiernas almas que se dejan persuadir por dos palabras, aunque sean de Jesús!

¡Bien presente tengo aquella vez que nos asaltaron a toda mi familia, a mí…

y a muchos de Betsaida en el desfiladero de Adomín! 

Santiago de Zebedeo, pregunta:

–    Maestro, dime la verdad.

Desde ayer te lo quería preguntar.

¿Fueron en verdad tus palabras o tu voluntad, lo que hizo que no sucediera nada?

Jesús sonríe y calla.

Mateo responde:

–    Yo creo que fue su voluntad…

La que venció la dureza de esos corazones, para paralizarlos y así poder hablarles y salvarlos.

Andrés dice:

–    Yo también soy de esa opinión.

Por eso se quedó allí solo, mirando al bosque.

Los tenía subyugados con su mirada, con su confianza en ellos, sereno e inerme.

¡No tenía ni siquiera una estaca!… 

Pedro dice: 

–    Bien, de acuerdo. 

 Pero todas estas cosas es lo que decimos nosotros, son ideas nuestras.

Yo lo quiero saber del Maestro. 

Entonces se enciende un vivo debate, que Jesús permite; 

entre Bartolomé quien piensa que, habiendo declarado Jesús que no fuerza a nadie;

no habrá aplicado la violencia tampoco con estos ladrones,.

Y por otra parte Judas apoyado moderadamente por Tomás,

que dice que no puede creer que la mirada de un hombre tenga tanto poder.

Todos se muestran tenaces en su propia tesis, de forma que se elevan “síes” y “noes” discrepantes, violentos.

Juan, como Jesús, guarda silencio, sonríe con la cabeza inclinada (lo hace para disimular su sonrisa).

Pedro vuelve al asalto, porque ninguna de las razones de los compañeros lo convence.

Piensa que la mirada de Jesús es distinta que la de los otros hombres;

pero quiere saber si es por ser Jesús, el Mesías, o por ser Dios.

Iscariote apoyado ligeramente por Tomás,

dice:

–    No puedo creer que la mirada de un hombre tenga tanta fuerza.  

Mateo replica:

–  Esto y algo más.

Yo me convertí al contacto, primero de su mirada que de sus palabras.

Pedro dice:

–     ¡Está bien!

Pero esto lo decimos nosotros.

Son ideas nuestras.

Quiero saberlo del Maestro.

La mirada de Jesús es diferente a la de cualquier hombre.

Y pregunta: 

¿Es porque eres el Mesías?

O ¿Por qué eres siempre Dios? 

Jesús toma la palabra:

–    En verdad os digo que no solo Yo;

Sino cualquiera que esté unido íntimamente a Dios con una santidad, una pureza, una fe sin tacha;

podrá hacer esto y mucho más.

La mirada de un niño, si su espíritu está unido a Dios;

puede hacer que se desplomen los templos sin necesidad de imprimir ninguna sacudida como lo hizo Sansón;

puede ordenar la mansedumbre a las fieras y a los hombres-fiera;

rechazar la muerte, domeñar las enfermedades del espíritu.

De la misma forma, la palabra de un alma víctima corredentora,

fundida con el Señor e instrumento del Señor;

puede curar enfermedades, quitar el veneno a las serpientes, obrar cualquier milagro.

Porque Dios obra en él.Lo mismo que los hombres fieras, rechazar la muerte, derrotar las enfermedades del espíritu.

Pedro exclama:

–     ¡Ah! ¡He entendido!

Mira fijamente a Juan y luego concluye su razonamiento que tenía fermentando en su interior,

Agregando:

–     ¡Cierto!

Maestro, Tú lo has podido porque Eres Dios y porque Eres Hombre unido con Dios. 

Y lo mismo sucede con quién llega a estar fusionado por el amor con Dios.

¡He entendido perfectamente

Jesús lo mira y pregunta:

–    Pero, ¿No te preguntas acerca de la clave de esta unión y el secreto de este poder?

No todos lo alcanzan, incluso en el caso de hombres dotados de iguales capacidades.

–    ¡Exacto!

¿Dónde está la clave de esta fuerza para unirse a Dios y someter las cosas?

¿Es una oración, o quizás palabras secretas…?

Jesús responde: 

–    Hace poco Judas culpaba a la cabra de todos los momentos desagradables que han ocurrido.

Las bestias no traen ningún sortilegio consigo.

Arrojad de vosotros esas supersticiones que huelen a idolatría y que pueden acarrear males.

Los brujos obran prodigios porque al ser posesos de Satanás,

es el Arcángel caído que sigue siendo poderoso, el que obra los sortilegios.

Y así como no existen fórmulas para hacer brujerías,

así tampoco existen para hacer milagros. 

Tan solo existe el Amor.

Si Dios está en vosotros y lo poseéis de un modo pleno, por medio de un amor perfecto;.

El ojo se convierte en fuego o en un arma que desarma.

Y la palabra se hace poderosa. 

Como he dicho ayer por la noche, el Amor calma a los violentos y sacia a los codiciosos.

El Amor es Dios.

Con Dios en vosotros, plenamente poseída por el mérito de un amor perfecto;

vuestra mirada se transforma en fuego que quema todo ídolo y echa por tierra sus imágenes.

Y la palabra se transforma en potencia.

Y os digo, la mirada es entonces, arma que  desarma.

Dios, el Amor, es irresistible.

Sólo el demonio le resiste, porque es el Odio perfecto.

Y con él, los que son hijos suyos.

Los otros, los débiles, los que están subyugados por una pasión,

pero que no se han vendido voluntariamente al demonio, no lo resisten.

Sea cual sea su religión,o su abstención completa de fe.

Sea cual sea su bajeza espiritual, reciben el impacto del Amor, que es el gran Vencedor.

Trata de llegar a esto pronto… 

Y harás lo que hacen los hijos y portadores de Dios.

Pedro no quita los ojos de Juan.

También las inteligencias de Simón Zelote, los hijos de Alfeo, Santiago y Andrés,

se han despertado e indagan.

Santiago de Zebedeo dice: 

–    Pero entonces, Señor… 

 ¿Qué es lo que le ha acontecido a mi hermano?

Hablas de él.

¿Es él el muchacho que hace milagros?

Es eso?,

¿Es así? ¿Qué ha hecho?

–    Ha pasado una página del libro de la Vida, ha leído y ha conocido nuevos misterios.

Nada más.

Os ha precedido porque no se detiene a considerar cada uno de los obstáculos…

A sopesar cada dificultad, a calcular si compensa o no…

Ya no ve este mundo, ve la Luz y a ella va, sin momentos de pausa.

Dejadlo, dejadlo tranquilo.

Hay almas que arden más que otras.

No se debe poner dificultad a este fuego suyo que alegra y consume.

Hay que dejarlas arder, lo cual es al mismo tiempo sumo gozo y sumo esfuerzo.

Dios les concede momentos de noche;

porque sabe que el ardor mata a estas almas-flor,  si están expuestas a un sol continuo.

Dios concede silencio y místico rocío a estas almas-flor, como a las flores del campo.

Dejad descansar al atleta del amor cuando Dios lo deja descansar.

Imitad a los preparadores de los gimnastas…

que conceden a éstos el debido descanso…

Cuando lleguéis vosotros adonde él ha llegado…

Y más lejos, pues tanto vosotros como él llegaréis a más todavía…

Comprenderéis la necesidad de respeto, de silencio…

De penumbra que experimentan esas almas de las que el Amor se ha apropiado…

“¿Y ahora qué quieres que HAGAMOS Abba?

Y a las que ha hecho instrumento suyo.

Y no penséis:

“Llegado ese momento querré darlo a conocer.

Juan se comporta como un necio, porque el alma del prójimo, como la de los niños,

desea la seducción de lo maravilloso”.

No.

Cuando lleguéis a ese estado, sentiréis el mismo deseo de silencio y penumbra que ahora siente Juan.

Cuando yo no esté ya con vosotros, acordaos de que,

teniendo que juzgar sobre una conversión o sobre una santidad exuberante

debéis tomar siempre como medida la humildad.

Si en alguien perdura el orgullo, no os hagáis ilusiones de que se haya convertido.

Y si en alguien; aun cuando sea tenido por ‘santo’, reina la soberbia;

estad seguros de que santo no es.

Podrá como charlatán e hipócrita, hacerse el santo y simular prodigios.  

Pero no es santo:

La apariencia es hipocresía; los prodigios, satanismo.

¿Habéis entendido?

-Sí, Maestro….

Todos, muy pensativos, guardan silencio.

Pero, aunque las bocas estén cerradas,

los pensamientos se adivinan con claridad a través de sus miradas y expresiones.

Los envuelve, como un éter tembloroso que emanase de ellos, un gran deseo de saber.

Simón Zelote se esfuerza en distraer a sus compañeros, para tener tiempo de aconsejarlos aparte; 

para insistir en que sepan callar.

Al parecer Simón Zelote tiene encargado este ministerio en el grupo apostólico;

es el moderador, el conciliador, el consejero de sus compañeros; 

además de ser un apóstol que comprende muy bien al Maestro.

En este momento está diciendo:

–    Estamos ya en las tierras de Juana.

Aquel pueblo que se ve en aquella cuna es Béter

Aquel palacio que está en aquella cima es su castillo natal.

¿No percibís este perfume del aire?

Son los rosales, que empiezan a perfumar bajo el sol de la mañana;

por la tarde es una exuberancia de aromas.

Pero ahora, con el frescor de la mañana es precioso verlos, aljofarados todavía de rocío;

como millones de diamantes desparramados sobre millones de corolas que florecen.

Cuando declina el sol recogen todas las flores que están completamente abiertas.

Venid. Os quiero mostrar desde una loma la vista de los rosales,

que desde la cima rebosan como en cascada…

Y van descendiendo por los rellanos de la otra ladera.

Una cascada de flores, que luego vuelve a subir como una ola, por las otras dos colinas.

Es un anfiteatro, un lago de flores.

¡Espléndido

El camino es más empinado, pero merece la pena ir, porque desde aquel borde se domina todo ese paraíso.

Llegaremos pronto también al castillo.

Juana vive allí libre, con sus campesinos, que es la única vigilancia de tanta copiosidad.

Pero quieren tanto a su ama, que hace de estos valles un edén de belleza y paz…

que son más eficientes que toda la guardia de Herodes.

Mira Maestro; mirad, amigos…

Y con el gesto indica un semicírculo de colinas invadido de rosales.

La mirada, en cualquier parte en que se deposite ve,

bajo altísimos árboles que tienen la función de proteger del viento, de los rayos de sol demasiado intensos…

Y de las granizadas, un sinfín de rosales.

El sol traspasa y el aire circula bajo este leve techo, que hace de velo pero no ahoga.

Y que los jardineros mantienen en las debidas condiciones:

debajo viven, felices, los más bellos rosales del mundo.

millares y millares de rosales de toda especie:

enanos, bajos, altos, altísimos; formando un matorral, como cojines recamados de flores al pie de los árboles. 

O esparcidos por los prados de verdísima hierba, formando setos a lo largo de los senderos…

y de los leves cursos de agua.

O en círculo alrededor de los estanques de riego que están  diseminados,

por este parque que comprende también colinas.

Enroscados en los troncos de los árboles y tendiendo de uno a otro…

sus cabelleras florecidas, para formar festones y guirnaldas.

Es una cosa realmente de sueño.

Todos los tamaños, las tonalidades, están representados.

Y se entremezclan colocando los colores marmóreos de las rosas de té,

al lado del sangriento ardor de otras corolas.

Y reinando soberanas por número, las verdaderas rosas del color de mejilla infantil

que va atenuándose hacia los bordes, hasta una tonalidad blanquecina rosácea

Todos quedan impresionados por tanta belleza. 

Felipe pregunta:

–     ¿Para que quiere todo esto? 

Tomás responde: 

–    Lo goza.  

Simón explica: 

–    No.

También saca esencias, con lo cual da trabajo a cientos de jardineros y de trabajadores de las prensas,

para extraer esencias.

Los romanos las solicitan con avidez.

Jonathán me lo decía mientras me mostraba las cuentas de la última recolección.

Pedro mira y dice:

–    Pero…

Ahí está María de Alfeo con el niño.

Nos han visto. Están llamando a las otras…

Así es.

Juana y las dos Marías, precedidas de Margziam, que baja corriendo,

con los brazos ya preparados para el abrazo…

Vienen deprisa, hacia Jesús y Pedro.

Se postran ante Jesús.

Jesus with his arms open and posing outdoors

Que las saluda sonriente,

y preguntando:

–    Paz a todas vosotras.

¿Dónde está mi Madre?

Juana responde: 

–    Entre los rosales, Maestro.

Está con Elisa, ¡Que está bien curada y puede afrontar el mundo y seguirte!

¡Gracias por haberte servido de mí para esto!

–    Gracias a ti, Juana.

¿Ves como era provechoso venir a Judea?

Y mirando al niño le entrega, 

diciendo: 

–    Margziam, estos regalos son para ti:

Este bonito muñeco y estas lindas ovejitas.

¿Te gustan?

El niño, de la alegría, se ha quedado sin respiración.

Se echa hacia Jesús, que se había agachado para darle el muñeco y se había quedado mirando su rostro.

Y se abraza a su cuello y lo besa con toda la vehemencia de que es capaz.

–    Así te harás manso como las ovejas. 

Y luego serás un buen pastor para los que crean en Jesús.

¿Verdad?

Margziam dice “sí, sí, sí” con la respiración entrecortada…

Y los ojos brillantes de alegría

–    Ahora ve donde Pedro.

Yo voy con mi Madre.

Veo allí una parte de su velo moviéndose a lo largo de un seto de rosas.

Y corre al encuentro de María. 

Y la recibe abrazándola contra su corazón a la altura de la curva del sendero.

Después del primer beso…

María, todavía jadeante,

explica:

–    Detrás viene Elisa…

He corrido para besarte…porque, Hijo mío, no besarte no podía…

Y besarte ante ella, no quería…

Está muy cambiada…

Pero el corazón sigue doliendo ante una alegría ajena, que a ella le ha sido negada para siempre.

Ahí viene

Elisa recorre veloz los últimos metros y se arrodilla para besar la túnica de Jesús.

Ya no es la mujer de trágica imagen de Betsur.

Ahora es una anciana austera, marcada por el dolor;

solemne por la huella que la pena ha dejado en su rostro y su mirada.

Elisa lo saluda: 

–    ¡Bendito seas, Maestro mío!   

¡Ahora y siempre, por haberme procurado de nuevo lo que había perdido!

Jesús responde: 

–    Paz cada vez mayor a ti, Elisa.

Me alegro de verte aquí.

Levántate

–    Yo también me alegro.

Tengo muchas cosas que decirte y que preguntarte, Señor.

–    Tendremos todo el tiempo que queramos…

Dado que pienso permanecer aquí unos días.

Ven, que quiero que conozcas a los condiscípulos.

–    ¡Oh!…,

¿Entonces has entendido ya lo que quería decirte?

¿Que quiero renacer a vida nueva: la tuya.

Tener de nuevo una familia: la tuya.

Unos hijos: los tuyos.

Como dijiste en mi casa, en Betsur, hablando de Noemí.

Yo soy una nueva Noemí gracias a ti, Señor mío.

¡Bendito seas por ello!

Ya no vivo afligida, ni soy infecunda.

Seré todavía madre.

Y si María lo permite, incluso un poco madre tuya; además de madre de los hijos de tu doctrina.

–    Sí, lo serás.

María no se sentirá celosa y Yo te querré de forma que no te arrepentirás de tu decisión.

Vamos ahora a ver a los que quieren decirte que te quieren como hermanos.

Y Jesús la toma de la mano y la lleva con su nueva familia.  

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El viaje en espera de Pentecostés ha terminado.

190 ¡NO TE CONOZCO!


190 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Toda Yuttá corre al encuentro de Jesús, con flores silvestres de las laderas de sus montes y con las primicias de los frutos de sus campos…

Además de las sonrisas de sus niños y las bendiciones de sus habitantes.

Antes de que Jesús ponga pie en el pueblo, se ve rodeado de estas buenas personas que, avisadas por Judas de Keriot y Juan,

que habían sido enviados con anticipación, acuden a honrar al Salvador con las cosas mejores que han encontrado; sobre todo, con su amor.

Jesús no hace otra cosa sino bendecir con el gesto y la palabra a las personas, adultos o niños, que están reunidos  alrededor de Él

Y besan sus vestiduras y sus manos. O que depositan en sus brazos, para que los bendiga con un beso, a los lactantes.

La primera que lo hace es Sara:

Le pone en su corazón a ese espléndido nene de diez meses que es ya Iesaí.

Tan impetuoso es el amor, que hace difícil proseguir el camino; no obstante, es como una ola que aligera.

Pareciera que Jesús camina, más por el impulso de esta ola, que por el de sus propios pies.

Sin duda, la alegría que le proporciona este amor eleva su Corazón muy alto, al cielo sereno.

Su rostro refulge como en los momentos de más viva alegría del Hombre-Dios;

no es ese rostro de poder, de magnética mirada, de cuando realiza milagros…

Jesús entra en Yuttá.

Lo llevan a la plaza del mercado y de aquí a la mísera casucha en que Isaac se consumió durante treinta años.

Le explican:

–     Aquí venimos a hablar de ttÍ y a orar…

Como si fuera una sinagoga; la más auténtica, porque aquí hemos empezado a conocerte, aquí las oraciones de un santo te han llamado para venir a nosotros.

Entra. Mira cómo lo hemos preparado.

La casita, que no más de un año antes se componía de tres cuartuchos:

El primero, donde Isaac enfermo mendigaba…

El segundo un tabuco; el tercero, una cocinita que daba al patio.

Ahora se ha transformado en una única estancia con bancos para las reuniones que allí se celebran.

En el patio, en una barraquilla están los pocos enseres y muebles de Isaac (cada objeto es una reliquia).

Con la veneración de los habitantes de Yuttá, el patio presenta ahora un aspecto menos desolado, pues han puesto en él unas enredaderas que con sus flores cubren la rústica estacada.

Ysiguiendo unas cuerdas que han sido extendidas en forma de red sobre el patio, forman un principio de enramada a la altura del techo bajo.

Jesús los elogia,

y dice:

–     Aquí podemos quedarnos.

Sólo os pido una cosa, que alojéis a las mujeres y al niño.

–     ¡No, Maestro nuestro; jamás! 

Vendremos aquí contigo, para que nos hables.

Pero Tú y los tuyos sois nuestroshuéspedes.

Concédenos la bendición de dar alojamiento a Tí y a los siervos de Dios;

lo único que sentimos es que no sean tantos como el número de casas…

Jesús da su consentimiento y sale de la casita para ir a la de Sara, que no cede a nadie su derecho a invitar a Jesús y a los suyos a comer…

Más tarde..

Jesús está hablando en la casa de Isaac.

La gente abarrota la estancia, el patio y hasta incluso la plaza;

Jesús, para que todos le puedan oír se ha parado en medio de la estancia, de forma que su voz se extienda tanto por el patio como por la plaza.

Dice:

-«… Pues bien, podéis estar seguros de que como dice Jeremías, llegada la hora de la verdad, se darán cuenta de lo doloroso y amargo que es haber abandonado al Señor.

Amigos, para ciertos delitos no hay nitro ni saponaria capaces de quitar la señal; ni siquiera el fuego del Infierno la corroe: es indeleble.

También en este caso debe reconocerse la exactitud de las palabras de Jeremías, pues los grandes de Israel, los nuestros, asemejan las burras salvajes de que habla el Profeta.

Están habituados al desierto de su corazón. Creedme:

Mientras uno está con Dios, aunque sea pobre como Job, aunque esté solo o desnudo;

Cuando lo único que nos queda es Dios, descubrimos que ÉL es más que suficiente…

no está nunca ni solo ni pobre ni desnudo, no es nunca un desierto.

Ellos, sin embargo, han quitado a Dios de su corazón; por eso, están en un árido desierto.

Como burras salvajes olisquean en el viento la presencia de los burros, que en su caso por su sed inapagable, se llama poder, dinero – además de lujuria en el verdadero sentido de la palabra –

Y van tras ese olor, hasta cometer el reato. Sí, van tras él y seguirán yendo,

Y no saben que no son los pies los que tienen desnudos sino el corazón, desguarnecido ante los dardos de Dios, que vengará su delito.

Llegada esa hora, ¡Cuán confusos quedarán reyes y príncipes, sacerdotes y escribas! Ellos en verdad, han dicho y dicen, a lo que es nada; o peor aún, pecado:

“¡Tú eres mi padre, tú me has engendrado!”

En verdad, en verdad os digo, que Moisés rompió con ira las tablas de la Ley al ver a su pueblo en la idolatría y luego volvió a lo alto del monte.

Oró, adoró y obtuvo. Ello sucedió hace siglos.

Pero todavía no ha cesado, ni cesará – es más, crece como levadura en la harina – la idolatría en el corazón de los hombres.

Ahora casi todos los hombres tienen su propio becerro de oro.

La tierra es una selva de ídolos, cada corazón es un altar sobre el que raramente está Dios;

quien no tiene una mala pasión tiene otra; quien no tiene una concupiscencia tiene otra con otro nombre.

Quien no vive sólo para el oro vive sólo para obtener una posición, quien no vive sólo para la carne, vive sólo para el egoísmo.

¡Cuántos yoes reducidos a becerros de oro reciben adoración en los corazones!

Llegará pues el día en que compungidos llamarán al Señor y oirán la respuesta:

“Invoca a tus dioses. Yo no te conozco”.

Tremenda palabra ésta, si la pronuncia Dios dirigida a un hombre.

Dios ha creado al Hombre raza y conoce a cada individuo humano, así que si dice:

“Yo no te conozco”, es señal de que ha borrado con la fuerza de su Voluntad a ese hombre de su memoria.

¡Yo no te conozco

¿Será Dios demasiado severo por pronunciar este veredicto?

El hombre ha gritado al Cielo: “Yo no te conozco”

Yel Cielo ha respondido al hombre: “Yo no te conozco”.

Fiel como el eco…

‘Meditad además esto: el hombre está obligado a conocer a Dios por deber de gratitud y por respeto a su propia inteligencia.

Por gratitud.

Dios ha creado al hombre y le ha dado el don inefable de la vida; además lo ha provisto del regalo superinefable de la Gracia, que el hombre perdió por su culpa.

He aquí que éste recibe una gran promesa: “Te restituiré la Gracia”.

Dios, el ofendido, habla en este modo al ofensor, casi como si Dios fuera el culpable, obligado a dar satisfacción.

Y Dios ha mantenido su promesa:

Yo estoy aquí para restituir la Gracia al hombre.

Dios no se limita a dar lo sobrenatural, sino que incluso rebaja su Esencia divina a proveer a las gravosas necesidades de la carne y sangre del hombre.

Y ofrece el calor del sol, el alivio del agua, cereales, vino, árboles y animales de todas las especies.

Así, el hombre ha recibido de Dios todos los medios para la vida. Es el Benefactor.

La gratitud es obligada y hay que mostrarla esforzándose en conocerLo.

Por respeto a la propia razón.

El imbécil, el estúpido, no muestran gratitud hacia quien los cuida; porque no comprenden el verdadero valor de esas atenciones…

Y odian a la persona que los lava y acerca la comida a su boca, que los guía a la cama o los acuesta;

porque siendo como son, animalescos a causa de su desgracia, confunden los cuidados con las torturas.

El hombre que falta en este sentido para con Dios se deshonra a sí mismo, que es un ser dotado de razón.

Sólo un estúpido o demente no logra distinguir a su padre de un extraño, al benefactor del enemigo.

El hombre inteligente conoce a su padre y a su benefactor…

Y se complace en conocerlos cada vez más incluso en las cosas que ignora por haber sucedido antes de que él naciera de su padre o fuera beneficiado por su benefactor.

Pues así debemos actuar para con el Señor, para mostrar que somos inteligentes y no mentecatos.

Sucede que en Israel, demasiados son como estos dementes que no reconocen a su padre o a su benefactor.

Jeremías se pregunta: “¿Podrá, acaso, una virgen olvidarse de sus atavíos o una esposa de ceñir su cintura?”.

Pues Israel está poblado de vírgenes insensatas que olvidan sus atavíos y de esposas impúdicas que olvidan los cinturones recatados y se ponen oropeles de meretriz.

Y esto se ve más extendido cuanto más se sube a las clases que deberían ser maestras del pueblo.

Pues bien, he aquí el reproche que Dios, con cólera y llanto, les dirige:

“¿Por qué te esfuerzas en mostrar que tu conducta es buena para buscar afecto, cuando en realidad enseñas la malicia y esos modos tuyos de actuar.

Y han encontrado en los bordes de tus vestiduras la sangre de los pobres e inocentes?”.

Amigos, la distancia es un bien y un mal.

Estar muy lejos de los lugares donde a menudo hablo es un mal, porque os impide oír las palabras de Vida. Os doléis de ello y tenéis razón.

Pero considerad que también es un bien porque así estáis lejos de los lugares donde fermenta el pecado, hierve la corrupción y se oye el zumbido de la insidia que obra contra Mí;

poniéndome zancadillas e insinuando a los corazones dudas y mentiras respecto a Mí.

Bien, pues yo os prefiero lejos antes que corrompidos.

Me ocuparé de vuestra formación.

Como podéis ver, Dios ya lo había hecho antes de que nos conociéramos y consecuentemente nos amáramos:

Me conocíais sin habernos visto nunca

Isaac ha sido el heraldo entre vosotros.

Pues bien, enviaré a muchos como Isaac para que os refieran mis palabras.

Pero debéis saber también que Dios puede hablar en todas partes, de Tú a tú, con el espíritu humano.

Y educarlo en su doctrina.

No tengáis miedo a que por estar solos podáis errar. No.

Si no queréis, no seréis infieles al Señor y a su Cristo.

Pero si a pesar de todo hay quien no puede realmente estar lejos del Mesías, sepa que el Mesías le abre el corazón y los brazos y le dice:

“Ven”. Venid los que queráis venir.

Quedaos los que os queráis quedar. Mas unos y otros predicad a Cristo con una vida honesta.

Predicadlo contra la deshonestidad que anida en demasiados corazones, contra la ligereza de los infinitos que no saben permanecer fieles…

Y que se olvidan de ponerse sus atavíos y de ceñirse las cinturas como conviene a las almas llamadas al desposorio con Cristo.

Vosotros me habéis dicho, con alegría:

“Desde que viniste no hemos tenido ya ni enfermos ni muertos. Tu bendición nos ha protegido”.

Sí, la salud es una cosa grande. Pero haced que esta venida mía de ahora os haga sanos de espíritu a todos, siempre y en todo.

En vista de esto os bendigo y os doy mi paz: a vosotros, a vuestros niños, los campos, casas y mieses, a los rebaños y árboles frutales.

Usadlo con santidad, no viviendo para ello, sino de ello, dando lo superfluo a quien esté carente…

tendréis la medida prensada de las bendiciones de1 Padre y un lugar en el Cielo.

Podéis marcharos.

Yo me quedo a orar…

MISIONERA INTERCONTINENTAL


La Impresionante Monja que Evangelizó a los Indios Bilocándose

La historia de la «Dama de azul» o «monja azul» es el misterio más grande de los últimos siglos. 

Una religiosa española del siglo XVI, que nunca puso un pie físicamente fuera de las paredes del convento de las Pobres Clarisas de Agreda, en la provincia de Soria.

Y sin embargo hay enorme cantidad de testimonios de su evangelización a los indígenas en Arizona, Nuevo México y Texas, de 1620 a 1631. 

Estatua de sor Maria de Agreda como se le aparecía a los indios

Instruyó a varias tribus indias en la fe católica y les dijo cómo encontrar la Misión Franciscana para pedir a los sacerdotes que fueran a bautizar a su gente. 

Su nombre era Sor María de Jesús de Agreda.

LA AUTENTICIDAD DE SUS VISITAS

La autenticidad del milagro de sus más de 500 visitas -bilocadas – al sur de Estados Unidos, fue cuidadosamente examinado y documentado por las autoridades de la Iglesia del momento, que no quisieron creer al principio.

También fue examinada cuidadosamente dos veces por la Inquisición en los años 1635 y 1650.

La comprobación de que las visitas estaban sucediendo estalló cuando los indios Jumanos – del territorio de Nuevo México – informaron en 1630, que una dama de azul los visitaba y les enseñaba la fe católica.

La iglesia de la Misión Isleta Pueblo de San Antonio en Nuevo México

Los indios viajaron a la misión de los franciscanos en la misión de Isleta, para decir que una mujer vestida de azul les había enviado a pedir el Bautismo.

Ante esto, fueron enviados frailes misioneros en una misión exploratoria al campo Jumano (aproximadamente 450 kilómetros al este de Santa Fe)

Y encontraron que los Jumanos y otras tribus circundantes ya conocían los rudimentos de la Fe. 

Todos reportaron el mismo fenómeno de una dama de azul que los visitaba.

A Fray Alonso de Benevides, Inquisidor y Superior de la Colonia de Nuevo México, se le encargó la misión de una investigación a fondo.

Hizo un informe detallado y lo entregó al Rey de España y al Superior español franciscano.

Cuando fue a entregar el informe en España, visitó a la Madre María de Agreda en su convento, quien le confirmó las bilocaciones.

En 1689, 24 años después de la muerte de María de Jesús, el explorador español Alonso de León realizó su cuarta expedición al territorio de Texas.

En su carta al virrey, escribió que algunos de los indios Tejas que conoció;

ya estaban parcialmente instruidos en la fe católica, debido a las visitas de la dama azul a sus antepasados. 

“Realizan muchos ritos cristianos.

Y el jefe indio pidió a los misioneros que les instruyeran, diciendo que hace muchos años una mujer fue para instruirlos, pero que no había estado allí por mucho tiempo”.

Los líderes de la expedición distribuyeron ropa a los indios. 

Y su jefe pidió un pedazo de paño azul para una mortaja para enterrar a su madre cuando muriera.

Fray Massanet escribe:

«Le dije que otro paño sería mejor.

Y él dijo que no quería ningún otro color que el azul. 

Pregunté entonces qué misterio tenía el color azul.

Y el jefe dijo que les gustaba mucho el azul, sobre todo para ropa de enterramiento;

porque en tiempos pasados ??una mujer muy hermosa los visitó allí.

La que descendía de las alturas, estaba vestida de azul y deseaban ser como ella”

Una quinta expedición en 1699 a los indios de Arizona, fue el escrita en un libro por el capitán Mateo Mange,

sobre su viaje con los sacerdotes jesuitas Eusebio Francisco Kino y Adamo Gil.

Cuando hablaban con indios muy viejos, estos les dijeron que podían recordar que cuando eran niños,

una hermosa mujer blanca, vestida de blanco, marrón y azul, con un paño que cubría su cabeza, había llegado a su tierra. 

Comencemos por saber quién era esta mujer. 

HISTORIA DE LA VIDA DE SOR MARÍA DE JESÚS DE AGREDA

Nació el 2 de abril de 1602 en la ciudad de Agreda, de la provincia de Soria en el norte de España

Hija de Francisco Coronel y Catalina de Arana, una familia de noble linaje, pero no muy ricos.

La pareja piadosa tuvo 11 hijos, pero sólo cuatro vivieron hasta la edad adulta: Francisco, José, María y Jerónima.

Los hijos – y también sus padres – terminarían siendo todos religiosos, miembros de la comunidad de San Francisco de Asís.

Su padre descendía de un converso judío que había servido como principal recaudador de impuestos de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel.

Desde el principio, Sor María la cuarta hija de Francisco y Catalina, parecía predestinada al misticismo.

Cuando tenía dos años, sospechaban que podría estar dotada de un extraño regalo;

porque tenía una capacidad rara de razonar, con una increíble sabiduría. 

Cuando llegó a los cuatro, pensaron que debía estar escuchando voces de Dios porque hablaba y jugaba con compañeros invisibles…

Cuando tenía seis años comenzaron a pensar en su hija María como «diferente».

Pero rechazaron aceptar las explicaciones de María, porque no podían oír las voces ni ver a sus interlocutores invisibles; 

así que la disciplinaron duramente.

Porque además rechazaba la noble vida de la familia.

Sin embargo a los ocho años, María anunció a sus padres que había prometido permanecer casta y que deseaba ser religiosa. 

Cuatro años después, finalmente obtuvo la aprobación de sus padres. 

Iba a entrar en el convento de Santa Ana de las Hermanas de Teresa, en la cercana ciudad de Tarazona.

Pero en el ínterin, su madre tuvo una visión.

Oyó una voz misteriosa que le ordena a ella y a su familia, que convirtieran su castillo en un convento para las Clarisas de la Orden Franciscana.

Que donaran sus posesiones a los pobres y abandonaran su noble vida familiar por la Iglesia.

Ella, María y su otra hija debían entrar en un convento. 

Y su marido debía entrar en un monasterio, como sus dos hijos ya lo habían hecho. 

Creyendo que el mandamiento venía directamente de Dios, la familia Coronel obedeció.

Fue así que María entraría en el nuevo Convento Franciscano de la Inmaculada Concepción en Ágreda.

Varios años más tarde, los Coronel completaron la conversión de su castillo en un convento, cedieron sus posesiones a los pobres y su padre se refugió en la orden de San Francisco.

Monjas de la comunidad de Agreda

A los 17 años María Coronel se vistió con el sencillo hábito azul y gris, de monja franciscana.

Y se convirtió en la Hermana María de Jesús de Agreda.

Un hecho importante sucedió el año 1620, cuando Sor María Jesús de 18 años, se arrodilló para rezar en la capilla. 

Mientras cantaba su rostro palideció, empezó a balancearse y se hundió en la inconsciencia.

Un mendigo, aparentemente observándola subrepticiamente, afirmó que una brillante luz azul la envolvió y que su cuerpo se levantó y flotó a varios pies del suelo. 

Sor María había experimentado su primer trance.

Cuando la hermana María se elevó a alturas extremas de piedad y misticismo, obtuvo el desprecio y la burla de su abadesa y de las otras monjas. 

Su salud comenzó a deteriorarse por la persecución de sus compañeras en el convento.

En su mente comenzó a ver espectros de imágenes fantasmagóricas de animales salvajes.

Y se retiró para orar en privado, tratando de purgar sus demonios. En algún momento durante este período, ella comenzó a preocuparse profundamente por los pueblos nativos de la Nueva España…

Por su ignorancia de Dios, de la Iglesia y la pérdida eterna de sus almas.

La Superiora convocó al Provincial de Burgos, Fray Anthorn de Villacre, para realizar un examen eclesiástico.

Él interrogó a la hermana María y concluyó al final de la entrevista, que la hermana María no era ni tonta ni loca;

sino que había alcanzado un verdadero estado trascendente de espiritualidad.

Todas en el convento cambiaron su actitud hacia ella, al punto que fue elevada a la posición de abadesa en 1627, a la edad de 25 años;

lo que requirió una dispensa especial,

por el Papa Urbano VIII debido a su juventud.

El Rey Felipe IV tuvo frecuente correspondencia con María de Agreda, la que duró más de 20 años hasta su muerte el 29 de marzo de 1665.

Las más de 600 cartas que sobreviven, revelan la gran confianza que el Monarca español colocó en la abadesa enclaustrada.

También escribió cartas a los Papas, Reyes, generales de órdenes religiosas, obispos, nobles y toda clase de personas en la Iglesia y la sociedad.

Rey Felipe y Sor Maria de Agreda

EL DESCUBRIMIENTO DE LAS BILOCACIONES POR BOCA DE LOS INDIOS

En 1598 los frailes franciscanos que acompañaban a los exploradores y colonos españoles, comenzaron a establecer una cadena de misiones;

para trabajar con los indios Pueblo y otras tribus, en la inestable Colonia de Nuevo México.

En 1623, Fray Alonso de Benavides llegó de México a la Misión de Santa Fe como el primer Superior de las Misiones Franciscanas de Nuevo México y el primer Comisario de la Inquisición para la Colonia.

El Arzobispo ordenó al P. Benavides hacer una investigación cuidadosa, sobre lo que decían los indios de una mujer vestida de azul que los visitaba y los instruía en la fe.

El arzobispo pidió que él investigara si las tribus Tejas, Chillescas, Jumanos y Caburcos,

ya tenían “algún conocimiento de la Fe y de qué manera y con qué medios Nuestro Señor se había manifestado.” 

En el verano de 1629, una delegación de 50 Jumanos llegó a Isleta, una misión de indios Pueblo cerca de Albuquerque hoy día,

pidiendo a los sacerdotes que fueran a bautizar a su pueblo. 

Los Jumanos eran una tribu todavía sin catequizar, que cazaban en una amplia área en las llanuras al este de Nuevo México.

Los Jumanos y Caburcos ya tenían algún conocimiento de la Fe… ¿Cómo era posible?

El P. Juan de Salas, superior de Isleta, un misionero muy respetado,

manifestó que cada año los indios le hablaban de una mujer vestida de azul que los había enviado.

Pero la historia fue descartada como imposible.

Viajar de Isleta a las llanuras orientales era una caminata larga y peligrosa:

Más de 450 kilómetros a través de las tierras hostiles de los Apache.

En ese momento, los misioneros carecían de los sacerdotes y de los soldados necesarios para hacer el viaje

y establecer un nuevo puesto de avanzada, por lo que la misión a los Jumanos se retrasó. 

Fray Benavides, que había recibido instrucciones específicas, estaba muy interesado en saber más.

Decidió ir con el Padre De Salas a Isleta para interrogar a los indios sobre cómo habían llegado a tener conocimiento de la Fe.

Convento Concepcionista de Agreda

En su Memorial entregado al Papa Urbano VIII, informó los resultados de su investigación:

«Llamamos a los Jumanos y les pedimos su razón para venir todos los años a pedir el bautismo con tanta insistencia. 

Al ver un retrato de la Madre Luisa del monasterio, dijeron:

‘Una mujer vestida de un modo parecido a ella viene a nosotros siempre predicando, pero su rostro no es viejo como este, sino joven y hermoso’. 

Preguntados por qué no se lo habían dicho esto antes, ellos respondieron:

‘Porque usted no preguntó y pensamos que ella estaba aquí también.’” 

Al final los frailes fueron a visitar a los Jumanos.

Y cuando se acercaron al campamento de la tribu, vieron con asombro una procesión de hombres, mujeres y niños que venían a su encuentro.

A su cabeza llevaban dos cruces adornadas con guirnaldas de flores. 

Y con mucho respeto los indios besaron los crucifijos que llevaban los franciscanos alrededor del cuello.

Los franciscanos supieron por los indios, que la misma monja les había enseñado cómo debían salir en procesión para recibirlos.

Y ella les había ayudado a decorar las cruces, según escribió el P. Benavides en su Memorial.

Muchos de los indios inmediatamente comenzaron a clamar para ser bautizados.

Antes de que se fueran, el P. Juan de Salas les dijo, que hasta que llegaran los nuevos misioneros,

«Debían acudir todos los días a orar ante una Cruz que habían montado en un pedestal».

Pero el Jefe los de Jumanos rogó a los sacerdotes que curaran a los enfermos…

«porque vosotros sois sacerdotes de Dios y podéis hacer mucho con esa santa cruz».

Así los enfermos, que eran unos 200, fueron reunidos.

Los sacerdotes hicieron el Signo de la Cruz sobre ellos, leyeron el Evangelio según San Lucas e invocaron a Nuestra Señora y a San Francisco.

Y Dios hizo un milagro.

Todos los enfermos sanaron. 

FRAY BENAVIDES VA A VISITAR A MARIA DE AGREDA

Cuando Fray Benavides fue a entregar el informe en España, también fue a visitar a Sor María de Jesús en su convento de Ágreda.

Éste preguntó al pasar:

«¿Alguien aquí sabe algo acerca de una hermana que está en Nueva España enseñando el cristianismo a los indios?

Y la Hermana María, dijo:

“Sí, soy yo”.

Pero, Madre Superiora -objetaron-, nunca has estado fuera de Castilla, ni has estado fuera de los muros de tu convento desde que tomaste tus votos. 

No en cuerpo -dijo-, pero sí en espíritu”. 

Benavides le preguntó dónde aprendió a hablar todas las lenguas indias. 

“No lo hice”, dijo. «Simplemente les hablé y Dios nos ha hecho entendernos unos a otros». 

Así la Hermana María le dio descripciones detalladas de la ropa y las costumbres de las tribus que ella enseñó.

Lo que ella, como monja enclaustrada, no podría haber sabido.

Ella le dio nombres de tribus y de individuos específicos, en las tribus que él encontró que eran exactos.

María de Agreda dijo además que desde que era niña, había sido inspirada a orar por los indios de la Nueva España.

Nuestro Señor comenzó a mostrarle claramente en visiones a aquellas provincias que Él deseaba convertir. 

En una de estas visiones, Nuestro Señor señaló a los indios de Nuevo México.

LOS RAPTOS Y BILOCACIONES

Casi diariamente mientras oraba, Sor María de Jesús se elevaba en espíritu hacia el reino, en éxtasis.

Sus viajes místicos la llevaron a la Presencia del mismo Dios.

Y Dios le ordenó llevar su mensaje a los pueblos originarios de la Nueva España.

Veía hombres y mujeres de piel de bronce, en el vasto desierto del suroeste de los Estados Unidos.

Que usaban huesos y dientes de los animales, para fabricar armas.

«Sus comidas eran primitivas y para alumbrarse utilizaban antorchas de madera».

María de Jesús realizó más de 500 visitas espirituales a los indios, dos o tres veces al día. 

Ella les instruyó en los fundamentos de la Fe, curaba a los enfermos y ganaba conversos.

Les instó a contactar a frailes franciscanos en las misiones de los pueblos del Río Grande y a solicitar la construcción de nuevas misiones para otras tribus.

En su informe Dijo el padre Benavides

«María de Jesús tiene un hermoso rostro muy blanco, aunque rosado, con grandes ojos negros.

Su hábito es el mismo que nuestro hábito.

Está hecho de un grueso saco gris que se lleva junto a la piel, sin ninguna otra túnica, falda o enaguas.

Sobre este hábito gris viene el de saco blanco grueso, con un escapulario del mismo material.

Y la cuerda de nuestro padre, San Francisco.

Su manto es un pesado saco azul y el velo negro.

Sobre el escapulario hay un rosario.

Las monjas del convento no usan sandalias ni ningún otro calzado excepto unas tablas atadas a sus pies o unas sandalias de cáñamo”

María no siempre fue bien recibida en sus excursiones. 

Varias veces, sufrió tortura y fue dejada por muerta por los indios, provocados a la violencia por los chamanes (los brujos indios).

Pero para el asombro de los indios, ella volvía…

Y esta y otras maravillas ayudaron a persuadirlos que estaba predicando la verdad.

¿Cómo ocurrieron estos misteriosos transportes a América? 

Cuando a la Madre María de Jesús se le preguntó si se había ido físicamente o en espíritu, dijo que no lo sabía.

Lo que sabía era que veía esas tierras y tribus diferentes.

Sentía el cambio en el clima y la temperatura.

Experimentó dolor cuando los indios se volvieron contra ella y la persiguieron.

En una ocasión ella distribuyó rosarios entre los indios. 

Y de hecho, tenía varios rosarios con ella en su celda; pero más tarde saliendo de su estado místico, ya no los encontró.

Estaba segura de que su trabajo en Nuevo México entre los indios no era una ilusión.

En su humildad, afirmó repetidamente que estaba inclinada a creer que un Ángel pasaba con su fisonomía parecida a la de ella, para catequizar a los indios.

Esta no fue la opinión de los Prelados que la examinaban.

Estaban convencidos de que ella era transportada corporalmente, por lo que claramente se manifestaban los testigos.

Satisfecho con la espiritualidad de la abadesa, el P. Benevides confirmó la opinión de su confesor;

afirmando que creía que la llevaban corporalmente a Nuevo México y Texas, donde catequizó a los indios. 

Ella además, describió otros reinos de indios que aún no habían sido descubiertos

Cuerpo incorrupto de María de Jesús de Agreda

DESPUES DE SU MUERTE

Fallece a los 63 años de edad, el 24 de mayo de 1665.

Ocho años después de su muerte, María de Jesús de Agreda fue declarada Venerable por el Papa Clemente X, por su práctica de virtudes heroicas.

Sin embargo pronto aparecieron obstáculos a su beatificación en forma de objeciones a la doctrina marial en la Ciudad Mística de Dios, publicada cinco años después de su muerte y recibida con gran entusiasmo en España.

El Santo Oficio censuró el libro y lo incluyó en el Índice de Libros Prohibidos.

Sin embargo, por orden de Inocencio XI, el decreto de condena fue retirado tres meses más tarde, después de que se demostró que una mala traducción francesa era la base de la censura.

Pero el incidente tuvo una influencia negativa en su causa de beatificación.

Además del fuerte énfasis para definir a Nuestra Señora como Corredentora y Co-mediadora escrito en su libro La Ciudad de Dios,

lo que está en desacuerdo con las doctrinas ecuménicas del Concilio Vaticano II.

Hoy, más de tres siglos después de su muerte, el cuerpo de Sor María de Jesús se encuentra en una pequeña cripta en su convento de Agreda. 

En 1909 su ataúd fue abierto por primera vez después de su muerte en 1665.

Su cuerpo fue encontrado incorrupto.

En 1989, se realizó otra cuidadosa investigación científica de su cuerpo.

El médico español Andreas Medina informó que:

«Lo que me sorprendió sobre este caso es que cuando comparamos el estado del cuerpo, como se describió en el informe médico de 1909,

con cómo apareció en 1989, nos dimos cuenta de que no se había deteriorado en absoluto en los últimos ochenta años«.

Fuente: Foros de la Virgen María

UN LIBRO FASCINANTE


Padre Pío contra Satanás’:

Una lectura apasionante, sobre el combate que libró el santo de Pietrelcina contra el demonio

Por INFOVATICANA | 26 diciembre, 2018

A lo largo de su vida, el Padre Pío libró una batalla continua y durísima contra Satanás, que se sirvió de todo instrumento,

ordinario y extraordinario, para atacar a quien evidentemente consideraba un combatiente temible.

En las páginas de su libro Padre Pío contra Satanásel periodista Marco Tosatti reconstruye esta batalla a

través de relatos, biografías, testimonios y la inédita Positio, el monumental dossier de documentos que sirvió de base para la canonización.

También a través de las cartas que el Padre Pío envió a sus superiores y directores espirituales, que le mandaron escribir con detalle lo que le sucedía.

Durante su estancia en Venafro, el monje santo escribió:  

“Estas tentaciones son realmente terribles, porque el demonio ataca completamente el espíritu de los que se elevan en el amor de Dios

y lo agita de un modo tan violento que, si no se recibe una ayuda especial del Señor, se podría sucumbir.

Sobre todo cuando el demonio, para conseguir más fácilmente la victoria, se muestra bajo la forma de una mujer malvada, desnuda…

Y empuja con violencia al alma para hacerla sucumbir y caer en la tentación.

Al principio se me apareció bajo la forma de un gato negro y feo.

La segunda vez bajo la forma de unas jovencitas desnudas que bailaban lascivamente.

La tercera vez, sin aparecerse, me escupían en la cara.

La cuarta vez, sin aparecerse, me atormentaban con ruidos ensordecedores (…)”

El historiador Fernando Paz recomienda este libro que recoge el relato del combate que mantuvo el Padre Pío a lo largo de su vida, desde muy temprana edad.

Una lectura verdaderamente apasionante y también reconfortante, como fue la misma vida del Padre Pío.

El demonio existe y su papel activo no pertenece al pasado ni puede ser recluido en los espacios de la fantasía popular. 

El diablo en efecto, continúa  induciendo hoy día al hombre  justo, al pecado.

Por tal razón la actitud del discípulo de Cristo frente a Satanás tiene que ser de vigilancia y de lucha.

Y no de indiferencia.

La mentalidad de nuestro tiempo desaforadamente, ha relegado la figura del diablo a la mitología y en el folclore.

El Baudelaire afirmó justamente, que la obra maestra de Satanás en la era moderna, es de hacernos creer que no existe.

Por consiguiente no es fácil imaginar que el Diablo haya dado prueba de su existencia, aún cuando ha sido obligado a afrontar al Padre Pío en “ásperos combates”.

Tales batallas, tal como es reconocido en la correspondencia epistolar del venerable fraile, en sus directorios espirituales, fueron reales combates, siendo   la última con sangre.

Uno de los primeros contactos que el Padre Pío ha tenido con el Príncipe del Mal, remonta al año de 1906 cuando Padre Pío vivió en el convento de Sant  ‘Elia a Pianisi.

Una noche de verano no logró dormirse por el bochorno sofocante.

De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre.

“El Pobre fraile Anastasio no puede dormir como yo” pensó el Padre Pío.

“Quiero llamarlo, al menos para hablar un poco”.

Fuè a la ventana y llamó el compañero, pero la voz  se le quedó en  la garganta:

Al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina se asomó un monstruoso perro.

Así el mismo Padre Pío contó:

“Por la puerta con terror; vi entrar un gran perro, de cuya boca salió mucho humo.

Caí sobre la cama y oí que dijo: “es él, es él”

Mientras estuve en aquella posición, vi aquel animal que saltó sobre el alféizar de la ventana.

El rezo del Santo Rosario es azote para los demonios, que huyen en desbandada, cuando es rezado con FE, pues tiembla el Infierno y no resisten el arma poderosísima que es el Santo Rosario ORADO con fe y amor…

Y luego de esto se lanzó sobre el techo del frente y  desapareció…

Las tentaciones de Satanás que quisieron hacer caer al padre Pío, se manifestaron de modos diversos.

El Padre Agostino nos confirmó que Satanás apareció bajo las formas más variadas:

“bajo forma de jovencitas desnudas que bailaron; en forma de crucifijo;

bajo forma de un joven amigo de los frailes;

bajo forma del Padre Espiritual o del Padre Provincial;

de aquel del Papa Pío X y del Ángel de la guarda;

de San Francesco;

de Maria Santísima,

pero también en sus semblantes horribles, con un ejército de espíritus infernales.

A veces no hubo ninguna aparición pero el pobre Padre fue golpeado hasta salirle sangre,

atormentado con ruidos ensordecedores, lleno de escupitajos etc.  

Él logró librarse de estas agresiones invocando el nombre de Jesús,

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el  Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez – el Padre Tarcisio contó de Cervinara – antes de  salir del cuerpo de un poseído, el Malvado ha gritado:

“Padre Pío nos das más molestias tú que San Michele”.

Y también: “Padre Pío, no nos arranques las almas y “no  te molestaremos”

Pero veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directorios espirituales, los asaltos de Satanás.

Carta al padre Agostino, del 18 de enero de 1912:

“… Barba Azul no  quiere ser derrotado.

Él ha venido a mí asumiendo casi todas las formas.

Desde hace varios días, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras.

Lo peor es que ellos, vienen con sus semblantes.

Tal vez cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación.

¡Pero paciencia!

Jesús, la Mamá, el angelito, San José  y el padre San Francisco siempre están conmigo.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: 

Estimado Padre”, ésta también es su segunda carta a través de la concesión de Dios.

Y ha seguido el mismo destino de  la   anterior.

Yo estoy seguro de que el Padre Evangelista ya le ha informado sobre la nueva guerra que los apóstatas impuros están haciendo en mí.

Padre mío, ellos no pueden ganar y hacer a su voluntad por mi constancia. 

Yo le informo sobre sus trampas, ya que sé  a lo que les gustaría inducirme, privándome de sus sugerencias. 

 Yo encuentro en sus cartas mi único  consuelo; pero para glorificar  a Dios y para su confusión yo los llevaré.

Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome.

A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado  yo pensé que ellos realmente quisieron matarme, yo no hallaba a qué santo  pedirle  ayuda.  

Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda, quien me hizo esperar largo tiempo.

Y finalmente, él voló  alrededor de mí y con su voz angélica  cantó los himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó.

Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda, a pesar de que lo había llamado urgentemente..

Y por  castigo, yo no quise mirarlo a la cara, yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle…

Pero él pobre me localizó llorando, él me tomó hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vì que él lo sentía.”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino  del 18 de noviembre de 1912…..

“El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente.

Él intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales.

Él se molesta  mucho porque yo le cuento estas cosas.

Él me hace pensar en no decirle, los hechos que pasan con él.

Él me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo; de hecho él dice que le gustan sólo estas historias. 

 El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios y con  referencia a sus cartas;

él  me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas.

Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor, encontramos que la carta estaba sucia de tinta.

¿Era la venganza del  diablo? Yo no puedo creer, que usted me ha enviado la carta sucia;

porque usted sabe que yo no puedo ver bien.

Al principio nosotros no pudimos leer la carta, pero después de poner el Crucifijo en la carta;

nosotros tuvimos éxito leyéndola, aun cuando nosotros no  éramos capaces de leer en letras pequeñas… “

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero,  de 1913,

“Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí.

Mi Padre, en mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado incluso mi camisa  y  me han golpeado de  una manera brutal”…

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

La carta al Padre Benedetto de fecha  18 de marzo de 1913

“Estos diablos no dejan de pegarme, mientras  que también me tumban de la cama.

¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme!

Pero ahora ellos no me asustan ya. Jesús me ama.

Él me levanta a menudo y me pone en la cama”

(PADRE PIO DA PIETRELCINA: Epistolario I° (1910-1922) a cura di Melchiorre da Pobladura e Alessandro da Ripabottoni – Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina” Convento S.Maria delle Grazie San Giovanni Rotondo – FG

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación,  con el Padre Pío; hasta le dice que él era un penitente.

Éste es el testimonio del Padre Pío:

“Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba.

Él era alto, guapo, me vistió con algo de refinamiento y era amable y cortés.

Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales.

 ¡Todos los pecados eran molestos! 

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo…

Yo respondí. Yo le citaba la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, las morales de los Santos;

pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras, justificando con habilidad extrema y cortesía, todo  tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacer normal, natural y humanamente comprensible, todas sus acciones pecadoras.  

Y esto no solamente para los pecados que eran repugnante contra Dios, Nuestra Señora y los Santos;

él fuè  Rotundo sobre la argumentación;

pero que pecados  morales tan sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con la delgadez experimentada y malicia me sorprendieron.

Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él?

Y yo intenté mirarlo bien, leer algo en su cara.

Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto  que merecían.

Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije: diga…….”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos…

Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba  un hedor insoportable”

Don Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del padre Pío que estaban al mismo tiempo presentes.

Fr. Pierino cuenta la historia:

“Un día, el Padre Pío estaba en el confesionario, detrás de las cortinas.

Las cortinas del confesionario no estaban cerradas totalmente y yo tuve la oportunidad de mirar al Padre Pío.

Los hombres, mientras miraban los registros se apartaron, todos en una sola fila.

Del lugar dónde yo estaba yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre.

Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre.

Él era guapo, con los ojos pequeños y negros, pelo canoso, con una chaqueta oscura y los pantalones  bien arreglados.

Yo no quise distraerme y seguí recitando el breviario; pero una voz interior me dijo: “¡Detente y mira!”.

Yo miraba al  Padre Pío. 

 Ese hombre,  simplemente se detuvo delante del confesionario, después de que el penitente anterior se marchó.

Él desapareció rápidamente entre las cortinas, mientras estaba de pie,  delante del Padre Pío. 

 Entonces yo no vi más al hombre cabello oscuro.

Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas.

En la silla en el confesionario, de pronto ya no vì al Padre Pío y en su lugar vì a Jesús;

pero Jesús  era rubio, joven y guapo y  miró fijamente  al hombre, quien tuvo por tumba al suelo.

Entonces de nuevo logré ver al Padre Pío que surgió  otra vez.

Él volvió para tomar su asiento  en su  mismo lugar y su apariencia emergió de la de  de Jesús.

Ahora podía ver claramente al Padre Pío.  

Yo oí su voz inmediatamente: “¡Dense prisa!”

¡Nadie notó este acontecimiento!

Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos”